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A Dúo (1ª parte)

Didier JUSTON

Contribución a una concepción de los fenómenos comunes al terapeuta y al


paciente, a partir de Perls, Winnicott, Lacan y otros.

El acontecimiento del psicoanálisis ha seguido por una diversificación


creciente de sus conceptos, en primer lugar en la obra de Freud, después en sus
continuadores. Así se ha llegado progresivamente a una descripción cada vez
más fina del comportamiento psíquico. Es más tarde cuando se han interesado
en lo que ocurre entre el psicoanalista y su paciente y este interés va a ir en el
mismo sentido: en el de la sofisticación descriptiva de las relaciones
transferenciales, en el de las concepciones diversificadas.

Mientras que estos desarrollos cogían amplitud (1930-1950) nacían casi


simultáneamente, en los psicoanalistas y en quienes les replicaban,
concepciones unificantes. Así, los fenómenos de la transferencia empezaron a
ser descritos en términos de reciprocidad. En este tipo de descripciones, se
subraya que algunos contenidos transferenciales pertenecen tanto a uno como
al otro, en todos los casos como surgiendo en el campo experiencial de la
psicoterapia, entre los dos protagonistas.

Es así como, la noción de frontera-contacto de Perls parece ir en el


mismo sentido que las concepciones no obstante tan diferentes en apariencia
que se encuentran en otros autores como Winnicott, Lacan o algunos
sistémicos.

En Winnicott, la díada madre-niño es descrita como una unidad


funcional cuyo objeto transicional viene a crear un compromiso significativo
entre la ausencia y la presencia de la madre; también la situación psicoanalítica
es descrita como un área transicional, espacio de juego, de simbolización, de
paso. En Lacan la concepción del significante es lo que surge, viaje entre el
paciente y el analista sin que se esté seguro de su pertenencia, no más que de su
origen; el significante viene además.

En Perls, finalmente, la descripción del self no es únicamente un


conjunto que “contendría” la personalidad y sus instancias, sino más un proceso
temporal desplegando su actividad según los ciclos del contacto del organismo
con su entorno, aunque ni uno ni el otro no puedan ser descritos correctamente
más que juntos.

Mientras escribía este artículo, he tenido la oportunidad de participar en


una jornada con Mony Elkaïm, formador de psicoterapeutas sistémicos. La
jornada trataba precisamente de las analogías, de los puntos “de aferramiento”
entre los problemas de la familia, las historias personales de los terapeutas, e
incluso la de los observadores de la sala. El concepto de resonancia, forjado por
él, me parece, como por azar, muy cercano con el que yo trabajaba.

Estas concepciones, parecen convergentes, me parecen típicas de una


corriente moderna de pensamiento que se interesa por las nuevas psicoterapias:
análisis sistémico, análisis transaccional, Terapia Gestalt. Habría que escribir
una biografía de Perls muy erudita para poder demostrar en que medida Perls
fue influido por tal o cual autor o si por el contrario el concepto de frontera-
contacto es obra de su genio propio y autónomo. Pero más que contribuir a la
historia del pensamiento de Perls, deseo contribuir a describir más
modestamente algunos elementos del contexto histórico de la Terapia Gestalt 1.

Alguna vez, los hombres que tienen más o menos los mismos intereses se
relacionan, después, forman lo que se llama una escuela; otras veces, las ideas
un poco semejantes nacen en ámbitos diferentes, en autores distintos, que no se
relacionan entre sí forzosamente, es lo que se llama, una corriente. Esta
corriente surge porque las cosas están maduras para eso y la historia de las
ideas produce a los autores, no los autores orientan a las ideas.

Me conformo con subrayar las covariaciones, las simultaneidades, las


analogías, más que las influencias, voy a describir sucesivamente, en este
artículo, los conceptos de objeto y de área transicional en Winnicott, después los
conceptos de significante “saltador” en el campo transferencial en Lacan y
acercaré estas nociones a la de frontera-contacto de Perls. En un trabajo
posterior, demostraré a través de ejemplos de secuencias de terapia o de

1
.- Los años cincuenta son prolíficos por los conceptos terapéuticos nuevos. Mencionemos solamente:
PERLS, F. (1951) Terapia Gestalt ; WINNICOTT, D.W. (1951-1953) Objetos transicionales y
Fenómenos transicionales; (1952) Psicosis y Cuidados maternos, (1955) Las Formas clínicas de la
Transferencia; LACAN, J. (1951) Intervención sobre la Transferencia, (1953) Función y Campo de la
Palabra y del Lenguaje; ROGERS, C. (1954)Psicoterapia y Cambio Personal.
supervisión, en que estas nuevas concepciones teóricas pueden modificar la
visión y la práctica clínicas.

I.- “El ‘a dúo’” en Winnicott: juego, objeto y área transicional

Voy a citar en primer lugar algunas concepciones diversificadas en


psicoanálisis.

Después del descubrimiento de la transferencia, y después el de


contratransferencia, la mayor parte de las concepciones han progresado en el
sentido de un afinamiento de las descripciones. Así Lagache describe la
transferencia del paciente, la contratransferencia del analista, pero también la
transferencia del analista y la contratransferencia del paciente que reactúa.
Kernberg, `por una parte y M. Little2, por otra parte, resumen las concepciones
de la contratransferencia: acepción amplia: el conjunto de las relaciones
afectivas del analista (la respuesta “R” de Little), acepción estrecha: la estricta
relación del analista a la transferencia del paciente.

Para llegar a la Gestalt, S Ginger3reemprende la enumeración de Lagache


y añade las relaciones reales del terapeuta y del paciente, y nos declina seis
clases de relaciones.

En mi seminario sobre la relación terapéutica, tengo la tendencia, entre


otras, de hacer trabajar a los terapeutas sobre las relaciones de objetos
transferidos, comprendido esto en términos de objetos parciales. Así, los objetos
oral, sádicoanal, genital en sí mismos fragmentados en buenos y malos objetos
pueden, en algunos momentos ser endosados al terapeuta que puede convertirse
en pecho bueno, podredumbre, castrado, etc. Evidentemente este tipo de
transferencias atañe más bien a los clientes pesados o a las terapias de larga
duración.

2
.- KERNBERG, O. (1979) Los trastornos fronterizos de la personalidad, Ed. Paidos, Barcelona, 1996;
LITTLE, M. (1987) en HEIMANN, P. Y col. Le Contre-transfer, Navarin, Paris.
3
.- GINGER, S. (1987) La Gestalt, una terapia de contacto, Ed. Manual Moderno, México, 1993.
M. Klein, muy evidentemente, se vuelve entonces incuestionable y
no es sorprendente el punto de vista de G. Delisle4, cuando trata de la
transferencia y de las relaciones de objeto y cita los trabajos de esta así como los
de Fairbaim.

Se podría, siempre haciendo memoria, citar que otros conceptos


además de el de transferencia han tenido el mismo esfuerzo de diversificación.
Solo por nombrar el concepto de resistencia, durante mucho tiempo sin dividir,
ofrece cinco partes: tres resistencias del yo,: represión, resistencia de
transferencia, beneficio secundario de la enfermedad, una del ello: la
compulsión de repetición, una del superyo que supone la culpabilidad
inconsciente, esto es, la necesidad de castigo. De igual modo aparecen una
docena de mecanismos de defensa del yo, mientras que el narcisismo se
fragmenta en primario y secundario y las pulsiones son compartidas entre Eros
y Thanatos, etc.

1.- M. Klein

Vamos a ver ahora las concepciones unificantes. Antes de ser


original, Winnicott, se hace cargo de las teorías de Mélanie Klein (1882-1960).
Analizada por Ferenzci, la primera vez, dedica su investigación teórica y clínica
a antes del Edipo, al primer año de vida, y lo hace a partir de sus psicoanálisis de
niños de cualquier edad y especialmente los psicóticos5.

Se conoce su célebre fragmentación del objeto, palabra cogida a


Freud, pero quiero destacar sobre todo su elaboración del mundo del lactante en
términos de proyección, introyección y de fantasmas en el interior y en el
exterior alternando sin parar.

Demasiado pronto formado, el Edipo y un Superyo feroz,


gobiernan la formación de fantasmas. Expresión mental de las pulsiones
“recolectadoras de objetos”, los fantasmas acompañan y expresan una incitación

4
.- DELISLE, G. (1993): La Relation Thérapeutique, EDR. Otawa (difusión privada)
5
.- GEETS, C. (1973) Mélanie Klein, Ed. Fundamentos, Madrid, 1973.
pulsional. Fijadas en el yo bajo forma de objetos internos, totales o parciales,
introyectados, estos fantasmas son las representaciones de partes del cuerpo del
otro: el pecho de la madre, el pene del padre, las heces, etc.

Tienen una doble interacción: en el interior y en el exterior, ya que


los mecanismos de proyección-introyección interfieren. En el interior, son
testigos de las relaciones de objeto interpretadas según los estadíos del niño y
sus mecanismos de fractura; en el exterior, son proyectados bajo forma de
bueno y malo objeto, objeto persecutorio, objeto extraño, y reintegrados con la
misma valencia.

Estos objetos fantasmáticos son siempre activos en el intervalo del


mamar y de los cuidados; funcionan como realidades en el interior del universo
imaginario; van a modelar la representación del mundo en términos de angustia
paranoide, proyección de las tendencias destructoras del lactante.

Así se construye una realidad esencialmente fantasmática, núcleo


psicótico de cualquier personalidad. La posición depresiva marca rápidamente
la posibilidad en el lactante de una identificación con la madre total con el
sentimiento de ambivalencia, de pérdida, de duelo y las tendencias a reparar el
objeto destruido.

Entre la madre y el niño, entre los dos, se establece una interacción


por lo tanto en donde se confunden interior y exterior, objeto bueno y malo,
fantasma y realidad.

2.- D. Winnicott

Winnicott (1896-1971) analizado en su segunda parte por Joan


Rivière, adepto a un kleinianismo estricto, se apoya por lo tanto más en las
concepciones clásicas que en las de M. Klein, pero deja en seguida la teoría de
las pulsiones para volver a sacar la noción de necesidad, válida para el lactante
como para el enfermo con regresión. “Si el enfermo con regresión tiene
necesidad de quietud, no se puede hacer otra cosa que dársela. Si no responde a
esta necesidad, y esto no se convierte en rabia, se reproduce simplemente la
situación de carencia del entorno que ha frenado los procesos de crecimiento del
self”6.

En M. Klein, la descripción se centraba en el lactante y sus


fantasmas, con Winnicott se pasa a una concepción interactiva, de la madre y de
su bebé, y se pone el acento en los fenómenos recíprocos y en un entorno real.
Somos llevados, por lo tanto, a lo que ocurre en esta estructura individuo-
ambiental, lo que no es sin “preparar” las vecinas nociones en Gestalt (1951)7.

A) Una concepción interactiva

El niño se constituye anteriormente a cualquier percepción de un


otro, objeto global e indistinto, antes de la adquisición del yo y del no yo. Incluso
si el mundo exterior no existe en tanto que tal, la identificación primaria
establece que el niño en su mismo ser y la estructura psíquica incluye la
experiencia vivida que tiene de la madre tal y como es en su realidad personal.
El entorno materno (holding y handling) permiten al niño simplemente
desarrollarse según sus tendencias espontáneas.

Se trata simplemente de no dificultar los procesos naturales “que


se van a manifestar durante el bloqueo del desarrollo afectivo, como tendencias
a la curación o a la autocuración, mientras que las condiciones que fallan al
principio, se vuelven actuales, permitiendo así deshacer una situación
bloqueada”8. ¿Cómo no pensar leyendo estas líneas, en las Gestalts inconclusas?

La descripción que este autor hace del lactante, “disuelve” la


noción de individuo en beneficio de la díada: el niño rodeado por su madre, la
madre que se deja construir por el lactante (solicitud materna primaria).

El niño y la madre tienen una vivencia común. La madre tiene una


empatía específica, identificación proyectiva de alguna manera, que le permite
sentir las necesidades de su hijo. La fase simbiótica preparada por el embarazo,

6
.- WINNICOTT, D.W. (1958) De la Pédiatrie â la Psychoanalyse, (DPP) Payot, Paris, 1969.
7
.- PERLS, F., HEFFERLINE, R., GOODMAN, P. (1951): Gestalt-thérapie, Stanké, Montréal, 1979.
8
.- GEETS, C. (1981) Winnicott, J.P. Delarge, Paris.
se prolonga durante el maternaje, indispensable en el niño como en la madre.
Durante este período, no es sorprendente que las insuficiencias de la madre
sean fatales para el niño. Privilegiando las relaciones libidinales positivas,
Winnicott se separa de M. Klein que hace de la agresividad y del deseo de
destruir el objeto, un primer movimiento.

La descripción de la relación objetal es original. Establecer las


relaciones objetales, es hacer pasar el objeto del estatus de fenómeno subjetivo
al de realidad percibida objetivamente. El lactante que tiene hambre, alucina el
pecho, y así pone en marcha su omnipotencia; pero, es necesario, para que se
mantenga esta experiencia de omnipotencia, sin desmoronamiento depresivo,
que su madre efectivamente se lo dé. “Lo real vendrá así a confundirse con el
objeto alucinado por el niño”9.

Así la madre aporta el buen momento y el buen sentido de lo que


satisface la necesidad del niño. Actuando así, hace posible la experiencia de
omnipotencia y permite que el pecho forme parte del niño; permite también
esta paradoja: el niño crea el objeto, y le crea en la medida en que le encuentra.
Así, la necesidad de ser alimentado y la necesidad de alimentar se
complementan en un momento concreto.

Esta zona de ilusión que se vuelve real, este espacio potencial,


permite al ser humano “mantener, a la vez separadas y asociadas la una y la
otra, realidad interior y realidad exterior”10. Esta zona de ilusión es por lo tanto
una zona intermedia entre la objetividad y la subjetividad.

Encontrar lo que se desea crea un momento de sorpresa, de júbilo,


de alegría intensa, tanto en el amor como en la creación artística, científica, o en
la experiencia religiosa.

Pero si la madre fracasa en hacer real la ilusión, o si ella sustituye


su deseo por el del niño las alteraciones precoces pueden ocurrir, por ejemplo,
trastornos en la nutrición, pero también tendencias depresivas o persecutorias.

9
.- Ibid.
10
.- WINNICOTT, D.W. (1971): Juego y Realidad, Ed. Paidós, B. Aires.
B) El objeto transicional

Es en el espacio abierto así entre la realidad subjetiva del bebé y el


reconocimiento de la realidad exterior como no yo, donde ocupa un lugar la
creación del objeto transicional. Como dice Claude Geets en su libro sobre
Winnicott, “Un objeto es llamado transicional en la medida en la que marca el
paso en el niño de un estado en donde se encuentra unido a su madre, en fusión
con ella, a un estado en donde, habiendo reconocido a esta como distinta de él,
puede propiamente hablando, entrar en relación con ella”11.

Entre los seis y los doce meses los niños utilizan un objeto,
siempre la madre, (peluche, pulgar, la punta de un trapo, ...), pero la descripción
de este objeto es tan pobre como rica su utilidad. Señala esta “área intermedia
de experiencia que se sitúa entre el erotismo oral y la verdadera relación de
objeto, entre la actividad creativa primaria, y la proyección de lo que ha sido
introyectado, entre la ignorancia primaria de la deuda y el reconocimiento de
ella...”12. Los fenómenos transicionales (balbuceos, manipulaciones) “no forman
parte del cuerpo del niño y no los reconoce aún como pertenecientes a la
realidad exterior”. Estos fenómenos son intermitentes. A veces son autoeróticos
(yo) a veces recurren a un objeto exterior (no yo): noción paradójica del objeto
subjetivo.

“La dificultad, continúa Geets, tiende a la naturaleza paradójica del


objeto transicional: objeto que no viene ni de dentro ni de fuera, sino que el
lugar es ese espacio tercero situado en el a dúo del yo y del no yo, del niño y de
su madre, de lo subjetivo y de lo objetivo, de lo interior y de lo exterior”13.

El objeto transicional es la primera posesión no yo; es real y al


mismo tiempo simbólica, en lugar de un objeto deseado que compensa la
ausencia. Es símbolo de unión en la separación.

A J.M. Delacroix le había llamado también la atención los


parecidos entre el pensamiento de Winnicott y el de Perls. En su artículo,
compara su teoría del self, y también el objeto transicional en tanto que este

11
.- GEETS, C. : Ibid.
12
.- WINNICOTT, D.W.: Ibid.
13
.- GEETS, C.: Ibid.
supone una frontera-contacto que une y que separa, que da explicaciones de “lo
que se juega en el espacio intermedio entre los dos” 14. El autor propone la bella
imagen de un puente, construcción que tiene existencia propia, que no
pertenece ni a una orilla ni a la otra, y que no obstante permite el paso entre las
dos, que une lo que está separado. Es el puente también lo que ilustra la tapa de
mi libro sobre la transferencia.

El objeto transicional sirve para esperar. Si la madre se ausenta


durante más tiempo del que el niño conserva la sensación de su presencia, si la
madre falta cruelmente, se instaura en el niño un “dolor” y desinviste
progresivamente el objeto transicional. Si los mimos maternos reparan este
dolor, el objeto transicional puede otra vez servir de símbolo de unión o de
presencia. Sirve por lo tanto, para evitar el desmoronamiento y evitar la
angustia.

El empleo de este último está por lo tanto asociado a la


persistencia de una imagen materna viva.

Esto supone la ausencia de carencias importantes, pero sobreviene


a la muerte del objeto interno o a su transformación en un objeto persecutorio.
Entramos aquí en la patología del área de los fenómenos transicionales que nos
permite también comprender la naturaleza de los déficits narcisistas.

C) El terapeuta como objeto transicional

Vamos a resumir ahora, con Geets, las características constantes


de nuestro objeto y plantear la hipótesis de que se pueden aplicar al terapeuta:

1.- “El niño pequeño se arroga los derechos sobre el objeto y


nosotros le autorizamos esta posesión. No obstante, una cierta anulación de la
omnipotencia está en seguida presente”15.

14
.- DELACROIX, J.M. (1984): De la Psychoanalyse sèlon Winnicott à la Psychothérapie gestaltiste, en
La Gestalt en tant que Psychothérapie, SFG, Bordeaux.
15
.- WINNICOTT, D.W.: Ibid.
El cliente dispone del terapeuta a su gusto mientras el encuadre y
las reglas se respeten (limites a la omnipotencia del cliente, y que, colocan su
posesión en un contacto limitado en lo real, o no limitado en lo imaginario).

2.- “El objeto es afectuosamente mimado pero también amado con


excitación y mutilado”.

En esta toma de posesión imaginaria, en la transferencia, el cliente


da rienda suelta a su ambivalencia. Contrariamente, el niño pequeño a lo que
llega es a atacar físicamente a la madre, los eventuales ataques físicos hacia el
terapeuta son simbolizados (cojines).

3.- “El objeto no debe nunca cambiar, a menos que sea el mismo
niño el que cambia.”

A menos que se hagan dos terapias sucesivas, el terapeuta es


siempre el mismo. En la transferencia, en revancha, soporta ocupar el lugar de
varios pacientes.

4.- “Debe sobrevivir al amor instintivo, al odio y, si es así el caso, a


la pura agresividad”.

El terapeuta debe mantener una posición suficientemente fija


para no dar un lugar real a la transferencia, no debe sentirse destruido por los
sentimientos hostiles del paciente.

5.- “No obstante, es necesario que para el niño, el objeto


comunique un cierto calor, ya sea capaz de movimiento, tenga una cierta
consistencia y haga algo que testimonie una vitalidad o una realidad que le es
propia”.

El cliente debe sentir suficiente consideración positiva


incondicional de su terapeuta para permitirse los movimientos transferenciales
positivos o negativos; en el caso concreto de la posición gestáltica, el terapeuta
se permite dispensar un calor real. No es neutro; no está inmóvil. Por el
contrario atestigua y de una cierta realidad por su creatividad, sus
interpelaciones, su impacto.

6.- “Desde nuestro punto de vista, el objeto viene de fuera. No es


así en el bebé. Para él, el objeto no viene de más lejos que de dentro; no es una
alucinación.”

El objeto-terapeuta tiene una existencia propia (pero misteriosa en


su vida privada fuera de las sesiones), en este sentido viene de fuera. Pero en la
sesión, si el cliente reconoce sus proyecciones o su transferencia, constata que la
imagen que se ha hecho de su terapeuta viene de dentro.

Es debido al reconocimiento de los fenómenos transferenciales en


Terapia Gestalt como se permite asimilar, sin grandes complicaciones, al
terapeuta como categoría de objeto transicional. Transicional, en tanto que
primer objeto reeditado, transicional en tanto que soporte de las diversas
relaciones de objeto, pero transicional también, desde la transferencia
reconocida, hacia una percepción más grande de su propia realidad.

C) En el área transicional, el juego terapéutico

La situación analítica, el marco, “the setting”, es así concebido por


Winnicott como una encrucijada operativa en donde se encuentra el “holding”,
el mantenimiento de un dispositivo propio de emergencia y la manipulación del
objeto transicional. La califica de área transicional. En este espacio libre, y en
barbecho, el juego va a crear y simbolizar los ataques y las reparaciones que se
refieren al objeto ya sea transicional o transferido al terapeuta. La transferencia
puede entonces ser descrita como amor y odio al terapeuta como objeto
transicional, intermediario entre la imagen interna y el padre que ha existido.

El terapeuta que no es capaz de dejar jugar a su paciente a las


“manipulaciones” ilusorias no está hecho para este trabajo. El juego es
universal, facilita el crecimiento. Parafraseando a Winnicott: “La psicoterapia se
desarrolla como una forma muy concreta de juego puesta al servicio de la
comunicación con uno mismo”16.

¿Este juego debe ser sistemáticamente interpretado? Como Lacan


(“la interpretación alimenta el síntoma”), como los gestálticos que prefieren una
actuación a una elaboración demasiado mental, Winnicott advierte al analista el
tratar de encontrar a cualquier precio un sentido mientras el paciente trata de
comunicar el sin sentido. La interpretación intelectual es defensiva y no hace
más que reforzar los aspectos estructurados de un discurso y contraindican a
que el paciente deje el área del sin sentido y así le hace renunciar a comunicarse
verdaderamente con el analista. Entonces el juego improvisado (play) , en
oposición al juego con reglas (game)busca expresar exactamente la unión
caótica del paciente. Para ser reconocido, este universo debe ser respetado y
expresado.

Otra analogía con respecto al papel del terapeuta es la del espejo


unificante, papel que la madre juega cuando empieza a ser percibida como no
yo. Este papel de la madre es el origen de la formación del yo. Y la asociación de
la gracia reflejando la imagen del niño, de la madre y de la formación del yo no
se puede hacer sin recordar a Lacan y su estadío del espejo. Aquí también es
donde Winnicott va a poner el origen de la constitución del self, con todos los
peligros de la formación de un falso self. Se acerca por lo tanto a Perls.

La terapia debe llevar a la autonomía y al crecimiento. Cuando el


aprendizaje de la autonomía ha sido perturbado; no obstante este debería
haberse adquirido gracias a la presencia constructiva de los padres. Winnicott
aporta elementos de comprensión interesantes en su artículo: La Capacidad de
estar solo. Esta capacidad se enraíza en esta capacidad de estar solo en
presencia de la madre. La aptitud para permanecer solo y apreciar la soledad
encuentra su fundamento paradójico en la experiencia infantil de la soledad con
alguien. Es una prueba de madurez. La relación con uno mismo es una relación
entre dos personas en donde una, por lo menos, está sola. Esta relación se apoya
en la experiencia “en donde la inmadurez del yo es compensada de manera
natural por el soporte del yo ofrecido por la madre”17.

16
.- Ibid.
17
.- WINNICOTT: Ibid.
Más tarde, el niño podrá permanecer solo ya que habrá
interiorizado esta capacidad de estar solo sin la madre y sin otra persona y sin
objeto transicional o un sustituto (drogas, alcohol, ...)

Solamente cuando se está solo, desatendido, en un estado en


donde no tiene metas, en el que tenemos la experiencia de un vacío pleno,
cercano a la felicidad. Sin la búsqueda apasionada del otro, el niño se abandona
así a ser. En verdad, nadie está hecho para vivir solo, pero es necesario un cierto
grado de madurez el que se exige para crear relaciones suficientemente sólidas.

Es necesario recordar que el sentimiento de uno mismo se


constituye sobre la base de un estado no integrado, que toma consistencia bajo
la mirada de la madre, persona de confianza y de constancia.. La experiencia
interna no es constructiva salvo si hay alguien allí para reflejarla. El niño saca de
la mirada de su madre, después del espejo, la sensación de existir. La madre
junta los “fragmentos”, los unifica; instaura una continuidad entre los
momentos en los que el niño juega solo en su presencia y los que él se ve en ella
como en un cristal.

Esta relación con uno mismo es la matriz de la amistad (like) por


oposición al amor pulsional (love); es también la matriz de la transferencia.

El crecimiento se convierte entonces en un ir-venir entre el niño


(la realidad interna) y el mundo (la realidad externa); este movimiento de ir-
venir, de nuevo análogo a la relación terapéutica, puede considerarse como una
creación metafórica, como una creación poética con lo real. Para que esto quede
completo, es necesario mostrar también en que medida Winnicott aporta una
concepción nueva de la agresividad. Más que una consecuencia de la
frustración, es para él, condición de la construcción de la realidad; para él, las
experiencias agresivas dan a las cosas un acrecentamiento de realidad.

Por lo tanto, se parece a esta visión positiva que tiene Perls de la


agresividad. Además “la técnica analítica y el marco analítico intervienen en
tanto que sobrevivan o no sobrevivan a los ataques destructivos del paciente (...)
Si no tiene la vivencia de la destructividad máxima (...) el sujeto no coloca nunca
al analista fuera; (en la realidad, lo utilizará) como una proyección de una parte
de su self (...) pero no cambiará forzosamente”18.

El paciente hace “como si” y el analista de hecho cuida su falso self.


Como se va a encontrar un paralelismo entre Winnicott y Perls, suficientemente
completo en el artículo de J.M. Delacroix, nosotros vamos a volver a nuestro
propósito, que se refiere a lo que ocurre entre el terapeuta y el paciente. En la
situación terapéutica, el terapeuta permite armonizar lentamente los
“fragmentos heterogéneos del paciente con la condición de reflejarlos y de
unificarlos por su presencia constante”. Así, el falso self es progresivamente
concienciado y abandonado y el verdadero self se libera progresivamente.

Pero ¿cómo se ha formado el falso self? Cuando la madre es


excesiva o defectuosa, la actividad mental suple de manera supercompensatoria
las carencias del entorno, y usurpa su papel protector; lo mental se convierte en
algo de uno mismo. El niño coge la costumbre de reparar en la cara del padre el
momento en el que él prefiere que “se suprima”, es decir que renuncie a sus
propias necesidades so pena de que lo que sea central en él sea esperado.
Desarrolla entonces una sumisión de falsa apariencia (un falso self) que sirve
para esconder su vida secreta interior que le oculta más profundamente (self
verdadero). En términos gestálticos, este verdadero self se convierte entonces en
una Gestalt inacabada y el falso self funciona como una defensa.

Pero estos mecanismos se actualizan en la relación terapéutica y


desde entonces, el falso self no es tanto el núcleo, el centro, sino el a dúo, el
entre yo y el otro tal como se actualiza en una vivencia. Es en este espacio del a
dúo en donde el paciente deja venir las muestras de su vida interior-exterior.. Se
ve aquí una definición del self que deja la estructura para insistir en lo vivencial
que transcurre entre el terapeuta y su paciente. Estamos muy cerca de la
frontera-contacto en cuando al “sitio” en donde se actualizan estos fenómenos
interpersonales, muy cerca también de la concepción perlsiana del self a la vez
estructura interna y proceso entre el organismo y su entorno.

Si se habla de estructura, se está en una modalidad espacial; si se


habla de proceso, se está en un modelo temporal. Como ejemplo de modelo
espacial se puede citar a D. Anzieu y su “yo-piel”, acercamiento ya hecho por P.

18
.- WINNICOTT: Ibid.
Van Damme19. Para él, la oposición yo/no yo se apoya en la experiencia de una
realidad interior localizada en el cuerpo, a partir de esta membrana-frontera
que es la piel. Esto conecta con la experiencia reichiana del cuerpo como corazas
musculares, lugar de los complejos, pero no nos dispersemos demasiado.

Todas estas consideraciones no tienen otro objetivo que demostrar


en qué la concepción del self de Perls es vecina de la de Winnicott en donde los
fenómenos transicionales surgen en el área transicional de la cura, entre el
paciente y el analista.

Hasta el punto al que hemos llegado vamos a ver cual es nuestra


cosecha:

 Con M. Klein, los objetos son proyecciones de imágenes internas


fragmentadas; lo que es percibido en el exterior, proviene en parte del
interior; lo que es percibido en el exterior es a su vez reintroyectado; la
realidad es esencialmente fantasmática.

 Con Winnicott tenemos:

- Una concepción interactiva y recíproca de las relaciones entre la madre


y el niño que tiene en cuenta a la madre tal y como es realmente;

- El niño alucina el pecho (fantasma), pero la madre procura que lo


encuentre en un momento bueno; el niño crea el objeto en la medida que lo
encuentra;

- A partir de este mecanismo, se crea el objeto transicional, la paradoja


del objeto subjetivo, realidad simbolizante, que reemplaza a la madre ausente;

- Las características de este objeto se aplican también a la situación


analítica y al analista;

- De esta manera, por lo tanto, la situación analítica puede ser calificada


de área transicional; con el analista se recrean las transferencias, testigos de las
relaciones de objetos;

- Más que interpretar, el analista se deja ser recreado; este juego


reactualiza las tendencias del paciente que se libera poco a poco de su falso self
volviéndose capaz de estar solo;

19
.- VAN DAMME, P. (1988): A propos du Mot Frontiére, en Bulletin de liaison, SFG, nº16, verano, 88.
- El self no es tanto el núcleo, como la experiencia (el juego) entre uno
mismo y el otro, lo que surge entre los dos.

En el artículo ya citado, Delacoix describe la “postura mental” del


terapeuta, a la que él asimila al análisis winnicottiano, y yo estoy de acuerdo en
hacer esta asimilación.

Lo mismo que la madre no debe invadir a su niño so pena de crear


un falso self, el terapeuta en primer lugar debe estar allí, en el espacio
terapéutico, y constituir un entorno favorable para el cliente; si está demasiado
ausente, no podrá ser el objeto transicional para su cliente. Es en este juego, la
actuación en Terapia Gestalt, en donde se podrá dar una toma de contacto con
las propias necesidades del cliente. Es este juego, creador de su existencia, el
que surgirá entre los dos, en el área transicional.

II.- El “A dúo” en Lacan: el significante “saltador”

Vamos a abordar a otro autor, naturalmente alejado de los


gestálticos, que no obstante ha elaborado un pensamiento en el que algunos
aspectos tienen relación con los que acabamos de ver en Winnicott, aunque él
menciona raramente a este autor.

1,. El significante en Lacan

Uno de los elementos capitales de la teoría lacaniana es la noción


de significante. Está copiado de la lingüística, pero difiere en muchos aspectos.
Los lingüistas distinguen el significante (la huella fónica) y el significado (el
concepto).

Plantean la ecuación:

significado concepto

Signo = ----------------------- = ------------------------------------


significante imagen acústica

La barra expresa que el significante no aporta nunca explicación


del significado. Para cada cosa, cada lengua posee una definición; estas
definiciones son variables según las lenguas. Los “territorios” de los conceptos
no son superponibles de una a otra lengua; es por esto por lo que la traducción
plantea muchos problemas y algunas expresiones no son traducibles. El vínculo
que une al significante con el significado es por lo tanto arbitrario. Por otro lado,
el significante transcurre en el tiempo, tiene un carácter lineal: Enviamos al
lector a los trabajos de los lingüistas De Saussure y Martinet2021.

Lacan se ha inspirado en los lingüistas para elaborar su concepto


de “significante”. Para él, la lengua preexiste al nacimiento del hombrecito. Esta
lengua permite que esté determinado un orden social y legal que el llama
“simbólico”. Es el hablar verdadero lo que le permite al niño acceder a este
orden simbólico. La cosa, lo real, accede así por la vía de la simbolización. Y esta
barra, que indica lo arbitrario del significante en relación a la cosa, no se
franquea por completo nunca. El hombre está en sí mismo “barrado”, cortado y
en relación a lo real y en relación al deseo edípico pasado que busca para
siempre, encontrar una satisfacción que no puede ser más que imaginaria. De
aquí surgen las tres categorías de Lacan: imaginario, simbólico y real. La cosa es
lo indecible; desde que es hablada, o entra en el registro de lo simbólico; lo
imaginario, que es lo que nos permite escapar tanto de uno como del otro, en
tanto que fundamentalmente nos frustran.

Dicho esto, se puede adelantar, me parece, que hay en los


lacanianos una definición estrecha del significante y una definición amplia.
Vamos a verlas rápidamente ya que lo que nos interesa aquí, es sobre todo el
lugar en donde surge el significante.

En la definición más estrecha, que es la parecida a la de los


lingüistas, Lacan considera que el lenguaje está hecho de unidades básicas que
son las emisiones vocales articuladas a las que se le atribuye un sentido. Las

20
.- DE SAUSSURE, F. (1967): Curso de Lingüística general
21
.- MARTINET, A: Elementos de Lingüística general
*.- En francés: “François, je t’inscrits au judo”... “Non, je préfère jus d’orange” debido a su
pronunciación puede dar lugar a confusión (NdT)..
lenguas pueden contener algunas decenas de unidades fónicas distintas (las
consonantes, las vocales, variando según las lenguas o “fonemas”), que,
combinadas, van a dar algunos miles de unidades (los “monemas”)que,
combinados, van a dar según el contexto, algunos millones de sentidos. Las
unidades “monemas” se adquieren en los primeros años en el niño en la misma
época en la que se forman el inconsciente y la estructura de la personalidad. El
niño decodifica las palabras “a la oreja” antes de haberlas visto (no sabe leer) y
como puede. Así el apéndice se llama péndice. Las combinaciones de sílabas van
a hacerse de manera desatenta en el adulto; así, el padre dice: “François, te he
inscrito en judo”, y el hijo contesta: “No, prefiero zumo de naranja”.*

Para un psicoanalista, los contenidos inconscientes


comprendiendo aquí los afectos, son agregados de combinaciones de sílabas
compuestas y recompuestas a modo de un jeroglífico según el flujo de las
asociaciones de ideas; pero los sueños también, las ocurrencias, los lapsus de
todo tipo, hasta las palabras de los niños, juegan en el entrelazado de los
significantes.

Así, en su vuelta a Freud, Lacan cita que cuatro obras de Freud,


por lo menos, hablan de este tema. Para evidenciarlo y como ejemplo de estos
juegos sobre las palabras y sobre el sentido, citamos el sueño de la monografía
botánica (flor, flora, floreciente, M. Gartner, jardín, jardinero, etc...), el olvido
del nombre de Signorelli (herr, señor, signor, boltaffio, botticelli, Bosnia-
Herzegovina, etc...), y el célebre juego de palabras familiares, compuesto de
familia y de millonario22.

En verdad, para que el lapsus se produzca, la represión de una


tendencia agresiva o sexual es necesaria, pero no se puede producir ya que una
inversión de letras o de sílabas está a punto; la tendencia inconsciente se
manifiesta en la lengua. De aquí, la célebre fórmula de Lacan: “El inconsciente
está estructurado como un lenguaje”.

Los analistas lacanianos entienden estos juegos de palabras,


involuntarios en el paciente, y los destacan. Lo que tiene como efecto hacerse
conscientes de las conexiones subyacentes.

22
.- FREUD, S. (1915): Introducción al Psicoanálisis, Obras Completas, Ed. Biblioteca Nueva, Madrid,
1976, Vol. VI.
Así, uno de mis pacientes (de mi época en la que no trabajaba
todavía en Gestalt) volvía a menudo sobre un recuerdo traumatizante: entra en
la habitación de sus padres y les da su regalo de aniversario; algunos minutos
más tarde, sale: Le han dado una paliza. No le hago notar inmediatamente que
no ha dicho pegado, golpeado, castigado etc. Sino invariablemente “me han
dado una paliza”. En otras sesiones, recuerda al perro querido por su madre, un
baset y yo sé que la madre llamaba al paciente “viejo senil”, “bubul” o “gran
montón”. Un buen día, los juegos de palabras se me ocurren y le digo ”gran ta-
bassé”*. Iluminación en el paciente. “¡Ah, Señor Juston!, exclamó, el amor es
exactamente eso. Yo, jamás lo he tenido; mi madre no me quería. Por el
contrario, a su perro, un pequeño basquet, podía, cuando tenía fiebre, con un
algodón hidrófilo mojado en agua fría, estarle refrescando la trufa durante toda
la noche... Ahora me doy cuenta, su verdadero hijo, era él”.

Estos juegos provocan tomas de consciencia pasmosas, conexiones


entre zonas hasta entonces aisladas que no tienen nada de intelectual a juzgar
por la sorpresa, la emoción y los contenidos nuevos que aportan.

Mony Elkaïm, aunque no es lacaniano, no se priva de “jugar” con


las palabras. A una anoréxica muy delgada y muy elegante le dijo: ¿Cual es la
marca de tus productos de belleza?” - “Gemey, me pongo...” - “¿...Donde te los
pones?”.

Además se recuerda fácilmente estas veladas entre amigos,


eventualmente “sembradas”, en donde fluyen las bromas, y en donde los juegos
de palabras, los sobreentendidos, los dobles sentidos y las segundas intenciones
encantan, entusiasman por el inmenso placer que producen. Nunca se pueden
reproducir y son inenarrables al día siguiente a alguien que no ha participado en
el grupo. Efímeras y únicas, rubrican la buena velada pasada. Son una auténtica
creación.

En cuanto al sentido amplio de la palabra “significante”, nos dice


Nasio23, que se puede definir en base a tres criterios, no lingüísticos:

- un significante es siempre una expresión involuntaria, palabra o


gesto;

23
.- NASIO, J.D. (1992): Cinq Leçons sur la Théorie de Jacques Lacan, Rivages.
- un significante está desprovisto de sentido;

- un significante está asociado a otros significantes, que no tardan


en anunciarse, en la cadena asociativa. Puede reproducirse en otro momento.

El trabajo del analista consiste por lo tanto en permitir a la cadena


asociativa que transcurra, en mantener “viva la fluidez de la repetición
significativa, vivo el deseo”24. Con el fin de que el significado pueda continuar en
significar el tema para otros significantes.

Se destacará de paso, que cualquier acción terapéutica, sea cual sea


la teoría de la que surja, disminuye la rigidez de las defensas, como una manera
de aumentar la libre circulación de la energía.

El síntoma, en cuanto a él, es un significante si le consideramos


como una manifestación de la que no dominamos ni la causa, ni el sentido, ni la
repetición. Es misterioso e impertinente. Es un sufrimiento cuestionante. Nos
“quiere” decir algo que no sabemos de nuestra historia, de nuestro deseo. Podría
ser la pieza que falta de nuestro “puzzle” y volverse entonces por completo
pertinente, aclarado finalmente por su contexto. La pieza referida, parásita,
dístona para uno mismo, el síntoma puede aparecer, una vez interpretado, como
lo que surge de mi estructura, de mi deseo; algo que también forma parte de mí
mismo, como ahora es síntoma para mí. El síntoma interpretado introduce una
causa, un “porque”, es la vertiente “señal” del síntoma.

Por ejemplo: la agorafobia es la señal del deseo-temor a ser


violado. Pero decir esto al paciente no le produce alivio. Esta interpretación
sería exacta pero inoperante (lado señal). Por el contrario, quitando las
defensas, se va a facilitar el desfile de las asociaciones. Así, el síntoma, aclarado
por toda una cadena de asociaciones, introduce el “como” es decir la vertiente
“significante” del síntoma y lleva a la hipótesis de lo inconsciente como
estructura. Como dice J.D. Nasio: “¿Cómo se organiza el desfile de los
acontecimientos de mi vida? ¿Cual es el orden de la repetición? ¿Cual es, por lo
tanto, esta combinatoria que, más allá de mi voluntad, organiza la repetición de

24
.- NASIO; J.D. Ibid.
mis síntomas y asegura que uno de ellos nace justo a tiempo para que me de
cuenta de que mi infortunio no revela más que mi deseo?”25.

Se trata también de desvelar un proceso, más que de un sentido.

Síntoma, por lo tanto, pero también lapsus, sueño, ocurrencia,


gesto o palabra que se repiten, tales pueden ser los significantes. Se constata de
paso que, como los gestálticos, los lacanianos se interesan más en el desfile
fluido de los significantes, en el como, en el proceso que en el significado, en el
por que.

2.- El significante “saltador” según Nasio

Este significante emerge en la cura, en el analizado, ciertamente,


pero puede repetirse también en el analista, y es allí a donde quiero llegar.

Un observador externo, ocupado solamente en describir, se vería


rápidamente llevado a darse cuenta como viajando, saltando de sujeto en sujeto.
Liga al analista y al analizado, pero se produce preferentemente cuando la
transferencia está bien establecida.

El pensamiento de Lacan exige el esfuerzo de pensar de otra


manera, fuera de las categorías habituales. “El significante rebota de un sujeto a
otro, en base a eso enseña que la serie repetitiva (...) la ronda ordenada de los
elementos ya repetidos o por repetir (...) no pertenecen a nadie”.26

En una práctica controlada, mientras que el paciente enuncia algo


que dice, el analista interpreta.

Pero si interpreta en función de su saber, pega una teoría sobre


algo vivo. Una verdadera interpretación será por el contrario la expresión del
inconsciente del analista. Si no tiene nada que ver con el inconsciente del
paciente, nuestro terapeuta podrá volver a su control. Pero muy probablemente
aclarará, a partir del inconsciente del analista, el del analizado.

25
.- NASIO, J.D.: Ibid.
26
.- NASIO, J.D.: Ibid.
Dicho de otra manera “la interpretación respeta hoy día, en el
decir del analista, un síntoma manifestado ayer, en el decir del analizado”. O
también “la interpretación formulada por el analista actualiza el inconsciente
del analizado”. O todavía mejor “la interpretación pone en acto lo inconsciente
del análisis”.27

Surge ahora la concepción de una producción inconsciente común,


o alternante. El inconsciente no puede por lo tanto ser individual, es tanto a uno
como al otro de los sujetos analíticos, tanto del analista como del paciente. “El
inconsciente no es ni individual ni colectivo, sino que es producido en el espacio
del a dúo, como una entidad única que atraviesa y engloba a los dos actores del
análisis”.28

Una vez más, este surgimiento de significantes que rebotan se


produce más concretamente en un baño de transferencia. Pero esta
transferencia lo único que hace es actualizar las relaciones vividas antes, en el
pasado. Los elementos son así importados, trasplantados a la relación analítica
en donde el analista coge el lugar del otro.

Estos significantes no pertenecen en exclusiva a ninguno de los


dos, ya que son transgeneracionales. Françoise Dolto dice a menudo que son
necesarias tres generaciones para hacer un psicótico. Quizás, hacen falta más,
pero es poco frecuente que se encuentren registros concretos sobre nuestros
ancestros. Anne Ancelin-Schützenberger ha sabido del conjunto de trabajos
convincentes sobre lo transgeneracional en su libro “Aïe, mes aïeux!” 29.

Diversos elementos son transmitidos de una generación a otra: los valores, con
toda seguridad, y las reglas, que se tienen para salir de uno mismo, y no tienen
explicación. Con el matrimonio, cada esposo aporta las reglas y los valores de su
familia. Para la familia del otro, es como un emigrante. Casarse es como intentar
un compromiso entre dos culturas; es el choque frontal de las reglas no
confesadas de dos familias. Y el autor trata de decir que “todos somos de parejas
mixtas”.

Son trasmitidas igualmente los plazos temporales, lo que Jung ya


llamaba la sincronicidad. Conviene, para dibujar el mapa sincrónico de los
27
.- NASIO, J.D.: Ibid.
28
.- NASIO, J.D.: Ibid.
29
.- ANCELIN-SCHÜTZENBERGER, A. (1993): Aïe, mes aïeux!, Epi, Paris.
acontecimientos familiares, es decir, lo que pasa al mismo tiempo en muchos
miembros de la familia. Así, el autor descubre el síndrome de aniversario,
estadísticamente comprobado por J. Hilgard, emergencia en un descendiente,
en ausencia aparente de stress o de causas asociadas a los acontecimientos
individuales, de un síntoma que estaba ya formado en su padre exactamente a la
misma edad. A veces en muchas generaciones: lealtad visible e inconsciente a
una persona-clave querida e importante en la familia. Así, el autor cita el caso de
Roger y de una herencia psicológica de accidentes de coche.

El abuelo, Roger, no tuvo un accidente de coche yendo a la escuela,


porque no fue; a su padre acababan de matarlo en Verdún; pero el padre, Pierre,
a los 6 años en las mismas circunstancias chocó; también Pierre, el hijo
pequeño, a la misma edad, a la vuelta a la escuela en Septiembre. 30A. Ancelin-
Schützenberger cita muchos ejemplos de este tipo aunque la sucesión de
acontecimientos parecidos en varias generaciones es altamente improbable
desde un punto de vista estadístico.

Nicolas Abraham y Maria Torok, han propuesto el concepto de


“fantasma”31. Después de un trauma no contado en la familia, ya que es
vergonzoso, (muerte atroz, incesto, crimen) un ancestro oculta el duelo
indecible y lo instala en sí mismo en una “cripta”. Una o dos generaciones más
tarde, el fantasma alojado en esta cripta, emerge en el descendiente, a menudo
en forma de un comportamiento, de un síntoma físico o psíquico. Por lo tanto
ha emigrado al descendiente y actúa a sus espaldas.

¿Como se trasmite al hijo tratándose de algo del abuelo y el padre


no sabía nada? Todo ocurre como si el niño “cargado con la misión” tuviera el
deber de cumplir el deseo (a menudo inconsciente) de sus padres, reparar la
falta, coger la ropa de un muerto al que va a reemplazar. El sufrimiento
indecible llega, en la generación siguiente, lo impensado genealógico. En
análisis transaccional, Fanita English dice que se pasa la “patata caliente” de
generación en generación, como en un sistema cerrado.32

30
.- Ibid.
31
.- ABRAHAM, N., TOROK, M. (1991): Le Travail du Fantôme dans l’Inconscient, en L’Ecorce et le
Noyau, Flammarion, Paris.
32
.- ENGLISH, F. (1969): L’Episcénario et le Jeu de la Pomme de Terre Brûlante, en Analyse
Transactionnelle et Emotions, Epi, Paris, 1992.
Sea quien sea, el modo de transmisión queda por descubrir. De
inconsciente a inconsciente, ciertamente, per ¿a partir de que señales no
verbales?

En el análisis, en la terapia, estos significantes van a poder ser


asociados y, al coger sentido, pierden su poder “maléfico”. Pienso que he
justificado suficientemente el hecho de que viven en el sujeto pero vienen de
otras generaciones. Pero ¿cómo surgen en la terapia?

Precisamente, entre los dos. Se actualizan eventualmente en el


terapeuta, y no solamente en el paciente.

Didier Dumas33, que reemprende la hipótesis de Torok, cuenta que


uno de sus pacientes, que veía en el hospital, hizo un día un dibujo muy negro,
embrollado, bastante enigmático. En sesión, Dumas creyó oír una voz que le
decía “cuida de mi hijo”. Con seguridad no entendió lo que le ocurría. Algunos
días más tarde, el director del hospital le contó que el padre de su paciente había
muerto ¡el día de la sesión!

Dumas, que no es lacaniano, ilustra muy bien con su ejemplo lo


que surge también en el terapeuta, simultáneamente. La convergencia de estas
investigaciones apoya, de manera sorprendente, la tesis de Lacan sobre este
significante, que salta de sujeto en sujeto, y se manifiesta en el campo de la
cura, en uno de los dos protagonistas de la terapia.

El análisis de la transferencia consiste precisamente en asignar su


verdadero valor a estos significantes, despejando progresivamente al analista de
las proyecciones colocadas sobre él. Así se saca el origen de estos significantes
que antaño fueron producidos en el padre, en la madre, en el abuelo... Pero los
ancestros en el honor o en el temor a sus propios padres, cargaron a su hijo (el
paciente) con una misión que queda devuelta.

Pretender que se va a saber el origen, la causa, porque sabemos


que se remonta a tres generaciones, es probablemente ilusorio. Así, es más
prudente no buscar la causa, ya que el origen se pierde en la noche de los
tiempos

33
.- DUMAS, D. (1985): L’Ange et le Fantôme, Minuit, Paris.
3.- Fuera del tiempo, el espacio y el individuo... ¡y sin embargo
en el cuerpo!

De esto hemos establecido una concepción según la cual el


inconsciente está fuera del tiempo, el espacio y la persona. Fuera del tiempo, ya
que se manifiesta aquí en el presente, mientras que su “origen” reside en un
pasado que no se puede fechar de ninguna manera. Fuera del espacio, ya que
está presente en el campo, en el área analítica, mientras que viene de otro lado,
siempre presente, o potencialmente presente. Fuera finalmente de la unidad
llamada individuo, ya que es común a dos personas presentes y que atañe
también a otras además.

Si seguimos pensando así, ya no en términos de tiempo


cronológico, de espacio euclidiano y de unidad de la persona, nuestra capacidad
de observación se transforma. Vamos por el contrario a darnos cuenta en una
manifestación que se da también en los dos. Es necesario que tratemos de
descubrir en nosotros mismos, terapeutas, la repetición de uno de los
significantes de la vida del paciente. La vida del analista está acribillada por las
vueltas de los síntomas de los pacientes como si el síntoma incluyera al analista.
Esta nueva teoría conduce a una nueva manera de ver y de entender.

Y esto es lo que provoca en el paciente los cambios. Si solo se trata


de un juego intelectual, ¿como explicar estas modificaciones de estructura? Es
que el inconsciente, estructurado como un lenguaje, regla también las relaciones
del sujeto con su cuerpo, en tanto que sexuado. El inconsciente está encarnado
en el cuerpo. El campo del psicoanálisis es por lo tanto lo que es del dominio de
la palabra y de lo sexuado, por lo tanto del cuerpo.

Lacan definía el disfrute como un empujón de energía del


inconsciente cuando está engendrada en los orificios erógenos del cuerpo, ya sea
que se exprese con la acción, la fantasía o la palabra; su horizonte, aunque
aspira al placer y lo detenta, está condicionado por la relación incestuosa
(edípica) inalcanzable. No obstante, y por derivación, cada cosa, palabra, órgano
del cuerpo, se vuelve sexualizable, aunque la relación sexual, la relación sexual
verdaderamente deseada, es decir, la relación edípica, queda fuera del pórtico.
Es fácil constatar que la toma de consciencia asociada tanto al
sentido como al contacto entre dos significantes se acompaña de una sorpresa
emocional que no se parece a una fría constatación intelectual. El cuerpo está en
las tomas, el decir está encarnado.

En el momento de la manifestación del inconsciente por la


emergencia del significante se produce un doble fenómeno energético: por un
lado, la energía se descarga incompletamente, por otra parte una tensión
interna residual se reactiva. Esto, mejor desarrollado, llevaría a una teoría de lo
psicosomático. En resumen, el sujeto dice, pero no sabe lo que dice, y además su
cuerpo es afectado. Nuestro cuerpo está sometido al lenguaje. Este cuerpo es el
teatro de una energía psicocorporal, una “sustancia disfrutante”, “es necesario
comprender que el lugar de este cuerpo en el análisis es el del intervalo entre el
sillón y el diván y que este lugar, precisamente, es también el del psicoanalista
(...) a semejanza de un inconsciente único, el lugar del disfrute en la cura es
también el del a dúo”.

Así, el significante encarna el cuerpo del paciente y el del analista;


se ofrece en el espacio analítico a los juegos transferenciales fantasmáticos. El
cuerpo y el significado son así asociados por la transferencia.

Es seguramente esta importancia del cuerpo la que le lleva a Nasio,


como un gestáltico, a mirar la cara de su paciente, cuando entra. Y lo que ve va a
condicionar su intervención durante la sesión. Freud, ya daba una indicación
para darse cuenta de la desaparición de las resistencias. “Los juegos de
fisionomía del enfermo permiten decidir si se da cuenta de un término (...) o si
existe allí alguna resistencia excesiva que frena el trabajo”. Pero es Reich quien
hará del cuerpo el lugar de los complejos.

Es sabido que la mayor parte de los analistas se privan de la


mirada y no intervienen más que sobre y por el lenguaje.

La PNL, por su parte, nos hace ver esta sincronización de dos


cuerpos en relación, y repara en los fenómenos de mimetismo, uno lleva la
relación, el otro la imita. Yo llevo stages de formación de terapeutas en donde
los observadores, colocados en la otra punta de la sala, observan, o dibujan los
cuerpos del terapeuta y del paciente, que no pueden entender. Después, en la
confrontación, se dan cuenta de que son capaces de describir la relación, incluso
de entender el contenido, nada más que por las posiciones corporales.

Brevemente, los síntomas, los acontecimientos, los fantasmas, las


emociones se actualizan en uno de los dos sujetos del campo terapéutico. Para
actualizarse se encarnan, viven en emociones y posturas. Los significantes
emergen en espejo, en un campo de transferencias recíprocas, en donde se ven
en el cuerpo.

Este “cuerpo a cuerpo psíquico”, por retomar una expresión de


J.M. Delacroix, hace posible que surjan en algunos momentos emociones
kinestésicas de hecho significantes. Así, mientras que estoy enfrente de una
cliente que “gira en redondo” y “lloriquea” más que comprometerse en el
contacto de una emoción profunda, me viene repentinamente irritación y ganas
de abofetearle. Inmediatamente saco la conclusión de que le han pegado, y por
el padre, del que ella está a punto de hablarme.

El fin de la sesión corrobora esta certeza que debe permanecer en


una hipótesis en tanto que no haya sido verificada.

Estas ganas de abofetearla me envía con seguridad a las bofetadas


que yo he recibido, de mi padre, por su impaciencia con los niños, por su
impulsividad, etc. Pero también es una manifestación de un elemento de la
historia de la cliente que de golpe se encarna en mí.

Pero ¿que dice la Gestalt del “a dúo”?

Didier JUSTON es psicólogo, encargado de curso en la Universidad


Católica de Lille. Terapeuta gestáltico. Director de la Escuela de Formación en
Terapia Gestalt de Limoges.

Este artículo ha sido traducido del original francés “Entre les deux”,
publicado en la revista GESTALT nº 8, Verano, 1995, pp. 53-77 y ha sido
traducido por Carmen Vázquez Bandín del Centro de Terapia y Psicología de
Madrid, 1997.