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CONTENIDO

I. INCUMPLIMIENTO DE LAS OBLIGACIONES Y LA RESPONSABILIDAD DEL DEUDOR .................... 2


II. LA DILIGENCIA ORDINARIA COMO CRITERIO DETERMINANTE DE LA RESPONSABILIDAD POR
INCUMPLIMIENTO O CUMPLIMIENTO INEXACTO............................................................................... 2
III. El caso fortuito y la fuerza mayor............................................................................................ 3
IV. consecuencias de la prestacion no ejecutada por causa no imputable al deudor ................. 4
V. asignacion de responsabilida al deudor por la inejecicion debida a causas no imputables ....... 5
VI. responsabilidad por incumplimiento o cumplimiento inexacto por causa imputable al
deudor 6
a) El dolo ...................................................................................................................................... 6
b) La culpa inexcusable ................................................................................................................ 7
c) La culpa leve ............................................................................................................................ 7
VII. responsabilidad del deudor en la ejecucion de la prestacion a traves de terceros ................ 8
VIII. alcances de la idemnizacion: los daños y perjuicios ............................................................... 9
a) El daño emergente .................................................................................................................. 9
b) Lucro cesante .......................................................................................................................... 9
c) El daño moral ........................................................................................................................ 10
IX. el nexo causal ........................................................................................................................ 11
I. INCUMPLIMIENTO DE LAS OBLIGACIONES Y LA RESPONSABILIDAD
DEL DEUDOR

Las obligaciones nacen para ser cumplidas, vale decir, para satisfacer el interés del acreedor
mediante la realización de lo prometido por el deudor. Sin embargo, es posible que el
deudor no cumpla con la prestación debida o la cumpla en forma parcial, tardía o
defectuosa (cumplimiento inexacto). Cuando esto se verifica nos enfrentamos ante un
supuesto de insatisfacción del interés del acreedor (total o parcial) cuyas consecuencias
para el deudor estarán determinadas por las causales de aquel incumplimiento total o del
cumplimiento inexacto. De ello se ocupa la teoría del incumplimiento, fundamental para el
derecho de obligaciones tendiente, justamente, al estudio de las responsabilidades del
deudor (y también del propio acreedor) derivadas de tales situaciones.

Nuestro código vigente sobre el tema de la inejecución (o incumplimiento) de las


obligaciones, trae consigo una sistemática distinta a la que siguió el código anterior.
Así en el titulo denominado “Inejecución de las obligaciones” (título IX) no solo
regula las consecuencias del incumplimiento o del cumplimiento parcial, tardío o
defectuoso, sino también contiene normas sobre la mora y sobre las obligaciones
con cláusula penal, por cuanto, se considera que ambas están básicamente
relacionadas con el incumplimiento de la obligación o su cumplimiento parcial,
tardío o defectuoso (Osterling, 2003 p. 56).

Cabe anotar que nuestro cuerpo normativo en cuanto al tema de la inejecución de las
obligaciones, adopta una técnica distinta a la que sigue con relación a las demás normas que
conforman el libro de las obligaciones, ya que opta por definir determinados conceptos
sobre la inejecución, como veremos a continuación.

II. LA DILIGENCIA ORDINARIA COMO CRITERIO DETERMINANTE DE LA


RESPONSABILIDAD POR INCUMPLIMIENTO O CUMPLIMIENTO
INEXACTO

El incumplimiento de la prestación debida o su cumplimiento inexacto puede ser voluntario


o involuntario. Como señala Messineo: “la ley no contempla solamente el comportamiento
del deudor (incumplimiento), sino también las causas de tal comportamiento, y no hay más
que una alternativa: el deudor no ha cumplido porque no ha podido, o bien porque no ha
querido (o sea, que no ha hecho lo que era necesario para ponerse en posición de cumplir):
elemento subjetivo, en concurrencia con el objetivo, consistente en el hecho del
incumplimiento”. Así atendiendo a este elemento subjetivo, el artículo 1314 de nuestro CC.
Preceptúa que, quien actúa con la diligencia ordinaria requerida, no es imputable por la
inejecución de la obligación o por su cumplimiento parcial, tardío o defectuoso.

Pero ¿Qué se entiende por diligencia ordinaria? Pues es aquel comportamiento del deudor
que consiste en usar “todos los cuidados y las cautelas que habida consideración a la
naturaleza de la determinación relación obligatoria y a cada circunstancia, lo pongan en
condiciones de poder cumplir”.

En buena cuenta, actuar diligentemente, desde el ángulo del deudor, implica lo que
normalmente se puede pretender que éste haga para lograr la satisfacción del acreedor.
Cuando el incumplimiento o cumplimiento inexacto no será el resultado de una falta de
diligencia, el deudor no ha podido lograr la satisfacción de su acreedor. Ello puede deberse
a múltiples como el caso fortuito y la fuerza mayor, la falta de colaboración del propio
acreedor, etc. De tal forma que la ausencia de la culpa exonera de la responsabilidad, ya sea
para el caso de inejecución de la obligación o por su cumplimiento inexacto o irregular. Por
ello, al obligado solamente le correspondería probar que, pese a que actuó con la diligencia
que requería la naturaleza de la obligación, la prestación no ha podido ser cumplida o ha
podido ser cumplida o ha podido serlo solo en forma inexacta, pero por causa no imputable
a él.

III. EL CASO FORTUITO Y LA FUERZA MAYOR

El artículo 1315 del CC. define el caso fortuito y el de fuerza mayor y señala que ambos
caos constituyen causas no imputables de incumplimiento, por cuanto ellos consisten en
eventos extraordinario, imprevisibles e irresistibles, que impiden ya sea la ejecución de la
obligación o que provocan su cumplimiento parcial, tardía o defectuoso.

Como bien lo explica Messineo, la diferencia entre el caso fortuito y la fuerza mayor ha
perdido importancia. En general se considera que el caso fortuito está dado por eventos
naturales (granizada, terremotos, sequía, etc.,), mientras que la fuerza mayor se debe a
hechos ajenos, ya sea de terceros (estado de guerra, choque ferroviario, naufragio de naves)
o actos atribuibles a la autoridad (expropiación, requisición, poner el bien fuera de
comercio, poner fuera der recurso una especie monetaria). El caso fortuito está, pues,
principalmente referido a los accidentes naturales (hechos de Dios) y la fuerza mayor se
encuentra referida a los actos de terceros o del gobierno o autoridad (hechos del príncipe).

Tanto el caso fortuito como la fuerza mayor constituyen acontecimientos extraordinarios,


imprevisibles e inevitables para el obligado y, por lo tanto, no es susceptible de intervenir la
capacidad del hombre.

Colin y Capitant se adscriben a la interpretación que ve en el caso fortuito la imposibilidad


relativa de cumplimiento, es decir, la que ha podido impedir la acción del deudor
considerado ya en sí mismo, ya como un bonus pater familias ordinario, pero que, con una
voluntad mejor armada, mejor preparada, hubiera podido triunfar; lo que los alemanes,
llaman impotencia del deudor (Borda, 2003). La fuerza mayor será la imposibilidad
absoluta procedente de un obstáculo irresistible, imprevisto e imprevisible (tempestad,
rayo, terremoto, guerra, acto de príncipe). Esto está conforme con la equidad, pues no se
puede exigir del deudor más que lo que un hombre inteligente del término medio es capaz
de dar.

Las consecuencias del caso fortuito o de la fuerza mayor son las mismas. En ambos casos
hay ausencia de culpa por cuanto ambos eventos son independientes de la voluntad del
deudor.

IV. CONSECUENCIAS DE LA PRESTACION NO EJECUTADA POR CAUSA NO


IMPUTABLE AL DEUDOR

La obligación quedara extinguida si la prestación no se ejecuta por causa no imputable al


deudor, Colin y Capitant enfatizan, en este sentido, que, el deudor incurre en culpa y por
consiguiente, es responsable del perjuicio causado al acreedor, desde el momento en que la
obligación no ha sido cumplida por obra suya. Por el contrario, el deudor no incurre en
culpa y está libre de toda responsabilidad cuando el incumplimiento dela obligación es
imputable a una causa que le es extraña.

Si la causa que impide la ejecución de la prestación fuera temporal, mientras perdure, el


deudor no será responsable por el retardo en su incumplimiento. Más aun, agrega el artículo
1316 del CC. Que la obligación quedara extinguida si la causa impide la ejecución perdura
hasta el momento en que, con relación al título de la obligación, o a la naturaleza de la
propia prestación, el deudor no puede ser considerado obligado a ejecutarla, o el acreedor
ya no tenga interés en su cumplimiento o deje de serle útil.

Igualmente, se extingue la obligación que solamente es susceptible de ejecutarse


parcialmente y por esa razón dejare de ser útil para el acreedor o en todo caso, si el
acreedor no tuviese un justificado interés en su ejecución parcial. En caso contrario, el
deudor queda obligado a ejecutarla, con reducción de la contraprestación si la hubiere.

Así, dice Messineo, si se trata de imposibilidad solamente parcial de manera que el deudor
está en situación de cumplir por la parte restante, la contraparte tiene derecho a una
correspondiente reducción de la prestación debida por ella, y puede también separarse del
contrato si no tiene interés apreciable en recibir el cumplimiento parcial. Si la imposibilidad
de la prestación es solamente temporal, no hay responsabilidad por el retardo, ni la hay para
la extinción de la obligación (esta queda en suspenso) (Borda, 2003, p. 78).

V. ASIGNACION DE RESPONSABILIDA AL DEUDOR POR LA INEJECICION


DEBIDA A CAUSAS NO IMPUTABLES

Si la consecuencia de la imposibilidad sobreviene de la prestación por causa no imputable


al deudor es la extinción de la obligación, el deudor tampoco responde por los daños que
hubiera ocasionado su incumplimiento. De igual forma, tampoco responde los daños y
perjuicios que hubiera ocasionado al acreedor el cumplimiento parcial, tardío o defectuoso.
Así lo dispone el artículo 1317 del CC.

Sin embargo, es posible que la ley disponga lo contrario (supuestos de responsabilidad


objetiva) o se haya pactado expresamente que el deudor responda de ellos aun cuando se
verifique alguna de las circunstancias que hacen imposible el cumplimiento o puedan
determinar un cumplimiento inexacto. Se permite, así, que el título de la obligación pueda
prever la responsabilidad a pesar de la no imputabilidad, basándose para ello en el principio
de libertad de las convenciones en tanto que no comprometen el orden público. En cierta
forma, el deudor a pactar así estaría actuando como asegurador, pues liberaría al acreedor
de los riesgos inherentes a la inejecución, aunque esta fuese consecuencia de causas no
imputables al deudor.

Como quiera que este es un precepto de carácter excepcional, se entiende que sebe constar
en forma clara para que no ofrezca deudas.

VI. RESPONSABILIDAD POR INCUMPLIMIENTO O CUMPLIMIENTO


INEXACTO POR CAUSA IMPUTABLE AL DEUDOR

Cuando el incumplimiento o (el cumplimiento inexacto) es imputable al deudor, el artículo


1321 del CC. Señala que este queda sujeto a la indemnización por daños y perjuicios. Así,
quien no ejecuta sus obligaciones (o las ejecuta inexactamente) por dolo, culpa inexcusable
o culpa leve incurre en responsabilidad. Así pues, los factores de atribución de
responsabilidad son:

a) El dolo

Se produce con dolo cuando deliberadamente no se ejecuta la obligación. Es, un


incumplimiento intencional: que, al decir de Giorgi, implica la voluntad dirigida
a un fin no necesariamente para producir daño al acreedor, sino ventajas para
quien incurre en él.

El código de 1852 define el dolo en su artículo 1238, utilizando una


terminología muy clara, el dolo es toda especie de artificio, maquinación o
astucia que una parte usa contra otra para inducirla a la celebración de un
contrato, o para eludir el cumplimiento del que esta celebrado. En puridad, en el
dolo siempre interviene la mala fe, mientras que la culpa queda configurada por
la inteligencia y la ausencia de la mala fe.

Sin embargo, esta intencionalidad del dolo es muchas veces difícil de precisar
por cuanto el dolo se caracteriza por la conciencia que tiene el deudor de violar
con sus actos la obligación. Inclusive, el deudor podría no tener intención de
dañar, pero a sabiendas viola la obligación. Messineo califica el dolo de
perverso propósito (mala fe objetiva) de no cumplir.
b) La culpa inexcusable

El artículo 1319 del CC. Establece que incurre en culpa inexcusable quien por
negligencia grave no ejecuta la obligación. Messineo, la califica como aquella
que consiste en la omisión del grado mínimo de diligencia.

Es justamente la culpa que linda con el dolo: culpa lata solo aequiparatur. Es
aquella que se presenta cuando no se toman las diligencias y los cuidados más
elementales, por lo que se le atribuyen iguales consecuencias jurídicas a las de
quien actúan con dolo. Como dice Staudinger, esta equiparada solamente es
aceptable como regla en el derecho civil, mas no en el derecho penal ni en la
responsabilidad civil extracontractual.

El código de 1852 calificaba la culpa lata (inexcusable) como aquella acción u


omisión perjudicial) a otro, en que se incurre por ignorancia, impericia o
negligencia, pero sin propósito de dañar.

Briz indica que: en definitiva, es la conducción voluntaria contraria al deber de


prevenir las consecuencias previsibles del hecho propio. No prestar la diligencia
que se debe prestar, ocasionando con ello el incumplimiento de la obligación. La
diferencia intrínseca con la culpa extracontractual es más bien cuantitativa, esta
última obliga a prestar una mayor diligencia que en la contractual. La culpa
contractual se ha considerado sinónima de negligencia.

c) La culpa leve

La culpa leve se presenta cuando el obligado omite aquella diligencia ordinaria


exigida por la naturaleza de la obligación y que corresponda a las circunstancias
de las personas del tiempo y del lugar.

Desde el derecho romano se considera que la culpa lata consistía en la omisión


de aquellas precauciones o diligencias que están al alcance de los hombres
menos cautos o avisados, mientras que la leve consistía en la omisión de las
precauciones o diligencias que un buen padre de familia toma ordinariamente en
sus negocios; y la levísima por los descuidos en que caen los hombres
extraordinariamente cuidadosos.

Nuestro código solamente recoge la culpa inexcusable (lata) y la leve, sin tratar
siquiera la levísima.

En la culpa leve, a diferencia del dolo, no hay intención de no cumplir ni la mala


de parte del deudor. Asimismo, se distingue de la culpa inexcusable en que esta
existe negligencia grave, mientas que en la leve solamente falta la diligencia
ordinaria.

Como puede apreciarse, la calificación de la culpa corresponderá en la última


instancia al juez. La culpa debe ser verificada teniendo en consideración las
cuestiones de hecho, apreciando las circunstancias para así determinar si la
persona obligada ha puesto la diligencia debía. La apreciación en abstracto del
comportamiento del buen padre de familia o la del comerciante honesto y leal,
no es posible. Lo que deberá juzgarse en cada caso concreto será la conducta de
determinado deudor ante un evento especifico.

VII. RESPONSABILIDAD DEL DEUDOR EN LA EJECUCION DE LA


PRESTACION A TRAVES DE TERCEROS

Si en el cumplimiento de la obligación el deudor se vale de las terceras personas, el artículo


1325 del CC. Señala que deberá responder por los hechos dolosos o culposos en que estas
incurras, salvo estipulación en contrario.

Es frecuente que el deudor recurra a un tercero para cumplir con la obligación, más aún hoy
que para la ejecución de ciertos contratos se requiere una distinta gama de especialidades
que exigen la subcontratación de terceros, en cuyo caso el obligado responderá por los
hechos de dichos terceros.

Así, el BGB (código civil alemán) también prescribe en su artículo 278, que; el deudor ha
de responder con el mismo alcance que en la culpa propia de la culpa de su representante
legal y de la de las personas de que se sirve para el cumplimiento de su obligación. Estas
personas de que se sirve podrán ser auxiliares, empleados, dependientes o terceros
encargados. Sobre este punto Lamenz, señala que el deudor responde en todo caso
únicamente por la culpa de las personas por él empleadas en el cumplimiento de la
obligación, lo cual ha de entenderse en el más amplio sentido. Pero la culpa de la persona
auxiliar ha de radicar en el cumplimiento de las obligaciones y no ha de tener lugar solo
ocasionalmente con motivo de una actividad que este en relación con aquella. El pintor
responde, por tanto, de la rotura de una luna del cliente producido por su empleado al
manejar sin precaución la escalera, y no responde si dicho empleado comete un robo
aprovechando la ocasión de hallarse solo en la vivienda del cliente, ya que el robo no es una
acción que consiste precisamente en la omisión de especial deber contractual.

VIII. ALCANCES DE LA IDEMNIZACION: LOS DAÑOS Y PERJUICIOS

El resarcimiento tiene como propósito el colocar al acreedor en la misma situación como si


la obligación hubiese sido cumplida, lo cual comprende tanto resarcimiento del daño
patrimonial (daño emergente y lucro cesante) como el daño extrapatrimonial (daño moral)
en cuanto sea consecuencia inmediata y directa de la inejecución.

a) El daño emergente

El daño emergente está constituido por las pérdidas mismas como consecuencia de
la inejecución o de su cumplimiento parcial o defectuoso. Como señalan Diez
Picazo y Gullón, el daño emergente no se confunde necesariamente con el valor de
la prestación que falta, sino que llega más allá. Piénsese en los gastos que ha
soportado el comprador para adquirir el dinero con el que pagar la mercancía que no
se le entrega, o para realizar las obras necesarias que le permitan utilizarla, por
ejemplo: una nave especial para maquinaria que ha comprado. Es claro que son
perdidas experimentadas por el incumplimiento, una disminución injustificada de su
patrimonio que necesita ser resarcida.

b) Lucro cesante
El lucro cesante es el correspondiente de las ganancias que deja de percibir el
acreedor por el incumplimiento o el cumplimiento inexacto.

c) El daño moral

El código trae un concepto nuevo que responde a las exigencias de nuestros tiempos, cual
es el referido al daño moral que se hubiese irrogado como consecuencia de la inejecución
de la obligación.

El daño moral es el daño no patrimonial que afecta los derechos de la persona o sus valores
y pertenecen más a su mundo afectivo que a su circunstancia económica. El daño moral
recae sobre los bienes inmateriales. Lesiona derechos de la personalidad y, de acuerdo con
el artículo 1322 del CC., es susceptible de resarcimiento. Este daño irroga un perjuicio
sobre facultades de la personalidad o sentimientos legítimos y, como consecuencia,
ocasiona un daño material.

Coincidimos con la diferencia que hace Larenz del daño material y del
inmaterial es el daño patrimonial que puede originarse directamente en
forma de privación, destrucción, menoscabo o deterioro de un bien
patrimonial, o indirectamente, por ejemplo, en forma de perdida de
adquisiciones o de ganancias o de causación de gastos necesarios
originados por el daño. Daño inmaterial o ideal es el daño directo que
alguien sufre en un bien de la vida (como la salud, el bienestar corporal, la
libertad, el honor), que no puede ser valorado en bienes patrimoniales
(Borda, 2003, p. 54).

Igualmente, encontramos muy acertada la opinión de Osterling, cuando expresa que,


daño moral es el daño no patrimonial. Es inferido en derecho de la personalidad o
en valores que pertenecen más al campo de la afectividad que al de la realidad
económica. Son, en cuanto a la naturaleza del derecho vulnerado, aquello que
recaen sobre bienes inmateriales, tales como los que lesionan los derechos de la
personalidad; y también los que recaen sobre bienes inmateriales, pero que,
independientemente del daño moral, originan, además, un daño material. Y, en
cuanto a sus efectos, son susceptibles de producir una perdida pecuniaria, o so
morales strictu sensu, cuando el daño se refiere a lo estrictamente espiritual.
Teniendo en cuenta que, si la prestación presenta la nota esencial de
patrimonialidad, el interés del acreedor no necesariamente lo es, por lo cual, frente
al incumplimiento de la prestación o su cumplimiento inexacto, para que el
resarcimiento se integral, debe también comprender los daños no patrimoniales, que
corresponden a ese interés no patrimonial que quedo insatisfecho. Aunque resulte
difícil de indemnizar servirá para compensar, aunque sea en parte, el perjuicio
ocasionado. Es preferible un resarcimiento imperfecto que ningún resarcimiento.

IX. EL NEXO CAUSAL

Para que proceda la indemnización por incumplimiento o cumplimiento inexacto se precisa


que los daños y perjuicios san ocasionados, justamente por el incumplimiento o por el
cumplimiento inexacto. Así como no hay responsabilidad sin daños, en todo supuesto de
responsabilidad, debe haber un nexo causal, vale decir que entre la acción u omisión del
sujeto interviniente o causante del ilícito y el daño consecuente, es preciso que exista un
necesario nexo de causalidad, que sirve para atribuir al agente las consecuencias dañosas de
su actuación y para determinarla cuantía de los daños indemnizables, de modo que no
podrán alcanzar el pretendido resarcimiento aquellos que no sean necesario corolario del
acto misma ( Osterling, 2003).

Nuestro código precisa que el resarcimiento se hará por el daño que sea consecuencia
inmediata y directa de la inejecución. A este respecto, valga el ejemplo de Pothier: se ha
vendido una vaca enferma por un negociante que conocía la enfermedad y la oculto. El
animal contagia su enfermedad a las demás reses del comprador y todas ellas mueren. He
aquí el daño directo que el vendedor debe evidentemente reparar. Pero, si el contagio que
sufrió su ganado ha impedido al comprador cultivar sus tierras, obtener beneficio de ellas y
ha producido el embargo de sus bienes, el deudor no responde de estos daños indirectos. La
razón es que estos daños no son, ni ciertamente ni exclusivamente acaso, una consecuencia
de la culpa del deudor. En efecto, el comprador hubiera podido, a pesar de la pérdida de su
ganado, evitar la falta de cultivo, haciendo cultivar sus tierras con otros ganados que
hubiera comprado o alquilado, o arrendado sus tierras.
X. PRUEBA DEL DAÑO

El artículo 1331 del CC., señala que la prueba de la existencia de los daños y perjuicios, así
como de su cuantía, corresponde al perjudicado, es decir, alrededor. De no existir daño,
aunque existe dolo o culpa, no hay responsabilidad, salvo cuando el acreedor se encuentre
protegido por una cláusula penal de antemano fijo esos daños y perjuicio (infra N° 229) o
en el caso de intereses moratorios que compensan el retraso en el cumplimiento de
obligaciones de dar sumas de dinero (infra N°217).

El deudor responsable responde por el resarcimiento del daño en términos generales, pero
será de cargo del acreedor la prueba del daño especifico.

Finalmente, como quiera que la valuación del daño no es siempre fácil y está sujeta a una
serie de factores que muchas veces se sustentan en criterios técnicos, como pueden ser
valorizaciones, cotizaciones, consideraciones relativas a la oferta y la demanda, etc. Es que
el artículo 1332 del CC. determina que si el resarcimiento del daño, no pudiera ser probado
con exactitud en su monto preciso, este deberá ser fijado por el juez mediante valorización.

XI. DETERMINACION DE LA IDEMNIZACION EN FUNCION DEL GRADO DE


CULPABILIDAD DEL DEUDOR

Cuando el incumplimiento o el cumplimiento inexacto se haya verificado por causa


imputable al deudor, será determinante para los efectos de fijar la indemnización
correspondiente la causa del incumplimiento o cumplimiento inexacto. Así:

a) Incumplimiento o cumplimiento inexacto atribuible a culpa leve del deudor

Según el tercer párrafo del artículo 1321 del CC., si el obligado procede con culpa leve (o
sea sin la diligencia ordinaria), el resarcimiento se limita al daño que podía preverse al
tiempo en que fue contraída la obligación.

Serán estos daños los que normal y necesariamente deberán ser cubiertos por la
indemnización, pues conforme lo establece el artículo 1329 del CC. La culpa leve del
deudor se presume. Por lo cual al acreedor le bastara acreditar la existencia de la obligación
asi como de los daños producidos por el incumplimiento o el cumplimiento inexacto. Por
ende, la carga de prueba de haber actuado con la diligencia ordinaria le correspondería al
deudor. Se trata. Pues, de una presunción juris tantum por lo que admite prueba en contrario
pudiendo el deudor exonerase de responsabilidad.

b) Incumplimiento o cumplimiento inexacto atribuible a la culpa inexcusable o dolo


del deudor

Si el incumplimiento o el cumplimiento inexacto e atribuible al dolo o a la culpa


inexcusable del deudor. La indemnización comprenderá todos los aspectos vistos,
vale decir, todo los daños patrimoniales o extra patrimoniales que se haya
ocasionado.
Pero en esto casos, la prueba del dolo o de la culpa inexcusable compete al perjuicio
por la inejecución de la obligación o por su cumplimiento parcial, tardío o
defectuoso.
Este principio se justifica en tanto que la gravedad del dolo y de la culpa
inexcusable no permiten una presunción a favor del perjudicado. Esta regla está
contenida en el artículo 1330 del CC.

XII. CASO EN QUE EL ACREEDOR CONCURRE A OCASIONAR EL DAÑO O


PUDO EVITARLO

La conducta del acreedor también es determinante para los efectos de determinar la


responsabilidad del deudor, por el incumplimiento o su cumplimiento inexacto. Así:
a) Incumplimiento o cumplimiento inexacto del deudor por culpa o dolo del acreedor

Si la inejecución de la obligación se debe exclusivamente un hecho doloso o


culposo del acreedor el deudor quedara liberado.
b) Concurrencia de dolor o culpa inexcusable del acreedor y del deudor

Si el acreedor hubiese concurrido a ocasionar el daño el resarcimiento se reduce en


proporción a la gravedad de tal hecho y a la magnitud de las consecuencias que dé
el deriven. Esta responsabilidad compartida entre el acreedor y el deudor constituye
el concurso o concurrencia de culpas mediante el cual cada sujeto responde en
proporción al grado de su culpa (artículo 1326 del CC.)
c) Daños no evitados por falta de diligencia ordinaria (culpa leve) del acreedor

Con relación a los daños que el acreedor hubiera podido evitar utilizando una
diligencia ordinaria, el artículo 1327 del CC., dispone que el deudor no debe
resarcimiento por aquellos daños. Se entiende que esta regla se refiere a los daños
posteriores al incumplimiento y que ocurren como consecuencia de una acción que
el acreedor pudo evitar y no lo hizo.

XIII. CLAUSULAS DE EXCLUSION O LIMITACION DE LA RESPONSABILIDAD


POR DOLO O CULPA INEXCUSABLE

El artículo 1329 del CC., sanción con pena de nulidad cualquier estipulación que excluya o
limite la responsabilidad por dolo o culpa inexcusable del deudor o de los terceros de quien
este pueda valerse. Este mismo principio se repite en el artículo 1928 del CC., cundo e trata
la responsabilidad extracontractual o de licitud. Ello quiere decir que el acreedor si puede
renunciar a la responsabilidad en que se pueda incurrir el deudor por inejecución originada
en culpa leve.
Sin embargo, debe enfatizarse que las estipulaciones referidas son procedentes si es que
después de ocurrido el daño el acreedor renunciar a exigir el pago de la indemnización,
tanto en el caso de responsabilidad contractual como extracontractual.

Debe defenderse que admitir que el deudor pueda incumplir voluntariamente lo prometido
equivaldría a aceptar que se obliga facultativamente a cumplir o a no cumplir con la
obligación.

Igualmente, el artículo 1328 del CC., sanciona con nulidad cualquier pacto de exoneración
o d limitación de responsabilidad para los casos en que el deudor, o terceros de quien se
valga, violen obligaciones derivadas de normas de orden público.

XIV. EL INCUMPLIMIENTO D OBLIGACIONE DE DAR SUMAS DE DINERO

En el caso de incumplimiento en las obligaciones de dar sumas de dinero, estas devengan el


interés legal que fija el Banco Central de reserva del Perú desde el día en que el deudor
incurra en mora, sin necesidad de que el acreedor pruebe haber sufrido daño alguno. Vale
decir que la compensación está dada por los daños y perjuicios moratorios que sirvan para
resarcir el retraso en el incumplimiento de la obligación.

“En puridad, en las obligaciones pecuniarias el daño emergente consiste en el pago de la


cantidad de dinero objeto de la prestación. El lucro cesante, en el importe de los intereses
correspondientes a la cantidad debida” (Betti, 1969, p.98).

A este aspecto, el artículo 1324 del CC., agrega que, si el deudor se debían
intereses mayores, estos continuaran devengándose después del día de la mora,
pero en calidad de intereses moratorios. Debe agregarse, sin embargo, que el Banco
Central de Reservas, también fija un límite a la tasa de interés moratorio (Osterling,
2003, p. 65).

Este mismo artículo, en su segunda parte, admite que la indemnización puede ser superior
al interés legal que fija el Banco Central de Reservas del Perú o a los intereses mayores que
se debían antes de la mora, si ese fuese el caso. Lo acepta para el caso de que se hubiese
pactado sobre el resarcimiento del daño. En esa eventualidad tendrá derecho a una
indemnización adicional, probando, para el caso, que ha sufrido un daño mayor que el
compensable por los intereses.
Bibliografía

Betti, E. (1969).Teoría General de las Obligaciones.


Madrid: ditorial Revista de Derecho Privado.

Borda, G. (2003). Manual de Obligaciones. Buenos


Aires: Editorial Perrot

Osterling, F. (2003). Inejecución de Obligaciones.


Lima: Fondo Editorial pontificia Universidad
Católica