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La ciudad islámica

La ciudad islámica Comunicaciones científicas seleccionadas del coloquio celebrado en el Middle East Centre,

Comunicaciones

científicas

seleccionadas

del coloquio

celebrado

en el Middle

East Centre,

Faculty

of Oriental

Studies,

Cambridge,

Gran Bretaña,

 

del

19 al

23

de julio

de 1976

R. B. Serjeant

(ed.)

al 23 de julio de 1976 R. B. Serjeant (ed.) Traducción y transcripción de términos árabes:

Traducción

y transcripción

de términos

árabes:

Pedro Balañá Abadía,

licenciado

en Filología

Semítica

y en Historia

General

de términos árabes: Pedro Balañá Abadía, licenciado en Filología Semítica y en Historia General Serbal/ t!lIZD
de términos árabes: Pedro Balañá Abadía, licenciado en Filología Semítica y en Historia General Serbal/ t!lIZD
de términos árabes: Pedro Balañá Abadía, licenciado en Filología Semítica y en Historia General Serbal/ t!lIZD

Serbal/

t!lIZD

Colección de temas africanos 1. La trata negrera del siglo XV al XIX, VV.AA.  
Colección de temas africanos 1. La trata negrera del siglo XV al XIX, VV.AA.  
Colección de temas africanos 1. La trata negrera del siglo XV al XIX, VV.AA.  

Colección de temas africanos

1. La trata

negrera

del siglo

XV al XIX, VV.AA.

 

2. Introducción

a

la

cultura

qfricana:

aspectos generales,

VV.AA.

3. Aspectos sociopoliticos del parlamento tradicional en algunos paises africanos,

VV.AA.

4. Juventud, tradición y desarrollo

5. Antidesarrollo: Surá.frica y sus bantustanes, Donald Moerdijk.

6. La mujer africana en la sociedad precolonial, Achola 0. Pala y Madina Ly.

en Africa.

B.

Ly

y 0~0s.

Titulo de la edición original: o Unesco 1980 The hhmic cin, Asesor editorial: Ferran /~~ies/u,ex
Titulo de la edición original: o Unesco 1980 The hhmic cin, Asesor editorial: Ferran /~~ies/u,ex
Titulo de la edición original: o Unesco 1980 The hhmic cin, Asesor editorial: Ferran /~~ies/u,ex
Titulo de la edición original: o Unesco 1980 The hhmic cin, Asesor editorial: Ferran /~~ies/u,ex
Titulo de la edición original: o Unesco 1980 The hhmic cin, Asesor editorial: Ferran /~~ies/u,ex

Titulo de la edición original:

o Unesco 1980

The

hhmic

cin,

Asesor editorial: Ferran /~~ies/u,ex profesor de la Umversidad de Dakar, profesor de Historia del África Negra, Universidad de Barcelona.

Primera

edicicwl

1982

o

edición española, Unesco 1982.

la

traducción al espatiol ha sido realizada bajo la responsabilidad de Ediciones del Serbal

con la ayuda financiera de la Unesco.

Ediciones del Serbal, S.A

Impreso en España. DepQsito legal: B. 33.799-1982. Impresión: Romanya-Valls. Verdaguer 1. Capellades. ISBN: 92-3-301665-X Unesco. ISBN: 84-85800-38-9 Ediciones del Serbal.

Witardo.

45. Barcelona-14

Verdaguer 1. Capellades. ISBN: 92-3-301665-X Unesco. ISBN: 84-85800-38-9 Ediciones del Serbal. Witardo. 45. Barcelona-14
Verdaguer 1. Capellades. ISBN: 92-3-301665-X Unesco. ISBN: 84-85800-38-9 Ediciones del Serbal. Witardo. 45. Barcelona-14

Prefacio

Prefacio El Coloquio sobre la Ciudad Islámica, organizado por el World of Is- lam Festival Trust,

El Coloquio sobre la Ciudad Islámica, organizado por el World of Is-

lam Festival Trust, fue patrocinado por la UNESCO y tuvo lugar en el

Middle Ea.9 Centre, Faculty of Oriental

taña. En dicho coloquio participaron eminentes especialistas proceden-

tes tanto

producen en la presente obra. Los autores son responsables de la elección y presentación de los

hechos contenidos en este libro, y también de las opiniones expresadas

en el mismo, que no son necesariamente las de la UNESCO meten a la Organización.

Studies, Cambridge, Gran Bre-

de paises islámicos como europeos. Sus contribuciones se re-

ni compro-

SUMARIO

Inrroducción,

por R. B. Serjeant

9

Primera parte: La ciudad islámica

 

11

1. Instituciones

religiosas,

por Jean-Louis Michon

13

2. Iri.stituciones,juridicas,

por Muddathir

Abdel-Rahim

49

3. Instiruciones

de gobierno.

por Abdel Aziz Duri

63

4. Instituciones

de enseñanza,

por Hisham Nashabi

83

5. ,fìsico, por Nikita Elisséeff

El rrazado

 

113

6. Los

mercados,

por Pedro Chalmeta

131

7. Lus

instituciones

econhmicas,

por Yusuf Ibish

145

8. Estrat$caciOn

social

en Arabia,

por R. B. Serjeant

161

Segunda parte: Cambios, renovación, conservación

189

/.

$an’ã’,

por Paolo M. Costa

 

191

2. Fez, por Titus Burckhardt

209

3. Alepo, por Alif

Bahnassi

223

4.

L.u visión

moderna

de

‘Ali

Mubürak,

por B. F. Musallam

23 1

Apéndices

251

1. Recomendaciones

 

253

2. Relacicin

de ponentes

26 I

251 1 . R e c o m e n d a c i o n
In traducción R. B. Serjeant (Profesor de árabe en la cátedra Sir Thomas Adams, Universidad

In traducción

In traducción R. B. Serjeant (Profesor de árabe en la cátedra Sir Thomas Adams, Universidad de

R. B. Serjeant (Profesor de árabe en la cátedra Sir Thomas Adams, Universidad de Cambridge, Gran Bretaña).

El Middle East Centre, de la Faculty of Orienta1 Studies, decidió patro- cinar en Cambridge, Gran Bretaña, un Coloquio sobre la Ciudad Islá-

mica,

que se desarrolló el 19 al 23 de julio de 1976 dentro del World of

Islam Festival. Este coloquio no se habría realizado sin la comprensiva

ayuda de la UNESCO, que aportó el respaldo financiero preciso. Bkcamente pensábamos tratar el problema de la conservación de la herencia arquitectónica islámica y la necesidad de convencer, a las autoridades interesadas en el tema, de la urgencia de preservar dicha

herencia antes de que sea destruida, ya que es considerada sin valor y desechable, especialmente allí donde la substitución de 10viejo por lo nuevo representa una ganancia. Yo mismo, en nuestra época, he po- dido presenciar la destrucción de lugares como el Kuwait antiguo, hoy en día convertido en una jungla de asfalto, el arrasamiento de viejos edificios en San’ã’” -que el Departamento de Antigüedades no pudo

impedir- y el trazado de carreteras a través del Alepo antiguo; apenas

pude reconocer el Damasco de 1977 como la ciudad que conoci en mis tiempos de estudiante universitario, allá por el año 1935. Me apresuro a añadir que ni en Cambridge estamos libres de culpa por 10que concierne a la destrucción de nuestra herencia cultural. La Universidad y la ciudad han erigido algunos edificios horrendos, como la Facultad de Historia, que no sólo es una ofensa visual, sino también algo insatisfactorio funcionalmente, una especie de cascada de vidrio cara, demasiado caliente en verano y fria en invierno, y con tendencia a

l Para la transcripción de la lengua kabe, se ha empleado el sistema de la escuela de arabistas españoles, ejemplificado actualmente en las revistas Al-Qanrara, Cuadernos del f.~/umy Awrüq, entre otras. Los topónimos conocidos (Bagdad, Fez; Ttinez, etc.) se escriben en la forma normaliza& por el uso. Algunas voces (abasi, cadi, muecin,

ulema, visir, etc.) han sido traducidas de acuerdo con el Diccionario de la Real Acade-

mia Espatiola. Todas

lus

notas

inmducidas

por

un

osterisco

corresponden

u

IU adopto-

ch

espaAola

de

la

obro.

sufrir goteras. Esperpentos concretos, ejecutados con cemento y en co- lores desagradables, desfiguran hoy la
sufrir goteras. Esperpentos concretos, ejecutados con cemento y en co- lores desagradables, desfiguran hoy la

sufrir goteras. Esperpentos concretos, ejecutados con cemento y en co- lores desagradables, desfiguran hoy la añeja King Street, que yo re- cuerdo como paseo típico de una localidad tranquila.

A veces, los amigos de la conservación son criticados como si dese-

asen preservar las comunidades islámicas en calidad de museos huma- nos vivientes. Pero nadie, con sentido común mínimo, puede aceptar esta acusación. ;Quién se privaría del confort real que pueden propor- cionar algunas comodidades modernas? En Marruecos debemos reco- nocer a los franceses su visión cuando modernizaron las ciudades islá-

micas conservándolas intactas y planearon otras nuevas junto a aqué- has. Lo cual, sin embargo, y como señala Titus Burckhardt, no basta, puesto que, mientras los mas ricos de la comunidad tienden a trasla- darse a los barrios mas acogedores, los viejos edificios que ellos aban- donan son ocupados por la afluencia de trabajadores pobres emigrados del campo, incapaces de mantenerlos. La conservación no es, en abso- luto, una tarea fácil.

celebrado en 1976 se diferenció de los coloquios prece-

dentes sobre el mismo tema en que la experiencia se hizo invitando a arquitectos, arqueólogos e historiadores del arte para que participasen

al lado de los eruditos en el campo de los estudios islámicos; ello re- dundó en beneficio de todos. Hubo muchas discusiones animadas tanto durante las sesionesen sí como, de modo informal, entre los participan- tes; pero, lamentablemente, no hemos podido publicarlas.

la aparición de estas comunicaciones científicas se ha

debido, en parte, a la necesidad de resolver antes determinadas cuestio-

nes de carácter administrativo, y, también en parte, a mis propios e ine- vitables compromisos, especialmente la preparación del amplio volu- men titulado $un’ã’: un Arabian Islumic City(en prensa) para el World of

El coloquio

El retraso en

Islam Trust.

Se han seleccionado para ser publicados los trabajos cuyo

contenido es de naturaleza e interes permanentes, antes que los descrip- tivos o efímeros, aunque éstosfueron muy valiosos a la hora de estímu- lar el debate. En nombre de todos los participantes quisiera expresar nuestro agradecimiento al St. Johns College, que acogió a los asistentes al colo- quio, al equipo de la Faculty of Oriental Studies y al Middle East Cen- tre, asi como -en último término pero no menos vivamente- a la UNESCO, que se ha encargado de publicar estas comunicaciones.

Primera parte:

La ciudad islámica

Primera parte: La ciudad islámica
Mezquita del Sãh, Isfahãn. [Foto: Unesco/Dominique Roger.]
Mezquita del Sãh, Isfahãn. [Foto: Unesco/Dominique Roger.]
Mezquita del Sãh, Isfahãn. [Foto: Unesco/Dominique Roger.]
Mezquita del Sãh, Isfahãn. [Foto: Unesco/Dominique Roger.]
Mezquita del Sãh, Isfahãn. [Foto: Unesco/Dominique Roger.]
Mezquita del Sãh, Isfahãn. [Foto: Unesco/Dominique Roger.]
Mezquita del Sãh, Isfahãn. [Foto: Unesco/Dominique Roger.]
Mezquita del Sãh, Isfahãn. [Foto: Unesco/Dominique Roger.]
Mezquita del Sãh, Isfahãn. [Foto: Unesco/Dominique Roger.]
Mezquita del Sãh, Isfahãn. [Foto: Unesco/Dominique Roger.]
Mezquita del Sãh, Isfahãn. [Foto: Unesco/Dominique Roger.]
Mezquita del Sãh, Isfahãn. [Foto: Unesco/Dominique Roger.]
Mezquita del Sãh, Isfahãn. [Foto: Unesco/Dominique Roger.]
Mezquita del Sãh, Isfahãn. [Foto: Unesco/Dominique Roger.]
Mezquita del Sãh, Isfahãn. [Foto: Unesco/Dominique Roger.]
Mezquita del Sãh, Isfahãn. [Foto: Unesco/Dominique Roger.]
Mezquita del Sãh, Isfahãn. [Foto: Unesco/Dominique Roger.]

Mezquita del Sãh, Isfahãn. [Foto: Unesco/Dominique

Roger.]

1 Instituciones religiosas Jean-Louis Michon (Francia) Se me ha pedido que trate el tema religiosas

1 Instituciones religiosas

1 Instituciones religiosas Jean-Louis Michon (Francia) Se me ha pedido que trate el tema religiosas en

Jean-Louis Michon (Francia)

Se me ha pedido que trate el tema

religiosas en la ciudad islámica, y esta tarea me enfrenta a una elección difícil. iDebo esbozar las directrices principales de la ley y el dogma is-

lámicos ante un auditorio de especialistas familiarizados ya con ellas, o debo limitarme, de forma mas o menos arbitraria, a los aspectosque re- quieren mi atención especial, en detrimento de uno de los aspectos menos variable de la civilización islámica, es decir, su homogeneidad y su preocupación constante por establecer un equilibrio armonioso en- tre sus diversas partes integrantes? En un sentido lato, la ciudad islá- mica, como la ciudad clasica -la Civitus Romana, por ejemplo- no es

mas que la gran comunidad de personas que obedecen su ley.

engloba a todos los musulmanes -todos los que profesan el Islam- y

coincide

noce y siente ciudadano, viva sólo o en grupo, sea nómada o sedenta- rio, ciudadano o campesino.

del lugar que ocupan las instituciones

Así pues,

con la ummu, la “nación” de la cual cada musulmán se reco-

desde una

perspectiva más restringida, aunque no debe entenderse nunca como

que se inserta. Así se contem-

pla la ciudad como simplemente limitada a los grupos urbanos organi- zados bajo la égida del Islam y a la forma de “civilización” -muduniyyu

según la terminología desarro-

llada por los autores de la época “ckísica”- que ello implica. Creo que

algo separado de esemarco universal en

Sin embargo, la ciudad islámica puede ser considerada

o @Tira

(ciudadania

o sedenturismo),”

esta era la intención de quienes organizaron el coloquio, cuyo coordina-

dor se preocupó de definir el tema de este articulo estipulando que bía subrayar

de-

el modo de vida urbano, esdecir, cómo los musulmanesconcebianla vida tuosa y construían su habitat para practicarla aqui, en la Tierra.

vir-

su habitat para practicarla aqui, en la Tierra. vir- l En letra cursiva y entre paréntesis.

Jean-Louis

14

Michon

Pero, incluso limitandonos a considerar la civilización urbana, aún de- bemos abarcar un campo amplísimo. De hecho, la naturaleza caracte- risticamente monolitica del Islam, que es la religión de la Unidad Di-

individuos, así como la de

en el

despliegue de las actividades humanas, ningún dominio exento de la autoridad de la Ley Divina. Esto significa que, de acuerdo con la intención estricta del Legisla- dor Divino, ninguna comunidad urbana puede tener mas instituciones que las religiosas. Sin duda, esta afnmación habrá sido ampliamente ilustrada por aquellos de mis colegas que, en estecoloquio, han hablado de las instituciones politicas, sociales, e incluso económicas, de las ciu- dades musulmanas, así como de su funcionamiento y modificaciones históricas. Las comunicaciones previamente leídas sobre estos temas me excusan de reincidir en ellos. No obstante, y dado que la dimensión religiosa tiende a introducirse en todos los aspectos de la vida ciuda- dana, a penetrarlos todos, en mi exposición me veré obligado, induda- blemente, a realizar algunas incursiones en sectores ya tratados. Con esteprocedimiento obedecerésimplemente a la definición general de re- ligio, cuya fmahdad estriba en enlazar, con una sola cuerda pendíente del Cielo, las múltiples hebras con que seteje la existencia terrenal. Más exactamente, puesto que hablamos del Islam, sólo tendré que seguir el camino señalado por una religión cuyo dogma fundamental y tema permanente es el tuw&, la afirmación de la Unidad Divina, que pre- tende declarar, sobre todo y por encima de todas las relatividades de nuestro entorno terrenal, los derechos inexorables debidos al Creador.

vina, se esfuerza por orientar las vidas de los

las sociedades, hacia la adoración del Dios Único, y por no dejar,

El Islam y la civilización

urbana

El desarrollo

urbano

en los primeros

tiempos

del

Islam¡

Realmente son muchos los observadores e historiadores del Islam que han insistido en un contraste asombroso dentro del contexto geográfico

1. Sobre el desarrollo

urbano durante los primeros siglos del Islam, cf. M. Lombard,

“L’évolution p. 7-28, y L’lslam

urbaine pendant le Haut Moyen

dans

sa premibe

grandeur

Age”,

Annales.

[siglos VIII-XI],

É.

.S.

C,

Paris, 1957,

cap. VI, París, 1971.

15 Instituciones religiosas y humano en que se estableció primeramente el Mensaje Islámico: la península

15

Instituciones

religiosas

y humano en que se estableció primeramente el Mensaje Islámico: la

península arábiga, habitada principalmente por beduinos nómadas o semisedentarios, y la faz clásica del mundo musulman tal como apare-

cería pocas centurias después, red de grandes ciudades, desde la India

hasta Occidente, entre las que fluirían

toda clase de productos, así como las diversas ramas del saber, las ideas

y la cultura. Es un hecho que la propagación del Islam por los ejércitos ásabesy,

ante todo, por la intima convicción del mensaje de que eran portadores, fue acompañada por un extraordinario desarrollo urbano. Este fenó-

meno tuvo lugar en las tres grandes áreas donde primero

y refluirian,

por tierra y por mar,

se extendió la

conquista: el Imperio Sasánida al nordeste (Mesopotamia e Irán), el Im- perio Bizantino (Siria y Egipto) y el Occidente, antes romanizado y a la

sazón sujeto en parte a los barbaros (África del Norte e Hispania). Apa- recieron nuevas ciudades, que originalmente no eran más que campa- mentos fortificados, como Küfa y Basora, fundadas en los anos 15-17 de la Hégira (636-638 de la Era Cristiana)” durante el califato de ‘Umar. A sus primeros pobladores, combatientes en la Guerra Santa, se añadieron los conversos (matilio clientes) y los “protegidos” (bimmies,

judios y cristianos,

de capitación pero libres respecto a sus personas, propiedades y creen- cias) a un ritmo tal, que Küfa se vanagloriaba de una población de mas de cien mil habitantes al cabo de treinta años, y Basora pasaba de los doscientos mil. El ritmo trepidante con que Bagdad, fundada en el 145 (762) por el califa al-Mansür, fue construida por cien mil obreros, que también serían sus primeros habitantes, explica el hecho de que la capi- tal abasí fuese el hogar -cuarenta años después- de unos dos millones de ciudadanos, y la mayor metrópolis de su tiempo. Aún podrian aña- dirse muchos mas ejemplos: la fundación de al-Fu+ (El Cairo, mas tarde) por obra de ‘Amr en el año 19 (6401; la de Qayrawán, por parte de ‘Uqba en el 48 (6681,y la de Túnez pocos años después, seguidas por las de Almeria (7561y Fez (807). Ademas, por todas partes existían ciu-

es decir, las “gentes del Libro” sujetas a un impuesto

l Las fechas del calendario cristiano correspondientes a las de la hégira aparecerin de-

trás de éstas,entre parentesis, a lo largo de toda la obra. Cuando la fecha de la hågira figura sola, va seguida de la abreviatura h. Para hallar las equivalencias entre los cómputos musulmti y cristiano, el estudio mês recomendable es el de Manuel Ocaña

Jiménez, Nuevas rublos drid. 1981.

de

conversion

de

dutus

islúmicus

a

crislianus

y

viceversu.

Ma-

16 Jean-Louis Michon dades antiguas que, tras haber caido en decadencia, encontraron vigor y prosperidad

16

Jean-Louis

Michon

16 Jean-Louis Michon dades antiguas que, tras haber caido en decadencia, encontraron vigor y prosperidad renovados

dades antiguas que, tras haber caido en decadencia, encontraron vigor

y prosperidad renovados con su entrada

Éstefue el

caso de Damasco, Balj, Bujãrã y Samarcanda, o de Córdoba y Sevilla. $ómo debemos explicar una vocación de planificación urbana tan precoz, tan fuertemente afirmada como esta, en el knbito del Islam? La organización urbana, sin duda, no era desconocida para los conquista- dores arabes. La Meca, donde había nacido Mahoma, y donde habia sido proclamada su vocación profética, era desde mucho antes una agrupación urbana de autentica importancia como nexo en el comercio de caravanas dentro de la península arábiga y como centro de peregri- nación que albergaba los ídolos de numerosas divinidades en el templo de la Ka‘ba. Pero, por encima de todo, había existido la experiencia de Medina, la “Ciudad del Profeta”, donde Mahoma había encontrado

asilo en la época de la Hégira (622) y donde fueron sentadas las basesde

la Comunidad Musulmana y de su organización. Fue en Medina, durante los diez años que el Profeta residió en ella

hasta su muerte, junto a sus compañeros, que, como él mismo, eran emigrados de La Meca o “ayudantes” CO+) de Medina, donde la Co- munidad Musulmana fue dotada de las instituciones basicas que ense-

guida comentaremos. Medina era -y, en gran medida, no ha dejado de ser nunca- la ciudad islamica modélica, cuyo ejemplo inspiró a los fun- dadores de las primeras ciudades a que ya nos hemos referido, de igual forma que nunca ha dejado de servir de punto de referencia, en el de-

de los le-

gisladores y gobernantes musulmanes. Sin la firme impronta heredada de esta primera ciudad del Islam, bajo la triple influencia del Mensaje revelado, de la personalidad de Mahoma y de la disciplina comunitaria adquirida por los primeros creyentes, resulta incomprensible que los combatientes de las Guerras Santas* fuesen capaces-incluso suponién- dolos aptos para su conquista relknpagw de implantar sus ideales, ine- quívocamente islámicos, y su estilo de vida en tierras tan extensas y di- versas, algunas de las cuales resultaban, por su parte, herederas de cul- turas antiquisimas. Claro esta que la conquista no acarreo la destrucción de las ciuda- des antiguas ni de su estructura. La conquista siguió siendo esencial-

curso de los siglos, para las reflexiones

en

la pax

Islamica.

y modos de actuación

las reflexiones en la pax Islamica. y modos de actuación * Conjunto de enfrentamientos bélicos suscitados

* Conjunto de enfrentamientos bélicos suscitados por los musulmanes, en los primeros

para cumplir el deber del .Pihüd o guerra santa (ex-

tiempos del Islam (siglos VII-VIII),

tensión de su fe por medio de las armas).

Instituciones

17

religiosas

Instituciones 17 religiosas mente un asunto de combatientes y de ejércitos organizados, y no tro- pezó

mente un asunto de combatientes y de ejércitos organizados, y no tro- pezó con ninguna resistencia notable por parte del pueblo sometido al yugo de los bizantinos o de los sasanidas. Su misma rapidez favoreció un género de evolución que, aunque profunda, no derrumbó el antiguo orden de cosassino que, mas bien, facilitó su remodelación y su adapta- ción a nuevos marcos de suficiente fortaleza y amplitud como para po- der imponer sus normas sin borrar, por ello, las caracteristicas peculia- res de tipo regional y local.

LA Comunidad

Musulmana

El éxito alcanzado por el Islam al edificar comunidades urbanas no es

ajeno

o a la evocación de aconteceres históricos o alegóricos que son relevan-

tes para los grupos humanos, es decir, naciones turnarn,

y ciudades (qurà,

mensajeros de Dios, pues a nadie se le había negado la Revelación. Ahora bien, la mayor parte de tales naciones y ciudades mostraron

a la insistencia con que el Coran se refiere a los grupos humanos

singular ummal

singular

qarya),

a las que habian sido enviados los

ingratitud

y maldad pecaminosa, por lo que incurrieron

en la ira

de

Dios:

iCuántas ciudadeshemos destruido!

gritaron masque: “iFuimos impíos!” (VII, 4-51.”Dios proponecomoparábola

una ciudad, seguray tranquila, que recibíaabundantesustentodetodaspartes.

Y no agradeciólas graciasde Dios. Dios, en castigopor su conducta, le dio a

gustar el hambre y el temor (XVI, 112).Cuando queremosdestruir una ciu- dad,ordenamosa susricos y ellos seentreganen ella a la iniquidad. La senten- cia contra ella secumple y la aniquilamos (XVII, 16).

Cuando les alcanzó Nuestro rigor, no

A fin de evitar la repetición de males semejantes, la Comunidad Musul- mana se siente obligada a ser virtuosa y fiel a sus compromisos:

se siente obligada a ser virtuosa y fiel a sus compromisos: Soisla mejor comunidad humanaquejamassehaya

Soisla mejor comunidad humanaquejamassehaya suscitado:ordenáislo que estabien, prohibís lo que estamal y creéisen Dios (III, 110).

l Los pasajes del Corán que, en el texto, son identificados por sus referencias a las azo- ras (capitulos) y aleyas (versiculos) correspondientes, se han traducido según la ver-

sión castellana de Julio Cortés (Madrid,

1980).

y aleyas (versiculos) correspondientes, se han traducido según la ver- sión castellana de Julio Cortés (Madrid,
Jean-Louis 18 Michon Dicha comunidad ha recibido el don de la “moderación” (II, 143) y

Jean-Louis

18

Michon

Jean-Louis 18 Michon Dicha comunidad ha recibido el don de la “moderación” (II, 143) y constituye

Dicha comunidad ha recibido el don de la “moderación” (II, 143) y

constituye un todo orgánico

creyente es para el creyente

frecuente-

tentan mutuamente”,

mente citado. Y también dijo:

donde cada elemento esta en su lugar: “El

como las partes de un edificio que se sus-

(dicho)

declaró el Profeta en un hadi!

Veréis a los musulmanes,en su bondad, afectoy forma de sentir en comuni- dad, como si constituyesenun único cuerpo en que, cuando un miembro está enfermo, buscacompartir su insomnio y su fiebre con todo el cuerpo.

Finalmente, aseguró que “mi Comunidad nunca caerá unanimemente en el error ($zkülu)“, declaración que tendría considerables repercusio- nes al introducir el principio de la ijjmä’, o consenso de los creyentes, como fuente para la elaboración de la ley. Esta solidaridad se traduce, en la ley musulmana, en la existencia de un estatuto colectivo obligato- rio, denominado “deber de suficiencia” (fartj kifiyaa), que exime a un creyente individual de cualquier deber legal obligatorio en el momento en que un número suficiente de fieles se pone de acuerdo para supri- mirlo. Esto se aplica, por ejemplo, a la oración por los difuntos, a la Guerra Santa (,tXihäd)y al cumplimiento de tareas que requieren un completo acuerdo con el Saber Religioso. Ciertamente un hombre, con su conducta, se compromete sólo a si mismo, y sólo él comparecerá delante del Juez Supremo para responder de sus actos. Sin embargo, el lazo que le une al cuerpo social es tan fuerte, que, para su salvación, depende en gran medida de quienes le rodean y de las circunstancias mas o menos favorables que prevalecen allí para el cumplimiento de la Ley Revelada:

En verdad,el hombre camina hacia su perdición. Perono los que creen,obran bien, serecomiendanmutuamentela verdady serecomiendanmutuamentela paciencia(GUI, 2-3),

dice el Corán, subrayando en la última parte de la azora la importancia

de la amonestación mutua acerca de las virtudes

Esta combinación perdurable del esfuerzo desplegado por cada hombre para someterse a la voluntad del legislador divino, y del marco comunal que le sirve de ayuda y soporte en ese esfuerzo, constituye la característica mas destacable de la ciudad islámica. Emergerá de nuevo, en cada etapa de nuestro estudio, al analizar las diversas obligaciones

fundamentales.

hlituciones

19

religiosas

hlituciones 19 religiosas individuales (jür+s ‘QJW),cuyas implicaciones colectivas y elementos constituyentes no

individuales (jür+s ‘QJW),cuyas implicaciones colectivas y elementos constituyentes no podremos pasar por alto. En la ciudad musulmana,

el esfuerzo por conseguir la salvación individual engloba ipso ficto la

sacralización de lo social, mientras que, inversamente, la Comunidad

a la que han sido confiados el Mensaje Divino,

tes y el

sus miembros. El gobierno de Dios, Único y Solo Dios y Monarca Absoluto, y la igualdad de los hombres bajo la atención divina, idénticamente depen- dientes de, y sometidos a, la Ley Divina, aunque cada cual, pesea todo, responsable de sus actos y aceptando personalmente las obligaciones que se derivan de dicha ley: estasdos características resumen la estruc-

ejemplo del justo, conserva su contenido en beneficio de

instituciones

pruden-

tura de la Comunidad Musulmana, que ha sido descrita, justamente, como una “teocracia igualitaria”. *

Las fuentes de las instituciones

igualitaria”. * Las fuentes de las instituciones Las instituciones del Islam se fundamentan sobre tres

Las instituciones del Islam se fundamentan sobre tres fuentes: el Corán,

la Tradición del

Profeta (sunna) y las enseñanzas orales y escritas de los

juristas. Fueron estos quienes dieron sus diversas “escuelas” (mu-&)

a la ley musulmana; pero fueron las dos primeras fuentes, el Coran y la

Sunna, a las que ningún estudioso puede dejar de referirse, las que le otorgaron su identidad y cohesión.

El Corán

y la proclamación

de

la unidad

divina

El Libro de Dios, que fue “enviado desde arriba” al profeta Mahoma, y fue “recitado” por él a la comunidad humana, contiene en sus 114 azoras todos los elementos esenciales del “dogma” islámico ( ‘aqidu)

y de su ley (Suri’a).

Su mensaje esencial es la proclamación de la Unidad

Divina Wfaw@d), la absoluta Trascendencia del Principio respecto de todas las manifestaciones, y la situación de total dependencia de la cria-

tura respecto del Artesano Supremo. Este mensaje se condensa en las dos fórmulas del “testimonio de la fe” Uuhãda), cuya declaración con- fiere a todo hombre de buena voluntad la condición de musulman. La

2. Esta noción es analizada en detalle por L. Gardet, La cir2

1961.

musulmane,

cap. II, Paris,

20 Jean-Louis Michon primera fórmula declara que “No hay mas Dios que el Uno y

20

Jean-Louis

Michon

20 Jean-Louis Michon primera fórmula declara que “No hay mas Dios que el Uno y Único”

primera fórmula declara que “No hay mas Dios que el Uno

y Único” (Mlüh); la segunda afirma que “Mahoma es el mensajero

de Dios”. La primera fórmula, con su doble aspecto de afirmación y nega-

ción, expresa, por un lado, la irrealidad de cuanto no contiene causa su- ficiente en si mismo, es decir, el mundo creado y cuanto alberga, y, por otro, la única realidad del Ser Absoluto. La clara evidencia de ésto se

impone per se sobre el entendimiento y obliga a cipio, de indole intelectual.

La segunda fórmula tiene un contenido mas personalizado y volun- taxista. No solamente implica la aceptación de la misión profética de Mahoma, sino también la adhesión de cuanto contiene el Mensaje reve- lado. Y también implica la aceptación de Mahoma como guía y modelo

de la Humanidad, y, por tanto, el deseode atenerse a la práctica (sunna)

una adhesión, en prin-

iniciada por el Profeta. Así pues, un musulrmín que atestigua la Unidad Divina no esta for- mulando simplemente una profesión de monoteísmo; al mismo tiempo esta comprometiéndose a si mismo a obedecer la ley prescrita por el Co- ran y ejemplificada por la sunna. Y este compromiso suyo se trans-

forma en una especie de renovación del pacto de sumisión firmado por las almas, en el instante de su creación, con Dios Omnipotente: “iNo soy yo vuestro Señor? Dijeron: Claro que sí, damos fe!” (VII, 1721. Así, declarar el testimonio de fe asume el significado de un “recuerdo”

todos los actos

como para todos los pensamientos mediante los cuales el musulmán sincero tiende a aproximarse lo mas posible a Dios, y a actualizar en su propia sustancia, humana y limitada, una unidad de comportamiento e intención que constituirá un reflejo del ruwhid Divino en su existencia terrenal. La proclamación de la Unidad y el recuerdo de Dios, tales son los objetivos esenciales hacia los que el Coran urge sin tregua a los creyen- tes, y los medios que el libro sacro indica para la realización de los men- cionados fines son múltiples, apelando a todas las facultades de que esta dotado el hombre, tendiendo a entretejer lo sagrado con su dimensión temporal no menos que con el espacio en cuyo seno evoluciona aquél, y en lo mas profundo de su ser tanto como en relación a su familia y al entorno social que le rodea. Por ello es incitado, ademas de a las prácti- cas de su religión estrictamente obligatorias -de las que hablaremos mas adelante, a leer el Libro Divino (LXXIII, 4; XVII, 78), a invocar

@ikr) de la Alianza Primordial, y

esto es cierto tanto para

21

Insriluciones

religiosas

el Nombre de Dios, Allãh (LXXXVII, 1, 151,y sus “nombres mas be- llos” (XVII, 1101,y también a pronunciar determinadas fórmulas que

celebran y alaban al Todopoderoso, le agradecen Sus bendiciones, im- ploran Su ayuda y protección, y nos recuerdan que Él es la única

Causa,

@kr se imponen al creyente para recalcar un buen número de acciones de su vida diaria. Ia práctica de las plegarias (ibüdüt), así como 10s mandatos (mu’ümaküA que regulan la vida social, incluso los que esta- blecen la infracción (‘uqlibü~~ de las reglas instituidas por la Ley Reve- lada, no tienen, en último término, función mas elevada que la de man-

tener y guiar a los creyentes por el “recto camino” hacia el que son diri- gidos, conforme a las palabras de la Fü@xz, primera azora del Corán, “los que Tú has agraciado”. Mas allá de las acciones, el Corán exalta las virtudes, que son a modo de reflejos de las Cualidades Divinas sobre el alma humana. La sumisión a Dios Uskim, taslim), que es lo que hace del hombre un mu- sulmán, nos conduce a Él, que es la Paz (al-sakim), como la paciencia (@r) consiste en esperar allí donde Dios, el Paciente (al-.$&) por ex- celencia, decreta una pausa. Siguiendo este mandato de ser equitativos, dado que “Esto es lo mas próximo al temor de Dios” W, 81,los creyen- tes, particularmente aquéllos a quienes se les ha otorgado posiciones de autoridad o de asesoramiento dentro de la colectividad, seran auténti- cos servidores de Dios, que se llama a Si Mismo “el Justo” (al-‘Adb. Estas pocas indicaciones deben bastar para mostrar cómo el tuw@d, la proclamación de la Unidad Divina, que es la razón de ser del Men- saje Coranico, actúa para modelar la vida y la subsistencia mas intima

de cada uno

de los miembros de la Comunidad Musulmana, y

para penetrar de forma concreta en el análisis de las instituciones

urbanas.

el comienzo y el fin de todas las cosas. Y todas estas formas de

La

Tradición

del

Profeta

(sunna)

En cierto modo, el profeta Mahoma es el Coran puesto en obra. Él es el intermediario (al-tiita) escogido providencialmente (Mu~~ufi, MujrürY’ no sólo para transmitir a los hombres los contenidos del Libro Reve- lado, sino también para dirigirlos por la senda del retorno hacia el Dios

* Ár.:elegido, preferido. Títulos honoríficos

otorgados a Mahoma.

22

Jean-Louis

Michon

Único y Solo. Mahoma es, al mismo tiempo, el portador de un mensaje particular, la ley islamica, y una resplandeciente manifestación de la Verdad Universal (al-Zjaqq). A estos dos aspectos se refieren los nom- bres de “Profeta” (Na!4 y “Enviado” (Rusüfj. El Coran ordena a los creyentes: “iobedeced a Dios y a Su En- viado!” (VIII, 11.Aún mas, les propone al Profeta como “un bello mo- delo para quien cuenta con Dios y con el último Día y que recuerda

mucho a Dios” (XxX111, 2 ll. De ahí la importancia otorgada por los primeros Compañeros &+übal,* los que les siguieron (fübiMn)* * y, mas adelante, por la Comunidad Musulmana en conjunto, a la colección de dichos y consejos del Profeta, e incluso de sus actos y gestos,para valo- rarlos y llevarlos a la practica. Esta actuación del Profeta fue reunida, durante el tercer siglo h., en grandes colecciones de hadi@ (tradiciones), colecciones que los tradi- cionistas (al-Bujãri, Muslim, Ibn Maya, Abü Dáwüd, al-Tirmidi, al- Nasã’i) compilaron con un cuidado no menor que el que había incitado

a los “califas ortodoxos” (Abü Balo, ‘Umar y ‘Utmãn, en particular1 a

establecer una recensión del texto del Coran completa y definitiva. El hadi! aporta abundantes detalles históricos, formales y practicos, sobre las creencias, así como sobre los actos de culto establecidos en el Coran. Contiene valiosa información sobre las circunstancias de la Re- velación y, también, directrices espirituales y morales aplicables a las diversas circunstancias de la vida individual y social. Incluso se registran, ocasionalmente, aspectos del comportamiento de Mahoma que, cuando fueron asumidos por la comunidad, elevaron ciertas costumbres árabes ancestrales al rango de tradición religiosa. De este modo, sancionadas y llevadas hasta los confines mas lejanos del mundo musulmkt, dichas prácticas contribuirían, en no poca medida,

a dotar a la ciudad musulmana, y a sus habitantes, de algunas de sus

características peculiares. Así, por ejemplo, las convenciones que regu-

lan la recepción de huéspedes, la preparación e ingestión de alimentos,

la higiene y el aseo personal (uso de la alheña y de determinados perfu-

mes, modo de cortarse el pelo y la barba), etc.

 

l

Ár.: compañeros, amigos. Primera generación de conversos al Islam, contemporá- neos y conocidos de Mahoma.

l

*

seguidores. Segunda generación de conversos musulmanes, posterior a la de los Compañeros (su/&).

Ár.:

htiluciones

23

religiosos

Lu jurisprudencia

(tiqhl-’

Ni el Coran ni la Sunna se presentan

sas coherentes y organizadas. Sus prescripciones son mesuradas, par- cas, e, incluso, poco elaboradas. Por si fuera poco, con frecuencia las dos fuentes citadas no dicen nada en torno a cuestiones legales que se pueden suscitar con el crecimiento de la extensión geográfica del D¿ir al- Zslüm,” y los tremendos cambios culturales, sociales y económicos re- sultantes originan nuevas necesidades dignas de consideración. Durante los treinta anos (632-66 1)que siguieron a la muerte de Ma- homa, los cuatro califas “ortodoxos” (Abü Bakr, ‘Umar, ‘U@kr y ‘Ah) y sus lugartenientes, diseminados por las provincias del nuevo imperio -todos ellos Compañeros del Profeta y versados en el saber religiosw, gobernaron aquella comunidad de acuerdo con las leyes coranicas. Du- rante este período, que el sentimiento musulmán todavía considera hoy, junto con los diez años de Medina, como la “edad de oro” islá- mica, la autoridad temporal y la autoridad espiritual continuaron uni- das, como en vida de Mahoma, en la persona del califa. La única ley re- conocida era la Suriá, incluso cuando permitía, en provecho del trata- miento de los asuntos corrientes, costumbres y practicas muy arraiga- das en las tierras conquistadas.

Ahora bien, con la implantación de la dinastía omeya, fue emer- giendo gradualmente una disociación entre los poderes políticos y ad- ministrativos del califa, que se ocupaba sobre todo de establecer y con-

solidar su poder temporal, y la autoridad en los asuntos religiosos, de- positada en los cadíes, a los cuales fue confiada la aplicación de la Suri’u. Fue entonces cuando los eruditos de la ley, movidos por su deseode de- volver al Islam su pureza y homogeneidad originales, se preocuparon de coleccionar, en compendios de doctrina coherentes, todas las pres- cripciones necesarias para la buena conducción de la Comunidad Islá-

mica. Basándose en el

encontraron mediante un esfuerzo investigador (ijjrihãd) que, para re- solver las cuestiones no tratadas explícitamente por las dos grandes

como colecciones de leyes religio-

Corán y la Sunna, solventaron las lagunas que

3. Un resumen de este concepto puede hallarse

en la Encyclopédie

de

“liqh”.

l Ár.: Morada del Islam. Paisesen que rige la ley canónica islámica a la autoridad de príncipes musulmanes.

I’lslam,

2”

ed.,

s.

v.

y que están sujetos

24

Jean-Louis

Michon

fuentes tradicionales (Corán y Sunna), dependía de la opinión personal (M 1~1,la analogia (y[rWs)o, nuevamente, del consenso unánime (i?;mã? de la comunidad de los creyentes, expresado por sus doctores en ciencia religiosa. Este empeño por codificar la jurisprudencia (fìqh) originó la apari- ción de los cuatro “métodos” (mu~hub/mag’ühib, término traducido a menudo por “rito” o “escuela”) del Islam sunni. En todos los casos se trata del cuerpo entero de prescripciones que gobiernan los actos de los creyentes hasta en sus mas mínimos detalles. Cada acto puede ser obli- gatorio (fu@ w@ib), recomendado (mandúb), permitido (mubüh), conde- nable (makrüh) o prohibido ((rarüm), tanto si se trata de cuestiones de culto (‘ibüdüt) como si son de conducta social (mu‘ümulüt~ o si atañen a

las sanciones (‘uqlibüt) que deben ser aplicadas por las infracciones de las prescripciones legales. Diremos, muy en general, que las escuelas y sus áreas respectivas de predominio son las siguientes: a) la escuela máliki, fundada por

Mãlik ibn Anas (m. 7951, que actualmente cubre

central, el Alto Egipto, Sudán y el África occidental; b) la escuela hanafi, fundada por Abü Hanifa (m. 7671,que fue adoptada por los oto- manos, es hoy la más extendida, y prevalece en Turquía, Siria, India, sudeste de Asia y China; c) la escuela Sãfi’i (m. 820), que engloba Egipto, el I$yãz, sur de Arabia, África oriental y meridional, y com-

parte el sudeste de Asia con el rito hanati; y d) la escuela hanbali, fun- dada por Ahrnad ibn Hanbal (m. 855), limitada, en la actualidad, a Ara- bia (Nayd).

el África del Norte y

Desde el punto de vista

religioso, las cuatro escuelas son considera-

das igualmente validas, y, para un musulmán, resulta perfectamente

aceptable elegir su propio mu-ab e incluso cambiarlo en el curso de su

vida, especialmente si setraslada

de su nueva comunidad. Las diferencias entre las escuelasortodoxas son, en primer lugar, de índole metodológica, y se basan en el método particular que utilizó cada fundador para elaborar diversamente las normativas legales. La analo- gía (qiyüs) es aceptada por todas; pero los Sãti’íes desconfían de la opi- nión personal (ruj4. El consenso unánime (i$mü?, o consensus docto- rum, fue interpretado por al-&&i como el acuerdo unanime de los eru- ditos en una época determinada, pero Málik lo limitó a los eruditos de la ciudad de Medina, e Ibn Hanbal, a los Compañeros del Profeta. Tales concepciones originan algunas variantes, con consecuencias prácticas

de residencia y deseaadecuarse al rito

Itwiruciones

25

religiosas

Itwiruciones 25 religiosas que, a veces, tienen importancia para las modalidades de las disposicio- nes legales,

que, a veces, tienen importancia para las modalidades de las disposicio- nes legales, tanto si éstasse interpretan literalmente (mãlikismo, hanba- lismo) como según el espiritu de la ley @ãfi’ismo, hanafismo), y de acuerdo con el grado en que los elementos de la ley consuetudinaria lo- cal tmedinesa, romano-bizantina, sasánida, talmúdica, o cristiana de las iglesias orientales) subsanan las carencias, si son compatibles con las concepciones religiosas islámicas. Sobre ese último extremo, la escuela hanbali, por ejemplo, ha demostrado ser particularmente estricta y re- fractaria respecto a la introducción de usos considerados “innovacio- nes” USas) reprensibles. Establecidas en los comienzos del califato abasí, durante el si- glo III (IX), las escuelas de Jìqh han sobrevivido hasta el presente, y

nunca

de los doctores de la ley. En este tiempo han evolucionado poco en todos los sentidos y, con ciertas excepciones, tales como el notable caso de la Sulafìyya” , que seatiene rigurosamente a la autoridad de Ibn Tay- miyya, el famoso hanbali del siglo VIII (XIV), no han tratado de revisar ni los principios ni la aplicación de la ley para adaptarla a las nuevas ne- cesidades de indole socio-económica. Habiendo extraído su sustancia del estado de cosas predominante en los días del Profeta y de los cuatro primeros califas, constituyen una especie de ley ideal que parecería im- pío y peligroso intentar adaptar a las condiciones mudables. Algo distinto, sin embargo, es el cuadro que presenta la jurispru- dencia constituida por la denominada “facción” J’i’i(G‘a) de la comuni- dad musulmana. Para los @íes, “partidarios de ‘Ah”, era el propio ‘Ah quien, en su calidad de cuñado y sobrino del Profeta, debía haber suce- dido legítimamente a Mahoma como líder y guía de la comunidad mu- sulmana. Las acciones de los tres primeros califas “ortodoxos”, tal como las admiten los sunníes, no son una fuente legal para los si’íes.

Por el contrario, ‘Ali y sus descendientesimanes -doce según los duode- dimanos, * * siete para los ismã’ihes, y cinco en opinión de 10szaydies-,

han cesado de alimentar las especulaciones y argumentaciones

l Movimiento reformista islámico de los siglos XIX-XX que tomó su nombre del vo- cablo kabe sa/aJ predecesor, antepasado, autoridad intelectual.

l * Miembros

de una secta Hi’i que reconoce

a

una

serie de doce imanes,

hasta

Muhammad al-Mahdi. Los ‘ismã’ilies son miembros de una secta Sii que sólo reconoce a siete imanes, por lo cual también se les denomina septimanos. Los zaydies son miembros de una secta Si’i que sólo reconoce a cinco imanes, el ti- timo de los cuales fue Zayd, hijo de Zayn al-‘Abidin.

de una secta Si’i que sólo reconoce a cinco imanes, el ti- timo de los cuales
26 Jemdouis Michon son los herederos de la “Luz de Mahoma” y, por consiguiente, los

26

Jemdouis

Michon

26 Jemdouis Michon son los herederos de la “Luz de Mahoma” y, por consiguiente, los intér-

son los herederos de la “Luz de Mahoma” y, por consiguiente, los intér- pretes predestinados de la ley religiosa externa y los exponentes del sig- nificado interior de la Revelación. Limitando nuestra atención al Si‘ismo duodecimano, que, como re- ligión oficial del Irán es el mas extendido, puesto que engloba ademas la mitad de la población del Irak e importantes grupos de fieles de la India, Pakistán, Afganistán y Líbano, nos encontramos con que fundamenta su ley en el Coran y en la Tradición del Profeta (&í$, como sucede con el sunnismo, y luego, en las enseñanzas de ‘Alí y de los demás ima- nes, en particu!ar, del cuarto (Zayn al-‘Abidin), quínto (Muhammad al- Bãqirl, sexto (Ya’far al-Sadiql y octavo (‘Ali al-Ridal, que fueron emi- nentes teólogos. El duodécimo imán, Muhammad al-Mahdi, juega un papel especial en la formación de la ley Si‘í o, mas bien, en su extensión a situaciones nuevas. Pesea haberse ocultado (guybu)” en el año 329 de la Hégira (9401,el “Amo del Tiempo” habita todavía entre los hombres y guía espiritualmente a los cualificados para aplicar la reflexión perso- nal (iytihüd a los problemas jurídicos. Así pues, hablando desde un punto de vista institucional, parecen

existir dos rasgos principales que tipifican

relación con todas las escuelassunnies. De una parte, la concepción que

los Sí’íestienen del jefe de la comunidad musulmana, no sólo como lí- der político y guardián de la ley, sino también como detentador de unas

funciones iniciáticas y esotericas; de otra, el papel continuado que de-

sempeña el @rihGd, con inspiración derivada

legal o en el desarrollo teológico. Históricamente hablando, el G?smo duodecimano no espera ya que ninguna autoridad espiritual y política, que responda a cualquier criterio de legitimidad, sea capaz de tomar en sus manos el destino de la comunidad musulmana hasta la reaparición del ultimo imán. Sobre este punto su perspectiva es, como si dijésemos, de tipo transhistórico y dependiente de sus expectativas acerca del Mahdi. l * El Islam sunní, por el contrario, nunca dejará de laborar en pro de la restauración del califato, tanto a nivel teórico como práctico, elaborando unas reglas de gobierno suficientes, por lo menos, para sal- vaguardar la apariencia de dicha institución. A nivel de la elaboración del fiqh, las posiciones respectivas del sunnismo y del Si‘ísmo quedan,

el Si‘ismo duodecimano en

del imán, en la evolución

el Si‘ismo duodecimano en del imán, en la evolución   l Ár.: ausencia, alejamiento. Ocultación de
 

l

Ár.:

ausencia, alejamiento. Ocultación de un imán, según la doctrina Si‘i.

l

*

Ár.:

Guiado por Allãh. Personaje ideal que ha de aparecer al tin de los tiempos para

reagrupar a los musulmanes y restaurar el Islam.

27

Insriluciones

religiosas

por así decirlo, invertidas. En los círculos sunníes generalmente se piensa que las “puertas del ijtihüd estiin cerradas” desde la edificación de los cuatro grandes sistemasjuridicos que, ante todo, formularon los principios de la ley (us al-jqh), y luego en el espacio de unas pocas ge- neraciones, detallaron sus aplicaciones Yùni?. Solamente cabe hacer re- comendaciones jurídicas (fetuas) oportunas acerca de puntos muy espe- cilicos y basandose en los precedentes, mientras que en el Si’ísmo duo-

decimano aún se practica el rizadas para extender la ley

igtihüd, que permite formular normas auto- religiosa a condiciones nuevas. 4

Estas posiciones divergentes revelan, sin embargo, una preocupa-

ción idéntica,

tro del orden instituido por la Ley Revelada. Así pues, más allá de las diferencias de interpretación que la sabiduría musulmana contempla como derivadas de la Bondad Divina, según se expresa en el proverbio “[jtikif al-‘ulumã’ ru(zmu” (“los desacuerdos de los sabios son una mer- ced”), el Islam Si’í o sunní, asi como sus diversas ramas o escuelas, de- jan la misma huella, idéntica en el tiempo y en el espacio, sobre los se- guidores del Islam y sobre sus ciudades.

es decir, la de mantener a la comunidad de creyentes den-

Los pilares del Islam

Entre las instituciones comunes a todos los musulmanes hay cuatro que, juntamente con el doble testimonio de fe tratado antes, constitu-

yen los “pilares de la religión” (urkãn al-din): la oración, el ayuno, la li- mosna y la peregrinación. Estas cuatro prácticas fundamentales han sido comparadas a menudo con los cuatro lados que forman la base de una piramide, cuya cúspide sería la Suhüdu o proclamación del tuwhid. Esta comparación ilustra muy adecuadamente la posición del creyente individual, cuya existencia se halla, como si dijéramos, colocada en el espacio delimitado por los muros inclinados de la pirámide, que condu- cen a su vértice superior, símbolo de la Unidad Divina. Idéntica figura podria servir, asimismo, para representar a toda la Comunidad Musul-

mana, que se halla contenida también

tanto, apunta en dirección al Cielo. La vida religiosa de un musulman

en el marco de la Surf’u y, por

religiosa de un musulman en el marco de la Surf’u y, por 4. Cf. Seyyed Hossein

4. Cf. Seyyed Hossein Nasr, Ideals

1966.

donde se delimitan claramente los puntos de convergencia y de divergencia entre el Islam sunni y el Si’i (incluido el ismã’ilismo).

and

Realities

of

/s/um,

cap. VI,

Londres,

28

Jean-Louis

Michon

muestra una sobreimpresión de ambas imagenes particularmente insis- tente, cosa que no implica ninguna confusión y contribuye a añadir una dimensión colectiva y un sentido a los actos rituales que realiza el individuo, bien sea implicitamente, mediante la oración solitaria y el ayuno, bien sea de modo explícito, como sucede en la oración comuni- taria, la limosna y la peregrinación.

la oración comuni- taria, la limosna y la peregrinación. La oración (gilãt) La oración es la

La

oración

(gilãt)

La oración es la clave del Islam, el rito cuyo poder santificador contri- buye con mayor riqueza a cada piedra del edificio comunal y a su cohe-

sión.

coránicas, y los gestos que hacen del rezo un bikr (conmemoración) com- pleto, incluyendo la sacralización del cuerpo y la concentración del

alma; pero tampoco podemos silenciar el papel jugado en la ordenación del ritual por las dos condiciones de la existencia terrenal: el tiempo y el espacio. La oración, realizada cinco veces al día (al alba, a mediodía, a media tarde, al ponerse el sol, y después de caída la noche) puntúa con

su ritmo la vida entera del individuo

Gracias a su continua renovación, imprime en el tiempo efímero la marca de aquel instante único en que el Pacto primordial <mi@, ado- rar a su Señor, fue reconocido por las almas por vez primera. En el contexto espacial hay una especiede reducción a la unidad. El

rezo comienza en una postura erecta, la posición vertical propia del

hombre, %ucesor -de Dios- en la Tierra”

do-

tado, desde el momento de su creación, de “la mejor complexión” (XCV, 4). Cada uno de los fieles debe, pues, permanecer erguido como un pontífice, y colocado como un eje orientado hacia el que Dios envía

su favor desdela altura y lo extiende sobre la Tierra. La orientación ho- rizontal de la qibla”, apuntando a La Meca, acarrea una reagrupación simbólica de todos los creyentes en el sitio en que Abraham levantó un templo al Dios Único, huella tangible del axis mundi en la Tierra. La oración, como el ayuno, es obligatoria para todo musulmán “responsable”, es decir, para todo adulto de mente sana. Se dice que,

veces mejor

ejecutada comunitariamente, ha de resultar “veintisiete

No es este el lugar para analizar las

fórmulas, fundamentalmente

desdela pubertad hasta la muerte.

(Corán

II,

30 y passim),

* Ár.: sur, mediodia. Orientación hacia La Meca. (En las mezquitas, el muro de la yib-

ka,

que

contiene el mihrüb

o nicho, indica la dirección en que se halla La Meca)

29 hliluciones religiosas que cumplida en soledad’ (@di& debido, indudablemente, a que reúne por igual

29

hliluciones

religiosas

29 hliluciones religiosas que cumplida en soledad’ (@di& debido, indudablemente, a que reúne por igual en

que cumplida en soledad’ (@di& debido, indudablemente, a que reúne por igual en las fuas de los fieles a ricos y pobres, débiles y poderosos, sin distinciones, y, de esta manera, actualiza de modo concreto el ideal de la ciudad perfecta cuyos habitantes, como los ángeles en las esferas celestiales, celebran al unísono la gloría del Creador. Determinadas condiciones que preceden o acompañan al cumplí- miento de la oración han influido considerablemente sobre el diseño y funcionamiento de las ciudades del Islam. Así, por ejemplo: a) el estado de pureza ritual, logrado con las abluciones mayores o menores; b) el respeto al momento específico de la oración; c) la orientación hacia La Meca; d) la existencia de un lugar lo bastante amplio como para poder acomodar a todos los fíeles en la oración comunitaria del viernes a me- diodía, que es obligatoria en todos los núcleos de población de cierta importancia. La primera exigencia obligó a la dotación de aseos,albercas, fuentes y baños públicos (~ammãm), cuyas cúpulas bastan para denotar la pre- sencia de una ciudad islámica. La segunda dio lugar a la creación de las funciones del muwqqit, funcionario que elabora los horarios, y del muecín, que convoca a la oración. Esto, a su vez, llevó a la construc- ción de alminares y, en determinadas capitales, de observatorios astro- nómicos. Las dos últimas exigencias determinaron cómo debían ser edificadas las mezquitas y cumplidas sus exigencias litúrgicas: una sala de rezos extendida a lo largo, con un nicho u hornacina (mi@üb) para

indicar

nuncia su exhortación (ju,tbd antes de la oración del viernes. La mezquita no es exclusivamente un sitio para rezar, sino que constituye a la par un punto de reunión, un foro donde se intercambian las noticias de la localidad. Asimismo, es un centro para la educación religiosa, en el que niños y adultos de todas condiciones se sientan en circulo, frecuentemente caida ya la noche, para recitar el Corán o para escuchar las enseñanzas de un alfaqui. A menudo, la mezquita es tam- bién un refugio donde mendigos, vagabundos y oprimidos pueden ha- llar cobijo y asilo, aparte de recibir las limosnas o los alimentos dispen- sados generosamente por la comunidad en los lugares de culto. La oración comunitaria se realiza en ocasiones fuera del recinto de la mezquita, como en el caso de las dos grandes fiestas celebradas por los musulmanes para marcar, respectivamente. el final de la Peregrina- ción y el del Ayuno del Ramadán. Entonces los fieles marchan en mul- titud hasta la musullir (orutorio descubierto), situada fuera de los muros

la qiblu, amén de un púlpito (minbar) desde el que el imán pro-

30

Jean-Louis

Michon

30 Jean-Louis Michon de la mezquita, frecuentemente junto al cementerio, a fín de orar al aire

de la mezquita, frecuentemente junto al cementerio, a fín de orar al aire

Estos actos de

gracia, en que la comunidad entera participa -cuando miles de frentes

se postran sobre el suelo y se elevan despues con movimiento

forme, en un silencio apenas roto por la gran exclamación del tukbir, es decir, la fórmula Allühu ukbur (“Dios es el mas grande%, figuran entre las manifestaciones mas elocuentes de la realidad y vitalidad de la ciu-

dad islamica.

libre, dando frente a una pared que representa la qiblu.

uni-

Ef ayuno (siyãm)

Uno tiene que haber vívido en una ciudad islámica durante eLmes del ramadan para comprender hasta qué punto un rito cumplido indivi- dualmente gana en fuerza -si no necesariamente en hondura- al ser practicado símulta.neamente por una población entera. Incluso antes

del inicio del mes sagrado, durante el cual el ayuno tiene que ser obser- vado desde la aurora hasta el ocaso, la ciudad tiembla de alegre excita- ción. Porque, pesea las muy auténticas pruebas del hambre, y aún mas de la sed, durante las cálidas tardes el mes completo transcurre en me- dio de una atmósfera de gozo. En muchos de los que ayunan puede de- tectarse un sentimiento de liberación, como de quien satisface una deuda justa, y de orgullo por la capacidad de sacrificar los hábitos pro- pios y dejar a un lado la satisfacción de apetitos apremiantes. La emula- ción heroica se apodera de todos, incluso de los niños muy pequeños, que arden en deseosde hacer cuanto hacen los adultos. Aunque la ley coranica exime expresamente del ayuno a los enfermos, viajeros, muje- res que estan a punto de dar a luz, y a las personas muy ancianas, los

interesados continúan

musulmanes que no practican su religión durante el resto del año, ayu- nan y oran durante el mes sagrado, y nadie osa quebrantar el ayuno si no es en secreto.

círculos de

gente en torno a los lectores del Corán y los predicadores, Largas ora- ciones, llamadas “de las pausas” (turüwi~l, son recitadas comunitaria- mente o en soledad, y se hacen rogativas especialespor los ausentes, los que viajan, los enfermos y los prisioneros. La noche vigesimoséptima del mes de ramadan es celebrada con particular fervor, en conmemora- ción de la “Noche del Poder” Uqdut al-Qudr), en la cual el arcángel Ga-

ejercitando esta privación asiduamente. Muchos

Las mezquitas no están vacias por la noche. Se forman

el arcángel Ga- ejercitando esta privación asiduamente. Muchos Las mezquitas no están vacias por la noche.
31 Instituciones religiosas briel descendió, cumpliendo órdenes divinas, para llevar el Corán a Mahoma. En

31

Instituciones

religiosas

31 Instituciones religiosas briel descendió, cumpliendo órdenes divinas, para llevar el Corán a Mahoma. En toda

briel descendió, cumpliendo órdenes divinas, para llevar el Corán a Mahoma.

En toda familia acomodada, la caridad se practica extensamente durante este mes, y más en particular el dia del ‘id al-fi?r (Fiesta de IU ruptura del u.vuno),que señala el final del ayuno. Ese dia es obligatorio, para los que tienen recursos suficientes, dar

una limosna especial, el zukãt ul$!r

Toda la ciudad, ahora renovada y purificada, se regocija porque re- cuerda el “dicho inspirado” (@di! qudsi) del Profeta, por cuya boca dijo Dios:

(limosna

de IU ruptura

del

ayuno).

por cuya boca dijo Dios: (limosna de IU ruptura del ayuno). El ayuno se hace por

El ayuno se hace por amor a Mí, y Yo recompensoa quien ayuna, pues él prescindeen Mi honor de su placer, alimento y bebida.

La

limosna

(zakàt)

La institución de la limosna obligatoria es, literalmente, una “purifíca- ción” destinada a atenuar o erradicar el apego a los bienes materiales que ensucia el corazón, lo compromete en una acumulación de riquezas

efiieras y engendra lo

perdonables, ésto es, la de “asociar” (Sirk) otras divinidades con Dios, o,

según lo interpretan los pensadores islámicos más profundos, la de tra- tar la verdad y la ilusión en idéntico plano de igualdad, prefiriendo in- cluso la segunda a la primera. La institución del zukãt recuerda al creyente que el disfrute de sus bienes constituye sólo un favor temporal concedido por Dios para pro- barle: “No alcanzaréis la piedad auténtica mientras no deis de limosna algo de lo que amáis”, dice el Corán (III, 92). Hablando en términos sociales, el zukãt es un elemento esencial de la vida comunitaría. En su calidad de “impuesto” único fijado por el

Corán a los creyentes, su cuantía

de los bienes, en un décimo o un quinto de las ganancias anuales cuando éstas alcanzan un nivel determinado (ni$b)*. Esta limosna se entrega al Tesoro Público (Buyt al-müh, que la administra y reparte en- tre los cualificados para recibirla, o sea,los musulmanes pobres y nece- sitad&. Por tanto, la limosna asegura una cierta redistribución de los

que el Islam considera una de las faltas mAs im-

se establece, conforme a la naturaleza

el Islam considera una de las faltas mAs im- se establece, conforme a la naturaleza l

l Ár.:bienessometidosatributación

32 Jean-Louis Michon recursos, que. sin pretender igualar las condiciones inherentes y predes- tinadas de

32

Jean-Louis

Michon

32 Jean-Louis Michon recursos, que. sin pretender igualar las condiciones inherentes y predes- tinadas de la

recursos, que. sin pretender igualar las condiciones inherentes y predes- tinadas de la fortuna humana, impone al rico un sacrificio que le apro- vecha, e inspira sentimientos de gratitud en los pobres, a los que Dios dijo: “No desesperéisde la misericordia de Dios” (Corán XII, 87).

Por encima y más allá del zuküt obligatorio,

la limosna voluntaria

(zuküt

al-tumvwu’o

sudaga) es recomendada con insistencia, tanto en el

Corán como en la Sunna. Se cuenta que el Profeta dijo:

el Corán como en la Sunna. Se cuenta que el Profeta dijo: No hagas cuentas, pues

No hagas cuentas, pues entonces Dios las hará contigo; no pongas límites, por- que Dios te los pondrá a ti. Da en limosna cuanto puedas.

Esta exhortación ha sido ampliamente seguida, y, como el zukát obliga- torio, la suduqu ha servido siempre para atender a las necesidadesde los pobres, armar a los que combaten en la guerra santa, aprovisionar a los viajeros, liberar esclavos, redimir cautivos y contribuir al sostenimiento de numerosas instituciones religiosas o de utilidad pública. Relacionada con la práctica del zuküt y la entrega voluntaria de lí- mosnas, se halla la institución de los bienes habites (wuqfi, hubus), en- tregados a perpetuidad a la comunidad islámica con fines religiosos o para el bien común. Estas fundaciones pías figuran entre las instituciones más típicas de la ciudad musulmana. Su origen debe buscarse en la Sunna. Según un @di! (dicho) transmitido por al-Bujãri, en una ocasión ‘Umar preguntó al Profeta cómo podía utilizar, de modo agradable a Dios, una franja de terreno que poseia en Jaybar. La respuesta fue: “Haz que la propiedad no sea transmisible, que no estésometida a venta, don o herencia, y en- trega sus rentas a los pobres”. Asi quedó establecido el primer wuqf; cuyas rentas fueron distribuidas entre los que dependian del :uqSt. El wuqf‘está sujelo a tres normas básicas: a) lo determina el deseo del donante, según se expresa en el acta de constitución, estableciendo el uso perpetuo de la propiedad inmovilizada; b) no está sometido a nin- guna formalidad y puede constituirse mediante una simple declaración verbal, con tal de que el donante sea un creyente responsable, la dona- ción realizada corresponda efectivamente a una propiedad suya y no haya sido mancillada por ninguna ilegalidad; c) una vez constituido, la propiedad es inalienable e inviolable. De este modo, el wy/‘produce el efecto de traspasar una posesión a la propiedad divina, mientras que deja el disfrute de ella a sus criaturas.

Imtiruciones

33

religiosas

La propiedad asignada al @bus es de muchas clases, y tanto mobiliaria como inmobiliaria. Según un censo elaborado en Marruecos, donde el patrimonio del @bus asciende a unas 40.000 propiedades, estasinclu- yen desde casas, tiendas, molinos, hornos de pan, baños, campos de

cultivo, jardines, olivares, etc., hasta un solo libro o una biblioteca com- pleta, pasando por minas de sal y cursos de agua con sus canalizacio-

nes, como las que proceden del utidi(río) de Fez o

los sistemas de con-

ducción subterránea que abastecen a la ciudad de Marrakech.5 La institución de los bienes habites ha prestado inestimables servi- cios a la sociedad islamica. La administración de los bienes bubus ha proporcionado capital circulante o de explotación durante siglos, y no es raro que la erección de mezquitas, universidades, santuarios, ~üw[rus*, hospitales, asilos y cementerios se haya costeado con ellos. También han servido para financiar la construcción de las defensas de las ciudades, sus conducciones de agua, alcantarillado, iluminación de

las calles, etc.; para satisfacer los emolumentos de los cadies y de otros

funcionarios

diversa, según voluntad expresa de los donantes, tales como alimentar y cuidar a los animales (burros, cigüeñas, palomas), proveer de agua potable a los mercados públicos, proporcionar dote a las doncellas po- bres, etc. Esto demuestra el celo con que los creyentes han asumido parte de su definición como los que “dan limosna de lo que les hemos concedido” (VIII. 3). e indica, al mismo tiempo, los beneficios que las ciudades del Islam han obtenido de esta institución. “No dejará de resti- tuiros ninguna limosna que deis. Él es el Mejor de los proveedores” (corún, XXXIV, 39).

religiosos, y para atender los deseospersonales de índole

religiosos, y para atender los deseospersonales de índole Lu peregrinación (hayY Ninguna institución ha contribuido

Lu peregrinación

(hayY

Ninguna institución ha contribuido tanto como la peregrinación a La

Meca a asentar firmemente la unidad entre los creyentes que rezan al Dios Único y Solo, dogma que constituye la razón de ser de la comuni-

dad musulmana

que constituye la razón de ser de la comuni- dad musulmana y de toda ciudad islámica.

y de toda ciudad islámica.

CT. J. Juccioni.

5 ks

huhrs

OU Mumc (conferencia

pronunciada

en Rabat el

20 de

enero de 1928).

* Literalmente. esquina(s). tigulds). Especie de cenoblos islámicos que incluyen un re- cinto para orar, una tumba venerada. una escuela coránica, etc.

Especie de cenoblos islámicos que incluyen un re- cinto para orar, una tumba venerada. una escuela
34 Jean-Louis Michon El elemento esencial de este rito, que los creyentes deben cumplir al

34

34 Jean-Louis Michon El elemento esencial de este rito, que los creyentes deben cumplir al menos

Jean-Louis

Michon

El elemento esencial de este rito, que los creyentes deben cumplir al menos una vez en su vida, “si disponen de medios” (Corán, III, 971,es la concentración de los fieles llegados de todos los confines del mundo en

torno a la Ka‘ba, una vez al año y en unos días determinados. La Ka‘ba, que es el templo cúbico erigido por Abraham para dar gracias a Dios por haber salvado la vida de su hijo Ismael del sacrificio

a que estaba destinado -sustituido

centro del mundo musulmán; es el punto en

su línea abrahamánica, total y precedente tradición profética del juda-

ísmo y del cristianismo, de los que Mahoma aparece como heredero y

restaurador. La Ka’ba es la “Casa de Dios” en la Tierra, sobre la cual se

derraman las emanaciones

lo infinito. Cuando decide visitar La Meca, hacia la que tan a menudo se ha vuelto en sus oraciones, el creyente recuerda el dicho del Profeta:

“La peregrinación cumplida con piedad no tiene otra recompensa sino el Paraíso”. El creyente formula su intención de cumplir la peregrina- ción “sólo por Dios”, ya que la recompensa de toda acción depende de la intención que la inspire, y, junto con las bendiciones y plegarias de sus familiares, lleva consigo el temor de Dios, que “es la mejor provi-

sión” (Corán, II, 197). Al llegar

en el Territorio Sagrado @zraml, el creyente queda implicado inmedia- tamente en una serie de ceremonias que duran cuatro días seguidos. Simplemente revisando, incluso con mucha brevedad, los principa- les componentes del ha.@,veremos cómo cada elemento se combina para lograr un retorno a la unidad, tanto mediante las modalidades de la existencia terrenal, como en la dimensión celestial que al final las integra:

por el de un corderw,

no sólo es el

que el Islam converge con

celestiales y en la cual se entrelaza lo finito y

a su primer destino, el lugar de entrada

Unidad histórica, porque la época de Abraham se hace presente y sus actos son repetidos, así como los de su esposa, Agar, buscando agua en el desierto, y los de su hijo Ismael, antepasado del pue- blo árabe. Emulando a Abraham, “creyente puro” (@zn(( según el

Corán, II, 135) y “amigo de Dios” (jali Albh,

obedece una ley eterna y acepta el sacrificio de sus apegos y deseos

terrenales. Unidad espacial, actualizada por la concentración, en el mismo te- rritorio sagrado, de los miembros de una comunidad muy exten- dida, y por la oración común realizada por los peregrinos, dispues- tos en circulos concéntricos en torno a la Ka’ba.

IV, 1241,el peregrino

35

Instiluciones religiosos

Unidad de la naturaleza sagrada de la persona humana, restaurada en su integridad y pureza adanica gracias a los ritos de consagración (i@üm), en los que el cuerpo se cubre con dos piezas de lienzo blanco, y que prohiben manchar el alma con placeres carnales.

Unidad, en fin, de cientos de miles de creyentes, hombres y mujeres “creado(s) de una sola persona” (IV, ll, todos ellos por igual “nece-

sitados de

Dios, mientras que Dios es Quien Se basta a Sí mismo, el

Digno de Alabanza” (XXXV, 151, habiendo respondido al llama-

miento de su Señor y elevando sus voces hacia el cielo con idéntica

expresión de sumisión: “Labbayka-Ilahumma

labbayka”(“;A

tu ser-

vicio, Señor, a Tu servicio!“). La efectividad del @@como fuerza unificadora no se limita al

período

en que se despliega en La Meca el gran ritual colectivo, ni a la superficie del Territorio Sagrado. Para la comunidad musulmana, la Ka’ba es como una especie de corazón hacia el que los peregrinos afluyen masi- vamente para recuperar su fortaleza, y del que salen repletos de una in- tención purificada y de influencias vivificantes. Estos intercambios no se producen sólo a estenivel, sino también a lo largo de los caminos de peregrinación, en los que los peregrinos pueden consumir muchos mesesde viaje deteniéndose para visitar lugares santos y para conocer a sus correligionarios de otros países. La partida y el regreso6 de un peregrino son celebrados en todas partes con fiestas que constituyen extensiones del propio rito y que tienden a irradiar su influencia benéfica a la familia y a toda la ciudad. Pero es mediante la celebración de la Fiesta del Sacrificio, el cuarto y el último día de la peregrinación (0 el décimo día del mes de dú-l-&$W), cómo la comunidad musulmana en conjunto comparte n-k especial- mente el rito de la peregrinación. Ese día, a lo largo y a lo ancho del mundo musulmán, los hombres se reúnen a media mañana para hacer las oraciones comunitarias de al-‘id al-hzbir, la “gran fiesta” del calen- dario islámico. Para imitar a los peregrinos que se reunieron en el valle

Para imitar a los peregrinos que se reunieron en el valle 6. En algunas comunidades campesinas

6. En algunas comunidades campesinas de Marruecos, un peregrino que ha regresado

de La Meca no es considerado

nljnicol hasta que cumple una serte de practicas tradicionales como permanecer siete

dias retirado en su casa, visitar a los parientes y amigos, y acudir a los mausoleos de los santones protectores de la aldea. Cf. M. Boughali, La repr.+sentationde lespace

realmente hüj$ (el que ha realizado la peregrinación co-

chez

le marocoin illerre.

p.

24 y

29, Paris,

1974. Apud

M. A. Iahbabi, des cites”).

Du

I’~uverr, Casablanca, 196I (Propos II,

“La civilisation

* Ár.: de la peregrinación. Doceavo y último mes del calendario islámico (lunar).

clos

b

36

36 Jean-Louis Michon de Mina con el fin de inmolar a los animales del sacrificio, cada

Jean-Louis

Michon

de Mina con el fin de inmolar a los animales del sacrificio, cada cabeza de familia mata ritualmente una oveja o un camello cuya carne será consumida después en un banquete comunitario al que siempre están invitados los pobres.

comunitario al que siempre están invitados los pobres. Las funciones de Ia ciudad Entre el musulman,

Las funciones de Ia ciudad

Entre el musulman, santificado por su fe monoteísta y la práctica de sus ritos basicos, y la comunidad de creyentes, cuya presencia efectiva po- demos aprehender de alguna manera merced a una descripción de su ritual, la ley religiosa teje múltiples lazos. Llevaría mucho trabajo revi- sarlos uno por uno dentro del contexto de este breve estudio, dado que, por otra parte, su mismo dominio de actuación -la entidad colectíva- esta marcado inevitablemente por el signo de la diversidad y relativi- dad. Incluso sólo en cuanto a sus fuentes, que son el Corán y las Tradi- ciones del Profeta, el material acerca de las relaciones sociales (mu‘timulüfl es muy copioso. Ademas, las diferencias entre el Islam sunni y el Si’í, la constitución de las escuelas dogmáticas y, tal vez en mayor grado, la extensión de los pueblos islámicos y su evolución his- tórica, han originado variaciones y fluctuaciones que aparecen, si no en cuestiones de principio, al menos en la interpretación y las modalidades de aplicación de las instituciones religiosas. En distintos lugares y mo- mentos, la fuerza normativa de algunas reglas se pone de manifiesto y se refuerza, 0, por el contrario, queda relegada a una simple posición preferida o, incluso, caduca. Pero de nuevo hemos de revisar aquí con bastante rapidez las prin- cipales funciones, todas derivadas de finalidades religiosas, a las que la ciudad islámica debe responder. Por lo que concierne a los diversos or- ganismos establecidos para tales fines, nos limitaremos sencillamente a esbozar su trasfondo religioso, conscientes de que la forma y contenido de los organismos políticos, jurídicos y sociales será comentada en deta- lle, y mejor, por arte de otros especialistas.

en deta- lle, y mejor, por arte de otros especialistas. El poder ejecutivo La comunidad medinesa,

El poder

ejecutivo

La comunidad medinesa, a la que se le ordenó “iobedeced a Dios y a su

Enviado!”

obedece a

(VIII,

ll,

porque “Quien

obedece al Enviado,

Instiruciones

17

religiosas

Dios” UV, 80), es el prototipo de la nación musulmana, cuyo líder su- premo es el califa o iman, el sucesor del Profeta en cuya persona se en- cuentran unidas todas las atribuciones de la autoridad espiritual y del poder temporal. Su misión no es legislar, dado que la ley coranica ha sido promulgada completa y definitivamente, sino crear las condiciones

de dicha ley y vigilar su aplicación. Se

trata de un mandato ejecutivo que, al estar basado en la legislación

otorgada como instrumento de la justicia divina, tiene, ademas, autori- dad judicial. Para garantizar la seguridad de los paísesbajo su dominio, encabe-

zar el jihüd

la administración, el califa organiza su ejército y delega su mando en

oficiales que establece en provincias y ciudades o a los que atribuye cir- cunscripciones. Las caracteristicas y los títulos de dichos oficiales va- rían según las épocas y los paises: ministro o visir, gobernador o valí, lugarteniente (nã’ib), comandante en jefe (amir, @‘id), recaudador de impuestos t‘&?riD, bajá, etc. Su misión consiste en mantener el orden dentro de la ciudad, creando una policia (Surta) que la proteja de sus enemigos exteriores, recaude los impuestos y distribuya las rentas pú- blicas, ademas de dirigir los servicios públicos no asumidos por las ins- tituciones religiosas. Por consiguiente, se trata de una misión temporal que, sin embargo, en un contexto donde política y religión no estan di- sociadas, secumple conforme a normas impregnadas de mentalidad re- ligiosa y responde a un deber de solidaridad para con la comunidad. Es cierto que la preocupación del califato omeya por afirmar su po- der politice, y la consiguiente transformación del califato en una mo- narquia autocrática bajo los abasíes,supusieron una temprana díferen-

ciación entre las funciones político-administrativas, de un lado,

ridico-religiosas, de otro; diferenciación que se acentuó con

santa) en las fronteras, y atender las necesidadesde

necesarias para el cumplimiento

(guerra

y las ju-

la fragmen-

tación del mundo musulmán en una miríada de entidades autónomas. Ahora bien, únicamente con la introducción de constituciones politícas nacionales copiadas del modelo occidental, y con la abolición del cali- fato turco en 1924, se produciría la ruptura final entre el poder ejecu- tivo y la religión en la mayor parte del dãr al-Mim. Claro está que semejante cuadro, un tanto esquemático, precisa to- davía algunas matizaciones. A lo largo de la historia, el califato, o SU equivalente, es decir, la autoridad de un líder virtuoso, iluminado en los asuntos del saber religioso e investido de poder por decreto divino, en los circulos sunnies siempre ha sido aclamado por los alfaquíes como

e investido de poder por decreto divino, en los circulos sunnies siempre ha sido aclamado por

38

Jean-Louis

Michon

única fuente de gobierno legítimo. No existe un solo pais musulmán donde, en algún período de su historia, no haya habido príncipes o di- nastias que gobernasen en virtud de este principio. Todavía hoy algu- nos estados musulmanes no admiten mas ley oficial que la .Jari’a, en cuyo nombre son gobernados, mientras que otros, a pesar de haber adoptado ya una legislación de tipo occidental, intentan adaptarla -0, por lo menos, no enfrentarla- a la ley religiosa, y por ello requieren el consejo de expertos en tradiciones legales. Así sucede, curiosamente, que las instituciones políticas del Islam sunní han evolucionado en un sentido que las aproxima a las posturas adoptadas hace mas de mil años por el Si’ísmo duodecímano; posturas que, si bien desaparecidas de la escena política con la ocultación del iman al-Mahdi, han seguido influyendo, no obstante, sobre la conducta de los soberanos temporales y la gestión de los asuntos de Estado, mediante las opiniones expresadas por sus hombres ilustrados

(mu#ahidün).

Tal actitud parece connatural con la conciencia musulmana de estar imbuidos de la noción de que “todo está en manos de Dios” (XIII, 3 11. Así pues, Dios puede ejercer su gobierno como Él quiera y por medio

de quien Él quiera. “iobedeced

toridad!” (IV, 591, es lo que Él ordena a los creyentes, de manera que

estos quedan obligados

quienes la detentan no contravengan abiertamente los preceptos de la Ley Revelada, y con tal de que acepten; hasta donde sus medios y capa- cidades lo permitan, el deber de trabajar en pro del establecimiento o

restauración del reinado de la justa ley de Dios en sus ciudades.

a aquéllos de vosotros que tengan au-

a reconocer a la autoridad constituida mientras

tengan au- a reconocer a la autoridad constituida mientras La autoridad judicial La noción de justicia

La autoridad

judicial

La noción de justicia

es fundamental en el

Islam. El reino del Islam (dür

al-Zsfüm) es llamado también el “reino de la justicia” (dür al-‘adb, por- que la ley que prevalece en él es la de Dios “el Justo” tu/-‘Adh.

Todas las obligaciones y prohibiciones de la Sari’a, así como sus vir- tudes, que para el creyente son corolario y resultado de su sumisión a la voluntad y sapiencia del legislador divino, remiten al mismo punto, re- sumido en las fórmulas clasicas de la jurisprudencia: “Dar a cada cual lo suyo”, o, mas explícitamente, “respetar los derechos de Dios y los de los hombres”.

Insliluciones 39 religiosas Así, cada función de la ciudad se organiza en torno a una

Insliluciones

39

religiosas

Así, cada función de la ciudad se organiza en torno a una relación contractual (‘ahd), el pacto original en virtud del cual Dios puso al hom- bre sobre la Tierra como vicario suyo, y que el hombre aceptó asu- miendo esta misión: el deber de proteger, por parte de quienes detentan

la autoridad, que queda equiparado al deber de obediencia a aquéllos

por parte de los súbditos; y contratos que gobiernan las transacciones,

sociales o de otro tipo, de la ley privada, por la que los hombres secom- prometen entre si, pero sin perder de vista nunca las prerrogativas so- beranas de Aquél que estableció el status de todas las cosasantes de que

se produjera ninguna intervención de los seres humanos. La afinidad entre esta concepción y la visión platónica de la socie-

dad justa es evidente. De modo similar, cuando al-Fãrãbi describía, en

el siglo IV (X1, el ideal de ciudad virtuosa (madina füila), delinia, en su

calidad de musulmán no menos que como discípulo del platonismo, sus

fines y medios:

Hacerque los hombres,en estavida y en estemundo, disfruten al máximo la felicidad y delicias de la vida futura por medio de instituciones comunitarias fundadasen la justicia y en la confraternidad.

A fin de que pueda prevalecer el orden decretado por Dios, la ciudad

debe depender de aquellos hombres que tengan, ademas de un pro- fundo conocimiento de las fuentes y ramas de la religión, cualidades morales probadas que garanticen su posesión de “un sentimiento de lo que es justo” (‘adüla). El Coran (IV, 135) describe asi esta cualidad:

icreyentes! Sedíntegrosante la justicia, cuando depongáiscomo testigosde Dios, aún en contra vuestra,o devuestrospadreso parientesmáscercanos.Lo

mismo si esrico que si espobre, Dios estámáscercade él. No sigáisla pasión

faltando a la justicia, Si levantáis falso testimonio u os zafáis, informado de lo que hacéis.

,Dios estábien

A

nivel urbano, la autoridad judicial esta representada por el cadi, que

es

nombrado por el califa o jefe del ejecutivo. Instalado en la mezquita,

a menudo se recurre a él para que pronuncie la ,ju!ba del viernes. Su do-

minio es la fari‘a y se extiende a todas las prescripciones coránicas, cuya aplicación a cada caso concreto debe llevar su aval. Sanciona el matrimonio y el divorcio, se ocupa de que sean cumplidas las últimas voluntades, y vela por los intereses de los huérfanos y de las personas incapacitadas. Pero, ante todo, juzga los litigios que le son presentados

40

Jean-Louis

Michon

y aplica los castigos previstos al efecto, en el Corán, para los delitos pú- blicos o privados. Para fundamentar sus veredictos sobre una base mas segura, el cadí consulta frecuentemente al muftí, asesor legal al que tiene la obligación de trasladar los problemas de jurisprudencia, de conformidad con el de- ber del lider de consultar (G-à) a otros (Corán, III, 1591.Desde que, en el ámbito del Islam sunni, las “puertas del ij2ihãd -la reflexión perso-

nal- quedaron cerradas”, el mufti debe basar sus decisiones (fetuasl en

los precedentes contenidos en las colecciones de fiqh; no pronuncia jui- cios sobre los actos, ni establececastigos o compensaciones, sino que se limita a exponer las normas teóricas o prácticas sobre las que ha basado su decisión, y determina sus modalidades. Finalmente, para ayudarle en sus tareas, el cadi designa a ciertas personas como testigos legales (Subid, ‘udri& cuyo papel es esencial para dar validez a los juramentos. Como los notarios, estos funciona- rios registran las declaraciones formales que podran reproducir cuida- dosamente en un litigio o en un juicio, y constituyen una élite respetada en el seno de la burguesia musulmana.’

Lu

instrucción

religiosa

El papel asignado a los funcionarios encargados de administrar la justi- cia explica, con toda claridad, por qué el aprendizaje de los estudiosos

de la ley (ulemas, alfaquíes), de cuyas filas han de salir aquéllos necesa- riamente, ha sido exaltado a la categoría de “deber de suficiencia” para la comunidad. En realidad, para un musulmán no existe distinción mas preciada que la de ser acreditado con el saber (d‘ilm), es decir, con el conoci- miento de la Ley Revelada. “Aquél a quien Dios quiere bien -dijo el Profeta-, le hace instruido en materia de religión”. Y en otra ocasión

dijo: ‘Un solo erudito

nas que mil hombres entregados a la plegaria”. ¿o’ cual no significa, desde luego, que un sabio pueda prescindir de las prácticas rituales, sino que estas, combinadas con una inteligente comprensión de su sig- nificado, adquieren una fuerza contrarrestadora casi invencible contra las tentaciones, los errores y las implicaciones emocionales. La fortaleza

de la Ley (alfaquil tiene mas fuerza contra Sata-

1.

Cf. E. Tyan, Hismire

de

I’organisarion

judiciare

enpays

d’lslam,

Paris, 1939 y 1943

Imtiluciones

41

religiosas

Imtiluciones 41 religiosas que los alfaquíes adquieren por su ‘ilm les autoriza a “atar y desatar”

que los alfaquíes adquieren por su ‘ilm les autoriza a “atar y desatar” (ah1 al-hall w-l-‘uqd)” los compromisos contractuales con que estan forjadas las vidas de los ciudadanos. La institucionalización de la instrucción religiosa mediante el esta- blecimiento de las primeras universidades, y mas adelante, de las mad- rasas (escuelas superiores), en la misma época en que se inauguraban los grandes “métodos” de la jurisprudencia, no debe llevarnos a ocul- tar una realidad duradera y aún viva, es decir, el manejo espontaneo del Corán y de la Sunna en todos los niveles de la sociedad y en las di- versas etapas de la existencia. Para el niño, el momento de empaparse de la palabra divina comienza en la escuela coránica (kuttüb), donde puede adquirir el respetado titulo de hãj@ (memorista) si consigue

aprenderse de memoria todo el Corán. En el entorno de su familia y ambiente social, oye lecturas religiosas y escucha historias de la vida del Profeta y de sus Compañeros. Tan pronto llega a una edad suficiente para rezar, oye las exhortaciones del imán en la mezquita. La instruc-

ción pública es impartida por los ulemas casi siempre de forma

“en la senda de Dios”, dentro de las mezquitas de la ciudad o en las

donde una audiencia compuesta por gentes de todas las clases

sociales escucha las lecciones de exégesis coránica, hadi<, teologia e, in-

cluso, exposiciones de escritos sobre temas de mistica (tmnvwuj). Al perpetuar el don por cuya mediación Dios “ha enseñado al hom- bre lo que no sabia” (Corán, XCVI, 51,la instrucción religiosa a gran es- cala sigue constituyendo uno de los factores más operativos para el mantenimiento y la supervivencia de la civilización islámica. Aunque la adquisición del conocimiento necesario para cumplir una función reli- giosa legal requiere efectivamente muchos años de asiduo estudio, para el que las universidades y madrusas son perfectamente apropiadas, con todo no existe ningún ciudadano, incluso de cultura media, que no pueda ejercer un papel consultivo en el seno de la comunidad, dirigir las oraciones como un imán y, a través de su conocimiento de los pre- ceptos de la ley, practicar el mandato coránico de “alabar la bondad’ en su propio ambiente.

gratuita,

züwiyus,

la bondad’ en su propio ambiente. gratuita, züwiyus, l Ár.: gente de la desatadura y de
la bondad’ en su propio ambiente. gratuita, züwiyus, l Ár.: gente de la desatadura y de

42

Jean-Louis

Michon

El mantenimiento

de las normas

morales

y el ,fomento

del

bien

“Ordenan lo que esta bien, prohíben lo que esta mal”. Semejante es el recto deber de un hombre justo (@li~l, junto con la fe en Dios, tanto si pertenece a la “gente de la Escritura comunidad honrada” (Corán, III, 113-114), como si es de la comunidad a la cual fue enviado Mahoma (III, 104-l 101. Todo musulman esta obligado, en las condiciones definidas por la

derra-

mamiento de sangre, a criticar y denunciar los actos públicos y priva- dos contrarios a los limites (hudúd) impuestos por Dios, y, si esta en su

mano, a rectificarlos

Ahora bien, ante todo es el aspecto moral de esta exhortación corá-

nica a “ordenar

jurisprudencia, y, excepto en casos de fuerza mayor, evitando el

para restablecer el orden en la comunidad.

el bien” (al-amr bi-l-ma’rGf7 de palabra y obra lo que se

ha retenido en la vida urbana como deber individual, mientras que la

corrección efectiva de los delitos se ha considerado como una responsa- bilidad colectiva. En cuanto tal, pasó a ser atribución del cadí y de otro funcionario nombrado por él, el almotackr (mu@sib), personaje verda- deramente típico de la ciudad islámica clrkica.

de las normas de

moralidad (hisbu)“, comportamiento social y seguridad pública, el al- motacén vigilaba el cumplimiento de deberes religiosos tales como la oración de los viernes, el ayuno, el trato correcto entre hombres y mu- jeres en la calle, la seguridad de las casasy la limpieza de las vías públí- cas. Intervenía en las escuelas contra los maestros que pegaban a sus alumnos, recibía las quejas de los esclavos mal alimentados o maltrata- dos, e impedía que los dueños de bestias de carga las sobrecargasen. En las plazas del mercado y en los puestos de venta callejeros, supervisaba la honradez de las transacciones comerciales y la manufactura de ar- ticulos por parte de los artesanos; perseguía el fraude y la impostura, y denunciaba los precios desorbitados. Indicaba a los dirigentes (ami6 ári@ de las corporaciones, * * para que le ayudasen en funciones tan dis-

Como funcionario

encargado de la supervisión

l Conjunto de misiones de inspección encomendadas al almotacén (muhrasib), y, espe- ciíicamente, la vigilancia del cumplimiento ptiblico de los preceptos islknicos.

l * Utilizamos

este-término, en toda la traducción, siguiendo a É.

Lévi-Proven@,

Es-

paña

musulmana

hasta

la

caída

del

califato

de

Córdoba

(71

I-1031)

de 3.C

Institucio-

nesy

vida

socia/

e inrelecrual,

la voz árabe $nf(plural de “gremio”.

asn&

p. 178, Madrid, “categoria”,

1957, dado que el concepto implicito en no coincide exactamente con el occidental

43

Instiruciones

religiosas

43 Instiruciones religiosas pares, que vigilasen la calidad y honestidad de los servicios prestados a la

pares, que vigilasen la calidad y honestidad de los servicios prestados a la clientela de sus respectivos sectores.

Dicha institución,

que era considerada de carácter religioso (di-

n&vu), sobrevivió hasta el alba de los tiempos modernos. Luego fue des-

apareciendo gradualmente, ya que una parte de sus funciones fue tras- pasada a los funcionarios de policía o a las autoridades municipales; otra, a los cadíes; y algunas quedaron anticuadas, simplemente, a me-

dida

mal, considerándola en parte por influencia

tal- como una intromisión

a la

propia existencia de la comunidad musulmana, que es un cuerpo que sufre en su conjunto cuando uno solo de sus miembros se halla en- fermo, como vimos en el @di! mencionado antes. El vinculo de confra- ternidad (‘a-bijyo) o de solidaridad poseía, sin duda, fuertes raices en la sociedad árabe preislámica, en la que era uno de los condicionamientos

de la vida tribal y de clan. Pero fue el Islam el que le dio un hálito ente- ramente nuevo y un significado al extenderlo a la totalidad de los hom- bres que aceptan el Mensaje del Corán. La confraternidad entre los creyentes no originó la supresión de los

de un medio so-

cial particular -la nobleza de un nasab flinqje) pudo ser superada por la

que confería la piedad, pero no quedó abolida por ello- ni evitó tam-

so-

ciales, profesionales u otras. Al contrario, parece que, de hecho, la ad-

hesión a una fe común resultó

asociaciones muy diversas a lo largo y ancho del mundo islámico. Aun- que varias de ellas han contribuido a subrayar la naturaleza peculiar de grupos especificos, y otras han degenerado en puras facciones y han causado serias alteraciones dentro de las ciudades,Ralgunas han conse- guido extraer de las enseñanzas del Islam conceptos éticos de auténtica

favorable al establecimiento de clases de

poco la formación de nuevos grupos basados en afinidades étnicas,

lazos existentes entre compañeros de tribu o miembros

que el público se hizo mas intransigente

respecto a la censura nor- de la mentalidad occiden-

en la “libertad del individuo”.

Ordenar el bien y prohibir el mal son cosas inseparables unidas

8. El papel que en ello han desempeñado determinados grupos. milicias y ahdi! en Si- ria, y ‘úyy&in y ,fifyÜnen Irak e Irån, ha sido estudiado por C. Cahen, “Mouvements populaires et autonomisme urbain dans TAsie musulmane du moyen age”, Arabica, V/3, 1958, y VI/l-3, 1959. Véase también el articulo “futuwwa”, de Cahen y Fr.

Taeschner, en la Encyhpédie

ctas urbanas; los fi@aa constituian comunidades en las ciudades, para la práctica de

determinadas virtudes; se denominó furuwwa

isl&nico medieval].

de /‘Islam. 2a. ed. [*Los alydü! y los ‘ayyürün eran mili-

a cualquier comunidad laica del mundo

44 Jean-Louis Mchon relevancia universal. Asi ocurrió, por ejemplo, con las órdenes de caba- Ileria

44

Jean-Louis

Mchon

relevancia universal. Asi ocurrió, por ejemplo, con las órdenes de caba- Ileria (las fufutif orientales y los murãbi~ün del Magreb) y con las cor- poraciones profesionales @in&, @n,tus) antes de sufrir una decadencia similar a la de la hisba9 Y así aconteció, por excelencia, con las herman- dades de sufíes (&ruq, singular @-iqd, que se desarrollaron en las pri- meras ciudades del Islam (Basora, Küfa y Bagdad), representaron un papel considerable en la expansión del Islam (hacia la India y el sudeste asiático, el Magreb y el Norte de África), y cuya irradiación ha conser- vado una notable vitalidad hasta nuestros días. La influencia santifi- cante ejercida por los “amigos de Dios” (awliyã? y por los “pobres en Dios” cfiqurã’:jüquires) o los derviches islámicos, sobre la mentalidad y las costumbres urbanas, merecería por sí sola un estudio especial. En esta ocasión sólo podemos mencionarlas brevemente. Io

En esta ocasión sólo podemos mencionarlas brevemente. Io Epilogo Habría que decir muchas cosasmás para completar

Epilogo

Habría que decir muchas cosasmás para completar estesucinto esbozo de las instituciones religiosas de la ciudad islámica. En particular, y

aunque esto será tratado en otro lugar de este libro, quisiéramos dete- nernos un poco más en la célula básica de la ciudad que es la familia y

por decreto divino, establece su

naturaleza patriarca1 -la autoridad del padre o del abuelo sobre el con-

junto familiar- o la autoridad del marido sobre la esposa,que deriva de la afirmación de que

manifestar su jerarquía funcional que,

los hombrestienen autoridad sobre las mujeres en virtud de la preferencia que

Dios

ha dado a unos

más que a otros

y de los

bienes

que gastan (IV,

34),

el respeto y cortesía que el creyente debe a sus padres y, en especial, a la madre, que “le llevó con molestia y con molestia le dio a luz” (XLVI,

atribuido por la ley a las mujeres en

le dio a luz” (XLVI, atribuido por la ley a las mujeres en 9. En este

9. En este contexto, deberiamos aportar la opinibn de L. Massignon,

1924. ‘Si estas corporaciones desaparecen

Revue

drr

Monde

Mrsulmun,

p. 82.

quien escribia en

toda la vida social de las ciudades que-

dara amenazada por la regresión”, “Enquête sur les corporations musulmanes au

Maroc”,

LVIII,

10. Bellos ejemplos de esto, relativos a santos de los primeros siglos del Islam que vivie-

15); el status de capacidad limitada

ron en Basora, Küfa y Bagdad. son aducidos por E. Dermenghem, Viesdes zaim

sulmuns,

nueva edición. Argel, s. f., y, sobre la ciudad islimica contempor&ea,

T.

Burckhardt, Fes. Smdr

des

Islum.

Olten y Lausana, 1960.

mu-

por

45

Instituciones

religiosas

cuestiones relativas al matrimonio y al divorcio, al derecho hereditario

o a la prestación de testimonio legal, que, sin embargo, no afecta a su

naturaleza espiritual -puesto que, ;acaso hombres y mujeres no han sido “creado(s) de una sola persona”? (IV, 1l- ni a su stufus como cre-

yentes, porque estan ligadas a los mismos deberesde devoción para con Dios que los hombres y se les ha prometido la misma recompensa en el mas allá. Tampoco es conveniente que nadie pase por alto la sutil tela de araña de las convenciones extraídas del Corán y la Sunna, mediante las cuales la personalidad musulmana se expresa, tanto a nivel individual

como colectivo: las normas de cortesía (udub li-l-nãs), que incluyen los

gestos, actitudes y

palabras utilizados por los hombres al saludarse; las

felicitaciones para los momentos afortunados; el consuelo en las prue- bas de la vida; la invocación de Dios como testigo de su dependencia común respecto del Todopoderoso; la esperanza en su piedad infinita; y

el correcto comportamiento para con Dios (udub li-ll<ih), que incluye el

uso de atuendos tradicionales y de cubrecabezas, siendo el turbante el simbolo por antonomasia de la dignidad de creyente y de su alianza con

el cielo, tanto como la pronunciación de determinadas fórmulas corani-

cas como in Sü’Allüh (“iSi Dios quiere!“), con la que el siervo enuncia

una intención

sin olvidar que todas las cosasson ordenadas por Dios; la el nombre de Dios!“), y la hamdulu (“iDios seaalabado!“)

con que un creyente inicia y termina sus actos aceptando que sólo Dios

dispone todas las cosas y dispensa todos

busmulu

(“iEn

los beneficios.

Estas observaciones nos llevan a afirmar que las instituciones reli-

giosas constituyen una especie de matriz -antes hemos empleado el

ejemplo de la pirámide y sus lados- en la que la personalidad musul- mana se halla realmente envuelta en el recuerdo de la unidad divina. He ahi por qué ninguna enumeración de los preceptos y reglamen- tos de la ley religiosa, por detallada que fuese, podría agotar el conte- nido de la vida musulmana. En el marco institucional que la conforma hay transformaciones y sintesis en marcha, auténtica alquimia espíri- tual que se lo debe todo al Islam pero que trasciende sus aspectospura- mente normativos. Para convencerse de ello basta considerar las producciones del arte islámico -que transmiten una visión de la realidad homogénea, original

y siempre verdadera para consigo misma, a traves del tiempo y del es-

pacio- que ni los ritos religiosos ni las prescripciones legales o jurídicas han tratado nunca de definir específicamente; o ponderar las enseñan-

46

Jean-Louis

Michon

46 Jean-Louis Michon zas y escritos que nos han legado los místicos y pensadores, el legado

zas y escritos que nos han legado los místicos y pensadores, el legado filosófico y metafisico de hombres como Avicena, Ibn ‘Arabi o Mulla Sadrã, o las canciones de amor divino de Ibn al-F&@, al-Rümi e innu- merables sufíes mas. La realidad es que el mensaje revelado tiene dos dimensiones o as- pectos: uno hacia el exterior y superficial, otro hacia dentro y pro-

fundo. El primero es la Ley CiS’u), que obliga a todos los hombres res- ponsables, les vincula a ella por la razón y reglamenta sus facultades de sentir y actuar; seguida al pie de la letra, induce al restablecimiento de las criaturas en su status originario y las conforma para que alcancen la felicidad prometida en el mas allá. El segundo es la Verdad (Jzuqiqa),que concierne a las realidades esenciales ocultas tras las apariencias y sólo es perceptible para el “ojo del corazón” abierto a la contemplación. Es a modo de una anticipación, en este mundo, de la visión que Dios con- cede a sus intimos. Ir

La

comunidad islámica ha reconocido, desde sus inicios, la existen-

cia de una jerarquía de cualificaciones espirituales entre sus miembros, de una gradación basada no en criterios sociales o externos cuales-

quiera, sino en el grado de inmersión de un hombre en su fe religiosa. Así, como en la terminologia del famoso “@dí{ de Gabriel”, se habla de tres categorías de fieles: el muslim (musulmán), que cumple los cinco pí- lares de la religión; el mu’min (creyente), que se adhiere a la fe sincera en las verdades reveladas; y el mu& (virtuoso), que adora a Dios como si le viese, “porque aunque tú no le veas, Él te ve a ti”. Sabiendo que su objetivo consiste en lograr que los hombres vivan conscientemente bajo la mirada de Dios, para que cada uno pueda reci- bir su debida parte de Luz y Gracia, a las que se halla destinado, la cíu-

dad islámica

se ha

esforzado, desde antiguo, por preservar sus ínstítu-

ciones como

medios providenciales de este florecimiento.

Y es un

he-

cho evidente que las potencialidades contemplativas que el Islam im- plica no han sido expresadas nunca con tanto vigor, en el arte, la filoso- ha y el misticismo, como en los períodos en que la Juri’u era la gran Ley de la ciudad.

períodos en que la Juri’u era la gran Ley de la ciudad. I 1. Para el

I 1. Para el análisis de estas ideas basado en las ensetianzas de la escuela Sãdilí, cf. J.-L.

Michon, Le so&

sulmane, p. 57-63 y passim, Paris, 1973. [‘La cofradia, asociación o escuela Fãdili fue fundada por ‘Ali al&$li, de Túnez-m. I256-, y se extendió por el norte de kica, Egipto, Turquia. etc.].

marocain

Ahmad

ibn

‘Ajiba

er son

Mi‘rãj,

glossaire

de

la

&srique

mu-

Instituciones

41

religiosas

Estos períodos parecen ser cosa del pasado. Tras haberse apoderado de las instituciones políticas, la secularización se ha extendido a los do- minios de la ley pública y privada, la enseñanza, la practica fiscal y lo judicial. En la actualidad, la unidad de la comunidad musulmana se en-

cuentra mas comprometida

las disensiones ideológicas, que raramente tienen algo que ver con los intereses últimos de los creyentes. iCómo debería reaccionar la Ciudad ante el desafío del presente y, al mismo tiempo, seguir siendo islamica? Yo no estoy preparado, cier-

a una pregunta que, desde hace tiempo, ha he-

cho derramar mucha tinta y ha preocupado mucho a un gran número de mentes ilustres. Solamente se puede expresar el ferviente deseo de que las esperadas,y necesarias, reformas se harán con el espiritu del Is- lam, y confiar en que el cuadro que hemos trazado de las instituciones religiosas, intangibles “pilares del Islam”, por un lado, y funciones de la comunidad, por otro, firmes en sus principios pero abiertas a las modi- ficaciones y adaptaciones en su aplicación efectiva, pueda ayudar a quienes se esfuerzan por preservar el papel salvador de la Ciudad a va- lorarlas justamente.

tamente, para responder

que nunca por las rivalidades nacionales y

“Quien sepa que lo que Dios te ha revelado es la Verdad, iserá como el ciego? Sólo se dejan amonestar los dotados de intelecto. Quienes observan fielmente la alianza con Dios y no violan lo pactado, quienes mantienen los lazos que Dios ha ordenado mantener y tienen miedo de su Señor y de que les vaya mal al ajustar las cuentas, quienes tienen paciencia por deseo de agradar a su Se- ñor, hacen la azalá, dan limosna, en secreto o en público, de lo que les hemos concedido y repelen el mal con el bien, ésos tendrán la Morada Postrera, los ”

Jardines del Edén

(Corán, XIII,

19-23).

I n t e r i o r d e l a m e z
I n t e r i o r d e l a m e z
I n t e r i o r d e l a m e z
I n t e r i o r d e l a m e z
I n t e r i o r d e l a m e z
I n t e r i o r d e l a m e z
I n t e r i o r d e l a m e z
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I n t e r i o r d e l a m e z
I n t e r i o r d e l a m e z

Interior

de

la

mezquita

BadSasl.

Labore.

Pakiscan.

[fij/o:

Unesco/Sanaul

Haque.]

a m e z q u i t a B a d S a s l
2 Instituciones jurídicas Muddathir Abdel-Rahim (Sudán) Antes de adentrarnos en el examen de cualquiera de
2 Instituciones jurídicas Muddathir Abdel-Rahim (Sudán) Antes de adentrarnos en el examen de cualquiera de

2 Instituciones jurídicas

Muddathir

Abdel-Rahim

(Sudán)

Antes de adentrarnos en el examen de cualquiera de las peculiares insti- tuciones juridicas que gobernaron las ciudades islámicas tradicionales,

es preciso considerar, aunque seabrevemente, algunos de los principa- les rasgos del caracter social de dichas ciudades, y los conceptos juridi- cos en que se fundamentaron su modo de vida y su administración,

puesto que,

instituciones juridicas y administrativas de las sociedades islámicas,

tanto urbanas como rurales.

sólo en este contexto, pueden entenderse correctamente las

sólo en este contexto, pueden entenderse correctamente las Consideradas como entidades sociales, las ciudades

Consideradas como entidades sociales, las ciudades islámicas tradicio-

nales se caracterizaron indudablemente, entre otras

cosas, por la exis-

El carhcter social y juridico

de las ciudades isltiicas

tencia, entre sus habitantes, de un sentido de unidad y de cohesión so- cial fuerte y muy desarrollado.

Pero el hecho de que este sentido de la unidad no fuese expresado, juridicamente hablando, en forma de autonomía municipal y de auto- gobierno local, como había ocurrido en las ciudades europeas tanto en la antigüedad como en la época medieval, ha originado algunos debates acalorados y una dosis de confusionismo no despreciable en determina- dos ámbitos. Así, inducidos a error bien por su propio y ciego eurocen-

trismo, bien por la aceptación sin reservas de los modelos y generaliza- ciones de Max Weber, supuestamente sociológicos y libres de valores, algunos escritores y tratadistas han afirmado que los centros urbanos de los paises musulmanes, lejos de ser ciudades en el sentido del tér-

mino que consideran apropiado,

raciones de grupos e individuos inconexos. ’

apenas pasaron de ser meras aglome-

1. Vkase. por ejemplo, el akiculo de S. M. Swn.“The Constitutton of the Islamic City”,

de S. M. Swn.“The Constitutton of the Islamic City”, en r/w /s/utnic Ci!l,. A Co//~~yuirun(editado por
de S. M. Swn.“The Constitutton of the Islamic City”, en r/w /s/utnic Ci!l,. A Co//~~yuirun(editado por
Y esto es lo mas sorprendente, ya que la rica y variada masa de do-
Y esto es lo mas sorprendente, ya que la rica y variada masa de do-
Y esto es lo mas sorprendente, ya que la rica y variada masa de do-

Y esto es lo mas sorprendente, ya que la rica y variada masa de do-

cumentación histórica que se nos ha legado desde diversas partes del

mundo musulmán, y a través de todas las épocas, demuestra clara- mente que las ciudades islámicas, tal vez con la excepción de las fases mas tempranas de su desarrollo, fueron comunidades integradas, con un característico y fuerte sentido de unidad y cohesión social. Esto era consecuencia directa del hecho de que los habitantes de dichas ciuda- des, por supuesto, eran en su mayoría musulmanes que, guiados por

sus ulemas, procedieron

base de los valores socio-religiosos islámicos. Y el Islam, como

conscientemente a edificar su sociedad sobre la

es bien

sabido, no sólo rechaza la discriminación por motivos de raza o de con- dición social, sino que favorece positivamente, entre sus seguidores, el desarrollo de poderosos lazos de hermandad y solidaridad, lazos que,

aún en la actualidad, siguen siendo fuertes y sin parangón.2 En realidad, ha sido por esta razón, es decir, la integración de las so-

ciedades musulmanas sobre las basesdel Islam,

alternativas de asociación política, raciales, territoriales o municipales,

han sido rechazadas o superadas hasta nuestros dias. La ausencia de autonomía municipal y de autogobierno local al es- tilo europeo, sin embargo, no impidió -no podía hacerlo- que, en todo el mundo musulmán, desde al-Andalus hasta la India, y aún mas lejos, las ciudades floreciesen como grandes centros de cultura y comercio no sólo islámicos, sino también internacionales. Dado que las ciudades islámicas se organizaban sobre basesdistin- tas de la autonomia municipal y el autogobierno local, que eran carac-

teristicos de sus correspondientes en Europa, resulta que las institucio-

nes jurídicas y administrativas de las ciudades islámicas

podían poseer, un carácter representativo comparable al de los munici- pios europeos. Y las personas encargadas de la responsabilidad de ges- tionar y dirigir dichas entidades tampoco podían asumir las atribucio- nes de representantes o portavoces del pueblo, a excepción, tal vez, de las épocas en que la autoridad del Estado se había derrumbado, como, por ejemplo, durante el interregno entre dos regimenes; y entonces, de todos modos, solamente podían hacerlo hasta la aparición de un nuevo “soberano”. i

por lo que otras formas

no poseían, ni

2. Una buena introducción sobre el tema puede encontrarse en W. Montgomery

Islam

and

rhe

Inregrurion

»fSociety.

Londres, 1961.

Watt,

de estas circunstancias, quienes estaban encargados jurídicas y administrativas de las ciudades islámicas eran, por
de estas circunstancias, quienes estaban encargados jurídicas y administrativas de las ciudades islámicas eran, por

de estas circunstancias, quienes estaban encargados jurídicas y administrativas de las ciudades islámicas

eran, por el contrario, representantes del califa o del sultán. De él reci- bían sus nombramientos, directa o indirectamente. En su nombre, y bajo su supervisión I) la de sus lugartenientes-, procedían a adminis- trar la ciudad y a cumplir sus restantes obligaciones implícitas. Aunque hayamos destacado su carácter no representativo y el he- cho de que fuesen delegados gubernamentales, debe recordarse, no obs-

tante, que los encargados del funcionamiento de las instituciones juridi- cas y administrativas de las ciudades islámicas, no eran, en absoluto, ni

agentes personales ni servidores este, como los que él nombraba,

dad musulmana, estaban sometidos igualmente, y sin excepciones, al mismo y único conjunto de leyes de la Suri’u.

Puesto que dichas leyes se basaban primordialmente en el Islam en

cuanto religión, todos los cargos oficiales, desde el de gobernante su- premo hasta la función mas humilde desempeñada en la plaza del mer- cado o en la policía, han sido considerados tradicionalmente como ins- tituciones religiosas. 4 Esto implica una concepción de la ley y de la religión que requiere ciertas precisiones. Expresada brevemente, la cuestión reside en que, en el Islam, los aspectosmateriales y espirituales de la vida son contempla-

dos como un

cas o modos de existencia. Por ello el sistema islámico de leyes (Suríá)

se ha desarrollado como un cuerpo

tanto a la regulación de todas las facetas de la vida social y privada, en sus formas terrenas, como a la oferta de una guia moral y espiritual para los seres humanos, con vistas a su ilustración y a su consiguiente salvación en la otra vida. 5

Con excepción de las instituciones

del propio gobernante. En efecto, tanto y los restantes miembros de la comuni-

continuum mas que como conjunto de entidades dicotómi-

de directrices global que concierne

op. cit., p. 33-6, pero de modo totalmente erróneo. El termino “soberano” se ha a-

crito entre comillas porque, en un sentido estricto, según el pensamiento y la jurispru- dencia islámicos la “Soberanía” pertenece sólo a Dios.

4. Los trabajos clásicos de los juristas -incluyendo los de al-Mãwardi e Ibn Taymiyyit

coinciden en este punto. Vease también Ibn Jaldùn, The Muqaddimah,

glesa de F. Rosenthal, Nueva York, 1967,I. p. 448-65.

traducción in-

52 Muddathir Abdel-Rahim Por esta razón -unida al hecho de que el Islam no cuenta

52

Muddathir

Abdel-Rahim

52 Muddathir Abdel-Rahim Por esta razón -unida al hecho de que el Islam no cuenta con

Por esta razón -unida al hecho de que el Islam no cuenta con una clase sacerdotal ni con sacramentos-, a veces la doctrina islámica ha sido definida (un tanto paradójicamente, quizas) como religión secular. Respecto a las instituciones legales, el cakcter humano y práctico del Islam se refleja con claridad en el hecho de que, durante siglos, los juristas han aceptado plena y formalmente los ‘üdüt (hábitos locales)

como legítima fuente de la legislación, junto al resto de principios clási- cos de acuerdo con los cuales habían sido elaboradas las normas de la Saría. En al-Andalus y Marruecos, especialmente, los juristas de la es- cuela málikí llegaron incluso mas lejos: consideraron que, en determi- nadas condiciones, la conducta habitual de la gente, no sólo la de Me-

dina, sino también la de Córdoba o Fez (‘ama1 ah1 Qurtuba

wa-‘ama1

ah1

Fás, “la práctica

de

la gente

de córdoba

y la práctica

de

la gente

de Fez”),

podía seguirse con preferencia a determinados tipos de l,zudiE (tradicio- nes del Profeta).6 Como era de esperar, todas esascualidades de globalidad y flexibili- dad quedaron reflejadas en el carácter y funciones de los diferentes mé- todos e instituciones ideados en el seno de las comunidades musulma- nas para administrar sus asuntos, tanto en las ciudades (donde la vida buena, según la contempla la Suri‘u, podia conseguirse mas fácilmente), como en cualquier rincón del dár al-Mim.

Instituciones

como en cualquier rincón del dár al-Mim. Instituciones concretas Las principales instituciones relacionadas con la

concretas

Las principales instituciones relacionadas con la interpretación y aplica- ción de las leyes en las ciudades musulmanas tradicionales (bajo el ca- lifa o el sultán) eran: a) el vali (til?J o ‘ümif, gobernador provincial, asis- tido generalmente por la Sur,tu o policía; b) el cadí (q@ o juez, ayudado

por un grupo de testigos cualificados o notarios (Suhlid,

‘udUlJ;

c) el al-

motacén (mu&zsib)

o zabazoque @ü@b al-sUq),

inspector de los merca-

dos y de la moralidad pública, ayudado por los dirigentes de los diver-

de los barrios

ayudado por los dirigentes de los diver- de los barrios sos oficios (‘ari& o ami& y

sos oficios (‘ari&

o ami&

y por los ‘arij% (representantes)

6. Vkase, por ejemplo, Sidi ‘Abd al-Samad Gannün, ~OU,IJ,zulrr ti/-& /i .Y?urh nu:m ‘umu/ ahl Füs, El Cairo, s. f., y Schacht, op. cit., p. 61 y s. Agradezco a 10s profesores

Ibr&im

ciOn sobre esta faceta particular del pensamiento legal magrebi.

al-K&&

y ‘Abdullãh

Gannùn que, por primera vez, hayan fijado mi aten-

urbanos (ha&); y d) los lideres de las comunidades protegidas (dim- mies), es decir, judíos
urbanos (ha&); y d) los lideres de las comunidades protegidas (dim- mies), es decir, judíos

urbanos (ha&); y d) los lideres de las comunidades protegidas (dim- mies), es decir, judíos y cristianos, que, de acuerdo, con los preceptos de la Sari’a, gozaban de una especie de estatuto autónomo en las ciudades del dür al-Islüm y, por ello, constituían una categoria especial de su ad-

ministración. 7Por

instituciones basicas. Como era de esperar, la variedad de costumbres y condiciones loca- les que existían en las diferentes partes del mundo musulmán, unida a las modificaciones de las circunstancias que se producían de vez en cuando en dichas Leas, quedaron reflejadas en el estilo y en el funcio- namiento real de cada una de las instituciones que consideramos. Dado que todas estasvariaciones no pueden ser tratadas dentro de los límites del presente trabajo,8 el siguiente estudio intentará indicar los rasgos fundamentales de cada una de las instituciones en cuestión tal como se desarrollaron en las ciudades musulmanas en general. Sin embargo, aduciremos algunos ejemplos tomados, específicamente, de las expe- riencias de Fez en la época benimerín, y de Damasco en tiempos de los

mamelucos.

esta razón, aquí nos ocuparemos de las tres primeras

esta razón, aquí nos ocuparemos de las tres primeras El valí o el ‘ami1 La función

El

valí

o el ‘ami1

La función principal del oficial designado para desempeñar dicho

puesto era el mantenimiento de la ley y el orden en todo el territorio de

una determinada provincia o de un distrito (wilüyu, amãla).

En esta ta-

i l ü y u , ‘ a m ã l a ) . En esta

l. Sobre este tema vease, por ejemplo, la Encyclopédie

de

I’lslam,

2¿.

ed

II,

3. v.

“dimmi”. En su estudio sobre Damasco en tiempo de los mamelucos, Nicola Ziadeh

c& unos pasajes interesantes del pacto por el cual era nombrado el ba!rak Iparriarca) de los cristianos melquitas, “después de la elección de la comunidad, de acuerdo con

Debía gobernar según

re-

solver sus causas legales conforme a sus leyes sobre las herencias y el matrimonio Todas las parroquias, iglesias, monasterios y conventos se hallan bajo su jurisdicción” tcf. p. 87 y s.). Los judios y el resto de comunidades cristianas disfrutaban de un trato similar. La comparación con la situación de las minorias judia e islamica en Europa, tanto antes como después de instaurarse la Inquisición. resulta muy ilustrativa.

8. Entre otros, he consultado el ensayo de Ziadeh sobre Damasco (Oklahoma, 1964) ci-

las costumbres del cristianismo, para administrar sus asuntos

las leyes de su confesión religiosa

tratar a sus correhgionarios

con clemencia

tado antes y R. Le Tourneau, Fez in rhe Age CJ~//WMerinides, Oklahoma. 1961. Igual- mente, he empleado los libros de Sidi M. al-Murrir, Kirüb ul-ubha! ol-sÜm&u fi-/- mahükim al-islümiyya, Tetuán, 1952, y de ‘Abd al-Rahrnãn ibn Zaydãn. Al-‘Ix WI-

I-fa’wlah

fi

ma‘álim

nuzm

al-dawla,

Rabat. 1962.

Muddarhir

54

Abdel-Rahim

rea, era usualmente responsable de una gran urbe a la que estaba vin-

culado

En su calidad de gobernador de la ciudad, el valí, acomparíado por los miembros de su guarnición y de la Surp (policía), inspeccionaba por la noche, a menudo personalmente, las murallas y arrabales de la ciu- dad, y seocupaba de que los delincuentes y malhechores fuesen puestos a buen recaudo.

un cierto número de localidades menores, aldeas, etc.

A las órdenes del valí, la Su+ procedía a cumplir sus claSicasfun-

ciones de detectar e impedir los delitos. Para facilitar esta labor, la Surm

adoptaba medidas como encender lamparas en las calles y establecer centinelas y vigilantes nocturnos en los diversos barrios de la ciudad. En circunstancias normales, la guarnición de la urbe contribuía al mismo objetivo redoblando los tambores de la alcazaba durante la no-

che, tanto para señalar el paso de las horas a intervalos regulares, como para asegurarse de que los guardias y vigilantes permanecían despier-

y de sus habitantes, la

misión más importante del vali, en su calidad de protector, consistía en

cuando viajaban a través

de su wilüyu en ruta hacia los Santos Lugares del Islam. Como prolongación de su tarea de mantenimiento de la ley y el or-

den, el valí ejercía asimismo funciones de índole judicial, relacionadas con los delitos graves. En este sentido, era el responsable de la ejecu- ción de las condenas de encarcelamiento. En los casos de asesinato, no era raro recurrir a los castigos colectivos. Así, en Damasco, por ejem-

escoltar a las caravanas anuales de peregrinos

tos. Aparte de la protección regular de la ciudad

plo, los habitantes de un barrio urbano donde se había cometido

un crí-

men que se empeñaban en encubrir al homicida, eran obligados

a satís-

facer una indemnización por la muerte y a pagar, por otro lado, una

multa colectiva. 9

Otra función básicamente judicial que a menudo desempeñaba el

valí (o incluso el propio califa o sultanl, se relacionaba con los tribuna-

les de

especie de corte suprema administrativa, especializada en la investiga- ción y resolución de las denuncias formuladas contra personas ricas e influyentes, acusadas de haber abusado de su posición de privilegio para infligir injurias o injusticias a victimas que, por el contrarío, se ha- llaban indefensas. Io

ma@lim

(literalmente, agravios). Estos tribunales constituían una

(literalmente, agravios). Estos tribunales constituían una 9. 10. Ziadeh, op. cir, Al-Mu&, p. 78-9. op. cit.,

9.

10.

Ziadeh, op. cir,

Al-Mu&,

p. 78-9.

op. cit.,

II, p. 17-44

agravios). Estos tribunales constituían una 9. 10. Ziadeh, op. cir, Al-Mu&, p. 78-9. op. cit., II,
Ademas, el valí podía ejercer funciones puramente administrativas, como la recaudación de impuestos y el
Ademas, el valí podía ejercer funciones puramente administrativas, como la recaudación de impuestos y el

Ademas, el valí podía ejercer funciones puramente administrativas,

como la recaudación de impuestos y el nombramiento

díes y demas funcionarios de la administracion municipal o provincial.

y cesede los ca-

EI cadí

Como acabamos de indicar, el cadí (juez) no era, en absoluto, la única autoridad judicial de una ciudad o comunidad islamicas. Así, la justicia criminal, como hemos visto, era encomendada usualmente al valí y a la fur!a, mientras que los ma@im (tribunales de justicia administrativa) eran atendidos por el valí o por la máxima autoridad del país, II A los almotacenes (muhfasibs), como veremos a continuación, les incumbían también ciertos aspectos de la función judicial, mientras que los casos

controvertidos, que no podían resolverse a la luz de la legislacion vi- gente en un momento dado, eran transferidos normalmente a la juris- dicción del muftí, el cual, con bastante frecuencia, procedía a dictami- nar el caso ateniéndose a un celebre principio juridico: “al-&uürãt tubibu al-ma@irüt”(“las necesidadesanulan las prohibiciones”). Todo ello suponía que las funciones judiciales del cadí quedaban li- mitadas a cuestiones personales (tales como disputas matrimoniales o discusiones sobre herencias) y a asuntos de índole civil que implicasen,

por ejemplo, el incumplimiento

En su calidad de juez profesional, el cadi actuaba observando una imparcialidad absoluta entre los litigantes, y examinando cuidadosa- mente y evaluando las pruebas presentadas antes de proceder, final-

mente, a

ciones se inspiró y guió, en gran medida, por los sabios y elevados prin-

cipios encarnados en la famosa epístola que el califa ‘Umar envió a Abü Müsà al-AS’ari a raíz de su designación como cadí de Küfa. De acuerdo

con la esencia e influencia de dicha epístola, no estará de mas reprodu-

cir unos cuantos

pasajes de la misma en este contexto. Así, entre otras

cosas, la epístola recomienda a los jueces:

de un contrato.

dictar sentencia. La forma en que los cadíes cumplían sus fun-

1 1.

Ibid.,

/OC.cir.

Véase también el ensayo de Émile Tyan sobre la organización judicial

incluido

236-78, Washington, D. C., 1955.

en

Law

in

the

Middle

East (editado por M. Khadduri

y H. Liebesny),

p.

Muddarhir

56

Abdel-Rahim

una queja que

no sea vGla. Considera a todo el mundo por igual en tu tribunal y en tu atención, para que el noble no espere parcialidad de ti y el humilde no desespere de obtener tu justicia. El demandante debe aportar pruebas, y al demandado se le debe exigir juramento. Entre los musulmanes puede ser admisible el compromiso, pero no debe admitirse ningún acuerdo por el que se prohiba lo que esta permitido ni se per- mita lo que esta prohibido. Si emitiste tu veredicto ayer y hoy, reconsiderando el asunto, cambias de

Atiende los alegatos que se te presenten, porque es inútil aceptar

opinión, no debesconsiderarte impedido de retractarte por tu primer vere-

dicto, puesto que lo primordial

en la indignidad. Usa tu cerebro en los asuntos que te dejan perplejo y a los que no parecen

aplicablesni el Corán ni la Sunna. Estudia los casossemejantesy calibra la si- tuación por analogíacon dichoscasos.”

es la justicia y vale mas retractarse que persistir

es la justicia y vale mas retractarse que persistir Aparte de sus funciones puramente judiciales, un

Aparte de sus funciones puramente judiciales, un cadi también podía ser responsable del control de las fundaciones pías (awqãf; singular uxzti y de la supervisión del amplio conjunto de servicios sociales para los que se habían instituido los bienes habites. Esto significaba que el juez controlaba una considerable parte de lo que en la actualidad llamaría- mos “presupuesto municipal”, puesto que era el responsable de diver-

Por lo que se refiere a Fez, a

sos hospitales, escuelas y baños públicos.

menudo su cadí desempenaba asimismo, en relación con la mezquita- universidad de al-Qarawiyyin, un cargo equiparable al de rector o can- ciller de las universidades modernas de tipo europeo. r3

Además,

con el transcurso

del tiempo,

como

señala Ibn Jaldün,

el

juez urbano asumió responsabilidades tales como la administración de los bienes de las personas incapacitadas mentalmente, de los huérfanos, de los que se declaraban en quiebra y de los insolventes que estaban bajo custodia; también supervisaba el cumplimiento de las últimas vo- luntades y de las donaciones mortis causa, y gestionaba el matrimonio de las jóvenes casaderasque no disponían de tutores para concertarlo. l4

12. Citado por Ibn Jaldün, The Muqaddimah,

13. Le Tourneau, op. cir., p. 37-8.

1, p. 453-4.

Puesto que algunos benefactores de Fez y Damasco que instituian awclãferan amantes de los pájaros
Puesto que algunos benefactores de Fez y Damasco que instituian awclãferan amantes de los pájaros
Puesto que algunos benefactores de Fez y Damasco que instituian awclãferan amantes de los pájaros

Puesto que algunos benefactores de Fez y Damasco que instituian awclãferan amantes de los pájaros y deseaban que las rentas se destina- sen a la curación de aves enfermas o heridas, tanto en Fez como en Da- masco las responsabilidades del cadi, ya muy numerosas en el ámbito municipal, excedieron la provisión de servicios sociales para los hom- bres, incluyendo entonces las necesidades de algunos miembros del reino animal. Como era de esperar, el número y la diversidad de responsabilida- des sociales y judiciales de los cadies, hicieron precisa la ayuda de un determinado número de colaboradores y ayudantes. Algunos de ellos eran recaudadores de impuestos y censores de cuentas; otros eran espe- cialistas que trabajaban en diversos servicios dependientes del juez en su calidad de administrador de los awq?f Por lo que concierne a sus funciones puramente judiciales, el cadí era asistido por los Juuhlid(testigos).Originariamente casi todo el mundo podia ser llamado a testificar y admitido como &ihid (testigo). Pero, puesto que los testigos debían ser personas de recto proceder t udüb, no es extraño que, con el paso del tiempo, se desarrollase un sistema de se- lección. Esto originó la aparición de fuhúd o ‘udúl no sólo como grupo de testigos fidedignos, sino también en calidad de cuerpo notarial insti- tucionalizado que, ademas de registrar y certificar los documentos, re- solvía también causas menores con independencia del cadi. l5

El u/ww/ucér~(muhtasib)

Generalmente se admite que la base teórica e ideológica de esta institu- ción es el deber, que incumbe a todos los musulmanes, de promover el

bien y combatir el mal, es decir, la práctica de “al-amr

bi-l-ma‘rüf

wa-l-

nahy

‘ani-l-munkar”(“cumplir

lo conveniente

y rechazar

lo indeseable”).

A su debido tiempo, especialmente a partir de la época abasí, este

principio

gama de formas y contextos por el Profeta y sus sucesores, llegó a insti- tucionalizarse en el cargo oficial del muhtasib.

genérico, que había sido llevado a la práctica en una amplia

l6

15. Al-Murrir,

16. Además de los estudios mencionados antes, para este punto he utilizado los extractos de textos clásicos como los de al-Mãwardi, al-Gazãli, Ibn Taymiyya, a&yzari, etc.,

O/I.cit.,

p. 162, y Ziadeh, op. cit.,

p.

80.

publicados,

muhtasib fi-l-lskim, Beirut, 1962. También he consultado el articulo “hisba” de la se-

gur&

con un extenso ensayo introductorio,

de

/‘Islam.

val.

III.

por N. Ziadeh. Al-flisba

wa-l-

edición de la Encyclopédie

Muddurhir

58

Abdel-Rahim

Hablando

en términos generales, la función del rnu&~~ib (que debe-

ría traducirse

exactamente por “inspector del mercado y de la morali-

dad pública”) consistía en promover la aplicación de los valores éticos islámicos a la vida cotidiana de las sociedades musulmanas especial- mente manifestada en las transacciones comerciales y sociales efectua-

das en el mercado.

Por este motivo es por lo que dicha institución

fue

conocida en ocasiones como @ib akiq (literalmente, “seriar

del

zoco”), del mismo modo que el jefe de policía era denominado @ib

al-

&+u (“señor de la policía”). En su forma clásica y plenamente desarrollada (y, desde luego, en ciudades como el Fez de época benimerín o el Damasco dominado por los mamelucos) la institución del muhtasib fue un cargo municipal ím- portante, con un conjunto delimitado, y aceptado comúnmente, de fun- ciones diversificadas. Entre ellas figuraba la inspección de los pesos y medidas, que pretendía impedir las transacciones fraudulentas y las prácticas deslealesen el zoco. Así, todavía hoy puede contemplarse, en la Qqwk~~:~~u (alcuicrriu) de Fez, una losa de mármol con la marca de la medida-patrón, de modo que los compradores y los vendedores, en caso de duda o de desacuerdo, pueden verificar por sí mismos la me- dida de las telas, por ejemplo. Otra función atribuida al mu&zsib era la de actuar como arbitro en las disputas suscitadas, por ejemplo, entre patronos y empleados. A fin de facilitar su labor en este aspecto, el muhrasib era reconocido como juez competente en los casos que no requerian la presentación de prue- bas, como, entre otros, la devolución de deudas pendientes desde hacia tiempo, que, en principio, no eran discutidas por ambas partes. Por otro lado, el muhtusib, al contrario que el cadi, con el fin de evitar o resolver los litigios, podía intervenir por iniciativa propia aunque no hubiera una denuncia formal presentada por cualquiera de las partes implicadas directamente. En su calidad de protector y promotor de las normas de conducta decente, el mu&usib asumia la responsabilidad de asegurar que quienes desempeñaban profesiones como la medicina, la farmacia o la ense- ñanza, estuviesen debidamente cualificados y no se entregasen a prácti- cas peligrosas o carentes de ética. También sepreocupaba de que los es- colares y los aprendices no fuesen explotados ni maltratados por sus maestros o sus amos. Evitaba que los animales fuesen sobrecargados o forzados indebidamente; ordenaba que los edificios que amenazaban ruina y los que permitían a sus ocupantes inmiscuirse en la intimidad

59 Instiruciones ,juridicas de sus vecinos, fuesen derribados o remodelados de modo que dejasen de

59

Instiruciones

,juridicas

59 Instiruciones ,juridicas de sus vecinos, fuesen derribados o remodelados de modo que dejasen de constituir

de sus vecinos, fuesen derribados o remodelados de modo que dejasen de constituir motivo de peligro o molestia para los vecinos y viandan- tes; verificaba la limpieza de los baños públicos y cuidaba de que los ba- ñistas se comportasen de acuerdo con los cánones de la decencia, se aseguraba de que las mezquitas estuviesen aseadas, dotadas del ade- cuado suministro de agua e iluminadas apropiadamente durante la no- che. En Fez, donde el sistema de conducción de aguas se basaba en un complicado procedimiento, por el que el agua del río (wädi) y de los nu- merosos manantiales del término municipal era dominada con ingenio

y distribuida, el mu&sib se encargaba de asegurar la potabilidad del li-

quido suministrado y su distribución equitativa entre los diferentes ba- rrios de la ciudad y sus habitantes. En la época otomana, especialmente a partir del reinado de Baya- ceto II, las funciones del muhtasib fueron especificadas en los qünün- nàmeh (decretos) que regulaban la administración provincial. De acuerdo con estas leyes, las funciones del muhtusib, en el Imperio Oto- mano, se ampliaron e incluian la recaudación de una amplia gama de

impuestos y derechos fiscales.l7 Los safawíes, por su parte, aunque también manifestaron una gran

inclinación a regular el ihtisüb (almotacenazgo) para lo cual crearon el cargo de muhtasib al-mamãlik (almotacén del reino), no intentaron au- mentar las competencias del mu&sib, ya muy numerosas. la Debido a la variedad y multiplicidad de sus funciones, el muhtusib, lógicamente, necesitaba el concurso de un nutrido grupo de asistentes y colaboradores. Entre ellos figuraban los ‘arijS o ulnirrs (jefes o dirigen- tes) de las diversas corporaciones y hermandades de la urbe. Ademas

&%O de la ciudad, y, por su-

puesto, por la Jur$ y por el cadi, con el cual planificaba el trabajo. Dada la naturaleza de sus responsabilidades se esperaba que el muhtusib fuese, evidentemente, una persona de caracter afable pero con autoridad, y .que tuviese, por lo menos, un conocimiento práctico de las leyes de la hri’a. Sin embargo, no tenia una menor trascendencia el he- cho de que se le exigiese un profundo conocimiento de las costumbres y tradiciones de los habitantes de la ciudad y de las de los aldeanos y veci- nos de la comarca que frecuentaban los mercados y las mezquitas del centro urbano.

era ayudado por los ‘urjfs de los barrios

17.

18.

EncyclopPdie

Ibid

cir.

de

I’Islam,

2”.

ed

III. s. v. “Ijsba”.

por los ‘urjfs de los barrios 17. 18. EncyclopPdie Ibid cir. de I’Islam, 2”. ed III.

/oc.

Muddathir 60 Abdel-Ruhim En su intento de controlar y dirigir el comportamiento de la gente

Muddathir

60

Abdel-Ruhim

En su intento de controlar y dirigir el comportamiento

de la gente

con el fin de conseguir siempre un nivel óptimo de conducta, se espe-

raba que el muhtasib concuerdan

ciones históricas, y los tratados oficiales de jurisprudencia.

procediera

con discreción y tacto. En este punto

unánimementeI los manuales de hisbu, incluidas las narra-

Mas allá del poder del ejemplo, la persuasión amistosa y el consejo, el muhtusib podia reprender severamente a los infractores o someterlos

a un castigo corporal u otras formas de humillación (ra’zir). Por otra

parte, estaba facultado para comiscar las mercancías fraudulentas o para ordenar que fuesen destruidas. En casos graves, incluso podia prohibir a los delincuentes la práctíca de sus oficios o profesiones den- tro del recinto urbano.

de sus oficios o profesiones den- tro del recinto urbano. Observaciones fhdes A la luz de

Observaciones fhdes

profesiones den- tro del recinto urbano. Observaciones fhdes A la luz de lo tratado hasta aquí,

A

la luz de lo tratado hasta aquí, debe quedar claro que la organización

y

las funciones de las instituciones jurídicas, en las ciudades musulma-

nas tradicionales, aunque, naturalmente, cambiaron -en ocasiones in- cluso de modo considerable- según las épocas y los lugares, en con- junto reflejaban la permanente preocupación de las comunidades mu- sulmanas diseminadas por todas partes por vivir conforme a la Suri’u, concebida tanto como sistema legal, como en calidad de código ético. Mientras estas instituciones, consideradas en bloque, fueron adecuadas

para facilitar la búsqueda de una vida piadosa en la tierra, preludio de

la salvación futura, las sociedades y los sabios musulmanes, al parecer,

no se interesaron especialmente por conseguir que las instituciones en cuestión, o sus funcíones, se organizaran de acuerdo con los principios

o exigencias de ningún sistema abstracto, por muy atractivo que pu-

diese ser. Como hemos visto, por consiguiente, hubo un considerable grado de sobreposición y ensamblaje funcionales e institucionales, que, en cierto sentido, pueden compararse a la sobreposición y entrecruza-

miento de las calles y las casasen los pueblos y ciudades tradicionales a

lo largo y ancho del mundo islámico. Y, de igual forma que, en el aspecto físico, el impacto del moderno

estilo de vida europeo sobre las ciudades musulmanas ha destrozado, o

en el mejor de los casos ha marginado, los estilos tradicionales de cons-

19. Cf. Ziadeh. Al-Jiisba.

Instituciones

61

juridicos

Instituciones 61 juridicos trucción y arquitectónicos, también la fábrica social y las instituciones jurídicas han

trucción y arquitectónicos, también la fábrica social y las instituciones jurídicas han sido transformadas o suplantadas por concepciones e ins-

tituciones de corte europeo. Y esto ha sucedido con un incongruencia y destructividad.

notable grado de

Así, mientras que los muhtasibs

han desaparecido por completo a

excepción, tal vez, de Marruecos, donde algunos todavia sobreviven, aunque con un caracter muy restringido-,20 el papel y las funciones de los cadíes, así como el mismo sistema de las leyes de la kzri‘u en que tra- dicionalmente se habian basado todas las instituciones y valores socia- les, de igual modo han sido transformados de raíz o desechados. Resulta obvio, por tanto, que la preservación y la renovación de las ciudades islámicas, si tales objetivos deben ser conseguidos, tienen que constituir un proceso global de reconstrucción y rejuvenecimiento.

20. El distinguido

de que, si

bien aún pueden encontrarse mu&asik en algunas ciudades como Fez, Marrakech y Tanger, sus funciones se han reducido a objetivos secundarios como la inspeccion de las pequeñas panaderías emplazadas en las callejuelas de las qasbas(barrios anriguos) y al control de ciertos grupos folklóricos. Dado que las funciones encomendadas tra- dicionalmente a los mu@asik han pasado en su mayor parte a depender de los ayun- tamientos modernos, en Marruecos se sigue la política de no proveer las vacantes producidas por fallecimiento de los muhrusik aún en funciones.

erudito marroqui, jeque ‘Abdulláh

Gannün, me informa

Panorámica de Estambul desde la torre de Gálata. [Fwo: Unesco/Dominique Roger.]
Panorámica de Estambul desde la torre de Gálata. [Fwo: Unesco/Dominique Roger.]
Panorámica de Estambul desde la torre de Gálata. [Fwo: Unesco/Dominique Roger.]
Panorámica de Estambul desde la torre de Gálata. [Fwo: Unesco/Dominique Roger.]
Panorámica de Estambul desde la torre de Gálata. [Fwo: Unesco/Dominique Roger.]
Panorámica de Estambul desde la torre de Gálata. [Fwo: Unesco/Dominique Roger.]
Panorámica de Estambul desde la torre de Gálata. [Fwo: Unesco/Dominique Roger.]
Panorámica de Estambul desde la torre de Gálata. [Fwo: Unesco/Dominique Roger.]
Panorámica de Estambul desde la torre de Gálata. [Fwo: Unesco/Dominique Roger.]

Panorámica de Estambul desde la torre de Gálata. [Fwo: Unesco/Dominique Roger.]

Panorámica de Estambul desde la torre de Gálata. [Fwo: Unesco/Dominique Roger.]

3 Instituciones de gobierno

Abdel Aziz Duri (Irak)

1

Las ciudades de la península arábiga surgieron en las zonas septentrio-

nal y occidental, principalmente

(Hatra, Palmira, Petra) o como asentamientos beduinos o campamentos (IJira).

como etapas de las rutas comerciales

El Corán se refiere a las aldeas con el nombre de qurà, y llama a La

Meca, la metrópolis del &jj

las aldeas “). La ciudad estabadividida en barrios por motivos tribales, y

cada grupo tenía su propio jeque. A ella se refieren, asimismo, los nom-

bres de madina

(peregrinación),

umm

al-q&

(“la

madre

de

(ciudad)

y dãr (morada).

Yatrib fue llamada, a partir de la Hégira, al-Madina,

es decir, “la

Ciudad” por excelencia, para destacar su condición de centro de la

umma

(nación

árabe), sede de la autoridad y residencia de la justicia.

Siguiendo la expansión arabe, se fundaron nuevas ciudades como centros militares y administrativos; fueron denominadas dür al-hijra. Éste fue el caso, por ejemplo, de Küfa, Basora, al-Fus@ y Qayrawãn.

Inicialmente las planificaba el gobierno, y su trazado obedecía a consi- deraciones estratégicas y al hecho tribal. La mezquita aljama y el dür al- imára (la sede del gobierno) se situaban en el centro, rodeados de una amplia zona vacía a partir de la cual se extendían las calles y los barrios. Las tribus eran asentadas en las dür al-h@ra en durüb (barrios) dis- tintos, y, por otra parte, eran agrupadas en amplias secciones para satis- facer las necesidadesmilitares. Al comienzo, estassecciones debian mo- dificarse a medida que cambiaba la importancia numérica de los grupos

tribales. Así, Küfa nació con diez secciones (a‘k),

que se redujeron pri-

* k.: moradas de la hégira. Ciudades fundadas en el transcurso de la primitiva expan- sión del Islam.

Abdel

64

Aziz

Duri

mero a siete (asbü?

(arbü?.

La emigración hacia los nuevos núcleos urbanos era alentada por el califato (de ahi la denominación de dür al-hi.$ra) como requisito previo

y, finalmente, a mediados del siglo 1 h., a cuatro

para obtener la plena condición que la inscripción en el diti

nalmente limitada y, por el contrario, las perspectivas eran favorables,

habia sido li-

de miembros de la umma. Pero, dado

(registro

del

reclutamiento)

multitud

ellos. Las crecientes necesidadesde las dür al-h@ra

mero de artesanos, obreros y peones, mientras que los mercaderes en-

en

de muqãtila

(combatientes)

y

no-muqãtila

fueron a vivir

atrajeron a gran nú-

contraron buenas oportunidades para sus negocios.

Apenas había transcurrido un par de generaciones, cuando las dür

en centros de actividades económi- humana procedente del entorno ru-

Aquellos nú-

cleos urbanos, en su calidad de centros provinciales, fueron denomina-

al-hijka ya se habían transformado cas y socio-culturales. La afluencia

ral (büdiya)

y de las aldeas, prosiguió sin interrupciones.

dos amsar

(capitales

provinciales).

Inicialmente, cada una de las dür al-hiyra giraba alrededor de dos

ejes básicos: el dãr al-imära, residencia del emir (amir), que presidía la

oración y dirigía el ejército, y la mezquita aljama, lugar de reunión

comunidad y centro de la vida pública y cultural. Junto al emir tigu- raba su subordinado, el ‘ümif, encargado de cobrar los impuestos. El cadí, nombrado por el emir o, raramente, por el califa, sobresalía como juez y maestro ubicado en la mezquita. Otras instituciones incluían a la policía, mandada por el gbib al- $ur!a, responsable de la seguridad interior; los haras (guardianes), que protegían al emir y el tesoro (depositado normalmente en la mezquita, y los ditins provinciales, especialmente los del @nd (ejército), jarãy (ha-

de la

cienda)

y nafaqit

(gasto

público).

Cada sección (rub’

o jums)

de muqütila

tenía su propio líder (y su

bandera, rãya) durante las expediciones e, incluso, para sus confronta- ciones internas. Cada tribu tenía su jeque, que representaba a todos los miembros y debía responder de su conducta. Ademas, la tribu podía poseer una mezquita propia con su correspondiente espacio libre kbbüna). Los muqütila de la tribu, por otra parte, estaban divididos en dos grupos (‘arüjüs), cada uno de los cuales era acaudillado por un ‘arrencargado de pagar la soldada y mantener la disciplina de su unidad. Mas tarde, cada tribu tuvo un único ‘arijY

‘arrencargado de pagar la soldada y mantener la disciplina de su unidad. Mas tarde, cada tribu
65 El jeque tribal era reconocido, y a veces nombrado, por el goberna- dor. El

65

65 El jeque tribal era reconocido, y a veces nombrado, por el goberna- dor. El ‘arvera

El jeque tribal era reconocido, y a veces nombrado, por el goberna- dor. El ‘arvera designado por el emir o elegido por su tribu. Las tribus desempeñaban un papel fundamental en la vida pública, y su ordena- miento interno era una manifestación de la voluntad de semiautonomia de sus componentes.

Los artesanos y artífices, originariamente, trabajaban al aire libre, junto a la mezquita. Pero, ya a mediados del siglo 1h., en la Küfa gober- nada por Ziyãd, se desarrollaron los zocos protegidos por esteras de

mimbre, y

mercados. Éstos tenian un inspector, ‘ümil ‘alir-1-süq,

pronto, en tiempos de los califas ortodoxos, probablemente tución heredada de civilizaciones más antiguas. Las fuentes históricas suelen enumerar listas de emires,

ces. Y, sin embargo, las tribus, los jeques y los consejos tribales desem- peñaron un importante papel en la vida pública de la ciudad. Este he- cho se hace patente por las manifiestas relaciones existentes entre las secciones tribales, tanto en la ciudad como en el campo (büdiya). Junto a ellas se hallaban grupos de clientes (matili) conversos que, individual- mente o en grupos, eran agregados a las tribus, a las cuales debian su lealtad en primer lugar. Ahora bien, la organización tribal ya había ca- ido en decadencia en vísperas de la dominación abasí, momento en que emergian las nuevas fuerzas de los propietarios rurales y una nueva clase media. El comercio ejerció su impacto sobre la vida material y el desarrollo urbanos, pero ioriginó instituciones nuevas? Algunas organizaciones se desarrollaron más tarde en los barrios o entre artesanos y obreros. Éstaes la razón por la que un buen estudio de la topografía y de los ele- mentos humanos presenta tanto interés. Wãsif constituyó una etapa entre las dür al-hi-ka y Bagdad. Había sido fundada como centro de los muqütila reinantes, los sirios, que po- seían un dür al-imüra con una cúpula verde, y una mezquita aljama. Los mercados fueron trazados cuidadosamente y cada zoco fue adjudi- cado a un determinado oficio. Una muralla, inexistente en las dür al- hiera, rodeaba a la urbe, que, además, tenia otra mezquita en la orilla o;iental del rio, aunque sólo había un cadi en la ciudad. Siguiendo la tradición de las dür al-hi?;ru, Wãsit fue el centro de la expansión musul- mana hacia el Asia central y el noroeste de la India; en definitiva, fue el precedente de Bagdad.

en la década de los noventa fueron construidos los primeros

que apareció muy

como insti-

ümils

y jue-

en la década de los noventa fueron construidos los primeros que apareció muy como insti- ‘

Abdel

66

Aziz

Duri

Bagdad no fue una dür al-h@ra,

sino una dür al-da%

(morada

de

la

propaganda),

para simbolizar la nueva ideología y convertirse en la sede

del califato. La Madinat

al-Salüm

íCiudad

de

la Paz

=

Bagdad)

se fundó

como centro administrativo y militar; su emplazamiento se hallaba ubi- cado sobre rutas mercantiles y tenía un fértil territorio a su alrededor. El núcleo lo constituía la Ciudad Redonda, fortaleza en cuyo centro se levantaban el palacio y la mezquita aljama, rodeados de residencias de príncipes y de algunos mankili, los diGns y el edificio del tesoro. El cuartel de la policía, el de la guardia y los arsenales quedaban en el inte-

rior del recinto. Los jefes militares y los soldados habitaban en el re- cinto exterior y también mas lejos, entre las dos murallas principales. Las verdaderas zonas residenciales quedaban extramuros y fueron cui- dadosamente planificadas en cuatro barrios (arbü?, cada uno de ellos con sus mercados, situados entre el canal Sarãt, el río Tigris y la zona septentrional. Se concedieron parcelas (qa$‘s) a los mandos, sahüba (compañeros) y mawili, mientras que los arrabales (arbk# fueron adjudi- cados a las tropas y demas colectividades, y cada una disponía de sus propios mercados. El proyecto encarnaba ideas islknicas, concepciones arabes y algu- nas tradiciones orientales. Lo mas relevante era el asentamiento de la

población fuera de la Ciudad Redonda, clasificada por barrios según el origen étnico o los oficios. A los soldados del ejército se les asignó el area septentrional y el noroeste de la Ciudad Redonda, mientras que los artesanos y mercaderes fueron colocados en las zonas situadas al otro lado del Sarãt. Los orígenes étnicos señalan otro criterio. La Harbiyya era un distrito de la ciudad habitado principalmente por grupos persas

y procedentes de Transoxiaha; allí estaba el arrabal de ‘Abd Allãh ibn

Harb -de ahi su nombre-, jefe de la guardia, y junto a él, e! arrabal de

la gente de Merv, la murabba’a

(encrucijada)

de los persas y el arrabal de

los juwãrizmíes. A su lado se encontraba la calle de los nativos de Ba- sora y de los bagiyyün, orindos de un pueblo cercano a Merv. Al otro lado, en el Sarãt inferior y frente a la puerta de Basora, esta-

habitadas por arabes

quraygies, an&,‘* y gente de la tribu Rabi’a, mudaríes y yemenies. Junto a ellos, entre el Sarát y el Jandaq, aparecían las viviendas de los ASã’i@, arabes yememes. En los feudos de los qahfabíes estaban las casas del distrito Qaf@iba, que se extendía de la calle de Küfa a la

ban las dür

al-sahüba

(moradas

de los Compañeros),

61

61 Insriiuciones de gobierno puerta de Siria. De este modo, los arabes quedaron establecidos princí- palmente

Insriiuciones

de

gobierno

puerta de Siria. De este modo, los arabes quedaron establecidos princí-

palmente en el sur, sobre todo en torno a la puerta de Basora, y, secun-

dariamente,

al oeste de la ciudad.

El viejo zoco,

Süq Bagdüd

(zoco

de Bagdad),

estaba situado en Karj;

los nuevos se encontraban en la propia ciudad. Pero tras la fitna (sedi-

fueron traslada-

dos (el año 157 h.) a Karj, entre las puertas de Küfa y de Basora, donde se planificaron con sumo cuidado y las calles fueron ensanchadas. Al-

Tabari cuenta que el muhtasib

partido de Ali) y trató de incitar al pueblo a la rebelión. De un modo sig-

nificativo,

el plan fue confiado a un ingeniero, un jefe militar y un cor-

ción)

del muhtasib

(almotacén)

Yahya ibn ‘Abd Allãh,

Abü Zakariyyã’

cooperó con la Za

(el

tesano. Es muy probable que los artesanos residieran allí antes de, y du-

de los

zocos y su clasificación por oficios nos pueden recordar lo que ocurrió

en Wàsit, e indican el creciente papel desempeñado por

artesanales. El asentamiento compacto, étnico y profesional, contribuyó

al de-

sarrollo de comunidades integradas que, probablemente, fueron unida-

des cívicas dotadas de cierta entidad.

Mas adelante, las ideas religiosas jugaron su baza. Karj, centro de la Si’a, se hallaba frente a la puerta de Basera (Bãb aLBasra), centro del sunnismo; la puerta de la cebada(Bãb al-Sa’ir) era sunní, y la puerta del arco (Bãb al-Tas), abierta al este, era si?. La Rusafa fue construida a modo de fortaleza doble en la parte oriental, frente a la Ciudad Re- donda, con murallas, foso exterior y palacio-mezquita aljama en el cen- tro. Sus mercados se colocaron en la Bãb al-Tãq. Era el dominio de al- Mahdi y de sus tropas. Aquí, las consideraciones de caracter estratégico