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Instituto de Formación de Educadores de Jóvenes, Adolescentes y Niños Trabajadores de América Latina y el Caribe - IFEJANT "Monseñor German Schmitz" San Felipe 1048 Lima 34, Perú Telefax: (51-1)2418475 Telefax: (51-1)4479773

AUSPICIA: Räda Barnen – Suecia

TEXTO:

Giangi Schibotto

COORDINACION TEMATICO-PEDAGOCIA:

Elvira Figueroa Sempértegui Alejandro Cussiánovich Villarán

DISEÑO GRAFICO: Gonzalo Nieto Degregori CUIDADO DE LA EDICION: J osé Méndez IMPRESION: Urpi-ediciones, Telefax 482-4099

Primera edición: 1.000 ejemplares Lima - Perú Febrero de 1996

CONTENIDO

Pr e s ent a c ión

 

7

Ob j e

ti v o

s

9

I n tr o

d u c

c i ó n

1 1

UNIDAD 1: ACTORES SOCIALES Y MOVIMIENTOS POPULARES EN AMÉRICA LATINA

13

 
  • - La Irrupción de los Movimientos de Base en América Latina.

  • - Características Empíricas y Paradigmas Teóricos.

  • - Entre Luces y Sombras: Un rápido balance.

UNIDAD 2: LOS NIÑOS Y LOS JOVENES TRABAJADORES COMO NUEVOS SUJETOS DEL PROTAGONISMO POPULAR

27

 
  • - Antecedentes.

  • - Un Largo Camino desde el Anonimato hacia el Protagonismo.

  • - Los Niños y los jóvenes Trabajadores también somos Pueblo.

  • - Los Niños y los jóvenes Reivindicando una Identidad Propia.

UNIDAD 3: LA ACCIÓN SOCIAL CON NIÑOS Y JÓVENES TRABAJADORES: UNA EMERGENCIA EMPIRICA.

39

  • - Los NATs están de Moda.

  • - Una Desordenada Geografía.

  • - La Acción Social con los NATs: Una Descripción

  • - Ej emplificativa.

  • - Los Límites del Empirismo Descriptivo.

  • - De La Empiria al Concepto, de la Praxis a la Teoría

UNIDAD 4: LA ACCION SOCIAL CON JANTs:

VARIABLES PARA EL ANÁLISIS Y EVALUACIÓN - Variables a tomarse en cuenta.

63

UNIDAD 5: LA ACCIÓN SOCIAL CON JANTs:

MODELOS INTERPRETATIVOS

83

-Necesidad de Modelos Teóricos. -La Caridad como modelo de Acción Social. -La Gestión de la Situación. -La Acción Social para el Desarro llo, la Transformación y el Cambio. -Hacia un Modelo Integrado.

SÍNTESIS

103

  • 1. Experiencias: Matriz de nuestras Reflexiones.

  • 2. La Reflexión: Condición para la Imaginación Social y Política.

  • 3. Prácticas Sociales con JANTs: Los Retos de toda Intervención.

LECTURAS COMPLEMENTARIAS NIÑOS EN BUSQUEDA Y EN ACCIÓN

107

Una alternativa africana de animación urbana. Visión y Métodos.

  • - La Vela y el Fósforo: Dos Ejemplos de Visión. -Objetivos, Actividades, Método y Visión.

PROGRAMA AFRICANO DE FORMACIÓN DE ANIMADORES URBANOS (PAF)

109

  • - Primera Constatación.

  • - Segunda Constatación.

NATs: PROGRAMAS - ENFOQUES - PARADIGMAS I. Criterios. II. Enfoques y Paradigmas.

113

PRESENTACION

  • C on ocasión del II Encuentro de Organizaciones de Niños y Niñas Trabajadores

de América Latina y el Caribe, celebrado en octubre de 1992 en la ciudad de Antigua, Guatemala, los delegados aprobaron la iniciativa de contar con instancias que aseguraran la formación y capacitación de sus educadores a nivel de la Región. En ese contexto dieron su bienvenida al Instituto de Formación de Educadores de jóvenes, Adolescentes y Niños trabajadores de América Latina y el Caribe (IFEJANT), con sede en Lima.

Desde entonces se ha venido trabajando una propuesta de Curso de Educación a Distancia como un instrumento para lograr una primera cobertura regional en torno a uno de los ejes temáticos de mayor presencia en los discursos de educadores y de quienes trabajan con jóvenes, adolescentes y niños (JAN) en nuestros países. Se trata de un curso introductoria que apunta a plantear la orientación global que en estos años emerge en la Región en cuanto a concepción sobre niños, adolescentes y jóvenes como sujetos sociales, como actores en los procesos de desarrollo de nuestros países.

Son objetivos generales de este curso contribuir a reforzar la formación de quienes acompañan a jóvenes, adolescentes y niñas y niños de sectores populares desde la experiencia de ser trabajador. Asimismo, apor tar a la capacitación especializada en los jóvenes-adolescentes, niñas y niños trabajad ores. Y de este modo lograr que los edu- cadores estén en mejores condiciones de dar una contribución al surgimiento, desarrollo y afianzamiento de los procesos de organización juvenil e infantil a nivel de nuestros países y de la Región.

La cuestión de la formación de educadores constituye un punto crítico en las estrategias de trabajo con JAN. El primer Encuentro Regional, convocado por la Fundación De Waal en diciembre de 1994, en Quito, y que trató del papel e impacto de los Centros de Formación y Capacitación en el trabajo con niños y jóvenes en cir- cunstancias especialmente difíciles, muestra bien la amplia agenda de debate que debe ser atendida si apuntamos a asegurar la calidad de nuestro trabajo.

El curso que presentamos intenta entonces colocar en la agenda de la vida cotidiana del colaborador una temática que corre el ri esgo de devenir una moda o un simple cliché.

La dimensión regional que el curso pretende cubrir constituye un desafío -somos conscientes de ello- que sólo puede tener respuesta cabal si logramos, conjuntamente, mejóralo de modo que absuelva los vacíos y los eventuales límites frente a situaciones particulares en las que trabajan los educadores, como el componente indígena, el mundo rural, el de las pequeñas y no sólo gr andes ciudades, la pr esencia de violencia armada, narcotráfico, etcétera.

Abrigamos la esperanza de poder responder a la tarea que las organizaciones de niños y adolescentes trabajadores (NATs) nos confían en Antigua y, más sustantivamente, a los procesos de construcción del protagonismo que los mismos niños, niñas, adolescentes y jóvenes trabaj adores han desencadenado en la Región.

Elvira Figueroa S. Coordinadora Ifejant

OBJETIVOS

OBJETIVO GENERAL

Contribuir con elementos teóricos a que los colaboradores puedan analizar políticas sociales, programas de atención, de promoción con JANTS y ubicar, orientar, evaluar, rediseñar sus experiencias y prácticas con JANTs y darles seguimiento en la perspectiva de garantizar su aporte al protagonismo de los JANTs.

OBJETIVOS ESPECIFICOS

Unidad 1: Reconstruir un escenario regiona l en el que emerjan los nuevos actores sociales del campo popular así como los diversos enfoques teóricos que orientan las prácticas y los análisis de las organizaciones de base y de los movimientos sociales.

Unidad 2: Reconocer el proceso de emergencia de los JANTs en la Región como nuevos actores sociales, los avances reales, su potencialidad y los desafíos que encaran hoy.

Unidad 3: Ubicar crítica e imaginati vamente el paradigma del protagonisrno organizado de los JANTs en confrontac ión conceptual y práctica con otros paradigmas de atención a los mismos.

Unidad 4: Dotar a los colaboradores de in strumentos analíticos que les permitan ubicar y evaluar los presupuestos teóricos y prácticos con los que se implementan programas de intervención social.

Unidad 5: Lograr que los colaboradores si stematicen los diversos modelos de acción social y reconozcan los componentes, intencionalidad e implicancias teóricas y prácticas del paradigma que apunta al cambio y a la t ransformación.

INTRODUCCIÓN

E

ste texto se propone recoger, de forma sintética pero profunda, algunos de los

elementos que de alguna manera están ya enunciados y/o desarrollados en los módulos que le han precedido. En efecto, intenta abordar desde la observación y el análisis teórico las diversas corrientes de lo que se ha dado en llamar «intervención social»; exige, no fuera sino a grandes pasos, retomar los aspectos que con mayor evidencia nos describen el escenario de cambios y transformaciones en el que se inscriben la vida y el quehacer de los JANTs en la Región así como la infinidad de programas, de proyectos, de acciones que dan cuenta de la voluntad de la sociedad y del Estado por responder a la situación de los niños, adolescente s y jóvenes trabaja- dores de nuestros países. En este sentido, este Módulo IV nos invita a refrescar, con la ayuda del Módulo I, el impacto de los cambios en la situación de los JANTs.

Pero el Mó d ul o IV, a p a rtir d e l a o b s erv a ción atenta y profunda de lo que son los diversos modelos prácticos y teóricos de las acciones sociales con JANTs, se detiene, de manera complementaria, en el tema de los JANTs como sujetos protagónicos. El protagonismo organizado de los JANTs, sien do tema del Módulo V, aparece aquí como una clave hermenéutica para analizar propuestas, sugerencias, intenciones, diseños y resultados de formas concretas de prácticas sociales en los sectores populares y con los JANTs específicamente.

Pero el estudio de este IV Módulo nos coloca ante otro aspecto de articulación de temas, problemas y reflexiones de este Curs o. Otro ejemplo lo podemos tener en la referencia a lo que podríamos llamar

el rol, la opción, la vocación del colabor ador que juega un papel también protagónico en el trabajo con JANTs. Por allí vemos una evocación coherente del III Módulo en el que se dedican largas paginas a reflexionar s obre el Colaborador desde la perspectiva de los ,JANTs y de la Educación Popular.

Finalmente, este Módulo permite refresca r en la memoria de todo educador la importancia no sólo de un análisis satisfactorio del escenario social, económico, cultural, político, sino de la idiosincrasi a del mismo JANT, su comportamiento, su sensibilidad, su mundo y su historia de vida. El II Módulo entonces cobra así pertinencia como herramienta conceptual para el desarrollo de la responsabilidad de ser colaborador de JANTs.

Concluir un curso como éste no es terminar de formarse. Quiz á uno de los frutos más logrados de este Curso a Distancia sea el que sus participantes renueven consigo mismos y con los JANTs el compromiso de el evar, sin pausa, la calidad profesional de su servicio a ellos.

Si

bien el

título se refiere a Experien cias y Reflexiones, el Módulo no hace una

presentación ejemplificativa y analítica de proyectos, programas o experiencias. El Módulo nos coloca ante los presupuestos teóricos y prácticos que subyacen a innumerables experiencias y prácticas sociales con JANTs en la Región.

UNIDAD 1 ACTORES SOCIALES Y MOVIMIENTOS POPULARES EN AMERICA LATINA

No sería posible y conveniente hablar sobr e las experiencias de acción social con niños, adolescentes y jóvenes trabajadores sin previamente analizar el más amplio contexto de inserción, el horizonte de referencia de aquellas experiencias. Pues, la labor con los NATs y los jóvenes trabajad ores no surge en el vacío, no es un fenómeno sin ligazón con procesos más generales, no se auto complace en una suerte de aislamiento auto referencial.

Por el contrario, las experiencias con la infancia y la juventud trabajadoras, así como se han venido dando en el Continente, sobre todo a lo largo de la década de los '80 y comienzo de los . '90, se insertan y result an ser una particular expresión de la emer- gencia histórica de lo que se ha definido «movimiento popular», el mismo que a su vez nos obliga a referirnos a los procesos de construcción de los que se ha denominado nuevos actores o sujetos sociales.

En este sentido, no cabe duda de que es necesario introducir el terna de la acción social con NATs y jóvenes trabajadores con una, aunque necesariamente breve y sintética, presentación de este marco más general que es la labor de promoción y desarrollo de los sujetos populares, buscando articular un momento de sumaria descripción con uno de individuación de los nuevos para digmas teóricos y políticos, para cerrar en fin el círculo con una evaluación de los alcances y de las dificultades.

LA IRRUPCIÓN DE LOS MOVIMIENTOS DE BASE EN AMÉRICA LATINA

A partir de los últimos años de los sesenta y con mayor impulso en la década sucesiva aparecen con siempre mayor fuerza y visibilid ad un con) unto de nuevas dinámicas sociales, las mismas que contribuyen a construir nuevas identidades y nuevas prácticas. En particular se han producido significativos cambios en la relación del Estado con la sociedad v en los modelos económicos en aplicación. Sobre todo nos referimos a la crisis tanto del rnodelo populista así como del rnodelo modernizador de «sustitución de importaciones». Ambas crisis reducen cl papel del Estado como empleador, disminuyen el peso social de los actores tradicionales, en particular de los obreros, incrementan aún más la ya existente informalidad de la estructura productiva v del empleo, obligan a grandes sectores sociales a buscar otros modos no tradicionales de sobrevivir, expresarse, organizarse v lograr formas de representación y poder 1

A todo ello se añaden otros procesos específicos aunque de trascendental envergadura, en primer lugar el acelerado fenómeno de la migración del campo y de la urbanización. En efecto, aunque sin menoscabo de las experiencias de promoción popular en área rural, es en la ciudad v en particular en la grande metrópoli que se desarrollan un conjunto múltiple de nuevas prácticas sociales v la paulatina emergencia de nuevos actores que aspiran a ser sujetos sociales y a impulsar procesos organizativos de: siempre mayor articulación y alcance.

Así, las energías morales, intelectuales, organizativas, económicas e incluso físicas de quienes aspiraban y buscaban activarnente cambios profundos en nuestra realidad, venían canalizándose en torno a iniciativa s que podían ser vistas corno un naciente protagonismo popular fundado en relaciones y valores solidarios.

Tratábase de las más variadas expresiones de la activa presencia social, económica v cultural del pueblo o de lo popular: actividades

1 ver entre otros: BALLON "Movimientos so ciales: itinerario de transformaciones y lecturas, en MOVIMIENTOS SO CIALES: ELEMENTOS PARA UNA RELECTURA, DES(:(), Lima 1990: Varios autores, LO POPULAR EN AMERICA LATINA, DESCO, Lima, 1992; TOU RALNE Alan ACTORES SOCIALES Y SISTEMAS POLITICOS EN AMERICA LATINA, Santiago, 1987

de educación popular, de desarrollo comunita rio y organizativo; esfuerzos de variados tipos de promoción y organización de gru pos y comunidades de base; organizaciones económicas populares de variados tipos; fo rmas cooperativas y autogestionarias; movimientos poblacionales o de reivindicaci ón indígena; respuestas silenciosas a las urgencias de la crisis; movimientos de derechos humanos y defensa de la vida, etc., etc.

Se trataba de una compleja y heterogénea realidad y muchos eran los que en ella y en torno a ella se movían: asocia ciones de base, integrantes, instituciones, profesionales, agentes pastorales, expertos, voluntarios, promotores, etc.

Con todo ello las masas populares en los a ños '70 y'80 se hicieron más visible que en los '60. El resultado global de este complejo y muy fragmentado proceso fue, como nos lo sintetizan Tovar y Zapata, que «en las co yunturas de crisis y polarización social, contingentes populares y urbanos antes carentes de fisonomía social clara, afloran a la escena en una coyuntura que los presentaba como actores, como sujetos sociales en proceso de constitución, cuyo accionar estaba produciendo, además, determinados efectos en el curso de los acontecimientos, a la par que cristalizando en formas organizativas con cierto grado de consistencia e institucionalidad». 2

Seguramente estos procesos en la Región han conocido en los últimos años una crisis que llega hasta hoy día y que hace que los movimientos populares pasen por momentos dificultosos y problemáticos. De hecho, co yunturas recesivas tendieron a desdibujar aquello que había empezado a esbozarse. La si tuación histórica no es fácil. El deterioro de las condiciones de vida por efecto de la crisis ha dejado de ser un factor transitorio para volverse una base casi permanente de constitución de formas de vida y de participación social. La «carencia» se convierte en un nuevo motor para la estructuración de las relaciones sociales e incluso para la reelaboración de nuevas pautas de valores. Parece dominar lo «urgente» s obre lo «importante»; la perspectiva de cortísimo plazo más que un proyecto de aliento transformador. A todo ello se añade cierta adhesión popular a la doctrina neolib eral, ya sea en el vacío de propuestas alternativas creíbles, ya

2 TOVAR Teresa y ZAPATA Antonio, La ciud ad mestiza: vecinos y pobladores en el

`90, en MOVIMIENTOS SOCIALES

...

op.cit.,p.152

sea como ilusoria esperanza de movilidad

social

a nivel

individual frente a la

debilidad de un proyecto de liberación colectiva.

Sin embargo, creemos que, aunque dentro de estas circunstancias nada fáciles, los sectores populares no sólo resisten sino que no renuncian a una perspectiva de vida, de desarrollo, de cambio. Toda vía, a pe sar de los elementos de crisis antes mencionados, vale la constatación de que «si colocáramos en el mapa latinoamericano alfileres de colores para señalar cada u no de los comedores, talleres, comités y asociaciones que se van creando, día a día, en las minas, comunidades campesinas y barrios populares, el espacio no alcanzaría» (M. Francke, 1990) 3

CARACTERÍSTICAS EMPÍRICAS Y PARADIGMAS TEÓRICOS

Todas estas iniciativas populares han venido dibujando un escenario con espacios complejos, variados, heterogéneos y hasta contradictorios, tanto que algunos dudan que la categoría de «sujeto popular» tenga un verdadero sentido, siendo más bien fruto de una lectura subjetiva e ideologizante. En otras palabras no estaríamos frente a un conjunto de prácticas de alguna forma unitarias y coherentes, sino ante una fragmentación sin identidad y lógica propia. 4

Cierto, es indudable la inconsistencia de un superficial apologismo, el mismo que lleva a tocar bombos y platillos sobre la «democracia popular desde abajo», descuidando las poderosas fuerzas de división, el recíproco desconocimiento y el verdadero antagonismo que agitan el medio popular.

Sin embargo, tampoco cabe asumir una postura excesivamente crítica y escéptica. El movimiento popular es un fenómeno en formación y en cuanto tal presenta elementos ambivalentes, zonas de despliegue organizativo pero también de quiebre de los intereses particulares, tiempos de desarro llo articulador así como de estancamiento y retroceso.

3 Para un análisis de conjunto del terna de la crisis ver de Varios Autores, NEOLIBERALES Y POBRES EL DEBA TE CONTINENTAL POR LA JUSTICIA, CINEP, Santa Fe de Bogotá, 1993.

4 Ver de ROCHABRUN Guillermo Del mito proletario al mito popular, en LO

POPULAR

...

op.cit.101-116.

Dentro de todo ello, creemos posible, sin embargo, individuar algunas características comunes a las experiencias de promoción popular, las mismas que han venido construyendo paulatinamente la identidad específica de un tipo de acción social nuevo y capaz de formular los tradicionales para digmas interpretativos y las metodologías operativas:

  • - Se trata, en primer lugar, de iniciativas que se desarrollan jus- tamente en los sectores populares, y ello es importante subrayarlo

aunque parezca obvio y casi tautológico. Además, no suelen ser iniciativas individuales sino que son asumidas por un colectivo, aunque no siempre por una colectividad. 5

  • - En segundo lugar, hay que destacar el hecho de que en muchos casos se trata de iniciativas creadas para enfrentar un conjunto de carencias y necesidades concretas y ap remiantes. Todo ello conlleva el

redescubrimiento de la importancia de la vida cotidiana y define nuevos lugares sociales de construcción de la identidad colectiva, más allá de la fábrica o el lugar de trabajo, hacia la barriada (la población, la favela la colonia popular, etc.), la calle, el comedor popular, etc.

  • - Pero, aunque muchas veces nazcan a partir de un problema

concreto, estas iniciativas se transforman en procesos organizativos, es decir se constituyen también como prácticas de concientización y conformación asociativas, ya sea en función pragmática, ya sea cultural y simbólica, pero también reivindicativa y potencialmente política.

  • - Del mismo modo, por lo menos en su inspiración originaria, la promoción popular,

aunque emerja de un interés práctico y muchas veces de sobre vivencia, implica relaciones y valo res solidarios o cuando menos de reciprocidad.

  • - Asimismo, se trata de práctica s que quieren ser participativas, democráticas, autogestionarias y autónomas. Todo ello conlleva

también una actitud de valoración- de la cultura popular.

Claro que

no estamos

diciendo que

todo

ello

se

haya

siempre

realizado en cada rnomento y en cada experiencia, pero sí que

5 En este caso por «colectivo" entendemos un grupo numérico que representa simple- mente una ocasional suma (le individuos sin mayor compenetración entre ellos; por el contrario una «colectividad” es un grupo que ha fusionado las personas en un conjunto integrado con propia identidad social y un proyecto común y compartido.

ha

sido un conjunto

de

valores

en

los

que

se han inspirado las

experiencias de promoción popular y, en todo caso, el horizonte de su

intencionalidad social.

  • - Otra característica de casi todas estas iniciativas es que, aunque

surgiendo de los sectores populares y asumiendo a estos sectores como protagonistas, son, sin embargo, habitual mente apoyadas por actividades de promoción, capacitaci ón, asesoría, donación de recursos materiales, que realizan instituciones religiosas, de voluntariado social, organizaciones no-gubernamentales, organismos internacionales, y -en los últimos años- también sectores de la administración local y del Estado.

Pero, a lo largo de estos años las experien cias prácticas de los sectores populares han venido también concitando una atención teórica que superara la simple e inmediata constatación NI descripción empírica, para al canzar un primer nive l de sistematización y luego la construcción de nuevos paradigmas interpretativos. En otras palabras, la práctica popular produjo un incesante y ca ndente debate teórico cuyos supuestos y cuyos resultados llevaban también a distintas valoraciones y abrían distintas perspectivas.

Así, de manera muy somera y siguiendo las sugerencias de Mario Alburquerque (6 ) , podemos distinguir tres versiones, quizás las más recurrentes con las que se ha intentado interpretar a los movimien tos sociales en América Latina:

a. Las versiones funcionalistas y estructuralistas

En su forma más clásica esa versión se asocia al dualismo estructural, por el cual las sociedades latinoamericanas se interpretan a partir de la oposición entre tradicionalismo y modernización. La modernización es un proceso que se activa a partir de modificaciones estructurales tanto en el plano de la base material y económica como en el plano de la cultura, de las pautas de comportamiento, de valores y de la política, etc. Los sujetos protagonistas de todo ello son actores institucionalizados o, de todas maneras, capaces de producir modificaciones

(6) Ver de este autor el capítulo: Una reflexi ón sobre la virtualidad política de los (nue-

vos) actores sociales, en LO POPULAR

....

op.cit.,p.p.83-100.

estructurales, tales como el Estado, élites modernizadoras, aparatos partidarios, instituciones tanto nacionales como internacionales. En esa perspectiva, la defensa de lo que son intereses particulares apenas si sólo pueden alterar al proceso modernizador, vía el ejercicio de la presi ón social. En consecuenci a, a los movimientos sociales populares no se les otorga mayor «trascendencia en cuanto a su capacidad de aportar al desarrollo, o simplemente se los consideró con desconfianza». (7 )

b. La versión del sujeto.

Esta interpretación puede ser vista como una reacción a las debilidades del análisis estructural. Ella coloca en primer lugar a los sujetos sociales en cuanto actúan con prácticas que no son tan sólo el reflejo determinista de todopoderosas estructuras sino de acciones renovadoras y que tienen un sentido propio a ser valorizado. Se trata, en otras palabras de entender que si las estructuras producen grupos sociales con determinadas características, a su vez estos grupos se transforman en actores que desbordan los límites estructurales, ocupan espacios, inventan prácticas, construyen identidades propias y rebeldes. Por ello, el factor «subjetivo» y el discurso que éste despliega adquieren la mayor trascendencia. Claro está que en esta perspectiva la heterogeneidad de los discursos es vista como un factor positivo, dinámico y enriquecedor, pues cualquier pretensión de nivelar las diversidades puede ser tachable

de dogmatismo autoritario. Todo ello, si produce una . saludable crítica a toda visión esquemática y amorfa de la realidad social , al mismo tiempo acarrea el riesgo de quedarse en un caleidoscopio movedizo y desarticulado de discursos y prácticas subjetivas, sin posibilidad de fusión de las distintas lógicas que van manifestándose. De

allí que «una consecuencia corriente es una actitud ambigua frente a la política

... por lo general los actores sociales se relacionan en lo cotidiano con el poder político de

pues

manera múltiple (combinando compromisos con conflictos, institucional y extrainstitucionalmente, estructurándose y desestructurándose) ». Pero «así, se cae en el extremo opuesto de los análisis estructurales. Mientras para éstos el foco está puesto

(7) Ver.op.cit, p. 8R.

en los aspectos institucionales (estatales) de la acción, dejando de lado aspectos tales como el significado de esa acción para los participantes, por ejemplo, aquí sólo se valoran los aspectos de cambio cultural de la acción de los sujetos». (8 )

c. La versión del «movimiento social».

Otra interpretación bastante difundida resp ecto a los nuevos actores sociales en el continente es la que deriva de una lectura del concepto de «movimiento social» y que, en cierta medida, corresponde a la que Razzeto llamaba la «hipótesis máxima» de valoración de las nuevas prácticas populares.

Denis Sulmont, destacado analista peruano, sintetiza así las características de un «movimiento social:

  • a) Se trata de acciones colectivas que parten de situaciones concretas vividas

por un grupo social.

  • b) Cuenta con un nivel de organización propia.

  • c) Enfrenta a un adversario, individua lizado o genérico, institucionalizado o no.

  • d) Plantean un problema social más allá del conflicto con el propio adversario.

La característica más saliente y la que ha desatado un áspero debate es sobre todo la última, pues alude a la capacidad de un movimiento social de hacerse intérprete de un proyecto societario alternativo global en nombre de un interés superior que abarca al conjunto de la sociedad. Es decir, se trata de un «sujeto social» que pasa a ser «sujeto político» aunque ello no signifique necesariamente su institucionalización partidaria u otra forma de burocratización.

Desde allí brota el interrogan te central sobre los emergentes movimientos populares de estas últimas décadas: ¿se trata tan sólo (le acciones fragmentarias que expresan así nuevas subjetividades ,y nuevas identidades, pero sin alcanzar tina articulación capaz de elaborar un proyecto común y una movilización de envergadura global? O al contrario, ¿estamos frente a verdaderos «movimientos sociales» y a la

(8) Ver op.cit., p. 91.

paulatina construcción de un verdadero poder de control del destino (le la sociedad?

Es un interrogante que queda todavía dramáticamente abierto, pues no es tan sólo cuestión de opciones interpretativas sino de procesos aún no concluidos. Tal vez, hoy día sea preferible una actitud mas dinámica v menos dogmática, que rechace ya tanto el escepticismo negador de cualquier significación social de los movimientos de base, como la ideologizante «historia sant a» populista y demagógica que ignora los problemas v los límites de estas experiencias.

Nos permitimos, por último, una advertenci a. La alternativa entre una percepción «optimista» v una «pesimista» respecto a los nuevos actores sociales es muchas veces una alternativa entre diferentes supuestos teóricos que es necesario aclarar de antemano.

Si, en una lectura aún fuertemente influenciada por el estructuralismo, el impacto de los actores sociales debe medirse tomando co mo punto de referencia su relación con el Estado, sin duda «las experiencias fragmentarias, descoordinados, centradas en sí mis- mas, desconfiadas (le la política, de difusos contornos ideológicos, incapaces (le gestar propuestas alternativas y fuertemente comunitarias que han caracterizado a los actores sociales en estos últimos años, no pueden revestir mayor interés»:

Si, por el contrario, pensamos también en un concepto de «democracia desde: abajo», es decir en un proceso democratizador que no se concentra tan sólo en el "palacio" sino que surge y se desarrolla en los intersti cios de la sociedad! real y de la vida cotidiana. Retomando a Thompson y a Rudé, pensamos que «los sujetos políticos no se

constituyen sino en el conjunto de sus prácticas significativas

...

»;

si,

en

fin,

compartirnos con Foucault, la idea de que hay posibilidad de crear y acurnular poder, ya no desde el Estado como espacio privilegiado, sino desde cl ni vel de las relaciones micro sociales 9 , todo ello nos llevara a valorar de otra forma a los nuevos actores sociales, descubriendo así en cl mismo rnovimiento popular potencialidades nuevas e insospechadas.

9 FOUCAUT Michael, MICROFISICA DEL PO DER, La Piqueta Editores, Madrid,

1978.

ENTRE LUCES Y SOMBRAS: UN RÁPIDO BALANCE

A pesar de los muchos límites que tuvieron las iniciativas populares y aunque dentro de la crisis y del actual deterioro de las dinámicas sociales en su conjunto, nadie podría negarles a las experiencias de base importantes logros y significativos alcances.

En primer lugar, la iniciativa popular en la s dos últimas décadas hizo menos duro el impacto de la genocida lógica clasista dominante en la esfera económica, social y política. Sin los miles de comedores populares, de cooperativas, de clubes de madres, de empresas autogestionarias, de botiquines o enfermerías barriales, de cursillos sobre salud, sin las luchas para el alumbrado o el desagüe, sin las redes de reciprocidad ampliada entre los miembros de una comuni dad, en fin sin el conjunto de todas aquellas prácticas, que algunos llaman «estra tegias de sobrevivencia», otros «economía informal» y otros más bien «economía de solidaridad», seguramente la «matanza» implícita en la práctica neoliberal habría sido mayor. En este sentido la resistencia popular ha defendido en primer lugar la vi da de miles y miles de mujeres, niños, hombres que una impiadosa razón instrument al consideraba sobrantes y, por ende, desechables como desperdicios y basura soci al. Todo ello resulta evidente también si consideramos el importantísimo papel que las organizaciones populares han jugado no tan sólo en la construcción de una práctica y de una lógica económicas alternativas, sino también en la defensa de elementales derechos humanos frente a las sucesivas oleadas de autoritarismo represivo que ensangrentó América Latina, antes en los años setenta descaradamente y con abierta cobertura institucional, y luego en los ochenta y noventa enmascarado bajo el disfraz de democracias con hambre, desocupación y pobreza.

Sería suficiente este primer resultado de la práctica popular como para justificar una positiva e históricamente trascendental valora ción. Y, sin embargo, hay muchos otros méritos.

Consideramos, por ejemplo, que han sido justamente las iniciativas de estos nuevos actores populares las que han permitido replantearse el problema de la democracia y de su relación con el tema de la justicia social. Ha sido en este espacio social que amplios sectores postergados, marginalizados, sin re presentación y, más aún, sin poder han reivindicado la conquista de status pleno como ciudadanos, acelerando así un proceso de extensión de la democracia que antes había logrado o querido incluir tan sólo a las capas sociales

tradicionales de todas maneras integradas en la formalidad institucional económica y política. Y al mismo tiempo se ha puesto con fuerza el problema de una profundización democrática, de una, para decirlo con las palabras de Agries Heller, «radicalización de la democracia»: recuperación de la vida cotidiana como espacio de ejercicio de la política; construcción de poder desde abajo y redefinici ón de la relación entr e Estado y sociedad civil; cuestionamiento crítico de las relaciones de poder en la vida cotidiana y democratización a partir de las relaciones in terpersonales; búsqueda de una simbiosis entre forma y contenido del proyecto democr ático y ligazón entre este último y un proyecto socialista, es decir, una síntesis del ideal de libertad con el ideal de justicia social.

En fin, creemos que los nuevos actores sociales hayan tenido un importantísimo papel en lo que se refiere a lo cultural y a lo simbólico. La tarea no fue y no es nada sencilla. Se trataba de enfrentar la crisis de los partidos políticos también en cuanto agencias de producción cultural y de imaginario simbólico colectivo, además de la cre- ciente hegemonía de la moderna cultura consumista y mas mediológica. En fin, había que dar respuesta a la emergencia de seudo alternativas culturales, en formas de sectas religiosas o folklóricos espiritualismos. Cierto, no podemos afirmar que el movimiento popular haya solucionado todos estos proble mas. Pero, sí podemos decir que con las experiencias populares se ha mantenido viva la memoria, la valoración y la permanente creación de una cultura de oposición y de lucha, de una identidad crítica y al mismo tiempo con racionalidad propia de un proyecto societario alternativo fundamentado en los valores de la equidad y de la solidarid ad entre los hombres. Y tal vez sea por ello que América Latina sigue gestando una cultura popular basada sobre elementos de libertad, de justicia, de tolerancia, casi diríamos de humanismo integral, mientras en otras regiones del así llamado tercer mundo la cultura de oposición ha asumido características no tan sólo violentas sino, sobre todo, regresivas, intolerantes, autoritarias y dogmáticas.

Pero, es cierto que todo ello se enlaza con muchos límites y problemas pendientes, los mismos que dejan la apuesta todavía abierta y en la incertidumbre. Aquí todavía no hay ganadores sino un proceso por muchos as pectos dificultoso y hasta contradictorio. El pueblo, el movimiento popula r no son categorías ideales sino hechos históricos ,y en cuanto tales suman en sí aciertos y fracasos, pasos adelante y pasos atrás, luces y sombras, en fin reflejan toda la complejidad, la dureza, la «impureza» de la historia real.

Entre las cuestiones pendientes de estas experiencias populares, quisiéramos señalar las siguientes:

  • - Se encuentran todavía en muchas de las experiencias de base debilidades organizativas y de sistematización de las experiencias empíricas y que una lógica inmediatista, que no va más allá de la gestión de lo cotidiano, tiende a suplantar.

  • - Ello conlleva muchas veces un estar cerrados en el espacio localista sin mayor posibilidad de articulación con otras similares experiencias en búsqueda de sinergias de conjunto. Todo ello conlleva una contradicción muy peligrosa entre proyecto parcelado y proyecto integral de desarrollo.

  • - También hay que destacar que muchas veces se trata de experiencias no reproducibles, por constituirse al interior de determinadas condiciones en cierto sentido privilegiadas, incluyendo la posibilidad de contar con recursos financieros externos. - Hay mucha, veces una estridente contradicción entre una cultura democrática, participativa, solidaria y fundamentada en la reciprocidad y una práctica que no deja de ser verticalista, autoritaria, individualista, al punto que se denuncia un proceso de debilitamiento de los lazos comunicantes en favor de lógicas sectoriales.

  • - También se asiste a una tensión entre el respeto y la valoración de las diversidades y la tentación de la simplificación mecánica y unidireccional, como manera abreviada de alcanzar cohesión a fuerza de un nuevo dogmatismo vanguardista.

  • - Es útil remarcar el problema existente por la contradicción entre la exigencia de autonomía frente al Estado y al sistema de los partidos y los procesos de cooptación por parte de ellos. - Por último, quisiéramos señalar el interrogante crítico fundamental que nos plantean estas experiencias de movilización popular: ¿se trata de auténticas alternativas que cuestionen el sistema, impulsen el cambio social o al contrario son actividades que pueden ser asumidas con facilidad por el sistema imperante, ya que buscan una adaptación más eficiente a las condiciones de vida impuestas por el capital?

Con

ello nos

encontramos

ya

en

el

espacio de la política,

pues nos estamos

preguntando sobre el alcance global de estas prácticas sociales. ¿Cómo se insertan, y

qué aporte hacen, estas experiencias y organizaciones, en un proyecto de transformación social y en un proceso

de desarrollo? Es una pregunta que nos planteamos con mucha fuerza y sin retórica, porque «quienes participan sumergidos en estas experiencias particulares v concretas sienten que ellas serían un simple paliativo de los problemas sociales, o no irían más allá de solucionar problemas coyunturales -que incluso podrían ser acusadas desde cierta ideología de amortiguar conflictos o descomprimir tensiones sociales que de otro modo podrían acumularse hasta emerger revolucionariamente-, a menos que cada una de estas distintas organizaciones y experiencias, conscientemente o no, parti- cipen de hechos en un proceso de conjunto, y sean parte de un proyecto más amplio, orientado en sentido transformador que les dé sentido, perspectivas y proyección» (Razzeto). 10

Esta misma pregunta tendremos que asumirla también en relación a las experiencias con niños, adolescentes y jóvenes trabajadores, pues no se trata de otro mundo, separado del contexto popular, sino de una expresión más de su interna articulación, complejidad y riqueza.

10

Ver

Razzeto

Luis, Sobre

la inserción y

el

aporte de

la economía de

solidaridad en un proyecto de transformación social, en Varios autores

ESTRATEGIAS Y VIDA EN ELA UTOR SECTOR POPULAR URBANO, fovida, Lima, 1987, p.211

UNIDAD 2 LOS NIÑOS Y LOS JÓVENES TRABAJADORES COMO NUEVOS SUJETOS DEL PROTAGONISMO POPULAR

ANTECEDENTES

Es indudable que los nuevos movimientos populares se inician y se desarrollan como una propuesta de movilización relacionada ex clusivamente con los adultos. Es cierto, por ende, que no fue la categoría de edad la que concitó energías y proyectos, aunque los niños y los jóvenes se encontraran de vez en cuando en la condición de beneficiarios de las nuevas prácticas sociales que se iban construyendo. 11

Más aún, hay que destacar el hecho de que tampoco el trabajo fue en un comienzo algo central en las iniciativas de los nuevos sujetos populares, aunque sí se promovieron todo un conjunto de «estrategias de sobre vivencia» que eran verdaderas formas de producción de recursos. Pero, no era la condición de trabajador la que definía la común identidad grupal alrededor de la cual se iban armando las experiencias populares. Tal vez esta última consideración no valga para los movimientos campesinos, en donde la experiencia de la labor productiva quedaba como eje central en la definición de una nueva subjetividad emergente. Pero en la ciudad era más bien la condición

11 Ver de CUSSIANOVICH Alejandr o y SCHIBOTTO Giangi la Unidad de estudio n. 1: EL niño como sujeto en la educación popular, en TRABAJO SOCIAL Y EDUCACION POPULAR CON NIÑOS, GELATS, Lima, 1991.

de «vecino» la que impulsaba en origen la construcción de nuevas identidades así como de lazos organizativos, demandas reivindica tivas y• de representación, proyectos alternativos.

Así fue que por muchos años aspectos importantes de la problemática y, casi diríamos, la presencia de los niños, adoles centes y jóvenes trabajadores pasó casi totalmente desapercibida para el movimiento popular. En cuanto a su condición atarea los niños y ,jóvenes no eran considerados como un grupo específico, portador de pro- pias contradicciones y de una propia identida d. Menos aún se los podía pensar como sujetos potencialmente protagónicos y con ca pacidad de activar sus propios procesos organizativos, a raíz de poderosos supuesto s adultistas procedentes de la cultura hegemonista de la clase dominante, pero fuertemente interiorizados y enraizados también en el medio popular. Pero tampoco se los consideraba en cuanto trabajadores, ya sea por la asunción de modelos occidentales que estigmatizaban la condición de trabajador en cuanto referida a un niño o a un adolescente, va sea por que, como liemos recordado antes, la identidad de los nuevos sujetos populares se iba perfilando alrededor de otros ejes, dejando al margen la identidad del trabajo.

En seguida cl movimiento popular se fue articulando más, ensanchando sus espacios de acción y consiguientemente dejando que emergieran otras problemáticas y otros sujetos. En particular cabe anotar a los in dígenas y, sobre todo, a las mujeres, que en pocos años se volvieron verdaderas protagonistas de las prácticas populares, obligando a asumir cabalmente la temática de género como central en la práctica y en la teoría de los nuevos procesos democratizadores desde abajo.

También se impuso, sobre todo en algunos países del Continente dramáticamente azotados por regurgitaciones represiv as, el tema de los derechos humanos.

Todo ello, sin embargo, no produjo entonces una recuperación de la problemática de los niños y jóvenes trabajador es, aunque sí se acentuó la atención a la infancia, en cuanto estrato más débil frente a los estragos de las políticas neoliberales. En otras palabras, el rnovimiento popular asumió frente a la infancia la doctrina de la «protec- ción integral», privilegiando a los niños más pequeños, sobre todo de cero a cinco años, y como sectores de intervención en salud, alimentación y -en cierta medida- educación. De todos modos, los niños no salían de su condición de beneficiarios pasivos, apéndices sin especificidad de proyectos más globales, o cuando lograban destacarse con su propio rostro era generalmente con un perfil de hambrientos

enfermos víctimas que necesitaban ser asistidas. Quede claro que con ello no se está condenando estas experiencias, que, como por ejemplo en el caso del Vaso de Leche o de las campañas de vacunación, han logrado sa lvar la vida de miles y miles de hijos del pueblo. Tan sólo se quiere destacar que tales experiencias no lograron entender toda la riqueza y potencialidad que se estaba desarrollando en otro sector de la infancia v de la juventud, y que hubiera impuesto otro ti po de abordaje v hubiera abierto otros horizontes de proyectualidad, entonces.

El tema de la infancia seguía así siendo copado por unos reducidos sectores de organizaciones populares, pero sobre todo por instituciones específicas, tanto locales y nacionales como internacionales que poco te nían que ver con la práctica popular de base, aunque no faltaron intentos de acercamiento a veces sinceramente motivados, a veces decididamente instrumentales. El tema de la juventud sufría tal vez (le un anonimato todavía más pesado, pues había di ficultad para tomar conciencia de loa jóvenes como grupo social propio y con un potencial rol protagónico en la coyuntura histórica que se estaba viviendo Más bien los jóvenes eran vistos, a veces, en su desubicación económica v también cultural v afectiva, como desempleados crónicos, en parte expresión de una cultura violentista, en parte expresión (le un folklore que era una mezcla de tradicionalismo, rock, rap, fútbol, mitos occidentales v nostalgias precolombinas.

En este contexto, menos aun se asumía a los niños y los jóvenes trabajadores coito eje específico de una labor de promoción popular. Hace dos años, por ejemplo una revista peruana de educación popular, «TAREA», editó un resumen bibliográfico que daba cuenta de las publicaciones sobre los NATs en los primeros años de los '80 a nivel de América Latina: tan sólo se encontraba dos o tres títulos, lo que reflejaba no tan sólo un descuido teórico sino también una escasez (le experiencias prácticas. Situación que en el último lustro ha cambiado sensiblemente.

UN LARGO CAMINO DESDE EL ANONIMATO HACIA EL PROTAGONISMO

Sin embargo, es en estos mismos años (últimos de los '70 y primeros (le los '80) que se desarrollan y se consolidan algunas importantísimas experiencias pioneras de labor con niños y adolescentes

trabajadores, casi todas surgidas desde la base popular, aunque en un comienzo con una dinámica propia y reivindican-do aut onomía frente a las otras organizaciones populares. A1 mismo tiempo ya no se trat a genéricamente de infancia, sino propia- mente de infancia trabajadora, llegando a un a definición más precisa del sujeto de la intervención.

También hay, que destacar que se abren otros caminos que no sean simplemente los de tal o cual enmascarado asistencialismo, sino que conduzcan a un discurso de movilización, de participación, de organización v cambio social.

se mutación del escenario.

A todo

ello

sumaron otros

procesos que ayudaron a una verdadera v real

En primer lugar, hay que destacar la emergencia, en todas las grandes ciudades de la Región, de los así llamados «niños de la calle», fenómeno que, a pesar de ser numéricamente menos significativo del más amplio y englobante fenómeno de los niños y adolescentes trabajadores, sin embarg o fue el que concitó la atención tanto de los operadores sociales, así como de las instituciones, de los mass-media y de la opinión pública a nivel mundial. Todo ello se tradujo para muchos en una entrada indirecta al mundo de los NATs, pues pronto se tomó conciencia que los mismos niños y adolescentes (le la calle eran trab ajadores y que, aunque con características propias, pertenecían al grupo más extenso (le los niños, adolescentes y jóvenes que iban desarrollando sus propias «est rategias de sobre vivencia».

En segundo lugar, la inmisericorde aplicac ión de las recetas neo liberales, con sus secuelas de mayor pobreza y desamparo social, hizo que el fenómeno de los NATs se volviera siempre más contundente en términos cuantitativos y de visibilidad. Todo ello casi obligó a que se prestara mayor atención a este grupo social, con el consiguiente desarrollo de proyectos y experiencias (le promoción.

En fin, la temática del trabajo, que en los inicios de las nuevas experiencias de promoción popular había quedado al margen de la atención prevaleciente, en particular en relación a los jóvenes, viene siendo paulatinamente reincorporada, aunque limpiándola de los viejos escombros obreristas. Este proceso está impulsado, sobre todo, por la explosión del llamado «sector» in formal de la economía, lo que conlleva a la necesidad de promover proyectos también en este ámbito con una fuerte y dinámica presencia popular. En otras palabras

el trabajo informal se presen ta como la nueva y mayoritaria forma de ser trabajador de los sujetos populares, procediendo de ella ya sea la producción de recursos para la sobre vivencia como de elementos de identi dad, de reivindicación, de cultura, de organización. Con esta recuperación de la temática del trabajo por parte de las expe- riencias de promoción popular se abrió paso , para darle mayor espacio también, a la problemática de los niños, adolescentes y jó venes trabajadores, que hasta entonces había sido asumida con menor convencimien to v continuidad por parte también de ONGs como por las políticas sociales.

A todo ello habría que agregarle también unos cuantos trascendentes eventos a nivel internacional, como la aprobación en 1989 de la Convención ONU para los derechos del niño, que reactivó indudablemente cl interés, acerca (le la problemática infantil y de los adolescentes, no sin una particular atención a los niños y jóvenes trabajadores. 12

Fue así (¡tic el escenario de partida se transformó radicalmente, asistiéndose tanto a una rnultiplicación, sin precedentes, de la s experiencias con los NATs, corno a una legitimación de este sector como tino de los más novedosos e interesantes entre las iniciativas de promoción popular.

Se trata de un proceso todavía no concluido y bajo muchos aspectos limitado y contradictorio.

No termina, por ejemplo, cierto descuido y hasta sospecha por parte de las tradicionales organizaciones de base hacia la posibilidad, de un protagonismo infantil y ,juvenil, sustentado en el rol y la identidad de trabajadores. Fuerte es la resistencia de una cultura adultista que se niega a dernocra tizar según un estilo participativo de las relaciones (le género y, sobre todo, aque llas de edad: muchos son los luchadores democráticos que al hablarles de niños o de adolescentes, es decir, al hablarles de sus hijos, se vuelven padres autoritarios v despóticos. 13

  • 12 Cfr. el articulo ;S2 (le esta Convención Internacional, justamente sobre el tema (le] trabajo infantil y juvenil y para un análisis del mismo, ver Ama M. Yánez, Apuntes 5, ed. R llamen, Lima. 1995.

  • 13 Ver cl acápite La sospech a y el escepticismo del pueblo: luchadores democráticos y

padres autoritarios, en TRABAJO SO CIAL

...

,

op.cit.,p.p. 49-50.

A1 mismo tiempo, muchas organizaciones no gubernamentales y, sobre todo, muchas de las instituciones públicas y de los organismos intern acionales todavía no superan cabalmente un vicio de origen que les hace percibir la problemática infantil como separada de las experiencias de los nuevos sujetos populares y más bien anclada a una suerte de amplia temática ética de corte humanístico y relacionada con un general problema de civilización. Esta concepción tiene su base de legitimidad, pero ello no le quita evidencia al hecho que mi entras tanto las vicisitudes y las «respuestas silenciosas» de los NATs se insertan en el medio popular y en las prácticas alternativas que en este medio se han desarrollado. Ello hace que todavía es insuficiente la relación que estas instituciones tienen con la realidad de los movimientos de base, aunque se registren muchas y significativas excepciones.

Sin embargo, a pesar de estos límites y de estas contradicciones, es indudable que sobre todo en los últimos años hubo un consistente proceso de correcta ubicación de la problemática de la infancia y de la juventud trabajadora en el más amplio horizonte de la escena histórica popular, así como la asunción de las prácticas de los NATs como auténtica y creativa expresión de un nuevo sujeto popular-. Hoy, día los mismos NATs y los que trabajan con ellos, se han abierto un espacio real, aunque aún reducido, de legitimación en el ámbito popular, que les permite percibirse y representarse como expresión de un mas amplio movimiento de resistencia, pero también de oposición Y de alternativa.

Al mismo tiempo, con siempre mayor frecuencia, ONGs, instituciones públicas v también los grandes organisrnos internacionales toman conciencia que enfrentar la problemática de niños y ,jóvenes trabajadores no es entrar en ningún territorio aislado o aislable, casi auto referencial y desanclado del más amplio contexto popular, y que por ello hay que relacionarse más de cerca c on los movimientos de base v respetar su estilo participativo y su proyecto de cambio.

LOS NIÑOS Y LOS JÓVENES TRABAJADORES TAMBIÉN SOMOS PUEBLO

Es indudable que la condición de vida de la gran mayoría de los niños adolescentes y jóvenes trabajadores está afectada por un conjunto de carencias, privaciones, problemas, insatisfacciones de las conjunto

elementales. Todo ello amenaza sus posibilid ades no sólo de desarrollo sino a veces de sobre vivencia física, psíquica, afectiva.

Esta cara dramática e injusta de la vida de la infancia y de la juventud trabajadoras podría aparecer como justificativa de una postu ra asistencialista y orientada a solucionar la emergencia, sin complicarse con cuestiones de participación, protagonismo u otras más complejas y conflictivas relacionadas con el «proyecto histórico popular».

No cabe duda que el diagnóstico transmite lágrimas y sangre. El niño, cl adolescente, el joven de los sectores populares se en cuentra dramáticamente comprometido en la diaria lucha por la sobre vivencia, mu chas veces sufriendo una condición de precariedad, de agresividad, de au toritarismo, de desubicación.

Y si esto ocurre en el plano de las llamadas «necesidades primarias», ¿qué espacio queda para el juego, la alegría, la ternura, la afectividad, la identidad?

Parece, entonces, que nos encontramos en un desierto de sal. Por ello no sorprende que en los últimos años se empiece a denunciar la moda de cierta lectura casi valorativa de la pobreza: todavía se sigue viendo a los pobres como personas ricas en valores, energía, creatividad, pero mientras tanto el deterioro de sus condiciones de vida conlleva la negación de cualquier posibilidad de desarrollo, de propuestas, de futuro con aliento estratégico.

Cierto, no podemos negar que la tragedia presente de la infancia v de la ,juventud trabajadoras confiere legitimidad y dignidad «moral» a estos discursos de los cuales, sin embargo, pueden sacarse peligrosas propuesta s operativas, en una óptica que por cuidar exclusivamente lo urgente, la sobre vivencia de tantas víctimas, descuida atender a la calidad de la acción social que se desarrolla, al proyecto de mediano y largo plazo, a los procesos de construcción de sujetos organizados y articulados entre ellos.

En este desierto de sal hay también elementos de vida, de acción, de esperanza, de movilización, de lucha. Ni los pobres ni los JANTs parecen haberse resignado a su cruda situación. En el Contin ente ellos han irrumpido también con fuerza y creatividad.

Los miles de niños v niñas trabajadores, que asumen responsabilidades en su hogar, que cuidan como padres a sus hermanos más pequeños, que participan en las luchas de

sus comunidades, en la gestión de un comedor, que dan vida a sus propias organizaciones que aprenden escribiendo sobre un papel sucio, que juegan con tina pelota de trapo en los recreos de su trabajo; los niños de la calle, sobrevivientes de una guerra que mata con pobreza v hambre y también, cuando sea el caso, con balas; estos niños v adolescentes callejeros, violentos, agresivos, rateros, infractores, antisociales, como los categorizan, pero con formas de solidaridad sorprendentes, con mecanismos propios de aprendizaje y códigos afectivos; humanidad viva que demasiadas veces no descubrirnos por quedarnos a observar la inevitab le suciedad de su piel; y, en fin, todos los jóvenes trabajadores, estudiantes sin es peranza de movilidad social, desempleados, expulsados de los mecanismos «modernizado res» del capital neoliberal, jalados tanto por el espejismo revolucionario como por el punk o el rock, «cholos» con sus trajes andinos al tocar huainos, pasillos, sayas, en algún club paisano de una barriada o en una peña folklórica, o con sus jeans de segunda mano persiguiendo el sueño de Miami, v, sin embargo, activos en esta desubicación, en esta suerte de destierro en la propia patria, inventándose un trabajo, resistiendo a la desesperación, al hundimiento, organizándose ellos también, luchando por una sociedad distinta que nunca más haga de esta edad, destinada a ser tan bella y promisora, un calvario para los oprimidos: esta infancia y esta juventud expresan una volunt ad reactiva y propositiva frente al presente y hacia el futuro. Reconocerla y valorarla no se ría un acto de justicia sino un factor de reconstrucción del tejido social de nuestros países.

Por ello que la historia de las prácticas de y con los JANTs tiene que ser asumida, sin lugar a dudas, en el espacio del protagonismo popular, y éste es un asunto que antecede a todo, como una suerte de brújula originaria que nos permita luego orientarse en el camino analític o y metodológico más específico.

La historia de los nuevos sujetos y de los nuevos movimientos populares va incorporando como sus expresiones también las de los niños, adolescentes y Jóvenes trabajadores; se está trabajando por un mismo proyecto, en nombre de los mismos valores y de una misma idea de cambio social.

De este reconocimiento, de esta ubicación económica, social, cultural y política se debe iniciar cualquier propuesta de acción social con los niños, adolescentes y jóvenes trabajadores que quiera tener incidencia soci al. Ellos no están dispuestos a permutar su «sangre» por unas cuantas ayudas financieras o promesas de nuevos paraísos

imaginarios. La liberación de la actual situación y de las condiciones de hoy vendrá para el conjunto de la sociedad: en ello, por ello, para ello trabajan y luchan también los niños y los jóvenes de sectores populares.

LOS NIÑOS Y LOS JÓVENES REIVIN DICANDO UNA IDENTIDAD PROPIA

Sin embargo, todo lo antedicho no significa que los niños, adolescentes y jóvenes trabajadores no aporten su propia especifici dad al conjunto de las expresiones del movimiento popular. No se trata de una mezcla sin sabores particulares, de una, para decirlo con Hegel, «noche en la que todos los gatos son pardos».

Por el contrario, la emergencia en el ámbito popular de la infancia y de la juventud trabajadoras conlleva todo un conjunto de nuevas particularidades, que acarrean ya sea nuevos problemas e interrogantes, ya sea nuevas potencialidades. Destacar estas particularidades no significa jugar en fa vor de la división del mundo popular, sino esforzarse por entender las distintas iden tidades que entran en ,juego, como para proyectar un proceso organizativo democratizador en que cada cual pueda ser respetado y valorado sin la violencia de un autoritario dogmatismo hegemónico.

¿Cuáles podrían ser, entonces, las peculiari dades de los niños y jóvenes trabajadores en el más amplio contexto popular? Propone rnos un listado provisional de los aspectos distintivos sobresalientes, casi todos ligados a la condición de edad, la misma que conlleva muchas consecuencias de relieve y a varios niveles:

Un grupo que se identifique a partir de su condición de edad es un grupo inestable y en permanente mutación en cuanto a los individuos que lo conforman. Ello puede crear un problema, casi se diría, de legitimación de la misma existencia social de este grupo y ,justificar una actitud de subestimación del mismo.

Esto vale también para lo que se refiere a procesos organizativos. El carácter de transitoriedad anagráfica en la condic ión de niño y de ,joven, acelera la movilidad de los que participan en la organización, haciendo que no se pueda contar con un piso estable de cuadros y dirigentes. Ello significa también, en positivo

una continua renovación y creatividad e impide fenómenos de cristalización del liderazgo y del poder, típicos de otras ex periencias organizativas. Sin embargo, impone el difícil reto de enfrentar la continuidad y la renovación de elementos importantes; el difícil reto de formación permanente y la exigencia de una muy fuerte dinamicidad.

Siempre en el mismo ámbito, los niños, adolescentes y Jóvenes trabajadores tienen que enfrentar una interna articulación etaria, que puede conducir tanto a una peligrosa división como a una positiva radicalización de la calidad democrática del grupo. Se plantea aquí el problema de construir una organización lo suficientemente elástica e internamente articulada como para poder representar v valorar las distinta s expresiones del protagonismo infantil y juvenil, no descuidando en particular a los más pequeños y poniendo atención a que no se incuben y desarrollen fenómenos de conflictos interetarios.

Uno de los más grandes problemas todavía no solucionado en las nuevas prácticas populares, ha sido siempre la presencia de agentes externos al medio popular mismo, llámense promotores, asesores, expertos, educadores, misioneros o cualquiera otra de las tantas denominaciones. En el caso de las experiencias con NATs el problema se duplica, pues el «colaborador», además de no ser en muchos casos un cuadro popular, es siempre un «adulto», lo que significa «una condición etaria invasiva». En otras palabras, la presencia de los colaboradores adultos añade otra cues tión delicada y de extrema importancia. El principio de la democrática auto organización infantil y ,juvenil no se pone como antitético a la colaboración de los adultos, a condición que ella no reproduzca el autoritarismo dominante y, más bien, busque concretar la ruptura de un modelo que sanciona una asimetría relacional, de poder y de roles, entre niño y adulto. Sin embargo, el problema existe y la presencia de colaboradores adultos sigue siendo uno de los puntos de más difícil y riesgoso manejo en la acción social que se desarrolla con los NATs.

E1 movimiento enfrenta una poderosa hegemonía cultural de corte adultista que está enraizada en cl mismo medio popular. Desde allí se origina un clima de descuido, de escepticismo, de desconfianza y hasta de agresividad conflictiva en contra de cualquier discurso o práctica que quiera

cuestionar las tradicionales relaci ones de edad. Como, y tal vez más radicalmente que en el caso del movimiento de las mujeres, la valoración del niño y joven trabajadores obliga a la crítica de estereotipos, de costumbres, de prenociones, prácticas difundidas que invaden y enredan el mundo cotidiano. Todo ello, a veces, obstaculiza y torna problemática la relación con cl mismo movimiento popular, pues no siempre las organizaciones populares aceptan una relación democrática con la organización infantil y juvenil.

  • - Consecuente con todo ello es la costumbre de legitimar acciones de corte asistencialista o de todas maneras impositivo si es que se trata de NATs. En este caso juega el supuesto de que no se trata (le sujetos sociales sino tan sólo de posibles beneficiarios de la acción social. Es por ello que, sobre todo en relación a la infancia, se desarrolla, aún en el medio popular, la doctrina de la «protección integral» más que la de la «promoción». Es por ello que los jóvenes muchas veces también son percibidos sólo corno peligrosos v movedizos «extremistas sociales» o como improductivos, desubicados, quejosos, que dan vuelta con sueños v lamentaciones, pero sin propuestas y capacidad de auténtico protagonismo.

Pero los ,JANTs traen consigo también sus propias potencialidades, que hay que valorarlas también en la práctica social con ellos.

Consideramos, por ejemplo, que justamente la condición de edad de un niño o de un, joven trabajador reactiva-en la esfera del espacio, social, económico, político- aspectos descuidados por los adultos: la tern ura, el ,juego, las emociones, la gratuidad en las relaciones personales, el mundo afectivo, cierto estilo de generosidad sin cálculo, la libertad de los vínculos de una memoria demasiado cargada, el sueño, la esperanza, la capacidad de pensar todavía el futuro. No se quiere hacer una crítica exaltación de la niñez y de la juventud. Bien sabemos cuánta desesperanza, agresividad, hasta egoísmo, cuántas «cicatrices de la pobreza» se pueden encontrar en un niño de la calle o en un, joven desempleado. Pero también hay que valorar la calidad renovadora, la limpieza, el brillo emotivo y creativo de la infancia y (le la juventud, el mismo que muchos van perdiendo con el sumarse impiadoso de los arios v de las arrugas, tanto del cuerpo como del alma. Los JANTs pueden obli gar a una saludable y positiva mutación antropológica, recordándole a la sociedad adultizada lo que podría haber olvidado bajo los estragos de tantas desilusiones históricas.

Para ellos

no nos encontramos frente al

«fin de

la

historia»

sino,

más bien,

al

«comienzo».

Ellos nos dicen que si donde termina el arco iris no hemos encontra do la olla repleta de monedas de oro, no es porque no exista sino porque no hemos sabido buscarla bien.

UNIDAD 3 LA ACCION SOCIAL CON NIÑOS Y JOVENES TRABAJADORES: UNA EMERGENCIA EMPIRICA

LOS NATS ESTÁN DE MODA.

En los últimos años hubo una verdadera «explosión» de la práctica social con los NATs. Asistimos a un multiplicarse de acci ones, intervenciones, proyectos, planes de política social en favor de la infancia v de la "juventud trabajadoras. 14

La oleada ha invadido todos los niveles y cu bierto a los más heterogéneos sujetos. La experiencia, los actores y agentes de políticas sociales para la infancia y la juventud trabajadoras en los '90 son de los más vari ados y siguen multiplicándose cada día.

Muy activas han sido, por ejemplo, las or ganizaciones sociales de base, que han venido asumiendo algunos probl emas de la infancia y de la, juventud en cuanto categorías sociales y colocando en los niveles local, regional, nacional e internacional, la necesidad de otorgar un nuevo tratamiento a esta problemática. Cierto, todavía hay muchas resistencias por parte del medio popular , ya sea para localizar bien la problemática de los, JANTs, ya sea para superar actitudes de

  • 14 Ver de SZANTOS BLANC Cristina y colaboradores, NIÑOS DE LA CIUDAD EN DIFICULTAD: PROBLEMATICAS Y ESTRATEGIAS INNOVATNAS, Gordón y Breach, 1994.ver también a CARTA Vittorio, Infancia, acción social y políticas públicas, en la revista NATs, n.1., febrero de 1995.

rechazo represivo, sobre todo, contra los así llamados «niños de la calle». Sin embargo, dentro de estos límites, las organizaciones populares de base han empezado no sólo a ser más activas en enfrentar los problemas de los niños y jóvenes trabajadores, sino también a repensar críticamente el rol de la infancia y de la juventud en la comunidad social.

Otro agente lo constituyen las instituciones, tanto públicas como privadas. A este nivel cabe destacar no sólo un mayor dinamismo de las instituciones específicamente orientadas a la labor con niños y jóvenes, sino también una asunción de la problemática por parte de organismos que hasta hace poco tiempo no la consideraban como propia. Además, el fenómeno de los niños y jóvenes trabajadores se ha ganado un espacio casi prioritario, lo que antes no se daba. 15

El Estado, en la mayoría de los países de la Región, ha sido otro actor presente en el tratamiento de la problemática de ¡os menores de edad y jóvenes trabajadores. Cierto, esta presencia ha sido muchas veces más de formalidad que de sustancia; por otro lado, no podemos olvidar la intrínseca c ontradicción entre las promesas de política social en favor de la infancia y juventud y la adhesión a modelos de ajuste neoliberal. Todo ello, sin embargo, no le quita un fu ndamental protagonismo al Estado, tanto en referencia a unos pocos episodios positivos, como a los muchos que desafortunadamente siguen reafirmando una voluntad represiva y violenta de las insti- tuciones estatales.

Un mayor dinamismo han demostrado, en la última década, los organismos internacionales, ya sea los no gubernamentales de solidaridad y cooperación, ya sea las mega instituciones transnacionales como ONU, UNICEF, OIT, etc. Convenios, cumbres, planes de acciones, convenciones, acuerdos, programas integrales promovidos por estas instancias mundiales se han multiplicado en los últimos años, llegando a movilizar buena parte de la opini ón pública y a colocar el tema no tan sólo en la agenda de los gobiernos sino también en la

15 Recordamos, por ejemplo, el caso de UNICEF, que en los Últimos :unos se; ha interesado más activamente a la problemática específica de los NAB, aunque insistiendo con sus usuales categorías interpretativas, como la de «niños en circunstancias particularmente difíciles"

diaria difusión de los medios de comunica ción de masa. El «clímax» de toda esta movilización se alcanzó con la aprobación de la Convención por los derechos del niño en 1989.

En fin, otro actor está constituido por los mismos niños, adolescentes v Jóvenes, y ello tal vez sea el hecho más novedoso de década y media. En efecto, si bien estamos acostumbrados aún a descuidar justamente a los niños y, muchas veces también, a los Jóvenes como sujetos activos de acciones y políticas sociales, sin embargo, en los últimos años la presencia de los NATs ha superado un desordenado inmediatismo conflictivo para alcanzar formas organiz adas de reivindicación y propuesta. Este proceso hace decididamente insuficiente y superado el esquema paternalista de considerar a los niños en particular, pero también a los jóvenes, tan sólo como beneficiarios de las acciones que les conciernen.

De todas maneras es indudable que en la década pasada y en la presente hemos asistido a tina considerable movilización de recursos tanto financieros como humanos. Y así como se ensanchó la participación numérica, igualmente se enriquecieron las tipologías de las acciones v de los programas, en particular superando el predominio de cierto corte exclusivamente asistencialista.

El problema, entonces, no concierne la necesidad de animar una situación inmóvil, desinteresada o indiferente. A1 contrario, provocativamente podríamos decir que casi se está haciendo demasiado, por lo menos en relación a niños trabajadores y de la calle. Es cierto, en principio no habría por qué lamentar este creciente interés c inversión frente a la problemática de los niños y jó venes trabajadores. Tan vasta oleada algo bueno trae, aunque no exenta de ambigüedades, contradicciones v contraindicaciones, cuando no de elementos francamente indeseables. Y, de otro lado, tan graves y exten- sos son los problemas de los NATs que siempre harán falta otros recursos, otras energías, nuevas y sostenidas reflexiones.

UNA DESORDENADA GEOGRAFÍA

Sin embargo, hoy día el multiplicarse acelerado de acciones, programas v políticas en favor de la infancia y de la juventud trabajadoras nos pone frente a una inocultable confusión, a un abrumador desorden. El mapa se complica cada día, pues los más heterogéneos sujetos van marcando en él sus distintos alfileres de todos los colores.

Estamos en presencia de un caleidoscopio, de un archipiélago, siempre más entrecruzado y confundido. Pocos parecen saber orientarse, no se cuenta con brújulas seguras y cada cual tiende a navegar a la vista confiando en su buen sentido empírico.

Hay experiencias que duran lo que dura una mañana; otras resisten algo más, pero en estado de permanente asfixia comatosa; algunas se mantienen artificialmente en vida tan sólo por la abundancia de “inyecciones” financieras, otras que se mueren injustamente por la escasez de recursos económicos v humanos; acá se abren talleres productivos, allí un programa educativo para NATs; en un lugar se piensa en la alimentación, en el otro en la salud; fulano tuvo la excelente idea de hacer jugar también a los NATs, otro pensó en ayudar a los jóvenes trabajadores con un equipo de rock o de fútbol; y, luego, un movimiento por los derechos, un programa para la salud mental, una casa-albergue, un programa de escolarización en la calle, una cooperativa de producción, una microempresa, tina propu esta organizativa, un campito para los recreos de los, jóvenes pordioseros, un proyecto de investigación, una campaña de divulgación en los medios de comunicación de masa, una acción reivindicativa frente a las instituciones, un nuevo código, la seman a del niño, cl día del joven trabajador, un intercambio con Europa, una ayuda de la so lidaridad internacional, etc., etc., etc.

Se trata de un espacio muy animado, movedizo, inquieto, casi en estado de fibrilación permanente, por donde pasan moda s y modelos de intervención, aparecen y desaparecen grupos y personas; en fin, un espacio en el cual no es fácil orientarse críticamente.

Por ello que se pone como tarea sumamente urgente la de empezar a desenredar esta compleja telaraña, en aras de ti- construyendo herramientas de orientación crítica que nos permitan darle un mínimo de ordenami ento a esta, por sí, tan borrosa empiria histórica.

La primera etapa de esta labor de orden amiento de las experiencias con niños y, jóvenes trabajadores se desarrolla esencialmente u un nivel informativo y descriptivo, antes de confrontarse con sucesivos v más exigentes momentos teórico- interpretativos.

Se trata, en un primer compás, de hacer una reconstrucción descriptiva de las principales iniciativas, articulándolas en un a segmentación que tome en cuenta tanto la variedad de los sujetos involucrados como el abanico de sectores de intervención, supuestos conceptuales, enfoques, paradigmas, objetivos y metas, tipologías de acción, idiosincrasias metodológicas, etc. Todo ello no se propone

como meta la de alcanzar una imposible exhaustividad informativa v menos aún estadística, sino más bien el objetivo de individuar unas cuantas líneas de fuerza dcl fenómeno que nos interesa.

LA

ACCIÓN

SOCIAL

CON

EJEMPLIFICATIVA

LOS

NATS:

UNA DESCRIPCIÓN

Para todo ello nada mejor que resumir, a nivel descriptivo, toda esta compleja geografía en unos cuantos ejemplos de acci ón social con niños, adolescentes y, jóvenes trabajadores, ejemplos que quieren ser re presentativos de las prevalecientes y más significativas tipologías de intervención.

Por supuesto que estos casos constituyen tan sólo un listado provisional y tal vez condicionado por nuestros propios supuestos conceptuales y también límites informativos. Pero, de algún lado había que empezar a ponerle mano a esta tarea. Ojalá que, siendo éste un texto de autoformación, es decir, para el ap rendizaje activo, cada lector se esfuerce por integrar estos ej emplos con otros sacados de su propia experiencia y conocimiento.

Los casos que presentamos son reconstruidos a partir de experiencias concretas y reales, pero han sido limpiados de referencia s demasiado específicas, pues la intención no es la de permitir el reconocimiento de tal o cual iniciativa singular, sino la de esbozar un mapeo orientativo de los ti pos principales de acción que se están desarrollando en la labor con los niños y jóvenes trabajadores.

a) Comida, Botiquín y una ducha para asearse ...

Un grupo de personas, pueden ser tr abajadores sociales, voluntarios de una parroquia, hasta señoras generosas de familias pudientes, suelen horrorizarse y se apenan frente a las condiciones de vida de tantos niños trabajadores y mas aún de los niños que viven en la calle. Sus evidentes necesidades elementales dramáticamente insatisfechas tocan la conciencia y la sensibilidad de estas personas. Hay que hacer algo frente a una situación absolutamente urgente y que es considerada en la inmediatez de su percepción empírica. Aquí , ahora, se ven uno, dos, diez niños trabajadores que no comen, que tienen enfermedades de varios tipos o que están sucios, etc. Esta es la situación

que, en este caso, está empujando a la acción; éste es el problema bien preciso, limitado, concreto que hay que solucionar.

Las respuestas prácticas pueden variar en cuanto a su apariencia superficial:

distribución de víveres o la apertura de un comedor, la creación de una posta de salud, la posibilidad de ofrecer unos cuantos servic ios de limpieza y aseo, la asunción directa de algunos casos más graves para llevarlos al hospital, hasta el ofrecimiento de recur- sos materiales a las familias (bolsa de vívere s o dinero), en algunos casos obtenidos a través de la práctica de las adopciones a distancia. Pero, estas distintas prácticas concuerdan en querer solucionar desde afuera , es decir, con aportes externos a la situación enfrentada, lo que son los síntomas visibles de una condición contextualmente más compleja, profunda y articulada.

Las acciones en este caso se desarrollan con una perspectiva cortoplazista: al niño que tiene hambre hay que darle de comer hoy día y mañana será igual. Ello no significa que estas experiencias no puedan durar un largo tiempo, pero esta duración se debe a una permanente repetición de las mismas a cciones de emergencia, con escasa o nula capacidad de acumulación y progresión: un almuerzo hoy, otro mariana, otro pasado mañana, pues cada día se presenta el mismo problema v no se modifican las variables que concurren a determinarlo.

El blanco de la intervención son sólo por casualidad niños trabajadores, pues lo que concita la atención, en este caso, más que la condición de trabajador es la de hambriento, desnutrido, enfermo, sin zapatos, etc. Si hay, una opción específica por los NATs, ella tiene una valencia más bien negativa, en el sentido que se los escoge porque sufrirían más que los otros niños la s carencias mencionadas precisamente por ser trabajadores.

Normalmente, a pesar de los evidentes límites de tales acciones, hay en las personas o instituciones que las promueven una sincera preocupación por aliviar los sufrimientos y las dificultades diarias de los NATs; pero no faltan ejemplos de instrumentalización de estas prácticas, como camino más fácil para penetrar en el medio popular v ganarse legitimación y confianza del grupo beneficiario. A1 mismo tiempo, también esta adhesión por parte de los NATs puede ser a su vez, instrumental:

siempre habrá mucha concurrencia donde se distribuya comida o ropa, pero todo ello puede tan sólo significar un pragmático aprovechamiento, con la conciencia, sin embargo, de la insuficiencia de esta propuesta y con la percepción de su corto aliento estratégico.

Y, sin embargo, teniendo cuidado de no subestimar de antemano cualquier acción de este tipo. En primer lugar, existen situaciones tan dramáticas y urgentes que pueden justificar un primer abordaje de corte asistencialista y hasta caritativo, aunque no legitimen la permanencia en el tiempo de los límites de este estrecho horizonte . En segundo lugar, muchas veces acciones de este tipo constituyen un primer paso para la asunción de una problemática que luego logra desarrollar otras dinámicas, permitiendo y empujando útiles revisiones críticas y dando piso para otros alcances operativos y teóricos.

Por último, cabe destacar que estas acciones se desarrollan según una metodología no participativa. Este es un límite no ocasional sino intrínseco, puesto que el blanco de la intervención viene visto tan sólo en su rol de víctima, como un conjunto acumulativo de carencias. En consecuencia los niños tan sólo pueden ser beneficiarios de la acción, es decir, objeto de una dádiva sin posibilidad de expresar su propia, activa y positiva subjetividad.

b) Asistencia para el «Espíritu»

En los últimos años se ha experimentado el surgimiento de un tipo particular de proyecto, que, aunque minoritario todavía, alcanza una presencia nada desdeñable. Se tata de iniciativas que se preocupan, sobre todo, por las carencias de segundo grado que afectan a los niños, adolescentes y jóvenes tr abajadores decir, sus problemas afectivos, psicológicos, expresivos, sus necesidades de recreo, de juego, de manifestación cultural propia, de identidad.

En la mayoría de los casos se hacen promotores de estos tipos de intervención entidades privadas laicas, conformadas, sobre todo, por profesionales con alto nivel de especialización y, muchas veces, con experiencia de trabajo en colegios particulares.

La filosofía que anima y guía estas iniciativas, justifica un cuidado especial de aspectos psicológicos del desarrollo infanto-juvenil, a partir de la premisa de que una situación de carencias materiales está acompañada, casi siempre, por un déficit de naturaleza emocional, afectiva, sentimental, etc.

Las acciones concretas se desarrollan coherentes con este supuesto: ocasiones de recreo, de ejercicio de la creatividad, prog ramas de juego y deportivos, constitución de equipos musicales, cursos de títeres

de teatro, asesoría psicológica, proyectos para la «salud mental» para tal o cual grupo de niños o Jóvenes, etc.

Con el precedente tipo de acción social, éste que se está analizando comparte un punto de partida «negativo», en el sentido de que a los niños v Jóvenes trabajadores se los ve, esencialmente, como sujetos carentes v necesitados; por ende, se requiere una urgente intervención externa que pueda paliar los estragos de la pobreza v de la violencia social y política. Una vez más, la idea de fondo es que aplicándose unos cuantos «parches», en este caso ya no físicos sino esencialmente psicológicos, se pueda contener el desborde de una situación que, de otra manera, alcanzaría niveles de deterioro inaceptables.

Sin embargo, este tipo de iniciativa representa, en la mayoría de los casos, un paso adelante dentro de este horizonte elementalmente, asistencialista

En primer lugar, la misma atención que se da a los aspectos psicológicos. afectivos, de identidad, etc. , coloca a los NATs ya no en el más bajo nivel de la urgencia material, sino que los reconoce en la integridad de su compleja identidad.

En segundo lugar, justamente por si¡ naturale za, este tipo de acción conlleva un nivel participativo mucho más elevado, pues supone adhesión v concurso activo por parte de los beneficiarios.

En fin, los resultados en muchos ca sos no solucionan tan sólo "urgencia" sino también "situaciones y problemas" V pueden así dar paso a otros niveles cualitativamente superiores. En otras palabras, si simplemente se le da un pan a un niño hambriento se soluciona de inmediato tina urgencia, pero mañana aquel niño tendrá otra vez hambre y se reproducirá la misma inalterada situación problemática. Por el contrario, si se soluciona una carencia psicológica es posible que el sujeto se fortalezca y que ya no se repita la situación de partida, aunque con el riesgo de que puedan darse procesos de regresión.

Todo ello ubica estas iniciativas en una suerte de territorio intermedio entre el asistencialismo y la promoción social. Y, por ende, en el vasto y heterogéneo grupo de estos programas podemos encontrar de todo : desde acciones decididamente limitadas por una óptica casi caritativa hasta proyectos abiertos a un discurso de participación, de crecimiento cualitativo, de movilización social.

c) La «Deportación Institucionalizada»

Blanco de este tipo de acción son los niños, adolescentes y jóvenes que se encuentran en una situación de abandono o de ruptura, en una condición "border-line" entre la legalidad y la ilegalidad, o aquellos que decididamente ya rompieron con los esquemas de la normatividad corriente: niños de la calle, vagos, sin familia, rateros, drogadictos, niños, adolescentes y jóvenes prostituidos o pertenecientes a los círculos de micro criminalidad urbana, pordioseros, infractores de alguna ley- o simplemente pidiendo limosna en algún barrio «pituco» o residencial, desplazados por la violencia política, en fin, todos aquellos que la categorización de UNICEF llama «niños y ,jóvenes en circunstancias particularmente difíciles» y que nosotros preferimos seguir llamando niños v Jóvenes trabajadores, aunque subrayando la radicalidad extrema y, muchas veces, sin salida de las estrategias de sobre vivencia que desarrollan, o -mejor dicho- en las que se encuentran enredados.

Para ellos, en muchos casos, se propone un proceso de institucionalización forzada, según la afirmación que la calle, la situación de abandono, el ambiente urbano en donde viven constituyen un peligro moral v físico para ellos. A este peligro no se le puede poner mitigantes mientras sigan viviendo en el mismo medio, desamparados v sin la protección de una verdadera familia capaz de asumir sus tareas de protección v educación. Por ello, mejor internar a esto s niños v adolescentes en institutos, donde sus desviaciones puedan ser corregidas y puedan ser sanadas sus «enfermedades» psico-sociales, para devolvérselos «normalizad os» a la sociedad, au nque en la mayoría de los casos esta «normalidad» corresponda a un nivel muy bajo de inserción en la escala de las clases sociales.

Por supuesto que tal esquema interpretativo y operativo Justifica la coacción v el recurso a la fuerza. A1 fin, se trata de «salvar» a estos niños y jóvenes y, por ello, en nombre de la protección, no hace falta preg untarse por el consentimiento de los interesados: del mismo modo actuaría un médico para salvar un enfermo que se esté muriendo. 16

16 El esquema reproduce una actitud que se podría llamar de «solidarismo autoritario" y que está a la base de la que García Méndez llamó la doctrina jurídica «salvacionista», como legitimación de la intervención represora del Estado frente a los menores

Esta suerte de salvoconducto ideológico conlleva que, en muchos casos, la concreta y diaria gestión del «forzoso» proceso de institucionalización se caracterice no sólo por sus aspectos autoritarios, sino también por excesos de agresividad y violencia, des- bordando en un verdadero internamien to carcelario, propiamente hablando.

Los promotores de este tipo de acción son aparatos estatales que tienen la potestad jurídica para actuar una institucionaliz ación forzosa. Pero, en muchos casos, organismos privados están encargados de la gestión operativa de los institutos, con la evidente irrupción de intereses económicos y también políticos potencialmente corruptores.

Dos observaciones más. La primera concierne el hecho que, antes de enfrentarse con sus límites cualitativos, esta experiencia ha chocado con una suerte de impractibilidad cuantitativa. En una ciudad como San Paulo o ç de Janeiro o Bogotá o Lima, los NATs, que según este esquema serían potencialmente «institucionalizables», son decenas y centenares de miles, mientras que ni el presupuesto estatal v, menos aún, los escasos recursos de los gobiernos locales pueden garantizar infraestructura, personal y medios financieros para proyectos de este tipo.

Una segunda anotación crítica se refiere al evidente engaño ideológico del supuesto conceptual y ético en que se fundamenta esta propuesta. Se dice que hay que proteger a estos niños y Jóvenes trabajadores del medio social que los hiere y los mata. En realidad, se puede legítimamente abrigar la so specha de que detrás de ello se juegue una preocupación de la sociedad por el peligro que estos niños representan para el orden establecido. En otras palabras, más que proteger y salvar a los niños de la sociedad, se trata de salvar a la sociedad y en particular, a sus capas privilegiadas de estos niños, molesta prueba acusatoria de los inhumanos mecanismos de la marginalización, elemento perturbador- de una pretendida «paz social» que descansa sobre la injusticia y la explotación y que se reviste <le cinismo.

d) La «Institucionalización Democrática»

También en este caso, blanco principal de la acción son los niños y adolescentes trabajadores que han roto los lazos familia res y que se encuentran viviendo en las calles; pero, también, se refiere a todas [ las situaciones de muchachos en «circunstancias especialmente difíciles”

incluyendo entonces también a niños y adolescentes trabajadores que ,¡ven situaciones familiares deterioradas, carentes o demasiado conflictivas.

Mientras en el esquema de acción precedente el proceso de institucionalización era coercitivo, aquí se produce por una opción y por el consenso del sujeto interesado. Todos los proyectos de este tipo proveen un momento de acercamiento, muy blando y discreto, en cl que se toma contacto con un grupo de NATs en la calle, se habla con ellos, se los conoce, se gana su confianza, se los invita a una meri enda, a un recreo, se empieza un proceso de toma de conciencia de sus problemas y dificultades, se les ofrece la posibilidad de disfrutar unos serv icios en la infraestructura del organismo promotor. Esta primera fase tiene una dura ción indeterminada y representa un primer eslabón de un proceso planificado estratégicamente, cuya finalidad es sacar a los niños de la calle o de una situación familiar degradada para internarlos en una institución substituta, en donde iniciar un proceso de recuperación que los pueda devolver renovados a la sociedad. El pase a los eslabones sucesivos no es impuesto, sino que nace de una acción de convencimiento del muchacho. Pero es él que accede a ingresar en la institución y lo hace libremente, así como otros nunca aceptan eso y se quedan permanentemente en el primer eslabón del proceso.

Generalmente, hay un momento intermedio en que el muchacho va y viene de la calle a la institución y de la institución a la calle o se coloca en una estructura intermedia, menos cerrada y más plástica. También en este caso hay quienes se quedan permanentemente en esta fase intermedia.

La etapa final es una suerte de «autor reclusión» institucional, en el momento en que el niño o el adolescente quiere acabar con su vida en la calle o sa lir definitivamente de una situación «patológica» de deterioro. Decide, entonces, entrar formalmente en un proceso de readaptación institucional, con miras a dotarse, a través de programas educativos y de capacitación, de todos los hábitos comporta mentales, sistemas de valores, códigos culturales y competencias profesionales que le permitan integrarse a la sociedad, aunque sea colocánd ose en los estratos bajos de la articulación de clase.

Normalmente el momento de aceptación de la institucionalización es acompañado de un ritual que sanciona simbólicamente el aban dono de la vida e identidad anteriores y la asunción de precisos compromisos para el futu ro. Se trata de una suerte de obligación moral reforzada por una liturgia laica (s in excluir las de corte religioso) de

fuerte impacto psicológico, con la que se intenta recrear lazos emocionales duraderos. 17

También la vida al interior de la institución asume una apariencia democrática, con sus secuelas de macroinstituciones representativas, tales como asambleas de los muchachos, directivas, delegados, consejos o alcaldes elegidos por los mismos niños y adolescentes. Sin embargo, este modelo, que remonta a las experiencias de Makarenko o de las «ciudades de los niños» en los Estados Unidos de la grande depresión económica de 1929, en la mayoría de los ca sos aparenta una democracia más formal que de substancia, pues las mismas exigencias de conducción y organización de estructuras así complejas rebasan las efectivas posibilidades de autogestión desde abajo. Así, el poder efectivo (empezando por la ge stión financiera) queda en manos de adultos y sólo se democratizan aspectos secundarios de la vida de la co munidad. Además, la finalidad institucional está supeditada de antemano en aras de un tipo compatible de reinserción social. Por ello que, más que una verdadera democracia, asistimos a una suerte de movimiento pendular entre una «demodura» y una «dictablanda».

Cabe señalar que este es un modelo de acción muy difundido en América Latina, especialmente apreciado y promovido por organismos del Estado en algunos países y confiadas o promovidas por pod erosas congregaciones religiosas, sobre todo católicas (entre ellas la de los Salesianos), aunque no sin presencia de laicos aconfesionales. La idea que fundamenta este tipo de propuesta es la de la recuperación de una desviación, recuperación que puede darse sin necesidad de un cambio societario de conjunto, sino con la creación de específicos instrumentos substitutivos de la familia y de los «normales» mecanismos de socialización y educación. El «éxito» individual meritorio no invalida las reservas de fondo que hemos levantado.

e) Educación en la Calle

Este tipo de acción social revoluciona las actitudes institucionalizadotas, en favor de una asunción del medio donde viven y trabajan los JANTs como ineludible lugar socio pedagógico de la intervención.

  • 17 Ver de LIEI3EL Manfred, MALA ONDA: LA JUVENTUD POPULAR EN AMERICA LATINA, Nicarao Ediciones, Managua, 1992, p.p. 168 y sig.

Una explicación iluminadora es el ejemplo que da el Prof. Andrea Canevaro. Uno de los episodios históricos más sobresalientes en el campo de la investigación pedagógica concierne la educación de un muchachito, encontrado en los bosques del Aveyron, en Francia, en 1799, y acogido luego en París, en la casa de Jean Itard, que pasó a la historia como el educador del «sauvage», del «salvaje». Hace unos años atrás, Octave Mannoni, haciendo sus reflexiones sobre aquella lejana historia, pero siempre cercana en su actualidad, soñaba lo que hubiera pasa do si Itard hubiera ido él a los bosques en donde vivía el joven «sauvage», sin despla zarlo a París, en una casa burguesa.

Así, muchos que operaban con niños, adolescentes y Jóvenes trabajadores empezaron a preguntarse si era funcional y justificado el sacarlos de la calle en donde vivían y desarrollaban sus procesos de socialización y organizaban sus estrategias de sobré vivencias. Empezaron a pregun tarse si no hubiera sido mejor asumirlos en su propio medio, encontrarlos allí donde estaban, allí donde la sociedad los había confinado y en donde ellos intentaban re sistir y salir adelante.

La Educación en la Calle surgió como resp uesta al fenómeno del rápido crecimiento del número de niños trabajadores en la calle y de la calle. La meta prioritaria en un principio consistió en prevenir, mediante la intervención educativa directa en los lugares de vida y trabajo de los niños y adol escentes, los riesgos y peligros a que se ven expuestos en la calle, en una suerte de planteamiento preventivo, sobre todo por lo que se refiere a los riesgos de enfermarse o de caer en la delincuencia o la drogadicción.

Aunque dentro de los límites de esta primera etapa, se trataba sin lugar a dudas de una alternativa social y pedagógi ca no convencional, abierta, diferente a la educación excluyente y represiva de instituciones cerradas, incomunicadas y aislantes.

Característica fundamental de este tipo de proyecto consiste en convertir la propia calle en lugar de acción de los educadores. Con el transcurso de los años el planteamiento preventivo inicial se viene enriqueciendo, en el sentido que se empieza a valorar la calle misma como un importante espacio de experiencias y aprendizaje. De esa manera la calle se convierte en un lugar donde surgen nuevas relacione s entre los educadores y los niños y adolescentes, posibilitándoles a todos un aprendizaje consciente y organizado.

Dentro de este esquema general hay muchas variantes. En una se desarrollan propuestas de acompañamiento y proyectos que le abran

a los niños algunas oportunidades, desde las actividades colectivas de grupos deportivos o culturales, pasa ndo por propuestas de asesoría, descanso y recreación, posibilidades de pernoctar, hasta el estableci miento de escuelas y talleres productivos.

En otra variante se le otorga mucha importancia a una infraestructura propia, que les ofrezca a los niños una «alternativa a la calle».

Una variante distinta adjudica mayor importancia a la búsqueda de soluciones para los problemas que afrontan los niños en su s propias familias o co munidades. Trata de evitar que se arranque a los niños del contexto donde viven y trabajan. Intenta sensibilizar a los padres, familiares y vecinos sobre la precaria situación que viven los niños de la calle, para que la comunidad tenga una actitud más abierta y solidaria.

La postura más radical, en fin, llega, no sin fundamento, a postular que, siendo los niños de la calle una necesaria expresión de los mecanismos de marginación de esta sociedad, mejor no hacerse ilusiones sobre la posibilidad que lleguen a ser reintegrados. Por ello se quiere fortalecerlos, organizarlos, promoverlos en cuanto niños de la calle, sin querer borrar de un plumazo su propia identidad y situación de vida.

f) Para los niños pero con los niños

Un tipo particular de acción social que se refiere a niños, adolescentes y jóvenes trabajadores parte del supuesto que en realid ad para ayudar a estos grupos sociales hay que trabajar con otros sujetos, en otros ámbitos, es decir, en aquellos lugares sociales y políticos en donde se decide justamente el destino de la infancia y de la juventud.

Así hay quienes libran una batalla, sobre todo jurídica, para mejorar las legislaciones y los códigos; quienes desarrollan acciones re ivindicativas frente a las instituciones políticas desde los más básicos niveles de los gobiernos locales, pasando por las ins- tituciones nacionales, hasta los grandes organ ismos internacionales como la ONU o el FMI; otros trabajan en particular para mov ilizar la opinión pública, haciendo campañas de denuncia y sensibilización, buscando cautivar la atención de los medios de comunicación de masa; en fin, hay quienes apuntan a modificar el contexto inmediato de vida de estos niños y jóvenes, desarrollando

una labor de promoción con la comunidad, sensibilizando a los adultos, buscando crear mejores condiciones económicas, ocupaci onales y culturales para los padres.

Empíricamente, estas acciones son extremadamente variadas y heterogéneas, hasta casi no aparentar cercanía alguna.

Sin embargo, hay un mínimo común denomin ador y es el supuesto de que para beneficiar a los niños y jóvenes trabajadores hay que trabajar esencialmente con otros grupos sociales, conformados por adultos de los cuales depende en última instancia el destino de los primeros.

Varias pueden ser las premisas ideoló gicas que fundamentan esta postura: una idiosincrasia estructuralista que menosprecia el trabajo con los sujetos sociales v tan sólo privilegia la labor «política» instituciona lizada; cierto corte mental adultista, que se niega a reconocerles protagonismo a los niños y a los jóvenes; o, más pragmáticamente, la constatación de que los problemas que sufren los muchachos se originan en lugares sociales, económicos y políticos que sobrepasan el ámbito de sus concretas experiencias y vicisitudes diarias.

En muchos casos, además, quienes trabajan en este tipo de proyectos piensan que hay que articularse con otros que desarrollan una labor de contacto y participación directa de los NATs. En otras palabras, en muchos hay conciencia de que su acción «en favor» pero no «con» los niños y ,jóvenes no puede ser exclusiva sino más bien una articulación más de un proceso de promoción que en algún momento debe necesariamente involucrar activamente a los sujetos beneficiarios.

Y, sin embargo, no faltan los que piensan que todo se juegue en algunas poderosas instituciones o en una relación con los adultos responsables de los niños y jóvenes, sean ellos padres o maestros o promotores o líderes comunitarios. Así que se cierra cualquier espacio de protagonismo infantil o juvenil, cualquier forma de valoración de la acción social desde abajo, reapareciendo de esta forma una modalidad vanguardista y esencialmente elitista de concebir a la política.

g) El realismo selectivo y la formación profesional

Hay muchos trabajadores sociales e instituciones que parten de una valoración absolutamente negativa del trabajo infantil y que opinan que el lugar de los niños, adolescentes y hasta cierto punto inclusive

de los jóvenes, tendría que ser exclusivamente la escuela. 18 Pero, sobre todo en los últimos años, este rechazo al trabajo infantil ha venido perdiendo poco a poco su rigidez dogmática, a raíz de la imposib ilidad de borrar un fenómeno masivo y que, además, continúa creciendo exponencialmente en todo el Continente. De allí que han empezado a armarse proyectos que buscan ofrecer alternativas no tanto al trabajo a secas sino a los trabajos demasiado peligrosos, explotados, duros, incompatibles con un mínimo de presencia en la escuela.

Así, hay quienes han organizado quioscos de venta para niños y jóvenes, talleres de artesanía, pequeñas cooperativas; otros han buscado ofrecerles a los NATs alternativas ocupacionales más aceptables para su edad y las exigencias de su desarrollo; hasta se ha logrado tomar contacto con empresarios y gremios sindicales para concordar con ellos la creación de específicas posibilidades para los muchachos necesitados de trabajar.

Más allá de estos matices empíricos, hay un común supuesto conceptual. El trabajo de los NATs es en sí negativo, pero hay que ser realistas y considerar que muchas veces no hay otras salidas para ellos. Entonces, hay por lo menos que seleccionar (realismo selectivo) y distinguir entre los trabajos malos y los buenos o «los menos malos», es decir, aquellas ocupaciones que ofrecen ciertas garantías de que no haya sobreexplotación, violencia, agresividad, y que, además, dejen un tiempo para el descanso, el juego y también para un pro ceso, aunque parcial, de escolarización.

Todo ello representa una

etapa

intermedia ,

a

la

espera que se pueda alcanzar

la

finalidad última que es la total erradica ción del trabajo infantil y adolescencia.

Dentro de este tipo de proyectos adquiere mucha importancia también la formación profesional, sobre todo, por lo que se refi ere a los adolescentes y a los jóvenes. El objetivo es muy cercano al anterior: buscar no tanto sacar del trabajo al niño o al joven, sino mejorar la modalidad de su inserción en el mercado del trabajo. Y, si antes se construían mejores oportunidades ocupaciona les, ahora, y complementariamente, se intenta enriquecer los prerrequisitos profesionales

18 Esta es la posición en particular de la OIT, la Organización Internacional del Trabajo, compartida por otras instituciones internacionales y en parte también por un sector de ONGs.

del sujeto, para que tenga mejores condiciones de integración en el mercado laboral.

De allí la organización de cursos y cursillos de capacitación profesional, ya sea en forma sencilla, discontinua y temporal, ya sea estructurados como verdaderos curricular y planes de formación, que pueden también durar años, con exigentes requerimientos infraestructurales (oficinas, maquinarias, planilla de docentes, técnicos, etc.). En algunos países se ha instituido la fi gur a d el « ap ren d i z » y, en o tro s, l a d el empleo juvenil bajo un régimen laboral discriminatorio.

Lo que se quiere alcanzar es una mejora individual a través de procesos didácticos profesionalizantes, en la perspectiva de que el trabajo va a ser de todas maneras el horizonte en el que se desarrolla v se desarro llará la vida diaria de estos niños y de estos jóvenes.

h) Una educación para todos

Muchos programas en favor de los niños y ,jóvenes trabajadores asumen como básica y central la preocupación por la escuela, ya sea en el sentido de que hay que llenar los vacíos educacionales que mayoritariamente afectan a los niños y Jóvenes trabajadores, ya sea en el sentido de que la difusión masiva de los procesos de escolarización sería un excelente antídoto en contra de la inserción temprana en el mundo laboral. 19

De allí que a los más variados niveles se promueven programas, campañas, planes de acción, proyectos y también pequeñas acciones locales todas orientadas a ofrecerles a los NATs mejores y más funcionales alternativas educacionales, sobre todo, por lo que se refiere a la escolarización básica. En esto concuerdan desde mega instituciones internacionales hasta pequeños organismos de base, que arman programas escolares de recuperación educacional para los niños v los jóvenes trabajadores, pasando por el intermedio de unas cuantas iniciativas de las instituciones estatales o de los gobiernos locales.

19 Es esta en la actualidad la estrategia tanto de UNICEF como de la UNESCO, a la que se ha recostado también OIT. Ver, entre otros, los últimos escritos y ponencias de García Méndez como Apuntes 5, ed. R. Barnen, 1995, Lima.

En este caso, la educación viene asumida como alternativa a un trabajo infantil que se considera en gran parte negativo. Hasta hay quienes teorizan que la causa de la inserción temprana de los niños

en

el

mercado laboral no es priorita riamente la pobreza, sino las carencias

cuantitativas y cualitativas de la oferta educacional, además de una insuficiente valoración de los procesos de escolarización en el medio popular. De allí que la intervención social mira tanto a mejora r las oportunidades educacionales como a

promover una mayor sensibilidad hacia ello por parte de los padres.

Por lo que se refiere a los jóvenes, la educación asume un valor no tanto de alternativa sino de integración de la experiencia laboral, ya sea en cuanto posibilidad de recuperar atrasos escolares, ya sea como necesario complemento de formación cultural y ciudadana, ya sea, en fin, como camino para mejorar la específica preparación profe- sional, adquiriendo, por ejemplo, herramien tas teóricas y técnicas más precisas y refinadas. Sin embargo, el mito de la educación como camino de ascenso social, en las actuales condiciones, tiende hoy a sobre dimensionar su dimensión meritocrática.

En todo caso, hay aquí una jerarquía que le resulta desfavorable a la experiencia práctica del trabajo y que privilegia el estudio y la escuela como principales e incluso exclusivos itinerarios de socialización para la infancia, la adolescencia y hasta cierto punto también para la juventud.

Las microempresas y las Cooperativas juveniles Durante la última década se han ensayado diversas aproximaciones a la esp ecífica realidad juvenil latinoamericana. Encontramos aportes desde enfoques educativos, económicos, culturales, generacionales, psicológicos, oportunidades de empleo, etc., que han ido convergiendo y dibujando la complejidad que en vuelve el llamado mundo juvenil.

A partir de esta realidad se han venido desarrollando diversas propuestas e iniciativas, que parten de diferentes opciones y premisas, pero que tienen en común una preocupación creciente por la insuficiente generación de empleo, en general, en todo el continente, particularmente para lo s jóvenes, y de la necesidad de orientar esfuerzos y recursos de diversos agentes públicos y privados para generar empleos para los jóvenes a través de programas de promoción de la

pequeña o microempresa, más aún, priorizand o el autoempleo mediante la formación de jóvenes empresarios.

Así, es frecuente encontrar en los medios de comunicación noticias respecto a cómo diversas instituciones de educación técnica y gremios empresariales suscriben convenios de cooperación mutua para apoyar jóvenes desocupados en sus instalaciones educativas y empresariales; asimismo, convocatorias a encuentros o eventos de jóvenes empresarios.

El problema del empleo es, sin lugar a dudas, una de las prioridades a resolver en la actualidad, especialmente en lo que se refiere a oportunidades para la juventud, acortando así la «moratoria» laboral a la que los jóvenes son forzados. Es por ello que a partir de la mitad de lo s '80 se van desarrollando experiencias sobre todo con jóvenes del último año de secundaria. A partir de la refl exión de la vocación y proyecto personal, se plantea un rnodel o de intervención que busca encarar la situación de un sector de jóvenes en su búsqueda de una adecuada inserción laboral. Muchos de estos jóvenes, en los sectores populares urbanos, orientan sus aspiraciones educativas y laborales hacia el trabajo independiente, es decir, la microempresa in- dividual o en forma de pequeña cooperati va, por lo que pueden generarse en las entidades promociónales especializadas sistemas concertados de apoyo a estas iniciativas.

En este sentido, se busca el concurso de instituciones educativas de Formación Técnica y empresas no agremiadas de divers as escalas, también concurren a este esfuerzo entidades bancarias que participan en los distintos programas de apoyo crediticio a la Microempresa y a las C ooperativas, hay también ONGs que se van especializando en este tipo de proyectos y que apoyan a jóvenes en los siguientes ámbi- tos:

Capacitación técnica productiva y en gestión empresarial.

Oficina de servicios de empleo.

Asesoría empresarial y apoyo crediticio, para jóvenes.

El seguimiento de los jóvenes egresados de la capacitación, de los usuarios de la oficina de servicios de empleo y de los mi croempresarios, es otro aspecto fundamental de estas experiencias.

La preocupación económica, productiva y ocupacional es prioritaria en este tipo de intervenciones, aunque ello no signifique que no haya espacio también para otro tipo de procesos educacionales, de socialización, de forja de una positiva identidad ciudadana.

j) Hacia el protagonismo y la Organización de los JANTs ,

La promoción social en el medio popular ha sido, casi siempre, asumido como eje central de su acción, el lema de la participación y el de la organización. Todos los contenidos concretos del proyecto, sean ellos comedores o cursillos sobre salud, autoconstrucción de servicios barriales o desarrollo de alternativas ocupacionales, aparecen sin sentido y sin perspectivas si no ayudan, empujan y viabilizan una activa participación de los sujetos beneficiarios, dando vida a procesos organizativos que, mientras autonomizan la acción social frente a los agentes externos y la hacen autogestionarias, al mismo tiempo contribuyen al surgimiento de un sujeto social con capacidad de reivindicación, lucha y proyectos de cambio.

Todo ello ha encontrado mucha resistencia y hasta hostilidad en el caso de la labor con los niños y adolescentes trabajadores, e incl usive con los sectores juveniles. En ello juega un rol determinante la cultura desafortunadamente todavía hegemónica sobre infancia y en parte sobre juventud, que juzga esas edades caracterizadas por una fundamental inmadurez, falta de responsabilidades y, por ende, incapacidad de expresar una verdadera subjetividad participativa y, menos aún, de asumir roles protagónicos.

Sin embargo, no todos se han sujetado a esta adultista desvaloración de la infancia y

de la juventud, trabajadores.

y,

menos aún,

se

le han sujetado los mismos niños y jóvenes

Por el contrario, ya desde el final de los '70 con experiencias pioneras y luego con mayor énfasis en los '80, se desarrollaron experiencias participativas que involucraron como actores a los mismos niños

y jóvenes trabajadores. Se trata de verdad eros y propios movimientos de base, cuya finalidad es sí la de ayudar a los JANTs en sus vivencias diarias, pero apuntando a que ellos mismos actúen y se hagan cargo de sus problemas, promoviendo procesos de concientización, de reconstrucción de la autoestima individual y de grupo, sobre todo estimulando procesos de organización propia de los mismos niños v de los mismos sujetos, como movimiento social, con capacidad de propuestas y de lucha en contra de los injustos mecanismos de la explotación y de la marginación 20

20 Ver, entre otros: CUSSIANO VICH Alejandro, Cuando los NATs se organizan porque piedras traen, en NIÑOS TRABAJADORES, CONSTRUYENDO UNA IDENTI DAD, Ed. IPEC, Lima 1991); LIEBEL Manfred, PROTAGONISMO

...

es

Claro está que este tipo de acción social supone una verdadera y propia revolución cultural acerca de la infancia y de la juventud trabajadoras, que rompe con los esquemas desvalorizantes de la ideología dominante. Los JANTs, a partir de su rol económico y, por ende, social, aparecen como un grupo que tiene su propia riqueza cultural y práctica, como una expresión más de la subjetiv idad popular. A partir de ello se trata de asumir esta calidad protagonizante también en los procesos de promoción social, con objetivos de participación, organización y lucha por el cambio social.

Todo ello no significa minusvalorar los pr oblemas concretos y las necesidades diarias de los niños y de los jóvenes trabajadores . Muchas de las experiencias que estamos mencionando organizan servicios de salud, de educación, talleres productivos, comedo- res, etc. Sin embargo, estos servicios para los JANTs se caracterizan, en primer lugar, por ser autogestionarios, y, luego, por no copar toda la intencionalidad del programa. Además, en su meollo más auténtico apuntan a fortalecer el prótagonismo infantil y juvenil. Por ello se le dedi ca mucho espacio a los momentos de concientización, de debate, a los talleres participativos, a los procesos de organización, siempre con un sentido de responsabilidad y solidaridad t ambién con los otros JANTs que todavía no participan en estos movimientos de base.

El protagonismo infantil no si gnifica, sin embargo, que no haya adultos que apoyen, estimulen, asesoren y colaboren. Sin embargo, se busca que su presencia se despoje no sólo de rasgos autoritarios sino también de ra sgos paternalistas, es decir, supere aquel bondadoso y engañoso democraticismo de superficie que concede como una dádiva una ficción participativa. Los adultos deben estar presentes en una rigurosa simetría relacional y equilibrio de roles, no olvidando, como decía Rocío, una muchacha trabajadora peruana, que «el movimiento está en las manos de los niños».

INFANTIL. MOVIMIENTOS DE NIÑOS TRABAJADORES EN AMERICA LATINA, Editorial Nueva Nicaragua. Managua, 1994.

LOS LÍMITES DEL EMPIRISMO DESCRIPTIVO

El listado de experiencias como las que se han presentado, resulta, sin embargo, insuficiente e, incluso, si le agregáramos otros ejemplos de programas con NATs y jóvenes.

En primer lugar, no se podría abarcar el sinnúmero de casos concretos de acción social en todo el Continente; en segundo lugar, no se podría dar cuenta de un complejísimo abanico de situaciones distintas, que mezclan entre sí aspectos de uno como de otro ejemplo reportado, que sólo en parte corre sponden a los casos citados, que cambian en el tiempo, que se presentan con elementos contradictorios.

De hecho, si nos quedáramos só lo en el plan de la descripción empírica, es decir del cuento y recuento de lo que concretamente sucede en la realidad, tendríamos que dedicarle decenas de páginas a cada una de los centenares de experiencias que se están desarrollando en los países de América Latina . Y si se llegara a concluir este trabajo, todo ello resultaría inutilizable por ser demasiado complejo y prolijo. Hubiéramos simplemente reproducido la realidad, mientras que necesitamos simplificarla, ordenarla e interpretarla para poderla entender.

En un cuento de Borges, unos geógrafos vienen, encargados por el emperador, de preparar un mapa del reino. Pero, el pr imer dibujo resulta demasiado pequeño, genérico, abstracto. Entonces, hacen un mapa más grande, con muchos más detalles particulares indicados, pueblos pequeños, ruta s secundarias, etc. Pero no era suficiente todavía, así que elaboran un mapa más grande y preciso y luego otro y otro más, hasta que llegan a dibujar un mapa que tiene la misma extensión de la región que debe representar. Cierto, sobre ello se habrían podido señalar hasta las casas, los árboles, las piedras, los perros y las pulgas. Pero, ¿qui én lo hubiera podido utilizar? ¿Quién lo hubiera podido consultar o ponérselo en su bolsillo para orientarse en un viaje? .La exactitud milimétrica de la descripción empírica resultó engañosa. Un mapa geográfico no debe ser una copia de la re alidad sino un modelo de ella, o sea, una interpretación racional, una «hermenéutica teórica», en fin, un instrumento de orientación que tiene su propia lógica y su propia funcionalidad.

Así mismo pasa con nuestras reflexiones acerca de la acción socíal con los niños, adolescentes y jóvenes trabajadores. La descri pción empírica es un necesario punto de partida. Pero, ella no puede ser otra cosa que una antología ejemplificativa, es decir, la suma parcial

y siempre incompleta de un determinado número de casos específicos y sólo hasta cierto punto representativos, también considerando que en la selección de los mismos siempre juegan un importante papel los supuestos conceptuales y valorativos del observador.

Estos límites no son de naturaleza cuantitativa sino cualitativa, es decir, no se superan agregando, sumando más y más ejemplos, aunque ello pueda ser útil ejercicio para el diagnóstico inicial. Estos límites, por cl contrario, se superan entrando a otro nivel del análisis, es decir, al ni vel de la sistematización teórica.

DE LA EMPIRIA AL CONCEPTO, DE LA PRAXIS A LA TEORÍA

Galileo Galilei, universalmente reconocido como el fundador del moderno método de la investigación científica, decía que la experiencia bruta, inmediata, mecánica se queda ciega sin el alumbramiento orientador de una idea, de una hipótesis racional, sin un necesario ordenamiento que sí quiere ser respetuoso de la experiencia, pero también quiere insertar en ella el elemento del conocimiento humano, que, a su vez, no es una recepción pasiva sino una reestructuración activa de los datos que nos alcanza la realidad.

En la misma dirección se orienta el materialis mo dialéctico, cuando nos invita a pasar de la praxis a la teoría, aunque todo ello no signifique quedarse permanentemente en la abstracción de los conceptos, pues hay que regresar a la práctica, así como Galilei instaba para que la experiencia concreta fuera el definitivo juez de la validez de una hipótesis racional.

Más recientemente en el ámbito de los programas de educación y promoción popular se ha insistido mucho en la necesidad de la «sistematización», palabra que alude no sólo y no tanto al acopio de informaciones, datos, informes de experiencias, cuanto al ordenamiento de todo este material, a su an álisis, a la individuación de los elementos significativos, de las variables sobresalientes, a fin de «sacarle el jugo» teórico a todo ello, en particular elaborando categorías y modelos que permitan vencer la abrumadora y desordenada muchedumbre de datos que nos ofrece la realidad, en favor de una mirada orientada y orientadora.

Por supuesto que estas categorías y estos modelos no pretenden ser absolutos y objetivos. Ellos también representan una opción en

cierta medida subjetiva, es decir, dependiente del observador. Lo que, sin embargo, no significa que sean «mentirosos», que trampeen, sino que su validez es funcional y no metafísica. En otras palabras, una catego ría, un enfoque o un modelo más que verdaderos pueden ser útiles, o sea, no representan la substancia última de la realidad, pero sí me permiten moverme mejor en ella , manejarla más productivamente, construir en ella proyectos más eficientes, en fin, transformarla creativamente.

De todos modos, un proceso de sistematización y teorización es absolutamente necesario, y ello vale también para nuestro in tento de reflexionar sobre las experiencias de acción social con niños, adolescentes y jóvenes trabajadores.

Es por ello que en lo que sigue del módulo se encontrarán dos unidades, digamos, «teóricas». La primera intentará dar cuenta de las principales categorías o variables analíticas a emplearse para un trabajo de sistematización de los programas de acción social con ,JANTs; la segunda quiere esboz ar algunos modelos interpretativos que permitan una clasificación orientativa dentro de la multiplicidad empírica de las experiencias que estamos considerando.

UNIDAD 4 LA ACCION SOCIAL CON JANTs: VARIABLES PARA EL ANALISIS Y LA EVALUACION

E

l primer paso para salir de los límites del empirismo descriptivo es dotarse de las

herramientas analíticas que nos permitan un acercamiento capaz de ordenar los datos de la realidad y profundizar los conoc imientos que de ellos podemos sacar.

Para ello, es necesario saber lo que estamos buscando, es decir, enfocar los problemas que nos interesan, las preguntas que queremos hace¡- v de allí los elementos o aspectos de la experiencia que nos interesa destacar. De hecho, la experiencia en sí misma es un poco coquetona, chismosa, te fasc ina y te distrae, casi te entretiene con rniles de estímulos, de brillos, de cuch icheos. «Visitando un programa con niños trabajadores, por ejemplo, encuentro tal o cual muchacho, uno que otro colaborador, me muestran una linda sala de reuniones, el taller de carpintería; en un encuentro me relatan toda la historia y los detalles de la experiencia; tomamos un rico cafecito, me regalan los libritos que han escrito; se quejan de las dificultades financieras y por la noche recorrimos las calles de la ciudad para encontrar chicos. A1 día siguiente, otras visitas, reuniones, charlas, materiales de documentación, una comida con los niños,

otro cafecito con los colaboradores

Un si nnúmero de datos, elementos, documentos

... que la realidad me transmite con excesiva generosidad y dentro de los cuales me iría

desorientando si no tuviera unas cuantas orientaciones investigativas que me permiten desde el inicio ordenar, seleccionar, v clasificar las informaciones empíricas», es el testimonio de un educador.

Es necesario conocer de antemano cuáles son los elementos, los aspectos, los nudos sobresalientes que nos interesa reconstruir y evaluar. En otras palabras, es necesario enfocar unas cuantas variables a investigarse, variables que constituyen otros tantos interrogantes específicos y, al mismo tiempo, casi líneas de coagulación interpretativa y evaluativo de los proyectos. A través de las variables, en otras palabras, es posible proceder a una clasificación de los datos y, al misrno tiempo, detectar la estructura significativa de una determinada experiencia. Sin ello tan sólo habría un desordenado almacenamiento de informaciones desarticuladas y mudas.

VARIABLES A TOMARSE EN CUENTA

En consecuencia, proponemos en seguida un listado de variables que opinamos sería oportuno tomar en cuenta en el análisis y la evaluación de los proyectos con niños, adolescentes y jóvenes trabajadores. Cada un a de estas variables está acompañada por algunos comentarios de orientación.

Por supuesto que este listado no pretende ser una suerte de abecedario acabado sino más bien una propuesta abierta a integraciones y enriquecimiento, y para ello se requiere posibles variables significativas.

Por otro lado, no necesariamente en cada circunstancia hay que emplear todos estos elementos para el análisis. Ello depende de cuáles son los objetivos de la investigación, los mismos que pueden sugerir poner mayor énfa sis en una u otra variable e incluso la exclusión de alguna de ellas.

Las que siguen son, entonces, variables que pueden Jugar un papel sobresaliente en el proceso de investigación y evaluación:

a) Los usuarios, los beneficiarios y el grupo de interés

En este caso, tenemos que preguntarnos: «¿A cuál grupo específico de niños o jóvenes apunta la intervención? ¿Cuál es el grupo contraparte de la acción social que se quiere desarrollar con él? ¿Cuáles, los muchachos que se van a beneficiar, que van a ser partícipes del programa que se implementa?

La individuación y definición de este grupo de interés puede darse según distintos criterios:

Según la edad, con la delimitación de la intervención a una determinada faja anagráfica (con niños, con jóvenes, c on los de edad de primaria, etc.)

En base

a

un criterio de género,

con

la consiguiente opción entre varones y

mujeres

Con características logísticas, cuando simp lemente se quiere trabajar con niños de un determinado barrio, zona o comunidad - Optando por los NATs de la ciudad o del campo,

Optando por niños y jóvenes con una preci sa identidad étnica - En base a las características del grupo familiar de pertenencia - Centrándose en situaciones «patológicas» o de todas maneras «de ruptura» (niños y jóvenes afectados por la guerra o fenómenos de drogadicción, violencia, prostitución, etc.)

En base a las necesidades de los mismos JANTs (los niños que necesitan comer o los que tienen problemas educativos o de salud, etc.)

Según la discriminación de la categoría «niño de la calle»

Según connotaciones jurídicas, ligadas a la línea demarcatoria entre legalidad e ilegalidad

Según criterios ligados a sus condiciones de trabajo. Etc., etc.

Con referencia a todo ello, son necesarias unas cuantas precisiones.

En primer lugar, es evidente que estos criterios de conformación del grupo de interés se pueden cruzar entre ellos, dando lugar a un abanico muy complejo de posibles combinaciones.

En segundo lugar, es muy importante detectar si la identificación del grupo de niños o jóvenes destinatarios se produjo por casua lidad, empíricamente, con gradualidad o si ha sido una precisa y consciente opción a partir de una determinada intencionalidad práctica. 21

Además, habrá que preguntarse de dónde se origina esta opción: ¿de

21 En este sentido, justamente, Benno Glauser alertaba sobre el riesgo de que los «niños de la calle» se volvieran una suerte de «moda», ya que muchas instituciones se han puesto a trabajar con ellos, simplemente porque todo el mundo habla de ellos, pero sin ninguna motivada y conciente opci ón ni, menos aún, un proyecto articulado y funcional.

supuestos ideológicos, de obligaciones institucionales, de limitaciones operativas, de instrumentalizaciones financieras, etc.?

En fin, sería oportuno hacer una distinci ón entre usuarios directos y usuarios indirectos, en el sentido que, por ejemplo, una intervención en favor de los niños trabajadores podría, sin embargo, di rectamente beneficiar a los chicos.

De todas maneras, es sumamente importante analizar el grupo de interés de un determinado proyecto, pues esta opción originaria acarrea consecuencias que califican muchos otros aspectos de la intervención. Es evidente, por ejemplo, que si asumo exclusivamente grupos de niños o jóvenes caracterizados por sus carencias o patologías (hambrientos, enfermos, pobres, drogadictos) difícilmente podré luego utilizar una metodología que apunte al protagonismo de los sujetos involucrados. Por el contrario, si asumo a los niños y jóvenes en cuanto trabajadores, o sea, a partir de una identificación cargada de potencialidad es prepositivas, es más fácil; abrir perspectivas metodológicas de otro se llo, más democrático y participativo.

b) Los sujetos de la acción social

¿Quién promueve, quién hace, quién desarrolla la acción social que estamos analizando? ¿Se trata de personas o grupos totalmente distintos de los llamados «beneficiarios» de la intervención? o por el contrario ¿los usuarios se vuelven al mismo tiempo actores, protagonistas, no tan sólo destinatarios de un proyecto sino también sujetos activos de y dentro de este proyecto?

La identificación de los sujetos de la intervención es asunto de trascendente importancia en cuanto variable indicati va, espía que me puede ofrecer muchas informaciones sobre, digamos así, la estr uctura ideológica de conjunto de la intervención misma. Es evidente, por ejempl o, que un programa que trate a los niños y jóvenes trabajadores tan sólo como beneficiarios de una acción manejada exclusivamente desde afuera por parte de unos cuantos profesionales, funcionarios u operadores institucionalizados, denuncia un tr asfondo cultural ajeno a la valoración del protagonismo popular, despreocupado por desarrollar experiencias participativas o procesos organizativos. Por el contrario, un programa que busque involucrar a los JANTs como sujetos activos de un proceso transformador de la re alidad evidencia una estrecha cercanía ideológica con la cultura de la democracia desde ab ajo, a partir de la organización de los movimientos de base.

Es cierto que hoy día en la Región casi todos hablan de protagonismo popular y es difícil encontrar alguien que todavía proponga explícitamente una acción burdamente centrada en el exclusivo rol de unos cuantos funcionarios externos. Pero, a pesar que continúan notables resistencias como para transferir todo ello incluso en el campo de la acción social con niños y adolescentes, es importante también considerar cómo, sobre qué bases se vienen constituyendo estos sujetos de la acción social participativa. No es lo mismo pensar que los niños son sujetos en cuanto personas individuales o en cuanto ejercen un rol económico en la sociedad; no es la misma cosa asumirlos como sujetos al interior de un genérico liberalismo pedagógico o activismo didáctico o valorizarlos como sujetos de procesos organizativos que desembocan en la conformación de movimientos populares que desde los social desbordan en lo político. En otras palabras, ¿se trata de sujetos esencialmente pedagógicos? ¿Psi- cológicos? ¿Comportamentales? ¿Sociológico s? ¿Económicos? ¿O patológicos? En fin, ¿se trata de sujetos que se constituyen con referencia a categorías tales como la de actor social, de sujeto, de movimiento so cial? o, por el contrario, ¿estamos en presencia de una definición del sujeto de corte esencialista, personalista o, al límite, simplemente empírica, ocasional, hecha con muy escaso convencimiento, casi para responder a una suerte de moda 22 o de financiación a justificar?

Se trata de interrogantes básicos para entender la naturaleza y la calidad de la acción social propuesta. Interrogantes que me permiten también evaluar el nivel de coherencia de los otros niveles que. constitu yen la trama de la intervención misma. No es raro, en efecto, encontrar programas que afirman asumir a los NATs como sujetos y que luego en la concreta práctica utilizan una metodología nada participativa o democrática, delegando la toma de decisi ones y el poder efectivo a los adultos.

c) Sectores de intervención

Se trata en este caso de detectar en qué ámbito se desarrolla la iniciativa, la temática o la problemática que se quiere enfrentar. Así,

22 Cfr. al respecto el acápite, El niño como sujeto en la educación popular, en

TRABAJO SO CIAL

...

op.cit.

por ejemplo, dos intervenciones pueden asumir ambas, con distintos acentos, como grupo de interés por las niñas trabajadoras del campo. Una, individua como sujetos de la acción a los padres de familia, mientras actú a en el sector de la salud, y la otra se interesa más por la problemática educacional.

Intentamos construir un listado de los más concurridos sectores de acción social por lo que se refiere a niños, adolescentes y jóvenes trabajadores. Por supuesto que se trata de un listado provisional y que no pret ende ser completo. Más aún, se podría construirlo según otras lógicas de clasificación, por lo que debe ser asumido sólo como una propuesta de enumeración orientadora.

Recordamos, entonces, entre esto s sectores de intervención:

La formación profesional

La educación no formal

Los procesos de escolarización

La recuperación-reinserción social

La defensoría jurídica

El apoyo a las familias y a la comunidad

La salud mental y el apoyo psicológico

La salud

La alimentación y, más en general, las re spuestas a las necesidades primarias por la sobre vivencia física

Juego, deporte, recreo, cultura juvenil y, más en general, respuestas a necesidades secundarias

Recuperación de los fenómenos «patológicos»

Desarrollo de alternativas ocupacionales

Reivindicación sindical

Promoción de procesos de auto organización

Sensibilización y movilización de la opinión pública

Investigación y divulgación.

En relación a estos sectores de intervención es oportuno hacer algunas aclaraciones, sobre todo para despejar reconceptos de lo que podríamos llamar una suerte de sentido común propio de los trabajadores sociales.

Estas variables que estamos considerando, en sí mismas son «neutrales». El «sector», en efecto, es una suerte de indicador «t opológico», o sea, nos dice «dónde» (un donde sociológico) se desarrolla la acción. Pero , todavía no puede decirnos mucho sobre la calidad de la intervención, sobr e su significado y su finalidad.

No hay, entonces, sectores que de antemano se puedan tipificar de asistencialistas o caritativos y otros, por el contrario, de mayor espesor por lo que se refiere a procesos de promoción social y política. La alimenta ción es un sector, por ejemplo, que puede ser manejado asistencialistamente o no: e llo depende de cómo alrededor de la problemática de la alimentación se entretej en las otras variables del proyecto, las mismas que tenemos que considerar para llegar a una evaluación de conjunto. Hay en América Latina comedores para niños trabaj adores que son un ejemplo de práctica participativa y de promoción organizativa, así como los hay qué son expresión de una mentalidad y de una metodolo gía burdamente asistencialista y piadosa. De la misma manera también procesos organizativos pued en ser manejados instrumentalmente por los adultos. En otras palabras, así como no hay sectores que se puedan condenar de antemano, no hay sectores que por sí nos puedan garantizar cierta calidad de la intervención.

A pesar de ello, es también cierto que la opción por determinados sectores de acción asume una significación importante, sobre todo si consideramos el abanico de conjunto de los sectores en los cuales se involucra un organismo o una institución, reconstruyendo también la jerarquía de ellos y su modificación en el tiempo. Así, tomando el ejemplo anterior, en sí el sector de la alimentación no me indica mucho desde una óptica cualitativa, pero si un organ ismo trabaja tan sólo en preparar comida, entonces este hecho sí que puede volverse muy significativo, ser un importante espía de una identidad de conjunto de la intervención.

d) Ejes de la intervención

«Eje» no es categoría que se pueda homologar a la de «sector», aunque en muchos casos puede darse una aparente coincidenc ia. De hecho, mientras que la palabra «sector» me indica casi un lugar sociológico físico o, de todas maneras, un ámbito concreto; la palabra «eje» alude más bien a la intencionalidad de trasfondo, casi diríamos al pegamento, al elemento estructurante tanto a nivel metodológico como teleológico de la intervención. En fin, retomando la metáfora de la misma palabra, es, justamente, el «eje» alrededor del que ruedan y casi consolidan todos los otros aspectos del programa.

Así, por ejemplo, puedo encontrar una inte rvención en el sector de la alimentación pero que tiene como eje la autoorganización infantil; o un programa para jóvenes en el campo de la formación profesionales

que tiene como eje la búsqueda de una nueva identidad a través del trabajo.

Una propuesta de clasificación podría det ectar cinco ejes posibles en las acciones sociales con niños y jóvenes trabajadores. Se tr ata de los ejes de la resistencia, de la identidad, de la participación, de la modernización o capacitación y del cambio social. 23

El eje de la resistencia indica la responsab ilidad que la intervención asume frente a la necesidad de respuestas inmediatas en defensa de la vida. Trabajando con niños y jóvenes de los sectores populares la promoción empieza no después sino durante la lucha diaria por la sobrevivencia. Las ex periencias de «escuela productiva», los comedores infantiles, las «brigadas juveniles» de salud, las cooperativas, etc., son algunas experiencias que grafican este eje, cuya finalidad es garantizar la posibilidad de resistir circunstancias adversas. Este es un aspecto de lo que hoy se conoce como «resiliencia», es decir, la capacidad de resistir y salir adelante, no obstante las circuns- tancias adversas.

La identidad, por su parte, aparece como un valor apreciado por parte de los sectores más desintegrados. Los niños y los jóvenes de los sectores populares tienen hambre de identidad, hambre de procesos de autoconciencia, de autovaloración, de autoestima, de sólida y orgánica identificación individual y gr upal, pues la pobreza y el deterioro de las condiciones materiales de vida actúan no tan sólo sobre el físico sino también sobre la subjetividad de las personas.

La participación responde a las necesidades democráticas de los niños y de los jóvenes en los grupos y en general, en la sociedad. En particular, el eje de la participación transfiere el protagonismo de los JANTs de lo económico a lo social y a lo político y, por ende, se pone como premisa necesaria para que se promueva la organización de la infancia y de la juventud trabajadoras, organiz ación donde éstas re- cobren la palabra y el poder de gestión, d onde cuestionen críticamente la realidad y se movilicen en la conquista de sus derechos.

23 Retomamos en este párrafo la «matriz de valores educativos básicos" propuesta por

José Bengoa en su planteamiento de una «educación para los movimientos sociales». Hemos desarrollado esta matriz que nos par ece sugerente, agregándole lo que hemos definido «Eje de la resistencia» y reinterpretándola en relación a la específica proble- mática infantil Y _juvenil. Ver de BENGOA Jo sé, La educación para los movimientos sociales, en la revista PROPOSICIONES, n. 15, Ediciones Sur, Santiago de Chile,

1937.

La modernización o capacitación alude a la adquisición de nuevos conocimientos, habilidades y competencias. De una acción de promoción se espera aprender algo, calificarse en tareas y destrezas que permitan enfrentar problemas con eficacia. Cabe subrayar en este caso que la dicotomía entre capacitación y promoción, la primera entendida casi como «educación técnica» y la segunda como «formación social», representa un planteo erróneo, pues no es posible impulsar procesos promociónales sino articulándose con procesos de capacita ción que apunten a que los grupos se vayan haciendo capaces de enfrentar las situaciones de carencia en las cuales se les hace vivir.

E1 cambio social apuesta a la transformaci ón de la realidad. Pero, es necesario tener cuidado de no caer en el prejuicio ideológico de que el pueblo, y con él, los JANTs, por sufrir condiciones de explotación ya esté automáticamente conquistado para el cambio. Por el contrario, una situación de carencia material y de exclusión social puede conducir al fatalismo y al inmovilismo. Por ello que debemos pensar también en una «educación para el cambio», para la transformación, asumiendo que no se trata de un proceso pacífico y lineal.

En nuestra opinión todos estos ejes pueden resultar importantes y significativos, al punto de constituirse como momentos articuladores de una práctica global.

Y por tratarse de niños, adolescentes y jó venes no creemos que haya que excluir o reducir ninguna de estas funciones, y, menos aún, la de la participación o la del cambio social.

e) Objetivos de la intervención

Esta no es una variable que deba confundirs e con la de «eje» o de «finalidad». Estos últimos representan orientaciones generales, intencionalidades de trasfondo, casi se diría, una teleología fundacional y estratégica. Los «objetivos» son, más bien, las metas concretas, tácticas, operacionales. Lo que caracteriza el «objetivo» es su ser tangible, su visibilidad, su posibilidad de ser medido o por lo menos cuantita tivamente evidenciado a través de indicadores. Así, por ejemplo, eje o finalidad general de dos intervenciones puede ser la capacitación. Pero, mientras en el primer caso el objetivo concreto es alfabetizar un cierto número de niños tr abajadores, en el segundo es hacer que 50 jóvenes aprendan el oficio de carpintero.

Claro está que en este caso no podemos proponer ni siquiera un listado provisional de objetivos posibles, pues pueden variar sin límite, dependiendo de las específicas y concretas circunstancias de tal o cual intervención. Subrayamos, de todas maneras, la necesidad, en el análisis y en la evaluación de las experiencias, de detectar los objetivos y no quedarse en el espacio, importante, pero por sí sólo gaseoso y abstracto, de las intenciones generales o del proyecto global.

Un aspecto central a considerarse es el relativo al grado de integración de los objetivos y de la coherencia de éstos con la finalidad de fondo del programa. Muchas veces, de hecho, sucede que se tocan bombos y platillos de la ideología participativa y transformadora, pero luego en la praxis concreta los objetivos tácticos, operacionales se asumen ocasionalmente, guiados por intuiciones empíricas, por las urgencias del momento, en el gradual olvido de la meta final que tenía que calificar la intervención.

Asimismo, sería sumamente útil analizar si lo s objetivos se articulan entre ellos y si llegan a construir propiamente un verdadero «c urrículum» de objetivos, es decir, una secuencia programada en etapas que expres en una lógica tanto de corto como de mediano y largo plazo en el desarrollo de las acciones.

También será oportuno preguntarse si esta secuencia indica tan sólo una sucesión cronológica o también una evolución cualitativa. De sucesión cronológica se trataría, por ejemplo, si el objetivo es abrir un comedor para NATs este año y otro comedor el próximo año, mientras que evolución cualitativa se daría si luego de abrir el comedor me propongo llegar a formas de autogesti ón no dependiente de recursos externos.

Otra importantísima distinción habrá que detectarse entre los que se podría definir objetivos propios y objetivos instrumentales u oblicuos. Por ejemplo, puedo encontrarme frente a dos experiencias y en ambas señalar la constitución de grupos infantiles o juveniles como objetivo visible. Pero en un caso la constitución de estos grupos es finalizada exclusivamente a un proceso de formación profesional o de práctica deportiva, mientras que en el otro, la constitución de los grupos es el primer eslabón de un proceso organizativo que se valoriza como objetivo en sí mismo. En otras palabras no es suficiente considerar la presencia, aunque concretamente operativa, de un objetivo sino que hay también que evaluar su autoridad teleológica, es decir, en palabras sencillas, la importancia que asume en la orientación de todo el proyecto.

Otras categorías clasificatorias podrán ayudar a diferenciar entre objetivos de corto, mediano y largo plazo y también entre objetivos tácticos y estratégicos, diferenciación, esta última, que no siempre y necesariamente es homóloga a la cronológica, pues un objetivo puede seguir siendo táctico también en el largo plazo. Se dan, por ejemplo, experiencias organizativas con niños, adoles centes y jóvenes trabajadores cuyo central objetivo estratégico son los procesos organizativos de conformación de un sujeto y de un movimiento social. Sin embargo, ello no significa que estos programas de acción social descuiden servicios de apoyo y alivio frente a las necesidades materiales de los JANTs. A1 contrario, a veces es justamente en estas experiencias que encontramos los más exitosos servicios de alimentación o de salud. Pero, éstos encaran objetivos tácticos e instrumentales, aunque acompañen en el tiempo el desarrollo de la experiencia misma.

Por último, cabe señalar la diferenciación entre objetivos que se caracterizan sobre todo por elementos cuantitativos o de extensión y objetivos que se caracterizan por elementos cualitativos. Es la diferencia entre quienes apuntan a intervenciones de amplio grado de convocatoria y cobertura (tal número de comedores, tantos niños sacados de la calle, etc.) y quienes apunta n a una significativid ad, casi se diría, ejemplificativa, pionera, microexperimental de los objetivos mismos. Así, hay iniciativas con niños o con jóvenes que tal vez no han logrado, a la fecha, una presencia masiva pero que indican seguramente un camino y pueden presentarse como experiencias renovadoras y orientadoras.

Una última consideración a propósito de los objetivos de una intervención social con niños, adolescentes y jóvenes trabajador es. Existen y están de moda cuadros taxonómicos que ordenan los objetivos en secuencias formalmente articuladas como para una programación limpia, lineal y operati vamente eficiente. Resulta de ello un esquema, un modelo tan claro y «científico» que fascina y hechiza. Parece, muchas veces, haber encontrado la llave para so lucionar todos los problemas. Pero, muchas veces estos esquemas han sido elaborados en contextos bien distintos a la realidad del trabajo de base en América Latina. La metodología para la programación, la verificación y la evaluación de los objetivos muchas veces resulta acertada sólo en la teoría y mucho menos en la práctica. Y ello se debe, sobr e todo, a que las condiciones operativas son en sumo grado informales, no estructuradas e imprevisibles. Hay que saber, en otras palabras, navegar al ojo y considerar que lo que aparece -como confusión y desorden

podría también representar una útil y funciona l elasticidad en el trabajo de campo. Es cierto que ello podría volverse una instrumental coartada como para justificar un exceso de coyunturalismo operativo y un vacío de orientación en la conducción de la labor con los muchachos. Pero, de todos modo s, hay que evitar, al mismo tiempo, un exceso de tecnicismo metodológico en la programación de los objetivos. Los niños, adolescentes y jóvenes trabajadores no son relojes suizos; más bien en la mayoría de los casos son como los microbuses que andan por las ciudades de América Latina: rutas improvisadas, llegan cuando pueden, hoy repl etos y mañana casi vacíos, siempre con la posibilidad de que se malogre una llanta o que, simplemente, se paren en pleno viaje. Así que hay que saber también programar en «itinere» (sobre la marcha), esperar, empujar, cambiar de microbús, en fin agr egarle a las taxonomías académicas la capacidad práctica de olfatear las situac iones concretas y de moverse en ellas.

f) Actividades y acciones

Con esta variable entramos en el campo de la práctica concreta, de lo que realmente se hace y ya no de lo que se piensa, se diseña, se desea, se programa hacer.

Por «actividad» usualmente se entiende una práctica que se desarrolla con continuidad en el tiempo y acompaña de forma estable una iniciativa de promoción social. Por «acción» se entiende una micro práctica puntual, que se abre y se cierra en un determinado lapso, usualmente breve, de tiempo y en relación a un preciso y limitado objetivo muy concreto. Así, por ejemplo, en el ámbito del sector educativo, alrededor del eje de la capacitación y con el objetivo de escolarizar a un grupo de niños trabajadores, un determinado programa desarrolla una actividad didáctica de alfabetización, cuya primera acción ha sido una campaña de promoción para que los chicos se matriculen.

Muchas de las distinciones que se han hecho al respecto de los objetivos valen también en relación a las actividades y las acciones, sobre todo la reflexión acerca de organicidad, coherencia y articulación.

Pero, en particular, nos parece oportuno subr ayar que es justamente en el ámbito de las actividades y de las acciones que se evalúa la pertinencia operativa de una propuesta de promoción social. En los últimos años todos hablan de NATs y de jóvenes trabajadores, los

proyectos se han multiplicado, diversificado en las tipologías, casi no pasa día en que algún nuevo profeta no aparezca en el horizonte para anunciar un nuevo milagroso remedio, una nueva receta ideológica, un pretexto metodológico, la ultimísima herramienta operativa para la labor social con los chicos. Pero, en muchos casos se trata de «humo teórico», de «chismorreo académico», de malabarismo verbal. A1 mismo tiempo, hay que reconocer que incluso organismos seriamente comprometidos en la labor concreta inflan instrumentalmente su propia imagen en los informes que destinan a las agencias financieras.

En consideración de todo ello hay que poner particular cuidado en la consideración de las actividades y acciones concretas que efectivamente se desarrollan al interior de un determinado proyecto. Ello no significa asumir una mentalidad estrechamente fiscalizadora, casi que con lupa se midiera todas las ínfimas discordancias entre el pro- yecto y su concreta ejecución. Pero, sí hay que remarcar la necesidad de que las buenas intenciones, las arquitecturas teóricas, los planes teleológicos se concreten en prácticas efectivas y puntuales.

Un criterio muy de moda para medir la efic acia de estas acciones es expresado en la relación costo-beneficio. Se trata de un paradigma de evaluación tomado en préstamo de las disciplinas económicas, sobre todo de aquellas inspiradas por una óptica decididamente mercantil, para no decir ab ruptamente neoliberal. Vale la acción que comporta el mayor beneficio con el menor costo: parece un axioma de tal y tan natural evidencia que muchos son los que lo asumen acríticamente y en forma demasiado mecánica.

En realidad, y afortunadamente, las cosa s son mucho más complejas y matizadas. En particular, consideramos cómo el mundo infantil y el mundo ,juvenil contengan dimensiones simbólicas o también dimensiones lúdicas o, en fin, dimensiones afectivas que difícilmente se pueden manejar con una aplicación esquemática de la fórmula antes mencionada. Por el contrario, muchas v eces es necesario saber «perder tiempo», renunciara resultados concretos en favor de la conquista de positivas atmósferas relacionales, postergar éxitos tangibles si ello permite jugar un rato con los chicos. Quienes viven en contacto diario con niños, adolescentes o jóvenes trabajadores bien lo saben: hay veces en que el reloj hay que olvidarlo, entrar en el ecosistema cotidiano de los muchachos, entender cómo en ellos, muchas veces, objetivos concretos y necesidades lúdicas, actividades económicas e inversiones simbólicas, motivaciones instrumentales y generosidades afectivas se mezclan v entrecruzan a constituir una trama muy compleja

y dinámica, en la cual no se logra orientarse con la sola brújula de la relación costo- beneficio. A veces, será un partido de fulbito en vez de una clase de escritura o una fiesta folklórica que le toma tiempo a la capacitación profesional o, en fin, una madrugada charlando de sueldos o de pesadillas con el resultado de ser, el día siguiente, muy poco «eficientes» por el sueño acumulado: seguramente no podrá ser un modelo cuantitativo de la relación costo-beneficio que evaluará los resultados de estas acciones, cuyo valor trasciende el simple dato empírico y alcanza un horizonte justamente simbólico, afectivo, emocional.

Un último problema que ha venido emergien do en estos últimos años en relación a las actividades y acciones que se desarro llan con los JANTs, concierne lo que podríamos llamar el conflicto entre «ideólogos» y «técnicos» o, si se quiere, entre «políticos» y «pragmáticos». Es un conflicto bien conocido en el ámbito de la historia de los movimientos populares, conceptuando a veces como antítesis entre acciones de «promoción social» y acciones de «capacitación técnica». En el caso de los niños y jóvenes trabajadores y de la calle este conflicto se da entre quienes quieren medir las acciones sólo por logros visibles y concreto s (tantos niños sacados de la calle, tantos cursos de profesionalización implementados) y quienes descuidan este tipo de acciones «reformistas» y «asistencialistas» en favor de un trabajo de concientización y de organización de los chicos en cu anto sujeto social colectivo.

Es bastante sencillo entrever que ni los unos ni los otros tienen toda la razón consigo. A los «técnicos» hay que recordarles que la vertiente ideológica de la problemática de la infancia y de la juventud es absolutamente necesaria, pues esta misma problemática está en la base de los mecanismos sociales y políticos de dominio, discriminación y exclusión. Abrir comedores, así como hacer campañas de vacunación u organizar microempresas, son acciones importantes. Pero, si al mismo tiempo, a través de ellas no crece un sujeto, un movimiento colectivo con capacidad de cuestionar un sistema que niega y violenta estructuralmente los derechos más elementales de la infancia y de la juventud populares, ¿qué sentido, qué perspectiva, qué aliento estratégico podrán tener estas acciones?

Por otro lado, a los «ideólogo s» hay que cuestionarles cierto aire de suficiencia, como si por tener a la mano una «verdad» política no fuera necesario también evaluar la concreta capacidad operativa, o como si por tener unas cuantas ideas sobre la organización popular,

la liberación, el cambio social no se tuvieran que encarar también las necesidades concretas e inmediatas con acciones puntua les, metodológicamente acertadas, y con logros efectivos de corto y mediano plazo.

Ambos riesgos tal vez se ven potenciados en la labor social sobre todo con los niños trabajadores y de la calle. De hecho es muy fuerte el peligro del «tecnicismo», casi que la idea misma de infancia se pusiera fuera de la lucha ideológica, como si la labor con la infancia fuera la última playa para lo s desilusionados de la política. Al mismo tiempo, no faltan los que suponen que para trabajar con niños sea suficiente cariño y buena voluntad, sin necesidad de herramien tas operativas específicas, refinadas y concretamente eficaces, reduciéndolo todo a un asunto de buenos sentimientos y de empírica improvisación. Es evidente que en ambos casos no se alcanza la capacidad de integrar aspectos de la promoción social que asumidos cada uno por su cuenta resultan limitados y equivocados.

g) Metodología

Esta variable, sumamente importante y sign ificativa, concierne la modalidad de desarrollo de las actividades y de las acci ones, el «cómo se llega a concretar cierta práctica, casi podríamos decir la dinámica de realización de lo que se había planeado. En el ámbito metodológico caben también unas cuantas cuestiones no secundarias, como, por ejemplo, el tema del tipo de relaci ones que se establecen entre los diferentes sujetos de la acción en sus distintos roles o los mecanismos y procesos de la toma de decisiones. 24

Para ejemplificar todo ello, basta pens ar en un programa de apoyo a jóvenes trabajadores informales a través de un serv icio de préstamos. Esta actividad se puede desarrollar desde arriba, con una metodologí a que no involucre a los beneficiarios sino en cuanto pasivos receptores de una dádiva externa; el uso de los recursos entregados se hará con una fiscalización administra tiva autoritaria; todos los momentos decisionales, ejecutivos y de evaluación estarán en las manos de los agentes externos. Bien, la misma actividad podría desarrollar

24 Ver al respecto el excelente texto de FONTAN JUBERO Pedro, LA ESCUELA Y SUS ALTERNATIVAS DE PODER, Ed. CEAC, Barcelos, 1978.

se con una metodología totalmente distinta, involucrando a los jóvenes en la programación y ejecución de las acciones, conformando con ellos equipos responsables y con progresiva autonomía decisional.

La variable metodológica es esencialmente cualitativa y no cuantitativa, en cuanto permite analizar y evaluar no tanto el número de logros cuanto la conformidad de la gestión concreta de un programa a los prin cipios inspiradores y a las finalidades estratégicas. Y es justamente esta conformidad, esta coherencia entre método operativo y otras variables del programa lo que muchas veces falla.

Las problemáticas metodológicas son múltiples, desde la identificación de los problemas hasta la recolección, clasificación y utilización de datos para un diagnóstico; desde la implementación de una investigación-acción hasta las modalidades de la toma de decisiones; desde la introducción de herramientas pedagógicas o también psico- lógicas hasta las dinámicas participativas que son patrimonio de las experiencias de educación popular. Pero, no es esta la sede para un exhaustivo y detallado análisis de estos aspectos. 25

Más bien nos interesa retomar un poco la cuestión de la metodología participativa, pues se trata de un asunto de trascendental importancia, considerando que de ello depende no tan sólo la eficiencia opera tiva del programa sino, sobre todo, su significación simbólica, su eficacia formativa, su impacto social y proyección política. Hay dos problemas en relación a ello. El prim ero atañe al hecho de que el lema de la metodología participativa encuentra dificultad a ser cabalmente aceptado cuando se trata de una labor social con niños e inclusiv e con jóvenes. Se trata de un asunto que ya hemos mencionado varias veces pero que por su centralidad, queremos proponer otra vez a la reflexión de los lectores.

Aunque casi todo el mundo haya por fin entendido que un proyecto desde arriba y desde afuera está destinado al fracaso, a producir, tarde o temprano, un cortocircuito antropológico, cultural, operativo, práctico y justamente metodológico, sin embargo, muchas veces estos alcances negativos parecen olvidarse cuando se trata de niños o, aunque en menor medida y con menor frecuencia, de jóvenes. El esquema mental paternalista y adultista, el autoritarismo implícito

25 Un excelente texto de reflexión metodológica nos llega de África Obra Colectiva, ENFANTS EN RECHERCHE ET EN ACTION, Enda-Editions, Dakar, 1995.

en las asimetrías de las relaciones etarias, la antidemocrática cultura dominante sobre la infancia y la juventud, en fin, la enraiz ada costumbre de considerar al niño como objeto y no como sujeto, todo ello impi de muchas veces superar concepciones metodológicas que se fundamentan en la heterodirección, más o menos enmascarada de buenos modales o brutalmente coactivas, y que siempre terminan con una condena del niño y del joven trabajador a la ausencia, a la contumacia, al anonimato, a la desaparición social.

El segundo problema, estrictamente metodológico, se refiere a una dificultad mucho más difundida de lo que usualmente se piensa. Muchas personas y organizaciones que desarrollan una labor social con niños, adol escentes y jóvenes trabajadores aceptan hasta con entusiasmo el principio metodológico de la participación, pero no encuentran el camino concreto de su actuación, ya sea por fa lta de preparación profesional específica y escaso conocimiento del saber y de las experiencias acumuladas en este campo, ya sea por no tomar en cuenta algunos elementos que

caracterizan a la infancia y a la juventud trabajadoras y de los sectores populares. Tomemos como ejemplo una asamblea para debatir un problema, típica expresión de una metodología que quiere ser participativa. Muchas veces con niños de ocho o diez años o con jóvenes que han pasado un día de trabajo muy pesado y que se mueren de cansancio, se promueve un debate col ectivo, pongamos, de dos horas, en el que prevalece la comunicación verbal. Es obvio que al poco rato los niños o los jóvenes

«desconectarán», empezarán a quejarse, a dormir, a jugar

Pero, todo ello no

.. demuestra su ineptitud participativa sino más bien las fallas metodológicas del organizador de la asamblea, que no se ha interrogado acerca de las formas más apropiadas para activar espacios de partic ipación. Tal vez hubiera sido suficiente reducir el tiempo, utilizar dibujos, dramatizaciones, mímicas, en fin, un código no sólo verbalista y la asamblea hubiera sido exitosa.

h) Recursos humanos y financieros

Los sujetos de la intervención son un grupo social que se involucra voluntariamente en el proyecto, a raíz de motivaciones afectiv as, éticas, políticas, reivindicativas, a veces también decididamente instrumentales. Pero, de todos modos, se trata de una relación libre de compromisos institucionalizados, fundamentada más en el consenso que en una relación formalmente contractual.

Sin embargo, en casi todas las instituciones que hacen trabajo social e inclusive en las organizaciones de base, hay tareas que por su carácter permanente y profesional necesitan también de una planilla estable de operadores que se ligan al programa con un formal contrato de empleo y también r eciben un sueldo por su trabajo. Son estas personas que se les considera como recursos humanos y representan el piso estable de disponibilidades profesionales para cumplir c on las tareas necesarias, por ejemplo, de administración, de secretaría, de gestión material y diaria de los quehaceres específicos en el campo de la educación o de la fo rmación profesional o de la salud, etc.

En todo ello nada hay de negativo,

así como no hay nada de cuestionable en la

búsqueda de recursos financieros externos, siempre y cuando las agencias internacionales no pidan a cambio cierto margen de control y de condicionamiento del programa mismo.

Cierto, sería excelente poder contar si empre y exclusivamente con un trabajo voluntario y gratuitamente comprometido, así como sería positivo poder alcanzar un nivel de autoafirmación total. Pero, si de los cielos de las utopías bajamos al piso concreto de la realidad, nos podemos dar cuen ta de que todo ello todavía no es posible y que, entonces, hay que aceptar ciertos arreglos, pero sabiendo manejarlos y no dejando que le cambien la cara al programa que estamos desarrollando.

Así, por ejemplo, nadie se escandaliza porque algunas personas reciben un sueldo por su trabajo social con los JANTs. Pero, sí sería contraproducente que este sueldo fuera excesivo (peligro cada vez más remoto por los recortes de la cooperación internacional), como para introducir una ló gica de privilegio mercantil y de exclusivo cálculo económico. Asimismo, es evidente que estas personas se contratan por sus competencias profesionales; pero, ello no impide que, al mismo tiempo, sean personas que comparten el espíritu del proyecto y no simples funcionarios indiferentes a la esfera ética, política, afectiva de lo que se está haciendo.

Igualmente, los recursos financieros no deben ser desproporcionados en relación a lo que realmente se hace; de ellos habrá que hacer un uso cuidadoso y responsable, pues se trata de dinero destinado, en última inst ancia, justamente a los chicos/ as y jóvenes trabajadores, aunque muchas veces sean lo s adultos los que conc retamente lo manejen. En fin, nunca será excesiva la vigilancia pa ra evitar crear una dependencia vinculante con las agencias financieras, pues si ellas tienen cierto derecho a un control sobre la utilización de los recursos, sin embargo los organismos que concretamente

hacen el trabajo con los niños/ as y los jóvenes tienen, a su vez, derecho a mantener su autonomía decisional y de evaluación. De otra manera, se repetiría una asimétrica relación de estilo colonial, paradójicamente en un ámbito que quiere ser de solidaridad e intercambio.

En fin, hay que rescatar v valorar todos los pasos avanzados en el proceso de integración entre sujetos y recursos humanos y en el proceso de autofinanciación. Hay en este sentido experiencias pioneras muy inte resantes en el caso del trabajo con niños, adolescentes y jóvenes trabajadores. En unos casos, por ejemplo, los niños y jóvenes han alcanzado ciertas competencias profesionales y se han vuelto ellos mismos recursos humanos de su propia organizaci ón. Todo ello es sumamente importante y significativo, pues indica el pase a un superior nivel de capacidad protagónica y autogestionaria, en donde empieza propiame nte a darse una verdadera gerencia por parte de los JANTs de su propia práctica social.

Una última consideración por lo que se re fiere a los recursos financieros. Con frecuencia una extraordinaria disponibilid ad económica, además de introducir dinámicas conflictivas y de debilitamiento de las motivaciones éticas y políticas, conduce en muchos casos a errores en la orientación concreta del proyecto. Consideramos, por ejemplo, el problema de la multiplicabilidad y replicabilidad de la intervención, en el sentido que una determinada experiencia tend ría que poder ser- asumida por otros grupos de JANTs y reproduc ida por ellos. Pero, si se arma un taller de carpintería con costosa maquinaria, plan illa de formadores con sueldo, compleja infraestructura, etc., todo ello podrá ser mu y lindo y funcional en sí mismo, pero tan sólo se podrá reproducir por quienes dispongan de los mismos exigentes recursos financieros. Es decir, la experiencia se quedará como un caso aislado y no un modelo posible para otros. Tal vez, mejor hubier a sido armar un tallercito modesto, con escasos recursos financieros, de pequeña artesanía, seguramente menos llamativo pero, en primer lugar, más fácilmente manejable por los mismos chicos/ as o jóvenes v, sobre todo, asumible como posible proyecto también por otros grupos de ,JANTs v, por ende, multiplicable en forma autogestionaria. 26

26 En este sentido, hay que poner cuidado a no dejarse impresionar por las apariencias. Con la disponibilidad de mucho dinero no es difícil abrir, por ejemplo, escuelas (le formación profesional lindas, funcionales, eficientes, ejemplares. Pero siempre hay que preguntarse sobre la posibilidad (le su reproducción en contextos que en muchos

  • i) Grupos de Referencia

Usualmente, los organismos que actúan con los JANTs no están aislados sino que actúan dentro de una red de grupos de referencia, es decir, con otros organismos o instituciones con los cuales se sienten cercanos por parentesco ideológico, por ligazones institucionales o, simplemente, por pertenecer a una misma coordinación, etc. Reconstruir en cada país el mapeo de estos grupos de referencia es sumamente importante, ya sea porque nos permite conocer y reconocer mejor la identidad de un determinado organismo o movimiento, ya sea porque nos permite entender el trasfondo, el horizonte y también los límites en que vive y se desarrolla.

Así, por ejemplo, no será inútil saber que una determinada organización está ligada a organismos internacionales como OIT o UNIC EF, que otra más bien se relaciona con instituciones eclesiales, que esta ONG está ligada al mundo sindical, que tal movimiento de niños trabajadores se inse rta en una red continental de programas centrados en la autoorganización, que tal experiencia de jóvenes trabajadores tiene ligazón con el gobierno local o con una determinada institución estatal, etc.

Además, del mapeo de estos grupos de referencia, será importante detectar también la calidad de las relaciones que establece con los JANTs y los Programas, el organismo objeto de nuestro análisis. Muchas veces, en efecto, se trata de relaciones de coope- ración respetuosas de las recíprocas autonomías. Pero, en otros casos, se trata, lamentablemente, de una relación de dependencia financiera o de sumisión ideológica y organizativa. Conocer estos contextos re lacionales con los grupos de referencia resulta entonces de fundamental importancia como para entender opciones o rigidez que de inicio pudieron resultar, tal vez, incomprensibles e injustificadas.

casos parten de premisas mucho más desfavorecidas financieramente. Por ello que, muchas veces, experiencias más modestas y menos «visibles», pueden contener en sí mayores elementos como para una propuesta a generalizarse y a asumirse como modelo.

UNIDAD 5 LA ACCIÓN SOCIAL CON JANTs: MODELOS INTERPRETATIVOS

NECESIDAD DE MODELOS TEÓRICOS

Ya se había hecho referencia a los límites del descriptivísimo empírico, es decir, a la insuficiencia de un recorrido simplemente sumatoria de experiencias asumidas en su concreta evidencia práctica. El recuento de una experiencia singular, aunque asumida en su significación universal, es el objetivo final y casi la substancia misma de la literatura, pero para las ciencias sociales es tan sólo un punto de partida, a pesar del redescubrimiento y la valoraci ón en estos últimos años de los sujetos concretos y de lo cotidiano. En otras palabras, la investigac ión social apunta a descubrir estructuras y leyes, aunque tanto las unas como las otra s ya no puedan entenderse como absolu- tamente objetivas, estáticas, mecánicamente generalizables.

Con todos los límites críticos que la moderna epistemología impone a la certidumbre de las ciencias y, en particular, de las ci encias sociales, sin embargo queda vigente el imperativo que tiene la investigación de superar el momento descriptivo, el «cuento» de las experiencias, el diagnóstico simp lemente sumatoria de un sinnúmero de proyectos, para enfrentar la tarea de construir marcos y modelos teóricos de interpretación. Todo ello repr esenta una necesidad de la que también está consciente la cultura elaborada en el contexto de la educación y promoción popular, allí donde a menudo se subraya, como ya lo hemos mencionado, la urgencia de la «sistematización» como para poder aprovechar el patrimoni o de experiencias empíricas que se van acumulando.

En general, un «modelo teórico» alude a un proceso de abstracción que, despejando el objeto de estudio de todo un conjunto de «accidentes» no esenciales para la finalidad de la investigación, deja un esqueleto estructural que permite operaciones varias como la comparación, la clasificación, la articulación analítica, la previsión de comportamientos, la comprensión de aspectos profundos, la interpretación, etc. En este sentido, un «modelo» es algo que no existe en la realidad, pues es una operación mental del observador, pero al mismo tiempo me permite un mayor y mejor entendimiento de la realidad misma.

Tomemos algunos ejemplos. Si entro en un cuarto puedo ver muchas figuras: una mesa, las ventanas, libros, platos, cuadros, losetas, etc. Podría enumerar todas estas figuras así como se presentan empíricamente. Pero, se puede también utilizar aquellos modelos teóricos que son las figuras geométricas y concluir que hay tantos cuadrados, tantos rectángulos, tantos triángulos. To do ello me simplifica y me ordena mi experiencia, sistematizándola en base a determinados «modelos». De otro lado, no hubiera sido posible llegar a descubrir el teorema de Pitágoras si de los miles y miles de triángulos concretos, con sus distintos tamaños, colores, etc. no se hubiera pasado al «triángulo» teórico, entendido justamente como estructura mental abstracta, pero sumamente significativa.

Asimismo, aunque con niveles de abstracción menos radicales que en las ciencias .matemáticas, la historia, la antropología, la psicología, la sociología, y las demás disciplinas que estudian esencialmente al hombre, trabajan con una realidad ordenada según «modelos». Categorías interpretativas como feudalismo, capitalismo, animismo, neurosis, sociedad industrializada, et c. indican otros tantos esquemas de reestructuración mental de un conjunto de datos, documentales o empíricos, que por sí solos quedarían mudos y ciegos, sin capaci dad de interpretabilidad y previsibilidad.

Por supuesto que los «modelos» no me comunican una verdad absoluta sino tan sólo actúan en un determinado ámbito de validez operativa, es decir, existen no como dogmas sino como instrumentos que me pued en ayudar a conseguir un determinado objetivo de la investigación. En este sentido, hay también que poner particular- cuidado para que los modelos no sustituyan a la realid ad, que sigue siendo el último término de referencia que no se puede obviar en ninguna acción investigativa.

También por lo que se refiere a nuestro particular objeto de investigación y reflexión, es decir, la acción social con niños y Jóvenes

trabajadores, necesitamos de modelos teóricos para poder salir de la rampa de la enumeración empírica de las experiencias, enumeración que no sólo nunca se podría acabar sino que quedaría no utilizable como herramienta interpretativa.

Aunque hasta hoy día la elaboración de esto s modelos ha sido insuficiente por lo que se refiere al tema de la labor social con los ,JANTs, sin embargo no faltan algunos ejemplos de intentos clasificatorios que apuntan hacia este objetivo.

Algunos, por ejemplo, simplemente han ap licado también en este caso las dos tipologías clásicas de la educación popular, proponiendo una distinción entre proyectos caracterizados como asistencialistas y proyectos de promoción. A su vez, la promoción puede clasificarse distintamente como capacitación o concientización u organización. Se trata de una propuesta in terpretativa que puede ser útil en algunos casos, pero que resulta demasiado simplificadora y sin referencias específicas al tema de los JANTs.

Algunas investigadoras en la Regi ón proponen, por su parte, un esquema interpretativo que separa y focaliza tres tipos de programas: preventivos, de recuperación y de promoción social. 27 Estos también pueden ser modelos útiles en determinadas ocasiones de investigaci ón y de práctica social; pero opinamos representen una óptica todavía demasiado pa rticular, en donde ad emás se combinan categorías de distintos niveles que no pued en ser presentadas como alternativas: la prevención así como la recuperación pueden ser parte, por ejemplo, de un programa de promoción social.

En un reciente seminario en Alemania se propuso este interesante esquema de sistematización, que tiene, sin duda, la ventaja de no quedarse en la colocación de unos membretes, pues desarrolla los distintos aspectos de los dos fundamentales tipos de acción social con NATs:

Programa-tendencia objeto: perspectiva caritativo-asistencial; idealización de la infancia; reintegración a la socied ad; llamada a la compasión social; estigmatización de los espacios de vida y de trabajo en la calle.

27 Norma hottier H. y :\. Manrique (;.: TR ABAJO SO CIAL Y

..

op.cit., Modulo I.

Programa-tendencia sujeto: perspectiva emancipadora participativa; infancia como parte de la realidad y del desarrollo social; niño y joven como sujetos; focus sobre un trabajo de concientización y promoción; oferta educativa; procesos auto organizativos. 28

El límite principal de este esquema es todavía su substancial maniqueísmo, en el sentido que pone dos solas y excluyentes alternativas, caracterizadas como bien y mal, como blanco y negro, con el riesgo de ofr ecer modelos demasiado rí gidos y antitéticos. Es obvio que estas apreciaciones críticas no apuntan a rechazar estas propuestas, pues cada una de ellas permite determinadas operaciones de investigación y caminos de interpretación.

En este sentido, nos permitimos avanzar también una propuesta, que no es alternativa a las que hemos antes mencionado, sino que representa otra articulación de un conjunto de hipótesis, articulación que tiene que estar siempre abierta a nuevos aportes y posibles enriquecimientos.

Se trata de una propuesta de clasificación basada en tres modelos fundamentales de acción social con niños, adolescen tes y jóvenes trabajadores: el caritativo; el de gestión de la situación; el del cambio o transformación social . 29 El primero y el último presentan muchas de las características de modelos antes mencionados como asistencialistas y de promoción, mientras que el segundo es novedoso en relación a las otras propuestas hasta aquí recordadas.

LA CARIDAD COMO MODELO DE ACCIÓN SOCIAL

El modelo caritativo-asistencialista se caracteriza por su intencionalidad limitada a una respuesta inmediata a necesidades urgentes, a través de una dinámica externa a los usuarios beneficiarios de

28 Nos referimos al seminario: NUEV OS METODOS DE TRABAJO CON LOS POBRES, promovido por la doctora Kari m Holm del Depart amento de Ciencias Sociales de la Universidad de Dusserdolf, al que participaron también destacados analistas latinoamericanos. 29 útiles indicaciones sobre estos tres modelos se encuentran también en DALLAPE Fabio, ¿ENFANT DE LA RUE, ENFANT PERDUS? UNE EXPERIENCE A NAIROBI, ENDA Tiers-Monde, Dakar, 1990.

la acción; esta misma acción, por otro lado, se acaba en el tiempo de satisfacción de la necesidad misma, sin producir dinámicas que se auto alimenten y apunten a solucionar los problemas de los cuales surgen las necesidades insatisfechas. En este sentido es oportuno recordar la distinción entre «necesidad» y «problema»: mientras la «ne- cesidad» es una manifestación sintomática de una carencia, el «problema» representa el desequilibrio que en un proceso causal produce carencias y, consiguientemente, necesidades. El modelo de acción social caritativo-asistencialista se mueve en el plan de las necesidades encaradas en sus manifestaciones más superficiales y justamente «sintomáticas», sin llegar a enfrentar los problemas que están por detrás de estas necesidades.

Es evidente que a esta postura se le podrían levantar muchas objeciones a nivel ético, pedagógico o político. Pero, es, al mismo tiempo, interesante subrayar que hay un problema simplemente numérico, cuantitativo, de cobertura posible. Los niños y los jóvenes trabajadores son millones en América Latina y nunca una acción simplemente basada en la perspectiva de la caridad, en la práctica de la asistencia, podrá ir más allá de una pequeña porción de casos individuales. Ello no significa que en algunos casos locales -numéricamente reducidos- la acción asistencialista no exprese un mínimum de eficiencia inmediata. Pero, en general resulta insuficiente frente a la amplitud de la problemática estructural que está por debajo de la visibilidad empírica de un fenómeno. Más bien, asistimos en este caso a una suerte de distonía sociológica, pues la acción caritativa involucra de manera oc asional y eventual el comportamiento de unas . cuantas personas o pequeños grupos, fr ente a una problemática como la de los JANTs, que es de naturaleza permanente y macro social, aunque baje y muchas veces se haga concretamente visible al interior de un escenario cotidiano y en los micro contextos del barrio o de la calle.

Es interesante anotar que hubo y hay culturas que han asumido la caridad corno tipología de acción generalizada, llegando casi a una suerte de institucionalización de la misma, como por ejemplo en la cultura islámica, en donde la limosna ritual es una de las cinco importantes obligaciones religiosas para los feligreses. Sin embargo, tampoco en estos casos en que la caridad ha desbordado los límites del comportamiento individual para volverse casi, diríamos, costumbre de masa; el asistencialismo nunca ha logrado solucionar problemas sino tan sólo paliar síntomas y mediar contradicciones. La substancia política de esta postura reconduce el problema estructural de

una efectiva redistribución de la renta y de una real justicia soci al a un asunto de ocasional dádiva, cuando la conciencia de fulano se siente picada por los dramas de miles y miles de niños y de jóvenes trabajadores. Lo que significa sustituir el reconocimiento de un derecho ciudadano con la concesión de una benevolencia hacia los súbditos.

Por supuesto que en este modelo de acción social no hay espacio para ninguna forma de efectivo protagonismo de los NATs: ellos tienden, inevitablemente, apercibirse como objetos, víctimas no tanto de concretas responsabilidades sociales sino de abstractas y crueles circunstancias, y, por ende, no actores sino beneficiarios de progra- mas de ayuda y de apoyo totalmente manejados por agentes externos.

Tan evidentes son los límites de este tipo de acción social que hoy día ya nadie en América Latina abiertamente programa una in tervención con estas características, a menos que no se trate de casos imprevistos y de absoluta emergencia. Algo de la mentalidad caritativa queda en las esporádicas iniciativas de las clases altas acriolladas, cuando recogen víveres, ropa o juguetes para los «pobres niñitos» de la calle; o también en nuestros propios comportamientos indivi duales, cuando, ya no en nuestro rol de operadores sociales, paseando por la calle nos da pena el muchacho que pide limosna y le alcanzamos una moneda. Pero, todo ello representa un residuo marginal, pues el modelo caritativo-asistencial ya no es el de mayor importancia en América Latina por lo que se refiere a los niños, adolescentes y jóvenes trabajadores. En este sentido, se equivocan muchos analistas que siguen dando como central la alternativa y el antagonismo entre proyectos caritativo-asistencialistas y proyectos orientados hacia el cambio social. El real antagonismo se da, en nuestra opinión, entre los programas que apuntan a una «gestión y control de la situación» y los que se orientan a una verdadera transformación de las estructuras sociales. El escenario simplemente caritativo resulta bastante reducido, aunque en estos últimos años haya habido algunos rebrotes ya sea en ocasión de los más dramáticos impactos de los ajustes neoliberales en algunos países, ya sea en las situaciones de conflictos armados, ya sea, en fin, para enfrentar la emergencia de unos cuantos eventos de emergencia, como fue, por ejemplo, el caso del cólera en Perú.

Esta escasa presencia en América Latina de proyectos que se puedan globalmente tipificar como caritativo-asistencialistas no significa

por otro lado, que fuentes financieras no están con frecuencia animadas por una mentalidad tendencialmente caritativa. En los países del Norte muchas veces se pone mano al bolsillo con una motivación y una intención que no va más allá de la caridad y de la asistencia: es la peluda piedad de qui enes se conmocionan al ver el rostro de un niñito llorando o la barriga hinchada de un muchacho que esta muriéndose de hambre, pero que difícilmente pondrán en duda sus propios privilegios estructurales, sus estilos de vida y las opciones polític as y económicas de los gobiernos que con sus votos han elegido. Todo ello resulta comprobado si se considera que la modalidad más exitosa para recoger fondos de la solidaridad inte rnacional resulta ser hoy día la de «las adopciones a distancia», una forma de fr agmentación de un problema colectivo y estructural en una suma de casos individuales, con la gratificación emocional para los donantes de haber salvado a un niño con nombre y apellido, con la inconsciente seguridad y satisfacción de haberse ganado el derecho a un duradero reconocimiento. Por el contrario, resulta mucho más comp licado recoger fondos para proyectos que apoyen el fortalecimiento de la organización infantil y juvenil.

En este sentido, tal vez podamos decir que el sentir común en América Latina es más avanzado y maduro que el de Occidente, por lo que se refiere a la superación de estos estereotipos piadosos y filantrópicos de apoyo social frente a los problemas de los JANTs.

Sucede también que recursos financieros que se han captado a partir de una motivación esencialmente asistencialista y centrada en un equivocado sentido cíe caridad, se utilicen, luego, en un proyecto de auténtica promoción social, orientado a la transformación social. Todo ello se pued e justificar coyunturalmente, pero en perspectiva hay también que asumir el reto de educar a la opinión pública y a las redes de solidaridad de los países del Norte, para que superen los límites de posturas centradas en la ocasional emotividad de la compasión, en favor de una mayor madurez ética y política.

«LA GESTIÓN DE LA SITUACIÓN»

Es este segundo modelo de acción social con los niños, adolescentes y jóvenes trabajadores el que encuentra mucha acogida en el Continente, aunque muchas veces sin una explícita conciencia por parte de los mismos operadores que lo manejan y hasta lo idearon.

La premisa o el supuesto ideológico de este modelo es una lectura «reformista» de la realidad social y de la problemática que brot a de ella. En otras palabras, el sistema de relaciones económicas, sociales, culturales y políticas vigente, es en su esencia sano y aceptable. Lo que sí sucede es que se presenta con unas cuantas patologías coyunturales y transitorias, más o menos extensas, profun das y graves, pero que , en todo caso, no son expresión de una violencia estructural, no son síntoma de un quiebre sustantivo del modelo dominante, de una insuficiencia radical del sistema frente a las demandas emergentes de los nuevos actores y sujetos sociales. Por el contrari o, tan sólo se trata de desarreglos que están por debajo del umbral de la «anomia» aceptable por parte de cualquiera sociedad, casi desequilibrios naturales, que no requieren un cambio societario global ni una transformación de los mecanismos generales, por ejemplo de distribución de la renta, sino unos cuantos parciales ajustes, intervenciones de contención, para llegar, como dice el título de este acápite, a una mejor «gestión de la situación que se está encarando.

Los problemas de miles y miles de niños trabajadores, sus dramáticas condiciones de pobreza, la falta de adecuadas ocasiones educ acionales; la presencia masiva de los así llamados «niños de la calle»; el desempleo de los jóvenes o el subempleo en condiciones de absoluta precariedad: todo ello no co mprometería el modelo económico y social dominante, sino tan sólo representaría unas cuantas fallas en su manejo, fallas que se pueden recuperar o, por lo menos, hacer que en sus consecuencias no desborden más allá de ciertos límites. Estamos en presenci a de una patología que se puede absorber, sanar, una desviación marginal y que se puede controlar.

En este contexto, la acción social no tiene tan sólo una proyección de corto plazo, como en el caso del modelo caritativo-asistencial, sino que se da una perspectiva estratégica, cuya finalidad es no tanto resolver el problema desde la raíz, sino, más bien, hacer que el problema mismo, utilizando oportunos correctivos e instrumentos de contención, resulte compatible con determinados equilibrios sociales y, por ende, no amenazante para el orden establecido y, consiguientemente, para los intereses dominantes.

Este modelo de acción social con los NATs puede presentarse en dos diferentes modalidades, muy distintas entre ellas en cuanto a estilo, metodología y objetivos intermedios, pero convergentes en la fina lidad general que es justamente la de llegar a una «gestión de la situación». Se trata del sub modelo «médico», sea por ello, preventivo

o curativo, y del submodelo «policiaco o represor», que se basa no tanto en la terapia sino en formas de control coactivo.

El esquema de la «gestión de la situación» en su vertiente terapéutica es tal vez el más difundido en la labor social con los niños, adolescentes y jóvenes trabajadores en América Latina. Tal vez resulte pro vocativo acercarlo a las acciones de pura y simple represión, pero con ello no queremos homologar intenciones y modalidades bien distintas entre ellas, sino subrayar que el horizonte terminal de ambos tipos de acción es el control social sin el cambio social. En ambos casos se tata o de ayudar o de obligar a los menores de edad y a los jóvenes a «normalizarse» y casi «compatibilizarse» con la sociedad dada. Es lo que Freire hubiera llamado «concepción bacteriológica» de un problema social: los sectores marginados son vistos como «virus» que amenazan la salud de la sociedad y entonces hay que neutralizarlos con anticuerpos que pueden llevar tanto el mandil de un médico como las botas de un militar.

Todo ello se torna particularmente claro y tr ansparente en el plan ,jurídico, en donde el esquema que García Méndez llama «salvacionista-proteccionista», permite nivelar vagancia con delincuencia y legitima el internamiento, el tutelaje coactivo, la conculcación de los más elementales derechos de libertad en nombre de una supuesta protección del menor de edad frente a la sociedad, que en realidad es una protección de la sociedad frente al mismo.

Por lo general, la articulación fundamental del modelo terapéutico de la «gestión de la situación», combina tres distintos momentos:, acercamiento y asistencia; rehabilitación; reinserción. Se trata, en último aná lisis, de un proceso de resocialización individualizada para aquellos niños y Jóve nes que se han desviado de los modelos sociales dominantes o que no han encontrado oportunidades «normales» de inserción e integración educacional, económica, cultural y, más en general, social. Justamente para resocializar a estos grupos, que repres entan una suerte de excedente humano a compatibilizar con los equilibrios sociales, se activan mecanismos substitutivos de los que no han funcionado o que han actuado disfuncionalmente: casas albergues como vicarios de la familia, cursos y cursillo s de recuperación escolar, creación de oportunidades alternativas de empleo y autoempleo para los jóvenes, etc.

Todo ello se centra alrededor de dos ej es ideológicos fundamentales. Uno es el supuesto que se mencionó anteriormente: estos excedentes humanos, estos desbordes, estas patologías sociales, llámense ellos ni ños trabajadores o niños desescolarizados, niños de la calle o

adolescentes en «circunstancias particularmente difíciles», jóvenes desempleados o jóvenes «en ruptura», representan una enfermedad contingente y marginal, un desequilibrio que no cuestiona las estructuras societarias globales, sino que evidencia tan sólo unas cuantas disfunciones en los detalles o simplemente un atraso residual a superarse mejorando reformísticamente tal o cual aspecto secundario del «status quo».

El otro eje ideológico se caracteriza por una asimilación a crítica de los modelos dominantes de infancia, adolescencia y ,j uventud. El niño y el adolescente sano, equilibrado, feliz, el niño ideal es aquel que juega y estudia, que vive en una armoniosa familia, que puede comer todos los días, que no trabaja, que no participa ni de la esfera económica ni menos aún de la esfera social y política, que vive bien protegido en lo privado a costa de un pasivo anonimato en la esfera de lo colectivo y de lo público. Así, el modelo de joven es lo de un ser todavía incompleto, que cursa facultades universitarias, creativo en el arte y en los juegos de amor, pero poco capaz de asumir serias y duraderas responsabilidades económ icas, sociales y políticas. Entonces, también los jóvenes tendrían que vivir en una especie de limbo social, en donde a cambio de unos cuantos privilegios y de ahorrarles responsabilidades, tendrían que renunciar a formas electivas de participación y liderazgo social, con la consiguiente marginación de su cultura, desvaloración de su rol, limitación de los potenciales es- pacios de protagonismo. 30

Todos los niños y jóvenes que no responden a estos modelos son percibidos como desviantes, víctimas o culpables, poco importa, pues la terapia resulta ser la misma:

recuperarlos a los cánones dominantes, es deci r, «normalizarlos», lo que significa hacer que los niños trabajadores no trabajen, sacar de la calle a los adolescentes, reconciliar al joven son la sociedad y convencerlo u obligarlo a limitar sus expectativas, etc. En otras palabras, se trata de desestructurar, de destruir identidades supuestamente negativas para reemplazarlas con identidades homólogas a los modelos dominantes.

Pero estos procesos de «normalización», de «reintegración social», que no pueden dar a los niños y ,jóvenes lo que la sociedad les ha

30 Para (lar se cuenta de cómo este modelo no corresponde en riada a la realidad de la juventud latinoamericana (le hoy, ver de RAUL MEJIA Marco, ESCUELA Y JUVEN- TUD EN SECTORES POPULARES, NU EVOS ACTORES TRANSFORMAN LA SOCIALZACION, Cinep, Bogota, 1995

negado y les sigue negando (una familia, una seguridad económica, posibilidades de educación y desarrollo, etc.) se sirven de mecanismos substitutivos más «baratos», con el resultado que una exitosa reintegración social se da sólo en casos limitados y es una reintegración que coloca los niños y jóvene s «recuperados» en las esferas bajas de la estratificación de clase.

Obviamente, hay muchas diversidades empíri cas en la aplicación de este generalísimo modelo tipológico, pero esto no nos impide de avanzar la hipótesis que en sus líneas fuertes sea uno de los modelos más difundid os. Seguramente es el modelo básico que guía las intervenciones de las estructuras especializadas del Estado, pero lo encon- tramos con mucha frecuencia también en iniciativas no gubernamentales, ya sea institucionalizadas, ya sea de base.

Para hacer una evaluación estratégica y política de este modelo 0 un balance de su concreta v táctica eficacia práctica -lo que no se puede dar en términos generales- hay que relacionarlo a los específicos contextos v sujetos de aplicación. Tal vez un modelo de intervención basado sobre cl esquema del acercamiento y asistencia, de la rehabilitación v de la reintegración social pueda funcionar con, supongamos, los niños trabajadores de la calle de una ciudad intermedia lati noamericana, como pueden ser Asunción o Quito, en donde estos niños trabajadores de la calle no superan posiblemente los 500700 menores de edad. Pero, ;qué tipo de «gestión de la situación» vamos a activar en ciudades como Rió de Janeiro o Bogotá o Lima o México, donde los niños trabajadores de la calle son d ecenas, centenas de miles v se reproducen, multiplican cada día por efecto de los poderosos procesos de urbanización salvaje en un contexto de capitalismo dependiente?

En este sentido, v sin por ello desvalorizar las buenas intenciones v cl compromiso de muchos trabajadores sociales que asumen este modelo de intervención, muy pronto la «gestión de la situación» evidencia peligrosos limites operativos y políticos. No mirando al cambio social, su máximo aliento puede abrir tan sólo un horizonte tibia y sectorialmente reformista.

Pero, las situaciones que se encaran no son tibias o numéricamente reducidas. Se trata de situaciones masivas y dramáticas y, por ende, muchas veces manejables dentro de los mecanismos sociales dominantes. Y cuando empieza a determinarse una incapacidad de control y ya no se puede «controlar» la situación según modalidades te- rapéuticas, la misma situación empieza a ser percibida como amenazante.

De allí que las clases y los poderes dominantes pasan de la benevolencia al miedo que genera la impotencia y para superarla se activa el círculo de la violencia, pasando de la modalidad terapéutica a la modalidad repr esora y hasta a episodios de verdadera y propia eliminación física.

¿Qué otra cosa son, en este sentido, las verdaderas matanzas de niños trabajadores y de la calle en Brasil o Colombia o Perú, sino la expresión de que este modelo de intervención social llega a sus límites y se agota bajo el empuje, el desborde de poderosos procesos estructurales, empezando por la recesión económica y los inhuma- nos ajustes neoliberales para terminar con el dramático problema de la explosión demográfica? No quisiéramos que pasara lo que otras veces ha sucedido: que por un tiempo se utilice a los trabajadores sociales, educadores, promotores, profesionales o simplemente almas bondadosas para paliar un a situación hasta que ésta no se vuelva desbordante y amenazante. Entonces, entran en escena policías, jueces, militares o escuadrones de la muerte.

Una última observación. Este modelo sufre de un evidente componente euro céntrico, en el sentido que es el modelo vacilar con que en Europa y en los Estados Unidos se han tratado v se siguen tratando problemas de infracción y marginalidad sociales. Pero, el modelo funciona tan só lo con fenómenos de reducida amplitud nu- mérica y, además, cuando la sociedad puede utilizar recursos, en primer lugar, económicos, como para taponar estas situacione s. Pero, también en Occidente, cuando ciertos fenómenos se hacen masivos, cl modelo no funciona más y se pasa a la modalidad represora y agresiva, como demuestra la involución reciente de la actitud de los países del Norte frente al fenómeno de las inmigraciones desde el Sur.

LA ACCIÓN SOCIAL PARA EL DESARROLLO, LA TRANSFORMACIÓN Y EL CAMBIO

También en este caso estamos frente a una importación proyectual muy difundida, por lo menos en las palabras y en las buen as intenciones. Tan difundida que a veces parece que todo el mundo quisiera apuntar al famoso, pero siempre postergado, «cambio social».

Característica sobresaliente de este tipo de

modelo de

prác tica con los niños,

adolescentes y jóvenes trabajadores es una lectura de la realidad que reconoce la naturaleza estructural y no coyuntural,

política y no comportamental, objetiva y no subjetiva y eventual de los problemas que afectan a la infancia y a la juventud de los sectores populares. En consecuencia, toda acción resulta ser un paliativo, una me diación insuficiente y hasta engañosa si no tiene un aliento estratégico que se coloque más allá del concreto y tangible resultado pragmático (tantos niños escolarizados, tantos muchachos sacados de la calle, tantos jóvenes empleados en cooperativas o microempresas, etc.)

En otras palabras, en este modelo de acci ón social lo que realmente cuenta es la puesta en marcha de procesos que incidan en la transformación de los mecanismos sociales que de seguir inmodificados continuarían reproduciendo, multiplicando y agravando los mismos problemas para los cual es la acción social intenta encontrar una solución. A los precedentes modelos, tanto al caritativo-asistencialista como al de la «gestión de la situación», se les acusa de hacer como Penélope, la esposa de Ulises, que para engañar a los que querían casarse con ella hacía de día y deshac ía por la noche su vestido de bodas. Así mismo, la acción social que no contribuya al cambio social y no se preocupe de la permanencia de los mecanismos estructurales de la injusticia social, logra, por ejemplo, sacar mil niños de la calle y, mientras tanto, la sociedad arroja a la misma calle otros diez mil; logra escolarizar a diez niños trabajadores y, mientras tanto, otros cien vienen expulsados de los procesos educacionales; logra encontrar trabajo para unos cuantos jóvenes y, mientras tanto, a nivel macro social suben las tasas masivas del desempleo juvenil.

Por ello que en este modelo del «cambio social» las actividades tácticas, que pueden ser parecidas a las de los anteriores modelos, tales como abrir un comedor, un programa educativo, un servicio de salud, desarrollar cursos de formación profesional, crear posibilidades alternativas de empleo, et c., se insertan en un proceso más amplio y de mayor perspectiva, justamente el proceso de una transformación societaria global que pueda romper con los mecanismos que están a la base de los problemas que se quieren enfrentar. En este sentido, este tipo de acción social tiene como horizonte último una dimensión política que no se puede obviar.

Considerada al interior de estas coordenadas teóricas y prácticas, la acción social que apunta al cambio social tend rá en la mayor consideración los procesos que conciernen la construcción de identidades positivas, individuales y colectivas, los procesos participativos y de concientización, y, en fin, los procesos organizativos. Todo ello porque el objetivo central de esta práctica es transformar un grupo social

entendido quizá como aglutinación sumativa, mecánica, ciega, pasiva, sin identidad y capacidad de acción, en una actor, en un sujeto social que tomando conciencia de su propia identidad, de su rol, de sus problemas y, al mismo tiempo, de sus potencialidades, logre desarrollar una propu esta de transformación y liberación.

Asimismo, con los niños, adolescentes y jóvene s trabajadores no se trata tan sólo de apoyarlos en sus necesidades diarias de comida, limpieza, salud, empleo, etc. (modelo caritativo-asistencialista). Ni menos aún se trata de controlarlos para que no «desborden» los límites aceptables para la sociedad (modelo de «gestión de la situación»). Todo ello lo encontramos tamb ién en las prácticas que apuntan al cambio social, pues a la espera y preparando la gran transformación no se puede olvidar el hambre de hoy, la enfermedad de hoy, la necesidad del trabajo hoy y no mañana. Pero, estas mismas actividades se manejan de forma diferente, pues se califican también y sobre todo como ocasión de concientización, de capacitación, de reconstrucción de autoestima e identidad, de participación y organización. Y son estos últimos procesos los que deciden sobre la validez y la eficacia de la práctica social, pues la finalidad es la de restituir a la infancia v a la juventud trabajadora su rol protagónico en la construcción de un mundo distinto. Así relatado, este modelo parece tener entonces todos los papeles en regla para encontrar el consenso de los trabajadores realmente comprometidos con la lucha popular por la emancipación social y política.

Sin embargo, hay que poner cuidado en no tr ansformarlo en una coartada ideológica, en un borroso estereotipo formal sin contenidos precisos y concretos. A veces, esta categoría del «cambio social» se transforma en un verdadero y real «cajón de sastre» en donde cada quien le pone lo que más le gust a. Por ello, es oportuno asumir una postura crítica y analítica, aunque se concordé con la finalidad general y el trastorno cultural y pragmático de este tipo de propuesta.

En este sentido, una primera consideración atañe el grado de concreta efectividad de esta tipología, en cuanto muchas veces se trata tan sólo de un membrete que todo el mundo se pone, de tina manito de pintura principista que todos exponen pero que no siempre asume realmente un trascendente y sign ificativo relieve en la gestión concreta de la acción social. En este marco de oportuna y saludable sospecha frente a esta suerte de «moda» y casi «unanimismo» en favor del cambio social, un problema importantísimo resulta ser el de los indi cadores de los procesos de cambio y transformación, es decir,

de la posibilidad de contar con instrumentos de evaluación efectiva de cómo y cuánto una determinada intervención contribuye, en el corto, mediano y largo plazo, a

desarrollar procesos de cambio. No se pued e seguir dejando que todo se pretenda resolver con unas cuantas afirmaciones de principio o con el reconocimiento de borrosas parentelas políticas por la común oposición al orden establecido. Hay que bajar de los ciclos de la ideología al terreno de la práctica e interrogarse cómo, a través de cuáles actividades, en fuerza de qué modelos metodológicos, asumiendo cuáles objetivos intermedios, modificando qué variables impulsamos, promovemos, hacemos exitosos, verdaderos y reales procesos de cambio.

Un segundo problema, ya sustantivamente político, concierne el tipo de cambio social por el cual estamos luchando y en función del cual activamos también nuestra intervención con los niños, adol escentes y jóvenes trabajadores. En este sentido, puede ser pragmático. Es el caso de algunos países de la Región en los primeros años de los '90. Había, por lo menos, tres propuestas de cambio social radicalmente distintas y conflictivas entre ellas: la de los grupos alzados en armas; la de los flamantes neopresidentes fondo monetaristas y de las élites dominantes, en fin, la de los movimientos populares. Todos apuntaban al camb io social, pero en el primer caso, el proyecto de transformación asumía rasgos violentos y vanguardistas; en el segundo caso, se apuntaba a impulsar un proceso acelerado de modernización occidentalizante, a costa de las dramáticas exigencias de los sectores desfavorecidos y con la hegemonía de los ambientes militares y de las oligarquías económicas; mientras que el proceso de emancipación y liberación impulsado por los movimientos populares custodiaba el diseño de una sociedad caracterizada por la solidaridad colectiva y por la democracia de base. Todo ello tenía y tiene visibles consecuencias también por lo que concierne a la labor con los niños y los jóvenes trabajad ores: es distinto enrolar menores de edad para la lucha armada o apuntar a que desapa rezcan como excedentes y ya no estorben más el proceso de modernización salvaje de los ajustes neoliberales. Y ambas cosas son radicalmente distintas de asumirlos como sujetos del movimiento popular y construir con ellos un camino de participación ciudadana, que no excluye además una dinámica conflictiva y hasta «revolucionaria» con la sociedad existente, pero que la legitima y la encauza dentro de valores de solidaridad, de justicia social, de democracia desde abajo.

En este sentido,

lo quieran

o

no

las «nobles y bondadosas almas» que tal

vez

esperaban que la infancia fuera la última playa donde

encontrar remedio a las desilusiones feroces de la historia, la problemática de los niños y jóvenes trabajadores nos reconduce just amente a la política, a interrogantes y a opciones de naturaleza política, frente a las cuales probablemente irá quebrándose (y no nos quejaremos por ello) el postizo ecumenismo que se ha ido advirtiendo muchas veces en el ámbito de la labor social con los NATs.

Otra determinante cuestión concierne los sujetos del cambio, de la transformación. Pueden darse, por ejemplo, dos interven ciones con niños o jóvenes trabajadores, ambas concretamente apuntando a la modifica ción real y sustantiva de los mecanismos de la injusticia social. Más aún, ambas pu eden trabajar para un proyecto de cambio social coherente con la cultura y la prácti ca del movimiento popular. Pero, mientras una reconoce en los propios muchachos/ as tr abajadores los sujeto s y los actores de este cambio, la otra desconfía en ellos, por incorporar los estereotipos etarios de la cultura dominante y pensar entonces que los sujetos del cambio, aún en una práctica social con los NATs, sean los adultos, llámense ellos padres de familia o representantes de la comunidad, trabajadores sociales o exponentes de los gobiernos locales, maestros o profesionales.

En efecto, hay todavía muchos programas de acción social, sobre todo con los niños y los adolescentes trabajadores y un poco menos tratándose de jóvenes, que asumen sí la problemática de la infancia y que sí apun tan al cambio social, pero no asumen a los mismos muchachos/ as como protagonistas de la práctica que los conciernen. En este caso, la revolución metodológica y participativa se queda a medias, pues se refiere al componente adulto del mundo popular, pero no a la niñez y a la adolescencia. Otra vez nos encontramos, entonces, frente al tema de la participación infantil y juvenil como elemento sustantivo en la calificación y en la evaluación de los programas de intervención social de los NATs.

Desde un punto de vista cuantitativo, la participación de los mismos chicos/ as en cuanto sujeto colectivo organizado es la única vía para garantizar la multiplicabilidad y autogestión de la experiencia misma. O ¿alguien realmente cree que se pueda encontrar una salida para los problemas de los millone s de NATs sin que ellos se hagan cargo protagónicamente de sus estrategias de sobrevivencia, desarrollo y cambio?

Desde un punto de vista cualitativo, el asumir a los NATs como programas de promoción social garantiza no tan sólo

actores de los

una práctica pedagógica democrática, sino también la formación de una conciencia ciudadana, o sea, la conciencia de derechos y responsabilidad es en lugar de la gratitud por la limosna que una mano distraída de vez en cuando deja caer.

Cierto, todo ello puede crear condiciones para ir progresivamente formando también un sujeto crítico y conflictivo frente a las injusticias que el sistema social genera. Y esto, tal vez, no a todos les guste.

A1 contrario, la constitución y organización de este sujeto es la finalidad general de todo proceso de promoción social en ámbito popular, casi diríamos la meta global intrínseca que le da valor a los pasos concreto s, a los logros empíricos, a los resultados materiales.

Sin

ello nos

parece

que

la

labor

social

con los niños, adolescentes y jóvenes

trabajadores

quedaría

como

ciega,

priv ada

de

una

orientación de conjunto,

estratégicamente ineficaz.

HACIA UN MODELO INTEGRADO

Los tres modelos que hemos considerado, no necesariamente deben ser entendidos como absolutamente antagónicos entre ello s. Claro está que cada uno expresa una lógica distinta, distintos supuestos ideo lógicos, intencionalidades que apuntan a construir distintos escenarios para los ni ños, adolescentes y jóvenes trabajadores.

Es evidente también que el modelo que apunta al cambio social nos parece el más avanzado y coherente, el único que en el mediano y largo plazo podrá contribuir a solucionar efectivamente los problemas que afect an a la infancia y a la juventud de nuestros pueblos.

En fin, no cabe duda de que hay que rechazar tajantemente y sin compromisos, ya sea la vertiente burdamente caritativa del mo delo asistencialista, así como la vertiente represora del modelo «de gestión de la situación».

Pero, al mismo tiempo, hay que poner cu idado como para evitar un manejo demasiado formal e ideológico del modelo que apunta a una acción transformadora de los mecanismos sociales de la opresión.

Los procesos organizativos y los procesos de cambio social no se hacen ni en un día ni en una semana. Como decía un antiguo proverbio chino: si siembras trigo, programa por un año; si siembras árboles, progr ama por diez años; si siembras hombres, programa por cien años.

Lo que queremos decir es que una acción social que mire a la conformación de un sujeto colectivo para el cambio social, abre horizontes de largo plazo y ello, a su vez, plantea el problema de la gestión de lo coti diano, de lo urgente, de los pasos y de 10 objetivos intermedios.

Todos sabemos lo que significa acompañar a los niños, adolescentes y Jóvenes trabajadores. Ellos no tienen tanto la necesidad de una «revolución» futura, sino más bien la necesidad de comer, de encontrar trabajo, de alfabetizarse, de sanar sus enfermedades, etc. Es a partir de allí que empieza una labor social que no quiera que- darse en el aire de los ambiciosos proyectos ideológicos sin mayor enraizamiento en la realidad concreta. Y, de otro lado, hay en todo el continente situaciones tan dramáticas y urgentes que no permiten borrar de un plumazo iniciativas también tendencialmente asistencialistas y de gestión terapéutica de la situación. Si en un barrio están matando a los niños de la calle, cualquier tipo de acción que pueda de inmediato ponerle remedio (dice bien «remedio» y no acci ones que formalmente podrían frenar un hecho así, pero embalsando la repetición del mismo) está legitimado. En un barrio de Caracas, por ejemplo, hay una experiencia de recuperación de los niños de la calle financiada por los mismos comerciantes, que pagan escuelas y cursos de formación profesional para liberar el barrio mismo de la presencia de estos indeseables muchachos/ as. Claro está, que se tata de una experiencia con muchos límites, decididamente anclada al modelo de la «gestión de la situación». Pero, tamb ién está claro que de todos modos es mejor que los comerciantes hagan eso, frente a lo que están haciendo sus colegas en Sao Paulo, donde pagan a los escuad rones de la muerte para que a los niños de la calle se les mate.

Lo negativo, entonces, no es tanto desarrollar acciones asistencialistas o de «gestión de la situación», sino quedarse a este nivel de intervención, no aprovechar estas acciones integrándolas en una más amplia perspectiva de cambio social. Hay el ejemplo de un movimiento peruano de niños, adolescentes y jóvenes trabajadores que ha asumido este criterio: antes se concientiza y se organiza a un grupo de chicos/ as y tan sólo cuando hay aunque pequeño, un grupo organizado, se pueden abrir «servicios», como un comedor, una posta de salud, un programa educativo, etc. Como se puede apreciar, aquí no se rechaza una acción que solucione también los problemas inmediatos y urgentes de los chicos o de los jóvenes. Pero, todo ello

está insertado en un proyecto de más amplio aliento, que asume como su sustantiva finalidad la conformación de un sujeto soci al con una propuesta, teórica y práctica, de transformación liberadora.

Pa r a p en s a r en el d es a rro l l o d e l o s NATs hay también que pensar en su resistencia, en su «sobre vivencia», en su capacidad de resiliencia. El haber sido reducido muchas veces al limitado espacio de la sobrevivencia cotidiana, no constituye para los niños y para los jóvenes una opción propia. Es el resultado de una lógica económica y política excluyente y antipopular. Ninguno de nosotros defiende este espacio como expresión de «auténtica» identidad popular; ninguno de nosotros quiere quedarse en ello y, es por esta razón, es que queremos una acción que apunte al cambio social.

Pero, nos guste o no, allí hoy en día se encuentran nuestros niños v los jóvenes; de allí partimos.

Se trata, entonces, de asumir este espacio como lugar de experiencias, socialización, formación de la infancia y de la juventud popular. Asumirlo pero revolucionando la lógica que el poder externo quiere darle, la lógi ca de la resignación, de la desesperación, del fatalismo, de la inmovilidad. Asumirlo, al revés, como escenario en donde los sectores populares buscan reactivar una presen cia activa que lo vaya transformando en un ámbito de propuestas propias, de reivindicaciones, de lucha.

Como los migrantes a los cuales sólo les queda el desierto arenoso o las faldas de una colina, al margen extremo de la ciudad. Pero, «el pedregoso territorio no consigue intimidarlos. Los hombres grises suben, vien en, vuelven hasta cambiar el paisaje. Se diría que empujan cerros o que conocen los s ecretos de la despetrificación y que sobre sus espaldas cobrizas es tan leve el peso de la roca como el de la hoja de un sauce. Van, sueñan, regresan. Piedra acuñada sobre pied ra, rehacen con lentitud su geografía, suavizando el abismo en escalera v la caída en planicie». (G. THORIVTDIKE, 1991)

Así, nuestros niños y nuestros jóvenes busc an «rehacer con lentitud su geografía», intentan guardar y recrear sus emociones, fantasía, inteligencia, identidad, proyectos, esperanzas. Una infancia y una juventud oprimidas, pero no muertas; sufridas, pero no enfermas; sitiadas pero no rendidas.

Pensamos que la acción social con los niños, adolescentes y jóvenes trabajadores necesita de este acercamiento dialéctico, en función de un modelo integrado e integral de intervención: una rigurosa con ciencia de los problemas, dificultades y dramas que enfrentan la niñez

y la juventud trabajadoras y, entonces, sin ningún menosprecio 0 desvaloración de acciones concretas, puntuales, «asistenciales»; al mismo tiempo, el descubrimiento y la valoración de sus riquezas y de sus potencialidades, de su capacidad de reconstruir un protagonismo social; que, desde el nivel re ivindicativo, va paulatinamente hacia la demanda de representación política y la construcción de una propuesta de cambio. Tarea en camino, pero, aún primer punto de la agenda social, política y ética también de los JANTs de la Región.

SÍNTESIS

Alejandro Cussiánovich Villarán

En realidad este es un modulo que reco ge de forma novedosa en torno .,a las experiencias de atención y de promoción a los JANTs los, que podríamos llamar el armazón conceptual fundamental que sustenta la propuesta global del IFEJANT para el trabajo CON los niños adol escentes y jóvenes de sectores populares, en particular los que trabajan.

  • 1. EXPERIENCIAS: MATRIZ DE NUESTRAS REFLECCIONES

En la Región son innumeras las experien cias de trabajo con los sectores populares yen especial con l os jóvenes adolescentes ni y niños. También es un hecho que el desborde de estas experiencias. inspiradas en la urgencia social y humana de dar respuesta a la situación, con frecuenci a, dramática, de las mayoría no guarda proporción con la elaboración más sistemática de lo que podría construir un marco conceptual, una especie de corpus theoricum.

Y es qué las experiencias por mas ricas qué, se presenten en cuanto a vivencias; a validación de metodologías o de contenidos, o en cuanto a avances en conductas, actitudes y motivaciones requieren de un trabajo organizado, explícita e intencionalmente orientado y metodológicamente viable h ara transformarse en materia prima de la elaboración teórica, de la construcción de categorías, de producción de nuevos conocimientos. En general, los colaboradores de base

suelen ser reticentes a este esfuerzo de reflexión de confrontación con otros saberes, con enfoques teóricos. La fascinación de 1a practica, no debiera alimentar la sensación de que la teoría; la elaboración analítica es a l go d e l o que s e pueda prescindir sin comprometer la calidad y la eficacia de las acciones, la consecución de los objetivos de un programa social.

2 LA REFLEXION: CONDICION PARA LA IMAGINACION SOCIAL Y POLÍTICA

El ejercicio de estudio, de reflexión personal y colectiva, constituye un factor indispensable para la renovación de las prácticas cotidianas, la modificación y superación de las limitaciones de nuestras, acciones y ,para mantener alerta nuestro espíritu de búsqueda.

La imaginación se cultiva, se desarrolla, se enriquece por el estudio el diálogo, el debate, la confrontación; pero también por darse el tiempo de sistematizar, de intentar pensar las cosas divergentemente, de levantar formas alternativas a modo de hipótesis, etc. Sin imaginación social, no hay innovación de nuestras prácticas. pero esto no es el resultado casual de caprichosas combinaciones, sino de un intento de prever, de indagar, de auscultar, de intentar caminos no recorridos Para que todo esto no sea una riesgosa temeridad social y política, se hace indispensable la reflexión profunda, al amor al estudio la voluntad v el cultivo de capacidades probada s, el sentido de autocrítica y de, trabajo intelectual en equipo.

En este sentido,

los

colaboradores

no

sólo

deben

conocer

y

mejorar

sus

conocimientos sobre los JANTs, sino' que están urgidos de tener un manejo más amplio del contexto social en que los niños, adolescentes y jóvenes de los sectores populares viven, trabajan, estudian, se atienden en salud, etc.

Así por ejemplo, ,en el vocabulario cada vez más común a educadores, trabajadores sociales, maestros, psicólogos, etc., nos enc ontramos con expresiones al referirse a los JANTs como: sujetos sociales, protagonismo de los JANTs, sujetos económicos, actores políticos, expresiones todas que requi eren de un riguroso sustento para que eviten el riesgo de reducirse a una especie de terrorismo verbal incapaz de dar cuenta de la realidad de los JANTs v de transformarse en fuerza social. F esto de viene igual mente necesario cuando hablamos del trabajo como factor dé¿ desarrollo de la

personalidad, experiencia de c onstrucción de identidad social y personal, incentivo a la autoestima personal, etc.

2. PRACTICAS

SOCIALES

TODO LA INVERSIÓN

DE

LOS

JANTS:

LOS

RETOS

DE

en la región nos movemos y nos seguiremos moviendo en un contexto de pobreza y de las secuelas de las mismas, la principal y la mas empobrecedora: la exclusión de la mayoría pauperizadas del ejercicio de su prótagonismo social, político, cultural.

Esto que pareciera justificar las acciones de ayuda, de apoyo, de socorro ,asistencia como gestos de responsabilidad ciudadan a, de conciencia cívica, sensibilidad humanitaria, abre un abanico de posibilidad es y de tendencias y proyectos muy variado y desigualdad peso social, ,consistencia política y valencia transformada.

La historia, incluso mas reciente, registran respuestas que van desde el mas craso asistencialismo, el que emerge de la cari dad o de la filantropía – muchas veces verdadera “caridad laica” – o el, que resulta paradójicamente de políticas compulsivamente eficientes y finalmente poca eficaces. Ante el creciente fenómeno que se observa en mucha ciudades de la región de pandillas, marras, gallados, grupos de sicarios, barras bravas en los estadios, en casi nuestra sociedad ha reverdecido el autoritarismo y el recurso rápido a la institucionalización de los infractores como media expedita, a la rebaja de la edad de la inimputabilidad

A esto tenemos que añadir la pervivencia de ciertas representaciones sociales estigamatizantes de los JANTs o de los muchos y muchachas que no hacen sino alimentar la violencia simbólica y acortar el c amino hacia la violencia física y directa.

En este contexto, los colaboradores de lo s JANTs que tienen en la promoción del prótagonismo integral de los JANTs su pa radigma conceptual ,y practico, estamos desafiados a imprimirle a nuestras practica s sociales con ellos, las características personales, metodológícas, organizativas y axiológicas que dicho paradigma presupone. Si es que toda “intervención” es u reto a las relaciones interculturales, intergeneracionales y de genero, la vigila ncia por parte del colaborador, llamado ha

ejercer su prótagonismo desde el prótagonismo de los JANTs, nunca será superflua si queremos garantizar un proceso de crecimiento mutuo con la pasión y el entusiasmo que emandan de la convicción y de la profesionalidad

Esta es una exigencia insoslayable para sortear con éxito la tensión entre atender v transformar, entre respuesta a plazo inmediato y las de largo aliento Y frente a que al final del plan para la década del 90 por la infancia se dice refiriéndose a los niños en circunstancias particularmente difíciles Ofrecer mejor protección a los niños en circunstancias particularmente difíciles y eliminar la” causas fundamentales que conduzcan a tales situaciones"

Definitivamente, nuestra perspectiva estrategias con los JANTs l; se inscribe en las antípoda de una simple "gestión de la pobr eza", administración de la crisis o "de estrategias de sobrevivencia los que puntua lmente pudieran darse acciones que en sí mismas no remonten dicho horizonte dicho

NIÑOS EN BÚSQUEDA Y EN ACCIÓN Una alternativa africana de animación urbana. VISIÓN Y MÉTODOS

Fabio dallape *

LA VELA Y EL FÓSFORO: DOS EJEMPLOS DE VISIÓN

Rehabilitar a los niños: en una palabr a, ayudarlos a adquirir actitudes y

comportamientos que contribuyan a hacer que los acepte la sociedad. En este caso, los indicadores están constituidos por los cambios de comportamiento notados en los niños con los que el organismo está en contacto directo. Estos cambios deben ser percibidos por la sociedad. «La aceptación», por parte de la sociedad (confianza, em-

pleo

...

)

de los niños «rehabilitados» es ig ualmente indicador de esta percepción.

Deberían tomar parte en la evaluación, todas las personas que están en contacto

directo con el grupo de niños someti dos a un «proceso de rehabilitación».

Cada niño «rehabilitado» deviene un ejemplo para los otros, una vela que ilumina consumiéndose. El éxito del organismo se mide por el número de «velas» encendidas.

Trabajar con los niños a fin de «rehabilitar la sociedad: esto implica que el objetivo es modificar el entorno en el que los niños vi ven y se desenvuelven. El acento no está puesto sobre el niño víctima, sino sobre la sociedad causa del problema.

Los problemas que acontecen en la sociedad son los indicadores. La organización juega el rol de un fósforo que se apaga luego de

* Sociólogo, educador de niños de la calle, trabaja en África anglófona.

haber encendido fuego. La fuerza y el poder del fuego permiten evaluar el nivel de éxito de la organización.

OBJETIVOS, ACTIVIDADES, MÉTODO Y VISIÓN .

Los objetivos pueden y deben cambiar regularmente, pero la visión no debe cambiar sino raramente y corno resultado (le un largo intercambio de puntos de vista que involucre a todos los actores. Nuestros objetivos anuales constituyen etapas del camino para poner en marcha la «Visión» que si empre hay, que tener en cl espíritu. Las actividades son estrategias que permiten lograr los objetivos. El método representa el medio de realizar las actividades. Incluso la manera de definir los objetivos hace parte del método.

E1 método: nuestra manera (le hacer es cl reflejo de nuestra manera de pensar. Los que creen tener siempre la razón, son personas autoritarias; los que piensan que siempre están equivocados son incapaces de tornar decisiones; los que piensan que en cada «cerebro» existe una parte de realidad creen en las virtudes del diálogo antes de tornar una decisión; los que piensan que la experiencia es la base del conocimiento prestan gran atención a las ideas (te las personas que viven una realidad y están convencidos que son éstos últimos los que están llamados a tomar decisiones sobre todo lo que ataña esta realidad.

* . texto publicado por ENDA - Dakar, l995

PROGRAMA AFRICANO DE FORMACIÓN D E ANIMADORES URBANOS (PAF)

ENFOQUE METODOLOGICO

Kome Djakasidja *

El abordaje global se ha inspirado esen cialmente en dos Constataciones sobre el terreno:

PRIMERA CONSTATACIÓN:

Los límites de los dos principales tipos de intervención propuestos en la Región en lo que respecta a niños y jóvenes urbanos en situación difícil \ - que Se fundan en proyectos predeterminados para estos niños y jóvenes, o en modelos (le cambio predefinidos, son éstos:

1.- El enfoque asistencial y caritativo:

Inspirado en la piedad v en el alivio al su frimiento, se aplica a los niños y jóvenes en situación de ruptura, a aquellos que encontr amos en cl corazón de las grandes ciudades y que se les suele llamar «niños de la Calle». Los fenómenos de ruptura con la familia ocupan el centro de machas historias persona les de estos niños y jóvenes. Hasta hoy los proveedores de fondos desatan con más facilidad los lazos de la bolsa para proyectos que les conciernen. Allí donde éstos existen,

* Educador africano miembro de ENDA-Dakar.

las acciones caritativas se dirigen priorita riamente a ellos. Aunque minoritarios en relación al conjunto de niños y jóvenes en si tuación difícil, ellos logran movilizar gran cantidad de energía gracias a su aspecto exterior y a sus comport amientos que inspiran inquietud y/ o solicitud.

con frecuencia, se tiende, a tomarlos a su cargo por completo o parcialmente en cl marco institucional más o menos Cerrado para evitar los peligros (le la calle». Quienes llevan adelante estas acciones son personas muy dedicadas, pero permanentemente confrontadas con un reto difí cil: cl del número de niños que pueden tomar a su cargo, y el] consecuencia la cobertura de su acción. Cuanto más importante es cl asumirlos a su cargo (alimentación, salud, alojamiento educación tanto más limitado - por evidentes razones económicas - es el número de los niños beneficiados. El impacto de la acción muchas veces se limita sólo a los que han sido tornados bajo su cargo. Además estas acciones tienden a agudizar la separación entre el niño y su medio, v comprometen su integración social.

2.- El enfoque de inserción y reinserción.

Es principalmente la (arca de las estructuras especializadas (Lis del Estado cuando

éstas existen: Asuntos Sociales, justicia, ,juv enil ...

Aquí

se apunta a la reinserción, a la

rehabilitación. Estas acciones son asumidas por agentes (educadores especializados,

asistentes sociales, animadores de jóvenes

)

formados en escuelas francesas, belgas o

... canadienses o en escuelas que reproducen el modelo (le la resocialización individualizada de niños y jóvenes dile se ha n «desviado» de las normas de la sociedad.

Desde hace algún tiempo hay un creciente cuestionamiento de estos métodos por parte (le los servicios mismos que los aplican . En efecto, estos me todos se evidencian como poco eficaces, sea porque implican cl liso de medios logísticos y financieros de los que se carece, sea porque comienzan a ser vistos como ajenos al contexto socio- cultural de los países africanos. Además la noción de inserción nos coloca ante la cuestión de la norma de referencia.

Se comienza a asumir a los jóvenes no más como consumidores de valores, sino también como productores y por lo tanto como contrapartes en la construcción de las nuevas sociedades urbanas, de lo que da testimonio la parte que ellos asumen en la economía popular v en las estruct uras urbanas en construcción.

SEGUNDA CONSTATACIÓN:

Se trata de una constatación que ha dado lugar al abordaje metodológico del programa, y que concierne las capacidades de los niños y jóvenes para que se auto asuman y encuentren soluciones pertinentes a su situación. De allí la necesidad de un proceso que los involucre más, respetando las iniciativas y apuntando a ayudarlos a que se ajusten a las situaciones que les toca vivir, consideradas como puntos de partida para construir o mejorar. Todo esto está sostenido por tina voluntad de definir un abordaje de desarrollo y de transformación que se basa en las dinámicas y en las formas de ser de las sociedades africanas.

Aquí se piensa que para ser eficientes y para esperar cambios y profundidad, es indispensable que los proyectos que se re fieren a los jóvenes sea concebidos y realizados por ellos mismos; o por lo menos con su participación total y efectiva desde la fase de estudio del proyecto. Esto redefine cl rol de los que hacen un tipo de intervención y que desde ya se transforman en facilitadores con el aporte de un apoyo metodológico(metodologías de la investigac ión-acción) para reforzar a los niños y jóvenes en las búsquedas de sus soluciones; y no más ya el lanzar soluciones luego de estudiar el medio y de identificar las necesidades.

NATS :

PROGRAMAS

ENFOQUES

PARADIGMAS

Roberto Benes *

Del estudio del trabajo infantil en la realidad peruana y del análisis de las teorías v de la praxis de interacción en el territorio, se ha desarrollado una reflexión encaminada a determinar algunos criterios operativos que se veía oportuno consider ar al interior de un sistema de armonización y enlace de intervenciones, de matrices ideológicas diferentes, para superar situaciones de rígida contraposición corno aquellas que presentamos.

Estas reflexiones han sido desarrolladas en referencia al caso peruano que estudiamos y pueden resultar útiles en el contexto de una intervención de tipo general para favorecer un impacto eficaz y positivo, tratando de superar una cierta incompatibilidad con acciones análogas.

I. CRITERIOS

Queremos señalar tres criterios centrales en torno a los cuales se han construido paradigmas de intervención:

a) CRITERIO DE LA EXHAUSTIVIDAD

Una primera orientación previa se refiere a la capacidad de una intervención que prevea no solamente una acción específica con

*

Sociólogo italiano estudioso de los NATs.

objetivos estrechamente circunscritos a ella, sino individuar un proyecto societario global constituido por una valoración de la s prioridades complementarias a aquellas consideradas. En efecto, la eficacia (le un a intervención parece estar ligada a un estudio del relativo impacto en el territorio, a la individuación de las áreas de necesidad, de alguna forma correlativas a aquella interven ción, y al desarrollo (le medidas concretas para completar e integrar la intervención originaria.

Limitarse a la intervención específica sin extenderla al conjunto (le todos los momentos constitutivos de la misma presen taría el riesgo de hacerla inútil en el mediano y largo plazo, a causa de la falta (le respuestas a situaciones contextuales que, por otro lado, le permiten una plena operatividad.

Un ejemplo puede ser el propósito concreto de dotar de un edificio escolar y de sus instalaciones didácticas, a un área urbana particularmente marginal y carente de los principales servicios. Según este criterio, esta finalidad parece que tenga que incluir ¡in análisis (le las exigencias de la población infantil local; si no se les toma en cuenta, esto significaría probablemente limitar el impacto positivo de la intervención inicial, desperdiciando recursos importantes. Un área urbana con características semejantes a aquella propuesta en el ejemplo, muy probablemente presentará numerosas situaciones de trabajo infantil y otras tipologías de malestar infantil ligadas al estado de pobreza.

Parecería entonces oportuno integrar la presencia de locales con fines didácticos con un comedor económico para enfrentar la disc ontinuidad y la carencia nutricional de muchos niños trabajado res. Esto permitiría, además, favorecer la socialización entre ellos y el desarrollo de un sentido de pertenencia a un grupo determinado. Al comedor parecería oportuno añadir también espacios dedicados a pequeños laboratorios de actividades manuales, para permitir, lentament e, la progresiva salida del sujeto de la calle o por lo menos la posibilidad de dis poner de un ambiente ad ecuado para producir objetos para luego venderlos casi siempre como ambulante. La misma sección, estrictamente dedicada al aprendizaje par ecería tener que modelarse sobre ritmos y sobre disponibilidades de la infancia tr abajadora: horarios rígidos', programas didácticos excesivamente teóricos y alejados de la realidad de los estudiantes, escasa participación del cuerpo docente en los problemas cotidianos compartidos por los niños no favorecen la maduración del centro escolar como referencia motivadora y solidaria para la infancia trabajadora en zonas urbano

marginales. El proyecto inicial de la construcción de una escuela resultaría, por consiguiente compuesto de micro iniciativas complementarias, pero de fundamental importancia para permitir el acercamiento de los niños a la institución educativa. Una escuela modelada con cánones tradicionales difíciles pudieran catalizar el interés de la infancia local, sin una propuesta positiv a mayormente articulada y que responda al conjunto de sus necesidades. En el caso en el que no haya la disponibilidad de recursos humanos y económicos para diversificar la intervención, parece necesario un encuadramiento con acciones de instituciones similares en áreas adyacentes de manera a articular las respectivas operaciones y alcanz ar el empleo máximo de las potenciales capacidades.

b) CRITERIO DE LA COHERENCIA

Esta orientación se enlaza directamente con aquella recién presentada: mientras cl elemento de la exhaustividad implica una adecuación técnica v concreta a una serie de situaciones, motivada con finalidades de mayor eficiencia-eficacia, el factor- coherencia incluye la esfera ideológica y teórica de la acción misma. A este propósito parece oportuno dividir entre un criterio de coherencia «ex ante» y uno “ex post». ha primera expresión se refiere a la necesidad de adecuar la propia acción a las coordenadas culturales y a las peculiaridades sociales del ámbito de intervención seleccionado. Sucede muy a menudo, en efecto, que una cierta intervención constituye solamente un vector de un determinado mensaje ideológico diferente - de aquel que se comparte en el lugar; el interés de las poblaciones beneficiarias de la acción vendría así a ser substituido por propuestas de desarrollo modeladas sobre las exigencias y sobre los programas de un determinado sistema socio-cultural y económico más bien que de otro. Esta punt ualización se refiere esencialmente a las intervenciones puestas en marcha en particul ar por urgencias de desarrollo extranjeras v accidentales. Una cierta coherencia»ex-ante» parece necesario sobre todo en cuestión de intervenciones con la infancia trabajadora. Siendo éste un ámbito de debate muy «encendido» con confrontaciones ideológico-culturales aún abiertas, parece oportuno considerar siempre las pe rcepciones autóctonas de tal fenómeno, distinguiendo oportunamente entre la lucha contra la actividad laboral infantil en sí v la lucha contra la explotación. La actu al situación peruana parecería denotar una frecuente falta de coherencia con la propuesta de directivas políticas generales de intervención sin

ningún respeto y consideración por el patrimonio cultural local basándose más, bien en presupuestos ideológicos y corrientes de opinión diferentes. Por lo que concierne la valencia "EX POST" ésta se refiere a lo señalado a propósito del criterio de la exhaustividad v parece necesario que una acción determinada se coloque cohe- rentemente al interior de un proyecto societario global, en armónica relación con las experiencias de intervención ya presentes y con las realidades locales. La coherencia con propuestas, creativas y positivas de intervención implica un esfuerzo y una atención que apunte a favorecer su inserción armónica en el tejido popular sin romper el frágil equilibrio que se crea entre las necesidades sociales, las respuestas institucionales y las soluciones solidarias espontáneas. Por esta razón parece oportuno señalar la importancia de una acción de coordinación con las otras realidades presentes, pero también una serie de iniciativas encaminadas a implicar activamente las instituciones naturales presentes en el medio, desde las mismas familias de los niños trabajadores hasta las parroquias y las municipalidades.

c) CRITERIO

DE

ACUMULACIÓN

LA

«MULTIPLICACION»

Y

DE

LA

La importancia de esta orientación Par ece evidenciarse teniendo en cuenta la crisis financiera general que está alcanzando» de las agencias de desarrollo y de cooperación en general. Tal carencia de recursos económicos es aún más dramática con referencia al caso peruano y está atacando sobre todo las pequeñas y medias Organizaciones No Gubernamentales y los Movimientos de Base, La consecuencia principal derivante de esta situación es que actualmente ninguno de los actores considerados parece estar en grado de cubrir las exigencias de la infancia pobre y sobre todo de aquella trabajadora. Una prueba de tal imposibilidad puede ser dada de la situación de las intervenciones en estos últimos años, donde, ante un aumento cualitativo de las acciones, el volumen del fenómeno no ha sido requerida, pero por el contrario ha aumentado. De esta situación parece derivar la necesidad de promover intervenciones auto multiplicativas, es decir, capaces después de un primera inversión de recursos para su realización de desarrollarse autónomamente, basándose en un bajo empleo de recursos económicos. No parece entonces inalcanz able una reducción de las intervenciones o una superación de, los propósitos de la promoción social ví a su racionalización y redefinición en base a criterios económicos y de gestión más adecuados. El parámetro de la multiplicabilidad presupone en primer lugar, un inicial

redimensionamiento de las áreas de interv ención sea desde un punto de vista de la extensión geográfica, sea desde la consistencia numérica de los usuarios implicados. A una nueva «cobertura» territorial de la acci ón pudiera corresponder tina mayor fuerza y una mayor articulación según el criterio de la exhaustividad. La intervención estaría de todas maneras en grado de garan tizar una real eficacia de base a través de la auto- generación de ingresos económicos sea por medio (le los usuarios implicados, sea por medio del desarrollo de actividades productivas que, además de ocupar la infancia tra- bajadora con finalidades formativas y c oncretas tendría que lograr asegurar la supervivencia. Esta metodología se acompaña inevitablemente con una indispensable subvención por parte de agencias de desa rrollo mayormente dotadas de recursos financieros, que, no obstante cl condicionamiento negativo, son aun la fuente (le apoyo más relevante

En segundo lugar la multiplicabilidad de la intervención resultaría posible sólo a través de una real participación de la pobl ación local y no solamente de los usuarios específicos (los niños v adolescentes trabajadores).

Considerada la importancia de este nuev o elemento multiplicativo en una relación secuencial mientras este último implica la búsqueda de técnicas de su pervivencia este- nuevo parámetro presupone villa articulación progresiva de resultados de una intervención de tal manera que pueda generar un proceso positivo. La multiplicabilidad de la intervención Se refi ere en efecto, a una reproducción de la misma en base a recursos auto-generados Tal criterio sólo implica sin embargo, solamente cl aspecto técnico v concreto de la intervención. La presencia de un laboratorio de artesanía en un centro educativo para linos trabajadores permite por ejemplo auto generar los recursos necesarios pala reproducir en cl tiempo lo necesario para la continuidad de la intervención misma

La acumulación como criterio de intervención se inscribe en esta premisa permitiendo además, de apuntar sobre todo al progreso personal de los sujetos implicados y a un mejoramiento cualitativo en las actividades llevadas a cabo. La presencia de estos laboratorios artesanales permitirán cl desarrollo de las habilidades manuales en cl sujeto y su formación como trabajador mediante la adquisión de una identidad categorial El laboratorio garantizarí a, además cl inicio de un micro-proceso productivo dirigido al mejoramiento progre sivo, con un desarrollo de calidad en lo manufacturado v una creciente acumulación también en términos de créditos posibles.

II.- ENFOQUES Y PARADIGMAS:

A este propósito parece particularmente eficaz la importancia desarrollada por algunos Movimientos de Base y ONG peruanos en cl terna de infancia trabajadora. Asociaciones como «HUCHUY RUNA» y «QOS QO MAQUI» presentan un conjunto de niños trabajadores en actividades manuales de artesanía cuyos productos se venden, contribuyendo al sustento de cada niño e incluso del centro mismo. 1;1 MANTHOC además de los «talleres productivos» ha desarrollado servicios de comedor en los que los niños mismos participan concretamente en los gastos de alimentación, reciben orientación, se organizan, proponen y velan por la buena marcha del comedor y de sus grupos.

a.- DE SU VALENCIA PEDAGOGICA Y SOCIOLOGICA A UNA NUEVA GARANTIA DE REPRESENTATIVIDAD Y LEGITIMIDAD

La participación y la implicación en las dinámicas metodológicas v en la gestión de intervención por parte de los su jetos que constituyen la atención directa, parece representar una de las modalidades más importantes para la eficacia de una determinada acción. Del punto de vista del análisis pedagógico y sociológico, la participación de los sujetos implicados en la intervención resulta fundamental en cuanto presupone una valorización positiva del niño mismo e implica una disposición propositiva de la acción a fin de conseguir una dinámica efectiva de transformación social. Tal orientación representa un sinóni mo de promoción del individuo y de su capacidad de activarse para cambiar no sol amente su posición individual sino en una perspectiva comunitaria para favorecer cl cambio positivo del sector social de pertenencia.

El criterio de participación exige fundar una intervención sobre «la vocación social» del niño.

Se evidencia tal elemento, afirmando que es la misma persona humana que por sí misma pide vivir en sociedad en virtud de las perfecciones mismas que le son propias y que ex¡(,(, la relación con otras personas en razón de sus necesidades.

La participación activa también de las instituciones más cercanas al Niño Trabajador y que ya gozan de una confianza. Sólo mediante un rol activo de la familia, de la escuela, de la parroquia v de la municipalidad

parece pasible sostener la acción de un movimiento para crear un efecto multiplicador también a nivel del fundamental e imprescindible soporte humano, y no sólo de tipo económico. En este contexto, el rol de los adultos parecería presuponer una identifica- ción con las realidades vividas cotidianamente por el niño-adolescente trabajador, intentando ser efectivos colaboradores en una relación democrática de solidaridad y no de substitución. Esta indicación concretiza modalidades de acción de un proyecto de desarrollo «QUE PROVIENE DE ABAJO» na cido y animado por los mismos secto- res populares y, por ello, garantí a de búsqueda de justicia y de real equidad social. En efecto, el criterio de participación está en la base de todas la iniciativas de parte de los Movimientos Sociales. Los valores mora les del protagonismo infantil, de la organización y del rol social de la in fancia se enlazan estrechamente con la participación crítica y positiv a del niño trabajador en su situación de vida, antes que con las mismas instancias de intervención.

Tal intervención para una efectiva participación no recupera solamente la valencia pedagógica y sociológica descrita, sino parece constituir específicamente el parámetro principal para evaluar el grado de legiti midad de las intervenciones en materia de infancia trabajadora.

Parece claro que el grado de participación del sujeto implicado en la gestión y en la revisión crítica de las metodologías constituya la medida de ev aluación del nivel de representatividad que una cierta intervención asume en el tejido social de referencia. Estos tres elementos se enlazan entre ellos en una secuencia estrechamente interdependiente; la legitimidad de una a cción está vinculada a la representatividad social que a su vez se deriva del nivel participativo del sujeto en ella. El elemento de la representatividad no es solamente un importante criterio de evaluación de la eficacia de una cierta intervención, aunque implica también consecuencias concretas en la búsqueda de subvenciones. El soporte económico, resulta, en efecto, mayormente dirigido siempre a los organismos que pu eden garantizar representar una porción significativa de las instancias de los sectores populares. A este propósito es importante señalar cómo en el contexto social y en el ámbito de los estudios considerados, se nota una evidente confusión al establecer redes y verdaderas jerarquías de representatividad con el consiguiente riesgo de asumir como interlocutores a autoridades y base social, organizaciones poco implicadas con la que dan aportes relevantes a instancias de intervención con bajo nivel o nulo participativo.

b.- LA PARTICIPACION SOCIO-COMUNITARIA COMO ALTERNATIVA DE ABORDAJE ASISTENCIALISTA

Los criterios de participación y de cambio social parecen poder asumir una significativa importancia al evaluar la na turaleza ideológica de una determinada intervención en materia de infancia trabajadora. La diferencia entre acción de tipo asistencialista paternalista y de promoción integral está en el nivel participativo de los sujetos implicados y en la predisposición ha cia una dinámica de transición social. No obstante que la casi totalidad de las acci ones se dirija formalmente a la infancia trabajadora en modo directo, sólo en estos últimos decenios se han desarrollado experiencias encaminadas a favorecer una real participación de los sujetos y una relativa transición de un rol de beneficencia al de protagonista. Parece en efecto oportuno distinguir entre una participaci ón del sujeto en una intervención de promoción y a una intervención nuevamente asistencial. En el primer caso la implicación del menor de edad parece esta r motivada por una voluntad de actuar positivamente sobre su situación de vida. En el segundo caso, la participación parece estar dictada sólo por el deseo de gozar únicamente de un cierto beneficio de procedencia externa. Una intervención de tipo asistencialista no parece prever alguna participación de beneficiarios sino en calidad de receptores pasivos de la acción. Parece oportuno evidenciar, además, cómo la visibilidad fenomenológica de un cierto tipo de intervención no permite siempre captar su naturaleza ideológica y su grado de asistencialismo. Pero resulta necesario una profundización de los contextos internos de los proyectos internos. Un ejemplo de tal afirmación puede ser la construcción de un comedor para los niños trabajadores de una cierta zona urbana marginal_ si la acción se reduce a la sola construcción del local parece evidente el carácter- asistencialista de la obra; si por el contrari o esto se acompaña con un proceso de auto-gestión, de organización, de concientiz ación de los usuarios interesados a fin de hacer mancomunado el servicio, la misma se volverá parte de una dinámica más compleja y de carácter inequívoco de promoción social. El asistencialismo parece claramente apuntar hacia cl mantenimiento de la situación dada: su carácter estático se inserta solamente en la eventual mejoría de la posición relativa del sujeto frente a las causas del malestar sin su implicancia motivada y crítica. Una intervención de tal tipo, en efecto, solo da una ventana marginal de br eve período, referida esencialmente a lo micro del sujeto, pero en términos de dinámicas sociales, reproduce una actitud

pasiva

no

sólo

en cada

individuo,

sino también al interior del sector popular,

impidiendo o retardando notablemente los m ecanismos de cambio a nivel global.

El asistencialismo parece fundar su propia legitimidad sobre el objetivo de afianzar una cierta situación percibida de control; se expresa a través de modalidades que según los casos- pueden asumir una valencia caritativa (se interviene para responder a una emergencia a través de procesos exteriores e independientes al sujeto y tienen tina duración estrictamente proporcional a la extensión temporal de la situación de anomalía social), rnédico curativa (si interviene) considerando el fenómeno en cuestión corno una situación patológica potencialmente capaz de dañar la estructura entera, pero susceptible (le ser eliminada a través de terapias adecuadas (institucionalización del menor, judicialización del trabajo infantil, de rehabilitación v de reinserción en la sociedad) o represiva (el trabajo infantil es considerado una expresión de delincuencia común que hay que solucionar por la vía policial). E1 asistencialismo parece perpetuar ciertas situaciones de emergencia (por ej emplo el trabajo infantil) sin obrar con modalidades de largo plazo como período encaminado a tina normalización y a una evaluación positiva de la misma. Si en efecto una intervención de pura asistencia es de- seada corno acción particular frente a eventos inmediatos v con características de extrema gravedad, su permanencia en un a verdadera y real proyectualidad de intervención a mediano y largo plazo parece generar un conjunto de consecuencias negativas. Entre éstas se señala una cierta actitud de progresiva dependencia del sujeto individuo de las fuentes de subsistencia y un proceso de atomización de la sociedad, v de la infancia en particular, reduciendo la dinámica de las necesidades, de las respuestas y de las instancias de solución al estrecho ámbito del individuo v no a la prospectiva socio-comunitaria adecuada.

Diferentes autores han ratificado cl aspecto socio-participativo citado: giuliano Ciorio afirma que «una perspectiva de intercambio» entre. comunidad sobre la base de valores comunes parece la condición fundament al para la realización de las hipótesis participativas.

Jhon Naisbitt subraya que una ética de participación conlleva el pasaje de una democracia representativa a la democracia participativa

El criterio del cambio social se une al de participación para demarcarse de un cierto tipo de intervención La visión promotora de las ca pacidades de l niño trabajador se, distingue del asistencialismo

por su capacidad de proyectar en una lógica futura roles y sectores de un nuevo perfil social. Un abordaje asistencial parece demostra r fuertes límites - en el operar - para la evolución positiva de una situación de hecho.

En las condiciones de la infancia trabaj adora en Perú, se unen confundiéndose, violaciones de derechos huma nos y factores culturales, haciendo muy problemática la elección de una línea de acción única. La realidad principal con la que parece actualmente necesario confrontarse es seguramente aquella de la explotación de la infancia trabajadora: tal prioridad no debe sin embargo legitimar la presencia de una permanente cultura (le la emergencia , que se ha vuelto con el tiempo, el aspecto dominante de un entero abordaje de la in fancia trabajadora. Esta cultura se ha transformado progresivamente de un lado en una praxis de control político sobre fenómenos de marginalidad social por parte del Estado y por otro lado en una callada justificación, por parte de los Organisrnos In ternacionales, de la ausencia de análisis críticos sobre las causas económicas v sobre las responsabilidades planetarias del trabajo infantil en las actuales condiciones. El asistencialismo puro parece haber demostrado sus límites estructurales evidenciables sobre todo, a nivel de acciones concretas v medidas de eficacia inmediata, orientadas a eliminar las expresiones visibles del trabajo infantil que parece deban acompañarse de alternativas concretas de mediano y largo plazo de carácter preventivo y promocional. Resulta evindecí able cómo un real y democrático proceso de cambio en la situación de la infancia trabajadora no pueda quedar desligado de una más general dinámi ca de transformación de los sectores populares.

  • c.- EL CRITERIO DE COORDINACION ENTRE LOS ACTORES DE LA INTERVENCION: NUEVOS ACTORES Y VIEJOS PROBLEMAS.

La necesidad de una coordinación interinstitucional parece constituir el elemento determinante en la superación de la actual situación de conflictualidad ideológica y de antagonismo metodológico entre las interven ciones en materia de trabajo infantil en Perú.

Corno se señaló en los párrafos preceden tes el multiplicarse de actores y de intervenciones y la superposición de reco rridos operativos hace aún más urgente la necesidad de armonizar las acciones presentes en el territorio. Esta necesidad existe a causa de la actual ausencia de sujetos capaces de mediar abordajes diferentes interpretando una

instancia general y coordinando racionalmente todo cl conjunto de recursos operativos disponibles. Las intervenciones actualmente presentes llegan a cubrir las necesidades de los niños trabajadores sólo en pequeñísima parte: esta incapacidad es del todo desproporcionada al número de programas y a los propósitos formales de grandes y pequeñas organizaciones que oficialmente, so stienen una acción en éste ámbito. Esta desintegración institucional se pretende justificar por divergencias en los objetivos de método y de concepción ideoló gica; estos elementos parecerían superables a través de la acción de una autoridad con una suficiente representatividad entre las organi- zaciones mismas. El propósito prioritario pa recería ser la superación de la lógica, largamente con dividida por la cual el refuerzo de cada intervención correspondería a mejorar las condiciones de los niños trabajador es implicados olvidando el carácter real del fenómeno y la posibilidad de abordarlo positivamente con una cooperación operativa. La difusión de un cierto cor porativismo parece entonces implicar la preocupación de preservar el propio micr o-proyecto al alto costo y de muchas colaboraciones tales para lograr mejores resultados.

Frente a una presencia de incompatibilid ad ideológica insanable, parece no ser posible forma alguna de coordinación, siendo más oportuno distinguir entre un debate teórico y la situación concreta. En el primer caso esta incompatibilidad parece estar gravemente presente v difícilmente saludable a causa de la contraposición entre las percepciones del trabajo infantil diferentes pero más en general, entre una confrontación de sistemas culturales y de relativas visiones del desarrollo absolutamente divergentes. Una eventual conciliabilida en el ámbito de Organizaciones Internacionales, dependería del considerar corno legítimo el derecho de cada pueblo a fa diversidad cultural y de impostar una propia vía al desarrollo, según las coordenadas socio culturales que les son propias, resultaría además indispensable un claro repudio por parte de las grandes Agencias para el desarrollo de los actuales actores de un cierto orden económico internacional inicuo (Banco Mundial, Fondo Monetario Inter- nacional, muchos gobiernos occidentales) y una definitiva demencia de los modernos intentos de neo-colonialismo económico e id eológico a daño de muchas países en vía de desarrollo. Tal incompatibilidad se quedaría abierta hasta la elección como interlocutores oficiales, no solamente los gobiernos locales, escasamente representati- vos y legitimados, pero también de expresiones genuinas de la voluntad popular, como los movimientos de Base y las ONG.

La propuesta de e nuevos mediadores en tre nivel nacional y nivel internacional introduce un análisis del plan concreto de sistema social global de coordinación partiendo de una homogeneidad de base a través de la participación de diferentes movimiento que desarrollan micro-productos y con la participación de niños trabajadores se enfrentaría en esta manera la coordinación de las acciones locales evitando conflictos entre las instituciones participantes en las mismas incas y desarrollando en base a las experiencias más experimentadas metodologías única Solamente tina realidad de base uniforme, constituida ce micro- experiencias a altísima valencia representativa y participativa coordinadas y unificadas a nivel nacional en una única instancia de referencia parece estar en grado de asumir una función de negociación a nivel nacional e internacional. El rol técnico de las ONG se volvería entonces el de buscar un consenso entre otras instituciones análogas y de unirlo después al de los movimiento de base y de niños trabajadores organizados. La credibilidad que las ONG se han construido en Perú en estos años en frente al estado y a las Organizaciones Internacionales result aría muy útil para analizar después tales instancias a niveles más altos. El nuevo có digo del Niño y Adolescente y el consenso que ha tenido a nivel de operadores sociales, parece poder constituir una homogeneidad ideologías a soporte de una metodologías de acción que quedaría de todas maneras diferente . A través de una coordinación técnico, tales diferencias pudieran ser cambiadas en un factor de recíproco enriquecimiento, y no más en factores de conflictos y de dispersión se vendría entonces a formar una plataforma operativa fundada sobre una común percepción de la infancia trabajadora y de las áreas primarias de intervención tal, de estar en grado de poder construir un interlocutor de confianza de las Organizaciones estatales e Internacionales. A este punto parece importante subrayar la exigencia de un esfu erzo de acercamientos análogo por parte de los grandes organismos (ONU, OIT, UNICEF) presente en cl territorio peruano. La modificación de los actores en el interior del debate sobre la infancia trabajadora y la creación de instituciones de coordinación implicaría necesariamente un cambio de roles para estas Organizaciones. Su contrapartida ya no sería constituida por un puñado de micro experiencias locales, ,Sin un soporte técnico y estructural, divididas y debilitadas por una rivalidad y por corporat ivismos de carácter técnico e ideológicos sino por una base social alineada ideológic amente en la defensa de precisas instancias conceptuales. Esta situación facilitaría la individuación de pocas contrapartes confiables y largamente representativas por parte de las Organizaciones Internacionales abriendo a la actual realidad

El rol de las Organizaciones Intern acionales se pone como fundamental, considerando la imposibilidad de las ONG s ,de los movimientos de base de perseguir objetivos generales y de crear referencias conceptuales globales y bases de consumo universalmente extensible Parece requerida en el interior de un desarrollo de este tipo una modificación de las posiciones de las Organizaciones Internacionales con su realineamiento estructural sobre las realid ades locales y buscando soluciones basadas en una efectiva atención a la base social La persistencia de una actitud rígida perpetuaría la actual situación de conflictividad llegando a una contraposición más marcada por la emergencia de un nuevo actor homogéneo y unívoco a nivel de base La hegenomia ideológica del abordaje abolici onista, en su variante mas rígido parecería en este caso mayormente contrastada por posiciones que en creciente medida, están naciendo en Perú y América Latina como las más calificadas. De esta manera se. daría respuesta concreta a la necesidad evidenciada por GALBRAITH, de reconocer allí donde se ejerce cl poder de las grandes empresas y de los militares que una efectiva consolidación de un contrapoder y no la dispersión y la competencia entre muchas organizaciones es una necesidad primaria mejor, absoluta.

El estado tendría que obrar sobre todo co mo entidad mediadora: tendría que crear un movimiento de descentralización progresiva y de descentralizada" de la vida social, hacia la creación de un nuevo régimen personal y pluralista. La actual dirección político-económica del estado peruano no par ece dejar espacio a una cierta confianza en una positiva voluntad política al respect o: la puesta en obra eventuales acciones concretas resolvería por esta razón poco coherente y escasamente creíble se ha querido trazar un perfil general de una posible dinámica de coordinación y su articulación pudiera encantar interesantes desarrollos listo en el actual momento histórico considerando los espacios potenciales de acción y las inéditas oportunidades propuestas en el nuevo cuadro legislativo nacional e internacional. La búsqueda en el territorio parece haber evidenciado la urgencia de una mayor racionalización de las intervenciones en materia de infancia trab ajadora y de una auspiciable coordinación:

los elementos presentados de esta parte propositiva se instalan en cl interior de un esfuerzo general para tratar de evitar también en la praxis en acto el aislamiento y la dispersión de, las acciones puntuales y la falta de colaboración con Agencias Internacionales.

Una coherencia de las experiencias de base no parece necesaria solamente pa evitar la desagregación institucional y para dialogar

concretamente con Organizaciones que obran a niveles nacionales e internacionales, pero en particular para oponerse de manera constructiva a la hegemonía ideológica sobre el trabajo infantil que hoy es propia de la cultura occidental, de hecho expresada en las actividades de las grande s Organizaciones Internacionales.

Después de haber evidenciado diferentes niveles de conflictividad e incomunicabilidad, parece oportuno teorizar una dinámica que desde una homogeneidad ideológica y técnica de la base social, llegue a alcanzar la posibilidad de un debate y de una confrontación constructiva entre las dos principales expresiones culturales definidas y no viceversa entre un «polo ideológico», operativo fuerte (las Organizaciones Internacionales en general) y un a realidad local desintegrada y débil. El grado de complejidad y de gravedad alcanzad o por el trabajo infantil en el mundo y en el sistema, impone una demolición de las «ideologías» una valoración de las experiencias de base que en estos años concretamente han operado en condiciones muy difíciles y una redefinición positiva del rol de las Organizaciones Internacionales al respecto. Gracias a las potencialidades, las estructura s v la credibilidad hacia los gobiernos, las Organizaciones Internacionales parecen jugar un rol muy importante y determinante en el dar una vuelta constructiva al actual debate. Parecen fundamentales a este propósito, su voluntad de un acercamiento a la base social basada sobre la capacidad de escuchar v de respetar un gran trabajo de voluntariado ciudadano, pero sobre todo, la adopción del niño- trabajador como interlocutor directo y privilegiado de la infancia como un grupo social de referencia. Solamente de esta manera parece posible el paso de la infancia como usuario pasivo al rol de partner principal; en la difi cultad de encarar una problemáticas multiforme de manera total, permaneciendo la grave omisión de una revisión total de los actuales desequilibrios académicos; un umbral positivo parece abrirse con 1a revalidación histórica de una figura social que ° en los años ha sido criminalizada o solamente asistida y hast a hoy continúa a soportar explotaciones impunes.

La lucha contra la esclavitud económico parece necesariamente que tenga que pasar a través de las promociones humanas y de ti na valorización socio-comunitaria del niño trabajador. Un real reconocimiento v un sin cero condividir solidario de su lucha por mejorar sus propias condiciones y para reivin dicar el derecho inalienable a la dignidad de una vida que favorece los primeros paso s para enfrentar de manera constructiva y definitiva esta gran prioridad del momento histórico presente. El actual debate peruano sobre el trabajo

infantil representa una parte significativa de una dialéctica determinante a nivel mundial .La consideración positiva y solidaria de la problemática de los niños trabajadores, en los aspectos y las relaciones implicadas parece trastocar cl ámbito de estudio aunque fundamentalmente de las condiciones de la infa ncia en el mundo. El análisis de esta categoría social v el reto para lograr diferentes y mejores condiciones de vida se enlaza directamente con las situaciones de los sectores populares y de enteras colectividades marginadas constituyendo en fin, en una dinámica progresiva, un punto importante para llegar a una redefinición general de largos recorridos de desarrollo.