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 La comunidad del rey, capítulo 5, página  1

Lectura 1

Derechos de una comunidad cristiana1


Martín Lutero 1523

Ante todo, es preciso saber dónde hay comunidad cristiana2 y quiénes la forman, para que
los hombres no traten asuntos humanos bajo el nombre de comunidad cristiana, como ha
sido costumbre siempre entre los no cristianos. La segura señal de comunidad cristiana es la
predicación del evangelio puro. Pues, así como por el estandarte de un ejército, como signo
seguro, se reconoce qué señor y qué ejército está en el campo de batalla, así también se
reconoce por el evangelio con seguridad dónde acampa cristo y su ejército. Tenemos para
eso una segura promesa de Dios en Isaías 55: “Mi palabra (dice Dios) que sale de mi boca
no volverá a mí vacía, sino que, como la lluvia que cae del cielo sobre la tierra y la hace
fértil, así mi palabra realizará aquello para lo cual la envié” 3. Por eso, estamos seguros de
que es imposible que no haya cristianos donde esté en acción el evangelio, por muy pocos y
muy pecadores y débiles que sean; también es imposible que haya cristianos y no solo
paganos donde no esté en acción el evangelio e imperen doctrinas humanas, por muchos
que sean o por santa y honorable que sea su conducta.

De lo dicho se deduce incontrastablemente que los obispos, capítulos, conventos y gente


semejante distan mucho de haber sido cristianos y comunidad cristiana, aunque se hayan
arrogado este nombre para sí solos. Pues quien conoce el evangelio puede ver, oír y
comprender que aun en la actualidad se basan en enseñanzas humanas y que han
ahuyentado y todavía siguen ahuyentando el evangelio. Por lo tanto, todo lo que esa gente
hace y propone debe considerarse pagano y mundano.

En segundo lugar, cuando se trata de juzgar doctrina, designar maestros y pastores, no se


debe recurrir de ninguna manera a leyes, decretos, tradición antigua, usos, costumbres, etc.,
de hombres, aun cuando hayan sido establecidos por el papa o el emperador, por príncipes u
obispos, aunque hayan sido observados por medio mundo o por el mundo entero o que
hayan perdurado uno o mil años. Pues el alma humana es una cosa eterna, y está por

1 Título original en alemán: “Dass eine christliche Versammlung oder Gemeinde Recht und
Macht habe, alle lehre su urtheilen und Lehrer su berugen, ein- und abzusetzen: Grund und
Ursache aus der Schrift” – Que una asamblea o comunidad cristiana tiene derecho y
potestad de juzgar toda doctrina y de llamar, designar y destituir predicadores:
Fundamentos y razones de la escritura.
2 El término alemán “Gemeinde”, que se usa aquí, como también en el título se traduce por
comunidad en el sentido de la tercera acepción que ofrece la Real Academia Española:
“Junta o congregación de personas que viven unidas bajo ciertas constituciones y reglas”;
para el caso de Lutero “que viven bajo el evangelio”. Si bien entre los protestantes se
emplea usualmente el término “congregación” para referirse a un grupo de cristianos que
viven unidos en su vida religiosa, es preciso advertir que al hablar de la potestad de la
“Gemeinde”, Lutero se refiere a la comunidad entera considerada como entidad religiosa.
El término “Gemeinde’ significa “la comunidad”, tanto como “la congregación” en el
sentido que se emplea en círculos protestantes.
3 Isaías 55:10-11.
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  2

encima de todo lo temporal; por lo tanto, debe ser dirigida y enmarcada solo por la palabra
eterna. En efecto, es oprobioso gobernar las conciencias, en relación a Dios, con leyes
humanas y costumbres añosas. Por consiguiente, en este asunto debe procederse de acuerdo
con la Escritura y la palabra de Dios. Porque la palabra de Dios y la doctrina humana,
cuando ésta pretende gobernar el alma, inevitablemente entran en pugna. Vamos a
demostrarlo claramente en el asunto que nos ocupa. La palabra y la doctrina humana han
decretado y prescrito que solo a los obispos, eruditos y concilios incumbe juzgar la
doctrina. Lo que ellos resuelven debe ser aceptado por todo el mundo como correcto y
artículo de fe; lo cual se demuestra por su cotidiana jactancia acerca del derecho canónica
del papa. Apenas se oye de ellos otra cosa que esa jactancia de que en ellos reside la
facultad y el derecho de juzgar lo que es cristiano o herético. El cristiano común debe
esperar su fallo y atenerse a él. He aquí como esta pretensión, con la cual han intimidado a
todo el mundo y que es su máximo baluarte y defensa, se opone insolente y neciamente a la
ley y palabra de Dios.

Cristo estipula lo diametralmente opuesto. Despoja a los obispos, a los eruditos y a los
concilios tanto del derecho como de la potestad de juzgar la doctrina y los concede a toda
persona y a todos los cristianos en general, cuando dice en Juan 10: “Mis ovejas conocen
mi voz”. Así también: Mas al extraño no seguirán, antes huirán de él; porque no conocen la
voz de los extraños”. De igual manera” “Todos los que han venido, son ladrones y asesinos;
mas las ovejas no los oyeron” 4. Aquí adviertes claramente quien tiene el derecho de juzgar
la doctrina. El obispo, el papa, los eruditos y toda persona tienen la potestad de enseñar;
pero las ovejas deberán juzgar si lo que enseñan es la voz de Cristo o la voz de extraños.
¿Qué pueden replicar las burbujas de agua5 que alborotan diciendo: “¡Concilios! ¡concilios!
¡Hay que escuchar a los eruditos, a los obispos, a la gran mayoría; es preciso respetar los
antiguos usos y costumbres!”? ¿Acaso la palabra de Dios ha de ceder frente al uso antiguo,
las costumbres y los obispos? ¡Nunca! Por eso, dejamos que los obispos y concilios
resuelvan y estipulen lo que quieran. Pero, si tenemos de nuestro lado la palabra de Dios,
decidiremos nosotros, y no ellos, si es correcto o incorrecto, y ellos tendrán que ceder ante
nosotros y obedecer nuestra palabra.

Supongo que puedes apreciar con suficiente claridad cuánto son de confiar los que tratan
las almas con la palabra humana. ¿Quién no advierte que todos los obispos, fundaciones,
conventos y universidades, con todo lo que hay en ellos, se oponen furiosamente a la clara
palabra de Cristo, despojando descaradamente a las ovejas del juicio de la doctrina y
arrogándoselo ellos mismos por su propia decisión proterva? Por eso, ciertamente deben ser
considerados asesinos y ladrones, lobos y cristianos apostatas, públicamente convictos, no
solo de negar la palabra de Dios, sino también de oponerse y actuar contra ella; como
corresponde al anticristo y a su reino, según la profecía de San Pablo en 2º Tesalonicenses
26.

4 Juan 10:27; 5; 8.
5 La locución alemana Wasswer Blasen es una referencia de Lutero a las bulas papales.
También se aplica a personas que hablan presuntuosa y vacíamente.
6 2º Tesalonicenses 2;3-4.
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Por otra parte, Cristo dice en Mateo 7: “Y guardaos de los falsos profetas que vienen a
vosotros vestidos de ovejas, mas por dentro son lobos rapaces” 7. Obsérvese que aquí Cristo
concede el derecho de juzgar, no a los profetas y maestros, sino a los discípulos y ovejas.
¿Cómo habríamos de cuidarnos de los falsos profetas si no pudiéramos examinar, sopesar y
juzgar su doctrina? Pues nunca podrá haber algún falso profeta entre los oyentes, sino solo
entre los predicadores. Por lo tanto, es necesario y preciso que todos los predicadores estén
sujetos con su doctrina al juicio de sus oyentes.

El tercer texto es el de San Pablo en 1º Tesalonicenses 5: “Examinadlo todo; retened lo


bueno”8. Obsérvese que San Pablo no quiere que se guarde ninguna doctrina ni proposición
a no ser que la comunidad receptora las examine y las considere buenas. Pues este juicio no
corresponde a los predicadores, sino que ellos deben manifestar previamente lo que se ha
de examinar. Por lo tanto, también en este pasaje se priva a los predicadores de la facultad
de juzgar, cosa que entre los cristianos ha sido concedida a los discípulos, por lo cual hay
una gran diferencia entre los cristianos y el mundo. En el mundo, los señores ordenan lo
que quieren y sus súbditos lo aceptan; “pero entre vosotros no será así”, dice Cristo 9. Entre
los cristianos, cada uno es juez del otro, y a su vez está sujeto al otro. A despecho de esto,
los tiranos eclesiásticos han convertido el cristianismo en una potestad secular.

El cuarto pasaje es, una vez más de Cristo, Mateo 24: “Mirad que nadie os engañe; porque
vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán” 10. En
fin, ¿hay necesidad de aducir más textos? Todas las advertencias de san Pablo en Romanos
16; 1º Corintios 10; Gálatas 3, 4, 5; Colosenses 2 11, y otros pasajes, además de las palabras
de todos los profetas con que enseñan evitar las doctrinas de hombres, no hacen otra cosa
que privar a los predicadores del derecho y la potestad de juzgar toda doctrina,
encomendándolo con exigente mandato, so pena de perder el alma, a los oyentes. De modo
que éstos no solo tienen el poder y el derecho de juzgar todo cuanto se predica, sino que
tienen la obligación de juzgar, so pena de la ira de la Majestad divina. Se ve, pues, que los
tiranos han procedido con nosotros de una manera anticristiana, al privarnos de este
derecho y mandato, atribuyéndoselo a sí mismos. Por este solo motivo han hecho méritos
para ser expulsados y espantados de la cristiandad, como lobos, ladrones y asesinos que nos
dirigen y adoctrinan en contra de la palabra de Dios.

Llegamos, pues, a la conclusión de que, donde hay comunidad cristiana que tiene el
evangelio, ésta no solo tiene el derecho y la potestad, sino también la obligación – por la
salvación de las almas y por el compromiso contraído con Cristo en el bautismo – de evitar,
eludir, destituir y sustraerse de la autoridad que ejercen los actuales obispos, abates,
monasterios, fundaciones y sus semejantes; porque es evidente que enseñan y gobiernan en
oposición a Dios y su palabra. Por lo tanto, nuestro primer punto está segura y sólidamente
fundamentado, y se puede confiar plenamente en que destituir y eludir a esos obispos,

7 Mateo 7:15.
8 1º Tesalonicenses 5:21.
9 Mateo 20:26.
10 Mateo 24:4-5.
11 Romanos 16:13, 18; 1º Corintios 10;14; Gálatas 3:4; Colosenses 2:8.
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abates, monasterios y regímenes semejantes es derecho divino y necesario para la salvación


de las almas.

En segundo lugar, sin embargo, puesto que una comunidad cristiana no debe ni puede estar
sin la palabra de Dios, se deduce de lo antedicho con suficiente peso que debe disponer de
maestros y predicadores que promuevan la palabra y, en vista de que en estos malditos
últimos tiempos, los obispos y el falso régimen eclesiástico no son ni quieren ser tales
predicadores, y además no quieren dárnoslos ni permitírnoslos, y como tampoco se debe
tentar a Dios para que los mande nuevos predicadores del cielo, debemos pues atenernos a
la escritura y llamar de entre nosotros mismos e instalar a los que sean competentes para
ese fin e iluminados por Dios con inteligencia y adornados con los talentos necesarios.

No se puede negar que cada cristiano tiene la palabra de Dios, ha sido enseñado y ungido
por Dios para ser sacerdote, como dice Cristo en Juan 6: “Todos serán enseñados por
Dios”12, y el Salmo 44: “Te ungió Dios con óleo de alegría, más que a todos tus
compañeros”13. Estos compañeros son los cristianos, los hermanos de Cristo, ordenados
sacerdotes junto con él, como también dice San Pedro en 1º Pedro 2: “Vosotros sois el
sacerdocio real, para que anunciéis la virtud de aquel que os ha llamado a su luz
admirable”14.

Si tienen la palabra de Dios y han sido ungidos por él, también están obligados a confesarla,
enseñarla y difundirla, como dice Pablo en 2º Corintios 4: “Tenemos también el mismo
espíritu de fe, por lo cual también hablamos” 15. Como dice el profeta en el Salmo 115” Creí
por tanto hablo”16. Y en el Salmo 50 dice de todos los cristianos: “Enseñaré a los impíos tus
caminos, a fin de que los pecadores vuelvan a ti”17. Así pues, una vez más es evidente que
el cristiano no solo tiene el derecho y la potestad de enseñar la palabra de Dios, sino que
está obligado a hacerlo, so pena de perder su alma y la gracia de Dios.

Tú me dices: “Pero si no ha sido llamado, no debe predicar, como tú mismo has enseñado
muchas veces”. Contesto: En este asunto debes considerar al cristiano desde dos puntos de
vista. Primero, si se encuentra en un lugar donde no hay cristianos, no necesita otro llamado
que el de ser cristiano, llamado y ungido interiormente por Dios. En este caso está obligado,
por el deber de amor cristiano, a predicar a los errabundos paganos y no cristianos, y
enseñarles el evangelio, aunque nadie lo llame para ello. Así lo hizo San Esteban en Hechos
6 y 718, los apóstoles no le habían encargado ningún oficio de predicador, y sin embargo
predicaba y hacía grandes milagros entre el pueblo. Lo mismo hizo también el diácono
Felipe, compañero de Esteban, Hechos 819, al cual tampoco se la había encomendado el

12 Juan 6:45.
13 Véase Salmo 45:7.
14 1º Pedro 2:9.
15 Véase 2º Corintios 4:13.
16 Véase Salmo 116:10.
17 Véase Salmo 51:13.
18 Hechos 6:8, 10; 7:2 y sigs.
19 Hechos 8:5.
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oficio de predicación. Lo mismo hizo también Apolos, Hechos 1820. En este caso un
cristiano por amor fraternal, mira la miseria de las pobres almas corrompidas y no espera
órdenes o cartas de un príncipe u obispo. Pues la necesidad quebranta todas las leyes, y no
admite leyes. El amor, pues está obligado a ayudar cuando no hay otro que pueda ayudar.

En segundo lugar, cuando se encuentra en un sitio donde hay cristianos que tienen el mismo
poder y el mismo derecho que él, no debe anteponerse a los demás, sino hacerse llamar y
proponer para predicar y enseñar en lugar y por mandato de los otros. En efecto, un
cristiano tiene tanto poder que, sin ser llamado por hombres, puede y debe levantarse y
predicar, aun en medio de los cristianos, cuando advierte que el predicador yerra, siempre
que se proceda don decoro y respetuosidad. Esto lo ha descrito claramente San pablo en 1º
Corintios 14 donde dice: “Si a otro que estuviera sentado le fuera revelado algo, calle el
primero”21. Nótese lo que San Pablo hace: Ordena, entre los cristianos, callar y retirarse al
que enseña y levantarse al que escucha, aunque no sea llamado; porque la necesidad no
admite ley.

Si, pues, san pablo manda que, en caso de necesidad, se levante cualquiera entre los
cristianos, aun sin ser llamado, llamándolo por virtud de esta palabra de Dios, y hace retirar
al otro, destituyéndolo en virtud de estas palabras, ¡cuánto más justo es que toda una
comunidad llame a alguien para ese oficio cuando hay necesidad, como la hay siempre y
especialmente ahora! Pues en el mismo pasaje, San Pablo concede a todo cristiano el poder
de enseñar entre los cristianos en caso necesario, diciendo: “Podéis todos profetizar uno por
uno, para que todos aprendan y sean exhortados”22; y del mismo modo: “Procurad
profetizar; y no impidáis hablar en lenguas; pero hágase todo en orden y decentemente” 23.
Considera este pasaje como fundamento seguro que concede a la comunidad cristiana más
que suficiente de predicar, hacer predicar y llamar. Principalmente en caso de necesidad,
este pasaje llama a cada uno en particular, aun sin ser llamado por hombres, para que no
tengamos dudas de que la comunidad que tiene el evangelio puede y debe elegir de entre sí
a quien predique la palabra en su lugar.

Pero, tú dices: “San Pablo ordenó a Timoteo y Tito que designaran sacerdotes; y también
leemos en Hechos 1424 que san pablo y Bernabé ordenaron sacerdotes en las comunidades.
Por eso, entre los cristianos la comunidad no puede llamar a alguien, ni nadie puede
adelantarse a predicar, sino que es preciso tener autorización y orden de los obispos, abades
u otros prelados que ocupan el lugar de los apóstoles”. Respondo: Si nuestros obispos,
abades, etc., ocupasen el lugar de los apóstoles, como se jactan, sería aceptable dejarlo
hacer lo que hacían Tito, Timoteo, Pablo y Bernabé al designar sacerdotes, etc. Pero, como
ocupan el lugar del diablo, y son lobos que no enseñan el evangelio ni quieren tolerarlo, la
provisión para el ministerio de la predicación y la asistencia espiritual entre los cristianos
les incumbe tanto como a los turcos y los judíos. ¡Debieran conducir burros y guiar perros!

20 Hechos 18:24-26, 28.


21 1º Corintios 14:30.
22 1º Corintios 14:31.
23 1º Corintios 14:39-40.
24 Hechos 14:23.
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Además, aun cuando fuesen verdaderos obispos, quisiesen tener el evangelio y designar
auténticos predicadores, no podrían ni deberían hacerlo sin el consentimiento, elección y
llamado de la comunidad, a no ser por fuerza de la necesidad, para que las almas no se
pierdan por falta de la palabra divina. Pues ya has oído que, en tal necesidad, no sólo puede
cualquiera procurar un predicador, ya sea por ruego personal o a través del poder de la
autoridad secular, sino que también él mismo, si sabe hacerlo, debe acudir, presentarse y
enseñar. Pues la necesidad es necesidad y no tiene límites; como cuando estalla un incendio
en una ciudad, cada cual debe acudir y actuar sin esperar que se le ruegue.

En otros casos, cuando no existe tal necesidad, y se dispone de personas que tienen el
derecho, la potestad y el don de enseñar, ningún obispo debe designar a alguien sin la
elección, consentimiento y llamado de la comunidad; antes bien debe confirmar al que haya
sido elegido y llamado por la comunidad; antes bien, debe confirmar al que haya sido
elegido y llamado por la comunidad. Si no lo hace, el electo queda no obstante confirmado
por el solo llamado de la comunidad. Pues ni Tito ni Timoteo, ni pablo nunca instalaron a
un sacerdote sin la elección y llamado de la comunidad. Esto lo demuestra claramente Tito
1 y 1º Timoteo 325, donde dice que un obispo o sacerdote debe ser irreprensible. Asimismo:
“Los diáconos deben ser examinados previamente”26. Ahora bien, Tito, no podía haber
sabido quiénes eran irreprensibles; este informe debe provenir de ;a comunidad, la cual ha
de proponer a alguien. También leemos en Hechos 6 27 que, en una función de menor
importancia, los apóstoles mismos no podían designar personas para diáconos sin el
conocimiento y consentimiento de la comunidad, sino que la comunidad eligió y llamó a
los siete diáconos, y los apóstoles los confirmaron. Si para esta función, en la que se trata
solo de la distribución de alimento temporal, los apóstoles no podían designar por su propia
autoridad, ¿cómo se habrían atrevido a investir a alguien con el supremo oficio de predicar,
por su propia autoridad, sin conocimiento y consentimiento y llamado de la comunidad?

Ahora bien; como en nuestros tiempos existe la necesidad y no hay obispos que procuren
predicadores evangélicos, no se aplica aquí el ejemplo de Tito y Timoteo. Al contrario, hay
que llamarlos de entre la comunidad, ya sea que Tito los confirme o no. De la misma
manera habrían procedido o habrían debido proceder los que estaban bajo el cuidado de
Tito, si él no hubiera querido confirmarlos, o si no hubiera habido quien designara
predicadores. Así pues, nuestros tiempos son muy diferentes que la época de Tito cuando
gobernaban los apóstoles y querían tener verdaderos predicadores. Ahora, en cambio,
nuestros déspotas no quieren sino lobos y ladrones.

¿Y por qué nos condenan los déspotas furiosos por elegir y llamar de esta manera? Ellos
mismos proceden así, y no pueden hacerlo de otra manera. Entre ellos, nunca se designa a
nadie papa u obispo por autoridad de una persona, sino que es elegido y llamado por el
capítulo, y después confirmado por otros; los obispos por el papa, como su superior; pero el
propio papa por el cardenal de Ostia, como su inferior 28. Y si ocurriese que alguno no fuera

25 Tito 1:7; 1º Timoteo 3:2, 10.


26 1º Timoteo 3;10.
27 Véase Hechos 6;2 y sigs.
28 El Cardenal de Ostia, que es e; deán de los cardenales, después de que el Papa ha
recibido los dos tercios de cónclave, tiene la obligación de preguntarle si acepta la elección
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confirmado, sin embargo es obispo y papa. Ahora pregunto a los estimados tiranos: Si la
elección u el llamado de su comunidad lo hace a uno obispo, y si el papa es papa sin
confirmación de otra autoridad por el solo hecho de la elección, ¿por qué una comunidad
cristiana no hará predicador a uno por el solo llamado? Y esto por considerar ellos el oficio
de obispo y papa superior al oficio de la predicación. ¿Quién le ha concedido a ellos este
derecho y nos lo ha quitado a nosotros? Especialmente por cuanto nuestro llamado tiene a
su favor la Escritura; mientras que el llamado de ellos es una pura fábula humana, sin
apoyo de la Escritura, con la cual pretenden despojarnos de nuestro derecho. Son tiranos
malvados que nos tratan como es de esperar de los apóstoles del diablo.

Por la misma razón se ha hecho costumbre en algunos lugares que las autoridades
seculares, por ejemplo concejales y príncipes, designen y empleen sus propios predicadores
en sus ciudades y castillos, según su propia elección, sin permiso ni mandado de los
obispos y papas, a la cual nadie se ha opuesto. Me temo, sin embargo, que no lo han hecho
por entender los derechos cristianos, sino porque los déspotas eclesiásticos aborrecían y
despreciaban el oficio de la predicación, considerándolo muy alejado del régimen
eclesiástico. En realidad, es el oficio más elevado del cual dependen y se originan todos los
demás. En cambio, donde no hay oficio de la predicación, no sigue ningún otro. En efecto,
San Juan, en el capítulo 429, dice que Cristo no bautizaba, sino solamente predicaba, y Pablo
en 1º Corintios 130 se gloría de no haber sido enviado a bautizar, sino a predicar.

Por consiguiente, al que se le encomienda el oficio de la predicación se le encomienda el


oficio más elevado en la cristiandad. Podrá también bautizar, celebrar misa, y ocuparse de
toda clase de asistencia espiritual. O, si prefiere, puede limitarse a predicar, dejando los
bautismos y demás oficios menores a otros, como hicieron Cristo y Pablo, y todos los
apóstoles, Hechos 631. De todo esto se puede advertir que nuestros actuales obispos y
prelados son ídolos y nos obispos; porque entregan el supremo oficio de la palabra, que es
propiamente suyo, a los más inferiores, capellanes, monjes y limosneros; al igual que los
oficios menores, como el bautismo y otra índole de asistencia espiritual. Mientras tanto,
ellas administran la confirmación y bendicen campanas, altares e iglesias, lo cual no es obra
cristiana obispal, sino invento de ellos. ¡Son fantasmas simulados y enmascarados,
verdaderos obispos de niños!32

Lectura 2

y por qué nombre desea ser conocido. Si el nuevo Papa resultase no ser obispo, es
consagrado inmediatamente por el cardenal como obispo de Ostia; si ya es obispo, se
realiza la solemne benedictio.
29 Juan 4:2.
30 1º Corintios 1;17.
31 Hechos 6:4.
32 Kinderbishöfe, también llamados Niklasbischöfe; se refiere a los obispos imaginarios 
que elegían de entre sí los niños de la escuela para los juegos o representaciones que se 
realizaba en Alemania en el día de San Nicolás (6 de diciembre).
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  8

La Comunidad del Rey – Capítulo 2

MODELOS DE LA IGLESIA

La posición de cada quien determina lo que ve. Asimismo, la posición que uno tiene
respecto a la iglesia afecta la forma en que uno cree que el evangelio debe vivirse y lo que
uno piensa que el Reino de Dios realmente significa.

¿Cómo hemos de ver la iglesia? ¿Cuáles son las figuras y metáforas básicas a través de las
cuales podemos entenderla? Hacer estas preguntas es identificar un cierto cambio que se da
hoy en la forma en que el cristianismo se entiende a sí mismo.

Unos 3500 líderes evangélicos interesados en las misiones y en la evangelización en todas


partes del mundo se reunieron en Lausana, Suiza, en el Congreso Internacional sobre la
Evangelización Mundial, en 1974. El Congreso expidió un notable documento, el Pacto de
Lausana, expresando el consenso de los participantes en un gran número de cuestiones
relacionadas con la evangelización mundial. De particular interés para este libro es lo que
se dijo acerca de la Iglesia.

Lausana ciertamente no fue una asamblea eclesiástica formal o un “concilio ecuménico” en


el sentido técnico. Y sin embargo, en cierto sentido, el Congreso Internacional sobre la
Evangelización Mundial se coloca en la misma línea que los concilios históricos de la
Iglesia. Considerando el número total de participantes y la amplitud de la representación
denominacional y geográfica (aunque esta representación no era oficial y era
teológicamente restringida), se podría argumentar que en cierta forma Lausana tiene más
derecho al título de ecuménico que muchos de los “concilios ecuménicos” de la historia. Y
a pesar de que el Congreso concientemente no se vio a sí mismo como un concilio
eclesiástico, sería ingenuo considerar que su significado no tiene relación con la historia
conciliar del cristianismo. Esto es así, sobre todo si es realmente cierto, como lo afirma el
Pacto, que la Iglesia es ”la comunidad del pueblo de Dios más bien que una institución”.

El Pacto de Lausana, por lo tanto, es significativo como expresión de un consenso


incipiente de alcance mundial, entre evangélicos cuando menos, en relación a la naturaleza
de la Iglesia. Por tal razón, lo que dice acerca de la iglesia, merece un escrutinio más
cercano.

Las dos afirmaciones claves sobre la Iglesia en el Pacto de Lausana se encuentran en la


Sección 6, “La iglesia y la Evangelización: “La Iglesia está al centro mismo del propósito
cósmico de Dios y es el medio que El ha designado para extender el evangelio … La iglesia
es la comunidad del pueblo de Dios más bien que una institución, y no debe ser identificada
con ninguna cultura en particular, con ningún sistema social o político ni con ninguna
ideología humana”. En otra parte, el Pacto habla del llamamiento de Dios “a un pueblo a Sí
mismo” (Sección 1) y de la “nueva comunidad” llamada por Cristo (Sección 4). 33 Es claro

33 J. D. Douglas, ed. Let the Earth Hear His Voice, Volumen Oficial de Referencia del 
Congreso Internacional Sobre la Evangelización Mundial (Minneapolis: world Wide 
Publications, 1975, pp. 3­9.
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  9

que Lausana vio la iglesia principalmente en términos de comunidad y de pueblo. El


documento titulado “Una Respuesta a Lausana”, proveniente de la reunión ad hoc sobre
“discipulado radical”, de la misma manera señalaba el aspecto “Comunidad”, hablando de
la Iglesia como una comunidad “carismática” y “mesiánica”.34

La trascendencia de estas afirmaciones radica tanto en lo que dicen como en lo que no


dicen. Su importancia se hace más obvia cuando se les coloca al lado tanto de las
formulaciones protestantes tradicionales de la Iglesia como de las declaraciones del
Vaticano II.

El punto de vista de la Reforma


La visión de la iglesia adoptada por los reformadores protestantes fue expresada en forma
clásica por Lutero y Melanchton en la Confesión de Augsburgo (1530) cuando dijeron que
la Iglesia es “la congregación de los santos, en la cual el evangelio es enseñado
correctamente y los sacramentos son administrados correctamente”. Su “verdadera unidad”
está basada en la “unidad de creencia en relación a la enseñanza del evangelio y a la
administración de los sacramentos”.35 Aquí la Iglesia es vista fundamentalmente en

34 La junta sobre “disipulado radical” fue probablemente más alerta a las implicaciones de 
la terminología comunidad­pueblo que los participantes en general. Los adjetivos 
carismático y mesiánico en el trabajo “A response to Lausanne” surgieren temas bastante 
semejantes a los que se tratan en este libro.
35 Henry Bettenson, ed. Documents of the Christian Church (New York: Oxford 
University Press, 1947), p. 298. Lutero  distinguía siete marcas de la iglesia, todas las 
cuales se relacionan con la palabra de Dios. La iglesia tiene las marcas de (1) la Palabra 
predicada y creída, la palabra simbolizada e impartida a través del (2) Bautismo y (3) la 
Santa Comunión; la Palabra propiamente administrada y salvaguardada, que requiere de (4)
ministros y (5) del oficio de las llaves; (6) la palabra usada en la adoración; y la Palabra 
vivida, la cual es vida con la marca de (7) la cruz. Todas, excepto la última, se refieren más 
o menos exclusivamente al culto bíblico de la Iglesia. 
     El tratamiento que hace Calvino de las marcas de la Iglesia es aparentemente muy 
diferente del de Lutero, pero en realidad es muy similar. Calvino dice repetidamente que 
hay dos marcas de la iglesia visible: el ministerio puro de la Palabra y la celebración pura 
de los sacramentos. “Dondequiera que veamos la Palabra de Dios predicada y oída 
sinceramente, donde quiera que veamos los sacramentos administrados de acuerdo con la 
institución de Cristo, allí no podemos dudar que la iglesia de Dios tenga alguna existencia 
…” (Institutes of the Chrisrtian Religión IV, i.12). En este caso hay solamente dos marcas, 
o, si uno separa los sacramentos, tres. Pero para Calvino la “administración propia” de los 
sacramentos requiere un ministro ordenado y la necesidad de la provisión para la 
excomunión. Y  la administración de los sacramentos es una cuestión de culto público. 
Entonces, en esencia no hay diferencia básica entre Lutero y Calvino en relación a cómo 
puede reconocerse la Iglesia sobre la tierra.
     Un área de diferencia es que Calvino no menciona la cruz o la persecución como marca 
de la Iglesia. Calvino reconoce el lugar de la cruz en la experiencia cristiana pero 
aparentemente no ve la persecución o el sufrimiento como una marca necesaria. Lutero 
menciona la cruz aunque  la pone en último lugar en su lista. 
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  10

términos de la creencia correcta, la enseñanza correcta y el orden correcto. Esta definición


de la Iglesia, como ha observado E. Gordon Rupp, “tendió a influir todas las definiciones
posteriores”36.

De tono más calvinista es la Confesión de Westminster, un siglo más tarde, que decía que la
Iglesia invisible es “el número total de los elegidos” y visible “todos aquellos” que, en
todas partes del mundo, profesan la verdadera religión, junto con sus hijos”. El énfasis aquí
está en la elección, la creencia correcta e, implícitamente, en los sacramentos y el orden
correcto.

Aunque estas afirmaciones son muy diferentes, hay tres cosas que sobre salen: (1) se pone
un énfasis predominante en el evangelio más que en la obediencia a la jerarquía; (2) la
incorporación a la iglesia se ve principalmente como un asunto de creencia correcta o
profesión; y (3) las figuras de comunidad, gente o pueblo no son de importancia primaria.
El énfasis se traslada de la institución del sistema eclesiástico católico romano a la
institución de la Palabra proclamada y de los sacramentos administrados.

En el siglo XVI era difícil tener una concepción de la Iglesia como un conjunto de personas
distintas del resto de la sociedad o como una comunidad específica separada del mundo. Tal
concepción de la Iglesia era tan revolucionaria que se la consideró herética y tan
amenazadora que parecía políticamente subversiva. En gran parte por esta razón, aquellos
que llegaron a afirmar el derecho y la necesidad de la Iglesia de ser una comunidad
separada, distinta del pueblo de Dios, los ana baptistas, murieron por centenares por su fe.
Es ciertamente más que una coincidencia que el redescubrimiento contemporánea del
anabaptismo haya venido paralelo con un nuevo énfasis en la Iglesia como comunidad y
pueblo.37

Una mezcla de metáforas


Los modelos o metáforas básicos a través de los cuales uno entiende la Iglesia son más
potentes de lo que podrían parecer a primera vista. El teólogo jesuita Avery Dulles, ha
señalado esto en su libro, Modelos de la iglesia. Dulles muestra que aunque hay muchas
figuras válidas para la iglesia, en épocas diferentes han prevalecido figuras o modelos
distintos. En la actualidad hay varios modelos en boga y los puntos de vista en relación con
36 E. Gordon Rupp, “The Doctrine of the Church at the Reformation” en The Doctrine of 
the Church, ed. Dow Kirkpatrick (Nashville: Abington, 1964), pág. 73. Por supuesto, tanto 
Lutero como Calvino creían que la iglesia era algo más que su expresión visible. Era el 
pueblo de Dios, la comunión de los elegidos. Pero en lo relativo a su manifestación 
reconocible en la historia en el tiempo y en el espacio, el énfasis (No exclusivamente, pero 
principalmente) estaba en la enseñanza y el orden apropiados más bien que en la 
comunidad o en la calidad de pueblo.
37 Véase William R. Estep, The Anabaptist Story, ed. Rev. (Grand Rapids, Eerdmans, 
1975). Ni Lutero ni Calvino veían a la Iglesia como algo idéntico al estado o a la sociedad 
en general. Incluso admitieron cierta tensión entre la Iglesia y la sociedad. Pero ellos no 
concibieron a la iglesia como una comunidad sociológicamente distinta, con conciencia de 
síu misma, viviendo en tensión evidente con la sociedad circundante, esto es, como una 
contracultura.
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  11

aspectos específicos de la Iglesia son determinados en gran parte por el modelo particular
que esté presuponiendo.

Pedro Savage sugiere que son cuatro los modelos de la Iglesia especialmente comunes en la
actualidad. Muchos ven a la Iglesia como una sala de conferencias a donde los creyentes
van a oír una exposición de la Biblia. Para otros la iglesia es un teatro donde los fieles se
reúnen para ser testigos del drama del sacramento actuado en presencia de ellos. Además, la
Iglesia puede ser vista como una corporación eficiente y con una gran orientación hacia los
programas, con un equipo pastoral ocupado en dar religión a las masas en dosis pequeñas.
Finalmente, Savage sugiere que muchos ven la iglesia como un club social del que algunas
personas se hacen miembros para encontrar satisfacción a ciertas necesidades, de la misma
manera que uno podría unirse a cualquier otra organización para encontrar satisfacción para
otras necesidades. Savage pasa luego a analizar la Iglesia como la comunidad escatológica
y sacramental de los discípulos.

Dulles mismo discute cinco modelos básicos que han operado a través de la historia: La
Iglesia como institución, como comunión mística, como sacramento, como heraldo y como
siervo. Estas metáforas no son mutuamente exclusivas y ninguna de ellas comprende
tampoco toda la verdad sobre la iglesia, la cual, después de todo, sigue siendo un misterio.
Sin embargo, quizás Dulles tenga razón al decir que “aunque todos los modelos tienen sus
méritos, no todos tienen el mismo valor y algunas presentaciones de algunos de ellos
tienen, positivamente, que ser rechazados.

Mi interés está especialmente en los dos primeros modelos de Dulles: la Iglesia como
institución y la Iglesia como comunión mística, porque aquí se encuentra una cierta
polaridad y la cuestión de la prioridad de un modelo sobre el otro, a la luz de la Escritura
adquiere gran relevancia.

Históricamente, la teología católica romana ha enfatizado en tal forma la naturaleza


institucional de la Iglesia como la “sociedad perfecta” que puede decirse que la Iglesia
como institución ha sido el principal modelo detrás de la eclesiología católica romana,
cuando menos desde la Contra reforma hasta los años recientes. Pero como lo señala
Dulles, el Vaticano II marcó un cambio de énfasis. El Cardenal Joseph Suenens da una
expresión gráfica a este cambio en su libro, ¿Un Nuevo Pentecostés? El testifica:
Cuando yo era joven, la Iglesia se nos presentaba como una sociedad jerárquica:
era descrita como “jurídicamente perfecta”, teniendo dentro de sí misma toda la
potencia necesaria para asegurar y promover su propia existencia. Este punto de
vista reflejaba una imagen de la Iglesia modelada en forma muy parecida a la de
una sociedad civil o. Incluso, a la de una sociedad militar: había una jerarquía
descendiente, una uniformidad que era considerada como ideal y una disciplina
rígida que se extendía hasta el más pequeño detalle …

Suenens señala, sin embargo, que “al mismo tiempo… otra visión de la Iglesia iba
tomando forma gradualmente ante nuestros ojos”. Un buen número de teólogos católicos
empezaron a hablar de la iglesia como el cuerpo místico de Cristo, y esto preparó el camino
para las afirmaciones del Vaticano II. Dice Suenens:
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  12

El Segundo Concilio Vaticano enfatizó la Iglesia como el Pueblo de Dios en


peregrinaje, al servicio del mundo… Esto se hacía con el propósito de enfatizar la
prioridad del bautismo y la igualdad radical de los hijos de Dios, y
automáticamente implica una reforma del concepto de la Iglesia que hoy llamamos
“piramidal”. Situando en esta forma el ministerio en la parte central y al servicio
de todo el cuerpo eclesiástico. La perspectiva se hizo más evangélica y menos
jurídica sin repudiar, sin embargo, el papel de la jerarquía.

Esta afirmación, viniendo de un vocero católico tan eminente, es significativa a varios


niveles. Desde el punto de vista de este capítulo, su importancia principal es que documenta
un cambio de énfasis católico romano de gran magnitud, de la Iglesia como institución a la
Iglesia como comunidad y como pueblo. Dulles señala este mismo punto:
El Concilio Vaticano II en su Constitución sobre la Iglesia hizo amplio uso de los
modelos del cuerpo de Cristo y del sacramento, pero su modelo dominante fue más
bien el de Pueblo de Dios. este paradigma enfocó la atención sobre la Iglesia como
una red de relaciones interpersonales, sobre la Iglesia como comunidad. Este es
todavía el modelo dominante para muchos católicos romanos que se consideran a
sí mismo como progresistas y que invocan las enseñanzas del Vaticano II como su
autoridad.

Sería fácil exagerar la importancia de este cambio de una visión institucional de la Iglesia a
una orgánico-comunal. Se tiene que recordar que el carácter institucional de la Iglesia y las
prerrogativas de la jerarquía, fueron reafirmadas explícitamente por el Vaticano II. No
obstante, es obvia una cierta degradación institucional a favor de uno basado en los
símbolos del pueblo y comunidad.

Los modelos de Lausana


Resulta interesante que tanto el pacto de Lausana como los documentos del Vaticano II,
enfaticen el mismo concepto básico de la iglesia; la iglesia es la comunidad del Pueblo de
Dios.38 Como ya se ha señalado, esto representa un cambio de énfasis de consideración en
la teología católica romana, un cambio que probablemente actuará como fermento en todo
el mundo católico.

El Pacto de Lausana, sin embargo, marca un cambio de consideración similar en la


concepción de la Iglesia de parte del protestantismo evangélico.39 Puede ser que el cambio
no sea tan grande en vista de que el protestantismo nunca estuvo totalmente casado con la
visión jerárquica de la Iglesia. Pero que el pacto de Lausana representa efectivamente un
cambio de consideración en los modelos para la comprensión que la iglesia tiene de sí
misma es obvio para cualquiera que compare esta afirmación sobre “La iglesia y la

38 Obviamente, todavía  existen diferencias fundamentales y distintivas entre el punto de 
vista evangélico contemporáneo de la Iglesia y el punto de vista católico romano. Muchas 
cosas en las declaraciones eclesiológicas del Vaticano II son ofensivas para los protestantes
porque tienen muy poca base bíblica explícita. El asunto aquí es la cuestión de cuál es el 
énfasis primario.
39 Un cambio más o menos paralelo ha ocurrido en esa parte de la iglesia asociada con el 
Concilio Mundial de Iglesias. 
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  13

Evangelización” con pronunciamientos protestantes históricos sobre la iglesia como las


confesiones de Augsburgo y Westminster. Entonces, puede ser tanto una señal de un nuevo
interés de los evangélicos en la eclesiología como un cambio hacia una visión menos
institucionalizada de la Iglesia.40

Si los reformadores no endosaron específicamente la visión institucional-jerárquica de la


iglesia, tampoco tenían razón para rechazarla. Tal vez, William R. Estep va demasiado lejos
al afirmar que “la Reforma fue una revuelta en contra de la autoridad papal pero no en
contra del concepto romano de la iglesia como una institución”, porque al reducir los
sacramentos a dos, los reformadores hicieron añicos mucho del sistema medieval
eclesiástico católico romano. A pesar de esto, la Confesión de Augsburgo es ciertamente
compatible con una concepción institucional de la Iglesia, si es que no la presupone de
hecho.

Entonces, el protestantismo en sus principales corrientes ha heredado conceptos que se


prestan a un entendimiento institucional de la Iglesia. Esto se ve con mucha claridad en la
casi universal aceptación protestante de la distinción clero-laicado, preservada por la
ordenación clerical exclusiva, y en la práctica de llamar “iglesias” a las estructuras
denominacionales.

Tal tradición puede combinarse fácilmente con las tendencias seculares de la sociedad
moderna a producir una visión de la Iglesia esencialmente institucional y organizacional, la
cual choca con la idea de la Iglesia como comunidad y como un pueblo. La moderna
revolución tecnológica con su tecnocracia tiende a reforzar el concepto de la Iglesia que
está demasiado preocupada con las formas de operación técnicas e institucionales y que es
peligrosamente susceptible a las técnicas administrativas y conceptuales que deben más a
B. F. Skinner que a Pablo o a Jesús.

Es significativo que Jesús rechazó los modelos jerárquicos tanto religiosos como políticos
para sus seguidores en dos pasajes relacionados, Mateo 20:20-28 y 23:1-12. Aquí
encontramos afirmaciones tan radicales como éstas: “Ustedes saben que los gobernadores
de los gentiles se enseñorean sobre ellos y que sus altos oficiales ejercen autoridad sobre
ellos. No será así con ustedes. En lugar de esto, el que quiera hacerse grande entre ustedes
será su servidor y el que quiera ser primero será su esclavo” (Mateo 20:25-27). “Ustedes no
han de ser llamados <Rabí>. Porque ustedes tienen solamente un Maestro y todos ustedes
son hermanos…Ni han de ser llamados <maestros”, porque tienen un Maestro, el Cristo”
(Mateo 28:3, 10). La arrogancia jerárquica y los títulos que crean distinciones entre los
creyentes son cuestionados. Los seguidores de Cristo son vistos como hermanos y
consiervos.

Al describir a la Iglesia como :la comunidad del pueblo de Dios más como una institución”,
Lausana endosó una visión de la Iglesia que es al mismo tiempo bíblicamente radical y
prácticamente importante. El Pacto de Lausana no da, por supuesto, una definición

40 Esto es cierto, cuando menos, para aquellos que participaron en el Congreso de Lausana.
Una reunión de administradores de la iglesia, más que de líderes evangelísticos, podría 
haber producido una declaración diferente en relación a la iglesia.
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  14

completa de la iglesia, ni tampoco el Congreso sobre la Evangelización Mundial tenía el


propósito de escribir una declaración doctrinal como tal. Como la palabra institución tiene
un gran número de acepciones, habría sido preferible que el Pacto hubiera dicho que la
iglesia no es principalmente una institución, en lugar de eliminar completamente cualquier
aspecto institucional. Pero la declaración en la forma en que fue emitida, es significativa y
puede ser un paso hacia un entendimiento más auténtico y más bíblico de la Iglesia.

La Iglesia y el Reino
Como sugiere Dulles, ningún modelo puede definir completamente la iglesia o lo que Dios
está haciendo a través de ella. Debe utilizarse una pluralidad de modelos y figuras para
ayudarnos a entender la variada riqueza de la Iglesia.

Pero lógicamente, algunos modelos deben tener prioridad sobre ellos. Bíblicamente,
parecería más válido entender a la Iglesia como la comunidad del pueblo de Dios y no
como una institución jerárquica o una “sociedad jurídicamente perfecta”. Ciertamente,
figuras bíblicas como la del pueblo y el rebaño de Dios, el cuerpo y la esposa de Cristo, y
como la de comunidad o compañerismo del Espíritu Santo, tienen prioridad sobre otros
modelos específicamente bíblicos.

Una concepción propiamente bíblica del Reino de Dios es posible solamente si se entiende
a la Iglesia, predominantemente, si no exclusivamente, como una comunidad carismática y
el pueblo peregrino de Dios, su reino de sacerdotes. En este libro intentaré mostrar por qué
ésta es hoy la forma más válida de entender la Iglesia.

Alguien puede argumentar, por supuesto, que este cambio de modelo es solamente un
acomodamiento a la sociedad moderna. La idea de personas y de pueblo ha sido
redescubierta y explotada por la publicidad y por los medios de comunicación. Todo banco,
tienda o compañía gigantesca quiere ser conocida como “gente que ayuda a la gente” o
como “el tipo de gente que prefieres” o como “gente exactamente como tú”. ¿No está la
iglesia simplemente identificándose con esta tendencia?

Sí y no. Lo que ha venido sucediendo es esto: el crecimiento de la tecnología


computarizada, automatizada, entrelazada en la educación, el gobierno, la mercadotecnia y
la industria, ha hecho que la persona individual se siente menos independiente, con un
control menor y más amenazada por fuerzas impersonales que no entiende ni sabe cómo
tratar. Los medio de publicidad no fueron tomados desprevenidos y han descubierto
rápidamente esta tendencia y se han embarcado en una ingeniosa campaña computarizada
para asegurar a la gente que hay un ser humano detrás de cada máquina. La U. S. Steel no
es realmente un conglomerado gigante; es solo un grupo de gente buena que trata de ser
útil.

La Iglesia puede explotar esta tendencia y usarla para manipular a las personas y a sus
creencias, o ir más allá y hacer preguntas más fundamentales: ¿Qué es la iglesia, en verdad?
¿Cuál es la idea bíblica al respecto? La sociedad moderna se parece cada vez más a un
hombre biónico: se ve blando, humano, vulnerable y amistoso en su exterior pero debajo de
la superficie es una masa de acero y cables y nadie está seguro de quien lo controla.
También la Iglesia puede ser únicamente una maquinaria que funciona a la perfección con
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  15

una fachada humanal. O puede ser una comunidad de creyentes solícita, radicalmente
bíblica y rendida completamente a Jesucristo.

A esto último, me parece, se refiere el Reino de Dios. Pero debe ser visto como el pueblo de
Dios en relación al Reino de Dios o, en otras palabras, como la comunidad ,mesiánica, la
comunidad del Rey.

(Capítulo 2 del libro: La comunidad del Rey por Howard A. Zinder, decano del Seminario
Metodista Libre de Sao Paulo, Brasil. Publicado por Editorial Caribe, 1983)

Preguntas de discusión

1. ¿A cuál de los cuatro modelos de la Iglesia mencionados por Pedro Savage se parecen
más la comunidades eclesiásticas que UD ha conocido? En su opinión, ¿cuál es el defecto
de este modelo?

2. ¿Qué cambio de énfasis ha ocurrido en la eclesiolgía de la iglesia católica romana desde


la celebración del Segundo Concilio Vaticano?

3. ¿En qué se parecen la visión de la Iglesia que tienen tanto el Segundo Concilio del
Vaticano y el Pacto de Lausana?

4. ¿Qué peligro ve el autor del libro en la tendencia de llamar “iglesias” a las estructuras
denominacionales? En su opinión, ¿qué validez tiene la preocupación del autor con esta
tendencia? ¿Qué alternativas existen para neutralizar tal tendencia?

5. En su opinión, ¿Cuáles modelos de la Iglesia deben tener prioridad sobre los otros? ¿Por
qué? ¿Cuáles modelos de la Iglesia tienen prioridad en el ambiente eclesiástico en el cual
UD se encuentra?

6. ¿De qué peligros advierta Jesús a los discípulos en cuanto a su concepto de la Iglesia?

7. ¿Cuáles modelos de la Iglesia predominan en el himno “Un solo fundamento” (número


128 en Culto Cristiano)? ¿Cuáles enseñanzas importantes acerca de la Iglesia encontramos
en este himno? Preparen una lista.

8. ¿Cuáles modelos de la Iglesia predominan en el himno “Firme en la Roca” (número 131


en Culto Cristiano)? ¿Cuáles enseñanzas importantes acerca de la Iglesia encontramos en
este himno? Preparen una lista.

9. ¿Cuáles modelos de la Iglesia predominan en el himno “La Iglesia es Cristo en el


mundo” (número 46 en ¡Cantad al Señor!)? ¿Cuáles enseñanzas importantes acerca de la
Iglesia encontramos en este himno? Preparen una lista.
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  16

Lectura 3

La Comunidad del Rey – Capítulo 5

LA COMUNIDAD MESIANICA

La Iglesia es el agente del Reino de Dios, en primer lugar, a través de lo que es. Sirve mejor
a los intereses del reino como la comunidad mesiánica del pueblo de Dios que como una
institución eclesiástica.

El libro de los Hechos da una imagen equilibrada de la experiencia cristiana primitiva:


evangelización e Iglesia, proclamación y comunidad, testimonio y compañerismo. Los dos
intereses primarios de la iglesia primitiva eran la proclamación del evangelio y la
edificación de la comunidad cristiana. La evangelización surgió de la comunidad, y la
comunidad creció a través de su testimonio. La evangelización no era simplemente algo que
los cristianos individuales hacían; más bien era el resultado natural de la presencia e
influencia de la comunidad cristiana en el mundo. La comunidad dio credibilidad a la
proclamación verbal.

La prioridad de la comunidad
La proclamación presupone una comunidad que da testimonio. Como ha escrito John
Howard Yoder:
Pragmáticamente, es evidente que no puede haber proclamación sin una comunidad,
distinta del resto de la sociedad, que la haga. Pragmáticamente es igual de claro que no
puede haber llamamiento Evangelístico dirigido a una persona, invitándola a venir a
formar parte de un nuevo tipo de compañerismo y de aprendizaje, si no hay un cuerpo de
personas, otra vez, distinto de la totalidad de la sociedad, el cual pueda venir y con el cual
pueda aprender … Si no es el caso que existan en un determinado lugar hombres de varios
caracteres y orígenes que hayan sido reunidos en y por Jesucristo, entonces en ese lugar
no existe la nueva humanidad y en ese lugar el evangelio no es cierto. Si, por otro lado, ha
ocurrido este milagro de la nueva creación, entonces todas las verbalizaciones e
interpretaciones a través de las cuales esta fraternidad se comunica con el mundo que la
rodea son simplemente explicaciones del hecho de su presencia.i

Si Jesucristo realmente dedicó más tiempo a la preparación de una comunidad de discípulos


que a la proclamación de las buenas nuevas (lo cual es cierto), entonces la Iglesia
contemporánea debe reconocer también la importancia de la comunidad para la
proclamación. La prioridad de la comunidad necesita ser enfatizada en dos direcciones: en
relación al creyente individual y en relación a la obra de testimonio.

En primer lugar, la comunidad es importante para el creyente individual. El protestantismo


tradicional ha enfatizado al individuo sobre la comunidad y esto puede verse en sus
estructuras hasta en sus himnos y cantos evangelísticos. Ha tenido un agudo sentido de la
responsabilidad de la persona individual delante de Dios, pero poco sentido de la vida
comunal del cristiano. Con demasiada frecuencia la iglesia ha sido vista más como una
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  17

mera colección de almas salvadas que como una comunidad de personalidades que
interactúan. El crecimiento cristiano ha sido cuestión de cultivo del alma individual más
que de edificación de la comunidad del Espíritu. Santos que vivieron aislados, vidas
solitarias, fueron a menudo colocados en un pedestal por encima de aquellos cuyas vidas
fueron vividas en verdadera comunidad. Por supuesto, estas tendencias son parte de la
herencia que el protestantismo recibió en la época anterior a la Reforma.

Por cuatro verdades bíblicas debe llevarnos a aceptar la prioridad de la comunidad: (1) el
concepto del pueblo de Dios, (2) el modelo de Cristo con sus discípulos, (3) el ejemplo de
la iglesia primitiva y (4) las enseñanzas explícitas de Jesús y de los apóstoles. La
declaración de Cristo: “Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo con ellos”
(Mateo 18:20) define muy adecuadamente a la Iglesia. La auténtica vida cristiana es una
vida en comunidad cristiana.

Obviamente, esto no significa que nos vayamos al extremo opuesto de disolver la identidad
individual en el grupo. En énfasis individual es bíblico, pero parcial.ii

El crecimiento espiritual se da en mejor forma dentro de una comunidad interesada. Hay


verdades espirituales que nunca podré comprender y normas cristianas que nunca alcanzaré,
a menos que tenga parte en una comunidad con otros creyentes, y éste es el plan de Dios. El
Espíritu Santo nos ministra a unos a través de otros, en gran medida. Esto es lo que Pablo
quiere decir cuando afirma que “en todas las cosas creceremos en aquel que es la Cabeza,
esto es, Cristo. De él todo el cuerpo, unido y concertado por todos los ligamentos, crece y
se edifica en amor, al realizar cada parte su función” (Efesios 4:15-16). Esta interacción de
los muchos miembros en un cuerpo es la vida del cuerpo. Karl Barth señala correctamente
que cuando el Nuevo Testamento habla de edificar, “habla siempre de la edificación de la
comunidad. Yo puedo edificarme a mí mismo solamente al edificar la comunidad.

Esto tiene implicaciones inmediatas para la tarea evangelística. El creyente individual tiene
una responsabilidad en primer lugar con la comunidad cristiana y con su cabeza, Jesucristo.
La primera tarea de todo cristiano es la edificación de la comunidad de creyentes. Si
decimos que la evangelización o el ganar almas es la primera tarea del creyente, estamos
forzando el Nuevo Testamento y poniendo sobre las espaldas de algunos creyentes, una
carga que no pueden llevar. La idea de que la primera responsabilidad de todo cristiano es
ser un ganador de almas ignora las enseñanzas bíblicas acerca de los dones espirituales.
Además, coloca todo el énfasis en el punto de la conversión y concede un valor menor a la
edificación de la Iglesia que es esencial para una evangelización efectiva y para el
crecimiento de la Iglesia.

Esto nos lleva a afirmar, en segundo lugar, la prioridad de la comunidad en relación a la


obra de testimonio. Compañerismo y vida en comunidad son necesarias dentro de la Iglesia
para equipar a los cristianos para los diferentes tipos de testimonio y servicio. En una forma
o en otra todo cristiano es un testigo en el mundo y debe compartir su fe. Pero él puede ser
un testigo efectivo solo en el grado en que experimenta la vida común de la Iglesia, que lo
capacita para ello. Y esta vida común puede capacitar verdaderamente solo en el grado en
que la comunidad se transforma, a través de la presencia de Cristo y del ejercicio de los
dones espirituales, en la koinonía del Espíritu Santo.
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  18

Esto lleva naturalmente a una discusión de los dones del Espíritu en la comunidad cristiana.
Porque los dones deben ser vistos, no como beneficios espirituales extra, sino como algo
completamente central para la vida, experiencia y funcionamiento de la comunidad
cristiana.

Los dones del Espíritu


Pablo dice: “Hay diferentes tipos de dones espirituales, pero el mismo Espíritu (1º
Corintios 12:4). “Tenemos diferentes dones, de acuerdo con la gracia que nos es dada”
(Romanos 12:6). EN la misma forma Pablo dice: “Cada quien debe usar el don espiritual
que haya recibido para servir a otros, administrando fielmente la gracia de Dios en sus
diferentes formas” (1º Pedro 4:10).

Por generaciones, el asunto de los dones espirituales fue entendido en forma muy incorrecta
o ignorado por gran parte de la Iglesia cristiana. El nuevo Testamento da enseñazas claras
en relación a los dones espirituales y afirma enfáticamente que el ejercicio de estos dones
es parte de la vida normal de la comunidad cristiana (1º Corintios 12-14). Y sin embargo,
incluso en el día de hoy, muchos cristianos niegan la validez de los dones, limitándolos a la
iglesia primitiva únicamente, o reinterpretándolos en una forma que les quita su impacto y
los presenta como semejantes a las habilidades naturales. Esta ignorancia y entendimiento
erróneo de los dones ha producido un énfasis sobre ellos a veces exagerado en algunos
grupos. Esta reacción puede representar el juicio de Dios sobre las principales corrientes del
protestantismo por haber ignorado esta verdad bíblica. Ha resultado una polarización, un
grupo que niega o ignora los dones espirituales y otro que a menudo sobre-enfatiza o que
eleva uno o dos de ellos al nivel de credenciales espirituales. Afortunadamente, estamos
empezando a ver un nuevo énfasis tanto entre pentecostales como entre no-pentecostales,
en el hecho de que los dones espirituales tienen que ser entendidos en su contexto bíblico,
esto es, como parte del plan de Dios para el funcionamiento normal de la comunidad
cristiana.

La cuestión básica no es si dones espirituales específicos, como el de apóstol, profeta o el


de hablar en lenguas, son válidos en el día de hoy. La cuestión es si el Espíritu todavía “da
dones a los hombres”, y la respuesta es que sí. Cuáles dones da específicamente en
cualquier época en particular, es prerrogativa de Dios y nosotros no debemos prejuzgar a
Dios. Las interpretaciones en relación a dones específicos pueden variar. Pero no tenemos
autoridad bíblica para restringir la charismata a la iglesia primitiva ni tampoco para
censurar algún don específico el día de hoy. Los argumentos en contra de los dones
generalmente provienen de consideraciones secundarias, no bíblicas, y del temor a excesos
y abusos.

Mi propio estudio de la Iglesia en el Nuevo Testamento me convence de que podemos


entender el plan de Dios para la Iglesia solamente si damos una atención apropiada a los
dones espirituales. Esta no es una doctrina extraña sino algo que la iglesia primitiva
entendía muy bien. En Efesios los dones espirituales forman el eslabón que conecta la
exposición que hace Pablo del plan cósmico de Dios para la Iglesia con su descripción de la
vida normal de la iglesia local: “Hay un cuerpo y un Espíritu … pero a cada uno de
nosotros ha sido dada la gracia de acuerdo con la forma en que Cristo la distribuyó … fue
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  19

El quien dio a unos el ser apóstoles, a otros el ser profetas, a otros el ser evangelistas y a
otros el ser pastores y maestros” (Efesios 4:4, 7, 11). Habiendo sido salvados por gracia,
“somos obra de Dios, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios
preparó por anticipado para que las hiciéramos” (Efesios 2:10). Hay una relación entre estas
“buenas obras” preordenadas y los dones espirituales, ya que es principalmente a través del
ejercicio de dones espirituales que el individuo realiza esas buenas obras de las que se
compone el plan cósmico de Dios.

La vida y el crecimiento de la iglesia primitiva puede verse mejor como una comunidad de
cristianos llenos del Espíritu ejercitando sus dones espirituales. Algunos, como Pedro,
Pablo, Bernabé, Silas, Felipe y Apolos, utilizaron sus dones en la proclamación directa del
evangelio al mundo. Otros usaron sus dones para sustentar la vida interna de la iglesia,
como por ejemplo, Timoteo, Ananías (Hechos 9:10), María, la madre de Marcos (Hechos
12:12), Febe (Romanos 16:1-2), Priscila y Aquila (Romanos 16:3), y muchos otros
demasiado numerosos para poder mencionarlos.

Pablo claramente expresa que su “don de la gracia de Dios” como apóstol era “predicar a
los gentiles las inescrutables riquezas de Cristo, y hacer clara para todos mi administración
de este misterio” del evangelio (Efesios 3:7-9). Pablo era un apóstol; éste era su don
espiritual. Para él evangelización y formación de iglesias era lo mismo que enseñanza y
supervisión espiritual. El era efectivo porque estaba ejercitando el don y el llamamiento que
había recibido de Dios.

Felipe era un evangelista. Agabo era un profeta, y no tenemos evidencia de que fuera un
evangelista. Dorcas :estaba siempre haciendo el bien y ayudando a los pobres” (Hechos
9:36); ésa era la forma en que ella ejercitaba sus dones espirituales. Lidia de Filipos dirigía
un grupo de oración y practicaba el don de la hospitalidad (Hechos 16:13-15). Silas era un
profeta (Hechos 15:32), y Febe era una diaconisa (Romanos 16:1). iii Y así sucesivamente en
toda la iglesia primitiva. No todos éstos eran evangelistas, pero todos eran testigos de la
gracia de Dios. Y cada uno, a su manera, era útil en el testimonio de la Iglesia.

Los ejemplos del Nuevo Testamento revelan dos direcciones de los dones espirituales:
externa, ministerio en el mundo; e interna, ministerio dentro de la iglesia. Ambas son
importantes y ambas son necesarias, porque la proclamación y el servicio deben provenir de
la experiencia de comunidad de la iglesia.

Las enseñanzas de Pedro en 1º Pedro 4:10-11 dan tal vez el mejor resumen de la enseñanza
bíblica en relación a los dones espirituales. El dice: “Cada uno debe usar el don espiritual
(don de gracia, carisma) que haya recibido para servir a otros, administrando fielmente la
gracia de Dios (charis) en sus diferentes formas. Si alguno habla, debe hacerlo como quien
está hablando las palabras mismas de Dios. Si alguno sirve, debe hacerlo con la fortaleza
que Dios da, de modo que en todas las cosas Dios sea glorificado a través de Jesucristo”.
Este pasaje es importante porque muestra que los dones espirituales no eran solamente una
idea de Pablo sino que eran aceptados y entendidos comúnmente en la iglesia primitiva.
Hebreos 2:4 (suponiendo que Pablo no sea el autor) es importante por la misma razón:
“Dios también dio testimonio de ello por medio de señales, prodigios y varios milagros, y
dones del Espíritu Santo distribuidos de acuerdo con su voluntad”.iv
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  20

Pedro supone que cada creyente ha recibido algún don espiritual, alguna parte específica de
la multiforme gracia de Dios, y dice que este don ha de usarse para glorificar a Dios. Pedro
cita solamente dos ejemplos: el ministerio de la Palabra (“si alguno habla”) y el servicio
práctico (“si alguno sirve”, diakonei). Obviamente, esto no es para limitar los dones
espirituales a dos solamente. Más bien Pedro está hablando de todos los dones espirituales
y los divide en dos amplias categorías, proclamación verbal y servicio práctico, de la misma
manera que lo hicieron los doce discípulos en Hechos 6. v Esta es una división natural y
práctica, no una división técnica, rígida o jerárquica. Pedro está diciendo simplemente:
“Cualquiera que sea el don que hayas recibido – sea el de hablar o el de servir p úsalo
fielmente, como buen administrador de la gracia de Dios, para que Dios pueda ser
glorificado” (lo cual es siempre el propósito final de los dones espirituales).

Entendiendo los dones específicos


Con estos antecedentes, podemos ahora ver algunas de las listas más detalladas de dones
espirituales. La forma en que estos dones son mencionados en el Nuevo Testamento y la
variedad de palabras griegas utilizadas debe constituir una advertencia en contra de una
interpretación rígida o restringida. El énfasis del Nuevo Testamento está en la diversidad de
los dones del Espíritu. Cada creyente recibe la gracia (charis) que el individuo, y la Iglesia,
necesitan.

Los más importantes pasajes paulinos en relación a los dones son Romanos 12;6-8, 1º
Corintios 12;8-10 y 12:28, y Efesios 4:11-12. aquí están cuatro listas diferentes de los
dones del Espíritu. Aunque las listas son esencialmente similares, Pablo puede haber tenido
algo ligeramente diferente en mente en 1) Corintios 12:28 y Efesios 4:11-12 a lo que tenía
en Romanos 12:6-8 y 1º Corintios 12;8-10. En los últimos dos pasajes el énfasis está en el
hecho de los dones mismos y de la resultante diversidad dentro de la enseñanza, sanidad y
así sucesivamente, en lugar de hablar de profetas, maestros, sanadores, etc.

En contraste, Pablo tiene algo diferente en mente en Efesios 4:11-12 y 1º Corintios 12;28.
Su interés aparece claramente en el último pasaje: “Y en la iglesia Dios ha designado …”
El énfasis de Pablo no está principalmente sobre los dones mismos en estos dos pasajes,
sino en el orden de la iglesia. El enfoca su atención sobre los medios que Dios ha provisto
para el funcionamiento apropiado de los dones dentro de la comunidad cristiana.

El colocar estos dos pasajes uno al otro lado del otro nos da una imagen compuesta del
orden de la iglesia de acuerdo con los principios bíblicos y carismáticos, y sugiere una
distinción funcional entre dos clases de dones:

Efesios 4:11-12 1º Corintios 12;28

Apóstoles, profetas, evangelistas, pastores, Apóstoles, profetas, maestros


maestros
para luego
el equipamiento de los santos para su obra los que hacen milagros, los que
de ministerio. sanan, los que ayudan, etc.
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  21

Notamos que estos dos listas tienen en común a los apóstoles, profetas y maestros. En
Efesios se agrega evangelistas y pastores, que pueden ser considerados como una
subdivisión de los que están incluidos en 1º Corintios como apóstoles, profetas y maestros.

En 1º Corintios 12;28, después de mencionar “primero que todo apóstoles, segundo profeta,
tercero maestros”, Pablo sigue adelante y menciona varios otros dones: “luego los que
hacen milagros, también los que tienen el don de sanidad, los que ayudan, aquellos que
tienen dones de administración, y finalmente aquellos que hablan diferentes tipos de
lenguas”. Es evidente que aquí existe una división natural. Esta es una distinción funcional
entre los dones de liderazgo básico o dones que capacitan y la gran variedad de otros dones
más específicos que el Espíritu da.

Nótese que Pablo no se está refiriendo aquí a una jerarquía organizada, fija, en la Iglesia, a
pesar de que algunas veces se lee entre líneas esta interpretación. Más bien, Pablo está
mostrando que Dios mismo ha hecho provisión para el orden, dando a cada congregación
local y a la iglesia en general, personas capaces de realizar las diferentes funciones que son
necesarias.

Vemos, entonces, que los dones de liderazgo básico de apóstol, profeta, evangelista, pastor
y maestro son dados a la iglesia para ejercer un ministerio de equipamiento, preparando a
cada creyentes para un ministerio específico. Y ¿cuál es esta obra del ministerio? Para cada
miembro es diferentes, pero vemos algunas de las cosas que involucra: sanidad, ayuda,
administración, profecía. En todos los casos el propósito es el mismo, esto es, “que la
iglesia pueda ser edificada” (1º Corintios 14:5), que “todos alcancen unidad en la fe y en el
conocimiento del Hijo de Dios y que lleguen a ser maduros, alcanzando toda la medida de
perfección que se encuentra en Cristo (Efesios 4:13), “de modo que en todas las cosas Dios
pueda ser glorificado a través de Jesucristo” (1º Pedro 4:11).

Liderazgo carismático
¿cómo hemos de entender estas funciones de capacitación del apóstol, profeta,
evangelista, pastor y maestro en el día de hoy?

En primer lugar hay una diferencia en el objetivo o esfera de acción de estos diferentes
dones. William Barclay resume la evidencia bíblica e histórica en relación al liderazgo en la
iglesia primitiva, como sigue:

En la Iglesia primitiva había tres clases de personas que tenían cargos. Había unos
cuantos cuyo mandato y autoridad eran reconocidos en toda la iglesia (apóstoles). Había
muchos que tenían un ministerio itinerante, e iban a donde el Espíritu los llevaba y a
donde Dios los enviaba (profetas y evangelistas). Había algunos cuyo ministerio era un
ministerio local y confinado a una sola congregación y a un solo lugar (pastores y
maestros).

El alcance tan amplio del papel de liderazgo de los apóstoles se nota claramente en todo el
Nuevo Testamento. Aunque el don de profecía a menudo se ejercitaba dentro de las
congregaciones locales (1º Corintios 14), muchos profetas y evangelistas tenían un
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  22

ministerio itinerante parecido al de los profetas del Antiguo Testamento (Hechos 11:27-28,
21:8-10; Efesios 3:5; 2º Pedro 3:2; apocalipsis 18:20). Al contrario de los apóstoles, ellos
no eran supervisores. Finalmente, el ministerio de los pastores y maestros estaba confinado
básicamente a las congregaciones locales (Hechos 13:1; 20:17-20). Algunas veces se habla
de los ancianos como pastores o maestros (Hechos 20:17-30; 1º Timoteo 5:17; 1º Pedro
5:1-3).

El patrón de liderazgo que realmente existía en la iglesia primitiva constituyó la base para
lo que Pablo enseñó más tarde en relación a los dones en sus epístolas. Por esta razón la
enseñanza de Pablo en Efesios y 1º Corintios debe tener prioridad sobre las descripciones
de Hechos de los varios líderes que estaban de hecho surgiendo en esos momentos. En su
evangelización Pablo vio la necesidad del liderazgo y, guiado por el Espíritu, designó
ancianos en las iglesias que fundó. Más tarde, al escribir a estas iglesias, Pablo reflexionó
en lo que había pasado y le dio una interpretación mostrando lo que Dios había hecho: En
la iglesia Dios ha designado primero que todo apóstoles, segundo profetas, tercero
maestros”. Bajo la inspiración divina Pablo da esta explicación, mostrando que Dios ha
actuado y actuará, para proveer el liderazgo.

Y Pablo muestra que este liderazgo ha de ser entendido en términos de dones espirituales:
el dio “a algunos el ser apóstoles, a algunos el ser profetas, a algunos a ser evangelistas, a
algunos el ser pastores y maestros”. Estos no son todos los dones, pero son específicamente
los dones de liderazgo o de capacitación.

Aquí la interpretación de Pablo se transforma, entonces, no en mera descripción sino


también en revelación, la revelación del plan de Dios, su oikonomia, para el liderazgo y el
orden en la Iglesia. Sea que los mamemos ancianos, diáconos , pastores, obispos o
superintendentes, el hecho es que Dios provee el liderazgo en la Iglesia a través del
ejercicio de los dones del Espíritu. Esta es la eclesiología de Dios.

Nuestra comprensión sería mayor si recordáramos el significado fundamental de palabras


que han venido a ser conocidas como títulos. Estos términos eran entendido en los días del
Nuevo Testamento no como títulos eclesiásticos sino como funciones prácticas. Algunos de
estos términos habían sido utilizados para los líderes en el judaísmo (por ejemplo el de
anciano). Mientras que otros eran comunes en la cultura griega. Pero cada término fue
tomado por la iglesia porque describía una función del liderazgo que estaba surgiendo.
Nótense los términos en la Tabla 1.

Estos términos fueron utilizados para designar a los líderes que el Espíritu de Dios estaba
levantando. Eran más descriptivos que normativos. Tomados en conjunto, no representan
una jerarquía fija de posiciones que debían llenarse, sino que más bien indican las
funciones de liderazgo que eran llevadas a cabo por hombres y mujeres que Dios había
levantado. Esto es lo que quiere decir liderazgo carismático, liderazgo inspirado por el
Espíritu de Dios, dotado con las necesarias gracias o carismas y reconocido en forma
apropiada por la comunidad creyente.
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  23

Tabla 1. Raíces de los títulos eclesiásticos


Término en Español Término Griego Significado Básico Derivados en Español
anciano presbuteros Una persona de edad de presbítero
mayor madurez, o líder
Siervo, ministro, diakonos Uno que sirve diácono, diaconisa
diácono, diaconisa
pastor poimen pastor
obispo, supervisor episkopos supervisor obispo, episcopado
apóstol apostolos mensajero, uno que es apóstol
enviado o comisionado
evangelista euaggelistes Uno que dice las buenas evangelista
nuevas
maestro didaskalos maestro (didáctico)

John Howard Yoder ha llevado a cabo un estudio detallado del liderazgo carismático,
entendido bíblicamente, que merece ser citado con amplitud por la luz que ofrece sobre la
naturaleza del liderazgo en general y especialmente sobre la cuestión del vocabulario
utilizado en el Nuevo Testamento para el ministerio. Yoder nota que toda sociedad tiene un
lugar para el “religioso profesional” que es sostenido por la comunidad y que se hacer
cargo de sus funciones religiosas. Al desviarse la iglesia de los principios bíblicos se hace
igual a otras religiones y sistemas culturales y acepta el papel del religioso profesional y su
autoridad.
Si vamos al Nuevo Testamento con esta visión del ministerio del “religioso
profesional”, preguntando “¿Qué es lo que se enseña sobre este asunto?” entonces
podemos reunir algunas cosas que escribió a Timoteo y a Tito acerca de ellos mismos,
algunas otras cosas que les escribió en relación a los obispos y diáconos, algunas cosas
que los Hechos reportan acerca de los líderes en Jerusalén y Antioquía, sazonar la mezcla
con algunas reminiscencias del Antiguo Testamento, y llegar a formar un paquete muy
impresionante de la “Visión bíblica del ministerio”.

Sin embargo, si aceptamos el Nuevo Testamento en sus propios términos y analizamos su


propio vocabulario en relación al ministerio, encontramos una “profunda negación” de los
supuestos en los que se basa la visión del religioso profesional.

Yoder señala que “hay un número considerable de ministerios que pueden distinguirse” o
funciones en el Nuevo Testamento lo mismo que “una diversidad en el número, designación
e interpretación de estos oficios”. Además, “existe una cierta lógica en la designación del
apóstol y el profeta, pero no hay una jerarquía de valores … No hay ningún indicio de un
<<escalafón>> en relación al cual el mismo individuo puede progresar “hacía arriba” de un
oficio a otro”.
Tomemos muy seriamente la advertencia de 1º Corintios 12 de que no tratemos de
establecer una jerarquía de valores entre los diferentes dones. Esta advertencia es el
propósito del pasaje: que hay muchos dones no es el mensaje del capítulo, porque eso es
auto-evidente, cuando menos en Corinto. Todo el interés de Pablo es que se reconozca que
todos estos dones tienen la misma fuente, y que todos son (cada uno en su lugar) del mismo
valor.
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  24

En relación al vocabulario del Nuevo Testamento referente al liderazgo: Parece que se usan
tres términos para designar el mismo oficio: “anciano” se deriva del uso que de este
término se hacía en la sinagoga, “supervisor” (obispo) es una descripción funcional y
“pastor” una descripción en sentido figurado. Los tres términos aparecen como sinónimos
en Hechos 20 y 1º Pedro 5, y obispo-anciano en Tito 1. Constituían ellos el liderazgo
colegiado de la congregación ocal que se autogobernaba. Hay varios de estos hombres en
una congregación dada.

En relación al supuesto “oficio” de diácono, Yoder observa que en el Nuevo Testamento la


palabra diakonos normalmente “significa simplemente <<uno que sirve>> sin ninguna
implicación clara de oficio”. Por lo tanto, no se debe suponer que el llamado oficio de
diácono sea una función de liderazgo fija en el Nuevo Testamento.

Todo el liderazgo en la Iglesia, por tanto, está basado en los dones espirituales.
Bíblicamente, uno no puede simplemente hacer “el supuesto de que carisma y oficio están
en dos niveles diferentes, el uno espontáneo y el otro permanente. El uno llena de vida y el
otro digno de confianza … La única manera de definir <<oficio>> de forma que no tenga
relación alguna con <<don>> es hacer una tarea determinada tan objetiva, formal,
impersonal que debe y puede ser ejecutada por alguien a quien Dios no ha preparado para
ello.”

EL análisis de Yoder muestra lo cuidadoso que uno tiene que ser para no leer entre líneas en
el Nuevo Testamento acerca de la existencia de estructuras de liderazgo rígidas y
permanentes que simplemente no se encuentran ahí. De hecho, la descripción del Nuevo
Testamento de la Iglesia como la comunidad mesiánica, debilita la base misma de cualquier
visión institucional-jerárquica y coloca al ministerio sobre una base carismática-orgánica.
Las enseñanzas importantes del Nuevo Testamento son: (1) Dios proveyó los líderes
necesarios, (2) este liderazgo era visto en términos del ejercicio de dones espirituales, y (3)
había una gran flexibilidad y fluidez en la forma en que estas funciones de liderazgo
operaban y eran entendidas en la iglesia primitiva.

Esta flexibilidad y fluidez en la terminología del liderazgo está apoyada por ejemplos
bíblicos. Felipe, por ejemplo, era reconocido como un “servidor de mesas” y como un
evangelista al mismo tiempo (Hechos 6:5; 21:8). Silas el compañero de Pablo, era uno de
los “hombres prominentes” y también un profeta (Hechos 15:22, 32). La iglesia en
Antioquía tenía <<profetas y maestros>> (Hechos 13:1). Los líderes reunidos en el
Concilio de Jerusalén son llamados repetidamente “apóstoles y ancianos”” (Hechos 15);
indudablemente muchos de estos ancianos eran los pastores y maestros de varias
congregaciones locales. Escribiendo a la iglesia en Filipos, Pablo se dirigió a “los santos
…, junto con los supervisores y diáconos” (Filipenses 1:1). Parece que los ancianos,
diáconos y obispos (supervisores) eran líderes nombrados que se reconocía que tenían uno
o más de los dones de liderazgo citados por Pablo en 1º Corintios 12 y Efesios 4.vi

La enseñanza bíblica más clara en relación al liderazgo en la comunidad cristiana es el


hecho de que existen dones de capacitación básicos de apóstol, profeta, evangelista, pastor
y maestro. Veamos brevemente cada una de estas funciones:
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  25

Apóstoles.
Pablo estaba muy conciente de que era un apóstol y del ministerio apostólico en general.
La iglesia está “edificada sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, con Cristo Jesús
mismo como la piedra angular” (Efesios 2:20). El plan de Dios por medio de la Iglesia, “ha
sido revelado ahora por el Espíritu a los santos apóstoles y profetas de Dios” (Efesios 3:5).

EN la iglesia primitiva un apóstol era alguien que tenía una posición de liderazgo
preeminente reconocida y autoridad en la Iglesia. A menudo jugaba un papel clave en la
evangelización intercultural. A los apóstoles originales, es decir, a los discípulos escogidos
de Jesús y a Pablo, se les reconocía que tenían una autoridad particular debido a su cercanía
a Cristo: ellos lo habían visto y fueron testigos de su resurrección, aunque
(significativamente) en el caso de Pablo esto no tuvo lugar a través de una visión y por
revewralción directa y no por asociación física.

Pero ¿continuó el apostolado después del período del Nuevo Testamento? Debido a la obvia
singularidad de los apóstoles originales, algunos han argumentado que no existen apóstoles
ya en el día de hoy. Pero esta conclusión se opone a la evidencia bíblica y produce una
ruptura demasiado violenta entre los apóstoles originales y los líderes de la iglesia que les
sucedieron.

La palabra apóstol (apostolos) o apóstoles aparece 81 veces en el Nuevo Testamento. Al


examinar los pasajes en que esto ocurre surgen varias conclusiones.

Primero, y esto es lo más obvio, los “apóstoles” eran los doce discípulos especialmente
escogidos por Jesús. La palabra aparece con este significado siete veces en los Evangelios,
lo mismo que en Hechos 1:2 y posiblemente en Judas 17/

Segundo, apóstoles es una palabra que se usa para designar a los principales líderes de la
iglesia primitiva en el libro de los Hechos. En Hechos 1, Matías fue escogido para
reemplazar a Judas y “fue agregado a los once apóstoles” (Hechos 1:26). La frecuente
mención de apóstoles en Hechos 1 a 6 (catorce veces) se refiere muy claramente a “los
doce” (Hechos 6:2), los once originales y Matías.

Pero principiando en Hechos 8, ya no podemos estar seguros de que la palabra apóstoles se


refiera únicamente a los doce. Gradualmente, el significado del término parece ampliarse
para incluir a otros líderes que estaban surgiendo. Con el tiempo no solamente Pablo y
Bernabé (Hechos 14:4, 14) sino también Santiago, el hermano de Jesús (Gálatas 1:19),
Apolos (1º Corintios 4:9) y Silas (1º Tesalonicenses 2:7) fueron llamados apóstoles.
Andrónico y Junias (Romanos 16:7), este último posiblemente una mujer, parecen haber
sido considerados apóstoles también.

En el libro de Hechos, apóstoles, usado en el sentido más amplio de líderes de la iglesia en


general – no necesariamente restringidos a los doce -, aparece veinticuatro veces. La
identidad de los “apóstoles y ancianos” en Hechos 15, no se especifica y no tenemos bases
sólidas para suponer que en este caso apóstoles se refiera únicamente a los doce,
especialmente considerando la prominencia de Santiago en el concilio de Jerusalén (Hechos
15:13).vii
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  26

Además de usarlo con estos significados, haciendo referencia a los doce y luego a un grupo
creciente de líderes de la iglesia, el Nuevo Testamento usa también apóstol en un sentido
todavía más amplio, haciendo referencia a mensajeros o misioneros. Este es el caso por
ejemplo, en Juan 13:16, 2º Corintios 8:23 y Filipenses 2:25.

Debemos entender la designación que hace Pablo de apóstol como un don espiritual
teniendo en mente este uso del término en la iglesia primitiva (1º Corintios 12:28-29),
Efesios 4:11). No tenemos ninguna base para restringir en este caso el significado a los
doce originales.viii Seguramente que podemos reconocer un apostolado único, que no puede
repetirse en el primer grupo de apóstoles. Pero ya en los días de Pablo había otros
apóstoles. Pablo no se refiere a los doce originales, sino a la función de apóstol que Dios ha
dado como un aspecto permanente de la naturaleza carismática de la Iglesia. No hay nada
en el tratamiento que hace Pablo de los dones espirituales que sugiera que él estaba
describiendo un patrón para la iglesia primitiva solamente. Todo lo contrario. Para Pablo la
Iglesia es un cuerpo en crecimiento, lleno de gracia y los apóstoles son una parte
permanente de la vida de ese cuerpo.

No se puede sostener con éxito, por lo tanto, que el ministerio apostólico desapareció con la
muerte de los doce originales. Ni tampoco hay evidencia bíblica, por otro lado, de que el
ministerio apostólico fuera transmitido formal y jerárquicamente a través de la historia de la
Iglesia. Más bien, la Escritura enseña que el Espíritu continúa y carismáticamente da a la
Iglesia la función de apóstol.

Apóstoles, entonces, usualmente son (1) líderes generales de la Iglesia (2) cuya posición y
autoridad son reconocidos en toda la iglesia (3) debido a una convicción general de que el
Espíritu de Dios los ha levantado. Son líderes generales cuya autoridad está basada en el
hecho de que fueron levantados por Dios y en su fidelidad a la verdad revelada, es decir, a
la Biblia. Su autoridad es contingente a su fidelidad como testigos; si cesan de testificar
fielmente a la verdad de la revelación de Dios, dejan de tener autoridad.

Entonces, los apóstoles hoy, son los líderes generales de la Iglesia, aquellos que tienen la
responsabilidad de la supervisión general de la iglesia. Estos son los líderes que Dios
escoge como testigos de su revelación y como guardianes de esa revelación; líderes
responsables del buen orden de la Iglesia.

¿Cómo llegan a ser reconocidos y a ejercer su función dentro de la Iglesia, los apóstoles
que en verdad han sido designados divinamente? Esto hace que surja la cuestión de la
estructura organizacional que el Nuevo Testamento no trata explícitamente. Es de
presumirse que es posible una gran variedad de patrones organizacionales, siempre que esas
formas no violen los principios bíblicos mismos que hacen el liderazgo válido y funcional.
Desde el punto de vista bíblico no importa que los apóstoles sean llamados hoy obispos,
superintendentes, moderadores, presidentes o cualquier otra cosa. ix Es importante que la
estructura sea lo suficientemente flexible y abierta para permitir que los verdaderos
apóstoles puedan ejercer su función neo-testamentaria (algo bastante raro en la estructura
de muchas iglesias) y, de la misma manera, que los medios para designar a esos líderes
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  27

permitan y estimulen una sensibilidad a la voz del Espíritu Santo de modo que aquellos que
sean escogidos sean de hecho los que Dios quiere.

Debe ser obvio que no hay autoridad inherente en el oficio de apóstol, simplemente porque
el apostolado no es un oficio para ser dado a una persona escogida por la Iglesia. x El
apostolado es una función, un don. Dios no ha establecido el oficio de apóstol, profeta,
evangelista y así sucesivamente. Esto sería pensar en términos estáticos, institucionales.
Más bien, “sus dones fueron que algunos deberían ser apóstoles, profetas, evangelistas”. El
don de Dios son personas, no oficios. Esta distinción es útil en el día de hoy debido a la
tendencia a pensar en términos institucionales y organizacionales, en lugar de hacerlo en
términos personales y carismáticos (y por lo tanto bíblicos).xi Entonces, la autoridad
apostólica no puede ser ni conferida no transferida, a no ser que sea el Espíritu Santo el que
lo haga.xii

Profetas.
Del Nuevo Testamento y de los escritos de los primeros cristianos, sabemos algo de la
función de profeta en la iglesia primitiva. William Barclay nota que, “los profetas iban de
lado a otro por toda la iglesia. Se consideraba que su mensaje no era resultado de reflexión
y estudio, sino que venía directamente del Espíritu Santo … Iban de una iglesia a otra
proclamando la voluntad de Dios, como Dios se había dicho”. Es obvio, de la forma que
Pablo utiliza el término en Efesios y en otras partes, que los profetas, como los apóstoles,
eran reconocidos por tener un ministerio general y preeminente en toda la Iglesia. En un
sentido un poco más restringido era ejercitado por individuos dentro de la iglesia local (1º
Corintios 14:26-40).

¿Quiénes son los profetas de nuestros días? A menudo son los llamados líderes carismáticos
(en el sentido sociológico) que surgen en la iglesia. Casi todas las denominaciones y
movimientos tienen en su historia a esas personas inspiradas por el Espíritu, a quienes todos
reconocen como líderes y hombres y mujeres de Dios, aunque pueden no tener una posición
oficial en la Iglesia. Generalmente no son administradores o supervisores. Muchas veces
estas personas se transforman en los evangelistas itinerantes y predicadores especiales en la
iglesia, o pueden ser encontrados en organizaciones especiales o movimientos dentro de la
iglesia organizada o paralelos a ella (por ejemplo, movimientos juveniles y organizaciones
misioneras) o, eventualmente, pueden ser involucrados en el liderazgo denominacional
como obispos u oficiales generales. Más frecuentemente, sin embargo, el líder carismático
no es considerado al elegirse tales oficiales, porque es demasiado independiente y difícil de
predecir para el oficio. O, si es escogido, él puede rehusarlo porque ve el oficio como algo
que lo limitaría. Estas personas, si verdaderamente son del pueblo de Dios, son demasiado
valiosos para un oficio creado previamente. (Un buen ejemplo contemporáneo de esto lo
fue E. Stanley Jones en la iglesia Metodista, quien rehusó el oficio de obispo.)

En la Biblia se hace mención entonces del llamado líder carismático, individualista, que
surge dentro de la comunidad cristiana. Si es genuinamente un hombre de Dios, lleno del
Espíritu (porque los profetas falsos también abundan), puede ser un profeta que Dios está
levantando. Su ministerio será de relación directa con Dios y con la Iglesia. Tendrá todo el
poder – y toda la posibilidad de salirse de lo convencional y de ser difícil de predecir – de
un verdadero profeta. También estará sujeto a los peligros del extremismo, ya que su
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  28

mensaje viene directamente de Dios, y tendrá la tentación de hablar por cuenta propia y
pretender que lo que dice viene de Dios. En todos estos aspectos vemos una relación directa
con el profeta del Antiguo Testamento.

El profeta en la iglesia puede o no ser un líder oficial. Eso es incidental, un profeta es


designado por el Espíritu de Dios, independientemente de cualquier posición oficial. Si la
iglesia es espiritual, reconocerá la autenticidad e inmediatez del don profético.

Como dice la Biblia, así debe ser en la iglesia: el profeta es el instrumento de Dios que
habla directamente a su pueblo (y quizás secundariamente al mundo) con estímulo,
exhortación, advertencia o juicio, de acuerdo con la situación. La validez de su mensaje, sin
embargo, es válido solamente si está en armonía con la Biblia porque el Espíritu de Dios es
un Espíritu de orden, no de confusión. No se contradice a sí mismo.

Luego la iglesia no escoge a sus profetas. Solo los reconoce y los escucha. Puede, en una
forma u otra, sostenerlos. Y la aparición de verdaderos profetas en la iglesia, podemos estar
seguros, es una señal de la operación de Dios entre su pueblo porque El ha prometido
levantarlos. ¿Por qué entonces, hemos de alarmarnos cuando aparecen?

Evangelistas.
El término evangelista no aparece con mucha frecuencia en el Nuevo Testamento, lo que
es sorprendente. Las únicas ocasiones en que se menciona están en Efesios 4:11, Hechos
21:8 (“Felipe el evangelista”) y 2º Timoteo 4:5 (“haz la obra de un evangelista”). ¿Por qué
tan pocas referencias? La respuesta es que Pablo y la iglesia del Nuevo Testamento en
general, no concebían la evangelización principalmente como un trabajo de especialistas.
La evangelización tenía lugar; era la expresión natural de la vida de la iglesia. Casi no había
necesidad de exhortar a la gente a evangelizar o de levantar un grupo especial de
evangelistas porque los nuevos cristianos iban por todas partes “chismeando” las buenas
nuevas acerca de Jesús.

Pero si esto es así, ¿por qué Pablo tuvo que mencionar a los evangelistas? La respuesta está
probablemente en el simple hecho de que habían surgido en la iglesia personas que tenían
el don de evangelistas y que eran reconocidas como tales (y no como apóstoles y profetas
como los que, presumiblemente, tenían mucho en común). Pablo reconoce que estos
hombres y mujeres estaban dentro de la eclesiología de Dios. El crecimiento de una iglesia
saludable no depende del trabajo de los evangelistas, sin embargo, porque la Iglesia es una
comunidad testificante. Pero una iglesia saludable puede tener apropiadamente y utilizar
provechosamente a tales “especialistas”. Esta, aparentemente, era la situación en la iglesia
primitiva.

Los apóstoles eran también evangelistas (Pedro, Pablo) pero Pablo se refiere especialmente
a aquellos cuya función estaba más o menos limitada a la evangelización. Particularmente,
a diferencia de los apóstoles, los evangelistas no tenían la responsabilidad de la supervisión
general de la iglesia, aunque su función puede haber incluido la proclamación de las buenas
nuevas a y dentro de la comunidad cristiana lo mismo que fuera de ella. xiii La función
primaria era siempre la proclamación, “portar las buenas nuevas”.
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  29

Entonces, los evangelistas llevan a cabo una función legítima dentro de la iglesia y
podemos esperar que Dios levante evangelistas en nuestros días dentro de la iglesia local y
más generalmente en la Iglesia en su conjunto. La Iglesia debe estar alerta para reconocer a
estas personas y debe estimular y facilitar su trabajo. Sin embargo, no debe caer en el error
de pensar que solamente esos evangelistas tienen la responsabilidad de la evangelización.
Todos los cristianos tienen que ser testigos en una forma o en otra y muchos cristianos
tendrán un don en el área de evangelización, incluso si no son llamados específicamente
evangelistas.

Pastores y maestros.
Puede considerarse que éstos forman un grupo o dos grupos distintos. Algunos eruditos
los colocan juntos como pastores-maestros. En la práctica esto no importa, ya que estas
distinciones no son rígidas. Los ministerios pastoral y de la enseñanza son dos funciones
más o menos distintas, pero que tienen algo en común. Y esas funciones, en la mayoría de
los casos, requieren líderes locales cuyo ministerio va dirigido a la congregación local y se
ejerce dentro de ella.

No hay nada aquí (ni en alguna parte del Nuevo Testamento) que sugiera que el vocablo
pastor tuviera en la iglesia primitiva algo semejante al carácter altamente especializado y
profesional que ha llegado a tener en el protestantismo moderno. Efesios 4:11 es, de hecho,
la única ocasión en que la palabra pastores se utiliza en el sentido de líderes
congregacionales en el nuevo Testamento, aunque la idea de congregación como un rebaño
al que hay que cuidar se halla en Juan 21:16; Hechos 20:28 y 1º Pedro 5:2.

Nos quedamos, entonces, no con un oficio como tal, sino simplemente con la función
pastoral. Esta función de pastorear es necesaria para la edificación y el crecimiento de la
Iglesia. En la congregación local normal (esto es) cuyo ministerio es pastorear al rebaño.
Esto es un don espiritual.

El pastorear incluye la enseñanza. El ministerio de enseñanza era y es esencial en la Iglesia.


Pablo muestra en otra parte su preocupación por el ministerio de enseñanza (1º Timoteo
3:2; 4:11-12; 2) Timoteo 2;2) y él mismo dedicó tiempo a enseñar a los conversos de las
ciudades en donde él evangelizó.

Hay muchas cosas que enseñar. Está la enseñanza doctrinal, que es esencial; la enseñanza
en las disciplinas de la vida cristiana; el entrenamiento en evangelización; y la enseñanza de
la Biblia en general. Independientemente de que se enseñen otras cosas en la iglesia local,
seguramente que éste debe ser el plan de estudios básico.

El patrón del Nuevo Testamento y el nuestro


Estos son entonces, los cuatro o cinco ministerios básicos de liderazgo o de capacitación
en el Nuevo Testamento: apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros. Son dones
de Dios para la iglesia “para preparar al pueblo de Dios para obras de servicio”.

Sería bueno que cada una de las denominaciones que existen en nuestros días y cada iglesia
local tomara esta lista y la pusiera al lado de una lista de los líderes sancionados por la
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  30

estructura organizacional oficial de la iglesia y que, delante de Dios, hicieran una


comparación. ¿Es posible siquiera comparar estas listas? ¿Cómo funciona realmente la
iglesia en comparación con lo que la Palabra de Dios dice? ¿Es siquiera posible la
aplicación práctica de Efesios 4:11 y de 1º Corintios 12;28 en nuestra iglesia, dada su
estructura actual? Si no, ¿qué querría Dios que hiciéramos? En algunos casos la alternativa
puede ser realmente o cambios completos en la estructura organizacional o una cancelación
efectiva de la Palabra de Dios en este punto.

¿Cuál es la relación ente estos dones básicos de liderazgo o de equipamiento y los dones de
ministerio de la comunidad cristiana en general? Nuestros dos pasajes lo aclaran: estos
dones de liderazgo tienen el propósito de equipar a los santos para su obra de ministerio y
estas obras de ministerio involucran (representativamente, no exclusivamente) el ejercicio
de dones como sanidad, profecía, milagros, lenguas. Servicio, administración e
interpretación de lenguas (Efesios 4:11; 1º Corintios 12). La meta es la edificación de la
Iglesia y a través de ella la glorificación de Dios y el cumplimiento de su plan cósmico.

El patrón de liderazgo y ministerio presentado en forma general en los párrafos anteriores


no permite una distinción rígida entre clero y laicado. El Nuevo Testamento simplemente
no habla en términos de dos clases de cristianos “ministros” y “laicos”, como lo hacemos
en nuestros días. De acuerdo con la Biblia, el pueblo (laos, “laicado”) de Dios comprende a
todos los cristianos y todos los cristianos a través del ejercicio de los dones espirituales
tienen alguna “obra de ministerio”. De modo que se deseamos ser bíblicos, tendremos que
decir que todos los cristianos son laicos (pueblo de Dios) y todos son ministros. La
dicotomía clero-laicado no es bíblica y, por lo tanto, no es válida. Surgió como un accidente
de la historia de la iglesia y realmente constituyó un alejamiento de la fidelidad bíblica.

En los días del Antiguo Testamento sí existió un sacerdocio profesional, distinto. Pero en el
Nuevo Testamento este sacerdocio fue reemplazado por dos verdades: Jesucristo es nuestro
gran sumo sacerdote y la iglesia es un reino de sacerdotes (Hebreos 4:14; 8:1; 1) Pedro 2:9;
Apocalipsis 1;6).

Por lo tanto, la doctrina del ministerio del Nuevo Testamento descansa no en la distinción
clero-laicado sino en las columnas gemelas y complementarias del sacerdocio de todos los
creyentes y de los dones del Espíritu.xiv Hoy, cuatro siglos después de la Reforma, las
implicaciones de esta afirmación protestante no se han descubierto por completo todavía.
La dicotomía clero-laicado viene directamente del catolicismo romano anterior a la reforma
y es un regreso al sacerdocio del antiguo Testamento. Es uno de los principales obstáculos
para que la iglesia sea efectivamente el agente de Dios del Reino el día de hoy, porque crea
la idea falsa de que solo “hombres santos”, es decir, ministros ordenados, están realmente
calificados y pueden ser responsables del liderazgo y de un ministerio significativo. En el
Nuevo Testamento hay distinciones funcionales entre varias clases de ministerios pero
ninguna división jerárquica entre clero y laicado.

Como repetidamente creemos encontrar esta dicotomía en la Biblia, se ha convertido en un


gran obstáculo para que podamos entender bíblicamente a la iglesia. Es precisamente en
este punto que se ha necesitado por mucho tiempo una reflexión fundamental.
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  31

El papel mesiánico
La afirmación de los primeros cristianos de que “Jesús es Señor” debe ser el anuncio de
la Iglesia en el día de hoy. El Mesías prometido ha venido, y la Iglesia es tanto su esposa
como su cuerpo. Es esa nueva realidad social, esa “nueva creación” en el mundo la que es
llamada a demostrar el verdadero carácter del Reino que se acerca.

Esta es la razón por la que la Iglesia es verdaderamente el agente del plan cósmico de Dios,
solo si es verdaderamente la comunidad del pueblo de Dios. Como una institución
eclesiástica, la Iglesia puede mostrar poco del Reino. Pero como la comunidad mesiánica,
funcionando como un cuerpo carismático la iglesia puede hacerlo, y de hecho revela la
verdadera naturaleza del Reino y apresura su venida.

Capítulo Cinco del libro: La Comunidad del Rey por Howard A. Snyder

Preguntas de discusión:

1. ¿Cuáles han sido algunos de los resultados negativos de haber negado la enseñanza
bíblica en cuanto a los dones del Espíritu Santo?

2. ¿Qué es la diferencia en usar un término como pastor, obispo, diácono como una función
y como un título? ¿Por qué hace el autor del libro esta distinción entre títulos y funciones?

3. Explique lo que tiene en mente el autor del libro cuando utiliza el término “liderazgo
carismático”?

4. ¿Cuáles son los tres términos para designar el mismo oficio que emplea el Nuevo
Testamento?

5. ¿Cuáles son las diferentes maneras en que la palabra apóstol es usada en el Nuevo
Testamento? Según el autor del libro, ¿cuáles son las funciones de un apóstol?

6. ¿Quiénes en su opinión, pueden ser calificados como profetas de Dios hoy en día?

7. ¿En qué se parece la relación entre los dones del Espíritu Santo y las funciones de la
comunidad cristiana en este libro con el modelo presentado por Leonardo Boff en su libro
Iglesia: carisma y poder? ¿Qué semejanzas y que diferencias se puede nombrar?

8. En su opinión, ¿en que maneras ha dañado una distinción radical entre clero y laicos el
ministerio de la Iglesia de Cristo?

9. ¿Cuál fue la diferencia entre Lutero y Calvino en cuanto a la relación entre los dones del
Espíritu Santo y el sacerdocio real de todos los cristianos?

10. ¿En su opinión, ¿cuál es la lección más importante para la Iglesia de hoy en día que se
presenta en este capítulo?
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  32

Lectura 4

La Comunidad del Rey – Capítulo 6

EL MANDATO EN RELACIÓN AL REINO

La existencia misma de la comunidad cristiana es una señal del Reino de Dios. Pero, como
hemos visto, la Iglesia es también responsable de andar en esas buenas obras que Dios
preparó de antemano. Tiene que continuar haciendo en el mundo las obras de Jesucristo.

El papel de la Iglesia es tanto Evangelístico como profético, sin ser exclusivamente el uno o
el otro. La auténtica evangelización es profética en sí misma, y una verdadera voz profética
es evangelística. La Iglesia está llamada a ser proféticamente evangelística y
evangelísticamente profética.

En cierto sentido la evangelización es buenas nuevas y la profecía, malas nuevas. La


evangelización y la profecía constituyen las cargas positiva y negativa de la energía
espiritual de la Iglesia. La evangelización proclama el ofrecimiento de perdón, de nueva
vida en Cristo y de un nuevo estilo de vida en la comunidad cristiana. La profecía proclama
que incluso si este ofrecimiento es rechazado, Dios sigue siendo soberano y finalmente
establecerá su Reino en justicia y en juicio. La evangelización es el ofrecimiento de
salvación presente; la profecía es la seguridad de juicio final.

Hay muchas formas en que pueden verse las tareas de la Iglesia relacionadas con el reino.
Uno puede hacer simplemente una lista de las cosas que la Iglesia debe estar haciendo. O
pueden considerarse cada una de las responsabilidades de la Iglesia: en relación al
individuo, la familia, el Estado, el medio ambiente y el mundo. En este capítulo, sin
embargo, he decidido simplemente tratar en términos generales las funciones evangelística
y profética de la Iglesia enfatizando que esto no implica que haya una dicotomía entre las
dos.

El mandato Evangelístico
Así como la mayoría de las imágenes bíblicas de la Iglesia implican vida, también sugieren
crecimiento o reproducción. Es parte de la naturaleza de la Iglesia crecer y multiplicarse, en
la misma forma que el plan de Dios siempre ha incluido el mandato “Fructificad y
multiplicaos” (Génesis 1;28). A este principio vital se agrega la urgencia de la gran
Comisión, las palabras del Cristo resucitado.

El mandato de proclamar y testificar es central en el plan cósmico de Dios, porque este plan
se centra en lo que Dios está haciendo por la gente (la redención que trae salvación eterna y
edifica la iglesia). Y debe ser igualmente claro que la tarea evangelística no es simplemente
la tarea de los creyentes individuales sino que es una función de la iglesia como la
comunidad del pueblo de Dios.

Dos de las palabras más características de los Hechos son marturein, “dar testimonio” (de
la cual se deriva la palabra mártir) y euaggeliesthai, “proclamar el evangelio” (de la cual
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  33

viene la palabra evangelizar). Ambas palabras se mencionan en una forma o en otra más de
veinte veces en el libro de los hechos. La gran preocupación y fuerza motriz de la iglesia
primitiva era decir las buenas nuevas acerca de Jesús y la resurrección; dar testimonio de lo
que había sido visto, oído y experimentado.

Algunos escritores que se ocupan de la iglesia han enfatizado la palabra kerygma, que se
refiere a la predicación en la iglesia primitiva. Sin embargo, es claro de los documentos del
Nuevo Testamento, que el mensaje esencial de los primeros cristianos era más que una
fórmula “kerigmática”, y era más que una predicación formal. Muy probablemente era más
que la proclamación que hacían los discípulos de una interpretación subjetiva, existencial
del “evento de la resurrección de Cristo, de la cual los primeros cristianos habían sido
testigos. Tanto el claro significado que se desprende del libro de los Hechos como un
estudio de términos más técnicos revelan la prioridad del testimonio y de la proclamación
del evangelio en la iglesia primitiva.xv

Michael Green siguiere en su libro Evangelismo en la Iglesia Primitiva que marturia más
que kerygma (testimonio más que predicación) debe ser considerada probablemente la
palabra característica de la evangelización en el Nuevo Testamento. Cuando los primeros
cristianos proclamaban las buenas nuevas, eran testigos y cuando morían como mártires
(martures) eran testigos. La tarea evangelista incluía e incluye el día de hoy, testimonio
tanto de palabra como a través de la vida. Los primeros cristianos habían visto y
experimentado (¡º Juan 1:1-3) las buenas nuevas; del hecho de que habían sido testigos
oculares formaba la base de su predicación.

La tarea evangelística de la Iglesia es proclamar las buenas nuevas de salvación en


Jesucristo por todo el mundo, haciendo discípulos y edificando la Iglesia; es cumplir la gran
Comisión de Mateo 28:19-20, Marcos 16:15 y Hechos 1:8. Aunque el papel de la iglesia en
el plan de Dios no termina con la tarea evangelística, empieza allí; el cumplimiento del
propósito de Dios depende de que esta tarea se lleve a cabo.

Mencionaré rápidamente aquí tres puntos importantes:


Primero, la evangelización es la primera prioridad del ministerio de la Iglesia en el mundo.
Esto es cierto por varias razones. El claro mandato bíblico de evangelizar; la centralidad y
necesidad del juicio; el hecho de que personas transformadas son necesarias para cambiar la
sociedad; el hecho de que la comunidad cristiana existe y se expande solo en el grado en
que la evangelización se lleva a cabo. La iglesia que no evangeliza es al mismo tiempo
bíblicamente infiel y estratégicamente miope.

Algunos se oponen a lo que llaman la “priorización de la evangelización” porque


consideran que traicionan la integridad del evangelio. ¿Debe realmente la evangelización
ponerse en primer lugar? La prioridad básica de la Iglesia es glorificar a Dios. Eso viene
primero, incluso antes que la evangelización, aunque la evangelización puede ser una forma
de glorificar a Dios. Pero la evangelización puede ser auténtica o una traición al evangelio
dependiendo de cómo se lleve a cabo. Una evangelización que se enfoca exclusivamente en
las almas o en una transacción para el otro mundo que no induce ningún cambio aquí y
ahora, es infiel al evangelio. Una evangelización de gracia barata que no invita a una lealtad
verdadera, presente, a Jesús como Señor, no es una evangelización genuina.
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  34

Lo que es necesario es el tipo de evangelización radical que llama a las personas a


Jesucristo y a su cuerpo y una identificación con el pueblo por el que Jesús mostró interés.
Hombres y mujeres necesitan que sus pecados sean perdonados; necesitan nacer de nuevo a
través del poder regenerador del Espíritu Santo. Pero ellos tienen que saber que esta
regeneración implica lealtad a Jesús como Señor y no solo como Salvador. La
evangelización debe incluir, dice Gilbert James, “una reunión de los aspectos personal y
social de la experiencia cristiana que enfatice obediencia total a Cristo como Señor en todas
las categorías de la vida”.

Segundo, la evangelización es esencialmente testimonio. Esto es, los varios elementos que
componen la evangelización surgen de experimentar lo que Dios ha hecho en Cristo y en la
Iglesia. La evangelización es dar testimonio en varias formas y por varios medios, de lo que
Dios ha hecho.

Decir que la evangelización es esencialmente testimonio no es restar importancia o negar la


proclamación verbal de un mensaje específico con contenido específico. Más bien, es
enfatizar que la evangelización es tanto la predicación de las buenas nuevas como la
demostración de estas buenas nuevas.

Este testimonio es declarar lo que Dios ha hecho en la historia, principalmente en la vida,


muerte y resurrección de Jesucristo. Es la proclamación y demostración de la liberación que
Jesús trae. Esta liberación es primero que todo, espiritual y moral: el hombre es liberado del
poder del pecado y envuelto en un compañerismo con Dios y con otros creyentes. Es
también social y política, aunque no en el sentido de que requiere o justifica un programa
político particular. Debido a que la Iglesia es una realidad colectiva, social, es (cuando es
fiel al evangelio) tanto un hecho político como un desafío político.

Tercero: el testimonio es una función de la iglesia como comunidad. SI el Nuevo


Testamento nos muestra los viajes de Pedro y de Pablo para predicar el evangelio, también
nos presenta la realidad de la comunidad cristiana a la que ambos servían, como la que hizo
posible la proclamación del evangelio y también como la que permitió la versificación de
esa proclamación. Los evangelistas del Nuevo Testamento eran testigos verbales fieles en
gran parte porque la comunidad cristiana era un testigo fiel a través de su vida común y de
su acción en el mundo. Testimonio y comunidad van juntos. Un concepto de evangelización
que ve individuos aislados llevando la Palabra independientemente a través del mundo, sin
relación con la vida y testimonio de la comunidad cristiana, es trunco y lleva en sí mismo el
germen de su destrucción. La evangelización tiene lugar a través de la vida de la comunidad
que testifica (Juan 13:35).

2. Evangelización basada en la iglesia.


Si la visión de la iglesia presentada en este libro es válida, entonces la evangelización
bíblica tiene que ser evangelización basada en la iglesia. Es decir, la evangelización debe
producir crecimiento de la iglesia, y la vida y testimonio de la iglesia debe producir
evangelización. En este sentido la iglesia es tanto el agente como la meta de la
evangelización.
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  35

La evangelización centrada en la iglesia, es evangelización que edifica. Surge de la vida y


testimonio de la comunidad cristiana y tiene como consecuencia el crecimiento y la
reproducción de la comunidad en un proceso continuo.

El experto en misiones C. Peter Wagner y otros han criticado con razón los puntos de vista
sobre la evangelización que no enfatiza lo suficiente el crecimiento de la iglesia. Hablando
de “evangelización por medio de la presencia” y de “evangelización por proclamación”,
Wagner insiste en que ninguno de los dos es adecuado, porque la evangelización debe
incluir persuasión. La presencia cristiana debe ser la base de la proclamación cristiana y
estas dos juntas persuaden a las personas que vengan a Cristo:

Presencia ------------------ Proclamación ------------------- Persuasión

La evangelización bíblica está interesada en los resultados; se preocupa de cosechar, no


solamente de sembrar. Desde este punto de vista, el objetivo final de la evangelización es
hacer discípulos.

Pero, ¿es suficiente incluso decir que la meta final de la evangelización es hacer discípulos?
Aunque el hacer de la comunidad cristiana, lo hace solamente en forma implícita, no
explícita. Para hacer justicia al concepto bíblico de la Iglesia, tenemos que ir un paso más
allá y decir que la meta de la evangelización es la formación de la comunidad
cristiana.xviEs hacer discípulos y, además, transformar estos discípulos en células vivas del
cuerpo de Cristo, en nuevas expresiones de la comunidad del pueblo de Dios. La
evangelización basada en la Iglesia se interesa, entonces, en la proclamación (en el sentido
fundamental de reproducción o multiplicación a través
de la procreación) lo mismo que en la persuasión. Esta
Presencia ­­­­­­  evangelización basada en la iglesia puede ser ilustrada
en Proclamación ­­­­­­­    mejor forma a través de este diagrama:
Persuasión ­­­­­ 
Propagación Presencia ----- Proclamación ---- Persuasión -----
Propagación

En este proceso, la propagación o reproducción alimenta


un ciclo continuo el cual, investido de poder por el Espíritu
Santo, hace de la Iglesia un organismo dinámico,
viviente. La meta de la evangelización por lo tanto es la
formación de la comunidad cristiana. De la koinonía
del Espíritu Santo. Esta no es una definición completa de evangelización porque no incluye
las muchas motivaciones posibles ni los medios involucrados. Pueden existir varios
motivos legítimos para la evangelización. Y sin embargo, la meta debe ser siempre la
formación de la Iglesia bíblica. Esto es necesario con el objeto de alcanzar la verdadera
meta última de la evangelización: la glorificación de Dios.

Si se están formando nuevas congregaciones cristianas, entonces todos los otros objetivos
legítimos de la evangelización se están alcanzando también: los cristianos están presentes;
están proclamando; están teniendo lugar conversiones; se están haciendo discípulos. Pero si
cualquiera de estos pasos preliminares se toma como el objetivo primario, el ciclo bíblico
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  36

de crecimiento puede quedar incompleto. Hombres y mujeres pueden convertirse


genuinamente e incluso ser entrenados como discípulos, pero si no son incorporados a la
comunidad del pueblo de Dios, el plan de Dios para la Iglesia como agente de la
evangelización, queda sin cumplirse.

Antes de considerar con mayor detalle el crecimiento de la iglesia, veamos la función


profética de la Iglesia.

Sal, luz y ovejas entre lobos


En su vida y en sus enseñanzas, Cristo mostró concretamente los valores del Reino de
Dios. El Sermón del Monte nos dice cómo es el Reino de Dios, la clase de valores y
relaciones que lo caracterizan.

Los efectos prácticos y la importancia de las enseñanzas del reino de Cristo frecuentemente
han sido puestos en cuarentena por dos errores. Uno de ellos dice que las palabras de Cristo
son exclusivamente para el Reino definitivamente establecido y que, por lo tanto, no tienen
aplicación para la Iglesia contemporánea en la historia, excepto para mostrar cómo será (o
como debía haber sido) el Reino. Esta clase de dispensacionalismo debe ser rechazada por
antibíblica. Tiene el mismo efecto que eliminar estos pasajes de la Biblia y descansa en una
interpretación altamente selectiva. ¡La Iglesia debe prestar mayor atención precisamente a
esas enseñanzas que nos parecen imprácticas o imposibles de aplicar!

El otro error dice que el Sermón del Monte trata de ética personal, pero no de ética social;
por lo tanto la Iglesia debe buscar en otra parte (en otros pasajes o “en el análisis científico
de la lucha de clases” o en las enseñanzas de otro maestro) guía para las cuestiones sociales
y políticas. Este punto de vista descansa en una premisa falsa y en una dicotomía también
falsa. El Sermón del Monte, como las enseñanzas de Jesús en general, si algo tienen es que
son altamente sociales. No hay dicotomía en Jesús entre las dimensiones individual y
social. La comunidad cristiana es un hecho social, y en el Sermón del Monte Jesús delinea
las cualidades apreciadas por esa comunidad. “La personalidad que El proclama como un
llamamiento a la sanidad y al perdón, está integrada a la novedad social de la comunidad
sanadora”.

Entonces Jesús muestra cómo es el reinado de Dios; la misión de la iglesia es encarnar y


demostrar los valores que El enseñó. La Iglesia ha de ser una señal del Reino en el mundo.

Jacques Ellul define la función del cristiano en el mundo en términos de tres figuras
utilizadas por Cristo: la sal de la tierra, la luz del mundo y ovejas entre lobos. Cada una de
estas figuras sugiere una función específica de la Iglesia.

La sal sugiere la función de preservación de la Iglesia. Como sal, la Iglesia es una señal del
pacto entre Dios y su pueblo (Lev. 2:13). La iglesia, en relación con Dios por medio del
pacto, se infiltra en la sociedad y en sus estructuras, preservándolas de la muerte y
deteniendo la insana carrera del mundo hacia su autodestrucción. Es Cristo el que momento
a momento sostiene la creación caída Hebreos 1:3; Colosenses 1;17), y a su propio nivel la
Iglesia participa en esta obra de sostén.
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  37

Como luz, la iglesia es un medio de revelación a los hombres. La Iglesia, por supuesto, no
tiene ninguna revelación en sí misma; pero es “una comunidad bajo la Palabra”. No solo
vive en fidelidad a la palabra; sino su función es también llevar la luz de la Palabra al
mundo para que lo ilumine y le muestre la verdadera naturaleza de sus problemas. Es capaz
de hacer esto solamente porque ha recibido primero la Palabra de Dios y la ha obedecido.
Aquí el papel del cristiano va más allá de la preservación: El revela al mundo la verdad
acerca de su condición y da testimonio de la salvación de la cual él es un instrumento.xvii

Finalmente, la Iglesia vive como las ovejas entre los lobos. Esto sugiere la demostración en
la carne de la realidad del Reino. Cristo es el Cordero de Dios, y su manada pequeña, la
Iglesia, entra en el Reino a través de la misma puerta por la que Jesús tuvo que pasar. El
sacrificio de Jesús fue único y final, pero “la vida que se da” es el principio ético
permanente para la iglesia. La única ética cristiana verdadera es la ética de la crucifixión.
Ellul explica:

En el mundo todos quieren ser “lobos”, y nadie se considera llamado a jugar el papel de
una “oveja”. Y sin embargo, el mundo no puede vivir sin este testimonio vivo de sacrificio.
Esa es la razón por la cual es esencial que los cristianos sean muy cuidadosos de no ser
“lobos” en el sentido espiritual, es decir, personas que tratan de dominar a otros. Los
cristianos deben aceptar el dominio de otra gente, y ofrecer el sacrificio diario de sus vidas,
el cal se une al sacrificio de Jesucristo.

La función profética
Estos comentarios sugieren el carácter básico de la función profética de la Iglesia. Más
específicamente, yo mencionaría las siguientes cuatro formas en las cuales la Iglesia
cumple su función profética.

La iglesia es profética cuando crea y sostiene una comunidad de creyentes reconciliada y


reconciliadora (2º Corintios 5:16-21; Colosenses 1;21-23; Filipenses 2:1-11; Efesios 2:1-
22). Cuando esto sucede, la evangelización adquiere dimensiones proféticas. La
reconciliación con Dios debe ser demostrada por una reconciliación genuina dentro de la
comunidad cristiana y por un ministerio continuo de reconciliación en el mundo.

Esto significa que en cada asamblea cristiana local, la reconciliación debe ser más que una
teoría y más que una transacción espiritual invisible. La reconciliación debe ser real y
visible. La explotación racial y económica y todas las formas de elitismo (incluyendo la de
un clero profesionalizado) deben ser desafiadas bíblicamente. Divisiones impías en el
cuerpo de Cristo deben ser consideradas pecado y mundanalidad (1º Corintios 3:3-4). De la
misma manera, la iglesia local debe trabajar para lograr la reconciliación total de los
matrimonios, de lo padres con los hijos, de los empleadores con los empleados cuando se
descubre alienación y discordia en estas relaciones dentro de la Iglesia (Efesios 5:1-6:9).

Tal comunidad de reconciliación puede existir en el mundo solamente en abierta oposición


con la cultura que nos circunda. Las diferencias y la distancia entre la comunidad cristiana
y la comunidad humana en su totalidad variarán en el tiempo y en el espacio, dependiendo
del grado en el cual la cultura es atea y del grado en que esté bajo el dominio de Satanás.
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  38

Conforme la sociedad se vuelve más impía, la Iglesia debe en grado creciente tanto
considerarse a sí misma, como estructurarse concretamente como una contra-cultura. Esto
es necesario para su propia fidelidad al evangelio y para una función profética verdadera en
el mundo. En muchas partes del mundo la Iglesia está llegando a una era en la que debe en
grado cada vez mayor adquirir las características de una contra-cultura.

La Iglesia es profética cuando reconoce e identifica al verdadero enemigo (Mateo 10:28;


Lucas 12:4-5; Efesios 6:12; Romanos 8:38-39; 1º Corintios 15:26; Apocalipsis 12;9; 20:2,
14). El truco de Satanás consiste en señalar enemigos falsos y en proponer alternativas
también falsas. El hombre en su ceguera producida por la nubosidad del pecado se deja
llevar, porque está demasiado listo a creer que el villano verdadero es algún otro (y no él
mismo) y que la verdadera potestad es alguna fuerza impersonal o algún proceso histórico
(la suerte, el destino, el progreso, la tecnología, la dialéctica, o, incluso, “la voluntad de
Dios” en un sentido impersonal, abstracto.) La reacción de Adán y Eva en el Edén después
de su caída ilustra esta actitud de querer echar la culpa a otro.

El verdadero enemigo del hombre es Satanás y los “principados y potestades” que están
bajo su control (Efesios 6:12). Por lo tanto, la verdadera liberación significa siempre, en
primer lugar, acabar con la esclavitud del pecado a nivel personal a través de Jesucristo.
“En él tenemos redención por medio de su sangre, el perdón de los pecados, de acuerdo con
las riquezas de la gracia de Dios” (Efesios 1:7). Esto es lo que significa ser “hechos vivos”
después de hacer estado “muertos en … transgresiones y pecados” (Efesios 2:1). La
salvación empieza aquí; está es precisamente la puerta estrecha indispensable que Satanás
quiere bloquear, porque es aquí que el hombre muere a su propio yo, repudia a Satán y
reconoce a Dios como soberano y a Jesucristo como el único camino hacia Dios y su Reino
(Hechos 4:12).

A Satanás le gusta introducir un atajo para llegar al Reino que evitara la cruz y que
permitiera no ser considerado como el archienemigo. El pone perpetuamente delante de la
Iglesia la misma tentación que sugirió a Jesús” “Todo esto te daré … si postrado me
adoras” (Mateo 4;9). La respuesta de Jesús es el mandato permanente para el pueblo de
Dios: <<Al Señor tu Dios haz de adorar, y solo a él haz de servir” (Mateo 4:10).

La tentación de aceptar dioses sustitutos y satanases falsos está siempre delante de la


Iglesia. En varios períodos de la historia la Iglesia ha sido engañada y lanzada a luchar
contra falsos archienemigos: los turcos, los sarracenos, la insubordinación contra la
jerarquía, la necesidad de un nuevo bautismo, los indios, los judíos, los negros, los blancos,
el nazismo, el comunismo, el socialismo, la burguesía, el capitalismo, el imperialismo. En
nombre de la oposición a estos enemigos los cristianos han estado dispuestos a matar a
otros; porque cuando la Iglesia acepta la definición de enemigo que le sugiere Satanás,
adopta de buena gana sus tácticas.

La Iglesia debe ver lo suficientemente claro para, por un lado, identificar al verdadero
enemigo y, por otro, discernir cómo y dónde está obrando Satanás el día de hoy. Satanás sí
obra a través de las estructuras sociales, ideologías, movimientos y personas. Pero la Iglesia
debe ver al enemigo que está detrás del enemigo, para evitar alternativas falsas y una
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  39

definición falsa del problema. No debe reducir la fe a una ideología, incluso si se trata de
una ideología religiosa, y en esa forma comprometer la naturaleza misma del evangelio.

Enemigos falsos requieren soluciones falsas que generalmente son la imagen opuesta del
supuesto culpable. Así la Iglesia cae en el truco de pelear en el terreno del enemigo y con
sus armas. Con demasiada frecuencia la Iglesia ha permitido que el mundo defina la
naturaleza de la batalla. Así, si el comunismo es visto como el adversario, los cristianos
tienen la tentación de comprometerse sin reservas con el sistema de la libre empresa. Si el
enemigo es el “Capitalismo dependiente y el neocolonialismo”, los cristianos se alinean con
el socialismo marxista. Si el peligro es un punto doctrinal, los cristianos transforman la
ortodoxia en una cachiporra; si es un comportamiento específico, el conformismo se
transforma en una camisa de fuerza.

La Iglesia tiene que aceptar siempre la definición que da la Biblia del problema del hombre
y su identificación del enemigo. La Biblia es muy clara cuando dice que “el último enemigo
que será destruido es la muerte” (1º Corintios 15:26). La identificación de este enemigo
puede ser una prueba para la Iglesia. Todas las ideologías, instituciones, hombres y
movimientos son impotentes frente a la muerte. La Iglesia da en el blanco solo si su batalla
y su lucha llevan a una victoria sobre la muerte. ¿Qué clase de salvador o dios sería aquel
que no pudiera o que no nos salvara de la muerte, del pecado y del infierno?” escribió
Martín Lutero. Para agregar: “Lo que el verdadero Dios promete y cumple debe ser algo
grande”. Si la Iglesia ve claramente y actúa con fidelidad, compartirá la victoria de Cristo
sobre la muerte literal, física, y también ganará muchas victorias para el reino a lo largo del
camino. Pero si, engañada, pelea contra falsos enemigos, perderá su poder redentor y estará
impotente a las puertas de la muerte.

La Iglesia es profética cuando renuncia a la definición que el mundo hace del poder y a la
forma en que lo practica. (Mateo 20:20-28; 23:1-12; Marcos 9:35-37; Lucas 9:46-48;
22:24-27; Juan 13:12-17; Filipenses 2:1-11; 1º Corintios 1:18-31). Jesús habló acerca del
poder, pero El insistió en que sus seguidores utilizaran y vieran el poder en una forma
diferente a la del mundo.

Los dos pasajes en Mateo (20:20-28; 23:1-12) deben ser examinados cuidadosamente. En
Mateo 20:25-28, en respuesta a la petición de Santiago y Juan de poder preeminente en el
reino próximo y en respuesta a la reacción de los otros discípulos a esta petición Jesús dijo:
Ustedes saben que los gobernadores de los gentiles se enseñorean de ellos, y que sus
altos oficiales ejercen autoridad sobre ellos. No ha de ser así con ustedes. En lugar de esto,
el que quiere ser grande entre ustedes debe ser su siervo, y el que quiera ser primero debe
ser su esclavo, así como el Hijo del Hombre no vino a ser servido, y dar su vida en rescate
por muchos.

Superficialmente pareciera que aquí el problema es el deseo de Santiago y de Juan de tener


una posición que no les pertenecía legítimamente. Pero Jesús define la situación en forma
más profunda: el concepto que el mundo tiene del poder no debe operar dentro de la Iglesia.
“No ha de ser así con ustedes”. El poder en la iglesia no es una cuestión de posición o de
jerarquía o de autoridad; es una cuestión de posición de función y de servicio. La grandeza
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  40

de un cristiano no está en relación a su oficio, status, grados o reputación, sino en relación a


cómo él o ella funciona como siervo.

En la política esto es diferente. En la política “los altos oficiales ejercen autoridad”, pero no
así en la Iglesia. Con una afirmación, Jesús rechaza el modelo político para la Iglesia.

En forma similar en Mateo 23:1-12 Jesús rechaza el modelo jerárquico religioso. Los
líderes religiosos, como los políticos, ejercen autoridad. Pero no practican lo que predican.
Se preocupan del status, la posición y los títulos, pero, ¿qué dice Jesús acerca de esto a sus
propios seguidores?

Ustedes no han de ser llamados “Rabí”. Porque tienen solamente un Maestro y todos
ustedes son hermanos. Y no llamen a nadie en la tierra “padre”. Porque ustedes tienen un
Padre, y él está en los cielos. Y tampoco han de ser llamados “maestro”, porque ustedes
tienen un Maestro, el Cristo. El más grande entre ustedes será su siervo. Porque
cualquiera que se exalta será humillado, y cualquiera que se humilla será ensalzado xviii
(Mateo 23:8-12).

Jesús muestra aquí que la forma política de pensar de Mateo 20:25 ha sido asimilada por los
líderes religiosos establecidos. Pero El la rechaza para la Iglesia. Status y autoridad basados
en la posición jerárquica son totalmente extraños a la clase de comunidad que Jesús forma.

Por supuesto, podría argumentarse que Jesús está simplemente exhortando a la humildad y
no dando una base fundamentalmente diferente de la del mundo para las relaciones. Pero
tomadas en lo que valen, las afirmaciones de Jesús en ambos pasajes siguieren algo más
fundamental: el siervo o esclavo es el verdadero modelo para el ministerio y para las
relaciones entre los seguidores de Jesús. Y si estas enseñanzas eran válidas para los doce,
son válidas para nosotros. Expresan el deseo de Dios para la comunidad cristiana en el
período entre la primera y la segunda venida de Cristo.

¿qué es lo que realmente está rechazando Jesús? ¿No está rechazando todo poder que se
base en la posición y el status en lugar de en el carácter cristiano y en la semejanza a
Cristo? Esta idea es escandalosa para el mundo porque el mundo dice que el poder y la
posición son sinónimos u que la meta del poder es el control. Jesús dice que la meta del
cristiano es servir al hombre y glorificar a Dios y que se llega a ese servicio a través de la
cruz. Este es el verdadero poder, sin importar qué tan fatuo le parezca al mundo.

El mundo está engañando. Cree que el verdadero poder es una cuestión de política. Como
nos recuerda Jacques Ellul: “Hay una especie de nube de confusión que circunda la política,
una obsesión política de acuerdo con la cual nada tiene significado o importancia aparte de
la intervención política y, cuando todo se ha dicho y hecho, todas las cuestiones son
políticas”. Esta supuesta importancia fundamental de la política es la “ilusión política” que
hace presa de la Iglesia. “Por lo tanto, rechazamos toda sobreestimación de las decisiones
políticas, toda idealización de cualquier régimen político …” Porque la política es relativa y
por su misma naturaleza tiende a presentar cuestiones relativas en términos absolutos.
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  41

La Iglesia debe rechazar el que se haga de la política o el estado algo fundamental y


sagrado. Debe renunciar a las armas políticas a favor de la armadura de Dios en Efesios
6:10-20. Este pasaje nos muestra tanto las armas de la Iglesia como, en contraste, las del
mundo. Las armas de la Iglesia se mencionan son verdad, justicia, el evangelio de paz, fe,
salvación, la Palabra de Dios y la oración. Para cada una de ellas el mundo tiene su
distorsión demoníaca.

En lugar de la verdad el mundo blande la propaganda. La propaganda es una verdad


distorsionada con fines políticos. En la batalla secular la verdad no es sagrada sino
simplemente un instrumento a utilizar. ¡Pero no debe ser así en la Iglesia! Debe haber una
adhesión estricta a la verdad en todo sentido; no puede haber ninguna concesión aquí,
porque Dios es un Dios de verdad y Jesucristo es la verdad (Juan 14:6).

En lugar de justicia o rectitud, el mundo pone violencia y opresión, y las llama justicia. En
la batalla humana, la rectitud es una víctima en casi cualquier sentido. La Iglesia debe
buscar la justicia, definida en términos bíblicos y debe rechazar firmemente toda violencia,
manipulación e injusticia.

En lugar del evangelio de paz, el mundo predica el evangelio de poder. La liberación se


transforma en una mera lucha por el poder en la cual el poder político es usurpado a los
malos y dado a los buenos. El arma de la Iglesia es predicar las buenas nuevas acerca de la
shalom que Cristo trae: paz con Dios, reconciliación entre las personas y armonía en toda la
creación de Dios. La Iglesia renuncia al evangelio del poder porque en última instancia es
tanto ilusorio como inefectivo.

En lugar de la fe, el mundo crea la ideología. La ideología es una fe falsa que lleva a un
compromiso total con dioses falsos (el Führer, el estado, o la ideología misma). El mundo
reconoce el valor de la fe; la fe es funcional. Es indispensablemente para la guerra. Y en esa
forma la fe se transforma en una técnica, en simplemente un medio para alcanzar un fin, en
el instrumento de la ideología. Para la iglesia, “el escudo de la fe” significa compromiso
total a (y dependencia de) Jesucristo (no a algún “ismo” incluyendo el “cristianismo”). La
relación personal con el Jesús vivo y libertador es la mejor defensa contra la ideología.

En lugar de lugar de la salvación, el mundo coloca una utopía falsa de este mundo. El
mundo seculariza la escatología cristiana y luego considera sagrado el resultado. Define un
Reino de Dios falso, formado política y económicamente, y luego coloca esta meta a nivel
de bien absoluto. Pero la iglesia insiste en el integral significado bíblico de la salvación.

En lugar de la palabra de Dios, el mundo fabrica sus propias fuentes humanas de


revelación. Estas son frecuentemente la ciencia, la tecnología, la filosofía o un falso mesías
(sea político o religioso). La iglesia no tiene fe en el análisis científico ni en los logros
tecnológicos excepto en el grado en que puede demostrarse que están en armonía con la
Palabra encarnada y con la Palabra escrita. La vivificadora, discernidora Palabra de Dios
debe ser siempre la fuente última de revelación de la Iglesia.

En lugar de la oración, el mundo pone la acción efectiva. Para el mundo la oración es un


subterfugio y una opiata para evitar que la gente haga lo que es realmente importante. Pero
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  42

la Iglesia renuncia a esta visión falsa e insiste en que, a la luz de la Palabra de Dios, la
oración es acción efectiva.

La Iglesia debe caracterizarse por tener una confianza total y exclusiva en la armadura de
Dios. El mundo considerará esto como una debilidad y como un disparate. “Pero Dios
escogió lo necio del mundo para avergonzar a los sabios; u escogió lo débil del mundo para
avergonzar a los fuertes” (1º Corintios 1;27). El evangelio y la Iglesia son débiles
precisamente en las áreas en que el mundo busca fortaleza. Este es el patrón que Jesucristo
nos dejó. Esta renunciación del poder, muestra el misterio y lo absurdo del Reino de Dios, y
es verdaderamente profético.

La Iglesia es profética cuando trabaja en pro de la justicia en la sociedad (Salmo 82:1-4;


Amós 5:21-24; Lucas 3:10-14; 4:18-21; Mateo 11:4-6; Efesios 5:110. Los cristianos tienen
una responsabilidad particular con los pobres y los oprimidos. El pueblo de Dios está
llamado a defender la causa de los pobres y de los necesitados dentro de cada nación y en
todo el mundo. La forma en que son tratados los pobres, los necesitados y “aquellos que no
tienen poder social” se transforma en una prueba de la justicia de cualquier sociedad o
sistema político. Por lo tanto, cuando la Iglesia trabaja a favor de los pobres está
satisfaciendo una necesidad humana específica y está haciendo una contribución
políticamente significativa.

La Iglesia trabaja para satisfacer las necesidades sociales y físicas de la gente no como si
ésta fuera la tarea primaria o exclusiva de la Iglesia, sino como un testimonio de que la
redención y la santidad (que son verdaderamente espirituales y morales) incluyen todas las
áreas de la vida.

En la esfera política, la Iglesia está menos interesada en la igualdad que en la libertad y


salvaguarda de los derechos y dignidades personales, especialmente los de los indefensos.
El evangelio es en primer lugar un mensaje de liberación, y luego, en forma derivada, de
igualdad. Es necesaria una insistencia en la libertad para garantizar que cualquier igualdad
que se haya alcanzado no degenere en un igualitarismo al nivel mínimo, entendido
simplemente en términos cuantitativos o económicos.

Si los cristianos deben participar en los procesos políticos y en qué forma, es una cuestión
que tiene muchos aspectos y depende de una multitud de factores. Tal vez podamos
concebir una gama de posibilidades, a un extremo de la cual está la contracultura y al otro,
la participación social y política. En algunos contextos la iglesia tiene que existir casi
exclusivamente como una anticultura; en otras situaciones la sociedad puede estar infiltrada
en tal forma por el evangelio que es posible la participación política y social activa. Entre
estos dos polos existe un amplio rango de formas posibles de participación de la iglesia. En
cualquier contexto específico, conforme la cultura se deteriora moral y espiritualmente y se
coloca en grado cada vez mayor bajo el dominio de Satanás, la iglesia debe abandonar
progresivamente la participación activa y transformarse en una contracultura. Es de
presumirse que lo contrario sería posible si las condiciones fueran las opuestas. Estas
cuestiones y circunstancias requieren gran discernimiento espiritual.
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  43

La Iglesia es profética cuando verdaderamente es la comunidad mesiánica que revela la


naturaleza del Reino y la mente y la estatura de Jesucristo. Al llevar a cabo las obras de
Cristo, cumple con sus funciones en relación al Reino.

Pero éste nunca será un camino agradable, definido, triunfante para la Iglesia. La
obediencia al evangelio en un mundo en el que Satanás está activo todavía, significa vivir
en tensión. Esto es parte del significado de la Encarnación. La Encarnación tiene sentido
solamente a través de la fe en Dios. Si la trayectoria de la Iglesia es fiel, tendrá gran
semejanza con la de Jesucristo.

Nosotros, como cristianos, nunca podemos estar seguros de que tenemos todas las
respuestas o de que vemos todas las cosas claramente o de que realmente “estamos
progresando”. Por lo tanto, tenemos que regresar constantemente a una dependencia total
del Cristo encarnado. Debemos alarmarnos cuando nos sentimos a gusto en el mundo o
tenemos una total “paz”. La vida cristiana en un mundo no cristiano es tensión, esfuerzo y a
veces, incluso, agonía. Toda un sistema de técnicas sociales trata de ajustar al individuo y
de eliminar tensiones. Pero ser un seguidor de Jesús significa aceptar el escándalo de las
declaraciones de Jesús de que El vino a traer no armonía sino discordia; no paz sino la
espada (Mateo 10:34-36). Porque solo a través de esto puede, finalmente, venir la verdadera
paz.

En resumen, las tareas de la iglesia en relación al Reino incluyen la proclamación del


evangelio en forma tal que hombres y mujeres responden en fe y en obediencia a Jesús y
que colaboren en la edificación de la comunidad cristiana. Esta comunidad es una nueva
realidad social que, por medio de definiciones y tácticas del mundo, revela la verdadera
naturaleza de la soberanía de Dios. “Nuestro Señor llamó y continúa llamando a una nueva
sociedad de personas comprometidas incondicionalmente a cambiar los valores de la
sociedad circundante por los del Reino de Jesús”. Solo con base en esto puede la Iglesia
trabajar con integridad por la justicia y por la paz en el mundo. Entonces, las dimensiones
profética y evangelística de las buenas nuevas están totalmente entrelazadas en la vida y
testimonio de la comunidad del Rey.

Será útil retroceder un poco y explorar una cuestión que surgió anteriormente” ¿Cuál es la
relación entre el crecimiento de la iglesia y el Reino de Dios?

(Capítulo 6 del libro: La comunidad del Rey por Howard A. Snyder, decano del Seminario
Metodista Libre de Sao Paulo, Brasil. Publicado por Editorial Caribe, 1983)

Preguntas de discusión

1. ¿Cuáles modelos de la Iglesia predominan en el himno “Firme en la Roca” (número 131


en Culto Cristiano)? ¿Cuáles enseñanzas importantes acerca de la Iglesia encontramos en
este himno? Preparen una lista.
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  44

2. ¿Cuáles modelos de la Iglesia predominan en el himno “La Iglesia es Cristo en el


mundo” (número 46 en ¡Cantad al Señor!)? ¿Cuáles enseñanzas importantes acerca de la
Iglesia encontramos en este himno? Preparen una lista.

3. ¿Cuál es el resultado de separar el trabajo de seguimiento de la tarea de la


evangelización?

4. Según el autor del libro, ¿en qué se debe basar el poder y la autoridad en la Iglesia?
¿Cómo es diferente esto del concepto del poder en el mundo?

5. Utilizando los criterios del autor, evalúa la congregación a la cual usted pertenece en
cuanto al ministerio profético de la Iglesia. ¿Hasta qué punto es una Iglesia profética? ¿Qué
pasos concretos se debe tomar a fin de que cumpla con un ministerio profético siguiendo
las normas bíblicas?

6. ¿Qué entiende usted con el término contracultura? ¿Hasta qué punto debe la Iglesia, en la
sociedad en la cual usted vive – transformarse en una contracultura?

7. ¿Cuál es la relación entre el crecimiento de la iglesia y el Reino de Dios?

8. ¿Cuál es la lección más grande que usted ha aprendido con la lectura de este capítulo?

Lectura 5

PRACTICAS PASTORALES Y MODELOS DE IGLESIA


Lectura tomada del libro Iglesia: Carisma y Poder por Leonardo Boff
páginas 13-28.

La Iglesia latinoamericana ocupa cada día más la atención de los analistas religiosos, en
primer lugar por causa de su importancia numérica y, además debido a los experimentos
eclesiológicos, a las nuevas posturas del episcopado frente a los problemas sociales y a la
aparición de una Iglesia que nace de las bases populares.

¿Qué tendencias se perfilan en el actual momento eclesial y qué perspectivas de futuro


proyecta cada una de ellas? La verdadera eclesiología no se encuentra en los manuales o en
los escritos de los teólogos, sino que se realiza y alienta en las prácticas eclesiales y está
sepultada dentro de las instituciones eclesiásticas. Por consiguiente, si pretendemos
identificar las principales tendencias eclesiológicas que existen en nuestro continente
latinoamericano, debemos analizar las distintas prácticas y a quienes las realizan y, a partir
de ahí, los discursos y las elaboraciones teóricas. Y es lo que vamos a intentar
sucintamente.

La articulación correcta: Reino-mundo-Iglesia


Para que nuestro análisis tenga un sentido teológico, además del fenomenológico, es
menester articular correctamente los polos que determinan la comprensión de la Iglesia. La
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  45

Iglesia no puede entenderse en sí y por sí misma, porque está al servicio de unas realidades
que la trascienden: el Reino y el mundo. Mundo y Reino son los pilares sobre los que se
asienta todo el edificio de la Iglesia. Veamos primero la realidad del Reino que engloba al
mundo y a la Iglesia. El Reino – categoría empleada por Jesús para expresar sua ipissima
intentio – constituye la utopía realizada en el mundo (escatología); es el fin bueno de la
totalidad de la creación de Dios, a; fin totalmente liberada de toda imperfección y penetrada
por lo divino, que la realiza absolutamente. El Reino consuma la salvación en su estado
último. EL mundo es el lugar de la realización histórica del Reino. En la actual situación, el
mundo se encuentra en decadencia y está marcado por el pecado; por eso el Reino de Dios
se construye en contra de las fuerzas del anti-Reino; es siempre preciso un dispendioso
proceso de liberación para que el mundo pueda acoger en sí al Reino y llegar a feliz
término. La iglesia es aquella parte del mundo que, en la fuerza del Espíritu ha acogido al
Reino de manera explícita en la persona de Jesucristo, el Hijo de Dios encarnado en nuestra
opresión; conserva su recuerdo permanente y la conciencia del Reino; celebra su presencia
en el mundo y en sí misma y detenta el modo de interpretar su anuncio, al servicio del
mundo. La Iglesia no es el Reino, sino su signo (concreción explícita) e instrumento
(mediación de implementación en el mundo).

Es preciso articular en un orden correcto estos tres términos. En primer lugar es el Reino,
como la primera y definitiva realidad que engloba todas las demás. Viene después el mundo
como espacio de la historificación del Reino y de la realización de la propia Iglesia. Por
último, la Iglesia, como realización anticipatoria y sacramental del Reino en el mundo, y
como mediación para que el Reino se anticipe en el mundo de un modo más denso.

Una excesiva aproximación de la realidad de la iglesia al Reino, y mucho más la


identificación de ambos, hace que surja una imagen eclesial abstracta, idealista,
espiritualizante e insensible a la trama o urdimbre de la historia. Por otra parte, ;a
identificación de la Iglesia con el mundo proyecta una imagen eclesial secularizada,
mundana, que lucha con otros poderes seculares por el poder. Una iglesia, por último,
centrada en sí misma y no articulada con el Reino y con el mundo, manifiesta una imagen
eclesial autosuficiente, triunfalista, de sociedad perfecta que multiplica por dos las
funciones que normalmente competen al Estado o a la sociedad civil, no reconociendo la
autónoma relativa de lo secular y la validez del discurso racional.

Todas estas desarticulaciones teológicas constituyen otras tantas patologías que requieren
una terapia: la sanidad eclesiológica reside en la correcta relación entre Reino, mundo e
Iglesia, según la pauta arriba indicada, de suerte que la realidad de la Iglesia se manifieste
siempre en el orden del signo concreto e histórico (del Reino y de la salvación) y del
instrumento (de la mediación) en función del servicio salvífico al mundo.

Los grandes modelos heredados del pasado


Hechas estas aclaraciones de carácter metodológico, deseamos profundizar en cuatro
distintas prácticas eclesiales que, con sus correspondientes eclesiologías (latentes o
explícitas), se dan en América Latina, interrogándonos por su significación de cara a los
desafíos propios de nuestro continente, y preguntándonos qué futuro puede esperarse de
semejantes prácticas eclesiales.
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  46

El primer modelo - Iglesia como civitas Dei: totalidad ad intra


Aún persiste en América Latina, aunque cada día con menor intensidad, una práctica
de Iglesia dirigida casi exclusivamente hacia dentro. La iglesia es entendida como la
portadora exclusiva de la salvación para los hombres que actualiza el gesto redentor de
Jesús mediante los sacramentos, la liturgia, la mediación de la Escritura y la organización
de la parroquia en torno a una tareas estrictamente religioso-sagradas. El Papa, el obispo y
la estructura jerárquica de la Iglesia en general constituyen los ejes sobre los que gira la
comprensión de la Iglesia, la cual es esencialmente clerical en el sentido de que, sin el
clero, instituido a través del sacramento del Orden, no puede acaecer nada decisivo en la
comunidad. Se cultivan la tradición, la exactitud de las fórmulas ortodoxas oficiales y la
invariabilidad canónico-jurídica de la liturgia con los fieles. El mundo no posee
consistencia teológica y debe ser convertido, porque sólo por mediación de la Iglesia puede
acceder al ordo gratiae. Como su campo de actuación es el campo estrictamente sagrado, se
muestra insensible a los problemas humanos que tienen lugar fuera de sus límites, en el
mundo y en la sociedad. Lo político, que constituye la dimensión de lo <<sucio>>, debe ser
evitado en lo posible. Más que neutralidad, lo que impera es indiferencia frente a las
realidades <<mundanas>>.

Por detrás de estas prácticas alienta una eclesiología de la Iglesia como sociedad perfecta,
paralela a la otra sociedad perfecta que es el Estado. Esta concepción delata un pretexto
teológico para afirmar el poder de la Iglesia, aunque sólo sea en el terreno de la
administración de los religiosos. El poder religioso no se entiende como una forma de leer
la realidad toda, como un <<espíritu>> con el que se abordan todas las cosas, sino como un
sector delimitado de la realidad, cuya competencia pertenece a la Jerarquía.

No se da una articulación con la realidad del Reino y del mundo. En esta visión,
prácticamente se identifica la Iglesia con Reino, pues es únicamente en aquélla donde éste
enajenada de él, por cuanto que se siente fuera de él, si bien en función de él. Lo cual no
supone que la Iglesia no se organice en el mundo; al contrario: dado que sólo por ella pasan
la salvación y lo sobrenatural, se crean obras abiertamente tituladas <<católicas>>:
sindicatos cristianos, escuelas católicas, editoriales religiosas, universidades católicas, etc.
Mediante estas iniciativas se garantiza la presencia de Dios en el mundo. Como se ve, la
Iglesia se construye aparte del mundo, duplicando los servicios.

¿Qué futuro posee este modelo de la iglesia> Teológicamente, ha sido ampliamente


superado por la teología del Vaticano II; es cierto que las prácticas tradicionales no se
desmontan fácilmente mediante una nueva teología; pero, en la medida en que otras
prácticas eclesiales van adquiriendo hegemonía, este modelo de Iglesia, civitas Dei sobre la
tierra, se va marginando y haciéndose abiertamente reaccionaria, y no sólo tradicionalista.
El futuro de este modelo de la iglesia está ligado a la suerte de los propios obispos, que al
propiciar su desaparición hacen posible ir al paso de la historia. Las posibilidades que tiene
de recuperación son mínimas.

El segundo modelo – Iglesia como mater et magistra: el antiguo pacto colonial


América Latina fue misionada dentro de un determinado modelo de Iglesia: el del
<<Patronazgo>>. Según este modelo, la Iglesia se hace presente en el mundo mediante un
pacto con el Estado, el cual provee a todas las necesidades de la Iglesia y garantiza su
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  47

funcionamiento. Se trata de una relación entre jerarquías, la civil y la religiosa. Según esta
acepción, Iglesia es sencillamente sinónimo de Jerarquía. Con el derrumbamiento del
régimen de <<Patronazgo>> y la aparición de los diversos Estados republicanos, el modelo
se reajustó y adoptó una nueva variante. La iglesia se acerca a las clases dominantes que
controlan el Estado y organiza sus obras en el seno o a partir de los intereses de dichas
clases dominantes; es el caso de los colegios, las universidades, los partidos cristianos, etc.
Evidentemente se trata de una visión del poder sagrado articulado con el poder civil. Y la
Iglesia da su propia interpretación de este pacto: pretende servir al pueblo y a las grandes
mayorías pobres; pero éstas carecen de medios, de instrucción y de participación. Para
ayudarlas, la Iglesia se acerca a quienes están realmente en condiciones de ayudar: las
clases acomodadas. Educa a sus hijos para que, imbuidos de espíritu cristiano, libren a los
pobres. En esta estrategia se creó una amplia red de obras asistenciales. La Iglesia aparece
como una Iglesia para los pobres, y no tanto como una Iglesia con los pobres y de los
pobres.

A nivel de doctrina, este tipo de Iglesia se muestra conservador y ortodoxo. Sospecha de


todas las innovaciones. Su dogmática es rígida y su forma de ver las cosas, jurídica, como
corresponde a quienes ocupan los lugares de mando en la Iglesia (la Jerarquía). La
referencia a la autoridad, especialmente al Papa, está siempre presente; el discurso es
sacerdotal, sin ningún tinte profético. El edificio de la fe se presenta como algo compacto y
perfecto, al cual no hay que quitar ni añadir nada. Pero sí hay que extraer de él
consecuencias para la práctica social. La Iglesia se alza, fundamentalmente, como mater et
magistra: sobre cualquier problema dispone de una lección que saca de su depósito, hecho
de la Escritura, la tradición, las enseñanzas del Magisterio y un cierto tipo de lectura de la
ley natural.

Por lo que se refiere a la articulación entre Reino, mundo e Iglesia, se observa,


efectivamente, una cierta funcionalidad con respecto al mundo. La relación tiene lugar con
los poderes establecidos, no con los movimientos históricos que puedan aparecer
(reformadores, innovadores o revolucionarios), porque la propia Iglesia se entiende a sí
misma a partir de una visión jurídica y de poder (potestas sacra, comunicada mediante el
sacramento del Orden). Con respecto al Reino, este modelo sigue viendo su realización
exclusivamente en la Iglesia, o en el mundo por mediación de la Iglesia.

¿Qué futuro posee este modelo? Hay que reconocer que tiene una salud aceptable, porque
goza de un substrato histórico muy fuerte y porque, además, la concentración del poder en
la iglesia en unas pocas manos (cuerpo jerárquico) facilita la relación con los otros poderes
de este mundo. Nunca resulta muy difícil el entendimiento entre los <<poderosos>> que,
por lo general, deciden y hacen arreglos por encima de las cabezas del pueblo, que en el
continente latinoamericano es al mismo tiempo pueblo oprimido y religiosos. A la política
centralista romana le interesa este tipo de Iglesia fundado en el poder sacerdotal y
magisterial y en la autoridad sagrada de la jerarquía. Sin embargo, entra en crisis en la
medida en que los Estados se hacen autoritarios y hasta totalitarios y comienzan a oprimir
al pueblo más allá de los límites tolerables por la ética. En ese momento prevalece el
trasfondo evangélico de la Iglesia (Jerarquía) y se busca independencia y neutralidad; es en
ese momento cuando se oye el discurso sobre el carácter no-político de la Iglesia y sobre su
irreducible especificidad religiosa. Por otra parte, este tipo de Iglesia corta un pelo en el
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  48

aire en los regímenes políticos autoritarios: nunca se hace una crítica de fondo sobre su
ilegitimidad, y apenas sobre sus abusos. En los países latinoamericanos en los que
predomina este tipo de Iglesia se observa, sin asombro, que los respectivos episcopados se
muestran desprovistos de espíritu profético y de la parresía evangélica. La lucha por los
derechos humanos nos e libra en público, sino por mediante contactos secretos entre las
<<cúpulas>> militares y las <<cúpulas>> jerárquicas. Cualquier otro camino se juzga
como una intromisión en la vida política, que se considera de estricta competencia del
Estado o de los laicos. Este modelo agrada al poder dominante porque reduce el campo de
actuación de la Iglesia a la sacristía. Supone una sociología funcionalista en la que cada
corporación está perfectamente definida y posee sus propias prácticas, sin interferencias de
una corporación en otra. Así pues, según esta concepción, la Iglesia no debe inmiscuirse en
la política. Evidentemente, la iglesia no es una institución política, pero posee una relación
con la política, en la medida en que ésta, a su vez, posee una dimensión objetiva de Reino y
un carácter ético. A la Iglesia le toca pronunciarse acerca del carácter ético y / o religioso de
las prácticas políticas; es una consecuencia de su misión evangelizadora. Este modelo de
Iglesia está excesivamente comprometido con los poderes seculares como para poder
asumir normalmente una actitud crítica frente a las opresiones que afligen al pueblo.

El tercer modelo – Iglesia como sacramentum salutis: la modernización de la Iglesia


Los últimos cincuenta años han dejado huella en las sociedades latinoamericanos
con la aparición de una burguesía industrial dinámica, nacionalista y modernizadora. La
tarea urgente consiste en superar el atraso técnico en que nos encontrábamos, mediante una
rápida modernización de toda la estructura productiva. El espantajo que había de exorcizar
era el subdesarrollo. Para ello se convocó a todas las fuerzas en nombre del progreso y del
desarrollo en todos los frentes. Simultáneamente a este proceso, se crearon unas formas
más adecuadas de participación social: democracias con base populista y organización
sindical.

La Iglesia participó activamente en este programa desarrollista. Se produjo una inusitada


apertura de la iglesia al mundo. Los principales problemas ya no eran los doctrinales
(combatir la penetración protestante y el secularismo del Estado) y litúrgico-disciplinares,
sino los relacionados con la sociedad,: la justicia, la participación, el desarrollo integral
para todos … La Iglesia puede servir de acelerador, no de freno, en este proceso. Es
menester valorar la ciencia y la relativa autonomía de las realidades terrenas, así como
desarrollar una ética del progreso y del compromiso en la transformación social. En los
últimos cincuenta años, la Iglesia ha participado en todos los grandes debates en torno a la
educación, el desarrollo económico, a la formación de sindicatos y a la reforma agraria. Lo
secular aparecía como valor teológico.

El Vaticano II elaboró la teología apropiada a tales prácticas de la iglesia, por un lado


legitimándolas y, por otro, iluminándolas críticamente. Ante todo se deja bien claro que
debemos pensar la realidad en términos de mysterium salutis u desde el punto de vista de la
universalidad de la oferta de salvación. La Iglesia se presenta como sacramento de la
salvación universal. Es preciso comprender que, fundamentalmente, la salvación (como
oferta) es universal y atraviesa de parta a parte la historia. La Iglesia es el momento de
densificación y celebración de esta salvación universal. La iglesia, a su vez, se hace
universal en la medida en que expresa con signos para todos los hombres el amor salvífico
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  49

del Padre por su Hijo en la fuerza del Espíritu. Y por se así, las llamadas realidades terrenas
o seculares pueden ser portadoras de la gracia y de la salvación. Merecen ser buscadas por
sí mismas, y no sólo en la medida en que están insertas en el proyecto de la Iglesia. Esta
perspectiva confería carácter teológico al compromiso de los cristianos en lucha por la
construcción de un mundo más justo y fraterno.

En el marco de esta teología, la iglesia se articuló con los estratos modernos de la sociedad,
especialmente con los comprometidos en una transformación del mundo. Y no es que la
Iglesia se aproximara necesariamente al Estado, sino a los grupos portadores de la ciencia,
de la técnica y del poder político en la sociedad civil. La propia iglesia se modernizó en sus
estructuras, adaptándolas a la mentalidad funcional de la modernidad; se secularizó en
muchos de sus símbolos; simplificó la liturgia y la adecuó al espíritu del tiempo. El
discurso de la iglesia se hizo más profético, en el sentido de denunciar los abusos del
sistema capitalista y la marginación del pueblo. A este nivel no presentaba una perspectiva
alternativa, sino reformista, es decir, lo que resultaba soportable a los grupos modernos de
la sociedad. Fundamentalmente, no pedía otro tipo de sociedad, sino una mayor
participación en la ya existente dentro del sistema liberal moderno de capitalismo avanzado
y tecnológico.

Por lo que se refiere a la articulación Reino-mundo-Iglesia, la reflexión teológica fue muy


cuidadosa: el Reino constituye el gran arco iris bajo el que se encuentran el mundo y la
Iglesia; el mundi es el lugar de la acción de Dios en la construcción, ya desde ahora, de su
Reino, abierto a la escatología que aún no se ha realizado en plenitud. La Iglesia es el
sacramento, es decir, el signo y el instrumento oficial y público mediante el cual Cristo y su
Espíritu actúan y aceleran la concretización del Reino en la historia del mundo y, de forma
explícita y densa, en el espacio de la Iglesia. El mundo se entendía preferencialmente como
la modernidad, producto de la gran empresa científico-técnica. A este <<mundo>> trató la
iglesia de acercarse, reconciliarse con él y ofrecerle su colaboración diaconal.

¿Qué futuro le aguarda a este modelo de la Iglesia? Hemos de reconocer que este modelo
es, desde el punto de vista numérico, el más vigente en toda América Latina. Prácticamente
la inmensa mayoría asimiló el Vaticano II y dio el giro requerido en términos de mentalidad
teológica (teoría) y de presencia en el mundo (práctica). La iglesia se liberó de una carga
tradicional que la hacía poco simpática al hombre moderno, y consiguió elaborar una nueva
codificación de la fe que respondiese al espíritu crítico del mundo urbano, perfectamente
integrado en el proceso productivo capitalista. Los intelectuales, antes en su gran mayoría
anticlericales, pasaron ahora a tener en la Iglesia una aliada. La Iglesia confía mucho más
en los centros decisorios de poder que tratan de comprometerse en tareas eclesiales, y trata
de imbuirlos del nuevo espíritu nacido del Vaticano II. Los diversos movimientos tales
como los Cursillos de Cristiandad, el Movimiento Familiar Cristiano, el Movimiento
carismático y otros parecidos, tienen como primeros destinatarios a los grupos bien situados
en la sociedad, no al pueblo proletarizado y pobre. El futuro de este tipo de presencia de la
Iglesia tratará de evangelizar a partir de la óptica y los valores propios de la modernidad. La
relación con los pobres se definirá desde la óptica de los ricos; los ricos serán convocados a
ayudar en la causa de los pobres, pero sin tener necesariamente que cambiar de lugar social
y de práctica burguesa.
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  50

La aparición de un nuevo modelo: Iglesia a partir de los pobres


A partir de los años sesenta se inicia en casi todos los países latinoamericanos una
creciente concientización acerca de los verdaderos mecanismos causantes del
subdesarrollo. Este no constituye un problema exclusivamente técnico o únicamente
político, sino que es consecuencia del tipo de desarrollo capitalista que se da dentro de los
países céntricos (Atlántico Norte), los cuales, para mantener los niveles de aceleración y
acumulación adquiridos, necesitan establecer una relaciones profundamente disimétricas
con los países más atrasados tecnológicamente y ricos en materias primas. A estos países se
les mantiene en el subdesarrollo. El subdesarrollo surge como un desarrollo dependiente y
asociado al desarrollo de los países ricos. Esta dependencia significa opresión a los diversos
niveles, económico, político y cultural. La estrategia a largo plazo consiste en alcanzar una
liberación que garantice un desarrollo autosustentado, capaz de atender a las necesidades
reales del pueblo y no al consumismo de los países ricos y de los estratos nacionales
asociados a ellos.

Una liberación política y religiosa


El sujeto histórico de esta liberación sería el pueblo oprimido, que debe adquirir y
elaborar una conciencia de su situación de oprimido, organizarse y articular una serie de
prácticas que tengan como objeto el logro de una sociedad alternativa menos dependiente e
injusta. Las demás clases pueden y deben incorporarse al proyecto de los oprimidos, pero
sin pretender asumir su hegemonía/ Así ocurrió que, a partir de los años sesenta,
innumerables jóvenes, intelectuales y toda una serie de movimientos comenzaron a
esforzarse por hacer viable dicha liberación, asumiendo la opción del pueblo: comenzaron a
entrar en el continente de los pobres, a asumir su cultura, a dar expresión a sus clamores y a
organizar una serie de prácticas que el status quo consideraba subversivas. No poco de ellos
dieron el paso a la violencia de las guerrillas urbanas y campesinas, viéndose violentamente
reprimidos por los estados en los que imperaba la idea de la <<seguridad nacional>>.

En este proceso participó un incontable número de cristianos y de organizaciones enteras,


como la juventud Universitaria Católica, la acción Católica Obrera y otras. Se trataba, por
lo general, de personas y grupos en los que se daba una fuerte contradicción de clase (eran
de extracción burguesa), llenos de idealismo, pero sin demasiado sentido político por lo que
se refiere a la viabilidad histórica de semejante liberación popular.

Posteriormente, y tras los años de mayor represión (1968-1974), comenzaron las bases de la
Iglesia a adquirir una excepcional importancia, tanto desde el punto de vista eclesiológico
como político. Era el pueblo mismo el que asumía su propio destino. Por lo general, toco
comienza con los círculos bíblicos. Más tarde se pasa a la creación de la pequeña
comunidad eclesial de base, cuya tarea consiste inicialmente en hacer profundizar
internamente la fe, preparar la liturgia, los sacramentos y la vida de piedad. En una fase
ulterior se pasa a realizar tareas de ayuda mutua en los problemas de la vida de los
miembros. En la medida en que éstos se organizan y profundizan en su reflexión, caen en la
cuenta de que sus problemas tienen un carácter estructural, que su marginación es
consecuencia del tipo de organización elitista de la sociedad, basado en la acumulación
privada; en suma: de la misma estructura económico-social del sistema capitalista. Es ahí
donde surge la cuestión política y donde el tema de la liberación adquiere unos contenidos
concretos e históricos. No se trata sólo de una liberación de pecado (del que siempre
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  51

debemos liberarnos), sino de una liberación que posee también dimensiones históricas
(económicas, políticas y culturales). La fe cristiana pretende directamente la liberación
definitiva y la libertad de los hijos de Dios en el Reino, pero incluye también las
liberaciones históricas como un modo de anticipar y concretar la liberación última, la cual
sólo será posible cuando la historia llegue a su término en Dios.

Una iglesia que nace de la fe del pueblo


Es aquí donde resulta importante verificar cómo el pueblo da el paso de lo religioso
a lo político. Por lo general, para el pueblo ambas realidades van unidas. Pero comienza por
lo religioso, y se da cuenta de que las injusticias son un pecado que Dios no desea. Para
después a comprender las estructuras reales que producen las injusticias y comprueba que
es preciso cambiarlas, para que dejen de producir el pecado social.

El compromiso político nace de la propia reflexión de la fe que exige el cambio. Peor


incluso a la hora de analizar los mecanismos de la opresión, nunca está ausente la fe como
horizonte de comprensión, como poderosa mística para la acción y como punto de llegada
de todo obrar humano. La comunidad no se transforma en una célula política. La
comunidad es lo que es: lugar de reflexión y celebración de la fe. Pero es al mismo tiempo
lugar donde se enjuician éticamente, a la luz de Dios, las situaciones humanas. La
comunidad cristiana y la comunidad política no son dos espacios cerrados, sino abiertos,
por los que circula el cristiano: en la comunidad cristiana, el cristiano celebra y alimenta su
fe, oye la palabra de Dios que le urge al compromiso con sus hermanos; en la comunidad
política, obra y actúa junto a los demás, haciendo realidad de un modo concreto la fe y la
salvación, escuchando la voz de Dios que le llama a expresarse en la comunidad cristiana.
Ambos espacios quedan cubiertos por la realidad del Reino de Dios que, aunque bajo
signos diferentes, se realiza en uno y otro espacio.

Ante todo, la comunidad eclesial de base significa algo más que un instrumento mediante el
cual la iglesia llega al pueblo y lo evangeliza. Es una forma nueva y original de vivir la fe
cristiana, de organizar la comunidad en torno a la Palabra, los sacramentos (cuando es
posible) y los nuevos ministerios ejercitados por los laicos (hombres y mujeres). Hay una
nueva distribución del poder en la comunidad, mucho más participado, evitando toda
centralización y dominación desde un centro de poder. La unidad fe-vida, Evangelio-
liberación, se realiza concretamente sin el artificio de complicadas mediaciones
institucionales; se propicia la aparición de una rica sacramentalidad eclesial (la iglesia
entera como sacramento), con una acusada creatividad en las celebraciones, con un
profundo sentido de lo sagrado, propio del pueblo. Esta en marcha una auténtica
eclesiogénesis: una Iglesia que nace de la fe de los pobres.

Por otra parte, la comunidad eclesial es el lugar de ejercicio de la democracia real del
pueblo, donde todo se discute y se decide en común, donde se aprende a pensar
críticamente. Un pueblo secularmente sometido, al que siempre se le ha negado la palabra,
comprende que la mera prise de parole significa ya un primer momento de toma de poder y
de elaboración de su propio destino. El significado de la comunidad eclesial desborda su
sentido religiosos y, de este modo, adquiere un alto significación político.
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  52

Por debajo de estas prácticas subyace una eclesiología que tiene sus ejes estructurales en las
categorías de <<Pueblo de Dios>>, <<koinonía>>, <<Profecía>> y diaconía>>. Este tipo
de Iglesia supone lo que habría de cristalizar en Puebla: una opción preferencial por los
pobres. Pero es preciso comprender el sentido exacto de esta opción. Se trata de privilegiar
a los pobres (sin exclusivismos) como el nuevo sujeto histórico que preferentemente va a
realizar al proyecto cristiano en el mundo. No se concibe a los pobres únicamente como
quines padecen carencias; ciertamente que las padecen, pero también poseen fuerza
histórica, capacidad de cambio y potencial evangelizador. La iglesia accede a ellos
directamente, sin tener que pasar por las mediaciones del Estado o de las clases
hegemónicas. Por eso no se trata ya de una Iglesia para los pobres, sino de una iglesia de
los pobres y con los pobres. A partir de esta opción e inserción en los medios pobres y
populares, la Iglesia define su relación para con los demás estratos sociales. Y no por ello
pierde su catolicidad, sino que le da un contenido real y no retórico. La iglesia se dirige a
todos, pero desde los pobres, desde sus causas y sus luchas. De ahí que la temática esencial
de esta Iglesia sea el cambio social en orden a una convivencia más justa, a unos derechos
humanos interpretados como derechos de las grandes mayorías pobres; a una justicia social,
a una liberación integral que pasa principalmente por las liberaciones socio-históricos, a un
servicio concreto a los desheredados de este mundo, etc.

Una Iglesia a la altura de los desafíos históricos


Las categorías <<Pueblo de Dios>> e <<Iglesia-comunión>> permiten una mejor
redistribución de la potestas sacra dentro de la iglesia; obligan a redefinir el papel del
obispo y del sacerdote; permiten que surjan nuevos ministerios y un nuevo estilo de vida
religiosa encarnada en los medios populares. La jerarquía es de mero servicio interno y no
sirve ya para que se constituyan estratos ontológicos que hacen posibles las divisiones
internas en el cuerpo eclesial y la existencia de auténticas clases entre los cristianos (en
sentido analítico). No es éste el momento de exponer al detalle la eclesiología latente en las
nuevas prácticas de este tipo de Iglesia, que se encuentra ya en una fase muy avanzada de
elaboración en la teología que se hace en América Latina.

Con respecto a la articulación entre Reino, mundo e Iglesia, hemos de decir que en
este modelo se verifica una forma propia de realizar la dialéctica de estas relaciones. El
Reino, evidentemente, es la utopía cristiana que se refiere al destino último del mundo.
Pero se insiste en que se halla en proceso dentro de la historia siempre que se respeta a los
pobres y se les hace agentes de su propia historia. Portadores del Reino son todos los
hombres, las instituciones y las prácticas que se rigen por los ideales éticos que orientaron
la vida del Jesús histórico. La Iglesia es un portador cualificado y oficial, pero no exclusivo.
La categoría de <<mundo>> adquiere una determinación histórica: es el mundo de los
pobres, el submundo que debe ser transformado en mundo de la convivencia humana
fraterna; en el mundo están el Reino y el anti-Reino (submundo de la miseria), y el Reino se
construye en contra del anti-Reino, cuyos agentes pueden y deben ser proféticamente
denunciados. La Iglesia se propone asumir el submundo y lo no-humano para ayudar en el
proceso de liberación integral, aportando especialmente lo que constituye su carácter
específico: la referencia religiosa y su lectura en clave de Reino de Dios que ya está en
proceso y habrá de culminar en la consumación del mundo.
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  53

Creemos que, mediante el pacto de la Iglesia con las grandes mayorías pobres del
Continente (cuyo principal símbolo fue la entrega del anillo papal de Juan Pablo II a los
habitantes de las favelas de Vidigal en Río De Janeiro, en junio de 1980), se abre un camino
nuevo para la iglesia. Desde los tiempos de Teodosio, la Iglesia fue ciertamente una Iglesia
para los pobres, pero ya nunca consiguió ser una iglesia de pobres. Ahora ya no se ve a los
pobres únicamente desde una perspectiva caritativa y asistencialista, sino sobre todo
política: son las clases populares el nuevo sujeto histórico que probablemente decidirá los
destinos de la sociedad futura. Los pobres están acrecentando el nivel de su conciencia,
organizando sus prácticas y exigiendo una sociedad más participada y menos elitista.
Probablemente en esta dirección habrá de caminar el proceso social. En su reflexión y en su
práctica (al menos en América Latina) la Iglesia está siendo contemporánea a estas
exigencias. No llega con atraso y con unos modelos inadecuados. Está consiguiendo
hallarse a la altura de los desafíos. La futura sociedad latinoamericana gozará de una
presencia estructural de los elementos cristianos y evangélicos gracias a que la iglesia está
ayudando a gestar el futuro. Esta verdad es tan sólida que los expertos consideran que una
sociedad latinoamericana que no incluya en su proceso elementos cristianos en un grado
suficientemente elevado, se muestra antipopular. La matriz del pueblo es cristiana; y esta
matriz se está expresando dentro de una codificación que responde a las exigencias
históricas. Es la oportunidad de mostrar todo su vigor y toda su verdad. Y en esta dirección
camina la esperanza y se define el futuro más prometedor de la iglesia latinoamericana.

Una llamada a la Iglesia universal


En conclusión, podemos decir que hay en el Continente distintas prácticas
eclesiales, cada cual con su imagen latente de Iglesia; algunas prolongan la tradición del
cristianismo colonial; otras se adaptan a los nuevos hechos históricos, especialmente frente
a la necesidad de una más profunda inserción en el sistema capitalista; otras por último,
más críticas, postulan unos cambios que van contra la corriente dominante, pero que se
vinculan orgánicamente a; río subterráneo y profundo de las ansias de liberación de los
pobres. Todas ellas conviven u componen la vitalidad de la misma Iglesia de Cristo que
vive y sufre su misterio pascual en la periferia de las grandes naciones y de las venerables
Iglesias europeas. Pero su voz habla cada vez más alto y puede oírse en el corazón del
centro. Pensamos que representan una llamada a toda la Iglesia para que sea más
evangélica, más servicial y más signo de la salvación que, como don de Dios, interpreta
todos los tejidos humanos. Ellas encarnan lo que debe ser. Y lo que debe ser tiene una
irresistible fuerza histórica.

Lectura 6

Lectura tomada del libro Iglesia: Carisma y Poder por Leonardo Boff
páginas 246-262.

UNA ESTRUCTURA ALTERNATIVA: EL CARISMA COMO PRINCIPIO DE


ORGANIZACIÓN
Por Leonardo Boff
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  54

Entender la Iglesia como Sacramento del Espíritu Santo supone poner la resurrección, los
elementos de creatividad y de sintonía con la historia por encima de las instituciones, a la
hora de comprender la naturaleza y la misión de la Iglesia. El enfoque casi exclusivamente
cristológico del misterio de la encarnación llevó a la Iglesia latina a un excesivo
endurecimiento institucional, como institución casi bimilenaria que es, no destila
precisamente jovialidad ni genera alegría, sino respetabilidad y sensación de peso. Y no es
que semejante carácter no tenga ninguna relación con la teología y el Evangelio. Pero el
Evangelio no se resume en unos contenidos, sino que es además un estilo que manifiesta la
alegría de la Buena Nueva y el alivio de una gran liberación. Ahora bien, la institución
difícilmente podrá ser capaz de traducir estas características, las cuales, sin embargo, son
frutos del Espíritu. Es este Espíritu el que está en la raíz de todas las grandes obras: en el
orden de la creación (Génesis 1:1), en la creación del pueblo de Israel, en el surgimiento de
los profetas, en la concepción de Jesús, en su experiencia vocacional con ocasión del
bautismo, en la irrupción sobre los Apóstoles el día de Pentecostés, en la decisión de éstos
de ir a los gentiles (Hechos 15:28) y de este modo dar un comienzo concreto a la Iglesia, en
la epíclesis de la eucaristía que transforma el pan y el vino en el cuerpo y la sangre del
Señor.

De la Iglesia, desde el punto de vista teológica, sólo podemos hablar a partir de la


resurrección y de Pentecostés. La Iglesia es un acontecimiento del Espíritu que primero
resucitó a Jesús de entre los muertos, transformando su existencia carnal en neumática, y
después descendió sobre los Doce para hacerlos Apóstoles, fundadores de comunidades
eclesiales. El Espíritu anima una forma específica de organización.

1. A toda la Iglesia, Pueblo de Dios le son dados el Espíritu y los carismas.

Ekklesía (ecclesia, Iglesia) significa en griego profano, la reunión de los ciudadanos


(hombres libres), convocados por un mensajero con el fin de discutir en la plaza pública los
problemas de la comunidad. Ekklesía significaba también el acontecimiento y el momento
de la reunión, que de por sí no suponía continuidad. En sentido teológico, podemos decir
que la Iglesia es el encuentro de la comunidad de los fieles, encuentro provocado por Cristo
y por el Espíritu, para celebrar y profundizar su fe y discutir sus problemas a la luz del
Evangelio. En este sentido, la Iglesia es más el acontecimiento (que puede tener lugar a la
sombra de un mangle, en casa de un coordinador o en el propio templo) que la institución,
con todos sus bienes, sus servicios, sus leyes, sus doctrinas y sus ministerios, y con toda su
continuidad histórica.

La cohesión y continuidad organizada de los fieles lo expresa mejor la categoría de


<<Pueblo de Dios>>. Todo pueblo tiene su historia y sus gestas, una conciencia de sus
propios valores e idiosincrasia, un proyecto histórico en torno al cual todos se congregan, y
un poder de organización. La Iglesia, como Pueblo de Dios, posee todo esto; pero lo posee
desde una perspectiva religiosa, sobrenatural y trascendente. Todos pertenecen al pueblo,
previamente a cualquier distinción interna; así, en un primer momento todos son iguales en
el Pueblo de Dios, todos ciudadanos del Reino. La misión no ha sido confiada a unos
pocos, sino a todos; portadores del poder sagrado lo son todos en principio, aunque en una
segunda instancia lo sean los ministros sacros. Todos son enviados a anunciar la Buena
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  55

Nueva acerca del feliz futuro de la historia y del sentido del mundo garantizado y
anticipado ya por la resurrección, que historifica la verdad de la utopía de Jesús sobre el
Reino.

Según 1º Pedro 2:5-10, la Iglesia entera es un linaje escogido, morada regia


(basileion), comunidad sacerdotal (hieráteuma), nación santa, pueblo adquirido por Dios
para pregonar la gesta salvadora en beneficio de la humanidad (cfr. Apoc. 1:6; 5:10). Por lo
tanto, de acuerdo con esta concepción, el portador histórico de la causa es Jesús y de su
Espíritu es todo el pueblo. Evidentemente, se trata de un pueblo organizado, pero las
instancias de organización únicamente se justifican como servicio en provecho de todos, no
como expropiación de aquel poder sagrado de Cristo del que todos los miembros son
herederos y depositarios. La distinción entre laicos y cuerpo jerárquico, entre Iglesia
discente e Iglesia docente, sólo se justifica (como ya hemos visto) cuando se salvaguarda la
funcionalidad interna de ambos polos y se evada toda mentalidad ontocrática y clasista. De
ahí que haya que afirmar que la colegialidad, tan acentuada por el Vaticano II, no se refiere
únicamente a los obispos y presbíteros, sino que abarca también a los laicos. Al igual que la
apostolicidad, también la colegialidad constituye una nota de toda la iglesia y no sólo de
unos cuantos miembros de ella.

Es preciso retener esta concepción fundamental: existe una igualdad básica en la Iglesia:
<<todos somos hermanos>> (Mateo 23:8), todos somos hijos, todos estamos inmersos en el
Cristo resucitado y todos estamos ungidos por el santo Pneuma. Esta idea nos aproxima a la
idea de la democracia, con la diferencia de que el poder eclesial se concibe como
derivación y participación del poder del Espíritu y del Resucitado, actuantes en la
comunidad, y no simplemente como poder del pueblo, entendido profanamente.

La presencia del Espíritu se manifiesta en una enorme <<pluralidad de dones>> o


<<carismas>> (1º Corintios 12:4ss). En lenguaje paulino, significan sencillamente
<<servicios> de los que el Apóstol cita un gran número (1º Corintios 12:8-10; Romanos
12:6-8; Efesios 4:11-12). Si reparamos en la diversidad de dones/servicios, constatamos que
algunos se refieren a las necesidades coyunturales de la comunidad, como por ejemplo, el
servicio de misericordia (Romanos 12:8), el de la exhortación (Ibíd.), el de las curaciones y
los milagros (1º Corintios 12:9) mientras que otros se refieren a las necesidades
estructurales, como enseñar, dirigir, discernir los espíritus (1º Corintios 12:10; Efesios 4:11;
Romanos 12:8), que requieren ser satisfechas constantemente.

Se esboza aquí un modelo alternativo de organización comunitaria, distinto del que


se insinúa en las Epístolas Católicas y explicita claramente San Ignacio de Antioquía, en el
que todo gira en torno de la tríada <<obispo-presbítero-diácono>>. Según dicho modelo,
estos tres son los portadores privilegiados del Espíritu y sobre ellos se construye la
comunidad, con lo que de entrada establece una división entre los miembros, que dejan de
ser iguales. Ha sido concretamente este modelo el que ha hecho historia, y no tanto por
razones de orden teológico, sino extra-teológico, porque se adaptaba de un modo más
pacífico a las formas autoritarias de poder propias del mundo antiguo y, posteriormente del
mundo feudal. Pero es importante que tomemos conciencia del hecho de que originalmente
se pretendió otro modelo de comunidad más fraterno, más circular y con una mayor
participación de todos. Este intento ha permanecido siempre en la memoria de la Iglesia y
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  56

han tratado de actualizarlo, una y otra vez, diversos movimientos carismáticos, grupos de
acusado evangelismo religioso y utopistas de todo tipo. Es algo que nunca ha dejado de
alimentar al especto onírico cristiano y que jamás ha dejado a ser intentado por el camino
de la vida religiosa. Hoy día, dada la efervescencia de las comunidades de base en las que
el pueblo expresa y realiza su deseo de participación, en unos momentos en los que incluso
hay jerarcas que reencuentran el camino del pueblo y se despojan de las titulaturas de su
cargo eclesiástico, en una coyuntura histórica en la que se deja sentir con toda claridad un
deseo general de comunión y de igualdad, este modelo se halla ante una inusitada
oportunidad histórica. Este es el motivo de nuestro interés y nuestras reflexiones.

2. ¿Qué es exactamente un carisma?

Con una sola excepción (1º Pedro 4:10), son únicamente Pablo y los llamados
escritos paulinos los que emplean la palabra <<carisma>>. Este término es infrecuente en la
literatura profana e incluso en la veterotestamentaria, donde aparece tan sólo dos veces y,
aun así, con variantes. La expresión se deriva de charis o charein, palabras – generadoras
de la visión teológica del Antiguo y el Nuevo Testamento y que significan la gratuidad, la
benevolencia y el don de Dios, que se abre y se entrega al hombre. Es mérito de Pablo el
haber introducido este vocablo – carisma – en un contexto de organización de la
comunidad. Lo cual supone una profunda experiencia mística del Christus praesens y del
Pneuma como realidades vivas y operantes en las iniciativas de las personas y en la
comunidad de los fieles, empeñados en vivir el nuevo ethos inaugurado por el Evangelio.

No obstante, la realidad carismática está muy presente y perfectamente afirmada en


el Antiguo Testamento. Hay fuerzas y servicios del Espíritu Santo que se ejercen a favor del
pueblo como movimiento de liberación; así por ejemplo, en el libro de los Jueces y de un
modo particular en el caso de Sansón (Jueces 13:25). Los reyes son ungidos e investidos de
poderes especiales a favor de su pueblo (1º Samuel 11:6). El Espíritu irrumpe también
avasalladoramente en los profetas. Para el profeta Joel (capítulo 3), la característica del fin
de los tiempos será la efusión del Espíritu sobre todo el pueblo. Esta realidad Pneumática
tampoco está ausente en el paganismo, como se deduce de la actividad adivinatoria, de los
oráculos y del testimonio de la inspiración. Hay que observar, sin embargo, que dicha
actividad del Espíritu nunca tuvo como lugar de irrupción y actuación el Estado, un
determinado orden establecido o la totalidad del pueblo. La realidad del Espíritu, por el
contrario, se inscribe en el ámbito de la creatividad, de lo no convencional, de la irrupción
de lo nuevo, al nivel individual.

En Pablo hallamos un dato sorprendente; el carisma constituye la estructurante de la


comunidad. La justificación teológica reside, para Pablo, en la creencia de que, con la
aparición de la Iglesia, irrumpió el final de los tiempos. Por eso hizo también eclosión, con
toda su pujanza, la plenitud del Espíritu. En esta interpretación, el carisma no se inscribe ya
en el ámbito de lo extraordinario e inusitado, sino que constituye la tónica común de la
estructura comunitaria. De este modo, el carisma significa simplemente la función concreta
que cada cual desempeña dentro de la comunidad en bien de todos (cfr. 1º Corintios 12:7;
Romanos 12:6; Efesios 4:7).
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  57

Pablo concreta este modelo diciendo que la Iglesia es un cuerpo con muchos
miembros, vivificados todos ellos por el mismo Espíritu y cada cual con su función propia.
No existe ningún miembro que no sea carismático, es decir, ningún miembro ocioso, que no
ocupe un determinado lugar en la comunidad: <<somos, cada uno por su parte, los unos
miembros de los otros>> (Romanos 12:5). Todos gozan de igual dignidad; no caben
privilegios que puedan desestructurar la unidad del conjunto: <<No puede el ojo decir a la
mano: <¡No te necesito!> Ni la cabeza a los pies: <¡No tengo necesidad de vosotros!> (1º
Corintios 12:21). La regla de oro que salvaguarda la sanidad del modelo y su circularidad
fraterna fue formulada por Pablo del siguiente modo: <<todos los miembros se preocupen
lo mismo los unos de los otros>> (1º Corintios 12:25).

¡Cuán diferente es este estilo de vivencia cristiana de aquel otro en el que la


Jerarquía acumula en sus manos todo el poder sagrado y todos los medios de producción
religiosa y prácticamente dicta al laico: <<tú escucha, obedece, no preguntes y haz lo que
se te ordena!>>. Se trata del absoluto dominio de la cabeza sobre los pies, las manos y hasta
el corazón. La Jerarquía se considera como el único carisma fundacional, que asume y
acumula todos los demás, olvidando que la Iglesia, familia de Dios, está construida sobre el
fundamento de los Apóstoles, pero también de los profetas (Efesios 2:20) y de los
evangelizadores, pastores y maestros (Efesios 4:11; 1º Corintios 12:28). La Jerarquía es un
estado carismático en la Iglesia que no puede reprimir, como a veces ocurre, otros carismas
que el Espíritu suscita en la comunidad. Algunos carismas pueden incluso resultar
incómodos a un jerarca de espíritu militarizado que confunda la unidad del Pueblo de Dios
con la disciplina de un ejército; que expulse de su diócesis a los sacerdotes que no se
amolden a su personal catecismo; que prohíba hablar a los teólogos a la más mínima
sospecha; que funde institutos filosófico-teológicos alternativos para que se limiten a
repetir la doctrina de los Concilios, por puro desprecio de la reflexión teológica que acepta
los desafíos de la época y por pusilanimidad, mostrándose con ello no sólo poco inteligente,
sino incluso feudo, considerándose el único responsable de todo, como si no hubiese
Espíritu en la Iglesia.

La consecuencia pastoral de lo anterior es la rigidez y la falta de alegría evangélica; el


rostro de jerarca es por lo general tan triste como si estuviera acudiendo a su propio
entierro, tan serio como si tuviera que cargar él solo con la salvación del mundo entero.
Por culpa de si espíritu capitalista de querer acumularlo todo, empobrece a toda la Iglesia,
impidiendo posibles carismas y dando origen al miedo y a la existencia de multitud de
mediocres de espíritu servil, dispuestos a atender la más mínima insinuación de su amo
eclesiástico.

Es realmente distinta la Iglesia en la que no se ahoga al Espíritu; en ella prosperan


los diversos carismas, sale a la luz la creatividad que devuelve al mensaje de Jesús el
carácter de buena nueva, las personas se sienten verdaderamente miembros y no meros
feligreses de sus comunidades, y se posibilita el que haya espacio en el que todos, con sus
diversas capacidades (carismas) puestas al servicio de todos y del Evangelio, se realicen
religiosamente.

Como se ve, tanto lo rutinario como lo extraordinario se encuadran bajo la categoría


de <<carisma>>. En la Iglesia, ambas cosas tienen derecho de ciudadanía. El verdadero
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  58

carisma aflora siempre que los hombres ponen cuanto son, tienen y pueden a; servicio de
Dios y de los hermanos; siempre que refieren al Espíritu sus dotes y las hacen fructificar
como los talentos del Evangelio.

Semejante forma de organización de la comunidad eclesial es la única capaz de


conservar su elevado grado de integración y evitar las formas de dominación o impedir que
espíritus poco evangélicos se apropien privadamente del poder sagrado, así como de hacer
girar todo en torno al amor. Pablo lo entendió perfectamente. Después de enumerar los
carismas y servicio más excelsos, concluye diciendo que es preciso buscar un camino más
excelente (1º Corintios 12:31). Y hace entonces, la apología del amor, dotado de las
características de las virtudes necesarias para la cotidianeidad de la convivencia fraterna: la
paciencia, la benevolencia, la superación de la envidia, de la soberbia, de la ambición, de la
ira, de la malévola sospecha, de la búsqueda de uno mismo y sus intereses (cfr. 1º Corintios
13:4-7; 14:1). Este amor, así de concreto y de sencillo, es el carisma de los carismas, el
servicio de todos los servicios que se pueden prestar: <<el amor no acaba nunca>> (1º
Corintios 13:8).

¿Qué es, pues, un carisma? El carisma es una manifestación de la presencia del


Espíritu en los miembros de la comunidad, que hace que todo lo que dichos miembros son
y realizan sea realizado y ordenado en beneficio de todos. Hans Küng define el carisma del
siguiente modo: <<Es el llamamiento que Dios hace a cada uno para un determinado
servicio en la comunidad y que le hace apto para dicho servicio>>> Otro gran especialista
en la materia lo define así: <<El carisma consiste en el llamamiento concreto que se recibe
a través del acontecimiento salvífico y se ejerce en la comunidad, constituyendo ésta y
construyéndola por medio del servicio a los hombres en el amor.

3. La simultaneidad de los carismas

De lo reflexionado hasta aquí debería haber quedado claro que los carismas, ya sean
ordinarios o extraordinarios, proceden de Dios y del Espíritu y, para seguir siéndolo, han de
ser referidos siempre al Espíritu y no simplemente a la voluntad de autoafirmación,
debiendo ordenarse no al propio interés, sino al interés comunitario. Carisma es servicio. Es
función. El Espíritu concede sus dones a cada uno, conforme a Su voluntad (1º Corintios
12:11). De ahí que no debamos pensar que existe sólo una determinada especie de carisma
como pueden ser, por ejemplo, los que vienen a través de un sacramento (cfr 2º Timoteo
1:6: <<el carisma de Dios que está en ti por la imposición de mis manos>>. El carisma no
está ligado a una institucionalización de carácter sacramental. Pablo, que habla de los
carismas, no menciona los carismas vinculados al sacramento del Orden. Y afirma
razonadamente: <<Pues en el Espíritu habéis sido enriquecidos en todo . . . de manera que
ya no os falta ningún don de gracia>> (1º Corintios 1:5, 7); <<abundáis en todo>> (2º
Corintios 8:7) y <<Dios es poderoso para colmaros de toda gracia, a fin de que, teniendo
siempre y en todas las cosas todo lo necesario, tengáis aún sobrante para toda obra buena>>
(2º Corintios 9:8).

Esto significa que existe una simultaneidad de carismas. Cada cual, en su puesto, en
su función y en la medida de su capacidad, ha de servir a los demás. Cualquier interferencia
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  59

en el carisma del otro es una interferencia en la unidad de la Iglesia. Y esto se aplica tanto a
los que hablan en lenguas como a los sabios o a los que gobiernan. Cada cual en su terreno,
sirviendo a todos y abierto a todo. Pero, aun cuando exista simultaneidad de carismas, hay
entre ellos, evidentemente, una jerarquía, según las necesidades de la Iglesia. Hay carismas
más urgentes. Lo cual, sin embargo, no autoriza al carisma más importante en una situación
concreta a sofocar otros carismas o impedir su ejercicio. Aun el menor de los carismas
pertenece a la estructura de la Iglesia y emana del mismo Espíritu que hace brotar carismas
más urgentes.

4. Cada uno es portador de uno o más carismas

En la Iglesia no hay miembros pasivos; no hay unos que mandan y otros que son
mandados. Cada cual, dentro del Cuerpo, desempeña alguna función. Por eso todo cristiano
es un carismático. Lo afirma Pablo: <<Cada cual tiene de Dios su gracia particular: unos de
una manera, otros de otra>> (1º Corintios 7:7); <<a cada cual se le otorga la manifestación
del Espíritu para provecho común>> (1º Corintios 12:7). Y Pedro lo confirma: <<Cada cual
ponga al servicio de los demás el carisma que ha recibido como buenos administradores de
las diversas gracias de Dios>> (1º Pedro 4:10). Y los Hechos de los Apóstoles hablan de
cómo el Espíritu <<se derrama sobre toda carne>> (2:17).

De ahí se sigue – repetimos – que los carismas no están reservados a determinadas


personas, como pueden ser los presbíteros, los obispos, etc. Nadie puede pretender poseer
todos los carismas: <<¿Acaso todos son apóstoles? ¿o todos profetas? ¿o todos maestros? . .
. (1º Corintios 12:29). Cada cristiano, por lo tanto, es exhortado a no ver sus funciones, su
profesión o sus capacidades de un modo superficial, sino de un modo profundo, como
dones recibidos de los que no es dueño, sino que ha de ejercerlos en la construcción de la
comunidad.

5. El carisma como estructura de la comunidad

Si <<carisma>> significa el modo concreto de hacerse presente en el mundo el


Espíritu y el Resucitado, entonces debemos afirmar que el carisma pertenece a la estructura
de la Iglesia y que, sin él ésta no puede constituirse como realidad religiosa y teológica. El
carisma, por otra parte, no fue un privilegio de los primeros tiempos de la Iglesia, sino que
es algo permanente en la misma, como comunidad que es, dotada de diversas funciones y
servicios. El carisma no excluye el elemento jerárquico (como veremos con más detalle),
sino que lo incluye. El carisma es más fundamental que el elemento institucional. El
carisma es la fuerza pneumatica (dynamis tou Theou) que instaura las instituciones y las
conserva vivas, articulándose en ellas. Por eso el principio de estructuración de la Iglesia no
lo constituyen las instituciones, ni la jerarquía, sino el carisma, que está en la raíz de toda
institución y de toda jerarquización. No hay una clase de gobernantes y otra de gobernados.
Lo que hay es un grupo de fe. Tanto el que gobierna como el gobernado deben creer. La fe,
o el carisma de la fe, es el prius natura y el dato común en el que todos comulgan y poseen
una fundamento igualdad fraterna.
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  60

No hay Iglesia sin carisma, es decir, sin la presencia del Espíritu y del Resucitado que
se manifiesta concretamente en los diversos miembros y en sus respectivas funciones. Por
eso no es posible imaginar una Iglesia privada de carismas. Sería tanto como imaginar una
Iglesia privada de la gracia y de la salvación, privada del Resucitado y, consiguientemente,
privada de vida. Sería un museo de muertos, una arqueología agonizante de recuerdos
muertos de un pasado vivo, pero pasado a fin de cuentas.

Afirma un especialista en la materia: <<La estructura fundamental carismática de la


Iglesia significa que cada cual posee su propio lugar en la comunidad, en el cual ha sido
constituido en virtud de su propio carisma; significa además que, precisamente en ese su
lugar, constituye la Iglesia. SI pierde su lugar o les es arrebatado, entonces la comunidad no
sólo padece un perjuicio moral, sino que es atacada en su misma esencia e incluso
podríamos decir que es pervertida>>.

Cuando hay represión de unos sobre otros, cuando hay deseos de poder, entonces
entra en juego el espíritu <<humano>>, en lugar del Espíritu de Cristo; entonces se sofoca
la libertad a la que hemos sido llamados y convocados por Cristo (Gálatas 5:1s); entonces
caemos en el régimen del legalismo, del fariseísmo y del judaísmo decadente. Por eso
advierte Pablo muy seriamente: <<No ahoguéis el Espíritu>> (1º Tesalonicenses 5:19).

La tentación constante de la Iglesia y de sus miembros es la del poder de unos sobre


otros, de que prevalezca un carisma sobre otro hasta llegar a reducirlo al silencio. Entonces
ya no rige la escucha, sino el hablar imperioso, y los imperativos de la ley se hacen
represivos; entonces se corre el diabólico riesgo de que la Iglesia, en lugar de ser una
comunidad de los que creen, es decir, de los que escuchan la Palabra de Dios, del Espíritu y
del Resucitado, se transforme en una comunidad que únicamente escucha dogmas, leyes,
ritos, prescripciones canónicas y exhortaciones edificantes, pero no la palabra libertadora
del Espíritu.

¿Qué sería la Iglesia si no hubiera en ella quienes consolaran, animaran e infundieran


esperanza y jovialidad? Sería una Iglesia de seres tristes y gimoteantes. Podría haber en ella
orden, disciplina y obediencia, pero esto es algo que también podemos encontrar (y mucho
mejor) en un ejercito. Ahora bien, la Iglesia no es un ejército, no se reúne para estudiar y
aprender a matar con técnicas de ataque y de defensa, sino para aprender a amar a los
hombres y a Dios. Y esto requiere carismas distintos de los del orden y la disciplina. Claro
que también es cierto lo contrario: ¿qué sería de una Iglesia en la que hubiera múltiples
carismas, pero en la que no se diera un orden entre los mismos de manera que todos ellos
construyesen el mismo cuerpo? Si no hubiera quien cuidara de que los carismas no se
ejerzan en beneficio propio o de un grupo, formando con ello una ecclesiola dentro de la
Ecclesia (ecclesiola que puede incluso estar presidida por un cardenal-arzobispo), sino que
se ejerzan en beneficio de todos, ¿qué sería de la Iglesia?

Todos los carismas, y no sólo unos cuantos (como el del orden y la unidad, el de la
enseñaza ortodoxa y la presidencia del culto sagrado), constituyen la Iglesia. Por eso el
carisma de la co-responsabilidad, de la crítica constructiva, del saber científico y técnico, de
la poesía, de la música, de la oratoria, de la teología, de la organización, todos ellos y otros
muchos tienen su auténtico lugar en el cuerpo eclesial. No han de ser simplemente
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  61

tolerados o moralmente reconocidos, sino que han de ser vistos como constitutivos (del
orden de la naturaleza y de la esencia) y no sólo como integrantes de la vida de la Iglesia,
de la cual son Señores Cristo y el Espíritu. Son ellos quienes mediante los servicios y
carismas de los diversos miembros de la comunidad, se anuncian a sí mismos y actúan. una
mentalidad proclive al poder y víctima de una concepción autoritaria de la vida de la Iglesia
no puede entender este modo – más místico y espiritual – del misterio eclesial.

Esta visión permite juzgar acerca del carácter evangélico de la forma de ejercer el
mando dentro de la Iglesia. No basta con apelar a que se trata de un carisma permanente del
que se ha sido investido en virtud del sacramento del Orden. Es menester ver cómo se
ejerce, porque hay formas de ejercerlo que no son más que dominación, las cuales han sido
estigmatizadas por Cristo como algo propio de los señores de este mundo (Mateo 20:25) y,
en nombre del Espíritu y de la libertad a la que hemos sido llamados por Cristo, deben ser
criticadas y, en último caso, desatendidas, porque <<hay que obedecer a Dios antes que a
los hombres>> (Hechos 5:29; 4:19). El hecho de que existan estructuras de poder en la
Iglesia no significa que con ello se viole su esencial naturaleza carismática. El poder puede
ser un carisma, con tal que sea servicio a los hermanos e instrumento de construcción de la
justicia y de la comunidad.

Todos estas reflexiones suscitan un problema que no es posible eludir: ¿cuándo


sabemos que el carisma es carisma? ¿Existen criterios de discernimiento?

6. Los criterios de verdad de los carismas. ¿Cuándo sabemos que el carisma es


carisma?

Un criterio es la norma según la cual normativizamos algo y discernimos si un


fenómeno, por ejemplo, procede del poder de Dios o puede simplemente explicarse por lo
que tengamos más a mano y por las circunstancias ambientales.

Con respecto al carisma podemos decir que si el fenómeno procede de Dios y es


constantemente remitido a Dios por parte del que lo posee, puede que nos hallemos ante un
carisma. Pero es difícil determinar si procede de Dios. La mejor forma de saber si procede
de Dios consiste en ver si el sujeto del carisma lo refiere siempre a Dios. Pero aquí hay otro
problema: no siempre la referencia a Dios es verdadera referencia a Dios. Como sucede con
muchos fenómenos espiritistas, el hombre puede referirlo todo a Dios y, sin embargo, puede
tratarse de una falsa interpretación. Puede ser fruto del interés y del poder que actúan
inconscientemente. Entonces la persona es engañada por su propia estructura inconsciente,
aun cuando su consciente se refiere a Dios. De ahí, pues, que se precise del otro criterio: el
del servicio comunitario, desinteresado y superador del egoísmo.

Lo que unifica a la comunidad cristiana es el Espíritu, de quien procede todo y al que


todo se refiere (cfr. 1º Corintios 12:4; Efesios 4:4; Romanos 12:6). Si alguien, con su
carisma, desune, disgrega, crea atmósfera de división y de odio, entonces deja de ser
carisma y se transforma en objeto de curiosidad para espiritualistas. Si no se da esa
referencia convergente y unificadora, los carismas actúan de manera destructora en la
comunidad. Son como hongos que crecen en el humus, pero que destruyen la vida. Por eso
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  62

Pablo condena el deseo desordenado de carismas (1º Corintios 13:2). Lo que convierte al
carisma en carisma es su vinculación al Espíritu, el cual es Espíritu de unidad y no de
división. Entonces el carisma escapa a la manipulación por parte del hombre. El carisma es
siempre gracia, es siempre don gratuito. El hombre está en la situación de quien recibe y
sólo usa legítimamente el don cuando lo reconoce como recibido y enviado.

a) Carisma y talentos humanos

Existe una muy íntima relación carisma y talentos humanos. El recibir o no recibir
talentos no depende del poder del hombre. El talento es gracia. El hombre puede mostrarse
responsable o irresponsable frente a los talentos recibidos (Mateo 25:14ss). El talento es
bien empleado y consigue humanizar cuando es continuamente vivido en el horizonte de la
gratuidad. Es gracia, y, consiguientemente, es verdadero cuando es reconocido como un
don del que se es responsable. En el momento en que el talento recibido se independiza de
su fuente y olvida si origen gratuito, seguirá existiendo, pero será vivido y desarrollado de
un modo deshumanizador: como autopromoción, como medio de sojuzgar a otros y como
instrumento para vencer a posibles competidores. A pesar de lo cual no deja de tener un
origen gratuito; pero en realidad se pervierte, porque se olvida de la fuente que lo alimenta
continuamente.

El carisma (aun cuando se trate de un carisma común) es ese mismo talento, pero
vivido en el permanente recuerdo de su origen divino, de que es algo que se ha recibido.
Por eso talento y carisma, dotes naturales y gracia, no se oponen: son la misma realidad,
aunque vivida por el hombre de diferentes formas. Si uno la vive como don de Dios, se
llama carisma; si otro la vive como construcción propia, como instrumento de dominio
sobre otros, entonces se llama dote meramente natural. Evidentemente, esta última forma
de verlo no transforma la estructura del talento, sino la estructura del hombre, que vive
entonces en una falsa conciencia.

b) El carisma es para la edificación de la comunidad

No basta con que el carisma provenga del Espíritu; esto únicamente garantiza su
dimensión vertical. Hay que tener además en cuenta que el carisma viene de Dios para los
hombres; el carisma es para la edificación de la comunidad; ésta es su dimensión
horizontal. Si se produce alguna ruptura en este <<cruce de líneas>>, entonces desaparece
el carisma. Pablo tomo como ejemplo un carisma de carácter inusitado y extraordinario:
hablar en lenguas. El que habla en lenguas sólo es verdaderamente carismático si lo que
dice es comprensible para los demás. De lo contrario el suyo es un caso de psicoanalista, o
bien pretende autopromocionarse basándose en la superstición de los demás (cfr. 1º
Corintios 14:2): <<Tu acción de gracias será excelente, pero el otro no se edifica . . . pues
no sabe lo que dices>> (1º Corintios 14:17). Pablo es taxativo: <<En la asamblea, prefiero
decir cinco palabras con mi mente para instruir a los demás, que diez mil en lenguas>> (1º
Corintios 14:19) que nadie entiende. Se condena aquí todo lo que sea mistificación,
autoilusión, inconsciente, pietismo y sobrenaturalísimo, en nombre del servicio y la
utilización de los demás.
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  63

La comunidad de Corinto, invadida de misticismo y efervescencia espiritualista, tuvo


que escuchar de Pablo una advertencia de permanente y actual valor: <<Todo es lícito, mas
no todo es conveniente. <Todo es lícito>, mas no todo edifica>> (1º Corintios 10:23). Nos
hallamos de nuevo ante el criterio básico, simple y natural del servicio, del descentramiento
del propio yo, del desinterés personal en función en función de los demás. No nos hace falta
demasiada sutileza teológica, ni demasiados y sofisticados argumentos, ni recurrir a muchas
autoridades para saber si un don, un servicio o un trabajo procede de Dios. Basta con fijarse
en su funcionalidad y utilidad para la comunidad. Es preciso que haya provecho y
edificación y no únicamente bondad y pureza de intención. Puede haber dones que sean
efectivamente dones, pero excedan las necesidades y las demandas de la comunidad.
Entonces será preciso que dicho don, carisma o servicio se contenga y aguarde su kairós.

La norma normans es la siguiente. <<Que nadie procure su propio interés, sino el de


los demás>> (1º Corintios 10:24). A partir de aquí podemos observar que la rígida
estructuración jerárquica de la Iglesia proporciona beneficios y ventajas de todo orden
(religioso, meritocrático, económico, social, tráfico de influencias, privilegios públicos) a
sus portadores. Salen a la luz el <<carrerismo>>, con sus servidumbres que comporta, las
declaraciones diplomáticas, la falta de compromiso, la ocultación de la verdad, la renuncia
y la muerte a todo espíritu profético, con la parresía que caracterizó a los Apóstoles. Y
adquieren curso legal los arquetipos del poder, del ascenso social a través del camino
religioso. Entonces, en lugar de tener en la Iglesia pastores que edifiquen su comunidad, lo
que tenemos son espíritus mediocres y fofos, más preocupados por su propia imagen que
por la verdad del Evangelio y el amor a los hombres y a los pobres, por quienes Cristo lo
arriesgó todo.

Hemos de decirlo con toda claridad: cuando el carisma no se conserva como carisma,
entra en juego la concupiscencia, que es el deseo de poder y de tener y que procede del
pecado (Juan 8:44) y conduce al pecado (Romanos 1:24ss). Concupiscencia que destruye la
comunidad, a veces por pura vanidad y excesivo sentido del mando por parte del párroco o
del obispo. Pablo muestra la equivalencia sub contrario de las obras de la carne y las obras
del Espíritu, de las prácticas de l;a concupiscencia y las prácticas pneumáticas (cfr. Gálatas
5:16-25).

Puede suceder que toda la comunidad se vea invadida de <<odios, discordias, celos,
disensiones, divisiones, envidias (Gálatas 5:20). Entonces es menester el imperativo del
orden y la disciplina, que también son carismas (con tal de que conserven su funcionalidad)
que no pretenden limitar otros carismas, sino circunscribirlos al ámbito de su validez en el
interior de la comunidad y en función de ella.

7. El carisma de la unidad entre los carismas: el coordinador, el presbítero, el obispo,


el Papa

En toda comunidad es fundamental el problema de la cohesión interna y de la unidad,


especialmente cuando se manifiestan factores de disgregación. Pues bien, hay un carisma,
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  64

uno entre tantos, pero de capital importancia, que es el responsable de la armonía entre los
diversos y múltiples carismas. Dicho carisma es propio de quienes ocupan las instancias de
dirección de la comunidad. El nombre que suele dársele es el de <<Jerarquía>>.

El Nuevo Testamento no tiene una expresión para designar lo que nosotros


entendemos hoy por función jerárquica. El término más parecido, según el célebre exegeta
alemán Ernst Käsemann, es el propio término de <<carisma>>. Para entender el carisma de
ordenación de la comunidad, es preciso hacer abstracción de los modelos históricamente
conocidos, ya sea a nivel profano (monárquico, feudal, democrático), ya sea a nivel
eclesiástico (tipo obispo, Papa o párroco), especialmente a este último nivel, porque ha
recibido históricamente una fortísima carga de auto-sacralización. El Nuevo Testamento
trata de evitar tanto una nomenclatura sagrada como profana. Seculariza totalmente la
nomenclatura, a fin de que no se dé ninguna contaminación de dominación (poder profano)
ni de magnificación y privilegio (poder sagrado). Por el contrario, y para escándalo de
nuestros oídos, habituados a titulaturas bizantinas, utiliza términos que designan meras
funciones profanas y servicios: diakonía y oikonomía, servicio y dirección de la casa.
Como ya se ha dicho, en el Nuevo Testamento no hay propiamente ministerios, sino
ministros. Y para definir a los ministros, responsables de la dirección de la comunidad, se
habla simplemente de <<carisma de dirección, presidencia, asistencia y gobierno>> (1º
Corintios 12:28; 1º Tesalonicenses 5:12; Romanos 12:8; 1º Corintios 16:16). También se
habla de los episkopoi (obispos) y diakonoi (diáconos; Filipenses 1:1). Obispo y diácono,
contrariamente a como hoy lo entendemos, no tienen nada que ver con el sacramento o con
el culto. En su más directa y sencilla acepción, al obispo compete vigilar y controlar para
que todo funcione satisfactoriamente. El diácono es un servidor o asistente, cargo en todo
caso secundario. La palabra <<presbítero>> proviene de otra tradición, la judía: era el
grupo de los más venerables y ancianos de la comunidad, que asumían la función de
asistencia y organización.

Como se ve, el sentido dominante no va vinculado a lo sacro, sino al servicio de


vigilancia, conducción y asistencia.

Función específica de la Jerarquía (de los que ocupan cargos de dirección) no es, pues,
acumular, sino integrar, propiciar la unidad y la armonía entre los diversos servicios,
tratando de que nadie atropelle, ahogue o se sobre ponga a otro. Teniendo en cuenta, por
consiguiente, esta función, queda descartada la subordinación inmediata de todos a los
jerarcas; no es para subordinar para lo que están ahí, sino para alimentar precisamente el
espíritu contrario; el espíritu de fraternidad y unidad en torno a su servicio (Jerarquía)
suscitado por el Espíritu para mantener la circularidad e impedir las divisiones y las
superposiciones. Este carisma de unidad, como se ve, supone otros carismas, como el del
diálogo, la paciencia, la capacidad de escucha, la serenidad, el conocimiento del corazón de
los hombres y sus mecanismos de poder y de autoafirmación. Esta función jerárquica es
desempeñada por el coordinador en la comunidad de base, por el párroco en su parroquia,
por el obispo en su diócesis y por el Papa en la Iglesia universal, que es la comunidad de
todas las Iglesias entre sí.

Debido al carisma de la unidad, son ellos quienes presiden las celebraciones de la


comunidad; son ellos los primeros responsables de la ortodoxia de la doctrina y del recto
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  65

ordenamiento de la caridad. Y en razón al recto orden y al funcionamiento del conjunto, a


ellos les compete de modo especial discernir los espíritus y cuidar de que los carismas
conserven su carácter de carismas en la medida en que son servicios a favor de la
comunidad.

Este modelo de organización podría hoy informar toda una forma de vivir el Evangelio
en pequeños grupos, constituyendo una red cada vez más amplia de comunidades que
integren a los fieles, a los religiosos, a los sacerdotes y a los obispos. Es la oportunidad para
que la Iglesia, que nace de la de del pueblo, pueda actualizar esta forma ideada por Pablo.
Al menos podrá ser un espíritu que, en la fuerza del Espíritu, revitalice las instituciones
tradicionales y jerárquicas de la Iglesia. Y la historia de la salvación nos muestra que allí
donde actúa el Espíritu, allí podemos contar con lo Inesperado y con lo Nuevo que aún no
ha acaecido.

Lectura 7

Iglesia & Ministerio – Tesis 10


C. F. W. Walther

Al ministerio de la Palabra, según el derecho divino, pertenece además la obligación


de juzgar doctrina, pero los laicos también poseen este derecho. Por lo tanto, a los
laicos se les conceden tanto una voz y un voto juntamente con los miembros del clero
en los consistorios eclesiásticos y concilios.

1. Pruebas Bíblicas

No se necesita pruebas para demostrar que es el deber de los ministros juzgar la doctrina
porque el oficio ministerial no pudiera ser administrado sin juzgar doctrina. No obstante,
según la Palabra de Dios, el derecho de juzgar doctrina no ha sido abolido con el
establecimiento del ministerio. Al contrario, todos los textos bíblicos que mandan a los
laicos a juzgar doctrina declaran incontestablemente que esto es el más sagrado deber de los
laicos. El santo apóstol Pablo escribe: <<Como a sensatos os hablo; juzgad vosotros lo que
digo. La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El
pan que partimos ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo?(1) Corintios 10:15-16).
Además: <<Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios. (1º
Juan 4:1)>>; <<Si alguno viene a vosotros y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa ni
le digáis: “¡Bienvenido!”, porque el que le dice “¡Bienvenido!” participa en sus malas
obras. (2º Juan 10-11)>>; << No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo y retened lo
bueno. Absteneos de toda especie de mal (1º Tesalonicenses 5:20-22)>>.

Pruebas adicionales pueden se hallados en todos los textos en que se advierten a los
cristianos a cuidarse de los falsos profetas (Mateo 7:15-16; Juan 10:5), como también en los
textos en que se alaba a los cristianos por su celo en probar la doctrina. De los cristianos en
Berea se nos dice: <<Estos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  66

recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si
estas cosas eran así (Hechos 17:11)>>. Finalmente el libro de los Hechos nos relata que en
el primer concilio de los apóstoles, no solamente estaban presentes laicos sino que también
hablaron. Las resoluciones fueron preparados tanto por ellos como por los apóstoles y que
fueron redactados también en su nombre. Por tanto, sin lugar a duda, los laicos deben tener
voz y voto juntamente con los ministros de la Palabra de las cortes eclesiásticas como en
los sínodos de la iglesia.

2. El testimonio de la Iglesia en sus confesiones oficiales

Los Artículos de Esmalcalda: Así el papa ejerce una doble tiranía: defiende sus errores con
fuerza y asesinatos y prohíbe un examen judicial. La última ocasiona más daño que
cualquier suplicio, porque cuando ha sido eliminado el apropiado proceso judicial, entonces
las iglesias ya no pueden remover enseñanzas impías y formas de culto impías, e
innumerables almas se pierden generación tras generación. . . . Ya que las decisiones de los
sínodos son las decisiones de la iglesia y no de los pontífices, incumbe especialmente a los
reyes reprimir la licencia de los pontífices y ver que la iglesia no se vea privada del poder
de juzgar y de decidir según la palabra de Dios. Y ya que los otros cristianos deben censurar
todos los otros errores del papa, así también deben reprender al papa cuando elude y
obstruye la verdadera comprensión y el verdadero juicio de parte de la iglesia. (51-53,
página 342-343, Libro de Concordia).

3. El testimonio de la Iglesia en los escritos privados de sus maestros

Lutero: <<Le incumbe a cada cristiano a conocer y juzgar la doctrina, por cierto, tanto que
cualquiera que debilite este derecho debe ser condenado. Porque Cristo mismo ha mandado
este derecho en muchos textos irrefutables como, por ejemplo, Mateo 7:15 <<Guardaos de
los falsos profetas, que vienen a vosotros vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos
rapaces.>> En esta admonición alerta al pueblo en contra de los maestros, ordenándolos a
evitar su falsa doctrina. Pero, ¿cómo pueden evitarla si no la reconocen? Y, ¿qué ventaja
sería reconocerla si no tienen el derecho de juzgarla? El no sólo les da el derecho de juzgar
pero los ordena que la juzguen.>>

<<En texto sólo sirve para arrebatar todas las declaraciones de los papas, padres, concilios
y escuelas cuando atribuyen el derecho de juzgar y decretar solamente a los obispos y
miembros del clero mientras que maliciosamente y sacrílegamente se lo quitan al pueblo,
esto es, a la Iglesia, la Reina. Aquí Cristo viene y declara: <<Guardaos de los falsos
profetas>>. Y casi todas las palabras de los profetas concuerdan con esto. Porqué, ¿cuál es
la función principal de los profetas? ¿No es de advertir al pueblo a no creer en los falsos
profetas? ¿Qué más quiere decir esta advertencia si no es para mostrar a los miembros del
pueblo que tienen el derecho de juzgar y reconocer? ¿Qué más quiere decir esto si no es
para anunciar y certificar que el pueblo debe preocuparse por todo lo que hacen y enseñan
sus sacerdotes y doctores? Por lo tanto, concluimos que tantas veces que Moisés, Josué,
David y todos los otros profetas bajo la vieja ley, llaman al pueblo – advirtiéndolo en contra
de los falso profetas - que tantas veces claman, mandan, anuncian y confirman el derecho
del pueblo para juzgar y reconocer las enseñanzas de todos los hombres. Y esto hacen
siempre en tantos pasajes bíblicos.>>
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  67

<<¿Puede nuestro Enrique (Enrique VIII de Inglaterra) o cualquier infame tomista decir
algo en contra de esto? No hemos aquí tapado la boca de todos aquellos que en este punto
enseñan erróneamente? Pero, volvamos al Nuevo Testamento. Cuando Cristo dice: <<Mis
ovejas oyen mi voz>> (Juan 10:27); <<pero al extraño no seguirán, sino que huirán de
él>>, él nombra a sus ovejas como jueces y les da el derecho de reconocer . . . Lo que
Cristo dice como mandato en Mateo 24:23-24 y en otras partes acerca de los maestros
falsos, Pedro y Pablo también dicen en cuanto a falsos apóstoles y maestros. También San
Juan declara que todos los cristianos tienen con autoridad absoluta el derecho de juzgar,
probar y condenar cuando los llama a <<probar los espíritus si son de Dios>> (1º Juan 4:1).
Así como cada uno tiene la responsabilidad por creer correctamente y no equivocadamente,
le conviene comprobar que lo que cree sea correcto. Tanto nuestro sentido común y nuestra
necesidad de alcanzar la salvación hacen necesario que el oyente juzgue la doctrina.

“De otra manera, afirma en vano la Escritura: <<Examinadlo todo: retened lo bueno. (1º
Tesalonicenses 5:21)>> Además: <<El espiritual juzga todas las cosas; pero él no es
juzgado de nadie. (1º Corintios 2:15)>> Cada cristiano es espiritual por el Espíritu de
Cristo. <<Todo es vuestro: sea Pablo, sea Apolos, sea Cefas. (1º Corintios 3:21-22), esto es,
ustedes tienen el derecho de juzgar todas las palabras y hechos. Así ustedes pueden apreciar
que clase de espíritu llevó a los concilios infames y atroces a atribuir a los papas el derecho
de actuar en contra de textos tan importantes y de lanzar ráfagas en contra de declaraciones
tan claras de las Escrituras. Han concedido a los papas el derecho de imponer y dictar leyes
en todas las cosas. Sin duda, esta fue la estrategia que utilizó el diablo para inundar el
mundo con toda clase de injusticias y de colocar en el lugar santo la abominación de
desolación. Además, los cristianos fueron despojados del poder de juzgar por esta, la más
grande de las tiranías. Finalmente, por la necia y supersticiosa obediencia del pueblo a la
autoridad del papa, se abrió la puerta a toda clase de errores y abominaciones que se
extendieron por todos lados.”

“Y mientras que pienso en mi Enrique y los sofistas cuya fe descansa en los errores que se
han perdurado por tantos siglos y han sido seguido por tantas multitudes, no puedo negar
que la tiranía que ha despojado al pueblo de su derecho de juzgar ha perdurado por más de
mil años. Ya en el Concilio de Nicea, el cual fue el mejor de los concilios, comenzaron a
promulgar leyes y arrogarse este derecho. Y gradualmente se extendió este derecho y
usurpación hasta que hoy en día nada es más común o más firmemente establecido. Se
alega que tiene ser correcto porque la perdurado tantos años y ha sido seguido por una
multitud tan grande de personas. Así que hoy se condena a los que no lo consideran como
saludable, justo y divino. Pero ustedes pueden ver que no es otra cosa que un sacrilegio y
maldad en contra las más claras y convincentes de las Escrituras. Puesto que, un error y
sacrilegio tan grande a prevalecido en contra la verdad divina por tanto tiempo y ha
embaucado y descarriado a tantas personas, yo quisiera molerlo y reducirlo a polvo para el
beneficio de todos los sofistas y papistas – destruyendo así su fundamento equivocado y
tapar sus bocas s fin de que se den cuenta que Dios no quiere que depositemos una fe en
cual criatura , sea largo, ancho, grande o alto, sino sólo en la Palabra de Dios que es la
única base infalible.”
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  68

“Por consiguiente. Creemos como verdad incontrovertible que el derecho de reconocer,


juzgar y probar doctrina es nuestra y no de los concilios, papas, padres y maestros. Pero
esto no quiere decir que tenemos el poder de establecer nuevas leyes. Esta autoridad le
compete únicamente a Dios. Pero a nosotros nos pertenece el derecho de reconocer, probar
y juzgar su Ley y su Palabra y de separarlas de todos los estatutos de los hombres. No
tenemos el derecho de promulgar leyes y obligar a los creyentes a obedecerlas. No se puede
deducir de las palabras de Cristo, <<Guardaos de los falsos profetas>> que tenemos el
poder de la profecía. En verdad, como dice Pedro: <<Porque nunca la profecía fue traída
por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios, hablaron siendo inspirados por
el Espíritu Santo>> (1º Pedro 1:21). Tampoco quieren decir las palabras <<Mis ovejas oyen
mi voz>> que mis ovejas tienen el derecho de hacer o crear mi voz. Al contrario, se afirma
lo opuesto, es decir: Haré que escuchen mi voz, pero Mis ovejas reconocerán, probarán y
seguirán mi voz cuando yo la declare . . . “

“Pero ahora, dirán ellos: <Si todo el mundo tiene la autoridad de juzgar y probar, ¿qué
haremos cuando los jueces no están de acuerdo y todo el mundo juzgue según su propia
opinión? Debe haber por necesidad alguien con quien todos los jueces están de acuerdo a
fin de mantener la unidad de la iglesia. Respuesta: Tanta palabrería necia les conviene a los
tomistas. Déjame en respuesta preguntar: ¿Cómo afirmaremos hoy nuestro derecho, puesto
que todos nosotros hemos sido sujetados al juicio del papa? ¿Cómo se puede mantener la
unidad de la iglesia bajo tales circunstancias? ¿Se puede preservar la unidad de la iglesia, si
las personas se unen al papa nominalmente? ¿Qué pasa con la unidad del corazón? ¿Quién
realmente puede tener confianza en su conciencia de que el papa tenga razón? Donde no
hay confianza, tampoco hay unidad. Así en el papado hay una apariencia externa de unidad,
pero por dentro no hay nada, sino solamente una Babilonia más atroz donde no queda una
piedra sobre otra y donde nadie está de acuerdo con los demás.”

“Así se puede apreciar como la arrogancia humana puede aconsejarnos tan


asombrosamente con sus decretos en asuntos espirituales. Por lo tanto, tenemos que
encontrar otra manera para asegurar la unidad de la iglesia, y ésta es lo que menciona
Cristo: <Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y
aprendió de él, viene a mí. (Juan 6:45)> Es solamente el Espíritu interno que nos hace
habitar en una casa en unidad. El nos enseña a creer en la misma cosa, juzgar la misma
cosa, reconocer la misma cosa, confesar la misma cosa y seguir la misma cosa. Cuando
falta el Espíritu, la unidad no puede existir. Donde existe otra clase de unidad, es solamente
una unidad externa, solamente una mano de pintura blanca que cubre la falta de unidad
interna.”

“Por lo tanto, no le importa a Dios si existe o si no existe unidad entre personas malvadas,
porque carecen de la unidad del Espíritu. Basta para unidad externa de sus hijos si tienen un
solo Bautismo y un solo Pan como sus distintivos y símbolos o consignas. De esta manera,
pueden confesar y practicar su fe y la unidad del Espíritu. La iglesia papista busca su
unidad en conformidad con su ídolo externo, el papa. Pero internamente está desgarrada por
los errores más horribles para el gran júbilo de Satanás.” (Lutero, Contra Enrique, Rey de
Inglaterra, 1522)
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  69

Lutero: “Las palabras y enseñanzas humanas han establecido y decretado que se debe
delegar solamente a los obispos, eruditos y concilios el derecho de juzgar doctrina. Lo que
deciden ellos todo el mundo debe considerar como correcto y como un artículo de fe. Se
comprueba esto con continuo alarde de la autoridad espiritual del papa. Casi no se escucha
otra cosa de ellos que esta jactancia, o sea, que suyos son el poder y la autoridad de juzgar
lo que es cristiano o lo que es herético. Además afirman que el simple laico debe aceptar su
juicio y adherirse a ello. ¡He aquí cuán arrogante y necia es esta jactancia suya, la cual es su
más grande defensa y armadura y que tan fieramente se opone a la Ley de Dios y su
Palabra! Mire como han buscado imponer esta baladronada a todo el mundo. Pero Cristo
enseña todo lo contrario – quitando a los obispos, los eruditos y los concilios tanto el
derecho y la autoridad de juzgar la doctrina. Cristo, en cambio, otorga este derecho a todos
los cristianos en común. El dice: <Las ovejas . . . conocen su voz> (Juan 10:4). Otra vez
<Mas al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.>
Otra vez, <Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores; pero no los
oyeron las ovejas.>”

“Aquí se puede ver claramente a quién le pertenece el derecho de juzgar doctrina. Obispos,
papas, eruditos y todos los demás tienen el poder de enseñar, pero son las ovejas que deben
juzgar si lo que enseñan es la voz de Cristo o la voz de un extraño. Mi querido amigo, ¿qué
dirán esos burbujas de jabón en contra de estas palabras? Ellos se rasgan y se rasguñan
gritando <¡Concilios, concilios! Tu debes escuchar a los eruditos, los obispos, la
muchedumbre. Tu debes observar los usos y costumbres antiguos!> ¿Crees tú que voy a
permitir que la Palabra de Dios se rinda ante sus tradiciones antiguas, sus costumbres y sus
obispos? ¡Nunca! Dejaremos a los obispos y concilios decretar y establecer todo lo que
quieran. Pero cuando tenemos la Palabra de Dios como nuestro apoyo, entonces el derecho
de decir que algo sea correcto o incorrecto es nuestro y no de ellos. Son ellos que deben
ceder ante nosotros y obedecer nuestra Palabra. Aquí tu puedes ver con suficiente claridad
hasta que punto de puede confiar en aquello que tratan con las almas con la palabra de
hombres. Todo el mundo puede ver como se enfurecen en contra de esta Palabra tan clara
de Cristo todos los obispos, los establecimientos religiosos los claustros y todo que les
pertenece. Con arrogancia privan a las ovejas su derecho de juzgar la doctrina y lo usurpan
para si mismos. Por consiguiente, es cierto que ellos deben ser considerados como asesinos,
ladrones, lobos y cristianos renegados quienes han sido condenados públicamente aquí no
solamente de negar la Palabra de Dios sino también de oponerse a la Palabra y actuar en
contra de ella de acuerdo con la profecía de San Pablo en 2ø Tesalonicenses 2:3-4.”

“Otra vez, Cristo dice: <Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos
de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces (Mateo 7:15)>. Observen que aquí Cristo
otorga la autoridad de juzgar no a los profetas y maestros, sino a los alumnos y ovejas.
¿Cómo se puede protegerse en contra de los profetas falsos y no son permitidos a
considerar, juzgar y probar doctrina? Por tanto, no pueden existir falsos profetas entre los
oyentes, solamente entre los maestros. Consecuentemente, todos los profesores con sus
doctrinas están sujetos al juicio de los oyentes.”

“Un tercer pasaje es de San Pablo: <Examinadlo todo; retened lo bueno (1º Tesalonicenses
5:21).> Aquí el apóstol no quiere que sea observada cualquiera enseñanza o ley a menos
que primero la congregación que la ha escuchado también la ha probado y aprobado. Aquí
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  70

también el derecho de juzgar es quitado a los maestros y dado a los alumnos entre los
Cristianos. Por lo tanto, entre los Cristianos, es un asunto muy diferente que con el mundo.
En el mundo los grandes señores mandan todo lo que desean y sus sujetos están bajo la
obligación de seguirlo. No obstante, Cristo nos dice que entre nosotros no es así. Entre los
Cristianos cada uno es el juez del otro y la vez sujeto al otro. Pero los tiranos eclesiásticos
han pervertido al Cristianismo y lo han convertido en un gobierno secular.”

“Un cuarto texto viene otra vez de Cristo: <Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán
muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán (Mateo 24:4-5).>
En resumen, ¿qué necesidad tenemos de aducir mas pasajes? Todas las advertencias de San
Pablo como Romanos 16:17-18; 1º Corintios 10:14; Gálatas 3:4-5; Colosenses 2:8 y otros,
como también todas las declaraciones de los profetas que enseñan que las doctrinas de los
hombres deben ser evitados – todos estos pasajes les quitan a los maestros el derecho y la
autoridad de juzgar doctrina y la otorgan a los oyentes a fin de que con oraciones sinceras y
al peligro de sus propias almas no solamente tengan el derecho y poder de juzgar todo lo
que se predique sino también están bajo la obligación de juzgar a fin de que no incurran en
el desagrado de la Majestad divina.”

“Porque podemos ver en que maneras anti-cristianas los tiranos han tratado con nosotros
con quitarnos este derecho y mandato, usurpándolo para sí mismos. Con esto ellos han
merecido justamente que sean expulsados del Cristianismo como lobos, ladrones y asesinos
quienes nos tiranizan y nos enseñan en contra de la Palabra y voluntad de Dios. Así
concluimos que dondequiera existan congregaciones cristianas con el Evangelio, que no
solamente tienen el derecho y la autoridad que recibieron de Cristo en su Bautismo, sino
también el deber, so pena de condenación eterna, de evitar, huir, rechazar y renunciar la
tiranía que ahora ejercen los obispos, abades, conventos, establecimientos religiosos y sus
secuaces, porque es obvio a todos que nos enseñan y nos tiranizan en contra de Dios y de su
Palabra. Por lo tanto, por el presente ha sido establecido segura y firmemente que es
divinamente necesario y justo para nuestra salvación que los obispos, abades, claustros y
cualquiera gobernante que sea – debe ser abrogado y evitado (Lutero: Que una Asamblea
Cristiana tiene el Derecho y Autoridad de Juzgar toda Doctrina 1523).

Lutero: “El séptimo y último oficio [de una congregación] es para juzgar y reconocer toda
doctrina. Hay una razón, no insignificante, por la cual aquellos sacerdotes hipócritas y
cristianos pintados han usurpado este oficio para si mismos. Ellos saben muy bien que si
este oficio estuviera en poder de la congregación, ninguno de los ya mencionados pudiera
permanecer con el suyo. Porque si se quita el derecho de juzgar de los oyentes, ¿qué no
pudiera osar enseñar un doctor o maestro. Si fuera posible, sería aun peor que el diablo. Por
el otro lado, si el derecho de juzgar doctrina fuera otorgado o entregado a los oyentes, ¿qué
pudiera aventurar un maestro aunque fuera mas que un ángel. Porque si esto fuera
permitido, entonces Pablo pudiera no solamente reprender a Pedro, sino también condenar a
un ángel del cielo.”

“Sin duda, los papas y los concilios hubieran hablado y decretado acerca del sacerdocio, el
ministerio y otros oficios tales como el de bautizar, bendecir, atar, orar y juzgar doctrina,
con mucho mas temor y tremor si hubieran tenido que temer el juicio y condenación de los
oyentes. De hecho, el papado nunca se hubiera llegado a existir si esta regla hubiera
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  71

prevalecido. Por lo tanto, nos hicieron un favor con usurpar este oficio solo para si mismos.
Ellos lograron realizar esto y preservar en ellos hasta que se cumpliera la ira de Dios como
dice el profeta en Daniel 11:36. Pero ahora que Cristo ha venido y nos ha alumbrado con su
gloria, este pícaro (el papa) está comenzando a ser destruido. Con el soplo de su boca se
mata este Anticristo quien se opone y se exalta sobre todo lo que es llamado Dios y su
gloria (2º Tesalonicenses 2;4-8).”

“Aquí tenemos la palabras de Cristo: <Mas al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque
no conocen la voz de los extraños> (Juan 10:5). <Guardaos de los falsos profetas> (Mateo
7:15). <Mirad guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos> (Mateo 16:6). <En
la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos. Así que, todo lo que os digan que
guardéis; guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no
hacen.> (Mateo 23:2-30. Por estos y otros pasajes del Evangelio y de toda la Escritura (que
nos advierten a no creer en falsos maestros) Jesús nos enseña que cada persona debe cuidar
de bien eterno y salvación a fin de que esté seguro sobre lo que debe creer y a quién debe
seguir. Así también que cada uno sea un libre y autoritativa juez de todos los que pretenden
enseñarle, puesto que (Juan 6:45) él es enseñado internamente por Dios. Dios no te
condenará o salvarte por la doctrina de otro, sino solamente por tu propia fe. Cualquiera
puede enseñar o predicar lo que le da la gena, pero debes cuidarte en cuanto a lo que crees o
para el perjuicio o beneficio tuyo”. (Como uno debe escoger e instalar a pastores, Carta al
concilio y la congregación de la ciudad de Praga, 1523).”

Lutero: “He aquí la clase de doctores de la Sagrada Escritura que establece Pablo, a saber,
todos los que creen y ningún otro. Ellos deben decidir y juzgar toda doctrina y su juicio
debe mantenerse, aun si concierne al papa, los concilios y todo el mundo. Porque la fe es
tiene que ser el señor y dios de toda doctrina. De esto de puede observar como actúan los
miembros del clero los cuales no han dejado este derecho a la fe sino que lo han usurpado
para sí mismos así como han arrogado a sí mismos el poder de los laicos y el gobierno
secular. Pero debes saber que los papas, concilios y todo el mundo con todo lo que enseñan
son sujetos al cristiano más humilde, aunque sea solamente un niño de siete años. Si él tiene
la fe, debes aceptar su juicio concerniente a sus doctrinas y leyes. Cristo dice: <Mirad que
no menospreciéis a uno de estos pequeños> (Mateo 18:10). Otra vez: <Y serán todos
enseñados por Dios> (Juan 6:45). De veras, no es justo despreciar a los que han sido
enseñados por Dios, más bien todos deben de escucharlos. (Postil Eclesiástico – sobre la
Epístola para el Segundo Domingo después de la Epifanía 1524.)

Lutero: “Tal vez, ellos (los falsos maestros) os reprenderán ante la gente común y los demás
, puesto que todavía no han sido desenmascarados como lobos y maestros falsos, sino se
hacen pasar por cristianos verdaderos. Se ha dicho bien y sabiamente que si las ovejas no se
huyen de los lobos antes de que los lobos por medio de sus concilios de condenas públicas
los obliguen a huir, se quedaría vacía el redil y se quedaría el pastor sin leche, queso,
mantequilla, lana, carne y uña. ¡Y esto no es como se debe pastorear a las ovejas! ¿Qué
quería decir Cristo, el Señor, cuando nos ordenó y nos mandó a guardarnos de los lobos sin
esperar el concilio de los lobos? No solamente ordenó a todo el redil de ovejas a huirse de
los lobos, sino también ordenó a cada oveja individualmente a ejercer su derecho y
autoridad de huir de los lobos dondequiera estuviera. Lo que dice es” <Más al extraño no
seguirán, sino huirán de él (Juan 10;5)>.
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  72

¿No tienen (los papistas) ellos abogados, o será que se han vueltos todos dementes y
necios? Nuestros abogados como también nuestra razón nos dicen que nadie debe juzgar a
sí mismo, puesto que nuestro Libro, la Santa Escritura, también prohíbe esto. Ahora es
evidente que hemos llegados a ser los oponentes del papado y que ellos también nos
oponen. ¿Pero quién debe ser el juez en esto? No hay nada por encima del papa y el papado
sino solamente Dios, como también admite el papa, pero sin mucha gana. Ahora es Dios
quien actúa como juez en su Palabra Santa lo que ellos también son obligado a confesar.
¿Pero, por qué quieren ser jueces cuando y convertirse en los oponentes de Dios? ¿Por qué
buscan ser condenados por la Palabra de Dios? ¿Creen ellos que nosotros debemos temer a
los que han sido acusados y condenados por la Palabra de Dios? Pudiéramos burlarnos de
tales necios o ponernos a orar por tales desviados, pero una cosa no debemos hacer, a saber,
asustarnos ante tales disfraces del diablo, aunque corran peligros nuestros cuerpos, nuestra
propiedad y nuestro honor. De verdad, aquellos papistas se han vuelto muy seguros y
confiados con sus excepciones judiciales y las posesiones que han adquirido.

Ahora, todas las leyes declaran que nadie debe ser removido de su posesión. Parece ser una
tarea demasiado dura y difícil para nosotros. ¿Dónde pudiéramos conseguir un fiscal y
abogado para actuar a nuestro favor? Contesto simplemente: Dios es Dios y ninguna
criatura tiene a su disposición una posesión o excepción judicial contra Él y su palabra,
porque Él es eterno y la eternidad excede posesión y excepción judicial. De otra manera la
serpiente hubiera logrado la victoria sobre Dios porque desde el principio del mundo ha
fortalecido su simiente en contra de la simiente de la mujer y ha herido su calcañar y lo hará
hasta el fin del mundo. Si fuera un asunto temporal que tuviera que ver con bienes
materiales como por ejemplo la posesión de una vaca, tal vez tal posesión tuviera alguna
validez. Pero en los asuntos espirituales y eternos de los cuales estamos tratando aquí, no
significan nada posesión, excepción judicial, derecho, justicia, santidad y religión y hasta
todos los ángeles del cielo. Porque Él es todo en todo – en todas las horas, en todos los
tiempos, en todos los lugares y en todas las personas. No podremos limitar, poseer o hacer
una excepción judicial en cuanto a Él. El poseerá y hacer una excepción judicial todas las
cosas en el infierno así como lo hará en el día de juicio.

Por lo tanto, cállense en este asunto y no hablen de sus posesiones derechos adquiridos o
cualquiera cosa que quisiera mencionar. Dios y los asuntos espirituales no se preocupan
acerca de tales cosas. Dios tiene en todo momento el poder para expulsar al diablo. No le
impidas en realizarlo. El tiene también el poder para cambiar el mundo esencialmente.
Acerca de esto, no te va a consultar primero. ¿Quién podrá fijar para él cuál ser su objetivo,
el tiempo más oportuno, el lugar y la persona, puesto que él tendrá crear, hacer y realizar
todo esto?

Basta esto para la primera parte. Aquel que no tiene oídos no podrá oír y aquel que no tiene
ojos no puede ver. Pero que tiene oídos ha escuchado lo suficiente. El juicio de Dios ha
decretado que ningún lobo sea obispo en la iglesia cristiana. Aun si los emperadores, reyes,
papas y todos los demonios se ponen de acuerdo en mandar y decretar otra cosa, no podrán
impedir que se escuchen las ovejas de Cristo la voz de su Pastor. No pueden ordenar a las
ovejas a obedecer la voz de un lobo. Y aún si intentan esto, las ovejas deben huir de los
lobos – obedeciendo la voz de su Señor así como los lobos siguen a su señor. Esto es lo que
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  73

decreta Dios en contra de todos los emperadores y en contra de todos los demonios quienes
no son nada, es decir, pura vanidad.” (Ejemplo de cómo ordenar a un verdadero obispo,
1542).

Lutero: “Sin embargo, de todas maneras, los asuntos deben ser oídos y juzgados
correctamente. Esto quiere decir que deben tomar parte en el juicio no solamente los
sacerdotes sino también laicos eruditos y piadosos de los estados seculares y miembros
eminentes de la iglesia. Cuando nuestro Señor dice: <Dilo a la iglesia (Mateo 18:17)>, el
con estas palabras ordena a la iglesia a ser el juez supremo. Esto quiere decir que existe no
solamente el estado de los obispos, pero otro, es decir, el estado de los laicos piadosos e
ilustrados de todos los estados. Son ellos que deben ser nombrados y que tengan ellos el
voto decisivo.” (La Reformación de Wittemberg 1545).

Heshusius: “En Mateo 18:17-18 el Señor Cristo entrega la jurisdicción suprema y poder en
los asuntos de la iglesia no al gobierno secular sino a su congregación. Entre estos asuntos
los mas importantes tienen que ver con la elección y llamamiento de ministros y el derecho
de juzgar doctrina y de destituir a pastores infieles. El dice expresamente que cualquiera
que no quiere escuchar a la iglesia será considerado como un pagano excomulgado y un
publicano. Esto debe ser entendido no solamente en el sentido de que iglesia tiene el poder
para excomulgar a pecadores impenitentes sino también que la congregación tiene la
suprema autoridad en todos los asuntos de la iglesia tales como reprobación, disciplina
eclesiástica, juzgando doctrina y escogiendo pastores, solamente para mencionar estas
cosas” (Sobre el llamamiento de destitución de ministros [Giessen, 1608]. Páginas 50-51).

Gerhard: “Bellarmino ha declarado que el pueblo es ignorante y por lo tanto, no puede


juzgar la doctrina del pastor en otra manera que no sea en la comparación de su doctrina
con la de sus predecesores o de otros pastores regulares. Yo respondo: De que esto sea falso
es obvio del ejemplo de los cristianos en Berea que diariamente escudriñaron las Escrituras
para descubrir que las cosas eran así como fueron presentados por Pablo y Silas (Hechos
17:11). Los Cristianos de Berea no consideraron las enseñanzas de los pastores regulares
como la norma para juzgar, sino las Escrituras que les fueron entregados para esta razón por
el Espíritu Santo. El analfabetismo espiritual de las personas de quienes habla Bellarmino
tiene su origen en el mandato del papa a no leer las Santas Escrituras. Por este sacrilegio,
los perpetradores del mismo tendrán que rendir cuentas a su debido tiempo.

Cuando Cristo y los profetas y apóstoles administraron el oficio de enseñanza aquí en la


tierra, ellos predicaron no solamente a los sabios sino a los que no habían estudiado las
letras y en tal manera que éstos pudieran entender la doctrina. ¿Por qué, entonces deben las
Escrituras de los apóstoles y profetas ser demasiado oscuras y confusos para ser usadas por
la gente ignorante para juzgar doctrina en base de ellas? Sin lugar a duda, los profetas y
apóstoles no escribieron otra cosa que lo mismo que proclamaron a viva voz.

Pero Bellarmino pudiera objetar: <Si los laicos mismos pudieron juzgar la doctrina de su
pastor, entonces los pastores no son necesarios.> Yo respondo: ¿qué lógica hay en esta
inferencia? Dios ha ordenado ambas cosas, o sea, que los laicos deben juzgar la enseñanza
de su pastor y que, sin embargo, sean llamados pastores regulares porque no todos son
maestros (1º Corintios 12:29; Efesios 4:11). Es una cosa juzgar doctrina y distinguir entre
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  74

profetas falsos y maestros verdaderos, que es un llamado general que pertenece a todos los
cristianos y es otra cosa enseñar públicamente en la Iglesia que es un llamado especial. No
transformamos todas las ovejas en pastores, sino les ordenamos a seguir siendo ovejas. Sin
embargo, no queremos que sean ovejas irracionales incapaces de distinguir entre pastores y
lobos.

La razón que aduce Bellarmino es totalmente anticristiana. He asevera: <Si dicen cosas
contradictorias el ministro regular y otra persona que no es llamado para enseñar, entonces,
los miembros de la iglesia deben seguir a su propio pastor y no al otro, aún en el caso de
que su pastor esté equivocado.> Pero no es correcto afirmar que los cristianos están bajo la
obligación de seguir a su pastor cuando éste esté equivocado, porque esto equivale decir
que las ovejas deben seguir a su pastor aún cuando las guié a un apacentadero nocivo, o que
los Cristianos deben dar preferencia a la oscuridad y no a la luz o que deben dar prioridad al
error y no a la verdad, o de que deben poner las instituciones humanas por encima de la
autoridad divina. Bellarmino, por cierto, añade que sea poco probable de que Dios le
permitiera errar a su pastor de tal manera que fueran engañas sus miembros. Pero es inútil
discutir sobre lo que pudiera suceder cuando es manifiesto que esto es precisamente lo que
ha sucedido. Pastores regulares han errado con frecuencia y han engañado al pueblo. Esto
es algo que no se puede negar sin descaro.

Aquí tenemos a instar a Bellarmino, - preguntándole si el pueblo debe seguir a su pastor


aunque esté en error. Si el responde afirmativamente, entonces, todos pudieran ver que él se
haya vendido al papa quien en sus leyes canónicas ruge así: <Si el papa, olvidando su
propia salvación y la de sus hermanos, fuera encontrado negligente, inútil, y descuidado en
sus responsabilidades, y si en adición desviara a innumerables personas desprevenidas del
buen camino (cosa que dañaría más a sí mismo, pero, sin embargo a todos), a la verdad,
enteras multitudes detrás de sí como el primogénito del infierno – para sufrir con él por
toda la eternidad y la más terrible agonía, sin embargo, nadie entre los seres mortales osara
reprenderlo por sus pecados, porque él que es el juez no podrá ser juzgado por nadie.>

Bellarmino añade esta condición: - que las personas sí pueden juzgar entre un profeta
verdadero y uno que es falso, sin embargo, aún por esta razón ellas no pueden destituir a un
pastor falso, si éste sea un obispo, y reemplazarlo por otro. Según Bellarmino, el Señor y el
apóstol solamente mandan que los falsos profetas no sean escuchados por el pueblo, pero
no destituidos por el pueblo. Se afirma que, según la tradición, obispos heréticos pueden ser
degradados por los concilios de los obispos o por los papas. Yo respondo que nosotros
tampoco aprobamos el desorden que ocurre cuando los anabaptistas destituyen a falsos
profetas. Sin embargo mantenemos que el derecho de elegir ministros competentes de la
Palabra y de destituir a los falsos es un derecho a pertenece a toda la congregación.

En todo caso, todos los falsos profetas deben ser no solamente evitados sino también
expulsados. Pero nada debe ser hecho en contra del orden establecido por Dios. Por lo
tanto, si lobos toman el lugar de los pastores en la viña del Señor, deben de ser resistidos
legalmente y no ser permitidos a destruir la viña y defraudar a las ovejas de Cristo de la
alimentación de la doctrina pura. Los otros miembros de la iglesia deben mutuamente
ayudar a la congregación, según su derecho de elegir a ministros competentes y de deponer
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  75

a aquellos que son falsos. Esto se debe hacer con orden a fin de encontrar contramedidas
ante este mal” (Loci theologici, “De min. Eccl.”, par. 88)

Gerhard: “Del hecho de que el derecho de confeccionar leyes eclesiásticas pertenece no


solamente a los prelados o pastores, y mucho menos al papa romano, comprobamos en
primer lugar que el que ha recibido de Cristo las llaves también tiene derecho a establecer
leyes, puesto que el que ha recibido las llaves tiene también todo lo que pertenece a la
administración del poder de las llaves. Pero las llaves han sido encomendadas a toda la
iglesia.”

“En segundo lugar, podemos comprobar este derecho de la administración de política


eclesiástica en el tiempo de los apóstoles. La práctica en aquel entonces fue que otros
creyentes además de los apóstoles también fueron admitidos a las deliberaciones respeto a
asuntos de política eclesiástica (Hechos 1;16; 6:2). Por lo tanto, el derecho de establecer
leyes eclesiásticas pertenece no solamente a los obispos, los sucesores de los apóstoles en el
ministerio, sino también a otros creyentes.”

“En tercer lugar, comprobamos este derecho también de las circunstancias del concilio
apostólico. El derecho de hacer leyes eclesiásticas pertenece a ellos por quienes leyes
ceremoniales fueron prescritos en el concilio apostólico (Hechos 15). Pero estas leyes
ceremoniales fueron prescritos no solamente por los apóstoles sino por toda la
congregación. Porque en Jerusalén no solamente los apóstoles pero también los ancianos se
reunieron (Hechos 15:6), y con estos se debe entender no solamente los pastores sino
también otros oficiales de la iglesia. Ambos se reunieron para el mismo propósito, esto es,
para conocer este asunto (v. 6), si la circuncisión y los demás ritos de la ley Mosaica
todavía deben ser considerados como válidos en el Nuevo Testamento. De veras, “toda la
multitud de creyentes (v. 120) participó y en base de un voto común la resolución fue
adoptada: “Entonces pareció bien a los apóstoles y a los ancianos, con toda la iglesia (v. 22)
. . .” El encabezamiento de la resolución sinódica fue formulado de la siguiente manera:
“Los apóstoles, los ancianos y todos los hermanos” (v. 23), y esto se repite en los
versículos. 25 y 28.

“En cuarto lugar, comprobamos este derecho de la práctica de la iglesia primitiva”


(Confesio catholica, folio 627ª).

“La iglesia verdadera no manda la observancia o la omisión de adiafora por mandato divino
pero solamente para preservar el decoro y decencia a fin de que el buen orden sea
preservado y para evitar las ofensas. A la medida que estos no sean violados, las
conciencias están libres y no se impone ningún escrúpulo o demanda” (ibid., folio 627b).

Brochmand: “Es el juicio de nuestras iglesias que el poder para investigar, comprobar y
juzgar las cuestiones bajo consideración puede y debe ser concedido a todos los que
conocen la Santa Escritura y la consideran como la única norma de la verdad y que no
buscan otra cosa que divulgar la verdad divina revelada en la Palabra. Pero esto debe ser
hecho de tal manera que se preserve el buen orden cuando se solicita las diferentes
opiniones y cuando se vota. Esto se logra en primer lugar cuando se pide las opiniones de
aquellos que han sido llamados al oficio de enseñar y gobernar en la iglesia; en segundo
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  76

lugar, cuando se las pida a los laicos, siempre que conozcan la Escritura y aman la divina
gloria y verdad; en tercer lugar, cuando son de la clase descrita en Deuteronomio 17:18-19.
Finalmente con el consenso unánime, basado en la Palabra de Dios, las resoluciones deben
ser escritas y publicadas en el nombre de todo el sínodo” (Universae theologiae systema
2:332).

Quenstedt: “Demás de los presidentes se encuentra en los concilios asistentes, hombres de


cada estado, quienes son aptos y competentes para juzgar, es decir, no solamente obispos y
ancianos o pastores y maestros a quienes han sido entregados la supervisión regular de la
congregación y la religión, sino también de oficiales del gobierno y los así llamaos laicos
quienes son distinguidos por su conocimiento de la doctrina y su experiencia en asuntos
divinos y eclesiásticos, además por su piedad, santidad de vida celo por la verdad y
perspicacia en el juicio. Estos deben ser elegidos por las congregaciones y enviados a la
convención del sínodo con el fin de votar sobre los asuntos bajo discusión. Esto se puso de
manifiesto en el primer concilio apostólico en el cual estaban presentes no solamente los
apóstoles inspirados por Dios sino también ancianos y otros hombres piadosos quienes
investigaron, decidieron y juzgaron los problemas de la iglesia en Antioquía” (Theología
didáctico-polemica 2:1627).

Calov: “Se dice que en Antioquía se surgió una disputa y provocó una controversia no
solamente entre los apóstoles sino también entre los ancianos y, a la verdad, en toda la
congregación o asamblea hasta que Pedro habló y Pablo y Bernabé relataron los milagros
de Dios que se realizaron entre los gentiles. Entonces todos callaron (Hechos 15:13).
Después de escuchar la opinión de Santiago les pareció bien a los apóstoles y a los
ancianos, con toda la iglesia (Hechos 15:22), elegir de entre ellos varones y enviarlos a
Antioquía con una carta oficial elaborada por todos los presentes. Esta carta fue escrita en
el nombre y con el conocimiento, consentimiento y aprobación de todos (Hechos 15:22-23).
Así que en este concilio los apóstoles no actuaron solos las resoluciones que fueron
adoptados sino en conjunto con los ancianos y con toda la congregación. Tanto el contenido
de la carta sino también la elección de los delegados fue realizado no solamente por los
apóstoles sino también por los ancianos y toda la congregación. De manera lo que sucedió
fue la resolución de todo el sínodo.

Lucas nos relata que les pareció bien a todos los que estaban presentes en el concilio y esto
lo atestigua también el contenido del documento que fue elaborado pues comienza de la
siguiente manera: <<Los apóstoles y los ancianos y los hermanos a los hermanos entre los
gentiles . . . (v. 23)>>. Entonces en el cuerpo del documento se dice: <<nos ha parecido
bien, habiendo llegado a un acuerdo>>, o según la traducción siríaca: <<Todos nosotros nos
reunimos y nos decidimos . . . >>. También en el versículo 28 leemos: <<Porque ha
parecido bien al espíritu Santo, y a nosotros, esto es todo lo que se ha mencionado antes
(v.22). Así pues, contrariamente al juicio de los papistas, ni los ancianos ni los laicos fueron
excluidos ni del concilio ni de la inscripción de la resolución.

Bellarmino afirma que solamente los apóstoles y los ancianos sed reunieron porque el
versículo 6 dice: <<Y se reunieron los apóstoles y los ancianos para conocer este asunto.>>
Entonces infiere de las palabras <<Y después de mucha discusión>> (v. 7) que los
apóstoles y ancianos hablaron hasta que se terminara la disputa. De esta manera concluye
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  77

después de discutir este asunto controversial, solamente los apóstoles adoptaron la


resolución. Esto quiere establecer del hecho de que Lucas solamente menciona los nombres
de Pedro, Pablo, Bernabé y Santiago como habiendo hablado. Pero estas opiniones, basadas
en la razón humana se pueden refutar fácilmente por el contexto. Si se toma las palabras
<<Los apóstoles y ancianos se reunieron (v.6)>> en un sentido exclusivo a fin de excluir a
los laicos porque no son mencionados, entonces tendríamos que decir que los laicos no
participaron y no meramente afirmar que no fueron llamados a participar. Pero los laicos sí
estaban presente como tan clara y definitivamente atestigua el relato de Lucas como
también tiene que admitir el mismo Bellarmino.

Por lo tanto, estas palabras no excluyen la multitud de los laicos sino solamente mencionan
las personas más conocidas y respetadas que estaban presentes juntamente con los demás.
Esta gran controversia en el concilio ha sido limitado por Bellarmino a los apóstoles y los
ancianos sin causa justa, porque es totalmente absurdo concluir de las palabras <después de
mucha discusión> de que esto hubiera sido causado por los apóstoles y ancianos. ¿Por
quién entonces? ¡Fue llamado una grande disputa (magna disceptatio) tal vez porque fue
participaron en ellos personas que gozaron de gran estima! Pero Lucas nos dice que fue una
controversia muy discutida, muy amplia y muy extendida. Si debemos sacar una
conclusión, tendríamos que concluir que la controversia fue iniciada por la multitud de las
personas. Esto es mucho más probable porque después dice (v. 12) que todo la multitud se
calló.

No cabe duda que la controversia había sido provocada por los fariseos convertidos y los
judíos como un partido opositor porque nos dice <<Pero algunos de la secta de los fariseos,
que habían creído, se levantaron diciendo: Es necesario que guarden la ley de Moisés. (v.
5)>> Si se reunió toda la congregación para discutir esta afirmación, entonces no cabe duda
de que los que estaban presentes en Jerusalén y que habían iniciado la controversia fueron
invitados a la investigación a fin de expresar su punto de vista. Para los apóstoles y
ancianos esta investigación realmente no era necesario, pero la controversia fue
multifacética y muy complicada y que los fariseos tomaron una parte activa en la discusión
con los apóstoles para defender su causa.

Hasta la equidad comprueba esto y también la costumbre histórica de los sínodos lo


confirma, pues, es bien conocido que siempre permitían a los oponentes hablar. Por eso,
Pedro los refutaban después de escuchar sus opiniones y los impugnó cara a cara y dijo:
<<Ahora pues, ¿por qué tentáis a Dios? (v. 10)>>

Finalmente, el hecho de que los apóstoles quienes después de la controversia son


presentados como los que pronunciaron el veredicto final. Por esta razón, El hecho de que
Lucas los introduce a ellos como los que hablaron es simplemente un anacoluto. Sus
conclusiones no constituyeron el veredicto final, pues los ancianos y los laicos no fueron
excluidos de la decisión que fue tomada. En realidad, ellos son incluidos, de acuerdo con el
testimonio inconfundible de Lucas. Hablar es una cosa y declarar el veredicto final no son
la misma cosa. Se dice que Pablo y Bernabé hablaron, pero esto no quiere decir que su
opinión fue decisiva. Esto es lo que alega Bellarmino. Pero lo que asevera Lucas está en
total desacuerdo con Bellarmino. Lucas solamente dice que Pablo y Bernabé hablaron de
los milagros que se realizaron entre los gentiles. Tampoco fue la locución de Pedro un
 La comunidad del rey, capítulo 5, página  78

juicio definitivo. Fue más bien para recordar a los presentes de cómo los gentiles fueron
llamados. Fue una refutación del partido de los fariseos y enfatizó la imposibilidad de
guardar la ley de ellos. Santiago finalmente utiliza la palabra <<juzgar>> y se remite no a
Pedro sino a Santiago la resolución del conflicto. ¿Pero están los papistas dispuestos a
negar a los otros apóstoles el juicio decisivo? Sería más correcto concluir de la resolución
del sínodo, como dice Lucas y como sugiere el contexto, que la carta escrita por el concilio
que la resolución del concilio vino no solamente de los apóstoles o los ancianos sino de
toda la congregación y el resto de la multitud. (Biblia ilustrada, sobre hechos 15).”

Tertuliano: “¿No tenemos que concluir, entonces, que se le permite a cada creyente a
concebir y establecer lo que a Dios le agrade, lo que conduce a la disciplina y lo que es
provechoso para la salvación?” (De cor. mil. 4).

Flacius: “Cristo ha dado a la iglesia el poder para juzgar cada doctrina. El ha ordenado a
todos los miembros de la iglesia verdadera sin excepción a juzgar todas las doctrinas que
escuchan y a aceptar como suya la enseñanza que concuerda con lo que Cristo ha revelado
claramente y para anatemizar a aquellos que con están de acuerdo con ella . . . Cristo
enseña que la iglesia tiene el don de interpretar la Escritura cuando el declara: “Porque a
vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado”.
i John Howard Yoder, “A People in the World: Theological Interpretation”, en The Concept of the Believers’ Church, ed. J.
L. Garrett Jr., (Scottdale, Penn.: Herald Press, 1969), p. 259. El evangelio es objetivamente cierto , a pesar de la infidelidad
de la Iglesia. Pero puede ser traicionado y falsificado ante el mundo por la desobediencia de la Iglesia.
ii André Biéler comenta: “Cuerpo y alma son co-iguales; individuos y comunidad son co-iguales. Una concepción dualística
del hombre y de su estructura es una falsa división y una alienación de su verdadera esencia. La Biblia descarta
lacónicamente tanto a los materialistas como a los espiritualistas. En la misma forma, son extraños al pensamiento bíblico
de la comunidad o en enfoque colectivista que daría a la vida de la comunidad una posición privilegiada en detrimento del
individuo.
iii Diakonon en Romanos 16:1 puede traducirse o “siervo” o “diaconisa” (como lo hace correctamente la nueva Versión
Internacional en inglés). La función precisa de Febe es imposible determinar.
iv Aunque la palabra charisma no se encuentra en este pasaje, el pensamiento de “distribuciones del Espíritu Santo” sugiere
que el autor estaba hablando de los carismas.
v Hay un paralelismo que llama la atención entre 1º Pedro 4:10-11 y hechos 6:2-4 (en donde puede muy bien ser que Pedro
estuviera hablando). Aunque el pasaje de Hechos es considerado a menudo como “la institución de los diáconos”. El
nombre para diácono no aparece en él. Lo que sí aparece es “el ministerio de la palabra” (diakonia tou logou, v. 4) y el
ministerio de “servir las mesas (diakonein trapedzais, v. 2). Esto es paralelo a la distinción “si alguno habla … si alguno
sirve” de 1) Pedro 4:11.
vi Esta misma fluidez de vocabulario aparece en el Didaché (del año 150, d.C., aproximadamente), donde apóstol y profeta
son asociados con los ministerios profético y de enseñanza.
vii Note también las referencias generales, sin especificar en 1º Corintios 9:5; 15:7; 17:9. Aparentemente, apóstoles tiene un
significado más amplio que solo los doce también en 1º Corintios 15:3-7. Pablo dice que el Jesús resucitado apareció
primeramente a Pedro, “luego a los doce”, y más tarde “a Santiago, y luego a todos los apóstoles”.
viii Watchman Nee Argumenta que mientras los doce apóstoles originales fueron designados por Jesús antes de su
ascensión, otros apóstoles fueron designados por el Espíritu Santo después de Pentecostés. Por lo tanto, apóstol como don
espiritual en Efesios 4 no se refiere a los doce sino a aquellos que Dios designa a través del Espíritu durante la edad de la
Iglesia.
ix La terminología utilizada establecerá la diferencia práctica, por supuesto, en la forma en que se percibe el papel de
apóstol. Por esta razón algunos de los títulos eclesiásticos más “fuertemente cargados” podrían ser reemplazados
ventajosamente por otros más funcionales.
x Pablo enfatiza frecuentemente su función apostólica y la utilizaba como fundamento de su autoridad. Sería fácil concluir
de esto que Pablo basaba su autoridad en el hecho de que tenía el oficio de apóstol. Pero ésta sería una conclusión
equivocada. Pablo basaba su pretensión de autoridad precisamente en el hecho de que había sido llamado y comisionado
directamente por Dios. Para Pablo, el apostolado no era un oficio que él desempeñaba sino un llamamiento y una condición
que venían de Dios al que él tenía que ser fiel. La autoridad no era extrínseca, basada en el oficio, sino intrínseca, basada en
el llamamiento y en la obra continúa del Espíritu Santo en la propia vida de Pablo. Para Pablo, el apostolado y la fidelidad
continua eran inseparables.
xi La verdadera concepción bíblica de ministerio es a menudo oscurecida en la versión Autorizada por la forma en que son
traducidos algunos pasajes. El lector moderno debe tener en cuenta que la misma estructura de poder que publicó la versión
“King James” en 1611 fue la que condenó a muerte a dos disidentes el mismo año por la amenaza que representaban al
sostener que la Iglesia debía estar separada del Estado y que debía ser una comunidad creyente más que una institución
jerárquica. Por lo tanto, no es sorprendente que la Versión Autorizada refleje ciertas suposiciones institucionales-jerárquicas
que no están presentes en los documentos originales. Un ejemplo es 1º Timoteo 3:1, donde la Versión Autorizada habla de
“el oficio de un obispo”. El griego no tiene la palabra oficio; dice simplemente, “Si alguno aspira a supervisar” (episkopes).
La Nueva Versión Internacional en inglés traduce correctamente “si alguno dispone en su corazón ser un supervisor”, y la
Nueva Biblia en inglés dice, “aspirar al liderazgo …” Supervisar debe preferirse a obispo hoy, ya que la tradición
eclesiástica ha dado a obispo un significado jerárquico específico completamente extraño al Nuevo Testamento.
xii Decir que Dios ha dado a la Iglesia la prerrogativa de transferir o conferir la autoridad apostólica, de modo que un acto
de las autoridades eclesiásticas es ipso facto una operación del Espíritu Santo, es algo que descansa en fundamentos bíblicos
endebles y lleva fácilmente a un abuso de las funciones de liderazgo.
xiii Kittel y Friedrich, Theological Dictionary of the New Testament, II, 736-737. Aparentemente, a Timoteo no se le había
dado el don de evangelista, aunque Pablo lo exhorta no obstante a “hacer la obra de un evangelista” como parte de “las
responsabilidades de tu ministerio” (2º Timoteo 4:5). La evangelización era parte de su ministerio, pero no su principal
función.
xiv Como decía claramente Lutero en su sermón sobre el Salmo 110:3, donde él relaciona específicamente el sacerdocio de
todos los creyentes con los dones del Espíritu:
Aquí el profeta aplica el oficio y atavío sacerdotales a los cristianos, el pueblo del Nuevo Testamento. Dice que su culto
a Dios ha de consistir en el hermoso y glorioso sacerdocio de aquellos que están siempre en la presencia de Dios y que
ofrecen solamente sacrificios santos … Bueno, ¿qué es este “atavío santo”. Estas vestiduras sacerdotales que adornan a
los cristianos en forma tal que los transforman en Su sacerdocio santo? No son otra cosa que los hermosos divinos y
diversos dones el Espíritu Santo, como lo dicen San Pablo (Efesios 4:11, 12) y San Pedro 4:10), los cuales fueron dados a
la cristiandad para que hicieran avanzar el conocimiento y la alabanza a dios, una función que se lleva a cabo
preeminentemente a través del ministerio de predicación del evangelio … Es el Espíritu Santo que los adorna en gloria y
santidad y el que los viste con Su poder y con Sus dones. (Comentario del salmo 110. Jaroslav Pelikan and Helmut T,
Lehman, Eds. Obras de Lutero [Philadelphia: Fortress Press, y st. Louis: Concordia Publishing House, 1956-1975] Vol. 13,
pp. 294-295.
Esta relación entre el sacerdocio de los creyentes y los dones del Espíritu en el pensamiento de Lutero ha recibido
aparentemente muy poca atención. Y sin embargo, sin este énfasis la doctrina de Lutero del sacerdocio de los creyentes
aparece más estática de lo que él la concibió, aparentemente, Lutero veía el ejercicio de las funciones sacerdotales dentro
de la comunidad cristiana como algo animado por la presencia y el ministerio vivificantes del Espíritu Santo.
En contraste, Calvino apenas menciona el sacerdocio de los creyentes, y ve el “sacerdocio real” de 1º Pedro 2;9 (un
versículo clave para Lutero) en términos más bien estáticos y particularmente en términos de elección y sostiene que “los
dones están necesariamente conectados con los oficios”. El fuerte énfasis de Calvino en la elección fue la causa de que viera
“el ministerio de la Palabra” en términos de oficios instituidos divinamente por un “decreto inviolable”. (Véase el
comentario de Calvino de 1º Pedro 2:1-9 y de Efesios 4:11.) Por lo tanto, se pone un énfasis menor sobre los dones del
Espíritu que el que encontramos en Lutero y la visión del ministerio de Calvino es, por lo tanto, más rígida y más sugerente
que la distinción clero-laicado.
     
xv Green nota que: “La naturaleza precisa de esta proclamación en la iglesia primitiva ha sido muy discutido en
años recientes, particularmente desde la publicación de The Apostolic Preaching and its Developments de C. H.
Dodd, en 1936. Pero ha habido una concentración indebida en lo que ha venido a conocerse técnicamente como
el <kerygma>, que se supone que era un cuerpo más o menos fijo de material de predicación que era común a los
primeros misioneros … En el Nuevo Testamento la raíz kerussein (<proclamar.) no es de ninguna manera
primaria. Es solo una de las tres grandes palabras utilizadas para referirse a la proclamación del mensaje
cristiano, siendo las otras dos euaggelizesthai (<decir las buenas nuevas>) y marturein (<dar testimonio>).
xvi Tal vez algunos dirán que cualquier cosa que vaya más allá de producirse conversiones ya no es
evangelización sino que se transforma en labor de seguimiento o de crecimiento, El asunto es, sin embargo, que
la tarea evagelística no está realmente completa hasta que se haga algo auto-perpetuante. Wagner comenta:
“Algunos consideran la labor de seguimiento como un paso separado que viene después de la evangelización
misma, pero esto es una falacia demasiado común en la estrategia evangelística”. Jesús no separaba la labor de
seguimiento de la evangelización. El la incluía en el mismo paquete de “hacer discípulos”.
xvii Jacques Ellul afirma esto en términos del cristiano individual; yo enfatizaría que esta tarea es especialmente
comisión de la Iglesia como la comunidad creyente de discípulos.
xviii Jesús se está refiriendo aquí a títulos en la Iglesia, no al uso de términos como padre o maestro en el
sentido fundamental. Así, el término padre es rechazado no en el sentido literal dentro del hogar, sino como un
título dentro de la Iglesia. Los títulos más apropiados dentro de la Iglesia son hermano y hermana porque no son
títulos sino más bien describen la verdadera naturaleza de la relación de compañeros creyentes en Cristo.