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INTRODUCCION

El presente trabajo, nos habla sobre la CESION DE DERECHOS, tomado


como base el Decreto Supremo N° 295 (Código Civil) y ubicando el tema en el
Libro VI, Las Obligaciones, Titulo VIII, Transmisión de las Obligaciones,
Capitulo Único, Cesión de Derechos. Lo que se desarrollara a continuación el
análisis de los artículos del Código Civil que abordan el tema.
El código de 1984, contiene un Título Especial, el VIII, sobre la transmisión de
las obligaciones, que no contenía el código anterior de 1936. En éste existía,
en el Libro de Contratos, la cesión de créditos que ahora ha desaparecido para
convertirse en la Cesión de Posición contractual, como contrato más completo,
porque el concepto de posición contractual importa considerar tanto los
derechos como las obligaciones, mientras en aquel operaba sólo para la
transmisión de derechos.
En el Código actual, la transmisión de las obligaciones, opera mediante el acto
de cesión de derechos, en esencia, viene a ser lo mismo que la cesión de
créditos. Sólo un cambio de denominación. Observemos que el código legisla
sobre cesión de derechos y posteriormente sobre la cesión de posición
contractual, dejando la impresión de haber repetido la normatividad sobre
similares figuras jurídicas. Existiendo la sesión de posición contractual, no sólo
es repetitivo sino de escasa trascendencia que se haya legislado sobre la
cesión de derechos.
Es necesario evitar equívocos. No recusamos la normatividad sobre la cesión
de derechos, sino que hubiese sido conveniente optar por uno solamente; y no
por las dos figuras jurídicas, pues la cesión de derechos o de posición
contractual, es uno de enajenación indiscutible, ya sea como contrato o por
medio de otra institución; nadie puede desconocer su importancia. Constituye
una realidad que la ley no puede ignorar, por lo tanto debe ser legislada.
Pese a lo expuesto, debemos necesariamente referirnos a la cesión de
derechos como un medio idóneo para la transmisión de las obligaciones, que
no debe ser confundido con la novación por cambio de acreedor, por cuanto en
éstas es indispensable la anuencia del deudor, mientras en la cesión no, basta
la notificación para que sepa a quién debe efectuar el pago; además la
novación importa la sustitución de una obligación por otra, mientras en la
cesión la obligación originaria subsiste.
RESUMEN
La cesión de derechos puede ser definida como aquel negocio jurídico por el
que una de las partes (cedente) transmite a la otra (cesionario) la titularidad
jurídica que ostenta sobre una cosa, tratándose de derechos reales, o sobre
otra persona, en cuanto a los derechos personales o de obligación.

La cesión de derechos es aplicable tanto a derechos reales como de crédito.


Efectivamente, por "derecho" debe entenderse el poder o señorío que ostenta
una persona sobre una cosa o persona. El derecho real implica un señorío o
relación jurídica directamente entablada entre el titular y una cosa, por ejemplo,
en cuanto a los derechos de posesión, de uso...pero, sobre todo, el más
completo, el derecho de propiedad que se ostenta sobre las cosas y que
comprende todas las facultades y señoríos posibles, de usar, de disponer, de
gravar, de reivindicar y de transmitir la misma. Mientras, el derecho personal, o
de obligación, es aquél que entraña un vínculo directo entre una persona
(acreedor), titular del derecho, frente a otra (deudor), en virtud del cual éste
viene obligado a cumplir aquella prestación en que el derecho consista, ya sea
de entregar alguna cosa, de hacer algo o, incluso, de no hacer algo.

Pues bien, ya estemos ante un derecho real, ya de obligación, la figura de la


cesión de derechos, aplicable a ambos, implica la directa transmisión de la
titularidad de los mismos a favor de tercera persona, hasta entonces ajena a la
relación jurídica que permanece idéntica. En nuestro Derecho también admite
la transmisión de la titularidad pasiva de la relación, la del deudor u obligado,
sin que el derecho se extinga, figura que se conoce como "asunción de deuda".
Si bien, por lo que ahora interesa, la cesión del derecho implica únicamente la
transmisión de la titularidad activa, es decir, de la posición del acreedor frente
al deudor sin que se extinga la obligación que ligaba al primitivo acreedor
(cedente) y al deudor (cedido), que desde la cesión deberá cumplir la
prestación a favor del nuevo acreedor (cesionario).
LA EFICACIA DE LA CESION DE DERECHOS
La cesión derechos tiene eficacia entre el cedente y el cesionario, como
consecuencia de su celebración, siendo oponible entre ambos. Pero cumple su
finalidad cuando genera su eficacia entre el cesionario y el deudor cedido.

Por eso, vamos a ocupamos ahora de los derechos y obligaciones del cedente
y del cesionario, que son los antecedentes de la eficacia del derecho adquirido
por el cesionario ante el deudor cedido, por lo que vamos también a estudiar
los derechos del cesionario y los derechos y obligaciones del deudor cedido.

LA EFICACIA ENTRE EL CEDENTE Y EL CESIONARIO

Como ya lo hemos indicado, la cesión requiere solo de la manifestación de


voluntad de quienes vienen a ser sus partes, esto es, del cedente y del
cesionario, pues no se requiere del asentimiento del deudor cedido. De este
modo, la eficacia de la cesión de derechos entre el cedente y el cesionario se
produce desde el momento mismo en que el acto jurídico ha sido celebrado
con observancia de la forma escrita, salvo que se le haya insertado una
condición o un plazo suspensivo.

La eficacia entre el cedente y el cesionario supone, entonces, derechos y


obligaciones entre ambas partes, esto es, una reciprocidad de prestaciones si
la cesión opera a título oneroso.

Si se ha celebrado a título gratuito, solo genera obligaciones para el cedente


del derecho, en cuyo caso consideramos que son de aplicación supletoria las
normas del contrato de donación.

A. Los derechos y obligaciones del cedente

En el artículo 1212.- Garantía de la Validez y exigibilidad del Derecho de


Crédito

«El cedente está obligado a garantizar la existencia y exigibilidad del derecho


cedido, salvo pacto distinto».

La cesión de derechos, como acabamos de indicar, cuando es a título oneroso


genera prestaciones recíprocas entre el cedente y el cesionario. Si se ha
celebrado a título gratuito no existe tal reciprocidad de prestaciones. En uno y
otro caso, el cedente queda obligado a transmitir el derecho, con una
contraprestación, si la cesión es onerosa, o sin contraprestación, si es gratuita.
En la cesión de derechos onerosa, el derecho fundamental del cedente genera
la obligación del cesionario de cumplir con la prestación a que se ha obligado
como efecto de la cesión, debiendo el cedente, en consecuencia, transmitirle el
derecho que ha sido materia de la cesión. Si la cesión se ha realizado a título
gratuito se genera únicamente la obligación del cedente de transmitir la
titularidad del derecho.

En cuanto a las obligaciones del cedente, debemos advertir, desde ya, que el
tratamiento legislativo que a la cesión de derechos le dispensa el Código Civil
la ha dejado librada a la autonomía de la voluntad, pues sus normas tienen un
carácter supletorio, salvo lo relativo a la forma como debe realizarse la cesión
(Supra N° 26), el requisito para la eficacia de la cesión frente al deudor cedido
(Infida N" 30) y el caso de la cesión del derecho hereditario (Supra N° 22.1),
respecto de la cual el art. 1209 preceptúa que el cedente está obligado a
garantizar su calidad de heredero.

Así, pues, salvo pacto en contrario, el cedente está obligado a garantizar la


existencia y exigibilidad del derecho y a transmitir los privilegios, las garantías
reales y personales y los accesorios del derecho transmitido, así como a
garantizar la solvencia del deudor cedido si a ello se hubiere obligado. Si estas
obligaciones las ha asumido el cedente y fueran incumplidas, su
incumplimiento dará lugar a la aplicación de las normas sobre inejecución de
obligaciones.

1. La obligación de garantizar la existencia y la exigibilidad del


derecho cedido
El art. 1212 ha previsto que "El cedente está obligado a garantizar la existencia
y exigibilidad del derecho cedido, salvo pacto en contrario". Como ya hemos
advertido, la norma tiene un carácter supletorio pues solo opera si no ha habido
un pacto en contrario.

Al ocuparnos de los derechos cesibles y hacer referencia al objeto de la cesión


de derechos como acto jurídico hemos señalado, al plantear su premisa (Supra
N° 21), que el objeto de todo acto jurídico viene a ser la relación jurídica y que,
en el caso de la cesión, la relación que se entabla entre el cedente y el
cesionario a la que se integran los derechos y obligaciones que emergen de la
cesión. Ese objeto, como también lo hemos indicado, debe ser física y
jurídicamente posible, así como ser determinado o, cuando menos
determinable.

El acotado requisito de validez exige, entonces, que el derecho que se cede


exista o que tenga la posibilidad de existir, por lo que puede tratarse de un
derecho adquirido o de un derecho expectaticio, aun cuando se trate de una
cesión a título gratuito, a fin de que ese mismo derecho pueda ser exigible al
deudor cedido. Adicionalmente, ese mismo derecho debe ser determinado
o por lo menos determinable, esto es, pueda ser identificado, y ser un derecho
susceptible de tráfico jurídico, in commercii, esto es, jurídicamente posible.

Si el derecho cedido no reúne los caracteres del objeto como requisito de


validez, según el inc. 2 del art. 140, la cesión es nula, conforme al inc. 3 del art.
219, pues carece de ese requisito. Pero no debemos confundimos con la
indicación de que se puede pactar en contrario, pues no se puede pactar en
contra de la nulidad absoluta, por ser de orden público y ser la sanción que
sobreviene a la carencia de objeto física y jurídicamente posible, determinado o
determinable.

El pacto que franquea el art. 1212 es el relativo a la garantía de la existencia y


exigibilidad del derecho. El cedente y el cesionario pueden convenir en la
cesión sin que el cedente le garantice al cesionario la existencia del derecho,
asumiendo el cesionario la aleatoriedad que ese pacto origina. Pero conviene
aclarar que, aun sin haberse otorgado la garantía de su existencia, el derecho,
obviamente, debe existir, pues si no existe o no llegara a existir, la cesión
deviene en nula.

El pacto que el mismo art. 1212 franquea en relación a la exigibilidad del


derecho, tiene una consecuencia distinta. El cedente y el cesionario pueden,
pues, también convenir en la cesión sin que el cedente le garantice al
cesionario la exigibilidad del derecho, asumiendo el cesionario en este caso la
aleatoriedad que ese pacto origina. Si el derecho que se cede no dota al
cesionario de la exigibilidad para el cumplimiento de la obligación que le es
correlativa y la cesión se ha realizado a título oneroso, la cesión no es nula
pero puede dar lugar a su resolución, en nuestra opinión, en aplicación
analógica de las reglas de los contratos con prestaciones recíprocas (arts. 1428
y demás pertinentes).

El Código Civil plantea, como excepción a la supletoriedad de la obligación de


garantizar el derecho cedido, el caso de la cesión del derecho a participar en
un patrimonio hereditario que, conforme al art. 1209, debe estar ya causado y
por lo que el cedente queda obligado a garantizar su calidad de heredero, sin
que pueda pactar en contrario.

La calidad de heredero es el título de la cesión, el "título distinto" del derecho


que se transmite y al que se refiere el art. 1206. Este derecho se integra a la
relación jurídica a la que da creación la cesión, por lo que si el cedente no tiene
la calidad de heredero, no existe derecho que pueda integrarse a la relación
jurídica originada por la cesión, esta es nula, por falta de objeto, en aplicación
del inc. 3 del art. 219.
2. La obligación de transmitir los privilegios, las garantías reales y
personales y los accesorios del derecho cedido

El art. 1211 ha previsto que "La cesión de derechos comprende la transmisión


al cesionario de los privilegios, las garantías reales y personales, así como los
accesorios del derecho transmitido, salvo pacto en contrario. En el caso de un
bien dado en prenda, debe ser entregado al cesionario si estuviese en poder
del cedente, mas no si estuviese en poder de un tercero".

Como puede apreciarse, la norma tiene también carácter supletorio, pues el


cedente, mediante pacto en contrario, puede no transmitir los privilegios,
garantías y accesorios del derecho cedido.

Los privilegios a los que se refiere la acotada norma parecería ser redundante
con los que generan las garantías reales. Pero no debe incurrirse en esta
confusión, pues no se trata de un privilegio que nace de la ley como es el
privilegio a que dan origen las garantías reales, sino los privilegios establecidos
por la autonomía de la voluntad.

En efecto, los privilegios a los que se refiere el art. 1211 deben ser entendidos
como los de un acreedor común o quirografario, a quien el deudor, por ejemplo,
le ha otorgado el privilegio de ser pagado, antes que a otros acreedores
también quirografarios, con cargo al precio de venta de uno o varios bienes,
pactando esa preferencia respecto de él y soslayando a otros acreedores. Si el
derecho creditorio se cede, lo lógico es que se ceda con este privilegio, salvo
pacto en contrario.

Las garantías, sean reales o personales, son siempre accesorias a la


obligación correlativa al derecho cedido y tienen como finalidad asegurar su
cumplimiento, otorgando a su titular la preferencia en el pago en relación a los
acreedores comunes o quirografarios. La cuestión que puede suscitarse es en
razón de los privilegios pactados, a los que nos hemos referido anteriormente.

Nosotros creemos que, frente a los privilegios pactados, prevalecen las


preferencias que la ley confiere a los acreedores garantizados con garantías
reales. Si se trata de una garantía anticrética, el inmueble afectado se
encuentra en poder del acreedor con el derecho a explotarlo y hacer suyos los
frutos (art. 1091), siendo, por ello, su desapoderamiento impedido por la ley, al
igual que en el caso de la prenda no inscrita, cuando los bienes ignorados se
encuentran en poder del acreedor o de un tercero a título de depositario. Si se
trata de una garantía hipotecaria, su inscripción en el Registro de la Propiedad
Inmueble confiere al acreedor un derecho persecutorio sobre el inmueble (art.
1097),
al igual que la garantía prendaria inscrita. Estas garantías, por ser reales,
confieren al acreedor el derecho preferente a ser pagado, que es un privilegio
respecto a los acreedores cuyos créditos no tienen la seguridad de una
garantía real.

El segundo párrafo del art. 1211 se ha puesto en el caso de una garantía


prendaria no inscrita y, por eso, constituida con entrega física cuyos bienes
prendados se encuentran en poder del acreedor. En este caso, siendo el
acreedor el titular del derecho que va a ceder y cuya obligación correlativa está
garantizada con la prenda, se le impone la obligación de entregar al cesionario
los bienes pignorados. Si la prenda ha sido con entrega física pero los bienes
pignorados se encuentran en poder de un tercero, que actúa como depositario,
la norma exime al cedente de la obligación de entregarlos, pero es obvio que el
cedente asume la obligación de poner en conocimiento del depositario la
cesión de su derecho para que, si el cesionario lo consiente, continúe como
depositario de los bienes pignorados o se los entregue al cesionario, como
nuevo acreedor por efecto de la cesión, o a un nuevo depositario.

La Ley N° 28677 - Ley de la Garantía Mobiliaria, ha introducido una importante


modificación pues ha abierto la posibilidad de que la cesión de derechos sea un
acto inscribible cuando el crédito o derecho cedido está garantizado con una
garantía prendaria, cuyo mueble afectado está inscrito, como se infiere de su
art. 32. En tal caso, conforme al art. 27 de la misma ley, la inscripción de la
cesión de derechos otorga preferencia al cesionario para ser pagado desde la
fecha de la inscripción, con lo cual la inscripción prevalece sobre la
comunicación al deudor cedido y aún sobre su aceptación, en razón del
principio de publicidad registral declarado por el art. 2012 del Código Civil.

Si se trata de garantías personales, como es el caso de la fianza, la cesión del


derecho correlativo a la obligación afianzada debe ser comunicada al fiador y
aceptada por este. El Código Civil no lo ha previsto, pero creemos que el fiador
puede quedar liberado si no se le comunica la cesión que produce el cambio
de acreedor.

Los accesorios del derecho cedido deben entenderse como los intereses que
pudieran haberse devengado, compensatorios o moratorios, si la obligación
está vencida; los frutos, si el derecho cedido es sobre un bien fructífero, e,
incluso, los gastos, si hubieran sido originados por el deudor cedido antes de la
cesión.

3. La obligación de garantizar la solvencia del deudor cedido


El art. 1213 ha previsto que "El cedente no está obligado a garantizar la
solvencia del deudor, pero si lo hace, responde dentro de los límites de cuanto
ha recibido y queda obligado al pago de intereses y al reembolso de los gastos
de la cesión y de los que el cesionario haya realizado para ejecutar al deudor,
salvo pacto distinto".
Como puede apreciarse, la norma tiene también carácter supletorio pues solo
opera si el cedente, por pacto, no se ha obligado a garantizar la solvencia del
deudor, en cuyo caso la cesión asume un carácter aleatorio.

Si la solvencia del deudor cedido es garantizada por el cedente, la cesión


asume el carácter de conmutativa. En tal caso, le es imputable al cedente la
responsabilidad por el valor de la prestación que ha recibido del cesionario,
más los intereses y los gastos. El acotado art. 1213 determina, pues, la
responsabilidad dentro de los límites de lo que ha recibido el cedente, esto es,
la obligación de reembolsar el monto de la prestación si ha sido dineraria o la
devolución del bien si la prestación fue en especie o, en su defecto, el pago de
su valor en dinero.

Adicionalmente, el art. 1213 sanciona la insolvencia del deudor cedido


obligando al cedente del derecho al pago de intereses, los cuales, en nuestra
opinión, comienzan a devengarse desde que el deudor cedido, por causa de
insolvencia, incumplió la obligación correlativa al derecho transmitido al
cesionario. El cedente debe pagar intereses compensatorios con la tasa del
interés legal, conforme al art. 1246.

Por último, la responsabilidad del cedente conlleva el pago de los gastos, no


solo de los de la cesión, si, por ejemplo, se celebró por escritura pública y el
cesionario asumió las expensas notariales, sino también los gastos realizados
por el cesionario en la ejecución del deudor cedido.

B. Los derechos y obligaciones del cesionario

El cesionario asume el derecho que le ha sido transmitido sobre las


obligaciones que le son correlativas, como efecto del acto jurídico de la cesión,
así como la obligación inherente a su condición de cesionario ante el cedente,
cuando la cesión se ha realizado a título oneroso.
Así, pues, en cuanto a sus derechos, salvo pacto en contrario, el cesionario
tiene derecho a que se le garantice la existencia y exigibilidad del derecho que
se le cede, que incluye la calidad de heredero del cedente, si lo que le se le ha
cedido es el derecho a participar en un patrimonio hereditario. Tiene también el
derecho a que se transmitan los privilegios, las garantías reales y personales
que aseguran el cumplimiento de la obligación correlativa al derecho que se le
ha cedido.
Las obligaciones del cesionario se resumen en el cumplimiento de la prestación
originada por la cesión, si esta se ha celebrado a título oneroso. Su
incumplimiento se rige por las normas de la inejecución de las obligaciones
(arts. 1314 y siguientes).

LA EFICACIA ENTRE EL CESIONARIO Y EL DEUDOR CEDIDO

Como ya lo hemos desarrollado anteriormente, por el acto jurídico de la cesión,


el cedente se desliga de la relación jurídico- obligacional que mantenía con el
deudor de la obligación correlativa al derecho que ha sido objeto de la cesión,
asumiendo el cesionario su posición de acreedor frente al deudor cedido, aun
cuando este no haya asentido en la cesión.

Por efecto de la cesión del derecho, el cesionario adquiere, pues, la facultad de


exigir el cumplimiento al deudor cedido de la obligación correlativa al derecho
que ha adquirido, cumplidos los requisitos de eficacia de la cesión, que vienen
a ser la aceptación o la comunicación de la cesión, a los que la Ley N° 28677 -
Ley de la Garantía Mobiliaria, en su art. 27, segundo párrafo, ha adicionado el
de la inscripción de la cesión de derechos, si el derecho cedido está
garantizado con prenda sobre bien mueble inscrito.

a. La aceptación o la comunicación de la cesión

Para que la cesión produzca efecto contra el deudor cedido, como lo precisa el
art. 1215, la cesión debe ser aceptada por él o serle comunicada de manera
fehaciente. El Código Civil ha considerado imprescindible que el deudor cedido
tome conocimiento de la cesión y, con tal finalidad, ha establecido los dos
medios mediante los cuales se genera la eficacia de la cesión del derecho,
respecto del cesionario ante al deudor cedido.

Si la cesión es aceptada por el deudor, ya sea porque interviene en el mismo


documento en el que consta la cesión y con el que se cumple con la formalidad
requerida por el art. 1207 o porque la aceptación la manifiesta posteriormente,
la eficacia entre el cesionario y el deudor cedido se genera a plenitud. Pero lo
mismo no ocurre si el deudor cedido no acepta la cesión, situación en la cual,
ante la falta de manifestación de voluntad del deudor, la cesión le debe ser
comunicada.

La comunicación, poniendo en conocimiento del deudor cedido el acto de la


cesión del derecho, como lo precisa el art. 1215, debe ser fehaciente, esto es,
mediante la utilización de un medio idóneo, como puede ser una carta notarial
o una notificación judicial, pues de lo que se trata es que se ponga en evidencia
que el deudor ha tomado conocimiento de la cesión y que, en consecuencia,
queda obligado ante el cesionario. Tratándose de una obligación correlativa al
derecho cedido y garantizada con hipoteca o con prenda inscrita, consideramos
que la inscripción del derecho que se ha cedido produce el efecto de hacer
eficaz la cesión ante el deudor, en virtud del principio de la publicidad registral
establecido por el art. 2012. Esta situación la ha previsto también la Ley N"
28677 - Ley de la Garantía Mobiliaria, en el segundo párrafo de su art. 27, si la
cesión del derecho ha sido inscrita por estar el bien mueble pignorado
previamente inscrito.

De este modo, cumplido el requisito de eficacia, el cesionario puede hacer


efectiva la exigibilidad del derecho que le ha sido cedido y el deudor queda
obligado a cumplir con la prestación en que la obligación correlativa al derecho
consiste. Además, como consecuencia de la aceptación por el deudor cedido o
de la comunicación de la cesión, el deudor queda obligado ante el cesionario,
quien por haber adquirido los derechos del cedente, y de no haber mediado
pacto en contrario, ha adquirido también las garantías de la existencia y
exigibilidad del derecho.

b. Las excepciones oponibles por el deudor cedido

Como acabamos de considerar, la cesión adquiere eficacia respecto del deudor


cedido, conforme al art. 1215, desde que la acepta o le es comunicada
fehacientemente. Se trata, entonces, de establecer las excepciones, en sentido
estricto o como medios de defensa de fondo, que el deudor cedido puede
oponerle al cesionario.

En primer lugar, puede el deudor cedido oponer la ineficacia de la cesión si no


la ha aceptado o no le ha sido comunicada.

Como hemos indicado anteriormente, la comunicación requiere ser fehaciente,


por preceptuarlo así el art. 1215. Pero, debemos anotar que, entre los medios
de comunicación fehaciente que se pueden utilizar, hemos considerado la
notificación judicial, lo que, al respecto, requiere prestar una especial atención.
Una es la notificación judicial que tiene por finalidad comunicar al deudor
cedido que se ha producido la cesión y que queda obligado ante el cesionario
y, otra, es la notificación judicial con la que el cesionario plantea su pretensión
de pago y por medio de ella el deudor cedido recién toma conocimiento de la
cesión. En este último caso, consideramos que el deudor cedido está
legitimado para alegar la ineficacia de la cesión y oponerse a las pretensiones
del cesionario.

En segundo lugar, el deudor cedido puede oponer la ineficacia de la cesión a


las pretensiones del cesionario cuando esta se ha realizado en contravención
de las prohibiciones contenidas en el art. 1210, sea por mediar la oposición de
la ley, la naturaleza de la obligación con la observación que ya hemos dejado
planteada o por mediar un pacto de incesibilidad.

Al respecto del pacto de incesibilidad celebrado entre el acreedor –potencial


cedente- y su deudor -potencial deudor cedido-, que obviamente legitima a este
último a invocar la ineficacia de la cesión frente al cesionario, es oportuno
acotar lo preceptuado por el segundo párrafo del art. 1210, en cuanto a que el
pacto por el que se prohibe o restringe la cesión, es oponible al cesionario si
consta del instrumento por el que se constituyó la obligación o se prueba que el
cesionario lo conocía al momento de la cesión, lo que lo desligitima aun cuando
la norma acotada, en mi opinión, equivocadamente, le atribuya buena fe.
Pero así como la aceptación del deudor cedido, o la comunicación con la que
se le pone en su conocimiento la cesión determina la eficacia de esta, para que
el cesionario exija el cumplimiento de la obligación correlativa al derecho que
ha adquirido, la comunicación, mas no la aceptación, le otorga al deudor cedido
la posibilidad de oponerle al cesionario las mismas excepciones que fueren
oponibles al cedente, su acreedor primitivo, pues aun cuando el cesionario
queda legitimado para actuar por derecho propio, el derecho que ejercita es el
mismo del que era titular el cedente, ya que la relación jurídico-obligacional se
mantiene inalterada, pese a la cesión, lo que justifica que el deudor cedido le
pueda oponer al cesionario las mismas excepciones que le podía oponer al
cedente.

La comunicación y solo la comunicación, no su aceptación, le da al deudor


cedido la legitimidad necesaria para oponerle al cesionario la prescripción de la
pretensión o la caducidad del derecho, así como la compensación si con el
cedente han sido recíprocamente acreedor y deudor, como también la
condonación de la obligación si el cedente se la hubiera otorgado, y cualquier
otro modo de extinción de las obligaciones, incluido, desde luego, el pago.

c. El cumplimiento de la prestación por el deudor cedido

Como hemos visto anteriormente, la aceptación o la comunicación de la cesión


del derecho revisten especial importancia para su eficacia, pues a partir de una
u otra, el deudor cedido queda obligado ante el cesionario a cumplir con la
prestación debida primitivamente al cedente.

En caso de incumplimiento del deudor, el cesionario podrá constituirlo en mora


(art. 1333 y siguientes), proceder a la ejecución forzada y, en general, a
ejercitar los derechos previstos en el art. 1219. Sin embargo, puede darse el
caso de que la prestación en que la obligación consiste haya sido cumplida
ante el cedente y no ante el cesionario.

d. El cumplimiento ante el cedente y no ante el cesionario


En el caso de que el cumplimiento de la obligación se haya verificado ante el
cedente y no ante el cesionario, la situación que se plantea es si el deudor
cedido se ha liberado o no de la obligación ante el cesionario del derecho al
que es correlativa.

Al respecto, el art. 1216 ha previsto esta situación y prescribe que: "El deudor
que antes de la comunicación o de la aceptación cumple la prestación respecto
del cedente, no queda liberado ante el cesionario si esta prueba que dicho
deudor conocía de la cesión realizada".

Como puede apreciarse, entonces, la norma da relevancia al conocimiento de


la cesión por el deudor cedido, aun cuando no le haya sido comunicada ni,
obviamente, haya prestado su aceptación. La norma plantea una cuestión
fundada en la buena fe al no permitir liberarse al deudor que, conociendo de la
cesión, pretende dar cumplimiento de su obligación mediante su pago al
cedente y no al cesionario, quien ya es el legítimo titular del derecho.

Se trata, como puede también apreciarse, de una excepción a la eficacia


determinada por la aceptación o la comunicación de la cesión, pues para el
acotado art. 1216, es suficiente que el deudor cedido haya tenido conocimiento
de la cesión.

El deudor no podrá, pues, oponerle al cesionario la excepción de cumplimiento


con el pago así efectuado al cedente, con el propósito de liberarse ante el
cesionario. Pero, en tal caso, el cesionario tendrá que probar que el deudor
conocía de la cesión pese a que no le había sido comunicada y, si lo prueba,
podrá exigirle el cumplimiento de la obligación correlativa al derecho que le ha
sido transmitido, pues lo que el art. 1316 prescribe es que el deudor cedido no
se libera de su obligación ante el cesionario.

El Código Civil guarda silencio respecto de la situación en la que queda el


cedente, lo que no puede dejar de considerarse, ya que el pago que se le ha
efectuado debe implicar que el cedente restituya al cesionario lo recibido o le
reembolse la prestación dineraria correspondiente a la cesión. Por ello,
consideramos que si el pago efectuado por el deudor cedido es indebido por
haberse efectuado por error de hecho o de derecho (art. 1267), no cabe la
menor duda de que el cedente debe restituir lo recibido. Pero si no se configura
un pago indebido porque el deudor lo ha efectuado a sabiendas de la cesión,
es el cedente el que también ha obrado de mala fe, pues él, al recibir el pago,
no podía ignorar el acto jurídico de la cesión que él mismo había celebrado, por
lo que creemos que igualmente debe restituir lo recibido en aplicación de la
norma prevista en el art. 1269. Sin embargo, la Ley N° 28677 - Ley de la
Garantía Mobiliaria, en su art. 28, cuando se trata de un derecho cedido con
garantía prendaria, no solo le imputa al cedente responsabilidad civil sino
también responsabilidad penal.

BIBLIOGRAFIA

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Tomo I. Parte General. Gaceta Jurídica. Lima, 1995.

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VIDAL RAMIREZ, Fernando. “ La Cesion de Derechos en el Codigo Peruano”. Tomo


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