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PIEL DE ZAPPING.

***

Cuando su madre lo encontró completamente desnudo dentro del refrigerador, lo primero que se
le ocurrió pensar es que ya estaba muerto, luego reparó en su cuerpo lleno todo el de escarcha, y
balbuceando entre sus labios amoratados algo parecido a un mantra. Para mala suerte de su
progenitora el aún respiraba, pues sus fosas nasales exhalaban el fiat vaporoso. Abrió totalmente
la puerta del congelador, dejando escapar las emanaciones condensadas del nitrógeno en gas. De
una de las manos de su hijo que parecía profundamente dormido en el regazo de la muerte, cayó
al abrirse ésta un frasco de sedantes. Casi simultáneamente se derrumbó el cuerpo desnudo del
chico sobre el duro piso de baldosa de la cocina, era un insensato pavo fármaco-dependiente
relleno de Prozac para el de fin de año. Su madre se acercó al rostro de su hijo que ahora respiraba
profusamente castañeteando los dientes en un profundo temblor, su boca apestaba a aguardiente
barato y de las comisuras de la misma unos hilos de saliva se iban derritiendo, ya estaba entrando
en calor, pues de la posición en cuclillas en que lo halló, ahora había adoptado la fetal llevando
ambos brazos hacia sus piernas para abrazarlas, pero no volvía en sí, pese a los gritos histéricos de
su madre que ya habían alertado de la situación a todo el vecindario. Su alma estaba congelada,
petrificada, echa hielo en el oscuro refrigerador de su conciencia. Tomó el botecito de
estupefacientes, leyó la etiqueta del psicofármaco y llamó enseguida al 911.

***

Ese desorden sagrado que él cree es un orden puro.

***

Macramé.

Largas agujetas se hundían en el ovillo de lana que semejaba una fronda cabellera de geisha. Ella
tomaba los crochés ente sus dedos, y tras iniciar el tejido con una primera puntada, se detuvo para
imaginar lo que podría ser un suéter, unos calcetines, una bufanda, un gorro de invierno, o una
simple malla o red que bien podría pasar por alfombra, cubrecama o tapete, urdió nuevamente
las agujetas para que saliera lo que amorfo se urgía entre su dedos.
Martha era sonámbula o así lo creían sus familiares. Amanecieron pegados como amantes

Nunca la despertaban de sus sueños sin que previa- por la viscosa cola de sus secreciones.

mente se armaran de un zapato, y entonces, -zas- No resultó nada fácil separarlos.

la suela sonaba en su mejilla. Adormilada descen- La nariz se aferraba tenazmente con

día por las ramas de su duermevela. su sangre de la almohada.

Conforme leía el oráculo sentía la necesidad de ha- De acuerdo a estudios antropológicos

cerlo con un par de dados. Aquellas ecuaciones, no apoyados a su vez en investigaciones

se me ocurre otra metáfora para describirlas, cala- de orden arqueológico, la forma hum-

ron profundamente en mi ser. Líneas inconexas, di- anoide del homo-erectus bípedo des-

vergentes, fórmulas del tipo: a=b; b=x; x =?; ¿=¿? y plumado, no se debería a una mera-

al parecer elevado al cubo, provocaron que mi cora casualidad sino a la impronta recrea -

zón redoblara una angustioso mandala. ción de los sinos, llámenlos otros azar.

La habitación de paredes de un blanco que no deja espacio para pensar, está forrada o
acolchonada por espuma que además de no permitir la salida de ruido interno, tampoco,
verbigratia, concede acceso a sonidos que puedan engendrase en su exterior. En la sala de espera
que es precedida por un largo corredor, además de los muebles que brindan la acogida a los
visitantes, se encuentra un canasto de mimbre en cuyo interior y a desbordar, voluminosas
madejas de hilo yacen de varios colores, tantos hilos que uno no atina por cual empezar.

Mala idea eso de festejar su cumpleaños en una El Sr. T, al despertar envió su mano ha-

camada-party de pusher’s novatos. El viejo Alex cia el velador, buscó a tientas su reloj,

asistió como era su costumbre cerca a la media - y al no encontrarlo desesperó. Era un

noche, estacionó su destartalado corsa en la ace regalo del padre de su padre, que a su

-ra, y compró su dosis diaria de coca. Ya en su co vez fue obsequio del abuelo del abue

-che preparó las rayas con un graduador que ten -lo, es decir, era el fruto níspero de su

nÍa a mano, y al compás dodecafónico del motor árbol genealógico. Se puso de pie y e
encendido, jaló hasta los ángulos obtusos de la- -empezó a buscarlo. Inició la búsqueda

perika escandinava. en la memoria.

Tejía simultáneamente, con la mano diestra iba de izquierda a derecha, y al mismo tiempo la
zurda lo hacia de derecha a izquierda, a la misma atonalidad.

Des as

-cen cen-

-dimos, dimos,

con nuestros globos raíces las por

De color. bifurcadas.

El árbol del cordero silla la palabra, alma su refrescante cola luna,

La mujer luminosa parte afeminado código de inmóvil vitrinas petit

mano comida en pájaros kafkianos, Enoc vela ,purple silenciosa sardina libro

caleidoscopio donde se agitan las palabras .epístolas sostienen bastón en burkas

***

Escribía poemas al revés (literal no metafóricamente hablando) los caracteres que configuraban
los eslabones de sus líneas poéticas, antes llamadas por él anversos o reversos estaban por decirlo
así, patas arriba y sólo se lo podías leer al derecho al ponerlos frente a un espejo. Esa idea no era
de su exclusividad, ya se la había ocurrido al gran infante terrible de Jean Cocteau que no sólo
maravilló la atención ensimismada de Ramón Gómez de la Serna que al enfrentar los poemas al
espejo tampoco logró entenderlos, y hacía bien al no despojarlos de su carácter lúdico y
hermético, pero a Mhessían Athkins le entusiasmó de tal modo que lleno tres cuadernos seguidos
de poesía con caligrafía de revés. Pensaba que quizás escribiendo de esa manera a toda hora y en
cualquier lugar algo iba cambiar en su psique, quería dar la vuelta a su cerebro como a un guante,
y se empeño en esa empresa hasta el punto de ya no poder escribir normalmente, todo lo que
escribía lo hacía de izquierda a derecha, poemas plagados de metáforas e imágenes
subconscientes, sabia disciplinada que ya empezó a dar frutos, sus pensamientos ahora
transfigurados al revés le daban una nueva imagen del mundo del cual huía y no tenía un espejo
en su mente como don Ramón para leerlos, un nuevo lenguaje se cernía indescifrable y que al
carecer de intención, (toda conducta verbal tiene un propósito… lo expuso Roman Jakobson en
una conferencia a propósito de su obra Lingüística y Poética) equivalía a la no-intencionalidad zen.

***

Este vacío de rana que salta los instantes no puedo llamarlo: ¡chapoloteo!

***

“Pulir mi obra y cultivar mis vicios”.

***

“Hay que callar en silencio”.

***

Si meto el ápice de mi lengua en éste plato de arroz vacío, enveneno la leche de tu rostro antes de
nacer (…)

***

Menos palabras más sake.

***

El texto es un pretexto donde lo importante no es la historia sino su proceso. Los cuatro puntos
cardinales son cinco: norte sur este oeste centro… ¿dónde leí esto?
***

“Érase un hombre a una nariz pegada”.

Y no se trataba de don Luis de Góngora y Argote sino de un simple obrero de fábrica que tuvo su
auge económico (su Siglo de Oro) a finales de los años noventa, este hombre que para el efecto
llamaremos, desconozco sus nombres propios y tomaré como propio el sobrenombre que todos
sus compañeros le daban: el Revólver, estos compañeros eran un verdaderos artífices del verbo
que sin proponérselo conscientemente elaboraban familias lexicales con el apodo y verdaderas
figuras retóricas en este caso metonimias de cajón, confirmando así, algo que ya lo había notado
Jorge Luis Borges y lo había manifestado en uno de sus ensayos que la metáfora no era propiedad
exclusiva del poeta y que en el hombre común de humilde cuna estos artificios se los podía
encontrar plenamente sin ellos tener conciencia de realizarlos, algo que tampoco era privativo de
Borges era este hallazgo, escritor que gustaba de realizar literatura de la literatura una
paraliteratura y esto si exclusividad del poeta la recreación de metáforas al cuadrado. Pero
volvamos al asunto que nos convoca y dejemos a las digresiones abrevar su sed en las calmas
aguas de un pozo. Al Escopeta ya le tenían hinchados los cartuchos de tanto burlarse de él, ya se
había quejado con el jefe de personal del trato de que era objeto de los demás trabajadores de la
empresa. Soy víctima de bulling, me bulean Ingeniero, si no les pone un alto usted, yo tendré que
tomar medidas nada corteses para con mis compañeros y es que ya me tienen hinchado las
pelotas. Ni apenas llego y abro mi cancillero ya viene el Tapia y me dice como le va don Revólver
que tal el fin de semana, bajó al fútbol, bueno no es para molestarse lo sé, pero en seguida viene
el Salazar y lanza su babosada que más don Escopeta salió a cazar tórtolas el domingo, ya lo iba a
mandar a cazar, yo pero a la verga, cuando ingresa el Sulqui y de un palmotazo en el cuello me
hizo brincar, como le va don Pistola, está bravo, no se aguanta ni una broma usted, y todos se
reían a mi alrededor, que le diré ya me estaba hasta acostumbrado hasta a sus chistes ya no me
dolía que me dijeran don Revólver, Escopeta, Rifle, Carabina, Recortada era un halago según ellos,
pero lo que si me molestó era que me dijeran 38 y sobre todo de labios del Nuevo, ese Nuevo hijo
de puta de cincuenta años, don 38 que se cuenta, había dicho, yo que en ningún momento le
había dado semejante confianza, bueno le respondí con la educación que me caracteriza, vea
Nuevo vaya a ponerle apodos a la puta de su esposa si es que la tiene o corra a hacerse la paja y
no me venga joder el día, se lo advierto no me provoque, bueno en fin, pasaron los meses y hasta
yo mismo había olvidado cual era mi nombre, cuando me gritan 38 ya es hora de abrir las pistas,
iba ligeramente y las abría, cuando tocaba el timbre para el refrigerio ya me gritaba el Tigse
apúrese vea Revólver que se nos enfría el café, y el colmo Ingeniero, es que hasta usted le oí que
el otro día le decía al Toapanta, anda y dile a don 38 que se vaya a la oficina a ver la quincena. Por
dios, a mi también me bautizaron Ingeniero y no me pusieron de nombre Magnum 44, ni Colt, ni
Recortada, ni Metralleta, ni Uzi, peor aún y eso sería para sacarme de mis casillas Resortera que
eso si sería ya un insulto gravísimo, cómo le digo ya me estaba curtiendo al dolor, pero lo del
Nuevo lo del viejo hijueputa Nuevo, si no lo soporte. Era la semana pasada en las canchas de la
Borden cuando teníamos que jugar un partido amistoso con la fábrica de a lado, Acidersa creo se
llama, todos estábamos en los camerinos bromeando y jugando antes del partido, afuera en el
graderío del estadio estaba nuestra hinchada, empleados de la empresa que no les gustaba el
fútbol, cosa rara en un varón, las secretarias y administradoras de recursos humanos, nuestros
familiares, esposa e hijos y uno que otro amigo al que invitábamos al encuentro con la promesa
que después del partido, perdiéramos o ganáramos nos iríamos a la jaba de bielas, lo importante
no es ganar sino beber, le había dicho a mi amigo, pero bueno a este cotejo fue mi mujer y mi par
de hijos un niño y una niña todavía peladitos. Si que nos estaban dando palo esos de Acidersa, dos
cero en el primer tiempo y en el segundo en los primeros quince minutos del juego nos clavan
otro, nuestras esposas seguían alentándonos desde las graderías, y corríamos tras el balón y no
acertábamos ni siquiera una a la malla contraria, en eso el Nuevo que calentaba en la franja del
costado se detuvo al mirarme que iba corriendo solo con la pelota frente al arco adversario y
como si se creyese el director técnico del equipo, comenzó a gritarme: ¡dispara! ve Smith &
Wesson, que esperas oye Luger, no seas una Mauser ¡dispara! No faltó de mi parte pero no lo
soporté más, me acerqué a él que aún tenía las manos sobre la boca como un altavoz y le propiné
un puñetazo en la cara que lo mandé al suelo, el Nuevo, viejo hijueputa, se levantó sorprendido,
no entendía el porqué del golpe, pero ahora que lo pienso yo tampoco lo entiendo, ¿por qué no
disparé? Dispara gritaban todos a coro, hasta mi mujer y mis hijos, pero ya verán ellos apenas
lleguemos a la casa. Dispara gritaban los compañeros, el jefe de personal, las secretarias. Dispara
gritaba el capitán y el arquero, dispara gritaba usted Ingeniero y mi amigo. Dispara dije yo y
disparé y no fue gol. Dispara me dije yo, soy don Revólver y disparé en honor a mis balines.

***

“Quién lee nunca esta solo”.

***

Una vieja refrigeradora, de nueve pies de alto y de motor quemado era lo único que le quedaba de
valor, si se animaba la podía vender como chatarra, pero eso justamente no lo tenía planeado,
además se trataba de un recuerdo invaluable, para él era algo así como un ídolo al que tenía que
mostrar reverencia, jamás por sus mientes quiso considerarla como una herencia que su madre le
dejó antes de morir, no, este artefacto representaba más que eso, era su tótem que se levantaba
en medio del caos que era su vida. No podía tener un pan sobre la mesa, (no tenía mesa, sillas,
cocina, cama, nada sobre nada) pero nunca le faltaba un libro, donde quiera que uno posará su
vista se topaba con muchos ejemplares de ellos, ya sea en el piso formando pequeñas pirámides
mayas, o rascacielos que se elevan hasta el techo, su cuarto estaba saturado de miles de ellos,
tantos eran que con los mismos se había provisto de un catre, los apiló de manera que podía
dormir sobre ellos, así mismo se hizo de una mesa con varias enciclopedias pesadas, sobre la
misma que descansaba su mimada máquina de escribir Remington, regalo que se hizo en una
visita al poco ya frecuentado taller de su tío que arreglaba máquinas de escribir, ese oficio ya no
da para más, pero esas máquinas tenían cierto encanto magnético, así que aprovechó un descuido
de su tío y metió la Remington en su maleta, otra persona cuerda, inteligente y con ambiciones en
la vida hubiese optado sin pensarlo dos veces por la Apple Macbook Air 13 que se encontraba
sobre el escritorio, pero no, a él lo atraía sobremanera el influjo magnético de la Reming, así que
sin esperar el cafecito que su tío materno le estaba preparando, tomó su pesada mochila y se
marchó. Cuando era niño y estaba al resguardo de sus progenitores, lo primero que le llamó la
atención era ese gusto apasionado de su padre por los libros, siempre andaba con uno de ellos en
la mano, apenas llegaba del trabajo y después de saludar a su mujer y a su hijo con un beso en la
mejilla, convenciones que acataba para simular un orden establecido y además para librarse de
ellos sumergiéndose en la lectura, entonces era un buzo y se echaba un clavado en los textos,
después de bracear anegado en las delicias de la lectura, pasaba horas de horas sentado en la taza
del baño, y no salía hasta que su esposa lo venía a llamar para la cena, no sin antes preguntarle
que malditas cosas hacía en el baño, el desde luego le decía que cagando, que no se puede cagar
ni en su casa en paz, pero ella pensaba otra cosa, como ya no la tocaba y apenas se acostaban se
dormía inmediatamente, de seguro se estaría haciendo la paja, ¿y si sufría de la próstata o
estreñimiento? No, lo más posible es que sea la paja, y en la paja si que se demora el hijueputa,
sentenciaba su mujer. Su padre no era una mala persona pero cuando él se acercaba lo rehuía de
inmediato, o lo cargaba en brazos con la firme intención de hacerlo dormir, pero él poco sueño
albergaba y lo que más deseaba era jugar al fut, como lo hacían otros niños con sus padres, mi
papá es un raro se decía, además de tener el cabello largo, no hablar con nadie y encerrarse en las
lecturas, no le gustaba patear el balón como lo hacían los otros papás del barrio, pero pronto, a él
también se le fue cultivando el vicio, y acaso fue para mejor que así lo hiciera. Leyó en una ocasión
cuando ya brisaba los quince años, que la poesía se transmite por contagio y que lo malo
enseguida se pega, no lo quiso creer hasta que notó que varios síntomas que veía en su padre
síntomas que ya rayaban en lo patológico, se comenzaban a mostrar en él, ya había sido infectado
del virus y lejos de buscar el antídoto se hundía al igual que su padre en la sublime enfermedad
mortal, la poesía es el peor de los venenos –decía- por que te mata dejándote vivo. Al morir su
padre y no por obra y gracia de la poesía, heredó su pequeño tesoro, cartones y cartones de libros,
que su esposa la madre del ahora huérfano de papi había reunido para quemarlos en el patio, cosa
que no lo hizo esta feminazi al recapacitar que podría venderlos al peso. Pronto el muchacho
creció y se aventuró a escribir, con los libros que su viejo le había heredado, aunque en una carta
encontrada en uno de los cartones expresamente decía lo contrario, emparedó su habitación con
los mismos, ésto le trajo graves problemas con su madre quién veía en su hijo el engendro de un
monstruo al cuadrado, ya no sólo se limitaba a leer como hacía su fallecido marido sino que ha
éste se le dio por escribir, menudo problema elevado a potencia. En una ocasión su querida mami
la cual con el tiempo se transformaría en la maldita vieja loca, leyó una nota que había escrito su
hijo, en una hoja de papel sobre el velador: para mi madre leer es no hacer nada y escribir no
hacer nada al cuadrado. Yo hago nada a la enésima potencia. Leer es como escuchar música,
escribir como ejecutarla.
***

Empanadas rellenas de Om.

Cuando dejaba la leche y el yogurt colgando de un gancho en el techo, a una altura en la que
Krishna y Balarama no pudieran llegar, éstos saltaban y se daban modos para hacerse con los
lácteos, así proveyéndose de jabas vacías de cerveza del restaurante contiguo a la habitación de
Rohini, las apilaban una encima de otra para hacerse con ellos. Rohini profundamente dormido no
escuchaba el ruido producido por el par de hermanos, en el sueño, por que Rohini soñaba con su
India añorada, aquella cantinela de sonidos trastocaban al rumor de ratas y murciélagos sagrados,
a los que Rohini adoraba como divinidades sagradas, sí, no eran más que roedores nocturnos en
busca de alimento, siguió repasando en su sueño del mismo del que no quería despertar, tarde o
temprano uno de estos viajes astrales lo llevarían por fin al objeto de sus denodadas oraciones:
Goloka era el planeta supremo del mundo espiritual que en sus apasionadas plegarias y cantos
anhelaba, así que se dejaba ir en el óntico levitar del descanso. Cuando despertaba, 3:45 de la
madrugada, tenía por costumbre estirar sus brazos y piernas, no se levantaba de la cama como lo
hacían las demás personas, en parte por que no poseía cama, dormía sobre una estera del piso
entablado y extendía sus miembros como preámbulo a un ritual. Debía preparar las empanadas,
su fuente de trabajo, pero primero, y algo que jamás se lo perdonaría si lo olvidara, entonar
mantras a Brahmán. Sin emitir palabra alguna, su canto era sólo pura vibración universal y ahí
residía el verdadero mantra, sus cuerdas vocales eran su instrumento musical, modulaba sonidos
prolongados, graves y agudos, altos y bajos, a semejanza de una flauta dulce de carne y hueso no
le hacía falta nada, es más tenía nueve huecos, dos más que la flauta tradicional y que le
permitían ejecutar las más variadas melodías y al parecer el que soplaba éste flautín era el
mismísimo Krishna. Todas las madrugadas a eso de las cuatro, éste verdadero hijo de Kunti, se
purificaba y limpiaba el corazón con los cantos, y sin lavarse las manos empezaba ha amasar la
harina para freír las empanadas. Cuando alzó la vista hacia el gancho del techo observó no sin
asombro que el yogurt y la leche habían desaparecido, dirigió su mirada a cada rincón del cuarto y
pudo ver a Krishna y Balarama lamiéndose los dedos detrás de unas jabas. Se levantó para
encender el fuego de la cocina y para de paso castigar fuertemente a Krishna y su hermano, -¡ah,
eres un ladrón!- le gritó enfadado Rohini. La llama de la estufa era abundante, el aceite quemado
hervía en la sartén. Krishna corrió por toda la habitación haciendo pis y caca en los sitios más
limpios de la casa, Balarama saltó por una de las ventanas y maullando se alejó por el tejado
esquivando un zapatazo que a bien le apuntó Rohini. Krishna erizado de pelos, arqueando su lomo
ronroneaba de pánico, ya lo tenía frente a frente. Rohini con una soga a mano le llamaba, ven mi
lindo gatito, ven mi Krishnaloka. El aceite negro hervía en la cazuela de metal, las empanadas por
fin tendrán condumio pensaba Rohini, ya no más queso ni carne vegano, esta vez las rellenaré de
carne de verdad. En tanto amasaba la harina pellejos de Shiva se le iban desprendiendo de los
dedos, en el centro de una masa circular colocó a Bakti y a Govinda, cerró la empanada y la echo
al fuego, prosiguió con la misma receta esta vez era el turno del dios mono Hanumman, cuantas
veces le ordenó que se desasiera de las Gopis, que se las tragara, que las espantara, pero no, a
éste sólo le gustaba arañar en las paredes, escribir su gramática veda y nada de comer roedores,
Hanumman al fondo del sartén ya no maúlla el poeta miau miau, hare hare rama rama. Un om
intermezzo en la harina .Soplaba al interior de las empanadas su Om mani padme hum, que
seguramente es el mantra más extendido en Oriente. Lo repite una y otra vez, y lo utiliza para
sumergirnos en la armonía universal.

***

“Quién escribe nunca esta solo”.

***

El hombre cuando sueña es un Dios cuando despierta un mendigo.

La mayor parte del tiempo se la pasaba durmiendo y cuando despertaba se dedicaba a transcribir
sus sueños, una suerte de seguir soñando por escrito, cuando sus amigos leían sus oníricas
redacciones, decían de él, Mhessían cuando sueña es un poeta cuando despierta un… Un perro
que ladra dormido decía su madre. Pero lo cierto es que cantaba dormido, decían ellos, pero su
madre que no, que lo más próximo al canto cuando sueña era aullar que reemplazaba por unos
instantes a sus prolongados ronquidos y para aseverar ese dato en varias ocasiones se mantuvo
despierta y con el celular a mano y las luces apagadas se dedicó a grabarlo, a veces creía, que su
hijo sospechaba de la intromisión de su señora madre al grabarlo, y fingía estar soñando, mientras
ella lo videaba, y muchas veces sintió ganas de retractarse de lo antes dicho, pues muchas de las
cosas que guardaba en su celular eran dignas de elogio, una perorata cargada de digresiones pero
que mantenían un encanto de cuento de hadas, así decía la vieja que jamás ejerció de crítica
literaria y que al escuchar al día siguiente las disertaciones delirantes y plagadas de
incongruencias, subestimó las malas opiniones que tenía de su retoño, al que sólo le gustaba pasar
la vida durmiendo, leyendo o escribiendo, todos esas cosas de marica, al igual que su padre que
dios lo tenga en su santísima nada. Mhessían adquirió el don del sonambulismo, don para nada
estimado en nuestra globalizada época, y andaba por las calles acompañado de su perro Atman
que le servía de lazarillo, él por supuesto salía con gafas y caminaba como zombie, como un
cyborg-zombie, bipolar y borracho de barbitúricos, los que se topaban por mal sino con él lo creían
esquizofrénico, todo su lenguaje era incoherente, inconexo y como salido de películas de Cocteau
o Artaud, un Perro Andaluz que avanzaba de pie, nada que ver con el bípedo desplumado de
Platón, que hubiese sido el orgullo de su madre, nada, detestaba tanto a Platón como a su ente
de ficticio Sócrates, también Jesús de Nazaret le parecía una invención de sus apóstoles, algunos
de estos pescadores dados a la escritura, inclusive en una ocasión leyó que cerca del pueblo de
Belén se le conocía a un hongo alucinógeno con el nombre de Jesús y que lo consumían los
cristianos primitivos, uno de los poetas al que intentaba imitar era Robert Desnos pero no en su
poesía sino en su manera de manejarse en el mundo, le encantaba la entrada de los médiums, mas
sobre su perro Atman

***

las nubes son nubres en el cielo

viajar en los días de las horas

aquí vuela: una palabra una bandada de ellas

cuando los demás andan como introducidos en cajas Faraday forradas de plomo, su escafandra,
mi casco de astronauta el delirio asistemático, el cerebro crispy, el cerebro broster, el cerebro
chalado, a dos manos sobre una máquina de escribir, reescritura de silencios, manchando la hoja
en blanco con líneas proyectivas, manchas proyectivas maculando el maculeo del jardín Boshcoso
de la extracción de una piedrita en el zapato de la locura, una piedrita en el zapato del ojo que
todo lo ve, pensaba si ha esto se lo puede llamar pensar, digo pensaba por no decir creo que
pensaba que pensaba, digo pensaba para decir que pienso en calidad de pensante en calidad y
cantidad de pensamiento sobre la balanza de la nada, me sobreestimo, por eso no me escucho y
me amparo en ellas , en ustedes bellas e infernales, Langostas de Egipto, <<gypsy>> <<gypsy>> el
cuchillo sobre la piedra se ríe del tiempo, y se han perdido mis dedos en la página que estuve
leyendo, ahora a buscarlos, a perder mis ojos en esas páginas, es el hierático cabalgar de mis
huesos sobre el teclado, una lluvia en si bemol en el hueco donde orina mi cráneo, mi cráneo que
es la habitación de paso de una serpiente que se enrolla a mi garganta, las locas vocales cuerdas
de Rimbaud y sus colores pero tengo otro dato Simbad del lenguaje, puede parecer poético mas
tiene su base real. Este ejemplo nos lo ha proporcionado Francis Galton, investigador de la materia
de principios del siglo XIX, Galton ha partido de elementos tan simples como son las letras del
alfabeto y llegó a conclusiones experimentales como:

<<A>>: blanca pura, y de una contextura como de porcelana (para la “A” minúscula se nos dice
tierna, como tacita de té china de la dinastía Ming o ¿Sung? o ¿Chang?, no Jung el arquetípico
psicoanalista, ni Hang el instrumento musical de percusión, la “A” en minúscula e imprenta lejos
de la pose victoriana de su homologa “a” en mayúscula, tendría un singular timbre que no poseen
las mismas tazas de su especie a saber si sus funciones se remiten exclusivamente para el té y
esto también habría que desglosarlo, la hora del té inglés, del té con galletitas de la tía soltera, del
té del juego con muñecas de las niñas, del té de tetera taoísta en ambiente wabi, ettétera).

<<E>>: roja, no transparente, el bermellón con porcelana blanca ( para la “E” en minúscula se nos
sugiere, ya que nos remitimos a interpretaciones de carácter asociativo, un vestidito de encajes
carmesí que apenas este subiendo por la falda de las montañas a eso de las 17:45, ni un minuto
más ni un segundo menos, unos anteojos de color negro que le irían bien con esa actitud
pacmaníaca narcisista, no de Narcisa de Jesús sin ruleros, sino de un alférez Constantino de
Constantinopla, del siglo VIII menos cuarto para la diez, diagonal a farmacias Sana-Sana y frente a
las falmacias enferma-enferma).

<<I>>: para él, de luz y color amarillo brillante… (para hablar de la policromía musical de la l, y no
de la Y griega que nos suena a una chica Yeyé, nos bastaría acercarnos a la ventana cabalística de
un tratado numerológico o aprender a leer las cenizas del cigarro, tendríamos que apoyar nuestra
investigación con los aportes de la nueva esencia esotérica, que pese a quien le pese esta desde
los albores de la humanidad y que no es otra que la Copromancia o el arte de adivinar el futuro a
través de la mierda, fruto conspicuo del genero humano y no singular del él. ¿Qué buscaba
Crowley en sus heces y en las heces de sus discípulas? El ojo de Horus. Dalí el salvador Dalí,
inquiría en sus excrementos a diario, para ello se hacía fabricar unas tazas de baño especiales que
le servían de observatorio astronómico, su afán como bien lo pueden suponer no era saber si sus
triglicéridos se habrían elevado o si la triquina se alojaba en las paredes de sus intestinos, no, algo
había de estético en sus avatares, esto es colosal, decía en francés, merde al’ors recitaba en
español y él era catalán y fustigaba a sus acompañantes-adoradores a seguir el ejemplo, a más de
una actriz que asistía a sus lujosas fiestas, pregonaba de su don para hurgar en sus humus y la
espoleaba hacer lo mismo con los suyos, más de una se sonrojó llevándose sus delicados dedos a
la nariz, solo la palabra mierda ya les olía mal, “la mierda escrita no huele” había dicho un famoso
semiólogo francés en uno de sus ensayos, pero a éstas el mero hecho de pensar en defecar ya les
parecía una cagada, una mierda… En aquella biografía no se dice si las actrices hicieron el
experimento alimentado por las sórdidas y buenas intenciones de Dalí, pero lo cierto es qué, quién
no se ha detenido a mirar en el fondo del escusado, si Narciso enamorado de su propia imagen,
pero volvamos a lo de los Shandy y el Amanecer Dorado, cuyo mentor fue el aclamado por el
mismo como el: MegaTherion Aleister Crowley).

***

Máquina de Gorjeos.

Cuando niño daba cuerda a las palabras, a todas las que encontraba, giraba y giraba de su llave y
las soltaba sobre el cuaderno de notas. Ellas cantaban, jugaban, hacían el amor, danzaban sobre el
blanco inmóvil de la hoja. Cuando niño daba cuerda a las palabras, giraba de la perilla una y otra
vez y las ponía sobre el blanco inmóvil de la hoja. Ellas cantaban, jugaban, hacían el amor,
danzaban sobre el blanco inmóvil de la hoja. Máquinas de escribir aullando a una luna de papel.

***

Que llueva que llueva Platón está en la cueva

Los pajaritos cantan los muertos se levantan,

Que llueva que llueva Platón está en la cueva


Los poetas cantan las brujas se levantan.

***

¡Lee, en el nombre de tu Señor, que ha creado,


ha creado al hombre de un coágulo de sangre!
¡Lee! Tu Señor es el Dadivoso,
que ha enseñado el uso del cálamo,
ha enseñado al hombre lo que no sabía.
Corán, 96, 1-5.

Thuluth, thuluth, Yalli diwani; thuluth thuluth, Nasj diwani yalli; thuluth thuluth nasj diwani yalli,
thuluth repiqueteaba chasqueando su lengua como una campana rota entre sus dientes, era
una vieja canción que le enseñó su madre, y que ahora al estar ya entrado en años la
recordaba con gran fascinación. Diwani era una de las primeras palabras que aprendió a
trazar con lápiz, luego pintó con un cálamo nasj y thuluth sobre una tela previamente
enyesada para el acto. Se maravillaba de cómo cada espacio vacío era relleno con
inscripciones y signos ornamentales, a decir verdad y en su corta edad poco le importaba lo
que esos caracteres podrían o querían significar, lo que a él le extasiaba de esas grafías que
dibujaba era su envoltura material, y a esto se debía la decisión de tomar la materialidad del
significante como tema de su tesis para obtener la licenciatura en artes, ya desde pequeño al
jugar con plastilina quería reproducir los sonidos trazados en el papel, plasmaba en esculturas
de barro las notas musicales que se desprendían de la escritura Nashki. En un estilo barroco,
muy ornamental, caracterizado por líneas alargadas y curvas, prolongando los rizos en el
espacio que separa a una letra de otra, el espacio entre las palabras era un bello jardín
churrigueresco donde proliferaban cual rosas silvestres las volutas de oropel. Caracoleando
entre sus dedos los alambres de tender ropa, suturando en filigrana la vacuidad de las formas,
se asombraba que ahora a sus cuarenta y tantos años todavía tuviera aquel placentero gusto
por el exceso. Miraba su mano derecha desprovista ya del dedo pulgar e índice, y lejos de
llorar, pero el no lamentarse no es en ningún momento signo de resignación, es más maldecía
su sino, y muchas veces intento incendiar su taller de grabado, pero que iba quemar nuestro
escultor, si lo que más poseía eran unas grandes piedras por esculpir, herramientas para
cincelar y tallar, y chatarra, mucho metal reciclado que no se prestaba para la combustión. De
lo que sí se vengo aunque resulte ridículo advertirlo es de una amoladora que le corto los
dedos, la pulverizó a martillazos con su mano sana.
Pensaba en la caligrafía como un arte ligado al hecho de que el islam prohíbe la adoración de
representaciones figurativas y es así como la caligrafía ofrece en los lugares sagrados un
sustituto a la decoración figurativa. En lugar de representar a Dios o al profeta, o cualquier otro
motivo figurativo relacionado con la religión, el arte islámico los sustituye por la representación
caligráfica de sus nombres, o por frases extraídas del Corán, particularmente la basmala. Los
musulmanes justifican este interés por la escritura arguyendo que la primera palabra que les
fue revelada por Dios es el imperativo «lee» (iqrā'), que encabeza las primeras palabras que
según la tradición dirigió Dios a Mahoma.
***

Abandonado a su espontaneidad y sin la expectativa de juicios ajenos, Don Augusto David Campa,
vierte, sus dudas, esperanzas y temores, su profunda crisis espiritual que en los últimos años de
vida le han sacudido hondamente, en un manuscrito conformado por cuatro cuadernos de tipo
escolar, de diferente tamaño y número de páginas. Éste manuscrito al cual ha llamado: “Bitácora
de un Profundo Malestar “, está escrito a mano, con letra ligera e ilegible, en tres colores de tinta,
a saber: negro azul y violeta, en hojas de papel cuadriculado, de una línea de dos de cuatro para
caligrafía inglesa, en blanco, sobre pentagramas, a su gusto, pues Don Augusto David Campa se
tomó el tiempo de fabricar aquellos borradores que le servirían de diario. Los pegó y cosió,
encuadernó los folios en pasta dura y con las inscripciones en relieve en la parte superior de la
tapa principal, la misma que detallaba en un fondo rojo oscuro y con letras de un dorado brillante,
su heterónimo: Julio Rafael Rutiaga.

***

Escribir a quema ropa con una ametralladora de palabras.

No era de ponerse a pensar así que tomó la vieja Remington y la metió al fondo de la mochila. Se
subió en el primer bus que encontró, por ventura no estaba lleno así que buscó un asiento para
sentarse, las ideas dentro de su cabeza revoleteaban como una bandada enloquecida de aves,
había olvidado su cuaderno de notas y los lápices para apuntar, revisó en los bolsillos de la maleta
haber si de pronto tendría un esferográfico, sí, tenía dos, pero a uno de ellos se le había
terminado la tinta y al otro inexplicablemente le hacía falta la mina. Al menos tenía hojas de
papel bond, claro que éstas eran fotocopias de una monografía que estaba leyendo, su envés
estaba inmaculadamente en blanco, así que procedió sin pensarlo dos veces a sacar a la Reming de
su bolso y a introducir a la virginal hoja (virgen sólo por la parte trasera, aún no mancillada por la
escritura por su orto lado) por el rodillo de la misma, luego de empatar las puntas y regular los
espacios de los márgenes tanto de izquierda como de derecha, dejó caer la barra pisa papel sobre
ella con un gemido solemne. El bus se iba llenando de pasajeros, él había pagado por su asiento y
por el contiguo donde ubicó su maleta, no quería ser molestado, así que antes de ponerse a
escribir sobre la máquina, presionó los nudillos de sus dedos sacándose cuyes, y como si fuese a
tocar el piano dirigió su mirada hacia la partitura invisible que le rodeaba. Sus dedos comenzaron a
galopar sobre las teclas, y aquel sonido ahora tan extraño para sus semejantes comenzó a invadir
el transporte público, algunos jóvenes que estaban chateando por sus Smartphones voltearon sus
rostros para ver cual era la fuente de ese singular ruido, lo mismo hicieron unas señoras que
abandonaron una importante partida spiderman, para ubicar el origen de semejante galope,
algunos ejecutivos dejaron en suspenso tareas que realizaban en sus tablets, y dirigieron sus ojos
hacia a aquella ametralladora de palabras. No reparaba en el ridículo-concierto que ejecutaba,
pues más de uno de los pasajeros se echó a reír a carcajadas, murmurando entre sus compañeros
de viaje, que ése man, aparte de anticuado estaba bien out del sistema. Ridículo o no ridículo él
seguía escribiendo, disparando a quemarropa con su metralleta. Al lado de su asiento una mujer
con niño en brazos quiso sentarse, el no le prestó atención y siguió interpretando una partitura
inconsciente que fluía a borbotones. Luego puso su maleta en el piso y le cedió el asiento, ella
reparó en las palabras que encabezaban en la parte superior de la hoja: 20.000 Lenguas de Viaje
Intrauterino, no es que ella era una asidua lectora pero el título que precedía lo que más abajo se
desplegaba le recordó a Julio Verne y su viaje al fondo del mar, sí, pero en esta escritura, el viaje
era al fondo de los fondos del origen de la vida, continuó leyendo a breves saltos mientras su bebé
lactaba de su pecho. La escritura en sí misma es un viaje, al libro que se escribirá o no sé escribirá,
lo importante es el trayecto y no la llegada, el caminar a lo largo del camino es el “Camino, la
Verdad y la Vida”. ¿Por qué escribir a máquina es como una obra de teatro? En el cine una edita
como en una laptop. ¿La máquina de escribir se presta a las correcciones? Pero el ciberotismo-
placer que puede aportarnos una laptop con internet es con todo muy satisfactorio, algo que no
se consigue con la Remington a desmedro de ella, que en esta época posmoderna se ha vuelto
muy lineal y aún como cómplice del espíritu romántico dela autor que quiere verter sus
pensamientos sobre la hoja, no en una laptop conectada a la red uno desaparece como autor y
protagonista de lo que pretendía escribir en sus cavilaciones diarias, y se sumerge en lo imprevisto
y aleatorio, él ya no es el conductor omnipresente de su nave y se deja llevar como un lector más
de una historia que se va urdiendo en ese mismo instante, vive el presente del la textura que se va
hilando como un personaje más que desconoce como va a terminar la historia…

Establecer una compleja urdimbre textual,

Chatarreando.

Cyborgmancia del hipogeo


Deambular dentro de la página, blanco silencio, –ciudad. Escribir a pie. Caminar a mano.
Detener suprimir borrar……………………………………………blablablá………..……………… avanzar a
través de la nada. Retozar los peces en bostezo de zapatos.
Pregunta el lápiz, el reverso del sumario la espalda de lo escrito, el otro lado del
cuadrado. En digresiones labrar el lacio revés del consumo, no-nada

Ticket de-bus, boleto de avi(ón), pasaporte de avi(off), receta médica , facturas de


supermercado, citaciones de multa. Escribir silencios manchados en el vacío de las hojas.
Horror Vacui.
Cerebro apuñalado del champán en el útero guirigay de cangrejos proustianos; zoom de
genuflexiones atornilladas de risa macarrónica. Carmina figurata.
Bucólico manuscrito: Alas, Hacha y Huevo. Teócrito, siringa arcaicas inscripciones.

Mágicas fórmulas, pergaminos poetétricos de arcaizante ropaje. Oscura tinta. Soy la


tumba de Glauco. El que ha escrito ya no está presente desde que lo ha hecho, lavarse las
manos después de escribir. Palabras llenas de silencio, que sin embargo se las puede ver
desnudas en la mirada.
Colmada de tierra su boca artificiosa tejida de huevos, forma una lengua espacio
espiritual, lanzan las páginas de un libro. Elevándose de la sangre el médium clama
espejos en cuartillas que iluminan su sombra.
Elige tus trampas Orfeo, flores japonesas sleepings enormes. Tira por la puerta lo que
siempre has arrojado por la ventana. Gesto secreto marcadamente cruel.
STRIP-TEASE
Voyeur únicamente por el tiempo que dura el desnudamiento. Con guantes, la
mujer sanguínea y corpulenta sanguínea y corpulenta, sólo verifica que el hombre
sufre, y sobre todo, que comprenda por qué sufre.
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