Vous êtes sur la page 1sur 346

Tradiciones populares judías y musulmanas

Concepción Castillo Castillo Miguel Pérez Fernández

Tradiciones populares judías y musulmanas

Adán – Abraham – Moisés

Prólogo de Emilio de Santiago

Fernández Tradiciones populares judías y musulmanas Adán – Abraham – Moisés Prólogo de Emilio de Santiago

Editorial Verbo Divino Avenida de Pamplona, 41 31200 Estella (Navarra), España Teléfono: 948 55 65 05 Fax: 948 55 45 06 www.verbodivino.es evd@verbodivino.es

Diseño de cubierta: Francesc Sala

© Concepción Castillo Castillo - Miguel Pérez Fernández

© Editorial Verbo Divino, 2009

Fotocomposición: NovaText, Mutilva Baja (Navarra) Impresión: GraphyCems, Villatuerta (Navarra)

Impreso en España - Printed in Spain

Depósito legal: NA 3.129-2009

ISBN: 978-84-8169-984-5

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos: www.cedro.org) si necesita fo- tocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.

Índice

Siglas y abreviaturas

13

A manera de prólogo

17

Introducción

 

21

I.

El texto sagrado y su tradición popular

21

II.

El plan de este libro

26

III.

Naturaleza de las fuentes

28

1.

Fuentes judías

28

 

A. La Biblioteca de Qumrán

28

B. La literatura apócrifa

29

C. Fuentes rabínicas

30

a) Fuentes talmúdicas

30

b) Fuentes midrásicas

31

c) El corpus targumicum

32

D. Filón de Alejandría y Flavio Josefo

34

 

2.

Fuentes musulmanas

34

 

A. Tafsir

35

B. Hadiz

35

C. Historiografía

35

D. Las Qisas al-Anbiya

36

a) El género literario

36

b) Principales obras de Qisas al-Anbiya’

37

IV.

Advertencias

40

8
8

Tradiciones populares judías y musulmanas

PARTE I

TRADICIONES JUDÍAS (HISTORIAS Y LEYENDAS) SOBRE ADÁN, ABRAHAM Y MOISÉS (por Miguel Pérez Fernández)

ADÁN EN LA TRADICIÓN JUDÍA

43

I. Adán en la Biblia

43

II. Adán en la tradición

44

1. El hombre mediador: pacífico y pacificador

44

2. Hagamos al hombre a nuestra imagen, a nuestra semejanza (Gn 1,26)

46

3. El hombre creado de la tierra

48

4. La rebelión de los ángeles por la envidia hacia Adán

53

5. La creación de Eva

56

6. Las bodas de Adán y Eva

58

7. El pecado de Adán y Eva

60

8. El castigo del pecado

64

a) El juicio a la serpiente

64

b) El juicio a Eva

67

c) El juicio a Adán

68

9. Conversión y muerte de Adán y Eva

70

ABRAHAM EN LA TRADICIÓN JUDÍA

73

I. Abraham en la Biblia

73

II. Abraham en la tradición judía extrabíblica

74

1. Nacimiento y juventud de Abraham

75

2. Abraham y Nimrod

82

3. Abraham y los prosélitos

88

4. La hospitalidad de Abraham

90

5. Abraham y Lot

94

6. Abraham, sus mujeres (Sara y Agar) e hijos (Ismael e Isaac)

97

a) La señora y la esclava

97

b) El conflicto entre Sara y Agar

99

c) Nacimiento de Ismael y oráculo del ángel

103

d) Segunda crisis en la familia de Abraham

106

e) Agar e Ismael en el desierto

111

f) Las mujeres de Ismael. Visitas de Abraham a la casa de Ismael

114

Índice

9
9

7. El sacrificio de Isaac

116

8. Boda de Abraham con Qeturah

121

9. Testamento y muerte de Abraham

123

a) Testamento de Abraham y querella entre los hijos

123

b) Ancianidad y muerte de Abraham

124

MOISÉS EN LA TRADICIÓN JUDÍA

127

I. Moisés en la Biblia

127

II. Moisés en la tradición

128

1. Nacimiento de Moisés

128

a) La esclavitud de Israel en Egipto

129

b) El Faraón y los magos de Egipto

133

c) Los padres de Moisés

136

d) Miriam la profetisa

139

e) La hija del Faraón

141

2. La donación de la Torah (Mattanat Torah)

144

a) La teofanía del Sinaí

145

b) Moisés en el Sinaí

147

c) Universalidad de la Torah

152

d) Israel recibió la Torah con un solo corazón

155

e) El regalo de la Torah

157

3. La muerte de Moisés: Midraß Peirat Moßeh

159

PARTE II

TRADICIONES MUSULMANAS (HISTORIAS Y LEYENDAS) SOBRE ADÁN, ABRAHAM Y MOISÉS (por Concepción Castillo Castillo)

ADÁN EN LA TRADICIÓN MUSULMANA

173

I. Adán en el Corán

173

II. Adán en la tradición

176

1. La creación de Adán

176

2. La entrada del alma en el cuerpo de Adán

179

3. La adoración de los ángeles a Adán y su predicación

180

4. La creación de Eva

184

5. Las bodas de Adán y Eva

186

10
10

Tradiciones populares judías y musulmanas

6. El pecado de Adán y Eva

189

7. El castigo del pecado

195

a) El castigo de Adán

196

b) El castigo de Eva

198

c) El castigo de Iblís y la serpiente

200

d) El castigo del pavo real

202

e) Cómo todos bajaron a la tierra y dónde se instalaron

202

8. Conversión y muerte de Adán y Eva

203

ABRAHAM EN LA TRADICIÓN MUSULMANA

209

I. Abraham en el Corán

209

1. Abraham y el monoteísmo

210

2. La promesa del hijo y el castigo de las gentes de Lot

210

3. El sacrificio del hijo

211

4. Abraham e Ismael en La Meca

212

II. Abraham en la tradición

213

1. Nacimiento y juventud de Abraham

213

2. Abraham y Nimrod. Su lucha contra la idolatría

218

a) Abraham en el fuego

222

b) Salida del fuego

223

3. Abraham y Lot

226

4. Abraham, sus mujeres (Sara y Agar) y sus hijos (Ismael e Isaac)

230

5. La construcción de la Casa

236

6. El sacrificio del hijo de Abraham

242

7. Muerte de Abraham

247

MOISÉS EN LA TRADICIÓN MUSULMANA

253

I. Moisés en el Corán

253

II. Moisés en la tradición

256

1. Nacimiento de Moisés

256

2. Moisés llega al palacio del Faraón

262

3. Lactancia, infancia y juventud junto al Faraón

263

4. Moisés en Madián

267

5. Moisés en Egipto

271

6. Las plagas

273

a) La inundación

274

b) Las langostas

275

c) El piojo

275

Índice

11
11
 

d) Las ranas

276

e) La sangre

277

7. Recuperación de las joyas de los egipcios

278

8. Moisés en el desierto

279

a) La roca que manó agua

279

b) La adoración del becerro de oro

281

9. Jadir, el misterioso personaje

283

10. La muerte de Moisés

288

ANEXO (por Miguel Pérez Fernández)

ADÁN, ABRAHAM, MOISÉS EN EL NUEVO TESTAMENTO

297

I.

Jesús, el nuevo Adán

298

II.

Jesús y Abraham

300

III.

Jesús y Moisés

302

1. Jesús aprueba y hace cumplir la Ley de Moisés

303

2. El cumplimiento polémico de la Ley

303

3. Moisés, testigo de Jesús

304

4. Moisés, imagen de Jesús

305

5. El misterio de Jesús: más que el amigo de Dios

307

ÍNDICES

Índice de citas bíblicas

313

Índice de citas coránicas

319

Guía de los transmisores de la tradición Rabinos Tradicionistas musulmanes

323

323

325

Glosario de términos árabes y hebreos

327

12
12

Tradiciones populares judías y musulmanas

Fuentes y bibliografía

331

I.

Ediciones y traducciones de las fuentes árabes

331

II.

Ediciones y traducciones de las fuentes judías

332

1. Biblia

332

2. Textos qumránicos

332

3. Apócrifos

332

4. Fuentes rabínicas

333

5. Filón de Alejandría

335

6. Flavio Josefo

335

III.

Bibliografía general

335

Siglas y abreviaturas

BÍBLICAS Is (Isaías) Jdt (Judit) Jl (Joel) ANTIGUO TESTAMENTO Job (Job) 1 Cr (1 Crónicas)
BÍBLICAS
Is (Isaías)
Jdt (Judit)
Jl (Joel)
ANTIGUO TESTAMENTO
Job (Job)
1 Cr (1 Crónicas)
Jon (Jonás)
2 Cr (2 Crónicas)
Jos (Josué)
1 Mac (1 Macabeos)
Jr (Jeremías)
2 Mac (2 Macabeos)
1 Re (1 Reyes)
Jue (Jueces)
Lam (Lamentaciones)
2 Re (2 Reyes)
Lv (Levítico)
1 Sm (1 Samuel)
Mal (Malaquías)
2 Sm (2 Samuel)
Miq (Miqueas)
Abd (Abdías)
Ag (Ageo)
Am (Amós)
Bar (Baruc)
Cant (Cantar)
Dn (Daniel)
Dt (Deuteronomio)
Esd (Esdras)
Est (Ester)
Ex (Éxodo)
Ez (Ezequiel)
Gn (Génesis)
Hab (Habacuc)
Nah (Nahum)
Neh (Nehemías)
Nm (Números)
Os (Oseas)
Prov (Proverbios)
Qoh (Eclesiastés) 1
Rut (Rut)
Sal (Salmos)
Sab (Sabiduría) 2
Sira (Eclesiástico)
Tob (Tobías)
Zac (Zacarías)
1 En hebreo, Qohelet.
2 En hebreo, Ben Sira.
14
14

Tradiciones populares judías y musulmanas

NUEVO TESTAMENTO

Ap (Apocalipsis)

1 Cor (1 Corintios)

2 Cor (2 Corintios)

1 Jn (1 Juan)

2 Jn (2 Juan)

3 Jn (3 Juan)

1 Pe (1 Pedro)

2 Pe (2 Pedro)

1 Tes (1 Tesalonicenses)

2 Tes (2 Tesalonicenses)

1 Tim (1 Timoteo)

2 Tim (2 Timoteo)

Col (Colosenses)

Ef (Efesios)

Flm (Filemón)

Flp

(Filipenses)

Gal

(Gálatas)

Heb (Hebreos)

Hch (Hechos)

Jds (Judas)

Jn (Juan)

Lc (Lucas)

Mc

(Marcos)

Mt

(Mateo)

Rom (Romanos)

Sant (Santiago)

Tit (Tito)

RABÍNICAS

MISNAH, TALMUD Y TOSEFTA

Los diferentes tratados llevan antepuesta la letra m si designan la Misnah (p. ej., mErub); la letra b si designan el Talmud de Babilo-

nia (p. ej., bBB); la letra j si desig- na el Talmud de Jerusalén (p. ej., jBB); la letra t si designan la To- sefta (p. ej., tSot).

TRATADOS TALMÚDICOS

Abot (’Abot) Arak (‘Arakin) AZ (‘Abodah Zarah) BB (Baba’ Batra’) Bek (Bekorot) Ber (Berakot) Bes (Beah) Bikk (Bikkurim) BM (Baba’ Mei‘a’) BQ (Baba’ Qamma’) Dem (Dema’y) Eduy (‘Eduyyot) Erub (‘Erubin) Git (Gi††in) Hag (·agigah) Hal (·allah) Hor (Horayot) Hul (·ullin) Kel (Kelim) Ker (Keritot) Ket (Ketubbot) Kil (Kil’ayim) Maas (Ma‘aΩerot) Makk (Makkot) Maks (Makßirin) Meg (Megillah) Meil (Me‘ilah) Men (Menahot) Midd (Middot) Miqw (Miqwa’ot) MQ (Mo‘ed qaan) MSh (Ma‘aΩer ßeni)

Siglas y abreviaturas

15
15

Naz (Nazir) Ned (Nedarim) Neg (Nega‘im) Nez (Neziqin) Nidd (Niddah) Ohol (’Oholot) Orl (‘Orlah) Par (Parah) Pea (Pe’ah) Pes (Pesaim) Qid (Qiddußin) Qin (Qinnim) RH (Roß ha-anah) Shab (abbat) Shebi (ebi‘it) Shebu (ebu‘ot) Sheq (eqalim) Sanh (Sanhedrin) Sot (Soah) Sukk (Sukkah) Taan (Ta‘anit) Tam (Tamid) Teb (ebul Yom) Tem (Temurah) Ter (Terumot) Toh (Èoharot) Uq (‘Uqtzin) Yad (Yadayim) Yeb (Yebamot) Yom (Yoma’) Zab (Zabim) Zeb (Zebahim)

MIDRASIM TANNAÍTICOS

Mek (Mekilta de R. Ismael) Mek SbY (Mekilta de R. Simon bar Yojai)

SLv (Sifra) SNm (Sifre Números) SDt (Sifre Deuteronomio) SOR (Seder ‘Olam Rabbah)

MIDRÁS RABBAH

CantR (Cantar Rabbah) DtR (Deuteronomio Rabbah) EstR (Ester Rabbah) ExR (Éxodo Rabbah) GnR (Génesis Rabbah) LvR (Levítico Rabbah) NmR (Números Rabbah) QohR (Qohelet Rabbah) RutR (Rut Rabbah)

OTROS

ARN (Abot de R. Natán) Peirat Moßeh (Midrás de la Muer- te de Moisés) PRE (Pirqe de Rabbí Eliezer) Tanj (Midrás Tanjuma) TanjB (Midrás Tanjuma, edición de Buber)

TARGUMIM

TgEz (Targum de Ezequiel) TgF (Targum Fragmentario) TgIs (Targum de Isaías) TgJr (Targum de Jeremías) TgN (Targum Neofiti) TgOnq (Targum Onqelos) TgPsJ (Targum PseudoJanatán) TgQoh (Targum de Qohelet) TgSal (Targum de Salmos)

16
16

Tradiciones populares judías y musulmanas

APÓCRIFOS DEL ANTIGUO TESTAMENTO

1

Hen (Henoc etiópico)

2

Bar (Apocalipsis siríaco de Baruc)

2

Hen (Henoc eslavo)

3

Hen (Henoc Hebreo)

4

Esd (4 Esdras)

AdEvGr (Vida Griega de Adán y Eva) AdEvLat (Vida Latina de Adán y Eva) ApAbr (Apocalipsis de Abraham) ApAd (Apocalipsis de Adán) Jub (Libro de los Jubileos) JyA (José y Asenet) LAB (Liber Antiquitatum Biblica- rum. PseudoFilón) TestAbr (Testamento de Abraham) TestMo (Testamento de Moisés o Asunción de Moisés) TestXII (Testamentos de los XII Pa- triarcas: TestRubén, TestSimeón, etc.)

Siempre que nos ha sido posi- ble, hemos usado las traducciones de los autores en la edición de Apó- crifos del Antiguo Testamento (A. Díez Macho [ed.], Cristiandad, Madrid 1982-1984. El vol. VI, edi- tado por A. Piñero, 2009).

QUMRÁN Las siglas presentan siempre el número de la cueva, la letra Q y el número o sigla asignado al docu- mento. La equivalencia de los nú- meros, siglas y denominaciones puede verse en la edición española de los Textos de Qumrán por F. García Martínez, Trotta, Madrid 1992, pp. 483-518.

FILÓN DE ALEJANDRÍA De Vita (De Vita Mosis) De Opificio (De Opificio Mundi) Legum (Legum allegoriae)

FLAVIO JOSEFO Ant. (Antigüedades Bíblicas) Apión (Contra Apión o Sobre la an- tigüedad de los Judíos) Auto (Autobiografía) De Bello (La Guerra de los Judíos, lat. De Bello Judaico)

OTRAS SIGLAS BM: Biblioteca Midrásica Cor.: Corán EI: Encyclopedie de l’Islam TH: Texto Hebreo de la Biblia TM: Texto Masorético de la Biblia

A manera de prólogo

Mis buenos amigos y antiguos compañeros, la Dra. Concepción Castillo y el Dr. Miguel Pérez, autores de este libro que entre tus ma- nos abres ahora, lector amigo, han querido que unas palabras mías sirvan para prologar sus trabajos de investigación y de estudio. Como es de imaginar, no he podido negarme a tal requerimiento suyo, tan amable, pero sí pedirles, antes que nada, disculpas por si uno no die- ra la talla requerida en esta tarea breve, preliminar e introductoria. Para el ámbito dilatadísimo y siempre sugestivo de las tradicio- nes bíblicas y alcoránicas populares, toda aportación a su conoci- miento y a su divulgación es asunto de alto grado de interés que so- brepasa incluso el nivel de la mera erudición o especialización, restringida a los estudiosos, y trasciende hasta un más allá que se abre paso entre el gran público de las personas interesadas o aficionadas a la temática. Por encima de las enormes diferencias que distancian a los dos libros revelados –Biblia y Corán–, existen determinados pun- tos de afinidad o nexos, cuando no de influencia de lo judío en lo is- lámico. En este libro se entrelazan ambas tradiciones e historias de la religiosidad popular, quedando en evidencia su singular e idéntica ca- pacidad de expresión y su identidad expositiva, estilística. Este sugestivo libro viene a llenar un vacío notable en la litera- tura de su género escrita en español, de aquí su valor e importancia. En todo momento, los autores han procedido, con oportuna meto- dología mediante la cual se explicitan y desarrollan las antiguas tra- diciones semíticas, con una notable y perita secuencia temporal y te- mática. La variada y rica temática de los relatos seleccionados sirve para darnos a todos una visión muy completa de distintos valores en-

18
18

Tradiciones populares judías y musulmanas

tre los que principalmente destaca uno: el didáctico moralizante y piadoso. Es algo así como un intento de popularización y vulgariza- ción de los grandes personajes y pasajes bíblicos, de suerte que sean fácilmente accesibles a los creyentes de uno y otro signo. Salvatis sal- vandis, se trata de lo que hoy llamaríamos divulgación científica o de género. Con toda probabilidad, la difusión de estas compilaciones de «cuentecillos» se difundían entre el pueblo llano para contribuir a su formación y su instrucción en la comprensión dificultosa y enre- vesada a veces de algunos fragmentos bíblicos, sobre todo en lo que hace a su exégesis y retención mental. Realizadas éstas con compo- nentes literarios en gran medida, pero con una literatura asequible, sencilla, sin ningún género de elementos grandilocuentes o cargados de retórica clasicista. No cabe duda, por tanto, de que estas coleccio- nes de relatos tendrían amplia difusión entre niños y adolescentes en formación (y gente sencilla), que, asimismo, tampoco ignorarían es- tas tradiciones ya conocidas por la mera transmisión oral. Por la propia entidad de las «historias» seleccionadas, puede de- ducirse su carácter en cierto modo fabuloso o fantástico en el que, no obstante, subyace toda una estructura con base bíblica firme e, in- cluso, detectamos una afinidad argumental incontestable con los tex- tos sagrados. ¿Qué importancia, pues, tienen estas variadas coleccio- nes de narraciones dentro del mundo del hebraísmo y del arabismo? De una parte, nos permiten a los especialistas hacernos una cabal idea de los conocimientos y del nivel de formación popular, tanto en el plano del pueblo judío cuanto en el del musulmán. Esto es enorme- mente valioso para una captación de la realidad social y cultural cu- ya antigüedad se remonta a milenios. De otra parte, de estos relatos se deriva una enorme riqueza de contenidos literarios, un auténtico género narrativo de interesantes y bellas quintaesencias peculiares. La menuda ausencia evidente de elementos realmente canónicos de es- tas consejas no merma un ardite su auténtico fuste de alta creatividad imaginativa, de igual modo que tampoco su indudable potencial fas- cinador para distintos tipos de auditorios y de lectores. El gran valor, por tanto, de esta publicación, que ahora sale a la luz, radica, muy es- pecialmente, en la espléndida técnica de análisis y de valoración uti-

A manera de prólogo

19
19

lizados por sus autores acerca de las materias abordadas y quienes las compilaron. No diré más. Lo que realmente tiene importancia sigue a conti- nuación. Helos ahí, tratados con la perfección y la maestría de dos avezados semitólogos, valiosos ejemplos de un mundo sugestivo y ri- co de la antiquísima y ancestral sabiduría imaginativa, popular, em- bellecida por el perfeccionado, estimulante, estilo narrativo que cons- tituye probablemente uno de los más hermosos legados de estos dos viejos pueblos de Oriente Medio. En tantos puntos coincidentes, co- mo habremos de ver; mas –¡ay!– también, en tantos aspectos, bélica- mente alejados o alimentados por el odio y el enfrentamiento insa- ciables desde siglos.

EMILIO DE SANTIAGO

Real Academia de Bellas Artes Granada

Introducción

«Nuestro padre Abraham» es designación común en las Escrituras Sagradas de judíos, cristianos y musulmanes: wnyba μhrba (Abraham abinu), ΔAbraa m; oJ pathr; hmwJ n' (Abraham, nuestro padre), (abuna Ibrahim). La Casa de Abraham es la casa común de todos (cf. pp. 90-94). Esa casa estaba siempre abierta para todo el que pasaba. En esa casa nos queremos sentar para escuchar las historias, leyendas y tra- diciones de todos. El contenido de este libro forma parte del curso «Biblia y Corán» que los autores vienen impartiendo en el máster de la Universidad de Granada Culturas árabe y hebrea: pasado y presente. Los aspectos más académicos sobre naturaleza, datación e identificación de fuentes y au- tores (que ocupaban buena parte del curso) se sintetizan en esta intro- ducción, donde el lector menos iniciado puede obtener una informa- ción suficiente. La naturaleza del máster (para alumnos de las áreas de Árabe y Hebreo-Arameo del Departamento de Estudios Semíticos) ex- plica que en el curso se contemplaran sólo leyendas judías y musul- manas. El libro añade, en anexo final, una breve panorámica de los personajes de nuestras leyendas en el Nuevo Testamento.

los personajes de nuestras leyendas en el Nuevo Testamento. I. E L TEXTO SAGRADO Y SU

I. EL TEXTO SAGRADO Y SU TRADICIÓN POPULAR

La Biblia es el libro sagrado de los judíos; el Corán es el libro sa- grado de los musulmanes. La Biblia hebrea es una obra literariamente compleja y diversa:

prescindiendo de la composición final, que hoy se suele situar a partir del siglo VI a.C., en ella se aprecia gran variedad de autores, géneros y

22
22

Tradiciones populares judías y musulmanas

escenarios; es una antología maravillosa de mitología, historia, narrati- va, poesía, épica, lírica, oráculos y sabiduría. El Corán es literariamen- te obra muy distinta: compuesta en el siglo VII d.C. 1 , el escenario geo- gráfico e histórico se limita a la época y ámbito del profeta Mahoma; consta de dichos divinos de los que el Profeta es transmisor; unas veces es Dios el que habla (pl. «Decimos»), otras veces es un imperativo divi- no al profeta («Di»); predominan los logia del tipo lema o máxima; hay declaraciones al modo de los adivinos, pasajes aseverativos en forma de juramentos, escenas dramáticas y narrativas más desarrolladas (especial- mente las de inspiración bíblica), símiles, parábolas y metáforas. Pero entre la Biblia y el Corán hay una continuidad que expre- samente este último subraya: Creemos en Dios y en lo que se nos ha re- velado, en lo que se ha revelado a Abraham, Ismael, Isaac, Jacob y las tri- bus, en lo que Moisés, Jesús y los profetas han recibido de su Señor. No hacemos distinción entre ninguno de ellos y nos sometemos a Él (Cor. 3,84) 2 . Y más allá de la superficie literaria y del contexto geográfico e histórico, judíos y musulmanes consideran a ambas obras como Pa- labra del mismo Dios: Creemos en lo que se nos ha revelado a nosotros y en lo que se os ha revelado a vosotros 3 . Nuestro Dios y vuestro Dios son Uno y nos sometemos a Él (Cor. 29,46) 4 . En cuanto Palabra de Dios, la Biblia y el Corán tienen para los creyentes respectivos el estatus de «libros canónicos». El canon seña- la lo que es modelo, norma y regla; es lo que también se llama clási- co y consagrado, fuente original que inspira nuevas realizaciones y actualizaciones del modelo y, a la vez, el lugar nunca olvidado del re- torno, el texto sagrado al que siempre hay que volver 5 . Biblia y Co-

1 El texto coránico se fijó por orden del califa Utmán en el siglo VII.

2 Cf. Cor. 2,136; 4,163; 29,46; 87,18-19.

3 La gente de la Escritura.

4 Las objeciones básicas del Corán a judíos y cristianos son la alteración de las Escrituras (Cor. 2,75-79.146; 5,15; 6,91), su incumplimiento (Cor. 62,5), y no aceptar al Enviado (Cor. 5,12-19).

5 Cf. J. TREBOLLE, La Biblia judía y la Biblia cristiana, pp. 16 y ss.; M. PÉ- REZ y J. TREBOLLE, Historia de la Biblia, pp. 85 y ss. (En las citas a pie de página se indica sólo el autor y las palabras iniciales del título; en la Bibliografía pueden verse los datos completos de la obra citada.)

Introducción

23
23

rán son, pues, escritos vitales (la vida del hombre originada en la vi- da de Dios y regida y juzgada por la palabra de Dios), generadores de tradición e intrínsecamente universales; aunque en origen puedan considerarse escrituras judías y árabes, han sobrepasando sus orígenes étnicos y culturales, incluso los límites religiosos de sus comunidades. El estudio ininterrumpido por parte de teólogos y predicadores, filólogos y filósofos, historiadores y arqueólogos, y, de forma muy es- pecial, su lectura continua en las liturgias respectivas, han mantenido vivas y operantes las Sagradas Escrituras. Más allá del contexto litúr- gico y científico, la Biblia y el Corán se han popularizado a través de

las artes: literatura, música, escultura, pintura, cine

mediatizado los textos sagrados a muy diferentes niveles, desde el más popular al más clásico: en esta tarea han sido eficaces tanto el villan- cico como las composiciones musicales más clásicas, la figurilla del belén como la obra de famosos escultores, el cómic infantil como los cuadros de genios de la pintura, la letrilla de un romance como las grandes obras literarias, las sencillas representaciones colegiales como los magníficos montajes teatrales y cinematográficos. Este libro que el lector tiene en sus manos ofrece una panorámi- ca de desarrollos literarios paralelos de relatos bíblicos y coránicos so- bre tres personajes tipo: Adán (el hombre imagen divina, libre, rebel- de y humillado) 6 ; Abraham (el hombre de fe, eterno peregrino entre terribles pruebas); Moisés (el líder incomprendido en medio de las exi- gencias de Dios y el pueblo). En cada uno de estos personajes se pue- de identificar cualquier hombre. En los textos escogidos predominan los más populares, las llamadas leyendas 7 . La naturaleza de estos rela- tos es muy variada: los hay de tipo emotivo, descriptivo, didáctico, edi-

Estas artes han

6 Cuando hablamos de «el hombre» siempre nos referimos a Adán y Eva:

Creó Dios al hombre [’adam] a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, varón y hem- bra [zakar w-neqebah] los creó (Gn 1,27). 7 El término latino legendum (pl. legenda), «lo que ha de leerse», se aplicó a las vidas edificantes de los mártires y santos que se leían en las comunidades reli- giosas y se popularizaron entre los cristianos. Del carácter piadoso y maravilloso de estas vidas, el término pasó a designar la «relación de sucesos que tienen más de tradicionales o maravillosos que de históricos o verdaderos» (DRAE, acepción 4).

24
24

Tradiciones populares judías y musulmanas

ficante, etc. Una característica importante del género es la oralidad: las leyendas o se escriben directamente para ser contadas (o cantadas) o terminan escribiéndose después de haber sido muchas veces repetidas. Ello explica la gran cantidad de variantes de todo tipo, fácilmente ex- plicables por los contextos por los que la historia ha pasado. La gran virtualidad de tales historias es que por su sencillez e in- genuidad llegan a su público incluso en edades muy tempranas: ¿quién no ha visto un belén y aprendido un villancico mucho antes de haber leído o escuchado los relatos canónicos de Mateo o Lucas? En el siglo XV se cantaba a los niños hebreos una nana que hablaba de la persecu- ción del malvado rey Nimrod a Abraham 8 , y, sin duda, esa vinculación de Abraham con Nimrod estará presente siempre en aquellos niños, aunque nada se diga de ello ni en la Biblia ni en el Corán. Que Moi- sés niño jugara con la corona del faraón, la tirara al suelo y la rompie- ra, no está en los textos sagrados, sin embargo es una leyenda que vie- ne contándose desde Flavio Josefo y se repite en los tradicionistas judíos y árabes 9 . Escribe J. Trebolle: «El egiptólogo, helenista o biblis- ta lo son con mucha frecuencia por haber leído en su juventud algún libro, o visto alguna película, que le transmitieron la primera imagen e idea de aquel mundo al que luego dedicaron su vida de estudio. La árida investigación puede acabar destruyendo el mundo imaginativo consumido a partir de lecturas y visiones juveniles, pero el entusiasmo para descubrir nuevas perspectivas cada vez más profundas y comple- jas no sería posible sin esos sueños de juventud sobre Cleopatra y An- tonio, Aquiles y Héctor o Jesús y sus discípulos» 10 . Con lo dicho no se ocultan los despropósitos que también pue- den vehicular las tradiciones populares; no son textos canónicos, y, de hecho, la nomenclatura judía conoce a muchos de ellos como sefarim ha-jitsonim («libros de fuera o foráneos») o los introduce, en el mejor de los casos, en la categoría de lo que es «oral»; por tanto, son como

8 Cf. infra, «Abraham en la tradición judía», p. 87. 9 Cf. infra, «Moisés en la tradición judía», p. 143 y «Moisés en la tradición musulmana», pp. 264-265. 10 J. TREBOLLE, Imagen y palabra de un silencio, p. 60, en el apartado «Letra, imagen, música», pp. 58-70.

Introducción

25
25

una formulación que, aunque haya devenido «texto», siempre es pro- visional. Volvemos a citar a J. Trebolle: «Lo oral desborda siempre el marco de lo escrito y de lo canónico, que han de poner límites al in- menso mar de la palabra hablada» (idem, 63). Pero hay que recono- cer también que en muchas ocasiones hasta los detalles más popula- res demuestran una genial y acertada intuición: por ejemplo, muy posiblemente hoy ni los maestros belenistas saben por qué en el na- cimiento navideño flanquean a Jesús niño, tras sus padres, un buey y un asno, pero bastaría leer Is 1,3 (el buey conoce a su amo, y el asno el pesebre del dueño. Mas no conoce Israel, no recapacita mi pueblo) para descubrir el buen sentido (cristiano) del que enriqueció la cueva de Belén con esas dos figurillas 11 . En las tradiciones populares judías y musulmanas (y también en las cristianas), predomina lo imaginativo, el afán de colmar las lagu- nas del texto sagrado, y, sobre todo, el profundo sentido religioso de participar ¡ahora! de los acontecimientos y de los sentimientos y de las reacciones de los personajes de aquel tiempo sagrado. La Mis- nah, explicando el ritual de la Pascua, dice: «En cada una de las ge- neraciones ha de considerarse cada uno a sí mismo como si hubiese él salido de Egipto» (mPes 10,5); los relatos midrásicos dicen que cuando en el monte Sinaí Dios pronunció las dos primeras palabras del decálogo allí estaba presente el Israel de todos los tiempos, los que entonces vivían, los que habían muerto, que revivieron, y «los que en el futuro habían de ser creados hasta el final de las generaciones, allí estaban también, de pie, con ellos en el monte Sinaí, como así está dicho: El que está presente hoy aquí con nosotros en presencia de Yhwh y el que no está hoy aquí con nosotros (Dt 29,14)» 12 . Entre los musul- manes, la peregrinación a La Meca es volver a revivir las experiencias

11 Escribimos estas páginas en los días navideños; por ello espontáneamente nos viene a la memoria la imagen de los tres reyes en sus camellos y dromedarios car- gados de presentes, indudablemente recreada a partir de otros textos bíblicos como Is 60,1-6 y Sal 72,10-11. R. R. BROWN apostilla esta reconstrucción belenista:

«Ingenuidad, sin duda; pero un instinto hermenéutico válido» (El nacimiento del Mesías, p. 199). 12 PRE 41,5. Cf. infra, «Moisés en la tradición judía», pp. 147-151.

26
26

Tradiciones populares judías y musulmanas

de Abraham, y de Agar e Ismael en su largo y doloroso éxodo hasta Arabia para felizmente acabar en la construcción de la Casa (Ka‘ba):

las siete vueltas a la Casa, las postraciones ante el maqam y la Ka‘ba, la carrera entre al-Safà y al-Marwà, la lapidación del diablo con sie- te guijarros, raparse la cabeza o cortarse el pelo, beber agua del zam- zam, etc., son ritos «sacramentales» de inmersión en la historia sagra- da 13 . En verdad, toda peregrinación a la geografía sagrada es un volver a las fuentes, a los acontecimientos fundacionales, a los textos que nos cuentan las experiencias primordiales, allí donde se purifican los sentimientos y actitudes que los peregrinos traen desde su vida en la periferia. En la lectura de los textos que proponemos en este libro los lec- tores encontrarán un sentimiento común (sim-patía) en la religiosi- dad de judíos y musulmanes. Más allá de todas las diferencias, el hombre religioso es siempre el mismo: abierto al Dios Compasivo y Misericordioso 14 y, por ello mismo, abierto a sus hermanos.

II. EL PLAN DE ESTE LIBRO

De cada uno de los personajes ofrecemos una síntesis inicial de los datos bíblicos y coránicos. A continuación seleccionamos de ca- da uno de ellos las leyendas referidas a acontecimientos de singular importancia, siguiendo una secuencia cronológica. La selección no es arbitraria, pero tampoco pretende ser la mejor posible 15 ; el prin- cipio que nos ha guiado ha sido el de procurar un paralelismo enri- quecedor. Del primer hombre seleccionamos historias y leyendas referidas a la creación de Adán de polvo de la tierra, y de Eva del cuerpo de

13 Cf. infra, «Abraham en la tradición musulmana» (pp. 212-213; 230-242).

14 Nombre muy frecuente y compartido en la Biblia y el Corán.

15 Para una amplia visión de las tradiciones judías deben consultarse las obras monumentales de L. GINZBERG y BIALIK-RAVNITZKY; para las tradiciones musul- manas, cf. D. SIDERSKY, Les origines des Légendes musulmanes dans le Coran et dans les vies des prophètes (cf. Bibliografía).

Introducción

27
27

Adán. Un aspecto importante es la rebelión de los ángeles ante la creación del hombre, la primera rebelión a los planes de Dios. Por su- puesto, las bodas de Adán y Eva son monumento de belleza y ex- presión de felicidad en las dos tradiciones narrativas. La tragedia empieza con el pecado; las dos tradiciones muestran a todos los par- ticipantes, cada uno con su singular psicología: Adán y Eva, la ser- piente, Sammael, Iblís (tradición musulmana) y el pavo real (tradi- ción musulmana). Sigue el castigo de todos los implicados, y un final feliz: la conversión de Adán y Eva. Pero el exilio del paraíso ya ha em- pezado. En Abraham, por la amplitud del relato bíblico original, la se- lección ha debido ser más excluyente. Nos hemos limitado al naci- miento y juventud de Abraham y su lucha contra la idolatría que re- presenta el rey tirano Nimrod 16 ; a su relación con Lot y al castigo de Sodoma; a las mujeres de Abraham (Sara, Agar y Qetura), a la cues- tión fundamental del heredero (Isaac o Ismael) y al sacrificio del hijo (¿Isaac o Ismael?); finalmente, consideramos las leyendas sobre el tes- tamento y muerte de Abraham. En las leyendas musulmanas inclui- mos las referentes a la construcción de la Ka‘ba, que arrancan de la revelación coránica, sin paralelo en la Biblia hebrea. En referencia a Moisés nuestra opción ha debido ser aún más se- lectiva: nacimiento, infancia y juventud de Moisés en Egipto, con to- dos los personajes que lo rodean (padres, hermana y mujer de Moi- sés; el Faraón, su mujer y su hija; los magos egipcios). Entre las leyendas musulmanas introducimos las relativas al casamiento de Moisés en Madián, al retorno a Egipto, a su enfrentamiento con el Faraón y a las plagas; otra leyenda musulmana incluida en nuestra se- lección (sin base en la Biblia hebrea, pero sí en la revelación coráni- ca) es la de Moisés y el misterioso Jadir. Entre las leyendas judías he- mos considerado importante incluir las leyendas sobre la donación de la Torah en el Sinaí. Finalmente, la muerte de Moisés, ampliamente desarrollada en ambas tradiciones.

16 En este punto las leyendas de las dos tradiciones van más allá de lo que nos dicen la Biblia y el Corán.

28
28

Tradiciones populares judías y musulmanas

III. NATURALEZA DE LAS FUENTES

1. Fuentes judías

La primera fuente es la Biblia hebrea; la edición usada en el mundo académico es la Biblia Hebraica Stuttgartensia (numerosas ediciones). Para la versión española no hemos podido seguir ninguna de las traducciones existentes en particular, dada la naturaleza de los textos midrásicos y targúmicos, que juegan con recursos lingüísticos difíciles de reproducir en las traducciones; sucede a veces que un mis- mo texto es releído en nuestras leyendas muy diversamente, incluso dentro de la misma narración. Para las fuentes de las leyendas extrabíblicas o parabíblicas recu- rrimos a tres tipos: las qumránicas, las apócrifas y las rabínicas. Una amplia presentación de los tres tipos, puede consultarse en la Litera- tura judía intertestamentaria de G. Aranda Pérez, F. García Martínez y M. Pérez Fernández 17 . Flavio Josefo y Filón de Alejandría son autores indispensables.

A. La Biblioteca de Qumrán

En 1946 comenzaron los hallazgos de manuscritos en las cuevas circundantes al asentamiento de Qumrán, el mayor descubrimiento arqueológico bíblico del siglo pasado. Su importancia radica en la gran biblioteca de manuscritos encontrados, fechados entre los siglos II a.C. y I d.C.: una parte de los manuscritos son textos bíblicos (to- dos los libros de la Biblia están representados, excepto Ester); otra parte son escritos propios de la secta; una tercera parte son de escri-

17 Nos remitimos a las introducciones y obras más especializadas para un lis- tado completo de las ediciones críticas de los textos originales. Seguimos la traduc- ción española, cuando existe, con los ajustes indispensables. Referencia completa de las obras citadas (editores, autores y traductores), en «Fuentes y bibliografía» (pp.

331-340).

Introducción

29
29

tos de fuera de la comunidad (prequmránicos en cuanto a cronología e ideología: p. ej., Jubileos y Henoc); queda una parte de manuscritos cuya identidad es hasta ahora desconocida. Dejando aparte los textos bíblicos, todo el resto tiene referencia o es alternativa o explícito de- sarrollo del texto bíblico. Los hay de carácter litúrgico y los hay exe- géticos; hay textos parabíblicos y otros que son claros desarrollos de la narración y la legislación bíblica; junto a textos halákicos, hay apo- calípticos, mesiánicos y escatológicos; junto a himnos y salmos, hay calendarios, horóscopos y cálculos astronómicos. En un momento en que la Biblia aún no había precisado su contenido definitivo ni había fijado su texto, la Biblioteca de Qumrám muestra a una comunidad en torno a un texto sagrado que lo estudia, reformula y comenta in- cesantemente para ajustar su vida al mismo. Para nuestras tradiciones populares nos ha interesado especialmente el Apócrifo del Génesis (1QApGn), que se suele clasificar como literatura parabíblica: una composición aramea que parafrasea Gn 6–15 y podría considerarse una traducción del tipo targum o midrás (cf. infra).

B. La literatura apócrifa

Apócrifo (apo-krypto, apócrifos) significa «escondido, oculto». En principio designaba los escritos reservados para los iniciados; después pasó a designar peyorativamente lo que es espurio y rechazable, lo que efectivamente habría de «quedar fuera» de la tradición escrita y oral judía y del canon cristiano. Esta literatura tiene su eclosión en- tre los siglos II a.C. y II d.C., aunque continuará hasta épocas poste- riores (como es evidente en la literatura henókica) muy vehiculada por los movimientos místicos y cabalísticos. Surgida en una época de grandes convulsiones para el judaísmo, se caracteriza por su carácter apocalíptico (revelaciones) 18 , la formulación de numerosos Testa- mentos y escritos edificantes 19 , y el deseo ansioso de recontar la his- toria bíblica de forma que pueda ser lectura más adaptada a los difí-

18 Libros de Henoc, Baruc y Esdras. 19 Testamentos de los XII Patriarcas y otros personajes bíblicos.

30
30

Tradiciones populares judías y musulmanas

ciles tiempos 20 ; se acuñan nuevas oraciones (odas, salmos y oraciones penitenciales) 21 . Una notable particularidad de la época es la irrup- ción en los círculos judíos de una considerable variedad de escritos de la diáspora, testimonio de una koiné judeo-helenística 22 . En nuestra selección de fuentes hemos usado mayoritariamente las reescrituras bíblicas.

C. Fuentes rabínicas

Las fuentes rabínicas que hemos usado se suelen dividir en tal- múdicas (Misnah, Tosefta y Talmud), midrásicas y targúmicas; de to- das ellas puede verse una excelente introducción (que no incluye la li- teratura targúmica) en la Introducción a la Literatura Talmúdica y Midrásica por H. L. Strack y G. Stemberger; otra introducción más didáctica (con inclusión del Targum), en la tercera parte de Literatu- ra Judía Intertestamentaria por M. Pérez Fernández.

a) Fuentes talmúdicas

Misnah (heb., Mißnah, «repetición») designa una obra de tra- diciones mayoritariamente halákicas recopiladas al comienzo del si- glo III d.C. en Galilea. Fue promovida por el Patriarca Rabbí Yehudah ha-Nasí, considerado su editor o autor responsable. Tiene autoridad canónica dentro del judaísmo, pues se considera formulación de la Ley Oral que acompaña a la Ley Escrita. Por su misma naturaleza es obra tradicional y, junto a leyes y sus reformulaciones e interpre- taciones de la halakah bíblica, transmite también costumbres y ac- tuaciones que han sentado un precedente y se han convertido en nor- mativas.

20 Libro de los Jubileos, Libro de las Antigüedades Bíblicas, Vidas de Adán y Eva, etc.

21 Salmos de Salomón, Odas de Salomón, Oración de Manasés, etc.

22 Carta de Aristeas, José y Asenet, Oráculos sibilinos, etc.

Introducción

31
31

Tosefta («añadido, complemento») es una composición parale-

la a la Misnah, que, no obstante, nunca tuvo reconocimiento oficial. Contiene tradiciones premisnaicas y añadidos talmúdicos posterio- res. Su exégesis y desarrollos hagádicos del texto bíblico superan en mucho a los de la Misnah.

Talmud. La Misnah, al ser texto ya canonizado (nada se le po-

día añadir), fue objeto de comentario. Tal comentario es el Talmud («estudio, enseñanza»). En realidad es un continuo diálogo entre ra- binos, que empieza por el texto misnaico y pasa por todas las inter- pretaciones diferentes que los sabios ofrecen, discutiendo su base bí- blica, los argumentos racionales y su legitimación por la tradición. En la discusión se aborda toda cuestión que tenga que ver de alguna ma- nera con el asunto tratado. El Talmud se convierte así en una gran en- ciclopedia de conocimientos –no sólo bíblicos y exegéticos– del mundo judío. Un primer comentario se hizo en Tiberias y Cesarea, y acabó o se interrumpió en el siglo V; es el conocido como Talmud de

Jerusalén o Palestinense. En Babilonia, en la Academia de Sura, se ini- ció otra recopilación de tradiciones en torno a la Misnah, cuyo pro- motor fue R. Asi (muere el 427). La redacción, con añadidos y nue- vos comentarios, continuó hasta el siglo VIII. Éste es el conocido como Talmud de Babilonia, que acabó imponiéndose en el Judaímo Medieval. Hay pocas leyendas judías anteriores que no estén recogi- das en el Talmud y no estén sometidas a debate. – Abot de Rabbí Natán (ARN). Es un comentario al tratado Abot de la Misnah. Abot es un tratado «diferente» en el conjunto misnaico, pues más que leyes y normas halákicas recoge dichos y sentencias de ra- binos. ARN comenta esos dichos y añade otros similares. Se puede con- siderar como un midrás de Abot.

b) Fuentes midrásicas

Midrás (pl. midrasim) designa a las obras de carácter exegético, homilético o de entretenimiento y edificación, que tienen como ba- se el texto bíblico. La raíz hebrea drß significa «búsqueda»; los midra- sim buscan sacar los sentidos del texto sagrado, conforme al principio

32
32

Tradiciones populares judías y musulmanas

rabínico de que la Biblia tiene setenta rostros (o sea, es inagotable). Una clasificación de los midrasim los cataloga en tres grupos 23 :

– Midrás escolar o académico: exégesis minuciosa versículo a ver-

sículo de los textos bíblicos. A este grupo pertenecen, entre otros, las Mekiltas (comentarios al Éxodo), los Sifre (comentarios a Levítico, Nú- meros y Deuteronomio). Son los más antiguos, en torno al siglo III d.C.

Su contexto original es la academia o bet ha-midraß («casa de estudio»).

– Midrás homilético, cuyo contexto original creador es la sinago-

ga: a este grupo pertenecen colecciones como el Midrás Rabbah 24 , Mi- drás Tanjuma y otros como Pesiqta Rabbati y Pesiqta de Rab Kahana. No peinan el texto bíblico con una exégesis académica, sino que cons- truyen homilías sobre textos bíblicos usados en las lecturas sinagogales.

– Midrás narrativo. Es un conjunto definido no por su lugar de

origen o transmisión, sino por su reescritura de la historia bíblica y por su gusto en contar historias edificantes de base bíblica. De este tipo es el que citaremos abundantemente Pirqé de Rabbí Eliezer, obra del siglo VIII, ya en contacto con tradiciones coránicas. Obra más an- tigua es el Seder ‘Olam Rabbah, de los siglos III-IV, cuyo objetivo no es tanto recontar la historia cuanto datar los acontecimientos históri- cos. Grandes recopilaciones hagádicas de época más tardía son las Crónicas de Yerahmeel, el Sefer ha-Yashar y el Midraß Peirat Moßeh (Midrás de la Muerte de Moisés).

Debe notarse que midrás es ante todo un modo de leer e inter- pretar, y de aplicar la Escritura. Midrás, pues, se encuentra también en las fuentes talmúdicas, apócrifas y targúmicas.

c) El corpus targumicum

Targum (pl. targumim) es palabra hebrea que significa «traduc- ción». El término designa específicamente las traducciones arameas de

23 L.-F. GIRÓN BLANC, «Literatura derásica». 24 En nuestro libro recurrimos, como es obvio, a historias y leyendas de GnR, ExR, LvR, NmR y DtR.

Introducción

33
33

la Biblia que comenzaron a usarse en las sinagogas cuando el arameo se impuso como lengua común y el hebreo dejó de ser lengua habla- da. Llegó un tiempo en que el pueblo que asistía a la sinagoga no en- tendía en su mayoría la Biblia sino la versión popularizada de las tra- ducciones. De aquí la característica de estas traducciones: su talante popular en su esfuerzo por hacer más comprensible y aplicable el tex- to bíblico. Fueron un vehículo poderoso de divulgación de interpre- taciones y leyendas. Aunque los targumim conserven traducciones de la época más antigua precristiana, el uso continuo en las sinagogas fue añadiendo nuevas actualizaciones. Tienen especial importancia para nuestro estudio las traduccio- nes del Pentateuco, de las que tenemos cuatro testigos fundamenta- les: Targum de Onqelos, versión aramea del Pentateuco, predominan- temente literal, probable revisión babilónica de una antigua traducción palestinense 25 ; Targum Neofiti y Targum PseudoJonatán, versiones de origen palestinense, la segunda con un desarrollo hagá- dico más notable y con bastantes añadidos ya de época musulmana; el Targum Fragmentario está representado por una serie de manuscri- tos que recogen diversas variantes arameas de la traducción bíblica 26 . La lectura de los profetas se incluía en la liturgia sinagogal; por ello también existe el Targum de Profetas. El contexto litúrgico-sinagogal de esta literatura explica que las traducciones de la Torah y los profetas se complementen y que el tex- to se enriquezca en ocasiones con largas glosas o composiciones ha- gádicas que muestran su orientación homilética adecuada a las fiestas en las que se hacían las lecturas. R. Le Déaut, uno de los grandes pio- neros en los estudios targúmicos, pudo escribir que el cristianismo heredó una Biblia interpretada y ya orquestada 27 ; y, evidentemente, ello se puede decir también del mundo musulmán.

25 No existe aún versión española. L. Díaz Merino (Universidad de Barcelo- na) nos comunicó que prepara una edición bilingüe.

26 Para una detallada exposición, véanse las introducciones y obras que cita- mos en la Bibliografía.

27 R. LE DÉAUT, «La tradition juive ancienne et l’exégèse chrétienne primi-

tive».

34
34

Tradiciones populares judías y musulmanas

Los Escritos 28 tienen también su traducción aramea. La datación varía mucho de unos libros a otros. Lo que se revela con claridad es que la praxis targúmica llegó a convertirse en un recurso literario no siempre vinculado a, o en función de, la liturgia sinagogal.

D. Filón de Alejandría y Flavio Josefo

Filón de Alejandría vivió entre los años 20 a.C. y 45/50 d.C. De la diáspora judía alejandrina, es teólogo, filósofo y exégeta. Buena parte de sus escritos pueden catalogarse como filosóficos de tipo his- tórico apologético. Flavio Josefo vive entre aproximadamente 37 y 100 d.C. Su obra es fundamentalmente histórica y autobiográfica. Su historia del pue- blo judío (Antigüedades Bíblicas) es una fuente indispensable para apreciar la idea que de la historia bíblica y sus personajes se tenía en su tiempo.

2. Fuentes musulmanas

La primera fuente es el Corán. Pese a las numerosas ediciones en árabe que existen del mismo, recomendamos la de Fu’ad (Vulgata cai- rota patrocinada por este rey en 1923), que acostumbramos a usar los arabistas en nuestra investigación. Existen también muchas traduc- ciones a lenguas europeas tales como las francesas de R. Blachère, muy científica, y de B. Kazimirski; la italiana de Bausani; la inglesa de R. Bell, una de las mejores desde el punto de vista islamológico, y las españolas de Cansinos, J. Vernet y J. Cortés, por citar sólo algu- nas. Encontramos más aceptable y normalmente acudimos a esta úl- tima de J. Cortés ya que, a nuestro juicio, es más fiel al texto original y con magnífico aparato crítico. Es interesante consultar al respecto la obra de R. Bell y W. M. Watt, Introducción al Corán , en la que se

28 En la Biblia hebrea se distinguen Torah, Profetas y Escritos.

Introducción

35
35

hace un profundo análisis del Corán y su formación, y la Encyclo- paedia of the Qur’an. Los datos que aparecen en el Corán son complementados y am- pliados, como es ya sabido, por otro tipo de textos piadosos y desde luego por la erudición del Tafsir o exégesis coránica; y todo cuanto forma parte de la Tradición (hadices), por la Historiografía y por las Qisas al-Anbiya’, entre otras obras.

A. Tafsir

La exégesis coránica, o interpretaciones concernientes al Corán, ha dado lugar a una literatura explicativa que servirá para aclarar y puntualizar los datos del libro sagrado musulmán. Una de las obras más importantes de este género es el Tafsir al-Qur’an de al-Tabari (si- glo X), fuente valiosa y muy utilizada por todos los comentaristas pos- teriores.

B. Hadiz

Otro género de la literatura religiosa islámica es el hadiz (litera- tura de tradición), que recoge hechos y dichos del Profeta. Éstos constan de una parte narrativa (matn) precedida, generalmente, de una cadena de transmisores (isnad) que avalan su autenticidad. Las dos recopilaciones más verídicas y unánimemente aceptadas son las debidas a al-Bujari (siglo IX) y a Muslim (siglo IX).

C. Historiografía

La historiografía se ha hecho eco de estas tradiciones y el ya ci- tado al-Tabari tiene también una importante obra titulada Historia de los enviados y de los reyes con partes basadas en escrituras judías, en la literatura midrásica y en la tradición cristiana. Se apoya más en la tra-

36
36

Tradiciones populares judías y musulmanas

dición oral que en la escrita y el carácter edificante de estas narracio- nes se encuentra más acentuado cuanto más se aparta de la historio- grafía.

D. Las Qisas al-Anbiya’

Para la realización de la parte musulmana de este Libro nos he- mos basado fundamentalmente en este tipo de obras que recogen tra- diciones populares de la literatura islámica, al igual que en el plano hebreo lo hacen de la literatura bíblica para así llegar a una más com- pleta comprensión de ambas revelaciones.

a) El género literario

La palabra Qisas viene de la raíz árabe Qassa, que, entre otras acepciones, tiene la de «contar», «narrar»; el nombre qisas es plural de

qissa («relato», «historia»), y anbiya’ es plural de nabi, «profeta». Así pues, Qisas al-Anbiya’ se podría traducir por «Relatos de los profetas»

o «Historias de los profetas». Se trata de un género literario cuya finalidad es recopilar las tra-

diciones piadosas de la antigüedad y del Islam. Es un tipo de litera- tura narrativa sobre la vida de los profetas del Antiguo Testamento, la historia de Jesús y algunos otros acontecimientos referidos a héroes o

a enemigos de Dios que el texto coránico refleja. Normalmente, gran

cantidad de estas obras suelen comenzar por temáticas alusivas a la creación del Universo; en cambio, otras comienzan por la creación de Adán. Desde el punto de vista islámico, las vidas de los profetas pre- islámicos son ejemplos terroríficos para atemorizar a los que desobe- decen a Dios y a sus enviados. Esta literatura piadosa surge, por lo ge- neral, a partir de un mínimo texto coránico (alguna aleya o frase) que, después, se desarrollará originando estas narraciones; de otra parte, los relatos de esta manera generados nos auxilian para comprender pasa- jes, a veces escuetos, del texto coránico.

Introducción

37
37

Las qisas recogen historias de distintos tradicionistas que, cir- cunstancialmente, remontan la cadena de sus relatores hasta el Profe- ta («dijo fulano que lo oyó decir a mengano que lo oyó decir a zuta- no que lo oyó decir al mismo Profeta») mediante un sistema de transmisión similar al utilizado en los hadices; en otras ocasiones se cita solamente el nombre de un tradicionista e incluso se narra el re- lato sin indicar quién fue el primero que lo refirió. Apareció muy pronto este género (siglo VII) en la literatura de ca- rácter religioso, y los datos coránicos se enriquecieron a lo largo de los siglos con buen número de anécdotas inspiradas en fuentes judías, tales como la Biblia, la amplia literatura de la Haggadá que com- prende los Talmud, la literatura midrásica, los targumim e incluso la literatura folclórica, cuya importancia e influencia fue enorme en los comienzos del Islam (es reconocida la relación inicial de los árabes con judíos y cristianos). Los informadores más antiguos eran judíos conversos o quizá, y esto parece lo más probable, árabes que habían tenido contactos con comunidades judías y cristianas de la Penínsu- la Arábiga y regiones vecinas antes de su conversión al Islam. Entre éstos se pueden nombrar a Ka‘b al-Ahbar, Wahb B. Munabbih, Ibn ‘Abbas, etc.

b) Principales obras de Qisas al-Anbiya’

– Aunque se compusieron obras en la primera época islámica, no han llegado hasta nosotros. Sin embargo, el primer libro del gé- nero literario Qisas al-Anbiya’ de la tercera centuria de la hégira es el Kitab Bad’ al-Jalq wa-qisas al-anbiya’ de ‘Umara b. Watima (289/902). Este libro condensa la herencia de la historia del Islam primitivo en lo que se refiere a las Qisas al-Anbiya’, aunque de una manera incompleta, puesto que solamente existe la segunda parte y comienza por el personaje Jadir. Lo editó Khoury con el título Les lé- gendes prophétiques dans l’Islam. Depuis le Ier jusqu’ au IIIe siècle de l’ Hégira, basándose en un manuscrito que se conserva en la Biblioteca Vaticana perteneciente a los fondos de los Borgia. Hizo un minucio-

38
38

Tradiciones populares judías y musulmanas

so estudio de la obra y la edición. La fuente principal de esta obra es Wahb b. Munabbih. Recientemente ha sido traducida al español por Raad Salam Naaman.

– Muy renombradas son también las Qisas al-Anbiya’ de al-Ta‘la-

bi y de al-Kisa’i, autores del siglo XI cuyas obras son completas colec- ciones de tradiciones que comprenden desde la creación del mundo hasta la época de Jesús. La primera de éstas es ‘Ara’is al-mayalis wa-Qi- sas al-Anbiya’ de al-Ta‘labi (m. 427/1035) 29 que la redactó tras haber

compuesto un comentario coránico; este hecho se trasluce en su es- crito, pues a veces incluye rasgos exegéticos en los relatos. Al-Ta‘labi es considerado una autoridad en composiciones de este tipo cuyo tex- to se toma como modelo del género, no sólo por el rico material que contiene sino por la estructura y organización de las tradiciones. Se citan muchas autoridades en el texto tales como Ibn ‘Abbas, Sa‘id b. Yubayr, ‘Ikrima, al-Suddi y al-Kalbi, entre otros. Existen varias edi- ciones de esta obra y una traducción reciente al inglés por Brinner.

– La otra famosa obra de Qisas al-Anbiya’ es atribuida a al-Kisa’i.

Los investigadores suponen que fue escrita en el siglo XI, pero recien- tes estudios han disputado su autoría y su fecha. Célebre por sus re- latos sobre los profetas, muy renombrados y ampliamente extendi- dos, al-Kisa’i representa el sentimiento religioso popular en el mundo musulmán con propósitos edificantes, ya que su versión revela otra forma de este tipo de literatura. Pertenece a la tradición narrativa po- pular y sus relatos pueden ser comparados con novelas por su estilo narrativo. Los cuentistas populares (qussas) tenían en gran estima es- ta obra. Sus narraciones constituyen una rica fuente para el estudio del pensamiento y del sentimiento religioso del musulmán medieval. Es una obra muy popular, de la que poseemos traducción inglesa rea- lizada por Thackeston.

– También en el siglo XI fue escrita otra obra de Qisas por el cor- dobés Ibn Mutarrif al-Tarafi (m. 454/1062), experto en lecturas co- ránicas. Su principal fuente es el Tafsir de al-Tabari. Como caracte-

29 Un estudio detallado de la obra puede verse en M. FLAR, «Stories of the Prophets», pp. 338-349 y W. S ALEH , «Hermeneuties: al-Tha‘labi», pp. 323-337.

Introducción

39
39

rística de esta obra, al comienzo de cada biografiado hace un peque- ño resumen del contenido. Es un texto breve, solamente trata de 18 personajes. En muchas ocasiones no da el isnad o transmisión com- pleta sino que escribe únicamente el nombre del primer transmisor. Esta obra ha sido editada y traducida al italiano por R. Tottoli.

– Ibn Katir tiene dos obras similares: Qisas al-Anbiya’ y Qisas al-

Qur’an 30 . Es historiador y uno de los recolectores de leyendas más co- nocidos del siglo XIV. El Corán está muy presente en su obra; inclu- so antes de presentar la leyenda resume el relato inspirado en el texto coránico correspondiente, es decir, empieza por varias azoras del te- ma a tratar. Se apoya también en los hadices. Los tradicionistas si- guen su cadena de transmisores hasta llegar, a veces, al Profeta Ma- homa. Es una obra de exégesis exhaustiva y con un carácter más científico y sólido que las otras obras de Qisas. En las obras consulta- das por nosotros no aparecen citadas estas Qisas de Ibn Katir.

– Una obra tardía es la del colector de tradiciones al-Hanafi (si-

glo XV-XVI). En su obra, Bada’i al-Zuhur, recoge principalmente los datos que nos proporcionan al-Kisa’i y al-Ta‘labi, pero les da un to- que personal e incluye otros relatos de tradicionistas tales como Ibn ‘Abbas, al-Suddi, Wahb b. Munabbih, etc.

– En la biblioteca de la Escuela de Estudios Árabes de Granada se

conserva un manuscrito inédito titulado Qisas al-Qur’an («Relatos del Corán») 31 del oriental Abu l-Hasan al-Haysam b. Muhammad (siglo XI). Consta de 120 folios, pero está incompleto, pues abarca solamente desde el comienzo de la Creación hasta David. Esta obra está realizada, en parte, con materiales exegéticos que puso a su disposición el abuelo del autor, según se desprende del manuscrito, y con materiales propios tomados de la tradición oral. A diferencia de los «Relatos de Profetas», los «Relatos del Corán» son más extensos. Este texto manuscrito lo he- mos utilizado para algunas narraciones concernientes a Abraham.

30 Ambas obras están editadas. La primera por ‘Abd Allah Hayyay, en Beirut, 2002, y la segunda por Ahmad b. Sa’ban b. Ahmad, en El Cairo, 2003.

31 C. CASTILLO CASTILLO, «Manuscritos árabigos que se conservan en la Es- cuela de Estudios Árabes», p. 8.

40
40

Tradiciones populares judías y musulmanas

IV. ADVERTENCIAS

Para la realización de las leyendas musulmanas de este libro nos hemos basado principalmente en las Qisas al-Anbiya’ de al-Ta‘labi y al-Kisa’i, recolectores de leyendas más conocidos e importantes de la Edad Media, cuyas obras presentan un carácter diferente: el primero se apoya más en la exégesis, mientras que el segundo se inclina más hacia una apertura imaginativa. Asimismo hemos utilizado, aunque en menor medida, otros tales como Tarafi, Ibn Katir, al-Hanafi y el manuscrito inédito de al-Hasan al-Haysam, antes aludido, y sobre el que hemos realizado variados estudios. Por más que haya varias traducciones de distintos autores de los textos utilizados, con preferencia nos hemos basado en nuestra pro- pia traducción. En el cuerpo de este trabajo, solemos prescindir de la transcrip- ción científica de los términos árabes y hebreos para facilitar la lectu- ra de un público más amplio; los especialistas sabrán suplir esta ca- rencia. Los nombres de los tradicionistas llevan un asterisco (*) y se identificarán en la «Guía de los transmisores de la tradición», al final del libro (pp. 323-326). Los términos árabes y hebreos más frecuentes son explicados en el «Glosario de términos árabes y hebreos» (pp. 327-330). Las citas bíblicas y coránicas se escriben en cursiva.

PARTE I

TRADICIONES JUDÍAS (HISTORIAS Y LEYENDAS) SOBRE ADÁN, ABRAHAM Y MOISÉS

(por Miguel Pérez Fernández)

Adán en la tradición judía

I. ADÁN EN LA BIBLIA

La Biblia se abre con el relato de la creación en un texto solem- ne: el Espíritu de Dios se cierne sobre las aguas abismales, y del caos surge, por la palabra de Dios, el universo. La obra divina se distri- buye en seis días, en los que la palabra de Dios va haciendo separa- ciones: el día y la noche (día 1), el firmamento que separa las aguas de arriba y las de abajo (día 2), los mares y la tierra firme con su ve- getación (día 3), las luces del día y las estrellas de la noche (día 4), los peces del mar y las aves del cielo (día 5), todos los animales de la tierra y el hombre (día 6). En la creación del hombre el relato se ra- lentiza para mostrar que Dios lo crea a su imagen y semejanza, va- rón y hembra, y lo bendice y le da el mandato de multiplicarse y de dominar a los demás vivientes: podrá alimentarse de los frutos de la tierra, pero no de los animales. Queda así acabada la obra divina de la creación, y Dios descansa en el día séptimo, día que Dios declara santo. Es la primera semana del universo, según el capítulo 1 del Génesis. En el capítulo 2 del Génesis, en un relato más popular, Dios crea al hombre (Adam) del polvo de la tierra (adamah), y lo instala en un vergel –el Jardín del Edén– para cultivarlo y guardarlo. Adán puso nombre a todos los animales, y Dios creó para él, de la misma carne de Adán, a su compañera, Eva (Jawah), la madre de los vivientes (jay). El capítulo 3 del Génesis narra la rebelión de Adán y Eva contra Dios: inducidos por la serpiente comen del árbol prohibido; sobre-

44
44

Tradiciones populares judías y musulmanas

viene el castigo divino a la serpiente y a Adán y Eva; y finalmente la expulsión del paraíso y la guardia de querubines, espada en mano, pa- ra impedirles el acceso al árbol de la vida. El capítulo 4 del Génesis cuenta el nacimiento de Caín y Abel, los dos primeros hijos de Adán y Eva, cómo Caín asesinó a Abel, y la descendencia de Caín. Aún Eva parió a un tercer hijo, Set. La histo- ria de Adán termina en Génesis 5,4-5: Y fueron los días de Adán, des- pués de haber engendrado a Set, ochocientos años, y engendró hijos e hi- jas. Resultaron, pues, todos los días que Adán vivió novecientos treinta años; luego murió. Esta historia, plagada de elementos míticos y motivos legenda- rios de antiguos poemas y leyendas orientales, ha sido puesta al prin- cipio de la Biblia como explicación del sentido de la creación y de la humanidad en particular. Leída y releída a través de los siglos por el Pueblo de la Biblia, la historia se ha enriquecido con detalles popula- res y con explicaciones teológicas. Tales desarrollos forman ya parte del folclore judío y de su tradición.

II. ADÁN EN LA TRADICIÓN

1. El hombre mediador: pacífico y pacificador

La distinción y enfrentamiento entre lo de arriba y lo de abajo, lo superior y lo inferior, los cielos y los infiernos, los mismos dioses entre sí, traspasa todas las representaciones cosmogónicas de la an- tigüedad. Se trata de mitos que expresan la percepción profunda de la violencia como constitutivo y energía del universo. También el re- lato bíblico, con la repetición incesante del verbo «separar» (le-hab- dil), deja ver su trasfondo de violencia. Por tanto no sorprende que los mensajes de salvación en cualquier religión se formulen en tér- minos de paz y reconciliación y, en último término, con una di- mensión cosmológica absolutamente realista e irrenunciable. Sin es- ta dimensión cualquier mensaje resulta insuficiente: no responde a la verdad angustiosa percibida en y a través de los mitos. En ese tras-

Adán en la tradición judía

45
45

fondo, la creación del hombre que cuenta Simón ben Jalafta, famo- so narrador de parábolas y hagadista del siglo III d.C., ve al hombre como el elemento mediador: pacífico y pacificador. Es una com- prensión optimista y dinamizadora que permite considerar al hom- bre no meramente como rey de la creación sino como su servidor y reconciliador:

Rabbí Simón ben Jalafta dijo: Tan grande es la paz, que cuando el Santo, bendito sea, creó su mundo hizo la paz entre los seres de arriba y los de abajo. En el primer día creó de arriba y de abajo, como está escrito: En el principio creó Dios los cielos y la tierra (Gn 1,1); en el segundo creó de arriba, como está escrito: Haya un firmamento (Gn 1,6); en el tercero creó de abajo: Y dijo Dios: Reúnanse las aguas (Gn 1,9); en el cuarto, de arriba: Haya lumbreras en el firmamento de los cielos (Gn 1,14); en el quinto, creó de abajo: Y dijo Dios: Pululen las aguas (Gn 1,20); en el sexto vino a crear al hombre y dijo: si lo creo de arriba, los de arriba van a superar a los de abajo en una criatura. ¿Qué hizo? Lo creó de arriba y de abajo: Modeló Dios al hombre del polvo de la tierra (Gn 2,7), de abajo; Y le sopló en sus narices aliento de vida (Gn 2,7), de arriba (LvR 9,9) 1 .

La síntesis del hombre entre lo superior y lo inferior se expresa en la sentencia de Rabbí Simay:

Todas las criaturas que fueron creadas de los cielos tienen el cuer- po y el alma de los cielos, y todas las criaturas que se crearon de la tie- rra tienen el alma y el cuerpo de la tierra, excepto Adán, cuya alma es de los cielos y su cuerpo de la tierra (SDt 306).

Desarrollo de esta concepción es la leyenda de Adán creado con cualidades de los ángeles (estar en pie, hablar, entender) y de los ani- males (comer y beber, procrear, defecar y morir); cf. GnR 14,3; ARN 37,1; bHag16a.

1 También en GnR 12,8. Otra versión, atribuida a Rabbí Azaryah, en TanjB Bereshit 15.

46
46

Tradiciones populares judías y musulmanas

2. Hagamos al hombre a nuestra imagen, a nuestra semejanza (Gn 1,26)

El plural «hagamos» del texto bíblico pone en dificultades a los comentaristas judíos, pues parece contradecir la confesión más fun- damental de su fe: Yhwh, nuestro Dios, es uno (Dt 6,4), y, por otra parte, favorecía la doctrina de los herejes, específicamente la doctrina cristiana de la Trinidad 2 . Se ha buscado la explicación de que Dios hablaba con los ángeles, como hace la traducción aramea: «Y dijo Dios a los ángeles que sirven ante Él, que fueron creados el segundo día de la creación del mundo: “Hagamos a Adán a nuestra imagen, a nuestra semejanza”» (TgPsJ Gn 1,26; cf. ampliación de la leyenda en Crónicas de Yerahmeel VI, 3-5). En el midrás Génesis Rabbah se da la siguiente explicación:

R. Semuel bar Najmán dijo en nombre de Rabbí Yonatán: Cuan- do Moisés estaba escribiendo la Torah y le tocaba consignar la obra de cada día, al llegar al versículo y dijo Dios: Hagamos al hombre, etc., ex- clamó:

–Señor del universo, ¿por qué ofreces un pretexto a los herejes? Le respondió:

–Tú escribe. El que quiera equivocarse, que se equivoque. El Santo, bendito sea, siguió diciéndole:

–Moisés, ¿acaso no hago surgir, del hombre que he creado, tanto grandes hombres como hombres inferiores? Así, si un gran hombre tiene que pedir permiso a otro más inferior y dice: «¿Es que he de pe- dir permiso a alguien inferior a mí?», entonces le pueden responder:

«Aprende de tu Creador, que creó todo lo de arriba y lo de abajo, y

2 La perplejidad ante el pl. «hagamos» la sintió también Filón de Alejandría:

«¿Es que cuando creó el cielo, la tierra y el mar, no necesitó de nadie que le ayu- dara, pero no fue capaz de hacer por sí solo, sin colaboración de otros, al ser hu- mano, un animal de tan poca monta y sujeto a la muerte?». La respuesta de Filón suscita a su vez nuestra perplejidad: el plural señala que Dios se sirvió de ayudan- tes, de modo que las acciones buenas del hombre se atribuyan a Dios, y las malas a sus ayudantes (De Opificio 72-76).

Adán en la tradición judía

47
47

cuando llegó a la creación del hombre, pidió permiso a los ángeles ser- vidores» (GnR 8,8 a Gn 1,26).

Otros interpretan que Dios hablaba con su corazón (consigo mismo). El que Dios hablara con la Torah y la Torah fuera consejera del Creador, como dice Pirqé de-Rabbi Eliezer, parte de la idea muy ex- tendida en el judaísmo de que la Torah fue creada antes del mundo como el plan y los planos al que Dios se ajusta en su creación. Así se explica en una homilía del midrás Tanjuma Buber:

En el principio creó Dios (Gn 1,1). Este texto está relacionado con con Él estaba yo como experto (Prov 8,30). ¿Cuál es el significado de ex- perto? Rabbí Yehudah bar Ilai explicaba: «Experto en la Torah. El San- to, bendito sea, estaba mirando la Torah y creando el mundo. Así tie- nes que con Él estaba yo como experto. ¿Qué está escrito? En el principio creó Dios, y no hay otro principio que la Torah, como está dicho:

Yhwh me poseyó en el principio de su camino (Prov 8,22). Así, pues, tie- nes que interpretar en el principio creó Dios (que Dios creó con la To- rah)» (TanjB Bereshit 5 a Gn 1,1) 3 .

Por eso cuando Dios relee su Torah encuentra una razón en con- tra, la maldad del hombre, y otra definitiva a favor, la misericordia de Dios:

De pronto, el Santo, bendito sea, dijo a la Torah: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, a nuestra semejanza (Gn 1,26)». Le respon- dió la Torah diciendo: «Señor de todos los mundos, el mundo es tu- yo. Este hombre que Tú quieres crear de días es corto, pero de pasión es- tá lleno (Job 14,1), y caerá en las manos del pecado. De modo que si Tú no vas a dar largas a tu ira para con él, mejor le sería no venir al mundo». Le dijo el Santo, bendito sea: «¿Es que voy a ser llamado sin razón lento a la ira y rico en piedad (Sal 86,15)?» (PRE 11,1).

3 Puesto que le preposición hebrea b– puede tener el sentido de «en» y «con», crear en el principio equivale a crear con la Torah.

48
48

Tradiciones populares judías y musulmanas

3. El hombre, creado de la tierra

La relación del hombre con la tierra es constitutiva de su ser. Si en el capítulo 1 del Génesis se dice solemnemente que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, en el capítulo 2 se especifica que Yhwh Dios formó a Adam del polvo de la tierra –adamah–, en un jue- go de palabras que muestra la vinculación hombre-tierra 4 . El midrás entiende que el hombre fue creado con polvo de los cuatro puntos cardinales, polvo de todos los colores de la tierra, para que se enten- diera que el hombre es de todo el mundo y que ninguna tierra le es extraña. Tal representación, siempre actual, representaba en la anti- güedad –cuando tenían lugar deportaciones masivas–, una declara- ción de universalidad y fraternidad. De ninguna tierra se podía ex- pulsar a nadie; materialmente, a nadie se podía dejar insepulto, máxima y última ignominia que se podía infligir al ser humano:

De las cuatro esquinas de la tierra comenzó a recoger el polvo del primer hombre: rojo, negro, blanco y verde. El rojo es la sangre, el ne- gro las entrañas, el blanco son los huesos y los nervios, y el verde es el cuerpo. ¿Por qué recogió el polvo de los cuatro ángulos del mundo? Por- que el Santo, bendito sea, dijo: «Si un hombre va de oriente a occiden- te o de occidente a oriente, o a donde sea, y le llega su tiempo de ser lle- vado de este mundo, que no le diga la tierra de aquel lugar: el polvo de tu cuerpo no es mío, no te recibo, vuelve al lugar de donde fuiste crea- do». Es para enseñarte que en cualquier lugar a donde fuera un hombre y le llegara su tiempo de ser llevado de este mundo, de ahí es el polvo de su cuerpo y allí retorna, y hasta ese mismo polvo levantará su voz, como está dicho: Porque eres polvo y volverás al polvo (Gn 3,19) (PRE 11,2) 5 .

4 FLAVIO JOSEFO en Ant. I,1.2 ofrece otra etimología, también popular:

«Dios tomó tierra del suelo, hizo al hombre y le insufló su espíritu y alma. A es- te hombre lo llamó Adam, que en lengua hebrea significa rojo, porque fue hecho de tierra roja macerada, que es la auténtica tierra virgen». 5 El Henoc Eslavo (2 Hen) recoge una tradición similar: «Le asigné un nom- bre que consta de cuatro elementos: Oriente, Occidente, Norte y Sur» (2 Hen 63). Adam resulta un acróstico griego de Anatolé, Dysis, Arktos, Mesembría. Adán fue creado como un microcosmos: todo lo que hay en el mundo se encuentra en el hombre (cf. ARN 31,4-5).

Adán en la tradición judía

49
49

También se ha transmitido que Dios envió a Gabriel a recoger el polvo de la tierra para crear a Adán, y la tierra en un principio se ne- gó alegando que por ese hombre ella iba a ser eternamente maldita (Gn 3,17: maldita será la tierra por tu culpa); entonces tuvo que ser Dios mismo con su propia mano quien recogiera el polvo de la tierra (Crónicas de Yerahmeel VI, 6-7) 6 . La solidaridad entre los hombres es expresada bellamente en la Misnah mediante el término yajid, que significa «único» y, en este ca- so, la unidad de toda la humanidad:

Por eso fue creado Adán único en el mundo 7 : a) Para enseñar que todo el que destruyere una sola vida, se le cuenta como si hubiera des- truido el mundo entero; y que todo aquél que mantiene una sola vi- da, se le cuenta como si hubiera mantenido un mundo entero. b) En razón de la paz social, para que nadie pueda decir a su prójimo: «mi padre es más ilustre que el tuyo». c) Para que no puedan decir los he- rejes: «hay muchos poderes en el Cielo». d) Para proclamar la grande- za del Rey de reyes de reyes, el Santo, bendito sea: pues el hombre acu- ña cien monedas con un mismo sello y todas se asemejan unas a otras, pero el Rey de reyes de reyes, el Santo, bendito sea, ha acuñado a to- do hombre con el sello del primer hombre, y ninguno se parece a su prójimo; por esta razón, todos y cada uno están obligados a decir: «el mundo ha sido creado por mí». e) Para que no os atreváis a decir:

«¿qué tenemos nosotros que ver con tal problema?», es por lo que es- tá dicho que si el testigo, lo haya visto u oído, no lo denuncia, incurre en falta (Lv 5,1). f) Para que no os atreváis a decir: «¿qué responsabilidad tenemos nosotros en la sangre de éste?», es por lo que está dicho: cuan- do los perversos perecen se alboroza la ciudad (Prov 11,10) (mSanh 4,5) 8 .

Continúa la narración midrásica con el recurso tan popular en todas las lenguas y pueblos de distribuir la acción en horas, días, se-

6 La intervención de Gabriel y la rebelión de la tierra, también en la tradición musulmana: Kisa’i, Qisas, 22-23 («Adán en la tradición musulmana», p. 177).

7 «Único en el mundo» también suena en la fraseología hebrea como «el más querido del mundo».

8 Texto según el manuscrito Kaufmann, significativamente diferente del tex- tus receptus.

50
50

Tradiciones populares judías y musulmanas

manas, meses o años, de modo que la historia se pueda recordar fá- cilmente y repetirla como un juego de niños:

Doce horas tiene el día: A la una juntó el polvo del hombre. A las dos lo amasó. A las tres lo modeló. A las cuatro le infundió el al- ma. A las cinco lo puso de pie. A las seis puso los nombres. A las sie- te le fue emparejada Eva. A las ocho recibieron el mandamiento sobre los frutos del árbol. A las nueve subieron dos a la cama y bajaron cua- tro. A las diez le hizo entrar en el Jardín del Edén y transgredió sus mandatos. A las once fueron juzgados. A las doce fue expulsado, co- mo está dicho: Y expulsó al hombre (Génesis 3,24) (PRE 11,2) 9 .

En esta historia, apresurada y condensada, se dice que «subieron dos a la cama y bajaron cuatro». Puede entenderse que es una referen- cia a la concepción y nacimiento de Caín y Abel, pero más probable- mente se trata de la leyenda que dice que Caín, el primogénito (Gn 4,1), nació con una hermana gemela. El dato era importante para ex- plicar la procreación de los hijos de Adán y Eva. De una u otra forma, la leyenda se transmite en los textos antiguos. La traducción aramea de

Gn 4,2 sonaba así: «Y volvió (Eva) a dar a luz de su marido Adán: a Abel

y su melliza» (TgPsJ Gn 4,2). El midrás GnR 22,2 decía: «Dos subieron

a la cama y bajaron siete: Caín y su gemela, Abel y sus dos gemelas».

Antigüedades Bíblicas (Liber Antiquitatum Biblicarum, LAB) o Pseudo- Filón comienza diciendo que «Adán engendró doce hijos y ocho hijas». En el libro de los Jubileos se enumera detenidamente el proceso inces-

tuoso de las primeras generaciones tras Adán y Eva: Caín tomó por mujer a su hermana Awan, que le parió a Henoc; Set tomó por mujer

a su hermana Noam, que le parió a Cainán; Cainán tomó por mujer a

su hermana Mualet, que le parió a Malaleel, etc. (Jub 4,1-15). Los rabinos hubieron de enfrentarse al hecho de que la humani- dad se desarrolló a partir de unas relaciones incestuosas prohibidas en

9 La historia supone –y así es aceptado en el midrás– que la vida de Adán y Eva en el paraíso duró sólo un día, el sexto de la creación, y que ya el sábado hu- bieron de «celebrarlo» en la inclemencia del mundo, fuera del Jardín del Edén. La enumeración se encuentra también en TanjB Bereshit 25.

Adán en la tradición judía

51
51

la Torah: Si un hombre toma por esposa a su hermana, hija de su padre

es una ignominia –jesed– (Lv 20,17). La traducción aramea de es-

te texto ya admitía una excepción con los primeros hombres, basán- dose en que la palabra jesed podía entenderse como «ignominia o de- pravación» y también como «misericordia y gracia»: «Y si un hombre toma por esposa a su hermana, hija de su padre o de su madre, y ve la desnudez de ella y ella ve la desnudez de él, eso fue una gracia que hice con los primeros hombres para edificar el mundo. Pero desde ahora todos los que hagan esas cosas serán exterminados en presencia de los hijos de su pueblo» (TgN Lv 20,17).

] [

La discusión académica rabínica reflexionará que si el mundo es- tá hecho con amor mucho antes de que se promulgara la Ley, podían los primeros hombres obviar el precepto posterior sobre el incesto:

Rabbí Miasa decía: «Nació Caín y con él una hermana gemela; nació Abel y con él una hermana gemela». Le contestaba Rabbí Yis-

mael: «¿Pero no ha sido ya dicho (en la Torah) que si un hombre toma

es una ignominia, serán

exterminados en presencia de sus conciudadanos (Lv 20,17)?». Le res- pondía: «Por estas mismas palabras has de saber que no habiendo en el mundo otras mujeres para desposarlas, a éstas las declaró libres. Con referencia a esto está dicho: Yo he dicho: el mundo se construye con amor (Sal 89,3). ¡Con amor fue creado el mundo antes de haber sido en-

tregada la Torah!» (PRE 22,1).

por esposa a su hermana, hija de su padre [

]

¿Dónde creó Dios al hombre? El lugar más puro, el ombligo o centro del mundo, se consideraba que era el Templo de Jerusalén, y ahí fue donde Dios amasó y modeló el barro al que dio espíritu y vi- da transmitiéndole su propio aliento o respiración. El hombre, pues, vive con la vida y respiración de Dios, y ésa es la expresión más pro- funda de su imagen y semejanza divinas.

Cuando amasaba el polvo del primer hombre, estaba en un lugar puro, estaba en el ombligo de la tierra. Lo iba modelando y preparan- do, pero aún no tenía ni espíritu ni alma. ¿Qué hizo el Santo, bendito sea? Le sopló con el aliento animado de su boca y le infundió el alma,

52
52

Tradiciones populares judías y musulmanas

como está dicho: y sopló en sus narices el aliento del espíritu de vida (Gn 2,7). Entonces Adán se puso de pie y comenzó a mirar arriba y abajo. Su estatura llegaba desde el uno al otro confín del mundo, como está dicho: Me estrechas por detrás y por delante (Sal 139,5): por detrás es el occidente, por delante es el oriente. Al contemplar (Adán) todas las cria- turas que el Santo, bendito sea, había creado, comenzó a glorificar el Nombre de su Creador diciendo: ¡Cuántas son tus obras, oh Yhwh! (Sal 102,24) Cuando se ponía en pie, aparecía como semejante a Dios. Las criaturas, al verlo, quedaban atemorizadas, como imaginando que era su Creador y venían todas a adorarle. Pero él les decía: «¿Venís a adorarme a mí? Venid conmigo, vayamos a investir a Él de majestad y poder y a proclamarlo Rey sobre nosotros, a Aquél que nos creó». Adán iba, él so- lo, y fue el primero en proclamarlo Rey; detrás iban todas las criaturas diciendo: Yhwh es Rey, vestido de majestad, etc. (Sal 93,1) (PRE 11,2).

La estatura del primer hombre es proverbial. Se la describe exage- radamente en múltiples leyendas y es objeto de la especulación caba- lística. Se explica así la admiración y el temor de las demás criaturas ante quien consideran es su creador. Indirectamente se sobreentiende

la tentación perenne en el hombre de creerse rey y Dios. Pero Adán en-

cabeza el cortejo de las criaturas para proclamar que sólo Yhwh es Dios

y Rey. También la belleza de Adán, creado en plena juventud, es can-

tada y admirada 10 . Dice la Biblia que Yhwh Dios tomó al hombre y lo instaló en el Jar- dín del Edén para cultivarlo y guardarlo (Gn 2,15). ¿Pero es que había algún trabajo que realizar en aquel paraíso? Esa pregunta se la hacen los midrasistas: ¡si allí había un río que ya irrigaba la tierra y hacía que los árboles y plantas germinaran por sí mismos! Entonces culti- var y guardar debe referirse a otra cosa: dar culto (a Dios) y guardar (la Torah), pues los dos verbos se usan también con esta significación. Los midrasistas, pues, explican que Adán en el paraíso se dedicaba a estudiar la Torah –que Dios ya había creado antes de la creación del mundo– y a guardar el camino del Árbol de la Vida, que no es sino la misma Torah, como está dicho en Prov 3,18, Es árbol de vida para

10 Cf. Ben Sira 49,16; Qoh 8,1; GnR 14,7.

Adán en la tradición judía

53
53

los que se agarran a ella. Tal es la explicación imaginativa que se en- cuentra en PRE 12,1. TgN traduce así Gn 2,15: «Y el Señor Dios to- mó a Adán y lo puso en el Jardín del Edén para cultivar la Ley y pa- ra guardar sus mandamientos», y 2 Hen ya decía que Dios había acotado un espacio dentro del Jardín del Edén para que Adán «guar- dara el compromiso y cumpliera el mandato (de la Torah)»; según TanjB Bereshit 25, Dios dijo: «Te puse en el Jardín del Edén para que trabajaras en la Torah y comieras del Árbol de la Vida»; según SDt 41, cultivar hace referencia al estudio, y guardar hace referencia a la ob- servancia de los mandamientos.

4. La rebelión de los ángeles por la envidia hacia Adán

La presencia del mal en el mundo es explicada desde antiguo por obra de los ángeles que se rebelaron contra Dios y fueron arrojados de los cielos a la tierra. Los ángeles caídos son los demonios y diablos, cuyo jefe es Satanás. Una primera versión de esta leyenda mítica se entrevé en Gn 6,1-4, donde los hijos de Dios dejan el cielo para ayuntarse con las hijas de los hombres 11 . Otra versión, ya en el Nuevo Testamento, habla de una lucha en el cielo entre los ángeles fieles capitaneados por Miguel y los ángeles rebeldes capitaneados por Satanás:

Se trabó una batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles iniciaron el combate contra el dragón. Y el dragón peleó y con él sus ángeles, y no pu- dieron resistir, y no se halló ya para ellos lugar en el cielo. Y fue precipita- do el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama Diablo y Satanás, el que seduce a todo el mundo; fue precipitado a la tierra, y sus ángeles fue- ron precipitados con él (Ap 12,7-10).

Más textos del Nuevo Testamento rememoran aquella precipita- ción de los ángeles al abismo:

11 Una versión ampliada, en 1 Henoc (etiópico) 6,1-7; 9,1-11: Azazel y Sem- yaza son los jefes de los ángeles rebeldes; Miguel, Uriel, Rafael y Gabriel son los que piden a Dios el castigo.

54
54

Tradiciones populares judías y musulmanas

Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, antes hundién- dolos en el tártaro los entregó en cavernas de tinieblas, reservándolos para el juicio (2 Pe 2,4).

Y a los ángeles que no mantuvieron su principado, antes abandona-

ron su propia morada, los reservó atados con cadenas eternas en el fondo

de las tinieblas para el juicio del gran día (Jds 6).

Y vi bajar del cielo un ángel que tenía la llave del abismo y una gran

cadena en su mano. Y cogió al dragón, la serpiente antigua, que es el dia- blo, y Satanás, y lo ató para mil años, y lo lanzó al abismo, y cerró, y pu-

so el sello por encima de él (Ap 20,1-3).

Y el diablo, que los seducía, fue arrojado al estanque de fuego y de

azufre (Ap 20,19).

Otras leyendas judías dicen que la rebelión vino porque parte de los ángeles sintió envidia por la creación de Adán. Se dice en Tosefta (tSot 6,5) que los ángeles servidores se unieron como un acusador ante Dios para quejarse por la creación de Adán. La historia la cuenta sucinta- mente PRE 13,1-2 bajo el título: «La envidia, la concupiscencia y la am- bición sacan al hombre del mundo», título que recuerda la sentencia de Sab 2,24: Por la envidia del diablo entró el pecado en el mundo:

Decían los ángeles servidores ante el Santo, bendito sea: «Señor de todos los mundos, ¿qué es el hombre para que te fijes en él? (Sal 144,3), es como un soplo (Sal 144,4), nada se le compara en el polvo (Job 41,25)». Él les respondía: «Así como vosotros me alabáis en las altu- ras, él proclama mi unicidad en la tierra. Y además, ¿podéis vosotros imponer los nombres a todas las criaturas?». Se pusieron, pero no pu- dieron. Inmediatamente Adán se puso e impuso los nombres a todas las criaturas, según está dicho: El hombre impuso nombres a todos los animales (Gn 2,20) (PRE 13,1).

La leyenda está ampliamente desarrollada en la patética confesión del diablo ante Adán que recoge la Vida latina de Adán y Eva. La ra- zón de la rebelión y la expulsión se especifica: cuando Adán fue crea- do a imagen de Dios, el arcángel Miguel obligó a todos los ángeles a adorar a Adán:

Adán en la tradición judía

55
55

El diablo entre lágrimas le replicó: «Adán, toda mi hostilidad, en-

vidia y dolor vienen por ti, ya que por tu culpa fui expulsado de mi glo-

ria y separado del esplendor que tuve en medio de los ángeles; por tu

culpa fui arrojado a la tierra». Adán le contestó: «¿Qué te he hecho o en qué está mi culpa, si no te había conocido?». Insistió el diablo: «¿Qué es-

tás diciendo? ¿Que no has hecho nada? Sin embargo, por tu culpa fui

arrojado. Precisamente el día en que fuiste formado me arrojaron de la

presencia de Dios y me expulsaron de la compañía de los ángeles, cuan-

do Dios inspiró en ti el hálito vital y tu rostro y figura fueron hechos a

imagen de Dios; cuando Miguel te trajo e hizo que te adorásemos de- lante de Dios, y dijo Dios: “He aquí que hice a Adán a nuestra imagen

y semejanza”. Entonces salió Miguel, convocó a todos los ángeles y dijo:

“Adora la imagen del Señor Dios”. Yo respondí: “No, yo no tengo por qué adorar a Adán”. Como Miguel me forzase a adorarte, le respondí:

“¿Por qué me obligas? No voy a adorar a uno peor que yo, puesto que soy anterior a cualquier creatura, y antes de que él fuese hecho ya había

sido hecho yo. Él debe adorarme a mí, y no al revés”. Al oír esto, el res- to de los ángeles que estaban conmigo se negaron a adorarte. Miguel me insistió: “Adora la imagen de Dios”. Y contesté: “Si se irrita conmigo, pondré mi trono por encima de los astros del cielo y seré semejante al Altísimo”. El Señor Dios se indignó contra mí y ordenó que me expul- saran del cielo y de mi gloria junto con mis ángeles. De este modo fui- mos expulsados por tu culpa de nuestras moradas y arrojados a la tierra.

Al

instante me sumí en el dolor, porque había sido despojado de toda

mi

gloria, mientras que tú eras todo mimos y alegrías. Por eso comencé

a envidiarte, y no soportaba que te exaltaran de esa forma. Asedié a tu

mujer y por ella conseguí que te privaran de todos tus mimos y alegrías, lo mismo que había sido yo privado anteriormente». Al escuchar estas

palabras, Adán gritó entre sollozos: «Señor Dios, mi vida está en tus ma- nos; haz que ese enemigo que intenta echar a perder mi alma se aleje de mí. Devuélveme, Señor, la gloria de la que fui expulsado». Y el diablo desapareció de su vista. Adán, por su parte, se mantenía en su peniten-

cia de cuarenta y siete días en el agua del Jordán (AdEvLat 12-17) 12 .

12 La rebelión por la envidia hacia Adán puede leerse también en 2 Hen (es- lavo) 11,73-76; cf. 3 Hen (hebreo) 4,6ss. La leyenda está en el Corán 2,34s; 7,10ss y 15,26-50 (cf. infra, «Adán en la tradición musulmana», pp. 174 y 180-182, donde es Iblís el jefe de los ángeles rebeldes).

56
56

Tradiciones populares judías y musulmanas

5. La creación de Eva

Dice la Biblia que Dios durmió a Adán, le tomó una costilla, y de la costilla hizo a la mujer. Alguien imaginó que la actuación divi- na constituyó un robo con nocturnidad, pues mientras Adán dormía le quitaron algo de su cuerpo. Así lo cuenta la siguiente historia:

Esta pregunta hizo una dama romana a Rabbí Yehosúa. Le pre- guntó: «Rabbí, ¿no fue su creación del mundo un caso de robo desde el principio? ¿Puede un rey robar de lo que es suyo?». Contestó él: «Te voy a poner un ejemplo. ¿A qué se parece esto? A un rey que constru- yó un gran palacio y lo rodeó de una muralla de hierro. Publicó un edicto diciendo: “A todo el que sea encontrado robando se le aplicará la sentencia”. Se levantó el rey por la noche y quitó un ladrillo de ba- rro colocando en su lugar uno de oro. Publicó entonces un edicto di- ciendo: “Cualquiera que sea encontrado extrayéndolo sabrá que se le aplicará la sentencia”. Y todo el mundo que veía el ladrillo lo alababa. Del mismo modo, cuando vio a Eva, el hombre dijo: ésta sí que es hue- so de mis huesos, etc. (Gn 2,23)» (ARN B, 8,8).

La creación de Eva tiene lugar para encontrar a Adán una ayuda similar a él (Gn 2,20). Las leyendas judías verán en esta creación tam- bién un modo de mostrar el Creador su unicidad indiscutida:

Mientras se paseaba (Dios) por el Jardín del Edén como uno de los ángeles servidores, el Santo, bendito sea, dijo: «Yo estoy solo en mi mundo y éste (Adán) está solo en su mundo. Delante de mí no hay fecundidad ni crecimiento, como tampoco hay fecundidad y creci- miento delante de éste. En el futuro podrían decir las criaturas: Pues- to que delante de él (Adán) no hubo fecundidad ni crecimiento, él es el que nos creó. No es bueno, pues, que el hombre esté solo; le haré un ayuda similar a él (Gn 2,18)». Rabbí Yehudah comentaba: «No leas similar a él, sino similar frente a él. Si fuere justa, le será de ayuda, pero si no, estará frente a él para oponérsele» (PRE 12,2).

La perspectiva de una procreación que provocara una superpo- blación motiva la protesta de la tierra:

Adán en la tradición judía

57
57

Tan pronto como la tierra escuchó esta forma de hablar, se diri- gió a su Creador con temor y temblor: «Señor de todos los mundos, yo no tengo capacidad para alimentar el rebaño de Adán». Le dijo el Santo, bendito sea: «Entre los dos alimentaremos el rebaño de Adán». Se repartieron la tarea: la noche para el Santo, bendito sea, y el día para la tierra. ¿Qué hizo el Santo, bendito sea? ¡Crear un sueño de vida! Adán se acostaba y dormía y Él era su alimento y su curación, su vida y su descanso, como está dicho: Dormía, entonces descansaba (Job 3,13) 13 . Y el Santo, bendito sea, sostenía la tierra y la regaba para que produjera sus frutos y diera alimento a todas las criaturas (PRE 12,3) 14 .

La creación de Eva completa la imagen y semejanza de Dios se- gún el designio de Gn 1,27: Creó Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, macho y hembra los creó. Algunas opiniones plantearon si el primer hombre era andrógino 15 , pero el plural los creó decidió la cuestión. La imagen y semejanza divina se ve en el soplo de vida que Dios puso en el hombre y en el hecho de que la pareja, ya varón –çya , ’yß– y hembra –hça, ßh–, llevan letras –hy, yh– del nombre divino Yhwh (YH es también abreviatura de Yhwh). Antes de la creación de Eva el hombre era sólo Adam, esto es, tierra –ada- mah–, que por asonancia con dam –sangre– connota debilidad 16 . Con la creación de Eva el hombre se completa:

Mientras estuvo solo su nombre fue Adán. Rabbí Yehosúa ben Qorjah decía: «Por razón de la carne y la sangre se le llamó Adán, pe-

13 El Salmo 3,6, Puedo acostarme y dormir y despertar: ¡Yhwh me sostiene!, ha inspirado al midrasista el sueño de vida que Dios crea para los hombres.

14 Texto paralelo en Crónicas de Yerahmeel VI,14.

15 Cf. GnR 8,1; ARN B 8,5; 37,1; etc. El Apocalipsis de Adán (ApAd 1,5:

«Nos convertimos en dos eones, y la gloria que había en nuestro corazón nos abandonó a mí y a tu madre Eva, junto con el conocimiento primero que nos ins- piraba interiormente») supone que el primer hombre fue creado andrógino, sien- do posteriormente dividido en dos; subyace la comprensión de la diferenciación sexual como pérdida del verdadero conocimiento, tema característico de cierto gnosticismo (cf. nota de G. Aranda Pérez a su traducción).

16 La expresión bíblica «carne y sangre» designa al hombre en su finitud y de- bilidad.

58
58

Tradiciones populares judías y musulmanas

ro desde que se le construyó la ayuda de la mujer se le llamó varón –’yß– y a ella mujer –ßh–». ¿Cómo hizo el Santo, bendito sea? Puso su nombre de YH entre los nombres de ellos diciendo: «Si camináis por mis caminos y guar- dáis mis preceptos, mi Nombre quedará intercalado en ellos y los sal- vará de cualquier desgracia. Pero si no es así, retiraré mi nombre de ellos y los dos se convertirán en fuego –ça , ß–. Y el fuego devora al fuego, como está dicho: Es fuego que devora hasta la destrucción (Job 31,12)» (PRE 12,3).

La tragedia puede sobrevenir a la pareja si abandonan el nombre de Dios, pues retiradas las dos letras divinas, varón y mujer quedan reducidos a ß, que significa «fuego», fuego devorador.

6. Las bodas de Adán y Eva

En la tradición judía, a las obras de la Ley u obras de justicia, hay que añadir las obras de misericordia que Dios realiza y el hombre de- be imitar. En todas las listas de las obras divinas de amor, la primera es la ayuda y homenaje a los jóvenes esposos. Dios cumplió esta obra singularmente cuando proporcionó vestidos para Adán y Eva y pre- paró la ceremonia nupcial:

Bendito sea el Nombre del Señor del mundo que nos enseñó su

recto camino. Nos enseñó a vestir a los desnudos cuando vistió a Adán

y a Eva. Nos enseñó a emparejar novios y novias cuando emparejó Eva

a Adán. Nos enseñó a visitar a los enfermos cuando se reveló en la vi-

sión de Mamré a Abraham cuando estaba enfermo por la circuncisión. Nos enseñó a consolar a los que hacen duelo cuando se reveló a Jacob de nuevo, al venir de Paddán, en el lugar donde había muerto su madre. Nos enseñó a alimentar a los pobres cuando hizo descender para los hi- jos de Israel pan de los cielos. Nos enseñó a enterrar a los muertos cuan-

do [la sepultura de] Moisés, pues se apareció junto a él en su Memrá acompañado de bandadas de ángeles servidores. Miguel y Gabriel ex- tendieron un lecho de oro incrustado con brillantes gemas, piedras preciosas y berilos, adornado con tapices de lana fina, sábanas de púr-

Adán en la tradición judía

59
59

pura y ropas blancas. Metatrón, Yopiel, Uriel y Yefehfiyá, maestros de sabiduría, lo colocaron sobre él. Y con su Memrá lo llevó cuatro millas y lo enterró en el valle frente a Bet Pe‘or para que cada vez que Pe‘or se levantase para recordar a Israel su pecado, mirase a la tumba de Moi- sés y se afligiese. Ningún hombre conoce su tumba hasta el tiempo del día de hoy (TgPsJ Dt 34,6) 17 .

El midrás desarrolla la lujosa ceremonia que Dios preparó a la primera pareja: diez baldaquinos de piedras preciosas, un coro de án- geles que bailan y tocan instrumentos musicales; y el mismo Dios ac- tuando como celebrante y los ángeles como los amigos del novio. La inspiración está en textos poéticos bíblicos, como Ez 28,12-14:

Diez baldaquinos hizo el Santo, bendito sea, para el primer hom- bre en el Jardín del Edén, todos ellos de piedras preciosas, perlas y oro. ¿No es verdad que para cada esposo no se hace más que un baldaqui- no y que para el rey sólo se hacen tres? Y, sin embargo, para honrar al primer hombre, el Santo, bendito sea, hizo diez baldaquinos en el Jar- dín del Edén, según está dicho: Estabas en el Edén, Jardín de Dios, re- vestido de toda clase de piedras preciosas: coralina, topacio y aguamarina, crisólito, malaquita y jaspe, zafiro, rubí y esmeralda; de oro afiligranado tus zarcillos y dijes, preparados el día de tu creación (Ez 28,13). ¡He aquí, pues, los diez baldaquinos! Los ángeles tocaban panderetas y bailaban como muchachas, según está escrito: El sonar de tus panderetas y flau- tas te acompañaba (ibíd.). Era el día en que el primer hombre fue crea- do, como está dicho: el día de tu creación (ibíd.). El Santo, bendito sea, decía a los ángeles servidores: «Venid y ejercitemos la misericordia con el primer hombre y su ayuda, pues el mundo se sostiene sobre el atributo de las obras de misericordia». De- cía el Santo, bendito sea: «Más queridas son las obras de misericordia que los sacrificios y holocaustos que en el futuro los israelitas pudie- ren ofrecerme sobre el altar, como así está dicho: Misericordia quiero y no sacrificio (Os 6,6)».

17 Sobre la muerte y sepultura de Moisés véase infra el Midraß Peirat Moßeh, en «Moisés en la tradición judía», pp. 165-169.

60
60

Tradiciones populares judías y musulmanas

Los ángeles servidores estaban, cual los amigos del novio, guar- dando los baldaquinos, como está dicho: Porque a sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en todos tus caminos (Sal 91,11). Tus cami-

nos no son otros que el camino de los esposos 18 . El Santo bendito sea, actuaba como el celebrante. ¿Qué hace el celebrante? Se pone en pie

y bendice a la novia bajo el baldaquino; pues de la misma manera el

Santo, bendito sea, se puso en pie y bendijo a Adán y a su ayuda, co- mo está dicho: Y Dios los bendijo (Gn 1,28) (PRE 12,4) 19 .

7. El pecado de Adán y Eva

Una alusión a un pecado de naturaleza sexual puede entreverse en la versión del Apocalipsis de Abraham:

Vi allí a un hombre de grandísima estatura y de anchura terrible, de un aspecto incomparable, que abrazaba a una mujer parecida a él en aspecto y estatura. Estaban de pie bajo un árbol del Edén. El fruto del árbol tenía la apariencia de un racimo de uvas. Tras el árbol había alguien con la apariencia de una serpiente: tenía brazos y piernas se- mejantes a los de un hombre, con alas en la espalda, seis a la derecha

y seis a la izquierda. Tenía en la mano un racimo del árbol. Tentaba a

los dos que yo había visto abrazados. Yo dije: «¿Quiénes son los dos que se abrazan, quién es el que está en medio, qué fruto es el que co- men, Poderoso Eterno?». Él respondió: «La (mala) inclinación de los hombres, ése es Adam; la concupiscencia de ellos en la tierra, ésa es Eva; y lo que hay entre ellos, la impiedad de su conducta hacia la per-

dición, es el mismo Azazel» 20 (ApAbr 23,3-8).

Expresamente Filón (De Opificio, 151-152) afirma que «era ne- cesario que el primer ser humano paladeara también algún infortu-

18 El midrasista tiene en cuenta Prov 30,19: El camino del varón pasa por la doncella.

19 Texto muy similar en Crónicas de Yerahmeel VII,1-2.

20 Azazel es un nombre del diablo, uno de los ángeles rebeldes que fueron arrojados al abismo.

Adán en la tradición judía

61
61

nio. El principio de la vida culpable llegó a ser para él la mujer ( ) El deseo engendra también el placer de los cuerpos, que es el princi- pio de actos injustos y transgresiones, a causa del cual se cambia la vi- da mortal y feliz por la mortal y desdichada». La envidia y los celos, causa de la rebelión de los ángeles, fueron también la causa de la tentación de la serpiente:

Rabbí Yehudah b. Batirah dice: Al principio estaba el primer hombre recostado en el Jardín del Edén y los ángeles servidores per- manecían a su lado asándole carne y refrescándole el vino. La serpien- te fue y lo vio, contempló su gloria y tuvo celos de él (ARN A 1,10).

En todas las leyendas la desobediencia de Adán y Eva viene in- ducida por el diablo, el jefe de los ángeles caídos. La versión griega de la Vida de Adán y Eva reproduce el diálogo previo del diablo y la ser- piente:

Y el diablo habló a la serpiente: «Levántate, ven hasta mí y te diré una cosa que te va a ser de provecho». La serpiente se llegó a él, y el diablo le dijo: «Se dice que eres más sagaz que todas las fieras, por eso he venido a aprender de ti. He llegado a la conclusión de que eres me- jor que todas las fieras y que éstas son amigas tuyas. Y, sin embargo, te prosternas ante la más pequeña. ¿Por qué comes de la cizaña de Adán y su mujer en vez del fruto del paraíso? Levántate, ven acá y ha- gamos que Adán sea arrojado del paraíso por medio de su mujer, co- mo nosotros fuimos arrojados por su culpa». Le contestó la serpiente:

«Temo que se enfade conmigo el Señor». El diablo intervino: «No te- mas. Conviértete sólo en un instrumento mío y yo hablaré por tu bo- ca una palabra con la que puedas engañarlo» (AdEvGr 16).

Según una leyenda, recogida en la misma obra (AdEvGr 7.17), el diablo aprovechó un momento en que Eva estaba sola: sus ángeles custodios habían subido al cielo para cumplir su servicio ante Dios. En la tradición targúmica el diablo tentador es Sammael, el ángel de la muerte, que Eva misma advirtió cuando vio venir a la serpiente (TgPsJ Gn 3,6). Este Sammael fue el padre de Caín: «Adán conoció a

62
62

Tradiciones populares judías y musulmanas

Eva, su mujer, que había concebido de Sammael, ángel del Señor, y concibió y dio a luz a Caín. Y dijo ella: “He adquirido por hombre al ángel del Señor”» (TgPsJ Gn 4,1) 21 . El midrás resalta la intervención de Sammael como venganza de los ángeles caídos contra Adán:

Cuando los ángeles servidores vieron a Adán, dijeron: «Si no nos conjuramos contra Adán para que peque ante su Creador, no podremos vencerle». Sammael era el más grande príncipe de los cielos: los vivien- tes y los serafines tenían seis alas, mientras que Sammael tenía doce alas. Tomó, pues, su ejército, descendió y pasó revista a todas las criaturas que el Santo, bendito sea, había creado, y no encontró ninguna tan in- teligente para hacer el mal como la serpiente, según está dicho: La ser- piente era el más astuto de los animales del campo (Gn 3,1); la serpiente (entonces) se asemejaba a una especie de camello; lo montó, pues, y ca- balgó sobre él. La Torah a gritos decía: «Oh Sammael, ¿cuando acaba de crearse el mundo es ya el momento de rebelarse contra el Omnipre- sente? Tan pronto como en lo alto se yerga el Señor de todos los mundos, se reirá del caballo y su jinete (Job 39,18)» (PRE 13,2).

El proceso de la tentación –Sammael > serpiente/camello > Eva

> Adán– está descrito con los tópicos populares y antifeministas: ser-

piente astuta, mujer necia, habladora y celosa 22 . ARN A 1,7 dice que,

ante la imposibilidad de acercarse a Adán, la serpiente se sentó junto

a Eva e inició una larga conversación 23 . Según la Vida de Adán y Eva

(versión griega), la serpiente se encaramó en los muros del paraíso, tomó la forma de un ángel (mientras los otros ángeles habían subido

21 Según el texto hebreo bíblico, las palabras de Eva pueden leerse como «He adquirido un varón, a Yhwh». La traducción aramea entiende que se trata de Caín, un ángel de Yhwh, puesto que el padre de Caín es el ángel caído Sammael. TanjB Bereshit 26-27 y GnR 20,11 y 24,6 recogen la leyenda de que espíritus noc- turnos (diablos y diablesas) venían a unirse a Adán y Eva durante los 130 años de abstinencia conyugal después de la muerte de Abel; cf. bErub 18b.

22 El tópico antifeminista reaparece repetidamente en los relatos de la crea- ción de Eva: GnR 17,8; ARN B 9,1;42,5; bQid 2b.

23 En la interpretación alegórica de Filón, la serpiente representa el placer y la corrupción, Eva es la sensibilidad y Adán es el intelecto (Legum III,49-65; cf. ibíd. II, 38-49.71-93).

Adán en la tradición judía

63
63

al cielo para su turno de adoración ante Dios) y habló a la mujer. La debilidad femenina de aceptar la conversación fue la puerta por don- de se coló la serpiente. Así lo detalla el midrás Pirqé de-Rabbí Eliezer:

La serpiente se hizo el siguiente razonamiento: «Si le hablo al hombre, sé que no me va a hacer caso, pues resulta siempre difícil sa- car a un hombre de sus casillas. Le hablaré, pues, a la mujer, cuyo jui- cio es más ligero, pues sé que ella me va a hacer caso: que las mujeres son dadas a escuchar a todas las criaturas, como está dicho: embauca- dora y no sabe nada (Prov 9,13)». Fue la serpiente y dijo a la mujer: «¿Es cierto que también voso- tros habéis recibido el mandato acerca de los frutos de este árbol?». «Efectivamente» –le respondió ella–. Así está dicho: Del fruto del árbol que está en medio del jardín (Gn 3,3). Por sus palabras encontró la ser- piente una puerta para colarse, y dijo: «Este mandamiento no demues- tra más que avaricia, pues en el momento en que comierais seríais como Dios. Igual que Él actúa creando mundos y destruyendo mundos, de la misma manera vosotros podríais crear mundos y destruir mundos; igual que Él da muerte y da vida, también vosotros podríais dar muer- te y dar vida» 24 . Fue la serpiente y tocó el árbol, y el árbol dijo a voz en grito: «¡Malvado, no me toques!» 25 . La serpiente dijo a la mujer: «Mira, que yo he tocado el árbol y no he muerto: también tú podrás tocarlo sin que mueras». Fue la mujer y al tocar el árbol vio al Ángel de la Muerte venir hacia ella. Exclamó: «Acaso yo muera ahora, y el Santo, bendito sea, hace otra mujer para dársela a Adán. ¡Tengo que hacerle comer conmigo! Que si morimos, muramos los dos, y si vivimos, viva- mos los dos» (PRE 13,3).

El proceso astuto de engaño y seducción está magistralmente descrito en la versión griega de la Vida de Adán y Eva 17-19. Los términos de la tentación de la serpiente a la mujer fueron discutidos entre los rabinos:

24 El midrasista introduce aquí la referencia a Gn 3,5: Pues sabe Dios que el

día en que comáis de aquél se abrirán vuestros ojos. 25 El midrasista introduce las citas de Sal 36,12-13, No me pisotee el pie del

soberbio [

]

Allí han caído los autores de iniquidad.

64
64

Tradiciones populares judías y musulmanas

Rabbí Yehosúa de Siknín dijo en nombre de Rabbí Leví: La ser- piente empezó a delatar a su Creador, diciendo: «De este árbol comió Él y entonces creó el mundo; así que os ha dicho: No comáis de él (Gn 3,3), para evitar que vosotros creéis otros mundos, pues toda la gente tiene envidia de los de su gremio».

Rabbí Yehudah ben Rabbí Simón dijo: Así argumentó la serpien- te: «Todo cuanto fue creado después que su compañero, domina sobre su compañero. Los cielos fueron creados en el primer día y el firma- mento en el segundo, ¿y no es éste el que sostiene a aquéllos? El fir- mamento fue creado en el segundo día y la vegetación en el tercero, ¿y no detiene ésta sus aguas? La vegetación fue creada en el tercero y las luminarias en el cuarto. Las luminarias fueron creadas en el cuarto y

Y vosotros habéis sido creados después de

las aves en el quinto (

todo lo demás para dominarlo todo. ¡Apresuraos a comer antes de que cree otros mundos que os dominen!». Por eso está escrito: Y vio la mu- jer que era bueno (Génesis 3,6). Ella vio como algo bueno las palabras de la serpiente (GnR 19,5).

)

8. El castigo del pecado

Consecuencia del pecado es la maldición divina a la serpiente (Gn 3,14-15), la nueva situación de dolor y sometimiento decretada para la mujer (Gn 3,16), la maldición de la tierra, el trabajo con fa- tiga y la muerte decretados para el hombre (Gn 3,17-18). Los tres de- cretos son desarrollados y enriquecidos en el midrás más popular. PRE 14,2 monta la escena como un solemne Tribunal de la Verdad donde el Juez de la Justicia y la Verdad se sienta y va llamando a los tres protagonistas a juicio. Cada relato tiene su especificidad.

a) El juicio a la serpiente

¿Qué maquinaba la serpiente en aquel momento? Pensaba: «Iré y mataré a Adán, tomaré a su mujer y seré rey del mundo entero. Ca- minaré erguida y comeré las cosas más exquisitas del mundo».

Adán en la tradición judía

65
65

Entonces le dijo el Santo, bendito sea: «Tú has pensado matar a Adán y tomar a Eva, por lo tanto pondré enemistad entre tú y la mujer (Gn 3,15). Has pensado ser rey sobre el mundo entero, por tanto mal- dita serás entre todos los animales (Gn 3,14). Has pensado caminar er- guida, por lo tanto sobre tu vientre caminarás (ibíd.). Has pensado co- mer todas las delicias del mundo, por tanto polvo has de comer todos los días de tu vida (ibíd.)» (ARN A 1,10) 26 .

La sentencia contra la serpiente es formulada de forma similar en las traducciones arameas. Targum PseudoJonatán la formula de for- ma que explica las características de la serpiente (en la imaginación popular), pero añade un desarrollo en la relación serpiente-mujer que tendrá gran importancia en la tradición judía, pues mientras la ser- piente sólo puede morder el talón y hacer enfermar a la descendencia de la mujer, esta descendencia pisará la cabeza de la serpiente y la ma- tará. La interpretación mesiánica es obvia:

Sobre tu vientre te moverás, tus patas serán cortadas, arrojarás tu piel una vez cada siete años, el veneno de la muerte estará en tu boca y comerás el polvo todos los días de tu vida. Pondré enemistad entre tú y la mujer, entre la simiente de tus hijos y la simiente de sus hijos, y su- cederá que cuando los hijos de la mujer guarden los mandamientos de la Ley, ellos apuntarán hacia ti y te golpearán en la cabeza 27 ; pero cuan- do abandonen los mandamientos de la Ley, tú apuntarás hacia ellos y los morderás en el talón 28 . Mas para ellos habrá remedio 29 y ellos ha- rán la paz en el futuro, en los días del Rey Mesías» (TgPsJ Gn 3,14-15).

Formulación similar, con algunos añadidos, se lee en Pirqé de- Rabbí Eliezer:

26 Texto muy similar en tSot 4,17-18, que expresamente dice: «Deseaste ma- tar a Adán y casarte con Eva, pero ahora enemistad pondré entre tú y la mujer (Gn 3,15)». La intención de la serpiente de casarse con Eva es aludida frecuentemen- te: GnR 20,5.

27 TgN añade: «y te matarán».

28 TgN añade: «y le harás enfermar».

29 TgN añade: «y para ti, serpiente, no habrá curación».

66
66

Tradiciones populares judías y musulmanas

Llevó a los tres a juicio y dictó contra ellos una sentencia de nue- ve maldiciones más la muerte: Derribó a Sammael y a su ejército de su lugar santo en los cielos; cortó las patas de la serpiente, la maldijo entre todas las bestias y animales; decretó contra ella que con gran do- lor había de mudar la piel una vez cada siete años, que se arrastraría por la tierra sobre su vientre; que en su vientre su comida se converti- ría en polvo; que hiel de víboras y muerte habría en su boca; puso odio entre ella y la mujer, los cuales (los hijos de la mujer) serán los que aplastarán su cabeza (PRE 14,3) 30 .

Continuando el desarrollo de la leyenda etiológica, la Vida de Adán y Eva añade:

No se te perdonará ni una oreja, ni un ala, ni uno solo de los miembros con los que los sedujiste en tu maldad e hiciste que fueran arrojados del paraíso (AdEvGr 26).

El hecho de que, según el texto bíblico, Dios no entabla ningún diálogo con la serpiente, no pasa desapercibido a los midrasistas, que encuentran la siguiente razón:

Con Adán entabló un diálogo, con Eva entabló un diálogo, pero con la serpiente no entró en discusión, pues dijo el Santo, bendito sea:

«Esta malvada serpiente tiene mucha labia. Si le digo algo me respon- derá: “Tú les has dado instrucciones y yo les he dado instrucciones. ¿Por qué han abandonado tus órdenes y han seguido las mías?”». Así que la afrontó sin más y emitió su veredicto sobre ella (GnR 20,2).

Una lamentación, acaso con humor, por la suerte de la serpien- te se deja oír en boca de un Rabbí:

Rabbí Simón ben Manasya dice: ¡Lástima que un gran sirviente se perdiera para el mundo! Porque si la serpiente no hubiera caído en des- gracia, cada hombre de Israel habría podido tener dos serpientes en su

30 Véase infra («Adán en la tradición musulmana», p. 201).

Adán en la tradición judía

67
67

casa, una para enviarla a occidente y otra para enviarla a oriente. Ellas habrían traído buenas ágatas, piedras preciosas, perlas y toda clase de objetos deseables y hermosos que hay en el mundo. Ninguna criatura humana hubiera podido causarles daño. Y no sólo eso, además habrían podido ser adiestradas –en vez de los camellos, asnos y mulas– para el transporte de fertilizantes para jardines y huertos (ARN A 1,10).

b) El juicio a Eva

A la mujer impuso nueve maldiciones más la muerte: los dolores de la sangre de su menstruación y de la sangre de su virginidad; los do- lores del embarazo y del parto; los dolores de criar los hijos; la cabeza cubierta como el que lleva luto; agujereó su oreja como esclavo per- petuo y como sierva que está para servir a su marido y no es aceptada entre los testigos. Y después de esto, la muerte (PRE 14,4).

La sentencia es una explicación etiológica de la fisiología de la mujer y madre, y de su valoración social en la sociedad de la anti- güedad: los cabellos al aire serían signo de mujer frívola; la oreja agu- jereada es señal que marca a los esclavos (Ex 21,6; Dt 15,17); la in- validez del testimonio de la mujer en los procesos judiciales está legislada en la Misnah (mShebu 4,1, mRH 1,8). El dominio y supe- rioridad del varón sobre la mujer viene ejemplificado por Rabbí Yo- sé ha-Gelilí con una anécdota expresiva: había una dama muy rica ca- sada con un pobre hombre de escasos recursos, y el hombre pobre mostró a los sabios un candelabro de oro sobre el que brillaba una lámpara de barro; la mujer era el candelabro rico que sostenía y so- bre el que brillaba la luz del hombre pobre (GnR 20,3). Por lo demás, los rabinos notaron (GnR 20,6) que en la Biblia Dios habló directamente con mujeres muy excepcionalmente: sólo con Eva y con Sara (Gn 18,15); a otras mujeres, como Agar (Gn 16,13) y Rebeca (Gn 25,23), Dios habría hablado por medio de un ángel.

68
68

Tradiciones populares judías y musulmanas

c) El juicio a Adán

Sacó a Adán y decretó contra él nueve maldiciones más la muer- te: disminuyó su fuerza por la impureza de la polución y disminuyó su estatura 31 por la impureza del coito; siembra trigo y recoge espi- nas 32 ; hierba del campo es su comida, como la de los animales 33 ; ob- tiene su pan con ansiedad y su sustento con sudor. Y después de todo esto, la muerte (PRE 14,5).

La expulsión del paraíso rompió la paz idílica con todos los ani- males y entre todos los animales:

En aquel día quedaron mudas las bocas de todas las bestias, ani- males, pájaros, sabandijas y reptiles, pues hablaban todos, unos con otros, en un mismo lenguaje e idioma. Dios expulsó del Jardín del Edén a todo mortal que allí había: todos fueron dispersados, según sus espe- cies y naturaleza, hacia el lugar que se les había creado (Jub 3,28-29).

Se cuenta que Adán, antes de salir del paraíso, pidió a Dios co- mer la fruta del árbol de la vida, pero Dios no se lo permitió, aunque le prometió la resurrección futura:

Pero el Señor replicó a Adán: «No podrás tomarla ahora, ya que está encomendada a los querubines para que la guarden, por tu culpa, con la espada de fuego desenvainada, no vaya a ser que la pruebes y te

31 Dios había creado al hombre con una estatura que llenaba el mundo (cf. PRE 11,2, supra, p. 52).

32 Jr 12,13.

33 Gn 1,29-30 señala que Dios permitió al primer hombre y a los animales co- mer sólo productos de la tierra; parece señalarse así la armonía entre el hombre y las bestias del campo (cf. Sal 8,7-9). Sólo la generación posterior al diluvio cono- cerá el enfrentamiento con los animales del campo y las aves del cielo y obtendrá el permiso para alimentarse de carne (Gn 9,2-3). Escribe J. TREBOLLE: «Adán y la humanidad que él representa asumen el señorío de los animales, privativo antes de los dioses y luego de los reyes, en un proceso de “democratización” similar al ocu- rrido a propósito de la imago Dei» (Imagen y palabra de un silencio, p. 71).

Adán en la tradición judía

69
69

hagas inmortal para siempre. Al contrario, tendrás la guerra que el enemigo ha puesto en ti. No obstante, cuando salgas del Paraíso, si te guardas de todo mal como quien está dispuesto a morir, cuando ocu- rra de nuevo la resurrección, te resucitaré y entonces se te dará del ár- bol de la vida y serás inmortal para siempre» (AdEvGr 28).

Entonces Adán pidió a los ángeles que le permitieran llevarse al- gunas plantas aromáticas del paraíso –pues el paraíso era el país de los perfumes (1 Hen 28–32)–, lo que Dios aceptó, y Adán recogió aza- frán, nardo, cálamo aromático, cinamomo y otras semillas para su subsistencia (AdEvGr 30). Una antigua tradición, ya presente en el li- bro de los Jubileos, dice:

Y el día en que salió del Jardín, ofreció Adán un buen sacrificio aromático, perfume de incienso, gálbano, mirra y nardo, por la maña- na cuando salía el sol, el día en que cubrió sus vergüenzas (Jub 3,26).

Las especies aromáticas del Jardín del Edén han pasado al fol- clore del sábado en la vida judía hasta hoy: como a Adán, también a los judíos de hoy, la naveta de especies aromáticas que se bendice el sábado recuerda la fragancia del paraíso perdido que Adán ofreció en su primer sábado. Otra consecuencia de la expulsión del Paraíso, que aún se re- cuerda hoy en algunas comunidades judías, fue la pérdida de los ves- tidos primitivos de Adán y Eva. Atendiendo al texto bíblico, a las tra- ducciones arameas y al midrás Pirqé de-Rabbí Eliezer, Adán y Eva cuando fueron creados vestían vestiduras de ónice (TgPsJ Gn 3,7.21); al verse desnudos, se cubrieron con hojas de higuera (Gn 3,7); final- mente Dios hizo para la pareja túnicas de piel (Gn 3,21) o de gloria (TgOnq, TgN y TgPsJ). Estas túnicas de gloria, según TgPsJ, prove- nían de la piel que se había quitado a la serpiente. La diversidad de interpretaciones se explica por evitar la traducción literal de Gn 3,21, «túnicas de piel», lo que implicaba que Dios habría tenido que matar algún animal para propocionar vestido al primer hombre; por eso se produce la interpretación de «piel» –‘or– por «luz» –’or–, ambas pala- bras de pronunciación muy similar (de donde «vestidos de gloria, res-

70
70

Tradiciones populares judías y musulmanas

plandecientes»), o la de PsJ, recurriendo a la piel que había mudado la serpiente. Probablemente los vestidos de ónice y los de gloria ha-

cían referencia en principio a los únicos vestidos que Dios procuró a

la

pareja (Gn 3,21), después diversificados en los de antes del pecado

y

los de después del pecado. En GnR 20,12, Rabbí Yisjaq el Mayor

dice que las vestiduras con que Dios vistió al hombre y la mujer eran «lisas como una uña y preciosas como una perla». La síntesis de Pirqé de-Rabbi Eliezer identifica ónice y uña:

¿Cuál era el vestido del primer hombre? Una piel de ónice y una nube de gloria lo cubría. Mas cuando comió de los frutos del árbol, fue desvestido de su piel de uña y se vio a sí mismo desnudo, al tiem- po que la nube de gloria levantándose se alejaba de él, según está di- cho: ¿Quién te ha dicho que estabas desnudo? ¿A que has comido del ár- bol que te ordené no comieras? (Gn 3,11) (PRE 14,2).

Adán, expulsado del Paraíso al terminar el día sexto en que fue creado, es el primero de los hombres en vivir el sábado, y entre los ri- tos que realiza está el encender fuego y extender las manos y mirarse las uñas (PRE 20,1-2; GnR 12,6) para recordar la gloria que le cubría en el Paraíso y los vestidos de ónice que llevaba. Tales gestos aún se recuerdan en el ritual de la Habdalah –la despedida del sábado– cuando las luces se encienden y en algunas comunidades se danza al- zando las manos y contemplando las uñas 34 .

9. Conversión y muerte de Adán y Eva

La versión latina de la Vida de Adán y Eva 4-8 cuenta detenida- mente la penitencia que hizo la pareja: Adán estuvo en el Jordán cua- renta y siete días sobre una piedra, sacando fuera del agua sólo la ca-

34 La tradición musulmana recuerda igualmente el vestido original del pri- mer hombre, como de uña, del que sólo ha quedado un vestigio en la yema de los dedos (cf. infra, «Adán en la tradición musulmana», p. 196, la tercera de las diez penas impuestas a Adán). Véase M. PÉREZ FERNÁNDEZ, «Targum y Midrás sobre Gn 1,26-27; 2,7; 3,7.21. La creación de Adán», en TgPsJ y PRE.

Adán en la tradición judía

71
71

beza; y Eva hizo lo mismo en el Tigris durante cuarenta días. El ex- traño rito se explica porque no sabían qué era la penitencia y cómo debían convertirse; recurrieron, pues, a la primaria experiencia puri- ficadora del agua. De forma más sucinta Pirqé de-Rabbí Eliezer reco- ge la leyenda:

El primer día de la semana, Adán se metió en las aguas del Gui- jón superior hasta que le llegó el agua al cuello, y durante siete sema- nas de días estuvo mortificándose hasta que su cuerpo quedó como una especie de cedazo. Decía Adán delante del Santo, bendito sea:

«Señor de todos los mundos, ten a bien apartar de mí mi pecado y acepta mi conversión, y todas las generaciones aprenderán que hay conversión y que tú aceptas la conversión de los que se convierten». ¿Qué hizo el Santo, bendito sea? Extendió su mano derecha y le apartó su pecado y aceptó su conversión, como está dicho: Te mani- festé mi pecado, no te encubrí mi delito, propuse: «confesaré, Yhwh, mi culpa», y Tú perdonaste mi culpa y mi pecado (Sal 32,5) (PRE 20,3).

Viéndose cercano a la muerte, Adán, que ya en el Paraíso se de- dicaba a estudiar la Torah, se puso a meditar sobre el texto de Job 20,33, Ya sé que me devuelves a la muerte, a la casa de reunión de todos los vivientes:

Decía Adán: «Mientras estoy en el mundo me construiré un se- pulcro para mi reposo fuera del monte Moria». Y comenzó a tallar y a construirse el sepulcro para su reposo. Decía Adán: «Si ante las Tablas de la Ley, que serían escritas por el dedo del Santo, bendito sea, ha- bían de huir las aguas del Jordán 35 , tanto más ante mi cuerpo, que él amasó con sus dos manos y en cuyas narices sopló con el aliento de su boca. Después de mi muerte vendrán a cogerme a mí con mis huesos para hacerse una especie de ídolo, pero yo voy a hundir mi ataúd has- ta lo más hondo de la cueva y hasta lo más profundo de la cueva» 36 .

35 Josué cruzó las aguas del Jordán llevando el Arca de la Alianza: Jos 3–4. 36 Relato etiológico para explicar el nombre de Makpela. La etimología po- pular la considera de la raíz kpl, «duplicar o doblar». Las leyendas cristianas situa- rán el sepulcro de Adán en el Calvario.

72
72

Tradiciones populares judías y musulmanas

Por eso precisamente se llama la Cueva de Makpela, porque es do- ble. Allí fueron puestos Adán y Eva, Abraham y Sara, Isaac y Rebeca, Jacob y Lea. Y por eso precisamente se llamó Qiryat Arba 37 , porque en esa cueva fueron enterradas las cuatro parejas. Sobre ellas la Escritura dice: Entrarán en la paz, reposarán sobre sus lechos los que prosiguen su recto camino (Is 57,2) (PRE 20,3).

37 Etimología popular, que puede leer «Ciudad de cuatro».

Abraham en la tradición judía

I. ABRAHAM EN LA BIBLIA

Abram 1 es el patriarca de un clan arameo al que Dios sacó de su tierra, Ur de los Caldeos, para llevarlo a Canaán, con la promesa de una descendencia numerosa (Gn 15,5) 2 y la posesión en propiedad de la tierra de Canaán (Gn 15,7.18). Las dos promesas son de difícil cumplimiento. Los vectores guías de toda la historia son:

a) la fe en Dios, siempre cercano (Shekinah) 3 desde el primer

llamamiento a través de las sucesivas apariciones;

b) la promesa de la posesión de la tierra de Canaán;

c) la promesa de una descendencia numerosa.

Los tres vectores sufren imprevistas dificultades («las pruebas de Abraham», según la tradición posterior). Pero finalmente todas las di- ficultades son superadas. En los rasgos personales de Abraham sobre- salen: el monoteísmo pacífico 4 , la fe y obediencia incondicional a Dios, y su hospitalidad.

1 El padre es Téraj; sus hermanos, Najor y Harán; su esposa es Saray; su so- brino es Lot.

2 Para expresar la realización de la promesa, Dios cambia el nombre de Abram por Abraham, «padre de muchos pueblos» en etimología popular (Gn 17,5).

3 Shekinah significa la presencia divina (de la raíz hebrea ßkn, que denota ve- cindad). Se usa para evitar pronunciar el Nombre de Dios pero, al mismo tiem- po, para señalar su cercanía.

4 Tal monoteísmo no quiere decir «Yahwismo». El Dios de Abraham es el Dios del clan, al que rinde culto sin problema en el santuario cananeo de Bet-El, «casa de Dios». No es un Dios celoso y guerrero. La guerra de Abraham en Gn 14

74
74

Tradiciones populares judías y musulmanas

En la reelaboración por la que las viejas leyendas pasaron hasta la redacción final, se aprecia una judaización progresiva del persona- je: la circuncisión como identidad del clan, el culto a Yhwh, el apar- tamiento de personajes/clanes (Lot y sus descendientes, moabitas y ammonitas; y, sobre todo, Ismael). Como resultado queda la línea ge-

> Téraj > Abra-

nealógica que contempla la Biblia: Noé > Sem [ ham > Isaac > Jacob/Israel > Judá.

]

II. ABRAHAM EN LA TRADICIÓN JUDÍA EXTRABÍBLICA

Las leyendas judías posteriores han articulado la vida de Abra- ham en torno a las diez pruebas a que Dios lo sometió. De todas ellas salió victorioso por su fe inquebrantable en el Dios Único: la prime- ra prueba fue el acoso al que Nimrod lo sometió; la segunda prueba fue el ser arrojado a un horno de fuego; la tercera, tener que salir de su casa y de su tierra; la cuarta, la hambruna que le hizo bajar hasta Egipto; la quinta, ver cómo su esposa Sara fue tomada por el Faraón; la sexta, la guerra que Amrafel y sus reyes coaligados entablaron con- tra él; la séptima, la visión de los cuatro reinos; la octava, someterse ya en la ancianidad al rito de la circuncisión; la novena, tener que despedir a Agar e Ismael; la décima y suprema prueba fue aceptar el sacrificio de su propio hijo Isaac 5 . Abraham es el hombre fiel: «Dijo Satanás ante Él: “Señor de to- do el mundo, he recorrido todo el mundo y no he encontrado a na- die como tu siervo Abraham, pues le dijiste: Levántate, recorre el país a su largo y a su ancho, pues a ti te lo daré (Gn 13,17); pero cuando bus-

no es una guerra santa en nombre de Dios. Los conflictos son siempre soluciona- dos mediante pactos. 5 En la selección que hacemos, no seguimos el orden de las pruebas de Abra- ham, pero sí pueden apreciarse las referencias a las pruebas 1-3 (Nacimiento y ju- ventud de Abram. Abram y Nimrod); a la pueba 6 (Abraham y Lot); a las pruebas 5 y 9 (Abraham, sus mujeres [Sara y Agar] e hijos [Ismael e Isaac]); a la prueba 10 (El sacrificio de Isaac). Hemos insertado además las leyendas sobre el Proselitismo de Abraham en Jarán y sobre la Muerte de Abraham.

Abraham en la tradición judía

75
75

caba dónde enterrar a Sara y no encontraba lugar para la sepultura, no se rebeló contra tus caminos”» (bBB 16a). Abraham era «el “amigo de Dios”»: Is 41,8; Dn 3,35; 2 Cr 20,7; Sant 2,23; Cor. 4,125.

1. Nacimiento y juventud de Abraham

Como la mayoría de los personajes importantes de la antigüe- dad, el nacimiento de Abram fue previamente anunciado; así en Li- ber Antiquitatum Biblicarum:

Ragau (Reú) tomó por mujer a Melca, hija de Rut, que dio a luz

a Seruc. Al llegar el día del parto dijo: «De éste nacerá, a la cuarta ge- neración, el que ponga su morada en las alturas; lo llamarán perfecto

y sin mancha, será padre de pueblos, su alianza no vendrá a menos, y su descendencia se multiplicará por siempre» (LAB 4,11).

En el Libro de los Jubileos la leyenda del nacimiento se inserta en una plaga de cuervos que comían las semillas de la sementera:

(11) El príncipe Mastema 6 envió cuervos y aves a comerse la se- milla que se plantaba en la tierra, para destruirla, para robar al género humano su esfuerzo: sin cultivar semilla, la cosechaban los cuervos de la faz de la tierra. (12) Por eso le puso su padre (Najor) el nombre de Tare 7 , pues los cuervos y las aves los reducían a la miseria, comiéndo- se su sementera. (13) Los años comenzaron a ser infructíferos a causa de las aves, que se comían incluso todos los frutos de los árboles en los bosques: a duras penas pudieron salvar un poco de todo el producto de la tierra en aquel tiempo. (14) En el jubileo trigésimonono, en el segundo septenario, en su primer año, tomó Tare por esposa a una mujer, de nombre Edna, hija de Abrán y de su tía. (15) y en el año sép-

6 El jefe de los demonios o ángeles rebeldes. Cf. supra, «Adán en la tradición judía», pp. 53-55. 7 Significa «Miseria»; del arameo tera‘, «quebrar». En la Biblia es Téraj, pa- dre de Abraham. En los escritos antiguos los nombres bíblicos sufren diversas al- teraciones según la pronunciación de la lengua en que están escritos.

76
76

Tradiciones populares judías y musulmanas

timo de este septenario, le parió un hijo, al que puso de nombre Abrán, como el padre de su madre, pues había muerto antes de que concibiese su hija (Jub 11,11-15).

Desde niño Abram aprendió a escribir, se separó de la idolatría de su padre y comenzó a practicar el culto al Creador. Su primer pro- digio, a los 14 años, fue ahuyentar la plaga de los cuervos y la inven- ción del arado para enterrar las semillas y evitar que las comieran los cuervos:

(16) El niño comenzó a conocer el error de la tierra, que todos erraban tras esculturas y abominación. Su padre le enseñó la escritura cuando tenía dos septenarios, y se separó de su padre para no adorar ídolos con él. (17) Comenzó a orar al Creador de todo, para que lo sal- vase del error de los hombres y no le tocase en suerte errar tras impu- reza y abominación. (18) Llegó la época de la sementera en el país, y salieron todos juntos a guardar sus simientes de los cuervos. Abrán sa- lió con los demás, siendo entonces un niño de catorce años. (19) Una nube de cuervos vino a comerse la simiente, y Abrán corrió hacia ellos, antes de que bajaran a tierra. Les gritó así antes de que se posaran a co- merse la simiente: «No bajéis, volveos al sitio de donde salisteis», y die- ron la vuelta. (20) Aquel día se volvieron setenta nubes de cuervos, no quedando ni uno en todos los campos donde estuvo Abrán. (21) Cuantos estaban con él en los campos, veían que gritaba y que los cuer- vos se retiraban, por lo cual adquirió gran fama en toda la tierra de Cal- dea. (22) Fueron a él en este año todos los que sembraban, y los estu- vo acompañando hasta terminar la sementera. Sembraron sus tierras, cosecharon aquel año alimento suficiente y comieron hasta hartarse. (23) En el año primero del quinto septenario, Abrán enseñó a los carpinteros que hacían aperos para el ganado a hacer un instrumento delante del bastidor sobre la tierra, para echar por él la semilla. Ésta ba- jaba dentro de él a su surco y se ocultaba en tierra, no teniendo ya que temer a los cuervos. (24) Hicieron así en todos los bastidores de arado por encima de la tierra; sembraron y labraron los campos como les or- denó Abrán y ya no tuvieron que temer a las aves (Jub 11,16-24).

La tradición rabínica acentúa las cualidades prodigiosas del niño:

a los tres años ya reconoció a su Creador, según el midrás Ester Rabbah:

Abraham en la tradición judía

77
77

R. Janina y R. Yojanán dijeron unánimes: Tres años tenía Abram

cuando conoció a su Creador, según está dicho:

Abraham escuchó mi voz (Gn 26,5), esto es, 172 –‘qb– (años) Abraham estuvo escuchando la voz de su Creador, y los años totales de su vida fueron 175 (EstR 6,3) 8 .

porque –‘eqeb–

Los emparejamientos de Abram y sus hermanos están conta- dos en el Libro de los Jubileos siguiendo la tradición bíblica: (Jub 12,9-11). El enfrentamiento de Abram con su padre y sus herma- nos por causa de la idolatría 9 lo cuenta detenidamente el Libro de los Jubileos:

(1) En el sexto septenario, en su séptimo año, dijo Abrán a Tare:

«Padre». Éste respondió: «Heme aquí, hijo mío». (2) Prosiguió Abrán:

«¿Qué auxilio y utilidad nos reportan estos ídolos que adoras y ante los que te prosternas? (3) No tienen espíritu, ya que son mudez y extravío de la mente. No los adores. (4) Adora al Dios del Cielo, que hace bajar el rocío y la lluvia sobre la tierra. Él hace todo en ella, ha creado todo con su voz, y de él procede toda vida. (5) ¿Por qué ado- ráis a quienes carecen de espíritu y son obra de manos? ¡Los lleváis so- bre vuestros hombros, sin que os proporcionen más ayuda que la gran pérdida de los que los hacen y el extravío de las mentes de los que los adoran! No los adoréis». (6) Respondió su padre: «Yo también lo sé, hijo mío; pero ¿qué puedo hacer con este pueblo que me ordena ser- virlos? (7) Si les digo la verdad, me matarán, pues sus espíritus están apegados a su adoración y alabanza. Cállate, hijo mío, no sea que te

8 La curiosa argumentación se basa en considerar la conjunción ‘eqeb, «por- que», por su valor numérico de 172, como complemento temporal, y, puesto que Abraham vivió 175 años (Gn 25,7), puede deducirse que a los tres años ya había comenzado a escuchar la voz de su Creador. La misma tradición en TanjB a Gn 12,1 (Lek-leka 4, y Wayyigash 12). En GnR 30,8 se dice que conoció a su Creador a los 48 años; otras tradiciones lo llevan a los 10 años. Según el Talmud de Babi- lonia bNed 32a