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Fue en 1997 cuando Parmalat saltó al mundo financiero, obteniendo varias adquisiciones

internacionales, especialmente en el hemisferio Este, pero con deudas. Pero en el 2001, muchas
de las nuevas divisiones corporativas y gubernamentales de la empresa empezaron a perder
dinero.

En febrero del año 2003 el Contador Oficial Ejecutivo, Fausto Tonna de improvisto anunció una
nueva edición de bonos de 500 millones de euros. Esto fue una sorpresa tanto para el gerente,
Tanzi, y para toda la compañía. Tanzi despidió a Tonna y lo reemplazó con Alberto Ferraris.

El 11 de noviembre del 2003, Parmalat se desplomó en bolsa más de un ocho por ciento, hasta
2,37 euros, después de que su auditor, Deloitte & Touche, se negara a aprobar las cuentas del
primer semestre. Deloitte expresó serias dudas sobre la transparencia y la corrección de las
cuentas de su cliente.

Parmalat ha utilizado durante años la colocación de acciones y bonos convertibles en paraísos


fiscales para financiar docenas de adquisiciones en todo el mundo. Entre 1993 y 2002 sus ventas
se incrementaron un 410% y sus beneficios alcanzaron una cifra récord. El escándalo estalló
cuando a finales de noviembre, la empresa reconoció que no podía garantizar la liquidez de una
inversión de 496,5 millones de euros en un fondo de inversión de las Islas Caimán. Este hecho
provocó la dimisión del director financiero de la compañía, Fausto Tonna.

El fraude se cometió con medios muy sencillos: control de la correspondencia de los auditores,
recibos bancarios falsificados con un scanner y una fotocopiadora y cambios de domicilio social,
para no tener que cambiar de auditor, como exige la ley italiana, con lo cual era más sencillo
engañar al auditor tradicional, que continuaba haciendo su trabajo con la despreocupación nacida
de la confianza ganada con una documentación uniforme e históricamente falsa. Las cifras de la
falsificación del balance fueron de 14.000 millones de euros de activos inexistentes, compensados
con la misma cantidad de créditos bancarios, obligación y fondos propios perdidos por todos los
que han confiado en la empresa. La empresa falsificaba sus balances desde hacía 15 años al
parecer con la complicidad de un grupo de bancos nacionales e internacionales (según los fiscales
que investigan el caso), que contribuían a disimular las pérdidas y disfrazar las inversiones con
complejos esquemas y de una estructura estable de ejecutivos leales a Tanzi, quien reinaba con
estilo patriarcal.

Parmalat, estaba inmerso en un escándalo tras reconocer un "agujero" contable en su filial Bonlat,
con sede en Islas Caimán, de 4.000 millones de euros pero que, según otras fuentes, alcanza en
realidad entre 7.000 y 9.000 millones. La mecha la encendió la entidad financiera estadounidense
Bank of America, al negar la autenticidad de un documento que garantizaba la existencia de 3.950
millones de euros en una cuenta de una compañía “off-shore”, Bonlat.

Durante sus años como director financiero de Parmalat, Fausto Tonna fue el principal creador de
la trama ilegal por orden de Calisto Tanzi, que ahora intenta dejarle con un muerto en las manos
negando haber dado orden de destruir la contabilidad B y los computadores utilizados para
falsificar las cartas de Bank of America que certificaban depósitos de 3.950 millones de euros a
favor de Bonlat en las Islas Caimán. Al parecer, un contador del grupo interrogado por los fiscales
milaneses, confesó que habían utilizado un escáner para copiar el logotipo de Bank of America y
falsificar el documento en el que se acreditaban los 3.950 millones de euros. El Bank of America
presentó en los tribunales de Milán una demanda contra la firma italiana por falsificación en
escrito privado.

Mientras, los títulos de la compañía suspendieron su cotización en la Bolsa de Milán a la vez que se
hizo efectiva su exclusión del MIB 30, principal índice de la bolsa italiana, las acciones de Parmalat
perdieron en la Bolsa de Milán un 63,33%, situándose en los 0,11 euros. El 11 de noviembre del
2003, fecha del desencadenamiento de la crisis, el valor de las acciones de Parmalat al cierre era
de 2,37 euros.

Principales responsables del fraude de Parmalat

El principal participe de estas acciones fraudulentas fue el dueño y fundador de la misma Calisto
Tanzi, gracias al afán de expansión, siendo este la persona que daba las ordenes, pero al igual que
este, otras personas involucradas en el caso, quienes hacían cumplir esas ordenes y ayudar a
esconder los grandes agujeros que existían en los libros contables de las numerosas compañías de
Parmalat. Entre ellos están los siguientes:

Fauto Tonna, el ex financiero quien esta considerado como el cerebro de las operaciones, y jugo
un papel importante en el encubrimiento de las perdidas. - Giovanni Bonici, antiguo presidente de
la filial en Venezuela, quien contribuyo a la falsificación de las cuentas. - Luciano del Soldado,
antiguo jefe de auditoria y ex director financiero, quien ayudo a montar el sistema para desviar
fondos a paraísos fiscales. - Gianfrancco Bocchi y Claudio Pessina, quienes eran los dos auditores
internos, falsificando cuentas y supuestos documentos enviados por el Bank Of America. - Lorenzo
Penca, presidente de Gran Thornton, auditaba la unidades que son el centro de investigación por
fraude, con grandes influencias en la creación de la red de fraude. - Mauricio Bianchi, asesor para
ocultar sus pérdidas, y por ultimo, Gianpaolo Zini, el abogado y confidente de Tanzi.