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Comenzaremos afirmando algo que probablemente os sorprenderá.

En todas las
corrientes que trabajan a favor de una alimentación más sana se habla de lo
pernicioso de los aditivos, los contaminantes o los pesticidas. Pero la toxicidad de
estos es ridícula en comparación con la del azúcar, sobre todo por el abuso que de
ella se hace.

La palabra azúcar tiene dos significados:

1- el popular, esa materia blanca o marrón extraída a partir de la caña o de la


remolacha, cuyo único componente químico son moléculas de sacarosa (glucosa
condensada con fructosa).

2- los azúcares, palabra que se utiliza para designar a todas las moléculas
formadas por unidades de glucosa y/o fructosa presentes en los alimentos y que
reciben distintos nombres dependiendo de su estructura química, por
ejemplo,fructosa (presente en la fruta), lactosa (en la leche), glucosa (en la sangre
y en las uvas), almidón (en las patatas y cereales).

Estos dos significados no deben confundirse, pues para nuestro organismo no es lo


mismo comer sacarosa pura o cualquier otro azúcar puro, que consumir un
alimento que lo contenga.

Muchas personas consumen cantidades excesivas de azúcar sin ser conscientes de


ello y con total desconocimiento de sus peligros. Lo encontramos en las chucherías,
las bebidas refrescantes, la bollería, los productos de pastelería, en los panes de
molde, en las salsas preparadas, en los "cereales" del desayuno, en las conservas,
en los embutidos, etc. La televisión, las revistas y los anuncios se encargan de
ensalzar sus virtudes, silenciando la interminable lista de sus inconvenientes. Nos
enloquece su sabor, nos sentimos eufóricos al llenarse nuestra sangre de glucosa,
nos quita el hambre y nos da energía. Frente a tan enorme cara hay un silenciado
enorme dorso.

El azúcar y las deficiencias de vitaminas y minerales: los nutrientes que


acompañan a la sacarosa en la remolacha o la caña, son las herramientas que esta
necesita para ser metabolizada. El organismo tendrá que "robarlos" de otros
alimentos o de los propios tejidos creando un déficit de vitaminas especialmente del
grupo B, de minerales (sobre todo de magnesio) y de oligoelementos.

El azúcar y los huesos: El azúcar produce al metabolizarse residuos ácidos para


cuya neutralización sale el calcio de los huesos y dientes. Los huesos se debilitan y
nos conducen con los años a la tan temida osteoporosis. Las golosinas no sólo
producen caries por contacto directo con los dientes, sino que también "trabajan"
en silencio desde dentro.

El azúcar y las infecciones: Una dieta rica en azúcares favorece la infección por
parte de levaduras (por ejemplo la cándida albicans), bacterias y parásitos. La
simple supresión del azúcar refinado permite a menudo terminar con las infecciones
reincidentes o crónicas.

El azúcar y los lípidos: Cuando tomamos azúcar o productos elaborados con ella,
ingerimos muchos carbohidratos en muy pequeño volumen. Esto nos permite
introducir en nuestro estómago cantidades enormes de materiales calóricos en
exceso, abocados a ser almacenados en forma de grasa corporal. Con el exceso de
dulces no sólo vemos cómo sube la aguja de nuestra báscula, sino también el
colesterol y otros lípidos de la sangre aumentarán haciéndonos candidatos de las
enfermedades cardiovasculares.
El azúcar y los cambios en el estado de ánimo: contrariamente a los azúcares
naturales, el azúcar refinado es absorvido muy rápidamente por el intestino
delgado provocando una brusca hiperglucemia, que conduce a un estado de
excitación física y psíquica y posteriormente una reacción de hipoglucemia que va
acompañada de depresión mental, de cansancio físico (los desfallecimientos
matinales y del mediodía) e incita a tomar estimulantes, que van a causar otra
nueva hiperglucemia a la que seguirá horas más tarde otra nueva hipoglucemia.
Estas alternancias en el porcentaje de azúcar en la sangre deteriora los
mecanismos reguladores del metabolismo y agotan el sistema nervioso, lo cual
conduce al cansancio, irritabilidad, agresividad y debilitamiento general.

El azúcar y el sistema nervioso: el azúcar tiene un efecto negativo sobre el


sistema nervioso parasimpático y los órganos que rige. El cerebro se vuelve más
pasivo y se disminuyen las capacidades intelectuales entre ellas la concentración
mental.

El azúcar y el sistema inmunitario: el azúcar disminuye las defensas del


organismo y neutraliza la acción inmunitaria de los glóbulos blancos. Aquí podemos
plantearnos la cariñosa costumbre de llevar a un enfermo bombones.

Todos estos factores afectan muy negativamente a los niños. Los niños golosos van
de la hiperactividad exagerada a la melancolía, tienen más caries dentales y son
más propensos a las infecciones. Sin embargo los efectos a largo plazo de una dieta
"dulce" pueden ser bastante más preocupantes que las consecuencias inmediatas.
La hipoglucemia juvenil puede ser el preámbulo de la delincuencia, las drogas, el
alcohol y las depresiones del adulto. La infección crónica de Cándidas derivada del
consumo excesivo de azúcar o antibióticos puede originar problemas digestivos o
energéticos de carácter vitalicio. Los niños que durante años abusan del azúcar
tienen mayor riesgo de contraer diabetes, cáncer o enfermedades coronarias en la
edad adulta.

Si piensa sustituir o reducir su consumo de azúcar le recomendamos que


utiliceendulzantes naturales , y se cuide bien de sustituirlos por
los endulzantesartificiales tan de moda y mucho peores para la salud.

Probablemente a esta altura está asustadísimo o piense que somos radicales de una
cruzada anti-placer. Pero no se trata de eso, todas estas son verdades probadas
científicamente y las verdades deben ser dichas, para que por lo menos podamos
tener conciencia de aquello que hacemos.

Les sugerimos la lectura del libro "Sugar Blues" escrito en los años 70 por un
periodista americano casado con la fallecida actriz Gloria Swanson, WilliamDufty.
Donde relata con bastante humor y rigor científico su odisea personal y la forma en
que su salud física y emocional mejoraron cuando comenzó a reducir el consumo de
esta substancia.