Vous êtes sur la page 1sur 2

EXTINCIÓN DE LAS SERVIDUMBRES

A diferencia de lo que ocurre con los modos extintivos de las obligaciones, las causales de extinción de la
propiedad (y en general de los derechos reales) no tienen un desarrollo doctrinal detallado y sistemático.
Esto se explica por la naturaleza mucho más dinámica y transitoria de la relación obligacional, que conlleva
una tensión entre el acreedor y el deudor destinada a su extinción; mientras los derechos reales -y en
especial la propiedad por su carácter perpetuo- están dotados de cierta estabilidad y permanencia. En
principio, las obligaciones existen para cumplirse (extinguirse); en cambio, los derechos reales han sido
creados para mantenerse. Por tal motivo, llama la atención que el Código Civil no haya previsto una norma
expresa para regular las distintas causas de extinción de las servidumbres, las cuales pasamos a estudiar de
acuerdo a la normativa fragmentaria que existe sobre el tema, y de acuerdo con los principios generales
que rigen los derechos reales.

A. DESTRUCCIÓN DEL BIEN

Teniendo en cuenta que las servidumbres son derechos reales que recaen típicamente sobre predios,
debemos recordar que en este ámbito es difícil que se produzca una destrucción o pérdida total del bien,
pues en tal caso el suelo (terreno) siempre subsistirá. Sin embargo, en el caso de las servidumbres se ha
establecido que la destrucción de los edificios, sea del dominante o del sirviente, sí las extingue. No
obstante, si la edificación se reconstruye, entonces la servidumbre revive en forma automática (ope legis) y
según nuestro criterio, sin necesidad de un nuevo acto constitutivo . Por el contrario, si la servidumbre se
ejerce exclusivamente en virtud al suelo, la destrucción de cualquiera de los edificios será irrelevante y no
producirá la extinción de la servidumbre (art. 1049 C.C.). Por ejemplo: se estatuye un gravamen de paso o
acueducto, lo cual sólo requiere el tránsito por el suelo o la canalización del agua por el subsuelo; en tal
caso la servidumbre cumple su función típica con relación exclusiva al terreno, y por ello le es intrascedente
la eventual destrucción del edificio.

Asimismo debe tenerse en cuenta que para efectos de la extinción del derecho real, resulta indiferente que
que la pérdida haya sido fortuita, negligente o dolosa. Se aprecia aquí una profunda diferencia entre la
pérdida del bien en materia de obligaciones y en materia de derechos reales. En el ámbito de las
obligaciones, sólo la pérdida fortuita conlleva la extinción de la relación jurídica; en cambio, si la pérdida
fue ocasionada por dolo o culpa, entonces existirá una pretensión indemnizatoria frente al causante del
daño. En el ámbito de los derechos reales, la extinción opera en forma automática y con independencia de
cualquier elemento subjetivo, pues el hecho concreto es que el bien no existe más. En tal caso, no
obstante, consideramos que si la destrucción es voluntaria, cabe una indemnización a favor del titular del
predio dominante.

B. PRESCRIPCIÓN EXTINTIVA POR “NO-USO”

La ley considera que la ausencia de ejercicio de las facultades propias del gravamen, conlleva la pérdida de
la servidumbre, consumándose así una hipótesis más de “prescripción extintiva por el no-uso” (art. 1050
C.C.), figura análoga a la que ocurre en todos los derechos reales limitados (por ejemplo: usufructo -art.
1021-2 C.C.-). Aquí en mayor medida se hace necesario terminar con un gravamen a la propiedad, cuya
justificación únicamente se encuentra en la utilidad permanente y objetiva que consigue la finca dominante
(causa perpetua servitutis), por lo que si esta utilidad no se produce en el plano fáctico carece de sentido su
conservación.
El “no-uso” de la servidumbre constituye una sanción a quien cuenta con una titularidad jurídica, pero que
descuida el goce al que estaba facultado por el plazo legal de cinco años. Esta figura no solamente busca
sancionar al titular negligente de la servidumbre, sino además restringir los efectos nocivos de la
disociación del dominio, el cual siempre se mira con disfavor por el legislador, en cuanto teóricamente
desincentiva la inversión, descuida el cuidado de la riqueza y promueve la conflictividad. En suma, en los
derechos reales limitados se tiende a que la suma de facultades se reintegre al propietario.

Por último, debemos mencionar que el “no-uso” difícilmente puede aplicarse en el caso de las
servidumbres no-aparentes, pues en éstas justamente no hay forma de conocer si están siendo objeto de
posesión; por el mismo motivo, tampoco será posible determinar si hay ausencia de uso o de posesión. Por
tal razón, y aun cuando la norma no lo diga, esta causal extintiva se aplica fundamentalmente a las
servidumbres aparentes.

C. RENUNCIA

Según DÍEZ PICAZO, la renuncia es el acto de voluntad del titular para dar por extinguido su derecho. Este
negocio abdicativo siempre es de estructura unilateral; por ende, para que la renuncia produzcan la pérdida
del derecho, no es necesaria la aceptación de nadie, basta la voluntad de una sola persona, la del titular
abdicante; se trata, pues, de un negocio no- recepticio, no dirigido a nadie. A falta de norma será menester
la aplicación de la norma análoga para el caso del usufructo: art. 1021-4 C.C.

D. VENCIMIENTO DEL PLAZO

Las servidumbres, si bien normalmente son perpetuas, pueden establecerse por plazo fijo; siendo ello así, al
vencimiento de dicho término la servidumbre se entenderá extinguida en forma automática. A falta de
norma expresa será necesario aplicar la norma análoga prevista en el usufructo: art. 1021-4 C.C.

Debe señalarse que una serie de servidumbres legales previstas para la adecuada explotación de
concesiones administrativas, establecen ya un plazo de duración de las servidumbres en la misma norma
que autoriza su imposición a la entidad pública; en tal caso, habrá de remitirse a dicho plazo aun cuando
éste no conste en el título constitutivo, normalmente una resolución administrativa.

E. CESACIÓN DE LA “CAUSA PERPETUA SERVITUTIS”

Si la utilidad permanente y objetiva es el justificante de la servidumbre, entonces la ausencia de ésta debe


autorizar su extinción. Esta situación está prevista expresamente para hipótesis singulares, como es el caso
de la destrucción del edificio cuando la servidumbre se ha conferido en base a éste (art. 1049 C.C.) o
cuando la servidumbre de paso deja de ser útil cuando el predio enclavado obtiene salida directa a la vía
pública (art. 1051,2 C.C). De esta fragmentaria normativa se deduce por analogía que en cualquier caso en
donde falte la causa servitutis entonces podrá disponerse la extinción de la servidumbre.

En principio, esta causal extintiva deberá ser declarada en la vía judicial, pero en el caso de las
servidumbres legales, parece lógico sostener que la misma entidad pública que constituyó el gravamen
pueda disponer la cesación cuando cambian las circunstancias, específicamente cuando la utilidad que
representaba la servidumbre ya no existe más.

GONZALES BARRON, Gunther, Derechos Reales, Ediciones Legales, Lima, 2003, pág. 1098-1102