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Índice

Desarrollo ........................................................................................................... 3
Concepto ............................................................................................................. 4
Composición....................................................................................................... 8
Aplicaciones ....................................................................................................... 8
Cruces de hojalatería .......................................................................................... 9
Hojalateros en competencia, no en extinción ..................................................... 9
Historia de la Hojalata ...................................................................................... 10
Historia de la Hojalatería Araujo ..................................................................... 12
La hojalatería, un oficio que se resiste a desaparecer ...................................... 14
Conclusion ........................................................................................................ 18
Bibliografía....................................................................................................... 19

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Introducción

Al introducir esta investigación sobre este tema podemos expresar que


algunos de los productos elaborados por los latoneros son: lecheras, regaderas,
foniles, faroles, aceiteras, cubos, cacharros para el gofio, palas, palmatorias,
candil, etc. Todas estas piezas eran muy usadas en los hogares canarios, pero
hoy en día han pasado a convertirse en objetos decorativos. También los
latoneros realizaban los arreglos para ajustar las piezas que se estropeaban con
el uso, como por ejemplo poner fondos de calderos, soldar asas, etc.
Podríamos pensar que este tipo de producto estaba limitado al uso
doméstico, pero no es así, podemos encontrar útiles agrícolas como:
regaderas, azufraderas, calabazos. O también podemos encontrar objetos
relacionados con otras actividades económicas: palas de tenderos, embudos,
vasos de medidas estandar de 1/4,1/2, y un litro, para las tiendas.

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Desarrollo

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Concepto
La hojalata es un producto laminado plano, constituido por acero (con
un contenido en carbono entre 0,03% y 0,13%), recubierto por una capa
de estaño.
También se puede hacer con hierro y estaño.
El arte de trabajar la hojalata fue descubierto en Bohemia,
Checoslovaquia y posteriormente llevado a Sajonia por un clérigo en el año de
1610.
A la tienda o taller de objetos de
hojalata se le denomina hojalatería. El
hojalatero es la persona que trabaja la
hojalata.
Los nueve trabajos que se ejecutan
en la hojalatería son: trazar, cortar, plegar o
bordear, acanalar, pulir, perforar, batir,
estampar y soldar.
Dentro de la República Mexicana,
existe una larga tradición en cuanto al uso
de la hojalata, haciéndose objetos como:
figuras navideñas, orquestas, figuras de
animales, lisos o repujados, redecorados
con colores.
En Chiapas se hacen hojalata:
calderas, candiles para petróleo, embudos, regaderas, anafres (braceros),
juguetes, sonajas, coronas, resplandores y candeleros.
El material que utilizan para iniciar el trabajo en esta artesanía son las
láminas de hojalata que se compran por pliegos en la ferretería. Las

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herramientas que utilizan para hacer las piezas de hojalata son: tijeras grandes
para cortar la lámina, lápiz para trazar, martillos pequeños y grandes, moldes
de lámina de las diferentes piezas que se elaboran en el tamaño stándard, si
hay un pedido especial de tamaño de alguna pieza se elaboran el molde
necesario; cono enrollador de lámina para hacer los embudos (el cono es de
madera) y sirve para darle la forma redonda a las piezas de lámina. El
alambrador (fierro que sirve para hacer los bordes u orillas de las piezas).
Para hacer un falso
alambrado se le coloca el
alambre en la orilla de la
lámina y se enrolla ésta sobre el
alambre usando la herramienta
arriba mencionada, ya hecho el
alambrado se saca el alambre
quedando hechas la orillita muy
bien enrollada.
La lezna sirve para marcar contornos o para abrir orificios pequeños,
cinceles pequeños o grandes, punzones y clavos también de todos tamaños los
cuales se utilizan para hacer el repujado que consiste en golpear a la lámina
sobre unas planchas de plomo haciéndole partes resaltadas que sirven de
adorno formando figuras.
Se utilizan también las reglas para tomar las medidas necesarias, es
indispensable un trozo de riel de ferrocarril donde son martilladas las piezas el
compás (de fierro) sirve para medir las circunferencia de los fondos de las
piezas, la cuchilla o dobladora cuadrada sirve para ser los dobleces de las
orillas de las partes cuadradas, el punto o dobladora redonda sirve para hacer
los dobleces de las partes en formas redondas y por último se utiliza la

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bigornia o yunque que sirve para doblar o martillar la lámina sobre él, tiene
dos extremos uno cuadrado y otro redondo.
Además de todas estas herramientas también cabe mencionar los
elementos necesarios para hacer la soldadura que es el último paso en la
terminación de los trabajos en hojalatería; el cautín, la brea, ácido muriático,
estaño y la estufa o anafre para calentar el cautín. Conociendo las
herramientas que se utilizan en la elaboración de una pieza de hojalatería, a
continuación se ejemplifica la elaboración de una pieza, que en este caso será
una caldera.
Se colocan las plantillas de la caldera sobre la lámina de hojalata que
consta de dos secciones, la parte superior se le conoce como vaso y a la parte
inferior se le conoce como taza, se trazan esta dos partes, se cortan con la
tijera; enseguida se doblan los dos extremos de las partes cortadas en la
cuchilla cuadrada y en la pieza superior o sea el vaso se hacen un alambrado
falso que será la
boca de la
caldera,
quedando ésta
con su orillita;
después se
enrollan las dos
partes en el cono
enrollador para
darle la forma
redonda y se
doblan las orillas de los extremos del vaso y de la tasa de tal manera que se
puedan unir en forma de gancho, ya entrelazadas se les hace un doblez en el

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punto o dobladora redonda en la parte de en medio donde se unieran el vaso y
la taza, para hacer el fondo de la caldera se traza con el compás el círculo del
tamaño necesario, se corta y se le hace un doblez en las orillas, uniéndolo a la
parte inferior de la taza con un martillo, se fija sobre la bigornia en el lado
redondo
Se corta el asa u oreja de la caldera calculando el tamaño con otra
plantilla se le hacen dobleces en los extremos con un alambrado falso, después
se hacen los remaches con cuadritos de lámina enrollados en forma cónica y
se martillan sobre un trozo de solera con agujeritos llamado clavera, en el cual
se hace la cabeza del remache, ya hecho se agujera la parte superior e inferior
del vaso en donde irá asegurada el asa, éstos orificios se hacen con la lezna,
luego se une el asa al vaso utilizando los remaches y clavando con el martillo
el otro extremo, en la parte de arriba se utilizan dos remaches y en la parte de
abajo uno, la caldera queda lista para soldarla.
Se caliente el cautín en la estufa, se le pone con una brocha ácido
muriático a las partes que se soldarán, ya caliente el cautín se unta con la brea
y junto con el estaño se aplica en la parte que se sellará, quedando así la pieza
soldada en las uniones, con
esto queda terminada la pieza
probándose con agua para
ver si no tiene filtraciones y
se limpia.
Los objetos hechos de
hojalata son comprados en su
mayoría por personas que
habitan en el medio rural de

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nuestro Estado dándoles el uso para el que fueron hechos, por el contrario en
el medio urbano son adquiridos para usarlos confines decorativos.

Composición
La composición de la hojalata es la siguiente (del exterior al interior):
 Película de aceite;
 Película de pasivación;
 Estaño libre;
 Aleación Fe Sn2;
 Acero libre.

Aplicaciones
Se trata de un material ideal para la fabricación de envases metálicos
debido a que combina la resistencia mecánica y la capacidad de conformación
del acero con la resistencia a la corrosión del estaño. Con este material se
fabrican productos de complemento, toda una gama de tapones, tachas,
manijas, hondas, tapaderas y botes metálicos para alimentos, producidos
sintéticos, aceites y derivados.
Mientras la hojalata fue un elemento habitual para la fabricación de
herramientas de cocina, juguetes, menaje, etc. la profesión de hojalatero era
habitual.

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Cruces de hojalatería
Descubrió su talento en la hojalatería, luego de abandonar sus estudios
por un accidente que lo dejó inválido. Se llenó de valor cuando le pidieron
fabricar su primera cruz de pasión para la capilla de San Jacinto.
“Haciendo cruces y mecheros llegué a Ayacucho en 1968”, cuenta para
un documental del Instituto Nacional de Cultura, este ayacuchano padre de
siete hijos, quien aprendió a hablar español, leyendo los periódicos.
Fue así como logró preparar cincuenta centímetros de lata labrada con
remaches y símbolos cristianos que ataviaban la cima de los techos de los
templos. Las familias ayacuchanas acostumbran colocar sobre sus casas una
cruz, y fue así como se especializa en cruces. Convertía las latas de manteca, y
alcohol en cruces como lo hacía su tío Tomás Choque, aplaudido por sus
paisanos sus trabajos son reconocidos por peruanos y extranjeros.
La herencia artesanal está a buen recaudo. En Ayacucho las cruces
representan el fervor del pueblo. Existen en diversidad de tamaños, formas y
diseños, cada artesano plasma sus vivencias y costumbres en ella. “La cruz de
la pasión de Cristo”, y la “cruz de camino” son algunas creaciones de la
familia Araujo.

Hojalateros en competencia, no en extinción


Huanta y Huancayo conocieron de su arte. El maestro hojalatero de
oficio logró mantener su apogeo en 1978 cuando su fábrica producía más de
300 baldes todos de calaminas. Ahora son sus hijos todos profesionales han
logrado constituir una asociación de artesanos en hojalatería Eslabón –
Araujo, de esta forma sus productos siguen compitiendo.
A sus 73 años Araujo ha logrado mantener una empresa familiar, desde
donde crea una nueva forma de producción de hojalatería colorida.

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El arte de la hojalatería representa la tradición artesanal de Ayacucho,
que tuvo su apogeo en los años 80 y 90. Aunque actualmente este arte está en
extinción solo hay un maestro hojalatero que sobrevive con su arte en medio
de esta globalizada sociedad. Ruraqmaki (hecho a mano) es la expresión de un
pueblo que intenta permanecer con su arte.

Historia de la Hojalata

La ciudad de Huamanga
Colonial, desde sus
inicios se caracterizó por
albergar a grandes
cultores de la artesanía
ayacuchana, al igual que
otras líneas artesanales la
hojalatería también fue
parte de la historia y supo mantenerse viva. Los escritos mencionan que desde
mediados del siglo XVI y XVII ya existían artesanos hojalateros en
Huamanga, al igual que tejedores, ceramistas, artesanos especialistas en la
filigrana, mates burilados, talabartería, entre otros.
De esta forma la línea artesanal de hojalatería por tener característica
colonial a su llegada al Perú se fusiona con la cultura andina donde nace una
nueva composición en las características de los productos artesanales. En sus
inicios ésta línea se caracteriza por la elaboración de productos de carácter
utilitario – doméstico, como son los baldes, tinas, peroles, jarras, vasos,

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regaderas, candelabros, etc. , ya por inicios del siglo XX se perfeccionan aún
más con la elaboración de artículos como las cocteleras, mecheros, lámparas,
embudos y artículos decorativos.
A finales del siglo XX e inicios del siglo XXI la hojalatería fue
paulatinamente perdiendo su importancia y valor como actividad popular, esto
a causa de la introducción de objetos de plástico, aluminio y productos
electrodomésticos que desplazaron y reemplazaron la hojalatería. A pesar de
éstas dificultades la hojalatería ya venia transformándose, especialmente en la
elaboración de objetos utilitarios y decorativos adecuándose a las necesidades
del mercado local, nacional e internacional.
En los últimos 50 años la ciudad de Huamanga contaba con grandes
cultores de la hojalatería. Maestros como Julián Saturnino Rivera Cordero por
el Barrio de la Magdalena, Pedro Vilchez Palomino por el Jirón Londres.
Teófilo Araujo Choque por el Barrio de Belén, Puente Nuevo y
posteriormente por el barrio Miraflores, Antonio Prada y familia por San Juan
Bautista, Ignacio Bautista Cuadros por Quinuapata, León Yalucachi (Puente
Nuevo), Eusebio Barboza López por La Magdalena, Eleuterio Cuya Llantoy
por Barrios Altos, Amadeo Navarro por el Barrio La Libertad, Gerardo Ochoa
Morales y Segundo Auqui en la ciudad de Huanta, entre los más
representativos.
En la actualidad la mayoría de éstos talleres se extinguieron o están a
punto de hacerlo, pues en la práctica como línea artesanal solo lo ejercen una
asociación y un par de familias. Esto se debe a diversos factores, ya sea por
falta de promoción (pues todo proyecto en su mayoría esta destinado a apoyar
solo textiles, cerámica, piedra de huamanga, retablos, entre otros por la
cantidad de artesanos que lo practican) falta de apoyo y difusión por parte de
instituciones del Estado y privadas en forma agresiva y óptima.

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Historia de la Hojalatería Araujo
La “Hojalatería Araujo” llegó gracias al Gran Maestro hojalatero
Teófilo Araujo Choque, quien nació el 28 de diciembre de 1941 en el anexo
de Espite - Distrito de Vilcanchos, Provincia de Víctor Fajardo, Departamento
de Ayacucho.
Quien a los nueve años de edad sufrió un accidente que lo mantuvo en
recuperación e inválido durante nueve años. Años que sin embargo le
sirvieron para aprender labores artesanales como los tallados en madera,
trenzados, tejidos entre otros.
A los 18 años de edad, aprendió el oficio de hojalatería de su tío Tomas
Choque Huarancca, quien cada tiempo, viajaba a Ayacucho a hacer trabajos
de composturas en hojalatería.
En 1960, por su curiosidad, cualidad que le reconocieron los comuneros
de Espite, Teófilo hizo su primer trabajo de hojalata; una cruz de pasión, la
misma que fue colocada en el techo de la capilla del barrio de San Jacinto de
Espite. A partir de aquel momento, los comuneros ya le contrataban más
trabajos de hojalata, como, las cruces y objetos utilitarios, que Teófilo
confeccionaba con latas de manteca y alcohol.
En 1968, al trasladarse a la capital ayacuchana se dedicó completamente
al trabajo artesanal de las hojalatas utilitarias como los conocidos peroles,
baldes, tinas, galoneras, regaderas, bebedores y comedores para granjas;
hojalatas de uso religioso como las cruces para los techos de las casas,
candelabros de 20 velas para iglesias o funerarias.

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En 1974, participa en la feria artesanal Inkari llevaba a cabo en la
Alameda Bolognesi de Ayacucho.
En 1975, asociado a Jesús Delgadillo Paitán, maestro hojalatero de
Huancayo abrió su fabrica de baldes, creando puestos de trabajo y una
producción de 300 baldes diarios y llegando a comercializar en el mercado
regional de San Miguel, Huanta y Minas Canarias. En 1979, tuvo que dejarla
por la escasez de calaminas planas, el desplazamiento de los productos de
plásticos, aluminio, robos y los movimientos sísmicos que asolaron su casa.
En 1980 formaliza su taller artesanal de hojalatería, esta vez, en su
nueva casa del barrio de Miraflores
y un puesto de venta y reparaciones
en el Puente Nuevo de Ayacucho.
Por su curiosidad, aprende más
diseños de candelabros del Gran
Maestro Antonio Prada que eran
llevados a su taller por clientes que
lo encargaban composturas de tales
candelabros.
En 1985 sufre el robo de su puesto de ventas y reparaciones que afectó
mucho su economía y casi lo lleva a paralizar su taller. Pero su constancia y
perseverancia de salir siempre adelante no lo hizo desmayar. Se recuperó poco
a poco y continúo desarrollando la hojalatería, tal como desde niño – joven
había aprendido a superar su discapacidad física y dar siempre pasos adelante
y seguir aprendiendo más y más y forjarse como persona multifacético y
autodidacta.
A partir de 1998 recibe invitaciones constantes de instituciones y
personalidades vinculadas al arte popular tanto en Ayacucho como en Lima e

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internacionales. Estas le incentivaban a desarrollar aún más la hojalatería
pintada y lo motiva a trabajar más intensamente en su taller familiar.
En 1999 obtiene el Premio Nacional en la línea de hojalatería del
Concurso Nacional Inti Raymi organizado por Raymisa.
El año 2000 su taller creció y la demanda de sus productos, sobre todo
vinculadas a formas de candelabros pintados y sombreados al estilo de los
retablos ayacuchanos, inventada por su taller, esto hizo que aumentaran sus
pedidos a nivel nacional e internacional. Actualmente tiene un taller próspero,
juntamente con su esposa Cristina Ayala e hijos como: Mariela, Janeth, Lucy,
William, Jang, Frank y Mileyne. Un stand como socio del mercado Artesanal
“Shosaku Nagase” de Ayacucho. Asimismo en la actualidad Don Teófilo se
organizó conjuntamente con los artesanos hojalateros de Ayacucho y
formaron la Asociación de Artesanos en Hojalatería Eslabón- Araujo (AHEA-
A). Para poder trabajar con productos competitivos en esta era de la
globalización.

La hojalatería, un oficio que se resiste a desaparecer


Lo aprendieron de sus ancestros Los galvanizados y el plástico
redujeron las ventas.
Turistas europeos y
americanos aprecian
estos trabajos manuales.
Cuatro hojalateros
de Cuenca se resisten a
que muera el arte de
trabajar con láminas

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metálicas, oficio tradicional que tuvo su apogeo en los siglos XVIII y XIX.
Es el arte de elaboración manual de barriles, cantarillas, baldes,
bebederos, comederos, jarros y utilitarios en lata, que hoy en día han sido
reemplazados por objetos de plástico. De los 20 artesanos que existían, tan
solo unos cuatro mantienen lo aprendido de sus ancestros. Los 16 restantes
están dedicados a la reparación de objetos de hojalata, indicó Juan Gutiérrez,
hojalatero de 52 años de edad que ha heredado el oficio de su bisabuelo.
“Soy la cuarta generación. Con el apoyo de Dios sigo trabajando en
hojalata y otros artículos en bronce y cobre, que son parte de la hojalatería”,
manifestó Juan, luciendo un vendaje de color negro en su hombro izquierdo
para paliar una lesión de tendón producida por lo fuerte del trabajo.
El hombre mostraba una chocolatera, recipiente en el que en los años
1935 y 1940 las abuelitas preparaban el delicioso dulce proveniente del cacao.
“Ahora estos artículos sirven para decorar las casas, ya que en la actualidad
hay chocolateras de fierro enlozado”, anotó Gutiérrez.
El taller de Juan está en la subida de El Vado, uno de los primeros
barrios de Cuenca. La investigadora Ana Abad, en su libro ‘La hojalatería:
arte, oficio y realidad’, reseña que junto al barrio de El Vecino se ubicaban los
dos territorios donde se asentaron estos artesanos desde la misma fundación de
Cuenca.
Juan y su padre José Gutiérrez fueron galardonados en dos ocasiones
con el premio ‘Gaspar Sanguina’, otorgado por la Municipalidad de Cuenca
por mantener el arte de la hojalatería.
Ahora los trabajos son pocos, cosas utilitarias para la agricultura,
ganadería, avicultura, que “comparto con objetos decorativos, y de vez en
cuando hago alambiques, instrumentos de cobre que se utilizan para la

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evaporación y posterior condensación de los alcoholes de diferentes mezclas,
y uno que otro objeto de cincelado”, detalló Juan.
Varios de los trabajos hechos por el artesano cuencano han sido
llevados al hotel Palma Royal en Galápagos, Santa Cruz, EE. UU., Nueva
Zelanda, Austria, España, etc. “Gracias a Dios la gente europea todavía
aprecia estos trabajos hechos a mano”, comentó el hojalatero cuencano.
Junto al taller de Juan está el de Wilson Durán, artesano que aprendió el
oficio de la mano de José Gutiérrez, padre de Juan.
Durán se dedica a hacer cantarillas, montes de vela, espermeros,
canaletas para el agua lluvia de las viviendas y objetos decorativos.
El tool galvanizado y zinc se utilizan para la confección de artículos
decorativos, anotó Durán, mientras con un palo de escoba y unos clavos, a
manera de compás, dibujaba sobre la plancha de hojalata las líneas para el
corte del material para fabricar los objetos mediante sueldas de estaño.
Más abajo, en la misma calle está el taller de Raúl Merchán. “Este
oficio lo aprendí por obra del destino”, dijo al explicar que comenzó ayudando
a un vecino, José Gutiérrez.
Desde allí “se me pegó el gusto por este oficio del que nunca me he
separado”. Señaló que las obras que más le encargan, especialmente la gente
de la tercera edad, son arreglar y construir barriles, cantarillas, baldes y jarros.
Además de trabajos en maquetas de estudiantes universitarios.
Sus clientes son de otras provincias, como Chimborazo, Loja, sectores
del Oriente y los migrantes azuayos que viven en el extranjero. (F)
La utilería se conserva en monasterios
Obras en hojalatería hechas en los siglos XVIII y XIX, como marcos
para cuadros, floreros, candelabros, faroles, se conservan en monasterios y

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conventos de Cuenca, como los de las Conceptas, el Carmen, Todos Santos y
el Cenáculo, según consta en la obra de Ana Abad.
Antiguamente los hojalateros trabajábamos en las latas, piezas delgadas
de acero, que eran la base de las obras. “En la actualidad trabajo con hierro
fundido, aluminio, metales galvanizados, zinc, cobre y acero inoxidable, pero
el oficio y la fuerza de voluntad persisten”, agregó Raúl Merchán.

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Conclusion

Al finalizar esta investigación podremos expresar que El arte de trabajar


la hojalata fue descubierto en Bohemia, Checoslovaquia y posteriormente
llevado a Sajonia por un clérigo en el año de 1610.
A la tienda o taller de objetos de hojalata se le denomina hojalatería. El
hojalatero es la persona que trabaja la hojalata.
Los nueve trabajos que se ejecutan en la hojalatería son: trazar, cortar,
plegar o bordear, acanalar, pulir, perforar, batir, estampar y soldar.

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Bibliografía

 www.google.com
 http://www.culturatradicionalgc.org/Oficios-Artesanos-
Tradicionales/Hojalateria/
 http://hojalateria.weebly.com/historia-de-la-hojalata.html
 https://www.taringa.net/posts/info/4933809/Hojalateria-basica-todo-lo-
que-hay-que-saber-actualizable.html
 http://turismoartesanias.mexmapa.com/pagina/hojalateria.html

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