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Aníbal

General y estadista cartaginés (247-183 a.


C.)

Aníbal Barca (en fenicio , Hanni-baʾal


—que significa «quien goza del favor de
Baal»—[1][2][3] y , Barqa —«rayo»—),[4]
conocido generalmente como Aníbal,
nacido en el 247 a. C. en Cartago (al norte
de Túnez) y fallecido en el 183 a. C.[5][6][7][8]
en Bitinia (cerca de Bursa, Turquía), fue un
general y estadista cartaginés
considerado como uno de los más
grandes estrategas militares de la historia.
Aníbal Barca

Busto de Aníbal
General
Lealtad República cartaginesa
Participó en Conquista cartaginesa de
Hispania

Batalla del Tajo


Toma de Sagunto
Segunda guerra púnica

Batalla del cruce del


Ródano
Batalla del Tesino
Batalla del Trebia
Batalla del Lago
Trasimeno
Batalla de los Pantanos de
Plestia
Batalla del Ager Falernus
Batalla de Geronium
Batalla de Cannas
Primera batalla de Nola
Primera batalla de Casilino
Primera batalla de Petelia
Batalla de Cumas
Segunda batalla de Nola
Tercera batalla de Nola
Batalla de Tarento (213 a.
C.)
Primera batalla de Capua
Batalla del Silaro
Primera batalla de
Herdonea
Segunda batalla de Capua
Segunda batalla de
Herdonea
Batalla de Numistro
Batalla de Canusio
Batalla de Caulonia
Primera batalla de Locri
Segunda batalla de Petelia
Batalla de Venusia (208
a.C.)
Batalla de Salapia (208
a.C.)
Segunda batalla de Locri
Batalla de Grumento (207
a.C.)
Tercera batalla de Locri
Batalla de Crotona
Batalla de Zama
Guerra Romano-Siria

Batalla del Eurimedonte


Guerra Bitinia-Pérgamo

Batalla naval (184 a.C.)


Información
Nacimiento 247 a. C.
Cartago
Fallecimiento 183 a. C. (64 años)
Gebze (Bitinia).
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Su vida transcurrió en el conflictivo
período en el que Roma estableció su
supremacía en la cuenca mediterránea, en
perjuicio de otras potencias como la
propia República cartaginesa, Macedonia,
Siracusa y el Imperio seléucida. Fue el
general más activo de la segunda guerra
púnica, en la que llevó a cabo una de las
hazañas militares más audaces de la
Antigüedad: Aníbal y su ejército, en el que
se incluían 38 elefantes de guerra,
partieron de Hispania y atravesaron los
Pirineos y los Alpes con el objetivo de
conquistar el norte de Italia. Allí derrotó a
los romanos en grandes batallas
campales como la del río Trebia, la del
lago Trasimeno o la de Cannas, que aún se
estudia en academias militares en la
actualidad. A pesar de su brillante
movimiento, Aníbal no llegó a entrar en
Roma. Existen diversas opiniones entre los
historiadores que van desde carencias
materiales de Aníbal en máquinas de
asedio a consideraciones políticas que
defienden que la intención de Aníbal no
era tomar Roma, sino obligarla a
rendirse.[9] No obstante, Aníbal logró
mantener un ejército en Italia durante más
de una década, recibiendo escasos
refuerzos. Tras la invasión de África por
parte de Publio Cornelio Escipión el
Africano, el Senado púnico lo llamó de
vuelta a Cartago, donde fue finalmente
derrotado por Escipión en la batalla de
Zama.

El historiador militar Theodore Ayrault


Dodge le llamó «padre de la estrategia».[10]
Fue admirado incluso por sus enemigos —
Cornelio Nepote le bautizó como «el más
grande de los generales»—;[11] de hecho,
su mayor enemigo, Roma, adaptó ciertos
elementos de sus tácticas militares a su
propio acervo estratégico. Su legado
militar le confirió una sólida reputación en
el mundo moderno y ha sido considerado
como un gran estratega por grandes
militares como Napoleón o Arthur
Wellesley, el duque de Wellington. Su vida
ha sido objeto de muchas películas y
documentales. Bernard Werber le rinde
homenaje a través del personaje del
«Libertador»,[12] y de un artículo en la
Enciclopedia del saber relativo y absoluto
mencionada en su obra Le Souffle des
dieux.[13]

Antecedentes históricos
A mediados del siglo III a. C., la ciudad de
Cartago, donde nació Aníbal,[5] estaba
fuertemente influida por la cultura
helenística derivada de los vestigios del
Imperio de Alejandro Magno.[14] Cartago
ocupaba por entonces un lugar importante
en los intercambios comerciales de la
cuenca mediterránea, y en los emporios de
Sicilia, Cerdeña y en las costas de Iberia y
de África del Norte. La ciudad disponía
igualmente una importante flota de guerra
que protegía sus rutas marítimas, que
transportaban el oro procedente del Golfo
de Guinea y el estaño procedente de las
costas británicas.

La otra potencia mediterránea de la época


era Roma, con la que Cartago entró en
guerra durante veinte años en un conflicto
conocido como la primera guerra
púnica,[15] la primera guerra de gran
envergadura de la que Roma salió
victoriosa. Este enfrentamiento entre la
República de Roma y Cartago estuvo
provocado por un conflicto secundario en
Siracusa, y se desarrolló por tierra y mar,
en tres fases: combates en Sicilia (264-
256 a. C.), combates en África (256-
250 a. C.) y de nuevo en Sicilia (250-
241 a. C.). Durante esta última fase, y
sobre todo tras la guerra, nació la fama de
Amílcar Barca, padre de Aníbal, que dirigía
la guerra contra Roma desde el año
247 a. C. Tras la gran derrota naval en las
Islas Egadas, al noroeste de Sicilia, los
cartagineses se vieron obligados a firmar
el Tratado de Lutacio en la primavera de
241 a. C. con el cónsul Cayo Lutacio
Cátulo.[16] Entre los términos impuestos a
Cartago por este tratado se hallaban la
cesión de los territorios de Sicilia y las
islas menores entre esta y la costa
africana, así como onerosas
compensaciones de guerra.[17]
A finales de la primera guerra púnica, a
pesar de las precauciones adoptadas por
Amílcar Barca, Cartago halló problemas a
la hora de dispersar a sus regimientos
armados de mercenarios, que no tardaron
en asediar la ciudad y provocar un
conflicto de la envergadura de una guerra
civil.[16] Este episodio histórico es
conocido como la guerra de los
Mercenarios. Amílcar consiguió reprimir
esta rebelión después de tres años, tras
vencer a los rebeldes en el río Bagradas y
de nuevo, con un gran derramamiento de
sangre, en el desfiladero de la Sierra[18] en
el 237 a. C. Por su parte, Roma había
aprovechado la falta de oposición para
tomar Cerdeña, anteriormente en manos
de los cartagineses.[19] Tras la protesta de
Cartago por esta acción, que suponía una
violación de los términos del tratado de
paz recientemente alcanzado, Roma le
declara la guerra, pero se ofrece a anularla
si se le entrega no solo Cerdeña, sino
también Córcega y más compensaciones
económicas. Los púnicos, impotentes,
tienen que ceder, y ambas islas se
convierten en el 238 a. C. en nuevas
posesiones romanas. Para compensar
esta pérdida, Amílcar marchó a Iberia,
donde se apoderó de vastos territorios al
sudeste del país. Durante una década,
Amílcar dirigió la conquista del sur de
Iberia, apoyado militar y logísticamente
por su yerno Asdrúbal.[16] Esta conquista
restablecía la situación económica de
Cartago, gracias a la explotación de las
minas de plata y estaño.

Ascensión
Juventud
Caricatura del juramento que hizo Aníbal a su padre de
ser siempre enemigo de Roma.

Aníbal Barca era el hijo mayor del general


Amílcar Barca y de su mujer ibérica.[19][20]
Aunque «Barca» no era un apellido, sino un
apelativo (de barqä, "rayo" en lengua
púnica), fue adoptado como tal por sus
hijos.[21] Los historiadores designan a la
familia de Amílcar con el nombre de
Bárcidas, a fin de evitar la confusión con
otras familias cartaginesas con los
mismos nombres (Aníbal, Asdrúbal,
Amílcar, Magón, etc.).

Sobre la educación de Aníbal es poco lo


recogido por los autores grecorromanos.
Se sabe que aprendió de un preceptor
espartano, llamado Sosilos, las letras
griegas,[22] la historia de Alejandro Magno
y el arte de la guerra. Así adquirió el modo
de razonamiento y de acción que los
griegos llamaban «métis», fundado en la
inteligencia y la astucia.

Después de haber incrementado su


territorio, Amílcar enriqueció a su familia, y
por extensión a Cartago.[16] Al perseguir
dicho objetivo, Amílcar se apoyó en la
ciudad fenicia de Gadir (actual Cádiz,
España), próxima al Estrecho de Gibraltar,
y comenzó a someter a las tribus íberas.
En aquel momento, Cartago se hallaba en
tal estado de empobrecimiento que su
marina era incapaz de transportar al
ejército a Hispania. Amílcar se vio, pues,
obligado a hacerlo marchar hacia las
Columnas de Hércules a pie, para cruzar
allí en barco el Estrecho de Gibraltar, entre
lo que actualmente serían Marruecos y
España.

El historiador romano Tito Livio menciona


que cuando Aníbal fue a ver a su padre y le
rogó que le permitiera acompañarle, éste
aceptó con la condición de que jurara que
durante toda su existencia nunca sería
amigo de Roma; tenía 11 años.[5][19][20][23]
Otros historiadores refieren que Aníbal
declaró a su padre:

Juro que en cuanto la edad me lo


permita [...] emplearé el fuego y el
hierro para romper el destino de
Roma.[10][24]

Su aprendizaje táctico comenzó sobre el


terreno, bajo mando de su padre y
continuó con su cuñado, Asdrúbal el
Bello,[25] quien sucedió a Amílcar, muerto
en el campo de batalla contra los rebeldes
íberos[20] en el 228 a. C.[14] o en
230 a. C.,[26] momento en el que le nombra
jefe de la caballería.[5][27] En este puesto,
Aníbal revela muy pronto su resistencia, su
sangre fría,[28] y su capacidad para
hacerse apreciar y admirar por sus
soldados.[29] Asdrúbal persiguió una
política de consolidación de los intereses
ibéricos de Cartago.[14] Para ello, casó a
Aníbal con una princesa íbera[30] de
nombre Himilce,[31] con la que tuvo un hijo,
Áspar.[32][33][34] Sin embargo, esta alianza
matrimonial es considerada improbable y
no está atestiguada por todos.[34] En el
227 a. C., Asdrúbal fundó la nueva capital
púnica en Hispania, Qart Hadasht, hoy
Cartagena.[14] Por otra parte, Asdrúbal
firmó en el 226 a. C. un tratado con Roma
por el que la Península Ibérica quedaba
dividida en dos zonas de influencia.[26] El
río Ebro constituía la frontera:[26] Cartago
no debía expandirse más al norte de este
río, en la misma medida que Roma no se
extendería al sur del curso fluvial.[27] Más
tarde, un esclavo galo, que acusó a
Asdrúbal de haber asesinado a su
amo,[27][35] le asesinó a su vez a
comienzos del año 221 a. C.[33]

Comandante en jefe

Aníbal Barca es reconocido no solo por su genio


estratégico sino también por su inquebrantable
liderazgo como muestra esta ilustración arengando a
sus tropas antes de entrar en batalla.
Tras la muerte de Asdrúbal, Aníbal fue
elegido por el ejército de Cartago
estacionado en la Península Ibérica para
que le sucediera en su condición de
comandante en jefe.[26] Posteriormente,
Aníbal sería confirmado en el puesto por el
gobierno cartaginés,[28][36] a pesar de la
oposición encabezada por Hannón (un
rico aristócrata).[37] En esta época Aníbal
contaba 25 años.[5] Tito Livio da una
pequeña descripción del joven general:

A partir de su llegada a España,


Aníbal atrajo todas las miradas. «Es
Amílcar en su juventud, que nos ha
sido devuelto», se escribían los viejos
soldados. «La misma energía en la
cara, el mismo fuego en la mirada:
aquí está su aspecto, aquí sus
gestos».[29]
Tras haber asumido el mando, Aníbal pasó
dos años consolidando el poder
cartaginés sobre las tierras hispánicas y
terminando la conquista de los territorios
situados al sur del Ebro.[38][39] En 221 a.C.,
en su primera campaña como jefe de las
fuerzas cartaginesas en Hispania, se
dirigió a la Meseta Central y atacó a los
Olcades tomando su principal ciudad,
Althia, llevando los dominios púnicos
hasta las cercanías del Tajo. En la
campaña del siguiente año, 220 a.C.,
avanzó hacia el oeste y se enfrentó a los
Vacceos asaltando las ciudades de
Helmántica y Arbocala. En el retorno de la
expedición con abundante botín a su base
de Qart Hadasht, una gran coalición
liderada por los Carpetanos junto a
contingentes de Vacceos y Olcades, le
atacó junto al río Tajo, siendo derrotados
por la habilidad del joven general
cartaginés en la batalla.

Por su parte, Roma, temiendo la creciente


presencia de los cartagineses en Hispania,
concluyó una alianza con la ciudad de
Sagunto,[26] situada a una distancia
considerable del Ebro por la parte sur, en
el territorio que los romanos habían
reconocido como dentro de la zona de
influencia cartaginesa,[14] y declaró a la
ciudad como un protectorado.[40] Este
movimiento político generó tensiones
entre las dos potencias: mientras que los
romanos argumentaban que según el
tratado firmado en el año 241 a. C., los
cartagineses no podían atacar a un aliado
de Roma, los púnicos se amparaban en la
cláusula del documento que reconocía la
soberanía cartaginesa sobre los territorios
hispanos situados al sur del Ebro.
Excavaciones en curso (2008) en la ciudad
de Valencia han hallado, entre otros
restos, una empalizada, próxima a la
margen izquierda del río Turia, que
probablemente formaba parte de un
campamento militar, el acantonamiento de
Aníbal en su avance hacia Sagunto.[41]

Aníbal decidió dirigirse contra Sagunto,[20]


y sitiar la ciudad,[40] que capituló en el
219 a. C., probablemente en el mes de
noviembre,[26] tras ocho meses de
asedio.[36][42][43] Roma reaccionó ante lo
que consideraba una flagrante violación
del tratado y reclamó justicia al gobierno
cartaginés.[25] Debido a la gran
popularidad de Aníbal y al riesgo de perder
prestigio en Hispania, el gobierno
oligárquico de Cartago rechazó las
peticiones romanas y declaró la guerra
que el general había soñado, la segunda
guerra púnica, a finales de año.[28][44]

Segunda guerra púnica

Aníbal vencedor contemplando por primera vez Italia


desde los Alpes (1770), óleo sobre lienzo de Francisco
de Goya.

Preparativos

Después de que los cartagineses


asediaran[20] y destruyeran[23] Sagunto, los
romanos decidieron contraatacar en dos
frentes: África del Norte e Hispania,
partiendo desde Sicilia, isla que les sirvió
de base de operaciones. No obstante,
Aníbal trastocó los planes de los romanos
con una estrategia inesperada: quería
llevar la guerra al corazón de Italia,
marchando rápidamente a través de
Hispania y del sur de la Galia.[20]
Consciente de que su flota era muy inferior
a la de los romanos, Aníbal decidió no
atacar por mar, sino que eligió una ruta
terrestre mucho más dura y larga pero
más interesante tácticamente, pues le
permitió reclutar a muchos soldados
mercenarios o aliados procedentes de los
pueblos celtas dispuestos a combatir a los
romanos.[20] Antes de su partida, Aníbal
distribuyó hábilmente sus efectivos y
envió a África del Norte varios
contingentes de íberos, mientras que
ordenó a los soldados libio-fenicios que
garantizaran la seguridad de las
posesiones de Cartago en Hispania.[45]
Los oretanos levantados en armas contra
los cartagineses, acuerdan la paz
entregando la mano de la princesa de
Cástulo, Himilce, que acaba casando con
Aníbal, trasladándose ésta a Cartagena y
permaneciendo allí durante las campañas
de su marido y hasta su muerte.

Aníbal no partió de Cartagena hasta


finales de la primavera del 218 a. C.[46][47]
El general puso en marcha al ejército y
envió representantes para negociar su
paso a través de los Pirineos y trabar
alianzas con los pueblos que se
asentaban a lo largo de su trayecto. Según
Tito Livio, Aníbal atravesó el Ebro con
90.000 infantes y 12.000 caballeros,[46] y
dejó un destacamento de 10.000 infantes
y 1.000 caballeros para que defendieran
Hispania,[46] a los que se sumaron 11.000
iberos que se mostraron reticentes a
abandonar su territorio.[46] Tras su paso
por los Pirineos, disponía de 70.000
infantes y 10.000 caballeros. Según otras
fuentes, Aníbal llegó a la Galia a la cabeza
de 40.000 infantes y 12.000 caballeros.[48]
Es complicado establecer la aproximación
de sus efectivos reales. Ciertas
estimaciones creen que encabezaba una
fuerza de 80.000 hombres. A su llegada a
Italia, parece que estaba a la cabeza,
según las fuentes, de entre 20.000[49] y
50.000[33] infantes y de entre 6.000[49] y
9.000[33] jinetes. Por otro lado, en varias
ocasiones, o como mínimo, al principio de
la guerra, Cartago envió refuerzos a
Aníbal. Además, a su ejército se sumaron
muchos soldados procedentes de tribus.
Cerca de 40.000 galos se unieron al
ejército cartaginés durante la guerra.[50]
En su ejército, Aníbal contaba con un
poderoso contingente de elefantes de
guerra, animales que representaban un
importante papel en los ejércitos de la
época y que los romanos conocían bien
por haberse enfrentado a ellos cuando
formaban parte de las tropas del rey de
Epiro, Pirro I. En realidad, los 38 elefantes
del ejército de Aníbal[51] son una cifra
insignificante comparada con los ejércitos
de la época helenística. De hecho, la
mayoría murieron durante el viaje a través
de los Alpes o víctimas de la humedad de
las marismas etruscas. La única bestia
que sobrevivió fue empleada como
montura por el propio Aníbal.[52][53] En
efecto, Aníbal perdió su ojo derecho[5]
durante una batalla menor[33] y utilizó este
medio de transporte para no entrar en
contacto con el agua.[52][53] Según otros
historiadores, Aníbal sufrió una oftalmía[33]
que le dejó tuerto.[28]

Viaje a Italia

Aníbal penetró en la Galia evitando


cuidadosamente atacar las ciudades
griegas erigidas en lo que hoy es Cataluña.
Se piensa que, tras franquear los Pirineos
a través de la actual comarca de la
Cerdaña y establecer su campamento
cerca de la ciudad de Illibéris[54] —la actual
Elne, próxima a Perpiñán—, siguió
avanzando sin problemas hasta llegar al
Ródano, donde apareció en septiembre
antes de que los romanos pudieran
impedirle el paso a la cabeza de 38.000
infantes, 8.000 caballeros y 37 elefantes
de guerra.[55]
Tras evitar las poblaciones locales, que
trataron de detener su avance, Aníbal se
vio obligado a escapar de una compañía
romana que venía desde la costa
mediterránea remontando el Valle del
Ródano (Francia).[56] El hecho de que los
romanos vinieran de conquistar la Galia
Cisalpina dio esperanzas a Aníbal de que
sería capaz de encontrar aliados entre los
galos del norte de Italia.[20][57]

Travesía de los Alpes

Hipótesis de la ruta

Aníbal y sus hombres atravesando los Alpes.


El itinerario emprendido por Aníbal ha sido
objeto de diversas polémicas.[28] En
octubre del 218 a. C.,[26] los Alpes podían
ser franqueados por el puerto del Pequeño
San Bernardo,[23] por el de Mont Cenis o
también por el de Montgenèvre.[28][36]
Ciertos autores defienden que Aníbal
atravesó el Puerto de Clapier[58] o, más al
sur, el Puerto de Larche.

Los datos facilitados por Polibio[59] y Tito


Livio[60][61] son muy imprecisos. Además,
no existen restos arqueológicos que
proporcionen alguna prueba irrefutable de
la ruta de Aníbal. Todas las hipótesis
formuladas por expertos y también por
autores de gran imaginación, están
basadas en los textos de Polibio y Tito
Livio (se han escrito ya casi mil libros
sobre el tema).[62]
Una de las opiniones más aceptadas es la
que localiza el puerto de montaña que
franqueó Aníbal junto a la Llanura Padana.
Sin duda, Aníbal alentaría a sus
hambrientos y desmoralizados soldados
con la perspectiva de encontrarse pronto
con el Po.[61] En los Alpes Septentrionales,
Montgenèvre y Gran San Bernardo, solo el
Puerto de Savine-Coche y el Puerto de
Larche avalan esta opinión.[63][64] No
obstante, los partidarios del paso por el
puerto del Pequeño San Bernardo
cuestionan el sentido de este pasaje de
Polibio:

Los soldados, consternados por el


recuerdo del dolor que habían
sufrido, y sin saber a qué deberían
enfrentarse cuando siguieran
avanzando, parecieron perder el
coraje. Aníbal los reunió, y, como
desde la cima de los Alpes, que
parecían ser la entrada a la
ciudadela de Italia, se divisaban las
vastas llanuras que regaba el Po con
sus aguas, Aníbal se sirvió de este
bello espectáculo, único recurso que
le quedaba, para quitar el miedo a
los soldados. Al mismo tiempo, les
señaló con el dedo el punto donde
estaba situada Roma, y les recordó
que gozaban de la buena voluntad de
los pueblos que habitaban el país que
tenían ante sus ojos.[59]
Puerto de Mont Cenis.

Puerto de Montgenèvre.

Puerto de Larche.
La Llanura Padana es la zona gris del
interior de la elipse.

Puerto de Clapier.

Mapa con el curso del río Po.


Este episodio ha sido representado en
numerosos cuadros y dibujos, uno de ellos
de Francisco de Goya.[65] Los partidarios
del Pequeño San Bernardo afirman que las
nieblas que se elevan a menudo en la
llanura del Po impiden verla. Sin embargo,
esta planicie ha sido vista y fotografiada
numerosas veces. Figura un ejemplo en el
sitio de Patrick Hunt, profesor de
arqueología de la Universidad de Stanford,
consagrado a la búsqueda del puerto por
el que Aníbal habría pasado a Italia.
Considera que el puerto de Clapier es el
único que concuerda perfectamente con
los textos antiguos. Polibio proporciona
otro dato muy importante:
Aníbal cruzando los Alpes, por John Leech, 1850.

Aníbal llegó a Italia con el ejército


citado antes, acampó a los pies de
los Alpes, para que descansaran sus
tropas [...] procuró, en primer lugar,
contratar a los pueblos del territorio
de Turín, pueblos situados al pie de
los Alpes.[66]

En los Alpes Septentrionales, solo el


puerto de Clapier satisfaría estas dos
condiciones: vista sobre la planicie del Po
y de la población de los turineses. Desde
que el coronel Perrin lo afirmó en 1883,
numerosos autores se sumaron a esta
tesis.[67] La única excepción notable es la
tesis de Sir Gavin de Beer (publicada en
1955), la cual propone el puerto de la
Traversette en los Alpes meridionales,
cerca del Monte Viso (Alpes Cocios). La
ruta no atravesaba el territorio de los
alóbroges y su hipótesis ha sido discutida
con vehemencia, pero es aceptada en
Inglaterra y cuenta en su favor con el
descubrimiento, en 2016, de copiosos
restos de antiguos excrementos con una
gran cantidad de bacterias Clostridia,
asociadas con el estiércol de caballo,
signos de gusanos parasitarios de los
equinos y la evidencia de que el suelo
había sido intensamente pisoteado por lo
que podría haber sido un gran número de
caballos en torno a un abrevadero
natural.[68]
Por último, hay que decir que era habitual
en los historiadores antiguos imaginar
discursos verosímiles atribuidos a los
personajes históricos, por lo que no hay
ninguna razón para creer en la absoluta
autenticidad de esta escena, y en el gesto
de orador que la acompaña. Ya que es
posible que el episodio relatado sea una
«amable» imagen de Épinal, la
comparación de los diversos caminos
factibles no puede conducir a una
conclusión definitiva.

Según las fuentes, Aníbal perdió, en esta


travesía, entre 3.000 y 20.000
hombres.[20][69] Los supervivientes que
llegaron a Italia estaban hambrientos y
muertos de frío.[20]

Fuera cual fuese el paso elegido, la


travesía de los Alpes ha sido la opción
táctica más destacada en la Antigüedad.
Aníbal logró atravesar las montañas a
pesar de los obstáculos que planteaban el
clima, el terreno, los ataques de las
poblaciones locales, y la dificultad de
dirigir a un ejército compuesto por
soldados de distintas etnias y que
hablaban en diversas lenguas.

Otra razón que hace su travesía


importante es estratégica. Roma era una
potencia continental y Cartago una
potencia marítima. Parecía obvio que la
flota cartaginesa podría atacar y
desembarcar hombres en cualquier punto
del sur de la península itálica o Sicilia,
teniendo recursos suficientes para evitar
buscar un cruce por los Alpes. Sin
embargo Aníbal atacó por tierra en abierto
desafío y sorpresa para las tropas
romanas. Su repentina aparición en el
Valle del Po después de la travesía de la
Galia y el paso de los Alpes, le permitió
romper la forzada paz de alguna de las
tribus locales con Roma, antes de que
ésta pudiera reaccionar contra la
rebelión.[28] La difícil marcha de Aníbal le
condujo a territorio romano y a oponerse a
las tentativas de sus enemigos de resolver
el conflicto en territorio extranjero.[70]

Batalla del Tesino

Publio Cornelio Escipión, cónsul que


dirigía las fuerzas romanas destinadas a
interceptar a Aníbal,[70] no esperaba que el
general cartaginés intentara cruzar los
Alpes. Los romanos estaban
preparándose para enfrentarse a él en la
Península Ibérica. Tras fallar Escipión en
su intento de interceptarlo junto al Ródano,
despachó a Hispania a su hermano Cneo
con la mayor parte de su ejército consular
mientras que él con un destacamento
reducido, se dirigió a Pisa (Etruria),
desembarcando allí y uniéndose al ejército
de los pretores en la Galia, Lucio Manlio
Vulsón y Cayo Atilio Serrano. Las
decisiones y movimientos rápidos le
permitieron llegar a Placentia a tiempo
para alcanzar a Aníbal.[71]

Tras completar el cruce de la cordillera


alpina con las tropas diezmadas, y
después de haber logrado someter a la
tribu de los Taurinos, Aníbal y su ejército
avanzaron hacia el Este y se encontraron
con el ejército romano de la Galia junto al
río Tesino. La batalla del Ticino, una
simple escaramuza entre la caballería
romana liderada por el cónsul Publio
Cornelio Escipión[26] y la caballería
cartaginesa, puso de manifiesto por
primera vez en suelo itálico las cualidades
militares de Aníbal. El general púnico
empleó a su caballería ligera, los númidas,
para flanquear a las fuerzas romanas,
mientras su caballería pesada hispana
chocaba frontalmente contra los jinetes
galos aliados de los romanos, los vélites y
el resto de caballería italo-romana. El
cónsul fue herido y salvado por un esclavo
de origen ligur, aunque según otras
fuentes su salvador fue su hijo de
diecisiete años, Publio, que
posteriormente recibiría el sobrenombre
de Africano por la victoria decisiva sobre
Aníbal en Zama.[72] Tras retirarse a su
campamento, los romanos abandonaron
el área del Ticino y acamparon en las
cercanías del río Po junto a la colonia de
Placentia, en Emilia-Romaña. Gracias a la
superioridad de su caballería, Aníbal había
obligado a los romanos a evacuar la
llanura de Lombardía.[10][72]

Batalla del Trebia

Estrategias durante la Batalla del Trebia.

Antes de que la noticia de la derrota del


Ticino llegara a Roma, el Senado ordenó al
cónsul Tiberio Sempronio Longo traer sus
tropas de Sicilia, para reunirse con
Escipión y enfrentarse a Aníbal.[73]

Aunque no constituía más que una victoria


menor, el resultado del encuentro junto al
Ticino incitó a los galos[36] y a los ligures a
unirse a los cartagineses,[74] lo que
aumentó el tamaño del ejército púnico a
40.000 hombres, de los cuales 14.000
eran galos.[33] Publio Cornelio Escipión,
gravemente herido y ante la deserción de
algunos de los galos alistados junto a los
romanos, se retiró a las tierras altas junto
al río Trebia[25] para establecer un nuevo
campamento, y salvaguardar de este
modo su ejército.[75] Allí esperó la llegada
del ejército consular de Tiberio Sempronio
Longo, que había partido de Sicilia para
reforzar a su colega.

Aníbal, gracias a sus hábiles maniobras,


estaba en posición de contrarrestar a
Sempronio, pues controlaba la carretera
que iba de Placentia a Ariminum, que el
cónsul debía seguir si quería unirse a
Escipión. Aprovechando la situación,
Aníbal tomó por traición Clastidium, actual
Casteggio, en Lombardía —donde halló
grandes cantidades de suministros para
sus hombres. No obstante, este éxito no
fue completo, pues, aprovechando la
distracción del cartaginés, Sempronio
avanzó y logró unirse a Escipión,
acampado junto al río Trebia, cerca de
Placentia.[76] Apenas llegó Sempronio a la
zona, su caballería tuvo una refriega
favorable con los forrajeadores púnicos
que le hizo ganar confianza.

El día del solsticio de invierno del


218 a. C., tras acosar su campamento con
su caballería númida, Aníbal logró que sus
enemigos presentasen batalla. El día
antes había emboscado a su hermano
Magón con efectivos de infantería y
caballería en una zona arbustiva cercana a
la escena de la batalla. La Batalla del
Trebia.[33] tuvo su inicio cuando el ejército
romano cruzó el río y chocó contra los
efectivos cartagineses. La caballería
púnica junto a los elefantes y los
hostigadores baleares, se concentró en el
acoso de las alas romanas, poniendo en
fuga a la caballería enemiga. Fuertemente
presionados en las alas, se vieron
atacados además por la espalda por los
efectivos de Magón que estaban
emboscados. Rodeados por todas partes,
el centro de la infantería romana consiguió
abrirse paso a su frente a través de los
galos e hispanos que integraban el centro
de la línea cartaginesa. De este modo
logró escapar una parte de los efectivos
romanos.[28][77] De nuevo Aníbal había
logrado una importante victoria, esta vez
tras enfrentarse a dos ejércitos romanos
mandados por los dos cónsules.

Batalla del Lago Trasimeno


Tras las victorias del Ticino y del Trebia,
los cartagineses se retiraron a Bolonia,
[cita requerida] para después continuar su
marcha sobre Roma. Después de haber
asegurado su posición en el Norte de Italia
gracias a sus victorias, Aníbal trasladó sus
cuarteles de invierno al territorio de los
galos, cuyo apoyo parecía estar
disminuyendo.[78] En la primavera del
217 a. C., el general cartaginés decidió
establecer una base de operaciones más
segura, situada al sur. Pensando que
Aníbal estaba decidido a seguir avanzando
sobre Roma, Cneo Servilio Gémino y Cayo
Flaminio Nepote, los nuevos cónsules,
movilizaron a sus ejércitos a fin de
bloquear las rutas del este y del oeste, las
cuales podían ser tomadas por Aníbal para
marchar sobre Roma. La otra ruta que
atravesaba Italia central se encontraba en
la desembocadura del Arno. Este itinerario
pasaba por una gran marisma que estaba
sumergida más de lo habitual en ese
período del año y, aunque Aníbal sabía que
esta ruta era la más complicada, también
era consciente de que constituía la vía
más segura y más rápida hacia el centro
de Italia. Como el historiador Polibio
indica, los hombres de Aníbal marcharon
cuatro días y tres noches sobre «una ruta
que estaba bajo las aguas» y sufrieron una
terrible fatiga acusada además por la falta
de sueño.[52][53]

El general atravesó los Apeninos y el Arno,


presuntamente invadeable, sin oposición.
No obstante, en los pantanos que había en
las llanuras, Aníbal perdió gran parte de
sus fuerzas y, al parecer, a sus últimos
elefantes. A su llegada a Etruria (la actual
Toscana), Aníbal decidió atraer al ejército
principal romano, mandado por Flaminio, a
una batalla campal, devastando ante sus
propios ojos el territorio que se suponía
debía proteger. Tal y como Polibio escribe:

Emboscada de Aníbal en el 217 a. C. en las orillas del


lago Trasimeno.

Él [Aníbal] calculó que si rodeaba el


campo e irrumpía en el territorio de
más allá, Tito Quincio Flaminio (en
parte por temor a los reproches
populares y en parte a causa de su
propia irritación) sería incapaz de
soportar pasivamente la devastación
del país, y le seguiría
espontáneamente... ofreciéndole así
ocasiones para atacarle.[79]

Al mismo tiempo, Aníbal intentaba romper


los lazos de Roma con sus aliados,
mostrándoles que Flaminio era incapaz de
protegerles. A pesar de ello, Flaminio
permaneció en Arretium sin mover un
dedo. Incapaz de arrastrar a Flaminio a
una batalla, Aníbal decidió marchar con
fuerza contra el flanco izquierdo de su
adversario, bloqueando su retirada a
Roma. Esta maniobra se reconoce como
el primer movimiento envolvente de la
historia.

Aníbal emprendió posteriormente la


persecución de Flaminio, a través de las
colinas de Etruria. El 21 de junio, le
sorprendió en un desfiladero en la ribera
del Lago Trasimeno. En la batalla que se
produjo, Aníbal destruyó completamente
su ejército entre la colinas y la orilla del
lago. 15.000 romanos murieron[26] y
10.000 más fueron apresados. Un grupo
de 5.000 que pudo abrirse paso entre las
líneas cartaginesas, fue finalmente
rodeado en una colina vecina por la
caballería púnica mandada por Maharbal y
aceptó rendirse a cambio de su libertad.
Aníbal no reconoció a su subordinado
autoridad para tomar tal decisión e
igualmente dejó como prisioneros a estos
últimos rendidos.

Batalla de los Pantanos de


Plestia

Dos días después, prosiguió su camino


hacia el este atravesando Umbría. Junto a
la zona pantanosa de Plestia, existía un
contingente romano de 8.000 hombres
venidos de la misma Roma de acuerdo a
Apiano,[80] mandados por el pretor Cayo
Centenio. Ordenó a su caballería bajo
mando de Maharbal dar un rodeo a la
posición de bloqueo que ocupaban las
tropas romanas, y entonces las atacó
frontalmente con su infantería y por la
espalda con sus jinetes, eliminando a esta
fuerza terrestre que se oponía a su avance
sobre Roma, matando además a su
jefe.[81] Polibio[82] y Livio[83] defienden que
esta fuerza romana estaba compuesta
sólo por 4.000 jinetes y en realidad se
trataba de la caballería del ejército
consular de Servilio Gémino que,
desconociendo lo ocurrido en Trasimeno,
la había mandado en avanzada para
auxiliar a su colega Flaminio. Este número
de 4.000 no coincide con la caballería de
un ejército consular, por lo que la
posibilidad de que fuese un contingente
enviado desde Roma (al igual que en 207
a.C. fueron enviadas las dos legiones
urbanas a bloquear el paso del río Nar en
las cercanías de Narni cuando Asdrúbal
Barca se acercaba a la costa adriática),
resulta verosímil.

Tras este enfrentamiento se dirigió contra


Spoletium, siendo rechazado su intento de
asalto junto a una de las puertas de la
ciudad, que hoy día conserva el nombre de
"Porta Fuga" en recuerdo de estos hechos
y su torre adyacente "Torre Oleum" por
suponerse que arrojaron aceite hirviendo
desde ella a los atacantes. Prosiguió
entonces hasta Narnia donde el puente
sobre el Nar[84] estaba cortado, y tras
arrasar la comarca se dirigió hacia Piceno
atravesando Umbría. Pese a su victoria,
Aníbal, era consciente de que sin
máquinas de asedio no podría tomar la
capital, y teniendo cortado el puente para
atravesar el río Nar y previsiblemente el
resto de cauces que se encontrase hasta
Roma, era preferible explotar su victoria
desplazándose a la costa adriática de
Italia, asolando territorios y campiñas y
alentando una rebelión general contra el
poder de la ciudad eterna. No en vano,
después de Trasimeno, Aníbal había
anunciado a sus prisioneros itálicos:

No he venido a luchar contra los


italianos, sino a combatir a Roma en
el nombre de los italianos.[85]

Tras estas dos derrotas seguidas en


Trasimeno y Plestia, los romanos
decidieron nombrar a Fabio Cunctator
—«el que retrasa»— como dictador.[33]
Separándose de la tradición militar
romana, Fabio optó por emplear una nueva
estrategia, que pasaría a la historia como
la Estrategia Fabiana, que consistía en
rechazar una batalla frontal contra su
adversario mientras disponía varios
ejércitos a su alrededor a fin de acosar a
sus forrajeadores y limitar sus
movimientos.

Batalla del Ager Falernus

Tras atravesar territorio picentino,


marrucino y frentano, el ejército cartaginés
llegó al norte de Apulia, devastando
cuanto se encontraba a su paso. A esa
última zona llegó el ejército romano bajo
mando de Fabio tras ser reconstruido con
los efectivos del ejército consular de
Servilio Gémino y con los recién alistados
para sustituir a los perdidos en Trasimeno.
Sin conseguir que Fabio cayera en sus
provocaciones, Aníbal decidió atravesar el
Samnio, tomando Telesia y llegando a
Campania, una de las más ricas y fértiles
regiones de Italia, con la esperanza de que
la devastación del territorio presionara al
dictador a entrar en batalla. Este último, no
obstante, decidió continuar siguiendo a
Aníbal pero sin entrar en combate con el
cartaginés, cada vez más a la defensiva. A
pesar de su éxito, la estrategia fabiana era
muy impopular entre los romanos, que la
consideraban cobarde. Aníbal entró en el
distrito del Ager Falernus, situado entre
Cales, el paso de Tarracina y el río
Volturno. Allí comenzó su devastación
pero Fabio logró bloquearle asegurando
todos los pasos que permitían la salida de
la región. Con el objetivo de contrarrestar
el movimiento de Fabio, Aníbal engañó a
los romanos con una estratagema
consistente en poner teas ardiendo en los
cuernos de los bueyes y lanzarlos en plena
noche en estampida sobre la zona en la
que pretendía que los romanos creyesen
que intentaba romper el cerco. Estos
acudieron a tratar de cerrar ese punto
mientras él escapaba por uno de los
pasos que los romanos abandonaron para
acudir al lugar del engaño. Aníbal y su
ejército atravesaron un desfiladero sin
oposición. Estos acontecimientos
constituyen la llamada Batalla del Ager
Falernus. De allí se dirigió hacia el norte de
Apulia atravesando los Apeninos por el
Samnio. El cuestionado dictador decidió
continuar con su estrategia y le persiguió.
Ese invierno, Aníbal estableció sus
cuarteles en la región de Larino en la zona
limítrofe entre el Samnio y el norte de
Apulia. El exitoso modo en que Aníbal
desplazó a su ejército en tan apurada
situación ha sido calificado por Adrian
Goldsworthy como «un movimiento
clásico de la historia militar antigua que
encuentra su lugar en todas las narrativas
bélicas y que se ha empleado en los
manuales militares ulteriores».[86]

Batalla de Geronio

Aníbal tomó la ciudad de Geronium[87] y


estableció allí su base de operaciones.[88]
Fabio estableció su campamento 30
kilómetros al sur, en la ciudad de
Larinum,[89] aunque fue llamado poco
después a Roma para atender unos oficios
religiosos.[90]

En ausencia de Fabio, Marco Minucio


Rufo, el magister equitum, asumió el
mando de las tropas y decidió acercar su
posición a la de los cartagineses. Estos a
su vez establecieron un segundo
campamento de avanzada cerca del
ocupado por los romanos, mientras
mantenían el que originalmente tenían en
Geronio. En un osado movimiento Minucio
Rufo lanzó a su caballería e infantería
ligera contra las tropas púnicas que
forrajeaban en la zona, mientras con su
infantería pesada se acercó al
campamento de avanzada cartaginés.
Debido a que tenía a la mayor parte de sus
tropas en las labores de recolección,
Aníbal a duras penas podía contener a los
legionarios que cercaban el campamento
y llegaban ya a las empalizadas. Con los
forrajeadores que regresaban
apresuradamente al campamento
cartaginés de Geronio, Asdrúbal, un
subordinado de Aníbal, juntó un
contingente de refuerzo de 4.000 hombres
y consiguió llegar a tiempo de auxiliar a
Aníbal en el campamento de avanzada,
obligando a los romanos a replegarse.
Debido a que había dejado su
campamento de Geronio sin guarnición, y
que este era además donde guardaba su
tren logístico, Aníbal decidió abandonar el
campamento de avanzada y volver al de
Geronio. El magister equitum había
conseguido infligir numerosas bajas a los
forrajeadores cartagineses, obligándoles
además a abandonar uno de sus
campamentos.[91] Este hecho tuvo una
gran repercusión en Roma. El Senado,
impaciente con Fabio Máximo, cuyo
prestigio había sufrido un duro golpe tras
el movimiento de Aníbal en el Ager
Falernus, promulgó una ley que equiparaba
el rango de Minucio Rufo al del Cunctator,
coexistiendo así dos dictadores por
primera vez en la historia romana.[92] A
resultas de esto el ejército romano quedó
dividido en dos, ejerciendo el mando de
uno de ellos Fabio y del otro Minucio.

Aníbal, sabiendo dichos hechos, tendió


una trampa a Minucio frente a la ciudad de
Geronium. Según cuenta Plutarco, «el
terreno frente a la ciudad era llano, no
obstante, tenía algunas acequias y
cuevas»,[93] que ocupó la noche anterior
con 5.000 soldados y 500 jinetes. La
mañana siguiente, envió una partida de
forrajeadores a la vista del campamento
de Minucio, quien inmediatamente atacó
con tropas ligeras. Aníbal reforzó a los
escaramuzadores y lanzó entonces a la
caballería, que Minucio hubo de
contrarrestar con la propia. Cuando la
caballería italiana fue derrotada, Minucio
formó a todas sus legiones en orden de
combate y descendió al valle. El general
púnico esperó a que hubiera cruzado el
valle y entonces dio la orden a sus tropas
emboscadas, que atacaron los flancos y la
retaguardia de la formación romana. El
ejército de Marco Minucio se batió en
retirada, perseguido por los jinetes ligeros
de Numidia, y habría sido casi totalmente
aniquilado de no ser por la intervención de
Fabio Máximo quien con la aparición de su
ejército, puso en fuga a los púnicos. Tras
la Batalla de Geronium, Minucio renunció a
su cargo y puso sus legiones bajo el
mando del "escudo de Roma".[93][94]
Finalizados los seis meses de Dictadura
de Fabio, el ejército romano pasó de nuevo
a manos del cónsul Servilio Gémino y del
cónsul sufecto Marco Atilio Régulo,
nombrado en sustitución del fallecido
Flaminio. Estos prosiguieron con la
estrategia fabiana los escasos dos meses
que quedaban hasta agotar su mandato y
ya en calidad de procónsules, durante los
primeros meses del siguiente consulado
de 216 a.C. mientras los nuevos cónsules
elegidos por los ciudadanos romanos,[50]
Lucio Emilio Paulo y Cayo Terencio Varrón,
reclutaban tropas y despachaban asuntos
en Roma.

Cannas y sus consecuencias

Aniquilamiento del ejército romano en Cannas, en el


año 215 a. C. (Academia militar de West Point).

Aníbal, que no tenía intención de atacar


Roma en un primer momento, pretendía
saquear los territorios de Apulia.[95] En la
primavera del 216 a. C., el general
emprendió la iniciativa de atacar el
importante depósito de suministros de
Cannas. Mediante esta acción, se situaba
entre los ejércitos romanos y su principal
fuente de víveres.[96] Confiados en la
victoria, los nuevos cónsules
incrementaron el ejército hasta un total de
aproximadamente 100.000 hombres, el
más numeroso de su historia.[97] Los
cónsules renunciaban así a la lenta pero
eficaz táctica de evitar el conflicto,
optando por un choque frontal.[20]

La batalla, considerada como la obra


táctica maestra de Aníbal, se libró
finalmente el 2 de agosto del 216 a. C.,[33]
sobre la ribera izquierda del río Ofanto (sur
de Italia). Desde que tomaron el mando
los dos cónsules, decidieron alternar
diariamente el mando del ejército. Varrón,
comandante de las fuerzas ese día, estaba
decidido a vencer a Aníbal.[97] A la cabeza
de 50.000 hombres,[33] el general
cartaginés se aprovechó del ímpetu de los
romanos, y lo condujo a una trampa en la
que aniquiló a su ejército. Aníbal envolvió
a los romanos, reduciendo el área del
campo de batalla y eliminando así su
ventaja numérica. Colocó el centro de su
infantería hispana y gala en un semicírculo
convexo, poniendo en las alas a su
infantería africana. Contigua a esta puso
en su flanco izquierdo junto al río Ofanto a
6.000 jinetes de la caballería pesada
hispano-gala bajo mando de Asdrúbal y en
el derecho a unos 4.000 jinetes númidas
mandados por Maharbal.[97] En el ala
derecha romana se situaron los 2.000
jinetes de la caballería romana bajo
mando de Emilio Paulo y en la izquierda
los 4.500 de la itálica bajo mando de
Varrón. El combate se inició con la derrota
junto al río de la caballería romana de
Emilio Paulo. Mientras, las legiones
romanas, que se extendían sobre
aproximadamente un kilómetro y medio
del terreno, se lanzaron contra el centro
del ejército púnico, que fue retrocediendo
de manera controlada cambiando su
forma convexa a una cóncava en forma de
"U", encerrando a los legionarios en su
interior.[20] La caballería de Asdrúbal —que
no debe confundirse con Asdrúbal Barca—,
situada en el flanco izquierdo, tras eliminar
a sus oponentes romanos, rodeó por la
espalda a las tropas romanas y atacó a la
caballería de Varrón, que hasta ese
momento había permanecido en un
combate equilibrado contra la caballería
númida.[97] Esta maniobra puso en fuga a
la caballería itálica que fue
inmediatamente perseguida por los
númidas, dejando de este modo solos a
los infantes romanos. Aprovechando
además que en ese momento se desató
viento polvoriento de cara contra el frente
romano, que les impedía ver la situación,
Aníbal ordenó a su infantería africana de
las alas que girasen 90º para encerrar los
flancos de los romanos. Por la espalda la
caballería pesada hispano gala completó
el cerco. El ejército romano estaba
encerrado, comenzando entonces una
masacre de los legionarios, que supondría
su casi total aniquilación.

Aníbal contando los anillos de los caballeros romanos


caídos en la Batalla de Cannas (216 a. C.). Mármol de
1704 esculpido por Sébastien Slodtz, que actualmente
se expone en el Museo del Louvre.

Cuando terminó la batalla, Aníbal recuperó


los anillos de los cadáveres de los equites
romanos que habían perecido en combate.
Con ellos pudo proporcionar al gobierno
cartaginés la prueba irrefutable de su
victoria en Cannas.[20]

Gracias a su brillante táctica, Aníbal, a


pesar de su inferioridad numérica, aniquiló
las fuerzas romanas casi por completo. La
Batalla de Cannas ha sido considerada
como la derrota más desastrosa de Roma
hasta esa fecha.[20] Las pérdidas romanas
se estiman entre 25.000[50] y 70.000
hombres.[10] Entre los muertos figuraban el
cónsul Lucio Emilio Paulo,[26] dos ex-
cónsules, dos cuestores, 29-48 tribunos
militares y 80 senadores (25-30% del total
de sus miembros). Además, 10.000
soldados romanos fueron capturados por
Aníbal.[50] La Batalla de Cannas ha sido
una de las más sangrientas de la historia
por la cantidad de muertos en un solo
día.[97] El ejército cartaginés solo hubo de
lamentar 6.000 bajas.[25]

La victoria de Aníbal se explica, no solo


por las tácticas empleadas durante la
batalla, sino también por la habilidad
psicológica del cartaginés, que se
aprovechó de los errores de sus
oponentes.[94] Aníbal provocó a los
cónsules, que cayeron en varias ocasiones
en sus trampas, como en el caso del Lago
Trasimeno, por sus deseos de lograr una
victoria antes de finalizar su mandato.
Para idear sus estrategias, Aníbal debía
gozar de un detallado conocimiento de las
instituciones romanas y de la ambición de
los políticos republicanos. Para ello
resultaba inestimable la ayuda de los
espías púnicos, a menudo camuflados
bajo la apariencia de simples
comerciantes.

Después de Cannas, los romanos ya no se


mostraban tan decididos a enfrentarse
directamente a Aníbal, y preferían volver a
la estrategia de Fabio Máximo: buscar la
derrota del adversario mediante una
guerra de desgaste basada en su ventaja
numérica y su rápido acceso a los
suministros. No es cierto que como
opinan algunos autores, Aníbal y Roma no
volvieran a enfrentarse en batalla campal
en territorio italiano hasta el final de la
guerra.[98] Hubo generales romanos que sí
se atrevieron a luchar, con desigual suerte,
en batalla campal contra los cartagineses.
Roma se negó a rendirse o a negociar un
armisticio y volvió al reclutamiento de
nuevas tropas para continuar la guerra.

La gran victoria cartaginesa hizo que


numerosos pueblos en el sur de Italia
decidieran unirse a la causa de Aníbal.[99]
Tal y como escribe Tito Livio, «el desastre
de Cannas fue el más grave del que se
tenían precedentes, e hizo que la fidelidad
de los aliados, que hasta ahora se había
mantenido firme, comenzara a
tambalearse, sin ninguna razón
seguramente, más allá de que perdían la
confianza en el Imperio».[100] Dos años
después, las ciudades griegas de Sicilia se
rebelaron contra el control político romano
y el rey de Macedonia, Filipo V, firmó en
215 a.C. una alianza con Aníbal,[95]
provocando el estallido de la primera
guerra macedónica. Además, Aníbal forjó
una alianza con el nuevo rey de Siracusa,
Jerónimo.

Se ha afirmado a menudo que si Aníbal


hubiera recibido el equipo necesario
procedente de Cartago, habría
encabezado un ataque directo contra
Roma. Sin embargo, se contentó con
hostigar las fortalezas que se le resistían
enconadamente y, a pesar de todo, solo
consiguió la defección de algunos
territorios italianos como Capua, la
segunda ciudad de Italia, que los
cartagineses convirtieron en su nueva
base. De las ciudades italianas que Aníbal
esperaba que se le unieran, solo un
pequeño número consintió en hacerlo.
Según J. F. Lazenby, el que Aníbal no
atacara la Ciudad no se debió a la falta de
equipamiento, sino a lo precario de su
capacidad de abastecimiento y a la
inestabilidad de su propia situación
política.[101]

Las intenciones de Aníbal, además de


retomar Sicilia, pasaban por la destrucción
de Roma no tanto como ciudad sino como
entidad política,[102] de ahí su negativa a
tomar la ciudad tras la batalla de Cannas y
la famosa frase atribuida a su jefe de
caballería, el númida Maharbal:

(...) Tum Maharbal: 'non omnia


eidem di dedere; vincere scis,
Hannibal, victoria uti nescis'.

Respondió Maharbal: 'Los dioses


no han concedido al mismo
hombre todos sus dones; sabes
vencer, Aníbal, pero no sabes
aprovecharte de la victoria'.[103]
Aníbal utilizó sus victorias para tratar de
atraer a su causa a las ciudades
sometidas a Roma.[28] Los prisioneros, por
ejemplo, eran divididos en dos grupos. Los
ciudadanos romanos —que eran reducidos
a la esclavitud o empleados para
intercambiar prisioneros—, y los
ciudadanos latinos o aliados, a los que se
permitía regresar a sus casas.

Muchos pueblos de la Italia central y


meridional se apresuraron a unirse con
Cartago. En el 216 a. C., Brucia, la actual
Calabria, cambió de bando, así como
Lokroi Epizephyrioi (actual Locri o Locris
Epizefiria) y Crotona en el 215 a. C. En el
212 a. C. se produjeron las rebeliones de
Metaponto en el Golfo de Tarento, Turios,
cerca de Síbaris, y de Tarento, en
Apulia.[28] Estas ciudades se unían así a
los galos de la Cisalpina y a Capua.
Latinos, etruscos, picentinos, marsios,
sabinos, pelignos, marrucinos, frentanos y
umbros se mantuvieron fieles a Roma
durante toda la guerra, si bien algunos de
ellos debieron permanecer vigilados
durante algunos periodos.

Hay que precisar que Aníbal tuvo la


habilidad de proponer un sistema de
alianza menos vinculante que el modelo
romano, que permitía a los distintos
pueblos mantener un conjunto de
derechos. El modelo romano se tornaba
excesivamente opresivo en materia
económica y reducía la participación de
los nativos en la administración pública.

Al contrario que los romanos, Aníbal se


inspiró en el modelo griego, es decir, en el
pensamiento de una ciudad homogénea
que garantizaba la seguridad de sus
aliados, a los que concedía una especie de
libertad. Buscando la aceptación de su
sistema, Aníbal escribió un discurso
alabando la libertad de los griegos. Esta
idea, defendida en su época por Antígono I
Monóftalmos, debía proceder de Filipo V
de Macedonia, con quien concluyó una
alianza en 215 a. C.[14] Gracias a ello, el
conquistador cartaginés hizo que a ojos
de ciertos griegos de Sicilia y del sur de
Italia (Magna Grecia), los romanos fueran
vistos como bárbaros.

A partir de 215 a. C., los romanos volvieron


a emplear la estrategia de Fabio Cunctator
y procuraron evitar enfrentarse a Aníbal en
batalla campal.[14] Aumentaron sus
efectivos a través de una política de
enrolamiento de esclavos y de jóvenes de
menos de 17 años. Los romanos
comprendieron hasta qué punto era
necesario encaminar una ofensiva sobre el
terreno político e ideológico. Bajo la
dirección de un senador especializado en
las letras griegas, Quinto Fabio Píctor, se
escribió una historia de Roma antipúnica.
En la obra de Píctor, Aníbal y los
cartagineses son descritos como hombres
indignos de confianza, impíos y crueles.[28]
En contraste, se presenta a los romanos
como hombres fieles a sus acuerdos, píos
y tolerantes. De este modo se puso en
marcha la definición de la «costumbre de
los ancestros», el mos maiorum, que pasó
a ser la norma moral de referencia a
finales de la República de Roma.

«Delicias de Capua»

Poco después de la Batalla del Lago


Trasimeno en el 217 a. C., Aníbal hizo
liberar a tres caballeros de Capua que,
poco tiempo después, le propusieron
tomar posesión de la ciudad. Aníbal pasó
mucho tiempo tratando de ganarse la
confianza de los notables de la ciudad,[25]
que logró obtener tras el término de la
Batalla de Cannas. La ciudad (hoy en día
conocida con el nombre de Santa María
Capua Vetere) «ofreció a los soldados
cartagineses numerosos placeres que
ablandarían sus fuerzas». En cualquier
caso, el sentido de la famosa expresión
«Delicias de Capua»,[104] puede no
corresponderse a la realidad. Una
reconstrucción pormenorizada de los
hechos narrados por Livio desde la batalla
de Cannas hasta la caída de Casilino,
demuestra que no hubo tiempo material
para que su ejército se acomodase. En los
tres meses desde la batalla hasta el inicio
de operaciones en Casilino, Aníbal se hizo
cargo de las localidades del norte de
Apulia que se pasaron a su bando dejando
guarniciones; atacó con su caballería
Canusio;[105] marchó a aceptar la
desafección de Compsa (Hirpinos) donde
también dejó hombres; dividió su ejército
dándole una parte a Magón que se
encaminó al sur; avanzó hasta Campania
donde se dirigió contra Neápolis, sin
conseguir que la ciudad cambiase de
bando. De allí se fue a Capua donde firmó
la alianza con sus dirigentes,
consumándose así el cambio de bando de
la ciudad. Tras esto volvió a acercarse a
Neápolis sin éxito,[106] marchando
entonces a Nola donde no consiguió que
se pasasen de bando al llegar Marcelo con
tropas. Por tercera vez volvió a ir a
Neápolis, sin conseguir su deserción.[107]
Entonces sitió y tomó la cercana
población de Nuceria desde donde retornó
a Nola. Se enfrentó allí en la Primera
batalla de Nola con Marcelo sin éxito,
dejando el área con dirección a Acerra, la
cual fue abandonada por su población y
destruida por los púnicos. Se dirigió
entonces a Casilino, situada sobre el río
Volturno, donde había llegado el ejército
del Dictador Marco Junio Pera.

Una vez en Casilino, asaltó de noche el


campamento romano y logró que estos
huyeran.[108] Al alejarlos de la zona, pudo
iniciar el asedio de la ciudad. Tras varios
asaltos fallidos cercó la población y
comenzó el sitio. La capitulación de la
misma coincidió con la marcha del
Dictador a Roma para celebrar las
elecciones consulares, algo que solía
tener lugar a finales del mes de enero, lo
que significa que el sitio duró alrededor de
dos meses. En este periodo se conoce que
el grueso del ejército cartaginés marchó a
invernar a su campamento del Monte
Tifata. Este campamento estaba situado a
unos 3 km de la ciudad de Capua. Es muy
difícil que el escaso margen de tiempo
que tuvo para descansar (no mucho más
de dos semanas), hiciese que su ejército
se acomodase, al menos hasta la fecha de
la caída de Casilino. Tras esto Aníbal en
persona se dirigió al Brucio junto al
ejército que dirigía Hannón, para iniciar el
asedio de la ciudad de Petelia. La
siguiente mención a operaciones militares
del ejército de Aníbal tiene lugar ya
durante 215 a.C. cuando sale desde Capua
hasta la vecina ciudad de Cumas en
persecución del ejército del cónsul Tiberio
Sempronio Graco. Este último inició sus
operaciones cuando llegó desde Roma a
Sinuesa con 25.000 soldados aliados, que
junto al ejército con el que Pera acabó la
campaña, de otros 25.000 soldados,
permitió formar dos ejércitos consulares,
uno para el propio Graco y otro para el
cónsul sufecto, Fabio Máximo. Es de
reseñar que Fabio estacionó a sus
hombres en Cales mientras el ejército de
Graco permanecía en Sinuesa, cerrando
uno por la vía Apia en la costa y el otro por
la vía Latina, una posible entrada de Aníbal
al Lacio a través del ya para él conocido
Ager Falernus ahora que Casilino estaba
en manos cartaginesas y tenía por tanto
asegurado un punto de paso del río
Volturno y de este modo una eventual
retirada hacia Campania. Por rápida que
fuese la toma de posesión de los nuevos
cónsules en los idus de marzo, y sin
olvidar que al cónsul electo Marcelo
participó en la rotación de tropas que llevó
a los veteranos de Cannas a Sicilia, y que
se le hizo renunciar en favor de Fabio
Máximo, lo que sin duda causó demoras
adicionales, sumado a la llegada de los
contingentes de aliados a Roma, el tiempo
en viajar de Graco desde Roma hasta
Sinuesa (donde invernó el ejército de
Pera), así como el cruce del río Volturno
por la costa para entrar en Campania y la
operación contra los campanos en Hamae,
difícilmente pudo estar en Cumas antes de
finales de abril. Esto supone que Aníbal
permaneció en los alrededores de Capua
desde la caída de Casilino a finales de
enero hasta este momento. Unos tres
meses inactivo de los que el primer mes y
medio corresponde con el final del
invierno. Y es probablemente a este
periodo en unos momentos clave de la
guerra a lo que los romanos llamaron "las
Delicias de Capua". Pero no es menos
cierto que a los dos ejércitos romanos ya
presentes en la zona, el de Pera y el de
Marcelo, tampoco se les conoce
operaciones en este tiempo, por lo que el
parón tampoco puede verse como algo
excepcional. Estas "delicias de Capua"
parecen más bien un intento de la
propaganda romana por desprestigiar
tanto a Aníbal como a la traidora Capua,
ciudad que con esta idea aparecía como
un nido de frivolidad y perversión, de
manera que se asociase la desafección a
Roma con el vicio y la lealtad como
sinónimo de virtud.

Es posible que si Aníbal llegó a


contemporizar en Capua, fuese porque
esperaba una total desintegración de la
confederación italiana, así como nuevas
alianzas que le permitiesen destruirla.

Batalla de Cumas
Mientras, en el plano militar, nada más
comenzar la campaña de 215 a.C., en
Hamae (Campania), un ejército de sus
aliados campanos fue sorprendido en su
campamento por un ataque nocturno del
ejército consular de Tiberio Sempronio
Graco, teniendo fuertes bajas. Aníbal,
situado en ese momento en su
campamento del monte Tifata junto a
Capua, salió en persecución de los
romanos que se refugiaron en la cercana
ciudad costera de Cumas. Ante la falta de
medios de asedio, Aníbal ordenó retornar
a Capua para traerlos. Con ellos armó una
torre de asalto con la intención de atacar y
tomar la ciudad. Los romanos por su parte
iniciaron la construcción de una torre
sobre los muros para ayudar a defenderse
de la amenaza púnica. Durante la
aproximación a los muros de la ciudad, los
defensores desde su torre lograron
incendiar la torre cartaginesa y durante la
huida de sus ocupantes, realizaron una
salida que les causó bajas. Aníbal trató al
día siguiente de enfrentarse al ejército
consular formando a sus hombres para la
batalla, pero Graco permaneció en sus
posiciones dentro de los muros de la
población. Finalmente el general
cartaginés abandonó el sitio retornando a
su campamento del Monte Tifata.

El tratado firmado en 215 a.C. por Aníbal y


el rey Filipo V de Macedonia, fue
descubierto por los romanos al capturar
en aguas del Adriático una de las
embajadas destinadas a concretarlo. Esto
suponía la apertura de un nuevo frente
para las muy desgastadas armas de
Roma, que mandaron al Salentino una
flota de refuerzo de 25 naves y una legión
en previsión de lo que pudiera ocurrir.
2ª Batalla de Nola

Las fuerzas cartaginesas en Italia


recibieron de Cartago el envío de 4.000
jinetes y 40 elefantes, traídos por
Bomílcar. Poco después el general
cartaginés, recibió las quejas de sus
aliados samnitas e hirpinos de que Marco
Claudio Marcelo operando desde Nola,
realizaba frecuentes saqueos en sus
territorios por lo que le instaban a actuar
en su defensa. Estos hechos le hicieron
intentar nuevamente la toma de Nola,
defendida al igual que unos meses antes,
por el ahora procónsul Marcelo. Para ello
ordenó a su subordinado Hanón que le
trajera desde el Brucio los elefantes recién
llegados. Con sus tropas en los
alrededores de la ciudad, se produce una
primera refriega interrumpida por la lluvia
apenas comenzada. Al tercer día de su
llegada y aprovechando que una buena
parte de las tropas cartaginesas estaban
forrajeando, Marcelo saca a sus hombres
presentando batalla y se dirige contra el
campamento púnico. Aníbal ordena salir a
sus hombres disponibles y retornar a los
que se hallan dispersos. Ambos ejércitos
se enfrentan en la 2ª Batalla de Nola,
saliendo de nuevo mal parado el ejército
cartaginés, que se ve obligado a
replegarse a su campamento perdiendo
hombres y varios elefantes. Al día
siguiente desertará un grupo de jinetes
númidas e hispanos de la caballería
cartaginesa. Aníbal abandona la zona y se
dirige a Apulia.

Durante ese verano los púnicos enviaron


una expedición a la isla de Cerdeña a
apoyar la rebelión que tribus locales
habían iniciado contra los romanos, pero
al poco de desembarcar, y gracias a la
llegada de refuerzos desde Roma, son
derrotados en dos batallas consecutivas
en Carales y Cornus.

3ª Batalla de Nola

En la campaña del año siguiente, 214 a.C.,


el general cartaginés saquea las campiñas
cercanas a Cumas y se dirige sin éxito
contra la ciudad portuaria de Puteoli,
también en Campania. Tras esto vuelve a
intentar tomar Nola y mantiene con
Marcelo la 3ª batalla de Nola, volviendo a
ser rechazado hasta su campamento. Al
día siguiente rehúsa volver a enfrentarse a
los romanos que han formado junto a la
ciudad. Tras este fracaso, decide cambiar
de zona de operaciones y se dirige al
Salentino. Esto es aprovechado por ambos
cónsules, que una vez alejado Aníbal de
Campania, logran recuperar Casilino.

Guerra en Sicilia

Paralelamente, los cartagineses pusieron


su mirada en Sicilia, isla que constituía un
objetivo prioritario desde su derrota en la
primera guerra púnica. El joven tirano de
Siracusa, Jerónimo, recién ascendido al
poder tras la muerte del rey Hierón II,
abandonó la alianza romana en 214 a.C.

A mediados de año, después de las


convulsiones sucesorias habidas, que
acaban con el asesinato de Jerónimo y de
varios de sus familiares, se hacen con el
poder dos agentes cartagineses,
Hipócrates y Epícides. El reino de Siracusa
se alió abiertamente con Cartago,
obligando a Roma a desviar medios del
teatro principal de guerra en la península
itálica. Los romanos, bajo la dirección del
cónsul Marco Claudio Marcelo,
desplazaron un ejército consular desde
Campania a la isla para enfrentar la
situación junto al ejército desterrado de
Cannas el año anterior ya presente en la
isla desde la primavera de 215 a.C.
Marcelo inicia el sitio de Siracusa tras
fracasar en su intento de tomarla al
asalto.[14] Los cartagineses a su vez
enviaron tropas a la isla bajo mando de
Himilcón Fameas, desembarcando 20.000
infantes, 3.000 jinetes y 12 elefantes.[109]
Las ciudades de Heraclea Minoa y de
Agrigento, situadas junto al área de
desembarco púnico, aceptaron la alianza
con los cartagineses quienes con su
ejército se dirigieron a Siracusa a tratar, sin
éxito, de liberarla del sitio.
Operaciones en Iliria

A mediados de ese mismo año 214 a.C.,


Filipo V inició sus operaciones contra Iliria,
ocupando la población de Orico donde
dejó una guarnición. Tras esto se dirigió
contra Apolonia donde fijó su
campamento e inició el asedio de la
ciudad. Los romanos enviaron allí al pretor
Marco Valerio Levino con la flota y la
legión que tenía en el Salentino para
contrarrestarlo. Una vez desembarcados,
lograron reconquistar Orico rápidamente,
dirigiéndose a auxiliar a la cercada
Apolonia en la que consiguieron entrar sin
ser detectados. Tras un ataque sorpresa
nocturno, la Batalla de Apolonia, tomaron
el campamento enemigo destruyendo la
maquinaria de asedio, y obligaron a
replegarse a su territorio por tierra a los
macedonios, abandonando su flota de
birremes junto al río.

Campaña del año 213 a.C.

En 213 a.C., son nombrados cónsules


Tiberio Sempronio Graco y Quinto Fabio,
hijo de Fabio Máximo. Este último se hizo
con el control del ejército consular que
tuviera el año anterior su padre y se acercó
hasta la ciudad de Arpi en Apulia.
Aprovechando una noche de lluvia las
tropas romanas lograron escalar los
muros y penetrar en la ciudad donde
resistían un numeroso grupo de
habitantes y una fuerte guarnición
cartaginesa. Los defensores arpinos
desertaron junto a un grupo de hispanos
del contingente púnico. Se acordó permitir
la evacuación de la guarnición cartaginesa
hasta la cercana ciudad de Salapia, donde
se reincorporaron al ejército de Aníbal.

En la Galia, el nuevo pretor Publio


Sempronio Tuditano, logró tomar la ciudad
de Atrinum.

El general cartaginés centró sus


operaciones a partir del verano en la
comarca del Salentino, logrando
conquistar una buena parte del mismo.

En Lucania, el cónsul Graco logró tomar


algunas pequeñas localidades, teniendo
algunos combates de carácter menor.

Mientras, en el Brucio, y ante las salidas de


saqueo que el ejército de Graco hacía
desde Lucania, las localidades de
Cosentia y Thurii, hasta ese momento en
manos púnicas, se rebelaron y volvieron al
bando romano. En una de estas salidas de
rapiña, el subordinado de Aníbal, Hanón,
sorprendió a las partidas de forrajeo
itálicas del ejército de Graco, matando o
capturando a cerca de 15.000 hombres
incluido el apresamiento del prefecto
aliado que mandaba esas tropas, Tito
Pomponio Veyentano.

En Sicilia algunas localidades como


Murgantia se pasaron al bando cartaginés,
lo que hizo que los romanos masacraran
la población de Enna como escarmiento
para evitar nuevas deserciones.

En Roma existían rehenes de las ciudades


de Tarento y Thurii en un régimen de
libertad vigilada. Estos intentaron fugarse
de la ciudad siendo apresados antes de
que lograran llegar a Campania. Tras su
retorno a Roma fueron ajusticiados lo que
provocó que en sus respectivas ciudades
se levantase un sentimiento antirromano.
Esto provocó que un par de nobles
tarentinos ofreciesen a Aníbal una traición
para cambiar de bando la ciudad. Era ya el
final de la campaña de ese año y el
general cartaginés ayudado por el ataque
contra los centinelas de dos puertas de la
ciudad realizado por los traidores, logró
tomar Tarento en un ataque nocturno
excepto su ciudadela en la 1ª batalla de
Tarento. Esta presencia romana obligó a
construir obras defensivas y a dejar una
guarnición a los cartagineses.

Campaña del año 212 a.C.

Durante 212 a.C. los cartagineses iniciaron


sus operaciones en Lucania, donde tras la
rebelión de diversas poblaciones a su
favor, consiguieron tender una emboscada
a la comitiva del procónsul romano Tiberio
Sempronio Graco, dándole muerte.
Mientras, los cónsules romanos Apio
Claudio Pulcro y Quinto Fulvio Flaco
capturaron un campamento púnico
cercano a Benevento. Tras esto, realizaron
un primer intento de cercar la rebelde
ciudad de Capua, siendo frustrado por la
llegada de Aníbal en la 1ª batalla de
Capua. La muerte de Graco provocó la
deserción de parte de las tropas de
esclavos manumitidos de su ejército, lo
que obligó a que el cónsul Apio Claudio
acudiese a la zona para mantener la
presencia romana. Allí fue relevado por
Marco Centenio Pénula quien con nuevos
refuerzos encabezó el ejército romano en
esa área mientras el cónsul regresaba a
Campania. Tras el éxito en Capua, el
general cartaginés, desplazó sus
operaciones a Lucania, donde logró tomar
varias poblaciones en el norte de la
misma, derrotando en la batalla del Silaro
al pretor Marco Centenio Pénula
destruyendo su ejército. Aníbal prosiguió
su ofensiva dirigiéndose al norte de Apulia,
donde sorprendió y aniquiló al ejército del
pretor Cneo Fulvio Flaco en la 1ª batalla de
Herdonea. Antes de acabar el año su
ejército marchó al sur fracasando en la
toma de la ciudadela de Tarento y de la
ciudad de Bríndisi, en un intento de
dominar completamente el Salentino. Esta
región era clave para facilitar la llegada de
un ejército macedonio desde Iliria.

A final de año, y mientras el ejército púnico


andaba ocupado en las operaciones
anteriores, con la ayuda del pretor en
Suessula, Cayo Claudio Nerón, los dos
cónsules romanos logran finalmente
completar el cerco de la capital campana
iniciando un largo sitio. Este hecho
coincide con la caída de Siracusa en la isla
de Sicilia, tras dos años de asedio.
Marcelo logró tomar por asalto una parte
de la ciudad, consiguiendo completar la
toma gracias a una traición de una parte
de su guarnición.

Por esa época, aprovechando que los


cartagineses enviaron parte de su
contingente en Hispania a luchar al norte
de África contra el rey de Numidia Sifax,
los romanos trataron de contraatacar en la
península ibérica dirigidos por Publio
Cornelio Escipión y su hermano Cneo
Cornelio Escipión Calvo (procónsules del
ejército romano en Hispania en el periodo
217 - 211 a. C.). Habían logrado dominar el
Levante peninsular tomando Sagunto en el
año 212 a. C. Sus tropas operaban en la
Oretania cuando tras el regreso desde
África de Asdrúbal Barca, ambos
generales murieron en dos batallas
consecutivas sucedidas en Cástulo e Ilorci
a comienzos del año 211 a. C. Este hecho
supuso el repliegue romano hasta el río
Ebro y la posibilidad de que Asdrúbal, el
hermano de Aníbal, pudiese emprender
otra expedición a Italia. Esto obligaba a
que Roma enviase refuerzos
urgentemente a Hispania para tratar de
impedir esta opción.

Campaña de 211 a.C. Hannibal


ad portas. Inflexión en la
guerra

Con Lucania casi en su totalidad en la


órbita púnica al igual que la mayor parte
del territorio de Hispania al sur del río Ebro
que les separaba de los escasos
defensores romanos supervivientes en
esas tierras, la ciudad de Tarento en su
poder excepto su ciudadela, las ciudades
griegas de la Magna Grecia en el lado
cartaginés, Capua cercada y el reino de
Siracusa en manos romanas, daba
comienzo la campaña del año 211 a.C.
Tras la elección de nuevos cónsules en
Roma y la prórroga de su mando como
procónsules al frente de los ejércitos que
sitiaban la capital campana de los
cónsules del año anterior, se produjo
entonces el fallido intento de Aníbal de
auxiliar Capua a comienzos de la
primavera de 211 a. C. en la 2ª batalla de
Capua.[26] Durante el mismo, el procónsul
romano Apio Claudio resultó gravemente
herido. Inmediatamente después de este
combate, Aníbal realizó una incursión con
su ejército sobre la misma Roma.[110] Su
intención era atraer a los ejércitos
romanos que sitiaban Capua, para ir a
defender su capital, Roma. Pero estos solo
desplazaron en su socorro 15.000
hombres bajo mando del procónsul Quinto
Fulvio Flaco, del total de los que cercaban
Capua, persistiendo con los demás, bajo
mando de Apio Claudio, en el sitio a la
capital campana. En el curso de la
penetración sobre la Ciudad Eterna, asoló
las campiñas y localidades por las que
pasó además del templo de Lucus
Feroniae y una vez en las cercanías de
Roma, se acercó con su caballería hasta
los muros de la ciudad, llegando a tener
una refriega con la caballería romana.[28]
La presencia del ejército cartaginés
acampado junto al río Anio a tres millas de
las murallas, sembró el pánico entre la
población, acuñándose la famosa frase
"Hannibal ad portas". La infantería romana
llegó a formar para dar batalla, pero
finalmente el combate no se produjo y
Aníbal optó por retirarse. Durante su
regreso a Campania, fue perseguido por el
ejército de socorro romano que le atacó
con éxito durante el vadeo del río Anio,
recuperando parte del botín logrado en los
saqueos. Al quinto día de abandonar
Roma realizó un ataque sorpresa nocturno
contra el campamento de sus
perseguidores, sin lograr conducirlos a la
emboscada que planeó. Al no haber
podido destruir este contingente desistió
de volver a Capua y se encaminó al norte
de Apulia. Estos hechos ocurridos junto a
la capital enemiga coincidieron con el
envío del primer contingente de refuerzo
romano a Hispania tras el desastre de los
Escipiones. En el verano de 211 a. C.[36] la
ciudad de Capua se rindió finalmente al
procónsul Quinto Fulvio Flaco, al igual que
las cercanas Atella y Calatia. La victoria
romana en Campania les permitió reducir
notablemente los efectivos movilizados de
los tres ejércitos allí presentes, aunque
una parte de ellos fue desviada a Hispania
inmediatamente (a mitad de 211 a.C.) con
el nuevo propretor enviado al territorio,
Cayo Claudio Nerón.

El resto de la campaña Aníbal prosiguió en


el norte de Apulia vigilado por los dos
ejércitos consulares de los dos nuevos
cónsules, Cneo Fulvio Centumalo (cónsul
211 a. C.) y Publio Sulpicio Galba Máximo.
Invernó en Lucania, tras lo cual
reconquistó la localidad de Tisia, junto a
Regio, que se había pasado al bando
romano.

En Sicilia entre tanto había llegado un


contingente de caballería púnico enviado
por Aníbal, a cuyo frente estaba un
subordinado suyo de origen númida
llamado Mutines. La eficacia de este
cabecilla despertó el recelo del general
cartaginés Hanón, jefe de las fuerzas
púnicas en la isla, quien decidió relegar a
los númidas a segundo plano. Marco
Claudio Marcelo trató de forzar un
encuentro decisivo para destruir los restos
de las fuerzas enemigas en la isla. El
enfrentamiento se produjo junto al río
Himera, en el centro de Sicilia, y gracias a
las rencillas internas en el bando
cartaginés, los númidas se retiraron y no
tomaron parte en el combate, facilitando
la destrucción del ejército cartaginés y el
de sus aliados siracusanos, obligando a
los escasos supervivientes a refugiarse en
su último bastión en Agrigento. Tras esto y
siendo ya verano, Marcelo regresó a Italia
llegando en su sustitución el pretor Marco
Cornelio Dolabella. Este se encontró con el
motín de las tropas del ejército de Marcelo
que deseaban regresar a Italia junto a su
jefe. Aprovechando estas circunstancias,
desde Cartago se envió un contingente de
8.000 hombres, logrando de ese modo
mantener viva la guerra en la isla.

Ante los avances de Filipo V en Grecia, los


romanos decidieron aliarse en 211 a.C.
con la Liga Etolia para hacer frente al rey
macedonio. Este trataba de aprovecharse
de la situación en Italia para conquistar
Iliria. Atacado por varios frentes, el joven
rey fue rápidamente neutralizado por
Roma y sus aliados griegos. El acuerdo
con la Liga Etolia permitió igualmente
replegar la legión romana que operaba allí
al inicio de la campaña del año siguiente.

A finales de 211 a.C. o comienzos de 210


a.C, llegó a Hispania como nuevo
comandante del contingente romano junto
a nuevos refuerzos Publio Cornelio
Escipión, hijo y sobrino de los anteriores
procónsules fallecidos a comienzos de
211 a.C., y junto a él, el pretor Marco Junio
Silano, que relevó a Nerón en el puesto.

Aníbal tenía a comienzos de la campaña


de 211 a.C. unas circunstancias
netamente favorables. En Hispania el
ejército romano había sido casi aniquilado
y los procónsules que lo mandaban
muertos. El año anterior (212 a.C.) había
logrado tomar el control de casi toda la
Magna Grecia con la captura de Turios,
Metaponto y Heraclea y de buena parte de
Lucania, destruyendo dos ejércitos
romanos al completo. Roma estaba
económicamente ahogada y con graves
dificultades de reclutamiento tras sus
últimos reveses, lo que había retrasado el
alistamiento del año anterior. En la
contrabalanza, en Sicilia las cosas se
inclinaban del lado romano con la caída de
Siracusa y Capua había sido cercada
mientras él intentaba terminar la
conquista del Salentino. Su gran reto para
esta campaña consistía en romper el
asedio de la capital campana y fracasó
tanto en su intento directo, como en el
indirecto aproximándose a Roma. Estos
acontecimientos constituyen el punto de
inflexión de la guerra y el de máximo
control territorial púnico sobre el sur de
Italia. A partir de este momento
comenzará un lento retroceso de las
armas cartaginesas.

Retroceso cartaginés en
Apulia, Salentino y Lucania y
fin de la guerra en Sicilia

En el año 210 a. C., el cónsul Marcelo


consiguió mediante traición que la ciudad
de Salapia situada en el norte de Apulia
retornase a manos romanas, al igual que
las ciudades samnitas de Meles y
Maronea, completando de esta forma la
reconquista del Samnio. Poco después
Aníbal demostró de nuevo su superioridad
táctica, e infligió una severa derrota al
ejército proconsular de Cneo Fulvio
Centumalo en Herdonia[26] (la actual
Ordona). Pese a su éxito, al ser ya la única
localidad aliada púnica en el norte de
Apulia, Aníbal decidió por motivos
estratégicos evacuarla y destruirla,
trasladando a su población a Metaponto.
Antes de acabar el año comenzó a ser
seguido por el ejército de Marcelo,
enfrentándose a él en Numistro (Lucania)
en una batalla de resultado incierto. Tras
esto fue seguido hasta Apulia por Marcelo,
manteniendo pequeños enfrentamientos.
A comienzos de 210 a.C. había llegado a
la isla de Sicilia el nuevo cónsul Marco
Valerio Levino. Tras ser licenciado el
ejército de Marcelo y sustituido por uno
nuevo llegado de la Galia Cisalpina, Levino
logró finalmente tomar Agrigento,
acabando de este modo con las fuerzas
púnicas en Sicilia. Esto permitió que se
liberase uno de los dos ejércitos romanos
presentes en la isla que sería enviado al
año siguiente al Salentino a proseguir la
lucha contra Aníbal. Adicionalmente
Levino reclutó un contingente de
mercenarios que envió en 209 a. C. a
Regio, en el suroeste de la península
itálica.

Apenas iniciado el año 209 a.C. Aníbal se


enfrentó de nuevo al ejército de Marcelo
en Apulia en dos batallas consecutivas en
los alrededores de Canusio resultando
vencedor en la primera y perdiendo la
segunda, tras lo que se dirigió a Caulonia
(Brucio) a socorrer con éxito a una ciudad
aliada cercada por el contingente
mercenario romano venido de Sicilia. Pero
no pudo impedir que en un
magníficamente trazado plan, sus
enemigos reconquistasen el Salentino con
la toma de Manduria y la ciudad de
Tarento en el 209 a. C., capturadas en
ambos casos por el cónsul Fabio
Cunctator con el ejército consular liberado
de Sicilia por Levino.[26] El otro cónsul ese
año, Quinto Fulvio Flaco logró reconquistar
la ciudad de Volcei y otras poblaciones en
el norte de Lucania (la actual Basilicata).
En Hispania mientras tanto, Escipión
conquistó Carthago Nova (actual
Cartagena, llamada por los cartagineses
Qart Hadasht) en una ofensiva
relámpago[14]
Aníbal perdía terreno progresivamente y
apenas daba abasto para ir a socorrer las
ofensivas que de manera simultánea y en
diversos puntos le planteaban los diversos
ejércitos romanos que operaban en el sur
de Italia. Logró forzar la retirada del
ejército consular del cónsul Tito Quincio
Capitolino en el 208 a. C. del sitio de Locri
(Lokroi Epizephyrioi). En relevo del ejército
de Crispino en esta ciudad llegó una
fuerza romana venida desde Sicilia y otra
desde el Salentino. Esta última fue
interceptada en Petelia por Aníbal
diezmándola y poniéndola en fuga. Su
acción más destacada ese año fue la
emboscada junto a Venusia a uno de sus
grandes enemigos hasta el momento, el
cónsul Marcelo, conquistador de Siracusa,
en la que además logró herir de gravedad
a su colega en el consulado Crispino,
añadiendo el anillo de Marcelo a su
colección. Anteriormente ya había dado
muerte a los cónsules Flaminio y Emilio
Paulo, en Trasimeno y Cannae
respectivamente y a los procónsules
Servilio Gémino, Tiberio Sempronio Graco
y Cneo Fulvio Centumalo. El éxito del
golpe de mano contra los dos cónsules
paralizó las decisiones del mando romano
y le llevó a intentar nada más producirse la
emboscada, una estratagema para
retomar el control de Salapia
aprovechando que poseía el anillo
consular de Marcelo. Alertados los
romanos de este hecho por los
mensajeros enviados por el moribundo
Crispino, la operación fracasó perdiendo
hombres en el intento.

Mientras, las fuerzas romanas en Hispania


lograban entrar en la Bética, derrotando en
la Batalla de Baecula al ejército
comandado por el hermano de Aníbal,
Asdrúbal. Sin embargo este
acontecimiento convenció a Asdrúbal de
la necesidad de salir cuanto antes de
Hispania con las tropas locales, cuya
fidelidad era cada día más dudosa, y logró
reconstruir antes de terminar el año las
tropas perdidas canibalizando los otros
dos ejércitos púnicos en la península
ibérica, el de su hermano Magón Barca y el
de Asdrúbal Giscón, con quienes se reunió
junto al río Tajo. Con su ejército
nuevamente operativo y abundantes
fondos, se preparó para iniciar su viaje a
Italia por vía terrestre emulando lo que
hiciera su hermano Aníbal once años
antes. Logró cruzar los Pirineos burlando
el dispositivo romano al norte del Ebro y
tras reclutar nuevos efectivos en la Galia
Transalpina aguardó a terminar el invierno
para cruzar los Alpes con su ejército de
refuerzo. De nuevo se presentaba una
oportunidad para Aníbal. Otro ejército
púnico al norte de la península italiana
supondría un nuevo frente de guerra para
Roma en el que distraer efectivos, lo que le
daría mayor libertad de acción en el sur. Y
si lograba la unión con el mismo, un
importantísimo incremento de efectivos.

Intento fallido de refuerzo


desde Hispania y repliegue al
Brucio

Al año siguiente, 207 a. C., el ejército de


Aníbal resultó castigado en Grumentum
por el recién elegido cónsul Cayo Claudio
Nerón siendo perseguido hasta Venusia
(Apulia) donde de nuevo se enfrentaron
con balance favorable a los romanos. Tras
recibir refuerzos en Metaponto, Aníbal se
dirigió nuevamente a Apulia donde
esperaba la llegada de su hermano
Asdrúbal Barca para marchar sobre
Roma.[26] Pero, antes de poder unir sus
fuerzas con las de Aníbal, Asdrúbal caería
muerto en Umbría, en la ribera del
Metauro[36] en 207 a. C.,[33] tras resultar
derrotado y aniquilado su ejército por la
acción conjunta del ejército del pretor en
la Galia, Lucio Porcio Licino, el del cónsul
Marco Livio Salinator y un pequeño
refuerzo comandado por el otro cónsul
Cayo Claudio Nerón que, encargado de
vigilar a Aníbal, se unió a su colega a fin de
hacer frente a Asdrúbal. Cuando tuvo
noticias de la derrota y muerte de su
hermano (los romanos lanzaron la cabeza
seccionada de Asdrúbal al campamento
cartaginés), Aníbal se retiró al Brucio
donde acantonó a su ejército durante los
años que siguieron.
La combinación de estos eventos marcó el
final de los éxitos de Aníbal en Italia. En el
año 206 a. C. finalizaron las hostilidades
en Hispania en beneficio de los romanos,
que se apoderaron de dicho territorio tras
la decisiva victoria en la Batalla de Ilipa.[33]
Mientras en el Brucio Aníbal emboscó
junto a un bosque a los ejércitos
consulares de Lucio Veturio Filón y Quinto
Cecilio Metelo que estaban asolando la
comarca de Cosentia, sin lograr recuperar
el botín.

Al año siguiente, 205 a. C., el hermano


menor de Aníbal, Magón, habiendo sido
derrotado en Hispania, logró desembarcar
con tropas en Liguria, abriendo de nuevo
un frente de guerra en el norte de Italia.[14]
Ese contingente pudo ser reforzado por
mar desde Cartago con varios miles de
hombres y elefantes. Ese mismo año, los
romanos bajo mando del recién elegido
cónsul Publio Cornelio Escipión,
reconquistaron en el Brucio el puerto de
Locri con tropas trasladadas desde Sicilia,
no logrando Aníbal impedirlo. A final de
año una epidemia de peste afecta al
ejército de Aníbal y al del cónsul romano
Publio Licinio Craso Dives, quien debe
pedir al Senado que licencie sus tropas,
siendo estas relevadas por otras nuevas al
inicio del nuevo consulado.

En 204 a.C. el nuevo cónsul Publio


Sempronio Tuditano se enfrenta en la
Batalla de Crotona con el ejército de
Aníbal siendo derrotado. Al día siguiente
con la llegada del ejército del procónsul
Publio Licinio Craso vuelve a enfrentarse a
Aníbal consiguiendo esta vez la victoria,
obligando al púnico a refugiarse en
Crotona. Las localidades de Clampetia,
Cosentia y Pandosia, todas ellas en el
Brucio, caen en manos romanas.

Magón es derrotado a finales de 203 a.C.


por los ejércitos del procónsul Marco
Cornelio Cetego y el del pretor Publio
Quintilio Varo. Gravemente herido en la
batalla, tras ser llamado desde Cartago
trató de unirse a su hermano en África
embarcando las tropas que le quedaban,
pereciendo durante el trayecto.

En este mismo año 203 a.C., Tito Livio


aunque lo pone en duda, se hace eco de
un posible enfrentamiento en las
cercanías de Crotona entre el cónsul
Servilio Cepión y Aníbal, en el que el último
habría tenido fuertes bajas.

Batalla de Zama
Los romanos, dirigidos por Escipión el
Africano Mayor, obtuvieron un importante
éxito diplomático en el 206 a. C.,
garantizándose los servicios del príncipe
númida Masinisa,[14] antiguo aliado de
Cartago en Hispania que había entrado en
un conflicto personal con Sifax, un aliado
númida de Cartago. En el 204 a. C., los
romanos desembarcaron en África del
Norte con el objetivo de forzar a Aníbal a
huir de Italia,[111] y trasladar el combate a
sus propias tierras.[36]

Grabado de la Batalla de Zama, de Cornelis Cort


(1567).
En el 203 a. C., tras casi 15 años de
combates en Italia, ahora que Escipión
progresaba en tierras africanas y que los
cartagineses eran favorables a la paz
dirigida por Hannón el Grande, que trataba
de negociar un armisticio con los romanos
al tiempo que dificultaba el envío de
refuerzos a Aníbal, este último fue llamado
por el gobierno, que decidió dejar el
mando de la guerra en manos de los
Bárcidas Aníbal y Magón, muriendo este
último en el viaje de regreso.[112] Tras dejar
pruebas de su expedición en un grabado
escrito en púnico y griego antiguo en el
templo de Juno en Crotona, Aníbal partió
hacia tierras africanas.[112] Los barcos
desembarcaron en Leptis Minor (la actual
Lamta) y Aníbal estableció, tras dos días
de viaje,[5] sus cuarteles de invierno en
Hadrumetum.[14] Su retorno reforzó la
moral del ejército cartaginés, que colocó a
la cabeza de una fuerza compuesta por
los mercenarios que había enrolado en
Italia y reclutas locales. En el año
202 a. C., Aníbal se reunió con Escipión a
fin de tratar de negociar una paz con la
República. A pesar de su admiración
mutua, las negociaciones fracasaron
debido a que los romanos echaron en cara
a los cartagineses la ruptura del tratado
firmado tras la primera guerra púnica
durante el ataque a Sagunto y el saqueo
de una flota romana estacionada en el
Golfo de Túnez. A pesar de todo, los
romanos propusieron un tratado de paz
que estipulaba que Cartago no mantendría
más que sus territorios en África del Norte,
que el reino de Masinisa sería
independiente, que Cartago debía reducir
el tamaño de su flota y pagar una
indemnización. Los cartagineses,
reforzados por el regreso de Aníbal y la
llegada de suministros, rechazaron las
condiciones.

La batalla decisiva del conflicto tuvo lugar


en Zama, lugar de Numidia que se
encuentra entre Constantina y Túnez, el 19
de octubre del 202 a. C.[33] A diferencia de
la mayoría de las batallas que se libraron
durante de la segunda guerra púnica, los
romanos disponían de mejor caballería
que los cartagineses, quienes contaban
con una infantería superior. La
superioridad romana se debía a la cesión
de caballería númida por parte de
Masinisa. Aníbal, cuya salud se había
deteriorado mucho debido a sus años de
campaña en Italia, contaba todavía con la
ventaja de 80 elefantes de guerra y 15.000
infantes veteranos de Italia, aunque el
resto de su ejército estaba compuesto por
mercenarios celtas o por ciudadanos
cartagineses poco aguerridos. Aníbal trató
de emplear la misma estrategia que utilizó
en Cannas. Sin embargo, las tácticas
romanas habían evolucionado tras 14
años, el intento de encierro fracasó, y los
cartagineses fueron finalmente
derrotados.[33]

Aníbal perdió en Zama cerca de 40.000


hombres[23] —en contraposición con los
1.500 de los romanos— y el respeto de su
pueblo, que vio a su mejor general ser
derrotado en la última y más importante
batalla del conflicto. La ciudad púnica
estaba obligada a firmar la paz con Roma
y Escipión, que tras la guerra adoptó el
apodo de El Africano.[95] El tratado
estipulaba que la otrora mayor potencia
mediterránea debía renunciar a su flota de
guerra y a su ejército,[33] y que debía pagar
un tributo durante 50 años.[14]
Después de Zama
Carrera política

Moneda de dos shekels de plata de c. 230 a. C.,


conservada en la Real Academia de la Historia de
España.

Obligado a firmar un tratado de paz con


Roma en 201 a. C.,[33] que privaba a
Cartago de su antiguo imperio, Aníbal, que
entonces contaba con 46 años, decidió
entrar a formar parte de la vida política
cartaginesa dirigiendo el partido
democrático.

La ciudad estaba dividida en dos


importantes corrientes ideológicas.
Primero, el partido democrático, que
estaba dirigido por los Bárcidas, y
comprometido a continuar con las
conquistas en África a expensas de los
númidas. El segundo movimiento político
estaba basado en la oligarquía
conservadora y en la búsqueda de una
prosperidad económica basada en el
comercio, los impuestos portuarios, y los
tributos impuestos a las ciudades
subordinadas a Cartago, y agrupado en
torno a Hannón el Grande. Elegido sufete
en el 196 a. C.,[36] Aníbal restauró la
autoridad y el poder del Estado,
representando así una amenaza para los
oligarcas,[14] que le acusaron de haber
traicionado a su país al no tomar Roma
cuando tuvo oportunidad.

Aníbal tomó una medida que lo alejó


irremediablemente de los oligarcas. El
viejo general legisló que la indemnización
impuesta a Cartago por Roma tras la
guerra no debía proceder del tesoro, sino
de los oligarcas a través de impuestos
extraordinarios.[28] Los oligarcas no
intervinieron directamente contra el sufete
sino que, siete años después de la derrota
de Zama, realizaron un llamamiento a los
romanos[14] que, alarmados por la nueva
prosperidad de Cartago, exigieron la
entrega de Aníbal con el pretexto de una
relación epistolar de este último con
Antíoco III.[113] Aníbal decidió
voluntariamente exiliarse[20] en el
195 a. C.[26]

Exilio en Asia

Aníbal comenzó su viaje por Tiro (ciudad


del actual Líbano), la ciudad fundadora de
Cartago. Posteriormente se dirigió a Éfeso,
donde fue recibido con honores militares
por el rey Antíoco III Megas de Siria,[23][36]
que se preparaba para la guerra contra
Roma.[26] Aníbal se percató rápidamente
de que el ejército sirio no podía rivalizar
con el ejército romano. Entonces, el
antiguo general cartaginés aconsejó al rey
equipar una flota y un cuerpo de tropas
terrestres en el sur de Italia, y le ofreció
ocupar el mando. Pero no consiguió que el
soberano le confiara un puesto
importante, debido, según Apiano, a los
celos y envidia de sus cortesanos y
generales, que temían que el púnico se
llevara toda la gloria de la victoria.[114]

En el 190 a. C., Aníbal dirigió una flota


fenicia, pero, poco cómodo en el combate
naval, fue vencido en el río Eurimedonte
por los romanos y sus aliados
rodios.[23][28] Temiendo ser entregado a
estos últimos al término del acuerdo de
paz que firmó Antíoco III, Aníbal huyó de la
corte y el recorrido que siguió es bastante
incierto.

Se piensa sin embargo que visitó


Creta,[115] mientras que Plutarco y
Estrabón dan a entender que se dirigió al
Reino de Armenia,[26] y se presentó ante el
rey Artaxias, quien le asignó la
planificación y la supervisión de la
construcción de la capital Artaxata (actual
Artashat). Pronto de vuelta en Asia Menor,
Aníbal buscó refugio junto a Prusias I de
Bitinia, quien estaba en guerra con un
aliado de Roma, el rey Eumenes II de
Pérgamo.[33]

«Soberano helenístico»

Aníbal se puso al servicio de Prusias I


durante esta guerra.[115] Una de sus
victorias fue a costa de Eumenes II en el
mar. Se ha dicho que fue uno de los
primeros en usar la guerra biológica: lanzó
calderos llenos de serpientes a los barcos
enemigos.[116]

Otro de sus talentos militares fue la


probable fundación de la ciudad de Prusa
(actual Bursa en Turquía) a petición del rey
Prusias I. Esta fundación, junto con la de
Artaxata en Armenia, elevaría a Aníbal al
rango de «soberano helenístico». Una
profecía que se difundió en el mundo
griego entre el 185 y el 180 a. C. evocaba a
un rey llegado de Asia para hacer pagar a
los romanos la sumisión que habían
impuesto a griegos y macedonios.
Muchos se empeñaron en pensar que este
texto hacía referencia a Aníbal. Por esta
razón, el cartaginés, de origen bárbaro a
ojos de los griegos, se integró
perfectamente en el mundo helenístico.[49]
Los romanos no podían ignorar esta
amenaza, y poco después enviaron una
embajada a Prusias.

Caricatura del siglo XIX que representa la muerte por


envenenamiento de Aníbal.

Para este último, Aníbal se convirtió en un


incómodo invitado y el rey bitinio decidió
traicionar a su huésped[20] que residía en
Libisa, en la costa oriental del Mar de
Mármara. Bajo la amenaza de ser
entregado al embajador romano Tito
Quincio Flaminino, Aníbal decidió
suicidarse en el invierno del 183 a. C.[6][33]
empleando un veneno[36] que, según se
dice, llevó durante mucho tiempo en un
anillo.[14][23] A pesar de todo, no está del
todo claro cuál fue el año exacto de su
muerte.[6] Si, tal como Tito Livio sugiere,[28]
Aníbal murió en el 183 a. C., el mismo año
que su gran enemigo, Escipión el Africano,
el viejo general cartaginés contaría con 63
años.[20]

Inhumación

Aurelio Víctor escribe que su cuerpo


reposa en un ataúd de piedra, sobre el que
es visible la inscripción: Aquí se esconde
Aníbal.[23]

Entre los sitios barajados para albergar la


tumba de Aníbal figura una pequeña colina
cubierta de numerosos cipreses y situada
en unas ruinas ubicadas cerca de
Diliskelesi, lo que hoy en día es una zona
industrial cerca de la ciudad turca de
Libisa[117] (actual Gebze) en Kocaeli.
Considerada la tumba del general, fue
restaurada en el año 200 por el emperador
Septimio Severo,[33] originario de Leptis
Magna (actual Libia), que ordenó cubrir la
tumba con una losa de mármol blanco. El
lugar está hoy en ruinas. Excavaciones
efectuadas en 1906 por expertos
arqueólogos, entre ellos Theodor Wiegand,
han revelado pruebas que hacen que estos
últimos sean escépticos en cuanto a la
ubicación real de la tumba.[118]

Legado
Balance paradójico
Con los cartagineses desapareció sin
duda el mayor enemigo al que la República
romana se había enfrentado.[20] Por tanto,
el balance personal de Aníbal se traduce
en un fracaso. El Mediterráneo occidental
se convirtió en un «lago romano» del que
Cartago quedaba apartada, mientras que
Roma extendió sus dominios por el mundo
griego y por Asia.

Pero, al mismo tiempo, y ahí reside la


paradoja de su balance, Aníbal trató de
romper —a través de sus discursos acerca
de la libertad de las ciudades— las
alianzas de Roma con las ciudades
griegas. De este modo, el general forzó a
la República a legitimar sus acciones y a
comportarse como una gran potencia
imperialista. Por ello, Aníbal ha
permanecido en el corazón de la historia
griega y romana.
Mundo antiguo

Estatua de Aníbal en el Palacio de Schönbrunn, en


Viena.

Mucho tiempo después de su muerte, el


nombre de Aníbal continuó representando
el fantasma de una amenaza perpetua
sobre la República de Roma. Se ha escrito
que enseñó a los romanos, que se
proclamaban fieros descendientes de
Marte, el significado del miedo.[cita requerida]
Durante generaciones, las matronas
romanas continuaron relatando a sus hijos
cuentos terroríficos acerca del general
cuando se portaban mal. Aníbal
simbolizaba de tal manera el miedo que,
fuera cual fuera el desastre al que se
enfrentaran, era común ver a los
senadores romanos gritando Hannibal ad
portas (¡Aníbal está a nuestras puertas!) a
fin de expresar su ansiedad. Ad Portas
(locución latina), evolucionó hasta
transformarse en una conocida frase
expresada en el momento en que un
cliente cruzaba una puerta o cuando
alguien tenía que enfrentarse a un
desastre.[119] Tales expresiones proceden
del impacto psicológico que tuvo la
presencia de Aníbal sobre la cultura
romana en Italia.

En este contexto, se desprende una


admiración (forzada) en los escritos de los
historiadores romanos Tito Livio y Décimo
Junio Juvenal. Por otro lado, los romanos
llegaron a erigir estatuas del general
cartaginés en las calles de Roma, a fin de
representar el rostro de tamaño
adversario, al que sus ejércitos habían
derrotado.[120]

Sin embargo, durante la segunda guerra


púnica, los romanos se negaron a rendirse
y rechazaron todas las iniciativas de paz;
tampoco quisieron pagar rescate para la
liberación de los prisioneros capturados
en la Batalla de Cannas.[121] Además, los
textos históricos acreditan que no existía
ninguna facción dentro del Senado
romano que quisiera la paz, ni se produjo
ninguna traición romana que diera ventaja
a los cartagineses, ni ningún golpe de
estado que desembocara en el
establecimiento de una dictadura.[122][123]
Por el contrario, los patricios romanos
compitieron entre ellos a fin de obtener los
mejores puestos de mando con el objetivo
de poder combatir al más peligroso
enemigo al que se había enfrentado Roma.
A pesar de todo, el genio militar de Aníbal
no fue suficiente para perturbar la
organización política y militar republicana.
Tal y como escribe Lazenby:

Existen cantidad de textos a favor de


su madurez política y del respeto a
las formas constitucionales basadas
en el hecho de que la maquinaria
gubernamental compleja continuó
funcionando incluso en pleno
desastre. Hay pocos Estados de la
Antigüedad que hubieran osado
mantener en el cargo a un general
que perdiera una batalla como
Cannas, y menos aún que hubieran
seguido tratándole con el respeto
debido a un Jefe de Estado.[124]

Según Tito Livio, los romanos jamás


tuvieron miedo de enfrentarse a Aníbal,
incluso cuando inició su marcha sobre
Roma en el 211 a. C.:[125]

Un mensajero de Fregellae, que


había marchado sin descanso noche
y día, produjo un gran terror en
Roma. La afluencia de habitantes del
campo, cuyos relatos mezclaban
verdades y mentiras, había extendido
la agitación en toda la ciudad. Las
mujeres hicieron resonar sus
gemidos en las casas particulares;
las mujeres distinguidas, desafiando
todas las miradas, corrían en tropel
hacia los templos de los dioses; los
cabellos esparcidos, arrodilladas al
pie de los altares, las manos tendidas
hacia el cielo y hacia los dioses,
suplicaban arrancar Roma de las
manos de los enemigos, y salvar el
honor y la vida de las madres
romanas y de sus hijitos.[126]

Mapa de la ruta seguida por Aníbal durante su


invasión.

Al Senado, esta noticia le afectó «en


función del carácter de cada uno».[127] El
Senado decidió mantener el sitio de
Capua, aunque desplazó a 15.000 infantes
y 1.000 caballeros para reforzar la capital.
Según Tito Livio, las tierras ocupadas por
el ejército de Aníbal en las inmediaciones
de la ciudad fueron revendidas por los
romanos a un precio justo.[128] Esto puede
ser o no cierto pero, tal como indica
Lazenby, «podría haber sido así, ya que no
muestra solamente la confianza suprema
de los romanos en la victoria última, sino
también la manera según la cual se
perseguía una apariencia de vida
normal».[124] Tras la Batalla de Cannas, los
romanos mostraron una considerable
fortaleza ante la adversidad. Una muestra
innegable de la confianza de Roma es el
hecho de que, tras el desastre de Cannas,
la capital republicana se quedó
prácticamente sin tropas para defenderla;
no obstante, el Senado decidió no retirar ni
una sola guarnición de sus provincias para
defender la ciudad. De hecho, las tropas
de las provincias fueron reforzadas y se
mantuvieron las campañas en tierras
extranjeras hasta que se produjeron las
victorias definitivas en Sicilia, bajo el
mando de Marco Claudio Marcelo y
después en Hispania, bajo el mando de
Escipión el Africano.[129][130] Aunque las
consecuencias a largo plazo de la guerra
de Aníbal son incontestables, esta última
es innegable que fue la más "hermosa
hora" de la historia de Roma.[124][131]

La mayor parte de las fuentes a


disposición de los historiadores sobre la
figura de Aníbal son de origen romano.
Fue considerado como el mayor enemigo
al que jamás se enfrentó Roma. En su
obra, el historiador Tito Livio afirma que el
cartaginés era extremadamente cruel. Lo
mismo opinaba Cicerón, historiador que al
hablar de los dos mayores enemigos de
Roma escribe acerca del «honorable» Pirro
de Epiro y del cruel Aníbal.[132] Sin
embargo, han llegado hasta nosotros
noticias que le dan otra imagen. Cuando
sus éxitos condujeron a la muerte de
varios cónsules romanos, Aníbal buscó en
vano el cuerpo de Cayo Flaminio Nepote
en las orillas del Lago Trasimeno, organizó
ceremonias rituales en honor a Lucio
Emilio Paulo, y envió las cenizas de Marco
Claudio Marcelo a su familia en Roma. El
historiador Polibio de Megalópolis parecía
sentir simpatía por Aníbal. Es de señalar
que Polibio permaneció como rehén en
Italia durante un gran período, y se basaba
mayoritariamente en las fuentes romanas.
Existe la posibilidad de que Polibio
reprodujera elementos de la propaganda
romana.

Mundo moderno
Tempestad de nieve: Aníbal y su ejército atravesando
los Alpes: Joseph Mallord William Turner envuelve la
travesía de los Alpes en una atmósfera romántica.

"Aníbal" es un nombre bastante común en


la actualidad, y las referencias al general
son también abundantes en la cultura
popular. Como ocurre en el caso de otros
grandes generales de la historia, las
victorias de Aníbal sobre un enemigo
superior, y su constante lucha por una
causa perdida, le confieren un renombre
que sobrevive más allá de las fronteras de
su país de origen.

Su travesía de los Alpes permanece como


una de las más increíbles hazañas
militares de la Antigüedad,[36] y despierta
la imaginación de la gente mediante
múltiples producciones artísticas como
novelas, series o películas.

Desde la Antigüedad a Aníbal se le han


atribuido ciertas cualidades: la audacia, el
coraje y el espíritu combativo. Estas se
aplican durante un deporte de aventura
que parte de Lyon con meta en Turín, que
conmemora esta travesía a través de los
Alpes, y que conmemora su nombre: la
carrera de Aníbal.[133]

Otro de los legados de Aníbal consiste en


las plantaciones de olivos con que cubrió
la mayor parte del África septentrional,
gracias al trabajo de sus soldados, lo cual
fue considerado una «pausa» perjudicial
para el Estado cartaginés y para sus
generales.

Historia militar
Varios años después de la segunda guerra
púnica, mientras Aníbal era consejero
político del Imperio Seléucida, Escipión el
Africano fue enviado en misión
diplomática por Roma a Éfeso, pero se
ignora la fecha exacta de su entrevista, la
cual mencionan Plutarco[134] y Apiano:

Se dice que durante uno de sus


entretenimientos en el gimnasio,
Escipión y Aníbal tuvieron una
discusión sobre la cuestión de la
competencia de los generales en
presencia de numerosos
espectadores, y que Escipión
preguntó a Aníbal cuál era según él
más grande general, a lo que este
último respondió: «Alejandro
Magno».
Escipión estuvo de acuerdo,
poniendo igualmente a Alejandro en
primera posición. Después, preguntó
a Aníbal a quién colocaría a
continuación. Éste respondió que a
Pirro, porque consideraba que la
primera virtud de un general era la
audacia. Precisó que «sería
imposible encontrar dos reyes más
atrevidos que ellos».
Escipión se sintió algo molesto ante
esta respuesta. No obstante,
preguntó al cartaginés a quién
colocaría en tercera posición,
esperando que le concediera ese
privilegio. Pero Aníbal respondió:
«Yo mismo, en mi juventud he
conquistado Hispania y atravesado
los Alpes con un ejército, hechos que
han sucedido por primera vez desde
Heracles. He atravesado Italia y
habéis temblado de terror,
obligándoos a abandonar
cuatrocientas de vuestras
poblaciones, y a menudo he
amenazado vuestra ciudad con
extremo peligro, todo ello sin recibir
dinero ni refuerzos de Cartago».
Como Escipión vio que el púnico
estaba dispuesto a seguir
autopromocionándose, dijo riendo,
«¿en qué posición te colocarías,
Aníbal, si no hubieras sido derrotado
por mí?» Aníbal notó sus celos y
respondió: «En ese caso me habría
colocado por delante de Alejandro».
De ese modo, Aníbal continuó
halagándose, pero se congratuló
sutilmente con Escipión, sugiriendo
que habría batido a alguien que era
más grande que Alejandro.

Tras esta conversación, Aníbal pidió


a Publio Cornelio Escipión que fuera
su invitado; Escipión se hubiera
mostrado encantado, si Aníbal no
viviera con el rey Antíoco III el
Grande, quien desconfiaba de los
romanos. Así, como grandes
comandantes que eran, olvidaron su
enemistad una vez finalizadas sus
guerras.
[135][136]

Aníbal mirando la cabeza de Asdrúbal. Esta pintura de


Giovanni Battista Tiepolo realizada c. de 1725 se
encuentra expuesta en el Museo de Historia del Arte
de Viena.
Las hazañas de Aníbal, y particularmente
su victoria en Cannas, han sido estudiadas
y analizadas por las academias militares
del mundo entero. En la Encyclopædia
Britannica de 1911, el autor del artículo
dedicado a Aníbal elogia al general en
estos términos:

Sobre la trascendencia del genio


militar de Aníbal no pueden existir
dos opiniones. El hombre que fue
capaz de mantener sus conquistas en
un país hostil frente a varios
ejércitos poderosos y una sucesión
de comandantes capaces, debe
necesariamente haber sido un
táctico y estratega sin igual.
Ciertamente, sobrepasó a todos los
generales de la Antigüedad en la
utilización de estratagemas y
emboscadas. Tan increíbles como
fueron sus logros, debemos
admirarnos aún más si tenemos en
cuenta el escaso apoyo que recibió
desde Cartago. A medida que caían
sus veteranos, se veía obligado a
organizar levas de refresco en el
lugar donde se hallara. Nunca se
menciona un solo motín en su
ejército, compuesto como estaba de
africanos, hispanos y galos. Más
aún, todo lo que sabemos de él nos
ha llegado en su mayor parte de
fuentes hostiles. Los romanos le
temían y odiaban tanto que eran
incapaces de hacerle justicia. Livio
habla de sus grandes cualidades,
pero añade que sus vicios eran
igualmente grandes, de entre los
cuales destaca su «perfidia más que
púnica» y su «inhumana crueldad».
Para el primero no parece existir
mayor justificación que su
consumada habilidad en tender
emboscadas. En lo concerniente al
segundo, creemos que no es posible
otra razón que, en ciertas crisis,
actuara según el espíritu de la
guerra antigua. A veces contrasta de
modo más favorable con su enemigo.
Ninguna brutalidad mancha su
nombre tanto como la perpetrada
por Claudio Nerón sobre el
derrotado Asdrúbal. Polibio
únicamente menciona que era
acusado de crueldad por parte de los
romanos y de avaricia por parte de
los cartagineses. Tenía, ciertamente,
enemigos implacables, y su vida
representó una constante lucha
contra el destino. Por su firmeza de
propósito, por su capacidad
organizativa y maestría en la ciencia
militar, es posible que jamás haya
tenido igual.[28]
Incluso los cronistas romanos le
consideran un maestro militar supremo y
escriben acerca de él que «no exigió jamás
a otros algo que no hubiera hecho él
mismo».[111] Según Polibio, «como sabio
gobernante, supo contentar y someter a su
gente, dándole lo que necesitaba, y ésta
jamás se rebeló contra él ni se planteó
ningún intento de sedición. Aunque su
ejército estuviera compuesto por soldados
de diversos países: africanos, españoles,
ligures, galos, cartagineses, italianos y
griegos, que no tenían en común entre
ellos ni leyes, ni costumbres, ni idioma,
Aníbal logró gracias a su capacidad reunir
a todas esas diferentes naciones y
someterlas a la subordinación de su
liderazgo, imponiéndoles sus mismas
opiniones».[137]
El documento del conde Alfred von
Schlieffen (titulado el Plan Schlieffen),
elaborado a partir de sus estudios
militares, insiste en gran medida en las
técnicas militares que emplearon los
cartagineses para rodear y destruir
victoriosamente al ejército romano en la
Batalla de Cannas.[138][139] George Patton
pensaba que él mismo era la
reencarnación de Aníbal —entre otras
reencarnaciones, Patton creía que era un
legionario romano y un soldado de
Napoleón I—.[140] No obstante, los
principios bélicos que se aplicaban en
tiempos de Aníbal se siguen aplicando hoy
en día».[141]

Por último, según el historiador militar


Theodore Ayrault Dodge:
Aníbal sobresalió como táctico
militar. A lo largo de la historia,
ninguna batalla ha ofrecido un
ejemplo mejor de utilización de la
táctica que la Batalla de Cannas.
Pero sobresalía aún más como
logístico y como estratega. Ningún
capitán marchó, como él, alguna vez,
con y contra tantos ejércitos que le
excedieran en número y
equipamiento. Ningún hombre
resistió nunca por sí mismo durante
tanto tiempo o tan hábilmente en
condiciones tan adversas de una
forma tan ingeniosa y llena de
coraje. Enfrentado constantemente a
los mejores soldados, mandados por
respetados generales, a menudo de
gran habilidad, desafió todos los
esfuerzos que hicieron por
expulsarle de Italia, durante media
generación. Exceptuando el caso de
Alejandro, y algunos conflictos
bélicos aislados, todas las contiendas
anteriores a la segunda guerra
púnica, se habían decidido en su
mayor parte, si no por completo,
gracias a las tácticas de batalla. La
habilidad estratégica influía solo
hasta cierto punto. Los ejércitos
marchaban uno contra otro,
luchaban en orden paralelo, y el
conquistador imponía los términos
sobre su adversario. Cualquier
variación en esta regla conducía a
una emboscada u otras
estratagemas. Una guerra como
aquélla, que se llevaba a cabo
esquivando la necesidad de entrar en
batalla, donde la victoria podía
conseguirse mediante ataques contra
las comunicaciones enemigas,
maniobras de flanqueo, consecución
de posiciones desde las que poder
retirarse rápidamente en caso de ser
atacados, no se comprendía... [sin
embargo] Por primera vez en la
historia de la guerra, vemos a dos
generales esquivándose
mutuamente, ocupando las tierras
altas, marchando sobre los flancos
de su rival para capturar ciudades o
suministros en retaguardia,
acosándose mutuamente con
tácticas de guerrilla, y raramente
aventurándose a presentar batalla,
batalla que podría convertirse en un
completo desastre; todo ello con el
propósito preconcebido de colocar al
oponente en desventaja estratégica...
que todo aquello se produjera fue
debido a las enseñanzas de
Aníbal.[142]

Obras inspiradas en el
personaje
Literatura
Año Libro Autor Notas
Manga editado
Drifters
2006 Kota Hirano por Shōnen
(manga)
Gahōsha.[143]
Forged By
Lightning:
A Novel
of
Hannibal Novela
and anglófona
Scipio - Angela editada por
2006
(Forjado Render Lulu Press,
por el ISBN 1-4116-
rayo: Una 8002-2.[144]
novela
acerca de
Aníbal y
Escipión)
2006Pride of David Novela
Carthage Anthony anglófona
- (El Durham editada por
orgullo de Anchor, ISBN
Cartago) 0-385-72249-
4.[145]
Novela
The
anglófona
Sword of
editada por
Hannibal Terry
2005 Hachette Book
- (La McCarthy
Group USA
espada
ISBN 0-446-
de Aníbal)
61517-X.[146]
Novela
histórica
Aníbal: la
Gisbert editada por
2001 novela de
Haefs EDHASA, ISBN
Cartago
978-84-350-
1666-7
1999Les Michel Novela
Colosses Peyramaure francófona
de editada por
Carthage Pocket ISBN 2-
- (Los 266-09198-
colosos 0.[147]
de
Cartago)
Scipio
Africanus:
The Man
Who
Novela
Defeated
anglófona
Hannibal -
Ross editada por
1998 (Escipión
Leckie Regnery Pub
el
ISBN 0-89526-
Africano:
412-9.[148]
El hombre
que
derrotó a
Aníbal)
1996A Spy for Elisabeth Novela
Hannibal: Craft anglófona
A Novel editada por
of Bartleby Press,
Carthage ISBN 0-
- (Un 910155-33-
espía X.[149]
para
Aníbal:
Una
novela de
Cartago)
1996Hannibal: Ross Esta obra es la
A Novel - Leckie fuente más
(Aníbal: importante de
Una Hannibal the
novela) Conqueror
estrenada en
2008 (ISBN 0-
89526-443-9).
Por otra parte,
al no ajustarse
a la realidad
histórica, este
libro es poco
fiable.[150] Es
igualmente el
primer tomo
por el que
comienza la
trilogía que
continua por
Scipio, a Novel
en 1999 (ISBN
0-349-11434-
X).[151] y
continúa con
Carthage en
2001 (ISBN 0-
349-11434-
X).[152]
1862Salambó Gustave Novela
Flaubert histórica que
se desarrolla
en el marco de
la ciudad de
Cartago.
Aníbal es por
esa época un
hombre joven.
Los viajes
Jonathan Novela
1721 de
Swift satírica.
Gulliver
c. La Divina Dante Poesía épica y
1300 Comedia Alighieri religiosa.[153]

Filmografía
Año Película Notas
Película estadounidense
Hannibal
realizada y producida
2016 the
por Vin Diesel en el
Conqueror
papel de Aníbal.[154]
Hannibal - Telefilme realizada por
Le pire la BBC con Alexander
2006
cauchemar Siddig en el papel de
de Rome Aníbal.[155]
Documental televisivo
Hannibal V realizado por Richard
Rome - Bedser y difundido por
2005 (Aníbal la National Geographic
contra Channel[156] con Tamer
Roma) Hassan en el papel de
Aníbal.[157]
2005The True Documental televisivo
Story of realizado por Mark
Hannibal - Hufnail con Benjamin
(La
verdadera Maccabee en el papel
historia de de Aníbal.[158]
Aníbal)
Hannibal:
The Man
Who Hated
Telefilme británico
Rome -
2001 realizado por Patrick
(Aníbal: El
Fleming.[159]
hombre que
odiaba
Roma)
The Great
Battles of
Hannibal - Documental
1997
(Grandes británico.[160]
Batallas de
Aníbal)
1959Annibale Película italiana
correalizada por Edgar
George Ulmer y Carlo
Ludovico Bragaglia con
Victor Mature en el
papel de Aníbal.[161]
Jupiter's Realizada por George
Darling - (La Sidney con Howard Keel
1955
amante de en el papel de
Júpiter) Aníbal.[162]
Scipione
l'africano -
(Escipión el
1937 Película italiana.[163]
Africano - la
derrota de
Aníbal)
Película muda realizada
por Giovanni Pastrone
1914Cabiria
con Emilio Vardannes en
el papel de Aníbal.[164]

Música y videojuegos
En Les Troyens, ópera de 1858 en cinco
actos de Hector Berlioz, el personaje de
Aníbal aparece en una visión de Dido,
justo antes de que ella muera.
Aníbal figura como líder de los
cartagineses en los videojuegos
Civilization IV, Imperivm II, Age of
Empires y Total War: Rome II

Manga

Como un Drifter en el manga, y posterior


adaptación de anime, de Drifters
(escrito e ilustrado por Kōta Hirano), en
donde es trasladado a un mundo
paralelo donde se reencontrará con
Escipión y otros personajes históricos,
para luchar contra el Rey Oscuro y sus
Ends.

Véase también
Guerras púnicas
Guerras Ilíricas
Guerras macedónicas
Sifax
Sofonisba
Himilce

Referencias
1. (en inglés) Gilbert Keith Chesterton, «The
Everlasting Man», The War of The Gods and
Demons, 1925
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the Phoenician and Punic Inscriptions. p.
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(Forged By Lightning: A Novel of Hannibal
and Scipio)
5. (en francés) Cornelio Nepote,
«Hannibal», Las vidas de los grandes
capitanes
6. La fecha de la muerte de Aníbal ha sido
establecida generalmente en el 183 a. C.,
aunque ciertos autores han defendido que
puede datar de el 182 a. C..
7. (en francés) Tito Livio, Historia Romana,
Libro XXXIX, 50-51
8. Alfred John Church y Arthur Gilman, The
Story of Carthage, ed. Biblo & Tannen, 1998,
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Ancient Rome. A Military and Political
History, éd. Cambridge University Press,
Cambridge, 2004, p. 68
10. Theodore Ayrault Dodge, Hannibal. A
History of the Art of War Among the
Carthaginians and Romans Down to the
Battle of Pydna. 168 BC, ed. Da Capo Press,
Nueva York, 1995.
11. Cornelio Nepote: Sobre los hombres
ilustres (De viris illustribus), Libro III: De los
más destacados generales de los pueblos
extranjeros (De excellentibus ducibus
exterarum gentium). XVIII: Aníbal
(Hannibal).
Texto bilingüe alterno latín - español .
Texto latino , con índice
electrónico, en el Proyecto
Perseus. Empleando el rótulo
activo "load", que se halla en la
parte superior derecha, se obtiene
ayuda en inglés con el vocabulario
latino del texto.
Texto latino en Wikisource.
Texto latino en el sitio de la
Bibliotheca Augustana
(Augsburgo).
Texto inglés .
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éd. Le Livre de poche, 2005, p. 171, ISBN
978-2-253-12119-0
13. Bernard Werber, op. cit., p. 210 ISBN
978-2-253-12119-0
14. (en francés) Biographie d’Hannibal
(Insecula)
15. Púnico, en latín punicus, es un adjetivo
que deriva del fenicio (en latín poeni)
empleado para designar a los cartagineses.
Cf. Encyclopédie 360, éd. Rombaldi/Paris
Match, 1970, vol. 3, p. 21.
16. (en francés) Cornélius Népos,
«Hamilcar», Les Vies des grands capitaines
17. Polibio, 1:62.7-63.3
18. Polibio lo nombra como el desfiladero
de la Sierra, pero Gustave Flaubert
(Salammbô), que utiliza la traducción de
Vincent Thuillier (1727-1730), lo llama el
desfiladero del Hacha.
19. (en francés) Tito Livio, Historia
Romana, Libro XXI, 1
20. (en inglés) Richard Bedser, Hannibal V
Rome, BBC et Atlantic Productions,
Londres, 2005
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Simon & Schuster, Nueva York, 1944, p. 45
22. Cornelio Nepote, "De los Grandes
Comandantes Extranjeros", 427 - 428 :
23. (en francés) Aurelius Victor, Liber de
viris illustribus, XLIII
24. (en inglés) Patton, the Second Coming
of Hannibal (Reverse Spins) .
25. Biographie d’Hannibal (Microsoft
Encarta Online Encyclopedia) (en idioma
inglés)
26. (en inglés) Biographie d’Hannibal
(Carthage Lives)
27. (en francés) Tito Livio, Historia de
Roma desde su fundación XXI, 2.
28. (en inglés) Biografía de Aníbal
(undécima edición de la Encyclopædia
Britannica)
29. (en francés) Tito Livio, Historia de
Roma desde su fundación XXI, 4
30. Tito Livio, Ab Urbe condita libri XXIV, 41:

31. Silio Itálico, Punica, 111, 97-105


32. Silio Itálico, Púnica, Lib. III
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34. (en inglés) Famille d’Hannibal
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Polibio|Historia general II, 7.
36. (en inglés) Biographie d’Hannibal (The
Columbia Encyclopedia)
37. (en francés) Tito Livio, Historia
Romana, Libro XXI, 3
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Romana, Libro XXI, 5
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History of the Art of War Among the
Carthaginians and Romans Down to the
Battle of Pydna. 168 B.C, p. 143
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Romana, Libro XXI, 14
43. La mayoría de los habitantes de
Sagunto se inmolaron.
44. (en francés) Tito Livio, Historia
Romana, Libro XXI, 18
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Romana, Libro XXI, 21
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Alps. The Invasion of Italy and the Second
Punic War, éd. Da Capo Press, Nueva York,
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qui a fait trembler Rome », L’Histoire, n°308,
abril de 2006, pp. 76-80
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51. (en inglés) Mary Macgregor, « Hannibal
crosses the Alps », The Story of Rome, p.
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Libro III, 16
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Romana, Libro XXII, 2
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Romana, Libro XXI, 24
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Romana, Libro XXI, 32
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Romana, Libro XXI, 29
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Trafford
59. (en francés) Polibio, Historia general,
Libro III, 11
60. (en francés) Tito Livio, Historia
Romana, Libro XII, 31
61. (en francés) Tito Livio, Historia
Romana, Libro XII, 35
62. Hoy en día, Internet se ha encargado de
la búsqueda tratando de hallar una
hipotética respuesta acerca del tema en
diferentes sitios web: [1] , [2] o [3]
63. (en francés) Hypothèse de la Maurienne
(Hannibal dans les Alpes)
64. [//es.wikipedia.org/skins-
1.5/common/images/button_media.png
Enlace a archivo multimedia]
65. (en inglés) Francisco Goya, Aníbal el
Conquistador, viendo Italia desde los Alpes
por primera vez, pintura al óleo, de 1770
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66. Polybe, Histoire générale, Livre III, 12
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misterio de Aníbal» . El País. 12 de abril de
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Romana, Libro XXI, 51
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Romana, Libro XXI, 48
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Romana, Libro XXI, 47
76. (en inglés) Mary Macgregor, « The
Battle of Trebbia », The Story of Rome, p.
186
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Romana, Libro XXI, 54-56
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Romana, Libro XXII, 1
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80. Apiano, Guerra de Aníbal, 9, 4
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destacados generales de los pueblos
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86. Adrian Goldsworthy, The Roman Army
at War 100 BC-AD 200, ed. Oxford
University Press, Oxford, 1998
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«Un dictador contra Aníbal». Aníbal,
enemigo de Roma (1ª edición edición).
Ediciones Nowtilus S.L. p. 104. ISBN 978-
849763309-3. «Muy probablemente, el
dictador acudiera a Roma para defender su
política, que cada vez se tornaba más
impopular, ante el Senado. Aunque dada la
religiosidad de Fabio, la hipótesis de los
oficios religiosos resulta perfectamente
verosímil.»
91. Polibio, Historias, 3, 102 Ed. Loeb
92. Cottrell, Leonard, Hannibal: Enemy of
Rome, p 127 id = ISBN 0-306-80498-0
93. Plutarco, Vidas Paralelas: Vida de Fabio
Máximo wikisource:Vidas paralelas: Fabio
Máximo, XI
94. * Glasman, Gabriel (marzo de 2007).
«Un dictador contra Aníbal». Aníbal,
enemigo de Roma (1ª edición edición).
Ediciones Nowtilus S.L. pp. 105-106.
ISBN 978-849763309-3. «La táctica de
Aníbal dio una vez más los resultados
previstos (evidentemente, como ya había
sucedido en otras ocasiones, ayudado por
la incompetencia del mando romano, o por
lo menos de parte de él).»
95. (en inglés) Robert F. Pennel, Ancient
Rome From the Earliest Times Down to 476
AD, 1890
96. (en francés) Polibio, Historia general,
Libro III, 23
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Rome, ed. Da Capo Press, Nueva York, 1992
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Alps. The Invasion of Italy and the Second
Punic War, ed. Da Capo Press, Nueva York,
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Exemplary History, ed. Oxford University
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Romana, Libro XXII, 61
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«Delicias de Capua» (Wiktionnaire)
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XV, Texto 57,29 ed. Loeb
106. Tito Livio, Ab Urbe Condita, XXIII, 14,5-
6 ed. Gredos
107. Tito Livio, Ab Urbe Condita, XXIII, 15,1
ed. Gredos
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112. (en francés) Tito Livio, Historia
Romana, Libro XXVIII, 46
113. Alertados, los romanos enviaron una
embajada a fin de verificar si esta
información era exacta.
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Carthage, ed. Cassell, Londres, 2003, p. 315
124. J. F. Lazenby, op. cit., p. 254
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128. Tito Livio, Historia Romana, Libro
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Forged By Lightning
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Pride of Carthage .
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Les Colosses de Carthage .
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Scipion l’Africain .
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« Hannibal » ? », AlloCiné, 25 de julio de
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160. (en inglés) Ficha IMDb de la película
de The Great Battles of Hannibal .
161. (en inglés) Ficha IMDb de la película
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162. Sin embargo, el personaje de Aníbal
tiene una participación secundaria en esta
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la Wayback Machine..
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Ediculture, Saint-Romain-en-Gal, 1999
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ed. De Belledonne, Grenoble, 2005 ISBN
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Rome, ed. Da Capo Press, Nueva York,
1992 ISBN 0-306-80498-0
Dodge, Theodore A. (1891). Hannibal, a
history of the art of war among the
Carthaginians and Romans down to the
Battle of Pydna, 168 B. C., with a detailed
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Enlaces externos
Wikimedia Commons alberga
contenido multimedia sobre Aníbal.
Cornelio Nepote: Sobre los hombres
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pueblos extranjeros (De excellentibus
ducibus exterarum gentium); XVIII:
Aníbal (Hannibal).
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Serie de artículos acerca de Aníbal en
el sitio Nimausensis; en francés.
La ruta de la campaña italiana de
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Jona Lendering: El itinerario de Aníbal
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