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Jorge VERA OYARZÚN: Miguel de Unamuno y la diáspora de Sören

Kierkegaard.

***

Tú no me buscarías si no me hubieras encontrado.


Pascal

A modo de Introducción
Unamuno no formó escuela, ni tampoco dejó (no era su pretensión) una obra filosófica
acabada, sistemática. Si paso a ser una personalidad intelectual reconocida de la cultura
hispánica, ello se debió en gran medida a que fue uno de los primeros pensadores europeos
de la existencia, y por haber redescubierto[1] a Kierkegaard, ya antes de que Martin
Heidegger publicara Sein und Zeit y, por supuesto, mucho antes que el existencialismo
francés (Marcel[2], Sartre, Camus, Merleau-Ponty) adquiriera un papel preponderante. Julián
Marías[3] nos ha ilustrado a este respecto.

Hacia fines de 1893 surge en un Unamuno un interés especial por el dramaturgo noruego
Ibsen y su Brand, seguramente el escritor más universal de noruega y un verdadero
revitalizador del teatro europeo, más relevante aún que el naturalista alemán Hauptmann. A
quien Unamuno también leyó por aquellos años. Este interés está documentado en el ya
conocido epistolario a Pedro de Mugica[4].
De Ibsen le he hablado a usted poco porque le conozco poco. He leído tres dramas de él, uno
“Los Aparecidos” me pareció una monstruosidad… “Hedda Gabler” me dejo frío, y el otro
“La Casa de Muñecas” me gusto mucho. He leído también un extracto y fragmentos de un
poema suyo “Brand” y me gustó mucho, muchísimo. Si no le he leído más a Ibsen, ¿sabe
usted por qué es?, por dejarlo hasta que pueda leerle en noruego[5].
Y en otra misiva de su extenso epistolario: Hay en la teología unos tesoros…Ahora que
traduzco ya el dano-noruego o norso-danés voy a chapuzarme en el teólogo y pensador
Kierkegaard fuente capital de Ibsen, que decía de joven que aspiraba a ser poeta de
Kierkegaard, según he leído en el libro de Brandes sobre Ibsen, que es donde empecé a
aprender danés[6]

En su artículo Ibsen y Kierkegaard[7], de 1907, don Miguel escribe: Fue el crítico de Ibsen,
Brandes[8], quien me llevó a conocer a Kierkegaard, y si empecé a aprender el danés
traduciendo antes que otra cosa el Brand ibseniano, han sido las obras de Kierkegaard, su
padre espiritual, las que sobre todo me han hecho felicitarme de haberlo aprendido. […]
No comprendo que puedan llegar al condensado meollo de la dramaturgia ibseniana los que
no hayan pasado por las tormentas espirituales por las que pasó el solitario teólogo de
Copenhague…

(…) no sirve decir que en un drama no hay doctrina filosófica o religiosa. Podrá no haberla
predicada y expuesta didácticamente, pero el autor vio la realidad que traslada a través de
los cristales de una filosofía o de, una religión…

I
A la ciencia le disgustan los relatos y hoy por hoy existe algo muy parecido a una ciencia
filosófica, pero en el origen, el relato es anterior a la ciencia y ella misma emerge y se nutre
del relato, surge como necesidad complementaria o esclarecedora del relato y no en
contraposición a este. En sus inicios la filosofía fue una pretensión científica, luego, se pasó
a la perspectiva ético-pedagógica, pues los prolijos caminos que recorren la filosofía, sólo
tienen realmente sentido si desembocan en el hombre[9]. Todos los intentos de eliminar de
la filosofía al filósofo en cuanto hombre… son quiméricos e ilusorios[10].
Tanto don Miguel como Sören, descubren de manera temprana su íntima vocación, serán
irremediablemente escritores, escritores y autores. Escritores de su tiempo que aspiran a
distinguirse, a resultar inclasificables, —aunque a la postre, dice Julián Marías, podamos
abrir una clase precisamente con ese epígrafe: “Inclasificables”. Unamuno, cuyo afán es
resultar único e inolvidable, se encuentra cómodamente (¿o incómodamente?) alojado en esa
forma histórica que le ha correspondido, y nosotros agregamos que Kierkegaard también. En
ese estrato en que hay perfecta adecuación entre el individuo personalísimo y el sujeto
histórico.

El presente autor de ningún modo es un filósofo; es, poetice et eleganter, un escritor


aficionado, que no escribe sistemas ni promesas de sistema; no ha caído en el exceso de
sistema ni se ha consagrado al sistema. Para él, escribir es un lujo; y tanto más gana en
evidencia y en placer cuanto menos compradores y lectores tiene de sus producciones. No
teme prever su destino en una época en que la pasión se borra de un trazo para beneficio de
la ciencia, una época en que el autor que aspira a ser leído, debe tener la precaución de
escribir un libro fácil de hojear durante la siesta… (Johannes de Silentio, Temor y
Temblor[11])

II
Es en los llamados Diarios íntimos[12] donde encontramos muchas pistas para la comprensión
de aspectos claves e importantes del pensamiento y método de autores tan particulares.
Kierkegaard apunta en el suyo: Estoy persuadido de que no existe un escritor danés que
trate con tanto cuidado la elección de la más insignificante palabra. Redacto dos veces todo
lo que escribo y ciertos pasajes hasta tres o cuatro; en mis meditaciones durante mis paseos
digo mis pensamientos en voz alta repetidas veces, antes de escribirlos, y vuelvo a mi hogar
con el párrafo ya listo en mi mente, hasta el extremo que puedo recitarlo de memoria en
forma estilizada.
En otra parte define y anota: Los genios son como los truenos: van contra el viento, asustan
a los hombres. Lo establecido ha inventado numerosos pararrayos. Y resulta. Sí, vaya si
resulta; y resulta que la próxima tormenta será aún más seria.
Unamuno en el suyo[13]: Racionalizar la fe. Quise hacerme dueño y no esclavo de ella, y así
llegué a la esclavitud en vez de llegar a la libertad en Cristo… otro pasaje: Del polvo a que
con el análisis reduje todo durante mi paso por el desierto del intelectualismo, ha hecho el
Señor barro y me lo ha puesto ante los ojos, para que desee ver y vaya me lave y vea.

A continuación de leer párrafos como estos uno se pregunta: ¿qué diantres hago escribiendo
respecto de hombres como Sören Kierkegaard y Miguel de Unamuno, con qué derecho se
toma uno estas libertades, en que estaba pensando cuando se me ocurrió esta idea. Pero
bueno… hemos continuado con estas lecturas, seguimos rebisado notas, nos topamos con otra
cita, de las que tenemos en un cuaderno: …como Scherezade salvó la vida contando
historias, así salvo yo la mía o la mantengo a fuerza de escribir. ¡Aquí esta! aquí hay una
autorización, salvar la vida, algunos leemos y escribimos para salvar la vida.
Como ha señalado acertadamente Gadamer: lo que se fija por escrito se eleva en cierto
modo, a la vista de todos, hacia una esfera de sentido en la que puede participar todo el
que esté en condiciones de leer.[14]
Enfrentados a los libros, aun cuando sean sólo traducciones, estamos en el ámbito de esa
esfera que se expande y por tanto no se limita a lo que el autor tenia originalmente in
mente, ni a los destinatarios originales de lo escrito (como ocurre también con el género
epistolar cuando se hace público).
Amiel[15] —tal vez la voz más autorizada—explicando el sentido, y significado de su Diario,
escribió: El diario como una confesión que apacigua el corazón, como un trabajo que ayuda
a tomar conciencia de la propia vida, y permite hacer luz en el pensamiento… Vivir es
curarse y renovarse cada día, y es también volver a encontrarse y reconquistarse. El diario
nos devuelve el equilibrio… El recogimiento es como un baño del alma en la contemplación,
y el diario es un recogimiento, pluma en mano.”
Esa es la primera imagen que se nos viene de estos autores, nos es casi inmediato
imaginarlos pluma en mano o en su defecto libro en mano, es que se nos hace algo artificioso
pensar en Unamuno o Kierkegaard, en otras tareas, aun cuando ambos ejercieron la
docencia, no es la imagen del profesor en el aula la que se nos vuelve recurrente.
Pero ¿Qué es un autor? Esta pregunta da título a un texto de Michel Foucault, quien
reflexiona en torno a preguntas como esta, y dice: […] el hecho de tener un nombre de
autor, el hecho de que se pueda decir «esto ha sido escrito por tal» o «tal es su autor»,
indica que ese discurso no es una palabra cotidiana, indiferente, una palabra que se va, que
flota y pasa, una palabra inmediatamente consumible, sino que se trata de una palabra que
debe ser recibida de cierto modo y que en una cultura dada debe recibir un estatuto
determinado.
Unamuno en la época en que sostenía una trayectoria personal y profesional ya hecha,
escribiría a propósito del incidente de la destitución del rectorado, hecho de gran
repercusión y de notables consecuencias personales, escribió:
¡Terrible tragedia intima la del que ha convertido su nombre en firma y vive de la firma!
¿Retirarse a la vida privada? Sí, eso se dice fácilmente. Ahora, que esa tragedia se
ennoblece no firmando nunca sino aquello que sinceramente y lealmente se siente y se cree.
En Mi punto de Vista Sören K. ensaya lo que representa un autor en su situación
particular: …en nuestra edad, que tiene por sabiduría lo que es realmente el meollo de la
iniquidad, a saber que uno no se preocupa del comunicante, sino solamente de la
comunicación... ¿qué es un escritor? Un escritor es, con frecuencia, simplemente una x,
incluso cuando firma con su nombre; algo absolutamente impersonal, que se dirige
abstractamente, con la ayuda de la imprenta, a miles y miles de personas, mientras el
permanece oculto y desconocido, viviendo una vida tan escondida, tan anónima como es
posible para una vida, seguramente para no poner de manifiesto la demasiado clara y
flagrante contradicción entre los prodigiosos medios de comunicación empleados y el hecho
de que el autor es sólo un individuo.

III
Kierkegaard hizo de su vida una experiencia, un ensayo definido y voluntario de existencia
poética. Para Kierkegaard crear era ante todo crearse. La influencia ejercida por su profesor
Paul Martin Moeller, no está a nuestro entender suficientemente estudiada en la bibliografía
en nuestro idioma[16].
El verdadero poeta no puede prescindir de la filosofía, no para estudiarla sistemáticamente o
presentar exposiciones de sistemas y doctrinas. No. Al hacer poesía, la filosofía lo acompaña
como una hermana inseparable. El poeta hace filosofía con sus intuiciones[17].
María Zambrano se refiere a la obra de Unamuno como la de un poeta[18], más que un
filósofo, porque su tema más importante es la religión, esta perspectiva podría aplicarse
también a Kierkegaard. El tema religioso centra a Unamuno en la búsqueda de un yo ideal
que presiente en sí mismo, aunque sabe que el modelo está fuera, le es trascendente...
Unamuno se percata que el medio no es la sistematización filosófica y se lanza a esa
“religión poética”.[19]
Kierkegaard sigue el mismo consejo que años más tarde R. M. Rilke (quien no se separaba de
las obras del poeta danés Jens Peter Jacobsen) dará a Franz Xaver Kappus, volverse sobre si
y sondear las profundidades de donde proviene nuestra vida; y en esa fuente encontrar la
respuesta a la pregunta de si se debe crear. Partiendo de aquí va, más allá, pues aunque el
fundamento de la vida ética, el deber, parece firme y seguro, sus eternas valoraciones son,
sin embargo, vacilaciones al lado de los sentimientos absolutos de lo religioso.
El poeta Dezö Kostalányi con quien don Miguel mantuvo correspondencia observa algo que
suscribimos: De cierto modo todos los poetas… son hermanos de sangre… Sólo su lengua ha
hecho que no se comprendieran… Si quitamos la cáscara del idioma desaparece su
extrañeza. (Modern KóIta, 1913)
Cuando Unamuno se refiere a Kierkegaaard como un hermano de seguro tiene presente la
exclamación de Santa Teresa: ¡Qué gran cosa es entender un alma! Qué gran cosa es sentirse
entendido por otro y sentir que también se le entiende a ese otro, y de ese entendimiento
pasar a la compresión del otro, ya no en el mero hecho intelectual, sino en el comprender de
sentimiento, que es como usualmente la empleamos. Ese es el sentido que la palabra
hermano tiene para Unamuno, el de participar de un mismo sentimiento. El comprenderse
de los hombres.

Kierkegaard Si tuviese que solicitar un epitafio para mi tumba, sólo pediría que se
escribiese “aquel individuo”[20]. En el Frederiks Hospital susurra a su amigo de la infancia
Emil Boensen: Diga usted a los hombres que les he querido mucho[21].

IV
Un inicio o un final son siempre arbitrarios, pero son los elementos sin los cuales no nos es
posible asir el devenir, ese devenir que hace relato, en Unamuno se hace interrogante,
dialogo, nivola.
Cuando un hombre dormido e inerte en la cama sueña algo, ¿qué es lo que más existe, él
como conciencia que sueña, o su sueño? — ¿Y si sueña que existe él mismo, el soñador? —le
replique… — En ese caso, amigo don Miguel, le pregunto yo a mi vez, ¿de qué manera
existe él: como soñador que se sueña o como soñado por sí mismo?...
Y al final del inmortal Capitulo XXXI: Pues bien, mi señor creador don Miguel, también usted
se morirá, también usted, se volverá a la nada de que salió… ¡Dios dejara de soñarle!...se
morirá usted y se morirán todos los que lean mi historia, todos…sin quedar uno.
Así es Augusto, moriremos todos lo que hemos leído tu historia, todos, aún aquellos que nada
sepan de ella morirán… Pero; lo posible no termina, para el Padre eterno, en aquel punto
en, que, según la razón humana, cesa toda posibilidad.
Y si nuestra ensoñación; es lo que fue soñado
Tal vez alguien nos sueña en su sueño…
O como tan bellamente dicen:
Hay un sueño que nos está soñando[22].

Este breve estudio se cierra sin conclusiones. No puede tenerlas porque nos damos perfecta
cuenta de su carácter incompleto, no puede tenerlas también porque estamos de camino,
ciertamente hemos dado inicio a esta aventura personal. Buscar e indagar ha sido la
premisa, y las interrogantes aparecen con cada nuevo paso que damos.
J. Vera Oyarzún

[1] Junto Delacroix, Hoffding y Estelrich, es uno de sus primeros


divulgadores.
[2] Marcel señala que no tomo conocimiento con el Post-scriptum hasta
comienzos de 1941. Kierkegaard, Sartre, Heidegger, Jaspers y otros,
Coloquio Unesco, Ed. Alianza, Madrid, 1970. Trad. Andrés Sánchez
Pascual.
[3] Julián Marías, El Existencialismo en España, Obras V. Rev. de Occidente,
1960.
[4] Miguel de Unamuno Cartas inéditas, Recopilación y prólogo de Sergio
Fernández Larraín, Ed. ZIG-ZAG, Santiago, 1965.
[5] Carta a Pedro de Mujica, 28 de Mayo de 1893.
[6] Carta a Clarín. 3 de abril de 1900. En: Menéndez Pelayo, Unamuno,
Palacio Valdés, Epistolario a Clarín, Madrid, Ed. Escorial.1941, pp. 74-83.
[7] El Imparcial, Madrid, Año XLI. Núm. 14372, 25 de Marzo de 1907.
[8] Famoso crítico danés G. Brandes (1842-1927), existe en español un
Trabajo del prof. Raphael Chabrán, Miguel de Unamuno y su biblioteca
danesa, Whittier College (USA).
[9] Karl Jaspers, La Filosofía, Fondo de Cultura Económica, 1980.
[10] Alexis Klimov, Nicolás Berdiaev: Introducción a su vida y obra, Ed. Carlos
Lohlè. B. Aires, 1979. Trad. Ramón Alcalde.
[11] Sören Kierkegaard, Temor y Temblor
[12] Las citas corresponden a: Unamuno, Diario íntimo, Ed. Folio, Barcelona,
2007. Compuesto por cinco cuadernos manuscritos en los que Unamuno
volcó reflexiones y notas; y Sören Kierkegaard, Diario Íntimo, Ed.
Santiago Rueda,
Buenos Aires, 1955 con traducción y notas de María Angélica Bosco,
Traducido desde la versión italiana de Cornelio Fabro (3 tomos, Editorial
Morceliana – Brescia, 1948-1951).
[13] Marzo de 1897, fecha que fijan varios autores para lo que se ha llamado
como una profunda y primera crisis religiosa en Unamuno, ese año
decide pasar la semana santa en Alcalá de Henares, donde a su arribo lo
esperara el Padre Lacando, su confesor. Durante los meses de abril y
mayo de ese año redacta la mayor parte de su Diario Intimo, en rigor
anotaciones y meditaciones efectuadas durante esos meses. Puede
Verse: J. Ignacio Tellechea Idígoras, La crisis espiritual de 1897.
Fragmento inédito de una carta unamuniana a Leopoldo Gutiérrez
Abascal. Cuadernos de la Cátedra Miguel de Unamuno, U. Pontificia de
Salamanca, 1997 y también, Rafael
Pérez de la Dehesa, Política y Sociedad en el Primer Unamuno (1894-
1904),
Ediciones Ariel, Barcelona, 1973. cap. V, Anarquismo y crisis religiosa.
[14] Hans-Georg Gardamer, Verdad y Método, Traducción de Ana Agud
Aparicio y Rafael de Agapito. Salamanca: Sígueme, 1977.
[15] Enri-Frederic Amiel (1821-1881), escritor y profesor de filosofía y estética
la universidad de Ginebra, mantuvo un Diario, de manera intermitente,
desde 1839, y de forma regular desde 1847 hasta su muerte. Las
diecisiete mil páginas manuscritas de esta obra corresponden, casi con
seguridad, a la más impresionante confesión de todos los países y de
todos los tiempos. Contar la vida, ¿no es acaso un modo, y tal vez el más
profundo, de vivirla? ¿No vivió Amiel su vida íntima contándola? ¿No es
Diario su vida? Escribió Unamuno en Como se hace una Novela.

[16] James Collins en su estudio El pensamiento de Kierkegaard, revisa la


influencia de Trendelenburg, también se ha estudiado la influencia que
ejerció Schleiermcher.
[17] Enrique Molina, La filosofía en Chile en la primera mitad del siglo XX,
Editorial Nascimento, Santiago, 1953. p.8
[18] Cuando don Miguel, en 1907, da a luz su primer libro poético (Poesías),
tiene cuarenta y tres años y posee ya una personalidad definida como
ensayista y novelista. Zambrano se refiere aquí al conjunto de la obra.
[19] Juana Sánchez-Gey Venegas, Filosofía y cristianismo en Miguel de
Unamuno y su influencia en María Zambrano, en Miguel de Unamuno,
estudios sobre su obra. IV, Editorial Universidad de Salamanca, 2007.
[20] Finalmente son los versos de su compatriota, Hans Adolph Brorson
(1694-1764), los que están sobre su tumba.
[21] M. —M Davy, Un filosofo itinerante, Gabriel Marcel, Gredos, Madrid,
1963. (p.20). Trad. José A. Pérez Rioja.
[22] Los versos corresponden a un poema inédito del autor, y la cita final a un
refrán de los San basarawa del Kalahari.

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