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Victoria Cedeño 22-01-2018 1ero VI

La Filosofía y el Cambio Climático

El cambio climático es el conjunto de grandes y rápidas perturbaciones provocadas en el

clima por el aumento de la temperatura del planeta. Es el problema ambiental más

importante al que se enfrenta la humanidad. Básicamente se encuentra muy relacionada con

el calentamiento global ya que el cambio de clima es una, de las muchas, consecuencias del

calentamiento global.

En años no muy recientes emerge este conflicto acerca de las verdaderas consecuencias del

cambio climático para la gran parte de la vida en la tierra. Desafortunadamente, el público

en general sigue en la obscuridad y desconoce las diferentes alternativas que pueden ayudar

a reducir el daño. La ciencia nos ha proporcionado un gran mar de información para

mostrarnos el estado actual e incluso estimaciones de los efectos negativos, que llegarían a

un futuro muy cercano, nuestro futuro. Pero aún así parece no ser suficiente para lograr un

cambio en cuento a la percepción de los gobiernos al igual que en la de las personas. Por

otro lado, es claro que este asunto necesita no solamente evidencia científica, si no también

debe enfocarse en la ética y la equidad. Por ejemplo, es evidente que los países con más

desarrollo industrial son aquellos que emiten más gases de CO2 a la atmósfera y, aquellos

lugares menos desarrollados, con poco poder industrial, no generan grandes cantidades de

estos gases pero resultan ser los más afectados por este aumento de temperatura promedio

del mundo. El cambio climático causa devastaciones que no se extenderán igual por todas

partes, ya que mientras que algunas zonas serán inundadas por el aumento del nivel del

mar, en otras, la amenaza residirá en la escasez del agua. Además, uno de los más grandes
problemas de gran parte de la población es que creen que la solución para este enigma va a

aparecer de la nada, de manera súbita, que sólo debemos confiar con la razón humana y en

la tecnología. Por ejemplo, muchos aseguran que el avance en el estudio y desarrollo de

fuentes de energía renovables y su aplicación al transporte eliminará las emisiones de

dióxido de carbono de los automóviles. Es parcialmente cierto, ya existen aquellas

tecnologías, pero ninguna está o estará lista para ser implementadas masivamente en

algunos años. Tiempo es el que menos tenemos y aún no se encuentra un sustituto real a los

hidrocarburos que puede ser utilizado a una escala global. De este modo, hay una gran

tentación a encontrar soluciones simples a un problema tan complejo usando tecnologías.

De igual manera, si se llega a solucionar este problema quedarían muchos otras

dificultades más sin resolver. Por ejemplo, aumentar la reflectividad de la Tierra para

reducir la cantidad de rayos solares que llegan a la superficie y así disminuir la temperatura.

Aún así, esto no soluciona estos otros conflictos derivados del cambio climático, como la

acidificación de los océanos, por lo que pensar mucho en una solución inmediata reduce la

posibilidad de encontrar una respuesta real. Está de preguntarse y comenzarse a cuestionar

¿cómo arreglar un daño que comenzó hace 180 años, según un estudio internacional

publicado por la revista científica ‘Nature’, en tan sólo unas cuantas décadas? La verdad es

que es mejor pensar de esta manera, comenzar a ser más críticos acerca del mundo que nos

rodea, las acciones, las decisiones que tomamos y hacemos que afectan el lugar en el que

vivimos porque al final, no sólo afecta a los seres humano, sino, a todo ser vivo. Hay que

alejarnos de aquellas soluciones imaginarias ya que pueden llegar a ser imitadas por

generaciones futuras siguiendo nuestros pasos erróneos que tratan de llegar hacia una

buena resolución, las cuales en realidad, no nos llevarán a ningún lado. Debido a que, el

cambio climático no debería considerarse un como un problema económico, político o


científico, es en realidad un problema ético, pero porque mucha gente no considera esto

como un problema moral? Pues, según Stephen Gardiner, un filósofo de la Universidad de

Washington dice que parte de la razón es que muchas de nuestras emisiones vienen de

nuestro afán de obtener energía y alimentos de bajo costo, pero por conveniencia a corto

plazo. Él claramente afirma que no el mayor problema del cambio climático es con respecto

a la ética, ya que como ya es mencionado muchos ignoran o no se dan cuenta del verdadero

problema con el que estamos lidiando.

Gardiner (2006)

"Si tuviéramos que continuar con nuestros modestos beneficios ahora y traspasar

los graves costos en el futuro, una cosa que quizás no nos gustaría hacer es

llamar la atención sobre el hecho de que eso es lo que estamos haciendo. Porque

visto de esa manera, parece moralmente indefendible”. (p. 2718)

Si bien es cierto, las principales causas del cambio climático son: el efecto

invernadero, proceso natural que retiene los gases producidos por el hombre, el

calentamiento global, la tala de árboles, la ganadería, entre otros. Pero, ¿qué causa

todo esto?, simplemente, la actividad humana. Es justamente aquellas actividades

que hacemos en nuestra vida cotidiana, desde lo más pequeño, hasta lo más grande

pueden afectar a nuestro ecosistema. De ahí, viene el verdadero problema, son las

nuevas costumbres que hemos adquirido en el transcurso de los años es que lo está

acabando con el ambiente de forma rápida e algo impredecible. Es la globalización,

las nuevas tecnologías, la dependencia que crece más y más de la ganadería, la

sobrepoblación, la necesidad del uso de la madera para hacer sofás, construir casas,
la exigencia del transporte, la televisión, etc., estas y muchas cosas más que forman

parte de cada vida humana en el planeta, es verdad, nos traen beneficios, pero, ¿por

cuánto tiempo en realidad? ¿Hasta dónde termina? Muchos dirían, los tiempos

cambian, cosas nuevas surgen a una velocidad inimaginable, hay más invenciones,

más descubrimientos, es “normal” que dependiendo de la época tengamos más

necesidades para nuestras vidas.

No hay que decir que es una total mentira la frase propuesta anteriormente, pero, lo

que algo falta es que de hecho, sí los tiempos cambian, pero nuestro hogar es el

mismo, no planeen en buscar en invadir otros planetas cuando este se termine, pues

no estamos en una película de ciencia ficción, vivimos en la vida real. Y la realidad

aquí es que si no actuamos de forma inmediata, no rápida, inmediata, nos daremos

cuenta de lo que hemos estado haciendo cuando ya no se pueda hacer mayor cosa.

Así que es indiscutible, nuestras acciones determinan nuestro destino, quizás no

parece malo hoy en día hacer lo que hacemos, pero como ya sabemos que los

tiempos cambian, lo que nos parece “normal” ahora, no lo será después de los

próximos 50 años y así sucesivamente, tal vez haya más contaminación o empiecen

a cuidar al planeta como se debería, no se sabe el futuro, pero sí el presente, este es

nuestro presente el que determinará el futuro. No es tan difícil en realidad, cuidar el

entorno natural. ¿Qué nos cuesta botar la basura en su lugar? ¿Apagar los aparatos

electrónicos que no estamos usando y dejarlos desenchufados para ahorrar un poco

de energía? ¿Qué nos cuesta reciclar, reusar, reducir y rechazar? ¿Por qué a muchos

nos cuesta, si es que nos cuesta, hacer estas cosas tan básicas que aunque no parezca,

ayudan de mucho al planeta? La pregunta que nos deberíamos hacer al cuestionar


esto es ¿qué nos detiene? , porque nada nos cuesta. ¿Qué nos impide sembrar una

pequeña semilla para que se convierta en un árbol? Nada. Muchos tratarían de

defenderse diciendo que no tienen tiempo por su trabajo, escuela, o por cualquier otra

cosa, pero no es así, son excusas. Si podemos despejar un fin de semana para salir

con amigos, familia o para quedarse en el sofá, de madera, viendo televisión, ¿por

qué no invertir, quizá no un día, pero al menos unos minutos de nuestro tiempo para

sembrar un árbol? Las plantas nos brindan muchísimos beneficios desde en los

ámbitos de salud, hasta los psicológicos, ¿por qué la gente no se anima a reforestar?

Esto, ya cae en los valores de cada individuo. ¿Por que existe esa falta de valores en

el ámbito ambiental? ¿Será porque la educación necesita más énfasis en la práctica

de todos los valores, en vez de sólo enfocarse en lo académico? Sí, eso cambaría

para mejor a las próximas generaciones. Aquí en Ecuador, por ejemplo, se

concentran más en que los niños y jóvenes desarrollen un buen nivel de

conocimiento académico, pero, no hay mucho énfasis en lo que es en la formación de

valores, hay una crisis de valores, aquellos que se están perdiendo y son esenciales

para la formación de una persona. ¿De qué sirve un gran e inteligente científico o

genio que, por su carencia de valores, desarrolle algo increíblemente nuevo pero que

perjudique a las personas, o que para su desarrollo ignore la ética? De nada.

Está claro, el cambio climático es un problema ético, demuestra cómo tratamos al

mundo en donde nacimos y nos hará pagar factura con sus efectos y consecuencias.

No es de negarlo, cuando ya lo estamos viviendo, pero, no estamos peleando lo

suficiente para que el mal resultado no sea mayor. Todo es cuestión de actitud,

quizás el sistema educativo no le de mucha importancia, o la sociedad en sí, pero


todo está en nosotros mismos, en cambiar para bien, “no cambiar porque los tiempos

cambian”, sino, cambiar para mantener una vida totalmente saludable, no sólo en

salud o en economía, también en ser saludable y beneficioso para el ambiente, no un

parásito, que toma todo lo que quiere y necesita sin importar lo demás como si no

hubiese un mañana.

El mundo está en nuestras manos, el mundo mismo nos recompensará o castigará

dependiendo de nuestras acciones. No hay que esperar, ya esperamos demasiado. No

esperemos a una tecnología que nos solucione esta problemática, no esperemos a que

los gobiernos reaccionen para regular los gases emitidos, no esperemos a que se

implementen valores ambientales en las instituciones, aunque es una forma de

desarrollar mejores personas a largo plazo, no esperemos cuando ya sabemos lo que

está pasando y lo que podemos hacer. Esperar no es una opción, tal vez sí, pero no la

mejor. No esperemos más cuando se puede empezar a hacer cosas pequeñas para una

causa grande y asumir nuestra responsabilidad. ¿Para qué vamos a esperar cuando a

cada momento se contamina el ambiente, cuando se está explotando más del 1 %

del Ya suní, que conforma parte del pulmón del mundo, la Amazonía? Podemos

actuar desde ahora, con lo más simple, con lo más fácil, económico o accesible, pero

podemos comenzar a actuar, ya que aunque sea una persona lea esto, estamos

marcando la diferencia, si actuamos bien, con la moral de nuestro lado, sentiremos y

veremos un cambio para cada organismo del planeta.

Para finalizar, aunque esto nunca acaba, podemos concluir que la dimensión ética, en

cuanto al cambio climático, es indudable debido a que es una responsabilidad

concreta a partir de decisiones determinadas tomadas por nosotros mismos, que


demuestra lo que en realidad somos y podemos hacer. Que no hay que esperar para

que alguien más resuelva lo que es de todos, porque aunque no lo creamos todos

podemos hacer un cambio. Porque sabemos distinguir entre el bien y el mal y

conocemos lo que el mundo necesita, y porque tenemos claro que no hay un planeta

igual a la Tierra, que necesita ser protegida por todos nosotros.

Bibliografía:

 Aula365. Efecto Invernadero. Recuperado el 23 de enero del 2018 de:

http://www.aula365.com/efecto-invernadero/

 D. Appell. (2015). Is Global Warming a Moral Issue? Recuperado el 23 de

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 European Commission. Causas del cambio climático. Recuperado el 23 de

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 F. Vilar (2010). Ética (y responsabilidad) del cambio climático – 1.

Introducción: El Problema de la Verdad Climática. Recuperado el 23 de

enero del 2018 de: https://ustednoselocree.com/2010/10/10/etica-1-el-

problema-de-la-verdad-climatica-2/

 S. Outon. Responsabilidad moral y cambio climático. Recuperado el 23 de

enero del 2018 de: http://reflexionesmarginales.com/3.0/responsabilidad-

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