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Marginación y pobreza

MARGARITA CAMPOY LOZAR *

de partida de la escuela que atribuye las di-

C
uando, en 1928, Robert Park publica
ferencias culturales a rasgos innatos de las
su artículo «La migración humana y
razas, transmitidos por herencia biológica.
el hombre marginal», aparecido en
el volumen XXXIII del American Journal of Pero a Park le resulta más atractiva, por
Sociology, entra en escena un concepto que atenerse mejor a la enorme diversidad de los
habrá de tener, posteriormente, una larga hechos de experiencia y permitir la explica-
trayectoria en el análisis de ciertos fenóme- ción de un número mucho mayor de situacio-
nos característicos de la sociedad moderna. nes, la que él llama «teoría catastrófica de la
Hay que advertir, sin embargo, desde el pri- civilización», que tendría su origen en Hume,
mer momento, que sólo a través de un amplio en Inglaterra y en Turgot, en Francia. Según
proceso de extensión y dispersión semántica, tal teoría, más importante que las razas y la
llegará a tener las connotaciones con las que conservación de sus rasgos, será el contraste,
actualmente se emplea. la mezcla, incluso el antagonismo entre las
mismas. En este contexto da entrada Park al
Las referencias usuales al artículo de
tema de los movimientos migratorios, junto
Park que acabamos de citar, suelen aludir al
con las guerras y las revoluciones.
hecho de que, a consecuencia de la emigra-
ción, surgen híbridos culturales que son el Pero para él –pensador de una sociedad
fruto de la fusión de formas de vida y de tra- formada por poblaciones de aluvión-, la emi-
diciones de dos pueblos distintos. No obstan- gración tiene una importancia especial y no
te, el punto de partida de las tesis de Park debe ser estudiada únicamente en sus aspec-
remite a un tema de gran calado: lo que a él tos más gruesos y externos, que se refieren a
le preocupa es la discusión de las principales los cambios en la moral y en las costumbres,
doctrinas que intentan explicar, a partir de sino que debe ser enfocada, también, en sus
una causa dominante, las diferencias cultu- aspectos subjetivos. Esto es, será necesario
rales que existen entre las razas y los pue- prestar atención a los cambios que la emigra-
blos. ción introduce en los tipos de personalidad.
De Montesquieu se deriva la escuela que «Cuando la organización de la sociedad
pretende explicar tales diferencias a partir tradicional –dice Park– se rompe como
de las peculiaridades del clima y del contor- resultado del contacto y colisión con una
no físico. De igual modo, será Gobineau (La nueva cultura invasora, el efecto es, por
desigualdad de las razas humanas), el punto así decirlo, la emancipación del individuo.
Las energías que antes estaban controla-
*
Profesora de Sociología. Universidad Compluten- das por las costumbres y las tradiciones se
se. liberan».

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El resultado es la emancipación del indivi- La introducción del concepto de «hombre


duo que, de algún modo, se convierte en ex- marginal» por Park y su desarrollo efectivo
tranjero y cosmopolita, ocupando la seculari- por Stonequist, permitirá, como analiza
zación el lugar de la antigua mentalidad Martín López 2, a Barber y Merton, precisar
sagrada. Obvio es decir que, en este punto, uno de los significados de la ambivalencia so-
aparece la referencia a Simmel –su antiguo ciológica, la que surge en quienes han vivido
maestro–, por lo que se refiere al estudio del en dos o más sociedades, viniendo a orientar-
extranjero y, junto a ella, el análisis, todavía se por valores diferentes; es decir, un caso tí-
embrionario, del judío que abandona el gueto. pico de doble socialización, cuyo ejemplo más
En esta primera elaboración del concepto de ilustrativo resultan ser los emigrantes.
«hombre marginal» destacan los siguientes
La reconsideración, a la luz de la teoría
rasgos: se trata de un hombre que, a conse-
del hombre marginal, de los estudios que
cuencia de la emigración, se encuentra entre
Thomas y Znaniecki habían publicado, en
dos razas, pueblos y/o culturas, emancipado
1918, sobre El campesino polaco en Europa y
respecto de la suya y libre frente a la nueva
en América 3, tuvo como consecuencia que, en
y, por tanto, en una peculiar situación de re-
los años siguientes a la publicación del libro
lativa independencia, que puede estimular la
de Stonequist, se centrara la atención de los
aparición de respuestas creadoras.
sociólogos sobre la segunda generación de los
Tres años más tarde, en 1931, volverá Park emigrantes, como el grupo marginal más dis-
sobre «el hombre marginal», en su artículo tintivo. Favorecían esta caracterización da-
«Personalidad y conflicto cultural», afirman- tos como el índice de criminalidad, relativa-
do ahora que el hombre marginal típico es la mente alto; la desorganización de las
persona con herencia racial mezclada. familias y las perturbaciones emocionales de
los individuos.
Pero mayor importancia tiene la apari-
ción, en 1937, del libro de E. V. Stonequist, Las investigaciones posteriores tendieron
El hombre marginal 1, dedicado al desarrollo a poner de relieve que la marginalidad no es-
e ilustración del concepto acuñado por Park. tá conectada intrínsecamente con situacio-
Precisamente, en la «Introducción» a dicho li- nes étnicas y raciales, que lleven aparejada
bro, hace Park especial hincapié en los efec- la subordinación. Así, Golovensky, en un ar-
tos desorganizadores de la marginalidad: tículo publicado en Social Forces en 19524
critica las connotaciones evaluativas de la
«El hombre marginal ..., dice, es aquel a
marginalidad y el hecho de que el término se
quien el destino ha condenado a vivir en
aplique restrictivamente a los grupos étni-
dos sociedades y en dos culturas, no mera-
cos, cuando en una sociedad pluralista y
mente distintas, sino antagónicas».
compleja existen otros muchos tipos de hom-
Stonequist, por su parte, caracterizará y bre marginal. En el mismo sentido, apuntan
ejemplificará cuatro tipos de hombre margi- las críticas de A. W. Green 5 , quien muestra
nal: el emigrante extranjero, el emigrante de cómo el análisis interno descubre variables
segunda generación, el judío emancipado del analíticas olvidadas por Stonequist. Así, el
ghetto y el mestizo. También menciona otros
tipos de marginalidad, como el parvenu, el
desclasado, el emigrante del campo a la ciu-
2
Cf. Diccionario de las Ciencias Sociales, Instituto
de Estudios Políticos, Madrid, 1975.
dad y la mujer que asume papeles nuevos, 3
BAGDER, Boston, 1918.
pero apenas si dedica atención a estos casos. 4
«The Marginal Man Concept, An Analysis and Cri-
tique», vol. 30, 1951-1952.
5
«A Re-examination of the Marginal Man Con-
1
CHARLES SCRIBNER´S Sons, New York, 1937. cept, Social Forces, vol. 26, 1947-1948.

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monto del conflicto cultural, los esfuerzos por grupales, que en parte coinciden y en parte
salirse del grupo étnico y los factores situa- no, produciéndose la separación y el distan-
cionales de rechazo. ciamiento de los miembros de uno de ellos,
por obra del otro, quienes, de ese modo, que-
Más recientemente el concepto de margi- dan en situaciones de inferioridad social o
nalidad se ha aplicado a miembros de los cultural. Un uso figurado del término «mar-
más diversos grupos y estratos sociales, co- gen», como «ocasión, oportunidad, holgura,
mo, por ejemplo, en los estudios de David espacio para un acto o suceso», deja la puerta
Riesmann6. abierta para incluir cierto tipo de marginali-
dad, producto del «derecho a la disidencia»,
Mas, como hemos adelantado al principio
que aparece en las sociedades económica-
de esta exposición, ha sido necesario un no-
mente desarrolladas e ideológicamente plu-
table desplazamiento semántico para llegar
rales.
a las acepciones que actualmente reviste, en
Sociología, el término marginalidad. No deja En sentido próximo a las definiciones de
de ser significativo que el Diccionario de la uso se mueven los intentos de conceptualiza-
Real Academia de la Lengua Española, de la ción de dos sociólogos: Gino Germani 7 y Val-
palabra «marginación» sólo refiera como sig- verde Molina 8.
nificado la “acción y el efecto de marginar”.
Ahora bien, el verbo «marginar» incluye, co- Con Gino Germani podemos definir la
mo una de sus acepciones, la de «preterir a marginalidad como «la falta de participación
alguien, dejarlo al margen de alguna activi- de individuos y grupos en aquellas esferas en
las que de acuerdo con determinados crite-
dad, prescindir o hacer caso omiso de al-
rios les correspondería participar o deberían
guien», además de la de «poner o dejar a una
participar».
persona o grupo en condiciones sociales de
inferioridad». A lo cual hay que añadir la lo- Valverde Molina define como marginal
cución adverbial «al margen», que se emplea aquel individuo que por algún motivo y en un
para «indicar que una persona o cosa no tie- área más o menos concreta se encuentra al
ne intervención en el asunto de que se trata». margen de la «normalidad» de un grupo. Con
Estas definiciones de uso coinciden en seña- este autor, el concepto de marginación social
lar la existencia de dos mundos, personales o cobra algunas precisiones. En primer lugar,
se exige la referencia a un grupo concreto, ya
que el individuo marginado revela una ca-
6
DAVID RIESMANN en Individualismo, marginalidad y
rencia con respecto a las demandas de ese
cultura popular (Paidós, Buenos Aires, 1954), lamenta
que la actitud sociológica predominante hacia la margi-
grupo. De otra parte, tal grupo de referencia
nación, sea de desagrado y añoranza, como si en los sis- es normativo, ya que establece pautas de
temas sociales del pasado cada cual estuviera arraigado conducta que serán consideradas normales.
y que, por lo tanto, sólo tienda a considerar los aspectos Igualmente, el grupo habrá de disponer, por
negativos de la misma. Se asemejarían así los problemas imprecisa que sea, de una estructura de po-
de la marginación con la alineación. Una profundiza-
der desde el cual conceptualizar al margina-
ción sobre esta atractiva cuestión puede verse en nues-
tro trabajo «Alteraciones organizativas producidas por
do en función de la distancia que guarde con
el cambio social: la marginación social», en: Cuadernos el grupo normativo. Por último, la margina-
de Trabajo Social, 8 (1995), pp. 34-37 y en la que pro- ción equivale a una situación en la que se en-
bablemente resulte la obra más célebre de Riesmann,
La muchedumbre solitaria (Paidós, Buenos Aires, 1964),
donde queda de manifiesto que la generalización del 7
El concepto de marginalidad, Nueva Visión, Bue-
«hombre dirigido por otros» podría expandir la aspira- nos Aires, 1973.
ción a ser diferente, ausente en otras épocas en las que 8
El proceso de inadaptación, Popular, Madrid,
la conformidad era más rígida. 1988.

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cuentra el individuo de forma pasiva, sin que gún la mayor o menor intensidad de la amena-
intervengan, por lo general, su propia deci- za que suponga para el sistema.
sión o sus intereses.
Mientras tanto, la delincuencia pone ante
Con todo, reconoce el autor que es un con- todo de relieve el carácter jurídico del delito.
cepto indeterminado por cuanto puede englo- Así, denota aquellos actos relacionados con
bar a sujetos muy diferentes, dependiendo unos parámetros legales que, a su vez, pue-
de los criterios que se utilicen para definir la den considerarse como una modalidad de in-
situación de marginación: bien la edad –no adaptación social. Desde esta perspectiva, la
está integrado ni el individuo que aún no ha delincuencia incorpora al concepto de in-
alcanzado la madurez (independencia econó- adaptación los efectos de la institucionaliza-
mica y afectiva) ni quien haya pasado a ser ción represiva.
un elemento pasivo, por haber dejado de te-
ner una vida productiva en el cuerpo social–, Las relaciones entre marginación y delin-
bien la economía –las épocas de crisis, cual el cuencia resultan complejas. Puede llegarse a
momento actual, tendrían como consecuencia la marginación tras la comisión de un delito.
un incremento de marginación o, a la inversa, Entonces, éste actúa como causa. Pero tam-
una reducción del período en que el individuo bién pueden engrosarse las filas de la margi-
está plenamente integrado–, el sexo, la perte- nación como derivación de las privaciones so-
nencia a una minoría étnica, la pobreza o las cioeconómicas sufridas y equivaldría, por lo
deficiencias mentales y físicas. tanto, a una consecuencia. Sea como fuere, la
ley y sus efectos integradores preside el fenó-
Se desprende, por lo tanto, que con el con- meno. Con todo, la marginalidad penal no es
cepto de marginación puede aludirse a reali- absoluta por cuanto no todo delincuente es
dades muy diferentes que tienen como deno- marginal. Es decir, marginación y delito no
minador común una cierta o al menos parcial guardan una relación de causa-efecto; por el
exclusión de la consideración de normalidad contrario, requieren el concurso de otros fac-
de un determinado sistema social, generán- tores, de los que no son de menor importan-
dose así un distanciamiento con respecto a cia los motivos que inspiren la transgresión y
las normas comportamentales predominan- los fines perseguidos. De aquí, que se impon-
tes. Y lo que quizás resulte más interesante ga, de una parte, diferenciar la delincuencia
es que el autor distingue nítidamente dicho apoyada en un sustrato de conformismo –ob-
concepto de otros, como inadaptación y delin- tener un resultado al precio de un delito–, de
cuencia, en demasiadas ocasiones usados de la de aquellos que consciente y deliberada-
manera confusa. mente rechazan la sociedad y de la de quie-
nes por pasividad o pobreza no están identi-
La inadaptación equivaldría al fracaso ante ficados con el orden social. Pero, por otra
los estímulos que el medio ofrece. Consecuen- parte, se impone también contemplar el pro-
temente resulta más apropiado para calificar a blema de la delincuencia a la luz del contexto
aquellos sujetos que no sólo se encuentran al general de anomía y desintegración, por el
margen, sino que además manifiestan un com- cual se produce una suplantación de los valo-
portamiento discrepante respecto a lo conside- res espirituales por los materiales. Modali-
rado normal en un contexto dado, de modo que dades todas que no pueden por menos que re-
la tolerancia del sistema hacia el inadaptado cordar la tipología de conducta adaptativa
estará en función de las siguientes variables: elaborada por Robert K. Merton9, según la
la distancia y/o proximidad al grupo normativo
prevaleciente, características personales y re-
conocimiento social de la valía aportada, y del 9
Cf. Teoría y estructura sociales, Fondo de Cultura
modo como la sociedad aborde su control, se- Económica, México, 1974.

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disposición con la que los sujetos se sitúen una pérdida de eficacia en lo que al control y
frente a las metas y los medios instituciona- enjuiciamiento de la conducta se refiere. En
lizados10. otros términos, estamos inmersos en un mo-
mento de transformación de la severidad en
En lo que sí inciden convergentemente, tolerancia y de la responsabilidad personal
una y otra vez, la literatura y la investiga- en estatal: enfermos, incapacitados y margi-
ción sociológicas es en observar la profunda nados, otrora protegidos por el grupo de pa-
influencia de los procesos de modernización rientes o por las instituciones caritativas re-
–industrialización, urbanización, seculari- ligiosas, han pasado a ser competencia de las
zación, etc–, en el fenómeno de la margina- organizaciones asistenciales del Estado. Y
ción social. Porque sin que haya la menor comoquiera que la población de las socieda-
sombra de duda sobre el hecho de que en des más desarrolladas está organizada en
cualquier sociedad de cualquier tiempo y lu- torno a un grupo central –donde se ubican el
gar haya existido un volumen de población gobierno, la industria, las finanzas, las acti-
marginada –del mismo modo que en todos vidades científicas y técnicas, el ejército y la
los órdenes sociales ha habido que contar educación– a cuyo alrededor proliferan los
con un volumen de conducta desviada–, en consumidores de bienes y servicios, quedan
las sociedades industriales parecen actuar para la periferia todos cuantos no dispongan
unos dispositivos y mecanismos que trans- de una función significativa que desempe-
forman su presencia en realidad peculiar y ñar: los marginados. Unos porque se oponen
sui generis. a la organización oficial de la vida –caso de
los hippis–, otros porque exigen mayor parti-
Así lo pone de manifiesto, en primer lu- cipación, incluso recurriendo a comporta-
gar, el argumento que desarrolla Ruesch 11 mientos destructivos –cual sería el caso de
en los siguientes términos: cuando la energía los activistas–, los más porque son realmente
muscular y las habilidades individuales inhábiles y, en esa misma medida, margina-
constituían el fundamento de la producción, dos. Pero, ¿quiénes son los que verdadera-
quien no podía participar en las actividades mente engrosan sus filas? La respuesta es
productivas –ciegos, mutilados, retrasados, obvia: los incapacitados, los enfermos, los
etc.–, quedaba también privado de los benefi- analfabetos y cuantos por la persistencia de
cios. Actualmente, la automatización ha la crisis económica sufren la escasez de em-
cambiado la concepción y ética tradicionales pleo, los parados. En líneas generales, todos
del trabajo y, con ellas, los criterios valorati- aquellos que bien por una circunstancia per-
vos: más que la aportación activa, se valora sonal –disfuncionalidades físicas, psicológi-
lo que se consume. cas y sociales–, bien por la naturaleza de su
situación –carencia de los requisitos exigi-
Desde tal óptica, el comportamiento mar-
dos–, son conducidos a la exclusión de los
ginal resulta menos evidente, puesto que las
ámbitos del trabajo, la vida familiar o la di-
actividades se han dispersado y asistimos a
versión, por la presencia de alguno o algunos
de los siguientes factores:
10
Un intento de clarificación terminológica y con-
– Alteración de las convenciones en el uso
ceptual del fenómeno de la desviación social desde la
perspectiva sociológica está contenido en: CAMPOY LO-
del tiempo (por ejemplo, con el absentis-
ZAR, Mª M., «La conducta desviada: aspectos sociológi- mo laboral),
cos», en: Anuario Jurídico Escurialense, XXIV (1992), pp. – infracción del uso del espacio y la pro-
493-515. piedad,
11
«La incapacidad social: el problema de la inadap-
tación a la sociedad», en: BASAGLIA, F., La mayoría margi- – irregularidad en la distribución de los
nada, Laía, Barcelona, 1973. recursos económicos disponibles,

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– ineptitud para aplicar la propia energía ciudadanos a situaciones de pobreza y mar-


a las diferentes actividades, ginación, y aunque sus principales puntos de
– incapacidad para establecer y manejar mira son los indigentes, mendigos y transe-
adecuadamente los mecanismos e ins- úntes, consiguen establecer tanto una carac-
trumentos de la comunicación, terización subcultural como una tipología de
alcance general para el fenómeno global de
– ineficacia del propio comportamiento en
la marginación social.
vistas a alcanzar las metas propuestas,
y Por lo que a la delimitación del fenómeno
– éxito por parte del entorno en la califi- concierne, cabe enumerar el siguiente abani-
cación de la perturbación. co de rasgos:

De cualquier modo, el proceso que culmi- — Buena parte de esta población, alrede-
na en tal exclusión puede producirse por una dor del 50 %, presenta algún problema
doble vía: porque se han establecido requisi- psicológico originado por una escisión
tos previos a la admisión y el marginado no interior entre el «yo ideal», estructura-
los reúne o a causa de la valoración negativa, do sobre el deber ser y sustentado en la
al menos no lo suficientemente atractiva, de interiorización de los valores del pri-
las prestaciones aportadas tras haber forma- mer proceso de socialización, y el «yo
do parte del conjunto. externo», arrojado a una situación de
hecho absolutamente divergente de
Así pues, el grupo de los marginados so- aquél.
ciales se nutre de individuos que han sufrido
traumas o enfermedades, presentan defi- — El alcoholismo resulta ser un compo-
ciencias sensoriales o motrices, o están aque- nente inseparable del proceso de mar-
jados por alguna forma de neurosis o psico- ginación: debilita las capacidades, tan-
to físicas como intelectuales, sin que
sis. A este grueso se agregan todos aquellos
pueda dilucidarse si la conducta alco-
que por razones culturales, educativas y eco-
hólica es causa o consecuencia de dicha
nómicas se han visto y se ven entregados a
marginación.
privaciones sociales sin estar, a mayor abun-
damiento, en condiciones de usar los servi- — Tres cuartas partes de la población a
cios técnicos y simbólicos de que dispone la que aquí nos venimos refiriendo, es-
nuestra sociedad. tá compuesta por varones, puesto que
en nuestra sociedad sigue siendo el
Y lo que pudiera resultar aún más grave.
hombre el principal responsable del
La descripción comporta la advertencia de
destino del grupo familiar.
un riesgo: en la misma medida en que conti-
núen desarrollándose las potencialidades del — Procede de la emigración rural que no
conocimiento, será cada vez mayor el número ha conseguido integrarse en la vida ur-
de los que no puedan acomodarse a las cir- bana ni, por lo tanto, plasmar los obje-
cunstancias sociales vertiginosamente cam- tivos que motivaron la salida de su en-
biantes. torno de origen. En el mejor de los
casos, se emplearon como peones de la
Las Jornadas Internacionales sobre la
industria y la construcción de modo in-
Reinserción Social del Transeúnte, celebra- estable y sin pertenecer a la Seguridad
das en Granada en 1986, vuelven a insistir Social.
de modo reiterado en que las crisis económi-
cas que amordazan a los países occidentales — Por todo ello, se ven envueltos en si-
han llevado y continúan llevando a muchos tuaciones variables, inseguras, de es-

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casa remuneración. Condiciones todas En los trabajos recogidos por las Jornadas
que, huelga añadir, obstaculizan el a que aquí nos referimos y adoptando como
proceso de arraigo social, en tanto en criterio el grado de ruptura con la realidad
cuanto se torna imposible la materiali- que el sujeto muestre, se deslindan tres cate-
zación de sus expectativas. gorías de marginados: puntuales, precróni-
cos o carenciales y crónicos o instaurados.
— Por último, un sector bastante signifi-
cativo está constituido por personas jó- El perfil de los primeros nos retrata a un
venes en período laboral. colectivo que se encuentra, laboralmente, en
situación de paro, aunque, eso sí, no dema-
En cuanto a las características subcultu- siado prolongada –han trabajado reciente-
rales del mundo de la marginación, según los mente–, inmigrados a la ciudad, con proble-
trabajos de Pascual i Esteve presentados en mática familiar –puede tratarse de jóvenes
las Jornadas mencionadas, vienen a ser deri- fugados de casa o de mujeres que huyen del
vaciones del paulatino relegamiento de la va- marido o los padres–. El deterioro de su per-
loración del trabajo y la autodisciplina, la fa- sonalidad aún no reviste gravedad, por cuan-
milia, la corrección, el orden y la limpieza, la to que la problemática resulta estar localiza-
inteligencia y la vida intelectual, la posposi- da y es conocida por el propio individuo.
ción de las gratificaciones o deseos de aspira- Suelen conservar todavía bastantes amista-
ción cada vez más elevados. Por el contrario, des que contrarrestan así el vacío producido
la resocialización en la inadaptación genera por la ruptura, en la mayoría de los casos re-
acusado sentido de la impotencia –la reali- cientes, con la familia.
dad queda definida como algo inalterable–,
Los marginados precrónicos o carencia-
primacía del presente –la pérdida del con-
les, como su propio nombre indica, muestran
trol sobre sus actos y su vida deviene tam-
carencias significativas en sus relaciones so-
bién en pérdida de las perspectivas futuras–,
ciales y en algún aspecto de su personalidad:
búsqueda de gratificaciones inmediatas, ca-
emotivas, de aprendizaje, etc. Con posibili-
rencia de pautas de comportamiento regula-
dades de encontrar algún trabajo eventual o
das –lo cual se traduce con harta frecuencia
«marginal» (venta ambulante, carga y des-
en resistencia a la responsabilidad indivi-
carga, etc.), destaca su actitud de vivir al
dual–, ausencia de participación, pasividad e día, disfrutar lo que se pueda y gastar lo que
incluso servilismo en el trato con la «autori- se tenga. Los vínculos familiares, ya rotos,
dad» y marcada tendencia al aislamiento todavía cobijan sentimientos de afecto para
–no conceden crédito a las creencias y convic- alguno de sus miembros, pero rechazan la
ciones de los demás, sino solamente a las de posibilidad de reintegrarse en tal grupo. Es-
su propio mundo–. porádicamente recurren a las instituciones
de beneficencia y acogida, mostrando tam-
Por todo lo anterior, se advierte de nuevo
bién como rasgo sobresaliente pocas amista-
el equívoco anteriormente mencionado, que
des.
supondría no deslindar nítidamente margi-
nación y delincuencia. A nuestro juicio, el Los marginales crónicos o instaurados han
mundo del delito, especialmente el de la de- interiorizado plenamente este modo de vida.
lincuencia juvenil, dispone de un ambiente Son los propiamente denominados mendigos
de referencia en el que aprender las técnicas o indigentes, puesto que la mendicidad y la
e ideología de su actitud y comportamiento. beneficencia son su medio de vida. Pueden
El ámbito de la marginación y del desarraigo definir su marginalidad de forma trágica y
se sufre en soledad, a lo sumo y en el mejor proceden de las capas más bajas de la clase
de los casos, con la familia. trabajadora. Rechazan intensamente la vida

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en las instituciones, aunque acuden a ellas un sentido distinto). De hecho, esta concu-
en busca de recursos y protección. Su acusado rrencia de perspectivas analíticas confiere
deterioro físico y psíquico se complementa al concepto de exclusión social una densi-
con un comportamiento cínico y ridículo, pro- dad teórica y una riqueza analítica mayor
pio de los catalogados como «hombres desgra- de la que pudiéramos imaginar a primera
ciados». Disponen de antecedentes en hospi- vista, haciéndolo más útil y pertinente pa-
tales psiquiátricos, han roto absolutamente ra focalizar una problemática cada vez
con su núcleo familiar y su muy prolongada más acuciante en las sociedades de nues-
situación de desempleo les impedirá insertar- tro tiempo».
se en el mundo productivo, ni siquiera de ma-
Convertido en un término de moda, hace
nera eventual.
referencia al debilitamiento de las fuerzas
El proceso de extensión y dispersión se- cohesivas e integradoras que las sociedades
mántica que quedó señalado al comienzo de occidentales desarrolladas extendieron en
esta exposición, culmina en la oferta de un los últimos lustros del siglo XX y, consecuen-
nuevo término y concepto: la exclusión. Los temente, se aplica para la identificación de
trabajos más recientes de Tezanos12 alber- todos cuantos se encuentran fuera de las
gan en ellos las realidades y fenómenos que oportunidades vitales que definen a una ciu-
hasta ahora han quedado referidos. dadanía plena y propia del Estado del Bien-
estar. Su definición, marcadamente negati-
«... podemos considerar –afirma Teza- va, por alusión a aquello de lo que se carece,
nos–, que una de las virtudes del concepto implica una imagen dual de la sociedad, un
moderno de exclusión social es que, de al- modelo de doble condición ciudadana, que
guna manera, recoge en una nueva sínte- ubica a los excluidos en la base de la configu-
sis elementos de los tres bloques de con- ración de unas nuevas infraclases y revela
ceptos a los que aquí nos hemos referido. una concepción de la sociedad en perspectiva
Es decir, tiene una dimensión cultural (co- de «deber ser». Es decir, se trata de un con-
mo las nociones de segregación, margina- cepto dinámico que denota un fenómeno es-
ción, etc.), una dimensión o unos efectos tructural en expansión, de naturaleza multi-
económicos (como la pobreza) y, a su vez, dimensional, en íntima relación con procesos
permite situar el análisis actual de la sociales, que denota carencias no atendibles
cuestión social en la perspectiva de proce- por la lógica del mercado y difunde senti-
sos sociales concretos relacionados con la mientos de vulnerabilidad, apartamiento y
problemática del trabajo como mecanismo pérdida de sentido. Situaciones, en suma,
fundamental de inserción social (al igual que postergan en los planos económico y so-
que en la teoría de la alineación, pero en cial, cuestionan la capacidad integradora del
trabajo y nutren la descalificación de los in-
dividuos de los ámbitos cívico y político.
12
Cf., Tendencias en exclusión social en las socieda-
des tecnológicas. El caso español, Fundación Sistema, De lo expuesto en el intento de acotar con-
Madrid, 1999; TEZANOS, J. F. (ed.), Tendencias en des- ceptualmente el fenómeno de la margina-
igualdad y exclusión social, Sistema, Madrid, 1999, es- ción, se desprende que el volumen de pobla-
pecialmente pp. 11-54; TEZANOS, J. F., La sociedad divi- ción marginal parece guardar una íntima
dida. Estructura de clases y desigualdades en las vinculación con la distribución de las oportu-
sociedades tecnológicas, Biblioteca Nueva, Madrid,
nidades vitales. Por ello, nada ha de sorpren-
2001, pp. 137-200.
También se sirven del término exclusión GAVIRIA, M.; dernos que, por una parte, la marginación
AGUILAR, M. Y LAPARRA, M., «Sociología de la exclusión», sea tratada como consecuencia de la pobreza,
en: ALMARAZ, J.; GAVIRIA, M.; MAESTRE, J., Sociología para e incluso identificada con ella y, por otra, que
el trabajo social, Universitas, Madrid, 1996, pp. 449-479. sean las ciencias sociales de los países subde-

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sarrollados, especialmente del ámbito hispa- Simmel, el pobre socorrido se encuentra en


noamericano, las que vengan prestándole similar situación a la del extraño, aunque
una atención más decisiva y sostenida. con la peculiaridad de pertenecer a la totali-
dad, al igual que las clases propietarias. Y,
Pero procedamos ordenadamente. Anti- precisamente, en su situación paradójica –es
cipándose 20 años a Park, Simmel13, quien objeto de exclusión por parte de la comuni-
considera la sociedad como una reciprocidad dad que le socorre–, estriba lo más caracte-
de seres dotados de derechos morales, jurídi- rístico del papel que desempeña dentro de la
cos y convencionales, advierte el dualismo sociedad. El socorro al que está obligada la
existente entre las categorías sociológicas y comunidad, pero que el pobre no tiene dere-
las éticas. Dualidad que, entre otras cuestio- cho a reclamar, le convierte en objeto de la
nes, examina a través de las diversas concep- actividad del grupo, sin dejar de situarle a
ciones que inspiran la asistencia a los po- cierta distancia de la totalidad.
bres.
Una peculiaridad más procede de la inter-
Parte Simmel de la convicción del mendi- vención de la conciencia moral, cuando la co-
go a tener derecho a la limosma. Entonces, la lectividad y las personas acomodadas sienten
pertenencia del necesitado al grupo constitu- que al pobre le corresponde un mínumum de
ye el fundamento del derecho al socorro, aún existencia. Es el caso de la beneficencia mo-
cuando no esté clarificado a quién haya de derna que, en la correlación deber del donan-
dirigirse la demanda del pobre. Cuando el te-derecho del receptor, subraya el primero
pobre sienta su situación como el resultado de los elementos. Sobre esta dimensión del
de un orden injusto, pedirá remedio y hará asunto, agrega Simmel algo en las páginas
responsable a cualquier individuo que se en- que dedica a una digresión. A su juicio, el so-
cuentre en mejor situación. corro al pobre, limitado al mínumum, dispone
de un carácter objetivo, puesto que es posible
Otro matiz adopta la cuestión cuando se determinar objetivamente lo que se necesita
analiza desde la perspectiva del deber de para salvar a alguien de la miseria física,
quien da, en virtud del significado que éste le aunque intervenga algún grado de arbitrio
atribuya. Así, la limosna cristiana está moti- subjetivo en la oscilación entre no dar dema-
vada en la «buena obra» que contribuye a de- siado ni demasiado poco.
terminar el destino eterno del donante, pero
la deja inmersa en un rotundo talante de ar- Por todo ello, la relación que mantiene
bitrariedad. Limitación que se esfuma cuan- una colectividad con sus pobres, resulta tan
do es la entidad colectiva la que aconseja la socializante como la que guarda con sus con-
asistencia al pobre. Ejercida voluntariamen- tribuyentes o sus funcionarios, ya que por
te o impuesta por la ley, su propósito sería muy integrado que esté un sujeto en la vida
evitar que el pobre se convierta en un enemi- del grupo y por más que su vida personal se
go activo que, a la postre, supusiera alguna desarrolle en los ciclos establecidos por la vi-
suerte de amenaza para el mantenimiento da colectiva, también está, simultáneamen-
del statu quo social. En tanto que institución te, frente a la totalidad.
pública, se dirige a la totalidad de los indivi-
En cualquier caso, lo que acaba de referir-
duos y se desentiende de las obligaciones mo-
se no es aplicado por Simmel a los pobres en
rales entre el rico y el pobre. Por ello, afirma
general, sino sólo a aquellos que reciben al-
gún grado de socorro. Y puesto que resulta
13
«El pobre», en: Sociología. Estudios sobre las for- evidente que todos los pobres no son socorri-
mas de socialización, Alianza, Madrid, 1886, pp. 479- dos, deriva de aquí nuestro autor el carácter
520. relativo del concepto de pobreza. En primer

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ESTUDIOS

lugar, porque resultan objetivos y claros los harto habitual en las ciencias sociales. El
fines que la naturaleza impone en el orden concepto corriente considera y define a «los
de las necesidades de alimentación, vestido y pobres despreciables» –despreciables en sen-
vivienda, pero nunca cabe determinar con tido distintivo, más que descriptivo, porque
exactitud la medida de dichas necesidades. Y el autor no ignora el estigma asociado a la
también porque, subjetivamente hablando, pobreza y porque únicamente son desprecia-
puede ocurrir que alguien, absolutamente bles una proporción de los que se pueden
pobre, no perciba la discrepancia entre sus considerar pobres–, desde una perspectiva
recursos y sus necesidades; e inversamente, de ventaja administrativa, como material
que el más rico se proponga empeños supe- humano que se puede moldear y ayudar con
riores a los de su clase y sus recursos, hasta la esperanza de que se transforme. Como co-
el punto de sentirse psicológicamente pobre. lectivo, se nos presentan desunidos, existen
en los márgenes de la sociedad y simbolizan
Desde esta perspectiva, auspiciada por el
una notable discriminación. En segundo lu-
formalismo sociológico de Simmel, quedan en
gar y en atención a una carencia absoluta de
evidencia los siguientes aspectos de la pobre-
prestigio, los pobres equivalen a la clase baja
za: existen pobres en todas las capas de la so-
más baja. Igualmente sugerente resultaría
ciedad, en muchas ocasiones la pobreza no es
la expresión «familia problemática». Este
socorrida y, por consiguiente, la pobreza no
concepto contiene, a su vez, dos dimensiones:
puede definirse como un estado o situación
que los pobres son costosos, fastidiosos, y su-
cuantitativa, sino más bien en función de la
giere que coleccionan problemas. Obviamen-
reacción social que produce.
te, no podría faltar el término lumpenprole-
Trataré en las siguientes páginas de ocu- tariat que, sin aclarar ni desarrollar, se
parme de las complejas relaciones entre refiere a la suciedad o basura que habita los
marginación y pobreza14 . En cuanto tal, y órdenes bajos. No es una clase trabajadora
según puede concluirse del análisis de Sim- industrial; por el contrario, es una masa he-
mel, la significación social del pobre y de la terogénea de trabajadores irregulares y ca-
pobreza se define por las convenciones de la suales, que no se adapta a la organización de
sociedad y presupone desvalimiento, baja po- protesta política o económica. Hasta la ex-
sición en la jerarquía social e inferioridad presión de T. Veblen «clase ociosa», entrega-
personal15 . da a sentimientos y comportamientos vora-
ces, por el hecho de vivir en la sociedad
David Matza en su trabajo «Los pobres industrial sin pertenecer funcionalmente a
despreciables», tras definirlos como un colec- ella, resulta por ello parásita, inútil, bárba-
tivo sin empleo o empleados sólo casualmen- ra, amargada y resentida. Finalmente, el
te, que viven en el desprecio y no se pueden concepto de pauper se caracteriza por su apa-
reformar ni rehabilitar, puesto que son resis- tía respecto a su propia condición, nos salen
tentes y recalcitrantes, recoge media docena al paso como gentes menos miserables e infe-
de términos y/o expresiones que designan el lices que los pobres, porque se han adaptado
fenómeno de la pobreza, por lo demás hecho a su pobreza.

En cualquier caso, mientras que en las so-


14
En nuestro trabajo, ya citado, «Alteraciones orga- ciedades preindustriales, las relaciones de
nizativas ...», se encuentran considerados otros factores parentesco y vecindad, propias de las comu-
fundamentales que guardan concomitancia con el fe-
nidades primarias, sentían el deber de proveer
nómeno de la marginación: enfermedad, edad, género,
minusvalías... a aquellos miembros incapaces de mantener-
15
BENDIX, R.; LIPSET, S. M., Clase, status y poder, II, se a sí mismos, dejando un cierto espacio pa-
Euramérica, Madrid, 1972, pp. 239-273. ra las ideologías que ensalzan la pobreza co-

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MARGARITA CAMPOY LOZAR

mo ideal, la revolución industrial abre en és- efectos del desarrollo económico presentan
te, como en tantos otros asuntos, una nueva mayor interés las tesis, ya clásicas, de Costa
era. Pinto sobre la marginalidad estructural, co-
mo propia de una sociedad de transición en
Alejandro Lasser 16 nos ofrece las siguien- la que lo residual arcaico, aunque todavía
tes perspectivas de explicación: permanezca, ya no domina, en tanto que lo
emergente, aunque sólo esté presente, toda-
En primer lugar, la tesis ecológica, asimi-
vía no predomina. Tal marginalidad es la
la la marginación con barriadas periféricas y
manifestación dinámica de las sociedades en
miserables de las grandes ciudades, habita-
transición, de sus dualidades, asimetrías y
das por migrantes de las áreas rurales.
discontinuidades: entre las zonas rurales y
Equivaldría a lo que en la obra de Adler de las zonas urbanas; entre el artesanado y la
Lomnitz 17 se analiza como perspectiva urba- gran industria; entre la vida parroquial de
nística, según la cual bastaría con reempla- las aldeas atrasadas y las regiones metropo-
zar las barriadas por hábitat modernos para litanas modernizadas; entre las clases más
que se solucionara el problema de la margi- pobres y menos educadas y las élites cosmo-
nalidad. Pero es evidente que la residencia politas de esas sociedades, etc. Sin embargo,
en barriadas no basta para definir la margi- los planteamientos macrosociológicos y es-
nalidad. Y, relacionada con este posiciona- tructurales de Costa Pinto desbordan nues-
miento, está la argumentación que sostiene tros intereses actuales 18.
que las barriadas y la marginación instalada
en ellas son solamente una etapa transitoria Una tercera concepción, denominada his-
acarreada por el movimiento migratorio: el tórico-cultural, contempla la cuestión de la
marginado sería un campesino todavía no in- población marginal como un problema de
tegrado en la clase obrera urbana que, antes excedente demográfico. Aquella, consecuen-
o después, terminará absorbiéndolo. Es de- temente, se genera por la imposibilidad de
cir, la marginación sería, según esto, un as- insertarse en el sistema de producción, espe-
pecto puntual y transitorio de la migración. cialmente si se trata de sistemas capitalis-
Sin embargo, la existencia de marginados tas dependientes. Además, adquiere perfi-
nacidos en la ciudad desmienten tal razona- les más graves por cuanto que en tales
miento. sistemas hay que contar con una acusadísi-
ma concentración de la riqueza. Cabe obje-
En segundo término, la tesis desarrollista tar aquí no sólo que la marginación también
sostiene que este hecho social se origina en existe en las sociedades de capitalismo autó-
las contradicciones del crecimiento económi- nomo, sino igualmente que el factor econó-
co: las insuficiencias del desarrollo agrícola, mico no agota su causalidad, pudiendo inter-
industrial y tecnológico, junto a la escasez de venir otros como el político, el religioso o el
mano de obra cualificada y las desventajas del étnico.
comercio exterior, terminan por traducirse en
Resulta posible acudir, en cuarto lugar, a
desempleo prolongado, estructural. Presen-
la teoría anglosajona del etiquetaje. La mar-
ta, a nuestro juicio, la dificultad de identifi-
ginación es contemplada desde la atención a
car la marginación social con los desemplea-
«lo diferente» para, simultáneamente, negar-
dos de larga duración. En relación con los
le el derecho a la diferencia. Así, la primera
consecuencia de tal proceso es la estigmati-
16
Marginalidad social, justicia social y otros ensa-
yos, Lisbona, Madrid, 1982.
17
Cómo sobreviven los marginados, Siglo XXI, Mé- 18
Cf. Desarrollo económico y transición social, Re-
xico, 1987. vista de Occidente, Madrid, 1969.

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ESTUDIOS

zación social, una especie de penalización, mites nacionales. La disparidad de ingresos,


que deviene en marginación de hecho; la se- los desequilibrios regionales, la escasez de
gunda, una penalización jurídica, frente a la puestos de trabajo, la dependencia económica
cual cabe únicamente proponer la tolerancia. del exterior, el hacinamiento, el equipamien-
En cualquier caso, ni existe una exclusiva to insuficiente de las viviendas y la desorga-
modalidad de marginación, ni un singular nización familiar de la que nos ocuparemos
factor que la produzca. Es más, observada su posteriormente, y que se concreta en la abru-
existencia en todas las épocas y sociedades, madora presencia de uniones libres, el pre-
el denominador común resulta ser la diferen- dominio de la figura masculina y los lazos
ciación, explicitada sociológicamente en es- emocionales de los hijos más estrechos con la
tratificación y económicamente en desigual figura materna. Todo esto conduce a Lewis a
distribución de la riqueza. De este modo con- identificar la marginación con la «cultura de
cebida, la marginación se asemeja, sin llegar la pobreza». Sin embargo, siendo cierto que
a identificarse, con la discriminación. Recor- la pobreza económica, el origen rural y la re-
demos a este respecto el estudio sobre el es- sidencia en barriadas denotan marginalidad,
tigma y la estigmatización de Goffman 19. habrá que admitir con Adler de Lomnitz, que
algunos marginados ganan más que un obre-
Las formulaciones de R. Vekemans, más ro industrial y que hay marginados que no
conocidas por las del Instituto Desal, resul- viven en barriadas y no son emigrantes. Por
tan especialmente adecuadas para compren- todo ello, erigir en «cultura de la pobreza» al
der la marginalidad del mundo hispano, conjunto de racionalizaciones y mecanismos
pues remite hasta la época de la conquista de defensa diversos a los ideales de la cultu-
española el problema de la marginación. Los ra dominante, equivale a culpar a los pobres
conquistadores habrían impuesto externa- de su pobreza. No hay que olvidar, por otra
mente su cultura y tal imposición se tornó parte, que desde no hace muchos años y co-
subjetiva tras la emancipación, dando lugar mo consecuencia del comienzo de la crisis del
a la yuxtaposición de dos sociedades separa- Estado de Bienestar, se ha empezado a ha-
das al tiempo que paralelas: la participante blar en Europa de la «nueva pobreza», alu-
en el poder y la marginal y dominada, entre diendo Franz Kaufmann a un grupo margi-
cuyos rasgos sobresalen un sentimiento de nal que padece de «inseguridad social» y que,
desarraigo, que se suele transformar en apa- en 1977, la Comisión de las Comunidades
tía, desintegración interna, envolver todas Europeas publicó un informe titulado La per-
las dimensiones de la existencia, incapacidad cepción de la miseria en Europa.
para superar la situación y revestir gravedad
o urgencia extremas. Si continuamos en esta misma línea pro-
puesta por Lomnitz, la marginación, en sus
Resulta imprescindible agregar a los ante- dimensiones contemporáneas, no sólo viene
riores discursos, el análisis de Oscar Lewis 20. a ser un fenómeno socioeconómico reciente,
Según el investigador norteamericano, la po- sino hasta un estrato nuevo de las socieda-
breza, dada por supuesta como parte natu- des en vías de industrialización. Y no faltan
ral de las sociedades más primitivas, adquie- razones a la Doctora Adler por cuanto que en
re en las modernas sociedades industriales sus análisis dedica una minuciosa atención a
connotaciones propias: crea, por su misma los mecanismos de subsistencia / superviven-
dinámica, una subcultura que supera los lí- cia de la población marginada. Aquéllos se
basan en un intercambio precario de mano
Cf. Estigma, Amorrortu, Buenos Aires, 1970.
19 de obra por dinero, en torno a actividades in-
Antropología de la pobreza, Fondo de Cultura
20 tersticiales como servicio doméstico o recicla-
Económica, México, 1961. je de desechos. Estos generan un peculiar

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MARGARITA CAMPOY LOZAR

sistema de relaciones sociales cimentado tan- minador común ya ha sido contemplado co-
to en la transcendencia que encierra la segu- mo falta de seguridad económica y social.
ridad económica –asunto de vida o muerte–, Trabajan a tanto por jornada, no están ads-
como en las redes de asistencia mutua que critos a organizaciones públicas o privadas,
llegan a funcionar como un sistema económi- tienen bajo nivel de ingresos y limitadas po-
co informal, caracterizado siempre por el sibilidades de consumo. Es decir, ausencia de
aprovechamiento de los recursos sociales y un rol económico articulado con el sistema de
que actúa sobre el intercambio entre iguales. producción industrial, lo cual muestra una
La marginalidad asegura su supervivencia doble dimensión: el marginado puede resul-
mediante la reciprocidad –intercambio de tar una carga social y entonces, por eso mis-
favores como parte integrante de una rela- mo, sería susceptible de transformarse en
ción social– entre parientes y vecinos, que una cuestión sociopolítica, sin dejar de ser,
suplen la carencia de seguridad económica y por ello, un símbolo de atraso. En cualquiera
social. Pero no sólo desempeñan una función de los casos, nunca equiparable de manera
económica. Del mismo modo, configuran una exclusiva con la pobreza y mucho menos
ideología de ayuda mutua reforzada por el identificada ésta con una situación de ingre-
recurso a «instituciones tradicionales» como sos escasos.
parentesco, vecindad o compadrazgo y apo-
yada en dos aspectos decisivos: la cercanía fí- En suma, el proceso de industrialización
sica y la confianza. La una, porque las mis- abre un abismo tan infranqueable entre los
mas condiciones de vida dan lugar a una participantes en el proceso de producción y
sucesión inagotable de emergencias impre- los excluidos, que confiere al fenómeno de la
vistas y la ayuda requiere de dicha cercanía marginación un carácter estructural. Una di-
para resultar eficaz. La otra, porque, al supo- námica imparable que encadena al desarro-
ner capacidad y deseo para entablar la rela- llo tecnológico, la complejidad de las organi-
ción, voluntad de cumplir con las obligacio- zaciones, la especialización, la concentración
nes implícitas y familiaridad suficiente como del poder y del control económico-político,
para no ser rechazado, está conectada con culmina en la tendencia a relegar grupos so-
una imperceptible distancia social y, de este ciales cada vez mayores, cuantitativa y cuali-
modo, se tornan más fluidas las relaciones tativamente hablando. A su vez, tal tenden-
sobre la condición previa de la igualdad. cia resulta tanto más arraigada cuanto más
acelerado sea el ritmo hacia el desarrollo.
La comprensión de las funciones que cum- Por ello, mientras en las sociedades más
plen dichos mecanismos informales de sub- avanzadas se intenta paliar el problema con
sistencia –alojar y alimentar a los nuevos tecnologías que procuran incorporar la «po-
emigrantes durante el período inicial de su blación sobrante», en las más atrasadas mar-
adaptación, mantener a los iguales en las ginalidad y pobreza pueden llegar a confun-
épocas de desempleo o incapacitación y otor- dirse. En otros términos, la producción
gar apoyo emocional y moral–, requiere no industrial moderna requiere cualificación y
perder de vista que, al tratarse de una pobla- conocimientos actualizados que sólo están
ción emigrante, contar con la presencia pre- disponibles para sectores privilegiados. Para
via de un pariente resulta decisivo. E igual- los marginados, emigrantes rurales que sa-
mente no soslayar que los frecuentes lieron de sus lugares de origen por un sinfín
cambios de residencia van atados al propio de razones –explosión demográfica, agota-
sistema de parentesco que, a mayor abunda- miento de las tierras, baja productividad
miento, refleja que los individuos comparten agrícola, rudimentaria tecnología rural, ca-
ocupaciones similares, si no es que idénticas: rencia de inversiones en el campo, creciente
trabajos manuales no cualificados cuyo deno- atractivo por los servicios sanitarios, educa-

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ESTUDIOS

tivos, etc., de la ciudad y mejora de las vías ría de una escolaridad regular. Y aunque
de comunicación, por mencionar las más existe un relativo avance en la escolaridad
destacadas–, sólo quedan las ocupaciones recibida en la ciudad en comparación con la
manuales sin cualificar en la construcción, que recibieron los padres en el campo, el
limpieza, vigilancia, reparación o servicio do- analfabetismo persiste de modo harto gene-
méstico. He aquí por qué la marginación no ralizado. Además, las posibilidades de edu-
es un fenómeno transitorio de corta dura- carse requieren una mínima infraestructura
ción. –comida, ropa, zapatos y, cuanto menos, lá-
piz y cuaderno– que demasiadas familias no
Los efectos de las situaciones así acotadas
pueden sostener y, mucho menos, sistemáti-
se dejan sentir, como anteriormente anun-
camente, por no mencionar sino de paso que
ciábamos, en una peculiar estructura fami-
la insuficiente, al mismo tiempo que inade-
liar. No poder incorporarse a la ciudad ni
cuada alimentación, los padecimientos físi-
querer el regreso a los lugares de origen su-
cos ocasionados por una pésima atención al
pone experimentar un choque cultural en el
parto y la deficiente calidad de la enseñanza,
que se engendra una nueva mentalidad que
neutralizan las esperanzas educativas que se
no se reduce a poseer un lenguaje, valores,
transforman en deserción escolar.
costumbres y visiones del mundo propias. Co-
mo señalan las investigaciones de Garza, En tales circunstancias, la manifestación
Mendiola y Rábago 21 se debilitan la autori- del afecto tiene también un significado pecu-
dad y el prestigio paternos, irrumpen conflic- liar. Un padre es bueno si es capaz de apor-
tos generacionales, se produce una alteración tar el sustento básico para satisfacer las ne-
de las pautas reguladoras de las relaciones cesidades elementales. Por ello, la forma de
sexuales y la función de la mujer se torna mostrar cariño es luchar contra las condicio-
más activa. nes adversas. El rol masculino no incluye ser
afectuoso con la esposa y los hijos; su actitud
Las condiciones y salubridad de las vi-
es, por el contrario, distante y, al menos apa-
viendas, hechas de materiales perecederos y
rentemente, de indiferencia. Tampoco son
vulnerables a los fenómenos metereológicos,
extraños los malos tratos físicos y psíquicos
indeterminación del espacio para las diver-
que resultan, en cualquier caso, preferibles
sas funciones, carencia de privacidad, paupé-
al abandono.
rrimo equipamiento, inadecuada ventilación,
hacinamiento, etc., además de guardar obvia El tránsito de la niñez a la edad adulta se
relación con altos índices de mortalidad in- produce de modo casi imperceptible. El he-
fantil, suelen traer aparejada la promiscui- cho de que el padre se dedique a trabajos in-
dad y la exposición de todos los miembros de ciertos y de alto riesgo provoca la ocupación
la familia a los acontecimientos de la más di- de los hijos varones en el cuidado y limpieza
versa naturaleza: relaciones sexuales, naci- de coches, como limpiabotas o en actividades
miento, muerte o conflictos paternos. cercanas a la delincuencia. Para las hijas,
El elevado índice de natalidad, –pues la que desde muy pronto asumieron responsa-
maternidad es un valor fuertemente arraiga- bilidades en las tareas domésticas, queda
do–, implica una delegación de funciones en emplearse en el servicio doméstico. A cual-
la hija mayor, cuya autoridad es aceptada quiera de ellos se le recriminará violenta-
por sus hermanos, pero que priva a la mayo- mente la actitud de pereza o se le hará sentir
que es una carga. Si en este punto agrega-
mos que la legislación prohibe el trabajo a los
21
Adolescencia marginal e inhalantes, Trillas, Méxi- menores, ¿qué proyecto de vida queda para
co, 1983. la adolescencia marginada?

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MARGARITA CAMPOY LOZAR

En suma, los efectos de la emigración y la marginación y pobreza, alcanzamos a con-


pobreza en la peculiar vida familiar de los cluir en lo siguiente:
marginados y la marginación en general
pueden sintetizarse tal como lo hace David — Desde las primeras formulaciones de
Matza en su ensayo sobre «los pobres despre- Park y las referencias a ellas más usua-
ciables» 22. Dice así: les, hasta las de Stonequist, pasando
por la reconsideración de Thomas y
«La gente frecuentemente acude a la vio- Znaniecki y las críticas de Golovensky o
lencia en la educación de los niños y en las Green, teniendo igualmente en conside-
discusiones de asentamientos; el pegar a ración los desarrollos más recientes del
la esposa, la prematura iniciación del sexo conocimiento y la investigación socioló-
y las uniones libres o matrimonios consen- gicas, cabe identificar como hombre
suales son frecuentes y las incidencias de marginal a quien haya vivido o viva, su-
madres y niños abandonados altas ... Las cesiva o simultáneamente, en dos o más
relaciones entre los padres frecuentemen- sociedades, orientándose por valores di-
te se caracterizan por constantes disensio- ferentes, o que acepte valores de grupos
nes y la ausencia de afecto y confianza de los cuales no es miembro, pero aspi-
mutua. Como resultado, la disolución de ra a pertenecer a ellos.
la familia es frecuente y hay una presión
clara hacia una familia centrada en la ma- — En estrecha conexión con lo anterior,
dre: una versión desorganizada de lo que se impone, a la hora de analizar socio-
lógicamente la marginación social, te-
los antropólogos llaman monogamia serial
ner presente un amplio espectro de
con un gobierno de base feminista. La dis-
factores: raciales y étnicos, ecológicos,
posición al autoritarismo paternal es fuer-
ideológicos, culturales, económicos y
te, pero, puesto que con frecuencia se ve
políticos, educativos y profesionales,
desafiada la autoridad paterna, su cum-
de género y edad ..., que, de converger
plimiento requiere una demostración de
fatalmente con una situación de pobre-
poder y fuerza ... Además, la familia es ex-
za, conducen a que la posición ocupada
tremadamente compleja. Puede contener
en el sistema de estratificación, en los
hijos de diversos padres... De modo que
ordenamientos espaciales o en los uni-
las manifestaciones normales de rivalidad
versos simbólicos contribuyan a una
de los hijos están quizá aumentadas».
exclusión sistemática de los cauces de
Y tras este recorrido sobre la reflexión so- participación de personas o grupos en
ciológica a propósito de las relaciones entre la vida social.

22
Recogido por BENDIX; LIPSET, Clase, status y poder
..., cit. nota 15.

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RESUMEN: Los orígenes y desarrollos sociológicos de la expresión marginación social, son considerados a
la luz de uno de los factores más relevantes que conducen a ella: la pobreza.
El análisis de ambos conceptos se aborda desde las más originarias exposiciones que la teoría
sociológica elaborara sobre ellos – R. Park en el caso de la marginación y G. Simmel, en el
asunto de la pobreza–, así como desde las diferencias y relaciones que guardan con otros, ta-
les como delincuencia, desviación e inadaptación.
Por otra parte, y desde el supuesto de que ambos fenómenos han existido siempre, este tra-
bajo incide en aquellos aspectos y peculiaridades que, en las sociedades económicamente des-
arrolladas y políticamente plurales, les imprimen una naturaleza peculiar y una dinámica
propia.

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