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ÓMNIBUS

DE
LA POESÍA MEXICANA
Conferencia poético-teatral basada en la
ANTOLOGÍA homónima
de GABRIEL ZAID

En una idea escénica original de


ROBERTO D’AMICO
y SUSANA ALEXANDER.
Versión libre de
JORGE ANTONIO GARCÍA.
ÓMNIBUS DE LA POESÍA MEXICANA - de GABRIEL ZAID.

1.- Las mujeres vinieron - Mito cora.


2.- El mito de la creación - Mito Mixteco.
3.- Contra los doce misioneros - Informantes de Sahagún.
4.- Fundación de Tenochtitlan - Náhuatl.
5.- Los Dzules destruyeron Itzá - Del Chilam Balam.
6.- Súplicas a San Antonio - Tradición colonial.
7.- El murciélago - Tradicional.
8.- Mariana - Tradicional.
9.- El jarabe gatuno - Tradicional.
10.- Refranes populares - Tradicional.
11.- Coplas populares - Tradicional.
12.- La viudita de Santa Isabel - Tradicional.
13.- Jitanjáforas - Tradicional.
14.- Calaveras - Tradicional.
15.- Oración del ánima sola - Tradicional.
16.- A Santa Martha Enamorada - Tradicional.
17.- Aunque no hubiera cielo - Miguel de Guevara
18.- Redondillas - Sor Juana Inés de la Cruz.
19.- Madrigal - Gutierre de Cetina.
20.- Las brujas - Manuel José Othón.
21.- Para entonces - Manuel Gutiérrez Nájera.
22.- Metamorfosis - Luis G. Urbina.
23.- Soneto contra los románticos - Autor anónimo.
24.- Sabor a mí - Álvaro Carrillo.
25.- Ojos tristes - Augusto “Guty” Cárdenas.
26.- Usted - Elías Nandino.
27.- Bésame mucho - Consuelo Velásquez.
28.- El brindis del bohemio - Guillermo Aguirre y Fierro.
29.- Suave Patria - Ramón López Velarde.
30.- Nocturno a mi madre - Carlos Pellicer.
31.- Sol de Monterrey - Alfonso Reyes.
32.- Muerte sin fin - José Gorostiza.
33.- Nocturno de la estatua - Xavier Villaurrutia.
34.- Me asomé otra vez a la ventana - Rubén Bonifaz Nuño.
35.- El cántaro roto - Octavio Paz.
36.- Amanecer - Rosario Castellanos.
37.- Algo sobre la muerte del Mayor Sabines - Jaime Sabines.
(Mientras se escucha grabado el primer poema, EL y ELLA van entrando a escena. El espacio representa una
sala de espera, de una estación de autobuses)

1.- LAS MUJERES VINIERON - Mito Cora.

ELLA: Las mujeres vinieron del poniente,


las mujeres blancas vinieron de Wáwata;
vinieron coronadas de flores blancas.
Sus caras eran blancas, sus plumas blancas,
blancos sus huaraches. Vienen del mar,
de la piedra de la lluvia. Son hijas
del mar, de la diosa del mar Chevimú.
Traían collares de perlas,
brazaletes de frío, sonajas de frío.
Venían de la oscuridad. Venían de la noche.

EL: Y los hombres vinieron del oriente.


Vinieron de Villantá.
Sus aljibas y sus flechas eran rojas.
Sus vestidos rojos brillaban;
traían rayos en las manos
y traían tormentas,
y sus voces eran terribles.

AMBOS: Los hombres y las mujeres se encontraron.

(AMBOS se miran circunstancialmente. Luego continúan sus tareas escénicas)

2.- EL MITO DE LA CREACIÓN - Mito Mixteco.

ELLA: En aquel tiempo…


aparecieron visiblemente
un dios que tuvo por nombre 1-Ciervo
y por sobre nombre Culebra de León
EL: y una diosa muy linda y hermosa
que tuvo por nombre 1-Ciervo
y por sobrenombre Culebra de Tigre.
AMBOS: Estos dos dioses dicen haber sido el principio
de los demás dioses…

(ÉL permanece absorto en la lectura de un libro. ELLA, después de checarlo, opta por leer en voz alta de la
revista que trae en las manos:)

ELLA: “Fórmulas infalibles para conquistar a un hombre y convertirlo en el marido perfecto”:


Todas sus amigas se han ido casando. Y, usted, en espera de no se sabe qué príncipe azul, se está
quedando atrás. ¿Qué es lo que ha buscado en un hombre que parece tan difícil de encontrar?
Cualidades indispensables:

(Casi con obviedad, hace alusiones a la presencia de él)

1.- El hombre que usted busca, debe ser eso: un hombre, por dentro y por fuera. Para percibir eso a
simple vista, debe usted poner en juego toda su intuición femenina.
2.- El hombre que usted busca, el que usted ha soñado, no existe. Pero.. con nuestra magia
femenina, tenemos la posibilidad y virtud, de ¡construirlo!
3.- Condición más que indispensable: El hombre que usted modela con sus sueños, ¡no debe
ignorarla! sino atenderla y respetarla. Un signo innegable de haberse equivocado de hombre es que
el tipo en cuestión la castigue permanentemente con el insufrible látigo … de ¡su desprecio!

(Esto último prácticamente se le ha reclamado a él que, por su parte, sigue inmutable, entregado a
su lectura, acicalándose los lentes y entregado a reflexiones catedráticas.)

ELLA.- (A él directamente) Oiga, psst, usted, sí, sí, usted… No hay nadie más en este lugar. Usted, óigame,
¿qué se cree, eh? ¿qué se cree? Tengo media hora coqueteándole, siguiendo al pie de la letra los pasos que
indica mi revista y usted, ni en cuenta ¿eh? ¿Qué? ¿Está muy interesante su lectura o qué? A ver, ¿qué lee?
(Tomando el libro de él) A ver: “Ómnibus de la poesía mexicana” ¿Ómnibus? Esto me suena como a
trolebús, ¿de qué trata?

ÉL- Pues, mire, es un libro de POESÍA; y se llama así porque, de alguna manera, es un vehículo que
transporta al lector a través de las diferentes épocas, corrientes y paisajes evocados por la poesía mexicana.
(Él, docto, ella, embobada)
ELLA.- ¿¿Y cómo lo supo..?? ¿Dónde lo leyó?
ÉL- ¿Qué cosa?
ELLA.- Todo eso que dijo del vehículo y demás…
ÉL- Bueno, no lo leí; simplemente lo dije.
ELLA.- Ay, yo creo que si leo su libro, no le voy a entender.
ÉL- No se crea. Este libro no tiene mayor complicación y sí mucho interés. Mire, por ejemplo, estaba leyendo
un poema, muy antiguo, sobre la respuesta que dieron los indígenas mexicanos a los misioneros de Fray
Bernardino de Sahagún cuando les fue solicitada su información para reconstruir la historia antigua de los
mexicas. Se llama: “Contra los doce misioneros”. Vea usted lo que dice:

(Ella toma el libro y le da el pie de entrada. Al efecto de cada poema, y durante toda la representación, un
nivel de actuación, será el del diálogo de ellos y, otro, muy especial, el de los poemas)

ELLA.- Señores nuestros, muy estimados señores…

3.- CONTRA LOS DOCE MISIONEROS - Informantes de Sahagún.

EL: Señores nuestros, muy estimados señores:


Habéis padecido trabajos para llegar a esta tierra.
Aquí ante vosotros os contemplamos,
nosotros, gente ignorante.
Y ahora, ¿qué es lo que diremos?
¿Qué es lo que debemos dirigir a vuestros oídos?
¿Somos acaso algo? Somos tan sólo gente vulgar.
Déjennos pues ya morir, déjennos ya perecer,
puesto que ya nuestros dioses han muerto.
ELLA. Dijisteis que no eran verdaderos nuestros dioses.
Nueva palabra es esta, la que habláis,
por ellas estamos perturbados,
por ellas estamos molestos.
Porque nuestros progenitores,
los que han sido, los que han vivido sobre la tierra,
no solían hablar así.
ÉL: Es ya bastante que hallamos perdido,
que se nos haya quitado,
que se nos haya impedido
nuestro gobierno.

ELLA.- (Terminando de leer) que se nos haya impedido nuestro gobierno.


ÉL- ¿Ve usted qué sencillo e interesante y revelador y…?
ELLA.- Sí… Se trata como de indios, ¿verdad? Léame otro, léame otro parecido.
ÉL- Ahora verá. Le voy a leer este que trata de la fundación de Tenochtitlan. Verá…

4.- FUNDACIÓN DE TENOCHTITLAN - Poema Náhuatl.

EL: ¡Id y ved un nopal salvaje: y allí tranquila veréis


un águila que está enhiesta. Allí come, allí se peina las
plumas,
y con eso quedará contento vuestro corazón:
¡Y allí estaremos y allí reinaremos:
allí daremos encuentro a toda clase de gentes!
¡Nuestros pechos, nuestra cabeza, nuestras flechas,
nuestros escudos!
¡Ese será México Tenochtitlan y muchas cosas han de suceder!

ELLA.- A este sí le entendí muy bien. ¡De ahí nació el escudo nacional! ¿No es verdad? Por eso somos
mexicanos… O mexicas; ¿cómo se dice, señor?
ÉL- Bueno, no sólo somos mexicas. También tenemos otras raíces importantísimas. Mire, aquí está algo de la
poesía maya, léalo:

5.- LOS DZULES DESTRUYEN ITZÁ - Chilam Balam de Chumayel.

ELLA: Ellos tenían la sabiduría, lo santo,


no había maldad en ellos.
Había salud, devoción,
no había enfermedad,
dolor de huesos, fiebre o viruela,
ni dolor de pecho ni de vientre
Andaban con el cuerpo erguido.

EL: Pero vinieron los dzules


y todo lo deshicieron.
Enseñaron el temor, marchitaron las flores,
chuparon hasta matar la flor de los otros
porque viviese la suya.

ELLA: Mataron la flor del Nacxitl.


No había sacerdotes que nos enseñaran.
Y así se asentó el segundo tiempo, comenzó a señorear,
y fue la causa de nuestra muerte.

ELLA.- Ay, pero su libro habla de cosas muy antiguas. Yo quiero algo de más actualidad. Las preocupaciones
de hoy en día.
ÉL- ¿Y usted cree que esto no es de actualidad? Dígame, ¿qué le interesa a usted?
ELLA.- Pues los consejos de mi revista. Cómo verse más bonita. Cómo conseguir un marido perfecto, por
ejemplo…
ÉL- ¿Y usted cree que esos temas no se encuentran en la poesía?
ELLA.- Pues, no sé.
ÉL- Pues yo le platico que sí. Mire, vea, aquí en la página 288:

6.- SUPLICAS A SAN ANTONIO - Tradicional popular.

ÉL: Las muchachas casaderas


invocan a San Antonio
pidiendo las marrulleras
¡Matrimonio, matrimonio!
A los 15 años:

ELLA: ¡Ay, Santito milagroso!


Por tu hábito te suplico
que me des marido rico,
joven gallardo y buen mozo.
No lo quiero pretencioso,
ni menos calaverón;
me ha de amar de corazón
solito y sin compañía,
siempre alegre noche y día
he de ser su adoración.

EL: A los 20 años:

ELLA: ¡San Antonio, Santo mío!


Escucha mi petición:
dame esposo, te lo pido
con todo mi corazón.
Mírame con compasión
¡Oh, San Antonio admirable!
Y dame un marido amable
y de una edad competente;
ni joven impertinente,
ni viejo chocho intratable.

EL: A los 25 años:

ELLA: ¡Ay, San Antonio! ¿qué haré


si tú me niegas tu ayuda?
Sin duda me quedaré
como marchita lechuga.
Ya mi juventud se fuga
y por lo mismo te pido
que me des un buen marido
que me quiera y me mantenga,
que con nadie se entretenga
y me ame siempre rendido.

EL: A los 30 años:

ELLA: ¡Oh, San Antonio bendito!


¿Por qué me has abandonado?
Mira que casi he pasado
hacia un otoño marchito.
Dame siquiera un viudito
que me dé un buen difuntazo.
¿No ves que no me hacen caso?
Aunque sea con el demonio,
dame pronto matrimonio
¡que me paso!, ¡que me paso!

ÉL- ¿Ve usted? ¿qué le pareció?


ELLA.- Oiga, pero con estas súplicas, o como se llamen, yo no voy a conseguir marido. Usted se está
burlando de mí…
ÉL- No; de ninguna manera. No lo tome así. Lo que pasa que esta sección del libro trata de la poesía
burlesca.
ELLA.- Ah, entonces dígame otra burlesca, pero para un hombre.
ÉL- Sí, claro. Ahora verá:

7.- EL MURCIÉLAGO - (1880) Autor desconocido.

EL: En noche lóbrega, galán incógnito


las calles céntricas atravesó
y bajo clásica ventana gótica
templó su cítara y así cantó:

-Niña hermosísima de faz angélica


que en blancas sábanas durmiendo estás,
abre solícita tu alcoba mística
que ni los pájaros nos sentirán.

Pero la sílfide que oyó estos cánticos


bajo las sábanas se arrebujó
y dijo:
ELLA: -¡Cáscaras! Es “El murciélago”
que anda romántico. No le abro yo.

Porque si es húmeda la noche y ábrole


me van los céfiros a constipar.
EL: Y el pobre fígaro que oyó esta sátira
se fue a otras dóminas a conquistar.

ÉL- Verá: esta es una canción que data de 1880. ¿Le gustó?
ELLA.- Sí, sí. Dígame otra, ande…

8.- MARIANA - (1898) Autor desconocido.

EL: Me quisiera comer un panecillo


con azúcar y canela muy caliente,
me quisiera arrancar hasta los dientes
tan sólo por tu amor.

Por ti, bella Mariana,


Por ti lo puedo todo,
el mundo entero si lo mandas,
te lo pongo de otro modo.

Porque yo sé…
la química, retórica, botánica,
política, poética y sistema decimal… (Bis.)
(Ambos han terminado cantando y zapateando el estribillo final)
ÉL- ¡Ah, pero qué bien que baila! ¡Qué bien!
ELLA.- Claro, si baile el jarabe tapatío en mi graduación de secundaria. Hace poquito tiempo, eh…
ÉL- No me diga. Pues fíjese que las letras de los jarabes también son una forma inapreciable de poesía,
porque en ellos se funde lo español con lo mexicano…
(Puentes musicales y ejecución de pasos de él JARABE TAPATÍO para acompañar EL JARABE GATUNO)

9.- EL JARABE GATUNO - Tradición mexicana.

EL: Venga ya, comadre Juana,


déjese de misticismos;
bailaremos el jarabe
y perderemos el juicio.
No hay nada que a mí me cuadre
como este zangoloteo.

ELLA: Amar con pena y resabio


es el mayor sacrificio.
Vale más tonto y no sabio
que amante pero sin juicio.
Para no sentir agravio
ni agradecer beneficio.

EL: Mire qué bonito pie


se le mira en el jarabe;
parece que usté no sabe
que cuando se zarandea
me late este corazón
que ha tiempo le pertenece.

ELLA: Los pajarillos y yo


nos levantamos a un tiempo,
ellos a cantar el alba
y yo a llorar mi tormento.

EL: Anoche soñaba yo


que dos negros me mataban
y eran tus hermosos ojos
que enojados me miraban.

ÉL- No, si en lo popular hay tanta riqueza literaria. ¿Qué me dice usted, por ejemplo, de los refranes?

10.- REFRANES PAREADOS - Dominio popular.

ELLA: A la mejor cocinera


se le va un tomate entero.

EL: Al nopal lo van a ver


sólo cuando tiene tunas

ELLA: El que nace pa’ tamal


del cielo le caen las hojas.

EL: Sólo el que carga el cajón


sabe lo que pesa el muerto.

ELLA: Consejos no pedidos


los dan los entrometidos.

EL: El flojo y el mezquino


andan dos veces el camino.

ELLA: Dios no cumple antojos


ni endereza jorobados.

EL: El que siembra su maíz


que se coma su pinole.
ELLA: El que tiene más saliva
traga más pinole.

EL: La ley de Herodes:


te chingas o te jodes.

ELLA: La ley de Caifás:


al fregado, fregarlo más.

EL: Lo que nunca he tenido


ni falta me hace.

ELLA: Lo que uno no puede ver,


en casa lo has de tener.

EL: Para qué tantos brincos


estando el suelo tan parejo.

ÉL- ¡Y las coplas populares…! ¿Qué me dice si recordamos algunas?


ELLA.- A ver, présteme su libro, para aprenderme algunas…

11.- COPLAS POPULARES - Dominio popular.

EL: Oigan que les traigo aquí,


igual que un ramo de flores,
las coplas que en mi país
entonan los trovadores.

ELLA: En cada una de estas coplas


ustedes van a escuchar
la dulce voz de mi tierra
y el ingenio popular.

EL: Eres arena de oro


que lleva el río;
así se va llevando
tu amor al mío.

ELLA: Desde que te vi venir


le dije a mi corazón:
¡Qué bonita piedrecita
para darme un tropezón!

EL: Los higos y los duraznos


en el árbol se maduran;
los ojitos que se quieren,
desde lejos se saludan.

ELLA: Allá te mando un suspiro,


en un abrazo enredado;
recíbelo con amor,
desátalo con cuidado,
y verás mi corazón
junto al tuyo retratado.
EL: No me mande papeles,
no sé leer;
mándame tu persona,
la quiero ver.

ELLA: Si fuera papel, volara,


si fuera tinta, corriera;
si yo fuera estampilla,
en este sobre me fuera.

EL: Una guacamaya pinta


le dijo a una azul turquí:
si al cabo me has de querer
¿por qué no dices que sí?

ELLA: Soy como la yerbabuena,


que onde me plantan florezco,
no porque me vean risueña
piensen que los apetezco.

EL: Las muchachas de mi tierra


no saben ni dar un beso;
en cambio las de la costa,
hasta estiran el pescuezo.

ELLA: Las muchachas de esta tierra


visten de azul y verde;
de las ocho en adelante,
la que no pellizca muerde.

EL: A los ángeles del cielo


le voy a mandar pedir
una pluma de sus alas
para poderte escribir.

ELLA: Se me hace y se me afigura


que tu amor es palo blanco,
ni se seca, ni enverdece,
no más ocupando el campo.

EL: Soy como el pájaro verde


que en la sombra me detengo;
la palabra que me diste
en el corazón la tengo;
como no me la cumpliste,
a que me la cumplas vengo.

ELLA: Zacatito verde


lleno de rocío;
el que no se casa
se muere de frío.

EL: Agua le pido a mi Dios


pa’ regar un plan que tengo,
quiero casarme contigo,
pero ¿con qué te mantengo?
Sólo que comas zacate
como las mulas que tengo.

ELLA: Aunque me veas solita,


huérfana de padre y madre,
no criaron esta lechuga
para tan flojo vinagre.

EL: Soy como el manjar de breva


que agüita se hace en la boca;
la mujer que a mí me prueba
se muere o se vuelve loca,
se va para su casa
calladita de la boca.

ELLA: Te diré a quien te pareces


aunque te mueras de risa:
a gorda de máiz tostado
revolcada en la ceniza.

EL: Guerra quisiera contigo,


pero una guerra de abrazos,
fuego nutrido de besos
y fusilarme en tus brazos.

ELLA: Ya con esta me despido


como decía el borreguito:
el que tiene chiche, mama,
y el que no, se cría solito.

EL: Ya con esta me despido,


con la flor de una amapola:
la mujer que sea celosa,
¡que se unte chile en la cola!

ÉL- Y la versificación popular nos acompaña desde la cuna, en los arrullos, en los juegos y las canciones
infantiles… ¿Se acuerda usted de alguna?

12.- LA VIUDITA DE SANTA ISABEL - Tradición Popular.

ELLA: Yo soy la viudita de Santa Isabel,


me quiero casar y no hallo con quien.

El mozo de enfrente me manda un papel


y yo le contesto con otro muy fiel.

Mi madre lo supo. ¡Qué palos me dio!


¡Malhaya sea el hombre que me enamoró!

EL: Pasé por su casa y estaba llorando,


con un pañuelito se estaba secando.

Me gusta la leche, me gusta el café;


pero más me gustan los ojos de usted.

Me gusta el dinero, me gusta el tabaco;


pero más me gustan los ojos del gato.

ÉL- Y ¿qué me dice de las jitanjáforas para sortear que empleábamos de niños?
ELLA.- ¿Las qué?
ÉL- Las jitanjáforas.
ELLA.- Yo nunca comí de esas cosas. No sé que es eso.
ÉL- Le aseguro que sí. Son los juegos para sortear al comenzar el juego.
ELLA.- Ah, sí…

13.- JITANJAFORAS - Dominio Popular.

ELLA: Tin marín,


de do pingüé,
cúcara, mácara,
títere fue.

EL: Una de dola,


de tela canela,
zumbaca tabaca,
de bire birón.

Cuéntalas bien
que las once son.

ÉL- Tanta riqueza que encierra lo popular. Las canciones navideñas, los versos para pedir posada, ¡y las
calaveras!
ELLA.- ¡Claro! ¡Las calaveras!

14.- GRAN BAILE DE CALAVERAS (1906)

EL: Llegó la gran ocasión


de divertirse de veras.
Van a hacer las calaveras
su fiesta en el panteón.

ELLA: De flautas son las canillas.


De hueso son los violines.
De cráneo los cornetines.
Los fagóts de rabadillas.

EL: Bailarán los comerciantes,


los sastres y los cocheros,
los soldados, los pulqueros,
albañiles y estudiantes.

ELLA: Ingenieros y cantores,


dependientes y modistas,
carretoneros y artistas,
lavanderas y pintores.

EL: Será una gran igualdad


que nivele grande y chico.
No habrá ni pobre ni rico
en aquella sociedad.

AMBOS: El que quiera la función


mirar de las calaveras:
que se muera de a de veras
y que se vaya al panteón.

ELLA.- No, si eso de burlarse de los muertos es tremendo. ¿Y eso también es poesía?
ÉL- Por supuesto. Y hay más sobre los muertos. Sólo que no es burlesco. ¿Ha oído hablar de los conjuros?
ELLA.- Ay, Dios… No.
ÉL- ¿Quiere un conjuro para atrapar a un hombre?
ELLA.- Sí, sí, démelo, démelo.
ÉL- Mire, aquí está… Oración del ánima sola.

15.- ORACIÓN DEL ANIMA SOLA - Anónima.

ELLA: Anima sola,


que en el campo gimes y moras,
y que nadie te necesita
como yo te necesito:
ahora quiero que me prestes
tres almas de tres ahorcados,
de tres muertos a traición
y de tres ajusticiados.

Estas nueve almas quiero


que se las introduzcas
en el corazón
a… (fulano de tal).
(Le pregunta su nombre y le aplica el conjuro a él)
Que si ojos tiene
a mí que me vea.
Que si boca tiene,
a mí que me hable.
Tráemelo
a las puertas de mi casa,
mortifícamelo,
no me lo dejes en paz.

Haz que se venga


y que se venga
sin que nadie lo detenga.

16.- A SANTA MARTHA ENAMORADA - Anónima.

EL: Santa Martha enamorada,


Santa Martha del amor,
por el amor que puse en ti,
dile a los doce diablos
más profundos del amor
que no la dejen por el día,
ni por la noche,
ni un momento tranquila.

Que sin mí no pueda estar.


Que me revele yo en sentido,
en sueños, en imaginación.
Que piense en mí.
Que el amor que le tenga a otro
me lo tenga a mí.
En el nombre de Santiago mulato.

Muerte negra, muerte blanca,


muerte de los cuatro vientos,
Santa Martha, San Apolinar,
San Apolonio, siete sueños,
siete flores, siete penas, siete diablos
me traigan lo que quiero.

San Judas Tadeo,


San Simón Cirineo,
Santo Tomás, Caba, Luzbel,
que estos vencedores
sean los que la traigan
a empujones y arrastrones
hasta no verla rendida a mis pies.

ELLA.- Oiga, Señor: ¿Y esos conjuros surten efecto?


ÉL- Pues no tenga la menor duda del poder de las palabras…
ELLA.- Pero a mí me da miedo eso del diablo.
ÉL- Entonces, ¿qué le parece si mejor leemos algo de poesía para hablar con Dios? Mire, aquí, el fraile
Miguel de Guevara escribió algo ante un cristo crucificado.

17.- NO ME MUEVE MI DIOS PARA QUERERTE - Miguel de Guevara.

EL: No me mueve, mi Dios, para quererte,


el cielo que me tienes prometido;
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

ELLA: Tú me mueves, Señor; muéveme el verte


clavado en tu cruz y escarnecido;
muéveme tu cuerpo tan herido;
muévenme tus afrentas y tu muerte.

EL: Muévenme, en fin, tu amor en tal manera


que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

ELLA: No tienes que me dar porque te quiera;


porque aunque cuanto espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

ÉL- Este es un importante ejemplo de poesía de la Colonia.


ELLA.- ¿De qué colonia?
ÉL- Quiero decir de la época del virreinato de la Nueva España.
ELLA.- ¿Y era la poesía que se escribía en aquel tiempo?
ÉL- No sólo de ese tipo. Aunque sí, es verdad, prevaleció la poesía religiosa, o escrita por religiosos. Usted
habrá oído hablar de La Décima Musa: Sor Juana Inés de la Cruz: Y entre tantas cosas que escribió, no
pueden faltar en esta antología, sus famosas Redondillas:

18.- REDONDILLAS - Sor Juana Inés de la Cruz

ELLA: Hombres necios que acusáis


a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis:
si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?

Combatís su resistencia
y luego, con gravedad,
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.

Con el favor y el desdén


tenéis condición igual,
quejándoos si os tratan mal,
burlándoos si os tratan bien.

Opinión, ninguna gana;


pues la que más se recata,
si no os admite, es ingrata,
y si os admite, es liviana.

Pues ¿para qué os espantáis


de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
hacedlas cual las buscáis.

Bien con muchas armas fundo


que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.

ÉL- Vea qué crítica y feminista se muestra Sor Juana en estos versos. Para ajustar cuentas con los hombres,
no cabe duda.
ELLA.- ¿Y qué en esos tiempos no había poesía de amor, de ternura?
ÉL- Pero, claro que sí. Mire, lea esto:
ELLA.- Madrigal a unos ojos…

19.- MADRIGAL - Gutierre de Cetina.

EL: Ojos claros, serenos,


si de un dulce mirar sois alabados,
¿por qué, si me miráis, miráis airados?

Si cuando más piadosos,


más bellos parecéis a aquel que os mira,
no me miréis con ira,
porque no parezcáis menos hermosos.

¡Ay, tormentos rabiosos!


Ojos claros, serenos,
ya que así me miráis, miradme al menos.

ELLA.- Pero qué lindo… Eso sí es romanticismo. Eso es lo que me gusta.


ÉL- Ah, le gusta el romanticismo… Entonces le va a gustar este tremendo poema de Manuel José Othón ,
titulado “Las brujas”.
ELLA.- ¿Las brujas?
ÉL- (Leyendo)“Todas las noches me convierto en cabra para servir a mi señor el chivo…”

20.- LAS BRUJAS - Manuel José Othón.

ELLA: -Todas las noches me convierto en cabra


para servir a mi señor el chivo,
pues, vieja ya, del hombre no recibo
ni una muestra de amor, ni una palabra.

-Mientras mi esposo está labra que labra


el terrón, otras artes yo cultivo.
¿Ves? Traigo un niño ensangrentado y vivo
para la cena trágica y macabra.

-Sin ojos, pues así se ve en lo oscuro,


como ven los murciélagos, yo vuelo
hasta escalar del camposanto el muro.

-Trae un cadáver frío como el hielo.


Yo a los hombres daré del vino impuro
que arranca la esperanza y el consuelo.

ELLA.- Oiga, eso no tiene nada de romántico. ¿Por qué me engañó?


ÉL- No la he engañado. Este poema pertenece al más puro romanticismo. Porque resulta que el romanticismo
no sólo habla de los temas amorosos, sino que mezcla la imposibilidad del amor con una obsesión,
frecuentemente perversa por la muerte.
ELLA.- ¿Por la muerte? Y por los temas de ultratumba como en el poema anterior. Y el poeta romántico,
parece siempre seriamente enamorado de la muerte. Cómo en este poema:

21.- PARA ENTONCES - Manuel Gutiérrez Nájera.

EL: Quiero morir cuando decline el día,


en alta mar y con la cara al cielo;
donde parezca sueño la agonía,
y el alma, un ave que remonta el vuelo.

No escuchar en los últimos instantes,


ya con el cielo y con el mar a solas,
más voces ni plegarias sollozantes
que el majestuoso tumbo de las olas.

Morir cuando la luz, triste, retira


sus áureas redes de la onda verde,
y ser como ese sol que lento expira:
algo muy luminoso que se pierde.

Morir, y joven: antes que destruya


el tiempo aleve la gentil corona;
cuando la vida dice aún: soy tuya,
aunque sepamos bien que nos traiciona.

ELLA.- Óigame, señor. Usted me habla de muertes y de brujas como parte de su romanticismo. Pero yo no
puedo imaginarme un romanticismo sin hablar del amor.
ÉL- En ese sentido tiene mucha razón. La poesía romántica vuelve siempre a su tema preferente: el amor
idealizado…
22.- METAMORFOSIS - Luis G. Urbina.

ELLA: Era un cautivo beso enamorado


de una mano d nieve que tenía
la apariencia de un lirio desmayado
y el palpitar de un ave en agonía.
EL: Y sucedió que un día.
aquella mano suave
de palidez de cirio,
de languidez de lirio,
de palpitar de ave,
se acercó tanto a la prisión del beso,
que ya no pudo más el pobre preso
y se escapó; mas, con voluble giro,
huyó la mano hasta el confín lejano,
y el beso, que volaba tras la mano,
rompiendo el aire se volvió suspiro.

ELLA.- ¿Nota qué diferencia de poemas? Seguro que en aquella época todos eran románticos.
ÉL- Viera que no. El romanticismo llegó a un extremo de sentimentalismo que tuvo sus detractores, gente que
se burlaba de ellos. Aquí hay un ejemplo: un Soneto contra los románticos…

23.- SONETO CONTRA LOS ROMÁNTICOS - Autor anónimo.

EL: ¿Por qué te vas, mi bien, por qué motivo


sin razón te separas de mi lado,
dejándome de pena contristado
y sumergido en el dolor más vivo?

¿Por qué apartas de mí tu rostro esquivo


y a otra parte lo vuelves enojado?
¿Qué causa di a rigor tan impensado
y a furor tan cruel e intempestivo?

¿Por qué te vas, no sabes, ángel mío,


que con tu ausencia el alma me asesinas,
que extasiado de amor yo me extasío

contemplando tus gracias peregrinas?


¿Por qué te vas, por qué tanto desvío?
ELLA: -Voy a echarles máiz a las gallinas.

ELLA.- Pues con todo y eso, yo prefiero lo romántico.


ÉL- Y yo comparto sus gustos, señorita.
ELLA.- ¿A poco no le gusta lo que dicen los boleros y las canciones románticas?
ÉL- Pero, por supuesto. Y aquí en mi libro vienen algunos.
ELLA.- ¿Sí? Cánteme uno, ándele…
ÉL- Con esta voz, mejor será que sólo se lo diga, ahora verá…

(Se escucha el fondo instrumental de SABOR A MÍ. Las demás canciones también se escucharán en su
momento)

24.- SABOR A MÍ - Álvaro Carrillo.

Tanto tiempo disfrutamos de este amor,


nuestras almas se acercaron tanto así
que yo guardo tu sabor
pero tú llevas también sabor a mí.

Si negaras mi presencia en tu vivir


bastaría con abrazarte y conversar.
Tanta vida yo te di,
que por fuerza tienes ya sabor a mí.
No pretendo ser tu dueño,
no soy nada, yo no tengo vanidad.
De mi vida, doy lo bueno;
¡yo tan pobre, qué otra cosa puedo dar!

Pasarán más de mil años, muchos más,


yo no sé si tenga amor la eternidad,
pero allá, tal como aquí,
en la boca llevarás sabor a mí.

24.- OJOS TRISTES - Augusto “Guty” Cárdenas.

ELLA: Tienen tus ojos un raro encanto,


tus ojos tristes, como de niño
que no ha sentido ningún cariño,
tus ojos dulces como de santo.

¡Ay!, si no fuera pedirte tanto,


yo te pidiera vivir de hinojos
mirando siempre tus tristes ojos,
ojos que tienen sabor de llanto.

25.- USTED - Elías Nandino.

EL: Usted es la culpable


de todas mis angustias
y todos mis quebrantos.

ELLA: Usted llenó mi vida


de dulces inquietudes
y amargos desencantos.

EL: Su amor es como un grito


que llevo aquí en mi sangre
y aquí en mi corazón.

ELLA: Y soy, aunque no quiera,


esclavo de sus ojos,
juguete de su amor.

EL: No juegue con mis penas


ni con mis sentimientos
que es lo único que tengo.

ELLA: Usted es mi esperanza,


mi última esperanza,
comprenda de una vez.

EL: Usted me desespera,


me mata, me enloquece,
y hasta la vida diera
por vencer el miedo
de besarla a usted.

(Quedan frente a frente casi marcando un beso, mirándose amorosamente. A punto del beso, se escuchan los
acordes de inicio de BÉSAME MUCHO. Bailan: )

26.- BÉSAME MUCHO - Consuelo Velásquez.

Bésame, bésame mucho,


como si fuera esta noche
la última vez.

Bésame, bésame mucho,


que tengo miedo perderte,
perderte después.

Quiero tenerte muy cerca,


mirarme en tus ojos,
verte junto a mí.

Piensa que tal vez mañana


yo ya estaré lejos,
muy lejos de ti.

(Suspiran al término del baile. )

ÉL- ¡Vea lo que nos regala la poesía y el amor! Y a usted que decía que no le gustaba la poesía…
ELLA.- Eso yo nunca dije, no, señor. A mí siempre me ha gustado la poesía. Si yo declamaba El brindis del
bohemio en el día de las madres.
ÉL- ¡Qué tal! ¿Y cómo lo declamaba usted?
ELLA.- Cheque, cheque usted, le voy a decir una parte, la de Arturo, el bohemio puro…

27.- EL BRINDIS DEL BOHEMIO - Guillermo Aguirre y Fierro.

ELLA: Brindo por la mujer, pero por una,


por la que me brindó sus embelesos
y me envolvió en sus besos:
por la mujer que me arrulló en la cuna.

¡Por mi madre! Bohemios.


Por la anciana infeliz que sufre y llora
y que del cielo implora
que vuelva yo muy pronto a estar con ella;
¡Por mi madre… bohemios…

(Como ella ha exagerado la nota, él se mesa los cabellos y se tapa los oídos, escandalizado.)
ÉL- ¡Nooo..! ¡Ya no, ya no! Por favor…
ELLA.- ¿Qué? ¿No le gustó?
ÉL- No, de ninguna manera.
ELLA.- ¿Y porqué?
ÉL- Es que ha caído usted en uno de los grandes vicios en que, por error se cae, cuando sé malinterpreta la
poesía: ha caído usted en el sentimentalismo exagerado, grotesco, horrible, falso, artificial. No le creí nada
de los que me dijo. No me gustó.
ELLA.- Ay, ¿entonces qué debo hacer?
ÉL- La poesía se debe decir en forma NATURAL, sin exageraciones. La sencillez y la naturalidad son lo que
más se agradece. Y cada poesía tiene su propio peso de emociones. Sólo hay que entenderla fielmente.
ELLA.- Ay, si yo gané un concurso con esta y otro con la Suave Patria.
ÉL- Los dos son poemas importantes. Pero en los dos se puede tropezar por error o equivocada orientación.
Muy frecuentemente la Suave Patria cae en el otro vicio en el que ha caído la declamación: en confundirla
con la oratoria. Mire, vamos a decir una parte como discurso y la otra como poema…

28.- SUAVE PATRIA - Ramón López Velarde.

EL: Yo que sólo canté de la exquisita


partitura del íntimo decoro,
alzo hoy la voz a la mitad del foro
a la manera del tenor que imita
la gutural modulación del bajo
para cortar a la epopeya un gajo.

ELLA: Navegaré por las olas civiles


con remos que no pesan, porque van
como los brazos del correo chuan
que remaba la Mancha con fusiles.
Diré con una épica sordina:
la patria es impecable y diamantina.

EL: Suave Patria: permite que te envuelva


en la más honda música de selva
con que me modelaste todo entero
al golpe cadencioso de las hachas,
entre risas y gritos de muchachas
y pájaros de oficio carpintero.

ÉL- ¿Le gustó?


ELLA.- Pues, sí, como que se sintió de otro modo. Pero mi brindis del bohemio no me lo va a cambiar, eh…
ÉL- Pero, ¿por qué le gusta tanto? ¿Le parece bien esa imagen de la madre abnegada y triste? ¿Y del hijo
diciéndole un verso en plena borrachera? A lo mejor se está gastando lo de las tortillas.
ELLA.- Oiga, no se burle, ¿eh…? Y téngale respeto a los poemas a la madre. ¿Qué, usted no tiene madre?
ÉL- Sí, sí tengo. Pero hay otras formas más propias de homenajearla. Yo no le quito el mérito al Brindis del
bohemio. Pero, mire, le voy a leer un fragmento de este Nocturno a mi madre, de Carlos Pellicer.

29.- NOCTURNO A MI MADRE - Carlos Pellicer.

EL: Hace un momento,


mi madre y yo dejamos de rezar.
Rezar con mi madre ha sido siempre
mi más perfecta felicidad.
Cuando ella dice la oración Magnífica,
verdaderamente glorifica mi alma al Señor y mi espíritu
se llena de gozo para siempre jamás.
Mi madre se llama Deifilia,
que quiere decir hija de Dios, flor de toda verdad.
Estoy pensando en ella con tal fuerza
que siento el oleaje de su sangre en mi sangre
y en mis ojos su luminosidad.
Mi madre es alegre y adora el campo y la lluvia,
y el complicado orden de la ciudad.
Tiene el cabello blanco, y la gracia con que camina
dice de su salud y de su agilidad.

Cuando me enseño a leer me enseño también a decir


versos
y por ese tiempo me llevó por primera vez al mar.

Siento en mí que la suprema poesía


es la voz de mi madre delante del altar.

Por eso nada para mí es tan hermoso


que acompañarla a rezar.

ÉL- ¿Qué le pareció?


ELLA.- Muy hermoso, sublime, señor.
ÉL- Y pertenece Carlos Pellicer, uno de los grandes poetas contemporáneos.
ELLA.- ¿Contemporáneo? ¡Eso me interesa! Porque mi revista dice que hay que estar con lo actual, la última
moda, lo contemporáneo.
ÉL- Lamento decirle que estamos hablando de cosas distintas. En la poesía mexicana, lo contemporáneo no
es lo que está de moda, o algo así.
ELLA.- ¿Entonces?
EL.- Le platico que aproximadamente en 1929 y 30, Don José Vasconcelos propició que aparecieran
publicados en una revista literaria, un grupo de jóvenes poetas de distinta índole. Y como la revista se llamó
CONTEMPORÁNEOS, ellos, que no eran un grupo en sí, pasó a la historia como el grupo de LOS
CONTEMPORÁNEOS. Figurando entre ellos poetas tan importantes como José Gorostiza, Gilberto Owen,
Salvador Novo, Xavier Villaurrutia y tantos otros. Sin olvidar al gran precursor que fue DON ALFONSO
REYES:

30.- SOL DE MONTERREY (Fragmento) - Alfonso Reyes.

ELLA: No cabe duda: de niño ,


a mí me seguía el sol.
Andaba detrás de mí
como perrito faldero;
despeinado y dulce,
claro y amarillo:
ese sol con sueño
que sigue a los niños.

Saltaba de patio en patio,


se revolcaba en mi alcoba.
Aun creo que algunas veces
lo espantaban con la escoba.
Y a la mañana siguiente,
ya estaba otra vez conmigo,
despeinado y dulce,
claro y amarillo:
ese sol con sueño
que sigue a los niños.

EL: (El fuego de mayo


me armó caballero:
yo era el Niño andante,
y el sol, mi escudero.)
Cuando salí de mi casa
con mi bastón y mi hato,
le dije a mi corazón:
-¡Ya llevas sol para rato!-
Es tesoro -y no se acaba:
no se me acaba -y lo gasto.
Traigo tanto sol adentro
que tanto sol me cansa.-
Yo no conocí en mi infancia
sombra, sino resolana.

31.- MUERTE SIN FIN - José Gorostiza.

EL: ¡Tan-tan!
ELLA: ¿Quién es?
EL: Es el Diablo,
es una espesa fatiga,
un ansia de trasponer
estas lindes enemigas,
ese morir incesante,
tenaz, esta muerte viva,
¡oh Dios!, que te está matando
en tus hechuras estrictas,
en las rosas y en las piedras,
en las estrellas ariscas
y en la carne que se gasta
como una hoguera encendida,
por el canto, por el sueño,
por el color de la vista.

ELLA: ¡Tan-tan!
EL: ¿Quién es?
ELLA: Es el diablo.
ay, una ciega alegría,
un hambre de consumir
el aire que se respira,
la boca, el ojo, la mano;
estas pujantes cosquillas
de disfrutarnos enteros
en sólo un golpe de risa,
ay, esta muerte insultante,
procaz, que nos asesina
a distancia, desde el gusto
que tomamos en morirla,
por una taza de té,
por una apenas caricia.

EL: Desde mis ojos insomnes


mi muerte me está acechando,
me acecha, sí, me enamora
con su ojo lánguido.
¡Anda, putilla de rubor helado,
anda, vámonos al diablo!

32.- NOCTURNO DE LA ESTATUA - Xavier Villaurrutia.


Soñar, soñar la noche, la calle, la escalera
y el grito de la estatua desdoblando la esquina.
Correr hacia la estatua y encontrar sólo el grito,
querer tocar el grito y sólo hallar el eco,
querer asir el eco y encontrar sólo el muro
y correr hacia el muro y tocar un espejo.
Hallar en el espejo la estatua asesinada,
sacarla de la sangre de su sombra,
vestirla en un cerrar de ojos,
acariciarla como una hermana imprevista
y jugar con las fichas de sus dedos
y contar a su oreja cien veces
hasta oírla decir: “estoy muerta de miedo”.

(Como ambos han mimificado los poemas anteriores, ELLA queda echa una estatua en este último, repitiendo
la frase encomillada )
ELLA.- Estoy muerta de miedo… Estoy muerta de miedo…
ÉL- ¿Le pasa algo? Venga siéntese. Era sólo un poema.
ELLA.- Lo que pasa es que estoy triste.
ÉL- Es que, ¿sabe usted? Vine a este lugar buscando a una persona. Y no la encontré. De hecho, le escribí y
escribí cartas que nunca me contestó. Y me quedé muchos meses, años esperando alguna carta.
ELLA.- ¡Por Dios, amiga! Debo decirle que yo he pasado por la misma pena. Por años he esperado una
carta especial, de amor… Y no llega…
ÉL- ¿Y qué ha hecho usted para no entristecerse?
ELLA.- Yo… leo. Leo un poema de Rubén Bonifaz Nuño: Me asomé otra vez a la ventana. Véalo:

34.- ME ASOME OTRA VEZ A LA VENTANA


- Rubén Bonifaz Nuño.

EL O ELLA: Me asomé otra vez a la ventana


a ver si tocabas a mi puerta.
No era nadie. Todos los vecinos
saben que te estoy esperando.

Me divierten cosas que me cansan:


oír el silbato del cartero
que se acerca, espiarlo, contar las cartas
que reciben todos los que conozco,
y saber que nadie en este día
se acordó de mí para escribirme.

llegar después del trabajo,


cuando tengo ganas de no estar solo,
y hacer la pregunta diaria:
“¿Me llegaron cartas?”
Y sé que nunca
habrá de escribirme nadie,
porque tú no sabes en donde vivo.

También pienso a veces que estás de viaje,


que regresarás cualquier día.
Pero no estaré cuando tú vuelvas.

A mí me ha tocado no estar contigo;


no tengo miradas para encontrarte
ni hay cosa en que pueda reconocerte.
ÉL- Vea que es un poema singularmente triste que nos permite por lo menos apaciguar nuestra tristeza,
amortiguar nuestra soledad.
ELLA.- ¿Y no hay otros poemas, otras palabras para acabar con la tristeza? Busque en su libro, busque.
ÉL- Pues mire, que si de búsqueda se trata. Nuestro poeta premio Nóbel, Octavio Paz, ha buscado nuevas y
certeras formas de decir las cosas y mirar la vida. Formas que han revolucionado la poesía de la segunda
mitad de siglo, lea usted conmigo:

35.- EL CÁNTARO ROTO - Octavio Paz.

EL: Hay que dormir con los ojos abiertos, hay que soñar con las manos,
soñemos sueños activos de río buscando su cauce, sueños de sol soñando sus mundos,
ELLA: hay que soñar en voz alta, hay que cantar hasta que el canto eche raíces, tronco, rama, pájaros, astros,
cantar hasta que el sueño engendre y brote del costado del dormido la espiga roja de la
resurrección,
EL: el agua de la mujer, el manantial para beberse y mirarse y reconocerse y recobrarse,
el manantial para saberse hombre, el agua que habla a solas en la noche y nos llama con
nuestro nombre,
ELLA: el manantial de las palabras para decir yo, tú, él, nosotros; bajo el gran árbol viviente, estatua de la
lluvia,
para decir los pronombres hermosos y reconocernos y ser fieles a nuestros nombres
EL: hay que soñar hacia atrás, hacia la fuente, hay que remar siglos arriba,
más allá de la infancia, más allá del comienzo, más allá de las aguas del bautismo,
ELLA: echar abajo las paredes entre el hombre y el hombre, juntar de nuevo lo que fue separado,
vida y muerte no son mundos contrarios, somos un solo tallo con dos flores gemelas,
EL: hay que desenterrar la palabra perdida, soñar hacia adentro y también hacia afuera,
descifrar el tatuaje de la noche y mirar cara a cara al mediodía y arrancarle su máscara,
ELLA: bañarse en luz solar y comer los frutos nocturnos, deletrear la escritura del astro y la del río,
recordar lo que dicen la sangre y la marea, la tierra y el cuerpo, volver al punto de partida,
EL: ni adentro ni afuera, ni arriba ni abajo, al cruce de caminos, adonde empiezan los caminos,
AMBOS: porque la luz canta con un rumor de agua, con un rumor de follaje canta el agua
ELLA: y el alba está cargada de frutos, el día y la noche reconciliados fluyen como un río manso,
EL: el día y la noche se acarician largamente como un hombre y una mujer enamorados.

ELLA.- ¿Por qué la poesía no habla siempre de estos temas? De la vida y la esperanza solamente.
ÉL- Porque no sólo eso es lo que forma la vida. La muerte también es un componente de la vida misma.
Rosario Castellanos escribió esto sobre el momento de morir:

36.- AMANECER - Rosario Castellanos.

ELLA: ¿Qué se hace a la hora de morir? ¿Se vuelve


la cara a la pared?
¿Se agarra por los hombros al que está cerca y oye?
¿Se echa uno a correr como el que tiene
las ropas incendiadas, para alcanzar el fin?

¿Cuál es el rito de esta ceremonia?


¿Quién vela la agonía? ¿Quién estira la sábana?
¿Quién aparta el espejo sin empañar?

EL: Porque a esta hora ya no hay madre ni deudos.

Ya no hay sollozo. Nada más que un silencio atroz.


AMBOS: Todos son una faz atenta, incrédula
del hombre de la otra orilla.

Porque lo que sucede no es verdad.

ELLA.- Oiga, a mí me dan mucha tristeza esos temas.


ÉL- Pero, ¿no ve que hablar de la muerte es una forma de aferrarse más a la vida? Así lo hace sentir el poeta
Jaime Sabines al hablar sobre la muerte de su padre, el Mayor Sabines.

37.- ALGO SOBRE LA MUERTE DEL MAYOR SABINES


Jaime Sabines.

EL: De las nueve de la noche en adelante


viendo la televisión y conversando
estoy esperando la muerte de mi padre.
Desde hace tres meses, esperando.
En el trabajo y en la borrachera,
en la cama sin nadie y en el cuarto de niños,
en su dolor tan lleno y derramado,
su no dormir, su queja y su protesta,
en el tanque de oxígeno y las muelas
del día que amanece, buscando la esperanza.

Mirando su cadáver en los huesos


que es ahora mi padre,
e introduciendo agujas en las escasas venas,
tratando de meterles la vida, de soplarle
en la boca el aire…

ELLA: No podrás morir.


EL: Debajo de la tierra
ELLA: no podrás morir.
EL: Sin agua y sin aire
ELLA: no podrás morir.
EL: Sin azúcar, sin leche,
ELLA: sin frijoles, sin carne,
EL: sin harina, sin higos,
ELLA: no podrás morir.
EL: Sin mujer y sin hijos
ELLA: no podrás morir.
EL: Debajo de la tierra
ELLA: no podrás morir.
EL: En tu tanque de tierra
ELLA: no podrás morir.
EL: En tu caja de muerto
ELLA: no podrás morir.
EL: En tus venas sin sangre
ELLA: no podrás morir.
EL: En tu pecho vacío
ELLA: no podrás morir.
EL: En tu boca sin fuego
ELLA: no podrás morir.
EL: En tus ojos sin nadie
ELLA: no podrás morir.
EL: En tu carne sin llanto
ELLA. no podrás morir.
EL: No podrás morir.
ELLA: No podrás morir.
EL: No podrás morir.
ELLA: Enterramos tu traje,
tus zapatos, el cáncer:
EL: no podrás morir.
ELLA: Tu silencio enterramos.
Tu cuerpo con candados.
Tus canas finas,
tu dolor clausurado.
EL: No podrás morir.

ELLA: Padre mío, señor mío, hermano mío,


amigo de mi alma, tierno y fuerte,
saca tu cuerpo viejo, viejo mío,
saca tu cuerpo de la muerte.

EL: Saca tu corazón igual que un río,


tu frente limpia en que aprendí a quererte,
tu brazo como un árbol en el frío,
saca todo tu cuerpo de la muerte.

ELLA: Amo tus canas, tu mentón austero,


tu boca firme y tu mirada abierta,
tu pecho vasto y sólido y certero.

EL: Estoy llamándote, tirándote la puerta.


Parece que yo soy el que me muero:
AMBOS: ¡padre mío, despierta!

(Cuando llegan a esta parte, fuertemente emocionados por el poema final, se escucha un magnavoz que dice:
“Pasajeros con destino a Monterrey, favor de pasar al andén número tres a abordar su autobús. Esta es la
última llamada. Pasajeros con destino…)
ÉL- (Reponiéndose) Creo… que ese es su autobús, ¿no es así?
ELLA.- (Reponiéndose) Ehh… Creo que sí… Tengo que irme. ¿Y usted?
EL.- Esperaré mi transporte. No debe tardar. Aquí… esperaré.
ELLA.- Está bien, debo irme. Oh, no, mejor no. No. Definitivamente, no me iré.
ÉL- Pero, ¿qué va hacer usted? La va a dejar su autobús.
ELLA.- Sí no le parece mal a usted, amigo. Prefiero irme… con usted… En el Ómnibus de la poesía
mexicana…

(Los dos concluyen repitiendo, eufóricos, fragmentos de algunos de los poemas de la selección general: )

EL: Hay que soñar en voz alta, hay que cantar hasta que el canto eche raíces.
ELLA: El día y la noche se acarician largamente como un hombre y una mujer enamorados.
EL: Ojos claros y serenos, si de un dulce mirar sois alabados.
ELLA: Era un cautivo beso enamorado.
EL: Eres arena de oro que lleva el río.
ELLA: Desde que te vi venir le dije a mi corazón.
EL: En noche lóbrega, galán incógnito, las calles céntricas atravesó.
ELLA: No cabe duda: de niño, a mí me seguía el sol.
EL: Quiero morir cuando decline el día.
ELLA: Tanto tiempo disfrutamos de ese amor!
EL: Tienen tus ojos un raro encanto!
ELLA: ¿Qué se hace a la hora de morir?
EL: Bésame mucho, como si fuera esta noche la última vez.
ELLA: Ellos tenían la sabiduría, lo santo.
EL: ¡Por mi madre, bohemios!
AMBOS: ¡Y esos dioses dicen haber sido el principio
de los demás dioses!

TELÓN

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