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Universidad Autónoma de Santo Domingo

(UASD)

FACULTAD DE CIENCIAS JURÍDICAS Y POLÍTICAS


ESCUELA DE CIENCIAS POLÍTICAS

Asignatura:
Política Mundial Contemporánea

Sección:
01

Profesor:
Fabian Diaz Casado

Tema;
Significado Social de la Revolución Industrial.

Sustentante:
Félix Andrés García Boitel BG-7402

Santo Domingo, República Dominicana


08 de Febrero del 2018
INTRODUCCIÓN.
Durante la segunda parte del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX, tuvo lugar un
periodo que quedó en la historia con el nombre de revolución industrial. Se trató
de una época de grandes transformaciones en el ámbito tecnológico, económico,
social y cultural, que tuvo su epicentro en Inglaterra.

Con la revolución industrial, la industria y las actividades manufactureras


sustituyeron al trabajo manual. Esto provoco y acelero el proceso de producción
industrial y comercial estableciendo una mayor demanda de acuerdo al consumo
y adquisición de los servicios que dependían de un proceso de fabricación.

Mediante este trabajo estaremos explorando el significado social de la


Revolución Industrial y como esta ha podido beneficiar al hombre y su historia.

La revolución industrial se compuso de dos etapas bien diferenciadas: la primera


se dio entre los años 1750 y 1840, y la segunda, entre 1880 y 1914. Ambas
pueden ser analizadas a través de cambios puntuales que se gestaron en las
sociedades. En principio, existió una transformación demográfica, con el
traspaso de la población rural a las ciudades y las migraciones internacionales.
Luego tuvo lugar un gran cambio económico, con la producción en serie y el
surgimiento de grandes empresas, lo que contribuyó a afianzar al capitalismo.
SIGNIFICADO SOCIAL DE LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL.

El desarrollo tecnológico de la humanidad ha sido una constante desde tiempos


inmemoriales, pero a partir del siglo XVIII ese desarrollo ha ido más rápido que
anteriormente, al encontrar, rápidamente, una aplicación práctica a los avances
científicos. Estos avances se fundamentan en la observación de la naturaleza y
tienen aplicación en el mundo cotidiano. Esto es lo que se ha dado en llamar
revolución industrial.

La primera fase de esta revolución industrial, moderna, surge en Inglaterra en el


siglo XVIII y XIX con el despegue tecnológico como hecho más destacado. Lo
fundamental de la revolución industrial es la transformación del sistema
económico.

En fecha tan temprana como 1837-1838 Engels, que es el primero en utilizar el


término revolución industrial, en su libro «Situación de la clase obrera en
Inglaterra», estudia las relaciones que existen entre el surgimiento de la
producción en fábricas y el desarrollo del proletariado industrial y la
transformación de las estructuras sociales. Todo esto lo sistematizará más tarde
Karl Marx en «El capital», un esquema teórico de interpretación de la revolución
industrial. También John Stuart Mill describe el proceso en 1848, en su libro
«Principios de economía política».

Durante la revolución industrial se establece la división entre propiedad y trabajo,


y la concentración de los recursos económicos. Es el fin de una época con un
determinado concepto de la propiedad y de la producción (el feudal) en el que
las relaciones de intercambio estaban poco desarrolladas, en un marco de
obligaciones serviles y de relaciones de trabajo dependientes y
semidependientes. Se crean nuevas formas de generar plusvalías. Se
mercantilizan las relaciones sociales. También se estudian las leyes del
movimiento y de la transformación de la sociedad capitalista. Se examinan las
formas de trabajo asalariado, comprado y vendido como fuerza de trabajo, la
división del trabajo y el sistema de fábrica, en las que se emplea la máquina,
para la producción, como medio de reducir los costes unitarios, incrementando
así los beneficios. Para lograr esto es necesario concentrar los medios de
producción. Además, el incremento de los productos industriales implica el
aumento del mercado, ya que es necesario un número mayor de personas que
compren los productos fabricados. Esto se consigue gracias a la reducción del
precio unitario, y a que, en un principio, los consumidores principales de los
productos industriales son la propia industria y los transportes, aunque también
el proletariado que compra productos, textiles sobre todo.

Para los contemporáneos, en el siglo XVIII y XIX, la revolución industrial es ante


todo la destrucción de las costumbres y las comunidades de trabajo
tradicionales. Los contemporáneos ven el desarrollo tecnológico como un
empeoramiento de las condiciones de vida de los sectores más humildes ya que
se quedan sin el amparo de los gremios. Los gremios son, además, los garantes
de la calidad de los productos. Se organizó en un movimiento llamado Ludismo.

Lo más llamativo para los contemporáneos fue el éxodo rural, ya que


probablemente fue la manifestación más espectacular, e inmediata, del proceso.
En 1906 Paul Mantoux estudia este tema en su libro «La revolución industrial en
el siglo XVIII», junto con el asunto del colonialismo mercantil que marcó la política
económica y exterior de todos los países industrializados. Existen teorías que
explican la revolución industrial desde el punto de vista demográfico,
demostrando sus tesis gracias al éxodo rural, al aumento del salario rural y a la
disminución de los ingresos señoriales, que obligaría a la población a buscar
otros medios de vida.

Adam Smith es uno de los primeros teóricos de la economía, que se dedica a


estudiar cómo funciona el capitalismo. Sus tesis se apoyan en las decisiones
económicas y en las actitudes sociales de la burguesía industrial. Sus ideas
revolucionaron los conceptos sobre el trabajo, el valor, el dinero, etc.; y mostró a
la sociedad de la época cómo funciona el capitalismo. Esto le valió los ataques
más airados de la burguesía y, también, la toma de conciencia de los males del
capitalismo por parte de algunos burgueses ilustrados, que tomarán una postura
moral ante los desmanes del capitalismo, y tratarán de reformarlo buscando
fórmulas que se recogerán en la ideología comunista.

Estudiosos como Werner Sombart y Henry Sée mantienen la tesis de la


continuidad, y no de la ruptura, de la revolución industrial. La tesis de la ruptura
se establece a posteriori al comprobar que fue un proceso continuo y sin marcha
atrás que duró tan sólo 20 años. Sin embargo, para el triunfo de la revolución
industrial fue necesario que se formaran los Estados nacionales, se redefinieran
los derechos sobre la propiedad, se identificara el beneficio privado con el
progreso colectivo, se desarrollara el mercado y la ciudad, y que disminuyeran
los costes de producción gracias a la máquina y el sistema de producción en
fábricas.

Una interpretación más cercana a nuestros días es la que nos ofrece Keynes,
según la cual la revolución industrial tuvo una parte de ruptura y otra de
continuidad. Durante la revolución industrial aumentan las rentas per cápita, y no
sólo el producto interior bruto. Se modifican las formas de producción, al utilizar
máquinas, de distribución y de mercado. El aumento de la renta per cápita
supone nuevos usos de las rentas y un cambio en la composición de la demanda,
que implican una transformación en el sistema social de valores. La revolución
industrial supone el fin de las crisis de subsistencia por falta, o aumento, de la
fuerza de trabajo.

Pero, en realidad, todas estas cosas son causas y condiciones determinantes


del desarrollo industrial. En la revolución industrial actúan una serie de factores
de tipo endógeno y otros de tipo exógeno que determinan su curso.

La industrialización que se originó en Inglaterra y luego se extendió por toda


Europa no sólo tuvo un gran impacto económico, sino que además generó
enormes transformaciones sociales.

A) Proletariado urbano.

Debido a la revolución agrícola y demográfica, los campesinos emigraron de


forma masiva a la ciudad; el antiguo agricultor se convirtió en obrero industrial.
La ciudad industrial aumentó su población como consecuencia del crecimiento
natural de sus habitantes y por el arribo de este nuevo contingente humano.

Esto se vio agravado por la mentalidad de la época, que consideraba que el


trabajo humano no era distinto del de una máquina o un animal, es decir, que
estaba totalmente regulado por la ley de la oferta y la demanda.

La carencia de habitaciones fue el primer problema que sufrió esta población


marginada socialmente; debía vivir en espacios reducidos sin las mínimas
condiciones, comodidades y condiciones de higiene. A ello se sumaban largas
horas de trabajo, en las que participaban hombres, mujeres y niños que carecían
de toda protección legal frente a los dueños de las fábricas o centros de
producción. Este conjunto de males que afectaba al proletariado urbano se llamó
la Cuestión social, haciendo alusión a las insuficiencias materiales y espirituales
que les afectaban.

La reacción de los obreros o "proletarios" ante esta situación fue violenta y se


materializó en la huelga y en la creación de nuevas organizaciones gremiales
(sindicatos, sociedades de resistencia y socorro, etc.)

a) Condiciones de trabajo.

Reducir a esclavitud a la clase obrera y organizar la vida de las fábricas, la


disciplina y el régimen de trabajo, según un esquema más próximo al programa
de vida de la cárcel que al del taller, fue el criterio general del empresario
capitalista del siglo XIX.

La concentración de mano de obra en las fábricas hizo nacer nuevas exigencias


en la organización del trabajo. El artesano o el productor del taller familiar
rechazaban el nuevo sistema de producción fabril. Las máquinas alimentaban
sus sospechas de amenaza de paro, los largos horarios, los duros programas de
trabajo y la disciplina impuesta por los capataces les repugnaban en cuanto
mermaban su libertad. Más tarde serían aplastados bajo el peso de los
monopolios. Fueron los más pobres, los trabajadores del campo y los pequeños
propietarios rurales, arrojados hacia las ciudades por las leyes de cercados o las
transformaciones en la explotación agrícola, quienes se vieron obligados a
contratarse en las fábricas. Los niños “asistidos” por las parroquias lucren
preparados y obligados desde allí a sumarse a las primeras oleadas de este
nuevo proletariado.

Cuando, a principios del siglo, los fabricantes ingleses acudieron al gobierno para
excusar el pago de impuestos debido a los “elevados salarios” que demandaba
el obrero, VVilliani Pitt les contestó: “Coged a los niños”. En un discurso en el
Parlamento, William Pitt les declaró textualmente:
“La experiencia nos ha demostrado lo que puede producir el trabajo de los niños
y las ventajas que se pueden obtener empleándolos desde pequeños en los
trabajos que pueden hacer”

La legislación inglesa y la Iglesia anglicana defendieron a ultranza la contratación


de niños. Los administradores de impuestos de pobres mandaron grupos de
niños lejos de sus padres.

Los ritmos de trabajo eran excesivamente duros. La estrecha vigilancia de los


capataces imponía toda suerte de arbitrariedades, desde castigos económicos,
como pago de multas, hasta castigos físicos. La vigencia de la tortura en las
primeras concentraciones fabriles fue un hecho constatado en la literatura social
de la época.

Los horarios de trabajo del obrero del siglo XIX oscilaban entre las catorce y las
dieciséis horarias. En muchas fábricas se edificaban cobertizos al pie de las
naves de trabajo, donde dormían hacinados cientos de hombres, mujeres y niños
durante escasamente cinco horas diarias.

Además los obreros se hallaban a merced de todo tipo de enfermedades.

Las revoluciones de 1830 a 1848 sacaron a la luz pública situaciones increíbles


sobre la vida cotidiana del proletariado. Documentos como los de Villarmé, en su
Cuadro sobre el estado físico y de los obreros, florecieron en los flujos y reflujos
de los primeros movimientos populares. En él se denunciaban con las
consecuencias de los salarios de hambre, las columnas de niños de seis a ocho
años que a las cinco de la mañana recorrían enormes distancias para ir a los
talleres. La inseguridad en el trabajo, agudizare todo en los comienzos del
maquinismo, arrojaba altos índices de mortalidad laboral.

B) Burguesía industrial.

Al contrario del grupo anterior, los grandes empresarios fueron fortaleciendo su


poder tato económico como social, consolidando así el sistema capitalista,
caracterizado por la propiedad privada de los medios de producción y la
regularización de los precios por el mercado, de acuerdo por la oferta y la
demanda.
En este escenario, la burguesía desplaza definitivamente a la aristocracia
terrateniente y deja de ser considerada “inferior” basando su situación de
privilegio social esencialmente en la fortuna y no en el origen o la sangre.
Acreditados por una doctrina que defendía la libertad económica, los
empresarios obtenían grandes riquezas, no sólo vendiendo y compitiendo, sino
que además pagando bajos precios por la fuerza de trabajo aportada por los
obreros.

C) Propuestas para remediar el problema social.

El problema social va a intentar soluciones en nuevos movimientos económico-


sociales e incluso, institucionales.

a) El socialismo utópico.

Corriente idealista que nace durante la primera mitad del siglo XIX y cuyos
representantes más importantes fueron Robert Owen, en Inglaterra y Saint-
Simón, Charles Fourier y Blanc, en Francia. Su ánimo general fue la filantropía,
tratar de dar solución a la "cuestión social" a través de fábricas colectivas, talleres
nacionales y falansterios o "comunidades socialistas". Los socialistas utópicos
no constituían pensadores de tendencias homogéneas, sino que eran animados
por su buena voluntad individual, lo que explica en parte el fracaso de sus
tentativas.

b) El socialismo científico o marxismo.

Karl Marx y Friedrich Engels analizaron el origen de la problemática social y


proyectaron consecuencias a largo plazo de ella, elaborando una teoría al
respecto. Estas ideas están trazadas substancialmente en Das Kapital (El
capital) de Karl Marx, en que sostiene que la base y motor del desarrollo histórico
es la economía (infraestructura) y que es complementada con el aparato jurídico-
cultural (superestructura) que contribuye a consolidar un determinado sistema
productivo.

Además, el marxismo sostiene que la sociedad capitalista será sucedida por un


estado proletario en que desaparecerá la propiedad privada y con ella, la lucha
de clases. Se plantea que en esta etapa la propiedad será colectiva o común (de
ahí el apelativo "comunista") y, se ejercerá "la dictadura del proletariado".
Estas ideas fueron compendiadas en el Manifiesto comunista, distribuido en
París en 1848, escrito por Engels y Marx.

c) Anarquismo.

Surge en la segunda mitad del siglo XIX, y sus principales representantes fueron
Proudhon y Bakunin.

Se trata de un socialismo radical extremista que niega la existencia del Estado,


el cual debe ser destruido aún a costa de la violencia.

d) Doctrina Social de la Iglesia.

La doctrina católica no fue inmune a los problemas sociales ni tampoco al


marxismo.

En el año 1864, Pío IX condenó en su Syllabus el materialismo histórico y el


marxismo. En 1891 apareció la encíclica Rerum Novarum del papa León XIII, en
la que se rechazó el conflicto de clases sociales y condenó el abuso de los
patrones. Con esta Encíclica se inició la Doctrina Social de la Iglesia, que recalcó
el valor y dignidad del trabajo humano, el respeto a la propiedad privada y la
necesidad de las asociaciones de trabajadores. En 1931, esta doctrina se vio
complementada con la encíclica Cuadra gessimo Anno de Pío XI (que condena
al liberalismo económico y al comunismo); en el concilio Vaticano II también se
abordó el tema de las relaciones capital-trabajo.

A continuación, un fragmento de Rerum Novarum: « (...) Si el obrero presta a


otros sus fuerzas a su industria, las presta con el fin de alcanzar lo necesario
para vivir y sustentarse y por todo esto con el trabajo que de su parte pone,
adquiere el derecho verdadero y perfecto, no solo para exigir un salario, sino
para hacer de este el uso que quisiere.
CONCLUSIÓN.

Al estudiar el desarrollo de la revolución industrial, se tiene la impresión errónea


de que el concepto de ‘alienación de la clase obrera es el mismo que hablar de
la ‘estupidez de los trabajadores’. Sin embargo, este concepto trabajado en las
obras de Karl Marx tiene una diferencia notable en la actualidad. Cuando se
habla de la alienación, el marxismo se refiere a cualquier situación en la que se
toma un potencial.

El socialismo científico te define la historia como una sucesión de modos de


producción. Pero lo que mueve la historia es la lucha de clases, y la
determinación de las clases por acabar con la opresión. Además, la dictadura
del proletariado no es el comunismo. Es un estado de transición entre el
capitalismo y el comunismo donde el proletariado es la clase dominante que tiene
la propiedad sobre los medios de producción y debe encargarse de ir
destruyendo las relaciones de producción capitalistas, pero que es
perfectamente reversible como sucedió en la URSS, si se deja de partir de que
a pesar de que el proletariado tiene el control de los medios de producción,
siguen existiendo clases y lucha de clases a todos los niveles.
BIBLIOGRAFÍA.

Baldó Lacomba, Marc. La Revolución Industrial. (Madrid: Editorial Síntesis, 1993)

Hobsbawn, Eric J. Las Revoluciones Burguesas. (Londres: Ediciones


Guaderrama, 1962)

Dargart, Yvon. Los Primeros Automóviles. (Madrid: Ediciones SM, 1987)