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LIC.

EN DERECHO

TEORÍA GENERAL DEL PROCESO


NOCIONES GENERALES DE DERECHO PROCESAL
El “Derecho” y la “Jurisdicción”
Algunos alumnos suelen saltarse erróneamente las introducciones históricas o conceptuales,
que no parecen tener una utilidad práctica inmediata. En este caso, su importancia es muy
grande, por cuanto pretende facilitar la aprehensión efectiva de conceptos que se dan por
supuestos en la vida cotidiana, pero de los que es preciso tener una comprensión más
profunda. Para saber lo que significa la jurisdicción, es conveniente partir de la base de un
concepto de Derecho. Todo el mundo parece saber a qué se refiere cuando habla de Derecho
(sobre todo las personas de formación jurídica), y, sin embargo, no parece tan sencillo
definirlo de manera abstracta y precisa. Uniendo alguna definición sociológica con las que
tradicionalmente hacemos los juristas, podríamos decir que el Derecho es un Sistema
normativo funcionalmente especializado en la resolución de conflictos mediante la
generalización de expectativas, que se impone a sus destinatarios en último término a través
de la coacción.
● Un sistema es un conjunto organizado de elementos, que se relacionan unos con otros
según una cierta lógica, configuración o estructura.
● En este caso, los elementos del conjunto son reglas, es decir, normas, preceptos que
asocian una consecuencia jurídica a un supuesto de hecho. Por ejemplo, si se cumplen
determinados requisitos, una persona puede acceder a una prestación pública de seguridad
social; o, si un empresario realiza un despido discriminatorio, su decisión se considera nula y
no tiene efectos jurídicos.
● El derecho se dedica principalmente a la resolución de conflictos que otros subsistemas
sociales no pueden resolver por sí solos. La finalidad última de resolver futuros conflictos de
intereses está presente en todas las instituciones jurídicas, aunque esta presencia no es
siempre muy evidente. En el Derecho del Trabajo, la finalidad de canalización del conflicto
es muy clara (algo menos en el Derecho de la Seguridad Social).
● Pero, además, hemos dicho que es un sistema especializado, es decir, se dedica
exclusivamente a esa función con una relativa autonomía (nunca total) de otras partes del
sistema social. Aunque en todas las sociedades hay determinados preceptos, transmitidos
por la tradición o puestos por escrito, que se asemejan a las normas jurídicas de las
sociedades modernas, podría decirse desde cierta óptica que el primer “sistema jurídico”
completo y especializado se dio en la antigua Roma. En realidad, todos los ordenamientos
jurídicos modernos se han construido sobre los cimientos del Derecho Romano (y esta es la
razón por la que se utilizan tantas expresiones en latín).
● El método que utiliza es la generalización de expectativas. Esto quiere decir que las
personas pueden prever hasta cierto punto cuáles van a ser las consecuencias jurídicas de su
conducta, que puede subsumirse de algún modo en las reglas abstractas del Derecho. Por
ejemplo, un empresario puede conocer a grandes rasgos cuándo un despido está justificado
o cuándo no y cuál es el procedimiento adecuado para despedir a un trabajador, mientras
que un empleado puede conocer hasta cierto punto cuál es el salario que se le debe.
● Por último, el Derecho implica un sistema de coacción. A veces cumplimos las normas
jurídicas porque las interiorizamos, es decir, las incorporamos a nuestra identidad, a nuestra
conciencia, a nuestros valores; otras veces las cumplimos por una cuestión de confianza: si
dejamos de cumplir las normas, la gente de nuestro alrededor no podrá predecir nuestra
conducta, y por tanto procurará minimizar las interacciones sociales y económicas. Por
supuesto, estos mecanismos espontáneos no son suficientes para garantizar la
generalización de expectativas en todos los casos, de manera que en todo ordenamiento
jurídico existen mecanismos de coacción, que permiten obligar a una persona al
cumplimiento de la norma o sancionarlo por este incumplimiento, normalmente, a iniciativa
de algún interesado. De hecho, si existe un buen sistema de coacción, se generalizarán a su
vez expectativas sobre su funcionamiento, de manera que la gente cumplirá las normas
espontáneamente, sin necesidad de acudir a este sistema, para evitar la sanción.
Ahora bien, la seguridad jurídica, es decir, la certeza que tenemos sobre la solución que
aporta el Derecho para un problema concreto no es absoluta, es decir, la generalización de
expectativas nunca es perfecta. Ello es así, de un lado porque las normas forman una
estructura muy compleja, especialmente en las sociedades modernas, de otro lado, porque
la realidad no siempre encaja fácilmente en los moldes abstractos del ordenamiento jurídico
(no siempre es fácil subsumir la conducta concreta en la norma general). En este contexto,
tendemos a percibir la realidad jurídica desde nuestro punto de vista, es decir, desde
nuestros intereses, de manera que, cuando hay un conflicto de intereses no resuelto es
habitual que haya también un conflicto de interpretación y aplicación de las normas. Por eso,
es necesario que exista una especie de “árbitro” ajeno a las partes interesadas, alguien que,
en primer lugar, determine, “diga”, cuál es la solución que dicta el Derecho para un problema
concreto, normalmente a petición de algún interesado y, en segundo lugar, como decíamos
antes, imponga coactivamente esa solución a las partes en conflicto. Ambas funciones son
“las dos caras de la misma moneda”, están íntimamente ligadas, aunque a veces las
separamos analíticamente y llamamos a la primera función (“decir” el Derecho), juzgar, y a
la segunda función, hacer ejecutar lo juzgado. La unión de ambas funciones es lo que se llama
función jurisdiccional; precisamente, la palabra “jurisdicción” (iurisdictio, en latín) se refiere
a la actividad de “juzgar” (dictio, es “dicción”, el acto de decir, mientras que iuris, en genitivo,
significa “del Derecho”).
NOCIÓN
La Teoría General del Proceso es la parte general de la ciencia del derecho procesal que se
ocupa del estudio de los conceptos, principios e instituciones que son comunes a las diversas
disciplinas procesales especiales. Esta definición se basa en la de Niceto Alcalá-Zamora y
Castillo, para quien la Teoría General del Proceso es el “conjunto de conceptos, instituciones
y principios comunes a las distintas ramas del enjuiciamiento”.
Como el nombre mismo de la materia lo está indicando, la Teoría General del Proceso tiene
como objeto principal de estudio el proceso; pero el proceso contemplado desde un punto
de vista teórico, no práctico. En consecuencia, la Teoría General del Proceso no estudia cómo
se siguen los procesos ante los tribunales, puesto que la teoría es un conocimiento
especulativo, independiente de toda aplicación.
Tampoco estudia dicha Teoría al proceso desde un punto de vista particular, específico, sino
general; no concreto, sino abstracto. Por eso no estudia las distintas normas jurídico-
procesales positivas de una determinada materia, sino que tiende a encontrar y analizar lo
que las citadas normas tienen de común, de homogéneo, entre sí.
RAZÓN DE SER DEL PROCESO JURISDICCIONAL
Definir lo que es el proceso jurisdiccional supone, antes que nada, indicar que no todo
proceso es jurisdiccional, así como explicar por qué, precisamente, se le puede conferir tal
carácter.
Puede definirse el proceso jurisdiccional como el “conjunto de actos que, a través de diversas
fases y dentro de un lapso específico, llevan a cabo dos o más sujetos entre los que ha surgido
una controversia, a fin de que un órgano con facultades jurisdiccionales aplique las normas
jurídicas necesarias para resolver dicha controversia, mediante una decisión revestida de
fuerza y permanencia, normalmente denominada sentencia.”
El proceso jurisdiccional entraña la práctica de un conjunto de actos porque la resolución de
la controversia no puede depender de una sola actuación, sino de una serie de actos y hechos
que han de desplegar los sujetos que actúan en el proceso, dado que las leyes procesales
prevén diversos aspectos a cumplir antes de que el proceso se dé por terminado.
Por otra parte, al proceso se le denomina jurisdiccional, toda vez que el Estado ha otorgado
a ciertos órganos la facultad para resolver los conflictos que los particulares sometan a su
consideración. Cuando el juzgador, Juez, Magistrado, etcétera, pondera el caso sometido a
su consideración y lo resuelve mediante una sentencia o laudo, se comprende que ha dicho
derecho, ha desempeñado una labor jurisdiccional para cuyo ejercicio lo habilitó el Estado.

LOS CONFLICTOS INTERSUBJETIVOS


surgen como consecuencia de la vulneración de algún derecho subjetivo, perteneciente al
ámbito del Derecho privado (v.gr., el derecho de propiedad o cualquier derecho real) y
poseen naturaleza disponible; los conflictos sociales, por el contrario, se caracterizan por la
transgresión de algún bien o interés que la sociedad ha estimado digno de protección (los
delitos e infracciones administrativas) y se rigen por normas del Derecho público, por lo que
suelen ostentar naturaleza «indisponible».
La Jurisdicción o, lo que es lo mismo, los juzgados y Tribunales que la integran, sirve, por
consiguiente, para solucionar los conflictos mediante la aplicación del derecho material (civil,
mercantil, penal o administrativo) que pueda corresponder a su naturaleza.
Pero esta función, a lo largo de la historia, ni siempre la han acometido los juzgados y
Tribunales, ni en la actualidad puede afirmarse que la asumen con absoluta exclusividad,
pues, al menos, en todo lo referente a los conflictos intersubjetivos, o litigios, coexisten los
métodos autocompositivos y equivalentes jurisdiccionales, a los que nos vamos a referir a
continuación.
- Autotutela
- Autocomposición
- Heterocomposición
LITIGIO. CONCEPTO. ELEMENTOS
Para Francesco Carnelutti: “El litigio es el conflicto de intereses calificado por la pretensión
de uno de los interesados y la resistencia del otro”.
El conflicto de intereses sólo se convierte en litigio cuando una persona formula contra otra
una pretensión, es decir, exige la subordinación del interés ajeno al interés propio; y frente
a esa pretensión, la otra parte expresa su resistencia, o sea, se opone a la misma, negando
subordinar su interés propio al interés hecho valer mediante la pretensión.
Si ante la pretensión de la primera, la segunda no opusiera resistencia, no surgiría el litigio;
el conflicto de intereses quedaría resuelto por la sumisión de la persona contra la cual se
formuló la pretensión.
Para Niceto Alcalá-Zamora y Castillo: “el litigio es “el conflicto jurídicamente trascendente,
que constituya el punto de partida o causa determinante de un proceso, de una
autocomposición o de una autodefensa”.
El litigio no es sólo un conflicto de intereses, sino un conflicto jurídicamente calificado, es
decir, trascendente para el derecho.
Los elementos del concepto carneluttiano de litigio son la existencia de:
1. Dos sujetos, uno que pretende y otro que resiste. Cada uno de estos sujetos recibe el
nombre de parte.
2. Un bien jurídico, que puede ser material o inmaterial, respecto del cual versan la
pretensión y la resistencia.
El litigio es precisamente el objeto del proceso.
Pretensión
La pretensión es uno de los elementos necesarios para la existencia del litigio. Si no hay
pretensión, no puede haber litigio. La pretensión es “la exigencia de la subordinación del
interés ajeno al interés propio”.
Diferencias entre proceso, juicio, litigio y procedimiento
Para que exista un proceso se necesita como antecedente del mismo un litigio, porque el
litigio es siempre el contenido y el antecedente de un proceso.
Todo proceso presupone un litigio, pero no todo litigio desemboca indefectiblemente en un
proceso.
Siendo el litigio un conflicto de intereses, el proceso, en cambio es sólo un medio de solución
o de composición del litigio.
El proceso y el litigio están colocados en planos diferentes:
La pretensión es para la acción lo que el litigio es para el proceso. El primer plano existe
independientemente del segundo, puesto que la pretensión y el litigio pueden existir sin que
haya proceso, pero no puede existir un proceso, sin que haya un litigio.
Sin pretensión no puede haber acción y sin acción no puede haber proceso. La acción es
entonces la llave que abre al litigio y a la misma pretensión, el proceso. Es decir, el proceso
presupone la existencia de la acción, pero la acción a su vez está fundada en la existencia de
una pretensión resistida, o lo que es lo mismo, en la existencia de un litigio.
Por su parte, la palabra juicio se relaciona fácilmente con la idea de un funcionario judicial
denominado Juez. Si por juicio se entiende, entre otras acepciones, la operación mental que
se realiza para dilucidar la solución de un problema dado, y si se acepta que la resolución de
un proceso depende de una sentencia dictada por un juzgador, entonces puede concluirse
que ha de hablarse de juicio cuando se haga referencia expresa a la actuación que tiene un
Juez para dirimir una controversia llevada ante él.
En cuanto al litigio, proviene de la palabra latina litigium, y significa pleito o disputa; de lo
anterior se deduce que basta con la inconformidad entre las voluntades de dos personas
distintas para que surja un litigio. Desde el punto de vista procesal, sin embargo, el litigio
reviste particular importancia, dado que sin él no puede haber proceso. En efecto, el litigio
es una condición necesaria para el surgimiento del proceso. En este sentido, debe tenerse
en cuenta que no habrá proceso sin que el litigio se exteriorice, es decir, sin que las partes
entre las que aquél ha surgido lo hagan del conocimiento de un órgano jurisdiccional para
efectos de que, mediante un proceso se resuelva.
Con todo, el proceso no es precisamente lo que se agota para la resolución del litigo. Ocurre
que el proceso es un concepto abstracto, de ahí que no tenga lugar en el tiempo ni en el
espacio. Puede compartirse la opinión de que el proceso es un género, del que el
procedimiento es una especie. Ciertamente, el procedimiento actualiza el proceso y deriva
de él, pues no puede existir un procedimiento sin un proceso, así como éste debe provenir
de la existencia de un litigio. En resumen, mientras que el proceso es una sucesión de actos
vinculados entre sí, respecto de un objeto común, que es la solución de una controversia
entre partes, el procedimiento es el conjunto de actos que se verifican en la realidad dentro
de un proceso, que habrá sido instaurado a causa de un litigio.
DIVERSAS FORMAS DE SOLUCIÓN DE LOS CONFLICTOS
autotutela, formas que subsisten
Vivir en sociedad provoca roces y conflictos entre las personas; dichas diferencias deben
terminar en algún momento para no crear un caos social. Narra la historia que, desde los
tiempos antiguos, los hombres buscaron resarcir sus diferencias encontrando la solución que
consideraron más acertada. Ello a pesar de que dicha solución no siempre resultara la mejor.
La autotutela surge como un intento por resarcir el daño sufrido produciendo otro idéntico.
Dentro de las formas de autotutela más antiguas, se encuentra la contenida en la ley del
talión, que expresó “ojo por ojo, diente por diente” y cuya aplicación era así: si la afectación
sufrida por A era la pérdida de un ojo, entonces B, como sujeto agresor, debía recibir de A el
mismo castigo, es decir, perder un ojo en manos del primer sujeto. Esto parece muy
primitivo, pero fue aplicable por mucho tiempo.
La autodefensa, como forma de solucionar un conflicto, se actualiza cuando los sujetos, sean
personas físicas o jurídicas intentan resolver el problema mediante una acción directa, es
decir, haciendo justicia por propia mano.
Es una figura bastante arbitraria, ya que el resultado no se produce teniendo en
consideración quién tiene la razón o no, sino que responde al obtenga la victoria por ser o el
más fuerte o el más hábil, sin que el resultado signifique al vencedor que le ha asistido el
derecho.
Dentro de las formas de autotutela que subsisten actualmente en las leyes mexicanas, es
posible mencionar a la que deriva del Código Penal para el Distrito Federal. Este
ordenamiento jurídico contiene un capítulo denominado “Causas de Exclusión del Delito”;
específicamente en el artículo 29, fracciones IV y V, respectivamente se incluyen dos formas
de autotutela: la legítima defensa, que se traduce en repeler una agresión real, actual o
inminente en defensa de bienes jurídicos propios o ajenos, y el estado de necesidad, mismo
que hace obrar precisamente por la necesidad de salvaguardar un bien jurídico propio o
ajeno de un peligro que no se ocasiona por el sujeto de forma dolosa.
Otro ejemplo puede hallarse en el artículo 148 de mismo código y se refiere a las excluyentes
de responsabilidad en el delito de aborto; son mencionadas, entre ellas, la violación y el
riesgo vital que sufrirá la mujer embarazada en su salud, de no interrumpirse el embarazo.
En el campo civil y mercantil también se encuentran formas de autotutela, y es precisamente
en el denominado “derecho de retención” que permite a una de las partes en un contrato
retener bienes, como en el caso de la compra venta: el vendedor retendrá el bien vendido si
descubre que el comprador es insolvente. Otro ejemplo es el derivado del contrato de
hospedaje: en él, el dueño del establecimiento puede válidamente retener el equipaje del
cliente hasta recibir el importe de lo adeudado por éste.
En síntesis: la autotutela es la satisfacción de un interés o daño sufrido, utilizando los
mecanismos que uno mismo considere atinados para poner fin al conflicto.

AUTOCOMPOSICIÓN, FORMAS AUTOCOMPOSITIVAS


La autocomposición es aquella figura a través de la cual los particulares, de forma conjunta,
pero sin la intervención de terceros, buscan la forma de solucionar sus diferencias a través
de los acuerdos.
Es posible hablar de autocomposición unilateral y bilateral, cuando se hace referencia a una
o ambas voluntades, respectivamente. Autores como Cipriano Gómez Lara, José Ovalle
Fabela, Santiago A. Kelly Hernández, entre otros, aluden, entre los antecedentes de la
autocomposición, a aquéllos acontecimientos suscitados al respecto en la antigua Roma. En
la ley de las XII Tablas se menciona que los acuerdos a los que las partes llegaran en una
controversia debían ser respetados por éstas. Cuando se hace mención de una forma
unilateral de autocomposición es pertinente mencionar la renuncia, acto en el que el actor
o demandante a quien asiste el derecho, decide, de forma unilateral, no actuar contra su
deudor, es decir, opta por no demandar en juicio, o bien, una vez habiéndole demandado,
resuelve desistirse de la acción intentada.
En el caso del demandado, la autocomposición unilateral se manifiesta en el allanamiento a
las pretensiones del actor, lo cual implica una aceptación de todo lo que le ha sido reclamado
por parte del actor.
Es importante valorar cuestiones de carácter subjetivo, como la cercanía o contacto con la
parte contendiente: se debe tomar en cuenta, si se decide concluir un problema
resolviéndolo de forma autocompositiva, que es factible tener cercanía con la parte
adversaria, o bien, también se puede decidir terminar el conflicto a través de un juicio, con
la posibilidad perder por completo cualquier acercamiento con nuestro adversario.
Ahora bien, por lo que respecta a la autocomposición bilateral, ésta debe caracterizarse
como la forma de ponerse ambas partes de acuerdo, sin que esperen a que sea el juez quien
decida la controversia. El ejemplo más cercano que mencionar a la transacción judicial, la
que se presenta una vez que se ha iniciado el proceso judicial y consiste en que las partes,
de común acuerdo, pacten la forma en la cual han de dar fin a la controversia iniciada por
ellas.
La transacción, según el código civil vigente en México. es un contrato por el que las partes,
haciéndose concesiones recíprocas, terminan una controversia presente o previenen una
futura.
HETEROCOMPOSICIÓN
Se da la heterocomposición cuando los interesados acuden a una tercera persona,
denominada “desinteresada” o jurídicamente designada como “imparcial”. Será ella quien
resuelva el conflicto, por lo que la heterocomposición se presentará como una forma
evolucionada e institucional de solución de la conflictiva social.
Las formas heterocompositivas son el arbitraje, la mediación y el proceso jurisdiccional.
Respecto al arbitraje, conviene decir esta figura tiene su origen en la antigüedad, cuando era
común acudir ante un tercero a quien las partes reconocían sabiduría o probidad; esta
autoridad actuaba como árbitro y determinaba la forma en la que se debería resolver un
conflicto.
Actualmente, el arbitraje se desarrolla a través de un contrato en el que los interesados
aceptan someter sus diferencias a un tercero, a quien le dan la potestad para ello, debiendo
ese tercero aceptar la encomienda. La segunda forma de heterocomposición es la mediación,
figura que ha adquirido vital importancia en los últimos años, y consiste en que las partes
sean invitadas por un licenciado en derecho (denominado “mediador”), a conciliar sus
intereses. Si las partes están de acuerdo, se redactará un convenio en el que se especifiquen
las condiciones del acuerdo. El documento es redactado por el mediador y tiene eficacia
jurídica, es decir, si existiera incumplimiento por alguna de las partes, el afectado podrá
acudir ante los tribunales jurisdiccionales a exigir el cumplimiento de dicho convenio.
La última figura que compone la heterocomposición se conforma por la serie de actos
desenvueltos por las partes interesadas y los demás sujetos procesales ante el órgano
jurisdiccional; tales acciones se encuentran relacionadas y forman parte de una controversia
que se espera sea resuelta mediante la sentencia correspondiente.
Se considera al proceso jurisdiccional como el mejor medio para la solución de los conflictos
sociales ya que este es un instrumento de aplicación del derecho.

EQUIVALENTES JURISDICCIONALES
La conciliación, La mediación y el arbitraje, en sus diversas variantes, constituyen verdaderos
medios alternativos o equivalentes de la jurisdicción estatal. No se trata de instrumentos
propiamente novedosos, pero se han revalorado y transformado de manera paulatina para
asumir una función más dinámica y de vigorosa orientación social, que tiende a su
organización institucionalizada. En realidad, a través de ellos no se persigue suplantar al
proceso jurisdiccional si no, en todo caso, brindar instancias diferenciadas, alternativas para
dirimir los diferendos. La solución del conflicto puede provenir no solo del juez, sino también,
y a menudo, de las propias partes, bajo la dirección de un tercero imparcial que no
necesariamente es letrado.
El equivalente jurisdiccional es un medio diverso de la jurisdicción apto para la legítima
solución de los conflictos.
Éstos se caracterizan por permitir a las partes resolver una controversia sin necesidad de
ocurrir a la autoridad judicial o, estando dentro de un proceso, sin requerir el
pronunciamiento de un fallo; posibilitando reducir o evitar los costos propios de un juicio y,
especialmente, obtener una solución capaz de satisfacer a todas las partes involucradas.
Los equivalentes jurisdiccionales suponen habitualmente un acuerdo directo de las partes,
en ocasiones con cierta intervención judicial, que gira en torno a un interés privado o un bien
jurídico disponible. Por esto último, generalmente, están prohibidos cuando en el asunto
controvertido está comprometido el interés público.
Las legislaciones contemplan variados equivalentes de la jurisdicción, entre ellos, podemos
encontrar:
La transacción, que suele poseer la fisonomía de un contrato.
La conciliación, que se lleva cabo por iniciativa del juez dentro de un proceso.
El avenimiento, que se produce dentro del curso de un proceso, por iniciativa exclusiva de
los litigantes.
El acuerdo reparatorio en materia penal.
La sentencia extranjera que, si bien supone necesariamente el ejercicio de la potestad
jurisdiccional por parte de un Estado diverso de aquél donde pretende ejecutarse, requiere
un procedimiento de homologación llamado Exequatur.
La jurisdicción es la potestad propia de la función jurisdiccional del poder público, que se
concreta en la posibilidad de impartir justicia sobre los diferentes conflictos o situaciones
que deban tramitarse y resolverse de conformidad con los principios, parámetros y
disposiciones del ordenamiento jurídico. En ese contexto, corresponde al constituyente
definir quiénes ejercen jurisdicción, cómo se divide y en qué forma se ejerce, dependiendo,
en cada caso en concreto, de los supuestos de hecho que sean sometidos a definición judicial
(art. 116 C.P.). Según el profesor Devis Echandía, la jurisdicción corresponde a: “la soberanía
del Estado, aplicada por conducto del órgano especial a la función de administrar justicia,
principalmente para la realización o garantía del derecho objetivo y de la libertad y de la
dignidad humanas, y secundariamente para la composición de los litigios o para dar certeza
jurídica a los derechos subjetivos, o para investigar y sancionar los delitos e ilícitos de toda
clase o adoptar medidas de seguridad ante ellos, mediante la aplicación de la ley a casos
concretos de acuerdo con determinados procedimientos y mediante decisiones
obligatorias.” Así las cosas, debe precisarse el carácter único, exclusivo y excluyente de la
jurisdicción, en tanto que no es factible su división como función estatal; cosa distinta es la
repartición que el propio ordenamiento jurídico hace de la misma según las diversas ramas
del derecho para racionalizar adecuadamente su prestación.
DEFINICIÓN DE DERECHO PROCESAL
el derecho puede dividirse en una gran cantidad de ramas y especializaciones, cuyo objeto
de estudio se centra en diversos aspectos de la realidad. En el caso del derecho procesal, se
trata de aquél que está orientado a los procesos criminales y civiles y se encuentra
encuadrado dentro del Derecho Público.
AUTONOMÍA DE LA CIENCIA DEL DERECHO PROCESAL
Entre las características del Derecho Procesal tenemos a la autonomía que la ciencia del
derecho procesal posee respecto de las disciplinas que estudian las diversas ramas del
derecho sustantivo. Si bien las normas del derecho procesal regulan uno de los medios o
instrumentos de aplicación de las normas de derecho sustantivo, la ciencia que estudia las
normas procésales tiene sus propios conceptos, teorías, principios e instituciones, distintos
y autónomos de los que corresponden a las disciplinas que estudian las normas sustantivas.
Esta autonomía no niega el carácter instrumental del derecho procesal en sentido objetivo,
ni las características que las normas sustantivas imponen a aquél; simplemente afirma la
especificidad propia de los métodos, objetos de conocimiento, conceptos teorías e
instituciones de la ciencia del derecho procesal. Esta autonomía de la ciencia del derecho
procesal es producto de un largo proceso de evolución de la doctrina procesal. Durante
muchos años se consideró al estudio de las normas procésales como un simple
complemento, como un apéndice del estudio de las normas sustantivas; e incluso, el propio
nombre de esta fue variando, de acuerdo con el avance de este proceso evolutivo. Para el
distinguido procesalista Alcalá- Zamora distingue procesos de esta evolución de autonomía
y estos grandes periodos o tendencias son las siguientes;
1.- El período primitivo
2.- La escuela judicialista.
3.- La tendencia de los prácticos o práctica forense
4.- El procedimentalismo
5.- El procesalismo Científico