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4/12/12

Sobre la ética de Kant en la Fundamentación de la metafísica de las costumbres

Por David Buitrago

Su visión ética ha perdurado en el mundo, es un autor difícil de entender por su genialidad y


complejidad, pero es de aquellos que uno lo frustran con pasión, es casi imposible leer a
Kant sin rencor pero con curiosidad y desde mi punto de vista, el tema que más me gustó
fue su visión ética.

Se dio especialmente con la fundamentación para una metafísica de las costumbres y con
la crítica a la razón práctica que cuestiona y discute la perspectiva ética desde el utilitarismo
y empirismo inglés, estos amenazando la absoluto y puro de la moral ignorando su
atemporalidad y convertirla simplemente en una sociología, un cambio cultural a través del
tiempo. Kant intenta darle su característica ideal a la moral humana y especialmente alejarla
del naturalismo, puesto que después de la Crítica a la razón pura, queda explícito que todo
principio de una acción de la naturaleza es un fenómeno y para este autor existe la
convicción de que la moral no es un fenómeno, es algo puro, por ende absoluto y necesario.
Una moral ajena al espacio y el tiempo.

La clase de ser de la moralidad consta de dos principios, el deber y la libertad, ambos


siendo hechos de la razón práctica. Primero diferenciemos entre un hecho teórico y un
hecho moral o “factum moral”. El último es aquel en el que el hombre tiene conciencia de
estar obligado al cumplimiento de mandatos universales y necesarios, mandatos que se
viven de forma incondicionada o absoluta. El factum moral fundamenta los imperativos
categóricos en la “Crítica a la razón práctica” así como el hecho teórico fundamenta en la
“Crítica a la razón pura” los conocimientos sintéticos a priori.

Primero hablemos del deber: Las acciones pueden ser hechas por inclinación o por deber,
por inclinación suponen un beneficio o evitar un daño a nuestra felicidad, están
condicionadas por nuestro querer. Sin embargo, las acciones hechas por deber se hacen
con independencia de su relación con nuestra felicidad o desdicha, y con independencia de
la felicidad o desdicha de las personas queridas por nosotros, se hacen porque la
conciencia moral nos dicta que deben ser hechas. Es interesante saber cómo Kant deja de
lado la felicidad del hombre por el deber, desde Aristóteles, toda la filosofía medieval e
incluso el utilitarismo ven la felicidad como un fin, pero Kant dentro de su rigurosidad
pretende darle ese puesto al deber. Una propuesta discutida hoy en día.

Ahora con la libertad: También es un hecho, no de la naturaleza, sino como “factum a


priori”, es decir no se puede conocer en realidad, pero desde la perspectiva de la razón
práctica puede darse su posibilidad de existencia. La libertad la considera Kant, una idea de
la razón cuya existencia él mismo quizá dude, pero se puede hacer cierto asentimiento y a
esto le llama tener fe racional. Desde el entendimiento se pueden encontrar contradicciones
entre libertad y necesidad natural y la experiencia no servirá de nada para demostrarla, solo
cabe la posibilidad de su existencia a través de la razón práctica. Así mismo con la
inmortalidad del alma: Para kant, la felicidad no se logra en esta corta vida, ese anhelo de
felicidad es el que imprime en el hombre la necesidad de la inmortalidad del alma como
postulado de la razón práctica. Este anhelo hace que el hombre actúa por puro deber, y que
la ley moral sea algo real e imperante en el mundo. Sin la inmortalidad del alma tanto el
anhelo, como el proyecto moral de alcanzar justicia sería un sin-sentido, una quimera y la
vida sería totalmente injusta.
Y por último, la existencia de Dios: No se puede saber si realmente existe o no, por ser un
trascendental y estar en lo nouménico. Sin Dios, el mundo moral carecería de sentido, así
como dice Sartre, en Él se da un sentido justo y elevado de la virtud, más que a la felicidad.
Dios no es un demostrable racionalmente, sino que es una idea pura de la razón; y por eso
la razón práctica presupone su existencia como un ser pensado (ideal). Dios puede ser
perfecto, así no sea principio de moralidad, pero para la práctica sí debe ser principio de tal
moralidad. Es argumento a priori.

Ahora, para dar cabida al imperativo categórico, es necesario hablar de los imperativos
hipotéticos.
Los imperativos hipotéticos son aquellos imperativos en donde las acciones van siempre
encaminadas como medios para conseguir algún tipo de fin. Tales acciones, por tanto, no
vale por sí mismas sino únicamente como medios para conseguir algo. Tales imperativos se
encuentran presentes en aquellas éticas que Kant denomina como materiales.

¿Cómo es posible un imperativo categórico?

El ser humano cobra conciencia en el mundo inteligible como voluntad (Facultad gracias a
la cual podemos determinarnos en virtud de principios morales universales) y en el mundo
sensible (como acciones que son halladas como fenómenos de tal voluntad). Pero la
posibilidad de tales acciones no puede ser comprendida desde la voluntad, puesto que no la
conocemos en sí, la posibilidad de conocer el imperativo categórico se da a través de los
fenómenos, como inclinaciones o apetitos. Estas inclinaciones o apetitos, deben seguir
desde el mundo sensible la heteronomía de la voluntad, siguiendo la voluntad como
principio de moralidad y los apetitos e inclinaciones como felicidad (algo práctico). Es decir,
el mundo intelectual (en donde está la voluntad) fundamenta el mundo sensible (donde
pongo en práctica mis inclinaciones y que deben ir de acuerdo a la moralidad). Para
explicarlo más brevemente, siendo parte del mundo sensible, debo seguir las reglas del
mundo inteligible, viendo tales reglas como deber. La descripción que hace Kant sobre el
deber es un modelo de descripción fenomenológica de la mejor ley.

Por ello, el imperativo categórico se explica desde la idea de que como no somos solamente
parte del mundo inteligible, nuestras acciones no son como “serían” ser, sino como deberían
ser. Por ello la máxima kantiana de "Obra sólo según una máxima tal que puedas querer al
mismo tiempo que se torne ley universal".

Dada la necesariedad y la absolutez de la moralidad, es posible reconocerla como


imperativo y fuera del tiempo o circunstancias del hombre. Luego Kant, para justificar tal
deducción da el ejemplo de que un hombre por más malo que sea, si se le presenta la idea
de honradez o benevolencia este desearía tener tales atributos, pero no lo logrará a causa
de sus inclinaciones y si eliminará tales inclinaciones, con el uso de la razón percibirá otro
tipo de orden que no va de acuerdo a sus apetitos.
Ahí se ven claramente los fundamentos de la voluntad, que posee dos y se diferencian de
acuerdo a sus causas: la distinción kantiana de la voluntad autónoma y la voluntad
heterónoma.

La voluntad autónoma es aquella que se da a través de la razón, en el mundo inteligible, se


da a sí misma sus propias leyes y como ya dijimos, es necesaria y absoluta.
Y la voluntad heterónoma se da a través de los apetitos sensibles, está determinada por
otra cosa y no por sí misma, como las circunstancias de una persona, la voluntad divina o el
mundo en donde esta se desarrolla. Y en esta persona no existe la libertad, puesto que
otros factores ya nos han determinado y paradójicamente vemos la moral como un estorbo
al no dejarnos hacer lo que queramos, vemos la moral como un impedimento para
desarrollar nuestra libertad, pero en realidad si seguimos nuestras inclinaciones ciegamente
o ignorando un orden inteligible moral terminaremos engañados al pensar que gozamos de
una plena libertad. Queda claro cómo Kant, es uno de los pensadores que más defiende la
autonomía o libertad y le da un valor inmenso a la naturaleza humana.

Bibliografía

● ARAMAYO, R. R., & Kant, I. (2012). Fundamentación para una metafísica de las costumbres.
● Kant, I. (2009). Crítica de la razón pura. Ediciones Colihue SRL.
● Abbagnano, N., Abbagnano, N., Santamaría, R., Santamaría, F. R., Klimovsky, G., Hidalgo,
C. K., ... & LUZ, M. (1994). Historia de la Filosofía (No. 1 (091))