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Juan de Patmos: Preso, Profeta y Pastor

En medio de nuestra convulsionada realidad contemporánea, Juan de Patmos nos


ofrece hoy un ejemplo inspirador para una pastoral integral. Hoy también nuestra
teología, y especialmente nuestra escatología, tienen que ser profundamente pastorales,
como lo fueron las de Juan (1.4,11; Ap 2,3). Pero no se trata de una pastoral blanda y
barata, sino la pastoral del discipulado radical. Como tal es una pastoral contextual,
totalmente ubicada geográfica e históricamente. Es una pastoral de consolación y
acompañamiento, pero en clave profética. Ahora cuando abundan "pastorales"
conformistas, y cuando la palabra "profética" suele limitarse equivocadamente al
vaticinio del futuro o a fenómenos carismáticos, el Apocalipsis nos enseña a ser
profundamente pastorales y a la vez fielmente proféticos.

Juan de Patmos: Poeta y Pintor

Juan no estaba en un lugar que se llamaría bello, ni mucho menos bajo las condiciones
en que se hallaba, pero ese día y dentro de esas circunstancias, su isla penal se llenó de
gloria. En medio de sus prisiones y privaciones, y aun intensificada por ellas, la
sensibilidad estética de Juan alcanzó alturas sublimes. En Patmos Juan vio al Señor
"excelso y elevado" y "el borde de su manto" llenó la isla (cf Is 6.1); en Patmos Juan
adoró al Señor "en la hermosura de la santidad" (Sal 29.2; cf 27.4). Donde está Dios,
en cualquier lugar que sea, resplandece una belleza muy especial.

Al escribir su libro, Juan logró maravillosamente compartir con sus compañeros y con
nosotros toda la gloria de esa experiencia. La poesía lírica de su alabanza, y los
cuadros surrealistas que dibuja con sus palabras, nos dan un dignísimo ejemplo de la
hermosura del Señor y su revelación. Debe inspirarnos a rescatar para Cristo, en
nuestras propias vidas y en nuestro ministerio, aquellos valores estéticos que adornaron
el mensaje profético del Vidente de Patmos.

Juan de Patmos: un Rebelde con Causa

Uno de los temas centrales del Apocalipsis es la fidelidad radical al Señor, aun hasta la
muerte. El verdadero cristiano lo es por convicción y no claudica cuando las cosas se
ponen difíciles y peligrosas (cf Jn 10.11-13). Hoy día se predica mucho el "evangelio
de ofertas" de la gracia barata. El mismo San Pedro, después de haber confesado a
Cristo tan lúcidamente en su confesión cristológica, quiso echarse atrás cuando la cruz
entró en la agenda. Cristo le respondió que esa cruz es un elemento esencial de las
buenas nuevas, no sólo para Jesús mismo sino para todo verdadero seguidor del
Crucificado (Mt 16.24).

En nuestros tiempos muchos cristianos han pagado con sus vidas el precio de sus
convicciones cristianas. La martiriología latinoamericana es abundante, salpicada de
sangre de testimonio. Pero muchos otros, especialmente en amplios sectores del
protestantismo, han querido hacer de la salvación una oferta barata de seguridad
egoísta, sin tener que entregar sus vidas hasta las últimas consecuencias (1 Jn 3.16-18).

Detrás del mensaje de Juan de Patmos hay un profundo espíritu de protesta frente al
mundo que nos rodea hoy. Este libro inquietante no nos permite ser
conformistas. Cuando hay que levantar la voz profética, el cristiano verdadero sabrá
hacerlo. Cuando es necesario resistir, aun hasta cárcel y muerte, resistirá con tenacidad
evangélica, cueste lo que costare.

Karl Rahner, en su artículo "Novísimos" (Sacramentum Mundi 4:920), ofrece un


comentario provocativo: "los cristianos deben imprimir su esperanza escatológica...en
las estructuras sociales del mundo (Vaticano II, lumen gentium, no. 35). Lo cual
significa que también en el terreno social el cristiano no puede ser meramente
‘conservador’, ya que su esperanza escatológica, por un lado, hace relativo todo estado
concreto de la realidad y, por otro, esta esperanza que hace relativo el momento actual
debe aparecer también en las estructuras sociales. En efecto, por la esperanza
escatológica de los novísimos, que trae Dios mismo, el cristiano es liberado de las
potestades y dominaciones del presente eón (Rom 8.35-39), no sólo en el sentido de
que en último término éstas no tienen poder sobre él cuando tolera pacientemente su
acción, sino también en el de que posee frente a ellas un punto firme -- hasta la entrega
de su vida -- para la crítica creadora y para la transformación". Cuidadosamente
interpretado, este comentario de Rahner tiene mucho que decirnos.

Por Juan Stam

Revisado enero 2018