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INTRODUCCIÓN

El evangelio de hoy, nos recuerda una hermosa historia; en una


ocasión, un hombre estaba navegando en un velero junto con su hijo y
un amigo de su hijo, a lo largo de la costa del Pacífico. De pronto, se
desencadenó una fuerte tempestad que les impidió volver a tierra
firme. Las olas se agitaron a tal grado que el padre, a pesar de ser un
marinero de experiencia, no pudo mantener a flote la embarcación, y
las aguas del océano arrastraron con violencia a los tres.

El padre, en su lucha frenética contra el mar, logró agarrar una soga,


pero enseguida tuvo que tomar la decisión más terrible de su vida a
cuál de los dos muchachos tirarle el otro extremo de la soga. Tuvo
solo escasos segundos para decidirse. La agonía de la decisión era
mucho peor que los embates de las olas. Miró en dirección a su hijo y
le gritó: ¡Te quiero mucho! ¡Hijo mío! Y le tiró la soga al amigo de su
hijo. En el tiempo que le llevó al amigo jalar hasta el velero volcado en
campana, su hijo desapareció bajo los fuertes oleajes en la oscuridad
de la noche. Jamás lograron encontrar su cuerpo.

El Padre Sacrificó a su propio hijo por salvar al amigo de su hijo. Esta


historia nos ayuda a comprender “El gran Amor de Dios” al entregar a
su único Hijo para salvarnos.

En la historia el amigo del hijo representa a cada uno de nosotros.

Escucharemos el Santo Evangelio de San Juan 3, versículos del


14 al 21

“Dios no quiere que vivamos en tinieblas”


El evangelio de Hoy nos presenta la parte final del diálogo de Jesús
con Nicodemo, el centro de la catequesis de Jesús es que para entrar
en el Reino de Dios, se requiere de un comienzo completamente
nuevo, “Nacer de Nuevo”, este nuevo nacimiento, en primer lugar es
una obra de Dios en nosotros y se requiere de parte del hombre “Creer en
el Hijo de Dios”, como nos lo dice San Juan en su primera carta: “Todo
el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios”.
Mis queridos hermanos y hermanas nacer de nuevo es morir al
hombre viejo, morir a nosotros mismos, morir a lo que nos gusta,
satisfaciendo nuestros malos deseos, todo lo que es pecado, eso es
vivir en Tinieblas y eso no es lo que quiere Dios, nacer de nuevo es
empezar una nueva vida, vivir de acuerdo a los mandamientos de
Dios, vivir en gracia de Dios, esto se logra con la ayuda del Espíritu
Santo.

Cuando nacemos de nuevo empezamos a conocer a Dios, nos damos


cuenta cuánto nos ama Dios, como nos dice el evangelio “Tanto amó
Dios al mundo que entregó a su hijo único para que todo aquel que crea en
él, no muera sino tenga vida eterna”. Al dirigir nuestra mirada en Jesús
crucificado, sentiremos en nuestros corazones “cuánto nos ama
Dios”, no hay palabras para describir el Amor de Dios, es un amor
gratuito y sin límites, así nos ama Dios. San Pablo nos dice: “La Cruz
de Cristo es la prueba suprema del amor de Dios por nosotros” Jesús nos
ha amado hasta el extremo, nos ama y nos perdona con su
misericordia, Dios perdona todo y Dios perdona siempre.

Pero cuál ha sido la respuesta humana; ir a la luz o encerrarse en las


tinieblas, la respuesta lo tenemos en el evangelio “La luz vino al mundo
y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz porque sus obras eran malas”
El mundo está en tinieblas, la corrupción, el aborto, matrimonio entre
homosexuales, son solo algunos de los males que vivimos en la
actualidad.

También nosotros los cristianos tenemos que luchar por una


verdadera conversión no podemos querer vivir en la luz, habiendo
tinieblas en nuestra vida, esto significa mis hermanos que como
cristianos estamos llamados a dejarnos transformar e iluminar por la
luz de la palabra de Dios. Estamos en la oscuridad cuando todavía
estamos invadidos por el pecado, por el odio, por la violencia, el rencor
y una serie de sentimientos negativos que únicamente nos alejan de
Dios. Vivimos en tinieblas cuando pasamos un día sin siquiera hacer
una oración, cuando dejamos pasar una semana sin asistir a la Santa
Eucaristía, cuando pasamos los días sin escuchar o sin leer la Palabra
de Dios, ese tiempo es tiempo perdido hermanos, porque Cristo no ha
estado presente en nuestra mente y en nuestro corazón. Ya que él es
quien le da sabor a nuestra vida. Pensemos en las personas que
cocinan y agregan todos los ingredientes, pero olvidan ponerle la sal,
esa comida queda desabrida, no tiene sabor, así es nuestra vida, sin
la presencia de Cristo, y todo lo que hacemos, es según nuestros
planes egoístas, nos buscamos solamente a nosotros mismos, nos
cerramos a Dios, preferimos las tinieblas y Dios no quiere eso.

Jesús el día de hoy nos está diciendo que Dios no quiere que vivamos
en las tinieblas, sino que vivamos en la luz, este es el momento de
poner en práctica este llamado que Jesús nos hace a través de su
evangelio, no huyamos de la luz que es Cristo, escuchemos su
Palabra, hagamos el bien, poniendo en práctica su voluntad.

Hoy el Señor nos regala la oportunidad de vivir nuestra vida en Cristo,


seguir el camino que nos ha enseñado y para logar esto, nos tenemos
que dejar iluminar a través de su espíritu Santo. Solamente así
podremos hacer vida su palabra y dar testimonio de la enseñanza que
Él nos ha dejado.

Porque cuantas veces hemos estado equivocados mis hermanos,


creyendo que podemos vivir sin la presencia de nuestro Señor
Jesucristo, sin su palabra y sin los sacramentos, el problema en la
actualidad es que todavía existen muchas personas que no quieren
caminar ni vivir con la luz de Cristo. Que maravilloso sería que todos
experimentáramos la necesidad que tenemos de Dios en nuestra vida.
El mundo sería completamente diferente a la realidad que estamos
viviendo en la actualidad. ¿Qué sería de nosotros sin la Palabra de
Cristo en esta tierra? Ni ustedes ni yo sabríamos que es bueno y que
es malo. Pero por la bondad de Dios tenemos esa lámpara maravillosa
de su palabra que nos ilumina, por lo tanto no tenemos excusa alguna
para seguir viviendo en las tinieblas.

Estamos tan acostumbrados mis hermanos a vivir estresados, a


presumir de nuestra fe y de nuestro amor, que no nos damos cuenta
que la mayoría de las veces lo que hacemos es simplemente una
rutina, porque creer en Jesús es poner nuestra mirada fija en Él, en los
momentos buenos, pero sobre todo en las difíciles y duros, porque si
miramos hacia él nuestra vida será realmente luz. Jesús cada día nos
manda señales de amor, de vida y también de esperanza, recordemos
que el Padre está siempre con los brazos extendidos para acogernos,
para abrazarnos y sostenernos a todos aquellos que lo necesitemos
en cualquier momento.

Dios mando a su Hijo al mundo para que todos podamos gozar de su


amor, nosotros mis hermanos somos libres de tomar la decisión de
recibirlo o no, pero da tristeza ver que cada vez más personas
rechazan la luz que viene de Jesús muerto en la cruz y resucitado.
Pensemos si realmente estamos buscando la luz de Cristo en nuestra
vida o nos estamos escondiendo en la oscuridad.

El evangelio nos ayuda a todos, pero principalmente a todos aquellos


que aún viven sin fe, sin esperanza pues nos muestra las grandes
ventajas que hay en aceptar el plan que Dios para la salvación de
cada uno de nosotros, porque nos guía a encontrar la luz y enseñanza
de Cristo para que hagamos siempre el bien en este mundo tan
necesitado.

CONCLUSIÓN

El propósito de Dios Padre desde un inicio fue la salvación del mundo


entero, por eso envió a su propio hijo unigénito quien es la luz, aunque
muchos no lo han aceptado, nos condenamos así mismos al rechazar
esta luz. El amor de Dios no hace excepción alguna, porque él quiso
salvarnos a todos. Y tengamos presente mis queridos hermanos que si
nos estregamos totalmente al Señor por fe, ya no vamos a sufrir por
condenación porque confiamos y hemos llegado a creer en el hijo de
Dios, Debería brotar desde lo más profundo de nuestro ser y nuestro
corazón el agradecimiento sincero a Dios por ese regalo maravilloso
de entregar a su hijo por nosotros y nuestra salvación. Por lo tanto
tenemos la responsabilidad moral de entregarle a Él nuestra vida y
ponerla al servicio de su Iglesia y al servicio de los demás hermanos
para que puedan ver esa luz maravillosa que ha transformado mi vida
y la de muchos hermanos que hoy escuchan su evangelio.

Nos vamos acercando cada vez más a la Pascua del Señor, a la


celebración de los misterios de la pasión, muerte y resurrección de
nuestro Señor Jesucristo. Mis hermanos el Señor nos invita a que día
tras día, vayamos profundizando en nuestra oración y meditación. Con
mucha devoción y fe. Es momento de analizar todo lo que significó
para Jesús, ir a la cruz por la salvación de cada uno de nosotros: ¡Qué
grande es el amor y la generosidad de nuestro Señor Jesucristo que
dio a su único Hijo, para que nosotros nos reconciliáramos con Dios y
nos abrió paso a las puertas del cielo. Ojalá mis hermanos que
logremos el objetivo principal de esta meditación dejar atrás las
tinieblas y aferrarnos a la luz de Cristo en nuestra vida.

La cuaresma es para que meditemos si realmente hemos optado por


vivir en la luz y no en las tinieblas, si todavía hay partes oscuras en
nuestro corazón, llenémoslo de la luz de Cristo, hagamos nuestra la
Resurrección de Cristo, como dice el apóstol San Pablo:

"Toda persona que está en Cristo es una creación nueva. Lo antiguo ha


pasado, lo nuevo ha llegado."

El hombre viejo que quede atrás, seamos nuevas personas en Cristo


Jesús. QUE ASÍ SEA.