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HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE ESPAÑA I: 1808-1923

PRIMERA PRUEBA DE EVALUACIÓN CONTINUA. CURSO 2017-2018

1. COMENTARIO DE TEXTO

Manifiesto de Montes de Oca. 1841

“Soldados: ha llegado el momento de cumplir el más santo de los deberes


militares: la fidelidad. Un acto de fuerza privó del gobierno de España a la
augusta princesa a quien sus beneficios hicieron apellidar la madre del pueblo.
Desde entonces, un diluvio de ultrajes y de males ha caído sobre el ejército,
como sobre todas las demás clases de la nación, y aquellos que más glorias y
laureles os debían, son precisamente los que más empeño han formado en
perderos y perjudicaros. Es menester volver por la fama de la milicia, por las
leyes, por el honor nacional. La reina cuyo nombre invocabais en lo más recio de
las batallas, reclama vuestras espadas. Sacadlas, soldados, sacadlas, valientes
de la campaña de los siete años, por la reina madre, por sus infelices y oprimidas
hijas, por las quebrantadas leyes, por la religión vilipendiada y por el deber
desconocido.
Y vosotros también, los que en opuesto campo supisteis encontrar honor y
merecimiento, sacadlas igualmente para defensa de las excelsas princesas que
proclamasteis en Vergara, y que son ya vuestras soberanas, llegado el día de la
unión; ha llegado el día de la reconciliación de todos los hijos de España.
Nuestros soldados fueron agradecidos y leales a sus reyes. Hoy, además, son
el escudo del trono, y la esperanza de la nación, el día en que se levanten fuertes
y unidos, les recompensarán larga y generosamente su sacrificio.
¡A las armas, soldados, soldados del distrito de Navarra y provincias
Vascongadas! ¡A las armas, por la Reina! Dentro de breves días vuestra bandera
será la bandera de toda España. Dentro de otros pocos más, esa bandera será
la segunda restauradora del poder y de la dignidad de la monarquía española.

Vitoria, 4 de octubre 1841.- Como individuo del Gobierno provisional de


España, durante la corta ausencia de S.M. la Reina Gobernadora.- Manuel
Montes de Oca.
GARRIDO, Fernando: Historia del último Borbón de España. Barcelona,
1868-1869.
2. COMENTARIO DEL SIGUIENTE MAPA

e
Jesús María Antolín Sebastián

DNI 13102609 S

Centro Asociado de Ponferrada.

e-mail j.m.antolin@hotmail.com
COMENTARIO DE TEXTO.

Introducción.

El texto es de carácter circunstancial; se trata del manifiesto dirigido

por el militar y político gaditano D. Manuel Montes de Oca, el 4 de Octubre de 1.841,

en Vitoria, en el que insta al levantamiento armado contra el Gobierno del Regente

Espartero para reentronizar a la depuesta Reina Gobernadora, María Cristiana, exiliada

en París desde Octubre del año anterior. Muestra una clara intencionalidad: la de

movilizar a los soldados de Navarra y Vascongadas en apoyo al pronunciamiento militar

iniciado por O’Donnell el 27 de Septiembre en Pamplona. El pronunciamiento se

concibió como un golpe militar simultáneo en Pamplona, Zaragoza(general Borso di

Carminati), Vitoria (

general Piquero), Bilbao (general La Rocha) y Madrid, que se justificaba, en último

término, por la política anglófila de Espartero que negociaba la venta a Gran Bretaña de

las colonias de Fernando Poo y Annobón.

El texto que aquí se analiza es una parte del manifiesto íntegro que,

en su inicio, se dirigía a “los nobles y esforzados habitantes de las Provincias

Vascongadas y Navarra” donde se prometía en nombre de la ex regente “vuestros fueros

en toda su integridad” y, con ello, la derogación de la Paccionada promulgada mes y

medio antes…

“la ley que modifica las instituciones de Navarra será declarada sin ningún valor ni

efecto. Ni ahora ni después, vascongados y navarros, tendréis más modificación ni

arreglo en vuestros fueros seculares que aquellos que vosotros mismos, porque así os

convenga, queráis establecer…”, como recoge la Enciclopedia Navarra, en donde se

constata el escaso efecto que tan tentadora oferta tuvo ya que, si el pronunciamiento tuvo

un inicial eco en Pamplona, Vitoria y Bilbao, su éxito fue sólo como movimiento militar
sin lograr la adhesion popular de unas gentes a las que bien poco importaba que la

regencia fuera la actual de Espartero o la antigua de María Cristina. Finalmente, la

pretendida adhesion carlista se desactivó por el propio Carlos María Isidro el 6 de

Octubre al condenar el movimiento por “cristino y no carlista”

Su autor, natural de MedinaSidonia, había nacido en 1.804. Tras su

paso por la Academia de Guardamarinas se distinguió en las Antillas luchando contra

los corsarios británicos protagonizando algunos hechos de indudable mérito y

mostrando su valentía. Con sólo 31 años representó a Cádiz en Cortes por el estamento

de procuradores. En 1.839 accede al cargo de Ministro de Marina, Comercio y Ultramar

en el Gabinete de Pérez Castro durante el trienio moderado. Más adelante participó, en

1.840, en la represión de motines contra el nuevo Regente Espartero, para

inmediatamente abandonarle y sumarse al grupo de conspiradores que plantean su

derrocamiento, llegando a ser uno de los integrantes del Gobierno en el exilio de María

Cristina en París, junto a Istúriz Su activa participación en el golpe dirigido por

O’Donnell (como jefe de la insurrección del distrito de Navarra y las provincias

Vascongadas) le llevaría ante el peloton de fusilamiento el 20 de Octubre de ese año,

tras fracasar en su intento de fuga a Francia por la traición, por 10.000 duros, de los

miñones que le acompañaban (“a los miñones se les hacían siglos las horas que faltaban

para cobrar el importe de la res que vendían”, escribió Galdós). Su carácter valeroso le

acompañó hasta el ultimo momento cuando reclamó ser él mismo quien diera la orden

de abrir fuego al pelotón que iba a fusilarle.

Análisis del texto:

Soldados- La tropa armada, los miembros del ejército que acababan de librar la Guerra

carlista de 1.833-1.840, en el bando cristino, el de los liberales.

Un acto de fuerza- Se refiere a la acción del Duque de la Victoria que culminó con la

renuncia de la Reina Gobernadora y su marcha al exilio. Siendo la Ley de


Ayuntamientos el detonante de la misma( al ser entendida por los liberales progresistas

como un ataque directo).

Augusta princesa- María Cristina de Nápoles, viuda de Fernando VII y madre de Isabel

II. “La reina cuyo nombre invocabais en lo más recio de las batallas”.

La campaña de los siete años- Es la primera Guerra carlista.

Y vosotros también, los que en opuesto campo…- los que lucharon en el bando carlista

al lado del pretendiente Carlos María Isidro.

Vergara- clara alusión al abrazo de Vergara entre los generales Espartero y Maroto que

puso fin a la Primera Guerra Carlista en 1.840.

Vuestra bandera será la segunda restauradora del poder y de la dignidad de la monarquía

Española- En aras a legitimar el levantamiento pretende entroncar con la primera

restauración, la de Fernando VII, que puso fin a la usurpación napoleónica.

El Manifiesto de Montes de Oca, fechado en Vitoria el 4 de octubre de 1.841, está

recogido por el historiador del s.XIX Fernando Garrido en su libro, publicado en

Barcelona en 1.869, Historia del ultimo Borbón de España.

Comentario-

El Manifiesto constituye un llamamiento a la acción, a la sublevación armada

contra el poder vigente; presenta una clara estructura en tres párrafos : el primero,

invocando la fidelidad, tan cara al estamento militar, se dirige a los soldados miembros

del ejército regular, del ejército triunfador de la Guerra Carlista, el del bando liberal,

para denunciar la traición de “un acto de fuerza” que derrocó a la Reina Gobernadora un

año antes y que había ultrajado desde entonces al ejército y a las demás clases de la

nación. Señala, sin nombrarlos, a los dirigentes actuales, el propio Espartero y sus

cercanos generales (los ayacuchos) como autores de tal crimen; autores que ocupan el

poder precisamente por el apoyo recibido en su día por la milicia. A ellos reclama que

se alcen en armas por la Reina Gobernadora en el exilio y sus hijas menores “infelices
y oprimidas”.

El segundo párrafo cambia su destinatario: ahora se dirige a los perdedores de la

Guerra carlista, ahora renombrados como “foralistas”, en nombre de la union sellada en

Vergara y por “la reconciliación de todos los hijos de España”. A éstos promete feliz

recompense de sus reyes (reinas en este caso) si muestran su lealtad a la causa legítima,

la del trono.

El párrafo final es una soflama, una invocación al alzamiento en armas para luchar

por la Reina, para “restaurar el poder y dignidad de la monarquía española.

Conclusión-

El texto comentado se refiere a un momento trascendente del s.XIX español…uno

más de los muchos que jalonan una centuria convulsa y dramática como ninguna en

nuestra historia, la del fin del Antigüo Régimen y la eclosión del Estado liberal que, de

forma indecisa y, a menudo dramática, terminará por imponerse. Tras la muerte de

Fernando VII, la reina regente, María Cristina, tuvo que apoyarse en los liberales para

asegurar el trono de su hija y con ello abrió la puerta al cambio. Con el rechazo de los

“apostólicos” (ahora carlistas) el nuevo regimen liberal tuvo que superar una larga

Guerra de siete años para afianzarse pero no por ello alcanzó estabilidad. A los pocos

meses, la propia division entre moderados y progresistas se saldó con el exilio de la

Regente y el ascenso del general Espartero a la Regencia única con fuerte apoyo popular

derivado de sus éxitos militares. Pero en esta nueva situación, ya desde el comienzo se

fraguaban conspiraciones contra el nuevo gobierno. Inicialmente, desde París y con

apoyo del gobierno francés; enseguida, con sectores moderados temerosos de la posible

deriva de los acontecimientos en clave revolucionaria, y muy pronto, con los desafectos

del gobierno de Espartero. En este contexto se sitúa el golpe, el pronunciamiento militar

–uno más de una larga serie de ellos que jalonan todo el s. XIX-, de los últimos días de

Septiembre y los primeros de Octubre de 1.841.


El Gobierno venía de una derrota parlamentaria a manos de moderados y destacados

progresistas como Olózaga, lo que provocó el cierre de las Cortes en Agosto. En ese

clima se gestó el golpe. Éste fue básicamente una conspiración de generales con apoyos

civiles y respaldo francés y, como no, de la reina exiliada. Su cabeza, Narváez, no

controlaba todo el plan y O’Donnell precipitó los acontecimientos ; la sucesión de éstos

reveló una descoordinación que sería funesta. El golpe tuvo el 7 de Octubre su momento

cumbre en el intento- sin éxito- de apoderarse de la princesa Isabel y de su hermana con

el asalto al Palacio Real protagonizado por los generales Manuel de la Concha, Diego

de León (primer conde de Belascoaín) y Juan de la Pezuela. En definitiva, este

alzamiento fracasó por el apoyo con que aún contaba Espartero de las Milicias

Nacionales, la falta de respaldo popular y la nula connivencia de los carlistas. El trágico

y romántico final de alguno de sus dirigentes puso fin a la malograda intentona con

escenas dignas de la mejor literatura como el fusilamiento de Diego de León del 15 de

Octubre o la del propio Montes de Oca el día 20 en Vitoria- celebre es la frase final de

Diego de León al pelotón de fusilamiento: “No tembleis, al corazón”.

Los que pudieron, como O’Donnell, marcharon al exilio. Sólo dos años después, en

1.843, lograrán la defenestración de Espartero cuando la correlación de fuerzas estaba

en su contra. Al grito de “Dios salve al país y a la Reina”, lanzado curiosamente por un

liberal como Olózaga, se aunaron moderados y progresistas. Espartero tuvo que

exiliarse y dar paso al nuevo hombre fuerte, otro espadón, el general Narváez; con él, se

adelantó la mayoría de edad de Isabel quien accedió al trono con 15 años terminando así

el convulso período de las regencias. Los siguientes no iban a desmerecer en cuanto a

dramatismo, pero esa es ya otra historia.


COMENTARIO DE MAPA.

El mapa representado es de carácter económico. Muestra la red ferroviaria española

desde 1.845 hasta 1.868.

El desarrollo del ferrocarril en España se inicia con cierto retraso respecto a otros

lugares de Europa (el primer ferrocarril data de 1.825 en la línea Stockton-Darlington),

y aunque el primero, de 29 Km., en la peninsula, es el que unía Barcelona y Mataró,

construido en 1.848, no hay que olvidar que ya en 1.837 se había construido la primera

línea férrea española en Cuba, entre La Habana y Bejucal, por la Compañía de caminos

de hierro de La Habana. Incluso hay constancia, en suelo peninsular, de trayectos de

railes para vagonetas en zonas mineras asturianas desde algunos años antes de ese 1.848

que se asume como el inicio de la historia del ferrocarril en España. Ya desde el 1.829

se suceden las peticiones al Gobierno de concesiones para su construcción siendo

ministro de Fomento Francisco Luxán, y la primera otorgada ese año para la línea entre

Jerez de la Frontera y un muelle del río Guadalete con la idea de exportar vinos nunca

se construyó por falta de financiación.

Un año después de la inauguración de la línea Barcelona-Mataro se inicia la línea

de 49 Km. entre Madrid y Aranjuez.

En el trazado de líneas férreas del mapa hay una clara distinción entre las

construidas hasta 1.855 (en color azul) y las construidas después, hasta 1.868 (en color

rojo). La distinción obedece a que en ese año de 1.855 se aprueba, en Junio, la Ley

General de Ferrocarriles, la famosa Ley General de Caminos de Hierro, que supuso un

gran impulso al desarrollo de este medio de transporte y que de hecho establece algunas

pautas que se mantendrán durante más de un siglo, como es el carácter radial de la red.

De la observación del mapa se aprecia un escaso número de líneas en ese primer

periodo ( hasta 1.855): junto a la referida Barcelona-Mataró, la Madrid-Aranjuez


continuada luego hasta Albacete por Alcázar de San Juan (con el propósito de alcanzar

el Levante), la Xativa-Valencia, en el mismo trayecto levantino de union con Madrid, la

Gijón-Langreo, con evidentes connotaciones mineras, y la antes mencionada línea de

los vinos de Jerez, finalmente construida. En total, apenas 440 Km. de vías.

En los inicios de la década de los 50, con los gobiernos “tecnocráticos” de Bravo

Murillo, a través del Ministerio de Fomento se desarrolla un amplio programa de

infraestructuras viarias y de transporte, que incluye como hitos destacados la aprobación

del Plan de Puertos y faros del 51 o el primer Plan de ferrocarriles elaborado bajo el

ministerio del vallisoletano Mariano Miguel de Reinoso en ese mismo año. Este primer

Plan de ferrocarriles introdujo cierta racionalidad en el hasta entonces habitual desorden

en las concesiones y reservaba al Estado las facultades de planificación y fomento

aunque permitía que los capitales necesarios para la inversion seguirían siendo privados;

antes, las concesiones se concedían de manera arbitraria por el Estado que además corría

con el 50% del coste de producción, en una descarada exhibición de clientelismo cuando

no de puro amiguismo para escándalo de la opinion pública que conocía de algunos

casos de corrupción muy sonados que afectaban hasta al mismísimo Palacio Real y que

deterioraron la imagen de Narváez.

Para los progresistas de 1.855 estaba claro que el tren aventajaba con creces al

resto de modos de transporte: era más rápido, seguro, regular, barato y cómodo. El

mismo Madoz llegó a decir que el ferrocarril era “el progreso del progreso”.

Esta Ley de 1.855 supuso un impulse decisivo para el ferrocarril; de los 440 Km.

iniciales se pasó a casi 6.000 en apenas una década por lo que, con propiedad se puede

afirmar que significó el definitive “depegue ferroviario”. Como características

principals de la misma cabe mencionar que clasificaba las líneas en dos categorías:

1) De servicio (o interés) general, las principales que en forma radial unían Madrid

con las costas y las fronteras del reino, en un diseño más político que económico y

2) De servicio particular, que eran todas las demás.


Para algunos historiadores como Tortella esta fue la gran occasion perdida para

potenciar la industria nacional; otros, como Gómez Mendoza, defienden la Ley por

lo que supuso de desarrollo para el país.

Con todo, esta Ley no se hubiera podido desarrollar sin los cambios legislativos

del año siguiente que afectaron a las Sociedades Bancarias y Crediticias, que

propiciaron la creación de sociedaes anónimas ferroviarias para la construcción y

explotación de los distintos tramos de la red. Se llegaron a crear hasta 20

compañías, destacando tres de ellas (visibles en el mapa sus trayectos) con fuerte

presencia de capital francés, en especial de los Rotschild, la MZN para la línea

Madrid-Zaragoza-Alicante, el Ferrocarril del Norte para línea a Bilbao por Palencia

y hacia Irún por Burgos. y la SJC, que cubría la línea Sevilla-Jerez-Cádiz.

En su financiación, estas compañías se beneficiaban de subvenciones del

Estado para realizar las expropiaciones necesarias así como de franquicias

aduaneras para la importación de toda clase de materiales relacionados con la

construcción del ferrocarril (hierro, madera, carbon, lámparas, mobiliario,etc., lo

que redundó en un gran contrabando. Como garantía en las concesiones, la Ley

obligaba a que éstas fueran aprobadas por las Cortes en un intento

bienintencionado, aunque no muy eficaz, de acabar con el amiguimismo y la

corrupción característicos del pasado. Las concesiones se harían por un plazo de 99

años, pasado el cual revertirían al Estado.

Además, la Ley mantuvo el ancho de vía aprobado en 1.844 de 1,67 m. distinto

al del resto de Europa (1,43m.).

Respecto a los efectos económicos que el desarrollo del ferrocarril tuvo para la

economía nacional es innegable que contribuyó a la expansión agrícola al permitir

una mayor articulación del mercado, una agricultura comercializada de la que se

benefició notablemente el levante español. Igualmente, supuso una mayor y major

movilidad de personas y mercancias, y significó un aumento del empleo directo por


su gran demanda de mano de obra. Junto a estos evidentes efectos benéficos para

la economía, el profesor Francisco Comín señala que tuvo poca incidencia en

cuanto a la demanda de servicios y productos para la industria nacional debido a la

franquicia aduanera mencionada antes.

En definitiva, la Ley del 55 significó un impulso extraordinario para las

comunicaciones en España debido sobre todo a la afluencia masiva de capital,

tecnología y material extranjeros con importantes repercusiones económicas;

impulso que, en cuanto a su frenesí constructor, se mantuvo hasta la crisis financiera

internacional de 1.866.
BIBLIOGRAFÍA Y WEBGRAFÍA.

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