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EL PROCESO DE CRISTO.

IGNACIO BURGOA ORIHUELA

ENSAYO

El único tema que le interesa hacer explícito, de una manera simple y


comprensible, es la aberración jurídica en que consistió el “proceso” mediante el
cual se “juzgó” a Jesucristo y se le condenó a muerte.
La intención del muy conocido (y recientemente fallecido) maestro Burgoa no es
otra sino demostrar las fallas, las pifias, las enormes y absolutas incapacidades
que demostraron tanto el Sanedrín como el pretor al juzgar a Cristo, es decir,
tanto los jueces judíos como el romano Poncio Pilatos.

Cristo nació en un período en el que el Imperio Romano, había avasallado con


su hegemonía a una gran parte de los pueblos "civilizados". El sistema
imperialista seguido por los romanos consistía en mantener una dualidad, en
donde al pueblo conquistado le permitían continuar con sus estructuras e
instituciones jurídicas y gubernamentales, siempre bajo la supervisión de un
gobernador pretor romano. Por tanto, quien fuere sometido a juicio, podría
enfrentarse a dos tipos de jurisdicciones diferentes, en el caso de Cristo del
Derecho Penal Hebreo y del Derecho Penal Romano.

Posterior a su detención, Cristo fue trasladado en calidad de detenido para ser


objeto de un interrogatorio en la casa propiedad de Anás, suegro de Caifás,
miembro del Sanhedrín, máximo tribunal supremo del pueblo judío (Tribunal de
Jehová), el cual se enconaba formado por doctores en la ley y cuyas
resoluciones se les llegó a conocer como "fallos de Dios". Contrario a derecho
(hebreo por supuesto), el Nazareno fue trasladado de noche a la casa de Caifás,
en donde ya se encontraba reunido en pleno el Sanhedrín,

Ya iniciado el procedimiento, el acusado tuvo como abogado defensor a


Nicodemus quien acorde con el jurista Ignacio Burgoa Orihuela, dio uno de los
alegatos más celebres que se tengan registrados en la historia de la oratoria
forense. En su intervención el abogado defensor, con gran vehemencia denunció
como violadas las garantías que la ley hebrea le otorga a todo acusado y que
fueron trasgredidas en perjuicio de Cristo: Primero, el acusado estaba siendo
procesado de noche en la casa de Caifás a puertas cerradas y no de día en el
"Gazith" a puertas abiertas, recinto oficial en donde se reunían de día los jueces
de Israel; Segundo, al reo se le negó la oportunidad para que éste o su abogado
coadyuvante pudieren presentar testigos o pruebas de descargo, siendo que la
parte acusadora basó su dicho en testigos falsos, con pruebas ofrecidas y
desahogadas en contravención a las leyes procesales; y Tercero, el inculpado
fue objeto de una votación condenatoria no sujeta a revisión por parte del tribunal
colegiado, ya que la misma fue emitida en forma exprés siendo q debían de
haber pasado 3 días para su revisión.

La sentencia condenatoria, fue votada por sesenta y cinco contra seis votos
absolutorios: el Sanhedrín en sus resolutivos condenaba al acusado de muerte
en la cruz por haber cometido perjuicio del pueblo, blasfema y por hacerse
pasar por Hijo del Altísimo. Cabe señalar, que hasta la pena conferida adolecía
de ilegalidad, pues el Derecho Hebreo no contemplaba esta pena capital, sino
que se utilizaba la lapidación o apedreamiento como castigo, por lo que la
crucifixión (castigo penal romano) también fue un acto de ilegalidad.

Debido a que el proceso y condena estaban plagados de irregularidades


traducidas en ilicitudes, el tribunal hebreo requería de la homologación de la
sentencia que habría de validar con el proceso marcado en el derecho romano.
Para ello, los miembros del Sanhedrín variando su sentencia acusaron a Cristo
por el delito de sedición ante el gobernador pagano en turno, Poncio Pilato quien
mediante una argucia legal escapó de primera instancia a tomar el asunto en sus
manos, ya q no quería ser el q condenara gracias a la intervención de su esposa,
así que se declaró incompetente por razón de territorio, ya que Jesús había
nacido en una provincia bajo el mando del rey Herodes Antipas, por lo que
jurídicamente era su súbdito. El tetrarca a su vez manifestó su incompetencia,
volviendo a la del gobernador Pilato, quien en un procedimiento sumario y
unilateral condenó a muerte al reo ante el clamor de una turba por el delito
político de sedición. De principio a fin, el acusado fue salvajemente sometido a
un juicio ilícito y plagado de irregularidades, oculto y tenebroso.

Evidentemente la injusticia prevaleció pues se ejecutó al acusado, sin embargo


la historia ya le ha brindado justicia al inocente.

Al final se llega a la conclusión de que el tal “juicio” a Cristo fue una verdadera
pantalla, que ya tenían decidido que lo iban a matar y que hicieron todo lo posible
para matarlo pronto, antes de que la multitud se enterara y tratara de salvarlo de
las garras de Caifás y de Anás o de la extrema cobardía de Pilatos.
Las fallas del tribunal judío

Tras analizar a conciencia el Derecho Hebreo en relación al juicio al que fue


sometido nuestro Salvador, el abogado Burgoa encuentra que el Sanedrín (el
jurado judío) incurrió en ocho contravenciones a la propia ley que decía proteger
y hacer valer; ocho violaciones gravísimas, que en cualquiera otro juicio (salvo
en un Estado totalitario) hubiera echado por la borda la acusación (en este caso,
la acusación de blasfemia a Jesús, de quien se decía que había usurpado el
papel de Hijo de Dios).

Por orden, las contravenciones a la ley hebraica que señala Burgoa son las
siguientes:

1. Violación del principio de publicidad, pues el proceso se llevó a cabo en


la casa de Caifás, no en donde debería haberse llevado a cabo (el Gazith).
2. Violación del principio de diurnidad, puesto que el proceso se efectuó de
noche.
3. Violación del principio de libertad defensiva, ya que a Cristo no se le dio
la oportunidad de presentar testigos en su defensa.
4. Violación del principio de rendición estricta de prueba testimonial y de
análisis riguroso de las declaraciones de los testigos, pues la parte
acusadora presentó puros testigos falsos.
5. Violación del principio de prohibición para que nuevos testigos depusieran
contra Cristo una vez cerrado el procedimiento, pues después de los
testigos falsos, el Sanedrín permitió más testigos falsos.
6. Violación del principio consistente en que la votación condenatoria no fue
revisada antes de pronunciarse la sentencia.
7. Violación del principio de presentar pruebas de descargo antes de la
ejecución de la sentencia condenatoria (una vez dictada se le dio a Pilatos
para que la hicieran igual a un delito de rebelión contra el Imperio romano).
8. Violación del principio de que a los testigos falsos debía aplicárseles la
misma pena que a Jesús (todos, de acuerdo con el Derecho Hebreo,
debieron haber muerto en la cruz).

La cobardía de Pilatos
Los judíos condenaron a Jesús por blasfemia, pero ni ellos tenían en su código
la muerte en la cruz, ni los romanos tenían en su Derecho ese delito (que venía
de que Jesús se había declarado “Hijo de Dios”). Pero los judíos, hábilmente,
aprovecharon el miedo de Pilatos (de que fuera denunciado ante Tiberio, el
césar, por no cortar de cuajo a un rebelde) para matar a Cristo. En suma, a
Jesucristo lo condenó la política, no la justicia. El juicio ante el Sanedrín fue inútil.
Sabían que Jesús era inocente. Pero el juicio “político” fue atrozmente efectivo,
sobre todo porque la sentencia de muerte (sin juicio) que dictó Pilatos, lavándose
las manos, concluyó con la muerte de Jesús en la cruz.

CONCLUSIÒN:

Hubo condena sin delito, pues el juez que la impuso, Pilato, lo creó. Asimismo
no se respetaron las reglas procesales del derecho penal romano, y en el que se
permitía la homologación de las sentencias que pronunciaran los tribunales
locales en la que se aplicara la pena de muerte, buscando siempre la revisión
del proceso, correspondiente y se podría negar la misma cuando se encontraran
fallas graves en el proceso, como ocurrió en el sanedrín.
Es evidente que Jesús fue víctima de dos sistemas jurídicos, en cuyos
respectivos casos, se violaron las normas procesales más elementales y en
evidencia sé transgredieron los derechos fundamentales que el acusado tendría
para su defensa.

Jesús fue sentenciado por delitos que no cometió y pocas veces podemos estar
en presencia de circunstancias tan especiales en las cuáles, los intereses, las
ambiciones, los temores a la figura del salvador orillaron al hombre de su tiempo
a cometer un verdadero crimen.