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Solidaridad y colectividad: Nuevas Referencias para América Latina

José Salvador Arellano Rodríguez


Universidad Autónoma de Querétaro
México.

El presente ensayo intenta dar cuenta de dos momentos importantes por


los cuales atraviesa la reflexión moral contemporánea. La primera parte
encaminada a poner de relieve un diagnóstico general de la filosofía ahora
con la tendencia hacia un giro aplicado, y en un segundo momento mostrar
como estas nuevas circunstancias impactan directamente a la forma en que
grupos y comunidades latinoamericanas han resuelto sus problemas
morales. Los sectores sobre todo de carácter indígena en América Latina
ubicados al margen de los procesos mundiales, y cuya frontera reclaman
una contextualización de este denominado giro aplicado.

I. El horizonte moral contemporáneo: el giro aplicado

El proceso de desarrollo de la reflexión moral occidental puede ser


rastreado desde poco antes de la antigüedad clásica griega. Pensadores
como Emilio Lledó o Jaeger sostienen que podemos dar cuenta de
reflexiones de índole ética incluso en la propia obra de Homero. Sin
menoscabo de lo anterior, son los propios sofistas del s. V quienes ponen
sobre la mesa de discusión filosófica las bases propias del comportamiento
moral humano. Las tesis del relativismo o del convencionalismo de las
normas de convivencia humanas ponen de manifiesto la atención sobre el
valor de las normas éticas y jurídicas. Teorías, autores, corrientes, textos,
reflexiones y sistemas filosóficos han dado cuenta de esta ardua tarea de la
reflexión a través de la propia historia de la filosofía.

No obstante del desarrollo histórico del pensar teórico filosófico acerca


de la moral, resulta actualmente novedoso y problemático el desarrollo de
ésta área ahora referida como ética aplicada, neologismo que surge
alrededor de 1960 y que hace referencia a un análisis ético de situaciones
precisas, destacando por ello una solución práctica ante fenómenos

1
concretos. Ésta nueva forma de calificar a la ética es tardía y extraña en el
horizonte del pensar filosófico, acostumbrado a una reflexión teórica que
prevalecía como un ejercicio del análisis lingüístico de los enunciados
morales durante la primera década del s. XX. Con este fenómeno, la ética
filosófica casi se había convertido en una meta-ética. Así la mayoría de los
filósofos morales habían dejado de lado o por completo olvidado la
dimensión normativa tanto en la tradición continental como en la anglo-
sajona, (salvo la tradición católica que siempre ha ejercido su dimensión
normativa).

El denominado giro aplicado1 en la ética filosófica ha comprometido


seriamente el trabajo de fundamentación que se había venido desarrollando en
este campo y de manera constante al menos desde Kant. Hegel había ya
atacado el grave problema que representaba la fundamentación de la teoría
crítica práctica kantiana en su intento de universalización a partir del imperativo
categórico alejada de cualquier hecho real y concreto. Cortina al hacer
referencia a los giros realizados en la filosofía contemporánea, pues además
del giro lingüístico, el giro pragmático, el giro hermenéutico, comenta que ahora
nos corresponde hablar del giro aplicado.

El giro o la necesidad hacia una ética aplicada se da durante la segunda


mitad del s. XX provocada por al menos cuatro fenómenos
contemporáneos, planteando diversos y polémicos problemas aún no
resueltos en la actualidad:

a) La consideración de que los problemas morales no sólo se generan a


partir de las relaciones que establecen los seres humanos con otros seres

1
El discurso filosófico teórico moral ha sufrido en las últimas décadas un giro aplicado. Por
giro aplicado comprendo el paso de una tradición preocupada por la fundamentación teórica de
la ética que opera sobre todo durante la época moderna, a una forma de hacer filosofía moral
basada en el análisis y resolución pronta de casos específicos que se gesta sobre todo durante
las últimas cuatro décadas del siglo XX.

2
humanos, sino que surgen también de la relación de seres humanos con
otros seres que no son seres humanos,
b) El surgimiento de nuevos dilemas morales producto del desarrollo y
especialización de la ciencia y la tecnología de finales del s. XIX y
mayoritariamente del s. XX, tanto en la medicina como en problemas medio
ambientales.
c) El fenómeno de la globalización producto del desarrollo tecnológico que
posibilita, habilita y genera un contacto frecuente y estrecho entre las
actividades de las diferentes culturas y naciones, aparición del fenómeno
del multiculturalismo,
d) La sustitución de la prescripción de valores y normas realizada desde la
filosofía, la religión o la política por los medios masivos de comunicación,
cuya intención será la de moldear estilos de vida a partir de la ganancia
económica generada.

El desarrollo de la ética aplicada ha sido motivado por los fenómenos


mencionados, presurosa y accidentadamente, producto de la urgente
necesidad de establecer criterios éticos inmediatos, provocados por los
abusos cometidos en la implementación de armas nucleares y químicas,
estrategias bélicas mediante la utilización de los medios masivos de
comunicación, la experimentación con seres humanos con propósitos
bélicos realizados sobre todo durante la II Guerra Mundial, aunado a las
investigaciones y los experimentos científicos y tecnológicos que se
declaraban o se asumían como amorales.

Ello da como resultado la implementación urgente de nuevos cánones


morales, entre los que se destaca la Declaración de los Derechos
Humanos, que tendrán su origen en el acuerdo de intereses políticos y
económicos internacionales, que luchan a partir de una nueva
reconfiguración de los ejes de poder ahora a nivel mundial, pero que
también tienen su origen en el reclamo social y en la reflexión crítica que
desde distintos planos y sectores académicos, artísticos y religiosos se
realiza.

3
Contamos por ello con un horizonte moral enmarcado por lo anterior que
podríamos diagnosticarlo, en una primera aproximación, de la siguiente
forma:

1. Vivimos en una sociedad plural en un mundo globalizado: El


fenómeno de migración planetaria, la conformación uniones de
estados y el fenómeno de la diversificación de las creencias
religiosas hacen cada vez más coexistir a diversas culturas en
espacios territoriales comunes. El hiperindividualismo
alcanzado promueve ahora una reflexión de éticas de mínimos
para poder salvaguardar la ética de máximos personales.
2. Se enfatiza sobre todo un principio de incertidumbre: Sobre
nuestros propios referentes y criterios morales. La aparición de
dilemas (o más que dos dilemas) ante los nuevos desafíos
presentados por la ciencia. El sostenimiento indefinido de la
vida o su manipulación con fines lucrativos, hacen aparecer los
principios morales como insuficientes o incluso hasta
contradictorios para la dilucidación de casos específicos.
3. Existe un horizonte de complejidad: Los problemas morales ya
no pueden ser dilucidados desde la pura teorización filosófica,
se requiere cada vez más de la participación conjunta de
diversas ramas del saber y del hacer humano. El problema
radica en el distanciamiento entre ellas, en ocasiones
inconciliable. Esta complejidad también está colocada de
manera intrínseca al interior de la ética misma, diversidad de
teorías, anulación de referentes, pluralidad de
posicionamientos específicos.
4. Contamos con un estilo de vida social enmarcado por una
racionalidad instrumentalizada e instrumentalizable. Una vida y
una sociedad de consumo, despreocupación y hasta
indiferencia por los problemas ecológicos que afectan al globo.
5. A la vez existe una creciente preocupación por considerar ya
no una antropoética, sino aquello que Edgar Morín ha llamado
ética de la religación. Esto es una nueva forma de proceder en

4
la reflexión moral tomando como parte, el entorno social, el
entorno natural, la religación con la vida animal y cósmica.
6. Aparece una necesidad urgente de replantear el problema de
la relación teoría y praxis. Sobre todo en las relaciones ético-
políticas, ético-jurídicas, ético-científicas, ético-tecnológicas,
ético-religiosas, entre otras. Relaciones abocadas cada vez
más a la práctica y a los resultados esperados, ya sin un
sustento teórico moral. La urgencia radica que lo que ahora
está en juego es la subsistencia propia de la vida en el planeta
y con ella la del hombre como especie.
7. Existe la vigencia y la urgencia por desarrollar diversas áreas
dentro de la ética aplicada a campos específicos del hacer
humano. Así por ejemplo se realizan estudios referidos ahora
como ética de los negocios, ética del consumo, ética del
deporte, infoética, ética de las investigaciones científicas, ética
clínica, ética del cuidado de los animales, ética femenina, ética
cívica, ecoética o ética ambiental, ética de las emociones, ética
hermenéutica, ética dialógica, ética institucional, ética de la
nutrición, pero sobre todo el surgimiento y consolidación de
una nueva disciplina denominada como bioética.

El discurso filosófico teórico moral de la primera mitad del s. XX queda


rebasado por la complejidad de los dilemas morales, los alcances y
afecciones del desarrollo y la súper especialización de la ciencia y la
tecnología en la vida humana. Ello deriva en la exigencia de una reflexión
moral no sólo por parte del discurso filosófico, sino de una reflexión
interdisciplinaria y transdisciplinaria de los diversos saberes especializados
contemporáneos.

Actualmente existen diversas perspectivas teóricas que dan cuenta de


estas interrogantes, pero aún sin consenso: Adela Cortina y Jesús Conill
proponen una ética basada en la hermenéutica gadameriana y en la teoría
de la acción comunicativa de Habermas, Beauchamps y Childress en una
ética principlista, en el caso de Engelhardt se debería partir de una ética

5
procedimental sin contenido material, la postura de Jonsen y Toulmin
plantearían un regreso a la casuística, y para MacIntyre sería un sin sentido
hablar de éticas aplicadas. Sin embargo, todos coinciden en basar la nueva
disciplina filosófico-transdisciplinaria-moral en cuatro principios claves
emanados del Código de Núremberg: justicia, autonomía, beneficencia, no
maleficencia.

II. Del giro moral a la realidad Latinoamericana.

Estos principios señalados al final del primer apartado, serían la clave


para dirimir, sopesar, comprender y eventualmente resolver los múltiples
problemas emanados de los descubrimientos y avances científicos y
tecnológicos contemporáneos. Sin embargo por el gran peso que posee la
cultura de los países desarrollados occidentales, la mayor importancia
parece recaer en el principio de autonomía individual. Dicho principio no
sólo goza de un gran privilegio para una sociedad con aspiraciones
democráticas y liberales, sino que además se encuentra avalado por un
horizonte moral que privilegia el individualismo y la vida auténtica sobre
una gastada idea de comunidad de corresponsabilidad. Dicha importancia
reside también por la creciente aceptación mundial de las denominadas
sociedades plurales que basan su relación en éticas de mínimos –dado que
lo que se trata es la de salvaguardar una moral de máximos-.
Un ejemplo de ello lo encontramos en las reflexiones actuales de Agnes
Heller2 quien propondrá como gran fundamento de este nuevo horizonte
moral el principio de la libertad. La ética moderna para Heller se basa en
esa necesidad de equilibrio entre individuos y colectividades por ello la
libertad es el fundamento no fundante,(…) el mundo moderno se desarrolla
completamente vacío de fundamento. Los pueblos carecen ya de
fundamentos sólidos en su obrar moral, en todo caso, esto formaba parte
de un mundo premoderno. Las nuevas sociedades parten de asumir la
contingencia del cosmos, del orden social, del destino de la vida. El símil
que utiliza Heller, es la del cartero, donde hombres y mujeres son arrojados

2
HELLER, A. Los dos pilares de la ética moderna. En: Los dos pilares de la ética moderna. Agnes Heller
y Angel Prior, Eds. Ed. Libros del innombrable, Zaragoza, 2008.

6
al mundo sin dirección, por lo que, escribir la dirección en el propio sobre
es la responsabilidad fundamental de cada individuo. Priva por ello, una
ética de la personalidad, donde el principio de autonomía prevalece. La
única limitación será la propia, la que cada quien se autoimponga, en un
engranaje total con la imaginación del mundo moderno. Heller señala que
esta elección del sujeto que se sabe autónomo se realiza toda vez que ha
elegido ser bueno, y ser bueno se sabe y se comprende sólo por su
decencia práctica y por nada más. Heller apunta ahora a un segundo nivel,
donde aparece el otro elemento importante a destacar: el de la justicia.

En efecto, la justicia, al igual que el de la bondad del sujeto autónomo


descansa en el principio de la libertad. La justicia posee también un rasgo
individualista, apunta a la par que la filosofía hegeliana, al establecimiento
de principios mínimos que garanticen la vida individual, a saber, a) el
desarrollo de las propias capacidades, b) al derecho de poder realizar una
felicidad privada y c) que este desarrollo de ser feliz sea acorde a su propio
concepto de felicidad de cada sujeto. La constitución de un principio de
justicia, al igual que el principio de la bondad son el resultado de
creaciones humanas y por tanto contingentes. El modelo de Heller es una
moral de corte maximalista y una justicia minimalista. El “nosotros” solo se
establece a partir del compromiso ciudadano individual de participar en
contestaciones de asuntos relativos a la justicia.

Este es tan solo un ejemplo de cómo el principio de autonomía


como máximo y el principio de justicia como mínimo, son los principios
prevalecientes en las concepciones occidentales en las corrientes
bioéticas contemporáneas. Ello ha dado lugar a sospechas y críticas
sobre esta forma de principilismo con cortes universalistas, por ser un
instrumento ideológico para el control y dominio en los procesos de
colonización sobre todo de los pueblos con referentes de vida moral
comunitarios o grupos étnicos donde no prevalece la autonomía de los
sujetos como valor central y la justicia está encaminada hacia los
intereses de la comunidad antes que al individuo como tal. Esto ha
derivado en conflictos e incomprensiones a la hora de evaluar una

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situación moral sobre todo en los innumerables pueblos indígenas y
comunidades que aún conservan una estructura de cohesión y
comprensión de la realidad diferentes a los modelos occidentales sobre
la vida buena. Pongamos por ejemplo el siguiente caso:

Una mujer indígena de la zona de Chiapas en México, fue


acusada de complicidad del asesinato de su esposo, luego que en
compañía de otras mujeres fuese a reclamar la libertad del supuesto
asesino. Para las autoridades judiciales, era obvio que si defendía al
asesino de su propio esposo, ello significaba, en principio, cierta
complicidad. No obstante el argumento para liberarlo era que ya existía
una mujer viuda con hijos y el encarcelar al asesino provocaba que
hubiese no una sino dos familias desprotegidas, a saber, la de la propia
viuda y la familia del propio asesino. Por lo que la comunidad solicitaba
la liberación del homicida y la obligación por parte de la comunidad para
darle un empleo adicional al acusado para así poder mantener a las dos
familias.

En este breve ejemplo podemos ver como el sentido de justicia y de


autonomía es de suyo diferente. El daño o el beneficio no recae sobre un sujeto
en particular, sino sobre una comunidad. Así la idea de autonomía nunca es de
corte individualista sino comunitario. Pongamos como otro ejemplo el discurso
de la comandante del EZLN, Esther pronunciado el 28 de marzo del 2001 ante
el Congreso de la Unión en México que refería así: El Subcomandante
Insurgente Marcos es eso, un Subcomandante.Nosotros somos los
Comandantes, los que mandamos en común, los que mandamos obedeciendo
a nuestros pueblos.3 Con ello puedo afirmar, los denominados principios
bioéticos, -sin menoscabo del valor que se les ha conferido desde una
perspectiva individualista-, requieren ser puestos en contexto para una realidad
latinoamericana que posee un sentimiento de fundamento moral lejano a los
diagnósticos de contingencia ética, social y cósmica. Si bien vivimos hoy en un

3
CCRI-CG del EZLN, Discursos. Marcha por la Dignidad Indígena. Discurso de la comandanta Esther
ante el Congreso de la Unión. En publicación: Chiapas, no. 11. IIEC, Instituto de Investigaciones
Económicas, UNAM, Universidad Nacional Autónoma de México, DF, México: 2001. Acceso al texto
completo: http://www33.brinkster.com/revistachiapas/chiapas-pres.html

8
mundo de mayor contacto mundial y de desconcierto moral, por ello mismo las
regiones marginadas tienen mayor riesgo de ver trastocadas e incomprendidas
sus propias visiones del mundo. La moral efectiva de los pueblos se encuentra
vinculada a su propia historia, a sus derroteros, a sus mitos y tabúes, y por lo
mismo reclaman una contextualización de los principios bioéticos vigentes. Los
denominados principios bioéticos deben de sacudirse su clara tendencia
individualista y ser interpretados también desde un enfoque comunitario. El
principio de beneficencia debe de estar comprendido también bajo el principio
de solidaridad, el principio de autonomía en relación al valor de
corresponsabilidad y el principio de beneficencia – no maleficencia acorde con
el principio de vulnerabilidad. Que los slogans como “ayuda humanitaria”,
“ayuda a los pobres y oprimidos”, “compromiso con los grupos minoritarios”,
conlleva más que una simple muestra de poner tranquilas nuestras
conciencias, y supone en todo caso un cambio de una sociedad moral
individualista a una sociedad de mayor corresponsabilidad global. De nada vale
sembrar árboles si nuestros hábitos de consumo siguen siendo los mismos,
que de nada vale proclamar a culturas como “patrimonio de la humanidad”, sin
dejar de verlas como atracciones turísticas.

Bien puede tratarse de un tema de interculturalidad, de políticas del


reconocimiento, pero el enfoque que deseo dar es desde una perspectiva ética
y concretamente del ámbito de las éticas aplicadas. ¿Porqué?, porque esta
serie de parámetros que se han venido construyendo o reconstruyendo a partir
de la experiencia que nos ha dado la propia historia a nivel mundial nos pone
de manifiesto el riesgo de pasar por alto los grupos minoritarios. Nuestra única,
pero no por ello menos valiosa, herramienta con la que contamos para poder
llegar a un acuerdo sobre cómo sería mejor vivir, cómo ser autónomos, cómo
ser justos, porqué hacer el bien, porqué evitar dañar, entre otras interrogantes,
es la capacidad de dar y aceptar argumentos en contextos y situaciones
precisas. Esto es hacer filosofía moral desde el giro aplicado. Debo de
reconocer no obstante que el discurso filosófico se ha visto poco reflejado en
todas estas consideraciones, sobre todo en la formulación y crítica de todos
estos acuerdos y documentos. Se ha dejado sobre todo en manos de los

9
expertos de las áreas especializadas de la ciencia y de las humanidades como
el derecho, la sociología o de las ciencias políticas en el mejor de los casos.

El panorama moral contemporáneo enfrenta una grave paradoja: por un


lado enfrentar la crisis de las perspectivas occidentales éticas, y por el otro la
urgencia de moralizar la vida cotidiana. Podríamos especular si los problemas e
incertidumbres morales, los conflictos éticos, los crímenes de lesa humanidad,
las explotaciones cotidianas de niños, mujeres y grupos en desventaja social
que enfrentamos hoy son de carácter económico, político o moral. Es posible
que la respuesta se encuentre en no sólo apostar por alguno de ellos sino por
intentar volver a entretejer lo que la modernidad se encargó de dividir. El
desafío es claro: tomar en consideración la visión de aquellos quienes no
gozan el privilegio de universalizar sus propios principios. Y esto es en sí
mismo problema moral.

Sin duda los planteamientos y tareas son arduos y ameritan una reflexión
particular en cada punto. La configuración y desarrollo de las éticas aplicadas
es el reto y el futuro de la filosofía moral contemporánea.

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