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Teodoro de Almeida

Novela

1785
EL HOMBRE FELIZ.
TOMO I.
EL HOMBRE FELIZ,
INDEPENDIENTE DEL MUNDO
r DE la fo rtu n a ;

A R T E D E VIVIR CONTENTO
J iS QUALEiQUIER TR AB A JO ' B E LA VIDa;

JO E P Í C M DO

Á LA SERENÍSIMA SEÑUflA INFANTA

DOÑA C A R L O T A JO ACHINA:
O bra e s c r it a en Po rtugués

T or el Padre />, Teodoro de A lm e y d a , de la


Congregación del Oratorio 3 y d$ la' A cadem ia
de las Ciencias de Lisboa* de la R e a l So-
ciedad de Londres ^ y de la de
V i t cay a:
t r a d u c i d a

Tor el Dr. Don Joseph Francisco M on serr¿tt


y V r titm , Presbítero*
t o m o i*

CON P R I F H B G I O , 1 :.!-

En Madrid : Por Blas Román, Impresor de


Real Academia de Derecho Español
y Publico. Año de 17 S 5,
Gáudttt in Domino sempcr y ttsrum dico gau-
dete, Philipp. 4. 1 1 ,
IdtAtus stim in ómnibus, q tio m m a n teced tb a t
Wf... sapientia*» qaam s'wr h m d ia commu -
p ico,.. Infimttts m m tb esA iiru s c s t , Sap, 7.
y. 12- 1 3 . 14 ,
SER.U SEÑOkA.

S l y o me atrevo & presentar & los


pies de V. A . la traducción de esta
obra >)implorando el auspicio de su
excelso nombre para darla al pú­
blico'¿ es no tanto, Serenísima Se-*
ñora, con el objeto de relevar su
verdadero mérito baxo la pode­
rosa protección de V* A. quan­
to para satisfacer en parte con
este corto homenage lo mucho que
exigen de nosotros las qualidades
personales que admiramos en su
tierna edad: qualidades que ha­
cen las delicias de sus gloriosos
progenitores , el dulce encanto de
toda la augusta Real Familia, el
A 3 ein~
u D e d ic a t o r ia .

embelesó de la Corte , en honbr ¿leí


sexo, la gloria, y la alegría de la
Naden toda.
No es, Señora, mi designio, ni
es posible comprehender en esta bre•
ve Dedicatoria todo el elogio debido
á V. A. Paso en silencio por dema­
siado notorias las inestimables ven-
tajas, que no se adquieren por vir­
tud propia, y que solo son del resor­
te de la fortuna \ ó mas bien que el
Cielo ba hecho heredar á V. A. dis­
pensándole el alto honor de ser hija
de los mejores Príncipes de la tierra,
y nieta del mejor de todos los Mo­
narcas,que reynan dignamente en el
Orbe: Monarca tan respetable por
el eminente talento, que une á su au-
gusto carácter, como amado de to­
aos por su piedad^ y clemencia.
V. A. posee desde luego en sí mis­
ma las mas felices disposiciones pa­
ra sostener con dignidad esa gloria-,
un
DEDICATORIAS ■ III

un espíritu penetrante, una memo*


Ha prodigiosa, unos modales nobles,
y afables, a» humanidad, y
magestuoso, un corazon benigno, y
lleno de piedad, forman ya en V. A .
un mérito propio de su persona, y
jo« sin duda unos presagios nada
equívocos de un futuro prodigio.
Aun no ha cumplido V. A . diez
años : edad en que si hay alguno
que haya aprendido medianamente á
leer, y escribir su idioma natural, y
los principios esenciales de la Re­
ligión , ha adelantado mucho¡¡ pero
V . uniendo las prendas del espí­
ritu A las del corazon, la facilidad
de aprender con la aplicación á ins­
truirse cada dia mas por medio de.
una educación sabia, hace á la ver­
dad progresos tan rápidos, que en el
día posee ya su nativo idioma, y le
sabe quanto es posiblepor sus prin­
cipios ; se produce, lee,y escribe con,
A4 pro­
íl* DEDICATORIA.

propiedad exáttitud, y correcdott*


A mas del dogma, misterios, y e/e-
mentos de la moral cbristiana, repi­
te con inteligencia, y puntualidad
los pasages mas señalados de arri­
bos Testamentos, lafundación, pro­
gresos , y estado aüual de nuestra
Religión.
Conoce V .A. las reglas capitales
de la Cronología:no ignóralas épo­
cas principales de la Historia gene-
ral: dá bastante noticia de la de E s­
paña: la tiene muy competente de la
Geografía: maneja con destreza la
Esfera, el Globo,y las Cartas Geo­
gráficas : calcula las distantiaspor
mar, y tierra: sabe dividir,y sub-
dividir estas dos partes del Orbe: en­
tiende perfeüamente las cosas mas
menudas de los mapas: sabe expli­
car qual es el clima , el gobierno, leí
Religión, las costumbres, y el ca­
rácter de los habitantes de cada E s-
ta-
DEDICATORIA. V

tado: tiene noticia de sus produc­


ciones, de sus fuerzas, y de los tí­
tulos con que son conocidos los Sobe­
ranos de Europa.
En punto á lenguas V. A. en esa
corta edad está ya impuesta en la
Francesa >¡traduce medianamente ,y
ha pasado con inteligencia los rudi­
mentos de la Latina ¡basta la Sin­
taxis , y ::::
No quisiera, Señora, exagerar:
protesto estarían distante de laadu-
lacion^como deseoso de que nadie igno­
re los grandes progresas de su espí-
ritu.Esto,Ser enísima S eñpra, es una
especie de tributo debido á las admi­
rables prendas de V.A. un desahogo
permitido alinexplicable regocijo de
la Na don un obsequio que se mere­
cejustamente la ver dadwer dad com­
probada por muchas personas fide­
dignas, y de carácter, que han logra­
do la apetecible satisfacción de asis­
tir
VI DEDICATORIA.

tir d algunas lecciones de V. A.


En efedto, Señora, yqué cosa ha­
brá mas digna de nuestras alaban­
zas , que el buen uso de las bellas
prendas del espíritu, hermanadas
con los sentimientos mas nobles de la
virtud , y aplicación en una alma
verdaderamente elevada ? %T p ri­
varemos á la Nación de noticias tan
agradables, éinteresantes^iReser-
varemos solo á la posteridad la
gloria de publicar tan admirables
perfecciones ?
V. A. sabe muy bien que todo don
perfecto desciende de lo alto: recono­
ce al Padre délas luces, comoáúnlco
autor délas que celebramos en V.A.
En este concepto me animo, Ser enísi­
ma Señorada publicar sus adelanta­
mientos¡y á consagrarle la traduc­
ción deuna obra, que establece,y per­
suade con razones sólidas las máxi­
mas mas sanas de ia Filosofía Mo->
ra l:
DEDICATORIA. v il
ral i asunto verdaderamente digno
de todas las edades, estados, y ge-
rarquías; pero especialmente aná­
logo al precioso complexo de circuns­
tancias, que concurren e n V . A .
LamoJestia del Autor,que es may
célebre^ y conocido, le dió el modera­
do título de EL HOMBRE FELIZ, INDE­
PENDIANTE DEL MUNDO, Y DE LABOR*
TUNA jÓ A RTF DE VIVIR. CONTENTO EN
QUALFSQUiER TRABAJOS DE LA VIDA,
mas en realidad ella merecía titular­
se: Poema Epico de laFilosofíaMo-
ral Christiana. S í Señora: ninguna
falta le hace la medida, ni la rima
para serlo: su plan es ciar o,yfun­
dado en acontecimientos grandes,y
curiosos, propios para excitar la
admiración, é inspirar la virtud: la
materia es la mas importante, el es­
tilo noble, las imágenes vivas, los
símiles naturales, los episodios tan
'bien texidüs, que guardan siempre
la
VIH DEDICATORIA.

la unidad de la acción: las descrip«*


dones hermosas, los sentimientos
patéticos, y muy propios, las figu­
ras brillantes, /oí pensamientos su­
blimes,¡amoral tratada con exten­
sión del modo mas sólido , é inte­
resante ; y en fin , el Autor supo
reunir en alto grado el asunto mas
útil con la dulzura mas agradable,
mezclando las verdades mas serias
con los mas bellos primores, y gra­
cias de laPoesía ,y de ¿a Elocuencia,
Tal es, Señora , el carácter de
tsta obra : ella hace oir á todos
4a voz de la razón ; pero de la
razón ilustrada con los principios
úe la Religiem ella aniquila los so­
fismas mas fuertes, y seduüores dé
ia falsa Filosofía por una contes­
tación dulce, fácil, y demostrativa',
cada qual puede aprender en ella
sus respectivos deberes: los Prín-
gipes á gobernar sus Pueblos con
acier-
DEDICATORIA,

acierto, y los Pueblos á cumplir las


obligaciones de fieles vasallos: ins­
pira la verdadera política, el amor
á la justicia, la moderación en ¡as
felicidades, y la resignación en ¿os
infortunios: establece la concordia,y
armonía entre los hombres', destier­
ra ¿as preocupaciones; y facilita
finalmente á todos el camino seguro
para hallar aquella felicidad que
se puede encontrar en este pais de
¡os mortales.
Dígnesepues, V. A.admitir el cor­
to tributo que le consagro en la tra­
ducción de esta obra, asegurada da
la sinceridad de mi animo, y del pro­
fundísimo respeto con que soy,

SE R E N ISIM A SEÑORA,

,
A L. P. de V. A.
su mut humilde y obscqttenre C-ipeUftn,

Jesepb Francisco Monscrrtte.


PRO-
*0 +*Q*

p r o l o g o .

C ^ O m o el Publico fue siempre el


juez de las obras , que le ofrecen,
conviene que sea informado de los
motivos por que se emprendieron.
E l principal, que me movió á me­
ditar esta obra, fue el bien de la hu-
manidad.Veía yo que la mayor par­
le de los que se llaman infelices, pu­
dieran no serlo, si tuviesen en el en­
tendimiento otro modo de pensar,
y en la voluntad otra moderación en
el querer. El efe£to que en mí ha­
cían algunas consideraciones de mi
Filosofía, ilustrada por el Evange­
lio, era tan saludable, que me juz­
garía reo de gravísimo delito, si las
ocul-
PROLOGO. XI

ocultase ,6 si ahogándolas en el es­


trecho claustro de mi pecho, las de-
xase perecer, sin que viesen la luz
del dia. Pudiera dar al Público mis
reflexiones con el título de una Filo•
sofía Moral, ó de Máximas pruden­
tes sobre la verdadera alegría , y
también con el de Filosofía E v a »-
ge'lica^ porque todas ellas son saca­
das del Santo* Evangelio de Jesu-
Christo, sagrada fuente de las ver­
dades, no solo Teológicas, sino tam­
bién Morales, Filosóficas,y Políti­
cas. Con todo, me pareció que se­
ría mas agradable, y por eso mas
útil, dar esta obraren el estilo, en
que la ofrezco á todos, atendiendo
á muchas circunstancias, que así me
lo prometían. Observé que muchos
Santos Prelados de la Iglesia, lleva-,
dos del mismo intent o, regalaban á
algunosCaballeros distraídos, entre
otras dádivas, Crucifixos.de..oro,
de-
XII PRÓLOGO.

delicadamente labrados, aunque sin


la propiedad, y viveza, que tienen
los de encarnación, que están como
salpicados, y casi vertiendo la di­
vina sangre, á los quales acaso ellos
no mirarían, porque deseaban aque­
llos Santos Prelados- que la precio­
sidad de la materia, y la delicadeza
de la escultura les llevase la aten»
cion, y los ojos á considerar en la
imagen de aquel original, que les
querían introducir dentro del alma.
Así deseé yo hacer, disfrazando la
austeridad ,que aparece enlas máxi­
mas Evangélicas, con la belleza, y
flores de la luz de la Razón, y de la
Poesía,
Tomé por modelo al gran Arzobis­
po deCambray en suíamosoTe/éma-
co , y otras obras de e$te género, en
las que con la suavidad del neítar
encantador de la Poesía, se dan las
máximas mas saludables para las
co-
PROLOGO* XIII

costumbres. Al principio intenté dar


esta obra en verso rimado , y des-
puesde haber hecho una buena par­
te, me incliné mas al verso suelto,
deseando mas libertad en la pluma*
Dexéme llevar entonces del didá-
men de Horacio, que dá la palma á
quien sabe mezclar lo útil con lo
suave. Pretendía embriagar el espí­
ritu de mis le&ores con la dulzura
del metro, de suerte, que tragasen,
sin advertirlo, la medicina saluda-’
ble del alma. Veíalos despreciar con
tal frenesí todo lo que les olía á de-;
vocion , y virtud qué. me parecía-;
forzoso engañarlos felizmente:, do­
rándoles las píldoras ; ó poniendo'
la dulzura de la miel en el borde de
los vasos, donde se íes debian su-*
ministrar las medicinas amargas;,
mas despues de este segundó, y no
pequeño trabajo, observé que el nú-:
mero, y cadencia que con leyes se-
B ve-
X IV PRÓLOGO.

veras debían suplir la falta de la rn


ma,me obligaban á veces áno de­
cir lo que queria , ó á decirlo de
otra manera, no dexándome la pre­
cisión del verso descubrir el pensa*
miento con la naturalidad, y vehe­
mencia, que deseaba. Desistí tam­
bién de esta empresa; y semejante á
el que preparándose para un desafío
de empeño , y peligro, no quiere
consentir adorno alguno, que le em-
baraze los pies , las manos, 6 los
brazos,deseando estar agii para he­
rir ó rebatir los golpes del contra­
rio: asi hice últimamente ;■ y sacri­
ficando á la fuerza , y energía de
los argumentos , que deben herir, y
rendir, toda la belleza del metro,
que solo podia recrear los sentidos,
comenzé de nuevo la obra; mas con-
servando las leyes de la Poesía, que
me eran convenientes, y usando de
la libertad de la prosa, según lo han
prac-
PROLOGO. XV

practicado otros antes que yo con


suceso feliz.
Era mi intento llevar invisible­
mente los leñores á la violencia, y
guerra que debían hacer á sus pa­
siones; y á una ciega, y total entre­
ga en los brazos de la Divina Pco-
videncia, quando nos hace caminar
sobre abrojos, y espinas: lección
muy precisa para la felicidad de la
vida. Hallaba que los hombres la
procuraban con ardiente sed, y qui­
se aprovecharme de esta misma sed,
para conducirlos adonde quería , y
á este intento hacerles una pintura
tal de este noble fin , y premio de
la virtud, que enamorados de su be­
lleza, no dificultasen practicar qual-
quier áspero medio, que los llevase
á ella. Aprendí esta fina , y pru­
dente política de loque vi en Jesu-
Christo , el qual hallando también
sedienta á la Samaritana, se valió
B» de
X VI pr o lo g o .

de su sed, para convidarla 3e tal


modo con la descripción de la sa­
ciedad completa, que le prometía,
que no se resistiese á abrazar su
dodrina.
Ahora esta pintura de la Felici­
dad , que solo se podia conseguir
por medio de la virtud, convenia
que yo la pusiese delante de los ojos
de los mortales, muy cerca , para
que la creyesen posible, y no la
reputasen mero fantasma de la ima­
ginación , sino realidad, tocándola
casi con las manos. Por este motivo
busqué en laHistoria un Héroe ver*
dadero, á quien conviniese esta pin­
tura , porque de este modo los di­
suadía sin violencia del error co­
mún, con que se busca la felicidad
por el camino del vicio , y hacia
entrar á los le&ores en el de la ver»
dadera alegría i¡ porque fácilmente
nos animamos á hacer Jo que vemos
prac-
PRÓLOGO. XVII

pra&icado, quando los efectos son


agradables.
Para esto me era indispensable­
mente preciso un Héroe, en quien
hiciese brillar la virtud ; la qual,
quando se vé pra&icada , es tanto
mas agradable, que los simples con­
sejos , quanto lo es la solfa cantada
respecto déla puramente escrita; y
juzgué que le debia buscar entre los
Príncipes Christianos, para que nin­
guno pudiese sospechar que hacia
yo nacer la felicidad de las máxi­
mas independientes de la Religión
"Romanayque es la única en que po­
demos ser felices en la vida, y espe­
rar despues de la muerte la felicidad
completa. Este punto era esencialí-
símo para que no se confundiese mi
Filosofía con la de los Paganos, ni
las máximas sacadas del Evangelio,
con los consejos de Platón , de Sé-»
ñeca, ó de aquellos falsos Filóso-
B 3 fos,
XVIH pró lo g o

fo s, que en nuestros tiempos nos


venden con el especioso título de
Bien de la Sociedad, los proscriptos,
y despreciables errores de los anti-
guos sofistas.
A este intento encontré felizmen­
te á principios del siglo XIII. á Ula-
dislao , Rey de Polonia, Príncipe
de tan heroyco mérito, que sin exen>
pío , ni imitador, hasta ahora, dis­
putó con su primo Lesko , sobre
quién, con mayor generosidad,ha­
bia de sacrificar á la verdadera Fi­
losofía el Trono , y el Cetro, áque
ambos tenían derecho igual. Vi en
él, que obligado últimamente de las
instancias del primo, y del amor de
la pública tranquilidad, subió a!
Trono $ y que habiendo gobernado
dos años los Pueblos como padre,
descendió de él muy sosegado, lue­
go que vió que ellos inconstantes se
inclinaban mas á Lesko. Vi que vi­
PROLOGO. XIX

vió despues en Polonia como simple


particularen paz, y en tranquilidad,
el que antes fué su legítimo Sobe­
rano, cosa nunca vista. Estas accio­
nes me persuadieron que no podría
encontrar en toda la Historia per-
son age á quien mejor ajustase U
pintura de la virtud, y sólida Filo­
sofía, que queria yo hacer brillar á
la faz del Universo.
Necesitaba la virtud de la con­
traposición deí vicio; y las máxi­
mas déla Filosofía debían ser real­
zadas, puestas á la frente de los cie­
gos desórdenes de las pasiones fu­
riosas. Para esto era necesario otro
personage verdadero, y coetáneo,
para que no se dixese que degenera­
ba en novela, lo que eraPoema (aun­
que podía tomarme la licencia que
se tomaron Virgilio, Tasso, y otros,
valiéndose de personages que no
coexistieron) y challé al Conde de
B4 Mo-
XX PRÓLOGO.

Moravia, famoso por los yerros de


su pasión amorosa, como refiero en
el último libro, donde se ven los
funestos efeños de esta loca pasión
en el asesinato de su hermana la
Reyna de Ungría. Este hecho me
dio autoridad para hacerle repre­
sentar en este Poema el papel que
convenia para realzar la virtud de
mi Héroe, y hacerla llegar a los ápi­
ces del heroísmo, á.que la mano po­
derosa de Dios se sirvió elevarle,
mediante la gracia del Espíritu
Santo.
Hacía á mi intento la Cronología,
y la Historia de aquellos años, lle­
na de ¡numerables hechos en que
se interesa la curiosidad; por quan­
to entonces hervían con las Cruza­
das el Mar Adriático, y el Archi­
piélago. El Imperio de Oriente ex­
perimentó en sus Emperadores des­
de ManuelCotnneno alternativas ex*
traor-
PRÓLOGO. XXI

traordinarias: entonces fueron los


catástrofes de Andrónico , de Isac
Angelo, de Alexo su hermano , se­
gunda vez de Isac Angelo, y de
otro Alexo su hijo, pasando por es­
te tiempo el Cetro del Oriente de
tos Griegos á los Latinos despues
de la toma de Constantinopla, quan­
do Balduino I. que era Conde de
Flandesfué puesto sobre el Tro­
no , y después de él su hermano
Enrique.
En el Asia menor se veía de nue­
vo establecido, y coronado Empe­
rador en Nicea Teodoro Lascaris,
casado con Ana , nieta de Isac
Angelo. El Sultán de Iconio prepa­
raba las armas para ayudar á Leaon
Rey de la Armenia menor. En la
Tierra Santa se veía la nueva Rey-
na de Jerusalen María, hija de Isa­
bel, que era últimamente Reyna de
Chipre} y pedia á Felipe Augus­
to
XXII PROLOGO

lo Rey de Francia , le señalase es­


poso digno de su persona , y Co­
rona. Todo esto subministraba á la
ficción poética mil episodios , que
podían ser útiles á la intriga, la que
sirve no solo para hacer ver las pa­
siones en toda su fuerza , sino tam­
bién para traer el alma del le&or
en continuo , bien que diferente, y
agradable movimiento, hallándose
estimulada con la curiosidad de ver
el buen, ó mal éxito de los sucesos;
lo que da lugar á que la Filosofía
insinúe insensiblemente todas sus
máximas, y que se vea con gusto,
que la razón triunfa siempre de las
pasiones, y la virtud del vicio.
Para desviar del todo la austeri­
dad, que tanto se teme en unas máxi-
mas, que declaran guerra abierta á
todos los vicios , pongo estudio en
que muchas veces sean manos deli­
cadas las que curen las heridas, y ha­
go
PRÓLOGO, XXIII

go entrar en este enredo á la Empe­


ratriz viuda de Nicolao Canabé, que
por pocas horas gozó de este honor
en el pasage tumultuoso, quando el
Cetro del Oriente pasó de los Grie­
gos á los Latinos. A esta Princesa
supongo disgustada , y retirada de
la Corte en una casa de campo so­
bre el Niester, donde es el primer
encuentro del Héroe. Doyle por me­
dio hermano al dicho Conde de Mo-
ravia, para que la estrechez del pa­
rentesco haga decente la familiari­
dad , que es indispensable á quien
juntamente con el Héroe (Médico
de su corazon corrompido) hade
hacer el papel de enfermera para sa­
nar su alma.
Aquí, pues, junto á la casa de esta
Princesa,comienza el artificioso en­
lace de sucesos en un encuentro ca­
sual del Conde de Moravia con Ula«
dislao, que mientras vivió descono*
ci-
XXIV PROLOGO*

cido,se llamaba siempre Miseno. Es­


te le comunica sus máximas, y para
ello toma el principio de su historia,
trayéndolo desde que vio balancear
la Corona de la Polonia sobre la ca­
beza de su Padre Mieceslao. Figuro
entonces que mi Héroe aun no lo
era, antes al contrarío , se dexaba
arrastrar de la tristeza, de la pasión,
del furor, y se habia abandonado al
acaso; pero que en su peregrinación
con mil sucesos, ya misteriosos, ya
naturales , habia aprehendido las
máximas de la sólida Filosofía, que
le hicieron despues subir al Trono
sin ambición, descender de él sin pe-*
na, y vivir sin tristeza en aquella so-
ledad en que le hallaron. Acabada
esta parte del enredo , que se sabe
por la narración del Héroe, se si­
gue la dilación de algunos dias, y se
finge que conversando los tres, dis­
putando, se persuaden las máximas
de
PROLOGO. XXV

de lá verdadera alegría, y después


por casos inopinados , y trazados
por las furias del infierno que decía**
taron guerra abierta al Héroe, es­
tuvo este á punto de separarse de
su alumno; mas por orden de la
Providencia empiezan á viajar jun­
tos: el Conde con el designio de mi*
litar en la Tierra Santa, y el Prín­
cipe de acompañarle , para mode­
rarle las pasiones, y completar la
do&rina que le habia empezado á
dar, deseando el Héroe conseguir la
empresa de vencerse á sí mismo, de
manera que la razón siempre domi­
nase , y gobernase todas sus pasio­
nes, pues desdeel princi pío tenia co­
locada en esto la verdadera heroy-
cidad. En esta gran empresa trabaja
por fin Uladislao, hasta que ayuda­
do de la gracia del Cielo, que hace
al hombre terreno superior á sí mis­
mo, ni la venganza le mueve , ni la
«XVI PROLOGO

ingratitud le vence, ni otra pasión


alguna le domina ; y pasados on­
ce meses en esta lucha perpetua de
la virtud del Héroe con todo lo
que podía vencerle , se retiró por
orden superior á vivir en Polonia,
donde dice la historia que Uladis-
lao vivió en paz.
XXVII

ADVERTENCIA.
E i Autor de esta obra advierte al Leñot
tenga presente lo que se ba dicho en el Proío-
go: lo que se dirá en el libro tercero,y mucho
mas las palabras que están al reverso de U
primera portada , sacadas del libro de U Sa­
biduría: Laeratus sum in ómnibus, quoriíam
antecedebat me isea sapiemia, Por donde co­
nocerá que en las tres partes de esta obra por
la palabra Filosofía no se entiende la luz d i
la ra&on , fundada meramente en los princi­
pios naturales , como lo entienden los Estoi­
cos : sino la luz* de la raz>on ilustrada por U
luz, superior, como se advierte expresamente
en varios lugares; y así quanto se dirá en es­
te Poema en ordena seguir la virtud, repri~
m r las pasiones > huir de los vicios , y poner
los medios para hallar una felicidad inde­
pendiente del mundo , y de la fortuna,
todo se debe entender mediante los auxilios
de la divina gracia, merecida por Jesu*Chris~
fo; ¡a qual nosotros debemos implorar ^ no so­
lo
XXVIII ADVERTENCIA*
ío para tener vigor capaz, de resistir tas ten*
tmon'esy mas también para qué nuestros afigs
dé virtud sean sobrenaturales , y merecedores
de la felicidad eterna, conformándose en esto
el Autor * corno en todo lo demas, cún los sen-*
timientos, y dogmas de nuestra Religionípuef
de ninguna manera quiere que se entienda*
que por nosotros mismos podemos ser felices y
sin dependencia de la gracia de Jesu-Christo;
por cuya ra&on muy de proposito hace estudiar
& su Héroe en los libros santos de las Escri*
turas, que hallo' d los principios t y estos fué~
ton los que le excitaron la idea herojea de
vencerse a sí mismo, domar sus pasiones, y
burlar se.dt las adversidades«
LIBRO PRIMERO. §
* h s agradables márgenes del
J E T caudaloso Niester pascaba el Con­
de de Moravia en compañía de su hermana
la Princesa Sofía , sin que su amable con­
versación, ni la solidez de los discursos que
hacia ésta, le pudiesen distraer de Ja pesada
melancolía, que le molestaba sin intermi­
sión. V ió la Princesa que los argumentos
mas convincentes eran inútiles, frias las ra-
2oncs mas patéticas, y resolvió valerse de
su ayre jocoso, y de la gracia de que estaba
dotada por naturaleza; y acordándose de
que en otro tiempo las bellezas del Parnaso
tenían gran poder sobre el corazon del
C o n d e5 quiso tentar este m edio, aprove*
chandose de las circunstancias que le ofre­
cía el paseo* Mirad este rio (le dice) que
allá en Polonia conocimos algún dia tarv
pobre, y hum ilde, qüe se paraba cortés ,á
qualquier piedrerillaque encontraba, y tor­
cía por su respeto el camino acia otro Jada.
t Qm.U C ¡Q ¡jé \
2 EL HOMBRE FELIZ.
¡ Qué diferente va ahora, viendose podero­
so en raudales, y aumentado en fuerzas!
Su sobervia no puede sufrir que aquel viejo,
y carcomido peñasco le esté siempre dis­
putando el paso ; y quiere, sea como fue­
r e , quitar de allí aquel estorbo. ¿ N o ves
como espumea enfurecido, como murmu­
ra, y se queja, y como se despedaza todo*
luchando con el peñón?
2 No esperaba el Conde semejante
ataque, estaba desprevenido por este lado*
porque hasta entonces solamente Je habia
combatido la Princesa con razones sólidas,
y discursos serios, contra los quales Ja tris­
teza estaba fuertemente atrincherada ; en
esto se le escapó una ligera sonrisa , que
procuró reprimir, enfadado contra su fra­
gilidad, y se volvió á su ayre antiguo, som-
t r io , y desanimado. Alentóse la hermana
con esta levísima esperanza , y prosiguió
provocándole la risa con la misma metáfo­
ra , disfrazando el intento ; y queriéndole
hacer creer que á sí propia se intentaba di­
vertir , dio desahogo á su natural jocoso
diciendo? ¿No ves el obstinado empeño de
las ondas en esa lo ca, y temeraria empre-*
s ú Unas le quieren minar por abaxo, otras
in -
1 IBRO í. ?
intentan demolerle por asalto, f Ah pobres!
¡ Y qüé cara os ha de costar Ja osadía! V ed
ya como van cayendo en el rió precipita­
das, porque desfallecen en medio de la su­
bida* ¡ Qué gemidos ésta'n dando por ha­
ber cáido! ¡ comó gritan! ellas atruenan
todo el valle. ¡ Inútiles lamentos! Mas no*
íio son tan inútiles como parece 9 porque
sirven de llamar á las compañeras, qué y á
estoy viendo venir de allá muy lejos, acu­
diendo apresuradas i despicarse de la fla­
queza de las primeras* Si yo tuviese la li­
bertad de ios Poetas, diría ahora que las
Nereidas temerosas de este rio ,y aturdidas
con el ruido , y estrépito de estas aguas
amotinadas* huyen á refugiarse en las cori^
cavidades de las peñas* y que los ecos par­
leros 9 corriendo por valles, y montes* üo
hacen sino repetir, á quien quisiere escu*
charlos * sus femeniles lamentos*
3 Aquí el Conde no pudo resistir mas;
y desahogado algún tanto * responde á la
hermana en el mismó tono, crí que ella le
hablaba^ Reparad vos también (le dice)
como esa roca alta , y desmoronada se
mantiene tranquila , y sosegada en medio
de tanta guerra > golpes > ruidos ¿ quejas*
¿2 Uan-<
4 EL HOMBRE FELIZ.
llantos, combates , asaltos, y ella fliuy
quieta y descansada. ¡Ah! ¿yquién pudiera
hacer otro tanto en medio de los bayve-
dcs de la fortuna, y trabajos de la vida S
H e aqui como habia de ser el hombre, pa­
ra ser en este Mundo feliz¿ ; pero los míse­
ros mortales nacieron para ser desgraciados*
y la naturaleza, siendo madre 3 mas tra­
tándolos como madrastra, les priva de to­
do lo que puede alegrarles verdaderamente,
y a nosotros nos niega hasta esa felicidad*
que aun á los peñascos concede. Así ha­
blaba el C o n d e, y qual extenuado en*
fermo que se esfuerza á levantar el cucr-,
po lánguido , y no pudiendo incorporar*
se , cae luego mucho mas desfallecido:
asi el Conde hacia servir á su antigua,
y pesada tristeza todo quanto se le decia
para alivio.
4 Iba á responderle lá Princesa, quan*
do vieron que salia á trabajar de una ca*
baña , que estaba en lo alto de un monte
de enfrente, un venerable anciano, que con
los cansados golpes de su hadada , que de
quando en quando se oian resonar en las
piedras, queria obligar al suelo ingrato á
que le pagase en sustento lo que él le dabat
en
LIBRO f. y
¡en sudorés, A l compás de los golpes ibá
cantando; pero el viento esparcía las voces,
y privaba á la Princesa de lá inteligencia
de la letra. Los paxarillos atrahidos natu­
ralmente de la armonía , venían saltando
de unas ramas en otras, y puestos en los
árboles fronteros, respondían al anciano en
su agraciado, y natural estilo,
y Impaciente el Conde con el deseo
de percibir la canción, iba con la hermana
corriendo í lo largo del rio , en busca de
parage mas oportuno ; y quando el viejo
callaba, reparaban en su gesto, y su figura.
Su cabello era blanco del todo , la barba
Venerable, el semblante hermoso; y un ay*
j e noble que se le traslucía, les hacia sos­
pechar en aquel varón un no sé qué de gran­
de , que sin verse bien,se dexaba conocer.
6 Continuaba su canción , y en una
pausa que hizo el viento, pudieron perci­
bir este remate*

'Bn mí tenga U fuente de díegrU;


Antes U tuve , mas yo no lo sabíá,

Oyen esto los dos herm anos, y mi­


rándose mutuamente , se encontraren sus
C 3 ojos
<? EL HOMBRE FELIZ,
ojos j y pensamientos. Consultan emrs
sí, y determinan atravesar la puente, ysu^
bir í la montaña , para saber del viejo
aquel enigma. Caminan y apenas llegan al
puente , quando oyen de nuevo que <1
anciano proseguía con su canto, y parán­
dose , escucharon atentos, y entendieron
que decia i

Dio' principio al raudal monte eminente3


T en la tierra sus pasos ocultando,
A mi casilla viéneme buscando^
Y me bace su señor independente .
J
De Dios viene corriendo ocultamente ,
De este modo el placery que es don del C ie ltj

,;
Fnes que me hace dichoso acá en el suelo
Dueño soy de la fuente y la alegría:
,
f avor (que agradecido es fu erza cuente')

, ,
Ambas son don de Dios mas fácilm ente
Si en la tierra se pierden totalmente
Queda pobre quien rico ser podía*

7 Calló el viejo, y él Conde con nue-;


Vo ardor dice á la hermana , que conve­
nía examinar aquel caso , porque no po­
día haber en el n^undo mejor encuentro.
Reparó Miseno ( este era el nombre del
an-
LIBRO r. 7
anciano) en los dospasageros , qüe se enca­
minaban á buscarle , y dexando pronto la
hazada, baxó á recibirlos, y se ofreció á ser*
virles con urbanidad en todo quanto alcan­
zase su edad, y triste estado.
8 Triste estado (replicó Sofía admira­
da} i cómo pues os manifestáis tan alegre,
y satisfecho ? ¿No sois vos quien poco ha
cantaba, diciendo , que en vos teniais la
fuente de la alegría , y que la poseíais sin
saberlo *
9 Razón teneis, Señora (le respondió),
fue necedad de un viejo, que acostumbra­
do í tratar con las peñas , y los troncos,
tropezó luego que se vio obligado á ha­
blar con personas de respeto. Llámele tris­
te á mi estado, porque así lo acostumbran
llamar los o tro s; pero corrigiendo mi ex­
presión , d ig o , que si en mi estado feliz
puedo serviros, eso mismo aumentará in­
creíblemente mi alegría , y felicidad ; por­
que consuela mucho aun hombre poder ha­
cer á otro hombre dichosoXlacercarnos por
la imitación al Ser Supremo, que es la fuen­
te , y primer origen de toda felicidad, nos
puede hacer en cierto modo participantes
de ella; y según entiendo, le imitaríamos
C 4 muy
8 EL HOMBRE FELIZ.
m uy noblemente , si cada uno concurriese
¡í la felicidad de los demás,
10 No podéis tener mejor ocasion(di*
xo el Conde) , í este tiempo habian subi­
do ya la montana; y Mtseno les díóasien*
ro baxo de un emparrado , que formaba
un gabinete muy gracioso. Allí los pámpa­
n os, que colgaban al rededor > hacían
como un d o sel; servia la. verde yerba de
alfombra , formábase el espaldar de una
empalizada, en la qual enlazándose con
entretejido primoroso los sarmientos mez­
clados con olorosas enredaderas, trepaban
hasta la cima ; de modo , que estorbaban
la entrada al s o l, para que no les moles­
tase. Aquí pues sobre almoadas de deli­
ciosa grama recibió Miseno i sus honrados
huéspedes.
11 Estaban estos pasmados de lo* que
veian , y oían , admirándose, que Miseno
hubiese hallado la alegría en tanta soledad*
y escasez, quando ellos con suma ansia la
habían buscado inútilmente toda su vida.
12 D e todo quanto puede desearse en
el mundo (decia el Conde) para vivir ale­
gre , he gozado á satisfacción j mas nunca
pasé un dia perfectamente contento. He
an-
LIBRO t 9
Ünáado corriendo de Ciudad en Ciudad,
de Reyno en R eyn o , de dima en clima,
siempre en pos de la imagen de la perfe¿ía
alegría, sin poderla dar alcance. Ella ha
sido para mí como la sombra , que quan­
to mas corremos tras ella , mas se empeña
en huirnos. Por eso tenia hecho concepto,
que era cosa imposible hallar en esta vida
alegría perfefta. Mas ahora, asegurándome
vos, que la habéis hallado, conozco* quesoy
mas infeliz de lo que pensaba; pues veo que
pudiendo ser dichoso , Jos hados injustos
me formaron solo para ser desgraciado.
i; (Desgraciado! (replicó Ja hermana)
en verdad , que yo no conozco persona,
que con menos razun se pueda quejar de la
fortuna. Esa Deidad sobervia, que si mira
con agrado á los mayores Monarcas , Jes
dexa satisfechos, y ufanos, os ha tra­
tado siempre como á su hijo querido. V er­
dad es , que asegurando Jos insconstantes
pies en su rueda voluble, hace andar al
mundo entero en un perpetuo g ir o ; mas
para vos siempre ha sido firme , y estable.
E sa loca, solo constante en ser mudable,
que si nos muestra un semblante risueño,
y alegre, luego lo mud.a en terrible > y
es*
io EL HOMBRE FELIZ.
espantoso, que quanto mas la lisongean , y
adoran , tanto mas los desprecia , y ul­
traja , para vos siempre ha sido leal , é
invariable. Si para los demás es D ios, para
vos es esclava. Los demás la adoran, y
ella les huye; vos la despreciasteis siempre,
yelia nunca dexó de buscaros.Ved ahora,
hermano m ió, con quánta injusticia os Ma­
níais desgraciado.
1 4 \ Y de qué me sirve la fortuna (le
replicó afligido) , si nunca me ha dado
3a alegria que busco? Confieso, que todos
los bienes , que la fortuna dispensa , me
parecían como un mayorazgo enagenable
de mi persona : pero la tristeza era como
una pensión anexa k ese mayorazgo. Y o
bien quería formar con grande industria
un círculo tal de divertimientos, que mi
alm a, atrincherada en ellos, quedase im­
penetrable á la melancolía , mas ella con
nuevo artificio en las mismas diversiones
me asaltaba. E s verdad, que yo las apeteciaí
con grande ansia, y experimentaba en ellas
notable gusto al principio, mas con la con­
tinuación me fastidiaban ; y si me hacia
fuerza para proseguir con ellas* me servían
de tormento insoportable.
LIBRO I, ti
Com o enfermo , que ha perdido
t i gusto, y con la imaginación ociosa cor*
re por todo el mundo, sin encontrar cosa,
que le excite el apetito , asi era yo , que
solo por encontrarle todo lo queria probar ;
pero apenas lo llegaba á la b o c a , quando
luego lo arrojaba,
1 6 D el recreo de los sentidos pasaba
á la satisfacción de mis pasiones. Ningún
freno les ponía; y aunque cumplía codos
mis deseos, también todos me engañaban ¿
Prometíanme un contento fino, delicado,
y duradero; mas apenas comenzaba mi co­
razon á alegrarse, quando ya una nube
negra venia de repente (com o sucede a
veces en los.prados), y me dexaba som­
brío ¿ y esto quando todos los demás, que
estaban en mi compañía 9 se alegraban.
A sí he vivido , asi corrí la Europa , y así
llegué á casa de mi hermana, por ver si al
menos en el amor insípido, y sincero de
la naturaleza hallo algún consuelo para mi
alma desesperada»
1 7 Para daros en pocas palabras (aña­
dió la hermana) una idea bien justa de li
melancolía del Conde * bastará repetiros
Un artículo de cierta carta, que me escri­
bió
Si £L HOMBRE FELIZ,
t r i ó despues de salir de París, en la qual á
pesar de las M u sas, que por darme gusto
hacia hablar , se veia bien, que la tristeza
del corazon le dominaba ; porque despues
de referirme los divertimientos de aquella
p o rte , añade:

Hermana, sabe, pues , que la t r i s t e s

, ,,
JEn mi pasa j a ¿ ser naturaleza.
Triste me halla la noche triste el did%
Triste la Luna nueva que luúa\
Triste quando menguante y en creciente,
Triste quando esta llena7y refulgente .;
,
Triste el Sol 7 que a su ocaso se avecina
Triste quando al helado Sur camina

? ,
Triste me es el Veiunv 5y triste me era
~El Otoño el Invierno y Primavera*

■Y de aquí podéis inferir, concluyó SofiaV


que nó podia ser mas obstinada su tris­
teza.
18 ¡A h hijo m ío! (permítase á mis
años, y al afefto con que os estimo , usar
de este cariñoso nombre ) ¡ que venturosa
os será este encuentro, si tomareis mis con­
sejos! Allá en los postreros años de vues­
tra vida prolongada, y en los mas remo^
tos
LIBRO £ i¿
ttís climáSj á que podrán llevaros vuestro^
empeños > yo os aseguro , que no podréis
olvidaros de este peñasco en que estáis,
de este rio que v e is , ni de este viejo, que
os habla. Segu id , hijo mió , el camino,
que yo os mostraré; y os prom eto, que
sereis enteramente feliz.
19 N o obran con mas prontitud las
palabras de un encanto, que obraron estas
en los corazones de Sofía , y el Conde.
E l alborozo interior se les veia en los ojos,
y toda el alma quería salirse por ellos á ver
el camino, que el viejo les enseñaba. So­
fía temiendo , que solo el Conde fuese
atendido en la receta prometida , quiso
también informar í Miseno de las dolen­
cia, que su corazon padecía ; y á la ver­
dad , que su tristeza era mas bien funda­
d a , que la del Conde , aunque continua­
mente habia andado luchando contra ella.
¿o No penseis , le dice a Miseno la
Princesa , que siendo los dos hermanos
compañeros en el mal, sea también en am­
bos semejante el motivo de tenerle. M i
hermano ha buscado la alegría en las d i­
versiones , riquezas, y apetitos: yo la he
buscado por muy diferentes medios > mas
de
14 EL HOMBRE FEtIZ*
ide ambos se ha burlado la suerte; y pro­
metiéndonos alegria completa * nos halla­
mos con una tristeza muy radicada. Esto
dixo ; y al modo que se dispara con ímpe-*
tu la saeta del arco o p r im id o y encorva­
do largo tiempo, así dexó salir un profun-*
do suspiro en un torrente de lágrimas* que
quiso comprimir, y no pudo; y despues de
haberlas enxugado algún tanto , continuo
diciendo : permítase á un corazon oprimi­
do suspirar al fin con desahogo entre las
p eñ as, y montes, y sepan al menos estos
quién es la desgraciada Sofía. ¡Ah, y quán-
ta violencia ha sido necesario hacer i mt
corazon , para manifestarme alegre en ob­
sequio del Conde!
21 Ha poco mas de dos años, que es­
ta cabeza ciñó la corona de Constantinopla,
y otro tanto tiempo ha , que sin el menor
motivo me la arrancaron de ella.En el es­
pacto de veinte y quatro horas me levantó
la fortuna sobre el trono del Imperio , y
me hizo caer de él. Efímera de las Em pe­
ratrices, el mismo Sol * sin descender de
su carro* me vio vasalla, y soberana , y
otra vez reducida á Jo que antes era. O s
referiré el suceso, por sí lo ignoráis.
Y*
LIBRO I. i?
22 Ya sabéis quan funestas han sido
en Constantinopla sus catástrofes, despues
que el impío A le x o , hermano del Empe­
rador Isaac Angelo, para subir al trono,
le arrancó los ojos,le encerró en una maz­
morra, y á su hijo Alexo le precisó á huir»
para no caer en la desgracia en que su pa­
dre habia caído. Sabéis también, que este
A lexo fu gitivo , y perseguido , convocan­
do en su auxilio los Caballeros de la Cru­
zada , hizo huir al Tirano intruso, resti­
tuyendo al trono al ciego Isaac, que rey*
naba en su nombre. E l era tirano en Jas
costumbres , aunque no Jo fue en la injus­
ticia de empuñar el cetro, Y de aqui se si­
guió ei desagrado de los Pueblos, que ge*
mian baxo de un duro y u g o , suspirando
por el momento feliz en que le pudiesen
sacudir , pues tan pesado les era. Aprove­
chóse de esta ocasíon el impío Murzulfe
para sus depravados, y bien ocultos inten­
tos ; y viendo en mi esposo Nicolao Cana-
be virtudes mas dignas del tro n o , que lo
era la sangre de A lexo , persuadió á los
Pueblos ( ¿ah falso ! mas en tu crimen en~
contraste el castigo), persuadió, digo , í
los Pueblos ? que serian felices ? si arran­
can*
y¿ EL HOMBRE f e l iz .
cando la corona de la cabeza de Alexo, lá
pusiesen en la de mi esposa , á quien 14
sangre Real adornada con las virtudes,que
ninguno ignoraba , le hacían merecedor de
ella, Como lo digo se hizo ; que tanto es­
timaban los Pueblos al uno, quanto abo­
minaban al otro. En el magnífico Tem plo
de Santa Sofía proclamaron Emperador á
N icolao, y subimos ambos al trono; de
suerte , que una corona sola nos ciñó am­
bas cabezas: todo era alborozo , todo jú­
bilo , todo alegría.
23 Y he aquí, que aparece en el T em ­
plo una paloma blanca volando de un la­
do á otro , trayendo en el pico un ramo
de oliva , símbolo sin duda de la paz, que
prometía á los Pueblos el caráder suave
del Emperador proclamado. Mi alma se
transporta, teniendo por buen presagio es­
ta circunstancia misteriosa. En esto veo
entrar una águila negra, que se arroja con
íiiria como un rayo sobre la paloma ino­
cente , la hace su presa, y desaparece coa
ella entre las uñas. Veo , callo j, y desfa­
llezco. E l corazon fiel me pronosticaba un
no se q u é , que ni el mismo lo sabia, Sue­
nan por todas partes cánticos de la alabanw
2a,
LIBRO L 17
Z a, vivas de alegría , y danzas de jubilo.
A l rededor de mí no se veian sino incien­
sos, y elogios* T od a Constanunopla se
daba los parabienes: que tan aborrecido
estaba el Tirano. Entonces Murzulfe , in-*
tentando h o llar, y poner baxo sus pies
en solo un dia dos Emperadores, para su­
bir injustamente al tro n o , vuela ligero á
avisar á A lexo , para que h u y a, y oculte
su persona á la furia del Pueblo, que aca­
baba de proclamar en el Templo un nuevo
Monarca* O ye Alexo el nombre del E m ­
perador , y tiembla; aturdido al mismo
tiempo con el horror de sus vicios propios,
y el resplandor de la virtud agena. No se
atreve a poner en competencia con mi es­
p o so , ni á disputarle el m érito, ni el de­
recho : no atina con el discurso , no halla
consejo. Pálido, débil, y trémulo iba á per­
der los sentidos, quando Murzulfe le toma
de la mano , 6ngiendo amistad, y zelo, y
con pretexto de ocultarlo í la colera de
los am otinados, le encierra en un lugar
subterráneo; mas luego quitando la másca­
ra á su perversa intención, le manda poner
grillos, y esposaste despoja de sus reales
vestiduras \ y adornándose coir ellas, se
Tonu u D pre-
18 EL HOMBRE FELIZ,
presenta en publico , esparciendo riqueza»
inmensas á dos manos. Embriagado el Pue­
blo con el oro , y respetando las insignias
Reales, le sufre ; poco despues le teme , y
por fin le adora; contentándose con so­
lo verse libre de la opresion de A le­
x o , sin detenerse en la iniquidad de los
medios.
2 4 Mientras que el Pueblo, medio lo­
co con todo este alborozo, va , sin saber
lo que hace , repitiendo vivas , Murzulfe
por medio de un confidente suyo avisa
particularmente á mi esposo, en ocasión
que entraba en Palacio , y le d ice, que
A lexo viene a la frente de todas sus fieles
tropas á arrancarle de la cabeza su vacilan­
te corona > que como amigo le aconseja
se retire pronto á cierto castillo seguro,
ínterin que el va á juntar las tropas de los
Caballeros de la Cruzada, que todavía se
hallaban en el puerto de Constantinopla;
que como ellos estaban quejosos de A lexo,
no dexarian de vengarse de él en ocasion
tan oportuna*
25 Cae el inocente en el la z o , y se
ve también preso, jO si al menos le conser­
v ase la vida 1 Mas ah, que virtud se ha-
‘ . . cia
LIBRO L t9
cía temible aun entre cadenas, y hierros!
y Murzulfe, si se ha de asegurar en el tro­
no , solo puede ser í fuerza de crímenes
(único medio de reynar quando no hay
merecimiento); por tanto poco despues
dio í entrambos presos Ja muerte. Mons­
truo de malicia , que sin exemplar supo
destronar en un mismo dia dos Empera­
dores > sin mas armas que el engaño ., y
subir al trono sin mas mérito que el deli­
to. Ved ahora si tengo mas razones que
el Conde, para vivir siempre triste. D ix o ;
y Jas lágrimas , el fuego , y Ja nobleza de
sus pensamientos dieron tal fuerza á las pa­
labras, que Miseno se sintió penetrado; y
luchando interiormente consigo , le vie­
ron suspenso, sin resolverse í declarar lo
que en su mente se Je proponia.
26 Pasado un breve intervalo.,..en el
que se serenó el corazon de Sofía, le-res­
pondió Miseno de este modo: SÍ supieseis,
Señora , quién es este viejo , que tiene el
honor de hablaros, sin mas remedio sen­
tiríais algún consuelo en vuestra pena; pe­
ro no es preciso, porque aunque Jo igno­
réis, os puedo dar ojro mucho mejor. Vos,
y vuestro hermano estáis en el « m in o da
Da 3a
2o EL HOMBRE FELIZ,
la solida felicidad, y solo está la dificul­
tad en saberlo seguir. Por él alcancé yo
la que gozo, que no puede ser mayor en
esta vida;pero os aseguro, que no la con­
seguiréis por ninguno de los caminos por
donde la buscabais, Esos mismos anduve
yo también , pero quanto mas andaba,
mas me perdia, También viví triste , y
casi desesperado* Si á vos , hijo mió , os
siguió la fortuna como esclava , por el
contrario á m í, la negra , y furiosa des­
gracia me traxo muchos años arrastrando,
enroscado miserablemente en su abomi­
nable cola. Esos infernales monstruos de
la envidia , y del odio , soltándose de los
abism os, y revolviendose con furia en el
mar del mundo , lo pusieron para mí tan
turbado, tan negro , tan alterado, y tem­
pestuoso , que fue un prodigio no haber
naufragado. Por momentos me he visto
muchas veces casi del todo sumergido* E l
Cielo llovía sobre mí una infinidad de
trabajos; las aguas amargas de las afliccio­
nes penetraban toda mi alma; mi corazon
estaba lleno de h ie l, y de veneno; y ya
sin aliento , sin fuerza , sin esperanzas
iba'á perccsc del todo > quando ( ¡ah qué
fe*
LIBRO L 21
feliz d ia !) ( i ) hallé el secreto desobre*'
nadar en todos ios m ales, escapar de la
tormenta, y establecer el trono de mí ale­
gría sobre una firme , é inalter^bl roca.
Desde esta veo esos furiosos dragones le­
vantando el cuello sobervio , preparando
sus garras crueles s ,y sacudiendo sus has-
tas punteagudas para embestirme. Los veo
venir de lejos, los veo llegar de cerca, y
no me asusto > porque el Omnipotente me
asegura , sí > el mismo Omnipotente (2),
que con su mano derecha me ha de cu­
brir , y que con su brazo poderoso estara
pronto á defenderme. V ed aquí por qué
desafio al mundo , í la suerte , y á los
abismos, que en vano se conjuran para
perdernle, porque sin mover un pie cer­
raré gustoso los ojos, y dormiré descansa­
do en el seno de la Providencia.El Ser Su­
premo me aconseja , que dexe en sus bra­
zos mis solicitudes; que él cuidará de mí,
como la madre cuida de un h ijo , que está
D 5 crian-

(i) Este día se declara en el Kb. III.


(t) Sap. 6* i7 -r Quoniam dextera suaU-
get eos , & Ir achia sancio s ü o defendet tilos.
%% EL HOMBRE FELIZ.
criando á sus pechos ( i ) : así ninguna fuer­
za puede haber , que me arranque del pe­
cho esta firme esperanza, ni la paz, sosiego,
y alegría > que ella me causa*
27 Aturdidos quedaron Sofía , y el
Conde con la narración de Miseno ; y tan­
to esta excitó mayor curiosidad , quanto
ella era mas inaudita, y misteriosa; por lo
que queriendo Sofía aclarar este punto , le
dice : La autoridad de vuestra persona , y
ia fuerza irresistible que d i vuestra fisono­
mía á quanto decís, me obligan á que os
dé crédito; aunque estaba persuadida (co­
mo también el Conde) , que no era posi­
ble gozar en la vida estado semejante. Y o
seguía en esto la máxima de un Poeta*
q u e d ix o :

Teíiz, llamo al que es menos desdichado,


T contento al que menos ba llorado.

Pero vos me dais otra idea de mucho mayor


alegría, y mas completa felicidad.
Ten-

(1) Psalm. 1 3 - 1 7 . Ja c ia super Dotnlñatn


cufatn tuam , ipse te snütriet,
LIBRO I. 2j
28 Tengo por feliz (responde Miseno)
í quien vive deJ todo contento, y satisfe­
cho ; y habéis de saber, que hace ya qua-
tro años que vivo en este estado. Nada me
acontece , que me dé pena; nada me falta
de lo que deseo ; ni el mundo, ni la suerte,
ni Jos abismos tienen nada conmigo, porque
vivo exento (hablando, amigos, con la frase
del vulgo), vivo exento de la jurisdicción de
los hados. Desde Jo empinado de esta mon­
taña veo las dos fatales hermanas; quiero
d e cir, la fortuna, y U desgracia, que se
andan burlando, y haciendo mofa de todo
el Género Humano : aquella prepara el
cam ino, por donde esta ha ven ir; y am­
bas de concierto tienden las funestas redes,
en que caen los mortales. L a fortuna los
llama con atra&ivos , la desgracia los es­
panta con terrores ; todo para hacerlos
caer en el laxo. Ahora yo , que estoy
viendo de lejos sus astucias, me rio de
ellas ; y por eso los pesares , y placeres,
los oprobrios , y alabanzas, la riqueza, y
la penuria , todo para mí es lo mismo;
nada me inquieta,
29 E l Conde estaba en la mayor con-,
fusión , que podia imaginarse* N i se atre-v
D 4 via
24 EL HOMBRE FELIZ.
via á adm itir, ni podía despreciar !o que
escuchaba. Era este idioma para él como
lengua del Japón , y no podia entenderlo*
L a figura, y gesto de Miseno eran tan
persuasivos, que no se atrevia á condenar­
le de mentiroso , ó de loco ; mas no pu-
diendo comprehender filosofía semejante,
lo replicó francamente : Insensible debe
ser , amigo * vuestro animo , ó vuestro
corazon se halla petrificado ; y así solo í
vos os puede servir esta singular filosofía;
pero nosotros, hermana, ya podemos
perder las esperanzas de imitarle*
jo Creed (dice Miseno), que mi genio
ha sido bastantemente fogoso,y las mem­
branas de mí coraron sumamente delica­
d as; por eso los primeros encuentros de la
llamada desgracia ihe dexaron bien herido,
y ensangrentado , sintiendo un dolor tan
vivo, tan intenso, tan insoportable,que me
llegué i ver casi muerto, ó por lo menos co­
mo Joco, ó desesperado«Mas está nueva filo­
sofía (Ju2 ciertamente del Cielo, superior á
las de Ja naturaleza) me animó de manera,
que para mí fue un bálsamo saludable que
curó mis heridas antiguas, y me infundió
valor para mirar con desprecio las que
pu-
LIBRO I. 2j
pudiese recibir de nuevo. Esta lu2 supe*
rior (que no dudaré comunicaros, si gus­
táis), esta es la que me ha puesto en el
estado en qtre me veis.
3 1 Nunca creí ( dixo el Conde ) : y
perdonadme, amigo, la sinceridad; ni ja­
más podré persuadirme, que pueda haber
en este mundo gozo cumplido. Siento
ofenderos; pero la reda razón me está gri­
tando , y no quiero prostituirla al error
Infame , aunque se me presente revestido
con los adornos mas artificiosos, y apoya­
do en vuestra grande autoridad* Y o no
puedo creer ta l, ni mi razón debe rendir
tributo sino solo á Dios.
52 N o me ofendeis quando tan fiel­
mente reverenciáis la reda razon.Yo tam­
bién la respeto, y venero j y porque á
elia , y á Dios rindo ( como v o s) vasa-
llage , por eso asentí á las máximas, que
os voy declarando. Aquí se suspendió un
poco Miseno , como quien medita el mo­
do de explicarse. Bien sabía él que no era
sola la Juz de la razón natural , la que le
habia hecho conocer qual era su felicidad
eterna, y qual podía ser la de esta vida¿
E l misterioso encuentro de las Sagradas
Es-
2(5 EL HOMBRE FELIZ.
Escrituras, que veremos adelante ( i ) , fue
el que le ilustro Ja re<5ta razón, que natu­
ralmente tenia; y la doftrina del Santo
Evangelio la que obró en su entendimien­
to y y corazon tan maravillosa mudanza.
Pero no quiso deslumbrar con el lleno de
esta luz superior á sus huéspedes» dándo­
les de repente con toda ella en Jos ojos;
sino que á manera de quien abre una ven­
tana al enfermo, que esta en tinieblas, que
poco á poco dexa entrar la luz por eneré
alguna cortina , hasta que acostumbrados
los ojos y se le pueda poner patente el sol
sin ofenderle ; asi hizo M iseno, dando, y
escondiendo con economía la luz, revelada,
que habia recibido de los Libros Sagra­
dos. Habiendo pues hecho una breve pau­
sa, como quien piensa en lo que va í
decir , habló á sus huéspedes de esta ma­
nera: Si tuviereis paciencia para oírme, yo
os declararé los fundamentos que me con­
vencieron quando estaba mas tenaz en
que no se podia hallar en la tierra este
tesoro de la verdadera alegría > ni que en
ella

(i) Lib.IH .
LIBRO I. ¿7
ella estaba escondido por Dios para con­
suelo de sus hijos, los quales conocía bien
su Sabiduría, que siempre habían de sus­
pirar por esta felicidad. Mas quiero que
reparéis bien en que este tesoro solo nos
viene de D io s, y que solo acercándonos á
él lo podremos encontrar ( i) .
3; Poco menos que extáticos queda­
ron S o fía, y el Conde esperando el discur­
so de Miseno , como de un oráculo del
C ielo; y habiéndole prometido toda la pa­
ciencia que quisiese , les habló así*
34 Este gran deseo que tenemos de
ser felices en la vida , prueba hasta la
evidencia que este estado es posible. No
hay sed tan ardiente > ni hambre tan insa­
ciable , como la que tenemos de la felici­
dad. L a aguja tocada al imán > bulliciosa,
desasosegada , é inquieta , no descansa
hasta hallar su Norte ; ya se mueve á un
lado j ya á otro > an da, y desanda has­
ta encontrar con é l , y solo entonces se
sosiega. Esté enhorabuena el Polo allá
en

(i) Psalm, 33. 5. A ccedite tum , &


MluminamlnU
23 EL HOMBRE FELIZ*
en el fin del Mundo , y cubierto con tos
aguas del Mar Glacial > no importa , la
sguja quiere , al menos de Jejos > poner
en él sus o jo s , y en divisándolo , queda
como absorta , é inm óvil, y sin pestañar
le está siempre mirando; y aunque el mun­
do se vuelva > y se revuelva sobre su exe>
no le pierde de vista. Pues asi es el cora­
zon del hombre con el deseo de la felici­
dad; vos lo sabéis.
3 5 g Pues de dónde nos vino este de­
seo innato ? D e dónde sino del Ser Supre­
mo. El fue quien por su mano formó el
corazon que me d io , y sin duda él es
quien plantó en mi alma esta inclinación
tan fuerte í la completa alegría; porque
lio son estos deseos como o tros > que tam­
bién sentimos > y procede solamente de
la corrupción de Ja naturaleza , y de su
depravación. Decidme ahora; ¿ Nos ha de
obligar Dios í desear un imposible? Si es­
te Padre universal no tuviese en todo el
m undo, ni una sola gota de agua , \ i
qué fin nos habia de dar la sed? ¿Solo para
tener el gusto cruel de vernos secar sin re­
medio? No > no puede Dios obrar de este
LIBRO I. z9
tenemos este deseo innato de ser felices en
la vida* ó conceder, que es posible llegar
á conseguir este estado.
3 6 A la verdad, hermano mió ( res­
ponde Sofía ) que bien reflexionado , este
deseo de la felicidad completa, es una voz
de la naturaleza, que sin consultar nuestro
aivedrio , habla i nuestro corazón , y le
obliga á que le busque. Y o observo que
todo lo que procede de la voluntad huma­
na , está sujeto á la variedad, y capricho,
y jamás se convino el mundo todo sino en
lo que es ímpetu innato de la naturaleza.
D io s , que la formó , ts quien con su ma­
no nos impele , excita y obliga á que de*
seémos el estado feliz : él es quien me per­
suade sin cesar á que lo busque, y por
consiguiente ha de tener en este mundo el
tesoro, que con tanto empeño quiere que
solicitemos.
37 Para conocer que fue Dios quien
puso en nosotros esta ansia (continuó M i-
seno) oid loque me sucedió : Quando mas
ardia mi corazon en estos vehementes de­
seos , tanto me atormentaba mas la sed de
mi felicidad: de manera , que Ja tristeza,
traspasando todas mis entrañas, me ha­
bía
3o EL HOMBRE FELIZ.
bia reducido á un casi delirio s en este es­
tado se presentó á mis ojos una sentencia
divina , escrita con cara&éres de oro ; al
mismo tiempo una voz oculta hablaba á
mi entendimiento, y cierta mano superior,
que conocí despues, sosegaba mi cora2on,
(Y o os diria otras circunstancias , si hu­
biese de contar toda mi historia.) ( i) D e­

tu Dios ;
cia pues la sentencia ; Alégrate siempre en
vuelvo d decir que te alegres , (2)
Me pasm o, vuelvo á le e r, y casi no po-
dia persuadirme , que mis ojos no me en­
gañaban. Alégrate siempre en tu Dios ; aquí
paraba suspenso en aquel gustoso siempre,
que comprehendia todos los sucesos de la
vida. Vuelvo d decir que te alegres ; aquí
se sentia mi corazon conmovido con esta
admirable esperanza. Dios no me puede
engañar (me decia á mí mismo) , y si éJ,
ó alguno en su nombre me aconseja que
viva siempre alegre , es señal cierta que es
posible tener en la vida este estado. Cierro
el

( 1 ) Lib, III*
(a) Gaudete in Domino semper , iterutn
dico gaudttu S, Paulus ad Philippeases 4 . n.4 ;
LIBRO L 31
el libro, y me entrego á una reflexión pro­
funda; pero inquieto vuelvo í abrirle, co­
mo quien quiere recapacitar lo que ha
leido; y ved que encuentro en otro lugar
diferente , escrita con letras, nada menos
brillantes , esta otra sentencia ( 1 ) : En to -
dos ios sucesos me be alegrado^ porque cami­
naba delante de m í esta sabiduría. Luego
( me decia yo í mí mismo ) de discurrir,
y conocer las cosas, como deben ser, me
ha de venir esta celestial alegría que de­
seo , y que el Cielo me conseja. Apenas
conocí esto , quando mi discurso entró
í hablarme de este modo:
38 Dios para algún fin me crió, por­
que nada hace sin fin , y mi corazon in­
quieto , cuidadoso, y solícito me da á en*
tender, que el busca este fin , sea el que
fuere* Ahora bien , si por el movimiento
de la piedra se conoce el centro en que
ha de descansar; si por Ja inquietud de Ja
aguja se descubre el Norte ; también por
los movimientos de mi corazon se puede ver
qual

(1) L a ta tu s sttm in cmmbus , queniafí*


anttctdebat me ista safitntia* Sap. 7,
32 EL HOMBRE FELIZ.
qual sea su fin, y en el que ha de sosegar.
Estas sentencias Divinas me dicen que es
D io s : la razón me persuade que no po­
día tener otro fin menos noble la nobleza
de mi alma , siendo imagen de D io s; á
mas de eso la experiencia general nos per­
suade que el corazon humano solo en Dios
se aquiera ( i) . Luego es certísimo que mi
corazon solo gozando de su fin , se puede
alegrar perfectamente, entonces solo ten­
drá paz , sosiego, y gozo cumplido, solo
entonces quedará como la piedra en el
centro , y la aguja en el Norte, Mas có­
mo será esto posible ( me preguntaba á
mí mismo) ¿ pomo será posible en esta vi­
da presente ? A esta pregunta oí una voz
muy sonora , y agradable que me decia:

Ttxd tu voluntad ¿ aquel estado^


Que te inspirare Dios , y en esta vida
Gomaras la alegría prometida
A quien busca su fin con gran cuidado.

( i) Inqaietum est cor nostrum doñee


qulescat in U* $, Aug*
LIBRO L 35
Oí la canción medio enagenado^y sen*
tí como correr una cortina , que me des­
cubría mil cosas 5 que antes no alcanzaba,
y entendí, que así como la piedra dete­
nida , y suspensa en el ayre de una gruesa
cadena , no goza del centro adonde se in-^
dina , sino que inm óvil, quieta , y en so--
siego , se dirige á él gozando del modo
posible la tranquilidad futura; así como
la aguja , suspensa en el exe no goza del
Norte , sino que queda quieta s é inmó­
vil quando le mira , gozando como pue*
de del objeto á que se dirige ; así mi alma
detenida en la prisión de esta vida , mien­
tras no se halla sumergida en el piélago
inmenso de las delicias eternas, para que
su entendimiento >y voluntad fueron criífr*
das , goza del modo posible de su felir
cidad dirigiéndose toda í su fin , con­
formando su juicio , y corazon con el ob­
jeto í que los encamina el que los form ó.
39 Quando Miseno hablaba a sí, ob­
servó en sus huéspedes, que el agrado
con que le atendían al principio , se iba
disminuyendo ; que acostumbran ser los
ojos como criados parleros , que declaran
sin ser preguntados todo lo que pasa en
K T m . I. E el
34 E L H O M B R E F E L IZ ,
el gabinete del alma ; entonces cortan­
do de golpe la explicación de esta sana
T eología, y sólida Metafísica , á que su
espíritu altamente ilustrado se iba encami­
nando , quiso guardar esta do&rina para
ocasion mas oportuna , ciñéndose sola­
mente por ahora á persuadirles, que era
posible en esta vida la alegría perpetua,
que D ios les aconsejaba; y hablando en
frase mas vu lg ar, y mas clara , á manera
de un arroyo caudaloso , que comenzan­
do á romper los diques , no puede conte­
nerse 5 dexó salir el torrente de las razo­
nes , en que su pensamiento abundaba, y
dixo así:
40 Ved Jo que D ios hace para recreo
de los sentidos del cuerpo , y de aquí po­
déis in fe rir, si es creible que dexase í
nuestra alma sin su felicidad. Reparad en
3a hermosura encantadora del Universo. Y
no os pido que reflexionéis por ahora en
los objetos mas brillantes , cuya pompa,
y magnificencia de bellezas nos dexan
aturdidos; sino que veáis con atención
los objetos mas viles » y despreciables.
Reparad en esos toscos peñascos, que pen­
dientes , y casi despegados de la monta-
LIBRO L jy
fia, están amenazando al rio, ¿ Y qué
veis ? Esa grama delicada , que á manera
de terciopelo verde los está vistiendo > y
adornando , y unas menudas florecillas
blancas les sirven de matiz agraciado ; y
aun esas quebraduras , que parecían de­
fectos, si las observáis de cerca vereis que
h naturaleza industriosa ¡as convirtió eíi
adorno* D e lo mas interior de ellas hace
nacer unas ramitas delicadas , que luego
que llegan í la puerta de la cárcel i en
que estaban , se esparcen 3 ya trepando,
ya descendiendo , ya saliendo por uno, y
otro lado, mas siempre tímidas sé agarran
bienal peñasco > como hijos tiernos, que
no quieren apartarse de los brazos de la
madre * que les dio el ser*
41 En esta Filosofía (dixo la Prince­
sa) ño podéis hallar persona mas dócil que
yo * porque despues de mi infelicidad soy
una continúa observadora déla naturaleza;
las cosas más ordinarias mesusperidett. E s­
ta yerba , que tenemos debaxo los pies,
bien considerada i es uná alfombra mas
delicada* que todas quantás tiene el famo­
so Saladitid , Sultán de Egipto , y Con­
quistador de Persia. Esas flórecillas , que
£ 2 pi-
$6 EL HOMBRE FELIZ.
pisamos, si hubiese quien las imitase per*
fe&amente ,aun colocada yo en el trono dt
Constantinopla , las pondría con gran gus-*
to sobre mi cabeza, ¡O ye gracia no tienen
esos árboles silvestres en sus informes
troncos! ¡ Con qué inimitable variedad,
y gentileza se tuercen , y van entrelazan­
do sus verdes ramas ! A qualquier parte
que volvemos los ojos encuentran gusto,
recreo, y consuelo. Ved aquella fuenteci-
11a , que por entre toscas piedras nace tan
clara , que parece de cristal, ó plata; ape­
nas sale de la cárcel, quando suelta va
corriendo por la tierra* y saltando por en­
tre las piedrezuelas ? de modo que unas
veces las cerca lisonjera , otras se les es­
conde por debaxo, y muchas las salta por
encim a; aquí se enfada , y murmura, allá
desconfía , y muda de senda hasta apar­
tarse de ellas del todo. ¡A h ! que esta ma­
teria , M iseno, es mi mayor diversión en
este retiro , y soledad : me tocaste en la
herida , y no pude dexar de interrumpiros;
pero disculpareis mi viveza, A lo que res­
pondió Miseno:
42 Antes bien, Señora , habéis dado
fuerza í m¡ argumento } porque si Dios
con
LIBRO I. 37
con tanto empeño puso en este mundo
tanta satisfacción para los ojos, con mayor
razón habia de atenderá los cascos deseos
del alma. ¡Cosa pasmosa ! En toda Ja vas­
ta redondez del orbe rto hallareis un soló
palmo de tierra 3 sin que esté adornado.
En todas partes hallan los ojos como pues­
ta la mesa , para regalarse á costa de la.
Omnipotencia. \ Y será posible que sola
nuestra alma se consuma de sed sin reme­
dio , suspirando por Ja alegría sin poder
alcanzarla ? ¡Qué extraña incoherencia en
la Sabiduría Suprema ! Nuestro cuerpo
(quiero decir un poco de barro ) le me­
rece tantos desvelos ; y el alma , que es
una efigie de la Divinidad , diremos que
quedó olvidada?
43 ¿Qué satisfacción no manifiestan
esos paxarillos en sus gorgeos graciosos;
esos corderillos, que vemos brincando, y
saltando ? ¿En fin , toda la naturaleza no
parece estar riendo? L a misma mano So*
berana , que los hizo á ellos 3 igualmen­
te formó al hom bre; \ y habrá quien
Hegue á persuadirse , que fue mas li­
beral con aquellos que con nosotros?
¿ Creereis acaso que este común Padre
‘ E 3 de
j8 EL HOMBRE FELIZ.
de familias dio á los brutos por legíti­
ma Ja satisfacción , y el contento , y
que solo para el hombre reservó la aflic-*
c io n , y la tristeza?
44 No puedo creer tal (dixo el Con**
de afligid o), mi razón se llena de horror
al querer fixar los ojos en semejante absur­
do. ¿Pero en dónde está esa alegría , si
por todas partes nos persiguen los traba­
jos? Esta sola dificultad destruye todos
vuestros discursos. Si y o , que siempre he
tenido la fortuna á mi disposición, y sin
reparar en nada , he dado satisfacción y y
hartura í tpdos mis apetitos ; si á pe­
sar de iodo esto nunca estuve perfec­
tamente alegre , ¿quién habrá que lo es­
té? ¿Serán los pobres > los enfermos , los
perseguidos > ó los calumniados ? ¿ Qué
será de esos infelices inocentes , que pa­
recen destinados por el Cielo para víéti—
mas de la ambición , del capricho , y de
la crueldad de los hombres? Unos es­
clavos en la paz , otros heridos en la
guerra ; unos sumergidos en los ma­
res , otros encerrados en las mazmor­
ras* Y para no ir mas lejos , si las pren­
das i la v irtu d , y la ilustre sangre de mi
LIBRO L 39
Hermana no la han valido pará eximir­
se de la jurisdicción de los hados, ¿ quien
podrá hallar en este mundo la alegría ver­
dadera?
45 Si para vivir contentos ( dice M i-
seno) fuese preciso no experimentar tra­
bajos , sería necesario salirse del mundo,
quien quisiera ser feliz; mas no consiste
en eso la verdadera felicidad del hombre;
y creed y hijos míos , lo que os digo,
4 6 ¿En qué pues la ponéis vos ? (re­
plicó el Conde) L a pongo ( dice Miseno)
en Jo que pertenece al alma , y no en Jo
que pertenece al cuerpo. E l cuerpo , ala
verdad > es como un vestido viejo , con
que se cubre el espíritu. Los trabajos , y
todo lo que está fuera de mí , como solo
me pueden tocar en el cuerpo , son esto­
cadas , que no pasan de la ropa. Por eso
si el alma se sabe gobernar y como ensena,
la buena Filosofía, y como í mí me ensenó
una Doflrrina celestial, en medio de los
mayores tormentos, y desprecios vive ale­
gre , y contenta ; goza de una paz inalte­
rable , de un regocijo que la llena , y sa­
tisface del to d o, y experimenta un con*
suelo interior, que ningún acontecimiento
E 4 se
4» EL HOMBRE FELIZ.
se lo perturba jamás* En este feliz estado
se burla de la desgracia , triunfa de los
hados, desprecia la envidia , no teme la
jnuerte , no se asusta de los enemigos , é
independiente de todo lo que no es el Ser
Supremo , queda sólidamente grande, y
superior á todo el mundo* Ved aquí en
que pongo la felicidad completa , que
podemos tener en esta vida. Esta só­
lida Filosofía es un tesoro oculto á los
hombres ; mas yo no haré misterio en
declarar ahora el modo con que vine a
descubrirle.
47 Deseaban mucho Jos dos herma­
nos oír la historia de M iseno, pero era ya
tarde , y no convenía tocar ligeramente
materia de tanta importancia. Entonces
Sofía pidió á Miseno llevase í bien que
el dia siguiente volviesen i hora masopor*
tuna para oir de su boca el secreto que
tanto deseaban. No tendreis sin duda in­
conveniente (le dice) en repartir con no­
sotros el tesoro que descubristeis, porque
estas riquezas quanto mas se reparten,
tanto mas se aumentan. SÍ teneis en vos
la fuente déla verdadera alegría , no de-
beis negaros i esta condescendencia, por­
que
LIBRO L 41,
que debeis hacer lo que hace una fuente:
bien veis que despues de haber llenado su
propia concha , se derrama por un lado, y
por otro , todo para provecho ageno. T a l
vez las macilentas ovejas buscan que roer
en los campos áridos* unas los duros tron­
cos » otras los espinos secos, por no tener
ni una sola yerba que las sustente : aquí
trepan unas por coger una hoja verde que
divisaron á Jo lejos, y desfallecidas resba­
lan ; allí otras , no pudiendo negarse á los
tiernos corderillos que las cercan , en lu­
gar de la leche y que ya no tienen * los
van alimentando con su propia sangre,
obligándolas el amor á que se dexen dar
Ja muerte gustosas por los mismos á quie­
nes dieron la vida. ¡ A h ! y qué desórde­
nes , qué males, qué horrores no se verían
en Ja naturaleza , si ía fuente ambiciosa, y
avarienta tuviese encerrados dentro de sí
sus tesoros! Dios le manda remediar estas
necesidades, y ved aquí porque ella cuida­
dosa , queriendo acudir á todo , va cor­
riendo apresurada ; aquí tropieza en las
piedras , allí cae en los peñascos, y allá
se precipita gustosa , solo por remediar á
las pobres ovejuelas , que suspiran por'
4* EL HOMBRE FELIZ.
ella muy sedientas, Y bien , ¿no haréis
vos ahora otro tanto con esa fuente pas­
mosa , que habéis hallado dentro de vos
mismo ? Aquí teneis vuestras ovejuelas,
que están en semejante estado ; repartid
pues con nosotros esa preciosa agua que
os sobra , que por esto no disminuiréis
esa admirable alegría , que vemos está
rebosando por vuestros ojos , y todo
vuestro semblante,
48 Sosegaos, Señora ( responde M i-
seno), que no soy avariento de la luz,
ni ambicioso de los bienes que pueden
hacer í otros felices. Sería secar el ori­
gen de mi felicidad, si solamente Ja qui­
siese encerrar dentro de mis cortos lí­
mites , como tal vez sucede á quien tapa
la abertura de una abundante peña , obli­
gando al agua á que no salga : entonces,
retrocediendo , y abriéndose otra salida,
viene á quedar la primera fuente seca. Así
podéis ambos quedar muy descansados,
que no me negaré á quanto pueda contri­
buir á vuestra felicidad.
49 Baxo esta palabra , entre mutuas
señales de benevolencia , se despidieron el
Conde , y la Princesa de Miseno 5 el
qual
LIBRO I. 4j
qual continuando en su trabajo > esperá-
ba el sosiego de la noche * para entregar
su alma á la consideración de Jas mará-
villas de D io s , y sus miembros cans*^
dos al necesario reposo*
LIBRO II,

J T J Etirándose los dos hermanos con-


XV sultando entre sí quién sería M i-
seno, y por qué medio había desterrado
para siempre de su corazon lapertinza tris­
teza, deseosos, y resueltos á seguir su doc­
trina: oyó esto la melancolía, y desespera­
da furia infernal, que acostumbra inspirar
i los mortales Ja terrible pasión de la tris­
teza; y saliendo de los espesos* y sombríos
bosques cíe la Transilvania, donde tiene su
ordinaria residencia, iba por los montes, y
los valles dando terribles lamentos, y for­
midables alaridos. Entra desesperada por
nna tenebrosa gruta formada en la conca­
vidad de dos montanas de las que 3os G eó ­
grafos llaman K ra fa tz , situadas en los con­
fines de Polonia, y penetrando los profun­
dos abismbs , va á convocar todas las de­
más furias que presiden á las pasiones de
los mortales , para que le suministren so­
corro. Acudieron todas asustadas; y la tris­
teza teniéndolas al rededor de s í , bañada
en
LIBRO II. 45
en lágrimas , desgreñándose la cabeza , y
arrancándose con rabia los cabellos, les ha­
bla de esta manera: O negligentes compa­
ñeras , ¿ cómo estáis tan descuidadas?
Vuestro imperio está perdido , si no acu-
dis prontamente á sujetar un enemigo, ter­
rible > que se ha levantado contra voso­
tras, y trabaja por destruirlo. Un indigno
viejo se atrevió á declararme guerra; me ha
vencido , y arrastrado , y aun pretende
alcanzar nuevos trofeos. En vano la fortu­
na , y la desgracia , mis compañeras in­
separables , han empeñado todos sus es­
fuerzos para resistirle , porque de ambas
ha triunfado. Ona le levantó hasta la emi­
nencia del trono ; otra sin la menor cau­
sa le derribó de é l ; pero todo fue inútil,
porque el viejo siempre, inmóvil , siem­
pre en paz , y lleno de alegría , recibe
todos mis golpes, y al fin , de todos
ellos se burla. Estoy del todo perdida ; si
hasta ahora tenia entrada franca en los co­
razones de los mayores M onarcas, y en
todos los demás á quienes favorecía la
fortuna, de aquí adelante temo que no
podré hallar asilo aun en los de la ínfi­
ma plebe , ni en los que fueren arrastra­
EL HOMBRE FELIZ*
dos por la desgracia. Vosotras rodas de­
béis empeñaros en vengarme de este co­
mún enemigo * c impedir que á nadie
comunique sus detestables sistemas* Y a que
i todas os he abierto tantas veces la puer­
ta 5 y facilitado los triunfos mas difíciles*
todas ahora debeis ayudarme en esta em­
presa*
2 ¿Qual es ía pasión que no tiene lu­
gar en los corazones de los hombres , si
yo entro en ellos primero? Un corazon muy
triste está dispuesto á cometer* los mayores
desatinos. Si yo llego á dominar en é l , ni
la razón gobierna > ni la naturaleza ha­
bla, ni el mundo es respetado; todoqüeda
en un tenebroso caos , y Ja mas débil
pasión triunfa. Por una sola vt& o ria, que
os haya preparado la alegría, podréis con­
tar diez mil que yo os he conseguido* M i
ruina es preludió de la vuestra; y para que
veáis que no son infundados mis rezelos,
ahí teneis ya al Conde de Moravia , C a ­
ballero mozo, de quien por mi respeto ha­
béis recibido ios mayores sacrificios, quien-
ya casi está rebelado. El tenia todas Jas
qualidades para ser un héroe en nuestro
servicio: yo lo veía con fuego , altivéz, y
prc-
LIBRO II. 47
presunción , veía en él astucia, y malicia,
mas ahora por los prudentes consejos de
este mi enemigo » seguirá sus pisadas, y
triunfará de todas nosotras, Antes pues
que este mal acontezca , es preciso cor­
tar sin tardanza sus raíces. T u , ó espíritu
del error , vuela ligero á cerrar las puer­
tas de su entendimiento , para que no lle­
gue á entrar en él la sólida filosofía, por­
que sí una vez consigue ella establecer en
el mundo su imperio > ¿qué será de noso­
tras? ¿Qué podrán hacer las pasiones don­
de la luz de la razón manda ? Así habló,
y dando terribles ayes en las subterráneas
bóvedas se salió desesperada. Conmovidas
todas las demás furias con el discurso que
acababan de oir , tomaron í su cargo la
causa , que era común ; y mandaron ál
error , que con celeridad corriese á tra-*
bajar en esta empresa , mientras que ellas
deliberaban lo que se habia de hacer en
adelante.
3 Sale pues de las cavernas un mons­
truo furioso , ciego en el rostro , A rgos
por las espaldas; pues que nunca v ió , si-*
no despues de haber pasado el suceso:
sale, digo, y corre ligero para apoderarse
4$ EL HOMBRE FELIZ.
del entendimiento de Ibrahin , Filósofo
Mahometano, que se hallaba en casa de la
Princesa con el encargo de enseñar á sus
hijos. Este , ya inquieto por la tardanza
del Conde , y de la hermana , se pa*
seaba impaciente en sus jardines, sin sa­
ber á que atribuir dilación tan desusada,
4 Estaba la noche tan clara , y apaci­
ble, que los dos hermanos no echaban me­
nos el día > porque la luna por sí sola
casi comunicaba í la tierra la misma be­
lleza que el sol > sin las incomodidades
del calor ; y quando ellos venían atrave­
sando el puente , sus aguas les ofrecían
un espe&áculo tan agradable > que no p o ­
dían separarse del sitio : tantas eran las
bellezas , que í un mismo tiempo les li­
sonjeaban los ojos. Las ondas parecían
estrellas , que inquietas , trémulas, y bu­
lliciosas centelleaban en el cielo movedizo
de las aguas : por un lado se veía como
un cardumen de estrellas, que formaban
un mar de piara ; mas á lo lejos apare­
cían o tras, que desconfiadas , ó fugiti­
vas se iban retirando mansamente ; y ya
aparecían de nuevo, ó volvían á esconder­
se con una alternativa graciosa.
Tic-
LIBRO IL
. ‘ 5 Tiene razón nuestro viejo (decía el
Conde) porque si puso Dios en este mun­
do tan deliciosa satisfacción á los ojos, sin
duda, que en alguna parte Ja tendrá pues*
ta para nuestro corazon , y nuestra alma;
porque ella como imagen de la Divinidad
le merece mas atenciones, que la vil tier­
ra , que la cubre.
6 Y o espero (dixo la herm ana), que
este dia sea para nosotros la época de nues­
tra felicidad. Este hombre no nos enga­
ña ; su figura va delante de sus discur­
sos , previniéndolos con agrado; de for>-
m a, que aunque yo quisiese sospechar,
que él era un engañador , no podria
hacer á mi entendimiento semejante vio^
lencia, E l es fran co, y sincero , y tiene
impreso un cará&er tal en su aspecto, que
por sí solo persuade* Sabed vos , que ya
os veo con otro ay re , otro modo , otra
fisonomía, que me hacen creer, que'vues-
tra alma siente ya alguna mudanza,
7 No os enganais ( la respondió el
C o n d e ): voy ahora á descubriros un se­
creto , que mucho tiempo ha tenia re>*
servado en mi pecho. Si no fuera por es­
te feliz encuentro , no tuvierais hermano
Tom. i* F pa­
5o EL HOMBRE FELIZ.
para muchos dias ; porque desesperado
andaba ya meditando modos de quitarme
la vida , por no poder sufrirme á mí mis­
mo. Pero ahora esa negra som bra, que
ofuscaba mi entendimiento , está medio
disipada. Mi corazon (que no sabia mo­
verse sino con ímpetu , y furia) está
también mas moderado , y quieto ; ya
se dilata y y respira ; ya no me parece
turbio el ayre; ya me es agradable el cie­
lo , la tierra amena ; y ya no me abor­
rezco á mí mismo. ¿Visteis vos un pilo­
to > que en una noche tempestuosa se
ve con el navio sobre la costa, metido en­
tre bancos , y peñascos , ya tocando en
un os, ya rozándose en otros , envuelto
en tinieblas , combatido por las olas, im­
pelido de los vientos , perdida Ja aguja,
aturdido el ju icio , sin atinar con con­
sejo ; y que en fin apareciendo la auro­
ra , respira , y sale del riesgo ? Pues así
me hallaba yo hasta ahora , y ya me sien*
to mudado. E l punto es saber de qué mo­
do podré conseguir lo que este hom­
bre me promete , y yo deseo con tanta
ansia,
8 Esa es (dixola hermana) toda la
di­
LIBRO II- yi
dificultad de esta grande empresa, Y o es­
toy con la mayor impaciencia* que se pue­
de imaginar por descubrir este secreto; no
soto por lo que á vos toca 3 mas tam­
bién por lo que á mí me interesa. Con­
fieso , que mí melancolía no es tan de^
sesp.erada como la vuestra , mas no dexa
de afligirme ; y si no fuera porque tra­
bajo siempre en divertirla , escaria tal vez
reducida al mismo estado. ¿Mas por qué
camino habrá hallado este hombre tanta
alegría? Y o lo ignoro responde el her­
mano ) ; pero puedo aseguraros una cosa,
que ciertamente no es por la satisfacción
de los apetitos; porque si en eso estuvie­
se la alegría , ninguno estaria mas alegre
que yo.
9 ¿Pues la pasión de amor (replica U
Princesa) , que tanto enloquece la moce­
dad , y la transporta de go 2o , no era ca­
paz de alegraros ? ¡A h , querida herma­
na ! déxame desahogar , ya que me tocas­
te en la vena donde está todo mi mal:
y diciendo esto dio un suspiro , que bien
se conocía salir del fondo del alma.
to A l principio (la dice el Conde) no
hay bebida mas suave que el amor > es un
Fz de-
52 EL HOMBRE FEIIZ*
delicioso neítar , como el de los Dioses*
que embriaga , y enagena ; mas despues
que el miserable traga todo el veneno,
es tal su amargura , inquietud , y ansia
interior , que por fuerza estalla, y revien*
ta« Ojiando el amor nace , es como un
gusanillo quieto, y manso , que se c ria
dentro del corazon; y quando se revuelve
lentamente , le causa un gusto muy fino,
y delicado ; pero despues que á costa del
mismo corazon cre ce, y toma fuerzas,
es tina víbo ra, que nos roe las entrañas,
y se convierte en horrible dragón, que in­
teriormente nos despedaza. Y si por desdi­
cha esta maldita fiera toca en cierta fibra
deí corazon , se perturba el cerebro , se
obscurece el entendimiento , y queda el
hombre lo co , y frenético. Que uno quie­
ra , ó no quiera , por fuerza ha de ir por
donde le arrastra el amor. Ha de desnu­
darse de todp, como hacen los locos, solo
para conseguir lo que pretende ; y enton­
ces , ya se v e , que í Dios salud , í D ios
hacienda , í Dios honra : en este triste
estado intereses , ocupaciones, y estudios
todo vuela , todo desapo rece. Y o , yo que
os hablo, he hecho acciones indignas ; ta­
les.
LIBRO IL 5;
le s , que Jamás hubiera creído * que un¿
persona de nacimiento ilustre pudiese exe*
cucarías; pero las hice. Y si al fin de to­
do esto se hallase un hombre alegre , y
con satisfacción de su alma , menos malo
era ; pero os aseguro , querida hermana,
que el corazon se halla dentro de un vivo
infierno. L a desconfianza , la envidia , el
temor , la inconstancia s los zelo?: : : [ ah!
que eso es preciso experimentarlo para po­
derlo conocer.
ii E n quanto á los zelos, dixo Sofía,
teneis razón, y razón bien fundada. D on­
de entran los zelos , huyen muy lejos la
alegría , y el contento. E l que una vez
fue picado de este escorpion , está perdi­
do del todo. E l semblante se le muda,
los ojos se le enfurecen > la sangre le
hierve , el sueño le huye , el juicio en­
loquece , la vista se turba , los sentidos
se confunden, todo se ve , todo se oye al
reves. Si teneis zelos , la mayor inocencia
es para vos delito, la fidelidad traición,
el candor d isfraz, y la prudencia no es
sino fingimiento : si teneis zelos > os ha­
réis un verdugo de vos mismo ; y (lo que
es mas) de ese mismo objeto , que mas
F 3 tier-
J4 EL h o m b r e f e l i z .
tiernamente amais. Vos mismo 4 fuerza
de quererlo , le haréis exhalar en vuestros
brazos la vida ; á fuego lento le haréis ir
muriendo. Pues si esto acontece á los 2e-
losos (añadió la hermana sonriéñdose)*
serán felices los que no dieren en esta
inania*
12 En toda mi vida (dixo el Conde)
encontré ni un solo amante 5 que estuvie­
se perfectamente satisfecho > ninguno vi,
que tarde, ó temprano no anduviese pen­
sativo , inquieto, y cuidadoso* Eran tán­
talos sedientos del mismo bien que> po­
seían , gozando , sin gozar con satisfac­
ción de lo mismo que verdaderamente te­
nían* D oy gracias á mí fortuna de estar
por ahora libre de semejante locura*
15 En estos discursos se entretenian
los dos hermanos mientras estuvieron sen-
tados en la puente; mas siendo preciso de-
xarla,la Princesa, para continuar la prime­
ra conversación, que parecía tan utils qui­
so dar su voto.
14 E11 quanto í mi, creo que solo en
el campo se podrá encontrar este tesoro,
Despues que fui en Constantinopla el lu­
dibrio de la fortuna , y de los hados,
vi-
LIBRO II* ¿5
vivo en esta casa de campo ; y aunque al
principio estrañé mucho la mudanza, aho­
ra y conociendo Jas ventajas de esta vida*
estoy casi inclinada á creer , que en ella
consiste Ja felicidad completa. Por lo
menos aquí soy Señora de mí misma;
en Jas Cortes era esclava de los otros.
¡Cosa increíble ! Allá me daban el título
de Señora , y yo ni lo era de mi tiempo,
ni de mi semblante , m de mi juicio , ni
aun de mis mas escondidos afe&os. ¡Quin­
tas veces comprimía mi corazon dentro
del pecho > sin consentir que diese un
gemido y que pudiera oirse ! En la Corte'
tendréis atravesada vuestra alma r con ima
cruel lanza y y habréis de contener Ja'
sangre , sin curar Ja herida; porque allí
no es lícito que JJcguen las lágrimas á
Jos ojos , que eso es flaqueza. Una a lc-i
gría prestada os-ha . de servir de triste r c - r
m ed io ; remedio que mas reconcentra el'
mal, que le cura* Vuestro juicio no ha de
ser libre para dar su:voto ; habéis de traer
preparados un s í- , y un no y para ser­
viros indiferentemente de ellos según
viereis que Jo desean. Para eso será pre­
ciso dar tortura á vuestro jenténdimien-
F 4
fá EL HOMBRE FELIZ.
to , á vuestra conciencia 5 y á vuestro
honor ; pero paciencia , habéis de re­
ventar , ó habéis de quedar perdido, ¡A h
dulce retiro del campo > gustosa liber*
tad del corazon , agradable desemba­
razo del entendimiento ! Aquí sí que go­
za el alma de una paz suma , y Tos
sentidos del remedio mas puro * y* mas
inocente.
15 A este tiempo entraban por un
bosque , en donde los Ruiseñores esta­
ban cantando- á porfía : parecía que como
soldados en centinela , guardando cada
qual su puesto , se competían mutuamen­
te. Quién se esforzaba en prolongar el
canto, quién se desvanecía por tener la
voz mas sonora ; uno se engreía por lo
agraciado de sus go rgeós, otro por la va­
riedad de sus trinos: era un gusto el oir~
los. Saliendo del bosque oyeron otro* que
estaba graciosamente engañado con su
mismo eco. Jira el combate m uy nuevo,
compitiendo la avecilla consigo misma,
y muy picada porque no se excedía. E m ­
peñábase presumida en su canto ; y no
bien acababa, quando aplicaba el oido í
cscuchar si la respondían : no tardaba la
LIBRO IL í7
¡respuesta; y oía que fielmente la imita­
ban. Entonces variaba el canto de mil mo­
dos y pero oye que la imaginada competi­
dora en nada le cede. Desconfía , y ca­
lla , esperando que la contraria cante pri­
mero para excederla en desquite; escucha*
y no oye nada. Alégrase , creyendo ya
cansada í su émula ; y entonces canta co­
mo quien celebra el triun fo; pero halla á
la competidora tan vigorosa , y tan agra­
ciada como ella misma. No pudo el C on­
de contener la risa , viendo el agradable
en gano del inocente paxarillo ; y de aquí
tomó la hermana argumento para per­
suadirle 5 que solo en Ja vida cam­
pestre se puede hallar la verdadera ale-
gría.
16 A esto oponía el Conde la uni­
formidad de las diversiones que ofrece el
campo , las quales por fuerza han de
producir cansancio , y fastidio. Nuestras
pasiones > decia , acostumbradas í Jos mo*
vimientos im petuosos, que le son natura­
les, se adormecen con la paz uniforme,
y continuada. Asi es que ningún gusto
dura mucho tiempo si es largo ; lo que
es agradable por un mes , sería insopor-
‘ tt-
5S EL HOMBRE FELIZ.
tablc todo el año : si falta Ja variedad,
falta la sal que excita ei apetito.
1 7 Esta misma objecion me atormen­
taba ( responde Sofía ) quando comencé á
vivir en esta casa de campo; pero Ja ex­
periencia me enseñó, que aquí habia una
grande variedad en la diversión : yo no
hablo de los rústicos > que teniendo ocio­
so el uso de Ja razón , viven sin mas re­
flexión y que la que hacen sus o jo s: con
igual paso caminan Ja oveja , y el mastín
tras e lla ; y en el conocimiento de la natu­
raleza no adelanta mas el uno que el otro*
Y así en quanto í esos vivientes teneis ra­
zón. Mas los que exercitan su entendi­
miento y saben sacar como las avejas, de­
liciosa miel de las mas viles yerbas del
cam po; y á medida que varían , y se al­
ternan Jas quatro estaciones del año , así
se diferencian Jas inocentes delicias , que
en él gozamos.
18 En la primavera qualquiera de es­
tas florecillas que hollamos con Jos pies,
es un prodigio incomprehensible para quien
ha leído, y sabe observar la naturaleza#
E n esto vieron á lo lejos un caballero,
que venia á encontrarlos. E ra Polidoro,
Grie-
_ LIBRO IL 55)
Griego de nación , que habia . sido gran
valido del Emperador Balduino. Venia á
visitar á la Princesa 5 y darle el parabién
de Ja llegada del Conde. Este quiso in­
formarse de la hermana quién era aquel
caballero, antes que llegase, y la Prince­
sa en pocas, palabras le informó diciendo:
Despues que el intolerable, é infame Mur­
zulfe cometió en un solo dia el execra­
ble parricidio de despojar del Reyno , y
de Ja vida á dos Emperadores de Constan-
tinopla A le x o , y Canabé mi esposo, obró
tantas, y tales tiranías, que se hizo el
horror de todos. Viendo esto Jos Caballe­
ros de la Cruzada , que habían puesto í
A lexo sobre el trono , Je persiguieron de
form a, que le obligaron á huir una noche
i la Asia, atravesando el estrecho por sal­
var la vida. Entonces eligieron Empera­
dor á Balduino , Conde de Flandes; y Po-
lid o ro , hombre de gran prudencia , y va­
lor , le sirvió mucho para pacificar los
Pueblos, y para que le coronasen solemne­
mente en el Tem plo de Santa Sofía. Sa­
bía Balduino estimar á Polidoro , como
lo merecía : procuraba este servirle con
tanto empeño , como si la amistad del
P rín-
to EL HOMBRE FELIZ.
Príncipe no fuese premio , y paga; y en
la infeliz batalla de Andrinópoli, pelean­
do Polídoro al lado de su Soberano , le
levantó dos veces de la tierra , atravesán­
dose heroyeamente delante de él , ofre­
ciéndose á las'saetas, y lanzas , y com­
prando con sus heridas la vida de B al-
duino. Pero no pudo arrancarlo de las
cadenas , con que Juancio R e y de los
Búlgaros le prendió al fin * y le encerró
en una mazmorra. Polidoro no desistió de
procurarle en ella todo socorro. Mas sa­
biendo y que el bárbaro con nunca oida
crueldad le habia cortado los pies , y
los b razo s, y que se servia de su cráneo,
á manera de los Scythas , como de copa
para beber en los banquetes de mayor ce­
remonia , lleno de horror se ausentó de
jaquel pais, dexando sobre el trono de
■Constantinopla á E n riq u e, hermano do
Balduino, que es el que anualmente rey-
na. Despues de esto vive aqui retirado
en una casa de campo poco distante de la
m ia : estimo que le conozcáis , porque es
hombre que mereció mi amistad , y sé
que ganará la vuestra. A este tiempo se
acercaba ya Polidoro, y la Princesa le re-
LIBRO IL €i
Cibíó con el agasajo que piden lá amistad,
y el mérito.
i$j Saluda í la Princesa , y al Con­
de ; y despues de los cumplimientos polí­
ticos ; habiendo percibido de lejo s, que
Sofía hablaba con empeño , pidió, é instó,
y no quiso dar un paso sin que la Prince­
sa le prometiese continuar la misma conver­
sación que estaba tratando ; lo que hizo
ingenuamente de esta manera*
20 Hablábamos sobre la amena di­
versión que o freced campo en los diver­
sos tiempos del año , porque andamos
con el empeño de saber donde se halla la
verdadera alegría , cosa que hoy nos ha
probado un viejo , y con evidencia , que
existía en el mundo ; y nos hallais ahor*
como í un avariento , á quien dixeron¿
que tenia en su propio campo un gran te­
soro ; quien alborozado, aquí cava , allí
profundiza , mas allá revuelve, gira, bus­
ca * mina , trabaja , y con un puede ser
que aquí esté fixo en el pensamiento, y
en la boca , no sosiega , duerme , ni ha­
bla: así estamos ahora. Y o decia , que so­
lo el campo puede esconder tan gran tesa*
xo : jquál es vuestro parecer?
Gran
€z EL HOMBRE FELIZ.
21 Gran seqiiaz tendréis en mí (res­
ponde Polidoro) ; mas yo quisiera oíros
primero para justificar mi pasión. Prosi­
guió Sofía diciendo á ambos : Aunque el
teatro sea el m ism o, la diversidad de los
d ram a s, que se representan , nos varía el
gusto , que por este modo puede conti­
nuar sin fastidio : Así pues es el campo
en varios tiempos del año : en cada esta­
ción sale al teatro la naturaleza á repre*
sentar á los ojos un nuevo enredo , y ca­
da qual á competencia pretende llevarse la
primacía en la recreación del alma. Si re­
flexionamos con juicio en las obras de lá
naturaleza , ¿qué encanto puede haber
mayor que el de la primavera? Si fuese de
día , en Ja primera florecilla que encon­
trásemos en el camino os haría admirar
tales bellezas, que quedaríais absortos. L ¿
delicadeza desús pequeñas hojas, lo agra­
ciado del recorte , la viveza de Jos colo­
res y la idea de la pintura , Ja galantería
de su hechura > Ja variedad del talle * el
buen gusto de los matices ; en una pala­
b ra, la gracia con que todo está dispues­
to , hace ver con claridad , que solo uní
mano divina podia ser autor de esta obra.
Y
LIBRO II- i?
Y quando en la primavera toda la natura­
leza se deshace, y como que se desentra*
ña en flores , el alma reflexiva se halla
asombrada con tantas m aravillas, que no
sabe á qual atienda. ¿Qué me decís , P o -
lidoro? Y o 3 Señora , convengo entera­
mente con vos , pero si dais licencia í mi
sincera ingenuidad, aun admiro más el
estío , porque sus delicias embriagan mas
los sentidos. E l verano recrea á un mis­
mo tiempo los o jo s , el olfato > y el gus­
to. Ver las rubicundas cerezas, que co­
mo son la primera fruta, que sale al cam­
po y aparecen avergonzadas, y escondidas
por entre las verdes hojas. Ver la hermo­
sura délos melocotones, los granados lle­
nos de bellas granadas, los peros corona­
dos , las naranjas de oro , los sandías de
carmín 3 los melones de bálsamo , en fin
tedas las frutas de neétar. Ver como de
la insulsa tierra, de la agua insípida , y
de los duros , feos > y ásperos troncos
salen tan sobrosas delicias para recreo del
hombre: ver todos estos prodigios, Se­
ñora , encanta totalmente el juicio, y de-
xa al corazon anegado en el mas inocente
placer,
Si
e l h o m br e f e l iz .
22 Si me desafiais, Polidoro (respon­
dió la Princesa) con vuestras juiciosas re-*
flexion es, yo aun prefiero mucho mas al
otoño. Las abundantes cosechas , premio,
é incentivo del labrador cuidadoso , son
el alma de la economía de las gentes, la
fuerza , y nervio de los E stad o s, el con­
suelo de los pueblos, y el muelle real de
toda esta máquina civil del mundo. Q ui­
tad el otoñ o, y todo perece , todo se
acaba : esto es en quanto á la utilidad; y
si hablamos de lo que puede recrear el en­
tendimiento , esta estación mas que todas
las otras me transporta el alma , la que
aturdida de unas maravillas pasa con nue­
vo pasmo á otras, á proporcion de lo que
el año se adelanta,
23 ¿Qué gusto no da reflexionar en
una pequeña semilla , de las que esparció
el viento en la tierra ? Ella se ve hollada
por el pesado pie del buy tardío , él ll
entierra en el lo d o , y allí se pud re, y se
muere ; mas despues la naturaleza la toma
por asunto de sus maravillas.'Quandovie­
ne el tiempo oportuno resucita muy her­
mosa ; una pequeña planta comienza ása­
lir de allá dentro , y con la cabecilla re*
tor-
LIBRO IL ¿5
torcida forcejea a levantar , y romper \á
tierra , que h oprime ; y en fin quando
abre la cárcel , y ve el áyre libre en­
tonces respira * endereza el cuello > des­
pliega las hojillas tiernas , y va viciosa
creciendo. E l sol la visita , la tierra la
sustenta , el viento la lisonjea : entonces
toma fuerzas , y extendiendo á todas
partes sus graciosos ramos , va produ­
ciendo poco á poco nuevos retoños, c
hijuelos tiernos: brota despues ramilletes
de lindas flores , pronósticos de Jos fru­
tos , que á su tiempo ha de repartir -con
abundancia. Entonces , si no se -los Qui­
taren , ella liberal los irá dexanda caer
en tierra , ó cansada de guardarlos , ó
enfadaba de que no se los piden; E n 1sus
brazos abiertos está ofreciendo descanso
í los fatigados paxarillos, y juntamente
abrigó í los animales terrestres , quando
se ven oprimidos con la calma. ¿ Y qué
tesoros no pisan ellos entonces en los se­
cos despojos de los maduros frutos? {Q ué
número infinito de delicadísimas plantas se
encierra en sus simientes, cada qüal Ca-
pafc de producir tantos frutos corrió la
planta primera de que nacieron ! Parece
Tom* I , G que
66 EL HOMBRE FELIZ.
que próvido cada árbol quiere dexar en
su numerosa descendencia el cuidado de
sustentarnos , viendo que el cansado con
los años no lo podrá hacer por sí mismo*
Preguntaos ahora ¿quién fue el que dio á
la naturaleza > como ley constante , esa
continuada serie de tantas maravillas ? Y
vereis que el entendimiento se pierde á
fuerza de quedar embriagado con un tan
casto deleyte.
24 C on vencisteis, S eñ o ra , le dice
Polidoro , á quien ni ánimo tenia de
contradeciros. Muchos tiempos ha que
estaba yo en ese pensamiento, que vos
misma :me inspirasteis ; y aun me acuer­
do del hurto que os hice : hurto de
que ¿stoy tan envanecido , que ningún
rubor tengo de confesarlo ; y os protes­
to que deseara mucho la repetición del
crimen, si tuviese proporcion, y lugar pa­
ra hacerlo*
3 5 No entiendo (dice el Conde) esos
enigm as: no me d e xeis, os pido , con­
fuso el entendimiento;esa cláusula ultima,
Polidoro* me ha suspendido notablemen­
te. Declaradme pues su secreto.
Zí Son «nos versos (íc responde) qu«
xo*
LIBRO II. í'7
tobé el ano pasado del gabinete de vues­
tra herm ana, bien análogos í lo que aca­
ba de decirme ; los que no quería que yo
llevase , por no haberles pasado aun ía úl­
tima lima para la obra á que servían. Y o
los leí con tal atención , que todavía me
acuerdo de ellos , y si gustáis los repeti­
ré , que son pocos.
27 Menos que esto bastaba para exci­
tar la curiosidad del Conde 3 que siempre
hallaba particular energía en todo lo que
componía su hermana, y Polidoro obede­
ció repitiendo el siguiente:

Quando veo en la tierra estar brillando


Entre yerbas el S o l , me voy llegando^
T hallo un vidrio quebrado y que lucia
De tal form a , que un Sol me parecía.
Asi yo brillar miro la hermosura
Del grande Dios en toda criatura :
En las flores del campo , y en los brutos
Contemplo los divinos atributos ,
Pues quánto su poder dexo'formado ,
Del caracier divino está sellado. é

Ved , Señor , (anadió Polidoro) si tu­


ve ra?on para cometer el hurto , y moti-*
■-i Gz vo
¿8 EL HOMBRE FELIZ.
vo para lisonjearme de é l; y si tiene tam­
bién razón la Princesa de gustar tanto de ]a
vida del campo. A lo que el Conde entre
gustoso y y repugnante respondió de este
modo:
28 Si el hombre fuese solo entendi­
miento puro , muy gustoso viviría en el
campo , siendo compañero de las aves. Si
contemplásemos esas maravillas que decií,
veriamos.que ellas son capaces de transpon
tar toda el alma; pero á pesar de roda la
Filosofía , el cuerpo necesita de recreo,
los sentidos quieren su sustento , y el co-?
razón suspira por las delicias: nada de es­
to se halla sino en las Cortes , ó Ciuda­
des populosas. E l hombre , que fue he­
cho para vivir con hom bres, $ qué gusto
puede hallar hibitando entre piedras,
troncos , y brutos ? Dios todo lo hizo
con proporcion : crió á los hombres para
las Ciudades , las aves para el ayre y los
peces para el mar , y pira Jo s campos los
árboles. D ecid m e: ¿ quién hay que pue­
da sufrir sin gran tormento un invierno en
una casa camoo ? [Q ué bella * y deli­
ciosa perspectiva es ver los montes n ca­
vad os, h tierra húmeda , los prados, en
LIBRO II. 69
chárcados, los campos estériles , y todas
las campiñas de lodo ! Por cierto que es
una delicia ver el cielo obscurecido, el a y ­
re sombrío , y el tiempo lluvioso, ¡ Que
lindo efcéto causa una calle de árboles se­
cos , que parece una hilera de esqueletos!
Los espesos nublados envuelven el dia en
las sombras de Ja noche, el Sol no apa­
rece , la Luna se esconde , y las estre­
llas huyen. Salís á paseo , el tiempo os
engaña, el viento os descompone, la llu­
via os asalta, y los atolladeros os enfadan,
j Ah ! que no se puede negar , hermana
mia , que es un paraíso vivir en el campo
en tiempo de invierno!
25? M uy bien (dice Sofía) dibujas­
teis el invierno; mas para hacer su retra­
to , en lugar de pincel tomasteis un carbón
muy negro : pero dadme licencia para que
yo os lo pinte con su verdadero colori­
do , y no os parecerá tan feo. N o penseis
que os quiero describir un dia b ello, en
el que el Sol claro , hallando el ayre
limpio , el cielo de un color vivísimo,
y azul agraciado , triunfa de las nubes,
y hace la mas brillante ostentación de
iüs rayos. No quiero que repareis en los
G j cam-
70 EL HOMBRE FELIZ.
campos vestidos de lino de un lindísimo
verde que jamás puede imitarse. No hago
caso de ver la superficie de la tierra , o
cubierta de plata , quando cae la nieve, ó
convertida en cristal en tiempo de yelo.
T od o esto es nada , porque otras belle­
zas mas delicadas encantan mi espíritu > y
enamoran mi alma* En mi gabinete tengo
mayores delicias que las que fuera de él
puedo encontrar.
30 En él junto una asamblea escogi­
da de personas , las mas bien instruidas
en las ciencias , mas agraciadas en h con­
versación , y mas distinguidas en la elo*
qüencia* Ninguna me falta á la hora que
yo quiero: tengo tal felicidad, que sin
agraviar í ninguna , solo habla aquella
con quien yo tengo mas gusto. Si estoy en
hora de divertirme con Jas delicias del
Parnaso , tengo Poetas adm irables: si
quiero noticias de Países remotos , siem­
pre hay quien me informe con menuden­
cia , y verdad. Si me receta la historia,
tengo arre para hacer venir á mi presen­
cia los héroes mas famosos que produ-
xeron los siglos, y que en el corto teatro
de mi casa representen los mas raros suce­
sos.
LIBRO IL 7t
so s, que acontecieron en el mundo.
31 Estaba el Conde admirado , no
pudiendo comprehender lo que decía la
hermana; mas oyendo esta última clausu­
la , conoció que hasta allí había hablado
de sus libros con una continuada alegoría;
y celebrando con Polidoro el gracioso en­
gaño con que les habia deslumbrado el en­
tendimiento , le pidió que continuase en
el mismo estilo.
3 2 Viendo Sofía que su hermano ma­
nifestaba alegría con estas juiciosas trave*
suras de su ingenio , mezclando cierta
agradable sonrisa, que le daba unagraeiá
inimitable, prosiguió diciendo: bien veis
que qüanto he afirmado es una verdad
pura ; porque enhorabuena que el tiem­
po inexorable haya alexado demasiado
de mí Jos sucesos á que yo desearía es­
tar presente; que haya entre mí , y ellos
el intervalo de muchos millares de años,
nada importa : si yo quiero, ha de vol­
ver el tiempo atrás su furiosa rueda , y
i pesar suyo me ha de poner allí pre­
sente el mas antiguo suceso.Diga en buen
hora ese inflexible, y viejo tirano que
sus leyes son indispensables , y que el
G 4 ob -
72 EL HOMBRE FELIZ,
objeto de mi curiosidad ya cayó en el
insondable abismo de la nada ; sea como
fuere , mandándolo yo , han de resu­
citar todos esos personages , y han de
comparecer delante de mí , mientras y o
me entretengo observando todo quanto
hicieron.
, 3 3 Si quiero mudar de diversión, sal­
go de casa , y en un bosque vecino co­
ronado de laurel , y cercado de nueve
doncellas , que me sirven > c a n to , y
oigo cantar en la lira de Apolo canciones
que me recrean m ucho, y quando Pegaso
consiente

Mtey contento voy volando


Como pax arillo ergtífdoy
Que buscando el dulce nido
Tor el bosque va pasando :
Quando al pasar voy tocando
Los laureles van cayendo
Las semillas , y saliendo ■
De los ramos sacudidos
T a xa rillos , que escondidos
Estaban siempre durmiendo• - ,

34 N o pudó el Conde contener la


r i-
LIBRO II* 73
tísá, y le pidió que no volase tánto que
se les huyese , y escapase del tod o; por­
que ni la podía seguir en sus vuelos , ni
queria perder su amable compañía. E n es­
te tiempo llegaron á casa, y la admiración
de Ibrahin , por la no esperada tardanza*
interrumpió el discurso ■, obligando í los
dos hermanos á que en pocas palabras le
instruyesen de la causa ; como el fuego
de la conversación venia tan inflamado,
no era posible se apagase de repente , y
así los tres fueron continuando sus dis­
cursos, y la Princesa dixo á Polidoro, que
prosiguiese declarando su pensamiento , i
lo que él obedeció de este modo.
35 Quien como y o , tiene juicio li­
mitado , a falta de reflexiones profundas,
debe gobernarse por la propia experiencia.
L a verdadera alegría , Señores , me per­
suado depende de la paz , y tranquilidad;
mas esta no la busquéis en las C o rtes, ó
Ciudades muy populosas. Si me es permi­
tido usar de comparaciones baxas en co­
sas tan nobles, yo comparo las Cortes á
un estanque de peces donde se arrojan al­
gunas migajas, y todos andan á porfía por
recogerlas. Siendo el espacio corto y los
pe-
74 EL HOMBRE FELIZ,
peces muchos , y Jas migajas pocas } es
indispensable que se muerdan, y que ri-
n an , ó al menos que se encuentren , y es­
torben mutuamente.
3 6 En las Cortes las pasiones no son
como un céfiro blando que lisonjea , y
refresca , sino como uracan desesperado,
que todo lo quiebra, todo lo derrumba,
y rodo lo hace pedamos. Si por vuestra
infelicidad sois árboles frondosos , y ele­
vados , flo res, fru to s, y hojas todo vá
por los a y re s: las ramas se tuercen , el
tronco gim e, y por fuerza os habéis de
doblar hasta barrer con la corona de
vuestra cabeza la tierra que los demás
pisan; y no será esto bastante * porque
el remolino furioso os arrancará del todo,
y revolviendo en medio de los ayres raí­
ces con ramas, y flores con hojas, y fru­
to s, os arrebatará como ligera pluma , y
llevará acia donde no quede memoria vues­
tra. Decidme ahora sí esto se experimen­
ta en el campo.
37 A llí cada qual go¿a de s í , come
con gusto , duerme con sosiego , vive
én paz: su entendimiento le recreaba vo -
funtad inocentemente satisfecha la conten*
ta>
LIBRO II, 7?
tá , la conciencia no Je rem uerde , ni el
honor le perturba. Por el contrario , en
la Corte los negros cuidados hierven co­
mo hormigas en hormiguero al rededor
del corazon hísmano ; y en un continuo
desasosiego, lo muerden , pican 5 y huyen
atravesando por mil partes, entrando, y
saliendo , pasando, y repasando, y siem­
pre á roerle las entrañas del alma : ahorá
id allí á buscar la verdadera alegría.
38 T od o es así (d ice el C o n d e ) ;
m a sía soledad del campo ¿cómo puede
contribuir á Ja alegría completa ? Sin la
sociedad las pasiones se adormecen , el
corazon lánguido queda sin movimiento,
la alma se hinche de un tedio insopor­
table > de suerte , que cada uno se es
pesada carga á sí mismo: el dia es largo,
la noche eterna , y el tiempo perezoso.
N o sabe un hombre qué hacerse , I05
pensamientos ociosos se apoderan del en­
tendimiento , y todo le enoja. Poseído
de un insufrible fastidio , encamina su
voluntad 3 ya á una parte , ya á 01ra,
y á nada se aficiona: todo en Ja sole­
dad es insípido , ¡ a y , amigo mió , D ios
me libre de vivir siempre en el cam-*
po,
76 EL HOMBRE FELIZ.
po , porque creo que reventaría oprimid
do de la negra tristeza ! ¿Qué decis, Ibra-f
hin ? Este es punto en que la Filosofía se
interesa,
39 Era Ibrahin un hombre consumi­
do en los estudios , seco , altivo , sa­
tisfecho1 de sí mismo : los habia hecho
en 3a Escuela de Epicuro > y adorna-?
ba con los de E u clid es, y Archímedes;
y tomando un ayre de O ráculo, y to­
no decisivo , respondió de esta suerte:
N o es el lugar , sino la ocupacion del
hombre lo que le puede hacer feliz : las
ciencias naturales, quando se estudian con
m oderación, sin quererlas levantar á un
punto empinado , y escabroso , son la
felicidad del entendimiento humano ; mas
las delicias de la voluntad consisten solo
tn la entera satisfacción de las pasiottes:
es preciso unir una cosa con otra para
ser completamente feliz. Las delicias del
encendimiento , por medio de las cien­
cias , confieso que son'difíciles de ad­
quirir ; pero causan un gusto tan fino,
y delicado , que no son capaces de per­
cibir almas groseras. T od o esto es una
verdad , que yo o$ demostraré por un
cál-
LIBRO II, 77 ;
cálculo no menos evidente que simple, por
el qual se ve que las delicias del entendi­
miento vencen mucho á las de los,sentí-
eos. Ved si es concluyente. .
40 E l gusto que sentimos en qual-
quiera cosa es á proporcion del paladar
en que se recibe. Si comparamos, pues>
la delicadeza , y sensibilidad del entendi­
miento con Ja de los sentidos , hallare­
mos tanta diferencia 5 como entre las ma­
nos callosas de un rustico grosero , y las
de una Señora delicada. D e aquí se saca
por conseqiiencia, qué quando. la verdad
descubre al entendimiento toda su be­
lleza encantadora , queda de tal modo
enagenado , que no atinando con Jas ex­
presiones propias de su júbilo , parece
loco, ¿N o os acordais de lo que sucedió
al famoso Archímedes , quando estaba
en e! baño , y halló el célebre problema
de la corona de oro , cuya solucion ha­
bia buscado inútilmente por espacio de
muchos años ? Brilla á sus ojos de re­
pente la Juz de la verdad , salta de gus­
to , pierde el seso» no puede contener­
se , y .corriendo desnudo , y como de­
mente , grita por las calles , y h s pU-
2as:
7S EL HOMBRE FELIZ.
zas: Lo he hallado , lo he hallado • Presen­
tadme ahora un g lo to n , que habiendo
satisfecho plenamente su apetito, saliese
¿ correr , y gritase : Me h a r t é , me har­
té, Luego queda demostrado que son mas
finas, y superiores las delicias del enten-
dimimier.to con la verdad , que las de los
sentidos del cuerpo con los objetos que
Je pertenecen,
41 No pudieron S o fía , ni los demás
contener Ja risa que Ies caüsaba el argu­
mento de Ibrah in , y el tono silogístico
con que se habia explicado, como si ha­
blase en Jas aulas: entonces el Conde Je
opuso la dificultad que tienen muchos pa­
ra aplicarse á los estudios ,■ siendo cier­
to (según la doctrina del viejo Miseno)
que para todos estaba abierta Ja puerta de
la felicidad*
4 2 E l Filósofo que llega á merecer
este nombre ( responde Ib rah in ) tiene
en su entendimiento una como piedra
filosofal a con que saca preciosísimo oro
de Ja materia mas vil. Quando el rostro de
los mortales no ve en este gran palacio
del mundo sino su simple fachada , el sa?
bio adm¡r¿ todas las bellezas de §u in­
te-
LIBRO IL 79
tcrior , por donde se pasea su entendi­
miento 7 sin que se le reserve gabinete
alguno el mas oculto. Mas ( como bien
decis) no es para todos semejante dicha3
ni fuera ella tan estimable , si fuese para
el vulgo. Decir que Ja puetta de Ja fe­
licidad verdadera está abierta para todos,
es absurdo manifiesto; porque todo quan­
to hay bueno es raro , y la felicidad
completa , por fuerza ha de ser rarísi­
ma. Mas quando por la parte del en­
tendimiento pudiese cada qual conseguir
la satisfacción com pleta, ¿ quién hay que
pueda llegar á ella por lo que toca i
la voluntad ? Deseamos , y no. conse­
guimos ; andamos en una perpetua lu*
c h a , ya con los elementos , ya con los
h ad os, ya con los hombres * y hasta con
nosotros mismos luchamos. Y con tan­
tas fatigas ¿quién podrá ser feliz ? L as
enfermedades nos molestan > los suceso?
nos afligen , Jos trabajos nos cansan. Por
una parte los enemigos nos persiguen,
los am igos, unos nos faltan v otros nos
hacen sentir sus m ales: si miramos á los
colocados sobre nosotros , vemos que
pos. oprimen : si i los inferiores t halla­
mos
8o EL HOMBRE FELIZ,
mos que nos desobedecen: si á los íguá-
Ies, e indiferentes, ó nos desprecian al*
tivos y ó nos arman celadas envidiosos.
E n nosotros mismos tenemos una con­
tinua angustia ; porque el corazon se
queja , eí espíritu se cansa , la voluntad
nos inquieta , la edad pasa , y todo por
arte inexplicable nos atormenta. ¿Ahora
podremos ser felices en semejante vida ?
D ecid á quién tal quimera os persuadió,
que busque hombres sin cuerpo , alma
sin voluntad, corazon sin apetitos , en­
tendimiento sin confusion, y que de estas
partes quiméricas componga su feliz ima­
ginario.
43 Y a en este tiempo el espíritu del
e rro r, dexando bien ligado el entendi­
miento de Ibrahin > pasa á atacar el del
Conde , quien dudando de toda la doc­
trina de Miseno , comienza otra vez á
caer en su antigua tristeza. En vano tra­
bajaba la hermana en alegrarle , porque
le dominaba la melancolía. No era Sofía
bastante para deshacer los argumentos
de Ibrahin, y hallándose todos con di-
Acuitad para persuadirse que puede ha­
ber en la yida felicidad completa , c1
LIBRO II. Si
error triunfa insensiblemente del enten­
dimiento de todos, y de este modo, des­
preciando esta conversación s hablaron de
otra materia.
82

L I B R O 111.

i A U N no aparecía el sol en el orizon-


te quando el Conde confuso , é
impaciente convidó í su hermana para el
paseo , deseoso de ir á visitar áM iseno.La
mañana serena, el ayre fresco , y el cielo
alegre los estaba convidando.Veían poruña
parte en el camino al labrador alegre, que
con paso lento tras de su arado iba cantan­
do entretenido con la consideración deque
aquel hierro corvo le abría el común teso­
ro. Por otra parte veían los rebaños de ove­
jas, y en pos de ellas los alegres pastores
tocando sus simples flautas con ayre armo­
nioso 7 í que respondían las Serranas con
ciertas bien ajustadas canciones.Todos em­
prendían el trabajo con la misma alegría,
que lo habían dexado. Esta era la materia
de su conversación. Mas el Conde siempre
se inclinaba á sus reflexiones melancóli­
cas* Reparó en esto la Princesa , y para
disipar la negra sombra , que le iba cu­
briendo el corazon, se valió de su ayre
jo-
LIBRO III. Sj
jocoso, y comenzó á divertirle con el
nacimiento del sol. ¿ Ved , le decia , có­
mo se levanta tarde el perezoso ? ¿Cóm o
viene rubicundo ? Por cierto que tiene ra­
zón para venir avergonzado* A hora, aho^
ra abre las cortinas de las nubes para
darnos los buenos dias. Toda la natura­
leza lo estaba esperando impaciente , y él
muy descansado* Las montañas parece que
levantan las cabezas para verle primero, y
Jos paxariIJos subiéndose á Jas ultimas
puntas de los mas altos ram os, desde allí
lo quieren descubrir para ir volando á ga­
nar las albricias, publicando por todas par­
tes que el sol ha nacido,
2 Salian á este tiempo de lasyerbezue-
las que pisaban varias, y lindas violetas,
que con sus agraciados matices convidaban
la atención de los pasageros, y Sofía pon-r
deraba como toda la naturaleza estaba ri­
sueña ; y que no era creíble que solo el
hombre estuviese condenado por fuerza á
vivir triste*
l Y o bien veo (le responde el herma­
no con ayre impaciente) que i pesar de los
discursos de Ibrahin, tal vez será posible la
felicidad de la v id a ; ¿mas de qué me vale
Hz sa-
84 EL HOMBRE FELIZ,
saber que es posible, sí yo no puedo lograr­
la? Toda esta noehe ha pasado mi entendi­
miento en una continua lucha , sin sacar
otro fruto, que fatigarme con los discursos;
que ya en sueños, ya dispierto hacia. Halló­
me como el caminante perdido>que sin ati­
nar con el cam ino, ni la vereda, incierto,
errante, y vagabundo anda, y desanda.Ya
huye de lo mismo que desea, ya se encier­
r a , y se confunde, ya cae, y se precipita,
sin saber qué hacerse* Así estoy ahora: to­
do para mí es un caos, un enredo, un labe­
rinto* Mas si una vez llego á conocer el ca­
mino para salir de toda esta aflicción, yo os
protesto que í toda costa he. de seguirlo.
E n estas consideraciones pasaban el tiempo,
quando dieron de repente con Miseno, que
habiéndolos visto de lejos, venia á encon­
trarlos al paso.
4 No se arroja con tanta fuerza el
hierro al mas poderoso imán , como el
Conde , y Miseno se abrazaron; y pasa­
dos los cumplimientos, le refirió la Prin­
cesa en pocas palabras todas las opiniones
de la noche antecedente , deseando oir
sobre ellas su parecer; y en esta conversa­
ción llegaron í la cabaña, donde tomando
asien-
LIBRO III* 8#
ásíento * les habló Miseno de esta fbtroá;
3 Si queréis dar crédito á mi experien­
cia , ella solo bastará para ensenaros él ca­
mino de la verdadera felicidad. No suspi­
ramos por otra cosa (le dlxo el Conde
alborozado); y Miseno continuó, dicien­
do : V o y á fiar de vos un secreta* que
no fié ni aun á las peñas m udas, hr í -los
inanimados troncos; pero hablo con quie­
nes sabrán darle el justo valor para guar­
darlo cerrado en el gabinete de las mas;rí­
gida fidelidad; lo que ellos prometieron* ¥
prosiguió de este modo* ■* : * ~ l
6 Comenzaré desde el principio l i
serie de mis desgracias ( como llaman co^
munmente) para declararos el origen dé
mi ventura. Mieceslao I I L cuyo mereci­
miento, e infelicidades ocupan en nuestros
di as el clarin de la fama , ya sabéis qué
fue el tercer hija de Boíesíao, ínviófco R e y
de Polonia. Ño ignoráis , que despues de
sus dos hermanos le sucedió en la Corona:
Corona que muchos años antes hubieran
colocado los Pueblos sobre su cabeza , si
las leyes del amor fuesen las de la justi­
cia ; porque desde la niñez todos le lla­
maban el Viejó ; tanta era su prudencia,
h 3 y
%6 EL HOMBRE FELIZ*
y tanta la madurez de sus acciones, y con­
sejos, Paréceme que aun le estoy viendo,
¡-Ah venerable figura , y qué agradable
eres á pii memoria! Dulce ilusión de mi
fantasía ; ¡qué suaves afeSos me dispier-
t a s ! . En esto , á pesar de la violencia,
que él mísmo se hacia , se le saltaron
alguaas. lágrimas quedando los dos her­
manos ta,dnlirados, de esta ternura en un
hombre tan anciano; mas ellos no sabían
que s era su hijo,: y continuó diciendo:
plspujpad > Señores, el desahogó de mis
ansias, porque todo mt Jo merece M ie-
£éslab,¡.Mas para daros un retrato de es-
t? :gran .Príncipe , que muy pocos cono­
cieron , acordaos de las heroyeas virtu­
des de su padre; Boleslao , de quien él
las heredó, antes de heredar el Cetro*
No debe .olvidarse jamás aq u el. singular
valor conque Boleslao triunfaba de sus
enemigos j pareciendo á todos que traía
la viétpria atada á su triunfante carro*
Aún se acuerda la Silesia de como ven­
ció al grande Enrique Emperador de A le­
mania : aún está fresca en la Boemia la
memoria del singular desafio , que sostu­
vo con un formidable gigante : gigante,
que
LIBRO IIL %T
que solo con el aspefto llenaba de hor*
ror á todo el Exército , menos á B o -
leslao , que intrépido á los primeros gol­
pes , le hizo exhalar la feroz alma en­
tre bocanadas de negra Sangre, En toda
la Europa aun hoy se alaba , y admira
la prudencia con que disfrazaba, y sufría j
que su hermano Sbignee levantase repeti­
das veces su mano sacrilega para quitarle
Ja Corona de Ja cabeza. Ahora > quan­
do os acordareis de todas estas virtudes,
habréis hecho en una sola pintura el re­
trato del padre, y del hijo, En esta so­
la circunstancia Jos hallo diferentes: que
BoJeslao una sola vez que por la falsedad
del Palatino de Cracovia fue vencido, ce-r
dio luego á la desgracia > y, murió de pe*'
na ; mas Mieccslao supo triunfar repe­
tidas veces con un animo inmóvil , y
constante de la importuna desgracia. T a l
fue mi padre. ¡Q u é he dicho! N o oigan
los peñascos esta palabra, que en secreto
inviolable escondo en vuestro pecho , pa­
ra que la ocultéis hasta de mí misino*
Y o fui Uladislao su hijo , heredero , y
succesor en el Trono ; pero ya no
soy el mismo hombre que fu/ en algún
H4 tiem-
88 EL HOMBRE FELIZ,
tiempo : soy Miseno un simple partícula!'*
que con la haznda en la mano* y su
filosofía en el pecho se burla de to­
das las grandevas , y no teme las des­
gracias*
7 Descansad , Señor ( le dixeron Ja
Princesa , y el Conde haciéndole una
grande reverencia ) : descansad , que el
secreto será fielmente guardado, ya que
lo ordenáis asi ; mas no podréis impedir­
nos la interior veneración que vuestra
persona * y este mismo secreto nos mere*
cen* Dicho esto continuó Miseno¿
8 T al fue Mieceslao antes de subir
al Trono ; m as, ó fuese maligno influ-
xo del ceno , 6 malevolencia de los
descontentos * tres años despues de em­
puñarlo le dfcpusieeron los Pueblos con
el pretexto * de que Mieceslao no e n
el mismo que antes* No te quiero cul­
par Jedeon Obispo de C raco via, que
fuiste el autor de esta rebelión , porque
quando adoro los consejos de la Provi­
dencia > no reparo en los instrumentos de
que se quiso' valer.
p Depuesto Mieceslao ofrecen el C e -
Jro á Casim iro, el último de los cinco-
hi-
t lB R Ó I íf, 8p
hijos que Boleslao dexó , porque ya los
otros tres habian muerto. Tiembla Casi*
miro de horror al oir la propuesta > no
se atreve í tocar un Cetro , que no le
pertenece* ni mandar como vasallo á su
legítimo Soberano ; mas hubiera cáido el
Estado en una funesta anarquía » si Casi­
miro no cediese. Tom ó el Cetro en las
ftianos, mas como depositario , que co­
mo usurpador. Claman los Pueblos alegres
Vívate y Mieceslao sereno. Pasan quatró
años * y la constancia de Mieceslao no
pasa. Casimiro cada vez le estima mas*
y mas le respeta : las virtudes de mi Pa­
dre le daban en lbs ojos , y le hacían
inas impresión que su brillante Corona*
Medita „ y determina restituirla al méri*
t o , y í la justicia , y para esto convo­
ta una Dieta general. Habla , perora*
insta , para que la Corona se ponga en
Ja cabeza de su hermano Mieceslao : re^
sistenlo Jos Pueblos: él insiste , los Pue­
blos se obítínah ; en fin , cede Casimir
io , y Mieceslao nú se altera. Cator­
ce veces corrió el Sol todos sus sig­
nos y y otras tantas fue testigo de su
incofitrastable constancia. Observaba mí
pa-
<?o EL HOMBRE FELIZ,
padre > que en Casimlio reynaba la v ir ­
tud , y esto le satisfacía , porque era lo
que mas ansiosamente deseaba ; pero la
obscureció Casimiro en los últimos años:
y lina triste muerte finalizó aquella vida*
que fuera gloriosa, si no degenerara en
afeminada * Entonces Mieceslao cobró áni­
mo , suponiendo que ni Lesko , á quien
el R e y habia dexado menor de cinco
años > ni la Reyna Regente tendrían
fuerza bastante para sostener el C e t r o , si
quisiesen quitárselo con las armas. Se en­
gañó ; porque la desgracia aun no es­
taba cansada. Perdió Mieceslao la bata­
lla , y en ella á mi hermano el mayor*
y desde este dia quedé yo heredero > no
sé si de su corona, ó de sus infelici­
dades ; mas siendo mi juvenil corazon
mas flaco que el suyo , no pudo sufrir
tantos golpes. Con to d o , mi padre su­
po tolerarlos con la misma acostumbrada
constancia ; y aunque el cuerpo iba
decayendo ya con el peso de los años»
su corazon > á manera de una roca , ni
se abatía , ni aun se conmovía con tan
furiosas tormentas.
io Viendo los hados (ya os pedí li-
cen-
LIBRO III* 5>r
/
cencía para hablar en frase ordinaria*
aunque ya uso hoy muy diferente len­
gu aje) viendo los hados que la desgra­
cia no podía mover í tan grande héroe,
quisieron que la fortuna probase las ar­
mas levantándolo al Trono , para que
allí estuviese mas expuesto í Jos tiros dt
la malevolencia > y de la envidia. L a
Re) na Regente > no pudiendo abarcaf
con sus manos delicadas un Cetro guer­
rero ^ cedió en mi padre la Regencia de
los Estados con Ja condícion de que cft
perjuicio mío adoptase por su hijo á L es-
ko : y llegué á ver á mi padre segunda
vez en el Trono > quedando yo nueva­
mente excluido de la esperanza de ocu­
parlo, Pocos meses me duró este triste
gusto > pues se le cayó de la cabeza la
Corona * que tenia rnaí asegurada por
habérsela puesto mano inconstante. O
fuese que mi padre hubiese faltado í la
adopcion prometida > ó que las manos
de la Reyna tuviesen deseos del Cetro
con que se adornaban ; lo cierto es que
mi padre fue segunda vez depuesto del
Trono.
ii Y o no pude entonces resistir i
tan-
92 EL HOMBRE FELIZ.
tantos vayvenes de la forttina. Confuso*
afligido * desesperado tomo el arco , y las
flechas } mudo trage , y nombre , y des*
conocido salgo por los montes , y bos­
ques de Silesia entregado í la tristeza»
que me roía > y despedazaba las entra­
ñas* Mi alma se hallada en un caos te­
nebroso : la luz de la razón se me ha­
bía m irado del to d o ; y si alguna vez
aparecía , era como un relámpago , que
solo servia de hacerme visibles ios erro­
res que me cercaban. Mis desgracias es^
taban pegadas á mi memoria, de suerte,
que á quaíquier parte que quisiese volver
los ojos del entendimiento* no veía delan­
te de mi otra cosa*
12 Qual hombre solitario , que en
campaña rasa, y noche tempestuosa, per­
seguido dé Ja lluvia * y de Jos vientos*
cercado de Jobos s en medio de barran­
cos , y precipicios * quando los relám*
pagos le ciegan , los truenos le atemoré
xan 3 los rayos continuados le llueven,
quando los vé caer por detrás s por de­
lante , por los lados a y sin acabar de
morir á cada momento muere > así me
ve/a y o . por esos valles , y montes. Los
LIBRO III. yj
■sitios mas escondidos , y tristes eran Jos
que mas apetecía ; y ved aquí 5 qu&
cierto dia baxando de un monte , vi
ácia la parte de Breslao un valle , don­
de los árboles dexados al descuido ha­
bían formado un bosque sumamente es­
peso. A llí me fui embreñando poco á
poco hasta lo mas interior de él, ¡Ah
bosque, bosque , qué fúnebre me era
entonces tu imagen ; pero qué agradable
me será toda mi vida tu memoria! A llí fue,
amigos , donde tuvo principio mi perpe­
tua alegría , guando estaba sumergi­
do en la tristeza mas profunda ? y de­
sesperada*
13 Paréceme que aun estoy viendo
aquel sitio. A llí me parece que estaba
la perpetua vivienda de la noche , la cu­
na de la melancolía , el país del pavor*
y en la frase de los Poetas el Reyno
de Pluton. A llí no se veían sino fúne­
bres apreses , matas espesas , selvas en­
redadas , y una enmarañada breña : allí
se oía el mochuelo gimiendo siempre á
compás: allí habitaba el feo murciélago*
y la lechuza no¿turna: allí gritaban las
ranas , silvaban las serpientes 3 y her­
vían
94 EL HOMBRE FELIZ,
vían todas las demás sabandijas; y enme^
dio de todos estos horrores mi corazon
lleno de melancolía palpitaba , y no me
cabía en el pecho,
1 4 Y he aquí que veo una luz extra^
fia , que salía de la concavidad de uní
gruta > acia donde me llevó Ja curiosi­
dad de examinar bien aquella maravilla.
V o y á entrar en ella , y veo una habita­
ción celestial. Las peñas que abovedadas
al natural formaban aquella concavidad,
parecían de cristal puro , que brillaba co­
mo los diamantes. E l verde moho que
habia nacido por entre las hendiduras,
parecía un agraciado esmalte de esme­
raldas. Un olor suavísimo transportaba
mis sentidos, dexándolos absortos, y em­
bargados , sin saber yo qual era el origen
de aquel encanto. Mas recobrada mi al­
ma poco á poco del espanto primero, des­
cubro en lo mas retirado de la gruta un
viejo venerable * inm óvil, y de rodillas.
Quedé suspenso : su barba crecida , y
del todo blanca le llegaba hasta la cin­
tura : las manos blanquísimas, pero se­
cas, y descarnadas se afirmaban en un caya­
do corvo* que servia de apoyo á la ca­
be-
LIBRO III. 95
b eza, que reclinaba sobre ellas. Y o tí­
mido , y curioso me fui llegando , quan~
do veo en la tierra en caracteres bien
formados , que le cercaban , esta pas­
mosa inscripción : Tu Vlasdilao , que por
mano superior seras conducido aquí , dar as
sepultura a mi cuerpo ; y en ese libro halla -
ras el premio de tu trabajo , j el modelo de
tus empresas,
ij Pasmado al ver mi nombre escri­
to , vuelvo á leer lo que ya habia leí­
d o , y mi admiración se aumenta : repa­
ro en la postura del Erm itaño, y me pa­
recía vivo , quando la inscripción , el si­
lencio, y la inmobilidad le hacían sospe­
char muerto. En eftfto lo estaba > y al
tocarlo ligeramente cayó en tierra : di co ­
mo pude sepultura al cadaver ; y toman-
do el libro , que me pertenecía por lega­
do , lo abrí : leo , y hallo un héroe ( i )
el mas famoso que vieron Jos siglos : hé­
roe, que sin depender de exércitos nume­
rosos , y de Capitanes de valor , ni de fa­
vores de la fortuna , sin socorro humano,
so­

lí) £1 Santo Job*


EL HOMBRE FELIZ.
solo con el esfuerzo de su corazon ilus­
trado por D io s, y fortalecido por la ma­
no omnipotente, supo triunfar de s í, del
mundo , y de los hados; que supo ha­
cerse sólidamente feliz , y conservarse en
el trono de su felicidad á pesar de los hom­
bres, de los elementos, y de los abismos,
que se habían conjurado para perderle.
Pasmado de tan insigne heroyctdad, y
reflexionando maduramente sobre lo que
habia leido , me digo á mí mismo:
16 ¡Qué falsa es la idea que se for->
ma del verdadero heroísmo, y de la sólU
da felicidad! ¿A.qué se reduce toda la
gloria de un Alexandro en la Asia ? ¿ de
unScipion Africano ? ¿de un Temístocles
en la Grecia l ¿y de todos los Emperado­
res Rom anos, que aturdieron el mundo?
Examinado todo í la luz de la verdad, se
reduce á derramar sangre humana, á de^
vastar regiones , arruinar.Imperios, arra­
sar Soberanos; en una palabra , í hacer
infelices. Otro tanto, decia y o , harian los
osos , los tigres , los leopardos, y las fu*
rias infernales , si les dexasen suelta la
cadena , con que las detiene el brazo om*
nipotente. ¡ Qué raro modo de pensar!
Por-
LIBRO III. 97
Porque estos hombres se asemejaron á los
brutos j ó á las furias de los abismos \ de­
ben ser reputados como scmidioses en la
tierra ? ¡Qué pasmosa diferencia entre los
demás héroes , y este que me ofrecen pa­
ra modelo de mis empresas!
17 Veis aquí una gloria que satisface
toda mi ambición de grandeza: no depen­
der para conseguirla mas que del Ser Su­
premo : ser superior á los hados , poder­
se burlar del mundo encero : ser el espejo
de la buena razón* y el modelo de los ver­
daderos héroes, merecer de la suma , y
eterna Sabiduría el testimonio que ella dió
de este héroe que me ofrecen para exem-
plar ( t ) . N o hay otro semejante a él en toda
U redondée de tierra « ¡Ah! ¡ y quién me
daria que el Príncipe de Polonia fuese la
copia del Príncipe de la tierra de Hus (2),
Tom. L I que

( i) Namquid con/lderasti servata meum


Job , quod non sit ú slmllis in térra ,
Job 2, 3,
(a) V ir erat in térra H u s , nomine Job,
1. 1. Eratque vir UU m agnus ínter omnts
orientales, 1 . 3 .
98 EL HOMBRE FELIZ*
que le propusieron por su dechado, y que
Uladislao fuese imitador del famosísimo
Jo b ! Mas yo no nací, me decia á mí mis­
mo , para tan gran felicidad. A este tiem­
po la ancigua tristeza volvía á ganar mi
corazon , de donde habia salido quando
entré en la gruta,
1 8 E s verdad que esta lección habia
mudado el objeto de mis deseos; mas no
habia extinguido la melancolía que ellos
me causaban: entonces ya no era la coro­
na de Polonia la que me atormentaba , si­
no la felicidad á que habia llegado aquel
héroe era la que me causabá envidia. Bien
como el halcón, que con los ojos tapados
está sosegado; pero apenas ve la deseada
presa se desespera , bate Jas alas , ame­
naza con el pico , despedaza la cadena ; y
quanto mas desea , tanto mas padece por
no poder volar adonde vuela su corazon.
A sí me hallaba yo sentado en la gruta,
y lamentando mi infelicidad , sin ver de
qué modo podría conseguir aquel estado
fe liz, que se me acababa de proponer.
19 E l temor que acompaña todas las
empresas que son raras, iba llamando la
tristeza; y una como obscurísima nube
me
LIBRO III. 99
me quería eclipsar la luz primera, en que se
veía bañado mi encendimiento. Vuélvome
al libro en que tenia todo mi tesoro; y la
mano suprema conduda de manera lam ia,
que abriese siempre donde hallase la res­
puesta a mis ansiosos cuidados. Ved aquí
que abro a y encuentro en los Evangelios
ja mas alca doftrina y la moral mas su­
blime , y todo lo que puede hacer á una
alma verdaderamente grande. Aquí es
donde hallé el modo prá&ico para imi­
tar el gran modelo que me fué dado de
lo alto : aquí es donde en las sentencias
maravillosas de que ayer os hablé , des­
cubrí el origen de la Verdadera alegría;
y al mismo tiempo que iba leyendo , y
m editando, una mano superior, é invi­
sible (sin duda la divina gracia ) muda­
ba mi entendimiento , y transformaba mí
corazon* Las pasadas ideas con que el
mundo me había educado desaparecieron
como imágenes de sueño > ó errores de la
niñez ; quitóseme un velo délos ojos, una
nube de¡ coraxon , y un peso del pecho.
Póngome en pie , hállome ligero , y ágil;
salgo del bosque , subo á un otero , miro
í un lado , y í otro ; me hallo en nue-
I a vo
100 EL HOMBRE FELIZ,
vo ciima ; y aun í mí mismo me desco­
nozco. Antes una sangre negra , y espesa,
parándose & cada paso , se condensaba
en mis venas: los miembros trémulos,
frios , y quasi paralíticos me faltaban en
medio de los movimientos ; pero des­
pues de este momento un dulce espíri­
tu , pasando con suavidad de vena en ve­
na y me fué visitando todos los miem­
bros , y me dexó vigo ro so , alegre > y
animado.
¿ o Así pasé aquel dia paseándome
contento por aquellos mismos sitios, que
antes habité melancólico , y triste. El pa­
seo bastantemente largo me dexó cansado
para la noche: y al cansancio se siguió
un d u lce, y pesado sueno , que comenzó
á embargarme los sentidos; de manera que
me rendí gustoso í su suave fuerza. MÍ
alma votó prontamente á la religión del re­
poso , y comencé á gozar engaños bien
agradables. Parecíame , que estaba en la
Arabia desierta , donde se pasan leguas,
y leguas sin encontrar una hoja verde , ni
el menor arro yu elo , que pueda refrige­
rar la sed. Mis entrañas secas, y tostadas
se abrasaban , y ni hablar podia : quan­
do
LIBRO III. ioz
do veo baxar por los ayres una celestial
Ninfa en una brillante nube > que descen­
diendo poco á poco paró en la cumbre
de una rcca , que le servia de trono. Era
su rostro á un mismos tiempo bello , y
magestuoso: tenia en la mano un cetro
de oro , y en la cabeza le servia de
corona una luz tan resplandeciente como
el s o l; pero de luz mas benigna; de suer­
te , que sin ofender la vista recreaba í
quien la veía. Sus ojos eran vivos , lumi­
nosos , y penetrantes. Reparé , que me
miraba con particular agrado ; y quan­
do la admiración me dio lugar á sentir
Ja sed , iba á pedirla socorro ; mas aun
no habia hablado, quando me dixo de
este modo:
21 Penetro tu pensamiento, y deseos*
sin que te sea preciso declararlos; porque
ni en los cielos , ni en la tierra , ni en
los abismos se me puede ocultar cosa
alguna. A mí me rinden vasallage todos
los sabios del mundo , y se tienen por
felices quando en remuneración de sus
obsequios Ies envió por entre las nubes
algún rayo > que los ilustre. Y o soy la
Sabiduría , ó , como otros me llaman,
I 3
to2 EL HOMBRE FELIZ.
¡a filosofía verdadera , de cuyo nombre
se sirve á veces sacrilegamente el mons­
truo del e rro r, mi capital enemigo ; mas
por los efeétos conocerás qual es la falsa
filo sofía, y qual la verdadera. Todos los
que consintieren, que yo les conduzca sus
p asos , andarán alegres en qualqutera acon­
tecimiento que pueda sucedcrles ( i) . Y o pues
conozco la causa de tu aflicción y tus de­
seos , y tu sed ; y para darle remedio
te digo , que no procures fuera de tí lo
que dentro de tí puedes hallar. Este pe­
ñasco es tu imagen , ve , repara , y apren­
de. En este punto saliendo un rayo de
luz de la cabeza de Ja Diosa , y rompien­
do la nube cae de golpe sobre el peñas­
co , y lo parte por medio : y he aquí
que sale de sus entrañas un torrente tan
copioso , que toda aquella región quedó
en un instante tranformada. Los peñas­
cos ásperos , y secos, eran bellísimas cas­
cadas : el arenal tostado se convirtió en
amena floresta ; de m anera, que í qual-
quie-

(0 L a tatas sum in ómnibus 3 quoniam


Anuccdehat me ista sapientia, Sap, 7* 1 2*
LIBRO III* 10j
quiera parte que mirase encontraba agrá*-
dables perspeélivas. Por aquí árboles car­
gados de fru tas, por allí jardines llenos
de flores; por un lado campos sembrados,
por otro rebaños pastando yerbas aromá­
ticas ; y en tan agradable confusion todo
me encantaba de modo que no sabía á qué
objeto dar la preferencia. Quise volverme
i la Divinidad que me hablaba , y vi que
habia desaparecido. ¡ A y de m í! ¡ A y de
mí! dixe entonces dando un lastimoso ge­
mido : pero este grito me dispertó de!
sueño, y toda aquella ilusión encantador*
desapareció en un momento.
22 ¡ Ah pobre de v o s! interrumpió la
Princesa s ¡ qué triste , y desconsolado
quedaríais quando os hallasteis disrante de
esos jardines y prados , y florestas! N o
me compadezcáis , Señora , le dice M ise-
no y porque si me hallé sin esas bellezas
engañosas del sueño , me hallé con otras
verdaderas, y mas capaces de recrear el
entendimiento, y el alma* Entonces re­
flexionando en el admirable sueño * re­
petía las palabras que me dixeron : Esta
roca es tu Imagen , no busques fuera de
t í lo que dentro de t í puedes hallar • Y
io4 EL HOMBRE FELIZ,
é mí mismo me d ecía: Un rayo de Jufc
desprendido de la cabeza hizo reventar
de la roca ]a abundancia de agua que den­
tro de sí ocultaba. Esto concuerda con
lo que me dixeron * que quien se dexase
gobernar de Ja verdadera Filosofía , esta­
ría alegre en todos acontecimientos* ¿Qué
mas quiero? Para convertir mi corazon
árido , amargo y scco con Ja tristeza en
un paraíso de alegría, bastará que mi en­
tendimiento se dexe ilustrar * y gobernar
de Ja Sabiduría celestial. Entonces llegaré
a este nobilísimo y verdadero heroísmo*
por el qual mi alma suspira : llegaré á la
perfecta felicidad , triunfaré de los ha­
dos , y siendo así * no dependeré ya de los
hombres.
23 Este sueno ? que parece miste­
rioso , concuerda con la doíVrina santa*
que aprendí en mi precioso libro ; sin
duda la mano superior me conduxo á es­
tas reflexiones por medios no ordinarios;
y así no Jas puedo dexar frustradas, si yo
fuere fiel á seguirlas. Esto dixe * y me
entregué á la Filosofía , discurriendo con
sosiego > sin pasión 5 ni espíritu de parti­
do ; y encontrando las verdades sin bus­
car-
LIBRO HL íoy
C arlas , vine i establecerme en las m á xi­
mas que me han hecho feliz; siendo la
conclusión de todas ellas , que dentro de
nosotros tenemos la fuente de la verda­
dera alegría. Y para'precaverme contra el
natural olvido , ó qualquier tribulación
que me ofuscase el juicio , formé unos
dísticos, que saque de la celestial do&rina*
y acostumbro cantarlos en mi trabajo: os
Jos repetiré, porque nada os he de ocultar,
que pueda conducir á vuestra utilidad.

Sé que de Dios qualqutera bien provhnef


T a si el placer que lusco , de a llí viene.
N o esta lejos de m i ( i) , no entra d e fu e ra
Viene del coraron que ¿ Dios venera ;
T si Dios esta en é l , su te) ( z ) y y gracU ,
iQuétnal mepodr ¿hacer qualquier d esg ra cia ^ )
Ad-

íO Quamvts non tonge sit ab unoquoque


nostrum , in ípso enim vivimus 3 & movemur^
& sttmus, A<3\ * 7. * 7. 8?
(z) Sed quid dlcit Scriptum : Trepe est
verbam tu ore tuo¡ ¿ f in carde tuo ; hoc est
verbum fid e i , Ad Rom. io* 8*
( 3 ) Non tíntelo mala 3 quafiiatn tu mecvm
t$. Bal* za, 4-
roS EL HOMBRE FELIZ,
2 4 Admirados quedaron la Princesa»
y el Conde quando acabaron de oir í
Miseno ; y pasados algunos discursos,
confesaron con ingenuidad , que les era
muy difícil creer que pudiese el hombre
tener en sí mismo la fuente de la sólida
felicidad. Si nos dixérais (anadió el Con­
de ) que en nosotros tenemos la fuente
de toda la tristeza , os creería fácilmen­
te ; mas nunca podréis persuadirme vues­
tro sistema. Perdonad , Señor, si os
ofendo.
25 N o me ofendeis , hijo mío , con
una duda prudente, porque yo también
estaba m uy ageno de creer lo que os
digo antes de haberlo reflexionado , y
meditado ; y mas me ofenderíais con una
docilidad afe&ada , que con una duda
sincera. Ahora bien ? ya que deseáis co­
nocer la verdad , os la mostraré clara­
mente ; mas sabed , que en parte soy
también de vuestro parecer; y digo que
en nosotros se encierra también el ori­
gen de toda tristeza. L o s errores de nues­
tro entendimiento, y las pasiones de nues­
tra voluntad son los padres de este hor­
rible monstruo , que nos roe las entra­
ñ as:
LIBRO III- to7
ñas : la tristeza digo que es la que nos
hace desgraciados : luego por la misma
razón me habéis de conceder , que te­
nemos el origen de nuestra alegría en
las máximas santas , que nos ilustran lia
re¿ta razón , y en la virtud heroyca 7 que
domina nuestras pasiones ; todo lo qual
está dentro de nosotros mismos b que no
viene de los hombres , ni depende de la
suerte 5 ó de la fortuna.
2 6 La Princesa manifestaba luchar
consigo misma , y pidió á Miseno , que
pues él habia sido obligado por la bue­
na Filosofía í asentir en aquella máxi­
ma , quisiese por los mismos discursos
obligarlos i convenir en ella: á lo que M i-
seno satisfizo prontamente diciendo:
27 Si yo no quiero ser infeliz, ¿quién
puede obligarme á serlo? ¿D io s , ó sus
criaturas? Y o os dexo libre la elección;
qualquier camino que sigáis , vendreis í
dar en el precipicio. N i una cosa , ni otra
( dixo el C on d e). E l maldito hado es
quien quando toma por empresa el per­
seguirnos , se obstina de modo , que no
descansa hasta vernos sepultados. L a her­
mana no podia sufrir la risa por mas que
se
íoS EL HOMBRE FELIZ.
se esforzaba á reprimirla ; y obligándola
ti Conde á que declarase el motivo de
ella , respondió politicamente , que no
quería interrumpir el discurso en mate­
ria tan grave ; pero que quando estu­
viesen solos > y le fuese permitido hablar
en su tono jocoso , no tendría dificultad
en convencerlo. Miseno le rogó enton­
ces con instancia que no rehusase ayu­
darle, Y que ya que era tan interesada
en ¡a viñoria , debia suministrarle las
armas.
28 En ese caso ( dice !a Princesa)
hablaré con mi estilo acostumbrado. D e­
cidme ahora , Conde , esto de hado ¿ es
algún anim al, es cosa viva , muerta , ó
inanimada ? Si el hado es alguna fiera,
muy vieja debe ser ; porque muchos siglos
ha que todos se quejan de sus estragos^
y me adm iro, que siendo tan viejo , aun
tenga fuei*2a para haeer mal á tanta gen­
te, Mas si el hado no es cosa viva : ¿ có­
mo puede ver á los miserables que le
huyen , para irlos persiguiendo hasta los
últimos fines de la tierra ? Podréis decir
que el hado no tiene cuerpo , y que es
espíritu puro* En este caso será algún
es-
LIBRO III. lo?
espíritu malo , de grande autoridad, pues
tiene usurpado (sin pertenecerle ) el dere­
cho de gobernar la mayor parte del muni­
do. Me haréis un gran favor , hermano
mió j si me explicáis bien este punto,
que nunca pude entender.
29 Recibió el Conde con gusto el
argumento de la Princesa > y confesó
que él hablaba en sentido metafórico, co­
mo habla el vulgo : á lo que instó la
Princesa con gracia : luego dais por cau­
sa de unos males verdaderos , y que real­
mente nos atormentan , una cosa fabulo­
sa , y que jamás existió sino en la loca ca­
beza del vulgo. Por lo que á mí toca,
Miseno , sabed que no creo que haya ha­
do y ni fortuna , m desgracia , aunque me
sirvo de estos nombres de que todos se
valen : y he aquí mi razón : si esas fabu­
losas divinidades existiesen , ó Dios no
tendría bastante poder , si ellas le arranca­
sen el cetro de las manos ; ó sería ne­
gligente, si por indolencia , y floxedad
ío alargase buenamente. Pero necesito
}ue me expliquéis lo que debemos en*
;ender por estas palabras de que todos
isamos a sin saber lo que de.cimos.
no EL HOMBRE FELIZ.
30 L a mano suprema > dixo Miseno*
que con altos , y justos designios va go­
bernando este mundo , no siempre nos
dexa ver quales son sus fines soberanos.
Nosotros ignorantes , y ciegos quando
vemos ciertos acontecimientos y sin poder
descubrir el motivo de ellos > juzgamos
desde luego que no hubo designio algu­
no premeditado ; y de este modo antes
queremos suponer el defeóto en D io s,
juzgando que dexa ir todo este mundo
sin gobierno , que considerarlo en noso­
tros confesando nuestra ignorancia > y ce­
guedad. Veis aquí pues Jo que llaman ha­
do , ó acaso: de manera que si el suce­
so , cuya causa se ignora , fuere favo­
rable , le llaman fortu n a ; y si adverso,
desgracia. Mas es cosa pasmosa , Señoraf
que muchos Filósofos que se ja¿tan de
serlo y hablan de esta gran quimera co­
mo de cosa rea! , y positiva. Sin ser di­
vinidad Je atribuyen mayor poder que
al Omnipotente ; porque al acaso y y no
á D io s atribuyen la mayor parte del bien,
ó mal que sucede en el mundo. En esto
hay grande incoherencia , porque si el
hado es inteligente , como era preciso
pa­
I-IBRO III. nx
para perseguir á unos , y favorecer á
o tro s; si tiene voluntad para ser amigo,
ó enemigo : si tiene un poder al que
parece que cede la misma Omnipoten­
cia , llámenle Dios , y destíerren como
indigno de serlo ese que antes supo­
nían. Mas no hagamos á esta locura el
honor de impugnarla*
3 i Poniéndome pues de parte de esos
fabulosos principios de lo que sucede en
el mundo , insisto , Conde , en pregun­
taros : ¿quién me ha de hacer infeliz en
este m undo, si yo de mi parte no pres­
to el menor concurso para serlo? ¿A quién
me señalais por origen de mi desgracia?
¿A D io s , ó á sus criaturas?
32 Qual peregrino solitario, que lle­
gando á la división de dos caminos se pa­
ra, duda > discurre , y decide con mucho
recelo , y con tentación de volver atrás
hasta conocer su yerro , así hizo el C on ­
d e , respondiendo tímido que de Dios so­
lo podia venir nuestra suerte ; y que él con
autoridad suprema hacia á unos felices, y
i otros desgraciados.
33 ¡Dios hace desgraciados! (r e s ­
ponde Miseno lleno de admiración) No es
es-
ii2 EL HOMBRE.FELIZ.
esta la idea que tenía yo de un sér de
bondad infinita* Primero vereis que el
Niester retroceda en medio de su furiosa
carrera, que yo admita semejante absur­
do. Decidme que el Sol os oscurece > que
el fuego os yeia > que Ja lluvia os seca,
que os entristece la luz ; mas fácilmente
os concederé todas esas paradoxas , que
convenir en que sea Dios por sí solo la
causa de ser yo infeliz. Discurramosami-
gos con sinceridad, j Por qué razón me
privaría Dios de lo que yo con tanta
ansia apetezco ? ¿ Solo por tener en eso
su gusto ? ¡ Ah ! No finjáis un D ios
c ru e l, porque no hay quimera que mas
repugne á la razón, ¿ Sería pues por su
propio ínteres > y porque dependía de mi
desgracia para ser en sí mas feliz, y glo ­
rioso? ¡Ah , y qué pobre sería el Omni­
potente , si necesitase de mi tenue felici­
dad para aumentar , y completar la suya!
¡ Que indignos son esos pensamientos!
jCreeís que yo he de ser el que haga
feliz á un Dios ? ¿Y que en vez de re­
cibir de su mano mi felicidad , la haya de
recibir él de la mia? j No es Dios el ma­
nantial inagotable de todo bien , de don*
LIBRO III* u,
J e sale en continuos torrentes para repar*
rirse por todas las criaturas? ¡O h J no ha-
gais , hijos míos > semejante violencia í
vuestro, entendimiento * tan grande injuria
& vuestra razor),
J 4 ¡Gran diferentia hay de los M o­
narcas de la tierra al Supremo Monarca
del Universo ! L o s . hombres , quando
quieren sobresalir, y elevarse sobre los
otros, que son iguales por naturaleza deben
ponerlos debaxo los p íes, para que Je sir­
van de peana. Por exemplo , un' Saiadi-
no > el Gran Sultán de Egypto , que en
nuestros diaS tiene asombrado el mundo,;
como otro Alcxandro ; jos parece que
haria tan grande figura , si no pusiese
su alto i y pesadísimo Trono sobre las
Cabezas de Jos Príncipes que gimen de­
baxo de él? Aquí bien sé ve > que la fe^
licidad de unos depende de la desgracia
de o tro s; pero D ios * infinito en gran-,
deza * infinito en su propia * y esencial
felicidad s ¿cómo podrá tener precisión
de quitarme una migaja de felicidad*
por la qual estaba yo suspirando ? Y
para añadirla al mar inmenso de Jos bie­
nes de que goza > \ me privará í mí
T m , I* K de
U4 EL HOMBRE FELIZ,
de ese pequeño bien , que deseabá , de­
jándom e bañado en lágrimas, y consumi­
do de hambre? L e jo s , lejos de m í , lejos
de qualquier entendimiento semejante
absurdo*
3 5 Confuso se hallaba el Conde , y
arrepentido de haber dado semejante res­
puesta- Estaba bien convencido , pero lá
confusion le embargaba Ja lengua„ Entre­
tanto seguía Miseno con igual ímpetu la
corriente de su eloquencia * y la aumentó
diciendo:
3 6 Y a que tocamos esre punto , su­
bamos á examinar el origen del hombre,
para saber , sí D ios por su gusta nos
puede privar de la felicidad , por la que
cada uno anda suspirando* ¿Para qué fin,
y por qué razón pensáis que se resolvió
a criarnos la infinita bondad de Dios?
N o es permitido á un hombre m ortal
entrar con paso atrevido en los consejos
de la divinidad; pero sí es lícito obser­
var por los efeftos las causas, como quien
con la cabeza baxa , y humilde por el
movimiento de la sombra en la superfi­
cie de la tierra , investiga los movimien­
tos del S o l, quando no se atreve ¿ fi-
xar
- 1LIBRÓ I l t nj
xar íos ojos éri el cielo. Asi pues haremos
nosotros ahorái
37 E l Ser Supremo, infinitamente fe­
liz en sí mismo redundaba en g lo ria * y
suma felicidad i sus atributos pedian des*
áhógo , y sus perfecciones éxercicioí y iio
queriendo contener solo en sí mismo (per*
mítaséme está impropia expresión en una
materia que excede toda frase ) : no
queriendo contener eñ sí mismo el He­
no de tattta felicidad 5 determino derra*
marlá f>ará hacer á otros felices. Para
esto quisó triar de la hada los objetos
dé su benevolencia * de los quales fue
Uñó el hombre J pero fcra muy pequeño
Vaso para tanta abundancia > y muy vil
objeto de la estimación de un Dios. Pa­
recía injurioso á la re&itud de su áni­
mo amar lo que tío fuese amable * y
ser prodigó de su estimación para Con
un objeto * que no fuese digno de ella.
¡V e d qué idea tan admirable 1 Ínscuípió
ett el hombre su misma imagen Sobera­
na* Hizo qué reverberasen en él Jos rayos
de la divinidad , y cíe éste fnódo que­
dó el hombre digno del áfefio de un
D io s » aunque era agena toda su beJle*
K z 2a;
ii 6 EL HOMBRE FELIZ.
2a ; y también quedó destinado para par­
ticipar del torrente de la felicidad Su­
prema , qüe empezaba á derramarse so­
bre él con excesiva abundancia* Ved aho­
ra si es creíble , que este mismo D ios
pueda hacer al hombre desgraciado por
su propia mano , sin que el hombre
concurra para serlo. Discurrid , amigos,
como quisiereis , y creed ciertamente,
que quando somos infelices ; no es D ios
le causa de nuestra infelicidad , y así bus­
cadle otro origen,
3 8 No se atrevía el Conde í tomar
otro cam ino, rezelando encontrar seme­
jantes absurdos ; mas la hermana , que
se interesaba en la disputa > respondió por
el Conde > que solo las criaturas eran
la causa de nuestras desdichas. Quien
hubiese sondeado (decia ella) el corazon
del hombre y ha de conocer que en to­
do el mundo no hay fiera tan cruel con
otra fiera , como lo es un hombre con
otro. N o se vio jamás entre los tigres,
y osos lo que vemos cada dia entre los
hombres. Si un dia nos conviniésemos to­
dos en no perseguirnos mutuamente , la
tierra se convertiría cu cielo ? y el mas
LIBRO II, n j
inculto terreno sería un delicioso paráisor
pero id ahora á mudar el cara&er del
mundo entero para conseguir semejante
felicidad.
39 Bastará que yo me mude á m í
mismo ( responde prontamente M isen o ):
persíganme quanto quisieren los mortales,
que si yo no quiero , no puedo ser ín-
feliz. Esta gran carroza del Universo no
penseis , no , que se mueve sin gobier-,
n ó : el Omnipotente es quien tiene las
riendas en la mano > y no hay fuerza
que baste para torcerle el brazo. T a s­
quen en hora buena los brutos el .fre­
no en los dientes, y corran desbocados:
no os asustéis , que quien codo lo, go­
bierna haciendo del descuidado, los de-
xará correr solamente en quanto viere
que le sirven í sus alto s: designios ; - pe­
ro en desviándose un punto , qualquier
levísimo movimiento basta para derribar­
los en un instante. É l: autor de rodo,
todo lo tiene en la mano , y nada le re­
siste. Desde su altísimo T r o n o , apenas'
comienza á querer dar- uná ligera señal,
quando ya todo está hecho. Cielo , tier­
ra , mar , abism os, hombres , y fieras,
K 3 to-
118 EL HOMBRE FELIZ,
todo obedece; un instante le b astí , y
XqAq el mundo "en peso se revuelve pa­
ra obedecerle, Esto supuesto , ved si po­
drá alguno sin su orden suprema pri­
varme de mi felicidad. Vos bien sabéis*
que si las criaturas me hiciesen por fu e r­
za desgraciado , podría yo volver mis
quejas contra Dios ; porque si por aca­
so , no pudiendo y.p desviarme ; me atro­
pellase una carroza , ninguno habia de
disculpar al cochero* A s í , dexad gober­
nar al Omnipotente , y yeréis, que las
criaturas nías adversas os conducen , aun
$in querer, ¿vu estra felicidad* Quantos
pasos he dado desde el suceso que os re­
fe r í, Otras tantas, confirmaciones he cen¡-*
do de esta verdad.
40 No debejs extrañar, dice la Prin-*
cesa* que nosotros, sin esa experiencia,
y sin vuestra filosofía , abrazásemos has­
ta aquí un error generalmente seguido*
pero sosegad , que estamos ya bien con­
vencidos ; mas contadnos vuestros su-»
cesos , para que vuestra experiencia
nos confirme en el modo de hallar la
felicidad*
4; Qijince d¡as pase (continuó M i­
se-
LIBRO ni* ti9
sen o ) viviendo solitario en los montes de
Silesia , m editando, leyendo, y reflexio­
nando i y llegué hasta desconocer mi en­
tendimiento* Creo que algún numen ce­
lestial me conducía como por la mano
de verdad en verdad , de forma , que
una serie de máximas importantes , pa­
sando succesivamente por delante de mis
o jo s , dexaban á mí alma instruida, sin
la menor fatiga , ni trabajo. Con todo
debia ser instruido por la experiencia,
y no me bastaba la especulación ocio­
sa , y por esta causa la Providencia me
conduxo por los trabajos , que se me
siguieron , y aun tal vez se me segui­
rán , si es que D io s , quiere adelantarme
en esta ciencia.
42 D escendí, p u e s d e los montes
á poblad o, y encuentro un Príncipe mas
infeliz que yo (hablo con las frases del
v u lg o ) ; porque aunque pasaba menos
trabajos, no sacaba de ellos tanta uti­
lidad. Este era A lexo y hijo de Isac A n ­
gelo , Emperador de Constaminoph : ve­
nia atravesando la Silesia , quando me
encontró en una posada..Su vestido, tren,
y comitiva declaraban su persona , y mi
K4 tra-
i2o EL HOMBRE FELIZ,
trage encubría la mía. Con todo cono-*
ció por el acento , que yo era Polaco;
y despues de algunos discursos , se re­
solvió llamarme í parte para comuni*
carme sus intentos* En efe¿to , despues
de recomendarme el mayor sigilo , me
habló de esta manera:
43 No extrañaréis > C ab allero, que
un infeliz ande todos los caminos , y
llame á todas las puertas para escapar de
los hados: á fuerza de diligencias pue*
de ser que obligue á la fortuna incons­
tante i que al fin se pare , y vuelva
atrás su terrible rueda : rueda fatal , con
que ha seis años que me oprime. Puede
ser que la Polonia sea el afortunado ins­
trumento de mi felicidad , ya que en
toda la Alemania no encuentro protec­
ción , ni socorro. Todos saben , y no
podréis ignorarlo 3 que el infame A lexo ,
que hoy ocupa el Trono de Constam i-
nopla , quebrando los sagrados fueros
de la sangre, de Ja justicia , y del ce­
tro , con horror de Ja naturaleza * y
escíndalo del,mundo prendió á Isac A n ­
gelo , mi padre.,.,-prendió a" .su ■■legítimo
Soberano , á su propio hermano ; pren-
LIBRO III.
íííóle j y encarcelóle en uná mazmorra,
y encarcelado (¡ ah 3 cielo s! ¡ cómo no
le castigasteis! ) le arrancó Jos ojos. E l
tirano goza hoy en paz el fruto de su
iniquidad , quando el inocente no en-*
cuentra quien le proteja. Felipe de Sua-
vía , á quien mi padre dio en casamien*
to su propia hija , bien desea vengar la
injuria paterna; pero se halla embaraza­
d o con O thon., Duque de Saxonia, que
le disputa el Imperio de Alemania ; y
bien sabéis > que quando se trata de ce­
ñir en la propia cabeza tan preciosa C o ­
rona , ambas manos están ocupadas , y
¿ ningún o:ro pueden socorrer. T al vez
la Polonia me podrá ayudar en este em­
peño.
44 Si asf !o hiciese * os aseguro que
esta nueva alianza le sería muy ventajo­
so para sujetar los U n garos, y los Búl­
garos , que median entre nosotros; por­
que dándonos recíprocamente la mano,
5 quién podrá perturbarle sus dominios ?
Ñ o teniendo la Polonia que temer por
Ja parte del Mediodía , \ quién podrá
detener la rápida corriente de su guc-
rero esfuerzo contra la Prusia , y contra
los
32 * EL HOMBRE FELIZ*
los Moscovitas? Luego que supe que M ie­
ceslao I I I . ocupaba el Trono por cesión de
la Reyna Regente , cobró mi ánimo gran­
des esperanzas, y estoy casi cierto , que
un político tan grande no perderá está
ocasion, la mas favorable para sus vas­
tos Estados ; porque si mi cuñado lle­
ga á empuñar el Cetro del Imperio , co­
m o Jo espero , ¿que protección , y qué
seguridad no se debe prometer la Po­
lonia ?
45 Sola esta acción bastará á sepul­
tar en un perpetuo olvido todas Jas an­
tiguas quejas, que desde el tiempo del
Emperador Conrado , y su succesor Fe­
derico Barbaroxa han teñido de sangre
las fronteras que dividen estos Estados.
Aun están en Alemania alterados los áni­
mos contra los hijos de Boleslao III*
que despojaron del T ron o á su primo­
génito Uladislao á pesar de la protec­
ción que estos dos Emperadores Je fran­
queaban ; y el desprecio que los Pola­
cos hicieron de las Aguilas del Impe*-
rio , contentándose con dar á Uladislao,
y sus hijos la Silesia , en que estamos,
no dexó de fomentar en los Alemanes
LIBRO III, - 12 5
un odio oculto contra la Polonia, E stá
pasión una vez encendida entre naciones
vecinas, quando mas , se cubre con las
cenizas de la simulación ; pero rara , ó
ninguna vez se apaga del todo. Ahora
pues, esta expedición que voy á propo­
nerles , será la época de una perpetua
unión entre los dos Soberanos ; porque
•Felipe protesta > que igualmente desea
ver Ja Corona de Constantinopla en U
cabeza de su suegro Isac Angelo , c o *
roo la de Alemania en la suya propia,
y prom ete, que mirará siempre á la Po­
lonia como í origen de su tranquilidadí
pues es cierto y que no puede gozar de
ella viendo i su esposa amaba bañada
en cpntinuas , y amargas lig rim as , por
ver i su padre Emperador , y juntamei>
te preso i y í m í , su hermano. * Prínci­
pe heredero por naturaleza de aquellos
E s ta d o s , errante > vagabundo , y fugi­
tivo, Decidme , C aballero, ¿ no os pa­
rece verosímil mi esperanza? E sto dixo
A le x o ; y con un ayre de confianza ma­
nifestaba estar seguro de conseguir lo que
pretendía : tan freqüente es la ilusión de
los deseos»

124 EL HOMBRE FELIZ.
: 4 6 O í con respeto , y atención t
ido el discurso de A lexo , y como me
preguntaba mi parecer , hallé que de­
bía desengañarle , y le dixe que sus es­
peranzas , aunque bien fundadas en su
idea , sé desvanecían en la realidad. Que
t i Gobierno de Polonia volvería í las
manos de la Reyna > y que no era ve­
rosímil j que estando el Estado en per-,
petuo susto dé una guerra civil * á causa
de los mal contentos , se implicase con
otra guerra tan d ifícil, y llena de peligros
como era derribar del Trono á un E m ­
perador tirano. Añadí^ que la Polonia
está siempre con las armas en la mano
por causa de 'os Prusianos > y de los
Rusos sus ve tao s 3 y que acia la parte
de los Griegos tan distantes , ni podia
dilatar sus conquistas , ni recibir de ellos
socorro contra los Pueblos del Norte. A
mas de qUe la justicia era la basa de lá
p a z , y de la guerra, y ningún derecho
autorizaba í los Polacos para invadir á Jos
G rie g o s, de quienes ninguna injuria ha­
bían recibido. Pero que yo no era quien
habia de decidir aquel negocio ; que po*.
dia ir í Cracovia á representar i la R e y -
LIBRO III.- 12?
n i su pretensión , y que ella , 6 sus M is
nistros le darían la respuesta qu.e juzgasen
conveniente.
47 Dexóse A lexo persuadir de mi*
razon es, pero lo mismo fue perder las
esperanzas, que casi perder el juicio, T o - 1
das las pasiones á un tiempo agitaban su
■eorazon de manera , que perdia el nor­
te. E l amor paterno , las lágrimas de la
fcermana , el deseo^ de gloria , el clamor
de la justicia , la venganza de la injuria*
todo le impelia á que desease abatir al
tirano ; pero quanto mas lo deseaba,
tanto mas imposible le parecía. E l juicio
cansado se confundía , á la confusion se
seguía la tristeza > á la tristeza la desespe­
ración , y á ésta el furor. Medio loco se
despedia de m í, y manifestaba en la se­
paración j qué esta le era muy costosa „
Y o viendo esto quise seguirle para im~
pedir los desórdenes de un ánimo qua
no era señor de sí * ni sabia sujetar las
pasiones que le arrastraban ; y como yo
no tenia designio cierto , afnbos en com­
pañía atravesamos la Moravia. Entretan­
to le apunté algunos medios de que po­
día valerse para salir bien de su justa ern-
pre-
1*6 EL HOMBRE FELIZ*
presa ; y para ganarle el entendimicntOj
y disuadirle de algunos errores que le per­
dían , juzgué á proposito ganarle prime­
ro el corazon * y k voluntad. Poco i
poco me iba cobrando afecto * oía mis
reflexiones con gu sto, y me proponia con
tranquilidad todos los motivos de su pe­
na ; y como yo habia sido herido del
propio mal * quise aplicarle el mismo bál­
samo que me habia curado. Fue empresa
ardua ; y la mayor dificultad estuvo en
disuadirle de la falsa dodrina de Epicu-
ío , y otros Filosofes amigüds * que po­
nen la felicidad de la vida en el deley-
te de los sentidos * y en la entera sa«*
tisfaccion de las pasiones aun las nías gro-*
seras*
48 Bastante trabajo habréis teñida
( le dice la Princesa ) en disuadirle de su
opíníon* Y o le conocí en Constántifidpk
desde sti primera edad * y mí esposo fue
su compañero erí las diversiones de k
puericia, y testigo de todas sus inclina-
naciones * y sistemas. ¡Infeliz anuncio de
que en un mismo día habia de acom­
pañarle en un' lín igualmente desastrado!
Todavía me acuerdo de una conversa*
don
LIBRO III. 127
clon que tuvimos. E l probabá que los
Dioses de la Gentilidad no hallaron otra
bienaventuranza , que la satisfacción de
sus pasiones. L a Mitología nos hace ver
(decía éí) los amores de Júpiter , y de
Alcmena , las pasiones desenfrenadas de
Juno j Marte , V e n u s, y Saturno : 110
conocemos otra diferencia entre los D io ­
ses , y los hom bres, sino que estos pue­
den menos que aquellos dar cumplimien­
to á sus deseos , y por eso gozan de
menor felicidad. Ahora si no hay otra
bienaventuranza despues de la m uerte, sí-*
no la satisfacción de la pasiones , quan­
to mas las satisfagamos en esta v id a , tan­
to mas nos acercaremos í aquel estado
feliz. Esto le oí con bastante escándalo
de la razón ¡ mas ninguno se atrevió i
contradecir á un Príncipe joven , fogoso,
V que hablaba en tono tan absoluto.
E n esa edad son como una nube tur­
bulenta , negra * espantosa, y llena de
fuego , que si otra le toca 3 aunque le­
vemente , le dispara un rayo 5 y el res­
plandor repentino de la llama enque ardió,
declara despues del estrago la causa de él.
V o s? Conde, ¿qué decís sobre este punto?
El -
*2$ EL HOMBRE FELIZ.
49 E l Conde poco consiguiente res­
pondió a s í: D igo que Ja experiencia es
buen' testigo de la verdad , y que esa
opinion , no obstante ser escandalosa á
la razón fria de una Señora de buena
educación ; no dexa de ser seguida de lá
mayor parte de los Caballeros jóvenes*
Á quienes aun no ha desengañado la Fi­
losofía ; y que si Alexo tuviese tantos
soldados en su seguimiento , como sec*
tarios de su sistema , le sobrarían fuerzas
para derribar al tio del T rono , que in­
dignamente ocupa*
50 Y o ( dixo M iseno) solo de un
argumento me quiero , valer para im­
pugnarle* Vos vereis si es^ justo* Noso­
tros en quanto al cuerpo somos seme*-
jantes í los brutos * somos como ellos
en eí uso de los sentidos s y en la fuer­
za de las pasiones que en ellos se ra­
dican j y si bien reflexionamos ¿ aun los
brutos nos exceden mucho en esto. ¿Quién
puede competir con los osos en la fuer-
xa , con el león en la bravura , con el
lince en h vista , y en el olfato con
quaíquier perdiguero ? E l ruiseñor nos
excede en la suavidad de 1$ voz , lo $ pa­
sa-
LIBRO IIL i 2*
xarillos en la belleza , y natural aseo*,
jQ ué dama tuvo jamás la gentileza de
cuerpo , y garbo que vemos en una pa­
loma ? ¿Quién igualó, la. bizarría de un
pavo real * que con la hermosura de su
rueda desafia á un tiempo á las flores;
mas bellas de los jardines, al color en­
cantador del o r o , y al azul admirable
de los cielos? ¿Quando tendrán los hom­
bres Ja astucia de una raposa , el brío de
un caballo enjaezado , la gloria de un
elefante , la cólera de un tigre , y la
venganza de las onzas ? Ahora bien * es
cierto que el gusto > y el deleyte son í
proporcion que la pasión es mas vehemenr
te , y vigorosa * y los sentidos mas de­
licados ; luego por fuerza han de ser los
brutos mas felices que nosotros , si es
verdad que en el deleyte de los sen­
tidos , y pasiones consiste la felicidad
de la vida. Será , pues , digno de un
hombre , que hace capricho de serlo ( le
pregunté á Alexo) , ¿ será digno de un
Príncipe aspirar con Id mayor ansia i la
felicidad que qualquier bruto tiene ? E n ­
mudeció A lexo , y no halló modo de
responderme. V ed , p u e s, Conde , si
Tom . /. L os
i jo EL HOMBRE FELIZ.
os ocurre alguna respuesta.
5 1 La respuesta que os d o y , es que
ahora conozco Ja razón porque he sido
despedazado toda mi vida de Ja cruel
furia de la tristeza. Seguía Ja opinion
común y y buscaba la felicidad por el
camino que mas me desviaba de ella. M i
alma criada para mayor hiena venturan­
za no se podía d ar por contenta con lo
que es solo para contcnrar á Jos brutos;
entonces experimentaba Jos efectos, y
ahora conozco Ja causa.
5a Y o no la conocí ( dice Miseno)
sino despues que medité » y reflexione:
y o me hacia á mí mismo este argu­
mento : L a felicidad del hombre debe
ser diferente de la de los irracionales*
pues que su naturaleza es tan deseme­
jante : nosotros solo nos diferenciamos
de ellos por el entendimiento , y por
la voluntad ; Juego solo en el buen uso
de estas facultades espirituales podrí
consistir nuestra felicidad ; por quanto
Ja felicidad de qualquier cosa únicamen­
te estriba en que ella goce del fin pa­
ra que fue hecha > y lo goce del mejor
xnodo que sea posible en su estado. A sí
quan-
LIBRO III. iji
quando el alma llegue al centro para que
fue criada , entonces el entendimiento
quedará absorto en la vista clara de la
verdad infinita , y por consiguiente en
el conocimiento de la nada , que era
todo lo qne estimaba en el mundo 9 y
de lo mucho que valia todo lo que en
la vida temporal podía conducir á ese
estado feliz. D el mismo modo Ja volun­
tad ( permítaseme decirlo así ) quedará
santamente embriagada en el abrazo eter­
no de la hermosura infinita 5 detestando
consiguientemente * con un horror sin
aflicción todo lo que en la vida hu­
biese sido desorden 3 y vicio* Este ha
de ser el complememo sumo del entendí*
miento , y de la voluntad * con que se
ha de satisfacer toda el alma , porque
para este fin fue criada. Entonces el en­
tendimiento , y la voluntad serán ele­
vados por una virtud divina para poder lle­
gar de cerca á objetos tan altos Aque sóti
infinitamente superiores á la naturaleza,-
53 Esto será entonces ; pero ahora,
mientras la vida mortal nos detiene
acá en el mundo , nuestra posible feli­
cidad por el mismo principio consiste en
L z que
iit EL HOMBRE FELIZ-
que el entendimiento ilustrado también
por D io s , le conozca del mejor modo
que pueda , y que haga del Ser Supre­
mo y y del mundo el concepto debido,
al que no puede llegar la simple natu­
raleza. También consiste en que ayuda­
da por superior movimiento nuestra vo­
luntad por un modo semejante > abrace
la virtud , y deteste el vicio , repri­
miendo las pasiones que nos apartan de
nuestro último fin , y estando del mo­
do posible unida , y conforme á Ja di­
vina voluntad , pues para este fin nos dio
D ios el entendimiento propenso á la ver­
dad, y la voluntad inclinada al bien , y
á la virtud.
54 Esto supuesto , yá veis que aquí
no hay ni puede haber dependencia de
los hombres , ni de la que se llama for­
tuna , porque solo consiste en el modo
con que cada uno debe discurrir, y obrar;
y así y si yo usare bien del entendimien­
t o , que Dios no dexa de ilustrarme , él
me pondrá en el camino seguro de mí
felicidad , haciendo el debido concepto
de D ios , y del mundo r y si usare bien,
de mi voluntad } amando con el auxi­
lio
LIBRO III. 133
lío del cielo la sólida virtud * ella me
pondrá en Ja posesion de esta felicidad
que puedo tener , y de la fírme es­
peranza de otra mayor á que esta me
encamina,
55 A s í , hijos m ío s, creedm e: los
que viven tristes , una de dos puertas
abren á su desgracia , y aflicción , ó yer*
ran en lá idea que tienen de Dios y y
de los bienes , y males de la vida , 0
yerran en el modo de servirse de sus
pasiones. Aquí teneis declarado en dos
palabras todo el misterio de mi filoso*
fía. Quando me despedí de Alexo 3 le
di este consejo resumido í un solo dís-¡
tico , para que se acordase mejor de
él , y por la misma razón' os lo voy í
repetir :

Etf juicio , y voluntad muestre cordura,


Quien quisiere lograr dkh,t segura.

5 6 V ed aquí descubierto el tesoro


que buscáis : tesoro de alegría , í que
nos conduce la Filosofía verdadera : te­
soro que yo ignoraba siendo origen de
innumerables bienes , el qual es para
L 5 quan-
ij4 EL HOMBRE FELIZ,
quantos le quisieren, ni yo Jo escondo
á ninguno , porque así lo hallé escri­
to ( i) . Si no le veis brillar con la luz
encantando™ que esperabais: no os des­
consoléis , porque aun está el oro lleno
de tierra , y los diamantes en bruto; pe­
ro luego que el discurso labre í estos,
y acrisole aquel , entonces se manifes­
tará su verdadera preciosidad. Y o no os
puedo comunicar en un instante-todas las
razones que me convencieron, porque las
fui descubriendo poco á poco ; y í pro­
porción que se variaban Jos aconteci­
m ientos, me venían Jas reflexiones. M i
alma se instruía en los trabajos , é ins­
truyéndose , se hacia fuerte para triun­
far de todo. Al modo que un soldado
visorio , que se exercita padeciendo, y
el exercicio es el que lo hace fuerte , é
in-

(i) Zatatus fum in omttlhus , quoniam


antece debo t me** ,. S a p ie u tla ^ & ignoraban%
quonlnm horutn Q-mnlvtn water ej t > quam*< ..
sirte invidta communicQ, honestatem ittius
tion ttbscondo : infinitas tnim thesaurus est
hoptlnibus* Sap, 7*
LIBRO III. J
insensible í la fatiga , é incomodidades
de la guerra , así fue la continuación
de mis trabajos , y la repiticion de
lecciones que la verdadera Filosofía me
ha dado.
57 A esto respondió la Princesa ,-no
pretendemos ser instruidos en esta Filo­
sofía en una sola palabra , porque las
ciencias se aprenden muy de espacio , y
esta pide mas que ninguna otra una sé~
rie encadenada de verdades importantes.
Nuestra alma para nutrirse, y hacerse
fuerte no ha de tomar de una vez to­
da la substancia de las verdades , sino
que c o n v i e n e q u e despues que el en­
tendimiento haya digerido bien una % y
sacado de ella la fuerza que necesita , re­
ciba despues las que se siguen. Conti­
nuad , pues, vuestra historia.
’i3« EL HOMBRE FELIZ.

L IB R O IV,

I T ^ A rtio el Príncipe Alexo para Pra-


I ga ( continúa Miseno ) para co­
municar con eí Duque de Suavia el conse­
jo que Je di. Y o tomé el caminó de Za­
ra 3 Capital de h Dalmacía Veneciana,
que no está muy distante de Trieste, Sa­
bía yo que aun se mantenían allí los
Caballeros de la C ru zad a, que acababan
de conquistarla de mano de los tinga­
ros para entregarla á los Venecianos, E s ­
ta había sido una parte del precio esti­
mulado por él transporte de la armada
hasta ía Tierra Santa. Y o que mé quer­
ría establecer muy distante de la Polo­
n ia , y del T ro n o , que tanto me habia
inquietado , tenia el pensamiento de alis­
tarme baxo de Jas banderas de Ja R e­
ligión , ó para acabar mis dias en aque­
lla empresa, ó para vivir desconocido
toda mi Vida en regiones muy remotas,
Mas una mano invisible conducía mis pa­
sos para otro fin muy diverso.
En-
LIBRO IV. 137
2 Entré en Ja Ciudad , declaré mi
intento, y Jos Caballeros viendo en mi
apariencias de valor., me trataron con
cariño, y estimación. Antes pues , que to­
mase la cruz , y me alistase , sucedió que
una noche estando en plena asamblea, so­
brevino una lluvia tan fuerte, y continua­
da , que se prolongó la conversación mu­
cho mas allá de lo acostumbrado. Por
casualidad se trataba de los desórdenes
d e ia fortuna , materia vasta , en que ca­
da qual podia dar artículos de acusación
contra esa loca divinidad.
3 Rodaba la conversación de una á
otra parte* Todos contaban sus infelici­
dades , y desgracias como otras tantas in­
justicias de la fortuna» Estaba allí un
Caballero Francés , grande Ingeniero,
mozo de pocos años, de gran viveza, y
mucha gracia en todo quanto decia, T e ­
nia un genio particular para morder , y
criticar; pero con tanto chiste, que se
llevaba tras sí Jos aplausos de los con­
currentes, Llamábase el Caballero de N eu-
ville* Este habia formado un laberinto
compuesto totalmente de desórdenes , y
desgracias encadenadas en todas las ca-
li-
i$S EL HOMBRE FELIZ.
Kdades , estados, y condiciones de los
hombres , de m od o , que en su opinion
esta fábrica del mundo venia á ser una
obra la mas enorm e, y monstruosa que
podia imaginarse. Grafton Caballero In -
gles , hombre maduro , y que en la
toma de Zara habia perdido la vista,
estaba á mi lado 3 y advertí que oía
con suma atención , y silencio el dis­
curso de Neuville ; pero dexando escar
par una sonrisa, mostró compasion , y
desprecio de quien así discurría. Esto
picó notablemente al Francés , que no
estaba acostumbrado á semejantes elo­
gios , y le pidió que se sirviese declarar
delante de aquella asamblea el motivo
de su risa , á lo que Grafton respondió
muy político, y sosegado , diciendo de
este modo:
4 No extrañeis , amigos , que sea­
mos tan diferentes en las id eas, como
lo somos en el rostro. Nuestra alma mo­
dificada en cierto modo por el cerebro
de cada uno , sigue en sus pensamien­
tos la misma diferencia de los moldes.
Por lo que has discurrido no queda el
amor del Universo con muchos créditos
de
LIBRO IV.: i i9
<!e haber acertado en esta grande obra,
en que parecía haber empeñado su po­
der , sabiduría , y riquezas , y ya veo
que mucho mejor mundo podríamos te­
ner , si quien hizo éste hubiese tenido
Ja advertencia de consultaros antes de
hacerJo , y os pidiese la planta, A la
verdad es lástima que no fueseis vos de
ese tiempo para enseñarle á enmendar
su o b ra , siguiendo vuestros dictámenes*
Mucho teneis que agradecerle por ha­
beros dado juicio claro para conocer
tantos d e fe d o s, quando guardó para sí
Ja ignorancia que le hizo caer en ellos.
Mas no obstante que vos de común
acuerdo queréis enviar í Ja escuela al
Omnipotente, yo tengo ideas muy di­
ferentes de sus acciones en el gobierno
de este minado , y sigo una máxima
totalmente opuesta , que es de cierto
Poeta:

En qualquier suceso , si es Dios eí autor,


Nadie desconfié > que hard-lo mejor*

Alteróse Ja asamblea , y unos con


mofas , otros con diderios oprimían í
Graf*
I40 EL HOMBRE FELIZ.
Grafton de suerte , que ni hablar po~
dia. Hallábase allí el famoso D u x de V e-
necia Enriquez Dandol r que era el C o ­
mandante de toda aquella esquadra>
hombre de mas de ochenta años , de
juicio tan seguro , y de ánimo , y va­
lor tan firme , que con el ardor de la
mocedad > juntaba la madurez , y expe­
riencia de los años* Este , pues > no pu*
diendo sufrir la licenciosa libertad de
Neuville , y de los otros Caballeros mo­
zos , les dixo con autoridad : Señores
míos ? los hombres de buen juicio dis­
putan con razones , las mugeres con pa­
labras a y los rapaces con mofas. Oiga­
mos las razones de este Caballero > y
despues daréis vosotros las vuestras , y
quien las tuviere mas sólidas , quedará
viftorioso. Luego que estobdixo , al m o­
do que en un naufragio despues de ala­
ridos , y gritos confusos * quando la na­
ve vá í fondo 3 todo calla de repente *
así se vio en aquella asamblea , porque
despues que hablo el D u x , parecía que
ninguno respiraba,
5 Entonces Grafton con ayre muy
sosegado se explicó a s i; Antes que ha­
ble
LIBRO IV, 14 1
ble en‘ la materia , y os estreche en
el argumento > mientras vuestro espíri­
tu alterado se tranquiliza , y se dispone
para entender verdades delicadas, quie­
ro daros nuevas armas contra mí y con*
tandeos un caso funesto , que me acon­
teció , y como todos sois Caballeros de
honor , para saber si me faltaron á él,
os lo consulto al paso,
6 Pocos dias ha que cierto persona-
ge , que decia ser hombre de bien > se
ofreció á guiarme en la obscura noche
de mi ceguedad : manifestóme grande
afeéto , asegurándome que podia fiarme
de él como de mi propio padre. D ile
la mano , y seguile los pasos sin la me­
nor resistencia* Era el dia claro , la ca­
lle real , y el camino muy sabido ; mas
tuvo tal arte para conducirme , que sin
experimentar él perjuicio alguno y cayen­
do yo por mil despeñaderos, quedé muy
magullado , y herido , de suerte, que ha
sido felicidad grande no quedar muerto.
Ved aquí un crimen mas contra el au­
tor del Universo. Pero lo que suplico
ahora es > que me digáis sinceramente
gsi se debe tener por hombre de bien,
y
142 EL HOMBRE FELIZ.
y digno de nuestra estimación quien así
me trató?
7 Quien así obra (dixo el D ux in­
flamado en cólera ) aun no sabe qué es
honor : y tan lejos está de ser hombre
de b ien , que ní merece el nombre de
h om b re: si no es loco > yo lo tengo por
un inostruo ; y baxo de figura huma­
na > debe ser algún aborto informe de
la naturaleza. Mas dexando este punto,
que no nos interesa , vamos á nuestra
qUestion.
8 En ella estamos ( dixo el c ie g o ),
y solo me falta saber de vosotros ¿ si el
gobernador de todo el Universo será per­
sona de bien , si obrará con honor , y
si yo podré sin peligro entregarme á que
conduzca mis pasos ? E l ya sabe donde
quiero ir : él mismo me lo ha aconseja­
do í dice que es mi padre 3 no me en­
gaña en eso , porque de él recibí el ser*
y la vida , me manda que de él me fie.
¿Decid ahora si puedo hacerlo sin peli­
gro? Calló un poco el ciego esperando
la respuesta : y como ninguno hablaba,
tomó aliento 5 y prosiguió diciendo ; ó
me habéis de decir que Dios no tiene:
ho-
LIBRO IV. 143
honor, y que es un monstruo de cruel­
dad, o q u e quando nos dexamos conducir
por su mano paternal , siempre nos ha de
llevar al bien.
5? Qual céfiro blan do, quem ovien*
do dulcemente los árboles de un frondo­
so bosque , causa sín algún estruendo un
sordo susurro, lo mismo hizo en toda
aquella asamblea el discurso de G rafto n .
Mas el no perdiendo tiempo , fué tiran­
do nuevas saetas á los entendimientos,
que comenzaban á rendirse, diciéndoles
a s í : Gran diferencia hay entre la deli­
cadeza del honor del Ser Suprem o, de
la que tenemos Jos Caballeros que lo
profesamos ; porque á nosotros los mor­
tales unas veces la ignorancia > otras U
flaqueza , y otras el propio interés , tal
vez nos disculpan de no buscar lo mejor
á favor de aquellos que confian en no­
sotros : el' deseo que cada qual tiene de
su propio interés, le ofusca la vista pa­
ra no ver , le tuerce el corazon para no
mirar , y le enmudece la lengua para no
hablar ; y llegando el caso de escoger
para otro lo m ejo r, de ordinario lo re­
serva cada uno para s í , y dexa para los
i 44 E L H O M BRE F E L IZ .
demás lo peor. Esto acontece en los hom *
bi es ; mas á D io s , ¿qué ínteres le pue­
de cegar, si es infinito en su felicidad?
¿Qué ignorancia le retardará ? ¿ No sa­
brá pesarlo todo de una , y otra parte
para escoger Jo mejor? ¿La flaqueza d el
brazo le hará temblar Ja balanza? ¿L a
confusion del juicio le parará en Jos ca­
minos ? ¿ Querrá ir á lo mejor , y no
atinará con los medios ? Qué disculpa,
pues tendrá el Ser Supremo , si entre­
gándome á él con toda confianza , no
me conduxere al bien, á lo mejor , y
í lo que mas me conviene ? Y o estoy
cierto que muchos de vosotros por vues­
tra generosidad > y honor no me con­
duciréis á lo peor : ¿y quereis que D ios
me conduzca ? Vosotros tal vez sacrifi­
caríais vuestros propios intereses , por mí
iólido bien (tanto fio de vuestro cora­
zon honrado ) \ y quereis que yo finja
un Dios menos nohle , y menos gene­
roso ? No por cierto , amigos m íos: es­
toy bien seguro, que ninguno de vosotros
admitirá en su entendimiento absurdo
tan desmedido. Ved aquí todo el fun­
damento de mi sistema , y creo que
ten-
LIBRO IV. r4 j
tendré disculpa si lo yerro.
10 E l D ux viendo que Grafton ca­
llaba , pidió á Neuville > que dixese su
parecer sobre aquel punto , porque to­
da la asamblea estaba interesada en el.
E l Caballero respondió con mil expre­
siones de política ; mas qual astuta , y
maliciosa serpiente , que se vuelve , do­
bla , y revuelve y y tomando mil for­
mas , S'e mete debaxo de los pies para
morder con disimulo , así hacia é l , afecr*
tando estar convencido. Sin embargo, po­
co í poco fue desenvolviendo su ironía,
de suerte , que no pudo ocultar el ve­
neno. No se puede negar decia , que es
lo sumo de la perfección esta infinidad
de misterios , en que nadamos en la vi­
da. ¿ Qué seria del mundo , si no hu~
biese tantos pobres > mancos , y sordos?
Ninguno niega , que los innumerables en­
fermos , y afligidos hacen eí mas brillan­
te adorno de esta grande obra de D ios.
L a propia miseria nos encanta > las lá­
grimas agenas nos consuelan , los repe*
tidos > y continuados gemidos hacen so^
ñora armonía en el ánimo de un cora­
zón bien formado, j Quántas veces -ios
T mw. I. M hor*
i 46 EL HOMBRE FELIZ.
horrores, que í cada paso estamos víen*
d o , nos hacen huir toda la sangre de
las venas , retirándose helada al abrigo
del corazon oprimido ? ¿ Quántas nos ve­
mos obligados á suspirar por Ja muerte,
y tal vez í procurarla con medios violen­
tos , por sernos mas insufrible la vida?
jrDirémos entonces , que este es el pri­
mor de las obras del Omnipotente ? Y
vos , Caballero , debeis dar gracias í
D ios por vuestra ceguedad mucho ma-j
que por el resto de los beneficios , que
habéis recibido de su mano. Así habla­
ba Neuville * encadenando por este esti­
lo tantos chistes , mofas picantes , ya de­
clamando en tono de teatro , ya admi­
rándose , y suspendiéndose , ya volando
con entusiasmo poético, y pensamientos
aereos y y esto con taj velocidad , y mu­
danza de tonos, que los o íd o s, y el en­
tendimiento tenían trabajo en seguirle.
ti Su eloqtiencla en un violento re­
molino ya se levantaba i la mas extra­
ña , y quimérica metafísica , ya se arras­
traba por tierra , tropezando en ía mas
grosera ignorancia. Los ojos , las m anos
y el cuerpo todo hablaba hacia mil
pre*
LIBRO IV. 147
preguntas , y no daba lugar á la res­
puesta. Llevado de un torrente, que le
arrebataba , quebraba á cada paso et hi­
lo del discurso , traspasaba los diques de
la política y y cortesía , hasta que en
una pequeña pausa, que el ciego halló,
díxo á los inmediatos con gracia : guan­
do pase la tormenta combinare la jornada.
Una risa general interrumpió á NeuviJle,
que sin reparar en nada proseguía con fu­
ria y hasta que informado de lo que pasa­
ba, dio lugar á Grafton, quien con mucho
sosiego le d ix o :
12 Am igo Neuville , como sois In ­
geniero tan insigne , no será para vos
lenguage extraño , si os propusiere un
cálculo en tono geométrico. Y a sabéis
que la Matemática es la pasión domi­
nante de los ciegos > porque su imagi­
nación preservada del viento , que suele
entrar por las ventanas de los ojos 3 con­
serva con mas facilidad las lineas que
trazó el entendimiento y y ya que me
dais en rostro con mi ceguera , la to ­
mare por asunto del argumento presen­
te. Sigam os, pues , este punto con mé­
todo rigo roso , y estilo sc co , y sencillo*
M 2 . Man-
148 EL HOMBRE FELIZ,
Manteneos fu e rte , y negad todo quán-
to pudiereis; pero os requiero como i
hombre de bien , que siempre que vié*
reís claramente la verdad delante de vues­
tros o jo s, no hagais Ja desatención de
cerrarla la puerta* No perdamos palabras,
que es tirar saetas al viento , ni me atur­
dáis con admiraciones, espantos» ni chis*
tes. Solo os consiento por respuestas un
no > y un sí secos s y veremos Jo que
sale al fin del discurso. M irad si os con­
viene este desafio,
1 3 N o puedo dexar de aceptarlo (di-#
xo Neuvillfc ) , siendo el mas honroso
duelo que jamás tuve en mi vida. E l
D u x , y toda la asamblea estaban albo­
rozados , y yo mas que todos, deseando
ver aquel combate. Hecho el ajuste , de
que todos fuimos testigos, dixo Grafton
de esta manera:
1 4 ¿ Un espíritu inteligente , y sabio
puede obrar sin tener algún fin , como
hacen los tontos? No , responde el Fran­
cés. Luego tuvo D ios algún fin , quan­
do me privó de la vista (replicó el cie­
g o ) , i y este fin , ó fue m alo , ó bue­
n o? Si fue m alo, hizo la Bondad infini­
ta
LIBRO IV* 149
tá una áccion c ru e l, é indigna. Hacer
mal solo por hacer su g u sto , es cosa
vilísima. Si admitís este absurdo con­
fundís al Omnipotente , y al Ser suma­
mente grande , y perfefto con el mas
vil hombre de la plebe. Solo los rapa­
ces traviesos , se divierten de verme to ­
par con Jas paredes. ¿ Hará Dios otro
unto? N o , respondió Neuville ¿ y re­
plicó el ciego:
15 1 Luego fue algún bien el fin que
Dios tuvo quándo me envió la cegue-
r í ? Concedióle esto el contrario. Y fue
bien para m í , continuó el ciego , por­
que si este bien solo lo fue para D ios,
sería demasiado pobre el Supremo M o­
narca , pues que para ser feliz en sí mis.
mo tuvo necesidad de arrancarme los
o jo s; y si eso no le fue preciso, \ quán
cruel ha sido , pues sin necesidad lo hi-
20? Luego habcts de concederme por
fu e rza, que quando D ios me trató de
este modo , fue para hacerme algún bien.
Vióse atacado N euville, y responde con
mofa.
1 6 A sí e s; pero os salió muy caro
ese bien : no le quisiera yo por el tan-
M 3 to.
150 EL HOMBRE FELIZ.
to- ¡N o te quisierais por el tanto! ( d i-
xo Grafton muy admirado ) ¿ Luego sa­
béis quál es ese bien , que Dios me pre­
para ? N o por cierto (le responde); y
el ciego le rcpSica ; ¡ Que nuevo y y ex­
traño modo de juzgar ! Habíais de un
bien : no sabéis qué bien sea , y hallais
que es muy caro* ¿ No lo queréis por
el precio ? Nuevo modo de pensar. Si
el bien que la Suprema inteligencia me
prepara por ene medio tan trabajoso
no vale el precio que por él me pide,
será Dios iniquo , é injusto , pues me
vende un pequeño bien por un mal tan
grande. Respondedme ahora. ¿Teneis por
injusto al Ser , que es el centro de to­
das las perfecciones posibles ? No res­
ponde Neuville* Luego precisamente ha­
béis de confesar y que Dios por este mal
intenta conseguir algún bien : que este
bien es para mí , y que es un bien
mucho mavor que el maí , por cuyo
medio lo he de conseguir. Decidme ahorá
si debo quejarme , y si puedo (sin que
la razón clame) dudar y que D ios en
todo quanto dispone por sí mismo y lo
hace todo por ser mejor. He dicho, Neuvi­
lle.
LIBRO IV. ijr
lie. Impugnadme ahora , si p o d éis, con
el mismo m étodo, que yo sufriré vues­
tros golpes , y no os admito otras
armas,
17 V io Neuville tan satisfecha la
asamblea , y se hallaba tan imposibili­
tado para impugnar al Ingles en estilo
geométrico s que solo respondió , que
cada uno era stnor de su entendimien­
to para abrazar el sistema presente, que
él no impugnaba, Grafton viendo á su
contrario aturdido con el primer golpe,
quiso repetir otros muchos para rendirle
del todo,
18 No confundamos (les decia con un
tono mas moderado ) : no confundamos*
am igos, a los que insultan la Providencia,
con los que se rinden á ella. SÍ Fileno,
por exemplo , no cesa de criticar este
gobierno del U n iverso; si en todo lo
que Dios ha hecho , y ordenado halla
defeftos , y yerro s; si de todo murmu­
ra , y si Dios para su castigo se acomo­
dara á sus locas ideas , entonces él será,
y no D io s , quien dispone > y gobierna.
Siendo esto as í , si Fileno queda perdido,
¿de quién podrá quejarse?
M4 Si
152 EL HOMBRE FELIZ.
Si Cleonte está siempre impo
tunando á fuerza de ruegos ai Gober­
nador Supremo ; sí no obstante Ja resis­
tencia , que experimenta en Dios , ¿1 ins­
ta , insiste , porfía > y casi obliga í D ios
í condescender con su voluntad , enton­
ces Dios irritado lo despacha , y des­
pues de todo se pierde , j de quien po­
drá quejarse?
2o Si quando Ja 'mano divina va tra­
zando en sus mexcrutables consejos la
planta de nuestra felicidad, nosotros im­
prudentes a en vez de dexarlc Ja mano
libre 3 le empujamos el brazo para que
siga nuestro p ro y e fro , j qué resulta se
puede esperar ? Si quando Dios condu­
ce sobre las ruedas volubles de los tiem­
pos el carro de nuestra felicidad , noso­
tros atrevidos alargamos la mano para
tomarle las riendas , irritado Dios las
larga , todo va según nuestro deseo , al
principio todo es gusto , alborozo , y
rego cijo ; pero en lo mejor de la car­
rera nuestras pasiones se encienden , se
levanta una nube de polvo , que todo
Jo ofusca , no se ve el peligro , ni el
precipicio, el carro vuelca , los brutos
se
LIBRO IV. ijj'
se espantan, todo se trueca en ayes, griw
tos, y desgracias* ¿d e quién pueden
quejarse ?
21 Quando viéremos, amigos miost
que suceden desgracias, observemos quién
fue el que gobernó , y dirigió los pa­
sos. Si fu e'la criatura , si hubo empe­
ño, tema , y diligencia demasiada , si
Jos medios fueron iniquos; y en fin , si no.
fue la natural, y suprema disposición
de la Providencia quien nos conduxo á
ellas , no le imputemos el mal , por­
que la Providencia no tuvo allí su ac­
ción, Mas si & pesar de nuestros deseos,
ruegos , y diligencias , así Dios lo dis­
pone; si le dexamos dirigir los sucesos
según su beneplácito , sin importunarle
con súplicas , ni ofenderle con descon­
fianzas , ni murmurar contra sus ideas;
seguros, y bien seguros podemos estar
de que aquello que dispone es para nues­
tro bien. Puede ser , Caballeros , que
este sistema no os agrade ; pero dexad-
lo , que yo con él me acomodo. Con­
siento en que Dios me conduzca por
el camino que quisiere , y sin réplica
obedezco á los movimientos de su m i­
no
154 EL HOMBRE FELIZ.
no soberana : estoy cierto, que yendo siem*
pre con e l , ó seremos los dos felices, ó
él conmigo será desgraciado, lo que es im­
posible pensarse.
22 A este tiempo la sorda aproba­
ción de toda la asamblea comenzaba ya
á declararse , de manera que el Dux,
por ser muy tarde, se levantó ü abra­
zar al ciego , y todos los Caballeros le
siguieron > distinguiéndose por una polí­
tica bien fria su contrario Ncuville , el
qual queria por este medio recoger las
palabras que habia proferido , y no acer­
tando con interpretación verosímil > se
deshacía en cumplimientos. E l Dux en­
tonces nos convidó * y á mí particular­
mente para ir á com erá bordo * dicien­
d o , que tenia conmigo un negocio im­
portante, Esperé que todos saliesen , y
quedé conversando con G rafton, á quien
no podia explicarle bastantemente quan­
to me habia agradado su discurso , y
quanto me prometía yo que fuese útil
en el principio de una ciega carrera*
que emprendía. Díxele en pocas palabras
mi situación, sin declararle mi nacimiento;
y él enternecido me prometió ayudar
LIBRO IV. T5*
con todas las reflexiones que la ociosidad
de Jos ojos le habian facilitado.
23 Como no puedo mirar a los otros,
decia , me miro á mí mismo , y en el
espejo de Ja reflexión me estoy siempre
mirando * y remirando, para componer
mí alma , y así conozco , que quando
yo tenia vista , era mas ciego de lo que
ahora soy. Entonces ni tenia justa ¡dea
de la Providencia, ni de los bienes y y
males de Ja vid a, ideas de suma ¡mpor^
tancia , y de que depende esencialmen­
te la felicidad del hombre : ideas que
merecen toda la atención de quien quier
re ser feliz , y en las que debeis estu­
diar siempre, si es que lo deseáis. Y o
soy ahora como el buey descansado , que
rumia á obscuras lo que pastó en el cla­
ro dia , donde veo , que mi entendi­
miento hace mejor digestión , mas puro
chílo, y sangre mas perfecta para nu*
trir mi alma. Pero hablaremos mas des­
pacio , me d ix o , que es ya muy de
noche , y es forzoso separamos, Hizelo
con afeito s prometiendo buscarle el día
siguiente para irnos á bordo del Coman­
dante.
EL HOMBRE FELIZ.
24 En esto la Princesa, no pudiendo
reprimir mas tiempo el ímpetu de su admi­
ración, le dixo: Esta idea de la Providen­
cia es al mismo tiempo la mas digna de Dios*
y la mas propia para consolarnos en todos
los trabajos de la vida. Todo lo que en
esta materia habia oido me parecen ahorá
palabras dichas al viento , que solo pue­
den dar un consuelo imaginario , quando
el discurso de Grafton es para mí un
verdadero bálsamo , con el qual siento
aliviadas las heridas de mi corazon , y
espero que me cure del todo* A lo que
Miseno respondió, que aun se confirma­
ría mas en ese pensamiento , si supiese
todo lo que Grafton habia añadido el si­
guiente d ia , quando fueron á buscar la
nave del Comandante.
2 5 Daba gusto , decia , verle dispu*
tar despues de Ja victoria. Parecíame es-
tír viendo un león valiente en medio del
anfiteatro , que despues de destrozar to­
das las otras fieras, que se habían atre­
vido í resistirle , hallándose victoriosa
con ambición de nueva gloria > sin en­
contrar competidores , da bramidos > de­
safia los ay res , sacude la dorada gue*
de*
LIBRO IV. 157
i3ejá s y levantándose sobre los píes, jue-<
ga con las crueles garras amenazando
los vientos. Así me pareció el ciego.
Creed amigo (m e decia apretándome
fuertemente el brazo ) , creed que es lo*
cura grande querer cada uno dirigir el
camino de su propia felicidad* Sabed que
la región de lo futuro , adonde camina­
mos de noche , y de dia , sin parar ja­
más en Ja carrera, es sumamente obscu­
ra , y no hay vista que la alcance. Por
eso á cada paso tropezamos de repente
con lo que no esperábamos. Otras veces
vamos á dar en Jo que imaginábamos
junto í nosotros , y nos hallamos bur­
lados. Ahora en esta obscurísima incer-
tidumbre , por entre mil peligros, que
no vemos , cercados de una niebla es­
pesa , que aún ofusca mas, ¿quién sin
nota de temerario podrá conducir el car­
ro en que va toda su felicidad? j No
será acertado consentir, que lo gobier­
ne quien sabe ver en la obscuridad de
lo futuro , y con tanta claridad como
en lo pasado , y presente ? Amigo tomad
«ni exemplo , y dexaos enteramente go­
bernar por la Suprema Providencia* Sea
en
ty8 EL HOMBRE FELIZ.
en hora buena Grafton ciego, mas no séá
temerario para perderse.
26 En esto llegamos í bordo , y
nos vino á recibir el Comandante con
los principales Capitanes de aquella es-
quadra, Siguióse un banquete espléndi­
do , y después de varias conversaciones,
nos llamó el Dux á consejo , para leer­
nos una carta del Príncipe Alexo , en la
que solicitaba el auxilio, y socorro de
los Caballeros de la Cruzada , i fin de
arrojar del trono de Constantinopla á su
tio Alexo , y restituir á Isac Angelo,
ofreciéndoles en recompensa , que des­
pues de dexar la Corona segura en la
cabeza de su Padre, iría en persona con
todo el poder de los Griegos á ayudar­
les en la conquista de la Tierra Santa;
y al fin añadía , que podía conferir es­
te negocio con un Caballero Polaco , que
se hallaba en Zara , el qual era intér­
prete fiel de su corazon , y que acepta­
ría todas las condiciones de esta empre­
sa , que él jugase convenientes; Esto
escribía e] Príncipe , porque yo le ha­
bía inspirado este pensamiento* Leida que
fue la carta , me preguntó el Dux , ¿ si
yo
LIBRO IV. ijp
yo estaba informado del negocio? A que
respondí, exponiendole las grandes con­
veniencias que podian resultar í los Ca­
balleros j si entrasen en aquella empresa, y
Ies dixe en suma :
27 Nada puede , Caballeros , esti~
mular tanto el desso de la gloria , co­
mo dar Imperios , y abatir tiranos; y pa­
ra eso jamás hubo ocaston tan favorable
como la presente. Casi en desenvaynar la
espada podéis conseguir una , y otra co­
sa solo con presentaros delante de Cons-
tantinopla > llevando en vuestra compa­
ñía al Principe Alexo. Vuestro nombre
ha llenado de miedo , v de espanto á
todo el Oriente : de estimación , y de
respeto á la Grecia , y al Ponto. De los
altos torreones de Constantinopla aún se
ven humear !os pasados estragos de lá
Syria ; y desde Antioquía hasta el Egip­
to no hay quien no tiemble solo con
oír el nombre de la Cruzada : ¿ como
no temblará , pues, el tirano > viendo
que todo vuestro poder va á caer como
un rayo sobre su cabeza ? Creed que
no se atreverá á esperar el golpe , y que
su fuga (único asilo de los flacos ) os
da-
■tío EL HOMBRE FELIZ.
'dará una importante viftoria sin el me­
nor combate. Sabed, que aun sin veros,
su mismo delito basta para inquietarle.
E l odio , que conoce en los vasallos , le
intimida , y la toma de Zara le tiene asus­
tado. Tiembla solo con la consideración
de que la Alemania dé socorro al so­
brino. i Ved que hará, quando viere
que la flor de toda la Europa se junta
para ayudarle ? Sin duda que aturdido
no atinará á hacer la menor resistencia,
y sin el menor combate os cederá la
viftoria.
18 Pero quando quiera resistir, ¿qué
fuerzas tiene un tirano aborrecido de los
suyos , y perseguido de los extraños?
Quantos soldados tiene , tantos enemi­
gos debe contar , porque los Griegos
nada desean con mayor ansia, que colocar
en el Trono á su legítimo Soberano , y ar­
rastrar , si pudiesen , á un monstruo de
crueldad, que así los ha tiranizado* Quien
Jlegó i arrancar los ojos á su propio hei>
mano , ved lo que habrá hecho en la
fuerza de su furor con los pobres va^
salios, á quien mira como si fuesen
brutos*
Pe-
LIBRO IV. t6t
2 9 Pero quando vosotros, Caballe­
ros , no seáis sensibles á la gloria que se
os prepara en esta empresa , quando os
hubieseis consagrado unánimemente í los
intereses de la Religión, sabed, que no
podéis dirigir vuestros pasos con mas se­
gura prudencia al fin destinado , que por
el medio que este Príncipe os: ofrece*
l Quién ignora, que la falsa política de
los Emperado es de Constantinopla ha
sido desde Manuel Commeno hasta ah o
ra el mas terrible escollo y en que han
tropezado , y se han perdido las. fuer­
zas de la Chrisriandad reunidas en repe*
tidas Cruzadas? Toda la Asia, estaría con­
quistada ,-si estos Emperadores hubieran
facilitado a las Tropas de Europa el pa-.
so del Estrecho. Pero ahora este nuevo
Emperador , tomando la Cruz con to­
da la flor de su Imperio puede aco­
meter í Egipto para hacer diversión, al
terrible Saladino , mientras vos con, to­
dos los Príncipes Latinos , que están
esparcidos por la Syria , reducís toda esa
Región al imperio de la Cruz. Las, tro^
pas de Alemania , de Suecia v de . Un-
gría , y - de Polonia que sucesivamente
Tom, /. N vis-
i úi EL HOMBRE FELIZ,
vienen baxando para socorrer, á los Cs*
balleros , que militan en la Palestina»
tendrán desde ahora el paso franco , y
sin perder tiempo en las vueltas , que
les son indispensables para buscar Puer­
to de Mar oportuno , sin exponerse al
capricho de los mares > ni á la inconstan­
cia de los vientos , os podrán dar socor­
ro en el preciso momento que lo necesi-
teis. ¿ Qué tiempo no se pierde , qué
dispendios no se hacen , qué estorbos no
$e encuentran en los transportes maríti­
mos ? Y ahora una alianza perpetua os
abre para siempre la puerta , y os ase­
gura el paso.
50 Ni os parezca que esta empresa
os retarda el glorioso fin de vuestro des­
tino , porque mas vencen las fuerzas
reunidas en un dia , que dispersas en
un año. \ Y quando las tuvo Saladino pa­
ra resistir á toda la Europa junta ? A mas
de que estoy persuadido , que el mismo
Sultán de Egipto temerá el castigo de
su usurpación tiránica , viendo tan seve­
ramente castigado á su vecino por se­
mejante delito, porque , en iin , las ar­
mas acostumbradas í expulsar los tiranos,
son
LIBRO IV.
son muy formidables á quien injustamente
ocupa ei trono.
41 Fuera de que si contra el Sul­
tán de Egipto , y Palestina teneis las
esperanzas en el C ielo, bien podéis es*
perar también su socorro contra el tira­
no de Constantinopía. Si el zelo de la
propagación de la fe es agradableá Dios*
no le será menos la protección de la ino­
cencia, Castigar la injusticia es hacer en
la tierra las veces del Ser Supremo, Nin­
guna vicSoria será mas acepta al Dios de
los Exércitos , que la cabeza de un ¡m*
pió , que osó levantar la mano contra su
legítimo Soberano, precipitándole del T ro­
no , encerrándole en una mazmorra r y
(lo que no se puede decir sin horror)
siendo su propio hermano arrancarle los
ojos* Este monstruo es mas abominable
en el Tribunal Supremo , que los impíos
que en la Tierra Santa > porque igno­
ran á Christo y oprimen á los Christianos.
L a misma ley celestial , que ordena el
culto de Dios en la cruz y manda Ja
obediencia á los Príncipes en su solio ; y
ultraja demasiado á nuestra Religión quien
ofende las leyes de la justicia, y llega
Na l
EL HOMBRE FELIZ.
í quebrantar los fueros de la humanidad.
Luego es justo que un mismo zelo os
inflame para Ja defensa de las leyes del
Cielo s y que con el mismo furor sagra*
do abatais á los dos tiranos de Jerusa-
len , y Constantinopla , porque igual­
mente han ultrajado í Dios , y escan­
dalizado al mundo. Esto dixe , y ha­
ciendo una cortesía , les dexé que re­
solvieran lo que les pareciese mas acer­
tado,
32 E l Dux me oyó atentamente , y
los Caballeros , que le asistían estaban
suspensos esperando su respuesta como
de oráculo , y queriendo penetrar por el
semblante los pensamientos de su alma.
Mas el negocio no era tan leve a que
pudiese resolverse en un momento. El
Comandante respondió , que me daria
parte de la resolución que el Consejo
de Guerra juzgase mas a proposito ; í. lo
que yo añadí, que la respuesta se debía
enviar al Príncipe Alexo ; porque no te­
niendo yo la honra de ser su Embaxa-
dor , solo la tenia en interesarme en el
cumplimiento de sus deseos. Y de este
jnodq me despedí con mi .ciego , de
LIBRO IV* I6y
quien fui compañero inseparable todo el
tiempo que allí estuve* Quedareis ad­
mirados de como me trató el dia si­
guiente, Os confieso que de él aprendí
mucho , y que las luces de su entendi­
miento eran, muy superiores á las mías.
5 $ Caballero, quien quiera que seáis,
me dixo , permitidme que os hable co­
mo amigo , y que sin una falsa política
os declare mi pensamiento 3 aunque sea
contrario al-vuestro. Ambps deseamos el
bien , y ambos amamos la verdad , y de
esto no podemos darnos mejor prueba*
que avisarnos mutuamente quando nos
desviáremos de nuestro fin* Esta expe­
dición á Constantinopla , que por una
parte creeis ser conducente á la Religión,
-al honor , y á los intereses de la Cru­
zada * y por otra al bien del Príncipe
Alexo , y su infeliü. padre , podrá no ser
conveniente si lo reflexionamos bien. No
todo lo que nos parece mejor lo es en
realidad > y poruña vez que acertamos
en nuestros juicios,- erramos otras muchas*
Prestadme atención.
34 Las armas de la Cruzada > ami­
go mió, no deben emplearse contra- los
N J que
1 66 EL HOMBRE FELIZ*
que adoran la Cru2. Los Griegos no son
enemigos de los Latinos* sino sus her­
manos , ¿ y cómo será laudable volver
contra nuestros propios hermanos > y her­
manos inocentes las armas desenvayna-
das contra los enemigos comunes ? Si los
Griegos impidiesen esta Cruzada , como
lo han hecho en otros tiempos , tendrían
disculpa nuestras armas en acometerlos,
¿ Mas qué impedimento nos ponen ahora
esos Pueblos , quando navegamos los ma­
res , que nos facilitan el camino ? Con**
fieso que la tiranía del Emperador in­
truso merece castigo ; 5 pero quién nos
dio í nosotros autoridad para castigar á
quien no es nuestro subdito * ni nues­
tro enemigo ? Solo al Cielo está reser­
vado tomar vengan^ de Jos Soberanos
quando ellos llegan í ofenderle*
3 5 Demás que si el zelo, y amor í Iá
justicia os inflama > dexad que e! Cielo ir­
ritado contra Isac Angelo le haga cono­
cer en Ja prisión sus delitos. Vos tal vez
ignoráis la inaudita crueldad de ese Mo­
narca preso, i No sabéis, que para su­
bir al trono , que no era suyo * hizo es­
cala , de la injusticia , de la violencia*
de
LIBRO IV. i 67
de la mala fe , y de la inhumanidad, arro­
jando a Andrónico que reynaba legítima­
mente? Yo no disculpo í Andrónico. Sé
que él hizo perecer en secreto i su sobri­
no , y pupilo , hijo del difunto Empera­
dor Manuel Commeno > de quien era el
Trono. Confieso que él fue el primero
que manchó de sangre este infelicísimo
Trono de Constantinopla; pero ya muer­
to el hijo único del Emperador Comme­
no , quedó Andrónico heredero legítimo
de la Corona. Su sangre le daba el cetro,
aunque manchado con la de su sobrino; y
con manos injustas puso en su cabeza la
Corona * que despues del delito se la ase­
guró 3a justicia. £1 mismo Isac Angelo
le juró vasallage 5 y poniendo la mano
sobre los libros santos, protestó doblar
siempre la rodilla delante de aquel , á
quien despues vió arrastrar por las calles
con la mayor crueldad.
jó De todos los monstruos, que has­
ta entonces habían salido del infierno al
mundo, ninguno igualó í Isac Angelo en
la crueldad con que hizo perecer í Andró­
nico en los mas inauditos tormentos. E l
Cielo lo vió , y fue testigo, y él mismo
N 4 es
x6 9 - EL HOMBRE FELIZ*
es ahora su juez. Ved aqui el derecho que
tuvo Isac Angelo al trono de Constante
nopla , y Jas virtudes por donde Jo mere-
ció : ¿ y quereis impedir que el Cielo le
castigue ? Dios sabe servirse de un mal­
vado para castigo de otro. Andrónico
quitó la vida á su sobrino , hijo de Ma­
nuel Commcno , en castigo del delito de
sil padre en hacer morir laá tropas de la
Cruzada con agua envenenada. ,sac An­
gelo castigó á Andronico : Alexo á Isac
Angelo ; y sí el Príncipe desterra*
do destrona al tio , tal vez con el
tiempo no faltará quien haga otro tanto
con él.
V7 Buen Profeta fue el ciego ( in ­
terrumpió aquí k Princesa ) porque no
fue Nicolao Canabe mi esposo el autor
de sü desgracia : fueronlo los delitos de
ese Prírtcípe; y las tiranías que usó , des­
pues que los Caballeros de la Cruzada
le restituyeron al trono , las qué irrita­
ron al Cielo y y i la tierra. Nicolao Ca-
nabe no subió al trono a sino por los
propios méritos , y aclamaciones del Pue­
blo. ¡ AH ; y si no fuese por el infame
Murzulfey; quién no tendría ahora e n v i ­
dia.
LIBRO IV* tí*
día á la felicidad de Constantinopla > ve­
nerando en el trono un Príncipe virtuo­
so lleno de clemencia , y amante de la
paz ! Mas disculpadme , Miseno >que os
interrumpa y porque quando el corazon
está herido , no puede dexar de sentirse,
si le tocan. Continuad y pues, y decid lo
que os pasó con el ciego*
38 Todo quanto él me dixo adver*
tí , Sefiora 5 que era fruto de su reflexión
madura , y de su gran prudencia* Con­
fieso ( decia el ciego ) que el amor pa­
terno obliga al Príncipe Alexo á buscar
todos los medios para restituir á su pa­
dre-ai trono. Hace bien, porque es hi­
jo ofendido ; mas nosotros no lo somos.
Soy de vuestro mismo dictamen, de que;
los Caballeros Saldrán fácilmente triun­
fantes de esta empresa , porque el crW
roen del tirano intruso clama al Cielo-
por castigo 5 ¿ mas quién nos confirió-
autoridad para dársele ? Si á todos fuera1
permitido salir por el mundo á castigad
tiranías, |-qué confusion , ¿ qué anarquía,
qué horrores no se vieran á cada paso>:
haciéndose cada uno por su propia au-<
toridad el juez de todos los otros ? Ami­
go*
r7o EL HOMBRE FELIZ.
go j dexad este empeño al curso de l i
Providencia que obra siempre con acier­
to > con justicia, y con seguridad* No
confundáis trabajos con Infelicidades * y
sabed que somos muchas veces felices,
porque padecemos trabajos* Tal ve* Isac
Angelo sera menos infeliz en la cárcel,
que sobre el trono,y el Principe Alexo des­
terrado será mas dichoso , que empuñan­
do el cetro , por quanto tos trabajos son
casi la única medicina , que s p / nos cura%
o nos preserva del crimen• Ahora creed
que solo el crimen es el qup nos puede
hacer infelices* Enmendemos los nuestros,
y no nos mezclemos con los ágenos, y
seremos verdaderamente dichosos. Con
esto concluyó Grafton su discurso * des­
pues del qual hablamos de otras mate­
rias diferentes , y se retiró , dexándome
muy Confuso de lo que habia hecho , sm
poder apartar de la memoria aquellas pa­
labras : Los trabajos son la medicina qut*
,

e' nos cura , o' nos preserva del delito 5 y


solo este es ti que nos puede hacer infe­
lices. Esta máxima > que yo repasaba
mil veces en mi entendimiento 3 me
sirvió de mucho en el camino por
don-
LIBRO IV* 171
donde hallé mi felicidad*
39 E l Conde , que hasta entonces
habia escuchado á Miseno con suma aten­
ción, oyendo ahora una máxima tan con­
traria í las que hasta entonces seguía > se
vióobiigado i exponer su gran dificultad*
40 No se puede negar > decía * que
la doétrina de Grafton parece buena ; mas
la naturaleza tiene horror á todo lo que
es aflicción * y molestia * y no entien­
do > cómo nos podrá consotar en un mal
presente la esperanza incierta de un bien
futuro. Buscar la felicidad de la vida , y
comenzar por los trabajos , y disgustos*
es lo mismo que descender i los abis­
mos ^ queriendo subir al Olimpo* Esto
dixo el Conde > y levantándose con un
ayre impaciente mezclado con desprecio,
qüeria cortar la conversación ; mas la
hermana > que la juzgaba muy impor­
tante í los dos i le serenó con gracia*
diciéndole con un modo cariñoso » y
eficaz.
4 1 No es tan nueva querido her­
mano , esta Filosofía , como tal vez os
parece , y pues á cada paso la ve­
mos practicada > decidme : ¿ quándo se
con­
i7 % e l h om bre f e l i z ,
consiguió un gran bien sin mucho tra­
bajo , y fatiga ? Esto en la realidad es
un m a l ; mas este pequeño mal sirve pa­
ra impedir otro mayor , y asi viene í
íer un gran bien* ¿ Quando se curó una
enfermedad sin remedios desagradables*
y costosos ? Estos son un m a l; mas li­
brándonos de otro m ayor, viene á ser un
bien* Ahora dexadme valer de un argu­
mento propio de mi sexó , y que vos
fuisteis testigo ha tres dias.
42 Quando tenía recostado en el pe-
eho á mi hijo , y vuestro ahijado , lue­
go que conocí por el calor , que sentia
en el seno , la fiebre ardiente del niño,
|qué es lo que hice ? Me levanto pron­
ta , viva , diligente* Resuelta acudo á ia
sangría , porque ;1á fiebre de mi amor no
tne consentía tardanza* Y o misma tomé
fcn los brazos á m¡ amado hijo , y ma-
íiifestahdo el semblante sereno, y el co-
íabon animoso, le ofrecí al hierro* E l
pequeñuelo apenas vió que el tétrico, y
severo Cirujano sacaba la lanceta para
herirle, jqué es lo qiíe no hizo para evi­
tar el tormento? Clama , llora , grita,
vuelvese de mil maneras desecho enamar-

LIBRO IV. 175
go llanto , y yo insensible. E l inocente
no sabia que hacerse. E l nombre de roa*
dre era su mayor defensa, y en mí espe­
raba encontrar su asilo ; mas por el con­
trario , veía que lágrimas, lloros , y ca­
riños , todo era perdido. Jamás habia ha­
llado en mí un rigor semejante. Entre
tanto , violentándome y o , afeitaba un
corazon de hierro > y ahogaba los sollo­
zos en el pecho. Y o con m propia ma*
no extendía su tierno brazo para verlo
traspasar con el hierro ; y solo quando
vi derramar la sangre de mi caro hijo^
fue quando respiré* Solo entonces tuvo
sosiego mi corazon, que estaba bien des*
pedazado por haber luchado con la na­
turaleza. Decid ahora : ¿no fue esto
amor ? Pues asi hace Dios con sus hi­
jos quando ve que sus vicios necesitan
remedio.
43 ¡ Oh , qué bien decís , Señora,
acudió Miseno ! Nuestra naturaleza está
muy enferma , y necesita de hierro, y
de sangría. Además de eso somos ni­
ños , y no sabemos mas que una cria­
tura lo que nos hace bien , ó nos es no­
civo, Cqnviene absolutamente que la Sur
pre-
174 EL HOMBRE FELIZ*
prema Providencia , como madre univer­
sal , nos dé la fuerza, ó remedio , obli­
gándonos con piadosa crueldad á derra-
mar lágrimas , y sangre,
44 Creed , hijos mios , que cuida
mucho mas de nosotros la Providencia,
que la madre mas amorosa de su tierno hi­
jo. Nosotros mas somos hijos de D ios, au*
tor de nuestro ser, que de nuestros pa­
dres, que solamente fueron los instru­
mentos, La mano todo poderosa fué
quien sacó del insondable abismo de la
nada este espíritu que nos anima , y ella
quien por una serie de maravillas enla­
zadas , y hasta ahora incomprehensibles
á los mayores sabios del mundo , coor­
denó los órganos de nuestro cuerpo , y
formó estos miembros de que gozamos:
su poder nos protege ; su fuerza nos sus­
tenta : su ley nos guia: su beneficencia
nos favorece ; su liberalidad nos regala.
5 Y creeis que si nos entregamos í su
paternal cuidado , se descuidará su Provi­
dencia ?
45 Yo por lo menos desde este dia,
persuadido por el ciego , me dexé go­
bernar de la Providencia , con gran con­
fian-
LIBRO IV. 175
fianza ; y bien arrepentida del consejo
que había dado , escribí al Príncipe A le-
xo , y al D u x , que por motivos par­
ticulares no me alistaba en la Cruzada;
y despidiéndome de Grafton , me embos­
qué por lo interior de aquellos Estados,
huyendo dei tumulto de las armas , y
de las Cortes. Atravesé toda la Dalma-
cia , entré en la Servia , pasé la R o­
manía ; y escondido en la parte del Nor^
te por los montes de Filtpo'polis y y por
la de Sur por las montañas que llaman
Costeñas, viví muy sosegado. Paseaba me­
ditando , y reflexionando, siendo mí pa­
seo acostumbrado las riberas del Mariza,
que allí no es muy caudaloso , pero sabe
compensar con lo divertido , y agrada­
ble de su corriente , lo que le falta de
magnificencia rudiosa. Paseando , pues,
por mi desgracia , se descubrían en el
trage de Cazador que llevaba , algunas
señales de mi nacimiento , y veis aquí
que me cerca de repente una tropa de
salteadores. 5 Habéis visto una multitud
de perros quando encuentran en el mon­
te presa gustosa ? Uno se le ase de un
lado, otro le muerde por otro , y aun
i7€ e l h om b re f e l iz .
es poca su piel para tantas bocas como
pretenden despedazarla ; de forma que
mutuamente se impiden , y estorban : los
ladridos bastar para aturdiría , los en­
cuentros la derriban , los dientes la ar­
rastran , sin que la pobre presa pueda
respirar ; pues asi me vi en medio de los
vandidos , no siendo presa insípida pa­
ra dientes tan hambrientos. Despojáron­
me de todo , y solo me dieron un tra-
po viejo, con que evitar la indecencia.
Bien precisa me fué en este lance toda
la doftrina de la Filosofía. La sangre me
hervía , la novedad y y extrañeza del su­
ceso me consternaba mucho mas; y com­
primiendo con ambas manos mi corazon
alterado , le reduxe poco á poco á es­
tado de oir las voces del entendimiento,
que le repetía la doítrina del ciego. Con
ella mi alma fué entrando en un dulce
descanso , cesó mi alteración , y me ha­
llé en sosiego. Esto es para mi bien , me
decia yo* Gobierne quien sabe gobernar,
quien puede , y quien desea conducirme
á mi felicidad. Esto mismo me repetía
sin cesar toda la tarde , y experimen­
té. una nueva alegría > un descanso jamás
LIBRO IV. 177
conocido en este inopinado suceso , de
suerte, que me admiraba de mí , y sin
saber donde iba , caminaba por donde los
pasos inciertos me llevaban.
46 En esto veo una casilla á lo le­
jos , y un viejo venerable sentado fuera
de la puerta , esperando que al caer el
sol entrasen sus ovejas* Antes que yo le
hablase habló por mí mi figura y y fué
tal la impresión que hÍ2o en el buen
viejo , que forcejeando dos veces sobre
su corvo cayado, y siendo otras tantas
inútiles sus esfuerzos , pudo al fin le­
vantarse & la tercera vez , y tropezan­
do en sus años , con las manos trému­
las, y los brazos abiertos me vino á abra­
zar al camino. No pudo impedir las lá­
grimas , viéndome en aquel estado, ni
yo de ternura pude contener las mias.
Sin decir nna palabra nos abrazamos, por­
que no era preciso que tuviese uso Id
lengua quando los ojos hablaban, Salió
despues la muger , y dos hijas í rodear­
me enternecidas , y en un momento me
vi cubierto , y vestido como pastor,
consolado con el fuego , y regalado
con los manjares , que ofrecía el cam-
Tom* I. O po.
178 EL HOMBRE EELIZ,
po. Uno me pregunta quien soy: otro
indignado quiere saber en qué parte me
asaltaron los ladrones. Mas Polibio (es­
te era el nombre del viejo ) con pocas
palabras les satisfizo, diciendo : no de­
pende , hijos míos j de la qualidad del
sugeto , ni del conocimiento de sus ene­
migos el bien de que necesita* Haced
el que pudiereis , y el que vosotros de­
searíais encontrar si os vieseis en seme­
jante caso. Por lo que í mí toca , hi­
jo mió , podéis estar seguro , que si
gustáis > tendreis aquí una cabaña , en
este viejo un padre , en estos mis hi­
jos unos hermanos. Bástame el veros,
mi ánimo se enternece , m¡ voluntad se
os inclina , y no sé por qué; pero mi
corazon os ama.
47 No os sabré explicar la conmo-
cion que obraron en mí las expresiones
de Polibio. Estaba hasta entonces acos­
tumbrado á ver los hombres : pero los
miraba siempre con aquel ayre altivo,
que inspira la elevación del trono ; mas
desde este momento comencé á verlos
en otra disposición muy diferente , co­
nociéndolos muy superiores á mí, A d­
LIBRO IV* 179
míre esta acción tan grande , y aquel
corazon verdaderamente noble* Corrí li­
geramente por mi memoria como bas­
tidores de teatro las acciones de mi vi­
da pasada , quando miraba í los mise­
rables como animales de otra especie,
teniendo de ellos menos compasión , que
de los caballos , y perros > que me ser­
vían en Ja caza , y me hallé tan pe­
queño en comparación de Polibio , y
tan poco hombre > que de confusion me
venían las lágrimas á los ojos , y la san­
gre á las mexillas, y con la mayor po­
lítica le dixe , que quando no me obli­
gase la necesidad , solo el ánimo sin­
cero , y generoso , con que me quería
recibir , no conociéndome * me precisa­
ba í aceptar su favor* Me habéis lla­
mado hijo ( le dixe ) , y lo seré en el
amor ; pero en el servicio criado ; y en
el rendimiento esclavo. No pensaba que
la ocupacion de Pastor podía dar at co­
razon del hombre tan nobles afeftos. Des­
de hoy la abrazo * y os aseguro, que
prefiero el cayado á todo y aun has­
ta el mismo cetro, pues este nos inspi­
ra muchas veces la ambición, la injus-
O 2 ti-
28o EL HOMBRE FELIZ
ticia , y la inhumanidad ; y os aseguro,
que si hoy me ofreciesen k púrpura mas
brillante , la despreciaría por la zamar­
ra , de que me veo vestido. Vos no me
conocéis , y me amáis, y yo os pro­
testo que no os pesará del amor , que
me teneis. Siguióse í esta respuesta el
verme abrazado de nuevo por toda la fa­
milia junta, mezclándose en los rostros
de todos las lágrimas con el regocijo*
E l dia siguiente tomé el cayado , y se­
guí las ovejas en el campo.
48 ¿El Príncipe heredero de Polo­
nia (interrumpió la Princesa) se vió za­
gal de ovejas ? ¡ Ah Dios mío ! Es pre­
ciso tener un corazon muy fuerte pa­
ra resistir á una transformación semejante.
49 Creed , Señora , que esta ocu­
pación me fué de suma utilidad , pues
en ella a ya subiendo los montes , ó ba-
xando á las riberas del Mjriza , conver­
saba con las peñas, y las aguas , como
aquí hago , y en esta muda conversa­
ción aprendí las máximas que mas me
han servido , y servirán en esta vida
para ser verdaderamente felíz, Entonces
fué quando reflexionando sobre ios bie­
nes,
LIBRO IV. x81
n « , y males de la vida , llegué á coj
nocer , que casi siempre andan troca­
dos los nombres. Vi que llaman bien á
lo que es gran m4l , y mal ¿ tos bienes
mas felices . De lo que os doy por tes*
tigo al tiempo, y í la razón ; y si te -
neis la paciencia de escucharme, espero
que abrazareis este modo de pensar*
128 EL HOMBRE FELIZ*

LIBRO V.

i A T O podía el Conde volver en sí


del espanto que le causó la nar*
ración de Miseno. E l respeto debido á
su persona Je contenía para sospecharla de
encarecida; mas !a contradicción de sus
máximas con Jas que seguía el Conde , le
impedía darle crédito. De este modo lu*
chando consigo mismo , quanto mas dis­
putaba en su interior , tanto mayor si­
lencio guardaba , y así mudo , é inmó­
vil estaba escuchando atento. Mas Ja her­
mana , queriendo descubrir Jas heridas del
cora2on del Conde para darles remedio,
las tentaba con frequentes preguntas, obli­
gándole á declarar su concepto, lo que él
con ayre impaciente hizo de esta manera.
2 No puedo deciros nada ; quando
mi entendimiento se halla tan confuso.
La diferencia , Señor, entre vuestra per­
sona , y ese estado , en que vivíais, po­
co diverso del en que ahora vivís , es ca­
paz de hacer perder ei juicio á quien se
LIBRO V. 183
dexe llevar de su discurso* Y o s amigo*
no sé qué os díga, solo sí que en to*
do hay misterios , y vuestra vida es pa­
ra mí uno de los mayores.
3 Mucho habíais de gustar ( dixo
¡Míseno ) de hablar con mí buen viejo
Polibio , porque en quanto á esto lo ha­
llaríais enteramente conforme á vuestro
idi&ámen. Suponia él , que yo vivía in­
teriormente muy afligido 5 y que quan­
do salía con las ovejas al campo , era
solo para desahogar mi pena entre las
[peñas > y los bosques* Se me olvidaba
deciros, que yo le habia declarado par­
te de mis secretos > porque me pareció
indigno de un hombre de bien encubrir­
l e del todo á quien me manifestaba to­
do su corazon, Díxele que antecedente-
heme habia servido en las tropas en ca­
lidad de Comandante en Xefe de los
^xércitos, cargo que me habia dado el
¡ley Mieceslao la segunda vez , que
^cupó el trono ( mas no le declaré mi
(acimiento ) , añadiéndole , que razones
iiuy fuertes me habían obligado á salir
te la patria desconocido. E l también ha-
|ia servido en los exérdtos del Empe-
O4 ra-
1 84 EL HOMBRE FELIZ.
rador Manuel Coinmeno , y después de
muchos años de servicio , y no pocos
de edad > se retiró á vivir en sus ha­
ciendas , que hacia cultivar por sus cria­
dos > é hijos, queriéndolos por este mo­
do hacer feliccs , mas con la abundan­
cia , y sencillez rustica , que con el lu-
x ó , y la ambición de la Corte*
4 Como ambos éramos Militares, ya
veis que era regular entretenernos fre-
qüentemente con los sucesos de la guer­
ra* E l aún conocia en mí el espíritu mar­
cial, y viéndome Pastor de ovejas , no
podia comprehender que viviese conten­
to , y satisfecho*
5 A la verdad , Señor (dice la Prin­
cesa ) , que tenia razón Polibio : en quan­
to á mí no hay , ni puede haber en el
mundo cosa que mas lisonjee la vanidad
del corazon humano , qué la gloria y el
respeto , y la estimación debida i un
General en Xefe* Si hemos de hablai
con ingenuidad y creo que esta gloria ex­
cede á la de los mismos Soberanos. Co­
mo ambos lo somos 3 podemos confesar
lo sin rezelo. Los Monarcas están e
cierto modo obligados á inclinar el Ce
tro.
l ib r o v , is ?
tro y baxár algún tanto la Corona,
para que ellos se la aseguren en la ca­
beza, quando se les va á caer, ¿Y don­
de mejor , que en los brazos de un
General puede reposar un Soberano pa­
ra dormir con sosiego ? Mas vivos se
conservan en los Anales de la posteri­
dad los nombres de los grandes Gene*
rales, que Jos de los Soberanos, que
no juntaron la espada con el Cetro. Y
vo s, Señor , que juntasteis una con otra
gloria , ¿vivís ahora contento ? ¿ Y vi­
viríais contento entonces guardando qua-
tro ovejas en un monte ? j Y esto des-
pues de ver doblar delante de vos Ja
rodilla a todos los Exércitos , y á to­
dos los Pueblos de tan vastos dominios?
D igo, como mi hermano , que vuestra
vida es para nosotros un verdadero mis­
terio.
6 Y o os Jo explicaré dixo Miseno^
Los bienes, y ios males de esta vida
habéis de saber , que andan con los
nombres trocados. Este es el fruto de
las reflexiones maduras, y tranquilas, que
hacia yo en Jas riberas del Mariza míen*
tras las ovejas pastaban , y ahora os ha*
tU EL HOMBRE FELIZ*
re el mismo paralelo , que hacia enton­
ces í Políbio quando hablábamos de es­
to. Como ni é l, ni vos , hijo mió , aun­
que servísteis én la guerra , jamás ocu­
pasteis el puesto supremo 3 no conocisteis
los famosos Capitanes , sino por ha­
berlos visto pintados en la historia con
todos los penachos poéticos, y fabulo­
sos adornos de la lisonja , y mentira. Mas
yo puedo deciros lo que pasa en uno,
y otro estado* Y o os los pondré delan­
te de vuestros ojos como ellos son en
realidad, y vosotros seréis Jueces para
decidir quién queda mas cerca, ó mas le­
jos de la felicidad de la vida,
7 Comencemos por la independen­
cia, que yo reputo la basa de toda la
humana grandeza, ¡ Quán dulce , y sua­
ve es la independencia de un Pastor en
su cabaña retirado allá en los montes!
E l puede decir en cierto modo , que es
Señor absoluto, y que de Dios abaxo
no reconoce superior en toda la haz de
la tierra : la lana de su gánado le viste,
su leche le sustenta > y nada mas ape­
tece.
8 Por otra parte , ¡ qué indispensa­
ble,
LIBRO V, i$7
ble , qué continuada , y qué servil es
Ja dependtnda de un guerrero , si lie­
ga á ser General en Xefe ! Primeramen­
te para subir á ese puesto , ¡quántas hu­
millaciones le fueron precisas hasta ar­
rastrarse tal vez indignamente por tierra!
Y despues que la consiguió , ¡ qué fina
política, qué adulaciones , qué lisonjas,
qué viles contemplaciones , qué ap reta­
dos torcedores de su conciencia , y de
su honor no le son necesarios para no
llegar á caer ! Si se ofrece la ocasion de
salir á una campaña , ¿de quién no de­
pende este gran guerrero ? Depende del
Soberano ausente ; pero esa dependen­
cia no le es pesada , porque es justa , y
precisa : depende del Consejo , depende
del Gabinete , depende de personas , que
pasando de los blandos lechos de pluma
á los teatros del amor , y de la vani­
dad ; que saliendo de los brazos encan­
tadores del sueño , ó de los de las si­
renas , que embelesan con el gusto, y
con el deleytc , van á decidir fácilmen­
te 3 como i sangre fría sobre los asal­
tos , y brechas , sobre heridas , y estra­
gos , sobre peligros , horrores, y muer­
tes*
1 88 EL HOMBRE FELIZ*
tes* Depende de los subalternos , que es­
tán en espera para aprovechar la menor
ocasion de arruinarle > porque muchas
batallas se han perdido por la malicia,
y mala voluntad de enemigos ocultos,
que no dudan sacrificar á su pasión el
bien público , el honor del Soberano , la
sangre de sus compatriotas , la vida de
sus parientes, y la destrucción de su pa­
tria. Depende además el General de sus
Soldados , de la disposición del terre­
no , de los tiempos > y de las borras­
cas , de los correos y y espías , gente
mentirosa , venal, y astuta : gente , que
si no tiene estas qualidades, no vale na­
da , y si las tiene , debe temerse* Depen*
de de la perfidia de los enemigos des­
contentos , que si los compramos con
dinero, por el dinero nos venden. D e­
pende , en fin de la ciega fortuna, que
sin razón, ni motivo da * ó arranca de
la mano la palma de la vifloria. Ahora
decidme : ja tanta dependencia podrémos
llamar sin injuria de la razón grandeza
verdadera ?
9 Toca el Pastor su flauta en los
montes, y todo se alegra : al sonido
de
LIBRO V, 189
de ella acuden las Serranas engalanadas
danzando , correspondiendo una alegría
á otra : mas el guerrero hace sonar la
horrísona trompeta , y todo se asusta.
Los peñascos, y montes rechazando de
sí el sonido funesto, lo envían de unos
valles i otros, y por todas partes se van
anunciando horrores > estragos, y muertes.
¿Quién es mas feliz?
ío Qiiando el Pastor canta j nada le
perturba , nada disminuye su alegría; pe­
ro el guerrero nunca cantó sus viftorias
sin oír la disonancia de tristes lamentos.
Este forma toda su felicidad de la des­
gracia agena; y aquel solo la pone en
lo que es útil i todos. ¡ Qué bien dixo
cierto Poeta , quando cantó así*

Queda alegre el P astor , queda serenot


Si el tarro de la leche encuentra Ueno:
La tristeza al Soldado le enagena ,
Si no tiñe el acero en sangre agenam

E l uno siembra los campos, el otro


los quema. E l uno hace nacer de ellos
la hermosa abundancia, el otro hace sa­
lir de los abismos la hambre fiera. El
uno
ipo EL HOMBRE FELIZ*
uno procura 1?. vida á los mortales , y
el otro la muerte. El uno es el instru­
mento de las bendiciones deí Cielo , el
otro es el azote de su ira. Decid aho­
ra , si viéndome Pastor de ovejas en la
cabaña de Poiibio, despues de haber si­
do General en Xefe en los Estados de
Polonia , debia reventar de pena , ó re­
bosar de gozo?
11 Si miramos , dice el Conde * á
estas cosas como vos 4 poca duda que­
da ; ¿pero pensáis acaso 5 que un guer­
rero podrá discurrir entonces como vos
ahora discurrís ? La gloria á que esos
héroes aspiran los deslumbra de modo,
que encantados totalmente con la be­
lleza de esa divinidad * quedan absor^
tos , y viven una vida dichosa. Consul­
tad , Señor, vuestra propia experiencia,
y hallaréis * que os teníais por el hom­
bre mas dichoso del Universo , quando
acababais de conseguir una victoria com­
pleta*
12 Ya que me citáis para el tribu­
nal de la propia experiencia , debemos
oír su deposición ; pero antes que ella
hable y supongo que no ponéis la feli-
ti-
LIBRO V .’ ipt
cídad de un hombre en verse con el
morrion emplumado , montado en un
brioso caballo con jaeces de terciopelo,
y de oro, cercado por todas paites de
ricos, y brillantes uniformes , de gen­
tiles caballeros , espadas relucientes, pa-
vellones , y tiendas pomposas, ¡kc. Ami­
gos míos , dexemos esa gloria para los
pavos reales , ó para muchas cabezas lo­
cas , que ponen su gloria en unas -plu­
mas* Creo que solamente debe estar la
felicidad de un hombre en su corazon,
y en su alma. Aquí se sonrió la Prince­
sa j y confesó con el Conde , que esa
gloria en los adornos > vanidad , y
faustos era indigna de un hombre que
se precia serlo. Esto supuesto , replicó
Miseno:
13 Y o os aseguro baxo la fe de
quien soy , que no hay estado mas de­
plorable j que el del corazon de un guer­
rero y quando se prepara para una ac­
ción de importancia- E l vé que no so­
lo su vida , que entonces ya la reputa
por nada, sino también su fama , está
pendiente de una suerte. Va í exponer
i la vuelta de un dado la sangre de sus
com-
192 EL HOMBRE FELIZ.
compañeros, la libertad de su patria ,1 a
Corona de su Soberano , el honor de su
nación , y la vida de millares de compa­
triotas- Ya la fama está alerta con el
clarín en la boca para publicar por to­
do el mundo su deshonra, si el éxito
es infeliz, y d susto le está dando gar­
rote al corazon. Esto sucede antes que
entre en la batalla ; pero luego que en­
tra en ella , la escena se muda , y aun
es mucho mas horrible : todo un infier­
no le arde en el pecho. La ira , la có­
lera , el furor, la venganza le agitan el
pensamiento , y el corazon con tanta
vehemencia , que mas parece tigre , que
hombre,
14 La sangre de millares de enemi­
gos es poca para saciar su sed de fiera.
Desearía ver sembrados los campos de ca­
dáveres , y de cuerpos palpitantes , y en­
viar í los infiernos en uno solo día todo
quanto se le opone sobre la haz de la
tierra* Todas las vivoras de los abismos
le roen Jas entrañas : una sangre negra,
y espesa le corre por las venas : su co­
razon Heno de. hiel , y de veneno no
respira sino ruinas, estragos, y muertes:
Tiem-
tIBRO V, tP3
Tiemblan delante de él las Villas , tiem­
blan las Ciudades , y hasta los campos
tiemblan. Toda la naturaleza le mira con
horror, y justamente , pórque todos los
rayos del Cielo , y todas las furias de
los abismos no causarían mas estragos,
que los que él causa. Así se vé , que
por donde va pasando , todo es horror*
todo desgracias , todo lamentos, y ge­
midos. Todo lo tala , destruye * arruina*
quema, y abrasa. Ved como este hom­
bre es dichoso. ¿ No es esta la verdade­
ra felicidad?
15 Verdadera infelicidad , respondió
Id Princesa , que me hace temblar solo
con imaginar la pintura, j Qué sería si
yo os viese en un campo de batalla !
¡ Ah y Señora ! ninguno conoce lo que
pasa por el interior de un General y si­
no el que tenga de ello experiencia pro­
pia, Para salir bien le es preciso hacer
una combinación pronta de diez mil su­
cesos fortuitos > diferentes , y encontra­
dos. Es preciso tener una balanza justa
en el entendimiento, que no vacile , ni
aun en la mayor tempestad, ó borras­
ca. Es preciso tener una vista tan fina*
T m * I* P que
1 94 EL HOMBRE FELIZ.
que penetre hasta la región de lo futu**
ro. Debe tener al mismo tiempo el so­
siego de quien está en el Gabinete , y
el fuego , y actividad de que necesita la
acción. Su corazon se ve impelido jun­
tamente del furor , y de la venganza,
y derretido por los sentimientos de la
humanidad : por una parte de los estí­
mulos de la gloria > y por otra de los
di&amencs de la prudencia. Debe cau­
telarse de los enemigos > desconfiar de
los compañeros , y temer siempre de la
inconstancia de la fortuna. Ahora > pues,
\ en semejante confitólo podremos llamar
í este hombre feliz?
16 Esto prueba , dice el Conde, que
es muy difícil abrir esa puerta á la fe­
licidad ; mas una vez abierta y quando
el General descansa en los brazos de la
viñoria : quando esta encantadora divi­
nidad con una mano le pone en la ca­
beza la corona de laurel > f con otra
le concede la palma * que jamás podrá
marchitarse : quando por todas partes
oye los aplausos, Jos vivas , y las acla­
maciones de los Pueblos : quando los
mismos Soberanos baxan de su Trono
pa­
LIBRO V. i5>5
para abrazarlos como amigos : quando
la fama cantando lleva su nombre de Rey-
no en Rey no , de clima en clima , y
de un emisftrio á otro : quando lo ve
gravado por los Historiadores , y Poe*
tas en el eterno templo de la gLoria,
2 decid si podrá haber igual satisfacción
á la vanidad del corazon humano?
17 ¿ De este modo suponéis vos*
responde Miseno, que es Jo mismo en­
trar en una batalla con todos los pelU
gros , y medidas que yo os díxe , que
salir de ella vi&orioso? ¿ Y quántas ve->
ces , despues de haberse lisonjeado duU
cemente el General con la esperanza de la
gloria * pierde la batalla , y se ve bur­
lado de los enemigos, abominado de los
nacionales , murmurado de los extraños,
mal visto de su Soberano , y maldecido
hasta de Ja Ínfima plebe l De la Ínfima
plebe , que no duda insultarle en su pro*
pía cara , por mas que él< haya expues­
to su vida por defender ese mismo Pue­
blo que le insulta , y habiendo tal vez
obrado con mayor valor , y pruden­
cia , que ningún otro General el mas
famoso: .. . /
PZ pe-
t 96 e l h o m b re f e liz ,
18 Pero supongamos que vuestro Ge­
neral saliese viftorioso. Apenas cesa el
primer ímpetu del aplauso , ¿qué enxam-
bre de enemigos , y envidiosos se levan­
ta contra.él? ¿ No habéis leido las His­
torias de los Generales Griegos 3 y R o ­
manos ? ¡ Y quintos de un mérito supe­
rior á todo elogio leemos en elJas, que
murieron olvidados , ó desgraciados ?
Muchas veces los mismos que los abra­
zan cariñosos, si pudiesen los atravesa­
rían á puñaladas. Creed , amigos > lo que
os digo; y si no lo quereis creer > os
aseguro que aun no conocéis al mundo,
como yo tampoco lo conocía en vuestra
edad , y solo quando oprimido de mis
trabajos me vi Pastor de ovejas , tuve
lugar , y sosiego para reflexionar en es­
tas verdades. Mientras pastaban. las ove­
jas v rumiaba yo lo que habia leido , y
visto , y concluía siempre , que Ja mayor
parce de los bienes , y males del mun­
do andan con los nombres trocados. Mi
buen viejo Polibio se me resistía tam­
bién al principio como vos ; pero poco
á poco se dexó convencer de la ver­
dad , y en fin vino í persuadirse , que
LIBRO V. ! ?7
t r i mi alegría la mas sólida s y sincera.
Lo que mas me hizo conocer la ge­
neralidad de esta máxima fue una sin­
gular disputa , que Zefia , c Iria dos
hijas de Polibio , tuvieron entre sí , í
la que estuve presente , porque me lla­
maron para juez.
19 Un día que nuestros rebaños an­
daban poco distantes > Iria > la hija me­
nor , dotada de gran belleza 3 vino í
convidarme para decidir cierta qüestion,
que tenia con su hermana, y í pedir­
me , que tuviese í bien conducir mis
ovejas í la otra parte de un coliado > que
nos separaba. La qiiestion venia á ser:
si una singular belleza , en extremo ra­
ra > era favor del Cielo ; ó si por el
contrario era castigo , como su her­
mana Zefia porfiaba. Reíme de la pro­
posición , como vos ahorá os reís; mas
no quise sentenciar sin oir í las dos
partes.
20 Y o sin oirías , dixo el Conde,
Sentenciaría á favor de la belleza ; y yo
por el contrario , replicó la Princesa , si­
go el parecer de Zefia , y juzgo que
Miseno no lo tendrá por deproposi-
V 3 to*
*S8 EL HOMBRE FELIZ,
to. Más proseguid , que no queremos in*
terrumpiros.
2x Zefia podía hablar muy bien, di­
no M iseno, porque excedía á su her­
mana , no solo en la belleza, sino tam­
bién en el juicio maduro , y reflexivo,
lo que yo habia ya advertido viendo la
Suma atención con que escuchaba mis
conversaciones con Polibio. Iria pues, fue
la primera que habló ; y sentados los
tres en un lugar alto á vista de nues­
tros rebaños , se explicó en estos breves
términos:
22 tíña belleza rara en extremo es
el mas precioso don de la naturaleza,
que una muger puede recibir del Cielo*
¿as mismas Rey has, que se ven priva­
das de la hermosura , no perdonan ex­
pensas , diligencias , ni aun tormentos
para remediar esta falta* Y de aquí in­
fiero 5 que aun las Coronas mas ricas, y
brillantes reciben de la belleza un nue­
vo lustre , y realce. Una simple Pasto­
ra y sin mas adorno que el ser bella*
dexahdo su dorado cabello en parte suel­
to , y ondeando sobre los hombros, y
en parte atado con un agraciado descuido,
les
LIBRO V. 199
Ies llega í servir de envidia. ¿ Quién
estimó jamás una muger sin esta pren­
da \ E l juicio es la prenda de los hom­
bres > la fuerza de los brutos; pero de
las mugeres solo lo es la hermosura. De
manera , que segnn dicen los Pastores,
que lo entienden mejor , muchas veces
lina sola belleza ha causado grandes re-
voluciones en Reynos enteros ; y jamas
se rindieron al juicio 5 y al valor tantas
adoraciones como se tributan á la her­
mosura. Y o por lo menos si tuviese es­
ta dote de !a naturaleza , me contaría por
la mas feliz de todas las Pastoras de estas
campiñas. Así hablaba Iria.
2$ Cierto , replicó el Conde, que
tenia mucha razón en su diñamen* Creed,
hermana mia , que le debéis mas á Dios
por la hermosura que os concede , que
por la Corona de Constantinopla,con que
os la realzó.
24 Agradezcoos , hermano , el cum­
plimiento ; pero quiero oir el voto de
Zefia , a! que puede ser que añada yo al­
guna reflexiones. Oigamos de Miseno lo
que respondió Zefia , á lo que él satisfi­
zo de este modo:
P 4 Así
200 EL HOMBRE FELIZ.
2$ Así discurría yo ( dixo Zefia í
su hermana Iría ) y así discurría quando
el verdor de los anos retardaba aun el
juicio ; pero quando ya empecé á pesar
en balanza justa las comodidades , é in­
comodidades de una rara belleza , mu­
dé de parecer, Y si no , decidme : ¿ de
qué sirve esta hermosura extraordinaria
í la pobre miserable sobre quien cayó
este rayo ? Todo el mundo se alboroza
Juego que se dexa ver : todos la miran
con atención , y ya no es Señora aun
de sus ojos , porque hasta sus menores
movimientos la observaban, y quantas per­
sonas se hallan en su Pueblo , son otras
tantas centinelas que la guardan*
2 6 Así es y responde Iría; mas con
qué gusto ve doblar á todos la rodilla
en su presencia ! Por todas partes encuen­
tra adoraciones : todos son sacrificios:
todos á competencia desean excederse en
los obsequios. No podéis negar , her­
mana mía y que todo esto lisonjea
nuestro corazon , y le agrada suma­
mente,
2 7 Supongamos que así sea , dice
la hermana prudente , y aun añadiré
mas*
LIBRO V. 201
más. Quiero que todos los corazones ar­
dan en holocausto^ que el fuego se eo*
cien da por todas partes , que suban has­
ta las nubes los inciensos olorosos , que
se le tributan ; quiero que llegue á der­
ramarse sangre al rededor de sus alta­
res, Todo esto bien considerado , causa
un tormento increíble í la infeliz , que
es el objeto. Si con la belleza tiene vir­
tud , y tiene honor ; la sangre que se
derramó por su respeto , la dexa una
mancha tal , que jamás podrá lavarse.
Ese vapor espeso , que exhalan los co­
razones impuros, le es de un hedor in­
tolerable : el humo es tan negro , que
Ja sufoca ; y si fuere tan feliz que las lla­
mas no la quemen , nunca podrá libertar­
se de que las llamaradas la chamusquen,
y Jexen denegrida. Ved aquí de qué la
sirven todos esos obsequios.
28 Sea juiciosa , y prudente , res­
ponde Iría , y no tiene que temer, A
esta respuesta advertí que Zefia cobraba
valor, y admirándose mucho decia : ¿No
tiene que temer ? ¿ Y cómo puede sjr\:
prudencia evitar los aplausos públicos*
que degeneran en la culpa de la inocente ;
en i
¿03 EL HOMBRE FELIZ.
en el tribunal de las envidiosas ? Cada
uno de los pretendientes , ciego de su
pasión y solo pone la mira en seducirla,
y perderla s cueste lo que costare ; de
suerte, que para muchos viene á ser glo­
ria grande solo el entrar en el número
de Jos que disputan la preferencia. Vos
decis que sea juiciosa : ¿ y de qué le va­
le el juicio l Quanto mayor es su mé­
rito , tanto mas vivo es el estimulo pa­
ra las alabanzas > y el incentivo para Jos
deseos. La infeliz no puede escapar del
lazo j porque si admite los obsequios,
est£ perdida ; y si no Jos admite, ¿de que
Ies sirve el ser prendada ?
29 Basta solo la chusma de las feas
para hacerle una guerra distimulada , pe­
ro cruel, é interminable 5 y en Jas her­
mosas la envidia le prepara otra guer­
ra mas abierta , y mas encarnizada* Aquí
es donde la infeliz tiene mucho que su­
frir ; porque todas las que pretenden
adoraciones , de ningún modo han de
consentir ver delante de sí otro idolo
mas elevado que Jas haga sombra* Bien
sabéis que las pequeñas divinidades nece­
sitan de basa mas alta ; y no pudiendo te-
ner-
LIBRO V. 20$
uerla en sus propios méritos , la quieren
formar de las ruinas agenas, Si encuentran
un gran coloso , una belleza que sea Ja
maravilla del mundo , no por esto se des­
animan : todas se unen , y minan baxo
de sus pies hasta desenterrar ios huesos
de sus antepasados para dar con el ídoloen
tierra, y formar de sus ruinas pedestal á su
propia vanidad. Con estas , y otras razo­
nes , de que ya no hago memoria , apre­
taba fuertemente Zefia á su hermana , y
yo re/a en mi interior viendo como Iria se
esforzaba para responderla; pero no halla­
ba camino.
30 Parecíame una ligera corza, quan­
do siente los monteros sacudiendo las
matas , que salta de un cerro á otro,
que corre velo¿ á un profundo valle , lue­
go aparece en el collado de enfrente, y
allí recelosa , viva , y espantada mira &
todos lados , va á salir por uno , y lo
encuentra tomado , vuelve en un ins­
tante al otro : pero ya no es tiempo
hasta que en fin apretado el cordón , y
estrechado el cerco > se ve obligada á
rendirse : asi hizo Iria , y se convinieron
ambas, sin que yo profiriese una pala­
204 EL HOMBRE FÉLIZ,
bra hasta despues de verlas acordes*
31 Confieso que quedé admirado
viendo como una Pastora hablaba con
tanta noticia de los peligros de la be­
lleza extraordinaria en las Cortes j pero
despues me informó Polibio su padre*
que Matilde su esposa , quando v¡via en
Palacio , habia pasado grandes trabajos
por su singular hermosura, y que Ze-
fia , su hija mayor , había adquirido con
los documentos > y avisos de su madre
todo el horror con que miraba las pren­
das extraordinarias de la naturaleza. Y o
aplicándome la lección de la Pastora,
saqué para mi provecho , que el desear
exceder considerablemente á los demás
en qualquiera prenda , sea lo que fuere,
es procurar su propio tormento , y su
infelicidad.
32 Apenas calló Miseno , quando
dando la Princesa un suspiro , que le
salía de lo íntimo del corazon , dixo al
Conde : j Ah , hermano mió ! Nunca oís­
teis máxima mas importante para la vi­
da feliz , ni que sea mas generalmente
ignorada. Si os distinguís demasiado en
vuestra esfera , ya sea por un juicio fi­
no,
LIBRO V. 205
tao i y delicado , ó por una noMeza sin
equivocación mas pura, y mas antigua,
ó por el valimiento con los Príncipes,
6 por los dones de la fortuna, y de
la naturaleza , preparaos , porque ten­
dréis tamos enemigos , quantos fueren
vuestros inferiores.
5 3 La envidia es un drágon , que
vuela siempre á lo alto , no se arrastra
por la tierra como las demás serpientes*
nunca tuvo ojos para mirar ácia baxo.
Salta , embiste, y acomete , á quanto mU
ra superior. Si os quereis libertar de ella,
no os fiéis en la inocencia, porque vues­
tro mismo mérito será vuestra perdición.
La virtud es su presa mas gustosa , y
quanto es mas perfe¿ta , y mas elevada,
con tanto mayor ímpetu la invade para
despedazarla con sus dientes. Este mons­
truo como se formo , y salió de los
abismos tenebrosos > todo lo que brilla
le da enojos, Por lo qual si os ve lu­
cir , hierve luego inquieto , y desespera­
do j y revolviendo furiosamente la cabe­
za , con la cola se despedaza mientras
no ve en sus garras lo que anhela. La
dilación no le cansa , ni Jas dificultades
k
aoá EL HOMBRE FELIZ.
le acordaban ; antes parece que con d
tiempo se le refina el veneno , y cad*
vez salta con mayor ímpetu > dándole
fuerzas la desesperación > y la rabia atre­
vimiento. Aun antes de heriros , solo
con los siivos os aterra. En una palábras
Conde , quien quisiere escapar del dra­
gón de la envidia , ó no ha de brillar»
ó ha de huir* Feliz es , Miseno , la ha­
bitación de los campos,donde no vivvc es­
te cruel monstruo , porque todas sus pre­
sas están en las Cortes, y en las Ciudades
populosas,
54 ¡ No Jlega al campo ! dixo M i-
seno admirado. Llegóme á mí quando
era Pastor, y por mas que mi vida era
retirada , y en Ja opinion de muchos dig*
na de lágrimas , la envidia me juzgó dig­
no objeto de su sed infernal , y encon­
tró medios de perseguirme. Esto os pa­
recerá extraño , pero mi vida está llena
de sucesos no vulgares. Voy í referiros
el caso.
3 j Los Caballeros de la Cruzada
habian aceptado las ofertas de Alexo , y
accedido í sus proposiciones* En conse-
q tienda de esto vino el Príncipe á em­
baí-
LIBRO IIL 207
barcárse en la armada que aún “estaba
en el mar Adriático , y que cada dia
se hacía mas poderosa con los continua­
dos socorros , que succesivamente le lle­
gaban, El Dux , y el Príncipe Alexo me
buscaban con diligencia para acompañar*
los en Ja expedición que yo habia per­
suadido tanto ; pero sus diligencias solo
sirvieron de publicar mi nombre , y el
empeño, que habia manifestado en aque­
lla empresa. Hervia en aquel Golfo una
multitud infinita de vasos de todas for­
mas , unos que traían , y otros que se
preparaban para el transporte. Venecia
juntaba todas sus fuer2as , porque era
grande el interés que la animaba. El Sol
se venia ya cercano al Norte , los ma­
res clamaban , los vientos eran favorables,
Ja estación oportuna , y los guerreros
deseosos de la gloria, bordeaban por to­
das las Islas del Golfo » y por las cos­
tas de Albania , de Epiro , y DaJma-
cía > esperando que viniesen todas las
fuerzas para dar un golpe tal sobre
Constanttnopla , que no necesitase se*
gundo.
}<S N o dormia el tirano con tanto
rui-
20% EL HOMBRE FELIZ.
ruido s inquietándole siempre el remor*
dimiento de su propio delito } porque
jamás puede dormir descansado un tira­
no. Tenia por todas partes espías : to­
do lo sabia , hasta las mismas pala*
bi^s con que yo á abordo del Coman­
dante habia exortado í los Caballeros
i esta empresa. Ya veis que yo debía
ser ei objeto principal de su cólera, E r i
increíble la agitación de su ánimo, su
susto, su cuidado. Refuerza los baluar­
tes -j alista soldados * prepara municiones,
y ofrece premios á quien les descubra
el autor de aquella empresa: llega á pro­
meter la mitad de sus dominios al que
me entregase vivo , ó muerto , porque
son fáciles en ofrecer los que no lo son
en cumplir. Entretanto yo con mucho
descuido > apacentaba las ovejas de Po-
libio , bien ageno de los trabajos que
se me preparaban* Como inocente ave*
que volando por la región de las nu­
bes , ignora , y no la detiene nada de
lo que agita á los mortales en toda la
superficie de la tierra , hasta que una
saeta , saliendo del enmarañado bosque*
la va a encontrar de improviso en los
ay-
LIBRO V, 209
ayr« para derribaría á tierra , ási me su­
cedió a mí en este tiempo*
37 Ardia el tirano en furor, Ardia
la Corte , y todo el Imperio ardia* Por
montes, por valles > desde lejos , y de
cerca todos me buscan ; pero mi ves­
tido , mi ocupacion , y mis discursos me
ocultaban. Apuraba su saña todos los
arbitrios , sin saber qué hacerse para des­
cubrirme* Va á consultar en fin á los
Magos, los quales aprovechándose de tan
ciego empeño , quisieran hacer revivir
las frias cenizas de la credulidad 5 que
solo se conservaban en la vil ignorancia
de la plebe. Estos le prometen que na­
da podrá escaparse á sus secretos , y en­
cantos. Piden tres dias de término ; mas
era largo intervalo para un deseo tan
importante s y en fin acortan el plazo,
con tal que se resuelva á un sacrificio
noéturno. El tirano tiene horror del cri­
men , y tiembla : la débil impresión que
le ha quedado de la Religión desprecia­
da , le detiene un poco ; pero tratase de
una Corona , se decia á st mismo , y ta-
do el horror se disipaba* No se atreve
á dirigir sus votos a! C ie lo , porque ha*
Tom. I* cia
2 io EL HOMBRE FELIZ.
cía mucho tiempo que no lo miraba , y
así era forzoso buscar su oráculo en los
infiernos. Por consejo de los embusteros
entra en una caverna subterránea á
la media noche , quando el silencio
sirve de capa á todas las enormidades,
que no osan mostrar la cara á la luz
del dia ; y ai querer entrar en ella > los
pies le tiemblan > la vista se le ofusca,
3a voz se le anuda en la garganta* R e-
zela al principio ; mas la pasión lo im­
pele , y luchando consigo , ya embiste
lleno de furor , ya duda temeroso , ya
pasa adelante ; mas los horrores de la
cueba se le hadan cada vez mas espan­
tosos, Las aves noélurnas perturbadas
en sus domicilios , hasta entonces ocul­
tos á todos los mortales , salian furio­
sas ; y el tirano lleno de pavor cree que
son Jos espíritus malignos , que allí asis­
tían á su Príncipe > cuyo oráculo desea­
ba- Los cabellos se le erizan , y un tem­
blor general se apodera de sus miem­
bros. Siéntanlo en una silla infernal : un
sudor frió le baña la cabeza , todo el
rostro : las rodillas se batían una con
otra i pero los Magos le sosttnian por
am-
LIBRO V. 2i t
ambos lados , representándole que era
delito tener pavor > y que la Corona se
le iba á caer de la cabeza si no la ase­
guraba á toda costa. Esta sola palabra
lo despierta, E l mismo se esfuerza , y
como que se avergüenza de no ser he-
roe en su crimen. Levantase , pues , y
jura , que hasta los infiernos irá con pa­
so intrépido > y valeroso para descubrir»
y aprisionar al autor de su desgracia*
Consiente que le pongan una benda so­
bre los ojos , que una mano desconocí*
da le guie los pasos, que le enseñen las
ceremonias nefandas > y en fin dexa caer
con la mano trémula el sacrilego incien*
so sobre el altar infame. Entonces uná
respuesta equívoca entretiene su esperan­
za , y su error , y al fin se retira ca­
si en los brazos de los Ministros de 1a
maldad ; y mientras estos prometen in­
terpretar las palabras confusas del orá­
culo , Alexo se esfuerza á juntar las
tropas , y prepararse para un vigoroso
combate.
38 Al mismo tiempo que el tirano
sudaba en medio de los horrores del Tár­
taro , yo vivta descansado en una espe-
Qj , «e
¿12 EL HOMBRE FELIZ
cíe de campos elíseos. Las campiñas de
Filopopolis , y las riberas del Mariza
eran para mí la mas deliciosa habitación
á causa de la suavísima pa z , que allí
gozaba ; mas el amor excesivo de esa
paz filé el origen de que viniese á per­
derla , porque fue el motivo de ser descu­
bierto , y preso. Fue el caso:
35> Había á la otra parte del rio una
gran fiesta , donde se celebraban varios
juegos con ciertas ceremonias supcrsci-
ciosas , mezcla de la Religión , y bar­
barie de aquellos Pueblos s y debian asis­
tir todos los Pastores , y Pastoras del
Contorno. Como los anos de Polibio le
impedían concurrir al convite , Je per­
suadieron las hijas , que me enviase a
mí para representar su persona, que era
de las mas respetadas en aquellos Luga*
res. Bien sabia Zefia quanto yo estima­
ba Ja paz > y que sería propio para com­
poner cierta contienda muy reñida en­
tre dos Pastores de la vecindad , que
habian perturbado todas aquellas campi­
ñas. Fue el origen , que Fileno , Pastor
rico > altivo , y sobervio , pedia injusta­
mente como deuda un carnero á Adria­
no»
LIBRO V. 21 j
n o , Pastor pobre , pero honrado. Esta­
ba de una parte la justicia, y de otra
la fuerza : esta temosa por costumbre,
aquella por esencia inflexible. Ninguna
de las dos cedia , de suerte , que ya
Ja discordia tenia su imperio en Jos cam­
pos de la paz , y esta huía muy lejos,
de ellos,
40 Despues de varios juegos, puestos
en rueda todos Jos Pastores , y agitada
la qüestion , fue votando cada uno , se­
gún el orden que le daba sus años; y
yo como extrangero, tuve el ultimo lu­
gar en esta consulta. Todos con voz uná­
nime iban condenando á Fileno 5 por­
que era manifiesta su injusticia , y ca­
da voto era una saeta , que le traspa­
saba , hasta que en fin se levanta con
furia, da patadas, grita, jura , y protes­
ta , que ha de perseguir al contrario
hasta perderle del todo , aunque se pier­
da á sí mismo; como si la promesa de
cometer muchos delitos fuese justifica­
ción del primero* Salíale fuego por los
ojos, la boca le espumaba^ temblábale el ha­
bla: y perdiendo el respeto h toda la Asam*
blea Jt se retiró con ayre descompuesto.
Q .J Q^e*
214 EL HOMBRE FELIZ*
4 1 Quedaron todos aturdidos; pero
Zeña pidió , que se continuasen los vo­
tos , pues quería oírme. Llegóme en fin
la ocasion de hablar , y dixe í Adriano,
á quien tenia enfrente:
42 Si Juzgáis, amigo ? que vuestro
sosiego vale un carnero > no dudéis com­
prar la paz á tan corto precio. No os
digo que lo deis , solo os aconsejo que
lo vendáis, y que sea por un precio
muy alto. Dadlo á trueque de vuestra
tranquilidad , de vuestra salud , y de
vuestra cabeza, que teneis casi perdida
por esta injusta demanda. ¿ Quantas ve­
ces , amigo , os he encontrado errante,
pensativo , y medio loco , dexando por
los montes á discreción de los lobos vues­
tro rebaño 5 que cada dia se va dismi­
nuyendo ? Sacrificad ahora esta vi&ima
& la Diosa de la paz tan venerada en
estas campiñas ? y ella os conservará esas
pocas ovejas , que teneis , y tal vez las
aumentará en poco tiempo. SÍ temeis que
vuestro contrario se ria de vos , reidos
vos también de é l', y quedareis paga­
dos. Reidos , que bastante razón teneis
para hacerlo, porque mas pierde el que
vos,
LIBRO IV. 21 y
vos , pues pierde por un precio tan vil
su reputación , y su nombre- Además,
¿ en qué perturba su risa vuestra tran­
quilidad ? Si resistís á esto , conservan­
do el derecho que os da la justicia,
reparad bien lo que hacéis , y ved que
en vuestra mano está el castigar su de­
lito* Si gustáis de venganza , vengaos;
pero de modo 5 que ¿1 sea solo el cas­
tigado. Dexad , pues, caer sobre él ro­
do ti peso de su sinrazón ; y para es­
to conviene , que seáis generoso, y libe­
ral , porque esto hará realzar su ambi­
ción , é injusticia. Estad cierto , que si
seguís mi di&amen , la memoria de su
delito servirá como de basa á vuestros
merecimientos en los tiempos venideros.
Todos los amantes de la paz contarán i
sus hijos como un grande exemplo , lo
que por su respeto supo hacer Adriano,
Las lenguas siempre dispuestas á criti­
car los defeños de los antepasados , no
podrán condenar a Tileno sin exaltar
vuestro -nombre. Esto , y otras cosas, que
entonces me ocurrieron , le dixe , y sin
darme tiempo á que acabase, se levan­
ta Adriano t viene a abrazarme estrecha-
Q*4 men-
216 EL HOMBRE FELIZ.
mente , y sale á executar mi consejo.
Fue general en codos el contento > y
quedaron tan pagados de la generosi­
dad de Adriano , que Jos Pastores mas
ricos se convinieron en regalarle cada qtuL
una oveja en reconocimiento del gusto,
que habia causado á todos,
43 Era Ja hora del banquete, el qual
fue servido con ciertos ritos , y ceremo­
nias , que me hacían reír , porque gus­
taba infinito de ver la general alegría,
que reynaba en aquella concurrencia. Acá*
bado el banquete trae Adriano á nues­
tra presencia el mas pingüe carnero de
su rebaño > adornado con ramos de oli­
vo en las puntas , y entretexidos de flo­
res, Llamaron entonces á Fileno > y í
presencia de todos le dice Adriano de
este modo : Conviene amigo fileno > que
*

renga engalanada la vtffima que se cotr


sag ra a la Diosa de la Paz, ; y j a que me
dais el sosiego que me quitasteis y es ju s ­
to , y muy justo , que os dé todo quanto
pedís ♦ Enmudeció Fileno aturdido con
el lance inopinado : rehúsa aceptar la
oferta > sin atinar con la razón de re­
sistirla > llevado ciegamente de Ja eos-
tum-
LIBRO V. 217
lumbre de no concordar eon su contra­
río* Porfía que le es debido el carnero
de justicia ; mas al mismo tiempo duda
recibirlo » y balbuciente se embaraza con­
sigo mismo , sin saber qué responder.
Insta Adriano , instan los amigos , y él
resiste , y ved aquí otra nueva contien­
da* El uno habiendo tomado gusto á la
generosidad , no queria privarse de ella;
el otro avergonzado de verse vencido en
lance tan noble , dudaba ceder al con­
trario tan gloriosa víiflona : fui llamado
otra vez para decidir esta qüestion , y pa­
ra hacerlo les dixe así:
44 ¡ Quanto mas gloriosa es , Pasto­
res , amigos , esta nueva disputa que la
precedente ! ¡ Quanto gusto dais a toda
Ja asamblea con esta competencia en lan­
ce de generosidad! Mas , Fileno , si es­
ta res se os debe > no dudéis impedir un
afto de justicia , que es , y debe ser
siempre la basa de la paz, y de la ar­
monía entre todos los hombres : y si
vuestro ánimo bizarro no disputa por el
valor de la pieza , que pedis, sino so­
lo por la verdad del derecho que teneis
a ella 5 despues que este quede satisfecho
con
218 EL HOMBRE FELIZ.
con la aceptación de lo que os pertene­
ce , ninguno pondrá límites á vuestra na­
tural generosidad. Tendreis mil modos
para manifestarla en los lances á que ella
os incitaré. Esto es lo que yo haría ú
estuviese en vuestro lugar ; mas no es
querer precisaros á tomar el consejo de
un Pastor extrangero ; pero tengo dere­
cho a pediros , y pedir con instancia en
nombre de mi Mayoral Polibio , a nom­
bre de toda esta asamblea, y no me atre­
vo á decir, que en el m ió, concedáis
a la justicia lo que ella pide , á la paz
lo que ella solicita , y í vuestro cora-
son amante de una, y otra lo que él desea,
y estopara eterno destierro de la discordia,
que tantos tiempos ha perturbaba , y en­
tristecía este delicioso Reyno de la Paz.
45 Cede Fileno , se da por enten­
dido , acepta el carnero y abrazandose
mutuamente los dos competidores , am­
bos lo fueron de toda la asamblea. R e ­
tiróse Fileno con el trofeo de su vid o-
ria , y entretanto que los Zagales , y
Pastoras danzaban, y decían mil alaban­
zas á la Diosa de la Paz , hizo prepa­
rar los dos mas gruesos carneros de sus
nu-
LIBRO V, zip
numerosos rebaños, y adornados de mil
flores > acompañados de todos sus cria­
dos , y Serranas , al son de flautas , y
otros instrumentos pastoriles > entró en
el concurso para ofrecerlos á Adriano,
Este nuevo lance colmó de alegría toda
la asamblea , y Zefia con su hermana
Iría , comenzó á cantar á competencia en
estilo pastoril cinco canciones > que yo
conservé en la memoria , y repito mu­
chas veces , porque me sirven de gran
do¿trina. Si gastáis , os las diré. Lo que
la Princesa pidió con empeño a y Miseno
las repitió desde luego.

I?
'Esta paz, no tiene precio,
Vale mas que p l a t a , y oro;
De quanto el mundo hace aprecio^
Sin la paz , , todo es vileza',
La carestía , y pobre&a,
Teniendo paz, %es tesoro *

II*
La envidia , y discordia fiera ,
Que en esta tierra habitaban ,
La han dexado * y a están fu er ai
A
«o EL HOMBRE FELIZ,
A los abismos baxaron^
T a todos horrorizaron
Con los bramidos que daban*

III?
Aquesta de la Paz, Diosa
Con modo que nos encanta
JLxecuta toda cosa .
I ? j las nubes ha nacido,
Del C ielo , y de Dios ha sido
Producida fu e rz a ta m a .

IV ?
Vive afligido el Monarca^
Si de la paz, el semblante
Se le esconde ; y de la parca
Temiendo el golpe , desprecia
Honra >y riq u e z a , y no aprecia
Cetro , y Corona brillante •

V?
Careta alegre el pobruillo
Siempre que la ptz> le espera
Con dulce rostro , sencillo:
La envidia no le enflaquece^
X goz>a quanto apetece,
TeniendQ paz, verdadera .
LIBRO V. 221
Razón teneis > dixo Sofía , porque
quien quiera reflexionar , cada clausu­
la le dará mucha materia. Allí se ve
verificado vuestro sistema , de que la
mayor parte de los bienes , y males
del mundo andan con los nombres tro­
cados. Cediendo Adriano 5 quedo ven­
cedor , y Fileno con apariencia de triun­
fo quedó verdaderamente vencido. jQuán-
tos se arruinan en todos los estados
por querer triunfar con tema al mis­
mo tiempo que cediendo oportunamen­
te alcanzarían muy gloriosas viftorias?
Mas estoy con impacencia por saber
cómo ese amor de la paz os fue cau­
sa de venir k perderla.
46 Despues de este día , continuó
Miseno , me llamaban todos el Padre
de la Paz ; y como ignoraban mi nom­
bre , y mi nacimiento , solo me co­
nocían por el Pastor extrdngero. Bus­
cábanme de todos aquellos contornos,
y aun de los mas remotos para com­
poner sus discordias , siendo yo el orá­
culo de los montes , y de los cam­
pos, Mis elogios hacian eco en los va­
lles , y de monte en monte 3 de sier­
ra
222 EL HOMBRE FELIZ.
ra en sierra llego mi fama á los qué
por todas partes hadan las mas efica­
ces diligencias para descubrirme. Esta­
ba yo tan distante de lo que pasaba
en Constantinopla , que ni memoria te­
nia de lo que se habia tratado en Za­
ra, Quando hé aquí , que en el mas
profundo silencio de la noche me veo
preso , y arrebatado , qual ave ino­
cente , y descuidada , que se siente
llevar por los ay res entre las uñas del
gavilan , ó del milano. Béndanme Jos
ojos, atanme los pies , y manos ; cuerdas,
cadenas, esposas, todo viene á un tiem­
po, En fin , parto, y no sé adonde voy, ni
adonde me llevan. Paredame volar por la
región del otro mundo, pues mis sen­
tidos nada percibian de lo que pasaba
en este , de suerte , que ni oía ha­
blar , porque , un total silencio enmu­
deció á los que me conducían , hasta
que en fin me encuentro en una maz­
morra en compañía del infeliz Isac
Angelo.
47 ¡ Ah ! que vos sois tan infeliz
como él , exclamó el Conde , ¿ y aun
insistís , Señor , en decir que por los
tra-
LIBRO V* 223
trabajos hallasteis vuestra felicidad ? No
me conduzcáis , os ruego , por Un es­
cabroso camino , porque vuestra natu­
raleza es sin duda m uy diferente de
la mia , ó vuestra alma fue form ada
en molde particular , que D ios ideó
para vos ; cuyo molde quebró luego el
Omnipotente > para que no sirviese á la
form ación de otra,
48 No es mi alma formada en mol­
de particular , es de Ja misma especie
que la vuestra ; y ya os dixe > que re­
conozco en vos los mismos pensamien­
tos t y las mismas pasiones que yo te­
nia en vuestra edad. La divina Filoso­
fía me formó no todo de una vez fun­
diéndome en molde preparado , sino po­
co a poco como estatua de piedra i
fuerza de escoplo , y cincel ; y cada
golpe que yo me daba , ayudado con Iá
soberana mano » que me corregía , era
un defedo , que me quitaba , ó una
nueva perfección , que adquiría. En la
cabeza , y en el pecho fue donde re­
cibí los mayores golpes : los primeros
para corregirme el entendimiento, y los
otros para corregir el corazon , y la vo-
lun-
224 EL HOMBRE FELIZ,
íuntad. Mas una vez que yo conocí Jás
cosas de modo diferente que el común
de los hombres , Juego que vi Jos bie­
nes en donde los domas solo veian ma­
les , y descubrí gran mal en Jo que se
reputaba puro bien ; entonces el ímpetu
de la naturaleza , que nos hace correr
tras el bien , conduxo mis pasos al reves
del común de los hombres*
49 Para adquirir esta luz > que me
hacia ver que en los bienes > y en Jos
males andan frcqíientemente los nombres
encontrados , ya veis hijo mió , que
no bastaban los golpes ligeros, que ca­
da uno se da con miedo á sí mismo. Ver­
dad es y que los discursos fríos , que yo
hacia en los montes apoyado sobre mi
cayado , me dispusieron mucho para es­
ta mudanza de entendimiento ; toas los
golpes de la experiencia fueron los que
me enseñaron del todo. Ninguno puede
conocer el valor de una alhaja sin tomar­
la en la mano , sin examinarla de cerca»
y calcular su peso* Así me fue preciso
experimentar en mí propio todos los tra­
bajos de Ja vida ( y aun creo que me
faltan muchos, que tal vez irán vinien­
do
LIBRO V, 22*
do á su tiempo ) para aprender está cien­
cia admirable,
50 Nosotros somos felices (dixo la
Princesa al Conde) 3 que nos aprovecha­
mos de vuestras luces , y sin trabajo po­
demos gozar de vuesta felicidad. Decid­
nos , pues j ahora lo que ken esa prisión
pasasteis.
zz6 EL HOMBRE FELIZ.

LIBRO V I,

O sabré describir, amigos, pro


N' gue Miseno, el horror de aquella
cárcel. La obscura noche era allí nuestra
inseparable compañera- Contábanlos las ho­
ras , pero confundíamos ios tiempos, pu-
diendo decir con un Poeta moderno ;

Medid noche contaba , y medio di¿


Distinguir estos tiempos m sabía.

De forma que Isac Angelo sin o jo s, y


yo con ellos éramos igualmente ciegos*
Quando desde el techo nos baxaba con
la comida una pálida, y melancólica luz,
mas servia de tormento , que de con­
suelo , porque con ella veía los indeci­
bles espantos de aquella sepultura de vi­
vos* El ruido de las aguas, que batían sin
cesar en las murallas de !a fortaleza don­
de estábamos encarcelados, nos aturdía de
de manera , que á mas de ciegos , está­
bamos casi sordos.
El
LIBRO VI, 327
2 E l primer día que estuve solo , roe
sentí asaltado de una vehemente melan­
colía* Como aquel que pasa repentina­
mente del calor del sol á los estanques
de nieve, y y e Jo , que se siente todo
penetrado de frío , así se sintió mi al­
ma. Mis pasiones , que no estaban muer­
tas , sino adormecidas, despiertas con es­
te nuevo estímulo, se amotinaron. Ad*
vertí mi entendimiento confuso : el alma
fuera de s í , y en términos de verme'
casi precipitado ; porque en el dilatado
descanso, en que yo habia vivido , 110
tuve cuidado de Jas riendas , que la ra­
zón debe tener siempre tirantes para do­
mar las pasiones. Mas en esta confusion
me pasó por Jos ojos del alma como un
relámpago , y , ó fuese que ya dormía
verdaderamente, ó que velaba en rea­
lidad, yo vi el mar dilatado , y en me­
dio de las olas un cóncavo peñasco , don­
de estaba como enterrado cierto Prínci­
pe ; mas de tal modo estaba allí meti­
do , que solo podia ver lo que pasaba
enfrente- Observé también , que por de­
lante de esta Isla iba una carroza ma­
rítima j bella , pomposa 7 y triunfante,
R 3 la
«8 EL HOMBRE FELIZ,
la que veía yo venir á Jo lejos rodando
sobre las aguas , y tirada por una lar­
ga, y succestva serie de monstruos mi*
rinos de todas figuras y y formas* Unos
como peces , ya de escamas de plata,
ya de finísimo oro : otros de un car­
mín vivísimo como las langostas: otros
de ay re feroz , y figura horrible. T o ­
dos tiraban unos de otros , y al fin ve­
nia el brillante carro* E l Príncipe no
veía sino lo que le pasaba por delante , y
cada vez que descubría algún disforme
monstruo 3 le disparaba de su arco ve­
nenosas saetas. Vio , en fin , uno mas
horrible que los otros , y esforzandose
para herirlo mas de cerca, salió fuera de
la concavidad , é iba ya h. atravesarlo
con una lanza , quando oyó una voz,
que le dixo : No h iera s , que te pierdes *
Suspendió el golpe , y vio el carro , que
venia ya cerca , el qual luego que lle­
gó á la peña fue llevado como en triun­
fo. Lo mismo fue ver esto, que des­
aparecérseme todo. Me entregué al noc­
turno descánso , y al dia siguiente la
curiosidad me obligó i reflexionar en k
representación pasada,
Iba
LIBRO VI, 229
3 Iba á hacerlo * quando veo que
me abren una puerta, , que correspondía,
i Ja pieza donde estaba el Emperador*
permitiéndonos desde entonces , que nos
comunicásemos* Alegróse con mi infeli­
cidad , y yo me compadecí de la suya.
A lo menos, decía é l, tengo compañía
en los males , consuelo en .■vuestras pa­
labras , y alivio en mí horrorosa sole­
dad. No quisiera tener complacencia d t
vuestros trabajos , mas la tengo i pesar
de los sentimientos de la humanidad y
mucha pena de que mi coraron se ale**
gre con elíos. Y vos , Caballero , quien
quiera que seáis > perdonadme está con*
tradiccion de afeftos,
4 Era muy natural ( interrumpió la
Princesa) toda esa aparente contradic­
ción. La compañía en los trabajos causa
siempre consuelo , y también dolor en
las almas , que tienen el corazon sensi­
ble. Mas vamos á ver cómo pudisteis re­
sistir á la melancolía.
5 Este encuentro (dixo Miseno) con
otro mas infeliz que yo , me distraxo
al principio , y luego vino la Filosofía
en mi socorro. Respondí al Emperador
R 3 po-
2 JO EL HOMBRE FELIZ.
políticamente , que mis males me serían
sua-ves , $i lograse la satisfacción de po­
der con ellos aliviar los suyos ; porque
en realidad * Señora , os aseguro 5 que
nada puede hacer un mortal , que le de-
, xe mas gustoso , y que mas lo aseme­
je i la Divinidad , que hacer feliz á un
desgraciado , ó & lo menos disminuir su
infelicidad* E l hacer parar la rápida , é
inconstante rueda de la fortuna, quan-
de corre furiosamente : arrancar de los
abismos de la tristeza al miserable caido*
para levantarlo a la suave y deliciosa re-
'gion de la tranquilidad , . son acciones,
-que llenan un cora2on noble del placer
el mas puro > y delicioso , que pode-
xios gozar en esta vida. Asi respondí á
Jsác Angelo ; y en el modo con que
le hablé conoció que mi corazon era sin­
cero., y que no eran mis palabras nacidas
de. un fingimiento; estéril.
- 6 No es tan agradable la fresca fuen­
te al enfermo que arde en fiebre , y
que á escondidas se va arrastrando has­
ta poder beber de ella > como lo fueron
á Isac Angelo mis palabras. Aquel co­
razon herido s no pudiendo desahogarse,
LIBRO VI. 231
ni aun por una sentida queja , estaba
como entumecido , y ahora comenzan­
do á desangrarse , ya por las palabras,
ya por las lágrimas , sentía notable
alivio.
7 Así fue en los primeros días; mas
despues vino á ser veneno lo que habia
sido triaca , y á fuerza de ponderar sus
males se fue agravando la herida de su
co razón de tal suerte , que enfurecido
contra el hermano blasfemaba contra él,
contra la tierra, y aun contra el Cielo,
L ia su ira un torrente impetuoso, que
no pudiendo reprimirla de ningún modo,
todo lo arrebataba. La cólera , la rabia,'
la venganza degeneraban en desesperación,
y esta en frenesí, y delirio.
8 Os confieso que el mal ageno me;
sirvió de gran remedio , conociendo en­
tonces quanto importaba mantener siem­
pre tirante la rienda , y no dexar to*
mar vuelo á las pasiones , aun á las mas
justas , porque es muy difícil pararlas
en medio de la carrera, si una vez lle­
gan á romper el freno* Advertía yo en
el Emperador , que tenia mas ciega el
alma* que el cuerpo , pues no veía quán1
R4 me-
232 EL HOMBRE FELIZ.
merecido tenia quanto sufría en casti­
go de su crímenes , y tiranías execu-
tadas contra Andrónico* ¡ Ah ( me de­
cía y o ) y quán difícil es conocerse uno
á sí mismo ! Por este modo Ja gran ce-
güera de Isac me abrió infinito los ojos.
Reflexione también en mi sueño , ó vi­
sión del carro, y encendí esta máxima im­
portante , que todos los sucesos de lá vi­
da son una cadena , que nos va llevando
a nuestra felicidad. Desgraciado de aquel
que rompe la cadena.
9 A veces también , dice el Conde,
nos tira i nuestra infelicidad* No con­
vendré con vos ( acudió Miseno ) si de­
bamos el gobierno de nuestra suerte , í
quien nos formó para ser felices» Ya dis­
putamos, amigo , este punto , y así de­
bemos estar persuadidos , que quando
i>o cortamos , ó interrumpimos la serie
de los sucesos de la vida , dispuestos en
la mente suprema , siempre el fin ha de
ser dichoso , porque todo lo que la Bon­
dad suma dispone solo por sí se encamina
al bien*
10 Con esta doftrina , que .comuni­
qué al Emperador despues que le conté
«1
LIBRO VL z$y
el sueno , que en la noche precedente
habia tenido > se dulficó notablemente
su cólera , y mitigó su furor. No pen-
seis , Señor (le decia y o ) que nuestra
vida es un montón de sucesos 3 que ca­
yendo tumultuariamente unos sobre otros,
llenan el vacío, que se halla entre nues­
tra cuna , y la sepultura. Así habia de
ser , si el hado , o acaso fuesen los au­
tores del Universo; pero es mas subli­
me la idea que tenemos de la obra , y
de su artífice, pues viene í ser la vida
del hombre una serie bien ordenada de
acontecimientos , los quales unos están
enlazados con otros 3 de forma , que si
violentamente queremos arrancar uno so­
lo de ellos, todo se descompone , todo
se destruye. Mientras esta serie va pa­
sando y somos nosotros como el Prínci­
pe en la concavidad del peñasco , sola­
mente vemos lo presente , ignoramos lo
que se ha de seguir despues. Todo parí
nosotros está encerrado en la sala obscu­
ra de lo futuro , de donde poco á po­
co , y uno á uno van saliendo todos los
sucesos. Ahora pues , no sabiendo noso­
tros lo que se ha de seguir á esta nues­
tra
EL HOMBRE FELIZ.
tra prisión, no podemos juzgar , si nos
tratra ella un m a l, ó nos conducirá í
un bien verdadero. ¿ Quántas veces nos
hemos engañado con lo que nos pare­
cía un gran bien , y despues vimos > que
no era sino una puerta grande para el
mal ? Años pasados estabais sobre el tro­
no gobernando los Pueblos, y yo mon­
tado en un brioso caballo mandando en
Xefe casi todos los vasallos de mi So­
berano, ¿ Quien no nos juzgaría entonces
por felices ? Mas estaban ocultos los su­
cesos y que con estas honras venían en­
cadenados. Ahora podremos tener otro
engaño feliz, g Quién sabe lo que nos
está determinado en el libro del destino,
y si estos sucesos monstruosos vendrán ti­
rando del carro de vuestra felicidad , y
de la mia ?
ii Así como la tierra seca recibe
gustosa la lluvia suave, que entrando poco
á poco por las aberturas, va regando sus
áridas entrafias ; no de otra suerte reci­
bía el Emperador afligido mi consola-
cion. Su voz se ablandaba , su juicio se
abría , y entrabamos en un discurso se­
guido. Viendo yo que estas razones le
ablan-
L ib r o VL 2 35
ablandaban , continué con la comparación
siguiente :
12 En una máquina de gran com-
posicion > y artificio, aquel que viendo
una pieza sola quisiese criticarla , publi­
caría sin querer su poco juicio ; pues sin
ver Jas demás piezas con que juega , sin
conocer á qué fin se destinaba , no pue­
de descubrir el menor defe&o. Tal vez
Ja que Je parece mas fea , mas irregu­
la r , y mas imperfe&a , será las mas in­
geniosa. Convenia en esto Isac; y quan­
do yo hacia Ja aplicación á diversos acon­
tecimientos de Ja vida , no podía negar,
que era gran temeridad dar nombre de
mal á todo suceso , que nos es desagra­
dable , como igualmente el de bien a Jo
que lisonjea nuestros deseos^ Luego es
preciso (concluya yo ) verlo todo , y sa­
ber el por que , y el para qué de quaí-
quier suceso para poderlo llamar, ó un bien,
ó un mal* Si el conductor de nuestra vi­
da , quiero decir , Ja razón suprema , y
eterna se dignase explicarnos los moti­
vos , y Jos fines del acontecimiento mas
desagradable , nos daría tales , y tantas
razones, que veríamos en él tan perfee-
2Ví EL h o m b r e f e l iz *
ta armonía , y proporción con nuestros
principales intereses , que aturdidos > y
confusos, con los labios cerrados , y la
cabeza baxa confesaríamos en el cora-
ion > que todo era admirable y todo per-
ferísimo , y que solo un entendimiento
divino podía disponer las cosas por mo­
do tan excelente, Dexemos pues * Señor,
que la Providencia obre respedo á noso­
tros según su entender , que seguramen­
te lo entiende mejor* Adoremos sus con­
sejos > y esperemos el fin ; porque fin
dispuesto por un entendim iento el mas
prudente 5 y por un corazon el mas justo,
y de mayor bondad, no puede dexar de
ser bueno.
15 No estaba el Emperador acos­
tumbrado á Ja frase sincera , y libre con
que yo le hablaba. E l tono dulce de
adulación , con que siempre se habla í
los Príncipes, le habia corrompido el co-
razón , y el entendimiento , y me confe­
só , que esta era la primera vez que oía
en toda su vida el tono de la verdad*
Y o que le vi dispuesto , aproveché la
ocasion para hacerle conocer las llagas
de su alma , y que estimase el caute­
rio,
LIBRO VI 237
rio , coft que la Providencia queria cu­
rarle. Mas como siempre cuesta mucho
descubrir una llaga envejecida, y despegar
las beodas que la ocultan procure que en
mis defeftos conociese los suyos, y en mí
remedio viese la utilidad de los que la Pro*
videncia le ofrecía.
14 Una larga experiencia ( le dixe )
me ha hecho , Señor, mirar los traba­
jos , de la vida con ojos muy diferentes
de los del vulgo* Los trabajos son el mas
eficaz remedio , que me ha templado Ja
fiebre de mis pasiones, y corregido el
frenesí de mis locuras, Quando la rue­
da de la fortuna me lisonjeaba eleván­
dome al mas alto agrado , fui débil , li­
gero , y loco. Mis discursos no tenian
peso , ni mis palabras prudencia , ni rec­
titud mis obras. Mi entendimiento ciego
se abrazaba estrechamente con el abomi­
nable monstruo del error , y la menti­
ra , creyendo que era la verdad , única
esposa , á quien mi corazon adoraba,
porque me la escondía una infinita chus­
ma de aduladores , introduciéndome en
su lugar una concubina corrompida pa­
ra el íógro de sus intereses, Despues de
es-
2}3 EL HOMBRE FELIZ*
estos engaños , por los quales los lison*
jeros pedían los premiase > y recompen­
sase 3 mí corazon criado para seguir el
verdadero bien 3 no corría ya sino tras
el mal verdadero. Así pasaba mi vida
suspirando por la alegría , sin poderla
alcanzar. La lisonja era mi confidente,
la mentira mí consejero , el desorden mí
regla , y solo del crimen hacia vanidad.
De aquí se seguía * que ingrato á la luz
de la razón la despreciaba * é insensible
á los afeólos de la humanidad los repri­
mía. Hombre en la figura , pero bruto
en las obras , no hacia caso de Ja vir­
tud y y so)o las pasiones eran mi guia.
Infiel á mi palabra fácilmente la negaba;
perjuro í mi Religión , quebrantaba sus
sagrados fueros. Mi voluntad era mi úni­
ca ley , mi ambición regla de mi justi­
cia , y mi apetito todo mi Dios, Así vi­
vía , Señor , antes que me viese en los
trabajos ; mas despues de ellos estoy en­
teramente mudada. ¿Juzgad hora , sí los
debo reputar por un mal , ó al contra­
rio por un gran bíen > y bien verda­
dero?
15 Recibía el Emperador esta doc-
tri-
LIERO VI. 239
triná con admiración , y espanto. Veía­
se en el retrato , que yo le ponia de­
lante los ojos , y la fuerza de la ra­
zón le convencía ; mas la novedad lo
pasmaba. Su alma ya mas cerca del equi­
librio , que decía tener para pesar los
bienes, y los males de la vida , balan­
ceaba , ya acia un lado , ya acia otro;
y en fin , me respondió que 110 dudaba
que los trabajos fuesen un bien para los
que sabían sacar de ellos utilidad ; pe­
ro que para él , que no habia apren­
dido la nueva Filosofía , eran un mal
desesperado, La misma medicina , ( me
decía ) que causando su efe¿to saca í
unos de la sepultura , í otros los lleva
á ella , si no obra como se desea. Por
esta razón , siendo nosotros enfermos del
mismo m al, vos sanasteis con el caute­
rio , mas yo no he conseguido otro efec­
to que quemarme, y consumirme. Si yo
supiese sacar utilidad de los trabajos de
la vida , ninguno de los mortales sería
mas venturoso 5 porque estoy persuadi­
do que desde la región de la Aurora
hasta las columnas de Hércules , ninguno
ha sido mas atribulado.
Co'
EL HOMBRE FELIZ.
1 6 Conozco que lo tengo merecido,
y que la suprema inteligencia en la jus­
ta balanza de su ¡neflexíble equidad ha
puesto de una parte tantos castigos, quan-
tas enormidades he puesto yo de la otra.
Veo que la sangre de Andrónico clama
contra m í, y que su alma desde los in^
fiemos grita pidiendo venganza. Confie­
so que soy el horror de los Cielos , y
de la tierra , y que hasta los abismos
me detestan. Ahora veo que todas las
criaturas están armadas contra mí para
vengar al Omnipotente , á quien ultra­
jé, Veo que el Todopoderoso lleno de
colera dispara contra mí todas las saetas
de su indignación 3 y hace que el tro­
no de Constantinopla , que fue el atrac­
tivo de mi ambición , sea ahora mi ca­
dahalso. Asi no tengo que esperar re­
medio , ni apariencia de consuelo , por­
que nada puede resistir al Omnipotente*
Nací para ser infeliz , y no podré de­
tener la incontrastable rueda de mi desti­
no, Así concluía el infeliz Isac Ange­
lo sus discursos , que degeneraban en
desesperación.
17 Como un* ave herida, que no
. . pue-
LIBRO VI. 241
puede sostener el vuelo por mucho tiem**
po sin volver á caer en tierra , de don­
de con mucho trabajo se habia levanta­
do, así era el Emperador. Su corazon
herido , y desangrado apenas podía sus­
tentar Jos esfuerzos que hacia para le­
vantarse del lánguido estado, en que se
hallaba.
18 No hay violencia que dure , re­
plicó Sofía, La naturaleza siempre recla­
ma sus derechos. La tristeza hecha una
vez señora del corazon , vuelve á ganar
fácilmente el terreno de donde Ja habían
arrojado. ¿Mas cómo os hubisteis con el
en ese estado ?
19 D i tiempo al tiempo , y en el
día inmediato le propuse con disfraz Ja
comparación siguiente, que llevaba
condido algnn remedio para su mal. E l
deudor rebelde, i quien embargan los
bienes, y ponen en prisión , repugna,
detiene , trapacea , y hace todo quanto
puede por iludir la sentencia , 6 negar
la deuda ; pero los años pasan , las r.en^-
tas se cobran, los bienes se venden, que
dan satisfechos Jos créditos , y el deu­
dor absuelto. Del mismo diétamen fue
Tonu L $ Jsac
* 42 EL HOMBRE FELIZ.
Isac Angelo ; y continué diciendo: E l hi­
jo travieso , á quien la madre prudente
castiga, se defiende, resiste, clam a,quie­
re escaparse , pernea , implora con rabia
el socorro; mas nada le libra del azo­
te ; y acabada la corrección , queda el
delito castigado , y perdonado el hijo.
¿Convenís también en esto ? Adhirió el
Emperador , y me preguntó : j á qué
fin se encaminaba mi discurso?
2o A consolaros en vuestra aflicción,
como yo me consuelo en las mias, Dios
no castiga con pasión , ni con rabia,
porque no conoce el ímpetu ciego de la
cólera, como los hombres. Solamente la
razón suprema es quien le hace levan­
tar el brazo al castigo , y la misma eter­
na ra2on Je hace cesí?r de él. Que to­
do el mundo se vuelva , y revuelva en
peso, que se confundan los Cielos con
los abismos , los mares con Jas estrellas,
las noches con Jos dias, y todo se re­
duzca á su primitivo caos, nada impor­
ta : quien obró mal ha de ser castiga­
d o ; mas una vez castigado el delito, no
dará Dios nueva pena , ni de una deuda
sola pedirá su suma re&ítud dos pagas.
Así
LIBRO VL 243
Así pues , si somos castigados una vez>
sea por nuestra voluntad , ó contra ella,
las deudas contraídas j en todo , ó i lo
menos en parte quedarán pagadas. Cojn-
fieso que el remedio voluntario es de
gran m érito; pero el qUe se pierde por
la repugnancia no es satisfacción del de­
lito de que hablamos. V ed , Señor a que
siempre los trabajos de la vida encierran
un gran bien que despreciamos y porque
necesariamente disminuyen Ja deuda , cu*
ya paga es del todo indispensable, y
ved aquí á que se encaminaban las dos
comparaciones que os propuse. Quedó
tan suspenso Isac Angelo > que ni po­
día responder , ni se atrevia í confor­
marse conmigo,
21 En verdad , dice el Conde , que
es demasiada Filosofía para un encarce­
lado. Un afligido no está para hacer dis­
cursos delicados, ¿Y un afligido ( repli­
có Miseno ) está obligado í no tener
juicio, ó á no servirse de é l, si le tier
ne? ¿En qué materia , pues > puede uno
emplear con mas razón todas las deli­
cadezas del entendimiento que en dismi­
nuir sus males ? Ojiando sufrimos en al*
S 2 gun
244 EL HOMBRE FELIZ.
£un miembro del cuerpo, todos los de­
más se esfuerzan á aliviarlo como pue*
den. i Por qué , pues > no haremos otro
tanto en los tormentos del alma ? Si mil
discursos nos afligen en una cárcel , ¿no
es justo que otros discursos nos consue­
len en ella ? Isac hacia trabajar su en­
tendimiento para afligirse , y y o le ha­
cia trabajar para convertir en alegría to­
da su natural .aflicción.
22 Eso ahora ( decía la Princesa)
es mucho mas que disminuir el tormen­
to, Creo que con dificultad reduciríais í
Isac Angelo á pasar alegre un solo ins­
tante mientras vivió preso , y si lo lo­
grasteis j podéis gloriaros mas de esa
victoria , que de los triunfos que alcan­
zasteis en Bohemia , - y en Rusia , por­
que jamás rindió vuestro brazo enemigo
tan poderoso.
23 Llegué í conseguir , que el Em­
perador pasase algunos raeos en una se-*
renidad para él extraña , que compara­
da con la precedente desesperación, la po­
demos 1Umar gozo, y alegría. Mas no
me desvanezco de la vi&oria , porque
en estas ocasiones no es el hombre quien
triun-
LIBRO IV. 245
triunfa, sino la verdad , y el vencedor
solo tiene el mérito de conducirla el
carro para que ella se dexe ver de sus
enemigos ; pues es tal su belleza , que
descubrirse claramente es deslumbrar­
los , arrojarlos por tierra , y rendirlos,
y esto es Jo que yo hice con Isac Angelo*
2 4 Un dia en que le hallé muy des­
animado , y afligido , fingí, que yo tam­
bién estaba desconsolado por verme pre­
so sin saber Ja causa , y por consiguien­
te sin el consuelo de esperar el térmi­
no de aquella lenta muerte. Rompí en
algunos suspiros, y advertí que esta con­
formidad de afeítos le era sumamente
agradable. En cierto modo (decia) os ha-»
lio mas infeliz que yo > porque yo pago
las deudas de mis crímenes, y vos padeceís
inocente. Y o solo padezco los tormentos;
vos padeceis los tormentos, y la injusticia,
que afligen mucho mas que ellos. Así me
decia él; pero quando Isac me consideraba
muy desalentado , hice yo una reflexión
con que me condenaba á mí mismo , di-
ciéndome con valor de este modo:
25 ¿Mas qué es lo que hago ? ¿Pa­
ra qué me dexo vencer de los hados,
S j si
*4 * EL h o m b r e f e l iz .
si un héroe puede triunfar siempre áe
ellos? Animo , M iseno, vuélvase contra
tí con quanta furia quisiere , la terrible
rueda de la desgracia : conjúrense todos
los hombres : llegue la conjuración has­
ta los abismos ; que en el Ser Supremo,
que todo Jo gobierna * y que es supe­
rior á todo , puedes encontrar consuelo
que te compense , y te haga sólidamen­
te feliz.
2 6 Aquí quedó suspenso el Empe­
rador , y yo que habia cobrado fuego,
proseguí sin detenerme diciendo : Solo
de D ios, y de mí pende el ser verda­
deramente dichoso ; porque si en esta
infernal cárcel obrare bien , y me por­
tare de suerte , que agrade al Goberna­
dor del Universo , es imposible que no
sea venturoso , y digno de grande emu­
lación. Todo consiste en agradarle de
modo qüe guste de m í; y para esto no
dependo de otro que de D io s, y de mí
mismo. Ved si me engaño.
27 La Suprema inteligencia , que to­
do lo ve como es en la realidad , por
una esencial re&itud debe aprobar todo
lo que es bueno , y detestar todo lo
ma-
LIBRO VI. 247
ínalo: Dios no obra por capricho , co­
mo acostumbran los poderosos, que mu­
chas veces gustan de un confidente sin
saber por qué , ó toman aversión á otro,
sin culpa alguna. Dios no puede obrar
sino con razón , porque es la suma rec­
titud* Soy del mismo parecer > respon­
dió el Emperador , y continué : ¿ que
cosa mas justa , y laudable que confor-
formarse un hombre perseguido sin causa,
rendirse enteramente í los decretos su­
premos , y sin averiguar los motivos,
ni hacer discursos , ofrecer las manos,
doblar las rodillas , inclinar la cabeza,
y decir & D io s: Obrad , Señor , como fue­
re mas de vuestro agrado , que yo ¿ ro-
¿0 estoy dispuesto! Es imposible que Dios
no me estime, que no me ame , y que
no me bendiga, Y siendo eso así * no
haré caso de todas las criaturas; y y*
que Dios me ilustra con esta reflexión
de su gracia , y me ayuda con su au­
xilio * quiero hacerlo ; y así os protes­
to sinceramente que á todo estoy pre­
parado : venga ío que viniere 5 prisión,
tormentos , y muerte , todo es nada,
solo por agradar al Supremo Juez* Que
S4 el
* 48 EL HOMBRE FELIZ.
el Omnipotente para probarme me es­
coja por blanco de sus fulminantes sae­
tas : que conmoviendo Jas columnas del
Firmamento , haga caer sobre mí de gol­
pe Jas bóvedas celestes ; ó que faltándo­
me de repente el suelo , me vea ir ro­
dando por todos los despeñaderos hasta
los abismos infernales 3 allí mismo redu­
cido á cenizas veneraré sus consejos*
y mientras fuere cayendo * será mi úni­
ca palabra : Que Dios es justo i y que sus
acciones son la norma de toda equidad.
28 Confieso (dice Isac Angelo) que
Dios no podrá impedir á su entendimien­
to que os bendiga , ni í su corazon que
os ame > ni í su mano generosa que tar­
de, ó temprano os haga venturoso; y
*tin guando su brazo airado estuviese le­
vantado para daros el ultimo castigo, ten­
go por cierto que oyendo las voces ren­
didas de vuestra alma , quedaría desar­
mado 4 y os abrazaría tiernamente con
cariño* ¡ Ah Miseno ! Feliz el que pue­
de hacer lo que hacéis vos, porque obran­
do con ese generoso rendimiento , ó Dios
ha de ser injusto * ó el hombre ha de
ser dichoso ; pues quando Dios ama,
LIBRO VI. ¿45,
ninguno le puede atar Jas manos parí
que no derrame sobre su amigo seña­
les de su benevolencia. Pero soy infeliz, y
desgraciado, porque no puedo hacer lo
que vos hacéis, y solo tengo en el co­
razon repugnancia 3 amargura y deses­
peración*
29 Con todo yo ví que desde ese
dia la luz de la razón se le aclaraba po­
co á poco. Su corazon se dilataba , y
tomaba , aunque con dificultad , algu­
nos suaves movimientos ; .de modo que
un dia me llegó í decir : ¡ ay amigo!
ahora conozco que los consejos de Diosy
respecto de mí son justos , aunque rigo-
rososk Tal Vez algún dia podrán ser fa­
vorables: j mas quán fría es esta mi es­
peranza ! Con todo yo le animaba quan­
to podia , y el do su parte no hallaba
expresiones con que agradecerme el bien
que le habia causado con mis consejos.
Si algnn dia (m e aseguraba él apretán­
dome la mano) si algún dia llego á sa­
lir de esta mazmorra á mi trono ¡ ah>
que vos seréis quien en el ha de rev-
nar ; porque mi voluntad no conocerá
otro norte , ni mí juicio otro gobierno!
¡Mas
2 jo EL HOMBRE FELIZ*
¡Mas qué locos son los sueños de un
infeliz , que no tiene otro alivio que su
imaginación engañosa!
30 En esto nos entreteníamos quan­
do un dia , en que estábamos bien des­
cuidados ; oímos' una extraña revolución
en toda la Ciudad. Las centinelas ? que
nos guardaban , desampararon la puerta
de la cárcel > porque todos clamaban:
// arma y d arma. No podíamos atina*
con el motivo de semejante novedad,
porque yo casi habia perdido la menu>
ría de Jo que pasó en Dalmaciá. Cre­
cía mas á cada momento el alboroto,
porque de las torres de Constantínopla
se avistaba que la Armada habia embo­
cado en los Dardaneles, y una centi­
nela , que volvió i su puesto , nos no­
tició que era el Príncipe Alexo acom­
pañado de una formidable esquadra , que
venia sobre Constantinopla. Entonces con­
té al Emperador lo que me había pasado
cow A lexo en Silesia , con el Dux , y
Caballeros Franceses en Zara , dándole
el parabién de la esperanza , que tenía
de su libertad , y quedó como fuera de
sí de gozo y y contento.
Ya
LIBRO VI. 2 ji
51 Ya se oyen por toda la Ciudad
los tambores , que tocaban á rebato, ya
suenan las trompetas , los clarines * y
timbales. La Caballería marcha í galo­
pe desempedrando las calles , la Infan­
tería corréalas murallas. En la Ciudad
huye el Pueblo espantado ; unos tro­
piezan con otros, corriendo : todos sin
orden. No se oyen sino gritos de la ple­
be , alaridos de mugeres, y lagrimas de
niños. Cada uno cierra su puerta de
golpe , pasa el cerrojo por dentro 5 na­
die se da por seguro , nadie sabe qué
hacerse : Inem igos, enemigos, esto es lo
que decían unos , y lo que respondían
otros. En los principales de la Corte es­
taban encontrados los afe£tos. Unos lle­
nos de temor , y otros de alborozo , se­
gún estaban contentos , ó disgustados
dela&ual gobierno.
32 Isac Angelo impaciente pide, rue­
ga , insta , y promete gratificación á un*
sola centinela , que nos habia quedado,
para que nos dexe subir á lo mas alto
de la fortaleza , en que estábamos, pues
las últimas puertas de hierro eran bas­
tantes para responder de nuestras perso­
nas.
252 EL HOMBRE FELIZ.
ñas. Añadió a las promesas, dádivas cicr*
ta s, y esa llave de oro principalmente,
y despues las de hierro nos abrieron Jas
puerras 3 y subimos ambos í lo mas a l­
to acompañados de la centinela*
33 Ya se venian acercando las gale­
ras ; y las filas de los remos batiendo las
oks á compás acelerado , me parecían,
las alas de las aves quando vuelan li­
geras. Todo el mar estaba cubierto. Los
vasos parecían un exambre de abejas al
rededor de su cortijo ; y en poco tiem­
po las galeras abordan á Ja playa no
lejos de la Ciudad, los soldados saltan
en tierra, y el exército se forma,
34 Eran seis mil Franceses , ocho
mil Venecianos , y pocos mas extranje­
ros los que venían á atacar una Ciudad
guarnecida de doscientos mil Griegos,
Los sitiadores militaban en tierra agena,
sin mas socorro que el de su valor : los
sitiados combatían en su propia casa ; y
el amor de la patria , de las mugeres, de
Jos hijos junto con el de sus intereses,
anadian nuevo ánimo á aquellos corazo­
nes esforzados ; mas observando sus mo­
vimientos j parecía que los unos adivi­
na-
LIBRO VL 255
«aban su v iso ria , y Jas otros su ruina,
35 Y o veía al tirano corriendo en
persona todos los puestos de la Ciudad,
exhortando í los cabos , amenazando a
los soldados, intimidando á todos; y en
vez de animarlos , les comunicaba la
propia cobardía , porque traía impresos
en su semblante el crimen , y el mie­
do. Unas veces se valía del rigor , y
©tras de la vil adulación , y baxeza , sin
acertar jamás con el justo medio , que
debe guardar un Monarca benévolo* Con
todo , volaba ligero de una parte a otra*
y era como un relámpago , que se de­
xa ver al mismo tiempo en k s quatro
partes del orizonte. Todo era alboroto,
órdenes, y contraordenes. De una parte se
«carreaba á los muros azufre, pez , resina,
y semejantes materiales para el fuego:
de otras piedras enormes , estas para ar­
ruinar , y aquellos para quemar las má­
quinas, que se acercasen Á las puertas,
ó í las murallas. No se veían sino dar­
dos , flechas , arcos , y armas ofensivas.
Unos arrojaban en los fosos haces de leña,
y de sarmientos, materias fácilmente in­
flamables , otros hacian venir sacos de
klS
254 EL HOMBRE FELIZ*
lana , de arena , y de tierra para em-*
botar los golpes de los arietes , ó pa­
ra apagar el fuego quando no fuese opor*
tuno. Por aquí se cortaban los puentes,
por allí se minaba debajo los muros
para hacer, ó deshacer los caminos cu­
biertos. El Pueblo parecía un hormigue­
ro quando lo descubren de repente: unos
con otros se embarazaban, y Ja fuerza de
Ja multitud se impedía mutuamente.
3 6 Por el contrario en el campo de
los Latinos todo era orden , todo ale­
gría , y todo vaJor. Los Caballeros de
la Cruzada marchaban con un ayre tan
intrépido, noble , y desembarazado , co­
mo si viesen no el combate , sino el
triunfo. Sobresalía entre todos el famo­
so Dux de Venecia Enrique Dandol. Lai
canas que se le descubrían por baxo del
capacete, Je hacian mas respetable que
los emplumados morriones de los otros
Capitanes que mandaban. A pesar de su
avanzada edad , él era quien daba las
órdenes, y venia á. Ja frente de todas
las tropas reunidas, Traia á su lado al
Príncipe A kxo , montado en un hermo­
so caballo ricamente enjaezado , el qual
ha-
LIBRO VI. 2J5
hacía ostension al mismo tiempo en li
preciosidad de los arneses , y de las ar­
mas , que era un Príncipe poderoso , y
en elbrio , ánimo , y denuedo > que era
un Conquistador valiente. Comandaban
diferentes cuerpos * entre otros Capita­
nes que yo no conocia , el gran Mont-
morenci , el Marques de Montferrato * y
d Conde de Flandes, que despues se ti­
tuló Balduino Primero. Este Caballero de
ningún modo esperaba entonces la Co­
rona de Constantinopla, que la fortuna
le preparaba , ni menos temia la infeli­
cidad á que le conducia su misma fortuna.
37 De todo iba yo informando al
Emperador ciego; y quando le nombré
í su hijo , se enterneció de manera aquel
corazon paterno , que me obligó á de-
xar correr algunas lágrimas. Si llegas í
reynar , decia , si llegas á reynar , que*
xido hijo mió , acabaré mis dias gusto­
so , y creo que el demasiado gusto me
hará morir de repente y pues no podré
resistir los movimientos de tan excesiva
alegría ; mas logre yo colocarte á mi
lado en el trono > aunque desde allí me
hayan de llevar luego al sepulcro. Pero
no
2 y<5 EL HOMBRE FELIZ,
no me consiente mi infelicidad tan gran
•consuelo : no , no seré yo tan feliz > que
te vea vidorioso. j Ah cruel hado! ¿Por*
qué me conservaste la vida hasta un mo­
mento tan peligroso ? De este modo le
-veía ya transportado de ju b ilo , y ya
desfallecido de tristeza , tímido en los de­
seos 5 asustado en las esperanzas, y siem­
pre atormentado en sus afe&os. Y o le
hacia saber quanto pasaba , y la centi­
nela me instruía en el conocimiento de
los Griegos, que yo jama's habia visto.
38 Llegaron en fin los Latinos cer­
ca de Jas murallas de Ja Ciudad , quan-
do la Juz del Sol se les retiraba. Entró
la noche imponiendo a Jos mortales la
ley del silencio, y del descanso. La una
fue obedecida , y la otra despreciada*
procurando cada qual sorprender al dia
siguiente á su contrario con el trabajo
hecho á beneficio de las tinieblas; mas
en la madrugada siguiente, los dos que
pretendían engañar, se hallaron engañados*
39 Ya estaban dispuestas las formi*
dables máquinas, con que se habían de
escalar los muros , y arrancar Jas puer­
tas , discurriendo los Ingenieros por to­
do
LIBRO VL 2J7
do el circuito de la Ciudad para ver por
donde se podia formar el ataque. En
esto se hallaban ocupados Jos principa­
les Xefes , quando de improviso salió
un destacamento de Caballería para em­
barazarlo, No se sueltan con mas furia
los vientos , quando rotas las cadenas
que los detienen > van por valles , y mon­
tes á destruir todo lo que encuentran,
como se vieron venir precipitados los
Griegos sobre los Latinos. Hallabáse el
tirano en la escaramuza , aunque disfra­
zado , siendo igualmente medroso , y te­
merario , degenerando alternativamente
en dos excesos opuestos : efe&o propio
de quien se gobierna por la pasión sin
consultar al entendimiento. Llegó a co­
nocerle el Principe Alexo , que no es­
taba disfrazado , ni tenia á su Jado sino
al D u x , y otros pocos Capitanes* Qljí-
so , mas no pudo reprimir la cólera * y
corrió cómo un rayo contra el tio con
la lanza enristrada. No advirtió el tira­
no el peligro á tiempo de evitarlo i y
picando al bruto , corrió contra el so­
brino. Quebráronse con el golpe las lan­
zas , y pasaron los brutos adelante. Ale-
. Tow. J, T xo
2jS EL HOMBRE FELIZ.
Xo perdió el capacete, y el tirano sa­
lió fuera de la silla. Echa el Príncipe
mano del alfange , y vuelve diestro el
caballo sobre el tirano , que ya iba &
caer. Violo > y conteniendo su cólera,
le dió la mano, le detiene el bruto , vuél­
vele a su asiento , y dicele con bizar­
ría : desenvaynad la espada para defen­
der , si podéis , esa vida que os acabo
de dan Descargáronse de parte á parte
golpes formidables que resonaban a lar­
ga distancia. E l Príncipe solo estaba cu­
bierto con su escudo , y el tirano con
cota de malla , visera , y capacete de fi­
nísimo acero. Acuden de una y otra par­
te los que cuidaban de la seguridad de
sus personas, trabase la pendencia con
calor indecible ; y hé aquí que una sae­
ta desconocida hiere en los ojos al ca­
ballo del Príncipe: pierde el bruto el go­
bierno , desesperado con la vehemencia
del dolor , y dando desordenados brin­
cos , revienta las cinchas , y el ginete í
caballo en la silla , va á caer entre los
enemigos , y á los píes de! tirano. E s­
te , ingrato á la generosidad del sobri­
no , levantó el brazo, y con un dardo
iba
LIBRO VI. ¿59
Iba & clavarle con la tierra, quando el Prín­
cipe se salió por debaxo del caballo del ti­
rano , y al pasar te dcxó el bruto mortal-
mente herido^ A este tiempo un page del
Dux toma al Príncipe en los brazos, y
poniéndole á la grupa de su caballo 3 lo
arranca del peligro. Conoce él tirano que
su caballo desatándose ed sangre iba í
caer en tierra, y monta cu el de Cons­
tantino su valido , quien abrazado con
é l , muere atravesado de un dardo , que
le disparó el Dux. Huyó desanimado el
tirano , quiere seguirle el sobrino * mas
el Dux le sujeta por el brazo , y con
la autoridad del empleo , y de los años
le detiene inmóvil, reprehendiéndole su
disculpable , y gloriosa temeridad.
40 Entretanto por la parte del mar
se hacia un vigoroso ataque siguiendo
las ordenes de Balduino j y mientras se
armaba un formidable ariete para batir
una de las puertas de la Ciudad , los
honderos con piedras, y los demás; con
saetas desbarataban todo lo que se aso­
maba á los muros para impedir los tra­
bajos, Acude Ja mayor fuerza de los Grie­
gos i esta parte temerosos del peligro;
hz y
z 6o EL HOMBRE FELIZ,
y para abrasar la máquina , que ya es­
taba pronta , y comenzaba á obrar con
fruto , arrojan sobre ella muchos haces
de leña mezclados con pez , y resina > y
«ran tantos, y tan continuos , que pare­
cía Jlover fuego del Cielo, Manda Bal-
duino retirar á toda priesa la máquina,
y preparar todo lo necesario para for­
mar nuevo puente , dexando caer todo
el fuego sobre la que habia , para qué
con ella se quemase la puerta. Era el
viento favorable , c impelía contra ella
las llamas , llevando el humo ácia los
muros , de modo que se prendió el in­
cendio en Ja puerta , í pesar de las di­
ligencias que hacían los cercados para
apagarlo. Parecía el sitio un infierno. Cae
el puente , y las materias ardiendo en
el foso daban mayor a&ívídad á las lla­
maradas que abrasaban la puerta. El fue­
go * el calor , y e! humo impedían á
gran distancia , que ninguno se asoma­
se á los muros. Advierte Balduíno , que
el fuego se va extendiendo á lo largo
del puente , y que ya las nuevas vigas
serían cortas para suplir por lasque caían.
E l mismo pone pie en tierra, toma ui>
: des­
LIBRO VI. 26%
destral para ir á atajar el incendio 5 po­
ro dos soldados intrépidos se lo arreba­
tan de las manos , y van casi al medio
del fuego á poner cuto á las llamas,
y decirle : . De aquí no pases. Obede­
ce el voraz elemento : atraviésanse las
vigas en el puente , y se disponen las
tropas para entrar prontas con espada en
.mano luego que lá puerta, y las llamas
les franqueen la empresa.
41 En este tiempo el gran Montmo-
renci con cinco rnil Venecianos, y dos
mil Franceses prepárala una escalada por
la parte del puenee, donde eran mas
baxos los muros.. Ya las escalas estaban
puestas, y los soldados disputando, el ho­
nor de la primacía. Mas el Dux sagaz,
fingiendo haber perdido la esperanza de
este puesto , manda retirar de repente
quatro mil Venecianos , y mil Franceses,
y que í las órdenes del Marques de
Montferrato fueran á atacar otro puesto,
que parecia mas oportuno. Queria ha­
cer división de sus tropas , y con eso
engañar á los enemigos delante de sus
propios o jo s, y para asegurarlos mas en
el engaño > se llevó consigo poco des-
i 6z EL HOMBRE FELIZ,
pues otros rnil y ochocientos hombres
dexando solo doscieptos soldados al man­
do de Montmorenci , que estaba bien ins­
truido de la estratagema.
42 Quando los Griegos vieron que
los solitarios abandonaban el sirio , cor­
rieron á sostener el que juzgaban mas
peligroso. Ardia entonces con la mayor
fuerza la puerta de la parte del mar,
dando Balduino calor á su empresa. Mont-
ferrato no desconfiaba ser el primero i
entrar en la Ciudad 33 á cuvo fin traba-
jaba con gran tesón. La noche habia ya
extendido su tenebroso manto sobre Cons-
tantinopla ; pero las murallas brillaban
con el fuego marcial, que los- sitiados
encendían para arrojarlo sobre los sitia­
dores 5 y sus formidables máquinas. Ser*
via esta iluminación para su ruina; pues
los Latinos disparaban sus saetas con pun­
tería cierta , y los Griegos al tiento,
43 Entretanto maniobraban los Ma­
rineros > forzando los remos con grande
impulso > mezclando muchas voces de al­
borozo , y contento , para hacer creer
que les habia llegado nuevo socorro. Acos­
tumbra el miedo ser demasiado crédulo, y
las
LIBRO VL 2 g}
las tinieblas siempre fueron las madrinas
del engaño ; y asi todas las industrias del
Dux Je salieron como las habia preme­
ditado,
44 Entonces el Príncipe A lexo, vien­
do que aquella parte del muro, que ata­
caba Montmorenci > estaba casi abando*
nada de los Griegos, despachó aviso al
Dux para que pusiera en execucion la es­
calada. En efe¿to él fue el primero que
subió atrevido , y echó valerosamente
mano al muro; mas al querer montarlo,
le faltó un pie , y cayó ; pero con !i
felicidad de que en la caida encontró
dos valerosos soldados, que subían de-
tras de él , y precipitados todos tres jun­
tamente , fué el golpe del Príncipe me­
nos funesto. Desde abaxo animaba á los
otros que subian envidioso de su suerte,
quando vio que una piedra disforme ro*
dando de lo alto de la muralla , vino en
fin á caer , y quebrar la escala por don­
de ellos trepaban , quedando dos muer­
tos , y otros estropeados. Mas glorioso
y mas funesto fué el suceso del gran
Montmorenci j porque habiendo subido
con felicidad por entre una lluvia de sae-
T 4 tas,
26+ EL HOMBRE FELIZ.
ta s, que caían sobre sü escudo >al lle­
gar encima de los muros lo atraviesa una
]anza por el pecho , y lo envia corona­
do de laurel al templo de la gloria. Ya
en este tiempo habían acudido el D ux,
y Montferrato con la fuerza de sus tro­
pas , dexando en .'os Jugares que ataca­
ban todos los pífanos, tambores, é instru­
mentos músicos , que sonando como si
allí hubiese tropas , ocultaban á los sitia­
dos su ausencia. No estaban Jos Griegos
prevenidos para tan vigoroso combate por
aquel sitio , que juzgaban abandonado,
y por eso se peleaba ya en los muros
pecho á pecho. Quince so dados France­
ses llegaron á montarlos ; mas ni uno so­
lo escapó con vida , aunque tres de ellos
antes de perderla consiguieron entrar en
la Ciudad , y la dexaron de antemano
gloriosamente vengada. Vio el Dux que
á esta parte de los muros habia acudi­
do tal multitud de Griegos, que á ca­
da caballero correspondían muchos mi­
les ; y teniendo grande esperanza en la
empresa de Balduino, mandó tocar á re­
coger para reservar sus fuerzas.
45 Conociendo esto el Emperador
cié-
LIBRO VL 265
ciego , baxó desanimado de la garita don*
de estabamos , temiendo el suceso funes­
to de tan peligrosa empresa. Yo le alen­
taba con las esperanzas , sin pasar los jus­
tos límites de una prudente incerudum-
bre , y. ponderaba algunas de Jas razo­
nes con que habia animado en Zara í
los Caballeros para entrar en aquella ex­
pedición. Entonces el Emperador no sa­
bia cómo darme á entender su agrade­
cimiento , y me decia : Si llego a salir
de la cárcel > os juro por quanto el Cic­
lo , y la tierra tienen de mas sagrado,
que no tomará alimento mi cuerpo, ni
mi cabeza descanso , sin que vps esceis
á mi lado. Vos seréis el báculo de mi ve­
jez y la luz de mis ojos > el gobierno de
mis pasos, y el consejo de mis resolu­
ciones* Vos seréis cJ conductor de Ale­
xo en el trono , ya que lo fuisteis en el
destierro. La mitnd de nuestra Corona
será vuestra , porque toda ella se os de­
be ; y si por cumulo de mi infelicidad
perece mi hijo en el combare , vos se­
réis el Regente de mi Cetro , hasta que
mis tiernos nietos puedan empuñarle* T o ­
mo por testigo al Dios que me castiga,
y
266 EL HOMBRE FELIZ
y le pido > que descargue sobre mí to­
do el furor de su jusra venganza , . ’ú yo
me olvidare de lo que prometo ahora en
su presencia. Falten á mis brazos los ner­
vios , obscurézcase mi entendimiento*
quede mi lengua sin fuerza * olvídense
de mí mis vasallos , si Isac Angelo se
olvidase de Miseno. Mas iba á decir;
pero le interrumpí con urbanidad , por­
que vi que se enardecía , y le dixe:
46 Nada merezco , Señor, y nad*
espero , quando obro únicamente por mí
mismo. E l satisfacer á las obligaciones
de humanidad , de honor , y de mi ca-
rader es lo que me mueve á ayudar á
qualquier afligido , y mucho mas í un
Príncipe desterrado , y a un Emperador
preso. En la dulce satisfacción de mi ca-
rafter , y de lo que á mí me debo , lo­
gro un premio muy grande ; y así * si
tuviere el gusto , y la felicidad de que
por medio de esta empresa vos , y el
Príncipe seáis restituidos í la libertad > y
al trono 3 no puede haber en el mundo
premio mas glorioso s y que mas satis­
faga mi corazon , que decirme á mí mis­
mo con verdad : Arranqué d ü ahumó de
U
LIBRO VL 267
¡4 desgracia á dos Príncipes bettemcritos, qut
sin m í naturalmente perecerían en elU* Así,
Señor, no ocupéis vuestro entendimien­
to en pensar en la recompensa de mis
servicios; porque quando me dieseis to­
da vuestra Corona , no me podéis dar
galardón tan noble, y glorioso , como
el que puedo tener quedando en esta
mazmorra. Tal vez os parecerá extraña
esta prú Filosofía ; pero debeis entender,
que ha mucho tiempo que deseo hacer
el bien solo por la satisfacción de ha­
berlo hecho, Con esto le dexq descan­
sar el breve intervalo que el sueño le
ocupó los sentidos, y yo me puse de
centinela á la puerta de mi corazon * pa­
ra que no esperase paga de hombre al­
guno , por quanto esta esperanza es h
puerta mas ordinaria de nuestra inquie­
tud , y desasosiego. Quien confia en los
hombres se halla de ordinario engaña­
do , y nada aflige mas vivamente un co­
razon sensible , que una justa esperanza
frustrada * como sucede i aquel que en
un camino tenebroso va i poner el pie
con toda confianza , y poniéndolo en fal­
so , se precipita* Vos vereis despues, que
EL HOMBRE FELIZ.
m i corazon fue buen Profeta.
47 Llegó en fin la madrugada si­
guiente ; pero aun no se sabia por que
parte del horizonte habia de asomar la
aurora > y ya en el campo sonaban los
bélicos instrumentos , y los preparativos
para un horrible asalto. Fué poco á po­
co esclareciendo el día, y parecía que to­
da la tierra se desentrañaba en gente; y
el murmullo del Pueblo , multiplicado
por todos los habitantes , y por los si­
tiadores , se asemejaba al susurro del mar
agitado contra las rocas. En toda la no­
che habia cesado el Conde de Flandes
de preparar un nuevo puente para avan­
zar á k puerta > que las llamas habían
abierto , y í los primeros rayos del sol
estaba ya el puente preparado y k puer­
ta abierta > y Alexo í la frente de to­
das ks tropas. Estaban los ánimos de los
skiadores impacientes, y hasta los caba­
llos Jo estaban. Sonaban las trompetas,
y los timbales ; pero aun no era esta la
señal para entrar en la Ciudad, Mordían
los frenos: caía á pedazos la espuma que
formaban de rabiosos , y bravos : gol­
peaban la tierra que sonaba > y tefnbk-
LIBRO VI. 269
ba debaxo de los pies de los brutos. Los
relinchos , los brincos , y movimientus
del cuerpo desconcertaban las filas. D ó ­
blase la impaciencia de la Cabaliem,
quando suena la señal para que marcha­
se la Infantería á paso redoblado. Mas
de cien mil Griegos estaban dispuestos
á defender la puerta , y los restantes sos­
tenían todos los otros puestos peligro­
sos, Fiados en su ventajoso número > re
partian entre sí los despojos antes de en-*
trar en la batalla ; y en su idea , quan-
tos Caballeros veían , otras tantas vífti-
mas destinaban á su furor , y vengan­
za. Teofilo , y Parmenas eran los dos
Generales que comandaban aquí las tro­
pas , y habían dispuesto y que todos es­
perasen á pie firme á Jos sitiadores den­
tro de la Ciudad , para que cercados por
todas partes , ninguno pudiese escapar con
vida del furor de sus armas.
48 AI llegar á Jos muros se dispa­
ra de un golpe una lluvia tan cerrada,
y tan espesa de saeras , que tropezan­
dose unas con otras en los ayres , se
perdían muchos tiros. Caen de una , y
otra parte, los compañeros muertos, y
los
270 EL HOMBRE FELIZ.
los que sobreviven heredan luego de íoS
difuntos el ánimo , el ardor, y Ja ra­
bia para la venganza. Abrese en dos co­
lumnas Ja Infantería al llegar al puente,
y entra la Caballería de golpe haciendo
paso í la Infantería. Trabase la pelea*
Todo en la Ciudad es horror, todo con­
fusión , todo mortandad. Como Jobo vo­
raz en midió de un rebaño * así anda­
ba la muerte con la funesta f y desapia­
dada guadaña, envolviendo en su cólera
igualmente í los valerosos * que í los
flacos , á los Latinos * que á Jos Grie­
gos , í los Caballeros , que á los solda­
dos rasos. Distinguíase entre los Grie-
gar Timoteo , joven de gran Valor , que
algún dia se criaba con el Príncipe , y
tenía con él muy íntima amistad. Este
estimulado entonces de la obligación de
su grado hacia prodigios de valor , y su
brazo era el mas fornndabfe que podían
temer los Latinos, Dirigióse í el sin co­
nocerle la cólera de Alexo * y con un
dardo harpado le acomete , y le rinde
á sus pies. Y he aquí que en el mismo
instante de esta particular viéto.ría ve el
Príncipe que los Griegos suspenden. las
LIBRO VL 271
ífmas , aun estando por la mayor par­
te victoriosos. Caenseles Jos brazos des­
animados , frios , y lánguidos; ni se atre­
ven á avanzar, ni tienen fuerza para huir.
Teme el Dux alguna gran celada, igno­
rando el motivo de esta novedad , y sus­
pende , también las suyas* Cogen un pri­
sionero , que les declara el motivo. Hu­
yó > les dice , esta noche el Emperador
Alexo en una barca con su muger 5 fa­
milia , y tesoros. No bien oyó el P rín ­
cipe Alexo la noticia , quando de re­
pente se le muda el semblante, el áni­
mo y y el corazon* Empieza ya á mi­
rar á Jos Griegos como á hijos, y á los
Latinos como extrangeros * aunque ami­
gos. La sangre de Timoteo , que á bor­
bollones le sale del pecho ; le enterne­
cía y y entonces le conoce. Aun no ha­
bia espirado , quando oyó que el Prín­
cipe era su Soberano , y con los ojos
moribundos , con la mano débil , y pá­
lida , sin poderse explicar , se explica;
que tiene el amor arte para todo. Ale­
xo entonces le abraza : quiere ; mas te­
me arrancarle ia harpada lanza con que
le atravesó* ¡ A y , amigo! le dice. ¡ A y ,
Prín-
z7z EL HOMBRE FELIZ.
Príncipe mió ! le responde por señas: en*
tonces a los ojos de Alexo ya parece
virtud, y heroysmo lo que en el ante^
rior instante era motivo de rabia , y de
venganza. Reviven en la memoria los
dulces entretenimientos de los años juve-
niles , en que la distancia del Cetro fran­
quea mayor duración á la amistad. E l
corazon se le enternece ; y llora : las lá*
grimas se mezclan con la sangre del arti­
go , que él mismo derramó , y afligido
le va á arrancar el hierro ; mas sin ad­
vertirlo multiplica , y aumenta la heri­
da , y viene el amor á concluir el ho­
micidio > que comenzó la rabia. Y a no
palpita el corazon de Timoteo > sino
con los alientos del amor* El alma quie­
re separarse; mas él presintiendo el ul­
timo suspiro, se esfuerza > toma la ma­
no de A le xo , y llegándola í sus labios
ya frios * espira.
49 Ya el Dux , Balduino , Montfer-
rato , y todos los Cabos rodean á Ale­
x o , y él Jos recibe con los ojos baña­
dos en lágrimas; pero qtiando los Seño­
res Griegos se le acercan, los enjuga fá­
cilmente. Incierto no sabe á quién abra­
ce
LIBRO VI. 273
ce primero , si á Jos enemigos , que ya no
lo son , ó á los amigos , que lo son , y lo
fueron* Llora la sangre de los Griegos por
ser sus hijos; siente , y agradece la que los
Latinos derramaron» Llevado todos en
triunfo, sin que hubiese precedido visoria,
y toman el camino de la cárcel para buscar
í Isac Angelo.
5 o Nosotros estábamos pasmados vien­
do la repentina suspensión de las armas*
¡ Ah! que es muerto mi hijo, decía Isac. Es
muerto mi hijo, y cesan con su vida todas
mis esperanzas. Se suspendieron las armas,
porque ninguno las toma por mí , ciego,
encarcelado , y medio muerto* En este
tiempo viendo la centinela que corrían í la
fortaleza, nos hizo baxar precipitadamente,
porque creía que el tirano mandaba refor­
zar las guardias para asegurarse de los pre­
sos. Métenos en mazmorras separadas, y
duplica tas cadenas, y las llaves; mas ape­
nas me habian encerrado, quando oigo en
la cárcel vecina vivas, adoraciones, y pa­
rabienes, todo en agradable desorden.Oi­
go la voz de Alexo , la del Dux , y la de
los principales Cabos, que conocí en Zara:
oigo que los Griegos postrados en tierra
Tom. I, V dan
374 EL HOMBRE FELIZ.
dan í Isac Angelo las adoraciones de Em­
perador, y que pasando desde las cadenas
al trono, es llevado en compañía de su hi­
jo Alexo al templo de Sanca Sofía , para
que allí se declare á su hijo socio del ce*
tro. En este grande alborozo ninguno se
acuerda de Miseno, y Miseno queda olvi­
dado, y encerrado en la cárcel ;pero ¿qué
importa, si queda estudiando en el libro
de la experiencia loque vale la palabra de
un hombre , quando muda de fortuna , y
quán loco es el que obra bien solo con Ja
esperanza del agradecimiento de los hom­
bres? Doftrina que me valió mas que to*
dos los cetros, y coronas del mundo.
LIBRO VII.
i A T O pudo la Princesa contener su
admiración > y espanto viendo la
ingratitud de Alexo , y de su padre Isac
Angelo, El Conde saltaba de impaciencia
solo con oír la relación de semejantes su­
cesos, y uno * y otro descargan crueles
golpes de justa condenación sobre estos in»
gratos > concurriendo cada qual con los
colores mas vivos, y con Jas mas negras
sombras para realzar la fealdad de los re­
tratos que de ellos hacian, Miseno enton­
ces como á sangre fria los tranquilizaba
diciéndoles, que no se admirasen , por­
que no tenian motivo para ello* No cae,
decia, no cae bien la admiración, sino so­
bre cosas raras , y no hallaréis en el mun­
do otra mas freqüente , que hombres in­
gratos. Los mismos que declaman con mas
horror contra este monstruoso vicio* mu­
chas veces lo adoptan como í su hijo el
mas querido 5 por quanto él solo es feo
por el aspedo que mira al bienhechor;
mas por el que mira á los ingratos muy
V 2 agrá-
276 E L H O M BRE F E L IZ ,
agradable ; y es la causa porque los dis­
pensa de la obligación del reconocimien­
to > que siempre oprime , y quanto ma­
yor es el beneficio que recibieron , tan­
to mayor es la esclavitud, en que se cons­
tituyen ; y como son muy pocos los que
gustan arrastrar estas cadenas, con solo un
simple olvido se libran de ellas* Mis ami­
gos : quien no quisiere sufrir los ingratos
mucho trabajo ha de tener , habiendo de
vivir con ellos en el mundo* Infeliz será el
hombre que no experimente ingratitudes,
porque muy poco bien habrá hecho á los
demás. Por el contrario, quanto mas ingra­
tos yo hiciere > tanto mas noble será el
fin que me moverá á obrar bien. Esta
es la condicion del corazon humano* Si
halla correspondencia , insensiblemente la
busca , y entonces obra con los ojos en
ella ; mas si no la halla > obra con ánimo
noble , y heroyco , haciendo el bien solo
porque es bien , sin otro fin , ni motivo
que fomente el interés , ó disminuya el
valor. E l que hace bien solo i los agra­
decidos, comercia con los beneficios; mas
el que hace bien i los ingratos ; obra con
pura liberalidad* Uno siembra los benefi-
LIBRO VIL ¿77
cios, y otro los derrama : üno obra como
hombre, otro procede como Dios , y
siempre tiene el delicado , y agradable
consuelo de haber obrado bien , que es
el mas deleytable gusto que puede lison­
jear el paladar de un alma bien for­
mada.
2 Este era mi único atlvio en la cár­
cel, Verdad es , que de quando en quan-
do mi naturaleza gemia, y mi sensibilidad
se mostraba, diciéndome todo lo que vos
habéis dicho , á lo que también me in­
citaba la centinela que estaba de guar­
dia el dia de la batalla , la qual siem­
pre me quedó aficionada , y quando le
tocaba la guardia r se entrotenia conmi­
go , contándome lo que pasaba en quanto
a mi persona.
3 En efe&o Isac Angelo quería sacar­
me de la cárcel, y hacia muchos elegios
de mí a su hijo Alexo ; pero este vién­
dose árbitro despótico del cetro , que su
padre no podia sostener en las manos
caducas, ni gobernar con ojos ciegos, de
ninguna manera queria tener á su lado
quien le ayudase á sostenerlo, y manejar­
lo* Su ímpetu fogoso tampoco queria ser
V j ’ re-
27S EL HOMBRE FELIZ.
reprimido por la prudencia de otro , y
quanto mas me elogiaba Isac Angelo, tan­
to mas AJexo me temia. Acordábase de los
discursos que habíamos tenido en la Si­
lesia; pero esta memoria le confirmaba
en el diflamen de no ser conveniente que
su padre me tuviese á su lado. Para librar­
se en fin de todos estos sustos, Je persua­
dió que yo había muerto, y me mandó
llevar de noche con toda cautela á una
fortaleza situada sobre el Esker^ casi en la
raya de la Bulgaria.
4 Quanda he aquí que me veo de nue­
vo preso, y maniatado con cadenas en los
pies , esposas en las manos , argolla de
hierro al cuello , y soldados por uno , y
otro lado que acompañasen el carruage
en que me conducían. Al referir Miseno
este suceso, el Conde impaciente , y ad­
mirado le atajó diciendo , que ó su co-
razon era de otra naturaleza , ó que al­
gún encanto superior le habia insensibi­
lizado el alma, A que respondió Miseno,
confesando que en esta ocasion su cora­
ron fluftuaba , unas veces sumergiéndose
oprimido de tantas injusticias , y otras
sobrenadando sostenido de las resolucio­
nes
LIBRO VII, 279
nes precedentes. Si yo tuviese delito , lá
buena razón pedia y que abrazase con re­
signación el castigo ; pues la misma razón
pide que ]o sufra con gusto padeciendo
inocente; porque estándolo, solo toleraría
la mitad de la pena. Quando hay delito,
el aguijón del remordimiento hiere ai alma
con mas vivo dolor , y mas importunos,
y repetidos golpes que todo quanto afli­
ge al cuerpo. Él horror del crimen , que
reconocemos en nosotros, nos hace detes­
tables i nosotros mismos ; y como siem­
pre nos estamos viendo, venimos á pade^
cer siempre. Mas quando uno está ino­
cente * el alma se halla en una paz 5 en
un reposo, en una satisfacción inexplicable*
Contenta de sí misma , no se aflige , no
tem e, no rezela, no se avergüenza. Siem­
pre el afligido se dice á sí mismo : si soy
perseguido en el pais de lá mentira , seré
feliz , y estimado en la región déla ver~
dad. A mas de esto siempre tenia present­
ía doftrifía de Grafton ; y d pensamiene
to sosegado me decia como en secreto: se­
rá para tu bien eso que parece ser tu rui­
na , y con efe&o lo fue.
j No me retardéis (dixo la Princesa)
V 4 el
28o EL HOMBRE FELIZ.
el gusto de saber como os librasteis de tan
protervo enemigo ,qual fue ese monstruo
de Alexo , í lo que Miseno satisfizo de
este modo. Encerrado en una mazmorra,
nada mejor que la primera , sin mas com­
pañía que los hierros , ni mas consuelo
que el del Cielo, me hallaba una noche
resistiendo los importunos asaltos, con que
hallándome solo , me molestaba lá melan­
colía 5 y para divertirme cantaba acó capa­
do del son de mis cadenas , y repetía
muchas veces esta copla:

Si conozco yo el cabal
Valor del bien por el precio ,
Con raz>on mi dicha aprecioy
Vadeciendo tanto maU

Finalizada la copla sentí que me habian


-escuhado ; y en efefto , pasado poco
tiempo veo abrir la puerta de la cárcel, y
entrar una doncella, que me asombró mas
con su modesta belleza , que con la nove­
dad de la visita. En mi vida había visto
persona mas hermípsa. Era HermiJJa , hija
del Gobernadordc aquella Fortaleza, á cu­
yas llaves, y secreto estaba yo jrecomenda-
LIBRO VIL 281
do. Habíala Dios favorecido con un juicio
vivo, y ella lo cultivaba con la lección de
Homero, y otros Poetas excelentes, que le
inflamaban el corazon naturalmente noble,
y que estimaba la virtud heroyea. Adver­
tía mi admiración, quiere hablar, pero no
puede explicarse con Jas voces* Vila tem­
blar los labios, y salirle al rostro un nue­
vo, y admirable carmín, que poco despues
fue salpicado con las perlas de sus abun­
dantes lágrimas. Hacíase fuerza para repri­
mirlas, mas era inútil la diligencia. Los di­
ques estaban rotos, y era precisa la inun­
dación de sus mexillas. Hube yo de hablar
el primero, y despues de las expresiones á
que Ja política, y compasion me movían,
la obligué á que me declarase el motivo de
su visita, y la causa de su llanto, lo que hi-
zo despues de sosegarse un poco , y me
dice de esta manera:
6 Nunca imagine que pudiese ser tatt
grande mi infelicidad como ahora ; y pa­
ró. Insté , y continuó diciendo: Veo que
la ilustre sangre , y las heroyeas acciones
de mis ascendientes elevaron i mi padre al
puesto que tiene en la guerra, y á la amis­
tad del Principe, y por eso al desgraciado
em-
282 EL HOMBRE FELIZ,
empleo de Gobernador de esta Fortaleza
en que os tiene preso: ¡ay de mí! ¡ en que
estrella he nacido para ser instrumento
de vuestra aflicción, y tal vez verdugo de
vuestra vida , pues no podréis resistir una
tan penosa cárcel! Quisiera no haber naci­
do, quisiera á lo menos no conoceros, ni
haber oído vuestra voz , ni los discursos
que hacéis quando habíais á solas. Qui­
siera , ¡ah 5 mi Dios ! quisiera antes morir
que ver lo que veo , sentir lo que siento,
y temer Jo que temo. Vuestra heroyeidad
me admira , vuestra paciencia me encanta,
vuestra virtud me saca fuera de m í; y
quanto mas me admiro , mas os estimo, y
mas os respeto, tanto mayor es el torcedor
que atormenta mi alma quando veo por
entre las sombras de io futuro....mas no
puedo proferir lo que sospecho ; y aquí la
faltaron sus palabras, porque las lágrimas
las embargaban.
7 No sabréis bien, amigos, la impre­
sión que hizo en raí este discurso. Mi al­
ma enternecida mostró entonces toda su
sensibilidad. Veía en está doncella un ca-
ra&er tan llano, tan sincero, y tan veraz,
que conocí todo quanto tenia en su cora­
ron*
LIBRO VIL 285
jon, como si lo viese con los ojos. El cris­
ta] puro de su rostro á manera de una re­
doma transparente , mas servia de mani­
festar, que de encubrir su ánimo enterne­
cido, y generoso. Entonces intenté curar
con un bálsamo dos heridas, la suya y
la mia , y comunicarle las razones que
me consolaban en mis infelicidades , pa­
ra que ella no se mortificase con mis tra­
bajos.
8 Venga lo que viniere (le dixe) ven­
ga lo que venga en lo futuro , nada po­
drá acontecer que no seá para mi bien,
si yo dexo á Dios que gobierne. Quando
del insensible caos de la nada salió este
mundo en que vivimos , sabed, Señora,
que ni los bienes quedaron puros > ni los
males se hallan sin tener algún bien mez­
clado. Todo tiene dos semblantes, si el
uno es feo, y horrible * el otro será be­
llo y y hermoso. Mas Dios , cuyo entena
dimiento es tan superior á todos los su­
cesos, quanto su excelso trono lo esa to­
dos los lugares de la tierra , todo lo ve,
todo lo combina , y á todo atiende. E l
mismo acontecimiento que parece conve­
niente , visto por el aspe&o inferior, que
es«
S84 EL HOMBRE FELIZ.
está vuelto acia nosotros, que comparados
con el Ser Supremo , somos unos Insectos,
que andan arrastrados por la tierra ; visto
por la paite superior que se presenta á la
eterna inteligencia, es tal vez muy daño­
so y y terrible. Por el contrario , otro que
nos llena de espanto, y hace helar la san­
gre en las venas, visto por los ojos de la
verdad eterna ? será felicísimo , y fuente
de todo nuestro bien. No es Dios como
los hombres > que obran sin discurso, ó
discurren sin pesar, ó pesan con balanza
falsa. Dios mirándolo todo con un ayre
magestuoso, y despejado , con una sim­
ple mirada lo conoce todo , compara los
fines , y los medios , los efetíos , y las
causas, las dificultades , y el modo de
desatarlas; y con tal prontitud, que ape­
nas miró , vio ya quantas utilidades se
pueden sacar de un mal, y las conseqüen-
cias nocivas , que se pueden seguir de al­
gún bien, Ahora Dios por una esencial
reftitud de su ánimo justo , jamás puede
hacer sino lo que fuere algún bien , y ja*
mas podrá consentir sino lo que de al­
gún modo sea útil. Así en qualquier acon­
tecimiento siempre hay un aspedo , que
me-
LIBRO VIL 285
merece la aprobación divina por bueno, 6
el consentimiento por mil : ¿seré pues aca­
so mas entendido que Dios para reprobar
lo que é! aprueba, ó seré mas delicado que
él para no sufrir la enormidad que la su­
prema razón tolera?
9 Suponiendo , pues, este principio,
jamás quiero considerar los sucesos que
acaecen por el lado horroroso, y solo los
contemplo por la parte mas hermosa, y
agradable. Puesto á la mesa de este uni­
versal banquete, en que los sucesos sirven
de vianda í nuestra alma , encuentro infi­
nita variedad de mantenimientos: Y si ten­
go regalos saludables con que mi ánimo se
recrea , ¿para qué he de echar mano del
veneno amarguísimo con que otros revien­
tan ? Todo , Senqra , lo debemos tomar
por la mejor parte * y siempre viviremos
alegres*
to Quedó He r mi lia suspensa con esta
Filosofía , que jamás había oido, y dice:
Vos sois como las industriosas abejas, que
hasta del áspero abrojo sacan miel delicio­
sa , quando yo, siendo como las horribles
arañas, hasta de las suaves rosas no sé sa­
car sino veneno mortífero. Con todo, ten­
go
2U EL HOMBRE FELIZ.
go tal corazón , que siento todos los ma­
les ágenos, y los padezco como propios.
Si vos supieseis quantas lágrimas he derra­
mado por ver oprimida Ja virtud , y que
no os puedo valer ; pero soy desgraciada,
y por suerte cruelísima me destinaron los
hados para participar de todas las infeüci-
dad es de los otros* Quisiera tener un cora­
ron duro; mas no quisiera tenerlo, porque
entonces sería un monstruo* Sufro infinito
con oí corazon que tengo 3 y no quisiera
dexar de sufrir , si para eso habia de ser
preciso el mudarlo.
11 Debeis, Señora, hacer con Jos otros
lo mismo que yo hago conmigo; y para
asegurarla bien en esta doétrinas le pedi li­
cencia para entretenerla con un suceso gra­
cioso. Pasando yo por Mariemburgo me
recibió un Caballero Prusiano en su casa
de campo que habia adornado con mucha
riqueza, y gusto exquisito * aunque extra­
vagante. Entre otros gabinetes tenia uno
todo adornado con pinturas de un dibuxo
exá&o , bello colorido* é invención feliz.
Parecía que Ja naturaleza se habia reprodu­
cido en Jos quadros. Tan propias eran Jas
imágenes que eq ellos se representaban, y
to-
LIBRO VIL 287
todos tenían la singular propiedad de es­
tar pintados por ambas caras , y con pin­
tura bien contrapuesta*
12 Veíase en uno la risueña Primavera
en figura de una gentil joven coronad!
de flores, la qual venía conduciendo por la
extremidad de la ropa al encalmado Estío,
mancebo robusto. Este fatigado y sudando
preparaba los frutos para entregarlos al
pródigo Otoño, hombre ya maduro , el
q u al, si con una mano los recibia , con la
otra los dexaba caer en tierra. Eran tan
propios los frutos , y tan natural la ac­
ción de cada una de las figuras, que solo
ver esta pintura encantaba. Mas en el re­
verso estaba dibuxado con color triste, y
sombrío el erizado Invierno, en figura de
un viejo ya caduco * que sentado en una
piedra se arrimaba í la lumbre con las
manos trémulas casi sobre las llamas* Esta­
ba todo tiritando de frió retirado á Ja ex­
tremidad delquadro, los vestidos empapa­
dos en agua , la cabeza cubierta de nie­
ve , los cabellos sueltos, y duros , et
semblante feo, y tríate } y d cuerpo se­
co , arrugado , y flaco. En lugar de
árboles solo se veían los esqueletos de
ellos.
288 EL HOMBRE FELIZ*
ellos. El fondo del lienzo representábalas
nubes negras de una fea tempestad , ro­
tas por aquí , y por allí con algunos rayos
que causaban espanto. Todo el campo se
representaba solitario, hórrido,y triste, é
igualmente lo quedaba el ánimo de quien
miraba esta pintura.
13 Por el mismo estilo se veía en otro
lienzo Ja bella Aurora en su brillante carro
de azul celeste órleado con frisos de oro,
que venía tirado de una infinita multitud
de paxarillos. Con ia mano izquierda ha*
cia señal á los Planetas para que se retira­
sen , y con la derecha señalaba el lugar
donde habia de salir el sol, y allí se em­
pezaban á ver los fogosos caballos , que
querian saltar por encima de las trinche­
ras del horizonte. Mas por el lado opues­
to tenia el mismo quadro pintada la me­
lancólica noche representada en una feísi­
ma Negra, sentada en un carro sombrío ti­
rado por lechuzas, murciélagos, y mochue­
los* Venía extendiendo su vastísimo,y negro
manto ? con que cubria la superficie de la
tierra , en cuyas tinieblas aquí naufragaba
un navio, allí se precitaba un caminante»
y aliase hacían los robos: De esta pártese
LIBRO VIL 28*
impacientaban los enfermos, y de aquella
venían por los ay res volando varios deli­
tos, que como hijos de la noche la seguian
todos en figuras horribles.
i j Por este término en rodos los lien­
zos había un lado agradable , y otro me­
lancólico. Uno de los que me hizo ma­
yor impresión , fue el que representan­
do por un lado las quatro edades de Ja
vida con colorido , é invención Ja mas
bella , y admirable , figuraba en su re­
verso la horrible muerte con una idea
muy fúnebre. Veíase un esqueleto de gi­
gante con hoz muy corva en la mano,
pisando igualmente cabañas , y tronos*
Aquí caían degolladas doncellas delica­
das : allá niñas inocentes : aquí héroes
famosos: allá padres de familias muy ne­
cesarios. A lo lejos se veían varios ge-
ñeros de muerte : allí un moribundo aca­
bando á la violencia de los dolores, mas
allá un malhechor colgado en el patíbu­
lo con movimientos horrendos. De esta
parte uno asesinado en las tinieblas, de
la otra muchos ahogados en las olas; y
en medio para causar mayor h crror, un
tigre despedazando í una pobre mugery
Lom. L X y
290 EL HOMBRE FELIZ,
y cebándose su natural crueldad en sus
entrañas palpitantes.
i j Cada vez que yo entraba en es­
te gabinete, volvía de forma los qua-
dros , que las caras tristes estuviesen acia
la pared* porque estas me afligían demasia­
do , y las hermosas, y agradables acia
la vista , porque me recreaban mucho;
mas observo, que quando volvía al día
siguiente lo hallaba todo al contrario. E s­
ta era manía del dueño de la casa > que
solo queria ver imágenes tristes , retí'
rando de intento la vista de las agrada­
bles , y hermosas* ¿ Que os parece , pre­
gunté á Hermilla , de este estragado gus­
to del Caballero Prusiano?
16 No puedo acabar de creer , me
dixo ella, que hubiese genio tan mal for­
mado > ni pasión tan melancólica. Podéis
creerlo ( le repliqué ) , y tal vez en vos
misma hallaréis el convencimiento de que
es verdad todo lo que os he referido* Au­
mentóse su admiración , no entendiendo
que yo hablaba por parábola, y se la
declaré , diciendo , que era muy poco
racional qualquier hombre que pudiendo
considerar las cosas por el aspefto agra-
LIBRO VIL zpt
dablé y solo las ponía delante de los ojos
de su imaginación por el melancólico ? y
triste. Señora ( continué yo con un tono
firme ) creed que nada [excepto el obrar
mal ) me puede suceder , que me ha-,
ga infeliz. De mí es de quien temo > no
de ningún otro en este mundo* Todos
quamos trabajos podrá forjar en su ima­
ginación la malicia de A le xo , todos me
pueden ser buenos* Un baxel impelido fu­
riosamente por los vientos, agitado de
los mares, y desmantelado por las tem­
pestades , muchas veces sin advertirlo se
irá acercando á puerto conveniente, del
que se hallaba muy lejos, Así puede su-
cederme. \ Quién sabe los designios de
Dios sobre mí , y si queriendo AJexo
hacerme el mayor daño posible , tal vez
trabajará sin pensarlo en mi felicidad?
17 Y si la muerte. , . (me dice Hor­
m illa) mas apenas pronunció esta pala­
bra , quando vi que s§ arrepintió , y la
quería recoger ; pero ya era tarde , y
hubo de explicar su pensamiento* ;Y si
la muerte cortase el hilo de vuestros dia$^
jqué felicidad podréis esperar l: L a, que-
esperan .Jos héro.es ( le respondí prpnta-;
X z men-
zpz EL HOMBRE FELIZ,
mente), ¿N o sabéis que de ordinario es
la muerte el premio que han dado los
hombres á los mas benemeritos ? E l al­
ma de los héroes no muere , porque se­
ría Dios injusto , y esta su hermosa má­
quina del mundo seria la mas imperfec­
ta , que hubo jamás. En fin , Dios no
sería lo que es , si la muerte impidiese
3a felicidad de quien siempre obra co­
mo debe. Y o estoy bien cierto de que
seré mas feliz que A lexo, si obrare siem­
pre bien , y en esta inteligencia decía*
radme francamente todos vuestros temo­
res , porque si hay orden para que mue­
ra .>con la misma serenidad me veréis en­
trar en las sombras de la muerte para pa­
sar á la región de la verdad , que me
visteis entrar en esta cárcel , tal vez pari
no salir de eJJa jamás.
18 Pasmada quedó Hermllla con es­
ta respuesta ; y en fin , viendo mi tran­
quilidad , también ella comenzó á sere­
narse , y me dice que por lo común en­
viaban á aquella fortaleza á los reos de
estado , á quienes querían dar muerte
oculta sin estrépito , ni formalidad de
justicia ,; ó dejarlos en el olvido para
que
LIBRO VIL ¿5,5
que nunca mas apareciesen , y que es­
te era el motivo del susto , que la obli­
gaba á derramar lágrimas compasivas , y
desinteresadas,
r<? Procuré consolarla, persuadiéndo­
la que Dios , por quien reynan los Ptín*
-cipes 9 no habia dexado í los hombres
el absoluto gobierno del mundo : que
estos no eran sino un simple instrumen­
to de que la Suprema Providencia se
valia para la execucion de sus altísimos
designios : que yo estaba bien persua­
dido í que ningún mal me había de
acontecer sino el que fuese Util para mí
sólido bien , si de mi parte no pusiese
algún estorbo á la mano divina > dexan-
dola ir delineando á su gusto todo el
plan de mi felicidad,
20 En este mismo instante oyó Her-
milla un ruido, y temiendo que los guar­
dias pudiesen percibir.su visita , se retiró
apresurada sin acabar de decirme á lo que
venia.
2 1 Comencé entonces í revolver en
mi imaginación todo quanto me habia
dicho , y este momento fue para mí muy
terrible. La memoria me representaba to-;
X3 do
294 EL h o m b r e f e l i z .
do lo que habia hecho por los dos In­
gratos Emperadores : el entendimiento
hacia mil discursos funestos, y la ima­
ginación me pintaba esta ingratitud con
tan vivas tan negras , tan espesas som­
bras 3 que me consternaban. Comenzó la
razón á ofuscarse , y :mi corazón inquie­
to no cabia en el pecho , presago de lo
futuro : pensaba ver á lo lejos espeñros
horribles * y figuras espantosas; E l es­
píritu del error me ponía una benda so­
bre los ojos para no ver lo que hasta
entonces veía. Todas, las razones que
podían consolarme se me borraron de Ja
memoria , y me hallaba sumergido en
un piélago insondable de amargura , y
de tristeza. Las pasiones salieron en aquel
terrible momento de lo mas recóndito
de mi interior , como harían las har­
pías del Cocito si se soltasen de los in­
fernales calabozos , y me asaltaron de
improviso de suerte , que ya Miseno
no era Miseno : y yo mismo me<-des^
conocía.
22 Suspiraba con una aflicción in*
decible. Todo se ofrecía í un tiempoM
mi idea , lo pasado , lo presente , ' y laJ
fu-
LIBRO VIL 295
futuro , los bienes, y los males , los tra­
bajos j y las felicidades > la muerte, y
la vida, los amigos, y los enemigos, lo?
hados , las fortunas; las desgracias ; en
fin todo, y en un tal laberinto, confusion,
y tumulto , que ni yo sabía en lo que
pensaba* Ya el cuerpo sentia la enferme­
dad del alm a, el pecho se quejaba , los
brazos se me caían , la sangre fria se
iba helando en las venas, y el cuerpo
débil desfallecía.
23 .Quando he aquí que de repen­
te se me aparece una luz celestial, que
iluminó toda la cárcel. Creyera fácilmen­
te que era ficción de mi fantasía debi­
litada j si despues el suceso no me hu­
biera convencido de la realidad. Veo un
gentil mancebo , que despidiendo de su
rostro rayos mas bellos > y mas dulces
que los del s o l, sin deslumbrarme me
dexaban encantada la vista. E l cabello
de oro agraciadamente desordenado le
aumentaba la hermosura. En sus dos alas
de nieve se veían los -extremos de oro*
Las ropas eran de uji carmín vivísimo
como el del horizonte herido del 5013 y-
todo hacia la vista mas agradable que
X 4 ja-
2 96 EL HOMBRE FELIZ.
jamás gozaron mis ojos. No bien entró
en el calabozo, quando me levanta de
la tierra , en que yacía desmayado , y
me dice : Uladislao , no te dexes ven­
cer de esa pusilanimidad. D io s, en cu*'
ya providencia descansas > cuida de tí,
y tu amor propio no podria tener sobre
tí mayor vigilancia. Su bondad es mayor
para contigo de lo que piensas. Sabe que
dentro de poco tiempo te verás sobre el
trono ; mas no será él tu mayor ven­
tura j porque si fueres constante , te es­
pera otra mucho mayor. Dixo , y batien­
do las alas con un movimiento ligero*
pero apacible , noble , y agraciado , vi
que iba penetrando Jas nubes , dexando
en la cárcel el mas suave olor que jamás
percibieron los sentidos,
24 Suspenso quedé con esta nove­
dad > mas el sosiego de mí alma igua­
laba á mi extremada admiración. Me veía
en una cárcel , y casi condenado á muer­
te y y me hablaban de tronos ; pero lo
que me causaba mayor alegría era la se­
guridad de que estaba protegido por k
suprema Providencia. No sabia yo en­
tonces 7 que en este mismo dia habiai
siw
LIBRO VIL 297
subido tercera vez mi padre al trono de
Polonia , y que el Angel tutelar de aquel
Reyno era el que por orden soberana ha­
bía venido á infundirme valor,
25 Al mismo tiempo Hermilla se ha­
llaba en la mayor aflicción , que pudo
experimentar jamás un corazón femenil*
A l retirarse de la cárcel su padre Teó-
crito le mostró la orden dé la Corte pa­
ra que se me quitase la vida pronta­
mente con el secreto mas inviolable , y
habia sospechado de mí tales crimenes,
que yo Je era horror , mirándome co-
mo reo de estado, Lee Hermilla la or­
den , que no admitía réplica , ni sufria
tardanza, Quedáronsele suspensas las lá­
grimas con la fuerza del dolor* Inmóvil
su alma no sabe qué camino tomar ; y
como caminante perdido en noche obs­
cura , y entre confusas breñas , que oye
el bramido de las fieras, sin saber dón­
de guardará la vida , ó encontrará la
muerte , asi , se hallaba ella. Súbele al
corazon un ímpetu de furor contra A le-
xo , y comienza í hablar con vehemen­
cia ; pero advierte el peligro , y vuelve
contra mí con disfraz , y disimulo todo
2?8 EL HOMBRE FELIZ.
su aparente odio. Serénase con ‘ el pá-
d re, el qual había admirado la aflicción
que se la conocía en el semblante , y
consultan ambos quál sería el medio mas
í proposito para Ja execucion de Jas or­
denes Imperiales en quanto í Ja muerte,
y en quanto a l ; secreto* Persuade Her-
milla , que; me dexen perecer de ham­
bre , queriendo ganar tiempo para socor^
rerme , y desde este momento no admite
su compasion-otra idea , obstinándose en
el pensamiento de darme libertad. Era
Ja empresa tan difícil , que tocaba en la
raya de lo imposible ; pero la misma di­
ficultad Je inflamaba el deseo : capricho
propio de un corazon de muger , que
no se contenta con Jo fácil* E l ardor con
que un Emperador joven gobernaba, y
el empeño con que esta orden venia , le
hacían temer la última desgracia de su
padre y ó de sí propia , si por acaso se
llegase á sospechar el crimen* Sin embar­
go > de qualquier modo que discurría,
■el remate de todos sus discursos siempre
e ra , que me habia de dar libertad* É s­
te era como -cI:eentro del laberinto en
que se hallabai y adonde la conducia* siem-
LIBRO VIL 299
pre su ánimo generoso,
26 Pierde el sueno , y la paciencia,
fastidíala toda conversación , y divertir
miento , anda solitaria, , y pensativa > de
modo , que parecia iba consultando Jas
paredes , los arboles, y las peñas. Un
dia que inclinada sobre el parapeto de
la fortaleza mezclaba con Jas aguas del
rio las que derramaban sus ojos , advir­
tió que las olas entraban debaxo de la
cárcel por una gruta subterránea* En ­
tonces se acordó de haber oído , que lá
cárcel tenia cierto sumidero oculto, por
donde antiguamente algunos prisioneros
habían sido entregados á las aguas , y
i la muerte ; y la ocurrió un arbitrio pa­
ra salvarme , y darme la vida por la,
puerta de la muerte. Habiéndolo , pues,
preparado todo según su. idea , persua­
dió á su padre , que sería mas conve­
niente arrojar al prisionero en el sumi­
dero para dar mas pronta; respuesta í la
impaciencia, de Alexo. Aprueba el odio
de Teócrito el consejo que discurrió la
amistad ; y sin detención élmismo quieT
*e ser mi verdugo , para no fiar de otro
ú secreto Imperial, Quiere, mas no pue­
de
3oo EL HOMBRE FELIZ*
de Hermilla persuadirle á que dilate la
execucion ál día siguiente. Ella necesU
taba hablarme primero , y dar ciertas
disposiciones de la parte de afuera para
poder salir bien con la empresa ; mas
no habiendo tiempo , veía que habia si­
do el mas cruel verdugo de quien tan­
to estimaba, y arrepentida del consejo
sofocaba en su pecho el dolor mas cruel,
y mas desesperado. Heis aquí que veo en^
trar en la mazmorra al resuelto Teócrito*
¡ Dios mió ! ¡ que admiración fue la mia
quando leyó la orden Imperial! De re­
pente se desvanecieron todas las espe­
ranzas , que á pesar de mi cautela ha­
bía concebido mi corazon. Mira aquí el
trono , rae decia yo í mí mismo ; mira
aquí tu felicidad j pero luego, como si
hubiese pasado una nube , me vino la
luz de la razón , y confirmándome efi­
cazmente en la idea que tenia hecha de
la Providencia suprema, y en la de los
bienes , y males del mundo , me sose­
gué , respondí á Teócrito , que me
daba mil satisfacciones: Justo es , ami­
go , que obedezcáis á vuestro Soberano*
En nada me ofendéis 3 y nada tengo que
LIBRO VIL 301
oponeros. Como vos no sois el Juez , es
inútil alegaros mi inocencia ; pero quiero
pediros , que quando diéredes parte al ,
Emperador de Ja fiel execurion de sus |
órdenes * Je escribáis > que aquel mismo \
Miseno , í quien en los bosques de Si­
lesia dio la mano de amigo : aquel M i-
seno , á quien por sus diligencias debe
la Corona > que los Caballeros de la Cru­
zada acaban de ponerle en la cabeza:
aquel Miseno , á quien el Emperador
su padre juró perpetua amistad por to­
do quanto hay en el Cielo , y quanto
tiene en la tierra de mas sagrado j ese
mismo no se aflige con esta recompen­
sa > que ahora recibe de ellos. Decidle
de mi parte , lo que dixe muchas veces
á su padre y quando preso por sus res­
petos le consolaba en la cárcel , que so­
lo quien obra mal es infeliz ; y a s í, que
ni él con toda su tiranía , y poder , ni
3a muerte con todos sus horrores me
podrán privar de la sólida felicidad que
espero : que soy condenado por quien
me debe el trono ; pero que no me á í-'"
repiento de los beneficios que le hice,
porque jamás me pesó de obrar bien. De­
cid-
302 EL HOMBRE FELIZ.
cidle , que le agradezco el darme oca^
sion de exercitar con mérito esta he-
royeidad , y que sepa , que ningún ami­
go me puede hacer tanto bien , como éí
me hace ahora siendo mi enemigo , por
quanto me obliga á la acción ,mas he-
royea , que puede hacer un mortal, que
es perdonar ingratitud semejante* Esto
dixe , y quedé con un ayre tan sere­
no , como el que ahora tengo , de suer­
te , que hasta de mí mismo me admi­
raba. Juzgad ahora vos qual sería la ad­
miración de Teócrito. Pierde el color del
rostro > los brazos se Je caen : el cuer­
po le tiembla : quiere hablar , y no pue­
de , y en fin se retira confuso,
27 Hermilla , que oía nuestra con­
versación , viendo á su padre aturdido,
y que no se resolvía á executar la or­
den , ni á resistirla , se revistió artificio­
samente del deseo de ser la executora de
la sentencia , y que pues el reo no la
repugnaba , menos penosa le sería. Ale­
ga que ninguno podía escapar del furor
tle Alexo , y que si llegaba á manchar
sus Reales manos en la sangre de un
amigo inocente * mucho mas la teñiría en
la
LIBRO VII, joj
la de un vasallo culpado , que intentase
eludir sus decretos; y asi > que quería
ella estudiar medios mas á propósito > y
que en Ja noche siguiente se ofrecia a
persuadirme , que yo mismo me entra­
se en el sumidero > supuesto que no re­
pugnaba hacerlo. Consiente Teócrito ; y
Hermilla teniéndolo ya todo preparado,
í una hora oportuna entra en la cárcel
con paso resuelto, me declara todo el
secreto de su generosa amistad 3 diciendo-
m e, que por debaxo del sumidero halla­
ría una especie de barca , ó voya de cor­
teza > que habia mandado poner allí por
medio de un pescador ciego con el oro,
V engañado con ciertos motivos , y que
una cuerda atada á esta voya me con­
duciría fuera de la caverna > y que me
esperaría en la playa para darme el so­
corro necesario* No me da tiempo á la
respuesta , porque los momentos de la no­
che eran .muy preciosos , y tomándome
del brazo me hace baxar al precipicio.
28 ¡ Ah ! habíais de ver aquella al­
ma luchando entre la ternura, y el va­
lor , entre los peligros de la muerte , y el
deseo de la vida , entre el crimen , y el
mié-
EL HOMBRE FELIZ.
miedo , entre el secreto, y la luz : en uní
palabra, entre los conatos de su cora-
2011 , y los movimientos involuntarios de
su semblante , retiraba de mi quanto po­
día su rostro bañado en lagrimas , y sos­
teniéndome con las manos trémulas, me
dexó en fin caer en lo profundo,
29 Al caer me sumergí del todo en
las olas ; pero nadando me vi sobre ellas,
encontré la barca , y poco despues sen­
tí verme tirado, y conducido por todos
aquellos horrores subterráneos. En fin sal­
go al rio desde la caverna , como si re­
sucitase de un sepulcro , y poco despues
veo í mi bienhechora , que me habia
preparado en la concavidad de dos pe­
ñas lumbre para calentarme, y vestidos
para mudarme * y mientras yo cobraba
algún calor , y me reparaba del susto, me
habló de esta manera:
; o En fin , ya estáis libre, honrado
Caballero : os doy el parabién , y me le
doy i mí misma por ser el instrumento de
vuestra vida, y libertad. Nunca tuve ma­
yor gusto, y doy mil gracias al Cielo por
haberme dado este pensamiento , y fuer­
zas para executarlo. S í , doy las alabanzas
al
LIBRO VIL ?0y
al Ciélo > porque en esta áccior) no me co­
nozco á raí misma. No fue Hermilla quien
os conservó 3a Yida,iu@ la Providencia su­
prema * baxo cuya protección descansáis.
Ahora huid , retiraos antes que venga el
día , y subiendo a Jo largo del rio , pa*
saos í la Bulgaria para que ninguno sepa
jamás mi delito >porque de oirá manera
yo > y mi padre , que todo lo ignora > es-
tamos perdidos. ¡ A h ^ .y si supieseis á qué
riesgo me expongo solo por libraros! Mas
no importa* Protegí la virtud > y es*
to me basta; pero no quisiera que me hu­
biese visto el cielo : me temo de esas nu­
bes que nos observan * de esas aguas que
murmuran: temo hasta de éstos mudos
peruscos, y aun á mí misma me temo. Sí*
porque el corazoh retratado *n el semblan*
te podrá tal vez descubrirme. Quisiera ig­
norar lo que hice , y que ni aun vos lo
supieseis* Quisiera que totalmente os olvi­
daseis de mí y y me fueseis siempre ingra­
to* Ved á que extravagante exceso llega
mi corazon afligido. Caballero > borrad
de la memoria lo que estáis viendo , para
que no pueda vuestra voluntad agradeci­
da (acaso sin advertirlo) pronunciar mi
- T m * I. Y nom-
3 oí EL HOMBRE FELIZ.
nombre. El corazon me está palpitando: el
susto me está oprimiendo fuertemente mien*
tras os veo* A D io s, Caballero, í Dios
para siempre, que nunca mas os volveré i
ver ¡ Y para qué , ó triste suerte, me hi­
cisteis conocer persona tan benemérita! Pe­
ro está bien, A D ios, acordaos siempre
de m í, mas no...olvidaos* Y o no sé lo qué
digo* Este es el camino, apartaos.
31 Y o me aparto, le dixe; pero íc it
dentro de la gruta, donde moriré, porque
no corráis peligro, y si sospechase que te?
níais el menor riesgo, de ningún modo
hubiera aceptado vuestro favor, no siendo
justo comprar tan caro mi libertad , y mi
tida* ¿Queréis que ponga en balanza vues­
tra vida inocente con el resto miserable de
mis días, y dias de tribulación ? Aun eu
el caso que yo en lo venidero la hubiese
de tener deliciosa , y dilatada, ¿qué gus­
to podría lograr de ella, sabiendo que vos,
y vuestro padre corríais peligro de perderla
por mí? No por cierto*Hallóme con valor
para soportar la muerte mas horrorosa,
pero no para vívir con semejante disgusto.
l Qué vil flaqueza es la que me aconsejas­
teis ? Veo venir rodando sobre mí desde lo
, LIBRO VIL 507
alto' Urt peso inmenso de trabajos, ¿y aho­
ra que llega el punto , el punto terrible
de quedar Oprimido * le hurtaré medrosa­
mente él cuerpo , para que Venga á caer
sobre vos? ¿Sobre vos , inocente ? j Sobre
vos , í quien los Cielos no los destinaban?
|Sobré .voí , para que quedeis del todo
perdida ? ¡ Ah I no, Primero caerán los
Cielos > 6 faltará del todo la tierra : pri­
mero se trastornaran los montes, y valles,
que yo haga una injuria tan grande á la
inocencia, tal oprobrio á la virtud, y seme­
jante afrenta á mí mismo. No, perezca mil
veces Miseno * yá que así lo quieren los
Cielos J mas no perezca por su causa la ino­
cencia* Esto dixe; y sin saber lo que hacia,
me arroje á buscar la gruta de donde había
salido*
32 ¿ Adonde vais * ingrato? exclamó
Hermilla* Ingrato, ¿qué quereis perderme
del todo ?
j 3 Este nombré de ingrato me hirió
como si fuera un rayo. Me paro : vuelvo,
y veo í HermÜia ahogada en sollozos, y
lagrimas que la sofocaban, y que con un
furor extraño me decia: ¿ Y qué nueva es­
pecie de política es esta ? ,¡ Despreciar un
Y Z be-
"3oí EL HOMBRE FELIZ.
beneficio que tanto me ha costado! ¡pisar*
lo primero, y despues tirarme con é l ! Sí
no a preciáis la vida por Jo que es en sí,
estimadla , por ser dadiva mia. Creed que
no pudo el infierno sugeriros medio mas
propio para darme la muerte con disgus­
to , y reventar de pena. Si sois Caballe­
ro , no ignoraréis los fueros que me d i mí
se x ó ; y si despreciáis ruegos , no des*
obedeceréis los preceptos. Quiero, y man#
do que acepteis el favor que os hago*
¿Tiais tanto de la Providencia en lo que
os toca i v o s, y tan poco en lo que to­
ca á mí? ¿Por ventura no tengo yo el
mismo Dios , que vos tenéis ? ¿ ó solo
para mí ha de ser Dios descuidado.? ¿No
resististeis í la^mano soberana, quando por
medio de una criatura os encarcelaron , y
resistís quando por medio de otra os da
libertad ? ¿N o es mi mano digna de ser
instrumento de D io s, quando io fue la
del tirano Alexo ? ¿Qué es lo que quereis
hacer ? \ ser homicida de vos mismo ? ¿ Y
en dónde hallasteis Religión que os lo per­
mita ? ¿ley de capricho 4 ó de honor que
os lo tolere? Decid , ¿á quién pretendeis
agradar en. esta bárbara acción ? ¿ í Dios,
que
1 IBR0 VIt 509
que la prohíbe , y detesta , al mundo que
la ignora , ó á m í, a quien en eso hacéis
la mayor injuria, y afrenta ? Yo quedé
asombrado con sus razones, que mezcla­
ba con lágrimas > y con una eloqüencis
tal , de que no son capaces los hombres*
Quise responderla agradecido; mas cor­
tando todos mis discursos, me dixo con ayre
imperioso, y muy seco : yo os creeré agra­
decido, quando os viere obediente* Partid;
y si queréis huir del crimen de ingrato, re­
tiraos luego de aquí,
34 Juzgué que no debía resistir í la
Providencia, y comencé í caminar á lo
largo del Esker, y dexando á la izquier^
da la Ciudad de Sofía , entré en la Bul­
garia , donde ya estaba Ubre del poder
d eA lexo . Comenzaba la aurora í dorar
las cumbres de los montes , de donde ba­
saban los pastores conduciendo sus ove­
jas , y yo postrado en tierra , adoraba la
suprema Providencia. Una mano descono^
cida me guiaba, y yo sin saber adonde,
iba caminando, Al mismo tiempo venían
por la Bulgaria dos Ungaros, que me ha­
bían visto en Zara pocos meses despues
que los Caballeros de la Cruzada la ha*
Y 5 bian
Jto EL HOMBRE FELIZ,
bian sacado de poder de su Soberano#
Estos conociendo que yo era Polaco, con
mucha política me brindaron con su com­
pañía en una embarcación que baxaba por
el Esker , y los IJebava al Danubio , por
donde habían de subir hasta Buda, E l mas
joven de ellos estaba nombrado para ¡r en
calidad de Embaxador á dar el parabién de
parte de su Soberano á mí padre , que ter-
cera vez habia subido al trono de Polonia*
E l otro era Andrés granean , Caballe­
ro bastante viejo , y muy maduro , y ex-*
perímenrado. Acepté la oferta viendo que
no conocían mí nacimiento, y comenzamos
í viajar,
3 y El Embaxador me informó de que
Ja Regente muger de Casimiro habia co­
nocido por la persuasión de Nicolao Pa­
latino de Cracovia, que eran falsos Jos
crímenes 5 por los quales Mieceslao habia
sido depuesto del trono, y que sus ma-*
nos, aunque caducas por los muchos años,
m n el mejor depósito- para guardar..en
ellas el cetro que queria poner i su tiempo
en las de su hijo Lesko,
. 3 6 Ahora (decia él) ningún susto pue­
de tener la R ey na, porque Leskó no tienq
; ' com*
LIBRO VIL 311
competidor en los hijos de Miecesíao. E l
mayor de edad murió en una batalla: UJa-
dísíao, que era el segundo , no se sabe
de él ; y no habiendo rival , ¿ quién duda
que Mieceslao cumplirá la palabra que ha­
bia dado de adoptar á su sobrino ? En ­
tonces sin la menor duda pasará el cetro
de sus manos á las de Lesko , que es hi­
jo de Casimiro por naturaleza, y de Mie­
ceslao por adopcion* y heredero del mismo
trono por dos títulos diferentes. Mas si
Uladislao apareáis reí', se preparan grandes
guerras» porque cada-uno de los dos pri­
mos tiene derecho muy fuerte; y como los
Soberanos tienen la infelicidad de que so­
lo Ja fuerza es el juez de sus causas, Ja san­
gre de los pobres vasallos es la que ha de
decidir la disputa, '
37 Tan extraña mé fue toda esta con­
versación, como si jamás hubiese vivido en
las Cortes.Mi sangre fría, mí espíritu tran­
quilo , y mi corazoninmóvil; ninguna al­
teración sentia aun oyendo disputar én mi
presencia sobre el derecho que tenia yo í
la corona. Tan diferente estaba ahora en­
trando en la Polonia de quando salí de
rila , que lo mismo que entonces apece-
Y 4 cia
j 12 EL HOMBKE FELIZ,
cía con desesperación , ahora lo detestaba
con desengaño. Semejante al aguila , qu§
despues de volar largo tiempo > mira alta­
nera , y con desprecio las mismas nubes*
y vapores viles, que antes de levantar el
vuelo veía , y admiraba como cosa ce*
lestia!,
38 Temia intrincarme en esta conver-*
sacion, recelando que por alguna palabra
pudiesen conocerme; mas para no hacer mi
silencio sospechoso, tokdixe lo que enten­
día, aprobando U resotucion de la Réyna,
y añadiendo, que aunque Uladislao apare­
ciese > ningún derecho tenia a la Corona
por ser Lesko hijo del último R ey , que
había rey nado en su nombre. Que Lesko
representaba í su padre Casimiro , y Ula-
dislao solo representaba al suyo. Y ha^
hiendo sido Casimiro preferido á Mieccs-
lao para el trono , por Ja misma ra¿on so
debía juzgar la preferencia en los hijos*
Añadí m as, que el subir Mieceslao al tro-*
no solo era en virtud de la cesión que en
el habia hecho la Rey na como Regente, y
que la regencia del R ey no jamás ha dado
derecho contra el pupilo. Que bien me7
morables eran las desgracias de los G ris*
gos
. tIB R Ó v a
gos desde que Andróníco, Regente del
Imperio en la menor edad de su sobrino*
le habia usurpado la Corona, y que las
mismas desgracias sucederían en Polonia3sÍ
Uladislao quisiese invadir el trono,
39 Convenía conmigo el Embaxador
en lo que toca al derecho ; mas opinaba»
que siempre habría guerras, si Uladislao
se descubriese » porque siempre hallaban
derecho los Soberanos para disputar el
cetro, quando tienen fuerzas para ello,Re­
feríame lo que mis abuelos habian hecho
(no sabia él con quien hablaba), gQiie de*
recho tenia Poplier II, (decia) para man­
dar matar i sus tíos solo porque le repre­
hendían de sus muchos excesos , y vida
monstruosa? ¿Qué derecho tenia Uladislao
L quando subió al trono por muerte de su
hermano Boleslao, para matar con veneno
í su sobrino Mieceslao, heredero legítimo
de la corona ? ¿ Qué derecho tenía Uladis­
lao II. para privar á sus hermanos Boles-
lao, y Mieceslao, que hoy reyna , y á En ­
rique de las legítimas que su padre Boles*
lao III. les había dexsdo ?
40 No es preciso ir mas lejos para ver
que el infeliz trono de Polonia es el teatro
de
j 14 EL HOMBRE FELIZ.
de mil injusticias y como a&ualmente ló
vemos, g Qué derecho tenia Casimiro para
arrojar del trono ¿ su hermano mayor
Mieceslao , siendo Casimiro excluido de
¿1 por el silencio de su padre, el qual di­
vidió sus estados en los quátro hijos pri­
meros , dexando fuera á Casimiro ? j Qué
mucho será que el Príncipe Uladislao , que
anda oculto, siga el exemplo de los otros
dos, y que á fuerza de armas excluya á
Lesko del trono* vengando un hijo en otro
la injuria que los padres habían hecho ? A
mas que si los crímenes de Mieceslao, ver­
daderos, ó supuestos , Je hicieron indigno
de la corona que ccñia, no pasando los vi­
cios í su hijo , ninguno le puede negar el
cetro. Dios libre á la Polonia de que Ula­
dislao se manifieste , porque no puede, de­
sear de ser muy disputada la corona í fuer­
za de armas. C allé, porque no convenia
hablar. Entonces Brancan con juicio tan
maduro como su edad ponderaba el des­
orden de estas disputas , ¡ qué locura (de-
eia) comprar con la sangre de los hijos pro­
pios la vanidad, la aflicción , y la suerte
mas infeliz, que se halla en el mundo! Ad­
miróse el Embaxador de la proposición de
Bran.
' LIBRO VIL 31 j
B rin can , y este cobrando mayor calor del
queprometian sus años, comenzó á discur­
rir, de manera,, que si hasta allí estaba yo
con indiferencia al cetro, despues de esta
conversación le cobré un grande horror*
4 1 Un verdadero Filósofo (decía Bran-
can) no estima las cosas por el nombre,
ni por la ciega estimación del vulgo > sino
que estableciendo el principio s ó esencia
¿ e Ja felicidad de vida y la va aplicando
como piedra de toque á todo lo que se le
ofrece, y entonces conoce qué quilates de
bondad tiene cada cosa para saber si mere­
ce el precio que por ella se le pide*
42 Apenas oí este principio , dixe en­
tre m í: ved aqui un hombre que se pue­
ble llamar hombre, porque discurre muy
sólidamente ; y con mis palabras, y pre­
guntas le hice proseguir esta conversación
que me sirvió no poco para confirmarme
en muchas máximas quey a tenia yo estable­
cidas , y para conocer otras de nuevo. Exa­
minemos (dice él) todo lo que puede ha­
ber en un trono , para disculpar la am­
bición con que se solicita* En primer lu­
gar supongo 9 que la basa de toda la va*
■jiidad ha de ser la independencia, ¿Y quién
6 EL HOMBRE FELIZ.
feay mas esclavo que un Príncipe Sobe*
rano ? las leyes del trono le aprisionan,
de suerte que no puede moverse de un
Lugar á otro sin llevarse tras sí media
Ciudad * ó tal vez medio Reyno ; , ¿ y
qué otra cosa hace un esclavo sujeto í
un cepo ? Todas sus acciones son vistas,
y públicas : ^ y qué mas tiene un preso
con centinelas de vista ? No hay quien
no se atreva á examinar , y criticar to­
das sus acciones y palabras , y aun pen­
samientos. Vereis que la mas indigna con­
currencia de gente de la plebe se toma
autoridad para llamar al Monarca a jui­
cio , y en su ausencia acusarlo sin exa­
men * y condenarlo sin réplica. Unos le
notan de injusto , otros de ci ucl , otros
de avaro, &c. Ahora ¿qué mas infeliz se*
ría un reo , arrastrado de tribunal en tri­
bunal sin poderse defender ? ¿ Qué aflic­
ciones no trae consigo este encanto de
la corona ? \ Quántas espinas tienen los
colchones de plumas * que no dexan cer­
rar los ojos con la inquietud , y cuida­
dos ? El Príncipe ha de revolver en su
pensamiento los sucesos mas peligrosos,
pero ha de tener el semblante sereno.
Ten*
LIBRO VIL " jif
Tengá €tl hora buena en el coraron Já
pena mas aguda y el disgusto mas cruéí,
el susto mas bien fundado , pero ha de
hacer de suerte, que no ha de manifes­
tarlo 5 no ha de dar que hablar , no se¿
que se diga en las gazetas que el Prín*
cipe está afligido , porque es deshonra
del corazon Real dexarse vencer de los
afeíios de la ínfima plebe. \ Y quien vió
prisión mas cruel , estado mas infeliz,
que 110 ser Señor de su corazon , ni de
su semblante , ni de su alma ? Con es­
tos , y otros discursos nos fuimos en­
treteniendo !os tre s, ya conviniendo , ya
discordando hasta que cerca de Belgra­
do me separé de ellos * dexandolos se­
guir el Danubio para ir á Buda , y to­
mé el Tcysse , que corta derecho á Po­
lonia , y dexando después ese rio para
tomar el T arcza, llegué á las famosas
jnontañas de Krapatz , que dividen la
Polonia de 3a Ungria , y en ellas me
detuve algunos dias viviendo con los Pas­
tores como si fuese uno de ellos. Pocos
dias despues supe que mí padre se ha­
llaba muy débil , y enfermo , quise so­
focar el amor filial temiendo los emba-
^ 18 EL HOMBRE FELIZ*
■tazos de la Corte ; pero sabiendo que 3 é
día , y de noche no suspiraba sino por
su hijo Üladislao 1 un impulso á que no
me pude resistir, me llevó incógnito, y
volando, a sus brazos*
I NDICE
V A N A L I S I S DE E S T F V O LU M EN *

L IB R O P R IM E R O . :

D Escrípcion del rio Niester, y del sitió


en que Miseno se encontró con el
Conde de Moravia, y la Emperatriz So­
fía* num. i.
Descripción de Miseno , y de sü alegríaí
num, 4.
E l Conde expone á Miseno su pesada trisar
teza, num. i r .
Sofía le declara la constante fortuna. * que
acompañaba al Conde* num, 12 .
E l Conde la confiesa ; pero declara la tris­
teza que en esa misma fortuna le opri­
mía , num. 1 3 .
Miseno le pronostica sólida alegría si to-
máre sus consejos, num. 1 7 . '>
L a Princesa acude refiriendo también los
motivos de su aflicción en la infeliz suer­
te en que se halla, num. 19* *
Refiéreme los catástrofes de Constante
nopla despues de la prisión del Em -
Pc“
$2o INDICE.
pérador Isac Angelo, narfl. 2 í .
Miseno hace una pintura de la felicidad
, que le vino por medio de las desgracias,
íiurn* 2 j*
Sofía , y el Conde dudan que sea posible
tal estado, sino en ún genio insensible,
num. 2 6 ,
Miseno confiesa que le vino por medio de
la Filosofía , que atribuye í la luz del
Cielo , y refiere el modo con que lá
obtuvo, num. 2^,
¡Prueba Miseno , que podemos ser felices
en la vida , num* 34.
Declara también que no consiste la felU
dad en no padecer trabajos corporales,
■ sino en la virtud 3 y qualidades del al­
ma 9 num. 4 6é
Pespídense de Miseno los dos hermanos,
* y prometen Volver al siguiente dia para
que Ies declare mejor en qué consiste la
felicidad de la vida, num. 47*
La Princesa pide 2 Miseno que le comuni­
que su doctrina con la comparación de
una fuente que provee á las ovejas se­
dientas 1 num* 48<

X I*
IN D IC E ,

L IB R O II.

S E retiran los dos hermanos consultando


entre sí donde estaría la felicidad de U
vida , y entre tanto la tristeza convo­
ca en los Infiernos á. todas las demás
pasiones > pidiéndoles socorro contri
Miseno., num. i.
Sale de los abismos el espíritu del error
para ocupar el entendimiento de Ibra-
hin , é impedir los progresos de su doc­
trina en el espíritu del Conde, n, 3.
Descripción de la noche serena v y bella,
con cuya amenidad se confirman los dos
hermanos en que es posible la felicidad
de la vida , num. 4*
Siente ya el Conde menos tristeza solo con
esta esperanza, y explica Ja mudanza de
su corazon con el simil de un Piloto, que
- habiendo casi naufragado por la nocKe
en una costa, ve en fio el clarodia^. 7 .
Confiesa el Conde que no puede halkrse
esta felicidad en la pasión del amor, y
hace una pintura de lo que padece, el
que se entrega í semejante pasión, n. 9.
La Princesa lo confirma y describiendo los
zelos, num. n *
Tom. I , Z Con-
522 INDICE.
Convienen ambos en que no hay amante
contento por mucho tiempo, num. t z •
Persuádese la Princesa á que solo en el cam­
po se hallará perfeóta alegría , y descri­
be las aflicciones de la Corte , n. 14 .
Entre tanto encuentran en un bosque un
ruiseñor cantando á desafio , n* 1
Niega el Conde la alegría del campo por
la uniformidad de vida que en él se lle­
v a , num. 16 .
'Responde la Princesa que el entendimien­
to sabe variar las diversiones, n. 1 7 .
Sale al encuentro Polidoro. Breve notlcií
de quien es, y de los servicios que hizo
i Balduino en su desgracia, num, 18 ,
Dale parte de su empeño con la compara-*
don de un avaro, que busca en su cam­
po el tesoro que le dixeron habia en
e l , num. 20.
Describe Sofía la belleza de la Primave-*
ra en el campo, y Polidoro la del Ve-»
rano, num. 2 1 .
Replica la Princesa prefiriéndola del Oto­
ño , num, 2 2 .
Describe también una pequeña simiente,
fruftificando, num, 2 3 .
Impugna el Conde la habitación en el cam­
po,
IN D ICE> ,323
p o, haciendo una fea descripción del
Invierno, num. z $*
Respóndele la hermana con uná hermosa
pintura de .esta estación , y con la des­
cripción alegórica del estudio de la His­
toria , Poesía > y Bellas Letras que se
cultivan en este tiempo , num.
Llegan í casa > y Polidoro vota con la
Princesa, que no puede haber alegría
verdadera en las Cortes , comparando
estas á-los estanques de peces , al urá-
can furioso* y í los hormigueros descu*
biertos , num. J 5*
ElC onde.lo repugna dando por causa la
soledad del campo 5 num. $8, s- 7 -
Ibrahin vota que solo en lás-ciencUs pue-r
de estar la alegría y y lo demuestra con
un ayre matemático, y pedantesco con­
forme i su carader v num*; j $>., ;
Poseído este Filósofo del espíritu del; erroi^
niega que pueda haber en la; vida ale­
gría sólida con los trabajos, num. 4 2 ,
E i espíritu del error va á triunfar del. enr
tendimiento del Conde , mim, 4 3.
324 INDICE,
L IB R O III.
AN el Conde, y la Princesa muy de
V mañana á visitará Miseno , y descrí­
bese una alegre madrugada s y el naci­
miento del s o l, num, i .
Duda el Conde de la doftrina de M i-
seno j y se halla muy confuso en su
juicio , num.
Encuéntrase con Miseno , num. 4.
Comienza Miseno á contarles su historia,
num. y.
Elogio que hace Miseno ¡de su padre
Mieceslao, y de Bolcslao su abueloj
num. 6 . '
Desgracias de Mieceslao, num, <8.
Huye Miseno de Cracovia: muda de trage,
y nombre : déxase poseer de la melan­
colía , y busca los sitios tristes, n; 1 1 .
Descripción de un bosque temible, n. I 2 #
En el centro de él encuentra una lumino­
sa gruta , num, ’ 14 .
Entierra á un varón santo , y halla las San*
tas Escrituras, num, 15 .
Forma nueva idea del verdadero heroys-
m o ,y felicidad de Ja vida, num, 1 6.
Comienza á arder en deseos de la verdade­
ra
rttDICE* j2f

rá felicidad , num. 18.


Lee en las Escrituras, y siente el corazon
mudado , num. 19 ,
Sale fuera de la gruta : duerme , y suena
que ve á la sabiduría: describe este sue^
no , num. 20*
Reflexiona Miseno en el sueno : ve qua
concuerda con lo quehabia leído enks
Escrituras 3 y queda persuadido que te­
nemos en nosotros mismos la fuente de
la verdadera alegría, num. 2 3 .
Duda el Conde , y dice que en nosotros
tenemos la fuente de la tristeza , n. 24^
Miseno conviene también en eso , n. 2 5.
Prueba la Princesa que el hado no nos
puede hacer infelices , y que no hay
hado , num. 27.
Explica Miseno qué cosa sea el hado , ó
la fortuna , num. 30.
Insta preguntando al Conde quien es el
' que puede hacer á uno infeliz si él mis­
mo no concurre á ello por sus acciones *
num. 3 1»
E l Conde responde que es Dios la cau­
sa , num. 32.
Miseno le arguye , y convence de su er­
ror 1 num. 3 3 ,
Z ? Dfc
526 ín d ic e ;
Diferencia de la grandeza de los hombres
á la de Dios > num. 34.
Examina Miseno el origen del hombre*
y prueba que Dios le hizo para ser fe**
liz, num. 36.
Convencido el Conde , declara la Prince­
sa que solo las criaturas son la causa de
nuestra infelicidad * num. 38,
No conviene en eso Miseno* demostrando
que Dios no dexair sin gobierno el car­
ro de este mundo , para que nos atro­
pelle > y oprima , num, 39,
Continúa probando que la Providencia nos
conduce á nuestra felicidad por los traba­
jos* y lo acredita con su historia, n. 40,
Encuéntrase Miseno en la Silesia con el
Príncipe Alexo , hijo del Emperador
; Isac Angelo , que quedaba preso en
Constantinopla 3 num. 4 1 .
Propónele Alexo la intervención de la Po­
lonia , í fin de que su padre sea resti­
tuido al trono , num. 4 3.
Respuesta de Miseno disuadiéndole de la
empresa , num. 4 6.
Inquiétase Alexo, y se aflige no pudlendo
detener la serie de sus trabajos ,n . 4 7 .
Acompáñale Miseno para impedir los des*
ór-
INDICE. 527
órdenes de su furia * y disuádele de las
falsas opiniones de Epicuro , que halló
en él 5 num* 47.
Refiere la Princesa los desórdenes delPruv
cipe Alexo en su mocedad, hum, 48,
Manifiéstase el Conde inclinado al sistema
que la felicidad de la vida consiste en
losdeleytes , num, 49,
Impugna Miseno este absurdo , y prueba
también que la felicidad solo puede con^
sistir en lo que pertenece al alma, n. 50.
Concluye de aquí que no puede depender
de los hombres, ni de la fortuna,n. 54 ,
La infelicidad de la vida viene del error
que tenemos, ó acerca de Dios , ó
acerca de los bienes, y males de la vi­
da ; y por consiguiente depende la fe­
licidad del buen uso del juicio s y de
l i voluntad, n* j y. y 6 y 57,
*

L IB R O IV*

P Arte Miseno á Zara , y se halla en una


conversación de los Caballeros de la
Cruzada, num. 2.
Disputa entre Neuville , y Grafton sobre
la Providencia Suprema, Prueba este con
Z 4 evi~
328- INDICE.
evidencia que Dios quando le dexángo*
bernar obra siempre lo mejor, n, 3.
Desafio literario con Neuville , á quien
convence Grafton , num. 12 .
Diferencia grande entre los que murmuran
de la Providencia, y los que confian en
ella. Manifiéstase que á estos solos
acontece siempre lo mejor, num. 18 ,
Utilidad que Grafton halla en su cegue-*
ra , num. 2 3 .
Confirma la doítrina sobre lá Providen­
cia , num. 24,
Propóncse á Miseno la expedición de lá
Cruzada para la toma de Constanti-
nopla , num* 26.
Perora Miseno í favor de la expedición,
num, 2 7 .
Reprehende Grafton a Miseno privadamen­
te desaprobando la expedición , n. 3 j .
Máximas de Grafton sobre los trabajos*
num. 38.
Confírmase la utilidad de los trabajos con
el símil de una madre que hace sangrar
á su tierno hijo , num. 4 1 ,
Aplícase esta comparación i la Providen-*
cia ¿ num. 44.
Huye Miseno del tumulto de las Cortes,
y
INDICE. '$2»
y le roban , num. 4 5 ,
Jtecógenle en una cabaña dePastores, n. 4 6*
Admírase Miseno de la hospitalidad del
Pastor Polibio , y queda allí por cria*
d o , ó por hijo*

LIBRO V.

L A Princesa deplora este suceso de MN


seno comparando su estado con el an^
tiguo , num. 2.
Elogia la Princesa la honra de General en
Xefe , num* 5.
Paralelo que hace Miseno entre el Pastor,
y el General , num, 6 ,
Describe con horror el empleo de General
en una batalla , num. 1 2 .
E l Conde hace de este brillante cargo una
pintura encantadora, num, 16 .
Respuesta de Miseno , num. 17 ,
Muestra Miseno que la mayor parte de los
males, y bienes tienen los nombres tro­
cados , num, 18 ,
Disputa de dos Pastoras sobre la belleza
extraordinaria , num, 19 .
Aprueba la Princesa el voto de Miseno, que
las raras qualidades son castigo ; y hace
una
i $0 INDICE.'
una descripción de la envidia , n, 32.
Comienza á prepararse en el mar Adriáti-
tico la expedición contra Constantino-
' pía , num. 3 j.
Sabe el tirano de esta Capital el consejo
que dio Miseno , y le hace buscar por
todas partes, num. 3 6,
Consulta í los hechiceros, y entra en uná
< caverna , num. 37.
Miseno componía entre tanto la disensión
de ciertos Pastores, y se hicieron cánti*
- eos í la paz , que él restituyó en aque*
líos campos, num. 3^*
por la fama del Pastor extrangero descu­
bren á Miseno, y le llevan preso áCons*
tantinopla , num. 46.
Acomódase Miseno con sus trabajos, des-
, cubriendo en ellos grande utilidad, go­
bernándose por las máximas de la sana
Filosofía, num. 48*

L IB R O V I.

D Escríbese la cárcel de Constantinos


pía, num. 1 .
Avívanse las pasiones de Miseno, pero en
fin duérmese , y sueña 7 que ve en el
mar
IN DICE. jji

mar tin peñasco, y dentro de él á un


Príncipe , num. z*
Habla con el preso Emperador Isac Ange­
lo , le consuela, éste se alegra , y des­
pues se desespera , num. 5,
Serena Miseno al preso Emperador con el
sueño precedente , probándole con él*
que en la serie de Jos sucesos, que dis­
pone la Providencia , los males tiran de
los bienes, num. 8.
Para convencer Miseno al Emperador hace
de sí mismo una fea pintura , quando
la fortuna le lisongeaba , num. 14 .
Ablandase el Emperador , y confiesa, que
merece los castigos del Cielo ; mas por
último se desespera, no queriendo su-*
frir sus trabajos , num. 5*
Instale Miseno, convenciéndole , que los
trabajos son siempre útiles , y que de­
bemos emplear nuestro juicio en hacer
que ellos nos consuelen, y alegren, n*
Persuade Miseno al Emperador, que solo
de Dios , y de él depende su felicidad*
num. 2 6 .
Oyen repentinamente una revolucionen la
Ciudad , y que tocan á rebato, n. 30*
Descríbese la perturbación de Constanti­
no-*
33* INDICE*
ncpla , num. 5 1,
Suben los dos presos i una gáritá, y ve
Mis-no los preparativos para el comba»
t e , num. 33.
Sobrevino la noche, en que se trabajó por
una, y otra parte , num. 38.
Contiende el Príncipe Alexo en una esca­
ramuza con su tío disfrazado , n. 39.
Ataque vigoroso de la Ciudad , tn 40.
Tocase í recoger ; quando llegó Ja según*
da noche. Promete el Emperador ciego
á Miseno muchas recompensas, si llega
a reynar, y éste desprecia siempre U
oferta , num, 45*
Llega la madrugada * y renuévase el ata­
que y num. 47.
Entran Jos Latinos en la Ciudad, y el Prín­
cipe mata á Timoteo su amigo, n. 48.
Huye el Tirano, y rindese la Ciudad, n. 49,
Van í buscar 4 Isac Angelo á la cárcel pa­
ra restituirlo al trono, y dexan en ella i
Miseno,

LIBRO VIL

L Conde , y la Princesa llevan muy í


E mal la ingratitud de Isac Angelo, y
M i-
IN D ICE,
Miseffo discurre sobre esto procurando
sosegarlos, num, i.
Motivos políticos por que fueron ingratos
Isac Angelo, y su hijo , num. 3.
Llevan á Miseno preso, y atado í otra prí*
. sion muy distante , y el mismo procura
. consolarse , num, 4,
Cantaba Miseno en la mazmorra , y Her­
milla , hija del Gobernador de la Forta^
leza, le visita >num, 5*
HabíaleHermilia lamentándose de su futu­
ra infelicidad, y le responde Miseno con
ánimo heroyco , num, 6.
Queda suspensa Hermilla con la Filosofía
de Miseno, num. 10,
Miseno le responde con la parábola de un
Caballero Prusiano, cuyo gabinete es­
taba adornado de quadros pintados por
ambos lados con representaciones opues*
ta s, num* t i .
Concluye diciendo, que todos los sucesos
tienen un rostro apacible , y orro des­
agradable ; que podemos tomarlos por
. el lado hermoso, y que muchos traba­
jos nos conducen al bien sin que lo per*
cibamos, num. 16 ,
Hermilla le da á entender ? que le harán
IX 1 Q -
334 IN D IC E .
morir, y Miseno le responde con heroy-
cidad, num* 17 .
Quédase solo Miseno revolviendo en el pem
samiento lo que le dixeron, y laspasio-
nes se amotinan en su pecho, n. 2 1 .
Aparéceseleel Angel prote&orde Polonia*
y le consuela con agradables presagios,
num- 2 3 ,
Llega orden de Alexo para que hágan pe­
recer á Miseno ocultamente , num, 2 5 ,
Hermilla medita un modo de dar la vída á
Miseno, num. z6*
Intima Teócrito la orden á Miseno , y le
responde heroyeamente , num. 2 6 .
Toma Hermilla á su cargo laexecucion de
Jas órdenes deseosa de salvarle la vida»
nümií27*
Sale Miseno de la cárcel por baxodel agua,
y encuentra í Hermilla en la playa, n« 29,
Habla Hermilla á Miseno , y este le con­
testa r num. 30-
Respuesta de Hermilla á Miseno, n. 3 2 .
Sale Miseno de los dominios del Empera­
dor, y entra en la Bulgaria para pasar i
Ungria , y Polonia , num. 34.
Embárcase en el Esker con dos Ungaros,
uno de ellos , que va í felicitar í Mie-
ces-
INDICE* 535
ceslao, num. 35.
Discurre Miseno sobre el derecho de Les*
ko al trono, num. 3 8.
E l Embaxador discurre sobre las incomo*
didades del cetro, num* 42*
EL HOMBRE FELIZ.
TOMO II. /
EL HOMBRE FELIZ,
IN D E P E N D IE N T E D E L M U N D O ,
Y Dt LA FORTUNAR

O

A R T E D E V IV IR C O N T E N T O
EN QU a JLEí>^U1ER TRABAJOS DE LA VIDA:

d e d ic a d o

Á LA SERENISIMA SEÑORA IN FAN TA

D O Ñ A C A 11L O T A JO A C H IN A :
O bra e s c r it a en Portugués

JPoP e l P a d re T), Teodora de JÍÍfn ey d a , de l<&


Congregación d e l Oratorio ¡ y de la A có de mía.
d e las C iencias de L isb o a , de la R e a l So -
¿ u d a d <¿? L o n d res > y d i {a de
V i ^ cay ai
THADUC1DA

Tor il D r. Don "Joscph Francisco M onserratt.


y Vrhina 3 rresb íterv.

TOM O II.
CON P R J V I L Z G I O,

En Madrid: Por Blas Román, impresor de


la Real Academia de Derccho Español
y Publico. Año de 1 7 S ) .
LIBRO OCTAVO.
i A L paso que Miseno contaba sus
sucesos > crecia en la Princesa,
y en el Conde el deseo de saber el éxito de
ellos, y sin pestañear, ni distraerse, le oían
con suma atención, Miseno omitiendo todo
lo que era inútil, solo atendía í darles lá
saludable doftrina, que necesitaban, baxo
Ja cubierta agradable de su emretexida his­
toria; y llegando al punto mas crítico de
toda su vida , previno que solo les conta­
ría lo que fuese útil al intento de su doc­
trina , y continuó así,
z Entro en Cracovia desconocido,
porque el trage , figura, é idioma favore­
cían el disfraz. Estaba mi padre sumergido
en una profunda tristeza, lamentándose de
mí muerte , y pensando que solo ella me
podía haber tenido oculto en su elevación
al trono. No cesaba de pronunciar mi nom­
bre , y de mirar mi retrato. Todas atjue-
A 3 ll^s
6 E L HOMBRE FELIZ.
lias bóvedas, según me contaban, repetían
en ecos las palabras del acongojado ancia­
no: Vladislao, hijo mioy mi querido Vladislao.
Sabiendo esto entre en Palacio de repente*
y postrado á sus pies )e abraze. Asustase
el buen viejo al principio, remiendo algún
insulto. Poco después extraña el afc&o
con que se ve abrazar tan tiernamente , y
no me conoce, porque mi rostro inclinado
se le ocultaba. No pude entonces reprimir
las lagrimas, porque la Filosofía no me
había quitado, sino corregido la naturale­
za , y entre los suspiros se me escapó esu
palabra : ¡Padre miol
3 ]Oh , vierais al angustiado, y vene­
rable Príncipe acometido de un torrente de
gozo , de que ya no era capaz! Hijo mío,
me dice , echándome los brazos; y apenas
lo dixo quando cayó desfallecido en los
míos* Acuden los Caballeros que le asis­
tían: el susto , la pena , la alegría pertur­
ban á todos los que ven este nuevo espec­
táculo, Y o era el mas perturbado , vien­
do en el único objeto á que atendía , mo­
tivos para dos afeétos tan contrarios , pues
ni su estado me permitía el júbilo de verlo,
ni el gusto repentino de abrazarlo me de­
xa-
LIBRO V III. 7
xaba sentir su desmayo , y su flaqueza.
4 Entonces vi que la Providencia con
su mano juiciosa me conducia á la escuela
donde debia aprender á conocer las cosas
como verdaderamente son en sí mismas.
E l Palacio teatro el mas común de los en­
gaños fue para mí la escuela mejor de de­
sengaño , y al modo que un exambre de
abejas quando entra en su colmena un in-
se&o , hierve todo inquieto, y amotina­
do, ya dentro, ya fuera de ella, susurran­
do, y murmurando, entrando, saliendo , y
encontrándose unas con otras , sin saber
adonde van , poseídas todas de la misma
inquietud, y susto, así veía yo el Palacio.
E l Rey restablecido de su desmayo no ce­
saba de apretarme en sus brazos. Y o sentía
caer en mi rostro sus ardientes lágrimas de
gozo , y de pena; de gozo por verme , y
de pena por considerarme privado de la
corona, mediante la adopcion que había
hecho de Lesko.
5 Penetraba la Rey na lo interior del
torazon del Rey. Un ayre frió, y un agra­
do violento me hacían ver en sus cariñosas
palabras el susto que la ocupaba^ sus ojos
inquietos daban á conocer bastantemente
A 4 la
8 E L HOMBRE FÉLIZ.
Ja turbación , y desasosiego de su ánimo*
Habia en la Corte una discordia terrible,
porque , según Jos particulares intereses,
unos se inclinaban á Lesko , otros se reti­
raban de él. Tenia Lesko un amigo íntimo,
y amigo verdadero, con quien repartía el
corazon, y el alma. Eran en la apariencia
dos, mas en la realidad Lesko, y Goubo-
rek solo haqígn una misma persona. Lle­
vábase este toda la estimación del Prínci­
pe por sus sólidas , y constantes virtudes.
N o entendía el lenguage vi! de la adula­
ción , y mentira : reprehendía al Príncipe
sus mas leves defedos; pero con tal amis­
tad , cariño, y prudencia , que sus repre­
hensiones mas podían desearse, que temer­
se, Tenia un juicio sano, un ánimo íntegro,
un corazon grande , una alma intrépida,
y sobre todo una balanza justa, y delicada,
Nunca miraba el bien sin pesar el mal,
que suele acompañarlo. Muy lejos de con*
síderar los bienes , y los males , como ha­
ce la chusma de los arbitristas* que fingen
las cosas en su imaginación falsa, y venal,
coipo mejor les conviene. Gouborek lo
ponderaba todo como acostumbra suce­
der en la. realidad , esto es 3 los males
LIBRO V III. j>
3me2cIadoá con bienes, y los bienes mez­
clados con males. Hablaba del hombre
como el hombre es , y como siempre há
sido despues de la creación del mundo. No
espereis, decía á Lesko, hacer lo que Dios
jamás ha hecho, esto es, hacer á los hom­
bres absolutamente perfe&os. Detestad las
esperanzas de establecer en vuestros esta­
dos la República de Platón , y procurad
solo disminuir los defe&osgenerales,é in­
dispensables en la nueva planta de gobier­
no que quereis formar para conseguir la
felicidad publica. Pensad en fomentar la
Religión , y la sólida Filosofía , enten­
diendo que para todo esto conviene ganar
los corazones de los vasallos* para condu­
cirlos como hijos , y manejarlos como
miembros de un mismo cuerpo , de quien
vos debeis ser la cabe2a. Así hablaba i mi
primo muchas veces , y os confieso que
nunca encontré hombre mas digno que Gou-
borek de estar al lado de un Príncipe;mas
por lo mismo era aborrecido de todos los
que intentaban introducirse conLesko.Yo
todo lo observaba , y lo guardaba todo.
6 Entre tanto mi padre se acercaba al
íepulcro á largos pasos, y era increible la
ne-
ro E L HOMBRE FELIZ.
negligencia1 con que le asistían en su enfei>
medad. Todos se volvían á adorar al sol,
que nacia , y volvian las espaldas al que
estaba en el ocaso. Allí aprendí lo que era
la corona, porque la vi por ambos lados»
y con ánimo tan indiferente , como si yo
fuese el mas exinino; en fin, aquel héroe,
que tan grandes disgustos habia padecido
en su vida-, salió de ella superior á los lia­
dos , constante en las adversidades, siem­
pre igual á sí mismo. Fuéel primer Monar­
ca que con paso sereno , c imperturbable
supo subir muchas veces al trono , y des­
cender de él otras tantas , sin que con el
alborozo se engriese, ni se perturbase , ó
descaeciese con la injuria. Así acabó mi
R e y , mi Padre, y mi M aestro, quien
aun despues de muerto me enseñó el medio
de ser feliz en esta vida.
7 No pudo aquí Miseno contener Jas
lágrimas , que la ternura le sacaba á los
ojos ; y pasado algún intervalo en que pa­
gó el tributo al amor, continuó diciendo:
Despues de cumplidas las ceremonias del
Regio funeral , yo fui el primero í rendir
á Lesko vasallage en presencia de la R e y -
na Madre , y de toda la Corte, Queda­
ron
LIBRO V III, ii
ron todos atónitos , porque estaban per­
suadidos que mi venida solo habia sido pa­
ra disputar á Lesko la corona , que nues­
tros dos padres habían ceñido en sus sie­
nes. Pero aun se admiraron ma* al ver que
Lesko resistía rnis reverentes obsequios, y
que tomándome en sus brazos me decia:
No soy yo (primo Uladislao) no soy yo
el succesor del trono , que vuestro padre
acaba de ocupar. Todo el derecho que piie*
do tener a él os le cedo , porque vos po­
déis gobernar por vos mismo, y yo necesi­
to del socorro de manos agenas para sos­
tener el cetro , circunstancia que no agra­
da á los Pueblos. Y para evitar de una
parce su disgusto , y de otra el temor de
violar mi conciencia , quiero que de las
manos de vuestro padre pase el cetro á las
vuestras. O í , me pasmé , y resistí hasta
'legar mi escusa casi al extremo de vio­
lencia; pero Lesko persistía. Jamás vieron
los siglos contienda semejante. Al fin , pi­
diendo licencia al publico, me vi obligado
a hablar á Lesko en estos términos.
8 Siendo vos , Señor , un Príncipe
¡usto , no habéis de dar principio í vues­
tro Reynado por una injusticia manifiesta.
Por
u E L HOMBRE FELIZ.
Por noble , y generoso que sea vuestro
¿nimo >no debeis negar á los Pueblos su
derecho , í las leyes su justicia , í los So­
beranos su autoridad , á vuestra sangre la
gloria j ni á vuestros méritos el premio,
que Jos Cielos les destinaron. Casimiro
vuestro padre , por una general determi­
nación de los vasallos fue preferido al mió,
y de las manos de Mieceslao pasó el cetro
í las suyas; y si últimamente volvió á em­
puñarlo , solo fué como Regente á causa
de vuestra menor edad. Ahora no habien­
do en vos culpa , ni defectos , ¿quién po­
drá sufrir la injusticia de que seáis priva­
do del trono? E l alma de Mieceslao desde
el Supremo Solio en que le considero* ful­
minará contra mí el formidable rayo de
su indignación, si yo contradixese á su vo­
luntad* E l os adoptó por hijo , prefirién­
doos á mí y í quien engendró. Tanta era
sü re&itud , y tan superiores á los mios
vuestro mérito , y derecho. Haríais, pues,
injuria á Casimiro , que os nombró here­
dero de la corona ; á Mieceslao , que os
adoptó por hijo ; á Iá Reyna vuestra Ma­
dre , testigo , é intérprete de la voluntad
absoluta de estos d js Soberanos; í los Pue­
blos,
LIBRO V III. ij
b lo s, que os dieron el derecho en la per­
sona de vuestro padre; al Cielo , que os
dotó con todas las virtudes dignas del tro­
no ; y finalmente á vos mismo , juzgando
como no debéis juzgar. Así no os admi­
réis, que siendo yo vasallo , y debiendo
postrarme delante vuestro trono, os resis-*
ta abiertamente; y lo haré siempre que per
sistiéreis en contradecir al Cielo, á la tier­
ra, á los Pueblos, í las leyes , á la razón,
y aun hasta la misma naturaleza.
9 No se muda con tanta prontitud el
triste semblante de la noche, quando la lu-
na llena se descubre en el horizonte, como
se mudó el rostro perturbado de la Rey na.
La alegría de su alma se derramaba por los
ojos, y bañaba su semblante risueño; y vol­
viéndose acia mí con el mayor agrado, iba
á confirmar mi representación , quando
Lesko le pidió licencia para hablar, respe­
tándola en esto como á Rey na, y honrán­
dola como á madre. Toda la Corte estaba
suspensa presenciando esta inopinada con­
tienda , y dice el Príncipe de este modo:
10 Quando el mundo, amado primo,
no tuviese noticia como yo tengo de vues^
tras virtudes, solo este lance bastaba para
ma-
i4 E L HOMBRE FELIZ*
manifestarlas ; pero no quiero establecer
mi resolución en un fundamento, que solo
se oculta á vuestra modestia , porque ten­
go otros motivos. Bien sé que es odiosa
toda comparación entre los méritos de los
Príncipes , de quien tenemos la sangre, y
cuya memoria respetamos. La naturaleza
hizo á nuestros dos padres hijos de Boles-
lao el Inví&o, el qual i ambos les dio con
la sangre , y exemplolas virtudes dignas
del trono. En esto fueron iguales; pero no
pudiendo los Cielos dexar de anteponer al
uno en el orden de los tiempos, fue ante­
puesto vuestro padre al mió* Mieceslao fue
el tercero , y Casimiro el quinto de sus hi­
jos , y en esto ya veis que los Cielos se de­
clararon á vuestro favor, porque vos repre­
sentáis á quien el nacimiento dio la prefe­
rencia , y yo represento al preferido* No
quiero examinar los motivos por que mí
padre subió al trono estando aún vivo el
vuestro , porque los sucesos que dependen
déla voluntad de los Pueblos, son un miste­
rio que conviene siempre dexarlo escondi­
do* Mas confieso que las leyes no pueden
ser obedecidas con repugnancia de la volun*
iad ,y que el bien deí estado dependa esen­
cial-
LIBRO V III. iy
cialmente de la concordia de los subditos*
Ahora yo bien conozco que estos que me
rodean , y escuchan , me vcrian subir al
trono con mucho júbilo. Tan grande fue el
amor que profesaron í mi padre, que des­
de la cuna me amaron; mas desean ver en el
trono i Lesko sin alma. Sí: quieren que yo
aparte á Gouborek de mi lado, y esto seríai
separar de mí la virtud quando mas la nece­
sito. Tengo muy poca edad, y ninguna ex­
periencia; y os juro por los Cielos, y la tier­
ra, que sus talentos, su prá&ica,su re&itud
inflexible eran el único apoyo de mis bra­
zos dcbiles para manejar un cetro de tan­
to peso* El nació para ayo de un Príncipe,
que en sus tiernos años apenas conoce al
mundo, y se halla en su proprio pais como
extrangero ; y así no puedo tomar sin te­
meridad en mis manos ignorantes, y de po­
cas fuerzas las riendas d e un gobierno suma­
mente difícil , y arriesgado ; y ya que las
vuestras son mas robustas, os las dexo. Y o
os conozco, y esto me basta. Y vosotros,
Pueblos, que me estáis ofreciendo la coro­
na , sabed , que jamás podré daros mayor
muestra de gratitud al amor que me teneis,
que la que ahora os doy. Porque si yo an*
tes
íá EL HOMBRE FELIZ.
tes quiero obedecer á un Soberano como
Uladislao, que empuñar el cetro, conside­
rad qual será el Príncipe, que os dexo*
quando en él renuncio todo mi derecho*
Esta nueva acción, que os dexa atónitos,
debeis entender también que no es moví'
miento impetuoso de un ániijno alterado*
sino resolución madura, dequien solo atien­
de i vuestra felicidad. A vosotros , pues,
toca vencer la repugnancia , que él tiene
í la Corona , porque de eso dependen el
público sosiego , y bien de la Monarquía*
11 Admirado quedé con esta respues*
ta del Príncipe : la Reyna palida; y todos
los que tenían fundadas sus largas esperan-
xas en el gobierno de un Príncipe joven, na­
turalmente bueno, y sin experiencia, que­
daron como atónitos. Ninguno podia amar­
me , porque me conocian poco, y así era
preciso me temieran, aunque mucho mas
temían al valido. Por otra parte la nobilísi­
ma acción, que el Príncipe acababa de ha­
cer prefiriendo un amigo í un R e y n o , les
desagradaba sumamente. Tanta era su pre­
ocupación contra Gouborek , y tamo el
deseo de que se doblase la tierna planta
de Lesko, según la inclinación de sus pa~
LIBRO V IIL 17
síones > é intereses. Un susurro se oía en
toda la sala, que semeja rite, al torbellino
de viento, que suena a los lejos, y po­
co á poco se viene acercando , se aumen­
taba sensiblemente. Luego que el susur­
ro dio lugar á la atención > se levantó
el Conde Skrisn , hijo de aquel a quien mi
tio Uladislao II. mandó sacar los ojos, por
consejo de su muger Christina ; y pidien*
do licencia para hablar en nombre del
Pueblo, dixo: ^
1 z Debo j ó Principes ! en nombre
de todos los Pueblos y que tuvieron lá
honra de obedecer á vuestros padres >
protestar con la mayor sinceridad el
sumo gofco con que estamos prontos a
obedecer á qualquiera de sus hijos * y di­
go á qualquiera de sus hijos , porque
no sé si los Polacos obedecerán el go­
bierno de alguno , que no teniendo san­
gre Real y se quiera entrometer en el
trono. Pero al mismo tiempo el amor
á la patria me obliga á representaros
con el mas profundo respeto las terri­
bles conseqüencias , que pueden seguir­
se de esta nunca vista contienda , si inr
sistiéreis en ella. Bsta disputa ? Ja mas
Tcw/* í í . B no-
18 E L HOMBRE FELIZ.
noble á los Soberanos, es injuriosa i
los vasallos. Cede en nuestro descré­
dito , que dos tan grandes Príncipes
desprecien á competencia gobernar unos
estados , que ha mas de setecientos anos
que han sido el objeto de Ja ambición de
sus Monarcas. La grandeza de vuestro
ánimo generoso, y superior í todo lo
que hay de mas elevado en la tierra,
con este rápido vuelo nos hace caer
en el mayor abatimiento en el concep­
to de los extrangeros. Y o no sé si la
equidad permite triunfar de la ambición
mundana a tan gran costa ; pero de-
beis advertir, que nuestra reputación se­
ré la vi£Hma-de esos sacrificios de alaban­
za que os ha de consagrar todo el
mundo.
Mas quándo el crédito deí es*
ta d o , que os dio la cuna , y la co­
rona , sea objeto menos digno de vues­
tros elevados pensamientos * no Jo sea
la sangre de vuestros vasallos , que ha
de ser derramada en las mas horroro­
sas guerras. Y o estoy ya previendo lo
que no tardará muchos días , si hoy
mismo no sube al trono de Polonia uno
de
LIBRO V III. i9
de vosotros para recibir nuestro vasa-
llage.
14 Aún me acuerdo de las guerras
espantosas v en que por causa de Ula-
di&Iaü 1L-vuestro tÍo> y sus hermanos,
se vio la Polonia ¿nadando en sangre*
Quería él por ser el mayor privar á los
hermanos de los dominios que Boleslao
su padre les havia dexado * y esa im­
piedad le acarreó , que Mieceslao con
sus hermanos también lo destronasen,
y le obligasen á huir í Alemania. En
vano imploró el auxilio del Empera­
dor Conrado , y se fatigó inútilmente
el poder de Federico Barba roxa su suc-
cesor para restituirlo , porque apenas
pudo conseguir por el bien de la paz,
que la Polonia le cediese la Silesia , que
gozó muy poco tiempo ; porque no
consienten Jos Cielos sobre la tierra:::
Perdonad , Príncipes , lo que no llega
la lengua á proferir, y disculpad mi
dolor 3 viendo í mi padre con Jos ojos
arrancados por un Príncipe , que le lloa­
raba con Jos abrazos de la mas since­
ra amistad. Los hijos de Uladislao (con­
tinuó el Conde ) aun viven en la §ijef
B z sia.
20 EL HOMBRE FELIZ,
sia , son vuestros primos hermanos , y
no están olvidados de que ese cetro,
que regentáis , estuvo primero en la
mano de su padre antes que pasase í
3a de los vuestros; y al primer pensa­
miento de esta contienda ( ¡quién lo
creería! ) entrarán con mano armada á
invadir un trono desocupado, ¿Pero quál
será el indigno vasallo que no expon­
go su vida por impedir que vengan á go­
bernarnos unos Príncipes, que ya repu­
tamos como extrangeros ? j Qué guerra
civil no se va á encender con este su­
ceso ! ¡ Qué anarquía , qué confusión > qué
horror , qué sangre * que mortandad !
Ved si todo esto no clamará al Cielo
contra vosotros. Esta es , Príncipes , la
representación de los Pueblos ; y núes*
tra firme resolución es que ninguno de
vuestros vasallos ha de salir de esta sa­
la , sin que tengamos un Monarca , por­
que no puede un cuerpo vivir un ins­
tante sin cabeza, ni sostenerse en pie
un estado sin un Principe supremo. Úrt
solo momento de dilación es nocivo , y
una leve tardanza es accidente mortal.
Decid pues ahora > Príncipes , quál de
LIBRO V III. zx
vosotros es el que ha de gobernarnos;
porque scá el que fuere, como sea hi­
jo de nuestros buenos Reyes , eso nos
basta. Tal vez habré excedido los lí­
mites que prescribe el respeto debido á
los Príncipes > pero sírvame de disculpa
el izelo por el bien de la patria, y que no se
díga, que la Polonia desmereció tener por
Soberano un Príncipe tan digno como
qualquiera de vosotros.
1 5 Así habló el Conde; y anima­
da toda Ja asamblea con este discurso,
comenzó í clamar s que quería por su
Soberano á uno de los dos, y que ninguno
habia de salir de allí * sin que todos rin­
dieran homenage al Monarca que los hu-
viese de gobernar.
1 6 V ¡ó Lesko que los espíritus esta­
ban alterados , y que nuestra generosidad
comenzaba á degenerar en tumulto, y en
tono de Soberano 3 y al mismo tiempo de
patricio, dixo.
17 Ninguno , Pueblos , y amigos
mios , ninguno es mas interesado qué
yo en el amor de la patria : ninguno
desea mas sinceramente la felicidad pu­
blica. Este anhelo es el que me obH-
B 5 ga
2¿ EL HOMBRE FELIZ,
■ga á renunciar el trono, porque sien­
do tan débiles mis fuerzas para llevar
el pesado gobierno de 3a Monarquía,
todos mis yerros cederán en perjuicio
vuestro , y tan lejos está de ser des­
precio esta renuncia, que mas bien es
«limación muy sincera. Vosotros expo­
néis vuestra vida por el bien de la pa­
tria , no solo en paz , sino en guerra,
y yo doy principio por sacrificar al pu­
blico interés una corona , que siempre
fue. disputada , y apetecida ; solo re­
servo para mí el participar con voso­
tros del honrado peligro de perder la
vida en guerras por el estado. Si : sa­
bed que si no me viereis vuestro Mo­
narca , me vereis vuestro General , y
Comandante en Jas empresas •militares*
Soy joven , y debo aprender en el
campo de Marte Ja ciencia necesaria pa­
ra el trono , y para este tendreís á mi
primo, que ya la tiene aprendida en
ja guerra , y en Ja paz. Y si yo por
hijo de Casimiro ? y por legítimo he­
redero del cerro tengo autoridad para
mandar , ninguno Ja debe tener para
resistir desde él momento en que yo
lie*
LIBRO V III. 23
llegue á manifestar mi absoluta voluntad.
En esto se levanta , y con un ayre,
que me hizo temblar de respeto, echa
mano de la corona , y me dice : Y o
que puedo poner esta corona en mi ca­
beza r quiero , y mando , que la con-
sintáis en Ja vuestra; y al punto , sin
la menor tardanza , clama todo el Pue­
blo : Viva VUdisla# I II. Rey de Folotáa,
v i La R ey na me ofreció el cetro , y
todos como por fuerza me conduxe-
jron al trono , al qual subí llevado en
brazos , porque un sudor frío me cu­
bría Jos miembros , y estaba casi in­
móvil. Verificada la posesion , fue Les-»
ko el primero que me rindió vasalla-
ge. Siguióse toda la Corte ? y última­
mente el Conde Skrisn de parte del Pue­
blo. No os puedo explicar lo que en
esta ocasion pasó por mí.
18 Qual ave , que contenta * y re*
montada surca por Ja región ¿ e Jos
ayres , bebiendole las luces al sol con
toda libertad * y desahogo , mas heri­
da de una saeta imprevista, cae de re*
pentc cu un pozo * donde se arrastra
luchando con las tinieblas * y dolores,
B 4 me-
34 EL h o m b r e f e l iz .
medio muerta , y encarcelada ; así me
vi yo en este punto. Pero ¡ ah, y qué lec­
ción fue esta para conocer las que llaman
felicidades del mundo!
- 19 Pasé repentinamente de la región
de la verdad í la de Ja mentira. Una
nfiuititud de aduladores me cercaban
dia , y noche , y nada veía de lo que
deseaba. Por entre el espeso humo de
Jos inciensos , que me descomponía el
cerebro , nada alcanzaban mis ojos,
que no estuviese ofuscado con mil du­
das , y rezelos de engaño, ¡ O Dios
mió , y qué teatro de mentiras l Enton­
ces ya mis yerros eran aciertos } mis
ckfeófcos virtudes , las de Lesko flaquezas*
y el zelo del Conde Skrisn atrevimien­
to. La misma acción que por la ma­
cana era crimen , si yo la aprobaba,
de repente se convertía en relevante
m érito, y quánto mas me esforzaba á
conocer Ja verdad , tanto mas enreda­
do me veía. [ Ah , y ’ quántas veces cor­
rí con el corazón , y los brazos abier­
tos en pos de la verdad > y me ha­
llé con un monstruoso , y feísimo er­
ror 7 que me habiaa ocultado malicio-
LIBRO VIII* 25
sámente ! | Quántas veces me arrepentí de
lo que hice con la mejor intención que
podia desearse! En fin , entre el pesar
de lo que habia hecho , y el temor de lo
que habia de hacer , pasaba Jos dias , ve­
laba las noches ; perdía el ánimo, la pa­
ciencia, y el tiempo*
20 Buscaba para mi alivio un ami­
g o , un amigo tesoro riquísimo , que
no hay miserable que no le halle en otro
infeliz para consolarse , y solo yo no
podia encontrarle en todo mi Reyno.
¡Pero cómo lo habia de hallar, si un
muro muy alto de interesados me cer­
caba por todas partes! Los que tenían
mérito para ser mis amigos no me bus­
caban ; y estando apartados de m í, mal
los podia conocer , y los que no me­
recían serlo eran los que daban todas
las señales de amistad sincera*Un áyre ri­
sueño , un deseo de agradarme , una asis­
tencia continua , una tierna compasion de
mis aflicciones interiores, me iban persua­
diendo muchas veces, que yo era amado*
Mas un breve momento de serias reflexio­
nes me hacia conocer , que todo era fic­
ción y todo interés j todo engaño,
En^
26 E L HOMBRE FELIZ.
z i Encerrado entonces en mi gs-
bínete estudiaba á solas sobre el bien
público , pensando en Jos medios de
la común felicidad; pero al mismo tiem­
po en congresos particulares se estudiaba
cómo me habían de armar el lazo , en
que , buscando yo el bien general, vi­
niese á caer en lo que solo servía al
ínteres de los particulares , aunque fue­
se con ruina del Publico. Si gemía en
el corazon , había de manifestar el ros­
tro risueño para hablar con agrado. Si
desconfiaba de un vasallo , debía ocul­
tar con toda cautela la desconfianza.
Si mi corazon se inclinaba á otro , cuyo
mérito me agradaba , debía violentarme
para no hacerle conducto , ó instrumento
de la deslealtad agena*
22 ¡ Pobre de mí (decia yo) y quin­
to mas alegre me hallaba en las ribe­
ras del Maríza , ó en las cárceles de
Constantinopla 1 ¡ Quinto mas dulce me
era aquel cayado , que este cetro , aque­
llas cadenas, que esta corona ! Mi úni­
co consuelo era esta sola palabra :
To no obré m d en aceptarla* La razón
me obligabá , el Ser Supremo lo que­
LIBRO V IIL 27
r ía , con que no debo afligirme. S¡ per*
di el sosiego , no perdí la Gracia D i­
vina y que en todas partes me asiste para
obrar conforme á mi deber* Si así lo hi­
ciere , Dios está obligado á hacerme fe­
liz. De este modo, allá por entre una obs­
cura posibilidad, veía lucir muy í lo lejos
tai qual endeble esperanza de que se mu­
dase la fortuna*
23 No tardó mucho. Dos años go­
berné todos mis Pueblos , aplicándome
á establecer el bien > y reprimir el mal,
recompensar la virtud 9 contener el vi­
cio , y castigarle , creyendo que un M o­
narca es en la tierra un Vice-Dios , i
quien debe mirar siempre como exem-
plar de todas sus acciones. Ahora ya veis
que era preciso tuviese enemigos ocul­
tos , y mil vasallos descontentos , y que
ciertamente seria infeliz , si gustasen de
mí los perversos. Entretanto Lesko coa
el ardor propio de su edad reprimía
los enemigos del estado * abatiéndo*
les el orgullo , y castigándoles sus in­
solencias. Sucedió que ganó a Jos Ru-
sus una batalla campal , y muy cum­
plida viftoria. Alegró con ella á mi na*
cion
*8 E L HOMBRE FELIZ.
Cton belicosa , ya enfadada de la tranqué
lidad de mi gobierno 5 y sin guardar li­
mites algunos en sus demonstracíones de
ju bilo, aclamaron á Lesko como a con­
quistador , como á guerrero , y como a
su Soberano. Esta voz fue seguida de to­
dos Jos descontentos , y de los que siem­
pre gustan de la novedad; mas fue resisti­
da de los vasallos fieles , que se pusieron
en armas para mantenerme la corona en la
trabeza, Mi primo con el gobierno militar
ya habia tomado el gusto al mando : la
adulación , y lisonja habian también ga­
nado la entrada en su corazon inocente;
y los Aulicos le habian ya inspirado unos
venenosos zelos, y derramado en su pecho
ciertas simientes de arrepentimiento de
la generosidad con que habia obrado;
y con estas disposiciones no le disgustaba
oirse aclamar de los soldados , y del
Pueblo.
24 Hervían los bandos » y partidos,
y la sedición, y guerra civil estaba ya
declarada# Viendo yo esto , monto i
caballo , y poniéndome á la frente de
mis fieles tropas, salgo de Cracovia pa­
ra encontrarme con L esko , que venia
triun-
LIBRO V III. z9
triunfante. Quédase asustado apenas me
ve en la vanguardia del exército y pen­
sando , como todos discurrían , que y o
queria disputar con las armas la misma
corona sobre que habíamos tenido re­
ñida contienda ; pero se engañó. Hice
aíro , mandé , que ningún soldado hi­
ciese el menor movimiento sin mi or*
den expresa 5 y viendo él que yo era
solo el que me adelantaba , y con la
espada envaynada , conoció que mi idea
era muy diversa de la que se habia fi­
gurado ; y mandando también á sus tro­
pas que parasen , se apresuró para salirme
al encuentro. Luego que nos juntamos,
sin darle lugar á abrir los labios, le hablé
de esta manera:
z 5 Primo, y Soberano mío : no pue­
do daros mayor testimonio de lo mu-
<ho que estimo la gloria de vuestro
triunfo, viéndoos con el laurel de ven­
cedor , que añadir á esa Corona la dei
Estado. Vos sabéis , que por obede­
ceros la acepté violento.; mas ahora
por agradaros os la devuelvo gustoso.
En este instante ya me habia quitado
la corona de la cabeza , y la puse so­
bre
5o E L HOMBRE FELIZ,
bre la suya , que Lesko floxamente re*
tiraba. Despues le entregué el cetro , y
desenvaynando la espada , me volví po*
niéndome á su lado y y dixe en alta
voz á mis tropas: Esta arma , que ce­
ñí Monarca , la desenvayno vasallo pa^
ra dar la vida ( si fuere preciso) por el
mismo á quien cedo la corona. Juzgad
vosotros quál sería la suspensión de
Leslco y qual la admiración de unas > y
otras tropas. E l Príncipe sumergido en
jubilo no acertaba á formar largos perio­
dos y los que yo le cortaba con mis ex­
presiones para encubrir la turbación de
las suyas. De este modo reunidas las
tropas entramos los dos triunfantes en
la Corte , él por haber ganado una Vi­
toria , y un Reyno , y yo por haber
adquirido eí trofeo de mi libertad. Res-*
tituidos a Palacio, le pedí permiso pa­
ra salir de sus estados , consultando á
su tranquilidad y la mia ; y con tra<-
ge y y nombre desconocido hace tres
meses que me escondí aquí , para que
jamás sepan las naciones , ni Jos extran-
geros de mi nacimiento , ni de mi per­
sona, Ved , pues 3 si es importante el
LIBRO V III. 5*
secreto que os he confiado,
26 Quedaron suspensos el Conde,
y la Princesa , y deseando cada qual
no ser el primero á interrumpir el sir
Jencio , levantándose ambos , protesta*
ron 1 Miseno su respeto , disculpando*
se con su ignorancia de quanto le hu­
biesen faltado ; y asegurándole de nué-
vo el secreto recomendado , dixo Sofía:
El concepto , Miseno , que habéis for­
mado de nosotros juzgándonos dignos
de tan grave secreto , nos lisonjea infi­
nito , y podéis estar seguro de que no
os hallaréis defraudado , ni arrepen­
tido. Quanto mas precioso es un tesoro,
tanto mas fiel debe ser quien lo con­
serva en deposito. Sosegad , pues , que
no saldrá jamás de mi boca el que m¡
memoria encierra ; porque aunque de
mis secretos spy señora , solo soy de­
positaría de los ágenos : de los propios
puedo disponer á mí arbitrio ; mas de
los extraños nunca me permití las mas
pequeña libertad; porque siempre es hur­
to valerse de un depósito , aunque pue«
da ser virtud comunicar sus propios
tesoros. ¡ A h ! , Señor, y qué grande
52 E L HOMBRE FELIZ.
es vuestro corazon , qué sólidos vues­
tros principios , qué confirmada vues­
tra experiencia! Ved , Conde , si tenií
Miseno razón::: Os doy prueba en el
modo con que os trato , que hasta de
vos mismo quiero ocultar tan precioso
secreto. Ved , vuelvo i decir , si te­
nia Miseno razón , quando nos asegu­
raba > que en este mundo todo tenia el
nombre trocado , que los males se lla­
maban bienes , y que los mas sólidos
bienes pasaban por infelicidades* Ya co­
nocéis que su Filosofía se funda en su
propia experiencia , y así no puede ser
mas sólida*
27 Entonces el Conde , recobrada
de la suspensión , en que le dexó es­
ta historia , confesó que ninguna doc­
trina podia ser persuasión mas eficaz
que el exemplo de Miseno pard buscar
la felicidad por su verdadero camino.
Pues at la manera (decía) de una sce-
m de teatro, en que mudándose los
bastidores , de repente , y sin saber có­
mo , se halla uno en países nuevos > nue­
vos climas, y nuevo estado * así me
veo yo ahora* Todo en ipi imaginación
se
' LIBRO V III. 35
se halla trocado. Hasta aquí las rique­
zas , las honras , Jos gobiernos , la
delicias componían la agradable pers­
pectiva del engaño, que me hacia ver
lo que en la realidad jamás puede exis­
tir , ni consolar mi alma ; pero aho­
ra entre los montes ásperos , y bosques
secos, y agrestes ; enrre peñas, y pre­
cipicios horribles , que vistos por uno,
y otro lado , asustan mi alma , y me
llenan de espanto , veo que la paz > la
virtud , la independencia , y la verda­
dera heroycidad me alfombran la sen­
da por donde he de caminar seguro a
la felicidad que apetezco , á la perfec­
ta alegría que tanto he buscado. En
esta repentina mudanza de scenas , per­
mitid , Señor , que mi entendimiento
descanse^ porque quiero dar tiempo á
la reflexión , y comodidad a la lluvia
celeste , para que vaya calando poco
á poco el interior de mi alma. Dema­
siado larga ha sido hoy la conferencia,
y por tanto hermana mía , deseo que
dexemos descansar á Miseno , y~m a-:
nana repetiremos Ia[ visita , sr nos fue­
re perm itidopu es nof es justaíprivar-
ftom. II, C le
34 E L HOMBRE FELIZ.
le del casi único bien que le resta:, que
es el sosiego*
28 No me priváis de él , respon­
de Miseno , siempre que empleo el tiem­
po en hacer á un hombre feliz * obra
digna de un Dios* Si consiguiese esta
empresa, sería mi regocijo mayor que
el vuestro , porque por una especie de
reverberación vuelve i nosotros la feli­
cidad que á otro comunicamos , y el
bien ageno aumenta el propio quando
se ama con sinceridad ; mas no quiero
molestaros con tan prolixa conferencia,
pues demasiado tiempo os he tenido
suspensos ; pero os suplico que no me
privéis del gusto , que espero mañana
de veros en esta cabaña.
29 Descansad ( le dice la Princesa)
que quando la amistad , el respeto , y
la obediencia , que se os debe * no nos
obligasen á venir , nuestro propio inte­
rés na consentirá la desatención de
faltaros. No aprobó Miseno el estilo de
Sofía , juzgándolo menos acomodado ai
importante fin de descubrir los corazo­
nes * curar sus heridas t desenredar sus
entendimientos, y aclarar sus dudas; y
, la
, LIBRO VIII* ff;
la pidió que dexase í parte todo quan- :
to pudiese hacer alusión aun de muy ’-
lejos í su estado antiguo ; y dando:
al estilo serio un gusto jocoso , como
el mas propio para darles mayor U-:
bertad, les dice así : No me compa-.-
dezcais , i os ruego ** en este estado , ni
me tengáis por menos- feliz que en
aquel que os dixe hace poco y por­
que no es tan humilde como pare­
ce í primera vísta. Bien sólido , y
bien elevado trono es esta roca ; aquí
tengo el cortejo que me hacen las on­
das de dia , y mucho mas - de no­
che ; ¿ y pensáis que no es estimable
la solicitud con que ellas vienen des­
de tan lejos á arrojarse obsequiosas í
mis pies ? ¿ Este ruido de las aguas no
imita bien e! bullicio. de la Corte? ¿No
domino aquí los mares ? ¿ Y habitando
esta región aerea , no me veis en ella
superior al resto de los hombres ? Aquí
recibo el sencillo obsequio de Jos pa-
xarillos : el sol es mi vecino , las es­
trellas mis compañeras , los cuidados
no saben que vivo en el mundo , la
tristeza huye de m í, la alegría no se
'I I C i me
j<? EL HOMBRE FELIZ.
me apartá un instante ; y yo descansando
en los brazos de la paz , vivo verdadera­
mente feliz,
■30 No es en nosotros compasión ( di-
xo el Conde) sino envidia , el afe£fco
que vuestro estado nos excita. Quiera
elrCíelo que podamos imitaros; y en es­
to se despidieron.
LIBRO I X.

i T ^ R A increíble Ja admiración, }? es-


panto que la historia de Mise rió
habia causado í Ja Princesa , y al Condé,
No cesaban de hablar particularmente de
sus extraordinarios sucesos;y qiiándo el
dia siguiente salieron los dos hermanos de
paseo para ir i su cabana , se convidó
Ibrahin á1 acompañarlos, pues deseaba con
curiosidad1 Conocer lin hombre tan gran-
dei;EJ [concepto , qué hicieron de él los
dos hermanos, era muy diverso del que
hábia formado IbrahinvSüs maxímas^de-
cia él , serán una ligera idea de aJgün
celebro descompuesto , y sus sistemas
unos trien formados delirios de hombre
extravagante. La Princesa se hallaba sus­
pensa no püdiendo revelar el secreto en
orden á /la qualidad dé la persorfa , Jó
que contribuiría sin duda á que Ibrabin
diese otra estimación , y peso á ios dis­
cursos de Miseno ; y el Conde , que aun
no estaba hiuy diestro en manejar las ar-
C j mas
EL HOMBRE FELIZ.
mas de la razón , muchas veces quando
le .era preciso defender á Miseno> iba* á
echar mano de la autoridad de Ja perso­
na , pero Ja retirpba Juego * viendo*
que era arma vedada. De este modo que-
-daba .siempre confundido con Jos sofis­
m as , y cnredqs de Ibrahin > el qual
por costumbre despreciaba todo lo que
no era suyo, y solo tenia por acerrado
lo qu.e forjaba por Ja invención de su pro­
pio capricho , ó a lo menos lo que leía
por sus ojos , sin que otro se lo enseña­
se. E?ío solo bastaba para que éi ;ídfese i
las do&rinas el bello colorido de m a st
colorido que agrada t^nto í los, que prer
sumen de sabios. .? .r ■
2 No podia el Conde sufrir esta al­
tivez de entendimiento > y comentaba
Juego la disputa í alterar los.ánimps;,- y
por consiguiente í perturbarlos. La Prin­
cesa sumamente cuidadosa en conservar
la paz interior del Conde, tan necesaria
para plantar en su corazon la nueva Fi­
losofías cortó la contienda inútil 5 y c o ­
menzó á distraer con su espíritu jocoso,
y astuto la conversación ya tocada* lle v a ­
do siempre la mira al intento de reducir
LIBRO IX. 3j>
al Conde í mejor sistema de vida ; y
aprovechándose de Ja circunstancia en que
se hallaban , ponderaba la excesiva cal­
m a , que hacia, porquanto el impaciente
de la conversación de Miseno les habia
hecho adelantar la hora del paseo mu­
cho mas temprano de lo que permitía
la estación* Pero tenía tal arte la Prin­
cesa , que aun en las mas jocosas ga­
lanterías le envolvía algún consejo salu­
dable, y en un= intervalo , que dexa-
rort sus argumentos , dixo así: Ahora
gracias al Cielo , que ya el sol se so­
segó eñ su impetuosa carrera. Esc en­
vanecido Monarca no tuvo otro, cuida*
do desde - que nació sino el de subir , y
mas subir ; pero ahora fatigados , y su*,
dando sus fogosos caballos, ya no pue-i
den caminar acia arriba , y ese soberv
vio Principe se ve obligado con rubor
suyo á ir baxaíido y-tslí es el fin , her<*
mano mío , de quien quiere subir ¡mu*
cho* Paréoeme que ¡ lo puedo pronostW
car una gran c a íd a p o rq u e quando el
Carro comienza í retroceder, cada ve¡z caeí
con mayor ímpetu , y estoy viendo qué;
so l, coche, y caballos v todo junto- va
C4 i
4o EL HOMBRE FELIZ,
& dar de golpe en el mar.
3 También yo (dice el Conde) sin
ser Profeta , ni grande Astrónomo pue­
do asegurar resueltamente , que en bre­
ve veremos semejante catástrofe* ¿ Qué
decis y lbrahln ?., v
„ 4 J^ste Filósofo acostumbrado á des­
preciar los discursos de los demás > res­
pondió que esas eran las ideas del vulgo;
pero que él estaba bien lejos de engañarse
como é l : y quería desenvolver mil .cálcu­
los matemáticos acerca del movimiento
del sol y y otras cosas semejantes, qüan-
do el Conde le interrumpió su bien mal
aplicada erudición suplicándole que la
guardase para la instrucción de sus so­
brinos y pues él era ya viejo para! seme­
jantes doctrinas y volviéndose rá la her­
mana la d ix o : esa descripcioru de la car­
rera del sol me<exüta.el deseo dé rácor-
darme de otra i£uaL pintura^ rque>ha
muchos tiempos me; hicisteis ,dé la con-
tíenda de este Planeta con 1a noche; mas
rio puedo acordarme de ella* Repetídme­
la , querida hermana ■> si hacéis memo­
ria, y porque despuesde mi profunda me­
lancolía, ya sabéis que! estoy .müy jiece-
LÍBRO IX. ' 41
sitado de estas descripciones alegres , y
de ellas podréis vos Ibrahin sacar algu­
na moral ¿preciable y asi como el sa­
bio Alchimista -con iu piedra Filosofal
sabe-convertir en finísimo oro la mate­
ria mas vil y despreciable.
5 Aceptó la hermana prontamente
el convite T diciendo > que no obstante
ser*: los versos faríliltares como hechos "en­
tre h e r m a n o s y poco dignos de conser­
varse en la memoria;, 1 esforzaría la suya
para acordarse de lo que habia produci­
do su fantasía traviesa en la amenidad de
las jardines, y ociosidad del paseo , y
continúo diciendo:'

La noche ya señora de este mundo


Con cadenas de suono-el mas profundo

Qui mas muertos estaban que embargados*

Sabe el Sol lo que emprende la insolentef


Ten su dorado carió mllgente
Monta lleno de - f r &y f rabia ciega ,v* I
Empuña ¡ ayos y ctffñiudo líegiuw f.\ \
Qcu*
42 EL HOMBRE FELIZ.
III? i
Ocupa las trincheras de Orhonte , : u.
T U noche mirando a'FaétortrCy
,
Empegando a tem blar huir deseay
Donde el Sol no la alcance y ni la vea .
IV ?
Corre de un lado a otro ;j
pero ado'nde*
:L a pobre ha de escaparl E»jí«jí
esconde
V e una selva sombría en la espesar a> y ¡
T aun a llí no se tiene por segura. .
: V? f ' •
Cerré el Sol detras de elta> disparando
Sus encendidas flechas yy,en llegando,} n?.,
,
A lo alto del Cielo á ver aspira
Donde la abscura n&che se retira .
1’ i -I■, 1. '• • , ' '..1
- • V I? , . . ,,;0
Tal vez, no puede eons$g#ir tu intento^
,
, J*or mas que todo lo teg u tra ¿tentó:„ o
Contra la tierra flechas tira airadoy
J alcanzar d la noéfáno ha logrado .
V IIÍ
Tlntref tatito ella absorta y asombrada ,„
A lo inMttQ dtf bM pte'retirada, -¿y;:.
* Oye
' L IB R O IX . 4}
Oye rodar el carro rutilante ,
Que con curso veloz* pasa adelánte *
V III? .
>
Con lo qual sin pavor susto m miedo, >
Volviendo en s i con animo y]f denuedoy
Como del susto libre ya se wira%
,
Entre placer y jubiló respira *
IX ?
Oculta entre el arbusto, entre la ramdt
Ve que retira el: Sol su ardiente tlawa3
T al notar que eti el mar se ha sepult^do^
J>exÁ el bosque >y alegre sale al prado*

La aumenta su placer verse servtdd


De úna tropa de estrellas y que lucid*
,
Con brillos con refexos yy fulgores t L
Para obsequiarla son sus batidores»
+ . ■•’ >^ 1
- .■ XI? ;
La liina en su carromata delante¿
,
Hermosa plateada ±.y rutilantey
Porque a sí de U noche los capuces, ’
Triunfar saben del P*tdrc de las luces*
44 E L HOMBRE FELIZ.
XII?
Toda cede al empeño de Id nochez
Despues de haber pasado el rubio coche ,
,
%Quién im aginaria quien creyera ,
ík U noche el manto al Sol cubriera1.

X III? ;
La verdad de este modo resplafídecey
,
Como el Sol que las nieblas desvanece ;
,
Mas el error que ha sido conocido ,
También algunas yecés ha vencido.t
r' - .■■'*, , ..'A!1''
X IV ? ■
:*Torque si de mi labio-los consejosy
O no $e escuchan ,- o se escuchan lejas;
Vuelve el engaño , vuelve la ignorancia
A aquella que ocupo'primera estancia.

Ninguno tiene i diee' el Conde , tal


árte para instruirme y recrearme á -un
mismo*tiempo* Yo no estaba Vprepara-
do para el remate > ni esperaba de vos
la moralidad* Espetábala > sí de las sa­
bias reflexiones de Ibrahin 5 á quien ^ya
habia convidado para eso. Estaba día
tan á Ja vista (dice la Princesa) * y me
pareció tan bien, qué'.como frpta be­
lla a y madura quise cogerla por mi
LIBRO IX. 45
mano para ofrecérosla obsequiosa, ,
6 No dexaré de aprovecharle; y
os prometo que todos los consejos , to­
dos los di&ámenes de Miseno , si son
como la luz del dia quando me sa­
can de las tinieblas , no serán como
esta misma luz en lá ligereza con que
pasa adelante para dexaime en los an­
tiguos errores de lá noche. Y a que 3a
Providencia me da medios de estudiar
esta noble Filosofía , como los dio á
Miseno , sería doblemente infeliz , si
no me aprovechase como él , pues que
mi escuela es mucho menos costosa qufe
la suya.
7 Bien pudiera la Providencia ( dios
Jbrahin) si quería ilustrar á ese hombre,
venderle sus luces por precio mas có­
modo , porque un verdadero Filósofo
retirado en su gabinete descubre mas ver­
dades que las que él podia alcanzar en
medio de tantos trabajos, pues para pe­
netrar secretos es preciso tener el espí­
ritu sosegado*
8 A proporcion (dice la Princesa)
que !e sucedían trabajos , iba él apren­
diendo en ellos, como el' Danubio» que
allá
4<? EL HOMBRE FELIZ,
allá en las fronteras de la Alsacía he­
reda el principio de sus riquezas , y
quando mas terreno atraviesa , y mas
giros, y vueltas da , tanto mas se en­
riquece con los rios que en sí absorbe;
ásí fue Miseno. Despues de la lu z , que
le comenzó á rayar en un suceso mis­
terioso , cada vez iba cobrando mayo­
res luces en los trabajos que iba pa­
sando.
9 Pero si tan benigna fué la Pro­
videncia con el ( replica Ibrahin ) ¿por
qué no le comunicó esas luces sin tan­
to trabajo y y fatiga ? j Y por qué no
adquiristeis vos ( replica Ja Princesa ) las
luces de vuestra Filosofía sin tanto
afan de estudios ^ y de cálculos , que
os han secado el celebro ? La fuente sa­
ludable de agua fresca , y cristalina
nunca es tan estimada como quando uno
arde en fiebre , ó viene fatigado , se­
cándose de sed. Ninguno conoció bien
las delicias del sueño sin haber experi­
mentado la vigilia, ó el cansancio , por
quanto la contraposición de dos con­
trarios , es la que realza la diferencia
de ellos. Lo mismo viene i ser, de los
tra-
LIBRO IX. 47
trabajos > y de Ja felicidad* Fuera de
que, ¿dónde hallasteis vos mejor libro
que el de la experiencia para aprender
la sólida Filosofía?
10 En esto llegaron á la cabaña de
Miseno, y pasados los cumplimientos po­
líticos de amistad , la Princesa presen­
tó í Ibrahin , instruyéndole de lo que
acababan de disputar; y Miseno respon­
dió de esta manera.
1 1 Y o era (amigos mios ) como los
Cafres de Manomotapa , ó como los
Negros de la Costa de Guinea, que pi­
sando el oro , y los diamantes , no go­
zan de esos mismos bienes de que abun­
dan. Sin la experiencia de los trabajos,
ninguno sabe dar el precio í los bie­
nes opuestos y que después de ellos go*
za ; y sin haber estado enfermo > ¿ quién
hay que estime como debe la salud?
Toda esa inumerable multitud de bie­
nes , con que la divina liberalidad me
ha enriquecido , no me podrían hacer
tan feliz como los trabajos , que he
sufrido : á ellos debo , supuesta la supe­
rior luz del que todo lo gobierna > y i
mi Filosofía la gran felicidad de. que gozo.
Quien
4» - EL HOMBRE FELIZ*
i z Quién os oyere hablar (dixo Ibrá-
hin) pensara que el Cielo os hizo un
Alexandro Conquistador del mundo , ó
un Creso Señor de inmensas riquezas;
mas es cosa extraña que yo no encuen­
tro en vos sino pobreza , miseria , y
motivos de aflicción. Dios me libre de
verme en vuestra felicidad , porque mo­
riría de pena.
13 Y yo también (acudió prontar
mente Miseno ) si acaso no hubiera pa­
sado por donde he pasado. Vos , ami­
go ¿ no contais por mercedes verdade­
ras del Cielo los beneficios negativos , es­
to es , el vernos libres de los males con
que nosotros en otro tiempo , ó nues­
tros iguales viven anualmente afligidos?
Sabed , amigos , que quando me dexo
llevar del discurso , y de las conseqiien-
cias , que se siguen succestvamente una
tras otra , me siento como transporta­
do de admiración , y de gusto. Desde
Jo alto de esta montaña estoy viendo
llover sobre la haz de la tierrá una
como gruesísima piedra de mil ■males,
e infortunios > y observo que puesta lá
mano Soberana encima de mi cabeza ^m c¡
r - es-
LIBRO IX. 4j>
£$tá defendiendo para que no me toquen.
Siento que al llegar á mí , todas se res­
balan , ya i un lado, ya á otro > sin que
ninguna me ofenda,
14 Y o veo cruzar en los ayres de­
lante de mis ojos las flechas como en
el mayor calor de las batallas, y veo
que no me hieren. Por un lado , y por
otro me pasan las lanzas , y los dar­
dos 3 y veo que se van á emplear so­
lo en mis compañeros ; yo los veo caer*
quedando unos muertos , otros ciegos,
y todos estropeados ; por todas partes
oigo lamentos , gritos , desesperación,
y clamores, mientras yo me conservo
sosegado. Ahora decidme ¿ si en esta feliz
situación no debo contar todos esos ma­
les como otros tantos bienes de que go-
20? No tengáis esto por figura fabulo­
sa de un entusiasmo arrebatado. Imagi­
nad , os ruego , la haz de la tierra como
se halla en la realidad , y decidme ¿quán-
tos ciegos hay que viven en una no­
che continua en medio de la región
de la luz ? Ahora ¿ qué mas derecho te*
>iia yo para lograr vista del qué ;élIos
tienen * ni qué mérito para que ekAu-
Tííw. j j , D tor
50 EL HOMBRE FELIZ.
tor del Universo dividiese de una mis­
ma masa dos porciones > y que me die­
se á mi la luz , y í ellos las tinieblas?
¿Por ventura no es este favor , y favor
muy grande? ¿Qyántos sordos hay, man­
cos , y coxo s, y yo nada de esto ten­
go? ¿Quántos esclavos exhalando sus al­
mas tristes baxo del peso del trabajo,
y de las cadenas , y yo estoy libre?
¿Quintos enfermos gimiendo en las ca­
mas , envidiándola suerte mas desgra­
ciada de los que tienen perfecta salud,
y yo gozo de ella ? \ Qnáncos persegui­
dos por deudas , y á mi todo me so­
bra ? ¿ Quántos , cuyo corazoa es un
hormiguero de cuidados , sin que pue­
dan respirar , ni de dia , ni de noche,
y Ja paz es mi trono ? ¿ Quántos cerca­
dos de enemigos ocultos , ó manifies­
tos , de envidiosos , y de traidores,
y yo estoy cierto que no tengo en to­
do el orbe de la tierra ni un solo ene­
migo? Ninguno me aborrece , ninguno
me envidia. Y con todo esto \ no me
daréis licencia , amigo , para que me
tenga por feliz , y favorecido del Ciclo?
iy No sirva de obstáculo á vues­
tro
LIBRO IX- yx
tro juicio este humilde estado en que
me veis. El corazon del hombre siem­
pre suspira por elevaciones , y Jas mas
veces para su mal* La ave tímida , que
rezela los lazos armados en los valles,
y en los campos, vuela ligera á lo al­
to de las montañas; mas allí siendo de
todos mas vísra , y envidiada > se ve sin
saber cómo , herida de las saetas , quan-
de se creía mas segura- A s í , pues , se
hallará infeliz el que huye dei estado
humilde , y retirado , el que teme la po­
breza , el olvido , y el desprecio , el
que bate las alas de sus deseos para
volar tal vez á las dignidades , á los
puestos ^ y á los tronos , porque allí
se verá herido con saetas muy pene­
trantes* ¿ Y a no os acordais 3 amigos
de lo que sucedió en nuestros dias aquí
bien cerca en Constantinopla ? |Ah > po­
bre Emperador Andrónico , muerto con
mayor crueldad que el malhechor mas
vil de la plebe ! ¡ Pobre Isac Angelo,
hoy con la corona en la cabeza , y ma­
ñana sin ojos i [ Pobre Alexo , ahoga­
do cruelmente por las manos de.su ma­
yor valido ! ¡ Pobre Murzulfe ? fugitivo,
D z y
52 E L HOMBRE FELIZ.
y muerto ! ¡Pobre Balduino » vencido por
el Rey de los Búlgaros , con los bra­
zos > y pies cortados, y aserrado el crá­
neo! Todos eran Emperadores del Orien­
te , y todos fueron infelicísimos. Aho­
ra yo y que ni en los valles del esta­
do humilde caí en los brazos de los
enemigos , ni en las montañas de las
honras fui herido de los tiros , ¿creeis,
que sin ser Alexandro ni Creso no me
puedo dar por feliz ? ¿No he de creer que
la liberalidad divina me ha enriqueci­
do de bienes muy verdaderos , quan­
do me ha librado de tan verdaderos
males?
1 6 También es cierto ( dice íbra-
hin ) que ni todos los Monarcas han si­
do infelices , ni todos los Generales des­
graciados , ni todos los ricos tristes , ni
todos los poderosos andan gimiendo. T o ­
do eso podréis tener , y vivir tan con­
tento como ahora. Cesad , pues , de en­
carecer con hipérboles vuestra imagina­
ria felicidad , que mas bien debeis tener
compasión de vos mismo , que compla­
cencia 3 y gozo.
17 Yo no dixe (replico prontamen-
' :■ tC
LIBRO IX. 53
te Miseno ) que la liberalidad divina me
concedió todos los bienes que se encier­
ran en los inmensos tesoros de su Omni­
potencia. Algunos tengo , y son muchos
mas los que no me ha concedido, por­
que es? imposible que el corto y peque­
ño , y estrecho vaso de una criatura
pueda -recibir , y dexar exhaustos los ina­
gotables tesoros de la Divinidad. No,
no dbee yo semejante paradoxa. Solo
conté los bienes que tengo , por los
males que podía tener , y de que la sa­
bia Providencia se ha servido librarme;
mas. voy ahora á responderos.
18 En estos mismos trabajos que
padezco, aun no'os mostré bastante­
mente mis tesoros, sino solo por de­
fuera. Para conocerlos bien conviene
abrir el impenetrable secreto del corazon
humano , y entonces veréis en los ma­
les de esos que llamais felices , quin­
tos son los bienes de que yo puedo
iqiií enriquecerme. \ Qué horribles Tor­
mentos n o sufre el corazon del hom­
bre , si lo devora la envidia , si los
fcelos , le roen, si la desconfianza le for­
ma: sus espantosos fantasmas ! Quando las
D 3 lia-
54 EL HOMBRE FELIZ,
llamas del amor le abrasan , quando el
interés le ciega , quándo la ambición le
arrebata , j qué aflicciones no padece!
Unas veces el odio Je llena de hiel las
entrañas , otras la venganza le hace fu­
rioso , otras la desesperación de no po*
der executarla le despedaza ; y quando
la fortuna llega í burlarse de sus; de­
seos > quando le persigue la desgra-*-
c ia , quando se ve hecho el ludibrio de
los hados , ¡ qué gritos tan horribles
no da el corazon en la concavidad del

ip Discurramos ahora como' Filó­


sofos* Entre esos que llamais felices,
y con que me quereis alucinar, id po­
niendo á parte todos aquellos en quie­
nes domina el amor , ó gobierna el in­
terés y ó manda la ambición , ya veis que
no son felices : apartad también todos
aquellos, á quienes llegó í tocar el odio,
ó la venganza , ó á quienes mordieron las
zelos, porque estos tales se hallan bien
Jejos de Ja felicidad. Poned i otrai parte
a todos los que persigue la desgracia,
á los que falta Ja fortuna , á quienes
amenazan los hados ¿ apartad final-
men-
LIBRO IX.
mente todos esos , á quienes Jas pasio­
nes traen en una rueda de navajas para
despedazarles las entrañas , los quales
ciertamente notodos son felices, y ved
quán pocos son los que podrian entrar
en duda 5 si yo acaso quisiere trocar con
ellos mi suerte. Ahora y pues , hablemos*
amigos , con sinceridad : ¿no es verda­
dero beneficio del Cielo el librarme de
los incentivos de las pasiones , que
causan tantos tormentos ? Así habló M i-
seno , aplaudiendo mucho el Conde,
y quedando Ibrahin inmóvil , y tacitur­
no.
20 Suena á veces en Ja tierra un sor­
do susurro , quando se prepara la natu­
raleza á romper en algún horrible volcan:
la cólera de los elementos se une , el
fuego se acumula , y arde en las cárceles
subterráneas: las rocas apenas pueden repri­
mir su violencia 3 y por los poros de la
tierra sale un humo espeso, que anun­
cia el futuro terremoto. No de otro mo­
do se hallaba el interior del Filósofo Ibra-
hin. La sobervia de su corazon no sufría
que el Conde prefiriese á su pensamien­
to el de Miseno* Veíasele el semblante
D 4 mu-
j-<? EL HOMBRE FELIZ.
mudado, el ayrc inquieto, los^ moví*
mientos impetuosos , el gesto enfadado^
y que murmuraba entre sí 5 con lo que
sin explicarse daba bien claramente &
entender lo que quería decir. Contu­
viéronle por esta primera vez .el respe­
to debido i h Princesa , y al ‘Con­
de , y con afeitada condescendencia
disimulaba el desprecio , que interior­
mente hacia del razonamiento refe­
rido,
2i Entonces Miseno , que lo ob­
servaba todo , viendo que también k
Princesa manifestaba no estar enteramen­
te convencida s la dixo : Suponed , se­
ñora , que el infeliz BaJduino , des­
pués de haber pasado de Conde de
Flandes á Emperador del Oriente , se
vio preso en Andrinópoli por el R ey
los Búlgaros , con ios píes y brazos
cortados, con Jos ojos arrancados , y
próximo i sufrir el ultimo; golpe* Su­
poned , digo , que se sintiese arrebatar
de improviso en. una refulgente nube,
y que sin saber como , se hallase res­
tituido í la perfección de sus miembros,
y í su libertad , y que en este mismo
LIBRO IX* 57
iíistárfte se halla aquí enere nosotros co»
mo nosotros estamos : ¿qué repentina se­
ría Ja mudanza de su triste corazon?
¿que torrente de jubilo inundaría su al-
ma-í Se roe figura que Je veo poner
la mano sobre, los ojos , rentándolos,
y no acabando de creer que los: tiene:
pareceme que Jo veo volver en redon­
do para todas partes , incrédulo de Jo
que experimenta ; que se pone en pie,
que se m ira, que extiende las manos,
y confuso de lo que vé , y de lo que
siente, no atina á. creer, si es sueño , ilu­
sión , ó realidad lo que le pasa ; pero al
fin conoce que no es engaño. Decidme,
¿podria este Príncipe en semejante es­
tado dar el menor lugar í la . tristeza?
22 Solo se lo podría dar ( dixo la
Princesa) si el excesivo júbilo , como
muchas veces sucede , le hubiese tras­
tornado el c e le b ro n o teniéndolo acos­
tumbrado á trabajos; y el Conde añadió,
que ningún hombre mortal podría tener
jamás también fundado contento ; pues
por grande que fuese su gozo , aun
no podría igualar £ su motivo. A esto
¿dixo Miseno , que no se conformaba
con-
58 EL HOMBRE FELIZ,
con su pensamiento: respuesta que admiró
á todos. Aunque debía alegrarse (con­
tinuó Miseno) otros conozco yo que
tienen mucha mayor razón para vivir
alegres ; y despues que ambos le - pre­
guntaron con^ instancia y quiénes eran
esos ? respondió Miseno : ¿Quiénes ? vó*
sotros y y macho mas yo , pues tenemos
de gracia lo que e't hubiera comprado ¿
toda costa. ¡Os admiraís ! Suponed, pues,
por un momento, que el caso es ver­
dadero , y que nos hallamos todos qua-
tro en esta misma montaña. Decidme
¿quisierais' trocar con él vuestro estado?
Ciertamente que no. Pues si no aprecia­
ríais el cambio , es sin duda porque
os teneis por mas felices ahora délo que
seríais entonces, y por consiguiente, que
debe vuestro a&ual jubilo ser mayor? que
lo seria el suyo. Mirabanse los dos her­
manos á un tiempo, pidiéndose socorro
con los ojos para responder í Miseno, el
qual viéndolos en silencio , fue repitien­
do los golpes > al modo que un valeroso
guerrero , que apenas clava lá espada,
quando luego la retira para clavarla de
nuevo s y postrar í su contrario en tierra.
Re-
LIBRO IX. 5?
25 Reparad bien* que los mares que
preceden á los bienes que ,gozamos s no
los hacen mayores y solo, los hacen : mas
sensibles- y por quanto'ía contraposición
realza su hermosura , mas no la aumenta;
Para que os sean estimables los ojos que
t e n e i s n o es preciso que primero os los
arrariquen. ¿Por ventura no ju2gais tan
preciosos vuestros miembros ■, que .jamás
han padecido , como ios que por mara­
villa del Cielo fueron;-recuperados ? Con­
fieso que los males pasados dan un gran­
de impulso á nuestra alma , y que la
mueven fuertemente para que despierte
del letargo en que estaba , sin advertir
los bienes que poseía , pero este violen­
to impulso-, que despierta nuestra aten­
ción , no es el que nos hace ricos , solo
hace , que gocemos mas , ó que tome­
mos mas gusto á los bienes que ya po­
seíamos ; asi como el golpe furioso del
martillo , que despedaza el cofre , nos
manifiesta las riquezas que se encerraban
en é l ; sin que de modo alguno las au­
mente* En esto , pues , consiste Ja impor­
tante astucia de la buena Filosofía , en
servirse cada uno de los males ágenos, pa­
to EL HOMBRE FELIZ
ra excitar en sí el gozo de Jos bienes
propios , en que no advertía .sin es­
perar el aviso, que ‘ acostumbran darnos
las desgracias», que experimentamos «ti
nosotros mismos^
2 4 Con esta sola reflexión , .. sin
haber sido ciego coxo , ni matKO,to­
mo tanto: gozo de. los ojos, , y j de Jos
miembros. que >t e n g o c o m o si- prime­
ro Jos hubiese perdido ; y así las in­
felicidades agenas .me sirven de gozar to­
da Ja utilidad que sacaría de las pro­
pias , y esto con mas gracia , y venta­
ja s , porque no me dan Ja pena , que
siendo propias. me cansarían. Ved , pues,
am igos, si discurro como Filosofo , y
si es verdad , qué vosotros., y aun yo
mucho mas, tenemos ahora mayor ra­
zón de alegrarnos, que tendría Baldui-
no en ese prodigioso caso.
25 Qual nave sobervia , que ufa­
na va saliendo del puerto con las ve­
las sueltas , desplegadas las banderas , y
burlándose de Jas fortalezas ; mas en
el momento que una bala le corta el
palo mayor , arria luego bandera , re­
coge las velas, y se rinde humilde-, así
LIBRO IX. 61
hizo la Princesa, Pensaba , dice ella,
que me podría evadir de vuestras ra­
zones ; mas en fin ; no pude resistiros.
A vista de esto , hermano mió , no
hay duda que-es mas abundante el te-
soro de nuestros bienes de loque ima­
ginamos , porque son infinitos los infe­
lices, y muchos los males de que cada uno
de ellos se ve oprimido. Ahora com­
parándonos con ellos, y viendo que el
Cíelo nos libra de la mayor parte de
esos males , nos hallamos riquísimos de
unos bienes , cuya posesion ignorába­
mos. ¿Qué os parece \ Creo , respondió
el Conde , que de quantas máximas
nos ha declarado Miseno , ninguna nos
ofrece mas freqiientes motivos de ale­
gría , que esta,
z 6 Ninguna en mi concepto , re­
plicó el Filósofo en tono de oráculo:
ninguna es mas propia para afligirnos.
Callaron todos con la no esperada res­
puesta , y él continuó diciendo : Si el
compararme con los infelices me debe
alegrar , viendo que no tengo los males
que ellos padecen, comparándome con
los afortunados, . me de do entristecer*
pues
6z EL HOMBRE FELIZ,
pues me niega el Cielo Jos bienes que
á ellos ha concedido. Ahora , como Jo s
felices, que se levantan todos los días
á nuestro lado , nos llevan los ojos
con mas razón que los desgraciados con­
fundidos con el polvo de la tierra , por
mil veces que nos comparemos con los
mas dichosos , apenas una sola entrare­
mos en competencia con los desdicha­
dos , y de aquí se infiere , que por una
sola , y fria consolacion tenemos rail
aflicciones T que nos penetran el alma.
Así habló Ibrahin con tal satisfacción$
que le parecía cosa indigna esperar res­
puesta ; pero Miseno con la mayor se­
renidad le dice:
27 Vuestras juiciosas reflexiones t
Ibrahin , son muy importantes, por quan­
to á fuerza de discurrir se conoce me­
jor la verdad. No niego que la fortu­
na de nuestros compañeros remontados
con elevado vuelo sobre las nubes lla­
ma mas nuestra atención y que la des­
gracia de los que abatidos , y puestos
baxo los pies del vulgo , apenas ven
el Cielo que los cubre- Confieso tam­
bién , que el compararnos con los que
no
LIBRO IX. 6$
no son mas afortunados que nosotros,
nos entristece ; mas de aquí soio
se sigue y que si yo hiciere lo que
freqiientememe hacen los demás , vi­
viré tan triste como ellos; pero si usan­
do de la buena Filosofía , me compa­
ro solamente con los infelices , ningu­
no me puede negar , que debo á ca­
da paso alegrarme. Ahora decid : ¿ pa­
ra un afortunado , quántos infelices ha­
llaremos ? Luego es evidente, que para un
motivo de pena , que nos ofrece la en­
vidia , nos descubre diez mil motivos
de gozo la verdadera Filosofía , si sabe­
mos usar de ella.
28 Embarazado Ibrahin con la so­
lución que no esperaba , y viendo M i-
seno , que afloxaba el enemigo en Ja
furia con que le habia acometido ; fue
manejando la espada del discurso con
tanto vigor, y destreza , que le llevaba
delante de s í , sin dexarle arbitrio de
rebatirle los golpes , y prosiguió di­
ciendo : ¡Qué ligeramente discurrimos,
amigos y quando nos comparamos con los
afortunados pára afligirnos! Somos artífices
de nuestra tristeza ; é ingeniosos para
núes-
¿4 EL HOMBRE FELIZ*
nuestro mal inventamos trazas parí
engañarnos , forjando en nuestra imagi­
nación ideas quiméricas , que en rea­
lidad son verdaderas , y venenosas sae­
tas para herirnos. Reflexionad bien y os
ru e g o , en Jo que voy á decir:
29 No hay en toda la superficie
de la tierra ni un solo m ortal, que
por todos lados sea feliz 5 por quan­
to ios males están de tal forma enca­
denados con los bienes, que jamás halla­
réis felicidad pura , ni encontraréis uno,
que esté exento de todos los trabajos.
A sí pues , ese objeto de nuestras envi­
dias viene á ser un objeto quimérico,
un fingido fantasma > un ídolo de nues­
tra imaginación. Quando nos compara­
mos con otros mas felices , los pinta­
mos siempre dotados de una felicidad
totalmente exenta de trabajos, cosa que
nunca hubo en el m undo; y así bien
examinado el punto no envidiamos esos
objetos como ellos son en la realidad,
porque tal vez perderíamos mucho , si
cambiásemos con ellos nuestra suerte;
sino que los envidiamos como ellos no
son ni pueden ser* Envidiamos unos
LIBRÓ IX, 65
felices sin t r a b a jo s r ic o s sin cuidados,
poderosos sin susto , ilustres sin disgus­
tos , y afortunados sin envidia. Ved
aquí como nos atormentamos con el
deseo de un objeto fantástico.
30 Por el contrario , los motivos
de consuelo que tenemos viendo que
el Cielo nos libra de muchos males
que otros padecen •> son tan verdade­
ros , que los palpamos con las manos,
y tan freqüentes , que á qualquier parte
que volvemos los ojos los encontramos
á millares. Así habió Miseno.
31 Y a ve is, Ibrahin (le dice la Prin­
cesa ) por qué razón conduxo la Divina
Providencia á Miseno por medio de tan­
tos trabajos á la sólida Filosofía , que
hoy posee. Id , pues f ahora á murmu­
rar de la Providencia , y llamar í jui­
cio en vuestra imaginación al Ser supre­
mo. ¿ Cómo pudiera Miseno tomar el
gusto á los bienes que goza , si no
hubiese probado los males de que ahora
está libre? Todos los trabajos que pasó, to­
dos los que vio padecer í otros son otros
tantos incentivos de su júbilo, viendo que
la Providencia Je libra de elIos.\Decid
Tm . II. E voi
66 EL HOMBRE FELIZ,
vos lo que quisiereis , que y o hallo es­
ta máxima muy importante para que
vivamos alegres* ¿Qué os parece, Conde?
3 z . D igo que Miseno tiene* sobrada
razón para vivir contento en el estado
en que se ve , y que seria ingrato al
Cielo , ingrato á su misma razón , si ha**
bíéndole librado de tantos trabajos, y
habiéndole ilustrado, con tan importan­
te doctrina , se entregase como el res­
to del vulgo á una inconsiderada tris­
teza. Y o que al principio os condena­
ba de insensible , ahora os condenaría
de poco racional , si no lo hicieseis así,
porque , ó debeis despreciar la razón,
ó despreciar la tristeza, como lo hacéis.
Si á mí me hubiese acontecido lo que
ha pasado por vos , no cesaría de can­
car con suma alegría alabanzas á la Pro-
videncia , que por modo tan singular
me habia conducido í la verdadera Fi­
losofía.
33 Sonrióse Miseno , y le dice en
tono amoroso > y afable : Pues cantad
ahora esas alabanzas , ya que Dios os
ha concedido i sin tanto trabajo Jo que
me ha dado á; mí i fuerza de penas*
;: ,v, . Vos
* L ib r o ix . 67
Vos estáis libre de los males de que
D ios me libró á mí. Vos teneis las mis­
mas luces con que: el Cielo me ha do­
tado , pues que yo nada os niego , ni
reservo para m í: con que si me conde­
naríais viéndome triste quando estoy cer­
cado de beneficios , y luces celestia­
les * condenaos a vos mismo y que aun
teneis mayor motivo para alegraros*
34 Qual toro váliente» que escapa del
coso; c intrépido con plena libertad cor­
re montes, y valles, y con la cola levan­
tada , y la cabeza erguida se burla de
los vallados y señor de los caminos,
y de los campos , amenaza á los tron­
cos , embiste contra los vientos , y aco­
mete í todo quamo pretende atajarle
el paso ; pero luego que ve á; su lado
la consorte amada V manso y dócil pier­
de h furia * inclina, la frente , y rin­
de |a cerviz al pesado yugo J así hizo
el Conde quando vió tan claramente
la verdad : la verdad , á quien su en­
tendimiento únicamente amaba como- i
su esposa: conoció y y confesó4 que:no
tenia respuesta que dar.
■ fj j - A estas horas comenzaba: ya á
E 2 de*
68 EL HOMBRE FELIZ,
declinar el s o l, y fatigado iba con priesa
a descansar en el cristalino lecho. Ju zgó
entonces la Princesa , que sería conve­
niente retirarse , porque se iba el Cielo
entoldando , y por otra parte no quería,
fatigar á Ibrahin con una conferencia
mas larga , pues se hallaba angustiado,
no pudiendo resistir , ni queriendo con­
fesar lo que debía. Levantáronse , en fin,
y se ^despidieron de Miseno , prometién­
dole continuar las visitas en los dias si­
guientes.
3 6 Ibanse los tres retirando , y b
Princesa se divertía, con Ibrahin , obli­
gándole i que le explicase su pensamien­
to sobre la nueva do&rina que habían
oído , lo que él iludia con mil expresio­
nes de política* E l Conde confesó ingé*
nuamente , que estaba convencido , y
que si su corazon siguiese al entendimien­
to , nada sería capaz de afligirle; pero
que con una disonancia infeliz muchas
veces repugnaba la voluntad lo mismo
que el entendimiento quería.
37 Mientras Miseno persuadia í sus
huespedes las máximas referidas , el es­
píritu infern al, que inspira á los mortalea
la
LIBRO IX. 69
la tristeza estaba desesperado , viendo
que por aquella admirable doétrina , no
solamente perdía Ja presa del corazon del
Conde , domicilio suyo muy antiguo , si­
no que con los exemplos de él , y conse­
jos de la Princesa debía temer mucha rui­
na en todo su Imperio. L le n o , pues, de
furor , viendo que nada se habia conse­
guido con las quejas , y lamentos, que
habia hecho a las demás pasiones sus com­
pañeras yjse encaminó á quien pudiese
dar pronto remedio a tan iminente peli­
gro , í y se presenta al Príncipe de las ti­
nieblas oyó este sus quejas, y dando
un bramido y como de mil truenos , y
bombas, que revientan í un tiempo, hi­
zo venir temblando á su presencia todas
las furias de los abismos; y teniendo con~
sejo , la resolución que tomaron fue esta:
que convenia:pereciesen de qualquier mo­
do los nuevos alumnos de la escuela de
M iseno, ya que el destino celestial im­
pedía que se llegase á la vida del héroe;
porque aun quando ellos se viesen pro­
tegidos por fuerza superior , á Jo menos,
Henos de susto , y pavor con los peligros
siempre á la vista , temerían freqiientar
E j !a
7o EL HOMBRE FELIZ,
la escuela de Miseno ; lo que una v e í
conseguido , fácilmente - se arrancarían
de los corazones del Conde , y de la
Princesa las simientes recien plantadas.
Acabando dcdccir esto el Príncipe de los
abismos , se repartieron las furias por
Jas quatro partes del orizonte í revolver
contra la inocente Princesa , y el Conde
todos los elementos, los rayos , los vien­
tos y las aguas.
38 A este tiempo venían también pa­
seando los hijos de la Princesa -acompa-*
nados de sus Ayas dirigiéndose en­
contrar í su madre en el camino. V e-
nianse divirtiendo por las margenes del
río, y ya estaban cerca del puente,* quan-
do vieron que el viento soplaba cada vez
con mayor fuerza , y que comenzaban í
caer gotas muy gruesas , anuncio de gran
tempestad. Apresuran el p a sb ^ v yse re*
fugian en una cabaña de Pastores , que
no estaba distante. En esto vieron qué
su madre y tio corrían í abrigarse déba>
xo de un árbol espeso , y copado , y í
gritos les avisaron , que allí tenian abri­
go mas competente , en donde todos
al fin vinieron á juntarse.
LIBRO IX. 71
■' j 9 Apenas se habían puesto í cubier­
to , quando los vientos furiosos , rom­
pí en cío las cadenas:,1con que la ñatura-
ieza los tenia aprisionados, corrían- sin
freno , por todos aquellos valles y montes,
de suerte , que parecía querer arrancar
hasta los mismo;s ' peñascos. Oíanse que­
brará los grandes a-rboles , no* valiéndoles
lá enorme robustez de sus troncos.1 otros
eran árrancados de raíz , y revueltos en
los a y re s, como si-fuesen ligeras¡plumas.
Los rebaños de ovejas , que se yeniap re­
tirando del pasto-, parecían1 exáíiibres
d ¿ abejas , unas apiñadas; en d Valle , y
o tb s ;esparcidas por Jas campifias.vEl día
se obscurece ¿em penté , y h s negras nu­
bes; puestas de uno y - de otro lado , ; co­
mienzan á combatirse con furia desespe­
rada , y todo .'es fuego. Los relámpagos
encienden lo s " a y r e s , los truenos', como
s i ; fuesen gruesas bombas ' revientan so­
bre o^u-s cabezas?, y* todos quedan aturdi­
dos. iEl sonido funesto y horroroso pare­
cía que retumbando en las bóvedas det
firmamento, y haciendo eco mas allá de
los orizontes , ib a í dar aviso en el
otro 'emisferio de lo que pasaba quando
¿4 ved
7* EL HOMBRE FELIZ.
ved aquí que van saliendo nuevos ejérci­
tos de nubes para auxiliar en la penden­
cia í las compañeras,v refuérzame de una
y otra parte los enemigos > y se encien­
de mas la pelea. Las lanzas de fuego se
cruzan por los^yres , y mil saetas perdi­
das baxan á la tierra. Aqui cae un pastor
herido de un rayó : allá revienta hen­
dido hasta la raíz ‘ .un altísimo fresno.
Una cenadla derriba aquí una elevada
torre : mas adelante; se'quedan pasmados
dos pasageros , y, caen por tierra medio
muertos solo con el sus,to*. Hierve ,en los
prados la mosquetería \ de gruesisima pie-
dra que todo lo arrasa ; y del ganado,
que venia corriendo í ■guarecerse , Junas
ovejas quedan muertas en el. campo; otras
h erid as, otras embisten con furia por
donde estaba la Princesa con sus hijbs,
y por poco los atropellan. T od o era una
gran confusion dentro .de la cabaña:don-
de estaban i porque de un Jado se .oían
mugir ios becerros v y por otro balar
los corderillos > que aturdidos con eJ es^
trutndo de la tormenta , se metían por
éntre las felpudas ovejas. Por una parte
Uoraban sin consuelo los hijos de-Sofía*
abra-
LIBRO IX. 7j
ábrázandola por ambos lados : por otra
caían las Ayas con desmayos y el Con­
de confuso , triste1 y pensativo. Solo
Ibrahin mostraba grande animo , obser­
vando el curso de las nubes > y sacando
mil conseqüencias acerca de los meteoros*
queriendo probar con el tono de las es­
cuelas* qué en breve cesaría la tormenta;
pues era 'tan abundante Ja lluvia >que pa­
recía que desojándose los Cielos^ de re­
pente , dexaban caer de golpe todás las
aguas que contenían ; hasta-que en fin fu i
poco á poco aclarandoü\ tiempo , y tdf
timameme apareció luna. - i
40 Entonces sal ieron to d o s de. la cá*
baña algún tanto recobrados de] pasado
susto V y con este1 motivo comenzó
Ibrahin i explicar al Conde los fenófné^
nos de la atmosfera; mas Sofía se ápli¿
caba á animar á sus hijos » que estaban
pálidos y:-quebrantados y y haciéndoles
reír para recobrarlos de la-aflicción que
habian ¡tenido; y hablándoles en el len­
guaje de la Mitología , que Ibrahin Ies
enseñaba , Jes dice: ¿Qué os parece de esá
celeste batalla ? Bastantes diligencias hi-*
zo Paitóme para serenar la contienda* Y o
74 EL HOMBRE FELIZ,
le vi forcejear: para, romper p ó r' entre las
nubes.enemigas más viendo que todo
«1 poder de sus rayos y flechas era inútil,
y que la batalla iba degenerando en tu­
multo , se retiró del firmamento, y me­
droso se fue ¿ esconder allá muy debaxo
del brizante. Luego despues bien vis­
teis que vinosa ?iacbe y í quien él dexó
en su ausencia ¿Lgobíerno del emisfe-
rio ; y día queriendo poner término í
Ja batalla , dexo xaer su dilatado man­
to pira ocultar mutuamente los enemi­
gos unos > de/-otros r; pero se engañó*
porque la misma ceguedad aumentaba el
íUuoxf, y la saña y y las saetas se despe­
dían tientas^ JLaj luna no quiso aparecer
hasta ahora aí-fin-de to d o , reparad cómo
vierte pálida con vel Susto , hasta las es^
tbelfas vienen^á^vej: curiosas el- campo de
Javfieka ; no .obstan te estar, al latan dis*
tflñtes- , mirad qomó todas están temblanr
¿O de miedo. 1 S • :
41 Comenzaron los hijos:í*, *eir con
esías ¡jocosas alegorías , de modo ^ que ya
no. s,e acordabantdel pasado susto v quan^
do; Ibrahin , ¡y el Conde" que ib a n : dc^
lantc 9 se vieroil embarazados cn;el cami­
no,
LIBRO IX. 75
fto , : porque , la deimsiada lluvia habia
anegado todas Jas veredas » y engrosado
de forma Jos riachuelos, que no, podían
ir í ' delante : el Cpnde y, la Princesa eran
de asentir que $e svpl viesen a la cabaña á
pasar J a noche, entre Jas qv.eja? impero
Ibrahin tenía, tal horror á una mala1no­
che v que so!o; t o a ;idea le alteraba*
; 4 2 En su dictamen esta era la
mayor desgracia , ^ue podia acontecer í
Un h'onibre. '.Lamentábase que Dios huT
biese guardado d e j;pj*(ppQsito; para; él to­
das :Jas calamidades ^^1 ín.uri¿p , y en una
agitación sin nrtf.ditte acusaba su\Índiscre-
tarurbaniflad^ñ hpbcr intentádp> 1^ yi$it£
de -Miseno/ V ed aquí, d ecían ^ -fru to de
JáS' extravagante^d9&rinas debiese loco*
S11 /autor se dctyeíj attora - estar hiendo, de
habernos .¡obligad^ a padecerv estos r fra-
ftejofr qlte. ciertamente no 4staban¡prepa*:
ráelos para ppsotrOs ; y de> .cste.imodo
jjguicrrdo su-fíerisarnientO;, ^porfiaba en
irse 3cÍa'SU‘:;,casá;, ,nb o b lan te ver qup
la 1 Prhices^con toda su familia se vol-
yián á los Pastores- para pedirles abrigo.
43 N o permitió Sófía qqe-jSUS hijos
tomasen el maLex^mplo de Maestro,
EL HOMBRE FÉLIZ.
ni que cobrasen tanto horror alas inco­
modidades de la vida y y mientras los
Pastores turbados preparaban alguna re­
facción para sus huéspedes , daba la Prin­
cesa á sus hijos sustento mas importante.
44 : ¡Ah , hijos míos , les dice , qué
infeü¿ es el que solo se compara con los
que son mas felices! Ibrahin solo tiene el
pensamiento en los que esta noche han
de dormir en blanda pluma , baxo de
preciosas colgaduras v despues de haberse
regalado con una abundante y deücadá
cena. E l porfiado haciendo esta conside­
ración , pór fuer £a ha de padecer mu­
cho, y dudo que llegue á casa, ¿Quánto
mejor le fuera compararse con estos po­
bres Pastores encharcados en agua , afli--
gidos cón laí perdida del ganado , y lá
ruina dé lós cam pos, porque entonces
precisa mente-habia de alegrarse ! Sabed ¿
hijos mios , que los Monarcas sentados
en tronos de marfil esmaltados de oro»
hosotros en almoadas : de terciopelo , y
estos pobres en haces de paja , todos so­
mos iguales , con esta sola diferencia;
que la Providencia Suprema siempre les
negó á ellos esos regalo*, y i nosotros
so-
LIBRO IX. 77
sola está vez nos ha privado de *ellos.
H o y pasaremos como ellos lo han pasa­
do toda su vida , lo que nos es útil para
conocer de lo que Dios nos ha librado
siempre.
45 Mas ellos (replicó el Conde me­
dio afligido) á fuerza de sufrir incomo­
didades, están yá acostumbrados á so­
brellevarlas ; pero í nosotros necesaria­
mente nos han de ser muy sensibles,
siendo esta la primera vez que las expe­
rimentamos. Pues pedid á Dios que \os
acostumbre de aquí adelante, y no ten*
dreis de que quejaros. Eso n o , le res­
pondió escarmentado , y arrepentido de
lo que habia dicho. En esto Jos Pastores
les presentaron fresca nata ¿ tiernos que­
sos * y abundante leche , manjares que
sazonados con la hambre se les hicieron
muy deliciosos.
4 6 Entre tanto Ibrahin habiendo p i­
sado con trabajo algunos arroyos , se
vio absolutamente detenido en la orilla
del rio , el qual saliendo furiosamente de
todos sus límites , le había cortado el
paso* Quiso entonces retroceder , pero
y a no le era posible, porque habian ere-
7s EL HOMBRE FELIZ.
cido demasiado los arroyuelos , que án-i
tes había vadeado. G m aba en este aprie­
to , y ninguno le oía. Volvía otra vez Ja
tronada , y las nubes se deshacían ct>
a g u a , y no tenia el pobre con qüe res^
guardarse de ella* Las tinieblas > los vien­
tos i el ruido de las olas le representa^
ban un espectáculo de h o rro r, y su im­
paciencia , y desesperación formaban eri
su alma un interior infierno* Tiritaba de
frió , corria á uno * y ocro lado : aqiii
resbala y allí casi se hunde ; mas allá sé
cntierra en el lo d o , hasta que trepando»
por una escarpada roca alcanzó eí hue­
co de una peña , donde pasó la noche
medio muerto de rabia > de cólera y de
desesperación, y de frío. Entonces se
arrepentía (aunque tarde) de su dema­
siada delicadeza, y confesaba que por que*
rer evitar una pequeña incomodidad, ha­
bía caido en tancas. Y a le parecía suma­
mente deliciosa lá cabaña pastoril » que
había despreciado ; lo mismo que reputó
por horrible calamidad á que Ja Provi­
dencia le condenaba injustamente , co­
nocía ahora que era un exquisito regalo
de la misma Providencia , y de que* su.
LIBRO IX. 75?
delicadez le habia hechorindígno ; pero
poco después volvía á su desesperación
y rabia , y blasfemando contra Miseno,
el q u a l, según él imaginaba, había tenido
la culpa de todo , como si su inocente
do&rina hubiese abierto las cataratas del
Cielo , desenfrenado los vientos , anega­
do los cam pos, y endurecido la cabeza
para resistir i Jos prudentes consejos de
la Princesa , y del Conde.
47 A este tiempo ya eti U caba­
ña pastoril habia preparado el cansancio
las camas de heno para la Princesa, y
su familia , d« tal forma , que las ha­
llaron muy blandas; y deliciosas. E l
sueño que habia muchos años tenia
en aquel lugar su residencia , no hi­
zo distinción alguna de personas , y
envolviéndolos á todos igualmente en sus
dulces lazos , les hizo gustar por algu­
nas horas las delicias , (ó como le lla­
man los Poetas ) el dulce ne&ar de M or-
feo. Desatólos ai fin (según acostumbra)
Juego que apuntó la Aurora sobre el
orÍ2ontc. Este se descubría ya limpio,
y despejado, compensándoles así con la
hermosura del día-,1a tenebrosa -noche*
- *: que
8o EL HOMBRE FELIZ,
que habían pasado. Y a los caminos esti­
ban transitables ; y saliendo de la cabaña
los honrados huéspedes , encontraron í
poca distancia í Ibrahin casi muerto por
3o que le habia acontecido* La Princesa
dispuso que fuese luego llevado á casa*
Las Ayas le seguían con paso cuidadoso*
mientras ella acomodándose á el de su$
hijos , les fue haciendo por el camino es-»
te discurso.
48 ¿Veis , hijos mios , verificado to­
do lo que yo habia prediclio ? Vuestro
ilustre nacimiento no os Jibra de ser
hombres : con que teniendo nosotros la
misma naturaleza que el resto del géne­
ro humano , por fuerza habernos de su­
frir las cargas * y pagar el tributo que á
todos nos impuso el Monarca Supremo. E l
que mas se resistiere a pagarlo , tendrá
mas trabajo , porque le arrancarán í fuer­
za de castigos lo que debia pagar volun­
tariamente* La ave que mas forzejea pa­
ra librarse del lazo * mas se enreda en
é l, y quanto mas impacientes llevamos
la carga á que estamos ligados con nudo
indisoluble, tanto mas nos oprime, y mor­
tifica» Suframos, p u e s, con gusto lo q u e.
to -
LIBRO IX. 81
toleramos por necesidad , y entonces pá*
decerémos menos. Instadme á m í, cu­
yo sexo , nacimiento , y qualidad me
hacen mas delicada que voso tro s, y
no imitéis á Ibrahin , cuya sobervia
le hace creer que es de otra masa que
el común de los hombres* Comparaos
siempre con los que padecen mas que
vosotros , y viviréis siempre alegres. L a
inconstante fortuna que de otro modo
os haria tristes , por este mi consejo
os será sumamente gustosa. Acordaos,
hijos mios , de esta do&rina por la com­
paración , ó símil que os hago. Aquel
mismo mediano cerro , que el sobervio
Olimpio desprecia , teniéndolo á los
pies como ínfima grada de su trono,
os parecerá una montaña tan sublime,
que toca con la cabeza en las nubes,
si puestos en los humildes valles junto
á sus raíces quisiereis considerarlo des­
de acá abaxo. Así , pues , no conside­
réis vuestra tal qual felicidad en este
m undo, mirándola desde un lugar ae­
reo , y mucho mas eminente , porque
entonces os parecerá muy pequeña.
Consideradla de otro modo , ponien-
riwi. ii* F doos
$z EL HOMBRE FELIZ*
doos con la imaginación en un estado
¿batido , lleno de miserias, y de trabajos,
y entonces os parecerá vuestra condicion
felicísima. E n estos y otros discursos fue***
ron continuando el camino*

LI*
LIBRO X.
i Ompe los A yres el rayo con in -
-IV decible presteza ; mas no fue
menor la velocidad con que el espíritu de
las tinieblas habia salido de noche furiosa
de los abismos apenas me vio que la pru­
dente Princesa , y el hermano habian esca­
pado de la m uerte, y triunfado de las fu­
rias infernales, que inútilmente perturba-*
ron contra ellos los elementos. L le g a , y ar­
ranca todos Jos diques, con que la industria
humana acostumbra reprimir las aguas de
los ríos, y embargando con un pesadísimo
sueño í los criados de la Princesa, altera
los vientos , y todo lo revuelve con un
uracan repentino para derribar por tierra
todo su Palacio. Y a estaban inundados los
jardines, entra el torrente en las habita­
ciones , nadan los muebles preciosos, pe­
rece en los establos el ganado', salvanse
por las ventanas los que pueden huir ; y
algunos juntando el sueño con la muerte,
sin remedio acaban sus dias en el Jecho,
fz C a-
84 EL HOMBRE FELIZ*
Cada vez crece el rio con mayor furia,
recibiendo de todas partes caudalosas
corrientes ; que habia juntado el diluvio
no&urno ; y no cabiendo ya en su cau­
ce , convierte en mar los campos > y el
Palacio de la Princesa parece una isla.
z En este estado lo halló Ibrahin
quando llegó con las A yas , ya recobra­
do algún tanto con los socorros , que le
habían procurado en el camino. V e , y
se pasma de tantos estragos. Los lamen­
tos de las criadas hacían bella consonan­
cia con su ánimo desesperado , y de to­
do esto es la causa ( dice Ibrahin ) aquel
loco hombre , por cuyo motivo han
acontecido semejantes infortunios.
3 Quando venia la Princesa ya cer­
ca de su casa se vio acometida á un
tiempo de todas las criadas » que despa­
voridas , y con las manos en la cabeza
le anunciaban á gritos la mas funesta
novedad. Unas á otras se impedian, que­
riendo cada qual con ridiculo empeño
ser la primera en participar el fetal suce­
so. Asústanse el herm ano, y los hijos*
T o d o es alaridos , confusion , y lamen­
tos ; y fatigándose la Princesa en pregun­
tar
LIBRO IX. 8y
tár qué habiá de nuevo , solo oía la con»
fusa respuesta de que todo estaba perdido.
L legó en fin á ver con sus ojos el estra­
go. Acudió luego Ibrahin con susámpor^
tunos discursos , lamentando la pérdi­
da de sus libros * y manuscritos * fati­
ga de tantos años , fruto de muchos estu­
dios , y partos de su ingenio , y sin mo­
derar el natural sentimiento, acusaba su
infelidsima.desgracia , diciendo que D ios
le había hecho nacer para ludibrio de la
fortuna , irrisión de los hados , y blan­
co de todas las infelicidades : que mas
valia no haberle dado la vida , si en
ella habia de ser tan perseguido : que to­
do el Universo se habia conjurado con­
tra é l : que los Cielos con cólera , los
elementos en desorden , y los abismos
llenos de furor se habían, empeñado en
perderle. Acompañaba el semblante á to­
dos los movimientos de su desesperado
corazon , y las furias estaban pintadas
en su fisonomía. Parecía que se le salta­
ban los ojos : volvíase en un instante
para las quatro partes del mundo ; no
podia acabar un periodo sin interrumpir­
lo con otro* y su palabra mas freqüente
F 5 era:
86 EL HOMBRE FELIZ,
era ; soy desgraciado : pudieron mas los
hados que la justicia , y nada valen con
la Providencia los méritos. En el curso
ciego de Ja naturaleza está envuelto el
sabio con Jos brutos , y los que cosul-
tan las estrellas con los que cavan la
tierra ; entretanto Dios descansa en su
bienaventuranza al son de nuestras que­
jas , lleno de gloria infinita , sin que se la
perturben los que acá padecen. A sí habla­
ba Ibrahin desatinado , sin que la razón
pusiese freno á su lengua* Aquí le contuvo
la Princesa, diciendole con ayre magestuo-
so, y con severa ironía capáz de reprehen­
derle, y castigarle.
4 Por cierto , Ibrahin , que el G o ­
bernador Supremo de C ielo s, y tierra
ha sido para con vos injusto y pues sa­
biendo que teníais en vuestro gabinete
tan preciosos manuscritos , debió for­
zar las leyes de la naturaleza para que
todos los elementos les tuviesen respeto.
Hizo muy mal en salvar la vida á el
autor , dexando perecer sus obras , y
tal vez hubiera obrado mejor si hubiese
trocado las suertes para conservar tales
preciosidades. Ahora abrid los ojos. ¿Os
que*
LIBRO X. g7
quejáis de Miseno ? Pues á él le de­
béis la vida ; porque si vuestra curiosi-
dad no os hubiese hecho salir de casa*
y las lluvias no os cortarán el paso í
la retirada , os hubierais hallado esta ma­
ñana muy descansado en vuestro lecho,
quando entraron repentinamente las aguas
en el Palacio , y cubrieron vuestra
cama , ahogando á los que estaban en
las mismas circunstancias , en que sin
duda hubierais estado vos. ] N o veisi
Ibrah in , que al disparar la muerte sus
envenenadas flechas , las tenia asesta­
das contra vuestra cabeza , y que la Pro­
videncia , apartandoos de vuestro lecho^
que era el blanco de la puntería , hizo
que solamente en él se empleasen los ti­
ros que se dirigían á la persona! ¡ Por
cierto , pues , que teneis mucho de que
quejaros ! SÍ vuestro Profeta Mahoma
tiene tan indignas ¡deas de la Providen­
cia como dan á conocer vuestras quejas*
sabed que el concepto que! nuestra R e li­
gión nos persuade dei Ser Supremo es
mucho mas acertado v y respetuoso;
l Quanto mas razonable es el discurso
que nosotros hacem os, teniendo por be-
F 4 ne-
8S EL HOMBRE FELIZ.
neficio especial cíe la Providencia él que
quiere volar de tal modo sobre nuestro
bien > que quando tal vez murmurába­
mos de ella sordamente en nuestro co­
razon , entonces la misma Providencia
nos estaba salvándola vida?¿Quién os di-
ria , hijos mios , esta madrugada r quan­
do vuestros miembros , frios , y mojados
extrañaban la dureza de la cama , quién
os diría , que entonces estabamos reci­
biendo de la mano bienhechora del Om­
nipotente una nueva vida ? Por quanto
la primera si no fuese por este amoro­
so lance de su providencia ; ya estuviera
en este momento acabada*
y E l ayre desagradable con que la
Princesa respondió á Ibrahin , le dexó
con fuso, y enmudecido. Viendo enton­
ces ella que ya poco á poco se desaguaba
el rio , mandó que en los quartos supe­
riores , donde no llegó el estrago , se
preparasen habitaciones para todos , y
alojamiento decente para Ibrahin ; y
mientras Sofía se ocupaba en consolar í
los afligidos , remediar los d añ o s, y
providenciar para lo fu tu ro , el Conde á
fin de dexarla mas lib re , se fue a bus­
car
LIBRO X. t?
car í Polidoro , que no estaba muy
distante,
6 Aquí fue donde todas las pasiones,
que habían dominado al Conde , le esta­
ban esperando para asaltarle quando es­
tuviese s o lo , y sin esperanza de socoro
ro. L a tristeza , que había residido mu­
chos años en su corazon , ahora ansiosa
por la presa , que se le iba escapando 3 le
embistió furiosamente , y con su hija la
desesperAcian , acompañada del espíritu
del error, fue á ofuscarle el encendimien­
to* Pierde el Conde el tino * y se halla
embreñado en un espeso bosque ; andá
y desanda , y a su imaginación confusa,
y enferma se le representan las mas hor­
ribles fantasmas. L a negra melancolía der­
rama una amargisima hiel en su corazon
herido , h luz de lá razón se retira , la
impaciencia le inquieta , y la desconfianza
le desanima. ¿ Qué ha de ser de mí ? de­
cía en una angustia desesperada* Y a cor­
ría a un Jado , y una horrible cueba lo
intimida ; ya se vuelve al depuesto , y
la desconfianza le hace creer que va perdi­
do j quando tal vez se acercaba al ca­
mino real. Clama en medio del bosque» y
le
5>o E L H O M B R E F E L IZ ,
le engañan sus ecos pensando que le
hablan ; y quanto mas se fatiga por lie*
gar á el lugar donde vienen las voces,
tanto mas le faltan ( porque no respon­
de el eco á quien habla de cerca ). D es­
fallece, y se dexa caer en tierra con la
mas profunda melancolía. Entonces el
espíritu del error , aprovechando ocasion
tan oportuna hablándole á lo interior de
su alma , le dice : ¿ Ves como no hay
fuer2a que pueda resistir á los hados ?
Naciste infeliz , é infeliz has de acabar í
pesar de tu Filosofía. Que vengan ahora
Jos discursos de Miseno á sacarte de las
garras de la desgracia , que te. tiene enre­
dado en este laberinto, de que no pue­
des desembarazarte* La suerte se venga
de t* , porque las estrellas le dieron de­
recho sobre tu vida ; y quanto mas qui*
sieres eludirla , tanto mayor será la furia,
con que te ha de perseguir. Escapaste d é­
la muerte en el naufragio doméstico;
ahora perecerás en medio de estos árbo­
les. Desgraciado Conde. Ves ahí la Io^
ca confianza de ese hombre , que tantas
vueltas ha dado á tu cabeza , para que
te imagines feliz en el centro mismo de
Ja
LIBRO X. 5>i
la mayor infelicidad* L os tiempos están
cumplidos j tus dias se acabaron ; y sí tu
muerte ha de ser cruel á discreción de
las fieras, mas vale que sea suave con la
heroyea resolución de un brazo valeroso,
que siempre debe mostrar que no la te­
me. Sabe que toda tu vida .por fuerza
ha de ser triste , y así acaba pronto con
ella , pára que se acaben tus tormentos.
T u noble corazon no debe perecer como
un vil animal * cediendo á la voracidad
de las fieras; triunfa, pues , de la des­
gracia antes que ella triunfe de tí , y da
generosamente lo que te van á arrancar
con tiranía. Digase que el Conde de
Moravia despreció heroyea mente la vi­
da , porque las grandes almas la despre­
cian , no queriendo ser el juguete de los
hados ; y ya que la Suprema Providen­
cia hace injuria a tu nacimiento , envol­
viéndote en las desgracias comunes, haz­
te justicia á tí mismo , saliendote heroy*
camente del teatro , en que ella te há
hecho representar un papel tan indigno*
Anda , v e , y precipítate de la cumbre
de aquella roca , porque un simple que­
rer te basta , y no puedes temer que te:
9% EL HOMBRE FELIZ.
flaquee el brazo en medio del golpe. Una
vez arrojado, es intui] todo arrepenti­
miento : arrepentimiento que de nada te
servirá sino de ponerte en precisión de
reiterar h resolución , y multiplicar las
angustias,
7 Y a la muerte , oyendo estos funes­
tos consejos, salía de los infernales abis­
mos i recibir la presa que se le destina­
ba , y la desesperación con el furor se da­
ban toda priesa para completar el sacrifi­
cio que le consagraban. Entra , pues, el
furor dando tormento á aquella alma , en
quien clavaba sus sangrientas garras , y
el Conde iba siempre andando con Ím­
petu , y desesperado. Sus ojos confunden
la luz del Cielo con las sombras inferna­
les : no sabe donde pone los pies , ni
acia donde se dirigen sus pasos ; y ved
aquí que quando iba ya í executar el
desgraciado intento , llega Polidoro , í
quien la fama habia contado los peligros
de la Princesa , y de su familia : venia
pensativo , y í galope atravesando el
bosque , quando ve de repente al Conde.
Párase : mas lo extraño de su figura , y
la novedad de la situación, le hacen du­
dar
LIBRO X.
dar de lo mismo que veía. Un ayre furioso,
un semblante melancólico , el color páli­
do , los ojos denegridos , el paso ya len­
t o , ya furibundo , hacen sospechar á P o -
lidoro que el Conde habia enloquecido;
y observa que se iba encaminando í lo al­
to de una roca descarnada , que estaba
pendiente sobre los abismos. Entonces sol­
tando la rienda, y picando al brioso bru­
t o , corre como si volase sobre las alas
de los vientos , y se arroja delante de
¿1 para estorbarle el ciego intento. A b rá­
zale , dándole el parabién de verle con
vida , quando le lamentaba ahogado con
toda su familia. Entonces el C o n d e, co­
mo despertando de un profundo sueño,
ó como si volviese de un largo frenesí,
reconoce á su amigo , y confuso , con
voz trémula , todo embarazado , corres­
ponde fríamente á las excesivas demos­
traciones de gozo , que el otro le mani­
festaba , y ambos se volvieron á buscar
i la Princesa. Venia el Conde avergonza­
do , y Polidoro confuso. E l uno rebo­
sando alegría , y el otro medio muerto de
tristeza.
8 Llegan al Palacio ? se dexa ver la
Prin*
c>4 EL HOMBRE FELIZ.
Princesa , y no halian suficientes expre*
siones para decir cada uno lo que quisie­
ra explicar. Por los discursos de Polido-
r o , y las representaciones de Sofía fue
conociendo el Conde poco á poco el ries­
go de que habia escapado por la noche
de perecer ahogado , y hallaba entonces
su vida tanto mas preciosa , quanto le
habia sido preservada por gracia especial
de la mano suprema. Acordábase tam­
bién del peligro en que se vio en el bos­
q u e, y no acababa de admirarse bastan­
temente de 3a providencia con que D ios
le había librado de perderse. Entonces
decia él , ya mas alegre , y desahogado,
si tantas veces me concede el Cíelo la vi­
da , quantas me libra de la muerte , hoy
debo contar tres vidas , viéndome libre
de perecer ahogado en mi Jecho , ó des­
pedazado por las fieras en el bosque , ó
precipitado por la negra , y furiosa me­
lancolía en los abismos. Estoy ahora pas~
mado de ver quán poco tiempo basta
para caer un hombre en el ultimo des­
atino , si se dexa llevar de la tristeza. Sa­
lí de casa muy contento , dando gracias
al Cielo de no haber perecido en la inun­
da*
LIBRO X. $>5
dación , y poco despues me vi tan per­
dido de melancolía , que si vo s, Polido-
ro , no me encontrarais casualmente, en el
mismo momento estaba despedazado.
9 Quando el corazon va á c aer, di­
ce Polidoro , no conviene alargarle la
rienda, porque si una vez llega á pos­
trarse , todo se descompone , y descon­
cierta* E l peso de los males le oprime,
los movimientos le hieren , una nada le
estorba , á sí mismo se ofende , y re­
volviéndose , y gim iendo, nada puede
ver ; por lo qual , cayendo de un preci­
picio en otro , se despeña , y queda
despedazado en un abismo. Mas todos
estos males se remedian fácilm ente, te­
niendo con, cuidado la rienda en la ma­
no , quando el ánimo comienza á tro­
pezar en la tristeza. L ib ra o s, amigo,
de esa maldita pasión* L a prudente Se­
ñora , oyendo el peligro del Conde , se
afligió sumamente ; y conociendo que su
enfermedad aun no estaba curada, dis­
curre , é imagina varios medios , y mo­
dos para su salud , y despues de bien exa­
minados , vió que convenia absolutaraen-
ta buscar alguno para conservar impresas;
c>6 EL HOMBRE FELIZ,
en su memoria las doctrinas de Miseno.
Esta medicina era en sí un poco ingrata
para un corazon triste ; pero procuró
endulzarla con gran sagacidad , para que
atraído el Conde de la suavidad del re­
medio , continuase en su uso saludable.
A este intento previno para la noche un
concierto de música con la idea de re­
crear con ella los ánimos afligidos de las
incomodidades pasadas, y al mismo tiem­
po dar al C o n d e, y & sus hijos en esta
diversión un remedio preservativo de los
males , que comprimían al u n o , y podían
amenazar á los otros.
10 Entretúvolos toda la tarde con
el juego, queriendo con esta distracción
inocente desterrar de sus corazones to­
da la perturbación que podia impedir el
efedro del remedio que Ies preparaba. Y
como la hermosa luna , que en la ausen­
cia del sol preside á la tierra , y sin
apartar de ella los ojos comunica fiel­
mente al mundo para ilustrarlo de nue­
vo toda la luz que recibe ; así hacia la
Princesa en ausencia de Miseno. Toda la
luz , y do&rina , que de este habia red*
bido , quiere comunicarla de nuevo , co­
mo
LIBRO X. 5»7
mo sí fuese propia, á su hermano , y
sus hijos en ciertas arias de música , pa­
ra que quedase impreso en Ja memorial
un epílogo de la doctrina que le habia
ensenado este hombre verdaderamente
admirable,
it Llegó la noche , y teniéndolo
todo dispuesto la Princesa con industria,
y arte , mandó tocar varios conciertos,
y luego dixo í Eukalia su A ya queri­
da , que cantase ; lo que executó con una
voz admirable , y gran destre2a , dicien­
do de este modo:
Aria I?
Quando el sol en el golfo resplandece,
Qual quiera ola un t í va sol ofrece;
Asi en nosotros Dios se ostenta fino.
Haciéndonos su retrato peregrino*
Ve en su obra copiada su hermosuray
Que logrará abundante la ventura ,
lá guia la diestra soberana;
T el que dio' perfección , y la alegría
Al cuerpo , y a los brutos,
Negarla no podía
A aquella propia obra , en que veía
Relucir sus divinos atributos ,
Ninguno esperaba esta grácíosa tra-
Tem. J í . G ve*
<>3 EL HOMBRÉ FELIZ*
vesura de la Princesa para fixar en él espi­
rita de la asamblea con caracteres in­
delebles las máximas de Miseno* Cono­
cía ella bien el poder particular que tie­
nen la Poesía , y la Música juntas pará
encantar el alma , y que este era el mo­
do mas suave , y eficaz de introducir en
lo mas íntimo del corazon tan saludable
remedio. Fue general el efefto que se vio en
todo el congreso* E l Conde estaba alegre,
Polidoro suspenso , é Ibrahin penetrado
de la fuerza de las sentencias: mas inde­
ciso por la preocupación , manifestaba
en sus inquietos movimientos tener su al­
ma confusa, viéndose implicado con un
s í , y un no , á que no sabia deter­
minarse» T odo Jo penetraba Sofía por el
semblante ; y qual diligente cazadora,
que viendo la corza herida de la pri­
mera saeta > antes que recobrada se esca­
pe , y se embreñe en la espesura del bos­
que , saca otra de la aljaba , bate , y en­
corva el arco , y la despide zumbando
por los ayres , asi hizo la prudente Seño­
ra, Mandó que Zarina , otra A ya suya,
cantase sin dilación el papel que Je per­
tenecía , lo que executó , supliendo con
LIBRO X.
cl gusto de lá música , y con la expre­
sión viva , y animada lo tenue de la voz,
y concilio los ánimos de la asamblea , di­
ciendo asi:
Aria II?
Dios un alma nos dio'tan deseosa
De buscar su comento, que suspira
Por la dulce alegría ; y si Dios viera
Que esta vida no puede ser dichosay
¿ Co'mo fuera creíble ,
One queriendo afligirnos * nos hiciese
Aspirar con tal ansia d un imposible;
Tque también quisiese ,
No mas que por su gusto ( ¡cosa rara!)
Darnos sed * retirando el agua clara ?

Pidió PoÜdoro que se repitiese esu


aria con un tono tan eficaz > que acaba­
do el retornelo , obedeció Zarina exce-
diendose á si misma , animada de nue­
vo con el gusto que veía en los asisten­
tes ; siendo la letra la misma , fue nuevo
el golpe que dio en los ánimos de Jos
que la oían , como quando se arranca el
puñal de la herida para clavarlo otra vez.
Pidió Polidoro el papel , leyó , reflexio­
nó , y quistfoír el parecer de Ibrahin ; el
G z qual,
loo EL HOMBRE FELIZ,
q u a l, como no estaba preparado párá
aquel genero de disputa , lo aprobaba
todo por sinceridad , ó por política.
Respiraba el Conde viendo al antagonis­
ta de Miseno rendido á sus do&rinas, y
antes que pasase adelante la diversión, les
preguntó la Princesa, si aprobaban las
máximas expuestas en el canto ; á lo que
todos accedieron urbanamente , y ella
continuó de este modo:
12 Siendo , p u es, cierto , que es po­
sible en la vida la alegría verdadera , y
que el desconfiar conseguirla es fruto , ó
de la ignorancia, ó de la pere2a ; convie­
ne saber por dónde se puede alcanzar
para que no trabajemos en vano. E uka-
lia nos va a decir sobre este punto algu­
na verdad importante: oídla ; en esto co­
mentaron los Músicos el retornelo , y
canco de este modo:
Aria III?
Si una suerte feliz, se me previene,
£/ mundo 7 aunque mas quiera ,
Templee contra m í su fu erza entera ,
N ada hará, porque en m í poder no tiene ,
De esta grande carrosa
Toma U rienda ti TodopderoH\
V
LIBRO X, ioi
¡Y quien hay tan brioso,
Que á su valor exceda?
I Quién que su fuerte br¿z.o torcer pueda¿
Quando irritado todo lo destrona*
\\>odré temer acaso,
Que d la instable fo rtu n a , al hado locoy
Por no querer mi Dios dar algún paso,
Le dexe este cuidado , que no es pocoy
T que los bienes 5y felicidades
N o j vengan de quiméricas deidades?
L os aplausos de la sala dieren un ge­
neral testimonio de Ja aprobación de to­
dos. Ibrahin estaba absorto en la me­
ditación de estas verdades; y como el
mas duro , y difici! en rendirse á las má*
sim as de Miseno , era el blanco de los
ojos de todos. La Princesa entonces acor­
dándose de lo que había oído i este
maestro , amplificó con todá energía el
mismo argumento mientras descansaban
los Músicos.
15 E l Conde reproducía las mismas
dificultades que había propuesto í Mise*
no , y su hermana declaraba las respues­
tas ; mas Ibrahin m ud o, atento * y cir-
cunspeófco dexaba en su silencio todo vél
lugar a la reflexión de Polidoro , y á Ta..
G 5 con­
102 EL HOMBRE FELIZ,
convicción de su juicio , que no estabá
preocupado , y por ultimo confesó este
ser verdad infalible , que ni las criaturas
sin nuestra cooperacion > ni los hados
podían impedir nuestra felicidad. Sentado
este supuesto > Zarina siguiendo su tur­
no , dixo con igual gracia , y mayor des­
pejo que la primera vez , la siguiente
aria»
Aria IV ?
Si yo (como es razón) del Ser supremo
Me dexo conducir, ¿qué es lo que tcmo\
Al estado feliz, voy caminando,
Su bondad natural siempre gozando;
T queriendo padezca, el mal me enviaz
Si lo executa , para dicha es mía.
De otro modo un Señor cruel sería :
Quando a su gusto obrase,
Ve infiel se ptcetaria;
Tues de mis rendimientos abusando
Iba su bien al mió anticipandoi
Muy pobre lo juzgara,
Si por ser mas f e l i z netesitase,
Que del bien que apetezco, me privase*

Hsbia oído el Conde de la boca


de Miseno estas mismas m áxim as; pero,
LIBRO X* 103
6 fuese que Ja melodía de !a música
ablandó su corazon para que en él se
imprimieran con mas facilidad , ó fuese
que la armonía que tenían todas juntas
mutuamente , le hiciese este sistema mas
plausible; lo cierto e s , que el se hallaba
mucho mas fuertemente convencido.
1 4 Entonces Ibrahin , rompiendo el
profundo silencio en que habia estado,
confesó claramente , que era de suma
evidencia la máxima que acababan de can­
tar ; y la Princesa reuniendo todo lo que
se habia concedido , declaraba , que si
ni los hados , ni las criaturas , ni D ios
por sí solo podian privarnos de la suerte
feliz , á que aspiraba el corazon humano,
solo de nosotros (supuesto el auxilio ce­
lestial) dependía nuestra suerte , y que
así solo de sí propios $ y no de la Provi­
dencia se debían quejar los infelices.
A quí Polídoro repugnaba , y contrade­
cía : y era un gusto ver á la Princesa
manejar con suma gracia , y destreza las
arias , que se habian cantado , de forma,
que por qualquier parte que Polidoro in­
tentaba escapar , se hallaba cogido en el
lazo j que diestramente le armaba. Poli-
G4 do*
104 EL HOMBRE FELIZ.
doro oponía los continuos trabajos en
que se hallan envueltos los m ortales, ro­
dando de unos en otros hasta precipitar­
se en la sepultura ; y la Princesa , bien
instruida de Miseno , le respondía , que
no era lo mismo trabajos , que infelicida­
des : que aquellos son remedio , y estas
enfermedad , aunque ambos afligen ; pero
que una cosa era tanto mas preciosa,
bien que baxo de apariencia triste, quan-
to la salud nos es mas gustosa , y esti­
mable ; y pidiendo licencia para concluir
e! concierto con Jas dos arias que le to­
caban á ella , prometió á Polidoro des­
vanecerle el horror que tenía á los traba-^
jo s , cantando asi:
Aria V ?
Todo mal su bien tiene conveniente
Quien rige a los humanos,
N o lo sufre sin ver que es conducente
Para sus retios fines soberanos.
IAcaso tú tendrás mejor juicio,
Quando el mal con el bien has cotejado?
¡ Será tu corazon mas delicado,
Que no pueda sufrir algún perjuicio?
'Bl objeto mas v i l , mas horroroso
A su bien te conduce>
Pot~
LIBRO X, io ;
Torque en él se trasluce
Cierto aspfftoy que le hace muy hermosQi
Luego jo bascar debo
L i rostro para mí mas apreciable ,
Si la alegría apruebo,
Huyendo del que fuese abominable.
Bien se vio en los movimientos de
Ibrahin , que se le ofrecía mucho que de­
cir sobre las sentencias de esta aria; pero
el respeto le contenia. Notólo la Prince­
sa ; y respondiéndole con los ojos llenos
de urbanidad , y agrado , le dio á enten­
der , que en cesar la música le satisfaría*
Polidoro , ó fuese por sincera condicion
de su entendimiento, ó por artificiosa
política , dixo que no se podia resistir al
argumento , que la Princesa acababa de
proponer; y qual amante lisonjero , que
siendo herido en la caza por casualidad
de su dueño adorado > besa mil veces
la saeta *, con que le hirieron : asi Poli-
doro , dando mil vueltas á las palabras
de Ja aria cantada por h Princesa , ha­
llando en eJías cada vez nueva fuerza en
su atenta estimación , confesó gloriosa­
mente , que del todo le habian pene­
trado.
S¿-
jo6 EL HOMBRE FELIZ,
ij Sabia Sofía despreciar con arte, y
agrado quanto tenia señales de lisonja»
queriendo soio el convencimiento serio
del juicio : y concluyó con la ultima
máxima de los beneficios negativos, ex­
poniéndola de este modo:
Aria V I?
La santa mano miro repartiendo
íf bien , y el mal a toda criatura *
T que juiciosa va distribuyendo,
Quando el trabajo con el bien mixtura.
Oigo quejas , gemidos , y lamentos;
La vh ta tiendo , y en otros compadezco
M il angustias , mil penas , y tom entos ,
Que yo sufrir podia 3y no padezco .
Asi contemplo, que este mal penoso,
Ve que mi Dios clemente me ha librado *
Afto de su bondad es generoso
£ / que yo logro y y d otros ha negado.
Acontar me apresuro
Los motivos que tengo de alegría ,
For los que conjeturo
Tasan otros de pena cada dia .
Todos pidieron la repetición de esta,
ultima aria , y la Princesa juntó í la me-
Jodía de su estilo un nuevo espíritu , nue­
va alma , nueva gracia , según la jnteli-
gen-
LIBRO X. 107
gencia de los pensamientos, y la energía
de sus palabras; y quál aguila valiente»
que arrebatando la p resa, y levantando-
la en el ayre la conduce donde quiere,
sin que se la pueda resistir ; asi la Prin­
cesa , arrebatando los ánimos, y dexan-
dolos como transportados con la suavidad
del canto , les persuadía sin resistencia
las mas importantes máximas.
16 Siguióse un beJJisimo concierto
de instrumentos por remate de Ja diver­
sión ; y la Princesa con el Conde , y Po-
Jidoro quisieron oír de Ja boca de Ibrahin
sus dificultades ; pero él , ó por cortesa­
nía » ó por flaqueza , no se atrevió á com­
batir con semejantes competidores , y
solo dixo , que máximas de tanto peso
pedían muy madura reflexión , y que
despues de meditarlas atentamente diría
su parecer sin parcialidad , ni lisonja. En ­
tretanto recogió Polidoro todos los pa­
peles que se habian cantado para copiar
sus letras,
1 7 En este mismo dia se habian jun­
tado tumultuariamente las furias inferna­
les en Jas cavernas subterráneas. E l espí­
ritu del error llegó desanimado no ha-
bien^
io8 EL HOMBRE FELIZ,
biendo salido bien de Iá empresa que se
le encargó* Triunfaba de él la verdad,
y se lamentaba de que esta divinidad , su
perpetua enemiga , hiciese cada día, nue­
vas conquistas; que ya la Princesa , P o -
lidoro , el Conde , y los inocentes sobri­
nos estaban rendidos ; que sería en vano
esperar de ellos alguna vi&oria * pues ya
tenian las máximas de la verdad profun­
damente arraigadas , y que por ultimo
esfuerzo habia llamado en su auxilio
i la tristeza , pasión la mas violenta que
se conoce en todos los dominios inferna­
les ; á la qual con su hija la desesperación,
quando estaban ya í punto de conseguir
Ja mas completa v ifto ría , el destino les
habia arrebatado la presa de las manos,
como todo podian testificarlo ambas fu­
rias, Entonces la desesperación , saliendo
furiosa de la profundidad de una caverna,
en donde se habia escondido avergonza­
da , se presentó en el conciliábulo dando
tales alaridos , que se estremecieron las
montañas , y pararon de repente las ne­
gras aguas del Cocito. Y a se arrojaba en
tierra , ya se levantaba desconcertada,
mordiéndose coa sus dientes feroces, y
LIBRO X. io 9
arráncandose de la cabeza las serpientes,
que eran sus amados cabellos. Apenas
formaba periodo sin interrumpirlo con
lamentos. Las palabras le salían de la bo­
ca envueltas en bramidos , que asustaban
aun á las demás pasiones menos furiosas;
y en fin les hizo relación del precipicio,
á que ella junta con el error habia redu­
cido al Conde ; pero que otro mayor
poder había dirigido de modo los suce­
sos , que todos sus esfuerzos habian sido
inútiles.
iB Qual ardiente bomba , que vo­
lando por los ayres revienta en medio de
la Plaza de armas > y despide al rededor
mil cascos , como otros tantos rayos , asi
partieron de los abismos subterráneos mil
furias destinadas todas á impedir ios in­
tentos de Miseno. Parte la política í Po­
lonia , !a ambición í la Moravia , y fami­
lia del Conde : el amor de cierta belleza
disfrazada va á parar á la Asia : la sober-
vm al corazon de Ibrahin: la condescendería
fia al de la Princesa : la adulación al de
PoHdoro ; la pusilanimidad , y la tris­
teza al de Miseno ; y la desesperación , la
inconstancia , y la falsa alegría al del Con­
tío EL HOMBRE FELIZ.
d e , y todas se combinan para impedir
que ellos sigan los dictámenes de la ver­
dadera Filosofía.
19 Bien descuidado se hallaba Mise-
no en el retiro de su cabaña, reposando
de Ja fatiga del trabajo ; quando se vio
sobresaltado de la pusilanimidad. Sentia en
sí un temor sin saber lo que temia. Veía­
se abitado de mil ideas confusas, y tan
mezcladas , que no podia discernirlas. En
esta confusion no&urna oye una voz,
que interiormente le decia , que se le
preparaban largos trabajos , si no desistía
de la empresa de comunicar á los demás
las máximas de su Filosofía , y de des­
truir por este medio el reyno de Jas pa­
siones , y de los vicios. Quando tú eras
Pastor ( le decia secretamente el espH
ritu de la pusilanimidad ) , quando eras
Pastor , ya te perdió tu Filosofía ; aun
hoy gozarías délas suavísimas delicias de
aquella inocente p a z , si hubieras guarda­
do solo para tí tus consejos. L a fama te
descubrió á A le x o , y bien sabes quancas
adversidades te se siguieron. Trata , pues,
ahora de ser prudente , que asi lo piden
los años, y los trabajos ; y pues la Pro­
LIBRO X. iit
videncia te conduxo á una vida retirada,
retírate de los Caballeros 5 retiróte de Jos
Filosofo? , retírate de los Principes , pues
todos van á publicar por el mundo que
aquí vives , y no dcxarán de inquietarte
ya por las nuevas resoluciones de Polo­
nia , y ya por otros mil escondidos su­
cesos , que te se ocultan en el tenebro­
so , y dilatado campo de lo futuro.¿Qué
fruto puedes esperar de un mancebo , que
jamás buscó sino las diversiones , y nun­
ca se aplicó á conocer la verdad ? Si la
providencia , y cariño de su hermana,
Princesa de tanto juicio , no le ha podi­
do reducir , ¿ qué harás tú pobre , viejo,
retirado , y extrangero ? Y quando te
lleve el deseo de hacer bien , ya le tienes
dados bastantes di&ámenes* Los demás
resérvalos para t í , ó para quien sepa es­
tim arlos, y ponerlos en práálká. Que
reflexionen sobre los que á los dos dis­
teis , que los sigan, y serán felices ; y si
no.los abrazaren , de sí mismos se debe­
rán quejar. Además que ya conoces tu
cómo tratan los grandes á los que están
en baxa fortuna : solo los miran como
meros instrumentos de su voluntad: traen-
los
ii2 EL HOMBRE FELIZ,
los en palmas mientras les sirven , y en
no necesitándolos los despiden. D e aquí
á dos dias serás tu el desprecio de su mal
humor , la fábula de sus discursos, y 1¿
risa de sus amigos. Bien se conoce quan­
to buscan su interés , pues han faltado á
la promesa de venir hoy á visitarte. ¿ V es
como el menor entretenimiento los dis—
trahe ? Atiende , pues , á tu sosiego , y
ya que el Cielo no te puso para presidir
á los o tros» vive para tí solo ; y si no
buscas las criaturas para tu bien , no las
consientas para tu mal. Asi hablaba inte­
riormente á Miseno el espiritu de la pusi~
lanimidad ; mas reparó el Héroe que su
entendimiento estaba ofuscado , que el
corazon inquieto le palpitaba con extra­
ña fuerza , y que su ánimo habia perdi­
do la posesion en que estaba hasta allí de
ser el asiento de la paz. Entonces cerran­
do de golpe la puerta í todo discurso, re ­
servó para otro tiempo el examen de la
causa, y recurrió al Cielo y de donde le
venia siempre la lu z , y la fortaleza,
zo Vino en fin la siguiente aurora,
y á proporción que el Cielo se iba ba­
ñando de la luz m atutina, su alma se
sen»
LIBRO X, iij
Séütia mas desahogada. Salió á su tra­
bajo , y cantando según su costumbre*
alababa con los astros del dia á el Autor
que los crió. Estaba mas hermosa que
nunca la estrella de la mañana, y toda
Ja naturaleza recibiendo de ella benignos
influxos, parece que saltaba de alegría*
Entonces un rayo de íuz celestial ilustrá
su entendimiento , y Miseno se dice & sí
mismo : \ Y qué es lo que ayer tanto te
afligía , y perturbaba? ¿ Qué coraron tie­
nes tan pequeño , y qué lejos estás de la
verdadera heroyeidad si aun temes de ese
modo los trabajos ? T u corazon fiel tt
profetiza mil calamidades , mil tribula­
ciones , mil disgustos por causa de esos
Caballeros , á quienes haces un beneficio
tan continuado. Ahora bien, ¿ y qué
importa que todo eso te suceda ? T ú no
obraste mal hasta aquí : prosigue del mis­
mo modo, y serás verdaderamente dichoso.
Un mortal nada puede hacer m ejor, que
imitar al Sér supremo. T u alma es en
cierto modo una porcion de la divinidad,
debe pues seguirla. Si Dios no hiciese
bien sino á los agradecidos , pocas ve­
ces abriría sus tesoros. D á , pues, de
Tm . I I , H gra-
: H4 EL HOMBRE HELIZ.
gracia , y no vendas el bien que quieres
hacer. No mires jamás í la recompensa,
ya sea de injurias, ó de agradecimiento.
H az el bien solo porque es bien , o b ri
según te diéta la razón , y hagan los de­
más lo que quisieren. Los delitos age-
nos , sus alevosías , é ingratitudes no te
harán menos agradable al Ser supremo,
de cuya benévola liberalidad pende úni­
camente todo tu bien* A s i , si te piden
consejo para obrar bien , no lo rehúses:
si te preguntan el camino de Ja verdade­
ra felicidad , enséñalo. Repara que es tu
hermano quien te lo pregunta, y que
desagradarías í quien te gobierna > si
callaras. \ Quieres escasear la luz á quien
peligra en las tinieblas ? ¿ La luz , que es
el único bien que se reparte sin que ja­
más se disminuya ? \ Quieres encerrar
dentro de tí los rayos de) Sol ? ¿ Poner
en cadenas las luces de la razón , que
son los rayos de la divinidad ? [ Ah, y
qué vil pusilanimidad te tentaba ! ¡ T e -
mes los trabajos! ¿ Y ahora te viene reze-
Jo despues de haver triunfado de tantos?
¡ Temes los trabajos! ¿ Pues í qué pre­
cio has de comprar la importante cien*
LIBRO X, 11 y
cía de lo que te resta saber ? ¿ N o han
sido ellos los mejores maestros de tu Fi­
losofía \ ¡ Pues qué ruin pensamiento no
será el de temer las aflicciones del mo­
do que las teme qualquicr hombre de
ia plebe , sin experiencia , sin luz , sin
valor ! ¿ No te acuerdas que eres un
Príncipe ? ¿ Que tienes la sangre de
tantos héroes , que no supieron temer?
I Que fuiste R ey > y que tu Filosofía
te hizo despreciar la corona , y el
cetro ? i Y quien tuvo valor para bur­
larse de estos contratiempos * teme aho»
re esas aereas fantasmas 5 que la pusi­
lanimidad le forma de los trabajos futu­
ros ? Que vengan en hora buena : obre
Miseno como debe obrar , y Miseno se*
ra siempre feliz.
21 Asi hablaba consigo mismo , y
cantando proseguía en su rustico trabajo,
quando he aqui que la tristeza al ver que
la pusilanimidad totalmente desfallecida
abandonaba la conquista del corazon del
héroe , toma í su cargo la empresa, y le
prepara un nuevo >y mas peligroso asalto*

Hz L I-
n6 EL HOMBRE FELIZ*

L I B R O XI .

i A Contece muchas veces quando las


-¿Tl aguas están serenas, y son un cris*
talino espejo del Cielo , que saliendo una
n egra, y tenebrosa nube deb^xo de ios
horizontes, y volando sobre las alas de los
vientos , viene á arrojar de repente sobre
ellas un torbellino formidable í entonces
en un momento las aguas puras y claras se
vuelven negras y pavorosas : las piedras
se equivocan con las ondas : la vida con
la muerte : los abismos se confunden con
las estrellas. No de otro modo la tristeza,
que en otro tiempo habia dominado el
corazon de Miseno , quiere ahora probar
nueva lucha para despicarse del mal su­
ceso , que tuvo en la empresa del C o n ­
de. Cae de repente sobre el corazon del
heroe, quando estaba mas alegre y sere­
no' , ocupado en su trabajo , liaviendo
ya triunfado de la pusilanimidad , que Je
inquietaba. No es mas repentino el efec­
to del rayo s que lo fue el de la triste-
LIBRO XI, 117
x,d en su corazon. Hallase confuso , y
con el entendimiento ofuscado ; no pue­
de descubrir , ní la luz de la razón , ni
el norte de su verdadero fin. E l Cielo se
le confunde con la tierra , la Filosofía
con las pasiones , el bien con el m al, la
virtud se le equivoca con el vicio , y ni
sabe lo que desea , ni de que huya.
2 Quería llamar en su auxilio , como
acostumbraba , la celestial Filosofía ; pe­
ro una falsa razón le engañaba . Su dis­
curso era furioso , obscuro , y turbulen­
to. Admirábase M iseno, pues veía ique
ro e rá eSca la voz suave de la Filosofía á
que estaba acostumbrado , porque hasta
entonces Ja paz y tranquilidad le abrían
las puertas al entendimiento, y éste le
desenvolvía poco á poco las tinieblas
mas espesas para conocer donde comen­
zaba el vicio , y donde terminaba el me­
dio razonable de la virtu d ; hasta enton­
ces distinguía estas cosas con tal eviden­
cia , que jamás las equivocaba ; mas aho­
ra las desconoce del todo , y en esto
mismo advierte su peligro. En semejan­
te conflicto , levanta los ojos , y las ma­
nos al Cielo 9 invocando al Ser supre-
H 3 mo,
ii$ EL HOMBRE PELÍZ.
mo * y le dice de esta manera :
j Razón eterna , que os comunicáis
í todo entendimiento que dimana de
vos , si con sincera voluntad os busca,
no os ocultéis ahora para que yo pueda
seguiros. Apenas dixo esto quando cae
en tierra desfallecido, no pudiendo ya
cl corazon soportar la impresión que le
hacia la violencia de este esfuerzo. Etx
este puntóse le representó que era trans­
portado á una nueva , y extraña región.
Un coadu&or celestial se le agrega * y
le lleva por veredas luminosas > y des-*
conocidas. Atraviesa la región de las nu­
bes , y por uno y otro lado ve formarse
Jos : relámpagos, y dispararse contra lá
tierra saetas de fuego. Poco despues pa­
sa por un globo como de plata suspenso
en medio del vacuo : adm irase, y la
guia le dice que es la luna : observa en
ella de paso sus m ontañas, como de
nieve , sus mares , y sus lagos; mas de
allí á poco el mismo globo , que le pare^
ció inmenso , se iba disminuyendo á sus
o jo s , y ve que desaparece como un áto­
mo en medio de los ayres* V e luego
otros globos mucho m ayores, í los que
LIBRO XI. tí*
el celestial conduétor dá los nombres de
Mercurio , Venus » y M arte, girando
todos por los espacios inmensos al rede­
dor del Sol , que él ve como una masa'
enorme ardiendo en vivas llamas , Jas
quales humeando, dexaban sobrenadar
en su atmósfera varias nubes , que los
habitantes de la tierra llaman mambís*
Mas adelante encuentra í Júpiter dando
velocisimas vueltas sobre su exe f corte­
jado de sus quatro Satélites ; y finalmen­
te á Saturno con acompañamiento mas
numeroso, girando ai rededor de él tan­
tos pequeños Planetas, que su multitud>
hacia aparecer como un continuado ani­
llo de plata. Poco despues se 1c aleja to­
da aquella maquina , desaparece entera­
mente toda la familia del Sol , y Miseno
á tanta distancia , que apenas le puede
divisar como una pequeña estrella. Otros
globos de fuego , muchos de ellos ma­
yores que el Sol , se le presentan por
una y otra parte tan multiplicados, que
Miseno se confunde. Allá queda Orion
(Je dice su guia ) formado de mas de dos
mil estrellas , de las quales muy pocas,
alcanzan á ver los moradores de la tierra
H 4 aqui
izo EL HOMBRE FELIZ.
áqui quedan las dos Ursas : alli Casíopfc*
ya , y Perseo : 4 este lado Arturo : áziá
aquel la Balanza , y los demás signos ce­
lestes : ¡ Qué grandes y magníficos son
estos objetos para tu idea í Sabe , pues»
que todo esto es nada en comparación de
lo que á su tiempo te espera , y que aun
no te es permitido ver.
4 Estaba Miseno tan penetrado de
admiración, que inmóvil su alma no atina­
ba con los discursos , solamente pudo de­
cir al A n ge]: si todo esto , siendo tan
grande , es nada , ¿qué será Jo que que­
da allá en Ja tierra? ¿ E n la tierra que
ni siquiera se descubre desde esta inmen­
sa distancia ? ¡ Qué ridículos, y qué pue­
riles son los juicios de mis semejantes,
quando se afligen tanto por Jo que les
sucede , y se dexan arrastrar de las pa­
siones , que tienen objetos tan pequeños,
y viles !
5 Mas no quiero (replica el Angel)
que ignores lo que pasa en la tierra. E n
ese bellísimo espejo azul , que'ves como
una bóbeda sobre tu cabeza 5 conocerás
mejor que si estuvieses en el mundo, lo
que allá hacep las pasiones* En el mismo
LIBRO XI. T21
Instante ve Miseno representado en este
cóncavo, y luminoso zafiro un Tem plo
magnifico , al que conducían quatrogran­
des graderías vuehas acia las quatro par­
tes del mupdo. E l atrio del Templo que­
daba en el centro de ellas, A su entrada
en los dos lados estaban dos magestuosas
Matronas , que la prohibían á todos.
Ambas tenían tal belleza , decencia , y
simplicidad de ornato, que inspiraban
amor y respeto. Admiróse Miseno , y
preguntando i su conductor ¿ quiénes
eran aquellas Matronas ? Le respondió:
son Ja virtud , y la razón ; y si reparas
bien en sus insignias , te será muy fácil
conocerlas. Y a ves que Ja primera Matro­
na tiene sobre Ja cabeza una llama , ó
resplandor, que en figura no usada baxa
derecha del C ie lo ; porque la luz de Ja
razón es una cierta dimanación del en­
tendimiento divino , que desde el Cielo
baxa á los hombres. L a segunda , que
es la virtud > cine sobre el pecho una ca­
dena de oro para mostrar cómo se deben
sujetar los Ímpetus del corazon , y sus
deseos, gobernándolos por Ja regla de la
justicia, que está representada en aquella
cd
i zt EL HOMBRE FELIZ,
de o r o , que tiene en la mano » y la sos­
tiene siempre levantada delante de lo í
ojos. En este momento vio Miseno , que
la multitud de los que deseaban entrar
en el Templo deseaba á las dos Matro­
nas , atropellandolas sin atender á sus cla­
mores, No te adm ires, le dice el Angel,
que este Templo , que miras , es el de
Jas pasiones , y ninguno entra en él á sa­
crificar , sin poner baxo de sus pies á U
virtud y y í la razón* A este tiempo ya el
espejo celestial representaba lo interior
del Templo variándose lasseenas al paso
que se adelantaba en Miseno la inteli­
gencia. V io tres tronos inferiores con sus
divinidades, las quales servían de basa á
otro trono superior, y mas magnífico.
En este presidia un soberbio, y respe­
tuoso varón , viejo en la edad, pero man­
cebo en ía viveza y robustéz. Entendió
Miseno que este era el amor propto, cu­
yos tres hijos el interés, la gloria , y el
amor estaban mas abaxo , como divini­
dades subalternas, y de mano de ellas
recibía las ofertas que le sacrificaban, co­
mo vanidoso padre , que se complace en
la gloria de sus hijos, y tiene por lison­
ja
LIBRO XI. 125
Já propíá los obsequios que á ellos se tri­
butan.
6 Reflexionó Miseno en los tres tro­
nos inferiores , y vió que el del amor te­
nia cuerpo de niño , ojos vendados , arco
ligero, saetas de fu eg o , y que le ser­
vían de peana los corazones , y de tro­
no las llamas. En el inferes brillaba el
o ro , los diamantes, y todo género de
piedras preciosas; pero esto con tanta
confusion, que no sabían los ojos á qué
atender* La divinidad de la gloria se ador­
naba con plumas, evaporándose al rede­
dor de su altar humos aromáticos, y de
quando en quando se veía una improvisa
luz como de relam pago, que no tiene
mas consistencia que la precisa para d e­
jarn os deseosos de ella*
7 Como el entendimiento de Miseno
estaba acostumbrado á estas figuras ale­
góricas , podia muy bien penetrar sin
nueva explicación de su guia los símbo­
los que se le presentaban. Siguióse á esti
especie de pasmo un movimiento de hor*
ror tan vehemente, que sí no fuera por
la asistencia del condu&or, hubiera desde
luego perdido la vida al ver los horrible*
sa-
T24 EL HOMBRE FELIZ.
sacrificios , ;que se hacían á las divinida­
des aparentes. Entonces conoció Miseno
perfe&amente cómo las pasiones enlo­
quecen á todos los que las siguen. V io
á un viejo, que se arrojaba con ansia í
recibir del interés un cofre de oro lleno,
esmaltado de diamantes; pero la divini­
dad le repelia con indignación hasta que
le hiciese el sacrificio de ahogar entre
sus manos paternasá dos hijas muy her­
mosas y que tenia junco á sí. No dudó el
bárbaro parricida ofrecerselas , haciendo
que ambas exhalasen la vida entre sus
brazos , acompañando acción tan inhu­
mana con fingidas lagrim as. N o te ad­
mires , dice el A n g e l, porque todos los
dias verás esos horrores en el mundo.
3 Quién siguió nunca los impulsos del
interés sin ahogar primero entre sus
manos, y hollar con los pies la paz , y
la honra? T ú bien ves que todos'am an
estas dos doncellas* hijas muy queridas
del alma , que sigue la virtud; mas quan­
do se trata del interés todo se olvida,
¿ Dónde viste grandes riquezas con paz ?
¿Quán raro es, y quán difícil el modo de
adquirirlas con honor ? Verdad es que
los
LIBRO XI. iz¿
los que sacrifican á esta Diosa no pien­
san que les será preciso ofrecer victimas
tan amadas; pero la divinidad se obstina
en no conceder grandes riquezas sino a
semejante precio.
8 Qjiedó Miseno confuso , y ense­
n ad o, y cobró tal horror rá esta insacia­
ble pasión, que no se atrevía í poner
en ella los ojos. Mas la celestial guia le
obligó á ver varias scenas, que se repre­
sentaban en aquel espejo cóncavo de los
C ielo s, el qual vuelto ácia el mundo se
los figuraba muy de cerca * y ponía con
inmediación delante de los ojos sus hor­
rores. Esta primera scena, le dice el An­
gel , representa los Alexandros , y otros
famosos Conquistadores. A un lado es*
tan los del Asiá , y al otro todos los de
la Europa* V ed aqui como talan los
cam pos, y asolan las Provincias , sin mas
derecho de parte de los invasores, ni
mas delito de parte de los invadidos y que
la ambición, el interés, y la sed de Jas
riquezas. Repara como violando el sa­
grado , y común Derecho de las Gentes,
arruinan tronos , arrastran Monarcas,
degüellan Em peradores, queman Ciuda­
ti6 EL HOMBRE FELI&
des, haciendo pasto de las victoriosas lla­
mas hasta lasmugeres,y los niños. Vuelve
ahora á mirar la otra scena, que pinta
los siglos futuros* Un nuevo mundo apa­
rece en medio de unos mares jamás na­
vegados hasta entonces. Ved las costas
del antiguo emisferio infestadas de pira­
tas que se burlan de la civilidad , de la
razón y de la virtud. ¿ Y qué observas?
Infinitos hombres solo diferentes en el
color , pero en todo lo demás semejantes
á t í ; mas ellos reducidos í la mas cruel,
y dura esclavitud, pues que se hallan pri­
va dos de la libertad, joya preciosísima que
D ios concedió á cada uno de ellos como
dádiva absoluta , é irrevocable* Dios la
dio , es verdad; mas si sus semejantes
no se la roban , si no cometen estos crí­
m enes, no pueden alcanzar las riquezas
que desean. Sacrifiqúese, pues , la hon­
r a , la Religión , y la humanidad, que
todo es nada. Y esto se ha de hacer á
vista de todo el mundo; y estos mons­
truos de la razón han de pasar por hom­
bres de bien, y muy honrados , y de
otro modo la Diosa del interés no ha de
despachar sus pretensiones.
M u-
LIBRO XI. 127
p Mucha dificultad tenia Miseno en
creer lo que la scena le representaba; pe­
ro el Angel le declaró, que por aquel
momento él tenia las llaves de lo futuro,
y que solo los tiempos venideros harían
patente í todos* lo que allí se le había
simbolizado.
10 Todo esto se pasaba con tal pres­
teza , que no vuela mas veloz el pensa­
miento , y ya eran los sacrificios de lá
'gloria los que se representaban á Miseno.
V en ia, pues > á sacrificar un poderoso
Monarca acompañado de tres figuras , y
conoció Miseno que una de ellas era la
fortuna, la qual iba delante convidando*
le con una corona de la u rel: la envidia
lá detenia por el brazo, y la temeridad
le estimulaba por las espaldas con impor­
tunidad* E l lleno de fuego, y embriagado
con humo de los contagiosos, y sutiles in­
ciensos, que se quemaban en aquel altar,
estaba como fuera de sí , no sabiendo
como hacerse propicia la divinidad , á
quien deseaba sacrificar.
11 Pídele la Diosa por la corona de
laurel, que apetecía, cincuenta mil cabe­
ras de sus propios vasallos, y que ex-»
pon^
tzS EL HOMBRE FELIZ-
ponga á la suerte , no solo Ja de su ^ri*
mogenito, mas también su misma vida 4
E n nada se detiene el Monarca ambicio­
so; y para esto va a declarar una guerra,
presentando batalla á sus enemigos en d i­
ferentes Lugares: corren por varias par­
tes arroyos de sangre: una multitud de
almas son sepultadas en el T ártaro: su
propio hijo exhala el espíritu atravesado
de una lanza. Por todos lados se ven hu­
mear las Ciudades mas opulentas reduci- .
das i cenizas, y todo es horror. Mas el
Monarca deseoso de la victoria ; pierde
todos los sentimientos de humanidad , y
alega como servicios de esa Diosa todos
los horrores que acababa de cometer,
bramando al oírle la naturaleza s y tem­
blando las paredes del Templo con la
narración de tales estragos. Pero quando
iba ya la divinidad í concederle en una
v iso ria decisiva la deseada corona y se
la arrebata la envidia de las manos , y el
Héroe se ve precipitado en las cabernas
del vituperio y que quedaba muy debaxo
del trono de la gloria , donde entre for­
midables alaridos oyó Miseno que per­
día h vida de pesar.
LIBRO XL 129
\ z ¡Qué lección esta para mí! (di-
xo entonces Miseno á el Angel compa­
ñero ) ]Qué lección para m í , que como
un loco corría tras la gloria quando go­
bernaba las armas! Y o ciertamente me ha­
llo reo de muchos de estos delitos ; pero
jamás habia conocido la verdad tan claro
como ahora.
13 Este es el privilegio ( le respon­
de ) de quien puede leer por este libro
celestial. Los espejos de la tierra son fal­
sos , y obscuros. Este en que ves estas
cosas es puro , es verdadero , es m uy cía*
ro. E11 el mismo instante fueron pasan­
do todos los Héroes infelices , que cor­
riendo en pos de la gloria , se hallaban
solo con el vitttperie; y este momento de
la representación celestial instruyó í M i-
seno mejor que podían hacerlo en largos
anos todos los fastos de la historia,
1 4 Quería Miseno reflexionar , y
preguntar á el Angel algunas cosas nece­
sarias para su inteligencia ; mas de repen­
te , sin pronunciar palabra halló en el
entendimiento lamas clara , y sólida doc­
trina , y la respuesta í todo. Comenza­
ron á representársele en ei espejo los sa*
xm * JL I a i-
130 EL HOMBRE FELIZ.
orificios del amor,, Aqui sintió Miseno,
que le tocó el Angel en el corazon para
confortárselo , porque de otra suerte el
horror á que se preparaba le haria pere­
cer de repente. Un inmenso tropel entra
por las puertas del Templo , y todo se
perturba. R isas, lagrimas , llantos > jú­
bilos y gemidos , sinfonías, y Juchas, to­
do se ota á un mismo tiempo, AHÍ venian
los mayores Emperadores mezclados con
la ínfima plebe. Venían mancebos, cuya
sangre hervía en las venas, interpolados
con los viejos , que abrigaban en sus ca­
nas de nieve las llamas impuras. Venían
doncellas de la mas alta qualidad juntas
con las del Pueblo mas despreciable. N o
habia diferencia de se x o , ni de edad,
de fortuna , ni de nobleza, de clima,
ni de tiempo. Todos con hachas en las
manos venian a sacrificar í la Diosa del
rfWírr.Unos entraban danzando con guir­
naldas de flores: otros derramando san-
gre humana en desafios > y d u elo s: otros
con Ja bolsa abierta esparciendo riquezas
con ambas manos ; y otros empluma­
dos Adonis compitiendo con las aves mas
desvanecidas* A llí venían unos sombríos,
y
LIBRO XI. 131
y melancólicos con el corazon carcomi­
do y y las entrañas secas , y roídas por
los zelo s, y otros con un ayre simple
contentos y alegres , mas de qu¿ndo en
quando se sobresaltaban.
1 f En llegando al altar profano cra
preciso sacrificar en él el corazon , y el
alma , lo que ninguno rehusaba. E l amor
les pedia muchas veces Ja salud , y la
robustez del cuerpo. Era preciso perder
en mil ocasiones las riquezas, y el honor,
asi propio , como ageno: y en nada se
debia poner el menor embarazo , porque
el amor queria siempre sacrificios pron­
tos, Pedia esta divinidad que se Je sacri­
ficase el entendimiento , y que el hom­
bre mas juicioso quedase como un estó­
lido bruto , pastando solamente en el vil
deleyte y que es común á todas las bes­
tias. En nada se detenían , y el amor se
sonreía , burlándose por este modo hasta,
de los mayores ingenios ; de forma, que
quanto mas excelenres eran los personá-
g e s , tanto mas horribles eran los sacrifi­
cios ; y esto no obstante el amor con mu*
cha urbanidad les volvia las espaldas , y
les dexaba desesperados,
J % Bien
1 32 EL HOMBRE FELIZ.
1 6 Bien advertía M iseno, que mu­
cho de esto también le tocaba á el, y que
se hallaba en mil ocasiones retratado , pe­
ro se consolaba con el horror que ahora
sentía ; porque quanto mas se aborrece
un vicio tanto mas lejos estamos de co­
meterlo* E n esto desaparece toda aquella
celestial representación , y Miseno horro­
rizado de loque havia visto , quería ar­
rancar de su corazon todas las pasiones,
conociendo los absurdos í que le con­
ducían.
1 7 No pienses en eso , le dice el
A ngel , que semejante empresa te será
imposible , é inútil. ¿ Pues cómo podré,
replica M isen o , librarme de todos los
horrores que acabo de v e r , sin arrancar
de mi pecho las pasiones que me arras­
tran á tales desaciertos ? N o pienses en
arrancarlas , cuida solo de sujetarlas con­
ducirlas , y gobernarlas por la raz-on eter*
na. En este mismo momento desapareció
toda aquella imaginaria representación
del Templo de las pasiones, y se vio Mi-
seno en un pais mucho mas delicioso,
que aquellos fingidos campos Elíseos de
Ies antiguos Poetas, y se halló sin el An­
gel
LIBRO XI. 133
gel que le acompañaba. La mayor parte
de los habitantes eran hombres ancianos;
á lo menos todos tenian un ayre juicioso,
aunque sumamente alegre. V io entre otros
uno , que venia en un carro tirado de
Jeopes , de tigres , y otros animales fero­
ces ; pero tan mansos, y domésticos , que
Miseno se admiraba sobremanera. Un ra­
yo de luz celestial baxabade Jo alto , y
descendía hasta la cabeza de Filoteo (es­
te era su nom bre), Acercóse el carro
donde estaba Miseno, y baxando el Prín­
cipe , que venia en é l , hablóle de este
m odo:
18 V eo tu admiración , y vengo á
instruirte de todo lo que deseas saber.
T e hallas aqui en el país de Ja t/tiLon*
Si ella acompañada de Ja fuerza superior
llega á domar las pasiones , sirven , no
como fieras , sino como animales domés­
ticos , y obedientes. Una vez que la ver­
dadera sabiduría las sujete a la ley eter­
na , reduce los habitantes de este pais a
una inexplicable bienaventuranza ; por­
que siendo una sola * y la misma Jey por
donde todos los hombres se gobiernan,
forzosamente ha de haber entre todos la
I j mis-
i 54 EL HOMBRE FELIZ.
misma armonía que se halla en los movi­
mientos celestes. Aqui cada familia , y
cada República forma un cuerpo , cu­
yos miembros se estiman , se zelan,
y se aman reciprocamente como nuestras
dos manos se aman una á otra , y cada
qual mira como propio el interés, y co­
modidad del otro miembro. Esta es la
gran diferencia de este país á Jos de­
más donde reynan las pasiones t y es es­
clava la rázon. Como Jas pasiones son
m uchas, y en cada hombre tan diversas,
habiendo muchos millares de Jeyes, y í
veces muy opuestas , forzosamente re­
sulta gran contrariedad , y oposición
entre los hom bres; y no es posible for­
marse un cuerpo de varios miembros,
que estén animados de espíritus dife­
rentes. Mas quando la ley de la r¿^Qn
gobierna sin que sean oídas las pasiones,
entonces es único , y solo el espíritu que
reyna en todos ; porque la luz de la
raz,on es una sola , la qual dimana de la
misma ra^on eterna , por la que se go ­
bierna hasta el mismo Dios ; asi Jo que
uno quiere es lo mismo que el otro de­
sea , y ninguno apetece sino lo que D ios
aprueba. Aqui
LIBRO XL 13 j
19 Aquí no se sabe qué cosa sea
disputa , ni contienda, y mucho menos
mentira, engaño > ó ficción. Aqui tiene
su imperio Ja verdad , la paz su trono,
y el buen orden su domicilio. Aqui el
Soberano duerme descansado en los bra­
cos de sus vasallos , y los vasallos des*
cansan á la sombra del brazo paternal de
su Soberano. Aqui hay tantos individuos,
quántos son los verdaderos amigos : el
pupilo tiene padre , el pobre sólidos te­
soros , el peregrino compatriotas, ningu­
no derrama lagrimas por la propia aflic­
ción , sin que halle balsamo de consuelo
en las que ve correr de los ojos ágenos
por una compasión verdadera.
20 En tan feliz habitación ( dixo
Miseno ) creo que los hombres habrán
nacido de otro origen menos corrompido
que el nuestro, y que no se hallarán en
sus corazones aquellas detestables raíces
de todos los m ales, quiero decir las pa­
siones . Y o bien veo que son hombres se­
mejantes en la figura á aquellos con quie­
nes yo he vivido ; pero serán de otra ma­
sa muy diferente , pues que tan diversos
los halló en sus procederes. N o te en-
I4 ga-
r 36 EL HOMBRE FELIZ.
gañes ( dice Ftloteo ) , cree que son d e
la misma especie , y que tienen las mis*
mas pasiones que se hallan en todos los
otros; mas saben gobernarlas por la
z,on y y la ley eterna : saben alimentarlas
con objetos propios en proporcion justa,
y nunca demasiada, El amor del descanso,
y Ja ambición tienen aquí sus debidos
límites j y asi no verás en este pais C iu ­
dadano alguno ocioso* Comenzando por
el Monarca , y descendiendo hasta el ín­
fimo vasallo , todos se ocupan , porque
lá Raz,on , nuestra soberana suprema, y
celestial, dice y que todo hombre nació,
no para procurar satisfacción i sus apeti­
tos , sino para trabajar , empleando en
acciones propias de su estado los senti­
dos , los talentos , y los miembros. Mas
tampoco verás á ninguno engolfado en
el avaro deseo de acumular riquezas, por­
que Ja razón diíta , que estas se hicieron
t ara servir al hombre , y no para que el
iombre sea esclavo de ellas.
21 D el mismo modo el desee de glo­
ria en el descubrimiento de la verdad,
como también Ja vanidad de la perfec­
ción de las armas , no degeneran en vi­
cio
LIBRO XI. tl 7
cío entré nosotros, porque la raz^on de
todo hace virtud ; y por eso verás, que
las ciencias se cultivan aqui con un ardor
pacifico , qual conviene para descubrir lá
verdad creada , para subir por ella á la
increada, y en este descubrimiento de las
verdades recónditas no hay aquella acri­
monia de envidia , y tema y ni el espíri­
tu de las escuelas, ó de partido , que es
Ja puerta mas franca , y el medio mas se­
guro para introducir en el entendimiento
de los hombres los mas absurdos errores*
Las artes se adelantan de dia en día, por­
que Ja razón , nuestra soberana , nos ha­
ce ver la utilidad , y el fin para que fue
inventada cada obra ; lo que sirve , y
basta para conducirlas í la ultima per­
fección.
22 E l amor propio aqui es bien en­
tendido > porque el bien publico intere­
sa á los individuos mucho m as, que el
suyo particular , y todos con gusto ha­
cen sacrificio al comun de sus propios
intereses, y de este modo por un admirable
circulo recae en beneficio de cada uno
lo que se hizo por el bien de todos. Con
tan admirable armonía se facilitan las mas
ar-
t ;S EL HOMBRE FELIZ.
arduas empresas, porque se unen los b ri­
zos de todos y y hacen un esfuerzo insu-

23 Aqui el z,elo ,y d amor de la jus*


tuht jamas pasa de sus límites. Si algún
extrangero , huyendo de la tierra de las
pasiones , por haber cometido algún
enorme crimen , llega i estos países , en
entrando en ellos es cl mas severo juez
de sí propio* E l mismo se condena antes
que el juez le imponga el debido casti­
go ; y sucede no pocas veces , que de su
verdadero arrepentimiento saca el pú­
blico mayor utilidad , que fue el daño
que causó su delito. Los demás Ciuda­
danos en vez de escandalizarse del cri­
men , se compadecen del deHnqüente; y
bien Jejos de manifestar su culpa , divul­
gándola con un falso zelo entre los que
Ja ignoran , procuran encubrirla , dexan-
dola herida, ó llaga únicamente mani­
fiesta á quien puede curarla; haciendo
todos en este cuerpo político lo mismo
que harían en los miembros del cuerpo
natural.
24 Una sola pasión ( díxo M iseno)
me impide dar crédito á lo que me re­
fe-
LIBRO XI. 139
feris de este ftliz terreno , que es la pa­
sión del amor ; porque vos dtbeis sin du­
da ser de corazon frío, é insensible , for­
mado de yelo , donde no se pueden en­
cender las ardientes 3 y penetrantes lla­
mas de esta pasión , que al mismo tiem­
po es dulce , y furiosa , pues nunca se
dexa sujetar de la razón , siempre ig­
nora sus leyes , y siempre las des­
precia,
2 6 Para darte respuesta sube á este
carro , y ven conmigo , donde ía Pro­
videncia superior me manda que te con­
duzca. En este punto fue Miseno trans­
portado con Fileteo £ Regiones descono­
cidas, Repara , y ve arboles, que nunca
havia visto , pirámides de disforme gran­
deza , paxaros de extraño píumage , y
baxando ambos del carro , le guia , y
lleva Fíloteo por entre dos peñascos, cu­
yas avanzadas puntas entrando mutua­
mente por los cóncavos de las de en­
frente daban transito muy oculto , y
disimulado á un campo sumamente ale­
gre , que en parte era silvestre , y en
parte cultivado. AHÍ en una pequeña cue-
ba formada en la roca , y arboleda, por
T40 EL HOMBRE FELIZ.
fuera tosca, pero por dentro singular­
mente adornada , encontraron una her­
mosa doncella llamada Ubaldina.
26 Por una abertura que dexaban
los ramos de dos alamos entrelazados,
entraban como á hurtadillas algunos su­
tiles rayos del s o l, que visitaban a Ubal­
dina , siempre ocupada en el trabajo de
texer cestillos de palma con su criada,
sin reparar en Jos huespedes no espera­
dos. No bien advirtió en ellos , quando
hizo ver el sobresalto en su semblante
un pudor virginal, que aumentaba su be­
lleza , y daba mucho mayor realce á su
modestia. Fíloteo con un ayre superior la
dixo de este modo : V os , que sirviendo
al Altísimo , gobernador de los Ciclos,
y tierra , habéis huido de Jos lazos de la
grandeza , de los honores de la hermosu­
ra , y de ía sangre, sabed que por or­
den del mismo Soberano os traigo aquí
otro anacoreta que vive muy distante pa­
ra que aprenda de vos el motivo de vues­
tra heroyea resolución , y para que le
digáis quién os inspiró los pensamientos
que os animan ; y por señal de esta em -
baxada os d eclaro, que esta noche os
hi^
LIBRO XI. 141
hizo ver en sueños nuestras figuras. E l
mismo , pues , os ordena , que nada le
ocultéis de lo que desea saber, D ixo : y
á manera de una blanca nube , que sin
saber cómo se disipa con los rayos del
s o l , asi desapareció Piloteo á la vista de
ambos , sin que pudiesen alcanzar el mo­
do , ni rumbo por donde se les ausen­
taba.
27 Entonces Ubaldina levantando
mudamente los ojos, y las manos al C ie­
lo , adorando al Ser soberano , que todo
lo gobierna , confesó á Miseno , que en
la noche precedente había visro en sue­
ños las imágenes de ambos , y que una
luz celestial le d ix o : No encierres en t í U
luz, , que puede ser útil á quien te busca,
y sabe , que de mi orden es conducido /
verte , y hablarte. Disperté (d ix o ella ),
y desprecié como sueño idea tan extra­
ñ a; mas ahora conozco, que fue orden
superior, á la qual no debo , ni puedo
resistir. Sentémonos junto á esta fuente,
y yo os comunicaré todo quanto quisie­
reis saber de m í, que quien solo por
amor de la verdadera sabiduría huyó de
la comunicación de los m ortales, no de­
be
142 EL HOMBRE FELIZ.
ce esconder esta , quando por amor de
aquella la buscan.
28 Confirmando con esto Miseno
de que era la mano suprema quien le
conducía para aprender de aquella soli­
taria las máximas de la Filosofía verda­
dera y y le pidió que se las comunicase, y
ella lo executó , diciendo :
29 Despues que el famoso Saladino,
pasando de Damasco á Egipto , se hizo
tan poderoso, é insolente, mi familia,
que es de las mas ilustres de Alexandría,
no pudo gozar de la paz, ni de los h o ­
nores, ni de los estados, que nos dio
el nacimiento. La Religión me prohibía
aceptar las delicias, que me prometía el
tálamo de cierto Príncipe , gran sectario
de Mahoma , que con sus riquezas que­
ría comprar mi mano , mi amistad , y mi
alma. Resistí quanto pude , y vi , que
su interés comenzaba á inclinarle á la
violencia. Luego que advertí esto* deter­
miné para conservar mi pureza retirarme
a esta soledad con una fiel criada , que
quiso seguirme, Aqui vivo de la cultu­
ra de este pequeño terreno , incognito á
los mortales, que juzgan estas ro casim -
pc-
LIBRO XI. 145
penetrables, E l trabajo de mis manos me
ocupa , la consideración de mi entendió
miento me recrea; y este dirigido por
superior ilustración, que me ayuda» y
fortalece, me ensena á dará mis pasio­
nes un alimento propio , pero inocente.
D e este modo no me ha sido preciso
destruirlas, sino solo encaminarías ; y
quanto mas puro , y propio es el sus­
tento que las doy , tanto mayor es la
satisfacción que por medio de ellas
gozo*
30 Querer que vivamos sin pasiones
es querer que seamos de otra naturaleza,
ó que mudemos el ser que nos dio aquel
que nos ha formado. Nuestro corazon fue
hecho para amar , y nuestra alma por
un comercio íntimo acostumbra seguir
sus movimientos. E lla no debe mania­
tarle , ni impedirle los pasos; pero de­
be encaminarlos siempre con diligen­
cia al bien ; asi como el arte , que
no pudiendo impedir la caída natural de
las aguas , que siempre descienden , se
aprovecha del peso de ellas, gobernán­
dolo de suerte, que sirva para el mo­
vimiento de las máquinas mas útiles , é
144 HOMBRE FELIZ*
importantes* Imaginar ( decía yo hablan­
do conmigo misma allá en Alexandría,
quando fluctuaba sobre mi resolución ),
imaginar un corazon que no ame, es fin­
gir un fuego que no queme, un peso
que no caiga, una llama que no vuele.
D ios le hizo para amar, asi , como for­
mó los ojos para ver, y asi es imposi­
ble darle otro empleo ; mas la razón
ilustrada pide que elijamos objeto , que
nos merezca este am or; y para deciros
ingenuamente la verdad , esta elección
fue la que me obligó á tomar la resolu­
ción que veis* Y o huí de Jos mortales,
porque no hallé en todos ellos quien me­
reciese mi corazon entero, y yo noquie*
ro repartirlo. Que esto parezca sobervia,
ó sea Filosofía , nada me importa. La
razjon me obliga , y yo no puedo resis­
tir á esta soberana, que es señora de
mis acciones* Fuera del Ser supremo no
ha podido hallar mi discurso otro objeto
á que pueda entregarme por donacion
irrevocable con total confianza , y satis­
facción completa , que es lo que deseo:
Vosotros los hombres ( disculpadme si
LIBRO XI. i4 f
os agravio) > vosotros los hombres nunca
podéis conocer tanto como nosotras á
qué punto de sensibilidad llega un cora­
zon que ama , y que ama bien , como
se debe amar. Los guerreros tienen cora­
zones de hierro. Los Filósofos los tienen
áridos , y secos : Quien le tuviere de
carne como yo , si alguna vez yerra en
la elección del objeto de su inclinación,
siente un dolor > que no puede conocer­
lo, sino quien tuviere la infelicidad de ex­
perimentarlo. Por el contrario , si halla
objeto digno de su afe<5t o , y que le d i
satisfacción completa , ¡ ó que no sa­
béis vos quál es el júbilo , y el gozo
interior en que el alma se ve anegada !
E l deseo de esta satisfacción , y el te­
mor de aquella pena son los dos princi­
pios , que sin intentarlo yo , me llcvaroa
como por fuerza á escoger por objeto de
mt corazon á aquel Señor Soberano , que
me le formó.
31 Reparó Miseno en la expresión
de Ubaldina , quando dixo , que habia
hecho aquella elección como por fuerza,
sin que ella lo intentase , y le suplicó la
declaración de estas sus palabras , í lo
Tom, II, K que
EL HOMBRE FELIZ,
que ella contestó francamente.
32 Señor, no hay rosas sín espinas,
y aun Jas de Alexandria , que no está
m uy distante , siendo la mas bellas de
todas > no dexati de tenerlas m uy agu­
das. Solo quien las llega al pecho sabe
quán penetrantes son. Quiero decir en es­
to , que todos los objetos , aun los mas
am ables, tienen sus deferios ; y que
quando los am am os, ó acercamos al co­
razon , nos punzan y otormentan. Sol»
nuestro Criador no las tiene , siendo eti
sí la suma perfección , sin el menor de­
fecto. Todos los demás objetos , ¡ qué
variaciones no sufren ! Mudanzas de for­
tuna , que los elevan , ó abaten sin mo­
tivo : mudanzas que el tiempo introduce
por el orden incontrastable de la natura­
leza: mudanzas de la voluntad , que á
pesar de las promesas , y de los mas fir­
m e s, y sólidos juramentos, es mas volu­
ble que una hoja de árbol en sitio vento­
so , y desamparado. Si vo no puedo es­
tablecer mi voluntad, y ser señora de
ella como quisiera , ¿qué esperanza pue­
do tener de asegurar la voluntad agena,
para que no me x'alte?
LIBRO XI. 147
33 Pero supongamos que soy seño­
ra de ella , ¿ cómo puedo libertarme de
la tiranía de la muerte ? ¿De la muerte,
que quando tuviera el objeto de mi amor
mas estrechamente apretado entre jos la­
zos de mi alma , entonces haría alarde
de arrancarmelo con violencia , lleván­
dome la mitad de ella ? Entonces os
desengañareis, que el objeto que repu­
tabais por só lid o , y muy fírme , se disi­
pó como el humo , y huyó como som­
bra , dexandoos un deseo verdadero, que
os atormente , aflija > y mate. Siendo,
pues , esto asi , yo quiero para mi amor
un objeto que no pueda morir , un ob­
jeto que no se pueda mudar , un objeto,
de cuya correspondencia tenga yo total,
c infalible certeza ; y como no Ja hallo si­
no en el Ser supremo , í éí solo pjuedo,
y quiero dar mi corazon con gu sto, y
con una entera confianza , quietud , y
descanso.
3 4 A l decir Ubaldina estas palabras
se enterneció , y le salieron de sus ojos
algunas lagrimas , que daban notable
fuerza á sus expresiones ; y despues de
conceder á su espíritu este dulce desaho*
K z go,
i 4» EL HOMBRE FELIZ.
go , prosiguió diciendo ; ¡ ah , que ert
ía amistad de este Soberano no teneis que
temer > como en la de los Monarcas ter­
renos , las ocultas , é impenetrables tra­
mas de vuestros enemigos, y vuestro co­
razon en vuestra propia defensa ! Vues­
tro amante no os atormenta con dudas,
ni os pide juramentos , ni protestas ; y si
el corazon suspira por él » primero ve
vuestro suspiro , que vuestra alma lo
sienta.
3 5 Bien entendía Miseno este lengua-
ge ; mas para dar motivo á que U baldi-
m continuase , fingió que dudaba de su
doctrina , y le dice estas razones: V e r­
dad es todo Jo que d ecis; pero hay una.
distancia tan grande entre nosotros , y
el Ser supremo , que me parece estará
nuestro corazon sumergido en un pro­
fundo respeto , sin que ( dexadme ex­
plicar a s i) se atreva á alargar los bra­
zos á quien ama , para percibir la dulzu­
ra propia deí íntimo abrazo , aquella
dulzura que se siente entre dos almas
iguales , quando se aman mutuamente ; á
lo que respondió Ubaldina:
j6 Esca amistad que tengo con
quien
L ib ro x l r4s>
quien me crió , no está fundado como Jas
amistades de los hombres , cuya raíz es
e! mutuo interés, ó recíproca satisfac­
ción que Ies obliga á enlazar estrecha­
mente los brazos de sus almas. Esta amis­
tad que tengo con el Ser soberano , pro­
cede de otros principios muy diferentes,
porque de mi parte quien me obliga es Ja
propensión de mi corazon, que á él me
inclina naturalmente. D ios le formó de
proposito para que le ame , de suerte,
que es trabajo inútil pretender fixarlo
en qualquiera otro objeto. Solo en este
norte sosiega el imán de mi alma. Solo
en este centro puede descansar eí cora­
zón , que únicamente se inclina á D ios.
Quántas veces me preguntaba yo á m í
mísma , quando fluduaba oprimida de
esa duda que me propones , y me decía:
quien formó tu corazon es el mismo que
Je dio esta propensión que en él estás
sintiendo; con que es evidente, que Dios
quiere que le ames , pues que con una
fuerza tan grande; bien que suave , y
sin violencia te lleva á ese objeto supre­
mo : si Dios no quiere mi amor , ¿ í
qué fin por entre la espesa nube del
K 5 cuer-
iyo EL HOMBRE FELIZ.
cuerpo se me manifiesta tan hermoso, y tan
amable , que me encanta los ojos del al­
ma ? ¿Para qué es esto , sino para que le
ame? Bien como un padre amoroso que
se baxa al tierno hijo , y con sus manos
le toma , y levanta los delicados braci-
tos , poniéndolos en sus propios hom*
bros para que este pueda abrazarle f y
crea que le am a; asi hace conmigo este
Padre soberano , descendiendo de su ine­
fable grandeza, y asiendome con el po­
der de su gracia de los afeólos de mi
almá , me levanta para que y o con ellos
Je abraze. Ved , pues , si colocado en el
trono de su incomparable magestad, quie­
r e , y aprecia que le am em os, aunque
seamos tan pequeñas , y vilísimas cria­
turas.
3 7 Bien está que de vuestra parte le
ameís (d ix o M ise n o ); porque el cora­
zon os lleva ; ¿ mas cómo estáis cierta de
que él os ama , y que por esté recí­
proco amor tenéis con vuestro D ios una
amistad verdadera , y satisfacción cum­
plida?
3 8 D e parte de D ios f respondió
Ubaldina ) lo que le mueve á amar no
es
LIBRO XI, ijt
es como entre los hombres * el interés
que tenga en el consuelo que recibe , si­
no que es una efusión de su corazon pro­
penso á amar , y hacer bien í sus cria­
turas ; es k rectitud esencial de su volun­
tad , que le obliga á detestar i los que
le resisten , y por consiguiente & amar í
los que le obedecen; y aun quando es­
ta invencible propensión de su voluntadme
fuese oculta , ¿podrían por ventura ser­
lo los cariños , los favores , y los bene­
ficios con que cada dia me regala ? 5 i
nada hace su soberano entendimiento sin
d esign io, y una gota de agua no cae
sobre la tierra sin que la destine á el lu­
gar donde conviene , ¿ esa lluvia celes­
tial de favores , que cae sobre mí , ven­
drá sin que D ios la envie , y sin que la
envié de proposito para m í? Todos los
beneficios , que recibo de su mano,
son multiplicados presentes , con que
su divina liberalidad me regala. ¿Quán-
tas veces conozco yo que él va delan­
te de mis deseos á preparar muchos
años antes con su providencia, lo que
sabía que despues me habia de ser
preciso 3 y esto aun quando yo no po­
li 4 dia
i ya EL HOMBRE FELIZ.
<3ia preveer de lejos mi futura necesidad?
Jamás encontré tan fiel correspondencia,
j y queréis que yo dude todavía de su
finísimo amor?
39 Si bien reflexionamos ( dixo M i-
seno) todos recibimos de este Sobera­
no Sol Jas influencias benignas de sus
rayos í y Jos que Je amaren sincera­
mente , dándole todo su corazon 5 por
precisión han de experimentar especial
benevolencia. Los que distinguiéndose
del común de los hombres ponen todo
su cuidado en agradarle , juzgo que son
como Jos montes s que se levantan de
J a tierra para acercarse mas al SoJ , que
son privilegiados en sus influencias , por­
que lo van á buscar mas cerca. Asi
ya confieso que teneis razón para creer
que vuestro Criador os ama.
40 Ved ahora ( dice Ubaldina ) si
todas mis pasiones no tienen por es­
te medio una satisfacción completa , ha­
llando en solo Dios el objeto que íes
es mas propio , y mas adequado. Y o
tengo una desmedida vanidad. M irad,
pues , si no quedara bien contenta es­
ta pasió n , viendo que mi amante es
cl
LIBRO XI. 153 1
el Todopoderoso, E sto y cierta que me
concederá quanto le pida , si conoce
que me conviene. V ed si mi corazon
podrá estar bien satisfecho. E l revol­
verá en un instante todo el Universo:
parará el curso de la naturaleza * ó
( lo que es mas de su gen io ) hará
sin estrépito de m ilagros, y obras es­
tupendas , que todo venga á suceder
como yo quiera. Como es el Príncipe
del futuro siglo , conduce con suavi­
dad el presente , de forma , que pa­
rece que todo es un puro acaso lo
que en realidad es una anticipada dis­
posición de su providencia ; pero estas
expresiones os parecerán tal vez indig­
nas de la suprema Magestad , y que yo
le he ultrajado comunicándoos pensa­
mientos , que deberían estar ocultos en
mi pecho. E l corazon se me aflige y el
entendimiento se enagena , y se pier­
de : pidoos que os retireis , pues y a
he satisfecho vuestra curiosidad. Asi
dixo , y se escondió entrándose en lo
interior de la gruta , desando á Mise­
r o indeciso del partido que debia to­
mar.
ij4 HL HOMBRE FELIZ.
41 Ignoraba e¡ terreno , la distán-
cia de su cabaña era considerable , Jos
caminos desconocidos; con todo , ani­
mado por un espíritu interior , se pu­
so en marcha sin saber adonde iría,
quando advierte que pasando el terreno
por dtbaxo de sus pies , desaparecía*
sin que él se fatígase. Los montes se
allanaban , y los valles se igualaban de
suerte , que todo era delante de él ca­
mino derecho , y llano. Por uno , y
otro lado iban quedándose atrás sier­
ras , m ontes, bosques , rios , campos, y
florestas , y en poco tiempo se halló en
su acostumbrada cabaña , sin que ad­
virtiese por qué parte , ni por dónde
habia llegado. Venia tan absorto de lo
que vió , que no atendía á ningún
otro objeto. Pero sobre todo halla­
ba en sí un sumo horror á las pasio­
nes desordenadas , no pudiendo olvi­
darse de lo que registró en aquel espe­
jo celestial ; mas por otra parte se con­
solaba al considerar que dándoles un ob­
jeto propio j y debido , ellas servían á el
alma para el bien , asi como desorde­
nadas para el maU Mientras Miseno
LIBRO XL 15*
era regalado con estas luces superio­
res y estaba Sofm procurando diver­
tir á su hermano , y convidados,
con la música 4 y discursos que refe­
rimos*
i 56 E L H O M B R E F E L IZ .
J * SfJíO ÍK 36 «OOO* 0O<IC» 0cx;<?<io0cv3f-«cv;i0* 0OÍOfc«OtlÍC*.<

^& »^0)SC»<04,'V C» flOtÜC* v o ito » «*ÍO O « x < » «OQC*íCK^O* r J S ^

LIB R O X II.

i l i y f U Y confuso , y conmovido que-


iVJL do Ibrahin con la música que
habia dado ía Princesa > y la letra mucho
jnas que la solfa se Je habia impreso tan vi­
vamente en el alma , que quando se retiró
á su quarto para descansar , no hacia otra
cosa su imaginación que repetirle los armo-*
niosos acentos , y las importantes senten­
cias, que habia oído. Por un aspeáto le pa­
recía todo admirable; mas por otro hallabá
en las pasiones de los hombres una dificul­
tad tan grande, que juzgaba imposible el
sistema de Miseno. E l queria conciliar las
máximas del entendimiento con el uso
de la voluntad , su juicio vivo , agudo
y pronto le ofrecía mil sistemas , y en
ninguno dexaba de encontrar dos mil
absurdos. En esto se enfada contra la
nueva do&rina , perdiendo por agena la
estimación que para con él hubiera me­
recido solo por ser nueva ; y en fin se
determina a despreciarla como fabulosa.
En
LIBRO XII. *57
E n este momento hallando eí espíritu del
trror al Filósofo dispuesto á recibir sus
impresiones , con una eloqíiencia suave»
y lisonjera , le dice de este modo : E s
cosa extraña , que un hombre que ma­
nifiesta no haber freqiientado los libros
desde su mocedad > haya descubierto,
antes que tú un secreto tan importante.
Sea en buen hora Miseno un caballero
desgraciado , ó quando mas un gene­
ral descontento ; sea lo que fuere,
¿ quando habrá hecho como tu tan pro­
fundas reflexiones sobre el corazon huma­
no , sobre el estado del mundo ; y en
fin sobre el Universo entero? ¿Q ué hay
desde el centro de la tierra hasta el C ie­
lo de las estrellas, que se esconda í tu
comprehension ? Los astros siguen obe­
dientes la carrera que les tienes señalada*
E l s o l, y la luna parece que no se atre­
ven i eclipsarse sin consultarte primero.
E l mar en el Occeano no sube en su fu­
rioso fluxo , ni baxa en su refluxo sino
siguiendo Jas leyes que tus cálculos de­
claran* ¿Quién hay que como tú penetre
las causas de los vientos, el origen de
las fuentes, U naturaleza de las nubes,
el
ijfc EL HOMBRE FELIZ.
el curso de los elementos? ¿ Y será creí­
ble que un hombre criado en el tumul­
to de las cortes , ó en la soledad de los
bosques pueda descubrir lo que tu nunca
alcanzaste ? Sin pasiones , ¿ cómo puede
haber alegría , ni felicidad ? Y con ellas
| qué diminuta , y fastidiosa no ha de
ser? Esto sin duda es una ridicula qui­
mera , propia solamente para engañar
ingenios femeniles , ó espíritus ligeros, A
tí es á quien ha de deber el mundo el
triunfar de este error , que es tan plausi­
ble , y que se llevaría tras sí los votos
de todos. Solo tu ingenio es propio para
esta empresa. N o te será diíicil destruir
esta doárina en sus principios , y debes
procurar aniquilarla delante de los mis­
mos que tanto Ja quieren aplaudir ; y
esto no con arrogancia digna de una ver­
dad triunfante , sino con la astucia de
una raposa sagaz , por quanto no deben
los sabios sacar la espada de sus argu­
mentos en forma , sino contra otros sa­
bios iguales , que tienen uso en manejar­
la : así el desprecio sena el mas oportuno
combate ; pero la política pide algún re­
bozo , y ficción; y sobre todo constancia.
Asi
LIBRO XII. x¿9
2 A si hablaba í Ibrahin el espirita del
engaño , y cl Filósofo escuchaba con su­
mo gusto sus voces encantadoras* Y á
preparaba argumentos > ya dicterios gra­
ciosos , ya burlas manifiestas para quan­
do viese á su contrario postrado en tier­
ra > reputándose vi&orioso antes de en­
trar en la batalla ; mas de quando en
quando la luz de la verdad le detenia un
poco ; y qual sobervio combatiente ; que
con la lanza enristrada , y el caballo le­
vantado en el ayrc , va á derribar a sus
pies una aparente fiera , pero al oír una
voz humana , y viendo una encantada
belleza , queda cortado * y suspenso;
asi sucedió í Ibrahin aquella noche. A l
despreciar la doctrina de Miseno le daba
clamores la voz de la razón : veía como
en un encanto la belleza inocente de
la verdad , y tímido no se atrevía á des­
hacerlo. D a vueltas al discurso * y el es­
píritu del error torna á engañarle. Pa­
sease de un lado á o tro : vuelve , y re­
vuelve , y nada concluye. Confuso se
sienta , y fatigado descansa la cabeza so­
bre la mano izquierda , ciñendo con ella
la arrugada frente : cierra de industria
los
V<So EL HOMBRE FELIZ,
los ojos para meditar con mas atención.
Entonces el sueño ? con quien acostum­
braba traer guerra continua , viéndolo
tan ocupado , acude í sorprenderle*
Derrama sobre sus sentidos las adormi­
deras encantadoras y y poco a poco pren­
de con suaves cadenas todos sus miem­
bros , esperando apoderarse del alma*
Mas se halló engañado , porque en sue-
ños se le escapa ella de las manos , y va
á disputar con Miseno : reposaban entor­
pecidos los sentidos; mas el alma discur­
re , estudia , y trabaja. Avergonzado el
sueno al verse sin la presa deseada , se re­
tira veloz , llevando consigo rodas las
cadenas con que ligaba los, sentidos , y
queda Ibrahin despierto. Consulta las es­
trellas , y ve que aun tarda mucho el
dia : quanto mas suspira porque se ade­
lante , tanto, mas se detiene. Quéjase de
que pinten con alas al tiempo , porque,
á este decrépito viejo ( d ecía) que anda
con pasos tan lentos como arrastrando,
mas propiamente lo debian pintar con
m uletas; pero al fin llega el día , y sa­
liendo el Conde á caza 3 le expo­
ne Ibrahin sus dudas , y se resuel^
LIBRO XII. 1 6í
ven ambos ir á consultar á Miseno.
3 Declaróle Ibrahin en el camino
los estorbos que hallaba en Jas pasiones
para lograr Ja felicidad de la vida. Por
quanto (decia ) si Jas sacais del corazon
del hombre > le quitáis de raíz el origen
del gusto , la fuente del placer, y el
principio de toda alegría : sí las quereiy
contentar, os turbarán mil obstáculos,
y os disgustarán mil tedios > desazones»'
y contratiempos ; y asi nunca puede ha*
ber gusto cumplido 3 y perfecto* Con­
venía el Conde con Ibrahin 7 testificán­
dole con su propia experiencia que tid
era posible satisfacer Jas pasiones sin to -'
lerar mil molestias , y penas , persua-1
diendose por esto que para tener alegría’
perfe&a , era preciso resistir , y renun­
ciar enteramente í ellas, y sus ciegos
delcytes. Mas u n o , y otro ignoraban la
celestial do&rina , que sobre este punto*
havia recibido Miseno,
4 Rióse Ibrahin entonces, y i m ane-1
ra de un gran m astin, que no quiero
entrar en contienda con un perrillo fal­
dero , y solo con un simple desprecio en
cl modo de mirarle sañudo ¿ se digna
Ttfw. IU L fes-
1 6z EL HOMBRE FELIZ*
responderle, así se. portaba el Filósofo
con el Conde ; pero creyendo que no
era decente í un sabio hablar sin algún
discurso seguido , y razones bien ponde­
radas , S£ explicó a si:
5 Sabed , Señor , que la voz de
la naturaleza es la voz de D io s , quien
por sus obras nos habla* Consultad,
pues , í las criaturas , y hallareis que
solo tienen su t¿l qual alegría quaiw
do se hallan satisfechas sus inclinacio­
nes. Corre la fuente acia el prado , la
aguja busca el imán , la piedra el cen­
tro , la llama sube i lo aleo , y hasta
que cada una llega al término adonde
desea, no se aquieta , ni puede quedar
contenta. Por la misma razón desean
los ojos Ja vista, los oídos la música , el
olfato los olores , el paladar lo suave de
los manjares : ¿ y quién podrá alegrarlos
sin darles lo que piden \ ¿ C óm o , pues,
Conde „ queréis un corazon alegre sin
que se contenten , ni satisfagan sus pa­
siones ?
6 N o haya pasiones (dice el Conde)
y entonces sín el menor disgusto habrá
perfecta alegría. Si el complacerlas es im­
LIBRO XIL 165
posible, si el entretenerlas es muy difícil,
y penoso; para no probar los disgus­
tos , y evitar la pena de luchar contra
imposibilidades , dexemos que mueran
las pasiones , y lá razón pura será enton­
ces el origen de nuestra alegría. Y o sé
que la puede haver en esta vida , veoll
en ese Héroe que vamos á consultar; y
no pudiendo conciliarse con las pasiones,
será preciso destruirlas , y triunfar pri­
mero de ellas para ser verdaderamente
feliz.
7 ¡ Qué enganado estáis , Señor ! ( le
respondió Ibrahin con un ay re de compa*
sion ) bien mostráis que vuestros años, y
viages no os han permitido reflexionar
sobre el interno mecanismo del mundo.
Si quitáis del hombre las pasiones , ar-
rancais de raiz toda su alegría y conten*
to. L o mismo sería desterrarlas del mun­
do , que arrancar de este cuerpo univer­
sal el alma que lo vivifica , y mueve , y
reducirlo í un cadaver pesado, inmóvil,
y corrompido. En esta gran máquina
del hombre y lás pasiones son como el
muelle re a l, que le da todo el m ovi­
miento : quitadlas por un solo instante,
Lz y
' i ¿4 EL HOMBRE FELIZ.
y todo parará de repente. Sin ambición,
sin interés , sin vanidad 7 sin ¿íKor de £/o-
rirf , ¿que puede haver en este mundo?
Quitad el odio , y la venganza , quitad
la emulación > y preferencia , quitad las
ocultas intrigas del am or, ¿ y qué es Jo
que entonces quedará en la tierra ? Una
sórdida ociosidad se derramará por todas
partes. E l corazon frió , entorpecido , y
como pasmado se hallará sin movimien­
to , y entrará en una casi irremediable
gangrena , incapaz de todo sentimiento,
y por consiguiente insensible í teda pe­
na , y al mas excesivo gusto, ¿ Que­
réis una comparación bien clara l Cotejad
p u es, ese lago , que Ja inundación pasa­
da dexo en estos valles, comparadlo di­
go , con el mar agitado , ya sea con el
mar negro nuestro vecino-, ó ya con el
Occeano distante , y vereis en él una viva
imagen de las pasiones del hombre» ¡ Ved
con qué orgullo se levanta contra las ro­
cas sin recelo de vencer su incontrastable
firmeza ! ¡ Cóm o porfiado Jas combate
sin desistir de la empresa , cómo grita, y
todo lo am otina! ¡ Qué ru id o , qué bu­
lla > qué tumulto entre las olas! Unas
sal-
LIBRO XII. i¿ j
saltan por encima ele las otras : no hay
razón , ni orden entre ellas , no hay
ley , ni gobierno : todas andan á qual
mas puede : las que quedan vencidas * pa­
san disimuladas por debaxo de las otras
para volver de nuevo á asaltarlas, y sor-*
prehenderlas, Ahora ¿ qué imagen mas vi­
va quereis del furor , del disimulo del
fingimiento , y de la inconstancia de las
pasiones de los hombres ? Ved luego esc
charco inmundo , donde el agua sin
movimiento camina í la corrupción , y
contagio de los Lugares vecinos. T od o
es agua , y la diferencia ( como en el
corazon del hombre ) solo consiste en
estar , ó no agitado. Mirad qual os agra­
da mas, y despuesid á quitar las pasio­
nes del mundo para conseguir esa loca,
é imaginaria alegría , cosa que solo os la
puede persuadir quien jamas estudió pro­
fundamente en el coraron de! hombre.
8 E l Conde como soldado visoño no
sabia desembarazarse del estrecho en que’
Ibrahin le havia puesto. No quería con­
venir en su pensamiento , pero tampoco
sabia defenderse de éh Era Ibrahin co­
mo la arana maliciosa , que luego que
L 3 sien-
1 66 .EL HOMBRE TE L I I .
siente enredada en su tela á Ja descuidada
mosca , salta sobre ella multiplicando
hilos sobre hilos, bien que tenues, y del­
gados , y la. enreda de tal forma , que
la dexa inm óvil; asi pues hizo Ibrahin
con el Conde , embelesándole con mil
chistéis, y dichos , con ironías , y^ pre­
guntas enfáticas, burlándose siempre de
la do&rina de Miseno* E l Conde se afli­
gía ; mas Ibrahin triunfaba. En esto lle­
garon al puente , y el Conde señalando
acia el vi e g o , que veía de lejos , le di­
ce : allí teneis quien os dará la respuesta,
veremos cómo os defendéis de sus argu­
mentos.
9 V in o Miseno á saludarlos con su
acostumbrada urbanidad; y despues que
le dieron parte del infeliz suceso y que
habian tenido í la retirada de su ultima
visita , comenzaron la importante confe­
rencia , diciendo Ibrahin de este modo:
10 Y o soy enteramente libre : mi
entendimiento es soberano absoluto, que
£ ninguno de D ios abaxo rinde vasalla-
ge ; mas con to d o , dobla Ja rodilla á la
verdad. Ella para conmigo es coma una
gentil dama , que tiene la gracia de ga­
nar
LIBRO XII. 167
m v los afeao s de su Monarca» y sin
deslustrar su corona, ni tocar ligeramen­
te su c e tro , sabe inclinarlo , rendirlo,
y cautivarlo del todo. Asi obra en mí
la verdad. Con ella un niño tiene fuerza
para rendirme ; sin ella , ni Ja autoridad,
ni la sabiduría , ni los años son capaces
de convencerme ; y lo que es mas , n i
mis propios pensamientos , hijos de mi
talento y encuentran en mí el afeito de
padre , si llego á conocer que no son hi­
jos de esta única esposa , á quien mi en­
tendimiento adora. Sean ellos enhorabue­
na parto de mi ingenio, hayan recibido
de mí el ser , y la vida que gozan en el
mundo , si no fueren hijos legítimos de
Ja verdad , nada les v a le ; porque arro­
jándolos en tierra con las paternas
manos los sofoco , y debaxo de mis
propios pies los hago exalar la vida , que
engañado les havia dado. D e este modo
mis propios errores, que vivos eran ene­
migos de la verdad , m uertos, vienen í
servir de, vi&imas í su sacrificio, y de
trofeo í su vi&oria. T al es mi cara&er,
tal debe ser el de todo hombre de bien,
y tal será también el vuestro. He tenido
L 4 es-
i ¿3 EL HOMBRE FELIZ.
estos dias el gusto de oír vuestra doctri­
na : parecióme al principio que era la
verdad , é iba ya pronto á doblar la ro-
. d illa , y abrazaría , quando felizmente
reparo, y veo que no era lo que pare­
cía. Reflexiono mas, y hallo tales difi­
cultades , que temo sea un error. Por
eso vengo ahora í consultarlo con vos,
estando bien cierto de que como hom­
bre racional no os desdeñareis rendiros
i mis razones , como y o también lo ha­
ré si las vuestras fuesen victoriosas.
ii En la hinchazón del estilo, y lo
estudiado de las frases conoció fácil­
mente Miseno el modo de pensar de
Ibrahin , su genio , y su cará&er ; y res­
pondiendo con urbanidad , le d ice : C o ­
mo hombre estoy sujeto í errores, y
<juantos voy conociendo en mí , tantos
voy detestando sinceramente* Mas Jos
ojos del alma son como los del cuerpo,
que no se pueden ver á si mismos. A si,
pues , para conocer cada uno sus defec­
tos necesita tener de la parte de afuera
un espejo fie !, que se los represente co­
mo ágenos, y por eso me haréis el mayor
fav o r, si me los descubriereis, librándo­
me
LIBRO XII. rtfp
me de todo engaño* Os doy mí mano,
y con ella mi palabra , que no perturba­
ré vuestros discursos, y que os escucharé
atento,
12 Animado Ibrahin con este pre­
ludio , creía que habia ya triunfado , y
habló en estos términos : vuestro siste­
ma ( le dice ) es una gentil quimera,
hermosa en Ja apariencia de la teórica,
pero del todo imposible en Ja prá&ica.
E l hombre nació con pasiones , con ellas
vive , y con ellas ha de morir. Si las re­
siste , ¿ qué alegría puede tener con tal
violencia ? y si procura satisfacerlas, \ í
quan pocos tocará esa fortuna , siendo
siempre los deseos mayores que las fuer­
zas ? Feliz sería el que de Ja naturaleza,
ó de 1a fortuna heredase caudales con que
pudiese saciar todas sus pasiones; vivi­
ría alegre , satisfecho, y contento; sería
el fenix de Ja fortuna* Haced vos que
ella vueJe siempre á su socorro cada vez
que la invocaren, y entonces os conce­
deré , que tiene cada uno en su mano
con que poder ser feliz. Calló Ibrahin,
y el Conde manifestaba en el semblan-
r70 EL HOMBRE FELIZ.
te, y gesto grande impaciencia, y de­
seo de hablar sobre el punto : y advir-
tiendoío Miseno » le suplicó que dixese
lo que juzgaba , á lo que satisfizo de
este modo;
13 Si el que trae su cuerpo Heno de
heridas tiene particular derecho para ha­
blar de batallas >creo que ninguno le tiene
m ayor que yo para discurrir sobre las
pasiones , pues que ellas han reducido
mi corazon al estado mas deplorable. Y o
las comparo á las fieras indómitas habita­
doras de Jas b reñas; porque si por
desgracia alguno cae en sus garras > ó
bien se defienda valeroso > ó se dexe
caer desfallecido, siempre quedará he­
cho pedazos. Asi son las pasiones. D ios
para castigo de los mortales dexó salir
de los abismos esos monstruos, que de­
berían estar allá perpetuamente encerra­
d o s, para que la verdadera alegría se ma­
nifestase en este mundo, porque & la verdad
no tiene otros contrarios mas terribles. E l
coraz on es la burla de las pasiones, porque
en enseñándole un placer que le enamora,
y atrae , corre í él í carrera abierta ; y

quan-
LIBRO XII 171
quándo va i tocarle, las pasiones le cla­
van la lanza hasta lo mas vivo del alma»
y queda ó m uerto, ó muy mal herido*
Y o , Ibrahin, seguí mucho tiempo mis
pasiones, y tuve siempre con que satis­
facerlas , porque jamás me negó la for­
tuna su socorro ; pero siempre viví tris­
te , y casi desesperado, porque en k
misma satisfacción de mis pasiones en­
contraba un veneno mortal. Dicho esto,
refirió a Miseno Jas razones que Ibrahin
le habia opuesto en el camino , expo-
nicndole también Jas su yas; pero con tal
afluencia , y fuego , que Miseno estaba
pasmado , é Ibrahin no le conocía , acor­
dándose de haverJe visto m udo, y con­
fuso , con sus argumentos , quando ve­
nían á consultar á Miseno,
13 Semejante al cachorrillo, delica­
do , que viendose so lo , y acometido de
un sañudo mastin va huyendo medroso1*
arrastrando su felpuda cola, sin atrever­
se £ abrir la boca , pero luego que se ve
refugiado en los bracos de la dama que
lo acaricia, grita , ladra , é insulta á su
mismo enemigo ; asi hacia el Conde al
lado de Miseno.
Es-
1JZ EL HOMBRE FELIZ*
15 Este despues que le oyó con sa­
mo gusto , dixo á Ibrahin de este mo­
do : E s propio de los viejos ir siempre
tras de los otros ; y habiendo dicho am­
bos primero lo que entendéis, también
debo yo ahora dar mi parecer , para que
despues elijáis el que os agrade ; mas
antes de darlo advierto , que hasta aqui
solo he probado , que era posible verda­
dera alegría , y quales eran los medios
por donde nuestro entendimiento debia
conducirnos á ella ; pero nb dixe uná
sola palabra tocante á las pasiones , ni á
Ja voluntad : dos fuertes rocas consecuti­
vas, que nos ocultan este precioso teso­
ro de Id alegría , y despedazada Ja pri­
mera aun resta la segunda ; porque ven­
cidos Jos errores del entendimiento, que­
dan por destruir los desordenes de la vo­
luntad , para poder gozar de la comple­
ta alegría , que estos dos Obstáculos nos
impiden; y para no trabajar en vano,
decidme vos, Ibrahin , ¿ qué es lo que
entendéis por pasiones?
15 Por pasión (respondió el Fiólso-
f c ) entiendo yo aquella inclinación que sen­
timos acia u w $QS4 i aun antes que el entendí-
mien-
LIBRO XII. 173
miento nos per sitad* , que debemos buscarla•
17 Justa es ( dice M iseno) vuestra
idea ; esa es la misma que yo tengo. Y a
veo que en esto concordamos todos tres;
pero también v e o , que discordáis los
dos en su origen , y en su utilidad.
Ibrahin las supone necesarias , y venidas
del Cielo : vos, Conde , las teneis por
muy perniciosas , y salidas de los infier­
nos. B 1 uno las estima como e¡ primer
móvil del mundo : el otro las detesta
como el origen de todos sus desórdenes.
Ahora entre pareceres tan contrarios hay
licencia para que yo diga el mió , que
explicaré despacio , porque no quiero
tropezar , corriendo en camino escabro­
so , y este no Jo es poco.
18 D os cosas eran indispensablemen­
te precisas para que esta gran máquiná
del mundo hiciese los efcdos que habia
en ella ideado el Artífice supremo que
la formó. U n a , que le diese el movi­
miento , otra que lo moderase según las
reglas Las pasiones ( como vos > Ibrahin,
habéis dicho ) son el muelle real , y pri­
mer móvil del mundo. Ellas son las que
dan el movimiento á todo ; mas la r&r.
X0/J
i 74 HL HOMBRE FELIZ,
xspn es la que las ha de gobernar , como
es justo. Si alguno quisiese quitar del
mundo las pasiones , dexaria un relox
sín muelle , ó p eso , un cadáver sin al­
ma , un cuerpo sin movimiento. Mas
también si dexáramos á un lado la ra*
zon , todo sería ruina , todo desorden,
todo horror»
19 Quitad de qualquier máquina el
moderador , ó péndula , que refrena el
ímpetu de los movimientos, y en pocos
minutos todo se desconcierta. Las rue­
das , que eran proporcionadas para el
movimiento arreglado, no Jo serán para
el impetuoso ; como los pesos se precipi­
tan á rienda suelta , todo ya por los ay­
res. Estas piezas estorban á otras , aque­
llas juegan forzadas: unas se ruercen,
otras saltan de los exes , otras se hacen
pedazos , y con descrédito del autor se
ve reducida su mas apreciable obra á las­
timosos fragmentos.
zo Las pasiones ( como bien dtxís-
teis , hijo mió ) son como las fieras.
Vos , y yo conocemos por experiencia
propia , que no fas hay mas horribles, si
una vez llegan á romper el freno de la
ra­
LIBRO XII. 175
rA&on; pero subyugadas con él , son co­
mo los brutos, de que nos servimos pa­
ra los triunfos , para la labor , y para
los mas importantes empeños. ¿ Qué se­
ría de nosotros si no las huviese ? Mas
también j qué sería de nosotros si
no las sujetase el freno de la razoné
Ellas , desenfrenadas, ó con freno, siem­
pre son las mismas pasiones; pero sus
afe&os no son los mismos. ¿Q ué com­
paración tiene un toro trabajando con el
yugo i paso lento , y tirando del arado,
con el mismo toro fugitivo % y suelto,
que parece un león desesperado, que ara­
ñando la tierra , atruena los a y re s, em­
biste , derriba , hiere, estropea , y ma­
ta? Pues así son las pasiones*
21 Admirado quedó el Conde vien­
do cómo conciliaba Miseno tan opuestos
pareceres , y con pasmo suyo conocía,
que la misma doctrina propuesta por
Miseno le ilustraba , y explicada por
Ibrahin, le llenaba de horror : semejan­
te á la luna , quando está entre el sol,
y la tierra, que por la parte del sol está
clara, y bellísima , y por la parte de la
tierra se ve obscura > y fe a , siendo una
mis-
176 EL HOMBRE FELIZ.
misma. Y confesando estar satisfecho de
todo , volvió Miseno * y le dixo:
22 !Ah , hijo mío ! gobernaos por
la razarn que os dio el Ser Supre­
mo como participación de su razón
eterna. Gobernad, digo , por esta raz.on
todas vuestras pasiones , y ninguno podrá
impediros el ser sumamente dichoso. Gra^
bad en el corazon esta máxima , y no
cabrá en vos vuestra felicidad.
23 Buen consejo le dats ( dixo Ibra-
hin sonriendase ) si él fuese pra&icable;
¿ mas quien puede poner freno á sus pa­
siones, y gobernarlas por la razón? A
pesar de nuestros esfuerzos ? las pasio­
nes nos arrastran ; el pobre corazon es
el ludibrio de ellas , y correa los esco­
llos como una ligera barca en medio
deí mar alborotado. Decidme , ¿ de qué
sirve al Piloto querer llevar su viage de­
recho , si los vientos , las mareas , y los
temporales se burlan de él ? Figuraos
(com o yo me vi saliendo de C h ip r e ) ,
figuraos, digo , en una tormenta deses­
perada , quando el navio sacudido de las
olas salta como si fuese una pelota. D e
los m ástiles, unos se doblan , y gimen,
otros
LIBRO XIL X77
btros rechinan , y se quiebran : el timón
se arranca , las velas se rompen , la
bomba se desconcierta , los relámpagos
ciegan , los truenos atemorizan , los ra­
yos asombran , y hasta Ja aguja pierde el
gobierno. Bn este conflido decid ai Pi­
lo t o , que siga derecho su camino. SÍ cl
navio casi se despedaza: si los mares ya le
tragan , ya lo vomitan : si aqui se sumer­
ge , allá aparece : si el Cielo se confunde
con la tierra , el dia con la noche , las
nubes con las olas , ¿qué ha de hacer el
pobre Piloto? Todo está negro, todo
obscuro „ ninguno se entiende , todo es
alaridos, todo clamores , todos andan
luchando con los vientos, con los ma­
res , con la muerte. Ahora decidle , que
muy sosegado con el compás en la mano»
«xámine la carta , haga sus triángulos, y
que trace el rumbo, ¿N o sería Inútil to-
do eso ? Pues no lo es menos este con­
sejo que acabaisde dar al Conde* Si po­
néis la felicidad en el gobierno de las
pasiones , y no ( como yo digo ) en la
entera satisfacción de ellas , bien pode-
demos perder la esperanza de hacernos fe­
lices,
Tam, iU M To-
I 7S EL HOMBRE FELIZ,
2 4 T od o este discurso agradó mu­
cho al Conde excepto la ultima clausu­
la , que no le sonaba bien ; mas dexó
la exa¿h discusior; de este punto á M i-
seno, quien con urbano modo les dice á
los d o s: Para discurrir bien sobre esta
materia es preciso tomar las cosas desde
su raiz , y examinar cómo las pasiones,
que al principio obedecían rendidas á la
razón, vinieron despues á triunfar de
d í a , y saber si todavía se halle fuerza
competente en los fueros de nuestra li­
bertad , para que ayudada de la mano
suprema , sujete de nuevo á la razón las
pasiones rebeldes. Si no os fastidia , ami­
g o s, unta metafísica, yo tendría mucho
gusto de explicaros mi pensamienso.
25 A un Filósofo de profesión (res­
pondió Ibrahin) no puede dársele mayor
p lacer, que el de un discurso serio sobre
asunto tan importante. Esto supuesto,
habló Miseno asi:
26 Quando el Omnipotente ideó lá
formación del hombre , su intento fue
hacer en él una imagen suya. Infundióle
una alma , que es como un rayo de su
divinidad, y comenzó á poner en ella su
P °-
LIBRO XII. 275»
posible semejanza: Dios es la razón eterna
y nos dio la luz de la raz,on , pequeño
espejo, pero fiel , en quien reverberan
proporcionalmente los rayos del entendi­
miento divino. T od o lo que D ios aprue­
ba , lo aprueba nuestra ra2on , y ella
también detesta todo lo que Dios detes­
ta ; y aunque ya en esto solo se parecía
mucho el retrato á su original , con to­
do y otro retoque aumentó mucho mas
la semejanza,
27 E s D ios Señor absoluto, y qui­
so que también lo fuese el hombre. Para
esto le entregó todo el M undo, ponién­
dolo todo baxo de sus pies. ( 1 ) Ved
qtrán alto fue el pedestal en que quiso
colocar esta su estatua. Pónele el cetro
en la mano, y m anda, que en todo el
U niverso, quanto le obedece í él rinda
vasallage al hombre. De su propio seno
sacó la joya preciosísima de la libertad,
con que le adornó , y distinguió del res­
to de las demás cosas que habia criado
M2 en

(a) 0 mala su ljtctsú sub gedibus ejus*


Psaltn. 8. 8,
t So EL HOMBRE FELIZ,
en este mundo visible* Con esto lé dio
Una plena autoridad sobre sus pasiones,
d e s e o s y apetitos , de modo , que todo
lo podia gobernar sin trabajo. Ved quán
propio era de Dios este retrato*
28 Mas la razón eterna pedia que el
hombre , como criatura de D io s, le que­
dase siempre sujeto ; ni podia D ios sia
ofender la razón dispensarle de este vasa-
llage ; pero ved con qué nobleza , coa
qué hidalguía le trata. Pónele un levísi­
mo precepto , en el qual no tenia D ios
el menor interés ; pero se le pone , por­
que era preciso para que el hombre reco­
nociese la divina superioridad. Pónele,
d ig o , d precepto ; pero no le hace la
menor coaccion , ni violencia : nada
quiere que le oprima , dándole sencilla­
mente á conocer su obligación, y con eso
se satisface > dexandole del todo libre,
sin tocarle ni aun levemente en los fue­
ros de su alvedrio. Quiere que el hom­
bre le obedezca : eso sí ; pero quiere
que lo haga con toda su libertad , y sin
que ninguno le constriña , para que de
este modo conserve el hombre su noble-
£3 , y privilegios} obrando porque quie-
LIBRO XíL 1*1
re , y Dios pueda tomar ocasíon del mé­
rito de esta obediencia voluntaría > y li­
bre para remunerarle, y derramar sobre él
el torrente de su infinita liberalidad , lo
que no tendría lu g ar, si la obediencia
del hombre fuese forzada,
29 ¡ O qué noble es esta idea de
D ios ! í qué digna de alabanza para el
Criador ! j qué honrosa para el hombre!
Hácele señor de su feliz suerte , ponién­
dosela como en la m ano, en Ja libertad
con que podia adquirirla, Ved qué
obra tan admirable es el hombre en
el estado en que Dios le formó.
N o puede haber (dice el Conde) ima­
gen mejor de Dios > porque á no ser
D ios , y o no sé que pueda haber cosa
que mas se parezca á esa grandeza infinita.
30 Con efedo (continua Miseno) el
hombre se vio señor absoluto. Vióse go­
bernador de la tierra, del mar , de los
vientos , de las aves. Con una simple in­
sinuación todo le viene a sus pies ; ex­
tiende sencillamente el cetro , y todo le
dobla la rodilla : sus mismas pasiones no
se atreven í resistirle; y solo desea lo
que quiere desear , de form a, que en él
1 82 EL HOMBRE FELIZ.
la razón es quien gobierna lo s1 moví*
mientos del alm a, ya exercitandolos , ya
reprimiéndolos, ó ya mudándolos según
l omas justo y decente. Veíase R e y So -
beran o , y Señor de todo lo criado por
la Omnipotencia en este mundo visible;
y lo que es m as, señor de sí mismo,
31 T a l era el h o m b re, quando sa­
lió de las manos soberanas, que le for­
maron, E l se gobernaba por lá misma
razón eterna, por la qual el mismo D ios
se conduce ; y asi con una admirable
arm onía, y consonancia él obraba lo que
D ios quería , y D ios hacia lo que el
hombre deseaba* Por este modo la pro­
pia felicidad eterna , en que vive el O m ­
nipotente, se comunicaba , aunque en
cierta manera muy im perfeta , á esta
su criatura; y el hombre nadando en la
completa satisfacción de todos sus de­
seos , redundaba en un gozo inocente,
suavisimo, é interior. Las pasión es le
servían sin tum ulto, y el alma goberna­
ba sin trabajo; pero duró poco este es­
tado feliz.
32 ¿ Y cómo f dice el Conde ) có­
mo pudimos nosotros perder tan gran
di'
LIBRO XIL 18}
dicha? Nuestra misma grandeza (le res­
pondió M iseno) fue nuestra ruina. Colo*
cado el hombre en tan superior altura,
mira acia todas partes, y ve que nada se
Je asemeja : mirase á s í, y se ve un ca­
si Dios. Los Cielos, la tierra , los ele­
mentos , todos son como otros tantos
atributos que adornan su peana. Extien»
de la mano de su libertad, y la halla en­
teramente suelta. Ve que nada Je impide,
y que si quiere puede no hacer caso al­
guno del precepto que se le impuso;
y lleno de altivez, y amor de su pro­
pia libertad, dixo : N i quiero, D ixo, y en
el mismo puntoquedó perdido. Hallábase
en tanta altura, se le desvaneció la ca­
beza , turbosele la vista, perdió el tino,
y cayó precipitado.
33 En el mismo momento en que el
hombre se rebeló contra D i o s , todo se
rebeló contra el hombre. D ios le arran­
ca de las manos el cetro que le habia da­
d o , y todas las criaturas rompen las ca­
denas con que le estaban sujetas, todas
se burlan del hombre , todas Je persi­
guen, todas le castigan ; y por este mo­
do, ese mismo que poco antes lo domi-
M 4 na-
184 EL HOMBRE FELIZ.
naba todo , ahora ni aun es señor dé
sí mismo. Su coraron se rebela contra su
alma; sus apetitos le tiranizan 9 sus deseos
le arrastan , y la pobre alma , siendo un
rayo de la divinidad , es ahora el ludi­
brio de su cuerpo , de aquel cuerpo , que
ántes era su humildísimo esclavo. De este
modo esta obra perfe&isíma de Dios vino
á quedar arruinada del todo por el pe­
cado de Adán ; de forma , que al princi­
pio la ra&on era señora de las pasiones,
y el hombre felicísimo por su estado;
mas despues vinieron las pasiones á ser
nuestras tiranas , (O y esto es loque
nos dificulta hacernos felices. Con todo,
aunque ellas hicieron difícil este estado,
no 1c hicieron imposible.
34 ¡Gracias í Dios ( le dice Ibrahin)
que haíléío que inútilmente habia busca*
do tantos anos ! Ahora sí que mi en*
tendimiento con un simple vuelo ha des-^
cubierto lo que nunca había visto. Jamas
Pu-

(i) Video afiam ¿egern in mettibrts mtis


repugnantem íegi m e n t í s . & cnpúvatittm
me. Rom. 7. 1 3*
LIBRO XII. i 3y
puede concordar la suma perfección del
Ser supremo con Ja imperfección de la
mejor de sus obras. Todo lo que Dios
hizo fuera del hombre es perfedisimo
en su género. Los mas viles insedos, las
flores mas despreciadas son cada qual
una obra tan sublime, tan admirable*
tan incomprehensible á qnien atento las
considera , que solo un Ser infinito pu­
diera haberlas formado. Ni todos los Fi­
lósofos juntos podrán decir jamas cosa
que satisfaga , y explique bien cómo en
cada fruta , flor , ó insecto se forma la
simiente , y el principio de otros cuer­
pos orgánicos capaces de producir suc-
cesívamente otras semejantes , é intermi­
nables maravillas. ¡Qué astucia no se ve
en Jos castores! j qué gobierno en las
abejas ! ¡ qué geometría en Jas aranas!
¡ qué artificio en Jos gusanos de seda!
\ que sagacidad en las hormigas! j qué
lealtad en los perros! ¡ qué nobleza en
Jos elefantes !¡ qué brio en los caballos!
Y todo es obra de un mecanismo, que
formó Ja mano suprema , sin que allí ha­
ya espíritu inteligente , que guie tan ma­
ravillosas acciones. Todo me transporta
Mas
i $6 EL HOMBRE FELIZ.
$5 Mas sí vuelvo á considerar al
hombre, que es el primor de las obras
divinas, veo en él tantas imperfeccio­
nes , y defeótos , tanta enfermedad , y
desorden , que bien se puede decir , que
es el hombre al mismo tiempo epílogo
de las perfecciones divinas , y compen­
dio de todos los defeótos contrarios á
esas mismas perfecciones. Tiene el hom­
bre a semejanza de Dios la inteligencia
para levantarse hasta la contemplación
de la divinidad; pero al mismo tiempo
es el centro de la ignorancia. Amamos
el bien como Dios ; pero todos nos in­
clinamos al mal. Nos agrada la virtud;
pero abrazamos ei vicio. Ninguno es tan
malvado que no guste de la verdad;
\ mas quien hay que no caíga en la men­
tira ? Queremos el bien , que ninguno
nos impide; pero obramos el mal, á que
nadie nos obliga. Somos libres como
Dios, y Señores de nuestras acciones;
pero en cierto modo somos arrastrados
como si fuésemos esclavos para hacer lo
que no queríamos, (i) Tales defec­
tos
(i) Non quod voto bonum * hoc fació ; sed
quod noto malumt Hoc a g o , Rom* 7.
LIBRO XII* 187
tos se ven en los hombres, que nunca se
encontraron en los brutos. \ Quando
se vieron fieras , que despedazasen í
sus semejantes ? ¿ Y quántos millares de
hombres perecen todos los días á manos
de otros hombres ? Mas ahora ya lo en­
tiendo todo , y todo lo puedo concor­
dar. Las perfecciones de esta obra salie­
ron de su autor , y las imperfecciones,
de quien le causó la ruina. Sea quien
fuese, que mi religión de Mahoma sedi-
feriencia mucho de la vuestra.
36 Es vuestro discurso ( dice Mise-
no ) es una prueba innegable del pecado
original , y de que no se halla el hombre
como salió de las divinas manos que le
formaron. Somos como un relox de
o ro (i) guarnecido de piedras preciosísi­
mas , hecho por lá mano del mejor ar-
tí-

(O El autor sabia muy bien que el primer


relox de faltriquera se inventó algunos anos
despues , pero se dispensó este leve anacro­
nismo con el exemplo de otros grandes Poe­
tas , atendiendo á la propiedad de la compa­
ración en punto tan esencial»
1 88 EL HOMBRE FELIZ,
tífice , que conocieron los siglos ; mas
cayó el relox en el suelo , y quedó des­
concertado. Nosotros por la preciosidad
de la materia , y por la delicadeza de la
obra conoceremos el empeño con que le
formó su autor , y por el nombre que
grabó en él la sabiduría de su mecanis­
mo ; mas por el desorden de los movi­
mientos conjeturamos la caída , y la rui­
na. Ninguno puede negar esta caida en
el hombre , viendo tan grande contra­
dicción entre sus perfecciones, y defec­
tos ; luego necesariamente debéis creer
la doctrina que os he explicado , y nues­
tro dogma : de otro modo os vereis obli­
gados í concordar las mas irreconcilia­
bles contradicciones.
37 Sea como fuere ( dixo Ibrahin )
yo insisto en la misma dificultad que os
propuse ; ¿y de qué sirve al Conde que­
rer gobernar sus pasiones por la raz^on,
si ellas le han de arrastrar por fuerza?
38 Ahora (dice Miseno) podré sa­
tisfacer á esa pregunta. Si las pasiones
despues de nuestra ruina hicieron difícil
el gobierno de la razón, no por eso lo
hicieron imposible, La libertad quedó
LIBRO XII. i8p
heridá ; mas no quedó muerta# No po­
demos obrar el bien con la facilidad que
al principio ; pero podemos. £ 1 alma ex­
perimenta rebeliones intestinas ; mas aun
está en el trono ; y si voluntariamente
no se rinde , ó por floxa , ó por cansa­
da , ninguno puede echarla cadenas , ni
prenderla. Yo no hablo de los primeros
movimientos, que hacemos sin reflexión
alguna , hablo solo de lo que cada uno
hace sabiendo bien Jo que hace , y en es­
tos términos digo, que quien consulta
su experiencia conoce que quando las pa­
siones, según la frase común , nos arras­
tran , siempre es porque floxamente nos
dexamos llevar de ellas ; porque si lá
voluntad absolutamente no quiere, nin­
guno tiene fuerza para obligarla. Ponga
cada uno la mano en su pecho, tome
bien el pulso á los movimientos de su
voluntad , y conocerá que no hay fuerza
criada que la obligue á que quiera ha­
cer lo que ella positivamente no quiere.
Quien reflexionare en sí mismo, alli se ve­
rá bien retratado , porque nosotros á pe­
sar de toda la furia de nuestras pasiones,
sentimos j que si absolutamente quisiére­
mos
i pó EL HOMBRE FELIZ.
mos podríamos muy bien , ó resistirlas, ü
obedecerlas.
39 Manifestaba Ibrahin no estar muy
contento de la do&rina que se trataba , y
con un ayre de desprecio en lo exterior,
mas interiormente confundido , procura­
ba dar i entender con un silencio afectado
que le ocurría mucho que replicar; pero
que no eran dignos de la sutileza de sus
reflexiones oídos poco acostumbrados a
los estudios sublimes. Sin embargo , iba
í decir algo , quando una visita no es­
perada , les interrumpió ei discurso.
L I B R O XIII.

i T T A b ia ya advertido la Princesa lá
11 ausencia de Ibrahin , y deJ Con­
de , y sospechando su destino * preparó
una comida campestre en quatro azafa­
tes de delicados mimbres, los que cu­
biertos con tohallas finísimas, y sembra*
dos de florecillas mandó llevar í Miseno,
para que regalase á sus huespedes. Ade­
lantóse ella algunos pasos í las criadas
que las llevaban , y halló á los tres bien
descuidados. Argüyóles con gracia Ja in­
fidelidad , que cometían , trabajando í
escondidas en el descubrimiento de un
tesoro y y dexa á los tres embarazados
en la disculpa ; porque tenia tal arte de
reconvenir , provocando con gracia,
con viveza , y discreción , que sin dar lu­
gar á la respuesta , repitiendo unos golpes
sobre otros , les obligaba i confesar mu­
damente su yerro; mas en fin, remitiendo*
Jo todo al tribunal de la clemencia * les
ofrecía el perdón, con tal que le diesen par­
te
i ?2 EL HOMBRE FELIZ.
te de todo lo que hubiesen descubierto.
2 Convino en esto el Conde , y re­
sumió todo lo que habia pasado en la con­
versación, mientras Miseno destinaba alas
criadas sitio competente para disponer U
mesa. Sitio tal que parecia que la naturale­
za muchos tiempos antes se había esmera­
do en prepararlo. Tres robles antiguos
muy altos , y copados entrelazando sus
ramas , hacían una sombra muy desaho­
gada. De la parte del mediodía se eíevabai
un otero , que servia de defensa á los ra­
yos del So l, que podían incomodar en la
fuerza del estío , y por la del Norte tenia
patente la puerta el blando , y lisonjero
zéfiro para refrescarlos. Al mismo tiempo
por entre los troncos separados salían con
desembarazo los ojos í pasearse por las
amenas , y dilatadas campiñas , donde
los bosques, y frutales interpuestos enjre
los campos , y pedregales componían con
rustica geometría 3 y distribución campe^
sina un singular jardin , tanto mas deley-
table , quanto menos tenia de artificioso¿
Nada se presentaba de cerca á la vista, que
no encantase los sentidos. Por los ásperos
troncos de aquellos arboles subian la ye­
dra
LIBRO XIII. 15)3
drá lozana , las galantes enredaderas;
los agraciados verdes caracoles , enros­
cándose i sí mismos , y cubriéndose de
flores de mil colores como avergonzados,
ya se esconden por entre las hojas, y ya
aparecen pendientes en racimos muy her­
mosos » recreando entretanto el olfato
con su suavísimo olor. A otro lado que­
daba una pequeña fuente, que saliendo
de la gruta tropezaba en un peñasco * y
cayendo se precipitaba por entre las pie­
dras , corriendo de unas én otras hasta
descansar en el hueco de una peña tosca,
que le servia de estanque*
3 Los paxarillos , aprovechándose en
la fuerza de la calma de la frescura de
este sitio , habian establecido alli su mo­
rada. Unos se bañaban en las aguas, otros
brincaban en los ramos, otros sé divertían
danzando en Jos ayres , riéndose í su
modo , y conversando en su lenguage,
dándose el parabién de la frescura , y
descanso que alli habian hallado.
4 Quando entraron en este delicioso
sitio los tres huespedes , quedaron co­
mo suspensos, y casi'no se atrevían á
pisar, la delicada yerba sembrada de olo^
jQtiu IX, N " ro-
i?4 EL HOMBRE FELIZ*
rosas flores , que servían de alfombra#
Los rayos del sol , que empeñados en
penetrar por entre las ramas , apenas po­
dían divisar los convidados ; la hermo­
sa vista á lo largo , la variación delicio­
sa 5 el gorgeo de los paxaritos , que do­
blando su canto les saludaban, el murmu­
llo de las aguas s el susurro de los ramos,
todo ofrecía una recreación tan agrada­
ble , y tan inocente , que los tenia pas­
mados.
5 No quiso h Princesa perder tiem­
po , y mientras llegaba la hora de co­
mer , pidió á Miseno que continuasen
la conversación interrumpida , dándoles
ella misma d hilo para atar el discurso,
que según le dixo el Conde , quedó en
la descripción de Jos inviolables fueros de
nuestra libertad á pesar de la rebelión
de las pasiones. Acordóse entonces el
hermano que en otro tiempo la habia oí­
do una primorosa descripción de nuestro
libre alvedrio , y la pidió con instancia
le diera el gusto de repetirla , si hacia
memoria de ella. La Princesa siempre
pronta á concurrir en lo que conducía í
su intento , paseando ligeramente el al­
ma
LIBRO XIII. 19$
n a por el gabinete de su memoria , Ic
satisfizo diciendo:
CANCÍON l í r i c a .

I.
De un alma el alvedrioy
¿Quién podra precisar\ ¡O vano intentol
El hra&o , jf poderío
Del fuerte Dios T que rige el Firmamento
Con auxilios , y luces suele hablarla,
Quando intenta solícito ganarla.
II.
Mas sí atenta ella fuere
A la luz, celestial y que la ilumina>
I dócil consintiere,
lib re entonces U Voluntad se inclina;
Pues nunca quiere Dios Omnipotente
Torear la voluntad * si esta renuente*
III.
Amqu^ el mundo la embata
Con lanzas y con saetas y sangre * y fuego^
T fiero la combata
Con los rigores de un cruel despega
Queda en su libertad enteramente,
Vor mas que se le oponga >y U atormente ,
IV .
Suba d mas el empeño:
N 2 Tím -
1 96 EL HOMBRE FELIZ*
Tiemblen de todo el Orbe fos cimientos,
T con severo ceno
Bata el Cido los bravos elementos;
O trastornando el mundo iras divinas,
Todo se vuelva horror , todo ruinas.
v.
Si el Cielo se desplomay
T d la tierra la llama del infierna
Por mil bocas se asoma,
Envuelta entre los humos del Averno,
Insiste el alma libre en sus acciones
Vara el s í , / para el no de sus pasiones,
V I.
Na la mudan horrores,
Ni profundas cavernas infernales ;
Sus tenaces clamores
Se escuchan desde el mundo , j los fatales
I c o s , que entre las rocas van subiendo,
Vn no , no, no, están siempre repitiendo.
V II.
N¿ de Angeles del Cielo
Las delicias , las gracias , los favores,
N i el espantoso anhelo,
Con que monstruos la embisten los terrores,
Podran d que ella quiera precisarlay
Vues si no quiere, iquién podra for& arldi

VIII.
LIBRO XIIL w
V III.
De un cuerpo delicado
lo s halagos , o el llanto repetido
De un amigo estimado,
Embisten a su pecho , aunque rendido
A pasiones de amor : todo es en vanoy
Pues si no quiere, ¿todo de mano»
IX .
La raz,on busca atentay
Que persuada su juicio d a r ámente.
T hecha muy bien su cuenta,
La voluntad responde libremente:
Lo advierto todo , el daño considero:
S é que debo querer , pero no quiero.
X.
Cesa aqueste conjunto
De causas , y no aspira al vencimiento:
La voluntad al punto
A st misma se muda en un momentoy
El st rep ite ; y dice : quiero ahora,
Porque quiero querer , pues soy Señora»

6 Todos aplaudieron k descripción,


alabando la propiedad , y exáditud de
ella , y la Princesa les obligó á omitir
los elogios para continuar e! discurso.
7 Qyeria hablar Miseno > pero Ib ra-
N 3 hin
■i5>8 EL HOMBRE FELIZ.
hin como nube obscura > y cargada*
que despues de retener largo tiempo
gran copia de piedra 5 se rompe con una
general descarga , asi él comenzó á alegar
mil razones contra lo que Miseno habia
propuesto* Todas eran tan ligeras como
la piedra de Ja lluvia , mas también tan
multiplicadas como ella , y proferidas
con tanto furor , que á todo? dexó atur­
didos , concluyendo siempre , que quan­
do las pasiones tienen un cierto grado de
fuerza , se halla !a voluntad necesitada í
seguirlas, ¿ Qué puede Ja inocente palo­
ma (decía) quando la ave de rapiña,
avistandoJa desde las nubes , donde vaga­
mente se pasea , encogiendo de repente
las alas extendidas , se precipita sobre
día? En un momento se ve traspasada
de sus crueles uñas ; y hecha presa de su
furor , ensangrentada , y moribunda > es
llevada adonde ese aereo monstruo la
arrebata. No de otra panera nuestra vo­
luntad es la inocente presa de las pasio­
nes violentas > quando ellas toman vuelo,
y siguen su inclinación.
8 La Princesa , que divisaba i lo le­
jos las abominables conseqüencias, que
po-
LIBRO XIII. j 99
podían deducirse de este principio , que*
riendo atajar Jos daños de esta llaga sola­
pada , intenta descubrirla del todo , á
fin de que su mismo horror pusiese en
huida al Conde , ó los remedios de Mi-
seno la cauterizasen ; y con su ayre pi­
cante , y jocoso, habló á Ibrahin en es-*
tos términos.
9 A lo que veo , Ibrahin , nos prí-
vais de la libertad siempre que se encien­
den las pasiones, y os deberémos estar
todos muy obligados , pues nos hacéis
parientes de los brutos en primer grado*
Esta era la principal diferencia que nos
distinguía de ellos, y ahora en vuestra
opinion todos somos iguales. En los bru­
tos una série encadenada de sensaciones,
y de movimientos es la que los conduce
(según sus especies ) por una ley unifor­
me , á los fines que Ies están destina^
dos, como vos mismo me habéis ense­
ñado y y la razón lo persuade evidente­
mente, Sigue el galgo la liebre, el lalcon'
la presa, y el novillo la consorte por
unos movimientos necesarios, de suerte
que cada animal huye , ó busca por for­
zoso mecanismo de sus órganos el obje-
N4 to
2op EL HOMBRE FELIZ,
to que el Autor de la naturaleza le sená5
ItS como nocivo , ó conveniente ; y por
eso en todos , según su especie , vemos
Jas mismas acciones , y movimientos.
Solo en el hombre , en quien habia li­
bertad , se ve una diferencia infinita en
todo quanto obra. Cada uno sigúe no la
uniforme carrera de los demás de su es­
pecie , sino su capricho , ó su simple vo­
luntad , y ved aqui el origen de la in­
numerable variedad > que hallamos en
las acciones humanas. Sola esta razón
quando no hubiese otras , me precisa­
ría á creer que somos libres , aun en es­
te triste estado , á que quedamos redu­
cidos. Ahora > pues > Ibrahin , como
con vuestra sentencia nos condenáis í
obrar como los brutos , es forzoso se vea
la misma uniformidad en nuestros edifi­
cios s que en los nidos de las aves de ca­
da género , y en esto , obrarémos como
las abejas , que todas en todo el mun->
do , siguiendo una regla constante , tie­
nen las mismas casillas. Será uno solo
nuestro sustento ; y lo que hace un hom­
bre lo deberán hacer todos , porque asi
se ve pra&icado entre los brutos. Nín-
gu-
LIBRO XlII. zoi
gimo , pues , ha de salir de lo que hi­
cieron sus padres , y abuelos , porque
tan hábiles son los animales de estos
tiempos , como Jo eran en el principio
del mundo. De aquí adelante guárdese
ninguno de inventar cosa nueva , por­
que no Jo inventan los brutos ; lo que
ciertamente solo procede de que ellos
no tienen la libertad necesaria para va­
riar en sus acciones ; y como vos la ne­
gáis también á los hombres > caeremos
de consiguiente como ellos en una ge­
neral monotonU, ó uniformidad de ope­
raciones. Pero sea como quisiereis en
quanto i. vos , yo declaro por mi parte
que no cedo mi Jibertad á pesar de
vuestra Filosofía.
10 No es creible el gusto que mos*
traba el Conde al paso que mas se con­
fundía Ibrahin* El procuraba respon^
der con una disimulada política , pro­
testando que no era digno de disputar
conversonas de semejante calidad ; pero
que otros juicios mas delicados que el su­
yo lo sentían asi. Miseno > que conocía - -
la importancia de la materia, no conten­
tándose con que el error fuese vencido
con ;
202 EL HOMBRE FELIZ.
con solas las armas mugeriles , tomó á su
cargo la empresa.
11 No podéis negar ( dixo Miseno)
que Dios pone en nosotros la luz, de la
raz>on 7 luz que nos declara el bien : y
el mal y y esto aun quando la pasión nos
tienta , nos instiga , y nos impele. De­
cidme ahora , ¿ de qué sirve ilustrar el
alma , mostrándola el mal , y el bien , si
no tiene libertad para escoger uno , ú
otro ? i De qué me sirve ver el buen ca­
mino , y el precipicio , si me arrastran
al uno , sin que yo pueda elegir el otro?
Ver un despeñadero » y no poder evitar­
lo , mas es tormento que gusto. ¿ Por
ventura mandaríais llevar una hacha en­
cendida en noche tenebrosa delante de
una barca , que sin piloto , ni gobierno
va arrebatada del torrente con inevita­
ble destino ? ¿ Gritaríais á una piedra,
que va cayendo con ímpetu ciego , para
que dirija de esta , ú de la otra suerte
su movimiento ? Pues igual locura sería
ponernos Dios el farol del entendimien­
to delante de los ojos , y hablarnos por
la luz superior de la razón , si nuestra
alma fuese como la piedra , que cae arre*
ba-
LIBRO XIII, 2oj
batáda de las pasiones, y llevada adon­
de ellas la arrastran, ¿Qué pueril , y qué
ridiculo sería el procedimiento del Ser
supremo si por medio de su voz ( que
así podemos llamar á la tiiz, superior
de la razpn) nos prohibiese una ac­
ción , y por las pasiones , que él mis­
mo nos dio, nos obligase á hacerla. ¿Por
ventura nos abre los ojos para que vea­
mos el bien , y para que no lo busque­
mos nos ata los pies , amarrándonos cotí
cadenas indisolubles? ¿Nos hace ver el
precipicio solo para llenarnos de horror,
y sin culpa nuestra nos impele , y hace
caer en él ? [ Qué acciones tan indignas
de un Dios! Pues todo esto haria , si no
nos diese la libertad para vencer las pa­
siones. Reflexionad, amigo, que en todos
los Pueblos hay leyes , en todos hay con­
sejos , y amigables avisos; luego hay tam­
bién libertad para seguirlos. ¿Qué nación
existió jamás en el mundo tan bárbara,
donde no hubiese castigo para el mal , y
premio para el bien? Mas sería todo inútil,
si cada uno por un ciego, é inevitable
ímpetu fuese arrastrado acia este, u
aquel objeto por la pasión que le domina.
Núes-
io4 EL HOMBRE FELIZ.
12 Nuestra alma respecto del cuer­
po es como el *Caballero rcspe<5to del
bruto en que va montado. SÍ el bruto es
manso , y bien enseñado , va andando el
Caballero con descanso por el camino
derecho , sin fatiga , ni incomodidad no­
table ; pero sí el bruto fuere rebelde , y
furioso , trabajo tendrá el Caballero ; mas
también mucho mérito, y gloria en impe­
dir que se desmande. Poca dificultad te­
nia el hombre para caminar derecho
quando salió de las manos de su Autor,
teniendo entonces sujetas, y avasalladas
todas las pasiones del ánimo, todos los
apetitos de los sentidos. No estaban en­
tonces muertas ¡as pasiones sino sujetas.
Tiraba la ra&on suavemente de la rienda,
y el cuerpo obedecía pronto. Por eso fue
xnayor su delito, y menos disculpable su
prevaricación , porque le era mucho mas
difícil que ahora obrar como debia. Mas
despues de k rebelión de las pasiones
tiene el Caballero necesidad de vigilan­
cia , de fuerza , de estudio , y de
constancia para impedir su ruina. No tie­
ne culpa el Caballero en los saltos impe­
tuosos que da et bruto al principio , ó
quan-
l i b r o xr i l 2 0$
qüando intempestivamente se espanta ; ni
tampoco es culpable el hombre en Jos
primeros movimientos de sus inclinacio­
nes , quando sin dar tiempo á la razian
obran los humores lo que ella impedi­
ría ; pero una vez que la rrf&a# abrió los
ojos , debe con todo esfuerzo tener la
rienda segura, tirar de los cabezones, sub­
yugar el bruto á toda costa, y esto aunque
el Caballero se canse, se fatigue, y sude*
Trabaja para sí; trátase de evitar la muer­
te, ó el peligro de ella , que con certe­
za experimentaria , si floxamente se de-
xase llevar del furioso bruto ; y asi es
bien empleada toda fatiga , y tendrá
mayor gloria , y mayor mérito. Díga en­
horabuena el floxo , y perezoso , que no
quiere fatigarse en domar sus pasiones:
diga que le arrebatan , alargue las rien­
das al bruto que le lleva , que su caída»
y ruina será el castigo de su1 indigna
pereza ; y los otros que van á su lado
dominando siempre con estudio , cuida­
do , y fuerza los brutos de sus pasio­
nes , tal vez mas rebelde», y furiosas:
esos que las conducen por el camitTo rec­
to , sin permitirles salir fuera de é l, ni
echar
%o6 EL HOMBRE FELIZ.
echar por los derrumbaderos que se ofre-4
cen , ya de un© , ya de otro lado , esos
serán su condenación , su afrenta, y tam­
bién su inútil doóhina.
11 ¿ Qué es , Ibrahin , lo que ala­
bais en los héroes? ¿ Acaso el que ellos
siguen SUS pasiones ? Otro tanto hace
qualquier bruto* ¿Luego qual es el mé­
rito , que tanto os obliga á celebrarlos?
¿Qué es lo que justamente ocupa todos
los clarines de la fama? ¿ Será el haber
obrado bien » no teniendo pasiones que
vencer ? ¿ Pero que genero de mérito
puede ser este ? ¿ Vencer sin batalla,
triunfar sin enemigos ? Concluyamos,
pues, que para la heroyea alabanza es
preciso obrar bien , venciendo en esto
grandes dificultades , y que en las que
nos ofrecen nuestras pasiones furiosas
consiste el merecimiento de los héroes
de la filosofía , y de la virtud,
14 Si negáis la libertad y yo de par­
te de la refta ra^on os prohíbo desde es­
te mismo punto alabar á ninguno, ni
condenarle. ¿Alabaréis por ventura al sol,
quando en el orizonte derrama con sus
luces las benéficas influencias sobre la
su-
LIBRO XIII. 207
superficie de la tierrá ; ó condenaréis Ja
noche como delínqueme , porque con su
tenebroso manto protege lo? delitos , y
os roba la vista , dexandoos casi ciego,
quando teneis los ojos sanos , y perfec­
tos ? ¿Quién no tendría por ridicula
vuestra ira contra los truenos , y Jos ra­
yos , y por locas vuestras políticas ado­
raciones al zéfiro blando , que os recrea»
siendo todos esos movimientos una con~
seqüencia ciega , y necesaria del ordea
del Universo ? Pues lo mismo debemos
decir de quanto executan los hombres, sí
en ellos no hay libertad , porque sin esa»
ni merecen nuestros elogios , ni el menor
vituperio. Esto dixo Miseno con tal efi­
cacia , y nobleza de discurso, con tal
afluencia , que Ibrahin estaba aturdido,
la Princesa admirada , y el Conde re­
bosando de contento , porque natural­
mente aborrecía al Filósofo por su orgu­
llo insufrible. Mas este precisado á res­
ponder , lo hizo, huyendo de la dificul­
tad en estos términos.
15 No hay discurso contra Ja pro­
pia experiencia. Confiese cada uno la ver­
dad t y hallará, que su corazon es lleva­
do
2o8 ,
e l h o m b re f e l i z
do por fuerza adonde le arrastra la pá«
sion. ¿ Qué libertad os dexa , Conde *
vuestra ira , quando recibís una injuria?
^Qué libertad , quando una rara belle*
2a se os presenta á la vista? ¿ Qué liber­
tad , quando Cupido os hiere? ¿No
veis que el héroe mas valeroso corre co­
mo el mas infeliz Pastor tras de una Pas­
tora , si el amor ciego Je Uegó á tocaf
con su envenenada flecha ? ¿Qué Monar*
ca no dexa caer su corona por un lado
y su cetro por otro, sin cuidar de cosa
alguna , quando Venus le provoca? ¿Lue­
go qual es la libertad , que le dexaron es­
tas pasiones?
16 Revolved los anales de la Polonia
para no ir mas lejos; y veréis Príncipes
admirables, que por desgracia fueron to­
cados de la pasión deJ amor, y perdien­
do la libertad hicieron lo que no era
creíble hiciesen gozando de ella. Lesko
III* tan famoso en las guerras contri
Cario Magno , ¿en qué abominaciones
no cayó arrastrado de Venus? Poplieri.
su hijo , el segundo su nieto * y Mieces-
lao II. que por el mismo motivo , sien­
do el escándalo de los Pueblos, y de
LIBRO XIIL zo9
lá rAzon >fueron el horror de la natura­
leza y ¿ pensáis que gozaban de la liber­
tad ? Boleslao II. verdadero Alexandro
de su siglo , que daba > y quitaba R ey-
ros , como si fuese el depositario de la
suprema justicia , que hacia temblar á ios
vecinos, y se hacia adorar de sus Pue­
blos , ¿ en qüé brutalidades no cayó des­
pués que las delicias de Kiovia le cautí^
varón el corazon ? ¿ Y habremos de de­
cir s que tenia libertad?
17 ¡ Ah , Ibrahin ! (dixo la Prince­
sa ) si no ia tenían , ¿ quien puede cul­
parlos ? Tancas alabanzas merecen en ese
caso por sus delitos * como por sus vir­
tudes , porque en tal supuesto la pasión
de la gloria los llevó sin merecimiento al
bien y y la del amor los arrastró inculpa­
blemente al mal. ¿ Y halláis buena esta
Filosofía ? Dios os libre que vuestros
criados la sepan , porque en quaíquier
desorden que cometan quedarán exentos
de reprehensión, y castigo. La pasión me
obligó ( os dirán ellos ) , y no tuve li­
bertad para hacer lo contrario^ ¿ Qué os
parece , Conde ?
18 El hermano la respondió, que
Tom. I I . Q su
2io EL HOMBRE FELIZ.
su discurso le habia convencido del to­
do ; pero que quería oír á Miseno. Yá
veis todos ( Ies dixo este ) que no nos
falta la experiencia , á lo que vos , Ibra-
hin, habéis apelado del tribunal de la
ra&on* Yo también os cito ahora para la
experiencia general. Decidme , amigos,
después que pasó la furia de la pasión , si
la obedecimos contra los clamores de la
raz,on , ¿ quántas veces nos arrepentimos,
y sentimos los remordimientos de la con­
ciencia *
19 No pudo contenerse el Conde,
y tomó á su cargo la respuesta que Mise-
no pedia á todos. Nunca me abandoné í
las pasiones contra la luz de la razón,
sin que despues me hallase arrepentido,
en esto os digo sinceramente lo que pa­
saba en mi alma. En la mayor fuerza
de la pasión sentía una voz mansa , jui­
ciosa, y serena, que me decia: No lo ba~
gas ;peroá pesar de esta voz venia con
gran fuego un deseo turbulento , vivo , é
impetuoso , y ( no sé cómo ) me pertur­
baba de suerte , que Je obedecía. Por en­
tonces experimentaba un gran gusto > y
mi alma nadaba en regocijo ; pero des­
pues
. LIBRO XIIL 21 j
pues de gustar Ja dulce fruta sentía un
amargor * un agrio i una hiel intolerable.
Volvía entonces aquella voz mansa , y
serena , que yo habia despreciado; y le­
vantando el clamor poco á peco , me co­
menzaba á reprehender , de forma , que
me atormentaba* Era un aguijón, que me
clavaba , y me decía siempre á mí mismo:
Hiciste ?naL Quería cerrar los oídos ; pe­
ro dentro del alma sentía siempre esta
voz , que me estaba condenando. El co-r
razón se mordía, y despedazaba , que'
asi debo explicar mi arrepentimiento;
mas no había remedio* Esto es lo que.’
pasaba por mí , y creo que por todos pa­
sará io mismo.
20 No pudo Ibrahín negarlo ; y en­
tonces acudió prontamente Miseno, y co­
mo diestro cazador , que.no pierde un
■instante en disparar la saeta contra la-
ave que ve pasar í tíro , y dice asi;
¿Cómo puede el hombre reprehenderse,
y condenarse á sí mismo de lo que hizo
sin libertad ? ¿ Podrá un hombre de jui­
cio arrepentirse de ser pequeño , ó de
ser alto ? ¿ De que padeció fiebre , ó tu-
v o sueño ? \ No se haría objeto de risk
OZ quien
2 tí EL HOMBRE FELIZ.
quien tal dixesc ? Sin duda* Ahora, puc?»
la razón de esto nace de que ninguno se
arrepiente sino de lo que hizo pudiendo
no hacerlo ; y si í un hombre le fuera
imposible resistir á sus pasiones, no po­
dría sentir mas arrepentimiento de ha­
berlas obedecido , que el que tendría
de la fiebre, ó sueño que padeció* Vos
sois Filósofo , y asi gustaréis de discur­
rir , y profundizar bien Jas cosas. Haga*
mosto , pues , ahora. No es lo misma
tener pena , que tener remordimiento , y
Arrepentirse . Tenemos pena de lo que nos
hicieron contra nuestra voluntad , y nos
arrepentimos de lo que hacemos por núes*
tra culpa. Tenemos pena de resbalar , y
caer , y tenemos arrepentimiento de haber
puesto el pie sin cuidado , pudiendo ha­
berlo puesto en seguro. Id , pues, aho­
ra á arrancar primero del corazon de to­
dos los mortales el remordimiento , y
pesar de haberse entregado á esta , ú
aquella pasión , y despues nos persuadi­
réis, que no tuvieron libertad. Sintió el
Filósofo Mahometano la fuerza de este
golpe; y pálido , titubeando, casi enmu­
decido j acudió débilmente á defenderse,
di*
LIBRO XIII. s ij
diciendo , que muchos no se arrepienten
de lo que obraron contra Ja raz,on ; í Jo
«jue replicó Miseno : basta que un hom­
bre se arrepienta alguna vez , para estar
obligado por el testimonio de su propio
corazon á decir que tuvo libertad. A h o ­
ra j si un hombre Ja tiene , todos sin du­
da gozan de ella , porque todos somos
de la misma especie, y naturaleza. Asi,
pues , ó habéis de decir que todo hom­
bre tiene libertad para reprimir las pa­
siones, ó que ninguno la ha tenido hrs-
ta ahora , y por consiguiente , que nin­
guno se ha arrepentido , ni condena­
do á sí mismo de lo que obró contra
razón.
21 No podía Ibrahin soportar el
horror de todos estos absurdos , y no
queriendo confesarse vencido , ni atre­
verse tampoco á oponerse á verdad tan
roánifiesta, procuró eludir el golpe , con­
fesando, que él nunca habia negado lá
lib ertad , aunque algunos dudaban de
ella , y que solo la tenia por in ú til, y
nociva.
zz Com o fa lso , y astuto enemigo,
<jue viendose destrozado del todo , sin
O 3 crin-
214 EL HOMBRE FELIZ.
trincheras, ni resguardos , sin fuerzas,
sin armas, y sin tino abandona el campo,
y de repente se vuelve á el lado opuesto
á atrincherarse de nuevo , pero sin con­
fesar la vi&oria, asi hacia Ibrahin para
cansará su contrario ; mas Miseno , que
miraba solo á Ja instrucción del Conde,
no se disgustaba de este combatemien­
tras que por un medio mas sólido preve­
nía el entendimiento del Conde contra
lós futuros ataques del error.
‘ 23 A este tiempo Ja furia infernal»
que había tomado por empresa hacer qué
este monstruo triunfase de la verdad, da­
ba en las cabernas profundas de la tierra
unos bramidos tan furiosos , y unos ayes
tan sentidos, y penetrantes , que sus
ecos resonaban en Jas grutas de aquellos
fuertes peñascos. Luego vino en su so­
corro la furia de la blasfemia, cuyo atre­
vimiento á nadie respeta , ni en los Cie­
los v ni en la tierra ; y tomando la figura
horrible de un monstruo aereo , quiso
vengar la flaqueza de su destrozada com­
pañera. Ved aqui que de repente corta
el discurso una especie de trueno subter­
ráneo 3 que se extendía por la parte del
LIBRO XIII. 21 y
río , repitiendose , y continuándose el es-
truendo en succesivos ecos de aquel
valle. Al mismo tiempo una avedescono-^
cida negra como los cuervos, y mayor
que las aguilas , con ojos mas encen­
didos que los del buytre , las uñas mas:
horrorosas , el pico grande , y retorcido,
rompiendo la espesura de los arboles,
atraviesa por junto á Ibrahin , y el Con­
de , y con rápido vuelo , rodeándolos
dos veces, se precipita en el valle , que
servia de lecho al caudaloso río, sin
que despues de esto volviese mas á ser
vista. Asustáronse la Princesa , y el Con­
de ; pero Ibrahin se burlaba de su flaque­
ra, Miseno se mantuvo sosegado; mas
despues que pasó el susto , notó la Prin­
cesa , que el semblante de Ibrahin había
quedado mas fiero , soberbio , y atrevi­
do > que jamás le conoció ; y despues de
haber perdido algún tiempo en inútiles
reflexiones sobre el desconocido paxaro,
dixo á Ibrahin , que continuase el impor­
tante punto que havia interrumpido aque­
lla casualidad.
24 Entonces el Filósofo con un to­
no de desprecio, y ayre tan satisfecho
O4 co-
zt6 EL HOMBRE FELIZ.
como si hubiese triunfado de Miseno*
dixo asi: No son para tratarse en amiga­
ble conversación con Señoras los puntos
de la alta Filosofía : la ignorancia causx
novedad , la novedad espanto , y este
hace que se escandalicen de las verda­
des mas sólidas , quando no son conoci­
das del vulgo, ¿ Quereis que los honv-
bres tengan libertad ? Ténganla en hora-
buena ; mas yo os protesto , que de bue­
na gana la renunciaría > si ella rae habia
de constituir en la triste alternativa , ó
de hacerme violencia , si quiero sujetar
las pasiones í la razón , ó de hacerme
culpable , si me entrego á ellas* Si no
tuviera libertad , sin lucha , ni tormento,
sería llevado mi espíritu adonde la pasión
Jo destina , y entonces gozaría con placer
del objeto que apetece la naturaleza , y
pasaria en paz esta vida que Miseno quiere
que pasemos en una continua batalla.
2 6 Vos > Miseno ( para hablar c o ­
mo dí&a la buena razón ) nos habéis en­
señado el sistema de la tristeza , prome­
tiendo llevarnos al camino de la comple*
ta alegría, ¿ Qué cosa podría afligirnos
mas en toda la vida, que esta continua
guer*
LIBRO XIIL Z17
guerrj con nuestro corazon , y nuestrrí
alma ? ¿ Qué violencia no es necesaria?
I Qué estudio , qué vigilancia ! La natu­
raleza se cansa , el animo se aflige , el
alma gime ; el corazon desfallece ; ¿ y en
todo este combate quereis poner la ale­
gría ? Mas dexadme explicar con unsí
comparación que tenemos á la vista.
2 6 Esa galga que nos acompaná¿
j qué aflicción no experimentaría , si apa-
reciendole una liebre la atasen , para no
dexarla correr á su tiempo quando estu­
viesen cansadas las otras ? Vos , Conde,
lo tendréis experimentado mil veces.
Apenas descubre la presa » salta , se tira,
y se arroja con todo el cuerpo: viéndo­
se atada , Jadra > llora , grita, y á cada
momento embiste de suerte , que me can­
sa. No sabe, qué hacer para soltarse*
ya se vuelve acia mi lamentándose á su
modo , ya rabiosa muerde la cadena con
que se ve sujeta ; y entretanto que con
Jos ojos encendidos está mirando la pr^sá
que se le escapa , se roe interiormente, y
5c está despedazando, ,
2 7 Pues ahí teneis la imagen de
nuestro corazon , quando se ve reprimh
do,
2 iS EL HOMBRE FELIZ,
do , y por eso , si el Autor del mundo
me hubiese consultado , yo Je pediría ,
que no diese á los hombres esa libertad,
que es el origen de sus crímenes , y de
su tormento- Decidme vosotros : ¿ de
qué me servirá ser señor , si mis esclavos
han de burlarse de mí y y arrastrarme,
y despues por no moderarlos tengo de
ser castigado ? Pues lo mismo nos acon­
tece por tener esa libertad , que decís,
porque además del trabajo que es preci­
so , y casi imposible tener para subjugar
Jas pasiones , habernos de ser castigados
si no Jo hiciéremos.
. 28 Oyó el Conde este discurso con
notable atención , y dio los parabienes
í Ibrahin por haver hablado en aquella,
materia de un modo que le-tenia entera-
mentado encantado. Ya el Conde no era
él mismo * porque h aversión que has^
ta aquel momento había tenido contra
Ibrahin se volvió contra Miseno , y su
do&rina. Ya con el semblante triste , é
inquieto, y con ayre desconsolado, y
quejoso prefería en muchoá nuestra suerte
la de los brutos, los quales sin le y ,
sin violencia , sin aflicción siguen á ríen-*
da
LIBRO XIII. 219
dá iueltá el ímpetu de 'sus inclinaciones,
viviendo felicesásu modo.
- 29 Extrañó la Princesa este lengua-
ge del Conde tan semejante al de lbra-
hin , y acordóseque í ambos lus habia
cercado » y rodeado aquella ave mons­
truosa, No acababa de admirarse de tan
atrevido lenguage * escandaloso á la ra­
zón , y ofensivo á la Religión. Era igual
el atrevimiento con que Ibrahin discur­
ría j y á manera de muchas llamas que
separadas guardan ciertos límites, pero
Juntas saben furiosas á lo alto , y ame*
nadando con sus lenguas á las nubes , no
guardan respe&oá nada ? asi eran Ibrahin,
y el-Conde.
30 Entonces Miseno , dexando ver
en íu semblante, aquel ayre Regio que
le hávia dado su nacimiento , sin perr
turbación , ni enfado, pero con un tono
tan superior , qual nunca jamás le habian
oído , Ies dixo asi; Ya veo , Caballeros,
que Dios erró y y que á vosotros dio
mas juicio del que guardó para sí. Co­
nozco que aqüeí que era estimado por
infinitamente sabio , y perfeóto > hallá
ahora dos criaturas suyas, que Je pue-
220 EL HOMBRE FELIZ.
Sen corregir , y 'manifestar yerros en st¿
obra : en la obra en que puso mayor es­
tudio , y cuidado. Os doy, Señores ,e l
parabién de esta grande superioridad de
ingenio. A vosotros como a oráculos de­
bemos recurrir todos > pues que sois en
la inteligencia, y buen discurso superio­
res í la Divinidad , que con una sola pa-
labra dio existencia í todo este Uni­
verso-
5 1 Mejor haría Dios (decís vosa*
tros ) si no nos diese la libertad : quereís
decir, que si Dios os hiciese como un
palo, ó como una piedra , que no tie­
nen libertad para moverse > le quedaríais
mas obligados , que haciéndoos qüasi
Dioses por la semejanza. Llegó á esculpir
en vosotros su imagen , dándoos la inte­
ligencia t y la libertad, joyas que en
cierto modo sacó de su cabeza, y de su
pecho para vuestro adorno , perfección,
y nobleza; y decís , que mas querríais
ser arrastrados á su servicio con una ca­
dena insensible, que conducidos por los
avisos , y ruegos como un hijo heredero,
j Que antes quisierais ser semejantes á los
brutos, llevados por un ímpetu ciego al
LIBRO XIII. zzf
fin de sus pasiones , que ser semejantes á
Dios,caminando al bien por el wo vimienro
nobilísimo de la libertad *y guiados por la
razón ! Prueba grande dais sin duda de
que es justa la balanza de vuestra inteli­
gencia , quando la despreciáis de manera,
que la dierais de buena voluntad por la
satisfacción que tiene un perro , <5 un ca­
ballo en sus brutales apetitos. Digo esto,
pqrque quien renuncia la libertad y debe
renunciar por fuerza la inteligencia , y el
conocimiento del bien , y del mal ; la
qual solo sirve á quien tiene la elección,
y libertad de obrar. Muy obligado os es­
taría todo el Género Humano , si Dips
(como habéis dicho ) os consultase » y
por vuestro consejo nos privase á todos
de la luz <Je la razón , y de la libertad»
que nos ha concedido.
5 z Y quien hiciere buen uso de ella,
reprimiendo con fuerza las pasiones para
obedecer í la razón , y en ella á Dios,
¿por qué derecho debe quedar privado de
este honor, de este bien, y de la felici­
dad futura que le está anéxa ? \ Solo
porque el Conde de Moravia r, é Ibra-
hin quisieron mas entregarse ¿ corno los
222 EL HOMBRE FELIZ
animales, a la satisfacción descansada
de sus pasiones, que tener heroyco do­
minio sobre ellas para avasallarlas ? ¿ No
somos nosotros criaturas de Dios como
vosotros para que también seamos oídos?
¿Solo vosotros habéis de serlo , y pre­
tendéis que todo el Género Humano de*
ba renunciar la honra , y felicidad que
el Omnipotente nos dio , solo porque
vos , y otros de vuestro partido sois flo-
xos 5 y flacos ? No , Señores , seamos
todos libres , pues que á todos quiso
Dios conceder esta nobilísima perfección,
y use cada qual como quisiere de su li­
bertad, Viva el floxo como el bruto , viva
el héroe como Dios : siga quien quisiere
las pasiones , como si no tuviese inteli­
gencia , seguirán otros á la razón , como
si no tuviesen pasiones ; y haya diferen­
cia de la virtud al vicio , haya alaban­
za , y haya justa reprehensión , haya
premio para unos , y para otros castigo.*
53 fQiie bella sentencia pronuncia­
ríais á vista de todo el mundo > si todo el
mundo os oyese : No baya , libertad ! Que-
reis decir : No haya , ni pueda haber vir-
tud y porque queremos ser viciosos. Ni«-
LIBRO XIII. 225
guno pueda reprimir las pasiones t porque
queremos que ellas nos arrastren sin re­
sistencia, Ninguno tenga U luz, de la ra -
z,on , esto es , ninguno tenga ojos para
ver los peligros > para no afligirse coa
su vista , ha viendo de caer en ellos* N¿«-
guno tenga aívedrio , esto es , ninguno
tenga los píes desembarazados para li­
brarse de los precipicios porque noso­
tros gustamos de ser precipitados sin sus­
to , aflicción , ni remordimiento. ¡ Qué
excelente discurso , Conde mío 1
34 Sabemos que Dios quería pro­
ducir sobre la superficie del Universo
una imagen suya ; mas vos ordenáis que
quede suspenso , y que por ningún mo­
do se atreva á hacerla : que se contente
con producir un caballo , ú otro qual-
quier animal, y que los hombres se pa­
rezcan á ellos , sin mas uso de razón , ni
mas libertad que la que en ellos halla­
mos. ¡ Ah , Señora ! ( dixo volviéndose i
la Princesa ) es preciso tener los oídos
del alma bien duros para no estremecer­
se de horror , oyendo absurdos semejan­
tes. Dixo , y calló, y ninguno se atre­
vió á hablar.
Al
¿24 e l hom bre f e l i z .
55 AI modo que si desde Ja cumbre
del monte de Arabia el Angel Embaxa*
dor entre truenos , y relámpagos anun­
ciase á los hombres los divinos precep--
tos , asi parecía Miseno hablando á Ibra-
hin , y al Conde. La Princesa viendo en
el silencio de ambos la confusion que los
embarazaba * iba í disculpar á su herma­
no , quando el acudió diciendo :
36 No puedo ju2gar que yo tengá
mas juicio que D ios, y conozco ser el
ultimo grado de locura querer un mor­
tal notar yerros en la sabiduría infinita*
Tropecé en las expresiones * pero mi
concepto era muy diferente. Ahora con­
fieso ser nuestra libertad don precioso de
Dios , y la razón igualmente , aunque
sea trabajoso subyugar con ella las pa­
siones. Dicho esto , volviendo en si el
Conde poco á poco de la pasada lucha,
estaba atonito de que hubiese pronun­
ciado tan enormes blasfemias. Ibrahin
como entre dientes daba no sé que dis-^
culpa , lo que restableció entre los qua4
tro aquel ay re amigable, y familiar , con
que entre si discurrían.
3 7 Mudó entonces Miseno de tonoj
co-
LIBRO XIII. 22%
como Cirujano prudente , que con el
balsamo en una mano , y el hierro en la
otra los aplica alternativamente según lo
pide la necesidad , y continuó , diciendo:
escuchad^ pues , los admirables secre­
tos de la benevolencia, y Sabiduría Di­
vina.
3 8 No penseis 3 amigos , que Dios
viendo nuestra flaqueza y y desorden, se
complace de vernos caldos en tierra> ó
que con sus preceptos , y amenazas nos
obliga sencillamente á remar contra la
corriente. No ; muy diferente es su pro­
videncia , y muy otro su sistema. Siste­
ma todo de amor >y bondad , sabiduría,
y grandeza de animo , que todo brilk
admirablemente en los misterios de nues­
tra reparación , y Ley de Gracia. Hizo de
nuestra flaqueza basa para su misericor­
dia , y medida para su liberalidad.
39 Como guerreador valeroso ador­
nado de brillante yelmo , y escudo im­
penetrable , con brazo fuerte , y espada
resplandeciente se pone á nuestro lado,
dice que desafiemos esas fieras indómi­
tas de las pasiones , que tanto nos ater­
ran , que está pronto para asistirnos. En-
T qw. I I * P ton-
226 EL HOMBRE FELIZ.
tonces nos pone en la mano la espadá
vencedora de su grada , con ella nos sus­
tenta el brazo , nos cubre con su escu­
do , y atemoriza nuestros enemigos. Nos
da ánimo , fuerza , y consejo , de for­
ma , que muchas veces hasta^una mano
tierna , decrépita > 6 mugeril con este
soberano socorro hiere, destroza, sujeta, y
si preciso es , despedaza las fieras mas in­
dómitas de las pasiones , que pretendían
arrastrarnos; y lo que es mas , despues
tíos cuenta esta su vi&oria como si fuese
nuestro propio triunfo* Veis aqui como
Dios se porta con las criaturas, que ve
luchar heroyeamente con las pasiones re­
beldes, No penseís que estas son ideas
poéticas, y fingidas : son realidades pal­
pables , y testificadas cada dia con los
ojos, además de ser dogmas de la Religión,
40 Todos esos Héroes de la r,t-
z>m , y de la Virtud , á quien todo
el mundo tiene consagradas alabanzas
despues de la muerte ( despues de la
muerte digo , que es quando ellas son
prueba del verdadero mérito ) no se dis­
tinguieron del común de los mortales
por tener naturaleza mas fuerte 3 ni tam-
po-
LIBRO XIII. 2*7
poco por no tener pasiones desordena­
das : solo se distinguieron por el triun­
fo que alcanzaron de ellas. Ahora , no
siendo estas fuerzas de la naturaleza,
porque en todos es la misma , forzoso
es que fuesen de algún brazo extraño
que les sostuviese el corazon en el com­
bate , y le reforzase para la vi&oria.
4i Y vos 5 Ibrahin , ya que estáis
tan versado en la historia de mi país,
y me quisisteis probar con la conduc­
ta de algunos de sus Príncipes detesta­
bles , que ellos no tuvieron libertad
para domar sus pasiones , por la mis­
ma razón estáis obligado á conceder que
Jos buenos Príncipes, que triunfaron de
ellas, lo consiguieron con el socorro
del brazo omnipotente. ¿ Qué me di­
réis de Piast el Filósofo , de Mieceslao
I. de Boleslao su hijo , imagen de un
Príncipe perfefto : de Casimiro su nie­
to , admiración de su siglo? ¿Qué me
diréis del Principe que hoy reyna en el
trono de Polonia , que sabe preíerir un
buen amigo á un Reyno ? ¿ Pensáis
que no tuvieron pasiones ? Poco honor
les hacéis , si por esto los colocáis en
P 2 k
228 EL HOMBRE FELIZ.
la clase de los verdaderos Héroes, Lúe-?
go tiene fuerza la libertad humana ayu­
dada por la mano suprema para triunfar
de las pasiones mas furiosas ; y si á to­
dos da Dios ojos para ver el bien , á
todos dará pies para buscarlo > y si viere
que se esfuerzan , á todos ayudará pará
conseguirlo.
42 Quiera el hombre moderar sus pa­
siones , quiera seriamente esforzarse s que
sin saber cómo se hallará fuerte para ven­
cerlas* Un brazo invisible le ayuda, un
vigor internóle corrobora, siente otra al­
ma , que anima la suya, otro espíritu
que le da un esfuerzo superior á todo*
Sean las pasiones como el tigre mas sa­
ñudo , ó como el toro mas feroz , que
ellas caerán á süs pies despedazadas ; y
qual esforzado Hcroe que se ve acome­
tido del bravo león , pero intrépido»
poniéndole la rodilla doblada sobre su do­
rada guedeja , le hace gemir oprimi­
do , y desquijarándolo entre las ma­
nos , íe obliga á que exhale entre bra­
midos su alma furiosa ; asi hará con sus
pasiones el Héroe de la razón y porque
le anima fuerza superior.
Pe
LIBRO XIII. 229
43 De este modo reparó el Su­
premo Artífice su grande obra ; ha-
viendo visto que la caida lá habia des­
ordenado , y brillando entonces mas
sus perfecciones divinas , quando la
reparó , que quando la formó al prin­
cipio , supo unir la nobleza de nues­
tra libertad con la fiel obediencia á la
rdzson y y concordar el fuego de Jas
pasiones con el amor de la virtud* De
esta manera bien veis que quedamos
libres , y Señores de nuestra felicidad»
como lo eramos al principio ; mas con
tanta mayor gloria , mayor mérito , ma­
yor, lauro , quanto la adquirimos con
mayor dificultad.
4 4 La Princesa que . vio á su herma­
no rendido , teniendo poco empeño , y
menos esperanza, de reducir la rebeldía
de Ibrahin, los convidó á tomar la re­
facción que Ies tenia preparada , pues
era ya hora oportuna , y comenzaron las
criadas á servir las viandas campesinas,
con tal aseo , primor , y bizarría v que
aun antes del paladar ya se habían re­
creado los demás sentidos.

Pj L I-
2 jo EL HOMBRE FELIZ.
0 ^ 10fri0;!>0fr«xi0* íC^KXtóítCW-CO^KX«XíO ¿
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L I B R O X IV .

1 A y f Icntras duraba lá comida, de-


l V j L xando á parte con estudio los
discursos serios , recreaba la Princesa los
ánimos con Ja conversación amena , y
graciosa , que su carafter la inspiraba , y
eí Conde fue perdiendo del todo aquel ay-
re feroz, y sobervío, que de repente habia
tomado» Solo Ibrahin parecía, u obstina­
do, ó confuso. Sus palabras eran contadas,
su ayre sombrío, y duros sus modales,se­
co en las reflexiones, inflexible en las má­
ximas j orgulloso en los pensamientos. Sa­
zonaban el Conde , y Ja Princesa Jas vian­
das con historias jocosas, y Miseno con un
ayre risueño, y cándido, y con una since­
ridad noble celebraba lo divertido de la
conversación , añadiendo reflexiones muy
juiciosas, como quien habia estudiado en
los dos grandes libros de la experiencia,
del mundo , y de la meditación solita­
ria, El Conde reprehendía el excesivo
LIBRO XIV. 231
luxo de la mesa entre los Romanos, y
Griegos despues que unos, y otros de­
cayeron de su antigua , y loable sobrie­
dad , como también el que hoy se ve en
las principales Cortes de la Europa, pre­
firiendo á todos esos banquetes aquella
simple, y gustosa refección que su her­
mana les habia preparado en un sosiego
tan agradable*
2 Ibrahin con malicia anadia tales
reflexiones que insensiblemente quería
persuadir su abominable máxima de que
solo eti la satisfacción de las pasiones po­
dia consistir la alegría á que aspiraba to­
do viviente. Miseno provocado ¿ t la
Princesa hubo de contribuir í la recrea­
ción de la compañía con alguna historia
que le ocurriese, y les contó un banque­
te bien extraño, al que él decia habec
asistido.
3 En tiempo que el Rey Casimiro,
padre del Monarca , que hoy ocupa el
trono de Polonia , hacia graneles conquis­
tas sobre los Rusos , tuve la precisión
de ir acompañado de solos dos Caba­
lleros á examinar cierto terreno , y de­
terminados puestos * que nos podían ser
P4 ven-
EL HOMBRE FELIZ.
ventajosos, porque el Rey me había con-
fiado sus proyectos , y no debía yo co­
municarlos á otro* Partí, pues , de K io w
por el camino que va á Czernigow ; y
ved aqui que ya de noche , confusos en
los caminos , cansados los caballos, he­
lados Jos miembros , andando , y desan­
dando por un dilatado bosque, nos vi­
raos como náufragos en medio de la tier­
ra. Quanto caminábamos para salir de
aquel laberinto , mas enredados nos veía­
mos en él. La luna se había retirado , las
estrellas no osaban aparecer en aquella
negra espesura. Un gran pavor se derra­
maba por los corazones , y perdíamos
«1 juicio sin saber cómo salir de aquel em­
barazo , quando de repente nos hallamos
í la vista de una admirable casa de cam­
po. Dos bellos torreones guarnecían Id
entrada que nos conducia por admirables
paseos de arboles i la puerta principal,
que hallamos abierta , y patente. No es
tan agradable la Aurora en su carro
de oro á los ojos del mísero navegante,
que en medio del Archipiélago í cadá
momento yá á perecer envuelto en tinie­
blas , y peligros , como nos fue aquel
ina-
LIBRO XIV. 23 ¿
¿narávilloso Palacio. No puede desearse
hospedage mejor que el que nos hicieron
aquellos Caballeros, y Señoras en las
chimeneas ardían las maderas mas olo­
rosas 3 las mesas estaban llenas de vian­
das sumamente delicadas ; de vinos gene­
rosos , y exquisitos licores de toda espe­
cie : de suerte , que no acababamos de
creer lo que estabamos mirando. Siguió­
se i la mesa la diversión del juego ; y Ja
fortuna parece que iba en nuestra com-
pañia, porque todos tres ganabamos con
igual felicidad. Llegó en fin el tiempo
en que fue preciso retirarnos cada uno í
su quarto para descansar de la fatiga. En
una bella sala que tenia comunicación
con nuestros dormitorios hallamos con
mucha admiración refrescos de frutas,
dulces , y licores exquisitos con otros mil
regalos del mismo género que los de Ja
cena, A la admiración de esto se siguió
Já risa , y á esta Ja crítica de tan extrava­
gante costumbre ; pero poco despues una
debilidad , y hambre no esperada , que
todos tres sentimos , nos obligó acercar­
nos á las mesas, y á aprobar lo mismo
que hablamos reprobado. E l frió acom-
pa-
2 34 e l HOMBRE FELIZ,
pariaba á la flaqueza , y las chimeneas,
lisonjeando solo la vísta con unas lla­
mas vivas , y vapores aromáticos , no
nos calentaban mucho* Como eramos
Militares, tomamos motivo de burlarnos
de nuestra misma incomodidad , viendo,
que ni en Jas camas ricamente adorna­
das , concillábamos el sueño, ni en las
mesas hallábamos saciedad , ni calor en
el fuego. Pasada Ja noche en una in­
quieta alternativa , de las mesas á la ca­
ma , de la cama al fuego , y del fuego
otra vez á la mesa : llegó al fin la ma­
drugada, y queriendo dexar á los cria­
dos que nos habian servido alguna señal
de nuestra generosidad , visitando nues­
tros bolsillos , hallamos que quanto ha­
bíamos ganado la noche precedente, ha­
bia desaparecido. Este nuevo suceso mo­
tivó otra vez la risa , la qual cesó en
fuerza de otra admiración , quando á la
salida del Palacio , queriendo fixar bien
en Ja idea el sitio de tan extraordinaria
vivienda, al volver los ojos solo vi­
mos un espeso bosque redondo , sin que
Iiubiese en toda su circunferencia el me­
nor vestigio de aquella casa de campo.
LIBRO XIV. 235
Aquí mirándonos unos á otros , hacia*
mos mil discursos 5 y conocimos al fin
que todo habia sido un encanto gracioso,
é ilusión de nuestra fantasía , con que
quiso divertirse algún Máxico benévolo*
4 Sin tardar tanto tiempo ( dixo el
Filósofo) se podia conocer , que nada
era realidad. Fuego que no calienta , ca­
ma que no consuela , viandas que no sa­
cian , y vino que no vigoriza ; luego se
ve que son una pura ilusión. Si í mí me
aconteciese ese caso , diría al punto á
los compañeros , que estabamos encan­
tados,
5 LI Conde oía , y entre admirado,
c incrédulo , estaba luchando consigo
mismo , y llegó á decir á Miseno , que
si no fuese su autoridad , ninguna otra
podia obligarle á dar crédito á semejante
suceso ; y yo pensaba (dixo él) que nin­
guno lo creería mas prontamente , por­
que juzgo que muchas veces os habrá
acontecido cosa semejante. Esta inopina­
da respuesta dexó suspenso á Ibrahin,
y al Conde ; mas Ja Princesa sonriendose,
Ies dixo, que también era del voto de
Miseno; lo que los enredó notablemen­
te,
ijtf EL HOMBRE FELIZ.
te , hasta que en fin le pidieron que se
sirviese explicar el enigma, y correr el ve­
lo á la parabola , declarando la do&rw
na que envolvía.
. 6 Confesó Miseno , que era asi , y
continuó de este modo : en mi moce­
dad no perdía ocasion de satisfacer mis
pasiones , y apetitos. Esta era mi máxí-*
nía., y ley inviolable , y con efeóto,
en esta jornada que hice con los dos Pa­
latinos de Polonia > nos divertimos mu­
cho soltando las riendas á nuestras incli­
naciones , sin que mi corazon dexase de
sentir siempre Ja misma sed de alegría;
pero apenas pasaba la diversión , que so­
lo me recreaba por un instante , quando
experimentaba el mismo vacío interior;
y mi pobre alma padecía una especie de
hambre canina , apeteciendo siempre di­
vertimientos , deleytes , y regalos , de
suerte , que nada me satisfacía, porque
SÍ . despues de haberme divertido bien,
estaba una tarde solo , luego me enconr
fraba triste. Enlazaba con arte los pla­
ceres de forma y- que sin interrupción se
succediesen unos á otros , como vos tam­
bién j Conde * lo hacíais > según Jo que
LIBRO XIV. 237
tne dixisteis. No obstante, nada bastaba
para llenar el vacío de mi corazon > pues
acabado qualquier deley te , venia inme^
diacamen te la tristeza. Ahora , ¿no es cs^
to lo mismo que estar comiendo > y que­
darse siempre con hambre ? ¿ Echar ropa
sobre ropa sin cobrar calor que nos con­
suele? ¿Beber á cada momento , y sentir
la misma sed que antes ? ¿Pues porqué
no diremos de los deleytes con que nos
lisonjean las pasiones , lo mismo que he->
mos dicho de aquellas viandas encantadas?
7 Las pasiones , amigos mios , sí
nos causan alegría , es una alegría falsa,
fantastica , y de ilusión , de suerte , que
jamás quedará satisfecho con ella el cora*
zon del hombre. Vosotros lo experimen­
táis , y ninguno puede negarlo 3 porque
la ansia con que despues de una diver*
sion se procura otra y y despues de con­
seguir un empeño nos ocupamos en otro*
manifiesta , que el corazon aun está va­
cío , que el alma se halla hambrienta*
y que-todo lo que la entretenía , era pu­
ramente fantástico. Decidme : ¿si uno
estuviese embolsando siempre dinero ; y
mas dinero., y quando quisiese una mp-
ne-
2 jS EL HOMBRE FELIZ.
íieda hallase la bolsa vacia , ¿ quien le
persuadiría que era verdadero el pro
que en ella puso? Lo mismo digo de la
alegría de las pasiones. Yo la buscaba,
atesoraba con ambición 7 y afaricia ; pe­
ro en hallándome solo, iba á buscar en
el fondo de mi corazon un poco de esa
alegría que habia juntado , y me hallaba
desconsolado , desconcento , y triste.
8 Jamás , dixo eJ Conde, nos hicisteis
argumento tan convincente, ni pintura
tan clara de lo qüe he experimentado
toda mi vida* V ed , Ibrahin , como era
errado el camino que me enseñabais pa­
ra la verdadera alegría. Apelabais del
tribunal del discurso al de la experiencia,
y ahora veis , que en él sois igualmente
condenado* Si las pasiones diesen ale­
gría, creed que ninguno Ja podría tener
mayor que yo , porque ninguno habrá
seguido sus pasiones con mayor empeño,
y no obstante eso, nunca hubo persona
mas perseguida de Ja tristeza.
9 No podia Ibrahin disimular el eno­
jo interior que se le traslucía por los ojos,
y el incendio de sus pasiones humeaba
por todo el semblante. Veíase convencido;
y
LIBRO XIV. 259
y convencido por quien no tenía como él
profesion de estudios , que era lo mismo
que verse un Militar postrado en duelo
por quien no hubiese hecho profesion
de las armas. La confusion le perturbaba
el discurso > la política le impedía las
injurias y ultimo recurso de quien queda
vencido quando la sobervia no le permi­
te confesar la vi&oria. Esta lucha inte­
rior de su alma y que se batía con to­
das las pasiones í un tiempo , se dexaba
ver también en lo exterior : quería ha­
blar ; mas callaba , sin que se conociese
Jo que deseaba decir.
10 La Princesa , que estaba empeña­
da en la victoria , hallando á su enemigo
aturdido , quiso , aunque con brazo fe­
menil , correrle una nueva lanza , á ver
sí lo rendia del todo , y le dixo asi: Pa­
ra entender , Ibrahin , que la satisfac*
cion de nuestras pasiones no puede dar
alegría verdadera > bssta ver que lo mis­
mo que al principio nos da gusto , sien­
do continuado cansa , y finalmente afli­
ge. La música mas armoniosa , la mesa
mas delicada , el teatro mas completo,
en pasando cierto tiempo comienzan <1
en-»
2 4o EL HOMBRE FELIZ.
enfádar ; de suerte, que si nos obligasen’
por fuerza á apurar esos mismos deley-
tes > sin alguna variedad por nueve 3 ó
diez horas seguidas , sería un tormento
desesperado. Haced , Ibrahin , anotom/a
de nuestra alma , y hallaréis que su pa­
ladar es por extremo delicado , y que fa-
ciímente se embota , de manera, que í
fuerza de continuación , el gusto se mu­
da en fastidio , el fastidio en angustia, y
]a angustia en desesperación* Ahora bien,
¿ quando se vio jamás esta paradoxa, que
el origen de U verdadera alegría llegase a
causar tristeza ? Perdonadme si me meto
á filosofar , porque aunque muger , co**
mo deseo tener parte en el descubrimien­
to de este tesoro , quiero dar de quando
en quando con el discurso mi azadona­
da y porque de otro modo no participare
de él. ¿Qué os parece, Miseno?
ii El sistema de querer contentar
las pasiones ( la respondió) tan lejos está
de ser el origen de nuestra alegría, que
todo lo será de muchas aflicciones , y
tristezas. Nuestro corazon tiene grandes
alas, y batiéndolas con ansia , se levan­
te en el ayre ,en busca de lo que desea,
y
LIBRO XIV. 241
y nunca vuelva tierra á tierra como esas
golondrinas que veis: imita á las aguilas,
que se remontan siempre , y no saben
volar sino á lo alto : desprecia la humilde
región de lo fácil , porque solo lo que es
dificil excita nuestro apetito. Fuera de esto
el corazon volando por esa región vastísima
siempre sube ; y apenas consigue lo que
deseaba, ya apetece cosas mas altas. Asi
crece con el vuelo la dificultad a con la di­
ficultad el cansancio, y con esteeldisgus­
to ; mas el corazon siempre bate las alas*
sacando nuevas fuerzas de flaqueza. Si
acontece que encontrando algún graude
estorbo , despues de mucha fatiga , lo
vence con felicidad , entonces fundando
sobre esa viftoria nuevas esperanzas, aun
se remonta mas. Ahora , bien veis que
subiendo siempre el deseo , por fuerza
ha de pasar de la esfera de lo dificil, y
entrar en lo que ya es moralmente im­
posible ; y entonces quántos deseos tene­
mos, tantos disgustos nos preparamos,
porque nuestro corazon, Ibrahin , emba­
razado en la dificultad que no puede
vencer, es como la ave cogida en el la­
zo , que quanto mas bate las alas, tan^
.. T«//. 1U § t£>
2 ^z EL HOMBRE FELIZ.
to mas se enreda en él. Ved como quien
se determina á dar satisfacción á sus pa­
siones vá á buscar indispensablemente
mil disgustos, aflicciones , y tristezas,
12 Revienta furioso el volcan, quan­
do ardiendo largo tiempo el subterráneo
fuego no halla respiradero por donde
pueda desahogarse , y esto mismo hizo
el incendio que el espíritu de la soberbia
levantó en el corazon del Mahometano.
Entre mil pasmos, admiraciones , y es­
pantos se ponia Jas manos en la cabe-
xa , y no bien se levantaba de su lugar,
quando se volvía á él, Ponia á los Cielos
por testigos; quejábase á los vientos, y
á las peñas, y sin acabarse de explicar,
no atendía á lo mismo que él pronun­
ciaba. El Conde estaba á parte obser­
vando como en un espejo los efectos de
la pasión , y veía como esta cegaba á
■Ibrahin, para que no viese la verdad, y
-verdad can clara, que hasta el mas igno­
rante confesaría : esta do¿trina muda le
era de grande provecho. Entretanto nin­
guno hablaba , ni le contradecía ; y des­
pues que el volcan vomitó piedras , lla­
mas , y humo, esto es, injurias, di&e?
rios,
LIBRO XIV. 24J
ríos j y palabras confusas, ya algún tan^
to mas sosegado decia con ironia 4 que
daba gracias al Cíelo de haber nacido en
tiempos tan dichosos , en los quales se
descubría lo que ningún sabio hasta
aquellas edades había descubierto: que
de allí adelante, quando quisiese ale­
grar í sus amigos, y convidados , pro­
curaría con todo estudio , é industria,
mortificarles los apetitos, reprimirles su$
pasiones, humillarles la vanidad, y orgu­
llo, herirles el amor propio , ya que el
reprimir las pasiones era ( según la nueva
Filosofía ) el medio de hallar el mas sóli­
do contento. Y despues volviéndose ácia
las criadas > que habian quedado alli,
con vilísima pobreza de alma mendigaba
sus sufragios á falta de otros mejores, y
pensaba que erá aprobación tácita la ri­
sa que de él hacían : tan ciego le tenia
su entendimiento. Anadia, que ninguno
habia sido mas benigno con los hombres,
que el famoso Nerón , pues que en sus
tiranías, quebrando las pasiones de los
otros, les procuraba según la do&rina
de Miseno, la alegría mas completa. No
tengo mas que aprender ( decia) : esta
Q ¿í lee-
*44 EL h o m b r e f e l i z ,
Icccion me basta, y despidiéndose con
cierto pretexto , tomó su báculo , y se
retiró desconfiado,
13 Celebraron los dos hermanos,
como era justo , la retirada del Filósofo;
y Miseno aplicado todo á la instrucción
del Conde, le d k e : Las pasiones, ami­
go , son , como ya os dixe , semejantes
á los brutos: domadas sirven para darnos
gusto; rebeldes , y sueltas solo sirven
para nuestra ruina* Si el cochero cobarde,
y negligente afloxa las riendas i los ca­
ballos, porque los halla indómitos , y
furiosos ; ¿ qué efe&os puede esperar
de su cobardía, y pereza ? E l coche va
sin gobierno, corre precipitado : allá se
tuerce, aquí cae: allá vá el cochero ar~
rastrado, caballos , y ruedas le pasan
por encima, y al fin le sacan atropella­
do , herido, y muerto, ¿ Quánto mejor
Je fuera tener las riendas tirantes, y su*-
jetar ( aunque le costase fatiga ) los Ímpe­
tus de los brutos ? Amigos mios, siem­
pre los daños que se nos siguen quando
dexamos correr á rienda suelta nuestras
pasiones , son mucho mayores que el tra­
bajo de refrenarlas; y así , quando no
■T. _ fue-
LIBRO XIV* 245
Riese sino por evitar tan grandes disgus*
to s, debíamos siempre gobernar por lá
faz,on nuestras pasiones , y apetitos. En
estos, y otros discursos semejantes esta­
ban ocupados los tres amigos , quando
un inopinado suceso vino á inrerrum-t
pirlos*
14 Esa detestable furia, que con
las máximas de la falsa politice acostum^*
bra enredar a ios Soberanos , abrasar los
Reynos , y poner en perpetua discordia
el mundo entero; esa furia , digo, en el
subterráneo conciliábulo habia tomado
por empresa estorbar por la separación
del Conde, y de Miseno la introducción
de la sana Filosofía , que era tan funes^
tá al infierno; y asi atizando el fuego
mal apagado en los Estados de Polonia»
hizo venir un Embaxador de Lesko , el
qual sabiendo confusamente donde se
ocultaba Uladislao, andaba vagando por
aquellos montes para descubrirle. Ved
aqui que se encuentra con Ibrahin , que
se ausentó de !a compañía de la Prince-r
sa. Divisa ella á lo lejos sobre 3a cumbre
de Ja sierra fronteriza un noble Caba­
llero que encontrándose con el Filósofo,
24¿ EL h o m b r e f e l i z .
se detiene. Observa que Ibrahin parecíi
estar muy ocupado con Jas preguntas del
extrangero, y que señalaba acia el sitio en
que estaba Miseno , siguiendo despues
cada qual su camino. Tomo el Caballe­
ro la baxada que venia í parar al puen­
te , de Jo que infirieron que iba á bus­
carlos. Hadan mil discursos para adivi­
nar lo que sería ; pero al fin la Prin­
cesa , y el Conde determinaron salirle
al encuentro para estar mas cerca de
casa , si huviesen , como pensaban * de
volver a ella , por lo que se despidieron
de Miseno ,: el qual muy sosegado tor-
lió á su trabajo de cultivar Ja tierra , ó
por mejor decir , aquellas ingratas peñas.
15 A pocos pasos encontraron al
Caballero, que preguntaba por Uladis-
I a o q u e había sido Rey de Polonia , de
quien por indicios se sabía , que habita-
ba incognito en aquellos ásperos montes
La Princesa quedó turbada dudando si
debía confesar , íl ocultar el secreto j mas
acordándose del juramento que tenia
prestado, respondió politicamente : En
estos montes conozco pocos dias ha un
Varón respetable por su juicio, costum­
bres,
LIBRO XIV. 247
bres, y prudencia, que se llama Mise-*
no : ignoro quien sea > pero viéndolo
vos podréis conocerlo , y salir de la du­
da. Solo puedo aseguraros, que si la co­
rona se debe á los méritos, ninguno lá
puede ceñir con mayor justicia que él*
16 Parte con esta noticia alboroza*
do el Caballero , sube la montaña , y
halla á Miseno bien desprevenido. Lá
barba larga , el vestido grosero, y él
traje rustico havian mudado su figura;
mas ninguna mudanza se advertía enGou-
borek, ( valido intimo de Lesko, Uamaáo
el Blanco) que era el Caballero que ve­
nia con la embaxada. Apenas;:le vio*
quando le conoció Miseno : asústase , y
queda suspenso , previendo que alguna
gran novedad venia í interrumpirle el
sosiego que gozaba en aquel dulce reti­
ro. La voz de Miseno certificó al Caba­
llero de quién era. Iba á arrojarse á sus
píes, como á los de su Soberano ; mas
Miseno no quiso consentirlo de ningún
modo. Pasado el momento de las admi­
raciones recíprocas, dixo Gouborek de
esta manera:
1 7 Señor, si el amor déla patria,
° 4 y
243 el HOMBRE FELIZ.
y de los hijos no es contrario^ la Filoso­
fía que profesáis, tiene en vos la Polonia
todas sus esperanzas para evitar el ul­
timo precipicio , h. que la falsa política
la ha llevado. Todas las subterráneas, c
infernales cavernas , forjando sin cesar la?
saetas mas penetrantes, y envenenándolas
en la sangre de los dragones déla laguna
Estigia, 110 fueron bastantespara proveer
de armas á esta monstruosa furia de la
política , que en Ja Polonia no hace sino
soplar la mas deplorable discordia , no
solo entre los vasallos y el Soberano,
sino también entre todos los miembros
de esta indomable Monarquía* Ya sabéis
Ja repugnancia que todos los Pueblos te­
nían en que Lesko subiese al trono , si
él no medesterraba de JaCorte. La infe­
liz confianza que este Príncipe tuvo des­
de sus primeros años en mis consejos,
íes atemorizó de suerte , que le negaban
la obediencia , como visteis, si no me
separaba de sí. V o s , Señor , sois testi­
go , que con exemplo raro prefirió este
Príncipe un amigo á un trono.- Juzgad
ahora con quánto mayor vinculo se de­
bía unir mi corazon á quien me daba
prue-
L IB R O X IV . 24?
pruebá de tan extraordinaria amistad.
Desde aquel momento >pues, vivía Les-
Ico en m í, y yo en é l: una sola alma
animaba los dos cuerpos, un solo enten­
dimiento habia en los dos , una sola vo­
luntad. Subió en fin Lesko al trono,
quando lo dexasteis vos, porque el en­
tusiasmo de aquel Pueblo guerrero se ol­
vidó en el fervor de un triunfo de las
máximas políticas , que siempre había*
adoptado. Ahora, pues reviven estas; y
como vivoras escondidas por mucho
tiempo en el seno de la madre que las
engendró > engrosaron sus furiosas cabe­
zas, refinando su veneno. Hoy mas que
nunca está el Rey unido conmigo , y los
Pueblos mas que nunca orgullosos no
pueden sufrir , quá yo le ayude i mane­
jar las riendas del gobierno , quando los
brutos están casi tomando el freno con
Jos dientes para precipitar del todo el
carró de la Monarquía. E l Rey T ó sea
desconfiado de sus fuerzas , ó ciego de
mi amistad , de ninguua manera quiere
que me separe de él que es lo que y a
deseo , y él debería elegir* En está si­
tuación os aseguro > que tanta honra me
2 50 EL HOMBRE FELIZ.
aflige , y que tanto carino me despeda­
za las entrañas. E l vé mi aflicción * y
esto duplica Ja suya. Por eso me envia
aquí , para que vos compadecido del es­
tado miserable en que se hallan vuestro
Soberano , vuestra patria , y Jos que ya
fueron vuestros hijos , queráis volver al
trono que coa tanta paz ocupasteis,
18 Los Pueblos acordándose de vues­
tro suavísimo gobierno > á cada momen­
to os nombran : no suena en las asam-
blas otro nombre , que el de UJadislao:
los viejos lo pronuncian llorando de pe­
na de haberos perdido: Jos mozos con
rabia ; y hasta los niños bebiendo en Ja
Jcchc el afeito de los padres , están
aprendiendo á hablar , pronunciando
vuestro agradable nombre. En una pala­
bra t todos con ansia os desean. Eí Cie­
lo se vé cansado de Jos votos que se le
hacen dia y y noche , para que os descu­
bran los que ignoran quál sea la ventu­
rosa Ciudad que os posee , y si lo su­
piesen 7 todos vendrían aqui á llevaros
en triunfo. Solo Lesko tenia algunos in­
dicios de vuestra habitación escondida Ty
él mas que todos os pide que no negueis
LIBRO XIV. 2 fi
a vuestra madre la patria este socorro en
su ultima ruina: que concedáis á vuestra
sangre el remedio único de su aflicción
inconsolable: que os acordéis que él es
vuestro primo , y vuestro amigo : que
ya os cedió antes Ja corona : que solo
por fuerza la recibió de vuestra mano,
quando Ja dexasteis : que si la incons­
tancia de los Pueblos os ofendió , bien
arrepentidos se muestran ahora de su pri-
mer yerro ; que de esta vez seréis mas
obedecido, pues que os aman con pre­
ferencia , y siempre los yerros del prin-
cipio fueron ensayos del acierto de los
fines. Esto dixo¿ y postrándose en tierra le
quería besar la mano, llamándole su So-
’ berano.
19 No profanéis ese titulo fie di­
xo Miseno enfadado), que solo sede-
be & vuestro legítimo Monarca , y á nin­
gún otro se aplica. Diréis á mi primo,
que no conviene resistir al Cielo por obe­
decer á nuestro capricho > y paciones:
que asi como no es licito aspirar al tro­
no quando el Cielo no nos llama y tam­
poco es permitido descender de él quan­
do eJ brazo soberano nos ha colocado
allfi
252 E L H O M B R E F E L IZ ,
a lli; y que Dios , de quien dimaná íck
do poder, y soberanía , está obligado í
dar fuerza competente alas manos , don­
de éí con la suya puso el cetro. La expe­
riencia me hizo ver, que las mías no eran
propias para manejarlo , y por eso , no
obstante que los hombres me Jo quisie­
ron dar , me lo arrancó el Cielo de ellas.
Y o solo sé quinto él me pesaba , y que
mi cabeza no podia sostener la corona,
que tanto me oprimía. Los Pueblos se
disgustaban , Lesko lo presenció , vos
mismo lo visteis. Mi padre tres veces su­
bió al trono y otras tantas se vio
obligado á descender de él la muerte
Je recogió en sus brazos , conduciéndole
al descanso despues de una vida tanta agi*
tada con las alternativas de la fortuna;
¿ y estaré yo obligado á heredar de él
la misma funesta alternativa ? Quiero
pues , aprender con el exemplo ageno,
quando tan cerca lo tengo , las máxi­
mas convenientes para burlarme de la
fortuna.
20 Debo amor á los Pueblos , á la
patria y á la sangre: no puedo negar­
lo 5 pero este mismo amor me obliga í
acón-
LIBRO XIV; zjf
¿consejaros lo que conduce ál bien de
todos, Lesko nació para reynar en Polo­
nia : yo lo conozco , y conozco también
el trono. Sé mejor que todos si el uno
se ajusta con el otro. D ecidle, pues,
que sepa vencerse í sí mismo > ya que
ha triunfado de los demás: que si los
enemigos nopudieron vencerle, no quie­
ra ahora ser arruinado por causa de un
amigo y que las pasiones, que eran al­
gún dia las mas inocentes , y mas justas,
se convierten muchas veces en defe&os,
quando las circunstancias se mudan. En
el principio del gobierno le erais vos ne*
resario , ahora le es nociva vuestra asis­
tencia. Entonces fue heroysmo preferir
¡un buen amigo al trono , ahora es crimen
preferir al bien del público la particular
amistad. Entonces Ja desconfianza de las
propias fuerzas en un empeño nuevo y
en edad tan tierna fue prudencia , ahora
despues de Ja experiencia, y madurez es
cobardía. ¿ Qué dirán los Pueblos , si su
Príncipe losabandona por un solo vasa -
Jlo ? Un hombre debe estimará su ami­
go ; pero solo debe dar por esta amistad
su justo precio } y no debe conservarla í
eos-
254 EL HOMBRE FELIZ*
costa del publico. \ Que dirían de unpá^
dre, que por el simple gusto de Ja asis­
tencia de un amigo dexase que sus pro­
pios hijos se. degollasen mutuamente sin
acudir á evitar en su casa tan funestos’
desastres ? Pues lo mismo dirán de mi
primo j si por el ocioso , y femenil gus­
to de teneros á su Jado dexase caer la
Monarquía en las rebeliones > y guerras
civiles que la amenazan. Sí yo fuese tan
indiscreto , que aceptase Ja oferta del
trono > seríais vos el odio de Ja Monar­
quía j viendo todos , que fuisteis Ja cau­
sa de que quedasen privados de un Prín*
cipe tan sabio como es vuestro Sobera­
no : un Príncipe ta l, que él solo puede
hacer toda Ja felicidad de los estados.
¿ Qué mayor daño podrían causar los
enemigos en una batalla campal, en que
llevasen prisionero á Lesko? Lo que ha­
rían , fuera privar á sus vasallos de un
gran Monarca, y robarles el mejor pa­
dre á sus hijos. Pues otro tanto hace el
funesto tema de vuestra mal ordenada
amistad. Vos seréis mirado como un tray-
dor, pues por el interés de! valimiento
consentís en esta universal pérdida , sa-
LIBRO XIV/ 255
orificando la patria i vuestra ambición,
ó á la pasión ciega del amor.
21 No , amigo mío , si hasta aquí
fuisteis digno de la amistad de vuestro Mo­
narca por los buenos consejos que le ha­
béis dado, ahora no lo seréis si le a pro­
báis esta resolución tan indecorosa. Mien­
tras mi primo os vé, no tiene su corazon
valor para deciros , que os apartéis de su
lado; pero ahora en vuestra ausencia pue­
de respirar del cautiverio: cautiverio, di­
g o , bien que suave > pero funesto. Vos
ahora retiraos, y desde vuestro retiro
escribid & mi primo estas razones.
22 Si sois amigo de vuestro Sobera­
no , también sois Polaco „ y debeis mu­
cho á vuestra patria y cuya deuda es muy
antigua, y la que os dió el ser no debe
posponerse al que solo os aumentó la
fortuna. De vuestro retiro se seguirá la
tranquilidad de los Pueblos , la paz del
Soberano , la mutua armonía entre ellos,
y el bien general de los estados , al paso
que si insistís en condescender con mi
primo í su mal dirigida pasión , él se
pierde, vos seréis aborrecido, y la patria
se arruina del todo.
Por
z¿6 EL HOMBRE FELIZ,
2 5 Por lo que á mí toen 5 él y voí
podéis estar seguros de que nunca apro­
bare por ningún interés lo que mi razón
condena. Decid i Lesko , y decid á to­
do el mundo ; que yo quiero trono mas
a lto , corona mas noble , victorias mas
gloriosas. Omero reynar sobre nús pasiones,
y triunfar totalmente de ellas : esta es mí
respuesta decisiva,
2 4 Esto dixo con un ayre tan rna-^
gestuoso j y resuelto, que Gouborek no
se atrevió á replicar ; y protestó obe­
decerle en todo con el mayor respeto,
y rendimiento. A este tiempo llegó un
criado de la Princesa , que pedia á Mise-
no ofreciese á aquel Caballero hospedage
en su Palacio , supuesta la aspereza de
aquellos desiertos montes. Miseno lo hi-
20 con urbanidad política, encargándole
el secreto de la persona , y de la emba-
baxada , lo que prometió retirándose
bien triste.
25 Fue Gouborek hospedado por la
Princesa con magnificencia, y urbanidad,
reynando mutuamente la política con la
que ocultaba el estrangero los secretos
de su erabaxada, y los huespedes el co-
no-
LIBRO XIV. 257
ñocimíento que tenían de la persona de
Miseno , cuyas bellas qualidades eran el
asunto de la conversión , que con estudio
urdían unos , y cortaban otros. Mas
al día siguiente , quando se retiró agrade­
cido , por algunas palabras que se 1c es~
caparon al Embaxador 7 sospecharon los
dos hermanos el motivo de su diligencia,
y su resulta , creyendo Gouborek , que
no tenian aquellos Príncipes el menor an­
tecedente para entender sus ambiguas ex-»
presiones*
2 6 Mismo por su parte quedó cui-*
dadoso despues de la embaxada de Lesko;
pero confirmándose en su antiguo pensa­
miento , se decia í sí mismo ; ¿ Quanto
mas glorioso sería Lesko , si quisiere rey-
nar sobre sí, y domar sus pasiones? In­
feliz es todo hombre que se dexa llevar
de ellas * aunque la pasión sea la mas ino^
cente , porque siempre viene á ser arras­
trado por otro , lo que ( aun por el me­
jor camino ) es indigno , y dañoso. No
se atreve mí primo á violentar su cora­
zon : le duele quando le oprime s y esto
á todos sucede. Obre , pues , como qui~
siere , que yo á toda costa he de insistir
T m . II* ÍJs
EL HOMBRE FELIZ.
«n reprimir siempre mis pasiones. Muchas
circunstancias me han de suavizar este
trabajo , porque por una parte la fuerza
de las pasiones 5 quando se sujetan, siem­
pre va á menos , al modo que faltando
el pábulo á la llama , cada vez se debi­
lita mas hasta que por sí misma se acaba*
Por otra parte las fuerzas del alma se
aumentan con el exercicio de la batalla*
¡ Qué vigoroso no se halla el brazo del
soldado veterano , que por largo tiempo-
ha manejado el escudo , vibrado la lanza,
esgrimido la espada ! ¿Qué cosa hay que
no sea difícil al principio, y que no ven­
ga i ser fácil con el uso ? ¿ Y no sucede­
rá la mismo en esta empresa de vencer*
rae á raí propio ? Animo , Uladislao,
triunfen los demás de los brutos , de los
barbaros , ó de sus enemigos, que yo
triunfaré de mí mismo. Sé que además
de lo que me ha costado , aun he de tra­
bajar mucho * Estoy viendo desde lejos
mil combates ; pero no importa. No pue­
do ser feliz de otro modo > y no quiero
por eso dexar de serlo. T al vez todo el
infierno se armará contra mí para hacer­
me retroceder de mi empresa. Sea enho-
ra*
LIBRO XIV.
rabuena , que también el Cielo estará de
mi parte para ayudarme. La luz, de la r ¿ -
z,on , que es Ja voz del Ser supremo , ha
de ser guia de mis pasiones : esta luz ha
de ir delante, y despues ellas la deben
seguir. Piensan los mas , que ya las ten­
go totalmente vencidas , y muertas; pero
se engañan* Los movimientos repentinos
que en mí siento , me muestran y que
aun están vivas , aunque refrenadas , y
siempre me es preciso estudio , vigilancia,
y cautela; porque como las pasiones no
mueren hasta que morímos nosotros, so*
lo con la muerte debo cesar de este cui­
dado. Asi hablaba Miseno , y asi se ani­
maba él mismo í proseguir en su empresa.

L I*
L I B R O XV.

'í T ^ E sesp erad o se volvió Gouborek


B y con la respuesta de Miseno , y
confusa se retiró í las infernales cavernas
la furia de la política , viendo , que ni la
oferta voluntaria de una corona tan desea­
da movia á el Héroe. Las pasiones (deciá
la política) están ya en él un amortecí*
das, ó tan avasalladas, que ni este esti­
mulo tan vivo, y penetrante las puede ha­
cer salir ni un punto de Ja regla de la ra­
zón por donde las encamina. En vano me
valí del amor de la gloria , y de la ambi­
ción del gobierno : en vano solicité el
amor de la patria , y de los pueblos : el
amor de la paz , y del público sosiego: en
vano fue despertar el deseo de las delicias,
y de las riquezas : en vano llamé á mi so*
corro la mentira , y la lisonja , el engaño, y
la baxez,a. En vano tenia dispuesto á su en­
trada en Polonia la sedición, y las intrigas,
la inconstancia , y el vil interés* Todas es­
ta* furias estaban prontas á ayudarme, ex-
LIBRO XV. %61
titando cada una Ja pasión que le corres­
pondía, y no podría escapar de mis lazos,
si una vez cediese á qualquiera de estas pa­
siones; pero todo fue inútil , y uome de-
xó entrar en su corazon por ningún lado*
2 Ya el ánimo de Lesko arrepentido
de Ja oferta se preparaba para encerrarle
pérfidamente en una mazmorra : ya tenia
yo dispuestos los malcontentos para una
rebelión , y motín descubierto , si Ula^*
dislao se llegase í presentar: ¡Ah , y que
rios de sangre correrían! ¡ qué estragosl
¡ qué horrores! ¡ qué maldades no viera
yo para mi glorioso triunfo , si su cora­
ron se dexase mover de qualquier leve
p¿tsion, aun la mas inocente , porque en
todas habia ya derramado veneno! V e­
neno suave pero eficacísimo , que si uní
sola vez llegase Uladislao á tragarle sal­
dría yo triunfante, perdiendole , é impi­
diendo que á nadie enseñase esta tan per­
niciosa do&rina. Dixo , y de repente
qual frenético desesperado , se muerde,
despedaza , y espumea , volviendo con­
tra sí propio su loco furor ; pero la pa­
sión de la ternura , compadecida de la
aflicción de su compañera , se ofreció í
K i la
%6z EL HOMBRE FELIZ*
ía empresa , y á disminuir el mal Con
nueva astucia , ya que no se podía evitar
del todo ; y á este fin intenta separar al
Conde de la compañía de Miseno.
3 Sea enhorabuena , Uladislao ( de-
cia ella ) Héroe completo en los montes;
mas no comunique sus máximas á quien
ha de vivir en las Ciudades. De este mo­
do siempre saldré triunfante , si no de
su persona , á lo menos de su dodrina,
Apenas dixo * tomo la figura de Branca-*
mano Palatino de Hungría y y confiden­
te particular de Andrés , R ey de los
Húngaros , casado poco antes con una
hermana del Conde. Tenia la infernal
furia el mismo aspefto , y el mismo ta­
lle. La voz , el ayre , el trago en nada se
diferenciaban , y asi se presentó acompa­
ñado de un simple criado í la puerta
de la Princesa á tiempo que ella > y el
Conde salían el día siguiente para visitar
á Miseno. Qyedaron suspensos con su
vista, informáronse de la salud de su
hermana y í quien amaban cordialmente,
y le preguntaron el motivo de tan no
esperada visita.
4 Jamás hubo engaño tán completo,
ni
LIBRO XV. z6$
n! apariencia mas perfectamente imitada.
La furia infernal en su exterior represen­
taba la prudencia , y dulzura , la grave*
dad , y modestia propia del Palatino,
E l R ey mi Señor, ( le dixo al Conde )
me manda acordaros Ja palabra que le
disteis en el siempre memorable dia en
que vuestra hermana subió al trono; en
aquel alegre dia , que en dulce , y per­
petuo lazo unió su mano , y su corazon
con la del Regio esposo. Entonces aquel
voto que habia hecho á Dios , prome­
tiendo í su Ministro ir í la Tierra San­
ta para arrancar de Jas manos de los in­
fieles el sagrado Sepulcro del Salva­
d o r » aun no estaba cum plido; aun
no ha agradecido al Cielo los bene­
ficios que de él recibió ; aun se conside­
raba cubierto con la negra 3 y horrible
mancha de ingrato. Por eso su corazon
cemia * su alma confusa se avergonzaba
de sí misma , y cada vez que miraba al
Cielo , le parecia que le acusaba; de for­
ma , que sí le veía risueño , y alegre , se
confundía mas de su floxedad , y pereza;
y si le veía en cólera > y furor , dispa­
rando saetas de fuego , se hallaba atemo­
EL HOMBRE FELIZ.
rizado , juzgando que él era el único1
motivo de su enojo.
5 En esta aflicción ; que disminuía
mucho el gusto de aquellas bodas le dis­
teis vos palabra de ir á la Tierra Santa
en su lugar mientras é\ no tomaba el Es­
tandarte de la Cruzada para ir con un
buen numero de Caballeros á reforzar el
Exército de los Latinos, que llenos de
gloria * y merecimientos militaban por
el honor de su Dios. Aun se acuerda el
R ey del sitio , de la hora , del momento
en que lo jurasteis delante del Cielo, y de
la tierra , y los pusisteis por testigos de
vuestra palabra > con cuya promesa des*
cansó. Bien visteis que tenia justa discul­
pa , porque el cariño de una esposa nue­
vamente recibida en sus brazos, se lo
impedía , y este amor resfriaba su espiri-
tu marcial* Ni podia un coraron Heno de
ternura admitir aquel fu ro r, que pedi*
Ja guerra.
6 Vos mismo le aconsejasteis que ce­
diese por un poco al amor conyugal , y
visteis que vuestra promesa le alegró de
suerte, que vuestra palabra era su total
alivio , tanto , que despues de vuestra
par-
LIBRO XV. 265
pártidá , os veía en sueños montado en el
soberbio , y brioso caballo , que os dio
á este fin , adornado con su Real capa-
. cete, unas veces mezclado con los ene­
migos , y penetrando con su misma espa­
da Jas hileras de los infieles ; otras des­
trozando á unos , atropellando i otros*
é hiriendo por uno > y otro l a d o s i r ­
viendo de terror á los barbaros, de mo­
delo á los compañeros , de crédito á la
Religión , de exemplo al mundo* Vos no
sabéis quán dulce le era esta imagen, y
con qué gusto la repasaba en la memo­
ria de día quando asi se le figuraba de
noche. Entonces nos repetía contento las
deliciosas ilusiones de su alma , y este
era su mayor regocijo, ó su único sosie­
go , quando en dulce conversación con
su amada esposa, venia á perturbarle su
antiguo remordimiento.
7 A h o ra, pues, mas atormentado
que nunca , sabiendo que el amor de la
Princesa os retarda , me manda recorda­
ros Ja palabra que le disteis > y lo hace
también saber á ella , porque tal vez lo
ignora. Sabed , pues , que no obstante los
gravísimos negocios del Reyno que lo
2 66 EL HOMBRE FELIZ.
impedían , se propone dexar sobre mí
todo el formidable peso de la regencia
de la Monarquía para partir acelerado á
desempeñar su voto. En esta heroyea,
aunque tardía resolución , determinaba
recuperar todas las proezas perdidas:
queria ir á lavar , ó con la sangre del
bárbaro , ó con la suya propia su ver­
gonzosa lentitud. Todo estaba determi­
nado , y todo pronto. Ya habia endureci­
do (¡ah, y qué sacrificio era este!) y aha-
bia endurecido los oídos á los ruegos de
vuestra hermana : ya ( j mas qué pena !
¡qué tormento no sufría el R ey ! ) con
ambas manos sufocaba su corazon , que
gemía oyendo sin respuesta las lagrimas
de la amada esposa : ya un triste a Dios
comenzaba á separarlos, y separarlos tal vez
para siempre^quando vuestra hermana cayó
desfallecida > y apenas la pudo sostener en
sus brazos* Entonces despues de largo
espacio, en que ella estaba , ya temblan­
do , ya inmóvil, y fuera de sí como di­
funta , comenzó á decir en presencia de
to d o s: \Ay y las lanzas ! ¡ ay , esposo ! j ay\
M í cae atravesado : a llí exbata el almax
a llí fierde la vida : ya le atroftllan los
bru-
LIBRO XV. 2 ¿7
brutos y y& lo despedazan los barbaros:
yd : : : En este momento un nuevo furor
anima su corazon , abre los ojos, y ve al
esposo: entonces recobra el perdido alien­
to ; mas para perderlo de nuevo , pues
¿penas acababa de volver en sí , quando
oye el cruel a Dios, Tres veces vi buscar
al R ey la puerta , y otras tantas le vi
volver atrás á mezclar sus lagrimas con
las de su esposa desmayada* Ah i si vo­
sotros lo hubieseis visto como yo lo pre­
sencié , no podriais de ternura reprimir
las lagrimas, que todos generalmente der­
ramaban.
8 Entonces yo ( perdonad si fue atre-
vido el consejo) dixe al R e y que suspen­
diese la partida , y que vendria á supli­
caros , que satisfaciendo la promesa,
dieseis un poco mas de desahogo á sus
corazones oprimidos. Apenas pronuncié es­
ta palabra , una nueva alma animó í
vuestra hermana , y un nuevo espíritu
vivificó aquellos corazones moribundos.
E l R ey me estrecha en sus brazos: Ja
Reyna no halla términos con que expli­
carse ; pero las lagrimas , la alegría , el
gozo j el semblante, y cl alma, todo ( sin
de-
268 EL HOMBRE FELIZ.
decir palabra ) me hablaba en ello. L a
Corte me lo agradece ; todos me instan:
yo parto en el mismo instante , y ya es­
toy aqui para llevar en la respuesta la vi­
da á vuestra hermana , el sosiego á mi
Soberano , el gozo , y alegría á ambos,
y el consuelo á los Pueblos; porquanto
todos temen perder en esta violenta se­
paración sus dos Príncipes, pues tan uni­
das están sus almas , y sus corazones tan
pegados , que siendo uno solo en dos
cuerpos, Jo mismo será separarlos, que
partirlos.
9 Esto dixo la ternura , y al mismo
tiempo una mano invisible derramaba
sobre el alma del Conde todos aquellos
atfe&os , que podian conducir al intento.
En su semblante se miraba el pesar , y
vergüenza de haber faltado á Ja palabra,
y su corazon sentía una suave, y com­
pasiva ternura para con su afligida her­
mana, El ánimo le ardia con la ambición
de la gloria , que su cunado con tanta
razón le ponderaba : de forma , que un
fuego marcial le abrasa las entrañas, y
no respira sino proezas , estragos , y
muertes ; la Princesa mudamente acusa­
da
LIBRO XV, 26$
53a del crimen que ignoraba 5 protesté
para su justificación , que no consentirte
á su hermano dilatar la visita ni un solo
dia , si en ello ha de ser pérfido á su pa­
labra , perjuro á los Cielos , é ingrato á
un tal amigo como el R ey su cuñado.
Esto mismo protesta el hermano , y am­
bos aseguran al fingido Embaxador, que
primero se embarcará cl Conde para la
Siria , que él pueda llegar á su Corte.
Pártese con esto la disfrazada furia 5 y
entra triunfante en las subterráneas caver­
nas , gloriándose de su bien discurrida es­
tratagema,
j o Mira el Conde í la Princesa sin
atreverse í decirle una palabra : pero ella
salíendole al encuentro , le dixo con áni­
mo resuelto, que convenia partir, y par­
tir sin dilación : que estrañaba mucho el
secreto que en aquella materia le habia
reservado ; y que pues la Religión > el ho­
nor , la palabra , ja gloria , el agradeci­
miento y el amor estaban empeñados en
aquella partida , no había que consul­
tar » sino que debia seguir prontamente
la razón; y que ya que estaban en cami­
no , era justo ir luego á despedirse de
27o EL HOMBRE FELIZ,
Miseno , pues ella dexaba orden para to­
do lo demás , que fuese preciso,
ii E l Conde no preparado para
aquel lance , iba de mala gana , movien­
do los pasos con mucha flema : alegaba
el cuidado en que quedaría la Princesa,
y el daño propio en 3a separación de Mi-
seno. Entonces conocia , y pesaba todo
el valor de aquella afortunada casuali­
dad ; y lamentándose cruelmente decia,
que mas le hubiera valido 110 haber co­
nocido semejante do&rina , que verse
obligado á abandonarla quando le era
mas precisa » y quando fundaba mayor
esperanza de hallar por su medio 1¿
felicidad , aquel gran bien , por el
qual habia suspirado siempre. Que has­
ta los dones del Cielo venian á servir­
le de tormento : que solo habia vis­
to la luz para conocer los errores en que
habia estado , y en que volvía á se­
pultarse de nuevo : que se hallaba co­
mo un naufragante , que despues de un
]argo , y penosísimo viage , llega en fin
al Puerto ; y quando va a echar los bra­
cos í su amada esposa, que alborozada
le espera sobre los peñascos de la playa,
LIBRO XV, 271
náufraga á vísta de ella : que asi era el;
pues quando ya estaba cerca de poser la
verdadera alegría 5 naufragaba miserable^
mente, viendose otra vez sumergido
en el profundísimo piélago de su me­
lancolía.
1 z Aqui se v íó la Princesa notable­
mente turbada. Era cosa cruel apartar de
su compañía un hermano , que tanto
amaba , y dura Ja separación de Miseno
en un momento tan precioso. Tendrías
valor ( se decia á s£ misma , luchando su
corazon con su discurso) , ¿ tendrías
valor para arrancar con bárbara mano
al tierno infante del materno seno , quan­
do comienza á respirar de un accidente
mortal , y vuelve á cobrar aliento? Pues
no es menos bárbara la violencia que ha­
go á mi hermano , quando por fuerza
le retiro del seno de la verdadera Filoso­
fía , en donde empezaba á recibir fuer­
zas , y alientos de vida. Esta contienda
producía en la Princesa el mismo silencio,
que causaba la melancolía en el Conde.
E l ayre les parecía turbio, el campo
mudado , el Cielo diferente. Y a no veían
aquellas pinturas agradables á un* imagi­
na*
2y2 EL HOMBRE FELIZ,
nación poética. Las aves estaban pará
ellos mudas , los zéfiros presos , las flo­
res mustias , las yerbas secas, y todo
desfigurado , porque los corazones esta­
ban tristes*
rj Al mismo tiempo Miseno pensa­
tivo forjaba en su idea retirarse de aque­
llos montes a un sitio donde no hubie­
se jamás memoria de él. Temía alguna
nueva embaxada , y que fuese el fo­
mento de alguna rebelión entre los des­
contentos del gobierno , si se llegaba í
divulgar en Cracovia la noticia cierta de
que allí vívia ; pero por otra parte el re­
tiro de aquellos montes , la soledad del
sitio , y la tranquilidad de la vida le en­
cantaban. Además, su edad ya cansada,
y natural constancia , que los años,
y discursos maduros inspiran , aumenta-
tan su repugnancia en desamparar tan
amada soledad* indeciso fluduaba sobre
Jo que sería m ejor, hasta que al fin dexó
al cuidado de la Providencia la dirección
de sus pasos; apenas hizo esta total en­
trega de su corazon inquieto , levantó
los ojos al Cíelo * y con ellos su espe­
ranza , y le pareció que veía un gallar­
do
LIBRO XV. 275
do Caballero con una cruz en la mano
siniestra , y la espada en la diestra iba
moneado en un sobervio caballo, que sin
riendas , ni freno le iba precipitando* Pa­
só como un relámpago esta figura , y Mí-
seno confuso , ya acusaba á sus ojos , ya
i su imaginación , y ya los disculpaba á
entrambos.
1 4 En esto llegaron el Conde , y h
Princesa con paso lento , gesto melancó­
lico , semblantes pensativos; y Miseno
quedó admirado* Instruyele la Princesa de
la novedad , añadiendo que el Conde ve­
nia á despedirse , y agradecerle el bien
que le habia hecho con su sólida , é im­
portante doftrina. No mereció al Cielo
(decia) acabar de oírla >porque ya un na­
vio Veneciano pronto á partir de Aker-
man le espera, y debe salir en breve tiem­
po* En fin , triunfó de ¿1 su infelicidad.
Aquí la sofocan las lágrimas. No digáis
eso , Señora , acudió Miseno lleno de ter­
nura: en todo lugar que os acordéis»
querido hijo mió , de mis consejos, los
hallaréis de suma utilidad , y provecho:
no está la felicidad anexa á estos mon­
tes y ni es producción particular de estas
Tom, JI. S ro-
2 74 EL HOMBRE FELIZ.
rocas : el corazon del hombre es el ter­
reno en que nace esta planta , y á qual-
quier parte que vaya puede llevar con­
sigo su felicidad r el caso solo está en
saber cultivarla. Tened ánimo, y acor­
daos de lo que habéis oído: reprimid
vuestras pasiones, aunque os cueste mu­
cho : gobernadlas por la verdadera Filo­
sofía , que ella os conducirá como en
carro triunfante, al fin que desde la cu­
na habéis deseado, Y vos , Señora , mo­
derad vuestra pena ; y pues la ley sobe­
rana le obliga á partir , habiendo jurado
delante del Cielo ir á defender su cau­
sa contra los bárbaros , el mismo Cielo
Je protegerá en sus intentos, y le con­
ducirá á la solida felicidad.
if No tienen mis lágrimas solo el
motivo que pensáis ( respondió la Prin­
cesa ) otra lanza me hiere el corazon , y
sería necesario tenerlo de hierro , para
que no me Je penetrase. Sabréis que aho­
ra acabo de ver la acción mas bárbara
que jamás vieron mis ojos. Encontré en
el camino á un niño ( perdido natural­
mente de sus padres ) que venia exhalan­
do su inocente alma á violencia de la
sed :
LIBRO XV- 27í
sed : sus pequeños píes trémulos , y vaci­
lantes le hadan caer á cada paso : la len­
gua pegada al paladar , apenas le dexaba
formar palabra. Tomolc por la mano , y
casi fue preciso llevarle en brazos por su
mucha flaqueza. Llevóle á la puerta de
una bella quinta , de donde se veían sa^
lir rios de agua, que se perdía en la
tierra. Hablo á su dueño : dame un gran
vaso de ella tan fresca , y cristalina, que
solo al verla consolaba al niño. Ponesela
ansioso en la boca ; pero fuese flaqueza,
ó fuese apetencia demasiada , apenas la
habia aprobado , quando se le cae el va^
so , el agua se derrama , y la sed se le
enciende mas á presencia del bien que ha­
bia perdido. Pido al dueño de la quinta,
que repita la diligencia ; mas él aplicado
á su trabajo , ó llevado de su descanso,
cierra la puerta : y me dexa con el ino­
cente en los brazos desfallecido , y llo­
rando. Quiero , y busco darle remedio,
y no le hallo : desde ese Lugar hasta
vuestra cabaña no encuentro quien pueda
darle socorro , y no me atrevo i pediros
que vayais tan lejos á remediar su aflic-*
cion, y la mia j pero no perezca el por
S 2 bre
27¿ EL HOMBRE FELIZ,
bre sediento por mi culpa , y como él
respire , yo recibiré gustosa Ja nota de
importuna,
16 No pudo Miseno contenerse : de­
xa la hazada con ímpetu , levanta las ma­
nos al Cielo > caensele las lágrimas &
fuerza de la ternura : toma el cayado , y
emprende á baxar la montaña > pidiendo
con grande ansia que le diga el sitio; quan­
do la Princesa le detiene por el brazo, di-
ciéndole.
18 No está muy lejos el afligido , y
creo que aún respira : si quereis socorrer­
le , bien lo podéis hacer. Aquí le teneis;
y diciendo esto , le pone delante de los
ojos al Conde. De bien lejos viene corrien­
do , y ardiendo en sed de la verdadera
felicidad. Sus entrañas secas r y abrasa­
das casi hacen huir la alma sedienta de
la triste morada en que vivia oprimida.
Y o sin saber cóm o, le conduxe por Ja
mano á esta feliz montaña > de donde
veo salir la alegría en torrentes que no
pueden estancarse. De la que rebosa co­
menzaba á beber , quando el hado le ar­
rebata , y mas sediento que nunca de esa
agua gustosísima , que llegó í probar,
veo
LIBRO XV, a77
veo que va á perecer al primer paso, que
se aparte de m í , y de v o s ; de v o s , que
comenzabais á darle nueva vida , y nue­
vo aliento* ¡Pero qué niño, qué tierno, que
flaco se halla aún su espíritu en esta nue­
va Filosofía ! ¡Qué visoño , y qué extraño
no se hallara en los peligros, y lances que
se le preparan ! ¡ A h , que sí vos quisieseis:
mas si es locura pensarlo, [qué crimen se-
rá el pedirlo i Pero si como acabais de de­
cir , no está ligada í estos riscos la felici­
dad del hombre; sj á qualquiera parte que
el hombre fuere , lleva su alegría ; si nin­
gún suceso os puede privar de ella, vos po­
déis : ; pero: : ¡ Ah , Dios mío , y qué
aflicción es la mia ! Calló la Princesa, y
lo restante lo dixeron las lágrimas.
i 8 Miseno quedó un poco suspenso:
levanta los ojos al Cielo , luego los vuel­
ve á baxar , inclina la cabeza sobre las
manos, que tenia afirmadas sobre el caya­
do, y reflexiona que el Conde tomando
la cruz para ir á la guerra de la Tierra
Santa , si no lleva consigo un amigo que
le dirija , y sujete sus pasiones , será co­
mo el Caballero que poco antes habia vis­
to montado sobre un caballo furioso , y
S 3 sin
i 79 EL HOMBRE FELIZ,
sin freno. Entonces entendió que no de­
bía negarse k lo que le pedían , y que U
Providencia lo determinaba así. Pasado ua
largo rato , levanta la cabeza , y con un
ayre sereno Je dice : amigo* tendréis com­
pañero, que os seguirá adonde quiera que
fuereis, si pensáis seriamente seguir la ra­
zón en todas vuestras acciones. No pue­
do enseñaros con mayor energía la doc­
trina que be dicho , sino sacrificando á
vuestro bien toda mi tranquilidad ; por­
que soy de opinion que nada puede hacer
un hombre que le semeje mas á Dios , ni
le haga mas agradable á sus soberanos
ojos , que trabajar en hacer feliz á uno
que jamás lo ha sido. Y o soy el primero
que me pondré en camino. Vam os, hijo
jnio : no quiero , Señora, que perezca por
mi culpa el inocente sediento. Esto dixo;
y sin entrar en la cabaña comenzó í ba­
xar del m onte, quedando enmudecidos
]a Princesa , y el Conde : tan grande era
la admiración, que ninguno se atrevia á
hablar.
19 Vuelta en sí la Princesa del pas­
mo en que semejante acción Ja habia pues­
to > le parecía que era todo sueño. ¡ Y
/
co-
LIBRO XV, t 79
cómo es posible esto ! (se decia í sí mis­
ma llena de confusioti , y enagenada) ¡un
Soberano > que desprecia un crono des­
pues de poseerlo, quiere seguir á un man­
cebo ! ¡Seguirlo sin saber adonde! ¡Se­
guirlo para experimentar , y sufrir la re­
beldía de su genio ,1a inconstancia de l£
edad, Ja oposicíon de las pasiones , la
locura de las preocupaciones , y los en­
cuentros de la guerra! ¡Seguirlo sin saber
el fin de la empresa , y seguirlo sin otro
intento que hacerle bien aun i costa de
tolerar todos los males ! ¡Y yo me atre­
ví í pedírselo! jY yo pude consentir en
mi idea pensamiento tan arduo , y tan
imprudente ! Entre tanto arrojado el Con­
de á los pies de Miseno , sollozaba, es­
trechándole fuertemente consigo > sin po­
der explicarse , aturdido con la inaudita
benevolencia del Príncipe. Entonces vio
con claridad, como quando de repente
se rompe la nube densa , que encubría al
Sol ; vio d ig o , todo lo que Miseno le
habia enseñado de palabra , y que por
su respeto lo iba á poner por obra ; y
luego que las lagrimas hicieron treguas,
con dificultad pudo explicarse en estas
S4 po-
a8o EL HOMBRE FELIZ.
pocas voces: S í , yo os seré fiel , vos
sereis Señor de mi alma , y en mí no ha-
bra otro querer sino el vuestro.
20 Recobrada entonces la Princesa de
la confusion , puso los ojos en Miseno, y
le dixo : Señor > llena de pesar, y sumer­
gida en un abismo de confusion jamás ex­
perimentado* os j liego me perdoneis el in­
disculpable atrevimiento de pediros lo que
os pedí. Ves asi lo quereís: sea enhora­
buena; pero os ruego que lo hagais por
acción graciosa de vuestra beneficencia,
y por ningún modo sea efefto de mi sú­
plica ; pues retrasando mi loca osadía*
esto es solo , lo que os pido , que lo ha­
gáis por vos, ó por el Ser supremo , á
quien quereís consagrar en mi hermano
una estimable ví&ima ; pero no lo hagais
por mi atención. No ; porque seré infeliz,
viéndome toda mi vida agoviada con el
peso inmenso de un tan extraordinario
favor. No esperéis de mí otro agradeci­
miento , sino una sincera confesion de
la verdad de las máximas.» que me ha­
béis enseñado; y la aplicación que haré de
ellas en mí misma, y en mis hijos, está
será mi única gratitud ; porque en la rea-
LIBRO XV, 28 i
lídad sola vuestra virtud será vuestra ver­
dadera recompensa. Sí; porque no espe­
ra otra quien hace como vos una acción
tan heroyea, Mientras que así obrareis,
Señor , forzosamente habéis de hacer in­
gratos , porque no pueden los hombres
corresponder dignamente a semejantes
acciones ; mas ya veo , que para no ha­
cerlos tales solo os miráis á vos , y a el
Ser supremo que os ilustra , que os inspi­
ra , y que os mueve. E l será, pues, quien
os dé el premio,
Z 1 Así es , Señora (le respondió M i­
sero). Despues que conozco el corazon
humano acostumbro obrar de este mo­
do : nada espero de la criatura , porque
me anima otro motivo mas noble. Quan­
do obro bien, amo á Ja virtud en sí
misma solo porque es virtud , porque la
luz de la razón me dirige , y porque la
voz de quien me formó me llama para
executarla: amo la virtud , porque es un
reflexo de la hermosura infinita, que res­
plandece en ella , como los ojos aman el
reflexo del sol, que brilla acá baxo en
ias aguas. De este modo nunca me hallo
engañado con el extraordinario procedí-
míen-
282 EL HOMBRE FELIZ.
miento de los hombres ; y únicamente sí
Díos mudase su naturaleza > si la virtud
no fuese virtud , y si el bien fuese de­
testable, solo entonces podria yo arrepen*
tirme de haberlo abrazado. No quiero¿
hijo mió (dixo volviéndose al Conde) : no
quiero que doméis vuestras pasiones por­
que yo os lo pido y ni porque mi amistad
lo merezca ; no : solo quiero que las su­
jetéis , porque 3a I112 de la razian lo man­
da , y porque el soberano - Ser , que 0$
dio la vida, y que os ha de dar la verdader
ra felicidad » lo desea * y se agrada de
ello. Vamos á embarcarnos , y no se dis­
minuya por la tardanza la perfección del
sacrificio.
22 Con esto se pusieron en caminoj
y recobrando la Princesa su estilo antir
guo para disimular la amargura de la so­
ledad que sentia , comenzó í divertirse
con sus gracias , describiendo poética­
mente las proezas militares, tjue se pro­
metía de su hermano. Miseno, despues de
consentir que un discurso jocoso alegra­
se el corazon oprimido del Conde , ata­
jó las inciertas esperanzas , que podían
engañarle , y le dixo así:
LIBRO XV, 383
25 Hijo mió , no os dexeis enamorar
de un gusto > y de una gloria, que es vil
é incierta , pudiendo dexa ros encantar
de otra mas sólida, y segura , que te-
tieis en vuestra mano* La victoria de íos
enemigos en Ja guerra es muy dudosa.
Hablo como quien toda su vida se exer-
citó en las armas, porque eso depende
de los compañeros, depende de los ene­
migos , depende de Ja casualidad : de
suerte , que los mayores Generales han
sido vencidos muchas veces. Si dexais cre­
cer en vuestro corazon estas esperanzas,
que cl deseo inventa, y la vanidad acre­
dita os esperan grandes disgustos , por­
que muy floxo ha de ser vuestro cora­
ron , si no pasa mas allá de Jo que la in­
constante fortuna le prepara. No , hijo
mío , tened pensamientos mas nobles , y
menos arriesgados. Derramar sangre hu­
mana , vencer Capitanes, atropellar hé­
ro es, talar campos , arruinar muros,
asolar Ciudades, abrasar edificios, ha­
cer perecer de hambre, y sed las Po^
bíaciones enteras, obligar á muchas ma­
dres i que se vean en la dura necesidad
de sustentarse de sus propios hijos ( co-*
mo
284 EL HOMBRE FELIZ.
mo ha sucedido ) eso lo hacen las fie­
ras en los bosques , los bárbaros en los
poblados y y los rayos del Cielo en los
campos; y reflexionad , que es muy vil
la gloría en que pueden excederos las fie­
ras , los salvages , ó los tygres huma­
nos. No sustentéis vuestro corazon con
tan vil alimento : otra mayor gloria os
debe enamorar , y debeis procurar en
esta empresa , que es obligar a Dios ¿
que os atabe , y se agrade de ros , por*
que su esencial rectitud gusta de la vir­
tud sólida, y aplaude en el sublime Con­
sistorio todo lo que es verdadera heroy-
cidad, Id solo para dar testimonio á los
Cielos , y ü la tierra de que nada es
bástantela desviaros de vuestra obliga­
ción. Haced ver , que ni las delicias del
tálamo i ni el amor de la Princesa , ni
los horrores de la muerte , ni (lo que es
m as) las pasiones del corazon humano
pueden deteneros de que vayais á obse­
quiar vuestra Retigiony ó librándola del ul-
trage , ó sacrificándole la vida.
24 ¡ Ah ! que dec/s bien ( replicó
la Princesa). Nunca, amado hermano mió*
nunca os será mas necesario el vencer las
pa-
UBRO XV. 285
pasío-ncs, que en la presente guerra* Po­
ned delante de los ojos & los que os han
precedido en esta empresa , y veréis, que
las pasiones que ellos no supieron ven­
cer y ó les disminuyó , ó retardó , ó
hizo casi inútiles sus vi&orias. Por nues­
tra desgracia tenemos muchas pruebas,
y bien recientes de lo que acabo de de­
cir, ¿Qyé impedimentos no pusieron en
la toma de Jerusalén los locos amores
de algunos famosos Caballeros , y la se­
creta envidia que habia entre ellos ? ¿Las
intrigas de los Príncipes Latinos , Ja opo-
sicion de las naciones , y la ambición de
los Capitanes? Y o no se cómo en medio
de mil desenfrenadas pasiones pudo tener
feliz suceso la conquista de aquella Ciu­
dad. ¿Pero qué importa que el valor la¡
conquistase , si una pasión fue causa de
que la volviésemos á perder ? Pa­
ra que no entreis , querido herma­
no , en una guerra con los ojos ven­
dados , os instruiré en pocas palabras
de la causa que os obliga á ir á expo­
ner vuestra vida para rescatar la Cruz dei
Salvador , y librar del poder de los bar­
baros su adorable Sepulcro, y mientras va­
mos
*8 <s EL HOMBRE FELIZ.
ir*os caminando, os puedo ir instruyendo,
26 Despues que Gofredo de Bullón
con valor mas que humano ganó á Je -
rusalen > y dexó este Reyno á sus succe-
sores y veo í su descendiente Amalarico
I. quien del primer matrimonio tuvo á Ja
Infanta SybiJa > que dio en casamiento á
Guillelmo de Longa-Espada , Marques de
Monferrato, y tuvo también á Baíduíno
IV* ; pero del segundo matrimonio con la
Princesa M aria, sobrina de Manuel Com-
meno, Emperador de Constancinopla, tu­
vo á la Infanta Isabel, que casó después en
primeras nupcias con Aufrido de Toron,
nieto del Condestable de Jerusalen.
26 Heredó la Corona Balduino I V .
y heredó también el valor , la pruden­
cia , el esfuerzo , y el arte de la guerra,
que tanta gloria habian dado á sus ante­
pasados : de suerte , que en vano Sala-
diño , Gran Sultán de Egipto , Saladino
el terror de la Asia , el segundo A lejan­
dro , el enemigo jurado del nombre de
D io s , el instrumento de todo el poder
de los infiernos , en vano , digo , le ata­
có cerca de Asea Ion , porque fue vergon­
zosamente vencido 3 pero no pudo Bal-
LIBRO XV. 287
duíno vencer las enfermedades , ni cu­
rarse jamás de la lepra , que le impi­
dió casarse. Puso entonces los ojos en
su hermana Sybila , que ya era viuda , y
para dexarle la Corona la casó con G ui­
do de Lusignan , de nación Francés , de
la casa de la Marcha , quien por puro ze-
lo de la Religión habia ido á visitar aque­
llos Santos Lugares. A este Principe, des-»
pues del casamiento , nombró Balduino
Regente de su Rey 110,
27 No sufrió Raymundo, Conde de
T ríp o li, la fortuna de Lusignan , por­
que hervía en su corazon la envidia , la
rabia , la malicia, y la intriga. Incitó
ocultamente a Saladino para que rompa
las treguas , no obstante haberlas jurado
por diez años. E l derecho de las Gentes*
la palabra de un Emperador , la ino­
cencia de los Pueblos , que habian de
ser inmolados a su furor, é intriga , na­
da detiene á Raymundo , porque este
crimen le era favorable. Insta, pide, rue­
ga , persuade, y a todo se ofrece. Admi­
te Saladino los consejos , y promesas del
Conde de Trípoli , y de repente con to­
do su poder cae sobre Palestina. Hálla­
se
283 EL HOMBRE FELIZ.
se el Rey de Jerusalen desprevenido , so­
bre desprevenido leproso , sobre leproso
totalmente ciego , y dexa á Guido de
Lusignan su cuñado el mando de las tro­
pas ; mas era para este delicado Prín­
cipe muy pesado el escudo, y el capace­
te le oprimía su floxa , y delicada fren­
te ; las manos acostumbradas al ocio , no
sabían manejar la lanza , y en estas cir­
cunstancias no sabe aprovechar el favor
de la vi&oria , que Jas armas de los L a ­
tinos ganaban por una mera costumbre.
Retiróse Saladino vencido , pero sin pér­
dida ; y Lusignan victorioso > pero sia
gloria , quedando todos irritados de la
indigna floxedad del afeminado General.
Sabiendo esto el R ey , le privó del go­
bierno con ignominia , y nombró por he­
redo de la Corona á su sobrino Baldui-
no V . hijo de su hermana Sybila , y del
Marqués de Monferrato Guiílelmo de
Longa-Espada > su primer marido. D e
esta manera, quitó la Corona al padras­
tro para ponerla en la cabeza del entena*
do , niño de cinco años* No tuvo Lusíg-
nan valor para sentir la afrenta ( prueba
de que la merecía); y no j>udiendo ser
go-
LIBRO XV. 28p
gobernado el R ey no por un R ey ciego,
ni por un heredero niño , se entregó
el manejo del cetro al infeliz , y detes­
table Raymundo , Conde de Trípoli ; el
qual mucho tiempo antes aspiraba á la
Corona de Jerusalen > sin mas derecho
que su ambición y sin mas merecimientos
que sus enormísimos delicos.
28 Muere el R ey oprimido de acha­
ques y de disgustos : y siete meses des­
pues nmere Balduino V , heredero de la
Corona ; ó fuese que el padrastro tiñó
sus manos ociosas en la sangre del -ino­
cente (digno triunfo de su bárbara pusi­
lanimidad ) ; ó que su propia madre Sy­
bila , queriendo heredar cl cttro de su
hijo , le privase con disfrazado veneno
Ja vida , que le habia dado. Lo cierto
es , que en el mismo dia de su muerte en
Jugar de lágrimas se notaron en el sem­
blante de la madre señales de gozo , y
alegría por verse aclamada Rey 11 a de
Jerusalen en la Iglesia del Santo Sepul­
cro , y su marido Lusignan colocado en
el trono.
2 9 Fue este dia de horror para to­
dos los Latinos : de forma ^ que su pro-
Tom. IU T pío
2?o EL HOMBRE FELIZ,
pió hermano Gofredo de Lusignan, Prin­
cipe de gran valor , y merecimiento, en
vez de celebrar la exaltación de Guido
al trono, se explicaba diciendo : Los
que hicieron Rey a mi hermano , me hartan
Dios á m í , se me buv'tesen conocido : tan
notoria era la indignidad de G u ido; tan
ciego el amor de su esposa para
con el.
30 Menos veneno bastaba para ha­
cer reventar dentro del pecho dei Con­
de de Trípoli su corazon inflamado. No
atiende mas que á ver cómo ha de ar­
rancar , aunque sea por fuerza , de la
sienes de Lusignan la Corona , para
ceñirla en las suyas. No tiene razón que
le favorezca , ni derecho que le asista,
ni votos que le ayuden , ni fuerzas que
Je socorran ; pero no importa , tiene am­
bición , y eso Je basta. Comienza í fo­
mentar una rebelión , diciendo , que la
Corona de Jcrusalen no puede recaer
en hija , que un cetro ganado á fuer­
za de espada debía siempre sostenerse con
ella, y que así ni Sybila , n¡ Isabel su
medía hermana , hijas ambas de Amal-
rico I. podían heredar aquel trono-
So*
LIBRO XV, z9 i
Sonaba bien esta opinion en los oidos de
los descontentos : atizóse el incendio*
amotináronse los Pueblos , y todo es­
taba dispuesto para una manifiesta rebe­
lión. Imagina entonces aquel monstruo
una nueva extratagema para conseguir
su intento , y manda decir por terce­
ra persona í la Reyna asustada v que él
se obligaba i mantenerle en Ja cabeza
la vacilante Corona , si repudiase á L u ­
signan , que era el odio de todos los
Caballeros, Esperaba el Conde de T r í­
poli que la Reyna en reconocimiento
de tan gran favor pondría en él los ojos
despues de repudiar á su marido , por
tener ya manejado su cetro* ¡Qué lo­
cura no se hace creíble á un entendió
miento preocupado de una pasión furio­
sa i Era Raymundo casado , y era ca­
sada Sybila , y cree , que rotos Jos
dos indisolubles vínculos podrá enlazar­
se con la Reyna para empuñar con ella
cl cetro,
j i Cede la Reyna á la propuesta»
y promete repudiar al marido , con. tal
que. los Caballeros hagan solemne jura­
mento de recibir todos por su legitimo
T z R ey
29¿ EL HOMBRE FELIZ.
R ey á quien ella escogiese por esposo.
Celébrase la funesta , aunque alegre ce­
remonia , de repudiar Sybila solemne­
mente á Lusignan , su esposo legítimo*
y alborozándose el Conde engañado de
sus vanas esperanzas , le parece que sen­
tía ya en la cabeza la gloriosa Corona,
y el cetro en su mano. Todo está sus­
penso , todo atento , todo en la mayor
espe&acion , quando Sybila , después de
recibir en el trono todos ios honores
de Soberana , desciende , de él para
escoger esposo. Siguenla los ojos de to­
dos : esperan mil pretendientes ser So­
beranos dentro de un instante : Raymun­
do cree que sin duda él debe ser el pre­
ferido ; y he aquí que Sybila , llegán­
dose á su marido repudiado , le da un
ósculo como á esposo ; y quitándose de
su propia cabeza Ja Real diadema , se
la ciñe , diciendo á toda la asamblea
Con agradable sonrisa y que no era h a ­
to á los hombres separar í los que Dios
habia juntado.
32 No arde én las entrañas del Ve­
subio mayor incendio , quando hacien­
do temblar la tierra , se prepara í vo-
. ' mi-
LIBRO XV. zn
xnitar llamas contra el Cielo , y aho­
gar i los mortales en ríos de fuego,
que el que ardia en el corazon del Con-
de de odio , de cólera T y de vengan?*
za* No hay trincheras ; que contengan
la fu Ha de su ambición ofendida.: la Rer
Jigión , el honor , lá razón y el Dere*
cho de las Gentes tctdo es nada* ;Ray?
mundo jura la venganza , y por-; fuer­
za ha de tomarla , aunque ultrage ; los
Cielos , abrase la tierra , se preqipU
te en los abismos,1 y aunque en. el fu­
ror de su venganza atropelle al mismo
Omnipotente :■ todo se ha de sacrifi­
car. A este intento va i solicitar al
Sultán , al mismo Sultán de Egipto,
que delante de los Cielos habia jurado
perseguir como á enemigo del Dios de
Raymundo ; á este propio va i implo­
rar ahora por su protector , y esto pa­
ra hacer guerra ¿ Jesu-Christo. El Sul­
tán oprimido de las armas de los La­
tinos había paitado con ellos treguas de
nuevo ; pero no importa falte al jura­
mento ( decía Raym undo) , falte al
Cielo , rómpanse los diques de la razón,
del honor , y de la Religión , con tal
T j que
25>4 EL HOMBRE FELIZ.
que sea para satisfacer mi venganza. La
naturaleza se llena de horror , y él pro­
pio se habia pasmado al primer aspec­
to del delito ; pero la pasión Je. impe­
le ordena , y manda , que á toda cos­
ta se : vengue; Saladino no acababa de
creerían execrable propuesta : de suer­
te , que ni aun el bárbaro podia imaginar
que pudiese fomentarse en un pecho
chmfiano semejante enormidad ; y así
disfraza la respuesta con -pretexto de
qué ' no podia' , si guien do i Ma horna,
dar auxilio á un amigo de Christo , y
por consiguiente enemigo del Profeta;
y que soío renegando de la Fe podria
el Conde ser R ey de Jerusalen, Tenia
Saladino por imposible , que llegase á
tanto la pasión de la venganza ; pero
cl Conde en nada repara , reniega de
Christo , jura obediencia al falso Pro­
feta , y tiemblan todos hasta las mis­
mas montañas al oir tan execrables hor­
rores. En conseqiiencia de esto , arma
una estragema , y hace venir todo el
poder del Sultán sobre Tiberiades , do­
te de su propia muger , para mayor
disimulo de su traición. Habia hecho
en
LIBRO XV. 295
en este tiempo el Conde paces fingidas
con Lusignan , Rey de Jerusalcn , y
le pide socorro contra Saladino para de­
fender la dote de su esposa. Pinta , avi­
va , y encarece el peligro , para que no
quede en Jcrusalen ningún soldado pa­
gado , ni milicia , todo con el fin de
impedir el golpe del Sultán. Entretanto
el Conde con sus tropas finge acome­
terle ; pero en la mayor fueria de la
pelea ( según los ajustes de la traición)
se rebela contra los Latinos , y la fal­
sa fe executa la mas bárbara carnice­
ría en sus mismos hermanos. Todo pe­
rece : el Sultán triunfa ; y burlándose
del Conde , entra sobervio en Jerusa-
len : apoderase del Santo Sepulcro , y
lleva en cautiverio la Cruz del Salvador
del Mundo, En la fuerza de la v is o ­
ria apenas concede la vida í los Reyes,
que fueron enviados prisioneros á D a­
masco. No fue esto piedad , porque el
bárbaro no conocía este suave efefto,
smo estímulo de su ambición con la es­
peranza de algún quantioso rescate. Aquí
teneis , hermano mió , lo que os obliga
á exponer vuestra vida. Ved lo que ha-
T 4 cc
z 96 EL HOMBRE FE LIZ.
ce una pasión desenfrenada , y quánta
razón tiene Miseno para aconsejaros , que
las sujetcis con el mayor cuidado.
53 Y o no podia, hijo mió, (aña­
dió Miseno ) poner á vuestra vista un
espejo mas claro , y fiel, para que vie­
seis retratado el corazon humano , que
el que vuestra hermana os ha dado en
esa simple instrucción. ¿Quánta sangre
inocente se ha derramado , y aun se ha
de derramar por motivo de esta pasión?
l Qué familias no han perdido los padres,
fundamentos de sus vidas? ¿ Quántas los
hijos , apoyos de las casas vacilantes,
y medio arruinadas? ¿ Quántas los ma­
ridos , consuelo , y amparo de las es­
posas de tierna edad ? ¿ Qué horrores,
qué desórdenes no se han cometido en
el espacio de mas de treinta años , que
ha que el infeliz Raymundo se abando­
nó á su ambición ? Pero no penséis
hijo mió , que solo hay este exemplo
en el mundo : todo lo demás es así
con poca diferencia , no hay maldad,
ni desgracia , ni suceso horrible , que
por un modo , ó por otro no sea efec­
to de alguna pasión desenfrenada. Esos
LIBRO XV. 297
crímenes vistos en el Conde de Trípo­
li nos hacen temblar : otros semejantes
en m í, ó en vos escandalizarían á to­
dos los que los viesen ; pero vistos por
nosotros mismos , no nos causan horror
alguno , porque es efe¿to propio de lá
pasión cegarnos quando nos impele al mal
para que no lo veamos sino despues de
cometido.
34 Y o os protesto ( dice el Conde)
que jamás me dexaré llevar de mis pa­
siones , y que desde hoy en adelante
será siempre la ley de la razón mi úni­
ca guia. Cumplid vuestra palabra ( res­
ponde Ja hermana ) , y seréis el mayor
heroe de nuestros tiempos, y de todos
Jos siglos. Os doy á Miseno por testi­
go (replicó el Conde ) ? y mi mano por
fiador. Pasado en esto algún tiempo en
Akerman , llegaron finalmente al puerto
á vista del navio que les esperaba.
3 5 Viólos Neucasis , Capitan de la
embarcación , y envió á buscarlos con
su esquife. Era él Veneciano , y hacia via-
ge í la Isla de Chipre. Entonces les
hizo saber como se hallaba con órde­
nes apretadísimas para hacerse á Ja.vela
con
298 E L HOMBRE FELIZ.
con iíi mayor presteza , porque se tenia
noticia de la muerte de Amairico , Rey
de Chipre , titulado igualmente Rey de
Jerusalen , y que pocos dias despues fa­
lleció también su esposa la Infanta Isa­
bel , hija de Amairico , R ey de Jerusa­
len , que fue heredera de aquellos
Estados por muerte de la infeliz Sybila,
su medía hermana mayor , en cuyo rey-
nado se habian perdido algunos años
antes. Y como no solo Amairico , sino
también Isabel tenian hijos de otros ma­
trimonios antes que se uniesen en ellos
las coronas , era preciso que estas se se­
parasen otra vez. Decían también que
Hugo de Lusignan , hijo que Amairico
R ey de Chipre tuvo del primer matri­
monio , heredaba la corona de Chipre;
y que María , hija que Isabel antes
que casase con Amairico su último
esposo , havia tenido de Conrado de
Monferrato* Príncipe de T ir o , su se­
gundo marido , debia heredar el cetro
de Jerusalen ; ó por mejor decir, el de­
recho á él , pues ya estaban entonces
los Sarracenos apoderados de Ja Palestina*
Estas revoluciones que habia en Chipre pe­
dían
LIBRO XV. 299
dían que Neucasis apresurase su víage , y
debía hacerse á la vela sin la menor deten­
ción.
3 6 Soplaba un viento blando, y favo­
rable, L l mar dulcemente agitado guarne­
cía de blancas espumas todas aquellas pla­
yas, dando un vivo realce al color azulado
de las ondas: el Sol con sus rayos formaba
en la superficie de las aguas unas como es­
trellas, que doradas, y brillantes, andaban
inquietas, é iban siempre delante del esqui­
fe , que conducta al navio í la Princesa , y
los pasageros.
37 Entretanto la despedida comen­
zaba ya á hacer su efedto en ei cora­
zon de los dos hermanos , de forma,
que las lágrimas en «no , y otro se
asomaban con ímpetu á los ojos ; pero
una oculta fuerza las reprimía , escapán­
dose algunas, á pesar del esfuerzo. Mi-
seno , que veía esta interior lucha y les
dice con ayre risueño : ¿ Para qué que-
reis ser verdugos de vosotros mismos,
sofocando con mano cruel vuestros co­
razones , que respiran , y se desahogan
por los ojos? i Para qué Ies negáis ei
alivio, que les permitió quien los for­
300 EL HOMBRE FELIZ.
mo? Las lagrimas son sangre del corazon
herido , ¿ y qué os aprovecha impedir
que esa sangre corra, una vez que esté
extravenada ? Pensad en curar la heri­
da con algún discurso oportuno , y en­
tonces por sí misma la sangre se ata­
jará,
38 Vuestro hermano , Señora,
vá á buscar su felicidad , y Dios
le pone ahora en la mano su buena
suerte , haciéndolo Señor de su ma­
yor ventura. La empresa es digna de
su nacimiento, de su R eligión , de su
natural heroycidad : no va para aumen­
tar sus Estados , y dar un nuevo fo­
mento á la. vanidad, á la ambición , y
á los vicios y como acontece de ordi­
nario ; antes va á pelear por la hon­
ra de su Dios , que es pelear por to~
das las virtudes a un tiempo. ¿Qué ma­
yor gloria puede tener un mortal en
este mundo , que saber triunfar de sí
mismo? i Y qué recompensa no puede
esperar en el otro ? Si muere en la em­
presa , paga con su sangre la que ya
habia Dios derramado por él en esos
mismos lugares. Dios lo estará viendo
pe-
LIBRO XV* 301
pelear sobre la tierra con sumo agra­
do , y regocijo desde lo mas alto de
su elevado trono , y le hará penetrar .
con su invisible espada por los esqua- j.;í
drones enemigos , que el Conde encon- VaV
tráre delante de la suya ; ó permitirá
qué herido gloriosamente, caiga en sus
divinos brazos para transportarle en un
momento al Coro de los Mártires. T o ­
do cl punto está en que vuestro herma­
no obre como es. justo y y que no ha­
ga de la causa de Dios objeto de un
loco capricho , ó asunto de vanidad
humana , loquees la mas sagrada empre­
sa. Lo que importa es que triunfe de
sus pasiones con aquel mismo empeño
con que desea triunfar de los bárba­
ros* Y o tengo la esperiencia que él no
tiene ; y como la edad , y los traba­
jos son los que me han enseñado, no le
faltaré con mis consejos. Si los tomare
será verdaderamente feliz, porque Dios _
á eso le va guiando 3 habiéndole cria$té v '
para tan noble fin. Ea , vamos.
39 La Princesa con un ayrc varo-!- \\
nil , y semblante alegre se despidió ^ e l' ¿7
Conde , ahogando en el corazon
cuí-
302 e l hombre f e l i z .
cuidados; y sin dar lugar í que fa natu­
raleza venciese á la violencia , se retiró
en otro esquife , dexando al hermano,
y Miseno en el navio ; que ya sueltas
las velas parcia empavesado.
2 ?o E L H O M B R E F E L IZ .
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LIBRO X V I.

I ^ O lt ó el baxél todas sus velas al


^ viento favorable , é iba rompien­
do las aguas con magestuosa soberbia.
Las ondas espumaban viéndose atropella­
das de la arrogante proa , y abrumadas
del voluminoso buque , venían murmuran­
do quejosas á buscar el asilo de la popa*
que por contentarlas , les dexababíen an­
churoso espacio ; y la nave , qual Prin­
cesa envanecida en día de gran pompa,
llevaban tras sí una ostentosa cola,que mos­
traba bien el camino que había andado.
z No apartaba el Conde los ojos de la
playa 5 que poco á poco le iba huyendo,
hasta que en fin la perdió de vista , toman­
do de todo esto ocasion para hablar de la
hermana, porque la ternura de su corazon
no sufría que retirase de ella los ojos de su
alma, ya que no podia verla con Jos del
cuerpo. Miseno, qual Médico atento en­
cargado de un enfermo peligroso , obser­
vaba en el semblante , en las palabras , y
sin-
304 EL HOMBRE FELIZ.
«n Jos suspiros del Conde todos Jos sín­
tomas de su alma ; y como esta pasión
era inocente , la consentia , y animaba,
porque esperaba con cierta industria sacar
de ella utilidad mas importante,
3 Vinieron en este punto á cumpli­
mentarlos Aymar , Señor de Cesaréa ; y
Elena su esposa* E l habia sido enviado
por los Latinos de la Palestina, como Em-
baxador a Felipe Augusto, Rey de Francia,
y volvía á la Tierra Santa, Elena deseosa
de ver la Europa, y particularmente Ja
Corte de Francia , le habia acompañado
en este viage. Era Señora en quien á pesar
de la edad disputaban la primacía Ja her­
mosura , y el juicio. Precedidos ios recí-
procos cumplimientos, Je fue preciso a Mi-
senó explicarles Jos motivos de Ja aflicción*
y cuidados del Conde y en los elogios
que daba a la Princesa su hermana, ha­
cia particular reflexión sobre las quali-
dades del ánimo , que le eran á este
Conde mas necesarias, y mas útiles í
su intento. Para ganarle Ja voluntad en­
traba hasta lo íntimo de su corazon,
uniéndose quanto podia con él en los
mismos afeaos , para que despues en
cir-
LIBRO XVI. 305
virtud de esta unión , y amistad le pu­
diese traer consigo al camino de la sóli­
da Filosofía. Semejante al que se inclina
quanto puede para sacar del piélago a
quien cayó en él , y se ahogaba , por­
que ve que sin baxarse mucho , y tener
bien asido , y seguro al que naufraga­
ba , no le puede extraer del agua , y
salvarle del peligro.
4 Neucasis , hombre astuto, y fino*
criado en las políticas de Italia * que­
dó desde luego prendado y enamorado
del Conde , y puso todo su estudio en
agradarle ; asi llevaba muy á mal to­
da la industria con que Miseno le que­
ría ganar el corazon , teniendo por in­
digno de sus años lisonjear a un jo­
ven. Fiábase Neucasis en la voz , que
tenia armoniosa , y dulce, en su figu­
ra agradable, en su modo lisonjero , y
en el arte singular , que havia estudiado
para jugar de un s í ; y un no con tal des­
treza, que en un minuto hacia todos los
papeles en el teatro del mundo ; y de tal
forma lo supo hacer , que en pocas ho­
ras ya era el Conde$u amigo declarado.
Quiso apartarlo de Miseno , que le ha-
Tom.H. V cia
$o6 EL HOMBRE FELIZ.
cia sombra , y con cierro pretextóle con­
vidó para disponer varias comodidades í
su gusto en la cámara de la nave , de­
jando á Miseno con los Embadores,
que advirtieron bien la astucia del Ve­
neciano,
5 Entonces Miseno descubrió á A y -
mar qual era su idea. Todo mi intento
( decía ) es mudar el corazon de este Ca­
ballero , y no aprobando el método de
la mayor parte de Jos hombres , sigo
otro camino. De ordinario quando los
hombres quieren corregir los defec­
tos ágenos , comienzan su empresa con
eloqtiencia de soldados, disparan sae­
tas > y lanzas contra el corazon s hié-
renlo con reprehensiones acres , bá-
tenio con fuerza , é imperu como í las
murallas de una plaza rebelde , y todo
esto para reducirle, y dar con éí en tierra.
Y o no sigo este método , porque no se
rinde así ti corazon del hombre , á quien
una nobleza innata hace detestar todo lo
que es violencia , y fuerza. Y ademas,
aun suponiendo que esta violenta elo-
qüencia triunfe del coraron , de poco le
serviría la victoria ; porque haviendose
LIBRO XVI. 307
arrojado contra él tantas flechas, y lan­
zas ha de estar muy herido , y ensan­
grentado , y á veces no es el corazon
del hombre el que viene atado en el so­
berbio triunfo , sino su simple cadaver,
ó un mero esqueleto de él , porque le
falta la libertad , que es su alma , y
su vida ; y aun quando alguna vez lle­
gase vivo a las manos del vencedor ,
siempre iría triste , violento , y pre­
so > y solo tardarla en huir quanto tar­
dase en romper las cadenas que le suje­
taban.
6 Muy diferente es la victoria quan­
do se adquiere por el am or, y la dulzu­
ra , empleando para eso las pasiones mas
agradables , y fuertes , las quales bien
manejadas , al mismo tiempo le encan­
tan , y aseguran. En el Conde conozco
una natural soberbia de corazon , y du­
reza de juicio , efeóto de los pocos años
y malos exemplos; pero tiene el corazon
tierno, y gusta de la novedad , y de es^
tas pasiones me lie de valer para domar­
le las otras. E l dice que yo tengo ge­
nio afable : la naturaleza me le ha
dispuesto„ la Filosofía formado , y ma-
V % du*
5oS e l h o m br e f e l iz .
durado la edad; pues de este mi carác­
ter que tamo le agrada , me valdré
para inspirarle las máximas , que le son
mas necesarias para ser verdaderamente
feliz. Y os lo prevengo para que ambos
nle ayudéis en esta empresa , porque te­
mo la compañía de Neucasis.
7 Aprobaron mucho este sistema Ay-
mar j y su esposa; y quando el Conde lle­
gó , fue Miseno prosiguiendo en las ala­
banzas de su hermana , reflexionando so­
bre 3a admirable docilidad de entendi­
miento , que se admiraba en esta Seño­
ra > y era necesaria al Conde. Nunca
encontré (decía Miseno) Señora de juicio
tan claro , y al mismo tiempo tan dócil:
viva en exponer su pensamiento , atenta
en escuchar el parecer contrario , fácil
en rendirse á la razón , aunque sea muy
diferente de la suya.
8 Quando yo tenia menos edad (aña­
dió Elena ) disputaba mucho , y quería
que todos, cediesen á mi opinión , de
suerte 5 que juzgaba por injuria el que me
contradixesen, y solo el que dudaran sim­
plemente de mi pensamiento lo tenia por
una grande impoliiic3.De este modo que*
ria
LIBRO XVL 309
ría yo , no amigos, sino esclavos , y me
consideraba , no solo como maestra , y
do&ora en qualquiera ciencia , sino como
oráculo , ó divinidad , cuyas respuestas
debían ser creídas sin el menor examen.
Por esto un dia mi padre , habiendo asis­
tido á una disputa muy reñida , en la
que entre los convidados habia yo decla­
mado como si fuese un Demóstenes , ó
Eschines , se encerró conmigo en mi ga­
binete , y me dixo asi; Hija m ia, yo
apruebo tu parecer; mas no la fuerza con
que lo defiendes. Cada uno ama su pro­
pio d¡¿lamen , como hijo delicado de su
entendimiento , y así si til amas el tuyo,
por la misma innata inclinación de la na­
turaleza han de estimar los suyos tus con­
trarios, porque ninguno te da a tí ma­
yor derecho que á dios. Cada qual quie­
re defender su opinion, y tanto debes
extrañar que ellos no concuerden con la
tuya y como los adversarios pueden que­
jarse de que tu no convengas con la de
ellos. Verdad es que crees , que te fun­
das en razón; mas ellos igualmente la
creen de su parte : 5 y quién nos dirá si
son ellos , ó tú el que se engaña ? Lue-
V 5 go
3 io EL HOMBRE FELIZ.
go es locura , hija mia , el disputar. Es­
to me dixo , y de tal suerte reflexioné
esta razón , que desde aquel dia nun­
ca mas tuve contienda , que me impa­
cientase. Expongo mi parecer : oigo con
gusto d contrario : examino con tran­
quilidad mis fundamentos, y ios suyos;
y si al fin no nos convenimos , los de-
xo ir en paz acia el Sur , y yo sin en­
fado , ni desprecio me voy acia el Nor­
te. Pero si su razón me parece bien , ó
mudo de dictamen , ó lo pongo todo
en el gabinete de Jo incierto » esperando
nueva luz para examinar la verdad , te­
miendo siempre que el amor propio me
engañe , que es un punto muy importan­
te, De este modo yerro mucho menos,
y jamás me aflijo.
p Podemos añadir (dixo Miseno) que
entonces triunfamos muchas mas veces
del parecer ageno, porque nada hay que
tanto disponga á nuestro contrario á oir5
y examinar con ánimo sincero nuestras
razones, como ver que con gusto aten­
demos á las suyas; y el mas ordinario
origen de las porfías proviene de que Ja
pasión de cada qual no le dexa mirar co*
m o*
LIBRO XVI. jii
mo es justo las razones del contrario.
Hallareis muchas veces en las contien­
das de las escuelas mil hombres de jui­
cio , que dicen no , con una seguridad
que pasma , quando en el partido con­
trario hay otro tam os, que dicen tí9
con tal firmeza * que darian por su de­
fensa la vida. De una f y otra parte hay
igual juicio : de una , y otra parte bue­
na fé y y sinceridad* Con todo , es evi­
dentísimo que uno de los dos partidos
yerra, aunque parezca imposible que mil
hombres de juicio * hablando con since­
ridad , se engañen ; ¿ de dónde , pues,
procede esto ? Procede de que cada uno
insiste en la resolución de su partido an­
tes de examinar las razones contrarias. Es­
to es así ( dicen ellos con toda firmeza)
vamos ahora á ver en qué se fundan los
temosos del partido opuesto , que no
quieren confesar la verdad. Con este pre­
ludio * las razones contrarias se miran con
malos ojos , de priesa , y con despre­
cio , y así no pueden parecer lo que son;
y aquellos que parecía que buscaban la
verdad, quedan mas adheridos á la an­
tigua opinion que seguían. Si hallan tal
V4 vez,
312 EL HOMBRE FELIZ.
v e z , que las razones contrarias son in­
disolubles , huyen al gabinete del miste­
rio , y dicen: en todo hay dificultades;
pero Jo cierto es que nuestra opiníon es
buena, AI modo del soñoliento, que des­
pertado por el ruido abre lentamente Jos
ojos , y comienza á ver la luz del dia;
mas perezoso s y amigo del descanso,
y Jas tinieblas , vuelve otra vez á cerrar­
los , diciendo , que aun es de noche;
asi cáda qual se dexa sumergir en el des­
canso de su opinion primera , diciendo,
que todo lo demás es error, ¿ Quántas
pendencias , quántas guerras , quántas
disputas se evitarían , si ninguno dixese
s í y ni no antes de examinar Jas razones
de una y y otra parte? En Jos puntos de
Religión debemos creer sin examen la au­
toridad divina , porque no puede enga­
ñarse ; mas en Ja autoridad de Jos hom­
bres solo debemos fiarnos quando las ra­
zones están bien examinadas de una , y
otra parte, SÍ erramos entonces , es mi­
seria de la naturaleza > no desorden del
ánimo,
lo El Conde lo oía todo con aten­
ción ; pero sentíase herido ¿ y por eso era
muy
LIBRO XVL 315
muy frió el ayre con que aprobaba esta
doctrina. Ncucasis , que observaba todos
Jos pensamientos del Conde para Hsongear-
lé,se declaró por la opinion contraria, ale­
gando que el amor propio , primer mó­
vil de todas las acciones humanas, que­
daba ofendido en esta docilidad. \ Quál
es el hombre (decia) que no se avergüen­
za de quedar vencido. Las vi&orias del
entendimiento son mas gloriosas que las
del cuerpo* En las batallas del cuerpo
Jas armas , los brazos , y la fuerza tie­
nen mil competidores en los brutos ; pe­
ro en Jas contiendas del juicio , nada se
compara con eJ hombre. Solo quien tu­
viere un corazon v il, una alma pequeña,
lina educación grosera , deseará obligar
a su competidor á que por fuerza , quie­
ra , ó no quiera, confíese que erró. Ade­
mas de esto , quien tiene luces en su en­
tendimiento , debe hacer ostension de
ellas para alumbrar i los ciegos. ¿ Qué
ridicula condescendencia no seria mudar
luego de opinion , solo porque hallamos
quien diga lo contrario ? Dios á cada uno
le dio su juicio , porque quiso que cada
uno se gobernase por é l : si cada qual ha
314 EL HOMBRE FELIZ,
de ceder á lo que los otros le díxeren,
bastaría un entendimiento en cada Ciu­
dad , y todos como ovejas seguirían al
que fuese delante. Ved , pues > Señores,
que aconsejáis al Conde una cosa indigna
de su nacimiento,
ii Aquí el Conde hizo á Neucasis
con los ojos una seña , que le suspen­
dió. Ignoraba este quien era Miseno ; y
cl Conde que lo sabia se afligia viendo que
el adulador insultaba á un Monarca. Neu-
casis no sabiendo el motivo de esta mudá
reprehensión, calló Juego confundido con­
sigo mismo , al modo que la veleta de las
torres, que observa todos los vientos para
mudarse en un instante.
i z Miseno sin alterarse respondió á
Neucasis : nuestro m o r propio , el qua!,
como vos decís , es el motivo de toda
porfía , debe ser el fundamento de la ma­
yor docilidad. Así se verifica que nuestras
pasiones , que nos impelen í los mayo­
res excesos , si bien lo reflexionamos,
son el mejor medio para corregirlos , si
sabemos usar de ellas, según Ja sólida Fi­
losofía ; y de este modo podemos hacer
en esta materia triaca del veneno mismo.
A y-
LIBRO XVL 315
1 } Aymar se admiró de Ja parado-
xa „ Neucasis se reía , la Embaxatríz es­
taba con suma atención , creyendo que
Miseno no proferia máxima alguna sin ra­
zón muy convincente ; y Miseno prosi­
guió así: Quando en las disputas veis
que vuestro contrario os cede la palma,
decid, Neucasis: ¿qué afe&o siente vues­
tro corazon acia él? ¿De estimación, ó
de desprecio? ¿Gustáis de é l, ó le te-
neis por abominable ? Ninguno hay a
quien no lisonjee este modo de proceder.
Entonces decís ciertamente> que vuestro
amigo tiene juicio , que discurre como
es razón , que penetra bien lo que se
le dice , que es hombre re&o , que ama
Ja verdad , que es sumamente dócil, &c.
Por el contrario , quando en Jugar de
ceder , porfía > y sin responder cosa que
plenamente satisfaga , persiste en lo que
una vez d ixo , ¿ qué concepto formáis
de él ? ¿ No le teneis por hombre de jui­
cio duro, de razón ciega , que ó no co­
noce Ja verdad , ó que por soberbia no
la confiesa > aunque la haya conocido ?
Pues si quien os cede en la disputa gana
estimación para con vos, y quien porfía
5 i6 EL HOMBRE FELIZ.
la pierde : quando vos cediereis í los de-
mas, seréis de ellos muy estimado; y quan­
do les resistiereis, os cendran por hombre
de juicio corto, ó de corazon rebelde. Ved
ahora si nuestro amor propio nos debe, ó no
inspirar la docilidad.
14 Mirad , Neucasis (le dixo enton­
ces la Embaxatríz ) si quereis ser despre­
ciado , ó estimado , y resolveos ahora á
contradecir , <5 ceder. E l Conde riéndose
del argumento de la Señora , le celebró
con aplauso , y Neucasis , ó política,
ó sinceramente confesó que estaba ren­
dido*
1 5 Viendo esto Miseno, para no fas­
tidiar á los huespedes con una conversación
desagradable, la mudó , preguntándoles
urbanamente si le seria permitido saber el
destino de su viage; á lo que Aymar cou
franqueza respondió:
16 Aunque el designio , y motivos
de mi venida eran al principio un secreto
de la mayor importancia , no lo son aho­
ra que vuelvo de la Embaxada , que me
encargaron á m í, y al Obispo de S. Juan
de Acre los Caballeros Latinos, que se
hallan en la Palestina. Y a sabéis que por
muer-
LIBRO XVL 317
muerte de Amairico , R ey de Chipre,
y de Isabel su muger, Reyna de Jerusa-
len j las dos Coronas , que estaban uni­
das por el vinculo del matrimonio , se
separaron por pertenecer í los hijos que
de otro matrimonio habian tenido. Tam­
bién sabréis que Mana , hoy Reyna de
Jerusalen , fue hija de Isabel, y de Con­
rado de Monferrato, Príncipe de T iro,
á quien ella hubo por esposo en segundas
nupcias despues de Aufndo, y antes de su
tercero y quarto matrimonio con Enrique
y con Amairico, Rey de Chipre, que fa­
lleció* Esta Señora, pues,heredó de su ma*
dre Isabel la Corona de Jerusalen, ó el de­
recho á ella , y desde ese momento hirvió
toda la Palestina en una turbulencia inex­
plicable , habiendo tantos pretendientes á
aquella Corona , como habia Caballeros,
que aspiraban á las bodas de la Princesa.
17 No ignoráis , que todavía se, ven
humear las lastimosas ruinas que en los
Santos Lugares dexó- el incendio funes­
to s que hizo arder la inconsiderada pa­
sión de Sybila , tía de nuestra Princesa,
por haberse enamorado ciegamente de
Guido de Lusignan , Caballero que no te­
nia
5 iS EL HOMBRE FELIZ.
nia las qualidades necesarias para aquel
trono ; y de allí se siguieron todos los
e stra g o s , y ruinas que hoy vemos. Es­
to supuesto 4 la Princesa Maria viéndo­
se obsequiada de un sin número de pre­
tendientes , y considerando en ellos otros
tantos enemigos , si prefiriese á alguno
para darle la Corona , y dominio sobre
los otros , resolvió ( de común acuerdo
con todos los Príncipes) enviar á pedir á
Felipe Augusto un esposo digno de su
Reyno en las circunstancias presentes , y
que fuese igualmente digno de la persona
de la Reyna. E l R ey de Francia acaba de
nombrar á Juan , Conde de Brienna, Ca­
ballero de sangre , valor , y espíritu pro­
porcionado á Ja empresa y realmente
benemérito del trono. Aceptó el Conde
con todo el reconocimiento que merecía
la elección de tal Soberano , y nos man­
dó , que dixésemos á la Princesa Maria,
su futura esposa , que en breve se pon­
dría delante de San Juan de Acre acom­
pañado de un poderoso exército , para
comenzar la guerra de nuevo , ínterin
que se acababan las treguas pactadas con
Saladino, Sultán de Egipto, Añade 5 que
él
LIBRO XVI*
él espera que en esta nueva Cruzada se
verá la mas formidable armada , que ja­
más navegó por el Mediterráneo, por­
que muchos soberanos están determina­
dos í ir en persona á dar testimonio á
Jesu-Christo de quán sensible le es, que
el trofeo de nuestra redención esté en ma­
nos de sus enemigos , y el sagrado Sepul­
cro del Salvador en poder de Mahometa­
nos. Esta alegre respuesta acompañada de
presentes riquísimos me obliga á hacer
mi viage sin las mas mínima detención,
mientras mi compañero el Obispo de San
Juan de Acre hace algunos oficios para
interesar en esta empresa í algunos Prín­
cipes de la Christiandad , como son el
Rey de Ungría , et de Polonia , y algu­
nos Soberanos de Alemania. Así habló el
Embaxador.
18 Entonces el Conde íe declaró
también su intento , y que pasaba á
militar á la Palestina por parte de su cu­
ñado el R ey de Ungría , mientras que
los negocios de su Monarquía le daban
Jugar á venir en persona. Alegróse infi­
nito el Embaxador , viendo que ya lle­
vaba á aquel Caballero como presente í
la
3 20 EL HOMBRE FELIZ.
la nueva Reyna, y en él un testimonio del
buen éxito, que comenzaba á tener su em*
baxada.
i5> No se descuidaban las pasiones
conjuradas contra Miseno , y el Conde
de aprovechar toda > y quaJquier ocasion
que se ofrecía para impedir Ja sana doc­
trina , ya que por haber dispuesto maí
sus engaños , en vez de separarlos, los
habían hecho caminar juntos , y cada
una pensaba en estorbar como pudiese el
daño que á todos amenazaba. La envidia
se determino a trabajar en esta empresa
con sus compañeras; lo que hizo de este
modo,
2o En todo aquel dia satisfizo A y -
mar la curiosidad del Conde sobre los do­
tes naturales, y qualidades de la Reyna,
y á cada palabra que el Embaxador de­
cía , disparaba la envidia una saeta de fue­
g o , con que se inflamaba el corazon del
Conde. La felicidad de Juan de Brienna
le encendía, no solo la ambición del g o ­
bierno , sino también el interés de U Co*
tona, y 1 1 ¿mor de una tan bella Prince­
sa como A y mar Ja pintaba ; y así ya tra­
bajaban de concierto .en esta empresa las
tres
LIBRO XVL 325
tres pasiones mas furiosas de todo el
abismo. No podia este incendio ocultar­
se á Ja perspicacia de Miseno ; y Neu-
casis, que por todos modos deseaba li­
sonjear al Conde > soplaba Jas llamas de
sus pasiones top la m ayc^iierza que po­
día. W •
21 No puedo aprobar (decia el V e­
neciano) } que una Princesa , que con la
propia Corona debe hacer feliz á su es­
poso , en lugar de recibir de él la feli­
cidad , se exponga á la ciega elección
que haga un Príncipe extranjero, j Qué
disgusto no sería hallarse con un esposo,
que no le agrade , ó no la merezca! Si
la gloría vana de adquirir nombre ha
traído á la Palestina tantos Príncipes , la
esperanza de encontrar ahora una Coro­
na y ¿quién duda que haría venir tan co­
piosa multitud de ellos , que la Princesa
pudiese escoger con toda la satisfacción
de su alma uno que fuese digno de su
persona, y de su cetro ? Y no sería es­
ta la primera Reyna de JerusaJen , que
hizo de un aventurero un Monarca. E l
Conde de Moravia , que está presente,
Uierece bien la suerte que tuvo Guido
T m . II* X de
326 EL HOMBRE FELIZ.
de Lusignan , y que con menos razón
está prometida al Conde de Brienna. Los
Emperadores de Alemania tenian mas de­
recho que el Rey de Francia para nom­
brar , R ey de Jerusalen , porque han
hecho á la T j^ ra Santa puchos mayo­
res servicios : y si 110 , vealo comproba­
do. En el mismo año en que Felipe
Augusto acometió í S. Juan de Acre,
Federico Barbaroja , Emperador de Ale­
mania , tomó toda la CiJicia , y desva-
rató á los Sarracenos. Si Felipe enfermó
en esta expedición hasta caérsele Jas uñas
de las manos, y de los pies , Federico
perdió la vida por seguir á los enemigos
de la Cruz , ahogándose con su caballo
en el rio Carasu (donde también AJexan-
dro Magno estuvo casi muerto, ) Ade­
más de eso su hijo Enrique V I. que por
muerte de su padre Federico conduxo el
exército hasta S, Juan de A cre, envió
despues á la Siria sesenta mil hombres,
que hicieron un estrago horrible en los
enemigos de la Fe. Y así bien podian aho­
ra los Latinos dar á Felipe su hermano, y
succesor del Imperio la gloria de nombrar
al Conde de Moravia para la Corona de
Je -
LIBRO XVL 327
Jerusalen en lugar de ofrecerla al Rey de
Francia para nombrar al Conde de Brien-
na. Vuestra hermana mayor se halla en
el trono de Ungría , la Princesa Sofía es­
tuvo en el de Constantinopla , y no es
de admirar , que lograseis í una Reyna
por esposa , quando teneis por herma­
nas dos Soberanas, En quanto al valor
en nada debéis ceder á Juan de Brienna,
teniendo la sangre tan noble 5 y el espí­
ritu tan elevado.
22 Quiso Miseno cortar esta con­
versación , representando a Neucasis, que
el Conde tenia su esposa viva * y que
semejantes ideas eran del todo fuera de
la posibilidad ; á lo que respondió Neu­
casis y que los Príncipes gozaban otros
privilegios , que no tenia la gente vul­
gar : Que si la Princesa se agradase
de la persona del Conde T hallaría en
su propia casa exemplos para disolver
el matrimonio; por quanto su madre Isa­
bel había repudiado á Auh'ido de T o -
ron , su primer marido , para casar con
el Príncipe de T yro Conrado su padre:
Que también Sybila su tía , y Reyna
de Jerusalen > habia repudiado al mis-
X 3 mo
32 g EL HOMBRE FELIZ.
mo Guido de Lusignan, á quien segunda
vez recibió por esposo. Aún está bien
fresca la memoria (decia) de lo que hi­
zo el R ey de Francia , que repudió á
su legítima muger Matilde , y tomó
por esposa á la hija del Duque de Aqui-
tania. Poco mas ha de cinco años, que
el R ey de Inglaterra Juan s llamado
Sin-Tierra y repudió á su muger Havoisa
y tomó otra , que mas 1c agradaba. Así
es , que siempre se hallan pretextos pa­
ra tener derecho , quando los Prínci­
pes quieren absolutamente.
23 Mucho desagradó esta respuesta
al Embaxador , y á Miseno ; y al con­
trario hizo una agradable impresión en
el ánimo del Conde ; de forma , que
cada palabra era una llama, que salía
por la boca de Neucasis , por la
qual las furias infernales soplaban tres
incendios bien diferentes : en el co­
razon del Conde el de la ambición : en
el de Aymar el de los zelos : el de lá
cólera en la Embaxatríz y por ver así
ultrajado el sagrado derecho de las es­
posas.
24 Ta que nos contais (deciá
A y-
LIBRO XVL 329
Aymar ál Capítan ) ya que nos contais
los desaciertos , tened í bien referir­
nos los sucesos que Jos siguieron , pa­
ra que se vea quán errados son vues­
tros consejos. No hablemos de Jo que
hizo IsabeJ casada con Aufrido, porque
Amairico I. su padre Ja casó de edad
de ocho años , y esta edad tan tierna
le dio - un inviolable derecho para re­
peler al marido tomado sin libertad.
Vamos ahora al repudio de su herma­
na Sybila. Bien se vio s que fue repu­
dio simulado ; pues con esta ficción qui­
so la Reyna obligar á Jos Caballeros *
Latinos á que rindiesen vasallage í Gui­
do de Lusignan , í quien en Ja apariencia
dexó solo por un momento para reci­
birle de nuevo , y con mayor derecho
al vasallage de los Príncipes.
2 5 ¿Mas para qué calláis las horri­
bles calamidades que se vieron en Fran­
cia por el repudio de Matilde? Aún es­
ta^ humeando las cenizas de los estragos,
que esa Monarquía sufrió , quando el
Cardenal de Capua , Legado deJ Papa,
puso entrediclio general en todo el R ey-
no, hasta obligar al Príncipe á volver en
X 3 sí
3 3o E L H O M B R E F E L IZ ,
sí , y reconocer su yerro. Igualmente,
¿qué tumultos , qué desórdenes , qué
calamidades no han oprimido á Inglater­
ra por el repudio que hizo ese intru­
so Monarca ? Quando alegareis excmplos
para que se imiten., no los busquéis
en personas que se precipitaron en to­
dos los desórdenes por la soltura de sus
desenfrenadas pasiones , porque estos ha­
cen sus acciones sospechosas, Juan £¿k**
Tierra habia ocupado antes el Reyno de
Inglaterra por catorce meses , mien­
tras su hermano Ricardo í la vuelta de
Palestina estuvo prisionero deí Empera­
dor Enrique ; y seis anos despues por
Ja muerte de Ricardo robó el Reyno á
Arturo su sobrino, á quien de derecho
pertenecía por ser hijo de Gofredo su
hermano mayor ; y añadiendo al robo
el homicidio , hizo matar al sobrino , ó
por lo menos fue acusado de este cri­
men. Ved , Conde , qué honrado exem-
plo os propone Neucasis piara justificar
la mas loca empresa que puede imagi­
narse : con que si quereís pasar í Ja
Tierra Santa para satisfacer el zelo de
vuestra Religión, y hacer este obsequio
al
LIBRO XVL 331
al C íelo, no manchéis una acción tan
noble. La Princesa tiene esposo , la Tier­
ra Santa Monarca , vos teneis esposa,
la Religión tiene sus leyes , el honor
sus inviolables preceptos ; pero por en­
cima de todo salta el espíritu turbulen­
to de Neucasis, y para presentaros la mas
frenéticá , y execrable idea que jamás
vino á la cabeza de hombre. Consultad,
y seguid antes á Miseno»
2 6 Mortificado quedó Neucasis vién­
dose tan sólidamente impugnado , y el
Conde se avergonzaba de que su ami­
go huviese proferido semejante pensamien­
to, disculpándole solo con decir , que ha­
bia sido una galantería de su entendimien­
to ocioso ; mas daba bien á entender,
que en el secreto <jc su corazon apro­
baba lo que las palabras disuadían.
2 7 Miseno entonces con un ayre pru­
dente procuró remediar la herida ocul­
ta > que aquella saeta habia hecho en
el corazon del Conde : corazon altivo,
orgulloso , y dispuesto í qualquiera im^
presión de aquel género. Encaminaba
con disfraz á las pasiones del Conde lo
que al parecer solo quería decir de los
X 4 Prin-
3 52 EL HOMBRE FELIZ.
Principes de quienes hablaba el Emba­
xador. Bien como el alcon astuto , que
viendo la presa finge que la desprecia,
volando siempre á Jo alto , y remon­
tándose casi hasta las nubes para dexar-
se caer de repente sobre ella con mayor
ímpetu ? quando estuviere mas perpen­
dicular. Así hacia Miseno diciendo , que
nada era mas contrario i nuestra ale­
gría , que la soltura que muchos da­
ban al corazon para seguir todas sus
pasiones 5 porque los daños que le re­
sultaban y causaban mayor tormento,
que el gusto premeditado. Sí cada uno
( decia el Embaxador) tuviese modo de
atar la fortuna , y traerla arrastrando
siempre tras de sus deseos, nada nos
daría mayor contento , que dexar vo­
lar á nuestro corazon , siguiendo el ím­
petu de las pasiones que Jo agitan ; pero
la fortuna se burla de nosotros ; y ape­
nas ve que obedeciendo i sus señas to­
nismos un camino, ella se escapa por
otro jugando con los mortales, como
hacen los niños quando se entretienen
unos con otros , burlándose del que tie­
ne los ojos vendados.
Ca-
LIBRO XVI. 335
2S Cada hombre, amigos míos * es
una rueda de esta admirable maquina
del Universo. Quando unas suben , otras
baxan , y quando unas andan despacio,
otras van de priesa ; pero todo juega
con mutua dependencia. Si una rueda
fuese tan loca , que no se dexase lle­
var del curso universal de la máquina,
sino que quisiese tener la preferencia
sobre las otras , y tirase siempre para
sí , ya parando , ya volviendo atrás, ya
andando precipitadamente, siguiendo su
propia fantasía , forzosamente se habia
de hacer pedazos ; pues no podia lle­
var tras de sí las demás piezas , que ha­
cen juego con ella* Lo mismo sucede
al corazon , quando él mismo se impo­
ne una ley de seguir todos sus deseos,
excepto si alguno tuviese el secreto de
encantar á todo el genero humano,
de suerte , que todos olvidados de
s í, estuviesen prontos para seguir los
movimientos del corazon agcno ; pe­
ro no habiendo esto , bien se podia pre­
parar ese corazon temoso para una inun­
dación de disgustos, por quanto el de
los otros seguiría siempre su camino,
7
334 EL HOMBRE FELIZ.
y los deseos de esta quedarían frustra­
dos verificándose el proverbio antiguo:
Desear , y no obtener , es penar > y es mo­
rir*
29 Mucho gustó la Embaxatríz de
este discurso: y desenvolviendo mil su­
cesos de la historia , particularmente de
la Palestina» hacia ver con evidencia, que
todo , ó casi todo el origen de los ma­
yores disgustos y que habían tenido los
Principes , y Caballeros Latinos , había
procedido de no refrenar Jos deseos de
sus pasiones , quando empezaban á na­
cer, Contóles en suma , como el Prín­
cipe de Chipre por no reprimir su am­
bición robó ios navios de Ja armada , en
que venian las Princesas de Inglaterra,
una hermana de Ricardo , y 3a otra su
propia esposa ; las quales habian naufra­
gado en aquellas costas yendo á la Tier­
ra Santa; de que procedió, que sobre­
viviendo improvisamente el R ey de In­
glaterra , se llevó cautivo al R ey de
Chipre amarrado con cadenas de plata al
campo de San Juan de Acre ; y que des­
pues diese la Isla de Chipre í Guido de
Lusignan , que estaba ya desposeído del
LIBRO XVL 33?
trono de Jerusalen. Contóles todos Jos
disgustos que tuvo el detestable Raymun­
do , Conde de T ríp o li, por no repri­
mir su ambición á la Corona de Jerusa­
len , á la que indebidamente aspiraba;
y concluyó con que la libertad, que al­
gunos Príncipes habían dado á sus pasio­
nes , los habian sumergido en un piéla­
go , sin fondo de aflicciones, desgra­
cias , y calamidades , que aún dura­
ban,
30 Todos tienen sus pasiones ( res­
pondió el Conde algo disgustado ) : to­
dos desean satisfacerlas: fortuna es si con­
siguen lo que desean, infelicidad si no
lo alcanzan ; pero no puede ninguno que­
jarse de la condicion de la naturaleza hu­
mana , que á eso nos expuso desde que
nacimos. Mientras vivimos en el Mundo
estamos metidos en un continuo juego,
en que unos pierden , otros ganan , y
es locura el no querer perder, quan­
do se desea ganar, Pero impedir que
nuestro corazon desee , es pensamiento
frívolo , é idea imposible ; y así debe
cada qual pasar por donde todos los de­
más pasaron.
D e-
336 EL HOMBRE FELIZ.
3 i Debe cada uno jugar (replicó M i-
seno con ayre noble , acordándole con
los ojos quién era y y lo que el Conde
le habia prometido» y esto para repri­
mir el tono de desprecio con que ha­
blaba ) , puede cada qual jugar, pues que
está metido en el juego; mas debe hacer
quanto pueda para no perder, y este es
el consejo de todo hombre prudente:
ahora el modo de perder mucho en punto
á la alegría , y felicidad á que todos as­
piramos , es sin duda desear mucho.
32 Suponed dos hombres > uno que
fomenta sus pasiones con todos los ali­
cientes , y regalos, y otro , que solo
las da lo preciso para sujetarlas con fa­
cilidad. Uno Caballero, que viva con sol­
tura , y otro Pastor moderado. Veamos
quál tiene mayor alegría , y trae su al­
ma mas llena de gozo. E l Pastor, quan­
do una oveja se le muere , se entristece;
pero le nace otra , y se consuela : las
saetas de la desgracia no le pasan el zur­
rón * ni le llegan á la piel ; y aun quan­
do lo tocasen en ella , como no es muy
sensible, seria el dolor ligero ; mas el
Príncipe , el Grande * el rico de todo
LIBRO XVI. 337
se espanta , é intimida. Si viene la des­
gracia * le abate del todo; si la fortuna
lo eleva, teme á los envidiosos ; y se
aflige con el bien de los otros, como si
fuera mal propio: si los ve levantados,
teme que le asombren > y opriman : si
los ve caídos , está viendo en la ruina
agena un exemplo de la suya: hállase
entre espinas , y tan enredado , que no
sabe adonde volverse sin que le puncen.
Su entendimiento es asombradizo , y en
todo ve fantasmas , que le afligen. Los
superiores le parece que le desprecian: los
inferiores , que le faltan al respeto ; los
iguales, que le trazan ocultamente la
ruina. A fuerza de desear mucho y le
falta mucho de lo que desea ; y como la
piel de su alma es muy delicada , el mas
pequeño golpe le hace sangre, y herida
muy penetrante. Ved la diferencia.
33 Las pasicnes, amigo mió» son
el viento con que la alma es agitada,
Quando ellas son ligeras , el alma se re­
crea suavemente, movida por una fres­
ca brisa y y un zefiro blando ; pero
quando son violentas , cada pasión es un
uracan , y una tempestad deshecha» E s­
ta-
$38 EL HOMBRE FELIZ.
taba el Cielo sereno , todo quieto , todo
apacible , y de un instante á otro todo
son truenos > rayos > estampidos: aquí
quedan unos muertos, allí otros estro­
peados. ¿Qué fue esto ? Una pasión vio­
lenta , que pegó fuego en un momento;
y los daños duraran por muchos años,
y tal vez por los siglos,
34 ¿Quién niega que las pasiones son
fuego , elemento necesario para la vida,
cuyo calor moderado consuela* cuya luz
nos recrea , cuya aátividad nos vivifica;
pero si llega á hacerse incendio, quán
terribles son sus efectos ? Estos siendo
siempre nocivos , no Jo son igualmente
en todos los estados. Supongamos que se
quema una cabaña pastoril , un vecino
corta quatro troncos , otro los desbasta
un poco, otro los cubre con ramas, y
paja , y en un instante tienen casa nue­
va , y tal vez el daño se convirtió en pro­
vecho. Pero si se pega fuego en un Pa­
lacio , ¿quién puede atajar el incendio,
é impedir los daños ? Las llamas desen­
frenadas corren á un tiempo por mil par­
tes : aquí arden los muebles preciosos,
allí se despedazan los mármoles, allá
caen
LIBRO XVI. 339
caen de repente las columnas , las bóve­
das se desploman, y de alto á baxo se
ve una sola llama , un vivo infierno. Por
todas las puertas , y ventanas salen las
llamaradas furiosas , y soberbias: parece
que quieren acometer í las nubes: el oro,
la plata , las piedras preciosas-, las tapice­
rías , todo se consume dentro, todo que­
da en cenizas. Quieren atajarlo , y no
pueden; aquí gritan unos , allá caen otros
precipitados: estos mueren, aquellos hu­
yen , y el incendio valiente , é intrépi­
do se burla de todos los esfuerzos, y lo
reduce todo á cenizas. Ved ahora qué
diferencia de estragos: ambos fueron in­
cendios ; ¿pero qué comparación en los
daños? Pues así son las pasiones* Las de
los pobres, ó de corazon humilde ape­
nas hacen sentir el daño ; pero las de los
Grandes , las de los ricos , las de los*So-
beranos , ¿ qué estragos no ocasionan?
Amigo, si quereis sufrir poco , desead
poco , y sin esfuerzo* Reprimid vues­
tras pasiones , y viviréis alegre.
3 5 Vióse el Conde convencido ; y ya
mas moderado , ponderaba Ja suma difi­
cultad que costaba el poner freno i un
co-
34o EL HOMBRE FELIZ.
corazon noble , y elevado. Los que na­
cieron en el Jodo (decia) pueden tener
pasiones blandas , porque sus almas son
como los viles inse£tos , que apenas se
arrastran por la tierra; mas quien tiene
en sus venas una sangre noble , quien
recibió del Cielo una alma elevada, por
fuerza ha de volar como las águilas » y
levantarse hasta las nubes. Bien veo que
es preciso domar todas las pasiones ; pe­
ro confesad que es sumamente costoso,
3 6 Confieso que es costoso , dixo
Miseno; pero añado, que es también muy
digno de alabanza. Si ponderáis la difi­
cultad de la batalla , reflexionad sobre
la gloria del triunfo. Las almas nobles
siempre tuvieron gusto de vencer dificul­
tades grandes, y de triunfar de Jo que
muy pocos triunfan ; esto es lo que mas
lisonjea nuestro amor propio , conseguir lo
que raros intentaron , y lo que rarísimos
alcanzaron. ¿Por qué pensáis vos y que
traían los Emperadores en los triunfales
carros los corpulentos elefantes, los bra­
vos leones , los indómitos tigres , sino
para manifestar que su valor , y poder
¡legaba í domar esas fieras , á quienes to­
dos
LIBRO XVI. 341
dos los demás temian? ¿Por qué traían ata­
dos á esos pomposos carros los Monarcas
vencidos, los Conquistadores famosos,
los guerreros mas esforzados , sino para
hacer ostentación de su poder superior í
todo lo que en el mundo se gloriaba de
poderoso > y de grande