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El Premio Nobel de Literatura cantado

Karen Berg. 08 noviembre 2016

Es un Nobel que no presume de conocimiento literario enciclopédico, usa referencias bíblicas o


creemos que lo está haciendo, a veces recuerda alguna escena del cine. Probablemente sea el
primer músico que se considera en la más alta categoría literaria tocando la guitarra eléctrica.

El público de Bob Dylan se considera «amigo de Bob Dylan» y esta no es una teoría propia ni
algo que se me ocurre ahora, según un código críptico pero no del todo secreto, aquellos que
siguen y persiguen el carisma del reciente premio Nobel se reconocen como amigos.
Seguramente Dylan se fume el premio Nobel. En tanto escribo estas líneas no sabemos si va a
presentarse a recibirlo, y en caso de hacerlo ignoramos si va a aceptarlo con sombrero o en
toga académica, habiendo descartado prácticamente la guayabera de García Marquez. No
faltará quien diga que si lo recibiera Keith Richards se lo fumaría en una gota deslizándose o lo
esnifaría junto con otras cenizas.

Y tampoco consta que el premio Nobel sea más que un diploma o una medalla, lo más
probable es que no sea una estatuilla o una copa como la de los campeones de Europa. Lo
único seguro es que no tengo ninguno en mi casa y ni siquiera sé en dónde está exactamente
mi casa… No me incomoda que no se lo hayan ofrecido a Phillip Roth, aunque, respetando el
orden de las próstatas, sería prudente y bien merecido premiar al gran novelista. Espero que
en los próximos años lo reciba Roth y también Michel Houllebecq. Aunque habiendo premiado
a un rockero por las letras de sus canciones, y puestos a pedir, espero que premien a un torero
por la música callada del toreo bueno. Algunos amigos de Bob sostienen que cuando escribe y
canta Adiós Angelina hace referencia a la Argentina de la última dictadura militar en versos
como el siguiente:

«King Kong y pequeños duendes bailan en los tejados tangos estilo Valentino,/ mientras las
limpias manos del héroe cierran los ojos del muerto/ para que nadie moleste a nadie./ Adiós
Angelina, el cielo se está inundando/ y voy a desaparecer.»

Quizás estés pensando que, de ser cierto que escribió pensando en las víctimas desaparecidas
de una dictadura en Argentina, se merece un premio Nobel por el detalle de ofrecer una poesía
en el canto y el texto sensible y cristalino. Mientras escribo me llaman como si Dylan fuera mi
hermano mayor… Algo que nadie puede descartar del todo. Conocí a una persona que podía
definir el significado de la poesía, pero ya no está vivo, y el teléfono sonaría eternamente si lo
llamara para preguntárselo.

Cuando Bob Dylan se siente abandonado o se pone la máscara de hombre joven y despechado,
escribe: «Cada vez que me dejas y vas a algún lado, las cosas se rompen en pedazos en mi
cara». Cuando se entrega a un amor y es filosamente sentimental, puede escribir: «Es como si
nada en mi vida hubiera sido cierto. / Cuando te miro es como si nunca hubiera tenido un solo
pensamiento. / Conozco este sueño, puede ser loco / pero es el único que tengo».

Bob Dylan fue ateo y sufrió una conversión al cristianismo evangélico, pero supo definirse con
elegancia (en algunos casos) y sin perder el punto de vista rockero, ahora vive en California
(justamente en Los Ángeles) y en su casa tiene un gimnasio de boxeo y una sinagoga: «Puedes
ser un adicto al rock’n’roll saltando por el escenario. / Tener todo el dinero y drogas a tu
disposición, mujeres en una jaula. / Puedes ser un hombre de negocios o un ladrón de
categoría. / Pueden llamarte doctor o pueden llamarte jefe: / pero vas a tener que servir a
alguien».

Es un Nobel que no presume de conocimiento literario enciclopédico, usa referencias bíblicas o


creemos que lo está haciendo, a veces recuerda alguna escena del cine… Probablemente sea el
primer músico que se considera en la más alta categoría literaria tocando la guitarra eléctrica, a
propósito de lo cual nos recuerda que lo merece con sus versos: «Haciendo el bien sin mirar a
quién / mientras los ojos del ídolo con cabeza de hierro brillan. / Barcos lejanos navegando en
la niebla, naciste con una serpiente en los puños / mientras un huracán soplaba. / La libertad te
espera en la esquina / y ¿para qué? si la verdad está tan lejos».

También es un espléndido interlocutor de la rama femenina, no sin cierto rencor ni pudor por
mostrarse herido… Metafóricamente la sangre es tinta invisible porque el canto está en el aire
mientras canta algunos de sus más celebrados versos sentimentales: «Sí, creo que es hora de
que terminemos. / Cuando nos encontremos de nuevo, presentados solo como amigos, / por
favor, no finjas que me conociste cuando estaba hambriento y era tu mundo. / Engañas como
una mujer./ Haces el amor como una mujer/ luego sufres como una mujer, pero te echas a
llorar como una niña».

De Bob Dyan se dice mucho y se sabe más bien poco, se dice que se encontró a los Rolling
Stones en un aeropuerto y les dijo que él podría escribir un rock como «(I can´t get no)
Satisfaction», pero ellos no serían capaces de escribir la desolación como él cuando escribe y
canta: «Están vendiendo postales del ahorcado, / están pintando los pasaportes de color
marrón, / el salón de belleza está lleno de marineros / el circo ha llegado a la ciudad / allí viene
el ciego de la junta municipal, / lo pusieron en trance, / una mano la tiene atada al
equilibrista,/ la otra está en sus calzoncillos/ y el pelotón de motines está inquieto,/necesita ir a
algún sitio,/ mientras la señora y yo vigilamos esta noche/ desde la fila (calle) de la
desolación». Dylan es muy Dylan desde que era muy joven, con menos de 25 años era una
referencia obligada para el universo de la cultura Rock y los presidentes usaban sus frases en
los discursos… presidenciales. Entonces escribía a la eterna juventud y algunos pensaban que
escribía para un hijo que recién nacía o para todos los recién nacidos. O para sí mismo. «Que
tus manos siempre estén ocupadas / que tus pies siempre sean rápidos / y que tengas una
base sólida / para cuando el viento cambie de golpe / que tu corazón siempre esté gozando /
que tu canción siempre sea cantada / que permanezcas joven para siempre».

Bob Dylan brilló como una estrella no del todo fugaz en los años sesenta poniéndole voz y
texto a una generación -y media- que buscaba profundidad y sentido, pero terminó agobiado
por aquello en lo que se había convertido; fue cuando sufrió un accidente en motocicleta,
entonces eligió retirarse en los bosques cercanos a New York, donde se dedicó a criar hijos
hasta que los músicos de The Band le invitaron al sótano de otra casa rosada para grabar mil
canciones. No estaba en la explosión de la hippiedelia, volvió vestido de blanco y cantando con
Johnny Cash. En los años setenta firmó una obra maestra con sangre. Que llamó «Sangre en las
canciones» o en los surcos de un disco, o en las pistas de la cinta donde grabamos discos… La
traducción es simultánea y puede significar cualquiera de las tres cosas… Solamente sangre
significa siempre sangre. Terminó la década convertido al cristianismo (digamos que por amor),
y grabó un poderoso y elegante disco cristiano del que ya tomamos nota… Volvió a Jerusalem
para denunciar la Guerra de las Galaxias en su alegato antibélico llamado «Infieles». No fue
constante con la calidad de sus discos (eso dicen), aunque nos gusta todo lo que Dylan hace…
Sin embargo fue brillante en los últimos años de aquella década y grabó en New Orleans un
disco brillante que le devuelve a la primerísima línea que ya no abandonaría hasta consagrarse
con discos crepusculares y brillantes. Y un premio Nobel otorgado ayer. Me preguntan si estoy
escandalizado porque no premiaron a Phillip Roth… Es una buena pregunta que debería
responder la próstata del brillante novelista… Espero escandalizarme cuando premien a Michel
Houllebecq y se presente despeinado y fumando a recibir el gran premio. De momento vamos
a saborear para siempre un sorbo de gloria para el inefable señor Robert Zimmerman Bob
Dylan.

«Vi una estrella fugaz esta noche / Y pensé en mí / Si seguía siendo el mismo / Si me convertí
en quien querías que sea… / ¿Erré el blanco / o me pasé de la raya / Que sólo tú veías? / Vi una
estrella fugaz esta noche / Y pensé en mí. / Mañana será otro día / Supongo que es demasiado
tarde / para decirte las cosas/ que necesitabas oírme decir/ Vi una estrella fugaz esta noche…/
Desaparecer».

How does it feel, Bob?

ESPAÑA. Nunca se vio charla tan intensa en tan poco


tiempo
Fernando Molina. 08 noviembre 2016

«En la visita de Obama a España, la base de Torrejón de Ardoz me ha recordado la imagen de


los niños españoles sentados en las rodillas de Baltasar».

Visita de Barack Obama en España.

Cuando llegan las Navidades, junto a los escaparates nevados y las calles iluminadas de los
centros urbanos, las dos imágenes que mejor reflejan la ilusión y la inocencia son el anuncio
televisivo de la Lotería Nacional y los niños entregando la carta a SS.MM. los Reyes Magos de
Oriente antes del día de la Cabalgata. Pasadas las fiestas, vuelves a caer en la cuenta de que la
ilusión se torna resignación, de que la suerte es patrimonio de unos pocos y de que la
inocencia es la cualidad que acompaña a los niños hasta que les llega la adolescencia.
En la visita de Obama a España, la base de Torrejón de Ardoz me ha recordado la imagen de los
niños españoles sentados en las rodillas de Baltasar, respondiendo tímidamente a las preguntas
del Rey Mago, mientras sus padres disparan sus máquinas de fotos digitales a toda velocidad,
antes de que, en menos de un minuto, Baltasar los despida con un caramelo y un «¡pórtate
bien!». Después de ver las fotografías de los líderes de la oposición hablando con Obama, no
pude evitar sentir el frío de la Navidad, a pesar del calor intenso de este verano que hace que
algunos pierdan el pudor como los niños la inocencia cuando se enteran de que Baltasar es un
concejal de su pueblo.

No se tienen noticias de que Pablo Iglesias II llegara tarde a la reunión con Obama, como lo
hizo en ocasiones anteriores con el Rey de España o con el presidente del Gobierno en
funciones, que para el líder de Podemos hay clases y clases. Por el contrario, fueron Iglesias II,
Pedro Sánchez y Albert Rivera los que tuvieron que esperar sesenta minutos para ser recibidos
por el presidente estadounidense. En los breves tres minutos de los que dispuso cada uno de
los interlocutores para hablar con Obama, Podemos informó de que durante su breve
encuentro el presidente estadounidense y el líder de Podemos conversaron sobre la política
europea y de Estados Unidos, y de que Iglesias transmitió también su afinidad con el senador
demócrata Bernie Sanders.

A toda velocidad, Rivera, líder de Ciudadanos, manifestó al presidente de EE.UU. el


compromiso de su partido con el fortalecimiento de las relaciones entre ambos países y le
explicó la situación política actual de España, en la que C’s busca la «estabilidad». En ese breve
espacio de tiempo (no llegó a tres minutos), Rivera también comunicó al presidente
estadounidense su intención de asistir a la convención demócrata que se celebrará en Filadelfia
los próximos 27 y 28 de julio para designar oficialmente a su candidato a la Presidencia de
Estados Unidos. Y en el contexto de las elecciones americanas, que se celebrarán en
noviembre, Rivera, según fuentes de Ciudadanos, deseó suerte al partido de Obama en unos
comicios «donde el mundo entero se juega mucho».

El apoyo de Ciudadanos a la pertenencia de España a la OTAN y su respaldo a que se refuerce la


defensa y la seguridad comunes son otra de las cosas que Rivera trató con Obama, al que
explicó que Ciudadanos es un partido de centro, miembro del grupo de los liberales europeos y
que defiende «la regeneración y modernización» del país. Según las crónicas periodísticas,
Rivera también tuvo tiempo para transmitirle a Obama algunos detalles de las negociaciones
que se están llevando a cabo en España para la formación del próximo gobierno, unas
negociaciones en las que el partido naranja pretende la «estabilidad» para que el país «se
ponga en marcha» y poder afrontar las reformas que se necesitan. Y para que no faltara de
nada, Rivera dio el pésame al presidente por la muerte de cinco policías en Dallas.

Por último, en el tiempo que da para calentar un café en el microondas, Sánchez y Obama
hablaron de baloncesto, e intercambiaron «impresiones» sobre la actualidad política española
y las relaciones España-EE.UU. Además, tuvieron tiempo para que la charla derivara hacia los
resultados de la consulta en el Reino Unido sobre su permanencia en la Unión Europea que han
dado lugar al Brexit, y su impacto tanto en Europa como los derivados de la relación EE.UU.-UE.

Si los tres dirigentes políticos, en apenas diez minutos de charla, fueron capaces de hablar 1)
sobre la política europea y la de EE.UU.; 2) sobre la política demócrata estadounidense; 3) de la
situación política actual de España; 4) de la convención del Partido Demócrata en Filadelfia; 5)
de la defensa y seguridad de España y de la OTAN; 6) de la naturaleza centrista y liberal del
partido de Rivera; 7) de las negociaciones que se están llevando a cabo en España para la
formación de un nuevo gobierno; 8) de baloncesto; 9) de la actualidad política española; y 10)
del Brexit, es decir, a minuto por tema, ¿cuáles son las razones por las que en los debates
televisivos no emplean el mismo tiempo con los espectadores españoles, a los que nos tienen
casi tres horas delante de las pantallas de televisión para hablar de dos o tres temas como
mucho? ¿Es que nos consideran menos inteligentes que a Obama? ¿O es que cuando hablan
para los españoles solo divagan? Seguramente los 140 caracteres ayudan a saber sintetizar con
Obama lo que no saben hacer con los españoles. Y seguro que todos hablaron en inglés,
porque no me imagino charla tan breve e intensa con traductores de por medio.

ESPAÑA. Ejercicio de legitimidad

Fernando Molina. 08 noviembre 2016

«Aunque todo se parezca un poco a lo de ayer, todo ha cambiado. Nadie puede sacar pecho de
las elecciones de este domingo. Solo hay una vencedora: la sociedad española, si finalmente se
logra un gobierno estable y se aprovechan los próximos años para afianzar la prosperidad
anunciada».

Las elecciones las ha vuelto a ganar el PP. Seis meses después los populares siguen siendo la
fuerza que mayor respaldo recibe de los españoles y Mariano Rajoy queda legitimado para
formar un gobierno que dé estabilidad política al país. Eso debería hacer reflexionar a todos
aquellos dirigentes que conservan convicciones democráticas, para facilitar a la propia
sociedad un proceso sencillo de investidura, que permita recuperar el tiempo perdido en lo
que llevamos de 2016. Es cierto que no alcanzó la mayoría absoluta, pero el apoyo de casi ocho
millones de ciudadanos es un buen aval para intentar gobernar. Podemos congratularnos de
que la inmensa mayoría haya sintonizado con la propuesta de aquellos partidos
constitucionalistas que defienden con determinación y responsabilidad a España frente al
peligro que representaba la posible llegada al poder de una coalición comunista. Aupada por
determinadas terminales mediáticas, la unión táctica de la izquierda radical amenazaba con
poner en riesgo nuestras libertades democráticas y dañar muy seriamente nuestra economía.
Esa es la gran noticia de la jornada de ayer. Los votantes han venido al rescate de los valores en
jaque en la democracia española, aquellos que encarna el texto constitucional. Al fin y al cabo,
en estas elecciones también se trataba de constatar cuántos apoyos tienen los que están
contra el sistema o que quieren romper el consenso de la Carta Magna de 1978.

Tras el 26 de junio, los socialistas deberán plantearse seriamente su futuro. Arrastran un grave
problema de liderazgo y de sintonía con la sociedad española. En esta repetición, de nuevo han
perdido votos y escaños. Ya no se sostienen el sarcasmo ni la salmodia de los resultados
«históricos». Son, sencillamente, muy malos, aun cuando hayan conjurado el temido
adelantamiento del populismo. Les queda por delante la recuperación de su estructura interna,
replantearse la figura de Pedro Sánchez, a quien solo salvaría un gobierno de gran coalición, y
reformular su propuesta a la sociedad española. Planteamientos y proposiciones nuevas,
ajustadas a una España que, como el resto del mundo desarrollado, sufre las consecuencias de
una profunda transformación a la que no se puede hacer frente con las viejas ideas de la
caduca ideología de la extrema izquierda.

Hacia ahí apunta el gran reto de los socialistas españoles: saber adaptarse a los nuevos
tiempos, renovar su discurso, actualizar sus ideas y cambiar a sus dirigentes. No estaría de más
que la savia que hizo grande a este partido en tiempos pasados pudiese atemperar, o al menos
amortiguar, los errores de la inexperiencia de una joven guardia obsesionada con el
nacionalismo y la izquierda más radical. De lo contrario, el PSOE seguirá su descenso hacia la
irrelevancia. Y no será porque no lo hayamos escrito, y por tanto advertido, en multitud de
ocasiones.

La participación fue menor de la esperada. Se mueve en estándares similares a los de otros


países, pero no deja de ser preocupante que una parte significativa del cuerpo electoral
muestre tanta desgana acerca de quién gobierna su país; acerca de quién le gobierna a él. Cabe
suponer que ello no tiene que ver con la saturación de contenidos políticos por parte de
determinados medios muy populares y mayoritarios, que deberían revisar también la filosofía
que alienta sus parrillas. Y sus consecuencias.

Y ahora viene lo difícil. Formar gobierno tras la jornada de ayer. Necesitamos un ejecutivo que
nos gobierne con plena normalidad, que nos conduzca a un nuevo reparto parlamentario en el
que las torpezas propias no sirvan de caldo de cultivo a los populistas. Para ello, Mariano Rajoy
deberá desplegar todas sus habilidades, que las tiene, para convencer a Ciudadanos, PNV y
Coalición Canaria, y probablemente a alguien más, además de hacer ver al PSOE que su sentido
de la Historia y del Estado le obliga a ejercer la oposición y a rearmarse desde la experiencia de
fiscalizar al Gobierno en estos años que tampoco van a ser fáciles.

Desde hoy mismo, los políticos y todos aquellos que ejercen un protagonismo en la vida
pública española deberán hacer frente a los asuntos y problemas más complejos y urgentes
que quedaron aparcados, primero por la crisis y después por toda la pachanga que rodeó la
fallida investidura. Es necesario poner sobre la mesa un amplio catálogo de nuevas reformas y,
por tanto, un abanico de propuestas de pactos. Entre ellas, un pacto de financiación
autonómica que, carente de recursos para la continuidad y con todos los consensos quemados
por el debate soberanista, se vislumbra prácticamente fallido. Un recorte multimillonario
próximo a los 10.000 millones de euros, que volverá a activar la protesta y la demagogia, e
iniciará el desgaste del nuevo Gobierno. Una revisión del Pacto de Toledo que, calentada por la
propuesta del PSOE para financiar las pensiones con impuestos, apunta a la ruptura total del
modelo y a un igualitarismo de las prestaciones imposible de costear.

Ante esta situación, la emergente fuerza de Ciudadanos, cuya pérdida de sufragios debería
propiciar una reflexión acerca de cuál es el perfil de su votante, jugará un papel trascendental.
Está en sus manos formar parte o no del nuevo gobierno, además de coadyuvar a orientar los
nuevos pactos y las nuevas políticas.

Aunque todo se parezca un poco a lo de ayer, todo ha cambiado. Nadie puede sacar pecho de
las elecciones de este domingo. Solo hay una vencedora si finalmente se logra un gobierno
estable y se aprovechan los próximos años para afianzar la prosperidad anunciada: la sociedad
española.