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Muestreo de suelo

El muestreo de suelo es la práctica que permite monitorear la condición química, física, y/o
biológica, de acuerdo al objetivo de uso que se plantee en el ámbito de la agricultura. Algunas
de las posibilidades son el desarrollo de un cultivo u otros destinos. Es la herramienta básica e
indispensable para establecer un programa de fertilización.12

El muestreo consiste en la recolección de una determinada cantidad de suelo, en una unidad


homogénea, como un lote o sector del lote, con características similares, a una profundidad
determinada para monitorear su condición o estatus.3

Sirve como herramienta para planificar estrategias de conservación de sus propiedades


químicas, físicas y biológicas. Permite:

1. Identificar deficiencias de nutrientes.


2. Caracterizar indicadores de la fertilidad química, física o biológica de la unidad de
muestreo.
3. Hacer recomendaciones de fertilización, enmiendas.

El momento del muestreo depende de los objetivos del mismo. Para la recomendación de la
fertilización de un cultivo es conveniente realizarlo días antes de la siembra o de la aplicación
de los fertilizantes, para evaluar los efectos de un tratamiento específico unos días después de
la aplicación de estos tratamientos. En el caso de caracterizar un lote a través de diferentes
indicadores edáficos, se recomienda realizar un muestreo en los meses sin cultivo, posteriores
a la cosecha, repitiendo siempre en la misma época los muestreos posteriores para poder
comparar resultados y minimizar los errores de interpretación que pudieran derivarse de las
variaciones climáticas anuales.3

El muestreo puede ser realizado por cualquier persona con conocimientos básicos o que haya
recibido un capacitación que incluya la identificación de las unidades de muestreo, uso de las
herramientas de muestreo (barrenos o caladores, palas) y los cuidados de las muestras. Se
recomienda la participación de un técnico y del productor para la diagramación del croquis y
extracción de las muestras4
Propiedades Físicas del Suelo

Color del suelo. Es una de las características que permite describir a los distintos tipos
de suelos. El color del suelo no tiene un efecto directo sobre el crecimiento de las plantas,
pero indirectamente afecta la temperatura y la humedad del mismo. Mientras mayor
cantidad de energía calorífica se encuentre en el suelo, se tendrá una mayor temperatura
y evaporación. Se ha comprobado que los suelos oscuros bajo las mismas condiciones
ambientales y sin cubierta vegetal, tienden a secarse más rápido. Por otro lado, los suelos
húmedos son más oscuros que aquellos que se encuentran secos, además de que
absorben mayor cantidad de luz que ayuda al incremento de temperatura del suelo y un
desarrollo más acelerado del cultivo.

Textura del suelo. La textura indica la proporción de las partículas fundamentales del
suelo: arcilla, limo y arena, que se pueden agrupar en fina, media y gruesa. El diámetro de
las partículas de arcilla es menor de 0.002 mm, las de limo están entre 0.002 y 0.05 mm y
las de arena son entre 0.05 y 2.0 mm. La textura, además influye en la cantidad y
disponibilidad de agua y nutrimentos, así como en la aireación, drenaje y accesibilidad en
el uso de implementos agrícolas. Suelos de textura gruesa. Son los suelos con más de 50
% de arena, pero contienen menos del 20 % de arcilla. Cuentan con una baja
capacidad para retener nutrientes y agua. La gran cantidad de poros grandes y bajo
contenido de arcilla provoca que se pierda más fácilmente agua y nutrientes,
especialmente nitrógeno. Lo anterior ocasiona un desarrollo pobre de los cultivos al no
cubrir sus necesidades nutricionales. La alta lixiviación y volatilización de nitrógeno en
estos suelos hace necesario fraccionar la fertilización nitrogenada tanto como sea posible
y la aplicación de materia orgánica. Por otra parte, la gran cantidad de poros grandes
facilita la penetración y desarrollo del sistema radical de los cultivos.

Humedad del suelo. Referida a la cantidad de agua disponible para la planta. Dicho
contenido puede variar de acuerdo al tipo y cantidad de arcilla y el porcentaje de MO que
se encuentre en el suelo. Entre mayor cantidad de arcilla y/o MO, mayor cantidad de agua
retenida; es por ello que suelos arenosos suelen saturarse más rápidamente que un
arcilloso. Es importante conocer el manejo de los riegos en el cultivo en base al tipo de
suelo y evitar un estrés hídrico que repercuta en el rendimiento
Penetrabilidad. Es la resistencia que presenta un suelo a la penetración radical y está
íntimamente ligada a la densidad aparente (sólidos por unidad de volumen) y al nivel de
humedad del suelo. Se mide con aparatos denominados penetrómetros y se expresa en
kg/cm2. La penetrabilidad está estrechamente relacionada con el volumen de raíces.
Según algunos estudios, resistencias mayores a 20 kg/cm2 medida a capacidad de
campo, ocasiona crecimientos limitados de las raíces de cultivos de alfalfa, maíz y
algodón.

La porosidad del suelo. La porosidad es la cantidad de espacio de los poros en el suelo


y que se subdivide en macro y microporos. El porcentaje de porosidad es alto en suelos
de textura fina con una mayor proporción de microporos, lo cual favorece una mayor
retención de humedad en relación a un suelo arenoso. Por otro lado, a medida que
aumenta la densidad aparente, la porosidad disminuye e influye directamente en la
aireación del suelo, llegando a disminuir en casos extremos el desarrollo de las raíces.
Los poros de diámetros de 0.2 a 0.3 mm limitan el crecimiento de raíces.