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Esperanza para el Homosexual

Tomado con permiso de Exodus Latinoamérica – www.exoduslatinoamerica.org

En este artículo queremos presentar las causas que llevan a la homosexualidad y las
posibilidades de que quienes luchan con dificultades homosexuales logren un cambio.
Hace más de diez años apareció el libro de la Dra. Elizabeth Moberly Homosexuality:
New Christian Ethic (Homosexualidad: Una nueva ética cristiana), que revolucionó el
pensamiento cristiano sobre la homosexualidad. Después de años de investigaciones,
Moberly ofreció una nueva comprensión de las causas de la homosexualidad. Antes,
especialmente por la influencia de Freud, se pensaba que el problema residía en la
dificultad para relacionarse con el sexo opuesto, inconveniente que nacería en la
primera infancia. Moberly desafió esta posición y afirma que la dificultad radicaba en la
relación con el mismo sexo, especialmente con el progenitor del mismo sexo.

Cuando nace un varón se enfrenta con algunas tareas emocionales significativas. Nacido
del cuerpo de una mujer (su madre) tiene que "desidentificarse" con ella para
identificarse con la figura masculina (su padre). Debe recibir de su padre el amor, la
aceptación y la confirmación necesarios para seguir en su proceso de desarrollo
psicosexual. Si por alguna razón esto no llegara a ocurrir, surgirían consecuencias
graves para el de la cuales puede ser la falta niño, una de las cuales puede ser la falta de
madurez emocional psicosexual que puede conducir a una orientación homosexual. Esta
carencia de una relación positiva, intima y satisfactoria con el padre engendra un vacío
emocional y necesidades insatisfechas que la madre no puede suplir porque es un asunto
de varones.

Muchas circunstancias rompen la relación entre el hijo y el padre: padres violentos que
no se acercan a sus hijos con una actitud positiva; padres ausentes física y/o
emocionalmente; hombres que no logran una relación físicamente afectiva con sus hijos
(muchos porque nunca la tuvieron con su propio padre). Algunos niños "piensan"
inconscientemente: "Si ser hombre es ser como mi padre, no quiero ser hombre..." ¿Qué
les queda? El vacío de identidad que les lleva a identificarse con la figura femenina.

Con las niños puede suceder algo parecido, pero como nacen de una mujer, el proceso
de identificación es más sencillo, ya que la misma madre les sirve de modelo. Quizás
por esta razón haya una proporción de una lesbiana por cada cuatro homosexuales
masculinos. Si la niño no hace el proceso de identificación con una madre que apruebe y
confirme su feminidad, puede sobrevenir el lesbianismo.

Volvamos al ejemplo del varón. El niño va creciendo con el vacío del amor y de la
aceptación que necesita de su padre. Al ingresar en la nueva etapa de la pubertad, la
necesidad de amor paterno se erotiza, justo en un momento de descubrimiento y
experimentación sexuales propios de esa edad. En esa situación el niño es muy
vulnerable a un encuentro homosexual. Como dice un amigo mío:

"El chico sale en búsqueda del amor su padre en los brazos de otros hombres". Si siguen
los encuentros con otros hombres, el descubrimiento del sexo anónimo, o la ilusión de
haber encontrado "la persona" en la compañía de otro hombre, se establece el patrón de
conducta que lleva a un estilo de vida homosexual. En otras palabras, el joven busca
satisfacer una necesidad emocional con actividad sexual, por lo que la actividad sexual
nunca resolverá el problema.

Sy Rogers, ex-presidente de Exodus Internacional de Norteamérica, me comentaba que


el 80% de quienes lo buscaban en su ministerio solicitando ayuda para abandonar la
homosexualidad, tenían una historia de abuso sexual en la infancia o adolescencia. Esto
no significa que todas las personas que son abusadas sexualmente serán homosexuales,
sino que abuso sexual contribuye a inhibir el desarrollo psicosexual posibilitando en
algunas personas inclinaciones homosexuales.

Por lo que ya hemos dicho, podemos entender por qué las madres no pueden resolver la
situación de sus niños varones. Sucede que ellos necesitan el amor de padre, un hombre
que los ame y les confirme su sexo. Por esto de nada vale decir "Fui madre y padre de
mis hijos". Quizás las mujeres pueden hacer cosas del rol de padres, pero no logran
brindar a los hijos varones el amor de un hombre, que tanto necesitan.

Al considerar la estructura y dinámica familiares de nuestra cultura apreciamos el grave


problema que enfrentamos como sociedad. Lamentablemente, la crianza y la educación
religiosa de los hijos han sido delegadas a la mujer. Me acuerdo de una amigo que me
comentaba sobre un conocido suyo que lloraba ante su presencia al admitir que su hijo
era homosexual: "Hice lo que consideré era lo mejor: entregué mis hijos a mi esposa
para que ella los criara".

En líneas generales, a los hombres en nuestra cultura se les ha enseñado a ser machos, a
no demostrar sus emociones - mucho menos a otro hombre o a su propio hijo. Es hora
de enseñar a los hombres a ser "machos espirituales": firmes, pero tiernos; con decisión
pero con comprensión; líderes pero atentos a los deseos de la familia; además fieles a
sus esposas, amorosos y con aprobación para con sus hijos. Es la manera de prevenir la
homosexualidad.

Pero, ¿cómo podemos ayudar a las personas que ya se encuentran en esta situación, que
ya son homosexuales? Me gustaría compartir con ustedes algunas ideas provenientes de
mi práctica psicoterapéutica.

Ayuda para los homosexuales

1. No creo que la homosexualidad sea biológica ni genética, ni que la gente nazca así. El
movimiento político homosexual que tiene mucho que ganar económica y políticamente
quiere que creamos esta mentira. Muchos de los estudios científicos que esgrime tienen
graves fallas metodológicas. Fueron rechazados por investigadores homosexuales.
Nadie nace homosexual, y por eso hay esperanza de revertir la situación. De hecho,
muchos atestiguan haber salido de la vida homosexual. Sy Rogers manifiesta que el
pronóstico de recuperación de una persona con dificultades homosexual les es mejor
que el de la gente que lucha con el alcoholismo. En conclusión, para ayudar a que
alguien cambie, es necesario creer que esto es posible.

2. Por cierto, la sanidad no ocurre de la noche a la mañana, aunque no dudo del poder
del Señor para hacerlo. En general, lo que veo como psicóloga es que la gente debe
buscar sanidad para ciertas áreas de su vida, como la relación con el padre, el vínculo
con la madre, el campo o de los recuerdos, en fin, las causas de las dificultades
emocionales. Esto lleva tiempo.

Por otro lado, en la medida en que las heridas van sanándose, la persona tiene que
aprender ciertas conductas quizás no asumió en la edad apropiada. Por esto, en el
proceso de sanidad hay dos etapas: un tiempo de tratamiento de las heridas emocionales,
y un periodo de aprendizaje de las conductas que no fueron adquiridas a su tiempo y de
los modos de relacionarse que deberían haberse aprendido, especialmente en la
adolescencia. Por ejemplo, ha de aprender el juego de coqueteo con el sexo opuesto,
vestirse según su sexo, gestos apropiados, etc. Muchas veces, las personas critican a los
varones que han dejado la vida homosexual y están en proceso de sanidad porque
todavía se ven afeminados. Dicen que esto comprueba su "falta de sanidad". Sin
embargo, debemos recordar que la sanidad es realmente un proceso, y el hecho de que
la persona no está conformada a un patrón cultural de masculinidad (o feminidad) no
significa que no está curándose. Para decirlo con sencillez, la sanidad requiere tiempo.
Sy Rogers, que vivió casi dos años como mujer antes de conocer al Señor y dejar la vida
homosexual/transexual, le respondió a una persona que le hizo tal observación: "Estoy a
años luz del tiempo en que me ponía medias de seda rosada y me pintaba los labios".

3. Rogers también habla de la importancia de obedecer a Dios una vez emprendido el


proceso de sanidad. La obediencia protege de males peores, como el SIDA y las
enfermedades venéreas, y coloca al individuo en una posición donde puede recibir
sanidad. Me gusta el ejemplo del Antiguo Testamento de las seis ciudades de refugio,
donde cualquiera que hubiera matado a otro sin intención podía buscar protección. El
vengador de esa sangre derramada no podía tocar al asesino mientras estuviera en la
ciudad de refugio. La obediencia nos pone en una "ciudad de refugio". Si estamos
obedeciendo al Señor, estaremos siempre en mejor posición Para vencer al enemigo. Per
otro lado, si salimos del refugio (de la obediencia), estamos proveyendo para los deseos
de la carne (Ro. 13:14) y del enemigo (2 Co. 2:11).

4. Creo que se debe establecer otra diferencia importante. La Biblia no condena el


impulso homosexual, pero sí condena el comportamiento - homosexual (pero cuidado
con las fantasías y la lujuria. Todos debemos ejercer disciplina sobre nuestra conducta.

5. Finalmente, tengamos cuidado de considerar el matrimonio como un remedio contra


la homosexual. El matrimonio jamás cura la homosexualidad. Hay muchas mujeres que
se sienten responsables del fracaso de su matrimonio porque el marido las dejó por un
hombre. Todo cónyuge ha tenido una vida anterior al matrimonio. Suele suceder que en
esa etapa un esposo como el de este ejemplo no haya honesto y no haya querido
compartir con su novia su inclinación homosexual per temor a que ella lo abandonara. O
quizás haya pensado sinceramente (pero sinceramente engañado) que el matrimonio iba
a curar su mal. Ningún pastor o consejero cristiano debe sugerir matrimonio como
medio de sanidad. Además, hay muchos que viven una vida doble: años engañando a su
pareja sin compartir su terrible secreto hasta que el SIDA lo descubre. El matrimonio no
es señal de sanidad, aunque puede ser el resultado de un largo proceso sanidad. Conozco
a muchas personas que, después de tomar en serio su proceso de curación, llegaron a
casarse, personas para las cuales el matrimonio antes era algo absolutamente imposible
e impensable. Dios es fiel, y culmina que lo que él empieza en la vida de sus siervos
fieles. No debemos tener miedo las personas recuperadas se casen porque hemos visto
muchos matrimonios felices, hombres y mujeres recuperados que han dado testimonio
del poder de Dios y de la amistad y el apoyo de su cónyuge. Otros prefieren vivir
solteros, lo cual también es un don de Dios (1 Co. 7:7). No es necesario casarse para
probar que se ha alcanzado la sanidad.

Espero que este artículo sea de esperanza a todo el que tenga una vida tocada directa o
indirecta por la homosexualidad. Es mi convicción y mi compromiso compartirles que
los homosexuales pueden cambiar. Para Dios nada es imposible (Mr.10:27).

(Articulo originalmente publicado en Apuntes Pastorales, Vol. XIV, No. 3, 1997. Reproducido con
permiso.)