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Ovni

Este artículo trata sobre objeto volador no identificado. Para otros usos de este término,
véanse UFO y Platillo volante (desambiguación).
Para el objeto sumergible no identificado, véase osni.

Clásica fotografía de un supuesto ovni en Nueva Jersey, tomada el 31 de julio de 1952. Esta forma
característica de pretendidas naves extraterrestres tienen su origen en la confusión de un periodista.1

El término objeto volador no identificado, más conocido por el acrónimo ovni,2 se refiere a
la observación de un objeto volador, real o aparente, que no puede ser identificado por el
observador y cuyo origen sigue siendo desconocido después de una investigación.
El acrónimo fue creado para reemplazar al de «platillo volante» y ha llegado a trascender más
allá de las simples observaciones aéreas. Aunque autores como Erik
von Daniken (1999) o Jacques Fabrice Vallée (1976) han apuntado que los antiguos carros de
los dioses o las apariciones y raptos en bosques y pantanos podían ser el equivalente a los
relatos ovni actuales, el fenómeno-mito comenzó en 1947, íntimamente vinculado a los medios
de comunicación.
Su interés para los gobiernos, si es que alguna vez lo tuvo, ha ido decreciendo al encontrarse
explicación a la mayoría de los casos y no apreciarse nada especialmente raro ni misterioso
en los no aclarados. Sin embargo, la tendencia parece opuesta en la literatura especializada
en estos temas, que ha ido creciendo en número de cabeceras y tirada, para pasar a recoger
también supuestos contactos telepáticos, pretendidos secuestros y declaraciones sobre
experimentos genéticos realizados por los tripulantes de dichos objetos. Todas estas
afirmaciones extraordinarias tienen en común la ausencia de pruebas extraordinarias que las
demuestren. Pese a la total ausencia de las mismas, la hipótesis extraterrestre sigue siendo
tema de debate.

Índice
[ocultar]
 1Contexto histórico
 2Terminología
 3Historia
o 3.1Ovnis en la Edad Antigua, Media y Moderna
o 3.2Ovnis contemporáneos
 4Investigación
o 4.1Líneas de investigación
o 4.2Clasificación de los ovnis en fases
o 4.3Clasificación de los ovnis por su forma
o 4.4Resultados
 5Interpretación
o 5.1Hipótesis extraterrestre
o 5.2Carl Gustav Jung: fundamentación psíquica
o 5.3Hipótesis psicosocial
o 5.4Hipótesis paraufológica
 6Los ovnis en la cultura popular
 7Notas
 8Bibliografía citada
 9Referencias
 10Lecturas adicionales
 11Véase también
 12Enlaces externos

Contexto histórico[editar]
Autores como Luis Alfonso Gámez, Ricardo Campo1 o Neil deGrasse Tyson3 han insistido en
la gran importancia de los antecedentes históricos que rodeaban el nacimiento y la
popularización del término «ovni».

El astrónomo británico Percival Lowell, defensor de vivir cerca de otras civilizaciones extraterrestres con
gran inteligencia.

A finales del siglo XIX y principios del XX, Percival Lowell había publicado varias obras
sobre Marte, en las que postulaba que las líneas oscuras divisadas por Giovanni Virginio
Schiaparelli en la superficie marciana, constituían una red de canales creados por una
civilización inteligente, para traer agua desde los polos al ecuador del «planeta rojo».4 Pese a
que las observaciones de Lowell se revelarían erróneas, el público en general consideró la
existencia de vida extraterrestre inteligente y cercana a la Tierra como un hecho probado
científicamente. El astrofísico y divulgador científico Carl Sagan (1996, p. 232) indica que la
nave estadounidense Mariner 9 refutó esa posibilidad cuando fotografió la superficie de Marte
en 1971.
En 1944, la Luftwaffe había conseguido hacer operativo el Heinkel He 178. El motor de este
avión sorprendió por su sencillez al no necesitar bielas, pistones, cigüeñal, aceite y los demás
elementos utilizados hasta el momento.5 También su velocidad, cercana a los 700 km/h,
dejaba bastante atrás a los mejores aparatos de la época, caso del Supermarine Spitfire.
Como tercera virtud se puede destacar su maniobrabilidad. Además, el aparato en sí ya era
sorprendente para personas poco introducidas en el mundo aeronáutico por no tener hélices
que lo impulsaran. Aparatos como este y tantos otros que le siguieron comenzaron a implantar
en el ciudadano corriente la idea de que se investigaba sobre nuevos modelos aéreos,
bastante diferentes de los anteriores y con unas prestaciones muy superiores.
Un efecto más contundente si cabe para la opinión pública, lo causó el V2. Este misil
balístico dejaba muy atrás a lo que podían presentar naciones como la Unión
Soviética o Estados Unidos. El V2 era capaz de mover una carga útil de casi una tonelada, a
varios cientos de kilómetros y a velocidades que superaban con mucho la del sonido, según
Nigel Hawkes (1992, p. 193) dicha velocidad se consideraba «barrera» infranqueable para un
ingenio humano, pese, continúa Hawkes, a que las balas de fusil ya viajaban a esa velocidad
desde hacía décadas. Este portento de la ingeniería abrió nuevamente la mentalidad del
público en general e hizo ver como posible que un ingenio de origen inteligente causara
imágenes que antes se hubieran tomado por espejismos, resplandores, relámpagos o
cualquier otra explicación natural.
El 16 de julio de 1945 tuvo lugar en Álamo Gordo la Prueba Trinity, con la que culminaba
el Proyecto Manhattan. Dicha prueba, junto a la utilización posterior de una bomba de uranio y
otra de plutonio, demostró que se podía conseguir gran cantidad de energía con poca masa.
Pero, al mismo tiempo, se descubría un nuevo tipo de arma, con una capacidad destructiva
incomparable, lo cual supuso un salto cualitativo en el tipo de guerra que podría librarse.
Igualmente se dio el pistoletazo de salida para una carrera de armamentos entre los Estados
Unidos y la Unión Soviética junto a una carrera de información para conocer cada bando el
nivel alcanzado por su oponente.6 Aunque actualmente se sabe que la tecnología soviética
estaba por detrás de la estadounidense, había dos campos donde sí llevaban cierta ventaja:
uno era el balístico, como se verá más adelante, y el otro fue la capacidad de guardar sus
secretos. El régimen de Iósif Stalin era una dictadura férrea, con un control considerable de la
información producida y difundida, por lo que las apariencias eran más fáciles de guardar.
Unido a esto, las inmensas proporciones del país le concedían una profundidad estratégica sin
igual, lo que hacía imposible observar todo su territorio, aunque solo fuese indirectamente,
desde ningún punto de su frontera, por muy alto que se alzara el observador. Como ha
recogido posteriormente John Lewis Gaddis (2008), los soviéticos podían amenazar con
misiles que no tenían y esgrimir divisiones con las que no contaban, o al menos en
determinados momentos, porque las agencias de información, al principio, ignoraban lo que
sucedía en el interior del país enemigo. La recién creada CIA (Agencia Central de Inteligencia)
necesitaba información sobre lo que sucedía en la Unión Soviética y financió proyectos de
todo tipo para conseguir fotografías o mediciones atmosféricas que pudieran indicar los
avances de la otra superpotencia en campos como el de los misiles intercontinentales, los
bombarderos estratégicos o las pruebas nucleares atmosféricas.
Ante las prestaciones ofrecidas por el motor de reacción y el misil balístico, las potencias
vencedoras se disputaron a los técnicos implicados en los programas alemanes para
desarrollar los suyos propios. Sin embargo, por una serie de decisiones, los Estados Unidos
mantuvieron relegado a von Braun durante un tiempo, mientras los dirigentes soviéticos
sacaron del Gulag a Serguéi Koroliov para que retomase los programas de misiles
abandonados años atrás. Al poco tiempo, los segundos iban más adelantados que los
primeros en misiles y cohetes. Carl Sagan (1996, p. 247) indica que dicha ventaja fue inicial,
cuando los soviéticos contaban con algunos prototipos de una potencia superior y una tasa de
éxitos también superior a la presentada por los estadounidenses, pero esa situación se
invertiría posteriormente.
Es nuevamente Carl Sagan (1996) quien recoge la sorpresa de los dirigentes de la Unión
Soviética y los Estados Unidos respecto al interés del público por el tema espacial cuando,
unos años después de comenzar las primeras pruebas con los nuevos misiles balísticos, los
soviéticos demostraron que se podía llegar al espacio exterior con el Sputnik 1. Más aún, los
éxitos soviéticos crearon cierto pánico en la población estadounidense al sentirse vulnerables
y en inferioridad tecnológica frente a su enemigo. El mismo Sagan (1996, p. 212) recogió ese
sentimiento y la reacción inmediata de los políticos en dar prioridad a los temas
aeroespaciales. El astrobiólogo transcribe el interrogatorio mantenido en 1958 entre Daniel J.
Flood, presidente de la subcomisión para asignaciones de la defensa y representante
del partido demócrata por Pensilvania, y Richard E. Horner, secretario de la asesoría para
la Fuerza aérea de los Estados Unidos. Ante la petición de una partida considerable de fondos
para la investigación espacial, la subcomisión realizó tres preguntas a Horner y, tras
responderlas, Flood declaró:
Deberíamos darle todo el dinero, todo el hardware y todo el personal que precisen, sin importar lo que
otras personas puedan opinar o querer, y pedirles que se suban a una colina y que lo hagan sin
contemplaciones.

Con un vigor como el demostrado por las dos partes en los aspectos técnico, económico y de
comunicación, pronto comenzaron a ser familiares para las personas de toda clase y condición
los cohetes de gran tamaño, las imágenes de cápsulas reentrando en la atmósfera, los trajes
presurizados, las escafandras...

Terminología[editar]

Búmeran de madera a cuya forma se parecían los objetos declarados por Kenneth Arnold.

El primer nombre dado a luces o formas en el cielo desconocidas para el espectador fue el de
«platillo volante» o «platillo volador», del inglés flying saucer. El término «platillo volador» se
popularizó en 1947 debido a un error periodístico. El 24 de junio, el piloto civil
estadounidense Kenneth Arnold ―mientras volaba sobre la cordillera de las Cascadas (en
el estado de Washington)― vio una formación de nueve objetos con forma de búmeran que
volaban a una velocidad (estimada por él) superior a los 1500 km/h.1
Como se ha indicado, a finales de la Segunda Guerra Mundial se veía como posible la
existencia de prototipos rápidos y muy manejables, desarrollados por otros países y nunca
vistos hasta el momento. Ante la posibilidad de haber divisado una escuadrilla de dichos
prototipos, Arnold se dirigió a la oficina del FBI para informar, pero la encontró cerrada. Por lo
tanto acudió a un periodista llamado Bill Bequette para narrarle su observación. El piloto
explicó la formación indicando que los nueve objetos tenían forma de búmeran y describió sus
movimientos como el efectuado por las piedras cuando rebotan sobre una superficie líquida,
en concreto sus palabras pueden traducirse por «un platillo lanzado a través del agua».
Bequette confundió la forma en la que se movían los objetos con la forma de los objetos. El
error de Bequette ha sido recogido multitud de veces por científicos como Carl Sagan (1997):
«Dijeron que yo había dicho que eran “como platillos”, cuando lo que yo dije fue que “volaban
al estilo de un platillo”», declaró Arnold al célebre locutor Edward R. Murrow en una entrevista
para la CBS, transmitida el 7 de abril de 1950.
Nuevamente Sagan (1997) hizo hincapié sobre la relación entre la confusión y las
observaciones posteriores, incluso fotografías:
Mientras la explicación original se ha olvidado, el término «platillo volador» se ha convertido en una
palabra habitual. El aspecto y comportamiento de los platillos voladores de Kenneth Arnold era bastante
diferente de lo que solo unos años después se caracterizaría rígidamente en la comprensión pública del
término: algo como un frisbee muy grande y con gran capacidad de maniobra.

Autores como Ricardo Campo han recogido citas más elocuentes:1


Muy probablemente, a partir de entonces, todas las razas alienígenas y extraterrestres que han visitado
la Tierra han tenido que rediseñar sus naves interplanetarias para adaptarse al error de un periodista de
un diario local de Estados Unidos del año 47.

Pese al error, las declaraciones sobre ingenios aeronáuticos no identificados aumentaron


considerablemente. Ante la posibilidad de que la Unión Soviética dispusiera de aparatos
desconocidos hasta el momento o que se pudiera estar violando de alguna forma el espacio
aéreo estadounidense con gran impunidad, la administración de Harry S. Truman emprendió
una serie de investigaciones para esclarecer los hechos. Uno de los participantes en aquellas
investigaciones y director del posteriormente llamado Proyecto Libro Azul fue Joseph
Allen Hynek (1977). A este astrónomo se le debe la decisión de cambiar el término «platillo
volante» por el más genérico «objeto volador no identificado», traducido del
inglés «unidentified flying object» UFO, término que persiste hasta nuestros días y da nombre
a la disciplina que estudia o simplemente recoge los casos de ovnis, la ufología.nota 1

Historia[editar]
No existe acuerdo respecto al momento en que comenzó la historia de los ovnis. Para Wilding-
White, J. J. Benítez, Erich von Däniken o Jacques Vallée los avistamientos de objetos sin
identificar se remontan tanto como historia tiene la Humanidad. Para autores como Ricardo
Campo, Luis Alfonso Gámez1 o Carl Sagan es un mito contemporáneo que comienza a finales
de los años cuarenta. Citar tantas veces a este último astrónomo está justificado no solo por
su obra literaria, sino también por sus aportaciones a la investigación ovni, como se detalla
más adelante.
Ovnis en la Edad Antigua, Media y Moderna[editar]
Artículo principal: Teoría de los antiguos astronautas

Véase también: Fenómeno celeste en Núremberg de 1561


Véase también: Fenómeno celeste en Basilea de 1566

Los avistamientos de platillos volantes, como se ha explicado, comenzaron cuando la


ingeniería había logrado ya un nivel suficiente como para desarrollar motores de reacción,
misiles con alcances estratosféricos e ingenios nucleares. Lo que, para escritores como Luis
Alfonso Gámez, sugiere un origen humano producto de aquella época. La idea de estar ante
un mito de la era espacial.4

Pintura mural en Val Camonica (Italia). ¿Son humanoides portando escafandras o se trata de una
interpretación contemporánea?

A esta relación causa-efecto se han opuesto novelistas como Erik von Daniken (1999), Juan
José Benítez (1994) o Jacques Fabrice Vallée (1976), quienes sostienen que, desde el pasado
más remoto, el ser humano trató de adaptar lo que veía a su intelecto, relacionando los
distintos avistamientos con objetos conocidos, cercanos a él. El primero de los escritores
citados, planteó que muchas de estas referencias antiguas serían registros de observaciones
reales de supuestas naves alienígenas, que habrían recibido distintas denominaciones en
documentos antiguos: «vehículo de los dioses», «vimana», «carro pushpaka» y «marut»
(todas ellas en el Ramayana hinduista, del siglo III a. C.); y también «bórax resplandeciente»,
«carro de fuego», «disco solar», «escudo que vuela», «escudo yacente», «esfera
transparente», «espada voladora», «flecha ígnea», «luz cósmica», «nube con ángeles»,
«nube de fuego», «perla luminosa», «serpiente de las nubes».
Asimismo señala que, si estos vehículos aéreos estuvieran tripulados, se produciría
igualmente el contacto con los eventuales seres extraterrestres, quienes transmitirían a los
observadores enseñanzas diversas. Según estas teorías, el origen de muchas de las
civilizaciones del pasado (Egipto, Babilonia, etc.) sería extraterrestre, o al menos, las
tecnologías para realizar sus obras serían de origen o inspiración extraterrestre.
Es necesario reseñar que personas expertas en Egipto y Asiria, como la egiptóloga de
la Universidad Complutense de MadridMara Castillo Mallén, advierten: los autores como von
Daniken no son egiptólogos ni asiriólogos, tampoco son arqueólogos y algunos, como el
mismo Daniken, no son licenciados; por lo tanto, afirmaciones como las anteriores deben ser
tenidas como meras especulaciones. No existen dudas sobre la procedencia del pueblo
egipcio ni los muchos que poblaron Mesopotamia, ni se aprecia un salto tecnológico en algún
momento comprendido entre la construcción de las primeras mastabas hasta los templos
del Imperio Nuevo que haga suponer una transferencia tecnológica, ni se ha encontrado
ningún registro de contactos con civilizaciones extraterrestres.9 Otros autores, como Luis
Alfonso Gámez o Benjamin Radford, mantienen que las conjeturas de Daniken y otros
contienen, además de una gran ignorancia sobre la Historia antigua, una postura insultante y
hasta racista contra esos pueblos, al no dudar de que los romanos pudiesen construir
el Coliseo y los griegos el Templo de Artemisa, pero sí hacerlo cuando los ejecutores fueron
otros humanos no europeos.10
Juan José Benítez (1994) propuso en su libro Los astronautas de Yavé que una serie de
extraterrestres entrenaron a Moisés en el monte Sinaí en distintas técnicas, se ocuparon de
ofrecerle asesoramiento, cuidaron y alimentaron a los padres de la Virgen María, se
aparecieron a San José, los Reyes Magos o fueron los encargados de realizar la Anunciación.
Como en el caso de Daniken, el autor español no aporta ninguna prueba documental o
arqueológica de dichos supuestos.

Sello en el que aparecen los anunnaki.

Por su parte, Jacques Fabrice Vallée (1976) mantenía que ha existido una vieja tradición de
seres fantásticos como las ninfas, sílfides, duendes o hadas, que cometían raptos de personas
para llevarlas a lugares que los relatos denominan Magonia, pero también Ávalon y
otras geografías míticas. Según el autor francés, esos cuentos eran la forma que tenían
aquellas personas para explicar encuentros cercanos, raptos y abducciones llevados a cabo
por seres extraterrestres. Como en el caso de las conjeturas vertidas por Daniken, esta
hipótesis no deja de ser una explicación ad hoc e innecesaria, pues existe otra mucho más
sencilla. Las nubes, las hadas o los carros de fuego podrían ser metáforas empleadas en los
relatos religiosos, sin ninguna evidencia de que dichos relatos deban ser interpretados más
que de una forma mítica. Así pues, dichas narraciones no constituyen una
prueba empírica para saber si ocurrieron los hechos así o no, es decir, sostener que se trata
de naves extraterrestres podría ser un argumento ad ignorantiam.
Durante la Edad Media aumentaron, si cabe, los problemas para realizar registros escritos de
sucesos cotidianos. Esto fue debido al ligero crecimiento del índice de analfabetismo y a los
cortes periódicos que los musulmanes practicaban al suministro de papiro con destino
a Europa, por lo que solo quedaban los pergaminos como soporte para escribir, de mejor
calidad, pero mucho más escasos. Para Ted Wilding-White (1977, p. 7) los avistamientos no
se pudieron recoger hasta la publicación de los primeros periódicos. Antes, prosigue Wilding-
White, las narraciones de sucesos aéreos desconocidos solo podían ser preservadas para
lecturas posteriores por personas que supieran y pudieran escribirlas. En Europa Occidental
esta facultad quedaba reservada a los monjes en los monasterios, por lo que se reducía
mucho el espacio observable. El autor recoge siete casos acaecidos entre el 1 de enero de
1254 y el 13 de noviembre de 1833.
Ovnis contemporáneos[editar]
Dirigible misterioso, titular en The San Francisco Call. 23 de noviembre de 1896.

A finales del siglo XIX se produjo la denominada oleada de aeronaves de 1896-1897, también
referidas como dirigiblesmisteriosos o dirigibles fantasma, aludiéndose a la visión de una clase
de objetos voladores no identificados reportados a partir de una serie de informes
periodísticos originados en el oeste de Estados Unidos y que se extendieron hacia el este del
país desde finales de 1896 hasta principios de 1897. Se consideran la antesala y los
predecesores culturales de los modernos avistamientos de ovnis.1112
En el siglo XX y XXI el tema ovni vivió una curva similar a la Campana de Gauss, comenzando
por el ya relatado comentario del piloto Kennet Arnold en la Cordillera de las Cascadas el 24
de junio de 1947. Al mes siguiente se produjo el Incidente ovni de Roswell, en Nuevo México.
Siguiendo a Donald Menzel, fuese cual fuese lo aparecido en Roswell debería quedar fuera
del campo ovni, pues no es nada que se viese volando. Pese a todo, y debido a la vinculación
desde su inicio con visitas extraterrestres, se tardó muy poco en reunir los dos sucesos en la
misma categoría.
Es necesario volver a repetir las acuciantes necesidades de la CIA en particular y del gobierno
estadounidense en general para conseguir información de lo que sucedía en el interior de la
Unión Soviética. Según relata uno de los asesores de la investigación ovni, el ya citado
Carl Sagan (1997, p. 102), esa necesidad acuciante de información llevó a desarrollar multitud
de globos aerostáticos con el objetivo de captar indicios sobre los progresos soviéticos.
Muchos fueron lanzados desde distintos lugares con la esperanza de que cruzaran el país
enemigo para ser rescatados después con algún resultado. Uno de dichos intentos era
el Proyecto Mogul que analizaba el aire para buscar evidencias de pruebas nucleares
soviéticas. El Mogul estaba catalogado como secreto y actualmente se tiene por el
responsable de lo que sucedió en el pueblo de Nuevo México, afirma Sagan (1997, p. 102 y
siguientes), incrementado también por la próspera industria turística local, como
narra Ballester Olmos (2000, p. 32). La posibilidad de tener guardado y en secreto un
acontecimiento como ese, la evidencia de haber sido visitados por una inteligencia
extraterrestre, es considerado de todo punto imposible por autores como Ricardo Campo,
pues empequeñecería lo realizado por Colón o por el Proyecto Manhattan del que ya tenían
noticias los soviéticos antes de su culminación.1 El español esgrime que ni la fabricación de
las armas nucleares pudo mantenerse bajo secreto, pese a existir un acuerdo previo de
silencio, mucho menos ocultar durante décadas un descubrimiento de capital importancia para
toda la Humanidad como es la prueba irrefutable de otro tipo de vida inteligente.
Tras estos sucesos, la lista de avistamientos continuó aumentando hasta que su número fue
considerado preocupante por la administración Truman, que ordenó las primeras
investigaciones que desembocarían en el posterior Proyecto Libro Azul. Carl Sagan (1997,
p. 100 y siguientes) indica que, cuando él fue asesor científico del proyecto, encontró un
ambiente de malestar y desidia en las Fuerzas Aéreas, tanto es así que la primera
denominación fue "Proyecto Fastidio" o "Project Grudge" en inglés.
Otro suceso que terminaría repercutiendo en el tema ovni se produjo a principios de los
cincuenta, cuando Donald Keyhoe, ex oficial de la USAF y participante en el Proyecto Libro
Azul, comenzó a ser oído junto a su mensaje de advertencia sobre lo intrínsecamente
peligroso de las armas nucleares y el cuidado que debía tenerse con las mismas. A partir de
aquellos avisos comenzó a surgir gente y grupos que decían haber contactado con
extraterrestres, quienes les transmitían el mismo mensaje.1 Es en este punto, cuando los ovnis
comienzan una deriva desde las observaciones hacia una especie de religión, con su ética,
sus mensajes y sus nuevos apóstoles, como los describió Fernando Jiménez del Oso.
En 1961 Betty y Barney Hill afirmaron que la noche del 19 al 20 de septiembre habían
sido abducidos por un platillo volante. El matrimonio no se puso de acuerdo en varios detalles,
pero los dos coincidían en que al final los dejaron bajar, habiéndoles borrado los recuerdos de
lo sucedido. Pese a que el especialista que los trató definió el caso como una especie de
sueño, testimonios como el de los Hill comenzaron a reproducirse tiempo después en varios
lugares del mundo, aumentando progresivamente las acciones realizadas a los abducidos,
siempre según los testimonios de los propios abducidos. Así se han declarado casos en que
los extraterrestres les realizaban exploraciones internas, implantes de dispositivos
intracutáneos e incluso inseminaciones. Resulta necesario puntualizar que
para psicólogas como Susan Clancy, de la Universidad de Harvard, dichas acciones
pertenecen a la esfera del sueño, la fantasía o el fraude, pero "Las abducciones no suceden
en el mundo real".13 Confirma las palabras de la psicóloga, el hecho de que ninguno de los
supuestos abducidos haya podido aportar pruebas fehacientes de lo sucedido, los implantes
nunca se han encontrado, las marcas en el cuerpo son compatibles con muchas otras lesiones
cotidianas y jamás se ha traído objeto alguno que poder analizar, ni aparecen publicados,
comenta Sagan (1997), artículos en revistas científicas sobre nuevos materiales desconocidos
hasta el momento.
Esta deriva en el tema ovni hacia unos encuentros cada vez más cercanos es, para Luis
Alfonso Gámez, el ejemplo de que el mito ovni se ha destruido a sí mismo, "porque ya no le
queda más por inventar".4

Investigación[editar]
Artículo principal: Ufología

Ovni triangular sobre Valonia(Bélgica).

Como se ha resumido en el apartado Terminología, el gobierno de Harry Truman emprendió


una investigación para saber si el espacio aéreo estadounidense estaba siendo violado con
cierta periodicidad por prototipos o ejemplares de pre-serie fabricados por otras naciones,
especialmente la Unión Soviética. La primera de dichas investigaciones oficiales comenzó en
1947 bajo el nombre de Proyecto Signo, en 1949 se rebautizó como Proyecto Fastidio14 y en
1952 como Proyecto Libro Azul, que seguiría investigando casos hasta 1969, para comenzar
después, informa Ted Wilding-White (1977, p. 11), el Proyecto Libro Blanco.
Los objetivos de dichos programas eran tres:
 Esclarecer si el espacio aéreo estadounidense estaba siendo violado.
 Saber si los platillos volantes podían constituir un peligro para Estados Unidos.
 Obtener, en la medida de lo posible, algún conocimiento o ventaja tecnológica.
En 1969, el último de dichos programas, el Proyecto Libro Azul, fue cerrado habiendo reunido
decenas de miles de expedientes y con la conclusión clara de que los ovnis no suponían un
peligro para la seguridad nacional.
Líneas de investigación[editar]
En las investigaciones financiadas por las distintas administraciones participaron algunos de
los más conocidos expertos, bien como directores o como asesores, entre ellos los cuatro que
han marcado las cuatro líneas de la literatura ufológica:nota 2

 Donald Keyhoe: ingeniero aeronáutico y postulador de la hipótesis según la cual las


Fuerzas Aéreas estadounidenses tenían pruebas de la llegada de seres extraterrestres.
 Josef Allen Hynek: astrónomo y más moderado en los planteamientos que Keyhoe,
también terminó afirmando que se ocultaban pruebas sobre la existencia de visitas
extraterrestres.
 Carl Sagan: astrofísico y defensor de la vida extraterrestre, pero escéptico de que
la Tierra haya sido visitada en el presente o en algún momento del pasado.
 Donald Menzel: astrónomo y aún más escéptico que Sagan, autor de la frase "en primer
lugar esos objetos si están identificados, sabemos lo que son, en segundo lugar en
muchos casos no son volantes y, por último, en la mayoría de los casos ni siquiera son
objetos".
Clasificación de los ovnis en fases[editar]
Durante las investigaciones del Proyecto Libro Azul, Hynek (1972) propuso tres fases o tipos
diferentes para clasificar las observaciones ovni:

 Primera fase: es cuando se divisa un objeto no identificado volando o en el suelo, en este


último supuesto lo avistado no sería un ovni, pero se decidió incluirlo si se le suponía la
capacidad de volar. Es la fase que más casos reúne según Hynek (1972, p. 86 y
siguientes).
 Segunda fase: para Hynek (1972, p. 110 y siguientes) se da cuando el objeto deja
cualquier tipo de huella, como vegetación quemada o marcas en la tierra.
 Tercera fase: aparece cuando se observa a un tripulante. Es la más escasa,
pero Hynek (1972, p. 138 y siguientes) localizó varios casos.nota 3
Posteriormente otros escritores como Fabio Zerpa las ampliaron a seis:

 Cuarta fase: el testigo ingresa en la nave, como en los casos de abducción.


 Quinta fase: contactos telepáticos, de mente a mente.
 Sexta fase: señales radiales o radioastronómicas.nota 4
A su vez Hynek (1972, p. 33) dividió las tres fases en "lejanas" y "cercanas" si la distancia que
separa observador y objeto es superior a 150 metros (500 pies).
Clasificación de los ovnis por su forma[editar]
Diversas formas de ovnis.

Según Hynek (1972, p. 33 y siguientes) los avistamientos lejanos serían de tres tipos: luces
nocturnas, ecos de radar y discos diurnos. Para otros las formas presentadas por los ovnis
son muy variadas, tanto es así que investigadores como Vicente-Juan Ballester Olmos (2000,
p. 32) califican de inútil cualquier clasificación, porque todos los "casos positivos", los que no
se pueden explicar, son únicos. No existe una tipología clara ni un patrón que se repita. Para
complicar más la situación, muchas de las descripciones se obtuvieron mediante
declaraciones únicas, por consiguiente resultaron imposibles de verificar. Pese a todo se han
apuntado ciertas formas, más o menos coincidentes:17

 Foo fighters: fenómeno cuyo nombre deriva del idioma inglés, y significa en
español fantasmas combatientes. Su origen se remonta a la Segunda Guerra Mundial,
"dado que los pilotos aviadores combatientes, las potencias del Eje por una parte y
los Aliados por la otra, observaron este fenómeno y su sorpresa fue que los objetos no
eran detectados por el radar".18 Se observaron como lucespequeñas, aparentemente
con masa, aunque en algunos casos las pequeñas luces cruzaban del exterior al interior
de las cabinas de los pilotos. Su tamaño, según los informes, variaba desde los
10 cm hasta 5 m, descritas como bolas incandescentes. En la actualidad se considera que
los objetos avistados por los pilotos eran en realidad rayos globulares.
 Esfera: fenómeno que generalmente se observa como cuerpo sólido y opaco, aunque han
sido observadas esferas translúcidas o luminosas, rígidas o flexibles. También conocidos
como caneplas.
 Disco: fenómeno que se observaría con una forma plana, algunas veces abultada en el
centro, luminosa o con un brillo metálico.
 Cigarro/puro: objetos o visiones con forma cilíndrica o similar, alargado, luminoso y
comúnmente de un tamaño mayor a las otras formas descritas. También existen relatos
que los describen sin luminosidad o brillo.
 Gusano: ovni que se presenta con apariencia tubular, mostrando un movimiento
aparentemente similar al de los gusanos. Entre los ufólogos y la criptozoología, es
conocido como Rod.
 Triángulo o delta: fenómeno en el que han sido observadas posibles naves con forma
triangular, generalmente con una luz en cada vértice. En esta última descripción se
discute su verdadera categoría como ovni; y la mayoría de los investigadores atribuyen su
origen a aeronaves terrestres de carácter experimental o secreto, desconocidas solo para
el mundo civil.
Resultados[editar]

Controlador aéreo del USS Theodore Roosevelt.

En 1969 la USAF había reunido unos 40.000 informes (Wilding-White, 1977, p. 10) que daban
como resultado:

 El 27% de los expedientes ovni resultaron ser estrellas, planetas y otros objetos
astronómicos.
 Otro 27% de los expedientes se debieron a globos y aviones.
 Un 23% fue producido por meteoritos, satélites artificiales y otros objetos cercanos a la
Tierra.
 Hubo un 23% que quedó sin explicación, pero se hicieron suposiciones sobre la mayoría
de dichos casos y se afirmó que podían haberse resuelto si los observadores hubiesen
dado más datos.
Con el tiempo, varias fuerzas aéreas y organismos independientes han realizado
investigaciones similares, como la presentada por Ballester Olmos (2000). Las conclusiones
han sido análogas, llegando también a unos porcentajes parecidos, es decir, y agrupados por
número de casos causados, en primer lugar estarían las observaciones provocadas por
objetos fuera de la órbita terrestre, en segundo lugar aparecerían los producidos por objetos
de fabricación humana, después vendrían las causadas por objetos ubicados cerca de la
órbita terrestres, en cuarto lugar estaría un porcentaje provocado por fenómenos que no son
objetos (espejismos, reflejos, fenómenos atmosféricos...) y una pequeña cantidad de la que no
se logró determinar su procedencia.
Poco después de concluir el Proyecto Libro Azul, también en 1969, se publicaron las
conclusiones de un informe solicitado el año anterior con el fin de conocer las posibilidades de
realizar un estudio posterior más amplio que aportase nuevos conocimientos científicos. Dicho
trabajo se denominó Informe Condon, por ser encargado al físico Edward Condon.19 Sus
conclusiones fueron:1
 Los informes ovni no presentan ningún desafío para la ciencia contemporánea por no
encontrarse en ellos ningún fenómeno desconocido de la Naturaleza.
 Estas observaciones y testimonios no constituyen ninguna prueba de presencias
extraterrestres.
 Los ovnis no suponen un peligro para la seguridad de los Estados Unidos.
 No se recomendaban más investigaciones en el campo de la física, mecánica o
aeronáutica; pero los ovnis, mantenía el informe, si podían ser un objeto de estudio
interesante para ciencias sociales como la psicología o la sociología.
Pese a las conclusiones arrojadas por el Proyecto Libro Azul y el Informe Condon, la literatura
sobre los objetos volantes no identificados ha seguido produciéndose sin descanso. Autores
como Fernando Frías indican que dicha literatura carece de rigor,8 en muchos casos, pues no
se realizan confirmaciones de las declaraciones dadas por los testigos y en varias ocasiones
son afirmaciones falsas.nota 5

Interpretación[editar]
Hipótesis extraterrestre[editar]
Artículo principal: Hipótesis extraterrestre

La idea de que los ovnis son naves extraterrestres se planteó ya con el Incidente de Roswell y
ha sido un explicación recurrente desde aquel momento. Los escépticos suelen emplear un
principio básico de la ciencia según el cual «para poder afirmar la existencia de fenómenos
extraordinarios se requieren pruebas concluyentes». Hacen hincapié en que no se han
aportado pruebas fiables que respalden la hipótesis de que el fenómeno ovni mantiene
relación con naves extraterrestres. El Dr. Neil DeGrasse Tyson afirma contundentemente que
si se ve algo en el cielo desconocido para nosotros no se debe concluir cualquier cosa, sino
"dejar de hablar".3

Personal del Proyecto Libro Azul.

La ausencia total de pruebas ha sido una constante cuando se trata de indicar un origen
extraterrestre. Como se ha referido anteriormente, participantes en el Proyecto Libro Azul,
como Donald Keyhoe, manifestaron muy pronto que las pruebas debían existir, pero las
fuerzas aéreas estadounidenses las retenían. La hipótesis del encubrimiento o Teoría de la
Conspiración ha sido esgrimida por los defensores de la procedencia extraterrestre cuando se
solicitan evidencias. Los escépticos continúan afirmando que la carga de la prueba le
corresponde a quien hace la afirmación.1 Si las fuerzas armadas ocultan las que poseen les
correspondería a los defensores del vínculo extraterrestre-ovni aportar otras. La razón por la
cual los defensores de dicho vínculo nunca reúnen ni enseñan sus evidencias la dio
supuestamente Gray Barker. Barker informó en 1956 al público en general sobre la existencia
de unos individuos, a los que denominó Hombres de Negro por la indumentaria que lucían,
que amenazaban a periodistas como Albert K Bender con funestas consecuencias en el caso
de continuar revelando secretos sobre la procedencia de los ovnis, recogen autores como Luis
Alfonso Gámez (2012). Según escritores como Baker, ha sido la intervención constante de los
MIB, por su acrónimo de "Men In Black", la que ha impedido mostrar a la comunidad científica
las pruebas existentes.
Respecto a la capacidad de los MIB para neutralizar cualquier prueba definitiva sobre el origen
de los ovnis se alegan experiencias con sistemas muy cerrados y reticentes a la entrega de
información. Así, la Historia demuestra que de la Unión Soviética se obtuvo información pese
a que su régimen llegó a quemar vivos a los traidores. En el caso del Proyecto Manhattan los
soviéticos lograron obtener datos precisos para saber lo que se probaba y los resultados
obtenidos en Álamo Gordo.1 Incluso de Corea del Norte se han obtenido pruebas verificables y
contrastables sobre los movimientos de prisioneros para investigar con ellos armas biológicas.

Nube lenticular reportada como ovni debido a su peculiar forma.

Científicos como Edward Gondon, Donald Menzel o Carl Sagan han afirmado que, cuando los
informes de ovnis se estudian en profundidad, la mayoría de los casos logra ser identificado
con certeza en porcentajes parecidos a los arrojados por el Proyecto Libro Azul, es
decir, fraudes, alucinaciones, malas interpretaciones y sobre todo pareidolias de fenómenos
conocidos (cometas, fenómenos atmosféricos, satélites, basura
espacial, aviones, prototipos de naves terrestres, nube lenticular, etc.). A lo que los defensores
de la conexión ovni-extraterrestre mantienen que lo importante radica en ese pequeño
porcentaje de no identificados. Es la llamada Falacia del residuo.20 Esta postura es respondida
por los escépticos afirmando que la falacia residual no prueba nada porque la existencia de un
pequeño porcentaje inexplicado es común a cualquier disciplina con un número considerable
de casos. Así, en criminología siempre quedan algunos asesinatos sin aclarar y lo mismo en
los accidentes de tráfico, siempre existe un pequeño porcentaje que no puede ser explicado,
lo que no prueba la existencia de vampiros, zombis o seres demoníacos.1
Pese a los argumentos en contra, la ufología ha formulado varias conjeturas o hipótesis sobre
la procedencia del pequeño índice de casos sin resolver:

 Hipótesis intraterrestre: es la que afirma que la Tierra es casi hueca y en su interior


habita una civilización mucho más avanzada que la humana.
 Hipótesis interdimensional: postula que los ovnis provendrían de otras dimensiones
dentro de otros planos de nuestro Universo, o en dimensiones no pertenecientes a nuestro
universo, es decir del multiverso. Sus tripulantes serían seres pertenecientes a esas
dimensiones.
 Hipótesis intertemporal: defiende que el origen de los ovnis estaría en
tiempos pasados o futuros y que, por tanto, sus tripulantes serían seres (humanos o no
humanos) pertenecientes a estos lugares y otros tiempos. Indicándose que estos seres
poseerían los medios para poder viajar en el espacio-tiempo.
 Hipótesis de los proyectos secretos: es la que defiende que una gran parte de las
observaciones no explicadas corresponden a nuevos prototipos aeronáuticos
con tecnología furtiva, motores con mínimas emisiones de luz y calor, toberas
orientables, hipervelocidad y otros adelantos que no los hacen fácilmente identificables, ni
siquiera por pilotos y radaristas civiles. Aparatos como el SR-71 fueron totalmente
secretos, pese al gran número de corporaciones y personas que trabajaron en él, hasta
que el Gobierno estadounidense decidió revelar su existencia bajo dos palabras "Proyecto
Aurora", en información recogida por Juan Antonio Guerrero (1985, p. 5 y 6). Según Luis
Alfonso Gámez y otros autores,4 en este caso los ufólogos y los medios donde suelen
escribir hacen la veces de "tontos útiles". Así contribuyen a expulsar las miradas de otro
tipo de prensa sobre los hechos, reduciendo las noticias de nuevos prototipos y sus
capacidades a un círculo pequeño y poco acreditado. Semejanzas similares se han
entablado entre varias observaciones que posteriormente han encajado con la forma
del Lockheed F-117 Nighthawk o el Northrop Grumman B-2 Spirit.
Carl Gustav Jung: fundamentación psíquica[editar]
Artículo principal: Un mito moderno. De cosas que se ven en el cielo

La idea de la necesidad del misterio parece algo consustancial al ser humano.21 El hecho de
recibir una explicación plausible sobre lo que se ve puede restar espacio a la fantasía. Así
varios autores no utilizan la denominación "fenómeno" sino "mito" y en otros casos "síndrome".
El término "síndrome ovni" fue utilizado por autores como Jiménez del Oso (1984) para indicar
que los observadores de luces sin identificar están afectados por varias variables además del
emisor de las luces. Por su parte, Julio Arcas indica que los avistamientos ovni son relatos
orales en su mayoría, forman parte de la tradición oral del siglo XX para los occidentales.22

Carl Gustav Jung.

Mucho antes de los autores antes citados, el psiquiatra Carl Gustav Jung postuló una teoría
para explicar por qué parece más deseable que los ovnis sean naves extraterrestres que no
cualquier otro fenómeno conocido. Jung publicó en 1958 su obra Un mito moderno. De cosas
que se ven en el cielo. Dicho título ahonda en el rumor mundial sobre los «platillos volantes».
En el prólogo a la edición angloestadounidense, Jung alude a un artículo de 1954 escrito para
el semanario suizo Die Weltwoche en el que mostraba su escepticismo. En 1958 la prensa
mundial descubrió dicha entrevista divulgándose la noticia a nivel internacional, pero de
manera distorsionada, citándosele como creyente en los ovnis. A pesar de dirigir una
rectificación a la agencia United Press, la versión auténtica de su opinión se ignoró. Finaliza
aludiendo a que «este notable hecho merece el interés del psicólogo. ¿Por qué la existencia
de platillos volantes parece más deseable que su no existencia?».23
En dicho comunicado a United Press International aclara sin embargo que no puede afirmar
nada sobre la cuestión de la realidad o irrealidad física de los ovnis, pues no posee pruebas
suficientes ni a favor ni en contra. Debido a ello se ocupa solamente del aspecto psicológico
del fenómeno, sobre el cual se dispone de mucho material.
He formulado mi posición ante la cuestión de la realidad de los ovnis con la frase: «La gente ve algo,
pero no sabemos qué es». Esta formulación deja abierta la cuestión del «ver»: se puede ver algo
material, pero también se puede ver algo psíquico. Las dos cosas son realidades, pero de tipos
diferentes.24

Para escritores como Patrick Harpur, el ensayo de Jung sigue siendo uno de los más agudos
análisis de apariciones aéreas.25 Fue «dedicado a Walter Niehus, arquitecto, como muestra de
agradecimiento por haberme inducido a escribir este librito».26 En el prólogo comienza
aludiendo a la conclusión a la que llegó en el artículo de 1954 ya citado: «Se ve algo, pero no
se sabe qué. Incluso resulta casi imposible hacerse una idea correcta de estos objetos, pues
no se comportan como cuerpos sino con la ingravidez de los pensamientos. No ha habido
hasta ahora ninguna prueba indudable de la existencia física de los ovnis excepto en los casos
en que se ha producido un eco en el radar».27
Jung añade que desde entonces y «durante más de un decenio la realidad física de los ovnis
ha seguido siendo un asunto sumamente problemático». Y que «cuanto más se prolongaba la
incertidumbre, tanto más probable se fue haciendo que en ese fenómeno, evidentemente
complicado, incidiera también, además de una posible base física, un importante
componente psíquico. Esto no tiene nada de asombroso al tratarse de un fenómeno
aparentemente físico que se caracteriza, por una parte, por su frecuencia, y por otra, por lo
extraño y desconocido, incluso por lo contradictorio de su naturaleza física. Un objeto
semejante provoca como ninguna otra cosa la fantasía consciente y la inconsciente,
produciéndose suposiciones especulativas y narraciones fantasiosas con el
fondo mitológico propio de estas excitantes observaciones».28
Así, Jung establece tres modos de ver el fenómeno:29

1. Un proceso real objetivo, físico, o percepción primaria, genera una fantasía o mito
concomitante.
2. Una fantasía primaria inconsciente, un arquetipo, invade la consciencia con ilusiones y
visiones.
3. Se produce una coincidencia sincronística acausal y plena de sentido, especialmente
en fenómenos vinculados a procesos psíquicos arquetípicos.
Finalizaba el prólogo indicando que carece de medios para aportar algo útil a la realidad física
del fenómeno, ocupándose casi exclusivamente del aspecto psíquico.30 Aun así reconoce
«que por desgracia hay buenas razones por las que no puede darse por concluido el asunto
de manera tan sencilla».31 Bien es cierto que las proyecciones psíquicasde
carácter mitológico no son causadas por el fenómeno ovni al haber existido siempre, con o sin
ovnis. El mito se fundamenta en lo inconsciente colectivo y su proyección siempre ha tenido
lugar. Así, la proyección como ovni, junto con su contexto psicológico, el rumor, es un
fenómeno propio de nuestra época, característico de ella.
Es seguramente significativo de nuestra época que el arquetipo, en contraposición a las formas
anteriores, adopte una forma neutra, incluso técnica, para eludir el escándalo de la
personificación mitológica. Lo que tiene apariencia técnica llega al hombre moderno sin dificultad.32
Fenómeno celeste en Núremberg de 1561. Hans Glaser, 1566. Biblioteca Central de Zúrich. Incluido
en Un mito moderno. De cosas que se ven en el cielo.

Aún resta abordar el carácter real del fenómeno, ante lo cual Jung plantea tres posibilidades:33

1. La hipótesis de ausencia de gravedad o antigravitación que conlleva el fenómeno lo


deja en manos de la física.
2. El fenómeno ovni como materialización psíquica, es decir, que la psique llegue a
materializar el fenómeno ovni, lo considera aún menos probable.
3. Podría tratarse de un fenómeno sincronístico: la situación de la humanidad, por un
lado, y el fenómeno de los ovnis como realidad material real pero desconocida, por
otro, no se hallan en ninguna relación causal mutua cognoscible pero parecen
coincidir en su sentido. Es decir, se proyectan contenidos de lo inconsciente sobre
dichos fenómenos celestes reales pero indeterminados, dotándoles de un significado
que no merecen en absoluto.
El ensayo de Jung representó un punto de inflexión que hizo énfasis en la característica
fundamental del fenómeno ovni: su carácter mercurial, es decir, su capacidad aparente de ser
tanto físico como psíquico, objetivo y subjetivo, externo e interno, temporal y atemporal,
espacial y aespacial, real (deja huellas, ecos en el radar) y mitológico o hecho de la materia de
los sueños. El enfoque unilateral de una u otra de sus características da lugar, ya sea a
una hipótesis extraterrestre focalizada en la realidad exterior en detrimento de la subjetividad
del observador y su dependencia del mito técnico moderno desde el que deconstruye la
realidad, ya a un escepticismo radical justificadamente compensatorio que niega el fenómeno
pero que lo hace desde un paradigma científico racionalista incompatible con la volatilidad
mercurial anteriormente mencionada, al fin y al cabo para Jung entre psique y materia existe
un continuum, mientras que para la ciencia la psique es un mero epifenómeno evolutivo de la
materia biológica.34 Los ovnis serían más bien de naturaleza psicoide, es decir, tienen por
base una realidad que integra y supera los opuestos anteriormente mencionados de materia y
psique o unus mundus.35
El paréntesis introducido por Jung será el precedente más directo de las hipótesis
psicosociológicas (y en parte de las paraufológicas), las cuales surgirían años después para
tratar de explicar el fenómeno ovni acudiendo a confusiones o errores de interpretación
moldeados por la psicología del testigo y el ambiente sociológico del momento.36
Hipótesis psicosocial[editar]
Portada de Amazing Stories, junio de 1932.

En 1977, el ufólogo francés Michel Monnerie publicó el libro Et si les ovnis néxistaient
pas? donde planteaba que el fenómeno ovni es un mito surgido en la era espacial y con una
base absolutamente psicosocial. Los testigos interpretan erróneamente y transforman
imaginativamente fenómenos convencionales por medio de condicionamientos culturales y
autosugestión. Pasariamos por tanto del énfasis en el objeto externo en detrimento de la
psicología del testigo, propio de la hipótesis extraterrestre, al otro lado de la balanza,
experiencias subjetivas plenamente psíquicas sin agente externo.37
La hipótesis psicosocial o psicosociológica se puede definir como:
Se trata de una corriente que se ha alejado del estudio convencional del caso ovni y la supuesta
materialidad del objeto observado para poner atención en el testigo, en la sociedad en la que la
información se produce y en la cultura en la que el mito extraterrestre se ha desarrollado. Se considera a
sí misma como una ufología crítica, centrada no ya en el "objeto" ovni, sino en el objeto sociocultural que
el ovni representa.38

Esta negativa de la realidad objetiva de los ovnis atrajo la atención de los investigadores
más racionalistas que ya cuestionaban la hipótesis extraterrestre, entre ellos Bertrand
Méheust, quien mostró que la imaginería ovni desarrollada a partir de 1947 ya figuraba
representada desde hacía décadas en la literatura de ciencia ficción, ampliando
posteriormente dicho paralelismo al folclore, los mitos y las leyendas ancestrales.39
Gradualmente fue conformándose la denominada "nueva ufología" a partir de representantes
provenientes de la escuela paraufológica iniciada por Jacques Vallée, que aun presentando a
su vez fundamentos sociológicos terminaría desarrollando su propia hipótesis homónima.
Sin embargo, la crítica principal hacia los nuevos escépticos ha corrido pareja a la de sus
antecesores: la inabarcabilidad del carácter absurdo y genuínamente anómalo del fenómeno
ovni ha terminado por gestar un nuevo reduccionismo polarizado exclusivamente en los
procesos psicosociales. La interpretación mítica, antropológica y cultural resulta inevitable
pero no implica per se un negativismo de toda aquella casuística inexplicada y aun a falta de
demostración.40
Como aproximación contemporánea a la teoría psicosocial, aunque con paralelismos a la
siguiente hipótesis paraufológica, resalta la "teoría de la distorsión" del periodista e
investigador gaditano José Antonio Caravaca, la cual no defiende que el fenómeno ovni tenga
un origen puramente psicológico, sociológico o alucinatorio, sino que es producido/provocado
por la interacción/comunicación de un agente externo desconocido, inteligente e
independiente al ser humano, con los eventuales testigos que describen experiencias con
ovnis. Para lograr sus objetivos, dicho agente conecta con la psique de los observadores para
extraer, del inconsciente individual y privativo de los mismos, material intelectual (que se
encuentra en los hobbies, cultura, cine, literatura, etc.), con el propósito de fabricar/proyectar
una experiencia de visitación alienígena ficticia.41