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Karl Schlógel

En el espacio
leemos el tiempo

Sobre Historia
de la civllización
¡-1 12
y Geopolrtrca

Traducción del alemán de


José Luis Arántegui

Biblioteca de Ensayo ss (SerieM avor ) Ediciones Sir uela


que se puede desplegar la magia que esconden. Carecería de toda pers- Drama didáctico r:
pectiva querer medirse con ellas. Quien las haya tenido en sus manos La caida del muro de Berlín (1989)
algunavez sabe que, en cuanto obras de arte, de cienciay de técnica, sólo
se les causa perjuicio cuando se las intenta forzar en reproducciones y
copias reducidas. Para comprenderlas hay que contemplarlas, tal como se
va al museo para contemplar un Rembrandt. El presente texto gira en
torno a otro modo de andar a lr¡eltas con mapas, de tratar y de mirar los
mapas y el mundo que reflejan. No en torno a la ilustración sino a la refle- En algún momento de un siglo XX a punto de concluir nos habíamos
xión, no en torno a interpretar imágenes, sino a cómo agwdizar y aun pro- aprendido lo de que la historia había llegado a su fin; luego vino 1989,no
ducir una mirada y una atención nuevas a todo cuanto ni está en los textos obstante, y aquello que pareciera tan revelador y tan plausible ya no valía.
ni puede estar, lisa y llanamente porque el mundo, algo que se olvidó hace También nos habíamos aprendido que el espacio se había desvanecido y
mucho, no consiste en textos. Éste no es un libro para los ojos, sino para que la Geografía no desempeñabaya ningún papel. Así, algo que normal-
cabezasque tengan los ojos para ver o al menos quieran ttabajar con ellos. mente habría precisado con toda probabilidad discusionesprolongadas y
En lo fundamental, gira en torno a un solo pensamiento, a saber, que sólo argumentaciones prolijas se aclaró sin grandes comentarios ni fundamen-
podemos hacernos con una imagen adecuada del mundo si empezamos a taciones tras las sacudidas de 1989.No sólo se había disuelto un Imperio
pensar otra vez juntamente espacio, tiempo y acción. Como ese pensa- sino también un espacio, el que se llamara "bloque del Este". No había
miento elemental está olvidado o desterrado hace bastante tiempo, vale la acontecido sólo una revolución política, sino también una "revolución
pena ponerlo de nuevo en circulación. Él es también brújula y compás del espacialnque no había dejado intacto aspecto alguno de la üda. 1989fue la
moümiento de búsqueda que ahora comienza. fecha que señaló el final de la posguerra, y el muro de Berlín el lugar en
que tocó a su fin. Ante los ojos de unos contemporáneos ya jubilosos de
esperanza, ya angustiados, transcurrió un drama didáctico por el que les
habrían envidiado otras generaciones. Ellos fueron testigos oculares de
cómo pasa el mundo de un estado a otro, de un antes a un después. Casi
medio siglo había vivido Europa en estado de división, entre fronteras sur-
gidas de las dislocaciones de la Segunda Guerra Mundial y las tensiones de
la Guerra Fría. La que discurrió por más de medio siglo a través de la
Europa de Yalta no tenía precedente ni respaldo alguno, no era frontera
étnica, cultural, idiomática o histórica, y desde luego, tampoco <natural>.
Ninguna cordillera, ninguna corriente, ningún corte lingüístico discurría
desde el este de Lübeck hasta Trieste: sino un telón de acero primero
improvisado y reformado luego cada vez mejor hasta culminar en la cons-
trucción del muro de Berlín. En adelante no hubo Europa alguna, sino el
Este y el Oeste. Donde una vez se hablara de Centroeuropa había ahora
puestos avanzados del campo socialista y del capitalista. Las metrópolis de
Centroeuropa se habían tornado en ciudades provincianas en las perife-
rias orientales u occidentales del mundo diüdido. Había que tener alguna
razón especial para salir de una y pasar a otra, si es que no era totalmente

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imposible o prohibido. Mantener las relaciones de vecindad con quienes ¡rara figurarse aquella Europa que había llegado a ser una situación de
se habían convertido en extranjeros requería la mayor tenacidad para ven- normalidad. Para quienes crecieron a la sombra del muro hay lugares que
cer las trabas burocráticas, conseguir el üsado o el bono de hotel. Era más <lt:signarán por siempre ese asombroso cosmos de la Europa de Yalta: los
sencillo ir de Berlín Este a $onyang que al sector occidental, por más que l)¿rsosfronterizos de Marienborn o el laberinto de las estaciones de metro
se tratara de la misma ciudad. Las viejas vecindades entre Budapest y y f'errocarril de Berlín-Friedrichstrasse, la sala de espera de los consulados
Viena, Helsinki y San Petersburgo, Praga y Núremberg, ya no tenían vigen- cn que se intentaba conseguir un visado, y el hedor específico que allí rei-
cia desde que unas estaban en el Pacto de Varsovia y las otras en la OTAN. rraba, y la entera economía mental que se fundaba en la tensión de un
Por más de una generación la vecindad inmediata quedó fuera de alcance; rnundo escindido: incluido el o¡pues vete allá enfrente!" que histéricos
en el mejor de los casos,servían como lugar de encuentro, congresosinter- l¡crlinesesdel Oeste gritaban a los estudiantes revoltosos.
nacionales o playas de terceros neutrales. Ese mundo diüdido podía reco- 1989cambió toda la situación.Junto con instituciones y legitimidad del
nocerse y distinguirse a primera üsta: en una parte había anuncios que le s<¡cialismoreal se derrumbó también la entera geografía del poder. Las
asaltaban a uno dondequiera que estuüese, o que se fuese; en el otro, le r:irpitales del bloque del Este se convirtieron en grandes escenarios en que
salían al paso los vacíos de lienzos desnudos que en todo caso adornaban t:l derrocamiento del antiguo poder sucedía ante los ojos de todos. Cada
de tanto en tanto algún cartel o una bandera del Primero de Mayo. Aquí ¡laís tenía sus escenarios principales o laterales preferidos, por lo general,
había propaganda, allá, publicidad. Aquí, colas, allí, aglomeraciones atro- ¡rlazaso lugares simbólicos en que se medían las fuerzas y se ponía en
pelladas ante las superofertas del caálogo.Aqni el peso abrumador de los ()scenael cambio de poder. Los medios de comunicación pusieron lo suyo
días siempre laborables, allí,la insoportable levedad del ser. Cada hemis- cn difundir y sincronizar diversos cursos de acción. Así se üno a que casi
ferio, su iconografía, sus reglas de lenguaje, sus códigos, hasta en los ges- l,<¡doslos europeos tengan una imagen concreta del año 1989; una que
tos; pagado de sí, triunfador y jactancioso el uno, más bien desmañado, incluye siempre dramatis pnsonae Mijail Gorbachov, Lech Walesa, Václav
reservado y avergonzado el otro. Cada hemisferio, su diseño, su esbozo de llavel. Ydonde siempre hay un .lugar del suceso': la calle de la torre de la
una üda medianamente feliz, sus paísesde ensueño y sus vacacionessoña- televisión en Vilna, la Casa Blanca de Moscú, o ese otro inolüdable, la gran
dast. Y cada uno su propia experiencia de qué sean dicha y, sobre todo, plaza de Bucarest ante el palacio de gobierno desde cuyas balaustradas
desdicha. En el "blqqse del Este, se había experimentado la nula perspec- hubieron de ponerse a salvo Nicolás y Elena Ceausescuen un helicóptero.
tiva de la relr¡elta: 1953,1856, 1968, 1976;en "el Oeste" se había seguido fuí es que la caída del poder no es mera frgura ideológica, sino literal-
adelante y hacia arriba, de algún modo. El muro de Berlín no era sólo mente corporal, como su ruPtura y fragmentación: se bloquean las trans-
símbolo perfecto, sino perfecta ejecución de una frontera perfecta. Trans- misiones de noticias, fallan las conexiones, se acuartela a las tropas, se
gredirla, aun cuando se intentaba en mitad de una ciudad, era mortífero; abandonan las torres de ügilancia, alguien escala una fortihcación fronte-
se disparaba como a conejo en campo abierto o a fugitivo en campo de riza que pierde de una vez por todas su credibilidad. Un paso lleva al otro
concentración. El muro discurría bajo tierra atravesando por medio túne- donde sólo se admite el libre juego de fuerzas: y en el corto verano de la
les de metro, conducciones y alcantarillas, por tierra atravesando calles, anarquía eso es más importante, con mucho, que todas las llamadas .refor-
edificios y cementerios, sobre la tierra atravesando un cielo en que tam- mas democráticasu para las que no ]¡,.ayfwerza, poder ni competencia.
bién había pasillos. En ese muro había esclusasen que uno era penosa y Desatado y desanclado de las antiguas relaciones de poder, todo se redis-
materialmente sondeado, radiografiado e investigado, en que se le quitaba tribuye de modo nuevo, se disuelven coaliciones agotadas, se montan nue-
material impreso, en que se producía un estado de amenazay angustia que vas. Las fuerzas ciüles que hasta entonces se habían mantenido al margen
había de convertirse en equip4je básico de cuantos cruzaban la frontera en o en la clandestinidad se adelantan hasta el centro de la escena, el escritor
la Europa de la Guerra Fría. Ahora, cuando ya apenas se recuerda la fron- se conüerte en presidente y su sala de recibir ya no esá en el café Mtava
tera de antaño, ya casi hace falta imaginación o actividades arqueológicas sino en el Burg. Redactores de samizdaty panfletos en la clandestinidad

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sacan el mayor periódico del país. De las plazas públicas desaparecen los Drama didáctico II:
monumentos de déspotas mediocres, por doquier se da nombre nuevo a Ground. Zero. ll de septiembre de 2001
las calles. Cambio de denominación, de código, la toma del monopolio de
la definición está en su apogeo. Nombres nuevos señalan la toma de pose-
sión, la apropiación de calles, de edificios y espacios públicos, con toda
clase de complicaciones subsecuentes. Desaparecen las fortificaciones
fronterizas, ahora cuentan otras fronteras: entre pobres y ricos, o el digital
gap. Ciudades que habían sido fronterizas, zvanzadasdel frente, recobran EI 1f de septiembre de 2001 nos ha hecho recordar un espacio que
de pronto lugar de centros fácilmente accesiblespor cualquier costado. Irabíamos olvidado largo tiempo atrás, uno cuyo sometimiento se cuenta
Proüncias que se habían quedado en la espalda de Europa nrelven a estar sin embargo entre los supuestos de nuestra civilización. Recuerdo de lo
francas. Por todas partes tráfico en auge, en particular entre metrópolis <¡büo. Recuerdo del océano que había de ser cruzado, que lo fue día tras
largamente descuidadas,mientras otras se quedan aparte sin saber cómo día por millones de seres,que ya no puede serlo si el espacio aéreo se cie-
seguir adelante. El espacio europeo se reordena. Las regiones siguen a su rra. Todos habitamos un espacio global producido a lo largo de décadas.
graütación natural y a antiguas líneas de fuerza. Se comprueba qué fuertes Que ahora ha sufrido un desgarro. Resulta que el espacio puede desga-
son los lazos en torno al Báltico aun tras una larga diüsión. Se demuestra rrarse si se rompen *nervios, o líneas de tráfico' Se demuestra que aun en
con qué rapidez se lrrelve a encontrar a sí misma Centroeuropa. Y quien tiempos de ciberespacio no se han l.uelto superfluos conocimiento del
mira bien reconoce que no son las fronteras de ayer lo que marca el com- lugar y exploración del terreno.
pás de aceleración o retardo, sino las fronteras entre los nuevos metropoli- Acaso sea más que un azar qve la primera guerra del siglo xxl haya
l tan corridorspor que circulan globalJlous y aquellas provincias remotas por vuelto allá donde hace casi cien años el oficial y geógrafo brifánico sir Hal-
que pasan de largo los flujos de energía, dinero, personas e ideas. No en ford Mackinder barruntara el "eje de la historia universal>: en esa "Heat't-
todas partes se ha alcanzado la transformación de la gran frontera, del land,, qwe se le antojaba Asia central, cuyo dominio, a su parecer, daría
telón de acero en fronteras pequeñas. En algunos lugares se hizo de la entrada al del mundo entero. Es como si no acabáramos de creer imáge-
frontera línea de demarcación, y de ésta,un frente. En muchos otros la red nes que sin embargo hemos üsto con nuestros ojos. De ahí que miremos
no se ha reanudado, sino desgarrado. Europa, escenario de deportaciones, incrédulos y fascinados desde el borde del cráter a la montaña de escom-
depuraciones üolentas, crueldades y guerra; Europa, campo de batalla tras bros de que aún se alzan nubes de polvo y humo. De ahí que al mirar
medio siglo sin guerra abierta. Ahí está patentemente la otra cara del desde el avión busquemos ese lugar brillantemente iluminado al sur de
derrumbamiento del sueño de poder de la posguerra. Mientras que el Manhattan. Así se marcan a fuego lugares en la memoria, así se erigen los
derrumbamiento ha tocado a su frn, la reconstrucción del espacio europeo puntos de referencia de la memoria colectiva, así se confrgura el horizonte
sigue aún sobradamente indefinida y en pleno proceso. La Europa nueva que dará la medida a generaciones venideras. El que recordarán por siem-
es un espacio social, político y geográfrco: algo así no puede n|¡¿66¡5s,', pre testigos oculares y espectadores:restos de fachadas aún en pie como
crece -o no-. En eso, a despecho de ideas bienintencionadas pero inútiles, un decorado teatral o una obra de arquitectura deconstructiva; todo el
con decretos y uniones no hay nada que hacer. inventario de protección civil, tiendas de campaña, camillas, instalaciones
de desinfección, máscarasy mascarillascontra el polvo y el gas.
Nueva York ahora: la ciudad sin torres gemelas, al menos por ahora'
Brooklyn Bridge: el puente de los fugitivos de Manhattan'ya no sólo la
maraülla universal de John Roebling. Wall Street, la calle del muro ya no
metáfora, sino lugar en que por un segundo quedó cortada la circulación

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