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PepsiCo: un ataque al feminismo fabril

El ajuste machista

La noche del 20 de Junio, cuando languidecía el feriado por el Día de la Bandera, algunas
trabajadoras y trabajadores de la planta de PepsiCo - ubicada en Florida, partido de Vicente
López y que produce la mayoría de los snacks de la multinacional estadounidense en la
Argentina - se enteraban, por un cobarde cartel, pegado sin más en la puerta de ingreso, del
sorpresivo cese de operaciones de la fábrica. El papel no daba más información al “personal”
que el de encontrarse “transitoriamente liberado de prestar servicios” hasta se de
“cumplimiento de las instancias legales correspondientes ante el Ministerio de trabajo” para
formalizar el cierre definitivo por “relocación de la producción” y un teléfono al que deberían
comunicarse individualmente. En un comunicado de prensa, PepsiCo Argentina calificaba
cínicamente la medida como una “difícil decisión para todas las personas involucradas” y
aducía "obstáculos inherentes a la ubicación de la planta en un área mayormente residencial,
su compleja estructura de costos y extensos requerimientos logísticos”.

De concretarse el cierre definitivo de la planta Florida esto implicaría la pérdida de 536 puestos
de trabajo, contando que se cumplan las promesas de reubicación de 155 de las 691
trabajadoras y trabajadores de la planta en otras oficinas de la multinacional. De ese total, 200
son mujeres. La mayoría son sostenes de hogar.

La respuesta de los trabajadores fue inmediata. Se avisaron por mensajes de texto y redes
sociales, se concentraron en la fábrica y organizándose en asamblea, con el apoyo de su Junta
Interna, dirigida por La Bordó - lista opositora a la Verde de Rodolfo Daer, quien dirige hace 33
años el Sindicato de Trabajadores de la Industria Alimenticia (STIA)-, tomaron las primeras
medidas: acamparían vigilantes en la puerta de la planta, convocarían a una campaña de boicot
“No compres productos de PEPSICO” hasta que reabra la planta con todos los puestos y las
mismas condiciones de trabajo y exigirían al Sindicato de la Alimentación un Paro nacional en
defensa de los puestos de trabajo. Desde esos primeros días, el conflicto ha recibido muestras
de apoyo de intelectuales, universidades, docentes, y sindicatos del pais y el resto del mundo,
así como de las Madres de Plaza de Mayo Mirta Baravalle, Nora Cortiñas y Elia Espen. Mientras
tanto las y los trabajadoras y trabajadores han avanzado en la ocupación total de la planta y en
un plan de movilizaciones que incluye bloqueos a centros de distribución, cortes sorpresivos de
la Panamericana, esa arteria que une el cordón industrial norte con la Capital, y la expectativa
de acciones en la planta que PepsiCo tiene en Mar del Plata, dónde se piensa relocalizar parte
de la producción de Florida. Todo a pesar del clima amenazante de escalada represiva que
sobrevuela luego de la violenta represión en la 9 de Julio contra movimientos sociales del
pasado 28 de Junio.

Esta potente respuesta de las trabajadoras y trabajadores hecha luz sobre la pulseada de poder
detrás de aquellas razones aparentemente técnicas a las que alude la empresa. La “compleja
estructura de costos” no sería sino la cuenta problemática que arroja un resultado intolerable
de derechos conquistados y un saldo creciente de organización en una planta que es emblema
de un nuevo sindicalismo de base, combativo y antiburocrático. Se trata de una estrategia
similar a la impuesta en AGR-Clarín. Escudadas detrás de la galopante crisis económica y con el
aval cómplice de un gobierno que piensan como propio - y que propone como modelo de
reactivación industrial la aceptación de una mayor flexibilización del trabajo, al estilo de Vaca
Muerta - empresas con grandes márgenes de maniobra y balances más que positivos, se lanzan
a una reorganización de la producción con la esperanza de “huir” de la aritmética indomable
del antagonismo obrero, dejando en el camino un tendal de familias en la calle.

El mismo 20 de Junio, la Junta Interna de PepsiCo expresaría con claridad matemática el cálculo
anti-sindical que se escondía detrás de la decisión: “Este cierre es parte de una política de
vaciamiento de la planta Florida impulsada por la patronal desde hace años que se expresa en
cierre de líneas, desvío de la producción a la planta Mar del Plata y a otras plantas con trabajo
más precario junto con una fuerte presión sobre activistas y trabajadores por medio de retiros
con altas indemnizaciones con el fin de debilitar a la organización de los trabajadores y la
Comisión Interna democrática que logró conquistas en años de lucha” decían en su primer
comunicado frente al cierre. Para resolver su “compleja estructura de costos” la filial argentina
de una multinacional, que se caracteriza a nivel global por su política contraría a la
sindicalización, jugaba una maniobra contra la organización de las trabajadoras y los
trabajadores. Estos insisten en que la empresa está en perfectas condiciones para producir, y
levantan la sospecha de un cierre transitorio, que vería reabrir la planta luego de lograr
quebrar la organización gremial y asegurarse así una nueva camada de trabajadores en
condiciones de mayor precarización.

Pero en PepsiCo hay aún otro factor que altera el buen orden de los productos de la cuenta
patronal. Un factor que quizás haya pasado injustamente desapercibido fuera del espacio de la
fábrica; pero no así para la ansiosa mirada de su gerencia; y ciertamente tampoco para sus
trabajadoras.

Fue la ex-diputada nacional del Frente de Izquierda (FIT) Myriam Bregman, quien puso el foco
en esta otra variable. En una reunión para coordinar la solidaridad con la ocupación, convocada
en la sede de Ate Capital el último día de Junio, que contaba entre sus participantes a
candidatos de distintas fuerzas de izquierda, juntas internas, sindicatos de estatales, docentes y
trabajadores industriales y del trasporte, centros de estudiantes, federaciones universitarias y
militantes de derechos humanos, Bregman dijo: “La empresa alude ahora problemas en la
estructura de costos, pero esos problemas, esos costos, son los costos de una junta interna y
unos trabajadores que habían decidido parar el 19O [Paro nacional de Mujeres convocado por
el colectivo Ni una Menos frente al femicidio de Lucía Pérez en Mar del Plata] y el 8M [Paro
Internacional de Mujeres del pasado 8 de Marzo] para defender los derechos de las mujeres”.
Algo se dejaba ver entonces: en la cuenta de PepsiCo la paralización de la producción para salir
a las calles contra la violencia de género y por los derechos de todas las mujeres resultaba otra
variable más a despejar.

Unos días antes las trabajadoras de PepsiCo habían hecho publica una carta abierta en la que
tejían, con sus propias voces, los lazos que anudan sus propias historias de lucha fabril, la
voluntad de pelear hoy contra los despidos y su lugar en las luchas feministas de los últimos
años.

¿De qué recorrido provenían estas mujeres que hoy, defendiendo sus puestos de trabajo y los
de sus compañeros, no dudaban en reconocer su lucha como un capítulo más de una larga
historia de resistencia de las trabajadoras que se cruzaba con la fuerza del Ni Una Menos?
¿Cómo habían llegado a parar las fábricas para responder al llamado de sus compañeras de
Argentina y el resto del mundo, contra un Sindicato que, mientras posaba, como corresponde,
con carteles contra la violencia de género, se había negado a parar la producción de una de las
ramas más importantes del país para darle fuerza a la medida y había dejado pasar por años
políticas discriminatorias contra las mujeres en sus propias fábricas?
Bregman se hacía eco ese viernes de aquella carta y de esas voces, pero hablaba también
desde la memoria de luchas más remotas, de otros combates que las mujeres de PepsiCo
habían dado antes de la explosión feminista que ocupó las calles de Argentina estos últimos
años para levantar un freno a la violencia machista, poniendo, en el camino, todo en cuestión.
Ella fue la abogada de Catalina “Katy” Balaguer, trabajadora de PepsiCo desde 1997, despedida
discriminatoriamente por defender a un grupo de 100 compañeras contratadas que habían
sido también despedidas allá por el 2002, cuando el país todavía ardía tras el estallido de la
convertibilidad. Ese juicio y esa lucha sentaron una importante jurisprudencia al lograr la
reincorporación de Katy bajo la figura, hasta entonces inexistente, de “delegada de hecho”. En
PepsiCo se habían ganado derechos para todas las trabajadoras y trabajadores del país, pero
especialmente para aquellas despedidas. Ellas fueron también reincorporadas, abriendo un
proceso de progresiva conquista de derechos en la fábrica. Desde esa primera victoria, había
crecido entre las líneas de empaque un creciente activismo obrero, protagonizado
especialmente por mujeres, que escalaría hasta aquel paro total del 8M de este año.

En estos tiempos de ajuste, resistencia obrera y lucha feminista, la planta de Florida guardaba
la historia casi desconocida de una suerte de feminismo fabril que no puede pasarse por alto.
Será la misma Katy Balaguer quien reconstruya esa historia, un sábado de inverno en la puerta
de la fábrica, hoy ocupada, apenas pasada una semana desde la noticia del cierre.

Mientras hablamos, se la nota tironeada por el cansancio de estos días, pero aún más por la
urgencia de un actividad persistente: moralizar a las compañeras, hablar con compañeros de
otras fábricas de la zona, saludar a los que van llegando, preparar el mate, informarse de las
novedades, acercar la alcancía del fondo de huelga para unas vecinas que pasan y se proponen
colaborar con algunos pesos, y sobre todo asegurarse de todo lo necesario para el festival que
convocaban al día siguiente, frente al portón de la calle Gervasio de Posadas, hoy cubierto de
carteles que, como amenazantes grito de guerra, sentencian “Familias en la calle nunca más” y
“Si no hay pan para nuestros hijos, no habrá paz para los empresarios”. A medida que se
esfuerza, contra el cansancio y la urgencia, por trasmitirnos un recorrido que a ella le resulta
demasiado conocido pero del que nosotros solo sabíamos en fragmentos se volverá a
encontrar con cierta alegría. Una alegría que parece venir del orgullo de aquella que pelea
contra la injusticia, y gana, y está dispuesta a seguir peleando por más. Recordarnos a nosotros
esa historia parece haberla hecho reencontrarse con la enormidad de su propia potencia, como
una memoria de donde seguir sacando fuerzas para la pelea en curso.

Las palabras de Katy se remontan entonces a esos días febriles del post-2001, no sin recordar
que dentro de poco cumpliría 20 años como trabajadora de PepsiCo. En ese momento, era una
de las pocas mujeres efectivas, para lo que había tenido que soportar jornadas de 16 horas sin
feriados: ni Navidad, ni Día de la Madre, ni nada. La planta, antes mayormente masculina,
había visto entrar nuevas camadas de trabajadoras, que cambiaron la proporción a casi un
70/30 30% de varones y 70% de mujeres. Los varones eran casi todos efectivos, mientras que
las mujeres contratadas y precarizadas iban ocupando principalmente las líneas de empaque.
Con la crisis golpeando en todo el país, la empresa había decidido desembarazarse de 100
mujeres, que venían organizándose para pedir el pase a planta, luego de un fuerte maltrato:
maltrato, le decían que no servían que no rendían que no habia trabajo para ellas min 5). Al
mismo tiempo que suspendía en una maniobra tramposa al delegado rebelde de la Junta
Interna Leo Norniella - quien por entonces era compañero de Katy - e imponía un férreo
control militar, con personal de seguridad armado en la fábrica, “había terror” dice Katy. Todo
con la aceptación negociada por el Sindicato de la Verde. “Fue una lucha difícil porque eran
mayoría mujeres” y sobre todo porque “La concepción del rol de la mujer luchando por esas
épocas estaba todavía bastante muy por detrás de lo que está hoy. Había situación de violencia
doméstica, de presiones de la familia”
En ese escenario, es despedido un grupo de 5 activistas que mantenían la defensa de aquellas
100 compañeras, en el que se contaba Katy. Frente a las presiones de la empresa y el sindicato
el resto de aquel grupo acepta la indemnización. “Me quedé sola peleando por la
reincorporación” dice Katy,

La conquista de su reincorporación se llevó un 1 año y 7 meses, dónde “no podía cobrar la


indemnización, no podía cobrar el fondo de desempleo. “Fue recontra difícil, porque todo el
mundo me decía que era imposible” / pero “ese tiempo yo lo usé para denunciar en qué
condiciones trabajabamos las mujeres en PepsiCo, en una campaña que llegó a trabajadoras de
otros paises” y que echaba por tierra cualquier politica de la empresa que quisiera decir que
eran una empresa que incluye o no excluye a las mujeres” (min 28) Campañan “cómo las
trabajadoras éramos maltratadas y violentadas por PepsiCo” y la figura de delegada de hecho.

“Yo volví en el 2004 y desde ahí fui delegada por algo más de 10 años. Ahora hicimos un
recambio porque”

Katy pasa revista a la larga serie de derechos conquistas por las mujeres de PepsiCo: el derecho
a guardería, las licencias por embarazo y maternidad, el pase a planta de todas las contratadas,
el reconocmiento de licencias pagas por violencia domestica y por enfermedades de los hijos,
la creación de puestos de tareas pasivas para las trabajadoras que veían resentir sus cuerpos
por el trabajo violento de las máquinas de empaque.

Cada una de las cosas que hicimos desde entonces, la empresa la negaba y el sindicato siempre
decía que era imposible. Por eso el otro día [En el plenario] les gritábamos al sindicato nosotros
peleamos por lo imposible y ustedes viven de rodillas porque para los trabajadores nunca es
nada”. Desde la certeza de quien ha conseguido una a una las cosas que otros les decían que
era imposible

Nos echan porque hemos logrado cosas: conquistamos el derecho a tener las mismas
condiciones que los varanoes, el mismo descanso, poder ir al baño tranquilamente, poder
alejarnos un minuto de la maquina para hacer tal o cual cuestión porque no nos podíamos
despegar de las maquinas, nosotros de verdad eramos la extensión humana de esas maquinas
que tiraban 160 paquetes por minuto. El sindicato nos dijo que no nos correspondia la
guarderia, nosotros conquistamos que la empresa nos pagué la guardería y para que todos los
años nos ajusten por paritatias.

El sindicato nos decía que era imposible luchar por tener más categorías porque así lo
establecía el convenio, nosotros les dijimos que no, la empresa no quería y nosotros pasamos a
otras categorías.

Cuando las compañeras no podían seguir empacando y se retiraban de la linea, nosotros


siempre dimos la pelea para que la empresa no las despida y llegaron al punto de armar una
jaula para poner a todas las chicas que estaban enfermas y las ponian a limpiar las
promociones. Llegamos al punto de que un gerente de produccipon cellase toda la jaula con
cajas para que nadie las viera. Nostros desde ya sacamos esa jaula y peleamos para que se les
asignen otras tareas y no sean despedidas porque ya no podían estar en el empaque

Las cosas que hicimos no pasan en muchas fábricas.


Yo tuve compañeras que se tuvieron que fajar por estar embarazas. Y ahora una compañera se
queda embarazada y tiene licencia. Antes nos obligaban a trabajar embarazadas y rotando en
turno mañana tarde y noche y con los mismos ritmos que cualquiera.

“Pepsico a nivel internacional es una empresa que nunca respeta los derechos de los
trabajadores. Nosotros sabemos de trabajadoras en otra parte del mundo que hay reclamado
por su derecho a sindicalizarse, porque han sido acosadas y fueron todas despedidas”

La primera vez que hicimos un volante, antes de que a mí me echen, hicimos un volante sobre
el problema de las mujeres trabajadoras y qué significaba el 8 de Marzo y las enfermedades
laborales y lo repartíamos clandestinamente.
Yo solita ese ese primer volante y lo repartimos con otra compañera, pero al dia de hoy y hace
años que cuando yo volvi lo volvimos a retomar.

A mi se me había ocurrido que cada 8 de Marzo teniamos que poner un stand acá en la fábrica
en un lugar visible por donde pasen todos los compañeros y hacer una jornada. Al principio
eramos muy poquitas…. Al principio costaba y hoy por hoy lo hacen las compañeras. Dos meses
antes de que llegué la fecha las compañeras se juntan y discuten y lo organizan, junto con los
varones que los hacemos paritcipes de las actividades.

La empresa siempre nos quiso sacar. Dijo que esto no era la universidad que era una fábrica.
Como nunca pudo, entones que dijo “si con estos no puedo, me uno” e intento hacer como que
tenia un perfil hacia la mujer. La primera vez que nos regalaron algo para el Día de la Mujer fue
un estuche con un set para las uñas. “Bombones y corta uñas”

El Sindicato tambien hace tres años lo empezó a tomar. Ponen sus mesitas y nos regalan
plantitas. Incluso llevaron gente al Ni Una menos, pero mezquinamente: puso un micro pero no
para todas.

“Nosotras de alguna manera obligamos a que la burocracia y la patronal se tenga que pintar el
rostro de mujer”

Violencia domestica: “fuimos y discutimos con la empresa que se le dieran licencia y que se le
paguen”

CEO PepsiCo Mujer, ex gerenta argentina.

A mí cuando me echaron me echó una gerenta de RRHH y yo le dije “usted no se puede


comprar conmigo. Yo soy una obrera. No tenemos nada que ver”

Compañera con capacidades especiales min. 29.

Encuentro de mujeres 30 min – 32 min

“Era mucho más difícil que la mujer tuviese un rol mas protagonico en la fabrica en las
comisione sinternas en la organización sidncial y politica y eso cambió, cambió muchisimo. Acá
hay compañeras que hace rato se postulan como delegadas y compañeras que empiezan a
tener un rol más activo en la organización. Y al mismo tiempo abordamos temáticas que ya no
tienen solo que ver con como reclamamos nuestros derechos en la fabrica”

19 O y 8 M MIN 35.
Nosotros hicimos la propuesta como mujeres trabajadores en asamblea, que es el método que
tenemos para organizarnos en la fabrica, que queríamos parar, que queríamos movilizarnos y
que invitábamos a los compañeros y se votó por unanimidad parar.

Hace poco nos hicimos las últimas remeras de Ni Una Menos.

Hay como una militancia que tiene que ver con la sensibilidad de la mujer y para mi esta
buenísimo porque nos da la posibilidad de discutir todo. La primera vez que fuimos al Ni Una
Menos fue impresionante, fuimos con las compañeras de las fabricas alimentaciones

La violencia no es solo domestica está en un cartel en la puerta de la fabrica está en las


condiciones en las que nos obligan a vivir esta en un gobierno que esta bien que nos quedemos
en la calle sin trabajo y sin poder alimentar a nuestra familia.

Nosotras queremos luchar por todos nuestros derechos

Nosotras queremos acompañar al conjunto y ser acompañadas por todos los colectivos de
mujeres que se organizan de distintas maneras. “No hay nada imposible, sino todo por hacer”
(38)

“Al sindicato lo tenemos que recuperar. Porque es de todos los trabajadores y de las
trabajadoras en especial. El Sindicato tiene una secretaria de la mujer que se negó a
pronunciarse por las mujeres de PepsiCo o por la cantidad de mujeres que se quedan sin
trabajo o sufren enfermedades en otras fabricas” “para hacer un sindicato de los trabajadores
y las trabajadoras”

“Preguntémonos porque un sindicato de más de 800 mil afiliados no puede hacer que sus
trabajadoras estén en mejor condiciones, todas cobren una guardería, tengan un comedor,
tengan la ropa, licencia si están sus hijos enfermas no las echen por estar enfermas”

“Los demas tienen que posar”


Pero la experiencia de PepsiCo no es una anomalía. Por el contrario, parece haber sido fuente
de un feminismo fabril que nutre las luchas de las trabajadoras y trabajadores de toda la Zona
Norte y que generará su propia confluencia con un movimiento de mujeres que, fuera de las
fábricas, ha ganado terreno en las calles y en la agenda pública. Algo de eso quizás se deba a
que Katy Balaguer, luego de aquellas primeras luchas en PepsiCo, se haya convertido, junto a
compañeras y compañeros de la planta, en una de las fundadoras de la Lista Bordó de la
alimentación y en una referente central en el activismo obrero de la zona. Esas primeras luchas,
en las que se ponían al frente especialmente las mujeres y en dónde se demanda y se
reflexionaba sobre la doble opresión de la mujer en la fábrica, marcaron un camino y sobre
todo, consiguieron una serie de conquistas que hicieron escuela. De ese corazón fabril saldrán
importantes columnas de trabajadoras hacia los Encuentros Nacionales de Mujeres, las
Marchas del Orgullo y las movilizaciones por el Ni Una Menos. De ese mismo tejido hacen
parte también experiencias como la de Kraft, dónde los trabajadores pararon la planta para
defender a una compañera abusada por un personal jerárquico y luego despedida, hasta lograr
su reincorporación; o de la ex–Donelley, hoy cooperativa de trabajo Madygraf, cuando, todavía
bajo patrón, conoció una lucha tenaz para conquistar, en una fábrica hasta entonces
puramente masculina, el derecho de una compañera trans a tener su vestuario de mujeres y a
poder ir a trabajar sin ocultar su identidad de género. Hoy, esa cooperativa la integran en
paridad los viejos trabajadores de Donelley junto a las muchas mujeres que se habían
organizado como Comisión de Esposas durante el conflicto por el cierre y la expropiación. De
esas mismas fábricas saldrán listas electorales que, excediendo el cupo femenino, estarán
repletas de mujeres obreras en tierras de barones pejotistas y pro.

La Burocracia de la Verde, y Daer, con argumentos cínicos dejan caer la idea de que la
responsabilidad por la decisión de la empresa cae en los “molestos”, los troskos, los
“quilomberos” de La Bordó, que lideran la Junta Interna. Pero la molestia contra esos troskos
no resulta solo de su tenacidad para plantarse por sus derechos, luchar por el salario, combatir
la precarización y defender y organizarse con sus compañeros. La molestia se redobla cuando
esos mismos troskos paran la planta para salir a las calles por el Ni Una Menos; cuando exigen
a la dirección del Sindicato que haga lo mismo, que salga a las calles además de subir fotos con
carteles. Ser trosko ya les resulta insoportable. Pero ser troska, eso, eso es peor / Para la
empresa, como para el sindicato, los trabajadores “molestos” son un problema. Pero las
trabajadoras “molestas” resultan insoportables.

La burocracia está fábrica cerró poque hay un grupo de compañeros que militan en la
izquierda. Min 19.

Para la empresa, ese activismo combativo al mismo tiempo obrero y feminista, es un “costo”,
como lo es todo obstáculo al control del trabajo que no están dispuestos a pagar. Para la
burocracia, que posa como corresponde con los carteles del Ni Una Menos, es el ejemplo
perfecto de un activismo “excesivo” que no solo muestra una intransigencia irracional y una
demanda persistente por otro tipo de respuestas frente a los ataques, sino que yendo más allá
de la necesaria demanda por salario se propone pelear por los derechos de las mujeres al
mismo tiempo que enfrentar la estructura machista en la propia empresa.

El ataque de PepsiCo a sus trabajadores no representa nada más que un ataque a las
condiciones de vida de las trabajadoras y trabajadores, ni es solo una nueva pulseada por re-
imponer condiciones de trabajo más precarias y menos “costosas”. Pulseada que el resto de la
cámara de la alimentación y del empresariado argentino, con la palmada cómplice del
gobierno, mira con atención. No, no es solo eso. Tiene también un tufillo a revancha machista y
patronal contra la experiencia de una construcción, que quizás haya pasado, hasta hoy,
injustamente desapercibida para muchos, de un sindicalismo combativo, antiburocrático, de
base, que se hace al mismo tiempo feminista.

En una Argentina que ha visto en los últimos años distintas experiencias y tradiciones de la
lucha de mujeres eclosionar en un feminismo de masas, tenemos que reconocer la importancia
de aquellas experiencias algo más subterráneas de estas obreras que han enfrentado
directamente a aquellos eslabones de la larga cadena de violencia machista en el punto preciso
en que esta se in distingue con la violencia del capital: la brecha salarial, la discriminación
sistemática y estructural de las mujeres en los lugares de trabajo, las formas perversas del
acoso del macho bajo la autoridad del jefe. Porque en Pepsico la violencia del macho y la
autoridad del patrón se confunden, como se confunden en los cuerpos y las voces de sus
trabajadoras la resistencia feminista y la lucha obrera.

Por eso lo que está en juego en la lucha de PepsiCo no son solo los puestos de trabajo perdidos
o el balance de fuerza frente a futuros despidos o avanzadas patronales, en estos tiempos de
ajuste, optimismo cínico y fiebre electoral; sino también la potencia misma de un feminismo
obrero, que se ha venido forjando en estos últimos años de recomposición relativa de la fuerza
de los trabajadores y de ocupación de las calles y el espacio público por las mujeres, y que la
empresa ha decidido no tolerar.

Lo que tenemos que defender son no solo los puestos de trabajo, sino los frutos de una
subterránea construcción de un feminismo obrero. Lo que se juega en PepsiCo es también la
amenaza de unas mujeres trabajadoras con la fuerza para hacer temblar la tierra debajo de
cada línea de producción.

Las trabajadoras y trabajadores de PepsiCo necesitan hoy de la sororidad feminista tanto como
de la solidaridad de clase. Una sororidad que empieza a dibujarse, y a tejer los lazos que cruzan
la opresión y resistencia en la fábrica con la opresión machista y la resistencia feminista,
cuando el mismo colectivo Ni una Menos comparte en su perfil de Facebook aquel mismo
último viernes de Junio, la página de lxs Trabajadorxs de PepsiCo en lucha expresando su
apoyo: #Ni Una Menos sin trabajo! . ¿Qué va hacer PepsiCo contra un boycot obrero y
feminista?