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Es Profesor Titular de la Carrera de

Agronomía en el Centro Universitario


de Sur Oriente CUNSURORI con sede “La gestión ambiental comunitaria se vislumbra como una
en la ciudad de Jalapa. Ha escrito estrategia para contrarrestar la acción depredadora del
numerosos artículos académicos y hombre en Guatemala y así constituir un sistema de inte-
científicos en revistas nacionales e in- racciones sociales con objetivos encaminados al manejo

GESTIÓN AMBIENTAL COMUNITARIA Estrategia de desarrollo rural para Guatemala


ternacionales además de ser el autor
de obras literarias entre las que des- del sistema ambiental de manera sustentable apoyada en
taca DESARROLLO RURAL SUSTENTA- normas, programas, metodologías, información y educación
BLE EN GUATEMALA Una perspectiva para aprovechar, manejar y preservar de forma ética, racio-
comunitaria, libro publicado en 2012. nal, eficaz y participativa los recursos naturales”. Gesly Anibal Bonilla Landaverry nació el
Su experiencia internacional incluye 30 de noviembre de 1977 en la ciudad
sus visitas a México, Corea del Sur, Es- de Jalapa. Es hijo de los profesores Li-
paña, Francia, Alemania y los Estados “La gestión ambiental comunitaria se basa en la elección hu- dia Amparo Landaverry Villeda y Héctor
Unidos de Norte América. mana para optar a que los individuos puedan organizarse a Anibal Bonilla Morán (Q.E.P.D).
Es el Director del Departamento de sí mismos sin que requieran ser organizados por autorida- Ingeniero Agrónomo en Sistemas de
Estudios de Postgrado del Centro des externas, propiciando un proceso de negociación entre Producción Agrícola, tiene una Maes-
Universitario de Sur Oriente de la Uni- los actores de distintas visiones y perspectivas, incluye el tría en Ciencias en Gestión Ambiental
versidad de San Carlos CUNSURORI y por la Facultad de Agronomía de la
actualmente es miembro del Tribunal manejo, administración, monitoreo, evaluación e informa-
Universidad de San Carlos de Guatema-
de Honor del Colegio de Ingenieros ción ciudadana, comunicación social, auditoria social, leyes y la y su Doctorado en Ciencias Políticas
Agrónomos de Guatemala -CIAG-. políticas sobre el ambiente”.
GESTIÓN AMBIENTAL COMUNITARIA y Sociología lo obtuvo con la máxima
nota Summa Cum Laude en la Univer-
Estrategia de desarrollo rural para Guatemala sidad Pontificia de Salamanca, Madrid,
España. Su tesis doctoral fue dirigida
por el ilustre y célebre ingeniero, soció-
logo y ecologista español Doctor Pedro
Costa Morata.
Entre sus especializaciones desta-
can: Forestería Comunitaria (2007)
y Economía Ecológica (2008) por la
Facultad Latinoamericana de Ciencias
Sociales FLACSO en su sede GUATE-
MALA; Desarrollo Rural (2009) por la
Universidad de Dankook, Corea del Sur.

Gesly Aníbal Bonilla Landaverry


GESTIÓN AMBIENTAL COMUNITARIA
Estrategia de desarrollo rural para Guatemala
© Gesly Anibal Bonilla Landaverry
GESTIÓN AMBIENTAL COMUNITARIA
Estrategia de desarrollo rural para Guatemala

Primera edición: agosto de 2013

Foto de portada: Gesly Anibal Bonilla Landaverry


Laguna de Itzacoba, Comunidad Santa María Xalapán, Jalapa, Guatemala

Diseño y edición: Magna Terra editores


5a avenida 4-75, zona 2
ciudad de Guatemala
Gracias a mi familia por estar siempre allí
y naturalmente este libro está dedicado a
Lidia Amparo Landaverry Villeda, mi madre…
Índice

Prefacio 7
Gestión ambiental comunitaria 11
Gestión ambiental rural 17
Historia de las tierras comunitarias en Guatemala 25
Organización comunitaria 31
Institucionalidad ambiental comunitaria 39
Administración ambiental comunitaria 43
Manejo y transformación de conflictos ambientales 47
Saneamiento ambiental comunitario 53
Monitoreo ambiental comunitario 63
Técnicas e instrumentos para la gestión
ambiental comunitaria 69
Educación para el desarrollo rural 75
Ordenamiento territorial para el desarrollo rural 85
Participación social en el desarrollo rural 97
Gestión de riesgo y el desarrollo rural 107
Proyectos productivos y ambientales comunitarios 113
Cooperativismo para el desarrollo rural 125
Movimientos sociales y ambientales rurales 131
Desarrollo rural comunitario 139
Referencias bibliográficas 145
Prefacio

E n el año 2007 un grupo de profesionales de distintas


disciplinas de varias regiones del país, empezamos
una aventura académica en la Maestría en Ciencias en
Gestión Ambiental Local de la Facultad de Agronomía
de la Universidad de San Carlos de Guatemala con el
apoyo del Programa de Fortalecimiento Institucional para
la Gestión Local FIGAL implementado con fondos de la
cooperación holandesa. Con el avance de los cursos de
ese Programa de Postgrado, siempre caíamos en la cuenta
que se adolecía en el país de suficiente material bibliográ-
fico que abordara temas que atañen a la gestión ambiental
local, lo cual generaba un vacío que sustentara los plan-
teamientos y teorías de esta temática de nuestra realidad
nacional.

Para el año 2009, muchos empezamos a egresar como


Maestros en Ciencias con la esperanza de incidir en lo
social y ambiental desde cada nicho de trabajo. Algunos
continuaron sus actividades laborales como funcionarios
públicos, otros en el ejercicio profesional independiente y
en mi caso, como profesor universitario.

Debido a que mi licenciatura es en ciencias agrícolas, es


decir mi formación de base es en ciencias naturales, opté
por especializarme en gestión ambiental, pero luego conti-
nué con estudios a nivel de Doctorado en Ciencias Socia-

7
les, lo cual me dio la posibilidad de consolidar un sentido
ecléctico que me ha dado una visión más integral sobre la
generación de conocimiento.

En los últimos años y producto de realizar algunas investi-


gaciones sobre la forma de administrar, manejar y aprove-
char los recursos naturales por parte de las comunidades
rurales de Guatemala, he llegado a concluir que la gestión
ambiental es una estrategia que contribuye a contrarrestar
la acción depredadora del hombre y constituye un siste-
ma de interacciones sociales con objetivos encaminados al
manejo del sistema ambiental de manera sustentable con
el apoyo de normas, programas, metodologías, informa-
ción y educación para aprovechar, manejar y preservar
de forma ética, racional, eficaz y participativa los recursos
naturales a través de su uso, transformación y consumo
para obtener beneficios sociales, económicos y ambienta-
les. Todo esto con la participación de los actores locales
constituidos en comunidades.

La gestión ambiental es necesaria porque es una estrategia


para tomar las medidas conducentes que amortigüen en
cierta manera los impactos de la globalización y el modelo
económico del libre mercado. Una gestión ambiental con-
solidada propiciará el desarrollo rural sustentable donde
los objetivos deberán enfocarse a dinamizar los aspectos
sociales, económicos, políticos y naturales encaminados a
mejorar el nivel de vida de la población. Desde luego, esto
incluye como condición necesaria la participación social.

Por lo tanto, el desarrollo rural exige un trabajo en armo-


nía con el ambiente para reducir la degradación de los sis-
temas naturales asignando responsabilidad a la población

8
como proceso social condensado en la relación entre las
personas y la naturaleza.

Esta obra desarrolla gran parte de los aspectos necesarios


que abordan la gestión ambiental desde una perspectiva
comunitaria y sólo me queda agradecer a todas las perso-
nas que han contribuido para que este material salga a luz
pública.

Una mención muy especial a mis compañeros de la Maes-


tría en Gestión Ambiental Local de los cuales pude apren-
der mucho por la gran experiencia con la que contaba
cada uno de ellos.

Gesly Anibal Bonilla Landaverry

9
10
Gestión ambiental comunitaria

C on la publicación del artículo La tragedia de los comunes,


hace más de cuarenta años, se acuñó la idea que el Es-
tado era el que debía controlar la mayoría de los recursos
naturales como acción para evitar su degradación (Har-
din, 1968). Otra propuesta que surgió del mismo artículo
era que la privatización podría resolver el problema del
“ocio” de los recursos naturales. Sin embargo, lo que se
ha observado en los últimos años alrededor del mundo
es que ni el Estado ni lo privado han logrado con éxito
que los recursos naturales vengan en detrimento, debido
a la necesidad que los seres humanos tienen del ambiente
para su supervivencia y sobre todo por esa racionalidad
económica que ha puesto en riesgo la vida del planeta por
tanta depredación y contaminación (Leff, 2007).

La gestión ambiental comunitaria se vislumbra como una


estrategia para contrarrestar la acción depredadora del
hombre y así constituir un sistema de interacciones so-
ciales con objetivos encaminados al manejo del sistema
ambiental de manera sustentable apoyada en normas,
programas, metodologías, información y educación para
aprovechar, manejar y preservar de forma ética, racio-
nal, eficaz y participativa los recursos naturales (IARNA,
2009b).

11
Gestión ambiental comunitaria

Las instituciones, el capital social y la acción colectiva son


fundamentales sobre la gestión de los recursos, tomando
como base una sólida identidad de las personas que se rea-
propian de la naturaleza a través de un poder local. Esto
los encamina a propiciar la gestión ambiental comunitaria
(Monterroso, 2003). Hay ejemplos en que comunidades
de individuos han confiado en instituciones1 que no se pa-
recen ni al Estado ni al mercado para regular algunos sis-
temas de recursos con grados razonables de éxito durante
largos períodos. (Ostrom, 1999). Se reconoce que el ma-
nejo comunitario de los recursos naturales es una opción
válida en países centroamericanos y la gestión ambiental
debe ser inseparable del desarrollo rural sustentable (Ray-
naut y Zanoni, 1993).

A menudo, la participación comunitaria está asociada a


una visión compartida sobre los recursos y sistemas de
recursos, a experiencia de organización previa, a normas
legítimas y a relaciones de confianza y reciprocidad.

La gestión ambiental se debe basar en el poder local y en


las capacidades que las comunidades han generado mu-
chas veces sin el amparo de organismos estatales o priva-
dos. En muchas comunidades a lo largo y ancho de toda
Latinoamérica han surgido expresiones rurales de lo que
ahora se conoce con el nombre de desarrollo local, sos-
tenible y participativo. Algunos organismos internaciona-
les y nacionales (públicos y privados), han tomado como
modelo operativo para sus proyectos, la recuperación de
esta riqueza ancestral; como es lógico suponer, esto no
ha dado los mismos resultados tanto en lo que se refiere

1
Se entiende por “instituciones” como las reglas de uso, procedimien-
tos y sanciones de los recursos naturales, según Elinor Ostrom.

12
Gestión ambiental comunitaria

al cuidado del medio ambiente como al mantenimiento


de estructuras justas. Así pues, las sociedades rurales la-
tinoamericanas se reestructuran por cuenta propia para
enfrentar los impactos de la globalización de mercados,
implorando a los gobernantes la participación en los mer-
cados en condiciones de equidad y bienestar para todos.

La gestión ambiental comunitaria se basa en la elección


humana para optar a que los individuos puedan organi-
zarse a sí mismos sin que requieran ser organizados por
autoridades externas (Martínez, 2006), propiciando un
proceso de negociación entre los actores de distintas visio-
nes y perspectivas, incluye manejo, administración, moni-
toreo, evaluación e información ciudadana, comunicación
social, auditoria social, leyes y políticas sobre el ambiente.
Los recursos naturales se pueden manejar por medio de
la organización de la gente en las comunidades indíge-
nas, en donde desde la época precolombina han existido
casos efectivos de mantenimiento del patrimonio natural
en toda Latinoamérica (Chapela, 1996), manejando soste-
niblemente los recursos como el bosque pues ha servido
como suministro de combustible y otros productos esen-
ciales para atender necesidades básicas a nivel de la fami-
lia como la disponibilidad de alimentos y la generación de
ingresos (Martínez , 2002).

A veces hay problemas para lograr coordinar el uso de


un recurso entre comunidades con numerosos individuos
porque es difícil mantener una tasa óptima de producción
y consumo en armonía. Lo importante es encontrar la via-
bilidad para que las sociedades humanas, con el nivel de
complejidad actual, puedan manejar y mantener conjun-
tamente los recursos naturales (Bonilla, 2009).

13
Gestión ambiental comunitaria

Por ello, a veces se recurre a las alternativas basadas en la


teoría del Estado, soportada en la necesidad de la inter-
vención de una instancia de gobierno como poseedora de
derechos de propiedad y la estatización de los recursos na-
turales como la opción más inmediata. Con la estatización
de los recursos naturales se cree que los Estados pueden
establecer el manejo sustentable de los recursos naturales,
y con ello tener la capacidad de monitoreo suficiente. Esta
es una visión occidental individualista generalizada que
no observa las formas de posesión y manejo de la tierra de
grupos con cosmovisión distinta y con profundas vincula-
ciones identitarias (Thillet, 2003).

También existe la teoría de la “firma”, que sugiere la nece-


sidad de la intervención de los mercados como poseedo-
res de derechos y la privatización de los bienes comunes
(Coase, 1960). La privatización es propuesta porque se
aduce que en la propiedad colectiva no hay obligaciones y
derechos de propiedad, y se asume que al privatizar se se-
para a los bienes en pequeñas unidades que generan una
racionalidad ecológica, aunque se desconoce la dificultad
o imposibilidad de dividir muchos recursos en unidades,
sin destruirlos o alterarlos significativamente. Se ignora
que los incentivos de uso racional de la propiedad privada
no son siempre compatibles con el uso sustentable de los
recursos naturales (Ostrom, 1999).

Surgen críticas a las propuestas de estatización y priva-


tización de los recursos naturales ya que muchas veces
éstas parecen más prescripciones que se basan en metáfo-
ras de estados ideales o de mercados ideales inexistentes.
Se toma a los Estados y los mercados como instituciones
perfectas y de todos es conocido que la realidad es muy

14
Gestión ambiental comunitaria

diferente. Es un hecho que se sigue careciendo de una


teoría adecuada sobre el manejo de los recursos naturales
(Merino, 1999).

Por ejemplo, el modelo de las áreas protegidas tiene su


base en que el Estado debe de resguardar los recursos na-
turales pero se ha tenido mucho problema debido a que al
momento de la creación de un área protegida ya se tenían
comunidades establecidas previamente en esos territorios
y siempre han vivido de los productos que la naturaleza
les provee.

Hoy en día, se está comprendiendo que las instituciones


colectivas han tenido éxito en muchos casos por lo que se
necesita revisar esos modelos basados en la privatización
y la estatización para encontrar las mejores maneras para
lograr una gestión racional del sistema ambiental.

Se debe de rescatar esos casos en que la gestión ambiental


comunitaria ha tenido éxito, en donde los comunitarios
tienen derecho de usar el recurso natural bajo reglas es-
tablecidas, lo cual les permite el aprovechamiento, con-
servación y manejo de los bienes naturales para lograr la
sustentabilidad ambiental y el desarrollo en el sector rural
(Martínez, 2006).

La gestión ambiental comunitaria es producto de la parti-


cipación ciudadana y debe estar basada en los valores cul-
turales y ambientales de la comunidad con el objetivo de
mejorar el nivel de vida de las personas (Vásquez, 2008).

La gestión ambiental comunitaria se sustenta en aprove-


char los recursos naturales a través de su uso, transforma-

15
Gestión ambiental comunitaria

ción y consumo para obtener beneficios sociales, econó-


micos y ambientales. Además se hace necesario manejar
estos recursos por medio de su conservación, recupera-
ción y protección para tratar de asegurar una sustentabili-
dad ambiental. Todo esto con la participación de los acto-
res sociales entre los que se encuentran las comunidades,
municipios y usuarios en general (Sánchez, et al., 2002).

16
Gestión ambiental rural

E l conjunto de acciones encaminadas a lograr la máxi-


ma racionalidad en el proceso de decisión relativo a
la conservación, defensa, protección y mejora del medio
ambiente, basado en la coordinada información multidis-
ciplinaria y en la participación ciudadana, conduce a una
gestión ambiental rural (Díaz, 2008).

A partir de una demanda mundial por un ambiente más


saludable, se le ha impuesto al sector rural que debe asu-
mir el compromiso de evaluar el impacto de las activi-
dades agropecuarias para tomar medidas correctivas en
los procesos de producción, introduciendo y generando
indicadores agroambientales para evaluar los sistemas
productivos rurales necesarios para guiar acciones de los
distintos actores. Para ello, se han generado sistemas de
gestión ambiental como instrumentos para alcanzar la
protección del ambiente, ya que un hábitat rural más ami-
gable con el ambiente es competencia de la gestión am-
biental (Viglizzo, 2001). Se argumenta que la agricultura
es una actividad que afecta en cierta medida al ambiente
local, regional y global por lo que una gestión ambiental
es fundamental para alcanzar un desarrollo sustentable y
mejorar la condición social preservando la integridad de
los sistemas biológicos.

17
Gestión ambiental rural

Un análisis de la gestión ambiental rural conlleva lo lo-


cal, lo regional y lo nacional. Estos niveles deben estar
articulados para realizar ajustes de políticas, estrategias e
instrumentos como, por ejemplo, la ecocertificación para
participar en el mercado. Ello permite diferenciar una
gestión ecológica en comunidades rurales para premiar a
productores que defienden al ambiente. A nivel regional
y nacional se necesita de la promoción de sistemas con
indicadores de sustentabilidad como instrumentos para
evaluar la gestión ambiental.

La gestión ambiental propiciada por la población rural,


debe ser un proceso que comprenda funciones y activida-
des organizativas para planificar, ejecutar y monitorear el
aprovechamiento, manejo, y conservación de los recursos
naturales (Muriel, 2006). La planificación es el núcleo de
la gestión ambiental, lo que implica realizar actividades
de largo plazo y desarrollar planes, programas y proyec-
tos. Es por medio de una gestión ambiental sistémica que
se interrelaciona la planificación, la ejecución y el control
y se obtiene un proceso continuo de diseño, ejecución y
evaluación para corregir y nuevamente diseñar para conti-
nuar con el ciclo. Un proceso de aprendizaje, retroalimen-
tación y mejoramiento continuo es el principio del enfo-
que sistémico y es lo que dio origen hace dos décadas a la
gestión ambiental de calidad actual, que es certificada por
organizaciones internacionales como ISO2 14000 (Muriel,
2006). Detrás de una gestión amigable con el ambiente se ob-
tendría un beneficio social en el sector rural con el desafío
de identificar maneras para la ecocertificación.

2
International Standar Organization (Organización Internacional de
Normalización).

18
Gestión ambiental rural

Los países ricos indemnizan a los países pobres a través


de acuerdos ambientales bajo el principio de “el que con-
tamina paga”, aludiendo a la teoría del problema del costo
social (Coase, 1960), con lo cual se pretende abrir una po-
sibilidad de establecer relaciones equitativas de intercam-
bio entre países pobres económicamente, pero con gran
riqueza natural (Martínez, 2006). Es por ello, que también
se debe considerar a la gestión ambiental como motor del desa-
rrollo rural en Guatemala, porque los servicios ambientales
tienen un potencial productivo sin ser necesariamente de-
predados los recursos naturales, pues mediante mecanis-
mos como el pago por servicios ambientales, la produc-
ción de agua, la captura de carbono y el ecoturismo, se
muestra la variabilidad de una posible gestión ambiental
productiva.

Otra potencialidad es la creación de mecanismos de valor


agregado como la agricultura orgánica, sistemas produc-
tivos con tecnologías limpias y sistemas de certificación
ambiental que permiten aprovechar y proteger al ambien-
te dentro de una gestión ambiental integral. De una buena
gestión ambiental se derivan beneficios económicos y so-
ciales. Existen instrumentos legales y políticos como des-
gravaciones, subsidios, medidas coercitivas, etc., para nor-
mar y dictar directrices para lograr una gestión ambiental,
además de premios e incentivos producto para consolidar
la participación en los mercados y aperturas comerciales.

La gestión ambiental es necesaria porque es una estrategia


para tomar las medidas conducentes para amortiguar en
cierta manera los impactos de la globalización y los mo-
delos económicos (PNUMA, 1998). La agenda ambiental
es el vínculo entre temas de desarrollo económico y social

19
Gestión ambiental rural

como la salud, en especial las condiciones para prevenir la


morbilidad y patologías que aseguren una población más
sana, el comercio con productos ambientalmente sanos y
producidos con tecnologías limpias, la incorporación de la
participación comunitaria en el manejo de desechos sóli-
dos y aguas residuales, y la regulación de entidades públi-
cas con el apoyo y fortalecimiento de las ONG.

Ahora bien, al circunscribirse únicamente en la gestión


ambiental per se, se estará hablando de un programa sis-
temático con la finalidad de monitorear y reducir los im-
pactos ambientales asociados con actividades productivas
(Gertler, 2001). Sin embargo, la gestión ambiental rural debe
ser un concepto más amplio que implique estrategias e instru-
mentos para manejar y administrar los recursos naturales para
su aprovechamiento y conservación. Una gestión ambiental rural
integral contempla los ejes fundamentales de la seguridad ali-
mentaria, la gestión de riesgo, la gestión de proyectos productivos
y estrategias de desarrollo, entre las que destacan: las actividades
alternativas a lo agropecuario, la institucionalidad comunitaria
y la organización social.

Una gestión ambiental consolidada propiciaría el desarro-


llo rural sustentable donde los objetivos estarían enfoca-
dos a dinamizar los aspectos sociales, económicos, políti-
cos y naturales encaminados a mejorar el nivel de vida de
la población rural. Esto incluye como condición necesaria
la participación social. El desarrollo rural exige un trabajo
en armonía con el ambiente para reducir la degradación
de los sistemas naturales asignando responsabilidad a la
población rural para que sea un proceso social condensa-
do en la relación entre las personas y la naturaleza.

20
Gestión ambiental rural

Dentro de la gestión ambiental rural cabe la posibilidad


de incorporar proyectos como, por ejemplo, el de eco-
sistemas cafeteros ya que muchas áreas rurales cuentan
con extensiones importantes de café en el país (Rodríguez,
2008). Aunque, como muchas veces el sector rural se ve
afectado por la caída de los precios de café impactando
en la economía de los agricultores, por eso surge la posi-
bilidad de contar con la alternativa de integrar las áreas
cafetaleras a los sistemas de pago por servicios ambien-
tales entre los que destacarían el paisaje y los servicios
ecosistémicos.

Los servicios ecosistémicos son el resultado de procesos


naturales que inciden en la protección y manejo del am-
biente, ofreciendo servicios ambientales que influyen en
la mejora de la calidad de vida de una población. Por ello,
dentro de la gestión ambiental, la generación de instru-
mentos y herramientas para el desarrollo rural es funda-
mental, y la valoración de servicios ecosistémicos es una
alternativa. Otra herramienta para contribuir al bienestar
social es el enfoque de manejo integrado de las cuencas
hidrográficas, incorporando la gestión del paisaje debido
a la imperante necesidad de proteger y conservar los eco-
sistemas.

Para potencializar aún más la gestión ambiental, también


es necesaria una educación ambiental basada en principios
sustentables, creando una nueva ética sobre la relación
entre los sistemas económicos, sociales y naturales que
genere cambios de conducta y hábitos de la población
rural. Para ello es necesario un desarrollo institucional que
se consolide a través de comités, alianzas y redes sociales,
con lo cual se lograría mejorar una estructura organizativa

21
Gestión ambiental rural

que llegue a ser canalizada por los proyectos de desarrollo


rural (Gómez et al., 2010). Se debe incorporar a los gobier-
nos municipales y desde las alcaldías, impulsar proyectos
con la territorialidad necesaria para poner en práctica un
gobierno pluralista para vencer las barreras que se crean
por las diferencias partidarias entre los gobiernos locales.
El apoyo Estatal es necesario para el desarrollo institu-
cional que redunde en una mejora para la relación entre
actores y la ejecución de acciones.

No hay que olvidar que hoy por hoy las comunidades hu-
manas son el centro del proceso del auto desarrollo rural
y se requiere únicamente de ajustes organizacionales e ins-
titucionales porque actuando de forma individual no se
logrará manejar los sistemas naturales para su aprovecha-
miento y conservación, lo que hace necesario el trabajo
en comunidad. La teoría de que el Estado es el que debe
resguardar los recursos naturales (Hardin, 1968), ha sido
desplazada por la creación de instituciones y el manejo
comunitario (Ostrom, 1999). Lo que se mantiene latente
es que la transformación productiva en el territorio rural
es reclamada por las comunidades y requieren del apo-
yo municipal y del Estado a través de sus ministerios e
instituciones. Además se necesita fortalecer el proceso de
construcción social a partir del fortalecimiento de la iden-
tidad, la institucionalidad comunitaria y la gestión territo-
rial (Bonilla, 2009).

Para Sepúlveda et al., (2003), la gestión ambiental y el


desarrollo territorial son estrategias importantes sobre
el desarrollo rural. La gestión ambiental ha tomado im-
portancia política y económica a nivel global porque los
acuerdos multilaterales han creado mecanismos de articu-

22
Gestión ambiental rural

lación entre los países y las regiones. Los problemas am-


bientales son un marco de cooperación internacional que
generan espacios para ser aprovechados por los territorios
rurales por el papel que cumplen en el resguardo y la re-
gulación de los recursos naturales. Está establecido que la
población rural reconoce la función de la naturaleza para
mantener la productividad y satisfacer necesidades bási-
cas a través de la generación de servicios ambientales y la
creación de oportunidades para mejorar las condiciones
de vida.

23
Historia de las tierras
comunitarias en Guatemala

L as relaciones de poder sobre la tierra en Guatemala


forman parte de la construcción histórica del país y
principalmente de los territorios indígenas y las tierras co-
munales. El origen de las tierras comunitarias datan de
la época precolombina cuando los pueblos conformaban
sociedades jerarquizadas con una organización socio polí-
tica basados en el modelo Calpulli-Chinamit3 (Elías, 2009).

Sin embargo, en la época colonial los españoles se apode-


raron de las tierras y de los habitantes nativos apoyados
por la legalización de las Bulas del Papa Alejandro VI y
el Tratado de Tordesillas de 1494 bajo las estrategias del
Repartimiento y la Encomienda (Martínez, 1970).

La estructura agraria fue marcada por principios como el


señorío que daba el derecho a la Corona española sobre
todas las tierras conquistadas, la merced que consistía en
retribuir la participación de los soldados de la conquista;
la composición en donde la Corona vendía tierras a los
colonizadores; tierras indígenas que aseguraba lo mínimo
de tierras para los indígenas y el bloqueo a los mestizos

3
El Calpulli es un término de origen náhuatl y era la unidad básica de
organización comunitaria y era la instancia encargada de recolectar
tributos para el gobierno superior o Chinamit que era la ciudad Estado.

25
Historia de las tierras comunitarias en Guatemala

que prácticamente generó una enorme cantidad de gente


sin tierras.

Luego, la Corona dio la potestad de otorgar los prime-


ros títulos de tierras, aunque hubo protestas por religiosos
contra los abusos cometidos contra los indígenas por parte
de los españoles, lo que dio origen a la promulgación de
la Leyes Nuevas en 1542 y que prohibían todas las formas
de esclavitud de los indígenas, el despojo de sus tierras y
el ordenamiento territorial. Esto también propició la se-
paración entre los españoles y los indígenas creándose de
esa manera los ejidos y las tierras comunales, que en cierta
medida fueron protegidos por el régimen colonial.

Los ejidos se caracterizaron por ser tierras indispensables


y de uso común en la periferia de un pueblo donde se re-
colectaba madera y otros materiales para la construcción,
pero principalmente para las actividades agropecuarias.
La extensión de los ejidos debía ser calculada a partir del
centro del pueblo con una línea que tendría una longitud
de una legua4 en total, es decir, media legua para ambas
direcciones a partir del centro del pueblo. Estas tierras se-
rían administradas por el cabildo o ayuntamiento de in-
dios y serían de propiedad común. No obstante, ante el
auge de las actividades extractivas y económicas, y el au-
mento de los inmigrantes españoles se acentuó el despojo
4
La legua (proveniente del latín leuca) es una antigua unidad de longi-
tud que expresa la distancia que una persona, a pie, o en cabalgadura,
pueden andar durante una hora; es decir, es una medida itineraria (del
latín iter: camino, periodo de marcha). Dado que una persona recorre
normalmente a pie una gama de distancias, la legua se mantiene en esa
gama, pero según el tipo de terreno predominante en cada país o según
la conveniencia estatal, la palabra legua abarca distancias que van de los
4 a los 7 km, siendo las más frecuentes las leguas que se encuentran en la
media de tales extremos.

26
Historia de las tierras comunitarias en Guatemala

de tierras a los indígenas y las leyes promulgadas por la


Corona fueron de una u otra manera poco aplicadas.

Seguidamente del período colonial, en el primer gobier-


no liberal de Mariano Gálvez (1831-1838), los ejidos, las
propiedades rurales y urbanas de la Iglesia Católica, las
tierras de cofradía y las tierras comunales pudieron ser
vendidas o rentadas. La idea de este gobierno era que la
propiedad colectiva frenaba el desarrollo del país pues de-
bía de adoptarse el principio de la propiedad privada era
el fundamento de la igualdad. Sin embargo, los gobiernos
subsiguientes con una ideología conservadora derogaron
la legislación sobre la privatización de la propiedad ante
la presión y oposición de las comunidades rurales. Se ge-
neraron rebeliones indígenas y campesinas como el que
encabezó Rafael Carrera en el oriente de Guatemala.

En 1838 toman el poder los conservadores y se retorna a la


política agraria de la época colonial, aunque siempre se dio
paso en cierta medida a la privatización de las tierras bal-
días y se adoptaron políticas que permitieron a particulares
a que asentaran tierras comunales en calidad de arrendata-
rios perpetuos y se obligó a las comunidades a dar sus tierras
en arrendamiento. En algunos casos se promovió la expro-
piación de tierras para favorecer a los caficultores lo que se
acentuó a la llegada de los gobiernos liberales nuevamente.

Éste es el período de la historia de Guatemala que más


impactó sobre la desarticulación de los ejidos y las tierras
comunitarias. El Decreto 179 del 8 de enero de 1877 o ley
de redención de censos, permitió que las tierras pasaran
a manos privadas lo que obligó a muchas comunidades a
vender sus tierras a precios injustos. Pasaron muchos años

27
Historia de las tierras comunitarias en Guatemala

y en 1926 se crea la figura de la titulación supletoria como


procedimiento para obtener títulos y registrar tierras po-
seídas durante un período de más de 10 años.

En 1931 se reglamenta la organización y aprovechamien-


to de los ejidos que poseían todos los pueblos del país y
marca una pauta para regular las tierras comunales y eji-
dales en la historia reciente de Guatemala, pues por ley
se otorga la administración exclusiva de las tierras a los
mismos poseedores y se establece el principio de inalie-
nabilidad, imprescriptibilidad e inembargabilidad de los
ejidos, lo cual se puede interpretar como extensivo a las
tierras comunitarias.

Ya en el período revolucionario (1944-1954), se buscó eli-


minar el latifundio y se protegió a las tierras ejidales y
comunales. Se promovió el acceso a la tierra a los campe-
sinos y se les apoyó con créditos y asistencia técnica. Las
tierras ejidales y comunales no fueron objeto de ningún
proceso de reforma agraria.

En la década de 1960 mediante el Decreto 1551 o Ley


de Transformación Agraria se revierte en cierta forma
los avances del período revolucionario pues se restable-
cen algunas disposiciones a favor de la propiedad privada
afectando a las tierras comunales. Se promueve la política
de transformación agraria para “colonizar” las tierras del
norte del país específicamente Petén y la Franja Transver-
sal del Norte que constituye a los departamentos de Alta
Verapáz, Izabal y parte de El Quiché.

Las tierras comunales se vieron protegidas a raíz de las


distintas Constituciones Políticas como la de 1965 en su

28
Historia de las tierras comunitarias en Guatemala

artículo 133 en donde se establece que “Las tierras mu-


nicipales y los bienes de las comunidades gozarán de la
protección especial del Estado, el que vigilará su explo-
tación y aprovechamiento. Los bienes municipales sólo
podrán ser enajenados por los motivos y en la forma que
lo pueden ser los bienes nacionales. La propiedad y la ad-
ministración de los bienes de comunidades y grupos indí-
genas, así como las de otras comunidades rurales, serán
normadas por leyes especiales de carácter tutelar”.

Actualmente, la Constitución Política de la República de


Guatemala de 1985 que aún se mantiene vigente, contem-
pla en su Artículo 67 la protección a las tierras y las coo-
perativas agrícolas y señala que:

Las tierras de las cooperativas, comunidades indíge-


nas o cualesquiera otras formas de tenencia comunal
o colectiva de propiedad agraria, así como el patri-
monio familiar y vivienda popular, gozarán de pro-
tección especial del Estado, de asistencia crediticia
y técnica preferencial, que garanticen su posesión y
desarrollo, a fin de asegurar a todos los habitantes
una mejor calidad de vida. Las comunidades indíge-
nas y otras que tengan tierras que históricamente les
pertenecen y que tradicionalmente han administrado
en forma especial, mantendrán ese sistema (Constitu-
ción Política de Guatemala: 56).

Además el Artículo 68 sobre tierras para comunidades


indígenas indica que “mediante programas especiales y
legislación adecuada, el Estado proveerá de tierras estata-
les a las comunidades indígenas que las necesiten para su
desarrollo” (Constitución Política de Guatemala: 57).

29
Organización comunitaria

L a organización comunitaria es una respuesta de la po-


blación para satisfacer sus necesidades de crecimiento
y sistematización del trabajo para obtener bienes y servi-
cios, los cuales darán solución a sus problemas (Berduci-
do, 2006). Factores para lograr satisfacer las necesidades
de subsistencia tales como salud, educación, vivienda y
conservación de los recursos naturales son resultado de
una buena organización y del trabajo colectivo.

En las comunidades rurales de Guatemala se tienen dis-


tintas formas de organización, no obstante, cuando los
intereses que se persiguen tienen como objetivo el bien
común se marcan las pautas para consolidar un verdadero
proceso de desarrollo.

La organización comunitaria se propicia internamente


por parte de los habitantes locales o bien por dependen-
cias gubernamentales y no gubernamentales. Dentro de
las formas de organización que prevalecen en las comu-
nidades rurales de Guatemala se destacan los agrarios,
los religiosos y los políticos entre los que sobresales los
COCODES, las cofradías; los comités de vigilancia, de
introducción del agua potable, de vivienda y otros, todo
con la finalidad de satisfacer necesidades de los habitantes
de la comunidad.

31
Organización comunitaria

Para que un proceso de organización se realice eficiente-


mente es necesario que el núcleo poblacional no esté di-
vidido en grupos en donde no existan acuerdos y surja el
antagonismo. Los principales conflictos que deben ser con-
siderados para solucionarlos y establecer una buena orga-
nización comunitaria son los políticos, agrarios y religiosos.

Se debe de partir de la premisa que las comunidades son


las generadoras de su propio desarrollo porque el Estado,
las organizaciones no gubernamentales y los académicos
únicamente pueden actuar como facilitadores (Sánchez
del Valle, 2000).

Hay que tener claro que en una comunidad los propios


pobladores son los que más conocen sus propios pro-
blemas y ese es un factor fundamental de gestión para la
protección del medio ambiente, así como un instrumen-
to para alcanzar un desarrollo comunitario sustentable.
El hecho que las comunidades tengan conocimiento de
sus interioridades en cuanto a sus dinámicas organizativas
y participativas, hace que sea un conocimiento útil para
desarrollar herramientas que permitan incidir sobre las
problemáticas sociales y ambientales (Torregroza, et al.,
2010). La organización comunitaria es un modo práctico
de autogestionar soluciones a las necesidades más sentidas
de un grupo social.

Para tener una real gestión ambiental es necesaria la orga-


nización comunitaria con determinadas formas de acumu-
lación de capital y relaciones socioeconómicas, de consu-
mo, culturales, políticas e institucionales donde todos los
actores aportan sus perspectivas, intereses y propuestas
(IARNA, 2009b).

32
Organización comunitaria

Es necesario “consolidar la organización comunitaria, la


unidad familiar, los mecanismos de democratización, de
comunicación y de toma de decisiones” para lograr alcan-
zar un buen manejo del sistema ambiental (Arce, 2002:14).
Esto debe estar basado en un buen capital social.

Este capital social es estratégico para mantener o cambiar


la posición de los individuos en la jerarquía de clases que
caracteriza la estructura social (Bourdieu, 1983) y puede
estar formado a través de redes de relaciones entre gru-
pos (Fukuyama, 2000), o de un compromiso cívico por las
diferencias entre democracia y gobernabilidad (Putnam,
1996).

Durston (1999:5), señala que “un capital social hace re-


ferencia a las normas, instituciones y organizaciones que
promueven la confianza y la cooperación entre las perso-
nas, en las comunidades y en la sociedad en su conjunto”.
Dentro de las manifestaciones colectivas, se plantea que
las relaciones estables de confianza y cooperación pueden
producir una sociedad civil saludable. El capital social
comunitario consolida las instituciones que tienen como
finalidad contribuir al bien común y será preponderante
como bien público (Coleman, 1988).

El capital social permite resolver los problemas de la ac-


ción colectiva a través del conocimiento, la comprensión,
las normas, reglas y expectativas compartidas sobre los
patrones de interacción que los grupos de individuos apli-
can a una actividad (Ostrom, 1999). A diferencia de otras
formas de capital, el capital social no se deteriora con el
uso, sino con el desuso. Se ha tomado al capital social para
fines productivos o destructivos en algunos casos defini-

33
Organización comunitaria

dos como lazos que unen a grupos o comunidades peque-


ñas, grupos similares o de una jerarquía similar entre sí y
grupos con instancias de mayor jerarquía y capacidad de
influencia como por ejemplo, el Estado, mercados nacio-
nales, agencias financistas (Merino, 1999). Sería un gran
error establecer una separación entre el capital social y
el ambiente. Es necesario superar la concepción dualista
de hombre-naturaleza y debe de analizarse a la sociedad
global como parte del ambiente, comprendiendo que su
evolución está condicionada y modificada por la naturale-
za (Vitale, 1983).

Además de contar con un buen capital social se debe


buscar otras herramientas de gestión, éstas pueden ser
las de carácter coercitivo como las políticas y legislación
ambiental que les permita hacer un mejor manejo, apro-
vechamiento y conservación de los recursos de manera
sostenible, todo enmarcado en la organización comunita-
ria. Ostrom (1999) y López (2003), sugieren que la organi-
zación comunitaria debe de estar sostenida por el capital
social y las instituciones porque de lo contrario en el me-
dio rural, la ausencia de normas y reglas para el acceso,
el uso y el control de los recursos naturales será fuente de
conflicto.

La organización comunitaria es la forma más directa de


participación de los vecinos de una comunidad. Entre las
variantes de organización comunitaria se encuentran las
cofradías, las asociaciones comunales, los comités y las
cooperativas. El procedimiento más común de participa-
ción radica en que los vecinos acuden a las organizaciones
vecinales de mayor prestigio o integran un comité cuya
vigencia se mantendrá mientras persista el conflicto o el

34
Organización comunitaria

interés que ha motivado su conformación (Palencia y Ho-


liday, 1996). De esta forma suelen conformarse comités
pro-mejoramiento, comités de agua, comités de escuela o
salón comunal, comités de introducción de energía eléc-
trica, etc. Estos comités subsisten especialmente cuando
establecen contacto con instancias públicas, privadas o
por la cooperación internacional para la obtención de re-
cursos financieros. También están las cooperativas como
organizaciones comunitarias un tanto más consolidadas y
que involucran a la población en actividades de produc-
ción, servicios y consumo bajo la corresponsabilidad y la
solidaridad.

Las comunidades deben consolidarse en organizaciones


para fortalecer la ciudadanía y fiscalizar el ejercicio de
poder y así exigir que se respeten y cumplan las normas
establecidas para realizar la gestión ambiental sustentable
(Solís, 2010). El poder local es un factor que tiene la facul-
tad de planificar para aprovechar los recursos naturales y
satisfacer las necesidades de la gente.

Ahora bien, cuando varias personas dependen de un re-


curso natural determinado como fuente de actividad eco-
nómica y se ven afectados colectivamente en casi todo lo
que hacen, cada individuo debe tomar en cuenta lo que
los demás eligen y lo primordial es organizarse primero.
Por ejemplo, si una persona en una toma de agua asigna
tiempo y materiales para reparar una compuerta rota en el
canal de riego, todos los otros regadores que usan el canal
se ven afectados por esa acción, sin importar si desean o
no su compostura o si contribuyen o no a su reparación.
El hecho clave para los comunitarios es que se encuentran
atados en una red de interdependencia mientras sigan

35
Organización comunitaria

compartiendo un mismo recurso. Por ello, debe entrar en


acción la organización para alcanzar las mismas metas, re-
cursos y límites que ponen en juego a los actores sociales.

Sin un ejercicio de acción colectiva auto organizada no se


puede predecir cuándo los individuos serán incapaces de
resolver un problema del manejo de los recursos naturales
únicamente a través de la auto organización y de ninguna
manera se podría afirmar que las intervenciones estratégi-
cas pudiera ser efectiva para ayudar a resolver problemas
particulares (Ostrom, 1999).

En la gestión ambiental comunitaria se hace necesaria la


movilización, organización y fortalecimiento de los gru-
pos sociales y antes de iniciar la gestión de algún proyecto
económico o ambiental en una comunidad es fundamen-
tal dedicar mucho tiempo al trabajo organizativo (Madrid
et al., 2005).

Hay grupos comunitarios bien organizados en Guatemala


que promueven y buscan oportunidades para obtener be-
neficios económicos agregando valor a los productos made-
rables y no maderables de los bosques (Cordero, 2010). De
hecho, el sistema ambiental en general se puede manejar
mediante la organización de la gente en las comunidades
rurales, en donde desde la época precolombina han exis-
tido casos efectivos de mantenimiento del patrimonio na-
tural en toda Latinoamérica (Chapela, 1996), manejando
y aprovechando los recursos como el bosque, el agua, la
tierra y la biodiversidad pues ha servido como el sustento
para atender necesidades básicas a nivel de la familia como
la disponibilidad de alimentos, los servicios ambientales y
la generación de ingresos (Martínez, 2002).

36
Organización comunitaria

La organización en una comunidad es capaz de resolver


la problemática de factores como equidad familiar, desa-
rrollo de la mujer, educación, acceso a créditos, produc-
ción y comercialización, diversificación agrícola, etc. y
una buena organización comunitaria bien gestionada, de-
mocrática y transparente, con enfoque multifacético que
coopera y crea vínculos con los gobiernos locales y que
propicia el empoderamiento de sus habitantes consolidará
un proceso de desarrollo rural sustentable en Guatemala
(Cunningham, 2005).

37
Institucionalidad ambiental comunitaria

L as instituciones comunitarias son entendidas como los


valores, normas, autoridades, mecanismos de transmi-
sión cultural y desestructuración progresiva de la identi-
dad colectiva (Tíu y García, 2002). La institucionalidad
ambiental comunitaria se genera mediante el estableci-
miento de un conjunto de reglas de uso de los recursos
naturales que son necesarias para tomar decisiones sobre
las acciones permitidas o prohibidas, los procedimientos a
seguir para tener acceso y estar sujetos a los pagos, sancio-
nes y multas de acuerdo a los derechos que se tienen en
una comunidad (Merino, 1999).

Para ello, se deben generar incentivos que permitan cum-


plir lo establecido y crear distintos tipos de obligaciones
por parte de los usuarios, aplicando modelos de manejo
que requieren criterios que favorecen el uso racional y
sustentable de los recursos naturales (Asturias, 2006).

Existen algunos niveles de reglas de uso necesarias a em-


plearse en las instituciones tales como las reglas opera-
cionales que afectan las decisiones cotidianas que toman
los usuarios para resolver los problemas de apropiación
y provisión de los recursos comunes, también incluyen
las reglas de monitoreo y sanción. Las reglas de elección
colectiva, las cuales determinan cómo se definen las re-

39
Institucionalidad ambiental comunitaria

glas operacionales y se refieren a los procesos de formu-


lación de políticas, planes de manejo, y adjudicación de
capacidades de decisión. Y las reglas constitucionales que
definen cómo pueden modificarse las reglas de elección
colectiva (Merino, 1999).

Puede esperarse que las reglas se cumplan si aquellos


individuos mayormente afectados por ellas, conocen su
existencia y esperan que otros monitoreen su conducta y
sancionen su incumplimiento. El conocimiento colectivo
presupone que todos los habitantes en una comunidad co-
nocen las reglas. Todas las reglas están incrustadas como
conjunto que como grupo de reglas puede cambiarse. Este
cambio puede basarse en las estrategias que los individuos
adopten dentro del marco de reglas que se modifican más
frecuentemente que las reglas ordinarias, aunque en el
cambio de reglas de cualquier nivel aumenta la incerti-
dumbre que enfrentan los individuos. Por eso es más sen-
cillo modificar las reglas operacionales que las de elección
colectiva y éstas, a su vez, son más sencillas de modificar
que las reglas constitucionales. Lo importante es que haya
un manejo comunitario y que se encuentre supervisado
por reglas consuetudinarias que promuevan un buen ma-
nejo de los recursos (Grandía, 2007).

Las reglas deben de tener viabilidad en aspectos como la


demografía que trata sobre la presión sobre los recursos,
disponibilidad de trabajo (migración), lo social tomando
el nivel de pobreza, heterogeneidad, estratificación social,
tipo de empleo, lo económico que trata el nivel de ingreso,
acceso a tecnología e información, lo cultural que busca el
conocimiento, valoración de los recursos, usos permitidos
para distintos grupos y lo ecológico sobre el nivel en que

40
Institucionalidad ambiental comunitaria

las prácticas productivas afectan a los sistemas que se in-


tervienen.

Luego de viabilizar las reglas se debe de contar con al-


gunos principios para estructurar una institución comu-
nitaria los cuales necesitan establecer los límites del re-
curso y de los grupos de usuarios claramente definidos,
tener congruencia (ecológica, social, económica, cultural,
demográfica) entre las reglas de provisión y apropiación
y las condiciones locales, propiciar arreglos de elección
colectiva (participación de los afectados, permite con-
gruencia y legitimidad de las reglas), monitorear de forma
participativa para que rindan cuentas los usuarios locales
y externos, aplicar sanciones graduadas, generar mecanis-
mos de resolución de conflictos, reconocer los derechos
de los usuarios de los recursos para organizarse y construir
instituciones propias y crear instituciones para los recur-
sos que son parte de sistemas más amplios (Ostrom, 1999).

Existen otras características que se reflejan en el manejo


de los recursos naturales y que están favorecidas por ins-
tituciones sólidas. Éstas comprenden el conocimiento de
los límites internos y externos del sistema de recursos, el
nivel en el que el flujo de unidades del recurso es predeci-
ble (aspectos cuantitativos y cualitativos) y la percepción
de la viabilidad y necesidad de la acción colectiva para la
conservación o la mejora del sistema de recursos.

Además, se deben mencionar las condiciones de los usua-


rios que favorecen instituciones sólidas. Éstas deben de
tener un nivel y tipo de dependencia (genera incentivos
y/o presión), experiencia de organización previa, visión
compartida sobre el recurso, relaciones de confianza y re-

41
Institucionalidad ambiental comunitaria

ciprocidad. Además, es necesario identificar a los usuarios


con mayor poder económico para que no se beneficien de
la falta de regulación. Por último, se debe analizar la tasa
de descuento entendida como lo que se deja de percibir
por conservar los recursos sin aprovecharlos.

Es de suma importancia establecer en principio los de-


rechos de propiedad al momento de crear las institucio-
nes, los cuales pueden clasificarse de acuerdo con su uso
y acceso. En tal sentido, los derechos podrían ser de uso,
exclusión, regulación, enajenación y transmisión (Ostrom,
1999). La teoría de la propiedad propone que existe la
privada y pública (Hardin, 1968), en donde se argumenta
que sólo la propiedad privada permite la obtención de un
equilibrio entre inversión de esfuerzo, es decir los costos
de producción y los beneficios marginales. No obstante,
en este caso se omiten los costos sociales de la exclusión
de derechos de acceso (Coase, 1960).

Con el establecimiento de las instituciones y los derechos


de propiedad también, al igual que en la organización, se
debe de trabajar sobre el capital social, el cual surge en
gran parte de los intentos de dar respuesta sistemática a
los fracasos de muchas experiencias de desarrollo. Se re-
vela la insuficiencia en el desarrollo de recursos humanos
para lograr el desarrollo (López, 2003).

Es un reto plantear el establecimiento de instituciones ad-


ministradoras de bienes de uso común en comunidades
que se encuentran integradas en la sociedad moderna y
de una economía en curso de globalización (Constanza,
1999), que permita la gestión de los recursos naturales de
forma sustentable.

42
Administración ambiental comunitaria

L a administración ambiental comunitaria debe com-


prender políticas dentro de una comunidad para forta-
lecer la organización con el fin de manejar, aprovechar y
preservar los recursos naturales de su territorio. Para ello
es necesaria una planeación para la puesta en marcha de
las políticas que conlleven a la mejora de la calidad de
vida de los comunitarios a través del aprovechamiento y
de los beneficios que la naturaleza provee. Además, con
acciones de verificación y evaluación del cumplimiento
de las normas y reglamentos establecidos por los mismos
comunitarios se pueden alcanzar las metas trazadas para
conservar los recursos naturales de la comunidad (CCA,
2005).

La administración ambiental comunitaria debe ser diná-


mica con mayor implicación ciudadana, con una posición
activa y con un desenvolvimiento de la función de tutela
ambiental. Por ello se deben consolidar técnicas de ges-
tión y auditoría ambiental a través del impulso que da el
acceso a la información ambiental (Mora, 1993).

Una administración ambiental participativa y ética pro-


piciará la consolidación de la gestión ambiental con el
objetivo de proteger, preservar y aprovechar los recursos
naturales bajo un uso regulado y monitoreo de acciones

43
Administración ambiental comunitaria

conducentes a intervenir los sistemas naturales. Esa ges-


tión ambiental requiere un “carácter planificado, perma-
nente y sucesivo que se manifiesta en el poder de decisión,
uso, control y administración, vinculado a la actividad pro-
ductiva, aprovechamiento de recursos y la relación con el
ambiente que desarrollan un conjunto de actores públi-
cos, privados y de la sociedad civil” (IARNA, 2009b:28).

La administración ambiental es un instrumento para iden-


tificar, medir y manejar los efectos de las actividades de los
comunitarios sobre el medio ambiente, siempre y cuando
ya se tengan metas definidas para preservar los recursos
naturales y la planificación respectiva donde se toma en
cuenta todas las normas y reglamentos internos.

Una buena administración es necesaria porque permite


proteger el ambiente, y esto se logra con la participación
ciudadana estableciendo derechos y responsabilidades
sobre el uso de los recursos naturales (Prizzia, 2005). Al
involucrarse los comunitarios en la administración de sus
recursos naturales, potencializarán la gestión ambiental de
forma democrática para buscar el bien común. De hecho,
al tomar parte los comunitarios de las decisiones admi-
nistrativas de su territorio y los recursos los hace sentir
importantes y eso es saludable para una sociedad demo-
crática.

Solís (2010), sugiere que la experiencia y el conocimiento


de las comunidades sobre sus procesos históricos, sobre
las características de su entorno natural y de sus condicio-
nantes sociales, son la base fundamental para reorientar
los procesos administrativos de sus recursos naturales. La
recuperación de experiencias, los saberes tradicionales, la

44
Administración ambiental comunitaria

conciencia sobre los valores de su patrimonio natural y


cultural, se constituyen en el punto de partida para la crea-
ción de propuestas constructivas que definan las orienta-
ciones del desarrollo hacia mejores condiciones de vida
de la población.

Existen algunos problemas en la gestión de los recursos


comunes como la necesidad de realizar la apropiación de
las unidades del recurso sin afectar las capacidades pro-
ductivas del sistema de recursos. Esto se refiere a los as-
pectos relacionados con la administración de unidades de
los recursos. También se necesita de la provisión de las
condiciones para el mantenimiento del sistema del recur-
so. Por lo regular, es un problema lograr coordinar el uso
de un recurso entre comunidades con numerosos indivi-
duos, donde se pueda mantener una tasa óptima de pro-
ducción y consumo en armonía. La importancia de la ad-
ministración ambiental deriva de que la viabilidad de las
sociedades humanas, con el nivel de complejidad actual,
depende cada vez más de sus capacidades para manejar
y mantener conjuntamente recursos comunes, aunque en
teoría se proponen algunas opciones para la gestión de los
recursos, una más viables que otras.

Hay que reconocer la importancia de las instituciones


comunitarias que regulan el acceso, uso y control de los
recursos naturales y que ejercen como fundamento en
la herencia cultural que sustenta la vida de las personas
(Boege, 2003). Las poblaciones locales son un factor clave
en la gestión y administración de los recursos naturales
porque la participación directa de las comunidades toma
relevancia porque conocen su territorio donde habitan.
Una administración comunitaria que sea eficiente propi-

45
Administración ambiental comunitaria

cia la conservación y el manejo sustentable de los recursos


naturales y se logran alcanzar los objetivos de sustentabili-
dad y equidad debido a la aplicación de los conocimientos
y saberes propios de los pueblos.

46
Manejo y transformación de
conflictos ambientales

L a lucha por el acceso y control sobre los recursos na-


turales crea conflictos en las comunidades rurales de
Guatemala. Debido a la mala distribución de esos recur-
sos y sobre todo, factores como el grado de escases, la
búsqueda por el acceso a la tierra y la lucha por el poder
son los principales elementos que crean conflictos entre
las sociedades actuales (Axt, et al., 2006).

Los conflictos históricos producto de la mala distribución


de la riqueza en Guatemala, han dado origen a conflic-
tos relacionados con la exclusión, la desigualdad y la lu-
cha por los recursos naturales (Hurtado, 2005). Nuevos
fenómenos y efectos provocados por la globalización, la
dominación económica y explotación utilitaria de los re-
cursos naturales impactan negativamente en los pueblos
más pobres. Con el avance de los tratados de libre comer-
cio, nuevas amenazas y desafíos se presentan en los países
más vulnerables por la pobreza y la desigualdad (Castro,
2006), de tal manera que el conflicto ha constituido el
marco general en el cual ocurren las acciones colectivas.
Muchos de los conflictos son motivados por la defensa
del acceso y uso de los recursos naturales, por la protec-
ción, su conservación y manejo sustentable. La situación
ambiental del país es crítica y los problemas son producto

47
Manejo y transformación de conflictos ambientales

de la escasez y deterioro de la naturaleza, insalubridad del


entorno, socavamiento de la biodiversidad, destrucción
de la belleza escénica, etc.

El deterioro ambiental es una función de las variables po-


líticas, económicas, sociales y culturales. El tema agrario
y el cambio de uso de la tierra son las mayores amenazas
para la riqueza natural y la biodiversidad del país. El uso
intensivo de la tierra provoca gran presión sobre los eco-
sistemas naturales y reduce, cada vez más, la cobertura
forestal del territorio nacional.

Hoy en día muchos conflictos ambientales en Guatemala


se dan por la pobreza de las comunidades en el área rural.
La mayor parte de la población de este sector, se dedica
a la agricultura, destacándose entre las principales activi-
dades productivas las siembras y el cultivo de productos
como maíz, frijol, café, hortalizas. Cuando se establecen
actividades como la minería en estos territorios y se in-
cumple con los instrumentos legales, nacionales e interna-
cionales y no toman en cuenta las consultas comunitarias
en materia de respeto de valores, identidad, tradiciones,
costumbres y derechos propios de las comunidades indí-
genas y campesinas, se produce mucha conflictividad por
lo que las actividades mineras en Guatemala son detonan-
tes permanentes de conflictos sociales (ASÍES, 2010).

Por ejemplo, el caso de la mina Marlin en Guatemala ha


estado por varios años en constante conflictividad por-
que para muchos no se cumplió con el Convenio 169 de
la Organización Internacional del Trabajo (OIT), sobre
pueblos indígenas y tribales en países independientes, así
como tampoco con lo establecido en la Declaración de

48
Manejo y transformación de conflictos ambientales

las Naciones Unidas Sobre los Derechos de los Pueblos


Indígenas; donde se destaca el incumplimiento del Acuer-
do Sobre Identidad y Derechos de los Pueblos Indíge-
nas, como parte de los Acuerdos de Paz; así también del
Código Municipal, la Ley de los Consejos de Desarrollo
Urbano y Rural y la misma Constitución Política de la
República de Guatemala.

La actividad minera provoca cambios en el relieve y en


la geomorfología del terreno, el derrame ácido de mina
(DAM) y los posteriores daños al ambiente y a la salud de
las personas y la fauna, destacándose únicamente como
pasivos ambientales de las operaciones mineras. El con-
flicto social generado por las operaciones mineras, se em-
peora cada vez más en el país y puede alcanzar dimensio-
nes que afecten la misma gobernabilidad. Es imperante
encontrar una solución a este conflicto con un alto costo
social de una enorme cuantificación económica. El ma-
nejo del conflicto pasa por una reforma integral en los as-
pectos económicos, ambientales y sociales de la Ley de
Minería.

El manejo y transformación de muchos conflictos estriba


sobre los mediadores, consejeros o supervisores quienes
son llamados a ayudar o asistir a las partes en conflicto.
Sin embargo, el acercamiento para tratar con los conflic-
tos puede variar según su naturaleza y consecuentemente
puede pasar a otra forma para el manejo de la conflictivi-
dad porque se pasa de una eventual resolución de conflic-
tos o transformación de los mismos.

El manejo de un conflicto es la búsqueda de una respuesta


para reducir los niveles potenciales de violencia que pue-

49
Manejo y transformación de conflictos ambientales

dan resultar. Todas las actividades asociadas a redireccio-


nar las causas del conflicto deben tener como principal
objetivo crear un espacio para llegar a mejores términos lo
que propiciará una transformación del conflicto.

Se han desarrollado herramientas para abordar los con-


flictos socioambientales y entre las que más se emplean
está la “matriz de análisis de conflictos”. Esta matriz con-
templa elementos básicos que componen un conflicto
como los actores, sus posiciones e intereses, relaciones de
poder, el contexto y los antecedentes del mismo, que al
identificar estos elementos se obtiene un panorama de la
situación. No obstante, más allá de las distintas metodolo-
gías y herramientas desarrolladas, y las diferentes teorías
que han evolucionado en el campo del manejo y transfor-
mación de conflictos (Miall, 2004), lo importante es tener
un abordaje bajo un enfoque participativo para involucrar
a todos los actores y así con el poder local, se tenga un
mapeo y contar con más elementos para ejercer acciones
encaminadas a aplicar la institucionalidad generada para
diseñar un verdadero proceso de manejo de la conflictivi-
dad ambiental (Paniagua y Borel, 1999).

La transformación de conflictos ambientales es un acerca-


miento comprensivo que redirecciona un rango de dimen-
siones que ayuda a desarrollar la capacidad y el cambio
estructural que facilita el manejo de los recursos naturales.
La mayoría de teorías concernientes al manejo de conflic-
tos se concentran en las causas y el desarrollo del conflicto
sobre la creación de las capacidades para reconciliar a las
partes afectadas y fallan en la integración suficiente para
el entendimiento de cómo prevenir la interacción de las
causas del conflicto (Miall, 2004).

50
Manejo y transformación de conflictos ambientales

La satisfacción de las necesidades de desarrollo de las co-


munidades depende de los factores principales como lo
humano, la ciencia y la tecnología, pero en especial de
las condiciones ambientales, es por eso que se deduce
que los problemas ambientales son también problemas
humanos (Bordehore, 2001). Los procesos de producción
se externalizan y producen una serie de efectos negativos
sobre el medio ambiente que incide en la calidad de vida
de las poblaciones, lo que crea una serie de conflictos so-
cioamentales.

Estos conflictos socioambientales deben de tener un abor-


daje multidisciplinario y la gestión ambiental es funda-
mental para su manejo ya que brinda la posibilidad de in-
tegrar diferentes saberes en la solución de la problemática
tomando distintas dimensiones culturales, políticas, eco-
nómicas y ambientales, logrando la articulación necesaria
para generar escenarios entre los actores y por medio del
apoyo de herramientas e instrumentos de gestión ambien-
tal, se logrará la conciliación de las partes en conflicto.

La gestión ambiental debe ser un proceso amplio que


incida en el manejo participativo de los problemas am-
bientales, generando mediante herramientas de gestión, la
planeación, desarrollo y verificación de la solución de los
conflictos ambientales en el sector rural (Arévalo y Lagos,
2010).

51
Saneamiento ambiental comunitario

E l saneamiento ambiental moderno es un tanto discri-


minador debido a que representa altos costos y no
alcanza las áreas rurales y las zonas marginadas de las ciu-
dades. Sin embargo, con acciones a nivel familiar o comu-
nitario e independientemente de la forma final de la dis-
posición sanitaria por ejemplo de los desechos sólidos se
podría empezar seleccionando materiales como hojalata,
vidrios, huesos, papel, etc. con la finalidad de evitar pro-
blemas de contaminación y dar algún tipo de tratamiento
para su debido aprovechamiento.

La falta de servicios públicos provoca una enorme con-


taminación producto de la escasez de agua potable y la
deficiente educación sanitaria en nuestro país, a pesar que
el recurso hídrico es muy abundante en Guatemala, pero,
el crecimiento de la población, la expansión agrícola y la
contaminación de las fuentes hídricas, ha contribuido a
que la población tenga acceso limitado al agua limpia y a
una distribución de sus servicios (Ordóñez, 2002).

Para contribuir a mitigar el problema de la contaminación


de las fuentes de agua, existen sistemas de sumideros, que
tienen como función recolectar aguas servidas que corren
superficialmente y acarrean sustancias como detergentes,
jabones, aceites y otros que terminan depositados en los

53
Saneamiento ambiental comunitario

cuerpos de agua como ríos y lagunas. Estos sistemas tie-


nen el principio que las aguas servidas son colocadas en
un pozo de absorción donde existe un filtro natural como
ninfas y algas, quedando las partículas contaminantes re-
tenidas, lo que disminuye la contaminación de agua.

También, con la construcción adecuada de letrinas en el


área rural (Ordóñez, 2002;�������������������������������
Berducido, 2006), se contribu-
ye a minimizar la contaminación de las fuentes y cuerpos
de agua que se ubican en las comunidades que no cuentan
con los sistemas modernos de tratamiento de aguas resi-
duales (Pérez, et al., 2010). Al carecer de sistemas sanita-
rios, las familias hacen sus necesidades fisiológicas al aire
libre, quedando las heces fecales a la intemperie, provo-
cando contaminación ambiental.

Las letrinas construidas en la superficie terrestre tienen ca-


pacidad para cinco o siete personas diariamente. Se pue-
de utilizar ceniza de leña o cal en la degradación de los
desechos y luego de seis meses se produce abono sólido
sin problemas de salubridad. La construcción de letrinas
como sistema para aboneras secas familiares también fun-
ciona y consiste en dos cámaras separadas por un tabique
central. Ambas cámaras poseen un agujero superior para
depositar los desechos y su degradante puede ser ceniza
o cal. En síntesis, no se requiere de tecnología sofisticada
para mantener a una comunidad rural con unas condicio-
nes de saneamiento aceptables (Berducido, 2006:85).

Lo importante es que la capa superficial del suelo no debe


contaminarse así como las aguas superficiales y subterrá-
neas. Las excretas no deben ser accesibles a las moscas
y animales y las instalaciones deben mantenerse limpias.

54
Saneamiento ambiental comunitario

Definitivamente, los medios con que se cuenta en una co-


munidad rural para disponer en forma sanitaria las excre-
tas humanas se verán condicionadas por las características
socioeconómicas y culturales, tipo de abastecimiento de
agua, características físicas y topográficas del área.

En lo urbano, el funcionamiento de los sistemas básicos


para la disposición de las excretas humanas dependen del
abastecimiento de agua ya que por medio de esto se logra
mitigar la contaminación mediante el alejamiento de las
heces a través del arrastre con el agua por medio de un
alcantarillado que implica la existencia de agua entubada
a nivel domiciliar en cantidad suficiente para el correcto
arrastre del líquido cloacal en toda una red.

Sin embargo, en el área rural se puede trabajar por medio


de las fosas sépticas a nivel familiar y comunitario con
instalaciones sanitarias que permiten una eficiente dispo-
sición de la materia fecal, sin necesidad de una gran canti-
dad de agua para la operación del sistema. Una alternativa
de depósitos que permiten aislar y degradar o descompo-
ner la materia fecal, cuando no existe la disponibilidad de
arrastre de agua, es la letrina sanitaria que es la medida
más generalizada y es muy aplicable cuando la población
está muy dispersa. La letrina es la solución cuando no
existe servicio de agua entubada y se carece de una red
de alcantarillado público. No obstante, se requiere de los
siguientes principios básicos (Ordoñez, 2002):

a) No deben contaminar ninguna fuente de agua para


consumo o riego de hortalizas.
b) Evitar el contacto de las heces con los insectos, roedo-
res u otros posibles portadores de gérmenes patógenos.

55
Saneamiento ambiental comunitario

c) No permitir la accesibilidad de los niños a las materias


fecales.
d) Prevenir la contaminación de la superficie del suelo.
e) No producir malos olores y dejar las excretas expuesta
al aire libre.

Las razones por las cuales el uso de las letrinas es muy


frecuente en las comunidades rurales son los escasos re-
cursos económicos de la población para un proyecto de
alcantarillado y el núcleo del poblado es disperso, pero
con su uso adecuado se mitigará mucha contaminación
ambiental.

La disposición de excretas es uno de los mayores proble-


mas que afronta los habitantes del área rural en Guate-
mala y para que un programa de letrinas tenga éxito se
debe tener como objetivo fundamental que un programa
de construcción de esta alternativa, las familias asuman la
responsabilidad de sus propios problemas para el sanea-
miento ambiental comunitario.

Algo que también se observa en las comunidades rurales es


que las excretas no se aprovechan como fertilizantes para
mejorar la productividad de las tierras. A través de técnicas
sencillas se podría lograr un aprovechamiento para apoyar
la economía rural y proteger la salud de la población. Para
emplear esas técnicas de aprovechamiento de las excretas y
desechos sólidos es necesario determinar la adaptación de
letrinas en la comunidad, que pueden ser utilizadas para la
preparación de abonos. Algunos diseños de estas letrinas
necesitan poca o ninguna cantidad de agua. Otra ventaja
es que la separación de la orina y las heces permite una
descomposición de material biológico en seco.

56
Saneamiento ambiental comunitario

Se debe buscar mejoras y una comunidad debe gestionar


sus servicios de agua y saneamiento con visión propia,
con cultura organizada, con recursos humanos capaces
de dar mantenimiento y hacer adaptaciones técnicas en
donde los COCODES deben jugar el papel de aplicar
principios culturales propios en la administración (Pérez,
et al., 2010). Por ejemplo, el desarrollo y gestión del agua
debería basarse en enfoques participativos en donde se
involucre a todos los interesados en la toma de decisiones.
Esta participación implica tomar en cuenta los impactos
de las acciones de todos los sectores y de otros usuarios
del recurso hídrico.

La falta de servicios de saneamiento básico está asociada


con la ocurrencia de enfermedades de origen hídrico en los
humanos. Estas enfermedades incluyen el cólera, la hepati-
tis y la diarrea. Por otro lado, existen enfermedades de ori-
gen vectorial entre las que destacan la malaria, el dengue,
la fiebre amarilla y la fiebre producida por el virus del Nilo
occidental. Aunque ha mejorado el panorama en Latinoa-
mérica en los últimos años, el problema persiste especial-
mente por la vulnerabilidad ambiental existente principal-
mente en las áreas rurales (CEPIS, SDE, OPS, 2003).

Cuando los servicios son deficientes y considerando que


el control, la vigilancia sanitaria y la certificación de ca-
lidad son inexistentes se cae en un escenario peligroso y
se observa que la población recurre frecuentemente a los
servicios de salud constantemente debido a enfermedades
de origen hídrico.

Por eso, la mujer también juega un papel central en la ges-


tión del agua y el saneamiento ambiental debido a su rela-

57
Saneamiento ambiental comunitario

ción directa con las actividades domésticas. Muchas veces


a las mujeres no se les reconoce su influencia en la gestión,
análisis y en la toma de decisiones relacionadas al sanea-
miento ambiental de la comunidad y en lo relacionado
con la gestión del agua. El reconocimiento de género es
importante en el saneamiento ambiental de una comuni-
dad y se debe valorar los papeles que la sociedad asigna a
hombres y mujeres para facilitar su involucramiento y su
acceso a los servicios básicos. La incorporación de muje-
res en las directivas de las organizaciones locales y darles
funciones y papeles para la toma de decisiones es clave.

Los reglamentos comunitarios deben fortalecerse ya que


por medio de los derechos y obligaciones que regulan el
comportamiento de la población se vela para que todos
los usuarios hagan uso adecuado del agua y los servicios
básicos para desarrollar acciones y realizar actividades de
monitoreo para el saneamiento ambiental comunitario.

El papel del ministerio de salud es preponderante pues


deben monitorear y abogar por el saneamiento ambiental
básico. Esta participación debe incluir objetivos asociados
con la salud pública, la cobertura universal de servicios, la
reducción de las desigualdades y la búsqueda del desarro-
llo humano sustentable. La gestión eficaz de la salud pú-
blica es necesaria para el saneamiento ambiental básico y
debe incluir al ambiente, los servicios y la comunidad. El
ambiente está constituido por las fuentes de agua, su uso
en la producción de alimentos y la recreación. Los servi-
cios incluyen el abastecimiento, la gestión de residuos só-
lidos y líquidos, los marcos regulativos, de vigilancia, con-
trol y seguimiento de la calidad del agua. La comunidad
incluye las familias y la población en general que se pueda

58
Saneamiento ambiental comunitario

ver afectada por enfermedades gastrointestinales debido


al inadecuado servicio de saneamiento básico, la falta de
prácticas de higiene y las limitaciones del agua potable.

Las prácticas de conservación de suelos en los sistemas


agrícolas también tienen un impacto positivo en el sanea-
miento ambiental debido a que se disminuye la erosión y
el arrastre de agroquímicos contaminantes. La introduc-
ción de tecnologías orgánicas de fertilización favorecen la
conservación de la micro flora y fauna presente en los sue-
los y los pozos de infiltración alimentan los mantos freáti-
cos. La rotación de cultivos y su diversificación mantendrá
los ecosistemas sanos porque se reduce la aparición de
plagas y con la introducción de un manejo integrado de
plagas y enfermedades se proporcionan las condiciones
adecuadas para mantener un equilibrio ecológico.

El recurso humano será imprescindible en el saneamiento


ambiental comunitario para lo cual las capacitaciones rea-
lizadas por las instituciones estatales, las ONG y las univer-
sidades deben estar orientadas en temas que persigan no
sólo el fortalecimiento organizacional, sino también que la
población adquiera buenas prácticas ambientales y de sa-
lud. De esa forma se deja a la población los conocimientos
que permitan la sostenibilidad de los sistemas de agua y los
servicios básicos para mantener una vida sana y saludable.

Las jornadas de limpieza comunitaria son importantes


para que la población sea consciente sobre los graves pro-
blemas de la basura acumulada en las calles, viviendas
y cuerpos de agua. Con jornadas familiares la población
aprende a clasificar la basura orgánica e inorgánica, la de-
posita adecuadamente y se evita focos de contaminación.

59
Saneamiento ambiental comunitario

La organización comunitaria es necesaria para que las


acciones del saneamiento ambiental comunitario se con-
soliden por lo que se deben aprovechar las capacidades
instituidas en todo el país con los Consejos Comunitarios
de Desarrollo -COCODE- y con el respaldo de toda la
comunidad se puede llegar a desarrollar buenos progra-
mas comunitarios para mantener un ambiente sano como
derecho de todo ser humano (Zepeda, 1997). La organiza-
ción comunitaria genera cambios y desarrollo, además es
el punto de partida para identificar problemas y plantear
soluciones de forma participativa en un contexto local.

El proceso de incremento de las opciones de la población


mediante la expansión de sus capacidades esenciales de
salud, conocimientos, recursos y los derechos fundamen-
tales genera un verdadero desarrollo humano. El acceso
a estas capacidades mantiene la sostenibilidad del desa-
rrollo de tal manera que el saneamiento ambiental básico
es un factor importante para la construcción de capacida-
des esenciales. De hecho, la gestión del saneamiento am-
biental básico está asociada a la lucha contra la pobreza y
existen metas explícitas en los Objetivos de Desarrollo del
Milenio (CEPIS, SDE, OPS, 2003).

El saneamiento ambiental comunitario enmarca todas las


acciones técnicas y socioeconómicas de salud pública que
tienen por objetivo alcanzar mejores niveles de salubridad
ambiental en el área rural. Comprende el manejo sanitario
del agua potable, las aguas residuales, los residuos sólidos
y las buenas prácticas higiénicas que reducen riesgos para
la salud de los comunitarios y prevenga la contaminación
con la finalidad de mejorar las condiciones de vida.

60
Saneamiento ambiental comunitario

Para garantizar la sostenibilidad de los sistemas de gestión


para el saneamiento ambiental a largo plazo, es imprescin-
dible que la comunidad asuma la responsabilidad para la
operación y el mantenimiento de los servicios. Es la pro-
pia comunidad la que tiene que establecer los mecanismos
para sufragar los gastos de mantenimiento, de tal manera
que se disponga de la organización necesaria, los conoci-
mientos prácticos, las piezas de repuesto, los materiales y
las herramientas adecuadas (Zambrano, 1997). Si se mejo-
rara el acceso a sistemas adecuados de agua y saneamien-
to de la población rural, se eleva la calidad de vida, se
disminuye el riesgo de mortalidad y morbilidad. Para ello,
es necesario reforzar la capacidad local de organización y
gestión para una participación más eficaz en el proceso de
desarrollo. Para lograr esto, es necesario brindar capaci-
tación a dirigentes locales y promotores del saneamiento
básico para la ejecución de diagnósticos y priorización de
problemas, identificación de soluciones, elaboración de
planes, organización de las instancias de gestión comunal
de los servicios, asignación de funciones para la ejecución
de los planes y promoción de las tareas de educación sa-
nitaria comunitaria. Es estratégico promover el liderazgo
de los gobiernos locales en el proceso de planificación lo-
cal para el saneamiento básico. Ofertar oportunidades de
capacitación y asesoría técnica tanto en la planificación
como en la ejecución de sistemas de agua y saneamiento
en las comunidades será tarea de instituciones como el
Ministerio de Salud, Ministerio de Agricultura, las univer-
sidades, las ONG, etc.

A nivel comunitario existen algunas acciones que pueden


contribuir en la gestión para el saneamiento ambiental
como la recolección de basuras, operación obligada por

61
Saneamiento ambiental comunitario

la presencia de desechos sólidos en las calles y caminos


de la localidad que puede realizarse individualmente, por
familia o en forma colectiva a nivel comunitario (Berduci-
do, 2006). Pero el trabajo fuerte es a nivel educativo y para
facilitar la operación de limpieza en lugares de acceso de
gran cantidad de personas es conveniente utilizar depósi-
tos para recolectar desechos sólidos clasificados.

Los gobiernos locales deben procurar brindar espacios


para la participación a todos los involucrados y así la toma
de decisiones se dará de forma descentralizada hasta al-
canzar el nivel más bajo como estrategia para aumentar la
participación ciudadana. El saneamiento ambiental comu-
nitario se verá fortalecido si se consolidan las organizacio-
nes y los gobiernos locales para dar un manejo integrado
al sistema ambiental.

62
Monitoreo ambiental comunitario

A sí como existe un impacto al ambiente, economía, in-


fraestructura y costumbres de las comunidades pro-
ducto de las actividades mineras, turísticas e industriales,
el monitoreo social y ambiental permite registrar informa-
ción sobre compensaciones, indemnizaciones, inversiones
comunitarias, negociaciones con empresas, ocupación la-
boral, ingresos económicos por trabajo, apoyos brindados
por la empresa en cuanto a salud y educación, entre otros.

Debido al impacto que sufre el ambiente producto de


las actividades humanas es necesario realizar evaluacio-
nes como procesos que consideran las consecuencias de
una determinada actividad, y es mediante el monitoreo
y seguimiento que se busca entender esas consecuencias
reales. Se busca con el monitoreo contar con una retroali-
mentación que conlleve a la recolección de datos y com-
pararlos para tener parámetros y establecer expectativas y
proyecciones (Paniagua, 2008).

Existen lineamientos básicos sobre sistemas de monitoreo


de indicadores ambientales generados por organizaciones
internacionales con el fin de realizar evaluaciones siste-
máticas de la situación ambiental (Castañeda y Turcios,
2002). Si bien, los sistemas de monitoreo ambiental son
instrumentos para los tomadores de decisión en materia

63
Monitoreo ambiental comunitario

ambiental, es necesario que las comunidades se inserten


en una evaluación global sobre la calidad del sistema de
monitoreo ambiental.

El monitoreo a través de indicadores facilita cuantificar


impactos de acciones y estrategias implementadas con
fines de reducir y mitigar la vulnerabilidad hacia desas-
tres. La vulnerabilidad ambiental es un proceso dinámico
y cambiante que presenta variaciones respecto al tiempo
que pueden ser medidos y cuantificados (Buch y Turcios,
2003). El uso de indicadores cuantificados constituye la
base para identificar los cambios de vulnerabilidad. Con
indicadores se pueden describir y verificar características
de los ecosistemas, el sistema social, elementos de política
prevaleciente y condiciones de manejo por parte de los
comunitarios.

Los instrumentos basados en estadísticas pueden ser uti-


lizados para establecer la consistencia de la información
recabada y utilizada para la evaluación del estado ambien-
tal, también los Sistemas de Información Geográfica -SIG-
serán de gran utilidad para el manejo y procesamiento de
información, principalmente de carácter geográfico, que
debe ser parte de los resultados a obtener como producto
de un informe del estado ambiental del país en general.
Estos SIG, son útiles para el almacenamiento y procesa-
miento de bases de datos que permiten la elaboración grá-
fica de la información y de esa forma se hace legible la
información generada.

Para desarrollar el sistema de seguimiento y monitoreo


ambiental que evalúe el impacto de la conservación y
el desarrollo sustentable se ha adoptado por parte del

64
Monitoreo ambiental comunitario

CONAP en Guatemala la Estrategia Nacional de Moni-


toreo y Evaluación del Sistema Guatemalteco de Áreas
Protegidas, basados en la metodología generada por
PROARCA/CAPAS y WWF. Esto incluye indicadores
dentro de los ámbitos social, administrativo, recursos na-
turales y culturales, político-legales y económicos (Casta-
ñeda y Turcios, 2002).

El monitoreo para la conservación y el desarrollo susten-


table como el del CONAP está dirigido especialmente a
las áreas protegidas. El objetivo fundamental es fortalecer
la conservación y buena administración de la base pro-
ductiva de recursos naturales con el propósito de producir
agua, recursos maderables y no maderables, vida silvestre
y otros productos de los bosques, disminuir la vulnerabi-
lidad ambiental, contribuir con los aportes nacionales a la
problemática ambiental a través de la protección de cuen-
cas hidrográficas y la conservación de zonas de recarga
hídrica.

A pesar que existen instrumentos y herramientas para


realizar monitoreos ambientales, si se quiere realizarlo
eficientemente en el sector rural es de vital importancia
integrar a las comunidades por medio de actividades mul-
ticulturales que fomenten el rescate del patrimonio tangi-
ble e intangible, y que refuercen la identidad y el orgullo
comunitario (Martínez, 2004).

El monitoreo participativo será muy efectivo para el aná-


lisis y la toma de decisiones a nivel local (Evans y Guari-
guata, 2008). Este monitoreo consistirá en la recolección y
el análisis sistemático de información a fin de determinar
si algo está cambiando para bien o para mal. El monitoreo

65
Monitoreo ambiental comunitario

va más allá de la evaluación porque la información debe


recolectarse regularmente y se debe analizar para obte-
ner resultados que se usen en la toma de decisiones. El
monitoreo ambiental debe ser el resultado de un proceso
participativo en donde colaboran los actores involucrados
en el manejo y administración de los recursos naturales de
la comunidad (Carrera, 2004).

El monitoreo participativo se aplica a actividades que su-


ponen la participación de personas locales que, aunque
no tengan capacitación profesional, si cuentan con cono-
cimientos, experiencia e intereses. El monitoreo debe ser
un proceso continuo en el que los comunitarios registran
sistemáticamente información acerca de sus recursos na-
turales, reflexionan al respecto y llevan a cabo acciones de
gestión. El monitoreo abarca temas como el manejo del
bosque, conservación del suelo y pérdida de la biodiver-
sidad. Los métodos pueden incluir recorridos dentro del
bosque, calendarios agrícolas, transectos, mediciones de
caudales, etc.

Según Pérez et al., (2010), los reglamentos internos en las


comunidades también son clave para manejar los recursos
naturales donde se describan los derechos y obligaciones
que regulan el comportamiento de los beneficiarios. La fi-
nalidad es que todos los comunitarios hagan uso adecuado
por ejemplo del agua como medio de vida y de todos los
recursos naturales en general y que se desarrollen accio-
nes para realizar monitoreos constantes para verificar la
calidad del recurso hídrico y el estado actual de los bos-
ques y tierras para que todos los habitantes utilicen de for-
ma adecuada sus recursos.

66
Monitoreo ambiental comunitario

Las razones por las cuales debe de monitorearse pasan


por mantener un aprovechamiento de los recursos natu-
rales sin degradar el sistema ambiental. El primer paso en
un programa de monitoreo ambiental comunitario es que
los miembros de la comunidad participen en la definición
y formulación de preguntas basadas en objetivos para es-
tablecer la situación actual de los recursos naturales y del
sistema ambiental en general.

Con el monitoreo, no sólo se darán respuestas concer-


nientes a la situación ambiental de la comunidad, sino que
será un catalizador de procesos de aprendizaje para que
los comunitarios se empoderen de sus recursos y puedan
planificar su proceso de desarrollo. El monitoreo debe ser
de carácter local pues los comunitarios son los que mayor-
mente conocen su propio territorio, sus potencialidades y
sus problemas.

67
Técnicas e instrumentos para la gestión
ambiental comunitaria

E n 1986 se instituye en Guatemala el estudio de im-


pacto ambiental con el Decreto 68-86 para prevenir
el deterioro del ambiente bajo la premisa que cualquier
actividad productiva o industrial puede producir daño,
alteración o modificación al ambiente. Con el Acuerdo
Gubernativo 431-2007 se definieron seis instrumentos de
evaluación ambiental (evaluación ambiental estratégica,
evaluación ambiental inicial y autoevaluación ambiental,
estudio de evaluación de impacto ambiental, evaluación
de riesgo ambiental y evaluación de impacto social) y tres
instrumentos de control y seguimiento (auditorías ambien-
tales, seguimiento y vigilancia ambiental, y compromisos
ambientales) (GEO, 2009).

Sin embargo, lo anterior lo ejecutan las instituciones de


gobierno como instrumentos de evaluación, control y se-
guimiento ambiental que se ejerce a toda empresa, obra o
industria para minimizar los impactos negativos hacia el
ambiente. No obstante, a nivel rural se necesita de otros
instrumentos prácticos donde se requiere de la participa-
ción de todos los actores involucrados a nivel local.

En principio, un instrumento de gestión ambiental a nivel


comunitario podría ser un plan autogestionario que parte

69
Técnicas e instrumentos para la gestión ambiental comunitaria

del análisis de la problemática ambiental existente a nivel


comunitario (Solís, 2010). Se puede realizar un balance
global de la situación ambiental a nivel local incluyendo
las potencialidades existentes dentro de su territorio. La
auto reflexión sobre las características propias de la comu-
nidad como grupo humano se hace necesaria para deter-
minar las características positivas, los elementos negativos
y aquellos rasgos interesantes que les permite tener iden-
tidad. Conocer sus interioridades, planteando elementos
favorables y aspectos críticos es una buena forma de en-
trar en relación con posibles facilidades autogestionarias.

Para lograr realizar el análisis de la situación ambiental lo-


cal es importante efectuar un ejercicio de acercamiento a
la construcción de sistemas ambientales y luego se puede
proceder a definir alternativas de gestión y a diseñar per-
files de proyectos como parte de un plan autogestionario.
Para ello se debe formar una estructura para establecer un
proceso secuencial de actividades tales como el diagnós-
tico de la situación ambiental, social y natural de la co-
munidad, establecer un sistema de factores referidos a la
problemática ambiental, contacto con la realidad, priori-
zación de problemas, contrastación de problemas y desde
luego un plan de acción para intervenir la problemática.

Un plan de autogestión ambiental debe ser participativo


para establecer y fortalecer entre los comunitarios una cla-
ra conciencia ambiental para tener acceso a los recursos
naturales y se satisfagan las necesidades vitales pero que
se haga de manera sustentable. Para ello la organización
y la gestión para el aprovechamiento de los recursos, den-
tro de procesos de cogestión de la mejor forma posible es
clave para lograr mejores niveles de desarrollo sustentable

70
Técnicas e instrumentos para la gestión ambiental comunitaria

y mejorar permanentemente la calidad de vida. Con ins-


trumentos participativos, una comunidad puede tomar el
impulso adecuado para lograr avanzar en la auto reflexión
y la programación articulada de las acciones para lograr
determinar los procesos hacia un desarrollo deseable, to-
mando en cuenta que las mejores alternativas hacia un
proceso de autogestión ambiental comunitaria se vinculan
con el autoanálisis, la construcción de escenarios con me-
jores condiciones de vida, el fortalecimiento de la autova-
loración comunitaria y la autoestima de los miembros de
la comunidad en búsqueda de caminos compartidos, con
criterios éticos y de equidad, y sustentados en las reali-
dades locales en el concepto global del ambiente y de la
sustentabilidad (Tréllez, 2006).

Algunos instrumentos de gestión ambiental adaptados


para aplicarlos a nivel comunitario son: IESA, IPA, DRP,
IAP, y DELTA (Ramón, 1995). Primero, la Investigación
y Extensión de Sistemas Agrícolas (IESA), surgió a finales
de la década de 1970 como reacción al modelo dominan-
te de transferencia de tecnología como un esfuerzo inte-
grado por parte de investigadores, agentes de extensión
y agricultores en el diseño, prueba y modificación de tec-
nologías agrícolas mejoradas y apropiadas para las condi-
ciones comunitarias. Hoy en día los sistemas productivos,
agrícolas y ambientales deben abordarse bajo un enfoque
holístico en el cual se consideran todas las interacciones
de los actores y un abordaje multidisciplinario.

En cuanto a la Investigación Participativa Agrícola (IPA),


se desarrolló en los años ochenta para involucrar mejor a
los comunitarios en la investigación práctica y puede ser
útil para contextualizar la producción agroforestal partien-

71
Técnicas e instrumentos para la gestión ambiental comunitaria

do de la premisa que los comunitarios no son ignorantes,


ni recalcitrantes, sino por el contrario son muy racionales
y correctos. Lo más importante en esta técnica es no des-
cuidar aspectos sociales y culturales.

Por su parte, el Diagnóstico Rural Participativo (DRP), que


se origina a finales de los años setenta, enfatiza en la mul-
tidisciplinaridad, el aprendizaje acumulativo y combina
una gama de técnicas para la obtención de información a
través de la participación de los comunitarios para gene-
rar sus propios datos. Se ha probado que este instrumento
es útil para entender mejor las percepciones locales acerca
del valor funcional de los recursos naturales, los procesos
productivos y las relaciones sociales e institucionales. Los
comunitarios se convierten en analistas creativos y actores.

La Investigación Acción Participativa (IAP), también surge


en los años setenta y combina lo personal con lo político.
Su objetivo es enfrentar las relaciones de desigualdad, de-
volviendo a los comunitarios el auto respeto y la capacidad
de actuar. Explora las experiencias de grupos de escasos
recursos e involucra a la población local en todas las etapas,
rescata las historias propias de las personas como una parte
vital del proceso de reconstrucción de la confianza colec-
tiva y de la transformación social. Con la acción colectiva
se rescata la historia de la comunidad, valoran y aplican la
cultura popular, producen y difunden nuevos conocimien-
tos en formas escritas, orales y visuales.

En el caso de la Educación para el Desarrollo y Equipos


de Liderazgo en Acción (DELTA), fue desarrollada a me-
diados de los años setenta en Kenya y se ha usado en el
trabajo comunitario de base en varios países. Este instru-

72
Técnicas e instrumentos para la gestión ambiental comunitaria

mento busca identificar los intereses y preocupaciones


locales y tiene un enfoque sobre la conciencia crítica y
la capacitación para facilitar relaciones humanas a través
del trabajo de grupos y el desarrollo organizativo. Se hace
énfasis en reforzar la confianza, crear espacios y dar voz
a los que frecuentemente son marginados, se involucra a
mucha gente en el proceso de autodesarrollo local. Debi-
do a que este instrumento prioriza el consenso, es posible
que con este enfoque no llegue a enfrentar las relaciones
de poder que establecen jerarquías de interés y planes en-
tre los miembros de la comunidad (Ramón, 1995).

Finalmente, un instrumento de gestión ambiental muy


aplicable a nivel comunitario en la actualidad es el Aná-
lisis Ambiental Estratégico (AAE), que tiene como finali-
dad lograr a largo plazo integrar los aspectos ambientales
en procesos de planificación de desarrollo, aumentando
el nivel de conocimiento sobre el contexto ambiental y
las interrelaciones con otras dimensiones del desarrollo
sustentable (Ukkerman y Van Haeringen, 2001). Los ob-
jetivos enmarcados en este instrumento son: analizar el
contexto ambiental de desarrollo humano, el potencial y
limitaciones de las comunidades; integrar los aspectos am-
bientales con lo social, económico e institucional; y pro-
porcionar insumos para definir políticas o planes estraté-
gicos de desarrollo sustentable en una fase temprana de la
toma de decisiones. El AAE básicamente trata de analizar
la interacción entre los ecosistemas y la sociedad, y aspira
a desarrollar la comprensión sobre esta interrelación com-
pleja y generar transparencia. Eso se logra a través de la
aplicación de los pasos metodológicos del AAE durante
un proceso bien estructurado y participativo. El AAE es
diseñado para usarlo en las etapas tempranas de la for-

73
Técnicas e instrumentos para la gestión ambiental comunitaria

mulación de políticas para permitir la integración de los


aspectos ambientales relevantes en el diseño de políticas
y planificación estratégica. El AAE puede aplicarse a di-
ferentes niveles institucionales, nacionales, municipales o
comunitarios, para suministrar los insumos estratégicos en
la formulación o diseño de políticas relativamente nuevas,
o para el ajuste o la reformulación de planes estratégicos
existentes (Ukkerman y Van Haeringen, 2001:15).

74
Educación para el desarrollo rural

U no los pilares fundamentales para consolidar un pro-


ceso de desarrollo en el sector rural es la educación
primaria (Atchoraena y Gasperini, 2004). Muchas veces
no se le toma la suficiente importancia a aspectos sociales
en los programas de desarrollo gubernamental y mucho
menos municipal pues, no se considera que la pobreza
rural sea una variable dependiente del analfabetismo, la
cultura y la religión. Se le da prioridad mayormente a la
infraestructura básica y la “obra gris”.5 Factores como la
desnutrición, la mortalidad infantil, el poco acceso a servi-
cios básicos como el agua y los bajos niveles educativos, li-
mitan el desarrollo en el área rural. La gente del campo es
en su mayoría pobre y depende de la agricultura de sub-
sistencia, por lo que el desarrollo rural afronta el reto de
reducir la pobreza y un instrumento para tal fin es ampliar
la cobertura educativa a la mayor parte de la población.

A mediados del siglo pasado, cuando en Guatemala se


mantenía el modelo de desarrollo del Estado Benefactor, se
impulsaba la cobertura de servicios públicos para apoyar
la agricultura, educación y salud (Beltrán, 2005). Se apoyó
fuertemente la extensión agrícola, la educación sanitaria
en el sector rural y la educación audiovisual en estableci-

5
Obra gris es definida como puentes, estadios, parques y pavimenta-
ción de calles.

75
Educación para el desarrollo rural

mientos escolares. Con la extensión agrícola se pretendía


aumentar la producción agropecuaria con información y
educación no formal al alcance del entendimiento de los
agricultores carentes en su mayoría de alfabetización. Los
extensionistas prácticamente residían en las comunidades
y se apoyaban de medios como la radio, folletos y carteles.

Con el empleo de procedimientos de contacto personal,


individual y grupal, se ampliaba el alcance de los men-
sajes instructivos para el cuidado de la salud pública y se
recurría también a las campañas para masificar la educa-
ción sanitaria. En cuanto a la educación formal rural, se
aplicaban estrategias pedagógicas innovadoras cifradas
principalmente en el uso de técnicas audiovisuales, la
grabación radiofónica, la fotografía y la cinematografía.
Con estas actividades se trataba de mejorar la educación,
contando con algunos manuales didácticos con contenido
elemental, aunque hay que hacer mención que no se tenía
la capacidad de investigación científica y existía una debi-
lidad en fundamentación teórica integral.

No obstante, lo importante es recalcar que antes que se


desmantelara el aparato estatal existían instituciones en-
cargadas de realizar extensión, capacitando y educando a
los agricultores sobre las formas adecuadas de producción
y comercialización agrícola. Los extensionistas trabajaban
con los productores rurales sobre aspectos productivos,
gerenciales y comerciales. A mediados de la década de
1990, la mayoría de instituciones estatales como la Di-
rección General de Servicios Pecuarios -DIGESEPE-, el
Banco de Desarrollo Agrícola -BANDESA- y la Dirección
General de Extensión Agrícola -DIGESA- entre otros,
desaparecieron y los agricultores se quedaron sin mayor

76
Educación para el desarrollo rural

instrucción debido al discurso que debían ser más “com-


petitivos” y dejar a un lado el paternalismo del Estado,
pues había que ser más productivos.

Con el cambio de modelo de desarrollo entre las déca-


das de 1980 y 1990 se empezaron a debilitar las acciones
para el desarrollo de la agricultura rural en Guatemala 
y no únicamente por falta de decisiones políticas, crédi-
tos abundantes, ni subsidios; tampoco sólo por culpa del
Fondo Monetario Internacional -FMI-, del Banco Mun-
dial -BM-, de la globalización o del neoliberalismo, sino,
porque además de todo ello, no se implementó un siste-
ma de educación rural con función de proporcionar a los
agricultores los conocimientos que ellos más necesitaban:
agronómicos, zootécnicos y  veterinarios, ni los relaciona-
dos con la administración rural, incluyendo formas asocia-
tivas para corregir las gravísimas distorsiones que ocurren
en la realización de sus inversiones, en la adquisición de
insumos y en la comercialización de las cosechas (Lacki,
2010). Esta relación causa/efecto, entre insuficiencia de
conocimientos y fracaso económico de los agricultores,
aunque obvia, sigue siendo subestimada y hasta ignorada.
En el mundo globalizado, los conocimientos y la educa-
ción han pasado a ser los factores más determinantes para
que los productores rurales puedan volverse y mantenerse
al menos sobreviviendo.

La educación influye enormemente en el cambio social,


económico y cultural de la población rural, por lo que
organizaciones internacionales enfocan sus esfuerzos para
lograr los objetivos trazados a principios de este siglo y
buscan reducir a la mitad el número de víctimas del ham-
bre y la pobreza, garantizando la educación primaria uni-

77
Educación para el desarrollo rural

versal para el año 2015, lo cual obliga a modificar la forma


tradicional de intervención de la cooperación internacio-
nal para afrontar las necesidades de las personas sin aten-
ción alrededor del mundo, entre ellos la población rural.

Para ello, organismos como la Organización de las Nacio-


nes Unidas para la Agricultura y la Alimentación -FAO- y
la Organización de las Naciones Unidas para la Educa-
ción, la Ciencia y la Cultura -UNESCO- por sus siglas en
inglés, unen esfuerzos dirigidos a alcanzar los mismos fi-
nes y objetivos.

Desde finales de 2009, en Guatemala el Ministerio de


Agricultura, Ganadería y Alimentación -MAGA-, trata de
impulsar el Sistema de Extensión Agrícola que busca cu-
brir el vacío que dejó hace más de 15 años DIGESA, con
el objetivo de solucionar problemas comunes en la agri-
cultura de bajo rendimiento y adaptabilidad al cambio cli-
mático, programa educativo que la misma Organización
de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimenta-
ción promueve desde hace varios años (Lacki, 1995).

Para contribuir al desarrollo rural, se requiere que exten-


sionistas retomen la función permaneciendo en las comu-
nidades, educando y capacitando a los agricultores en su
contexto real. La educación rural debe basarse en valores y
principios éticos para que las actuales y futuras generaciones
adopten hábitos y conductas esenciales para una vida digna,
armoniosa y solidaria; valores y principios que están siendo
“olvidados” por el individualismo, egoísmo y violencia de
quienes desean usufructuar supuestos derechos sin cumplir
los deberes correspondientes. Valores y principios tales
como: honestidad, honradez, dignidad, responsabilidad,

78
Educación para el desarrollo rural

disciplina, puntualidad, cumplimiento de los compromisos


asumidos con terceros, respeto al prójimo y a sus derechos,
conciencia de sus obligaciones como ciudadanos, como pa-
dres de familia y como miembros de la comunidad, amor al
trabajo bien ejecutado, ambición sana para progresar en la
vida como consecuencia de su propio y eficiente esfuerzo y
de su deseo de superación, altruismo y solidaridad, los pe-
ligros de las drogas, del alcoholismo, de los juegos de azar,
de las relaciones sexuales prematuras e imprudentes, de la
delincuencia, etc. (Lacki, 2010:5).
 
Las debilidades e ineficiencias  de las  instituciones edu-
cativas en el país, pueden ser corregidas en la medida que
los propios profesores y extensionistas tomen conciencia
y se humanicen con el sector rural. Muchas de las inefi-
ciencias del sistema, persisten no necesariamente porque
no pueden ser eliminadas, sino porque los educadores
aún no han tomado la decisión de asumir como suya la
tarea y la iniciativa de enfrentar la pasividad, el fatalismo
y conformismo, el anacronismo y la inercia imperantes
en el referido sistema. Los educadores en Guatemala se
escudan en que los esfuerzos son en vano por los bajos
salarios y la falta de apoyo por parte de los gobiernos ha-
cia la educación. Sin embargo, son los habitantes rurales
quienes, al recibir una educación de baja calidad y con
contenidos inadecuados a sus necesidades, los que están
siendo condenados a fracasar en la vida personal, familiar,
productiva, laboral y comunitaria.

En las escuelas rurales se debe proporcionar conocimien-


tos útiles enfocados a mejorar la producción agropecuaria
para incrementar los ingresos familiares. En las currícu-
las educativas debe insertarse contenidos tecnológicos de

79
Educación para el desarrollo rural

producción y comercialización agrícola, procesamiento


de productos y manejo de la postcosecha. Esta educación
rural debe de propagarse a las madres de familias para im-
plementar huertos familiares con hortalizas, frutas, plan-
tas medicinales, principios básicos de higiene, profilaxis,6
prevención de enfermedades y primeros auxilios. Otros
temas que deben ser objeto en la educación rural son; la
promoción del cooperativismo, la organización comunita-
ria, la administración rural y la comercialización evitando
a los intermediarios.

Una comunidad bien organizada y con mucha comunica-


ción que genere un capital simbólico dentro de un proce-
so de educación para el desarrollo rural (Corrales, 2003),
será productiva en la medida que los individuos se apro-
pien de la información y conocimiento sobre su entorno.

Esfuerzos mayores para impulsar el desarrollo a través


de la educación son necesarios, de tal manera que orga-
nismos internacionales han declarado a la última década,
como la Década de la Educación para el Desarrollo Sus-
tentable en base a la Resolución 57/254 de la Asamblea
General de las Naciones Unidas y ha propuesto al período
2005-2014 como un período para fortalecer la educación
y reorientarla hacia los objetivos de desarrollo sustenta-
ble, así como la Declaración Conjunta firmada por los Di-
rectores de UNESCO y el PNUMA (Leff, 2005).

El proceso educativo debe ser articulado con la realidad


local. La educación en las aulas debe enfocarse y contex-

6
Son todas las acciones de salud que tienen como objetivo prevenir la
aparición de una enfermedad en el organismo.

80
Educación para el desarrollo rural

tualizarse con las necesidades económicas, sociales, cultu-


rales y laborales (Pacheco, 2006), tomando en cuenta que
la educación es un pilar fundamental para el desarrollo
rural, para lo cual es necesario incorporar actividades a
parte de las planteadas en las currículas de las escuelas,
la enseñanza de siembras, conservación de suelos, prin-
cipios fitosanitarios, etc. Formar a los estudiantes de nivel
primario y secundario y prepararlos como un buen capital
social, con un sentido de pertenencia de su entorno y con
formación de desarrollo laboral, con conocimiento de la
realidad comunitaria y con un abordaje para solucionar
la problemática local, dará como resultado un desarrollo
sustentable en el sector rural. Además, con una organiza-
ción comunitaria bien consolidada existen oportunidades
de impulsar la educación no formal para aportar a la po-
blación, alternativas de progreso personal y laboral, con
actividades de capacitación sobre cultivos que se produ-
cen a nivel local y afrontar los problemas para minimizar
pérdidas, pues la agricultura rural guatemalteca siempre
ha presentado bajos rendimientos.

Es importante establecer que la educación por sí sola


no es capaz de generar desarrollo (Aldana, 2009), pero
tampoco una sociedad podría desarrollar sin un progra-
ma adecuado de educación, debido a que todo proceso
formativo genera un capital humano con conocimiento y
capacidades necesarias para afrontar los retos del mundo
actual. Para que exista un real desarrollo rural se necesita
que instituciones educativas en el sector rural fortalezcan
la formación de los estudiantes respondiendo a los intere-
ses, necesidades y objetivos de la población, orientando la
educación hacia el desarrollo de la agricultura, el manejo
y aprovechamiento de los recursos naturales, la prestación

81
Educación para el desarrollo rural

de servicios y la organización comunitaria. Para ello es


imprescindible que el Ministerio de Educación en Guate-
mala -MINEDUC- juegue su papel como ente rector de la
educación en el país.

Las generaciones jóvenes son clave para el desarrollo ru-


ral como fuente de información que se actualiza frecuente-
mente en los salones de clase a través de programas como
la Telesecundaria y los centros educativos nacionales.
Para ello es muy importante un enlace entre el sistema
educativo y el desarrollo rural. La educación rural debe
ser con formación para tener capacidad de análisis de los
problemas del entorno y la realidad social para que esa
educación haga partícipe a los estudiantes y se motiven
a cuestionar la problemática nacional rural como primer
paso para la búsqueda de soluciones. En el área rural de
Guatemala muchos niños y niñas abandonan el ciclo es-
colar para apoyar a sus padres en las tareas de cultivos, no
obstante, los ingresos son muy bajos y no toman concien-
cia que al tener una mayor y mejor educación, podrían te-
ner mejores oportunidades para buscar mayores ingresos
a través de mejores empleos.

Una visión de educación como herramienta de progreso


se tiene vagamente, pero se ha caído en el error de apoyar
mayormente al sector urbano, aumentando más las bre-
chas entre la población rural y la urbana (Rojas y Portu-
gal, 2009). Se mantuvo la idea hasta finales de 1980 en el
área rural, que era suficiente con que los niños culminaran
los primeros seis años de educación primara, pero con la
ampliación de la cobertura educativa a nivel secundario
es necesario motivar y concientizar a la población sobre
la importancia de continuar los estudios debido a que se

82
Educación para el desarrollo rural

tendría más oportunidad de obtener mejores empleos.


Aunque no es una total garantía porque muchos de los
jóvenes que culminan sus estudios de secundaria, termi-
nan trabajando en maquilas, dependientes de mostradores
en tiendas y las mujeres se conforman hasta con empleos
domésticos. Para otros, no les queda más alternativa que
migrar hacia los Estados Unidos.

Aquí es donde se deben enfocar los esfuerzos en educar


a la población rural para generar capital humano con for-
mación empresarial comunitaria para auto gestar empre-
sas locales de tipo productivo, de prestación de servicios,
ecoturísticas, etc.

Las escuelas y el sistema educativo en general, deben va-


lorarse de mejor forma, pues puede ser la clave para fo-
mentar el desarrollo rural para lo cual el Estado debe com-
prometerse a ampliar cada vez más el servicio educativo
tanto en cantidad como en calidad. La educación debe
ser parte de la cultura rural y para Melo (2000), la educa-
ción exige la formación de una sociedad rural con actitu-
des individuales y colectivas emprendedoras con grado
de participación y dinamización, con ello se generará una
cultura de desarrollo para obtener una voluntad colectiva
de cambio con capacidades, competencias e innovación.
Un modelo alternativo de desarrollo rural debe basarse en
la cultura local debido a que las zonas rurales mantienen
aún un alto grado de identidad cultural que a veces no
es identificada. Para que la educación produzca cambios
es necesario de métodos de integración participativa con
instrumentos basados en estudios pormenorizados sobre
la cultura local. Con ello se lograría elevar la autoestima
colectiva en relación al territorio, historia y patrimonio

83
Educación para el desarrollo rural

cultural local, a la vez que permitiría una manifestación


objetiva de las costumbre de los pobladores.

Es a través de una crítica constructiva de la situación local,


como se puede abrir las puertas a la clarificación de un fu-
turo viable para identificar y conservar las tradiciones con
una integración creativa de aspectos modernos y externos
que se traduzcan en oportunidades. Con actividades que
motiven a la población local, se formará un escenario fa-
vorable para impulsar proyectos mayormente aceptables
a nivel comunitario para elaborar un plan apropiado de
educación y formación del capital social.

La educación para el desarrollo rural también necesita


basarse en un enfoque pedagógico bajo una perspectiva
ciudadana y democrática que promueva reflexiones y ac-
ciones para contribuir a la transformación social (RLCU,
2010). Integrar dimensiones como derechos humanos,
equidad de género, medio ambiente, productividad, apro-
vechamiento de los recursos naturales, comercio y glo-
balización, son temas de importancia que inciden en la
sociedad local. Una educación que propicie el desarrollo
debe promover acciones de concientización, formación,
participación ciudadana y ética. La educación toma vital
importancia en el desarrollo rural y se constituye en un
proceso de formación de capital social para auto gestar
mecanismos de mejora en el nivel de vida tanto en lo in-
dividual como en lo colectivo.

84
Ordenamiento territorial
para el desarrollo rural

L a adecuada planificación, el ordenamiento y distribu-


ción del territorio permite destinar áreas apropiadas
que respondan a la capacidad de uso de la tierra según
sus potencialidades y limitaciones para aprovechar los re-
cursos naturales de forma sustentable, lo que propicia la
mejora en la calidad de vida de las sociedades. Para ello
se debe de tener un conocimiento apropiado sobre las di-
námicas sociales, económicas y biofísicas del territorio, lo
que permitirá obtener beneficios de la naturaleza siempre
y cuando se planifique con un planteamiento de escena-
rios para un adecuado ordenamiento del territorio (GEO,
2004).

El ordenamiento territorial se concibe como una expre-


sión espacial de políticas económicas, sociales, culturales y
ecológicas de una población, y es un recurso técnico ad-
ministrativo de carácter multidisciplinario para marcar di-
rectrices que permitan alcanzar el objetivo del desarrollo
equilibrado para un espacio territorial. El ordenamiento
territorial debe ser una herramienta por medio de la cual se
orientan los espacios geográficos para que con visión pros-
pectiva una sociedad aproveche, maneje y conserve los re-
cursos naturales para mejorar sus condiciones de vida.

85
Ordenamiento territorial para el desarrollo rural

Es mediante un proceso de esta naturaleza que se ordena


el uso y ocupación de un territorio, basados en las dinámi-
cas biofísicas, ambientales, culturales, socioeconómicas y
políticas, con el fin de promover el desarrollo sustentable,
además de ser una herramienta normativa y reguladora
del uso de la tierra y ocupación del espacio geográfico.
Hay que reconocer que una de las limitantes que ha inhi-
bido el desarrollo rural del país es la tenencia de la tierra
y el empleo que a ésta se le da para distintos fines, pues,
Guatemala es un país eminentemente forestal, pero siem-
pre se le ha dado una vocación agrícola debido a su proce-
so histórico que ha marcado el desarrollo rural.

Para hacer una referencia más precisa sobre la dinámica


territorial de Guatemala es necesario retomar el proceso
histórico y hacer énfasis que en la época prehispánica la
tierra no era fuente de acumulación de riqueza ni existía
la propiedad privada como se conoce hoy en día (More-
no y Erba, 2010). Antes de la “conquista española” exis-
tía un sistema de derechos y dominio territorial por los
gobernantes de los Estados prehispánicos que daban por
usufructo tierras destinadas a actividades agrícolas y ex-
tractivas de la naturaleza que vio un cambio drástico luego
de la colonización hispana.

Al cambiar la estructura de la tenencia de la tierra duran-


te el funcionamiento del sistema colonial, todo descansó
sobre las relaciones de poder entre los colonizadores y la
corona española, marginando a la población nativa.

Por la poca existencia de oro en estos territorios, los colo-


nizadores establecieron que las fuentes de riqueza fuesen
la tierra y el control de la fuerza de trabajo, y con ello,

86
Ordenamiento territorial para el desarrollo rural

articular mecanismos para satisfacer las necesidades de los


colonizadores y de la corona española. En esta época se
promulgaron leyes y un conjunto de principios políticos
para consolidar el régimen colonial en estos territorios
que empezaban a articularse para mantener la soberanía
absoluta por monarcas sobre la mayor parte de las tierras
concesionadas por la iglesia católica a través de Bullas pa-
pales.

Por medio de mecanismos burocráticos y pagados, se dis-


tribuía la tierra pública ociosa a colonizadores a través de
distintas figuras (Martínez, 1970). La creación de Pueblos
de Indias, por ejemplo, permitió a la corona española man-
tener un sistema económico que le permitía suplirse de
tributos fiscales y de tierras ejidales a principios del siglo
XVI, de ahí que todo pueblo de indios debía poseer de-
terminada cantidad de tierra a título propio y tenía que
ser utilizada para pastaje de ganado, extracción de leña y
madera (astilleros), así como cultivos diversos. Con esto se
logró amortiguar al interior de las comunidades la explo-
tación en la que estaban siendo sometidos y este sistema
de dominancia se mantuvo hasta después de la indepen-
dencia.

Parte de un proceso colonizador y de ordenamiento del


territorio fue el de importar y establecer instituciones
como el municipio para que con el repartimiento de tierras
se diera paso a la administración y gobierno de las nue-
vas poblaciones (Thillet, 2003). Poco a poco los españoles
tomaron posesión de los nuevos territorios y con la apli-
cación de sus leyes crearon divisiones político administra-
tivas para dominar los espacios territoriales por la corona.

87
Ordenamiento territorial para el desarrollo rural

Durante los siglos XVII y XVIII la economía en el país es-


tuvo basada sobre el cultivo del añil con la ayuda masiva
de la fuerza de trabajo indígena. Luego de la fundación de
la República de Guatemala en 1847, se empezaron a vis-
lumbrar cambios en la estructura productiva, sobre todo
al introducir el café como principal producto de expor-
tación y se reformó además la estructura agraria con la
llegada de los gobiernos liberales en la década de 1870.

Las principales reformas realizadas por los gobiernos libe-


rales siguieron tres líneas: la desarticulación del régimen
ejidal/comunal de tierra para dar paso al acceso privado
a tierras “ociosas” a través de nuevos mecanismos legales;
la expropiación de los bienes y capitales acumulados y po-
seídos por las distintas órdenes y congregaciones religio-
sas de la iglesia Católica; y la emisión de una legislación
justificadora del uso obligatorio de la fuerza de trabajo
campesina en las labores de la producción de café. Con
ello desmantelaron la estructura de propiedad comunal e
impulsaron el mercado de tierras que dio paso a la intro-
ducción de muchos nuevos propietarios que mayormente
eran militares.

Esta época es clave porque se crea el Registro de la Pro-


piedad a través del Decreto 176 el 8 de marzo de 1877,
con lo cual se consignó títulos de propiedad de latifundios
de los nuevos propietarios. Ya para 1894 se realiza un le-
vantamiento del mapa de la República a través de una red
geodésica. Por un período de más de 40 años entre 1894
a 1936 varios acuerdos gubernativos y leyes se emitieron
para trabajos topográficos y de agrimensura, tal es el caso
de la Ley de Agrimensura decretada en tiempos de Jorge
Ubico que aún sigue vigente.

88
Ordenamiento territorial para el desarrollo rural

Ya en el período revolucionario entre 1944 y 1954 se in-


tentaron realizar algunas reformas a la estructura agraria
del país, que ya arrojaba como consecuencia del proceso
histórico en mención, que el territorio guatemalteco estu-
viese distribuido en pocas manos producto del colonialis-
mo español y la expropiación de tierras a los grupos indí-
genas. Con el Decreto 900 se buscaba expropiar tierras a
las transnacionales y fincas grandes para reducir el área no
trabajada dentro de estos terrenos extensos para fomen-
tar el desarrollo de las economías campesinas. El decreto
tuvo vigencia únicamente dos años, el cual se emitió el 17
de junio de 1952 y se derogó el 26 de julio de 1954. No
obstante, tuvo algunos alcances con una pequeña distribu-
ción de tierras, aunque hay que mencionar que en esta Re-
forma Agraria no se contempló un catastro que permitiera
un real ordenamiento del territorio nacional.

En 1965 se crea la División de Catastro del Instituto Geo-


gráfico Nacional con el objetivo de administrar un catastro
nacional por medio de la investigación e identificación de
los derechos de propiedad para elaborar mapas y registros
que permitiesen determinar límites jurisdiccionales. Entre
1968 y 1978 se dio una de las primeras manifestaciones
formales para establecer un catastro en Guatemala pues el
Instituto Geográfico Nacional empezó a trabajar en toda
la costa sur, desde la frontera con El Salvador hasta la
frontera con México, abarcando una faja de más de 100
kilómetros de longitud.

Para ese entonces se dio mucha importancia al área rural,


pero el proyecto catastral fracasó por falta de experiencia
y limitantes de diferente índole. No obstante, quedaron
capacidades instaladas y se generó, entre otras cosas, una

89
Ordenamiento territorial para el desarrollo rural

base cartográfica muy confiable y exacta que permanece


vigente hasta el día de hoy, producto de un apoyo geodé-
sico y de fotografías aéreas.

En la década de 1970 se presentaron problemas que es-


tancaron los estudios catastrales realizados por el Instituto
Geográfico Nacional -IGN-. Entre las principales limitan-
tes se encontraban aspectos organizativos y económicos,
aunque quizá los intereses particulares no permitieron que
se emitiera una ley que regulara el catastro nacional, ade-
más que no existía un proyecto con respaldo legal para
regular la tenencia de la tierra.

Debido a que el conflicto armado interno se agudizó en


el país en esa época, el conocimiento del territorio y de la
cartografía nacional pasó a ser manejado por el Ejército y
el sector civil se vio relegado en aspectos técnicos, lo que
propició un abandono de las actividades catastrales. Se
crearon otras oficinas de gobierno destinadas al trabajo
catastral como el Instituto Nacional de Transformación
Agraria -INTA- que realizó un estudio agrológico y deto-
nó en problemas entre propietarios particulares y comu-
nidades por la falta de una norma que regulara tal proceso
en el país.

Durante la misma época, con la empresa nacional de Fo-


mento y Desarrollo Económico del Petén -FYDEP- se de-
sarrolló un proyecto de titulación de tierras en la región
norte del país, pero ocasionó muchos problemas porque la
base del proyecto fueron las hojas cartográficas 1:50.000
con muy poca precisión sobre esa región para ese enton-
ces.

90
Ordenamiento territorial para el desarrollo rural

En 1978 es creada la Dirección General de Catastros y


Avalúos de Bienes Inmuebles -DICABI- que entre otras
funciones estaba la de elaborar y mantener un catastro de
bienes inmuebles para el establecimiento de un sistema de
valoración uniforme y determinar el valor fiscal para efec-
tos impositivos de los bienes, que permitiera planificar y
controlar la ejecución de planes de trabajo en relación con
un levantamiento catastral y mantener una coordinación
con la administración pública.

Ya con la promulgación de una nueva Constitución Políti-


ca en 1985, se establece en el Título V, Capítulo II y Artí-
culo 230, las orientaciones para la organización del Regis-
tro General de la Propiedad y el Catastro Fiscal, para que
en 1987 se hiciera el esfuerzo en tiempos del presidente
Vinicio Cerezo, realizar estudios sobre la propiedad de
la tierra y los bienes inmuebles con ayuda del gobierno
francés lo cual vislumbraba un proyecto de creación de
un Centro Nacional de Catastro y la aprobación de una
ley que diera vida a la iniciativa. No obstante, por enésima
vez un proyecto de este tipo fracasaba por falta de coordi-
nación interinstitucional y de recursos que dieran soporte
a un proyecto de tal envergadura.

Salieron a la luz carencias de recursos para atender as-


pectos administrativos, técnicos y legales, además de no
contar en ese tiempo con personal calificado, por lo que
las condiciones no eran las apropiadas para realizar un
catastro nacional con la finalidad de ser el pilar del orde-
namiento territorial nacional.

Es hasta con la firma de los Acuerdos de Paz en diciembre


de 1996, que la posibilidad de realizar el catastro nacional

91
Ordenamiento territorial para el desarrollo rural

empieza a tomar vida real. Se pone de manifiesto el pro-


blema de la tierra en la estructura social y económica del
país, por eso el Acuerdo sobre Aspectos Socioeconómicos
y Situación Agraria establece en su numeral 38 “promo-
ver una reforma legal que establezca un marco jurídico
seguro, simple y accesible a toda la población con relación
a la tenencia de la tierra; expresando también la necesi-
dad de (…) promover cambios legislativos que permitan
el establecimiento de un sistema de registro y catastro des-
centralizado, multiusuario, eficiente, financieramente sos-
tenible y de actualización fácil y obligatoria”.

Ésta fue la base para crear la Comisión Institucional para el


Desarrollo y Fortalecimiento de la Propiedad de la Tierra
-PROTIERRA- y una figura ejecutora denominada Uni-
dad Técnica Jurídica -UTJ- para definir estrategias, pro-
gramas y proyectos con todo lo relacionado a este tema.
En el 2003 mediante el Acuerdo Gubernativo 426-2003 se
adscribe a la Unidad Técnico Jurídica del Ministerio de
Agricultura, Ganadería y Alimentación la responsabilidad
de “planificar, coordinar, dirigir, ejecutar y administrar
todas las actividades relacionadas con el proceso del esta-
blecimiento y mantenimiento catastral a nivel nacional”.

De 1997 a 2004 se ejecutaron varios proyectos piloto en


algunos departamentos del país, los cuales fueron finan-
ciados por la cooperación internacional y sirvió como
experiencia para formar una plataforma técnica y legal
que permitiese establecer algunos criterios básicos para la
reestructuración del catastro nacional.

Finalmente, en 2005 y luego de varios años de discusio-


nes y consultas al sector rural, indígena y terrateniente,

92
Ordenamiento territorial para el desarrollo rural

se emite el Decreto 41-2005 donde se crea el Registro de


Información Catastral -RIC- para dar figura a una institu-
ción estatal autónoma orientada al servicio de establecer
y reactivar el catastro nacional. Desde el 20 de agosto del
2005 esta ley regula el catastro nacional y es el pilar base
para un eventual ordenamiento territorial del país.

Sin embargo, el ordenamiento territorial continúa sin una


legislación específica lo que ha motivado a que entidades
como la Secretaría General de Planificación y Programa-
ción de la Presidencia -SEGEPLAN- sean los encargados
de diseñar los instrumentos de gestión pública. Esto se da
con el objetivo de “desarrollar un sistema que coordine a
agentes públicos y privados que interactúan en el territo-
rio para intervenir en la realidad existente y así modificar-
la y alcanzar un modelo territorial con escenarios con un
mayor desarrollo humano de un mejor nivel de vida” (Ro-
dríguez y Aldrey, 2007:118). En los Planes Estratégicos
Territoriales -PET- y los Planes de Desarrollo Municipal
-PDM- descansa la acción planificadora pública e integran
la participación ciudadana a través de los diferentes nive-
les de los Consejos de Desarrollo.

Una estrategia importante para el fortalecimiento munici-


pal es el Programa de Municipios Democráticos, iniciativa
impulsada por la Unión Europea y el gobierno de Guate-
mala que dicta líneas de trabajo para establecer un sistema
de planificación territorial que conceda un papel protagó-
nico a lo local, por medio de un sistema de información
territorial de acuerdo a sus realidades (Poyatos y Girón,
2010). A través de un Sistema de Información Territorial
Municipal e Intermunicipal -SITMI- se busca fortalecer a
los gobiernos locales en la Planificación Estratégica Terri-

93
Ordenamiento territorial para el desarrollo rural

torial -PET- aportando una visión más integral del servicio


municipal mediante la información social, cultural, econó-
mica y ambiental.

Otro instrumento que regula el Ordenamiento Territorial


es la Ley Forestal Decreto Legislativo 101-96 y su Progra-
ma de Incentivos Forestales -PINFOR-, como apoyo a las
tierras con aptitud forestal para ser reforestadas y los estu-
dios de capacidad de uso para el accesos a la tierra (IAR-
NA, 2006). También está la Ley de Descentralización que
dicta a las municipalidades que propicien la gestión terri-
torial local (Poyatos y Girón, 2010).

Con el proceso de información catastral que se está lle-


vando a cabo desde el 2005, con un nivel de detalle tan-
to geométrico y temático, se vislumbra una buena base
de referencia para un ordenamiento territorial en todo
el país. Con el empoderamiento municipal, con un buen
control fiscal para contar con recursos y con una informa-
ción catastral eficiente para tener un amplio conocimien-
to del territorio nacional, se puede tener las condiciones
apropiadas para un buen desarrollo territorial.

Con la información generada en estos programas se for-


mará una plataforma para los procesos de planificación y
toma de decisiones en el territorio y queda ad hoc para im-
plementar las metodologías que ha elaborado la Secreta-
ría de Planificación y Programación de la Presidencia -SE-
GEPLAN- como rectora de la Planificación Territorial del
país. Un SITMI debe estar nutrido con bases de datos e
información oficial obtenida y recabada por generadores
de información geográfica como el Instituto Nacional de
Estadística -INE-, el Instituto Geográfico Nacional -IGN-,

94
Ordenamiento territorial para el desarrollo rural

las Universidades y las ONG para desarrollar planes estra-


tégicos territoriales municipales que permitan sistematizar
indicadores de gestión municipal territorial, gestión de re-
cursos naturales y riesgos, y la gestión catastral municipal.

El Código Municipal, Decreto 12-2002 establece que, las


municipalidades por ser las instituciones de gobierno más
cercanas al ciudadano, son las responsables de la planifi-
cación estratégica del territorio para impulsar el desarrollo
dentro de su ámbito local. Se ha abierto la posibilidad de
crear Mancomunidades en los últimos años, como asocia-
ciones entre varios municipios para prestar algún servicio
público de forma eficaz y eficiente (Rodríguez y Aldrey,
2007), y con ello establecer competencias municipales
para el ordenamiento territorial elaborando un Plan de
Ordenamiento Territorial -POT- impulsado por las ofici-
nas técnicas municipales como encargadas de la ejecución
de este tipo de proyectos.

A los problemas provocados por el uso inadecuado de la


tierra que se dan en el territorio guatemalteco se les pue-
de dar una solución al reordenar las áreas destinadas a la
agricultura, lo forestal y lo urbano que propicie un desa-
rrollo rural (Tschinkel, 2001). Teniendo un pleno conoci-
miento de las dinámicas sociales y económicas, y también
por ser Guatemala un país con una enorme biodiversidad
(CONAP, 2008), se debe tomar en cuenta aspectos de flora
y fauna para la planificación del territorio, lo que implica
destinar áreas para la protección y manejo sustentable to-
mando como base al sistema ambiental (Pintér et al., 2000).

Hay que enfatizar que debido a la creciente población in-


controlada en Guatemala, las familias buscan satisfacer sus

95
Ordenamiento territorial para el desarrollo rural

necesidades en detrimento de los recursos naturales, pero


se podría planificar un ordenamiento del territorio para
destinar zonas agrícolas en tierras aptas, y en las áreas con
relieve quebrado se albergarían recursos silvestres y fores-
tales (Chapela y Lara, 1996).

Con el ordenamiento del territorio se vislumbra el desa-


rrollo de actividades que permitan mantener en el país la
reducción de migraciones tanto internas como externas
que se consideran costosas económicamente y socialmen-
te, lo que permitiría un equilibrio de las densidades de
las poblaciones. El ordenamiento territorial marcará las
pautas para asignar zonas específicas para atender las de-
mandas de los diferentes sectores sociales y productivos.

96
Participación social
en el desarrollo rural

U n desarrollo rural participativo debe presentar una


interacción de diversos grupos sociales dentro de
un territorio y sus recursos (Portilla, 2003). Una interac-
ción entre sociedad y territorio, regulada con normas e
instituciones, torna un escenario propicio para tener un
acceso y aprovechamiento de los recursos naturales para
mejorar el nivel de vida de una población. Un escenario
de esta naturaleza se ha dificultado debido a los procesos
históricos de inequidad, relaciones de poder y cultura en
Guatemala.

La participación social debe de generar capacidad de or-


ganización que conlleve a la gestión de procesos de inte-
rés de una comunidad y que a la vez se transformen en
actores sociales definidos por su acción e incidencia en
el aprovechamiento y generación de oportunidades para
la mejora de las condiciones de vida en una colectividad.
Una capacidad grupal para planificar y gestionar su pro-
pio desarrollo se complementará con el cooperativismo
y la responsabilidad compartida para que surta efecto lo
planteado.

Hay que tener claro que en el sector rural de Guatemala


y de casi toda Latinoamérica se observa una diversidad

97
Participación social para el desarrollo rural

cultural en los grupos sociales. Una cosmovisión y una


cosmogonía diferente respecto a la sociedad urbana, hace
que los pueblos rurales mantengan su propia identidad.
Esto debe ser el punto de partida para impulsar a las dis-
tintas organizaciones, granjeros, cooperativas, gremios,
grupos familiares y religiosos entre otros, para que propi-
cien los movimientos sociales que busquen el desarrollo
rural teniendo como principios fundamentales la cohesión
social y la cohesión territorial, y que prevalezca el interés
por el bienestar colectivo (Portilla, 2003).

Dentro del territorio rural debe existir una interacción de


los grupos y actores sociales regulados por normas e ins-
tituciones de carácter local y nacional para tomar decisio-
nes sobre el acceso y manejo de los recursos naturales. Los
actores sociales son los que tienen la capacidad como gru-
pos humanos para organizarse y gestionar proyectos vin-
culados a intereses que les afecten directamente. Un actor
social es definido por sus acciones y aprovechamiento de
oportunidades para el desarrollo de una colectividad.

Con una capacidad colectiva para asumir la función de


planificación de gestión del desarrollo, siguiendo los prin-
cipios de cooperación y responsabilidad compartida, los
pobladores rurales podrían organizarse para desarrollar
proyectos en conjunto, que les genere bienestar colectivo
por el aprovechamiento apropiado de los recursos natu-
rales.

La participación social debe cimentarse en una red du-


radera de relaciones más o menos institucionalizadas de
reconocimiento mutuo, lo que llama a tener una pertenen-
cia de grupo con propiedad común, unida por vínculos es-

98
Participación social para el desarrollo rural

tables y permanentes (Bourdieu, 1983), promoviendo las


normas de cooperación y reciprocidad entre individuos
consolidando de esa forma un buen capital social (Fucu-
yama, 2000).

Incrementar la participación organizada de los producto-


res rurales debe ser una prioridad en el área rural (Cade-
na, 1982). Lo participativo no trata únicamente de con-
cretar una reunión o asamblea comunitaria, es un proceso
basado en el conocimiento de la realidad para unificar es-
fuerzos destinados a la búsqueda colectiva de satisfactores
comunes que pueden ser, la educación, la capacitación, la
mejora de ingresos y la protección de su ambiente entre
otros. La participación social de una comunidad puede
enfocarse en la formulación de sus propios proyectos pro-
ductivos y de mejora social mediante un conocimiento de
la realidad territorial, cultural y de la población en gene-
ral, en donde la comunidad ya no sea un objeto de estudio
de fuentes externas, sino de auto investigadores para esta-
blecer sus propios problemas y a través de una organiza-
ción fuerte, trabajar en grupo y no actuar de forma aislada.
Esto daría forma a una estructura social democrática y de
auto gestión para impulsar el proceso de desarrollo rural.

La participación social ya no debe verse como una he-


rramienta para obtener un fin, sino como herramienta de
diseño y planificación del desarrollo rural para traducirlo
en la construcción de mejores condiciones de vida, trabajo
y dignidad de una sociedad o una comunidad (Arroyo,
2007). A pesar de enormes esfuerzos realizados, no se ha
logrado un desarrollo sustentable en Guatemala, por lo
que es conveniente considerar que los actores locales par-
ticipen en la planificación integral de su desarrollo que

99
Participación social para el desarrollo rural

propicie la creación de un espacio de articulación local


para lograr la gestión, seguimiento y evaluación de las ac-
ciones y proyectos de desarrollo rural.

El sistema económico actual ha provocado una rebelión


por parte de las sociedades, lo que incita a una partici-
pación directa de los pueblos para planificar y gestar su
propio desarrollo sustentable desde las bases populares
(Barkin, 1998). De hecho, las políticas de desarrollo sus-
tentable están empezando a gestarse desde las propias co-
munidades y desde lo local (CNOC, 2005), teniendo par-
ticipación las ONG, como intermediarios de los diversos
grupos y organizaciones sociales para no continuar con
la instrumentalización de políticas diseñadas desde arriba.

La participación social en el diseño de políticas no debe


ser más un acto meramente de consulta y de movilización
de masas con fines políticos, sino de intervención directa
según las necesidades, e integrar así a la gente dentro de
las estructuras de toma de decisiones y de poder tanto po-
lítico como económico. Cumpliendo con estos aspectos,
se asegura de cierta forma un programa de desarrollo sus-
tentable sin esa degradación ambiental que ha permane-
cido hasta el día de hoy en el sector rural de Guatemala.

Tampoco el desarrollo sustentable debe ser únicamente


objeto de la conservación del medio ambiente, sino de
la participación activa de la gente para que tenga pleno
conocimiento de la importancia de los recursos naturales.
Esto permite un diseño y planificación de proyectos pro-
ductivos que generen ingresos, asignación de áreas para
la conservación y la disposición de otros espacios para el
aprovechamiento de recursos de la naturaleza.

100
Participación social para el desarrollo rural

Las personas son capaces de manejar sus recursos comu-


nes en circunstancias que ameritan cooperar unos con
otros y deban realizar actos solidarios para la convenien-
cia colectiva (Ostrom, 1999). Ahora bien, no quiere decir
que el Estado desatienda a una población y dejarla a la
deriva. Al contrario, a través de una promoción estatal
de programas y proyectos de desarrollo local, de infraes-
tructura y servicios básicos, proyectos productivos para
la generación de ingresos y de organización local, se ase-
guraría un desarrollo con dirección hacia lo sustentable,
insistiendo en que no deben ser acciones impuestas, sino
promovidas por el propio Estado.

Es evidente que la pobreza y el deterioro ambiental de las


zonas rurales de Guatemala guardan una estrecha interde-
pendencia, lo que conlleva a que los patrones de consumo
y culturales ocasionen problemas como la erosión de los
suelos, la deforestación y la pérdida de la biodiversidad.
Una estrategia de participación democrática para la di-
versificación rural y el mejoramiento productivo (Barkin,
1998), será tomar los modelos exitosos de comunidades
organizadas, comprometidas y con reglas bien estableci-
das, lo que guiará el camino hacia el desarrollo sustentable
(Bonilla, 2009).

Con el soporte de una estructura de extensión estatal7 y el


apoyo de la cooperación internacional con figuras como
las ONG, debe buscarse una forma de reconocer la con-
tribución del sector rural en la protección del ambiente
mediante la participación democrática local. Esto será la
7
El Ministerio de Agricultura Ganadería y Alimentación creó en el
2010 el Sistema Nacional de Extensión que busca asesorar a los agri-
cultores y productores rurales.

101
Participación social para el desarrollo rural

base para generar mejores condiciones de vida a través


del manejo, aprovechamiento y conservación de los re-
cursos naturales y la obtención de ingresos económicos, lo
que creará una sociedad más equitativa como componen-
te fundamental del desarrollo sustentable.

El desarrollo rural debe partir de la participación social


para cambiar una realidad, pues es la población la que
debe impulsar su propio desarrollo (Martín, 2001). Bajo
esta premisa, una sociedad bien organizada participa acti-
vamente desde lo local, identificando problemas sobre as-
pectos económicos, sociales, culturales y ambientales que
permitan una planificación de proyectos de desarrollo, de
tal manera que con un poco de apoyo e involucrando a
universidades, ministerios de Estado, las ONG y el sector
político, se pueda promover la participación social en el
desarrollo territorial.

Es importante hacer notar que las zonas rurales han estado


muy acostumbradas y confiadas de que agentes externos
les proporcionen ayuda únicamente de tipo asistencialista
e incluso los últimos gobiernos han contribuido aún más a
consolidar este problema,8 limitando la capacidad de las co-
munidades rurales, quedando las personas esperanzadas a
que el gobierno les proporcionara dinero y bolsas solidarias.9
8
Se hace mención al respecto debido al programa que surgió en el
gobierno de Álvaro Colom en el período de 2008-2011 Mi Familia Pro-
gresa dando un monto de Q 300,00 mensuales (US $ 37,50) por familia,
que para la opinión pública propiciaba un acomodamiento y se incita a
que las personas del sector rural se atengan a la ayuda estatal y no haya
esfuerzos mayores por realizar proyectos productivos. Actualmente el
gobierno hace esfuerzos por mejorar dicho programa.
9
Bolsas consistentes en víveres que el gobierno empezó a regalar en el
período 2007-2011 en el programa denominado Bolsas Solidarias. Ac-
tualmente en el 2012 el nuevo gobierno aún mantiene este programa.

102
Participación social para el desarrollo rural

La generación de un modelo de participación social desde


lo local, es necesario para implementarse como estrategia
de desarrollo endógeno de proyectos en donde los actores
son los mismos pobladores que participan activamente en
el proceso para el desarrollo de su territorio. Integrar a la
población a la dinámica política, social y económica va in-
merso en el proceso de desarrollo rural. Esto se logrará a
través de la dinamización con acciones motivadoras desde
la generación de nuevos ingresos, beneficios individuales
y colectivos en donde se mejoran las condiciones de vida.

La participación social como fenómeno político es el resul-


tante de los contextos culturales e institucionales que ge-
neran diversos escenarios (Cartagena et al., 2005). Con el
Decreto 11-2002 ó Ley de Consejos de Desarrollo Urbano
y Rural se potencializa aún más la participación social en
la planificación y toma de decisiones del desarrollo rural
sustentable. De igual manera, el Decreto 14-2004 ó Ley
de Descentralización se vislumbra como una herramienta
en el proceso de desarrollo debido a que entre sus fines
está transferir desde el Organismo Ejecutivo a las comu-
nidades legalmente organizadas, con participación de las
municipalidades el poder de decisión, la titularidad de la
competencia, las funciones, los recursos de financiamien-
to para la aplicación de las políticas públicas nacionales,
a través de la implementación de políticas municipales
y locales en el marco de la más alta participación de los
ciudadanos, en la administración pública, priorización y
ejecución de obras, organización y prestación de servicios
públicos, así como el ejercicio del control social sobre la
gestión gubernamental y el uso de los recursos del Estado
(Decreto 14-2002:2).

103
Participación social para el desarrollo rural

La participación social para el desarrollo rural es una


propuesta viable para afrontar la crisis de la modernidad,
construyendo de esa manera un real futuro común y no las
promesas que el libre mercado ha dado como la panacea
del progreso, después de lo establecido en el Consenso
de Washington en 1982. Es por el impulso del neolibera-
lismo que se acentuó el continuo detrimento del ambiente
y ha golpeado enormemente a un sector que se quedó sin
asistencia técnica y cobertura crediticia producto del des-
mantelamiento estatal, por lo que esa participación de la
sociedad será determinante (Calderón, 2010).

Hoy en día, toda actividad y práctica ejercida por los


actores sociales será la clave del éxito debido a que las
personas perciben y construyen la realidad según sus per-
cepciones, visiones y perspectivas lo que permite generar
compromisos, interacciones y responsabilidad comparti-
da dentro del manejo de los recursos naturales (Martínez
y Arellano, 2007).

El acceso a los beneficios de los recursos naturales es el


impulso para reactivar la participación social en algunas
comunidades en el occidente de Guatemala donde se pro-
mueven procesos de resocialización de grupos segregados
y se reincorpora a actores tradicionales con legitimidad
y a actores que se han quedado relegados en la gestión
territorial y que actualmente son necesarios para afrontar
las dinámicas de la modernización y globalización (Tíu
y García, 2002). Por ello, se deben de plantear otras es-
trategias de desarrollo rural, una de ellas es la gestión de
cuencas y microcuencas hidrográficas pues aborda el ma-
nejo y aprovechamiento de los recursos naturales con la
finalidad de conservarlos y protegerlos por medio de la
participación social.
104
Participación social para el desarrollo rural

Finalmente, se coincide que el desarrollo rural será sus-


tentable si y solo sí, existe una construcción social con
participación de los distintos actores, con una dinámica y
complejidad marcada para confluir en necesidades y fines
comunes para alcanzar un bienestar social, económico y
ambiental a través de la consolidación del poder ciudada-
no en las comunidades locales.

105
Gestión de riesgo y el desarrollo rural

G uatemala siempre ha sido susceptible a sufrir daños


y ha presentado dificultad para recuperarse ante los
impactos negativos producidos por fenómenos natura-
les. Esta vulnerabilidad socioambiental está referida por
la presencia de amenazas que han causado daño por la
ocurrencia de fenómenos naturales tales como huraca-
nes, inundaciones, deslizamientos, terremotos, etc. Da-
ños que se hacen cada vez más evidentes a causa de las
condiciones socioeconómicas en las que vive la mayoría
de la población guatemalteca. Es importante hacer
mención que los fenómenos naturales son parte de los
ciclos geológicos y meteorológicos, pero las actividades
antrópicas sobre los ecosistemas naturales han provocado
desordenes de orden global que han incrementado l������
a vul-
nerabilidad a desastres. La vulnerabilidad resulta de la
interacción de varios factores entre los cuales sobresalen
la falta de planificación con enfoque de cuencas hidrográ-
ficas, ausencia de políticas ambientales, debilidad institu-
cional, sobreuso de la tierra, incremento de la población
pobre y el uso indiscriminado de los recursos naturales
(Buch y Turcios, 2003).

En Guatemala la prevención y mitigación a daños por


efecto de fenómenos naturales se aborda con limitacio-
nes en cuanto a recursos económicos y humanos. Por lo

107
Gestión de riesgo y desarrollo rural

regular se afronta los impactos únicamente con labores de


reacción al daño que a menudo ya está hecho.

La mayor parte de las regiones del país y en especial los


departamentos cuentan con una estructura, aunque inci-
piente, ya establecida para afrontar los posibles impactos
causados por eventos naturales. Se cuenta con la figura de
la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres
-CONRED-, cuya función es realizar un trabajo de aseso-
ría al Centro de Operaciones de Emergencia -COE- que
agrupa a instituciones como la Procuraduría de los Dere-
chos Humanos -PDH-, Ejército Nacional, Alcaldes muni-
cipales, Organizaciones no Gubernamentales, Bomberos
Municipales, entre otros y los preside el Gobernador De-
partamental para dar respuesta a catástrofes. Es con esta
estructura organizativa que autoridades, instituciones y
población, que se preparan para responder a los impac-
tos producidos por fenómenos naturales, sin embargo,
aún no se consolida una verdadera gestión de riesgo en la
sociedad guatemalteca (Bonilla, 2009b).

La gestión de riesgo tiene como objetivo que las socie-


dades se anticipen, preparen y respondan a los impactos
negativos que fenómenos físicos y naturales causan sobre
una población vulnerable a catástrofes. Este debe ser un
proceso que involucre a toda una sociedad para que a tra-
vés de políticas, instrumentos y estrategias se prevenga,
mitigue y controle los potenciales daños sobre la infraes-
tructura, la economía, el ambiente y las vidas humanas
(Lavell, 1996).

Para Carrillo (2009), el riesgo es una función que depende


de las amenazas y la vulnerabilidad ambiental que una

108
Gestión de riesgo y desarrollo rural

sociedad afronta. Al intervenir una de estas variables o


las dos se contrarresta el riesgo. Una amenaza es la posi-
bilidad en que un fenómeno natural ocurra y causa daño
a la sociedad, en tanto que la vulnerabilidad es la serie de
características que predisponen a una población a sufrir
daños frente a los impactos por eventos naturales (Lavell,
1996). Por lo regular esas características están en función
de la fragilidad y debilidad de la infraestructura, manejo
información y capacidad de reacción.

Los fenómenos naturales se consideran como amenazas


potenciales en todo momento debido a que pueden des-
equilibrar un sistema social generando desastres como
consecuencia de inundaciones, tormentas tropicales, des-
laves y sismos, especialmente cuando afecta a una pobla-
ción, aunque en muchos casos los mismos sistemas socia-
les inciden en los daños causados por las fuerzas naturales
por contribuir a la contaminación, deforestación y manejo
inadecuado del sistema ambiental (Fernández, 1996).

Por el momento, la prevención y mitigación a desastres


producto de fenómenos naturales se realiza casi en toda
Guatemala mediante los Centros de Operaciones de
Emergencias que están coordinados por las gobernacio-
nes de cada departamento y lo asesora la Coordinadora
Nacional para la Reducción de Desastres -CONRED-.

Los esfuerzos se enfocan a capacitar a la población reali-


zando simulacros sobre temas como sismos, deslizamien-
tos y fuertes vientos. No obstante, es muy poco el recurso
con que se cuenta para tal fin y en los últimos años se ha
tenido a nivel nacional cuantiosas pérdidas económicas y
sobre todo gran cantidad de vidas humanas.

109
Gestión de riesgo y desarrollo rural

Definitivamente, la gestión de riesgo necesita consolidarse


y debe de abordarse de forma integral (Cardona, 2001),
bajo un enfoque multidisciplinario, interdisciplinario y
transdisciplinario. Pero, lo más importante es que se reco-
nozca lo necesario que es la naturaleza para el desarrollo
del país. Ya no debe verse a los recursos naturales como
mercancía para seguir incrementando la economía de los
más ricos, sino como sustento para obtener beneficios am-
bientales, para mejorar el nivel de vida de los guatemalte-
cos traducidos en calidad de agua, biodiversidad, recursos
energéticos renovables, barreras vivas contra fenómenos
naturales como huracanes y tormentas tropicales. Si se si-
gue negando el valor fundamental de la naturaleza como
base del bienestar social, se continuará bajo el círculo vi-
cioso de degradación ambiental, pobreza y desastres pro-
ducto de fenómenos naturales.

La gestión de riesgo desplaza al concepto de “prevención


y mitigación de desastres naturales”, pues los fenómenos
naturales siempre han sido parte de la existencia del pla-
neta. En este sentido, los conocimientos en esta temática
han ido evolucionando de tal manera que se han ido inte-
grando otras ciencias como las sociales y las naturales, lo
que ha permitido generar un enfoque holístico.

La participación comunitaria en la gestión de riesgo es


preponderante para desarrollar un proceso continuo y
progresivo bajo la cultura de la autogestión que garantice
la eficacia y produzca un mayor impacto social (Sánchez
del Valle, 2000). Esta participación comunitaria “toma
relevancia en el momento que se logra una efectiva par-
ticipación de los actores para evitar nuevas amenazas y
eliminar o, al menos, reducir las existentes. Por otro lado,

110
Gestión de riesgo y desarrollo rural

cuando la población realiza acciones que aumentan la


magnitud de las amenazas existentes, esto resulta en crear
nuevas amenazas y por consiguiente un aumento en el
riesgo hacia desastres” (Buch y Turcios, 2003:13).

111
Proyectos productivos y
ambientales comunitarios

S egún la CIEN10, en un estudio realizado en 2010, Gua-


temala se ubicó en el 2do lugar a nivel mundial en
porcentaje de emprendedores, es decir gente que inicia
negocios entre 17 a 34 años de edad. Se aduce que es pro-
ducto de pocas oportunidades y falta de empleo y que
la economía informal ha proliferado enormemente en el
país, y se sugiere que debe buscarse otro término, tal vez:
economía emprendedora, emergente, no asalariada, que
ayuda a las personas a subsistir y mantener a sus familias.

Proyectos para generar ingresos que no son directamen-


te agrícolas, se deben impulsar como alternativas para un
desarrollo rural integral (Schejtman y Reardon, 2010).
Proyectos con objetivos específicos como el incremento
y diversificación de cultivos no tradicionales,11 la agrofo-
restería, la reducción de pérdidas postcosecha, procesa-
miento de subproductos de la leche, procesamiento de
frutas para conserva entre otros, son posibilidades que los
agricultores deben de manejar, por lo que necesitan aso-

10
Centro de Investigaciones Económicas Nacionales de Guatemala.
11
Se define como cultivos no tradicionales las hortalizas, legumbres,
flores y algunos frutales, es decir los diferentes al café, banano, caña
de azúcar y cardamomo que han sido por excelencia los cultivos de
exportación tradicionales en Guatemala.

113
Proyectos productivos y ambientales comunitarios

ciarse en cooperativas para buscar mejores oportunidades


de comercializar sus productos y prestar servicios.

Para que el desarrollo rural mantenga connotaciones de


sustentabilidad se precisa de no enfocarse únicamente en
lo económico, sino también que se valorice al sistema am-
biental como sustento de la vida humana. No obstante, los
proyectos y programas que den soporte económico son
necesarios porque con los ingresos monetarios se obtie-
nen satisfactores de necesidades básicas.

Existen ejemplos de alternativas para la obtención de in-


gresos como los programas que se impulsan por parte del
Estado donde se hacen aportes monetarios y en especie
para que se mantenga el volumen y el caudal del agua
(Guerra y Reyes, 2008). La protección del bosque en la
parte alta de la cuenca es muy importante para la recarga
hídrica. Esta experiencia es considerada como un caso de
pago por servicios ambientales -PSA- según el Ministerio
de Agricultura Ganadería y Alimentación MAGA y el
Programa de naciones Unidas para el Desarrollo -PNUD-
en Guatemala. Es en este tipo de casos que se muestra que
hay proyectos donde existe cooperación entre distintos
actores para gestionar los recursos naturales y se hacen
aportes de tipo monetario a sociedades del sector rural.

También se cuenta con el programa de incentivos fores-


tales -PINFOR- dirigido a áreas de más de dos hectáreas
con vocación forestal y con certeza jurídica sobre la pro-
piedad. Se tiene el Programa Piloto de Apoyos Forestales
Directos -PPAFD- que también es un programa de in-
centivos de protección forestal, pero está diseñado para
áreas ambientalmente estratégicas y que tiene la finalidad

114
Proyectos productivos y ambientales comunitarios

de compensar económicamente los servicios ambientales


que brindan los bosques, en posesión de los sectores que
no tienen accesos al -PINFOR- por falta de certeza jurídi-
ca sobre la tenencia de la tierra. El incentivo económico
se da de forma anual según las hectáreas y se fija un plazo
de cinco años, se asigna a los propietarios o poseedores de
tierras con bosques (condueños en caso de áreas comuna-
les), siempre y cuando se verifique el estado del bosque y
se tomen las medidas necesarias para su protección, como
la asignación de guarda bosques y jornadas de reforesta-
ción por parte de los comunitarios o propietarios.

Algunos autores insisten en que la competitividad en la


nueva ruralidad y el enfoque territorial (Echeverri, 2002;
Sepúlveda et al., 2003), son las únicas estrategias de desarro-
llo rural. Sin embargo, en Guatemala las estructuras socia-
les y económicas no son las idóneas para ser competitivos
porque a la población rural se le ha dejado desprotegida
a partir de la desarticulación del aparato estatal en donde
los agricultores se han quedado sin asistencia técnica, trans-
ferencia de tecnología y el acceso a créditos, lo cual deja
muy complicado el panorama para la competitividad en el
sector rural que tanto se pregona. Con estos factores men-
cionados y con la mayor parte de la tierra en posesión de
los terratenientes, se hace casi imposible ser “competitivo” al
menos en lo agrícola. De ahí es que con proyectos produc-
tivos y ambientales, con una adecuada gestión ambiental, el
desarrollo rural adquiere un nuevo impulso para mejorar la
situación de la población más vulnerable del país para que
al menos se llegue a alcanzar una vida digna.

Es cierto que se ha tratado de desarrollar la agricultura


como estrategia para desarrollar al sector rural en Gua-

115
Proyectos productivos y ambientales comunitarios

temala (Giordano et al., 2007). De hecho, el 54 % de la


población depende de la agricultura, por lo que esta ac-
tividad genera una gran cantidad de empleos y represen-
ta el 22,3 % del Producto Interno Bruto -PIB- del país.
Empero, con las actividades agropecuarias del área rural,
combinadas con otras posibilidades como la prestación de
servicios, el agroturismo y el ecoturismo se tendría otras
alternativas de generación de ingresos (Rivas, 2002). Para
ello, es necesario preparar a las personas a nivel local para
dar una buena atención a los potenciales clientes.

Las áreas rurales pueden generar servicios ambientales de


beneficio para toda la población urbana tales como, pro-
tección de fuentes de agua potable, manejo de bosques,
preservación de la biodiversidad, paisajes atractivos y
agroecología entre otros, lo que muestra el potencial que
no únicamente se circunscribe a la agricultura, siempre y
cuando se asegure en primer lugar la alimentación de la
población.

En caso de tierras comunitarias, la organización es suma-


mente importante para maximizar los recursos económi-
cos asignados, lo cual se dedica para beneficio comunita-
rio y se ahorra en pagos de guardabosques, monitoreos y
reforestación.

En casos donde la protección del bosque es de interés de


un grupo de usuarios para fuentes de agua, se pueden ges-
tar proyectos para tomar las medidas necesarias que com-
pensen monetariamente a las comunidades que protegen
el bosque (Guerra y Reyes, 2008). Las municipalidades
deben hacer aportes y en algunos casos fincas aguas abajo
que aprovechan el agua del río pueden aportar en espe-

116
Proyectos productivos y ambientales comunitarios

cies como maíz, frijol y herramientas para la gente de la


parte alta de la cuenca a manera de incentivos para las
labores de protección.

Hay que tomar en cuenta que muchas comunidades de-


penden de la asesoría y las capacitaciones para realizar
este tipo de proyectos, lo que implica que con los aportes
económicos que se obtengan se debe de reinvertir parte,
en procesos de organización comunitaria, reforestación y
recuperación de áreas degradadas para mantener la soste-
nibilidad12 del proyecto.

Otra alternativa es el turismo rural o agroturismo, el cual


es posible al promocionar la producción de artesanías,
la horticultura y la cultura rural en general, orientada a
conocerse por la población nacional y eventualmente a
extranjeros de paso en el país. El turismo rural está respal-
dado por las principales actividades económicas del país
con el comercio y la agricultura como alternativas que es-
tán siendo impulsadas por el Instituto Guatemalteco de
Turismo -INGUAT- para generar ingresos, lo que da vida
al agroturismo.

El turismo rural es una actividad que se desarrolla para en-


tender al mundo rural, conviviendo y participando de la
cultura de sus habitantes como una alternativa para pasar
un tiempo campestre por parte de una sociedad moderna
cansada del estrés y la vida ajetreada de las ciudades. En-
tre sus variantes están el senderismo, las rutas a bicicleta
y a caballo o simplemente las caminatas. El agroturismo
puede proporcionar muy bien un alojamiento en la comu-

En este caso se toma el término sostenibilidad como el proceso de


12

mantener económicamente a través del tiempo un proyecto.

117
Proyectos productivos y ambientales comunitarios

nidad para realizar actividades agropecuarias y forestales.


En síntesis el agroturismo permite disfrutar una estancia
con suma tranquilidad, sin aglomeraciones y recibiendo
un trato familiar y se está en contacto con la naturaleza y
la ruralidad.

Existen áreas rurales con historia y cultura que crean gran


atractivo turístico, a pesar que son zonas olvidadas y vul-
nerables que concentran pobreza. Aunque la agricultura
sea de subsistencia, se pueden generar oportunidades para
realizar actividades como excursiones rurales, rutas turís-
ticas, etnoturismo, campamentos ecológicos y encuentros
campestres (Olaya, 2004).

Lógicamente se necesita de un trabajo previo de recono-


cer y evaluar la riqueza natural, cultural e histórica del
territorio rural para planificar y gestionar adecuadamente
las actividades para obtener beneficios socioeconómicos
y ayudar así, a mantener y proteger los recursos naturales
además de la cultura local. La comunidad tiene que ser co-
nocedora de su territorio por su valor espacial, contextual
y natural para generar condiciones de convivencia entre
los humanos y la naturaleza respetando la cultura y el am-
biente. Por ello, el territorio rural es el elemento idóneo
para el desarrollo turístico tomando en cuenta la idiosin-
crasia social, las costumbres y tradiciones.

Aunque aún se sigue cuestionando si el turismo es una


herramienta de desarrollo, lo cierto del caso es que el tu-
rismo rural se vislumbra como una actividad para generar
ingresos (Korstanje, 2009b), y a pesar que las áreas ru-
rales son vulnerables a fenómenos naturales y conflictos
sociales, se debe impulsar el turismo en regiones donde

118
Proyectos productivos y ambientales comunitarios

predomina la agricultura y actividades dependientes de


los recursos naturales. El turismo es recomendado como
forma alternativa de generar ingresos a través de una par-
ticipación social y hay casos en donde es la única manera
de revalorizar y rescatar la cultura de localidades y sitios
olvidados.

Para Melara (2009:2), “el turismo puede contribuir no solo


a mejorar los indicadores del crecimiento, sino también,
indicadores de desarrollo, pero tienen que darse ciertas
condiciones”. Un turismo puede demandar diversión,
disfrute y descanso con lo cual se requiere de la oferta
de estancias, restaurantes y alojamiento. En tal sentido, el
ecoturismo se torna como una estrategia para desarrollar
a comunidades a través de la generación de ingresos ne-
cesarios para satisfacer necesidades básicas y para invertir
parte en la conservación del patrimonio cultural y natural.
Es una oportunidad económica clave para sus procesos de
desarrollo local.

Un turista requiere de una oferta básica y obtener aloja-


miento, alimentación, transporte, recreación y guías. Estas
condiciones deben ser ofertadas por las comunidades, lo
cual necesita de una asesoría y capacitación por parte de
instituciones gubernamentales como el Instituto Guate-
malteco de Turismo -INGUAT- y las ONG que impulsan
procesos de desarrollo comunitario, lo cual aseguraría el
éxito de un proyecto ecoturístico rural.

Con una planificación integral para el desarrollo turístico


rural se generarían las condiciones necesarias para tener
éxito en una actividad que promete aportar ingresos a la
población rural, siempre y cuando las oportunidades sean

119
Proyectos productivos y ambientales comunitarios

aprovechadas directamente por la población y no por los


empresarios, que por tener el capital económico, única-
mente sacan ventaja de una industria que bien aprovecha-
da por la población rural, aportaría en el desarrollo del
sector. Esta es una estrategia más de supervivencia de las
comunidades y son variadas las actividades económicas
que en el sector rural se pueden tomar como medidas de
generación de ingresos (Zezza et al., 2007).

En Guatemala muchas zonas rurales están situadas en las


laderas y mantienen ciertas características que crean po-
tencialidades diversas y rentables, a pesar que presentan
una marginalidad por la poca inversión económica que se
les ha hecho. Las poblaciones que habitan en estas zonas,
presentan bajos ingresos y limitadas opciones de empleo
más que el trabajo por jornales13 en fincas cercanas donde
existe una mayor actividad agropecuaria. La infraestructu-
ra es deficiente en cuanto a agua potable, energía eléctri-
ca y cobertura de salud y educación, los caminos son de
terracería, los rendimientos agrícolas son bajos y no hay
riego. Hay una alta tasa de natalidad donde la familia pro-
medio procrea diez hijos con altos índices de morbilidad
y mortalidad. Los niveles de desnutrición crónica y aguda
en la niñez son muy elevados y hay una constante deser-
ción escolar. En estas áreas la población es más vulnerable
contra fenómenos naturales como vientos fuertes, deslaves
e incendios forestales. Los suelos son muy susceptibles a la
erosión sino se realizan las prácticas agrícolas apropiadas.

Ante este panorama, se puede pensar que no existe nin-


gún atractivo hacia visitantes, sin embargo, valorando

13
Un jornal representa una jornada de trabajo en la agricultura de ocho
horas cuya remuneración promedio es de Q 30,00 ($ 3,75).

120
Proyectos productivos y ambientales comunitarios

apropiadamente los servicios ambientales y la riqueza bio-


lógica se podrían obtener recursos necesarios para mane-
jar adecuadamente las áreas con recurso forestal, hídrico y
cultural. Para ello se necesita de la promoción de políticas
y acciones que motiven a la población rural a alternar sus
actividades agropecuarias y apostar a sistemas integrados
de manejo, aprovechamiento y protección de los recursos
naturales.

De hecho, gran parte del territorio nacional es montaño-


so, con un relieve muy quebrado que presenta lugares es-
carpados y con muchas laderas de gran potencial forestal
(PASOLAC, 2005). Para ello, se deben impulsar proyectos
para aprovechar las regiones montañosas a través de imple-
mentar acciones agrícolas, turísticas y forestales pues según
la FAO (2004), las montañas cubren el 22% de la superficie
terrestre y el 12% de la población mundial (720 millones de
personas), viven en las regiones de montaña, de las cuales
271 millones son vulnerables a la inseguridad alimentaria y,
de esos, cerca de 135 millones padecen hambre de manera
crónica. Debido a que el sector rural posee gran variedad
de bienes y servicios ambientales que garantizan el bien-
estar de una sociedad como agua, biodiversidad, paisaje,
prevención de riesgos y cultura, es necesario potenciar es-
tos factores para apreciarlos, valorarlos y obtener alguna
relación económica y ambiental para apoyar a las comuni-
dades que conviven en estas áreas.

Integrando lo económico, lo ambiental, lo energético y


lo productivo, las zonas rurales con topografía escarpada
son de un enorme potencial para generar alternativas de
ingresos y así mejorar las condiciones de vida de su pobla-
ción. Por ejemplo, el principal producto de exportación

121
Proyectos productivos y ambientales comunitarios

en Guatemala sigue siendo el café que se cultiva en su ma-


yor parte en laderas de montañas con ecosistemas varia-
dos y debido a que este cultivo necesita de árboles que en
su mayoría pertenecen a la familia de las Leguminoceae,14
se puede potenciar el cultivo de café orgánico y así pro-
mocionar para que visitantes conozcan y admiren este
tipo de sistemas agrícolas propiciando de tal manera un
tipo de agroturismo. Estas mismas zonas escarpadas con
cobertura forestal o con cultivo de café, son fuente de ser-
vicios ambientales como la regulación del ciclo hidroló-
gico, producción de agua y belleza escénica. El pago por
servicios ambientales -PSA- ya sea por captura de carbono
o por fuentes de agua, está tomando importancia en Cen-
tro América y representa una visión integral y sustentable
del desarrollo rural a corto plazo.15 Otro potencial de es-
tas áreas rurales es la producción de energías renovables
como la hidroelectricidad. Además, no hay que olvidar
que las laderas rurales pueden generar ingresos a través
de los productos forestales no maderables.

Desde décadas pasadas, el fenómeno de deforestación en


Guatemala ha sido muy fuerte y se han puesto en riesgo
los ecosistemas y la cobertura forestal debido a que los
campesinos del sector rural buscan áreas de cultivo, lo
cual ha devastado el área boscosa, dedicando esas tierras
para la ganadería y la agricultura.

14
Las especies de esta familia mejoran los suelos porque fijan nitrógeno
a través de la simbiosis con las bacterias del género Rhizobium.
15
Información obtenida en el curso de PSA desarrollado del 23 al
26 de Noviembre de 2010 en el Centro Universitario de Sur Oriente
CUNSURORI en Jalapa, Guatemala, el cual fue impartido por la Dra.
Margaret Skutch de la Universidad Nacional Autónoma de México,
Campus Morelia.

122
Proyectos productivos y ambientales comunitarios

Es debido a este cambio de uso de la tierra que se ha dis-


minuido drásticamente el recurso forestal del país (Bilsbo-
rrow, 1992). No obstante, están surgiendo oportunidades
para lograr algún tipo de remuneración a través de mer-
cados internacionales de Pago por Servicios Ambientales
-PSA-, pues gobiernos de los países industrializados que
contaminan enormemente el ambiente al emitir las ma-
yores cantidades de gases efecto invernadero (Grainger y
Kolstad, 2010), tienden a dar un tipo de compensación
económica por la contaminación global, como parte de
esa deuda ecológica que existe entre el norte y el sur (Mar-
tínez, 2006).

123
Cooperativismo para el desarrollo rural

De acuerdo con Gertler (2001), el desarrollo sustentable


busca alcanzar objetivos sociales, económicos, políticos y
ambientales. Este debe ser un desarrollo que mejore la ca-
lidad de vida de una sociedad sin poner en riesgo el futuro
de las demás generaciones en donde la participación de-
mocrática es primordial en el control de recursos y exige
una visión holística.

Es por ello que el desarrollo sustentable necesita que las


actividades humanas sean armoniosas con los procesos na-
turales para evitar la degradación del sistema ambiental.
Por eso las comunidades humanas son parte y elementos
esenciales de todo ecosistema natural y se requiere que en
el proceso de desarrollo, las sociedades sufran ajustes or-
ganizacionales e institucionales que apoyen a mantener la
integridad de la naturaleza. Por sí mismos, los individuos
no son capaces de manejar y proteger los recursos natu-
rales ni de mejorar su economía, por lo que necesitan de
una organización en comunidad para tener un incentivo
de conservar y proteger el ambiente y obtener beneficios
económicos para satisfacer sus necesidades. Una estrate-
gia para impulsar la economía comunitaria y para conser-
var y proteger los recursos naturales es el cooperativismo.

En el sistema organizacional de Guatemala, el cooperati-


vismo se ha consolidado como un modelo para contribuir
125
Cooperativismo para el desarrollo rural

al desarrollo social y productivo del país. Una cooperativa


está definida como una asociación de 20 o más personas,
que busca mediante el trabajo colectivo, el progreso per-
sonal y comunitario.

Las cooperativas, (…) son organizaciones comuni-


tarias consolidadas que involucran a la población
en actividades de producción, servicios y consumo
bajo métodos de corresponsabilidad y solidaridad
mutua. Estos métodos tienen su origen en las asocia-
ciones mutualistas y de socorro surgidas a principios
del siglo pasado, pero su fundación data de 1950
cuando varios sacerdotes extranjeros constituyeron
cooperativas de ahorro y crédito. El boom coope-
rativo comienza en los años setenta propiciado por
la actividad económica que generó la integración
centroamericana. Durante los años ochenta el mo-
vimiento cooperativo también fue afectado por la
violencia política y por la manipulación que de estas
agrupaciones hicieron los partidos políticos (Palencia
y Holiday, 1996:24).

La cooperativa como asociación o empresa al servicio de


sus asociados se rige por la Ley General de Cooperativas
o Decreto 82-78. Se contempla entre los principios de las
cooperativas, no perseguir fines de lucro, sino de servicios
a sus asociados; distribuir los excedentes y las pérdidas en
proporción a la participación de sus asociados; y fomentar
la educación e integración cooperativa y el establecimien-
to de servicios sociales. Hay cooperativas de primer grado
(asociados comunitarios) de segundo grado (federaciones)
y de tercer grado (confederaciones). La mayor parte de
las cooperativas existentes en Guatemala se dedican a ac-

126
Cooperativismo para el desarrollo rural

tividades de producción agrícola, sin embargo, el mayor


número de asociados se encuentra organizado en las coo-
perativas de ahorro y crédito y de consumo.

El cooperativismo entra en acción como forma de orga-


nización social para promover el desarrollo sustentable
(Gertler, 2001), sobre todo en escenarios donde se pue-
den crear cooperativas que tengan su base en el mane-
jo y aprovechamiento de los recursos naturales como la
agricultura, la agroforestería, la pesca, la agroindustria, el
ecoturismo, etc.

Las cooperativas son estratégicas en un proceso de desa-


rrollo rural, se mantienen en sectores con bajas tasas de
rentabilidad de capital y son creadas para que los peque-
ños productores encuentren protección contra los impac-
tos del mercado. Las cooperativas tienen un potencial
para impulsar cambios culturales y organizacionales en
un proceso de desarrollo de forma sustentable y pueden
presentar ventajas comerciales.

Las cooperativas son vías adecuadas de organización para


el desarrollo sustentable porque normalmente integran
objetivos económicos, sociales y ambientales. Si se des-
cuida una de estas dimensiones que están relacionadas y
guardan una estrecha interdependencia no se puede ha-
blar de un desarrollo de forma sustentable. Además las
cooperativas a través de la acción colectiva toman en
cuenta aspectos cruciales que construyen y refuerzan a
una comunidad.

Las cooperativas son clave en un proceso de desarrollo


porque mantienen vínculos con la comunidad y tienden a

127
Cooperativismo para el desarrollo rural

tener menor necesidad de alcanzar fines lucrativos, y pla-


nifican para a largo plazo. En una cooperativa se reduce la
desigualdad y se promueve la participación para compar-
tir costos y beneficios. Se incentiva el empoderamiento de
los grupos más aislados para compartir responsabilidades.

Un ejemplo de cooperativas exitosas en los últimos años


son las que se han creado para manejar recursos forestales
y son de tipo comunitario, pues en los últimos años se
han consolidado para preservar la naturaleza y obtener
réditos monetarios (Sabogal, 2008). La búsqueda por ob-
tener ingresos hace que las comunidades se organicen y
así insertarse en el mercado porque hay un gran potencial
en el país para aprovechar las potencialidades existentes
(McMillan, 2006).

Con las cooperativas se persigue aprovechar de manera


planificada diferentes tipos de bosque por parte de comu-
nidades indígenas, campesinas y pequeños agricultores.
En Guatemala las empresas forestales comunitarias han
generado cientos de empleos e ingresos en áreas donde
existen pocas alternativas para el desarrollo económico lo-
cal. La generación de ingresos con base en la extracción,
procesamiento y comercialización de productos forestales
son varias. No obstante, se necesita del fortalecimiento de
las capacidades organizativas de las comunidades y una
vía adecuada para tal fin es el cooperativismo.

Algunos países de la región tienen como objetivo de Es-


tado reducir la pobreza y vinculan paralelamente otras
acciones para lograr tales fines. Por ejemplo, Honduras y
República Dominicana buscan reducir la pobreza a través
de un crecimiento económico. Perú por su parte, basa su

128
Cooperativismo para el desarrollo rural

estrategia en incrementar el empleo y las remuneraciones.


En el caso de Guatemala debería priorizar elevar la pro-
ductividad rural (Romero, 2010) y las cooperativas ten-
drían un campo de acción para lograr tal fin.

Una potencialidad que presenta el sector rural guatemal-


teco es la agricultura tradicional y orgánica como produc-
to del conocimiento acumulado de las prácticas de los
pueblos indígenas y campesinos que han sido transmiti-
dos de generación en generación. Se trata de prácticas con
disposición y aptitud para el mantenimiento del ecosiste-
ma (Betancur, 2010). Al organizarse en cooperativas los
campesinos, agricultores e indígenas de las comunidades,
se podría trabajar de manera colectiva para que a través
de una relación social y una reciprocidad entre individuos
con vínculos éticos, busquen beneficios económicos, so-
ciales y ambientales.

El cooperativismo debe de estar basado en una economía


solidaria en un marco humano, ético y ambiental dentro
de relaciones sociales generadas por las diversas formas
de trabajo y producción por la solidaridad. Esta expre-
sión de economía solidaria es genérica y presenta diversas
formas organizativas y lógicas operacionales que compar-
te una misma racionalidad sectorial. Se reconoce como
economía solidaria la autogestión, la economía de comu-
nidades, la economía de grupos étnicos tradicionales, la
economía familiar, la economía campesina y por supuesto
el cooperativismo.

129
130
Movimientos sociales y
ambientales rurales

N uevos movimientos sociales se articulan con distinta


fuerza en Guatemala en busca de encontrar linea-
mientos políticos que superen los problemas de la exclu-
sión del sector rural (Amtmann, 2000). Estos son producto
de luchas por la necesidad de abrir espacios dentro de las
políticas nacionales y las dinámicas económicas, sociales
y ambientales. Entre los movimientos más comunes están
los agrarios y étnicos. Se buscan oportunidades para tener
mejores condiciones de vida con cobertura de los servi-
cios básicos de educación y salud, lo que hace que grupos
sociales generen luchas por derechos a mejores condicio-
nes de vida. Para Martínez (2006:340), “los movimien-
tos sociales nacidos de los conflictos ecológicos intentan
equilibrar la balanza de poder, hoy tan inclinada hacia
empresas multinacionales”, en alusión por Monsanto (hoy
Syngenta), Gold Corp y las petroleras en varios países de
Latinoamérica incluyendo Guatemala.

Para Vargas-Hernández (2005:455), “los movimientos so-


ciales son activos y constructivos, que parten de las so-
ciedades civiles modernas en tanto que empujan hacia
nuevos valores, identidades y paradigmas culturales”. Se
caracterizan por mantener una estructura organizativa y
se manifiestan como agentes colectivos que intervienen

131
Movimientos sociales y ambientales rurales

en procesos de transformación social. Muchas veces hay


expresiones como manifestaciones y demostraciones pú-
blicas, toma de carreteras y marchas masivas. Los sujetos
mantienen conocimientos, anhelos, deseos y motivacio-
nes para luchar contra los problemas que aquejan al sector
rural y para plantear demandas dirigidas al sector políti-
co. Los movimientos populares de la región se definen
por elementos como la inclusión social y hoy en día han
emergido otros movimientos como los ambientales que
nutren la movilización de grupos indígenas y campesinos
en busca de mejoras de la calidad de vida.

Evers (1985), citado por (Vargas-Hernández, 2005), hace


referencia a nuevos movimientos sociales de grupos de
invasores, de Consejos de Desarrollo Comunitario, co-
munidades eclesiales apoyados por la iglesia, asociaciones
de indígenas, organizaciones de mujeres, comités de de-
rechos humanos, grupos de jóvenes, actividades artísticas
y culturales populares, grupos de alfabetización, grupos
ambientalistas, grupos de autoayuda entre desempleados
y gente pobre, asociaciones de trabajadores organizados
independientes e incluso en oposición a las estructuras tra-
dicionales de los sindicatos. Sin embargo, los movimien-
tos sociales que predominan en Guatemala son los étni-
cos, ambientales y sobre todo, la lucha por el acceso a la
tierra, donde la ideología juega un papel importante y van
dirigidos en su mayor parte contra el Estado. Los grupos
marginados, a los que se les ha negado el acceso a la tierra
son los que están generando mayores movimientos en el
país. La gente pobre y marginada son los que participan
principalmente en los movimientos demandando mejores
oportunidades al Estado.

132
Movimientos sociales y ambientales rurales

El país enfrenta movimientos sociales que utilizan sim-


bolismos culturales para expresar sus reclamos, muchas
veces haciendo uso del nacionalismo como fuerza unifi-
cadora dentro de los grupos de personas impulsados por
una ideología en contraposición de las élites y el Estado.

Los movimientos sociales rurales son la única fuerza di-


námica que aboga por un cambio sustancial en muchos
países de la región. El caso de los zapatistas en México
con demandas económicas, sociales y políticas fueron el
punto de ignición para otros movimientos. En Guatemala,
luego de la firma de los acuerdos de paz, se marcaron las
directrices para los gobiernos municipales y locales. En
El Salvador y Honduras también se han dado cambios
impulsados por grupos de campesinos, indígenas y afro-
descendientes como la Declaración de la Ceiba, producto
del Seminario de las Naciones Unidas en 2003 (Bengoa,
2006).

Los gobiernos locales en Sudamérica han desarrollado en


los últimos veinte años, procesos de gestión para el de-
sarrollo sustentable en municipios indígenas de Ecuador,
Perú, Bolivia y Colombia. En Brasil y Paraguay los movi-
mientos rurales son acuerpados por la Pastoral de la Tie-
rra, el Movimiento sin Tierra y la Vía Campesina.

La resistencia contra las mineras, las hidroeléctricas y las


plantaciones de árboles (Martínez, 2006), han sido algu-
nos de los movimientos rurales que se han dado durante
la historia reciente y las demandas relacionadas al control
del territorio. Para establecer algún megaproyecto en los
territorios rurales es necesario contar con la consulta de la
población.

133
Movimientos sociales y ambientales rurales

En pleno siglo XXI los movimientos sociales rurales guar-


dan una estrecha relación entre los procesos de protec-
ción ambiental y el desarrollo territorial. Los principales
actores que inciden en los movimientos sociales son las
comunidades rurales, los campesinos, las instituciones re-
ligiosas, los partidos políticos y el Estado.

Según Torres (2004), en algunas regiones de Latinoamé-


rica las organizaciones campesinas, indígenas, grupos de
mujeres y afrodescendientes se movilizan para desarrollar
procesos de gestión sustentable de los recursos naturales
y se caracterizan por estar inmersos en un marco de des-
centralización gubernamental para viabilizar la gestión
pública local, un marco legal que reconozca el derecho
principalmente de los pueblos indígenas y la acumulación
de capital social para dar mayor poder de decisión y pro-
tagonismo público en las zonas rurales.

Las comunidades luchan en contra de la degradación am-


biental y se esfuerzan para manejar de mejor forma sus
bosques, el suelo, los cultivos y el agua. Son este tipo de
luchas las que buscan la sustentabilidad y construyen insti-
tuciones prácticas de gestión ambiental (Martínez y Roca,
2003).

También, los movimientos sociales expresan protestas re-


lacionadas con el acceso al recurso agua y el problema
forestal en cuanto a la tala ilegal de árboles y la falta de
fondos para los Programas de Incentivos Forestales -PIN-
FOR- impulsados por el Instituto Nacional de Bosques
-INAB-, además de protestas en contra de la transnacio-
nalización de proyectos hidroeléctricos y mineros que han
proliferado en la última década en Guatemala (Hurtado,

134
Movimientos sociales y ambientales rurales

2005), haciendo notar un descontento entre los acuerdos


difusos por parte del gobierno y las empresas transnacio-
nales.

Dos décadas de reformas en el Estado han incitado a una


revuelta debido a que la construcción social no ha sido
nada fácil y los cambios a nivel mundial, regional, nacio-
nal y local han sido evidentes. Debido a esto es que es
necesario establecer un marco legal que permita ayudar a
que exista un tránsito de las protestas sociales a una verda-
dera acción colectiva ciudadana que permita dar un paso
a obtener acuerdos mutuos entre el Estado y los actores
sociales. Con ello se generaría un vínculo entre lo legal
y las movilizaciones que garantizaría la transformación
entre protestas y conflictos sociales que daría como resul-
tante una solución a la problemática que genera las luchas
sociales y ambientales.

Las movilizaciones rurales reclaman igualdad de oportu-


nidades y luchan por ser parte de la toma de decisiones y
participación ciudadana para obtener una mayor sobera-
nía popular como principio de un gobierno democrático.
Las políticas del libre mercado hasta ahora impulsadas,
solo han beneficiado a pequeños sectores y han dejado
desprotegido al sector rural.

Desde el impulso del neoliberalismo por el ex presidente


Álvaro Arzú (1996-2000), su discurso profesaba en que
el desarrollo llegaba finalmente al sector rural, pues “un
campesino podría tener en una mano un azadón traba-
jando y con la otra mano estaría hablando por un teléfo-
no celular”. Esta era la frase que mayormente se utilizó
para reflejar que el modelo económico neoliberal era el

135
Movimientos sociales y ambientales rurales

que finalmente “generaría el desarrollo rural en el país”,


sin saber que lo único que propiciaría era más miseria y
pobreza por el impacto del “consumismo” pues, ahora un
agricultor prefiere tener un celular y minutos para hablar
por teléfono que tener maíz y frijol en su casa para alimen-
tar a su familia.

Se pretendió con las reformas estructurales del Estado y


con el principio de la “competitividad” que se desarrollara
el sector agrícola rural. Pero, los únicos cambios que se
dieron durante ese período fueron la privatización de las
principales empresas estatales y el desmantelamiento de
las instituciones de gobierno que brindaban transferencia
de tecnología y créditos a los agricultores.

Debido a esas reformas estructurales se vino un tiempo


de crisis para el sector rural por ese vacío para asistir a los
agricultores y los procesos de extensión y transferencia de
tecnología se quedaron ausentes. Se pensaba que el sec-
tor privado generaría tecnología y vendería servicios, sin
imaginar que los agricultores nunca tendrían capacidad
de pagar. Se dio origen a un desequilibrio productivo y
poco se hizo para apoyar al sector agropecuario rural del
país, lo que propició un debilitamiento institucional y una
mayor exclusión social.

Los movimientos sociales han sido una manera de expre-


sar la acción colectiva que ejerce presión para adquirir
el derecho de ser escuchadas sus demandas y se toman
acciones como la toma de carreteras, ocupaciones de es-
pacios de trabajo o edificios públicos, marchas y manifes-
taciones pasivas como huelgas de hambre y negativas de
abandono a lugares muy concurridos. Dentro de los movi-

136
Movimientos sociales y ambientales rurales

mientos sociales también hay otros actores que no tienen


tanta capacidad de expresarse como las etnias que no ha-
blan el idioma oficial del país, a veces las mismas mujeres
por el machismo imperante en la sociedad guatemalteca.
Hoy en día es necesario que producto de los movimientos
sociales, la sociedad civil ejerza más presión sobre los to-
madores de decisiones del sector político.

El desarrollo rural no depende únicamente del incremen-


to de la actividad agropecuaria o del abordaje de un enfo-
que más territorial (Bengoa, 2006), pues en ese mismo te-
rritorio existe una interacción social lo que implica que se
construyen procesos localizados de desarrollo donde hay
actores básicos que ejercen movimientos sociales no solo
para reclamar por mejoras en la calidad de vida, sino para
participar en formas de manejo de los recursos naturales
del territorio. El proceso de desarrollo rural es más que el
crecimiento económico, es la redistribución del poder y la
participación organizada de las sociedades para direccio-
nar su propio destino.

137
Desarrollo rural comunitario

E l desarrollo rural comunitario puede tener un carácter


de refugio y con un sentido casi utópico en tiempos
de un marcado desgaste ideológico (Fernández, 1995). Sin
embargo, con el modelo de desarrollo actual de apertura
de mercados, se debe de buscar que desde lo local se ges-
te el desarrollo rural sustentable, pues únicamente desde
esta perspectiva es que se toma en cuenta lo étnico, lo
ecológico y lo cultural. En tal sentido, se necesita reto-
mar acciones que se quedaron casi en el olvido desde hace
más de tres décadas cuando se impulsó el neoliberalismo en
1982 tras el Consenso de Washington. Entre las acciones
más importantes a retomar están el cooperativismo, el ex-
tensionismo rural y el ordenamiento territorial. Todo esto
es necesario para contribuir a un real proceso de desarro-
llo rural y es lo que en cierta forma dictaba el modelo del
Estado Benefactor en Guatemala antes de la década de
1990. Es hoy en día pues, que el desarrollo rural comuni-
tario emerge como un nuevo fenómeno social.

Al igual que en regiones como el Cono Sur de América y


en gran parte de Europa, el sector rural ha sufrido trans-
formaciones significativas en los últimos años. Uno de los
cambios que más se han marcado en las últimas décadas
ha sido el fenómeno migratorio de las zonas rurales hacia
las ciudades por los problemas serios que amenazan la

139
Desarrollo rural comunitario

supervivencia de sus pobladores (Cabello y Torres, 2000).


Los principales factores que han empujado para que se de
éste fenómeno son, la apertura de mercados que favorece
a los grandes productores y terratenientes, y el debilita-
miento estatal, que ha dejado de prestar extensión a los
campesinos, dejándolos en un estado muy vulnerable ante
múltiples amenazas.

Sin embargo, hay importantes ejemplos en latitudes dife-


rentes a las guatemaltecas y de la región centroamericana
con iniciativas comunitarias para fomentar el desarrollo
rural (Barke y Newton, 1995). Casos en donde se han
implementado programas para el desarrollo rural como
la Iniciativa Comunitaria LEADER16 (Enlaces entre Ac-
ciones para el Desarrollo de la Economía Rural) por sus
siglas en francés y que buscan reactivar la economía rural
e impulsar acciones para mejorar el nivel de vida de las
poblaciones rurales.

Un factor fundamental en este tipo de iniciativas para el


desarrollo rural es que han sido impulsadas por la auto-
gestión comunitaria, lo que implica la atribución de poder
de decisión en el diseño de actividades destinadas a me-
jorar el nivel de vida y el manejo de recursos para lograr
objetivos propuestos. Una organización comunitaria bien
consolidada, garantiza la administración de los recursos,
propiciando el desarrollo de la democracia y la responsa-
bilidad social. Con proyectos de desarrollo rural de auto-
gestión comunitaria se obtienen herramientas que ayudan
a palear la pobreza rural y con proyectos rurales donde se
16
Iniciativa lanzada en 1991 con el fin de estimular el desarrollo inte-
gral rural en zonas atrasadas de la entonces Comunidad Europea, lo
que hoy en día es la Unión Europea.

140
Desarrollo rural comunitario

tiene participación comunitaria se mejora la eficiencia y la


sostenibilidad (Dahl-Østergaard et al., 2003).

El desarrollo rural como proceso de mejora de las con-


diciones de vida, necesita de la participación consciente
y crítica de las comunidades, pues ellos son los que co-
nocen sus problemas, sus necesidades, sus intereses, sus
potencialidades y su territorio, y así plantear sus solucio-
nes, tomando decisiones y actuaciones con la finalidad
de transformar una situación no deseada en un escenario
con mejores condiciones. Pero también, el desarrollo ru-
ral debe tener un carácter integral con el objetivo básico
de la mejora del nivel de vida de la población, sin perder
de vista el establecimiento de esquemas para estimular las
actividades productivas (Terry, 2007), de manejo territo-
rial (Sepúlveda, et al., 2003), y de gestión de los recursos
naturales a través del poder local (Monterroso, 2003).

Un análisis profundo hace pensar que, se necesita superar


el enfoque tradicional del desarrollo donde el componen-
te económico y productivo es el que marca la pauta, pues
se ha dejado por un lado lo social, lo cultural y lo ambien-
tal. En tal sentido, es necesario de las decisiones del poder
local para determinar los esquemas de desarrollo y supe-
ración, incorporando a la población comunitaria como
elemento potenciador para autogestionar las mejoras en
su calidad de vida. Lo político, económico, social, cultu-
ral y ambiental no pueden estar desligados de un proceso
integral de desarrollo rural, y la participación consciente
y crítica de la comunidad es fundamental en la identifica-
ción de los problemas y en la toma de decisiones para su
solución.

141
Desarrollo rural comunitario

La participación social representa un real poder local y


únicamente teniendo una visión integral del desarrollo
rural, se alcanzará un desarrollo humano comunitario
tomando en cuenta la preservación de la cultura, la ac-
tivación productiva, la mejora social y la sustentabilidad
ambiental.

Los proyectos que se ejecutan por parte del gobierno y


las municipalidades para impulsar el desarrollo rural co-
munitario varían en una amplia gama. La construcción de
la infraestructura básica como escuelas, centros de salud,
introducción de agua potable, carreteras y puentes, deben
tomar en cuenta la opinión de la población local por me-
dio de los COCODES para que se lleven los beneficios a
donde realmente se necesita. Con la participación comu-
nitaria en iniciativas de desarrollo local se contribuiría a la
planificación de proyectos y aumentaría la posibilidad de
ser sostenibles y sustentables a la vez, más que sólo por la
imposición de actividades por los agentes externos.

Instituciones como el Ministerio de Agricultura Ganade-


ría y Alimentación -MAGA- y algunas ONG, deben de
encargarse de apoyar la productividad rural, con asesorías
y transferencia de tecnologías agrícolas. El Instituto Na-
cional de Bosques -INAB- y el Ministerio de Ambiente y
Recursos Naturales -MARN- deben asistir a las comunida-
des y municipalidades en la gestión de recursos naturales
y el manejo de cuencas.

Es más probable que los mismos beneficiarios participen


en la administración y monitoreo de los recursos limita-
dos y en la responsabilidad de ejecutar programas y pro-
yectos de beneficio propio. La planificación y la consulta

142
Desarrollo rural comunitario

comunitaria permiten la transparencia y el reforzamiento


de la gestión local. La población rural al verse beneficiada
dentro de la planificación de un proyecto se interesa y
se motiva. Los proyectos de desarrollo rural impulsados
por la propia comunidad podrían apuntar a incrementar y
diversificar los cultivos agrícolas y desarrollar programas
donde se requiere la participación social comunitaria. Mu-
chas veces no se logra que la ejecución de los proyectos
sean exitosos, pues se necesita del monitoreo y evaluación
con participación comunitaria que demuestre avances con
indicadores y resultados.

Por eso, es preciso analizar situaciones particulares al mo-


mento de gestionar proyectos de desarrollo rural debido a
que los resultados pueden variar por la misma estructura
de la comunidad (Dahl-Østergaard et al., 2003). En algu-
nas comunidades se obtiene resultados sustanciales y se
logra mejorar el nivel de vida de la población rural, pero
en otros casos,17 las desigualdades se marcan aún más.

El éxito del desarrollo rural pasa también por poder esta-


blecer modelos de negocios que se constituyan como em-
presas rurales para insertar a la población en la dinámica
económica globalizada, planteando alternativas como el
ecoturismo o la utilización de los recursos en las zonas ru-
rales que representen viabilidad de obtener ingresos (Fe-
rrer y Frías, 2009). La organización social y la asociación
de los miembros de la comunidad son la fuerza motora
para impulsar modelos de negocios que implican la inclu-
sión de la población rural comunitaria.

17
El caso de la comunidad Santa María Xalapán en Jalapa es un claro
ejemplo, pues los proyectos de desarrollo han beneficiado a algunas
aldeas y han dejado sin oportunidad a otras.

143
Desarrollo rural comunitario

Preservar la biodiversidad y estimular la agricultura mul-


tifuncional, además de gestionar las actividades forestales,
son otras actividades que han tenido resultados positivos
sobre el desarrollo rural comunitario (Millán, 2007). La
participación agrícola y forestal en los mercados y el apro-
vechamiento de los recursos del entorno rural diversifica
la economía del sector.

Una de las alternativas emergentes que más se impulsa


en la región centroamericana en el proceso de desarrollo
comunitario es el turismo rural (Solano, 2007), no obs-
tante, la visión debe ser más integradora con una base
de seguridad alimentaria y la gestión de riesgo, debido
a la posición geográfica del país que está amenazado por
huracanes, incendios forestales, sequías y terremotos. El
ecoturismo es únicamente una alternativa pero un turis-
mo rural bien encausado permitirá integrar a la naturaleza
con la vida cotidiana y las actividades agropecuarias loca-
les como un producto atractivo para el mercado turístico
nacional e internacional. Existen personas de las ciudades
que se interesan en conocer la vida rural y a través de una
orientación a turistas se pueden crear rutas con senderos,
caminatas, producción artesanal, fiestas patronales y las
bellezas escénicas. Servicios prestados por los comunita-
rios en asociación, o como negocio familiar, tendrá un im-
pacto en el desarrollo rural.

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