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Reseña de “Estética. La cuestión del arte”, de Elena


Oliveras
Elena Oliveras, Estética. La cuestión del arte, Buenos Aires, Emecé, 2007, 399 pp.

Esta obra de Elena Oliveras es el resultado de la reelaboración de las clases teóricas que
esta autora dictó en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA durante los años 1997–
2004. Conjugando tanto la revisión histórica como el análisis conceptual de los principales
aportes filosóficos en torno al arte –desde la Antigüedad griega hasta la contemporaneidad–
con la referencia constante a obras, este libro pugna por constituirse en una de las más
importantes introducciones a la disciplina estética.

La autora, formada tanto en el campo filosófico como en el artístico, elige un abordaje de


los temas desde la perspectiva del presente, en tanto que paralelamente a un desarrollo más
bien histórico del ser del arte, se abre una continua reflexión acerca de la discusión y
problemáticas actuales, agudizadas por los profundos cambios que se introdujeron en el
ámbito del arte en el siglo XX. El propio título evoca el ambicioso propósito de esta obra,
que resume una enorme cantidad de ideas y enuncia mediante un breve análisis cada una de
las principales problemáticas de la disciplina estética a lo largo de la historia. A través de
este recorrido, invita al lector a adoptar una actitud crítica que favorezca los interrogantes
más que el mero encuentro con las respuestas.

Entendidos estos objetivos y ambiciones fundamentales de la obra, abordaremos entonces


su estructura y contenidos más sobresalientes. El texto se organiza de acuerdo a una
introducción, nueve capítulos y una conclusión. A su vez, cada capítulo presenta una
organización peculiar: tras aludir a los contenidos, encontramos una serie de “fragmentos
seleccionados” de obras fuente.

Sin contradecir esta estructura formal y fiel al texto, podríamos realizar una ulterior
división de la obra en dos momentos en cuanto a los contenidos y el modo de abordarlos. El
primero (capítulo I al III inclusive), nos presenta la problemática del arte como tal, la
cuestión de la experiencia estética, de la recepción y de la producción. Nos facilita entonces
las principales definiciones y las concepciones fundamentales a lo largo de la historia,
siempre ejerciendo una consciente vinculación con el debate actual. En un segundo
momento (capítulo IV en adelante), Oliveras seguirá un orden más bien cronológico,
exponiendo el pensamiento de los principales filósofos y corrientes que se ocuparon de la
problemática estética en general (Kant, Hegel, Nietzsche, Heidegger y la Escuela de
Frankfurt), y las ideas de algunos de los referentes fundamentales del debate
contemporáneo (Vattimo, Danto, Dickie y Gadamer).

En el primer capítulo, denominado “Aproximación a la Estética”, se dedica una particular


atención al análisis de la experiencia y apreciación estéticas, para cuyo fin retoma autores
modernos como Kant y Hume, realiza un movimiento –que va a resultar característico de
todo el libro– hacia el debate contemporáneo, en cuyo marco se abre la pregunta por el
modo de ser espectador, producida gracias a un notorio tránsito histórico desde su posición
contemplativa a un lugar más bien reflexivo: “La idea kantiana de contemplación… pierde
vigencia en la actualidad con la introducción de obras ‘no auráticas’ (Benjamin). Entre ellas
se encuentran los ready-made y los variados ejemplos de arte conceptual” (p. 44).

Enfatizando el hecho de que el concepto de arte no puede ser universal ni eterno (en un
sentido antropológico), en el segundo capítulo revisa los conceptos de techné, mimesis y
catarsis, para finalmente caracterizar el arte contemporáneo desde su des–definición:
“Hasta el siglo XX se sabía, al menos aproximadamente, lo que era el arte. El arte tenía una
definición, pero ésta se ha ido perdiendo principalmente por la violenta ruptura con el
paradigma estético tradicional operada por Duchamp y multiplicada en la década del 1960.
Se podría afirmar que el rasgo principal del arte de los últimos tiempos es su des–
definición” (p. 64). Mediante la introducción del ejemplo paradigmático “Rueda de
bicicleta”, de Marcel Duchamp, la autora señala un tipo de arte que deja de ser sólo
sensación para pasar a ser “cosa mental”. El escepticismo contemporáneo no acredita
ninguna Verdad: nos deja en el seno mismo de la contradicción, sugiere con firmeza la
autora.

Siguiendo con esta línea de pensamiento, Oliveras pasa revista a las principales
concepciones acerca de la belleza dadas en la Antigüedad (revisa la división entre belleza
sensible e inteligible, y las principales diferencias de Aristóteles con el platonismo), en la
Edad Media (se da una definición del arte como huella de lo divino y de la belleza –siendo
uno de los atributos de Dios– como consistente en la proporción y la armonía) y en la
Modernidad (la belleza es vista como una reacción subjetiva del hombre, en tanto la obra de
arte cobra autonomía –desligándose tanto de su utilidad como de la función educativa o
religiosa–). Hecho este recuento histórico del concepto de belleza, analiza entonces la
inactualidad del mismo en el mundo de hoy, en el que observa una profunda relativización
y un debilitamiento de la fe en el ideal de belleza artística.
Otro punto central problematizado por la autora radica en las diferentes teorías y
concepciones acerca del fundamento de la creatividad. Esta temática, presentada en el
capítulo tercero, es esquematizada de acuerdo a tres ejes: irracionalista (expuesta mediante
la teoría platónica de la inspiración y la idea de fundamento psicológico de Jung),
racionalista (a través de la filosofía de la composición de Edgar Allan Poe y la teoría de la
construcción de Paul Valéry) y una posición intermedia (teoría de la formatividad de Luigi
Pareyson). De acuerdo con esta categorización algo estructurada, se examinan los
argumentos referentes a la originalidad en el arte, en torno a si es ésta una cuestión de
impulso o más bien una búsqueda laboriosa.

En el capítulo IV comienza lo que denominamos el segundo momento de la obra, en el que


la autora se dedica a analizar un poco más en profundidad a los autores elegidos. Para ello,
presenta a grandes rasgos cada una de sus filosofías, a fin de poder acercarnos a la
problemática específicamente estética de cada uno de ellos. Es decir, se busca analizar los
rasgos definitorios del arte en cada uno de estos filósofos, cuyos tópicos continúan teniendo
gran vigencia en la teoría estética de nuestros días, en tanto –de acuerdo a la autora– su
horizonte conceptual coincide con nuestro propio campo problemático.

Como conceptos centrales en el caso de Kant, Oliveras trata el juicio estético, la teoría del
genio, lo bello y lo sublime –tanto su definición como su relación–. Además de esbozar su
sistema y pensamientos en torno a la estética, enfatiza en este capítulo una reinterpretación
de Kant por parte de la estética contemporánea, en la cual pueden vislumbrarse dos
sentidos. Por un lado, se vincula el desinterés kantiano con el desinterés por la existencia
del objeto en la contemporaneidad, como lo ejemplifica el caso de las obras de arte
efímeras. Y por otro, la autora se refiere a la pérdida actual de la actitud contemplativa del
espectador, a pesar de lo cual se mantiene vigente otra de sus ideas fundamentales: la
centralidad del sujeto en el acto de apreciación.

El salto al capítulo contiguo está dado por la muestra de una contraposición entre la estética
formalista de Kant y la estética contenidista de Hegel. Respecto de este último, se analiza
su sistema dialéctico a grandes rasgos para luego ubicar al arte como un momento en el
desarrollo del Espíritu, y definirlo como la manifestación sensible de la Idea, de acuerdo a
sus tres formas (simbólico, clásico, romántico). Resulta relevante, además, la exposición de
las principales ideas respecto del “carácter pasado del arte”, seguido de lo cual se ofrece
una argumentación en favor de que el arte no puede morir.

En su análisis de Nietzsche, Oliveras toma, como conceptos centrales, lo apolíneo y lo


dionisíaco (cuya unión la autora ejemplifica mediante obras contemporáneas, como las
instalaciones). Igual de relevante en su exposición es el análisis del papel del artista en la
transmutación de los valores y el enfoque del arte como modelo de la “voluntad de poder”,
lo artístico como única justificación de la experiencia humana (vitalidad que se presenta
como contrapuesta a la “muerte del arte” en Hegel).

En cuanto a Heidegger, se analiza el concepto de obra de arte en su diferenciación tanto de


las meras cosas como de los útiles o instrumentos, y se la define en relación al concepto de
verdad –como la apertura del ser del ente–. En este punto, la autora realiza una
contraposición de este filósofo con las ideas hegelianas, en tanto el arte para Heidegger no
ha de ser superado por la religión o la filosofía, porque él mismo tiene como función
“fundar” la verdad.

En el capítulo VIII, Oliveras busca identificar las principales ideas comunes a la Escuela de
Frankfurt y expone las líneas centrales del pensamiento de Horkheimer, Adorno, y
Benjamin. Problematiza conceptos tan centrales como “industria cultural”, y analiza la
relación entre la posibilidad de obras reproducibles (lo cual genera sustanciales cambios en
la producción y recepción de la obra de arte tradicional), la desaparición del aura (vinculada
al concepto de autenticidad) y el shock del nuevo espectador. La autora valora los
argumentos dados por Benjamin como útiles para la determinación del estatuto artístico de
nuevos productos, en tanto no es posible juzgar obras surgidas de nuevos paradigmas
(como el dadaísmo o el surrealismo) con los términos del tradicional. En palabras de la
autora, “singularidad, originalidad, irrepetibilidad –todos términos del paradigma anterior–
ya no sirven para explicar las nuevas formas de arte” (p. 293). A partir de estas teorías
estéticas, la autora hace entrar en escena el debate Benjamin-Adorno en relación con la
estimación positiva o negativa del arte autónomo y del arte dependiente de las nuevas
tecnologías. Oliveras problematiza –a partir de la teoría de Adorno– la legitimación del arte
moderno, en la medida en que la obra se convierte en un bien de consumo como otros,
perdiendo de este modo su autonomía, su libertad.

En el noveno y último capítulo, revisa algunos de los temas más relevantes del debate
contemporáneo: a partir de Vattimo analiza la estetización general de la existencia y la
banalización producida gracias a los medios masivos de comunicación, caracteriza el
“pensamiento débil” y su relación con el concepto de des–definición del arte. De la mano a
estos conceptos, se establece una relación con Hegel a partir de la idea de “muerte del arte”,
ya no como un momento del desarrollo histórico de la Idea, sino entendida ahora como
constituyente de la época del fin de la metafísica. En relación con estas ideas también se
expone sintéticamente la obra de Danto, quien nos habla de la “poshistoria” del arte
(entendida no como fin del arte en cuanto a tal, sino como muerte de los grandes relatos
hegemónicos que nutrieron la historia del arte). Se analiza a partir de Danto la
transfiguración de lo banal, problemática vinculada al concepto de lo indiscernible. Además
de ello, se piensa la dificultad que radica en interpretar los nuevos “signos”, como en el
caso de los productos conceptuales del arte poshistórico. Vinculado a esta posibilidad de
interpretación de los nuevos productos “mentales”, se analiza – a partir de Dickie– el
concepto de “institución arte”: el mundo del arte (del que forman parte artistas, público,
críticos, curadores, directores de galerías y museos, etc.) es entendido como el factor
determinante de su definición. Respecto de esta cuestión, la autora introduce además el
pensamiento de Gadamer, quien –desde un enfoque más bien antropológico que
sociológico– analiza el arte como respuesta a las necesidades básicas del hombre
(necesidad de juego, símbolo y fiesta).

Finalmente, luego de un extenso recorrido por el ser del arte, atravesando las más variadas
posiciones, se concluye que el arte –por ser conocimiento original–, no podrá ser nunca
explicado desde parámetros extrínsecos a su propia esencia. El arte sigue siendo para
Oliveras un “enigma”, en tanto signo de trascendencia en un mundo donde nada perdura.
En otras palabras, constituye un signo de profundidad de pensamiento en tiempos de
banalización de todo lo que existe. Ahora bien, pese a que el arte actual se encuentra en una
situación provocativamente imprevisible y discontinua, caracterizada por la disolución de
sus límites, éste no disuelve su energía. Muy por el contrario, en tiempos en que los valores
tienden a tambalear, el arte parece tener cada vez más cosas que decir: “Su poder de seguir
levantando polémica es uno de los signos más elocuentes de su vitalidad” (p. 379).

Pese a la enorme multiplicidad de problemáticas y autores trabajados por Oliveras, nos


encontramos con una organización clara y coherente en su exposición. La obra cobra valor
en tanto funciona como texto introductorio y es portadora de un intenso sentido
pedagógico, vivenciado en ciertos recursos eficientes, como pueden ser: consejos tanto
bibliográficos como metodológicos recurrentes, buen uso de las citas, constante referencia a
obras a fin de clarificar y “bajar” conceptos teóricos a ejemplos concretos, permanente uso
y vuelta a las fuentes, movimiento continuo desde el origen de la problemática hacia el
debate contemporáneo. Además de estos aciertos, la introducción de las imágenes resulta
muy favorable para quienes no estén familiarizados con la historia del arte y sus principales
obras.
Estética. La cuestión del arte ha sido elegida mejor libro del año por la Asociación
Argentina de Críticos de Arte en el 2006, y está siendo editada por cuarta vez en español.
Esta obra representa un importante acercamiento a los principales aportes y autores de la
historia de la disciplina estética e incorpora múltiples elementos de análisis, a partir de los
cuales el lector interesado se siente invitado a profundizar lo trabajado. Gracias a la
relevancia de las problemáticas tratadas y a su claridad conceptual, este texto funciona
como punto de partida y sirve de guía al estudiante o a quien esté interesado en la temática
y quiera comenzar a indagarla.

Yanina Di Giusto

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