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1. HIPERACTIVIDAD Y DÉFICIT ATENCIONAL

1.1 ANTECEDENTES HISTÓRICOS: (en EEUU hasta los 70)

Ya desde finales del siglo XIX, los psiquiatras franceses describieron las características
de inestabilidad, su asociación a alteraciones de la atención y la coexistencia frecuente de
alteraciones de conducta que presentaban los niños con este problema.

Al paso del tiempo, se ha conocido esta enfermedad con distintos nombres como
inestabilidad psicomotora, hiperquinesia, hiperactividad, o disfunción cerebral mínima.

Actualmente, se utiliza el término trastorno de déficit de la atención con hiperactividad.

Desde los años veinte se lleva hablando de este tema y se ha reconocido en todas
partes del mundo. Pero hasta las dos últimas décadas los investigadores no separaron los
problemas de aprendizaje y conducta de los niños hiperactivos .

En la primera parte de este siglo, la sociedad culta empezaba a preocuparse de las


necesidades y derechos de los individuos de aprendizaje lento, los retrasados mentales,
epilépticos, criminales y enfermos emocionales serios. Aquellos que sólo presentaban
deficiencias menores no recibían asistencia compensatoria.

En 1915 en EEUU, comenzó el movimiento de orientación infantil, que mostró algo de


interés por los niños de aprendizaje lento y los de mal comportamiento.

Poco a poco se crearon clínicas de orientación infantil (años 20 y 30) y mostraron un


interés por la conducta de los neuróticos y la terapia dinámica instrospectiva.

Los examinados por psiquiatras y diagnosticados de manera rutinaria, se les transfería


a organismos de asistencia social.

Era un intento de convertir las dificultades conductuales en un dilema neurótico.

Desde los años 30 hasta los últimos de la década de los 50, la población
norteamericana de clase media y superior se fue interesando cada vez más por la educación y
el desarrollo de los niños. Los profesionales de la salud mental se centraron cada vez más en
el tratamiento eficaz de los defectos de aprendizaje y de las desviaciones de conducta.

Se ensayaron terapias de familia y de grupo, se probaron drogas... el tratamiento en


instituciones de internamiento se hizo más flexible y la educación correctiva adquirió mayor
precisión.

Pero los servicios de tratamiento para aquellos niños que hoy se les llama hiperactivos
escaseaban, y solamente se aplicaban a los ricos.

Al finales de los 50 se empezó a tomar en serio los servicios de educación y sanidad


pública para niños con problemas de aprendizaje y conducta.

En el terreno de la salud mental, hubo un impacto de tratamiento por drogas sobre


pacientes de psiquiátricos.

En los últimos de los 60, el empleo de la medicación en psiquiatría se hizo más amplio
e incluía a los niños hiperactivos. También se introdujo la modificación de conducta como
tratamiento, particularmente en la psicología infantil.

En la educación pública, en el nivel de escuela elemental, los cambios han sido más
graduales, excepto en la educación especial.

En los 60 la educación especial para estos niños era mínima, estos servicios se fueron
haciendo más asequibles a las escuelas públicas.

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En la educación en general, un cambio importante ha sido la gradual y persistente
demanda pública de bachilleres superiores. Con esta demanda creciente por la sociedad, todos
los educadores se sintieron incómodos cuando de sus clase salían de manera regular
inadaptados, y se vieron forzados a considerar modos alternativos de respuesta que facilitasen
el éxito.

Hacia la mitad de los 70 todavía había una tendencia hacia la ayuda a los niños
disminuidos.

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1.2. ETIOLOGÍA:

Este trastorno se puede deber a diferentes tipos de factores. Éstos pueden ser:

1. Factores neurológicos: en este campo ha habido diferentes postulados: en un primer


momento se habló de una hipótesis acerca de que muchos niños con encefalitis
mostraban signos de hiperactividad. No se pudo detectar un déficit neurológico
específico. Por ello se pensó en el concepto de disfunción cerebral mínima para
subrayar la existencia de una causa fisiológica aunque tampoco se pudo detectar.

Otra investigación se basó en la hipoestimulación, según la cual, estos niños se


implicarían en una cantidad excesiva de activación para compensar su escasa
estimulación cerebral debida a un mal procesamiento de los estímulos.

Por último se habló de un trastorno a nivel de los neurotransmisores, lo que provocaría


un desequilibrio entre respuestas excitatorias e inhibitorias.

2. Retraso madurativo: esta hipótesis habla de que cuando madure el niño, el problema
desaparecerá, algo que realmente no ocurre. Algunos comportamientos se reducen
pero no desaparecen por completo.

3. Factores genéticos: hay datos que lo apoyan. Hablan de que es más frecuente en
niños que en niñas. En estudios realizados a gemelos se ve que hay predisposición
genética, pero son más importantes los factores ontogenéticos como el modelado y el
refuerzo que los hereditarios.

4. Complicaciones perinatales: muchos niños hiperactivos nacieron de forma prematura


o tuvieron un peso bajo al nacer. En esta línea también se ha considerado el grado de
estrés psicológico experimentado por la madre durante el embarazo.

5. Alcoholismo materno: esta hipótesis defiende que la hiperactividad se manifiesta


cuando la madre ha ingerido con frecuencia alcohol durante el embarazo. Pero no está
demostrado.

6. Alergógenos: se habla de que ciertos colorantes artificiales, conservantes y salicitatos


naturales de algunos alimentos agravan o tal vez causan los déficits atencionales. No
está demostrado tampoco. En esta línea se habla también del azúcar refinado como
agravante del déficit atencional pero las pruebas se derivan de trabajos de dudosa
rigurosidad.

7. Nivel socio-económico: un hecho objetivo es que la incidencia de la hiperactividad es


más elevada en clases bajas. Habría que considerar no sólo las pautas sanitarias,
alimenticias, de ingesta de alcohol, sino también la frecuencia con que se aplican
prácticas de disciplina impositivas, modelado de agresión...

8. Clima familiar: en muchos casos estos niños están inmersos en ambientes


estresantes. Pero los efectos de la interacción no suelen ser unidireccionales. Por esto
vemos que el impacto del niño repercute en la forma de ser de los padres y así
responden al niño. Pero la personalidad del niño no es como una pizarra en la que se

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podía escribir, sino que se desarrolla mediante una combinación entre las capacidades
del niño y nuestra respuesta a dichas capacidades.

9. Como conducta aprendida: estos niños son conscientes de que su actividad excesiva
es un mecanismo poderoso de control sobre los adultos ya que de este modo consigue
que se le preste mucha más atención que a los demás. También su historia de
fracasos hace que genere una baja expectativa de recompensa que dificultará su
conducta atencional. Es decir, cuanto más se distraiga menos recompensas recibirá y
cuantas menos recompensas reciba menos sentido encontrará a atender.

1.3. EVOLUCIÓN:

Durante los primeros meses de vida se detecta que son bebés muy activos desde el
nacimiento; el lactante se mueve exageradamente en los brazos de su madre, se aferra a ella,
se contorsiona, camina a gatas por todas partes, emite gritos agudos. El desarrollo motor se
efectúa rápidamente como por accesos, se duerme con dificultad, se despierta con facilidad y
no se calma después de las comidas. Pasa súbitamente del grito a la calma, sonríe poco y mira
en forma rara a su madre.

De los 18 meses a los 6 años puede haber retraso en el desarrollo del lenguaje; las
primeras palabras aparecen hacia los 3 años y las primeras frases a los 4. El niño es agresivo
con los otros, dominador, destructor, no le importa la opinión de los demás, aunque es muy
sensible a la exclusión de la que es víctima. Vigilar a estos niños es muy difícil, es fácil que
tengan accidentes o que ingieran sustancias tóxicas.

Por otro lado, al llegar a la pubertad los síntomas se hacen menos aparentes, la
hiperactividad disminuye o se quita, pero persisten los problemas de atención, por lo que tienen
bajo rendimiento escolar, y la impulsividad, que evita que obedezcan las reglas familiares,
sociales o escolares.

La evaluación de un niño hiperactivo se complementa con estudios del coeficiente


intelectual, la evaluación del nivel escolar, el examen del lenguaje y el examen psicomotor.

Existen varios tipos de tratamiento, se debe adaptar una estrategia específica a cada
caso empleando diferentes métodos terapéuticos como la intervención educativa y pedagógica,
la psicoterapia y la reeducación.

El tratamiento con medicamentos se reserva a las formas invalidantes; la psicoterapia


es un factor complementario e indispensable en el tratamiento de este trastorno crónico.

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2. ¿CÓMO SABER SI SÓLO ES MOVIDO O DESPISTADO O SI TIENE UN TDAH?
Durante la edad preescolar es difícil hacer un diagnóstico definitivo de TDAH, ya que
muchas de las conductas de los niños (saltar, correr, gritar…) forman parte del comportamiento
normal de la mayoría de los niños pequeños. La clave para el diagnóstico del TDAH es que los
síntomas se mantengan de forma crónica e inadecuada para la edad del niño y que dichos
síntomas no sean consecuencia de otras causas. Se necesita la evaluación de un profesional
clínico (psicólogo o psiquiatra infantil) que diagnostique el trastorno y determine las causas de
ese comportamiento.

Para establecer el diagnóstico, el especialista necesita tanto la información de los


padres, del parvulario y del pediatra como la observación directa del comportamiento del niño.
Con estos datos, él puede juzgar la frecuencia y la intensidad de las conductas inadecuadas y
establecer así un diagnóstico adecuado diferenciándolo de los comportamientos propios de
esta edad. No es lo mismo un niño que a veces corre por el pasillo o que le gusta saltar, que
otro que no sabe desplazarse sin correr y que se golpea con frecuencia por ir rápido y sin
mirar.
El niño hiperactivo tiene dificultades para mantener la atención y concentrarse, es
inquieto, no para de moverse en la silla y habla hasta cuando no toca. Simplemente, no puede
controlarse. A veces, este comportamiento repercute en el rendimiento escolar. La inmersión
en las rutinas del colegio suele poner en evidencia este trastorno que, en ocasiones, crea
problemas de adaptación social y de aprendizaje, preocupa a muchos padres y que nada tiene
que ver con el clásico niño travieso. Es el caso de los niños que padecen el Trastorno por
Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH), un trastorno de origen neurobiológico que
se caracteriza, como su nombre indica, por una falta de concentración, impulsividad y/o
hiperactividad excesiva o inapropiada.
Durante la primera etapa escolar ya se puede hacer un diagnóstico definitivo que determine si
nuestro hijo padece o no este trastorno. Cuando era más pequeño quizá pensábamos que
estaba pasando una fase especialmente movida, que ya cambiaría. Pero van pasando los años
y el niño continúa igual.

Éstas son las características que presenta un niño con TDAH a estas edades:

1. Atención y concentración:
• Dificultad para establecer un orden en sus tareas o pequeñas responsabilidades en
casa.

• Le cuesta ponerse en marcha (vestirse, hacer los deberes…) porque se distrae


fácilmente con cualquier estímulo.

• Presenta problemas para mantener la atención hasta finalizar sus tareas (hace
dibujitos, se distrae con el lápiz…).

• Pierde u olvida cosas necesarias (agenda, abrigo, bufanda, cartera, deberes…).

• Parece no escuchar cuando se le habla.

• Olvida realizar sus tareas cotidianas (cepillarse los dientes, recoger la ropa…).
2. Impulsividad:
• Con frecuencia actúa sin pensar.

• Habla en momentos poco oportunos o responde precipitadamente a preguntas que


incluso no se han terminado de formular.

• Le cuesta obedecer las órdenes, no porque no quiera, sino porque no está atento
cuando se le formulan.

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• Interrumpe a menudo durante juegos o explicaciones.

• Suele ser poco precavido y olvida planificar (por ejemplo, se pone a hacer los deberes
sin el material).

3. Hiperactividad:

• A menudo mueven los pies y las manos o se levantan de la silla.

• Van de un lugar a otro sin motivo aparente.

• Se balancean sobre la silla.

• Juguetean frecuentemente con pequeños objetos entre las manos.

• A menudo canturrean o hacen ruidos inapropiados con la boca.

• Hablan en exceso.

• Durante el juego les cuesta esperar su turno y jugar de forma tranquila.

Todas estas características son normales en cualquier niño, pero en el caso de los niños
con TDAH se dan con mucha mayor intensidad y frecuencia y pueden interferir en su proceso
de aprendizaje y/o en sus relaciones sociales y familiares. Y es entonces cuando se convierte
en problema. Hay muchas personas despistadas o impulsivas, pero estos rasgos de
personalidad no les impiden quedarse quietas o concentrarse cuando es necesario.

3. TIPOS DE TDAH

Este trastorno se puede manifestar de tres formas diferentes, según predomine una u otra
dificultad. Según los criterios del manual de Diagnóstico y Estadística de la Asociación de
Psiquiatría Americana (1994), los tipos de TDAH son:

• Inatento: Son aquellos niños que presentan principalmente dificultades en la capacidad


de atención. Es el clásico despistado que tiende siempre a estar en su mundo y
ensimismado en sus pensamientos.

• Impulsivo-hiperactivo: Los niños que presentan dificultades de autocontrol. Aquellos


que no pueden estar cinco minutos quietos, se levantan sin necesidad o dicen lo que
piensan en cuanto se les pasa por la cabeza.

• Combinado: Presenta síntomas de inatención, de impulsividad y de hiperactividad.


El niño, durante los primeros años de escolaridad, suele ser capaz de concentrarse y
trabajar solo, presenta un pensamiento reflexivo, sabe jugar siguiendo unas normas y trabajar
en grupo. El cambio, el niño con TDAH tiene dificultades a la hora de realizar estas actividades:
no puede hacer los deberes porque olvidó anotarlos en la agenda, algunos compañeros no
quieren jugar con él o, en muchos casos, se encuentra sentado solo al final de la clase. Por
todo esto, a menudo los niños con TDAH presentan problemas asociados como:
• Baja autoestima.

• Mal comportamiento.

• Problemas de adaptación en la escuela.

• Mayor facilidad para sufrir accidentes.

• Problemas en las relaciones con los familiares y amigos.

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• Problemas de sueño.

• Problemas emocionales.

• Dificultades a la hora de aprender.

• Alto nivel de ansiedad.

Un buen diagnóstico será fundamental para que padres y maestros acompañemos al niño
con TDAH durante esta etapa escolar e intentemos evitar la aparición de estos problemas
asociados.

4. EL DIAGNÓSTICO
En los primeros años de escolaridad, exigimos al niño gran cantidad de demandas que
para él representan cambios importantes. En casa debe ayudar cada vez más, debe
permanecer sentado durante toda una comida familiar o destinar un tiempo, que antes ocupaba
jugando, para hacer sus deberes.
También ocurren grandes cambios cuando entra en la escuela. Los horarios son más
pautados, el número de niños por maestro es mayor… pero, sobre todo, se le exige una gran
atención y control sobre sí mismo. Estos cambios, que para la mayoría se produce de una
forma natural, para los niños con TDAH no son tan sencillos. Los padres luchan con sus hijos a
la hora de hacer los deberes y el profesor se da cuenta de que aquel niño no rinde o no se
comporta como los demás niños del grupo.
Por eso, muchas veces el diagnóstico coincide con la entrada del niño en el colegio. El gran
número de exigencias, a las que el niño con TDAH no puede responder, hacen que durante la
etapa escolar sea más evidente la necesidad de un diagnóstico. Los padres deben acudir a un
profesional clínico especializado para que realice el diagnóstico. Este profesional necesitará,
además de la información que le podamos dar nosotros, información por parte de la escuela
mediante informes o cuestionarios, así como la exploración y observación del comportamiento
y rendimiento del niño.
Muchos niños son "etiquetados" por las personas que les rodean. Estas etiquetas de
"gandul" o "maleducado" no facilitan la comprensión de lo que realmente le sucede al niño ni
orientan cómo ayudarle, a él y a su familia. Será mediante un diagnóstico que confirme o
descarte el trastorno cuando se podrá comenzar a proporcionar la ayuda adecuada. Además,
el profesional deberá evaluar si existen otros problemas asociados.
Si el especialista determina que el niño padece TDAH, establecerá una serie de técnicas de
autocontrol y todos los tratamientos que requiera su caso concreto. En cualquier caso,
diagnosticar el trastorno es el primer paso para comprenderlo y buscar soluciones.

Si sospechamos que el niño padece una hiperactividad que le impide desarrollar con
normalidad sus tareas cotidianas, lo primero que se debe hacer es buscar un profesional que
establezca el diagnóstico y tratamiento adecuado.

He aquí algunas sugerencias que pueden ayudar a los padres:


• Evita que tu atención se fije sobre todo en las conductas que te disgustan (que corra
por los pasillos, que haga botar la pelota dentro de la casa..) y, en cambio, intenta
reparar más en las positivas, que a veces pasan desapercibidas (ayudar a sus
hermanos, regalarnos un dibujo…).

• Recompensa las conductas positivas con una alabanza, dedicándole un tiempo de


juego o permitiendo que vea durante más tiempo la televisión. De esta manera,
reforzarás su autoestima.

• Asiste a reuniones de grupos de padres. Estos encuentros pueden ser de gran ayuda,
ya que las familias encuentran apoyo y comprensión, a la vez que buscan soluciones.

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• El ambiente familiar ejerce una influencia determinante en la conducta del niño. Por
eso, es muy importante que los padres den un enfoque positivo a la relación con su
hijo. No se debe insistir en lo perturbador que resulta su comportamiento sino, por el
contrario, dar como referencia positiva las habilidades y éxitos del niño.

• En los niños hiperactivos no es aconsejable que, como castigo, se limiten las salidas de
casa y los contactos con amigos. Esto podría dificultar su adaptación social e
incrementar su ansiedad.

• Los niños con TDAH tienen muchos aspectos positivos (pensamiento rápido, intuición,
sinceridad, creatividad, gran expresividad afectiva…) que deben ser valorados y
respetados.

• Ten en cuenta que para aprender a respetar hay que crecer sintiéndose respetado.

• Un trabajo conjunto entre la escuela y la familia facilitará al niño las estrategias


necesarias para salir adelante.

5. CÓMO PODEMOS AYUDAR A UN NIÑO HIPERACTIVO.

La hiperactividad es uno de los trastornos más diagnosticados durante la infancia; se


estima que lo padece entre el 3 y el 5 % de la población infantil. Detectarla a tiempo es
importante pues permite prevenir un gran número de problemas asociados, como las
dificultades escolares. Las causas que provocan este trastorno no se conocen bien y pueden
ser muy variadas (neurológicas, genéticas o ambientales), sin embargo, las formas de tratarlo
están bastante estudiadas y su efectividad está comprobada, por lo que se recomienda no
obsesionarse con el "¿por qué es hiperactivo?" y pasar rápidamente al "¿cómo debemos
actuar?"
5.1. TRATAMIENTOS PARA LA HIPERACTIVIDAD
En cuanto al tratamiento, a lo largo de la historia ha habido diferentes puntos de vista.

En el tratamiento de la hiperactividad pueden distinguirse dos clases de terapias: la


psicopedagógica y la médica.

La primera puede darse sin la segunda, pero nunca al revés. En la terapia médica sólo
se tratan los síntomas, no la causa del trastorno, por eso no existe una cura que sea
exclusivamente médica. Lo que se hace es controlar las conductas que hacen que el niño
tenga dificultades para así permitirle llevar una vida perfectamente normal. Por este motivo, el
tratamiento psicopedagógico, que trabaja directamente sobre el comportamiento del niño
enseñándole nuevas y más correctas formas de actuar, es imprescindible. Éste es el
tratamiento no químico de mayor eficacia.

El tratamiento médico es muy útil como complemento del anterior, especialmente


cuando se da una hiperactividad extrema que no permite sacar partido de nada de lo que se le
enseña. La medicación ayuda a reducir la agitación motriz y le permite atender y comprender
mejor las indicaciones que se le dan.

En el médico, se habla de psicoestimulantes. Son unos fármacos que potencian la


acción de ciertos neorotransmisores que actúan no sólo sobre el sistema de activación reticular
sino también sobre el sistema límbico y otras regiones del cerebro que se consideran
relacionadas con los procesos de atención, activación e inhibición.

Estos fármacos tiene efectos positivos no sólo a nivel conductual reduciendo


sustancialmente los comportamientos sociales negativos, sino también a nivel cognitivo
incrementado la atención. Además facilita que se pueda trabajar mejor con estos niños en el
plano cognitivo-comportamental.

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Los efectos más positivos son en los niños pequeños, de 6 u 8 años. Pero hay que
evaluar los efectos secundarios como pérdida de apetito, aumento de la tasa cardiaca,
dificultad en el inicio del sueño.

Hay que tener en cuenta que esto solo ha de ser prescrita cuando la sintomatología es
responsable de un fracaso académico, un déficit en las funciones cognitivas y o una conducta
inadaptada que conduce a un deterioro en las relaciones interpersonales. Para que la terapia
psicopedagógica sea efectiva debe estar apoyada tanto en técnicas de modificación de
conducta, como en la enseñanza de estrategias que permitan al propio niño ser el controlador
de su comportamiento.

Dentro del entrenamiento de estrategias las más habituales son: estrategias


atencionales, solución de problemas y autoinstrucciones. También el autocontrol y la relajación
dan buenos resultados. El modelo de autoinstrucciones, por ejemplo, consiste en dar al niño
una serie de instrucciones pequeñas y marcadas que le guíen para realizar una tarea
correctamente. Al seguir estos pasos siempre que tiene que realizar una actividad consigue
grandes mejoras ya que aprende a organizar la tarea, lo que evita en gran medida la
distracción, le ayuda a centrarse en lo importante, mejora la ejecución y le estimula ya que las
autoinstrucciones no se centran sólo en cómo se hace algo (ejecución), sino que abordan otros
campos tan importantes como la autoevaluación y el autorefuerzo. Las técnicas de
modificación de conducta tratan de evitar las conductas inadecuadas fomentando formas de
comportamiento más apropiadas. Lo que hacen es controlar las consecuencias, de modo que a
una conducta apropiada seguirá un "refuerzo positivo", es decir, un estímulo agradable que
haga que dicha conducta se repita. Cuando el niño muestra una conducta inapropiada recibe
un "castigo", un estímulo desagradable como, por ejemplo, quedarse sin ver su programa
favorito de la tele, con lo que poco a poco esa conducta desaparece. Entre las más utilizadas
están: la economía de fichas, los contratos de contingencias, el coste de respuesta, la
sobrecorrección y el tiempo fuera.
5.2. TÉCNICAS Y ESTRATEGIAS PARA AYUDAR AL NIÑO HIPERACTIVO
La forma de tratar el "trastorno de déficit de atención con hiperactividad" es modificar o
compensar lo más posible aquellas conductas típicas que repercuten negativamente en la vida
diaria del niño y de su familia. El objetivo principal es reducir su impulsividad e inquietud motriz
y aumentar su atención, que son la fuente de sus principales problemas. Las corrientes
psicopedagógicas conductista y cognitivista ofrecen diversas estrategias para tratar la
hiperactividad. La corriente conductista centra su atención en cómo el ambiente en el que se
mueve el niño (la familia, los profesores, etc.) interactúa con él para, manejando esta
interacción, modificar las formas de comportamiento. La corriente cognitivista actúa
directamente sobre el niño enseñándole a ejercer su propio control a través del entrenamiento
en estrategias.

Para modificar determinadas actitudes, como la agresividad o la desobediencia, se


emplean técnicas de cambio conductual que se apoyan en la psicología conductista.

La base de todas ellas es la idea de que todo comportamiento es una forma aprendida
de responder a determinadas circunstancias. Cuando lo que obtenemos al responder de
determinada manera es bueno, agradable o sirve a nuestros propósitos, esa respuesta se
instaura en nosotros, es decir, la aprendemos y siempre que nos vemos en circunstancias
similares respondemos igual. Por el contrario, si con nuestra actuación no logramos lo
esperado, desechamos la respuesta como "no válida" y dejamos de emplearla. Esto supone
que la actitud es fundamental a la hora de manejar la del niño, ya que es la que le proporciona
la información de si sus respuestas son adecuadas y sirven a sus propósitos o, por el contrario,
debe sustituirlas por otras. Los padres pueden, sin darse cuenta, fomentar las respuestas
inapropiadas. Un ejemplo muy claro es cuando se cede a un capricho, que se ha negado en un
principio, para contener una rabieta. La conclusión del niño en esta ocasión es clara (y muy
lógica): "enfadándome, gritando y tirando las cosas consigo lo que yo quiero". Resultado: cada
vez recurrirá con más frecuencia a las pataletas.

Las técnicas de cambio de conducta lo que hacen es controlar las consecuencias de


las acciones convirtiéndolas en agradables, a través del "refuerzo positivo", o desagradables
mediante el "castigo". Aquellas conductas del niño a las que siga un "refuerzo positivo" serán

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aprendidas como útiles y se repetirán; aquellas otras a las que acompañe un "castigo"
terminarán desapareciendo. Los refuerzos pueden ser muy variados.

Al principio, cuando una actitud está muy instaurada, se recurre a recompensas de tipo
material (un juguete, una chuchería, etc.). Posteriormente se van restringiendo este tipo de
refuerzos para que el niño no haga las cosas por el premio sino porque realmente ha adquirido
nuevas actitudes con las que se siente más satisfecho. Para ello, desde el principio (junto con
las recompensas materiales) y a lo largo del tiempo (cuando ya se han eliminado aquellas) el
niño debe recibir refuerzos sociales como abrazos, alabanzas o cualquier otra manifestación de
afecto por lo bien que ha actuado. Por otra parte, los castigos que siguen a las conductas que
deseamos eliminar serán cosas como quedarse sin ver la tele o recoger el cuarto, pero jamás
castigos físicos. Además, todo castigo debe ir acompañado del refuerzo de la conducta
alternativa.

¿Cómo se puede aplicar todo esto? Una forma es hacer un trato con el niño. Pensar
en alguna cosa que se quiera cambiar de él, por ejemplo, que no se levante de la mesa
mientras come. Ya se tiene establecido el objetivo general. Ahora, en función de la
problemática, se piensa cuándo y cómo se va a reforzar el cambio de comportamiento: si el
niño no aguanta más de tres minutos seguidos en la mesa, empieza por reforzar que consiga
estar sentado al menos cinco minutos. Según le vaya resultando más sencillo cumplir el
objetivo se irá aumentando el tiempo hasta que, finalmente, reciba el premio sólo si
permanece toda la comida sin levantarse. El siguiente paso es acordar el premio o refuerzo. En
este caso lo más apropiado es un sistema de puntos o fichas canjeables. Elaborar con el niño
una lista de cosas que le gustaría hacer o conseguir y pon a cada cosa un valor en función de
sus características: un caramelo 2 puntos, media hora más con el ordenador 8 puntos, ir al cine
14 puntos, comprar un juguete determinado 20 puntos, etc. Ya sólo queda ponerlo en práctica:
cada vez que el niño cumpla el objetivo marcado se le reforzará con un punto y cuando desee
canjearlos se le dará la recompensa que le corresponda según se acordó.

En el libro Nuestro hijo es hiperactivo se pueden consultar otras técnicas que aplican
estos mismos principios.
Corriente cognitivista: enseñar a hacer las cosas mejor
Según la corriente cognitivista, la forma más adecuada de ayudar a un niño hiperactivo
a resolver sus problemas correctamente es entrenarle en los pasos que debe seguir, es decir,
darle estrategias para que sepa cómo actuar.

Por ejemplo, mantener la atención es una habilidad casi automática en la mayoría de


las personas, pero para un niño hiperactivo es todo un triunfo. Para facilitarle esta tarea
debemos enseñarle cómo se presta atención facilitándole una serie de instrucciones que
resuman eso que hacemos las personas cuando prestamos atención (centrarnos en lo
importante, ignorar los estímulos irrelevantes, etc.).

En este caso estaríamos hablando de estrategias atencionales. Dicho así parece muy
abstracto, sin embargo se puede aplicar de forma particular a cada una de las tareas con las
que el niño tenga dificultades. Una manera de hacerlo efectivo es el "modelo de
autoinstrucciones" que se debe practicar cada día tantos días como sea necesario hasta que
el niño sea capaz de realizar el quinto paso de forma natural:

1. Modelado: el adulto hace la tarea mientras vas diciendo en voz alta los pasos que
sigues, mediante instrucciones claras y concisas.

2. Guía externa manifiesta: ahora es él quien realiza la misma tarea mientras se le


ayuda repitiendo junto con él los pasos.

3. Autoguía manifiesta: el niño repite solo las instrucciones, en voz alta, mientras hace
la tarea.

4. Autoguía manifiesta atenuada: en vez de hablar en voz alta debe cuchichear las
instrucciones.

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5. Autoinstrucciones encubiertas: finalmente el niño realiza la tarea en silencio
mientras se guía por las instrucciones a través del pensamiento.

Con estas cinco fases , el niño interioriza unas verbalizaciones que guiarán su conducta
ayudándole a controlar impulsos.

El contenido de estas verbalizaciones es:

o Definición del problema.

o Aproximación al problema

o Focalización de la atención en las directrices que guíen la ejecución

o Auto-refuerzo

o Auto-evaluación y posibles alternativas para corregir errores.

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- La economía de fichas:

Esta técnica resuelve el problema de estos niños para demorar las gratificaciones. En
ella, el niño sabe que sus acciones se traducen en la adición o sustracción de una serie de
fichas que al final de un periodo preestablecido pueden intercambiarse por refuerzos realistas.

- El contrato de contingencias:

Ya hemos hablado de él. Se trata de discutir, redactar y acatar un contrato que, en su


forma, sigue las directrices de los contratos. En él se ven los aspectos a los que se
compromete el niño a cambiar a los que los padres, profesores... se comprometen a mejorar.
Ambas partes firman ante un testigo y se darán unas penalizaciones para ambas partes sin no
cumplen. Esta técnica se utiliza con niños mayores y constituye un medio importante de
motivación.

- La técnica de la tortuga:

A través de la idea de la tortuga (que se esconde en su caparazón cuan se siente


amenazada) se enseña al niño a replegarse en su caparazón imaginario cuando no sea capaz
de controlar sus impulsos y emociones ante estímulos ambientales.

Primero se le enseña a encogerse y esconder la cabeza entre los brazos ante la


palabra “tortuga”. Luego el niño debe aprender a relajar sus músculos cuando hace la tortuga.
Ya que la relajación es incompatible con la tensión muscular necesaria para una conducta
positiva, ésta aumenta. Por último se trabaja con el niño la utilización de técnicas de solución
de problemas para evaluar las distintas alternativas que le permitan manejar la situación que le
ha obligado a utilizar la tortuga. Esta técnica es muy adecuada para niños de Infantil y de
Primer ciclo de Primaria.

- La autoobservación :

El objetivo principal es hacer consciente al estudiante de si está o no prestando


atención a su trabajo para mantener o mejorar su concentración.

El profesor enseña a los estudiante a observar su conducta atenta o inatenta ante una
señal emitida por algún tipo de procedimiento de registro mecánico.

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Suele costar de cinco fases:

1. Definir claramente en qué consiste estar o no concentrado en la tarea.

2. Mostrar al estudiante los procedimientos de registro.

3. El profesor modela el procedimiento a seguir mediante el radiocasette y una hoja de


registro.

4. El estudiante explica verbalmente lo que ha entendido que debe hacer.

5. El estudiante realiza el proceso de autoevaluación completo.

- La autoevaluación reforzada:

Comparar las metas propuestas por el profesor y las metas autoobservadas del
estudiante de cara a enseñar al niño a autoobservarse de la forma más objetiva. Este proceso
combina la autoevaluación con el auto-refuerzo cuando existe acuerdo entre ambas metas.

Se desarrolla:

1. Seleccionando las conductas- problema que manifiesta el niño en le aula y sobre las
que se desea intervenir.

2. Entrenando en habilidades de autoevaluación en distintos contextos.

3. Explicándole que va a valorar con una escala de 5 puntos el comportamiento del niño
en una conducta seleccionada y que la meta del niño es igualar al autoevaluarse la
puntuación que él le haya dado.

4. Se establece una discusión cuando el profesor y el niño comparan sus respectivas


puntuaciones.

La finalidad de todos estos métodos es manipular los eventos que preceden o siguen al
comportamiento para incrementar las conductas adecuadas y disminuir las inadecuadas. De
este modo se refuerza de forma positiva al niño cuando desaparezcan o disminuya las
conductas que se desean eliminar y aparezcan aquellas que se desean potenciar.

Todas las técnicas mencionadas están descritas en el libro Nuestro hijo es hiperactivo.

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5.2.1. NIÑOS DE 6 A 12 AÑOS.
¿Qué podemos hacer?

Actualmente se sabe que entre 1/3 y 2/3 de los niños que son diagnosticados de TDAH
seguirán teniendo alguna dificultad cuando lleguen a adultos. Pero también se sabe que,
aunque la causa de este trastorno es de carácter neurobiológico, los síntomas se pueden
agravar si se vive en unas condiciones ambientales adversas. Por eso es importante cuidar el
entorno en el que se mueve nuestro hijo y la forma cómo lo tratamos. Por eso es importante:
a) Sugerencias para los padres
- Saber cuál es el comportamiento normal del niño en edad preescolar. Pretender que un
niño se comporte perfectamente en situaciones creadas para adultos (comer en un
restaurante o ir de compras al supermercado) es algo irreal. Los padres han de adaptar las
actividades que realizan con sus hijos a las edades de los niños.

- Aprender a controlar la conducta del niño. Lograr que los niños con TDAH hagan aquello
que los padres suponen que deben hacer es un reto muy difícil de conseguir. Por ello es
conveniente acudir a seminarios o cursos donde se aprenden a utilizar estrategias
educativas eficaces, a adecuar las expectativas a las capacidades de los niños y, a la vez,
conocer a otras familias que se encuentren en situaciones semejantes y que les
comprenden.

- Intentar conservar la calma por muy tensa que sea la situación. Antes de "perder los
nervios" es conveniente respirar profundamente, contar hasta 10 y, si es necesario,
retirarse un momento y regresar de nuevo para intentar solucionarlo de forma calmada.

- Ir paso a paso. Es mucho más razonable y menos decepcionante proponernos pequeñas


metas e, incluso, intentar conseguir (y valorar) pequeños avances dentro de un mismo
objetivo. Por ejemplo, si queremos conseguir que Miguel se ponga él solo el pantalón,
podemos empezar porque se siente en la silla, después tendrá que meter los pies por su
sitio, aprender a subírselo, aprender a abrocharlo y, ¡por fin! ponerse el cinturón.

- Buscar las conductas positivas. La mayoría de los padres tienden a prestar más atención
a las conductas negativas de sus hijos, ya que estas son las que molestan y llaman la
atención. Es muy importante descubrir a nuestro hijo haciendo algo bueno y felicitarle por
ello.

- Cuando hay más hermanos. Cuando tenemos a un hijo que reclama la atención constante
de los padres, éstos suelen dedicar menos atención al hermano más tranquilo porque corre
menos peligros. Los padres se sienten mal porque no pueden descuidar a uno de los hijos
pero también encuentran a faltar la dedicación hacia su otro hijo. Es conveniente buscar un
tiempo especial (cuando el niño hace la siesta o está en la guardería) para dedicarse
plenamente al otro hermano.
b) Sugerencias para los maestros
• Procurar un ambiente tranquilo, ordenado y sin demasiados cambios. La estabilidad les
ayuda.

• El maestro ha de ser flexible; a un niño muy activo no se le puede pedir que se esté
quieto en su mesa mientras se prepara alguna actividad, pero tampoco se le puede dar
rienda suelta para que haga lo que quiera ya que también necesita tener límites y saber
hasta donde puede llegar. Es conveniente tenerlo cerca y hacerle repetir las
instrucciones en voz alta, haciéndole preguntas y felicitándole si acierta la respuesta.

• No es extraño que los niños excesivamente activos tengan algún otro problema en las
relaciones con sus compañeros. Ha de ser corregido pero siempre buscando una

15
solución, nunca culpabilizando ni etiquetando al niño. El maestro debe valerse de sus
recursos para ayudar al niño en la buena integración en el aula y la escuela.

• El parvulario coincide con una etapa en la que hay que dar más importancia al
aprendizaje del control de la conducta y de la relación con los compañeros que a las
habilidades meramente académicas.

• Todos los niños pueden destacar en algo. Si tenemos a un niño que tiene dificultades
para destacar en el aprendizaje podemos ayudarle favoreciendo otras actividades que
desarrollen la creatividad como las manualidades o las canciones.

Los síntomas que caracterizan el Déficit de Atención con Hiperactividad son la


impulsividad, la hiperactividad y la baja atención. Pero, sin duda, lo que ayuda a detectarlo es
observar si un niño manifiesta con frecuencia las siguientes conductas:

• Su comportamiento es infantil para su edad, excesivamente inquieto y dependiente;


más propio de un niño de menor edad.

• Le cuesta concentrarse, no mantiene la atención cuando es necesario.

• Es desorganizado y suele hacer los trabajos con una baja calidad.

• Frecuentemente deja los trabajos sin terminar o interrumpe los juegos.

• Está continuamente levantándose cuando debería estar sentado, por ejemplo, en la


clase o a la hora de comer.

• Es muy impulsivo, hace las cosas sin meditarlas previamente.

• Mueve mucho las manos y los pies.

• Suele interrumpir a los demás cuando están hablando o realizando alguna actividad.

• Siempre está corriendo y saltando, como si tuviera un motor en marcha.

• Le cuesta relacionarse con otros niños debido a que siempre está cambiando de juego,
no respeta los turnos y no sigue las reglas del grupo.

• A menudo pierde cosas o las olvida.

• Es desobediente y su comportamiento provoca las quejas de sus profesores.

Si el niño cumple algunos de los puntos expuestos aquí, quizás sea recomendable acudir a
un profesional para diagnosticar o descartar el trastorno de hiperactividad.

6. DÉFICITS E INTERVENCIÓN

Habitualmente se pone énfasis en las deficiencias que estos niños tienen dejando de lado sus
muchas capacidades: su energía inagotable, su derroche de ideas cuando algo les interesa, su
capacidad para emprender algo que se han propuesto, su gran creatividad o sus grandes
aptitudes físicas, musicales o artísticas. Podemos, como padres darle la vuelta a "nuestro
querido hiperactivo" y organizar actividades y proyectos en casa o con los de casa que
permitan a nuestro hijo triunfar, empezar y acabar cosas que planea. Con todo ello lograremos
conocer más a nuestro hijo y podremos establecer vínculos positivos de relación con él.

Los niños afectados por un Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad suelen ser
vistos por los profesionales médicos y educativos desde la perspectiva de sus déficits, de sus
dificultades. Pero el comúnmente, llamado hiperactivo posee muchas y muy variadas

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cualidades o áreas fuertes que deben ser identificadas y potenciadas si queremos ayudar a
estos niños a alcanzar el éxito y dejar de engrosar las listas de fracaso escolar.

Actividades físicas diarias, un enfoque educativo que contemple el movimiento y la


investigación y un ambiente familiar rico y estimulante con rutinas diarias de refuerzo y
atención, son condiciones ambientales que, sin duda, ayudarán a los niños afectados por el
TDAH a sobresalir en positivo. Una vez detectado y tratado el trastorno, necesitamos
aproximarnos a este déficit contemplando lo que los niños que lo sufren pueden aportar a la
familia, la escuela y la sociedad que es mucho. Aceptando sus diferencias y potenciando sus
cualidades será como lograremos acompañar a los "hiperactivos" camino del tan necesario
éxito personal.

7. ALGUNAS CARACTERÍSTICAS QUE PUEDEN ALTERAR SU VIDA COTIDIANA.

En principio, que el niño sea despistado o excesivamente movido o impulsivo no es malo


(salvo para la paciencia de los padres y la de los maestros). Los problemas comienzan cuando,
a causa de estas dificultades, el niño con TDAH ve alterada su vida cotidiana en casa y en la
escuela, y aparecen otros problemas como:
• Roces o peleas con los amiguitos que no entienden esa forma tan efusiva de saludar o
esos empujones que da porque necesita ser el primero en llegar a donde sea. De aquí
pueden salir algunos problemas de adaptación en la guardería o en el parvulario.

• Los padres y maestros agotan su paciencia y optan por los castigos que, encima del
desgaste que implican, no solucionan la situación y empeoran las relaciones
interpersonales.

• Dificultades para regular el sueño o los hábitos de comer.

• Mayor facilidad para sufrir accidentes. Cuando nuestro hijo se pasa mucho tiempo
curioseando encima de una mesa es lógico que aumente la posibilidad de tener más
accidentes.

• Más pataletas y rabietas que otros niños porque lo necesita todo "¡ya, ahora mismo!".

• Retrasos en el habla o en el desarrollo motor.

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8. EN LA ESCUELA:

8.1. CARACTERÍSTICAS DE ESTOS NIÑOS EN LA ESCUELA:

• Pueden fracasar en la escuela

• Son impulsivos

• Su capacidad de concentración y de atención es muy baja

• Los despistes y olvidos son continuados

• Son irreflexivos

• Su movimiento corporal y su actividad son constantes

• No atienden

• Tienen baja autoestima

• A duras penas siguen las reglas

• Acostumbran a estar poco motivados

• Son impredecibles

Los anteriormente enumerados son algunos de los déficits que podemos encontrar en
niños con TDAH. Y es desde esta perspectiva de incapacidad en determinadas áreas que, los
comúnmente llamados hiperactivos, son vistos por muchos de los profesionales médicos o
educativos.
La medicación y los programas de modificación de conducta mediante recompensas o castigos
son las dos vías de intervención habitualmente recomendadas a los padres, intervenciones que
resultan efectivas mientras duran los efectos o las influencias externas. Estas terapias
despiertan en los padres temores añadidos en relación a los efectos secundarios de la
medicación o a la bondad de los cambios de conducta basados en recompensas que pueden
apagar la creatividad o disminuir la capacidad real de motivación intrínseca que todo ser
humano necesita para ejercer el tan necesario autocontrol.
Pero si intentamos aproximarnos a los niños con TDAH desde una perspectiva global,
viendo lo positivo que hay en ellos, recogiendo las aportaciones que pueden hacer a la familia,
a la sociedad y a la escuela, observaremos que también tienen áreas fuertes, áreas en las
cuales pueden y deben sobresalir:
• Capacidades musicales o artísticas sobresalientes

• Destreza y habilidad física superior a la media

• Gran iniciativa en los temas que son de su interés

• Creatividad

• Habilidad manual

• Energía inagotable

Ayudar a estos niños a descubrir cuáles son las áreas en las que son buenos; guiarles para
que identifiquen cuáles de sus habilidades les ayudarán a tener éxito en la escuela y en la vida
son aspectos que deberían ser contemplados por los profesionales que estudian y ayudan a los
niños con TDAH y, por supuesto, por los padres. Es por ello necesario que el ambiente
educativo que les rodea sea estimulante, rico, variado y que, siempre que sea posible,
favorezca el movimiento, la investigación y la iniciativa.

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Los niños afectados por el TDAH suelen necesitar también un buen programa de ejercicio
físico diario, a ser posible en actividades que no requieran competir (suelen tolerar mal la
frustración) y que no demanden excesiva interacción social (la auto-regulación de su
implicación en grupo y de su respuesta a las demandas acostumbra ser deficitaria). Así son
especialmente recomendables:
• La natación

• El excursionismo

• La bicicleta

• Las artes marciales

• La gimnasia individual
Para ayudarles en los problemas de lectura, comprensión lectora o expresión oral, los
padres debemos establecer rutinas diarias de refuerzo en las cuales los niños puedan
"manipular las palabras" o jugar con los sonidos:
• Confeccionar tarjetas con palabras familiares asociadas por sonidos o por la relación
entre los objetos: (rato, gato, pato, salto, trato; cepillo, pasta, jabón, ducha, agua, etc.)

• Juegos de rima tradicionales

• Juegos de trabalenguas

• Leerles en voz alta CADA DÍA de forma que se estimule el reconocimiento auditivo de
sonidos

• Confeccionar el libro con su historia personal, o la de su equipo de deporte favorito, o la


de su ídolo musical

• (En el libro El niño muy movido o despistado se pueden encontrar muchas más
actividades de refuerzo para estas áreas.)

9. EN CASA:

9.1. ACTIVIDADES PARA PODER REALIZAR EN CASA:


Es sabido que los niños con TDAH ponen a prueba a conciencia la capacidad parental
desde que amanece hasta que, por fin, se duermen. Y ofrecen a la paciencia y el auto-control
de los padres miles de oportunidades de crecer y multiplicarse. Pero si los padres lo intentan
de veras pueden aprovechar la gran energía y vitalidad que tienen, el torrente de ideas que
muestran cuando algo les interesa y canalizarlo todo en casa de forma que puedan poner en
marcha actividades de investigación que les motivarán de veras y mediante las cuales se les
pueda ayudarles a desarrollar estrategias de control, memoria, constancia, responsabilidad,
etc.
A continuación se enumeran algunas de las actividades que se pueden hacer con ellos. (En
la obra Tu hijo es un genio se encuentran más ideas que pueden ayudar.)
• hacer un hormiguero

• cultivar hortalizas en el balcón de casa

• montar un mural o un libro con la historia de la familia desde los tatarabuelos

• aprender las tablas de multiplicar grabándolas en una cinta cada miembro de la familia
y escuchándolas en el coche cuando viajemos

• dibujar o pintar en familia exponiendo después las obras en algún lugar preeminente y

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• jugar juntos a juegos de mesa, de estrategia o juegos "cuerpo a cuerpo"

Todas las actividades, proyectos, juegos e ideas que se pongan en marcha juntos tienen la
virtud de ofrecer información de primera mano sobre cómo actúa y se organiza el niño en
actividades que LE MOTIVAN.
Ello permitirá tener criterio propio sobre sus posibilidades REALES de éxito permitiendo
valorar sus éxitos y acompañarle en sus fracasos.
A menudo los niños con TDAH pasan mucho tiempo en la escuela y la imagen que reciben de
terceros en cuanto a sus capacidades, sus logros o sus habilidades dista mucho de ser la que
debieran recibir para una correcta construcción del concepto de sí mismo.

Por eso, a los padres se les recomienda pasar tiempo con ellos, aceptarles como son,
concienciarse de sus potencialidades y procurar, por encima de todo, que las desarrollen, debe
ser el objetivo de los padres ante un hijo con un Trastorno por Déficit de Atención con
Hiperactividad.

Pero, sin duda, lo que más nos interesa conocer es ¿en qué va a afectar al niño el tener
hiperactividad? y ¿qué se puede hacer para ayudarle?
El principal problema de la hiperactividad no son sus síntomas sino lo que éstos provocan, sus

CONSECUENCIAS. Las más comunes son:


• Debido a la dificultad para prestar atención: problemas de aprendizaje.

• Debido a su comportamiento inquieto e impulsivo: problemas de disciplina, deficiente


ejecución de las tareas que realiza y dificultades para relacionarse con otros niños.

• Debido a que continuamente están siendo recriminados por su forma de actuar,


acusados de desobedientes y a la alta tasa de actividades que abandonan a medias o
que realizan mediocremente, es muy frecuente que tengan asociados problemas
afectivos y emocionales como: baja autoestima, dependencia, baja tolerancia a la
frustración, "indefensión aprendida" (él piensa que no está en sus manos hacer las
cosas bien), depresión, ansiedad y agresividad.
Afortunadamente, evitar estas situaciones está en manos de los padres y educadores. No sólo
es que se acuda a un especialista que ponga en práctica todas esas técnicas de las que
hemos hablado sino, sobre todo, a la importantísima labor que pueden hacer en casa
manteniendo una actitud adecuada. Para ello, aquí exponemos algunos consejos:
• Estableced unas normas a seguir en el hogar, definiendo claramente los límites. Es
importante que haya consenso entre los padres.

• Ofreced a vuestro hijo información sobre sus conductas (feedback) que le permita
evaluar su actuación.

• Siempre que actúe de forma correcta reforzadle su conducta positivamente. Un


refuerzo no tiene por qué ser un premio material, basta con un beso o una alabanza. Si
le castigáis no olvidéis que el castigo nunca debe ser físico y que éste por si solo no
sirve de nada, siempre se debe enseñar la conducta alternativa (cómo debía haber
actuado).

• No le pongáis etiquetas. Si está oyendo continuamente que "es un desastre" cada vez
actuará más como tal y además su autoimagen se verá mermada, lo que contribuye a
la baja autoestima y la depresión.

• Mantened expectativas positivas. Con vuestra ayuda vuestro hijo es capaz de


superarlo todo. Si pensáis así él también lo hará, su motivación aumentará y
será más capaz de enfrentarse a sus problemas.

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10.TÉCNICAS Y ESTRATEGIAS PARA LOS ADULTOS PARA AYUDAR A LOS NIÑOS :

Estrategias:

• Fijarse en todas aquellas cosas que el niño hace bien y reforzarlas mucho.

• Cuando se propongan nuevos objetivos se debe ir siempre de lo más simple a lo más


complejo.

• Los objetivos deben ser muy concretos, fácilmente comprensibles por el niño. Un
objetivo no será "recoger el cuarto" sino, por ejemplo, "colocar cada juguete en su sitio,
guardar los zapatos debajo de la cama y que no haya nada tirado por el suelo", “hacer
una suma, una resta, “

• Los refuerzos o castigos deben seguir de cerca a la conducta que pretenden modificar.
Una forma de que se acostumbre a esperar es reforzarle por medio de puntos que más
adelante podrá cambiar por un premio.

• Para que los refuerzos materiales sean útiles deben ser algo que el niño desee y que
no pueda conseguir fácilmente por otros medios.

• Hay que recordar que un castigo debe ir acompañado de una explicación sobre cómo
debería haber actuado.

• Aunque se utilicen refuerzos materiales es importante reforzar a nivel afectivo y


emocional: muestras de afecto, frases como "lo has hecho muy bien, estoy muy
contenta", "¿has visto como podías hacerlo?, mira qué bien que te ha quedado",
alabanzas, etc.

• Los refuerzos no tienen por qué ser siempre materiales o individuales: pueden ser
sociales o familiares, por ejemplo: ir al cine todos juntos, hacer un picnic, ir a pasar el
fin de semana a casa de unos amigos, etc.

• Los puntos sólo se ganan o se pierden en función de lo acordado. Es decir, si se


acordó que ganaría un punto cada vez que se cepillase los dientes antes de ir a dormir,
y ese día lo hace pero se porta mal, no se le quitará el punto como castigo.

• No hay que olvidar cumplir siempre la parte del acuerdo.

Una estrategia muy útil para mejorar la resolución de problemas es que el propio niño
evalúe sus resultados. Para ello se le puede enseñarle a seguir mentalmente un esquema
similar a éste: plantearle si ya ha acabado lo que tenía que hacer y cómo es el resultado. Si lo
ha hecho bien se da por acabado. Si cree que no, enseñarle a pensar qué puede mejorar
según la actividad que estaba llevando a cabo.

11. RELACIÓN PADRES - ESCUELA

El TDAH no es consecuencia de una educación incorrecta por parte de las familias ni por
parte de los maestros. Este hecho es importante que lo asuman tanto los padres como el los
maestros/as de Infantil y que, a partir de ahí, comiencen a trabajar conjuntamente para mejorar
las capacidades de los niños con dificultades, porque una buena relación entre las personas
que más tiempo pasan con el niño es un factor muy importante y decisivo para su desarrollo.

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Es responsabilidad de los padres facilitar información sobre el TDAH al maestro y por parte
del maestro el formarse profesionalmente para dar la respuesta más adecuada a cada uno de
sus alumnos.

ƒ Consejos de un especialista para los padres:

• La información es el primer paso para la comprensión y la formación. Infórmate acerca


de lo que le sucede a tu hijo para que puedas comprender su comportamiento y
ofrecerle una ayuda válida.

• Una educación eficaz debe iniciarse desde la infancia, ya que la eficacia educativa a
los 3-4 años de edad tiene una repercusión directa en la adolescencia. Cuanto antes
diagnostiques si tu hijo sufre un TDAH antes podrás empezar a reaccionar para actuar
de la mejor manera.

• Ten en cuenta que el problema no es el niño, sino su comportamiento. Cuando se porte


mal, critica su comportamiento pero no su persona. Puedes utilizar frases del tipo "esto
que has hecho no me gusta", pero evita frases del tipo "eres un desastre" o "qué niño
más malo".

• Es importante solicitar ayuda profesional cuando hay problemas para manejar el


comportamiento del niño. También podemos acudir a seminarios o cursos donde se
enseñan estrategias educativas eficaces.

• Ante este trastorno es necesario un trabajo en equipo padres-maestros-profesionales


que busque soluciones conjuntas. Debemos hablar con los maestros de nuestro hijo e
intercambiar opiniones.

• Buscar las conductas positivas. La mayoría de los padres prestamos más atención a
las conductas negativas de nuestros hijos, ya que son las que molestan y llaman la
atención. Pero es muy importante descubrir a nuestro hijo haciendo algo bueno y
felicitarle por ello. Así le ayudaremos a mejorar su autoestima.

• Los padres debemos adaptar las actividades que realizamos con nuestros hijos a las
edades que tengan los niños.

• Es importante saber cuál es el comportamiento normal de un niño en Infantil para no


caer en falsos diagnósticos. Un niño de 3 a 6 años se mueve mucho y es normal que
no pare quieto ni un minuto. Para diagnosticar el TDAH se deben reunir otros
componentes.

• Cuando hay más hermanos, es importante no olvidar la atención hacia el otro hermano
que, al no ser tan movido, pasa más desapercibido. Es conveniente buscar un tiempo
especial para dedicárselo plenamente al otro hermano.

• Ir paso a paso y proponernos metas pequeñas. Es más razonable, eficaz y menos


decepcionante.

• En la escuela se debe procurar un ambiente tranquilo, ordenado y sin demasiados


cambios. La estabilidad les ayuda.

• El maestro debe ser flexible. A un niño muy activo no se le puede pedir que se esté
quieto en su mesa mientras se prepara alguna actividad, pero tampoco se le puede dar
rienda suelta para que haga lo que quiera. Es conveniente tenerlo cerca y hacerle

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participar para centrar su atención: podemos hacerle repetir las instrucciones en voz
alta, hacerle preguntas y felicitarle si acierta la respuesta.

• Todos los niños pueden destacar en algo. Si el niño tiene dificultades para destacar en
el aprendizaje podemos ayudarle favoreciendo otras actividades que desarrollen la
creatividad como las manualidades o las canciones.

• Buscar el lugar más conveniente para estudiar o hacer las tareas (de espaldas a la
ventana, con buena iluminación o junto a un compañero tranquilo).

• Evitar los elementos que le distraigan como la m


úsica alta, la televisión... etc, pero teniendo en cuenta que demasiada relajación y
tranquilidad pueden provocarle sueño.

• Proponerse objetivos concretos para cada sesión de estudio ("hoy estudiaré la lección
5 de mates haciendo un resumen y un esquema…") y felicitarse cada vez que consiga
cumplirlo. Si la tarea es muy larga, puede dividirla en pequeñas partes y planificar su
cumplimiento sobre un papel para evitar olvidarlo.

• Utilizar estrategias para tomar apuntes en clase: hojas con margen, subrayador,
bolígrafos de no más de dos colores, carpetas con separadores… etc.

• Mantener ordenada la mesa de estudio. Aunque no le moleste el desorden debe evitar


perder cosas que necesita: apuntes, agenda… A veces, cuando lo encuentra ya es
demasiado tarde.

• Escribir a la vez que estudia (tomando notas, haciendo esquemas…). Esto dinamiza y
ayuda a conseguir una sesión de estudio más activa.

• Practicar el uso de los resúmenes y esquemas y utilizarlos para memorizar.

• Adquirir el hábito de realizar repasos de la materia dada para tener menos trabajo para
el examen.

• No faltar a clase, pues supone más trabajo poner los apuntes al día.

• Pasar a limpio los apuntes de las asignaturas que más le cuestan.

12. IMPLICACIONES EDUCATIVAS:

Como hemos podido observar a lo largo del trabajo, para que la intervención en niños con
TDA-H sea efectiva debe llevarse a cabo en los contextos en los que deben ejecutarse los
comportamientos deseados y debe mantenerse a lo largo del tiempo para que se produzca la
generalización , por eso es tan importante formar al profesorado en la comprensión y
tratamiento de los estudiantes con TDA-H.

Unas estrategias:

a) Con respecto a la disposición del aula:

- Debemos estructurar el espacio físico, mediante una disposición por filas que permita la
discusión sin entorpecer el trabajo independiente. Se debe evitar agrupar las mesas para la
realización de trabajos en grupo ya que se incrementan las distracciones. Si deben trabajar en
grupo, las colocaremos en forma de herradura.

- La colocación de las mesas debe facilitar la movilidad del profesor por el aula. Es aconsejable
que el profesor se sitúe cerca de los alumnos con déficits atencionales.

- Debemos evitar que los alumnos con déficits atencionales se sitúen cerca de ventanas o de la
puerta para minimizar las distracciones visuales y o auditivas.

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- Cuidar que en las sólo estén los materiales indispensables para el trabajo a realizar. Evitar
tener a la vista objetos interesantes que inviten al niño a manipularlos en lugar de centrarse en
su trabajo.

- Colocar junto al estudiante compañeros que sean modelos apropiados.

b) con respecto a la estructuración de las lecciones:

- proporcionar al estudiante antes de la explicación de un tema un listado de conceptos clave


de lo que se va a explicar.

-Promover la participación activa del alumno con déficit atencional durante la explicación de los
temas. (que haga de ayudante en la pizarra...)

- Plantearle preguntas durante la explicación y ofrecer retroalimentación inmediata.

- Utilizar tizas de diferentes colores para destacar en la pizarra los aspectos más
fundamentales.

- Mantener un contacto ocular tan frecuente como sea posible.

- Utilizar señales no verbales para redirigir la atención del estudiante.

- Instaurar un sistema de tutoría de un compañero que le ayude a revisar los conceptos


fundamentales de la lección.

- Permitir que el niño con déficit de atención explique los conceptos aprendidos en la
explicación a otro compañero más lento que él en el aprendizaje.

c) Con respecto al planteamiento de actividades:

- Simplificar las instrucciones relativas a las tareas utilizando un lenguaje sencillo. Es


conveniente pedirle que las repita.

- Para eliminar estímulos distractores, se pueden utilizar con el niño hiperactivo auriculares
para escuchar música relajante mientras hace determinadas tareas (hay que tener en cuenta
que puede crear conflictos en clase con los demás compañeros)

- Ajustar el nivel de dificultad de la tarea a fin de evitar el abandono.

- Si su ritmo es lento es preferible pedirle menos pero bien.

- Segmentar las tareas complejas en fases marcando un tiempo prudente para cada fase
reforzándole a medida que vaya superando dichas fases.

- Evitar hacer comentarios sobre la falta de atención.

- Elegir cuadernos de actividades con formato sencillo evitando dibujos que no estén
relacionados con la actividad a realizar.

- Facilitar la transición de unas actividades a otras mediante claves visuales o auditivas,


evitando que se den periodos largos de espera.

- Alternar actividades para eliminar la fatiga.

d) Con respecto a los exámenes:

- Procurar que no sean muy largos. Es preferible que sean cortos y más frecuentes.

- Usar un formato sencillo: una o dos actividades en cada página.

e) Con respecto al comportamiento :

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- Es conveniente explicar con claridad qué es lo que tiene que hacer y no qué es lo que no
debe hacer.

- Recordar con cierta frecuencia las normas sociales que regulan la clase.

- Pedirle que explique las reglas correctas a seguir ante situaciones concretas que pueden
resultar problemáticas.

- Los refuerzos han de ser específicos evitando la utilización de frases hechas con carácter
general.

- Resulta conveniente poner en práctica un sistema de puntos para reforzar comportamientos


adecuados y coste de respuesta o aislamiento para las conductas socialmente negativas.

-El profesor debe actuar como modelo en la utilización de un método sistemático .

- Evitar que viva la clase con tensiones. No avergonzarlo.

13. SÍNTESIS :

La hiperactividad es un trastorno frecuente que afecta del 3 al 5 % de los niños en edad


escolar.

Ya desde finales del siglo XIX, los psiquiatras franceses describieron las características
de inestabilidad, su asociación a alteraciones de la atención y la coexistencia frecuente de
alteraciones de conducta que presentaban los niños con este problema.

Con el paso del tiempo, se ha conocido este trastorno con distintos nombres como
inestabilidad psicomotora, hiperquinesia, hiperactividad o disfunción cerebral mínima.

Actualmente, se utiliza el término trastorno de déficit de la atención con hiperactividad.

El diagnóstico es difícil y rara vez se establece en la primera consulta; sólo el 20% de


los niños hiperactivos se diagnostican en la primera consulta. El diagnóstico es particularmente
difícil de establecer en los niños menores de 4 o 5 años de edad a causa de las variantes
características del comportamiento en esta edad que pueden comprender similitudes con los
síntomas de esta alteración.

Frecuentemente, los padres consultan poco después de que el niño entra a la escuela
por primera vez o durante los primeros años a causa de las observaciones alarmantes de los
educadores.

Las características esenciales de la alteración comprenden la falta de atención,


hiperactividad, impulsividad persistente que es más severa que la que se aprecia normalmente
en los niños de su misma edad, o alguna combinación de éstas.

La falta de atención puede manifestarse en la escuela o en casa. El niño parece no


escuchar lo que se le dice, ejecuta sus tareas escolares sin cuidado ni reflexión, el menor
estímulo lo distrae, cambia frecuentemente de actividad sin terminar ninguna, es incapaz de
mantener la atención en tareas escolares o en actividades que requieren atención constante.
No cumple las directivas que se le imponen ni en la escuela ni en casa, le cuesta trabajo
organizar sus actividades, pierde con frecuencia los objetos que necesita para efectuar su
trabajo y olvida muchas cosas en la vida cotidiana. El niño parece incapaz de escuchar a los
demás, de mantener una conversación o de respetar las reglas de los juegos.

La impulsividad se manifiesta con una impaciencia, como una dificultad para esperar
turno, y como una tendencia a interrumpir a los otros y a contestar las preguntas antes que
éstas terminen de hacerse. La impulsividad puede causar accidentes y el niño requiere una
vigilancia estricta dada su falta de previsión del peligro.

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La hiperactividad puede variar según la edad y el nivel de desarrollo de la persona, se
trata más de una actividad motora inapropiada, desordenada y sin finalidad, que de una
actividad motora excesiva. El niño es incapaz de permanecer sentado, se levanta durante las
comidas y cuando hace las tareas, se contorsiona, se balancea en su silla, corre por todas
partes, se mueve sin parar, toca todo y manipula los objetos sin finalidad organizada. Le cuesta
participar en las actividades de grupo y en las que hay que permanecer tranquilo. Habla mucho
y hace mucho ruido durante las actividades que requieren calma.

A estas manifestaciones se les agregan frecuentemente otros factores como la


intolerancia a la frustración con fragilidad emocional excesiva, actos coléricos, oposición
sistemática, brutalidad, insistencia excesiva en que se cumplan sus deseos, cambios de humor.
En muchos casos, este comportamiento causa dificultad para relacionarse con los niños de su
edad y exclusión de los grupos. El niño que se integra mal en su grupo es poco productivo, es
muy ansioso y se tiene poca estima.

Todos estos síntomas se manifiestan en dos o más lugares diferentes, por ejemplo, la
casa y la escuela.

Por ello es importante que ambas partes estén en continua relación y colaboren, para
así poder ayudar de una forma más eficaz al niño a superar cualquier tipo de problema que
puedan presentársele.

14. SELECCIÓN DE LIBROS INTERESANTES PARA PADRES CON HIJOS


HIPERACTIVOS.

• ¿Por qué mi hijo es diferente?

Por María J. López Juez, Ignacio Calderón Castroy Carlos Gardeta Oliveros . Ed
Pentathlon

• Hiperactividad:prevención, evaluación y tratamiento en la infancia.

Por I. Moreno García . Ed. Pirámide. Colección Psicología.

• ¿Cómo vivir con un niño hiperactivo?

Por María del Carmen Ávila de Encío. Colección educar hoy. Ed Narcea.

• El niño movido o despistado. Entender el trastorno por déficit de atención

Por Cristopher Green y Jacques Chailley. Ediciones Medici.

• Nuestro hijo es hiperactivo

Por Esther García Schmah. Salvat editores

• Niños hiperactivos. Cómo comprender y entender sus necesidades especiales.


Por Russell A. Barkley. Piados Ibérica. Guías para padres 40.

• El niño hiperactivo y con trastornos de atención. Un enfoque clínico y


terapéutico.
Por Maurice Berger . Síntesis, SA.

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15. BIBLIOGRAFÍA:

• Safer, Daniel J. Niños hiperactivos: diagnóstico y tratamiento. Santillana, 1979. Madrid


• Taylor, Eric A. El niño hiperactivo. Martínez Roca. 1990. Barcelona.
• Rodriguez, J, y Párraga; J, Técnicas de modificación de conducta. Aplicación a la
psicopatología infanto-juvenil y la educación especial .Secretariado de publicaciones de
la Universidad de Sevilla, 1991
• Miranda Casas, Ana y Santamaría Mari, Mercedes. Hiperactividad y dificultades de
aprendizaje. Análisis y técnicas de recuperación. Promolibro. 1986. Valencia
• Kozloff, B. El aprendizaje de la conducta en la infancia. Fontanella. 1980. Barcelona
• Fortes, Mª Carmen. Ferrer, Antonio M. Gil, Mª Dolores. Bases psicológicas de la
educación especial. Aspectos teóricos y prácticos.
• Fortes, Mº Carmen, Gil, Mª Dolores, Descals, Adela. Meléndez, Juan Carlos. Cuaderno
de prácticas y materiales de bases psicológicas de la educación especial. Curso 2000-
2001
• www.nimh.nih.gou/publicat/sapdhd.htm.
• www.solohijos.com
• www.mipsicologo.com
• www.maseducativa.com

Fuente:
• Carbonell Gandía, Lina
• Del Alamo Almiñana, Alicia
• Duart Cañete, Encarna
• Fernández Auñón, Ana Belén
• López Delgado, Amparo
• Márquez Navarro, Tamara
• Navarro Pitarch, Noemí
• Olmo Olmo, M.Carmen
• Panadero de Luna, Laura
• Rodríguez Morlanes, Sara

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