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MANUEL ALCÁNTARA SAEZ

y SANTIAGO MARIANI
(Coords.)

LA POLÍTICA ES DE CINE

CENTRO DE ESTUDIOS POLÍTICOS Y CONSTITUCIONALES

Madrid, 2018
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De esta edición, 2018

© Manuel Alcántara Saez y Santiago Mariani (coords.)

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Rayo, s/n, nave 36
Pol. Ind. San José de Valderas II
28918 Leganés (Madrid)

Impreso en España - Printed in Spain


INDICE

Presentación .............................................................................................. 9
El renovado interés por la relación entre cine y política:
un marco interpretativo, Manuel Trenzado, Manuel
Alcántara, Santiago Mariani .............................................................. 13

Primera parte
LA POLÍTICA EN LA MODERNIDAD

Orson Welles: El poder de las sombras, Manuel Alcántara Sáez ........ 27


Luis Buñuel o la crítica a la modernidad: Los olvidados, Fernando
Barrientos del Monte ......................................................................... 45
Una cuerda sobre el abismo. Modernismo y Posmodernismo
en Metrópolis (Frotz Lang) y Blade Runner (Riddely Scott),
Ramón Máiz . ....................................................................................... 71
Un Hamlet homérico: Shakespeare en Innisfree, o el Paraíso
nacionalista según John Ford, Enrique San Miguel Pérez ............. 117

Segunda parte
DERECHOS CIVILES, POLÍTICOS Y SOCIALES

Normalizando y des-normalizando temas LGBTI en América Latina


a través del cine, Javier Corrales ...................................................... 135
Hotel Ruanda, Javier Duque Daza . ......................................................... 151
Suffragette, la rebelión de las mujeres, Carmen Ilizarbe Pizarro ......... 171

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LA POLÍTICA ES DE CINE

Salvar la Unión y abolir la esclavitud: Abraham Lincoln


en su hora más gloriosa, Santiago Mariani . .................................... 181
Situarse en el Margen: La mirada de Ken Loach sobre la evolución
del «Welfare State» en Gran Bretaña y más allá, Joan Subirats ..... 199
De la urna al celuloide: elecciones y candidatos en el cine español,
Manuel Trenzado Romero ................................................................. 219

Tercera parte
REGÍMENES Y TRANSICIONES

Harry Potter y la filosofía de la ética de la virtud: Amistad y Política


en el Mundo de los Hechizos, Maxwell A. Cameron ...................... 243
Monarcas parlamentarios en el cine, Josep María Colomer ............... 257
Ilusión y realidad: la Transición y consolidación política
en España a través del cine, Irene Delgado .................................... 271
La vida de los rojos: cien años de comunismo vistos a través
del Cine, Carlos Flores Juberías ....................................................... 293
Relatos de una transición: del autoritarismo a la democracia
en el cine español, Leticia M. Ruiz Rodríguez . ................................ 315

Biografías de los autores . ........................................................................ 333


Filmografía ................................................................................................. 341

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SUFFRAGETTE, LA REBELIÓN DE LAS MUJERES

Carmen Ilizarbe Pizarro

Suffragette (Gavron, 2015) dirigida por Sarah Gavron y escrita por Gabi
Morgan es una ficción histórica basada en testimonios y documentos de la
época que narra la historia de un grupo de trabajadoras en una lavandería
industrial que se involucran en las luchas por el derecho al sufragio de las
mujeres en Londres en 1912. La película retoma sucesos históricos, un siglo
después, para relatarlos desde las vivencias de mujeres anónimas antes que
desde la perspectiva de lideresas e intelectuales.
La película nos propone un ejercicio de imaginación y memoria política
sobre los inicios de un proceso de cambio estructural y reinstitucionalización
social, económica y política aun en curso, que ya ha transformado sustan-
cialmente nuestras sociedades. El ejercicio de memoria política consiste en
regresar a los orígenes de este proceso para re-conocer las luchas de las
sufragistas durante la segunda revolución industrial, cuando las mujeres en-
traron masivamente a las fábricas y al mercado laboral y empezaron a obte-
ner remuneración por ello. El ejercicio de imaginación es el de acercarnos
a las vivencias de las mujeres como individuos que sufren y se rebelan fren-
te a distintas formas de opresión, en distintos espacios y formas de relación
social.
La protagonista es Maud Watts (Carey Mulligan), una lavandera de 24
años que se va involucrando de a poco en el movimiento sufragista, justo en
el momento en el que luego de infructuosos años de campañas pacíficas
por la igualdad y el derecho al voto el movimiento transita de la protesta a
organizar actos que hoy serían calificados de terrorismo, para visibilizar sus
demandas ante la opinión pública y el gobierno. Cincuenta años utilizando
los canales instituidos no habían dado resultado y las sufragistas habían
pasado a romper ventanas, poner bombas en edificios y hacer huelgas de

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LA POLÍTICA ES DE CINE

hambre en las cárceles a las que eran llevadas por miles. A través de la his-
toria de Maud y sus compañeras sufragistas, algunas de las cuales son pro-
fesionales o aristócratas, asistimos al proceso de radicalización del movi-
miento, a la represión y persecución por parte del estado, y a las tensiones
y retos que la lucha de estas mujeres implica a distintos niveles de sus vidas
y de la sociedad.
El estreno de la película en el año 2015 es pertinente en el contexto de
la re-emergencia de luchas feministas por la igualdad y la justicia, y resuena
bien con las movilizaciones multitudinarias que el movimiento #NiUnaMe-
nos organizó en Argentina en el 2015 y 2016; en Chile, Uruguay, México y
el Perú en el 2016; e incluso la Marcha de Mujeres a Washington (Women’s
March on Washington) a inicios del 2017 en los Estados Unidos. Cien años
después del movimiento sufragista el feminismo está de regreso en las ca-
lles, ya no para conquistar el derecho al voto y a través de él derechos fun-
damentales, sino para demandar a los estados y a los gobernantes que res-
peten y hagan respetar esos derechos adquiridos formalmente pero
pobremente garantizados, para reivindicar las identidades plurales de gé-
nero, y para denunciar las complejas formas en que la dominación de géne-
ro se reinstituye mientras se intersecta con la clase y la etnicidad.
Utilizo con frecuencia material audiovisual en clase para provocar discu-
siones a partir del análisis de material documental, televisivo, radial o fílmico
y encontré en Suffragette una movilizadora fuente de conversación. La pelí-
cula aborda muchos temas importantes para la ciencia política entre los que
podemos citar los movimientos sociales y específicamente el movimiento
feminista, la construcción de la ciudadanía y la conquista social de derechos
políticos, la comprensión de la democracia y la reconfiguración de los tér-
minos del pacto social, los imaginarios sociales y la forma en que estos se
transforman, la desobediencia civil y la violencia, y por supuesto la teoría de
género aplicada a la comprensión de fenómenos sociales y políticos.
En este artículo quiero concentrarme en tres temas: las luchas por la
ciudadanía, las identidades de género, y los distintos campos de institucio-
nalización del orden social.

Las luchas por la ciudadanía

Suffragette nos transporta al Londres de inicios del siglo XX, en un con-


texto de profundas transformaciones económicas y sociales originadas en
el desarrollo de la tecnología, la profundización de la industrialización y el

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SUFFRAGETTE, LA REBELIÓN DE LAS MUJERES

inicio de la expansión del capitalismo a escala global. Las mujeres habían


entrado masivamente a las fábricas como mano de obra barata, en condi-
ciones de explotación y con una sobrecarga laboral expresada en lo que
hoy conocemos como doble jornada: el trabajo remunerado fuera del ho-
gar se añadía al trabajo doméstico no remunerado, ni reconocido siquiera
como tal.
La película documenta bien las condiciones de explotación en la lavan-
dería, resumidas crudamente en el testimonio que Maud ofrece ante el Par-
lamento Británico durante las deliberaciones que evalúan la posibilidad de
conceder finalmente el derecho al voto a las mujeres. Frente a una comisión
especial en una sala compuesta casi exclusivamente por varones —sus com-
pañeras Violet Miller (Anne-Marie Duff) y Alice Haughton (Romola Garai) la
observan en silencio desde el fondo- Maud cuenta que nació en la lavande-
ría en la que su madre trabajaba ya a los catorce años. No conoció a su padre
y quedó huérfana a los cuatro años cuando su madre murió a consecuencia
de un accidente en la fábrica, un hecho recurrente debido a las condiciones
de riesgo en que habitualmente desarrollaban las mujeres sus labores. Em-
pezó a trabajar medio tiempo en la lavandería a los siete años y tiempo
completo desde los doce. Su salario era de trece chelines semanales mien-
tras que el de un varón era de diecinueve, a pesar de que ella trabajaba un
tercio más de horas. Su testimonio no aludió explícitamente a la violencia

Foto 1: Suffragette.

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LA POLÍTICA ES DE CINE

sexual cotidiana en el espacio de trabajo, pero la película la documenta


bien: las mujeres no eran solo explotadas económicamente sino también
sexualmente desde la niñez. La lavandería es, en ese sentido, un pequeño
universo en el que se refleja la dominación total que se ejerce sobre las
mujeres trabajadoras, quienes sufren los efectos de la violencia estructural
naturalizada en sus vidas y en sus cuerpos, generación tras generación.
Las sufragistas reclamaban el derecho al voto de las mujeres para hacer-
se cargo directamente de estas situaciones, para poder participar de las
decisiones y no ser solamente parte afectada por las decisiones de otros.
Era un reclamo fundamental de ciudadanía, desde fuera de la comunidad
política, una demanda de inclusión como sujetos de derecho, por el dere-
cho a tener derechos. Hannah Arendt —quien por cierto nunca se identificó
con el feminismo— conceptualizó en estos términos la ciudadanía y formuló
una aguda crítica a la supuesta universalidad de los derechos humanos,
considerados inalienables e independientes de la voluntad de los gobier-
nos. Para Arendt, los derechos humanos solo podían ejercerse a través de la
pertenencia formal a una comunidad política y el reconocimiento legal del
estado, por lo que la expulsión del estado en la práctica implicaba la pérdi-
da de todo tipo de derechos (Arendt 1985: 291–297). Aunque la formulación
original se refería a exiliados, refugiados y deportados, es útil para pensar
en la situación y en las demandas de personas a las que se les niega o des-
poja de sus derechos fundamentales, dentro del estado. En Suffragette las
mujeres se sitúan en los extramuros de la comunidad política y dentro del
estado, sin reconocimiento pero con conciencia de igualdad, sin voto pero
empezando a construir una voz colectiva.
Las sufragistas exigen ser reconocidas como iguales y este es un reclamo
esencialmente democrático. Su idea de democracia es simple y potente:
autonomía, auto-gobierno. «No queremos romper la ley, queremos hacer la
ley» dice Emmeline Pankhurst, interpretada por Meryl Streep, en un mitin
secreto al que acuden Maud y sus amigas. Pero la demanda de reconoci-
miento como iguales, como sujetos de derecho que pueden decidir sobre
asuntos que les afectan directamente, no es correspondida. En el mismo
mitin afirma Pankhurst: «Por 50 años hemos trabajado pacíficamente para
obtener el derecho al voto. Hemos sido ridiculizadas, golpeadas e ignora-
das. Nos damos cuenta de que el sacrificio y la acción son imprescindibles
[…] Nos han dejado sin más alternativa que pelear contra el gobierno». Ese
llamado, y la brutal represión posterior son el punto de quiebre en la pelí-
cula, tanto para la protagonista como para el movimiento que a partir de
entonces deja el terreno de la desobediencia civil para pasar al de la insu-

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SUFFRAGETTE, LA REBELIÓN DE LAS MUJERES

Foto 2: Suffragette.

rrección: «incito a todas las mujeres de este mitin a la rebelión; prefiero ser
una rebelde que una esclava» concluye Pankhurst.
La película nos coloca en este punto frente a la paradoja de que un re-
clamo democrático recurre a la violencia para poder afirmarse. Y es que
muchas veces procedimientos dialógicos que se pretenden abiertos y de-
mocráticos encubren estructuras de desigualdad y subordinación que legi-
timan ciertas voces e invalidan otras (Rancière, 1999; Butler, 2015) . Así, el
conflicto emerge alrededor de las propias reglas de inclusión en la comuni-
dad política, las que determinan quién puede hablar y quién no, quién pue-
de decidir y quién no. La demanda de fondo de las sufragistas es ser consi-
deradas interlocutoras válidas pero al ser silenciadas sus voces e ignorados
sus reclamos el único camino que queda es la acción violenta y desestabili-
zadora de lo instituido. La otra cara de la moneda de esta paradoja es la
violencia con la que el estado reprime esta lucha por derechos: no solo ig-
nora y legitima la explotación de las mujeres, también las golpea cada vez
que se expresan en público, las encarcela y las tortura. Las luchas por la
ciudadanía y la profundización de la democracia no discurren siempre por
canales institucionales y pacíficos.

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LA POLÍTICA ES DE CINE

Las cambiantes y resistentes identidades de género


Los procesos de cambio estructural que la película relata están relacio-
nados con cambios en las identidades de género. La entrada de las mujeres
al terreno del trabajo remunerado no solo generó cambios en el campo de
la economía, el espacio público y las instituciones políticas; también alteró
las relaciones de pareja y familiares, y la propia auto-comprensión de los
sujetos.
Las identidades femeninas y masculinas retratadas en la película están
inmersas en un proceso de redefinición que se expresa en los dilemas y
decisiones con los que los personajes, varones y mujeres, deben lidiar. En
el caso de las mujeres es muy evidente: la protagonista sufre una transfor-
mación radical pues pasa de ser una persona con mínimo interés en la po-
lítica a ser una militante absolutamente comprometida con su causa, y pasa
de ser una esposa sumisa a ser una mujer rebelde, aunque con un costo
altísimo pues en el tránsito lo pierde todo: el esposo, el trabajo, pero sobre
todo el hijo.
Abandonar el rol tradicionalmente asignado de madre y esposa que
debe obediencia absoluta a su marido tiene consecuencias durísimas para
Maud y muchas de sus compañeras que deben enfrentar el despojo y la
expulsión social sin ningún recurso atenuante en el que apoyarse. Suffrage-
tte narra también el caso de Emily Wilding Davison (Natalie Press), un per-
sonaje real, que se inmoló para darle visibilidad a la causa sufragista y cuya
muerte movilizó a miles de mujeres a favor del derecho al voto. La película
retrata así los procesos de politización de las mujeres, su entrada por la
fuerza en el espacio público y los costos y sacrificios que esto implicó en sus
vidas personales. Como contraparte, vemos también como emerge un es-
pacio de solidaridad y de construcción de una nueva identidad que se van
afirmando por fuera de los espacios instituidos. Las amistades, solidaridades
e identificación entre las mujeres politizadas, la sororidad, es la materia con
la que se van construyendo nuevas voces y demandas, así como una con-
ciencia e identidad política.
De otro lado, Suffragette no solo relata cambios en las identidades de
las mujeres, también sugiere que se iban generando transformaciones entre
los varones. Por ejemplo, el esposo de la Dra. Edith Ellyn (Helena Bonham
Carter), apoyaba la lucha de su esposa y el movimiento sufragista como
cómplice en muchas de las acciones del grupo; asimismo el esposo de Ali-
ce Haughton, representante en el congreso, apoyaba al movimiento y bus-
caba promover la aprobación del derecho al voto en el parlamento, a través

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SUFFRAGETTE, LA REBELIÓN DE LAS MUJERES

de los canales formales. No se trata de la mayoría de varones pero la pelícu-


la sugiere que se iban produciendo cambios importantes también en las
identidades de género masculinas.
Sin embargo Sonny (Ben Whishaw), el esposo de Maud, no es uno de
estos personajes cuyas identidades están en transición; él nos acerca más
bien al mandato de la masculinidad, es decir al conjunto de prácticas y ac-
titudes que recaen sobre los varones como responsables del control de los
comportamientos de las mujeres (Segato, 2003). Sonny trabaja también en
la lavandería y parece ser un buen esposo y padre dentro de lo que está
establecido. Pero cuando Maud empieza a interesarse en el sufragismo y
con ello a desviarse del comportamiento esperado de las mujeres, las mira-
das y los reclamos de «poner orden» lo alcanzan también a él. Social y legal-
mente él es responsable por ella, que no tiene autonomía e independencia
del esposo para tomar decisiones por sí misma. La tensión que va creciendo
progresivamente entre Maud y Sonny se ve acentuada por las miradas y
reclamos indirectos que se le formulan a él por el comportamiento de ella.
«Toda la calle rumora», dice Sonny luego de la primera detención de Maud.
«No me avergonzarás de nuevo» insiste, dejando en claro que su imagen
pública de varón está amenazada por las acciones de su esposa, «su» mujer.
Las miradas y los rumores son los mecanismos socialmente instituidos para
asegurar las conductas de mujeres y varones, ambos constreñidos por pa-
trones de comportamiento estricto que excluye a las mujeres de los espa-
cios y acciones públicas y a los varones de los espacios y responsabilidades
domésticas.
Una de las escenas más duras y reveladoras es cuando Sonny entrega
en adopción a George, el hijo de ambos, contra la voluntad de Maud. Él ama
a su hijo pero se reconoce incapaz de cuidar adecuadamente de él, y no
puede retroceder en su decisión de expulsar a Maud del hogar sin vulnerar
aún más su imagen de varón en la sociedad. Asume entonces como priori-
dad cumplir con el mandato de la masculinidad a costa de los sentimientos
del niño, de los de la madre y los suyos propios utilizando el privilegio que
la ley le da: la patria potestad exclusiva sobre el niño. «La ley dice que es
mío, yo decido donde debe estar. Esa es la ley» es la justificación que la
protagonista recibe cuando descubre que su hijo será dado en adopción.
Su voluntad, su vínculo con el niño, su amor, no importan nada; vive bajo un
régimen tutelado en el que otros deciden por ella.
Es un acierto de Suffragette mostrar estas distintas formas de construc-
ción de lo masculino y femenino y los conflictos y tensiones de los individuos
en el contexto de las luchas sufragistas pues apunta a señalar que las iden-

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LA POLÍTICA ES DE CINE

tidades no son estáticas ni homogéneas, que se van transformando y recon-


figurando y que hace solo cien años, las formas de entender lo que las mu-
jeres y los varones podían hacer era muy distinta. Un siglo es un tiempo
largo desde la perspectiva del individuo, pero es poco tiempo desde la
perspectiva de lo que supone la transformación de las estructuras económi-
cas, culturales y políticas que organizan la sociedad.

La institucionalización del orden social

Muchas cosas cambiaron en un siglo aunque a ritmo desigual, y la pelí-


cula lo sugiere al final con un listado de años en los que las mujeres fueron
obteniendo el derecho al voto en el mundo. Este cambio abrió la puerta a
transformaciones profundas en las sociedades occidentales que implicaron
tanto las estructuras de la organización social, económica y política como
los propios imaginarios sociales e identidades de género. Los derechos, los
roles y la forma en que pensamos hoy lo que significa ser mujer y ser varón
es fundamentalmente distinta a la forma en que se pensaban estas diferen-
cias hace un siglo, y Suffragette nos hace experimentar esa diferencia y re-
conocer la transformación.
La película nos introduce en ámbitos diferentes de la vida social que
permiten entender los distintos niveles y espacios en los que operan las
relaciones de género. A nivel de la familia en la que se establecen relaciones
de pareja y familiares y se instituye una forma específica de división del
trabajo y de control del dinero y las propiedades. A nivel del espacio laboral,
en la fábrica, donde se instituye la dominación total de las mujeres que pa-
recen tener valor simplemente como cuerpos que son mano de obra barata
o para satisfacer el placer de los varones con poder; en ambos casos cuer-
pos descartables, explotados hasta la muerte. Un tercer nivel es el del esta-
do y la comunidad política, espacios cerrados a las mujeres excluidas de las
decisiones, las instituciones y el poder. Un cuarto nivel es el de la opinión
pública, el de la sociedad más ampliamente entendida a la que se llega a
través de noticias en los diarios y demandas públicas en las calles.
Las sufragistas libran sus batallas en todos estos espacios de la vida so-
cial: en sus hogares y con sus parejas e hijos; en las fábricas con sus jefes,
supervisores y compañeras y compañeros de trabajo; en relación a autori-
dades políticas y en los espacios institucionales que se les brindan. Y por
supuesto en las calles, a las que llegan como un sujeto colectivo que ha
formado una voz y articulado demandas en procesos de deliberación sub-

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SUFFRAGETTE, LA REBELIÓN DE LAS MUJERES

terránea y escondida, en los que también han ido formando identidades y


hermandades para tratar de hacerse escuchar por la sociedad y no solo por
las autoridades. Saben o intuyen que el cambio tiene que atravesar no solo
sus vidas sino también todos los espacios sociales.
Estos distintos niveles en los que se produce la acción política en la pe-
lícula nos permiten entender la complejidad de las instituciones sociales,
políticas y económicas en las que se apoya el orden social, y los inmensos
retos que implican los procesos que buscan transformarlo. No es fácil cam-
biar las leyes, pero es más complicado aún cambiar las relaciones sociales,
los comportamientos y las emociones, y todo esto resulta fundamental para
la transformación de la sociedad. Como señalara Joan Scott (1986) el géne-
ro es un elemento constitutivo del orden social que organiza las relaciones
sociales como relaciones jerárquicas y de poder, en base a atribuciones
esencialistas de lo que significa la diferencia sexual. El género es así una
dimensión fundante del orden social que se expresa tanto a nivel institucio-
nal y normativo, como a nivel simbólico y subjetivo. Todas estas dimensiones
se representan bien en la película y las transformaciones en curso a estos
distintos niveles sugieren que estamos ante el inicio de un proceso de trans-
formación radical, es decir de raíz, a inicios del siglo XX.
Al empezar la película vemos imágenes y sonidos de máquinas que nos
transportan al tiempo de la segunda revolución industrial. Voces de varones
enuncian algunos de los sentidos comunes de aquella época.

Las mujeres no tienen calma en su temperamento o el balance de


mente para tener juicio en materia política.
Si permitimos a las mujeres votar significaría la pérdida de la estruc-
tura social. Las mujeres son bien representadas por sus padres, hermanos
y esposos.
Si el voto se les concediera sería imposible parar allí. Las mujeres
demandarían el derechos de ser parlamentarias, ministros de cámara,
jueces.

Cien años atrás la exclusión de las mujeres de la comunidad política se


justificaba con argumentos que naturalizaban la desigualdad. A la vez, se
expresaba el temor de que su inclusión como agentes y sujetos de derecho
conllevaría cambios en distintas dimensiones de la sociedad que termina-
rían por transformarla. En efecto, la estructura social de la época y sus ci-
mientos estaban en riesgo y el derecho al voto sería solamente el inicio de
un proceso de ampliación de derechos y transformación de instituciones y

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LA POLÍTICA ES DE CINE

relaciones sociales que alteraría radicalmente el orden social. Esa transfor-


mación ha sido revolucionaria en el sentido de que ha alterado estructuras
y sentidos sociales en un tiempo relativamente corto y de una manera tan
radical que muchas personas ignoran hoy que hace solo cien años las posi-
bilidades y derechos de las mujeres eran casi inexistentes. Suffragette nos
devuelve con emoción y fuerza al momento inicial de esta revolución: a la
rebelión de las mujeres.

Bibliografía

Arendt, H. (2015) The Origins of Totalitarianism. New York: Harcourt Inc.


Butler, J. (2015) Notes toward a performative theory of assembly. Harvard
University Press.
Gavron, S. (2015) «The Making of the Feature Film Suffragette», Women’s
History Review, 24:6, 985-995, DOI: 10.1080/09612025.2015.1074007.
Rancière, J. (1999) Disagreement: politics and philosophy. Minneapolis: Uni-
versity of Minnesota Press.
Scott, J. (1986) «Gender: A Useful Category of Historical Analysis,» American
Historical Review 91, No. 5 (December), pp. 1053—75.
Segato, R. L. (2003) Las estructuras elementales de la violencia. Ensayos so-
bre género entre la antropología, el psicoanálisis y los derechos huma-
nos. Universidad Nacional de Quilmes.

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