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Voces

por: Luix Flow

Muchas voces repercutían como si vivieran metidas dentro de la caja de Pandora del cerebro de
Thyra, hacían eco por leguas entre lo que aun sobrevivía de las neuronas que le quedaban después
de una dosis de choques eléctricos en aldeas de rehabilitación de antaño, escuchaba las voces entre
cada hermoso día que pasaba, porque luego, se asociaban estas en las noches a susurrar en el
inconsciente de Thyra sueñitos entre sabanas abstractas y surrealistas desconocidas.

Muchas veces las voces le contaban a ella historias en forma de comics tan irreales sobre asuntos y
cuentos que de verdad no estaban entre ningún plano y en ninguna existencia. Thyra vivía por
consiguiente en forma instintiva el experimento de ser parte de una creación “imperfecta” de los
dioses. La parte positiva de esto, es que le enseñaba a Thyra, o al menos le manifestaba aquellas
agudezas indeseadas a las que había estado amarrada con tanto añico durante los últimos años, a ver
si se deshacía de una vez por todas del alacrán karmatico al que estaba atada en vida.

Por ejemplo, se encontró en una noche antes de irse a dormir, que tenía un problemita con sus
vecinos y familiares donde vivía: observo el reflejo en el espejo artesanal, de su ojo izquierdo
temblando nerviosamente dentro de la óptica de una célula cerebral, causado por el hecho de estar
cerca del aura de algún humano. Descubrió esa noche que esa, como fobia, le estaba causando un
malestar no solamente en su sistema nervioso, sino que se contradecía con lo que estaba tratando de
aprender: Aprender a Amar usando el Corazón, eliminando las voces del plexo solar.
Que difícil y que complicado es cultivarse a amar, pensaba Thyra, escuchaba esas voces que le
contaban sobre lo difícil de su amar, y de lo apretujado en como contraía ella su alma entre el
espíritu como remangada en dolores que no poseían una causa que fuera fácil de curar, cuando en
realidad lo único que tenía que hacer era dejar que todo se fuera desarrollando en su curso natural, y
ella, se supone que no debería intervenir en ningún momento para alterar el vaivén de unos hechos
que se ya se daban, y… cuando se diera el caso de enfrentar una de sus realidades de perdón, pues
que simplemente perdonara, es tan complicado el perdonar?, para Thyra en esa noche aun lo era.

Vivía Thyra en casa de María D. la mexicana que conoció a Fidel en Cuba, le alquilaba un cuartico
amplio, con buena luz y con una ventana tan ancha como la pared del ático donde dormía. Junto a
esa ventana, había colocado un colchón, para poder ver desde su aletargada locha, las montañas del
monte Hood que la observaban desde la distancia. Pensaba ella que de esa forma, podría compartir
también con la lluvia instantes más cercanos juntos. Así era Thyra, le gustaba tener un parche que
estuviera de alguna forma conectado a la naturaleza y a la luz.

La lluvia, la acompañaba cuando escribía poemas, era una poetiza de aquellas que solo conocen sus
amigos que no dicen nada, era la poeta de la lluvia abstracta.

“Porque es que repelo tu cercanía

A que hueles en tus ideas y en tus voces

A que hueles humano, que mi aura te refuta…”

Una tarde mientras caminaba, se encontró Thyra con un anciano de barba abandonada, había llovido
toda la noche anterior, y por el estado de la gabardina que llevaba el anciano, parecía que hubiera
caminado toda la noche bajo la lluvia. Ella traía puesto el abrigo nuevo que le dejo su padre el
industrial antes de marcharse, le pidió al anciano de la calle que si quería hacer truque por el de ella:

 Dime anciano de buena estampa, quien es el dueño de las muertes inocentes


 El viento no es testigo de mis palabras, dijo
 Cómo?
 La muerte es un arte, es teatral diría Sylvia, diría Andrés, diría Teresa
 … y de mis amigos que murieron entre un camino de drogas y fantasías…
 Tus amigos mi querida Thyra, dijo, fueron los amigos de la oscuridad lejos de la Unidad,
no existen en realidad en los planos de este acá, o este ahora flexible…
 Le quise interrumpir cantándole algo a gritos, pero me calle y solo dije: no creo que la
muerte sea arte teatral…
 Lo es para los suicidas, además, no existe tal cosa como las “muertes inocentes”, todo
suicida es consciente del teatro artístico que desarrolla mientras planea su propia
despedida, por eso la consideran un arte, una obra de teatro con muchas escenas.
Después de la caminata que acostumbraba hacer antes de ir a trabajar, llego Thyra a la tienda de la
esquina de su casa, se detuvo un instante antes de entrar, miro al firmamento como buscando apoyo,
y con ese caminado de bacana que tenia entro el Co-op, donde laboraba algunas horas a la semana.
Era una especie de trabajo cooperativo que cumplía para obtener descuentos de la tienda de
productos orgánicos. Le gustaba a Thyra los panes gruesos y pesados de tanto grano y semilla con
que fueron amasados, el yeast, las nueces y otras cosas que le serian muy costosas sino les
colaboraba voluntariamente algunas horas. Localizada sobre Alberta St. con la calle 14, en Portland,
Oregón, la casa del sol naciente de la bella montaña Hood que brillaba a cada mañana con la
invernal salida del sol. Estaba Thyra empeñada en adquirir el mejor precio que le pudiera sacar a
sus alimentos en el Co-op en Alberta St., ya que su primario salario semanal, no le era suficiente
para cubrir el monto del alquiler, la comida costosa que consumía, la gasolina que se tragaba el
viejo Toyota, las salidas extras que hacía a los clubes y bares de Portland, además de salir a escalar
el monte Hood. Trabajaba Thyra como escritora freelance para una revista de cultura urbana que
imprimía ediciones semanales seudo intelectuales activistas, además de vender sus pinturitas en la
feria del arte en Alberta St…

“No estoy lista para nada

no doy pasos importantes cuando salgo

solo camino siguiendo rutas repetitivas

que no van a ningún lugar fantástico.

Estoy como enjaulada

en un plano repetitivo que aburre si pienso en él

nadie me mira bien, puesto que no miro bien a nadie

todos me producen desconfianza

todos ellos llevan la marca en la frente

sus voces me molestan, sus canciones no entiendo

sus sonrisas no traen nada, no son niños, son viejos sucios y encorvados

no me interesa sus estrofas de sobre-vivencias

creo que son las cuotas que pagan en las facturas que le cobra la muerte.

No camino en sus lugares, soy lenta e impaciente a la estupidez

cumplo ciclos obligados en mi naturaleza inerte.


Desde afuera en el espacio con otras dimensiones,

me miran los hermanos mayores y están tristes

se preguntan… me pregunto: si llegare al final del camino?

Pasa la Vía Láctea a cada segundo lentamente y muy paciente

como ofreciéndome ejemplos de atención a mi crecimiento lunar.

Soy árbol y soy flor, aquí estoy

pero de verdad: no se qué hago en este planeta

o, si se, pero no sé porque debo hacerlo,

cuando deberían existir escenas de vidas más agradables

alrededor de mis pasos cuando hago caminos…

Camino las calles de las ciudades cosmopolitas

con una mueca en mis labios,

porque no encuentro agradable el olor a muerto que llevan.

Además cada pocas cuadras, me encuentro a alguien

que está dormido, tirado sobre el andén

con unos periódicos que le cubren del frio de la gente.

No entiendo eso, no entiendo los olores de los humanos

no entiendo nada, y no me sirve de escusa

para dejar esta vida en forma suicida

por eso me toca cargarla en una mochila transparente

como si fuera lo mejor que pudiera hacer con mi existencia,

aunque, sigo siendo árbol, y flor también.”

Estaba Thyra en su oficio, trasladando los alimentos recién llegados a los aparadores donde debían
de ir, sonreía con sus colegas de trabajo, hacían bromas simples, y ayudaban a los clientes vecinales
del sector. En eso, una chica muy agraviada en su cuerpo, con movimientos burdos y rápidos, no se
sabe si por su altura o por su profesión, buscaba algo en el corredor donde Thyra escarbaba en la
parte baja de la estantería buscando artículos de fechas anteriores para colocarlos al frente de los
recién llegados…
 Perdone señora, me dijo mientras me envolvía en pensamientos baldíos
 Si señorita, como le puedo ayudar?, le comencé a decir mientras me daba cuenta de su
estado lamentable y trasnochado como si el novio la hubiera recién tirado a la calle
después de haberla golpeado
 Me puede indicar dónde encontrar los yogures?
 Claro, sígame por favor…

Se desplazaron hacia la nevera vieja y desproporcionalmente ancha del Co-op, una vez allí, abrió
Thyra, la puerta de vidrio y le indico los tres o cuatro ítems que tenían.

 No tienen los yogures que son re-llenos de chocolate?, me dijo la flaca


 No los conozco, sinceramente –se resquebrajo la flaca un segundo en sus ojos, y agacho su
rostro, lo que dio espacio a que me atreviera a preguntarle:
 Vives por acá cerca?, estas bien?, la estupidez mía de no saber usar las palabras
apropiadamente, porque salían desde mi cabeza como en convulsión
 Sí, sí, estoy bien gracias… volvió a agachar su cabeza, después de mirarme con esos ojos
de soledad… no, no vivo en ningún lugar, tengo que buscar un albergue de amparo para
esta noche
 Cómo te llamas, le dije tímidamente, como para no ir a alterar nuestra conversación
 Jean y vos?
 Thyra, ya casi termino mi horario de trabajo, necesitas que te ayude a encontrar la casa?
 Bueno… sonrió tristemente por un corto segundo, luego me dijo: dame cualquier yogurt de
esos, el menos sano.

Recorrieron el corto trayecto desde el Co-op hasta la casa de María, entraron, le preparó Thyra un
platillo de pan, queso y manzana que se lo comió rápidamente la flaca de pie mientras charlaban en
la cocina decorada con implementos mexicanos, igual que toda la casa, como salidos de una
película de Diego Rivera dirigida por García Lorca, con olor a museo Azteca...

Mientras algunas voces internas del pensamiento acompañaban a Thyra, mientras esta charlaba con
su nueva amiga…

 Quien sos?
 Soy la muerte disfrazada de mujer

Al tiempo que las voces se descarrilaban una entre otra, advirtió Thyra que Jean era una de aquellas
que vendían su piel entre la contaminación de ciudad mientras buscaba su destino...

 Porque entregas tu alma al mejor postor…


 Soy la desgraciada que huyó del hogar materno porque mi padrastro me violaba

Cuando estuvo sola, se sentó Thyra a escribir en su portátil durante la temprana noche los aromas
que le había dejado Jean después de haberla ido a dejar a unas veinte cuadras de donde vivía: adiós,
le dijo, suerte… ella, solo le pudo consignar otro poco de su triste sonreír callejero.
Thyra no sabía cómo hablarle más cercanamente a alguien que suelta el alma hacia el lado oscuro
de la muerte silenciosa que femeninamente se desplaza en tacones y falda roja y estrecha, y que
siente que la paga está bien para el trato que le dan por dicha sobre-vivencia.

“Caminaba placida sin montones de estupideces.

Tuvo que dejar su hogar, pero parece su mente estar aun mejor

que cuando vivía en casa…

Abusada por el peso de una civilización enfermiza

Comprada a cada instante con la secreción de multinacionales

Caminaba placida con su vestido rojo y sus tacones de charol sucios de lluvia

Camina, camina Jean flor del desierto de nuestros corazones

Camina, camina que ya sos la rama más alta del árbol de las soledades.

Ahora, tus sonrisas son eternas

porque las escribo en el libro donde los ignorantes leen.

Camina, camina Jean vendedora de silencios a flor de piel

sos la más hermosa pensadora con sabor a yogur

no busques la muerte, no buscas la vida

solo enfrentas ese presente de ahoras entre sabanas límpidas

no dejes que te pongan triste, porque vales más que las otras

que falsas van por las autopistas, pensando que son el centro del universo.

No bajes tu perfil, levanta el rostro, sos amapola que escribe

entre las teclas de mi portátil mientras estoy ausente

Camina, camina mujer que sos valiosa flor de la creación

Jesús te tuvo como novia

Jesús te amo como esposa

Eres la reina de los sabios

Eres la única sobreviviente al caos de mi existencia femenil

Además… yo también nací del lado oscuro de la Luna”


Eran las 4 de la mañana y Thyra seguía escribiendo las inspiraciones que le había dejado Jean en su
interior curioso de poetiza, mientras su perro, un french poodle disfrazado del perro de Tin-Tin, con
las mismas manitas, de nombre Gamín, dormía otra siesta, porque a diferencia del perro de Tin-Tin,
a este no le gustaba para nada la acción, claro que a veces disfrutaba el gasolinear cuando lo
montaban en auto. Otra de las grandes pasiones de Gamín, era el de gaminiar las calles, si se le
soltaba, salía corriendo a oler todo y no cagaba entre la hierba del parque, sino sobre la calle por
donde pasaban los autos; de ahí su nombre, lo encontró Thyra, en una zona industrial cuadrada y
fea, de esas donde las fabricas echan humos contaminantes para la vida y sus letreros facturan
obreros cargados de frustraciones internas pero con la sonrisa comprada con cerveza y partido de
futbol.

Descansaba Gamín al pie del mueble viejo o antiguo en el que se sentaba Thyra a pretender escribir
algo sobre la vida de Jean, pero al fin de cuentas, no pudo escribir nada productivo, por culpa de las
contradicciones que le pasaban entre su mente (las voces): como entre escribir como una clásica
escritora de las que sueltan letras dentro de las escuelas ya programadas que las editoriales desean
ver, en grafías repetitivas, pero muy inteligentemente desparramadas en formas variables, pero que
a la final, seguían siendo las mismas estrofas y narrativas de escritores modernos que se repetían
una y otra vez linealmente siguiendo las mismas pautas que les obligan activar. O, de la forma
intuitiva como el corazón y las voces internas le soltaran aquellos ecos dispuestos a volversen
libritos.

En resumidas literarias alternativas, podríamos decir que el estilo que a Thyra le gustaba usar al
escribir, se desplegaba entre el fragor en forma de letras que se sucedía junto a la alquimia de voces
que escuchaba, aunque en la edición tardara años en acomodarlas. Nunca sabia Thyra de la
procedencia exacta de las voces, sentía que a veces provenían de otros escritores muertos que le
enviaban frases, hasta estrofas completas. Otras veces provenían las voces de seres que habitaban
otros planos astrales, no se sabe si estaban de paso o esperando a ser reencarnados una y otra vez
más en la Tierra el planeta destino de los ángeles que buscaban tocar los lejanos realmos de la
Unión entre la Luz y la oscuridad donde se encontraban los campos la de dualidad lista para jugar el
partido de la separación como humanos… O si simplemente eran entidades de aquellas que se
mantienen observando desde un balcón del astral, hacia la Tierra desempeñando alguna misión
concluyente en la evolución de la consciencia literaria. Una vez pensó Thyra que las voces estaban
dentro de otros de sus yo’s paralelos en espacios cercanos al de su plano terráqueo, donde jugaba
ella a ser escritora, o tal vez desde un futuro cercano a ella misma… no se sabe, ni ella lo sabe.

Un mes después de haber conocido a Jean, aun no escribía nada concreto sobre ella, simplemente,
solamente, e indiscutiblemente, se limito, o solo pudo, escribir un pequeño poemita sobre la flaca de
los sentimientos que le dejo en el corazón al despedirse, y escrito en una lengua menos romántica
como el ingles. Pero era todo lo que podía hacer para su nivel de escritora inmatura en el que
estaba. Por ello seguía aun laborando en la tienda esa de la esquina donde venden cosas solo para
gente huraña que buscan cosas alternativas que comer sin agentes “dañinos” para el cuerpo.
Un último fin de semana del mes de Mayo muy de mañana, pedaleaba Thyra en su bicicleta por
entre Alberta St. mirando a las fascinantes cositas que la gente colocaba sobre los andenes de las
cuadras: pinturitas, esténcils de protesta, antigüedades, artesanías, músicos alternativos
desentonados sentados sobre un cajón con una guitarra maltratada, cachivaches y cosas extrañas.
Era como una Art Fair o algo similar que aprovechaba Thyra, después de saludar a sus amigos y
formando parte de la escena de caminantes multi-coloridos, para sacar sus pinturas que había hecho
durante el mes, para venderlas por cualquier extra dólar que le diera el mejor postor.

Para las voces internas de Thyra, sus pinturas no eran lo mejor del mundo: eran simplemente
garabatos infantiles hechos a una velocidad inconsciente que reflejaban un trauma surrealista o
abstracto con una profundidad psicológicamente maltratada entre la imperfección y estrelladas
contra un muro de concreto a más de 200 km/hr desparramando un colorido sicodélicamente astral.

Estando sentada sobre el andén mientras recibía un billete de 20 por uno de sus cuadros de un tipo
del vecindario con cara de coreano, voltea Thyra a mirar hacia el lado opuesto y distingue que dos
piernas largas le obstaculizaban la vista, levanta sus ojazos y para su sorpresa, es la misma Jean de
la calle que había conocido hace rato en forma peculiar… esta vez cargaba una sonrisa que
acompañaba a las aves arriba en el azul profundo del cielo sobre Portland.

 Hola guapa, me dijo Jean


 Wow, como estas de cambiada chica… mírate no más
 Gracias Thyra, quisiera agradecerte enormemente por aquel día que me ayudastes
 Oh, no es nada, gajes de la vida… ya sabes
 Oye, que haces ahí sentada sobre el andén, sos pintora?
 Si, y las vendo, es uno de mis otros talentos, jejeje
 Umm, me gustan mucho… mira –señalando una de ellas, esa me gusta
 Oh, es el árbol del amor. Es una larga historia…
 Tengo toda la vida… miró a mis ojos y continuó, dime… quieres ir a por un café?
 Oh, claro… espera… recogí mis oleos y… vamos! me dijo, soltó una carcajada
acompañada de un gritico de júbilo, y de un salto nos metimos en una cafetería cercana.

Nada en este mundo era más acogedor y mágico para Thyra, que el saborcito que se sentía
en el preámbulo del comienzo de una amistad con lo desconocido, especialmente cuando
aquello desconocido tenía el cabello largo, rebelde, llevaba botas de construcción, y dejaba
escuchar suavemente una voz segura y amable. Este caso en particular de preámbulo
meneaba al viento una cabellera rubia rojiza sin peinar, ojos del color del cielo de otoño y la
sonrisa con olor a amistad acompañándolos. Las voces desde dentro de Thyra se agitaban
fuertemente mientras tanto, se quedo en silencio contemplando los ojos de la flaca hasta
que ésta se disolvía entre la visión del rio de voces que le llegaban dentro de su pensadera:
 Qué esperas, es otra mujer de la calle, te robara tus cosas si la llevas a tu pieza…
 No, no tenés que hacer eso, deja que hable más para ver qué es lo que quiere…
 No, no sabe nada, es otra puta que más adelante tendrás que lamentar haber conocido…
 Hey, pero que dicen, con cualquiera de esos perfumes, perderás tu idea de tranquilidad…
 Cual tranquilidad, si vives dentro un cuarto tan frio que es más caliente el andén…
 No la ayudes
 Si ayúdala… se su amiga… esta sola… oh, la soledad

Seguían las voces soltando contradicciones, esta vez, las voces no provenían desde ningún escritor,
menos desde otro plano, eran como un sueño acomplejado, eran los “demonios” de la efímera
contradicción entre la dualidad de Thyra disfrazada de ser humano, ocultando al ser de Luz que
llevaba adentro, al ángel. Pensaba Thyra que si ofrecía su amistad a Jean, contribuiría a que otro ser
humano se “salvara” de ser maltratado por la agria comunidad que la observaba criticándole su
modo de vida, además, a quien le importaba sobre quienes eran sus amistades en realidad, pensaba
y pensaba entre segundos que parecían siglos, cuando Jean tomo del brazo a Thyra como trayéndola
a la realidad, ya estaban en el cuarto de Thyra junto a la ventana, mirando hacia el Hood:

 Fue hace más o menos seis meses que nos encontramos por primera vez, le dije
 Si, Thyra, seis meses de transformaciones para mi, ya no vivo en la calle buscando el
destino de mi lado oscuro, vivo en un cuartico pequeño por allá al principio de
Killingsworth, tengo un trabajito en una casa de modelaje alternativo de mi amigo Alex,
donde modelo su ropa en pasarelas junto con otras chicas, es la ropa que él diseña, y
además soy como su asistente… se quedo mirándome con una sonrisa nueva eterna y
continuó… la vida es maravillosa en estos momentos, deje de ser la guerrera que
vandaliaba y luchaba por mi libertad y mi palabra… ahora vivo el fluir del rio de esta vida,
por entre la realidad de ahoras externos sin tiempo lineal que los enmarque, con lo que se
sucede y se dilata dentro de mí, sin entrar en conflicto entre si lo que se sucede parezca
proveniente de la “oscuridad” o de la Luz, simplemente aporto un balance positivo en el
que me sumerjo por el camino hacia una tercera puerta, donde todo sobreviene a un nuevo
balance entre la nueva Tierra que nace… jajaja, -se reía tan agradablemente y compartía
con migo cositas tan maravillosas, que permanecí en silencio, sentadas las dos en mi pieza,
tomando agüitas aromáticas de hierbas mágicas, y continuo Jean… me rio hermana, me
rio porque es una tremenda felicidad de satisfacciones saber que ya existo allá en la Nueva
Tierra…me cree yo misma, me re-invente en el futuro, jajaja…
 La nueva tierra?, que sucedió, como así?-yo y mis preguntas tontas
 Pues me encontré que entre la dualidad de mi femenino y masculino interno, pude
encontrar como balancear ese acabose de energías compatibles pero diferentes que vivían
en conflicto trasladando a mi entorno en sus contiendas sentimientos de dolor, miedo y
agresividad… se silencio Jean completamente y quede contemplando el espacio azurri de
un verano que se acercaba a Portland.
“voces del pasado untadas de pesadeces densas

que acompañan guerras y combates

entre guerreros de mi gran pasado inhabitado de luz,

me voy, me extingo como guerrera, dejo esa existencia

y avanzo a otro plano de consciencia más liviano”

Las dos amigas se quedaron en silencio por unos minutos, prontamente se levantó Jean, colocó el
pocillo sobre la madera vieja del piso, le envió a Thyra una mirada mientras salía del cuarto al
tiempo que trataba de acomodarse un mechón de su salvaje cabellera detrás de la oreja. En la calle
comenzaron a caminar bajo los árboles por entre el barrio; durante los fines de semana en Portland,
a veces las vías se llenaban de niños jugando y corriendo en todas direcciones…

 Sabes que una vez tuve un hijo? –me dijo Jean así sorpresivamente
 Como? No puedo creerte… la mire como asustada, y donde esta?
 Uhi, es una triste historia hermana -se sentó sobre un murito afuera de una casa que
parecía abandonada…
 Si quieres me puedes contar… no se… para sanar algún dolor?... o algo así?
 Vivía yo en ese entonces, comenzó Jean… no en Portland, vivía en una ciudad en
Suramérica de nombre Cali, por aquella época yo rumbeaba mucho y vivía con un amigo
con el que nos acompañábamos a todas las que fueran, con él había tenido, en un descuido
de mi ciclo menstrual, una hija mujer, él se llamaba Tochi… agachaba Jean su rostro y lo
metía dentro de pecho, como ocultándolo a una pena ya olvidada pero no sanada… era tan
linda Thyra?, no sabes lo dulce que era, tenia esas manitas suavecitas, que movía en las
mañanas cuando me llamaba con ruiditos delicados, no lloraba nunca, tendría unos cinco
o seis meses, aun era una bebecita, con esos cachetes rojitos que le brillaban y sus ojazos
que miraban todo como acoplándose a una nueva realidad y a una nueva familia… es triste
Thyra, es triste, porque esos recuerdos los siento ahora que la miro allá en la lejanía,
porque en mi realidad de hace años de adolescente, no tenía idea de ese amor ahora irreal
y tal vez perdonado… me circulaba por entre las venas una cantidad de componentes
inorgánicos químicos que alucinaban mi pensar y mi sentir, vivía como distorsionada, no
miraba bien a las cositas hermosas y pequeñas de esta creación a mi alrededor, no, solo
me satisfacía una emoción salvaje de autodestrucción e inconsciencia tremenda… se quedo
Jean en silencio por unos largos segundos que parecían eternos, en mi mente se me
pasaban toda la historia que la flaca había relatado, en forma de secuencias de video que
yo como que editaba en cámara lenta, me interrumpió el video en blanco y negro Jean
cuando continuo… fue una noche de viernes de rumba en Cali, Cali era pura rumba para
mi, si, que viva Cali, Chipichape y Yumbo, jajaja así dicen por allá… que porquería que
era yo… nos fuimos Tochi y yo, a mi me decían Diana la “Cazadora”, porque Diana es mi
segundo nombre, si, salieron Diana y Tochi de rumba, pensábamos que íbamos a volver
como siempre lo hacíamos, aunque fuera muy temprano en la madrugada, pero no Thyra,
no fue así, nos metimos entre un mar alucinante de colores que nos gravitaba como un
anillo de planetas alrededor de nuestras falsas imágenes mentales de fantasías que
alimentaban nuestros sentires, y nos quedamos alimentando la sangre con elementos
inorgánicos químicos por un tiempo dilatado que se detuvo en la esencia de la relación
tiempo-espacio, no supimos cuantas horas habían pasado, porque las horas se nos
convirtieron en días y… cuando me di cuenta, cuando me caí de la nube que nos tenia
levitando entre la órbita de aquel despelote demencial, era ya un Martes de la otra semana,
primero sentí un impulso de querer irme a casa sin saber porque, y mientras caminaba
burdamente como una perra callejera dirigiéndome por instinto a lo que recordaba era mi
hogar, aun sin ocurrírseme que tenía una hija, solo dibujando torcidamente con mis botas
los andenes en esa madrugada de día martes, lo recuerdo porque el vendedor de periódico
me lo dijo cuando se acerco a tratar de venderme la prensa, le dije… que día es hoy?,
Martes, eso me sonó como a algo trágico, como salido de una novela de terror, cuando
llegue al portón de la casa, busque las llaves y como no las encontré, pensando que se las
había llevado Tochi, que en esas, no sabía ni que había pasado con él, porque cuando
desperté antes de la madrugada, estaba sola, aun loca y tirada sobre el patio de una casa
de Normandía, un barrio de Cali, sabes? –me miro con ojos bañados en lagrimas y con el
sufrimiento derramándosele gota a gota por sus cachetes, y continuo, al tiempo que pisaba
fuerte con sus pies el piso a cada momento, como haciendo presión sobre el planeta a cada
segundo que el recuerdo la abría grietas en el corazón... me pude escabullir por entre ese
jardín lleno de huellas, hacia fuera, sobre unos muros de ladrillos viejos con marcas al
otro lado de grafitis que no recuerdo bien pero que parecían como estrofas de una poesía
dedicada a bebes muertos asesinados por todas las madres inconscientes que habemos
sobre la tierra, y me lance como arando a hacer todo ese recorrido como a las cinco de la
mañana desde Normandía hasta Granada donde vivíamos.
Me metí por la ventana que usábamos cuando se nos quedaban las llaves, estaba atrás y
era falsa, no tenia seguro, y cuando toque el piso de mi casa con la suela de las viejas
botas, me llego como entre un rayo eléctrico a la memoria, la imagen de mi hijita, recuerdo
que no tenia nombre, nunca se nos ocurrió ponerle nombre, yo le decía simplemente Baby,
y lo mismo repetía Tochi, y la habíamos dejado como Baby, sin bautizo humano, sin
registro social, sin papeles, nacida de la nada por entre manos parteras, en una finca del
Saladito, y así llego a este mundo Baby, mi hijita bendita que en paz descanse… no sabes
lo que pudo ser lo que sentí esa mañana, cuando corrí a la cuna donde dormía Baby, y la
encontré como dormidita, al menos había muerto como yéndose entre un sueño, tenía una
sonrisita hermosa que le alumbraba un breve rayito de luz que pasaba o se filtraba entre
un hueco que tenia la cortina de la piecita, no estaba con su carita rosadita Thyra, pero
aun muerta era hermosa, reflejaba paz, parecía que nos perdonaba, que me perdonaba a
mí, el haberme olvidado de su existencia mientras que me perdía entre mis
inconsciencias… nos perdono antes de irse Thyra, nos perdono, lo sé, claro que para mi
ese momento fue fatal, me resquebrajo todo, enteramente todo por dentro, solo la pude
cargar suavemente y traerla contra mi pecho… mis rodillas perdieron la fuerza y caí con
ella en mis brazos, era terrible era magnifico el dolor que sentía, magnifico porque se
adueñaba de toda mi yo interno completo, hasta que perdí las fuerzas y caí en el piso con
mi Baby entre mis brazos apretada al pecho, así en esa posición nos encontró Tochi en la
noche cuando llegó y encontró la música a todo volumen, recuerdo que sonaba todo un
álbum de Velvet Underground… no hubo peleas entre nosotros, solo silencios, los dos
habíamos experimentado una gran pesadilla en carne propia, no sé qué habrá sido de la
vida de Tochi, esa noche los dos envolvimos a Baby en una sabanas, caminamos hasta el
portal de Santa Rita, cogimos uno de sos buses que viajan hasta Buenaventura y nos
bajamos en una finca del kilometro 18 de unos amigos más locos que nosotros, no había
nadie afortunadamente, una neblina corría por entre la pradera de la parte trasera de la
mansión que tenían por casa, yo cargaba a Baby como la había hecho todo el recorrido,
como si estuviera viva, con mi rostro pegadito al de ella, nadie se dio cuenta de que estaba
dormida en muerte, y no porque yo la cubría con mi amor tardío. Tochi abrió un hueco con
una pala vieja y oxidada que se encontró, rápidamente la pusimos dentro del hueco, yo
cerré mis ojos y no los volví a abrir hasta muy entrada la madrugada, no me podía mover,
estaba como entumida, Tochi me cogía del brazo o de la cintura y me llevaba y me traía, yo
no me quería ver a mi misma haciendo lo que hicimos, y menos verlo a él tan silenciosos
todo el tiempo, porque él sabía que si hablábamos nos íbamos a encender en fuegos y a lo
mejor por la culpa mutua de la muerte nos íbamos a lastimar, a matar, esa noche
dormimos en la finca de esos amigos, no vino nadie afortunadamente, ni siquiera el
mayordomo, en la madrugada me desperté muy determinada a hacer algo con mi vida, me
vestí otra vez con la misma ropa que llevaba puesta hace una semana, mis greñas estaban
cargando el mugre y la suciedad de mis despelotes mundanos, me di cuenta de eso cuando
por accidente vi mi figura en un espejo grande del salón amplio que tenia la casa-quinta.
Cogí mi bolso de espejitos y colores hindúes que olía a pachuli, me lo cargue al hombro, y
me escabullí de mi vida junto a la de Tochi, parecía que me escapaba de mi pasado, de mis
errores, mi canallada imperdonable nunca olvidada de haber dejado que mi Baby se
hubiera ido en muerte así no mas, por mi culpa, por mi……. No aguantó más Jean, y sus
sollozos se volvieron un grito alarmante, yo solo la pude abrazar y traer hacia mí, y entre
sollozos, me dijo… cuando llegué a Cali, compre un boleto de avión a Portland que salía
en menos de 1 hora y me largue para siempre de una zona que para mí fue solo perdición y
dolor disfrazados por dentro de una niña alegre y bocona y perdida como era yo, aunque
como vistes, no progrese mucho, llegue acá y comencé a prostituirme...
 Tranquila, tranquila Jean, todo está bien ahora, todo bien… fue lo único que pude decir,
pensaba que la flaca podría perdonarse sus errores del pasado, yo también sollozaba, se
me había partido el alma por un momento virtual, escuchando el dolor ajeno, como cuando
veo películas y los actores representan momentos tan sublimes de un guion de actuación
que me sacan lagrimas, o a veces me estremecen unos sentimientos de gozo silencioso por
dentro que hace que dichas vibraciones le lleguen a mi cerebro con una emoción vibradora
que no puedo detenerla… me quede callada junto a Jean, las dos sentadas en el murito,
ella sollozando su pena olvidada sin olvido, yo resquebrajada preguntándome que había
sido de nuestra raza humana, a que estado de inconsciencia habíamos llegado, porque
éramos tan destructivos en lugar de ser un poquito más sensibles y poder caminar nuestras
existencias como dándonos cuenta a cada paso que diéramos, sin hacernos daño, como
dándonos cuenta de que es dañino para la vida, para la sobrevivencia nuestra… oh, de
verdad por mi cerebro pasaron tantas cosas, tantas guerras donde nos matábamos los unos
a los otros, donde un ser humano caminaba su destino creándose metas innecesarias que
para lograrlas, tenía que esculpir el silencio mortuorio de otro ser humano sobre bóvedas
y lapidas que a veces eran esculpidas como N.N…. oh, no, eso no era sostenible ni posible
para mi, mis voces seguían salpicándome culpabilidades, me sentía tan culpable como si
fuera yo la que había abandonado a Baby, como si fuera yo la que cargaba las
ametralladoras que escupían muerte en nuestras guerras terrícolas, como si fuera yo la que
consumía el polen de las drogas malditas entre mi sangre suicidándome lentamente, como
si fuera yo la que había sido violada por un padre inconsciente, como si fuera yo la que
cargaba el arma del sicario y derramaba la sangre inocente por unos pesos sobre la
sedienta polvareda de un andén fabricado por otras muchas sangres obreras malpagadas,
como si fuera yo la que moría, la que mataba, la que era llevada a una tumba, la que
lloraba la ausencia, la que nacía en forma de bebe nuevo recién llegado a nuestro planeta
a enfrentar todo este acabose, toda este paradigma de contradicciones entre lo
increíblemente hermoso y lo entristecedoramente horrible y espeluznante, un gran bebe,
nuevo valiente porque escogió allá en el espacio sideral astral donde residen las almas de
los muertos que es el mismo lugar donde voy en mis sueños nocturnos, en bajar otra vez a
la Tierra, a la que llamo madre Tierra, aunque no es mi madre sino mi Hogar. Espíritus
que vienen a saldar sus errores de antaño en una nueva vida, después de haber sido
asesinados por una bala perdida, por una mina abandonada de guerras intrusas, o después
de haber sido ametrallados o acuchillados, o embaucados en una guerra de intereses
petroleros, o suicidados por no poder aguantar más el sino de sus existencias… un nuevo
bravo bebe que nace a enfrentar los egos de otros y los propios… a ver si puede superar la
barrera de lo que llaman “el bien” y “el mal” y reventar todo hasta que quede eliminado
el concepto y renacido a un nuevo revivir en otra idea de lo que es estar vivo...

Caminaron las dos chicas medio abrazadas la una con la otra, la tarde caía, las voces de los niños
aun se escuchaban, Jean no miraba hacia ningún lugar, sus ojos se dirigían al cemento y al asfalto,
aunque de verdad su pensamiento estaba más lejos aún de las calles de Portland, tampoco estaba en
Cali entre recuerdos, estaba ida completamente… mientras que Thyra no reflejaba que estuviera
muy cerca, miraba hacia el espacio, veía las nubes pasar lentamente y las copas de los arboles como
celebrando sus pasos a medida que iban recorriendo los andenes, solo los arboles las miraban, las
voces de la gente o el ruido de la ciudad no se escuchaba, solo sus lamentos del alma y las miradas
de los arboles danzaban…

“imagínate una lugar lleno de arboles

donde caminas hacia un grupo de gente

en dónde está tu hogar…

Imagínate ese hogar como mejor te guste

todos ellos te esperan, son niños del alma

son los nuevos niños de la Tierra

la Tierra renovada que te sonríe, que espera

que espera a los nuevos habitantes de su superficie


porque esa Tierra que amo, tiene su propia alma,

tiene su propia vida de planeta, es el Hogar que me sonríe,

es el espacio dimensional del que formo parte

somos los nuevos niños de la nueva Tierra

somos los nuevos hijos del nuevo planeta

somos tú y yo juntos y todos

cogidos de las manos suaves de nuestra Nueva Consciencia

para alimentar nuestros pasos

para cantarle a nuestras nuevas vibraciones

para darle gracias a nosotros mismos y al Creador

por estar juntos en la maravilla

de algo que llamamos creación

de la cual somos todos participes”

Las voces se callaron…


Se calló el silencio…
El silencio dejo escapar su último susurro…
No lo escucharon sino los niños que habían resucitado…
Los que habían vencido los demonios del terror de sus existencias…
Las voces se callaron, los niños comenzaron un nuevo canto…
Con las canciones del mañana…
Son el cumplido de una era…
Son la profecía de un ancestral campo de batalla…
Son las lágrimas hechas estrellitas de un nuevo cielo…
Son las gotitas de sangre que cayeron sobre el polvo…
Que se convirtieron en nuevas almas con manitos suaves que caminaban otra vez en vida…
Eran todos los otros seres que viven alrededor en esta mezcla de elementos que llamamos vida…
Sonrieron ellos, sonreímos nosotros, sonríe ahora vos.

fin

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