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Cuánto invierten en educación los países de América Latina y el

Caribe.

El gasto social en América Latina y el Caribe va en aumento desde hace

ya algunos años. Cada vez una proporción más grande de la riqueza

producida por los países va dirigida a protección social, salud, vivienda,

sistemas de saneamiento y también a educación. Así lo recoge el

informe Pulso Social de América Latina y el Caribe 2016: realidades y

perspectivas, que, pese a destacar diferencias considerables en

inversión pública educativa entre los distintos países que evalúa (22 en

total), confirma que la mitad del gasto social va dedicado a salud y a

educación. Además, muestra una tendencia, aunque lenta, al alza,

con un aumento que pasa del 7% en 1995 a un 10% en 2013.

Brasil encabeza el ranquin de países de América Latina y el Caribe en

cuanto a gasto público en educación, con una inversión ligeramente

superior al 8% de su Producto Interior Bruto (PIB). Argentina y Costa

Rica le siguen con un 8% y un 7’8% respectivamente.

Por detrás se encuentran Venezuela (6’4%), Bolivia (5’6%)

y Ecuador (5’2%), cuyo gasto en educación supera la media de los

países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo

Económicos (OCDE), situada en un 5’2%. Con una dedicación inferior al

5% están Panamá (4’7%), Jamaica (4’7%), Chile (4’2%), El

Salvador (4%) y México (3’9%). En la cola en inversión se sitúan países


como Colombia (3,1%), Perú (3%) o República Dominicana (2,8%),

los que dedican menos presupuesto en la región a la educación.

De la inversión pública dedicada a la educación en América Latina y en

el Caribe, la mayor parte se dedica a la educación secundaria, seguida

de la formación de 0 a 5 años y la educación primaria. El estudio

menciona la importancia de la inversión en educación por varios

motivos, pero destaca especialmente que cuanto antes se invierta en

el desarrollo de los niños y niñas, más alto será el retorno. En

ese sentido, se apunta como clave la educación temprana para evitar

perder el desarrollo de las capacidades propias de las primeras etapas

de la vida, especialmente los aspectos cognitivos. Es por ese motivo que

la mayoría de países de la región han establecido la obligatoriedad de

cursar por lo menos un año de educación inicial. Países como Ecuador, El

Salvador, Guatemala, México, Perú o Venezuela, con la voluntad de

reforzar la educación temprana, situaron la obligatoriedad en tres años.

A la vez, un número creciente de alumnos asisten a la escuela dentro de

esa franja de edad, un aumento liderado por Argentina, donde el 66% de

los niños de 4 años están escolarizados, y Chile, con un 80% de menores

de la misma franja de edad que asisten a clase. En otros países como

Costa Rica, Honduras, El Salvador, Nicaragua y República Dominicana el

porcentaje es todavía inferior al 50%. Estas cifras resultan relevantes si

se tiene en cuenta, como destaca el informe, que la enseñanza durante


los primeros años de vida es efectiva solamente si los niños y niñas

asisten a la escuela y la calidad de la educación que reciben es alta.

En educación primaria el escenario es más claro: casi todos los niños

de entre 6 a 12 años (un 98%) están escolarizados. El foco de esta

etapa está puesto en la calidad de la educación, que hasta el momento

limita la mejora del aprendizaje de los alumnos y no muestra mejoras en

las pruebas estandarizadas. En ese sentido merece la pena destacar

que el debate de Latinoamérica se centra hoy en día más en la

calidadde la enseñanza que en acceso a la educación en términos

cuantitativos, un aspecto en el que se ha avanzado y que ha logrado

cifras mucho mejores en los últimos años.