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Jorge Oviedo

6 h · Editado ·

Aprobado para que aparezca en la biografía

Buenos Aires, como provincia-metrópoli[5], acapara para sí la riqueza de toda la nación. De esta forma, el país
no podrá darse una organización nacional por muchos años. Podemos citar como ejemplos que tanto la
constitución del ’19, como la del ’26, realizadas a la medida de la ciudad-puerto[6] traen aparejadas, en tanto
niegan al interior, gran cantidad de revueltas contra la prepotente Buenos Aires. “surgieron entonces jefes
armados al mando de tropas irregulares que defendieron como pudieron “las autonomías” provinciales y
resistieron la política absorbente de Buenos Aires. Los caudillos aparecieron cuando Moreno había dejado de
existir y con él una política genuinamente nacional. Así nació el “federalismo”, resultado del despojo de la
riqueza argentina por una solo provincia” (Ramos, 1986: 38).

Dos soluciones posibles al problema de la organización nacional, en relación a la renta de la aduana: 1) la


nacionalización de la renta de la aduana, otorgándole el disfrute a la nación toda; 2) la separación de Buenos
Aires y la conformación de dos estados. La historia nos mostrará las dos alternativas. La segunda alternativa se
cumple cuando la ciudad-puerto conducida por Bartolomé Mitre, la oligarquía argentina en pleno (el principal
oponente político de Roca), diera el golpe al interés de Urquiza de la nacionalización de la renta, y separara a
Buenos Aires del resto de la Confederación (1854) por varios años, con tal de no repartir la renta; y la primera
opción se va a dar cuando Roca federaliza finalmente la ciudad de Buenos Aires y la renta nacional.

Decíamos que la oligarquía representada por Bartolomé Mitre era el principal adversario del roquismo. De ahí
que Ramos considere necesario diferenciar la oligarquía del patriciado en el análisis del ’80, y del ’90, pues a
partir de ahí se fundirán en una misma clase para siempre. Mientras la oligarquía obtura la organización
nacional por defender su situación privilegiada, el patriciado pretende organizar la nación (Ramos, 1973). Este
enfrentamiento será muy fuerte, y marcará los años 80’s. Así el mitrismo que se había levantado contra la
candidatura de otro candidato provinciano fuera de su égida de poder, Nicolás Avellaneda (en esta ocasión
quien reprime el levantamiento en Santa Rosa es justamente Roca, lo que le hace ganar simpatías en el interior
provinciano)[7], y lo volverá a hacer, esta vez de forma más sangrienta cuando éste deje el poder, y se imponga
la figura de Roca, que pretende nacionalizar la Renta de la Aduana.La tesis, algo estrepitosa del autor, está en su
reivindicación del general Julio A. Roca, en quien ve la personificación, con relación a un período histórico
complejo y mal estudiado o deformado por los intereses del presente, del federalismo popular, que en diverso
sentido encarnaron Rosas y los caudillos, opuestos estos últimos, al poder de Buenos Aires. Roca habría sido
una especie de fórmula transaccional entre el país y la ciudad puerto obligada a conceder parte de su
hegemonía ante el peso político y militar de las provincia. De esta corriente nacional –en parte representada
también por Sarmiento, de quien hace Ramos un retrato exultante de vida- y a través de Adolfo Alsina surgirá el
radicalismo de Alem, Irigoyen y Aristóbulo del Valle. Pero si esta tesis es renovadora, al mismo tiempo, desde el
punto de vista documental, es la más débil. Es visible el esfuerzo intelectual de Ramos. Sus razonamientos se
apoyan en documentos fragmentarios, y en todo caso, rebatibles. Puede aceptarse que dentro de la oligarquía
nacional en formación, Roca representó su tendencia más argentina. No es que Ramos ignore la dificultad del
planteo: “A esta ideología nacional del roquismo le faltaba la base material para el desarrollo técnico”. Y en esto
reside, justamente, la dificultad de la tesis. La historia es lo que fue, no lo que pudo ser. El hecho que, pese al
“nacionalismo” provinciano que representó, Roca no haya podido quebrar la política de la oligarquía portuaria,
demostraría más bien, que las condiciones objetivas –Buenos Aires- eran superiores a la voluntad nacional de
las provincias. Como dicen los ingleses: “La prueba del pudding consiste en comerlo”. Y ramos deja el pastel en
la bandeja. Es decir, arriba a una conclusión sin pruebas.

De cualquier modo, después de Jorge A. Ramos, Roca aparece bajo una nueva luz y nos parece bien orientada la
revisión que inicia de esta importante figura, a la que vincula, en la continuidad del suceder histórico, con
Irigoyen y Perón. El pensamiento de Ramos puede resumirse así: “La ideología nacionalista democrática, que
representaba un nacionalismo posible, una forma de adaptación a la situación general del país y del mundo, fue
sustituida por un liberalismo económico ruinoso que debía resultar funesto para el futuro argentino”. De este
modo, la brillante tesis, reparte su mérito entre el talento del autor y la astucia del abogado, más interesado en
su causa que en la verdad.

Nuestra crítica consiste en lo siguiente. A raíz de la política nacional de Roca –y a pesar de él mismo y de la línea
progresista que representaba en el orden ideológico- la oligarquía portuaria derrotada política y militarmente
por Roca, en realidad heredó un país más vasto. La explotación oligarco-imperialista, a raíz de la unificación del
país por Roca, se hizo posible en escala nacional, pero al mismo tiempo quedaron creadas las bases –y ésta
sería la inesperada consecuencia positiva del roquismo- de la lucha por la liberación también en escala
nacional. La sustentación popular y nacional del roquismo, terminó efectivamente por diversos imbricamientos
y ramificaciones, nada uniformes de las tendencias económicas y políticas de las épocas, en el yrigoyenismo y
en el peronismo, pero con un sentido nacional enteramente distinto. Roca, en última instancia, fue absorbido
por la oligarquía y nunca dejó de ser su representante. Incluso como gran propietario de tierras. Por eso tiene
en el corazón de la ciudad-puerto una horrible estatua. La final conciliación de Roca y Mitre tiende a confirmar
este destino de Roca. Pero en su estado actual, después de Jorge A. Ramos, Roca es una de las figuras de la
historia nacional que exige revisión por encima de las disonancias liberales y católicas.(2)

Polemista de garra, los acontecimientos posteriores a 1930 son narrados por Jorge A. Ramos con un estilo
directo que transporta al lector a las zonas cálidas de la historia real. El P. Socialista es vivisecado en su esencia
reaccionaria pro-imperialista, y Ramos, con una documentaión irrefutable, denuncia las tácticas del P.
Comunista como un conjunto de desastres organizados en beneficio de las fuerzas antinacionales. — con
Rodolfo Jorge Brieba, Alberto Blanco, Eduardo Fabian Arellano, Sergio Espol, Sergei Andrade, Miguel Angel
Scenna, Guillermo I. Troxler, Virginia Laura Gonzalez, Luis Alberto Terroba y Pujol Claudio.