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La mujer en la épica homérica

Las obras homéricas reflejan una sociedad de ideales caballerescos, donde el honor
es la principal preocupación de sus protagonistas. Todo hombre aspira a realizar una gesta o
hazaña tal que sea cantada o recordada por las generaciones posteriores. Para conseguirla
estaban la guerra y los Juegos.
Teniendo en cuenta estas características se esperaría que la presencia de las mujeres,
tanto en La Ilíada como en La Odisea fuera ínfima. Sin embargo, el sexo femenino tiene un
papel importante. Su presencia se da tanto físicamente como a través de alusiones hechas
en el campo de batalla.
En cuanto a las alusiones, es frecuente que en el campo de batalla los contendientes
mencionen a las mujeres, especialmente a las esposas, y que estas sean presentadas como
razón de lucha y punto de referencia de las vicisitudes del combate, de tal manera que la
mención al llanto por la pérdida de un guerrero, o la alegría por su regreso del combate se
convierten en elementos para medir los fracasos y éxitos de la contienda. Igualmente se
dice que el motivo de la batalla es la defensa de las esposas, por lo que se mantiene la
formación y a las que se suele mencionar junto a los hijos, el padre y la patria.
.En La Odisea, aparte del papel destacado de personajes como Penélope, Nausicaa, Arete,
etc., la narración se encuentra llena de presencia de “respetables” que atienden a los
varones, de esclavas; entre ellas se destaca la presencia de la fiel y prudente nodriza de
Odisea, Euriclea, que, incluso fue la única que colaboró con la matanza de los pretendientes.
Las mujeres en general, aparecen valoradas positivamente en la epopeya homérica, si bien
siempre en su calidad de esposas, madres o hijas, y son frecuentes las muestras de la buena
consideración en que las mujeres son tenidas por los varones.
En especial, las esposas alegran el corazón de un varón y por ello Penélope no desea
alegrar a un hombre peor que Odiseo. Pero no son amadas sólo las esposas de los grandes
héroes, sino también son valoradas por los hombres de las clases humildes, para quienes
poseer, junto con una casa y un pequeño terreno, una esposa se asocia con el deseo de un
futuro mejor. Por ejemplo, este deseo de un futuro mejor es claramente expresado por el
porquerizo Eumeo: “…Pues las deidades otorgaron sin duda la vuelta del mío, el cual
amándome sobre todo extremo, me habría concedido una posición, una casa, un peculio y
una mujer hermosa…” (Canto XIV-La Odisea).
Las mujeres jóvenes son adoradas fundamentalmente en su condición de hijas:
“…Este, deseando redimir a su hija, habiase presentado en las veleras naves aqueas con un
inmenso rescate…”. De hecho, el no cumplimiento de esta súplica de Crises, suscita en el
ejército aqueo una gran peste provocada por Apolo.
Un claro prototipo de hija amada sería Nausicaa, y así lo confirma Odiseo, cuando
considera dichosos a sus padres, hermanos y, sobre todo, a su futuro esposo. Odiseo le
habla de esta forma a Nausicaa: “ … tres veces felices sean tu padre y tu venerable madre y
tus hermanos; sin duda sus almas rebosan alegría cuando te ven salir al como danzando.
¡Pero más venturoso que todos quien, colmándote de presentes nupciales, por esposo te
lleve a su morada!...”.Las hijas son dadas en matrimonio como medio de establecer
relaciones con determinados varones.
También, son estimadas las concubinas, como es el caso de Euriclea. En cuanto a
las esclavas, reciben un trato familiar y afectuoso. A este respecto es muy significativo el
que se considere un ultraje forzar a las siervas y que este se compare con el ultraje hecho a
un huésped (Canto XX).
Las mujeres aparecen, como la parte más valiosa del botín cuando una ciudad es
conquistada y son ellas las que, por encima de cualquier otro bien, materializan el honor
que encierran, la “recompensa” que conoce el valor de un héroe. Un ejemplo de ello
pueden serlo Briseida y Crispida en La Ilíada.
El trabajo de las mujeres es objeto de la consideración y el reconocimiento de los
varones, que, entre sus cualidades, resaltan sus habilidades como tejedoras, lo que se
manifiesta con la expresión formular “expertas en espléndidas labores”,“ e hicieron salir
siete mujeres, diestras en primorosas labores, y a Briseida, la de hermosas mejillas, que fue
la octava” (La Ilíada-Canto XIX). Esas labores se refieren fundamentalmente al hilado y el
tejido, que en la épica se consideran el trabajo femenino por excelencia. Las vestiduras
confeccionadas por las mujeres son especialmente valoradas por los varones, se guardan en
cofres en la parte más oculta de las cosas, junto con los otros tesoros que sustentan la
riqueza de las mismas y forman parte de los regalos preciosos que se hacen a los huéspedes,
como, por ejemplo, los mantos que Alcinoo pide a los reacios que traigan a Odiseo o el
magnífico peplo que Helena ofrece a Telémaco. (Canto XV-La Odisea). “La propia
Helena, la divina entre las mujeres, escogió y se llevó el peplo mayor y más hermoso por
sus bordados, que resplandecía como una estrella y estaba debajo de otros.”
En los poemas homéricos los papeles sociales que los hombres y las mujeres tienen
asignados están perfilados con la mayor nitidez en función de una ideología aristocrática y
guerrera. La tarea encomendada a los varones es la guerra y, en los intervalos de paz, el
consejo y las competiciones deportivas. Las mujeres, a su vez, se encargan de los trabajos
domésticos, de los que, aparte del tejido y la atención de los varones, en La Odisea hay una
“detallada descripción” preparar el lecho, lavar la ropa, encender el fuego, moler el trigo,
limpiar, arreglar la casa y acarrear agua, etc. La distinción entre hombre y mujer se refiere
a la única clase social que cuenta en la epopeya, los nobles. No obstante, aunque se da una
separación entre las diferentes mujeres y sus clases, esta es más tajante en los hombres.
Hay en los poemas homéricos ejemplos en los que explícitamente se contrapone el
trabajo de la casa, propio de la mujer, a las actividades específicamente masculinas de la
guerra, como en un conocido pasaje, que se repite tres veces con la única variación de una
palabra, en el que Héctor y Telémaco reivindican para los varones la exclusividad en los
asuntos de “la guerra”, “la palabra pública”, o “la destreza en las armas”, mientras que
Héctor le pide a Andrómaca, en un caso, o Telémaco a Penélope, en los otros dos, que se
ocupen de la organización de la casa y de los labores domésticos. “Replícole el prudente
Telémaco,….Pero torna ya a tu habitación, ocúpate en las labores que te son propias, el
telar y la rueca, y ordena a las esclavas que se apliquen al trabajo; y de hablar nos
cuidaremos los hombres y principalmente yo, cuyo es el mando de esta casa (La Odisea-
Canto I). “¡Esposa querida! ….vuelve a la casa, ocúpate en las labores del telar y la rueca,
y ordena a las esclavas que se apliquen al trabajo; y de la guerra nos cuidaremos cuantos
varones nacimos en Ilión…” (La Ilíada – Canto VI).
Esta separación se mantiene, incluso en un momento tan crítico como cuando
Odiseo prepara su venganza contra los pretendientes (La Odisea – Canto XXI).
Esta oposición entre las actividades masculinas y femeninas se expresan con gran
calidad en las capacidades que se presumen para cada sexo. Parece, pues, como si varones
y mujeres estuvieran dotados para desempeñar dos tareas muy claramente delimitadas y
como si hubiera una barrera entre estos dos tipos de capacidades que ningún sexo debe
traspasar, so pena de ser objeto de todo tipo de recriminaciones. Por ejemplo, cuando los
hombres, en el combate se comportan cobardemente “… ¡Oh cobardes, hombres sin
dignidad, aqueos más bien que aqueos”.
La sociedad descripta por Homero, refleja claramente un sólido sistema de valores
patriarcales, pero el código de conducta es menos rígido que en otras sociedades griegas
posteriores. Todos estos datos referidos a la valoración de las mujeres y a los trabajos
realizados por ellas, creemos que nos permiten afirmar que en la sociedad homérica no hay
rechazo ni hostilidad hacia las mujeres, sino todo lo contrario. Es cierto que las tareas que
se consideran propias de la condición femenina, están en consonancia con la función social
que toda sociedad patriarcal atribuye a las mujeres, como reproductoras y alimentadoras de
su familia, pero estas tareas reciben un reconocimiento social y las mujeres, en su calidad
de madres, esposas e hijas, son apreciadas y estimadas.
Aunque las mujeres sufrían ciertas desventajas bajo el sistema patriarcal, no eran
consideradas inferiores o incompetentes, se según se ve en los escritos de Homero. Cuando
Agamenón y Ulises partieron hacia Troya no tuvieron ningún inconveniente en dejar que
sus esposas gobernaran sus reinos durante la ausencia, aunque Agamenón dejara a un
heraldo para que cuidara de Clitemnestra.

Penélope y Andrómaca

Las alusiones a mujeres son frecuentes en las narraciones de Odiseo, se las


identifica con la patria que añora regresar. Ello es especialmente insistente en el caso de
Penépole, donde la identificación esposa-patria, es casi total, de manera que tanto, Odiseo
como sus sucesivos interlocutores asocian su vuelta a Itaca con el hecho de ver de nuevo a
Penélope.
Cuando Odiseo niega la oferta de inmortalidad propuesta por Calipso está de por
medio el amor por Penélope, pero también la añoranza de su patria y del reino que dejó, es
decir la vuelta al mundo de los seres humanos. Acerca de este hecho, Vernant señala que
en el nombre de Calipso (“la oculta”, “la que oculta”) reside el significado de lo que para
Odiseo supondría quedarse con la ninfa; sería como permanecer “oculto”; al margen de los
dioses y los hombres y; por tanto; convertirse en un ser que no está vivo ni muerto: la
inmortalidad significaría renunciar a su carrera de héroe épico y quedar en el anonimato
semejante a la muerte de los hombres que no consiguieron un destino heroico :