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Los movimientos literarios de vanguardia

Justo Fernández López

El impacto de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) dio lugar en Europa a un intento de ruptura con la
cultura que parecía agotada y al nacimiento de una serie de grupos llamados de “vanguardia” (del
antiguo avanguardia, y este de aván, por avante = ‘adelante’, y guardia: avanzada de un grupo o movimiento
ideológico, político, literario, artístico).
La acepción primera de la palabra vanguardia pertenece al lenguaje militar: Fracción o parte más avanzada
de una tropa, y también el espacio que se extiende a su frente. El término vanguardia en arte y en literatura
fue acuñado en Francia tras la guerra del 14 como avant-garde como reflejo del espíritu de lucha, de combate
y de confrontación que el nuevo movimiento estético significaba frente al arte académico del siglo XIX.
En Francia comenzó a usarse aplicada a la política entre los socialistas utópicos hasta que adquirió, con Karl
Marx (1818-1883) y Friedrich Engels (1820-1895), el sentido de minoría esclarecida encargada de conducir la
revolución. Posteriormente se desarrolló el concepto entre los movimientos artísticos que se proponían
romper con las convenciones estéticas vigentes.
El Creacionismo y el Ultraísmo son dos movimientos vanguardistas netamente españoles y se caracterizan
por el rechazo de lo sentimental, de lo trágico, de lo subjetivo y de lo íntimo. Ya no es época de cantar al
amor, a la muerte, a Dios, ni siquiera al hombre. Estos dos movimientos tienen su vigencia ente 1918 y 1923.
El poeta, por ser creador, debe purificar la literatura de toda la carga moral, filosófica o política que,
proveniente desde el Romanticismo, la había impregnado. El arte se convierte en fin en sí misma.
El creacionismo
Fue una corriente surgida al lado del ultraísmo. Su portavoz fue el chileno Vicente Huidobro Fernández (1893-
1948), escritor vanguardista chileno, defensor entusiasta de la experimentación artística durante el periodo de
entreguerras. En 1918 llega a Madrid Vicente Huidobro, que compara su movimiento creacionista con el
imaginismo anglo-americano de Ezra Pound y haciendo referencia al dadaísmo.
Huidobro intenta resolver el conflicto entre naturaleza y arte, formulado por Oscar Wilde con la frase “la
naturaleza imita al arte”. Huidobro cree que el poeta ha de crear su poema como la naturaleza crea un árbol.
El creacionismo pretende que la obra literaria es totalmente autónoma; el poeta no debe cantar a la
Naturaleza, sino imitarla en su creatividad.
El ultraísmo
El Ultraísmo tiene bastante en común con el Creacionismo. Desde 1915, el movimiento modernista quedó
liquidado. Juan Ramón Jiménez y algunos poetas menores intentan buscar nuevos caminos que fueran “más
allá” (en latín “ultra”) del modernismo.
En 1918 comienzan las tertulias de Rafael Cansinos-Assens, rodeado de jóvenes en el Café Colonial de
Madrid. Son los gérmenes del ultraísmo, movimiento ultrarromántico que reniega de lo viejo (el modernismo),
de la oratoria y la retórica, de los prejuicios moralistas o académicos, y defiende, proclamando que la guerra
no ha servido para nada, un estar “adelante siempre en arte y en política, aunque vayamos al abismo”,
construyendo la fraternidad universal a través de las nuevas estéticas, siempre “subversivas y heréticas”
porque “atacan al régimen y a la religión”.
El primer brote en España de este movimiento subversivo de la vanguardia fue el ultraísmo, cuyo programa
vino a reducirse a lo siguiente:
Abandono de lo decorativo modernista y del elemento anecdótico musical y emotivo. Instauración de una
poesía esencialmente metafórica, de ahí la rehabilitación del poeta barroco español Luis de Góngora y
Argote (1561-1627). La inspiración hay que buscarla en los temas más dinámicos y deportivos del mundo
moderno.
El dadaísmo
Dada es una palabra francesa que significa ‘caballito de juguete’ y fue elegida por el poeta y editor rumano
Tristan Tzara al abrir al azar un diccionario en una de las reuniones que el grupo celebraba en el cabaret
Voltaire de Zurich.
Dadá o Dadaísmo fue un movimiento vanguardista literario y artístico surgido en 1916, durante la Primera
Guerra Mundial, caracterizado por su negación de los cánones estéticos establecidos, y que abrió camino a
formas de expresión de la irracionalidad. Abarca todos los géneros artísticos y es la expresión de una protesta
nihilista contra la totalidad de los aspectos de la cultura occidental, en especial contra el militarismo existente
durante la I Guerra Mundial e inmediatamente después.
Aunque los dadaístas utilizaron técnicas revolucionarias, sus ideas contra las normas se basaban en una
profunda creencia, derivada de la tradición romántica, en la bondad intrínseca de la humanidad cuando no ha
sido corrompida por la sociedad.
Como movimiento, el Dadá decayó en la década de 1920 y algunos de sus miembros se convirtieron en
figuras destacadas de otros movimientos artísticos modernos, especialmente del surrealismo. En París
inspiraría más tarde el surrealismo. En 1922 el grupo de París se desintegró.
El surrealismo
De “una costilla del dadaísmo” surge en Francia el Surrealismo. En España surgió de los movimientos
anteriores hacia 1925 y alcanza su punto culminante hacia 1928.
Los movimientos anteriores buscaban una perfección técnica, una pureza estética y odiaban lo sentimental –
tendencia esta que compartían con las artes plásticas del cubismo, etc. La falta de emoción humana y la
frialdad intelectual es el resultado.
El surrealismo da un cambio de rumbo. Ahora se busca el “automatismo síquico puro”, la asociación libre de
ideas o imágenes, fuera totalmente de la lógica, de la razón. La influencia del sicoanálisis y la “asociación
libre” como técnica terapeutica es patente. Se atiende solamente a la presentación del “mundo
subconsciente”, de ahí la incoherencia irracional de las relaciones metafóricas, la importancia que adquieren
los elementos oníricos y el tono turbulento y angustioso de las alucinadas visiones.
La evolución posterior a las vanguardias
Pasado el movimiento iconoclasta del ultraísmo, hay una vuelta a los cauces tradicionales: “Esta generación
no se alza contra nadie ni contra nada, ni en lo político ni en lo literario” (Dámaso Alonso), a diferencia del
modernismo y del 98. Se admira a los valores y maestros anteriores y a los grandes valores de la lírica
nacional, pero se evoluciona manteniendo ciertos valores ultraístas:
§ Libre uso de la metáfora, uno de los elementos capitales del poema.
§ Estilización poética de la realidad.
§ Substitución de lo sentimental, decadente y noble del modernismo por un tono juvenil y
optimista, a veces irónico, y escasamente emotivo.