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EXP. N.

° 01820-2011-PA/TC

PIURA

COMPAÑIA ALMACENERA S.A.

SENTENCIA DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

En Lima, a los 21 días del mes de marzo de 2012 la Sala Primera del
Tribunal Constitucional, integrada por los magistrados Alvarez Miranda,
Beaumont Callirgos, Calle Hayen, pronuncia la siguiente sentencia

ASUNTO

El recurso de agravio constitucional interpuesto por Compañía


Almacenera S.A. – CASA, contra la resolución expedida por la Segunda Sala
Civil de la Corte Superior de Justicia de Piura, de fojas 239, su fecha 31 de
marzo de 2011, que declaró infundada la demanda de autos; y,

ANTECEDENTES

Con fecha 12 de marzo de 2010, la Compañía Almacenera S.A. CASA, con


RUC N.º 201000268575, interpone demanda de amparo contra los integrantes
de la Sala Penal de Apelaciones de la Corte Superior de Justicia de Piura y el
Procurador Público encargado de los asuntos judiciales del Poder Judicial, con
el objeto que se deje sin efecto la resolución judicial N.º 12 de fecha 15 de
diciembre de 2009, que confirmando la apelada, declara fundada la nulidad de
la resolución N.º 19, mediante la cual se requiere al sentenciado Gerbolini
Gaggero a los efectos que en el termino de 5 días, cumpla con devolver la suma
ilícitamente apropiada, bajo apercibimiento de imponérsele las medidas
previstas en el artículo 59.º del Código Penal, y reponiendo las cosas al estado
anterior a la vulneración constitucional, solicita que se declare válida y surta
todos sus efectos legales la aludida resolución N.º 19 expedida con fecha 14 de
octubre de 2009. Alega afectación a la inmutabilidad de la cosa juzgada, a la
tutela jurisdiccional efectiva y al debido proceso.

Refiere que bajo las reglas del Nuevo Código Procesal Penal y ante el
Segundo Juzgado Penal de Investigación Preparatoria de Piura y Tercer
Juzgado Unipersonal de la indicada ciudad, se tramitó la causa 4739-2009,
seguida contra Raúl Flavio Gerbolini Gaggero, por delito contra el patrimonio,
en la modalidad de apropiación ilícita en agravio de la empresa recurrente,
agrega que por resolución judicial N.º 15 de fecha 7 de setiembre de 2009, se
dictó sentencia condenatoria imponiéndosele 2 años de pena privativa de
libertad, suspendida en su ejecución por el periodo de prueba de 1 año y
medio, bajo reglas de conducta, fijándose la reparación civil en la suma de S/.
5,000.00 nuevos soles, sin perjuicio de restituir la suma ilícitamente apropiada.
Añade que en ejecución de sentencia y con el objeto de dar cumplimiento al
extremo referido a la restitución, solicitó que se requiera al condenado con tal
fin, pretensión que se estimó por resolución judicial N.º 19, en la cual el
juzgador le otorgaba un plazo perentorio de 5 días para la total reposición, bajo
apercibimiento de imponerse las medidas previstas en el artículo 59.º del
Código Penal, pronunciamiento contra el cual dicho condenado dedujo
nulidad, que al ser estimada en primera instancia fue apelada por la amparista.
Alega que no obstante el derecho que le asiste , los emplazados confirmaron
dicho pronunciamiento, mediante la cuestionada resolución de vista N.º 12,
que declara nula la resolución N.º 19, en el extremo de los apercibimientos
decretados, decisión que lesiona los derechos fundamentales invocados, toda
vez, que impide que la sentencia dictada se ejecute en sus propios términos, y
que el mandato de restitución se cumpla a criterio del condenado, hecho que
lesiona su derecho a la actuación oportuna de las resoluciones judiciales.

El Procurador Público de los Asuntos Judiciales del Poder Judicial


contesta la demanda alegando que no existe vulneración de derechos
fundamentales, dado que, la resolución cuestionada fue expedida en estricta
aplicación del debido proceso y la tutela procesal efectiva y lo que en puridad
se cuestiona es el criterio jurisdiccional de los magistrados emplazados.

El Cuarto Juzgado Civil de Piura, con fecha 30 de setiembre de 2010,


declaro infundada la demanda por considerar que de autos no se acredita
afectación de derechos fundamentales, toda vez, que existe una sentencia
condenatoria que debe ser cumplida en sus propios términos.
A su turno, la Segunda Sala Civil de la Corte Superior de Justicia de
Piura, confirmó la resolución apelada por similares fundamentos, añadiendo
que la resolución judicial cuestionada no modifica en modo alguno la sentencia
condenatoria dictada, puesto que la restitución del daño (restitución de lo
apropiado) no fue ni considerada ni impuesta como regla de conducta.

FUNDAMENTOS

1. La demanda tiene por objeto que el Tribunal declare valida en todos sus
extremos y consecuentemente surta la totalidad de sus efectos, la
resolución judicial N.º 19, que decreta como apercibimiento la aplicación de
alternativas legales previstas por el código sustantivo para el
incumplimiento de los condenados.

Delimitación del petitorio

2. En efecto, la empresa recurrente cuestiona la resolución judicial N.º 12 que


confirmando la apelada, declara nula la resolución judicial N.º19, en el
extremo que decreta como apercibimiento de aplicarse al condenado las
alternativas previstas por el artículo 59.º del Código Penal, en caso de que
éste incumpla con la restituir lo ilícitamente apropiado a favor de la
amparista.

Alega específicamente que, tal decisión modifica el fallo condenatorio


dictado y la inmutabilidad de la cosa juzgada que le asiste a la sentencia
expedida en la causa penal 4739-2009, arbitrariedad que lesiona no sólo su
derecho a la tutela procesal efectiva, sino también, su facultad a la
actuación adecuada y temporalmente oportuna de las resoluciones
judiciales.

La garantía jurisdiccional de la cosa juzgada


3. Una de las garantías de la función jurisdiccional que consagra la Carta de
1993 es la inmutabilidad de la cosa juzgada, al destacar
expresamente: “[N]inguna autoridad puede avocarse a causas pendientes
ante el órgano jurisdiccional ni interferir en el ejercicio de sus funciones.
Tampoco puede dejar sin efecto resoluciones que han pasado en autoridad
de cosa juzgada, ni cortar procedimientos en trámite, ni modificar
sentencias ni retardar su ejecución.”

4. Este Colegiado al dotar de contenido a tal atributo, ha sostenido


que “[M]ediante la garantía de la cosa juzgada se instituye el derecho de
todo justiciable, en primer lugar, a que las resoluciones que hayan puesto
fin al proceso judicial no puedan ser recurridas mediante nuevos medios
impugnatorios, ya sea porque éstos han sido agotados o porque ha
transcurrido el plazo para impugnarla; y, en segundo lugar, a que el
contenido de las resoluciones que hayan adquirido tal condición, no pueda
ser dejado sin efecto ni modificado, sea por actos de otros poderes públicos,
de terceros o, incluso, de los mismos órganos jurisdiccionales que
resolvieron el caso en el que se dictó (Cfr. 4587-2004-AA/TC).

Asimismo, que “[E]l derecho a la tutela jurisdiccional (art. 139, inc. 3, Const.)
garantiza, entre otros aspectos, que una sentencia con calidad de cosa
juzgada sea cumplida en sus términos. Como consecuencia de ello, se
desprende, por un lado, un mandato de que las autoridades cumplan lo
ordenado o declarado en ella en sus propios términos y, por otro, una
prohibición de que cualquier autoridad, incluida la jurisdiccional, deje sin
efecto las sentencias y, en general, resoluciones que detentan la calidad de
cosa juzgada (art. 139º, inc. 2, Const.)” (Cfr. 1569-2006-AA/TC Fund. Jur.
4.º).

5. Este principio que rige la función jurisdiccional, le otorga al fallo judicial la


calidad de indiscutible –pues constituye decisión final– y la certeza de que
su contenido permanecerá inalterable, independientemente a que el
pronunciamiento expedido haya sido favorable o desfavorable para quien
promovió la acción.
En tales circunstancias, lo que corresponde a los órganos jurisdiccionales es
ajustarse a lo juzgado en un proceso anterior cuando tengan que decidir
sobre una relación o situación jurídica respecto de la cual existe una
sentencia firme, derivada de un proceso seguido entre las mismas partes
(perfecta identidad), respecto de los mismos hechos y tramitado ante la
misma autoridad jurisdiccional. Dicho pronunciamiento constituye, en
consecuencia, un antecedente lógico respecto a aquello que nuevamente
se pretende someter a juzgamiento.

6. Más aún, se ha precisado que dicho atributo implica que “[l]o establecido
en una sentencia o resolución que ponga fin al proceso, debe ser
respetado, y no puede ser objeto de nueva revisión, salvo las excepciones
previstas” (Cfr. STC.N.º1279-2003-HC, Caso Navarrete Santillán).

Así, el derecho a la cosa juzgada, guarda íntima relación con la ejecución de


las resoluciones judiciales firmes, ambos atributos consagrados
expresamente y de manera autónoma en el artículo 139º.2 de la
Constitución.

Ejecución de resoluciones judiciales y tutela procesal efectiva

7. El Código Procesal Constitucional consagra el derecho a la ejecución de


las resoluciones judiciales –entre otros- como expresión del derecho a la
tutela procesal efectiva cuando en el tercer párrafo de su artículo 4.°
prescribe que “se entiende por tutela procesal efectiva aquella situación
jurídica de una persona en la que se respeten, de modo enunciativo su[s]
derechos a la actuación adecuada y temporalmente oportuna de las
resoluciones judiciales (...)”.

8. En tanto que, la doctrina jurisprudencial del TC, ha entendido que el derecho


a la ejecución de resoluciones, constituye parte inseparable de la exigencia
de efectividad de la tutela judicial. En efecto, en la Sentencia 0015-2001-AI,
0016-2001-AI y 004-2002-AI este Colegiado ha dejado establecido que “[e]l
derecho a la ejecución de resoluciones judiciales no es sino una concreción
específica de la exigencia de efectividad que garantiza el derecho a la tutela
jurisdiccional, y que no se agota allí, ya que, por su propio carácter, tiene
una vis expansiva que se refleja en otros derechos constitucionales de orden
procesal (..). El derecho a la efectividad de las resoluciones judiciales
garantiza que lo decidido en una sentencia se cumpla, y que la parte que
obtuvo un pronunciamiento de tutela, a través de la sentencia favorable,
sea repuesta en su derecho y compensada, si hubiere lugar a ello, por el
daño sufrido.” [Fundamento jurídico 11°]. En esta misma línea de
razonamiento hemos precisado en otra sentencia que, “la tutela
jurisdiccional que no es efectiva no es tutela”, reiterando la íntima
vinculación entre tutela y ejecución al establecer que, “el derecho al
cumplimiento efectivo y, en sus propios términos, de aquello que ha sido
decidido en el proceso, forma parte inescindible del derecho a la tutela
jurisdiccional a que se refiere el artículo 139.3 de la Constitución” (STC
4119-2005-AA/TC FJ. 64).

9. En este contexto, es que analizaremos, si efectivamente y como alega la


recurrente, la decisión jurisdiccional de declarar nula la resolución judicial
N.º 19, en el extremo que decreta los apercibimientos a imponerse ante el
incumplimiento del sentenciado, vulnera el contenido constitucional de los
atributos fundamentales señalados precedentemente.

Dilucidación de la controversia

10. La demandante argumenta específicamente que al declarar nulo el


extremo de la resolución que decreta como apercibimiento aplicable
cualesquiera de las alternativas previstas por el artículo 59.º del Código
Penal, ante el incumplimiento del condenado, impide que la sentencia
dictada se ejecute en sus propios términos, y que el mandato de
restitución que contiene se cumpla según la discrecionalidad del
sentenciado, hecho que lesiona su derecho a la actuación oportuna de las
resoluciones judiciales.

11 Sobre el particular, de autos se advierte que el Tercer Juzgado Unipersonal


de Piura, mediante resolución judicial N.º 15, de fecha 7 de setiembre de
2009, dictó sentencia que condena a Raul Flavio Gerbolini Gaggero por su
responsabilidad penal en el delito contra el patrimonio, en la modalidad
de apropiación ilícita, perpetrado en agravio de la amparista, esto es, de la
Compañía Almacenera S. A., imponiéndole 2 años de pena privativa de
libertad, suspendida en su ejecución por el periodo de prueba de un año y
medio, bajo las siguientes reglas de conducta: no variar su domicilio sin la
autorización del juzgado y de no alejarse de la localidad en que reside sin
autorización del juzgado. Asimismo, se fijó como reparación civil la suma
de cinco mil nuevos soles a favor de la agraviada, sin perjuicio de restituir
lo ilícitamente apropiado o su valor equivalente, para finalmente imponer
que el pago de la totalidad de las costas procesales corra a cargo del
sentenciado, conforme lo acredita la copia del citado fallo que obra de
fojas 22 a 24 de autos, decisión judicial que se declaró consentida al no
haber sido recurrida por las partes. (ff. 26).

También se verifica que ya en ejecución de sentencia y proveyendo el


escrito presentado por la amparista, se expidió la resolución judicial N.º
19, requiriendo al sentenciado con el objeto que cumpla con la restitución
de lo ilícitamente apropiado, en el plazo de 5 días, bajo apercibimiento de
aplicársele las alternativas contempladas en el artículo 59.º del Código
Penal (ff. 28). Pronunciamiento contra el cual dicho condenado dedujo
nulidad, que fue estimada en primer grado, y que al ser apelada por la
empresa recurrente, se confirmó en segundo grado mediante la resolución
de vista cuestionada, esto es, N.º 22, mediante la cual, la Sala Penal de
Apelaciones emplazada, declarando fundada la deducida, dispone la
nulidad de la citada resolución -N.º 19- “en el extremo que establece el
apercibimiento de aplicársele las alternativas contempladas en el artículo
59.º del Código Penal, dejando a salvo el derecho de la parte agraviada de
solicitar el apercibimiento legal pertinente para hacer efectivo el
cumplimiento de la obligación pecunaria por parte del sentenciado” (ff. 29
al 30 vta.).

Tutela procesal efectiva, cosa juzgada y formalismos legales

12. Cabe mencionar que el artículo 58.º del Código Penal, faculta al juez penal
a otorgar condena condicional a un sentenciado. Asimismo, a imponer las
reglas de conducta que debe observar éste durante tal condicionalidad,
pudiendo ser éstas: la prohibición de frecuentar determinados lugares, la
prohibición de ausentarse del lugar donde reside sin autorización del Juez,
el comparecer personal y obligatoriamente al Juzgado, para informar y
justificar sus actividades, el reparar los daños ocasionados por el delito,
salvo cuando demuestre que está en imposibilidad de hacerlo, entre otras.

Precisa también el acotado, que durante el periodo de la suspensión y


como efectos del incumplimiento de las reglas impuestas, o ante la
condena por otro delito, el Juez podrá, según los casos aplicar las siguientes
medidas: amonestar al infractor, prorrogar el período de suspensión hasta
la mitad del plazo inicialmente fijado. Empero, en ningún caso la prórroga
acumulada excederá de tres años; o de ser el caso, podrá también, revocar
la suspensión de la pena. (Cfr. artículo 59.º)

13. En relación a las medidas precedentes -previstas por el citado artículo 59.º-
este Tribunal en reiterada jurisprudencia ha precisado que dicha norma “no
obliga al juez a aplicar tales alternativas en forma sucesiva, sino que ante
el incumplimiento de las reglas de conducta impuestas, la suspensión de la
ejecución de la pena puede ser revocada sin necesidad de que previamente
sean aplicadas las dos primeras alternativas” (Exp. N.º 02076-2009-PHC
Exp. N.º 2517-2005-PHC; Exp. N.º 3165-2006-PHC; Exp. N.º 3883-2007-
PHC, entre otras).

14. De lo cual, se colige que la exigencia de que se disponga el resarcimiento


del daño causado, como una de las reglas de conducta pausible de
imponerse a un condenado, es de carácter legal mas no de carácter
judicial, toda vez, que independientemente de la ubicación que el juzgador
le asigne al mandato, o que éste se consigne en la sentencia, bajo el rotulo
de “regla de conducta” o no, lo que realmente importa es que forme parte
de la decisión final, es decir, que lo dispuesto, forme parte del fallo que
pone fin al proceso.

En el caso que nos ocupa, basta que la orden de restitución de lo apropiado


sea mandato judicial contenido en la sentencia final, para que como tal,
tenga calidad de indiscutible, y otorgue la certeza de que lo dispuesto
permanecerá inalterable y se cumplirá independientemente a que lo
ordenado resulte favorable o desfavorable para el obligado.
15. Son asimismo, legales las acciones, y el orden en que el juzgador aplique
éstas frente al incumplimiento del condenado, lo constitucional es que
tales alternativas o medidas se apliquen con razonabilidad,
proporcionalidad y atendiendo al caso concreto.

Más aun, cabe resaltar que los apremios y apercibimientos son la


materialización de la facultad disciplinaria y coercitiva que el legislador
otorgó a la judicatura, para hacer frente a las rebeldías del justiciable.

16. Por ello, este Colegiado no comparte lo resuelto por los jueces
constitucionales precedentes, toda vez, que los formalismos legales
respecto a la ubicación y rotulación de lo ordenado, no resultan esenciales,
para enervar el cumplimiento de lo ordenado, ni mucho menos, para que
resulte inexigible una situación jurídica ya resuelta, como lo es, la
obligación de restitución del ilícito contenido en la sentencia.

17. Por el contrario, el deducir la nulidad de una resolución que no fue


impugnada en su oportunidad, argumentando que los apremios legales
decretados en ella resultan inexigibles debido a que la orden de restitución
decretada no tiene el titulo de regla de conducta, no hacen sino evidenciar
la poca voluntad del sentenciado de dar cumplimiento a la dispuesto en la
sentencia condenatoria dictada. Tanto más, si la aplicación de los
apercibimientos cuestionados, dependen exclusivamente de él y del
cumplimiento de lo dispuesto, salvo que demuestre que está en
imposibilidad de hacerlo; lo que no ha ocurrido en el presente caso, pues
el sentenciado Gerbolini Gaggero, dejó consentir la sentencia que
contiene el mandato de restitución, como también, consintió la resolución
que decreta los apremios tendientes a su cumplimiento.

18. De ahí, que si bien es cierto al declarar nulos los apercibimientos


decretados, no se modificó el fallo condenatorio dictado, y la orden de
restitución de lo ilícito que contiene, también lo es, que tal decisión
terminó por afectar el derecho a la actuación adecuada y temporalmente
oportuna de las resoluciones judiciales que le asiste a la amparista.
19. Por consiguiente, al acreditarse en autos la inconstitucionalidad de la
resolución judicial cuestionada y la afectación de los derechos
fundamentales invocados, es menester estimar la demanda de amparo, al
resultar de aplicación el artículo 2.º del Código Procesal Constitucional.

20. Finalmente y por otra parte, cabe subrayar que a la fecha en que el Tribunal
expide la presente sentencia, el periodo de prueba dispuesto para la
ejecución de la pena, se encuentra vencido, toda vez, que la sentencia se
expidió el 7 de setiembre de 2009 y el plazo decretado fue de un año y
medio, razón por la cual, mal podrían aplicarse las alternativas previstas
por el artículo 59.º del Código Penal.

Empero, ello no es óbice para que la judicatura vigilante de la tutela


efectiva del derecho que le asiste a la empresa recurrente, disponga los
apremios necesarios –de ser el caso- a efectos de se ejecute en su
integridad la sentencia condenatoria dictada.

Por estos fundamentos, el Tribunal Constitucional, con la autoridad que le


confiere la Constitución Política del Perú

HA RESUELTO

1. Declarar FUNDADA la demanda de amparo en el extremo de afectación al


derecho a la actuación adecuada y temporalmente oportuna de las
resoluciones judiciales.

2. DISPONER que el órgano jurisdiccional decrete los apremios necesarios a


fin de ejecutar en su integridad el fallo condenatorio dictado.

3. DISPONER que los magistrados emplazados no vuelvan a incurrir en las


acciones u omisiones que motivaron la interposición de la demanda, y que
si procedieren de modo contrario se les aplicarán las medidas coercitivas
previstas en el artículo 22 del presente Código, sin perjuicio de la
responsabilidad penal que corresponda.

Publíquese y notifíquese.

SS.

ALVAREZ MIRANDA
BEAUMONT CALLIRGOS
CALLE HAYEN
EXP. N.° 01820-2011-PA/TC

PIURA

COMPAÑIA ALMACENERA S.A.

SENTENCIA DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

En Lima, a los 21 días del mes de marzo de 2012 la Sala Primera del
Tribunal Constitucional, integrada por los magistrados Alvarez Miranda,
Beaumont Callirgos, Calle Hayen, pronuncia la siguiente sentencia

ASUNTO

El recurso de agravio constitucional interpuesto por Compañía


Almacenera S.A. – CASA, contra la resolución expedida por la Segunda Sala
Civil de la Corte Superior de Justicia de Piura, de fojas 239, su fecha 31 de
marzo de 2011, que declaró infundada la demanda de autos; y,
ANTECEDENTES

Con fecha 12 de marzo de 2010, la Compañía Almacenera S.A. CASA, con


RUC N.º 201000268575, interpone demanda de amparo contra los integrantes
de la Sala Penal de Apelaciones de la Corte Superior de Justicia de Piura y el
Procurador Público encargado de los asuntos judiciales del Poder Judicial, con
el objeto que se deje sin efecto la resolución judicial N.º 12 de fecha 15 de
diciembre de 2009, que confirmando la apelada, declara fundada la nulidad de
la resolución N.º 19, mediante la cual se requiere al sentenciado Gerbolini
Gaggero a los efectos que en el termino de 5 días, cumpla con devolver la suma
ilícitamente apropiada, bajo apercibimiento de imponérsele las medidas
previstas en el artículo 59.º del Código Penal, y reponiendo las cosas al estado
anterior a la vulneración constitucional, solicita que se declare válida y surta
todos sus efectos legales la aludida resolución N.º 19 expedida con fecha 14 de
octubre de 2009. Alega afectación a la inmutabilidad de la cosa juzgada, a la
tutela jurisdiccional efectiva y al debido proceso.

Refiere que bajo las reglas del Nuevo Código Procesal Penal y ante el
Segundo Juzgado Penal de Investigación Preparatoria de Piura y Tercer
Juzgado Unipersonal de la indicada ciudad, se tramitó la causa 4739-2009,
seguida contra Raúl Flavio Gerbolini Gaggero, por delito contra el patrimonio,
en la modalidad de apropiación ilícita en agravio de la empresa recurrente,
agrega que por resolución judicial N.º 15 de fecha 7 de setiembre de 2009, se
dictó sentencia condenatoria imponiéndosele 2 años de pena privativa de
libertad, suspendida en su ejecución por el periodo de prueba de 1 año y
medio, bajo reglas de conducta, fijándose la reparación civil en la suma de S/.
5,000.00 nuevos soles, sin perjuicio de restituir la suma ilícitamente apropiada.
Añade que en ejecución de sentencia y con el objeto de dar cumplimiento al
extremo referido a la restitución, solicitó que se requiera al condenado con tal
fin, pretensión que se estimó por resolución judicial N.º 19, en la cual el
juzgador le otorgaba un plazo perentorio de 5 días para la total reposición, bajo
apercibimiento de imponerse las medidas previstas en el artículo 59.º del
Código Penal, pronunciamiento contra el cual dicho condenado dedujo
nulidad, que al ser estimada en primera instancia fue apelada por la amparista.
Alega que no obstante el derecho que le asiste , los emplazados confirmaron
dicho pronunciamiento, mediante la cuestionada resolución de vista N.º 12,
que declara nula la resolución N.º 19, en el extremo de los apercibimientos
decretados, decisión que lesiona los derechos fundamentales invocados, toda
vez, que impide que la sentencia dictada se ejecute en sus propios términos, y
que el mandato de restitución se cumpla a criterio del condenado, hecho que
lesiona su derecho a la actuación oportuna de las resoluciones judiciales.

El Procurador Público de los Asuntos Judiciales del Poder Judicial


contesta la demanda alegando que no existe vulneración de derechos
fundamentales, dado que, la resolución cuestionada fue expedida en estricta
aplicación del debido proceso y la tutela procesal efectiva y lo que en puridad
se cuestiona es el criterio jurisdiccional de los magistrados emplazados.

El Cuarto Juzgado Civil de Piura, con fecha 30 de setiembre de 2010,


declaro infundada la demanda por considerar que de autos no se acredita
afectación de derechos fundamentales, toda vez, que existe una sentencia
condenatoria que debe ser cumplida en sus propios términos.

A su turno, la Segunda Sala Civil de la Corte Superior de Justicia de


Piura, confirmó la resolución apelada por similares fundamentos, añadiendo
que la resolución judicial cuestionada no modifica en modo alguno la sentencia
condenatoria dictada, puesto que la restitución del daño (restitución de lo
apropiado) no fue ni considerada ni impuesta como regla de conducta.

FUNDAMENTOS

1. La demanda tiene por objeto que el Tribunal declare valida en todos sus
extremos y consecuentemente surta la totalidad de sus efectos, la
resolución judicial N.º 19, que decreta como apercibimiento la aplicación de
alternativas legales previstas por el código sustantivo para el
incumplimiento de los condenados.

Delimitación del petitorio

2. En efecto, la empresa recurrente cuestiona la resolución judicial N.º 12 que


confirmando la apelada, declara nula la resolución judicial N.º19, en el
extremo que decreta como apercibimiento de aplicarse al condenado las
alternativas previstas por el artículo 59.º del Código Penal, en caso de que
éste incumpla con la restituir lo ilícitamente apropiado a favor de la
amparista.

Alega específicamente que, tal decisión modifica el fallo condenatorio


dictado y la inmutabilidad de la cosa juzgada que le asiste a la sentencia
expedida en la causa penal 4739-2009, arbitrariedad que lesiona no sólo su
derecho a la tutela procesal efectiva, sino también, su facultad a la
actuación adecuada y temporalmente oportuna de las resoluciones
judiciales.

La garantía jurisdiccional de la cosa juzgada

3. Una de las garantías de la función jurisdiccional que consagra la Carta de


1993 es la inmutabilidad de la cosa juzgada, al destacar
expresamente: “[N]inguna autoridad puede avocarse a causas pendientes
ante el órgano jurisdiccional ni interferir en el ejercicio de sus funciones.
Tampoco puede dejar sin efecto resoluciones que han pasado en autoridad
de cosa juzgada, ni cortar procedimientos en trámite, ni modificar
sentencias ni retardar su ejecución.”

4. Este Colegiado al dotar de contenido a tal atributo, ha sostenido


que “[M]ediante la garantía de la cosa juzgada se instituye el derecho de
todo justiciable, en primer lugar, a que las resoluciones que hayan puesto
fin al proceso judicial no puedan ser recurridas mediante nuevos medios
impugnatorios, ya sea porque éstos han sido agotados o porque ha
transcurrido el plazo para impugnarla; y, en segundo lugar, a que el
contenido de las resoluciones que hayan adquirido tal condición, no pueda
ser dejado sin efecto ni modificado, sea por actos de otros poderes públicos,
de terceros o, incluso, de los mismos órganos jurisdiccionales que
resolvieron el caso en el que se dictó (Cfr. 4587-2004-AA/TC).

Asimismo, que “[E]l derecho a la tutela jurisdiccional (art. 139, inc. 3, Const.)
garantiza, entre otros aspectos, que una sentencia con calidad de cosa
juzgada sea cumplida en sus términos. Como consecuencia de ello, se
desprende, por un lado, un mandato de que las autoridades cumplan lo
ordenado o declarado en ella en sus propios términos y, por otro, una
prohibición de que cualquier autoridad, incluida la jurisdiccional, deje sin
efecto las sentencias y, en general, resoluciones que detentan la calidad de
cosa juzgada (art. 139º, inc. 2, Const.)” (Cfr. 1569-2006-AA/TC Fund. Jur.
4.º).

5. Este principio que rige la función jurisdiccional, le otorga al fallo judicial la


calidad de indiscutible –pues constituye decisión final– y la certeza de que
su contenido permanecerá inalterable, independientemente a que el
pronunciamiento expedido haya sido favorable o desfavorable para quien
promovió la acción.

En tales circunstancias, lo que corresponde a los órganos jurisdiccionales es


ajustarse a lo juzgado en un proceso anterior cuando tengan que decidir
sobre una relación o situación jurídica respecto de la cual existe una
sentencia firme, derivada de un proceso seguido entre las mismas partes
(perfecta identidad), respecto de los mismos hechos y tramitado ante la
misma autoridad jurisdiccional. Dicho pronunciamiento constituye, en
consecuencia, un antecedente lógico respecto a aquello que nuevamente
se pretende someter a juzgamiento.

6. Más aún, se ha precisado que dicho atributo implica que “[l]o establecido
en una sentencia o resolución que ponga fin al proceso, debe ser
respetado, y no puede ser objeto de nueva revisión, salvo las excepciones
previstas” (Cfr. STC.N.º1279-2003-HC, Caso Navarrete Santillán).

Así, el derecho a la cosa juzgada, guarda íntima relación con la ejecución de


las resoluciones judiciales firmes, ambos atributos consagrados
expresamente y de manera autónoma en el artículo 139º.2 de la
Constitución.

Ejecución de resoluciones judiciales y tutela procesal efectiva


7. El Código Procesal Constitucional consagra el derecho a la ejecución de
las resoluciones judiciales –entre otros- como expresión del derecho a la
tutela procesal efectiva cuando en el tercer párrafo de su artículo 4.°
prescribe que “se entiende por tutela procesal efectiva aquella situación
jurídica de una persona en la que se respeten, de modo enunciativo su[s]
derechos a la actuación adecuada y temporalmente oportuna de las
resoluciones judiciales (...)”.

8. En tanto que, la doctrina jurisprudencial del TC, ha entendido que el derecho


a la ejecución de resoluciones, constituye parte inseparable de la exigencia
de efectividad de la tutela judicial. En efecto, en la Sentencia 0015-2001-AI,
0016-2001-AI y 004-2002-AI este Colegiado ha dejado establecido que “[e]l
derecho a la ejecución de resoluciones judiciales no es sino una concreción
específica de la exigencia de efectividad que garantiza el derecho a la tutela
jurisdiccional, y que no se agota allí, ya que, por su propio carácter, tiene
una vis expansiva que se refleja en otros derechos constitucionales de orden
procesal (..). El derecho a la efectividad de las resoluciones judiciales
garantiza que lo decidido en una sentencia se cumpla, y que la parte que
obtuvo un pronunciamiento de tutela, a través de la sentencia favorable,
sea repuesta en su derecho y compensada, si hubiere lugar a ello, por el
daño sufrido.” [Fundamento jurídico 11°]. En esta misma línea de
razonamiento hemos precisado en otra sentencia que, “la tutela
jurisdiccional que no es efectiva no es tutela”, reiterando la íntima
vinculación entre tutela y ejecución al establecer que, “el derecho al
cumplimiento efectivo y, en sus propios términos, de aquello que ha sido
decidido en el proceso, forma parte inescindible del derecho a la tutela
jurisdiccional a que se refiere el artículo 139.3 de la Constitución” (STC
4119-2005-AA/TC FJ. 64).

9. En este contexto, es que analizaremos, si efectivamente y como alega la


recurrente, la decisión jurisdiccional de declarar nula la resolución judicial
N.º 19, en el extremo que decreta los apercibimientos a imponerse ante el
incumplimiento del sentenciado, vulnera el contenido constitucional de los
atributos fundamentales señalados precedentemente.

Dilucidación de la controversia
10. La demandante argumenta específicamente que al declarar nulo el
extremo de la resolución que decreta como apercibimiento aplicable
cualesquiera de las alternativas previstas por el artículo 59.º del Código
Penal, ante el incumplimiento del condenado, impide que la sentencia
dictada se ejecute en sus propios términos, y que el mandato de
restitución que contiene se cumpla según la discrecionalidad del
sentenciado, hecho que lesiona su derecho a la actuación oportuna de las
resoluciones judiciales.

11 Sobre el particular, de autos se advierte que el Tercer Juzgado Unipersonal


de Piura, mediante resolución judicial N.º 15, de fecha 7 de setiembre de
2009, dictó sentencia que condena a Raul Flavio Gerbolini Gaggero por su
responsabilidad penal en el delito contra el patrimonio, en la modalidad
de apropiación ilícita, perpetrado en agravio de la amparista, esto es, de la
Compañía Almacenera S. A., imponiéndole 2 años de pena privativa de
libertad, suspendida en su ejecución por el periodo de prueba de un año y
medio, bajo las siguientes reglas de conducta: no variar su domicilio sin la
autorización del juzgado y de no alejarse de la localidad en que reside sin
autorización del juzgado. Asimismo, se fijó como reparación civil la suma
de cinco mil nuevos soles a favor de la agraviada, sin perjuicio de restituir
lo ilícitamente apropiado o su valor equivalente, para finalmente imponer
que el pago de la totalidad de las costas procesales corra a cargo del
sentenciado, conforme lo acredita la copia del citado fallo que obra de
fojas 22 a 24 de autos, decisión judicial que se declaró consentida al no
haber sido recurrida por las partes. (ff. 26).

También se verifica que ya en ejecución de sentencia y proveyendo el


escrito presentado por la amparista, se expidió la resolución judicial N.º
19, requiriendo al sentenciado con el objeto que cumpla con la restitución
de lo ilícitamente apropiado, en el plazo de 5 días, bajo apercibimiento de
aplicársele las alternativas contempladas en el artículo 59.º del Código
Penal (ff. 28). Pronunciamiento contra el cual dicho condenado dedujo
nulidad, que fue estimada en primer grado, y que al ser apelada por la
empresa recurrente, se confirmó en segundo grado mediante la resolución
de vista cuestionada, esto es, N.º 22, mediante la cual, la Sala Penal de
Apelaciones emplazada, declarando fundada la deducida, dispone la
nulidad de la citada resolución -N.º 19- “en el extremo que establece el
apercibimiento de aplicársele las alternativas contempladas en el artículo
59.º del Código Penal, dejando a salvo el derecho de la parte agraviada de
solicitar el apercibimiento legal pertinente para hacer efectivo el
cumplimiento de la obligación pecunaria por parte del sentenciado” (ff. 29
al 30 vta.).

Tutela procesal efectiva, cosa juzgada y formalismos legales

12. Cabe mencionar que el artículo 58.º del Código Penal, faculta al juez penal
a otorgar condena condicional a un sentenciado. Asimismo, a imponer las
reglas de conducta que debe observar éste durante tal condicionalidad,
pudiendo ser éstas: la prohibición de frecuentar determinados lugares, la
prohibición de ausentarse del lugar donde reside sin autorización del Juez,
el comparecer personal y obligatoriamente al Juzgado, para informar y
justificar sus actividades, el reparar los daños ocasionados por el delito,
salvo cuando demuestre que está en imposibilidad de hacerlo, entre otras.

Precisa también el acotado, que durante el periodo de la suspensión y


como efectos del incumplimiento de las reglas impuestas, o ante la
condena por otro delito, el Juez podrá, según los casos aplicar las siguientes
medidas: amonestar al infractor, prorrogar el período de suspensión hasta
la mitad del plazo inicialmente fijado. Empero, en ningún caso la prórroga
acumulada excederá de tres años; o de ser el caso, podrá también, revocar
la suspensión de la pena. (Cfr. artículo 59.º)

13. En relación a las medidas precedentes -previstas por el citado artículo 59.º-
este Tribunal en reiterada jurisprudencia ha precisado que dicha norma “no
obliga al juez a aplicar tales alternativas en forma sucesiva, sino que ante
el incumplimiento de las reglas de conducta impuestas, la suspensión de la
ejecución de la pena puede ser revocada sin necesidad de que previamente
sean aplicadas las dos primeras alternativas” (Exp. N.º 02076-2009-PHC
Exp. N.º 2517-2005-PHC; Exp. N.º 3165-2006-PHC; Exp. N.º 3883-2007-
PHC, entre otras).
14. De lo cual, se colige que la exigencia de que se disponga el resarcimiento
del daño causado, como una de las reglas de conducta pausible de
imponerse a un condenado, es de carácter legal mas no de carácter
judicial, toda vez, que independientemente de la ubicación que el juzgador
le asigne al mandato, o que éste se consigne en la sentencia, bajo el rotulo
de “regla de conducta” o no, lo que realmente importa es que forme parte
de la decisión final, es decir, que lo dispuesto, forme parte del fallo que
pone fin al proceso.

En el caso que nos ocupa, basta que la orden de restitución de lo apropiado


sea mandato judicial contenido en la sentencia final, para que como tal,
tenga calidad de indiscutible, y otorgue la certeza de que lo dispuesto
permanecerá inalterable y se cumplirá independientemente a que lo
ordenado resulte favorable o desfavorable para el obligado.

15. Son asimismo, legales las acciones, y el orden en que el juzgador aplique
éstas frente al incumplimiento del condenado, lo constitucional es que
tales alternativas o medidas se apliquen con razonabilidad,
proporcionalidad y atendiendo al caso concreto.

Más aun, cabe resaltar que los apremios y apercibimientos son la


materialización de la facultad disciplinaria y coercitiva que el legislador
otorgó a la judicatura, para hacer frente a las rebeldías del justiciable.

16. Por ello, este Colegiado no comparte lo resuelto por los jueces
constitucionales precedentes, toda vez, que los formalismos legales
respecto a la ubicación y rotulación de lo ordenado, no resultan esenciales,
para enervar el cumplimiento de lo ordenado, ni mucho menos, para que
resulte inexigible una situación jurídica ya resuelta, como lo es, la
obligación de restitución del ilícito contenido en la sentencia.

17. Por el contrario, el deducir la nulidad de una resolución que no fue


impugnada en su oportunidad, argumentando que los apremios legales
decretados en ella resultan inexigibles debido a que la orden de restitución
decretada no tiene el titulo de regla de conducta, no hacen sino evidenciar
la poca voluntad del sentenciado de dar cumplimiento a la dispuesto en la
sentencia condenatoria dictada. Tanto más, si la aplicación de los
apercibimientos cuestionados, dependen exclusivamente de él y del
cumplimiento de lo dispuesto, salvo que demuestre que está en
imposibilidad de hacerlo; lo que no ha ocurrido en el presente caso, pues
el sentenciado Gerbolini Gaggero, dejó consentir la sentencia que
contiene el mandato de restitución, como también, consintió la resolución
que decreta los apremios tendientes a su cumplimiento.

18. De ahí, que si bien es cierto al declarar nulos los apercibimientos


decretados, no se modificó el fallo condenatorio dictado, y la orden de
restitución de lo ilícito que contiene, también lo es, que tal decisión
terminó por afectar el derecho a la actuación adecuada y temporalmente
oportuna de las resoluciones judiciales que le asiste a la amparista.

19. Por consiguiente, al acreditarse en autos la inconstitucionalidad de la


resolución judicial cuestionada y la afectación de los derechos
fundamentales invocados, es menester estimar la demanda de amparo, al
resultar de aplicación el artículo 2.º del Código Procesal Constitucional.

20. Finalmente y por otra parte, cabe subrayar que a la fecha en que el Tribunal
expide la presente sentencia, el periodo de prueba dispuesto para la
ejecución de la pena, se encuentra vencido, toda vez, que la sentencia se
expidió el 7 de setiembre de 2009 y el plazo decretado fue de un año y
medio, razón por la cual, mal podrían aplicarse las alternativas previstas
por el artículo 59.º del Código Penal.

Empero, ello no es óbice para que la judicatura vigilante de la tutela


efectiva del derecho que le asiste a la empresa recurrente, disponga los
apremios necesarios –de ser el caso- a efectos de se ejecute en su
integridad la sentencia condenatoria dictada.
Por estos fundamentos, el Tribunal Constitucional, con la autoridad que le
confiere la Constitución Política del Perú

HA RESUELTO

1. Declarar FUNDADA la demanda de amparo en el extremo de afectación al


derecho a la actuación adecuada y temporalmente oportuna de las
resoluciones judiciales.

2. DISPONER que el órgano jurisdiccional decrete los apremios necesarios a


fin de ejecutar en su integridad el fallo condenatorio dictado.

3. DISPONER que los magistrados emplazados no vuelvan a incurrir en las


acciones u omisiones que motivaron la interposición de la demanda, y que
si procedieren de modo contrario se les aplicarán las medidas coercitivas
previstas en el artículo 22 del presente Código, sin perjuicio de la
responsabilidad penal que corresponda.

Publíquese y notifíquese.

SS.

ALVAREZ MIRANDA
BEAUMONT CALLIRGOS
CALLE HAYEN
EXP. N.° 1191-2005-PHC
LAMBAYEQUE
MANUEL ANTONIO
BAZÁN OROZCO

SENTENCIA DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

En Lima a los 9 días del mes de mayo de 2005, la Sala Primera del Tribunal
Constitucional, integrada por los magistrados Alva Orlandini, Bardelli Lartirigoyen y
Vergara Gotelli, pronuncia la siguiente sentencia

ASUNTO

Recurso extraordinario interpuesto por don Manual Antonio Bazán Orozco contra
la resolución de la Primera Sala Penal de Lambayeque, de fojas 156, su fecha 26 de enero
de 2005, que declara improcedente la demanda de hábeas corpus de autos.

ANTECEDENTES

Con fecha 27 de setiembre de 2004, el recurrente interpone demanda de hábeas


corpus contra los vocales de la Primera Sala Especializada Penal de la Corte Superior de
Justicia de Lambayeque, señores Fernando Collazos Salazar, Jimmy García Ruiz y
Franklin Rodríguez Castañeda, así como contra el titular del Duodécimo Juzgado
Especializado Penal de la citada Corte Superior, doctor Wilson Medina Medina;
solicitando que se levante la orden de captura que pesa en su contra, por considerar que
esta medida viola su derecho constitucional a la libertad. Manifiesta que fue sentenciado
con fecha 27 de abril de 2002 por el delito contra el patrimonio, imponiéndosele pena
privativa de la libertad, suspendida en su ejecución por el período de prueba de un año,
sentencia que fue confirmada posteriormente. Agrega que, con fecha 1 de setiembre de
2003, se le prorrogó el período de prueba por seis meses más, y que, posteriormente, el
titular del Duodécimo Juzgado Penal expidió la resolución de fecha 3 de mayo de 2004,
mediante la cual se revocó la condicionalidad de la pena convirtiéndola en efectiva, lo
que –en su opinión– es injusto, porque el período de prueba ya había vencido con exceso
al momento de dictarse la citada resolución revocatoria.

Los emplazados Fernando Collazos Salazar, Jimmy García Ruiz y Franklin


Rodríguez Castañeda se apersonan al proceso y contestan la demanda solicitando que se
la declare improcedente por cuanto, realizado el cómputo, el período de prueba
prorrogado vencía el 26 de junio del 2004, y, por tanto, la resolución que revocó la
condicionalidad de la pena, se expidió dentro del plazo legal.

El juez Wilson Medina Medina contesta la demanda precisando que en todo


momento actuó conforme a ley, por cuanto la revocatoria del período de prueba obedeció
a lo preceptuado en el artículo 59° del Código Penal, dado que el recurrente incumplió
una de las normas de conducta al no reparar el daño causado, devolviendo el íntegro del
dinero. Asimismo, señala que la revocatoria de la prueba se realizó dentro del período de
prueba, por lo que no existe afectación alguna de los derechos constitucionales del actor.

El Décimo Juzgado Especializado en lo Penal, con fecha 10 de diciembre de


2004, declara improcedente la demanda, estimando que en el transcurso del proceso el
recurrente tuvo acceso a los medios impugnativos que la ley otorga, los que fueron
resueltos conforme a derecho, siendo el último la resolución de 16 de setiembre 2004,
que declaró improcedente el recurso de queja interpuesto por el actor, oficiándose a la
policía con fecha 23 de setiembre, a fin de que procediera a su ubicación y captura.
Respecto del cómputo a que se refiere él articulo 59° del Código Penal, argumenta que el
plazo vencía el 7 de octubre de 2004, y que dado que la revocación de la suspensión de
ejecución de pena data del 3 de mayo de 2004, no hubo violación alguna del debido
proceso.

La recurrida confirma la apelada por los mismos fundamentos.

FUNDAMENTOS

1. El Código Procesal Constitucional, vigente desde el 1 de diciembre del 2004 dispone


en su artículo 4°, segundo párrafo, que el hábeas corpus procede cuando una
resolución judicial firme vulnera en forma manifiesta la libertad individual y la tutela
procesal efectiva, entendida esta como la situación jurídica de una persona en la que
se respetan de modo enunciativo sus principales derechos y los principios de legalidad
procesal penal.

2. El recurrente interpone demanda de hábeas corpus alegando que no existe razón para
haberse dictado en su contra la resolución de fecha 3 de mayo de 2004, en virtud de
la cual se revoca la condicionalidad de la pena y se ordena la refoliación del
expediente, por cuanto el daño que ocasionó se encuentra plenamente garantizado
mediante el embargo de sus bienes, según se aprecia de la Resolución N.° 1, de fecha
16 de abril de 2002, mediante la cual el Séptimo Juzgado Especializado Penal de
Lambayeque dispone trabar embargo sobre sus bienes hasta por el monto de veintidós
mil nuevos soles (S/. 22,000.00). Asimismo, precisa que el período de prueba se
encontraba vencido en exceso al momento de emitirse la cuestionada resolución
revocatoria de la condicionalidad de la pena, todo lo cual configuraría el atentado a la
tutela procesal efectiva.

3. El artículo 59° del Código Penal establece que, si durante el periodo de suspensión el
condenado no cumpliera las reglas de conducta impuestas, el juez podrá amonestar al
infractor; prorrogar el período de suspensión hasta la mitad del plazo inicialmente
fijado, o revocar la suspensión de la pena. Por tanto, es facultad legal del juzgador el
adoptar cualquiera de estas medidas ante un eventual incumplimiento de las normas
de conducta fijadas. De la sentencia del 27 de diciembre de 2002, de fojas 20,
mediante la cual se condena al actor por el delito contra el patrimonio a dos años de
pena privativa de libertad con ejecución suspendida, se desprende que una de las
reglas de conducta que se estableció fue la reparación del daño causado, devolviendo
el íntegro del dinero motivo de la investigación, ascendente a seis mil dólares
americanos (US$ 6,000), sentencia que fue confirmada mediante resolución de fecha
8 de abril de 2003, de fojas 5.

4. Si bien mediante la citada resolución de fecha 16 de abril de 2002, de fojas 29, se


trabó embargo contra los bienes del actor, esto fue accionado por la parte agraviada,
no vislumbrándose intención alguna del recurrente por cumplir la norma de conducta
establecida por el juzgador; más aún cuando, con fecha 24 de abril de 2002, solicitó
se declarara nulo el embargo trabado en su contra, nulidad que fue encontrada
infundada por el Séptimo Juzgado Especializado en lo Penal de Lambayeque, con
fecha 3 de mayo de 2002; asimismo, con fecha 30 de junio de 2003, se le programó
audiencia de amonestación, declarándosele amonestado bajo apercibimiento con
fecha 6 de agosto de 2003. Posteriormente, con fecha 19 de setiembre de 2003,
nuevamente se ordenó notificar al actor a fin de que cumpliera con las normas de
conducta fijadas, bajo apercibimiento de aplicar el citado artículo 59°, contra lo cual
el actor interpuso recurso de apelación, el cual fue declarado improcedente por tratarse
el auto citado de un decreto. Posteriormente volvió a interponer recurso de apelación,
que fue declarado improcedente porque correspondía recurso de queja. Con fecha 15
de diciembre de 2003, se declara infundado el recurso de queja presentado por el actor
con fecha 3 de mayo de 2004; infundada la nulidad interpuesta por la defensa del
actor, y se revoca la suspensión de ejecución de la pena, convirtiéndola en efectiva,
notificándose con edictos, contra la cual el recurrente vuelve a interponer apelación,
tras lo cual el Duodécimo Juzgado Penal, con fecha 9 de agosto de 2004, confirma la
resolución venida en grado, revocando la condicionalidad de la pena, la cual es
apelada y es declarada improcedente mediante auto de fecha 14 de setiembre de 2004,
como también su recurso de queja, pues este solo procede por denegatoria de
apelación. Finalmente, con fecha 23 de setiembre de 2004, se emite resolución en la
que se dispone la inmediata ubicación y captura del actor. De lo expuesto, queda claro
que el actor tuvo pleno acceso, en todo momento, a los remedios y recursos
impugnatorios que la ley procesal contempla, además de haber demostrado renuencia
a acatar la norma de conducta establecida.

5. El artículo 330° del Código de Procedimientos Penales establece que la sentencia


condenatoria se cumplirá aunque se interponga recurso de nulidad; asimismo, el
artículo 294° del mismo cuerpo legal señala que el recurso de nulidad no impide que
se cumpla la sentencia expedida por el Tribunal. En autos está acreditado que al
accionante se lo condenó mediante resolución de fecha 27 de diciembre de 2002, por
el plazo de prueba de un año, y posteriormente, ante su renuencia a acatar las normas
de conducta, se prorrogó el período de suspensión de la ejecución de la pena por un
período de seis meses, mediante resolución de fecha 1 de setiembre de 2003; en
consecuencia, computado el plazo y tomando en cuenta los artículos citados, el plazo
vence el 26 de junio de 2004. Goza, por tanto, de plena validez la resolución de fecha
3 de mayo de 2004, mediante la cual se dispone revocar la condicionalidad de la pena
y la refoliación del expediente, en virtud de lo prescrito en el artículo 59° del Código
Penal. No advirtiéndose ninguna afectación a los derechos de tutela procesal del actor,
resulta de aplicación, a contrario sensu, el párrafo segundo del artículo 4° del Código
Procesal Constitucional.

Por estos fundamentos, el Tribunal Constitucional, con la autoridad que le


confiere la Constitución Política del Perú

HA RESUELTO

Declarar INFUNDADA la demanda.

Publíquese y notifíquese.

SS.
ALVA ORLANDINI
BARDELLI LARTIRIGOYEN
VERGARA GOTELLI

EXP. N.º 00741-2010-PHC/TC

UCAYALI

ENRIQUE SANTIAGO

GARCÍA ARANA

SENTENCIA DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

En Lima, a los 28 días del mes mayo de 2010, la Sala Segunda del
Tribunal Constitucional, integrada por los magistrados Mesía Ramírez,
Calle Hayen y Eto Cruz, pronuncia la siguiente sentencia

ASUNTO

Recurso de agravio constitucional interpuesto por don


Hernán Gorin Cajusol Chepe, abogado de don Ernesto Santiago García Arana,
contra la sentencia emitida por la Segunda Sala Penal de la Corte Superior de
Justicia de Ucayali, de fojas 366, su fecha 20 de enero de 2010, que declaró
improcedente la demanda de hábeas corpus de autos.

ANTECEDENTES

Con fecha 7 de diciembre del 2009, don Enrique Santiago García Arana
interpone demanda de hábeas corpus solicitando la nulidad de la Resolución
N.º 04, de fecha 1 de diciembre del 2008, expedida por la Primera
Sala Especializada en lo Penal de la Corte Superior de Justicia de Ucayali, que
confirmó la Resolución de fecha 19 de agosto del 2008, expedida por el Cuarto
Juzgado Especializado Penal de Coronel Portillo, mediante la cual se revocó la
suspensión de la ejecución de la pena privativa de la libertad por dos años y
dispuso hacerla efectiva. Señala el recurrente que se le instauró un proceso de
alimentos (Exp. N.º 0070-1994) en el que se le requirió el pago de S/. 6,515
(seis mil quinientos quince nuevos soles) por la liquidación de alimentos
devengados; y que sin embargo, al ser una persona de avanzada edad, no
tener un trabajo fijo y tener otras cargas de familia, no pudo cumplir con el
pago requerido, por lo que se le inició proceso penal por el delito de omisión
de asistencia familiar (Expediente N.º 2005-00299-0-2402-JR-PE-2), en el que
fue condenado a dos años de pena privativa de la libertad suspendida,
teniendo como regla de conducta, entre otras, la de pagar el monto total de
los alimentos devengados. Asimismo, refiere que como no pudo cumplir con
el pago, inicialmente fue amonestado por Resolución del 13 de abril del 2007,
y que mediante Resolución del 6 de setiembre del 2007 se resolvió revocar la
suspensión de la pena, y que contra esta última resolución interpuso
apelación, que fue confirmada mediante Resolución de fecha 30 de abril del
2008.

Añade que paralelamente, logró reunir el dinero, que fue entregado en


efectivo a su hijo, quien ya es mayor de edad, mediante documento de fecha
cierta y con firmas legalizadas, y que este documento de transacción judicial
fue presentado al juzgado; sin embargo por Resolución de fecha 19 de agosto
del 2008 se establece que la resolución que revocó la suspensión de la pena
tiene carácter de cosa juzgada, por lo que ya no puede ser modificada; igual
pronunciamiento se obtuvo de la Resolución de fecha 1 de diciembre del 2008.
Asimismo, afirma que interpuso recurso de nulidad, el que fue declarado
improcedente por Resolución de fecha 14 de enero del 2009. Concluye en que
todo ello vulnera sus derechos a la motivación de las resoluciones judiciales y
a la libertad individual.

El Procurador Público del Poder Judicial, al contestar la demanda, señala


que la demanda no tiene contenido constitucional y que el recurrente ha
planteado todos los recursos que las normas procesales prevén.
El Primer Juzgado Especializado en lo Penal de Pucallpa, con fecha 17
de diciembre del 2009, declaró infundada la demanda, por considerar que lo
que se pretende es un reexamen de la Resolución N.º 4, de fecha 1 de diciembre
del 2008 y se revalore las pruebas (transacción extrajudicial). Asimismo, señala
que de la resolución antes mencionada guarda congruencia respecto de los
hechos y lo decidido, existiendo una suficiente fundamentación jurídica.

La Segunda Sala Penal de la Corte Superior de Justicia


de Ucayali revocó la apelada declarándola improcedente al considerar que la
pretensión que se deje sin efecto la revocatoria de la suspensión de la pena,
implica una valoración de la resolución cuestionada que excede el objeto del
hábeas corpus.

FUNDAMENTOS

1. El objeto de la demanda es que se declare la nulidad de la Resolución


N.º 04, de fecha 1 de diciembre del 2008, expedida por la Primera
Sala Especializada en lo Penal de la Corte Superior de Justicia deUcayali,
aduciéndose que vulnera los derechos a la motivación de las resoluciones
judiciales y a la libertad individual.

2. El Tribunal Constitucional, en reiterada jurisprudencia, ha precisado que el


derecho a la libertad personal no es un derecho absoluto, sino relativo. Ello
quiere decir que es susceptible de ser limitado en su ejercicio. No obstante,
es claro que las eventuales restricciones que se puedan imponer no están
libradas a la entera discrecionalidad de la autoridad que pretende limitar
su ejercicio. En ese sentido, la legitimidad de tales restricciones radica en
que ellas deben ser dispuestas con criterios objetivos de razonabilidad y
proporcionalidad, a través de una resolución judicial motivada.

3. Conforme al artículo 59 del Código Penal, ante el incumplimiento de las


reglas de conducta fijadas en la resolución que dispone la suspensión de la
ejecución de la pena, el juez puede según, los casos: 1) Amonestar al
infractor; 2) Prorrogar el período de suspensión hasta la mitad del plazo
inicialmente fijado, o 3) Revocar la suspensión de la pena. Dicha norma no
obliga al juez a aplicar tales alternativas en forma sucesiva, sino que ante
el incumplimiento de las reglas de conducta impuestas, la suspensión de la
ejecución de la pena puede ser revocada sin necesidad de que previamente
sean aplicadas las dos primeras alternativas.

4. Según se advierte a fojas 3 de autos, por Resolución de fecha 13 de abril


del 2007, se amonestó a don Enrique Santiago García Arana para el pago
de las pensiones devengadas, bajo el apercibimiento de prorrogar o
revocar la suspensión de la ejecución de la pena en el proceso por el delito
de omisión de asistencia familiar (Exp. N.º 2005-00299-0-2402-JR-PE-2).
Mediante Resolución de fecha 4 de junio del 2007, se dispuso la prórroga
del plazo de suspensión de la pena. Y, ante el reiterado incumplimiento por
Resolución de fecha 6 de setiembre del 2007 (fojas 5), se resolvió revocar la
suspensión de la ejecución de la pena y se dispuso hacer efectiva la pena
de dos años de pena privativa de la libertad. Esta resolución fue confirmada
por Resolución de fecha 30 de abril del 2008 (fojas 10). A fojas 15 de autos
se aprecia la Resolución de fecha 19 de agosto del 2008, por la que se
declara improcedente el pedido de dejar sin efecto la revocatoria, pues el
recurrente ya habría cumplido con cancelar las pensiones devengadas al
considerar que la resolución que dispuso la revocatoria ya es cosa juzgada.
Por Resolución N.º 04, de fecha 1 de diciembre del 2008 (fojas 19) se
confirma la improcedencia antes señalada. Con ello se evidencia que el juez
de la causa no revocó la condicionalidad de la pena de manera arbitraria e
irrazonable, sino luego de haberse aplicado conforme a ley el artículo 59º
del Código Penal; además, en su motivación, se expresa de manera objetiva
y razonada los fundamentos que sirvieron para su dictado, conforme se
aprecia en el considerando Segundo de las Resoluciones de fechas 6
de setiembre del 2007 y 30 de abril del 2008. Cabe señalar que a la fecha en
que se expidió la Resolución de fecha 30 de abril del 2008, no se había
cumplido con cancelar las pensiones devengadas, situación a que se hace
referencia con fecha 18 de agosto del 2008.

5. De lo expuesto en la demanda este Colegiado considera que lo que en


puridad pretende el accionante no es la tutela urgente ante una supuesta
vulneración de sus derechos constitucionales invocados, sino la revisión del
fondo de una decisión judicial que ha adquirido la calidad de cosa juzgada.
Al respecto, cabe señalar que si mediante un proceso penal se determinó
la responsabilidad penal del accionanterespecto del delito de omisión a la
asistencia familiar, siendo condenado a pena privativa de libertad
suspendida bajo reglas de conducta, resulta un imperativo que éstas deben
ser cumplidas bajo apercibimiento de revocársele
dicha condicionalidad conforme lo establece la ley penal sustantiva; mal haría
este Colegiado al pretender evaluar la pertinencia o no de las reglas
impuestas y/o de la revocatoria de la suspensión de la pena ante el no
cumplimiento por parte del actor, opción que, además, no se encuentra
dentro de las facultades que la ley otorga a este Tribunal Constitucional,
dado que no es una suprainstancia jurisdiccional, por lo que la demanda debe
ser desestimada en aplicación, contrario sensu, del artículo 2º del Código
Procesal Constitucional.

Por estos fundamentos, el Tribunal Constitucional, con la autoridad que le


confiere la Constitución Política del Perú

HA RESUELTO

Declarar INFUNDADA la demanda porque no se ha acreditado la vulneración


de los derechos a la motivación de las resoluciones judiciales y a la libertad
individual.

Publíquese y notifíquese.

SS.

MESÍA RAMÍREZ
CALLE HAYEN
ETO CRUZ