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BOLILLA 6

CERVANTES: “Don QUIJOTE de la mancha”


Apuntes de María José Bon

Américo Castro: Cervantes se sitúa en el punto medio de una crisis literaria del siglo XVI –literatura idealista (serie
heroica) y literatura realista (cómico, picaresca). Estas son dos vertientes comunes en la literatura española.
Cervantes lo que hace es sintetizar esas dos vertientes.

Es importante el momento de transición que se vive: en el siglo XVI (1ª mitad), se respira y existe una tendencia
tolerante. En cambio en la 2ª mitad del siglo XVI y el siglo XVII, reina Felipe II quien lleva adelante una fuerte
intolerancia religiosa. Se una a ello también el Concilio de Trento y el triunfo del Barroco.

En el pasaje de un siglo a otro es donde Cervantes realizó la segunda parte de su obra. Por lo tanto la obra expresa
ese período de crisis: 1571, Batalla de Lepanto, 1588 pérdida de la “armada invencible”.

Quijote es la obra más representativa de lo español porque capta ese cambio decisivo en la historia y en la literatura
y sintetiza las dos vertientes.

Cervantes representa la generación “bisagra” de ese significativo cambio se signo de la historia española. En su
propia vida se evidencian estos cambios de los que él es muy conciente y que los plasma en su obra. En Don
Quijote encontramos: historia española, historia personal, historia literaria.

Miguel de Unamuno sostiene que la obra supera a Cervantes. Los elementos significativos del Quijote escapan a la
conciencia y la voluntad del autor.

Primera etapa de su vida: mundo congruente en que los ideales coinciden con la realidad.
Luego viene en desencanto: violación de la armonía entre el hombre y la realidad, sólo puede ser expresada por
medio de un loco que intenta hacer justicia. Por medio de su obra, Cervantes crítico profundamente los ideales
arquetípicos en forma alegórica, cómica y también muestra la contrapartida: la realidad que él niega rotundamente.
El desencanto del ideal ya venía apareciendo desde la Edad Media desde La Celestina (dándose también en el
Lazarillo).
Supo entonces sintetizar el momento más crítico de su propia vida: el pasaje del triunfo a la derrota (paralelismo
entre vida e historia nacional).

La realidad se plantea en forma de decadencia del estado español, no necesita del pueblo español, aunque el Estado
hace que el pueblo padezca determinadas consecuencias. El Estado está separado del pueblo.

Cuando Cervantes vuelve de su cautiverio en Argel se encuentra con un panorama de una España en profunda crisis
social y económica. A nivel cultural: disminuyen a la mitad los estudiantes en la Universidad, etapa de la
inquisición (quema de libros, prisión), expulsión de moros y judíos. Casi el total de la población es parasitaria:
curas, clérigos de órdenes menores, monjes, vagabundos, soldados y marinos, suman una gran cantidad en el censo
de 1570.

Esta realidad choca con los ideales renacentistas. Las ambigüedades del Quijote sintetizan los cambios de esta
nueva sociedad, de este nuevo siglo que comienza. Existe, a su vez, un divorcio importante entre la manera de
producir y la manera de vivir, entre la realidad y el mito-sueño con un pasado idealizado, con un futuro utópico, con
una realidad que no es esa que ellos viven: literatura ascética y mística.
Estilo: concepción barroca o manierista de la obra. Hausser –manierismo: refinado, voluntariamente artificioso,
reflexivo y saturado de vivencias culturales. Se relaciona con el barroco (segundo y tercer renacimiento). En la
pintura se desintegran figuras más o menos independientes (fragmentación).

Hay por lo tanto posturas diferentes acerca del Quijote y que en el se da unidad y fragmentación.
Lo común en el manierismo es la tendencia a los contrastes drásticos: la mezcla de lo real y lo irreal, los gestos
contrarios, insolubles, dificultades y paradojas así como la actitud intelectualista y la mentalidad irracional.
Cervantes fue un pensador realista, tono burlesco y racional. Símbolo de la derrota del ideal caballeresco.
Condicionado por las contradicciones de la época (ideas diferente de realidad) que lo llevan al manierismo.
A fines del siglo XV la cultura tenía carácter cortesano: novelas de caballería. Formas de vida idealizadas para la
nueva nobleza cortesana, pero son incompatibles con la racionalidad del nuevo orden económico y social. Pero todo
esto llegará a mostrar ese vacío y hay un cansancio de esas novelas de caballería. Cervantes muestra otra forma de
leer, incorpora al lector a la obra, lo tiene en cuenta seriamente; lo hace acompañar esa experiencia de escritor. Los
ideales caballerescos pertenecen al pasado y su valor en sólo una ficción.

Justamente en España los ideales caballerescos habían alcanzado una gran valoración. Una importancia que tiene
que ver con la religión –fe, honor, nobleza-. Pero todo esto ya no tiene valor en el mundo burgués. Cuando
Cervantes ataca la novela de caballería no sólo ataca esa forma de literatura, sino que también ataca la evasión
acerca de la realidad que se viene dando en la idealización del pasado.

La biografía de Cervantes representa precisamente esa coyuntura en especial: familia pobre, entra al ejército de
Felipe II (batalla de Lepanto), vive en cautiverio cinco años, a su regreso están en la miseria España y su familia.

En la obra, la contradicción entre lo ideal y lo real, si ya que Don Quijote apela al encantamiento, la magia concilia
el ideal y la realidad, lo que no puede hacerse racionalmente. Mas que nada en la 2ª parte si se logra conciliar mejor
(Cap. IX y X de la 2ª parte).

IDEALISMO ABSTRACTO/REALIDAD INABARCABLE – FRACTURA ENTRE EL SUJETO Y EL MUNDO.

La ambigüedad de la obra parte también de la ambigüedad del pensamiento del autor, quien, como hijo de esa
época, no es ni totalmente racionalista, ni idealista. Tiene una actitud oscilante. Cervantes somete al lector a una
especie de “auto engaño” conciente, tiene que hacer un ejercicio activo.

Género. Según Gilman el Quijote es tomado como fenómeno genérico culto en la historia de occidente. Inició un
género pero con características peculiares que no se van a volver a dar. No hay influencias inmediatas, recién en
algunos novelistas del siglo XX.

Quijote como formadora de lectores: enseñó a los aficionados a las novelas de caballería, sentimentales y
picarescas, como reformar sus malos hábitos de lectores; no puede ser pasivo, complaciente, sino activo, inquieto,
que no acepte la duda, la ambivalencia.

Para Ortega y Gasset toda novela deriva del Quijote, así como todo poema épico deriva de Homero.

Para Foucault el personaje surge desde un plano marcado por las novelas de caballería, un personaje hecho de
palabras.

Estructura paródica del Quijote: intención satírica. El propósito del prólogo es burlarse de las novelas
de caballería. Ridiculiza el estado en que ha quedado el caballero por leerlas.
TRES SALIDAS EN TOTAL: dos en la primera parte y una en la segunda parte.

En la segunda salida tiene la compañía de Sancho:


- Molinos de viento. - Batanes.
- Marcela y Gnsóstomo. - Galeotes.
- Vizcaíno. - Yelmo de Mambrino.
- Yangüeses. - Sierra Morena.
- Venta. - Encantamiento.
- Rebaños.
Menéndez y Pelayo sostiene que los relatos episódicos (novela pastoril y novela de estilo psicológico) se relacionan
directamente con la historia del Quijote. En la segunda parte (posterior al Quijote apócrifo), parece más conciente
de la dificultad de vencer al mundo y es envuelto por el engaño. En esta parte el caballero es vencido.
PRIMERA PARTE
Prólogo: “Introducción al Quijote” Roley.

Escrito probablemente en 1604, refleja directamente algo de la agitación existente en el mundo literario hispánico
en los primeros años del nuevo siglo. El objeto inmediato es Lope de Vega y los dos romances que había publicado,
uno de ellos probablemente sólo unas pocas semanas antes. De lo que acusa Cervantes a Lope es de
“presuntuosidad”. El autor expresa a su “amigo” preocupación de que su libro resulte tristemente deficiente en
notas eruditas marginales y bastante parcas en sonetos compuestos por “duques, marqueses, condes, obispos,
damas o poetas celebérrimos”.

La mayor parte de la ironía se va desvaneciendo a medida que llega el clímax de su argumento, todo él es una
inventiva contra los libros de caballería. El mensaje positivo de este Prólogo tan lleno de jocosa ironía es que lo
importante en el propósito de la obra, no sus adornos, y que eso es lo que debería regir su forma. Se afirma tres
veces que su objeto es desacreditar los libros de caballerías. Por este motivo, el amigo declara que todo lo que
necesita es escribir bien y llanamente, “pintando, en todo lo que alcanza redes y fuere posible, vuestra intención”.

Detrás de la modestia burlona y de la ironía del prólogo se percibe una nota desafiante, casi provocativa, que va
más allá del mero rechazo de la pedantería y de la presunción. El mismo Cervantes se aparta de ciertas prácticas
literarias de su época, sin importancia en sí mismas, pero indicativas de una tendencia que él podía razonablemente
deplorar. Cervantes expresa en su novela el deseo de “que el simple roce enfade y, además de obtener la admiración
del “discreto”, la aprobación del “grave” y el elogio del “prudente”.

Cuando nos apercibimos que Cervantes ha fabricado este prólogo con palabras tomadas de su amigo, nos damos
cuenta de lo escurridizo de la ironía cervantina y, de nuevo, al sospechar que el amigo es imaginario. El ORGULLO
y la IRONÍA están presentes. ESTE AUTOR TAN DESPIERTO TRANSFORMA LA CRÍTICA EN CREACIÓN Y,
AQUÍ COMO EN TANTOS OTROS LUGARES, LLEVA LA ATENCIÓN AL ACTO DE COMPOSICIÓN DE SU
OBRA.
-Apuntes-
La primera palabra que da lugar a la obra ya sorprende, ya mueve, estamos en presencia del discurso barroco:
“Despreocupado lector” –Destinatario. El prólogo que introduce y guía hacia la lectura de la obra tiene una serie
de preceptos comunes que se repiten y transgreden a este caso. Se dirige al lector aludiendo al ocio. Sentido irónico,
la que intenta es involucrar a aquel que no tenga “otra cosa que hacer” es éste el tópico de la falsa modestia.
También cumple con el principio retórico de la “CAPTATIO BENEVOLENTIA”, llamándolo también (al lector)
“CARISIMO”.

Dirigiéndose al lector real, le da total libertad de crítica e interpretación, con la cual se opone al prólogo del
Lazarillo. No hay por encima del pensamiento del lector, ningún tipo de autoridad.
Cervantes realiza a su vez una parodia cuando imita los otros prólogos, pero utiliza un recurso contrario, aparenta
no querer atraer la atención del lector y no querer atraparlo como lo hacen los prólogos en general. Logra por la
rareza lo mismo que los otros.

También es importante destacar que, con dicho prólogo anticipa la pluralidad de narradores, el libro como tal y el
personaje. Intenta producir una obra puramente racional ya que el entendimiento es lo supremo en la mentalidad de
la obra.

Vemos un lenguaje propiamente barroco en el uso de las exageraciones, reforzamiento por acumulación de ideas
similares. Así mismo la obra y el autor mantienen un vínculo muy estrecho que es producto de sí mismo. Según él,
la creación depende del talento y el estímulo los males son en su caso “estéril” y “mal cultivado” respectivamente,
nuevamente a través de estas palabras juega con el tópico de la falsa modestia o real subestimación.
Nos encontramos con la metáfora del libro como hijo. Define su novela como un “hijo” que rompe con la armonía y
con la norma, es algo no usual, raro. Se aleja de lo aceptado y lo aceptable, va en contra del orden. Pero su armonía
es otra, la consonancia que él busca no es la preceptiva, es la verdad, no la entelequia, sino con la del propio “yo”
enfrentándose a la realidad. Por lo tanto si su obra es “hijo del entendimiento”, y él dice ser estéril y mal cultivado,
su hijo será seco y avellanado (al igual que Quijote personaje). Este hijo suyo acarreará “pensamientos varios”,
dispares, diferentes, contradictorios. Esta novela es algo nunca visto, raro y por celo su autor busca la manera de
justificarse. Cuando se está en conflicto se produce una obra muy extraña. De allí que Cervantes hable de las
diferentes maneras de creación: bucólica y en la cárcel, estos presentan diferentes lugares y momentos de
enunciación. Cuando habla de “cárcel” podría estar manejando varios significados. Podría estar hablando de la
cárcel real en la que habría comenzado a escribir la obra. O podría estar hablando del mundo con sus normas que
coartan la liberación de su creatividad.

Esta idea de la cárcel se desarrolla y con ella llegamos a la conclusión de que ella impide el encuentro del individuo
con su propia fuerza creadora. Ella predispone a una incomodidad y ruido, los cuales dan una situación menos
apropiada, (con dificultad), que tiene el individuo para crear dentro del mundo, que entorpece, se opone a él.

Así como aparece la idea de la cárcel, también aparecen imágenes antitéticas: la libertad, la exterioridad, la calma la
situación propicia para crear. Ellas se van mostrando por medio de diferentes imágenes simbólicas.

En cuanto al autor mismo, este no suele criticarse. Sin embargo, Cervantes hace lo contrario. Al considerarse
“padrastro” y no directamente “padre” de su libro. Al considerarse “padrastro” y no directamente “padre” de su
libro, puede colocarse en un punto de vista crítico consigo mismo. El tomar el papel de padrastro lo ayuda a
adquirir una mayor autonomía. Esa autonomía lo ayuda a no hacerse cargo totalmente de la obra, le da mayor
libertad.

Esa libertad, también beneficia al lector, a quien llama “lector carísimo”. Cervantes le dará una gran importancia a
la RECEPCIÓN. El lector ocupará un lugar muy importante, de valor, ya que sin el lector, la lectura se hace
imposible. El autor apuesta al LIBRE ALBEDRÍO, tomando al lector como libre pensador. Cada uno puede pensar
y decir lo que quiere, ello lo reafirma con el refrán “debajo de mi manto, Rey mato”. El apuntar al lector libre en
una sociedad con las libertades coartadas es un gran desafío. La libertad proporcionada al lector, “tienes tu alma en
tu cuerpo”, se hace extensiva a todos los seres humanos, todo hombre es capaz de tener su propio pensamiento. La
comparación extiende esto a la absoluta autoridad de la opinión de cada uno. (Escribir y publicar es estar sometido
a la opinión de esos lectores).

En los prólogos del siglo XVI no había una relación directa con la obra, en este caso es diferente porque ya se
comienzan a delinear las características de la obra en el prólogo, no está hecho según fórmulas establecidas
independientes de la obra.

Se presenta, luego, al autor mismo en su oficio. Se produce así dramatización de la creación. Es la figura del propio
Cervantes en el momento de la realización del prólogo. Podríamos hablar entonces de un “meta-prólogo”, es una
reflexión y génesis del prólogo. Con la introducción de este elemento en el prólogo, vemos lo inusual de su
composición. No se acostumbraba a presentar otros personajes en el prólogo, Cervantes utiliza un recurso
humorístico mediante el cual diferencia su obra de otras desde el INICIO. Para él la importancia de la opinión
pública se da desde la generalidad, el vulgo, y no desde los críticos o eruditos. Con ello también critica a las obras
que se apoyan excesivamente en citas de autoridad.
Se hace muy difícil realizar un prólogo porque no es fácil anticipar y ubicar la obra. Además su obra romperá
paradigmas y cuesta sacarla a la luz porque hasta su prólogo es diferente a cualquier otro. Para reafirmar esto, se
presenta la figura de un amigo quien le dice que invente los recursos, su dedicatoria y sus palabras de autoridad.
El prólogo intenta establecer: el género de la obra, que es confuso; sus funciones, deleitar y enseñar; los diferentes
lectores y lecturas; su fin, derribar las novelas de caballería. Por lo tanto, se afirma que el propósito fundamental del
Quijote como obra es deshacer la autoridad de las novelas de CABALLERÍA. Esto se hace manifiesto en forma
explícita. Las novelas de caballería son máquinas, como tales se encargan de repetir, esto es lo opuesto a la
invención. Al contrario de esto, la novela de Cervantes es todo originalidad e invención que se da por medio de la
imaginación, esta en su preceptiva.
El punto es “deshacer”, erradicar el gusto por las novelas de caballería, su estatus literario y su autoridad. En este
prólogo aparecen AUTOR, OBRA, RECEPTOR.
TÍTULO: EPÓNIMO1

“EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA MANCHA”

 Ingenioso: capacidad de creación, ingenio para crear y transformar. Es irónicamente para no usar la expresión
“loco”.
 Hidalgo: condición de nobleza.
 Don Quijote de la Mancha: nombre que el propio personaje se da. Autodenominación.

CAPÍTULO I: “Que trata de la condición y ejercicio del famoso y valiente hidalgo Don Quijote de la Mancha”.
Se da la presentación, muy vaga ya que estamos frente a una mínima ubicación de lugar: “La Mancha”, esto da
verosimilitud porque existe. Desde aquí se aleja de las novelas de caballería en las cuales los lugares eran
inventados. A la vez en vago porque no se especifica detenidamente que es y donde queda aquel lugar de la
Mancha. Esta presentación carece así mismo de ubicación temporal.

“Vivía un hidalgo”, este es el título más bajo de la nobleza (hombres con este título había muchos). Este hidalgo es
uno más entre tantos: “de los de”, generaliza, con ello podemos ver que no tenía importancia dentro de la sociedad.
Describe así mismo los elementos que lo acompañan:
“lanza en astillero” sin uso, colgada en un perchero, olvidada. “Adarga antigua” escudo también que recuerda otra
época, un pasado caballeresco. “Rocín flaco” un caballo común, de tareas de campo y por último “galgo corredor”,
un animal de caza, típico de la nobleza.

Luego de estos elementos, pasa a los culinarios para resaltar tres aspectos muy importantes que hacen a la vida del
Hidalgo: OCIO, RUTINA Y POSICIÓN ECONÓMICA. Al describir lo que come, notamos que vive en el ocio
porque si no describiría (el narrador) las acciones que éste realiza. La rutina la notamos en lo estipulado de su
alimento, rodas las semanas lo mismo. Y por último su posición económica se delata al nombrarse su hacienda y sus
pertenencias, con ello podemos advertir que no tiene mucho dinero. En sus alimentos también podemos encontrar
elementos que nos ayudan a descifrar su estado económico: “más vaca que carnero”, la carne de vaca era más
barata: “salpicón las más de las noches”, sobras del medio día. Luego habla de las comidas de los viernes, sábado y
domingo que pueden relacionarse con las costumbres de tres religiones diferentes: cristiana, judía, musulmana.

En cuanto a su vestimenta, tiene dos trajes: uno para las fiestas, ya pasado de moda; y otro para todos los días “de lo
más fino”, irónicamente hace alusión a lo gastado del traje no a su calidad.
Su núcleo familiar o mejor dicho quienes lo acompañar son un ama de unos 40 años, una sobrina de 20, y un mozo
que hace todo tipo de tareas (al que se nombra esta única vez y no vuelve a aparecer). Con respecto a las mujeres,
no hay comunicación con ellas ya que una es una criada y la otra es muy joven. Serán además las oponentes de la
locura al Don Quijote e intentarán retenerlo.

Los rasgos fundamentales del hidalgo son: su edad, 50 años, con lo cual se nos indica que ya ha pasado más de la
mitad de su vida y no ha habido nada para contar sobre él. “Seco de carnes”, “enjuto de rostro”, “complexión
recia”, H. de San Juan sostiene que los caracteres físicos forman el carácter y la personalidad. El temperamento de
hidalgo es caliente y seco, la complexión recia da la idea de firmeza, de fortaleza, elementos que construirán a Don
Quijote. En cuanto a su identidad “quieren decir”, aquí se presenta el problema de la autoridad, este comentario
hace pensar que otros escritores hablan o hablaron del hidalgo, Cervantes juega con la AUTORÍA de la obra al no
saber exactamente el nombre del personaje: Quijada, Quesada, Quejona, no se da una definición exacta. Todo este
juego cobra sentido cuando se muestra la transformación, entramos en este marco para poder captar mejor el
cambio de vida.

PROCESO DE PÉRDIDA DEL JUICIO: el OCIO, lo lleva a la lectura de novelas de caballería, estas aportan
mayor amplitud y apertura a otras posibilidades. La lectura lo lleva a vender parte de su hacienda para comprar
libros, también a olvidarse de la casa y de la administración bienes. Se desvela por entender los libros que lee.
Cuestiona los acontecimientos que suceden en las novelas y hasta se le ocurre la idea de ponerse a escribir, pero
otros pensamientos lo estorban, lo inquietan. Él discute con el barbero y el cura sobre las novelas como si ellas
fueran verdad y no ficción. Fue así como “del poco dormir y del mucho leer, se le secó el cerebro”.

1
Tiene el nombre del personaje principal.
De esta manera llega a la pérdida total del juicio, esto lo afirma el autor tres veces: “perdía el pobre caballero el
juicio”, “vino a perder el juicio” y definitivamente “rematado ya su juicio”. Esto demuestra un proceso en el cual
decide armarse caballero andante: “hacerse caballero andante y irse por todo el mundo”, porque él estaba
convencido de que lo que leía era realidad.

POR LO TANTO EL PROCESO ES EL SIGUIENTE: LEER, LEER OBSESIVAMENTE, ESCRIBIR, ACTUAR.


Todas estas acciones son opuestas a lo estático de la introducción.
Decide convertirse en caballero por dos razones: una personal: la honra; y una social: el servicio de su república.
Los pasos que sigue son los siguientes:

1) Toma las armas de sus bisabuelos, las cuales permanecían hacía “luengos siglos” abandonadas, utiliza una
hipérbole para demostrar la no utilidad de las mismas. Se da cuenta de que no tiene celada y sin ella no puede ser
caballero, realiza una con sus propias manos, al probarla rompe la construcción de la celada (“suplió su industria”)
de la celada hace gala a su condición de ingenioso, muestra su habilidad, creación y transformación, o sea, su
capacidad de cambiar, modificar. La realidad se hace notoria. Vemos entonces que la realidad no es una y acabada.
Es lo que hacia uno es capaz de construir y transformar para sí.

Crea una nueva celada ya que la primera era muy débil pero esta vez no la prueba y agrega algunas barras de hierro.
Recurre a la fe, a creer sin ver ni comprobar, prefiere autoconvencerse. Su ideal no se sostiene en la confrontación
con la realidad, lo que cree es aquello que no está (en la construcción de la celada demora una semana).

2) Nombra a su caballo. Éste era muy flaco y viejo. Estaba enfermo: “más cuartos que un real”, “más tachas que el
caballo de Ganela, que era muy débil y flaco”. Debía buscar un nombre tan importante como: “Bucéfalo” de
Alejandro o “Babieca” del Cid; aunque el suyo no se igualaba. Decidió ponerle el nombre de ROCINANTE, que es
un nombre alto, sonoro y significativo, hace alusión a lo que había sido cuando fue “Rocín”, y “ante” también
porque es el primero de los rocines del mundo (demora 4 días).

3) Su propio nombre. “Don Quijote”: “de” es un sufijo superlativo con connotaciones negativas, aumentativo,
despectivo. “de la Mancha”, nombre toponímico, marca un lugar muy grande y abarcativo, sirve además para
declarar su linaje y su patria. A diferencia de los demás caballeros, su lugar de nacimiento es común y conocido. De
esta manera se produce a muerte del hidalgo y el nacimiento del caballero.

4) Construcción de la dama. Este paso es fundamental ya que “caballero sin dama es como árbol sin hojas y sin
frutos” y “cuerpo sin alma”. De esta forma nos da dos imágenes: imagen natura y una imagen metafísica. Don
Quijote decide tener una dama porque la dama es la testigo (en toda novela de caballería) de las hazañas del
caballero y su heroísmo. La dama da completud al caballero y él le envía sus vencidas para que se sepa de su
valentía y su amor.
Él transforma a Aldonza Lorenzo (nombre usual y común) en Dulcinea del Toboso. El nombre Aldonza viene de
dulce y él transforma ese nombre en Dulcinea, es que es musical, peregrino y significativo (además su terminación
es “ea” como Melibea de la Celestina). Parece que Alonso Quijano estuvo enamorado de ella pero nunca lo dijo.
Ahora Don Quijote lo anuncia a todo el mundo. Por medio de su discurso Don Quijote eleva a la labradora Aldonza
a princesa o señora. Dulcinea nunca aparecerá, sólo está en él y en su pensamiento.

CAPÍTULO II: “Que trata de la primera salida que de su tierra hizo el ingenioso don Quijote”.
Es la primera de don Quijote. Ella se produce en el mes de julio. Lo hace sin llamar la atención, “por la puerta
falsa” y sin que nadie se de cuenta.

Al poco tiempo de estar caminando por el campo se dio cuenta de que no había sido armado caballero, esta regla
era fundamental para la orden de caballería. Pero “pudiendo más su locura que razón alguna”, decidió seguir y ser
armado caballero “por el primero que se topase”. Las ceremonias para armar caballeros eran objeto de especial
atención en los libros y revestían gran solemnidad en la vida real, pero el objetivo podía conseguirse también
merced a un “procedimiento de urgencia” minuciosamente regulado.

Quijote sigue su camino y comienza a hablar consigo mismo, imaginando y esperando que alguien en el futuro
escriba sus aventuras (“el sabio que los escribiere”) (…).
El propio Cervantes rechazará luego una crítica diciendo que todos aquellos disparates fueron aprendidos por Don
Quijote en los libros de caballería. Nuevamente pone a prueba y juega con la autoría diciendo que ha buscado en los
Anales y en otros documentos en los que se habla de Don Quijote y sus aventuras (habla de Puerto Lápice y los
Molinos de Vientos).

Al anochecer encuentra en el camino una venta e inmediatamente se imagina en su lugar un CASITLLO, con cuatro
torres, puente levadizo y todo lo que un castillo debe tener. En la puerta se encuentra con dos prostitutas a las cuales
él confunde con doncellas hermosas.

Aunque Don Quijote no ha escuchado en aquel castillo una trompeta que anuncie su llegada no se inquieta, pero un
porquero que estaba recogiendo a sus puercos toca un cuerno y de esta manera, el caballero queda convencido de
que está, efectivamente, en un gran castillo.

La reacción de las mujeres al verlo es de risa y miedo a la vez. Don Quijote les habla con un lenguaje anacrónico,
viejo, el cual se hace difícil de entender para estas mujeres. En ese momento aparece el ventero, “hombre que por
ser gordo era pacífico”, y pregunta a Quijote que desea de su venta. Éste le habla con el lenguaje elevado que
corresponde a todo caballero y le dice “castellano”, por ser dueño de un castillo aunque el ventero cree que lo ha
confundido con alguien de castilla. El ventero dice que allí no es muy cómodo a lo que Quijote responde “mis
arreos son las armas, mi descanso el pelear”.

Ya dentro de la venta, las mozas intentan ayudarlo a sacarse la armadura, pero no pueden quitarle la celada porque
los nudos son imposibles de desatar. A raíz de ello se producirá un episodio muy cómico ya que al momento de la
cena, el caballero necesitará ayuda para poder comer. No come carne sino pescado: las mozas se lo dan en la boca y
el ventero le da el vino con una caña.

Quijote termina de confirmar que está en un castillo en el momento en que un castrador de puercos toca su silbato
varias veces y él cree que es música. Piensa que come pescado y pan de la mejor calidad rodeado de hermosas
doncellas y un castellano.

El capítulo termina con su preocupación por no haber sido armado caballero todavía por lo cual no puede tener
aventuras.

CAPÍTULO III: “Donde se cuenta la graciosa manera que tuvo don Quijote en armarse caballero”.
Don Quijote será armado caballero por el ventero. Luego de la cena, Quijote le pide al supuesto castellano que lo
arme caballero, se hinca y no se levanta hasta que el ventero acepta. Con este pedido el ventero termina por
comprender que realmente Don Quijote está loco y por “tener que reír aquella noche”, le sigue la corriente. Le
miente diciéndole que fue caballero y crea un discurso irónico en tono de burla en el cual invierte los sucesos y
tareas que debe realizar un verdadero caballero (igual demuestra conocimiento): “andando por diversas partes (…),
haciendo muchos tuertos, recuestando muchas viudas, deshaciendo algunas doncellas y engañando a algunos
pupilos y finalmente, dándose a conocer por cuantas audiencias y tribunales hay en casi toda España”. Don Quijote
no se da cuenta y no comprende la burla.

El ventero se da cuenta que allí no hay CAPILLA para que el futuro caballero pueda velar sus armas y ante la
emergencia sugiere realizar la ceremonia en un corral. Antes de ello le da algunos consejos a su “ahijado”. Él debe
llevar: dineros, camisas, ungüentos para curar heridas, conseguir un escudero. Don Quijote no sabía de estas cosas
que el caballero andante debía llevar porque en las novelas de caballería no las había leído, pero como ahora es
ahijado del ventero, deberá hacerle caso.

Luego de lo dicho el caballero lleva sus armas al corral y allí comienza a velarlas.

Se produce entonces la primera AVENTURA cuando aún no era armado caballero. Con una noche muy clara de
luna, todos los huéspedes que estaban en la posada, podían ver como Don Quijote procedía con su deber al cuidar
las armas. Él no podía dejar pasar a nadie que quisiera tocar o dañar sus armas y es por ello que tiene su primer
encuentro con un arriero. Éste va a buscar agua y no respetando las palabras de Quijote, quita las armas de la pila y
las tira lejos. Al no poder detener esta acción, Quijote se encomienda a Dulcinea, da un golpe al traidor, lo vence y
vuelve nuevamente a su labor. Pensando que el problema estaba resuelto, se aproxima otro arriero con el cual
sucede lo mismo.
La gente de la venta al ver esta pequeña afrenta, comienza a tirarle piedras a Don Quijote. El ventero intenta calmar
los ánimos recordando la locura de Don Quijote, este último ante el ataque, infunde temor a todos los que lo
castigan. De esta manera “el castellano”, decide darle la ORDEN DE CABALLERÍA, se disculpa por la actitud de
sus huéspedes y dice que ya no es necesario seguir velando las armas. Los pasos importantes para armarse caballero
son: PESCOZADA, golpe con la mano abierta o la espada en la nuca y ESPALDARAZO, toque con la espada
sobre los hombros. Don Quijote cree aquellas palabras y se dispone a recibir la “ceremonia”, él piensa que es mejor
porque siendo ya caballero podía atacar y en función de eso notar si era necesario.

El ventero toma un libro (a manera de manual) donde asentaba la paja y la cebada y comienza a repetir oraciones y
palabras incomprensibles. Lo acompañan un mozo y dos muchachas, le da el golpe y el espaldarazo.

Una de las mujeres, La Tolosa, se ciñe la espada, ella es hija de un remendón pero Don Quijote cree apropiado
llamarla Doña. La otra mujer se llama La Molinera y le calza las espuelas, él decide llamarla Doña también.

CAPÍTULOS IV – X: Oral.
IV- “De lo que le sucedió a nuestro caballero cuando salió de la venta”.

Don Quijote sale de la venta en el alba. Decide volver a su casa para seguir los consejos del ventero: buscar dinero,
camisas y un ESCUDERO. Por primera vez hace alusión a la figura de Sancho: vecino suyo, pobre, con hijos,
bueno para escudero. En este capítulo se enfrenta a dos aventuras.
1) Amo que castiga a su criado: Quijote da “gracias al cielo” porque sabe que está frente a una aventura. Ve a un
muchacho atado junto a una yegua. Está siendo azotado por su amo con una correa mientras le dice: “la lengua
queda y los ojos listos”, o sea, más vigilar y menos hablar.
Quijote interviene diciendo “Descortés caballero” porque confunde al labrador al ver caballo y lanza a su lado. Lo
desafía a pelear si no libera al muchacho.
Juan Haldudo sostiene que Andrés todos los días le pierde una oveja y el joven lo desmiente afirmando que lo acusa
de aquello para no pagarle todo lo que le debe. Don Quijote se ofende al escuchar que miente, hace de JUEZ. Pide
juramento a Haldudo de que pagará la deuda de Andrés. El labrador asiente pero Andrés advierte a Don Quijote
que su amo no es caballero. Quijote dice sin embargo que Haldudo puede ser caballero porque cada uno es dueño
de sus actos, de esta manera intenta hacer conciencia en el labrador. Luego que el caballero se va, feliz de haber
hecho lo correcto, el labrador vuelve a los golpes contra su criado: “quiero acrecentar la deuda, por acrecentar la
paga” (IRONÍA); luego lo deja ir. “El se partió llorando y su amo se quedó riendo”.

En tono de burla, el narrador comenta “Y de esta manera deshizo el agravio…”.

2) Aventura de los mercaderes: Quijote le habla a Dulcinea, le dice que debe sentirse dichosa porque él ha recibido
la orden de caballería y ha deshecho el primer tuerto y agravio. Se encuentra en una encrucijada de cuatro caminos,
imitando a los caballeros, deja dar rienda a Rocinante y que él decida por donde ir. Se topa allí con unos mercaderes
a los cuales ve venir desde lejos y se para a medio camino a esperarlos. Sin razón alguna los increpa y los hace jurar
que Dulcinea es la más hermosa de las doncellas. Los mercaderes se burlan, le piden un retrato el cual Quijote no
tiene por supuesto, y además, según él, no es necesario: “La importancia está en que sin verla lo habéis de creer,
confesar, afirmar, jurar y defender”. CREER SIN VER, CUESTIÓN DE FE. Tenemos aquí un enfrentamiento entre
realidad e ideal. Mientras los mercaderes necesitan ver para creer, Quijote se ofende ante ello. Los mercaderes
afirman que si Dulcinea es fea igual ellos estarán de acuerdo con Don Quijote en que es la más hermosa. El
caballero se altera y uno de los mercaderes lo golpea cuando Quijote cae al suelo porque Rocinante tropieza. Le
quiebran la lanza, y él no puede volver a levantarse.

V- “Donde se prosigue la narración de la desgracia de nuestro caballero”.


Don Quijote es encontrado por el camino por un vecino suyo, Pedro Alonso, un labrador. Al verlo malherido, lo
ayuda a recomponerse y lo lleva hacia su casa.
Quijote recita romances y se confunde con los personajes VALDOVINOS, MARQUÉZ DE MANTUA, RODRIGO
DE NARVÁEZ, etc. El labrador lo reconoce y lo llama Alonso Quijana. El caballero también confunde a su vecino
con un personaje pero este afirma: “yo no soy Rodrigo de Narváez”, “Y usted no es ni Valdovinos ni Abindarráez”.
A lo que Don Quijote responde: “Yo sé quien soy y sé quien puedo ser”. El puede ser esos y muchos otros más
porque sus hazañas son mejores que la de todos ellos juntos. Cuando llegan a la aldea, el vecino esperó a que se
haga más de noche para que nadie vea a Don Quijote en tal mal estado.
En la casa están muy preocupados porque hace tres días que Quijote desapareció y junto a él, el caballo y las armas.
La ama afirma que los LIBROS DE CABALLERÍA LE HAN VUELTO EL JUICIO AL HIDALGO. La sobrina
está de acuerdo y cuenta anécdotas sobre ello. Es ella quien propone la QUEMA DE LIBROS y todos están de
acuerdo. En ese momento el vecino y Don Quijote llegan y entran a la casa, todos salen a recibir y abrazar al
hidalgo. Él cuenta que está mal herido por haber caído del caballo, y que lo único que desea es comer y dormir,
pero no tiene ánimo para contar nada. Su vecino relata como encontró a Don Quijote y los disparates que éste dijo
en el camino. Al escuchar esto TODOS reafirmaron la idea de que Quijote ha enloquecido y que es necesario
QUEMAR LOS LIBROS.

VI- “Del Donoso y grande escrutinio que el cura y el barbero hicieron en la librería de nuestro ingenioso
hidalgo”.

Se produce aquí el escrutinio de libros. Entran al “aposento de los libros” y encuentran más de cien cuerpos allí. La
ama se asusta y trae agua bendita para rociarlos antes de tocarlos por si algún encantador los encanta antes de lograr
su cometido. El CURA ante esta situación, se ríe.

La sobrina propone quemarlos todos pero en realidad hay que realizar una selección. Los libros que se salvan son
“AMADIS DE GAULA” por ser el padre de las novelas de caballería y el mejor libro del género caballeresco.
Guardan “LA GALATEA” de Cervantes con lo cual se hace un guiño al lector y también guardan “DON
BELIANIS” por una cuestión nada más que de arbitrariedad.

VII- “De la segunda salida de nuestro buen caballero Don Quijote de la Mancha”.

El escrutinio se ve interrumpido por gritos de Don Quijote, cuando llegan a su habitación lo encuentran luchando
solo, dando “cuchilladas y reveses por todos lados” entonces lo fuerzan, lo obligan a volver a la cama. Don Quijote
delira y confunde al cura con TURPÍN, que Roldán lo ha dejado en ese estado, que él REINALDOS DE
MONTALBÁN. Luego que logran tranquilizarlo, pide comida y vuelve a dormir por unos días. En la noche se
queman los libros y se ponen de acuerdo en que deben inventar a Quijote que un encantador ha quemado sus libros.

La idea es murar y tapiar la puerta de entrada al aposento. Al despertar, Don Quijote busca el aposento y sus libros
pero no los encuentra. Pregunta a su ama y a su sobrina y ambas responden que fue un encantador que ha venido en
una nave, que hizo algo y dejó la casa llena de humo. El encantador tenía una gran enemistad hacia el dueño de los
libros y se llamaba “Muñatón”. Don Quijote corrige a su sobrina y dice que es “Frestón” y que efectivamente es su
enemigo. La ama dice que no importa el nombre del encantador que al fin termina en “tón”.

Durante 15 días Quijote parece haber dejado la idea de seguir siendo caballero, pero en realidad, en esos días
convence a su vecino de que sea su escudero. Aquí entra en juego el personaje de Sancho Panza. Él es un labrador
pobre. “Es un hombre de bien” con hijos y mujer, y con “poca sal en la mollera”, diferente al ingenio de Don
Quijote. Éste último lo convence al “pobre villano” de salir con él. Le promete el gobierno de una Ínsula y Sancho
por su ignorancia le cree.

Don Quijote siguiendo los consejos del ventero reúne dinero (vendiendo sus cosas), ropas y acomoda sus
implementos, sus armas. Sancho le comunica que le llevará una mula o burro y Quijote duda de si un escudero debe
andar en este animal, él no recuerda que ninguno que lo haga. Salen de noche, a escondidas (nuevamente), sin
despedirse. Vuelven al mismo camino de la primera vez. Andan toda la noche y durante la mañana hablan de la
Ínsula que Don Quijote ha prometido a su escudero. Sancho le dice que no se olvide pero el caballero le replica que
es muy común el entregar Ínsulas a los escuderos. A su vez Sancho piensa que su esposa (Juana o Mari Gutiérrez)
no podría ser reina ya que no vale dos maravedís, que condesa iría mejor.

VIII- “Del buen suceso que el valeroso Don Quijote tuvo en la espantable y jamás imaginada aventura de los
molinos de viento, con otros sucesos dignos de felice recordación”.

Episodio de los Molinos de Viento. Descubrieron 30 o 40 molinos a las cuales Quijote confunde con gigantes.
Sancho pregunta a su amo “¿qué gigantes?”, Quijote insiste en los molinos. El escudero trata de convencerlo pero
es imposible. Quijote se lanza a luchar contra sus imaginados gigantes. En eso los molinos comienzan a moverse
aún más. Acomete el primer molino y este quiebra su lanza, pega a Rocinante y lo despide a él rodando por el
campo. Sancho lo socorre y le repite que son molinos. Quijote echa las culpas a Frestón de que ha estado y
convertido a los gigantes en molinos. Luego de esto “siguieran el camino de Puerto Lápice”.

Sancho le dice a Quijote que se enderece porque parece que el golpe lo ha dejado muy mal. Él replica que no queja
porque ningún caballero lo hace, sin embargo Sancho le comenta que él se queja de menor dolor. Gran diferencia
entre Quijote y Sancho, valentía y cobardía. Vemos la simplicidad de Sancho de la cual Quijote se ríe pero acepta.

Luego Sancho recuerda que ya es hora de comer, pero Quijote no lo cree necesario y lo deja comer si quiere.

“Toda aquella noche no durmió don Quijote, pensando en su señora Dulcinea, por acomodarse a lo que había leído
en sus libros…”. Sin embargo Sancho al tener el estómago lleno durmió y Quijote tuvo que despertarlo a la mañana
siguiente. El caballero no quiso desayunar porque se había alimentado de “sabrosas memorias”. A los tres días
descubrieron Puerto Lápice.

Encuentro con los FRAILES DE SAN BENITO. Confunde a los frailes con dos encantadores que han raptado una
princesa y se dispone a “deshacer este tuerto”. Sancho advierte que no son encantadores sino frailes (nuevamente
trata de mostrar la realidad). Quijote dice: “lo que digo es verdad”, y los enfrenta. Sancho intenta aprovecharse de la
situación pero los mozos de los frailes lo golpean. Don Quijote mientras tanto está hablando con la señora del
coche. Allí tiene una discusión con el Vizcaíno y comienzan a luchar y la señora que va dentro del coche no
entiende lo que está sucediendo. El Vizcaíno hiere a Quijote en el hombro lo que hace que él se enfurezca aún
más… (queda inconclusa).
Nuevamente se juega con la autoría al decir que faltan los archivos sobre lo sucedido en esta aventura.

IX- “Donde se concluye y da fin a la estupenda batalla que el gallardo vizcaíno y el manchego tuvieron”.

Continuación de la batalla entablada en el capítulo anterior, aquí Cervantes sigue jugando con la autoría… Cuenta
como dio con los manuscritos de Don Quijote de la Mancha. Como no sabía leerlos busca algún morisco que pueda
traducirlos. Se da cuenta allí que aquellas carpetas decían: “Historia de don Quijote de la Mancha, escrita por Cide
Hamete Berengeli, historiador arábigo”. De esta manera Cervantes compró todas las carpetas y pidió al morisco que
las leyera y tradujese al castellano. Se describe a Rocinante y Sancho.

Luego de muchas palabras y discreción Cervantes cuenta el desenlace de la lucha. El vizcaíno: “torció la espada de
su contrario, de modo que, aunque le acertó en el hombro izquierdo, no le hizo otro daño que desarmarle aquel lado,
llevándole de camino gran parte de la celada, con la mitad de la oreja”. De esta manera Quijote enfureció e hirió el
vizcaíno en la cabeza, la mula salió corriendo y el vizcaíno cayó al suelo, Quijote le pide que se rinda y las señoras
del coche le piden que perdone su vida, él lo hace siempre y cuando el vizcaíno prometa ir al Toboso a contarle todo
a Dulcinea.
X- “De lo que más le avino a don Quijote con el vizcaíno y del peligro es que se vio con una caterva de
yangüeses. Luego de la mucha lucha, Sancho ruega que de ella puedan sacar alguna Ínsula que gobernar, pero
Quijote le aclara que de ella sólo gana una “oreja menos” y “golpes en la cabeza””.

Sancho afirmándose en la realidad teme que los lleven presos por aquella batalla, Quijote, tomando las novelas de
caballería afirma que eso no sucede a los caballeros andantes. El escudero comenta nunca haber leído una novela de
caballería, se ofrece para curarlo porque sangra por todas partes. Quijote recuerda que hay un bálsamo que lo puede
curar pero debe hacerlo: “con el cual no hay que tener temor a la muerte, ni hay que pensar en morir de ferida
alguna”. Quijote exagera con respecto a la cura de éste bálsamo ya que éste servirá cuando esté partido por la mitad.

CAPÍTULO XX: (Joaquín Casalduero “Sentido y forma…”) “De la jamás vista ni oída aventura que con
más poco peligro fue acabada de famoso caballero en el mundo como la que acabó el valeroso don Quijote de
la Mancha”.

EPISODIO DE LOS BATANES:


La noche era muy oscura y no podían ver nada pero comenzaron a escuchar un gran ruido de agua. “Llegó a sus
oídos un grande ruido de agua, como que de algunas grandes y levantados riscos se despeñaba”. Pero
inmediatamente esta alegría se termina al advertir que los golpes son al compás de un crujir de hierros. En el
bosque, la oscuridad rodea a los hombres; el mundo es noche tenebrosa, en la cual el hombre anda a tientas.
La oscuridad conduce al máximo encierro: a lo inmóvil. Todo el dinamismo, la acción, el movimiento de la
aventura, se concentra y reconcentra. La aventura es interior.

Se forma un fondo musical, dado por la noche también, se destaca la melancolía formada por tres temas: el
estruendo del agua, el rítmico golpear del hierro y cadenas y el manso y temeroso susurrar de las hojas. El mundo
plástico y luminoso va a dar a esa gran sinfonía de la soledad.
Este medio es dado por elementos auditivos para expresar la calidad de la acción, logrando al mismo tiempo una
rara, inmaterialidad de la aventura, se contrasta con la intervención de Sancho en la cual se consigue la inmovilidad
total y el temor máximo. El escudero es quien vive directamente a acción (ata y desata a Rocinante) de su amo, está
unido estrechamente a él; en la aventura de los batanes esta unión llega a tomar una forma física: “quedó abrazado
con el muslo izquierdo de su amo, sin osarse apartar de él un dedo”.

Sancho ruega, pide, suplica, que Don Quijote no se aparte de su lado, hasta que pasa la noche abrazado al caballero.
El escudero vive la aventura teniendo miedo, que va en aumento. La osadía queda para Don Quijote, pero toda la
acción valerosa es un osar y temer; todo héroe siente por un momento temblar su brazo. Ese temor que envuelve al
corazón intrépido está representado en la figura de Sancho anudada a su señor.

“La soledad, el sitio, la oscuridad, el ruido del agua, con el susurro de la hojas, todo causaba horror y espanto”.
Cada obstáculo es, para Don Quijote, un incentivo más a su valor. La aventura no tiene ningún prestigio antiguo. En
el bosque se concentra todo el mundo mágico del miedo. No es esto o aquello que infunde pavor, es todo; es en la
oscuridad, ese silencio sobre el cual se teje la melodía formada por los tres temas con su ritmo alucinante y
enloquecedor. Quijote y Sancho crean con los elementos que los rodean un mundo de terror y espanto.

Quijote propone irse pero Sancho está muy asustado pero las lágrimas de Sancho no lo conmueven y entonces el
escudero no tiene más remedio que atar las patas de Rocinante y abrazarse a su señor.

Para calmar la impaciencia del caballero cuenta Sancho un cuento desesperante. Por la manera de cantarle hace
perder la paciencia. Es un cuento sin fin (literalmente), el pescador del cuento comienza a pasar las cabras una a una
y nunca termina.
Vemos como Cervantes introduce el tema literario: manera popular y clase de cuento. Se subraya la impaciencia, la
espera, la inquietud; y es necesario observar que si para un lector moderno, viviendo con Don Quijote el tormento
de la espera, estas horas que preceden al amanecer están llenas de un lírico dramatismo, Cervantes le da al motivo
un gran aire burlesco, humor que aumenta cuando Sancho siente la necesidad de desatarse los calzones. Cervantes,
con gran seriedad humorística, “aisente” lo que ha podido causar la situación de Sancho: “Quizás el frío de la
mañana o más probablemente, el que hubiera comido algunas cosas lenitivas” pero calla la mejor razón: el miedo.
Inmóviles en la noche oscura, caballero y escudero se proyectan según su destino lo exige. Se enciende el ánimo de
Don Quijote en deseos de superación de sí mismo; la poquedad de Sancho se expresa en su actividad fisiológica.
Cada uno se comporta como debe: para Don Quijote, todo el valor, para Sancho, todo el miedo.

El Barroco trabaja con los valores, con los ideales, con las sustancias; por eso no hay nada despiadado en poner al
lado de tanta valentía tanto temor. Ni Cervantes niega el valor ni se burla de él, como tampoco afirma el miedo; lo
único que hace es verlos idealmente. Cervantes ha conseguido conocer en esa oscuridad llena de ruidos a Don
Quijote, físicamente inmóvil, rodeando la inquietud del caballero del cerco estrecho formado por el cuento y el
temor.

El momento central de la aventura es este en que se encuentran los personajes, e inmediatamente comienza el
desenlace. Amanece en un bosque de castaños, “que haces la sombra muy oscura”, la luz comienza a libertar las
cosas de las tinieblas, y Sancho se ata los calzones y desata las patas de Rocinante.

Nuevamente Quijote se despide y Sancho vuelve a llorar, termina optando por seguirlo cuidadosamente detrás de
Rocinante.

De manera que muy típica de Cervantes, quien maneja maravillosamente acciones de un ritmo distinto, pudiendo
concentrar múltiples significados en un todo armónico, y dentro de la unidad de tono, que a veces se adensa, hace
surgir nuevos valores que se complementan y contrastan con gran valentía se opone a toda la acción burlesca
también, pero captada con una gran ternura y simpatía, de Don Quijote, avergonzado: “Cuando Don Quijote violo
que era, enmudeció y pasmóse de arriba abajo”. Esta situación dolorosamente ridícula, se convierte en risa al ver
Don Quijote los esfuerzos que hacía Sancho para contenerse, y cuando Sancho ve la melancolía resuelta en risa,
estalla en carcajadas. Cervantes logra magnífico efecto musical con el procedimiento, empleado por él tantas veces
y tan común en el teatro, de la imitación que del señor hace el criado.
Sigue un diálogo que muestra la voluntad de vivir la aventura en forma burlesca. La aventura de los Batanes es
sumamente barroca. El contraste entre la intención del novelista y su manera de expresarla; la presentación irónica
del mundo moderno, la búsqueda de lo absoluto enraizado en lo relativo. La forma de la aventura ya la hemos visto:
disposición del medio; parlamentos de Don Quijote y Sancho; núcleo y desenlace a la vez de la aventura y de la
situación. El sentido es que la aventura la crea el hombre y cómo para vivirla basta ir en busca de aventuras.

SEGUNDA PARTE
CAPÍTULOS I-V: Oral.
I- “De lo que el cura y el barbero pasaron con don Quijote cerca de su enfermedad”.
El cura y el barbero van a ver a don Quijote el cual los recibe de muy buena voluntad, “con mucho juicio y con muy
elegantes palabras”.

Pareció que Quijote hablaba con mucha entereza y discreción. Tocaron diferentes temas y sobre cada uno él habló
de manera muy seria y responsable, los amigos de don Quijote concluyeron que efectivamente el caballero estaba
en sus cabales. Esta fue la primera impresión ya que al momento de hablar del reinado español y las batallas que
estaba llevándose a cabo, a don Quijote se le ocurrió una gran idea que demostró que seguía tan insano como
siempre: “que se junten en la corte para un día señalado todos los caballeros andantes que vagan por España…”. Él
está convencido de ser uno de ellos: “caballero andante he de morir”. Luego el cura relata una historia sobre un loco
que se creía Neptuno y don Quijote le dice no se debe comparar un ingenio con otro, ni una hermosura con otra, etc.
Además para él no está mal querer renovar la orden de caballería. La discusión pasa al plano de la existencia o no
de otros caballeros andantes sobre los cuales don Quijote da fe que existen porque él los ha visto con sus propios
ojos.

II- “Que trata de la notable pendencia que Sancho Panza tuvo con la sobrina y ama de don Quijote, con otros
sujetos graciosos”.

Sancho vuelve a la casa de don Quijote a reclamar la Ínsula que le fue prometida. Por un momento la sobrina y la
ama no lo dejan entrar pero él da razones para hacerlo. El cura y el barbero los dejan solos y comienza allí un
diálogo en el que Sancho comenta de lo que se habla sobre las aventuras de don Quijote. Muchos dicen que es un
“grandísimo loco”, en lo que sí aparentemente todos coinciden es en su valentía y honor. Sancho comenta sobre el
bachiller Carrasco el cual ha leído la historia escrita, según Sancho, por un tal Cide Hamete Berenjena. En esta
historia se habla de don Quijote y de Sancho (con nombre y apellido).

Quijote opina que el autor debe ser algún “sabio encantador”, pero no queda del todo convencido al saber que un
moro es quien ha escrito y seguido su historia.

III- “Del ridículo razonamiento que pasó entre don Quijote, Sancho Panza y el bachiller Sansón Carrasco”.

Luego que Sancho sale a buscar al bachiller para que éste le cuente sobre lo que se ha escrito, él llega y de manera
muy burlesca habla con Don Quijote. Hay allí un desdoblamiento por parte de Cervantes al realizar un juego entre
Cide Hamete, él y el supuesto traductor y transcriptor de los textos en arábico. Quijote pregunta a Sansón Carrasco
qué historias se han escrito sobre él y éste comenzó a relatar, o, mejor dicho a recordar lo que el lector ya leyó en la
primera parte: los molinos de viento, los batanes, los ejércitos, los galeotes, vizcaíno, etc. Se realiza un juego de
teoría literaria en donde se diferencia “literatura” de “historia”: “el poeta puede contar o contar las cosas, no como
fueron, sino como debían ser; u el historiador las ha de escribir, no como debían ser, sino como fueron…”.

De a poco comenzamos a ver un Sancho muy distinto al de la primera parte, aquí lo vemos memorioso y bien
hablado.

También hablan de ellos mismos como “personajes” de las historias contadas. Sansón Carrasco afirma que es claro
que ambos son protagonistas, así y todo, cuestiona la ingenuidad de Sancho el creer que lo de la Ínsula es cierto.
Cuestionan también la inclusión de la novela “El Curioso impertinente” dentro de la propia novela ya que no tiene
nada que ver con la historia del Quijote. Quijote mismo dice: “no ha sido sabio el autor de mi historia, sino algún
ignorante hablador”. Carrasco también insiste en la popularidad que ha adquirido la novela, porque como él lo dice,
“los niños la manosean, los mozos la leen, los hombres la entienden…”. Hablan de algunos episodios que parecen
haber concluido de forma extraña en la primera parte y sería bueno aclarar.

IV- “Donde Sancho Panza satisface al bachiller Sansón Carrasco de sus dudas y preguntas, con otros sucesos
dignos de saberse y de contarse”.

Sancho cuanta que pasó con el rucio en Sierra Morena, cómo lo perdió y cómo volvió a recuperarlo. Así mismo
cuenta que hizo con los cien escudos encontrados. Él advierte que los gastó en él y en su familia y que los considera
la forma de pago por el viaje que realizó junto a don Quijote.

Dentro de esta segunda parte, se habla de la segunda parte de la novela ya que los protagonistas se preguntan si el
autor tiene historias nuevas. Además muchos afirman que las segundas partes no son buenas y que de don Quijote
ya no hay más para escribir. Frente a esto, Sancho replica que, habrá mucho más para contar porque él y su amo
nuevamente saldrán a buscar aventuras. Quijote escucha un relincho de Rocinante con lo cual queda convencido de
que es un augurio y efectivamente debe volver a los campos. Es importante destacar, que veremos y oiremos a un
Sancho muy diferente, utilizando un lenguaje muy elevado y erudito que no parece ser él mismo.

V- “De la discreta y graciosa plática que pasó entre Sancho Panza y su mujer Teresa Panza, y otros sucesos
dignos de felice recordación”.

Al inicio nos encontramos con una advertencia al lector en la cual se asegura que el capítulo es “supuestamente”
apócrifo ya que veremos a un Sancho completamente diferente, hablando con su mujer en un lenguaje que podría
ser perfectamente del mismo Quijote.

Sancho le comunica a Teresa, su esposa, que está muy feliz porque nuevamente va a salir al ruedo con su amo don
Quijote de la Mancha, tiene la esperanza de “hallar otros escudos como los ya gastados”. Su propia mujer advierte
del cambio erudito que ha sufrido Sancho y que por ello no le entiende al hablar. Él repite que si no fuera porque
piensa en gobernar una Ínsula, se quedaría junto a ella y su familia, pero al existir tal posibilidad prefiere irse.

Vemos a su mujer Teresa, en un plano más terrenal y concreto, ella no sueña con Ínsulas ni con títulos nobiliarios.
Sabe que es pobre y que así morirá. De todas formas siente temor de que Sancho al encontrar un gobierno insular se
olvide de su familia. A esto contesta el escudero, que no sucederá eso porque él mandará a buscarlos, porque
además proyecta para su familia un buen pasar. Sancho busca el ideal y Teresa vive en la realidad.

Es importante el trato, por momentos, violento entre marido y mujer, visto por el lenguaje utilizado.

IX- “Donde se cuenta lo que en él se verá”.

Podría decirse que este capítulo es la continuación del capítulo XXXI de la primera parte. En dicho capítulo Sancho
afirma conocer a Dulcinea (episodio en que debía llevar la carta).

Es “media noche” y llegan al Toboso. Como en el episodio de los batanes que también fue de noche, predomina lo
auditivo. Tenemos la idea de una noche cerrada y un “sosegado silencio” (al principio).

La descripción que se hace del ambiente nos marca la imposibilidad que existe de encontrar a Dulcinea aunque don
Quijote está empeñado y decidido a encontrarla. En contraposición a su energía, la realidad se impone cada vez
más. La noche no permite encontrarla y los personajes no están en condiciones de hacerlo.

Podemos captar en esta segunda parte de la novela, la importancia que da Quijote a encontrar a Dulcinea, cosa que
no sucedía en la primera parte. Antes le alcanzaba con imaginarla, ahora es menester verla, encontrarla…

Así mismo Sancho no quiere salir al encuentro de Dulcinea porque sabe que es imposible, ella no existe. En este
momento vemos como la realidad se impone (y quiere derrotarlo), porque caballero y escudero confiesan que no la
conocen. Ambos afirman que sólo de oídas saben acerca de Dulcinea, cosa que no habían dicho en la primera parte.
Quijote afirma: “¿no te he dicho mil veces que en todos los días de mi vida no he visto a la sin par Dulcinea…”, “ni
yo tampoco”, dice Sancho, adelantándose con respecto al episodio de la carta. Ante esta confesión don Quijote trata
de autoconvencerse al decirle a Sancho que no es así, que él si la ha visto. Vemos como cuando más cerca tiene a
Aldonza, más cerca tiene el ideal. Cuanto más lejana, el ideal no puede alcanzarse.

X- “Donde se cuenta la industria que Sancho tuvo para encontrar a la señora Dulcinea, y de otros sucesos tan
ridículos como verdaderos”.

En este capítulo tenemos dos puntos importantes que destacar: el soliloquio de Sancho y el encuentro con las
aldeanas (donde se produce el supuesto encantamiento de Dulcinea). Luego de acomodarse en una floresta, don
Quijote envía a Sancho nuevamente al pueblo a buscar noticias de “su señora”. Ambos, caballero y escudero,
quedan pensativos. “Sepamos ahora, Sancho hermano, adónde va vuestra merced”. Sancho habla consigo mismo,
se pregunta y responde. Vemos por tanto a un Sancho reflexivo que necesita encontrar una solución y una respuesta
a la misión encomendada. Se produce así un desdoblamiento del personaje, algo muy diferente a lo sucedido hasta
ahora. ¿Hacia dónde va?, ¿a dónde lo conduce todo esto? Las preguntas aluden al orden de sus cosas o su realidad
posible. Tiene cierta impotencia y “bronca” por lo que es y lo que tiene que hacer. Analiza y pasa por el
conocimiento cada una de los acciones a realizar. Trae a su mente toda su experiencia con don Quijote y recuerda
como funciona mentalmente su amo. A partir de ello es que él debe pensar y actuar. – “¿Adónde? En la ciudad del
Toboso- y bien, ¿y de parte de quién la vais a buscar?”. Él sabe que lo que debe hacer es muy difícil pero no puede
evitar la situación.

Se produce allí el encuentro con las tres aldeanas con las cuales intenta Sancho engañar a Quijote.

En este momento podemos ver como Sancho ha aprendido, lo vemos evolucionado de manera que está capacitado
para saber como salir de una situación complicada. Utiliza un lenguaje letrado, elevado, propicio para el diálogo
con las labradoras. Al encontrarlas, cree que es su posibilidad para hacerle creer a don Quijote que una de ellas es
Dulcinea. Inmediatamente va a buscarlo para que se encuentre con “su señora”, pero el caballero no entiende
quienes son aquellas mujeres.

Cuando Sancho creía comprender todo Quijote cambia de parecer. El escudero presenta al caballero una Dulcinea
que sólo él ve. Quijote sólo puede ver lo que sus sentidos le permiten aunque Sancho dramatice el encuentro y la
situación Quijote no lo acepta: “A esta sazón ya se había puesto don Quijote de hinojos junto a Sancho y miraba
con ojos desencajados y vista turbada a la que Sancho llamaba reina y señora…”

Sancho adopta el comportamiento que el caballero hasta ahora había llevado. La confusión es enorme, tanto
Quijote, como Sancho y hasta el propio narrador no comprende la situación. Quijote busca una explicación para el
cambio de “hermosura” de Dulcinea: su ENCANTAMIENTO. Queda comprobado de esta manera que es sólo don
Quijote quien está capacitado para transformar la realidad.

Que don Quijote se niegue a ver a Dulcinea en una de aquellas aldeanas es porque al verla moriría el ideal. La
situación vivida con las aldeanas “le encalabrinó y atosigó el alma”. Encalabrinar viene de morir, sintió la muerte
frente aquella situación. Si él puede ver a aquella aldeana como Dulcinea, con ella viene la muerte, porque no
acepta que ella sea así. Gracias a “los encantadores”, Quijote sigue sosteniendo su ideal. A partir de aquí la misión
de Quijote será desencantar a Dulcinea.

RILEY = DULCINEA.

Existe como pura abstracción en la mente del caballero. No tiene presencia física, sino una forma encarnada en
Aldonza Lorenzo, de la que se habla pero nunca “aparece en escena”.

Dulcinea es a Aldonza, la que Don Quijote a Alonso. Don Quijote la ve como poseedora de “todos los imposibles y
quiméricos atributos de belleza que los poetas dan a sus damas…”

El grado de idealización presente en Dulcinea invita a un rebajamiento cómico. Dulcinea es una parodia desde el
principio, pero en sí misma no es una parodia cómica. La comedia es resultado del contraste material que se
produce cuando la metáfora se ve invertida. Dulcinea es la versión paródica de la donna gentile, en la dama
incorpórea. El caballero admite ante Sancho que se la presenta en su imaginación tal como le place, pero la
domicilia en la villa no inventada de El Toboso, donde vive, en la novela, Aldonza Lorenzo.
Al atribuir una localización distinta a su ideal, Don Quijote lo transforma en una ilusión vulnerable.
En el momento en que Sancho le hace creer que la rústica campesina es Dulcinea bajo los efectos de un
encantamiento, pierde la libertad de describirla en su imaginación como le plazca. Su propia y bella parodia se
convierte en una fea parodia forjada por Sancho. Él pasa a dislocar por completo el retrato metafórico de Dulcinea,
demostrando a los encantadores por transformar “las perlas de los ojos de mi señora en gallas alcarnoqueñas y sus
cabellos de oro purísimo en cerdas de cola de buey bermejo…”

La figura de Dulcinea ha sido rebajada y transformada, primero por Sancho, por razones personales, y luego por
otros, para su propia diversión, y don Quijote se ve indefenso para romper el hechizo por sí sólo (a menos que
recuperara la cordura). Todavía queda lo peor. La imagen de Dulcinea está contaminada dinero.

El primer indicio de trato de Dulcinea con el dinero es un incidente de la cueva de Montesinos, un incidente en el
sueño de Don Quijote, con fuerza profética simbólica. Dulcinea envía un mensaje a Don Quijote en el que le pide
un préstamo de seis reales ofreciéndole como prenda una falda de algodón.

Es difícil explicar qué representa Dulcinea a los ojos de Don Quijote, aparte de ser su profesada inspiración y el
objeto de su devoción. Como concepto, ha sido vinculada a la noción aristotélica de Dios. Dulcinea no es símbolo
de nada en particular. En cambio, resulta claro que su imagen está muy cerca de representar todo lo que la caballería
significa para Don Quijote. Para él, Dulcinea está muy estrechamente relacionada con la caballería. A la luz de esto,
es significativo que nadie (excepto, quizá, Sancho en momentos de confusión) crea en su existencia, aunque unos
pocos (especialmente los miembros de una corte ducal) finjan reverenciarla.

La aparición de Dulcinea en el sueño de Don Quijote como una pobre rústica simboliza que, en su subconsciente, él
acepta que algo le ha ocurrido a su dama ideal. Ahora no le parece la misma.

La única duda sería que Don Quijote traiciona respecto a Dulcinea se refiere a su presencia física visible. En el
Toboso siente miedo y evita encontrarse con ella frente a frente. Entonces permite que Sancho exponga su personal
percepción visual de ella, que es diametralmente opuesta a la suya. Por fin, decide que Dulcinea no se presentará
como él desea que lo haga.

Cuando Don Quijote proclama que su belleza real está intacta, por malvadas que sean las acciones que los
encantadores –y el materialismo más sórdido de la época, añadiríamos- puedan emprender, está confirmando
simbólicamente su creencia en las cualidades ideales que personifica Dulcinea.

EL ENCANTAMIENTO2
Los más grandes enemigos de don Quijote son los “malos encantadores”. Sin embargo, ni las más crueles y
despiadadas artimañas consiguen desanimar o desencantar el corazón de Don Quijote. El caballero conoce muy
bien la perversa condición de quienes lo persiguen y desdeña sus malas artes y sus armas innobles.

En el capítulo X de la segunda parte se nos cuenta “la industria que Sancho tuvo para encontrar a la señora
Dulcinea”. El impagable escudero se encuentra ante el problema de tener que “buscar, ver y hablar” con Dulcinea.
Quijote le ha pedido a Sancho que observe todos sus gestos y actitudes, revelando así que conoce perfectamente
toda la sintomatología del amor, pero esas teorías no podrán orientar a Sancho.
Una vez lejos de su amo, Sancho se sienta a reflexionar sobre la posible solución de su problema y como no sabe
pensar si no es hablando, ni sabe hablar ensimismado y consigo mismo, pronuncia un soliloquio que, más que
monólogo, es un verdadero autodiálogo “Sepamos agora…” ¿No es acaso una ocurrencia diabólica la de hacer creer
a don Quijote que la primera labradora que por allí pasare es la señora Dulcinea? Sancho piensa insistir, jurar y
porfiar hasta que el caballero se convenza de que “algún mal encantador de esos que él dice que le quieren mal la
habrá mudado la figura, para hacerle mal y daño”. Sancho pretende desempeñar, exagerada y grotescamente, el
papel de don Quijote y parodiando su lenguaje habla a las aldeanas”. En tanto que Sancho simula estar frente a una
presencia maravillosa, propia de las novelas de caballería, el tristísimo caballero, caído de hinojos, petrificado y
exagüe sólo ve la realidad grosera y vulgar, personificada en una aldeana rústica, carirredonda y chata. ¿Qué
hubiera pasado si esa labradora anónima hubiera sido, real y verdaderamente, la propia Aldonza Lorenzo? ¿Habría

2
Por Guido Castillo
visto Don Quijote a la princesa Dulcinea? No es un descuido de Cervantes que Don Quijote dijera que él nunca ha
visto a Dulcinea cuando afirmó antes que sí. El que se contradice es Don Quijote, no Cervantes. Sobreponiéndose a
lo que sus ojos ven se rinde, con total acatamiento, a la supuesta Dulcinea, cuyo rostro ha quedado intacto para
todos y sólo para él se ha transformado en el de una pobre labradora.

Lo novedoso es que Don Quijote no sospecha que el mal encantador que le infligió esa herida mortal y
premonitoria es nada menos que su fiel servidor, compañero y amigo Sancho Panza.

CAPÍTULO XVI, XVII Y XVIII: Se estudian juntos porque refieren al Caballero del Vede Gabán.

Joaquín Casalduero: En el Capítulo XVI Don Diego narra su vida, Cuyo sentido lo revela ingenuamente Sancho y
lo ahonda don Quijote al hablar de la poesía; en el capítulo XVII, la aventura de los leones delimita lo social; don
Quijote hace y dice; por último, en el capítulo XVIII, haciendo juego con la exposición de la ciencia de la poesía,
habla don Quijote de la otra ciencia, la única que la supera, la ciencia de la caballería andante, y luego el poeta lee
sus versos: el presente, que es nostalgia del pasado y antelo del futuro.

Luego de haber vencido al caballero de los espejos, Quijote sigue pensando en el encantamiento sufrido por
Dulcinea y cree en la posibilidad de que lo mismo haya sucedido con el caballero de los espejos.

Después se presenta ante ellos un caballero con un “gabán de paño fino verde”. Éste es un personaje secundario. La
descripción que se hace de él es muy detenida y se opone ampliamente a la perspectiva de don Quijote. Ambos
personajes están elaborados en un juego de espejos. El caballero del verde gabán será testigo de la mayor locura que
hace don Quijote, enfrentándose con los leones. Este hombre representa la cordura. Locura y cordura están
enfrentadas, se ve claramente lo paródico.

La presentación del caballero resalta la vestimenta, la cual es muy distinta a la del Quijote, domina el color verde.

Quijote lo llama galán. Galán se le llama a un hombre joven, seductor. Este hombre tiene unos 50 años. Su ropa es
inadecuada para su edad, es tan inadecuado como la ropa de don Quijote.
El caballero del verde gabán al ver al ver a don Quijote se sorprende, se admira de ello. Uno se mira en el otro. Al
caballero del verde gabán se lo describe con un rostro aguileño, del cual no se dice de don Quijote, pero que Sansón
Carrasco rescata.

El caballero del verde gabán siempre está en el punto medio, en el equilibrio. Para describirlo se utilizan grafopeyas
y etopeyas, se refleja lo interno y lo externo. Quijote y el caballero del verde gabán se observan mutuamente, uno
ve en el otro lo que cada uno no ve de sí mismo. Sus conclusiones son acertadas.

Quijote se da cuenta de que su mundo es diferente al de los demás, él le dice al caballero del verde gabán: “no me
maravillaría ya de que le hubiese maravillado”; este juego de palabras en un tópico del barroco además del
maravillarse de las cosas.

El parlamento de Quijote muestra la perspectiva de crear o construir la vida. “Aquellas que a sus aventuras van”.
Muestra la vida como riesgo continuo, y se muestra a sí mismo como un caballero valiente. La vida es continua
novedad y sorpresa. El caballero del verde gabán también se construye su vida pero sobre rieles establecidos.

Quijote se distingue: “yo soy de un tipo…”, no es un hombre común y por ello llama la atención, deja la seguridad.
Él sabe lo que el caballero del verde gabán piensa y lo que va a decir no le llama la atención.

Podemos ver en este episodio como Quijote habla más y actúa menos. Se notan en sus palabras mayor sabiduría:
“quise resucitar la ya muerta andante caballería”. Hay ánimo y conciencia de lo que es. El diálogo que entablan
ambos caballeros presenta diferentes opciones de vida.

El caballero del verde le recuerda lo que él fue y fue viendo una parte de sí mismo que dejó atrás.
Márquez Villanueva: El caballero del verde gabán y su reino de paradoja.

CERVANTES, ARQUITECTO: artista del perspectivismo, de la ambigüedad creadora y de las más fantásticas
plurivalencias.
Su ambigüedad misma no es ningún brote de estéril nihilismo, sino un repudio de las vulgaridades, de las modas y
de todo estilo dogmático. Lo que si requiere Cervantes es la entrega e incorporación de ese lector a su propia
manera de ver y de manejar las realidades humanas, lo cual quiere decir un voto de confianza en el terreno del arte,
y no es el bautismo en ninguna secta determinada.

Los capítulos dedicados al caballero del verde gabán cuentan entre los más discutidos de todo el Quijote. Este
capítulo trata una vez más, del inesperado encuentro con un personaje itinerante, ahora “un discreto caballero de la
Mancha”, llamado don Diego de Miranda, aficionado al color verde.

Tenemos aquí la más alta nota colorista de todo Quijote. Se refleja la absurda costumbre de la época que se
reservaba para los viajes las ropas más elegantes y vistosas. La nota de color, exageraba, hasta el punto de correrse
también a la montura, confiere al personaje una identidad destacada y monocorde, plenamente mantenida en su
desarrollo posterior. El caballero andante, desorientado al parecer por la brillante indumentaria, no en vano
comienza por llamarse “señor galán”, como si se tratara de algún jovenzuelo.

Otro rasgo notable se define después con la capacidad de don Quijote para adivinar y leer el pensamiento de su
nuevo amigo, al anticiparse a dar la razón de sí y de sus extraordinarios ejercicios caballerescos. Luego el caballero
del verde gabán se presenta: no lee novelas de caballería, lee más bien profanos y de reír, oye misa, medianamente
rico, es bueno con los pobres. Esto parece iluminar al personaje de un modo integral y entregarlo a nuestra
admiración, limpio de ambigüedad, recoveco ni problema de ningún género: santo patrón de la vida honesta y
recatada.

Nada más alejado de aquel ideal de vida recatada que la otra imagen de don Quijote, lanzado a una existencia
azarosa y frenética, calculadora de toda prudencia, en que saciar su sed de gloriosa fama.

Don Quijote y don Diego encarnan así el más absoluto conflicto axiológico. Caballeros, cincuentones, y manchegos
ambos, pero el uno andante y el otro estante. Célibe en lugar de padre de familia. Cazador esforzado y no irrisorio
manipulador de animalillos. Patrimonio empeñado, en vez de hacienda próspera. Hermosa yegua tordilla junto al
flaco y cansino Rocinante. La elegancia del muelle y verde gabán junto a las ascéticas y herrumbrosas armas de don
Quijote.

Vemos, también, el contraste marcado por la biblioteca de don Diego, tan escasa y tan cerrada a los libros de
caballería, con la de don Quijote rebosante de literatura de imaginación y carente, que sepamos, de una sola obra
devota. En la segunda parte el verde gabán es casi la única persona leída que no conozca ya el primer Quijote. Don
Diego es capaz de dudar que existan en el mundo caballeros andantes, y más aún de que se impriman hoy libros “de
verdaderas caballerías”. Pero don Quijote no llega con él a las manos, igual que no lo hace nunca con quienes se le
muestren contrarios a la literatura caballeresca en un plano teórico y bien intencionado.

EL MARAVILLOSO SILENCIO: El caballero del Verde Gabán es sometido por Cervantes a un estudio
exhaustivo. En su caso la acción se detiene por cuatro días, como el tono de su hogar y las tensiones internas de la
familia.

La conversación es siempre culta y rigurosamente cortés, pero las tensiones iniciales que se establecen entre ambos
caballeros se mantienen intactos hasta el momento mismo de la despedida. De lo que más se maravilló Don Quijote
fue del “maravilloso silencio que en toda la casa había, que semejaba un monasterio de cartujos”, él aborrece el
ruido3. Podría volverse tentadora la hipótesis de suponer a Don Diego de Miranda como hombre de religiosidad tan
profunda y refinada como para abocarse ya el misticismo. Pero no es así, es solo don Quijote quien capta aquella
posibilidad, que habría que llamar “significancia”, en el silencio de la mansión aldeana. Si el maravilloso silencio
eleva el espíritu de Don Quijote, al caballero del Verde Galván sólo le sirve para dormir mejor la siesta.

Dos buenos manchegos, los dos hidalgos aldeanos y los dos cincuentones: brotes de una misma capa geográfica,
sociológica y generacional. Al mismo tiempo, dos vidas que marchan en sentido contrario, paralelo, por lo cual no
pueden chocar ni cruzarse. Pero que, paradójicamente se hermanan después en no ser como son por efecto de azares
ni de determinismos, sino resultados de la misma voluntad, tensa y sin compromiso de ser de aquella manera y no
3
En aquél momento español el tema del silencio pertenece por extenso al dominio de la literatura ascética- mística, y si Don Quijote se estremece al
sentirse envuelto por aquella quietud, se debe a los armónicos que vibran en el fondo contemplativo de su espíritu. Silencio místico.
de ninguna otra. La casa y su silencio tienen para cada uno de ellos un sentido distinto: las cosas materiales sirven
sólo de instrumentos analizadores de la distinta polarización vital de uno y otro personaje.

→ Arquetipos: Don Diego de Miranda ha sido considerado mismo como encarnación arquetípica del justo medio
aristotélico. Para J. Casalduero representa aquella figura un equilibrio armónico “entre el hombre del Renacimiento
y el primer Barroco”, a la vez que el triunfo incipiente de un estilo de vida entre aristocrático y burgués.

→ La Aventura de los leones: la actividad ante la aventura es la gran vertiente de aguas, el gran tema de estos
capítulos. Para ponerlo aún más de relieve, el encuentro con el Caballero del Verde Gabán es inmediatamente
contrastado con la aventura de los leones, deparada por esa nada ciega fortuna que impera en los caminos del
Quijote. Se trata del punto más alto en la trayectoria parabólica que recorre el protagonista en la Segunda Parte, en
la que viene a ser la aventura por antonomasia, igualando en esto a lo de los molinos de viento en la Primera Parte.
Su razón material de ser idéntica en ambos casos: la parodia de los libros de caballerías no podía redondearse sin
ser su aventura de gigantes, ni tampoco sin la aventura de fieras, dragones ni vestigios.

Al triunfar de ellos el héroe se acreditaba capaz de imponerse a fuerzas hostiles y malévolos de la naturaleza, pero
en el caso de Don Quijote se desea intensificar el aspecto de la temeridad absoluta e integral al hacer que su
aventura constituye, además un acto de agresión contra la autoridad estatal.
La aventura de los leones absorbe el conflicto, también habitual del caballero con la autoridad del rey, odiosamente
desagradecido y presto a dar oídos a malos consejeros. No se trata de una aventura ridícula ni frustrada en ningún
sentido, sino de un escrupuloso homenaje al dogma fundamental del código caballeresco, que fundaba el prez no en
el vencimiento, sino en la aceptación animosa de la aventura y en el no retroceder.

“El león tiene abierta la puerta: en su mano está salir o no salir; pero pues no ha salido hasta ahora, no saldrá en
todo el día”. Don Quijote ha cumplido como bueno con el precepto de no retroceder ante la aventura, intentó
enfrentarse pero por no querer el león hacerlo, el desafío quedó a mitad de camino. La caballería no es, como el del
cortesano, un estilo de vida suntuario, sino un compromiso de sacrificio sin alternativa alguna para la mentira ni el
desfallecimiento. Don Quijote no ignora que, como toda virtud, la valentía es un justo medio entre dos extremos,
pero la valentía del caballero andante se regula en un plano de superiores exigencias, que no es el de la gente común
y no iniciada en su Orden. Al desafiar a los leones, Don Quijote no ha hecho más que mostrarse consecuente con la
tabla de valores aparejado con el acto de abrazar su vocación. El caballero del Verde Gabán le dice: “Digo, señor
Don Quijote…, que todo lo que vuestra merced ha dicho y hecho va nivelado con el fiel de la misma razón….”.

→ Requesones en el Yelmo: la facilidad con la que Don Quijote se desenvuelve dentro de la esfera de su locura no
debe de hacer olvidar al lector de la presencia insoslayable de ésta. Y a dicha finalidad de orden funcional responde
la burla de los requesones, situada justamente como prólogo de la aventura de las fieras.

Don Quijote reclama a voces su celada, y Sancho, que en aquel momento se hallaba comprando requesones a unos
pastores, los pones atolondradamente en el yelmo de su señor. Con la excitación de la aventura que se acerca, el
lacticinio destilará muy poco después por el rastro y barbas de Don Quijote , que en su desconcierto llega a temer
“que se me ablanden los cascos, o se me derriten los sesos, o que sudo de los pies a la cabeza”.

Ante la acusación de haber gastado a su señor una broma irrespetuosa, es Sancho quién ahora reclama para si el no
pequeño privilegio de ser también perseguido de malos encantadores “como hechura y miembro de vuestra
merced”. Pero dicha página burlesca no se introduce allí sin profundo motivo, pues claramente prolonga la vetusta
tradición medieval que asociaba el queso con la locura. Al enajenado solía ponérsele un queso en la caperuza,
seguramente como medio de asegurar la subsistencia.

Hacer cara a un león, espada en la mano, es sin duda una de las cosas más serias e impresionantes que nadie pueda
realizar en esta vida. Experiencias de esa clase calan hondo en la personalidad: no se es ya lo que se fue antes, se
nace a insospechadas perspectivas vitales y por eso don Quijote se rebautiza, con toda la razón y todo el orgullo del
mundo, caballero de los leones.

La denuncia quijotesca reduce al absurdo esa clase de “cordura” con la vida paralizada de don Quijote, persona en
cuanto tal nada innoble, necia ni despreciable. Se sopesa en él un ideal ético que hacía virtud de la huída y que
intentaba levantar una muralla ante la realidad humana, pero acabar reduciéndola a una especie de no ser.
Capítulo LIV: “Que trata de cosas tocantes a esta historia, y no a otra alguna”

Sancho y Ricote se encuentran.


Este episodio muestra la situación de los moros en España; de 1609 a 1614 se produce la salida de Moros de
España. Encontramos dos categorías de cristianos: los viejos y los nuevos ya que se intentaba la conversión de
todos los moros. Sancho es un cristiano viejo y se encuentra con Ricote, su amigo y vecino que es moro.

En este capítulo lo que vemos es la ida y vuelta de los moros a España. Ricote afirma que el mejor lugar para vivir
es Alemania porque allí hay libertad de conciencia. De igual manera los moros volvían a España porque eran
españoles y se sentían como tales.

Sancho y Ricote se abrazan; se muestra la unión y allí está la herida social. No importa la religión, se reencuentran
y se alegran de ello.

Luego se produce la cena: hay abundancia de comida y bebida. Los peregrinos son “mendigos profesionales”. Se
van quitando la ropa con lo cual demuestran que los seres humanos son todos iguales.

Se ve la felicidad de Sancho ahora que ya no es gobernador de la Ínsula y volverá con su señor Don Quijote. Ricote
no es un peligro para España, es condescendiente, obediente, y bueno. Su nombre deriva de Rico, es un
aumentativo, representa a los moriscos.

Se toca el tema del exilio y el desarraigo. Hubo mucha gente que no creyó que el decreto se llevara a cabo. Ricote
fue precavido y fue en busca de otras cosas. Él no es rebelde y hace caso de la decisión, lo acepta. Demuestra
además el sentimiento de miedo provocado por la Corona. Se plantea la idea de injusticia y la imposibilidad de
decir nada en contra de la decisión. Se utiliza la literatura apologética. Se lee entre líneas. Podemos pensar
alegóricamente.

Por un lado justifica al rey y por el otro España es la patria natural, no tienen (los moriscos) otro lugar más que
España. La mujer e hija de Ricote son cristianas y él tiene más de cristiano que de moro.

Sancho le cuenta a Ricote como su familia fue llevada de casa. Ricote invita a Sancho a hacer un negocio juntos, a
lo que Sancho responde negativamente. De su parte no hay ninguna palabra que cuestione al rey, y él respeta la ley.
No acepta la propuesta de Ricote porque no es codicioso. Vemos así el proceso y evolución del personaje, ya que
ahora solo aspira a una vida pacífica y calma. Hace alusión a su historia sobre la Ínsula y aceptar la oferta de Ricote
sería traicionar a su Rey, su fidelidad es hacia su religión y a su rey, no delatar a Ricote es lo único que puede hacer.

Ambos cuentan sus experiencias, son dos exiliados, ambos vuelven a su lugar de origen. Ricote insiste en la
invitación a Sancho, el cual responde que a lo único que se compromete es a no delatar a Ricote porque es fiel a sí
mismo y sus afectos.

Marquéz Villanueva: “El morisco Ricote o la hispana razón de esta”

 Sancho y Ricote: el episodio comienza con ironías ya que el que debiera pedir limosna es Sancho y no los
peregrinos que bien abastecidos están.

El inesperado encuentro supone por ambas partes un estallido de júbilo, desencadenado por el abrazo incontenible
de Ricote “al mi caro amigo, a mi buen vecino Sancho Panza”. El morisco no fue de los que sólo quedaron helados
de espanto, a la vez que medio incrédulos, a raíz de la orden de expulsión. Sin perder tiempo se puso en camino él
solo para la penosa búsqueda de una nueva patria para los suyos. Ricote recorrió varios países hasta llegar a
Alemania donde se vive con mayor libertad ya que cada uno vive como quiere. La narración de Ricote, es un
prodigio de autenticidad humana y de viril modestia. No hay en todo su discurso el menor despunte retórico ni nota
alguna de sentimentalismo cascado o libresco. Su noble alma es incapaz de abrigar rencores, y el desdichado
morisco ni siquiera reclama el papel de víctima que con tanta justicia le corresponde. Lo que Ricote tampoco hará
nunca es presentarse como cristiano ejemplar, lo que sí son su mujer y su hija. Ricote no se halla donde se
encuentra Sancho por el vulgar afán de unas medidas de oro, sino que expone su vida por el gusto del regreso a la
patria, por la necesidad de satisfacer un amor que no le deja vivir en aquella otra tierra donde impera la libertad de
conciencia. El destierro de los moriscos se nos muestra desnudo de toda sombra abstracta y transpuesto del plano de
las ideas politeoreligiosas el de un puro, irreductible dolor humano.

CAPÍTULO LXXIV: “De cómo Don Quijote cayó malo y del testamento que hizo y su muerte”

“Como las cosas humanas no sean eternas, yendo siempre en declinación de sus principios hasta llegar a su último
fin, especialmente las vidas de los hombres, y como la de Don Quijote no tuviese privilegio del cielo para detener
el curso de la suya, llegó su fin y acabamiento cuando él menos lo pensaba…”

Cierra así su novela Cervantes con la muerte de Don Quijote o mejor dicho de Alonso Quijano.

Todos creyeron que su muerte se debía a que no había podido desencantar a Dulcinea y por ello se sentía tan mal
que pasó varios días postrado en su cama antes de fallecer. Cada uno de sus amigos fue a visitarlo y le pedían que
reaccionara y volviera a la vida. Después de un tiempo, un día determinado decide estar solo para poder dormir.
Entonces duerme seis horas de un tirón y cuando despierta está totalmente cambiado, ha recobrado la cordura y
ahora se dice cuerdo.

“Yo tengo juicio ya libre y claro…. yo me siento sobrina a punto de muerte”. Hace traer al cura y a un escribano
para hacer los últimos arreglos antes de su muerte.

Todos quedan adueñados de la cordura con que Quijote habla y razona, pero coinciden en que “verdaderamente se
muere y verdaderamente está cuerdo”. Tanto su sobrina como la ama y Sancho lloran por la pronta pérdida del
caballero / hidalgo. Quijote le pide perdón a Sancho por todas las locuras que le hizo hacer por seguir su
desequilibrio a lo cual Sancho responde con palabras que podrían ser perfectamente del caballero ya que lo invita a
levantarse y salir al campo vestidos de pastores: “quizás tras de alguna mata hallaremos a la Señora Doña
Dulcinea desencantada”. A estas palabras don Quijote le responde demostrando que ha dejado morir dentro suyo la
imaginación y el caballero: “vámonos poco a poco, pues ya en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño. Yo fui
loco y ya soy cuerdo, fui Don Quijote de la Mancha y soy ahora, como he dicho, Alonso Quijano el Bueno”.

Por medio de las palabras del protagonista, Cervantes también advierte de posibles autores de que allí termina la
historia y que no debe resucitarse a Don Quijote y ponerlo en medio de nuevas historias.
Muere don Quijote/ Alonso Quijano y se dedican a él algunos epitafios, como por ejemplo: “… acreditó su ventura
morir cuerdo y vivir poco”.

Cide Hamete dijo a su pluma: “aquí quedarás colgada…” o sea nadie te usará, a lo que ella deberá responder si
otro curioso escritor quisiera tomarla: “Para mí sola nació Don Quijote y yo para él: él supo obrar y yo escribir”.

Por último, Cervantes advierte que su fin siempre fue derrocar las novelas de caballería y que ello nació su novela.

Castillo, Guido: “Notas sobre el Quijote”


La cordura y la muerte
Manuel Azaña dice:

“Quién renuncia y se muere es Alonso Quijano. Recaba la razón, deja de ser Don Quijote (asunción del héroe) y
abjura de la caballería…Se muere de cordura. Cervantes se enternece por Alonso Quijano cuando lo ve morir,
pesaroso de su quimera. Nadie aborrece a Don Quijote como lo aborrece Quijano en su lecho de muerte. Despierta
del quijotismo como de una pesadilla, se arrepiente como de una aberración; estaba poseído de un demonio malo.
Más el morir de que se muere Alonso Quijano nada mengua. La vida de Don Quijote, Cervantes los disocia, y
parece Alonso Quijano, aposento ruin del quijotismo”.

El caballero andante y el hidalgo campesino no son dos seres diversos y opuestos, sino dos personas distintas de un
solo verdadero; es imposible creer en una de esas personas sin creer en la otra.
Don Quijote se realiza y se encarna en Alonso Quijano, del mismo modo que Alonso Quijano se verifica, se
transfigura, se transfigura, se diviniza en Don Quijote. Es cierto que Alonso Quijano se muere de cordura. Pero esto
equivale a decir que se muere de no poder seguir siendo Don Quijote. La cordura de Quijano es de idéntica materia
y tiene el mismo estilo y la misma complejidad que la locura de Don Quijote.

El hombre necesita estar desilusionado de todo para vivir en la esperanza o para caer en la desesperación mortal.
Solo puede desilusionarse de veras el que ha sido capaz de tener auténticas ilusiones. Sólo puede morir como
Alonso Quijano, el Bueno, quien ha sabido vivir como Don Quijote de la Mancha.

Nunca sabremos a ciencia cierta si Don Quijote se muere porque recupera la razón o si recupera la razón porque se
siente morir.

Tenía deseos de dormir. Durmió más de seis horas. Extraños, desacostumbrado sueño en quien se había pasado “las
noches leyendo de claro en claro y los días de turbio en turbio” hasta tal punto que “del poco dormir y del mucho
leer se le secó el cerebro”. Casi nunca hemos visto dormir a Don Quijote, y Cervantes se encarga, muchas veces, de
decirnos expresamente que, mientras Sancho dormía, su amo hablaba. En este sueño, preludio de la muerte, murió
Quijote y despertó Alonso Quijano.

Los que rodean al moribundo Quijano quieren curarlo con la vida de Don Quijote, e intentan convencerlo de la
verdad de sus antiguas fantasías, de la razón de su pasada locura. Última y suprema ironía de Cervantes. La muerte
de Alonso Quijano, pasa tan incomprendida como la vida de Don Quijote.

Las manos de la melancolía acaban la vida de Alonso Quijano, y la novela de Cervantes. Prisioneros en las manos
mortales de la melancolía, el héroe bendice a Dios y el novelista ha dado “pasatiempo al pecho melancólico y
mohíno”.