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482 DI ÁLOGOS

TEET. - M ira tú.


b EXTR . - Miro y, pa ra mí, han de dist inguirse dos: a
uno lo veo capaz de ironizar en público con largos discur-
sos dir igidos a la muchedumbre; al ot ro , en cambio . lo
veo en privado. valiéndose de d iscursos breves, obliga ndo
al interlocutor a cont radecirse a sí mismo .
TEET. - Hablas correctamente.
EXTR . - ¿Cómo podríamos caracterizar al que hace lar-
gos discursos? ¿Como polít ico o como orador po pular?
T EET. - Como orador pop ular JiI.
EXTR. - ¿ y cómo llamaremos al ot ro? ¿Sabio o sofista?
TEET. - Sabio es imposible. pues sost uvimos que no
te sabe nada. Como es un imitador d el sabio . es evidente que
tomará un nombre semejante al de éste. y ya casi he com- P OLÍTI C O
prend ido que es necesario afirmar que él es, en verdad ,
absoluta y realmente . un soñsta.
EXTR. - ¿Lo amarraremos, entonces, co mo antes, agru-
pando lo que se refiere a su nombre, desd e el fin hacia
el comienzo?
T EET . - Co mpletamente.
EXTR. - La imitació n pro pia de la técnica de la discu-
sió n, en la parte iró nica de su aspecto «er udit o», del gene-
d ro simulat ivo de la t écnica - no divina , sino human a-
de hace r imágenes, dentro de la producció n , en la par te
limitada a fabricar ilusiones en los discur sos: Quien dijera
Que esta es realmente «la estirpe y la sangre» J I 2 del so fis-
ta , diría, segun parece, la verdad máxima .
T EET. - Así es, co mpleta mente.

III Otra traducción po sible de demologikón hubiese sido «demagogo».


JIl Estas palab ras son pronunciadas por Glauco en !I. VI 211 cuando
pone fin al relato de 5U vida, en respuesta a una preg unta de Dlomedes.
,

INTRODUCCI Ó N

l. Ub ícaci án y lema del diálo go

El Polltico está estrechamente vinculado co n el Sofista,


hasta tal punto que ambos diálogos - tal como Platón lo
P indica expresamen te- pretenden ser diferentes y sucesivos
hh
ff momentos de una misma conversación. Al comienzo del
fff Sofista se propone como tema de diSCUSi ón las figuras del
sofista . del polüico y del filóso fo ~SofLSta. en efecto,
tt tttt está dedicado al tratamiento del primero de esos tres pcr-
j onajes. Acabad a la discusión sobre el sofista. el Politice,
que se abre con una explicita alusión al Sofista, aborda
p e~ examen del segundo de los personajes en cuestión. Espe-
rarfamos, entonces, un tercer diálogo consagrado al Ill óso-
fe , pero la trad ición no nos ha legado ninguna obra de
Platón con ese título l .
Los personajes siguen siendo los mismos: Sócrates. quien
apenas interviene en la presentación inicial , al igual qu e
el mat emático T eodoro, otro int erlocutor ; el Extr anjero de
Elea, que, como en el Sofista, es el encar gado de co nducir
la conversación ; Teeteto , personaje que perma nece ahora
mudo después de su actuación como interlo cutor en el Tee-

1 Sobre esta cuestión, véase ínfra, pág. 496 Y n. 4 .



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teto y en el Sofis ta; Y. por fin, el Joven Sócrates, qu e reem- da del po lítico no se ha emprendido por el político mismo,
plaza aquí a su co ndiscípulo en esa fun ción . sino «para hacerno s más hábiles dialécticos en todo tipo
Difícil es precisar con exact itu d la fecha de compos i- de cuestiones) (285d ; cf. 287a). Cabe, pues, preguntarse
ción de nuestro diálogo, pero, con segurid ad, puede a fir- si el verdadero tema del diálogo es la polí tica o el método
marse qu e fue escrito inmediatamente desp ués del Sofis ta dialéct ico. Sin embargo , es ésta una disyuntiva del todo
y. muy proba blemente. inmediatam ente a ntes del Tímeo falsa , porque método y política son, ambos, cuestiones cen-
y del Filebo . L a fecha aprox imada que pro pone J . Skemp trales en el diálogo y la originalidad del Politice radica ,
parece adecuada y puede acep tarse sin mayores reservas: precisamente, en el modo peculiar en el que ellas se entre-
la redacción del diálogo se sitúa desp ués del segundo y an- lazan. Par a advenir, pues, la unidad del diálogo , es preci-
tes del tercero de los viajes que Platón hizo a Sícilia . es so no perder de vista la íntima vinculació n entre el método
decir , entre los años 366 y 362 3 . C. 2 . empleado y el objeto a cuya búsqueda se aplica el método.
Diálogo en apariencia despa rejo, en el que hallamos Dicho en otro s términos , para advertir la unidad de l diálo-
codo a codo pasajes de gran belleza poética . como el mito. go, no debe descui da rse la conexión existente entre el mé-
y prolijos y ca si ted iosos desarrollos, como la de finición todo dia léctico y la figura del político, cuya defin ición pre-
del arte de tejer . el Potnic o posee , bien leído , un particular tende alcanzarse. En el Político Platón exhibe, una vez más
encanto . El perfecto y logrado engarce en tre las diversas y con toda claridad, aunque desde una perspectiva diferen-
cuestiones que en él se tra ta n le co nfiere una fisono mía te, la inescindibilida d de dia léctica y po lítica, ya presente
propia y una clara unida d estr uct ural. Sin embargo . la ma- en d iálogos anteriores, y ejemplar mente en la República.
yor parte de los est ud ios a él ded icados lo han abordad o y Que, co mo sabemos, respondía a los pro pósitos de la
desde perspectivas parciales y han prestado atención a uno Acad emia , centro de prepa ració n e irradiación de asesores
u otro de los problemas en él plan teados - política, méto- po líticos, en cuya forma ción el entr ena miento d ialéctico
do, mito . etc.- , desmembrándolo y descuidan do de ese cumplia un papel prepo ndera nte.
modo su peculiar unidad .
Si se pretend e hallar en el Poíúica un único tema pri n-
cipa l, no resulta fácil determinar "Cuál pueda ser . En efec- 2. Estructura y mo vim iento general del diálogo
to, ta l como está indicado con tod a claridad en las prime-
ras páginas del diálogo, el tema sobre el cual versará la De un modo muy general, podemos distinguir en el
co nversación es el político y la ciencia política, cuya defi- desa rro llo del diálogo cinco grandes momentos:
nición se perseguirá siguiendo dife rentes procedimientos.
1. Uso del método de división dicotómica, para llegar a la
Pero el pro pio Platón señala expresam ente que la b úsqu e-
definición preliminar del político como pastor del rebaño
1 Cí , J. B. SKEMP, Pkno 's Statesman, Lo nd res, 1952, pá gs. \3 -17. humano (257a-268d).
Ske mp se funda pa ra datar el diálogo en los-aco ntecimientos de Sicilia, 11. Mito sobre la reversión periódica del universo y corrección
criterio discutible y no del to do convincente. de la definición inicial del político (268d.277a).
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111. Definición del art e de tejer. to rnado como modelo del arte que la di visión , pa ra ser correcta, debe respetar las articu-
po litico (277a .283c). laciones de la realidad. Es de capital importa ncia que ca da
IV. Caracterizació n del arte de medir y de la j usta medida
una de las secciones resultantes en cada paso de la división
(283c-287b).
no sea sólo una parte, sino sim ultánea mente una especie.
V. Distinció n de los estame ntos de la sociedad y de los diferen-
tes regímenes de gob ierno, para llegar a la definición final
Si Pla tó n no estab lece diferencia alg una entre los té rminos
del político como tejedor real (287b-311c). génos y eidos, q ue son intercam bia bles. si insiste en distin-
guir cla ra mente eidos de meros. Tod a «especie» - nos
Ha y en el diálogo una cuidadosa articu lación de est os dice- es siempre «parte», pero , por el contr ario, tod a «par -
diferen tes temas, y la t ra nsición de cada una de las seccio- te» no es necesariamente una «especie» y la división debe
nes a la siguiente se da de un modo del todo natu ral. Des- hacerse siempre po r especies. Per o no debemos olvida r qu e
pués de una breve int rod ucción . destinada a fija r el tema el término eídos signific a t ant o «especie» co mo «forma» ,
en estrecha conexión con el desarrollado en el Sofista noci ones que nosotros distinguimos. pero que para Pla tón
(257a -258a) . Platón se embarca en la búsq ued a de una de- so n del todo inseparables, porque tod a «especie» es tal ta n
finición del po lítico mediante una serie de divisiones dico- sólo en la medi da en qu e ella es una «fo rm a». El orde n
tómica s cuyo pu nto de partida es el género «ar te» o «cien- lógico y el ontológico se co rresponden plenamente y es por
cia ». puesto que el político es, sin lugar a dudas, poseedor ello por lo Que la división correc ta es la Que separa por
de un dete rminado a rte . Ya co nocem os este procedi miento especies. respetando así las ar ticu lacio nes natural es de la
de di visión d ico tóm ica , que P la tón presenta explícitame nte rea lidad . Platón nos adviert e sobre los errores en los que
por vez primera en el Fedro (265d ss.), y del qu e hace pued e incurr irse, si se hace un uso pur am ente mecá nico
un a m plio uso en el Sofist a, do nde se pone de man ifiesto del método, desconociendo este pr incip io fundamental
que el método no es un mero instrume nto exterior, sino (262a -264b) . Las prolijas divisiones q ue Plató n realiza a
qu e está ínt imam ente un ido a la estruct ura de la realidad lo lar go del diál ogo no están, por cierto , desprovistas de
inte ligible y a ella respond e. Da nd o por sentada est a inse- una buena do sis de iron ía, dirigida, segura mente, a cier to
para bilidad entre el orden lógico y el on tológico esta bleci- exceso en el uso de este procedim iento de empleo frecuente
da en el Sofista, e n el Po/ftico no se limita P latón a a plicar entre los académicos . .
el método de división, sino que intr oduce una considera- Salvado el error en el que ha bía caída el Joven Sóc ra-
ció n sobre la na tu raleza de l método y las normas a las tes, se prosigue or denadamente la divisió n. hasta llega r a
Que es menes te r ajusta rse si se quiere hacer un empleo líci- la definició n del po lítico como pa stor del reba no huma no ,
to y correcto de él. Valiéndose como pretexto de un er ror definición que , a j uicio del Joven Sóc ra tes, represent a ya
com etido por el Joven Sócra tes e-quien, a presuradamente, el término de la empresa pro puesta (267b-c). Pero la figura
divid e el género «cria nza» en «cr ianza de anima les» y del político, seg ún señala el Extranjero, apenas está esbo -
«cria nza de ho mbres»- , Platón no s ofrece una verdadera zada y ca rece de precisión: «past or» es, en efecto, una no -
«lección de método ». cuyo pro pósito pri ncipal es subrayar ció n demas iad o amplia y general, que abarca no s6lo al
e

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político , sino, además. a una mu ltitud de in dividuos igual- espa cio y al t iempo ; en la imaginer ía mítica del Político
ment e consag rados a la ra rea de cria nza del reba ño huma- queda ta mbién exhibido ese enfrentamiento ent re do s pri n-
no . Así, el próximo paso co nsistirá en sepa ra r al político cipios -el racion al y el irracion al- , pero am bos a hora,
de lod os los demás pastores, para lo cual se hará preciso a difer encia de lo que ocurre en el Tímeo , alternan su
po ner e n evidencia el error cometido e n la definició n ini- predomina ncia .
cia l y corregirlo (267d·268c). El mito , sin emba rgo . no tiene ún icamente un prop ósi-
Tend ent e a tal propósito, as í co mo a manera de pausa, to cosmo lógico y a punta a insertar el orden político dent ro
P lat ón recu rre a ho ra a otro exped iente: se sirve de un ex- del orde n más a ba rcador del cosmos . Fundam ent almente.
tenso y bello mi lo so bre la reversión periódica del un iverso el mito nos advierte acerca de la plena y t ot al imposibili-
y las consecuencias que ella acarrea sobre las condiciones dad de hace r co nside raciones sobre la política y la fu nción
de la vida humana . Este mito. introducido casi abru pta. del político. sin tener en cuenta cuáles son las verdaderas
mente a esta altura del diálogo y que contrasta con el tec- y reales condicio nes de la vida humana. P ar a deci rlo de
nicismo precedente. encierra, ante todo, una significación otro modo, un trata miento puramente «t eórico» de la po-
cosmológica y una concepción del universo en muchos pun- lítica y del político, como el qu e se estaba efectuando en
tos emparentada con la del Tímeo, a la q ue anticipa en la primera definición. no es promísorio , en la medida en
algunos aspectos. En el Polttico, como en el Timeo, el uní- Que el politice es un indivi duo que debe v érselas con una
verso aparece regido por dos fuerzas o po r dos tend encias ; sociedad real y concreta, sujeta a deter minadas condicio-
pero , a diferencia del Timeo , do nde la razón y la necesí- nes de vida. q ue nad a tienen qu e ver co n aquellas que se
dad son fuerzas que actúa n sim ultá nea mente, el mito del da ban en la paradisiaca era de Cronos. Ya no vivimo s,
Político nos ha bla de dos fuerzas que imperan alternativa- po r cierto, en ella, sino que crecemos. envejece mos , mori-
mente, sin qu e ningun a de ellas logre predominar po r com- mos y esta mos necesitad os de tr ab ajar. El po lítico qu e bus-
pleto so bre la otra . En el primer período, d uran te el cual ca mos - parece reco rdarnos el mito- no es un perso naje
el dios conduce la ma rcha del un iverso, la inteligencia lo- legendar io. diferente e in finitamente superior a los indivi-
gra imponer un ple no orde n so bre todo elemento corpó- duos sobre los que debe ejercer su man do , sino un hom bre
reo ; en el segundo momento . cua ndo el dio s ab andona el de ca rne y hueso , cuya na turaleza y formación so n muy
un iverso . la inclinación na tural de éste lo hace girar en semejantes a las de sus sú bditos. Es po r ello po r lo qu e,
sentido contrar io . Librado a si mismo . su tendencia pro- par a pod er delinea r con precisión la figura del político,
pia, que es d isolvente. lo a rra stra hacia la « región infinita debemos te ner bien presente cuál es el mod o de vid a de
de la desemejanza» (273d). En el Timeo la actividad pro - los ho mb res y cuá l su condición dentro de la sociedad.
ductora del demiurgo choca contra la resistenci a qu e le ofre- P uesto que el político está lla mado a desem peña r un a fun-
ce la «causa err a nte» o la necesidad , a la que el dios debe ción dent ro de una determinada socieda d, es en relación
persuadir para mod ela r un m undo sensible que sea 10 más con la estruct ura de ésta como se debe int ent ar descub rir
bello y armonioso posible, en ta nto qu e cria tura sujeta al su nat uraleza y función.

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Acabada la nar ración del mito, el Extranjero nos re- de los niños que aprenden las primeras letr as. Para ense-
cuerda que se había servido de él para po ner bien en claro fiarles será preciso pa rt ir de sílab as sencillas, cuya estruc -
el doble error en el que se había incurrid o previamente tura sea fácilmente discernible y por todos cono cida, pero
al definir al polít ico como criador del reba ño humano . Pr e- similar a la estruc tu ra de aquellas que aún no conoce n y
ciso será desplazar el acento, trasladándolo de la noción qu e se desea ha cerles conocer. La utilidad del mod elo resi-
de «crianza» a otra más abarcadora, la de «cuidado» , y de, pues, en la posibilidad de t rasladar a un objeto o situ a-
divid ir esta, a su vez, según que ese cuidado sea brindado ción más grandes o complejos la estruc tura de aqu ello que
com pulsivamente o con aceptació n volun taria. Se llega de se ha tomado como modelo. El uso de un modelo supone,
ese mod o a una segunda definición del político, que co rri- enton ces, un procedimiento po r ana logía y, en tal sentido .
ge la primera: el político es aquel individuo cuya fun ción es un método de enseñanza y no de descubrimiento : la elec-
es la de bri ndar cuidad o a un rebaño hum ano que lo acep- ción misma del mo delo del qu e en cada caso se t rate de-
ta de buen grado (274c-277a). pende del previo conocimiento de la an alogía estructural
El Jo ven Sócrates está nuevamente conv encido de ha. que existe entr e el mod elo que se toma y aquello otro para
ber llegado al término de la búsq ueda , pero el Extranjero lo cual es elegido como mod elo. Así, si en nuestro diálog o
no se muestra aún satisfecho : la definición que ahora se el Extr anjero elige como mod elo de la política el arte de
ha alcan zado no es clara ni completa. P reciso es elaborarla tejer, es porque ya de antemano sabe que la estructura del
con más cuidado, pa ra lo cual se recur re ah ora a un proce- arte de tejer coincide con la qu e es propia del arte polí tico
dimiento tod avía no ensa yad o : el uso de un modelo . Tras y, en consecuencia, si se exhibe la primera en todo su deta-
explicar qué es un modelo y cómo ha de usar se (277a-279a), lle, sus rasgos podrán luego ser trasladados a la segunda
se elige como paradig ma de la polí tica el arte de tejer vesti- para comprender ésta , que es meno s accesible, de un modo
dos de lana y, tras una serie de detallad os pasos, se accede acabado .
a su definición (279a-283b). Ya en las páginas iniciales del La pr olijidad y el extremo detalle puestos cn práctica
Sofista, antes de emb arcarse en las diferentes y posibles pa ra definir el arte de tejer y distinguirlo de todas las otr as
definiciones del sofista , P latón se había servido de un mo- actividade s que le está n emparentadas, as! como la excesi-
delo, de un parddeígma, el de la pesca con caña , pero sin va longitud del mito anteri or, constituyen el pretexto para
ha cer ningún tipo de consideración sobre la naturaleza del int roducir una conside ración sob re el arte de medir y la
mod elo en cuanto tal. E n el Polftico, en ca mb io, el Ex- jus ta medid a, cuestió n cuya imp ortancia es, dentro del día-
tranj ero no se limita a emplear, sin más, el mod elo del lago , de primera mag nitud (283b-287b); de la justa medi -
arte de tejer como paradigma de la política, sino qu e pone da, en efecto, depende la existencia no sólo de la política,
en claro, previamente, en qué consiste un modelo y de qué sino de todo arte en general. Hay dos tipo s de medida:
manera ha de hacers e un uso lícito de él. Pero para expli- la que mide teniendo en cuenta la relación de una cosa
car qué es un modelo es forz oso, a su vez, servirs e de otro con su contraria, y aquella otra que mide teniendo en cuenta
mod elo, y el qu e par a tal fin se elige es, en este caso, el la relacíó n que una cosa guarda con la jus ta medida. Si
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la primer a es una medida relativa , la segunda es absoluta, se halla en posesió n del arte de gobernar, sin qu e impo rte
es decir, se sirve, par a evaluar , de un patró n perm an ente. si es rico o pob re, si gobierna con el consentimiento de
T oda s las artes, por cierto, buscan preservar la justa medi - sus súbditos o sin él, si conf orme a leyes o sin ellas
da, evitando el exceso y el defecto ; y es en la preservación (29Id-293c). E l Joven Sócrates está perfectamente dispues -
de la justa medida donde reside el criterio qu e permite ju z- to a aceptar todo lo dich o , salvo un único punto que no
ga r sobre la bondad de sus producto s y de sus realizacio- alcanza a comprender: que el polít ico pueda go bernar sin
nes. Ese pat rón absoluto adq uiere diferente s modalidades leyes (293e-294a) . Est a observa ción sirve para introducir
según el ámbito del que en cada caso se trate; así , la ju sta una reflexión sobre la naturaleza de la ley, qu e se muestra
medida podrá ser lo conveniente, lo debido, lo oportuno, como aque l recurso necesario e ineludible en ause ncia del
conforme a lo que la situación demande (284e). P ero estas verda dero político dotado de arte (294a-300a) . Se retoma
modalidades -según Platón deja traslucir- no son sino entonces la clasif icación de los regímenes de gobierno an -
diversas expresiones del ámb ito perfecto y paradigmático tes mencionados y se los. ordena conforme a su mayor o
de las Fo rmas inmutables, qu e afloran en esta sección cen- menor bondad, insistiendo en que to dos ellos no tienen
tral del Pottuco y soportan así su andamiaje 3. sino el rango de imitacion es frente al único régimen de
Desp ués de este tratamiento de la justa medida, se está gobi ern o perfecto y par adigmáti co, que es el que tiene por
en condiciones de volver a atacar la definición del polític o jefe al varón dotado de arte. Es aho ra el mo mento de re-
sobre el modelo del arte de tejer, pero incorp orando las gresar al verdadero políti co para distinguir lo , no ya de sus
ense ñanzas qu e se desprenden del mito y, además y funda- imita dores , sino de sus genui nos cola bo radores y subo rdi-
mentalmente, las qu e resultan del exame n d e la justa medio nados (303d-30Se), y para mostrarlo, por fin, como teje-
da. P ar a definir la acción del político dentro de la comuni- da r rea l. Hay en el carácter hum ano una an tino mia funda-
dad política hum an a, se proce de ahora a discernir de la mental: vigor y moderación cons titu yen la urdimbre y la
política todas las otras funcion es menores que se cum plen t rama de la sociedad. El arte polí tico consistirá en saber
en la socieda d . Se pasa así revista a los diferent es funcio- cómo tejer ad ecuadam ente t rama y urdimbre, para lograr
na rios subordinados al político rey (287b-290e) y se los el má s armonioso y bello de los tejidos (309a-31I c). La
excluye, así como a los pseudopoliticos, coro de sofistas figura del político qu eda así clar amente perfil ad a: el polí ti-
embaucadores, que fingen ser políticos sin serlo (29Oe-29Id). co es aquel ho mbr e cuya ob ra de coordina ción está funda-
T ras enumerar los diferente s regímen es de gobiern o posi- da en su sabe r de los patrones ab solut os y perfecto s, saber
bles y señalar los crit erios sobre los que se f unda la clasifi- que lo coloca por encima de la ley. Así, en el Po tüico con-
cación, se insiste en que el verdadero político es aquel qu e tinúa vigent e la idea central de la República, que P latón
seguirá ma nteniendo en su última obra, las Leyes: la ins-
J Para las referencias a la teoría de las Formas en el Polñíco, cí.
tancia suprema es siempre el saber. Y nuestro político, qu e
W. K. C. GUTHRIE, A Hísrory of Oreek Philosop ñy, vo l. V, Cambri dge, es quien posee el saber, no es otro que el filósofo . Si en
1978, págs. 175- 180. el Sofista la figu ra del filósofo quedaba claram ente delí-
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neada por co ntraposición con la del sofist a, que hallaba íuico. Mad rid, 1955. Ent re las traducciones del Polltico
su ref ugio en las tenebrosldades del no ser. en el eottuco no acompañada s de texto griego, ha y tr es qu e son im po r-
se exhibe positivamente al filóso fo. en su función de teje- ta ntes, ta nto po r la calidad de la versión, como po r sus
dor real, que puede lleva r a ca bo su la bor coo rd inadora notas críticas. Ellas son las siguient es: G . Fracca roli, Pía-
de la sociedad . porqu e es el único que posee el saber del tone, 1ISofista e l' Uom o potitico, Flo rencia , 1934; L. Ro-
mundo de las Formas y conoce su adecuado entrelazamien- bin, en Ptaton, Oeuvres comp letes, vol. 11 , Par ís (La Pléia-
to. Si esto es así, fácil es advertir por qué Plató n nunca de), 1950, y J. B. Skemp. Ploto 's Suuesman, Londres, 1952.
escrib ió un di álogo lla mado Filósofo ni tu vo , por lo de- Ind icam os a continuación los pa saj es en los qu e nos
más, intenciones de hacerlo ". a pa rta mos del tex to fijado po r Burnet :

Uneas Lectura de Bumet Lectura adoptada


2S8b l ItOA.t.tlKÓV [t OVá v.spal tOV no).,.\t\KO V liv5pa (WY;
NOT A SOBRE EL TEXTO 0tF.s) .
264e1 2 áptt t OV ap t81lóv ñonov upl8~óv (M ss.; H EIl.·
MANN) .
Para nu estr a tra ducció n hemo s seguido, en general, la
27 1d4 roe; &'a ú Kat U t ó n oue; <Í>C; víiv, ( Ka l ) Kat a t 6 7touC;
edición de J . Burnet, Platonis Opera, vol . 1, Oxford , 1900 ( H ERJ,lANN; Dtts) .
(reimp res.• 1973), pero nos han resultado de gran util idad 272c7 Illú6oue; 1 ot a lJúBoUC; (M ss. ; Ola ).
las ediciones anterio res de C. Hermano. Plaronis D íatogi, olor (W; Drás).
vol. 1, Leipzig (Teubner), 1851. y L. Ca m pbell, The 50- 273 d 7 x óvrov t óxo v (Mss.: CA,MPBEU [v.
phistes ond Poíiticus 01 Plato. Oxford , 1867, así como las n . 4 3]).
po steriores, aco mpañada s de traducción, de H. N. Fowl er 293eS I IJ.t::~l~ii a 8Q1J ~EI.IllJiioaal(Mss.; OJES).
en Ploto, wíth on English Tronslolion, vo l. lII , Londres, 302d2 [elvm] clvci (B ; DIJ'os).
1925; de A . Díes, en Ploton . Oeuvres completes, vo l. IX, 306<:4
'X" flOV (T2; Drás) .
t o t í tl (HEl NDORF; OJEs).
1." pa rt e, París, 19 35, y A . Gon zález La so, Ptat án. El Po- 3060' fe; tl
l08eS «u¡ (t u l XPT¡o t u KUi. t u XPT¡Ot U {TWY ; O la) .
• La cuestió n, empero, sigue siendo ob jeto de d iscusión . Sobre ella 309<7 tv {t ate;1 \jIUla~ tv rete ljIuxa i c;(fWY ; O IEs).
pueden consultarse con utilidad Jos siguientes trabajos : F. M. Coa s roao , 3 lOa S q>ÚOWlC; q>tiOEI (S TEPH . e Frc.; DIES).
La tron a platónica del conocimiento, trad. esp., Bue no Aires, 1%tI ,
pág. 158; P . f'¡ U EDLA BNPEll. , Ptato: An tntroduction, trad . ingl. , Nueva
Yo rk, 1958, págs. 151-153; F. SoN1AO, «Pla rc's un wr íne n di alogue: The
Philosopher», Co ngrrs tntern, de Philosophie 12 ( 1960), 159-167; E. A. BIBLIOGRAFíA
\VYLLEIl., «T he Architectonic of Plato'v later Dialogues», C/ass. Mediae v.
26 (1966), 101-106, Y «T he Parm énides is the Phílosopher», Class. M e-
diaev. 28 (1968), 27·39; S. PAN AOIOTOU, «The Parmenldes i s the Philo - Además de las imp ortantes introducciones de las obras
sopner, A reply», C/ass. Mediaev. 29 ( 1969), 187·2 10. de L. Cam pbell, A. Dies y J . B. Skemp antes citadas. así
117, - 32
9

498 D tÁLOGOS

como de las secciones dedicadas al Pottt íco en las conoci-


da s obras de P . Fricd lacnde r (Plato. vo l. 1ll : The Dtato-
gues. Second ond Third Periods, trad. ingl.• P rinceton,
1969, págs. 280-305) y W. K. C. Gut hrie (A History 01
Greek PhiJosophy , vol. V, Cambridge. 1978. págs. 163- 196),
nos limitaremos a mencionar algunos traba jos más recien-
tes, que consideramos de part icular interés: PO LiTICO
S. BENARDETE, «Eidos a nd diairesis in Plato ' s St atesman», Phi-
Jologus 107 (1963), 193·226.
F. J . CROSSON , «Pla ro's Statesman: un ity and plural ism», New
Schclest. 37 ( 1963), 28-43. SócRATES , T EODORO, EXTRANJERO, JOVEN SócRATES
L. D. DAV¡S, «The Statesman as a political d ialog ue». Amer.
Journ. Phi/ol. 88 ( 19671. 319-331. SócRATES - En verdad , te agradezco mucho, Teodo- 2S7.
K. GAISER, Platon und die Geschtchte, St uttg art, 1961. ro, el haberme hecho conocer a Teeteto y también al
H . HEIlTEIl, «Ocu und die Welt bei Plat ón . Eine Stu die zum extranjero.
Mytho s des Potítikos », Bonn . Johrb. 158 (1958), 106-117.
TEoDORo - Pero, tal vez, Sócrates , tend rás que tr ipli-
P. K UCHAIl.SKY, « La co ncepricn de l' art de la mes ure da ns le
car tu agradecimiento: tan pronto aca ben su presentación
Potítique», Bull. A SS'. G . Budl (1960). 459-480. {Reimp. en
Aspects de la spkulation ptaton ícienne. París, 1971 , pá ginas del polít ico y del filósofo l .
191-229.) Sóc. - ¡Vamos! ¿Tamaña cosa, mi qu erid o Teodoro,
T. M. R OBINSON, « Demiurge and wor ld soul in Plato' s Po/ifi- tendremo s qu e decir qu e se la hemos oido a quien es el
rus », Amt'r. Journ. Phi/ol. 88 (1967), 57-66. más avezado en ma teria de cálculo y de geometría?
G . A . R OOGEIl.ONB, «La f unzíone del ' polítíco' nella do tt rina pla- T EOD. - ¿Q ué qui eres decir, Sóc rates? b
t ónica dello sta to », Sophio 18 (1950), 239-246 . Sóc . - Qu e ha s puesto igual precio a cada uno de es-
S. ROSEN, «Ptaro's Myth or t he reversed Cosmos», Rev. Metoph . los hombres, quienes, por su valo r, dista n entre sí más
33 (1978), 59-86. de lo que pueda exp resa r la pro porción de vuestro a rte 2.
P_ V IDAL-NAQUET, «P tato's M yth o f the Staresman . The Ambi-
guities of t he Golden Age a nd of Histo r y», Journ. Hell. Stud . 1 Pa ra la ubicación de los personajes, as! como para la fecha dramá-
98 (1918), 132-14 1- nca y la conexión de este diálogo con el Sofista, véase nuestra Introduc-
K. H . VOLlCMANN-SCHLUCK, «Ge den ken zu P latos Politik os», en ción. A ella también remitimos para la cuestión relativa al inexistente
ROMB ACH ed., Die Frage naeh dem Menschen, Friburgo, 1966, diálogo Filósofo .
pá gs. 311-325. Z El error en que ha incu rrido Teodorc, y que Sócrates le imputa

con toda ironía, consiste en haber puesto en un mismo nivel términos


no homogéneos, entre los cuales no puede establecerse una proporción
MARÍA I SABEL SANTA CRUZ
geométr ica (analo gía). Si sofista , político y filósofo tuviesen igual valor.
p O

500 DIA LOGOS eourrco 501

TEOD . - ¡Bravo ! [Por nuestro dios , Sócrat es, por parientes no cabe duda de que siempre debemos poner to-
Amón! 3 , ¡Con cuánta razón y con qué buena memoria, do nues tro celo en reconocerlos, conversando con ellos.
además, acabas de acha carme mi error en los cálculos! Con Teeteto , yo personalmente estuve ayer dialogando y
Ya buscaré cómo desquitarme conti go en ot ra oportu ni- ah ora lo he estado escuchando mientr as te respondía; en
dad. Por el momento, t ú, en camb io, extranjero , por cuanto a Sócrates. en cambio, ni un a cosa ni la a ira . Es
nada dejes de com placern os: ya mismo elige, para empe- preciso , entonces, que lo examinemos también a él. A mí
zar, al hombr e político o al filósofo, al qu e tú prefie- ya me responderá en otra ocasión; a ti, en cambio , que
e ras, y tan pronto hayas escog ido comienza sin más tu lo haga ahora ,
explicación. EXTR. - Así 10 har emos. Sócrates , ¿oyes lo que dice
EXTRANJERO - Eso es, Teodoro , lo que haré. Porque, Sócrat es?
una vez que hemos logrado tene r este asunto entre manos, JOVEN SÓCRATES - Sí.
no es cuestión de da rno s por vencidos antes de habe r aca- EXTR. - ¿Y te avienes a lo que dice?
bado con ellos. P ero, veamo s: con Teetcto, que está aquí J, S óc. - Sí, po r entero.
con nosotros, ¿qué debo hacer? EXTR. - Si de tu parte, por 10 qu e veo, no hay rep aro b
TEú O. ....,... ¿A qué te refieres? algun o, menos aún podrá haberlo de la mía. Después del
EXTR. - ¿Le damos una tregua, reemplazándolo por sofista - tal me pa rece-, debe mos examinar al hombre
éste su condiscípu lo, Sócrates? ¿O qué es lo que tú propo- político. Y dime ya: ¿también a él hay que considera rlo
nes? entre qu ienes poseen una ciencia 5? ¿O no?
T'EOD. - Como acabas de decir. reemplázalo; dada su J , Soc. - Sí, así es,
juventud , de seguro sopo rt ará n mejor la fa ena si se t oman EXTR. - ¿A las ciencias, entonces , habrá qu e .repartir-
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las. com o cuando estábamos examinandO~I. personije ,
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ambos un descanso .
.:;; BlBlIOW;~ - ';
d Sóc. - Fíjate, extranjero , que los do s, por una u otra ant erior?
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razón, guardan cierto parentesco conmigo: uno, vosotros
25 80 mismos decís que en sus facciones se me pa rece, mientras
J . SÓC. - Probablemente.
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que al ot ro, que se llama igual qu e yo, su nombre le con - '~:"[nllf,l../


fiere ta mb ién alguna semejanza conmigo 4 . Y a nuestro s hecha por Teo doro en Teeteto 143e. Sobre el Joven Sócrates, cf . Sofista
218b .
seria razonable triplicar el agradecimiento; pero, como la distancia q ue ~ El términ o griego es epístém ón. CL Sofista 219a, donde Platón uti-
entre ellos media no es pasible de ponerlos en relación proporcion al, el liza el térm ino tecnnttes, que es su sinó nimo. Las nociones de téchné
agrad ecimiento tendrá qu e ser muchísimo mayor. y epi.~tém e en Platón se identifican , dado que tanto el hacer del ar tesano
1 Teodoro era de Cirene e invoca, pu es, al dios Amón , cuyo culto como el saber «teó rico» implican un conocimiento del modelo inteligible
se extendió por toda la costa norte de Áfr ica y llegó hasta Gr ecia, don de etern o. (Cf. M . ISNARDI PARENTE, Techne. Mom enli del pensiero greco
se lo identificó con Zeu s. Su orác ulo se ha llaba en el oa sis de Siwa, da t tatone ad Bp ícuro, Florencia, 1966, págs. 1-6.) Para man tener la
en el desierto de Libia (HERÓDOTO, (V 181), Y era muy famoso y diferencia de términos, traduzco en todos los casos léchne por «art e»
I y episl(!mi! por «ciencia» .
consultad o.
4 Sobre el parecido físico entre Sócrat es y Teeteto , cf. la observ ación
.0

502 DIÁLOGOS p OLí TICO 503

EXTR . - Sí, pero no es justamente del mismo m odo, nes y es co n ella con la que fa brican los objetos qu e ellas
Sócr ate s, co mo me pa rece que ha de hace rse el cort e 6. producen y qu e antes no existían. ~
J . Sóc. - ¿Y ento nces? 1. Soc . - ¿Y cómo no ?
e EXTR . - De ai ro modo . EXTR. - De este mod o , ento nces, divide el co njunto
J . Sóc . - Puede ser. de las ciencias y ha bla de una ciencia práctica y de otra
EXTR . - El sendero po lítico , pues, ¿por dón de podría pura y simplemente cognoscitiva 8.
ha llarlo uno? Porque debemo s. en efecto , hallarlo y, des- J . Sóc . - Son éstas, pues, según dices, dos especies
pués de aislarlo de los demás. imprimirle una única For- de la ciencia que en su conjunto es una.
ma; y cuando a los restant es senderos que de él se desvían EXTR . - Al político, al rey, al amo de sus esclavos y
les hayam os pu esto co mo carácter distin ti vo o tra Forma au n al señor de su casa, ¿tendremos que co nsidera rlos una
única , debemos lograr que nuest ra alma adviert a Que las un idad , a unque les demos tod os estos no mbres, o bien dí-
ciencias en su conj unto constituyen dos especies 1 . remos que hay t antas artes como nombres mencionamos?
J . Sóc . - Ése será ---creo yo - asu nto tu yo, extranj e- Pero no; será mejor que me sigas po r este otro camino .
ro , per o no mío . J. S6c . - ¿P or cuál?
d EXTR . - Sin embargo, Sócrates, también será tuy o , Bxra . - Por éste: si una person a, au n cuando sea ella ll911
cuando la cosa se nos haya puesto en claro. misma un simple particular , es ca paz de dar consejo a al-
J . SÓC . - [Bien d icho ! guno de lo s médicos pú blicos, zaca so el nom br e del arte
EXTR. - Veam os, entonces. ¿No es cierto que la arit - qu e deberá aplicarsele no será el mismo q ue el qu e le co-
mética y algunas otras artes con ella emparentadas carecen rrespon de a aquel a qu ien da sus consejo s?
de toda vinculació n co n la acción y únicamen te no s procu- J . SÓC. - Si.
ran conocimiento? EXTR . - ¿Y entonces? Quien es capaz, au nqu e él mis-
Sóc. - Asl es. mo sea un simple pa rticular, de dar su co nsejo a qu ien
EXTR. - Aquellas, en cambio , q ue tiene n que ver con reina sobre una región, zacaso no diremos que tiene la c ien-
la carpinter ía o co n cualquier otra act ividad manual , cia qu e debe poseer el propio goberna nte?
poseen la ciencia como naturalmente inm ersa en las accio J . Sóc . - Eso diremos.
EXTR . .:.... ¿Y no es cierto que la ciencia del verdad ero b
, También en ti So/ isla se parte de una di vi~ ión dicotómica del g éue-
ro ..arte». Pero. mientras que, en el &Jfista 21% -d. Platón parte de la rey es la ciencia real?
distinción entre artes productivas y art es adqutslttvas, aquí las ciencias
I ROHIN (Plalon, oeuvre completes, vol. JI. Paris, I ~O) traduce por
se dividen en cognoscitivas y prácticas.
" disciplinas de acción» y «disciplinas de conocimiento puro». J . B. SlEMP
1 Se trata de la división que familiar mente se realiza: se separa una
(Plato 's Suuesman, Londres, 1 9~2), por su parte, prefiere hablar de cien-
clase y todo el resto se señala entonces como otra clase única. En este
cias "ap licadas" y «puras» . Si bien la ciencia práctica es un conocimiento
pasaje traduzco el primer etdos por «forma» y el último por «especie»,
que supone o implica una aplicación o una ejecución, no es lo que hoy
para facilitar la comprensión. Para Platón , «Forma» y «especie» como
llamamos ciencia aplicada . La ciencia cognoscitiva no implica una reali-
tales son inseparables.
zación, sino que es un saber por el saber mismo.

l 04 D IÁLOGOS l'O LÍT ICO sos
l . SÓC. - Sí. EXTR. - ¿Quieres, enton ces, que digam os que el rey
EXTR . - ¿ y que a qu ien la posee, trá tese de un go ber- se sitúa dentro del art e cognoscit iva con mayor propiedad ,j

nante o de un simple partic ular , lo corr ect o será llamarlo , q ue dentro de la ma nua l Y. en gene ral, de la práctica?
en todos los casos, «real» , te niendo en cuenta el ar te qu e J . S óc . - ¿Y cómo no ?
le es propio? EXTR. - A la política y al po lítico, al art e rea l y al
J . Sóc . - Eso , al meno s, ser ía lo j ust o . ho mbre real, ¿a lodo ello. entonces, lo reuniremos. co mo
EXTR . - Además, el señor de su casa y el amo de sus si se tr atar a de una unidad?
esclavos son, sin dud a, lo mism o. J . Sóc . - Evidente.
J . Sóc. - ¿Cómo no ? EXTR . - ¿Y a nda ríam os bien enca minad os si después
EXTR. - ¿Y entonces? ¿Acaso ent re una casa muy gran- de esto dividi éram os la ciencia cognosc itiva'?
de y la masa de una ciudad m uy peq ueña hay alguna dife- J . Sóc . - Cl aro que sí.
rencia en lo que toca a su modo de gobernarse? EXTR. - Presta, pues, mucha ate nción, pa ra ve r si po-
l . SOC. _ Ninguna 9 . dem os desc ubrir alg una a rtic ulación en ella.
~ EXTR. - En consecuencia. a propósito de lo que está- l . Sóc. - Dime cuál.
bamos aho ra examinando, es eviden te que hay un a única EXTR. - Ésta: habia sin du da , según dijimos, un arte ~
ciencia referida a todas estas cosas. Y, se la llame «real», del cálculo.. .
«po lítica» o «administrativa» , es eso algo qu e no tie ne por J . Sóc. - Sí.
qué im po rtar nos . ExTR. - Y yo, al menos, esto y convencido de qu e ella
J . SÓC . - ¿Por qué ha bría de importarnos? se encuentra ent re las a rtes cognoscitivas .
Exra . - Ahora bien, ha y algo que es. sin du da , bien J . SOC. - ¿Y cómo no'?
claro : que un rey, con sus ma nos y con su cuerp o t odo. EXTR . - Y, una vez que el arte del cálc ulo ha co noci-
es mu y poco lo que puede pa ra retener el gobierno. si se do la d ifere ncia e ntre los números, ¿podremos asigna rle
compa ra con lo que logra con la pen etración y el vigor algun a otra función que no sea la de juzgar lo q ue ella
de su alma . conoc e?
J . SÓC . - Es eviden te. J . Sóc. - ¿Cómo podría mo s?
Bxr a . - No ca be duda, po r ot ra par te, de que cual-
quier a rquitecto no es él un ob rero , sino qu ien gobierna
9 Entre la administración del Estado y la de una casa no hay diferen- a los o brero s.
cia esencial , sino sólo cua ntitativ a. C t, l ENoFONTE, Me mor. IJI 4, 12. J . SÓC . -Sí.
Contra ell e pasaje de Platón ap unta AIlISTÓTELES (Polft ica 1 1, 1252a) EXTR . - En la medida, po r ciert o , en que brinda su
cua ndo señala el erro r de a firma r que po lítico, rey. a dmin istrador y am o
conocimient o, pero no su activ idad manual.
sea n lo mism o. Pa ra Ari stóteles, la diferencia entre estas personas, así
como entre las asociaciones con las que tienen que ver , no es una diferen- l . S óc. - Asl es.
cia de grad o, sino esencial.
t
\
506 DIÁLOGOS p OLíTI CO 507

260a EXTR. - P or lo tanto , con justa razón podría decirse J . Soc . - ¿Cóm o no va a ser mejor en esta última?
qu e participa de la ciencia cognoscitiva. EXl'R. - En cuanto al arte directiva , bueno sería ob-
J . SÓC . - Sí, en efecto . servar si no está escindida en algún punto. Y creo yo que
EXTR. - Y a éste - al menos yo así lo creo-, una vez ese punto es precisamente el siguient e: así como el arte
que ha emitido su juicio, no le corresponde dar por termi- de los revendedores se distingue de la de quienes comer-
nada su tarea y desligarse de ella , como hacia el calcula- cian sus propios productos 11, así ta mbién el género real d
do r, sino que , por el contrario, debe continuar dando las parece diferenciarse del género de los heraldos.
directivas aprop iadas a cada uno de los obreros, hasta tan- J. Sóc . - ¿Cómo?
to ellos haya n cumplido la labor que se les ordenó. EXTR . - Los revendedores reciben produ ctos ajenos que
J. S óc. - Es cierto. ya an tes han sido vendidos y ellos vuelven luego a ven~e r­
EXTR. - En consecuencia , z.son cognoscitivas todas las los por segunda vez.
ciencias de este tipo y cl.Iantas se hallan vinculadas a la J . Sóc . - Si, sin dud a alguna.
ciencia del cálculo, pero estos dos géneros difieren entre sí EXTR. - Así también el linaj e heráldico recibe decisio-
b por el hecho de que uno juzga mientras que el otro dirige? nes ajenas en forma de directivas y, a su vez, vuelve luego
J . Sóc . - Así parece . a impa rtir esas dire ctivas a otros.
EXTR. - Por lo tanto, si, al dividir el conjunto de la J. Sóc. - Muy cierto.
ciencia cognoscitiva, dijéramos qu e una de sus partes es EXTR. - ¿Qué pasa, ento nces? ¿Vamos a mezclar en
directiva y la otra crítica 10, ¿podríamo s afirmar que he- un mismo grupo al art e real con la del inté rprete, con la
mos hecho una división apropiada? del cómitre, con el arte adivin atoria . con la de los heraldos e
J. Sóc . - Sí, conforme a mi pare cer. y con un gran número de otras artes que les están empa-
EXTR. - Muy bien. P ero fíjate que quien es hacen algo rent adas, toda s las cuales, en su conjunt o. tienen por fun-
en común , es deseable que estén de acuerdo. ción dirigir? ¿O prefieres que, así como antes nos valimo s
J. S óc . - ¿Cómo no? de una -imagen, también ah ora recurramos a una denomi-
EXTR . - Entonces, mientras tú y yo estemos de acuer- nación comparativa , dad o que el género de quienes impar-
do, mandemos a paseo los pareceres de los demás . ten sus directivas personalmente carece prácticamente de
J. Sóc . - ¿Cómo no? nombre, y que de esta manera procedamos a una división,
e EXTR. - [Adelan te, pues! De estas do s artes , ¿en cuál ubicando al género de los reyes en el art e autodírectiva,
hemos de ubicar al hombre real? ¿Acaso en la crítica, co- sin cuidarnos de todo el resto y cediendo a algún otro la
mo si se tratara de un mero espectado r, o más bien en tarea de ponerle cualquier otro nombre? Porque, a fin de
el ar te dir ectiva, ya que manda como amo? cuentas, nuestra búsqueda se orienta hacia quien gobierna
y de ningún modo hacia su opuesto . 261a

l O kritikl: Su función propia es la de juzgar, emitir un juicio. discer-

nir (krinein) . II Cf. Sofista 223d.


2
o
508 DIÁLOGOS P OLÍTIC O 509

J, SÓC. - P erfectam ente. animados. De ese mod o, el conjun to Quedará ya dividido


EXTR. - Dad o, pues, q ue el género en cuestión se ha- en dos.
lla ya suficientemente bien apa rtado de aquéllos, d istingui- J . SÓC. - Perfectament e.
do por su carácter de dar directivas por si mismo frente EXTR. - Dejemos aho ra de lado una de sus pa rtes y
al de dar directivas ajenas, ¿es preciso ah ora dividirlo nue- oc upémo snos de la otra . C uando la~yamos tomado , par-
vamente, si es que en él tenemos , también esta vez, algún ta mos en dos este conjunto .
corte adecuado? J . Sóc . - Pero ¿de cuál de eUas dices que debe mo s
J . SÓC. - Completa mente de acuerdo. ocuparnos?
Exm . - ¡Y está claro que sí lo tenemos! Pero ayuda- EXTR . - Está bien claro que de la Que es directiva res-
me y haz conmigo el corte. pecto de seres vivos. P orq ue no cabe duda de que la fun -
J . SÓc. - ¿En qué punto? ció n de la ciencia real de ningún modo consiste en dirigir
EXTR. - Tratemos de pensar en todos aquellos que pa- a seres inanimados, como hace la arquitectura , sino que
b fa goberna r recu rren a dir ectivas . ¿Acaso no hallaremos es más noble: ella ejerce siempre su autoridad entre los d
que sus órdenes tienen por propósito una producción 121 seres vivos y sólo en relación con ellos.
J . Sóc. - ¿Cómo no? J . S6c. - Mu y cierto .
EXTR. - Y, sin duda . a todas las co sas res ultantes de EXTR . - Y bien, pues . Respecto de la producción y
una producción nada difícil es repartirlas en dos. crianza de seres vivos, fácil es adve rt ir que ella es, por
J . SOC . - ¿De qu é ma nera? un lado , crianza individ ual y, po r otro, ate nción que se
EXTR . - De todas ellas, que for ma n un conjunto, al- brinda en comú n a las crías rebañegas.
gunas son inanimadas, otras, en cambio, animadas . J. Sóc . - T ienes razó n .
J . Sóc. - Sí. EXTR. - Pero claro está que en el político no pod emos
EXTR. - Co n este mismo criterio, si queremos hacer descubrir un individuo dedicad o a la crian za individu al,
un corte, seccionemos la pa rte del arte cog nosci tiva que a la man era de quien cuida de un solo buey o ejercita su
es dir ectiva . ún ico caba llo, sino qu e más se asemeja a un pastor de ca-
J . SÓC. - ¿De qu e ma nera? ballos o de bueyes.
EXTR . - Asignando una de sus partes a la producción J . Sóc. - Eso resulta , ah ora Que lo has dicho .
e de cos as inanimad as y la ot ra , en cambio, a la de seres EXTR. - Ahora bien, de la crianza de seres vivos, a t
aqu ella qu e es crian za común de muchos animales de la
misma especie en conjunto , ¿debemos darle el no mbre de
11 Traduzco génesis por «producción». El término génesis tiene, en «cria nza rebañega » o bien de «crian za colectiva»?
griego, un significado amp lio, en tanto designa el proceso de hacer entra r
J . Sóc . - Cua lquiera de esos dos, según apar ezca en
en existencia en genera l y de perm itir o favorecer el d esarrollo de algo.
En el caso de 10.\ pastores, "producción» se identi fica prác ticam ente con el curso de la conversación .
el pr oceso de cria nzas (cf. 26ld ).
510 DIÁLOGOS POLÍTICO 5 11

EXTR. - ¡Bravo, Sóc rat es! Si conservas siempre esa ac- lar fino no es procedimiento seguro, sino q ue mucho más
titud de no preocuparte en exceso por los no mbres. te mos- seguro es ir cortando por mitades, ya que de ese mod o
trarás más rico en sabiduría cuando tu edad avance 13. Po r tend remos mayor posibilidad de to parnos co n ca racteres
el momento , justamente lo que tú indicas es lo que debe- especificas 1.(. Esto es, sin duda . lo que verdadera mente
rnos hacer. Una vez puesto en claro que el arte de criar importa en una investigación. ('
reba ños está co nst ituido por dos partes gemelas, ¿se te ocu- J . Sóc . - ¿Qué quieres decir co n esto , extranjero?
rre acaso cómo tendríamos Que dividir este objeto de nues- EXTR . - T rataré de expresarme con mayor claridad
262tI Ira búsqueda, pa ra proseguir la investigación en una de aún. en atención a una perso na como tú, Sócrat es. Por
las dos mitades qu e en este mo mento est amos tomando el mome nto, to davía no podemos pr etender mostrar las
juntas? cosas con toda precisión. Intentaremos. empero , llevar un
J . Sóc. - Pondré todo mi celo en lograrlo . Cr eo que poco más adelante esta cuestión . para que resulte más clara .
ha y una crianza de hombr es y otra , diferente de ella. que J. Sóc . - Pero. ¿cuál es el error que , según dices. aca-
es crianza de bestias. bam os de cometer en nuestra división?
EXTR . - ¡Con Qué magn ifico celo y co n cuánta deci - EXTIl.. - Un error semejante al que cometería una pero
sión has dividido! Hagamos. sin embargo, todo lo posible, sa na que, al tra tar de dividir en dos al género huma no ,
para que en 10 sucesivo no vuelva a sucedemos nada lo dividiese - tal como suele hacerlo por aquí la mayoría-
semejante. tomando al co njunto de los griegos como si se tratara de d
J . Sóc. - ¿A qué te refieres? una un idad y aislándolo de todos los demás géneros. que
EXTR.. - Evitemos aislar una pequeñ a porc mn de un son innumerables y ni se mezcla n ni se ent ienden entre sí;
b co nju nto, contraponiéndola a todas las d emás, que son ap licándole a todos ellos u n único nombre, el de «barba-
grandes y numerosas. y no la separemos de las demás sin re », creerían que . por el hecho de recibir esta única de no-
que ella constituya una especie. Por el con trario, parte y minación. todos ellos constit uyen tam bién un género úni-
especie deben tomarse conj unt ame nte. Es mejo r, en efec- co . En semejante erro r incurriría. asimismo, quien creyese
to, poner el objeto buscado directamente aparte de todos poder dividir al núm ero en dos especies, recorta ndo al
los demás, pero siempre y cuando sea co rrecto hacerlo . d iez mil de todos los otros y separán dolo como si se trata-
Fue de ese modo como proced iste hace un momento : creís- ra de una especie única; asignán do le a todo el resto un ~
te hab er hallado la manera de dividir y aco rtaste camino. solo nom bre, se creería en el de recho de afirma r que. por
porque te hab fas dado cuenta de que el arg umento debía tener esta única denominación, todos ellos en conjunto cons-
concluir en los hom bres. Pero , amigo mío, ocurre que hi- tituyen un género único, diferente y separado del número
diez mil. P or el contrario, mucho mejor, sin duda, sería
II CL Sofista 218c: es la cosa misma y no su nombre lo que posee

verdadera importancia filosófica. Aquí, como en Sofist a 215b-c, está Pla-


tón quizás ironizando contra Antístenes, qu ien ponía como fundamento 1.( Con «caracteres específicos» se traduce aquí el término taeaí. SKfjMP

de todo estudio un examen de las palabras. (Plato 's... ) parafrasea «las verdaderas articulaciones entre las Formas".
o
512 DIÁLOGOS p oLíTICO 5 13

dividir por especies y en dos; en el caso del número, esta- J . SÓC . - Eso haré.
blecer un corte ent re par e impar , y, tratándose del género EXTR. - Y a ho ra dime lo siguiente.. . (
humano, entre varó n y m ujer, y ordenando a lidios, fri- J . S6c . - ¿Q ué cosa?
gios o algunos otros frente a lodos los demás, se los a pa ro EXTR. - Dónde se inició la d igresió n que no s ha traí-
tase de ellos sólo cuando se hallase dificultad en descubrir do al punto en el que esta mos. Porqu e -creo yo- segura-
qu e cada una de las seccio nes resulta ntes es un género mente comenzó cuando, al pregunt arte de Qué modo debía
26.10 y, a la vez, una pa rte . dividirse el art e de criar reba ños, respond iste sin la me no r
J . Sóc . - Tienes plena razón. Pero . precisame nte en vacilación que hab ía dos géneros de ser es vivos: uno, el
lo que a esto se refiere, extranjero, ¿cómo podr ía saberse huma no y ot ro, único y di ferente de él, el constit uido por
con toda certeza q ue género y parte no se identifica n, sino todas las demás bestias en bloque.
que difieren ent re sí? J . Sóc. - Es verdad.
EXTR. - ¡A y, excelente a migo! ¡Menuda cosa la Que EXTR . - Y en ese momento, al menos a mí me res ultó
me pides. Sócrates! ¡Ya estamos alejad os más de la cuenta mani fiesto que, al aislar del conj unto una pane, pen saste
del tema qu e no s hab ía mos propuesto, y tu me pides que que todas las demás que dejabas de lado formab an un úni-
nos alejemos aún más! Así Que ahora -tal es razonable- co género , por la sola razón de que disponías de un mismo
b demos marcha atr ás. En 10 Que a este asunto se refiere, nom bre aplicable a todas, el de «bestias». d
má s adelante, co n tiempo , lo ra strearemos como sabuesos. J . SÓC. - Sí, también fue así.
Pero, de cua lquier modo , guárdate muy bien de creer que EXTR . - Pero eso, muchacho precipitado, mu y prob a-
has o ído que yo ha ya precisado este punto co n toda blemente, si se da el caso de que exista algún otro an ima l
cla ridad . dotado de inteligencia -tal par ecen serlo las grullas o al-
J . SOC. - ¿Qué punto? gún otro po r el estilo 16_ pod ría hacerlo ta mbién él: iría
EXTR . - Q ue especie y part e difieren entre sí. asigna ndo no mb res, ta l como tú has hecho , y co nt ra po-
J . SÓC . - ¿Cómo? niendo, ento nces, un úni co género , el de las grullas, a to-
EXTR. - C ua ndo se da un a especie de a lgo , ella es por dos los otros a nimales pa ra subrayar su propia Im po rta n-
neces idad tam bién pa rte de aq uello de lo q ue se di ce que cia, podrla muy bien reuni r a todos los demás en un solo
es especie; pero , en cam bio, no ha y necesidad alguna de
E51e dividir por especies , y no meramente por parles, es un precepto
que la parte sea especie. Di siempre, Sócrates, que es esto que está claramente en el Fedro: se debe «dividir por especies. siguiendo
último y no lo a nter ior lo que yo a firmo u. las articulaciones naturales» y no co rta r de modo inadecuado, tal como
harí a un carn icero inexperto (265d-266a) .
13 Para este pasaje, qu e se inicia en 262a y que constituye casi una I ~ er. ARIST6TI!1ES, /lisl. animo I 488a, 614b. Las grullas, como las
lección de método, cf', nuestra Introdu cción. Platón t raza una distinción abe jas, Io n animales grega rios, pero , a di ferencia de las ho rmigas,
neta entre «par te» (miros) y «g énero» (g¿flOS). to m ando , en cam bio, q ue viven anárquicamente, ellas trabajan baj o las órdenes de un jefe.
como sinónimos «género» y «especie» (efdos). Toda especie es siempr e A ristóteles mencio na va rios signos de co nducta inteligente en las
pa rte. pero toda part e no es, en cambio. necesariam ente una especie. . gr ullas.
117. - 33
l 14 D IÁLOGOS poLÍTlCO I II

grupo en el que inclu iría a los hombres y a todos ellos J . SÓC. - ¿Qué ?
les otorga ría posiblemente el no mbre de «bes tias» . Trate- EXTR. - Que, por no dividir con calma, llegam os co n
e mos, pues, de ponern os a salvo de tamaña s equ ivocaciones. retraso a la meta.
J . SOC. - ¿De q ué ma nera ? J . SÓC . - ¡Y bien q ue nos ha ocurr ido !
EXTR . - Evita ndo d ivid ir el gé nero animal en su co n- EXTR. - Así es. Intentemos, pues, reto mando desde el
junt o, para que disminuya nuestro riesgo de error. comienzo , dividir la crianza colectiva. Pues aq uello que
J . Sóc . - En efecto, no hay necesidad alguna de ha- con tanto empeño buscabas, quizás te lo revele la discu-
cerlo. sión misma a med ida que avance. Y dime aho ra ...
EXTR. - De acuerdo . Pero antes incurrim os ta mbién J . Sóc . - ¿Qué cosa?
en otro error. EXTR . - Lo siguiente, si es que, como supongo, has
J . Sóc . - ¿En cuál? oído hab lar de ello más de una vez. Sé bien que t u no ('
EXTR . - Del arte cognoscitiva. su parte d irectiva la ha- has asistido personalmente a los adiestramientos de peces
bíamos co nsiderado pertenec iente al género de la cria nza que se hacen en la región del Nilo , y es muy posible
de anima les, de animales rebañegos, se entiende. ¿No es así? que tampoco hayas podido verlos en los estanques reales;
J . SOC. - SI. en las fuentes , en cambio, debes, tal vez, haberlos obser-
264<r EXTR. - Y con eso ya quedó dividido también el género vado.
ani mal. en su conjunto, en do méstico y salvaje. A aquellos J. Sóc. - Claro que esto lo he visto por mi mismo ,
que se somete n na turalmente a la do mestica ción los llama- y tam bién he oído hab lar a mucha gente sobre aqu éllos.
mos «mansos», y a los que no se someten a ella, «salvaj es». EXTR. - Y, sin du da, de las granj as dond e se crían
J . Sóc. - Exactamente. oca s o grullas, au n cuando no hayas andado por las llan u-
EXTR. - Y, sin duda , la ciencia a la q ue inte ntamos ras de Tesalia , seguramente te has enterado de su existen-
dar caza estaba y está en el ámbito de los animales ma n- cia y crees en ella.
sos, y es, precisamente, en las crías rebañegas do nde debe J . Sóc . - ¿Có mo no?
buscar se. EXTR . - Si te he preguntado todo esto es justa mente d
J . Sóc .-Si. porque, de la crianza de rebaños , hay una relat iva a los
EXTR. - En co nsecuencia , si evitamos una división co- que viven en el ag ua 11 y otra relativa a los que ha bitan
mo la anterio r, que atendía a la totalidad d e los animales, tierra firme.
b sin darnos prisa pod remos llegar más rápido a la po lítica.
Pu es, por apu rarnos, nos ha sucedido aho ra lo que señala 11 hygrolrop hikón designa el género de anim ales que habitan un me-

el proverbio 17 . dio húmedo, por oposición al grupo de los que habitan un medio seco
(es decir, «tierra flrme»}, El término no posee el mismo significado que
el enygro t ñértkán de Sofista 220a, que designa a aquellos animales que
11 El proverbio al que aquí se alude es speade oraaeos «apúrate lent a- se desplazan en un medio fluido - agua o aire-e , por contrapcslclé n
mente». CL Rep ública VlI S28d. a los pedestres.
516 D IÁLOGOS p oLÍTIC O 517

J . S6c . - Así es, en efecto. J . Sóc. - Evidentemente.


EXTR. - ¿C rees ta mbién tú que, sigu iendo este crite- EXTR. - Y, sin duda , en lo qu e loca a la parte hacia 2M a
rio. debemos seccio nar en dos la ciencia de la crianza co- la que tiende nuestra conversación, veo con claridad qu e
lectiva, atribuyend o a cada uno de esos grupos de anima les se abr en dos vías q ue a ella con d ucen: la una , más rápid a,
la pa rte de esa ciencia qu e a cada cua l le correspo nde y q ue divide enf rentando una pequeña part e a una grande;
llamando a la una «crianza de anima les acu áticos» y a la la a ira, en cambio, que se atiene más a aquello que antes
ot ra «cr ianza de animales terrest res»? dec íamos -que en la medida de lo posible debe cor tarse
J . Sóc. - Si, yo también lo creo. po r el medio- , aunque ella es, sin dud a , más larga . De
EXTil.. - Y, segura mente, en lo q ue se refiere al géne ro esas dos sendas, nos es posible, pues, transitar po r aq uella
real. no tendre mos que buscar a cuá l de estas dos artes que prefi ramos.
~ pertenece. Se trata , en efecto , de algo bien claro para J . Sóc. - ¿Po r qu é? ¿Por am bas a la vez es imposible?
todo el mundo . EXTR. - ¡Simu ltáneamente claro que lo es, admirabl e
1. SÓC. - ¿Cómo no? amigo ! Pero una a una, por separado, eso sí que es posib le.
EXTR . - E, ind udablemente, dentro de la crianza de J. SÓC. - Por sepa rado , entonces, elijo tanto una ¡,
animales que viven en rebanas. al grupo que tiene q ue ver como la otra .
con la crianza de animales terrestres cua lquiera pod ría EXTR. - Es fácil, puesto que nos resta soro una co rta
dividirlo. dista ncia por recorrer. Al principio, en cambio, y aun cuan-
J . SÓC . - ¿De qué manera? do estábamos a mitad de cam ino , lo que tú pides nos hu-
EXTR. - Distinguiendo entre volátiles y pedestres. biera resultad o difícil. Pero aho ra - puesto qu e tal es t u
J . Sóc. - Nada más cierto. pa recer-e , recorra mos prim ero la más larga; dado que es-
EXTR. - ¿Y entonces? Qu e la función política tiene que tam o!'> más fresco!'> , podr emos, en efecto, transita da con
ver con el gru po pedestre, ¿será preciso investigar lo? ¿No mayor facilidad. Fíja te bien, entonces, cómo divido .
crees que a un el más tonto, po r así decirlo , sería de ta l J . Sóc. - Hab la .
parecer? EXTR. - Los animales' mansos, aquellos pedest res qu e
J . Sóc. - Claro que 10 creo. viven en rebaños, se hallan por su nat uraleza d ivididos en
EXTR . ..:.. Pero el apacenta miento de animales pedestres, dos grupos.
como un número par 19 , presenta un corte por la mitad . J . SÓC . - ¿Por qué?
EXTR. - Por el hecho de qu e un os, po r su constit u-
19 Sigo la lectura de los códices, kathdper ártíon aritnmon. Burnet
ción original, carecen de cuern os, mientr as que los ot ros
sigue la conjetura de Asr, kolh ' drti tón orithm ón, quien remite a 262e.
La enmienda, aunq ue ha sido seguida por buena par le de los editores tienen cuernos .
y traducto res, no es necesaria, como señala ROBIN en n. ad. loe. Cf . J . Sóc. - Eso está claro. e
G. FRAC CAR OU , Ptatone, I1 sofista e t 'Uomo poliuco, Florencia, 1934, EXTR. - Divide ahora el arte de apacentar anim ales te-
n . ad loe. rr estres y asigna cada par te a cada un a de las partes de
• o
518 DI ÁLOGO S P Ol íTICO 519

los animales, valiéndote de un enunciado; porque si Quisie- J . SÓC . - Sí.


ra s da rle un nombre. la cos a se le complica ría más de la EXTR. - En cambio, el resto del reba ño de animales
cuenta 20, mansos de frente lisa Z2. no admite el cruce de una raza
J . SOC . - ¿Y qué debo decir. ento nces? con ot ra para la reproducción .
EXTR . - Lo siguiente : de la ciencia de apacentar pe- J . Sóc . - ¿Có mo pod ría?
destres, que está divid ida en dos, una de sus partes debe EXTR. - Y bien, pues. ¿El político se nos presenta co-
asigna rse a la part e del reba ño q ue posee cue rnos y la otra , mo alguien que brinda sus cuidad os a una raza que ad mite
en cambio. a aquella Que ca rece de ellos. el cruce o bien a una qu e no la admite?
d J . Sóc . - Admi tamos que se diga de ese modo ; en J . S6c . - Evident emente, a una raza que no admite
todo caso es Jo suficientemente claro. cru ce con otra .
EXTR . - Y no cabe d uda de que el rey . por su parte, EXTR . - También a ésta, como a las precedentes. de-
se nos presenta con to da nitidez como pastor de un rebaño bemo s, al parecer, fragm enta rla en dos.
despojado de cuernos 2 1.. J. SOC. - Debemos hacerlo. claro.
J. Sóc. - ¿Có mo podría haber duda? EXTR . - Y ahora todo el gru po animal que es manso 266<r
EXTR. - Fracturemos ahora ese rebaño e intentemos y rebañego ha quedado ya comp letamente fraccionado. ca-
asignarle al rey lo que a él atañe. si con la sola excepción de estos dos géner os . Porque el
J . Sóc . - De acuerdo. género de los perro s no es digno de co ntarse entre las crla-
EXTR . - ¿Q uie res, pues, que lo divida mos según sea turas gregar ias.
cisípedo o solípedo -como se lo lIam a- , o según qu e ad - J. SÓC. - No , claro que no . Pero , ¿de q ué criterio nos
mita el cruce o no lo admita? Esto lo compren des, supongo. valdremo s pa ra dividir a esos dos géneros?
J . SÓC. - ¿Q ué cosa? EXTR . - De aquel del que es legítimo que T eeteto y
f! EXTR . - Q ue, en el caso de los caballos y de los asnos, tú os valgáis para trazar distincion es, ya que os dedicáis
su natu raleza les permite proc rear uno de otro . ambos a la geometría.
J . Sóc . - ¿C uál?
EXTR. - De la diagona l, por supuesto. y nuevamen te
:lO) /ógos es el t érmin o que traduzco equ¡ por «enunciado». Lo que
de la diagona l de la diagonal.
Pla t ón está indicando es que, ante la imposibilidad o . al menos, la difi-
culta d de hallar un nom bre unívoco para designar a cada una de las J . S6c . - ¿Qu é quieres decir?
part es del arte de apace ntar ani males terrestres, cabe recurrir al uso de EXTR. - La natu raleza qu e nuestro género humano po- b
una fórmula o enu nciado que encierre ciertas ca rac terísticas peculiares see, en lo que a [a marcha se refiere, ¿tiene un carácter
del grupo en cuestión . Para la diferencia entre ánome y íogos. d . sottua diferente que el de la diagonal, que es pot encia de dos pies?
218c, 262a ; Leyes 89Sc: Curlu VlI 342b .
11 El uso del t érmino kotobon, que tra duzco por " despojado>; signifi-
ca «tro nchado», «muriladc ». Es probable que se trate de una ironía, 12 «De frente lisa» significa «sin cuernos». De todos los animales sin
aun que no podem os saber contra quién se dirige. cuernos, sólo los solípedos pueden cruzarse entre elle s.

520 D IÁLOGOS P OLÍTIC O 52 1

J . S óc . - No . no lo tiene. mide en la carrera con aquel hombre perfectamente ejercí- d


EXTR . - Y bien. La nat ur a leza del géne ro resta nte es, tado par a la vid a indo lente 2~?
a su vez, según su potencia , la diagon al de nuestra diago- 1. Sóc. - Sí, claro que si.
na l, ya que está co nst itu ida po r dos veces dos pies 23 . EXTR. - Ahora, en efecto, Sócrates, resulta mucho más
J . Soc . - ¿Cómo no va a serlo? ¡Ya, ya! Casi estoy claro lo que se dijo antes, en la búsq ueda sobre el so fista .
comprendiendo Jo que q uieres hacerme ver. J . Sóc. - ¿Qué cosa?
EXTR . - Además de esto, S érates, ¿no nos damos per- EXTR . - Que a este método de argumentació n no le
e fecta cuenta de que au n otra cosa bien risible nos ha preocup a más un tema venerable que uno que no lo es,
ocurrido en estas division es? y no asigna menos valor a lo más pequeño y más a lo
J . SÓC. - ¿Cuál? más grande, sino que siempre, en conformidad consigo mis-
EXTR. - Que nuestro género humano coincide y com- mo, logra alcanzar lo que es más v~rd adero 2' .
pite en la carre ra con el más rollizo y, a la vez, el más J . Sóc . - Así parece.
indolente de los seres 2A . EXTR. - A continuación, entonces, ant es de que me
J . SOC. - Me doy cuenta exacta del insólito resultado salgas al paso y me preguntes cuál era aqu el camino más f
al qu e hemos llegado . corto para llegar a la definición del rey, ¿quieres que yo
EXTR . - Bien . ¿No es natural que quienes son más len- mismo te preceda?
tos lleguen últimos? 1. SOC. - [Co n todo gusto , por supuesto !
J . SOC . - Si, así es. EXTR. - Lo que digo es que, en ese caso, se debería
EXTR. - ¿ y no vamos a pensar que aún más expuesto trazar d irectamen te una distinción en los pedestres opo-
a burla está el rey, en tanto compite con su rebaño y se niendo lo bípedo al género cuadrúpedo; pero, al ver q ue
lo humano compa rte aún la misma suerte sólo con lo vo lá-
21 Se tr a aa de una bro ma. en la que se j uega con e l do ble signi ficado
til, se debe seccionar. a su vez, al rebaño bípedo en desnu-
de pous Ie pie.. en sentido físico y en sentido ma temá ti co) y de dynornis do y plumífero y, hecho tal corte y estando ento nces ya
[e pote ncia » , tant o en el sentido d e «fuerza» o « pode r», como en el d e bien en cla ro el arte de apacentar hombres, llevando a él
potencia ma temática o raíz cuadra da ). Si sobre la d iagonal de u n cuad ra- al hombre político y real y alli instalándolo, como si fuera
do cuya s uper ficie es de un pie cuad ra do se co nstru ye otr o cuadr a do ,
un cochero', a él habrá que entregarle las riendas de la ciu-
éste último tendr á una super ficie de dos pies cua d ra do s; o , lo q ue es
lo mísmo , la d iagon a l del pr imer cuad rado es igua l a raíz cua drada de dad, en la co nvicción de que le pertenecen y de que esta
2 y, en co nsecuencía , la diagon al d el n uevo cua dra do construido sob re ciencia es él quien la posee.
ella, será igua l a la raíz cuadr ada de 4. Del mism o modo . el ho mbre
tiene dos pies y el cerdo , por su pa rte, el cuad rado d e do s, o sea , cua tro
pies. 2l Ct . la comparación entre el rey y el po rquerizo en Teetetc l 74d.
:u Se tra ta del cerdo y no del ave, como alguno s pr etenden. P a ra l. eL Sofista 227a·b, donde P latón seña la , tal co mo aqu í ha ce, q ue,
la Interp reta ción y traducción de este pasaj e, me ap oyo en P . SHOREY, tratándo se d e un ej ercicio del méto do dia léctico , es d el tod o irr eleva nte
(lA lc st pla lo nic jo ke », Ctass. Pnitot, 12 (1917), 3, págs. 308-310. la d ignidad o insignifica ncia d e la cuestión que esté en juego .
»

522 DI ÁLOGO S p OLíTICO 523

26700 J . SóC. - [Excelente! ¡Como si se trata ra de una deu- EXTR. - ¿Hemos expu esto de un modo plenamente sa-
da , bien qu e me has rendid o cuentas, agrega ndo la digre - tisfactorio el tema prop uesto? ¿O no crees q ue nuestro exa-
sió n a guisa de interés y liquida ndo así el saldo! men t iene un gran defecto , ya q ue si bien , en cierto mod o ,
EXTR. - Va mos ya; reca pitulemos, reha ciendo desde el hemos presentado una definición, sin embargo no la hemos d
principio al fin, eslabó n po r esla bón, la defini ción del no m- elabo rado de un mod o pleno y acaba do ?
bre del arte del político. J . Sóc. - ¿Q ué quieres decir'?
J . SOC. - Perfectamente. EXTR. - Vay a tr atar de po ner más en claro, ta nto pa-
EXTR . - De la ciencia cognoscitiva, en efecto . había- ra ti como para mí, lo que tengo justamente ahora en mente.
mos hallad o, para empezar. una parte directiva. A una de J . SÓC . - Explícate.
sus por ciones la llamamos, recurriendo a una comparación. EXTR. - Mu y bien . ¿No es cierto qu e entre las artes
b «autodirectiva ». A su vez, de la ciencia autodírectiva ha- pasto riles, que acaban de mo strarse numerosas a nuestr os
bíamos desgajado como uno de sus géneros y no, po r cier- ojos, una era la política y el cuidado por ella bri ndado
to , el más peque ño. la crian za de seres vivos . De la ciencia concernía a un tipo pa rtic ular de reba ño?
de criar seres vivos, una especie es la crianza en rebaños, J . SÓC.-Sí.
y de la crianza en rebanas. po r su lado . una especie es EXTR . - Y, en efecto , nuestra argu mentación precisó
el apacentamiento de pedestres . Del apace ntamiento de pe- que ella no consiste en la crianza de caballos ni de ot ras
destr es q uedó bien seccionada el arte de criar una raza bestias , sino que es ciencia de la cr ianza colectiva de
sin cuernos. De ésta , a su vez, la parte que ha y q ue sepa- hombres.
rar debe ha llarse atando no menos de tres cabos , caso de J . Sóc: - Así cs.
que se la quiera reunir en un solo nombre, d enomin ándola EXTR. - Considere mos, pues, cuá l es el rasgo distin- t
«ciencia de a pace ntar una raza que no ad mite cruce» . tivo de tod os los past ores y cuál es el de los reyes.
e Fina lmente, el segmento que se separa de ésta, el arte de J . Sóc. - ¿C uál es?
apacent ar ho mbr es, única parte que resta en el reba ño EXTR. - Lo qu e se trata de saber es si ent re los demás
bípedo , es ésta precisamente la q ue estábamos buscando, pastores ha y alguno qu e, posey endo el nombre de ot ra ar-
a la que se ha llamado «real» y, sim ultánea mente, «po li- te, afirme fren te a alguien, y así se lo figure, que co mparte
tica» 27. en común con él la crianza del reb añ o.
J . SOC. - [Per fecto ! J . S óc. - ¿Q ué quieres decir?
EXTR. - Pero , Sócrates , ¿realmente hemos hecho las EXTR . - Los com erciante s, por ejemp lo, los agriculto-
cosas tan bien como tú acabas de decir? res, los panaderos, todos ellos y, además de ellos, los maes-
J , S óc . - ¿Qu é cosas? tras de gimnasia y el género de los médicos, ¿te da s cuenta
de que tod os, sin excepción, vendrían a disput ar y, con justa
11 En esta recapitulación final de toda la. división se omite un paso: ra z ón, a enfre ntarse enérgicamente a esos pastores de asun- 268<1
la subdivisión de los animales en domésticos y salvajes, hecha en 264a. tos hum an os a los que llamamos políticos, alegando que
2 =

524 D IÁLOGOS POLiT ICO 525

ellos mismos se preocupan por la cria nza h umana Y. más J . S6c. - Sí, es del todo acertado. d
aún, no sólo en lo que toca a los homb res que forman E XTR . - He aq uí, pues, Sócrates, lo que debemos ha-
los rebaños. sino ta mbién a los gobernantes mismos? cer, si no Queremos que nuest ro argumento, ya en la recta
J . Sóc . - ¿Y no tendrían toda la raz ón al decirlo? final, se nos eche a perder.
EXTR. - T al vez. Es éste un punto que tendremos que J . SOC. - ¡Eso si Que no debemos permitirlo!
exam inar. Lo que sí sabemos, en cambio, es que a un bo- EXTR. - Asi pues, dando marcha atrás y tomando otro
yero nadie va a discutirle en lo que se refiere a ninguna punto de partida, debemos encamina rnos por alguna otra
de estas cosas, sino que todo el mundo le reconocerá q ue vía.
él es criado r de su rebaño. él qu ien apac ienta los bueyes, J . S óc. - ¿Por cuál?
él su médico ; él es, por asi decirlo . quien concierta los ma- E XTR . - Incor poremos en nuest ra conversación algo
trimonios. y para el nacimiento de las crías y el parto de que es casi un j uego. En efecto , tendremos que servirnos
b sus madres, es el único ente ndido en el a rte del alum - de una buena par te de un extenso mito y, para lo Que reste
bramiento. Además, sin dud a alguna , en lo tocante a los - como hicimos antes-c. seguiremos aisland o una parte e
juegos y la música - en la medida en que las crías tienen de otra.-parte, hasta llegar por fin al fo ndo de la cuestión
por su natura leza parte en ellos-, no hay mejor que él Que estamos examinando. ¿No es eso 10 Que debemos hacer?
para confortarlas y amansarlas con ensalmos, ejecutando, J . SÓc. - Sin duda alguna .
con instru mentos o sólo con su boca, la mej or música Que EXTR . - Pr esta , enton ces, toda tu atención a mi mito,
co nviene a su rebaño . Y, con seguridad , otro tan to sucede, como los niños. Al fin de cuentas, dada t u edad, tan lejos
asimismo, con los demás pastores. ¿No es así? no estás de los j uegos in fantiles.
J . Sóc. - Tienes toda la razón . J . Sóc . - Habla.
EXTR . - ¿Cómo, entonces, podremos considerar co rree- EXTR . - Se co ntaba , y se seguirá aún comand o, entre
e ta e intachable nuestra caracterización del rey. desde el mo- las muchas otras leyenda s de antaño , aq uella del prodigio
mento en Que, al cons iderarlo pa stor y criad or del rebaño que tuvo lugar a propósito de la tan mentada disputa entre
humano , lo estamos escogiendo sólo a él d e entre otros Arreo y Tíestes. Seguramente has oído hablar de ella y re-
innumerables pretendientes? cuerdas lo que se dice que aconteció entonces.
J . S éc . - De ningún modo . J . Sóc. - Te refieres, tal vez, al presagio co ncern iente
E XTR. - ¿No eran así justificados nuestros temores, po- al cam ero de oro 18.
ca antes.tcua ndo sospechábamos que, si bien hab íamos I(}-
grado un esbozo del rey, no podíamos prese nta r con tod a n Tema lírico esbo zado por SófOCLES en Electro, vv. 504·5 15, y utili-
exactitud al político , hasta tanto no hubiéra mos apartado zado po r Em. lpIDF.S en Oreues, vv. 810 ss. y 988 ss. Ai reo y Tiestes
eran hijos de Péto pe. qu ien habla o btenido la mano de Hipodamla como
a cuantos se agitan en su derre do r y le disputan el arte
premio a su victoria sobre Enómao en una carrera de carro s, ' ganad a
de ap acentar y, después de hab erlo separad o de ellos, pu - gracias a los arti ficios empleados por su coche ro Mirtilo, hijo de Hermes.
diéramos presentarlo sólo a él en su pureza? Más larde, Pélo pe arro ja al mar a Mírtilo. Para vengar la muerte de
o
526 D IÁLOGOS P OLÍTICO 527

269<1 EXTR . - No; no a ése, sino a aqu el o tro relativo al , aquel aco ntecimiento que constituye la causa de todas e
camb io de la puesta y de la salida del sol y de los demás ellas nadie ha hablado , y aho ra precisamente tenernos qu e
astros, ya q ue en el punto del que ahora salen antes se hacer mención de él; po rque , una vez referido, vendrá muy
po nían. y salían precisamente po r el lado opuest o. Fue con bien para po ner en claro la naturaleza del rey.
ocasi ón de esa disp uta cua ndo el dios. pa ra ofrecer una J . Sóc. - [Te has expresado de maravilla! Habla , pues,
prueba en favor de Arreo , cambió su curso, llevándolo al sin o mitir nada .
presente estado. EXTR. - Escúcha me bien . En lo que loca a éste. nues-
J . Sóc. - Sí, también esto es lo qu e se cuenta . tro universo, du rante un ciert o tiempo d ios personalmente
EXTR. - Y. ademá s. del reinad o de Cro nos hemos oído guía su marcha y conduce su revolución circular , mient ras '
ha bla r a mucha gente, sin du da. que, en otros mom entos, lo dej a librado a sí mismo, cuan-
b J . Sóc . - A muchísima. claro. do sus revoluciones han alcanzado ya la med ida de la du -
EXTR. - Sí. ¿Y qué me dices de 'aquello de que los ración que les correspo nde; y es enton ces cua ndo él vuelve
hombres de anta ño nacían de la tierra y no proc reaban a girar, espo ntán eamente, en sentido contrario, por que es
entre sí? un ser viviente y ha recibido desde el comienzo una in- d
J . Soc. - Ta mbién es ésa una de las ant iguas leyendas. teligencia que le fuera concedida por aq uel qu e lo compu-
EXTR . - To das esas historia s. por ciert o , tienen su ori - so 29 . Y esa su marcha retró grada se da en él necesaria -
gen en un mismo acontecim iento y, adem ás de ésta s, mu- men te como algo que le es connatura l, por la siguiente
chísimas ot ras aun más maravillo sas. Pero en razón del razón.
larguísimo tiempo transcurrido , algunas de ellas han aca- J . Séc. - ¿Por -cuél?
bado por perderse y otras, que se han ido d ispersando , EXTR. - Comportarse siempre id ént icamente y del mis-
se narran por separado. desco nectada s ent re sí. Pero de mo modo y ser siempre idéntico a sí mismo es algo que
conviene s610 a los más divinos de los seres 30; la naturale-
su hijo, Hames scscea, erncnces, la di5ro rdia mire Arreo y Tíeses, quienes
se d isputan d trono de Argos. Hermes hace nace r en e l reba ño de Arr ee 19 T omo /(af' arrhtÚ con r iltchés y no co n fOÜ 1}'f1t1T11lÓ$a/'lfOS. Cí ,
un carnero con pelaje de oro, q ue Arree tsg rime para legitimar su d ere- las ca racte rtstjcas del dem iurgo en Tímeo 27d ss. Si bien hay una serie
cho al tro no. Pero Ties tes logra apod er a rse del prodigio seduciendo a de rasgos co mu nes entre la oosmo logia present ada en el mito del. eounco
la espos a de su hermano y se adue ña así dd reino. Arreo reclama ento n- Y la desa rro llada po r Platón e n el Tímeo, hay una d iferencia cla ra ent re
ces de Zeus un signo en su favo r y el d ios, accediendo a su petición, am bos d iálogos : el un iverso pinlad o en el PoII~iro, a direrencia del u ni-
in vierte el sent jdo d e la marc ha del sol y de los ast ros. En el fo ndo de verso del Timeo, est á sujeto a una reversió n periódica de su rot ació n.
esta tra dición. pueden discern irse especulacio nes astro n ómicas, surg ida s Pa ra una interpretació n d iferent e d e este pasaj e, c r. T . M. ROlll:-lSON,
tal vez de la o posictén er ut e el mo vimiento aparente del sol en su marcha « Demhr tge and Wor ld 501,1 1 in P lato' s Potítícus», Amer. JOUffI. Philol.
cotidia na (d e Este a Oeste) y el despla zamien to a n ua l del sol a tr avés 88 (1967), 61-62 y n. 26.
d e los signos del zodía co (de Oe ste a Este ); puede ha berse imagina do , :lO E s decir , las Ideas. Difícilmente puede haber en estas pa labras u na

q uizás, que am bos tr a yecto s se verifican orig inar ia me nte en el mismo referencia a inteligencias , almas o divi nidad es. de algú n tipo, porqu e tales
sentido . entid ades poseen mov imient o de una u o tra clase, ta l co mo señala Platón
528 DI ÁLOGOS POL ÍTI C O

za corpórea, en cambio, no pertenece a ese orde n. Ahora imp ulso, porque ha sido a bandonado a sí mismo en 1111
bien, aquello a lo que llamam os cielo y mundo ha recibido moment o tal que le perm ite marchar ha cia a tr ás duruutc
en lote de quien lo engend ró muchos y magnífico s don es, muchas miríadas de revoluciones, dado que, inmenso y cqui-
t pero es también pa rticipe del cuerpo. De ahí que le re- librad/sima com o es, se mu eve sosteniéndose sobre un mí.
sulte imposible estar totalmente exent o de cambio y, sin nimo pu nto de a po yo 32.
embargo. en la medida de sus fuerzas, se mueve en un J . SÓC. - Todo cuanto acabas de exponer ofrece, sin"
mismo lugar. del mismo mo do y con un único ti po de des- lugar a du da s, la mayor veros imilitud .
plazamiento . En consec uencia, le ha tocado cumplir un mo- EXTR. - Razo nando tratemos, entonces, de pensar JUII '
vimiento circular retrógrado , dad o que es éste la minima tos, so bre la ba se de lo que aca bam os de decir, en ese
variación de su pr opio mov imiento. Girar por sí mismo acontecimiento que -sosten íamos- es causante de tnnta v
no le e50 posib le casi a ninguno, excepción hecha de aquel maravillas. Y es, justamente, el siguiente .
que conduce a lodo cuan to se mueve. A éste no le ha sido J . Sóc . - ¿Cuál?
dado el mover ora de un 'mod o e inmed iatamente del mo- EXTR. - Que el universo se desplaza, unas veces, en
do opuesto. Por todo ello. entonce s, no debe afi rmarse la dirección en la que ahora gira y, ot ras veces, en cambio,
que el mundo gire por sí mismo, ni tampoco que a todo en la dirección opuesta.
él un dios lo haga girar en dos direcciones opuest as ni,
27011 por último . que lo hagan girar dos dioses con designios
u P. M . SCHUHl. Le fabulatio rl p1atonic~nnf!, P arí s, 1947, p¡iginn.
entre sí opuestos ) 1; lo que debe afi rmarse, por el contra- 89-104. ha sugerido una ingeniosa explicación de este pasaje: la rereren-
rio, es precisamente lo qu e ha poco se dijo y que es lo cia a l ..mínimo punto de apoyo» alude a la exist encia de un modelo me-
único que resta, a sabe r, que en ciertos momentos es guia- cá nico, d el cual P latón se sirve para represe nta r 101 movimientos del cíe -
lo . Se trataría de un aparato semeja nte a un huso , qu e se apoya sobr e
do en su marcha por una causa divina diferente de él, re-
u n pivote fijo y está suspendido por medi o de un hilo resiste nte a un
cuperando la vida y recibiend o de su artífice una inmort a- ga ncho . R . S. BIlUY-BAUGH, " P la to a nd t he History of Science», Stud.
lidad renovada, mient ras que en ot ros mom entos, cuando Oener. 14 (1 96 1), 523·526, sugiere ta mbié n un mod elo , pero «meno s prí.
ha sido librado a sí mismo , sigue a ndando por su propio mitívc » que d pro puesto por ScHUHI : un reloj de a gua que, presumible-
mente, esta ba i nstala do en d ágo ra . K . G AISER (Plat om, un xeschrieWlIl'
en 26ge y 27Qa. Po r otra parle, la cond ición propia de «los más d ivino s Lehre, Stuugart, 2. a ed., 1968, págs. 206-207), explica el pasaje T«U·
de los seres» es exacaameme la misma qu e se hace corresponder a las rr iendo a la imagen de un [rompo , q ue, haciendo equillbric sobre un
Ideas en Fedán 8Ob: «co mportarse siemp re del mismo modo e idéntica- mínimo punto d e apoyo, gira a lreded or de su eje . T al vez no sea necesa-
mente». rio pensa r en la recu rr encia a u n mod elo mecánico, ya que el p unto de
11 Hay aquí una pos ible refere ncia a Empé docles y su intr odu cción a poyo del q ue P latón hab la puede ser simplemente el centro; el moví-
del Amor y el Odio como las dos camas moto ras en eterno con ñic ro . miento circular tiene un único pivote, que es el centro. Cf. Tlmeo 34a:
ef. Sofista 242d-243a. P ara los presunt os elem entos empedocleos en el de 1 0.~ siete posibles movimiento s, el un iverso está dolado sólo de la rota -
mito del Potñtco, véase la intr o ducció n de Sx EMP a su traducción , pági- ció n circula r, que es un a revo lució n un iforme sobre si mismo y en el
nas 90-91, y D . O' BRlEN, Empe dodes ' cosmic cy cle. a recon structíon from mis mo lugar . CL, a demás, Ley es X 893c-e, do nde la referencia al centro
rhe fragme nts and second orv so urces, Cambridge , 1969, pág s. 90 y sigs . es explícita.

117. - 34
o
¡

530 DIÁ LOGOS POLITIC O 53 1

J . SÓC. - ¿Có mo es eso? ncs ya ten ían barba poco a poco se suavizaban. rest ituyen -
EXTR. - Es preciso pensar que este cambio. de todas do a cada uno a su pasa da edad flo rida ; los cuerpos de
e las reversiones que se dan en el cielo. es la reversión II los jóvenes aú n imberb es, por su parte, hacié ndose más
más importa nte y acabada. suaves y menu dos día a día y noche a noche. retomab an
J . S óc . - Eso parece, al menos. al estado natural del niño recién nacido. asimilán dose
E XTR . - y debe suponerse que, en ese momento, tie- a él ta nto en el alma como en el cuerpo. Y, como conse-
nen lugar enormes cambios tambi én para nosotro s, que cuencia de ello, aca baban al fin po r desap arecer totalm en-
hab itamos en su int erior , te. Además, los cadáveres de quie nes po r aq uel tiempo
J . SÓc . - También esto es vero símil, morian de muert e violenta , al sufrir to da s est as mismas
EXTR. - Y cuan do esos cambios, q ue so n tan grande s. tra nsformaciones , desaparecían por completo en pocos 271Q
num erosos y de toda índole . se dan todos a la vez, ¿acaso días sin dejar traza . .
no sabemos que la naturaleza de los seres vivos los to lera J . Sóc. - Pero . dime. extranjero . ¿cuál era entonces
con dificultad? el modo de nacimiento de los seres vivos? ¿ Y có mo podían
J . Sóc . - ¿Có mo no? pro crear uno s de otros?
EXTR. - Como consecuencia, inevita blemente acon te- EXTR. - Está cla ro. Sócr ates, que el hecho de procrear-
cen entonces cuantiosas destrucciones de los diversos seres se unos de otros no se dab a en la naturaleza de ento nces.
vivos, y del género hum an o en part icular poco es, po r cler- sino que los hijo s de la tierra -esa raza que, según se
d lo , lo qu e sobrevive. A estos fenóm enos se les añaden cuenta. existió una vez- eran los que po r aq uel tiempo
otros , maravillosos y nuevos, pero hay uno qu e es el más resurgían de la tierra; esa raza fue recordada por nuestros
impor tan te y qu e es consecuencia del retroceso del curso primeros ant epa sad os, quienes , al acaba r ese primer ciclo ,
del universo, en el momento en qu e se produce la reversión vivieron en el tiempo que le siguió inmediatamente y na- b
en sentido opue sto a la dirección actu alm ent e esta blecida. ciero n al comienzo dcl ciclo actu al. Esos relatos fueron
J . SÓC. - ¿Cuál? ellos qu ienes nos los tra nsmitiero n , relat os de los que mu-
EXTR . - La edad. cualquiera que fuese. que te nía cada chos ho y. sin razón. desco nfía n. Pero yo creo que debe-
ser vivo comenzó en todos ellos po r detenerse, y todo cuanto mos reflexionar sobre 10 que de ta l hecho se desprende.
era mort al cesó de presenta r rasgo s de pau latino envejecí- En efecto . la consecuencia de que los anciano s fueran toro
miento , y al cambiar su dir ección en sentido opuesto, co- nándose niños es que de los que estaban muert os, yacentes
# men zó a volverse más joven y t iern o; los cabellos ca nos en la ti erra, ot ros. allí mismo , se resconst ituyeran y rena-
de los anci ano s se iban oscureciendo ; las mejillas de qu le- cieran )4. siguiendo la reversión del universo - po rq ue el

J) tro p!o Este térm ino designa la mversíón de [a ru ta del sol en los ,. l a sintaxis del pasaje es complicada. Sigo la co nj etura de STALL'
solsticios. Aquí. extendiendo deliberadamente Sil significado astronóm i- U UM, ado ptada po r BUR tlET y DJ.Es, hepOmenCNf en lugar del echómenon
co , Plat ón ap lica el término para aludir a una reversió n cósmica , al vuelo de los códices. Pu ede verse, sin embargo, la versión de FRACCAflOLI, quien
co o conmoción que se pro duce al cam biar todas la s revoluciones. sigue la lectu ra de los mun u scríros y la j ustifica en n, ad loe. (página
249, n. 1).
a

532 D1ÁLOOOS poLí TICO 533

proceso de nacimiento estaba invertido- y, por esa razón, ,


cula r, brindándote por entero sus cmidad
a os, como a hora
ora " ,
e brota ra n necesa ria mente nacidos de la tierr a; de ah í surge y región por región, del mismo mod o , todas las partes del
su nombre y la tradició n sobre todos aq uellos a qu ienes mundo estaba n distribuidas entre dioses que las gobe rna-
el di os no cond ujo a ot ro destino 35. ban. Ade m ás, a los anima les, segun sus razas y en reba-
J . Sóc. - Esto, en efecto , es perfecta consecuenc ia de ños, cual pasto res divinos, se los ha bía n distr ibuido entre
lo a nte r ior. Pero la vida que, segun dices, se da ba en la ellas unas divinidad es inferiores, cada una de las cuales
época en que Cronos ejercía el poder 36 , ¿aconteció en oca- se bastaba por sí misma para atender a todo cuanto necesi-
sión de aquellas reversiones de d irección de la marcha del taba cada uno de los rebaños que ella personalmente apacen-
mundo, o bien en estas act ua les? Porque el cambio de los taba , de modo tal qu e no hab ía ninguna criat ura salvaje t
astros, así como el del sol, está bien claro que debe ocurr ir ni los anima les se devoraban unos a otros, y no existía
tanto en uno como en o tro ciclo, cuando se produce la guerra ni ningún tipo de discordia H. Todas las restantes
reversión 17 . consecuencias de semejante or ganización del mundo serían,
E XTR. - H a s seguido mu y bien el hilo d e mi exposí- sin duda , muchísimas de enumerar. Aquello , pues, que se
d ción. Per o, en cuanto a lo que preguntabas sobre la época na rra de esos hombres, acer ca de su vida espo ntá nea , se
en que tod o surgía espontá neam ente para los hombres, po- ha dicho po r la siguiente raz ón : un dio s los ap acenta ba
co o nada tiene que ver con el act ual ciclo del mundo , dirigiéndolos personalmente, com o ah ora los hombres, que
sino qu e correspon dia precisamente al an terior. Porque, son una especie viviente más divina, apacient an a otras ra -
en ese entonces, al prin cipio el dios regia la revolu ción cir- zas que le son inferiores 40. Cuando el dio s los ap acentaba,
no había regímenes políticos ni los hombres poseían muj e-
JI H ay aquí, sin d uda, una alusión a la doct rina de la metem psicosis,
ta l com o P U.TÓS la presenta en F~ól/ 82b-c, en el mito del Fedro
248<:-2498, y en el libro X de [as u~s, do nde se a firma q ue las almas JI Pasaje controvertido . La traducción que o frecem os responde al texto

puede n ser elevadas a una categor ía superior o degradada s a una inferior. esta blecido po r DII~.5, qu ien deja e! hos 1/57/ de los códices y ace pta a
Así, la reintegració n al mismo estado que tiene el uni verso se da sólo continuació n la co njetu ra ( k4{) de H EkMA.'HI . El sig nifi ca do del pasaje
pa ra aqu ellos a 101. q ue no se les ha as ignado otro des uno. C f'. SKEMP, es el siguiente: e n el ciclo ·anterior. d ios guia al mu ndo en una primera
n. ad /QC. et a pa y luego lo ab a ndo na; en e! ciclo actua l de! unive rso ocurre ot ra
l<i Pa ra La pint ura tradicional de la Edad de Cro nos puede verse H . tan to -de a hí el «como ah ora»-: al come nec. dios se ocupa de dirigir
C. BAWRY, .. Wllo Invented tbe Golden Age?" , Ctass. Quart., NS, 2 ( 1952), la mar cha del mu ndo y luego lo deja librado a si mismo. La expresió n
1-2, págs . 83·92. So bre el uso q ue hace Pla tón de este tema tradicio nal, «co mo aho ra» d ebe co nectarse con la primera parte de la fra loe y no
P . V roA , -N AQUU sos tiene una int eresant e tesis (cL «ptaro's Myth of th e co n la que le sigue, porque, tal co mo se afirma en 272e, las divinida des
Statesman. Tbe Ambi guiries of lile Gold en Age a nd of Hístorv». Joum . subo rdinadas también abandonan la. partes del mund o que está n a su
n-u. Stud. 98 [1978J, 132-141). cuidado cuando dios suelta el timó n del universo.
J7 Inter esa al Jov en Sócrates esta blecer la correcta correspo ndencia 39 Cí, EJd PÍ!IJOCLF.S, fr. 2701 : «No ha y disputa ni lucha inconv eniente
entr e las tr es leyendas que se mencio naron al introducir el mito : el cam - en sus miemb ros». Cf . O' BRlEN, Empedocles' cosmie cycte.. .. ad loe.
bio de dir ección de los astros, la Edad de Cronos y el relato sobre los 00 P LATÓN retoma este mito de los pas tores divinos en erutas I09b ,
hijo s de la tierra . y Leyes IV 713c ss.
"
534 D IÁLOGOS p OLíTI CO 535

272.. res ni hijos. Surgiendo de la tierra. en efecto, todos re. bestias mitos como los que ahor a efectivamente se narran
cobraban vida . sin guardar recuerd o alguno de su anterior sobre ellos, tam bién en este caso - al menos si doy mi
existencia; y. si bien de todo esto carecían, disponían en parecer- es muy fácil decidirse. Dejemos. sin embargo , d
compensación de una profusión de frutos q ue les brinda . todo esto de lado , hasta ta nto se nos presente algún imé r-
ban los árboles y muchas ot ras plant as que crecía n sin prete lo suficientemente cap az co mo para decirnos si los
necesidad de cultivo y que la tierra proveía como don es- homb res de anta ño tenían o no el cor azón dispuesto pa ra
pont áneo . Desnudos, sin necesida d de abrigos, vivían la entregarse a las ciencias y al uso de la argumentación. Pe-
mayo r parte del tiempo al aire libre, porque , como las es- ro ahor a debemos decir qué era lo que nos proponíam os
taciones eran templad as, no les ocasionab an penuri as Y. al revivir este mito. para poder llevar adelante lo que sigue.
adem ás, disponían de blan dos lechos de un césped abun - Una vez. pues, q ue el tiempo de todas estas condicio-
b dam e que de la tierra brotaba. Esta vida , Sócrates , de la nes tocó a su (in, que debía producirse un ca mbio y que
que le estoy hablando, era, por cierto . la vida de los hom- hab ía desaparecido ya por completo esa raza nacida de ~
bres de la época de Cronos. En cuan to a aq uella que. la tierra. porque cada alma hab ía pagad o todos los nací-
según la tra dición, corres ponde a la época de Zeus, la ac- mienta s, cayendo. cual semilla en la tierra , todas las veces
tual , la conoces por propia experien cia , ya que vives en que a cada una le hab ían sido asignadas -u , precisamente
ella. ¿Podrías tú, acaso, decidir cuál de las dos vidas es en ese momento el piloto del universo. abando na ndo , por
la más feliz y esta rías dispuesto a hacerlo ? así decirlo , la ca ña del timó n, se retiró a su puesto de ob-
J . Sóc . - De ningún modo. servación e hicieron dar marcha atr ás al cu rso del mundo
EXTR. - ¿Quieres. pues, qu e sea yo quien lo decida el destino y su inclinación natura l 4 2. En ese momento , Io-
por ti? dos los dioses que, cada uno en su región, asistían en su
J . Sóc . - Sí, con todo gusto . gobiern o a la máxima divinida d. al adverti r lo que estaba
EXTR. - Muy bien. Si los retoños de Cronos, al tener sucediendo , abandonaron, a su vez, las partes del mun do
tanto tiempo libre y la posibilidad de traba r conversación
no sólo con los hom bres sino ta mbién co n las bestias 4. cr, Timeo 4 Ie-42e.
r usaban todas esas ventajas para la práctica de la filoso- 42 El «destino» y la ..inclinación na tural .. no deben ser equi pa rados
sin más a la «necesi dad .. o «causa errante.. del Timeo. La necesida d,
ría, hablando tant o con las bestias co mo en tre ellos y pre-
mencionada al 1imeo 47e, está act uan do permanentemente co mo una
guntando a uno y ot ro si ad vertí a que alguno de ellos, fuerza que ofrece resistencia a la acción conformadora del demiurgo . míen-
por poseer una capacidad propia especial, presentaba algu- Iras que el «destino » , en nuestro pasaje, es una fuerza que se supone
na superiorida d sobre los demás para enr iquecer el cauda l qu e actúa sólo en aq uella mitad de un cido completo, cuando dios se
de su saber, fácil es decidir que, co mparados con los de ha ret irado de! li món. Po r otra pa rte, el movimiento produci do po r este
destino es circular, es la retrogradación circular , en ta nto que la necesi-
ahora , los hombres de entonces eran muchísimo más feli-
dad o causa erra nte es la productora de un movimiento rectilíneo . Cf .
ces. Pero si, por el con tra rio, dánd ose en exceso a la comi- SKEMP. págs. 106-107, y A. E. T AYLOR , A Commenlary 011 Plalo 's Ti-
da y a la bebida, no hacían sino con tarse entre sí y a las maeus, Oxford , 1962, págs. 299-302.
1
536 DIÁl.OGOS POLÍTICO 537

27J.J a las que dispensaban sus cuidados personales. Y este, Es, precisam ente, por eso por lo que en ta l circunstancia
en su rotar had a atrás, al suf rir el choq ue d e los impulsos el dios que lo organi zó , al ver que se halla en dificultad es,
contrarios del mo vimiento Que comenzaba y del que aca- t ratando de evitar que, azotado por la tem pestad y el de-
baba, prod ujo en sí una gra n sacud ida , cuya consecuencia sorde n, no acabe po r hundir se en la región ~l infi nita de
fue, otra vez, una nueva destrucción de todas las criaturas la desemeja nza, volviendo a sentarse al timó n, después de ~
vivientes. Más ta rde. cuando hubo tra nscurrido suficiente ca mbiar lo que se había vuelto enfe rmo y diso luto en el
tiempo y el mundo estaba ya haciendo cesar el estrépito período anterior, cuando an daba por sí solo, lo pon e en
y el tumulto y calmando las sacudidas, recuperando su eq ui- orde n y, enderezán dolo, lo vuelve inmortal y exento de
librio retornó a su movimien to prop io y habit ual, ejercien- vejez 44 ,
do sus cuidados y su autoridad sobre lo que él encierra, Con esto toca a su fin nuestro relato . Pero para exhibir
b así como sobre si mismo . po rque recordaba , en la me- la nat uraleza del rey bastará con atenem os a su parte ante-
dida de sus fuer zas, las enseñanzas de su artífice y padre. rior. En efecto , cuando el mundo revirtió o tra vez, toman-
Al principio, claro est é, lo ponía en práctica con mayor do el camino que lleva hacia la act ual generación, la ed ad
precisión , pero acabó por hacerlo de una forma más con - de los individuos , también ella, volvió a detenerse y se pro-
fusa; causa de esto es el elemento cor póreo de su constitu - dujeron nuevos procesos en el sentido opuesto a los an te-
ción , ligado íntimamente a su ant igua y prim itiva naturale- riores. Aq uellos, entre los seres vivos, que estaban ya a
za, porque era partícipe de un enorme deso rden antes de punt o de desaparecer en razón de su peque ñez, ccmenza-
haber llegado a su orden actua l. En efec to, de quien lo ro n a crecer, mientr as que los cuerpos apenas nacid os de
co mpuso el mundo ha recibido todo cuanto tiene de bello; la tierra iban cncanecíendo 4 5 y, nuevamente, al mo rir, des-
<' de su condición ant erior , en cambio, cuanto ocurre de
~l /ópo n. Mant enemos la lectu ra d e los códices, siguiendo a STALL'
defect uoso e injusto en el cielo , ello le viene de aqu élla
BAUM y C AMl'BEL L. B URNET imprim e pón ton «ma r», siguiend o a Si m pli-
y lo reproduce en los seres vivos. Así pue s, cuando criaba, cio y Pro clo. Que Platón emplea la expresión «región de la desemeja nza »
con la asistencia del piloto, a las criatu ras vivientes que lo ha d emo strado con sólidos ar gume ntos E. o nsc». «Reglo Dissím íhtu-
en él encerra ba, pocos eran los males que en ellos prod uc ía diTlis de Pla t ón 11 Sa int Bema rd de Clai rveux» , Mediaev. Stud. ( 1947 ).
y eno rmes, en cambio, los bienes. Pero cuan do de él se 108· 130. er., a demás , J. O' CAu..A<lHilN, «P la tó n: Polüiro 2710 " . Sl udi a
Papyr. 14 (Barcelon a, 1975), 119- 121. El papiro Palau Rib. ¡nv. 186 o fre -
separa, en el tiempo que sigue inmediata mente a este ab an -
ce en su recto u n frag mento d el Po íuíc o 273d: cinco lineas mu y d a ñada s,
dono, co ntin úa llevando todo del mejor modo posible y La restituc ión que propo ne su edito r, teniendo en cue nta la disposición
a medida que transcurre el tiempo y lo invade el olvido de las leteas conservadas, exige la lectura /Ópon.
más se adueña de él su condición de antiguo desorde n, ... A unque no hay en n ingún pasa je de la ob ra de Plalón referencia
d y luego , cuando el tiempo loca a su fin. el deso rden a An axim andro . «inmortal» y «exe nto de vejez.» son expresio nes usada s
pa ra calificar al dpeiron e n lo s frs. 3 y 2 respectivamente.
hace eclosión y pocos son los bienes y mucha , en cambio,
., po li d pIlYn/a. Los hom bres nacen a dultos d e la tierra e in media ta -
la mezcla de op uestos qu e él incorpora; corre ento nces el mente comienza su p roce so de envejecimiento. No nacen con las sienes
peligro de su propia destrucción y de lo que en él contiene. blan cas co mo los potíokr étap ñoi de HESío DO. Trabajos y dios IBI.
538 DIÁ LOG OS POLÍTI C O 539

cendían a la tierra. Así ta mbién todo lo demás se iba trans- junto con la necesaria instrucción y enseñanza: el fuego,
1740 formando , imitando la cond ición del univ erso y confor- por P rometeo; las artes , por Hefesto y su colaboradora;
mándose a ella y, en especial, todo lo referente a la las simientes y las plantas , en fin, por otras divinidades 4 7 . d
gestación, el alu mbramiento y la nut rición imitaba y acom- Y todo cuanto concurre a la preser vación de la vida huma-
pa ñaba po r necesidad a todo el resto. Pues ya no le era na ha surgido de ellos, una vez que el don de los dioses
posible al ser vivo nacer en la tierra por acción de agentes al que acabo de referirme - es decir, el cuidado que ellos
exteriores que lo compusieran 46 , sino que, así como al nos bri ndab an- faltó a los hom bres y éstos por sí mismos
mundo le hab ía sido impuesto ser amo y señ or de su pro - debieron llevar su vida y cuidar se de sí mismos, como el
pio curso, así, precisamente del mismo modo, también a mund o todo, imitando y siguiendo al cual en todo tiempo
sus parte s por sí mismas, en la medida de 10 posible, les - ahora de este mod o y antes de aqu el otr o- vivimo s y
estaba impu esto. por un impu lso similar, gestar, alumbrar crecemos. He aquí el fin de nuestro mito, pero tr atem os e
y nutrir por sus propi os medíos. ¡Y bien! El propósito de de que no s resulte de utilidad pa ra darnos cuent a biena
b nuestro discurso ya lo hemos logrado. Respecto de las las claras de qué gra ndes errores habíamos cometido al pre-
diversas bestias haría falta, por cierto , explicar larga y pro- sentar al homb re real y polí tico en nuestra argu mentación
Iijamente a partir de qué estados y por qué causas cada anterior.
una se transformó; en 10 que toca a los hombres, en cam- J. S óc . - ¿En qué consist en esos errores en los que
bio , la explicación será más breve y más a pro pósito . En hemos caído y cuál es su gra vedad ?
efecto, al estar privados del cuidad o de la divinidad que EXTR . - Por un lado, incurrimos en un error bastante
nos tení a en propiedad y nos apacentaba, como un gran leve; por otro , en cambio, en uno muy serio , mucho ma-
número de las bestias que eran naturalment e feroces se ha- yor y más importante que el primero.
bían vuelto del todo salvajes y los hombres se habían debi- J . Sóc. - ¿Qué quieres decir?
litado y car ecían ya de prote cción , eran despedazados por EXTR. - Que, cuando no s pregunt amos por el rey y
e ellas, con el agravante de que en los primeros tiempos el político del ciclo actual y del modo pr esente de genera-
carecían de recursos y de arte s, hab ía desaparecido el ali- ción , hablamos del que correspondía al ciclo opuesto, pas-
mento espon táneo y no sabían cómo procur árselc, porque tor del rebañe humano de otrora y, por eso mismo , de 27Sa
no hab ían sido obligados antes a ello po r ninguna necesi- un dios en lugar de un morta l y, en tal sentido, nos desvia-
da d. En virtu d de todo esto , se hallaban en gran des apri e- mos por comple to de nuestra rut a . Por otra parte, 10 pre-
tos. Justamente es ése el origen de los dones que, según sent amo s como quien gobierna la ciudad entera, pero sin
se cuenta , nos fueron antañ o conferidos por los dioses,
47 Cí, Protágoras 32I c-322a. Véase tam bién Dem6erito, texto s re uni-

dos por Diels-Kranz como complemento del fr. 5, en Los fi lósofo s preso-
46 Probablemente los dioses o cierta s divinidades particulares que pro - cráticos, vol. I1I, Mad rid, 1980, pág. 359, texto núm . 7) 9 y n. corre spon -
ducirí an misteriosamente la vida . C f. Roarx, n. ad toc., y FRACCAROLl, díen te.c- La colabo ra dora de H efesto es Atenea; los otros dioses a los
n . ad loco qu e alud e son Dem éter, Perséfone y T riptólemo .
\
540 DIÁLO GOS P OLÍTICO 54 1

explicar de qu é manera lo hace; Y. si bien en este sent ido J . Sóc. - Si.


estábamos. por un lado. en lo cierto. no hicimos. sin em- I3xTR. - Fue j usta mente en algún pun to de él donde
bargo. una exposición completa ni clara. y por eso nuestro incurri mos en un error; po rq ue al po lítico en ninguna par-
er ro r fue. en este caso, más leve que en el primero . te lo incl uimos ni lo nombramos y, sin que nos diéramos
J . SÓC. - Es cierto. cue nta. se nos escurr ió de nuestra nomenclatur a 4¡.
EXTR. - En co nsecuencia, es preciso , al parecer, con- J . Sóc. - ¿Cómo?
fiar en q ue s610 después de precisar el mo d o de go bierno E XTR . - Criar cada uno su propio rebaño es ta rea qu e
de la ciudad podamos exponer aca bada men te al políti co . compe te a todos los demás pa stores, per o al politico , al
J . Sóc. - Muy bien. q ue no le corres ponde, le hemos pu esto ese nombre de pas-
b EXTR. - Ésta es, precisamente. la razón po r la cua l tor, cuando , en ca mbio , debía haberse a plicado algún no m- ~
añadi mos el mito: para que quedase en claro, en lo que bre qu e fuese comú n a tod os ellos.
concierne a la crianza rebañega, no sólo d e qué manera 1. S6c . - T ienes razó n, siempre y cua ndo lo haya .
todos se la disputan al personaje qu e estamos ah ora ind a- EX TR . - ¿Y cómo no va a ser común a tod os, al me-
gando, sino también para poder ver con m ayor nit idez a no s, el «brindar cuida dos », sin que deba distinguirse ni
aquel que es el único al Que le corresponde. segú n el mod e- la crianza ni ninguna otra actividad en particular ? Pero
lo de los pastores y los boyeros, cuidar de la cri anza hu- si lo hubiéramos llamado «arte de ocuparse de los reba-
mana, y el único que debe ser digno de reci bir tal títu lo . ños», o bien ( arte de atender los reba ños», o tambié n «ar-
J . Sóc. - Perfecta ment e. te de brindar cuidado a los rebaño s», en una exp resió n
E XTR . - Pero yo creo, Sóc rates qu e la figura del pa s- tan gene ral hubiera sido posible envolver al polít ico ju nto
to r divino es demasiad o grande para pa rangonarla al rey co n los demás, ya que el arg umento eso es lo que exigía .
r y que nuest ros po líticos act ua les son mucho más semejan- J. SÓC. - Muy bien . Pero, la di visión siguiente ¿de 2760>
tes por su na tu raleza a los hombres po r ellos go bernados qu é mod o , entonces, ha bría q ue hacerla?
y qu e la cultura y la ed ucación de la qu e t ienen pa rt e se EXTR . - De la misma manera en que antes dividi mos

aproxima n mu cho más a las de sus go bernados. el arte de criar rebaños, d isti nguiendo ent re pedestres no
J . Sóc. - Si, sin duda alguna .
EXTR. - Seguramente habrá de examinárselos, ni me- 41 D [~s . n. ad loe .• seña la q ue P lató n usa aq uí por única vez el térrni-
no s ni más, sea su naturaleza de un tipo o de otro. no onomasia. qu e aparece tambié n co mo títu lo de una de las ob ras de
J . SÓC . - ¿Y cómo n01 Hipiaa. E. DUPR ~EL (Les Sophistes: Prologaras, Gorgias. Proaicus, H ip -
pía s, Neuchá td, 1948, pág . 235), sostiene qu e Platón en este pasaje esté
E XTR . - Demo s, ento nces, marcha atrás, del siguiente
siguiend o conscientemente el pensa miento de Hipias. Co ntra esta a firma -
modo : aquel arte , en efecto, qu e decíamos era autodirecti-
ción. cr. J . B. SKEMP, «Th e Sopbíst s», Ctass. R ev., NS, 3, 3/ 4 (1953),
ve , te nía que ver con seres vivos, brindaba su cuida do no 156-157; Plat ón usa el término cuidadosament e para describi r el acto de
d individual sino colectivamente y al que entonces llama mos nombrar, de dar nombres, si bien puede haber un cierto deje de ironía
sin vacilar «arte de criar rebaños» ... Pero, ¿te acuerdas? en su empleo.
542 DI ÁLOGO S POLÍTICO 543

volátiles, animales que no admiten cruce, animales sin cuer- noción de «cuidado» má s Que a la de «crianza»; luego ,
nos; si también ahor a nos va liéramos de esta s mismas di fe- ha bla qu e hacer un corte en esta noción de «cu idad o»,
rencias para dividir el arte de ocupa rse de los rebañ os , pues ella pod rla adm itir aún secciones, y no sin importan-
habríamos incluido. igualmente, en la defin iciór: tanto al cia 49 .
reinado de nuestr a época como a aquel de la época de J . SÓC. - ¿Cuá les?
Cronos. EXTR. - Primero - pienso- aquella por la cua l po-
J . Sóc. - Así parece. Pero lo que me pregunto es cuál d ríamos dividir. ponie ndo bien aparte, al pastor d ivino y
es el próximo paso. a l hombre qu e brind a cuidados.
EXTR . - Está claro que si hubiér am os usad o este nom- J . Sóc . - Es verda d .
b bre de «arte de ocuparse de los reba ños», jamás nos EXTR.. - A co ntinuación , una vez puesto apa rte este
hub iera ocurrido que alguien nos saliese co n q ue no se tra- arte de brindar cuidados, se hacia necesari o corta rlo en
taba en absol uto de un cuidado , así como entonces se nos dos.
obje tab a con toda j usticia que no había entre nosot ros nin- J. Sóc . - ¿De qué man era ?
gún arte digno del nombr e de «criador», y que, si hubiese EXTR . - Según se t rate de un cuidado compulsivo o
alguno, convend ría a muchos otr os ant es que al rey y más volun tario.
que a él. J . Sóc. - ¿Y por qu é?
J . SÓC. - Muy cierto . EX11l . - Porque a llí fue ju stament e do nde cometimos t
EXTR . - Pero ningún otro arte pretendería afi rmar que nuestr o prim er error. Con una ingenuidad excesiva reuni-
es en ma yor medida qu e el real, y antes que él, cuidado ma s al rey y al tir an o. precisament e a ellos. que son tan
1; de la comunidad human a en su con junto y un art e de di ferentes, ta nto en sí mismo s como en el modo en que
gobierno que se ejerce so bre todos los hombres. cada uno de ellos eje rce su gobierno .
J . SÓC. - Tienes razón en lo que dices. J . Sóc. - Es verdad .
EXTR. - Despu és de lod o esto , Sócrates, ¿acaso no ad - EXTR. - Y ahora, ¿no tenemos qu e corregimos de nue-
verti mos Que, justo al llegar al final, está ba mos comet ien- vo y - según dije- dividir el arte de brin dar cuidado a
do un grueso erro r? los ho mbres, según sea éste com pulsivo o voluntariamente
J . Sóc. - ¿C uá l? acept ado?
EXTR. - Éste: qu e aun cuando estuviéramos firmemente
convencid os de Que había algún ar te de la crianza de l reba-
no bípedo, no por ello nos era lícito llamarlo sin más «rea l» ~. El error en el que se incurrió al hacer la primera caracterización

o «político», como si ya hubiéramos term inado el examen . del polltico fue considerarlo pastor del rebaño humano y asignarle la
funci6n de «crianza» (tr op }¡l) . una función que compete a todos los paso
J. SÓc . - ¿Y ento nces?
tar es. La tarea del político debe ser denominada con un término Que
EXTR. - En primer lugar - como estábamos dicien- comporte una idea más general que la de crianza: la de «cuidado»
d do-, había Que corregir el nombre, ace rcá ndolo a la (epiméleia).
I

544 D IÁLOGOS POLÍTICO 545

J . Sóc . - Sin duda alguna. ot ros, en cambio, más vale hacérselos ver a través de ob ras
EXTR . - Si, entonces, cua ndo recurre a la co mp ulsión ma nuales "',
llama mos «tiránico. al ar te de brinda r cuidados y, en cam- J . SÓC. - Esto es cierto . Pero explícame e n q ué aspec-
bio, «po lítico» a aque l qu e los br inda con acept ació n vo- to cr ees tú que nuestra exposición es aún deficiente.
lunta ria . y que es un art e de ocupa rse del rebaño de ani- Ex'TR . - ¡Q ué dificil es, querid ísimo am igo, po der pre- d
males bípedos que lo aceptan voluntariamente. a Quien senta r de modo suficiente, sin recu rrir a modelos, c ual-
posee este arte y brinda este cuidado. zno hemos de pre- quier cosa importante! Pues po dría pa recer que cada uno
sentarlo como quien es verdadero rey y político? de nosotros todo lo sa be como en sue ños, pero. cua ndo
277" J . Sóc . - Y al parecer, extranjero , hemos conseguido , está desp ierto, en cambio, todo lo ignora.
de este modo, dar término a nuestra presentación del J. SÓC . - ¿Qué quieres decir co n eso ?
político . EXTR. - A l parecer. en este momento te resulta des-
EXTR . - ¡Qué bueno sería eso , Sócrates ! Pero no ere.s co ncertante que yo haya traído a colación qué es lo q ue
tú solo quien debe creer tal cosa, sino que yo debo como no s pasa en el caso del conocimiento.
partir contigo tal parecer . Ahora bien , según yo lo pienso, J . Sóc. - ¿Cómo?
al menos, aún no se no s mu estra completo nues tro retrato EXTR. - [Otr o modelo , mi bienaventurado amigo , me
del rey , sino que nos ha ocurrido lo que a los escultores exige a su Vel mi mod elo ! j I .
que con el afán, a veces inoportuno, de agregar más y más J . SÓC. - ¿Qué? H ab la sin vacila r por mi ca usa. ~
detalles y con una amplitud mayor de la que convend ría . EXTR . - Ha blar é, dado qu e tú estás segurame nte dis-
b pierden su t iempo ; también nosotros a hora, desea nd o puesto a seguirme . Lo s niños -y eso bien lo sabemos- ,
present a r sin dilación y co n gra n estilo el error de nuestra cuando comienza n a a prender el alfab eto ...
explicació n anterior, cre yendo que co nvenía usar modelos J . Sóc. - ¿Q ué es lo que sa bemos?
magníficos en el caso del rey, desp ués de haber alzad o so-
bre nuestro s hom bros una prodigiosa mo le, la del mito,
nos vimo s obligados a echa r ma no de una parte excesiva
de él; en consecuencia , exte ndi mos mucho la exposición )O C L Pedro 275d ss.

y, co n todo, no logra mos pon er tér mi no al mito ; por el


'1 Se entra a ho ra en un nuevo aspecto de la discusió n, despu és de
la revisión de la definición del polftico, posterior al mito. Como esta
co ntra rio . nu estro discur so. simplemente como si fuer a una definición no resulta ni clara ni completa. es menester recur rir a otro
e pint ura, pa rece tener un suficiente contorn o exter ior, pero , procedimiento metodológico: el uso de un modelo o par adigma. Pl ató n
sin emb argo, carece aún de la nitidez que le dan los tintes va a explicar en pr imer lugar qué es un modelo 'J luego cómo se usa.
y la combinaci ón de los colores . Cla ro está que más qu e El ejemplo que se toma pa ra mostrar cuál es el funcionamiento del para-
digma co mo métod o para la ad qu isición de un conocimiento , es el de
con el dibujo y la act ividad manual en gen eral, es con pa -
los níñcs que aprenden a leer. Para un pr olijo examen de la noción de
labras y argumentos con lo qu e conviene mo strar cua lqu ier parad igma en Platón, ef. V . GoLDSCIIMTDT, Le paradigme dans la aie íec-
ser vivo a Quienes está n en cond icio nes de seguirlos; a los tique ptaton ícienne, París, 1947.
117. - 3S
546 DI ÁLOGOS ror.tnco 547

EXTR. - Que pueden reconocer bastan te bien cada una que cada una de todas las letras en todas las sílabas pueda
de las letras n en aquellas sílaba s que so n las más breves ser no mbrada ; las que son diferentes. como di ferentes de
y fáciles y adq uieren la capacidad de hacer a firmaciones las otras , y las idé nticas, como idénticas siempre y del e
verdaderas a propósito de ellas . mismo modo a sí mismas.
278<1 J . Sóc . - Claro que sí. J _ SOC . - De acuerdo.
EXTR. - Pero titubean cuando esas m ismas let ras se Exra.. - Por lo ta nto, ¿co mprendes bien ahora que un
hallan en otras sñabas, y así incurren tanto en opiniones model o se forja, precisamente , cuando una misma cosa que
com o en afi rmaciones falsas . se halla en otra cosa diferente y aislad a de la primera es
J . Sóc . - Exactamente. objeto de una opinión acertada y, al ser co mpa rada , da
EXTR . - ¿Y no será, entonces, ésta la vía más fáci l nacimiento a una única opinión verdad era S3 sobre una
y mejor para lleva rlos a lo que aun . no c onocen? cosa y la otra ju ntas?
J . SÓC. - ¿Cuál? J . SÓC . - Así parece.
EXTR. - Co menzar por ponerlos frente a aquellos ca- EXTR . - ¿Qué sorpresa podría, pues, causarnos el que,
sos en los que su opinión sobre esas mismas letras era acero si esto mismo es lo que naturalmente le pasa a nuestra d
tada y, una vez frente a ellos, hacerlos com p ar ar esas letr as alm a respecto de los elemento s de todas las cosas ~ 4, en
b con las que aún no conocen; luego, estab leciendo un para- ocasiones se instala sólida mente en la verdad a propósito
lelo, exhibi r la semejanza y la misma natu raleza presente de cada elemento individual en algunos co mp uestos, mien-
en a mbas combinaciones, hasta que se hayan mostrado to- tras que, en ot ras ocasiones, en ca mbio , va errando sobre
das aquellas letras sobre las que tenían una opinión verda- todos los elementos que aparecen en otros comp uestos , y,
dera en comparació n con todas las desconocidas; y, una si bien, de a lgún mod o, tiene una opinión acertada sobre
vez mostrad as y constituidas así en modelos . permitirán algu nas de esas co mbinaciones, cua ndo están trasladadas

II « lel ra,. es en griego stoicheioll, term ino que sig nifica a la vez «ele-
ment e ». El pr imer uso que enccntra mcs de este tér rni no pa ra d esignar s, alifhh dótsa . En este pasaje traduzco la expresión dolcrdd5ein alerhós
a elementos de las cosas físicas es en Tt,n~lo 201e . En el Pv lilicv la por ..tener una opinión verdad era» y dotsotiMill ort hós por «tener u na
palabra eslá intencionalmentc usa da co n su doblc sig n ificado de «let ra ,. op inión acertadae , para mantener la d iferencia terminología existent e en
y d e «CICmCnIO", con el propósito de exhibir cuál es e l runctonermemc el lulo, si bien am bas expresiones son exacta mente equiv alentes. Para
de un mod clo: entr e el mode lo y aquello con lo cua l se lo comp a ra ha y el significado qu e P latón asigna a la opin ió n verdadera y loU difer en-
una idenl idad de esn uct ura; el conocimlemo del mod elo per mite ana lógi - cia con la ciencia, cr. Ml'nón 97e-98a, Teeteto 187b·20I c, y TII1reO Sld-
ceme nte el conoci miento d e aq uello que puede com pararse con él. En sze.
el ca so presente, como bien señala SKENP. n. od foc.• «com binació n » s.o fó n p ra¡:mdl{m. Se trata de las cosas concretas, o bien de circuns-
y «se para ción» son a quellas letra s o elementos q ue están presen tes ta nto tan cias o asu ntos concretos . No hay a quí una referen cia a Form as tra s-
en el tejido com o en el política y, en con secuencia, u na exhibició n de cendentes , contra 10 que sostienen C AMl'IIf1.L y SK5.I.l l'. Cí , W . K. C . ,
la estruc tura del tej ido permitirá luego un tr aslado a la política y una GUTHII.IE , A Hístory al Grl'ek Philosophy, vol. V, Cambridge, 1978, pá -

...,
car a cterización ana lógica de ella . gina 176. : 'i,

~ \
548 DIÁ LOGOS poLÍTI CO 549

a las sílabas de las cosas reales, que son grandes y no son lana. En efecto, es muy posible que esta sola parte que
fáciles, desconoce, esta vez, esas mismas? hemos elegido nos apo rte la prueba que desea mo s " .
J . Sóc. - Eso, por cierto, no puede causa rnos sorp resa. J . SÓC . - ¿Por qué no?
EXTR . - ¿De que modo, ento nces, ami go mío , sería EXTR. - ¿Por qué, entonces, así como antes dividía-
e posible, si se parle de una op inión falsa . llegar a alcanzar ma s cada cosa corta ndo partes de pa rtes, no aplicamos
una parte de verdad . aunque fuera pequeñ a, y adquirir también ese mismo proced imiento en el caso del arte de e
sabi d uría? tejer y, haciendo un rápido recorrido por el cam ino más
J . Sóc . - De ningún modo. diría yo. breve posible, no llegamos otra vez a aquello que nos sirve
EXTR. - Por lo tanto, si es eso lo que sucede. ¿pa ra para nuestro pr esente propósito?
nad a desentonaríamos ni tú ni yo, si comenzáram os tr a- J . Sóc . - ¿Cómo dices?
tando de ver en un modelo particular la naturaleza de l mo - EXTR . - La exposición misma te la dar é como respues-
delo en general y, a continuación. trasladando a la forma ta .
del rey, que es la más importante. la misma forma que J . Sóc . - [Excelente!
hallam os en co sas menores, nos propu siéramos , mediante EXTR . - De todas las cosas que fabri camos o adquiri-
un model o, conocer metódicame nte en qué consiste la aten- mos, algunas tienen como fin producir algo y otras, en
ció n de los asu ntos de la ciud ad, para que el sueño se vuel- cambio, servir de protección contra alguna molestia; de
va así vigilia? las qu e sirven de protección, unas son ant ído tos -tanto
J . Sóc. - Tienes tod a la razón . divino s como humanos-, ot ras . en cambio , so n de fensas;
27'Jo EX11l . - Retomemos, pues, nuestro argumento a me- de las de fensas, a su vez, unas son armaduras par a la d
rior, según el cua l. dado qu e al género real muchísimos guerra, otr as so n reparos; y de los reparos, unos so n col-
son los que le disp uta n tener pa rte en aquel cuidado relati- gad ura s, ot ros so n resguardos cont ra el frío y el calo r ar -
va a las ciudades, se debe j usta mente separar a todos éstos diente ; de los resgua rdos co ntra la intemperie, unos son
y deja r só lo al rey; y pa ra lograr lo - decíamos- , nos techados para las casas, otros abrigos pa ra el cue rpo; y
vemos necesitad os de un mod elo . de los ab rigos. unos son par a exten der po r debajo . ot ros,
J . Sóc . - En efecto. en cambio , so n paños qu e se adaptan en to rno al cuerpo;
EXTR . - ¿Q ué mode lo, muy pequ eño p or cierto. pero de estos paños envolventes. unos están confecciona dos en
que posea la misma funció n que la polí tica , crees qu e po- una sola pieza, ot ros . en cambio, forma dos por ensamble
dría mos tomar co mo punto de comp aración pa ra descubrir de varias piezas; de los formados por varias piezas . unos
de un modo adecuado el objeto de nuest ra búsqu eda? ¡Por son los qu e se perforan pa ra coserlos. ot ros los que se t
b Zeus! ¿Quieres , Sócra tes, si no tene mos algún otro a u nen sin cost uras; de los que carecen de costuras, unos
man o, que escojamos , por ahora, el arte de tejer? ¿Ya
éste, si te parece, no en su totalidad? P u es ta l vez será H Cí. , al comienzo del Sofista (218e), la introducción del modelo
suficiente con limitarse a aque l referido a los tejidos de de la pesca con cana .

550 DIÁLOGOS POLÍTICO 551

está n con feccionad os con fibras de plan tas terrestres, otros do de las a rtes que coo peran estrechamente con él, si bien
co n pelajes de animales; de los hechos con pelajes, unos ha sido recortado y puesto aparte de muchas otras afies
se hacen adhiriéndolos con ag ua y tierra. otros, en cam - que le están emparentadas 59.
bia, por un trenzado hebra a hebra. Y bien , es precisamen- J . Sóc . - ¿De cuáles - dime- que le están emparen-
te a aquellas protecciones y abri gos confeccionados con tadas?
pelaj es de animales trenzados a lo qu e damos el nombre EXTR. - Que tú no has seguido el hilo de lo que he
de «vestimentas» 56. Y a ese arte que dedica especialmente estado diciendo , se ve bien a las clar as; debemos, en co nse-
sus cuidados a las vestimentas - así como antes llam amos cuencia, dar ma rcha atrás y comenzar por el final. Pu es
«político» al arte que brinda su cuidado a la ciudad-, si co mp rendes qué significa la a finidad , justa mente ah ora
2Srl<r ¿1I0 hemos de denominarlo también a hora en función de la hemos desprendido del arte de teje r vestimentas uno que
cosa de la que se ocupa , «arte de confeccio nar vestlmen- es afin , cua ndo separa mos de él la co nfección de cobe rto-
ras» $11 ¿Y no diremos, asimismo , que el arte de tejer.. res 60 , mediant e una distinción ent re lo que se ada pta alre-
en cuanto en su mayor parte concierne a la confección de dedo r del cuerpo y lo que se extiende por debajo.
las vestimentas, no difiere par a nada , salvo cn el nombre, J . S óc . - Comprendo .
del art c de conf eccionar vestimentas 58 , así como en el ca- EXTR. - Y toda confección de lino , de esparto y de e
so anterio r también el art e real sólo en el n ombr e difería cuanto llam am os, analógicamente, «fibras vegeta les», esa
del ar te político? fabricación la hemos aislado toda ent era; hemos excluido,
J . SOC. - Muy acertad o . además, el enfurtido y todo ensam ble que se vale de perfo-
EXTR. - Advirta mos ah ora que, tal vez, podría creerse rado y cost ura, cuya parte principal es el arte del calzado.
b que con esta descripción el ar te de teje r vestimenta s ha J . S6c. - Perfecta mente .
quedado satisfac toriamen te prese ntado, pero esto só lo si EXTR. - Po r su pa rte, el curtido, q ue se ocupa de los
se es incapaz de comprender q ue aú n no se lo ha disti nguí- ab rigos confeccionados de una sola pieza y, asimismo, la
fabricación de techados que interviene en la edificació n,
S6 Es muy difícil ha llar una traducción precisa para la mayor pa rte en la const rucción en general y en otras art es que tienen
de los Inminos aqu i em plea dos , teniend o en cuenta Que Platón mismo por fin la co ntención de las aguas, a todo esto lo aisla- d
ntá haciendo un uso forzado de muchos de ellos. Cf . fAAcc.u.ou. n.
1 en pág . 266, Y SU MP. n. l en pág. 166.
n J uego de palabras: politikl toma su nombre de pdfis. de la misma ~. Hasta ahor a, en cada paso de la división se ha ido aislando el
manera que himaliourgikE toma su nombre de himá/ion. Esl3 última pa- arte de tejer y se han ido d iminando sucesivamente tod as las artes que
labra n tá usada aqu l en su sentido más amplio. para des ignar «vestimen- le son afines. Lo que resta aún es distinguirlo de aquellas artes que coo-
ta .. en general y no un determ inado tipo de vntido . peran en su trabajo .
SI La confección de vestimentas celndice prácticamente co n eltejido, 60 slromara: ro pa de cama en general . Hay aqu l un cambio de tér mi-
ya qu e el vestido griego es, en general, un pafto recta ngular tejido, que no respecto de 279d, dond e la palabra empleada era hYJXJpelásmala. de
no se somete a corte ni confección ulteriores, sino qu e se adapta alrede- significado más general (<<10 que se extiende por debajo»), y cuya única
dor del cuerpo. ap arición en la litera tura clásica es ese pasaje de Plató n.
552 D IÁLOGOS pOL íTICO 553

rnos, así como también a todas aquellas artes que cons tru- EXTR. - Asimismo, si a la confección de la t rama y de
yen re paros cuyo fin es impedir robos y actos de violencia, la urd imbre se la llamara , a su vez, «arte de tejer», se
artes éstas que se aplican a la confección de tapas y la le daría un no mbre fuera de lugar y falso, por añadidura. b
fijación de puertas, y que se han reservad o partes del arte J. S óc. - ¿Cómo no?
de la cerrajería. Ta mbién a la fabricación de armas la he- EXTR. - ¿Y entonces? Al arte de batanar en su con-
mos pu esto aparte, ya que constituye una sección de la junto, así como al ar te de remenda r, ¿no tendremo s que
enorme y variada indus tria de los med ios de defensa; tomarlas como cuidado y atención del vestido , o bien a
e y al arte de la ma gia concerniente a los antídotos ya en todas ellas las consideraremos enteramente como artes de
un princip io directam ent e lo descartamos por entero. Así tejer?
- podemos creerlo- nos ha quedado solo aquel arte que J. S óc. - De nin gún modo.
estábamos buscando. el que protege dela intemperie y con- EXTR. - Sin embargo, la atención del vestido todas ellas
fecciona defensas de lana, al que se le dio el nombre de se la disputan - y aún la producción misma de las vesti-
«arte de tejen >, mentas se la disputan- a la fun ción propia del arte de
J. Sóc . - Así parece , en efecto . tejer, y si bien le conceden a él la parte má s importante,
EXTR. - P ero con esto , hijo mio, aún no está todo se arrogan para sí también partes qu e no son insignificantes.
dicho; po rq ue quien interviene en la etapa inicial de la J . Só c. - Exactamente . e
con fección de las vestim entas, está bien claro que hace lo EXTR . - A estas art es, por cierto, podemos aún añadir
281a contrario del tejido. aquellas qu e fabrican los instrumentos con los qu e se eje-
J. S óc . - ¿Cómo es eso ? cutan las obras del tejido, ya que podemos pensar qu e ellas
EXTR. - El proceso del tejido consiste , sin duda, en pr esum irán de ser coope radoras de cualquier tejido.
algún tipo de combi nación. J . Soc . - Muy cierto .
J. Sóc. - Sí. EXTR. - En consecuencia, nuestra definición del art e
EXTR. - La etapa inicial, en cambi o, es una disocia- de tejer - me refiero a la definición de aq uella parte que
ción de lo que está bien combinado y es bien compacto 6 1. escogimos- ¿estará suficiente mente precisada si decimo s
J. S óc . - ¿A qué te refieres exactamente? que, de ent re todos los cuidados refer idos al vestido de
EXTR. - A la función del ar te del car dador. ¿O acaso lana, él es el más no ble e importante de todos? ¿O bien
nos an imaríamos a llamar al cardado «a rte de tejen> y a diríamos algo de verdad, pero no estaríamos diciendo,
considerar al cardador como un tejedor? sin embargo, algo claro ni comp leto antes de hab er ex- d
J. S óc. - No, claro que no . cluído todas aq uellas otras artes que lo rodean?
J . Sóc . - Tienes razón .
EXTR. - ¿No tendremos, pues, que hace r, a continua-
61 Tr ad uzco symplokt y dialyliki! por «combinació n» y " disociación »

respectivamente. E n Sofista 25ge el voca blo symploké se aplica a la rela-


ción, lo que estamos diciendo , para que nuestra exposición
ción de trabazón de las Formas entre sí. proceda en su deb ido orden?
2

554 DI ÁLOGOS POLÍTICO 555

J . SOC . - ¿Có mo no hacerlo? plio, es natural clasificarlas como una de sus partes, aba r-
E XTR . - En primer lugar, observemos q ue ha y dos a r- cando a su conjunto con el nombre de «arte de bata nan).
tes referidas a lodo cuanto se hace. J. SÓC. - Muy bien.
1. SÓC. - ¿Cuáles? EXTR. - A su vez, el arte de carda r, el de hilar y, ad e-
EXTR. - Uno que es concausa de la prod ucción , ot ro más, todos los procesos que tienen que ver con la produc-
que es causa por sí mismo 62 . ción misma del vestido, de la que, según decimo s, son
J . Sóc. - ¿Q ué quieres decir? partes, forma n un único arte, cuyo nombre es bien usual:
~ EXTR. - Las que no fabrican la cosa misma, sino que «arte de trabajar la lana» 63 _
proveen a aquellas que la fab rican de instru mentos sin los J . Sóc. - ¿Có mo negarlo?
cuales jamás podría llevarse a cabo la obra que debe reali- EXTR . - Ahor a bien, el ar te de trabaj ar la lan a com- b
zar cada una de las artes, éstas son con cau sas, mientras pren de dos secciones y cada una de éstas es, por su propia
que las que elaboran la cosa misma son causas. natura leza, parte de dos: artes a la vez.
J . Sóc . - Es. en efecto. razonable. J . Sóc. - ¿Cómo dices?
EXTR.• - En consecuencia. todas las artes orientadas a EXTR . - El cardado, la mitad del art e de manejar la
la fabri cación de lanzaderas y de todos los demás instru - lanzadera y toda labor que consiste en separar unas de otras
mentos que to man parte en la prod ucción referente a la las cosas que están unidas, todo ello -para decirlo con
indu mentaria, ¿a toda s ellas hemos de llamarlas «co ncau- un solo término- se incluye en el arte mismo de trab ajar
sas», mientras que a las que le prestan su atenció n y la la lana; y así nos quedan , en general, dos grandes artes:
fab rican, ( causas)? una asociativa y otra disociad ora 64 .
J . Sóc. - Muy cierto. J. SOC. - Sí.
282<> EXTR . - Así pues, entre las causas podemos incluir EXTR. - Al arte disociador. entonces, pert enecen tan-
el art e de lavar, el de remendar y tod a atención referente to el arte de cardar como todas las que acabamos de e
a la indumentaria ; y como el arte de ad erezar es mu y am - mencio nar. Porqu e el art e disociador que ejerce su función
en las lanas y urdimbres -en el segundo caso con la lan za-
62 Trad uzco por «causas» y «concausas» los termrncs eitta y sunatuos
dera y en el primero con las manos M_, recibía los nom -
para mantener la correspondencia que se da en griego. La diferencia cu-
bres que aca bamos de utilizar.
tre ellos corresponde a la que se da, en Fedó" ssa. b, entre «causa» en
sentido esme re y aquella condición necesaria sin la cual la causa no po-
6 1 No sin cierta ironia, Platón apunta que, por fin, se est é sirviendo
dría causar. En Tímeo ase-d. PLATÓN anona que la determinación del
de un nombre familiar, por todos conocido y no especialmente forjado
dios de hacer el mundo tan bueno como sea posible es la verdadera cau-
para este diálogo.
sa, mientras que las cc ncausas son aquellas condiciones de las que debe
... Traduzco synkrít ík é y diakriliké por «asociativo» y «disociador»
necesariamente servirse para el logro de su propósito. En Filebo 27a,
respectivamente, para conservar la correspondencia que se da en griego.
aunque no se emplea el término «conceusa», está presente la misma no-
Para el arte disociador , cf. Sofis ta 226c; del arte asociativo, en cambio,
ción: hay una causa y algo diferente de ella. pero necesario y que está
a su servicio, para que la causa pueda actuar como tal. P latón no habla antes de ahora .
6' Durante el tejido , los hilos se separan con la lanzadera, mientras
556 Dr ÁLOG OS POLÍTI CO 557

J. SÓC. - Exactamente . EXTR. - Define ahora ta mb ién cada una de estas dos t
EXTR. - A continuació n. to memos una par te del arte operacion es; porqu e tal vez esta definición podría resulta r-
asociativo que sea simultáneamente pa rte del trabajo de te muy oport una .
la lana y esté comprendido en ella. Y tod o lo qu e pertene- J . Sóc. - ¿De qué mod o?
ce al arte disociado r dejémoslo de lado , co rt ando en dos EXTR. - Del siguiente: de entre los produ ctos relat ivos
el t rabajo de la lana en sección disoc iadora y sección al ca rdado, ¿a aquel que es alarga do y posee a nchura lo
asociativa. llamamos «madeja»? 63.
J . Sóc. - Aceptemos tal división . J . SÓC. - Sí.
EXTR . - Y aho ra. Sócrates. debes dividir a su vez aque- EXTR . - Y, en ella , lo que se ha retorcido co n el huso
llo que, siendo po rción de la asociación , es simuhánea- y se ha vuelto así una hebra resistente, di que esta hebra
d mente po rción del laniñcío 66 , si Queremos llegar a ap rehen- co nstituye la urdimbre y que el arte qu e la dispo ne en
der de mod o ad ecuad o el arte de tejer al que nos referimos líneas rectas es el arte de elaborar la urdimbre.
antes. J. SÓC. - Correcto.
J . Sóc . - Debemos dividir, en efecto. EXTR. - E, inversamente, las hebras qu e son objeto
Ex'ra . - Sí, es preciso. Diremos, entonces, Que una de de una to rsión laxa y que poseen una flexibilidad que les
sus partes es la torsión y la otra el entrelazamiento 67. permite su adecuado ent relazamiento con la urd imbre , pa-
J . SOC. - ¿Estaré entendiendo bie n? P ues creo que es- ra resisti r al estiramiento del proc eso de apresto, estas he-
tás llam an do «torsión» a aq uel trab ajo q ue concierne a bra s así obtenidas digamos que son tra ma y que el arte
la confección de la urdimbr e. qu e tiene asignada esta tarea es el arte de elabora r la 283"
EXTR . - No solamente de la urdimbre. sino también t ra ma .
de la trama. ¿Ú acaso es posible hallar algu na manera de J . Sóc . - Del todo cierto .
elaborarla sin practicar una torsión? EXTR. - Ahora , po r cierto, aqu ella parte del arte de
J . Sóc . - No , de ningún mod o . tejer que nos hab ía mos propuesto exa minar puede que ya

61 e f. A ¡mTÓFANES, L isifrrara 583-4. Los yerros 567-587 de esta o bra


q ue d urant e el cardado se los separa con los dedos. e r. Crát ilo 388a-b : co nstituyen el o tro locus c!a5Sicu$ sobre el tejido. AIlf -a diferencia del
la primera etapa de l tej ido co nsiste en disociar la tram a de la urd imbre, Polltiro- se pr esent a el tejido co mo una actividad enteramerue femeni-
cu ando la lanzadera lleva los hilos de la tram a a t ravés de loo de la na, al igual q ue en Leyes 80Se-f!06a. Es interesante se ñ al ar q ue A RISTÓfA -
urd imb re. NES traza un claro para lelo - al igual que nuestro diálogo- entre el tejí-
66 Para respeta r la diferencia de términos que Plat ón emplea , traduz- do 'f la po lítica . Es Lislstrata la qu e dice al magistra do: "S i tuvieseis
co talall;o urgikón por «laniflcio», tatas íourna po r " t ra bajo de la lan a» una pizca de sentido común, seguiríais en política el ejemplo que os da-
y talalliourgiki por «a rte de trabaja r la lana» . mas con nuestras lanas» [vv. 572-513). Y en los versos siguientes (574-586)
67 sy mp íekt ikén. Ad viértase hasta 283b el empleo repetido de térmi- le aconsej a la manera de proceder en asuntos políticos siguiendo las hue-
nos empar entado s co n sy mp loki. Ver antes, n . 61. llas del arte de tejer.
-1
558 DIÁLOGOS POLÍTICO 559

haya quedado en claro para todo el mun do . En efecto, J. SÓC . - H agámo slo.
cuando la porción del arte asociativo comp rendida en el EXTR. - Y si sobre tales temas versa ra nuest ra conver-
trabajo de la lana confecciona un entrelaza miento valién- sación, pienso que sería muy a propósito.
dose del entrecruzamiento de la tr ama y la urdimbre, a J . Sóc . - ¿Sobre qué temas?
ese entre lazamiento , en su conjunto, lo llamaremos «vesti- EXTR , - Sobre la extensión tanto como sobre la br eve-
do de lana» y al arte que de eso se encar ga la denom inare- dad , y sobre el exceso y el defecto en general 70, Porque, d
mos «arte de tejen>. sin duda , es el arte de la med ida 71 el que a todo esto se
J. SÓc . - Del todo cierto . aplica.
b E XTR. - [v amos! ¿Y por qué ocurre , entonces, que no J. Sóc . - Sí.
respondimos de entrada que el arte de tej er es el arte de EXTR . - Dividámoslo, entonces, en do s partes. En efec-
entrel azar la trama y la urdimbre, en lugar de haber estado to , ello es necesario para lograr nuestro propósito.
dando tantas vueltas y haciendo tal cantidad de fútiles dis- J, S óc. - Dime de qué modo debemos hacer la divi-
tinciones? sión.
J. Sóc. - Sin embargo , pa ra mí, al me nos , no fue en
vano nada de lo que se dijo. mina r si a lgo tiene o no tiene una debida exte nsión. Sobre la mak roíogia
y la brachy!ogia, cf. Pr otágoras 334d-337a .
EXTR. - ¡Nada tiene de sorprend ente! Aunque ta l vez,
10 «Exceso» y «d efecto ••, asl como «gran de» y «pequeño ••, «más ),
bienaventurado amigo, podría darte esa impresión. Así pues, y (menos». que Platón emple a en to da esta sección del diá logo, son tér-
contra semejant e enfermedad, que podría atacarte en el minos que, según los testimonios de Ar istótele s, caracterizan a la díada
futur o más de una vez - y eso sí qu e no sería sorpren- indeter minad a, es decir, un o de los dos principios (el otro es lo «uno»}
dent e-, escucha la consideración qu e ha ré y que con - qu e ha brJa sido ob jet o de las enseña nzas no escritas de P lató n en el seno
de la Acad emia. Cí , E . W¡llER. Der spiite Platon, Hambu rgc, 1970,
e viene tener presente a pro pósi to de todos los casos de
pá g. 87. Pa ra una p resentación genera l de las diversas interpretaciones
este tipo . acerca de la existencia y natu raleza de la do ctrina no escrita , pue de verse
J. Sóc . - Sólo tienes que hacerla . E . N. TiOliRSTEDT, ln lerpreting Plato , Up sala, 1977> cap . V¡, págs . 63-92.
EXTR . - Ob servemos, ante to do, el exceso y el defect o y K. GAISER, «L a teoría de¡ plincipi in P latone.. , Elenchos 1 (Rom a,
en general, para poder así, con fundam ento , elogiar o cen- 1980). 45-75. (Véas e, tam bién, J. S. LASSO DE LA VEGA, «En el centen ario
d e Platón: co nsideraciones en to rn o a la 'cuestión plat ónica'», en De
surar las exposiciones a veces excesivamente extensas o,
Saj o a Plat ón, Barcelon a, 1976 , págs . 327-395.)
po r el cont rarío , excesivamente breves, en este tipo de JI m{1tretiU. ef. Protágoras 356d-357b : la buena vida sólo puede ser
discusion es 69. asegura da por una metrétic a capaz de estima r exceso y defect o . La no -
ción de justa medida est á ligada de ent rada a la metrétlca en nuest ro
6~ La «digresión » sob re el art e de la medida se introduce utilizando diálo go; ello es important e. porque la metrétíca es una ciencia o discipli-
como pretexto la necesidad de responder a eventu ales críticas por la exce- na ju nto a la arit mética y diferent e d e ella, en Fileba 5Se, S6e, S7d .
siva extensión del mit o y por la prolijida d de la definición del tejido. y en Leyes 8171'. CL P. KUCHARSKY, «La conceptio n de I'art de la me su-
P ara determ inar la justicia de ta les posibles criticas, cs pr eciso saber en re da ns le Po liliq ue.., en La spéc uíation pta tontctenne, Pa rís, 1971> pági-
qué con sisten exceso y defecto en genera l y cuál es el criterio para deter- na s 232-233.
560 DI ÁLOGOS poLÍTICO l6 l

EXTR. - De éste: una parte se refiere a la recíproca bras O en nuestro s hechos, ¿acaso no tend remos que decir
relació n ent re gra nd eza y peq ueñez; otra , a aquella reali- que en esto reside rea lmente el cri terio en virtud del cual
dad Que es necesaria a tod a producción 72. se di ferencian muy bien entre noso t ros los malos y los
J . SOCo- ¿Cómo d ices? buenos?
EXTR . - ¿No crees que es natural dec ir que lo que es J . Sóc . - Así pa rece.
más gran de es sólo más gran de que lo más pequeño Y. EXTR . - Adm itam os. pues, que hay un doble modo de
t a la inversa, que lo qu e es más pequ eño única men te es ser de lo grande y lo pequeño y dos mod os de distinguirlos
má s pequeño qu e lo qu e es más gra nde? y que, co mo poco antes decíamos, no de ben toma rse úni-
J . Sóc . - Así lo creo. camente en su mutu a relació n, sino. como acabamos de
EXTR. - ¿ y ento nces? Lo que excede la na turaleza del señalar, po r un lado se da su relación recíproca y, por otro ,
j usto med io 7 ) o es excedido por ella, sea en nuestr as pa la- en cambio, la relació n de ambos con el justo med io . Pero
¿quisiéramos. tal vez. saber por qu é?
11 kata t~n lis I ' ''istó5 ana'lkuuIfI ouskm. fu;prc..!ión difi cil de tr ad u- J . Sóc. - ¿Y cómo no?
cir. ya que suena paradójico que Platón hable aquí d e la ouste necesa ria EXTR. - Si se co ncede qu e la naturaleza de lo qu e es 2*""
de la gétU'Su, dos térmíncs q ue se con traponen. Compárese, po r ejemplo, más grande no gua rda relación alguna sino con lo que es
las div ersas traduccio nes q ue ofrecen Orts y FOWLEk . a l! como la perñra-
más pequeñ o, jam ás estará en relació n con el justo medio .
sis a la q ue recurre S~fMJ'. Traduzco QIlSIO por .. rea lid ad .., para no utili-
zar d término ..entidad .., que es má s art ificial; para la tra ducció n de ¿No es así?
gé" a u por .. producció n... ver a ntes. n. 12, y cr. , ad emás. Filebo 27a. J . Sóc. - Así es.
donde Plal ón señala e..presam erne q ue entre lo po io úmenon y lo gignó· EXTR. - En co nsecuencia. ¿con tal afi rm ación no es-
mt'non ha y sólo una diferencia de nombre . El significa do d e este pasa je tar íamos destr uyend o las arte s mismas así como también
es claro . Pla tÓll dis ting ue dos tipos de arte de medir : 1) aquel que mide
la tota lidad de sus prod uctos'! Y. seguramente, también
te niendo en cuenla la relación de lo q ue ha d e med irse con su opuesto ,
y 2) a qud que mide ten iendo en cuenta 111 relación de lo q ue ha de med ir-
la polític a , que ahora buscamos. y el arte de tejer de la
se. no con su opu esto. sino con un pa tró n absoluto , a l que P latón Ua ma que ya hab lamos , ¿no estaríamos haciéndolas desa pa recer'!
«j usto medio » y q ue es. p recisam ente, aquella inst ancia q ue posibibra En erecto , las artes de tal tipo . todas sin excepció n, se cui-
roda pro d ucció n y lodo art e. er. 284a·b. En este pasaje se adviert e q ue dan bien de no cae r en el má s o en el menos de l j usto
el co ncepto de justo med io no vale únicamente en el campo mor al y
medio . y los considera n no como algo inexistente, sino co-
en el matem ático , sino q ue tiene ta mbié n un alto alca nce on rol ógtco.
e r. P . KU C HARSKY. « La con ceplion de ran. .. ... pág . 233.
mo algo peligroso en lo que a sus actividades se refiere;
73 lo métrion . Es a q uello qu e está a igual d istancia de los extremos; y precisamente de ese modo, cuando preservan la medida, b
lo qu e está en su deb ida medid a. es decir , moderado, mesura do. Es un logran que sus o bras sean to das bellas y buenas.
patrón de med ida Y. según el ámb ito del q ue en cada caso se tra te. ese J . Sóc . - Así es.
patró n será lo conven iente o lo deb ido o lo oport uno (ct. 284e). E n Pro-
EXTR. - Po r lo tan to , si suprimimos la polít ica, ¿no
tágaras 337c·33 8b. as! como e n Fedro 267b, se ap lica la noción d e me-
trion a la exte nsión de los discur so s. En nuestro diálogo , la idea de medi-
qu edará corta da nuestra siguiente búsqueda de la ciencia
da está encara da no sólo respecto de tos discursos, sino en toda su riqueza. real ?
1l7 . - 36
) a

562 DI ÁLOGOS POLÍ TICO 563

J . SÓC. - Sí, completamente. nuestro presente propó sito , está bien y suficie ntemente pro-
ExT"R. - En tonces, así como en nuestro examen del so- bado, nos presta - creo yo- una magnifi ca a yuda este
fista nos vimo s forzados a ad mitir que lo qu e no es es, argumento , segun el cual debe sostenerse concom itantemente
puesto que en eso nos hizo refugiar nos el razonamiento 74 . que tod as las artes existen y qu e el «mas» junto co n el
¿así también aho ra nos veremos forzados a ad mitir que «meno s» son conme nsurables no sólo en su relación recí-
el más y el menos son mensurables. no sólo en su relación proca, sino también respecto de la realización del ju sto me-
recíp roca , sino ta mbién en relació n con la realización del dio; porque, si esta co nme nsurabilidad existe, existe n tam-
e justo med io H1 Po rque. si eso no se admite. no será bién las artes, y, si éstas existen, tamb ién existe aq uélla;
posible sostener, sin lugar a dudas. que exista el po lítico si, en ca mbio, alguno de estos dos términos fa lta , tampoco
ni ni ngún otro ind ivid uo de Jos que poseen una ciencia existirá jamás el otro.
rela tiva a las accio nes. J . Sóc. - Esto es cierto; pero ¿qué viene a cont inua- e
J . SÓC . - También ah ora es del todo forzoso ad mitir ción?
"'0. EXTR . - Está claro que podríamos dividir el arte de
Bxra. - Mayor aún que aqu élla , Sócra tes. esta em- es medi r, co mo dijimos, cort á ndolo en do s del siguiente mo-
presa - aunque creo que recordamos mu y bien cuán larga do : ubiquemos en una de sus porciones a todas aquellas
fue- , pero sería del tod o ju sto que sobre esta cuestión artes qu e miden en relación con sus opuestos un número ,
hiciéramos la a firmación sigu iente. una longitud, una profundidad , un ancho, una velocidad;
J . Soc. - ¿C uá l? y, en la otra, a las que miden en relación con el justo
d EXTR . - Q ue en algún momen to ha brá necesidad de med io, es deci r, co n lo convenie nte, lo oportuno , lo debí -
lo que aho ra se dijo par a ha cer una presentación de lo do y, en general. todo aquello que se halla situado en el
exacto en si 16. Pero, si nos atenemo s a aquello que, para med io, alejado de los extremos " .
J . SÓC. - Bien impo rt an te es cada un a de estas dos
14 CL Sofis ta 24ld-e. En ese diálogo se hizo necesa rio demo strar q ue seccio nes que aca ba s de mencionar, y bien d iferentes, ade-
el no ser es de alg ún modo , qu e tiene algún tipo de e xistencia, porq ue. más. son una de la otra.
si no fuera así, no podrla hablarse de imágenes ni de discurso falso Y. EXTR . - Si, eso qu e a veces dicen , Sócra tes , creídos
en consecuencia , no podría de finirse al sofista. Aná logamente, en este
de estar a firmando algo sensa to, m uchos hombres de fino 2858
caso, si se niega la relación de lo grande y 10 pequeño co n eí justo medio ,
se cierra la posibilidad de indagar la ciencia polltica . Pa ra la interpreta- espíritu 18 , q ue el a rte de medi r tiene que ver con tod o
ción de este pasaje, véase K UCHAlUI( Y, «La con ceptíon de I'a rt de la me-
sol o o una ant icipación de FUebo 64 ss. (ef . F. F RIEOlÁN DER, Plato,
sure.. . » , págs. 235-236.
vol. 1lI: The Dialogues. Second and Third Periods, Pri neeton , 1969, pá-
75 pro s toü t1n melrfou génesin. La misma expresió n se repite un po -
gina 293). Para E. W",Ll.ER. por su pa rte. este pa saje remite al Parméni·
co más ad elante, en 284d.
des (cf. «T he Parmenides ís the Philo sopher», Ctass. stediaev. 29 (1968).
76 p erl auto tukribés. Segun G AISER, «La teoría dei principi. .. », pá gi-

na 57, hay aqul una exprese remisión a la doctrina oral sobr e los pr inci- 36).
77 CL supra, n. 73.
pios. Podría decirse tam bién que la refere ncia es al presunto diálogo Filó-
11 Segun SKEMP, n . ad loe.. y FIUEDLANDER , Plato. vol. IIl, pág . 291,
,
564 DIÁlOGOS POLÍTICO 565

cuanto está sujeto a producción, esto es precisamente lo J. Sóc . - ¿Cuál es?


que hemos dicho. En efecto, de la medida participa, en EXTR. - Supón que alguien nos plant eara la siguiente
cierto modo, todo cuanto pertenece al dominio del art e. cuestión a propósito de un grupo de niños que están apren-
Pero, puesto que la gente no suele examinar las cosas divi- diendo las primeras letr as: cuando se le pregunte a uno
diéndolas por especies, reúne inmediatame nte en un a uni - de ellos cuáles son las letras que forman tal o cual nom-
dad , por consider ar las similares, cosas que son muy dife - bre, ¿diremos que el propósito de t al ejercicio es que pu e-
rentes y, por otra pa rt e, a propósito de otras cosas hace da resolver este único pro blema 0, má s bien , hacerlo más d
todo lo contrario, cuan do no las divide en sus partes . Lo hábil en cuestiones de gram át ica , a fin de que pueda resol -
que debe hacerse, por el contrario , una vez advert ida la ver todo posible problema?
b comunidad existente en una multiplicidad de cos as, es no J . Sóc. - T odo posible problema, por supuesto.
darse por vencido antes de haber visto todas las diferencias EXTR. - Y, a su vez, ¿por qu é hemos emprendido la
que ella comporta, las diferencias, claro est á, que constit u- búsqueda sobre el político? ¿Es por el polít ico mismo por
yen las especies; también, por otra pa rt e, cuando se hayan lo que no s la hemos propuesto o, más bien, para ha cernos
visto en una mul titud de cosas las más diversas desemejan- más hábiles dialéc ticos en todo tipo de cuestiones ?
zas que hay en ellas, no habrá que ofuscarse antes de qu e, J. Soc. - En todo tipo de cuestiones ; eso también está
cercando dentro de una única semejanza los rasgo s de pa - claro en este caso 80.
rentesco, se las a barque en la esencia de a lgún género 19 . EXTR. - Sup ongo que tratar de dar caza a la defini-
y creo que con esto ya se ha hablado lo su ficiente sobre ción del arte de tejer por ella misma es algo qu e no hubi ese
estas cuestiones y sobre los defectos y excesos; pero lo úni - consentido ningún hombre razonable. Creo, sin embargo ,
co que debemos ten er bien pr esente es que se han hallado que hay algo que pasa inadvertido a la mayo ría : qu e algu -
e a tal propósito dos géneros del arte de medi r, y tenemos nas realidades, po r su propia naturaleza, comportan sími-
que recordar lo que dijimos que ellos son , les sensibles fáciles de comprender, que pueden exhibi rse e
J . Sóc. - Lo recordaremos. sin mayor dificul tad cuando se quiera dar , a quie n la pida,
EXTR. - Después de esta consideración , hagamos Iu- una explica ción sob re alguna de ellas, sin ninguna compli-
gar a otra que concierne t anto al objeto mismo que esta- cació n ni argumento; pero, de las realidades más altas y
mos buscando como , en general, al modo de conducirse valiosas 81, en cambio, no hay ima gen alguna nítidament e 286a
en este tipo de argumentación.
10 Este pas aje da pie para sostener que el verd adero pro p ósito del
la re feren cia es a lo s pitagóricos. nrs s, en cambi o , señala en nota
diá logo Po/Meo es una ejerci taci ón del método. Pero véase nues tra Intro-
qu e la expre sión es demasiado genera l corno para aplicarla tan sólo
ducció n.
a los pitagóri co s, como querí a CAMPBEl.L, y q ue en ella ta mbién está
31 Las « realidades más alta s y valio sas» son , sin duda, las Ideas; de
inclu ido Platón, teni endo en cuenta que es un e..t ra njero qu ien está
ellas se dice, en efecto, que son íncorp órcas, que son las más bellas e
hablando.
importantes y que son sólo accesible s a la razón. T odo este pasa j e
79 Expresa pre sentación del método dialé ctico. C f. supra, 265d-266e,
(285d·28 6b) pued e tornar se, en mu chos aspe ctos, como un come nta rio
Fedro 270b ss. y 273e, Sofista 253d·e , Filebo 12c.
566 D IALOGOS P OLÍTICO 567

adapt ada a los hombres; en tales casos, entonces, si se quiere hagamo s la censura o el encomio tanto de la breveda d co-
co nten tar al alma de qu ien pregu nta, no hay posibi lidad mo de la extensión, sea cual fuere el tema del que en cada
de señalar algo sensible que cor responda a tal realidad y ocasión hablemos, y no juzgar las longitudes teniendo en
que bastaría para complacerla. En consecuencia, es im preso cuenta su mutua relación, sino teniendo en cuenta esa par-
cindible ejerci ta rse para poder dar y recibir raz ó n de cada te del ar te de medir que -según decíamos ant es- debía ti
cosa. Pu es las realidades Incorpó reas, que son las más be- tenerse presente, es decir, lo conveniente.
lIas e importantes. pueden mostrarse con claridad sólo va- J . Sóc. - Es cierto .
liéndose de la razó n y por ningún otro med io; y es a ellas, EXTR. - Pero claro está que no en todos los casos ha-
sin duda, a las que ap unta lodo lo dicho hasta el momen- brá que atenerse a ello; porque de ningún modo necesitare-
e to. Más sencillo resulta, empero, en to dos los casos, mas de una lon gitud pro porcionada al placer, salvo acce-
practicar con objetos pequeños que hacerlo con los más soriamente 'l.
En cuanto a la búsqueda de aquello que nos
grandes. hemos propu esto , el hecho de poder descubri rlo del mo~o
J . Sóc. - Muy oportu no lo que acabas de decir . más fácil y breve es algo que la razó n nos aconseja tener
EXTR. - Recordemos aho ra qué fu e lo que nos llevó como cosa secundaria y no prin cipal y, por el con trario,
a decir todo cuanto hemos dicho sobre esta cuestión. estimar much o más y ante todo al método mismo que nos
J . Sóc. - ¿Qué fue? permite dividir por especies; asimismo , cultivar ta mbién
EXTR. - So bre todo, el tedio Que nos causaron la lar- aquel discurso Que, aunqu e sea larguísimo, vuelve a quien ~
ga expo sición sobre el arte de tejer -que fue bastante lo escucha más invent ivo , y no afligirse en lo más mínimo
pesada-e, esa otra sobre la retrogradación d el universo y por su longitud , como tam poco si fuese más breve. Agre-
también aq uélla -a propósito del soñsra-> sobre la exis- guemos aún que a quien, en co nversaciones como ésta, ceno
tencia del no ser; porque teníamos conciencia de que su sura la extensió n de los discursos y no adm ite las digresio-
extensión era excesiva y en todos esos casos nos reconvini- nes en circulo, no se le debe dejar en paz sin más e inme-
e ma s por temor de haber estado haciend o afirmaciones d iatamente, ape nas ha censu rado la exten sión del discurso;
superfluas y, para colmo de males, demasiado extensas. debemos pensar, más bien. que es su deber demostra r q ue, 237<7
Así pues, a fin de que en lo sucesivo no nos ocurra nada si los discursos hubieran sido más breves, hubieran vuelto
semeja nte, di que fue éste el mot ivo por el cual expusimos
todo lo anterior. 11 La traducción de S U IoIP es la siguiente: ((S I. pero, sin embargo,
J . Sóc. - De acuerd o; pero pro sigue. ' conveniencia' no es en todos los casos un criterio adecuado. Por ejem-
EXTR . - Lo que digo es que tú y yo, por cierto, debe- plo , no debemos buscar en un argumento una longitud tal que lo haga
mos recordar lo que acabamos de afirmar, cada vez que "adecuado' para proporcionar placer, salvo como una consideración muy
incldental.» Más acertada, a nuestro parecer, es la explic ación del pasaje
a Pedro 25úa-d, segun hace notar N. GULLIIT, quien indica varios parale- que da FIl....CCAROLt en n. ad íoc. : el patrón en virtud del cual, a su vez,
los claros de vocabulario (cf. «Pfatc's Theory of Recoltecríon», Cfass. °
ha de determinarse la conveniencia, es la razón y no el placer nuestra
Quart. , NS, L, 3/ 4 [19541, 2(1 ). comodidad, que podrán ser tenidos en cuenta sólo como cosa secundaria.
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568 DIÁLOGOS P OLÍTIC O 569

a los participantes en la conversación más há biles dialécti- EXTR. - Como hicimos ant es: a todas las artes que pro-
cos y más capaces para descubrir co n la ra zón la verd ad curaban instrumentos al arte de tejer, a todas ellas las
de las cosas; y q ue, además, no hay qu e hace r caso alguno habíamos considerado concausas.
de las otras censuras y encomios sobre cualquier otro J . Sóc. - SI. ,
asumo, ni co nside rar qu e valga la pena escuchar ta les dis- EXTR . - Ahora es, justamente. esto mismo lo que de-
cursos. Pero basta ya de esto, si tú compartes también bemo s hacer , pero má s aú n que antes. En efecto , a todas
mi pa recer. Retom emo s ahora al político y apliq uémos le aquellas artes que fab rican algún instrumento, peq ueño o d
b el modelo del arte de tejer del que est uvimos an tes ha- grande, referido a la ciudad . se las tend rá por co ncausas:
b lando . sin ellas jamás podría existir ni ciudad ni política; sin em-
J . SOC. - ¡Muy bien! Hagamos lo que dices. bargo, a ninguna de ellas la consideraremos jamás funció n
EXTR . - Veamos. Al rey se lo ha puesto ya apart e de del arte real .
las múltiples artes afin es y particularmente d e todas aq ue- J . Sóc. - No , claro está .
llas qu e tienen qu e ver con los rebaños. Quedan , ent on ces, ExTR.. - Ardua es, sin duda. la empresa que acom ete-
decirnos, entre las concausas y las causas , aquellas artes mos al separar este género de los demás. P orq ue, si se di-
qu e tienen que ver con la ciudad misma , de mod o qu e de. jese que to do cuanto existe es instrumento para una cosa
bemos comenzar deslindándolas unas de otras. u otra, la afirmación pod ría ser atendible. Per o, entre las ~
J . Sóc. - Es cierto. posesio nes de la ciudad, ha y una sobre la que queremo s
EXTR. - ¿Sabe s qu e es difícil seccionarlas en do s? Y decir lo siguiente.
e el motivo, según creo. a medida que procedamos lo vere- J. SÓC. - ¿Qué cosa?
mos con claridad . EXTR. - Q ue no posee esta misma función insrrumen-
J . SÓC. - Es necesario . entonces, q ue avancemos. ta l; po rque no está co nstituida . como un instrum ento , co n
EXTR . - Dividám oslas miembro a miem bro , como a el propósito de ser causa de la producción , sino de preser-
una víctima sacrificial, puesto que nos resulta imposible var lo que ha sido ya fabricado .
hacerlo en dos. Por cierto. siempre se debe seccionar en J . Sóc . - ¿A qu é poses ión te refie res?
un núm ero de partes que sea, en lo posible, el más cercano EXTR. - A aq uella especie que asume todo tipo de For-
al dos 83 . mas, confeccionada para contener los sólido s y los líqui-
J . Sóc . - ¿Y có mo debemos hace rlo ahora? dos, para lo que va al fuego y par a lo que no va al fuego ,
a la que, ap licándo le un único nombre, llamamos «reci-
piente» , una especie verdaderamente muy vasta y que. se-
IJ Esta división miembro a miembro se señala en Pedro 265e. El texto
gún creo, no conviene en absoluto a la ciencia que esta- 2~~Q
griego dice sólo "por el número más cerca no» pero debe entenderse tal
ma s busca ndo .
como lo he traducido, si se compara con Filebo 16d. S KE MP , en cambio,
tradu ce: " dividir en el mínimo número de divisiones que la estructura 1. SOC. - ¿Y cómo iba a convenir?
permita».
570 DI ÁLOGOS PO LÍTICO 57l
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EXTR. - Consideremos ahora una tercera especie de po - J . SÓC. - ¿Con cuál?
sesiones bien diferente de éstas: terrestre o acuática, móvil EXTR. - «Juego» es el nom bre que suele emplearse.
o inmóvil, valiosa o sin valía. que recibe un único nombre J . S óc . - Sin duda.
porque está hecha, en su totalidad, para sentarse en ella EXTR. - Así, este único nom bre convendrá que se apli-
y sirve siempre de apoyo para algo. que a todas esas posesiones; puesto que ninguna de ellas
J . SÓC. - ¿Cuál es? tiene un propósito serio , sino que todas, por el contrario,
EXTR. - La lla ma mos, en gener al, «soporte» 84, Y no se hacen a man era de juego .
es de ningún modo obra de la polít ica, sino mucho más J. Sóc . - También esto lo comprendo bastante bien . d
de la carpintería, la alfarería y la herrería . EXTR. - Ahora bien, lo que proporciona cuerpo a to-
J. SÓC. - Comprendo . das estas cosas, es decir, aq uellos mate riales a partir de
b EXTR . - ¿Y cuál será la cuarta? ¿A caso debemos decir los cuales y en los cuales todas esas art es que ahora men-
que hay una especie diferent e de las an teriores y que com- ciona mos fabrican sus productos, a esa especie tan variada
prende la mayor parte de las cosas de las que antes hab la- que es hija de tantas artes diferentes, ¿acaso no la ubicare-
mos, el conjun to de to dos los vestidos y la mayor parte mas en sexto lugar?
de las ar mas , los muros, así como todas las cercas de tierra J . Sóc. - ¿A qué especie te refi eres exactamente?
o de madera y much ísimas otras cosas? Puesto que todas EXTR. - Al oro, la plata y cuan to se extrae de las mi-
ellas están confeccionadas par a servir como medios de de- nas, y a todo lo que el arte de cort ar y podar los árbo les
fensa, con toda justeza podría llamársel as, en general, «de- en su conjunto proporciona a la carpinte ría y a la cestería;
fensa» , y hab rá que considerarlas en su mayor parte ob ras y además, el arte de descortezar las plantas, así como el
del arte de construir y del arte de tejer, con mucha mayor arte del curt idor , que despoja de su piel a los cuerpos e
razón que de la política . de los an imales, y cuantas artes tienen que ver con ta les
J . Sóc. - Perfecta mente . actividades y trabajan el corcho, el papiro , las cuerdas y
e EXTR. - En qui nto lugar , ¿acept aríamos ubicar todo permiten fabricar especies comp uesta s a partir de géneros
cuanto se refiere a la ornamentación y la pintura y todas no compuestos. Y a esta especie de posesión en su conjun-
las artes que, sirviéndose de esta' así como de la música, to la llamaremos, con un único nombre, «posesión primi -
ejecutan imitac iones que son realizadas só lo para nuestro genia del hombre), que es simple y que de ningún modo
placer y a las que podría abarcarse con justicia con un es ob ra de la ciencia real.
único nombre? J . Sóc . - Mu y bien.
EXTR. - Por fin, la adq uisición del alimento y de to-
34 óchlmu. Los traductores, en general, con excepción de F ¡¡'ACCAR O-
das las cosas que, mezclan do partes de sí mismas con
LI, traducen por «vehículo». Más correcto, sin emba rgo, nos parece to-
partes del cuerpo , tienen cierta capacidad de conservar la 289a
mar este término en su sentido más amplio, para designar toda cosa que
está hecha para sostener o servir de apoyo a otr a. Para el significado salud de éste por medio de sus propias par tes, debemos
de cada uno de estos siete géneros, remito a las excelentes notas de SKEMP. decir qu e constituyen la séptima clase, deno minándolas, en
) I

572 DIÁLOG OS POLÍTI CO 573

bloq ue, «nuestr a nodriza », a meno s que di spon gamos de a ca rda r y a las demás activida des que men cionamos. Y
ot ro nom bre mejor. Y si asigna mos todo est o a la agricu l- todos los dem ás - q ue eran , según dijimos , concausas-
tura, a la caza, a la gimnasia. a la medicina y al a rte cu li- junto co n las activida des recién mencion ada s, han queda-
nario, será más cor recto q ue atribuirlo a la política. do eliminados y deslindado s de la actividad real y política . d
J . Sóc. - ¿Cómo no'? 1. SÓC, - Así parece, al meno s.
EXTR. - De este modo . cas i todos los tipos de po sesio- EXTR , - ¡Ea , pues! Exam inemo s a los que restan, acer-
nes, a excepc ión de los anima les do mésticos, creo que han cá ndo nos bien a ellos para poder verlos con mayor nitidez.
sido mencionados en estos siete géneros. Pero fíja te en es- J . Sóc. - Hagámosto, si.
to : lo más justo hubie ra sido poner en pri mer término la EXTR . - En verdad, los servidores que lo so n en el sen-
b especie primigenia, después de ella la especie «instrumento», t ido más pleno 86 -si los miramos desde nuestra pe rs-
luego «r ecipi en te» , luego «soporte» , Juego «defensa», Jue- pectiva- descubrimos que poseen una ocupa ción y un
go «objeto de j uego» y, finalmente, «alimento ». Lo que carácter opuestos a los qu e sospechábamos.
hemos omitid o -salvo Que se nos ha ya escapado algo J . SÓC. - ¿Qué servidores?
importante- es posible acomodarlo en alguna "de estas es- EXTR . - Aquellos qu e pu eden comprars e con dinero
peci es. como, por ejemplo, la cla se de las monedas, de y qu e, de ese modo, constitu yen una pose sión , ¿no es in-
los sellos y de toda impronta. Porque est as cosas no po- disc utible que a ellos tenemos que llamarlos «esclavos» ,
seen en sí ningún género im po rta nt e Que les sea co mú n, y de nin gún modo pueden pretender al arte real ? t

sino que a algunas se las puede concerta r con los ornamen- J, Sóc. - ¿Cómo pod rían?
tos, a otr as con los instru me ntos, a la fuerza, claro está, EXTR. - ¿Y en tonces ? De entre los ho mbres libres,
y forzándolas un poco. En cua nto a la poses ión de a nima- aq uellos q ue se enro lan volunta riame nte al servicio de los
les domésticos, con excepción de los esclavo s 85, el a rte de qu e poco a ntes me ncionamos 87 , Que int ercambia n los pro-
e criar rebaños Que a nter iorme nte distri buimos en pa rt es lo d uctos de la agricultura y de las dem ás a rtes, que los dis-
comprende cla ram ente todo. tribuyen, sea en los mercado s, sea t rasladá ndose de ciudad
J . S6c. - Sin duda alguna . e n ciuda d por ma r o por tierra . tr ocand o moneda por mero
EXTR . - Nos queda aú n el grupo de los esclavos y de canelas o moneda por moneda, y a los que da mos el nom-
los servido res en su tot alidad , entre los cuales, según creo bre de ( cambiadores de dinero », ( comercia ntes», «arma -
adi vinar , aparecerá n a nuest ros ojos quienes le disputan
al rey la confección misma del tejid o, así como antes se 16 S KEMP prefiere ente nder el megtstous hyptrélas como «la clase más
lo disputaban a los tejedores quien es se dedicaba n a hila r, amp lia de servido res».
17 Sólo puede ref erirse a los artesanos de las siete ar tes antes enume-

.~ Plat6n no considera al esclavo entre los instrum entos, como ha ce radas, porq ue los mencionados inmediatamente antes son los esclavo s.
en Po!{ticQ r 3, 12S3b, sino corno un integrante de la clase
AlllSr ÓTE LES S TALLIlAUM, ant e la dificultad, enmienda el texto ; F RACCA1lOLI, q ue acoge
de po sesiones de seres vivos, como una especie de ser vivo manso . Cf'., esta enmienda , trad uce: «aq uellos que se enro lan voluntariame nte a ser-
más adelan te, 309a. vir, ju nto con los q ue acabamos de menciona r».
574 DI ALOGOS poLÍTICO 575

290<1 dores» y «revende do res) , ¿tienen acaso alguna pretensión J . Sóc . - Sí.
en los as untos polú lcos? E XTR, - Y, a su vez, ta mbién el género de los sacerd o-
J . Sóc. - Ta l vez podria ser en la política come rcia l. tes, según habitualmente se afir ma, es el qu e, po r medio
EXTR. - En todo caso , los que reciben un salario y de sacr ificios, sabe o frece r a los d ioses, de nuestra parte,
los mercenar ios --quienes, po r lo visto, están dispuestos presentes que son de su agrado y roga rles con sus ple- d
a presta r sus servicios a tod o el mundo-, jamás encontra- ga rlas que nos conceda n la pos esión de bienes. Éstas so n,
remos qu e pretendan ejercer el a rte real. una y otra , sin duda, porciones del a rte de presta r servicios .
J . Sóc. - ¿Cóm o podrían pretenderlo? J . SOC . - Tal pa rece, en efecto.
EXTR. - ¿Y qué decir de quienes en toda ocasión nos EXTR . - Ah ora creo qu e ya encontra mo s, po r así de-
prestan estos otros servicios? cirlo, la hu d la qu e no s llevar á hacia donde nos dirigim os.
J . Sóc. - ¿A qué servicios te refieres y a quiénes? Porque, en verdad, la clase de los sacerdotes, así como
b EXTIl. - A aquellos entre los cuales está la estirpe de la de los adivinos , están henchidas de nobleza y gozan de
los heraldos y todos cua ntos, a fuer za de presta r sus servi- alta estima , deb ido a la importancia de la lab or qu e tienen
cios, aca ban frecuentement e por volverse diestros en las entre ma nos, a tal punto que en Egipto no se perm ite que
escrituras, así como algunos otros muy capaces de llevar el rey gobier ne sin te ner rango sacerdo tal, y si se da el
a cabo una cantidad de funciones diversas vinculadas co n caso de Que algu ien proveni ente de otra cas ta se im ponga ~
las magistra turas. ¿Qué diremo s de ellos? " . po r la fuerza , debe ingresa r po ster io rme nte en ese géne-
J . Scc. - Lo que aca bas de afirma r: qu e son servido- ro 89 . Ad emás, también en muchos lugar es de Greda cua l-
res, pero que no son ellos Quienes gobierna n las ciud ades. quiera podría com pro bar qu e a las prin cipales magistratu-
EXTR. - Sin emba rgo, estoy seguro de no haber esta- ras les está impuesto celebrar los sacrificios más importa ntes.
do so ña ndo cuan do dije que po r este lado aparecerán los Y, po r cierto, ta mbién entre vosotros no es menos evidente
qu e pret enden especialmente tener derecho a la po lítica; lo qu e estoy diciend o ; en efect o , según se dice, a q uien
aunque del tod o a bsurdo seria, al pa recer, buscar a estos le ha tocado en suerte el ca rgo de rey se le asigna la fun-
e indi viduos en algun a secció n del a rte de servir . ción de celebra r aquellos de los an tiguo s sacrificios qu e
J . SÓC. - Com pleta mente. sin duda . so n los más solemnes y los que más ha co nsagrado la
E XTR . - A cerqu émonos a ún más a los que todavía no tr ad ición.
hemos examinad o . Se tra ta de qu ienes se dedican a la ad i- 19 J. GWYN GRIFHTKS . «P lat o on p nests a nd Kings in Egypt», cuus.
vinación y tienen una parcela de una ciencia relativa a la Rev., NS, t 5 (l965) 2, págs. 1 ~ 6-7 , sostien e que la desceipcié n que aq uí
prestación de serv icios; en efecto, se los considera, gene- hace Pla tó n se ad a pta perfectame nte a la figura de Haremhab , rey de
ralmente - creo yo-, int érpretes de los d ioses para los la dinastía XVIII (reinó ca. 1320-1308 a. C .), q ue fue d ura nte a lgún tlem-
hom bres. pe co ma nda nte militar baj o Tutankam ón y logró apod erar se del tro no
cua tro anos después de la muerte de ést e, asumiendo entonceslas funcio -
11 P ar a la explicació n de las ca racterísticas y fu nciones de los diversos nes religiosas. Precisam ente el btasámenon que emplea Platón podría apli-
servidores, rem ito a las extensas not as de St::EMP. ca rse a d mira blemente al modo de acceso al trono de H aremhab.
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576 DIÁ LOGOS p o LÍTIC O 577

J . SÓC. - Así es, en efect o. J . Sóc . - ¡ y a eso sí que no debemos renunciar !


291Q EXTR . - Po r lo ta nto , de bemos exa mina r a éstos que EXTR. - Clero que no, al menos según mi opinión. Pe-
por sorteo han sido elegidos reyes y simultá neamente sa- ro respónd eme a esta pregunta ...
cerdot es, así como a sus servidores, y también a otro enor- J . S óc. - ¿Cuál?
me gentío que ahora mismo tenemos a la vista. una vez EXTR . - ¿No es la monarquía una de las formas de d
que hemos descartado a los anteriores. gobierno político que nosot ros conocemos?
J . Sóc. - ¿Y Quiénes son ésos a los q ue te r efier es? J. Sóc . - Sí.
EXTR. - So n gente muy insólita . EXTR. - Y, desp ués de la monarq uía , podría mencio-
J . Sóc. - ¿Có mo? nar se -ccreo yo - el dominio ejercido po r unos pocos.
EXTR. - Una raza formada de especies de todo tipo 1. Sóc. - ¿Có mo no ?
es la suya, tal co mo se me muestra a pri mera vista. Por que EXTR . - l a tercera fonna de régimen político ¿no es
muchos de esos hombres se asemej an a leones , centauros el gobierno de la muchedumbre, que recibe el nombre de
b y otros animales por el 'estilo , pero muchísimos de ellos «democracia»?
se parecen a sátiros y a las bestias débi les pero muy astu- J . Sóc . - Muy cierto .
tas; rápidam ente intercambian sus características y sus ap- EXTR . - Y, aunque se trata de tres formas , ¿no se vuel-
titudes. Y ju stamente. Sócrates. en este momento me pare- ven, en cierto sentido, cinco, engendrando de su propio
ce que acabo de comprender a estos hombres. seno otros dos nombres adicionales?
J . SÓC. - Habla ya; por que da la imp resión de que J . Sóc . - ¿A qué nombres te refieres?
está s viendo algo insólito . E XTR . - Creo que, si tomamos nota de los caracteres t
Exra . - Sí, dado que lo insólito es siempre resul- q ue se dan en ellas -sujeción forzada o aceptació n volun-
tado de la ignorancia. También yo sentí aho ra esa misma tar ia , pobreza o riqueza, legalidad o ausencia de leyes-
e impresión: Quedé repentinamente desconcertado al ver y d ividimos en dos a cada uno de los do s primeros regfme-
ese coro que evoluciona en torno a los as untos de la nes, a la mo narquía , en tanto da lugar a dos especies,
ciudad . podemos designa rla con do s nom bres: «tiranía» y «reina-
J . Sóc. - ¿Cuál coro ? do».
E XTR . - El de todos los so fistas 90, eno rme embauca- J. S óc . - ¿Y qué más?
do r y el más versado en este arte. A él debemo s aislarlo EXTR . - A la ciudad que se halla bajo el poder de unos
de to dos aquello s Que son verdade ra mente políticos y re- pocos la llamamos, según el caso , «aris tocracia) u «cliga r-
yes, aunqu e sea dificillsimo hacerlo, si queremos ver con quía».
toda claridad lo que estamos buscand o. J . Sóe. - Perfectamente.
EX TR. - En cuanto a la democracia, por su parte, es
90 Para el sofista como emba ucador, cf. Sofista 234e-235a . En la tra-
seguro que si la muchedumbre gobierna a quienes poseen
ducción de este pasaj e sigo a FIi.~C C~ROLI (cf'. n. lid loe.). fortuna , imponiéndose por la fuerza o con la aceptación 2920

117. _ 37
578 D IÁLOGOS poLÍTICO 579

voluntaria de los súbd itos, sea que respete celosam ent e las tre las demás como una ciencia crítica, sin duda. y pres-
leyes. sea que no lo haga. de todos modos nadie suele cam - criptiva 9).
biarle el nombre 9 1. J . Sóc . - Si.
J . Sóe. - Es verdad . EXTR . - De la prescriptiva hab íamos distinguido una
EXTIl . - ¿Y entonces? ¿ Pensa mos q ue a lguno de esto s pa rte referida a seres inanimados y ot ra referida a seres e
regímenes políticos sea recto, en tanto en cua nto se lo defi- vivos; y, prosiguiendo de ese modo la part ición, hemo s
ne con estos t érminos , a saber, «uno », «pocos» o «mu- ido ava nzando hasta llegar al pun to en el que estamos ,
ches», «r iqueza» o «pobreza», «imposición forzada» o sin haber perdido de vista la ciencia en cuestión , pero sin
( aceptació n vo luntaria», «con cód igos escritos» o «sin haber podido precisar au n de un mo do suficiente de qu é
leyes»? ciencia se trata.
J . S6c . -
¿Y q ué es lo que lo impide? J . SOC . - Estás en lo cierto.
b EXTR . - Examina el asunto con mayor precisión, si- EXTR . - ¿No no s damos, pues, perfecta cuenta d e que
guiéndome por este camino . no es posible que la característica que las distingue sea «po-
J . Sóc. - ¿Por cuál? COS» o «muchos» , ni «aceptación voluntaria» O«no volun-
EXTll. - ¿Nos aten emos a lo que dijimos al principio taria», ni «po breza» o «riqueza» , sino una cierta y deter-
o le retiramos nuestro acuerdo? min ada ciencia , si queremos ser consecuentes con lo
J . Sóc. - ¿A qu é te refieres? anterior?
EXTR . - Ha bíamos dicho - creo yo- que el gobierno J . SOC. - Sí, j ustamente. No puede ser de otro mod o . d
real era una de las ciencias 92. EXTIl.. - Necesariamente, en efecto, lo que debe mos
J . SOC. - Sí. exa mina r ahora es en cuál de esto s regímenes po líticos se
EXTR . - Pero no . claro está. de las ciencias to ma das halla la ciencia del gobierno ejercido sobre los hom bres.
en su co njun to , sino que la hab íamo s seleccionado de en- qu e es casi la más di ficil y la más importante de adq uirir.
Porque es preciso tenerla a la vista para poder advertir
a quiénes se debe aislar del rey sensa to : a gentes que presu-
9 1 La misma clasificación de las formas de gobierno se encuentra en men de ser políticos y se lo hacen creer a muchos, pero
l EN.• Memor. IV 6, 12. con la sola diferencia de que se habla de «pluto-
q ue no lo so n en absoluto.
cracia» en lugar de «oligarqu!a». Jenc fcnte ap lica las d istinciones entre
gobiernos con leyes o sin ellas y con la aceptación voluntaria de los súb-
J. Sóc . - Sí, es esto lo qu e debemos hacer, como lo
ditos o sin ella sólo al gobierno de un único individuo. Platón extiende indicó ya el argumento .
estos criterios también a las otras formas. No puede asegurarse cuál sea EXTR . - ¿Crees acaso que la mu chedumbre de una ciu- ,
la fuente de Jeno jonte, pero probablemente se trate de algún otro diálo- da d es capaz de procurar se esta ciencia?
go político de su época: en todo caso. reproduce una clasificación fami-
liar. CL T . A. S INCLA1R, A His/ory of Greek Poliucal Though/, Nue.. . a
York, 1968, págs. 169-185. ~) cr. supra, 26Oc. AJIi se habló de «ciencia directiva». Hay ahora
n cr. sup ra. 258b. un leve cambio terminológico. pero conceptualmente se trata de 10 mismo.
580 DIÁLOGOS p oLÍTICO 58l

J . Sóc. - ¿Cómo podría? prescripciones respondan a un arte y, al pu rgamos o redu-


EXTR. - ¿Y es posib le qu e, en una ciudad de mil horn- cir de algún ot ro modo nues tro peso o bien aumentarlo,
brcs, unos cien - o , ta l vez, cincuenta- pud ieran procu- lo ha gan para bien de nuestro cuerpo, mejo ren su estado
rá rsela suficientemente? y salven con sus tratamientos a los pacientes a su cuidado .
J . Sóc . - Si así fuera, sería ella la má s fáci l de todas De este modo, en mi op in ión, y no de ot ro , podemos e
las artes. Porque sabe mos qu e de entre mil hombres jamás determinar que esta caracteriz ación es la única recta de
podría darse tal núm ero de jugadores eximios de tablas la medicina y de cualquier otro tipo de actividad rect o-
reales 94 , comp arad os con los de otras partes de G recia, ca.
y mucho menos semejant e can tid ad de reyes. Así pues, a l . Sóc . - Perfectament e.
quien posee la ciencia real, ejerza el gobierno o no lo ejer- E XTR. - Por necesida d, entonces , de entre los regíme -
293a za, en todos los casos, conforme al anterior argumento, nes políticos, al pa recer, es recto por excelenc ia y el único
debe llamársele «real» . régimen político que puede serlo aquel en el cual sea pos i-
EXTR. - Has hecho bien en recordarlo. Y, como con- ble descubrir que quienes' gob iern an son en verda d dueños
secuencia de esto, creo yo, el recto gobierno deb emo s de una ciencia y no sól o pasan po r serlo ; sea qu e gobier-
buscarlo en uno , en dos o en un número muy reducido nen conforme a leyes o sin leyes, con el consentimiento
de personas, en el caso de que se realice un gobierno de los gob ernados o por imposición fo rzada, sean pobres d
recto . o ricos , nada de esto ha de tenerse en cuenta par a determi-
l . Sóc. - Así es. na r ningún tipo de rectitud.
E XTR . - Estos hom bres, gobiernen con la aceptación J . Sóc . - Muy bien.
voluntaria de sus súbditos o sin ella, según códigos escritos E XT R , - Y si, tal vez, mandan a la muer te o destierran
o sin ellos , sean ricos o pobres, debem os consider ar - t al a algunos individuos para purificar y sanea r la ciudad, o
como poc o antes pensábamos- que ejer cen su gobi erno, si envían aquí o allá colonias como si fuera n enjam bres
cualquiera qu e sea , confor me a un arte. Otro tant o ocurre de ab ejas para reducir la ciuda d o, po r el contrario, traen
b en el caso de los médicos : que nos curen con nu est ro asen- inmigrantes de algún otro lad o para a umentar su volumen,
timie nto o sin él, corta ndo , qu emando o provocándonos mientras procedan con ciencia y justicia para salvarla e
algú n otro sufrimiento , lo hagan según un código escrito int roduzcan en lo posible mejoras, debemos decir, at enién-
o pr escindiendo de él, sean pobres o ricos, en nin gún caso donos a tales rasgos, que es este régimen polít ico el único e
vamos a dejar de llamarlos «médicos», siem pre qu e sus rec to . En cua nto a todos los demás de los que hablamos,
debe decirse que no son legítimos y qu e, en realidad, no
94 pcueytai. La petld a era un juego pare cido al de las damas ; j uga- son regímenes políticos, sino qu e imita n a éste; unos, aqu e-
ban dos personas , cada una con cinco guijar ros, sobre una tabla dividida
llos que decimos qu e están regidos por buenas leyes, lo
por cinco líneas . PLATÓN ha ce referencia a él en Cúrmides 174b, Atcibta-
des, Tl IOe, Gorgtas 45üd, Fedro 274d. Repúbííca 333b, 374c, 487b, Le -
im ita n del mejor modo; los otras, en cambio, de la peor
yes 9ü3d. man era.
582 DIÁLO GOS pOLíTIC O 583

J . Sóc . - Sobre las demás cuest iones. extra njero , me EXTR . - y la ley. en cambio - eso está c1aro-. pr áctí-
parece que te has expresado con mesu ra; pero eso de que camente pretende lograr esa simplicidad, como haría un ~
se deba gobe rnar sin leyes es un a afirmación qu e res ulta hom bre fatuo e ignorante que no dejara a nad ie hacer na-
más dura al oído 9$. . da contra el ord en por él estab lecido. ni a nadie preguntar .
EXTR. - Tu pregun ta se ha ade lantado un poco a la ni au n en el caso de que a alguna persona se le ocurriese
2940 mía , Sócrates; porque lo que iba a pr egu nt a rl e es si ace p- algo nuevo que fuera mejor. ajeno a las disposicio nes que
tabas todo lo dicho o bien si había en ello algo que te él habí a to mado .
disgustara . Ahora ya está claro que tendremos que expo- J . Sóc . - Es verdad . La ley. en efecto. proced e con
ner preci same nte la cuest ión sob re la rectitud de quienes cada uno de nosotros exacta mente como acaba s de decir.
gobi erna n sin leyes. EXTR . - ¿No es, entonces. imposible que se adapte bien
J . SÓC. - ¿Y cómo no? a lo que jam ás es simple aquello que se mantien e co nstan-
EXTR. - En cier to modo. es evidente que la fun ci ón teme nte simple?
legislati va compete al arte real; lo mejor, sin embargo, es J . S6c. - Es muy posible.
qu e imperen. no las leyes, sino el hombre real dotado de EXTR . - Per o. entonces. ¿por qué es necesario legis-
sensatez. ¿Sabes por Qué? lar , dado Que la ley no es lo más correcto? Tratemos dc d
J . SÓC. - ¿Q ué Quieres decir? descubrir la cau sa de esta necesidad.
EXTR. - Que la ley jamás podría abarcar con exacti- J. Sóc. - ¿Có mo no?
b tud lo mejor y más justo para todos a un tiempo y pr es- EXTR. - Ent re vosotros, como en otra s ciudad es, ¿no
cribir así lo más útil para todo s. Porque las desemejanzas hay ciertos ejercicios practicado s por grupos de hombres
que existen en tre los hombres. así corno entre sus acciones. Que se preparan para la carrera o para alguna otra activi-
y el hecho de que jamás ningún asunto humano - pod ría dad co n el solo propós ito de competir?
decirse- se está quieto. impiden que un arte . cualquiera J. S6c . - Claro que sí. y muchos.
q ue sea. revele en ningún asunto nad a que sea simple y EXTR. - Anda. pues; traigamos a la memoria las di-
valga en todos los casos y en todo tiempo . En esto estamos rectivas de quienes enseñan gimnasia con un arte y ejercen
de acuerd o . ¿no es cierto ? su go bierno so bre tales grupos.
J . SOC. - Sí. por supuesto . J . Sóc. - ¿Qué tipo de directivas'!
EXTR. - Ellos considera n que no es posible ocupa rse
de cada caso en part icular y prescribir lo Que conviene a
~ Platón pone esta observación en boca del Joven Sócrates. porque cada cuerpo, sino qu e es pr eciso -creen ellos- impartir
sabe perfectamente que su leorJa choca con las concepciones corrientes las órdenes de un modo más general, prestando ate nción t
y generaliza das. Para Platón, la fuerza y el poder han de pertenecer no
a lo que es más ventajoso a los cuerpos en la mayoría
a las leyes. sino 5610 a aquel individuo que posea el saber; la ciencia
está siempre por encima de la ley. Ce. J. LUCC ION1, La pens ée potítíque de los casos y para la mayo ría de las personas.
de Pkuon, París, 19S5, págs. 248 y sigs. J . Sóc . - Muy bien.
t
"
l 84 D IÁLOGO S POLÍTICO sss
EXTR. - En co nsecuencia. al asignar a to do el conj un- que está por ausentarse ~ perman ecerá lejos de sus pacien-
to iguales ejercicios. a lodos juntos los hac en iniciar el tes - o al menos eso piensa- por largo tiempo; si supo ne
movimiento y a todos ju ntos también les h acen cesa r la que sus discípu los o pacien tes no recordarán sus prescrip-
carrer a. la lucha y todos los eje rcicios físicos. cio nes, ¿no querría dejarles ind icacio nes po r escrito ? ¿O
J . SÓC . - Así es. no lo crees?
EXTR . - Así tambi én debemos pensar q ue el legisla- J . SÓC. - Así es.
da r. que es quien co ma nda a esos rebaños en lo que a EXTR . - Pero ¿q ué ocurriría si regresase al cabo de
295a la justicia y los co ntratos recíprocos se refiere . nunca será una ausencia más breve de la prevista? ¿No crees que se
capaz, puesto que imparte sus órde nes en conj unto , de at ri- a nima ría a sustit uir po r otras aquellas indicaciones que ha-
buir con exactit ud a cad a uno en particu lar lo que le bla dejad o por escrito , si se hubiera dad o una condició n
conviene. más favorable en los enfermos , causada por los viento s d
J . S6c. - Es, al menos, verosímil. o por cualquier otro fenómeno procedente de Zeus, q ue,
EXTR.. - Pero creo yo que es según lo que con viene contra toda expectativa, se hubiera producido de un mod o
a la mayoría de las personas y en la mayoría de los caso s diferente del hab itual? ¿O bien sostendría a pies j unt illas
y, en cierto modo , en general , como establecerá la ley pa ra que no se deben transgredir las an tiguas normas ni ímpar-
cada uno, tanto cua ndo la promulga en un códig o escrito tir otras indicaciones y que el enf ermo no puede at rever~e
como cuando legisla sin escribir . pero siguiendo las cos- a actuar contra la letra escrita, tod o ello en la convicción
t umbres tradicionales. de que sólo eso es lo medicinal y saludable y lo que se
J . Sóc . - Es cierto . da , en cambio, de ot ro modo . es nocivo y ajeno al arte?
EXTR. - Cierto , sin d uda . Pues ¿cómo, Sócrates; P04 ¿O bien todo proceder semejante en el ámbito de la ciencia
b dría haber alguien capaz de pasarse la vida sentado j unto o del art e verd aderos no acarrea ría , en todos los casos, f!
a cada individuo pa ra poder as¡ ordena rle con exactitud el más grande ridículo sobre tal modo de legislar?
lo que le conviene? Porqu e, si existiese alguien capaz de J . Sóc . - Ent eramente, por cierto.
tal cosa -según creo-, uno cualquiera de los que poseen EXTR. - Tomemos ahora el caso de qu ien haya insti-
en verda d la ciencia real, di fícilmente se pondría t rabas tuido leyes, por escrito o sin escribir. sobre lo justo y lo
a sí mismo escribiendo eso qu e llamamos leyes. injusto . lo bello y lo feo, lo bueno y lo malo , para los
J . Sóc . - Tal resulta al menos, de lo que ahora se rebaños humanos que, repartidos en ciudades, pacen segun
dijo , Extranje ro. las leyes de Quienes las han escrito ; si regresase quien
EXTR. - Sí, pero más aún , querid o mio , de lo que t04 las ha escrito con arte o algún otro semejante , ¿no le
davia está por decir . sería lícito sustituir esas normas por otras diferentes? 2%17
J. Sóc . - ¿De qué? ¿O tal prohibi ción no sería tan ridícula como aq uella
EXTR. - De lo siguiente: supongamos , por ejemplo, el otra?
e caso de un médico, o tambi én de un maestro de gimnasia, J . Sóc. - ¿Y cómo no?
586 DIÁ LOGOS POLÍTICO 587

EXTR . - ¿Sabes lo que a propósito de esto dice la gen- sur ar tal violencia no qu ieren caer en el mayor ridículo ,
te en general? ¿no ha brán de decir , en cada ocasión, todo lo qu e qui era n
J . SÓC. - No me doy cuenta en este mom ento. salvo que quienes han sido forz ados han sufrido un trato
EXTR . - Y, sin embargo , es algo plausibl e. Dic en , en feo , inju sto y mal o por pa rte de qui enes los fo rzaron?
efecto, que si alguien conoce leyes mejores que las que es- J. S óc. - Del todo ciert o es lo que dices.
taban antes en vigencia, debe instituirlas. aunque no sin EXTR. - ¿Sería, quizá, que la violencia es just a si quien
ant es persuadir a su propia dudad , uno por uno, y no la ejerce es rico, e inju sta si es pobre? O, más bien , si
en el caso contrario. hace lo que es provechoso, usando la persuasión o sin usar-
J. Sóc . - ¿Y qué? ¿No es cor rect o? la, rico o pobre, según códigos escrit os o sin ellos, ¿no e
b EXTR . - Tal vez. Pero ent onces, si, sin usar la per- ha de ser éste, en tales casos, el carácter distintivo más
suasión, alguien impone por la fuerza lo qu e es mejor, res- auténtico de la recta administración de la ciuda d, carácter
pónd eme: ¿cuál será el nombre de esta violencia? Pero no, según el cual el hombre sabio y bueno administrará los
no me cont estes aún a esto; será mejor que volvamos sobre asuntos de la gent e a la que gobi ern a? Así como el piloto,
el ejemplo anterior . procurando siempre el provecho de la nave y los navegan-
J. Sóc . - ¿A qué te refieres? tes , sin establecer normas escritas, sino haciendo de su 2970
EXTR. - Supongamos que un médico, sin persuadir al arte ley, preserva la vida de quienes con él navegan, así
paciente pero con un per fecto dominio de su ar te, obliga ta mbién, del mismo modo , ¿de quiene s tienen la capacidad
a un niño , un hombre o una muj er a hacer algo que sea de ejercer de esta maner a el gobierno, podría proceder el
mejor, aunque vaya contra los preceptos escritos, ¿cuál se- recto régimen político , ya qu e ellos ofrecen la fuerza de
rá el nombre de esta violencia? ¿Es alguna ot ra cosa qu e su arte , qu e es superior a la de las leyes? ¿Y para quienes
el error que, según se dice, se perpetra cont ra el arte y todo lo hacen goberna ndo con sensatez, no ha y error posi-
e que es nocivo? ¿Y la persona qu e ha sido forzada no ble, siempre y cuando tengan cuidado de la única cosa im-
tendrá el der echo de decir todo lo que se le ocurra, meno s portante, que es el dispensar en toda ocasión a los ciu- b
qu e ha sido objeto de un trato nocivo y sin arte por parte dadanos lo que es más justo, con inteligencia y arte, y sean
de los médicos que la for zaron? capaces así de salvarlos y hacerlos mejores de lo que eran
J . Soc. - Muy cierto es lo que dices. en la medida de lo posible?
EXTR. - ¿ y qué es, en nuestra opinión, el error qu e, J. Sóc. - No hay modo de reba tir lo qu e has dicho .
según se dice, se perp etra contra el arte político? ¿No es EXTR. - Ni lo habr á tampoco de rebatir esto otro ...
acaso lo que es feo, lo qu e es malo y lo que es injus to? J. Sóc. - ¿A qu é te refier es?
J . Sóc. - Exa ctamente. J EXTR . - A que nínguna muchedumbre de nin gún tipo
EXTR. - Pensemos ahor a en quienes son for zados a sería jamás capaz de adquirir tal ciencia y de administrar
cumplir, contra los precep to s escritos, otras accion es má s una ciudad con inteli gencia , sino que es en algo pequeño "
d justas, mejores y más bellas que las an teriores; si al ceno y escaso , más bien en la unidad, donde debe buscarse aquel
588 DI ÁLOGOS pOL í TICO 589

régimen po lítico que sea recto , y a los demás considerarlos co n la muerte o las más duras penas, Y esto es (o más
imitaciones - ta l como se dijo un poco antes-e, algunos recto y bello en segundo término, una vez excluido aquel
de los cuales imitan de la mejor manera y ot ros de peo r princip io del q ue poco antes habla mos. Pero cómo se ha
mo do 96 . llegado a eso q ue llamamos segundo recurso , tenemos que
J . Sóc. - ¿Qué estás queriendo decir con eso? Por que trat ar de explicarlo bien. ¿No es cierto ? 9K.
tampoco ant es acabé de entender bien lo que se refiere a J . SÓC. - Ent eramente de acuerdo .
las imitaciones. EXTR. - Volvamo s, pues, a las imágenes que siempre
EXTR. - No es, sin duda , poca cosa que, desp ués de usamo s para representa rnos a los go bernantes reales,
habe r suscitado esta cuestión. se la dejase de lado en luga r J . SÓC . - ¿Cuá les?
de pro seguir para poner de manifi esto el error cometido EXTR. - El noble piloto yel médico «que vale por mu-
a pro pósito de este pun to . chos otros » 99 . Observemo s, en efecto, una situación en
d J . Soc. - ¿Qué error? la qu e podríamos imaginar que ello s se encuentran .
EXTR. - Lo Que debemos buscar es algo no mu y hab i- J . Sóc . - ¿Cual1 ~t"
tual ni fácil de ver. Tratemos, sin embargo , de alcanzarlo . ExTR . - Ésta: supo n, por ejemplo , que to dos nos ~
¡Vamos! Ya que, para nosotros, el único recto es ese régi- pusiéra mos a pensar, a propósito de ellos. en los terribles
men político del que hemos hablad o , ¿sabes que los demás da ños que pod emos sufrir por su causa. En efecto, a aquel
podrán salvarse sólo si se sirven de los lineamientos 9 7 de de nosotros al que cada uno de esos dos hombr es quisiera
aqu él, haciendo lo que ahora se aprueba , aunque no sea salvar, lo salva ta nto el uno como el otro, pero a aquel
lo más recto? al que quisieran dañar, lo daña , corta ndo su carne, que-
J . SÓC. - ¿Qué cosa? mánd ola y exigiendo al paciente el pago de sumas de dine -
• EXTR . - Que ningú n ciudadano se atreva a act uar en ro a manera de trib utos, dinero del que poco o nad a es
cont ra de las leyes y que quien as¡ lo haga sea castigado lo que destinan al enfermo, empleando el resto para sí )'
sus allegados; y dejá ndo se al fin sobornar por cierto s b
... Los di ferentes tipos de gobierno pos ibles de hecho son, lod os ello s,
ímu a ciones de un pa rad igma, q ue es aq ud régimen perfecto en el q ue " P latón reco noce q ue en los Esta do s d e hecho es preciso legisla r,
go bierna un individuo dolado de ciencia. Esta for ma pe rfecta de gobi er- pero a firm a q ue las leyes no son sino un «se gundo recur so», un mal
no tiene el carácte r d e un mod elo eje mplar o u n pat r ón que ha de servir meno r. Sólo en los gobie rnos imper fectos se pla ntea como u na exigencia
com o criterio pa ra [uzgar la mayor o menor bondad d e cada fo rma real la ley y la obed iencia a ella, y sólo en esos go bier nos la ley co nstitu ye
d e gobierno. El pensamient o d e P lató n en este aspecto no d ifiere , en el mejo r pr incipio. Pero P lató n insist e en el ab surdo qu e acarrearí a el
10 esencial, del qu e expone en la R epública y, más ta rde, en las Leyes. consider ar Inmut ables la, leyes, erigiéndolas en pat ron es ab solutos. CL
91 Traduzco aquí syngr ámmata po r «lineamientos», polque Pl atón no L UCCIONI, 1AJ pe nsée...• pág!. 249-250.
está habla nd o aqu í de cód igos escritos del r égimen perfecto y paradi gmá - 99 eL H OME IlO , t i tad a Xl 514. Médico, ma estro de gimnas ia, pilot o ,
tico, sino má s bien de su estructura Intima y co nstituti va . Cf'. más ade- son ejemplos a los q ue Platón recurre a me nudo como modelo d e co mpe-
lan te, 301e, donde Platón hab la del «seguir las hue llas» del régim en po lí- te ncia técnica. c t. Protágoras 313d, Gorgias 464b-d , 465c, 467c· d , 47gb,
tico genu ino . 517e, 518e, 520b, 521a, Repú blica 406b, Ley es 916a .
590 DIÁLOGOS POL ÍTICO 59 1

familiares o enemigos del enfer mo. aca ban por matarlo . de ent re los ricos o bien de ent re el pueblo todo, aq uel
Los pilotos. también ellos, llevan a cabo ot ras innúmera- a quien le tocase por sorteo; y que los gob ernant es institui-
bles accio nes de este tipo : dejan a Quien quieren abando- . dos gobe rnase n de acuerd o con un có digo escrito cuando
nado en tierra al za rpar o , provocando algún accidente en tuvieran que pilotar las naves o tratar a los enfe rmos.
alta mar , lo arrojan al agua , además de otros malos proce- J . S6c. - Esto es aún más difícil de imagina r.
de res. Asi, si tras haber reflexion ado so bre todo esto to- EXTR. - Fíjate bien ahora en cuál es la consecuencia
máramos alguna decisión sobre ellos, esa decisió n seria la de esto. En efecto , una vez transcu rrido el afta correspon-
de no permitir a ninguna de esas dos artes gobernar por die nte a cada go bernan te. se har ía necesario const ituir tri-
e sí misma sin co ntrol ni a esclavos ni a ho mbres libres; bunales formados por individuos elegidos de entre los ri-
luego. reunir una asamblea formada por nosotros mismo s, cos o bien sorteados de entre el pueblo, hacer co mpa recer 2994
o bien por el pueb lo todo o sólo por los ricos; per mitir, ante ellos a los que hubieran finalizado su gobierno y ha-
por fin . qu e cualquier simple pa rticular y q uien se dedique cerles rendir cuentas , permiti endo q ue cualq uiera pudiera
a cualquier otro oficio emita su parecer tanto sobre la na- acusarlo s de no ha ber pilotado las naves durante el año
vegación como sobre las en fermedades: sobre el modo de conforme al cód igo escrito ni conforme a las antiguas cos-
administrar las medicinas a los enfermos y d e usar los ins- tumbres de los antepasados; y, otro tanto , en lo que se
t rumentos médicos, así como también sobre el modo de refiere a quien es curan a los enfermos. Y, finalmente , si
hacer uso de las na ves y de los instrumentos náuticos, a alguno de ellos se lo hallara culpable, sería preciso fijar
d tanto para el ma nejo de las naves como en relaci ón con qué pena debería sufrir O qué multa pagar.
los peligros de la travesía misma, peligros de los vientos , J . Sóc. - Es cierto que aq uel que se prestara volunta-
del mar , de encue ntros co n piratas, o , en fin, para luchar ria mente a gobernar en tales co ndiciones, merecería co n
con naves gra ndes contra ot ras del mismo t ipo. Suponga- toda j usticia esa pena y esa mult a . b
mos, ade más, que todo aquello que sobre estas cuestiones EXTR. - Y aún, ade más de todo esto, se haría preciso
le pareciera ace ptable a la muchedum bre y que resultase implantar una ley según la cual, si se sor prendiese a al-
del consejo de algunos médicos o pilotos, o bien de otros guien buscando el arte de l pilotaje o de la navegación , o
simples particulares, todo eso se grabara en tabletas o co- las reglas de la salud o la verdad médica sobre los vientos,
e lumnas y, 'e n parte, se institu yera , sin escrib ir, como cos- el ca lor y el frío , al mar gen de las reglas escritas, e inven-
tumbre nacional y que, luego , co nfo rme a todo esto en ta ndo cualquier sutileza sobre tales cuestiones, a tal indivi-
lo sucesivo se navegara y se practicaran los tratamientos duo , en primer lugar, no debería otorg ársele el nom bre
de los enfermos. de médico ni de piloto , sino de individuo que and a en las
J . Sóc. - ¡Bien desconcertante es lo q ue acabas de nubes o de sofista charlatán; luego, alegando que corro m-
decir! pe a otros hombres, más jóvenes, y los induce a dedicarse
EXTR . - Y supón, todavía , que anualmente entrase en a la náutica y la medicina de una man era no confor me ~
funcion es como gobernante de la muchedumb re;procedente a las leyes y a go bern ar despóticamen te a los navegantes
592 DI ÁLOGOS PO LÍTICO 593

y a los enfermos. quienquiera con el debido derecho po- liar se con forme a códi gos escritos y oblig ásemos a velar
dr ía denunciarlo y hacerlo comparecer ante un tribunal; por estos cód igos a qu ien de nosotro s hub iera sido electo
y, si se mostrase que persuadía a jóvenes o a ancianos co n- por votación o por sorteo , pero éste, sin preocu parse para
t ra las leyes y las normas escritas. se Jo cas tigarla con las nada po r las norm as escritas, po r lucro o para lograr una
pe nas más severas l OO ; nad a , en efecto, ha de haber má s satisfacción persona l, intentase llevar a cabo otras accio nes
sabio que las leyes; porque nadi e ignora ni la medici na diferentes de éstas, sin poseer ningún co nocimiento. ¿aca-
ni las reglas de la salud ni tampoco el arte del pilotaje so no sería éste un mal aún mayor q ue el anterior?
ni de la navegación, pues le es lícito a quien lo quiera apr cn- J . Soc. - Con toda seguridad .
d der las normas escritas y las costumbres tradicionales EXTR. - En efecto , yo creo qu e quien se atreviera a !>
insti tuidas. Si todo esto, del mod o que estamos diciendo , actuar contra las leyes instituidas co mo resulta do de un a
fuera en verdad la suerte de estas ciencias. Sóc rates, así larga experiencia y gracias a ciertos consejeros que han acon-
co mo de la estrategia o de cua lqu ier pa rte del arte de la sejado co n fineza y persuadido a la muchedumbre a impo-
caza en su conjunto, def dib ujo o -no importa en cuál nerlas, qu ien se atreviera -digo- a act uar contra elJa~,
de sus partes- del arte imitativo en general, o aun del además de cometer un error muchísimo mayo r que el ant e-
arte de la carpintería , o de cualquier arte mobiliario en rior , subvertiría tod a actividad mucho más de lo qu e lo
general , o de la agricultura o de tod a arte relativa a las hacen los cód igos escritos.
planta s; o, tod avía, si viésemos regirse po r có digos escritos J . Sóc. - ¿Có mo no sería así?
a algún arte de criar caballos o de cria r cua lquier otro re- EXTR. - Por tal motivo, entonces, para qui enes, so bre "
ba da, o la adivinació n o tod o cuanto co mprende el arte cua lquier asunt o, instau ren leyes y códigos escritos , se abre
t de servir o el ju ego de las tablas reales O toda ari tmética , una segunda vía 10 1, qu e consiste en no permiti r qu e un
pu ra o aplicada al plano , al sólido o al movimiento, res- individuo ni una muchedumbre jamás ha gan cosa algun a
pecto de todos los actos de este tipo , ¿qué podría seguirse, contra ellos. .
cuando ellos ocur ren segú n un cód igo escrito y no según J . S6c. - Correcto.
un arte? EXTR. - Ento nces esas leyes, escritas por hombres que,
J . Sóc. - Está bien claro qu e tod as las artes nos que- en la medida de lo posible, poseen el saber, ¿no serian
da ría n po r comp leto destru idas y ya nunca más podrían imitaciones de lo que en cada caso es la verdad?
nacer en el futuro, a causa de esa ley qu e interferiría toda J . S6c. - ¿Cómo no ?
búsqu eda. De ahí que la vida, que ya aho ra es difícil, se EXTR. - Y, sin embargo , según declamas, quien po see
volvería entonces abso luta mente intolerable . el saber, que es - recordé moslo- q uien es realmente un
300a EXTR . - ¿Pe ro qué hay de esto otro? Si for zásemos a polüico, hará en s u acció n personal una cantidad de cosas
cada una de las actividades que mencion am os a desarro-
I~ l deüteros ploús «segunda navegación». cr. Fedón 99d, Fítebo 19(: ,
100 Alusión a las acusaciones formuiadas contra SÓcrates. Carta VIl 337e, Leyes 87j d.
117. -38
594 Dl ALOGOS PO LÍTICO 595

en virtud de su arte, sin preocuparse para nada de las nor- vándo se en un arte-e, cuando han recibido las leyes , no
mas escritas, cuando le parezcan mejores otras reglas frente deben actuar jamás co ntra la letr a escrita ni contra las cos-
d a las que él ha redactado y enviad o po r ca rta a personas tumbres t rad icionales.
Que se hallan lejos 102 . J. Sóc. - ¡Qué bien te has expresado!
J . Sóc. - Lo decíamo s, en efecto . EXTR. - Ent onces, cua ndo los rico s imiten ese régimen
EXTR. - A si pues , cualquier hombre o una muchedum- per fecto , llamaremos «aristoc racia» a ese régimen po lítico ;
bre cualq uiera en posesió n de leyes instituidas. si intenta - cuando, po r el cont rari o , hagan caso omiso de las leyes,
Tan hacer con tra ellas alguna ot ra cosa que considerasen «oligarquía».
mejor, ¿ha rían lo mismo. en la medida de sus posibilida - J . SOe . - Así pa rece.
des, q ue lo qu e hace aquel genuino po lítico? EXTR. - A su vez, cuan do sea un solo hombre qu ien
J . Sóc . - P or completo . gobierne co nforme a leyes, imita ndo a aqu el q ue posee b
EXTR . - ¿Pero no es cierto que, si hicieran algo seme- la ciencia, [o llamaremos «rey», sin usar un nomb re di fe-
jante sin poseer ciencia alguna, tratarían de imitar lo ver- rente para el qu e ejerce la mon arquía co n ciencia y para
dad ero , pero lo imitarían, sin duda , del t odo mal? Pero aquel que lo hace con opinión, si amb os go biern an confor-
e si, en cambio, son dueños de un arte, ¿no se trata ya me a leyes.
de una imitación sino de aquello qu e es verdadero en sí J . Sóc . - Así tamb ién parece.
mismo? EXTR. - En consecuencia, si gobierna un único indivi-
J . Sóc. - Sin duda alguna , claro . d uo que se halla en verdadera po sesión de la ciencia , se
EXTR . - Hay, sin emba rgo, un punto anterio r en el le a plicará , en todo s los casos, el mismo nombre de «rey»
que estábamos de acuerdo : que ningun a m uched umbre es y ningún otro . Razó n por la cual, sin duda, los cinco no mo
ca paz de adqu irir un ar te, sea el q ue fuere. bres de los Que ahora llamamos «regímenes políticos» se
J . Sóc . - Estábamos de acuerdo , en efecto . reducen a uno solo J03 .
Ex TR . - Por lo tanto, si existe un arte real , ni la muo J . SÓC. - Así par ece, al men os.
chedumb re de los ricos ni el pueblo t odo pod rán jamás EXTR . - ¿Pero qu é ocurre en el caso de un único go -
adquirir esta ciencia política. bernante qu e no actúa ni conforme a leyes ni según coso ('
J. Sóe. - ¿Cómo podrían , en efecto? tum bres, pero pre te nde, a la ma nera de Quien posee un
EXTR . - Así pues, tales regímenes po líticos, al parecer,
JOlll para pod er imitar lo mejor pos ible aquel régimen po lítico IOl Bl textc q ue trad uzco es el de tod os los manuscrito s; no es preciso

verdadero --el de un único indi viduo que gobierna apo- susiíru¡r, como alJ unos editores hacen, pinte por pdnla. ROBl,.,. ad ara
el significado del párrafo al traducirlo del siguiente modo: «he aquí j us-
11» Pro bablemente se trata de una referencia a algún miem bro de la tamente po r qué hemos reducido a una sola y única deno minación , la
Academia que prepar ara un cód igo de leyes a petició n de un Estad o. de 'rég imen polüíco', las cinco deno minacione s de aq uello a lo que se
Cf., por ejemplo, la Carla X I atrib uida a Platón, y PLUTARCO, A dv. a plica hoy ese no mbre'). Platón parece estar refiriéndose a lo dicho en
Co l. 32, 1126 C/D. 291c-292d, 29k· e, 295b.
596 DI ÁLOGOS POLÍT ICO 597

arte, que debe realiza rse lo mejor , aun cuando sea contra J . SÓC. - Así parece.
la letra escrita . siendo la concupiscencia y la igno ran cia ExTR. _ ¿P ueden asombrarnos, ento nces, Sócrates, tan -
guías de esta imitación? ¿En ese caso no habrá que llamar tos males como llegan y llegarán a producirse en tales regí-
«tira no» a tod o hombre de ese tipo ? menes políticos, dada la base que los suste nta y que deben
J. Sóc . - Ciertamente . cond ucir las acciones con forme a normas escritas y a cos-
EXTR . - De este mod o -podemos decirlo- han sur- tu mbres y no valiéndose de una ciencia? ¿No está bien cla-
gido el tirano , el rey, la oligarquía, la aristocra cia y la de- ro para to do el mund o qu e cualquier otro arte construido .J01a
mocracia , porque los hombres no hallan de su gusto a aquel sobre tal base destruiría tod o lo que se produce de ese
único monarca y no confían en que alguien p ueda alguna mo do? ¿O es, más bien, esto otr o lo qu e ha de sorp render-
vez llegar a ser digno de ta l gob ierno . al punto de q uerer nos: que la ciudad es, por su prop ia nat uraleza , algo esta-
d ser capaz, gobernando con virt ud y ciencia, de disp ensar ble? Porque , en efecto, hallándose [as ciudades en seme-
a todos. co rrectamente, lo justo y lo pío ; creen, por el jant e condición ya du ran te años incont ab les, algunas de
contrario. que podría maltratar . matar y hacer daño a Quien ellas, empero , mantienen su estabilidad y no han sufrido
de nosotros quisiera. en cualquier oportunidad . Pero si apa - revolucion es. Y claro que ha y mu chas ta mbién que, en una
reciese un individuo tal como aquel del que ha blamo s, se u otra ocasió n, como naves que se van a pique, per ecen ,
le daría , sin duda, una benévola acogida y viviría pilotan - ha n perecido y aún perecerán a causa de la iniquidad de
do con toda felicidad y exactitud, él solo, aq uel que es aquellos pilotos y navega nte s que de las cosas de mayo r
el único y perfecto régimen político . imp ortancia tienen la mayor ignoran cia y que, sin poseer
J . SÓC . - ¿Cómo no? el menor conocimiento de los asuntos políticos, se figuran b
EuR. - Pero , ahora q ue no hay aún -c-corro, po r cier- tenerlo de mod o pleno y much o más claro qu e to das las
~ to , decimo s- rey que nazca en las ciudades como el que ciencias.
surge en las colmenas 104 , un único individuo que sea, sin J . SOC. - Muy cierto.
más, sup erior en cuer po y alma , se hace preciso qu e, reu- E XTR . - Así pues, de to dos estos regímenes políticos
nidos en asamblea , redactemos códigos escritos, según pa- q ue no son rectos, ¿cuál es aquel en el cual es menos difícil
rece, siguie ndo las huellas del régimen político más gen ui- vivir - si bien en todos es di ffcil-c- y cuál el más duro?
no IO~ . ¿Debemos pr estarle alguna atención a este asunto , aun-
que respecto del ob jeto pr opuesto no sea sino accident al'?
100 CL AP.IsTÓTI!La, Politiat VII 14, t332b. Los griegos suelen ha- Pero no cabe duda de que quizá todo lo qu e hacemos
blar de la abeja «rey» y no de la abeja «reina».
"" J . GOU lD halla en este pasaje algo as! como una dese-s peranza , do ahor a; y, au n más, el simil con la abeja reina pod ría estar sugiriendo
por parte de Platón, de encontrar algun a vez al verdader o político, d ueñ o que el verda dero po lítico no existe ahor a porque no hay una matr iz social
de la ciencia (cf. The De vefopnltnl of P{Qfo 'S Ethics. Nueva York, 1955, adecuada. Cf . G . V1J\STOS, «sceauc Knowledge and Platonk 'pessfmísm'»,
pág. 2 14) . Pero lo qu e Platón está diciendo aqu í no es qu e sea imposible The P hi/os. Rt"l'. 4 (l 9S7), 2 3~236 Y n . 2S. P ara el «seguir las huellas..
que se dé alguna vez un rey rdÓ$oro, sino q ue eso es lo que cstá cc umen -: del régimen per fecto, cf. 297d Y n. 97.
598 DI ÁLOGOS POLh lC O 599

lo hacemos, al fin de cuentas, precisamente en virtud de utilidad , tal como antes lo demostramos.' Pero, una vez
de esto. que a aquél lo exceptuamos y considera mos forzosos a los
J . SÓC . - Es necesario , ¿cómo no? demás, el hecho de que en éstos se dé la ilegalidad y la
C' EX'JR. - Di, pues, que de los tres regímenes polí ticos legalidad permite seccionar en dos porciones cada uno de
el mismo es tant o terriblemente dificil como el más fácil ellos 10 6 .
de soportar. J . Sóc. - Así parece, en virtud de los argumentos que
J . Sóc. - ¿Cómo dices? aca bas de expo ner.
EXTR . - Lo qu e quiero decir es sólo qu e la monar- EXTR. - La monarquía, entonces, cua ndo está uncida
quía. el gobie rno ejercido por pocos hom bres y el eje rcido al yugo de esos buenos escritos a los que llamamos leyes,
por muchos son, precisamente , los tres regímenes políticos es, de los seis regímenes, el mejor de to dos; sin ley, en
que mencionam os al comienzo de este discurs o que ha des- cambio, es la más difícil y la más dur a de so brellevar.
bordado su callee como un torr ente. J . Sóc. - Muy posible. 3Ol<r
J . Sóc . - Ésos eran "los tr es, en efecto . EXTR . - En cuanto al gobierno ejercido por quienes
EXTR. - Y si ahora seccio namos en dos cada uno de no son mucho s, así co mo lo poco se halla en el med io
ellos, tendr emos seis, tras haber discern ido al régimen rec- ent re uno y múltiple, lo consideramos, del mismo modo,
to y haber lo puesto apar te de éstos como el séptimo. inte rmedio entre am bos ext remos. Por su parte, al gob ier-
J . Sóc . - ¿Có mo? no ejercido por la muchedumbre lo consideramos déb il en
d EXTR. - De la monarquía resultaban -decíamos- el
gob ierno rea l y la tiranía; del gobiern o ejercido po r quie- '06 Se a bandonan ahor a los o tros dos criterios antes menciona dos,
nes no son mucho s, por su parte, proceden la aristocracia, en 292c (riqueza o pobreza y aceptación voluntaria o imposición for za-
da) . El criterio verdadero e impor tant e es sólo la aceptación o el rec hazo
cuyo nombre es de buenos auspicios, y la o ligarquía . Y, de la ley. Nos q ueda n lUí siete reg.ím en~ políticos [seis imitativos y lino
fina lmente, al gob ierno ejercido por mucho s lo conside rá- perfecto) cuyo esq uema podría ser el siguiente (el numero indica el or den
bamos antes simple, llamándolo «democracia», pero aho- crecient e de rnér ucs):
ra, en ca mbio , también a él debemos cons ide rar lo do ble. t -Uno : tiranía a-m uchos : democracia
J . Sóc . - ¿Cómo es eso? ¿Y de qué modo lo dividire- Impe rfecto 2-pocos : oligarq uía s-cocos : arist ocracia
mos? a-muc hos : democracia 6·uno : reino
EUR. - De uno que no difiere de los demás, aunque Per fecto 7-¡ ob iemo del polmco-ñ j ósofo, por encima de la ley.
r el nom bre de ésta encierra ya un doble significado . Pero
el go bernar con forme a leyes y el hacerlo co nt ra las leyes Esta clasificac ión no corresponde a la que Plató n presenta en el libro
se da tanto en éste como en los restantes regímenes. VIII de la R epUblica. donde la gradual degradación del tipo ideal co-
mienza en la timocracia y, pasando po r la oliga rquía y la de mocracia,
J . SÓC. - Así es, en efecto .
desemboca en la tir anía . Es preciso ad vertir , en este aspecto. no un cam-
EXTR . - Por cierto, en el momento en que estábamos bio en el pensamiento de Plat ón, sino un punto de vista y un propósito
buscando el régimen político recto, este corte no nos era dife rente en amba s obras.
600 DIÁLOGOS eormco 601

todo aspecto e incapaz de nada grande. ni bueno ni malo, J . SóC, - Es bien posible que este término se vuelva
en com paració n con los dem ás. porque en él la autoridad con justa razón contra aq uellos a los que se llama polít icos.
está dist ribui da en pequ eñas parcelas entre numerosos in - EXTR. - ¡Y bien! Todo esto es exactamente como un
dividuos. Por lo tanto, de todos los regímenes politicos d rama , ya que, como dijimos hace un momento, se nos
que so n legales, éste es el peor, pero de todos los que no presentaba a los ojo s un conjunto festivo de centa uros y
observan las leyes es, por el contrari o. el mejor. Y. si sátiros, que había q ue separar del arte político; y ahora, d
b t odos ca recen de discip lina, es preferible vivir en demo- au nque a duras penas, hemos logrado separarlo.
cracia. pero si todos son ordenados, de ningú n modo ha J . SÓC . - Así parece,
de vívlrse en ella, sino que de lejos será m ucho mej o r vivir EXTR. - Pero nos queda, sin embargo, otro grupo aún
en el primero , si se exceptúa el séptimo. A éste, en efecto, más dificultoso de separa r que éste, porque está más em-
no cabe duda que hay que ponerlo aparte -como a un parentado con el linaje real y es, al mismo tiempo , más
dio s frente a los hombres- de todos los demás regímenes dificil de comprender. Y creo yo que nuestra situació n es
políticos 1M , semejante a la: de quienes refinan el oro.
J . SÓC. - Es evidente q ue as í son las cosas; proceda- J . Sóc . - ¿Cómo?
mos , pu es, del modo que dices. ExTR . - Tambié n esos artífices comienzan por elimi-
EXTR., - Por lo tanto , a qu ienes pa rticipan en todo s nar la tierra , las piedras y muchas otras materias similares.
e estos regímenes políticos, excepción hecha del individuo que Pero, después de esto, quedan mezclados al oro los meta- ~
posee la ciencia, hay que excluirlos, dado que no son pcl í- les preciosos que le son afines y que son sólo aislables por
tices sino sediciosos y, puesto que presiden las más gra n- medio del fuego, como el cobre, la plata y. a veces, tam-
des fa ntasmagorías, son ellos mismos fantasmas y, por ser bién el adamante 109 , y sólo después que se [os ha excluido
los más grandes imitadores y embaucado res, son los más trabajosamente por medio de la fusión nos es posible ver,
grandes sofistas de entre los sofistas t 08. solo y en sí mismo, aquello que se da en llamar oropur o.
J, Sóc. - Sí, se dice que así sucede, ,/\\ \.·mI"~
10' En este pa saje Queda nueva mente bien cla ro el ca rác ter pa radi g- EXTR , - Siguiendo, pues, este mismo prOc<dil1),ient ;,~ ' ,.\

-.
má tico del go bier no perfecto. La ex presió n «dios en tre los hombres.. creo que nosot ros, en este caso, hemos descai'tád o 'iodo
a pa rece en AP.1sTóTELES, Poiiticu t2843 t0-1l, pa ra designa r al hom br e
superior, pero su signific ado no es el mismo Que tiene en este pa saje ~~
de nuestro diálogo. Lo q ue P lató n nos está diciendo es, simplemente , cié n entre sofista s y ps.t'u dopo lílicos est é hecha po r P lat ón una y ot ra
q ue la fonna de gob ierno perfecta es tan diferente de las imperfectas vez. especia lmente en Protdlf ()#"rIS, G Ol$ius y Repúblit:Q.
como dios lo es de los hombres, 10 cual es a lgo mu y dis tinto de deci r 10" addmas. No se tr ata del diamante; PuTól'i" habla de este metal
que su go ber nant e dtne re de los o tro s como dios de los hombres. Cf . en Tímeo 59b, au nq ue no es cla ro de cuá l se trara (se han sugeri do la
VLA5ros, ..Socra lic Knowledge...... pág. 235, n. 22. hemama o el planno). Sa bemos que se ha lla e n con junción con el o ro
101 Antes se des lindó al polltico de o tros ind ivid uos que prest ab an y que. como d oro, es de gran densida d, pero , a d iferencia de ~ I. es
servicios afines. Aho ra la tarea es más difícil. puesto qu e habrá q ue sepa - muy du ro y de color oscu ro. C f. T AY WR, A Commentary... (op. C;/ .
ra r a l verdadero político de los que prete nden serlo y no s on. La equipara- en n. 42), pá g. 4 16 .
602 DIÁLOGOS PO LÍTICO 603

cuan to es diferente de la ciencia política y n o se co ncilia EXTR . - y [a ciencia que señala si se debe ap rend er
con ella, pero nos resta todavía todo lo que es precioso o no , zconslderas t ú que debe gobernar a la que se ap ren-
y guarda afinida d con ella . Y en esto , sin du da, están in- de y se enseña?
cluidas la estra tegia, la jurispru dencia y ese tipo de or ato- J . Sóc. - Si, claro que si.
304a n a que par ticipa del arte real . porque, al persuadir de EXTR . - Y aquélla. ento nces, que indica si se de be per-
lo que es j usto , com parte con ella la co nd ucción de los suadir o no , ¿debe goberna r a la que es capaz de persuad ir?
asuntos polüicos. Pero ¿de qué modo pod ríamo s recortar- J . SÓC. - ¿Có mo no ?
la y ponerla apart e co n mayor facilida d, para mostrar así, EXTR . - ¡Y bien! ¿A qué ciencia le concederemos, por
desnudo y solo y en sí mismo. a aquel individuo al q ue lo ta nto , el poder de persuadir a la muchedu mbre y a la d
estamos buscando? masa a través de la narración de historias, pero no a t ravés
J . SÓC. - Está claro que, de un modo u otro, debe- de una en señanza?
mos tratar d e hacer tal cosa . J . Sóc. - Para mi está claro que también esto hay que
EXTR . - Si es por ha cer la prueba , Quedará bien en asignárse lo a la retórica .
claro; pero intente mos hacerlo ver recurriendo a la música . ExTR. . - Y el decidir si es por medio de la persuasión
y dim e... o bien recurriendo a algún tipo de violencia como debe
J. SOC. - ¿Qué cosa? llevarse a cabo alguna acción en relación con alguna perso-
b EXTR. - ¿No es cierto que la música requiere un ap ren- na o bien dejarla en paz. esto , por su parte, ¿a qué ciencia
dizaje , así como toda s las ciencias que tienen que ver co n se lo atribuiremos?
una actividad manual? J. Sóc . - A aq uella que gobiern a al arte persuasivo
J . Sóc. - Sí, lo requiere. y al art e oratorio.
EXTR.. - ¿ y qué sob re este otro? En lo que toca a sa- EXTR . - Y ella no pod ria ser ninguna otra -según
ber si debemos o no ap rende r cualquiera de ellas. ¿diremos creo- q ue la competencia pro pia de l político .
que hay una ciencia particular sobre esta cuestió n. o qué J. SÓC. - ¡Qué bien te has expresa do!
diremos? EXTR . - Así-parece que la retó rica ha quedado ráp ida-
J . Sóc. - Eso diremos precisamente: que la ha y. ment e separada de la política, co mo una especie dife- C'
EXTR. - ¿Admitiremos, ade más. que ella es di ferent e rente de ésta y qu e está. sin duda, a su servicio 110 .
de aquellas ot ras? J . SÓC . - Sí.
J . Sóc. - Sí. EXTR. - ¿ y qué reflexión debemos hacer a propósito
EXTR . - ¿ y que ninguna de ellas debe gobernar a nin- de esta otra competencia?
e guna otra. o bien q ue aquéllas dcben gobern ar a ésta o,
en fin , que ésta , ejerciendo la tut oría de las demás , debe 110 En el Fedro, y tambié n en el Gorg ias, P LA TÓN reconoc e la posib i-

gob ern ar a todas ellas? lidad de una retórica genuina que se identifica con la filosofía . La ret én-
ca en si misma es neutra; su valor depen derá del uso q ue de ella se haga .
J . S óc. - Ésta a aqu éllas. cs. Go rgia$ 527c.
604 DI ÁLOGOS POLiT lCO 605

J . Sóc . - ¿Qué competencia? mo justo e injusto . proporcio nando la virt ud que le es pro -
EXTR. - La de decidir cómo ha de lucharse contra quie- pia. la de no dejarse jamás inducir ni por ofrendas, ni por
nes hayamos decidido luchar. ¿Diremos que no hay en ella temores. ni por súplicas ni po r ninguna ot ra enemistad ni (
un ar te o bien qu e sí lo hay? amistad , para dirimir los pleitos mutuos cont ra las disposi-
J . S6c. - ¿Cómo podríamos pensar que no hubiera un ciones to madas por el legislador?
art e en aqu ella competencia que ponen en práctica la estra- J . S6c. - No , sino que lo q ue dijiste es prácticamente
tegia y toda acción bélica? toda la función de este poder.
EXTR. - Y la capaci dad de saber y pod er decidir si se EXTR. - Descubrimos, entonces. que la fuerza de los
debe entra r en guerra o bien dirimir los litigios am istos a- j ueces no es la función real, sino que ella es guar diana
mente, ¿sostendremos Que es difere nte de ésta o Que es de las leyes y está al servicio de esta función .
la misma? .I. Sóc . - Al meno s lo pare ce.
J . SÓC . - Para ser consecuentes co n lo que dijimos an- EXTR . - Qu ien ha ya co nside rado el conj unto de las
tes, debemos afirmar que es diferent e. ciencias de las que hablamos debe reconocer que ninguna
3OS.. ExTR. - ¿Reconoceremos . por lo tan to, que ésta gob ier- de ellas se ha revelado co mo política . Porqu e la ciencia
na a aqu élla, si hacemos una aserción del mismo tipo que qu e es verdaderamente real no debe actuar por sí misma, d
la anterior? sino go berna r a las que tienen la ca pacidad de actuar. ya
J . Sóc . - Digo que sí. que ella. en lo que toc a a la oportunidad o inoportuni-
EXTR. - ¿Y a qué art e, en tonces, intentaremos señalar da d 111 . conoce el punto de partida y la puesta en marcha
como amo y señor de un arte tan tremendo e importante de los más impo rtantes asuntos de la ciudad. mientras que
como 10 es el bélico en su conjunto . si no es j ustamente las demás deben hacer lo que les ha sido impuesto .
a aq uel que es verdaderamente rea l? J . S6c. - Es cierto.
J . Sóc . - A ningún otro. EXTR. - P or ta l motivo. ento nces, las ciencias que aca-
EXTll . - En consecuencia , no podremos con siderar po- bamos de exami nar. dado que no se gobiernan una a otra
lítica a la ciencia de los generales. dad o q ue ésta está a ni a sí mismas. sino que cada una se ocupa de una cierta
su servicio . y determinada actividad pro pia , han recibido, con toda ju s-
J . Sóc . - No sería razonable. ticia, un nombre que les es propio y que respon de al car ác-
b EXTR. - Sigamos. entonces. Examinemos también la ter particular de sus actividades.
competencia de los j ueces que j uzgan con rectitud . J . Scc. - Así parece. ~
J . S6c. - De acuerdo . EXTR . - Pero a aquella que gobierna a todas éstas y
EXTR. - ¿Acaso su com peten cia va más allá de pro- pr esta atención a las leyes y a tod os los asuntos político s
nunciarse sobre los cont rato s, después de haber recibido y a todos ellos los entreteje del modo más correcto . creo
del rey legislador todo cuanto de legal está instituido y.
11 1 El criterio es lo OPOrlUOO, es deci r , el jus to medio . er. 28Je , 284e,
observan do esas normas. discern ir lo que está p rescrito co- Y n. 73.
117. _ 39
606 DIÁLOGOS POLÍTICO 607

que , si abarcamos su función con un nomb re que indique J. SÓC. -Si.


su pod er sobre la comunidad , tendr íamos que llamarla, con
, EXTR . - Precis amen te sobre ellas hay que atreverse a
toda jus ticia, «política» 112 . sacar a relucir una afirmación inusitada.
J. SÓC . - Sin duda alguna. J . SÓC . - ¿Cuál?
EXTR. - Así pues, conf orme al modelo del art e de te- EXTR. - Que ambas, en cierto modo, se hallan en mu-
jer, ¿no nos gustaría seguir examinándola , ah ora que ya tua enemistad y que poseen ambas una posición contrari a
tenemos en claro todos los géneros concer nientes a la en muchos seres.
ciudad? J, Sóc . - ¿Có mo dices?
J . Sóc. - Si, de buena gana. EXTR. - No es una afirmac ión habitual, porque todas
30éll EXTR . - Debemos decir, al parecer, en qué consiste las porciones de la virtud, al menos según se dice, guardan e
el entrelazam iento ejecuta do por el arte real, de qué modo mutua amistad .
ésta entrelaza y qué tipo de tejido es el que nos prop orciona. J. Sóc . - Sí.
l . SÓc . - Es evidente. E XTR. - Fijémonos, pues, prestando mucha atención,
EXTR. - Ap arentemente se ha vuelto necesario, después si esto es así de simple o, por el contrario, si, más bien,
de todo, poner en claro un asun to difícil. hay alguna de ellas que tenga diferencia con sus congén e-
J . S óc. - Aunque así sea , hay que explicarl o. res 114 .
EXTR . - Veamos . Que la parte de la virtud sea, en cier- J. S óc . - Sí, ¿Podrías decir cómo hacer el examen ?
to modo, diferent e de la especie de la virtud , es una aser- E XTR. - En todas las cosas deben buscarse aquellas par-
ción propia de quienes se dedican a las contro versias y ap e- tes que decimos que son bellas, pero que ponemos en dos
lan , en gran medida, a las opiniones de la muchedumbre 113 . especies contrarias entre sí.
J . Soc. - No entiendo . J. S óc . - Trata de expresarte con mayo r claridad .
E XTR . - Veámos lo, entonces, de este otro modo : a la EXTR. - Agudeza y rapidez, sea en los cuerpos , en
b valentía creo yo que la consideras una parte de la virtud. las almas o en la emisión de la voz, existan por sí mismas d
J . S óc. - Sí, por cierto. o bien en esas imágenes que de ellas producen, a títu lo
EXTR . - y segur amente a la sensatez la considera s di- de imita cione s, la música o aun la pintura, ¿has hecho tú
ferente de la valentía, pero ad mites que, en consecuencia, mismo, en' alguna ocasión, el encomio de alguna de ellas
también ella es parte de la virtud de la cual aqu élla lo es. o bien alguien las ha elogiado en tu presencia?
J . S óc. - ¿Cómo no?
112 Hay aquí un j uego de palabras: la comunidad, lo k oinán, es la E XTR . - ¿Y tienes también el recuerdo del modo en
p éíis. y a par tir del término pó/is es adecuado hab lar de «política». Cf. el que, en cada caso, se hace el encomio?
280a. J, Sóc. - No, para nada .
111 PLATÓN retcma aqu í el prob lema de la unidad de la virtud exami-
nado en Protágoras 329b-332a, 349a-35Oc, en Men ón 70a-7ge, y en Repú-
blica IV 427d-434d. Para la diferencia entre «parte» y «especie», cf. 263a-e. 114 Sigo la enmienda de HElNDORF, adoptada por mes: écho n .. eslr tí .
608 DIÁLOGOS POLÍTICO 609

EXTR. - Entonces. ¿podría tal vez yo llegar a expre- sos no aplicamos el nombre de «valentía) sino de «mod e-
sártelo con palabras tal co mo lo pienso? raci ón».
t J. Sóc. - ¿Por qué no? J . SOC. - Muy cierto.
EXTR. - ¡Me parece que te figura s sencilla ta l empre- EXTR. - Sin embargo , cuando, po r el contrario, una
sa! Pero exam inemos el asun to en los géneros cont rarios. y otra de esas man eras de actuar se nos presentan inopor-
En efecto , cuando admiramos, como lo hacemos a menu- tunas, mudamo s de actitud y las censura mos a ambas, usan-
do . en muchas acciones, la rapidez, la vehemencia y la agu- do ento nces los términ os en el sentido opuesto.
deza del intelecto o del cuerpo o aun de la voz, expresa- J . SOC. - ¿Có mo?
mo s nuestro elogio a través de un único nombre: «valen- EXTR . - Cuan do se muestran más agudas de lo opor-
tia», tuno , más rápidas y duras , las llamamos «excesívas» y «lo-
J. Sóc. - ¿Cómo? cas »; cuando más grav es, lentas y suaves de lo oportuno ,
EXTR. - Decim os «agudo » y «valiente» o «veloz» y las llamamos «viles) e (( i ~dolentes )): y casi en la mayoría c:
( valeroso» o también «vehemente». Y. en general . al apli- de los casos estas cualidades, así co mo los tipos co ntrarios
car a todos estos caracteres en común el nombre que digo, de sensatez y valentía, como caracteres Que el azar ha puesto
hacemos su elogio. en anta gonis mo, no las encontramos mezcladas entre sí en
J . SÓC. -SI. las acciones en las que se realizan; y, además, si pr oseguí-
]01" EXTR. - ¿Y entonces? En lo que se refiere a la es- ma s nuest ro examen , veremos que quienes las llevan en
pecie del proceder sereno, ¿no es cierto que la hemos elo- sus alm as disiente n entre sí.
giado muy a menudo en muchas accio nes? J . Sóc . - ¿En qu é aspecto dices Que disienten?
J . Sóc. - Sí. claro que si. EXTR. - En todos los que ahora mencionamos y, pro-
EXTR . - Entonces, al expresamos de este modo , ¿no bablemente, en muchos ot ros. Porque - pienso yo - según d
estamos diciendo lo contrario de lo que dec íam os de las la afinidad Que esos individuos tengan con una u ot ra de
acciones precedentes? esas mane ras de ser, elogiarán las Que hallen propias de
J . Sóc. - ¿Có mo? sí mismos y censurarán, porque le son aje nas , aquellas que
EXTR. - Llamamos siempre calmas y sensatas a las ac- pertenezcan a sus opu estos, poniéndose en mutua hostili-
tividades resultado del ejercicio del pen sam ient o o de la da d en numerosos aspectos.
acción, adm irand o su lentitud y suavidad, y así también J . SÓC. - Parece que es así.
los sonidos llanos y graves de la voz, todo movimiento EXTR . - Sin embargo, un mero juego es el conflicto
b rítm ico o bien tod o arte de las Musas Que recurre a la ent re estos caracteres 116. Pero cuando afecta a los objetos
lent itud en el momento o port uno 115 ; y en todos estos ca-
11" e(d~. Slc E/II 1' advierte que el tér mino no puede referirse aq uf a las
Ideas. sino que está to mado en su signifICado menee de «cc nsth uci ón
us Lo «oportuno» como crit erio remite. una vez más, a la noción rtssca» o «temper amento». En 307,. asimismo. el tér mino vertido po r
de justo medio . C f. 283c, 284a, 3OSd. «ca racte res» es idéai.
6 10 DIÁLOGOS POLíTIC O 611

de mayor importancia, se vuelve una enfermedad y la más nas par tes no despr eciables de la virtud difieren entre sí
detestable de tod as las Que pueden surgir en las ciuda des. por su natur aleza y qu e, por cierto. producen igual resulta-
J . SOC. - ¿A q ué obje tos te refieres? do en quienes las poseen?
~ EXTR. - A l conj unto -como es natural- de lo que J . SÓc. - Sí, eso parece.
contribuye a la vida. Porque los que son excepcionalmente EXTR . - Consideremos ahora esto otro...
mesurados están siempre en condiciones de llevar una vida J . S óc . - ¿Qu é?
tranquila, ocu pándose por sí solos de su propios asuntos, EXTR . - Veamos si algun a de las ciencias comb ina- e
compo rtá ndose as¡ con tod os en su pro pio pa is y esta ndo, tor ias co nstituye vo luntariamente un objeto cualquiera
igualmente. dispuestos a mantener siempre con las elude- - aun el más insignificanl e- de los que son de su dom i-
des extranjeras relacion es pacíficas. A causa de este amo r nio. recurr iendo a algunos materiales ma los y a otros bue-
que es excesivamente inoportuno . cuando hacen lo Que de- nos, o bien si tod a ciencia descart a, en lo posible, en todos
sea n, llega n, sin ad vertirlo. a perder toda a pt itud para la los casos, los materiales malos y to ma sólo los apro piados
guerra, cre a n e n la juventud idé ntica di spo sición y está n y los útiles y, una vez que los ha reunido en una unidad
siempre a merced de sus agresores, razón por la cual no a todos - tanto los que son semejantes co mo los que son
308a hace falta qu e pasen mu chos añ os para que tanto ellos desemejantes-c, produce una ob ra con una única función
como sus hijos y la ciudad toda, a menudo sin darse cuen- y un solo carácter .
ta , se vuelvan de libres esclavos. J . SÓc . - ¿Y q ué?
J . Sóc . - ¡Dura y terrible suerte ésa de la qu e hablas! E XTR.. - Así tampoco la que, por su propia natur a- d
ExTR. - Pero ¿qué ocurre con quienes tienen, más bien, leza, es el arte verdaderamente político jamás co nstituirá
una inclinación ha cia la valentía? ¿Acaso no están siempre deliberadamente una ciudad con ho mbres buenos y malos,
urgiendo a sus ciudades a entr ar en alguna g uerra, debi do sino qu e está bien claro qu e, en prim er lugar , los po nd rá
al excesivo deseo de tal género de vida , y, expo niéndola a prueba a t ravés del ju ego y, desp ués de la prueba. los
a enemistad con muc hos y pod ero sos oponentes, aca ba n entr egará a q uienes son capaces de educarlos y de presta r
por destr uirla íntegramente o po r reducir a sus propios pal- este servicio, pero es ella misma la que impartir á las ór de-
ses a la condici ón de esclavo s o de t ributario s de sus ene- nes y dirigirá, al modo en qu e el arte de tejer m , siguien-
miga s? do paso a paso a los cardador es y a quienes prepar an cuanto
b J . Sóc . - Tam bién eso es así. se requiere para el tejido qu e ella realiza , ordena y dirige,
ExTR . - ¿Cómo pod riamos negar, ento nces, qu e en indicando a cada uno las tareas que debe cumplir y qu e r
estos caso s am bos géneros de virt ud se hallan siemp re él conside ra necesarias para realizar el ent relazamiento qu e
colmados de una enorme enemistad y aversión mu tua? debe ejecutar.
J . Sóc. - No. no pode mos negarlo. J . S6c. - Exactamente.
EXTR. - Por lo tanto , ¿no es verdad qu e hemos halla-
do lo que examiná bamos al comienzo , a saber, qu e algu- 111 ct. 282a-283b.
612 D IÁLOGO S so rtrrco 613

EXTR. - Del mismo modo. creo )'0 q ue e l arte real, origen eterno con un lazo divino y, despu és de la part e
q ue guarda para sí la fu nción de supervisión, no permit ir á, divina , su parte de origen animal, esta vez con lazos huma-
a quienes por ley educan y crían, ejercita r a sus pupilos no s.
sino en aquellos con cuya realización se logre algún car ác- J. Sóc. - ¿Y eso cómo lo entiendes?
ter que sea conveniente pa ra la mezcla que es su ob ra, s6lo EXTR. - Aquella que sobre lo bello, lo justo, lo bueno
en eso les reco mendará impartir educación; y a quien es y sus contrarios es, realmente, opinión verdadera con fun-
son incapaces de participar de un carácter valiente y sensa- damento, cuando se produce en las almas, yo afirmo que
to y de todo cuanto tienda a la virt ud , y q ue, por el co n- es cosa divina Que nace en una raza más Que humana .
trari o , debid o a la fuerza de su mala na turaleza son arras- J . Sóc . - Así conviene, al menos.
O'kl trados a la impiedad, a la desmesura y a la injusticia, EXTR. - ¿No sabemos Que el político y el buen legis- d
los elimina con la muerte o el exilio o los castiga con las lador es el único al que le ha sido dado ser capaz, gracia s
penas más infam antes lU . . a la musa del ar te real, de implantar eso precisamente en
J . Sóc. - Eso es, más o menos, lo que se dice. los hombres que han recibido una recta educación, esos
EXTR . - Y a los que se revu elcan en la ignorancia y hombres de los que poco an tes hab lábamos?
en una bajeza sin par. a ésos los somete al yugo de la J . Sóc. - Es probable, en efecto.
esclavitud. EXTR . - Pero a quien carezca , Sócrat es, de la capaci-
J . Soc. - Muy cierto. dad de hacer tal cosa, de ningún modo le concederemos
EXTR. - l os que restan - cuyas naturalezas, gracias los títulos Que son obj eto de nuestra búsq ueda actual.
b a la educación recibida, son capaces de elevarse a la noble- J . Soc . - Tienes to da la razón .
za y prestarse a una mezcla mutua operada con arte- de EXTR. - ¿Y qué, entonces? Un alma valiente que reci-
tales natura lezas, las que tienden más a la valentía y que be ta l verdad, ¿acaso no se amansa y se dispo ne de modo ~
por su carácter duro pueden consider ar se semejantes a la singular a participa r de lo justo, pero si no participa se
urdi mbre, y aquellas que, por el contrario , tienden a la inclina más hacia una naturaleza bestia l?
mesura y que -para continuar la imagen- son blandas J . SÓC. - ¿Có mo n01
y suaves como las hebras de la llama, a esas natura lezas ExTR.. - ¿Y la naturaleza mesurada? ¿No será, real-
- digo- que tienen tendencias opuestas entre sí, el arte mente, sensata y moderada si participa de tales opiniones,
real trata de combinarlas y entrelazarlas del modo que ahora cuando está en el régimen político, pero si no participa
voy a explicar. de ellas adquiere, con toda justicia , una mala reputació n
J. SÓC. - ¿De qué modo? de simpleza?
e Exu.. - En primer lugar , teniendo en cuenta la afi- J . Sóc. - Exactamente.
nidad , pone en armonía la part e de sus almas que es de Bxra . - ¿No tenemos que decir, por lo tanto, que tal
co mbinación y tal vínculo entre los malos consigo mismos
1I I Cí , Replibfk a III 4 10a. y ent re los buenos con los malos nunca es firme y Que
614 DIÁL OGOS POLÍTICO 615

ninguna ciencia pod ría jamás servirse seria mente de el con J . SÓC. - No.
respecto a tales hombres? EXTR. - Mejo r ha ríamos en hab lar de aq uellos que se
J. SÓC . - ¿Cómo podría , en efecto? preocu pan por las familias y ver si no hacen las cosas e
EXTR . - En cambio. en los caracteres dotados de una como es deb ido .
""" nobleza originaria y que han sido criados conforme a su J. Sóc . - Sí, es razonable.
naturaleza , sólo en ellos eso se genera por medio de las EXTR . - Lo cierto es que ellos, sin tener una justa ra -
leyes; pa ra ellos. por cierto, ésta es la medicina prescrita zón , persiguen una comodidad mom entánea y, por pro-
por el arte y -como dijimos 11'_
éste es el lazo más divi- pensión hacia los que les son semejantes y su aversión por
no que pueda unir las partes de la virtud qu e son po r ne tu- Jos desemeiantes, conceden demasiado peso a la antipatía .
raleza desemejant es y tendentes a desar ro llar se en sentidos J. Sóc . - ¿Cómo?
opuestos . E XTR. - Los mesurados van en busca de un carácter
J . Sóc. - Mu y cierto . qu e sea el suyo propio: en lo posible toman muje r de tales
EXTR. - Ahora bien ,' a los lazos que re stan, que son familia s y, a su vez, entre gan sus hija s a maridos de ese d
hum an os, cuando existe ése que es divino. no hay casi difi- mismo tip o . Exacta mente del mismo modo procede el gé-
cultad para imaginarlos ni, una vez ima ginados, para rea li- nero de los valient es, yendo en busca de una natu raleza
zarlos. igual a la suya. Sin embargo, ambos géneros deb erían ha-
b J . SÓC. - ¿De qué man era ? ¿Y cuáles so n? cer pr ecisament e todo lo contrario.
EXTR. - Los lazos de los casa mientos y vinculaciones J . Sóc. - ¿Có mo? ¿Y por qué?
entre jóvenes de diferentes ciudades, así como, en el ámbi- E XTR . - Porque ocurre que la valent ía, si se ha repro-
to privad o, los que resultan de la ' entrega de las hijas en ducido en muchas generacio nes sin mezcla co n una índole
matrimon io y de los esponsales. Pero la mayoría de la gen- sensata, co mienza por alcanzar, en un principio , su máxi-
te no co ntrae estas alianzas co mo sería más opo rt u no para mo vigor, pero acaba , al fin , en una abunda nte flor ación
la proc reación de los hijos 110 . de locuras.
1. Sóc. - ¿Por qué? J . Sóc. - Es natural .
ExTR . - La persecución de la riqueza y los poderes que EXTR . - Y, a su vez, el alma satu rada de modestia y
se da en estos casos, ¿crees que vale la pena tomarse el sin mezcla con la audacia valiente , si así se reproduce por t
trab ajo de censurarla? muchas generaciones, nat uralmente se va abastardando más
de lo oportu no y acaba , por fin, por arru inarse completa -
m cr. me. mente.
La elca:i6n de los miembros de una pareja debe redu nda r en be-
L10

neficio de la oomunidad toda y no debe estar guiada por inclinaciones J . Sóc. - También es natural que esto ocurra de ese
naturales. La importancia de la elección en el matri monio afecta ahora modo .
a todos los estamentos del Estado y no sólo a los guardianes como en EXTR . - Y a estos lazos, decía yo que no es nada difl -
Rep ública V 45Sc-460b, Vlll 546b-54711. y Ley es IV 720e-721e. Cf. , tam o cil unirlos cuando sobre lo bello y lo bueno ambos géneros
blén, Ley es VI 773I1-e.
616 DI ÁLOGOS poLÍTICO 617

tengan una misma opinión. En efecto, es ésta la única en que le está dado a una ciudad llegar a ser feliz, la go-
y ente ra obra del entretejido real: jamás permitir que los bierne y dirija. sin omitir nada que sirva a tal propósito.
caracteres sensatos se alejen de los valientes, sino, por el ' J . Sóc . - [Excelente ha sido extranjero . la presenta-
contrario , entretejiéndolos en una teta por la comuni- ción que esta vez nos has ofrecido del hombre real y del
dad de opin ion es, de honores. de glorias, de respetos y político! 121
por el mutuo intercambio de seguridades , formando con
3 11a ellos un tejido sua ve y, como se dice, bien tramado , atri-
IZl Varios editores han querido atribuir. contra la tradición manuscri-
buir siempre en común a éstos las magistraturas de la ta, esta última frase que cierra el diálogo no al Joven Sócrates, sino a
ciudad. Sócrates mismo .
J. Sóc. - ¿Cómo?
EXTR. - Donde se dé la necesidad de un ún ico gober-
na nte, que elija al que po sea estas dos dotes como dirigen-
te; donde, en cambio, sean necesarios más, que combine
una parte de unos y otra de otros . Porque el carácter de
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los gobernantes sensatos consiste en ser muy cautos, justos "! FJU;aOfIA
y conservadores, pero carecen de aspereza y de cierta osa- ,
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día aguda y práctica.
J . SÓc. - También esto así resulta.
b EXTR. - Los caracteres valientes. por su part e, son
aún más deficientes que los otros en cuanto a justicia y
cautela. pero poseen, por el contrario, una enorme osadía
en las acciones. Y, a menos que ambos caracteres estén
presentes, es imposible que todo marche bien en una ciu-
dad, privada o públicamente.
J. SÓc. - ¿Y c ómo no?
EXTR. - Éste es -c-digámc slo-c- el fin del tejido de la
actividad política: la combinación en una tra ma bien ar-
mada del carácter de los hombres valientes con el de los
e sensatos, cuando el arte real los haya reunido por la
concordia y el amor en una vida común y haya confeccio-
nado el más magnífico y excelso de todos los tejidos, y,
abrazando a todos los hombre s de la ciudad, tanto escla-
vos como libres, los contenga en esa red y, en la medida