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Akal Cuestiones de antagonismo Disefo de interiory cubierta: RAG Traduceidin de Raiil Sénchez Cedillo Reservatios todos los derechos. De acuerdo a lo dispuesto en el art, 270 del Cédigo Penal, podrin ser castigados con penas dle multa y privacign de libertad quienes reproduzcan sin Ia preceptiva autorizacién o plagien, en todo o en parte, una obra literara, atistica o eientifica fijada en cualquier tipo de soporte. Titulo original: Ce wwe gui n'en est pas un © Les Editions de Minuit, 1977 © Ediciones Akal, §. A.,2009 para lengua espaiiols Sector Foresta, 1 28760 Tres Cantos Madrid patie Tel: 918 061 996 Pax: 918 044 028 wws.akal.com ISBN: 978-84-460.2400-5 Depésito legal: M. 20.778:2009 Impreso en Lavel, S. A Homanes (Madrid) El espejo, del otro lado L...] ella repuso: «;Entonces despues de tode ba ocurrido de verdad! . [N. del T] En voz muy baja, cucbicheando, en tono de confidencia, no deja por ello de falsear lo que son las cosas. eSon? ¢Pars él? ¢Paru otro? g¥ quién es él para revelar asi lo que serfa? Alicia se queda paralizada, Se cierra. Helada Puesto que estamos exponiendo los derechos al goce de cada cual, pasemos por casa det abogado, La consulta se hard fuera. Dentro, dice: «la mujer escucha a través de las puerias». —«He hecho el amor con una chica, en la casa de una chica. ZA qué penas puedo en- Srentarme?» —«A nada» Aquello va més allé de lo que cabia imaginarse. Todo por nada, Gratuitamente. Ni siquiera la sombra de un peligro. De una pena, de una deuda. De una pérdida. ¢Cémo continuar midiendo en medio de tales excesos? Ahora bien, hace falta una continuacién. De la historia Prosigamos: «Ast que me be acostado con una sefora a la que no conozco, en la casa de otra sentra a la que no conozco. ¢A qué penas puedo enfrentarme?» —«Cuatro atios.» —«¢Por qué?» —«Violacton de domicilio, malos tratos, Dos mds dos son cua- 110, 2x 2=4, 2 = 4, Cuatro altos.» —«¢Como suspender el requerimiento judicial*?» —«Eso depende de las dos. De una y de la otra. De las dos, a la vez. Hay que empezar identificando esas dos no-unidades. Pasando después a sus relaciones.» —«He identi- ficado a una. Aquella a la que se le puede asignar el coeficiente casa.» —«zY bien?» —«No puedo aportar otras caracteristicas, ella me niega el acceso a su propiedad» —«Qué lata, ZY la otra? La vagabunda, la errante: gla unidad mévil2» —aSe ha eclip sado en la naturaleza» —«Entonces...» —«¢Puede ayudarme a reencontrarla?> — «Mi mujer se pondré furiosa. Voy a cubrirme de oprobio.»» —«Yo le transportaré, le trasladaré. Yo Hevaré el peso, yo seré el indecente.» —«De acuerdo.» cPero donde en la naturaleza? Que es grande. ¢Aqui? ¢Alli? No hay mis remedio que detenerse en alguna parte. Y si con cterta rudeze se le ponen los pies en el suelo, é se dard cuenta inevitablemente de que esté completamente embarrado. Algo que no te- nia que ocurrir bajo ningiin concepto. —«¢ Qué diré mi mujer?» ¢Qué cabe pensar de un hombre de leyes que se ensucia los pies? gY quién prohibe, en tiltima instancia, la see ciedad? ;El jurista? eSu mujer? Una vez mds, ¢por qué abonar en la cuenta de la otra lo que uno se niega a cargar en su cuenta? Porque podria parecer algo asqueroso, El lado repugnante del hombre de bien. Del que pretende serto El topografo, que ba venido, sin embargo, para (re)conciliarse con la ley, se muestra completamente desanimado. Si la evaluactén en cifras le sale a «cuatro aitos», calcula el mérito del abogado en sceron. Desde abé tendré que volver a empezar * '!, Asi, pues, el dificil reco- rrido que la chiquilla, la mujer, deben hacer necesariamente para realizar su «femi- nidad», culmina con el alumbramiento de un hijo, con la maternalizaci Y, por consiguiente, del marido. Formaciones patologicas postedipicas Sin duda, esa evolucion es susceptible de deteuciones, de estasis, en determina- dos periodos de su desarrollo, o incluso de regresiones. Asistimos entonces a las for- maciones patolégicas especificas de la sexualidad femenina, El complejo de virilidad y la homosexualidad De esta suerte, el descubrimicnto de la castracién puede desembocas, en ba mujer, cn laclaboracién de «un podctoso complejo de vitilidad», «En ese caso, la chiguilla © §. Freud, «La feminité>, cit. 31 aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. Melanie Klein Segunda mujer que plantea objeciones « las teorias freudianas sobre la sexuali- dad emenina; Melanie Klein. Como Karen Horney, veremos cémo invierte, «dat la vuelta» a algunas secuencias de acontecimientos consecutivos establecidas por Frend. Y, de mievo como aquella, defenders que la «envidia del pene» es una for- macién reactiva, secundaria, que palia la dificultad qne la chiquilla, la mujer, tiene para sostener su deseo. Pero Melanie Klein pondra en tela de juicio la sistemitica frendiana mediante la exploracién, la reconstruccién del mundo de los fantasmas de la pequefia infancia. Las formas precoces del complejo de Edipo Las diferencias con Freud se anuncian, por asi decirlo, enseguida; desde el «principio». Puesto que Melanie Klein se niega a asimilar la masturbacion clitori- diana a una actividad masculina, El clitoris es un érgano genital femenino; por lo tanto, resulta abusivo no ver en el mismo mas que un pene «pequefio» y pretender gue la nifia s6lo obtiene placer acaticiindolo en calidad de tal. Ademés, la erotiza- cién privilegiada del clitoris es ya un proceso defensivo contra la erotizacion vaginal, mas peligrosa, mas problematica, en ese estadio del desarrollo sexual. Las excita- ciones vaginales son las mas precoces, pero los fantasmas de incorporacién del pene del padre y de destrucci6n de la madre rival que acompafian a éstas provocan en la chiguilla la angustia ante medidas de represalia por parte de ki madre, que para vengarse podria llegar a despojarla de sus érganos sexuales internos. Puesto gue ninguna verificacién, ninguna prueba de la «realidad» permiten verificar la in- tegridad de los citados organos, y por ende desprenderse de la angustia provocada por tales fantasmas, la chiquilla se ve llevada a renunciar, provisionalmente, a la erotizacién vaginal?®, Como quiera que sea, la nifia pequefia no ha esperado al «complejo de castra: cién» para acercarse a su padre. En su caso, ef «complejo de Edipo» operarta en la economia de las putsiones pregenitales, y sobre todo de las pulsiones orales®. De ‘ad suerte, no sdlo el destete del «buen seno» acarrea la hostilidad de la nifia peque- 2 Melanie Klein, «Les stades précoces du conflit oedipien», Essats de psychologie, Paris, Payot, Bibliotheque scientifique [para consultar en castellano las obras de M. Kelin, véase Obras completa, Barcelons, Paidés, 1990] * M. Klein, «Les premiers stades du conilit cedipien et la formation du surmoi», Paychanalyse des enfants, Paris, Payot, Bibliotéque scientifique. 39 aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. progenitor del mismo sexo, el rival en la economia edipica, asi como de la angustia 0 la «alinisis» que resulta de la suspensién de su deseos incestuosos. Complementos a la teorfa freudiana Ya hemos visto que, contra esas remodelaciones tedricas, otras mujeres analistas sostienen y desarrollan las primeras concepciones de Freud, y que éste recoge en sus tiltimos escritos sus concribuciones al estudio de los primeros estadios de la evo- lucién sexual de la mujer. Recordemos que Jeanne Lampl de Groot insiste en la cuestién del Edipo megati- v0 de la nifia. Antes de yolver al deseo «positive» hacia el padre, la chiquilla ha de- seado poseer a la madre y excluir al padce, y esto en el modo «activo» y/o «lilico». La imposibilidad de realizar tales deseos acarrea la desvalorizacién del clitoris, que no puede soportar la comparacién con el pene. Asi, pues, el trdnsito de la fase nega- tiva (activa) a la fase positiva (pasiva) del complejo de Edipo se lleva a cabo median- te la intervencién del complejo de castracién”. Uno de los rasgos especificos de los trabajos de Héléne Deutsch es el hincapig en el masoquisino en la estracturacion de la sexualidad genital de la mujer. En todas las fases del desarrollo pregenital, el clitoris esta cargado igual que un pene. La vagina es ignorada, y slo sera descubierta en la pubertad. Pero siel clitoris (pene) puede ser asimilado al seno, a la columna fecal, su inferioridad aparece en el estadio félico toda vez que est mucho menos capacitado que el pene para satisfacer las pulsiones activas que entonces entran en juego. ¢Qué sucede con la energia libidinal de la que estaba cargado el clitoris ahora desvalorizado? Héléne Deutsch sostiene que, en su mayor parte, experimenta una regresi6n al modo masoquista. El fantasma «Quiero ser castrada» relevaria a los descos filicos irrealizables. Evidentemente, no habria que confundir ese masoquismo con el masoquismo «moral» posterior, Representa- ria wna forma prinaria, erdgena y bioldgicamente derermitada del masogquismo cons. titaivo de la sexualided femenina, dominada por la riada: cestracién, violacion, par fo, ala que se agregard, secundaria y corvelativamente, el cardcter masoquista de las sublimaciones cfectuadas por las mujeres, incluso en sus comportamientos mater ngs y maternalizantes con el hijo". » Jeanne Lampl de Groot, «The evolution of the Oedipus complex in women», The Psyhourealy sical Reader, R. Flies (ed.), Hogarth Press. % Helene Deutsch, Le psychologic dex formes, Pa PUB, Bibliothe: jue de psychanalyse, 43 aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. haya puesto suficientemente en tela de juicio las determinaciones histéricas que prescriben el «deyenir mujer» tal y como lo considera el psicoanilisis. Cuestiones sobre las premisas de la teorfa psicoanalitica Planieando decerminadas cuestiones al psicoanilisis, ponténdole en cierto modo en tela de juicio, se corre siempre el riespo de ser malinterpretado/a, fomentando asi una actitud precritica hacia la teoria analitica. Sin embargo, existen muchos patos sobre los que ésta merece ser interrogada y ella misma deberfa interrogarse, La se- xualidad femenina representa uno de ellos. Si retomamos los términos en los cuales se produjo el debate en el interior mismo del campo psicoanalitico, podremas pre- guntarnos, por ejemplo: ¢Por qué la alternativa goce clitoridiano/goce vaginal cobra tanta importancia? ePor qué se ha sometido a la mujer ala exigencia de elegir entre una u otra, siendo calificada de «viril» si permanece en el primero y de «femenina» si renuncia al mis- mo para limitarse a la erotizacién vaginal? ¢Esta problematica es verdaderamente pertinente para dar cuenta de la evolucién y de la «plenituds de la sexualidad de la mujer? ¢O esti dirigida por el calibrado de ésta con arreglo a pardmetros masculinos ‘ mediante criterics vilidos -2tal vez?— para decidir acerca de una preponderan- cia del autoerotismo o del heteroerotismo en el hombre? De hecho, las zonas erége- nas de la mujer no son el clitoris o la vagina, sino el clitoris y la vagina, y los labios, yla vulva, y el cuello uterino, y la matriz, y los senos... Lo que habria podido y ha- bria debido causar asombro es la pluralidad de zonas erégenas genitales, si nos ate- nemos a este término, en la sexualidad femenina. cPor qué la estruciuracion libidinal de la mujer estaria decidida, en su mayor parte, autes de la pubertad, cuando, para Freud y buena parte de sus discipulos, la «vagina, 6rgano propiamente femenino, todavia no ha sido descubierto»? Ademés, los ca- racteres femeninos politica, econémica y culturalmente valorizados estan unidos a Ja maternidad y ala matcrnalizacién. Asi, pues, puede decirse que todo o casi todo estaria decidido en cuanto al papel sexual otorgado a la mujer, y sobre todo en cuanto a las representaciones que del mismo le son propucstas y atribuidas, antes incluso de que la espeeificidad socialmente sancionada de su intervenci6n en la eco- nomia sexual sca practicable y antes de que ella tenga un goce singular, «propia: “SF ud, «La feminité>, cit. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. Entrevista: Poder del discurso, subordinacién de lo femenino ¢Por qué comienza usted su libro con una critica de Freud? Estrictamente hablando, en Espécilo! no hay un principio y un final, La arqui- tecténica del texto, de los textos, desconcierta esa linealidad de un proyecto, esa te- leologia del discurso, en las cuales no hay ningiin lugar posible para lo «femenino», salvo aquel, tradicional, de lo reprimido, de lo censurado. Ademés, «comenzar» por Freud y «terminar» por Platén es ya abordar la histo- ria «al revés», Inversién en cuyo «interior» no puede articularse atin la cuestion de Ja mujer, y a la que, por lo tanto, no puede limitarse sin més. De ahi ese dispositive que hace que, en los textos de la «mitad» —Espéculo, de nuevo-, aparentemente la inversion ya no tenga lugar, Donde lo que importa es desconcertar el montaje de la representacion que responde a panimetros exclasivamente «masculinos», Esto €s, con arreglo a un orden falocratico, que no se trata de invertir lo que al final vendria aser lo mismo- sino de pervurbar, alteras, a partir de un «afuera» sustraido, en cier- ta medida, a su ley Pero, velviendo a su pregunta: gpor qué esa critica de Preud? Porque elaborundo una teorfa de la sexualidad, Freud permite ver lo que hasta en- tonces podia funcionar permaneciendo implicito, escondido, ignorado: la indiferencia sexual ev la que se apoya la verdad de toda céencta, la ldgica de todo discurso. Esto puc- de leerse claramente en Ja manera en que Freud determina la sexualidad de la mujer ? Luce Irigaray, Speculton de autre ferame, Paris, Minuit, 1974 led. cast: Espécnlo de la otro mate fen Madrid, Akal, 2007] 51 aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. idea, concepto, sdlidamente establecidos. Lo que no significa que su estilo no sea nada, como da a entender una discursividad que no puede pensarlo. Peto su «esti lo» no puede sostenerse como tesis, no puede ser el objeto de una posicién. E incluso los motivos del «tocarses, de la «proximidads, aislados como tales 0 reduicidas en enuaciados, podréan pasar efectivamente por tna tentativa de que lo femenino se torne apropiado para el discurso. Habria que comprobar entonces si atocarse» ese tocar-, el deseo de lo préximo en vez que de lo propio, etc., no im- plican un modo de intercambio itreducible a todo centrado, a todo centrismo, ha- bida cuenta del modo en que el «tocarse» de la «autoafeccién» femenina funciona como una remisién de uno/a al/a la otro/a sin interrupeién posible, y que la proxi- midad confunde toda adecuaci6n, toda apropiacién, Pero, desde luego, si no se tratara mas que de «motivos» sin trabajo del len- guaje, la economia discursiva podria subsistiz. Asi, pues, 2cdmo intentar definir de nuevo el trabajo del lenguaje que dejaria un lugar para lo femenino? Digamos que todo corte dicotomizador y a la vez repetidor incluso entre enunciacién y eaunciado-, debe ser desconcertado. Que nada debe ser planteado jams sin ha- ber sido trastocado, y remitido ademas al a-de-mds de ese trastocamiento. Dicho de otra manera: ya no habria ni derecho ni reverso del discurso, ni siquiera del texto, sino que ambos pasen de uno a otro para hacer «entender» también lo que resiste a la estructura cara/dorso que sostiene el buen sentido, Si esto debe ejer- cerse para todo sentido planteado -palabra, enunciado, frase, pero también, por supuesto, fonema, letra...-, conviene hacerlo ademas de tal suerte que ya no sea posible la lectura lineal: es decir, que se tenga en cuenta la setroaccién del final de a palabra, del enunciado y de la frase sobre su comienzo para desactivar la po- tencia de su efecto teleologico, incluso en su accion diferida, Esto se aplicaria tambien a la oposicion entre estructuras de horizontalidad y de verticalidad que operan en el lenguaje. Lo que permite operar de ese modo es interpretar, en cada «tiempo», el envire especular del discurso, esto es, la economia autorreflectante (planificable) del sujevo en aqud, Economia que mantiene, entre otros, el corve ente sensible ¢ ineligible, y por ende la sumisiGn, subordinacidn y explotacin de lo «femenino». De esta suerte, el trabajo del lenguaje intentaria desbaratar toda manipulacion del discurso que dejara intacto, ademas, a éste. No, forzosamente, en el enunciado, sino en sus presipaestos autalagicos, Asi, pues, su funcisn consistiria em desarraigar el falocentrismo, el falocratisio, para restituir lo masculino a su lenguaje, dejando la posibilidad de un lenguaje distinto, Lo que significa que lo masculino ya no seria «el a2 aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. mis que un lugar restringido, a saber, que en el mismo se habla de aquello que el verbo follar [foutre] enuncia perfectamente. Se habla de follar verbo, en inglés ¢o fuck y se dice que aquello no funciona.» Aquello no funciona... Constatémoslo a partir de imperativos légicos. Lo que suscita dudas en la realidad encuentra su raz6n en una logica que ya ha ordenado la realidad en canto tal. Nada escapa de la circularidad de esa ley. Asi las cosas, ze6mo definir a las mujeres, esa «realidads algo resistente al dis- curso? «EI ser sexuado de las mujeres no-todas no pasa por el cuerpo, sino por lo que resulta de una exigencia Igica en la palabra, En efecto, la légica, la coherencia ins- crita en el hecho de que existe el lenguaje y que esta fuera de los cuerpos aaitados por él, en una palabra, el Otro que se encarna, por asi decirlo, como ser sexuado, exige ese una a una» Asi, pues, la sexualizacién mujer serfa el efecto de una exigencia ldgica, de la existencia de un lenguaje, trascendente a los cuerpos, que necesitaria asir a las mu: jeres una a una para «por asi decirlo», -pese a todo encarnarse, Entiéndase que la mujer no existe, pero que el lenguaje existe, Que la mujer no existe porque el len- guaje -un lenguaje- es duefio y sefior, y porque ella traeria aparejado el peligro guna especie de realidad «prediscussiva»2- de perturbar su orden. Ademiés, sélo en la medida en que no existe ella alberga el desco de esos «seres hablantes» que son los llamados hombres. «Un hombre busca una mujer esto les pareceré curioso- por aquello que se sitia en el mbito del discurso, puesto que, si lo que planteo es cierto, esto es, que la mujer es no-toda, siempre hay algo que en ella se evade del discurso». ‘Asi, pues, el hombre la busca por haberla inscrito en el discurso, pero como ca- rencia, como fall, ¢Seria acaso el psicoanilisis, en su maximo rigor ldgico, una teologia negativa? 2O mas bien su negativo? De esta suerte, lo que se postula como causa del deseo es Ia carenci Del movimiento de la teologia negativa olvida ademés el urabsjo sobre las pro- yecciones: la descatexis de Dios de todos los precidados mundunos y de toda predi- cacidn, El obstéculo filico se resiste a dejarse desposcer, y el Otro seguir’ siendo l en cuanto tal. lugar de inscripcién de sus formaciones. Sin embargo, deshacerse del cuerpo no siempre es un tramite sencillo para un psicoanalista. Cémo someterlo ala maquinaria légica? 67 aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. Matriz, inconsciente, del lenguaje del hombre, ella no tendria, por su parte, mis relacién con «su» inconsciente que la marcada por tna irreducible desapropiacisn. En la ausencia, el éxtasis,... el silencio, La ek-sistencia de este lado y del de mas alli de tado sujeto. eCémo regresa ella de tales encantos ala sociedad de los hombres? «Para ese goce de que ella es no-toda, es decir, que la torna ausente en alguna parte en tanto que sujeto, ella encontrani el tapdn de ese “a” que sera su hijo.» Pues si... De nuevo... en los Eseritos y Seosinarios de Jucques Lacan, cit 79 aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. estd en exceso respecto ala forma esto es, el sexo fenrenino~ se ve necesariamente re chazado debajo 0 encima del sistema en vigor. caLa mujer no existen? Respecto a la discursividad. Quedan sus/los restos: Dios y la mujer, «por ejemplo», De abi esa instancia afectada de mutismo, pero elocuen- te en su silencio: lo real. Sin embargo, la mujer es algo que habla. Pero no «iguabs, no «lo mismor, no s y «respuestas» fueron objeto de un intercambio epistolar, 116 aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. especifica. En efecto, la explotacida de las mujeres no constituye una cuestién regio nal, en el interior de lo politico, y que concerniria tan sélo a un «grupo» de la po- blacisn, 0 una epartes del cuerpo» social, Cuando las mujeres quieren salir de la explotacién, no sélo destruyen algunos aprejuicios», perturban todo el orden de los valores dominantes: econdmicos, sociales, morales, sexuales. Ponen en tela de juicio toda teoria, todo pensamiento, todo lenguaje existente, en tanto que monopoliza- dos en exclusiva por los hombres, Interpelan al fundaiento mismo de nuestro arden social y cultural, caya organizacisn ha sido prescrita por el sistema patriarcal. El fundamento patriarcal de muescra socialidad es, de hecho, reintegrado por la politica de hos, aunque sea de «izquierda». Hasta hoy, en efecto, ef marxismo se ha acupado muy poco de los problems de explotacién especifica de las mujeres y las lu: chas de las mujeres parecen, por regla general, molestar a los warxistas, Mientras que esas luchas podrian interpretarse con la ayuda de esquemas de anilisis de la explo- tacién social a la que apelan precisamente sus programas politicos. Con la condi- cidn, sin embargo, de utilizar de manera diferente esos esquemas. Pero hasta hoy ninguna politica ha examinado su relacién con el poder falocritico. Concretamente, eso quiere decir que las mujeres deben, por supuesto, continuar luchando por la igualdad de salarios, de los derechos sociales, contra la discrimina- cin en los empleos, los estudios, etc. Pero esto no es saficiente: mujeres sencillamen- te «iguales» a los hombres serfan «como ellos», y por ende no mujeres. Una vez més, la diferencia de los sexos se verfa de tal suerte anulada, ignorada, recubierta. Asi pues, es preciso inventar, entre mujeres, nuevas modalidades de organizaciSn, nuevas formas de lucha, nuevas protestas. Los distintos movimientos de liberacién ya han co- menzado a hacerlo, y se perfila una «internacional» de las mujeres. Pero, tambiéa en este caso, es preciso innovar: la institucién, la jerarquia, la autoridad es decir, las for- mas existentes de lo politico, son asunto de los hombres. No los nuestros Ello explica algunas dificultades con las que se han topado los movimientos de liberacién. Si las mujeres se dejan atrapar por la trampa del poder, porel juego de la autoridad, si se dejan contaminar por el funcionamiento «paranoico» de la politica masculina, ya no denen nada que decir ni que hacer en sano que mujeres, Por eso una de las tareas, hoy en Francia, consiste en intentar reagruper a las distintas ten- dencias del movimiento en un detcrminado nimero de temas y de acciones especi- ficas precisas: la violacisn, el aborto, la impugnacin del privilegio del apellido del padre en caso de decisién juridica paca saber «a quién pertenecen» los hijos, la par- ticipacién con plenos derechos de las mujeres en las decisiones y en el ejercicio le- gislativo, etc. Pero todo esto no debe esconder que las mujeres reivindican sus de- rechos para que sobrevenga su diferencia, 123 aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. VID sence La sociedad que conocemos, lo que constitaye nuestra cultura, se basa en el in- tercambio de las mujeres. Sin el intercambio de las mujeres, volveriamos a caer ~di- cen~en la anarquia (?) del mundo natural, en lo aleatorio (2) del reino animal. Asi, pues, Jo que asegura el paso al orden social, al orden simbélico, al orden a secas, es gue los hombres, los grupos de hombres, pongan en circulacién entre ellos a las mujeres: regla conocida con el nombre de prohibicién del incesto. Con independencia de la forma familista que puede cobrar esa prohibicién en un determinado estado de la sociedad, su significado alcanza a todas ellas. Ase- gura lo gue es nuestro fundamento del orden econémico, social y cultural desde hace siglos ePor qué intercambiar mujeres? Porque son «bienes enrarecidos y esenciales para la vida del grupo», afirma el antropologo. ¢Por qué ese caricter de rarefaccion, habida cuenta del equilibrio bioldgico entre nacimientos de hombres y de mujeres? Porgue «la tendencia poligama profunda, cuya existencia cabe admitir en todos los hombres, hace que siempre parezca insuficiente el ntimero de mujeres disponibles. Y aunque las mujeres sean numéricamente equivalentes a los hombres, no todas son igualmente deseables, de tal suerte que, por definicisn, las mujeres deseables son una minoria» (Levi-Strauss, Estructuras elementoles del parentesco) 2Los hombres son todos igualmente descables? Las mujeres no tienen ninguna tendencia a la poligamia? Preguntas que no se formula cl antropélogo honesto. A fortiori: epor qué los hombres no son objeto de intercambio entre las mujeres? Por- que los cuerpos de las mujeres aseguran -con su uso, su consumo, su circulacién~ la condicién de posibilidad de i socialidad y de la cultura, pero siguen siendo una «infraestructura» desconocida de su elaboracién. La explotacién de la materia se- 127 aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. decir, que ya no tenga cuerpo, materia, naturaleza, sino que sea objetivaciéa, crista- icin en objeto visible, de la actividad del hombre. Para devenir equivalente, la mercancta cambia de cuerpo. Su otigen material es sustituido por un origen sobrenatural, metafisico. De tal suerte que su cuerpo de- viene cuerpo transparente, pura fonomenalidad del valor. Pero esa transparencia constituye un plus respecto ala opacidad material de ta mercancia Una ver mas, la esqnicia existe entre los dos. Doble cara, doble polo, la naturale- za y lo social estin divididos, como lo sensible y lo inteligible, la materia y la forma, lo empirico y lo transcendental... La mercanefa, como el signo, padece dicotomias metafisicas, Su valoz, su verdad, es lo social. Pero lo social se sobreafiade a su natu- raleza, a su materia, v la subordina como valor minimo, e incluso como no valor. La participacion en lo social exige que el cuerpo se someta a una especularizacién, a una especalacién, que le transforme en objeto portador de valor, en signo calibrado, en significante acufable, en «apariencia» referida a un modelo que produce autori- dad, La mercancia la mujer esti dividida en dos «cuerpos» irreconciliables: sx cuct- po «natural» y su cuerpo socialmente valioso, intercambiable: expresién (particu- larmente mimética) de valores masculinos. Sin duda, esos valores expresan también anaturaleza», esto es, gasio de fuerza fisica. Pero ésta —esencialmente masculina, porlo demas- sirve para la fabricacién, para la transformaci6n, para la tecnificacion de los productos naturales. De tal suerte que esa propiedad sobre-natural va a cons- titvir el valor del producto. Analizando en tales términos el valor, Marx pone de ma- nifiesto el caracter meta-fisico del funcionamiento social. Asi, pues, la mercancfa es doble toda vez que su valor posee una forma fenome- nal propia, distinta de su forma natural: la del valor de cambio. Y no posee nunca esa forma si se la considera por separado. Una mercanefa no tiene esa forma feno- menal sobreafadida a su naturaleza sino en relacion con otra. Como sucede entre signos, el valor solo aparece con la operacion de la relacién. Salvo que esa operacién de la relacién no puede ser realizada por ellos -por ellas-, sino que corresponde a la operaci6n de dos imtercambiadores. El valor de cambio de dos signos, dos mercancfas, dos mujeres, es una representacidn de las necesida- des-deseos de sujetos consumidores-intercambiadores: no les es «propia» en modo alguno, Ea Gltima instancia, las mercancfas “incluso sus relaciones~ son la coartada material del desco de relaciones entre hombres, A tal objeto, las mercancias son de~ sapropiadas de sus cuctpos y revestidas de una forma gue las apropia para cl inter- cambio entre hombres. en esa forma valiosa, se ek-stasia el deseo de ese intereambio, y el Sin embargo, reflejo que de su valor y del de su semejante busca en ella el hombre. En esa sus- B4 aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. Asi, pues, las mujeres representarian un valor natural y un valor social. Su «de- venir» serfa el paso de uno a otro. Pero sencillamente nunca habrfa tenido lugar. En tanto que madre, la mujer permaneceria en el campo de la naturaleza (rebproduc- tora y, de resultas de ello, la relacién del hombre con lo «natural» no serfa nunca com- pletamente superada. Su socialidad, su economia, su sexualidad siempre tendrian re- lacién con el trabajo de la naturaleza: de esta suerte, ellas permanecerian una y otra vez en el Ambito de la primera apropiacidn, la de la constitucién de la naturaleza como bien raiz, y del primer trabajo, agricola. Pero esa relaci6n, insuperable, con la natura- leza productora deberfa negarse en la prevalencia de las telaciones entre hombres. Lo que significa que la madre, instrumento reproductor marcado con el nombre del pa- dre y encerrado en su casa, serd propiedad privada, inhabilitada para los intercambios. La probibicién del incesto representa esa prohibicién de la entrada de la naturaleza re- productoma en los intercambios entre hombres, Valor natural y valor de uso, la madre no puede circular bajo forma de mercancfa so pena de abolir el orden social. Necesa- ria para su (re)produecién (especialmente en tanto que [re |productora de hijos y de fuerza de trabajo: mediante la maternalizacién, el amamantamiento, y por regla gene- ral, el cuidado doméstico), su funcién consiste en mantenerlo sin gue su intervencién lo modifique. Ademés, sus productos sdlo circulanin marcados con el nombre del pa- dre, presos en su ley: es decir, en tanto que apropiades por él. La sociedad serfa el lu- gar del engendramiento del hombre por si mismo, de la produccién del hombre en tanto que hombre, de su nacimiento a la existencia humana», «sobrenaturab>, En cambio, la mujervirgen es puro valor de cambio. No es nada mis que la posi- bilidad, el lugar, el signo de las relaciones entre hombres, En si misma no existe: mera envoltura que recubre la puesta en juego de la circulacién social. En calidad de tal, su cuerpo natural es abolido en su funcidn representativa, La sazgre roje per- maneceria en el campo de la madre, pero no tendria precio, en cuanto tal, en el or- den social; la mujer, a su vez, en tanto que moneda de cambio ya no seria mas que apariencia, El paso ~titualizado~ de la mujer a la madre se realiza mediante la trans- gresion de una envoltura: el himen, Ha sido constituido como tabri: el de la virgini- dad, La mujer, desflorada, serfa devuelta a su valor de uso y a su dominaci6n en la propiedad privada, Sustraida al intercambio entre hombe Queda la prostituta. Implicitamente tolerada, explicitamente condenada por el orden social. eSin duda porque el corte entre uso ¢ intercambio es, en ella, menos nitido? Las cualidades del cuerpo de la mujer son «titiles» al respecto. Sin embargo, no tienen més «valor» que el de haberse visto apropiadas por un hombre, y el de servir de lugar de relaciones -ocultas~ entre hombres. La prostitucién seria wso que se intercarbia, No en tanto que virtual, sino ya realizado. El cuerpo de la mujer ob- BB aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. Mercancfas entre ellas Los intercambios que organizan las sociedades patriarcales tienen lugar, exclusi- vamente, entre hombres. Mujeres, signos, mercancies, moneda, pasan siempre de un hombre a otro, so pena -se afirma~ de recaida en vinculos incestuosos y exclusi- vamente endogdmicos, que paralizarian todo comercio, De esta suerte, la fuerza de trabajo, los productos, incluso de la tierra-madre, serfan objeto de transacciones ex- clusivamente entre los hombres. Lo que significa que la posibilidad misma de lo so- ciocultural exigiria la homosexnatidad, Tal seria la ley que la ordena, Donde la hete- rosexualidad corresponde a una asignacién de roles en la economia: sujetos productores ¢ intercambiadores unos, tierra productiva y mercancfas las otras. La cultura, al menos la patriareal, funcionarfa en efec:o como la prohibicién del regreso ala sangre raja, incluso del sexo. De donde se deriva el imperio de la aparien- cia, que ignora atin sus endogamias. Porque no habria mas sexo, ni sexos diferentes, gue el prescrito por la buena marcha de las relaciones entre hombres. ePorqué, entonces, considerar la homosexualidad masculina como un hecho ex- ubtiende la economia general? ¢Por qué excluir a los ho- cepcional, mientras que mosexuales, cuando la sociedad postula la homosexualidad? Sino porque ef «inces- to» que alli opera debe permanecer en la apariencia Tal es el caso, ejemplar, de las refeciones padre-hijo, que asegucan la genealogia del poder pattiarcal, sus leyes, su discurso, su socialidad, Efectivas en todas partes, esas relaciones no pueden ni desaparecer ~en la abolicién de la familia o de la re- produccién monogémica—, ni exhibirse en su amor pederasta, ni practicarse en modo alguno, salvo en el lenguaje, sin provocar una crisis general, Una determina- da simbélica encontrarfa ali su fin. 143 aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. Copyrighted material aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. vosotras, siempre unido al dolor, pero que tal era vuestra naturaleza, Hasta el pun- to de que desobedecerla equ q Pero, curiosamente, vuestra raturaleza siempre estaba definida exclusivemente por los hombres, vuesttos eternos pedagogos: en ciencias sociales, religiosas, o sexuales. dria a provocar vuestra desgra Vuestros maestros morales o inmorales. Ellos os han ensefiado vuestras necesidaces o deseos, sin que haystis empezado a decir algo al respecto. Entonces, preguntaos qué naturaleza habla por su intermediacisn, tedrica 0 prictica. Y sila atraccida os llegata de cosas distintas de lo que ordenan sus propias Heyes, regs y rtuales, pensad que tal vez~se trata de owesira «naturaleza>, quiera esa coartada, Haced lo que se 0s ocurta, lo que os ape- in «razém, sin «causa aceptable», sin «justificaciém», No es necesario elevar vnesiros impulsos a la dignidad de imperativos categéricos: ni para vosotras ni para otros. Estos pueden modificarse, coincidir 0 no con los de éste o aquella. Hoy, no majiana. No os obliguéis a la repeticién, no coaguléis vuestros suefios o deseos en represeataciones (inicas y definitivas, Tenéis tantos continentes que explorar que marcaros fronteras equivaldria ano «gozar» de toda vuestra «naturaleza». tezc: 153 aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. ser tan periectamente simuladoras en su economia, nos relacionamos una con otra sin simulacro, Nuestra semejanza prescinde de la apariencia: mismas ya en nuestro cuerpo. Técate, técame, vas a «ver. No hay necesidad de componernos una segunda figura de cristal para ser «por duplicada», Repetirnos: una segunda vez. Antes de toda representucidn, somos dos, Deja acercarse a esas dos que tu sangre ha hecho, que mi cuerpo te recuerda, vivas, Tienes siempre la belleza conmovedora de una primera vez si no te petrificas en re- producciones, Siempte estas turbada por primera vez si no te inmovilizas en alguna forma de retorno. Sin modelo, patrén, ni ejemplo, nunca nos damos orden, mandato, prohibicién, Que nuestros imperatives no sean mis que llamadas a movernos: juntas. No dicte- mos jamds la ley, la moral, La guerra. No tengamos raz6n. Ni derecho para criticar- te/me, Si ti/yo juzgo, nuestra existencia se interrumpe. Y lo gue amo en ti, en mi, en nosotras ya no tiene lugar: el nacimiento aunca consumado, el cuerpo nunca producido de une vez por todas, la figura nunca definitivamente acabada, el rostro siempre por modelar atin. Los labios nuaca abiertos o cerrados sobre una verdad La luz, para nosoiras, no es violenta. Mortal, El sol, para nosotras, no sale ni se pone sin mis. El dia y la noche se mezelan en nuestras miraclas, Nuestros gestos. Nuestros cuerpos. No tenemos sombra en sentido estricto. No hay peligro, entre no- sotras, de que una n otra sea un doble mas oscuro. Quiero permanecer nocturna, y re- tocar en ti mi noche. Suavemente luminosa, Y por encima de todo no te imagines que te amo brillante como un faro. Dominands, altiva, lo que te rodea. Separarla luz de la noche equivale a renunciar a la ligereza de nuestra mezcla, A endurecer los heterogé- eos que nos hacen tan continuamente toda(s). A dividirnos mediante compartimen- tos estancos, a disociarnos en partes, a cortamos en dos, y mas, Mientras que somos siempre una y otra, al mismo tiempo. No podemos distinguimos asi, Sin dejar de na- cer: toda(s). Sin mas limites ni bordes que los de nuestros cuerpos movientes. Y no podemos dejar de hablamos mais que bajo el efecto, para nosoias dema- siado restrictivo, de un reloj. No te preocupes. Yo contindo, Bajo todas las coaccio- nes de espacios y de tiempos fabricados, yo sin cesar te beso. Que otros nos hu- pan fetiches para scpararnos, es asunto suyo. No nos dejemos inmovilizar en esas imitaciones. Y si, tantas veces, insisto: 0, i, sin... es para recordarte, recordamos, que sdlo nos tocames desnudas. Y que, para encontrarnos asi, tenemos mucho de lo que d 163 aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. Indice general L._Elespejo, del otro lado.. TL Ese sexo que noes uno TIL. Considers IV. Entre V. Cosi fan tutti. VI_La «mecinicas de los fluid VIL. Cuestiones.... ciones retrospectivas sobre la teorfa psicoanalitice ta: Poder del discurso, subordinacién de lo femenino.... VIIL_El mercado de las mujeres .. IX_Mercancias entre ellas X. «Francesas», no hagiis mis esfuerzo XI. Cuando nuestros labios se hablan.. 167 127 143 149 155 aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. Titulos publicados istémicos, |. Wallerstein, G. Arrighi, ‘I. K. Hopkin: Las fuerzas politicas que han modificado la trayectoria del capitalismo analizadas en todo el acco de su existencia histérica al ritmo de las luchas de los movimientos anti: sistémicos. Las verdades némadas & General Intellect, poder constituyente, comunismo, Antonio Ne- griy Felix Guattari Analisis de | s cambios experimentados por las formas de producir y por la composi- ciin de clase dela fuerza de wabajo desde 1968 hasta la actualidad planteados en cle ve politica de accién revolucionaria. El largo siglo xx. Dinero y poderen los origenes de nuestra época, Giovanni Arighi. Estudio magistral del capitalismo como sistema hist6rico dotado de una coherencia temporal y espacial en la sucesion de sus diversos ciclos sistémicos de acumulacion, cuya variaci6n gira en torno a las luchas antisistémicas. Nazismo y clase obrera, Sergio Bologna: Analisis de la chise obrera alemana durante la Reptblica de Weimar y de las formas politicas concomitantes que condicionaron sv oposicién al nazismo en toda Ja com plejidad de una de las coyunturas politicus mas draméticas del siglo Xx La izquierda contraataca. Conflicto de clases en América Latina en Ia era del neoliberalis- mo, James Petras. Situacién de la izquierda latinoamericana en Jos albores del nuevo siglo y anilisis del ataque neoliberal a las condiciones de vida de las sociedades de América Latina, La apuesta por la globalizacion. La geoeconomia y la geopolitica del imper tadounidense, Peter Gowan. ismo euro-es- Anilisis del comportamiento de los mercados financieros durante los tltimos 25 aiios y de las opciones geopoliticas de las potencias capitalistas dominantes, que estan de- finiendo el tablero de la politica mundial de las préximas décadas. Spinoza subversive, Antonio Negri. Spinoza como teérico de la democracia radical y del antagonisme de la nueva com- posicién de clase analizado a partir de la reconstruccién de las propuestas mis libe radoras de la modemidad. Obreros y capital, Mario Tronti Texto de culto de la teoria del antagonismo de clase de la fuerza de trabyjo colectiva explotada en el capitalismo globalizado y de las lineas de fuga para su constitucién revolucionatia en la coyuntura actual. 169 aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. Parecon. La vida después del capitalismo, Michael Albert Reflexiones sobre cémo pensar la organizacién econémica tras el fin del capitalismo para posibilitar una economia sostenible, viable socialmente e innovadora desde el punto de vista empresarial Mas alla de Ef capital, Michael A. Lebowitz. Anilisis de las implicaciones del libro sobre el salario que Marx no Ilego a escribir y de su importancia para pensar una teoria de las hichas, de ln subjetividad antagonista de la fuerza de trabajo y de la invencién de nuevas formas de accién politica. Discurso sobre el colonialismo, Aimé Césaire, Formidable alegato contra el colonialismo y el racismo practicados secularmente por Occidente para explotar a los pueblos no blances y reflexién meditada sobre las con secuencias de la invisibilidad de tales comportamientos para la cultura occidental. Fibricas del sujeto/ontologia de la subversién, Antonio Negri. Cuadernos de trabajo filoséfico en torno a los conceptos de antagonismo y subsun cion real escritos durante los tltimos veinticineo aiios al hilo de las transformaciones subjesivas, sistémicas y epistemol6yicas registradas en lis sociedades capitalistas Nazismo y revisionismo histérico, Pier Paolo Poggio. Indagacién sobre el hilo negro del revisionismo histérico que pretende seescribir la modermidad en clave conservadora y reaccionaria para extirpar del imaginario social la posibilidad de pensar una politica radical. Crisis de la elase media y posfordismo, Sergio Bologna, Analisis de la expansién del trabajo auténomo y de la descentralizacién productiva asi como de las implicaciones politicas de tal transformacién, en un contexto de su- bordinacién creciente de los trabsjadores al poder de mando del capital. El asalto a la nevera, Peter Wollen. Estudio minncioso del movimiento moderno y de sus avatares como propuesta critica y subversiva de los eddigos estéticos e imaginarios contemporineos ¢ indagacidn so- bre las formas que estan poniendo en tela de juico el predominio cultural occidental. Espacios del capital, David Harvey. Analisis de la dindmica capitalista como forma de produccién de espacio y de confi- guracion del territorio en el marco de la reproduccin del capitalismo global, y estu- dio del espacio como componente esencial de las estrategias de dominaci6n. a De la esclavitud al trabajo asalariado, Yann Moulict Boutang. Reconstruccién exhaustiva de la economia politica del trabajo dependiente a lo largo de la historia del capitalismo, que muestra que el trabajo asalariado ha sido mis la ex- cepcidn que la regla y presenta las estrategias de fuga como vector esencial para com prender la fisiologia de este sistema. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. cer lol me Recodo Mee a Ne eget gel Cree ec eee ake ta eke ac roo Petar Mao sterol Mle alice Ua eRe ER CU Wel Ua atc CMT aM Tulse Bee col ro acu c= ol eC Fis repuso: CO ee oad eee respecto a la Cie einen Cac eu ES ee Dee ae por erg TCs 4Cémo interpretar el funcionamiento social a partir de la explota- Crete ematy TeeeekCM CuI cere mtr Cd BU ola MSI ieee NUNCA Yel ero caed --O o Pulau emote {Qué rodeo hay que dar para escapar de la cultura patriarcal? ery Be Nei RU oC Ra Pract Ae UC een LeU Rect COOP uct Ct a ete tae un eee CO ete SRE ce Cee uO ee MCL ta PEL Ute eM Cece MCUL CRU Ceo ele eee meee oem MCC UN UL) RUC Cure Roe A RCN UR Colette eo ome Ree SOM Mur CU Ke ce cece Ce oem Coe eC oe aN eee coe Me EST lo El sol ya habia salido hace mucho tiempo. Una historia no termina- Weiter ele (Um elle Ue MT RU eC) CRC Me eee EU LMC eL OMS SRN RU CR ur) oes LI. Ca eA eal ps elalny arian nine Eee ee ei Cee Coenen ee a Cae oe eo oe pyrighted mat