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VIA CRUCIS DE ACCIÓN DE GRACIAS

(Vía Crucis en verso romancero)

Fr Rufino María Grández, OFMCap.

HERMANOS MENORES CAPUCHINOS


GUADALAJARA (JALISCO)
FEBRERO 2018

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PÓRTICO

Cuando rezamos el Vía Crucis contemplamos a Jesús, que sufre


siendo hombre e Hijo de Dios. Frente a él nos miramos a nosotros,
pecadores, causa de los sufrimientos del Señor. Miramos a los in-
numerables hermanos nuestros de la tierra que sufren su Vía Cru-
cis, su Calvario. En fin, cielo y tierra están presentes en este “ejer-
cicio” de devoción popular, tan simple, tan provechoso, tan propio
de la santa Cuaresma. Tantas y tantas vivencias puede provocar un
Vía Crucis
El hermano que esto escribe, en esta Cuaresma se ha puesto a
escribir un Vía Crucis como un sencillo juglar del amor a Dios para
decir a Jesús con humildad y sencillez: Gracias, Jesús, por lo que
me has amado, por lo que has padecido por mí y por todos los
hombres; gracias, Jesús, no acierto a decirte otra cosa. Yo sé que
son muchas las desgracias del mundo, pero hoy, al rezar el Vía cru-
cis, dejando en suspenso tantas y tantas vivencias dolorosísimas,
quiero simplemente mirarte, sentirme amado y agradecerte el don
infinito de tu vida.
Esto es sencillamente lo que he escrito. Y lo hecho con cierto
estilo franciscano, porque el Hermano Francisco de Asís quería que
sus hermanos fueran por el mundo como Juglares del Señor (iocu-
latores Domini), exhortando a todos los hombres, con sus versos y
canciones, al amor de Dios, al amor entre los hermanos. Este
quiere ser un sencillo Vía Crucis de Jugares, en verso romancero.
Dicen las fuentes franciscanas:

Quería, y es lo que les aconsejaba, que primero alguno de


ellos que supiera predicar lo hiciera y que después de la predi-
cación cantaran las Alabanzas del Señor, como verdaderos ju-
glares del Señor. Quería que, concluidas las alabanzas, el pre-
dicador dijera al pueblo: «Somos juglares del Señor, y la única
paga que deseamos de vosotros es que permanezcáis en verda-
dera penitencia». Y añadía: «¿Qué son, en efecto, los siervos de

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Dios sino unos juglares que deben mover los corazones para
encaminarlos a las alegrías del espíritu?» (Leyenda de Perusa
83).

Por lo demás…, quien estas cosas viere y entendiere sepa que,


residiendo en Jerusalén en época de estudios el autor compuso un
Vía Crucis de Jerusalén 1984 (con estrofas de endecasílabos y
las correspondientes introducciones: mercaba.org / Rufino María
Grández / El pan de unos versos / Año litúrgico / Cuaresma) al que
le hermana cisterciense Miren Garamendi pudo un doble módulo
musical, para poder recitarlo cantando.
El Viernes Santo del año 1991 el papa Juan Pablo II inició una
fórmula nueva del Vía Crucis, todo él con escenas evangélicas, sin
querer suprimir, ni mucho menos, el Vía Crucis tradicional. En el
Vía Crucis tradicional la piedad cristiana ha contemplado las tres
caídas de Jesús, el lienzo de la Verónica y el Encuentro con su ma-
dre. Estas cinco estaciones fueron omitidas.
En aquel Vía Crucis de 1991 el Papa S. Juan Pablo II añadió la
XV estación: Jesús resucita al tercer día de entre los muertos.
La Virgen María, junto a la Cruz de su hijo en el Calvario (nueva
estación del Vía Crucis), nos acompañe.

Guadalajara, Jalisco (México), 20 febrero 2018

Fr. Rufino María Grández, OFMCap.

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Primera Estación: Jesús en el huerto de los Olivos

Sangre de Getsemaní
de Jesús por mí vertida,
sangre de Dios Encarnado
que a mí me da eterna vida.

Es la uva en el lagar
por el dolor exprimida,
que está manando de adentro
el amor que dentro había.

Un ángel le consolaba,
alzando el alma abatida,
porque era varón de dolores,
sufriendo nuestras heridas.

El Cáliz del Padre amado


¿no he de beberlo?, decía,
y hasta la última gota
por mi amor se lo bebía.

Oh Jesús de mis sudores,


que mi pecho en ti latía,
acepta mi vida humilde
en gratitud y latría.

Santo de Dios, ¡oh Jesús!


del Padre dicha infinita,
con el Padre y el Espíritu
mi alabanza vaya unida. Amén

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Segunda Estación: Jesús, traicionado por Judas, es
arrestado

Con un beso del traidor


a Jesús, manso cordero,
le prendieron en la noche,
luz de luz, pascual lucero.

Enemigos de Jesús,
que venís con fuertes fierros,
las armas no son precisas
que él se entrega prisionero.

Él para eso ha venido


para ser del todo nuestro,
nuestros pecados son suyos,
nuestro amor y sufrimiento.

Sois mis hermanos, nos dice,


que enemigos yo no tengo,
haced de mí cuanto plazca,
que yo soy del todo vuestro.

Y prendieron a Jesús,
víctima del matadero,
desde Adán hasta mí mismo
es hermano verdadero.

¡Cristo Jesús, mi Señor,


por todos los hombres muerto,
gracias mi Dios redentor,
por mí prendido en el Huerto! Amén.

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Tercera Estación: Jesús es condenado por el Sane-
drín

Yo te conjuro por Dios,


alzado Caifas le dijo:
que jures ante el Consejo
si eres Hijo del Bendito.

Y humildemente Jesús,
su rostro en el Padre fijo,
ante el pleno Sanedrín
"Sí lo soy, lo testifico".

Anunciado en los Profetas


soy el Hijo prometido,
Hijo del Hombre en Daniel,
de David glorioso Hijo.

Blasfemo y reo de muerte


por el infame delito,
fuiste, Jesús, condenado,
oh Hijo de Dios, dulcísimo.

Hijo de Dios y mi hermano,


que en tu sangre participio,
mi Dios, mi ser, mi futuro
de la Escritura el sentido.

A ti, Jesús, adorado,


gloria y honor te rendimos,
con el cielo y con LA tierra
por los siglos de los siglos! Amén.

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Cuarta Estación: Jesús es negado por Pedro

No lo conozco y juró
Pedro el apóstol primero,
Y hasta maldijo su día
Pedro, el apóstol sincero.

¿Cómo es posible, mi Dios,


esta locura aquí dentro?
¿Cómo es posible que un día
rechace yo cuanto creo?

Locura del corazón,


del que ignoro su misterio;
¡piedad, mi Dios, mi Jesús!,
que solo al pensarlo tiemblo.

Aleja, amoroso Cristo,


este horrible sacrilegio,
toma mi vida y mi muerte
que jamás negarte quiero.

Guárdame bajo tu manto


en humildad y silencio,
Jesús en tu corazón,
metido adentro en tu pecho.

¡Jesús testigo del Padre,


nuestro único sendero,
la Verdad de Dios que eres
ha de ser mi eterno cielo! Amén.

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Quinta Estación: Jesús es condenado a muerte por
Pilato

Con arreglo a humanas leyes


fue por Derecho proscrito:
como Rebelde del Pueblo,
de la Paz Romana indigno.

Crucifícalo, Pilato,
si eres del César amigo
y Pilato se rindió
ante el reclamo judío.

Pilato lavó sus manos,


de un crimen desentendido,
pero firmó la sentencia
y la firmó porque quiso.

El Bienhechor de los hombres


en su Patria no halló sitio.
y fue expulsado a la muerte
por humano veredicto.

Perdona nuestro pecado


el más grave cometido;
lo hicimos por ignorancia
y estamos arrepentidos.

Oh Jesús, Bondad del mundo,


Santo de Dios infinito:
que sea tu santidad
nuestro cielo prometido! Amén.

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Sexta Estación: Jesús es flagelado y coronado de es-
pinas.

Azotado y escupido,
a ras de tierra humillado,
el más bello de los hombres
por mi maldad afeado.

Siervo de Dios que el Profeta


contempló desfigurado,
porque hizo suyas mis culpas
y con ellas fue cargado.

En tu hermosura escondida,
Hijo de Dios te adoramos,
que más hermoso hermoseas
cuanto más vilipendiado.

Tu fealdad era mía,


suciedad de mis pecados,
mas tu hermosura divina
es tu amor inmaculado.

¡Pasión de Dios en su Hijo,


todo amor, todo donado,
divina faz de Jesús,
que hoy brilla sacramentado!

Jesús, Vencedor celeste,


por el Padre coronado,
hoy tus espinas radiantes
son mi triunfo deseado! Amén.

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Séptima Estación: Jesús carga la cruz

Carga Jesús con su cruz,


que recibe como a esposa;
se abría el camino nuevo:
que es la Vía Dolorosa.

La cruz para sí la quiere


como la dote preciosa;
el Padre se la confía
porque ha llegado la hora.

Ya no hay Jesús sin la Cruz,


amor que a él enamora,
ni hay discípulo en verdad
sin esta Cruz salvadora.

Oh trance de enamorados,
secreto donde Dios obra;
gira el orbe, vuelve y gira,
y la Cruz impera sola.

Tomó Jesús su patíbulo,


y su alma goza y llora;
es este su sacramento
y el mundo entero en él mora.

¡Jesús doliente, amantísimo ,


guárdanos bajo tu sombra,
Jesús, Redentor invicto,
a ti las gracias y gloria! Amén

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Octava Estación: Jesús es ayudado por Simón el Ci-
rineo a llevar la cruz

Discípulo señalado
es Simón el Cireneo
que ayuda a llevar la Cruz
a Jesús, humilde reo.

Cruz compartida que es gracia,


que Dios concede a sus siervos,
partícipes de Jesús,
de su misión y su anhelo.

Cruz que a todos nos hermana


en el empeño del Reino,
cruz de dolor, paraíso
que nos ofrece el Maestro.

Como Simón de Cirene


la santa Cruz abracemos
día a día con amor
tras de Jesús Nazareno.

Nos abres tu intimidad,


nos muestras tus sentimientos,
cuando nos dices, Jesús,
cuáles son tus sufrimientos.

¡Oh Cristo dulce esperanza


del cielo camino abierto,
con el Padre y el Espíritu
a ti sea el gozo eterno! Amén.

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Novena Estación: Jesús consuela a las mujeres de
Jerusalén.

Hijas de Jerusalén,
piadosas, santas mujeres,
recordáis a nuestras madres
y el corazón se enternece.

Lloradle a Jesús, lloradle,


que va condenado a muerte,
mirad sus ojos divinos,
mirad la paz en su frente.

Y acoged esa palabra,


que él os habla dulcemente:
No lloréis por mí – suspira –,
llorad por el mal que viene.

Llorad por Dios rechazado,


miradme, que en mí aparece,
llorad por vosotras, sí,
por los hijos increyentes.

Por un mundo que resiste


y el amor de Dios no quiere,
por ese he llorado yo
a quien amo eternamente.

¡Oh Jesús de vivas lágrimas


que de amar no te arrepientes,
por tu infinito perdón
gracias y gloria perenne! Amén.

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Décima Estación: Jesús es crucificado

Sobre aquel árbol de Adán,


árbol de desobediencia,
tendido está el Creador
y clavado con fiereza.

Se alza la cruz del Calvario,


puente del cielo y la tierra,
y a él mira la esperanza
que el amor vence e impera.

Dulce Jesús del madero,


sello y paz de nuestra espera,
nave del mundo agitado,
del buen fin, segura estela.

¡Oh cruz preciosa del Hijo,


que ante mis ojos se eleva,
yo la beso con ternura
y quiero morir con ella!

Que en la santa Trinidad


me acojan al verme en ella,
porque es mi triunfo y mi gloria
mi pertenencia y mi seña.

¡Hermosa cruz salvadora,


que hasta en los cielos penetras,
salve, vida en el Amado,
sacramento y gloria seas! Amén.

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Undécima Estación: Jesús promete su reino al buen
ladrón

Uno más entre malvados,


desnudo entre dos bandidos,
en esta fosa del mundo
va a morir Jesús purísimo.

Pero el amor no se mancha


y en la maldad sale invicto,
Cuando llegues a tu reino,
acuérdate de este hijo.

Con una dulce mirada,


con un amor infinito
“Hoy mismo estarás – le dice –
conmigo en el Paraíso”.

Dulce Jesús de perdones,


que borras todo delito,
ese eres tú y tu Iglesia:
perdón y nunca castigo.

¡Qué paz derramas, mi Dios,


apenas que yo te miro,
que no hace falta saber
si estoy del todo contrito!

¡Jesús de brazos abiertos,


que nadie queda excluido,
en el corazón del Padre
seas tú nuestro latido! Amén

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Duodécima Estación: Jesús en cruz, su madre y el
discípulo

Jesús, la Madre, el discípulo


para siempre en unidad,
cuando va a nacer la Iglesia
y Jesús se va ausentar.

Y lo que Dios quiso unido


nadie lo va a separar:
la Madre que ha sido y es,
lo ha de ser hasta el final.

La Madre del Redentor,


Madre del Cristo total,
la que vela e intercede,
como intervino en Caná.

La Madre compadeciente,
que dio a luz en el portal,
con su Hijo en el Calvario
es la Madre universal.

Llena de gracia, María,


toda Madre en humildad,
a ti, Madre, yo me acojo.
como el discípulo Juan.

¡Gracias, Jesús, nuestro amado


por tu Iglesia maternal,
con ella y tú nuestro guía,
contigo a la Trinidad! Amén.

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Decimotercera Estación: Jesús muere en la cruz.

Mirad al Hijo de Dios


que está muriendo de amor:
es Jesús de Nazaret,
mi Divino Redentor.

Los apóstoles proclaman:


Me amó y por mí se entregó.
Que sea nuestra respuesta:
Es tuyo mi corazón.

Dulce Jesús Nazareno,


Dios de toda compasión;
eres Dios muriendo así,
en labios del centurión.

La historia de cielo y tierra,


la vida y la creación
confesamos, celebramos:
Gracias, Jesús amador.

Acógenos en tus llagas,


Haznos tu respiración.
somos hijos en el Hijo:
Gracias, mi hermano y mi Dios.

¡Gloria al Padre, gloria al Hijo


y al Espíritu de Unción;
por siempre deificados,
gozo y paz, consolación! Amén.

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Decimocuarta Estación: Jesús es sepultado.

Lo bajaron de la cruz
para darle sepultura;
la Madre lo toma en brazos,
como un día de la cuna.

Las lágrimas contenidas


hablan férvidas y mudas;
la tarde es de inmensa paz
y el Sábado ya se alumbra.

Pensando estoy, mi Señor,


junto a tu tumba en mi tumba,
será un sueño pasajero:
mi ruta será tu ruta.

Detrás de la tumba el Padre


y nuestra dicha futura,
la familia que me espera
la maravilla absoluta.

Tu cayado nos precede


en la final andadura;
caravana de la fe,
que del cielo nos saludan.

¡Hijo de Dios sepultado


en la esperanza segura,
te adoramos en tu paz,
Dios de toda la ternura! Amén.

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Decimoquinta Estación: Jesús resucita al tercer día
de entre los muertos.

Vive el Viviente Jesús


y su vida es toda vida,
y si vida queréis ver
miradla en nuestra alegría.

Resucitaste, Jesús,
Cirio que nos ilumina,
Hoguera de nuestra fe,
Presencia que vivifica.

Esposo de mis anhelos,


más mío que el alma mía,
más real que el yo real,
y la tumba está vacía.

Resucitaste, mi Dios,
Nazareno de mis días,
y en ti estoy resucitado
yo que contigo moría.

En ti cantaré contigo
y tú serás mi armonía
en ti me abandonaré
Jesús, mi dicha infinita.

¡Gloria a Dios, amor y gloria,


oh Trinidad beatísima,
por los siglos de los siglos
de amor el alma transida! Amén.

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Secuencia de las XV estaciones del Vía Crucis
(Vía Crucis de S. Juan Pablo II en 1991)

I. Primera Estación: Jesús en el huerto de los Olivos.


II. Segunda Estación: Jesús, traicionado por Judas, es arres-
tado.
III. Tercera Estación: Jesús es condenado por el Sanedrín.
IV. Cuarta Estación: Jesús es negado por Pedro.
V. Quinta Estación: Jesús es condenado a muerte por Pilato.
VI. Sexta Estación: Jesús es flagelado y coronado de espinas.
VII. Séptima Estación: Jesús carga la cruz.
VIII. Octava Estación: Jesús es ayudado por Simón el Cirineo
a llevar la cruz.
IX. Novena Estación: Jesús consuela a las mujeres de Jeru-
salén.
X. Décima Estación: Jesús es crucificado.
XI. Undécima Estación: Jesús promete su reino al buen la-
drón.
XII. Duodécima Estación: Jesús en cruz, su madre y el discí-
pulo.
XIII. Decimotercera Estación: Jesús muere en la cruz.
XIV. Decimocuarta Estación: Jesús es sepultado.
XV. Decimoquinta Estación: Jesús resucita al tercer día de
entre los muertos.

Nota. Este VÍA CRUCIS ha sido subido a Internet por el autor a su blog de
“Las hermosas palabras del Señor”: 1049. VIA CRUCIS DE ACCIÓN DE GRA-
CIAS en verso romancero, con fecha de 22 de febrero de 2018.

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