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¿Elitismo cultural, demagogia

populista o tecnocracia aséptica?


Sobre la legitimación en la determinación
Bogotá, Colombia • julio-diciembre 2011 • ISSN 1657-9763

del patrimonio cultural local*


Fernando Acevedo

Introducción y contextualización

A mediados del año 2009 culminé una investigación que abordó una temática hasta hoy inexplo-
rada en Uruguay: la identificación, evaluación, rescate, preservación y promoción del patrimonio
138 cultural inmaterial local. Dicho así, parece un proyecto excesivamente ambicioso. Y en efecto lo fue:
identificar, evaluar, rescatar, preservar y promover el capital patrimonial inmaterial de un lugar no es
tarea sencilla ni menor. Más aun, cada uno de esos verbos en infinitivo, cada una de esas tareas,
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ofrece una constelación de dificultades y problemas y, en consecuencia, exige poner en juego una
creatividad persistente y un enorme esfuerzo de reflexión en torno a cuestiones ideológicas, teó-
ricas, metodológicas, éticas y políticas que surgen a cada paso, creatividad y esfuerzo que deben
enfrentarse a un vasto espectro de tomas de partido y posicionamientos –ideológicos, teóricos,
metodológicos, éticos, políticos–.
Identificar, evaluar, rescatar, preservar, promover... Cinco tareas indisolublemente articula-
das entre sí, sólo separables con fines analíticos y prácticos. Una vez separadas, es fácil vislum-
brar que cada una de ellas se sostiene en la anterior: se promueve lo que ha sido preservado,
se preserva lo que ha sido rescatado, se rescata lo que ha sido evaluado –como valioso, como
significativo–, se evalúa lo que ha sido identificado. Cinco tareas y una lógica secuencial que per-
miten representar a su conjunto como un sistema constructivo, como un edificio donde cada piso
que se levanta, una vez consolidado, sostiene al siguiente. Pero… ¿qué ocurre si el primer piso
–“identificar”–, ese que sostiene a todos los demás, no se construye con la suficiente solidez?
Y más aun: ¿quién sostiene el primer piso? ¿Cuáles son, cuáles deben ser, los cimientos de ese
piso que debe sostener todo un edificio en permanente construcción? ¿Quiénes son, quiénes
deberían ser, sus maestros de obra, sus constructores? ¿Cuáles sus lógicas constructivas, sus
procedimientos, sus herramientas?
Si bien en Uruguay no existe, hasta donde sé, ningún estudio sistemático referido a la proble-
mática en cuestión, en las últimas décadas en muchos países ha aumentado la sensibilización
respecto a la necesidad imperiosa de actuar para salvaguardar y promover sus formas singulares
de expresión cultural, lo cual también contribuye en forma significativa al reconocimiento y enrique-

* Cómo citar este artículo: Acevedo, F. (2011). ¿Elitismo cultural, demagogia populista o tecnocracia aséptica? Sobre la
legitimación en la determinación del patrimonio cultural local. En: Apuntes 24 (2): 138-151.
Vista parcial de las
ruinas de la usina de
Cuñapirú, desde el
interior de la mansión
de sus primeros
propietarios.
Fotografía:
Fernando Acevedo
¿Elitismo cultural, demagogia poulista o tecnocracia
aséptica? Sobre la legitimación en la determinación del
patrimonio cultural local
Cultural elitism, populist demagogy or aseptic technocracy? On the legitimation in the
determination of local cultural heritage
Elitismo cultural, demagogia populista ou tecnocracia asséptica? Sobre a legitimação na
determinação do patrimônio cultural local
Código SICI: 1657-9763(201112)24:2<138:EDTDPC>2.3.TX;2-E

Fernando Acevedo
face@farq.edu.uy
Bogotá, Colombia • julio-diciembre 2011 • ISSN 1657-9763

Universidad de la República de Uruguay


Arquitecto, Licenciado en Ciencias Antropológicas, Magíster en Política y Gestión de la Educación. Profesor adjunto en el
Centro Universitario de Rivera (Universidad de la República, Uruguay), Docente efectivo en el Centro Regional de Profesores
del Norte (Uruguay), integrante de la Comisión de Patrimonio de Rivera, miembro de la Junta Directiva de la Agencia de De-
sarrollo de Rivera y de la Comisión Departamental de Educación (Rivera, Uruguay). Diseño y ejecución de la Investigación
“Minas de Corrales: identidad y patrimonio cultural inmaterial”, Premio 2008 del Fondo Concursable para la Cultura (Minis-
terio de Educación y Cultura, Uruguay) en la categoría “Investigación”. Premio 2007 del Fondo Concursable para la Cultura
(Ministerio de Educación y Cultura, Uruguay) en la categoría “Ensayo”. Miembro del Comité Editorial de las revistas académi-
cas “Trama”, “Tópos. Para un debate de lo educativo” y “reCURsos”.

Resumen
El presente texto expone, muy sintéticamente, la fundamentación –teórico-metodológica– y la justificación –política– de una
investigación socio-antropológica ya concluida, que estuvo orientada hacia la identificación del patrimonio cultural inmaterial
de Minas de Corrales, una pequeña ciudad del norte uruguayo. Durante el despliegue de esa investigación emergieron algunas
cuestiones de carácter profundamente problemático, cuya enunciación pretende contribuir a instalar una discusión –tanto
entre los interesados en política cultural y gestión del patrimonio como entre quienes se han ocupado, en el ámbito académico,
de la temática de la identidad cultural y su construcción colectiva– sobre las condiciones e implicancias de la adjudicación de
valor patrimonial a ciertos bienes culturales. En este sentido, dos cuestiones se destacan por las dificultades inherentes a su
dilucidación: ¿a quién(es) le(s) corresponde determinar cuáles son los bienes culturales de valor patrimonial? ¿Sobre la base
de qué criterios de pertinencia epistemológica y de legitimación social alguien –por ejemplo, cualquiera de nosotros– puede
140 atribuirse la potestad de establecer cuáles son los bienes culturales de valor patrimonial y cuáles no lo son?

Palabras clave: identidad cultural, patrimonio cultural inmaterial, valor cultural, bien cultural, política
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Descriptores: Identidad cultural – aspectos políticos, Patrimonio cultural, Bienes culturales, Valores culturales –
Minas de Corrales (Uruguay).

Abstract
The present text succintly exposes both the basis, rather theoretical and methodological, and the justification, mostly political,
of a socio-anthropological research which purpose was to identify the immaterial cultural patrimony of Minas de Corrales, a
small town from the North of Uruguay. In the course of the research some deeply problematic issues emerged. Its formulation
Artículo de reflexión. intends to generate a debate about the conditions of the attribution of patrimonial value to certain cultural objects and its
implications, among those interested in cultural policies and patrimonial management as well as among those who have fo-
El artículo es el resultado cused cultural identity and its collective construction from an academic approach. In this aspect two questions are particularly
de una reflexión que difficult to elucidate: to whom rightly belongs the power to define which cultural objects possess a patrimonial value? Based
parte de la investigación on what criteria of epistemological pertinence and social legitimation someone –any individual such as oneself– can attribute
titulada “Minas de to himself the power to establish which objects possess a patrimonial value and which ones do not?
Corrales: identidad y
patrimonio cultural Key words: Cultural identity, intangible cultural heritage, cultural values, cultural, property, politics.
inmaterial”, que buscó Keywords plus: Cultural identity – Political aspects, Cultural heritage, Cultural property, Cultural values - Minas de
desde una perspectiva Corrales (Uruguay).
socio-antropológica, la
identificación, evaluación, Resumo
rescate, preservación O presente texto expõe, muito sinteticamente, a fundamentação (teórico-metodológica) é a justificativa (política) de uma in-
y promoción de su vestigação sócio-antropológica já concluída, que esteve orientada à identificação do patrimônio cultural imaterial de Minas de
patrimonio cultural Corrales, uma pequena cidade do norte uruguaio. Durante o desenvolvimento dessa investigação emergiram algumas ques-
inmaterial local, insumo tões de caráter profundamente problemático cuja enunciação pretende contribuir para estabelecer um debate (tanto entre
imprescindible para os interessados em política cultural é gestão do patrimônio como entre os quem têm se ocupado, no âmbito acadêmico, da
la implementación de temática da identidade cultural e sua construção coletiva) sobre as condições e implicâncias da atribuição de valor patrimonial
acciones afirmativas de a certos bens culturais. Neste sentido, duas questões se destacam pelas dificuldades inerentes a sua dilucidação: a quem
salvaguardia: rescate y lhe(s) corresponde determinar quais são os bens culturais de valor patrimonial? Sobre a base de que critérios de pertinência
preservación. epistemológica e de legitimação social alguém –por exemplo, qualquer um de nos– pode atribuir-se a potestade de estabelecer
quais são os bens culturais de valor patrimonial é quais não os são?

Palavras-chave: identidade cultural, patrimônio cultural imaterial, valor cultural, bem cultural, política.
Recepción: 27 de Palavras-chave descritores: Identidade cultural - Aspectos políticos, Patrimônio cultural, Bens culturais, Valores
julio de 2011 culturais - Minas de Corrales (Uruguai).
Aceptación: 10 de
octubre de 2011. * Los descriptores y key words plus están normalizados por la Biblioteca General de la Pontificia Universidad Javeriana.
cimiento de la diversidad cultural a escala ecu- actualidad quizá no exista cabal conciencia de 1 Ese reconocimiento
se sustenta, asimismo,
ménica. El patrimonio inmaterial es objeto de un la relevancia y magnitud de aquellos valores. en la convicción de que
reconocimiento cada vez más generalizado, en En este sentido, si bien el entorno natural la cultura inmaterial
de las comunidades
buena medida como respuesta –por la vía de la donde está enclavado Minas de Corrales posee
locales –base para la
recreación y consolidación de identidades loca- indiscutibles calidades paisajísticas, el propio definición del concepto
les y regionales– frente al creciente fenómeno pueblo se destaca por la singularidad y riqueza de patrimonio inmaterial–
expresa y refuerza
de la globalización1. de sus tradiciones y expresiones culturales, creencias, ideales,
En consecuencia, si lo que se pretende es dimanantes de un devenir histórico muy par- valores y prácticas socio-
culturales ampliamente
que este tipo de patrimonio siga constituyen- ticular: Minas de Corrales se consolidó como compartidos. Habiendo
do una parte viva de las comunidades, debe centro poblado para la radicación de la mano de llegado a este punto,
corresponde subrayar la
desempeñar en ellas un papel social, político, obra reclutada por la primera empresa minera impertinencia de separar
económico y cultural significativo. Si bien este afincada en el país –“Minas de Oro de Cuñapi- patrimonio material de
patrimonio inmaterial,
reconocimiento se ve a menudo obstaculizado rú”, fundada en el año 1868–, y por esos años
cultura material de
por el desarrollo de ciertas visiones conserva- estuvo a punto, por legítimos merecimientos cultura inmaterial. De
doras o nostálgicas, el patrimonio inmaterial – propios, de erigirse como capital departamen- hecho, lo que convierte
a un bien material, a un
debido a su estrecha relación con las prácticas tal –pulseada política ganada por Villa Ceballos, artefacto –un espacio
socioculturales propias del mundo de la vida de hoy Rivera–. Bien cerca de allí, en el año 1881 urbano, un edificio,
un monumento–, en
las comunidades– suele ser dinámico y cambiar se puso en funcionamiento una de las primeras patrimonio material
de manera constante. En concordancia con usinas hidroeléctricas de Sudamérica –hoy, de un pueblo, es
algo evidentemente
ello, rescatar y promover el patrimonio inma- lamentablemente, en estado ruinoso– y allí se inmaterial. En efecto, la

Fernando Acevedo
terial de modo de garantizar su supervivencia produjo, un año antes, la primera huelga sindical calidad de patrimonial de
un bien, su “naturaleza”
y perpetuación, implica que las expresiones del país –en rigor, levantamiento obrero bajo la
–siempre artificial, a
culturales locales y tradicionales también de- modalidad de huelga-motín–. Además, la nece- veces artificiosa– de
ban readaptarse y resultar aplicables a la vida sidad de mano de obra calificada para trabajar patrimonio colectivo, se
determina en función
contemporánea. El reto consiste, entonces, en en la floreciente industria, así como la atracción de valores, aquellos que 141
adoptar planteamientos dinámicos, centrados que provocaba la posibilidad de un rápido enri- supuestamente contiene
y expresa ese bien.
en la actuación en las comunidades y basados quecimiento, hizo que llegara a la región, con su

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en el valor significativo del patrimonio cultural patrimonio cultural a cuestas, una gran cantidad
inmaterial, de modo que puedan asegurarse su de inmigrantes europeos. Por ello, ya desde sus 2 Minas de Corrales,
enclavada en un paisaje
continuidad y vitalidad para las generaciones orígenes la población local configuró un singular de serranías, dista 100
actuales y futuras. crisol cultural. Desde aquel lejano 1868, enton- quilómetros de la ciudad
de Rivera, capital del
Nuestro país, a pesar de su reducido ces, a lo largo de su historia Minas de Corrales departamento homónimo,
tamaño relativo y de su devenir histórico apa- ha estado sometida a un riquísimo intercambio 400 de Montevideo,
capital de Uruguay, y 600
rentemente corto, es muy rico en tradiciones cultural y a los vaivenes de la explotación au- de Porto Alegre, capital
culturales locales. Siendo así, a las visiones rífera, la cual en los últimos años se ha visto del estado brasileño de
Rio Grande do Sul. Su
seculares propias de un discurso historiográfi- revitalizada como consecuencia de la detección
población actual, cercana
co de pretensión hegemónica, deben oponerse de nuevos yacimientos. En efecto, actualmente a los 3.500 habitantes,
otras que, más fieles a nuestra realidad histó- casi la mitad de su población económicamente tiene como principales
sustentos la actividad
rica, reconozcan en su verdadera magnitud activa trabaja –directa o indirectamente– en la minera, la forestación y
la singular importancia del legado cultural industria minera afincada a pocos quilómetros la producción ganadera
y agrícola de pequeña
aportado por indígenas, inmigrantes y criollos, de la ciudad. y mediana escala; a
así como de aquel derivado de las múltiples Como ya he mostrado en otro lugar (cf. pesar de sus enormes
potencialidades, la
hibridaciones y sincretismos culturales pro- Acevedo, 2009a), tales circunstancias han te- actividad turística es aún
ducidos en los últimos tres siglos. Es desde nido su reflejo en los procesos de construcción incipiente.
esta perspectiva como Minas de Corrales, una identitaria local, así como en la naturaleza y ca-
apacible ciudad del norte uruguayo, cercana racterísticas de las manifestaciones culturales
a la línea seca que marca el límite con Brasil2, allí existentes. Minas de oro que también fueron
se erige como lugar de significativos valores minas de cultura, catalizadoras de la conviven-
patrimoniales cuya identificación, evaluación, cia de una población heteróclita y variopinta, de
rescate, preservación y promoción resultan una ciudad con una morfogénesis única en el
cada vez más imperiosos. Más aun: tales acti- país, y entonces una peculiar dinámica de vida,
vidades se vuelven perentorias, en tanto en la fermento y caldo de cultivo para la emergencia
de expresiones culturales singulares. Singula- monio inmaterial en patrimonio material y, evi-
ridad urbana y cultural que no sólo está en los tando toda tentación o tendencia folclorizante,
discursos, pero que también está en los discur- registrar y difundir del modo más adecuado los
sos. En efecto, existe una abundante tradición bienes patrimoniales identificados, a efectos
oral y un profuso anecdotario que dan cuenta de revitalizarlos en sus contextos originales. La
de episodios no reconocidos por la historia ofi- primera línea de acción exigió la integración, a lo
cial: garimpeiros que volvían de Cuñapirú con largo de la investigación, de estudios que hicie-
cascalhos y pepitas de oro capaces de enrique- ran posible la contextualización, identificación,
cer de por vida a decenas de familias, cocottes ponderación y evaluación de bienes patrimo-
francesas que sacudían la pacatería nativa y niales inmateriales en Minas de Corrales, para
socavaban los cimientos de la entonces sacro- luego documentarlos, registrarlos, archivarlos
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santa institución familiar, inmigrantes que alter- y difundirlos. El conjunto de estas tareas cons-
naban su trabajo minero con emprendimientos tituye, entonces, la condición necesaria para
vitivinícolas o lecheros, empresas mineras que poder garantizar la existencia perpetua de este
han dejado sus huellas de cianuro en los lechos valioso tipo de patrimonio. La segunda línea
de canteras hoy abandonadas… y hasta relatos de acción, apoyada en –y articulada con– la
sobre algún renombrado militar que en una de primera, permitirá mantener vivas aquellas
sus estadías en el poblado dejara embarazada expresiones culturales mediante el fomento de
a su hija de catorce años, empleada en la mina su revitalización en sus contextos originales y la
y escondida en una fazenda de la zona para transmisión entre generaciones. En definitiva,
parir clandestinamente a quien luego fuera co- ambas líneas de acción son complementarias
nocido como Carlos Gardel, ícono indiscutido e indispensables para preservar el patrimonio
del canto popular rioplatense. Asimismo, son cultural inmaterial, reconocer la valía de sus
muy variadas las manifestaciones artísticas y creadores y consolidar los procesos de cons-
142 culturales que participan del complejo proceso trucción de identidades locales.
de construcción identitaria local, resultantes, Ahora bien, apenas culminado el tránsi-
en gran medida, de la confluencia –no siempre to por la primera línea de acción, emergió un
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armónica– de influencias criollas, europeas, complejo de problemas cuya relevancia y con-


afro-descendientes y brasileñas. sideración no puede ser soslayada. En efecto,
En función de esa riqueza cultural y de la la compleja tarea de contextualizar, identificar,
singularidad del paisaje humano de Minas de ponderar y evaluar la existencia de bienes pa-
Corrales, la investigación ejecutada pretendió trimoniales inmateriales en Minas de Corrales
dar cuenta del patrimonio inmaterial local, in- –y, presumo, en cualquier otro lugar– presen-
sumo imprescindible para la ulterior implemen- ta agudas dificultades de carácter netamente
tación de acciones afirmativas de salvaguardia: problemático. Por ejemplo: ¿quién está en con-
rescate, preservación, promoción. La estrategia diciones de determinar cuáles son los bienes
axial de la investigación fue, pues, de índole culturales de valor patrimonial y cuáles no lo
eminentemente cualitativa y privilegió una me- son? ¿Sobre la base de qué criterios de perti-
todología socio-antropológica de base etnográ- nencia epistemológica o de legitimación social
fica. De este modo, incluyó un trabajo de campo alguien –digamos, cualquiera de nosotros– pue-
riguroso y sistemático –con aplicación de las de atribuirse la potestad de establecer cuáles
técnicas de observación, entrevista en profun- son los bienes de valor patrimonial y cuáles no
didad y grupo de discusión, a las que se sumó lo son? ¿Puede someterse la declaración de
un censo patrimonial, experiencia hasta ahora valor patrimonial de un bien a una compulsa
única en América Latina–, tareas de análisis e popular –con los previsibles riesgos de caer en
interpretación crítica, y una estrategia de difu- demagogia populista–, a una suerte de plebisci-
sión de los resultados que se habrá de acordar to entre la población en cuestión? ¿O, más bien,
con los actores locales. eso debe quedar en manos de los intelectuales,
La investigación siguió dos líneas de ac- de los supuestos “expertos” –con los previsibles
ción, orientadas hacia la consolidación y el riesgos de caer en elitismo cultural y alimentar
fortalecimiento de procesos de construcción complejos de superioridad, cientificismos en-
de identidades locales: transformar aquel patri- gañosos o hasta veleidades mesiánicas en los
pantanosos territorios de la estética, la ética, lengua, los ritos, las creencias, los lugares y 3 La definición de
patrimonio inmaterial –
la cultura–? ¿Habrá que considerar en toda su monumentos históricos, la literatura, las obras concepto supuestamente
dimensión y sentido aquellos versos de Brecht de arte, y los archivos y bibliotecas. (apud Vidart, más específico que el de
(1979, p. 74): ¿Quién construyó Tebas, la de las 2004, p. 142)3 patrimonio cultural– que
más recientemente ha
siete puertas? / En los libros están los nombres Esta parrafada conceptual –el calificati- publicitado la unesco es
de los reyes. / ¿Los reyes arrastraban los blo- vo es de Daniel Vidart–, que tanto le debe a de la misma naturaleza
y de contenido casi
ques de piedras? la definición de cultura propuesta hace casi idéntico: “el conjunto
¿Qué intereses –ya sean bienintenciona- ciento cuarenta años por Edward Tylor y abu- de formas de cultura
tradicional y popular o
dos y legítimos o malintencionados y espurios– sivamente citada en cuanto libro que sobre la folclórica, es decir, las
pueden estar en juego detrás de la declaración cultura y cuestiones afines se ha publicado en obras colectivas que
emanan de la cultura y
de un bien inmaterial de valor patrimonial? el último siglo, habla tanto que dice poco. Si el se basan en la tradición.
¿Qué efectos e implicancias puede tener eso? patrimonio cultural de un pueblo comprende el (…) Se incluyen las
¿Corresponde que de eso se ocupe exclusiva- campo total de la actividad humana, incluyendo tradiciones orales, las
costumbres, las lenguas,
mente la población actual? De no ser así, ¿quién tanto sus manifestaciones abstractas como las la música, los bailes,
representa o quién asume la voz de los que ya concretas, entonces todo en una cultura es pa- los rituales, las fiestas,
la medicina tradicional
no están, el eco de los muertos, la “profética trimonio cultural, en virtud de lo cual no existe y la farmacopea,
memoria” (Borges, 1996)? ninguna manifestación cultural que no lo sea. así como las artes
culinarias y todas las
Pues bien, si se acepta que la adjudicación Si así fuera, se diluiría todo contenido concreto habilidades especiales
de un valor patrimonial a un bien inmaterial y todo posible sentido de la propia noción de relacionadas con los
aspectos materiales de
participa en el proceso de construcción de iden- patrimonio cultural. Evidentemente, todos los la cultura, tales como las

Fernando Acevedo
tidades colectivas, ¿no resultará más relevante bienes de valor patrimonial son culturales, pero herramientas y el hábitat”
poner el foco de investigación, precisamente, en no todos los bienes culturales tienen, necesa- (www.unesco.org/culture/
heritage/intangible/html_
esas prácticas de producción de identidades co- riamente, valor patrimonial. sp/index_sp-shtml).
lectivas? ¿Es legítimo plantear (nos) que quizás Pero la definición unesqueana dice algo,
pueda existir algún sentido comercial operando como al pasar, que no quiero dejar pasar: el 143
en tales prácticas de producción de identida- patrimonio cultural de un pueblo comprende –
des colectivas –bajo la forma de producción de también– el conjunto de valores que dan sentido

¿Elitismo cultural, demagogia populista o tecnocracia aséptica


bienes culturales de valor patrimonial–? ¿Es a la vida. En el contexto conceptual y preceptivo
legítimo plantear(nos) que quizá pueda resultar en el que está formulada, la frase produce per-
Figura 1:
funcional para ciertos sectores sociales producir plejidad. El resto de lo que la definición enumera Vista aérea de Minas de
espacios simbólicos caracterizados como patri- –es decir, todo aquello que según ella el patri- Corrales, pequeña ciudad
moniales? O, dicho de otro modo, ¿habremos de monio cultural de un pueblo comprende– pue- del norte de Uruguay.
Fotografía:
admitir, con Le Goff (1991), que “la memoria no de ser determinado y evaluado desde afuera, Cedida por Eduardo
es sólo una conquista: es también un instrumen- a partir de una operación de objetivación que, Palermo.
to y una mira de poder”?

Hacia una nueva conceptualización del


patrimonio cultural

Antes de procurar dar alguna respuesta a las


preguntas precedentes, resulta conveniente
situar conceptualmente la noción de patrimonio
cultural. Para empezar, podemos descartar la
definición aportada hace casi dos décadas por
la unesco, organismo rector en la materia:
…el patrimonio cultural de un pueblo com-
prende las obras de sus artistas, arquitectos,
músicos, escritores y sabios, así como las crea-
ciones anónimas surgidas del alma popular, el
conjunto de valores que dan sentido a la vida,
es decir, las obras materiales y no materiales
que expresan la creatividad de un pueblo, la
en “el laberinto que transcurre desde la puerta con las modas intelectuales y con sus inefa-
externa de la identificación hasta la ventana bles modistos–, dos formas emparentadas de
interior de la identidad” (Vidart, 2004, p. 90), comportamiento presuntamente “correcto”.
está gestada, claramente, desde aquella puerta Ya la tenemos: es la conceptualización que he
externa, con inequívoca vocación descriptiva. Y tomado, con algún ajuste, de Vidart (2004, p.
así ha operado la propia unesco a lo largo de 155): el patrimonio cultural de un grupo social
su historia, así como sus filiales esparcidas a “está constituido por aquellos bienes y valores
lo ancho de buena parte del mundo, y bajo esa que confieren anclaje en el pasado y peculia-
égida han trabajado las Oficinas o Comisiones ridad en el presente a los sentimientos, pen-
de Patrimonio nacionales. samientos y proyectos históricos propios de
Pero esa pretendida objetivación desde (sus) integrantes”. La segunda operación, de
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afuera, tarea, como es sabido, hasta ahora carácter ideológico-metodológico-pragmático,


monopolizada por “expertos” –que por la fuer- requiere, precisamente en virtud de ese carác-
za de los hechos enseguida se desplaza, unas ter, un tratamiento argumental más exhaustivo
veces a total conciencia, otras inadvertidamen- y cuidadoso.
te, hacia una subjetivación desde afuera–,
nada puede hacer en el caso del conjunto de Patrimonio cultural: concepto,
valores que dan sentido a la vida. En este caso determinación, protagonistas
esa pretendida objetivación, subjetivamente
construida, a todas luces sería, además de Si aceptamos la conceptualización de la
fútil, impertinente. Aun así, me consta, alguna unesco citada antes, cabe que (nos) pregun-
Comisión de Patrimonio lo ha intentado. Queda temos: ¿quiénes están en condiciones de dar
en evidencia, pues, que esa retórica florida y cuenta del conjunto de valores que dan sentido
de profundidad ontológica sólo aparente ha a la vida de personas de carne y hueso, con
144 subsistido únicamente porque las flores son nombre y apellido? ¿A quiénes les corresponde
de papel –de buena calidad–. hacerlo? ¿A quiénes les corresponde establecer
Planteado de este modo, dos operaciones quiénes están en condiciones de hacerlo? ¿A
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exigen un espacio de privilegio. La primera, quiénes les corresponde establecer cuáles son
de espesor teórico-conceptual, radica en el esas condiciones? Si, en cambio, nos queda-
establecimiento de una conceptualización de mos con la heredada de Vidart, las preguntas
la noción de patrimonio cultural que cumpla precitadas, como todo lo sólido, de a poco se
cabalmente con los requisitos de rigor, preci- desvanecen en el aire: pierden buena parte de
sión y capacidad heurística, lo cual nos pone su pertinencia y de su sentido… aunque no del
a contramano –y a salvo– de lo que general- todo. En efecto, si asumimos que los bienes y
mente se asume como “políticamente correc- valores patrimoniales de un grupo social son
to” –una forma de condescendencia con los aquellos que confieren anclaje en el pasado y
detentadores de poder– o como “académica- peculiaridad en el presente a los sentimientos,
mente correcto” –una forma de obsecuencia pensamientos y proyectos históricos propios de

Figura 2:
Don Elidio Loza,
músico corralense y su
bandoneón.
Fotografía:
Fernando Acevedo.
sus integrantes, es lícito que insista en pregun- nadie, desde los corralenses de a pie hasta los 4 Los conceptos de
ethos y eidos aluden
tar: ¿quiénes están en condiciones de abonar expertos más encumbrados, respondería de ese respectivamente a la
la existencia del anclaje y de la peculiaridad modo. Aun si alguien lo hiciera, se interpondría “tonalidad afectiva
común” y al marco
aludidos? ¿A quiénes les corresponde hacerlo? una insalvable interdicción, tanto conceptual
cognitivo compartido en
¿A quiénes les corresponde establecer quiénes como técnica y pragmática: parafraseando a un grupo cultural –o, en
están en condiciones de hacerlo? ¿A quiénes Vidart (2004, p. 121), preguntemos a los corra- los términos de Bateson
(1971, p. 41), al “cuadro
les corresponde establecer cuáles son esas lenses “con qué o con quién(es) se identifican general de los procesos
condiciones? Es igualmente lícito que retome y obtendremos respuestas muy dispares, en el cognitivos implicados”
en él–.
un par de preguntas que he dejado planteadas caso de que todos respondan; cada uno de ellos
algunas páginas atrás: ¿a quién le corresponde nos proporcionará una versión diferente, si es
determinar que un artefacto cultural es un bien que la tienen, acerca de lo preguntado. Y una
cultural? ¿Sobre la base de qué criterios de per- vez realizado este ejercicio estemos seguros
tinencia epistemológica o de legitimación social de que al analizar las disímiles contestaciones,
alguien –por ejemplo, cualquiera de nosotros– nos invadirá un molesto estado de desorienta-
puede erigirse con la potestad de establecer, ción mental”.
por ejemplo, cuáles artefactos culturales son Quedémonos, entonces, con la respuesta
bienes culturales y cuáles no lo son? a mi juicio más plausible: los corralenses no
Si se ajusta la conceptualización de Vidart están en iguales condiciones de identificar los
y se la aplica a nuestro locus de investigación, sentimientos, pensamientos y proyectos histó-
algunas de esas preguntas pierden definitiva- ricos constitutivos de su ser colectivo –de su

Fernando Acevedo
mente su pertinencia y sentido: el patrimonio ser-juntos y de su estar-juntos– ni de identificar
cultural de Minas de Corrales está constituido los valores y bienes culturales que les confieren
por aquellos bienes y valores que, según los mayor anclaje en el pasado y peculiaridad en
propios corralenses, les confieren anclaje en el presente. En este sentido, en el devenir de
el pasado y peculiaridad en el presente a los la investigación ha resultado muy claro que el 145
sentimientos, pensamientos y proyectos histó- anclaje en el pasado de los sentimientos, pen-
ricos que ellos mismos sienten como propios y samientos y proyectos de muchos residentes

¿Elitismo cultural, demagogia populista o tecnocracia aséptica


constitutivos del ethos y del eidos en los que se corralenses no se lo proporcionan valores y bie-
inscriben sus vidas4. nes culturales de Minas de Corrales, sino otros
Planteado así, inmediatamente asoma otra afincados en los lugares donde transcurrió su
cuestión, extensión de las anteriores, de com- infancia y juventud. También emergió con cier-
pleja elucidación: ¿están todos los corralenses ta claridad que la peculiaridad en el presente
en iguales condiciones de identificar los senti- conferida por tales valores y bienes culturales
mientos, pensamientos y proyectos históricos es concebida en forma muy disímil por los lu-
constitutivos del ethos y del eidos de la colecti- gareños; los más veteranos, por ejemplo, en
vidad en la que viven? O bien: ¿están todos ellos su mayoría se inclinaron por considerar que la
en iguales condiciones de identificar los bienes peculiaridad en el presente conferida por los
y valores que a su juicio les confieren anclaje valores y bienes culturales corralenses remite
en el pasado y peculiaridad en el presente a forzosamente al anclaje en el pasado que ellos
aquellos sentimientos, pensamientos y proyec- dispensan. Como es entendible, en estos co-
tos históricos compartidos? Si las respuestas rralenses prevalece un habitus conservador,
fueran afirmativas, entonces todo sería bastante nostálgico, proclive a la construcción de la iden-
fácil: bastaría con someter la identificación de tidad colectiva como glorificación romántica del
bienes culturales y la adjudicación de su even- pasado, con base casi exclusiva en el tipo de
tual valor patrimonial a un procedimiento de historia asociada con tradicionalismos, esa que
compulsa popular y luego, con los resultados bien cabe calificar como anticuaria, propia del
a la vista, estampar los consabidos “decláre- que conserva y venera, de aquel que, “repleto
se”, “publíquese”, etcétera. Pero es altamente de confianza y amor, lanza una mirada hacia
improbable que exista alguien que se aventure atrás, al lugar de donde proviene, en donde se
a proponer una solución de este tipo, tan falaz, ha formado” (Nietzsche, 1945, p. 45).
ingenua e inconsistente, tan imbuida de populis- Y no lo estarán hasta que el sistema edu-
mo demagógico a ultranza; resulta evidente que cativo público no promueva con eficacia, tanto
5 “A los intelectuales en ámbitos formales como no-formales, el de- Si bien esta respuesta difiere claramente
expertos”, respondería
también algún acólito
sarrollo de una conciencia cívica y crítica local de las anteriores, en cierta manera también las
acrítico de Bourdieu, y regional capaz de solventar los envites de la conjuga. No toma partido por considerar exclu-
amparado en la creencia
historia –tanto de la mito-praxis como de la sivamente –según una perspectiva emic– la
de que los “nativos” son
portadores de una “docta praxohistoria– y resistir, por esa vía, al travestis- (auto)identificación normativa postulada en el
ignorancia”, es decir, mo de la memoria. Si se acepta, entonces, que ruedo por los sujetos desde la subjetividad voli-
de una “comprensión
inmediata pero ciega para los corralenses no están en iguales condiciones tiva o a partir del sentimiento social y orientada
sí misma que define la de identificar los valores y bienes culturales ni al “quiénes somos”; tampoco, mucho menos,
relación práctica con el
mundo” (Bourdieu, 1991). los sentimientos, pensamientos y proyectos por considerar exclusivamente la identificación
Creo, en cambio, que “a la con los que se identifican como colectividad, ¿a descriptiva –o la objetivación– otorgada desde
gente no debe juzgársele
idiota” (de Certeau, 2000,
quién(es) corresponde hoy –hasta tanto no se afuera –según una perspectiva etic– por un su-
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p. 189)… a no ser que alcancen aquellas condiciones– esa doble tarea jeto –el científico, el “experto”– que contempla
admitamos, como hace
de identificación? “A los intelectuales expertos”, y define desde detrás de la baranda del ruedo
Shakespeare al final de
su Macbeth, que la vida respondería un intelectual experto, habituado a social, y que, desde su saber-poder, señala con
es un cuento contado por ejercicios de identificación pretendida y preten- autoridad el “cómo son”, corriendo el riesgo de
un idiota, lleno de ruido y
furia, que nada significa ciosamente objetivista construida desde afuera que “buscando el árbol de la identidad [se pier-
(“life is a tale told by an y, en ocasiones, desde arriba de su pedestal da] en el bosque de la identificación” (Vidart,
idiot, full of sound and
fury, signifying nothing”). marmóreo o de su lustrosa torre de cristal. “A 2004, p. 81). Ni una perspectiva ni la otra; tam-
los intelectuales expertos”, respondería tam- poco una a medio camino entre ambas –que
bién cualquier persona acostumbrada a que sería, lógicamente, la peor opción–.
los asuntos de importancia queden en manos Mi respuesta postula, por una parte, la ne-
de los intelectuales expertos, es decir, casi cual- cesidad perentoria de indagar en torno a las opi-
quier persona eficazmente domesticada por los niones de los propios artífices o de los herederos
sistemas educativos formales tradicionales5. de los bienes culturales por evaluar, y de tomar
146 He optado por otra respuesta, distante y en especial consideración esas opiniones como
distinta de las anteriores, que es la que me ha base principal para la determinación de su valor
llevado a proyectar y ejecutar la investigación patrimonial; por otra, reivindica la necesidad y
APUNTES • vol. 24, núm. 2 • 138-151

aludida, y a hacerlo siguiendo los lineamientos conveniencia de garantizar que tales opiniones
teóricos, políticos y metodológicos que le dieron se produzcan, que sean representativas del gru-
su forma y contenido. Es, por supuesto, una po social en cuestión y tan genuinas como sea
respuesta provisional, y desde luego que sus posible. De este modo, son los propios lugare-
derivaciones no quedarán fijadas hasta tanto no ños quienes establecen el valor patrimonial de
obtengan la convalidación de los sujetos impli- los bienes culturales de su comunidad, aunque
cados –en este caso, los corralenses– y de los para ello resulta ineludible incluir la mediación
sujetos aplicados –los teóricos, los políticos, los –si es rigurosa, pertinente, exhaustiva, consis-
metodólogos–. La sintetizo del siguiente modo, tente– del investigador.
en procura de claridad y precisión a expensas Hasta aquí, los “expertos” –en identidad
de economía y elegancia: el patrimonio cultural cultural, patrimonio cultural y asuntos afines–
de un grupo social está constituido por aquellos quedan afuera –del ruedo… y también del
bienes y valores que, según la opinión de sus estadio–. Pero, a mi juicio, esto no debe ser
integrantes –producida en, y/o inferida de, si- necesariamente así: la opinión de los “expertos”
tuaciones de investigación construidas con el –ya sea la expresada oralmente, por escrito o
máximo rigor, pertinencia, exhaustividad y con- de cualquier otro modo– podrá ser tomada en
sistencia–, les confieren anclaje en el pasado y cuenta si así lo requirieran los propios artífices o
peculiaridad en el presente a los sentimientos, los herederos de los bienes culturales en cues-
pensamientos y proyectos históricos que ellos tión. De tal modo, los “expertos” podrán poner
mismos sienten como propios y constitutivos su saber al servicio de los sujetos implicados,
del ethos y del eidos en los que se inscriben sus lo cual exiliará a aquellos que, autocomplacidos
vidas –tal como lo manifestaron en, y/o se infie- con sus veleidades mesiánicas, se mantengan
re de, situaciones de investigación construidas enquistados en sus pretensiones iluministas y
con el máximo rigor, pertinencia, exhaustividad simplemente dejen caer su saber como lluvia
y consistencia–.
benefactora sobre las tierras yermas de las además de un proyecto educativo a largo plazo,
mayorías oscurecidas. la deseable consistencia política y cultural: es
Planteado esto, y sobre la base del con- evidente que “sólo un poder permite tomar la
cepto de patrimonio cultural tal como lo he esta- palabra por propia cuenta, y pronunciarla como
blecido antes, puedo dar un paso más y ofrecer tal” (de Certeau, 1999, p. 120).
una síntesis, simplificada y simplificadora, de Pero habrá que pensar en todo esto, y
mi propuesta, sin ocultar su fuerte connotación habrá que hacerlo desde un pensamiento que,
político-cultural: las tareas de identificación de como postulaba Heidegger, decididamente
los bienes culturales de un grupo social y de conduzca a la acción… Queda mucho por hacer.
determinación del valor patrimonial relativo de
cada uno de ellos no necesariamente les corres- La determinación del patrimonio cultural:
ponden a sus propios artífices o herederos ni a los juegos de poder
los investigadores interesados en los procesos
de construcción de identidades y patrimonios Pues bien, ¿qué rol debe desempeñar el investi-
culturales ni a los teóricos expertos en tales gador social en eso que queda por hacer? Es mi
cuestiones… ni tampoco a algún “combo sui convicción que la respuesta a esta interrogante
géneris” armado con individuos de esos tres debe partir de la siguiente asunción: “no se pue-
tipos de actores. La definición de esas tareas de disociar el acto de comprender el entorno de
le corresponde a los lugareños, incluyendo, en la voluntad de cambiarlo. No es posible decir el
primer lugar, la determinación de quiénes debe- sentido de una situación más que en función

Fernando Acevedo
rán participar –y en qué circunstancias y de qué de una acción emprendida para transformarla.
modo y con qué peso relativo– en dichas tareas. Una producción social es la condición de una
Aún queda algo por decir, por exigencia de producción cultural” (de Certeau, 1999, p. 169).
un realismo de corte pragmático. Hoy no están En este sentido, cuando un investigador
dadas las condiciones –por lo menos en Minas social, sin que nadie lo convoque, pone su inte- 147
de Corrales– para que los lugareños asuman rés profesional y su oficio en el estudio de una
esa definición y esa determinación –posición y sociedad que, cultural y cronotópicamente, le

¿Elitismo cultural, demagogia populista o tecnocracia aséptica


disposición– y, al hacerlo, comiencen a reducir resulta más o menos próxima –y más aun cuan-
la brecha entre hablar y hacer. Todavía falta, do su aproximación genera afectos y efectos–,

Figura 3:
Vista aérea parcial de las
ruinas de Cuñapirú.
Fotografía:
Cedida por Eduardo
Palermo.
6 La legitimación social no puede evitar cuestionarse –o hasta marti- estar en juego detrás de la declaración de un
de este proceso de
patrimonialización suele rizarse– sobre la legitimidad social y política, bien intangible de valor patrimonial? ¿Qué
sustentarse, más que cuando no científica, de su misión y, sobre todo, efectos e implicancias puede tener eso?
en la pertinencia, rigor y
de su intromisión: su interacción con los sujetos, ¿Es legítimo plantear(nos) que quizá pueda
adecuación del aparato
epistemológico-teórico- sus actividades y actuaciones, los resultados y existir cierto sentido comercial operando en
metodológico-tecnológico efectos derivados. Más aun, cuando pone su tales prácticas de producción de identidades
puesto en juego por el
investigador científico, en interés profesional y su oficio en el estudio de colectivas bajo la forma de producción de
el prestigio social de la los procesos de construcción patrimonial –y bienes culturales de valor patrimonial? Es
ciencia y de lo científico.
de los de construcción identitaria asociados– legítimo plantear(nos) que quizás pueda re-
y se cuestiona sobre los efectos que es dable sultar funcional para ciertos sectores sociales
esperar una vez que se publiquen los resulta- producir espacios simbólicos caracterizados
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dos derivados de su intromisión, la legitimidad como patrimoniales?


social y política –cuando no científica– de Existen numerosos y variados ejemplos
aquellos queda puesta en cuestión, ya que los de operaciones de producción de espacios
bienes culturales patrimoniales identificados y simbólicos, antesala de la declaración oficial
valorados como tales se convierten, quiérase o de bienes urbanos de valor patrimonial, lleva-
no, en instrumentos de la propia construcción das a cabo por gobiernos nacionales o loca-
identitaria y patrimonial. les. En todos ellos, aunque de diverso modo,
Los bienes que conforman el patrimonio las renovaciones urbanas propiciadas –aun
cultural de un grupo social, repito, no son datos en los casos de renovaciones por la vía de un
de la realidad de ese grupo que la pericia del añejamiento artificial y artificioso–, además
investigador saca a la luz, sino construcciones de producir patrimonio cultural, dinamizaron
de esa realidad que el investigador recrea a la economía urbana implicada: mejoramien-
través de su praxis de descripción-interpreta- to de servicios y equipamientos urbanos,
148 ción-inscripción. Esta praxis, inevitablemente, aumento del precio de los inmuebles, cre-
pasa a operar como instrumento –investido de cimiento del flujo turístico y de la actividad
cientificidad, de ahí su eficacia política– que comercial, etcétera7. En algunos casos, esa
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interviene en una nueva construcción de aque- producción se apuntaló en estrategias de


llas construcciones o, para usar un neologis- “marketing de la memoria” o en tácticas de
mo poco elegante, en una patrimonialización “comercialización masiva de la nostalgia”
legitimada socialmente6. Dicho de otro modo, (Huyssen, 2002, p. 221) y de reciclado de
mucho más directo: el investigador toma algu- pasados descartables.
nos bienes culturales y los inviste de valor pa- Con todo esto quiero resaltar que la produc-
trimonial, esto es, produce patrimonio cultural ción de patrimonio cultural no es una operación
–y, entonces, contribuye en la producción de inocua y, mucho menos, inocente. El investiga-
identidades colectivas–. No es el único que lo dor que interviene en estas cuestiones no puede
hace; también son productores de patrimonio desconocer el carácter y magnitud de aquella
cultural los gobiernos –locales o nacionales, operación ni, mucho menos, obviar los previsi-
por vía directa o delegada–, algunas institu- bles efectos que su propia producción produce.
ciones, organizaciones o corporaciones –por En definitiva, la definición de patrimonio
ejemplo, y muy especialmente, las vinculadas cultural que he propuesto es provisional, y lo
al sector turístico–, algunos agentes políticos e seguirá siendo hasta que se someta a la con-
incluso, aunque menos a menudo, ciudadanos sideración de los sujetos implicados –en este
o agrupaciones de ciudadanos, en cada caso caso, los corralenses– y a la de aquellos otros
con criterios y cuantías de legitimación –y de que puedan evaluar los lineamientos teóricos,
honestidad– diferentes. metodológicos y políticos tomados como an-
7 Lo mismo cabe Planteado así, las interrogantes que dejé damios de la investigación y los dispositivos
decir en relación con
cualquier otro tipo de formuladas al principio sufren cierta dilución tecnológicos y procedimentales en ella apli-
producción de patrimonio: en su contorno retórico, pero ganan consis- cados. Es provisional, además, porque toda
arquitectónico, industrial,
ambiental, etcétera. tencia en su meollo político: ¿qué réditos o definición lo es –presupuesto gnoseológico– y,
intereses –ya sean bienintencionados y legí- más aun, porque en el campo de la ciencia todo
timos o malintencionados y espurios– pueden es provisional –presupuesto epistemológico–.
También lo es porque la “realidad” a la que se pieza del juego y, tal como están dadas las co- 8 Hay una tercera
operación, que nada
aplica –“el objeto”– es, naturalmente, cam- sas, quizá no sea la más determinante. En este tiene que ver con las
biante, tanto como la “realidad” desde donde sentido, una doble operación debe efectuarse: otras dos sino con la
responsabilidad política
se la aplica –“el sujeto”–. Es decir, el patri- el desarrollo endógeno de la capacidad crítica
y social de los que
monio cultural de un grupo social no queda de los sujetos implicados, orientado a propiciar observan el ruedo desde
fijado de una vez para siempre, y tampoco el la identificación, ponderación y evaluación de la detrás de la baranda, a
quienes les corresponde
modo en que se define ese patrimonio, entre cualidad patrimonial de los bienes culturales de analizar la dominación
otras cosas porque la identidad de un grupo su grupo de pertenencia, y el fortalecimiento de y el poder en juego y,
por esa vía, desvelar
social –el “quiénes somos” producido desde su capacidad colectiva de incidencia en el juego los mecanismos en los
la autoidentificación– está en permanente político, en términos de organización, autoges- cuales se fundan (cf.
Bourdieu, 1990, p. 87).
cambio, por imperceptible que éste pueda pa- tión, participación y poder8.
recer, tanto como la identificación –el “cómo En cuanto a lo primero –el desarrollo de
son”– otorgada desde afuera. capacidad crítica local– sólo cabe instalar la
Pero la provisionalidad tiene, en este caso, temática y problemática de la identidad y del
otro fundamento cuya discusión quiero dejar ins- patrimonio cultural en los sistemas de educa-
talada. La determinación de los bienes cultura- ción formal y no-formal existentes. Los niños,
les y de su valor patrimonial se inscribe, quiérase adolescentes, jóvenes y adultos de cualquier
o no, en un juego político. Como en todo juego, localidad deberían tener acceso al conocimien-
aun cuando sus reglas no se modifiquen, las par- to del pasado y del presente cultural de su
tidas –o los partidos– son variadas y variables, lugar y al modo en que ambos se inscriben en

Fernando Acevedo
tanto como las jugadas y sus jugadores. En ese el contexto regional y supra-regional, así como
juego participan los lugareños –cada uno con al de las herramientas cognitivas que les per-
su propio quantum de poder– y quienes, sin mitan evaluar, por sí mismos, lo más relevante
serlo, tienen algún interés puesto en él –cada de su historia y de su paisaje físico y humano.
uno con su propio quantum de poder–, ya sean Esta es, sin duda, la vía más privilegiada pa- 149
intereses legítimos, genuinos, altruistas, egoís- ra posibilitar que esos ciudadanos puedan Figura 4:
tas, espurios o fraudulentos. “concebirse como parte de un continuo (con Cinco personajes

¿Elitismo cultural, demagogia populista o tecnocracia aséptica


emblemáticos de Minas
El juego del que hablo es un juego de po- raíces y con futuro, desde la inserción en una de Corrales, dos de
deres o, si se quiere, el juego del poder, en el secuencia reconocible)”; sin ello, “resulta casi ellos ya fallecidos:
Don Eduardo Andina
cual “la gente interacciona entre sí para ejercer imposible que una persona sienta la necesidad
(periodista radial,
influencia, control y poder sobre los demás” de reconstruir el pasado para ‘hacerlo suyo’ y fotógrafo), Don José
(Lindblom, 1991, p. 29). Si uno mira con inge- proyectarlo en un futuro ‘imaginable’ o ‘desea- Alfredo Oruezábal
(productor rural), Don
nuidad, ve que esa interacción está orientada ble’” (Caetano, 2002, p. 123).
Wilson Fagúndez (artista
a determinar cuáles son los bienes culturales Eso es sólo una parte, necesaria pero en plástico), Don Elidio
que tienen valor patrimonial. En cambio, si absoluto suficiente. En esa doble operación –en Loza (músico), Don
Tito Pereira (el último
vencemos la ingenuidad y asumimos que esa rigor, una única operación bifronte– la educa- cateador).
interacción es constitutiva de un juego del poder, ción juega un rol protagónico, siempre que se Fotografía:
entonces podremos ver que está orientada no la conciba en toda su potencia política: como Fernando Acevedo.
a determinar cuáles son los bienes culturales
patrimoniales, sino a determinar cuáles deben
ser declarados como tales. Estamos, así, en el
campo de la política, un campo que “no asegura
el bienestar ni da sentido a las cosas: crea o re-
chaza las condiciones de posibilidad. La política
prohíbe o permite, lo hace posible o imposible”
(de Certeau, 1999, p. 174).
En definitiva: debemos asumir con convic-
ción que la declaración de un bien patrimonial es
una cuestión política, en la cual la determinación
de los bienes culturales que identifican a los in-
tegrantes de un grupo social –sobre todo porque
éstos se identifican con aquellos– es sólo una
condición para el ejercicio de una ciudadanía el sujeto, es decir, con la producción del actor
plena, sin restricciones ni exclusiones, y, en por sí mismo” (Touraine y Khosrokhavar, 2002,
suma, como una práctica de la libertad y de po- p. 9). De ahí que “la reivindicación del sujeto es
tenciación de la libertad y auto-determinación esencialmente política y en tanto que tal, revo-
de cada sujeto y del ser social (cf. Freire, 1969). lucionaria, entendiendo la palabra revolución no
Sigamos en procura de reducir la ingenui- desde la perspectiva del mero fantasma, sino
dad, siempre al acecho. Como ya he insinuado, en el sentido transformador de las reglas del
es claro que en el caso que nos ocupa –y esto juego con el que juegan con nosotros” (Ibáñez,
vale para cualquier otro– los corralenses no 1994, p. 179).
están en iguales condiciones de identificar Resulta imperioso, entonces –y, aquí y
los sentimientos, pensamientos y proyectos ahora, especialmente imperioso–, expulsar al
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históricos constitutivos del ethos y del eidos fantasma y recrear estrategias de consenso
de su colectividad, ni de identificar los bienes orientadas hacia la utópica, “conflictiva y nun-
y valores que a su juicio les confieren anclaje ca acabada construcción del orden deseado”
en el pasado y peculiaridad en el presente a (Lechner, 1986, p. 47). Y, desde ahí, reparar
aquellos sentimientos, pensamientos y pro- en la máxima que la coalición Herri Batasuna
yectos compartidos. Por eso es imprescindible tomara de Ibáñez (1994, p. xv): “cuando algo
fortalecer las capacidades de acción política de es necesario e imposible, hay que cambiar las
todos los actores. reglas del juego”.
Pero para que ello, al plasmarse, nos
ponga a salvo de la aparición de ineficacia, Referencias
injusticia e inequidad, es menester que nos
alejemos de toda actitud voluntarista: es acevedo, F. (2009a). La producción del patrimonio
bastante inútil promover la participación ciu- cultural, las máscaras de la identidad colec-
150 dadana si antes no se creó la posibilidad de tiva. Montevideo: Erga e omnes.
participar y ésta depende, entre otras cosas, Acevedo, F. (2009b). En torno a la “gobernabili-
de la formación de una actitud participativa dad” de los sistemas educativos: la concerta-
APUNTES • vol. 24, núm. 2 • 138-151

y de la profundización de una cultura política ción educativa y su inscripción en el juego de


que posibilite el ejercicio de una ciudadanía poder. Tópos, Nº 3, Rivera, febrero, pp. 14-25.
plena (cf. Filmus, 1996, p. 32). Es aquí –y Bateson, G. (1971). La cérémonie du Naven. París:
en otras situaciones análogas– donde “el Éditions de Minuit.
Estado debe intervenir para establecer con Borges, J. L. (1996). El otro, el mismo. En Borges,
ecuanimidad y firmeza algunas reglas de J. L. Obra Poética. Buenos Aires: Emecé.
juego, de modo tal de contemplar las ne- Bourdieu, P. (1990). Sociología y cultura. México,
cesidades, intereses y deseos de aquellos D. F.: Grijalbo.
actores y grupos que, debido fundamental- Bourdieu, P. (1991). El sentido práctico. Madrid:
mente a razones de índole estructural, no Taurus.
tienen capacidad organizativa ni de presión” Brecht, B. (1979). Historias de almanaque. Ma-
(Acevedo, 2009b, p. 22). drid: Alianza.
Esa y no otra debe ser la contribución Caetano, G. (2002). Democracia y culturas. Refle-
axial del Estado: establecer las condiciones de xiones en torno a algunos desafíos contem-
posibilidad, esto es, sentar las bases para que poráneos. En Achugar, H. & D’Alessandro, S.
todos los actores sociales puedan desarrollar (comp.). Global/local: democracia, memoria,
su pensamiento crítico, conformar una actitud identidades. Montevideo: Trilce, pp. 109-134.
participativa y, en suma, disponer de las mejores De Certeau, M. (1999 [1974]). La cultura en plural.
armas para poder jugar (en) el juego del poder. Buenos Aires: Nueva Visión.
Pero la plenitud en el ejercicio de la ciudadanía De Certeau, M. (2000). La invención de lo cotidiano
requiere, además, condiciones de plausibilidad: I. Artes de hacer en plural. México, D.F.: Uni-
la recuperación del protagonismo de los actores versidad Iberoamericana. Instituto Tecnoló-
sociales en tanto sujetos, lo cual implica conce- gico y de Estudios Superiores de Occidente.
bir la acción “no como determinada por normas Filmus, D. (1996). Concertación educativa y
y formas de autoridad, sino en su relación con gobernabilidad democrática en América
Latina. Propuesta Educativa, 17, 31-51. Le Goff, J. (1991). El orden de la memoria. Bar-
Buenos Aires: flacso celona: Paidós.
Freire, P. (1969). La educación como práctica de Lindblom, Ch. (1991). El proceso de elaboración
la libertad. Montevideo: Tierra Nueva. de políticas públicas. México, D.F.: Grupo
Huyssen, A. (2002). Presentes: los medios de Editorial Miguel Ángel Porrúa.
comunicación, la política, la amnesia. En Nietzsche, F. (1945 [1874]). De la utilidad y de
Achugar, H. & D’Alessandro, S. (comp.), Glo- los inconvenientes de los estudios históricos
bal/local: democracia, memoria, identidades. para la vida. Buenos Aires: Bajel.
Montevideo: Trilce, pp. 217-239. Touraine, A. & Khosrokhavar, F. (2002). A la
Ibáñez, J. (1994). El regreso del sujeto. La inves- búsqueda de sí mismo. Diálogo sobre el
tigación social de segundo orden. Madrid: sujeto. Buenos Aires: Paidós.
Siglo xxi. Vidart, D. (2004). El rico patrimonio de los orien-
Lechner, N. (1986). La conflictiva y nunca tales. Montevideo: Banda Oriental.
acabada construcción del orden deseado. www.unesco.org/culture/heritage/intangible/
Madrid: Siglo xxi. html_sp/index_sp-shtml

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