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Compilado del material teórico de clases

Observatorio de Comunicación, cultura y sociedad

Prof. Janina Olinik

Compilado del material teórico de clases Observatorio de Comunicación, cultura y sociedad Prof. Janina Olinik E.E.S

E.E.S N|4 Francisco P. Moreno San Bernardo- Buenos Aires

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Guía de trabajo Nro:…………Fecha de solicitud:………

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Última fecha de entrega:……….

Análisis comunicacional de las prácticas político/culturales

1- Leer el siguiente artículo, seleccionar las palabras que no comprendas, buscar en el diccionario y transcribir su definición

  • 2- ¿Qué implica una situación de comunicación? Ejemplificar.

3- ¿Cómo se concibe a la “vida cotidiana” desde el enfoque comunicacional?

4- Explicar comunicacionales”.

la

siguiente

frase:

los

sistemas

sociales

pueden

ser

leídos

como

procesos

5- ¿Cómo está conformado el ejemplo actual.

marco de referencia? ¿para qué nos sirve conocerlo? Dar un

6- Explicar los diferentes problemas que pueden ser identificados en un barrio y las dimensiones que lo delimitan.

7- Identificar problemas comunicaciones dentro de una institución y /u organización de la que formas parte. 8- ¿A qué se denomina “actor social”? ¿De qué forma se los conoce? 9- ¿Qué son los “espacios de comunicación” y cómo se clasifican? Identificarlos en la escuela.

2 Guía de trabajo Nro:…………Fecha de solicitud:……… .. Última fecha de entrega:………. Análisis comunicacional de las

MIRAR EL BARRIO DESDE LA COMUNICACIÓN

“Nunca antes se había hecho tan evidente que por el mundo de la comunicación pasa estructuralmente la puesta en común del sentido

o el sinsentido de vivir en sociedad…”

Jesús Martín-Barbero.

La mirada comunicacional sobre la comunidad

Un

programa

de

radio,

una

charla

sobre un tema

determinado, un volante informativo. Son casos en que una persona o institución emite un mensaje y, por ende, son casos de comunicación. Pero, como vimos en las semanas anteriores, comunicación es más que lo que ocurre entre emisores y receptores: no se trata de un mensaje sino de una acción. Comunicarnos es crear sentidos comunes, lo cual sólo se logra junto con otros y otras. Por eso, decimos que la comunicación es interacción social.

Desde esta mirada, todas las situaciones sociales pueden ser leídas como procesos de comunicación. Quiere decir que, así como los fenómenos sociales pueden ser mirados desde su dimensión política, económica o psicológica, también pueden ser abordados haciendo foco en su dimensión comunicacional. Por ejemplo, si analizamos la biblioteca desde diferentes perspectivas podemos centrarnos en la manera que administramos los recursos (dimensión económica), en la manera en que el proyecto institucional se articula o entra en conflicto con el proyecto cultural y educativo del municipio o la provincia (dimensión política), en cómo se siente

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la persona que concurre a la biblioteca (dimensión psicológica) y en la manera en que desde la

biblioteca encaramos y construimos las relaciones con los demás para que consulten los materiales bibliográficos o para que participen de las actividades. Esto último implicaría un análisis desde la comunicación.

De este modo, podemos pensar la vida cotidiana, que es un conjunto de situaciones sociales, como espacio de producción de sentidos. ¿Qué quiere decir esto? Desde el momento en que nacemos, estamos insertos e insertas en la trama de sentidos que crea la comunicación y en el seno de la cual se desarrolla. A medida que nos vamos vinculando con otros y otras, vamos tomando parte en los procesos de creación de esa trama.

Pensar esto nos remite a la idea de lenguaje, como el sistema de sentidos compartidos que organiza el mundo y nos permite aprender y hacernos entender. Lo cual es acertado, siempre que tengamos en cuenta que la comunicación incluye el lenguaje pero se refiere, más precisamente, al tejido de relaciones e interacciones con otras personas y grupos de personas en las cuales se crea el mundo en común.

Las situaciones de comunicación pueden ser actos de decir, donde se emite un enunciado o un mensaje, pero son más que eso. Se trata de situaciones donde, además de las palabras, otros factores se combinan en la producción de sentido: los lugares, los gestos, los tonos de voz, las actitudes, las intenciones, etc. Allí se expresan sentidos ya creados y nacen otros nuevos.

Quienes interactúan en los procesos comunicacionales son sujetos y protagonistas de los mismos. No hay emisores y receptores sino interlocutores. Ya profundizaremos mejor sobre esto en las próximas semanas pero, por ahora, veamos lo que dice el educador y comunicador Jorge Huergo: “Necesitamos considerar al otro como un interlocutor (alguien que no es mero “destinatario” de nuestras propuestas, sino alguien que es capaz de pronunciar su palabra y de comunicarse de diferentes modos): necesitamos conocerlo sistemáticamente, metódicamente”.

Y agrega que para conocer sistemáticamente al otro es preciso: “reconocer sus `marcos de referencia´: las relaciones directas de la población, las concepciones, valoraciones, estereotipos, expectativas y creencias que a diario comparten los distintos actores y sectores de

una comunidad”1

.

Los

marcos de referencia” son el conjunto de elementos

producción de sentido.

que intervienen en la

Esto hace que, en primer lugar, el que mira desde la comunicación necesite convertirse en un gran observador o una gran observadora. Poder identificar los detalles en las relaciones entre las personas que resultan decisivas para la vida en común. Ver en las acciones, actitudes, los gestos, las costumbres, las frases, etc. aquellos elementos que hacen que el sentido creado sea de cierto modo y no de otro.

La interrelación de todos esos elementos constituye la situación de comunicación que puede ser reconocida en cada una de las experiencias que vivimos cotidianamente.

Cambiar la mirada

Generalmente en los barrios pasan muchas cosas: la gente entra y sale de sus casas, algunos van a trabajar, otros a la escuela, hay quienes van y vienen de hacer las compras,

algunos se encuentran en la vereda… ¿Pero qué pasa si miramos el barrio con ojos de

comunicadoras y comunicadores?

¿Qué nos dice el barrio sobre los hombres y las mujeres que viven allí? ¿y sobre los jóvenes y niños/as? ¿Cuáles parecerían ser sus problemas? ¿y sus deseos? ¿De qué realidad económica, política y social nos habla el trazado de las calles, las fachadas de las casas, los

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comercios y las organizaciones? ¿Cómo se relacionan los y las vecinas? ¿Dónde y para qué se

juntan? ¿Identificamos discursos, pautas culturales y mandatos dominantes? ¿Cuáles son las expresiones que dan cuenta de que en el barrio pasan cosas nuevas y diversas?

Todas estas preguntas que podemos hacernos al mirar el barrio permiten reconocer las situaciones de comunicación. En ellas se ponen en juego:

Situaciones

comunicación.

problemáticas

a

las

que se intenta buscar alternativas desde la

• El contexto social, político, económico y cultural propio de ese tiempo y lugar. • Los actores que intervienen con características e intereses particulares.

• Las formas en que estos actores se relacionan con los problemas del barrio. • Los espacios donde se dan los intercambios.

Identificación de los problemas o situaciones problemáticas

La promoción de derechos es un trabajo que se hace en la comunidad para facilitar que más vecinos y vecinas se organicen, conozcan, reclamen y ejerzan sus derechos. Para desarrollar una estrategia de comunicación que permita cumplir con esa función es necesario identificar con claridad el problema o la situación a cambiar.

Pero, como en un espacio social conviven miradas diferentes y “realidades” diferentes, el

problema no puede ser definido de forma aislada. Quien adopte el rol de promotor en su comunidad deberá tener en cuenta la mirada de los otros actores con los que se relaciona y con aquellos que estarían involucrados en el mismo tema pero con los que aún no se relaciona.

Los problemas expresan la distancia que hay entre una situación presente y una situación deseada. Y, como vimos en otros módulos, la situación deseada es algo que se construye colectivamente. Del mismo modo, la identificación de los problemas requiere la participación de los diferentes actores que participan dentro de un cierto espacio.

Los problemas más típicos que enfrentamos en lo cotidiano se pueden clasificar como:

- Problemas organizacionales: son situaciones que se originan en la propia organización. Están directamente relacionados con el tipo de proyectos y actividades que se realizan, con los modos en que se toman las decisiones y se organizan las actividades, con los recursos existentes y los que faltan, etc.

- Problemas contextuales o coyunturales: se relacionan con el entorno económico, político, social y cultural de un determinado momento. Estos problemas inciden en la organización pero no se vinculan exclusivamente con ella, sino que es lo que pasa a su alrededor. Por ejemplo, la falta de una política de apoyo a las bibliotecas populares, sin duda, haría más difícil su gestión.

Problemas estructurales: están fuertemente arraigados en las prácticas cotidianas ya que son consecuencia de condiciones políticas, culturales, económicas y sociales de larga data. Por ejemplo, en algunos lugares si gran parte de la población no accede a la educación básica, esto se convierte en un problema estructural que afecta gran parte de las posibilidades de desarrollo no sólo de esas personas, sino de toda la comunidad.

A la vez, reconocer y delimitar los problemas involucra dos dimensiones:

1. La dimensión subjetiva. Es la importancia que tiene un problema para determinada persona o grupo de personas, de acuerdo a sus intereses, deseos, expectativas, etc. Por eso, hay cosas que pueden ser problemáticas para algunos y no serlo en absoluto para otros.

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2. La dimensión situacional. Está vinculada con el tiempo y el lugar en que se manifiesta

un problema. A medida que cambia el contexto, algo identificado como problema puede dejar de serlo, así como pueden ir surgiendo otros nuevos.

Un escenario, diferentes realidades

Para que un espacio de interacción se transforme en un escenario de comunicación, es necesario que las personas u organizaciones se encuentren allí e interactúen.

Entonces, ya no hablaremos simplemente de “personas” o “grupos de personas” sino de “actores sociales”. Mario Robirosa lo explica así: “Un actor social es ese 'otro' con que nos topamos en una relación de interacción”.

Para comprender mejor por qué decimos que son actores sociales, imaginemos que estamos viendo una obra de teatro: cada actor o actriz cumple un papel y asume determinadas posturas en función del problema que plantea el guión. Es más, las posibilidades de interacción entre los personajes también dependen de cómo cada uno se relaciona con el nudo de la historia. Otro ejemplo que puede ayudar para visualizar este concepto es pensar en un juego de mesa como el ajedrez. Allí, el caballo no se mueve de la misma manera que el alfil, y la torre tiene posibilidades diferentes que el peón o la reina para cumplir el objetivo común que es ganar el juego.

Cada actor se relaciona con el problema o el proyecto en común de una manera diferente.

Aquí nuevamente tenemos que pensar en las formas en que las relaciones de poder se ponen en juego para definir las posibilidades de interacción entre los diferentes actores que se involucran en la resolución de un problema: si propician esos encuentros, si prefieren cortarse solos y hacer la suya, si no toman en cuenta a los otros e imponen sus perspectivas frente al problema. Cómo se define el problema (con qué palabras y argumentos), cómo se determinan las soluciones para ese problema y a qué personas alcanzan, también tiene que ver con las relaciones de poder que se dan entre los actores.

La visión

de

los

actores sociales respecto del escenario del que participan varía de

acuerdo al modo en que están situados en él. Como dijimos antes, cada uno de ellos se relaciona con el problema de diferentes manera: pueden tomar ciertas cosas con primeros planos y otras pueden quedar en el fondo, desdibujadas o invisibles.

Otro orden en el cual se diferencian los actores sociales que comparten un escenario de comunicación son los intereses, objetivos y escalas de valores. La diversidad de intereses dificulta la interacción, porque quiere decir que hay actores con objetivos diferentes en el mismo escenario de actuación.

Para lograr sus objetivos, cada uno va a aplicar los recursos, conocimientos y/o capacidades de acción de que dispone. Esto hará que cada actor pueda aportar algo particular al escenario del que participa. Lo que es aportado específicamente por cada actor es su base de poder en relación a los otros. Cuanto más imprescindible es el aporte de un actor, más poder tendrá, ya que si se retirara de la interacción podría volver inviable el proyecto.

Quien impulsa un proyecto de comunicación, se preocupa por conocer a los actores con los que entra en relación frente a un problema:

- Sus objetivos institucionales: si es una organización social, una institución educativa, un área dentro de un organismo de gobierno, un equipo de salud, un medio de comunicación, un comercio o empresa

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- Su historia y recorridos institucionales: cuanto hace que está en el barrio, cómo ha dado

respuesta a diferentes problemas anteriormente, etc.

-

Su

nivel de intervención

en relación

con el problema: si tiene poder para tomar

decisiones, si está afectado por el problema, etc.

- Sus intereses y forma de vinculación con el problema que queremos abordar: si es algo prioritario, si es uno más entre otras preocupaciones, si no lo ve como un problema.

- Los acuerdos que se pueden establecer con ellos pero también los conflictos que se podrían generar.

Los espacios de comunicación

Vimos que una situación de comunicación se puede analizar teniendo en cuenta los problemas a los que se busca solución, los actores involucrados y el contexto. Pero también vimos que se dan en espacios de interacción determinados.

Como observadores y observadoras desde la comunicación, tenemos que poder conocer

y reconocer en los espacios de intercambios las posibilidades proponemos.

en función

de

lo

que nos

Los espacios de comunicación del barrio son los lugares donde hay mayores probabilidades que se establezca el encuentro entre quienes participan de los procesos comunicacionales. Estos se pueden caracterizar como:

  • - Espacios de circulación: son

aquellos donde confluyen muchas personas sin tener un objetivo en común. Por estos espacios las personas circulan, se cruzan y ocasionalmente establecen procesos de comunicación duraderos. Estos son apropiados para llamar la atención del interlocutor o comenzar a instalar un tema.

Por ejemplo: la plaza, la estación de tren, la avenida principal.

  • - Espacios de concentración:

6 - Su historia y recorridos institucionales: cuanto hace que está en el barrio, cómo ha

son aquellos donde muchas personas pueden reunirse en pos de un mismo objetivo, aunque no necesariamente se comuniquen entre sí. Estos se pueden utilizar para proveer información y difundir actividades. Por ejemplo: la puerta de la escuela, el centro comercial, el hospital o centro de salud.

- Espacios de reunión: en estos espacios las personas se reúnen y se comunican en función de lograr algún objetivo en común. Son pertinentes para promover la reflexión, la acción y la organización.

Por ejemplo: una asamblea, una reunión de trabajo, organización vecinal, biblioteca popular.

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1- Leer el capítulo de Daniel Scheinsohn, seleccionar las palabras que no comprendas, buscar en el diccionario y transcribir su definición

2- ¿Cómo se está conformada la cultura corporativa” y qué relación se establece con los “temas culturales”? Desarrollar los temas culturales.

3- Armar un esquema o red conceptual de las funciones de la cultura corporativa.

4- Analizar la cultura escolar a partir de los componentes propuestos por el autor que dan cuenta de la dinámica cultural.

DANIEL SCHEINSOHN

DINÁMICA DE LA COMUNICACIÓN Y LA IMAGEN CORPORTIVA

FUNDACIÓN OSDE

MARCOS INTERPRETATIVOS DE LA CULTURA CORPORATIVA

La palabra cultura deriva metafóricamente de cultus, palabra que conlleva la idea de “practicar o cultivar algo” y que engloba la idea de “cultivo”, esto es, del proceso que implica el cuidado y desarrollo de la tierra (ambos términos, “cultura” y “cultivo” aparecen registrados en español por primera vez a partir de 1515).

Con el concepto cultura corporativa se compara a las empresas con “sociedades en

miniatura”. El estudio de la cultura corporativa encuentra sus raíces en las teorías de la cultura

como un fenómeno social, antropológico y sociológico. Pese a que no es extraño oír hablar de las empresas como culturas, este concepto se populariza recién a principios de los años ochenta. En 1980, Business Week publicó Corporate Culture: The Hard to Change Values That Spell Succes or Failure, artículo que identificaba a la cultura organizacional como un elemento de influencia fundamental sobre la motivación y el compromiso de los miembros de la empresa.

La cultura corporativa es el elemento que le aporta sentido a la vida organizacional.

La cultura corporativa se desarrolla conforme lo hacen los marcos interpretativos que aplican los

miembros para asignar significados a las acciones cotidianas de la organización. Así los miembros entienden los fenómenos organizacionales, a partir de este marco interpretativo que

se instituye a través de diversos actos comunicacionales de acuerdo con una lógica simbólica

compartida. De los marcos interpretativos surgen los “temas culturales” (cultural issues). Estos

temas ejercen una fuerte influencia sobre: la jerga e idiomas que se aplican las historias, leyendas y chistes que se cuentan, las lógicas que se aplican, la visión del futuro, la identificación de amigos y enemigos.

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Los temas pueden ejercer efectos productivos o destructivos.

Un

tema

productivo entre los miembros de una organización puede resultar ser, por ejemplo, la búsqueda permanente de altos estándares de calidad. Un tema destructivo sería, por ejemplo, la supuesta reducción de personal que una empresa llevará a cabo.

Más allá de los efectos productivos o destructivos, los “temas culturales” pueden tener una intensidad fuerte o débil. Los temas culturales dirigen las acciones de los miembros de la organización influyendo en sus actitudes y valores; la jerga y los idiomas especializados que se utilizan; los rituales sociales y profesionales; la historia de la empresa que se transmite; la filosofía que en ella se sostiene; las leyendas, historias y chistes que circulan; las normas informales y la lógica implementada para guiar las acciones; las visiones que tienen los miembros acerca del futuro de la empresa y la definición de amigos y enemigos de la organización. Por todo esto por lo menosresulta de suma utilidad determinar cuáles son los “temas culturales” que circulan en una organización.

FUNCIONES DE LA CULTURA CORPORATIVA

Básicamente, la cultura corporativa cumple tres funciones generales:

  • a) Función de integración

La cultura corporativa favorece el consenso de la gente hacia la misión de la empresa, sus metas operativas y los medios necesarios para alcanzarlas. Asimismo es la que orienta el establecimiento de criterios para medir resultados y, en gran medida, da forma a las estrategias correctoras.

En una empresa suelen existir grupos profesionales con formaciones diversas (ciencias económicas, humanísticas, técnicas, etc.); en este caso la cultura corporativa es un elemento fundamental para la articulación de estas distintas orientaciones, como así también para las lógicas que cada una de ellas aplica. Esto mismo es válido para los casos en los que la organización transita por procesos de absorción, fusión, etc., en los cuales se da la interacción de personas con experiencias en distintas empresas.

Un fuerte consenso, es lo que diferencia a una mera declaración de intenciones de lo que debiera ser la cultura corporativa, es decir, la referencia más importante para orientar el comportamiento colectivo. En este sentido podemos decir que la cultura corporativa es la base del proyecto empresarial.

  • b) Función de cohesión

En esta función podemos apreciar de manera más efectiva el carácter pragmático de la cultura corporativa y su crítica incidencia en la dinámica organizacional.

El sentido de pertenencia que puede generar una cultura corporativa es su manifestación más genuina. Cuando se logra que la gente asuma un conjunto de valores, se constituye un fuerte sentido de pertenencia con respecto a la empresa.

Si la empresa posee una cultura corporativa cohesionada, la regulación del poder estará sujeta a un mismo conjunto de valores coherentes entre sí, que garantizan ese consenso en cuanto a los resultados. Es decir, que la cultura corporativa es el mecanismo autorregulador del poder.

  • c) Función de implicancia de la persona

La implicancia acontece cuando existe compatibilidad y correspondencia entre el sistema de valores de la empresa y el de la persona. Esto se logra en la intersección entre: el sistema de valores de la persona, su propia percepción del éxito, el concepto que ella tenga de sí misma y con respecto al sistema de valores de la empresa y su cultura corporativa.

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La implicancia es una situación de coherencia y compatibilidad entre el sistema de

valores de la empresa y el de la persona.

La implicancia de la persona compromete: • el convencimiento y aceptación de los

objetivos y los valores de la organización, la voluntad de actuar en la dirección de los objetivos

y

de

la

misión

que

la

empresa

ha

fijado, un fuerte

deseo de participar en

la vida

de

la

organización.

 

COMPONENTES BÁSICOS DE LA CULTURA CORPORATIVA

Según

Deal y Kennedy,

la

dinámica cultural emerge de

la

componentes básicos de toda cultura corporativa:

interacción de cuatro

Las creencias y valores: Las creencias son aquellas ideas o principios que una empresa acepta como válidos y que constituyen la base de sus actuaciones cotidianas. El típico ejemplo:

“El cliente tiene la razón”. Los valores son las cualidades que las empresas desean alcanzar y/o mantener permanentemente en sus actos. Ejemplos de valores lo constituyen:

• la pulcritud • la disciplina • la motivación • la cooperación • el respeto por la persona • el compromiso • el uso eficiente del dinero • la puntualidad.

Podríamos decir que las creencias guían y determinan el proyecto corporativo, mientras que los valores son la base de su implementación. Esto evidencia que los valores surgen de las creencias.

Los héroes: Las creencias y valores serían abstracciones difíciles de incorporar si no fuera gracias a los héroes, quienes son los que encarnan y personifican las creencias y valores.

La figura de héroe se constituye en fuente de motivación e inspiración, es un símbolo, un referente y un modelo de actuación. Existen dos clases de héroes:

• los héroes natos • los héroes creados

Los héroes natos son aquellos que poseyeron la visión, la constancia y capacidad necesaria como para crear una empresa que los sobreviviera: Walt Disney (Disney), Ray Kroc (Mc Donald’s), Watson (IBM), Fulvio Pagani (Arcor) Asimismo pueden ser considerados como héroes natos aquellos que sin crear una empresa como empleados de la mismala han salvado de un desastre o han contribuido de manera significativa en su desarrollo y/o crecimiento.

Los héroes creados, en cambio, son el resultado de una necesidad situacional, como por ejemplo, que en un momento dado se haga necesaria la exaltación de uno o más valores

Los ritos y rituales: Son ceremonias simbólicas que llevan a cabo los miembros de la organización para celebrar y reforzar las interpretaciones acerca de las creencias, los valores y los héroes de la vida de la empresa. En otras palabras, son las “dramatizaciones” de las creencias y valores, y proporcionan el “guión” con el que puede ser actuada la “obra

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organizacional cotidiana”. Estas ceremonias se constituyen en verdaderos acontecimientos

expresivos que ayudan a sumar drama, emoción y espectáculo a las actividades de la organización. Como ejemplo podríamos citar las ceremonias de graduación de las universidades, el himno que por la mañana antes de iniciar su labor diaria cantan en Japón los empleados de algunas empresas, las convenciones que se celebran para premiar a los mejores vendedores, etc.

Las redes culturales: Es el canal a través del cual fluyen las creencias y valores. Si bien es cierto que la red cultural es un canal informal, no se puede perder de vista que se constituye en un medio básico para que los empleados interactúen y lleven a cabo los actos comunicativos

10 organizacional cotidiana”. Estas ceremonias se constituyen en verdaderos acontecimientos expresivos que ayudan a sumar drama,

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Última fecha de entrega:……….

1- Armar un cuadro de doble entrada de los enfoques utilizados para analizar las historia de vida y cómo son utilizados para analizar la vida de “Roberto”.

2- Seleccionar una película cuya trama gire en torno a la reconstrucción de la historia de vida un personaje real (o sea, película basada en la vida real de una persona) Analizar a partir de uno de los enfoques propuestos por Ana Lía Kornblit.

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Enfoques en el análisis de los relatos de vida

A continuación expondremos cinco enfoques del análisis de las historias de vida que aplicaremos luego, a modo de ejemplo, a un relato de vida resumido por nosotros, señalando los elementos clave que resaltarían en él cada uno de ellos.

4.1. El enfoque de la “historia natural”

Denzin (1989) plantea que los primeros desarrollos sobre la metodología de las historias de vida, realizados a partir de la obra de Thomas y Znaniecki por la escuela de Chicago, partían del supuesto de que es posible reproducir, a partir de ellas, los “hechos objetivos” que constituyen la vida de las personas. Si bien en esta perspectiva son importantes las definiciones “subjetivas’’ de tales hechos por parte de sus protagonistas, el propósito es alcanzar interpretaciones exactas, verdaderas, válidas y consistentes sobre ellos. Para esto se recurre a la triangulación metodológica, tomando en cuenta diferentes fuentes y puntos de vista que permitan establecer contradicciones o discontinuidades en los relatos. Se analiza así la validez de los datos y se formulan y prueban hipótesis buscando evidencias negativas. Por lo tanto, en este enfoque se retienen, aunque reformulados, los principios metodológicos de validez, confiabilidad, falsedad, verdad, sesgo, hipótesis, representatividad de los casos y capacidad de generalización que guían la investigación social de base cuantitativa.

Las vidas de las personas son planteadas como construcciones racionales que se extienden a lo largo del tiempo, por lo cual lo que se busca es desentrañar las razones que las

ordenan. Se supone que existe un curso más o menos prefijado (“natural”) en la vida de las

personas; por lo tanto, se analizan los aspectos en los que las vidas concretas se apartan del curso esperado.

4.2. El análisis comprensivo de Bertaux

Bertaux (1981) y Bertaux y Bertaux-Wiame (1993) retoman la tradición del recurso a la interpretación comprensiva (verstehen). Uno de los ejes centrales de este tipo de análisis es la identificación de lo que estos autores denominan “índices”: aspectos que son reconocidos por los autores de los relatos y/o por el investigador como hechos que han marcado la experiencia de vida, con respecto a los cuales se plantean en el análisis interrogantes relativos a su significación sociológica.

Otro elemento clave en esta propuesta es lo que se ha denominado “punto de viraje”, que puede ser llamado también “momento bisagra”, “carrefour” o “punto de inflexión”. Estos términos

se refieren a un momento vital identificado por el sujeto y/o por el investigador como una encrucijada a partir de la cual el itinerario biográfico de la persona tomó un rumbo distinto o inició una nueva etapa.

El interés no es sólo identificar y describir los puntos de viraje en la vida de una persona sino llegar a comprender qué llevó a tal persona a adoptar ese cambio, en esa particular situación social y en ese particular momento.

Como plantea John Clausen (1996), la identificación de los puntos de viraje por parte de una persona implica que ella otorga un sentido a las continuidades y discontinuidades de su trayectoria vital. No necesariamente la vida de una persona tiene que tomar una dirección diferente para que ella sienta que ha ocurrido un punto de inflexión en su camino. Sí tiene que tener la sensación de que a partir de un cierto momento ha adquirido nuevos significados, ha pasado por un cambio en el modo de verse a sí misma tanto en cuanto a sus posibilidades como en cuanto a sus relaciones, lo que marca una diferencia entre un antes y un después. El

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mismo autor señala que en un estudio que realizó sobre este aspecto en Estados Unidos, con

más de cien personas, más de la mitad de las veces los puntos de viraje estaban constituidos por transiciones de rol, y de éstas más de las dos terceras partes eran transiciones esperadas, por ejemplo, empezar a trabajar o a estudiar en la universidad, casarse o ser padres. Estas transiciones implicaban alguna reorientación en las prioridades de la persona, pero no un cambio sustancial en la dirección en la que estaba encauzada su vida. Es decir que los saltos de identidad reconocidos a partir de ciertos puntos de viraje pueden asumirse por cambios de vida graduales (continuidad acumulada) o a través de incidentes transformadores, no esperados (discontinuidades). Anselm Strauss (1959) los define como incidentes críticos que

ocurren y que fuerzan a alguien reconocer que “no soy la misma persona que era”.

Denzin se refiere a esto mismo mediante el término epifanías.1 Alude con él a experiencias que dejan marcas en las vidas de las personas, cuyos significados están dados siempre retrospectivamente, en la medida en que son reexaminados a posteriori. Señala que pueden identificarse diferentes tipos de epifanías, según se manifiesten como un evento principal, que alcanza todos los aspectos de la vida de una persona (por ejemplo, una migración); como un evento dado por acumulación de experiencias (por ejemplo, tomar la decisión de divorciarse después de un largo periodo de conflictos conyugales) o como un evento aparentemente menor, que representa simbólicamente un momento problemático en la vida de una persona.

Hay que tener en cuenta que cada punto de viraje es multifacético, tanto en términos de sus causas como de sus consecuencias.

El análisis comprensivo pone especial énfasis también en la consideración del contexto sociohistórico en el que se desenvuelven las vidas de las personas. Esto implica tomar en cuenta la dimensión temporal como aspecto clave en la interpretación de los datos, tanto en relación con las etapas de la trayectoria vital como con los cambios sociales ocurridos en ese transcurso.

Así, los puntos de inflexión personales a los que nos referimos previamente pueden ser también históricos, como en el caso de una guerra, una catástrofe o un cambio político importante. La contextualización sociohistórica de los escenarios microsociales en los que se desenvuelven las vidas personales es uno de los objetivos centrales del análisis comprensivo. El supuesto que lo guía es la idea de que los procesos históricos ofrecen a cada cohorte, en un momento determinado, opciones y limitaciones que son tamizadas por las diferentes inserciones sociales de los grupos.

1- El término proviene del griego: epiphaneia, que significa “aparición”.

4.3. El análisis temático

La

identificación

de

los

temas

presentes

en

las

historias

de

vida

es

uno

de

los

procedimientos más usuales en el proceso de su análisis. Esto requiere como primer paso la lectura de las transcripciones de los relatos hasta hacerlos familiares al analista. El segundo paso en esta tarea es identificar los núcleos temáticos (Boyatzis, 1998) y el tercero consiste en la organización de los datos según las relaciones que pueden establecerse entre esos núcleos.

El primer listado de estos últimos seguramente será muy empírico y estará atado a las transcripciones. Para refinarlo hay que tener en cuenta las conexiones entre 1o temas y la relevancia que ellos adquieren en función de los significados que les atribuyen tanto el entrevistado como el entrevistador (Richtie y Spenser, 1994).

Como veremos en el capítulo 3, en la exposición sobre la teoría fundamentada, Strauss (1994) recomienda que se identifique entre los núcleos temáticos una categoría central, que será la que esté vinculada a un mayor número de ellos. Esta centralidad significa que la categoría elegida da cuenta de una parte importante de los patrones de conducta o

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acontecimientos que se están se están estudiando. Por consiguiente, el tema emerge

recurrentemente en distintos momentos de la entrevista.

La identificación de la categoría central permite organizar los núcleos temáticos en una construcción conceptual que debe retomar los objetivos propuestos para el trabajo, integrando los núcleos temáticos con los supuestos teóricos enunciados en los objetivos.

Como plantea Ruth Sautu (1999), la lógica del análisis de los datos biográficos implica un interjuego entre la descripción de los mismos y la interpretación en función de los marcos teóricos del investigador. La interpretación lleva a dotar de significados las inferencias acerca de las regularidades observadas, teniendo en cuenta las interpretaciones que los propios entrevistados hacen de sus vidas y la articulación con los contextos sociales e históricos en los que ellas se desenvuelven y con los marcos teóricos de los que se parte.

4.4. El análisis interpretativo

En este enfoque los relatos construidos por los sujetos son interpretados por el científico social, quien hace de cada caso un estudio singular pero a la vez general, en la medida en que se apoya en él para crear nuevos desarrollos teóricos. Bourdieu ( 1986) se refiere a la “ilusión biográfica” para destacar que una historia de vida es casi siempre una historia discontinua, a la

que le falta coherencia en sí misma. La coherencia le es impuesta por el investigador a partir de sus propias matrices culturales o por el hecho de que la experiencia y los sentimientos del sujeto coinciden con los que los patrones culturales hacen esperar. Por ejemplo, una persona homosexual puede sentirse estigmatizada y desvalorizada por los patrones culturales vigentes en su sociedad, y su historia de vida puede expresar estos aspectos. En este caso, la lógica de la vida social y cultural en la que su vida se desarrolla coincide con la lógica del individuo que cuenta su historia y crea según Bourdieu tal “ilusión” de coherencia.

Denzin (1989) propone, siguiendo a Jean-Paul Sastre, un procedimiento interpretativo que consiste en identificar en la vida de una persona un hecho clave que adquiere un lugar central, de modo que buena parte de sus experiencias giran alrededor de él. Es importante también analizar cómo los significados que la persona otorga a ese significante clave cambian a lo largo de sus diferentes etapas vitales. El análisis consiste en trabajar el hecho clave yendo para adelante y para atrás en el tiempo, por lo que el método puede denominarse progresivo- regresivo.

Además de reconocer sus orígenes en las biografías realizadas por Sartre (Charles Baudelaire, Jean Genet, Gustave Flaubert), Denzin plantea que el método incluye algunas estrategias desarrolladas por Paul Thompson (1978) en el análisis de los materiales de historia oral: recolectar historias de vida organizadas alrededor de temas únicos, como experiencias de tratamiento médico, casamientos, divorcios, determinado tipo de consumo de drogas, etc., que luego son analizados interpretativamente, incluyendo las influencias culturales como las que ejercen los medios de comunicación, la cultura popular y los grupos sociales de pertenencia y referencia.

Se parte del supuesto de que los relatos recogidos son ficciones que narran experiencias personales. Ellas se cuentan en concordancia con lo que las pautas culturales establecen acerca de lo que es una historia de vida. La idea es que existen múltiples imágenes de lo que una persona ha sido, lo que pudría haber sido y lo que es en la actualidad, que son encadenadas por el relato. Así como una persona es, de alguna manera, aquello que cuenta de sí misma (Recoeur 1996), y esto puede variar en sucesivos relatos y frente a distintos interlocutores, también los relatos están sujetos a diversas interpretaciones. El investigador debe tener en cuenta que su trabajo podrá revelar identidades parciales de sus entrevistados, nunca totales, y que ellas pasan siempre por los filtros de sus interpretaciones.

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4.5. El análisis de la identidad de Demoziére y Dubar

La fragmentación de lo social en múltiples experiencias posibles y la fragmentación de la identidad individual también en múltiples aspectos, no siempre englobados coherentemente en un yo, hacen que los relatos de los individuos deban ser interpretados. Como dicen Demaziére

y Dubar (1997: 28): “Comprender el sentido de lo que se dice no es solamente estar atento y

«hacer suyas» las palabras del entrevistado, sino también analizar los mecanismos de producción de sentido, comparar las palabras diferentes, desnudar las oposiciones y las correlaciones más estructurantes”. Estos autores adoptan, pues, una postura analítica que parte del supuesto de que la palabra no es transparente. Para ello toman en cuenta la propuesta de Barthes (1966) para el análisis de los relatos, según la cual todo relato puede ser analizado en tres niveles diferentes, que se articulan necesariamente entre sí: 1) el nivel de las secuencias en las que despliegan los episodios del relato; 2) el nivel de los “actantes” es decir, los personajes que juegan un rol en el relato”,2 y 3) el nivel de los argumentos proporcionados por los entrevistados para “defender” sus puntos de vista, que encadenan las secuencias y están destinados a “convencer” al interlocutor, en este caso, el entrevistador.

Estos tres niveles pueden analizarse estructuralmente al articular los episodios de una historia (sus secuencias) con la estructura de los personajes que aparecen en ella (los actantes), para descubrir la lógica del discurso, teniendo en cuenta al destinatario (los argumentos) (Demaziere y Dubar, 1997).3

2- Siguiendo a Greimas (1970) se retoma en esta clasificación el término actante para denotar el carácter de “subordinación de la representación antropomórfica del agente a su posición de operador de acciones en el recorrido narrativo” (Ricoeur, 1986).

3- Somos conscientes de que el análisis estructural “no está de moda” intelectualmente, y que ha sido criticado en nombre de la condena a la ideología estructuralista, que se pretende totalizadora y univoca. Pero consideramos que el modelo se puede emplear para superar el momento de parálisis frente al polimorfismo de los datos y sus múltiples significados posibles.

El objetivo de este tipo de análisis no es clasificar a los individuos sino clasificar, de un modo comprensivo, las estructuras de relatos para poner en evidencia sus semejanzas y sus diferencias (Dubar, 1996). El análisis estructural se propone poner en evidencia las relaciones

entre ciertas dimensiones y las tensiones entre ellas, y así “poder evidenciar los contenidos

implícitos, las grandes oposiciones, las estructuraciones fundamentales que organizan la relación de la persona con el mundo y aclarar la organización de su estructura socioafectiva” (Delor, 1997: 56).

En este modelo se proponen algunas estructuras elementales de significación, elegidas por el investigador como las que a su juicio representan los aspectos más importantes del relato para, de acuerdo con la propuesta de Algirdas Greimas (1970), analizarlas transformándolas en un sistema de oposiciones de sentidos.

Demaziére y Dubar (1997) especifican que:

Secuencias son todas las unidades que describen acciones o situaciones presentadas como informaciones sobre hechos.

Actantes son todas las unidades que hacen intervenir a un personaje calificado por el locutor y que ponen en escena relaciones.

Proposiciones argumentativas son todas las unidades que contienen un juicio o una apreciación sobre un episodio o un objeto, que proporcionan el sentido subjetivo dado por el locutor a lo que dice.

El procedimiento consiste en analizar longitudinalmente cada relato de vida de acuerdo con las oposiciones encontradas para cada uno de los tres tipos de unidades mencionadas, a fin de sintetizarlas en un cuadro para cada caso.

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Para la construcción de estos cuadros se analizan por separado las listas de las

oposiciones de unidades, que son resumidas luego según sus reiteraciones y según la interpretación del investigador de su grado de importancia para el relato. Esto constituye una base común del análisis estructural, tal como ha sido desarrollado en distintos ámbitos por los maestros del modelo (Vladimir Propp para el análisis de cuentos tradicionales; Algirdas Greimas y Roland Barthes para el análisis de relatos literarios; Claude Lévi-Strauss par el análisis de mitos, etcétera).

Se intenta luego relacionar, para cada relato, los opuestos de secuencias, actantes y proposiciones argumentativas. Los opuestos de cada uno de estos elementos pueden surgir del mismo relato o de la estructura reconstruida por el analista a partir de las categorías culturales.

Esto proporciona una síntesis del relato que da cuenta de sus aspectos más importantes, a la vez que pone en descubierto los valores y normativas culturales sobre los que se edifica. El análisis así desarrollado permite realizar un resumen de cada relato, construido por el investigador, quien trata de teorizar sobre el caso. Estamos acá en presencia de la “teoría

sustantiva” de la que hablan Glaser y Strauss (1965). El paso a la “teoría formal” se realiza

intentando resumir el juego de oposiciones y las síntesis de los relatos, a fin de construir con ellos, en la medida de lo posible, una tipología. Para su elaboración, los relatos se reagrupan

alrededor de algunos, elegidos como “nodales” o “típicos” en algún aspecto clave. La agregación de los relatos siguiendo a los “nodales” implica también una operación algo arbitraría por parte del investigador, pero se trata de encontrar, sin forzar los datos, ese “islote de inteligibilidad” del que habla Passeron (1989), para lo cual se construyen teorías “abstractas” que, sin embargo, no “llegan a paliar la nostalgia de teoría general” (ídem).

Presentaremos a continuación el resumen de un relato de vida de una persona de sexo masculino, de treinta y un años, de clase media, que es portador del VIH desde hace nueve años. Señalaremos luego los elementos clave que serían puestos de relieve en ese relato, según los cinco enfoques para el análisis de historias de vida que hemos visto.

5. Historia de Roberto

Roberto describe su niñez como la de un niño revoltoso, hiperquinético, con problemas de conducta en la escuela, que se extendían a todos los ámbitos en los que participaba. Cuando tenía cinco años sus padres se separaron, a causa de que el padre se enamoró de una prima de la madre que bahía ido a pasar una temporada en la casa, y “se fugó” con ella. Después de la separación de los padres, Roberto vivió con su madre quien trabajaba todo el día, su hermana menor y la empleada doméstica que los cuidaba.

Atribuye sus problemas de conducta en la infancia a la separación de sus padres, que

relaciona con un furor de divorcios en la época en la que era niño, si bien resalta que “siempre le fascinó violar las reglas, sobrepasar las reglas”.

A partir de los catorce años no vio más a su padre, quien vivía en el exterior. En segundo año de la escuela secundaria empezó a consumir drogas. Adjudica su inicio en el consumo de drogas al hecho de juntarse con “pibes más grandes, que afanaban y eran cancheritos”, con los que quería identificarse pues carecía de una imagen masculina fuerte por la ausencia de su padre.

Cursó cada año del ciclo secundario en un colegio distinto por sus problemas de conducta. Pasaba la mayor parte del tiempo en la calle, con sus compañeros de consumo. A pesar de esto terminó la escuela secundaria: “Tenía siempre la conciencia por estudiar; tal vez por provenir de una familia de intelectuales, en la que se valoraba el estudio”. Opina que la adicción

a las drogas pasa porque la persona ni encuentra satisfacción en nada y en lo único en que la

encuentra es en “estar de la cabeza todo el día”, “En esa época nada me conformaba, nada me hacía feliz”.

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Su vida en los años posteriores consistió en “cometer ilícitos” que le dejaban mucho dinero.

Formaba parte de una banda “de elite” y tenía una novia a la que amó “profundamente”. Tenía

una poderosa moto en la que iba a gran velocidad. No se cuidaba en las relaciones sexuales y

compartía jeringas al inyectarse drogas. Por esa época pasó unos meses en Brasil y al volver sufrió una hepatitis por la que le recomendaron realizar la prueba del VIH, que dio positiva. No obstante el diagnóstico, siguió haciendo la misma vida. No le dio ninguna importancia al

anuncio de su seropositividad; “Fue como si me hubieran dicho que tenía mucha fiebre”. Se

empezó a preocupar por su salud cuando comenzó a enfermarse a causa de la baja de sus defensas. A los veinticuatro años cayó preso y estuvo detenido cuatro años, a pesar de que el fiscal

había pedido una condena de once. Al año de estar preso se dio cuenta de que no quería

continuar en la “carrera del delincuente” y empezó a estudiar en el penal. Comenzó a cambiar en “la soledad de la cárcel”. “Estar detenido me hizo reflexionar sobre lo que quería para mi

vida.” “Sabía que mi vida se estaba yendo por el tacho de la basura. Ya estaba en el tacho de la basura.” Ahí se dio cuenta y se planteó qué quería para él. Pensaba que tenía la posibilidad de morir en la cárcel y eso lo ponía muy triste. “La primera forma virtual de irme de la cárcel fue

dejar los códigos carcelarios, empezar a funcionar como una persona normal, empezar a dar

clases, empezar a laborar.” La directora de educación y infectóloga del penal lo ayudaron mucho. Enseñaba a leer a los reclusos analfabetos y comenzó a escribir, a ir a la biblioteca y a leer mucho. Mandaba sus cuentos a una radio, donde se los leían. Después consiguió que se los publicaran. A causa de su actividad literaria comenzó a recibir muchas visitas en el penal, a diferencia de la etapa anterior cuando no lo visitaba nadie. También empezó a inclinarse por el trabajo como voluntario en sida, porque se daba cuenta de que sabía mucho, de que tenía muchos conocimientos prácticos, “muchas cosas para dar”. Al salir de la prisión se conectó con un hospital en el que se asiste a personas con el VIH/sida y con una fundación que trabaja en el tema. A poco de salir de la cárcel y cuando comenzaba a organizar su vida, dado que había conseguido un trabajo, tuvo varias enfermedades marcadoras de sida, a causa de una importante baja inmunológica, por lo que debió ser hospitalizado algunos meses, hecho que lo sumió en una profunda depresión. Vivió la etapa en la que sufrió las enfermedades marcadoras

de sida como un castigo, “como si me dijeran: ahora vas a pagarlas”. Poco a poco salió

adelante, revirtiéndose su estado físico, al punto que desde hace dos años su carga viral no es detectable y tiene más de 500 CD4.

Al recuperarse comenzó a trabajar en teatro callejero, organizando un grupo, y como

activista en una organización para personas que viven con VIH/sida. Hace dos años conoció a la que actualmente es su novia, que es seronegativa. No comenta a nadie que es seropositivo. Sólo se lo dijo a su novia antes de tener relaciones sexuales. Ahora se siente en paz con él

mismo porque “no le hago daño a nadie…, al contrario, hago muchas cosas pensando que

estoy haciendo el bien; no sé si en todos los casos hago el bien pero estoy pensando que lo

hago y hago además muchas cosas que me gratifican, que me gustan”. Lo que más le gusta de

su trabajo es que sea reconocido, si bien plantea que comparte muy poco de sí mismo con los

demás y que ha confiado muy poco en alguien en su vida: “En los momentos de crisis estuve solo y salí solo”. “Siempre hice lo que quise, lo que me gustaba, lo que tenía ganas de hacer, lo

que se me antojaba […] El principio básico, sea uno seropositivo o no, es empezar a disfrutar de la vida”.

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PUNTOS RELEVANTES A TENER EN CUENTA EN LA HISTORIA DE ROBERTO,

SEGÚN LOS DIFERENTES ENFOQUES DE ANÁLISIS

1) ENFOQUE DE LA HISTORIA NATURAL (THOMAS Y ZNANIECK)

Hipótesis: el quiebre de la estructura familiar cuando Roberto era niño, con la “deslealtad” y el abandono del padre, influyó en la adopción por su parte de conducta transgresora. La relación con figuras de autoridad respetadas (docente, infectóloga), en un ámbito que impone límites forzosos como la cárcel, le permitió desarrollar un nuevo proyecto personal, basado en recursos de tipo intelectual.

Triangulación: entrevistas con personas que fueron testigos del cambio, como la docente y la infectóloga de la cárcel, para verificar ese proceso. En lo posible, recabar datos también entrevistando a la madre, figura casi ausente en el relato, para cotejar si se trató de una

ausencia “real” durante la niñez de Roberto, o si ése fue el modo como él vivió su relación con

ella.

La historia de Roberto puede considerarse atípica en la medida en que, durante su estadía en la cárcel, eligió un proyecto de vida que no condice con la habitual “carrera delictiva”, que lleva a la mayoría de los detenidos a reincidir en el delito al ser excarcelados. Su opción por el quehacer cultural fue posible por el grupo primario en el que fue socializado (“una familia de intelectuales”).

2) ANÁLISIS COMPRENSIVO (BERTAUX)

El relato de Roberto comienza por marcar un “índice” en su vida, dado por el particular

conflicto conyugal entre sus padres y el posterior abandono del padre. El ámbito escolar no logra contenerlo y se convierte, en cambio, en el escenario de sus conductas transgresoras (durante el secundario es echado cinco veces de distintas escuelas, por lo que cursa cada año en una diferente, hecho que sugiere sucesivas desconexiones con cada comunidad educativa). Su grupo de amigos de la calle, en cambio, permanece, y es el referente más importante en esos años; con ellos inicia su camino delictivo que, aunque no da detalles, parece haber ido creciendo en cuanto al tipo de ilícitos cometidos.

El punto de inflexión a partir del cual se modifica radicalmente su visión del mundo es estar detenido. La cárcel obra como un tope al vértigo de su vida y comienza a plantearse la posibilidad de buscar gratificaciones sin que esto implique dañar a otros y dañarse a sí mismo. El camino que encuentra es el del trabajo intelectual, que lo lleva a una concepción del tiempo caracterizada por la larga duración (este tipo de trabajo requiere un esfuerzo sostenido en el tiempo). Su gran depresión se produce cuando toma conciencia de que su estilo de vida anterior le dejó la marca del sida, que pone en peligro la posibilidad de contar con ese tiempo extendido que le requiere ahora su proyecto de vida.

El período en el que Roberto cometió lo que llama “ilícitos” coincidió en la Argentina con la época de aparente bienestar económico alcanzado durante el gobierno de Carlos S. Menem, en el que parecía existir en el país una abundancia económica, coincidente con un clima social

“farandulesco” en algunos sectores sociales. El “dinero fácil” que conseguía Roberto y su estilo

de vida pueden considerarse como metáforas de un momento del país en el que el trabajo

comenzó a perder, para muchos jóvenes especialmente, la valoración que se le atribuía en décadas anteriores como factor clave de la organización de la vida.

3) ANÁLISIS TEMÁTICO (BOYATZIS)

El primer

listado

de

núcleos

temáticos, aún

pegados

al

relato,

muestra una serie

estructurada temporalmente, que arranca con uno de los “marcadores” de la historia de

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Roberto, el abandono del padre, y llega al momento actual tras una verdadera “conversión” del

estilo de vida adoptado por él durante la adolescencia y la juventud temprana. La secuencia temporal en la que se desarrolla estos núcleos temáticos contrasta con dos temas que atraviesan longitudinalmente la historia de Roberto, según su relato: la soledad y la convicción de “hacer lo que se quiere hacer”: — niñez conflictiva (abandono, “deslealtad” del padre); — desinterés por la escuela; consumo de drogas (deseo de sobresalir como motivación); — carrera, delictiva (‘vida exitosa”); — consumo de drogas por vía inyectable (comparte jeringas); la cárcel (comienzos del cambio); actividad intelectual (resocialización a partir de ella); sida (vivido como castigo) y proyecto de vida reparador (hacer algo por los demás).

La búsqueda de una categoría central que englobe los distintos aspectos del relato, teniendo en cuenta además el objetivo del trabajo en el marco en el que se relevó la historia de vida (el análisis de las trayectorias de vida de consumidores de drogas por vía inyectable afectados por VIH), lleva a identificar el cambio en el estilo de vida a partir de la experiencia carcelaria como categoría con la que se vinculan en mayor medida en el resto los núcleos temáticos (en la etapa anterior a la cárcel, los eslabones que en la interpretación de Roberto lo condujeron a incurrir en conductas delictivas y de riesgo para su integridad física; en la etapa posterior, el desarrollo de recursos que lo llevan a desempeñar actividades intelectuales y artísticas y el freno a estas posibilidades dado por la enfermedad).

El cambio, como categoría central, tiene las siguientes propiedades: representa un cambio en cuanto a las actividades realizadas para conseguir dinero y un cambio en cuanto a la

valoración “moral” de su vida anterior y actual (el propósito de “no hacer daño a nadie” del

presente encubre un autorreproche por los “daños” cometidos anteriormente). La “soledad” y “el

hacer lo que uno quiere” son los núcleos temáticos que, en la medida en que atraviesan según el relato toda la trayectoria vital, garantizan la mismidad, el núcleo identitario que permanece a lo largo del tiempo, a pesar de los cambios, y que garantiza que Roberto siga siendo y

sintiéndose la misma persona, aun después de una “reconversión” de una vida tan dramática como la que describe.

4) ANÁLISIS INTERPRETATIVO ( DENZIN)

El eje alrededor del cual se estructura el relato de Roberto es la oposición entre la búsqueda de gratificaciones personales sin medir las consecuencias lo que implica la posibilidad de dañar a otros y la falta de autocuidadoy la búsqueda de gratificaciones personales teniendo en cuenta al otro y a sí mismo. Este eje se convierte en pivote de su vida a partir de vivencia de soledad en la que lo sumergen sus años infantiles después de la separación de sus padres.

El primer polo de esa oposición se manifiesta en un estilo de vida caracterizado por vivir en un presente vertiginoso, en el que muy joven contaba con mucho dinero de sus actividades delictivas. Metáfora de esta actitud es su amor por la velocidad. Si bien Roberto atribuye en buena medida su inclinación a transgredir las normas a la falta de una imagen paterna fuerte, en realidad sigue el modelo transgresor de su padre, quien cometió el “delito” de iniciar una

nueva vida amorosa con alguien muy cercano a su mujer (“se fuga” con ella, se va del país,

abandona a sus hijos). Si bien reconoce que hubo en su vida personas que lo ayudaron (la directora de educación de la cárcel, su infectóloga, su novia actual) y que el reconocimiento de su trabajo comenzó a importarle en la segunda etapa de su vida, también expresa la sensación

de que “siempre estuvo solo y que salió solo de las crisis”, tal vez porque su preocupación más

importante ha sido y sigue siendo estar en contacto con sus deseos, partiendo de una vivencia de soledad que sigue estando presente. En este sentido, Roberto sigue siendo el niño que se sintió abandonado tras la debacle familiar provocada por la transgresión del padre, aunque las instituciones sociales con las que entró en contacto en la segunda fase de su vida (la cárcel, el hospital, la fundación) refractaron parcialmente esa sensación.

INVESTIGACIÓN-PARTICIPACIÓN E HISTORIAS DE VIDA, UN MISMO CAMINO

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Almudena Cotán Fernández

Las Historias de Vida es una técnica de investigación cualitativa, ubicada en el marco del denominado método biográfico (Rodríguez, Gil y García, 1996), cuyo objeto principal es el análisis y transcripción que el investigador realiza a raíz de los relatos de una persona sobre su vida o momentos concretos de la misma (Martín, 1995) y también sobre los relatos y documentos extraídos de terceras personas, es decir, relatos y aportaciones realizadas por otras personas sobre el sujeto de la Historia de Vida (Perelló, 2009).

Podemos hallar al origen del método biográfico en la obra de Thomas y Znaniecki (1972), The Polis Peasant, donde aparece por primera vez el uso del término Historias de Vida (Perelló, 2009).

Su principal finalidad la podemos localizar en el relato que se extraen de las mismas contextualizadas en un lugar y tiempo determinado, que permiten revivir, analizar e incluso situarse ante tales circunstancias y razonar su comportamiento en ese determinado momento.

El análisis de los datos obtenidos supone un proceso de indagación (Martín, 1995) basándose en técnicas de recogida de datos de índole cualitativa. Las principales son las entrevistas y los largos diálogos entre el investigador y el autor del relato donde éste último expone lo más íntimo de él como sentimientos, pensamientos, valores… para que el investigador pueda contextualizar el relato lo más veraz posible a esa persona y sin interferir la subjetividad a la hora de transcribir la Historia por parte del mismo. Según Perelló (2009), “el investigador es sólo el inductor de la narración, su transcriptor y también el encargado de “retocar” el texto para ordenar la información del relato obtenido en las diferentes sesiones de entrevistas” (Perelló, 2009: 192).

A menudo, el término Historias de Vida con su carácter multifacético del método biográfico y la multiplicidad de enfoques que éste puede tener (Rodríguez, Gil y García, 1996), nos suele llevar a confusión conceptual entre los conceptos Relato de Vida e Historia de Vida, haciendo referencia el primero a la historia de una persona contada por ella misma y la segunda, a la historia de una persona contada desde ella misma y con cualquier otro tipo de informantes y/o documentación como es el caso de los biogramas (Pujadas, 2002).

En las Historias de Vida “la voz del informante tiene un papel fundamental no sólo como informante, sino como

punto de contraste de los diferentes momentos y formas de decir” (Goodson, 2004:23). A lo largo de los años 90, la investigación basada en Historias de Vida se incrementada su utilización ya que nos permite la obtención de unos datos e informaciones que a través de la metodología cuantitativa no podríamos recoger.

En palabras de Korblint (2004) y de Leite (2011) las Historias de Vida se basan en experiencias concretas de la persona en cuestión, a través de las cuales se pretenden recuperar el sentido de la misma vinculándola a experiencias vividas de la personas (dentro de la subjetividad de la misma) y que nos permiten poner de manifiesto y revelar las técnicas de investigación cualitativa, por lo que, como investigadores, deberemos tener una posición de “escucha activa y metodológica” (Bourdieu et al. 1999). Vela (2001) o De Garay (1997) nos indica que las investigaciones cualitativas enmarcadas dentro del área de las ciencias sociales, va a tener su foco de atención en la persona y en el contexto que lo rodea (Goodson, 2004).

Cortés (2011), indica que las Historias de Vidas nos permiten visualizar, entender e interpretar las voces que siempre han estado pero los discursos dominantes de nuestra sociedad nos han imposibilitado ver. Por su parte, Ruiz Olabuénaga e Ispizua (1989), las Historias de Vida son relatos que narran el desarrollo de la vida de una persona, pudiendo ser ésta durante un período concreto y en un contexto determinado (tal y como es nuestro caso), la cual es narrada desde el punto de vista subjetivo y según su código lingüísticos. Estos autores, indican cuatro objetivos esenciales que dan razón al uso de las Historias de Vida:

  • 1. Captar la totalidad, es decir, recoger toda la experiencia biográfica del sujeto desde su infancia hasta el

presente o del momento concreto que la investigación quiera estudiar.

  • 2. Captar la ambigüedad y el cambio, es decir, pretenden recoger todas las dudas, cambio de opiniones,

ambigüedades… que el sujeta pueda tener.

  • 3. Captar la visión subjetiva. Con este objetivo pretende reflejar el autoconcepto que el sujeto tiene sobre sí

mismo y sobre los demás, como atribuye sus éxitos y fracasos…

  • 4. Encontrar las claves de la interpretación, es decir, explicar la historia de los sujetos desde ellos mismos

evitando cualquier tipo de subjetividad.

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Guía de trabajo Nro:…………Fecha de solicitud:………

..

Última fecha de entrega:……….

  • 1- ¿Dentro de qué tipo de investigación se enmarca el método: historia de vida? ¿Cuál es su

finalidad? Desarrollar.

  • 2- Explicar el desarrollo histórico del enfoque biográfico.

    • 3- ¿Cómo se clasifican las historia de vida? Ejemplificar cada de una de ella a partir de libros o

películas o series.

  • 4- ¿Qué materiales se utilizan para su construcción?

    • 5- ¿Cuáles son los objetivos de la historia de vida como método de investigación?

      • 6- Armar una red conceptual o cuadro sinóptico con las etapas de investigación de este modelo.

        • 7- ¿Qué cualidades debe tener un investigador para realizar este tipo de trabajo?

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Revista Griot (ISSN 1949-4742) Volumen 5, Número. 1, Diciembre 2012

Historias de vida: Una metodología de investigación cualitativa

Resumen

Mayra Chárriez Cordero, Ph.D. Universidad de Puerto Rico -Recinto de Río Piedras-

En este artículo se presentan y discuten las principales fases y estrategias utilizadas en las historias de vida, una de las modalidades de la investigación cualitativa. El artículo explica las rutas estructurales de este enfoque así como diferentes maneras en las que se ha utilizado para llevar a cabo narrativas de vida. Termina puntualizando los aspectos éticos que deben atenderse cuando trabajamos con la metodología cualitativa.

Palabras claves: historias de vida, investigación cualitativa, ética.

Abstract

In this article the principal phases and strategies used in life history, a qualitative research method, are presented and discussed. Structural paths of this method are explained as well as different ways in which they have been used to conduct life narratives. The last section of the article discusses ethical aspects that should be considered when working with qualitative methods.

Los métodos cualitativos acentúan las diversas formas en las que podemos situarnos para dar respuesta adecuada a las situaciones concretas que se irán demarcando en el proceso investigativo. Se refieren a la investigación que produce datos descriptivos e interpretativos mediante la cual las personas hablan o escriben con sus propias palabras el comportamiento observado (Berríos, 2000). En ese sentido, la historia de vida, como investigación cualitativa, busca descubrir la relación dialéctica, la negociación cotidiana entre aspiración y posibilidad, entre utopía y realidad, entre creación y aceptación; por ello, sus datos provienen de la vida cotidiana, del sentido común, de las explicaciones y reconstrucciones que el individuo efectúa para vivir y sobrevivir diariamente (Ruiz Olabuénaga, 2012). Cuando hablamos de historias de

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vida señalamos que es uno de los métodos de investigación descriptiva más puros y potentes

para conocer como las personas el mundo social que les rodea (Hernández, 2009).

Al mismo tiempo, las historias de vida conforman una perspectiva fenomenológica, la cual visualiza la conducta humana, lo que las personas dicen y hacen, como el producto de la definición de su mundo. Algunos autores señalan que la perspectiva fenomenológica representa un enfoque medular en el entramado de la metodología cualitativa. Asimismo, concuerdan en que para enmarcar una investigación en la perspectiva fenomenológica hay que entender lo que se estudia, cómo se estudia y cómo se interpreta. En este sentido, la historia de vida, como metodología cualitativa busca capturar tal proceso de interpretación, viendo las cosas desde la perspectiva de las personas, quienes están continuamente interpretándose y definiéndose en diferentes situaciones (Taylor y Bogdan, 1998). Por lo tanto, la metodología cualitativa permite trabajar la realidad desde una perspectiva humanista ya que hunde sus raíces en los fundamentos de la fenomenología, el existencialismo y la hermenéutica, tratando de comprender la conducta humana desde el propio marco de referencia de las personas.

Este artículo presenta un acercamiento a las historias de vida como metodología de investigación, delimitado su origen, trayectoria y significado actual. Además, describe a los protagonistas del proceso y contempla diversos modelos o guías que abarcan los pasos principales. Por último, atiende algunos aspectos éticos en este tipo de investigación y cómo la misma se relaciona con los proceso de consejería.

Aspectos Teóricos

Las historias de vida forman parte del campo de la investigación cualitativa, cuyo paradigma fenomenológico sostiene que la realidad es construida socialmente mediante definiciones individuales o colectivas de una determinada situación (Taylor y Bogdan, 1984); es decir, se interesa por el entendimiento del fenómeno social, desde la visión del actor. De ahí que los datos obtenidos al utilizar la metodología cualitativa constan de ricas descripciones verbales sobre los asuntos estudiados (Kavale, 1996). Además, toma en consideración el significado afectivo que tienen las cosas, situaciones, experiencias y relaciones que afectan a las personas. En tal sentido, los estudios cualitativos siguen unas pautas de investigación flexibles y holísticas sobre las personas, escenarios o grupos, objeto de estudio, quienes, más que verse reducidos a variables, son estudiados como un todo, cuya riqueza y complejidad constituyen la esencia de lo que se investiga (Berríos, 2000).

Por todo ello, la investigación cualitativa como actividad científica coherente con sus principios no puede partir de un diseño prestablecido tal y como sucede en las investigaciones de corte cuantitativo cuya finalidad es la comprobación de hipótesis. La idiosincrasia de la investigación cualitativa implica que el diseño de investigación se caracterice por ser inductivo, abierto, flexible, cíclico y emergente; es decir, surge de tal forma que es capaz de adaptarse y evolucionar a medida que se va generando conocimiento sobre la realidad estudiada (Bisquerra, 2004).

En definitiva, los métodos cualitativos aluden a un estilo o modo de investigar los fenómenos sociales que parten de un supuesto básico: el mundo social es un mundo construido con significados y símbolos, lo que implica la búsqueda de esta construcción y de sus significados. En este sentido representan un proceso de construcción social que intenta reconstruir los conceptos y acciones de la situación estudiada. Se trata de conocer cómo se crea la estructura básica de la experiencia, su significado, mantenimiento y participación a través del lenguaje y de otras construcciones simbólicas. Para ello recurre a descripciones en profundidad, reduciendo el análisis a ámbitos limitados de experiencia a través de la inmersión en los contextos en los que ocurre.

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Uno de los métodos utilizados en la investigación cualitativa que ayuda a describir en

profundidad la dinámica del comportamiento humano es el biográfico, el cual se materializa en la historia de vida. Para Jones (1983), de todos los métodos de investigación cualitativa tal vez éste sea el que mejor permita a un investigador conocer cómo los individuos crean y reflejan el mundo social que les rodea. Las historias de vida ofrecen un marco interpretativo a través del cual el sentido de la experiencia humana se revela en relatos personales de modo que da prioridad a las explicaciones individuales de las acciones más que a los métodos que filtran y ordenan las respuestas en categorías conceptuales predeterminadas (Jones, 1983). Afirma este autor que de todos los métodos de investigación cualitativa, tal vez éste sea el que mejor permita a un investigador indagar cómo los individuos crean y reflejan el mundo social que les rodea. Para Vallés (1997), puede considerarse como la técnica insignia dentro de la metodología biográfica.

Este método busca adentrarse

en

lo más posible

en

el conocimiento de la

vida

de

las

personas, por lo que si esta técnica es capaz de captar los procesos y formas como los individuos perciben el significado de su vida social, es posible corroborar el sentido que tiene la vida para ellas (Pérez, 2000).

En sus orígenes y trayectoria, el enfoque biográfico, ha desempeñado un papel importante en la vida social ya que era la manera de transmitir los conocimientos y experiencias de vida de una generación a otra (Lucca Irizarry & Berríos Rivera, 2009). De hecho, a lo largo de la historia las diferentes culturas han generado una rica variedad de formas orales, escritas y audiovisuales de carácter biográfico, referidas a autobiografías, confesiones, epistolarios o cartas, diarios, memorias y biografías (Sarabia, 1985). De esta forma los cuentos populares, canciones, refranes, leyendas, ritos y rituales, prácticas domésticas y extra-domésticas, hábitos particulares y colectivos, que han constituido y organizado la vida de las diferentes comunidades forman parte de su historia oral (Santamarina y Marinas, 1995). De igual forma, a lo largo de la historia aparecen narraciones autobiográficas de grandes personajes que permiten conocer el entramado social de un determinado momento histórico. También, en distintas disciplinas tales como la medicina, existe una larga tradición de obras de carácter biográfico, que contribuido significativamente por su carácter terapéutico (Sarabia, 1985).

Respecto a las historias de vida, esta técnica tiene una amplia literatura que alude a sus orígenes (Cornejo, 2006; Kormblit, 2004; Sarabia, 1985; y Valles, 1997). La mayor parte de los autores coinciden en que ha sido aplicada a distintos campos del saber cómo lo son las ciencias sociales y dentro de estas, a disciplinas, tales como la psicología, antropología y sociología.

En la psicología, Freud (1905) recurrió a la interpretación psicoanalítica para el estudio de casos individuales. Más adelante Allport (1942) utilizó documentos personales para entender desarrollo de la personalidad de los sujetos. Por otro lado, los antropólogos han recurrido a estos relatos para estudiar las similitudes y variaciones culturales de los pueblos y los sociólogos lo han usado para analizar la relaciones entre los grupos y los aspectos socioculturales (Lucca Irizarry & Berríos Rivera, 2009). Las primeras investigaciones en sociología se sitúan en la Escuela de Chicago, fundadora de la sociología empírica americana. El estudio más conocido es el de Znaniecki, citado en Cornejo (2006), en el que se relatan las vivencias de los inmigrantes polacos de origen campesino en Chicago.

A partir de los años 40, en el desarrollo de los relatos de vida se produjo una etapa de inflexión debido a la utilización de técnicas de tipo clínico y al desarrollo de los métodos cuantitativos en el campo de la investigación. Bertaux, citado por Sarabia (1985) afirmó que después de treinta años de abandono de los estudios apoyados en narraciones de vida del propio sujeto, en los años 70 comienzan a reaparecer sin continuidad con los trabajos realizados anteriormente una variedad de estudios que suscitan el interés de los sociólogos por

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hechos sociales como la cultura obrera y el feminismo, entre otros, avalados por escuelas de

pensamiento social y con una variedad de objetos de estudio.

En la actualidad, las historias de vida han continuado utilizándose como estrategias metodológicas en muchas investigaciones (Grönose, citado en Sarabia, 1985; Gaulejac de, citado en Cornejo, 2006; Berríos Rivera, 1999; Kormblit, 2004; Sharim, 2005; Cornejo, et al. 2006; Bravo, Mintz y Ramírez Zaragoza citados en Lucca Irizarry y Berríos Rivera, 2009); Gutiérrez Blanco, 2001; Fonseca y Quintero, 2007; y Chárriez Cordero, 2008). En la Tabla 1, sin pretender ser exhaustivos, se recoge la existencia de una amplia gama de temas que pueden abordarse con esta metodología tanto en el ámbito nacional e internacional.

En términos conceptuales, el uso polisémico de la expresión “historia de vida”, ha generado cierta confusión terminológica debido a que la variedad de vocablos existentes en torno al método biográfico dificulta su definición y clasificación (Sandín, 2003). La utilización poco precisa de la expresión “historia de vida” nos inclina a delimitar su significado, apoyándonos en las definiciones reflejadas en la literatura específica, análisis que ayuda a delimitar los aspectos más significativos que encierra este término (Ver Tabla 2).

Evaluar estas definiciones permite constatar que los autores seleccionados se sitúan en una franja de setenta años, desde los primeros atisbos de las historias de vida hasta la actualidad,

contemplando tanto autores europeos como latinoamericanos. En relación a la pregunta qué es la historia de vida, en las doce definiciones analizadas, el término que más se repite es el de

relato, en ocasiones acompañado del apelativo “extenso” y, con menor frecuencia se utilizan los

términos: narración, enunciación, memoria o texto.

Por lo demás, a manera de definir, entender o apreciar una definición del concepto historia de vida, al igual que lo señalado anteriormente dada las múltiples definiciones que pueden obtenerse de un mismo concepto, es posible remitirse a que la historia de vida es la forma en que una persona narra de manera profunda las experiencias de vida en función de la interpretación que ésta le haya dado a su vida y el significado que se tenga de una interacción social. Esto es cónsono con los planteamientos de Blumer (1969), quien señala que los seres humanos actuamos a base de los significados que las cosas o eventos tengan para nosotros. En la historia de vida se recoge aquellos eventos de la vida de las personas que son dados a partir del significado que tengan los fenómenos y experiencias que éstas vayan formando a partir de aquello que han percibido como una manera de apreciar su propia vida, su mundo, su yo, y su realidad social.

Respecto a sus características, las historias de vida representan una modalidad de investigación cualitativa que provee de información acerca de los eventos y costumbres para demostrar cómo es la persona. Ésta revela las acciones de un individuo como actor humano y participante en la vida social mediante la reconstrucción de los acontecimientos que vivió y la transmisión de su experiencia vital. Es decir, incluye la información acumulada sobre la vida del sujeto: escolaridad, salud, familia, entre otros, realizada por el investigador, quien actúa como narrador, transcriptor y relator. Éste, mediante entrevistas sucesivas obtiene el testimonio subjetivo de una persona de los acontecimientos y valoraciones de su propia existencia. Se narra algo vivido, con su origen y desarrollo, con progresiones y regresiones, con contornos sumamente precios, con sus cifras y significado.

Para ello, el investigador, mediante una narrativa lineal e individual, utiliza grabaciones, escritos personales, visitas a escenarios diversos, fotografías, cartas, en las que incorpora las relaciones con los miembros del grupo y de su profesión, de su clase social. Pero no solo provee información en esencia subjetiva de la vida entera de una persona, sino que incluye su relación con su realidad social, los contextos, costumbres y las situaciones en las que el sujeto

ha participado. Es decir, “hace referencia a las formas de vida de una comunidad en un período histórico concreto” (Santamarina y Marinas, 1995). Así pues, las historias de vida no solo

permiten conocer a la persona que narra, sino que también ayudan a desentrañar las realidades

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que viven muchos países o contextos. Es decir, las historias de vida hacen que lo implícito sea

explícito, lo escondido sea visible; lo no formado, formado y lo confuso, claro (Lucca & Berríos,

2003).

Otro elemento importante a considerar en este análisis son las modalidades y dimensiones de las historias de vida. Debido a su carácter abierto, no resulta fácil encontrar una taxonomía reconocida sobre las historias de vida. Mckernan (1999) alude a tres tipos de historias de vida:

completas, temáticas y editadas. Las historias de vidas completas son aquéllas que cubren la extensión de la vida o carrera profesional del sujeto. Las temáticas comparten muchos rasgos de las historias de vidas completas, pero delimitan la investigación a un tema, asunto o período

de la vida del sujeto, realizando una exploración a fondo del mismo. Las historias de vida editadas, ya sean completas o temáticas, se caracterizan por la intercalación de comentarios y explicaciones de otra persona que no es el sujeto principal. Por otro lado, Santamarina (1994) señalan que las historias de vida están formadas por “relatos que se producen con una intención: elaborar y transmitir una memoria personal o colectiva que hace referencia a las

formas de vida de una comunidad en un período histórico o concreto”.

En el ámbito biográfico, Valles (1997) diferencia los documentos en primera persona de aquellos en tercera persona. En el primer caso se refiere a cualquier documento escrito u oral

sobre la vida de un individuo, proporcionado por éste “intencionalmente o no”. Incluye

autobiografías (completas, temáticas, corregidas), diarios y anotaciones diversas (agendas, memorias), cartas, documentos expresivos (composiciones literarias, poéticas, artísticas, entre otro), manifestaciones verbales obtenidas en entrevistas, declaraciones espontáneas o narraciones. Para este autor, los documentos en tercera persona aluden a los estudios de casos, historias de vida y biografías. En cambio, otros autores consideran que el rasgo básico de este diseño es que cada testimonio es grabado y transcrito en primera persona (Lucca y Berríos, 2009).

Por otra parte, Pujadas (1992) incide en los tipos de materiales utilizados en el método biográfico, proponiendo la siguiente clasificación:

a) Documentos personales: éstos engloban todo aquel conjunto de registros escritos que reflejan una trayectoria humana o que dan noticia de la visión subjetiva que los sujetos tienen de la realidad circundante, así como de su propia existencia.

Cabe destacar las autobiografías, diarios personales, correspondencia, fotografías, películas, vídeos o cualquier otro registro iconográfico así como objetos personales.

b) Registros biográficos: aquellos obtenidos por el investigador a través de la encuesta, como historias de vida, de relato único, de relatos cruzados, de relatos paralelos y de relato de vida.

Desde otra perspectiva, Bisquerra (2004) alude a las diferencias existentes entre historia de vida (life history) y relato de vida (life story), diferenciando history (historia, en sentido amplio) y story (pequeña historia). Por su parte, Vallés (1997) matiza la diferencia entre relato de vida como la narración realizada por la misma persona de historia de vida o estudio de casos sobre una persona dada que puede incluir, además de su propio relato, otro tipo de documentos.

Así mismo, es importante destacar que existen cuatro dimensiones vinculadas a las historias de vida. Esta son la constructivista, la clínica, la cualitativa e la interdisciplinaria (Cornejo, 2006). La dimensión constructivista significa que el saber es una construcción producida por la actividad del sujeto y que la realidad no existe independientemente del investigador. En este sentido, el relato adquiere el estatus de representación consciente. La dimensión clínica supone la comprensión profunda de un individuo singular en una relación interpersonal que considera este marco de intersubjetividad. La dimensión profunda alude a la búsqueda del conocimiento de un pedazo de lo real en profundidad; implica el paso del desorden de la inmediatez de la experiencia al orden de la conceptualización. Por último, la dimensión interdisciplinaria

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representa una mirada al interior de las ciencias humanas que interactúan entre ellas buscando

una comprensión más totalizadora del ser humano.

Aspectos Metodológicos

Una vez respondidas las preguntas: qué son y cómo son las historia de vida, avanzamos un paso más al delimitar el para qué, es decir los objetivos que justifican su utilización. Según Ruíz Olabuenágana (2003), los objetivos de la historia de vida, como método de investigación, son los siguientes:

  • 1. Captar la totalidad de una experiencia biográfica, totalidad en el tiempo y en el espacio,

desde la infancia hasta el presente, desde el yo íntimo a todos cuantos entran en relación significativa con la vida de una persona. Incluye las necesidades fisiológicas, la red familiar, las relaciones de amistad, la definición personal de la situación, el cambio personal y el cambio de la sociedad ambiental, los momentos críticos y las fases tranquilas, la inclusión y la marginación

de un individuo en su mundo social circundante.

  • 2. Captar la ambigüedad y el cambio. Lejos de una visión estática e inmóvil de las personas

y de un proceso vital lógico y racional, la historia de vida intenta descubrir todos y cada uno de

los cambios acaecidos a lo largo de su vida de la persona, las ambigüedades, faltas de lógica, dudas, contradicciones, vuelta atrás que se experimentan a lo largo de los años.

  • 3. Captar la visión subjetiva con la que uno mismo se ve a sí mismo y al mundo, cómo

interpreta su conducta y la de los demás, cómo atribuye méritos e impugna responsabilidades a sí mismo y a los otros. Tal visión revela la negociación que toda vida requiere entre las

tendencias expresivas de la persona y las exigencias de racionalidad para acomodarse al mundo exterior.

  • 4. Descubrir las claves de interpretación de fenómenos sociales de ámbito general e histórico

que sólo encuentran explicación adecuada a través de la experiencia personal de los individuos

concretos.

Al delimitar los objetivos, cualquier trabajo que se precie de científico requiere un encuadre del que emerja su sentido y le otorgue rigurosidad (Cornejo et al., 2008), aspecto que responde al cómo se aplica, ateniéndose a un orden prestablecido sin que esto suponga un menoscabo de su flexibilidad. En la actualidad se han desarrollado diversos modelos para la aplicación de historias de vida que en parte coinciden en las fases sustantivas del diseño (Harre y De Waele, 1979; Cornejo et al., 2008; Ruíz Olabuenágana, 2012).

Cornejo

et

al. (2008) proponen

un interesante modelo

de trabajo

para el diseño de

investigaciones con relatos de vida que contempla las siguientes etapas:

  • 1. Momento preliminar. Antes de la recolección del primer relato, el investigador debe realizar

dos elecciones ineludibles: el tema y el ángulo de abordaje del mismo, respondiendo algunas cuestiones suscitadas: ¿Por qué la elección del tema? ¿Por qué investigarlo? ¿Para qué investigarlo?, ¿El interés surge de una experiencia personal? ¿Cuál? Asimismo, debe hacerse una revisión crítica de la literatura científica pertinente al tema con el fin de profundizar en la comprensión del objeto de estudio. El manejo de fuentes más recientes a lo largo de la investigación permite la emergencia de nuevas pistas dignas de consideración.

  • 2. Contactos, negociaciones y contratos. En esta fase, los cuestionamientos éticos se

vuelven fundamentales, cruzándose con los científicos. Se trata de definir y aplicar los criterios de inclusión y exclusión de los participantes, delimitar los narradores que van a intervenir y entregarles la información sobre los objetivos y el contenido de la investigación así como los procedimientos que va a suponer su participación. Asimismo, se aboga por consentimiento informado y por la libertad para dejar la investigación en el caso que se desee. El conocimiento

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de los investigadores por parte de los participantes facilita la transparencia y acercamiento en

este tipo de trabajos.

3. Recolección de los relatos mediante la entrevista. Los relatos de vida son siempre construcciones, versiones de la historia que un narrador o sujeto interpelado en su historia relata al investigador o narratorio particular utilizando para ello la entrevista. Para el citado autor son dignos de consideración aspectos, como el número, duración, ritmo y conducción de las entrevistas así como la transcripción de los relatos lo más fidedignamente posible, con toda su riqueza (lenguaje, lapsus, modismos, entre otros). La utilización de un cuaderno de campo posibilita realizar un mejor seguimiento del proceso y preparar el material para análisis.

4. Análisis de los relatos. La lógica y la metodología de análisis de los relatos debe estar en función, por un lado, del objeto de estudio, y por otro, del tipo de resultados que se deseen obtener; es decir los métodos de análisis deben adaptarse a ellos y nunca al revés.

Por otro lado, Harre y De Waele (citados en Sarabia, 1979) hablan de la autobiografía asistida o método de Bruselas, que incorpora un equipo de analistas, cada uno de los cuales estudia la vida objeto de análisis desde su propia perspectiva profesional. Los autores delimitan pormenorizadamente las pautas a seguir en su desarrollo: configuración del equipo; negociación con el sujeto; descripción de la bibliografía por parte del sujeto; división del texto, atendiendo a razones temporales y temáticas, y parcelación del mismo en temas, apoyándose en un catálogo temático muy detallado que abarca tres grandes ámbitos: marco microsociológico, pautas psicosociológicas de vida y características individuales: el self y la personalidad.

En términos del análisis interpretativo, Ruíz Olabuenágana (2012) presenta una serie de

recomendaciones para la “construcción” de la historia de vida, es decir para la confección del

texto, cuya elaboración no se aborda una vez concluidas las fases anteriores sino que se inicia desde los primeros momentos y acompaña a la entrevista biográfica en todas sus fases. Los criterios guía que deben presidir el análisis interpretativo de las entrevistas son los siguientes: a) los marcos de referencia o patrones en que se puedan ir encuadrando los datos, sin que sea un obstáculo para ser alterados durante el proceso investigador, pues le dota de flexibilidad; b) la dinámica del lenguaje, dado que el significado de las palabras es tan crucial como el modo de utilizarlas (afirmaciones, contradicciones, aclaraciones, silencios), cuyo contenido es difícilmente aprehendido sin una cuidadosa atención a la dinamicidad del lenguaje; c) la codificación del lenguaje es de suma importancia; por ello, si se aplica un análisis excesivamente estructurado del contenido, se puede perder la riqueza desestructurada de la conversación; d) la interpretación y captación del significado es el cometido principal buscado, aspecto que se logra mediante la utilización de patrones y códigos a lo largo del proceso; e) la interacción entre ambos protagonistas, presidida por la empatía, posibilita que se logren los pasos anteriores; y f) finalmente la construcción, que es el resultado del complejo proceso de recogida/interpretación, extracción/codificación y acción/interacción.

Al abordar las recomendaciones, Taylor y Bodgan (1984), Viruet (1997) y Atkinson (1998) señalan que el investigador debe tener en cuenta los siguientes elementos:

- Llevar a cabo una reunión individual con el participante para explicarle el propósito del estudio y el alcance de la información que va a ofrecer.

- Garantizar el anonimato del participante.

- Establecer el horario de las sesiones a conveniencia del participante, permitir el tiempo necesario para recoger la información y delimitar la duración aproximada de las sesiones.

- Explicar al participante que se tomarán notas mientras se llevan a cabo las sesiones; estas notas se discutirán con el participante al finalizar cada sesión. La historia de vida se grabará únicamente con el consentimiento del participante.

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- Permitir que el participante pueda retirarse de la investigación en cualquier momento, y

garantizar que de así hacerlo, la información ofrecida no va a utilizarse para propósito alguno.

- Crear una atmósfera segura y de confianza para cumplir con el propósito del estudio y evitar interrumpir al participante innecesariamente.

- Transcribir textualmente cada historia de vida.

- Compartir con el participante cada entrevista grabada y transcrita para corroborar que toda la información obtenida es fiel y exacta.

-

Para

cumplir

con

los

requisitos

éticos,

el

participante

debe

firmar

una

hoja

de

consentimiento informado para la participación, grabación, trascripción y publicación de la

historia de vida.

A tenor de estas recomendaciones, en el caso de que el investigador se percate de que el narrador demuestra poca profundidad o se ha desviado del propósito del estudio, puede recurrir al uso de preguntas que le ayuden a redirigir el proceso para obtener la información deseada (Lucca Irizarry & Berríos Rivera, 2003).

De esta forma, Atkinson (1998) ofrece una serie de recomendaciones para realizar una historia de vida. Este autor contempla ocho apartados o dimensiones que aglutinan las cuestiones o interrogantes en torno a los cuales se puede vertebrar las entrevistas para obtener la historia de vida. En estas recomendaciones se esquematizan las siguientes áreas: el nacimiento y familia de origen, el escenario cultural y tradicional, los factores sociales, la educación, el amor y trabajo, los eventos y períodos históricos, la vida interior y espiritualidad y la visión de futuro. Además, Atkinson ofrece algunas opciones de preguntas que podrían ayudar al investigador en la recopilación de la información (Ver Tabla 3).

Otro autor que propuso delimitar el contenido básico de la historia de vida del informante fue Pérez Serrano (2000). Este identificó tres grandes dimensiones: a) las dimensiones básicas de su vida, como la biológica, cultura y social; b) los puntos de inflexión o eventos cruciales en los que el sujeto altera drásticamente sus roles habituales, ya que se enfrenta con una nueva situación o cambia de contexto social; y c) el proceso de adaptación y desarrollo de los cambios, lentos o rápidos, que se van sucediendo en el proceso de su vida. En síntesis, la estructura de una historia de vida debe contemplar tres aspectos significativos: cómo la historia está organizada, cómo se desarrolla el relato y dónde y cómo la narrativa comienza y finaliza (Coffey y Atkinson, 1996).

Por otra parte, al considerar los aspectos metodológicos de la instrumentación, es importante delimitar a los participantes de la investigación. Se ha identificado dos protagonistas esenciales: el investigador y el sujeto. Los expertos en este tema señalan que el aspecto más trascendental en el desarrollo de una investigación de este tipo es la selección de un buen informante o sujeto debido a las características y complejidad de este tipo de trabajo. Por ello, el investigador debe asegurarse que el informante responda a un perfil característico y representativo del universo socio-cultural que va a estudiar (Pujadas, 1992). De igual forma, hay que tener en cuenta su disponibilidad, que tenga una buena historia que contar y un lugar tranquilo para realizar las entrevistas; en definitiva, que las condiciones sean las más idóneas para poder realizar una investigación de altura. Se trata de trabajar con personas que además de una predisposición para la entrevista, dispongan del tiempo necesario para la elaboración de su historia de vida.

Aparte de lo señalado, debido a que en los relatos de vida el énfasis se centra en la descripción holística, esto es, en captar en detalle lo que ocurre en una actividad en particular o situación, en vez de describir las situaciones o conductas de las personas de modo ligero (como en la investigación del tipo encuesta), el papel del investigador dentro de esta metodología cualitativa resulta crucial ya que analiza palabras, comunica los puntos de vista detallados de los informantes y conduce los estudios en un escenario natural (Cresswell, 1998).

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Tójar (2006) apunta las siguientes cualidades personales que debe tener un investigador

quien aplica esta metodología:

  • - Curiosidad: Deseo de indagar y conocer aquello que se oculta, que no se manifiesta de

forma evidente. En otras palabras, se trata de tener el apetito por conocer los aspectos y fenómenos de interés para la investigación.

  • - Escucha: Ser un buen oyente significa tener paciencia, ser atento y respetuoso con las

personas con las que se trata y con las cosas que éstas nos dicen.

  • - Locuacidad: La cualidad de hacer buenas preguntas y x la capacidad de x analizarlas. Para plantear cuestiones acertadas hay que conocer bien el tema, de ahí la importancia de manejar

una amplia bibliografía.

  • - Neutralidad afectiva y distanciamiento: En ocasiones es preciso actuar desde estos

principios, adoptando este tipo de posiciones.

  • - Flexibilidad y pragmatismo: El investigador ha de estar preparado para sobreponerse a

imprevistos e introducir nuevas estrategias, reconducir la investigación, afrontando problemas diferentes a los previstos, trabajando con nuevos informantes, y acomodándose a nuevas pistas emergentes.

  • - Todoterreno: Es la actitud que todo investigador debe tener para afrontar múltiples y

diferentes tareas relacionadas con la investigación, con la gestión administrativa, con las relaciones interpersonales y con las labores y funciones de las personas investigadas. Se trata de la capacidad del investigador para adaptarse con facilidad y rapidez a las diversas funciones.

  • - Claridad de ideas durante el proceso: Lo normal es que al principio el investigador suele

estar muy confuso e inseguro sobre el tema elegido, el escenario o las fuentes de datos. Pero a medida que la investigación se va focalizando, las dudas se van despejado y se va adquiriendo cierta seguridad en el trabajo.

A su vez, Pérez Serrano (2000) le atribuye al investigador una serie de características: a) no es en absoluto pasivo, ya que trata de relatar la vida, tal y como se la exponen; b) debe estar siempre alerta, aceptando la posibilidad de que el sujeto falsifique intencionadamente el relato; y c) debe intentar dar una imagen coherente de sí mismo y socialmente aceptable.

Con el fin de poder obtener los datos de la mejor manera posible, Jones (1983) establece una serie de criterios que determinan la adecuación del investigador en su interacción con el sujeto entrevistado, sintetizados de la siguiente manera:

  • - La persona historiada debe ser considerada como miembro de una cultura, es decir, como

alguien que desde su nacimiento ha entrado a formar parte de una cultura, captando el pasado,

presente y futuro como parte del conocimiento obtenido.

  • - Reconocimiento del papel de otros significados en la transmisión de la cultura, destacando

el papel de la familia, los líderes de opinión, a través de las relaciones establecidas, desde los

que se capta el mundo social y se tipifican sus contenidos.

  • - Especificación de la acción social misma y del basamento de dicha realidad, profundizando

en las expectativas básicas, los postulados elementales y códigos que presiden la conducta, los

valores centrales, así como los mitos y ritos, y tomando en consideración la racionalidad subyacente que se les atribuye.

  • - Reconstrucción y seguimiento del hilo conductor que relaciona a través del tiempo unas

experiencias con otras en la vida del actor. La significación de unos hechos para el comportamiento posterior y las expectativas y objetivos de futuro son como hitos marcadores de la conducta a lo largo de la vida. Así como los momentos de crisis, los cambios significativos en la definición de la realidad y las conexiones de unos comportamientos con otros, aparentemente desconectados.

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- Recreación continua y simultánea de los contextos sociales asociados con la persona y su

acción social. El contexto no puede disociarse de la conducta, puesto que no sólo la condiciona sino que sirve de clave interpretativa para su comprensión.

En definitiva, el investigador que utilice una metodología cualitativa ha de tener la capacidad para obtener información de forma simultánea y a varios niveles, debe poseer una visión holística, sin optar por la fragmentación y descontextualización de los fenómenos que estudia, gran amplitud de conocimientos y habilidad para aprehender conocimientos proposicionales y tácitos, así como cualidades para explorar cuestiones atípicas. En síntesis, para obtener y producir información ha de utilizar la reflexión, su sentido crítico y la empatía, cualidades que ayudan a garantizar una aproximación más directa al sujeto o fenómeno de estudio.

Aspectos Éticos

Por último, otro aspecto importante a considerar en este tipo de metodología son los elementos éticos. Indudablemente, uno de los aspectos básicos al realizar una investigación cualitativa es que debe adoptar dos dimensiones éticas fundamentales: a) una ética procedural, que implica la búsqueda de la aprobación por parte de un comité de expertos autorizados (comité de ética) para el desarrollo de la investigación; y b) una ética en la práctica, que alude a los desafíos que día a día impone la misma investigación. Este segundo aspecto con frecuencia representa una parte decisiva en la toma de decisiones frente a dilemas prácticos que incluso pudieran no haber sido considerados en la revisión efectuada por el comité de ética (Botto,

2011).

En ese sentido, González, (citado en Botto, 2011), llevó a cabo una reflexión sobre la ética de investigación cualitativa, considerando estos tres puntos de vista: los valores específicos de la investigación cualitativa, las principales teorías éticas implicadas y la evaluación ética de los estudios. El autor apunta que como la investigación cualitativa indaga en la condición humana, esta permite una construcción del conocimiento mientras acoge la complejidad, la ambigüedad, la flexibilidad, la singularidad y la pluralidad, lo contingente, lo histórico, lo contradictorio y lo afectivo, condiciones propias de la subjetividad del ser humano y de su carácter social. Por ello, el valor de la investigación reside en la manera de abordar dichas complejidades, en la búsqueda y construcción de significados.

De ahí la importancia al momento de planificar una investigación cualitativa de contemplar la dimensión ética que no sólo incluya una reflexión acerca de los fines y procedimientos utilizados durante el proceso sino que considere la manera en que el investigador o investigadores pretenden abordar aquellas dificultades que puedan darse a lo largo del estudio.

Es por esto que Exequiel Emanuel, (citado en Botto, 2011), propuso siete requerimientos básicos para evaluar aspectos éticos en el marco de las investigaciones. Estos elementos se describen a continuación:

  • 1. Valor científico o social: Para que una investigación sea ética debe tener valor, es decir,

sus resultados debieran promover una mejoría en la salud o en las condiciones de vida de las

personas, por ejemplo, a través de una intervención psicosocial o un tratamiento para una determinada enfermedad.

  • 2. Validez científica: Un estudio pensado éticamente debe estar planificado a base de una

metodología rigurosa que conduzca a resultados válidos. Este es un punto especialmente importante porque incorpora la ética dentro de los factores intrínsecos a cualquier metodología.

  • 3. Selección equitativa de los participantes: La determinación de los sujetos que participarán

en el estudio debe considerar los objetivos de la investigación, destacando cuáles serán los criterios de inclusión y exclusión de tal manera que la selección esté comandada por un juicio científico más allá de las vulnerabilidades o el estigma social.

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  • 4. Proporción favorable del riesgo-beneficio: La investigación con personas debe considerar

siempre el análisis cuidadoso de los riesgos y beneficios que puede implicar, especialmente si se trata de estudios que requieran de alguna intervención, farmacológica o psicoterapéutica. De esta manera, la investigación sólo podrá justificase cuando los riesgos potenciales para los sujetos individuales y para la sociedad se maximizan y los beneficios potenciales son proporcionales o exceden a los riesgos.

  • 5. Revisores independientes: Dado los posibles conflictos de intereses de los investigadores,

se sugiere contar con instancias de evaluación integradas por personas autorizadas que sean independientes al estudio y que puedan decidir sobre su desarrollo con objeto de evitar

distorsiones en el diseño y salvaguardar la responsabilidad social.

  • 6. Consentimiento

informado:

Es

uno

de

los

aspectos indiscutibles en cualquier

investigación. Su propósito es otorgar el control de los sujetos respecto a su incorporación o retiro del estudio y asegurar su participación, en la medida que se respeten sus creencias,

valores e intereses.

  • 7. Respeto a los participantes potenciales o a los inscritos: La preocupación ética acerca de

los participantes no finaliza cuando se firma el consentimiento. En cualquier estudio es necesario considerar permanentemente el respeto por las personas, su privacidad y el derecho de cambiar de opinión respecto a su participación en la investigación, recibiendo todo el apoyo y las atenciones que sean necesarias.

En resumen, tal como lo plantea Botto (2011), la dimensión ética de la investigación cualitativa no debe considerarse sólo como un elemento externo, tal como depender de las opiniones de un comité ajeno al proceso, sino que más bien debe considerase como un factor constitutivo del diseño, es decir, la ética como parte esencial de la metodología.

Conclusiones y Recomendaciones

Las historias de vida, como un método de investigación, se han consolidado como técnica metodológica entre las investigaciones cualitativas. Desde su desarrollo en las primeras investigaciones utilizadas, esta ha pasado de una etapa de oscurantismo, a un nuevo renacer, a partir de los años sesenta, que perdura en la actualidad. Esta se propone como una herramienta metodológica que promueve una aprehensión y compresión de fenómenos psicológicos y sociales, cuya metodología es excelente medio para conocer las múltiples realidades, que construyen las personas a través de sus narrativas.

Por su rigurosidad metodológica así como los aspectos éticos en el manejo de las técnicas, los procedimientos, entrevistas, recolección y análisis de datos, en las historias de vida, se requiere del investigador conocimientos y destrezas para manejar el tema de manera sensible, reflexiva y con una atención centrada en los narradores.

Este artículo es una invitación a visualizar el uso de las historias de vida como método de investigación, tomando en consideración que esta es una propuesta abierta a realizar los ajustes de los aspectos metodológicos, de una manera que promueva la flexibilidad, rigurosidad, así como los aspectos éticos, al utilizar la narrativa como herramienta dentro de la investigación. Por esto último, ya que es imposible de obviar en cualquier aproximación metodológica que considere la inclusión de seres vivos en la investigación.

En síntesis, este artículo es una invitación a profundizar y a reflexionar cómo a través de la historia de vida y las diversas estrategias metodológicas que se utilizan para la construcción de narrativas de vida los profesionales de ayuda, pueden obtener una riqueza de información que le permitan enriquecer los métodos de intervención con sus clientes. Esta es una invitación fortalecer las destrezas de recopilación de información, utilizando las entrevistas, la observación y el desarrollo de la empatía en los procesos de ayuda.

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Los profesionales de ayuda están llamados a utilizar la investigación cualitativa en sus

procesos de ayuda. Estos es así, ya que conocer, auscultar, analizar, transmitir información de las situaciones y desarrollar algunas explicaciones teóricas, son algunas de las oportunidades que tiene el profesional de ayuda al momento de brindar los servicios a la población que solicita los mismos. Asimismo, ésta permite percibir las múltiples realidades de las personas a quienes atienden de una manera comprensiva y holística, sin la fragmentación que caracteriza los servicios de ayuda. Esta es una mirada más circular y sistémica de la dinámica de los problemas humanos en los procesos de ayuda. Por lo que, podemos confirmar que la investigación cualitativa y el uso de las historias de vida, es un excelente recurso para que los profesionales de ayuda se interesen en la investigación desde sus propios contextos.

Por

último,

el

desarrollo

de

conocimiento

que

aportan

las

historias de vida, como

metodología de investigación cualitativa, facilita al profesional con una herramienta para proveer y evaluar sus servicios. Entendiendo que éstos profesionales, al proveerles unos servicios a las

personas, éstos pueden recopilan información valiosa a través de este instrumento de investigación. Aparte de que, es una herramienta excelente, para dar a conocer las aportaciones de la consejería a otros grupos de profesionales.

Referencias

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31 Los profesionales de ayuda están llamados a utilizar la investigación cualitativa en sus procesos dehttp://redalyc.uaemex.mx/src/inicio/ArtPdfRed.jsp?iCve=73115348002 " id="pdf-obj-30-127" src="pdf-obj-30-127.jpg">
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Guía de trabajo Nro:…………Fecha de solicitud:………

..

Última fecha de entrega:……….

1- ¿Qué caracteriza a las agrupaciones juveniles y a los movimientos sociales?

2-

Definir

y

ejemplificar:

a)

participación

comunitaria;

b)

participación

social;

c)

participación

ciudadana; d) participación política. 3- Teniendo en consideración los aportes teóricos ¿de qué manera participas en la sociedad? 4- Explicar brevemente los modos de participación juvenil, dar un ejemplo local.

5- Según la autora ¿qué privilegian los jóvenes al momento de formar parte de una agrupación ¿Estas de a cuerdo? Fundamentar la respuesta.

6- ¿Qué son los colectivos juveniles? Explicar sus características.

De organizaciones a colectivos juveniles. Panorama de la participación política juvenil

Ángela Garcés Montoya

(Historiadora

y Magíster en Estética. Docente

e

Comunicación, Universidad de Medellín, Medellín, Colombia.)

investigadora de

la

Facultad de

o en
o
en

1. Introducción

 

Afirmamos

 

que

las

organizaciones juveniles tienen su

origen y propósitos

fuera

del

universo juvenil y generan vínculos

ideológicos

y

financieros

con

instituciones

de

alta

trayectoria

adulta de perfiles religioso, político

social.

Mientras,

los

colectivos

juveniles

son

impulsados

por

los

propios jóvenes en

respuesta

a

necesidades o desafíos

a

la

autoridad

y

a

las

instituciones

adultas; estos colectivos encuentran la cultura y la estética sus nichos de

acción política. Al explorar las dinámicas de

participación de los y las jóvenes a

través

de

organizaciones

y

colectivos

se

puede

reconocer

cómo estas experiencias, desarrolladas por jóvenes, giran en torno a propuestas sociales y culturales que muestran una funcionalidad que dista mucho de las

dinámicas organizativas estructuradas, porque las organizaciones juveniles parten de la acción que ejerce un grupo sobre sus propios integrantes, definiendo explícitamente sus objetivos, funciones, tareas y formas en que se relacionarán sus integrantes.

En particular, podría decirse que las formas de agrupación juvenil promovidas por el mundo adulto tienden más a constituirse en organizaciones estructuradas con personería jurídica y con intereses y acciones precisas a corto y largo plazo; en contraste, otras formas de

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agrupación juvenil se caracterizan por intereses sociopolíticos alternativos; es decir, se resisten

a la organización jerárquica y adultocéntrica y prefieren el gobierno horizontal, la autogestión y abogan por la culturización de la política y por acciones plurales directas.

Para identificar el tránsito de las organizaciones a los colectivos juveniles recurrimos a la revisión teórica y metodológica de investigaciones realizadas en Latinoamérica (Valenzuela, 2007; Rodríguez, 2005; Zarzuri, 2005; Serna, 2000 y 1997) y en Colombia (Escobar, 2003; Mendoza, 2003; Arias, 2002) y el contraste teórico nos permite reconocer los puntos de encuentro y divergencia, de manera que se evidencien los avances académicos y empíricos en los ámbitos local, nacional y latinoamericano. Esta revisión se realiza para conocer el estado de la cuestión en Latinoamérica y Colombia y compararla con las investigaciones efectuadas en Medellín sobre organizaciones juveniles, en la modalidad de Diagnóstico Rápido Participativo

(drp).[1]

2. Organizaciones y colectivos juveniles

Para conocer los trayectos de la participación juvenil en organizaciones y colectivos en principio se recurre a la revisión del contexto latinoamericano, donde se destacan varias investigaciones puntuales para Argentina (Valenzuela, 2007), Chile (Zarzuri, 2005) y México (Serna 2000 y 1997) en contraste con el estudio dirigido por Ernesto Rodríguez sobre Evaluación de capacidades institucionales de la organización juvenil y los movimientos juveniles en América del Sur (marzo de 2005). La consulta y revisión de estas publicaciones resulta posible gracias a las publicaciones especializadas realizadas en la revista jóvenes del Instituto Mexicano de Juventud-. Además, se consideran las investigaciones realizadas por el Centro de Investigación en Ciencias Sociales (cesc), de Chile, y el Centro Latinoamericano sobre Juventud (celaju).

A fin de conocer las diversas formas de participación política juvenil que transitan entre las organizaciones y los colectivos juveniles nos proponemos, en primer lugar, un recorrido por los estudios realizados en Latinoamérica y Colombia, comparándolas con las rutas de participación ya esbozadas en el primer capítulo, donde se enfatiza en la necesidad de diferenciar participación social, participación comunitaria, participación ciudadana y participación política, considerando las siguientes precisiones (las cursivas son nuestras).

Participación social se refiere a los fenómenos de agrupación de los individuos en organizaciones en el ámbito de la sociedad civil para la defensa de sus intereses sociales. En esta modalidad de participación, los sujetos no se relacionan con el Estado sino con otras instituciones sociales.

Participación comunitaria se entiende la relación de los ciudadanos con el Estado, quien cumple una función de impulso asistencial a las acciones vinculadas con asuntos inmediatos que los primeros deben ejecutar.

Participación ciudadana, por su parte, hace referencia a la intervención de los individuos en actividades públicas, en tanto éstos son portadores de intereses sociales.

Participación política entendida como la intervención de los ciudadanos a través de los partidos políticos donde contienden por puestos de representación.

En la investigación «Evaluación de las capacidades institucionales de los Movimientos juveniles en la Región Andina y el Mercosur», coordinada por Ernesto Rodríguez (2005), se presenta un balance de las modalidades de participación política en movimientos y organizaciones juveniles, diferenciando cuatro formas de agrupación juvenil y sus niveles de acción social y política. Se trata de:

i. Los movimientos más politizados (organizaciones estudiantiles, partidos políticos): inciden en particular en las dimensiones más estructurales de la sociedad,

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pero son muy inestables en sus dinámicas particulares y tienen una escasa

preocupación efectiva por la dimensión estrictamente juvenil.

ii. Organizaciones que funcionan con lógicas adultas (scouts, pastorales, rurales):

poseen una clara vocación de servicio y una importante estabilidad en el tiempo (más allá de los recambios generacionales que se van desplegando paulatinamente en el tiempo), pero cuentan con menos autonomía.

iii. Organizaciones locales (comisiones municipales, barriales): logran mayores y mejores articulaciones interinstitucionales y acceden a más oportunidades y recursos para desplegar sus actividades, aunque caen a menudo en cierto «activismo».

iv. Grupos más informales (en torno a expresiones culturales, pandillas juveniles, etc.): poseen gran autonomía en su funcionamiento, aunque hay muchas diferencias entre ellas (la categoría es muy abarcativa) y -en general- son difíciles de encuadrar en lógicas relacionadas con políticas públicas en general, y de la juventud en particular.

Las tipologías presentadas por Ernesto Rodríguez (2005:9) permiten ver que las organizaciones juveniles evidencian un quiebre entre movimientos sociales y colectivos juveniles. Los primeros responden a los contextos políticos de luchas de clase vigentes hasta los años sesenta y setenta; luego, el panorama se transforma y las formas de acción colectiva se renuevan. En ese momento se evidencia el tránsito de la organización a los colectivos juveniles. Se entiende que los movimientos sociales eran fuertemente ideologizados y formalizados, con estructuras rígidas propias de juventudes políticas, movimientos estudiantiles clásicos, partidos obreros. En cambio, los colectivos juveniles actuales han sido caracterizados como más informales, aglutinados por formas horizontales y con «consignas» colectivas más directamente relacionadas con la vida cotidiana (vigencia de derechos sexuales y reproductivos, libertad de expresión a través de diversas manifestaciones culturales, etcétera).

Veremos entonces que los colectivos juveniles se vinculan por la defensa de derechos asociados a aspectos sociales: edad, género, orientación sexual, con dinámicas de agrupación y de acción que se alejan de las estructuras formales de tipo ideológico y partidista. Los intereses y escenarios de los colectivos juveniles se hallan centrados en la cultura, el reconocimiento de las identidades diversas, los derechos humanos, entre otros aspectos.

Esa transformación en las formas de organización juvenil y su vínculo con la participación política evidencia que ahora los jóvenes privilegian participar en «redes informales», construidas para fines concretos e inmediatos, más que a través de organizaciones formales y fuertemente estructuradas. Estas renovadas formas de agrupación juvenil son nombradas por algunos investigadores como «nuevos movimientos sociales». Para Alberto Merlucci (citado por Delgado, 2007), los nuevos movimientos sociales hacen referencia a un conjunto de formas de acción colectiva diferentes de aquéllas basadas en las divisiones entre clases sociales, que en su momento dominaron los escenarios del conflicto social en Europa y Estados Unidos, desde la Revolución industrial hasta después de la Segunda Guerra Mundial.

Ahora los jóvenes privilegian agrupaciones en pro de cambios efectivos -aquí y ahora-, donde los «cuestionamientos» se relacionan con la vida cotidiana. No se trata de cambiar la sociedad para cambiar -después- a las personas, sino de promover cambios en ambas esferas, simultáneamente.

En ese sentido, Raúl Zarzuri Cortés manifiesta: Los jóvenes asisten a la proliferación y multiplicación de pequeños grupos de «redes existenciales», que resisten o intentan resistir a los embates de la globalización y a la uniformidad de estilos de vida. En el fondo, asistimos a la saturación de lo político, y emergen los microgrupos o microsolidaridades; o sea, nuevas forma de ver y de participar, que precisamente vienen a llenar ese vacío de generar matrices discursivas que puedan interpelar a los jóvenes, ya que la juventud se siente conmovida con aquellas cosas que precisamente la «gran política excluye», la cuales caen por los retículos de

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las grandes organizaciones políticas, lo que lleva a que los jóvenes practiquen una denegación

de la política, altamente política (Zarzuri. 2005:8).

Se

trata de

una

inversión de las

formas de agrupación juvenil que no pasan por la

«política tradicional» y, por ende, la construcción de lo político en jóvenes se vincula con otros ejes, que escapan a las formas tradicionales de configurar o construir lo político.

En palabras de Rossana Reguillo:

La política en los jóvenes pasa por el deseo, la emotividad, la experiencia de un tiempo circular, el privilegio de los significantes sobre los significados, las prácticas arraigadas en el ámbito local que se alimentan incesantemente de elementos de la cultura globalizada [ ] ...

cuestiones que posibilitan ver a la política ya no como un sistema rígido de normas, sino como un red variable de creencias, un bricolaje de formas y estilos de vida, estrechamente vinculados

a la cultura [

...

]

Es una política con minúscula, que adquiere corporeidad en la práctica cotidiana

de los actores, en los intersticios que los poderes no pueden vigilar (Reguillo, 2000:43).

La ruptura en las modalidades de participación política juvenil se puede concebir como el paso de las organizaciones a los colectivos juveniles, considerados éstos cuales formas puntuales y locales de agrupación. Entendemos entonces que la participación política no parece ser un eje articulador de los colectivos juveniles, al presentarse una tensión entre la política y las nuevas formas de agrupación juvenil. Ante esa tensión, Raúl Zarzuri (2005) propone pensar en el tránsito de organizaciones juveniles a colectivos juveniles, considerando las denominaciones de algunos teóricos sobre «nuevos movimientos sociales» (Feixa, Saura y Costa, 2002).

Tal como lo plantean estos autores: Hablar de experiencias colectivas de participación juvenil nos conduce a plantearnos una pregunta fundamental ¿hasta qué punto podemos considerar a los movimientos juveniles como movimientos sociales? La respuesta a esta interrogante depende de la concepción de movimiento social que manejemos, no se debe olvidar que el término Movimiento social, tal y como lo conocemos hoy en día, se comenzó a utilizar a principios del siglo XIX con un sentido específico: designar casi exclusivamente al movimiento obrero; si bien encontramos a lo largo de la historia la presencia de sectores juveniles vinculados a las luchas del movimiento obrero, no podemos hablar propiamente de movimientos sociales juveniles (Feixa y otros, 2002:11).

Los Movimientos Estudiantiles de los años sesenta (Mayo 68) marcaron un giro tanto en la teoría cuanto en la práctica política. Los teóricos de la contracultura anunciaron la emergencia de la juventud como una nueva clase -vanguardia de la sociedad futura-, optando por la revolución cultural más que por la ruptura política. Así, la expresión «Nuevos Movimientos Sociales» (NMS) comienza a usarse para designar determinadas formas de acción colectiva que proliferan a partir de la segunda mitad de los años sesenta, y que resultan difíciles de explicar desde los modelos prevalecientes en este campo. Lo segundo deviene a consecuencia de que son protagonizadas por una variedad de individuos y grupos a los que no cabe situar en posiciones estructurales homogéneas.

Ante la diversidad de expresiones y formas de agrupación juvenil resulta cada vez menos posible caracterizar a los «nuevos movimientos sociales» como una consecuencia de las contradicciones económicas; más bien hay que analizarlos como productos del campo cultural, que afectan la identidad personal, el tiempo y el espacio de la vida cotidiana, la motivación y los patrones de cultura de la acción individual. En cuanto a la forma organizativa, los nuevos movimientos sociales están conformados por grupos difusos y fluidos, situación que tiene que ver con una forma organizativa descentralizada en la que se promueve la toma de decisiones.

El investigador Larreña (citado por Delgado, 2005) asocia los nuevos movimientos juveniles a movimientos de la identidad, y los considera:

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Un indicador de cambio en las reivindicaciones de los movimientos sociales, las cuales se

desplazan de los factores económicos que las caracterizaban hacia otro tipo de problemas y de intereses más centrados en la cultura, en el reconocimiento de la identidad individual y social, en el medio ambiente, en la justicia, en la promoción de los derechos humanos, en la estructura tradicional de los roles en la familia, en la seguridad colectiva de los ciudadanos, entre otros aspectos.

Sin embargo, nos vemos enfrentados a un nuevo contexto y, con ello, a otras formas de agrupación, movimientos y protestas protagonizados por jóvenes, lo que nos lleva a modelos de movilización colectiva que presentan algunos rasgos distintivos, tanto respecto a los «viejos» cuanto a los «nuevos» movimientos sociales. Por ello, incluso autores como Feixa hablan de «novísimos» movimientos sociales (Feixa, 2002:17).

3. Dinámicas de las organizaciones y los colectivos juveniles

Las organizaciones juveniles se presentan como una forma de agrupación estructurada que se caracteriza por la visibilidad y visualización concreta de actividades, objetivos, estructura organizativa, procesos regulados de funcionamiento y con un fuerte propósito de proyección social y comunitaria. En general, la organización juvenil pone en evidencia sus niveles de formalización, con intención clara de contar con personería jurídica para obtener una interlocución más válida y legítima con otros actores políticos y sociales.

Según Leslie Serna (2000), la organización juvenil puede contar con dos tipos de orientación: aquéllas promovidas por adultos para jóvenes y las creadas por los mismos jóvenes. En las primeras, la institucionalidad juega un papel fundamental; mientras, en las segundas, la independencia y la autodeterminación son ejes centrales de la organización.

Las organizaciones juveniles presentan una gran diversidad de elementos de cohesión y articulación del grupo, pueden responder a intereses deportivos, culturales, comunitarios, comunicativos; a su vez, resulta común encontrar organizaciones juveniles con diversas formas de articulación: la música, el teatro, la gestión cultural y acción comunitaria. A pesar de los diversos modos de participación juvenil presentes en las organizaciones, es posible afirmar que las integradas a instituciones adultas reproducen identidades legitimadoras de la sociedad civil, que reiteran fuentes de dominación tradicionales. El investigador Jair Vega (2007) las denomina «organizaciones dependientes», al estar inscriptas en formas institucionalizadas y burocráticas de participación que tergiversan la democracia liberal al convertirse en «caparazones vacíos», distantes de estructuras y procesos deliberativos, bajo la consigna de libertad y resistencia civil.

En la relación juventud y participación se presentan renovadas maneras de agrupación juveniles reunidas alrededor de acciones y propuestas estéticas y artísticas de resistencia, que hacen de la música, la danza, la comparsa, el graffiti y el esténcil medios de divulgación de la divergencia política, con acciones directas de alto impacto en el espacio público. En palabras de Leslie Serna hablamos de colectivos culturales, al tratarse de:

Pequeños grupos expandidos por todas las ciudades. Dan la impresión de guerrilleros simbólicos cuyo campo de batalla es el espacio urbano; su meta, el control de los recursos culturales; su arma, la comunicación. Los colectivos culturales son la mejor expresión de la diversificación contemporánea de las culturas juveniles. A los chavos bandas se han sumado los sketes, darks, raves, rastas y, desde luego, los punk, entre muchos otros. Son identidades transgresoras, cuya estética anuncia un anhelo de transformación. La música, el lenguaje, la ropa y accesorios, los productos culturales, con rebeldía, voluntad de cambio y, en cierta manera, micropropuestas para un nuevo orden.

La comunicación es la herramienta central de los colectivos. Es impresionante la cantidad de fanzines, revistas, videos, grafitos que se producen e intercambian. La creatividad en su diseño y elaboración asombraría a más de un adulto. Las publicaciones suelen ser irreverentes

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y contestatarias. No hay propuesta política

2000:125).

ni plan, hay sueños e imaginación (Serna,

Los colectivos representan agrupaciones con determinado posicionamiento cultural e, incluso, de política local. Los colectivos tienen una definida y anunciada identidad grupal, implican la presencia de algún consenso básico, y conservan el desapego respecto a las formalidades innecesarias. Su discurso revela de modo prominente el carácter democrático- participativo de los colectivos: todos sus miembros piensan, deciden y actúan; no hay censura, no hay jefes, la representatividad se limita a los que quieren participar; es decir, la participación subordina la representatividad. Se resaltan las siguientes características (Valenzuela, 2007:39-

40):

Relación con el poder. Los esfuerzos de los colectivos juveniles no se orientan a la conquista del poder a través de la toma del Estado, puesto que se centran en temáticas más cercanas a la cotidianidad y a las luchas sectoriales, concibiendo al «poder» no como algo que se toma, sino más bien asociándolo a la positiva potencia del trabajo colectivo. Los jóvenes de los colectivos conciben el poder ligado al «hacer juntos», a la «actividad común», al «poder hacer» y, en tal sentido, se distancian del «poder-sobre».

Autogestión. La forma de financiamiento de las actividades autogestión; alternativa a la dependencia económica.

obedece a la

Culturalización de la política. Tomando prestado el concepto de Reguillo (2003), la culturalización de la política apunta al mirar y hacer política desde la cultura. Es este fenómeno el que se observa en las prácticas de los colectivos juveniles analizados, los que a través de la música, talleres artísticos, festivales, ferias de la cultura, etcétera, transmiten mensajes abiertamente políticos.

Pluralismo. Los colectivos están conformados por jóvenes con diversas ideas y visiones de la sociedad. Al contrario de las estructuras políticas tradicionales, los colectivos se enriquecen de las diferencias específicas de los jóvenes, otorgándoles a sus expresiones organizativas un sello de tolerancia y democracia.

Notas

[1] La Subsecretaría de metrojuventud de la Alcaldía de Medellín promueve las organizaciones juveniles locales y su articulación en red; por ello, entre 2006 y 2009, con la estrategia de Presupuesto Participativo juvenil, se adelantan caracterizaciones de las organizaciones juveniles en Medellín, con énfasis en localidades que diferencian comunas y corregimientos. Esa estrategia de inversión priorizada por los y las jóvenes resalta la importancia de conocer los procesos organizativos juveniles, a través de investigaciones desarrolladas por jóvenes y acogiendo principalmente la metodología de drp. Gracias a los estudios realizados, presentamos al final de este capítulo un informe consolidado de las organizaciones juveniles en Medellín.

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CAPITULO 2: NOMBRAR LA IDENTIDAD UN INSTRUMENTO CARTOGRAFICO

La construcción de lo juvenil

Los jóvenes en tanto categoría social construida no tienen una existencia autónoma, es decir al margen del resto social, se encuentran inmersos en la red de relaciones y de interacciones sociales múltiples y complejas.

Para

situar

al

sujeto

juvenil

en

un contexto histórico y

sociopolítico, resultan insuficientes las concreciones empíricas, si estas se piensan con independencia de los criterios de clasificación y principios de diferenciación social que las distintas sociedades establecen para sus distintos miembros y clases de edad.

A este respecto Bourdieu (1994) ha señalado que las relaciones entre, la edad biológica y la edad social son muy complejas y que "hablar de los jóvenes como de, una unidad social, de un grupo constituido, que posee intereses comunes, y referir estos intereses a una edad definida biológicamente, constituye una manipulación evidente". Lo que este planteamiento permite inferir es la necesidad de realizar análisis en, una doble perspectiva. De un lado, lo que aquí se define como una "historia cultural de la juventud", que al develar las relaciones de fuerza que crean las divisiones sociales de clases y de edad en procesos históricamente situados, permite romper con definiciones esencialitas y ubicar la problemática juvenil en una perspectiva que no se agota en el dato biológico. De otro lado, lo que llamaremos el análisis empírico de las identidades juveniles, que al colocarse etnográficamente en las interacciones y configuraciones que van asumiendo las grupalidades juveniles, permite entender la enorme diversidad que cabe en la categoría "jóvenes" y salir así de la simplificación de lo joven como dato dado.

En relación con los modos en que la sociedad occidental contemporánea ha construido la categoría "joven", es importante enfatizar que los jóvenes, en tamo sujeto social, constituyen un universo social cambiante y discontinuo, cuyas características son resultado de una negociación- tensión entre la categoría sociocultural asignada por la sociedad particular y la actualización subjetiva que sujetos concretes llevan a cabo a partir de la interiorización diferenciada de los esquemas de la cultura vigente.

En el capitulo anterior se plantea que son tres las condiciones constitutivas centrales desde las que se ha configurado y clasificado socialmente al sujeto juvenil en el mundo contemporáneo los dispositivos sociales de socialización capacitación de la fuerza de, trabajo; el discurso jurídico y industria cultural. Aunada a estas tres esferas, hoy una dimensión muy importante está conformada por los dominios tecnológicos y la globalización.

Ello significa que los jóvenes han adquirido visibilidad social como actores diferenciados a) 2 través de su paso, por afirmación o negatividad, por las instituciones de socialización, b) por el conjunto de políticas y normas jurídicas que definen su estatuto ciudadano para protegerlo y castigarlo, c) por la frecuentación, consumo y acceso a un cierto tipo de bienes simbólicos y productos culturales específicos.

En los dos primeros ámbitos en el de la socialización y en el del discurso jurídico los jóvenes han sido definidos en términos generales como sujetos pasivos que se clasifican en función de las competencias y atributos que una sociedad particular considera deseables en las generaciones de relevo para darle continuidad al modelo asumido.

Sin embargo, y quizás aquí estribe una de las pistas claves para entender las transformaciones en los modos de socialidad juvenil (Maffessoli, 1990), el ámbito de las industrias culturales ha

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consolidado sus dominios mediante una conceptualización activa del sujeto, generando espacios

para la producción, reconocimiento e inclusión de la diversidad cultural juvenil. Es decir, mientras las instituciones sociales y los discursos que de ellas emanan (la escuela, el gobierno en sus diferentes niveles, los partidos políticos, etc.), tienden a "cerrar" el espectro de posibilidades de la categoría joven y a fijar en una rígida normatividad los límites de la acción de este sujeto social, las industrias culturales han abierto y desregularizado el espacio para la inclusión de la diversidad estética y ética juvenil.

Lo cultural tiene hoy un papel protagónico en todas las esferas de la vida. Puede aventurarse la afirmación de que se ha constituido en un espacio al que se han subordinado las demás esferas constitutivas de las identidades juveniles. Es en el ámbito de los significados, los bienes y los productos culturales donde el sujeto juvenil adquiere sus distintas especificidades y donde despliega su visibilidad como actor situado socialmente con esquemas de representación que configuran campos de acción diferenciados. Es pues, de manera privilegiada, en el ámbito de las expresiones culturales donde los jóvenes se vuelven visibles como actores sociales.

De mapas y hologramas

Aunque los estudios sobre juventud poco a poco empiezan a ocupar un lugar en el conjunto de las ciencias sociales, es necesario reconocer que el tema en América Latina, en general, no surge como un objeto de investigación en el ámbito académico propiamente dicho. Sin desconocer o restar importancia a las conclusiones que diferentes académicos han hecho al avance en la comprensión de las culturas juveniles, hay que señalar que en América Latina han sido en buena medida los organismos no gubernamentales, enfrentados a una problemática cotidiana, creciente y desgarradora, en un contexto de violencia y empobrecimiento, los que han ido colocando el Tema como un asunto vital para las sociedades y volviéndolo visible para las agendas financiadoras.

Aunque este no es el caso de México, donde el tema ha estado más claramente vinculado a los ámbitos académicos de reflexión, este planteamiento no deja de resultar interesante en la medida en que devela una problemática que no ha sido abordada con suficiente profundidad. En algunos países, especialmente en la región sudamericana, enfrentarse a una violencia social temprana, protagonizada en buena medida por los sectores más jóvenes de la sociedad, llevo a diversas organizaciones no gubernamentales a un trabajo urgente sobre el terreno. Ello deriva en un excelente trabajo cotidiano de intervención realizado en medio de unas coyunturas dramáticas, que han dificultado un proceso más pausado de reflexión teórica. En los encuentros latinoamericanos sobre juventud, la queja recurrente de quienes tienen la responsabilidad de operar programas de atención a la juventud, es siempre la falta de tiempo para "recuperar la práctica", como suele decir- se en la investigación-acción. Así que existen infinidad de experiencias muy interesantes y ricas en resultados y en intuiciones que se agotan en la propia práctica sin ayudar a reformular la teoría.

Esto, a su vez, genera otro problema: la falta de mapas para los organismos públicos responsables del diseño y aplicación de políticas públicas para la juventud. La "casuística" resulta un instrumento débil para oponer al discurso autoritario y paternal con que los gobiernos de la región suelen abordar el tema de la juventud. En este sentido, el (casi histórico) desencuentro entre los que se dedican a las tareas de promoción social y los académicos ha derivado en una especie de torre de Babel, en la que cada investigador o estudioso construye y nombra de maneras diferentes tanto la categoría sociológica "juventud" como las concreciones empíricas, lo que ocasiona una confusión de pianos y de modos de nombrar las practicas agregativas y a sus actores.

A partir de un proceso exhaustivo de revisión bibliográfica de estudios, monografías y artículos, y de mi práctica de investigación, propongo aquí una categorización, que es de conferirles su especificidad a las distintas manifestaciones y expresiones sociales que hoy día asumen los jóvenes. En relación con las concreciones empíricas de los modos de agregación e interacción juvenil, se plantean cuatro conceptos clave:

El grupo:

este concepto hace referencia a la reunión de varios jóvenes

que no supone

organicidad, cuyo sentido esta dado por las condiciones de espacio y tiempo.

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El colectivo: refiere a la reunión de varios jóvenes que exige cierta organicidad y cuyo sentido

prioritariamente esta dado por un proyecto o actividad compartida; sus miembros pueden o no compartir una adscripción identitaria, cosa que es poco frecuente.

Movimiento juvenil: supone la presencia de un conflicto y de un objeto social en disputa que convoca a los actores juveniles en el espacio público. Es de carácter táctico y puede implicar la alianza de diversos colectivos o grupos.

Identidades juveniles: nombra de manera genérica la adscripción a una propuesta identitaria:

punks, taggers, skinheads, rockeros, góticos, metaleros, okupas, etcétera.

Se proponen además tres conceptos ordenadores cuya pertinencia está dada por el tipo de mirada privilegiada por el observador externo:

Agregación juvenil: permite dar cuenta de las formas de grupalización de los jóvenes. Adscripciones identitarias: nombra los procesos socioculturales mediante los cuales los jóvenes se adscriben presencial o simbólicamente a ciertas identidades sociales y asumen unos discursos, unas estéticas y unas prácticas. Culturas juveniles: hace referencia al conjunto heterogéneo de expresiones y prácticas socioculturales juveniles 1 -

Las formas, situaciones y procesos que recogen los conceptos aquí propuestos no son equivalentes y nombran distintas cosas. Mirar a los jóvenes en tanto sujetos de estudio supone la explicación del punto de vista del observador y la objetivación de los modos en que construye su objeto. El riesgo de no establecer las distinciones analíticas pertinentes es el de permanecer atrapados en la esencialización de lo joven, como si este fuera un dato "natural" y no, como de hecho es, una construcción social e histórica.

En tal sentido, las criticas demoledoras de Carlos Monsiváis son absolutamente pertinentes por ejemplo cuando señala; "no he visto nunca volar a nadie como joven", o cuando afirma "yo nunca fui joven" (1996:9). Más allá del (delicioso) sarcasmo, tras estas declaraciones lo que se revela es que cualquier intento de construir una definición univoca de los jóvenes se estrella contra lo efímero de la categoría y contra la evidencia de que hay una dificultad de "arranque" en cualquier intento clasificador.

Es simplista plantear que los obreros, por ejemplo, pueden definirse exclusivamente por una actividad productiva; las mujeres, por la diferencia biológica; los indígenas, por su pertenencia a una etnia; los ecologistas, por su defensa de los ecosistemas, y por lo tanto, los jóvenes por su edad. Las identidades sociales no son monocausales, por el contrario están compleja y multidimensionalmente articuladas a un conjunto de elementos sociales, económicos, políticos. Los planteamientos que se contentan con la fijación de unos límites de edad, no habrán hecho nada más que una operación clasificatoria de sentido común. La posibilidad de sostener que puede hablarse de un sujeto juvenil, supone la elaboración de múltiples articulaciones, que ancladas efectivamente en unos rangos de edad, sean capaces de dar cuenta de los arraigos empíricos en que esa edad deja de ser dato natural y se convierte en un revelador de modos particulares de experimentar y participar del mundo.

Es importante señalar, sin embargo, que la crisis estructural y simbólica de la sociedad contemporánea ha incrementado el autoidentificador "nosotros los jóvenes". Para los estudiosos de estos fenómenos, ese es un dato constatable, empíricamente verificable. Pero, ¿qué significa esto?, ¿hoy si hay jóvenes y en otras etapas no hubo? Hay una enorme dificultad para responder de manera rigurosa esta pregunta. Si fuera valido hacer un símil con las identidades "femeninas", la

1 Algunos estudiosos han planteado de manera reciente la noción de "mundos juveniles", sin embargo, a mi juicio esto resulta sumamente problemático, en tanto es un concepto fenomenológico (mundos de la vida de I lusscrl), cuyo sentido es el de referir los saberes sociales de fondo, históricamente construidos y culturalmente adquiridos, Mientras que en relación con los jóvenes se ha usado para agrupar bajo esta nación uno la "expresión", como la representación de la expresión.

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pregunta sería igual de complicada; el hecho de que las mujeres se pensaran a sí mismas como una

identidad cultural diferenciada solo recientemente, ¿significa que las mujeres no existían mas allá de la diferencia biológica? En parte, la respuesta a esta pregunta estaría dada por las condiciones que hicieron que las mujeres accedieran a la posibilidad de pronunciarse con respecto a sí mismas. Por el momento, creo que esta pregunta en relación con los jóvenes no tiene ciertamente una respuesta univoca; pero, en el mismo sentido de las mujeres, en la sociedad contemporánea se han dado las condiciones para que los jóvenes se vuelvan visibles como actores sociales para él los mismos y para la sociedad.

También señalemos que la explosión de los referentes identitarios, en paradójica reciprocidad con el debilitamiento de los ritos de pasaje propios de esta época, contribuye a que los jóvenes encuentren en sus colectivos una identificación mediada no solo por la especificidad de los colectivos en cuestión, sino por la edad, z la que ciertas identidades juveniles tienden a dar mucha importancia para explicar el sentido de realización y bienestar .que proporciona compartir con iguales un horizonte de vida. Es curioso que mientras el discurso académico se esfuerza por dotar de complejidad y de constitutivos múltiples el referente "joven", ellos parecen muy cómodos con asumirse a sí mismos como tales, como si al pronunciar la (rase "nosotros los jóvenes" estuvieran apelando a una verdad de carácter universal y autoevidente.

Sin embargo, para el analista, el problema estriba en la elaboración de un andamiaje que permita argumentar que los jóvenes constituyen no solo un objeto-problema-legitimo, analíticamente hablando, sino además una categoría sociocultural diferenciable del resto social, sin caer en la reducción a los rangos de edad pero sin prescindir de estos.

Los quiebres de la identidad

Para intentar comprender los sentidos que animan a los colectivos juveniles y a los jóvenes en general, hay que desplazar la mirada de lo normativo, institucionalizado y del "deber ser", hacia el terreno de lo incorporado y lo actuado; buscando que el eje de "lectura" sea el propio joven que, a partir de las múltiples mediaciones que lo configuran como actor social, "haga hablar" a la institucionalidad. Las identidades juveniles no pueden pensarse al margen de las transformaciones en las coordenadas espacio-temporales de la llamada "sociedad red" (Castells, 1999); no resulta factible hacer su análisis si se soslaya el importante papel que el mercado está jugando en la redefinición de las relaciones entre Estado y la sociedad.

El tiempo y el espacio son coordenadas básicas para la vida social. Y también ellas se ven enfrentadas a múltiples tensiones por la aceleración y la contracción o expansión (según se vea) en la era de las nuevas tecnologías de información. La recepción en tiempo real de las noticias-mundo y el acceso (desigual) a discursos y productos culturales de todos los puntos del planeta, posible por los medios de comunicación y la Internet, vuelven mucho mas complejo el panorama social para el joven, en la medida en que lo acercan a representaciones que pueden entrar en franca contradicción con los supuestos valorados localmente poniendo en crisis la legitimidad de algunas representaciones, obligándolo a un reajuste constante entre su experiencia inmediata y ciertos discursos que parecen cada vez menos lejanos.

Las representaciones, los sentidos de la vida, se ven enfrentados a una sensación de "extrañamiento", que implica someter a prueba constante el valor operado. En términos prácticos ello significa que hoy, como nunca, la identidad está atravesada por fuerzas que rebasan la dimensión local y la conectan a "comunidades imaginarias", en el sentido manejado por Anderson (1983), que desbordan los límites geográficos del Estado-nación. Por ello resulta fundamental indagar sobre; las fuentes que nutren los imaginarios de los jóvenes y ubicar .los referentes a los que atribuyera mayor o menor credibilidad y como a partir de estas fuentes se derivan "programas" de acción. Sin embargo, si algo parece claro hoy día, es que a los fenómenos de globalización y desterritorialización económica y mundialización de la cultura, se le oponen fenómenos de "relocalización". Los jóvenes parecen "responder" a estos flujos globales, dotando de sentido a "nuevos" territorios, que en términos socio- espaciales pueden ser pensados como "comunidades de

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sentido" 2 , por ejemplo, el grupo en el barrio, el colectivo cultural o político, etc., que, entre otras

funciones, operan como una especie de "circulo de protección" ante la incertidumbre provocada por un mundo que se mueve mucho más rápido que la capacidad del actor para producir respuestas.

Por ello cobra un peso decisivo la indagación en torno de los consumos culturales, que hay que pensar como una categoría compleja, de carácter situacional y diferencial; resulta urgente dotarla de una densidad mayor que la que la restringe al conteo de horas empleadas en ver televisión o hablar con los amigos o leer el periódico. Si "el consumo sirve para pensar", como ha señalado García Canclini, es porque su análisis permite entender las distintas configuraciones del mundo, que de maneras contradictorias y complejas los jóvenes construyen a partir de sus vínculos con las industrias culturales pero anclados en sus propios colectivos o lugares de significación.

Organizar el desconcierto

Los jóvenes, las mujeres, los ecologistas, algunos movimientos indígenas y étnicos, constituyen hoy lo que algunos teóricos de los movimientos sociales denominan "nuevos movimientos sociales " que en términos muy generales se distinguen por:

3

  • a) No partir de una composición de clase social (aunque no la excluyen).

  • b) Organizarse en torno de demandas por el reconocimiento social y la afirmación de la identidad

(y no por la búsqueda del poder).

  • c) Ser más defensivas que ofensivos

vulnerabilidad).

(lo

que

no necesariamente se traduce en mayor

Pese a estas características, estos movimientos sociales se han convertido en verdaderos agentes de transformación social en la medida en que ellos tienden a ocupar espacios donde no existen instituciones o donde estas han dejado de responder (según la percepción de la gente) a las necesidades y demandas de la sociedad. Pero, más que interesar aquí un planteamiento acabado en torno de los movimientos sociales, interesa utilizar la figure de los nuevos movimientos sociales para entender el replanteamiento de las formas de organización de los jóvenes que desbordan los modos tradicionales de agrupamiento social.

Asumir que los jóvenes se agrupan o debieran agruparse y organizarse alrededor de principios racionales inscritos en la lógica de determinadas prácticas políticas, es cada vez menos un principio operante, Al deterioro de las instituciones y formas de la política "clásica", la respuesta, por la vía de la acción colectiva juvenil, ha sido la de formación de asociaciones de distinta índole que cristalizan intereses parciales de alcance limitado.

La tensión en la escena pública, que se expresa, a través por ejemplo, de la visibilidad de cierta "involución política" (el regreso de los autoritarismos) y la emergencia de prácticas más abiertas y tolerantes -todavía deudoras de antiguas herencias-, obliga a la cautela, Entonces, más que hablar de "formas organizativas novedosas", habría que hablar de "multiplicidad de expresiones juveniles organizativas". Sin implicar que sea un fenómeno nuevo, puede decirse que a partir de la década de los 80 (que puede ubicarse de manera laxa como el inicio de la crisis estructural de la llamada modernidad tardía), los jóvenes han ido buscando y encontrando formas de organización que, sin negar la vigencia -y poder de convocatoria- de las organizaciones tradicionales (partidos, sindicatos, grupos de iglesia, clubes deportivos), se separan de "lo tradicional" en dos cuestiones básicas: de un lado, se trata de expresiones autogestivas, donde la responsabilidad recae sobre el propio colectivo sin la intermediación o dirección de adultos o instituciones formales (por ejemplo, grupos de bandas, de taggers, de góticos, de anarcopunks, etc.); y de otro lado, la concepción social de una forma de poder a través de la cual buscan alejar el autoritarismo ().

2 Concepto que retomo de los trabajos del mexicano Guillermo OTXJZCO (1991) en relación con sus estudios sobre audiencias activas. 3 Entre otros, pueden mencionarse a Touraint a Pizzomo y a Melucci.