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LA RUEDA

El condenado, desnudo, era estirado boca arriba en el suelo o en el patíbulo con los miembros
extendidos al máximo y atados a estacas o anillas de hierro. Bajo las muñecas, codos, rodillas y
caderas se colocaban trozos de madera. El verdugo asestaba golpes violentos a la rueda,
machacaba todos los huesos y articulaciones, intentando no dar golpes fatales.

Después dependiendo del tipo de rueda el procedimiento variaba.

Podía ponerse al condenado entre los radios de la gran rueda horizontal la cual después se
alzaba. Los cuervos y otros animales arrancaban tiras de carne y vaciaban las cuencas de los
ojos de la víctima, hasta que a ésta le llegaba la muerte.

LA DONCELLA DE HIERRO

Esta de ataúd con multitud de pinchos en su interior, dirigidos a puntos concretos del cuerpo,
que se iban clavando lentamente sobre la víctima a medida que se cerraba la puerta. Los
clavos eran desmontables, con lo que se podían cambiar de lugar, con el fin de poseer un
amplio abanico de posibles mutilaciones y heridas que daban lugar a una muerte más o menos
lenta.

EL GARROTE VIL

Método por el cual un punzón de hierro penetraba y rompía las vértebras cervicales al mismo
tiempo que empujaba todo el cuello hacia delante aplastando la tráquea contra el collar fijo,
matando así por asfixia o por lenta destrucción de la médula espinal.

Fue usado hasta principios del siglo XX en Cataluña y en algunos países latinoamericanos.

LA HORQUILLA DEL HEREJE

Se colocaba un aro de metal en el cuello del supuesto hereje con una barra cuyo extremo
terminaba en cuatro pinchos. Al apretarse el colgante los pinchos se clavaban fuertemente en
la barbilla impidiendo así poder articular palabra alguna.

Solía utilizarse la noche antes de la ejecución del individuo para aumentar su agonía.

EL POTRO ESCALERA

Se ataba al reo estirándolo lo más posible sobre una especie de escalera, a continuación se le
quemaba con una antorcha el costado y las axilas. Generalmente se morían a causa de la
infección de las quemaduras.

EL DESGARRADOR DE SENOS

Las cuatro puntas desgarraban hasta convertir en masas informes los senos de incontables
mujeres condenadas por herejía, blasfemia, adulterio, aborto provocado y otros delitos.

EL TORO DE FALARIS

Se introducía al individuo en su interior y posteriormente se encendía fuego bajo la barriga del


toro. Los gritos de la víctima salían por la boca del toro y parecía que mugía.

LA CUNA DE JUDAS
Método de tortura usado generalmente para confesiones. El prisionero es levantado y, una vez
era elevado, se le soltaba de golpe para que cayese sobre la pirámide de madera, con punta de
acero, provocando heridas en los testículos, la cavidad anal o vaginal.

TABURETE SUMERGIBLE

Utilizado principalmente en mujeres acusadas de brujería. La silla era sumergida bajo el agua
quedando la persona inmovilizada bajo el agua sin poder respirar, el inquisidor decidía cuanto
tiempo debía permanecer el torturado o torturada sumergido. El proceso solía repetirse hasta
que el torturado moría ahogado o confesaba, caso en el cual se ejecutaba al acusado
ahorcándole o en la hoguera más tarde.

DESMEMBRABRADO POR CABALLOS

Se ataba una cuerda a cada extremidad del prisionero y a su vez el otro extremo de la cuerda a
un caballo. En un momento determinado se fustigaba a los cuatro caballos para que tiraran
con fuerza de la cuerda arrancando literalmente las extremidades del torturado.

LA GOTA CHINA

Era un método de tortura psicológica que consistía en inmovilizar a un reo en forma horizontal
boca arriba dejándole caer cada 5 segundos sobre su frente una gota de agua fría. Tras varias
horas le provocaban daño físico en la piel, aunque la verdadera tortura para la víctima era la
locura que le provocaba no poder dormir ni beber, al poco tiempo moría de un paro cardíaco.

EL CINTURÓN DE SAN ERASMO

Consiste en un collar, cinturón o brazalete provisto de pinchos en la cara interior y que se le


pone al reo. Con cada pequeño movimiento (incluso la respiración) el collar araña y hiere la
carne. El proceso de tortura es progresivo: en primer lugar, un dolor lacerante. Posteriormente
se produce la infección, tras la cual se llega a la putrefacción y tras esta, una gangrena que
puede causar la muerte

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