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El arte de la ficción

Walter Besant y Henry James

Traducción y prólogo: José de Piérola


Diseño de carátula: Osear Rue da
Fotografia de carátula: He rmann Bouronc/e
Montaje de interiores: je sús Lizarzaburo Roble s
Pre Pre nsa: Rapimagen,Jr. Callao 4 6 5 , Of. 201

© Traducción del inglés: fosé de Piérola


© Lluvia Editore s, 2007
Av. Inca Garcilaso de la Vega 19 7 6 ,
Of. 5 01. Lima - 1
e-mail: lluviaeditores@att.net
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e n la Biblioteca Nacional del Perú:
Nro. 2007-05 891

Hecha e i mpresa en el Perú


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Printed in Peru
Imprimé au Pérou
POR QUÉ LEER A HENRY JAMES

«Trata de ser una de esas personas en quienes


nada se pierda» - Henry J ames,
El arte de lajicción

Muchos carruajes se detuvieron aquella noche en la calle


adoquinada frente al Ala Oeste de la Casa Burlington don­
de se alojaba la Real Sociedad de Londres. Mientras los
cocheros inhalaban rapé a escondidas, los pasajeros se
apresuraban a subir las escaleras para ocupar sus asien­
tos en la sala de conferencias; iban a escuchar la charla
de uno de los escritores más populares de su tiempo: el
filántropo Walter Besant. Ese 25 de abril de 1884 sería
fundamental para la literatura anglosajona, no sólo porque
el título de la charla, «El arte de la ficción», señala una
intención de cambio, sino también porque nunca antes se
había discutido dicho tema en un foro tan importante. De
hecho, Besant es recordado no tanto por las más de trein­
ta novelas que publicó en vida, sino por aquella charla que
puso en marcha un diálogo que, después de casi ciento
veinte años, sigue despertando el mismo interés.
Se trataba de dar carta de ciudadanía a la ficción,
ya que hasta entonces, al entender de Besant, todavía
se la consideraba un arte menor. Pero también, en un
ambicioso giro, la charla debía sentar las bases teóri­
cas del nuevo arte. Semanas después, cuando la charla
era publicada como folleto, Henry James se sintió mo­
vido a responder con un ensayo que también tituló: El

3
ElArte delaFicción/Próhgo

arte de la ficción, ensayo que se convertiría en uno de


sus textos más citados durante el siglo xx. No mucho
después se sumarían a este diálogo otros novelistas.
empezando con E. M. Forster, hasta incluir escritores
tan variados como Edith W harton, John Gardner, Anne
Lamott, Stephen King, Mario Vargas Llosa, y, más re­
cientemente Norman Mailer, cuyo The Spooky Art se
publica en 2003. No obstante lo enriquecedor de este
diálogo, el ensayo de James no ha perdido vigencia:
todo lo contrario, todavía señala aspectos fundamen­
tales para la creación literaria.
James nunca pudo separar su vocación de su vida
privada, quizá porque su trabajo literario, más que una
vocación, era un modo de vida. Nacido en 1843. en
Nueva York, año en que se botó en Bristol el GRAN BRE­
TAÑA, primer trasatlántico con hélices, James fue el
primer escritor norteamericano que escribe desde la
experiencia del expatriado. El joven que creció en las
calles de Mahattan, viajó a Europa en 1869, para, cin­
co años después, tomar residencia permanente en Lon­
dres. No es casual que muchas de sus obras reflejen el
conflicto entre culturas, la norteamericana de sus per­
sonajes -la mayoría mujeres jóvenes de la naciente
burguesía- con la cultura europea de fines del siglo
XIX. Su etapa inicial, que incluye El retrato de una dama
(1881), primera obra maestra, se cierra con La musa
trágica ( 1890). Durante los años siguientes, prueba
escribir para teatro, pero no tiene éxito. La experiencia
teatral, no obstante, le daría un giro a su carrera de
escritor. Desde su novela Lo que sabía Maisie ( 1897).
James adapta las técnicas del teatro a la narración no-

4
]osé de Piérola

velesca, como registraría en uno de sus cuadernos de


notas: «Me doy cuenta -un poco tarde- que el método
escénico es mi prioridad absoluta, mi imperativo, mi
única salvación. Es al desarrollo de la acción a lo que
debo, más y más, asirme con firmeza: es lo único que
'
de verdad, para mí, por lo menos. producirá L CEUVRE,
'
y L CEUVRE es, a los ojos de Dios, a lo que yo aspiro».
Lo que James llama método escénico le permitiría es­
cribir indiscutibles obras maestras como Las alas de
la paloma (1902) y Los embajadores (1903). Se natu­
ralizaría inglés en 1915, un año antes de su muerte.
Pero el método escénico es sólo una contribución
de quien, como nunca antes, profesionalizaría el oficio
de escritor. Con una meticulosidad propia de un conta­
dor, llevaba un registro minucioso tanto de sus ingre­
sos, como de su producción literaria. Siguiendo la con­
vención de la mayoría de escritores anglosajones, me­
día sus obras no por el número de páginas, ni por la
dudosa denominación de género, sino por el número de
palabras. Cada proyecto, para James, representaba un
número de palabras a producir por mes, por semana,
inclusive por día. El 21 de diciembre de 1896 se puede
leer una nota sobre Lo que sabía Maisie: «todavía tengo
que escribir 10,000 palabras».
Ninguno de estos pruritos administrativos, nece­
sarios para su sobrevivencia como escritor, hizo que
su obra fuera menos original o, como le gustaba recor­
dar a él mismo, menos «interesante». Todo lo contra­
rio. James ejerció, sobre la base de esta disciplina
espartana. una labor creativa que produjo los clásicos
arriba mencionados, innumerables cuentos, así como

5
ElArtedelaFJCdón/Próhgo

incontables artículos de crítica literaria sobre diversos


escritores de su tiempo.
Toda esta producción, que James escribía en hojas
sueltas, tenía una contrapattida, un verdadero taller de
escritor. Durante toda su vida James llevó siempre consi­
go un cuaderno de notas -en ocasiones una pequei'ía
libreta de bolsillo- donde registraba ideas de títulos,
pequei'ías cápsulas descriptivas sobre personajes, «se­
millas» para posibles narraciones, inclusive pequeñas
frases oídas al azar en un café parisino o en el vestí­
bulo de un hotel londinense. El cuaderno de notas tam­
bién le servía para sostener diálogos c onsigo mismo
que le servían para solucionar los problemas litera­
rios del proyecto en curso. James creía, en efect o,
que un escritor es aquel que, sobre la base de un cons­
tante ejercicio de la escritura, desarrolla los diversos
elementos de su arte. Inclusive cuando, ya escritor
d e éxito, e m p ez ó a dict ar s u s n o v e l a s a M i s s
B osanquet, su asistente, nunca abandonó l a libreta d e
notas como el taller indispensable para fraguar l o s di­
versos elementos de sus narraciones. Ni siquiera cuan­
do un primer derrame cerebral lo confinó a la cama
se privó de esta elaboración lenta, parsimoniosa, de
sus ficciones. La única excepción fue el delirante dic­
tado final el día de su muerte.
Pero las libretas de notas también le servían para
desarrollar otra de sus obsesiones. Pocos escritores
como James han dedicado tanto tiempo a reflexionar
por escrito sobre el arte de la ficción. Durante toda su
vida trabajó esta obsesión en dos cuerpos impresionan­
tes de especulación. tanto sobre el proceso creativo, como

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José de Piérola

sobre la técnica literaria. El primero son las notas críti­


cas sobre los escritores de su tiempo. Fue James, por
ejemplo, el primero en considerar a lván T urgueniev
como una de las voces importantes de la literatura rusa
de la segunda mitad del siglo XIX. El otro cuerpo de es­
peculación sobre la técnica literaria son los prefacios
que escribió para la edición completa de sus obras en
Nueva York (1906-1910). En cada una de ellos discute
con solvente maestría desde la «semilla» de cada novela
hasta los aspectos técnicos más específicos, como el
«personaje retlecton> elegido. por ejemplo.
Sin embargo. ninguno de sus escritos concentra
tantas ideas primordiales sobre la técnica literaria como
lo hace El arte de la ficción. En un típico gesto. James
abre con una declaración que acota su intención, pero al
mismo tiempo le sirve de punto de partida: «No debería
haberle puesto un título tan ambicioso a estas pocas re­
flexiones». Entendemos, por supuesto, que da por sen­
tado que la ficción es un arte. en contraste con el tono
apologético de Besant, pero también que, siendo un arte,
su discusión nunca podrá ser exhaustiva. En la breve­
dad de s u s poco más de 9,000 palabras -como habría
anotado él mismo- logra incluir aspectos sobre el arte
de la ficción que no han perdido vigencia.
Para empezar, James es uno de los primeros escri­
tores que además de asumir a la ficción como un a11e.
también la trata como tal. despojándola de algunos con­
ceptos románticos sobre la creación literaria. Un aspec­
to fundamental. ya que hasta hace muy poco, en mu­
chos de los ambientes literarios de Hispanoamérica to­
davía reinaba el concepto decimonónico de la actividad

7
ElA.rtedelaHaión/Prólogo

literaria como una expresión absoluta de la inspiración,


el genio literario. el don natural. Es revelador el hecho de
que todavía no exista la especialidad de creación literaria
en la mayoría de universidades hispanoamericanas, mien­
tras que los programas de maestría en creación literaria
ya van a cumplir su primer siglo en las universidades
anglosajonas. En Hispanoamérica siempre ha existido la
especialidad de literatura, pero cualquier escritor com­
prende la diferencia que hay entre estudiar la literatura y
estudiar el oficio de escribir. Es cierto que no todos los
escritores que salen de los programas anglosajones llegan
a calar en la literatura, cualquiera sea el concepto que uno
tenga del término, sin embargo, no se puede ignorar el
hecho de que la existencia de dichos programas -de don­
de han salido no pocos escritores importantes- nos indi­
ca que hay aspectos de la creación literaria pasibles de ser
ensefíados.
Sin embargo. más de una vez hemos escuchado a
algún escritor declarar con solemnidad: «No se puede
ensefíar a escribir». Una declaración que se cura en
salud usando dos términos -«ensefían> y «escribir»­
en su sentido más amplio. Escribir, por supuesto, no
se refiere a lo que uno aprende en la escuela. Sino más
bien a todo un conjunto de procedimientos, principios,
técnicas y reglas que un escritor usa al momento de
crear un texto literario. Escribir también se refiere a la
preocupación temática que un escritor tratará de ex­
plorar en su obra. Escribir. por último. también es la
habilidad desigual que tienen las personas al momento
de usar el lenguaje. Cuando se tira la red para que «es­
cribir» pueda abarcar todo esto, uno puede afirmar sin

8
]osé de Piérola

temor a equivocarse que es imposible enseí'iar a escri­


bir. Lo que esta declaración engafiosa oculta -de cara
al escritor que empieza- es que, si bien no se puede
enseí'iar a escribir en el sentido amplio, totalizador del
término, sí se pueden enseíiar ciertos procedimientos,
técnicas, principios y reglas imprescindibles al momento
de escribir un texto de ficción. Sobre las reglas, cosas
como la gramática, por ejemplo, no puede haber des­
acuerdo alguno. Un escritor que empieza debe apren­
derlas. En su debido momento, si su obra Jo requiere,
podrá saltarse las que crea convenientes.
Sobre los procedimientos, los métodos de trabajo, fuen­
tes de inspiración, documentación, etcétera, pueden haber
desacuerdos, ya que cada uno de éstos tendrán que aco­
modarse al sistema de vida que cada escritor ha elegido.
No obstante, en la entrevistas publicadas por el Paris Review,
por ejemplo, todos los escritores concuerdan en que cierta
regularidad es imprescindible, como lo es en cualquiera de
las otras artes. Lo que queda, Jo que puede ser enseí'iado,
de cara a la creación literaria, son ciertas técnicas y princi­
pios básicos que ningún escritor, desde Cervantes a Calvino,
desde Woolf hasta Morrison, desde Joyce hasta García
Márquez, han ignorado. Ningún escritor que espere crear
una obra puede ignorarlas.
De las lecciones que nos ha legado James, quizá la
primera es la desmitificación de la creación literaria.
Es cierto que muchos escritores han tratado de rodear
el aspecto creativo de su trabajo de un halo de miste­
rio. Muchos, inclusive, repiten cuán rápido escribie­
ron tal o cual obra. Lo que el escritor principiante no
debe olvidar es que, primero, muchas de esas declara-

9
ElArtedelaFicción/Prólogo

ciones son simples exageraciones de artista. El caso


del "Kubla Khan" de Coleridge es instructivo. Segun­
do, los escritores que han creado una obra en poco
tiempo, lo han hecho porque ya llevaban afíos de prac­
tica en el oficio, habiendo ll egado al punto en que tie­
nen absoluto control sobre su material, sus técnicas.
sus principios narrativos. Faulkner, por eje mplo, es­
cribe Mientras agonizo en tres meses, porque ya tenía
más de diez afios de experiencia como escritor.
La segunda lección es que se debe ver la creación
literaria no sól o como una vocación sino también como
una práctica, un modo de vida. El problema con la falta
de profesionalización de la creación literaria en Hispano­
américa es que ha perpetuado el concepto romántico del
escritor. La noción de que. ya que todos sabemos escri­
bir, cualquiera puede escribir ficción. Ya lo había dicho
Tolstoy, pero vale l a pena recordarlo. Si a una persona a
quien le gusta le música, pero que no sabe tocar un ins­
trumento, se le pregunta si estaría dispuesta a dar un con­
cierto de violín -ni hablemos de componer uno-, se ne­
garía con justificada razón. Pero si a una persona a la que
le gusta leer se le pregunta si puede escribir una novela es
probable que lo considere factible.
El otro problema con la falta de profesionalización es
que obliga a todo escritor a convertirse en autodidacta.
con las demoras, pero. sobre todo, las frustraciones que
eso conlleva. Muy pocos aspirantes a escritor logran su­
perar esta etapa, pero ningún escritor ha podido evitarla.
García Márquez, por ejemplo. en Vivir para contarla
(2002), escribe por primera vez con una transparencia
propia de .lames sobre su etapa de aprendiz. También

10
José de Piérola

Vargas Llosa ha dejado claro que necesitó un periodo de


aprendizaje, tanto en Historia de un deicido ( 1971 ), quizá
la primera obra del género escrita en castellano. como en
Cartas a un novelista (1997).
También es impotiante leer a James para confrontar
otro de los fantasmas que ronda cualquier foro donde se
habla sobre este tema. La preocupación de reducir la crea­
ción literaria a la aplicación mecánica de fórmulas. El dedo
acusador se dirige a las listas de hest-sel!ers norteameri­
canos. Quien tiene esa preocupación demuestra que tal
vez no ha comprendido de qué se habla cuando se habla
de técnica literaria. No eran fórmulas, por supuesto, lo
que García Márquez buscaba al estudiar cómo estaban
hechas l as novelas de Faulkner. Tampoco eran fóm1Ulas
las que buscaba Vargas Llosa al leer, lápiz en mano, las
obras del mismo escritor notieamericano. Lo que ambos
buscaban eran principios de construcción, aspectos téc­
nico s, la «carpintería secreta» -como diría García
Márquez- que dotaba a dichas novelas de su poder de
persuasión. Este conocimiento no es infuso, ni genético,
ni se bebe en la leche materna: hay que aprenderlo.
También flota en el ambiente la idea de que si uno
tiene suficiente qué decir. hallará los medios adecuados
para hacerlo, ya que la experiencia. las ideas filosóficas
o los puntos de vista políticos dotarán a la narración de
su poder de persuasión. No hay duda que la honestidad al
momento de escribir es fundamental. pero quienes sos­
tienen esto asumen que el «tener algo que decir» precede
a la narración. el «cómo se va a decir». Hay por lo menos
tres respuestas para esta preocupación. Primero, basta
leer una novela escrita con el expreso propósito de probar

11
EIArtedelaFJaión/Prólogo

una idea para comprobar cuán poco poder de persuasión


tiene ese tipo de ficción. Dichas novelas -propaganda­
son productos culturales coyunturales que no dicen nada
al lector fuera del entorno.
La segunda respuesta es que el significado -lo que
la ficción tiene que decir- no es algo que precede a la
creación sino un producto de ésta. Es por medio de la
continua lectura -como John Gardner les recordaba a
sus alumnos- que el escritor no sólo descubre lo que su
ficción tiene que decir, sino también logra convertirlo en
parte integral de lo narrado, un hilo más en el complejo
tapiz que formará la figura final de la novela. Sé que el
término está pasado de moda, pero no hay mejor forma
de explicarlo: hay una relación dialéctica entre la narra­
ción y lo que ésta pueda significar, siendo ambas partes
inseparables del proceso creativo.
La tercera respuesta viene del mismo James, cuando
señala que el escritor debe ser aquella persona en la que
«nada se pierda». Pero no se refiere a que el escritor sea un
enonne almacén de infonnación, sino, por el contrario, se
refiere a que un potencial narrativo, una «semilla>> -como
le llamaba James-, debe crear en la mente del escritor una
serie de asociaciones que le pennitan desarrollarla de modo
que produzca su propio significado. Su ejemplo clásico es
el de una joven escritora que después de tener una «visión
fugaz» de la familia de un pastor parisiense logró construir
una novela fonnidable sobre una vida que no había experi­
mentado en fonna directa.
Es imposible pasar revista a todas las opiniones de
James, todavía vigentes, pero hay una última que me
gustaría comentar antes de concluir. No hace mucho un

12
José de Piérola

escritor latinoamericano de éxito afirmaba que ciertos


temas en la novela están muertos ya que ahora, con la
posmodernidad respirándonos en la nuca, la globalización
galopando en nuestras pesadillas, la desintegración del
sujeto moderno que ha anulado toda posibilidad totaliza­
dora, lo único que importa es la novela urbana, con te­
mas urbanos: todo el mundo come en un McDonald,
pasa horas muertas viendo MTV, navega el Internet anda
por las calles con un microscópico teléfono móvil pega­
do a la oreja, en fin: el dictamen era que en esta época
posmoderna ya no había espacio para ningún otro tipo
de novela. la rural, por ejemplo.
En lugar de recurrir al éxito que las novelas rurales
del siglo xxr siguen teniendo en el posmoderno primer
mundo, quiero recurrir a James. El «único punto que
puede ser debatido» en la novela, nos recuerda, es «la
ejecución», de otro modo uno puede arribar a infinidad
de «confusiones y malentendidos». Un escritor, para
James, tiene derecho a su donnée, su asunto. el proble­
ma que explorará en su ficción. En eso debe existir total
libertad sin prescripciones ni proscripciones de ninguna
clase. Un escritor, si lo desea, puede escribir una novela
rural, urbana o de cualquier otro tipo sin que el tema
presuponga ventaja o desventaja alguna. Lo único que
se puede criticar, lo que realmente importa, es lo que el
escritor haga con su donnée, con cuanta maestría dote
a su narración de poder de persuasión. Para eso, el apren­
dizaje no es sólo indispensable. sino inevitable.
Este volumen reúne por primera vez los dos escrito­
res que iniciaron el fructífero diálogo que me ocupa. En
ediciones anteriores, en otras traducciones. hubo quienes

13
EIArtedelaFKXión/Prólogo

consideraron innecesario publicar la charla de Besant en


la Real Sociedad de Londres, ya que suponían que las
citas en la respuesta de James la reemplazaban. Gran error
que demuestra desconocimiento, tanto de lo que Besant
tenía que contribuir, como del estilo de James. El maestro
de lo sutil, del detalle revelador, el maestro que desplega­
ba una oración hasta cargarla de una complejidad enri­
quecedora, no se habría dado el trabajo de intercalar en
su respuesta citas de la charla de Besant si no hubiera
pensado que su validez no debía ser negada de raíz, sino
modificada, enriquecida, afíadiendo en este proceso su
propia experiencia. Más de cien afíos después, el diálogo
iniciado aquella fría noche Londinense del 25 de abril, se
convierte en el punto de partida ideal para todo aquel que
esté interesado en el Arte de la Ficción.

José de Piérola
Junio de 2007
La Jolla, California

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EL ARTE DE LA FICCIÓN*
Walter Besant

UNA CONFERENCIA LEÍDA EN EL REAL INSTITUTO EL 25 DE


ABRIL DE 1884
Es m i deseo esta noc he p l antear que la fi c c i ó n es una
de las mies. Para hacer esto, y antes de hacerlo, debo
presentar c i ertas propos i c iones. No son n u evas, tam­
poco e s probab l e que sean objetadas; sin embargo, nun­
ca han sido l o s u fi c ientemente recon o c i das como para
que sean palie, para dec irlo de algún modo, d e l i magi na­
rio naciona l . Son tres proposiciones, aunque l as dos ú lti­
mas se desprenden d irectamente de l a primera. É stas son:
l. La ficc i ón es un mie q u e m e rece ser cons i de­
rad a h e rmana e i g u a l a l as aties d e l a p i nt ura, l a es­
c u l tu ra, l a m ú s i ca y la poe s í a ; l o q ue q u i ere decir que
su campo es tan i l i m itado, sus p o s ib i l i d ad e s tan vas­
tas, sus l o gros tan m e recedore s de ad m i rac i ó n como
los de c u a l q u i e r ati e .
2. L a fi c c i ó n , c o m o las otras artes, e stá goberna­
d a y d i ri g i da por leyes genera l e s; d ic h as l ey e s pueden
expresarse y enseñarse con l a m i sm a p reci s ió n y exac­
t i t u d con que pueden enseñarse las l eyes de la armo­
n ía. la perspectiva y la proporc i ón .

* Conferencia leída en el Real Instituto de Londres el 25 de abril de


1884

15
ElArtedelaFKXión

3. Como las otras artes, l a fi c c i ón está tan a l ej ad a


d e l as artes mecán i cas, q u e n o h ay n i n guna reg l a n i
l ey q u e puedan aprender qu i e n e s no han n ac i d o con
l o s dones n aturales y n ecesari o s para pract i c ar l a .
É stas son las tres proposiciones q u e voy a d iscutir. Se
desprende, como corolario, y como deducción evidente, que,
si son aceptadas, qu ienes practiquen e l rute de la ficción
deben ser reconocidos como art istas, en e l estricto sentido
de la palabra, tan igual como se reconoce a quienes han
extasi ado y e levado a la human idad con la mús ica y la pin­
tura; y que los grandes maestros de la ficc ión deben estar al
m i smo nivel que los grandes maestros de las otras rutes. En
otras palabras, qu iero decirque cuando algu ien ha l legado a
la c i ma, o lo que parezca ser la cima de este arte, debe ser
considerado entre los más grandes del mundo.
Supongo q ue n o h ay nad i e e n este s a l ó n que no
acepte estas p ropos i c i ones; por el c ontrario, para l a
m ayoría deben parecer ev i d ente s ; s i n e mbargo, l a apl i ­
cac i ó n de l a teoría a l a p rácti ca, e l paso de l o s pri n c i ­
p i o s a l as personas, puede s e r m á s d i fíc i l . P o r ej em­
p l o, es tan grande l a ad m i rac i ó n hac i a maestros de la
ta l l a d e Rafae l y M ozatt que s i u n o pro p u s i era e levar
a Thackeray al m i smo n ivel de é stos, m u c h o s se opon­
d r ían . No s u g i ero que se compare e l arte d e Thackeray
con el de Rafael, o que haya semej an zas e n l a s obras
de ambos mae stro s ; sól o q u i ero dec i r q u e , como la
fi c c i ó n e s un arte, y l a p i ntura tamb i é n e s una de las
atte s , aque l l o s art i stas que han al canzado l a c i ma en
c u a l q u i era de e l l as están a l m i sm o n i ve l .

16
Walter Besant

S algamos, s i n em bargo , fuera de este saló n , a las


m u ltitudes que n u n c a h an considerado la obra d el no­
veli sta como un arte . Para ellos l a idea d e q u e u n gran
nove l i sta sea con s i derado al mismo n ivel q u e un gran
m ú s ico, un gran p i ntor, o un gran poeta, sería al p rin c i ­
p i o algo r i d ículo e i nclusive doloro s o . C o n s i d e remos
por un i n stante c ó mo ve el m u n d o al n ovel i sta. El no­
veli sta e s , a los oj o s del mundo, algu i e n q u e cuenta
h i storias, tan igual como antes cre ían q u e el actor era
q u i e n rodaba en el escenario para h acer re ír a la au­
d i e n cia, y que el m ú s i c o era q u i e n se daba m aña para
hacer bailar a la gente . Este modo de pensar e s ant i ­
cuado, a u n q u e m u c h o s todav ía p i e n se n d e esa mane­
ra; p r i m e ro , porq ue se les ha enseñado a pensar as í;
segundo, porque el modo de pensar d e otros i n fluye
·en ello s . Es, por lo tanto, bastante senc i llo entender
por qué el arte de escr i b i r novelas ha sido poco apre­
c i ad o por las mayorías . P r i m ero, m ientras l o s l íderes
de otras artes, as í como de cada espec i al idad d e las
c i e n c ias y de cada rama profe s i on al, rec i ben su cu ota
d e d i st i n c i ones a escala n ac i o nal , no se otorga e l m i s­
mo reconoc i m i en to a los novelista s . N i Thackeray n i
D i c kens fueron n u nca, segú n tengo enten d i d o , d i stin­
gu i d os con el rango de Par; n i ngún rey, re i na, ni prín­
c i pe de n i ngún país del mundo l o s toma en cuenta. No
q u i e ro suge r i r q u e serían mej ore s por e l h e c h o d e re­
c i b i r una d i st i n c i ó n semej ante, pero la fa lta d e d i st i n ­
c iones prueba, para q u ienes aceptan l a s o p i n i ones de
otros, q u e su clase no merece honores espec i ales . D e

17
EIArtedelaFiaión

la misma manera, en la locura moderna que se ve en


cualquier arte -tanta, que encontramos por todas par­
tes actores, pintores, grabadores, escultores, construc­
tores de modelos, músicos y cantantes aficionados,
todos ellos tomando sus aficiones con mucha serie­
dad y honestidad-sólo los novelistas aficionados ven
su arte como uno que puede ser aprendido basándose
en la intuición. Tercero, los novelistas no tienen aso­
ciaciones como los pintores; no tienen exhibiciones
anuales, cenas o coloquios; no emiten comunicados a
su nombre; no tienen un presidente o una academia: y
no se toman lo suficientemente en serio como para
pensar que practican un a11e especial. No digo que
estén equivocados, ni sugiero que se pueda ganar mu­
cho para el a11e si todos los novelistas de Inglaterra
fueran invitados a la co1te y se asociaran a una Real
Academia de la Novela. Pero por estas tres razones
es fácil entender por qué el mundo ni siqu i e ra sospe­
cha que escribir novelas sea un mte, y por qué se ve
al narrador con cie11o desprecio. Éste es, lo reconoz­
co, un desprecio c011és, inclusive afectuoso: es el tipo
de desprecio que el hombre práctico siente por el so­
ñador, el hombre fue11e por el débil, el hombre que
puede hacer cosas por el que sólo puede mirar y opinar.
El punto de vista general -el inculto-sobre la pro­
fesión es, antes que nada, que no es una actividad
propia de un académico o un hombre de opiniones
serias: la narración de historias no concuerda con una
mente balanceada: el hecho de ser un narrador lo des-

18
Walter Besant

califica a uno para dar opiniones sobre temas impor­


tantes. Incluso en estos tiempos hay miles de perso­
nas que nunca entenderían cómo los autores de
Coningsby o de Vivian Grey podrían ser considera­
dos lo suficientemente serios como para ser jefes de
estado. Toda la literatura de Disraeli, aun las carica­
turas de los periódicos, expresan el sentimiento popu­
lar de que un novelista no puede ser tan presuntuoso
como para llamarse a sí mismo jefe de estado: el inte­
lecto del novelista, si tiene alguno, lo cual es dudoso,
debe ser uno de los más frívolos y ligeros: ¿cómo se
puede confiar en un hombre cuya mente se ocupa de
los amores de Corydon y Amaryllis? Sabemos lo que
pasó cuando Thackeray fue candidato en la ciudad de
Oxford. Creyó que había perdido porque la gente de
Oxford ni siquiera sabía quién era; pienso lo contrario.
Perdió porque se comentó de casa en casa, de taller en
taller, inclusive se mencionó en los vestidores, que aquel
señor de Londres, que pedía que votaran por éL no era
nada más que un novelista común y corriente.
No debe confundirse con esta gente a otra clase,
no muy grande, que admite que la ficción es un arte
dentro de cie11os límites; pero que lo hace como una
concesión a la vanidad de quienes escriben, aunque
no estén preparados para admitir que la ficción es un
a11e de primer orden. ¿Cómo puede ser un a11e, po­
drían preguntar, si no tiene conferenciantes o profe­
sores, no tiene escuela, ni universidad, ni academia, ni
reglas reconocidas, ni libros de texto, ni se enseña en

19
ElArte de laFroón

u n ivers i dad a lgu na? Inc l u s i ve l as u n ivers idades a l e­


m anas, q u e enseñan todo l o demás. n o tienen c ate­
d rát i c o s en fi c c i ó n , y no hay un so l o n ove l i sta, h asta
d o n d e yo sé, q u e h aya prete n d i d o e n s e ñ ar l o s m i ste­
r i o s de s u arte, n i s i q u iera que se h aya refe r i d o a l a
fi c c i ón como a l g o q ue pueda e n señars e . C l aramente,
por lo tanto, podrían argumentar, e l arte necesari o para
crear y n arrar u n a h i stor i a puede y debe ser apren d i ­
d o s i n estud i o , y a q u e n o hay mate r i a l a l gu n o q u e e l
estud iante pueda u sar. D e acuerd o a e sta teoría, e l
a rte de l a fi c c i ó n podría. q u i zá, aprend erse de forma
i n consc i e nte o por i m itac ión . Esta con cepc ión, me
apena dec i r l o, e s l a más popu l ar entre q u i en e s q u ie­
ren probar suetie en el campo d e la ficc i ón . C u a l q u ie­
ra, p i ensan , puede escri b i r una nove l a: por lo tanto,
¿por qué n o escr i b i r una? No m e atrevería a d e s a l en­
tar a q u ienes se s i enten atraído s p o r esta rama de la
l ite ratu ra: por e l contrar i o , l o s a l e ntaría en todas las
formas pos i b l es . U n o desea, s i n e m bargo, q u e em­
prendan esta tarea con la m i sma seriedad, recono­
c iendo a s i niismo s u s d if i c u ltades e i m portanc ia, como
l o harían a l e m pezar a estu d i ar m ú s i ca o p i ntura. De­
searía, en s u ma, q ue desde el princ i p i o t u v i e ran c laro
q u e la fi c c i ó n es un arte ; y, como todas l as artes, está
gobernada p o r c i ertas l eyes, m étodos y re g l a s q u e
deben ser aprend idas antes q u e n i n gu n a otra cosa.
La ficción e s , por lo tanto, y antes q u e n ada, un
verdadero arte. E s e l más ant i guo, porq u e era conoc i ­
d o y practi cado antes q u e l a p i ntura y antes q u e sus

20
Walter Besant

hermanas existieran o se hubiera pensado en ellas; la


musa de la ficción es mayor que cualquiera de las
otras de cuya compañía ha sido excluida; es la más
difundida, porque no hay ninguna raza humana que la
desconozca, aun cuando las historias sean las mismas
trasmitidas de padres a hijos sin variación alguna: es
el aiie más religioso porque en todas las épocas antes
del presente las vidas, proezas y sufrimientos de los
dioses. diosas. santos y héroes han sido su tema favo­
rito; ha sido siempre el a11e más popular porque no
requiere cultura, educación, ni genio natural para en­
tender y escuchar una historia: es el mie más moral
porque las historias. fábulas, apologías, parábolas y
alegorías le han enseñado al mundo lo poco que sabe
sobre moral. La ficción tiene la mayor in:lluencia, por­
que puede ser llevada fácilmente a todas pmies, in­
clusive a lugares donde nunca se ha visto una pintura
ni se ha escuchado música; es la que tiene el mayor
poder para enseí1ar porque sus lecciones son las que
se aprenden y entienden más rápidamente. Todo esto,
que podría haberse dicho hace mil años, puede decir­
se ahora con mayor certeza. Aquel mundo que no
existe, sino que es una invención o una imitación, aquel
mundo donde las sombras y las formas de los seres
humanos se mueven frente a nuestros ojos con tanta
verosimilitud como si vivieran y hablaran entre noso­
tros, es como un gran teatro accesible a cualquiera,
un teatro en cuyo escenario se representan, a volun­
tad, cada vez que nos plazca. las obras de teatro más

21
ElArtedelaFia:ión

h ermosas; es, como todo teatro debe ser, la e sc u e l a


donde se aprenden m od a l es; es al l í donde l a mayor
parte de l a h u man i d ad aprende l o q ue sabe sobre l a
v i d a y cost u m bre s, sobre fi losofía y arte ; i n c l us i v e
sobre c i enc i a y re l i g i ó n . La nove la m o derna c o n v i e rte
i d eas abstractas en mode l o s v i v ientes; la n ove l a mo­
d e rna i m par1e ideas, afianza l a fe, pred i ca u n a m ora l
más e l evada de la q u e se ve en e l m u n d o ; es capaz de
p rod uc i r pena, ad m i rac ión y terror; crea y man t i e n e
v i va la s i m patía; es l a mae stra u n iversa l ; e s e l ú n i c o
t i po d e l i bro q u e l a mayor ía de l o s seres h u manos lee
a l guna vez; es l a ún i c a manera en q u e a l gunas perso­
nas pued e n saber cómo son los dem ás; red i m e l a v i da
de su chatu ra, proporc iona i deas, deseos, conoc im i ento,
i n c l u s i ve am b i c i ones; enseña a hablar, y enr i q uece e l
h a b l a c o n e p i gramas, anécdotas e i l ustrac i o n e s . La
n ove la es u n a fu ente de d e l e ite para m i l l ones q u e fe­
l i zm e nte no son m uy crít i c o s . ¿ Po r q u é , de todos l o s
l i bros q u e se p restan d e l o s estantes d e las b i b l i otecas
p ú b l i cas, c u atro q u i ntos son nove l as, y de todos l o s
l i b ros vend i d o s n u e v e déc i mos s o n n ove l as? C om pa­
rad as con semej ante maq u i n aria de i n fluen c i a popu­
lar, ¿qué son las d e m ás artes en conj u nto? ¿No pode­
m o s alterar l a v i ej a m áx i m a y d ec i r e n verdad : traten
otros de gob i erno d e l m u n d o y sus m o n arquías m i en ­
tras y o p u e d a segu i r esc r i b i endo nove l as?
E l c a m p o de i n terés del arte de la fi cc i ó n es, s i
se desea, nada m e n o s que toda l a h u m an i d ad . E l no­
ve l i sta e stud i a a l o s seres h u m ano s; se preocupa por

22
Walter Besant

lo que éstos hacen, lo que piensan, los errores y lo­


curas que cometen, la grandeza y la agresividad de
que son capaces, las incontables formas de belleza y
de estado de ánimo, las fuerzas que actúan sobre
ellos, las pasiones. petjuicios, esperanzas y miedos
que los empujan en una dirección u otra. El novelista
tiene que ocuparse, sobre todo. y antes que todo, de
la humanidad. A ningún novelista, por ejemplo, se le
puede llamar paisajista, o pintor de marinas, o pintor
de naturalezas muertas, salvo en estricta subordina­
ción al grupo de personajes con los que trabaja. El
paisaje, el mar, el cielo y el aire son simples acceso­
rios introducidos para presentar y realzar los perso­
najes que actúan en dicho escenario. La primera regla
de la ficción es que el interés humano absorbe todo
lo demás. Algunos escritores nunca se permitirán es­
cribir nada que aleje nuestros pensamientos ni por
un momento de los personajes. Cuando, por ejem­
plo, Charles Reade -lástima que tengamos que de­
cir el malogrado Charles Reade, porque ha falleci­
do- cuando este gran maestro de la ficción, en su
relato incomparable El claustro y el corazón, envía
a Gerard y Denis de Borgofia a recorrer Francia,
sugiere con la menor cantidad de palabras posible
los paisajes y personas que encuentra por los cami­
nos; sin embargo, es tan grande el arte del escritor,
que, casi sin que nos lo diga. vemos el camino, un
simple sendero áspero que corre junto a la ribera del
río y a lo largo de los valles; vemos las florestas si-

23
ElArtedelaFicdón

l e n ciosas d o n d e acec han l o s routiers y l a d ro n e s , l a


h oste l ería d e s p i adada, l o s m e rcadere s , c a m p e s i n os,
m e n d i go s , l o s so l dados q u e pasan a caba l l o ; el e s c r i ­
tor n o det i e n e l a h i storia para conta rn o s to d o esto,
s i n e m bargo lo se n t i m o s . S i m p l emente por l as acc i o ­
n e s y e l d i á l ogo e n e l re l ato n o s senti m o s e m p uj ad o s
a ver e l escen a r i o : l a v i d a d e l s i g l o x v d i scu rre ante
n osotros s i n que sea n ecesaria una p a l abra para i n ­
vocarl a , p o rq u e sie m pre es s ó l o p a rte d e l fo n d o para
q u e no i nterf i e ra con la fi g u ra central d e l j oven sa­
cerd ote q u e v i aj a a Roma.
E l i nterés h u mano en l a fi c c i ó n , entonces, debe
ven i r antes q u e cua l q u i e r otra cosa. Es de este m u n ­
do, com p l etam ente de este m u n d o. Podría parecer al
pri n c i p i o q u e e l l i m i tar este arte a l i n terés h uman o l o
estaría pon i e n d o p o r debaj o de las artes d e l a p i nt ura
y de l a m ú s i ca. Esto, s i n e m bargo, no es as í . Los estu­
pendos temas empren d i d o s por l o s viej os maestros ita­
lianos, es cierto, están más allá del poder de la fic­
c i ó n . Podría p regun tarse si no éstán tamb i é n , de acuer­
do a l a s i deas m odernas, más a l l á del l e g ít i m o campo
de l a p i ntura. C i ertamente, así como n o hay n ada e n
e l m u n d o q u e merezca m á s estu d i o y representac i ó n
e n l a p i n tura q u e e l rostro y l a figura h u manas, a s í
tam b i é n n o hay n a d a q u e va l ga la pena m á s q u e l a
pas i ó n y la acc ión de h o m bres y m uj eres . E l poeta
ant i gu o l l evaba a l escenario a los d i oses m i smos j u nto
a las furias y los destin o s . Luego t u v i m o s a los santos,
los c o n fesores y los márt ires . Despu é s d e scen d i mo s

24
Walter Besant

a l o s reyes y grandes señores; en n u e stro s t i e m pos, e l


p i n tor, e l poeta y e l nove l i sta por igual deben confrontar
la h u m an idad, sea q u e está lleve corona o esté vest i d a
c o n harapos. ¿ Q u é p i ntura, pregu ntémonos, cuyo tema
son ánge l e s y a lmas ben d i tas, inc l u s ive s i el fondo es la
montaña donde se yerguen l as paredes de la C i udad de
las C uatro P l azas, puede despeiiar n u estro i n terés y
s i m p atía más profu ndamente que u n a s i m p l e h i stor i a
sobre dos amantes, naiTada en forma hon esta y f i e l ?
E s , p o r l o tanto, característ i c a espec i a l d e este
arte que, puesto que se ocupa exc l u s i vamente de l o s
seres h u manos, no s ó l o req uiere d e q u i e n e s l a p ract i ­
c a n , s i n o tam b i é n p ro d u zca en l o s lectores, e l sent i ­
m i e n to q u e está dest i n ado a ser e l motor m á s pod ero­
so para desarro l l ar la c i v i l i zación en el m u n d o . Lo l l a­
mamos s i m patía, pero s i gn i fica m u c h o m á s d e l o q u e
h asta ahora se h a entend i d o sobre d i cha p a l abra. S i g­
n i fica, de hecho, l o q u e e l profesor See l ey l l amó u n a
v e z e l e n t u s i a s m o por l a h u man idad, y q u e aparec i ó
por pri mera vez, p i enso, cerca d e c i ento c i n c uenta años
atrás, cuando n ac i ó la nove l a modern a . S e la puede
h a l l ar, por ej e m p l o , con s p i cuamente por su a u senc i a,
en Defo e . La s i m patía moderna n o s ó l o i n c l uye e l po­
der d e compadecer el sufr i m i ento d e los demás, s i n o
tam b i én l a capac i d ad d e entender e l a l ma h u m a n a ; e s
l a revere n c i a a l s e r humano, e l respeto a s u persona­
l id ad, e l reconoc i m ie nto de l a ind i v i d ual i d ad y e l enor­
me valor del ser h u mano, las percepc i o n e s de sus re­
l acio nes con los d e m ás, s u s deberes y re s p o n sab i l i d a-

25
ElArte de laFicrión

d e s . Por me d i o d e esta fac u l tad rec i é n n ac i d a. y ayu ­


d a d o s p o r l a gu ía d e u n gran ati i sta, pod e m o s d i scer­
n i r al ser h u mano rea l , i ndestruct i b l e. baj o l o s h ara­
pos y la s u c i e d ad d e l par i a . a s í c o m o l as po s i b i l i d a­
des q u e hay en el n i ñ o c a l l ej e ro que roba su pan d i a­
r i o. Es de segu ro un gran arte e l q u e p e rm i t e a l a
gente - a t o d a l a gente- t e n e r e l p o d e r d e l a v i s i ó n y
la e m o c i ó n . La p i ntura no l o ha l ogra d o . y n u nca po­
d rá h a c e r l o� l a p i n t u ra ha h e c h o más por l a n at u r a l e ­
z a q u e p o r l a h u m an idad . La e s c u l tu ra n o p u e d e h a ­
c e r l o, ya q u e se o c u pa m á s d e s i tuac i ó n y for ma q u e
d e acc i ón,. La m ú s i c a no p u e d e h ac e r l o , p u e sto q u e
l a m ú s i ca ( s i l a e n t i e n d o co rrectam e n te ) ape l a e s p e ­
c ia l mente a l a preocupac ión d e l ind ividuo cons i go m i s­
mo a s í c o m o c o n s u s a s p i rac i o n e s . La ú n i ca r i v a l de
la fi c c i ó n e s l a poes ía, y toma u n l u gar i n fe r i o r en
este campo. n o porq u e la poesía no pueda e n s e i'í a r e
i n terpretar, s i n o p o r q u e la fi c c i ó n e s , y s i e m p re será,
más pop u l ar.
Así p u e s , e ste atie enseña, como l as otras, por
med i o de la su pre s i ó n y l a a l u s i ó n . De la gran p roce­
s i ón de l a h u m an i dad, d e la Comédie Humaine que el
nove l i st a ve pasar frente a s u s oj os. algu nas fi g u ras
se se paran p ara ser cuestionadas, exam i n adas y acep­
tadas o rec h azadas. Este proceso n u nca term i na . La
h u m a n i dad es u n campo tan vasto q u e para nad i e que
l a observe. sentándose l uego en casa para desarro l l ar
s u s pers o n aj e s va l i éndose d e l s u bc o n sc i ente. h ay. n i
h abrá jam ás. l ím i te para l a frescura e i nterés q u e ofrez-

26
Walter Besant

can l o s person aj e s q u e pu eda c rear. La l abor d e l ar­


ti sta es s e l ecc i onar los personajes, s u pr i m i rlos, c o p i ar­
los, agrupar l o s y de sarro l l ar l o s i n c i d e ntes de l o s q u e
c a d a u n o d e e l l o s s e a capaz. La v i d a d i a r i a e n e l m u n ­
do n o e s dramát i c a : es mon óton a ; e l nove l i sta l a con­
v ierte en d ramát i c a con s i l en c i o s , s u p res i ones y exa­
gerac i o n e s . N ad i e , por ej e m p l o, se comporta en la fic­
c i ón c o mo l o haría en l a v i da real; como e n el escena­
r i o, si u n actor desdob l a una cat1a para l e e rla, esta
acc i ó n se l l eva a c abo con ge stos tan e xagerad os q u e
l l aman l a ate n c i ó n d e la aud i e n c i a hac i a la i m portan­
c i a d e ésta; de i g u a l manera e n el ro mance, como no
se debe perm i t i r nada q u e n o desarro l l e l a h i storia,
todo l o que ocurra deberá ser acentuado, pero, a l m i s­
mo t i e m po, pri vado de i n n ecesarios deta l l e s acceso­
rios. Los gestos de los personaj e s en u n a e n c ru c ij ada
i mportante, su aspecto, s u s voces, deben s e ñ a l arse s i
ayu d a n a rea l zar l a s i tuac ión . I n c l u s i v e e l c l i ma, e l
v i ento y l a l l u v i a h a n serv i d o para q u e a l g ú n e s c r i to r
refl ej e e l á n i m o o l a pas i ó n de una heroína. S aber u sar
e stos rec u rsos en forma art íst i ca es para el n ov e l i sta
exactamente l o que para el actor saber c ó m o presen­
tar c o rrectamente u na carta, cómo m a n ej ar u na s i l l a,
i n c l u s i v e cómo q u i tarse un guante .
Una tercera c aracterística de l a ficc i ó n , q u e debe
ser su fi c i e n te para darle u n l u gar entre las más n o b l e s
d e las at1es, es q u e , como la poes ía, l a p i ntu ra y l a
m ú s i ca, l a fi c c i ó n se conv i e t1e en u n veh íc u l o , n o só l o
para l a s mej o res i deas d e l esc r i to r, s i n o tam b i é n para

27
E/ArtedelaFKXión

las d e l l ector, d e modo q u e e l nove l i sta puede escri b i r


con verac i d ad y fid e l i d ad , pero l l anamente, y s i n em­
bargo puede s e r entend i d o d e u n a manera m u c h o más
p rofu nda y más noble d e l o que ten í a en m e nte a l es­
c ri b i r. Este poder e s el don más e l evado del p oeta,
que t i e n e una v i s i ó n y l a perc i b e c l aramente, a u n q u e
q u i zá m u y l ej os; m i entras q u e e l l e ctor p u e d e tener
una percepc i ó n semej ante, u n a m i sma v i s i ó n , sin em­
bargo d e m u c h o más cerca y con m ayor c l ar i d ad . Que
u n i nte lecto med i o pueda gu i ar e i n stru i r a u n o más
e l evado debe ser un gran don y, d e hecho, una d e las
formas más e l evadas d e l at1e. Y es esto l o que o frece
l a m ej or f i c c i ó n a s u s l ectores. Esta e s , s i n embargo,
otra forma d e expresar q ue la verdad en l a fi c c i ó n
p ro d u ce efectos s i m i l ares a aq u e l los prod u c i d o s p o r
l a verdad en c u a l q u i e r otro at1e .
Hasta aq u í, entonces, h e mo strad o q u e la fic c i ó n
es u n a d e l as at1es más a n t iguas y l a m á s po p u l ar; q u e
s u campo com prende a tod a l a h u m an i dad ; que c r e a y
desarro l la l a s i m pat ía, q u e es u n a forma de volver a
ver; q u e , c o m o l a s otras at1es, su func i ón es s e l e c c i o­
nar, s u p r i m i r y o rgan i zar; que s u g i ere tanto como n a­
rra. Se p u e d e d ec i r m á s -m u c ho más- pero he d i c h o
l o s ufi ciente como para suge r i r que éstas, l as caracte­
r íst icas m ás i m pm1antes de c u a l q u i e r arte, e l evan la
fi c c i ó n exactam ente al m i smo n i ve l que las otras ar­
tes. D éj en m e a ñ a d i r s o l amente que en este at1e, como
en l as otras, s i e m pre h ay, y s i e m p re h abrá, no i m porta
lo que se haya desc u b i e t1o hasta el m o m ento, a l go

28
Walter Besant

n uevo por d e s c u b r i r, a l go n u evo q u e expre sar, a l go


n u evo q u e descri b i r. Los c i rujanos estu d i an un cuerpo
y estud i an cada h ueso y cada n erv io, d e manera q u e
e l c uerpo d e u n h o m bre, con s i d e rado c o m o u n a c o ­
l ecc i ó n d e h uesos y nerv i os, es parec i d o a l cuerpo de
otro . Pero l a m e nte d e u n hombre n o se p uede abar­
car de esa manera: perm ite n uevos d e sc u b r i m ientos a
cada i n vesti gad or; es com p l etamente i n abarcab l e ; e s
para t o d o s u n c a m p o n u evo y v i rge n: y e l i nvesti gador
t i e n e é x i to c u ando ha d ej ado a s u s sucesores tratados
tan vastos como las reg i o n e s q u e ha reco rr i d o . Qu i zá,
después de todo, el gran p s i c ó l ogo no sea el fi l ósofo
metafísi co, s i no el nove l i sta.
Nos toca ahora hab l ar sobre las l eyes que gob ier­
nan d i cho arte. Me refiero a l as reg l as generales y p r i n ­
c i pios q u e debe adq u i r i r necesariamente t o d o esc r i tor
de ficc i ó n antes de tener éxito. Las reglas n o convetii­
r á n a c u a l q u i era e n nove l i sta, d e l m i smo modo que sa­
ber gramática no garantiza hab l ar u n a l engua, o el co­
noc i m i e nto de los fundamentos d e la m ú s ica no garan­
tiza poder tocar u n i n strumento . Las regl as, sin embar­
go, deben aprenderse. Y. a l hablar d e e l l as , u n o está
obl i gado, tan pró x i ma es la con d i c i ón de las artes, a
u sar no sólo l o s m i smos térm i nos, s i no tambi é n a adop­
tar l as m i smas reg l as que se enseñan a los estud iantes
d e p i ntura. Si estas regl as parecen obvi as, es una prue­
ba de que se entienden b ien l o s pri n c ip i os general e s .
Con s iderando, s i n em bargo, l a gran cant i d ad de obras
m al as, poco atiíst i cas, que cada semana se presentan

29
ElArtedelaFJCdón

a l p ú b l i co, uno se s i ente i n c l inado a pensar q u e u n a re­


v i s i ó n d e d i chas reg l as no dej a de ser úti l .
P r i m e ro, antes q u e nada, tenemos e n l a fi c c i ó n l a
regl a d e q u e todo l o i n ventad o, q u e n o s e a res u l tado
d e l a exper i en c i a u observac i ó n perso n a l , n o s i rv e de
nada. E n otras artes e l d i seño puede segu i r l a s l íneas
que e l d i seí'íador p l azca : pueden ser novedosas. i rreal e s
o grotescas; pero en la fi c c i ó n mod erna, cuyo so l o fi n ,
m eta y propós i to es retratar l a h u m an i dad y e l c arác­
ter d e l ser h u m ano, el d i seí'ío debe segu i r las costum­
bres y p rácti cas de l o s h ombres y m uj e re s d e c a rne y
h u eso baj o c i e 11as cond i c iones y c i rc u n stan c i as . E sto
q u i e re d ec i r q u e los person aj e s deben ser rea l e s , y
parec i d os a l as personas q u e u n o e n c u e ntra en la v i da
real, o, por lo menos, desarro l l ados natura l mente a par­
t i r de p ersonas como l as que c u a l q u i era de nosotros
puede conocer; sus acc iones deben ser n at u ra l es y
co n s i stentes ; l a s c o n d i c i ones de l ugar, maneras d e
act u a r y pen sar deben s e r recogi d o s m e d i ante l a ob­
servac i ó n perso na l . Para tomar u n caso extremo : u n a
j ov e n c i ta q u e h aya crec ido en l a tran q u i l i d ad d e u n
peq u e ñ o p u eb l o d e prov i n c i a debe e v i tar descr i b i r l a
v i d a e n u n c ua rte l ; u n escritor c uyos am i go s y expe­
rienc i a personal pertenecen a l o que l l amamos la c l a­
se med i a baj a debe e v i tar l l evar a sus personaj es a l a
a lta soc iedad; u n hom bre d e campo d e l S u r debe d u ­
dar antes d e intentar rep rod u c i r e l acento del Nmte .
Esta es u n a reg l a m uy s i m p l e, pero u n a q u e para l a
c u a l n o debe h aber excepc i ó n : n o se d e b e i r n unca

30
Walter Besant

más a l l á de la experi e n c i a person a l .1 Recuérdese q u e


l a m ayoría d e personas q u e l e e n nove l as, a u n q u e no
sepan nada sobre e l a rte d e e s c r i b i rl as, reconocen
antes q u e n i ngún otro atri b uto e l d e l a c a l i dad : l a gran­
deza d e u n nove l i sta se m i de m ayo r m e n te por e l co­
nocim i ento d e l m u n d o q u e se m u e stra e n sus p ág i nas;
la mayor a l abanza q u e se p u e d e b r i n d ar a un nove l ista
es q u e ha retratad o la v i da m i sm a . Ocu rre exacta­
mente lo m i smo con u n a p i ntura. S i u n o v a a l a acad e­
m i a un d ía c u alq u i era, y escucha los c o m e ntarios d e l
púb l ico, l o c u a l res u lta m u y i n structivo, y a l go q u e de­
ben hacer l o s j óvenes nove l i stas, se d ará cuenta al
i n stante d e q u e l o ú n i co q u e ad m i ran en una p i ntu ra es
l a h i stori a q u e ésta c u e n ta, y por l o tanto l a fide l i d ad
con l a q u e ha s i d o presentada en e l l i e n zo . Muchas de
l as otras cual i dades téc n i cas d e l a p i nt u ra, así como
de l a n ove l a, n o son apre c i adas por el observad or co­
mún y corri ente.

Se h a objetad o q u e, si se sigue e s t a regl a, l a nove l a histórica


q u edaría d escartad a. N o del todo. El interés de la n ovela histórica,
com o el de cu a l quier otra. depende de la experiencia y d e l conoci­
miento q u e el escritor tenga sobre la h u m anid ad, de los seres
h u m an o s que son bastante p arecidos en todas l as épocas. No es
el esce n ar i o lo q u e o bservamo s, sino la form a en que actúan l o s
personajes. E l escenar i o d e u n a nove l a histór i c a es a men u d o
ab surdo, in correcto e incongruente; pero e l interés humano, l a
destreza y e l conocimiento d e l carácter que m u e stra u n escritor,
puede h acer q u e o l videmos l o s errore s al p l asmar el e scen ario.
Por ejemp l o, la nove l a Romo/a es in d u d a b l emente grandiosa, n o
porque contenga u n a reprodu cción verdadera, y por l o tanto valio-

31
EIArtedelaFicdón

S iendo esto as í, l o p r i m ero q u e debe apre n d e rse


e s el aJie d e l a desc r i p c i ón . Aparentemente e s fác i l
descri b i r; c u a lq u i era, eso parece, puede descri b i r l o
q u e v e . P i é n s e l o . ¿ C u ánto s e puede ver? I n c l u s i v e e n
u n a hab itac i ó n hay demas i adas co sas q u e ver: l ej os ,
en e l campo, más a l l á d e la e m pa l i zada, d e l a m o n ta­
ña, l a fl ore sta, j u nto a l arroyo. hay i nc ontab l e s cosas
para ver: el oj o no entrenado n o ve nada, o cas i n ada.
Aqu í hay u n árbo l , aq u í una flor, a l lá l a l u z d e l so l baña
una co l i na . P e ro para el ojo observad or y entrenado,
e l oj o i nte l i gente, hay frente a sí una cantidad pasmo­
sa de cosas. Recuerde como el Sr. Jeffe r i e s se s i enta

sa, so bre l a vid a e n l a Florencia d e l p rincipio d e l Renacimiento,


cosa que no hace; n o porq u e ofrezca id eas sobre la época, tampo­
co l o hace; los personaj es, en especial l a hero í n a, e stán l le n o s de
ideas del sig l o XIX: esta nove l a es grandiosa porq u e e s un estudio
d e l carácter humano. De otro l ado, en l a nove l a El claustro y el
cora::ón, ten e m o s u n a descripción de la época y s u s ideas, toma­
das atrevid ame nte. a veces casi 1 itera! mente, de l as págin as d e l
hombre q u e l as representa mejor: Erasmo. D e m o d o q u e esta es l a
reg l a para l a n ove l a histórica: cuand o e l n ovelista tiene q u e d es­
cribir, debe tomar prestad a dicha descripción . Si s e objeta, otra
vez, que se p u e d e hacer l o mismo con la vid a contemp o ránea,
respon deré que se pued e, si se quiere, pero es casi seguro que a
uno se le descubrirá al gún error, omisión o con fu sión p rod ucto
de l a ignorancia. No h ay d u d a que el n ove l ista hist órico comete
errores semejantes; pero estos n o se d escubren fáci l mente a me­
nos q u e u n o sea u n arq u e ó l ogo. Por supuesto, q u ien desee repro­
d u cir una época del pasado no recurrirá a los po etas, los adivinos,
los historiado res sino a la l iteratura de época, l as cartas, l as come­
d ias, los cuentos, los e n s ayos y los periódicos.

32
Walter Besant

en un bosq ue con los oj os comp letam ente abi e rtos para


ver lo q u e el resto de n osotros j am á s ha soñ ad o . Mu­
c h o antes d e que n o s h aya co ntado l a m itad d e l o q u e
h a v i sto - ¡ d e pronto ! - u n l i bro, y u n o d e l o s l i b ro s más
d e l i c iosos q u e se puedan conceb i r. El S r. Jefferies, s i n
e mbargo , e s u n natura l i sta profu n d o . N o tod os pode­
mos d e sc r i b i r como é l ; tam poco debemos tratar, por
que s i m p lemente l a descri pc i ón de l a n aturaleza m u e rta
en u n a n o v e l a debe estar estrictamente s u b o rd i n ad a
a l i nterés h u ma n o . Pero m i entras e l S r. J e ffe r i e s t i e n e
s u empa l i zada y s u zanj a y s u arroyo, n o sotros ten e­
mos n u estras torres, n u e stros p u e b l o s , y n u e stras re­
u n i o n e s d e h o mbres y m uj eres. E ntre e l l o s no s ó l o
podemos observar, s i n o también s e l ecc i o n ar. E stas son,
entonces, dos facu l tades d i ferentes q u e el aspirante a
nove l i sta d ebe adq u ir i r : observac i ó n y s e l e c c i ó n . Se l e
puede e n s e ñ ar a cual q u iera e l poder d e observaci ó n
c o n e l s i m p l e método adoptado por Robert Houd i n , e l
conj u rador francés. Este método c o ns i ste en anotar
todo c o n stantemente y en recordar toda c l ase d e co­
sas d i c h as d u rante u n v i aj e , un paseo o un d ía d e tra­
b aj o . E l apren d i z debe l l evar u n a l i breta s i e m pre con­
s i go, a l campo, a l teatro, a las call e s : donde q u i era que
pueda ver el ser humano y sus actos o la n aturaleza y
sus acc i o n e s . A l v o l v e r a casa debe escr i b i r s u s n otas
en su c u ad e rn o de n otas. H ay l u gares e n l o s c u a l e s
s e r í a v ergo n zoso sacar d e l bo l s i l l o l a l ibreta d e notas
-por ej e m p l o , en una cena formal o e n una p e l e a ca­
l l ej era-; sin e mbargo, e l hombre que e m p i eza a ob-

33
ElArtedelaFicdón

servar será capaz d e recordar ráp i d am e nte todo l o


q u e v e y oye hasta e l momento e n q u e pueda tomar
nota, de modo q u e no se p i erda n ad a . =' El mate r i a l
para e l nove l i sta, en pocas p a l abras, no está e n l o s
l i bros d e l o s estantes, s i n o e n los h o m b res y m uj e res
que e n c u e ntra por todas partes ; los encon trará, d o n d e
D ic ke n s lo s enc ontró, en l a s at i borradas cal l e s , e n l os
tre n e s , en l o s tran vías y l o s óm n i bu s , fre nte a la s vitri­
nas de l as t i e ndas, en l as i g l e s i as y e n las cap i l l a s : s u
mate r i a l está por todas partes . Para e l nove l i sta n o
h ay n a d a demas i ado baj o , n i demas i ado a lto, n i dema­
s i ad o i n no b l e , n i demas iado nob l e . La h u ma n i dad es
como un c a l i doscop i o , q u e se puede g i rar para m i rar
dentro, pero donde n u nca e n contrará dos veces la m is­
ma i mage n : es i n agotab l e . S e puede obj etar q u e ya se
han usado todos l o s t i po s part i c u l ares. Se han u sado,
pero e l c o n s u e l o e s que n u n c a podrán ser agotados, y

Reco m i e n d o s i nceramente a aq u e l l o s q u e q u ieran estu d i ar


este arte q u e empi ecen a pract i car d i ariamente la descr i pc i ó n de
cosas. i n c lu s i ve l as cosas com u n e s y corrientes, q u e hayan o bser­
vado, reportan d o conversac i o n e s y haciendo d escri pci o n e s ver­
b a l es de sus amigos. Q u i enes hagan esto verán q u e la práct ica l e
d ará firmeza a s u s trazos, hará s u o bservac i ó n más ráp i d a, adq u i ­
r i rán e l p o d er d e retener detal l e s i m p ortantes, y , e n l o q u e respec­
ta a l d i á logo, rap i d ez para saber lo que n o e s importante. E l
estu d i o y l a práct ica prel i m i n ar d e e ste t i p o tam b i én prod ucirá
una gran canti dad de material val i oso, que s ó l o se desperd i c i aría s i
fu era incorporad o premat uramente en l a escritura de u n a novela
antes de q u e los otros elementos d e l arte hayan s i d o ad q u iridos.

34
Walter Besant

q u e p u e d e n ser u sados u n a y otra vez. ¿N o s podemos


can sar d e e l los cuando u n a mano m aestra los reto m a
para d ar l e s n u eva v i da? ¿No puede h ab e r más h i pó­
critas porq ue ya tuv i m o s un Tartufo y un Pecksn i ff?
¿Debemos suponer q u e e l v i ej o avaro, e l j oven bota­
rate, el j ugador, el aventurero, la coqueta, el borrac h o,
e l mercenario, no v o l verán a aparecer e n l a fi cc i ó n
porq u e ya se h a n u sado? Por e l contrar i o , m i en tras e l
ser h u m an o cont i n ú e n arran do h i storias. e stos perso­
naj es v o l verán a aparecer u n a y otra vez, y cada vez
q ue sean tratado s por u n a mano m aestra se verán tan
frescos como la p r i mera vez que fueron d e sc u b i e rtos .
L a fide l i dad, p o r l o tanto, s ó l o p u e d e garantizarse
adqu i r i en d o el arte d e la observac i ó n , que ayu d a l l e­
nando la mente c o n experi e n c i a a l mac e n a d a . Estoy
seguro d e que l a m ayoría d e l as personas n u n ca ven
nada. He conoc i d o a l gunas que i nc l u so han dado l a
vue l t a a l m u n d o s i n v e r nada, abso l utamente n ada.
Emerson d i ce, acertadamente, que el v i aj ero no trae
nada d e u n l u gar excepto l o que ha l l evado c o n sigo .
A ho ra b i en, la observac i ó n de l as cosas q u e nos ro­
dean no e s parte d e la v i d a profe s i o n a l y comerc i a l ;
n o tiene nada q u e ver con e l éxito económ i c o ; d e modo
que n o a p rendemos a observar. S i n e m bargo e s m u y
fác i l sac u d i r a u n a person a para q u e abra l o s oj o s .
A l gu n o s d e nosotros recordamos, por ej e m p l o , l a v e z
q ue K i nd s l ey asom bró a todo e l m u n d o con s u s des­
c r i pc i o n e s d e l a s m arav i l l as que se pueden e n c o ntrar
en l as o r i l las y las que se pueden pescar e n c u a l q u i e r

35
ElArtedelaFiaión

laguna d e l campo . Entonces todo e l m u n d o empezó a


h urgar en l as algas mari nas y a cazar tritones y a criar
l arvas ac uáti cas en pequei'ías pecera s . S ó l o fue u n a
moda, y p ronto desaparec i ó ; pero l e h izo b i en a la gen­
te, porq u e le h i zo enten der, q u izá por p r i m era vez, que
real mente hay mucho más e n e l m u n d o d e l o q u e ve e l
oj o d e sc u i dado. En la actu a l i d ad l a lecc i ón q u e n ece­
s i tamos n o es que el m u n d o e stá l l e n o de c r i aturas
extra ñ a s y marav i l l osas, todas e l l a s c o m i éndose las
u nas a l a s otras perpetuamente, s i n o q ue el m u n d o
está l l e n o d e seres h u manos marav i l l osos. n i ng u n o de
l o s cuales e s malo o comú n, pero para cada uno de los
cuales s u prop i a personal i d ad es a l go gran d e y terri­
b l e , me recedora del estu d i o más seri o .
Hay, p o r l o tanto, abundan te materi a l e s perando
ser rec o g i d o p o r c u a l q u iera q u e tenga e l buen sentido
d e v e r l o s a s u s p i e s . Lo q u e tamb i é n se neces i ta es
poder d e s e l e c c i ó n . ¿Se puede e n s e ñar? N o creo, por
l o menos n o sé cómo, a menos que sea p o r med i o de
l a l ectura. E n todo arte, la s e l e c c i ó n req u i ere u n t i po
especi a l de apt i tu d para d i cho mte q u e se i n c l uye en
e l ge n i o , esa abu sada pal abra. E l poder de s e l ecc ió n
para l a ficc i ón req u i e re una gran m e d i d a d e sen tido
dramát i co . Aque l l os q u e ya posean e s t a facu ltad no
se equ i v oc arán s i t ienen en c ue n ta l a s i m p l e regl a de
que nada debe ser i n c l u i d o q u e n o d e sarro l l e la h i sto­
r i a, nada q u e no i l u stre un personaj e, q u e no real c e las
fu erzas ocu ltas que actúan sobre e l l o s : sus emoc io­
nes, sus pas i ones y sus i nten c i ones. Tod a descri pc i ón

36
Walter Besant

q u e d a ñ e en l ugar d e ayudar el d e sarro l l o d e l a ac­


c i ón, todo e p i sod i o d e c u a l q u i er t i po, toda con versa­
c ión que no desarro l l e l a trama ni i lu stre un personaj e ,
debe s e r d rást i camente s u p r i m ida.
La presentac i ó n d ramáti c a está í n t i m am ente re­
l ac i o n ad a con l a s e l ecc i ó n . Dada u n a s i tu ac ió n , debe
ser l a p r in c i pal preocu pac i ó n presentarl a e n forma tan
d ramática, e sto e s , tan poderosamente como sea po­
s i b l e . La agru pac i ó n y el escenario del c u a d ro, l a rapi ­
dez d e l a acc i ó n , aq u e l l as cosas q u e s a l tan a l a v i sta
a l oj o entrenad o , deben ser c u i dadosamente c o n s i d e ­
rad as por e l p r i n c i p i ante . De hec h o, u n a nove l a e s
c o m o u n a obra d e teat ro : p u ede estar d iv i d i da e n es­
c e n a s y actos, c u adros y s ituac i o n e s , separada por e l
fi n d e cap ítu l o e n l u gar d e l a caída d e l te l ó n : e l escri­
tor es el d ramatu rgo, el d i sefi ador d e escena, el p i ntor,
el actor y el carp i ntero, todo en u n o ; su preoc u pac i ó n
es q u e n i nguna d e las escenas s e a d é b i l n i se d e s p l o ­
m e : n u n c a d e b e o l v i dar n i p o r u n i n stante cómo se ve
c a d a pmie desde e l p ú b l i c o .
La reg l a s i g u iente es q u e e l esbozo d e c a d a fi gura
debe t e n e r un contorno c l aro. y, aun si e s un apu nte,
debe ser ej ecutado s i n n i nguna vac i l ac i ó n . E sto só l o
puede o c u rr i r c u a n d o e l p ropio escritor v e l as figuras
c l aramente. Los person aj e s de l a fi c c i ó n , debe enten­
derse, no aparecen com p l etos como una M i n e rva de
la frente. Los personaj e s c rece n : a veces l e ntamente,
a veces ráp i dame nte . Desde e l momento de s u c o n ­
cepc i ó n , esto es. desde e l primer m o m e nto en q u e fue -

37
ElArtedelaHaión

ron v i stos y captado s , crecen cont i n u am e n te y casi


sin esfue rzo . Si n o c recen y se hacen más n ít i dos. es
m ej o r que sean desechados d e i n m ed i ato, y o l v i dados
tan pronto como sea pos i b l e . porq u e ésa es una prue­
ba d e que el autor n o enti e n d e el personaj e q u e é l
m i smo ha t ratado d e c rear. Debe ser a l go terr i b l e te­
ner entre manos un ser a med i o c rear y no poder c om­
p l etarl o . L a ú n ica forma de l i brarse d e d i c h o persona­
j e es mata r lo y ente rrarlo de i n med i at o . S i e m p re he
pensado, por ej emplo, que la fi gura de Dan iel Deronda,
c uyo retrato, borroso e i nc ie tio como es, ha s i d o d i bu­
j ado con el c u idado más sorprendente y c o n i n term i ­
nables toq ues y retoq ues, debe haberse conveti i d o para
George E l iot en una espec i e de espectro terrib l e, s i em­
pre p resen te, s i e m pre a p u nto d e reve l a r s u s verdade­
ras característi cas, s u s pen sam i entos, pero s i n l l egar
a h acerl o j am ás, d e modo que e l l a n u nca l l egó a saber
qué c l ase d e hom bre era, ni cómo era su c arácter.
Por s u p u e sto, l o q u e el autor n o pueda escri b i r, el l ec­
tor n o podrá ente nder. De otro lado, c u an p robab l e ,
c u a n capaz d e desarro l l arse, c u a n real se v u e lve u n a
verdadera fi gura q u e ha s i d o compl etamente compren­
d i d a por s u creador, y ¡ retratada e n forma veríd i ca !
¿ N o l lega a saber u n o l o que d i r ían y l o q u e pen sarían
e n c u a l q u i e r s i tu ac i ó n conce b i b l e? Podemos vest i rlos
como q ue ramos; p o d e m o s s i tuarlos en c u a l q u i er c i r­
c u n stanc i a de la v i da: s i empre podemos con fi a r en
e l los porq u e no nos d e fraudarán, nunca nos de s i l u s io­
narán . n u n c a cam b i arán, porq ue los enten demos com-

38
Walter Besant

p l etamente . Los conocemos tan b i e n q u e se conv i e r­


ten en n u e stros asesores, n u estros gu ías y n u estro s
m ej ores am i gos, c u y o co mportam i ento, p e n sam ientos
y acc i o n e s i m itamos . El escritor q u e h a l o grado dar
v i da, claridad , o r i g i n a l i dad , fide l i dad a u n perso n aje
h asta convet1 i r l o en u n ser h umano verdadero, ha aña­
dido otro ej e m p l o bueno o malo a la h uman i d ad . Nada,
por J o tanto, debe i n s i st i rse en e sto por s u i mp m1an ­
c ia, debe ser escrito hasta que l o s personaj e s aparez­
can n ít i d o s y d i feren c i ados en la mente, tan b i en co­
noc i d o s , que actúen sus pape l e s , que acepten s u d i á­
l ogo, y q u e ac omoden s u s acciones a c u a l q u i er s i tua­
c i ón en la q u e se encuentre n . Por s u pu e sto, un con­
torno n ít i d o e s mej or cuando se l o gra c o n el menor
n ú m ero d e trazos, y la mayor parte d e fi g u ras en f i c ­
c i ón - e n e sto se d i feren c i a de l a p i ntu ra, e n l a c u a l
t o d o d e b e q ue d ar term i n ado-, p a r a q ue se v e a n c l a­
ramente, n o req u ieren m ayor trabaj o q u e m e d i a doce­
n a d e l ín eas atre v i das e i n te l i g i b l e s .
Respecto a l o s m étodos para expresar u n c l aro
enten d i m i e nto del personaj e , h ay q u e d ec i r q ue h ay
m u c h o s . E l p r i m e ro , y e l más fác i l , es u s a r a lg ú n ges­
to o pecu l i aridad persona l , a l guna m u l e t i l la a l hablar o
en e l aspecto person a l . É ste es e l peor, c o m o genera l ­
m e nte s e puede dec i r d e l o s métodos fác i l e s . Otro
método fác i l es descri b i r un person aje e n forma deta­
l l ad a . E sto tam b i é n es m a l o , porq u_e es ted i o s o . S i n
em bargo , s i s e le e u n a o dos pág i n as d e c u al q u i e r b uen
escritor, se d e sc u b r i rá q u e é ste e m p i eza p o r h a cer

39
ElArte de JaHcción

i n te l i g i b l e u n personaj e usando pocas pal abras, y l ue­


go perm ite q u e éste se vaya reve lado por med i o de la
acc i ó n y el d i á l ogo . De otro l ado, n o hay nada q u e sea
menos artíst ico q u e l lamar l a ate n c i ó n constantemen­
te e n u n d i á l ogo a u n gesto , una m i rada, u na r i sa o u n
l lanto . Generalmente la s i tuación n o req u iere d icha ex­
p l i cac ión : en a l gu nas escenas conoc idas q u e podría
c i tar. no hay una sola palabra para rea lzar o exp l i car
la act i t u d , el gesto, o cómo s e ven q u i en e s hab l a n , s i n
em bargo, éstas s o n tan i n te l i g i b l es c o m o s i a sí l o h u ­
b i era hecho e l escritor. E l aJie mayor e s e l q u e gu ía a l
l ector para que vea, s i n dec írs e l o , l a s expresiones cam­
b i antes, l o s gestos de q u i en e s hab l a n , para q u e o iga
l o s d i ferentes ton o s de s u s voce s . S ó l o p uede hacer
esto el escritor cuyos personaj es , desde el p ri n c i p i o ,
son t a n i n te l i g i b l e s , son presentados a l l ector con un
contorno tan c l aro, que l uego, con cada l ínea añ ad ida,
reflej en l a figu ra, l lenando l as facciones d e l rostro, h as­
ta q u e el p ersonaj e pasa de ser un s i m p l e contorno a
u n a figura perfecta y com p l eta.
La c l ar i d ad del c o n t o rn o , q u e se l ogra con c l ar i ­
d a d d e v i s i ón , t am b i é n perm i te l ograr c o n vergen c i a
e n e l propó s i t o . S ó l o c u a n d o l o s actores d e l a h i sto­
ria sean real e s en la mente del n arrad or, n o antes, la
h i st o r i a será rea l . M u c h o más que eso, se s e n t i rá
c o m p l etamente i m pe l i d o a c o n tar l a , m o v i d o a c o n ­
tarl a de l a manera más e fe c t i v a , m á s d i recta, m á s
d ra m át i c a , l a m a n e ra q u e l e parezca m á s verdade­
ra . E s . d e h e c h o . só l o c u a n d o e l e s c r i t o r c ree e n s u

40
Walter Besant

p ro p i a n a rrac i ó n , c u an d o sabe q u e c a d a p a l abra e s


verdadera, c u a n d o s i ente q u e ha apre n d i d o q u e p a­
pe l j u ega co m o e s c r i to r, q u e rea l mente p u e d e em p e­
z ar a contar l a . 3 S a b e m o s c ó m o , a l g u n a s veces, i n­
c l u s i ve de u n a mano m aestra s a l e u n a obra arru i n ada
por u n defecto fata l : e l escrito r no c ree e n l a histo r i a
q u e c u enta. C uando é s t e es e l c aso, uno e n c u entra
después de i n ve st i gar que por lo m e n o s una de l as
razon e s d e l fracaso es q u e los person aj es. o a l g u n o s
de e l l o s . son borrosos e i ndefi n i d o s .
C o m o ya d ij e, l a nove l a i n g l e s a moderna, no i m ­
pmia la forma q u e tome, c as i s i e m p re e m p i eza c o n u n
propós i to mora l consc i e nte . Estamo s t a n acostumbra­
dos a esperarlo, q u e c u ando no lo hace, u n o s i e nte
que ha habido u n a degradac i ó n del atie . A fortun ada­
mente. e n este país todavía no es pos i b l e q u e un h o m ­
b r e profane y d i fame a l a h uman i d ad y todav ía s i ga
s iendo con s iderado un art ista; el desatTo l lo de l a s i m pa-

N o h ay n a d a más i m p o rtante q u e esto : creer en s u prop i a


narrac i ó n . De este m o d o el e s t u d iante debe recordar que, a me­
n o s que los perso n aj e s e x i stan en su i ma g i n a c i ó n , e n fo rma se­
parada, d i st i nta, v i v a, perpetu amente re l ac i o n ad o s p o r l as ac­
c i o n e s d e la h i st o r i a , a l g u n as veces e n una parte, otras veces e n
otra, a s í c o m o e n l a s escenas y l u gares que s e o m i te n a l m o m e n ­
to d e escri b i r, n o t e n d rá n i n g u n a h i st o r i a p ara c o ntar; será mejor
d arse p o r v e n c i d o . C reo q u e genera l m e n t e n o se e n t i e n d e q u e
hay m i l e s d e escenas q u e pert e n e c e n a l a h i st o r i a p e ro n u n c a
l l egan a l pap e l . A l g u n as d e éstas p u e d e n s e r m u y b e l l as y con­
m o v e d or a s , p e r o n o h ay l u gar para t o d a s . y e l e s c r i tor d e b e
se l e c c i o n ar c u á l e s escri b i rá y c u á les n o .

41
E/ArtedelaFicdón

tía moderna, l a crec iente reverencia hac i a e l i n d i v i d uo,


e l amor siem pre creciente por las cosas be l l as y el apre­
c i o por vidas embe l l ec i das por la devoc i ó n y la abnega­
c i ó n , el sent i m i ento de responsabi l idad personal e ntre
las razas de h ab l a i n g lesa, la re l ig ión profu ndame nte
e n ra i zada de nuestra gente, i n c l u s ive en t i empos de
duda, son todas fue rzas que actúan fuet1e mente sobre
el at1i sta as í como sobre sus l ectores, y dan a su obra,
sea que lo q u i era o no, un propós ito moral tan c l ara­
mente marcado que se ha convertido prácticamente en
una ley de la fi c c i ó n ingl esa. Debemos reconocer que
esto es algo ad m i rab le, y causa de congratu lac i ón. Al m i s­
mo tiempo, a uno se le debe pem1 itir pensar que la nove la
que sennonea es la menos deseable de todas, y sentirse
genu i namente contento de que la v iej a novela re li g iosa,
escrita para favorecer a la igles ia angl icana, la iglesia evan­
gé l ica o cual q u i er iglesia, ya ha pasado de moda.
A cont i n u ac i ó n , tal como en la p i ntura y la e sc u l ­
tura, en l a ficción n o se debe observar só l o l a fi de l i ­
dad, la verdad y l a arm o n ía, s ino tam b i é n l a be l leza
con que está ej ecutada la obra. E s casi i m p os i b l e so­
brest i m a r el v a l or d e l a cal i d ad d e l a ej e c u c i ó n d e la
obra; esto e s , d e l esti l o . Todos los grandes maestros
d e l a fi c c i ó n han reconoc ido esta verdad . U sted d i fí­
c i l mente enco ntrará u n a pág i n a escrita por c u a lq u i e ra
de e l los q u e no h aya s i d o ej ecutada c u i d adosa y es­
meradamente. C reo que no hay otro aspecto a l q u e
l o s c r ít i c o s de nove l a s deban prestar mayor i m pot1an­
c i a, porq u e es u n o q u e los j óve nes nove l i stas son más

42
Walter Besant

propensos a o l v i d ar. No debe h aber en u n a nove l a, así


como en n i ngú n poema, una sola orac ión cuyas p a la­
bras h ayan sido e l egidas descu idadamente, una sola fra­
se q ue no h aya s i d o b i e n pensad a. C o n s i dere , s i desea,
c u a l q u i era de l as grandes escenas d e l a fi c c i ó n : ¡ c uán­
to del e fecto se debe a l esti lo, a las o rac i ones balan cea­
das, a las pal abras u sadas por el narrador! Esto, s i n
embargo, es sól o u n pu nto más de s i m i l it u d e ntre l a
fi c c i ón y l as otras artes. Exi ste. l o s é . e l pel i gro d e pres­
tar demas i ada atención a l esti lo en desmedro de la s i ­
tuac i ó n , cayendo a s í presa de l a gazmo ñ e ría, l a moda y
los man i erismos d e l d ía . Es c iertamente un p e l i gro ; al
m i smo t i empo, c uando uno l e e el i n g l és c h ap uc e ro y
desc u i dado q u e se con s i dera su fi c i ente m e nte bueno
para n arrar, parece que e s i m po s i b l e s o b rest i m ar e l
v a l o r d e l est i l o . S e s i ente c i e rta tranq u i l i d ad a l p e n ­
sar q u e n o hay n i n g u n a reputac i ó n q u e v a l ga l a p e n a
q ue n o se h a y a h e c h o s i n ten e r e n c u e n t a l a i m por­
tan c i a d e l e s t i l o , y que n o h ay n i n gú n e st i l o . no i m ­
porta c u a n e s c abroso, q u e no se p u e d a m ej o rar con
t rabaj o y ded i c ac i ó n . « ¿ C u ántas veces», le p regu ntó
una vez u n e s c r i to r a una m u c h ac h a q u e le l l evó su
p r i m e r e s c r i to para q u e é ste l o s e x a m i n a ra, « h a s
ree s c r ito esta pági na?» E l l a con fesó q u e l a h a b í a es­
c r i to , pero que l u ego no l a h abía v u e l to a l ee r, y que no
ten ía n i nguna i dea que e x i s t i e ra a l go l l amado esti l o .
¿N o e s una presu n c i ó n e n e l grado m á s a l to pen sar
que lo que uno ha prod u c i d o s i n esfu e rzo, ni m e d i ta­
c ió n , n i pro b l e m a a l gu n o pueda dar p l ac e r al l ec t o r?

43
ElArtedelaFJCCÍón

De hecho, cada escena, no i mporta cuan poco impor­


tante, debe tenn i narse cuidadosamente. No debe haber
n i nguna secc ión inacabada, ningún signo de cansancio o
prisa; de hecho, de apuro. El escritor debe amar tanto su
obra que debe ponderarla toda la vida, debe ser i ncapaz
de enviar una sola página s i n darle los toques finales. To­
dos recordamos e l t i po de nove la en la cual cada escena
tiene la apariencia de estar escrita deprisa y a la volada.
Para res u m i r estas l eyes pre l i m inares y genera l e s .
E l arte d e l a fi c c i ó n req u iere antes que nada e l poder
de la descripc ión, la verac idad y l a fid e l i dad , l a obser­
vac ión, la s e l ecc i ón, la c l aridad de la concepc i ón y con­
torno, l a com po s i c ión d ramát ica, l a convergenc i a e n el
propós i to, u n convenc i m i ento profundo por pa1te d e l
nmTador d e l a verdad de su h i storia, as í c o m o be l l eza
en la ej ecuc ión . Más aún, es un arte q u e req u i e re q u e
aq u é l q u e l a p ra c t i c a s e r i a m e n t e s e d e d i q u e
i ndesmayab lemente a estudiar e l com p01tam i ento d e l a
h uman i dad, l a s leyes soc iales, l as rel ig iones, las fi l oso­
fías. las tendenc i as, l as ideas, los prej u i c ios, l as supers­
t i c i ones d e l ser humano . Debe con s i derar todas las fuer­
zas que a su j u i c i o operan sobre las c l ases soc iales y
los i n d i vi d u o s ; debe tratar siempre de ponerse en e l
l ugar d e l o s demás; debe ser tan i n q u i s itivo y observa­
dor como un d etective. tan superst i c ioso como u n abo­
gado cri m i na L tan ávido de conoc i m i ento como un c ien­
tífico, y además con un esp íritu para el que nada de la
natura l eza h u mana parezca tan malo, tan desprec i ab l e,
que no merezc a s e r e st u d i a d o .

44
Walter Besant

Rep i to, p resento estas l eyes c o m o e v i d en te s . S i


esto e s verdad, m u c h a s d e las nove l a s e n v i adas d i a­
ri amente para su rev i s i ó n h an s i d o e s c r i tas con u n a
desobed ienc i a expresa a d ic has l eye s . Pero e n real i ­
dad n o s o n ev i dente s ; aqu e l los q u e asp i ran a s e r art i s­
tas de l a fi cc i ó n casi i nvariab l emente e m p i ezan s i n
ente n d e r n i ngu n a d e e stas l eye s . D e a l l í l o s l am en ta­
b l e s fracasos tempranos, el desperd i c i o de b ue n ma­
ter i a l , y e l baj o n i ve l art ístico con el q u e tanto el escri­
tor como e l l ector se contentan con frecuenc i a . E stoy
seguro de q u e , si estas l eyes fueran m ej o r c o n o c i das,
y estu d i adas m á s amp l i amente, una gran pm1e de las
obras de las que se q u ej an n u e stros crít i co s n o se es­
c r i b i rían n u n ca . Y tengo la gran esperan za d e que la
rec i é n fu ndada soc i edad de autores l ogre preven i r que
l o s j óvenes escritores se apresuren a ver s u obra i m ­
presa, q u e l o s ayu d e a e ntender s u arte, a apre c i ar
caba l mente s u s pri n c i p i os , y que l o s g u íe en l a prácti ­
ca d e éstos m i entras sean j óvenes, m i e ntras su i magi­
n ac i ó n sea poderosa, para q u e s u s e xp e r i e n c i as per­
son a l e s no se d e s perd i c i e n en fracasos i n út i l e s .
D e s p u és d e estos aspectos pre l i m i n ares está e l
más i mpo11ante d e todo s : l a h i stor i a . Hay u n a esc u e l a
c u y a preten s i ó n es q u e l a h i stor i a no e s n ecesar i a :
todas l as h i stori as. d i cen e l los, y a se han contad o ; n o
hay m á s l u gar para l a i nvenc i ó n : y a n ad i e q u i ere o í r
u n a h i storia. U n o oye e stos comentar i o s c o n l a m i sm a
adm i rac i ó n q u e u n o s i e nte cuando u n a d e l a s m o n s ­
truosas n uevas modas cambia l a be l l a fi g u ra de l a

45
EIArtedelaHcción

m uj e r para convet1 i r l a e n a l go grotesco y anti n at ur al .


A l gunos d icen estas cosas ceremo n iosame nte, e n es­
pec i a l aq u e l l o s q u e n o tienen n a d a que dec i r: otros es­
c u c h a n ceremoni osamente : de i gual manera, no i m por­
ta c u an absu rdas sean, las m uj eres u san la ú l t i ma moda
con tota l seriedad, y se m i ran las u nas a las otras sin
s i q u i era reírse o taparse l a cara d e vergüenza. Es, de
h e c h o , s i l o pensamos, una extraña y marav i l losa teoría
l a q u e d ice que debemos segu i r preoc u pándonos por l a
fi c c ió n y debemos o l v idamos d e l a h i storia. Nos hemos
estad o entrenando hasta ahora para contar h i storias, y
de pronto esta escue l a entra en escena, como e l nece­
s i tado afi l ador d e cuch i l los, para d ec i rnos que n o hay
n i n guna h i storia que contar. ¿ Por q ué?, s i la h i storia l o
es tod o. N o pu edo concebi r que e l m u n d o s i ga s u mar­
cha s i n h i storias, las más fuet1es , l as q u e t i enen i n c i ­
dentes, al egría y pathos, risa y l l anto, así c o m o l a e m o­
c i ó n de preguntarse q u é pasará después . Afortu nada­
mente, estos n u evos teori zadores se contrad icen a s í
m i smos, porq ue son i n capaces d e escri b i r u n a nove l a
q u e no tenga una h i storia, a u n q u e s e a e n frági l e m ­
b r i ó n . L a fi c c ió n s i n aventura, un drama s i n trama, u n a
novel a s in sorpresas, es a l go tan i m pos i b l e como l a v id a
s i n i n cet1 i d umbre .4

Un lector me pregunta si no me gusta la o bra d e l señor


H o we l l s . Por s u p u esto q u e a u n o l e gu sta cómo escribe. Pero uno
no p u e d e d ej a r d e comparar l a obra d e l señor Howe l l s con l a d e s u
compatriota Nathan i c l Hawthorne, q u e s u m ó a l e n c a n t o d e l esti­
l o e l i n terés d e una h i st o r i a román t i c a y e m o c i on an t e .

46
Walter Besant

En l o que respecta a la h i storia, por lo tanto . Y


aq u í l a teoría n o puede i r más l ej os. porq u e cada mie
tiene u n a c i e n c i a correspondi ente que se puede e n se­
ñar -h emos e stado h ab l ando de d i ch a c i e n c i a-, pero
el a1ie m i sm o n o puede ser e n s e ñ ado n i c o mu n i cado.
Si exi ste e n u n a persona, ésta l a expresará d e a l g u n a
man e ra, b i e n o m a l , ráp i d o o despac i o . S i n o e x i ste,
nunca podrá aprenderl o . Aqu í, por lo tanto, s u ponga­
mos q u e nos referimos a l hombre p ara q u i e n la i nven­
c ión d e h i stor i as sea parte de s u natu ral eza. Tam b i é n
s u p o n d remos q u e y a dom i n a l a s leyes d e su arte, y
ahora e stá an s i oso por apl icarlas. A aqu e l hom bre sólo
se le puede recomendar q u e ana l i c e y exam i n e c o n e l
mayor cu idado y atenc i ón pos i b l e l a c o n st ru c c i ó n de
c i ertas o b ras que son reconoc idas c o m o d e pri m e r
o r d e n e n l a fi c c i ó n . E n t r e e l l as , p a r a n o m e n c i o n ar a
Scott, p uede pre star espec i a l ate n c i ó n , desde e l p u nto
de v i sta de la c o n strucc i ó n , a l o s cuentos verdadera­
mente adm i ra b l e s de C harles Reade , a Si/as Marner
de G e o rge E l iot, a las novelas de h ab l a i n g l esa más
perfectas como La letra escarlata d e H awth o r n e ,
Elsie Venner de H o l mes, Lora Doone d e B l ackmore
o Hija de Heth de B l ack. No debe s e n tarse a l ee r l as
para d i sfrutar « l a h i stor ia», como d i c e l a gente: debe
leerlas l e n ta y c u idadosamente , q u i zá d e atrás para
ade l ante, para descubrir por s í m i smo cómo están cons­
tru i d a s , y c u á l fue la sem i l la a p a rt i r de la c u a l fue
desarro l l ada. D éj e m e tomar otra nove l a por otro es­
critor para i l u strar lo que q u i ero dec i r. Es la nove l a El

47
E/ArtedelaFKXión

agente confidencial d e James Payn, u n a obra q u e


m uestra, s i pud iera dec i rse, u n poder d e constru c c i ó n
d e l m á s alto orden. Todos ustedes, s i n d u d a , h a n l e íd o
l a nove la. C o m o sabe n , g i ra en tom o a l r o b o de u n d ia­
mante. Un i n e xperto podría pensar q u e las h i storias
sobre robos se han contado ad nauseam . E l h o mbre
con experien c i a tiene más j u i c i o : sabe que en sus m a­
nos cualq u i er h i storia puede parecer nueva porque puede
ponerla en escena con n u evos i n c i dentes, n uevas con­
d i c iones y n uevos actore s . De l a m isma manera, Payn
re l ac i ona los d i amantes con tres o cuatro fam i l i as bas­
tante ord i narias: no selecciona personaj es excéntricos
o extraños, s i no q u e usa l a gente q u e l o rodea, gente
senc i l l a de c l ase med i a, a l a cual todo s pertenecemos.
No trata de m ostrar q u e esta gente sea más i n te l igente,
más edu cada, o de una manera d i ferente a l a que real ­
mente son , excepto q u e a l gunos de e l l o s hab l an u n poco
m ej or de cómo l o harían en l a v ida rea l . Es dec i r, al
momento de escr i b i r el d i ál ogo usa e l arte d e la s e l ec­
c i ó n . D e pronto, en este hogar tranq u i l o d e j óvenes y
mayores, de amor y al egría, ocurre algo terri b l e : e l j o­
ven esposo desaparece e n c i rcunstan c ias q u e h acen
sospechar lo peor. Qué i mpacto t i ene e ste evento en el
hogar y los am i gos : cómo l a fe d e uno, gravemente
probada, se desp loma, m ientras que l a fe de otro se
man t i e n e : cómo se descubre grad u a l mente l a verdad, y
cómo se ac l ara la i nocenc i a del sospechoso: todo esto
debe ser ana l i zado por el estu d i ante como una lecc i ó n
en c o n strucción y m aq u inaria. E l estud i ante n o o l v i da-

48
Walter Besant

rá, uno espera, la otra lección que l e e n seña esta nove­


la: e l arte d e contar l a h i stor i a, se l ecc i o nando los acto­
res, y usando con m aestría l o s mater i a l e s s i m p l e s y sen­
c i l l o s q u e abundan a nuestro alrededor a l a lcance de
nuestras ma n o s . E stoy seguro de q u e l a l e c c i ó n princ i­
pal q u e se puede aprender al estud iar cas i todos n ues­
tros nove l i stas modernos es que l a aventura, el patet is­
m o , e l entreten i m iento y e l i nterés se encuentran más
fác i lm ente entre q u ienes l levan una v i d a q ue parece
monótona, y entre la gente que parece a l princ i p i o más
al l á de la aventura. que entre q u ienes o stentan un com­
pmiam i ento excéntrico y pec u l iar, o de reveses v i o len ­
t o s y extremos, y go l pes de suetie . E sto es, e n e fecto,
só l o otro aspecto del valor cada vez m ayor q u e adscri­
b i mos a l a v ida de u n i n d i v i d uo.
Hay una cosa más q u e el est u d i ante del arte debe
aprender. N o so l am ente debe creer e n s u h i stori a an­
tes de em pezar a contarla, sino q u e tam b i én debe re­
cordar q u e en la narrac i ó n , como cuando se d a l i mos­
na, u n s e m b l ante a l egre hace m i lagro s , y u n com por­
tam i ento e n t u s iasta no s ó l o ayuda a q u i en n arra s i no
q u e tam b i é n agrada a q u i é n escucha. E l nove l i sta n o
debe esforzarse en s e r grac i oso; pero n o d e b e contar
s u h i stor i a con los oj os l l enos de tri steza, un s e m b l an ­
t e aco n goj ado y u n a voz temblorosa. S u h i stori a pue­
d e ser trági ca, pero l a c o nstern ac i ó n permanente e s
u n enor en e l atie , i n c l u s ive en u n a tragedia. S i s u h i s­
tori a es u n a comed i a, m ucha más razón para c ontar l a
c o n alegr ía y a n i m ac ió n . P o r ú lt imo, debe contar su

49
ElArtedelaFiaión

h i stor i a s i n esfuerzo aparente : s i n tratar d e mostrar su


i n gen io, su agudeza, su capac i d ad para crear e p igra­
mas y su ed ucac ión . S i n embargo debe v o lcar en su
obra, s i n escat imar nada, todo lo que sabe, todo lo que
h a v i sto, todo l o q u e ha observado y todo l o q u e ha
recordad o : todo l o que hay de nobl eza, s i m patía y entu­
s i asmo dentro de sí. Que no escat i me nada, sino que
sea pród i go con todo l o que tenga, con l a total con fi an­
za d e q u e el pozo no se secará y que l as fuentes de l a
i magi nac i ó n y la fantasía volverán a fl u i r, aunq ue l e pa­
rezca habe r u sado todo lo que tiene en su esfuerzo .
Aq u í , por lo tanto, podemos dej ar a q u i e n estud i a
s u arte . 5 S ó l o l e q ueda d e mostrar q u e p u e d e c o n t i ­
n u ar c o n sab i d ur ía. U n a c o s a de l a q u e puede estar
seguro para a l entarl o : en el atte de la fi c c i ó n , más q u e
en n i n g ú n otro, es fác i l obtener recon o c i m i ento, mu­
cho más fác i l mente q ue en l a s otras atte s . E n l a es­
cuela i n g l esa d e p i ntura, por ej emp l o, ya h ay tantos
buenos p i n tores que e s muy d i fíc i l a l canzar una posi­
ción de reconoc i m i e nto; en l o q u e respecta a l drama,
es casi i mp o s i b l e l o grar que una o b ra de teatro sea
produc i da, a pesar de los tre i n ta teatros que h ay en
Londres; en poes ía, es casi impos i b l e hace una l ectu­
ra, aún si uno ya e stá en el segu n d o n i ve l ; pero e n l a
fi c c i ó n , toda l a raza d e a n g l o parl antes siempre está
ans i osa d e rec i b i r a u n n uevo escritor; l a obras bue­
nas son reconoc idas de i nmediato, y el ú n i co prob le-

Ver Apén d i c e .

50
Walter Besant

ma es q u e este grito u n iversal q u e e x i ge más fi c c i ó n


p u e d a l l evar a l a prod u c c i ón d e obras apu radas e
i n maduras. N o q u i ero dec i r q u e e l reco n oc i m i ento
pueda traer de i n m e d i ato u n gran é x i to econó m i c o .
D e safmi u n adamente, h a aparec i d o ú l t i m a m e n te l a
moda de j uzgar e l éxito só l o por l a cant i d ad de d i nero
que parece produ c i r. No s iempre, recuerde, e l m ej or e s
e l egido p o r l a gente. y aunque en la m ayoría de l o s
casos u n nove l i sta de éxito venda gran n ú mero de ej em­
p l ares, tam b i é n puede ocurr i r que el arte de u n gran
escritor n u nca sea pop u l ar. Hemos ten i d o dos o tre s
escritores de e s e t i po . La mayoría de l o s p resentes p ue ­
den recordar i n med i atamente u n caso . Es e l de u n es­
critor c uyos l i bros están l l enos de sab i d uría, experi e n ­
c i a y epi grama s : c uyos personajes han s i d o adm i rable­
mente estu d i ados e n l a v ida m i sma, cuyas tramas s o n
i ngen i o sas, cuyas s i tuac iones s o n frescas y c u y o s d iá­
l ogos son extraord i nariamente inte l i gentes. S i n e mbar­
go n unca ha s i d o m uy popu l ar, y, estoy seguro, nuca l o
será. U n o puede estar seguro que e l valor monetari o
de este escritor en e l mercado es considerablemente
menor q u e muchos otros escritores que no son la m i tad
de buenos pero cuya popu l ar idad es dos veces mayor.
De modo q u e l a falta de popu laridad no necesar i amen­
te i m p l i c a l a falta de arte . ¿Cómo, por l o tanto, s i l a
gente n o p i d e s u s obras, p uede saber q u e h a fal l ado e n
rea l idad o no? P ienso que e l escritor debe saber, s i n
q ue se l o d i gan , q u e n o complace a l a gente . U n hom­
bre q ue c anta una can c i ó n sabe a l i n stante, aún antes

51
ElArte de laFkr:ión

d e term i n ar, que h a complacido a su aud i e n c i a . Por l o


tanto, s i u n hombre escribe u n a nove la, puede saber
por l as críticas e n l as revi stas, l eyendo e ntre l íneas lo
q u e l e d icen s u s a m i gos, por l a expre s i ón en l o s oj os
d e éstos, por su p ro p i a con c i e n c i a, s i h a ten ido éxito o
ha fal l ad o . S i ha s i d o esto ú lt i mo, debe h a l l ar c uanto
antes la causa. E l dramaturgo que no tiene suerte puede
q u ej arse de que s u obra n o fu e b ie n m ontada ni b i e n
actuada. E l n o ve l i sta no p u e d e , porq ue sabe q u e no
puede ser m a l l e í d o . Por l o tanto, s i u n nove l i sta fal l a
a l p ri n c i p i o , debe estar seguro de q u e ha s i d o su pro­
p i a c u l pa; y s i , en u n segu ndo i ntento, n o puede corre­
g i rse, debe quedarse c a l l ado en el fut u ro . U n o se sor­
prende m ás y más al ver los repet idos esfu e rzos de
escritores cuyos am i gos deberían hacerlos entender
que n o tienen la menor oportu n i dad de éx ito a menos
q ue o l v iden todo l o que han aprend ido y e m p i ecen otra
vez u sando m étodos com p l etamente d i ferentes y con
c i e rto conoc i m i ento de su c i e n c i a. P uede ser u n go l p e
crue l , d e s p u é s de l a cantidad d e trabaj o necesar i o a ú n
para escri b i r u n a m a l a nove l a, d espués d e t o d o e l es­
fuerzo necesario para que sea pub l i cada, ver que q ueda
i gnorada, n ac i d a m uerta, que n i s i q u i era merece p a l a­
bras de desprec i o . S i l a des i l u s ión conduce a l auto
aná l i s i s y a e n m e n darse, puede q u e é sta sea una ben­
d i c i ó n . Pero aq u e l que fal l a dos veces, probabl emente
merece fa l l ar, porq u e no ha apre n d i d o n ada, y es i n ­
capaz de aprender n ad a, de las l ecc i o n e s q ue le d i o su
p r i mer fracaso.

52
Walter Besant

D éj en m e dec i r u n a p a l abra sobre e l e stado act u a l


de e s t e marav i l l oso at1e en I n g l aterra. Rec u e rd e n q u e
l o s grandes maestros en cualquier arte son raro s . Qu izá
aparezcan uno o dos e n cada s i g l o : no debemos espe­
rar más. Inc l u s i v e puede o c u rr i r que aque l lo s escrito­
res modernos que hemos acordado e n l l amar nues­
tros grandes m aestros tengan q ue tomar una p o s i c i ó n
secundaria e n l a posteridad, q u e tendrá s u s p ro pi o s
grandes mae stro s . M e i n c l ino, s i n embargo, a pen sar
que a l gu n o s de los nove l i stas del s ig l o XJX nunca sufri­
rán l a muerte, aunque algunos puedan ser recordados
pri n c i p a l mente por u n l i bro : que Thac keray sea recor­
dado por La feria de las van idades, D i c ke n s p o r
David Copperfield, George Mered ith por La pasión
de Richard Feverel, George E l i ot por Si/as Marner,
C h a r l e s R e a d e p o r El c laus tro y el c orazón y
B l ackm ore por Lorna Doone. De otro l ad o , s i n ten er
q u e pen sar o preocu parnos por e l vere d icto d e la pos­
ter i d ad , que no s i gn i fi c a n ada comparado c o n el vere­
d i cto de nuestros contemporáneos, reconozcamo s q u e
de hecho e s u n m a l año aque l en e l c u a l n o h emos
produ c i d o a l guna obra buena, u n a obra d e la mej or
cal idad, s i no u n a i n morta l . U n a exh i b i c ión de las obras
de un añ o puede mostrar genera l mente d o s o tres, p o r
l o menos, de las c u a l e s e l país puede estar, d i gamos,
razo n ab l e m e nte orgu l l oso . ¿La Acad e m i a Real de l as
Atte s m u e stra cada año más de d o s o tres p i nturas,
no i n m mta l e s , s i n o p i nturas de l as que podamos estar
razonab l e m ente orgu l l osos? A u n o le gu staría, e s c i er-

53
ElArte de laFíaión

to, ver p u b l i cadas menos novelas m a l a s , as í como ex­


h i b i das menos p i nturas m a l as ; el están dar d e la o bra
q u e está en e l l ím ite q u e h ay entre e l é x i to y e l fraca­
so debería ser más a l t o . A l m i s m o t i e m po , estoy segu­
ro y confío q u e n u nca ha h ab i d o u n a época en l a q u e
se han escrito t a n b u e nas obras d e fi c c i ó n . Q u e e l
mie n o está d ec l i nando, s i no q u e avanza, cu l t i vado
por pri n c i p i o s n o conven c i onales ni fa l sos, s i n o por
pri n c i p i o s verdadero s . ¿No deberíamo s estar l l enos
d e esperanza sobre e l fut u ro, cuando m uj eres ta l e s
c o m o l a señora O l i phant y la señora Thac keray R itc h i e
e s c r i b e n p a r a n o s o t r o s , c u a n d o h o m b re s c o m o
Mered i t h , B l ackmore , B l ac k , Payn , W i l k ie C o l l i n s y
Hardy tod av ía están e n su mej o r m o m e nto, y hom­
bres tales como Luis Stevenson, Christ i e M unay, C l ark
Russe l y H e rman M e l v i l l e están rec i é n em pezando?
P i e n so que l a fi c c i ó n , y, d e hecho, todas las o bras de
l a i m ag i n ac i ón d e l fut u ro tendrán u n i n terés h u m ano
mucho m á s c o m p l eto que e n el pasado ; l a s v i ejas h i s­
torias -s i n d uda serán l as v i ej as h i stori as- serán ade­
c u ad as p ara actores q u e hasta ahora só l o fueron u sa­
dos por contraste : e l d rama de l a v i d a q u e antes s ó l o
se as i gnaba a reyes y pri ncesas será tam b i é n v i v i do
por fi gu ras tomadas d e las m asas p uj antes y descono­
c idas. Los reyes y l o s grandes señ o re s son mayor­
me nte p i n torescos d e b i d o a sus be l l as costumbres, y a
l a creenc i a trad i c i o n a l en su poder. La costu m b re n o
e s c i e rtam e nte uno d e los aspectos más fueties e n las
c l ases más baj as , pero c reo q u e no las extrañare m o s ,

54
Walter Besant

y donde vayamos a b u scar n u e stro mate r i a l , sea e n


l as c l ases m ás a ltas o m á s baj as , debemos e star segu­
ros de q u e nos encontraremos que el amor, el sacr i fi ­
c i o y l a devoc i ó n s o n v i rtudes y q u e e l e go ísmo, l a
astu c i a y l a trai c i ó n son v i c i o s . D e ésto s , con s u s i nfi ­
n itas combi nac iones y permutac i ones, e l nove l i sta tie­
ne q u e ser m u y pobre para no crear una h i storia.
F i n a lmente, d ij e a l pri n c i p i o q u e l e s ped iría q u e
aceptaran reconocer a l o s nove l i stas d án d o l e s su l u ­
g a r c o m o art i sta s . P e r o d e s p u é s de l o q u e se ha d i ­
cho, s i ento q u e i n s i st i r e n esto s o l amente será repet i r­
l o . Por lo tanto, au n q u e no todo e l q u e e s c r i be novelas
pueda alcanzar l a p r i m e ra, ni s i q u i era la segu n d a ca­
tegoría, dondeq u i e ra q u e encuentren una obra buena
y fiel, con verdad, s im patía y claridad d e propó s i to, les
ruego q u e l e den a s u autor e l e l o g i o q u e le correspon­
de a u n m1 i sta -un art i sta como l o s otros- el e l o g i o
q u e u stedes ráp i d am e n te aceptan d a r a u n e st u d i ante
de c u a l q u ier otro arte . E n l o q u e respecta a los gran ­
d e s maestros -F i e l d i ng, S cott, D i ckens, T h ac keray,
V íctor Hugo- yo, por lo menos, me s iento i rritado cuan­
do l o s críticos e m p i e zan a eval uar, c o m parar y cal i fi ­
carlos: n o h ay nada, p i e n so, que l e s podamos d a r apm1e
de n u e stra ad m irac i ó n q u e es i nexpresa b l e , y n u e stra
grati t u d que e s s i l e n c i osa. E ste s i l e n c i o e s más e l o­
c u e nte q u e c ua l q u i e r p a l abra para p ro bar cuan gran­
de, c u an h e rmosa e s el at1e de l a fi c c i ó n .

55
APÉNDICE

M e han ped id o que n o d ej e a l j oven nove l i sta todav ía.


Déj enm e , por l o tanto, aventurar a l g u n o s consej os . Lo
hago s i n d iscu l parme, porq u e , como la m ayor ía d e l os
q u e escri b e n , rec i bo cada semana cartas de j óvenes
apre n d i ce s p i d i éndome con sej o y gu ía. A todos e l l os
l e s reco m i endo que c o n s i deren l as reg l as q u e he p re­
sentado, y, sobre todo, que pon gan ate n c ión a l a ver­
d a d , la rea l i d ad y el est i l o .
U n a vez m e p i d i e ron q u e l eyera e l m an u sc r ito
d e una nove l a escrita por una j oven c i ta . La o b ra e ra
a p u rada, e s c r i ta a l a c arre ra, i rre a l ; de h e c h o , ten ía
tod o s l o s d efecto s . S i n em bargo h ab ía a l go en e l l a
q u e m e h i zo p e n sar q u e h a b ía e speran za. Por l o ta n ­
to l e escri b í a su a u t o r a , s e ñ a l a n d o l o s e rrores, s i n
m i ra m i e n t o s . A ñ a d í q ue , s i n o s e d e s a l entaba, s i
e m pezaba d e nuevo, y s i preparaba e l escenario para
una nove l a , con los personaj es adec u a d amente p e n ­
sados, l a ayu d aría t a n t o c o m o me fu era po s i b l e . A l
día s iguiente me envió cinco escenarios. Desde
entonces n o h e vue lto a saber d e e l l a , y espero q u e
h aya ren u n c i ado a l a rte c u y o s e l em e n to s n o pod ía
e n te n der.
Déj e n m e s u poner, entonces, que el escr itor h a ter­
m i nado su n o ve l a . E m p i eza el «prob l e m a » , como d i ­
cen los n o tteamerican o s . Y a estas a l t u ras m i con sej o
puede ser ú t i l .

56
Walter Besant

Rec uerden q u e todos l o s ed i tores están a n s iosos


d e rec i b i r buenas obras : están preparado s para exa­
m in a r c u i dadosamente los manu s c r i to s : la m ayoría
paga a personas. en c uyo j u i c i o confían, personas con
buen n i ve l l i terario, p ara q ue lean y «eva l úe n » l o s m a­
n uscritos : por l o tanto un con sej o s i m p l e y o b v i o e s
q u e e l escritor e n v í e s u obra a u n a b u e n a e d itori a l , y
es perfectam ente c i e rto q u e si l a obra es b u e n a será
aceptada y p u b l icada. Hay, como h e d ic h o en la con­
ferencia, u n r i esgo m uy pequeño o n u lo. i n c l u s i ve s i es
u n autor descon o c i d o , en pub! i car u n a buena nove l a .
Pero. sin e m bargo , la p r i mera obra cas i s i e m p re e s
i n madura y cont i e n e e rrores q u e ev itan q u e sea rea l ­
m e n t e b u e n a . La m ayoría de l as veces, n i s i q u i e ra
está en l a frontera, n i s u fi c i entemente b u e n a para q u e
u n a ed itor i a l q u e só l o p u b l ica b u e n as obras d esee p u ­
b l i carla, n i s i q u i e ra se t i e n e l a segu r i d ad d e q u e paga­
rá el costo de i m p re s i ó n . Entonces, ¿ q u é ? A c o n sej a­
ría a u n autor que n u n ca, por razón a l gu n a de van i d ad
o c o n fian za en s í m i s m o . l e pague a u n a ed i t o r i a l para
p u b l i car s u l i bro . H ay a l gu nas editori a l es , n o las mej o­
res, q u e ed itan gran cantidad de nove las a l año, cas i
todas pagadas por s u s autores, porq u e no son su fi ­
c i entemente buenas para pagar s u s p ro p i o s gastos .
Yo d i ría q u e e l autor n o debe aumentar l o s a rg u m e n ­
t o s para q u e e l e n e m igo b l asfe m e sobre e l a rt e de l a
fi cc i ó n . N iéguese p o r comp leto a p u b l icar baj o cond i ­
c i ones tan ignom i n i osas. Recuerde q ue cuando s e p i d e
pago p o r u n a p u b l i cac ión s e está d i c i en d o q u e l a o b ra

57
ElArtede laFiaión

n o es Jo sufi c ientemente buena para ser publ i cada. S i ha


probado publ i car en med ia docena de l as m ej ores casas
ed i toriales, y ha sido rechazado, debe darse cuenta de
que l a obra no es lo suficientemente buena. E ntonces,
s i puede, cons i ga e l consejo de un hombre de l etras ex­
perimentado y med ite sobre lo que éste tenga que dec i r.
S i no puede obtener ayuda, recon s id e re la h i storia
d es d e e l p ri nc i p io, ten iendo en cuenta l as reglas que se
h a n señalado. S i es necesario, reescriba t o d o e l l ibro .
O, s i es necesario, quémelo, y, s i n perder la fe, e m p i ece
a escr i b i r otra h i stori a mejor. No i ntente p roduc i r una
trama abs o l utamente nueva. N o puede hace r l o . S i n
e m bargo, persevere, s i cree q u e el p ro b l em a res i d e e n
u sted, hasta q u e s u obra sea aceptada; y nunca, N UN­
CA, N UN C A pague para que le p u b l iquen u n a nove la.
Déjeme termi nar con algo de m i h i storia persona l .
Hace m uchos años, había un j oven d e vei nte años,
uno entre c u atro o c i n co, q u e deseaba ard i entemente
por sobre todas las cosas ser u n nove l ista. Con este
fin , p asó dos años i n v i rt iendo todas sus horas l i bres en
esc r i b i r u n a n ove l a sobre la vida modern a . Puso m u ­
c h o trabaj o e n e l la, reescr i b i ó a l gu nas escenas más
de se i s veces, y n o escat i mó ni trabaj o ni i m ag i n ac i ón
para que fuera tan buena como era pos i b l e . C u an d o
pensó que real m ente y a no pod ía hacer n a d a m ás por
l a novela, l a e n c uadernó y la e n v i ó a u n am i go p i ­
d ié n do l e q u e l a entregara e n fonna anón i ma a l señor
M ac m i l l a n . El señor M ac m i l lan la mandó l eer c u idado­
samente, y se la devo l v i ó al autor, todav ía a través del

58
Walter Besant

am igo, con las op i n iones d e l l ector. E l l ector no fi rmó


s u eva l u ac i ó n , pero era u n ex a l u m n o d e Cambri dge,
u n crítico con buen j u i c i o , u n h o m bre d e buen gu sto,
un h o mbre bon dadoso, y había s i do a l gu n a vez, s i to­
davía n o lo era, u n m atemát i c o . Todo esto se podía
aprec iar c l aram ente por su letra, así como por l as pala­
bras q u e usaba. Las cuales decían que la nove l a no
debería se p u b l i cada por l as razon e s que daría a co nti­
n uac i ó n . Pero señaló todas sus obj ec iones con m ucha
con s i derac ión por e l escritor, i n d i cando para a l entar l o
l o q u e consideraba aspectos prometedores, sugi riendo
c iertas reglas prácti cas de construcc ión q u e habían sido
v i o l adas en la nove l a, y mostraba que l a ign oranc i a y l a
falta d e experienc ia hab ían prod ucido fa l tas en l a nove­
l a que h ac ían comp l etamente i n deseab l e s para el autor,
as í como impos i b l e para la casa e d i tora, p u b l icar d icha
obra. E l escritor, después de las p r i m eras p u n zadas de
des i l u s i ón , se d io á n i m o y e mpezó a ponderar las l ec­
c iones i n c l u idas en l a crítica. A q u e l j oven se ha conver­
tido en un nove l i sta, «de c ietio ti po», y q u i ere u sar e sta
ocasi ó n para dar sus más s i n ceras grac ias al señor
Macm i l l an por su bon dad a l c o n s iderar y a l rechazar
u n a novela i nmadura, y agradecer tamb i é n a su crítico
anón i m o por a q u e l la carta tan v a l i o s a . ¡ Oj a l á todos
l o s l e ctores d e l as casas e d i to r i a l e s fu eran c o m o
aq u é l , t a n c o n c i e n zu d o s y amab l e s , y t a n a n s i osos
d e salvar a l o s p r i n c i p i a n tes de p u b l i car malas obras !

59
EL ARTE DE LA FICCIÓN
Henry James

No debería haberle puesto u n títu lo tan amb i c i oso a


estas pocas reflexiones, necesariamente i ncompl etas,
sobre un tema cuyo anál i s i s exhau stivo nos l levaría le­
j os, si no h u b i era encontrado u n pretexto para mi teme­
r idad en el i n teresante fo l l eto ú lt i mamente p u b l icado
baj o e ste títu l o por e l señor Walter B esant. La confe­
ren c i a del señor Besant en la Royal lnstitution -e l
o ri g in a l de d icho fo l leto- parece i n d icar q u e hay m u ­
c h as personas i nteresad as en e l atie d e l a fi c c i ó n q u e
n o se mostrarían i n d i ferentes a las observac iones que
puedan en sayar q u ienes l o practi can . Por l o tanto, es­
toy an s ioso d e n o perder e l beneficio de esta favorab l e
oportun idad para aventurar algunas palabras baj o e l aus­
p i c i o de l a ate n c i ón que con segu ridad ha provocado e l
señor Besant. Es muy a l e n tador q u e haya dado fonna
a sus i deas sobre el m i sterio de la natTac ión .
Es una prueba de v it a l i dad y c u r i o s i d ad : c u r i o s i ­
d ad d e patie d e l a herm a n d ad de nove l i stas, as í como
d e patie d e l os l ectore s . Hace m uy poco tiempo se
podía haber s u p uesto que la n ove l a i n g l esa no era lo
q u e l o s fra n ceses l laman discutable. Parec ía no te­
ner una teoría, una c o n v i c c i ó n , u n a c o n c i e n c i a d e sí
m i sm a q u e la respaldara: conc i e n c i a d e ser la expre­
sión d e u n a fe atiíst i c a, e l resu l tado d e s e l ec c i ó n y
c o m p arac i ó n . No q u i e ro dec i r que fue ra peor por eso:

60
HenryJames

se neces i taría más coraj e d e l q u e poseo para i ns i n u ar


q u e l a fo rm a d e l a n o ve l a, t a l c o m o D i c k e n s y
Thackeray (por ej e m p l o ) la conceb ían , t u v i era la me­
nor señal de ser i n c o m p leta. Era, sin e m bargo, naif
(si puedo ayu darme con otra pal abra francesa) ; y, ev i ­
dentemente, s i está d e st i n ada a s u fr i r d e a l g u n a ma­
nera por haber perd i d o su nalveté, ahora c o mprende
cuáles son l a s ventaj as corre spon d i ente s . D u rante el
período q ue h e seí'í a l ado había en el extranj ero el sen­
t i m i e nto cómodo, campechano, d e que u n a nove l a era
u n a n ov e l a. así como u n pud í n es u n p u d í n , y que eso
era tod o . Pero en l o s ú lt i mos dos años, por una razón
u otra, ha hab i d o s i gnos d e que regresaba l a an i ma­
c i ón : al parecer l a e ra d e l a d i sc u s i ó n h a s i d o abi e rta
en c i etia med i d a . El arie v i ve de la d i sc u s i ón , de l a
expe r i m e ntac i ó n , de l a c u r i os i d ad, de l a vari edad d e
e n foques, d e l i ntercamb i o de o p i n i o nes y l a c o mpara­
c i ó n de p u ntos de v i sta; y se asu m e q u e los tiempos
en lo s q u e nad i e tiene nada e n part i c u l ar qué dec i r
sobre e l arte, t i em po s e n los q u e n o h ay razón para
exp l icar una p ráct i c a o preferen c i a, au n q u e puedan
ser gen i a l es, no l o son de desarro l lo , i n c l u s i ve es p o s i ­
b l e q u e sean monóto n o s . La práct i c a sat i sfacto r i a d e
c ua l q u i er arte es u n espectác u l o e ncantador, pero l a
teoría tam b i é n es i nteresante; y au n q u e h ay u n a gran
canti dad de ésta s i n m u c h o d e aq u é l , s o s p e c h o qu e
n u nca h a hab i d o u n a práctica sat i sfacto r i a de u n arie
q u e no t u v i era un n ú c leo de conv i c c i ó n l atente . La
d i sc u s i ó n , las p ropu estas, l a form u lac i ó n d e i deas, es-

61
ElArte de /a Ficción

tas cosas son p rod uct i vas c u a n d o son fran cas y s i n ­


ceras . Por su parie, e l señor B esant ha dado un ej e m ­
p l o e xc e l e n te a l dec i r l o q u e p i en s a sobre l a forma e n
q u e d e b e escr i b i rse fi c c i ón , así c o m o sobre l a forma
e n q u e ésta debe ser p u b l i cad a ; porq u e s u v i s i ó n d e l
«arte». l l evad a h asta el apénd i c e , tam b i é n c u b re eso.
S i n d uda otros artesanos en el campo d e l a fi c c i ó n
reto marán l a d i sc u s i ó n , i l u m i nándola c o n su experi e n ­
c i a. y e l efecto segu ramente será q u e n u estro i nterés
en l a nove l a sea lo q u e por u n t i empo ame nazaba no
l l egar a ser: un i nterés serio. activo. baj o l a protecc i ó n
d e l c u a l e ste estud i o agradab l e p u eda, en momentos
de c o nfianza. aventu rarse a dec i r un poco más sobre
l o que p i e n s a sobre el ar1e d e l a fi c c i ó n .
Yo m i s m o d e b o tomarl o e n s e r i o p ara q u e e l p ú ­
b l i c o haga l o m i sm o . S i n d u d a y a ha m u er1o e n I n g l a­
terra l a v i ej a s u perst i c i ó n de q u e la fi c c i ó n era «per­
versa» ; pero e l espíritu de d i c h a s u perst i c i ó n todavía
tl ota en c i e rtas m i radas o b l i c u as d i r i g i d as hac i a u n a
h i storia q u e no ad m ite q u e e s s i m p l em e n te u n a bro­
ma. Inc l u s i v e l a nove l a más grac i osa s u fre en a l gú n
grado e l peso d e la proscripc i ón q u e antes estaba d i ri ­
g i d a co ntra l a fri vo l i dad l iterari a ; e l h u mo r n o s i em pre
l ogra pasar por c i rc u n specc i ó n . Tod av ía se espera,
a u n q u e l a gente tenga vergü e n za de dec i r lo , que u n a
prod u c c i ó n q u e d e s p u é s de t o d o no es m á s q u e u n a
« i nvenc i ó n » ( ¿ Q u é otra c o s a n o e s s i n o u n a « n arra­
c i ó tm?) se d i sc u l pe de a l gu n a m a n e ra, q u e ren u n c i e a l
i ntento prete n c i oso d e compet i r c o n l a v i d a real . E sto,

62
HenryJames

por s u p u e sto, c u a l q u i e r h i stor i a razonab l e m ente a l er­


ta se n i ega a hacer; porq u e se da c u e nta ráp i d amente
de q u e c u al q u i e r to l e ran c i a otorgada e s sólo u n a m a­
n i obra d isfrazada de gene ros i d ad para sofocarl a . L a
v i ej a hosti l idad evangé l ica hac i a l a nove l a , q u e era tan
exp l íc ita como m i ope, y que la con s i d e raba m e n o s
favora b l e para n u e stra parte i n m 0 1tal q u e u n a obra d e
teatro, e ra en rea l i d ad m e n o s o fe n s i v a . La ú n ica ra­
zón d e ser de la nove l a es que compite con l a v i d a
rea l . C u ando d ej e de compet i r, a s í c o m o e l l i enzo d e
u n p i ntor c o m p i te , h abrá l l egad o a u n p u e rto muy ex­
trañ o . Nad ie espera que u n a p i ntu ra se h u m i l l e p i d ien­
do perd ó n ; y l a anal ogía entre el atie del p i ntor y e l
atie d e l n ove l i sta e s , ha sta donde y o veo, comp l eta.
La i n s p i rac ión de am bos es l a m i sma, el p roceso (con­
s i deran do l a d i fere n c i a entre l o s med i os ) es el m i sm o ,
su s ac i e tio s son l o s m i smos. P u e d e n aprender e l u no
d e l otro, pueden e x p l i c arse y apoyarse e l u n o a l otro .
C o m patien l a m i s m a cau sa, y el h o n o r q u e a lcanza
u n o es un honor para el otro . Exi sten característ icas
i n d i v idua l es de comportam i ento, ej e c u c i ó n , e n ambos
l ados, características q u e contr i buyen a s u desarro l l o .
L o s mahometan os p i e nsan q u e u n c u ad ro es a l go p ro­
fan o , pero ha pasado m u c h o tiempo desde q u e u n c r i s­
tia n o p e n saba l o m i sm o , y es por l o tanto m u c h o más
e xtra í'ío que e n la mente cristiana sobre v iva h asta h oy
(au n q u e e sté d i s i m u l ada) c i erta sospec h a sobre e l atie
de la fi c c i ó n . La ú n ica fo rma e fectiva de enterrar d i ­
c h a sospecha e s hacer h i ncap i é e n l a ail a l ogía q u e

63
EIArtedelaFiaión

acabo de a l ud i r: i n s i st i r en e l hecho d e q u e , como l a


p i nt u ra e s rea l i dad, la nove l a es h i sto r i a . E s a e s l a
ú n i ca desc r i p c i ó n gen e ra l q u e con j u st i c i a podemos
dar de la nove l a . Pero, como he d ic h o , a la h i storia
tam b i é n se l e perm i te compet i r con l a vida rea l ; tam­
poco se espera, no más q ue de la p i nt u ra, q u e se d i s­
c u l p e por e l l o . El asunto de l a fi c c i ón tam b i é n se con­
serva en d o c u mento s y regi stros, y para no tra i c i o n ar­
se, como d i cen e n C a l i forn ia, l a ficc ión d e be h ab l ar
con seguri dad, con e l tono de un h i stori ad o r. C i ettos
nove l i stas consu mados t i enen u n háb ito de tra i c i onar­
se q u e h ace l l o rar a la gente q u e toma en serio l a
fi cc i ón q u e éstos escriben . H ace poco m e h e q ueda­
d o sorpre n d i d o al leer muchas pági nas d e Anthony
Tro l l ope por s u fal ta de prud e n c i a en ese sent i d o . En
u n a d i gres i ó n , u n parénte s i s o i n c i so , confi esa a l l ec­
tor que él, a s í como s u confi ad o a m i go, son m e ras
« i n ve n c i o n e s » . Ad m i te que l o s eventos que n arra no
han ocurr i d o e n rea l i dad, y que p u ede l l evar su n a rra­
tiva en la d i recc i ó n que más le gu ste al l ector. Tra i ­
c i ón semej ante a un o fi c i o sagrado me parece, l o con­
fieso, u n crimen terri b l e ; ésta e s l a act itud d e d i scu l p a
a l a q u e m e refi e ro, y m e choca p o r com p l eto tanto e n
Tro l lope como m e chocaría e n G i bbon o Macau l ay.
E sta actitud i m p l ica q u e para el nove l i sta la búsqueda
d e l a verdad e s menos i mpo rtante que para e l h i sto­
ri ador, y por l o tanto l e q u i ta, de u n p l u mazo, todo sus­
tento . Representar e i l u strar el pasad o, l as acc i o n e s
d e l o s hom bres, es l a tarea de a m b o s escri tores, y l a

64
HenryJames

ú n i ca d i fere n c i a que puedo ver es q u e , en p roporc i ó n


a l é x i to q u e tenga, para h o n o r d e l nove l i sta, a é ste l e
re s u lta m á s d i fíc i l reu n i r s u ev i d en c ia, l o c u a l e stá le­
j o s d e ser a l go meram ente l iterar i o . M e parece que le
da u n gran carácter e l hecho de q u e tenga tanto en
com ú n con e l fi l óso fo y con e l p i ntor; esta doble ana­
logía es u n a h erenc i a magn ífica.
E v i d e n te mente todo lo menc i o n ad o l ín e a s arr i b a
es l o q u e mueve a l s e ñ o r Besant a i n s i st i r sobre e l
hecho de q u e l a fi c c i ó n e s una d e l a s bellas mtes,
m e recedora por l o tanto de todos l o s h o n o re s y com­
pensac i o n e s q ue hasta ahora han s i d o reservadas só lo
para e l ej e rc i c i o competente de l a p rofe s i ó n d e m ú s i ­
c o , poeta, p i ntor o arq u i tecto . Es i m po s i b l e i n s i st i r de­
m a s i ado e n una verdad semej ante, y el l u gar que e l
señor Besant exige para l a obra d e l nove l i sta puede
i l u strarse d e una m an e ra menos abstracta d i c iendo
que ésta demanda n o só l o que sea con s i d erada artís­
t i ca, s i no q u e d ebería ser c o n s i derada, d e hecho, muy
art ística. E s estupendo q u e haya tocado este aspecto,
porque eso i n d ica q u e era necesar i o h acerlo , q ue para
m u c h a gente d icha propo s i c i ón puede ser n ovedad .
U n o se rasca l a c abeza a l pensar en eso; pero e l resto
d e l e n s ayo de l señor B e sant confi r m a d i c h a revel a­
c i ó n . Sospecho, en verdad, q u e sería pos i b l e confir­
marla todav ía m ás, y uno no estaría c o mp l etamente
eq u i vocado a l afirmar que además d e la gente a l a
q u e n u n c a s e l e había ocurrido q u e u n a nove l a p ueda
ser u n a obra d e arte, h ay m u chos más q u e , si se les

65
E1Artede laFia:ión·

exp l i cara este pri n c i p i o , reac c i o n arían con gran des­


confianza. Les costaría trabaj o exp l i c ar s u repugnan­
c i a, pero é sta sería s u fi c i e ntemente fue rte como para
pon e r l o s e n guard i a . « A rte», en n u e stras com u n i da­
des protestantes , donde tantas cosas se han v u e lto
extrañam e nte retorc i d as, se s u pone, e n a l g u n o s c ír­
c u los, t i e n e un c i e rto efecto dañ i n o para q u i e n e s l o
cons id eran como a l go i m p o rtante, q u i e n e s l o toman
en ser i o . S e s u pone q u e de alguna m a n e ra m i steriosa
se opone a l a mora l , a la d i vers i ó n , a l a i n strucc i ó n .
C uando e stá e n carnado e n l a obra d e l p i ntor ( ¡ l a d e l
escu ltor e s u n a s u n t o aparte ! ) u n o s a b e l o q u e e s:
e stá frente a u n o , honestamente e n m arcado en rosa,
verde y pan de o ro ; uno puede ver l o peor que e x i sta
en el c u ad ro de u n a so l a m i rada, y u n o p u ede p o n e rse
en guard i a . Pero c u a n d o el arte aparece en la l iteratu­
ra se v ue l ve más i n s i d ioso; se c orre el p e l igro de que
haga daño antes de q u e u n o se dé cuenta de e l l o . Como
se con s i dera que l a l iterat u ra debe ser i n structiva o
e ntrete n i da, m u c h a gente t i e n e la i m pres i ó n de q u e
estas preocupaciones artíst i cas, ta les como l a búsqueda
de l a forma, n o contribuyen a n i n g u n o de d i chos obj e­
t iv o s ; de hecho, i nterfi eren con am bos . Las preocu­
pac i ones art ísti cas son d e m as i ado frívo l as para ser
ed i fi cantes, y demas i ado serias para ser d ivert i d a s ; y
son, más aún, moj i gatas, paradój i cas y su perfl uas . Esto
representa, c reo, la i dea latente en la m e nte de m u ­
c h a s personas que l ee n nove las c o m o s i fuera u n ej er­
c i c i o de saltar la cuerda si es que ésta se pudi era expre-

66
Henryjames

sar con p a l ab ras . D i chas personas argumentarían , por


s up u e sto, q u e u n a n ove l a t i ene q u e ser «buen a», p ero
i n terpretarían éste térm i n o de u n a manera tan perso­
n a l , que, de hecho, variaría c o n s iderab l e m e nte de un
crít ico a o t ro . U n o p o d r í a dec i r que u n a nove l a es bue­
na porq u e repre senta personaj e s v i rtuosos y abnega­
dos q u e ocupan cargos i mportantes ; otro podría dec i r
q u e e s buena porq u e s u « fi n a l fe l i z» depende de l a
d i stribuc i ón de l o s prem ios, l a s pens i ones, l o s esposos,
l as esposas, los bebés, l o s m i l lones, los párrafos fi n a­
l e s y l o s comentar i o s motivadore s . A l gú n otro podría
dec i r que una nove l a es buena cuando e stá tan l l ena
de i n c i dentes y m ov i m i ento, q u e nos sent i mo s te n ta­
dos a saltar a l gu n as pág i nas para saber q u i é n es e l
m i sterioso descon oc i d o o s i s e l l ega a encontrar e l
testam ento robad o , y q u e d i c h o p l acer n o debe ser
i n terru m p i d o con u n an á l i s i s aburrido o una «desc r i p­
c ió n » . Pero todo s e starían de ac uerd o en q u e l a i dea
«art ís t ica» arru i n aría toda l a d i vers ió n . U n o l e echaría
la c u l pa a las desc r i p c i ones, otro a l a a u s e n c i a de s i m­
patía. La host i l i d ad de l a i dea ariíst i c a h ac i a un fi n a l
fe l i z sería ev i d ente, e i n c l u s ive, en a l gu no s casos, h a­
ría i m po s i b l e c u a l q u i e r fi n a l . E l « fi n a l » d e u n a nove l a
es para m u c h as personas como e l de u n a b u e n a c e n a :
u n p l ato con po stre y h e l ad o s ; y a l arti sta de l a fi c c i ó n
se l o ve como u n d octor entromet i d o q u e p ro h íbe d i ­
chas go l o s i n a s . P o r l o tanto, e s c i e rio q ue l a concep­
c i ó n d e l señor B esant. la novela como u n a forma s u pe­
rior de ar1e, encuentra no sólo i n d i ferencia negat iva s i no

67
ElArte de laHcdón

tam b i é n posi t i va. En real i dad importa poco que, como


obra de arte, l a nove l a deba preocuparse por p ro por­
c ionar finales fe l ices, personaj es s i m páticos y un tono
obj et i vo, tanto o tan poco como l o haría u n miefacto
mecán ico; la asociac i ó n de ideas, no i m po1ia c u an i n ­
congruentes, p u ede s e r demas i ado para e l l a s i u n a voz
e l oc uente n o se e levara de vez en cuando para l l amar
l a atención sobre el hecho de que es una ram a de l a
l iteratura tan 1 i b re y tan seria como cual q u ier otra.
C iertamente, es pos i b l e d u dar de esto ante la gran
canti dad de obras de fi c c i ón que ape lan a la cred u l i dad
de n uestra generac ión, ya que se puede aprec i a r fác i l ­
mente q u e e s d i fíc i l que haya gran sustan c i a e n u n artí­
c u l o p rod u c i d o tan ráp ida y fáci l mente. Se debe adm it i r
q u e las bu enas nov e l as s e v e n compromet i d as de a lgu­
na manera por l as malas novelas, y q u e todo el campo
de l a ficción se desacred ita por l a excesiva canti dad de
nove l as p u b l i cadas. P ienso, sin embargo, que e l daño
es sól o su perfi c i a l , y que l a superabundan c i a d e obras
de ficción no prueba nada contra el pri n c i p i o que e sta­
mos d i scuti e n d o . Se ha vu l garizado, como otros tipos
de l iteratura, como todo l o demás en nuestros d ías, y ha
demostrado ser más aseq u i b l e a l a vu l garizac i ó n . Pero
exi ste la m isma d i ferencia de siempre entre una buena
novel a y una mala; l a mala nove l a es aiToj ad a, j unto con
los l ienzos manchados y los mánnoles arru i nados, a u n
l i mbo que nadi e v i s ita o a un basurero i n fi n ito, m á s a l l á
d e l as ventanas del m u ndo, y la buena pers i ste y bri l la y
est i m u la nuestro deseo de alcanzar la pe1fecc i ó n .

68
Henryjames

Como me tomaré l a l i bertad de h ace r l e s ó l o u n a


crítica a l señor B e sant, q u e escribe c o n gran amor
por s u arte, e s mej or q u e l a h aga c u anto ante s . Me
parece q u e se e q u i voca a l tratar d e d efi n ir de ante­
mano, de una manera tan defi n i t i va, qué hace b u e n a a
u n a nove l a . La razón de ser de estas pág i nas es i n d i ­
car e l pe l i gro d e semej ante error: s u ger i r q u e c i ertas
trad i c i o ne s sobre el tema de la nove l a , ap l i cadas a
priori, h an te n i do ya demas iad a c u l pa, y q u e l a b u e n a
sal u d d e c u a l q u ier arte que se proponga reproduc i r l a
v i d a de u n a m anera tan d i recta d e m an d a q u e s e a com­
p leta me nte l i b re . La ú n ica ob l i gac ión que d e antema­
n o l e podemos e x i g i r a la nove l a s i n ser acu sados d e
arb itrari edad es q u e s e a i nteresante . E s l a responsa­
b i l id ad genera l de toda nove l a, pero es l a ú n i c a q u e se
me o c urr e . Las formas en que la nove l a usa s u l i ber­
tad para c u m p l ir s u p ropós ito (de i nteresarnos) m e
parecen i n n u m e ra b l e s y de u n a n atura leza t a l q u e se
ven afectadas c uando son i denti fi cadas, o c o n fi nadas
d entro d e c i e 1ios l inderos, por prescri pc i ó n . Son tan
var i adas como l a natural eza de los hom bre s , y son
ace1iadas sólo en la med i d a en que n o s reve l a n u n a
mente en pmi i cu l ar, una mente d i ferente d e l as de­
más. L a nov e l a e s , en s u defi n ic i ón más a m p l i a , una
i m pres i ó n perso n a l sobre l a v i da; esto e s . p a r a empe­
zar, l o q u e c o n st i tuye s u v a lor, q u e e s m ayor o menor
depend iendo de l a i nten s idad de d i cha i m p re s i ó n . Pero
no habrá i nten s i d ad , y por lo tanto no h abrá v alo r_ a
menos q u e h aya una l i be11ad total para sent i r y para

69
ElArtedelaHcdón

dec i r. Trazar u n a l ínea a segu i r, u n tono a u sar o u n a


forma a re spetar, l i m i ta d i c h a l i be11ad y s u p r i m e l a
c o s a m i sma q u e d e s p i e rta n u e stra curios i dad . La for­
ma, me parece, debe ser aprec i ada después d e l he­
c h o ; para entonces el autor ha e l egido, ha señal ado su
estánd ar; para entonces podemos seg u i r l íneas y d i­
réc c i ones y com parar ton o s . Para entonces, en u n a
pal abra, podemos gozar de u n o de l o s p l aceres más
encantadores, podemos est i m ar la cal i dad d e l a obra,
podemos poner a prueba la ej ecuc i ó n . L a ej e c u c i ó n
s ó l o pe11enece a l autor; es e l aspecto más person a l de
l a creac ión para él, y es l o q u e u samos para eva l uarlo.
La ventaj a, e l l uj o , as í como e l torm ento y l a respon­
sab i l idad del nove l i sta, es q ue no hay l ím i te para lo
que, como ej ecutante, pueda i n tentar: n o hay l ím i te
para s u s pos i b l e s experi mentos, esfu erzos, desc u b r i ­
m i entos. ac i e rtos . E s espec i a l mente e n e sta etapa
cuando trabaj a, paso a paso, como s u h ermano d e l
p i n c e l , de q u i e n s iempre podemos dec i r q u e ha p i nta­
do un cuadro como m ej or sabe h acer l o . Su proceder
e s s u secreto, aunq u e no necesari amente sea d e l i be­
rado . Aun si le fuera pos i b l e reve l arl o como a l go ge­
neral n o lo haría; de reve larl o a los demás estaría per­
d i d o . D i go e sto ten i endo e n cuenta haber i n s i st ido en
l a i gual dad d e métodos entre e l arti sta q u e p i nta un
c u ad ro y aq u é l q u e escri be una n ove l a . E l p i ntor es
capaz de enseñar los rud i mentos de s u o fi c i o , y es pos i ­
b l e, asum i endo que exi sta la aptitud, aprender tanto a
p i ntar como a escri b i r por med i o d e l estu d i o de buenas

70
HenryJames

obras . S i n embargo s i gue s i endo c ierto que, s i n agra­


v i ar el acercamiento, el arti sta l iterario, más que e l otro,
estaría ob l i gado a dec i r le a su d i sc íp u l o : «Pues b ien,
¡ debe s arregl á 11e la s como p uedas ! » E s u n a cuest i ón
de grado, un asunto de del ic adeza. Si hay c i en c i as exac­
tas, tam b i é n h ay mies exactas, y la gramáti ca de l a
p in tura, mucho más exacta, e s l a gran d i ferenc ia.
Debo añad i r, sin e m b argo, q u e s i el señor B e sant
d ice al p ri n c i p i o de s u en sayo que « l as leyes de l a
fi c c i ó n p ueden s e r defi n i das y e n s e ñ adas c o n tanta
prec i s i ón y exactitud como las l eyes d e la armon ía,
perspectiva y proporción», al m ismo tiempo m itiga, esto
q u e podría ser u n a exagerac ión, ap l i cando su comen­
tar i o a leyes «genera l es » , y expresando m u c h as d e
estas reglas de u n a m anera que h ace d i fíc i l e star e n
desacuerdo c o n e l l as . Q u e e l nove l i sta debe escr i b i r
de s u experienc i a, q u e s u s «personaj es deben ser tan
real e s como aqu e l lo s que podem o s e n c ontrar en l a
v i da d i aria»; q u e <<U n a j ov e n señorita q u e h a s i d o c r i a­
da en u n pueb l o campes i n o debe e v i tar descri b i r l a
v i d a d e u n cuarte l » y q u e « u n escrito r c uyos a m i go s y
experi e nc i as perso n a l e s pertenecen a l a c l ase med i a
baj a debe ten e r m uc h o tacto a l i ntrod u c i r a s u s perso­
n aj es a la a l ta soc i edad»: que uno debe escri b i r s u s
notas en u n s i m p l e c uaderno ; que las fi g u ras q u e u n o
presente deben tener contornos c l aros ; q u e e l método
de defi n i r l o s u sando a l g u n a parti c u l ar i d ad de s u modo
de h ab l ar o comp011arse es mal o y el de «descri b i r l o s
en deta l l e » es u n o m u c h o peor; q u e l a fi c c i ó n i ng l e s a

71
E/Arte dela Ficción

debe te n e r u n «propó s i to moral consc iente»; q u e «es


i m p os i b l e sobresti mar el valor del trabaj o c u i d adoso;
esto es, el esti l o » ; que «lo más i m portante es l a h i sto­
r i a » , q u e « l a h i stori a lo es tod o» : éstos son pri n c i p ios
con m uchos de los c u a l es es cas i i m p os i b l e n o estar
d e ac uerd o . E s a recomend ac ión sobre e l escritor de
c l ase med i a baj a que debe saber c uá l es s u l ugar en la
soc i edad es q u izá un poco escal ofr i ante; pero respec­
to a las d e m ás recomendac iones, m e s e r ía d i fíc i l d i ­
sent i r con c u a l q u i e ra d e e l l a s . A l m i s m o t i e m p o e n ­
con traría pos i t i vamente d i fíc i l asenti r con e l las, co n l a
excepc i ó n , q u i zá. de aq u e l l a que manda tomar notas
en un c u aderno c u a l q u iera. Estas reco m e ndac iones
d i fíc i lm ente parecen tener l a s cal idades q ue e l señor
B esant atri b u ye a las reglas d e l nove l i st a : la « p rec i ­
s i ó n y exactitud» de l as « l eyes d e l a armon ía. pers­
pectiva y proporc i ón » . E stas recomendac i o n e s s u g i e ­
ren , i n c l u s ive i n sp i ra n . pero no s o n exactas , a u n q ue
s i n d ud a son tanto como el caso l o ad m i te; lo c u a l es
u n a p rueba de l a l i bertad de i nterpretac i ó n q u e acabo
de sostener. Respecto al va l o r d e estos m anda m i e n ­
t o s -tan h ermosos y tan vagos- depe n d e tota l mente
d e l s i gn ificado q u e u n o les d é . La s ituac i ó n . los perso­
n aj e s que l e parecen a uno rea l e s , serán aq ue l lo s q u e
l e i nteresan más, pero l a med i d a d e s u rea l i dad es
m uy d i fíc i l de determ i nar. La rea l i dad de Don Q u ij ote
o la d e l señor M i cawber está hecha de tonos d e l ica­
dos: es u n a rea l i dad teñ i d a por l a visión del autor q u e .
no i m porta c uán v ívida sea. ti ll O d udaría en proponer

72
HenryJames

c o m o m o d e l o : u n o s e v e rí a e x p u e st o a a l g u n a s
e m barazosas pregu ntas d e s u d i sc í p u l o . E stá d e más
dec i r q u e uno n o e s c r i b i rá una buena nove l a a menos
q u e posea u n buen sentido de l a rea l i d a d : p e ro sería
d i fíc i l dar u n a receta para mate r i a l i zar d i c h o sent i d o .
La h u m an i d ad e s i n me n sa, y la rea l idad t i e n e m i l es d e
fo rm a s : l o m á s q u e p u e d e dec i r u n o es q u e a l gu n as de
las fl ore s d e l a fic c i ó n tienen s u aroma, otras n o ; pero
es u n a cosa c o m p l etam ente d i fe rente i n d icar por ade­
l antado cómo hacer u n ram i l lete que tenga d i c h o aro­
m a. E s i g ua l m ente exc e l ente y d i sc u t i b l e d ec i r que
u n o debe escri b i r basándose e n expe r i e n c i a prop i a ; a
u n a s p irante i nte l i gente esta dec l arac i ó n podría pare­
c e rle u n a burl a . ¿Qué t i po de experi enc i a e s nece sa­
ria y d ó n d e e m p i eza y dónde term i n a? La exper i e n c i a
n u nca e s com p l etamente l i m itada, pero tam poco l lega
a s e r com p l eta : es u n a sen s i b i l i d ad i n m e n sa, una es­
pec i e de te l araña g i gantesca d e h i l o s d e seda m uy
fi nos, s u s p e n d i da en la cámara de la con c i e n c i a, q u e
atrapa e n s u tej i d o c a d a pattícu l a arrastrad a p o r e l
a i re . E s l a atmósfera m i sma de l a mente; y c u a n d o l a
m e n te e s i m ag i n at i va -m ucho más c u a n d o e s l a d e u n
h o m bre gen i a l - atrae l as partíc u l a s m á s p e q u e ñ a s d e
v i da, con v i e tte l a s p u l sac i ones m i s m a s d e l a i re en re­
v e l a c i o n e s . B asta con que la j oven s e ñ o r i t a q u e v i ve
en un p u e b l o campes i n o sea u n a s e ñ o r i ta en q u i en
nada se p i erda para q u e sea bastante i nj u sto (según
me parece) advett i r l e que no tiene nada q u é d ec i r sobre
la v i d a m i l itar. Se han v i sto m i l agro s m u c h o mayores

73
ElArtedelaFicción

q u e aqué l n ecesar i o para q u e , as i stida por l a i m ag i n a­


c i ó n , e l la p u e d a dec i r l a verdad sobre d i c h o s caba l le ­
ros . Recu e rdo q ue u n a nove l i sta i n g l esa, una m uj e r
gen i a l , m e d ij o haber rec i b i d o m u c hos e l og i o s p o r l a
i m pres i ó n q u e h ab ía l o grado tras m i t i r e n u no d e s u s
c u entos sobre l a natura leza y e l e st i l o de v i d a de l o s
j óvenes protestantes en F ran c i a . Le pregu ntaron dón­
de había apre n d ido tanto sobre ese ser recónd ito, fe l i ­
c i tándo l a por l a oportun idad pec u l i ar que había ten i d o .
La opot1u n idad con s i st i ó en que u n a vez, s u b i endo unas
escal eras e n París, pasó frente a la puet1a a b i et1a de
l a casa de u n pasteur donde unos j óvenes prote stan­
tes, sentad o s a l rededor de u n a m e sa, term i n aban de
com er. La v i s ió n fu gaz se con v i t1 i ó e n una i mage n ;
só l o d u ró u n momento, pero e s e momento fu e u n a
experi en c i a . E l la ya ten ía u n a i mpres i ó n , y l a desarro­
l l ó basándose e n e l l a m i sma. Sabía cómo era la j uven­
t u d , y cómo era l a re l i gi ó n protestante ; tam b i é n ten ía
l a v e ntaj a de haber v i sto cómo son l o s franceses ; de
modo q u e c o n v i t1ió estas ideas e n u n a i m agen c o n ­
creta y pro d uj o u n a rea l i dad . Sobre todo, s i n embargo,
e staba bendec i d a con aque l l a fac u l tad q u e perm ite ver
el todo con s ó l o conocer una pat1e, y que para e l artis­
ta e s una fue n te de fo t1a leza mayor q u e e l acc i dente
de res i d i r en un l ugar o de pet1enecer a c i et1a c l ase
soc i a l . El poder de ad i v i nar l o ocu l to con sólo ver u n a
parte, d e rastrear las i m p l i cac i o n es d e l as cosas, d e
j u zgar t o d a u n a p i eza por e l patrón d e l d i seño, l a c o n ­
d i c i ó n de p o d e r se n t i r l a v i da, e n ge n e r a l , de u n a

74
Henryjames

m anera tan c o m p l eta q u e lo l l eva a u n o a conocer


c u a l q u i e r r i ncón espec í fi c o : se puede d e c i r que e ste
manoj o de dones c o n st i t uye la experi en c i a, q u e éstos
pueden darse e n el campo y en l a c iu dad, y e n l o s
estados m á s d i versos de l a educac i ó n . S i l a educac i ó n
está h e c h a d e i m p re s i o n e s , s e puede d ec i r q u e l a s i m ­
pres i o n e s son experi e n c i a, prec i samente c o m o ( ¿ n o
l o hemos v i sto?) é stas son e l m i smo a i re q u e res p i ra­
m o s . Por l o tanto, si fu era a dec i rl e a u n j oven nove­
l i sta: « Escri be sobre t u experienc i a, y sólo s o b re tu
exper i e n c i a», sent i r ía q u e ésta es u n a reco m e ndac i ó n
i rri tante s i no t u v i e ra e l c u i d ado de ai'íad i r: « ¡ Trata de
ser u n a de esas personas en q u ienes n ada se p i e rda ! »
A l dec i r esto estoy m u y l ej o s d e m i n i m i zar e l va­
l o r de la exact i t u d : la fi de l i dad al deta l l e . S ó l o se pue­
de h ab l ar basado e n gu stos prop i o s , y, por l o tanto,
puedo aventurarme a dec i r que el a i re de rea l i d ad ( l a
s o l idez de l o s deta l l e s ) me parece ser l a v i rt u d supre­
m a de l a nove l a : el mérito e n e l cual tod o s los demás
( i n c l uyendo e l propós ito moral consci ente del que h a­
b l a e l señor B esant) desva l ida y obed i e n t e m ente se
apoyan . De no estar presente, l os demás n o valen nada,
y si é stos están presentes e s porq ue le deben s u efec­
t i v i dad a l a destreza con l a q u e un autor ha p rod u c i d o
l a i l u s i ó n de v i d a e n s u novela. C u lt ivar esta d estreza.
el estud i o de este p roceso exqu i s ito, constituye, para
m i gusto, el p r i n c i p i o y el fi n a l del arte d e l nove l i sta.
E s su i n sp i rac i ó n , su d esesperac i ó n , s u pre m i o , s u tor­
mento, s u p l acer. Es aq u í, de verdad , donde el nove l i s-

75
E/Artede/aHcdón

ta comp ite con l a v i da; es aqu í donde c o m p ite c o n su


h ermano, e l p i ntor, en su tentat iva de capturar el as­
pecto de las c osas q u e expresa el s i gn i fi cado d e és­
tas : el c o l o r, e l re l i eve, la expre s i ó n , l a s u perfi c i e , la
s u stan c i a d e l espectác u l o h u mano. Es respecto a e sto
que el sefíor B esant t i ene la buena i n s p i rac i ón de or­
denarle al j oven nove l i sta q u e tome nota s . Es i m po s i ­
b l e que t o m e demas i adas, es i m p o s i b l e que tome s u fi ­
c i entes. Toda l a v i d a l o req u i ere, y «capturar» l a s u ­
perfi c i e más s i m p l e . prod u c i r l a i l u s i ó n m á s fu gaz, es
u n asunto m u y com p l i c ad o . S u recomen d a c i ón sería
más senc i l la. y la reg l a sería más exacta. si e l señor
B e sant l e h u b iera d i c h o qué notas debe tomar. Pero
me temo q u e no se pueda aprender esto en n i ngún
manua l ; el nove l i sta debe tomar notas toda l a v i da.
Tiene q u e tomar m u c h as para poder e l e g i r a l gu n as,
t i ene que desarro l l arlas como pueda. y aún los gu ías y
ti l ó sofo s q u e puedan tener m u c h o q u e dec i r deben
d ej ar l o en paz c uando se trata de a p l i car preceptos.
como dej amos a l p i ntor en paz en com u n i ó n con su
p a l eta. Q u e s u s person aj e s «deben tener u n contorno
defi n i do», como d i ce e l señor Besant, debe senti rlo
hasta en l o s zapatos ; pero l a forma en q u e debe hacer
esto es u n sec reto entre el escritor y s u án gel de l a
guard a . S e r ía absurdamente s i m p l e s i se l e p u d i era
ensefíar q u e bastante «descri pc i ó n » l ogra ese obj et i ­
vo. o q u e . p o r e l co ntrari o , l a au senc i a d e descri p c i ón
y e l uso d e l d i á l ogo, o la ausen c i a de d i á l ogo y la m u l ­
t i p l icac i ó n d e l « i n c i dente», p uedan re scatarlo de s u s

76
Henryjames

d i fi c u ltad e s . N ada, por ej e m p l o , es más probab l e q u e


e l nove l i sta sea d e e s o s para q u i énes e sta propos i c i ón
extrañ a, l i tera l , q u e opone la descr i p c i ó n al d iá l ogo , e l
i n c idente a la descripc i ón , s i gn i fique poco y l o i l u m ine
menos. L a gente h ab l a de e stas c o sas c o m o s i se d e s­
truye ran l as u n as a l as otras en l u gar de m e zc l arse a
cada paso y ser partes ínti mamente asoc i adas en e l
esfu e rzo general d e l a expre s i ó n . N o puedo i m ag i n ar­
m e que la compos i c i ó n exi sta en una serie d e b l oq u e s ,
tampoco conc i bo , e n u n a nove l a q u e v a l ga l a p e n a
d i sc u t i r, u n pasaj e d e descripc ión q u e n o s e a narrat ivo
en su i ntenc i ó n , un pasaj e de d i á l ogo q u e n o sea des­
c r i ptivo, u n toq u e d e c u a l q u i e r verdad q u e n o se a l i ­
mente d e l i n c i dente, y u n i n c idente q u e n o derive s u
i nterés de l a ú n i c a fuente genera l y ú n i c a fue nte d e
éxito para u n a o b ra de atte : l a de ser i lu strat i v a . U n a
nove l a es a l go v i vo, c o m p l eto y conti n uo, c o m o c u a l ­
q u ier otro organ i sm o , y , en l a med i d a en q u e e sté v i va,
se encontrará, p i en so , q u e en cada una d e sus partes
hay a l go de l as demás . El crítico que preten d a trazar
en la textura c o mpacta de una obra de atte u n a geo­
grafía de componentes señalará fronteras tan art i fi ­
c i ales, m e temo, c o m o c u a l q u ier otra fro ntera conoc i ­
d a e n l a h i stor i a . H ay u na d i st i n c i ó n ant i g u a e n tre l a
n ove l a d e personaj e y l a n ove l a de i nc i dente q u e debe
haber hecho re ír más d e u n a vez a l asp i rante a nove­
l i sta real mente i nteresado en su trabaj o . E sta d i st i n ­
c i ó n me parece tan p o c o re l evante c o m o a q u el la igual­
mente c e l ebrada e ntre la nove la y e l rom a n c e : q u e no

77
EIArtedelaFicdón

responde a n i nguna rea l i d ad . H ay malas n ove las y


b u enas nove l as, as í como h ay malas p i ntu ras y b ue­
nas p i nturas; pero ésa e s l a ú n i c a d i st i n c i ón e n l a que
veo algún s i gn i fi cado, y no puedo i m ag i n arme hablan­
d o sobre una n ove l a de person aj e c o m o tam poco pue­
do i mag i n arme hab l ando sobre u n a p i ntura d e perso­
n aj e . C uando uno h ab l a sobre una p i n t u ra, uno hab l a
sobre e l perso n aj e ; c u an d o u n o h ab l a sobre u n a n ove­
la, u n o h a b l a sobre el i n c i d e nte y los térm i n o s p ueden
ser tran s p uestos . ¿Qué es u n personaj e si no l a con­
c l u s i ón de u n i n c i dente? ¿Qué es u n i n c i d e nte s i n o la
i l u strac i ó n de un personaj e? ¿Qué es una p in t u ra o
u n a nove l a q u e no sea un personaj e? ¿Qué más b u s­
camos en e l la y encontramos en e l l a? ¿ E s u n i n c ide n ­
t e q u e u n a m uj e r e s t é de p i e con l a m a n o apoyada
en u n a mesa m i ra n d o de una c i e rta man era?, p e ro,
si n o es u n i n c idente, m e parece d i fíc i l p o d e r a fi rmar
qué lo s e a . Al m i s m o t i e m po e s una expre s i ó n del
carácter del person aj e . Si u sted p i en s a q ue no lo ve
( n o ve la e x p re s i ó n d e l carácter en eso: ¡ allons
done!), é s a e s exactamente l a razón p o r l a c u a l e l
ati i sta, q u e t i ene razones para p e n s a r q u e s í puede
v e r l o , se toma el trabaj o de m ostrárse l o . C u an d o u n
j ov e n dec i d e q u e n o t i e n e s u fi c i ente fe , d e s p u é s d e
todo, para e n t rar a l a i g l e s i a. c o m o q u e ría, e s o e s u n
i n c i d e n t e , a u n q u e no d e b a apre s u rarse a v e r e l fi n al
d e l c ap ít u l o para ver s i ta l vez n o cam b i a de o p i n i ó n
o t r a v e z . N o d i go q u e éstos s e a n i n c i d e ntes extraor­
d i n a r i o s o s o rprendentes. N o pretendo e st i m ar e l gra-

78
HenryJames

do de i nterés q u e puedan tener, porque esto d ep e n­


d e rá d e l a hab i l i d ad d e l p i ntor. S u e n a c a s i p u e r i l de­
c i r que a l gu n o s i n c identes son i nt r í n s e c am ente má s
i mp o rtantes q u e otros , y n o n e c e s i t o t o m a r e s a p re­
cauc i ó n , después de haber expresado mi s i m p atía p o r
l o s m ayores, a l d ec l arar que la ú n i c a c l as i fi c a c i ó n de
la nove l a que p u e d o entender e s la que los separa en
i n teresantes y aburr i d a s .
L a nove l a y e l rom ance, l a nove l a d e i n c i de nte y
la de personaj e : me parece que s o n separaci ones he­
chas por c r ít i co s y lectores para su prop i a conve n i e n ­
c i a. y para ayudarlos a res o l ver sus pro b l e m as, pero
no son real e s n i d e s p i e 1ian i nterés en e l productor,
desde cuyo pu nto de v i sta e stamo s , por supuesto, tra­
tando de considerar el arte de la fi c c i ó n . Ocurre lo
m i s m o con otra borrosa c ategoría, que el señor Besant
aparentemente está d i spuesto a crear: la categoría de
l a « n o ve l a i n g l esa m o d ern a»; a m e n o s , por supuesto,
q u e e n este asu nto h aya una con fu s i ó n acci dental de
p unto de v i sta. N o parece c l aro si los comentarios en
los c u a l e s a l ude a este tema son d e carácter d i dáct i co
o h i stóri c o . Es tan d i fíc i l suponer q u e u n a persona pre­
ten d a escri b i r una nove l a i n g l e s a moderna, como su ­
poner q u e prete nd a escr i b i r u n a n ov el a i n g l esa anti ­
gua; e s a es u n a eti queta q u e p i de e s e cuest i o n am i e n to .
U n o escribe l a n ove l a , u n o p i nta e l cuadro, e n s u pro­
p i o l e n guaj e y en su prop i o t i e m p o , y l l am a r l a n ove l a
i n g l esa moderna, no hará, ¡ qu é l ásti m a ! , m á s fác i l l a
tarea . Tam poco l ogrará e ste obj et i vo , desafortuna-

79
ElArte de laHcción

d a mente, e l l l amar romance a é sta o aq u é l l a obra d e


u n compafíero; a m e n o s q u e se l o haga, por sup u e sto,
por e l s i m p l e p l acer del hecho, como, por ej e m p l o ,
cuando Hawthorne l e d io este nombre a l a h i stor i a
q u e escri b ió sobre B l ithedale. L o s franceses, q u e h a n
l l evado l a teoría d e l a ficción a u n estado de nota b l e
perfecc ió n , sólo t i e n e n una p a labra para l a nove la , y,
q ue yo sepa, no han e mp ren d i d o obras menores por
e l lo . N o se m e ocu rre n i nguna o b l i gac i ó n q u e tenga el
rmnancier q u e no ten ga a l m i sm o t i e m po el nove l i sta;
e l n i ve l de ej ecución e s i gua l m ente el evado en ambos
casos . Por s u p u esto, estamos h a b l ando d e ej ecuc i ó n ;
q u e es e l ú n i c o punto de l a nove l a q u e puede ser d e­
bat i d o . Q u i zá se p i erde de v i sta este hecho, l o cual
produce i n fi n idad d e confu s iones y mal entend idos. De­
bemos reconocerle al mii sta s u tema, s u i d ea, l o q u e
l os franceses l l aman s u donnée: n uestra crítica s ó l o
se puede e n focar e n l o q u e é ste h ace c o n é l . Natura l ­
mente no q u i ero dec i r q u e e l resu l tado n o s deba gus­
tar o parecer i nteresante; en e l caso d e q u e n o sea
así, n u e stro proced e r es p erfectamente s i m p l e , debe­
mos d ej ar l o en paz. Podemos c reer i n c l u s i ve q ue el
nove l i sta más s i ncero n o sea capaz d e sacar nada de
c ie rta i dea; pero el fracaso h a ocurr i d o en l a ej ecu­
c i ón, y es en l a ej ecuc i ó n cuando l as deb i l idades fata­
les q u edan escritas . Si p retendemos respetar al mii s-.
ta debemos perm i t i r l e total l iberiad de el ecc i ó n , i n c l u ­
s i ve s i , en algunos casos part i c u l ares, tenemos i n n u ­
merab les supos ic iones d e q u e s u e l ec c i ó n no dará n i n-

80
Henryjames

gún fruto. Una p arte con s i derab l e d e l benefi c i o q u e


s e obt i e n e d e l ej erc i c i o d e l arte v i e n e d e b u r l arse d e
las suposi c i ones, y a l gunos de l o s exper i mentos más
i n teresantes de los cuales e l arte e s c apaz e stán es­
cond idos e n e l seno de las cosas com u n e s . G ustave
Flaubert h a escrito u n a h i stori a sobre l a devoc i ón q u e
u n a c ri ad a l e profesa a u n loro, y l a produ c c ión, a u n ­
q u e está fi namente acabada, no p u e d e cons i d erarse
sat i s facto r i a del tod o . E stamos e n p erfecta l ibertad
de cons i derarla p l ana, pero p ienso que pudo h aber sido
i nteresante ; y yo, por mi parte, me a l egro d e q u e é l la
h u b iera escrito. E s u n a contr i b u c i ó n a n u e stro apre n ­
d izaj e d e l o q u e p u e d e h acerse, o l o q u e n o p u e d e
hacerse . l v á n Turgen iev ha escrito u n re l ato sobre u n
s i ervo sordomudo y u n perro faldero, y e l resu ltado e s
conmovedor, encantador, u n a peq u e ñ a obra maestra.
Logró encontrar v id a donde Gustave F la ubett n o pudo;
se burló de u n a s u p os i c i ón y logró u n a v i cto r i a .
N u nc a nada, por s u p u e sto, reem p l azara l a v i ej a
u sanza d e q u e a u n o le «gu ste» u n a o bra d e atte o n o ;
l a c r ít i c a más avanzada no abo l i rá aq u e l l a prueba fi ­
n a l , p r i m itiva. M e n c i o n o e sto para p rotegerme de l a
acusac i ó n d e i n si n u ar q u e l a i dea -e l tema- de u na
nove l a o d e u n a p i ntura n o i mporta . I m po rta, a m i j u i ­
c i o , e n e l grado más a l to , y, si pud i era e l evar u n a p l e­
garia, ped i ría q u e l o s art i stas no e l i g i eran otro s i no e l
mej or. A lgunos, como ya m e h e apre s u rado a ad m i t i r,
son m u c h o más s ubstan c i al e s que otro s , y e l m u n d o
estaría fe l i zmente ordenado si l a s personas c o n l a i nten-

81
EIArtedelaFicdón

c i ó n d e tratar d i chos temas estu v i e ran l i bres de con­


fu s i ones y e rrores. L l egaremos a esta c o n d i c i ó n afor­
tu n ad a, me temo, e l m i smo d ía q u e l o s crít i cos h ayan
dej ado de cometer errores. M i entras tanto, rep i to . no
j uzgarem o s a un art i sta con j u st i c i a a menos que l e
d i gamo s : « S í, reconozco q u e puedes e l e g i r u n p u nto
d e p aii i da, porque de otro modo estaría p resc r i biendo,
y q u e D io s me ampare de as u m i r semej ante respon­
sab i l i d ad . Si pretendo dec i 1ie l o q u e n o debes e l e g i r,
entonces ten d rás q u e v i s i tarme para q u e te d i ga q u é
e s l o q u e d ebes e l egir; ¡ en c u y o c a s o me vería e n
apri etos ! M á s a ú n , no es s i n o hasta d e s p u é s de acep­
tar tu trabaj o que puedo e m pezar a eval u arte . Te ngo
l a med i d a ; te j uzgaré por l o q u e propon gas , y debes
esperar c o m p l acerme en esos térm i n o s . Por s u p u es­
to. puede que tu idea n o me i nterese para nada: p u edo
p e nsar q u e es tonta, o tri l l ada, o s u c i a ; e n c uyo caso
m e desent i e n d o de t i d e l tod o . Puedo contentarme con
p e nsar que n o has l ogrado i nteresar m e , p ero n o debo,
p o r supuesto, tratar de demostrar l o , y pod rás sentir
tanta i n d i ferenc ia por m í como yo por t i . N o nece s i to
recordarte q u e h ay todo t i po de gusto s ; ¿ q u i é n puede
saber l o m ej or que tú? A lguna gente, p o r razon e s ex­
c e l entes, prefiere no leer sobre carp i nteros; otros, por
razon e s aún mej ores, n o q u i eren l ee r sobre cortesa­
n a s . M u c h o s obj et a n leer s o b re n o rteam e r i can os .
Otros ( c reo q ue m ayormente e d i tores y ed i to r i a l e s ) n i
s i q u iera m i rarán nada sobre i ta l i an o s . A a l g u n o s le c­
tores n o l e s gustan l os tem as sosegad o s ; a otros no

82
HenryJames

l e s g ustan l o s temas b u l l i c i o s o s . A l gu n o s d i sfrutan de


la i lu s i ó n ; otros d i sfrutan d e l engañ o . D ic h o s l ectores
e l i gen las nove l a s que l e e n con esos c r i terios, y si no
les i n teresa tu id e a tampoco les i n teresará, afortiori,
el tratam i ento q u e le h ayas dado . »
De m o d o q u e t o d o v u e l ve ráp i damente, como ya
he d icho, a l gu sto ; a pesar de monsieur Zo l a, q u e ra­
zona con menos poder de lo q u e parece , y q u e n o
puede reco nc i l iarse con e l hecho abso l uto d e l gusto,
porq u e c ree que h ay cosas que deben gu starl e s a l a
gente, y q u e se l o s puede ob l i gar a q u e l e s g u sten . Me
c o nfu n de m u c h o imaginar algo (por lo m e n o s e n lo
re l at i vo a la fi cc i ó n ) que l e tenga que gustar o no a l a
gente. L a s e l e c c i ó n ocurre por s í m i sma, y a q u e h ay
u n motivo con stante que la causa. E se motivo e s sim­
p l emente l a experi e nc i a . Así como la gente exper i­
m e n t a l a v i da, a s í también perc i be e l a rte q u e está
más í n t i m amente l i gado con ésta. E sta re l ac i ó n cer­
cana es a l go que n o debemos o l v i dar n u n c a c u ando
h agamos el esfu e rzo d e h a b l a r sobre la nove l a . M u ­
c h a gente h ab l a de l a nove l a como s i fuera u n a cosa
fal s a, arti fi c i a l , un pro d u cto del i ngen i o, cuyo o bj et i vo
es a l te rar y ordenar l as cosas q u e n o s rodean, trans­
formándo l as p ara que q u e pan en m o l d es trad i c i o n a­
l e s , conve n c i o n a l e s . É sta e s , s i n e mbargo, u n a v i s i ó n
de l as cosas que n o n o s l l eva muy l ej os , c o n d enando
el arte a la repet i c i ón eterna de a l gu n o s clichés fam i ­
l i ares, l o c u a l e v i ta e l desarro l l o d e l a nove l a, y n o s
guía h ac i a u n a barrera i n franqueab l e . Atrapar l a nota

83
E!ArtedelaFkrión

y e l engaño, e l i rregu l a r r i tmo extrañ o d e l a v i da , ese


esa e s l a i nten c i ó n cuya tenaz fuerza mant i e n e e n p i e
a l a F ic c i ó n . En l a med i da en q u e n o s dej a v e r l a v i d a
sin cam b i os , senti m o s que tocamos l a verd ad ; e n l a
m e d i d a e n q u e l a vemos con camb i o s , senti m o s q u e
u n sust ituto, un comprom i so y u n a convención q u e nos
a l ej an d e l a verd a d . N o es poco com ú n l a extraord i ­
naria seguridad d e un comentario hecho sobre e l asunto
d e l c a m b i o , d e l c u a l se d i c e con frecuenc i a que e s l a
ú lt i ma p a l abra d e l arte . M e parece que e l señor B esant
corre el pe l i gro d e caer en este gran error a l hab lar
sin reparos sobre l a « s e l ec c i ó n » . El a1te e s s e le cc i ón ,
pero una s e l ección cuyo p ropósito p r i n c i pa l e s se r t í ­
p ica, n o i n c l u s iva. P ara m u c h a gente u n a ventana co­
lor rosa e s arte, y s e l e c c i ó n e s e legi r un ramo d e flo­
res para la señora Grundy. D i rían con mucha e l ocuenc i a
q u e l as con s i d erac i o n e s artísticas n o t i enen nada q u e
ver c o n l o desagradab l e , c o n l o horr i b l e ; hab l arían s i n
parar usando superfi c iales l ugares c o munes sobre e l
d om i n i o d e l mte y l o s l í m i te s del mte, hasta q u e , a
camb io, u n o se pregunta c u á l es e l d o m i n o y e l l ím ite
d e l a i g n o ranc ia. Me parece que n ad i e h a empre n d i do
j amás un proyecto mtístico serio s i n vo l verse cons­
c iente de u n aumento c o n s id e rab l e -u n a espec i e d e
reve l ac i ón- d e s u l i b e rtad . U n o perc i be e n e s e caso
-i l u m i n ad o por l a l uz d e un rayo d i v i n o- q u e el d o m i ­
n i o d e l arte e s todo v i d a, todo sent i m i e n tos, tod o ob­
servac i o n e s , todo v i s i ón . Como j usti fi cadamente su­
g i ere e l señor Besant, el dom i n i o del arte es tod o t i po

84
Henryjames

de experi e n c i a . É sa es u n a respuesta s u fi c i ente para


q u i e n e s sostienen que e l a rte no debe abordar temas
dolorosos, q u i en e s c l avan en e l seno de s u d i v i na con­
c ienc i a carte les pegados a l extrem o de u n p a l i to como
los q u e vemos e n l o s j ard ines p ú b l i co s . «Pro h i b i d o
cam i nar en e l pasto ; pro h i b ido tocar l a s flores; n o s e
permi ten pe rros n i q u edarse después d e l atardecer;
mantenerse a la derech a . » El j oven asp i rante en la
espec i a l i d ad de l a fi c c i ó n , q u e segu i m o s i m ag i n ando,
no logrará n ad a sin gusto, porq u e en ese caso s u l i ber­
tad le serv ir á de poco; pero la primera ventaj a de su
gusto será reve l ar l e l o absurdo de l o s p a l i to s y l as eti­
q uetas. Si t i ene gusto, debo añad i r, por s u p u e sto q u e
tendrá i n ge n i o , y m i falta d e respeto a d i c h a c u a l idad
l íneas arr i ba no q u ería i m p l i car q u e n o es ú t i l en la
ficc i ó n . Pero e s una ayuda secundaria; l a p r i m e ra e s
u n v ív i d o s e n t i d o de l a real id ad .
El s e ñ o r B e s ant hace algunos comentari o s sobre
e l asunto d e « l a h i storia», que no trataré d e c r i t i c ar,
aun q u e d ichos comentar i o s me parecen conte n e r u n a
amb i güedad s i n gu l ar, porq u e creo q u e n o los e n t i e n ­
do. N o e n t i e n d o q u é q u i ere dec i r c u a n d o asegura q u e
h ay u n a p arte de l a n ove l a q u e es l a h i stor i a y u n a
pat1e q u e p o r razones m ís t icas no l o e s : a m e n o s , p o r
s u p uesto, q u e l a d i st i n c i ó n s e h aga e n e l sentido d e
q u e d i fíc i l mente a l g u i e n pueda d ec i r a l go a l respecto .
« L a h i sto r i a», s i rep resenta a l go , representa e l tema,
l a i dea, l a i n formac i ón de la nove l a ; y e s seguro q u e
no h ay «esc u e l a» -e l señor Besant hab l a d e u n a e s -

85
EIArtedelaHcción

c u e l a- para l a c u a l l a nove l a sea todo trata m iento s i n


tema. Debe haber c o n toda segu r i d ad a l go q u e tratar;
c ua l q u i er escuela e s con s c i ente de eso. Se puede ha­
b l ar de h i storia como a l go d i ferente del todo orgán ico,
sólo en e l sentido e n que l a h i storia e s l a i d ea, e l p u n to
de part i d a de la nove l a ; y dado q u e , en l a med i d a en
q u e la obra es sat i s factoria, l a i dea cala y pen etra la
nove la, l a i n forma y l a an i ma. d e modo q u e cada p a l a­
bra y cada s i gno de p u ntuac ión contr i b uyen d i recta­
m e nte a su expre s i ó n , en esa m e d i d a perdemos la s e n ­
sac i ó n d e q u e la h i stori a sea u n a h oj a q u e pueda ser
extra ída d e s u va i n a . L a h i storia y la n ov e la, l a idea y
l a forma, son la aguj a y el h i l o , y n u n c a he o ído n ingu­
n a asoc i a c i ó n de sastres q ue recom i e n d e el u s o del
h i l o sin la aguj a o d e la aguj a sin h i l o . E l señor B e sant
n o e s e l ú n i c o crít i c o que hab l a como s i h u b i e ra c i er­
tas cosas en la v i da q ue constituyen u n a h i stor i a y
otras n o . Enc uen tro la m i sma extrañ a i m p l icac i ó n en
u n entrete n i d o artíc u l o de la rev i sta Pall Mal! Gazette,
ded icada, da la cas u a l i dad, a la c o n fere n c i a d e l señor
Besant. « ¡ La h i storia l o e s todo ! », d i ce e l e legante
escrito r, c o m o s i le estuvi era respon d i en d o a a l gu i e n .
Debo p e n sar q u e s í, como todo p i ntor q u e a l ver q u e
l a fecha para «en v i a r» su p i ntura s e acerca todavía s e
e n c u e ntra bu scan d o u n te m a : c o m o todo mii sta atra­
sad o , que todavía no ha encontrad o su donnée, e sta­
rá c o rd i a l m ente d e a c u erdo . H ay a l gu n o s temas q u e
nos h ab l an , y h ay otros que no nos d i c e n n a d a , pero s e
estaría pasan do d e l i sto aq u e l q u e se compro m e t i e ra

86
Henryjames

a darn o s u n a reg l a para d i st i n gu i r e ntre l o q u e es y l o


q ue no e s una h i stori a . E s i mposi b l e i magin ar ( para m í
por J o menos) u n a reg l a tal que n o sea comp l etamente
arb itrar i a . El escrito r de Pall Mall opone la encanta­
d ora (como s u pongo) novela Margo! la Balafrée a
c iertos re l atos en l o s c u a l e s u n as « n i n fas de B o ston >>
parecen h aber «rech azado duques i n g l e se s p o r razo­
nes p s i co l ógicas». No conozco e l rom an c e m en c i on a­
do, y apenas puedo perdonar al crit i c o de Pall Mall
por n o menc i on a r e l n o mb re d e l autor: p e ro e l títu l o
p arece referi rse a u na d a m a q u e p u e d e h aber s i d o
herida e n alguna aventu ra hero i ca . M e desconsu e l a
n o estar fam i l i ar i zado c o n d icho e p i sod i o , pero e stoy
compl etamente confu n d i d o al n o entender por qué ésta
e s u n a h i storia c u a n d o e l rech azo (o aceptaci ón ) de
u n duque n o l o es, y por qué una razón , p s i co l ó g i c a o
de otra í n d o l e , no es un tema cuando u n a c i c atri z s í lo
e s . A m bas s o n partíc u l as de la v i d a m u l t it u d i nari a de
la c u a l se ocupa l a nove l a, y e s seguro q u e n i n g ú n
d o g m a q u e prete nda l íc ito ocuparse d e u n a p e r o n o de
l a otra se mante n d rá e n pie por mucho tiempo. Es la
p i nt u ra espec i a l la q u e se mantendrá en p i e o caerá
depen d i e nd o d e l grado de verdad q u e parezca poseer
o de su fa lta de e l l a . El señor B esant n o a c l ara el
tema, me parece, a l i n s i n uar q u e u n a h i storia, corr i e n ­
do e l r iesgo d e no ser c o n s i derada u n a h i sto r i a, d e b e
con s isti r en «ave n t u ras» . ¿ Por q u é aventuras más q u e
espectácu los s i lvestre s ? Menc iona una categoría de co­
sas impos ibles, y entre e l las coloca la «ficción sin aventu-

87
ElArte de la Ficción

ra» . ¿Por q u é s i n aventura m ás que s i n matrimon io, o


cel i bato, o pmio, o cólera, o h id ropatía o j ansen i smo?
Me parece que esto devuel ve a la nove l a a l desd i c hado
róle de ser una cosa artific i a l , i n geniosa: la reb<Ua del
carácter grande, l i bre, d e su i n m ensa y exq u i s ita co­
rrespondenc i a con la vida. ¿Qué es aventura, ya pues­
tos a aceptarl a, y por qué s i gnos debe reconocerla el
d i s c íp u l o atento? Es u na aventura para m í, una i n m en­
sa aventura, escri b i r este artíc u l o ; y para una n i n fa de
Bosto n , rechazar a u n duque es una aventura menos
emocionante, d ebería decir, q u e para u n d uque ser re­
c h azado por u n a n i n fa de Bosto n . Veo d ramas dentro
de d ramas en ese hecho, e innumerabl e s pu ntos de v i s­
t a . U n a razón p s i c o l ó g i c a e s , para m í, u n o bj eto
adorab l emente p i n toresco ; c apturar el tono de su p ie l :
cr�o q ue esa i dea e s capaz d e i n s p i rar u n esfu e rzo d i g­
no de Tiziano. Hay pocas cosas más apas ionantes para
m í, en pocas p a l abras, q u e una razón p s i co l ógica, y to­
davía, protesto, la nove l a me parece la fonl1a m1ística
más espléndi da. He estado leyendo, a l m i smo t i e m po,
l a encantadora h i storia La isla del tesoro por el sei'íor
Robert Lou i s S tevenson, y e l ú lt i m o rel ato de monsieur
Edmond d e Goncourt t i tu l ado Chérie. U n a d e e stas
obras trata d e asesinos, m i sterios, i s l as d e espantosa
fam a, escapes por u n pe lo, coi n c idencias m i l agrosas y
doblones enterrados . La otra trata de u n a j ov e n fran­
cesa que v i v i ó en u n a l i nda casa d e París y murió con
l a sen s i b i l i dad herida porq ue n ad i e qu i s o casarse con
e l l a . L l am o e n c antadora a La isla del tesoro porq u e

88
Henryjames

me parece haber l ogrado m arav i l l osam e n te l o q u e se


propon ía; y no me atrevo a otorgar n i n g u n a c a l i fica­
ción a Chérie porq u e me parece no haber l ogrado l o
que s e propon ía: e sto e s , trazar e l desarro l l o d e l a con­
c i e n c i a moral d e u n a j oven . Pero cada u n a d e estas
producciones me parece una nove l a tanto como l a otra,
y de la m i sm a manera me parec e q u e antes t i e n e n
u n a « h i storia» . Tanto e l desarro l l o d e l a concienci a
mora l d e u n a j oven como las i s l as españo l as son pmte
d e la v i da, y me parece q u e e n ambas geografías po­
demos e n contrar l a s « s o rpresas» d e las c u a l e s hab l a
e l sefíor B esant. En c u anto a mí ( p u e sto que e n ú l t i m a
i n stan c i a depende, c o m o he d i ch o , d e l a prefere n c i a
i n d iv i d u a l ) , l a descri p c i ó n de la experi e n c i a d e u n a j o ­
ven t i ene l a ventaj a d e q u e e n cada p a s o ( u n l uj o i n ­
m e n s o , m uy cercano a l « p l acer s e n s u a l » d e l q u e h a­
b l ar e l crít i co de l señor Besant en su art íc u lo de Pall
Mal!) puedo dec i r S í o N o , según corre s po nda, a l o
q u e e l arti sta m e ofrezca. H e s i d o j ov e n , pero nunca
he e m p re n d i d o l a búsqueda de u n tesoro enterrado , y
es un s i m p l e acc idente que con m o n s i e u r De Goncourt
deba d e c i r No en su mayor part e . C o n George E l i ot,
cuando e l l a desc r i b i ó aqu e l país, s i e m p re d ij e : S í .
La p arte más i nteresante d e l a c o n fe re n c i a d e l
señor B e s an t e s desafo rtunadamente e l pasaj e más
breve : su ráp i d a a l u s i ón a l «con s c i e n te p ro p ó s i to mo­
ral » d e l a nove l a . Tam b i é n aq u í n o re su l ta c l aro si está
expresando u n hecho o s i está sentan do u n p r i nc i p i o ;
s i este ú l ti m o es e l c aso, e s u n a t remenda lást i m a q u e

89
E!ArtedelaFicdón

n o h aya de sarro l l ado su idea. Este aspecto es de tre­


m e n d a i m portanc i a, y las pal abras del señor Besant
apu ntan a con s i d erac i ones d e l más l argo a l cance, q u e
n o deben s e r descartadas c o n l i gereza . A q u é l q u e tra­
te el at1e de la fi c c i ó n , l o habrá hecho su perfi c i a l m e n ­
te s i n o está p reparado para i r h asta a d o n d e l o l leven
sus c o n s i derac iones. E s por eso q u e a l p r i nc i p i o d e
estas decl arac i ones t u v e e l c u i dado de n ot i fi car a l l ector
q u e m i s refl e x i ones e n un tema tan vasto no ten ían l a
prete n s ión d e s e r exh a u st ivas. C o m o e l sefíor B esant,
he d ej ado e l tema de la mora l idad de l a nove l a para e l
fi n a l , s ó l o para darme c u enta q u e s e m e h a term i nado
el espac i o . Es u n asu nto rodeado de d i fi c u l tades, como
puede ate s t i guar c u a l q u i era que nos enc are, desde e l
pri n c i p io, con u na pregu nta defi n it iva. L a vaguedad a l
d i sc ut i r este asunto, y, ¿cuál es e l s i gn i ficado de l a
m o ra l i dad de u n o y de s u con sc i ente propó s i to mora l ?
¿ N o tendría u n o q u e defi n i r s u s térm i n os para e xp l i ­
car como ( s i e ndo l a nove l a u n a p i ntu ra) é sta p u e d e
s e r moral o i n moral? Uno q u iere p intar un cuadro mora l
o esc u l p i r u n a estatua mora l ; ¿no nos tendrían q u e
exp l i car cómo deberíamos h acerl o? Estamos d i scu ­
t i e n d o e l A t1e de l a F i c c i ó n ; l as preguntas sobre e l
arte (en e l sen t i do más amp l i o ) son p reguntas d e ej e­
cuc i ó n ; las preguntas sobre l a m o ra l i d ad son u n asun­
to c o m p l etamente d i ferente, y, ¿ n o ten d r í a q u e exp l i ­
car u n o c ó m o resu lta tan fác i l m ezc l ar l as? E stas co­
sas parecen tan c l aras a l señor B e sant que ha deduc i ­
d o d e e l las u n a l ey q u e pare c e estar e n c arnada e n l a

90
Henryjames

fi c c i ó n i n g l esa y q u e d i ce es « u n a cosa verdade ra­


mente ad m i rable, y un gran motivo de congratu l ac i ón » .
E s u n gran m o t i v o de c o n gratu l ac ió n , e n e fe cto, q u e
tem as t a n e s p i nosos s e v u e l van s u aves c o m o l a seda.
Debo agregar q u e , m i e nt ras e l señor Besant perci be
q u e , d e h e c h o , l a fi c c i ó n i n g l e s a h a e n c a r a d o
prepond erantemente estos asu ntos de l i c ados, me pa­
rece que para m u c h a gente este descubri m i e nto pue­
de parecer van o . Esta gente estaría c o m p l etamente
sorprend ida, por el contrario, con la usual t i m idez mo­
ra l d e l nove l i sta i n g l é s ; con s u aversión a e n c arar d i fi ­
c u l tade s q u e . por todos l ados. están e r i zadas de rea l i ­
dad . E l nove l i sta i ng l é s t i ene l a tendenc i a a ser extre­
m ad amente t í m i d o ( m ientras que la i m agen que n o s
presenta e l señor Besant es l o c o ntrar i o ) , y l a marca
de s u obra, en su m ayor parte, es un s i l e n c i o c u id ado­
so sobre c i ertos temas . E n l a n ove l a i n glesa (en l a q u e
tamb i é n i n c l uyo l a novel a n o rteamericana), m á s q u e
e n n in gu n a otra, h a y u n a d i feren c i a trad i c i on a l e ntre
lo q u e la ge nte sabe y lo q u e la gen te ad m ite q u e sabe,
entre lo q u e l a gente ve y l o que la gente i n c l uye en
sus conve rsac iones, e ntre l o que la gente s i e nte q u e
es pm1e de l a v i d a y l o que l a gente perm ite q u e s e
i n c l uya en l a l i teratu ra. H ay u n a gran d i ferenc i a , e n
pocas p a l ab ras . entre l o s as u n tos q u e t o c a n e n sus
conversac i ones. y l o s q u e t o c a n c u an d o e s c r i ben . L a
esenc i a d e l a e n e rg ía m ora l es poder i n spec c i onar todo
e l campo. y debería reve11 i r la o p i n ión d e l señor Besant
para dec i r que la nove l a i n glesa no tiene u n p ropó s i to.

91
EJArtedelaFicción

s i n o u n a vac i l ac ió n . No trataré de i nvesti gar e n q u é


med i d a e l propós ito en u na obra d e arte e s u na fu ente
de corrupc i ó n ; e l q u e me parece menos pe l i groso es
e l propó s i to d e hacer u n a obra perfecta. E n lo que
respecta a n u estra nove l a, debo decir, fi n a l m ente, con
re l a c i ó n a e ste asunto, que, como se p u b l i ca en I n gl a­
terra en estos d ías, me parece estar d i r i g i d a en gran
med i d a a «gente j oven», y que esto por sí m i smo cons­
t ituye u n a p re s u n c i ó n d e que será más b i en t í m i da.
H ay u n ac u e rd o genera l i zado para no d i sc u t i r, n i s i ­
q u i e ra menc i o n a r c i ertas cosas frente a l o s j óvenes.
Eso e stá m uy b i e n , pero l a ausenc i a d e d i sc u s i ó n n o
es u n s íntoma d e pasión m o ra l . E l pro p ó s i to de l a n o ­
ve l a i n g l esa -«u n a c o s a verdaderamente adm i ra b l e ,
y u n gran moti vo de congratu l ac i ón »- m e parece, por
l o tanto, más b i en n e gat i v o .
H ay un p u nto en e l c u a l e l sentido moral y e l sen­
tido ati ístico se acercan bastante ; esto es, a l a l uz d e
l a verdad e v i dente según l a c u a l l a c u a l i d ad más pro­
fu nda de una o b ra de atie será s i e m p re l a ca l i d ad de
l a m ente d e q u i e n l a prod uce. En la m e d i d a e n q u e
e s a mente s e a rica y nob l e , podrá l a n ove l a, l a p i nt u ra,
la esc u l t u ra, beber de l a s u stan c i a de la be l l eza y l a
verdad . Estar constituido d e d i chos elementos es, desde
mi p u nto de v i sta, tener sufic i ente propósito. N i nguna
buena nove l a sal drá de u n a m ente s uperfi c i a l ; ése me
parece u n ax i o m a que, para e l ati i sta d e la fi c c i ó n ,
c u b r i rá t o d o e l cam po m o ral necesar i o ; s i e l j oven as­
p i rante lo toma a pecho, i l uminará m uchos de los m i ste-

92
Henryjames

rios d e l «propó s ito». Hay m u c h as otras cosas ú t i l es


que se l e puede dec i r, pero h e l legado a l fi n a l de m i
art íc u l o , y s ó l o p u edo decirlas d e pas o . E l crítico d e l a
rev i sta Pall Mal/ Gazette, a q u i e n ya he c itado , l l am a
l a ate n c i ó n a l pe l i gro, a l hablar del a rt e de l a fi c c i ó n ,
de gen e ra l i zar. E l pe l i gro q u e t i e n e e n m e n te e s e n
real i dad, i m ag i n o , e l de particu l ar i zar; porqu e h ay a l ­
g u n a s ob servac i o n e s globales q u e , aparte de l a s i n ­
c l u i d a s en l a sugestiva conferen c i a d e l s e ñ o r Besant,
se l e pueden hacer al estud i ante atento s i n temor a
l levar l o por el cam i n o equ ivocad o . Debo recordarle
pri mero q u e l a forma q u e se desp l i ega ante é l e s tan
magn ífi ca, q u e o frece pocas restric c i o nes, m ientras
que ofrece i n n u m e rab l e s oport u n i d ad e s . Las otras
arte s , e n comparac i ó n , parecen confi n adas y encas i ­
l l ada s ; l as con d i c iones e n l a s q u e se practican s o n a s í
de rígidas y d e fin itivas. Pero l a ú n i c a c on d i c i ó n q ue s e
m e o c u rre d e b e ponérse l e a la nove l a , como ya h e
d i ch o , e s q u e s e a i n teresante. Esta l ib ertad e s u n p r i ­
v i l eg i o esp l é n d i do , y l a p r i mera l e c c i ó n para e l j oven
nove l i sta es ser merecedor ésta. « D i sfrúta l a c o m o s e
merece», debería dec i r l e ; «toma pose s i ó n d e e l l a , ex­
p l óral a h asta sus ú ltimos confmes, revél ala, regoc íj ate
en e ste p r i v i l eg i o . Toda la v ida te pertenece, y no pres­
tes ate n c i ó n a a q ue l l o s que q u i eran c o n fi n arte a u n a
esq u i n a y q u e q u i eran dec i 1ie q u e e l a rt e sól o habita
en éste o aq u e l l ugar, o aquel l o s q u e qu i eran persua­
d i iie de q u e este mensaj ero d i v i n o se escapa de l a
v ida p o r co m p l eto, res p i ra u n a i re extremadamente

93
EJArtedelaHaión

enrarec i do y a l ej a l a cabeza de l a verdad de las co­


sas. No hay n i nguna i mpres ión de l a vida, n i nguna for­
ma de ver y de sent i rla, para las c u a l e s e l p l an de l
novel i sta n o l e encuentre u n l u gar; s ó l o t i e n e s q u e re­
c o rd a r q u e ta l e n t o s t a n d i fe r e n tes c o m o l o s d e
A l exandre D u mas y Jane A u s te n , Char l e s D icken s y
G u stave F l a u be11, han trabaj ad o en este campo con
i gual g l o r i a . No p i en ses demasiado sob re opti m i s m o o
pes i m i sm o ; trata de capturar el c o l o r de l a v i d a m i s­
m a . En estos d ías podemos ver en Fran c i a u n prod i ­
g i oso e s fu e rzo ( e l d e E m i l e Z o l a, cuya o bra só l i d a y
seria n i ng ú n exp l orad or de l a capac idad de l a nove l a
p uede a l u d i r s i n respeto), vemos u n extraord inario es­
fue rzo, v i c i ado por e l esp íritu de pes i m i s m o basado en
l a e strechez m ental . Monsieur Zo l a es magnífico, pero
a u n l ector i ng l é s l e parece i gn orante; parece estar
trabaj an d o e n l a osc u r i dad ; si tuv i era tanta luz como
energía, s u s resu ltado s serían mucho más val i os o s .
E n l o q u e respecta a l as aberrac i ones d e l opti m i s m o
s u perfi c i a l , e l terreno (en espec i a l de l a fi c c ión i n g l e­
sa) está sem brad o con afi l adas partíc u l as como d e
v i d rios rotos . S i debes perm i t i rte con c l u s iones, q u e
éstas tengan e l sabor d e l conoc i m i ento. Recuerda q u e
t u p r i mera responsab i l i dad es l a de s e r t a n com p l eto
como sea pos i b l e : escr i b i r una obra tan perfecta como
sea pos ib l e . S é generoso y d e l icad o , y l u ego, con la
frase v u l gar: ¡ ad e lante ! »

94
El a rte de la fi c c i ó n de Walter Besan! y
Hemy James traducida por J osé de P i érola

se tenninó de imprimir en Gráfica Espinal del

Jr. Huamanga 1 4 5 , por encargo de Lluvia

Editores y Esteban Q u iroz Editor e n e l mes

de agosto de l 2007 en la c i udad de L i m a .

Tuvo una tirada d e mi l ej emplares .